E. P. Thompson en una manifestación pacifista en 1980. -Wikipedia Commons

En este largo y caluroso verano he leído tres libros excelentes de teoría social publicados recientemente. El primero, Cambio político y movimiento obrero bajo el franquismo. Lucha de clases, dictadura y democracia (1939-1977), del historiador y exlíder de Catalunya en Común Podem, Xavier Domènech, actual profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, se centra en la formación sociohistórica de la identidad obrera española. El segundo, Los olvidados. Ficción de un proletariado reaccionario, del filósofo y profesor de la Universidad de Barcelona, Antonio Gómez Villar, es un análisis crítico de diversas interpretaciones sobre la identidad obrera y el obrerismo. El tercero, editado por otros dos prestigiosos intelectuales, José Luis Villacañas, Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, y Anxo Garrido, también filósofo, titulado Efecto Gramsci. De la renovación del marxismo al populismo contemporáneo, tiene una veintena de aportaciones interesantes, a destacar la del filósofo latinoamericano, de origen argentino y profesor en la UNAM de México, Massimo Modonesi, Hegemonía como subjetivación política y/o como dirección/dominación.

No voy a glosar los múltiples aspectos valiosos de estos libros y sus autores o los diversos matices y reflexiones que me han sugerido su estudio. Son estimulantes y expresan que la teoría crítica está viva y se hacen esfuerzos intelectuales para interpretar el mundo, las nuevas realidades, y facilitar una orientación transformadora desde una óptica emancipadora-igualitaria. Igualmente, expresan la pluralidad de sensibilidades teóricas e ideológicas en este campo progresista y de izquierdas. Los títulos son suficientemente significativos y definen el marco de sus prioridades analíticas. Su contenido histórico y filosófico entronca con aspectos cruciales de las ciencias sociales, en particular, de la sociología y las ciencias políticas, especialidad desde la que lo valoro.

Dos aspectos son destacables y se entrecruzan en los tres textos: la relación de identidad popular, sujeto sociopolítico y hegemonía político-cultural, y la interacción entre la pugna sociopolítica (o lucha de clases) y la guerra cultural (o lucha ideológica o disputa por el sentido). Las perspectivas teóricas son diversas aunque se excluyen dos corrientes ideológicas, frente a las que se utilizan abundantes y acertados argumentos críticos. Por una parte, el liberalismo o el socioliberalismo, y por otra parte, el marxismo más economicista y determinista.

Las referencias teóricas más relevantes que enmarcan cada libro son las siguientes. En el primero, E. P. Thompson, que se definía como un humanista y materialista histórico, distanciado del marxismo ortodoxo althusseriano, y que a mi modo de ver supera la dicotomía estructura/superestructura a través de la experiencia relacional de los agentes subalternos y una revalorización de lo común. En el segundo, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, postmarxistas defensores del populismo de izquierda y la relevancia del discurso en la construcción de la realidad social, aunque en el texto también se valoran los componentes estructurales y las aportaciones thompsonianas sobre el proceso histórico-relacional. Y en el tercero, Antonio Gramsci, el marxista más heterodoxo de entreguerras por la importancia que le da a la hegemonía cultural para la acción política transformadora e influyente en la evolución del eurocomunismo o neolaborismo (del que se reclama deudora la propia vicepresidenta Yolanda Díaz y gran parte de su equipo); desde ese enfoque gramsciano se abre un diálogo, por una parte, con la teoría populista, y por otra parte con el republicanismo cívico, del que el propio Villacañas es un experto.

Por tanto, tenemos un campo más acotado, aunque no exento de la influencia de las dos corrientes ideológicas de fondo, dominantes hace medio siglo en las izquierdas, y su duradero conflicto y relativa inconmensurabilidad, o sea, su incapacidad para compararse, comprenderse e interrelacionarse: el marxismo y el postmarxismo, o bien el estructuralismo y el posestructuralismo o, en el plano filosófico, el materialismo y el idealismo; todos ellos con más o menos enfoques dialécticos o funcionalistas y con mezclas diversas. Una reflexión crítica a estos fundamentos doctrinales la he realizado en varios libros en particular en Movimiento popular y cambio político. Nuevos discursos (2015) y Clase, nación y populismo. Pensamiento crítico y estrategias políticas (2019).

Pues bien, los textos mencionados suponen aproximaciones para superar este bloqueo teórico y discursivo de estas décadas. Tienen un doble valor. Por un lado, de diálogo intelectual con un talante abierto, comprensivo y argumentado, que es de agradecer en el actual contexto de cierto sectarismo corporativo y fanatismo y rigidez de pensamiento; por otro lado, sitúa ese debate teórico en la coyuntura estratégica de los cambios político-sociales progresistas, referenciados principalmente al marco español, europeo y latinoamericano. Como casi siempre, la elaboración teórica progresista va por detrás de la experiencia popular del conflicto sociopolítico y exige, particularmente a las izquierdas y la intelectualidad crítica, una profunda renovación de pensamiento basado en un doble criterio: realismo analítico y voluntad transformadora.

Añado, simplemente, que esta doble dinámica de persistencia de las diferencias junto con alguna coincidencia, renovación y diálogo entre enfoques marxistas (o estructuralistas) y postmarxistas (o posestructuralistas), se producen en diferentes campos sociopolíticos, en particular en el feminismo, por citar las dos referentes principales de ambas corrientes renovadas, las estadounidenses Nancy Fraser y Judith Butler, tal como he explicado en el libro Identidades feministas y teoría crítica (2021).

Ni marxista ni postmarxista

Antes de proseguir en esta densa reflexión, me permito contar una anécdota académico-personal, ahora que termino la docencia y causo baja en la Universidad, aunque siga con la investigación social. Lo hago sin pedir permiso a mi interlocutor, aunque espero que sea aceptable para él ya que es ilustrativa del tema que nos ocupa. En una comida informal en la Universidad Autónoma de Madrid, cuando éramos colegas de Facultad, tuve una conversación con Nacho Álvarez, responsable de Economía de Podemos y antes de ser miembro del Gobierno de coalición como Secretario de Estado de Derechos Sociales.

Era en el marco del acuerdo y la colaboración entre Izquierda Unida y Podemos, aludiendo a las preferencias ideológicas por el marxismo en el caso de los dirigentes de la primera formación y por el populismo postmarxista en el caso de los de la segunda. Su pregunta fue directa: ¿Cómo me definía yo? Le dije que aunque reconocía aportaciones valiosas en cada una de las dos, no era marxista ni tampoco postmarxista, que no me sentía cómodo en esas etiquetas ideológicas, aunque mantenía grandes coincidencias político-estratégicas; en todo caso, apostaba por una tercera posición teórica y, en tono jocoso, por una actitud post postmarxista, de superación de ambas y contradictorias corrientes dominantes. Conocía mi trayectoria sociopolítica e intelectual, pero mi respuesta le producía perplejidad. Tuve que echar mano, precisamente, de E. P. Thompson y, en cierta medida, del propio Gramsci como un autor intermedio y ambivalente respecto de esas dos corrientes para identificar la existencia de una corriente teórica diferenciada.

O sea, se trataba de valorar muchas aportaciones de interés de esas dos corrientes (al igual que de otras), pero me afirmaba en un pensamiento con un enfoque que denomino realista (mejor que materialista), crítico (frente al dogmatismo y el subjetivismo), multidimensional (frente a la unilateralidad y la dicotomía estructura/superestructura) e interactivo (relacional y de agencia). Aunque minoritario en casi todos los ámbitos académicos y políticos, pienso que esta corriente de pensamiento crítico es la más fructífera y conecta con la cultura cívica menos sistematizada de gran parte del activismo sociopolítico y en los movimientos sociales.

Expresa la experiencia de la acción colectiva y el cambio social de parte de mi generación, al menos desde las décadas de los años sesenta y setenta en las que como joven trabajador, de procedencia del humanismo cristiano y con bagaje marxista, tuve una amplia participación en la formación de CCOO y el movimiento antifranquista, en un contexto que describe muy bien Xavi Domènech, y siempre desde el compromiso cívico.

Ha llovido mucho en este medio siglo, pero permanecen las grandes corrientes ideológicas alternativas al neoliberalismo, aunque más debilitadas y anquilosadas y plasmadas en eclecticismos y mestizajes diversos, así como con despreocupación teórica generalizada. De ahí la importancia de un impulso renovador que sirva para encarar los retos de este siglo. No es casualidad que en esta década de protesta social indignada y cambio político, se refuerce la pugna intelectual y, al mismo tiempo, la necesidad de renovación y superación teórica de los esquematismos rígidos de ambas corrientes, hoy a la defensiva respecto de la gran ofensiva ideológica liberal y reaccionaria, convertida en dominante en los grandes aparatos mediáticos.

Importancia de la ideología y prioridad a las dinámicas transformadoras

No se trata de buscar una falsa cohesión ideológica en las izquierdas, hoy imposible de conseguir y que, en realidad, nunca se ha producido. Desde la primera mitad del siglo XIX las fuerzas progresistas han estado divididas en el plano ideológico: socialistas utópicos, socialdemócratas reformadores, marxistas, anarquistas, hegelianos e idealistas de izquierda, empiristas... El propio marxismo ha sufrido una gran diversificación y un declive desde los años sesenta, acentuada tras el derrumbe del Este soviético y la crisis del eurocomunismo del Sur de Europa, desde el máximo exponente italiano de fines de los setenta y, por otro lado, por el giro liberal y centrista de la mayoría de la socialdemocracia europea.

Por otra parte, los emergentes nuevos movimientos sociales, aparte de su gran aportación relacional y práctica y reflexiones parciales de interés, también han estado condicionados por esta dispersión e impotencia teórica. Igualmente, la teoría populista, al decir de sus propios promotores, no es estrictamente una ideología, aunque sus presupuestos filosóficos se enmarquen en el postestructuralismo, sino una ‘lógica política’ de polarización social; su ambigüedad sustantiva es insuficiente para orientar el sentido de los procesos emancipatorios.

Ante las grandes transformaciones socioeconómicas, institucionales, populares y geopolíticas y las nuevas ofensivas ideológicas neoliberales y reaccionarias, el triple pensamiento progresista, socioliberal, marxista y postmoderno, se muestra incapaz de afrontar el reto ideológico de forma convincente. Se necesita una profunda renovación y, al mismo tiempo, superación de los fundamentos teóricos unilaterales. Como en otras esferas, se trata de recoger lo bueno de lo viejo e innovar desde el análisis concreto y la experiencia popular.

Debemos convivir con esa relativa fragmentación y división ideológica, con pérdida de consistencia teórica en las izquierdas y menor credibilidad de la intelectualidad, y abordar las dos dimensiones de su negativo impacto en las dinámicas transformadoras progresistas. Por una parte, de investigación social paciente, rigurosa y objetiva, elaboración de pensamiento crítico, conversación teórica abierta y desprejuiciada, renuncia al dogmatismo y la manipulación sectaria, y superar la tendencia cultural dominante de inmediatismo más o menos ecléctico o confrontativo con subordinación al interés de las élites dominantes. Por otra parte, reforzar las iniciativas unitarias en el campo más directo de las estrategias políticas y los procesos orgánicos, sociales y políticos, desde el respeto al pluralismo y con actitud integradora, que orienten la actividad práctica progresista, sobre la que se forjen nuevas identificaciones igualitarias y emancipadoras.

Hay que dejar atrás la idea de una fuerte unidad ideológica y una gran cohesión organizativa de un bloque sociopolítico homogéneo. La experiencia de este último medio siglo y, en particular, de esta última y larga década, aportan muchas enseñanzas en esos tres campos cruciales en los que apunto más bien una actitud de seriedad crítica, voluntad unitaria y flexibilidad articuladora: supone revalorizar el debate teórico riguroso, priorizar los acuerdos político-estratégicos transformadores y regular el pluralismo político organizativo, todo ello bajo el prisma de un proyecto de país (de Europa y del mundo) más justo y democrático. Estos tres libros, desde su seriedad científica y diversidad ideológica, aportan una saludable profundización y renovación teórica.

Por Antonio Antón. sociólogo y politólogo

23/09/2022

Publicado enCultura
La autonomía y la dignidad no dependen del número

En las ciudades, cuando acudimos a manifestaciones, uno de los comentarios habituales es sobre la cantidad de personas que asistieron. Esta actitud forma parte de nuestra cultura política blanca y urbana de la izquierda tradicional, que ha sido asumida por casi todas las organizaciones. Creemos que cuantas más personas asistan, más fuerte será el movimiento y habrá más posibilidades de que se atiendan nuestros reclamos.

