El plástico, los desechos y la ausencia de belleza

En su último libro, Sally Rooney escribe: “Los seres humanos perdieron el instinto de belleza en 1976, cuando los plásticos se convirtieron en el material más extendido”. Hoy es imposible imaginar el mundo sin el plástico; sólo hace falta levantar la vista en donde quiera que se esté para contar al menos diez artículos hechos con ese material.

Las redes virtuales están pobladas de imágenes de animales muriendo con pedazos de deshechos, islas enteras de productos creados por el hombre, rompecabezas enteros con la ausencia impresa de la naturaleza. Vivimos en un planeta artificial. Pesa más todo lo producido por el hombre: edificios, carreteras, basura, plásticos, juguetes y un largo etcétera, que todos los animales, plantas y humanos.

Con el fin de crear conciencia sobre la importancia de reducir el consumo y de encontrar un uso alternativo a todos los desperdicios, artistas de distintos países se han dado a la tarea de crear obras con mensajes ecológicos y sociales, hechas precisamente con basura. Hay quienes incluso consideran este tipo de “arte reciclado” como la expresión artística de la evolución en la función de los materiales.

En junio de 2018, el artista mexicano Jorge Gamboa ilustró la portada de National Geographic para su reportaje principal, “Un mar de plástico”. La imagen es sencilla pero fulminante: una bolsa de plástico flotando en el mar. “Básicamente la idea está inspirada en la frase ‘la punta del iceberg’ y una serie de elementos detonantes que se encontraban en mi cocina (un refrigerador + un garrafón de agua + bolsas de plástico)”, comenta el artista.

Las bolsas de compras plásticas, que eran una novedad en los años setenta, hoy son omnipresentes. El polietileno con el que están hechas se creó por accidente en una planta química en Northwich, Inglaterra, en 1933. Actualmente tenemos que lidiar con 8 mil 300 millones de toneladas de este material, apunta el reportaje de National Geographic.

Chris Jordan, fotógrafo y activista estadunidense, basa su trabajo en obras de gran formato que suelen estar conformadas por miles (¡o millones!) de objetos que demuestran y denuncian el consumismo brutal de la sociedad actual, transformada ya en una “sociedad de desecho”. El artista considera la basura como devastadora por su significado, pero fascinante por su “belleza intolerable”. Sus piezas son traducciones plásticas de las frías cifras de las estadísticas sobre consumismo, problemas sociales y adicciones en su país, que pretenden crear un shock en el espectador para detonar su proceso de reflexión.

“No hace tanto, con mi mujer lavábamos los pañales de los chicos. Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos... nuestros nenes... apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales)”, escribe el uruguayo Marciano Durán.

Hoy, cerca de setenta y cinco por ciento del plástico generado por la pandemia de Covid-19, como mascarillas, guantes y botellas de desinfectante para manos, se han convertido en desechos que llegarán a vertederos y mares, con un grave costo para el medio ambiente y la economía, alertó en un comunicado Naciones Unidas.

Maria Cristina Finucci no concibe el arte si no cumple una función social. Su proyecto The Garbage Patch State está por completo consagrado a denunciar el problema del cambio climático y la contaminación por plásticos. Su propuesta es multidisciplinar y va desde el performance hasta la fotografía y las instalaciones. Su proceso creativo está abierto a la participación externa.

En 1973 un reportaje australiano pronosticó el fin del mundo por contaminación para 2040. Con base en una investigación del Instituto de Tecnología de Massachusetts, una de las computadoras más grandes del mundo calculó la fecha. Los datos procesados alertaron sobre el crecimiento de la contaminación como factor de riesgo para la humanidad.

16 Jan 2022 07:23

Publicado enMedio Ambiente
El comercio mundial, el avance tecnológico, el fetiche del capitalismo

En la era digital, son cada vez más los gobiernos que han adoptado políticas encaminadas a impulsar el crecimiento por medio de la innovación y la modernización tecnológica y las repercusiones económicas a nivel nacional asociadas a la pandemia de la Covid-19 están llevando a los países a fortalecer esas políticas.

Digitalización significa hoy un futuro apremiante, a la vez que una esperanza. El peligro es que cuando una palabra pasa ser el vehículo de todas las aspiraciones sociales, inevitablemente se vacía en cierto grado de contenido. El problema es que la reflexión previa sobre su significado real, material, era y es tan escueta, que podría convertirse en un fetiche más del capitalismo neoliberal.

Un reciente informe, que examinan esas tendencias y el papel que desempeñan el comercio y la Organización Mundial del Comercio (OMC) en este contexto, destaca que  es un hecho real, que el desplazamiento hacia la digitalización y las economías basadas en los conocimientos pone de relieve la creciente importancia de la innovación y la tecnología para el crecimiento económico.

En el marco de las denominadas “nuevas políticas industriales”, las políticas gubernamentales tienen por objeto desplazar la producción nacional hacia las nuevas tecnologías digitales instrumentales y a la vez facilitar la modernización de las industrias maduras.

Antecedentes

En la Declaración sobre el Comercio Electrónico Mundial, adoptada en la Segunda Conferencia Ministerial de mayo de 1998, se pedía el establecimiento de un Programa de Trabajo para examinar todas las cuestiones relacionadas con el comercio electrónico mundial que afectaran al comercio. El mismo fue adoptado por el Consejo General en septiembre de 1998, y desde entonces se celebran debates periódicos sobre el comercio electrónico en varios órganos de la OMC.

Diecinueve años después, en la Undécima Conferencia Ministerial celebrada en 2017, varios grupos de miembros de la OMC con ideas afines formularon declaraciones conjuntas encaminadas a hacer progresar los debates sobre el comercio electrónico, elaborar un marco multilateral para la facilitación de las inversiones, poner en marcha un grupo de trabajo sobre las microempresas, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) y avanzar sobre las reglamentaciones nacionales en la esfera del comercio de servicios.

En diciembre de 2020, los Miembros publicaron un texto que serviría de base para futuras negociaciones. La iniciativa ha seguido su camino para lograr avances sustanciales de cara a la Duodécima Conferencia Ministerial de la OMC, prevista para finales de 2021, a posteriori frustrada por el incremento de la pandemia.

La Iniciativa Conjunta sobre el Comercio Electrónico

No obstante, desde enero de 2021, 86 Miembros de la OMC que representan el 90% del comercio mundial, participan en estos debates.  La iniciativa ha sido convocada conjuntamente por losl embajadores George Mina (Australia), Yamazaki Kazuyuki (Japón) y Tan Hung Seng (Singapur).

A su vez, un grupo de Miembros de la OMC mantiene debates por separado en el marco de la Iniciativa Conjunta sobre el Comercio Electrónico. En líneas generales, las negociaciones se basan en una serie de propuestas de texto de los diferentes actores que se distribuyen a todos los Miembros de la OMC. Las mismas se llevan a cabo en un marco en que se combinan sesiones plenarias, grupos de reflexión y reuniones en pequeños grupos.

Las cuestiones planteadas en las comunicaciones de los Miembros se debaten en el marco de seis temas principales: posibilitación del comercio electrónico, apertura y comercio digital, confianza y comercio digital, cuestiones transversales, telecomunicaciones y acceso a los mercados. Los coorganizadores han animado a los participantes a que consideren las oportunidades y los desafíos a los que se enfrentan los Miembros, incluidos los países en desarrollo y los países menos adelantados, así como las pequeñas empresas.

A pesar de los desafíos que plantea la pandemia, las negociaciones han seguido avanzando en formato virtual, ya que con la Covid-19, la necesidad de elaborar normas de alcance mundial sobre el comercio digital se ha hecho aún más urgente.

Una convergencia a la innovación y evolución digital

En muchos países, las políticas gubernamentales tratan de mejorar el entorno empresarial o de orientar la estructura de la actividad económica hacia determinados sectores, tecnologías o tareas en los que las perspectivas de crecimiento económico o bienestar social serán superiores si se llevan a cabo esas intervenciones.

Por lo general, la motivación de los Gobiernos para poner en aplicación políticas en el plano sectorial es impulsar el crecimiento a largo plazo, aumentar los ingresos y la productividad y, de ese modo, promover el emprendimiento, la innovación, la transferencia de tecnología, la capacitación técnica y la competencia como políticas concretas para alcanzar esos objetivos.

El Ministro de Comercio, Turismo e Inversión de Australia, Dan Tehan, los ministros de Relaciones Exteriores y de Economía, Comercio e Industria (METI)de Japón, Yoshimasa Hayashi  y, Koichi Hagiuda, junto al ministro de Comercio e Industria de Singapur, Gan Kim Yong, destacaron la buena convergencia lograda en ocho artículos hasta el momento.

El canciller japonés señaló que «aunque la 12ª Conferencia Ministerial se ha pospuesto, esta negociación sobre el comercio electrónico sigue siendo una de las áreas clave para la OMC como organización que promueve el comercio mundial. Es importante seguir dando resultados a esta negociación, con el objetivo de seguir avanzando en el próximo año”.

Japón ha estado abogando por el concepto de «Flujo Libre de Datos con Confianza (DFFT)» y ve un valor significativo en la realización de este concepto. Al tiempo que mantiene la inclusión de los miembros participantes, Japón, como co-convocante de la iniciativa, continuará acelerando la negociación para lograr un resultado de alto nivel, incluso sobre las reglas de libre flujo de datos.

Los ministros dijeron que los resultados ya alcanzados en áreas importantes de las negociaciones ofrecerían importantes beneficios, incluido el aumento de la confianza del consumidor y el apoyo a las empresas que comercian en línea. Dijeron que organizarían el programa de trabajo de la iniciativa para garantizar la convergencia en la mayoría de las cuestiones para fines de 2022.

Por su parte la Directora General de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, destaco que «El trabajo realizado promete más estabilidad y previsibilidad para los consumidores y las empresas en un sector de rápido crecimiento de la economía digital. La pandemia ha puesto de relieve la importancia del comercio electrónico como herramienta de inclusión, ayudando a las pequeñas empresas a acceder a los mercados internacionales, en particular a las empresas encabezadas por mujeres», dijo.

