las actividades humanas están causando cambios a escala planetaria en la tierra, los océanos y la atmósfera, y dañando a largo plazo los ecosistemas y el desarrollo sostenible Foto: Reuters.

Cuatro indicadores de la situación de nuestro clima, las concentraciones de gases de efecto invernadero, el nivel del mar, la temperatura de los océanos y su acidificación, volvieron a batir récords en 2021, según el Informe sobre el Estado del Clima Mundial 2021.

El documento, que preparan los científicos de la Organización Meteorológica Mundial, destaca que esas nuevas marcas son “una clara señal de que las actividades humanas están causando cambios a escala planetaria en la tierra, los océanos y la atmósfera, y dañando a largo plazo los ecosistemas y el desarrollo sostenible”.

Además de los efectos en el medioambiente, los fenómenos meteorológicos extremos, la cara cotidiana del cambio climático, se cobraron la vida de muchas personas y costaron cientos de millones de dólares a la economía. También pusieron en riesgo el acceso a los alimentos y el agua, llevando a un desplazamiento de personas que se ha acentuado en 2022.

El informe de la agencia de la ONU sobre el Estado del Clima Mundial en 2021 confirma que los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene constancia.

Si bien 2021 no batió el récord de temperatura, debido a un evento de La Niña al principio y al final del año que tuvo un efecto de enfriamiento temporal, sí estuvo entre esos siete más cálidos, manteniendo así la tendencia general de aumento de los termómetros. La temperatura media mundial en 2021 fue de aproximadamente 1,11 grados centígrados por encima del nivel preindustrial.

Para el Secretario General de la ONU, el informe es “una sombría confirmación del fracaso de la humanidad para afrontar los trastornos climáticos”.

Sin embargo, António Guterres también dijo en un video mensaje difundido tras conocerse el informe, que sus resultados son una llamada a la acción para recoger la “fruta madura” que es la transformación de los sistemas energéticos y sacarlos así del callejón sin salida que son los combustibles fósiles.
Los parques eólicos generan electricidad y reducen la dependencia de la energía del carbón.

Cinco medidas para la transición energética

En un video mensaje, propuso cinco medidas críticas para saltar a la transición hacia las energías renovables:

  • Tratar las tecnologías de energía renovable, entre ellas el almacenamiento en batería, como bienes públicos mundiales esenciales y de libre acceso
  • asegurar, ampliar y diversificar el suministro de componentes y materias primas fundamentales para las tecnologías de energía renovable
  • crear marcos legales y reformar la burocracia para igualar las condiciones en favor de las energías renovables
  • apartar los subsidios a los combustibles fósiles para proteger a los pobres y a las personas y comunidades más vulnerables
  • triplicar las inversiones privadas y públicas en energías renovables hasta alcanzar al menos cuatro billones de dólares al año

“Las energías renovables son el único camino hacia una verdadera seguridad energética, hacia precios estables de la electricidad y hacia oportunidades de empleo sostenibles. Si actuamos unidos, la transformación de las energías renovables puede ser el proyecto de paz del siglo XXI”, aseguró Guterres.

El mundo debe actuar en esta década para evitar que se agraven los impactos climáticos y para mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5° sobre los niveles preindustriales.

Por su parte, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial aseguró que “es sólo cuestión de tiempo el que veamos otro año más cálido de los registrados”.

"El clima está cambiando ante nuestros ojos. El calor atrapado por los gases de efecto invernadero inducidos por el hombre calentará el planeta durante muchas generaciones. El aumento del nivel del mar, el calor de los océanos y la acidificación continuarán durante cientos de años a menos que se inventen medios para eliminar el carbono de la atmósfera. Algunos glaciares han alcanzado el punto de no retorno y esto tendrá repercusiones a largo plazo en un mundo en el que más de 2000 millones de personas ya sufren estrés hídrico", explicó Petteri Taalas.

El profesor Taalas comentó que los fenómenos meteorológicos extremos tienen un impacto inmediato en nuestras vidas diarias, citando como ejemplos más actuales la sequía que estamos viendo desarrollarse en el Cuerno de África, las recientes inundaciones en Sudáfrica y las olas de calor en India y Pakistán.