En alguna medida, las cosas son de ese modo. Al tratarse de reclamos a las autoridades, cuánto más potente sea la presión, mayores posibilidades tendremos de que las atiendan. Sin embargo, la cuestión del número deja en blanco un par de cuestiones centrales.

La primera es que asistir a una manifestación no se relaciona directamente con la actitud en la vida cotidiana. Muchas personas, al retornar a sus quehaceres, siguen haciendo exactamente lo mismo que antes, esperando que sus representantes resuelvan la demanda, volviendo al papel de espectadores que interrumpieron durante algunas horas.

La segunda es que este modo de acción colectiva, en que estamos todos los movimientos "urbanitas" involucrados, no consigue transformaciones profundas, ya que sigue colocando en el centro a las instituciones estatales que, en esta cultura política, son el sujeto de la acción colectiva.

Es evidente que con manifestaciones no se consigue construir autonomía, ni se recuperan territorios del militarismo y del extractivismo, que están destruyendo nuestros países y las relaciones sociales de abajo. Siendo legítimas y necesarias las manifestaciones, nos hace falta un algo más, en particular a los movimientos urbanos.

Días atrás compartí unas horas con las bases de apoyo zapatistas en Nuevo San Gregorio, y quisiera destacar algunas cuestiones que aprendí de ellos y cómo me sentí interpelado por su terca resistencia.

En primer lugar, son muy pocas las familias que se mantienen en resistencia. Apenas cuatro. En los últimos meses se salieron dos familias. Sus adversarios en la zona son muchísimos más y están armados. El ser pocas personas y familias, no les impide persistir, ni sostener la autonomía ni la resistencia. No se les ve agobiadas por ese motivo.

En segundo lugar, en el diálogo en el que participó la Red Ajmaq y el Frayba, insistieron en algo muy notable: "Ahora estamos más unidos, nos sentimos más fuertes que cuando éramos un chingo", nos dijeron.

Este punto me parece central. La fortaleza de una lucha no depende de cuántas personas sean, sino de que cada una de ellas tenga el compromiso y la firmeza necesarias para persistir en cualquier condición, aun cuando todo se nos pone en contra, cuando no hay perspectiva de que nuestra resistencia pueda vencer en el corto o mediano plazo.

En las ciudades observamos que muchas personas se retiran cuando sus demandas no son atendidas, cuando la represión aumenta o cuando, sencillamente, se cansan. Algunas organizaciones que parecían sólidas y potentes, se debilitan rápidamente cuando se instalan las dificultades.

En tercer lugar, creo que la verdadera potencia aparece con las contrariedades. Cuando nos atacan o estamos aislados, a menudo aparece la desmoralización. Por eso me preguntaba, después de la visita al poblado, cómo le hacen para seguir cuando todo está en contra: el Estado, sus guardias nacionales y ejércitos, las "organizaciones" paraestatales, el crimen organizado y hasta sus amistades y familias, incluyendo a veces ex compañeros de lucha.

Ahí está el punto. Muchos movimientos se sienten sólidos cuando están en las calles de a miles. Pero aquí hay un ejemplo claro de que "sí se puede", aun siendo pocos, en la más absoluta soledad, cuando una simple visita es hostigada y no se sabe cuándo volverán las personas solidarias. Es un ejemplo dignidad y entereza humana y política.

Por último, las bases de apoyo del EZLN en Nuevo San Gregorio nos mostraron que la resistencia no es para un día ni para un año. Es un modo de vivir la vida. No se lucha para conseguir algo material, o para obtener ventajas personales o colectivas. Menos aún para tener resultados inmediatos. La lucha es para seguir siendo pueblos diferentes al capitalismo hegemónico. Y por dignidad.

Se trata de una cultura política diferente, en desarrollo, pero que aún no es comprendida ni asumida por la inmensa mayoría de organizaciones y personas. Demandará tiempo para que se produzca un cambio de tales dimensiones, que nos lleve a asumir esta otra forma de entender los modos de organizarnos, de resistir y de cambiar el mundo, transformándonos a nosotros.

Estas son apenas unas pocas ideas sobre lo que aprendemos de las bases de apoyo y en concreto de Nuevo San Gregorio. No podemos aprender, ni en lo individual ni en lo colectivo, si no compartimos, si no estamos donde suceden los hechos, pero sobre todo si no tenemos la suficiente humildad par reconocer que necesitamos aprender de los de abajo que resisten.

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Busca la derecha chilena poner límites al nuevo proceso constituyente

Propone que "expertos" definan los "principios ordenadores"

Santiago. La derecha chilena está envalentonada y cada vez más deja en evidencia que de ninguna manera permitirá que un eventual nuevo proceso constituyente se realice en condiciones idénticas al que finalizó con la victoria del "rechazo" –62 por ciento de los votos versus 38 por ciento del "apruebo"– en el plebiscito del 4 de septiembre: esto es, una Convención cuya totalidad de integrantes sean electos por la ciudadanía, con participación de listas de independientes y con amplia representación de los pueblos-naciones originarias.

Tampoco la derecha está dispuesta a que, de iniciarse ese nuevo proceso, el mismo sea desde una "hoja en blanco", vale decir, donde los redactores del articulado tengan libre albedrío para aprobar desde "cero", sino que busca limitar la soberanía del poder constituyente.

Por el contrario, aquella parte de la derecha que dice estar dispuesta a reabrir el camino constitucional –porque hay una, la ultrapinochetista y/o fascistoide, que se niega rotundamente a ello– quiere que "especialistas" definan una suerte de marco teórico para limitar aquello que se pueda redactar, acotarlo a una suerte de "guía básica".

"Un comité de expertos que nos faculte a redactar principios que guíen y que permitan limitar el trabajo de la redacción de una nueva Constitución", resumió la presidenta de Evolución Política (Evopoli), Luz Poblete, al explicar lo acordado por los mandamases de la coalición Chile Vamos, integrada además por la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN).

Las directivas derechistas sellaron un borrador que hoy pondrán sobre la mesa durante una reunión con el oficialismo acerca de la materia, de la cual el gobierno fue excluido.

Una línea roja de conversación

Según el secretario general de Renovación Nacional (RN), Diego Schalper, se trata de que haya "principios ordenadores, bordes que den tranquilidad a los chilenos, es una línea roja de conversación".

La trampa radica en que dicho comité, según plantean, sería integrado conforme a la representación que las fuerzas políticas tienen en el Parlamento, donde la centroizquierda es minoría clara tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. De 155 diputados, las dos coaliciones que sustentan al gobierno (Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático) tienen sólo 67; mientras que, de 50 senadores, el oficialismo suma 19.

"El comité político o los especialistas deberían funcionar desde ya para orientar las modificaciones. Hemos dicho que los expertos debieran ser elegidos en proporción de las fuerzas que están en el Congreso", declaró el presidente de RN, el senador Francisco Chahuán.

"No hay espacio para intentos refundacionales. Las hojas en blanco no tienen espacio en el trabajo que vamos a realizar. No hay espacio para imitar el mecanismo que originó una Convención fracasada que dividió a los chilenos", agregó.

De concretarse lo de los expertos, queda pendiente saber si éstos tendrían similares atribuciones –voz y voto– que los delegados democráticamente electos.

Toda definición acerca de revivir el camino a una nueva Carta Magna en Chile pasa por la aprobación de una reforma constitucional con por al menos cuatro séptimos de ambas Cámaras.

 

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

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La imposible transición ecológica (bajo el capitalismo)

Las gentes racionales y sin apego a los dividendos de las eléctricas, gasísticas y petroleras podemos convenir en primer lugar que la transición ecológica es urgente y necesaria para el futuro de la vida en el planeta y que la clave para desencadenar el proceso es asegurar la transición energética desde un modelo carbonizado y despilfarrador a otro basado en los pilares del ahorro y la eficiencia, las energías limpias renovables y el decreciente uso de materiales y energía. En segundo lugar podemos acordar que la cuestión de la energía es estratégica. Y, finalmente, no es una hipérbole que califiquemos al actual modo de producción de capitalismo petrolero. Vivimos en sociedades y economías basadas en el carbono.

El despegue y extensión del capitalismo industrial sería inexplicable sin la utilización de la fuerza del vapor, la explotación del carbón y los descubrimientos de yacimientos y uso de petróleo y gas. Tanto la industria y la agricultura como el transporte o la vida cotidiana experimentaron una revolución, particularmente cuando proliferaron y extendieron las aplicaciones de la electricidad. La producción generalizada de mercancías y su colocación en los mercados internacionales han dependido directamente de la evolución de la carbonización de la economía. En ese modelo productivo y de transporte la globalización capitalista ha encontrado un acelerador excepcional.

El modelo energético es el paradigma del conjunto del modelo productivo creado por el capitalismo. Ambos son la viva imagen de un Pantagruel digno de su padre Gargantúa, insaciable y varado que requiere ingentes cantidades de recursos/materias primas/energía como inputs para alimentar un proceso productivo plagado de riesgos y altamente ineficiente: sus outputs están compuestos por los bienes y servicios -algunos perfectamente prescindibles o nocivos-, pero también por un gran volumen de residuos (deshechos), emisiones y vertidos que en buena parte son tóxicos y peligrosos por su impacto sobre las diferentes formas de vida y por no poder ser metabolizados por la naturaleza. Estas son las características del modelo de producción lineal que no cierra los ciclos. En relación con el tema que nos ocupa, dada la intensidad energética que requieren sus técnicas y procedimientos y la baja eficacia en términos materiales, el modelo muestra una gran voracidad energética, dado que tanto en la producción como en el consumo hay un despilfarro suicida.

Cabe preguntarse ¿el 100 por 100 renovables es la solución a los problemas energéticos sin reducir la demanda? ¿Es factible desarrollarlas a tiempo para evitar el abismo climático? ¿Cuánta energía sucia es necesaria para construir la limpia? ¿Hay materiales suficientes? ¿Puede cambiarse el modelo energético sin expropiar a los oligopolios? ¿Es compatible una reconversión ecológico-energética en un sistema económico basado en la realización de la ganancia privada? ¿Es compatible mantener el nivel actual de intensidad energética con una sociedad en armonía con la naturaleza? Estas no son preguntas retóricas sino auténticos dilemas civilizatorios en la encrucijada actual.

Y forman parte de las antinomias, paradojas y contradicciones actuales del sistema social y económico del capitalismo global en sus diferentes latitudes y versiones que no sólo tiene en común un modo de producción que comporta unas relaciones sociales basadas en la desigualdad en la apropiación del producto del trabajo, sino también un modelo productivo (cómo se hacen las cosas) depredador, contaminante e ineficiente desde el punto de vista de los recursos y el equilibrio de la biosfera. No exageramos si afirmamos que la historia del modelo energético carbonizado es la historia del lucro, los expolios y las guerras del siglo XIX, pero sobre todo del XX y del actual.

La economía política de la energía

El orden energético mundial se ha articulado mediante una compleja alianza de las empresas multinacionales y los gobiernos de los países imperialistas con los gobernantes de los territorios que poseen reservas de petróleo, gas o carbón.
Se ha organizado un modelo de negocio basado en la finitud de los yacimientos y en su aleatoria y desigual distribución territorial; es decir, basado en la gestión de una nueva modalidad de renta ricardiana justificada ideológicamente por el relato de la escasez. Es eso lo que explica que, si bien hay sectores del capital que buscan los nichos de negocio de las energías renovables conservando el control privado del proceso, la apuesta energética estratégica del capitalismo sigue siendo la de los combustibles fósiles.

El gran capital es contrario al abaratamiento de los precios que suponen las fuentes renovables a medio plazo y al acortamiento de la secuencia extracción, transporte, procesamiento del combustible fósil y distribución, pues cada fase es una fuente de ganancia que sería puesta en cuestión por la más corta cadena de valor de las renovables. Especialmente la de la generación eléctrica distribuida que permite a las poblaciones, comunidades y personas gestionar directamente la energía que necesitan para sus necesidades básicas.