En su declaración, los co-convocantes señalaron el apoyo de los participantes en la iniciativa a la continuación de la moratoria multilateral del comercio electrónico. Dijeron que consideraban crucial fuera permanente entre los participantes la práctica de no imponer derechos de aduana a las transmisiones electrónicas. Los co-convocantes destacaron la importancia de apoyar la participación de los miembros en desarrollo y los países menos adelantados (PMA) miembros en la iniciativa, incluida la aplicación de los compromisos.

Navegamos por un mar de dudas; entre la avaricia y el poder

La digitalización de las organizaciones y las empresas significa hoy un futuro apremiante, a la vez que una esperanza. El problema es que la reflexión previa sobre su significado real, material, era y es tan escueta, que podría convertirse en un fetiche más del capitalismo neoliberal.

El desarrollo imparable de la tecnología es inversamente proporcional al crecimiento tanto de perspectiva como de conciencia del ser humano.  El poderoso, cegado por la avaricia y el ansia de poder, contempla los avances técnicos como oportunidades de control para acrecentar y perpetuar el dominio del grupo de poder sobre las clases medias y trabajadoras.

La concentración del know how (saber como hacer) tecnológico en los oligopolios ocasiona un desajuste en el equilibrio de fuerzas entre los estados nación – no tan soberanos – las pymes y sus ciudadanos respecto a estas megacorporaciones, quienes, necesitados de maquinaria industrial de última generación y de algoritmos inteligentes eficientes, además de una infraestructura novedosa y resistente, acaban doblegándose a sus condiciones

El avance tecnológico actual, cuya curva de crecimiento se va tornando cada vez más exponencial respecto al tiempo, puede dar lugar a dos paradigmas de civilización totalmente opuestos. El camino elegido dependerá en gran medida del poderío que ejerza el conjunto de la sociedad –ausente de los debates– sobre los legisladores de las diferentes naciones y el estamento del poder económico. Es nuestra responsabilidad y de nadie más.

Mientras tanto, las videosconferencias siguen en manos de actores secundarios, con los protagonistas principales ajenos, al cinturón de plata bruñida que aprisionara su destino. El objetivo final del avance tecnológico ha de ser el alcance global de su explotación, no el sometimiento derivado de él.

 

Por Eduardo Camín | 25/12/2021

Eduardo Camín. Periodista uruguayo acreditado en la ONU- Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Publicado enEconomía
Domingo, 19 Diciembre 2021 06:11

Una ventana a la gran escasez

Una ventana a la gran escasez

La escasez de materias primas y de energía que ha experimentado la economía global en los últimos meses es una pequeña muestra de lo que puede ocurrir en los próximos años si no se cambian los patrones de consumo.

 

Primero fue el gel hidroalcohólico, las mascarillas, los respiradores e incluso, en algún supermercado, el papel higiénico. Durante unos pocos meses, la población de los países más desarrollados del mundo observó pasmada —con la misma incredulidad con la que miraba en directo cómo se extendía una pandemia global— que en las sociedades de la abundancia podían faltar cosas. 

A medida que la vida comenzaba a normalizarse, cada vez resultaba más evidente que algo había fallado en el reseteo de la economía después del parón de la economía. La era de la escasez no estaba finalizando. Más bien al contrario, acababa de comenzar.

Un año después del fin del confinamiento más duro y del reinicio de la actividad, la escasez y los problemas de suministro ya afectaban en diferentes grados a casi todas las materias primas y a todos los sectores. En septiembre de 2021, la escalada en los precios de la energía iniciada antes de verano adoptaba la forma de apagones en toda China y el cierre de fábricas en EE UU y Europa. El aumento del precio de la electricidad, del gas, de la gasolina, del diésel y del carbón no tardó en trasladarse a toda la economía y ha generado unas tasas de inflación inéditas en los países ricos desde la última gran crisis energética, en los años 70.

La explicación oficial a este caos generalizado es el desajuste entre la oferta y la demanda, unos “cuellos de botella” de una recuperación rápida, agravados por las tensiones geoestratégicas con China, Rusia o Argelia. Según estos análisis, se trata de una crisis coyuntural que se irá resolviendo en cuestión de meses. Sin embargo, cada vez son más las voces desde la comunidad científica que advierten de los aspectos estructurales que hay detrás de estos desbarajustes, unos cortocircuitos que solo pueden ir a más a medida que el crecimiento exponencial del consumo choca con los límites físicos del planeta. 

Pasen y vean, la gran escasez

A mediados de octubre, algunos indicadores empezaban a señalar que lo peor había pasado, con descensos en el precio del transporte marítimo o en la cotización de la madera. Sin embargo, al cierre de esta edición la crisis energética continúa agravándose y la falta de materiales básicos para el funcionamiento de la economía sigue siendo un problema de primer orden. La industria tecnológica prevé problemas en el suministro de chips hasta 2023 y el cierre de las fábricas de fertilizantes compromete las cosechas de 2022. A la vez, la falta de materias primas vitales para la industria mundial, como el magnesio, el papel o el acero, entre una larga lista, sigue sin tener una solución a la vista.

Las escenas de desabastecimiento seguirán en 2022 y serán cada vez más habituales, sostiene Antonio Turiel, científico del CSIC en una conversación con El Salto. Cuando ya ha pasado más de un año desde el inicio de la recuperación económica, la excusa de los “cuellos de botella” ya no cuela, sostiene este investigador. Los cortocircuitos en la economía global se deben, continúa, sobre todo a motivos estructurales, en especial, a una crisis energética que viene de lejos y va para largo. 

Para Turiel, el “efecto más directo” de la pandemia ha sido que las petroleras han acelerado un proceso de desinversión que no es nuevo y “ha precipitado hacia el vacío” el sistema económico mundial, basado en los combustibles fósiles. Las previsiones de escasez de energía y de materiales ya estaban contempladas en diversos estudios científicos, pero estos se han visto superados por la realidad: “No tendríamos que caer tan deprisa”, resume.

Estamos a las puertas de lo que Turiel llama “la gran escasez”, un proceso que amplios sectores de la comunidad científica llevan décadas documentando. “Hemos tocado el punto máximo y, a partir de ahora, lo que nos espera es un proceso de declive que en algunos momentos irá más rápido, en otros momentos irá más lento, pero en cualquier caso es una bajada que durará mucho tiempo. No es que los recursos se acaben de hoy para mañana, pero cada vez habrá menos, cada vez tendremos que aprender a hacer las cosas con menos”, sostiene el autor de Petrocalípsis (Alfabeto, 2020).

Un punto de inflexión

Alicia Valero es investigadora de la Universidad de Zaragoza y directora del grupo de Ecología Industrial en el instituto Circe. Ha escrito más de cien publicaciones sobre el agotamiento de los recursos del planeta y trabaja también como consultora de diversas empresas, Seat entre ellas, a las que asesora sobre la disponibilidad de materias primas.  

Durante años, cuenta a El Salto, hablar sobre escasez de recursos era un tabú, pero esto ha cambiado en el último año después de que la gente y muchos sectores económicos “vivieran en primera persona el desabastecimiento”. Para la coautora del Thanatia, los límites minerales del planeta (Icaria, 2021), esta crisis de materiales y suministros es una “ventana” hacia un mundo en el que “los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día”. 

Muchos de los problemas coyunturales irán desapareciendo, sostiene, en especial aquellos provocados por una demanda disparada y unas fábricas y cadenas logísticas limitadas. Pero quedará la crisis de fondo: “Al igual que las fábricas tienen un límite, si extrapolamos el problema a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano toparemos con esos límites”. Y esos límites “están muy cerca”, si se continúa con este “consumo exponencial”, dice. 

Entre los múltiples ejemplos a mano, Valero habla del cobre: en los últimos 20 años se ha extraído tanto de este material como en toda la historia de la humanidad. Y ocurre lo mismo con todos y cada uno de los elementos clave de la economía mundial: en las próximas décadas habrá problemas de suministro de cromo, germanio, estaño, cobalto, níquel, litio, cadmio, galio, indio, plata, platino, selenio, teluro, titanio, vandanio, zinc o de los 17 elementos de las tierras raras. Dicho de otro modo, las baterías de los móviles y los coches eléctricos, las pantallas táctiles y los paneles fotovoltaicos, las lámparas led y los semiconductores, es decir, prácticamente todo lo que se necesita para la revolución digital y verde depende de unos material finitos que, al ritmo actual de consumo, no se puede garantizar su suministro en la segunda mitad de siglo. Mucho menos si se cumplen las previsiones y en 25 años el mundo consume el doble que ahora. 

El gran problema, cuenta Valero, es que no hay reservas explotables suficientes y abrir un nuevo yacimiento tarda unos 16 años de media, detalla. A esto se suma una gran dependencia de los países suministradores de componentes y materias primas. Taiwán produce el 90% de los chips más avanzados. Las reservas de litio —vital para las baterías de todo tipo— están concentradas en Australia y en el triángulo del litio en Sudamérica, aunque es China quien monopoliza su refinado. También es China quien controla el 86% de la producción de tierras raras —imprescindibles para los electrodomésticos, los ordenadores, móviles o vehículos— y controla una proporción similar del magnesio, imprescindible en toda la industria que utiliza aluminio. La decisión de China de dejar de exportar algunos de estos materiales para garantizar el suministro de sus propias fábricas es clave para entender la actual crisis de desabastecimiento. 

 “Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles. Prácticamente, ya hemos extraído lo que es más accesible y ahora se habla de ir hacia los océanos, hacía la Amazonía, hacia la Antártida… Pero, ¿a qué coste?”, se pregunta. 

La crisis de escasez de recursos corre paralela a las otras dos grandes crisis que atraviesan el planeta: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. “Tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado a su vez los problemas que tenemos de cambio climático”, señala Valero. El consumo exponencial de recursos naturales también ha llevado a la pérdida de biodiversidad con consecuencias tan graves como las crisis de los polinizadores o la misma pandemia del coronavirus, provocada en última instancia por el avance de la actividad humana sobre los ecosistemas naturales.

La madre de todas las crisis

A pesar de que el debate sobre la escasez de recursos ha entrado en la agenda pública, Turiel reconoce que sigue habiendo “cierto malditismo” que condena a quienes señalan razones estructurales detrás de la crisis de suministro. “En la comunidad científica, entre los investigadores que trabajan con recursos esto es un tema bien conocido, bien discutido... Pero en el debate público es diferente. Cuando empiezas a hablar de que no se puede seguir incrementando el consumo de materiales y energía entras en contradicción con la idea de mantener un sistema económico basado en el crecimiento continuo”, dice Turiel. “Si aceptas que hay un problema de escasez, aceptas que el capitalismo se está acabando y hay gente que podría perder mucho dinero porque no va a haber inversores para sus negocios”, añade.

De hecho, esto es exactamente lo que lleva ocurriendo con el petróleo desde antes de la pandemia, en concreto desde 2014, cuando la industria renunció a buscar nuevos pozos petroleros. 

Ya en 1998, los geólogos Colin Campbell y Jean Laherrere, en un artículo publicado en la revista Scientific American, justificaban con datos de la industria que el petróleo convencional, aquel que es más fácil de extraer, con mayores rendimientos energéticos, se estaba agotando a toda velocidad. Al mismo tiempo, el crudo que quedaba por explotar, el petróleo no convencional, el que está bajo el mar, mezclado en arenas bituminosas o que se debe extraer mediante la contaminante inyección hidráulica o fracking, sería tan caro de extraer que tarde o temprano habría problemas de suministro. 

Y así ocurrió, explica Turiel. En 2005, se alcanzó el pico del petróleo convencional o, dicho de otra manera, en 2006 la humanidad comenzó a consumir la segunda mitad de las reservas mundiales del mejor petróleo. Entre 1998 y 2014, las petroleras multiplicaron por tres sus inversiones para buscar nuevos yacimientos, pero obtuvieron un “magro resultado”: la producción solo creció un 26% en el mismo periodo. Lo que vino después era esperable: redujeron su inversión en nuevas prospecciones en un 60%. Algunas empresas petroleras, como Repsol, han abandonado por completo la búsqueda de nuevos yacimientos. “Lo que pasa es que se cansaron de perder dinero”, dice. Los efectos de esta desinversión provocó que en 2018 se alcanzara el pico en la extracción de todos los tipos de petróleo. Al cierre de esta edición, el precio de la gasolina y del diésel estaba cerca de superar su máximo histórico, alcanzado en la crisis de 2008.

Historias y futuros parecidos se repiten con los otros combustibles fósiles. “Hemos llegado a los máximos de extracción de petróleo, de carbón, de uranio y pronto llegaremos al del gas. Teniendo en cuenta que estas cuatro materias primas no renovables aportan casi el 90% de toda la energía primaria que se consume en el mundo, esto nos deja en una situación complicada. Y no tiene remedio”, argumenta Turiel.

Para este doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid, todavía no hay sobre la mesa ninguna tecnología que pueda sustituir a los combustibles fósiles. La revolución de las renovables, al menos tal como se concibe actualmente, choca con los límites materiales del planeta y solo podría reemplazar una parte de la energía fósil que se utiliza actualmente. La prometida energía de fusión —la que alimenta las estrellas— es un “experimento a 35 años que llega tarde”. Y los intentos de resucitar la energía nuclear vuelven a chocar con la realidad: las centrales son peligrosas, caras, tardan años en construirse, cuentan con una enorme oposición ciudadana y necesitan de un combustible fósil, el uranio, cuya producción ha caído un 20% desde 2016.

Valero también identifica límites en la transición ecológica anunciada: “Lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. No hay suficiente cobalto, no hay suficiente litio, no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Pintar de verde la economía actual va a ser imposible”.

Pero no todo son malas noticias. La gran escasez es “inevitable”, pero, al menos según defienden Antonio Turiel y Alicia Valero, no está escrito cómo termina la historia. La forma en la que los Gobiernos y la ciudadanía se enfrenten a este nuevo desafío determinará si este declive lleva a un colapso del sistema o a un reajuste de los estándares de consumo que nos permita vivir dentro de los límites físicos del planeta.

¡Decaigamos!

Las guerras por los recursos, la pérdida de población o de interconexión, las hambrunas y el ascenso de soluciones autoritarias, entre un largo abanico de posibilidades que podría traer un colapso, son evitables. Lo que no es evitable, afirma Turiel, es el decrecimiento.

Todos los caminos llevan a decrecer, sostienen tanto Turiel como Valero. La diferencia “es si pilotas el proceso o no”, señala el primero. “O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas”, indica la segunda. 

 “Con el conocimiento científico-técnico que tenemos hoy en día podemos garantizar un nivel de vida igual al actual, e incluso superior, consumiendo muchísima menos energía y muchísimos menos materiales”, defiende este científico del CSIC. Aunque no todos los países ni todos los sectores sociales deberían decrecer al mismo ritmo, añade. Según Oxfam, el 1% de la población mundial es responsable del 16% de las emisiones globales.

Sin embargo, para Turiel, el camino está lejos de estar despejado y el problema es social y cultural: “No se concibe nada fuera del capitalismo. La gente se cree que el final del capitalismo es el final del mundo, pero no es verdad. El capitalismo solo tiene dos siglos de existencia y lo que hay que hacer es superar esta etapa”.

El autor de Petrocalipsis compara el capitalismo con la adolescencia de la humanidad. “Nosotros estamos teniendo una adolescencia difícil, un periodo en el que se crece rápidamente. Pero lo que hay que hacer es madurar y llegar a una situación de equilibrio con la naturaleza. Podemos seguir viviendo en este planeta si lo hacemos a partir de lo que se puede regenerar cada año, de una forma realmente sostenible”. Los tres grandes desafíos de la humanidad y del planeta pasan por el mismo cuello de botella, el decrecimiento. “El decrecimiento es inevitable, pero estamos a tiempo, podemos reaccionar, tenemos conocimientos para adaptarnos a él”. Tal como recuerda Turiel, el colapso de las civilizaciones “siempre es un daño autoinfligido”. ¿Seremos capaces de superar la adolescencia de la humanidad?

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

19 dic 2021

Publicado enEconomía
Martes, 14 Diciembre 2021 06:27

Clima, desigualdades y lucha de clases

Clima, desigualdades y lucha de clases

Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

Metodología

El autor compara las emisiones de CO2 en el ámbito del consumo. Las emisiones se imputan por tanto al país en el que se consumen los bienes y servicios, no a los países en los que se producen. Se expresan en toneladas de CO2 por persona y año, cifra que se obtiene dividiendo las emisiones del país en cuestión entre el número de habitantes. El resultado incluye todas las fuentes de emisión: hogares, empresas, servicios públicos, pero se corrige en función de los resultados de las encuestas nacionales sobre las condiciones de vida de los hogares (aplicando un coeficiente carbono a los bienes y servicios consumidos). Esta corrección permite determinar la desigualdad climática no solo entre el Norte y el Sur, sino también entre pobres y ricos dentro de cada país, tanto si estos figuran entre los ricos como si no.

El texto insiste además en la importancia creciente de este enfoque: “Aunque la desigualdad de emisiones de carbono sea a menudo más fuerte a escala global (se considera que las desigualdades entre países contribuyen en un 70 % a la desigualdad climática global), las desigualdades dentro de los países también son muy significativas. Estas desigualdades condicionan cada vez más la ampliación de la desigualdad global y afectan probablemente en mayor medida a la aceptabilidad política y social de los esfuerzos nacionales por reducir las emisiones.” (Cursivas mías, DT). Más adelante retomaremos esta cuestión, que tiene a todas luces una importancia estratégica en la lucha por el clima.

La política climática ahonda las desigualdades

Tenemos una estimación de los porcentajes de emisiones actuales imputables al consumo de los diferentes grupos de la población: el 1 % más rico, el 10 % más rico, el 40 % de renta media y el 50 % más pobre (el 1 % se incluye después en el 10 %). Sobre la base de las contribuciones nacionalmente determinadas de los Estados (NDC, en otras palabras, los planes climáticos nacionales) y los nuevos compromisos que estos han comunicado justo antes de la COP26, podemos calcular el volumen probable de las emisiones en 2030, y por tanto también la desviación de este volumen con respecto a la trayectoria que deben seguir las reducciones para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 (esta desviación se designa en inglés con la expresión emissions gap).

También podemos calcular la probable evolución de los porcentajes de emisiones de cada grupo de rentas, relacionarlos con el número de personas de cada grupo y obtener así los volúmenes de emisiones medios por persona y por grupo, tanto a escala global como nacional. Finalmente, podemos comparar estos volúmenes con el volumen de emisiones individual medio compatible globalmente con el objetivo de 1,5 °C como máximo: 2,3 toneladas de CO2/persona/año (para una población de 7.900 millones de personas en 2030)). De esta manera se consigue más que visualizar la injusticia climática actual; se ve en qué sentido la política aplicada la hará evolucionar de aquí a  2030, a escala global y por grupos.

Los resultados pueden resumirse en forma de cuadro:

Clases*

Número aproximado de personas

Renta media/ persona/año

Porcentaje de emisiones globales en 1990

Porcentaje de emisiones globales en 2030

Desviación en 2030 con respecto a 2,3 tCO2/persona/año

1 %

79 millones

> 172.000 $

13 %

16 %

+ 67,7 tCO2/pers/año

10 %

790 millones

> 55.000 $

37 %

32 %

+ 18,7 tCO2/pers/an

40 %

1.975 millones

> 9.800 $

42 %

43 %

+ 2,5 tCO2/pers/año

50 %

3.400 millones

< 9.800 $

8 %

9 %

‒ x**

* El 1 % más rico se incluye después en el 10 %

** El 50 % se sitúa muy por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año. Según el estudio, seguiría estándolo incluso si sus emisiones aumentaran un 200 % de aquí a 2030.