La opción hegemónica del capitalismo es una huida hacia adelante suicida: seguir con unas explotaciones cada vez más caras y con menor retorno energético y la puesta en funcionamiento de métodos tan nocivos como el fracking para apurar la extracción, mediante la ruptura hidráulica, de los combustibles fósiles que impregnan las arenas, y, lo que es peor si cabe, las irresponsables prospecciones árticas, aprovechando el deshielo fruto del calentamiento.

Los vaivenes de la competencia entre los principales Estados implicados y la guerra de los precios, así como buena parte de los conflictos bélicos durante los siglos XX y XXI, tienen su inmediato origen en la batalla por la hegemonía energética, por la apropiación y control de todos los segmentos de la cadena de valor a fin de determinar el reparto de las rentas. Esta cuestión forma parte del núcleo duro de la naturaleza, la historia y la evolución del imperialismo y de las contradicciones interimperialistas. Y, desgraciadamente, explican la razón última de la geopolítica (el caso de la guerra de Putin en Ucrania y la reacción de las potencias occidentales es un buen ejemplo) y de las intervenciones militares de EE UU y otras potencias en Oriente Medio, a cuyos pueblos han sometido a un sufrimiento indecible, a interminables y crueles guerras, a migraciones masivas y a la destrucción de sus ciudades y riquezas. En nombre de los intereses occidentales el imperialismo ha robado la soberanía de esos pueblos, les mantiene sometidos a dictaduras, a la pobreza, a la inseguridad y la inestabilidad permanentes.

La Unión Europea (UE) lleva años impulsando la liberalización y transferencia de la propiedad de todo el sistema energético y eléctrico a manos del capital privado. Ello ha provocado la aparición y consolidación de productores y mercados oligopólicos y no, como decían perseguir, una proliferación de empresas compitiendo por ofrecer mejores precios y servicios. Ese oligopolio abarca la cadena importación, extracción, transformación, generación, transporte/transmisión y comercialización en el conjunto de la UE y en cada país miembro. En el caso de la electricidad dominan los mercados mayoristas y minoristas, detentan la parte del león de la capacidad instalada y el total de la energía generada, distribuida (con gran control sobre las redes) y vendida. Es uno de los escenarios más completos de connivencia entre poderes económicos y élites políticas cuya mejor expresión es el impúdico funcionamiento de las puertas giratorias entre ministerios y consejos de administración para ex gobernantes. Escenario que ha mostrado su gran debilidad a raíz de la guerra de Ucrania.

El caso español no es una excepción, pues su sistema energético y eléctrico están totalmente controlados y al servicio del oligopolio (Garí, García Breva, María-Tomé y Morales, 2013). Todo el mercado eléctrico está concebido para preservar sus intereses. El conjunto de las grandes empresas energéticas españolas, tanto las que tienen relación con la generación de electricidad como las que no, han experimentado un fuerte proceso de internacionalización mediante su presencia en numerosos países que las ha convertido en transnacionales y también de interpenetración con otras empresas del sector y con los distintos dispositivos, operadores y mercados del sistema financiero español e internacional.

El funcionamiento del oligopolio energético

Tal como plantea el premio Pulitzer Daniel Yergin (1992) el poder actual de Estados Unidos se basó en la concentración de la industria extractora y refinadora del petróleo. Asimismo, inmediatamente, el negocio energético se articuló a escala internacional en torno a grandes empresas que tendieron a funcionar como un oligopolio con una impronta monopolista en la práctica. Hecho que llevó al magnate Enrico Mattei, presidente de ENI (el ente nacional italiano de hidrocarburos) a denunciar en los años sesenta que esas empresas energéticas del momento, a las que denominó las “siete hermanas”, tendían a la cartelización en abierta oposición a la proclamada libre competencia. En 1944, años antes, Karl Polanyi (2016, p. 138) había indicado que “La posibilidad de que la competencia derivase en monopolio era un hecho del que se era bien consciente”.

Tres problemas se relacionan generalmente con esto: el problema del mercado de las materias primas y de la fuerza de trabajo; el problema de los nuevos campos para la inversión de capitales; y finalmente el problema del mercado. Esta triada nos permite, abordar mejor el funcionamiento de la economía de mercado, incluida la energética. Es la que explica que se privaticen patrimonio y bienes comunes, que actividades que podrían realizarse de forma eficiente y barata en cooperación se monopolicen y que el modelo técnico que se adopte sea siempre el de la gran instalación porque ello facilita todo lo anterior.

Para comprender mejor el continuum calentamiento/modelo energético/sistema eléctrico no basta con el debate sobre las tecnologías a abandonar y las tecnologías a desarrollar. También hay que abordar el marco en el que aparecen los problemas y las alternativas, por lo que hay que desentrañar algunos elementos de la estructura oligopólica que controla toda la cadena de valor: extracción de carbón, petróleo y gas; refino y otros procesamientos; transporte de materia prima, productos semielaborados y elaborados en diversas fases, generación eléctrica, trasmisión y comercialización.

El oligopolio se impuso en el mundo de la energía y, particularmente, en el de la electricidad, que como bien/mercancía, tiene unas características físicas y técnicas que facilitan que o bien sea controlado por la sociedad mediante la propiedad pública y social o bien caiga en manos de grandes empresas oligopólicas que en la práctica funcionan como monopolios.

La electricidad juega un papel estratégico en múltiples procesos productivos, en los nuevos despliegues de la electrónica, la robótica y las telecomunicaciones y, por supuesto, en equipos de uso privado como los electrodomésticos o en la iluminación pública y privada. Posee homogeneidad en términos físicos, con independencia de la fuente empleada en su generación. Pero no se puede almacenar, lo que exige una planificación continuada y previsión de futuro, así como establecer mecanismos de transporte ágiles que permitan poner en relación necesidades y oferta en diferentes momentos horarios, para diferentes demandantes y requerimientos en cuanto a los volúmenes y aplicaciones; y, por tanto, hay partes de la cadena de valor que presionan hacia lo que se conoce como monopolio natural. Ello presenta posibilidades y retos para las alternativas ecosocialistas, pero de momento es fuente de ganancia privada.

¿Oligopolios? O realmente son monopolios

A efectos de su lucha por el control de los mercados, las empresas energéticas y eléctricas no funcionan de forma diferente a otros sectores oligopólicos. Las grandes empresas a realizar un doble movimiento: por una parte potenciar la integración vertical, que permite economías de escala y ventajas tecnológicas, y, por otra, evitar al máximo el choque de trenes de la competencia mediante acuerdos entre corporaciones sobre precios, reparto de mercados, asignación pactada de cuotas en los mismos y otros consensos intercorporaciones para lograr que la distancia entre ingresos y costes empresariales sea lo mayor posible y posibilite la realización de beneficios extraordinarios de forma continuada.

Por ello, a este respecto, es útil tener en cuenta las aportaciones de autores como Ernest Mandel que considera que existe una delgada línea de separación entre las empresas en régimen monopólicas y los denominados oligopolios constituidos por un pequeño número de empresas que dominan un sector productivo. Rechaza la drástica diferenciación entre monopolio y oligopolio porque “las discusiones de semántica son, naturalmente, ociosas (…) la pretendida precisión terminológica académica esconde en realidad una impotencia para aprehender los problemas de estructura. La aparición de oligopolios no significa solamente un simple cambio gradual de la situación (“un poco más de imperfección” en la competencia). Significa el advenimiento de una nueva era, caracterizada por una modificación radical en los comportamientos de los jefes de las principales industrias, lo que entraña modificaciones no menos radicales en materia de política interior y exterior”. (Mandel, 1969, T II, pp. 53).

Mandel apoya su afirmación en el informe “Monopoly and Free Enterprise” realizado por Stocking y Watkins, gestores y economistas de empresas privadas, documento al que califica de honesto y del que cita literalmente: “La fusión de [antiguos] competidores no debe necesariamente conducir a la unificación total, a los monopolios al 100%, para reducir las presiones competitivas y aportar ganancias. Para que el poder de reducir la oferta y aumentar los precios resulte interesante no es necesario que sea absoluto. Este poder asegura ganancias [más elevadas], desde el momento en que el número de vendedores es tan reducido que cada uno de ellos reconoce las ventajas de seguir una política no competitiva” (Mandel, 1969, T II, pp. 65).

Por su parte Michal Kalecki ha desarrollado modelos explicativos en los que asocia la consolidación de estructuras monopólicas con la realización de sobrebeneficios gracias a precios impuestos y superiores a los que habría en un mercado con competencia (Kalecki, 1977). Y Piero Sraffa ha analizado la relación entre el grado de competencia y el marco institucional, concretamente las barreras existentes, que posibilita o dificulta los aumentos de los precios para obtener una ganancia superior en comparación con una situación de competencia perfecta entre iguales (Sraffa, 1960).

En la evolución hacia el oligopolio y monopolio de las empresas el Estado no ha sido indiferente, sino que, según Mandel, “… el poder coercitivo del Estado burgués intervino de manera cada vez más directa en la economía, tanto para asegurar la extracción ininterrumpida de las ganancias extraordinarias monopólicas en el exterior como para garantizar las mejores condiciones para la acumulación de capital en el propio país”. Y concluye “Este paso marcó el comienzo de la era del capitalismo tardío” (Mandel, 1972).

Alternativas y planificación

Las claves del cambio de modelo energético son la combinación de las siguientes acciones: dejar bajo tierra las existencias de petróleo, gas y carbón; impulsar el ahorro de energía; electrificar los transportes y el conjunto de la actividad productiva demandante de energía; cambiar de fuentes sustituyendo los combustibles fósiles y nucleares por las renovables (solar, eólica, geotérmica, mareomotriz, etc.). Con especial desarrollo de la generación distribuida y de los sistemas de producción, transporte y distribución energéticos de propiedad pública y social en un modelo que tenga en cuenta tanto la dimensión de coordinación de recursos para posibilitar sinergias y ahorros, como la de la descentralización para acercar las decisiones a las personas y comunidades en sus facetas de productores y consumidores, para poder impulsar la soberanía y la democracia en los asuntos del fuego que calienta la tribu.

En resumen, se trata de reducir drásticamente el uso de energía y que esta sea de fuentes renovables de propiedad común. La magnitud del reto de abandonar bajo tierra las reservas de combustibles fósiles, significa renunciar al 80% de las existencias de carbón conocidas, el 33% del total de existencias de petróleo conocidas (agotadas o por explotar) y al 50% de las existencias inventariadas (agotadas o por explotar) lo que equivale a renunciar al 80% de las rentas fósiles estimadas sin realizar todavía.

Todo ello nos remite a otra cuestión: el marco en el que se puede dar esa opción ecológica exige un sociedad justa e igualitaria para evitar las guerra por un bien escaso: la energía; una sociedad capaz de generar un nuevo modo de vida con valores y cultura alternativos al del lucro individualista; el acceso a los puestos de trabajo y a los bienes y servicios que permita la pacificación del compulsivo consumismo y de los desplazamientos laborales o de ocio, que comporta una profunda reorganización del territorio al servicio de la población frente a la especulación y un acceso universal a los bienes culturales que no exijan necesariamente la movilidad; y si se tuviera que dar, que lo sea mediante medios que minimicen la huella de carbono.

En cualquier caso, el futuro modelo energético no podrá ni deberá mantener un nivel de oferta tal que sirva de motor para un crecimiento económico sin fin como el actual. Por ello resulta ingenua e inane la propuesta del New Green Deal que intenta servir a dos señores: descarbonización y ganancia del capital, porque el reto de la transición energética es imposible abordarlo sin tocar las bases del funcionamiento y dominación del capital, de la propiedad de recursos y medios y, por ende, del entramado institucional estatal a su servicio, que ni es neutro ni sirve para otro fin distinto que para el que se creó.

Tanto abandonar el uso de combustibles fósiles como el despliegue de un nuevo modelo exigen grandes inversiones por parte de los poderes públicos; porque el capital privado no lo va a realizar. Pero también la expropiación de los medios y activos del oligopolio exige una decisión política hercúlea frente a los movimientos financieros y de todo tipo, sin excluir la violencia, que desatarán los poderes fácticos del capital. Nadie nos exime de poner a prueba nuestra apuesta por las renovables. Diseñar un mix energético de fuentes renovables capaz de atender las necesidades de una sociedad industrial sustentable, en el caso de superar el hándicap de las limitadas reservas de litio, níquel y neodimio, el problema se plantearía en otro terreno, el económico y político, porque “ello sólo sería posible con una ingente reorientación del esfuerzo inversor (digámoslo claramente: un esfuerzo incompatible con la organización de las prioridades privadas de inversión bajo el capitalismo), y se llegaría a una situación de generación estacionaria de energía (básicamente electricidad), situación incompatible con la continuación del crecimiento socioeconómico exponencial de los últimos decenios” (Riechmann, 2018).