Para no malinterpretar estos números, es preciso insistir en que aquí no se evalúa la desigualdad social, sino la desigualdad de emisiones de carbono. Así, la disminución esperada en 2030 del porcentaje de emisiones globales imputables al 10 % no implica evidentemente que los ricos serán menos ricos dentro de diez años, sino que refleja el hecho de que los miembros del grupo mundial del 10 % viven principalmente en países capitalistas desarrollados, donde la intensidad de emisión de carbono disminuirá más rápidamente que en el resto del mundo y de que tienen más medios que los demás para adquirir tecnologías verdes. Más adelante volveremos sobre la manera de interpretar el hecho de que el porcentaje de emisiones del 1 % de superricos siga creciendo a pesar de todo. De momento, centrémonos en los muy ricos y en los pobres.

El estudio confirma lo que Oxfam repite desde hace años: el 1 % más rico de la población mundial emite casi dos veces más CO2 que el 50 % más pobre. Además, se constata que las políticas climáticas adoptadas por los gobiernos desde la COP21 (2015, París) ahondan esta injusticia: en efecto, el porcentaje de emisiones globales imputables al consumo del 1 % más rico ha pasado del 13 % en 1990 al 15 % en 2015 y continuará subiendo para alcanzar el 16 % en 2030. Entonces será un 25 % superior a lo que era 1990, y 16 veces más elevado que la media global. En 2030, cada persona perteneciente al grupo mundial de los superricos emitirá más de 30 veces las 2,3 toneladas de CO2/persona y año compatibles con el respeto de 1,5 °C como máximo. El 50 % más pobre, en cambio, apenas experimentará cambio alguno: su porcentaje de emisiones mundiales pasará del 8 % al 9 % anual y sus emisiones por persona se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año.

La reducción de las emisiones es inversamente proporcional a la renta

La imagen de un agravamiento de la injusticia climática global desde la COP21 gana nitidez cuando se compara la evolución de 2015 a 2030 de las emisiones por persona de cada grupo (fruto de las políticas llevadas a cabo) con la evolución que deberían experimentar estas emisiones por grupo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática:

Clases

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 con las políticas actuales

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 compatibles con la justicia climática

1 %

‒ 5 %

‒ 97 %

10 %

‒ 11 %

‒ 90 %

40 %

‒ 9 %

‒ 57 %

50 %

+ 17 %

+ 233 %

Globalmente, las emisiones por persona en 2030 serán un 7 % más bajas que en 2015 (¡si los Estados cumplen sus compromisos!). Es sabido que esta reducción es muy inferior a la reducción media por persona que se requiere para mantener la cota máxima de 1,5 °C: un 52 %. El elemento nuevo que aparece aquí es que, además de agravar la desigualdad global, el esfuerzo que conllevan las políticas climáticas de los gobiernos es inversamente proporcional a la renta: el 1 % más rico hará una veintava parte (97/5), el 10 % más rico la octava parte (90/11) y el 40 % de rentas medias la seisava parte (57/9) de lo que debería dictar la justicia climática.

Por tanto, hay injusticias entre estas tres clases (el 40 % de rentas medias es el que más se acerca al objetivo) y al mismo tiempo una injusticia todavía mayor debido a que la mitad de la población mundial no utilizará en 2030 más que una treceava parte del presupuesto de carbono al que tendría derecho si se respetara el principio de las responsabilidades y capacidades diferenciadas (233/17). (El autor consolida así la conclusión a la que había llegado en una publicación anterior: un tercio del presupuesto de carbono compatible con el acuerdo de París se malgasta en ampliar el consumo del 10 % más rico de la población mundial.)

La evolución de los porcentajes de emisiones imputables al 10 % más rico (entre 55.000 et 172.000 $/año) y al 40 % cuya renta se califica de media (entre 9.800 y 55.000 $/año) merece un examen más detenido. Estas dos categorías engloban, en efecto, a sectores sustanciales, incluso mayoritarios, de la clase trabajadora asalariada de los países capitalistas desarrollados y en los llamados países capitalismos emergentes, respectivamente. (Expresado en equivalentes a jornada completa, la renta bruta anual media de la clase trabajadora es de unos 44.000 $/año en Europa Occidental y de 63.000 $/año en EE UU. Según las fuentes, varía entre 9.200 $/año y 14.000 $/año en China, Brasil y África del Sur.) El estudio incluye un gráfico muy ilustrativo, en el que se comparan tres trayectorias de evolución de las emisiones por persona en función de la renta: de la gente más pobre entre los pobres a la gente más rica entre los ricos: la trayectoria de 1990 a 2015, la de 2015 a 2030 y la de 2015 a 2030 compatible con el máximo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática. La doble conclusión del estudio es impactante:

  1. “Las clases medias mundiales (el 40 %) que vio crecer con mayor rapidez su tasa de emisiones durante los años 1990-2015 experimentarán la inversión de la tendencia más pronunciada durante los años 2015-2030”;
  2. “Las reducciones (de las emisiones, DT) más profundas se centrarán en las personas que perciben las rentas más bajas en los países ricos”.

Las promesas de transición justa: cortinas de humo

Examinar la injusticia climática en función de los grupos de renta permite captar las realidades que no aparecen en el análisis cuando la cuestión se plantea simplemente en términos de países pobres y ricos. concretamente, esto saca a relucir la creciente responsabilidad de la gente rica, y sobre todo de la superrica, no solo en el Norte, sino también en el Sur global. Como dice el estudio, “es notable que en todos los países con mayores emisiones, las proyecciones en 2030 del 10 % más rico y del 1 % más rico nacionalmente muestran huellas de consumo individual sustancialmente superiores al nivel de 1,5 °C global per cápita” (cursivas mías, DT). Veamos esto más de cerca:

  • India es el único gran país emisor en el que las emisiones medias en 2030 se mantendrán por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año compatibles con la cota máxima de 1,5 °C. También es el único en que las emisiones del 50 % más pobre se situará claramente por debajo de este nivel. Sin embargo, las emisiones del 10 % de personas indias más ricas quintuplicarán este nivel, y las del 1 % más rico lo multiplicarán por 20.
  • El 50 % de personas estadounidenses más pobres superarán un poco el umbral de 2,3 tCO2/persona/año, pero el 1 % más rico emitirá en promedio 55 veces más (127 toneladas) y el 10 % más rico 15 veces más (unas 35 toneladas).
  • En China, las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán en 2030 por debajo del fatídico listón, pero las del 10 % más rico lo superarán más de 10 veces y las del 1 % más rico más de 30 veces (82 toneladas).
  • Las proyecciones para la Unión Europea y el Reino Unido también son muy instructivas: en 2030, las emisiones del 50 % más pobre se acercarán al volumen medio global compatible con 1,5 °C…, pero las del 10 % más rico lo multiplicarán por cinco o seis, y las del 1 % más rico, por quince.

Más claro el agua: estos datos demuestran que los compromisos de transición justa incluidos en las resoluciones oficiales de las COP no son más que cortinas de humo. Bla-bla-bla. En realidad, se observa un doble movimiento: 1) se acentúa la injusticia climática y 2) la clase de los superricos y supercontaminadores se recompone debido al ascenso fulgurante del Capital en Asia. Dentro de este grupo no es exagerado hablar de un cambio profundo. En efecto, en 2015 el 1 % más rico del planeta emitía el 15 % del CO2 global. La gente rica china aportaba un 14 %, la estadounidense un 37 %, la europea un 11 % y la india un 5 %. Según las proyecciones del estudio, en 2030 el 1 % más rico habrá incrementado aún más su contribución a la emisión mundial de CO2: el 16 %. Pero entonces la gente rica china aportará un 23 %, la estadounidense un 19 %, la europea un 4 % y la india un 11 %. (Vista la importancia del carbón en China y en India, este “cambio de la geografía de la desigualdad de emisiones de carbono”, como dice el estudio, podría ayudar a explicar el hecho de que el porcentaje de las emisiones globales del 1 % superrico siga aumentando, a diferencia del del 10 %). Véase el resumen en el siguiente cuadro:

 

Porcentaje del CO2 global emitido por el 1 % más rico en 2015

Porcentaje del CO2 global emitido par el 1 % más rico en 2030

Mundo

15 %

16 %

China

14 %

23 %

Estados Unidos

37 %

19 %

Unión Europea

11 %

4 %

India

5 %

11 %

El autor del estudio no lo señala, pero resulta chocante constatar también que en el otro extremo de la pirámide de las rentas se observa una convergencia bastante clara de las huellas de carbono: el 50 % más pobre de EE UU, de la UE, del Reino Unido y de China emitirá en 2020, por persona, una cantidad de CO2 relativamente análoga, un poco superior o un poco inferior a las 2,3 t/persona/año. (India es el único gran país emisor en el que las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas, el mismo nivel que en los llamados países en desarrollo.)

Una imagen incompleta

A pesar de su gran interés, el estudio de Oxfam no refleja una imagen completa de las responsabilidades climáticas de las diferentes clases de renta. Es más que probable que subestime las emisiones imputables a la gente más rica, pero también que sobrestime las emisiones imputables al 40 % de rentas medias e incluso a una franja del 10 % de gente rica. Hay, en efecto, dos dificultades.

En primer lugar, las emisiones imputables al 1 % más rico son tan difíciles de delimitar como sus bienes, y ello por el mismo motivo: el secreto bancario, el fraude fiscal y la ausencia de un catastro patrimonial. El autor lo señala: “Mientras que existen métodos sólidos para estimar las huellas individuales mediante la aplicación de coeficientes de carbono a los bienes y servicios identificados en los censos de población, es bien sabido que dichos métodos subestiman el consumo de la gente más rica". Para obviar este problema, el estudio se basa en los trabajos de investigadoras que han sacado a relucir diversas realidades. Por ejemplo:

  • los datos disponibles con respecto a los automóviles, las casas, los aviones y los yates indican que las emisiones debidas al consumo de los multimillonarios alcanzan fácilmente varios miles de toneladas de CO2/persona/año. Los grandes yates, cuyas ventas se han disparado durante la pandemia, son las principales fuentes de estas emisiones (un yate grande emite unas 7.000 toneladas de CO2/año);
  • el transporte es la principal fuente de emisiones de la gente superrica. En particular, el transporte aéreo: según ciertos estudios, el 50 % de los vuelos de pasajeros corresponden al 1 % de la población mundial. Sobre la base de los viajes de la gente famosa, podemos considerar que la huella avión de los más ricos alcanza los varios miles de toneladas de CO2/año. Evidentemente, el desarrollo insensato del turismo espacial no hará más que reforzar esta tendencia. (Vista la dependencia del transporte aéreo de los combustibles fósiles, el uso intensivo del avión por el 1 % puede valer de segunda explicación del hecho de que el porcentaje de emisiones mundiales de este grupo continúe aumentando, contrariamente al del 10 %.)

Sin embargo, este hiperconsumo de gran lujo no es más que la punta del iceberg: no tiene en cuenta las emisiones imputables a las inversiones capitalistas del 1 % más rico. El autor cita trabajos que cifran en un 70 % la parte de la huella de carbono de los más ricos derivada de sus inversiones capitalistas, pero no se trata más que de una estimación, dificultada por la opacidad del sector financiero.

En segundo lugar, incluso aplicando a las emisiones de los hogares el coeficiente de carbono mencionado más arriba, repartir las emisiones de las empresas y del sector público entre toda la población constituye un enfoque discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho ‒mencionado en el estudio‒ de que los mayores emisores de CO2 (el 1 % más rico) ejercen sobre las decisiones “una influencia desproporcionada en virtud de su condición, de su poder político y de su acceso a los decisores políticos”. Por citar un ejemplo: el proyecto de aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes [en Francia] respondía a las necesidades de la empresa Vinci y de sus accionistas, no a las de las clases populares. El mismo razonamiento vale para los gastos militares y numerosos proyectos, por no hablar de las subvenciones públicas a las empresas.

Límites del análisis a través del consumo

Con esto llegamos a tocar los límites de un enfoque de la catástrofe climática basado en el consumo de las diferentes categorías de renta. En realidad, puesto que todo consumo presupone una producción, los niveles de consumo de los grupos de renta han de analizarse a la luz de las posiciones que ocupan estos grupos en la producción. “La influencia desproporcionada” del 1 % más rico se da en todas partes, pues los miembros de este grupo son propietarios de los medios de producción. Son la clase dominante y el Estado es el instrumento de su dominación. Las clases populares se hallan en una situación muy distinta: están sometidas a las decisiones de las empresas y las instituciones que no controlan y producen por encima de sus necesidades en beneficio de los capitalistas. Por consiguiente, soportan un volumen de emisiones que se deriva de la dinámica productivista del Capital, no se su libre albedrío.

Frente a la mistificación del discurso dominante que nos exhorta indistintamente a cambiar nuestros hábitos, el estudio de Oxfam tiene el gran mérito de dirigir el foco sobre las enormes desigualdades de consumo y de expresarlas en términos de responsabilidades por las emisiones de CO2. Además, demuestra claramente que la política de los gobiernos, a pesar del bla-bla-bla sobre la transición justa, agrava la injusticia climática.

Al mismo tiempo, es bastante fácil constatar que la solución no puede venir de medidas adoptadas exclusivamente en el ámbito del consumo. Veamos la hipótesis absurda de que de aquí a 2030, el 1 % más rico o el 10 % más rico hayan reducido sus emisiones a 2,3 tCO2/persona/año. En este caso, todavía haría falta, para no rebasar los 1,5 °C de calentamiento global, que el 40 % de la llamada clase media reduzca sus emisiones a menos de la mitad en la UE y el Reino Unido, a un tercio en China y a un cuarto en EE UU (India es el único país gran emisor en el que las emisiones del 40 % se mantendrán por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año en 2030, según el estudio). ¿Cómo? Aunque indispensable, la redistribución radical de las riquezas (como la que propone Thomas Piketty) no permitiría resolver el problema, solamente lo desplazaría. El desafío no puede abordarse más que redefiniendo las necesidades reales de la mayoría social, organizando la producción en función de las mismas y suprimiendo la producción de bienes inútiles y nocivos.

La aceptabilidad social revela la dificultad de los esfuerzos requeridos. Para la mayoría, son motivo de rechazo. Claro que son necesarios unos cambios profundos, y no basta con decir que paguen los ricos. Por eso hay que razonar en términos de deseabilidad. Producir menos para cubrir las necesidades; transportar menos, trabajar menos, compartir más; cuidar a las personas y los ecosistemas; gestionar los recursos de manera sobria, colectiva y democrática, para que todas y todos gocen de una vida placentera y confortable: esta es la perspectiva ecosocialista que puede inspirar un plan de reformas estructurales anticapitalistas adaptado al siglo XXI. Porque una cosa es cierta: no hay salida sin poner en tela de juicio la competencia en pos del beneficio, motor del productivismo basado en el derecho de propiedad capitalista.

08/12/2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/climat-inegalites-et-lutte-des-classes/

Publicado enMedio Ambiente
Alicia Valero, responsable del grupo de ecología industrial del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos, alerta sobre la dependencia de minerales raros. Pablo Ibáñez

Directora del grupo de Ecología Industrial del Instituto CIRCE y autora de más de cien publicaciones académicas, Alicia Valero profundiza en lo que hay detrás de la actual crisis de suministro de materias primas y componentes: la escasez de minerales.

 

El trabajo de Antonio Valero y Alicia Valero, padre e hija, ingenieros termodinámicos de la Universidad de Zaragoza, es fundamental para comprender los límites físicos y geológicos del planeta Tierra. En 2014 publicaron en inglés un monumental ensayo sobre el agotamiento de los recursos minerales ante un sistema económico basado en el crecimiento exponencial. Recientemente y con formato de entrevista publicaron Thanatia, los límites minerales del planeta (2020, Icaria), donde explican de forma didáctica y sin tecnicismos qué ocurre cuando choca el consumismo ilimitado del capitalismo con un planeta con recursos limitados. 

La crisis de las materias primas y de los componentes básicos para la industria tecnológica que experimenta la economía global desde finales del pasado año puso de actualidad este libro y el trabajo de los Valero, que ya hace años venían advirtiendo de la previsible escasez de todo lo que se necesita para la industria tecnológica y la llamada revolución verde. Como asesora de grandes empresas, como Seat, y directora del grupo de Ecología Industrial en el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Circe), Alicia Valero es una voz imprescindible para acercarse a un problema —la escasez de recursos— que hace poco era meramente teórico. Para esta profesora, la falta de materias primas ya no es una teoría o una posibilidad futura, es una realidad tangible que solo puede ir a más si no se cambian de raíz los hábitos de consumo.

Parece que antes hablar de escasez de materiales parecía tabú. ¿Esto ha cambiado?
Yo creo que sí, ahora la gente lo está viviendo en primera persona. Hasta los sectores más conservadores ya están admitiendo que aquí puede haber un problema grave por desabastecimiento.

¿Cuánto tiene de coyuntural y cuánto de estructural esta crisis de desabastecimiento?
Es una crisis estructural, aunque obviamente agravada por la pandemia, que sí ha sido coyuntural. Esperamos que los efectos del coronavirus vayan remitiendo y los parones debidos a la pandemia cada vez sean menos o incluso ninguno, y eso favorecerá que las fábricas vuelvan más o menos a la normalidad. Dicho esto, todo esto tiene un factor común, que es que la demanda se ha disparado de forma exponencial. Las fábricas no dan abasto para abastecer tantísima demanda, sobre todo de aparatos eléctricos y electrónicos, que requieren de una especialización de fábricas y de personas, que están basados en unos elementos que son escasos y que, además, están controlados por pocos países. 

Nos estamos topando con los límites de las fábricas. Pero si tú extrapolas esto a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano también toparemos con sus límites. Y si seguimos con este consumo exponencial esos límites están muy cerca. Fíjate, en estos 20 años de siglo XXI hemos extraído tanto cobre como en toda la historia de la humanidad. Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles, que son dos cosas distintas.

¿Ya estamos en ese proceso que algunos llaman colapso o gran escasez o esto es solo una ventana hacia lo que puede pasar en un futuro próximo?
Creo que es el principio. Es una ventana, pero es que ya vemos el precipicio, ya estamos viendo esas señales inequívocas de que pronto los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día. 

Hace poco el discurso sobre la crisis climática era sobre todo teórico y recién ahora se empieza a ver cómo alguna de esas advertencias se convierten en realidad. ¿Está pasando lo mismo con la escasez de materias primas? 
Sí, está pasando lo mismo. Se habla del cambio climático, se habla de la escasez de materias primas, se habla de la pérdida de biodiversidad... es que está todo relacionado. Precisamente, tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado, a su vez, los problemas que tenemos hoy de cambio climático. La red natural es tan compleja que tú no puedes actuar sobre una vertiente y olvidarte de las demás. Tenemos una complejidad natural enorme, que hace que haya que actuar en múltiples frentes y cada vez que damos un pasito hay que cuestionarse cuáles son las consecuencias sobre la naturaleza, sobre la sociedad, sobre la economía, y no vale mirar solo la economía.

¿Las materias primas que tienen problemas de abastecimiento son las que tienen las reservas más escasas?
En parte sí. De hecho, hicimos estudios en 2018 y analizamos qué materiales podían presentar cuellos de botella y resulta que coinciden con aquellas materias primas que son necesarias para la electrónica, para las baterías, sobre todo de coches eléctricos —hablamos del litio, del cobalto, del manganeso, del níquel—, y para muchas renovables, como por ejemplo la fotovoltaica. 