A lo que hay que añadir, como calcula Antonio Turiel que en el caso español sustituir los aproximadamente seis exajulios de energía primaria usada anualmente en España por fuentes renovables implicaría instalar un terawatio eléctrico. De modo que las necesidades de capital de esta transformación se elevarían a 4,12 billones dólares: tres veces el PIB de España. Si lo extrapolamos a escala mundial estas afirmaciones son demoledoras para el optimismo tecnológico auspiciado desde las élites del capitalismo. Demoledoras para quienes se contentan con medidas de mercado como los cambios en la fiscalidad para influir en los precios e influir en los consumidores pues el tiempo urge y esas medidas de tener efecto es limitado y a largo plazo. Y demoledoras para quienes defienden un Nuevo Pacto Social-Verde haciendo caso omiso de que la contraparte -el capital- no está en absoluto interesado en el mismo. Afirmaciones demoledoras, en definitiva, para quienes pretenden realizar una transición energética incolora e indolora exenta de conflicto, del conflicto ligado a las formas que adopta la vieja lucha de clases en la actualidad.

Si el razonamiento económico introduce la necesidad de que los fines y medios se decidan democráticamente frente a la dictadura de los mercados, articular esa voluntad popular lleva a revalorizar la planificación. Si una nueva economía frente al expolio capitalista de la naturaleza, cuyos recursos considera meras materias primas o mercancías ilimitadas, parte de la finitud de los recursos no renovables y la necesidad de respetar los ciclos de los renovables, la cuestión del plan vuelve a jugar un papel central que los neoliberales intentaron borrar de la faz de los gobiernos, de la academia y de las mentes. Si ello es así en todos los aspectos que afectan al intercambio sociedad-naturaleza y, por tanto, en todos los procesos productivos, aún lo es de forma más clara en lo referente al modelo energético.

La cuestión de la planificación democrática de la energía es una herramienta de primer orden para la estrategia de cambio de modelo. Y, por sus características, si hay un sector en el que el plan es imprescindible -incluso en la economía capitalista- es en el de la electricidad. Tanto bajo la economía de mercado como en su opuesta la ecosocialista, la previsión planificada a largo plazo de las redes e infraestructuras básicas es obligatoria. Pero la sustitución de la lógica del beneficio privado por el beneficio de la sociedad exige llevar esa planificación a toda la cadena de valor. La propiedad pública y social de las fuentes y aplicaciones de la energía lejos de repetir las viejas falsas soluciones estatistas del socialismo real regidas por una ineficiente planificación burocrática deberá, por el contrario, ser una “planificación socialista autogestionada por las comunidades afectadas y articulada a todos los niveles territoriales necesarios (…) contraria al estatismo pero que tampoco se puede reducir a procesos de decisión descentralizados y atomizados, aunque sean autogestionados localmente. Todo eso hay que debatirlo en base a objetivos y experiencias concretas” (Samary, 2019).

Ahorro, contención, electrificación y renovables solo podrán ser la pauta fuera de la lógica de la ganancia privada, solo podrán realizarse mediante una construcción democrática de la voluntad social. Para ello deberán darse varios pasos: 1) acabar con el expolio y la dictadura de los oligopolios mediante la expropiación y socialización de sus activos materiales y financieros y 2) impulsar la soberanía popular mediante la planificación democrática de los recursos comunes y públicos en toda la cadena de valor que devuelva el dominio del fuego a los pueblos y comunidades. Tal como están las cosas, nadie dijo que la transición energética fuera fácil, pero es nuestra única esperanza.

21 septiembre 2022

Bibliografía citada

Garí, M., García Breva, J., María-Tomé, B. y Morales, J. (2013) Qué hacemos para cambiar un modelo irracional por otra forma sostenible y democrática de cultura energética”. Akal, Madrid.

Kalecki, M. (1977) Ensayos escogidos sobre dinámica de la economía capitalista 1933-1970, Fondo de Cultura Económica.

Mandel, E. (1969). Tratado de economía marxista. Tomo II. Ediciones Era, México.

Mandel, E. (1972). El capitalismo tardío. Ediciones Era, México.

Polany, K. (2016). La gran transformación, crítica del liberalismo económico. Virus Editorial, Barcelona.

Riechmann, J. (2018). ¿Derrotó el Smartphone al movimiento ecologista? Por una crítica del mesianismo tecnológico. Libros La Catarata, Madrid.

Samary, C. (2019) “El mundo debe cambiar de base”. Vientosur.info
https://vientosur.info/spip.php?article15373
Sraffa, P. (1960). Producción de mercancías por medio de mercancías, Oikos-Tau, Barcelona.

Intervención publicada en Espacio público

Publicado enMedio Ambiente
Evo Morales aclara que no comparte las recetas del FMI porque su disciplina fiscal para cuidar el déficit puede ser una forma de castigar a los pobres.Foto Guillermo Sologuren

Evo Morales Ayma está de excelente humor. Saluda afectuosamente a los periodistas y fotógrafos de La Jornada y bromea. Su breve estancia en México fue intensa y llena de reconocimientos. Recibió, sin toga ni birrete, el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), un pendiente de momentos más difíciles. Fue ovacionado por una multitud en el Zócalo capitalino durante la ceremonia del Grito de Independencia. Cantó México lindo y querido en La Ópera, al lado de José Mujica y el canciller Marcelo Ebrard.

Como si fuera una compensación para no extrañar la altura de La Paz, el piso 25 del hotel en el que se hospeda frente a la Alameda parece rascar las nubes. Lejos están aquellos días amargos del golpe de Estado en su contra, en noviembre de 2019, en los que encontró refugio y solidaridad en nuestro país. Está entusiasmado por el cobijo recibido y se nota.

Pero más allá del remanso de su última estancia en México, el ex presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, que dirige ahora el gobernante Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS), vive una incesante tormenta política. Ni Estados Unidos, ni los organismos multilaterales, ni la derecha de su país le dan tregua. Sobre eso conversó con este diario.

–El presidente Biden acaba de decir que Bolivia "no ha cumplido con sus deberes en los compromisos de lucha en contra el narcotráfico". ¿Qué piensa de esas declaraciones?

–Estados Unidos usa la lucha contra el narcotráfico con intereses netamente geopolíticos. Para esa nación, los gobiernos que son de izquierda nunca cumplen. Ahora que Colombia tiene un nuevo gobierno, dirá que no ha cumplido. Pero cuando estaba allí la derecha, le daba reconocimiento.

Cuando esa doctrina estadunidense (de lucha contra el narcotráfico) se cae, comienzan a acusar a los gobiernos de izquierda de ser terroristas. ¿Y quiénes son para ellos los terroristas? Los movimientos sociales. ¿Cuántos dirigentes sociales somos o hemos sido presidentes en América Latina? Lula, Maduro, Petro, Pedro Castillo de Perú.

Estados Unidos sigue amenazando. Hace dos o tres semanas, Laura Richardson, la comandante del Comando Sur de Estados Unidos, dijo que les preocupaba el litio, y que América Latina es el barrio de Estados Unidos. En nuestra experiencia, cuando el imperio está en decadencia, acude a la violencia. No quiero pensar que lo que le pasó a Cristina sea parte de eso. Cuando el imperio pierde hegemonía, usa armas y bases militares.

El imperio está desesperado porque sus políticas se caen permanentemente. Hay una revuelta democrática, con el triunfo de Petro y en Chile. Próximamente vamos a estar festejando con Lula. Por eso las amenazas del presidente de Estados Unidos.

–El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de darle recetas a Bolivia de cómo debe ser su economía.

–Felizmente nuestro ministro de Economía las rechazó. No aceptamos ninguna intromisión. ¿Qué recomendaciones vienen del FMI? Primero, las privatizaciones. Y nosotros somos nacionalizadores. Nacionalizando es como demostramos que Bolivia tiene futuro.

Segundo, ¿qué viene de Estados Unidos? El llamado Estado mínimo. Un Estado enano, que sólo regula y no invierte. Eso no resuelve los problemas del mercado nacional.

Además, defienden la disciplina fiscal para cuidar el déficit. Pero eso puede ser una forma de castigar a los pobres. Dicen que hay que cuidar la inflación, con contracción económica, pero eso no ayuda a resolver la economía de las familias.

No compartimos las recetas del FMI. Diga lo que diga el organismo, el pueblo se da cuenta de que, para seguir garantizando la liberación política y la social-cultural, hay que acompañarlas con la liberación económica y financiera.

–¿Ve un lugar para Estados Unidos en el proceso de unidad latinoamericana?

–Me ha sorprendido la participación de los jóvenes estadunidenses en la calles durante la última Cumbre de las Américas. Cuestionaron a su gobierno y buscaron una alianza de pueblo a pueblo. Además, en la Cumbre se expresó la rebelión de los pueblos de América Latina. El Presidente de México, el de Bolivia y varios más no fueron, en solidaridad con Cuba, Venezuela y Nicaragua

Recordamos en una conversación con el canciller de México, que 20 de las 22 intervenciones de países, dijeron al gobierno de Estados Unidos en su casa "¿por qué no está Cuba, Venezuela y Nicaragua? ¿Por qué el golpe de estado en Bolivia?" Eso no había antes. Antes daba miedo ser expulsado de la OEA. Ahora es digno de orgullo retirarse de la OEA. Esto va ir creciendo. No lo estoy inventando. Sólo estoy haciendo una pequeña evaluación de lo que está pasando en América Latina.

Un movimiento para toda Bolivia

–Un ministro en su país le hizo recientemente críticas, ¿hay una situación de división en el MAS?

–El MAS-IPSP es el movimiento político más grande de la historia boliviana. Es algo único en el mundo. No es un partido. Partido es una parte del pueblo. El MAS es un movimiento político para toda Bolivia a fin de garantizar la liberación política, económica, social, cultural. Yo mismo al inicio no estaba convencido. Pero, en corto tiempo, hemos demostrado que otra Bolivia es posible.

Sin embargo, a algunos integrantes de las nuevas generaciones les falta información. ¿Qué movimiento político o qué partido no tiene problemas? Lo que tenemos no es una diferencia de carácter ideológico. Algunos tienen que proyectarse. Es su derecho. No es la primera vez que sucede. En 1997 fue la primera vez que nos presentamos a las elecciones con Alejo Véliz Lazo. Él era un dirigente campesino respetado. Yo aprendí bastante de él. Era nuestra candidato a presidente. A mí me proclamaron y yo rechacé. Si el hermano Alejo se hubiera comportado bien, habría sido presidente. Pero se fue con un partido de la derecha. Lo suyo fue traición, no división. No faltan algunos que están en el MAS por ambición, no por convicción.

–Ahora es doctor honoris causa por la UAZ ¿Cómo fue eso?

–Doctor, por si acaso. Lo agradezco a la UAZ, a su Consejo Universitario, a los docentes y estudiantes. Es un reconocimiento a los movimientos sociales de Bolivia, pero fundamentalmente al movimiento indígena. Este reconocimiento es para mis hermanos y hermanas indígenas.

En la Colonia vivíamos amenazados con el exterminio; en la República éramos los más odiados, despreciados, discriminados, vilipendiados, económicamente explotados. Este sector social, soy testigo, soy parte de eso, gestó un movimiento político y refundó Bolivia.

Estoy muy contento y agradecido con la universidad por este reconocimiento a mi pueblo. Con mi pueblo, hemos hecho mucho por la vida y por la humanidad.

–En la ceremonia del Grito en el Zócalo miles de gargantas corearon su nombre. ¿Qué sintió?

–Me dieron ganas de llorar en ese momento. A mí me ha sorprendido. Cuando el Presidente se retiró era interesante ir a la fiesta y escuchar a la gente gritando "¡Evo, Evo!" Saludé y no sé cuántos de miles de personas decían "¡Evo, Evo!"