¿El problema con estos minerales es que no hay reservas, que la extracción no es rentable o que está muy concentrada la producción?
Hay varios problemas. El primero es que como la demanda está creciendo tan rápidamente no hay reservas suficientes en los yacimientos que hoy en día son explotables. Por supuesto que se van a encontrar nuevos yacimientos en el futuro, pero en abrir un nuevo yacimiento tardas en torno a 15 o 16 años de media. Aquí va a haber un desacople muy importante entre la oferta y la demanda. Además, hasta ahora hemos extraído los low hanging fruits [frutos al alcance de la mano], lo que es fácilmente extraíble y ahora se habla de ir hacia los océanos, la Amazonía, la Antártida, pero ¿a qué coste? ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestras reservas naturales? 

Por otro lado, las reservas de litio, por ejemplo, están concentradas en Australia y en zonas de Latinoamérica, en el triángulo del litio. Y luego ese litio —y todas esas materias primas y las tierras raras— las controla China para refinarlas... El cobalto se concentra en el Congo, con todos los problemas sociales, políticos, de inestabilidad, de trabajo infantil en condiciones deplorables... Todo eso implica que los gobiernos como los de la UE dicen que hay que extraer en el propio territorio para evitar esa dependencia. Pero casi nadie está dispuesto a tener una mina o una fábrica cerca por todos los impactos que tiene y hasta ahora producir en el exterior había sido más barato y, además, la contaminación se la llevaban otros países. Tenemos distintos frenos y distintas barreras que son físicas, pero también sociales y ambientales, que hacen que vayamos a tener escasez de varios tipos.

Hay algunas señales que indican que esta crisis ha llegado a su pico. ¿Cuánto crees que puede durar todavía esta crisis de materias primas?
Poco a poco se irá normalizando, pero no vamos a volver a lo de antes. El modelo de just in time, de que yo lo solicito y mañana lo tengo, creo se va a terminar. Vamos a tener que replantearnos el modelo de economía que estamos llevando, porque al ritmo de consumo y desecho de productos que utilizamos está claro que esto es insostenible y estallará por alguna parte. O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas. 

Ante el agotamiento de los combustibles fósiles, la gran esperanza está puesta en las renovables. ¿Qué problemas encuentra la revolución verde?
Es importantísimo que se lleve a cabo esta revolución verde, no podemos seguir quemando combustibles fósiles. Ahora bien, lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. Primero porque no hay suficientes materias primas para hacer esto. Si seguimos por esta senda, en seguida veremos que no hay suficiente cobalto, que no hay suficiente litio, que no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Así que pintar de verde la economía actual va a ser imposible. Y además las renovables tienen problemas de desestabilización de la red y hay que construir en paralelo sistemas de estabilización de red. Las renovables necesitan un aporte del gas natural para evitar picos de tensión y apagones como se está diciendo en el centro de Europa… Otro problema es quién va a poner el terreno para las hectáreas y hectáreas de fotovoltaicas y eólicas que se necesitan. Porque la superficie que necesita una energía renovable en comparación con un sistema equivalente en potencia de una central de ciclo combinado o una nuclear es muy superior. Aquí nos toparemos con bloqueos como los que hemos visto con pueblos enteros que se niegan a tener huertos solares o eólicos. No se puede pintar la economía de verde, hay que decrecer. Los materiales que se emplean tienen que diseñarse para que se puedan reutilizar.

Has trabajado en contacto con la industria. ¿Cuáles son los principales problemas que está teniendo la industria española en relación a esta falta de materiales y esta crisis energética?
Los problemas son gravísimos, estamos viendo cómo están cerrando las fábricas y están no solo haciendo ERTE sino cerrando completamente, como está ocurriendo con la industria de los fertilizantes. Esto es muy grave: podemos vivir sin coches, pero no sin alimentos. Que la industria de fertilizantes tenga que cerrar y no pueda producir esos fertilizantes que son necesarios para el campo es algo inédito y gravísimo, y aquí se ve la enorme dependencia que tenemos de los combustibles fósiles. Hay que sustituirlos lo antes posible.

Hay una crítica extendida de que este tipo de discursos sobre la escasez está creando alarmismo y esto puede favorecer la desmovilización o a la extrema derecha.
Es cierto que a veces tienes que moderar un poco el lenguaje para no crear el efecto contrario, es decir, el sálvese quien pueda, y yo soy consciente de que algunos de nuestros análisis incitan a eso. “Buah, si estamos tan mal que se salve quien pueda, vamos a consumir lo máximo posible” y algunos se van a aprovechar de este asunto. Pero si no se conoce la realidad, si seguimos con los ojos vendados sobre lo que está ocurriendo, que es gravísimo, difícilmente vamos a poder actuar. Es importante que la gente conozca dónde estamos y que las políticas que se están llevando hasta ahora son equivocadas. Al menos, que las decisiones sean lo más informadas posibles para tratar de encarrilar el planeta hacia la sostenibilidad.

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

12 dic 2021 06:06

 

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 11 Diciembre 2021 05:44

La lógica de los combos políticos

Elon Musk, Jeff Bezos y Warren Buffett.

(Los nombres y otros datos han sido cambiados por razones legales)

José vende tacos mexicanos y choripanes argentinos en un carrito de la Ocho Street y la Azúcar Avenue de Miami. Tiene dos empleados. Guadalupe, la cocinera desde las ocho de la mañana a las siete de la tarde, y Ronald, el flaquito de Caracas que reparte cuando a José le cae un pedido en su UberFood. Al principio se llevaba bien con los dos, hasta que se empezó a calentar cada vez que de noche leía en Facebook los post de Guadalupe y de Ronald. Lo único que comparten los tres es que ninguno va a la iglesia los domingos, pero Guadalupe y Ronald le habían salido zurdos, cosa que no parecía cuando estaban buscando trabajo. Una de Monterrey y el otro exiliado del régimen chavista no parecían casos de cuidado. Pero por algún misterio eran “antimperialistas, no antiamericanos”, como decía el estúpido de Ernesto, y nada más jodido que una patada en los testículos o que los amigos sean tan idiotas, políticamente hablando. Hasta alguna vez sintió la tentación de condimentar el choripán de Ernesto con unas gotas de laxante, cosa que, sabía, no lo iba a matar, pero lo iba a joder un rato como premio merecido a su jodida retórica que ya había contaminado hasta a sus empleados.

Ernesto volvía de su puestito en la universidad y pasaba por los comercios del barrio, como para darse un baño de pueblo antes de volver a su apartamento lleno de libros y de exámenes inútiles, sobre todo a esta altura de diciembre.

José no sabía si Ernesto era un cliente o un enemigo. Al menos esa era su disyuntiva cada viernes que lo veía aparecer con sus lentes de miope y, sin decir palabra, lo obligaba a apagar el celular. Ernesto aparecía y se ponía a hablar con Ronald. Aparentemente intercambiaban bromas con el muchacho ("che" para aquí, "pana" para allá), pero José sabía que Ernesto estaba allí para molestar. Es el destino de algunos individuos que nadie sabe por qué o para qué nacieron. Él, José, le daba trabajo a la cocinera y al delivery guy, Ronald, y ellos ni siquiera alcanzaban a entender cómo funcionaban las cosas.

El viernes pasado vino Ernesto con su carterita marrón llena de papelitos, esa mierda de sus estudiantes que tienen padres que les pagan miles de dólares para que se gradúen de algo mientras trabajan medio o un cuarto de tiempo y luego te refriegan su titulito de Bachiller of Science, Master of Arts, Doctor of Philosophy y toda esa mierda inútil que nadie sabe para qué sirve.

--Yo tampoco entiendo, don José --me dijo la semana pasada, mientras recibía mi comida--, por qué usted defiende tanto a Jeff Bezos.

--Nada personal --le dije--. Igual defiendo a Elon Musk, a Warren Buffett...

--Los creadores de empleo...

--¡Yep! ¿Quiénes más, si no, crean empleos?

--Crean empleos y crean la riqueza de este mundo --dijo, con su habitual sarcasmo--. Los Padres del Progreso de la Humanidad. No lo digo con sarcasmo, sino con mayúsculas, tipo titular del New York Times.

--Tú lo has dicho, amigo. Es lo que hacen todos los empresarios. Salvando las distancias, es lo que hago yo mismo. Si no fuese por este humilde negocio, dos trabajadores estarían mendigando en una esquina de esta misma Calle Ocho.

Y él, muy maldito, me descargó todo eso que debe aprender de sus libros arrugados o que se le ocurre a él mismo con su arrugado cerebro:

--Por alguna misteriosa razón, pequeños y heroicos empresarios como usted, don José, se consideren miembros del mismo gremio que Jeff Bezos, Elon Musk y Warren Buffett...

--Pues, será que algo tenemos en común...

--Sí, todo menos cien billones de dólares y el poder de aplastar a otros pequeños empresarios como usted. No sé, pero tal vez algún día usted se dé cuenta de que tiene más en común con Guadalupe y con el chico... (¿cómo se llama? Ronald, sí, Ronald) que con los amorosos de Jeff, Elon y Warren. Se me hace que usted no podría seguir trabajando sin las Guadalupes, sin los Ronalds, pero seguramente podría seguir, y tal vez sin sufrir tanto, si no existieran ni los Jeff, ni los Elon, ni los Warren. Pero mire que no lo culpo de ese error que no es sólo político, sino existencial. ¿Vio que lo político siempre tiene mala fama? Los dueños del mundo siempre han sabido usar los Combos políticos. Por ejemplo, si usted es un tipo religioso, digamos católico, protestante, pentecostal o alavadió, va a apoyar toda la agenda del partido conservador, es decir, terminará apoyando, con heroico fanatismo, no sólo la prohibición del aborto sino el derecho a portar un rifle M16 en la Ocho (en nombre de la Libertad, obvio), la rebaja de los impuestos a los millonarios y la libertad de los grandes capitales que, según la teología, sería la que garantiza la libertad de los mendicantes. Lo mismo pasa en aquellos países del sur, del extremo sur. Alguien dividió la cancha entre ciudad y campo, entre civilización y barbarie, y cada uno tomó partido. Boca y River, Pañarol y Nacional, Flamengo y Corinthians, Colo Colo y Universidad, Michigan y Alabama... Así, por ejemplo, los peones del campo, aquellos que se levantan a las cinco con un mate y se acuestan a las siete sin un Martini Rossi, tomaron partido en favor de los hacendados, todo para combatir a los malditos habitantes de la ciudad que, dicen, les chupan la sangre. ¡Viva el Partido Patritico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! ¿Pero qué pelotudos, ¿no? Y los poderosos hacendados, los estancieros dueños de miles de hectáreas, los representanes del pueblo, se visten de gauchos en Brasil, en Argentina y en Uruguay, de huazos en Chile, y de indios pongo en Perú o en Bolivia, y les hacen creer a los pobres sin dientes que ellos son parte del mismo partido. ¡Viva el Partido Patriótico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! Hablaban más o menos igual, visten más o menos igual, sobre todo en las fiestas nacionales, y, como en la época de la esclavitud cuando los negros esclavos defendían a sus amos, los esclavos asalariados defienden a sus patrones y se pelean en las fiestas y en las elecciones por la divisa del caudillo, por el color del amo, por la familia y la tradición del gaucho. Otro combo perfecto. ¿No me diga que no se acuerda de aquello de “¡Viva el dotor Whiskygratis!”, el candidato de la CIA?) Nada ha cambiado mucho, ¿no le parece? Quienes están en el poder saben cómo hacerlo. De otra forma no estarían en el poder, ¿no? No digo en la presidencia de este o de otro país, porque eso no es estar realmente en el poder.

--No sé --le dije, como para terminar--. De todas formas, el cliente siempre tiene razón. Aquí tiene su choripán. Es una especialidad de la casa... O del carrito, como quiera llamarlo. Choriarepa, le llamo. Es choripán argentino cruzado con arepas venezolanas, con unas gotitas de agave mexicano. Todos condimentos disidentes, como le gusta a uested...

Al final, me decidí por el laxante en lugar del ágave. Peor son los otros que, dicen, usan radiaciones cancerígenas o frecuencias que no dejan dormir.

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Su último libro es La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

11 de diciembre de 2021

Publicado enSociedad
La imagen fue captada en la playa del atolón Midway en las islas del noroeste de Hawái. Foto Ap

El reciclaje es insuficiente para resolver el problema, señala la Academia Nacional de Ciencias de ese país

 

Estados Unidos necesita repensar y reducir la forma en que genera plásticos porque gran parte del material está ensuciando los océanos y otras aguas, aseguró la Academia Nacional de Ciencias en un nuevo informe.

Ese país, principal productor mundial de desechos plásticos, genera más de 46 millones de toneladas al año, y alrededor de un millón de toneladas termina en los océanos, según el documento.

Si el ritmo del aumento actual de la contaminación por plásticos continúa, para 2030 colocará 58.4 millones de toneladas en los océanos cada año, o alrededor de la mitad del peso del pescado capturado en los mares, agrega.

El reciclaje y la eliminación adecuada por sí solos no son suficientes y no pueden manejar el problema, por lo que "Estados Unidos debería reducir sustancialmente la generación de desechos sólidos (absoluta y por persona) para disminuir los plásticos en el medio ambiente", señala el texto del organismo independiente, creado por el presidente Abraham Lincoln para asesorar al gobierno federal sobre grandes temas de investigación.

El problema de los plásticos no se puede resolver a menos que el país los fabrique menos, los diseñe de manera diferente, los controle mejor y limpie más desechos, y "por eso nuestra recomendación número uno es reducir la generación de desechos sólidos", explicó la líder del informe, Margaret Spring, directora científica y de conservación del Acuario de la Bahía de Monterey.

"Sugerimos que una forma de reducir esos desechos sería hacer menos plástico", agregó la oceanógrafa Kara Lavender Law, coautora del informe que ha realizado numerosos estudios sobre esos desechos. "El reciclaje no puede gestionar la gran mayoría de los residuos plásticos que generamos".

El panel proporcionó un menú de posibles formas de solucionar el problema, comenzando con "objetivos y estrategias nacionales para limitar o reducir la producción de plástico virgen", que parte de materia prima que no se ha utilizado, es decir, material no reciclado.

El problema, según el informe, es que "los precios de los plásticos vírgenes son artificialmente bajos debido a los subsidios a los combustibles fósiles, por lo que su producción es más rentable", y su fabricación en Estados Unidos sigue aumentando.

"Más de 90 por ciento de los plásticos están hechos de materias primas fósiles vírgenes, que utilizan alrededor de 6 por ciento del consumo mundial de petróleo", señala el informe. Esto hace que el plástico virgen sea un problema climático, así como uno de contaminación, sostuvo Jenna Jambeck, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Georgia, que se enfoca en los problemas de desechos .

Si bien el reciclaje "es técnicamente posible para algunos plásticos, se reciclan pocos de ellos en los Estados Unidos", destaca el informe. Añade que los materiales para cambiar la dureza o el color los hacen demasiado complejos para reutilizarlos a bajo costo, en comparación con la fabricación de nuevos plásticos vírgenes.

"Una de las principales barreras para el reciclaje es la economía del plástico virgen y el subsidio de la industria de los combustibles fósiles", precisó Spring.

El Consejo Estadunidense de Química, que representa a los fabricantes de plásticos, elogió la mayor parte del informe de la academia, pero criticó la idea de limitar la producción.

El tema es importante porque los plásticos causan "impactos devastadores en la salud de los océanos y la vida silvestre marina", resaltó el informe.

Los peces, los mamíferos y las aves marinas se enredan en los plásticos o se los comen, se enferman y mueren con frecuencia. Al analizar cientos de estudios, el estudio halló que de 914 especies marinas examinadas, 701 tenían problemas para ingerir el material y 354 de ellas se enredaron.

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 27 Noviembre 2021 05:28

Netflix y la batalla ideológica

Netflix y la batalla ideológica

Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias

 

Imagínate que llegas a casa después de un día de trabajo, universidad o simplemente de haber estado con tus amigos. Llegas, enciendes el ordenador o el televisor y abres Netflix. Después de estar un buen rato buscando una serie, quizás más tiempo que lo que dura un capítulo, decides poner un documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial.

En él, se exponen los errores del expresidente de Reino Unido [qué errores], Arthur Neville Chamberlain, y cómo llevó a que Alemania pudiera aumentar su influencia en Occidente. De repente, tu percepción sobre quién fue culpable de algunos hechos que acontecieron a estos errores cambia totalmente. ¿Por qué actuó de esa manera? ¿cómo se creyó las mentiras de Hitler? ¿por qué no renunció antes? etc. Tu percepción sobre el papel de Reino Unido en la guerra cambia por completo. Días más tarde, y sin saber muy bien por qué, decides investigar sobre el director del documental: Alejandro Bernard. Buscando en sus redes sociales, hay algo que te da mala espina y comienzas a indagar sobre su vida. Entonces, leyendo unos cuantos artículos, encuentras que parte de ese documental está financiado directamente por el Gobierno de un país en concreto, el cual es rival ideológico y económico con Reino Unido. De pronto, caes en la cuenta de lo que ha pasado.

Este ejemplo ficticio solo ilustra una guerra que se da cada día, cada hora y a cada segundo en nuestras vidas: la batalla ideológica. En resumidas cuentas, podríamos decir que la batalla ideológica es una constante por el pensamiento, donde las armas son los relatos y el objetivo es tu mente. Al igual que en el ejemplo del documental, esta batalla se da en casi la totalidad de nuestra vida: series, redes sociales, personajes influyentes, etc. Pero donde más se da esta batalla es, sin duda, en la política e su sentido más clásico.

En política, se lleva años realizando campañas ideológicas a través de los relatos; de hecho, en mi opinión, la política es esencialmente una batalla de relatos con el fin de construir realidades materiales. Porque, a fin de cuentas, si algo lo cree todo el mundo es más fácil que otros lo puedan llevar a cabo. Estas batallas pueden llegar a ser más o menos perceptibles. Todos estaremos de acuerdo, en que en el periodo de la Guerra Fría se enfrentaban dos modelos: el comunismo y el capitalismo. Propaganda, discursos e intromisión de mensajes en las líneas enemigas (y sobre todo en las propias), son las principales armas para esta batalla.

Pero no todas estas batallas se dan a la luz. De hecho, nuestra rutina está plagada de mensajes y relatos con el fin de cambiar nuestras percepciones. Ya sea qué marca compro, qué opino de la nueva medida del gobierno, o qué votaré el día de mañana.

Las formas de consumo ideológico se han ido transformando a lo largo de los años. Hollywood, por ejemplo, fue concebido como parte de la maquinaria ideológica de Occidente, con una efectividad innegable, moldeando el pensamiento y la visión de: qué fue, qué es y qué será el mundo. De hecho, plataformas como Netflix o HBO, parecen haber tomado su legado adaptándose a las nuevas formas de “entretenimiento” (audiovisuales). Es por eso que, muchos actores políticos, ya intentan acaparar el mercado del relato con el fin de construir no solamente una visión nacional, sino también internacional.

Higher Ground Productions, una productora estadounidense creada en 2018, ha firmado varios contratos para producir tanto series y películas como documentales exclusivos para Netflix. Lo curioso es que, esta productora, pertenece al ex presidente Barack Obama y a la ex primera dama, Michelle Obama; y es que, si hay alguien que haya entendido a la perfección cómo funciona la batalla ideológica son los Obama. A través de la firma de tres películas, cuatro series y varios documentales, no sólo buscan entretener a la audiencia de esa plataforma. Para Obama esto supone un paso más, no solamente para llevar su mensaje a nivel nacional, ligado a los intereses de su partido, sino también para construir una narrativa de alcance internacional. Recordemos que, actualmente, la plataforma cuenta con más de 208 millones de abonados, con el alcance y la influencia que esto supone. Y es que, en palabras de Ted Sarandos, director de contenido de Netflix: “Higher Ground están construyendo una compañía centrada en contar historias que ejemplifiquen sus valores”.