Agradezco al pueblo mexicano. Andrés Manuel López Obrador es inmortal en Bolivia. Nos salvó la vida junto con otros presidentes. Nos ayudó a recuperar la democracia. Y, ahora, Andrés nos invita para cuidarnos. Los antimperialistas estábamos en la mira permanente de Estados Unidos. La lucha no termina, sigue. Pero esta visita, el mensaje de Andrés, su invitación, es como brindar a Evo. Muchas gracias al presidente Andrés y a su pueblo.

Gracias a él, a México, ahora estoy acá con vida. También, gracias a Argentina, a Venezuela, a Cuba, el ex presidente Samper, a Rodríguez Zapatero. Si no hubiera sido por ellos no sé dónde habría estado.

–Estuvo ayer en La Ópera. ¿Le enseñaron donde dicen que disparó Pancho Villa?

–El hermano canciller nos invitó a almorzar con Pepe Mujica. Conversando y comiendo, me dijo: "En la Ciudad de México, en el año 1914, se reunieron Pancho Villa con Emiliano Zapata. Aquí, alguna gente insultaba. En ese momento, Villa sacó su revolver y disparó". Estaba ahí un pequeño agujero. De Pepe uno siempre aprende.

–¿Cantó usted ?

–Primero se acercó el grupo y se sorprendió. Estaban cantando en otras mesas y llegó a la nuestra. Nos dijo: "¡Hola, Evo! ¡Hola, Pepe! ¿Qué quieren cantar?" Yo pedí México lindo y querido y empecé a entonarla y a acompañar muy contento. Voy a buscar un cedé para aprendérmela bien.

Compañías digitales y datos personales

Alguien que se presenta como un joven de 18 años obtuvo acceso completo a los sistemas alojados en la nube (provistos por Amazon y Google) donde Uber almacena datos financieros y confidenciales de sus clientes, desde licencias de conducir hasta el registro de sus viajes y, potencialmente, sus tarjetas de crédito u otras formas de pago. Según se sabe, el hacker no requirió de sofisticados conocimientos informáticos, sino que recurrió a una táctica denominada "ingeniería social": se hizo pasar por un empleado de la compañía o de alguno de sus contratistas a fin de que sus "colegas" le entregaran las contraseñas necesarias para acceder a la red. Esta modalidad de ataque ya se ha usado para sustraer datos a empresas de tan alto perfil como Microsoft y Twitter, y una especialista señala que su uso se basa en "múltiples y enormes fallos sistémicos en materia de cultura e ingeniería de seguridad".

De acuerdo con filtraciones anónimas, el propio hacker informó a la empresa de transporte que había vulnerado su red debido a la falta de seguridad, además de hacer un llamado a mejorar los salarios de los conductores de la plataforma. Hasta ahora no está claro si el atacante sustrajo los datos de clientes o sólo tenía la intención de exhibir las fallas de seguridad y su capacidad para violar sus sistemas internos.

Las sustracciones o vulneraciones de datos confidenciales de usuarios de grandes empresas digitales se han vuelto casi rutinarias. Apenas este mes, un grupo de piratas informáticos afirmó haber robado nombres de usuario, contraseñas e incluso información de pagos realizados a través de TikTok y WeChat, la popular red social de videos cortos y el servicio de mensajería instantánea chinos. En julio pasado, Twitter tuvo que confirmar que al menos 5.4 millones de perfiles sufrieron el robo de su información privada, la cual fue puesta a la venta en un foro de piratería.

En ocasiones, ni siquiera es necesario acceder a los sistemas internos de las compañías para hacerse con gigantescos volúmenes de datos de los usuarios. Mediante una técnica llamada scraping (de "raspar"), los hackers recopilan información que aparece de manera pública en las cuentas de redes sociales, y que puede incluir el nombre, el correo electrónico, números telefónicos, lugar de trabajo y cargo que ocupa, e incluso la ubicación geográfica. Un solo pirata usó el scraping para reunir la información de 700 millones de usuarios de LinkedIn y 533 millones de Facebook, la cual ofreció a la venta en comunidades virtuales. Aunque todos los registros eran públicos, está claro que su circulación, juntos y en una cantidad tal, representa una amenaza de que sean usados para todo tipo de actividades ilegales.

Con estos incidentes, está claro que, pese a lo que digan sus voceros, las grandes compañías no han reaccionado a estos ataques adoptando medidas de seguridad suficientes para salvaguardar los datos y, con ellos, la integridad física y patrimonial de sus clientes, quienes viven la incertidumbre de cuánto peligro corren cada vez que se produce una filtración. Si bien es cierto que los piratas siempre parecen ir un paso delante de quienes diseñan los sistemas de protección, las empresas no deberían escatimar en la defensa de lo que hoy por hoy constituye una auténtica mina de oro para ellas: son estos datos los que les permiten a algunas (de manera destacada Alphabet y Meta, matrices de Google y Facebook) facturar cientos de miles de millones de dólares en publicidad dirigida, y los que dan a otras (como la propia Uber) una ventaja inestimable sobre sus competidores al revelarles los hábitos, preferencias y necesidades de sus usuarios.

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Celso Amorim en la vigilia Lula Libre de Curitiba. Foto: Ricardo Stuckert.

Entrevista con Celso Amorin

Celso Amorim, cinéfilo y exministro de Relaciones Exteriores y de Defensa de los gobiernos del PT, es uno de los principales consejeros del expresidente Lula. Conversamos con él sobre la posibilidad de un golpe en Brasil y sobre cómo la integración sudamericana y los BRICS pueden disminuir la tensión entre Estados Unidos y Rusia y la crisis de Taiwán.

Celso Amorim fue ministro de Relaciones Exteriores durante los dos mandatos de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010). Tuvo un desempeño destacado a la cabeza de la diplomacia brasileña y fue calificado como el mejor del mundo en su cargo. Eran tiempos de una política externa «altiva y activa», como decía nuestro entrevistado. Amorim había ocupado el cargo antes, brevemente entre 1993 y 1995, bajo la presidencia de Itamar Franco, pero fue sin duda su segundo paso por el comando de Itamaraty el que lo consagró.

También eran tiempos de crecimiento económico, de distribución de los ingresos y de una actuación  nunca antes vista de Brasil en la escena internacional, que conllevó la consolidación o incluso la creación de mecanismos multilaterales, la formalización de los BRICS —grupo que con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica suma casi un tercio del PIB mundial—, la formación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el G20 —grupo ampliado con el fin de repartir el poder mundial en contra del selecto G7— y el fortalecimiento del MERCOSUR.

Amorim ocupó más tarde el cargo de ministro de Defensa durante el primer mandato del gobierno de Dilma Roussef y hoy destaca como uno de los principales consejeros del ahora candidato Lula. Acaba de presentar un nuevo libro con sus memorias sobre la relación entre Brasil y sus vecinos sudamericanos, Laços de confiança – O Brasil na América do Sul (Editoria Benvirá, 2022).

Hugo Albuquerque y James Hermínio Porto de Jacobin Brasil conversaron con él sobre la integración sudamericana, los BRICS en tiempos de tensión de Rusia y China con un Occidente liderado por los Estados Unidos de Joe Biden, las elecciones brasileñas, los peligros del bolsonarismo y hasta de sus vínculos con el cine, desde su pasaje por los sets del Cinema Nuovo hasta su amistad con Glauber Rocha y la presidencia de Embrafilme, la extinta «Petrobras del cine».

HA/JH

Usted es mundialmente conocido como un gran diplomático, pero hay un tema que suele escapar en su biografía y es su relación con el cine. Nos gustaría saber algo sobre esta relación con el cine, qué piensa del cine nacional hoy y, también, del legado que dejó su amigo Glauber Rocha en el cine y en la cultura nacional.

CA

Mi relación con el cine comenzó por mi involucramiento directo en el período del Cinema Nuovo. Fui asistente de dirección de Leon Hirszman y con Ruy Guerra trabajé como continuista, pero terminé siendo un poco asistente de dirección en Os Cafajestes.

Creo que el punto más álgido de mi biografía no es el que menciono en mis libros, sino el hecho de haberle entregado la toalla a Norma Bengell en el primer desnudo frontal del cine brasileño, precisamente en Os Cafajestes.

En esa época, Glauber estaba montando la película Barravento con ayuda de Nelson Pereira dos Santos, casi en simultáneo con el montaje de Os Cafajestes. Nos hicimos amigos y recuerdo haber tenido una conversión con él, un poco antes del golpe de 1964, una conversación que él cita en una de las cartas, en la que me dijo que Deus e o Diabo na Terra do Sol era mejor que O Bandido Giuliano de Francesco Rossi, director italiano.

A mí también me gustaba la política exterior. Incluso antes del golpe de 1964 me hice diplomático y unos quince o veinte años después era jefe de la División Cultural de Itamaraty y el ministro Eduardo Portela me postuló como presidente de Embrafilme, empresa de economía mixta vinculada al Ministerio de Educación y Cultura. Y una de las personas que apoyó mi nombre fue justamente Glauber Rocha.

Tuve una relación intensa con él, sobre todo cuando estábamos terminando la película A Idade da Terra. Fue muy generoso con sus comentarios sobre mi papel como presidente de Embrafilme. Glauber era un gran genio, y como sucede con los grandes genios no era una persona fácil. Nuestra relación era muy buena, no tenía ningún tipo de fricción, pero Glauber Rocha… Me parece que tenía dudas sobre A Idade da Terra, así que tuve que presionarlo un poco para terminar el montaje.

Pienso que Glauber dejó una marca en el cine mundial. Cuando pensamos en el cine alemán, y hasta en las películas de Copolla, cuando pensamos en aquella escena de la cabalgata de las valquirias en Apocalypse Now… Es imposible no recordar el uso que Glauber Rocha hizo de la música clásica de Villa-Lobos en una de las escenas igualmente dramática de Deus e o Diabo na Terra do Sol. En fin, Glauber fue un gran cineasta, y como suele suceder con muchos genios, sus mejores películas fueron las primeras, cuando brotó, digámoslo así, cuando explotaron su talento y su creatividad.

Seguí siendo su amigo, lo acompañé en sus últimos pasos, fui a visitarlo a Portugal, a Sintra, un poco antes de que viniera para Brasil prácticamente a morir. Pero, en síntesis, un gran genio que abrió caminos en el cine brasileño.

Hace poco tuve la oportunidad de leer un libro extraordinario de otro genio, una persona distinta a Glauber, Ariano Suassuna, de quien leí A Pedra do reino, donde encontré muchas similitudes con Glauber. Es probable que Glauber nunca haya conocido a Ariano, pero las similitudes en la manera de tratar el sertón brasileño son innegables.

HA/JH

Una pregunta caprichosa: ¿tiene una favorita entre las películas del Cinema Nuovo?

CA

Es difícil decidir. Trabajé en Os Cafajestes, trabajé con Leon. Pero si tuviera que elegir tres o cuatro películas, no mencionaría Os Cafajestes, que me parece muy buena pero que no deja de ser una película de iniciación. Si tuviera que elegir tres o cuatro diría: Deus e o Diabo na Terra do Sol, por supuesto, Vidas secas, de Nelson Pereira dos Santos. De las películas de Rui Guerra elegiría Os Fuzis, en la que no trabajé, aunque yo había sido convocado para ser asistente, pero resolví cambiar Os Fuzis por la diplomacia.

Y de las películas extraordinarias de Leon Hirszman —que no es propiamente parte del Cinema Nuovo, pero pude participar en sus películas como productor porque yo era director general de Embrafilme—, elegiría Eles não usam black-tie. En fin, con esto tenemos cuatro películas de gran importancia.

Por supuesto que hay muchas otras. No mencioné a ninguno de los hijos, porque no sería adecuado, pero veo sus películas con mucha alegría, sobre todo del más viejo, porque hizo más películas, Vicente. Están en MUBI y en muchas proyecciones, entre comillas —o sin ellas—, clásicas.

HA/JH

El tema de su último libro, Laços de confiança, es América del Sur. Aquí, en nuestro continente, asistimos en los últimos años al abandono de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que había surgido como una buena alternativa de integración regional. Imaginamos que con el posible retorno de Lula, la UNASUR volverá a tener un papel protagónico. ¿Qué piensa de esto desde un punto de vista realista?

CA

Pienso que tenemos que trabajar en varios frentes y en cosas bastante prácticas. Porque estamos trabajando aquí sobre una realidad que tiene varias dimensiones. Los franceses hablaban mucho de una cosa llamada integración de geometría variable. Esto implica los papeles de la UNASUR y del MERCOSUR en la integración sudamericana.