Además de la intervenciones directas de perfiles políticos, podemos observar como incluso las series denominadas “progres” o “anti establishment”, sucumben también a intereses partidistas. Es el caso de Broad City, una serie en la que dos estadunidenses veinteañeras viven aventuras relacionadas con sexo, drogas y alcohol. En uno de sus capítulos (3x05) no dudaron en hacer aparecer y dar publicidad electoral a la entonces candidata Hilary Clinton. Una intervención duramente criticada por los fans de la serie y una muestra más del interés que suscita el poder narrativo del audiovisual actual.

Pero si hay una narrativa que colma la mayoría de los productos de “entretenimiento”, esa es sin duda alguna la narrativa neoliberal. Historias de éxito, donde lo único que importa e influye parece ser el individuo. “O pisas o te pisan”, “la moral no te llega a ningún lado” o “si fracasas será por tu culpa'', son algunos de los mantras que se repiten una y otra vez. Se mitifica a personajes como Pablo Escobar en Narcos, a Frank Underwood en House of Cards o a Heisenberg en Breaking Bad. Estos son algunos de los muchos ejemplos de personajes manipuladores, egoístas y ruines que solo buscan su propio beneficio y son endiosados por los fans de las series. Una narrativa individualista y amoral que trata de centrar la visión y la comprensión de los hechos en el individuo.

Recordemos que el discurso político, en todas sus variantes, no se centra solo en los intereses construidos, sino que se emplea como herramienta para construir nuevos intereses, donde estos últimos siempre están guiados por la ideología. El entretenimiento se convierte en una batalla por el sentido y la percepción. “Siembra vientos y recogerás tempestades'', decía la Biblia, y es que, el poder constructor de realidades puede llegar a ser peligroso. Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias, aún yendo en contra de nuestros principios o intereses.

Y aunque los medios para difundir el relato cambien, los instrumentos ideológicos se adaptan: desde Netflix y HBO hasta Facebook e Instagram, desde Twitter a los memes. Una batalla política, ideológica y de lucha por las percepciones que, por lo visto, resulta ser infinita. Y, al igual que en nuestra historia sobre Netflix, la observaremos y seremos víctimas de esta lucha desde la comodidad del sofá de nuestra casa.

26 nov 2021

Publicado enCultura
Lunes, 01 Noviembre 2021 07:13

Mundo. Proyección energética 2050

Mundo. Proyección energética 2050

En su reciente World Energy Outlook 2021, la Agencia Internacional de Energía anota que en el atípico 2020, aun con las economías en declinación por el Covid 19, las fuentes renovables de energía (solar y eólica) continuaron su rápido crecimiento, así como la venta de vehículos eléctricos. Es claro que la nueva fase de la energía será más electrificada, eficiente, interconectada y limpia.

La rápida y desigual recuperación económica de 2021 ha creado tensiones en varios segmentos del sistema energético manifiestos en fuertes elevaciones de precios en el gas natural, el carbón y los mercados eléctricos. Es en este momento pivotal que la AIE replantea la urgencia de acelerar el cambio a su escenario Sustentable que ahora proyecta a 2050, y más ambicioso aún, al objetivo de Cero Emisiones Netas de C02.

 

 

En 2019, año prepandemia, la oferta mundial de energía primaria fue de 613 hexajoules (EJ) cifra que en el escenario Sustentable bajaría a 578 en 2050. Su composición además cambiaría drásticamente: los combustibles fósiles que en 2019 representaron el 80.2% de la oferta bajarían a 36.2 (Gráfico 1) y las fuentes renovables subirían del 10.7 al 54.7%.

Si el mundo lo logra, la participación del petróleo pasaría en las próximas tres décadas de representar el 30.7% (2019) al 15.5 (2050), el carbón del 26.5 al 6.0, y el gas natural del 23.1 al 14.7%; y en las renovables, la (cuestionada) bioenergía pasaría del 6.1 al 18.4%, la solar del 0.7 al 14.9, y la eólica del 0.8 al 10.9%. En México es apremiante integrar esta nueva infraestructura con tecnología y equipos nacionales, e inversiones público-privadas, al igual que con el litio y los vehículos eléctricos.

 

 

La generación de electricidad se proyecta pasará de 26,959 teravatios-hora en 2019 a 57,950 en 2050, y la participación de combustibles fósiles bajará del 63.2 al 3.8% (Gráfico 2). Las fuentes renovables pasarían de generar el 26.4 al 83.6% en 2050 (eólica 30.3 y solar 30.1%)

La demanda mundial de petróleo se proyecta bajaría de 90.6 millones de barriles diarios (Mbd) en 2019 a 47.0 en 2050. De ella la de Estados Unidos habrá de bajar de 18.4 a 5.4 Mbd, la de China de 13.1 a 5.9, y la de Europa de 13.0 a 2.2 (Gráfico 3).

UNIDAD TÉCNICA DE ECONOMÍA SA de CV, Ciudad de México Tel/fax 5135 6765 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Publicado enEconomía
Lunes, 25 Octubre 2021 05:41

Nuevos paradigmas económicos

Nuevos paradigmas económicos

En su más reciente entrega, el semanario británico The Economist publicó un interesante artículo titulado “Una revolución en tiempo real acabará con la práctica de la macroeconomía”. Como anuncia el título, el texto sugiere que el análisis tradicional macroeconómico enfrenta el riesgo de ser sustituido por el estudio en tiempo real que posibilitan las nuevas tecnologías que hacen más accesible e interpretables los datos.

No es ningún secreto que, desde 2007, el crecimiento exponencial en la capacidad computacional, detonado por la fabricación de chips a partir de materiales sin silicón y el incremento en la capacidad de almacenamiento, posibilitado por el famoso marco para software llamado Hadoop, operado por Google, así como el primer IPhone, anunciado en enero del mismo año, no sólo dieron origen a motores de búsqueda más potentes y refinados, sino que habilitaron la masificación del acceso y recolección de datos, creando una nueva industria centrada en el Big Data.

La banda ancha, el teléfono móvil y el almacenamiento en la nube posibilitaron el desarrollo de Facebook, Twitter, Amazon, Instagram, WhatsApp, Netflix, Airbnb y Linkedin, empresas todas ellas que actualmente tienen un alto valor en el mercado.

A más de una década de su irrupción en el plano global, podemos asegurar que dichas redes sociales se han transformado en agentes económicos disruptivos que dominan, incluso en ocasiones de manera monopólica, sectores como la publicidad, el turismo, los servicios financieros o el mercado laboral.

Hoy, la transformación iniciada a comienzos de siglo se prepara para entrar en una nueva fase, impulsada por la red inalámbrica 5G, cuyos desarrolladores han asegurado que permitirá una conexión entre 10 y 20 veces más rápida que la actual y el procesamiento de datos complejos en tiempo real.

La automatización del transporte público o el monitoreo constante de la logística comercial, el clima, las ventas minoristas y los procesos industriales, son algunas posibilidades concretas que promete dicha red. Para valernos de términos económicos, 5G ofrece la posibilidad de reducir aún más la brecha temporal en la comunicación y así disminuir discordancias significativas entre la oferta y la demanda, calculándolas de manera anticipada y más precisa.

La disrupción ocasionada por las tecnologías de la comunicación es un fenómeno reciente; no obstante, como acertadamente ha descrito el filósofo japonés Kojin Karatani, se trata de un proceso que se ha estado gestando durante más 30 años y coincide con la decadencia de la industria manufacturera de Estados Unidos.

El fin del patrón oro en 1971 y la recesión económica de 1973-1975, ocasionada por el incremento en la oferta de productos a raíz de la recuperación de las industrias japonesa y alemana, así como el alza en el precio del petróleo, marcaron el inicio declive de la industria orientada a la producción de bienes duraderos, cerrando de paso, el capítulo del Estado del bienestar.

Aunque polémicas, las políticas económicas implementadas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher son la consecuencia lógica ante la inflación experimentada en la década de los 70. El viraje de la economía, la privatización de los monopolios estatales y la relocalización geográfica de la industria manufacturera hacia países con sueldos más competitivos dan cuenta del fin de un ciclo económico.

El desplazamiento de la manufactura implicó que otro tipo de commodity, la información, tomara su lugar como mercancía hegemónica. La desregulación del sistema financiero y la reducción de las tasas impositivas, políticas comúnmente calificadas de neoliberales, responden a un contexto histórico en el que Estados Unidos y las potencias económicas buscaban asegurar el rendimiento de las inversiones realizadas en el sistema financiero global.

El rendimiento de capital está asegurado cuando es posible obtener un precio más adecuado, donde éste genera mayor utilidad. Tecnologías como las redes sociales o la red 5G hacen que el proceso de descubrimiento de dichas condiciones no sólo sea más sencillo, sino costeable e inmediato.

Extraer, ordenar e interpretar la información para colocar los productos y servicios de acuerdo con el conocimiento de la demanda en tiempo real, es quizá, el pináculo de la economía neoliberal.

La intención de los estados de regular la obtención, utilización y monetización de dicha información es entendible y hasta cierto punto deseable. No obstante, las medidas fiscales y la regulación antimonopólica no serán suficientes para contrarrestar las inequidades que pueden resultar de la implementación de estos procesos. La tentación por parte de países como China de controlar dicha información para su beneficio propio representa aún mayores riesgos para la democracia global.

La tendencia monopólica de las entidades que encabezan la revolución tecnológica representa grandes retos para las entidades políticas que buscan controlarlas. Atacar estos desafíos de manera aislada, desde paradigmas políticos como la soberanía será imposible. Después de todo, se trata de entidades trasnacionales cuyo número de usuarios supera la población de varios países.

La regulación como la ha entendido adecuadamente la Unión Europea, debe llevarse a cabo desde bloques económicos coordinados, buscando que el acceso y utilización de dicha información esté disponible para todos los agentes económicos que forman parte del mercado.

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