Y el caso, por ejemplo, del MERCOSUR como una unión aduanera, que es muy importante desde el punto de vista del comercio interno, pero que también permite que formemos un bloque y negociemos con conjunto a nivel internacional, como intentamos hacer con el ALCA —evitando, por lo menos, un acuerdo negativo— o en el día a día de la OMC, y como hacemos obviamente en los acuerdos comerciales con la Unión Europea.

En estos días, Lula mencionó que debemos concretar el ingreso de Bolivia en el MERCOSUR. Esto sería un proceso muy simple, porque Bolivia está prácticamente dentro del bloque, pero hay otros países de América del Sur que tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y con otros países, y esto dificulta su integración.

Pero la UNASUR tiene un peso muy importante en muchas otras áreas. Prestaría mucha atención a lo que hizo en el área de la salud, de la infraestructura, donde la cercanía física es un elemento importante, y a cómo puede actuar, incluso en cuestiones ambientales, el cambio climático y en cuestiones de defensa, dado que el consejo de defensa sudamericano es uno de sus órganos.

Sé que hay cierta resistencia en algunos sectores, incluso progresistas, frente a la UNASUR por sus eventuales defectos. El principal es la forma de elección del secretario general, y esto fue utilizado como un pretexto para que muchos países la abandonaran. Pero creo que la UNASUR debe volver. Si quieren cambiarle el nombre, no tengo ningún problema. Para mí lo importante es mantener la unidad sudamericana, aunque nunca haya sido tan profunda en este caso como dentro del MERCOSUR, pero es suficientemente fuerte como para posibilitar que la UNASUR tenga un rol importante en el mundo.

Ahora bien, después de las elecciones en Colombia, por ejemplo, la nueva vicepresidenta Francia Márquez estuvo aquí: es una mujer negra, muy vinculada a las raíces africanas y a la ancestralidad, que tienen un peso muy fuerte en la visión que tiene del mundo. La vicepresidenta se entusiasmó con la idea de poder trabajar junto a Brasil en una relación con África. Esto converge con una antigua propuesta que hizo el presidente nigeriano Olusegun Obansanjo a Lula de hacer cumbres Brasil-África, pero pensamos que, para fomentar la integración de América del Sur, era mejor hace cumbres América del Sur y África.

Prácticamente nos encargamos solos de la relación entre América del Sur y África, aunque el presidente Hugo Chávez tuvo cierto interés en esta integración, interés que obedecía a cuestiones más geopolíticas. Hoy también lo tiene Colombia. Es evidente que otros países también lo tendrán en distinto grado. Y también hay cuestiones geográficas, porque tenemos otros mecanismos de cooperación con África, la zona de paz y de cooperación del Atlántico Sur.

Pienso que la UNASUR tiene una importancia muy grande. Cuando hablamos, por ejemplo, de cuestiones de seguridad, la verdad es que yo, como ministro de Defensa, por lo menos, nunca me interesé mucho por las iniciativas del Atlántico, porque decía: Atlántico Norte es una cosa, Atlántico Sur es otra. El Atlántico Norte es un área de conflicto, la propia OTAN es una organización defensiva, o ofensiva, depende del punto de vista que adoptemos, pero que de cualquier manera opera en función del conflicto. En cambio, en el Sur lo que queremos es una zona de paz y de cooperación. Por lo tanto, no tenemos que mezclar el Atlántico Norte con el Atlántico Sur. Son realidades geopolíticas muy distintas.

A nivel interno, la UNASUR sirve para discutir el Amazonas. Incluso los países de la cuenca del Plata están muy interesados en ella, porque hoy sabemos que lo que ocurre en el Amazonas tiene una influencia directa y objetiva en la cuenca del Plata por cuestiones hidrológicas, meteorológicas y geológicas.

En otros asuntos quedó claro que en el G20 es perfectamente posible actuar en coordinación con México, todavía más ahora que tiene un gobierno progresista. Pero incluso desde antes teníamos el mecanismo de G8+2 en el que México participaba con Brasil.

Tenemos que tener esta noción de geometría variable. La integración más profunda es la del MERCOSUR, y es la que nos permite hacer acuerdos comerciales, económicas; en un área de mayor cooperación, pero con muchas cosas en común, tenemos la UNASUR. Después, están América Latina y el Caribe como un todo.

Específicamente sobre la UNASUR, me parece que tenemos que conversar con otros. Brasil no puede imponerse, tiene que conversar con Argentina, Chile y los demás países. Una de las características de la UNASUR es que es plural. La expresión «lazos de confianza», que está en el título de mi último libro, vino a mi cabeza después de una conversación con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, que pensaba de manera muy distinta a nosotros, pero con quien tenía una relación de confianza que permitió que muchas veces actuáramos de forma pacificadora en la región.

HA/JH

Una de las grandes conquistas del gobierno del presidente Lula, con usted a cargo de nuestra diplomacia, fue la creación del BRICS. Hoy vivimos en un mundo en gran medida polarizado entre Norte-Sur y Oriente-Occidente. ¿Qué sucederá con el BRICS en este mundo dividido, en medio de esta disputa extremadamente violenta y preocupante? ¿Y qué será de la participación de Brasil en el BRICS en este contexto?

CA

No solo polarizado, lo peor de todo es que está en guerra. Sin paz nada es posible. Pero también está la cuestión climática, la de las pandemias, etc. El mundo necesita cooperación y está en guerra, que es todo lo contrario. La pregunta no es tanto qué será del BRICS. Tenemos que preguntarnos qué será del mundo.

Creo que el BRICS seguirá teniendo un papel muy importante. En realidad, cuando creamos el BRICS, era un foro, como habíamos hecho antes con IBAS que incluía a India, Brasil y a Sudáfrica) y que era muy importante.

En el caso específico del BRICS, contribuirá enormemente a sostener un mayor equilibrio en las discusiones económicas, sobre todo después de la crisis de Lehman Brothers. Todo el mundo piensa que el BRICS fue creado en 2009, cuando fue la primera cumbre, pero el grupo ya existía. Fue creado en 2006, en 2008 tuvo la primera reunión ministerial y en 2009 la primera cumbre.

Pero ya estaba muy activo a fines de 2008, es decir antes de la primera cumbre, celebrada en Ekaterimburgo, en la reunión del G20, y que contribuyó efectivamente a hacer notar los intereses de los países en vías de desarrollo, de los países emergentes, dentro del conjunto de medidas necesarias para salir de la crisis. Por ejemplo, fue la primera vez que hubo una reforma, aunque fuera modesta, del sistema de pagos del FMI y del Banco Mundial.

Hoy lo peor es la guerra. Y la destrucción, la muerte que provoca el ser humano contra otros seres humanos. Estados contra Estados. Tenemos una situación de guerra entre Rusia y Ucrania, pero en realidad, en el fondo es una guerra que involucra a Rusia y a Occidente.

Cuando hablo de Rusia y de Occidente recuerdo inevitablemente a Arold Toynbee, gran historiador británico que no era en absoluto un hombre de izquierda, no simpatizaba para nada con la Unión Soviética, pero reconocía la importancia de Rusia y la preocupación que tenía Rusia con Occidente.

Esto es todo lo que tenemos que pensar hoy. Es necesario pensar porque nosotros, el presidente Lula y yo, condenamos la acción rusa de iniciar una operación militar.

Es una línea roja que no podemos pasar. No hay cómo pasarla porque lo que tenemos hoy, los esfuerzos que venimos haciendo desde comienzos del siglo pasado para limitar, contener o no tener guerras, están centrados en esto: en renunciar al uso de la fuerza, salvo en situaciones especiales cuando lo autoriza el Consejo de Seguridad o en legítima defensa.

Quién soy yo para juzgar a mi amigo [Sergey] Lavrov, con quien trabajé mucho tiempo… Pero Rusia no podía hacer esto. Para resolver el problema hay que entender sus raíces profundas, que tienen que ver con la expansión de la OTAN y con muchos otros factores. Pero me parece que, a pesar de que hubiera sido difícil, Rusia debería haber llevado todo esto por el camino de la negociación. No obstante, solo podemos terminar con la guerra de dos maneras: la rendición total, como en el caso de la Segunda Guerra Mundial, o la negociación, que puede surgir del cansancio o de otros factores. Pero para una negociación es preciso que las dos partes hagan concesiones, y esto es lo que no pueden aceptar todos los que están a favor de uno de los bandos. Es necesario tener alguien capaz de persuadir a la otra parte, y en este sentido pienso que el BRICS podría ser importante.

Por supuesto que Rusia está directamente involucrada en el conflicto, pero China puede tener una influencia muy grande, y esta influencia sería mejor recibida y más aceptada si Rusia no estuviese aislada, y si la solución implicara involucrar a otros países en vías de desarrollo, y no solo el BRICS, sino también, por ejemplo, Turquía y hasta la Unión Africana, que también tiene un interés muy grande en resolver el problema de esta guerra.

Aclaro que mencioné la guerra, pero también podría haber mencionado el clima, las pandemias, etc. Todo esto exige mucha cooperación y no conflicto.

HA/JH

Hace poco fuimos testigos de la visita de Nancy Pelosi a la isla de Taiwán. Por tratarse de la presidenta de la cámara de diputados de los Estados Unidos, la visita generó mucha incomodidad en Pekín. La pertenencia de Taiwán a China está pacificada por el derecho internacional y por la propia relación bilateral chinoamericana. Los chinos no respondieron igual que los rusos, aunque tampoco lo hicieron de una manera absolutamente distinta, y fueron acosados en el tablero geopolítico. ¿Qué piensa de todo esto?

CA

Los chinos mostraron sus músculos. No llegaron a tomar ninguna medida inmediatamente bélica, pero mostraron que son capaces de hacerlo en el futuro. Por supuesto, pienso que todo esto es peligrosísimo. Me concentré más en Ucrania y en Rusia porque tienen un conflicto abierto, pero creo que, hasta cierto punto, el propio conflicto de Rusia y de Ucrania está involucrado en esta cuestión más amplia: la postura de confrontación de Occidente ampliado, liderado por Estados Unidos, contra Eurasia. No sabemos bien en qué posición deja esto a India, que tiene conflictos y disputas fuertes con China, pero que también, en tanto país en vías de desarrollo que sufrió el colonialismo, tiene una percepción distinta.

Nada es tan simple porque siempre hay divisiones internas, pero Occidente, liderado por Estados Unidos, está expandiéndose. Está convocando a foros de la OTAN, por ejemplo, a países que no tienen nada que ver con el Atlántico Norte, como sucedió hace poco en la conferencia de Madrid.

Respeto muchas cosas que hizo internamente el presidente Biden en Estados Unidos. Pueden no ser perfectas, pero hay avances en términos de la utilización de las capacidades del Estado, cuestiones sociales, etc. Pero tengo dudas sobre algunos aspectos de la política exterior. Uno de estos aspectos es que concibe el mundo como una disputa, o peor, como una lucha por la hegemonía entre un lado bueno y un lado malo. Es peligroso.

China no tiene pretensiones expansionistas, desde ningún punto de vista, solo defiende sus intereses. Pero en el pasado, incluso las disputas de este tipo llevaron a la guerra, como sucedió en los casos de Inglaterra contra España o de los conflictos entre Occidente y el Imperio Otomano. En aquella época no había conflicto ideológico, como en la Guerra Fría, pero aun así hubo guerras.

Y la ideologización de estos conflictos estratégicos los torna más peligrosos, porque es más difícil recular y actuar de manera razonable. En vez de que la disputa sea un tablero de ajedrez, se convierte en una batalla de gallos. Creo que terminará prevaleciendo el buen sentido, pero estamos viviendo un riesgo enorme. Tengo suficiente edad, tengo ochenta años y viví, por ejemplo, la crisis de los misiles en Cuba y cómo se resolvió todo, pero no es fácil, no es simple.

HA/JH

¿Usted ve con buenos ojos la ampliación del BRICS?

CA

Sí. Creo que tiene que ser gradual. Tiene que estar bien ejecutada porque también plantea problemas.

Por ejemplo, ¿por qué creamos IBAS? En aquella época, había un grupo llamado G15 que, en realidad, incluía a 17 o a 18 países y que no conseguía consensos sobre cosas importantes, solo sobre cosas generales. Por esto nadie hablaba mucho de él. Entonces Sudáfrica, que no había entrado en el G15, planteó una idea distinta, la de tener un grupo de seis o siete países.

En el segundo día del gobierno de Lula, la ministra de relaciones exteriores de Sudáfrica, Nkosazana Dlamini-Zuma, propuso que Brasil participara de este nuevo grupo, que incluiría a países en vías de desarrollo, pero no a Rusia ni a China.

Y yo le dije, «pero ministra, hagamos lo siguiente, hagamos un grupo menor que sea eficiente». Entonces sugerí que hiciéramos un grupo pequeño, adecuado a la realidad de la época, tres democracias, tres países multiétnicos, multicelulares, y uno en cada región del mundo en vías de desarrollo. Y así lo hicimos.

Volviendo a la pregunta, el BRICS tiene mucho más poder, pero tenemos que notar, incluso en cuestiones importantes, en políticas de seguridad, no estuvieron siempre de acuerdo. Incluso, obviamente, por tener visiones distintas sobre la ampliación del Consejo de Seguridad. India, Brasil y Sudáfrica tienen visiones muy semejantes sobre este tema, pero Rusia y China, sobre todo esta última, por motivos que no tienen que ver directamente con Brasil, no las tienen. China, por ejemplo, no fomenta la ampliación del Consejo de Seguridad, en la práctica, aunque no lo diga. Hace todo para que no ocurra. Y esto tiene más que ver con una reforma que lleva a la entrada de Japón.

Ahora bien, me pronuncié explícitamente —personalmente, no estoy hablando en nombre del PT ni de Lula— a favor de la entrada de Argentina en el BRICS. No tomé la iniciativa, pero creo que fue una buena idea. Pienso que la entrada de Argentina en el BRICS fortalecería la presencia sudamericana, en un grupo de gran importancia. Pero me opongo a la entrada de países que traigan una cuota de conflicto.

HA/JH

El bolsonarismo mostró ser bastante resistente y muy reaccionario frente a la perspectiva de derrota electoral. ¿Piensa que en el caso de un intento de golpe conseguiría apoyo internacional? ¿Qué piensa de esta posibilidad?

CA

Pienso que el cuadro internacional impedirá que se intente una locura, pero además pienso que esta locura difícilmente podría durar. Suelo decir esto recordando el pasado de Brasil. Un golpe de Estado requiere, a mediano plazo, la participación militar, sea directa o sea por omisión. Y en Brasil nunca hubo un golpe sin el apoyo de tres sectores unidos, que son la élite económica, los grandes medios de comunicación y el país hegemónico del capitalismo mundial, Estados Unidos.

En 1964 todos estos sectores apoyaban totalmente el golpe. Estados Unidos llegó hasta a mandar una parte de su ejército a la costa brasileña para que actuara en el caso de una hipotética guerra civil, que no descartaban.

Hoy no hay nada de esto. Por el contrario, vemos que el secretario de Defensa de Estados Unidos, aun si lo hizo para mantener un mínimo de coherencia con este discurso de las democracias, dijo que «hay que respetar el proceso electoral y el sistema electoral brasileño».

Y no fue solo él, fue una nota oficial del Departamento de Estado. El sistema electoral brasileño es un ejemplo para el hemisferio y para todo el mundo, y es un ejemplo incluso para Estados Unidos. El pensamiento dominante en Estados Unidos repite que el sistema electoral brasileño es mucho menos vulnerable a algo como lo que intentó Trump porque es rápido. Alguien podría intentarlo, pero no creo que suceda nada.

Pienso que, aun en el caso de que lo intenten, de que ocurra algo, las fuerzas armadas no querrán entrar en el conflicto, y aun si lo hicieron no tendrían, desde mi punto de vista, ningún respaldo.

Y en esta cuestión del respaldo entra el marco internacional. Porque está claro que los empresarios están enloquecidos, están pagando caravanas que hacen manifestaciones en Brasilia. Pero creo que esto es representativo de que no tienen el mismo nivel de apoyo en la sociedad que los empresarios que apoyaron el golpe de 1964. En 1964, si miramos rápidamente la posición que adoptó el poder judicial, aunque haya tenido ministros que después fueron expulsados por el régimen, en principio no se manifestó. Hoy la situación es muy distinta también en este sentido.

Para decirlo en términos simples, lo que podríamos definir como clase dominante está muy dividida —esto hace que sea muy difícil pensar en un golpe de Estado— y los que apoyarían un golpe de Estado están en una posición muy frágil.

HA/JH

¿Qué piensa de la campaña de Lula en términos generales? ¿Qué piensa de este momento particular de la campaña? ¿Es optimista?

CA

Miren, la verdad es que yo soy optimista, pero mi optimismo es cauteloso, porque vimos lo que pasó en el pasado, con las redes sociales. Vimos lo que pasó en Chile, donde a pesar de que las encuestas apuntaban a un probable rechazo de la nueva constitución, esto sucedió con un margen mucho mayor del esperado. Pienso que debemos ser cautelosos y que no podemos dejar de trabajar.

Creo que ya tenemos una gran victoria en la campaña, que se llama Luiz Inácio Lula da Silva. Es la persona que sabe hablar con el pueblo y con muchos sectores oprimidos de la sociedad brasileña. Y, al mismo tiempo, es una persona que sabe conciliar y buscar soluciones negociadas, como viene haciendo desde que era dirigente sindical.

Lula tampoco asusta a los sectores del empresariado más conscientes, o por lo menos más comprometidos con el desarrollo nacional. Por lo tanto, pienso que este triunfo es importante. Demostró esta flexibilidad a priori, habiendo elegido al exgobernador Alckmin como compañero de fórmula, que también tranquiliza a una buena parte del empresariado.

HA/JH

Muchas gracias, ministro. ¿Una última palabra?

CA

Me gusta relacionarme con los jóvenes que siempre nos ayudan a pensar y a enfrentar situaciones nuevas. No tenemos que pensar que el futuro es solo repetir el pasado. El pasado es importante, pero tiene que estar siempre adaptado a los nuevos desafíos. Me gustaría mencionar un tema que definitivamente interesa a todos los jóvenes. Hablamos mucho de la guerra, que es importante, pero hoy la cuestión climática tiene una centralidad que no tenía.

Con Lula tuvimos una actuación positiva en Copenhague, y es la mayor demostración de que nos interesa, pero en ese momento no tenía la centralidad que tiene hoy. Como ministro de Relaciones Exteriores yo estaba más preocupado por la OMC que por el clima. Hoy pienso que esto tiene que cambiar.

Traducción: Valentín Huarte

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Jueves, 15 Septiembre 2022 04:48

La caída del muro capitalista

Fotograma de El club de la lucha (1999). David Fincher

Como en la crisis de 2008, en los próximos tiempos volverán a intentar que lo público, ese actor inútil cuando las cosas van bien, salve los muebles para que el mundo siga girando

 

Como Tyler Durden y Marla Singer observamos por la ventana el derrumbe de las torres que forman nuestro paisaje. Aunque los protagonistas de la mítica escena de El Club de la Lucha (1999) nos daban la espalda, no hacía falta verles las caras para saber que, mientras todo saltaba por los aires, ellos se encogían impactados. Fuera de la pantalla nada es igual. Septiembre del año 22. Asistimos desde casa al derrumbe de las grandes torres capitalistas, las teorías de la mano invisible con las que han crecido varias generaciones están colapsando. Lo percibimos como el que ve llover, como se decía en épocas en las que llovía. El mayor derrumbe ideológico desde la caída del Muro de Berlín nos ha pillado con un grado de imperturbabilidad que no salvarían ni los Pixies sonando de fondo. Y es que no hay quien mantenga la atención a este ritmo de dos fines del mundo por semana.

La mano invisible regula y ordena la economía, así que toda intervención del Estado es un incordio y un freno para el desarrollo, nos aseguraron durante décadas los grandes gurús del capitalismo desmelenado. Hoy tenemos la certeza de que siempre mintieron. Ha quedado demostrado que la intervención estatal, lejos de ser un incordio o un freno, es hoy la única tabla de salvación cuando vienen curvas. Si era cierto que la mano invisible ordenaba la economía, deberían habernos explicado entonces la economía de quién ordenaba, porque la de las familias siempre ha sido un desorden continuo con la mano invisible apretándoles el cuello. Hoy nadie se lo cree. Si no te emociona ver a la derecha española dando por muerta su teoría económica, pidiéndole al gobierno que intervenga en este y aquel sector, es que no tienes corazón. Ni sentido del humor. Austria limita el precio de la electricidad poniéndole un tope de 10 céntimos el kilovatio/hora. Escocia prohíbe los desahucios y limita el precio de los alquileres. Francia nacionaliza la mayor compañía eléctrica europea. España interviene el mercado laboral prohibiendo despidos durante la crisis y negocia con las grandes superficies de alimentación rebajas en sus márgenes de beneficio. Europa limitará precios en el mercado energético. Medidas imposibles hasta hace nada por las cuales uno era calificado como peligroso comunista. Entre los escombros del derrumbe puede escucharse a los gurús silbando en modo disimulo. Asegurando que es algo temporal, que es lo que aseguran las parejas que se dan un tiempo para hacer la ruptura menos dura. 

Como el Muro de Berlín, el muro capitalista que hoy se derrumba siempre estuvo bien vigilado y protegido por especializados francotiradores dispuestos a neutralizar a quien se atreviese a cruzarlo. Al otro lado no hay nada, gritaban fusil en mano no fuese a haber algo mejor que esto más allá. Ya estamos en más allá. Hoy, con el muro capitalista lleno de grietas, sabemos que la mano invisible no regulaba nada, sino que pactaba precios en sectores controlados por los dueños de los productos básicos. Que los precios no variaban según la aséptica ley de la oferta y la demanda, sino que lo hacían en función de cuánto decidían engordar sus cuentas a final de año las grandes empresas. Hoy sabemos que el modelo ultraliberal es inútil para hacer frente a los grandes problemas, cuando no culpable de ellos. La teoría capitalista se ha derrumbado, pero el capitalismo sigue gobernando. Como en la crisis de 2008, en los próximos tiempos volverán a intentar que lo público, ese actor inútil cuando las cosas van bien, salve los muebles para que el mundo siga girando. En el próximo giro, intentarán que nada haya cambiado. Igual lo consiguen, quién sabe. Pero para entonces ya sabremos que la teoría sobre la que se sostiene el modelo neoliberal se ha demostrado un fraude. Igual para entonces algunos dejan de repetir aquello de vete a vivir a Cuba por exigir acceso a bienes básicos. A Cuba o a cualquier otro país europeo, podríamos responderles.

13/09/2022

Por Gerardo Tecé . Modelo y actriz. Escribo cosas en sitios desde que tengo uso de Internet. Ahora en CTXT, observando eso que llaman actualidad e intentando dibujarle un contexto.

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Elon Musk, retratado en febrero pasado en el sur de Texas.Foto Afp

Dentro de las “varias guerras en una” en Ucrania, destaca la “guerra del gas” de la EU/OTAN/Unión Europea contra Rusia (https://bit.ly/3qx6U2y) que intenta esquivar las “sanciones catastróficas” de “Occidente” mediante la “OPEP del gas” con Irán y, quizá, Qatar (https://bit.ly/3RZMMBJ).

Propongo un abordaje de dos ejes: uno conceptual y otro diacrónico. El conceptual versa sobre la dicotomía de la “seguridad energética” vs la “transición energética”.

China –líder en “renovables” en el mundo– maneja su “pluralismo energético” que adopta cualquier tipo de energía –desde los fósiles, pasando por renovables, hasta plantas nucleares de fusión– sin llegar a la autoemasculación de abolir su “seguridad energética”. En contraste, Alemania –que padece una severa crisis energética al apoyar a Ucrania y librar una guerra indirecta contra Rusia, que le provee su gas–, abandonó su “seguridad energética” en forma suicida en aras de la quimérica cuan precipitada “energía verde” del Gran Reset (https://bit.ly/3eOHYRh) y su ideologizada “transición energética”. Alemania recarboniza (sic) su industria, rectifica su política contra la “energía nuclear” y opta por la dependencia al gas licuado (LNG) de EU proveniente del gas lutita del fracking –¡lo más contaminante que pueda existir!– 40 por ciento (sic) más caro que el anatemizado gas natural ruso.

La “seguridad energética” prima a la etérea “transición energética” que hoy se ha pospuesto varias décadas como consecuencia de la “guerra del gas”. El Gran Reset –Santo Grial de los fracasados piratas del pasado y globalistas del Foro Económico Mundial de Davos encabezados por el hoy rey Carlos III, el zelote suizo Klaus Schwab y los epígonos de George Soros– pregona la descarbonización, desindustrialización y digitalización biológica/neuronal/farmacológica como nuevo disfraz de la plutocracia “ambientalista”.

El otro abordaje es diacrónico: ubica el imperativo “corto plazo” que obliga a la “seguridad energética” de supervivencia cuando no se puede prescindir de los hidrocarburos ni de la energía nuclear, frente al “largo plazo”, cuando es probable se haya avanzado en la “transición energética” de la “economía verde” y su Gran Reset globalista que abomina las soberanías y oculta el control/comando geoestratégico del Olimpo de la energía global y/o espacial con sus nuevos Prometeos de pacotilla.

El anglosajón Elon Musk, el hombre más rico de la Vía Láctea –268 mil millones de dólares (casi cinco veces el PIB de México)–, advierte que “su” civilización “colapsará sin el petróleo y el gas a corto plazo (¡megasic!)”. Aquí el lapso clave es el “corto plazo (https://bit.ly/3qwyYDf)”. En una conferencia en Noruega, Musk sugirió que “la transición a las fuentes de energía verde tomará décadas” y reclamó “mayor generación de energía nuclear”, ya que las plantas atómicas son las “más rápidas para producir energía” cuando las “soluciones de energía sustentable simplemente no pueden reaccionar instantáneamente” para lidiar con la carestía del abasto del gas ruso. Musk exclamó que “vamos a necesitar quemar combustibles fósiles durante largo (sic) tiempo” y se declaró contra “demonizar a la industria del gas y el petróleo”.

Dejo de lado la muy polémica definición anglosajona de “civilización” –con su dolorosa carga del “hombre blanco” a cuestas– que colisiona con la semiótica de China, India, el mundo islámico y hasta la cristiandad ortodoxa de la etnia eslava. Tampoco explotaré la indeleble definición del escritor irlandés Oscar Wilde, quien comentó ácidamente de que “EU había pasado de la barbarie a la decadencia sin haber conocido la “civilización”.

Ahora hasta el megaespeculador globalista, copartícipe en el proyecto esclavista del Gran Reset , perora sobre su barbárica “civilización”. Transiciones energéticas siempre han existido desde que el mítico Prometeo hurtó el fuego a los dioses del Olimpo por lo que fue encadenado en el Cáucaso. Con el avance azorante de la tecnología, algún día otro Prometeo descubrirá la “energía ilimitada”.

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Joy Milne, primera a la derecha, detectó un olor “almizclado” en su marido. Ella padece hiperosmia. Foto Universidad de Mánchester

El mal tiene un aroma distintivo, según descubrió una ex enfermera de Escocia antes de que su esposo mostrara síntomas clínicos

 

Investigadores de la Universidad de Mánchester, Inglaterra, crearon un método para detectar la enfermedad de Parkinson con una prueba simple que analiza la grasa de la piel con espectrometría de masas.

El estudio, publicado en el Journal, de la Sociedad Estadunidense de Química, encontró que hay lípidos de alto peso molecular que son sustancialmente más activos en los pacientes de Parkinson. Los investigadores utilizaron hisopos para tomar muestras en la parte posterior del cuello e identificar los compuestos presentes en la piel.

“El método involucra a la espectrometría de masas de ionización por pulverización de papel, combinada con separación de movilidad de iones. Se puede realizar en sólo tres minutos desde la toma de la muestra hasta los resultados”, aseguraron los expertos en un comunicado emitido por la institución británica.

Perdita Barran, quien dirigió la investigación, explicó: “Estamos tremendamente entusiasmados con estos resultados que nos acercan más a hacer una prueba de diagnóstico para esa enfermedad la cual podría usarse a nivel clínico”.

El estudio, según reportaron medios ingleses, nació gracias a la ayuda de una ex enfermera de Escocia, Joy Milne, quien descubrió que gracias a una patología que padece, puede “oler el Parkinson” y distinguir a los individuos, a partir de su aroma corporal antes de que se presenten los síntomas clínicos.

Joy tiene hiperosmia hereditaria, que le produce mayor sensibilidad a los olores. El Parkinson tiene un aroma distintivo, que es más fuerte en la grasa se acumula en la espalda del paciente.

Milne, de 72 años, notó que su difunto esposo, Les, desarrolló un olor diferente cuando tenía 33 años, unos 12 antes de que le diagnosticaran la enfermedad. Ella describió un aroma “almizclado”, diferente al normal, publicó The Independent. Años más tarde, académicos de la Universidad de Manchester han logrado un gran avance al desarrollar la prueba que puede identificar a las personas con Parkinson utilizando una muestra de la grasa de la parte posterior del cuello.

La grasa es una secreción aceitosa de las glándulas sebáceas debajo de la piel que están conectadas al sistema endocrino. Los científicos descubrieron que se puede utilizar como biofluido de diagnóstico, ya que es rico en metabolitos endógenos hidrofóbicos. La producción alterada de éste es una característica muy conocida del Parkinson.

Monty Silverdale, líder clínico de este estudio, señaló: “Esta prueba tiene el potencial de mejorar enormemente el diagnóstico y el tratamiento de los enfermos”.

Al describir la nueva técnica, Depanjan Sarkar, del grupo de trabajo del estudio, destacó: “La grasa se traslada al papel de filtro del hisopo de muestreo, y luego lo cortamos en un triángulo, agregamos una gota de solvente, aplicamos un voltaje y esto transfiere los compuestos de la grasa al espectrómetro de masas. Cuando hacemos esto, encontramos más de 4 mil compuestos únicos, de los cuales 500 son diferentes entre los pacientes de Parkinson en comparación con los participantes de control”.

El equipo ve ahora esto como un gran paso hacia un método clínico para el diagnóstico confirmatorio del mal, pues hasta la fecha no hay una prueba de evaluación basada en biomarcadores.

El enfoque actual y futuro es traducir estos hallazgos en una prueba de utilidad clínica. Este trabajo también abre la puerta a la posibilidad de diagnosticar otras enfermedades a través del análisis de grasa no invasivo.

Martes, 13 Septiembre 2022 05:14

La ecopolítica

La ecopolítica

La ecología política o ecopolítica se desarrolla a partir de la década de los años 80. Esta perspectiva modifica el enfoque de la vieja ecología cultural al introducir las dimensiones políticas en el análisis.

Las diferencias sociales en el acceso a los recursos, el papel de los factores políticos en el uso y gestión de tales recursos, las dinámicas de desarrollo y sus efectos sobre el medio ambiente, así como la articulación entre los contextos locales y la globalidad, pasan a ser los principales temas de interés.

Enfoques teóricos

La ecología política no tiene un “corpus” homogéneo y podemos encontrar reflejados en ella distintos enfoques teóricos: El neoliberalismo insiste en los límites del crecimiento, en el agotamiento de los recursos y en los efectos negativos del aumento demográfico, resucitando la perspectiva del malthusianismo. El culturalismo enfatiza las dimensiones simbólicas y cognitivas en las relaciones entre los seres humanos, y su entorno natural. El ecosocialismo pone el acento en las causas sociales y políticas que conducen a la degradación ambiental en el contexto del sistema económico mundial. 

¿Faltan recursos o sobra gente?

Este es el eterno debate y el dilema de los planificadores del desarrollo, que claramente se inclinan por promover el control de la natalidad y frenar el crecimiento demográfico. Y es que se enfrentan a una aparente contradicción: nace más gente donde hay más pobreza y esto causa más y más pobreza.

Un gran teórico de esta disciplina, Partha S. Dasgupta, rechaza por unilaterales tanto las opiniones que atribuyen al crecimiento demográfico las causas de la pobreza y de la degradación ambiental, como las que consideran que la pobreza no es la consecuencia sino la causa de que aumente el número de habitantes y propone considerar la interconexión entre pobreza, crecimiento demográfico y entorno local. 

Al hacer esta propuesta, que resulta muy atractiva para los promotores del desarrollo, adopta una visión sincrónica que focaliza el análisis en la interrelación entre aquellas tres dimensiones pero que no indaga en sus causas y esto conduce de hecho a una perspectiva neomalthusiana: se toma la pobreza como algo dado y se insiste en comprender cuáles son las decisiones que llevan a una familia a tener muchos hijos, en contra de sus propios intereses y a pesar del elevado coste personal que supone concretamente para las mujeres. 

Fecundidad elevada

sí, los motivos estructurales para la existencia de una fecundidad elevada son, según Dasgupta, los siguientes: 1) Las normas culturales y religiosas que consideran los hijos como un valor y una finalidad; 2) la incertidumbre ante el futuro, que hace ver en los hijos una especie de seguro ante la vejez, y 3) la necesidad de mano de obra abundante, que en las economías de subsistencia es un imperativo que deriva de la cantidad y diversidad de tareas que deben hacerse.

El neomalthusianismo y el neoliberalismo consideran que la elevada fecundidad es el factor causal de dos grandes tipos de situaciones negativas. La primera es que provoca una creciente presión sobre los recursos y conduce a la degradación ambiental. La segunda es que esto mismo debilita los mecanismos de control sobre los bienes comunitarios, pues si el acceso a los recursos es abierto, la gente ve en ellos una solución a su situación, procrea abundantemente como mecanismo de defensa y se produce una sobreexplotación de los bienes comunitarios.

Ecosocialismo

Unas palabras finalmente sobre el ecosocialismo. El enfoque del ecosocialismo analiza el contexto social y político en que se enmarcan tanto la pobreza como de la degradación ambiental. Para ello considera que debe tenerse en cuenta los procesos de carácter más global de acumulación de capital, que influyen en la acción de los Estados, empresas multinacionales y financieras, que penetran en distintas zonas y sustituyen los sistemas de producción originarios por otros orientados hacia el mercado y la exportación. 

Estos mismos procesos se vinculan a la desigualdad y a la pobreza que, a su vez, causan la degradación ambiental, porque los campesinos pobres no poseen las condiciones económicas ni los medios técnicos para evitar el agotamiento de las parcelas que cultivan, por ejemplo, y han de expandirse hacia nuevos territorios en los que sobrevivir.

Las dos dimensiones deben interrelacionarse, porque la elevada demografía y la pobreza no originan por sí solas una presión sobre los recursos: las demandas externas o las desigualdades internas se añaden e incluso exacerban esta presión, porque son, en definitiva, las causas estructurales que se encuentran en la base de todo el proceso.

Llegar a esta clase de interpretación supone buscar explicaciones globales y no sólo parciales a la relación entre pobreza y medio ambiente y analizar, por otro lado, las variaciones locales de estos procesos. La estructura agraria, el acceso al capital y a la mano de obra, el mercado, la tecnología, el conocimiento productivo y otras variables, afectan a las decisiones sobre el uso de la tierra y el manejo de los recursos de los pequeños productores. 

Deforestación de la Amazonía

El proceso de deforestación de la Amazonía, por ejemplo, está directamente relacionado con las políticas de colonizaciónque durante años han considerado la selva como un espacio susceptible de ser explotado, sin que acompañaran medidas para fijar la población y evitar la degradación ambiental. 

La pérdida de fertilidad de los suelos ha convertido antiguas parcelas agrícolas en pastizales y eriales y ha obligado a los campesinos a roturar nuevas tierras, compitiendo con los indígenas en su lucha por el espacio y con las compañías madereras, las más activas en la deforestación. 

Ecopolítica

La ecología política o ecopolítica ha conseguido conjugar la antropología económica y la antropología ecológica en un mismo campo y ejes de interés, y esto es así especialmente a partir del enfoque del socialismo ecológico o ecosocialismo, que incorpora las dimensiones de la globalidad y considera que el impacto ambiental de las poblaciones humanas está mediatizado por fuerzas económicas y políticas, así como por dimensiones culturales.

Por último, compartir esta reflexión de la filósofa alemana Hanna Arendt: “Las cuestiones políticas son demasiado serias para dejarlas en manos de los políticos”.

12 de septiembre de 2022

Publicado enMedio Ambiente
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