Y aunque observó que los años invertidos en preparación de desastres nos han llevado a una mejor posición para salvar vidas, destacó que las pérdidas económicas siguen aumentando.

Por ello, hizo un llamamiento para que se invierta en los Sistemas de Alerta Temprana, que son críticos para adaptarse al cambio climático, pero que tan solo están presentes en la mitad de los países miembros de la OMM.

Indicadores clave

Gases de efecto invernadero

Las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo máximo mundial en 2020, cuando la concentración de dióxido de carbono (CO2) llegó a 413,2 partes por millón (ppm) a nivel global, o el 149% del nivel preindustrial. Los datos de lugares específicos indican que siguieron aumentando en 2021 y a principios de 2022, con una media mensual de CO2 en Mona Loa, en Hawái, que alcanzó 416,45 ppm en abril de 2020, 419,05 ppm en abril de 2021 y 420,23 ppm en abril de 2022.

Temperatura mundial

La temperatura media anual global en 2021 se situó en torno a 1,11 (±0,13) grados por encima de la media preindustrial de 1850-1900. Este registro es algo menos cálido que algunos años recientes debido a las condiciones de enfriamiento de La Niña a principios y finales del año. Aun así, 2021 se sitúa entre los siete años más cálidos registrados, que van de 2015 a 2021.

Olas de calor

Varias olas de calor excepcionales batieron récords de temperatura en el oeste de Norteamérica y en el Mediterráneo. En el Valle de la Muerte (California) se alcanzaron 54,4° el 9 de julio, igualando el valor más alto registrado en el mundo en 2020 desde al menos la década de 1930, y en Siracusa (Sicilia) se alcanzaron 48,8°. La provincia canadiense de Columbia Británica alcanzó los 49,6° el 29 de junio, lo que contribuyó a que se registraran más de 500 muertes relacionadas con el calor y alimentó devastadores incendios forestales que, a su vez, agravaron los efectos de las inundaciones de noviembre.

Temperatura de los océanos

La temperatura del océano sí marcó un récord. La parte superior de 2000 metros de profundidad del océano continuó calentándose en 2021 y se espera que siga haciéndolo en el futuro, un cambio que es irreversible en escalas de tiempo centenarias a milenarias.

Todos los conjuntos de datos coinciden en que los índices de calentamiento del océano muestran un aumento particularmente importante en las últimas dos décadas y está penetrando a niveles cada vez más profundos. Gran parte del océano experimentó al menos una ola de calor marina "fuerte" en algún momento de 2021.

Acidificación de los océanos

El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera. Este reacciona con el agua de mar y provoca la acidificación de los océanos, lo que supone una amenaza para los organismos y los servicios de los ecosistemas y, por tanto, para la seguridad alimentaria, el turismo y la protección de las costas.

Al disminuir el pH del océano, también disminuye su capacidad de absorber el CO2 de la atmósfera. El IPCC concluyó que "existe una probabilidad muy alta en que el pH de la superficie del océano sea ahora el más bajo que ha tenido en al menos 26.000 años y las tasas actuales de cambio de pH no tienen precedentes desde al menos esa época".

Nivel del mar

El nivel medio del mar a nivel mundial alcanzó un récord en 2021, tras aumentar una media de 4,5 mm al año durante el periodo 2013 -2021. Esto supone más del doble de la tasa registrada entre 1993 y 2002 y se debe principalmente a la pérdida acelerada de masas de agua en las capas de hielo. Esto tiene importantes implicaciones para cientos de millones de habitantes de la costa y aumenta la vulnerabilidad a los ciclones tropicales.

Criósfera

Aunque en el año glaciológico 2020-2021 se produjo menos deshielo que en los últimos años, existe una clara tendencia a la aceleración de la pérdida de masa en escalas de tiempo de varias décadas.

Por término medio, los glaciares de referencia del mundo se han reducido en 33,5 metros (equivalente de hielo) desde 1950, y el 76% de este adelgazamiento se ha producido desde 1980. El 2021 fue un año especialmente duro para los glaciares de Canadá y el noroeste de Estados Unidos, con una pérdida de masa de hielo récord como consecuencia de las olas de calor y los incendios de junio y julio. En Groenlandia se produjo un deshielo excepcional a mediados de agosto y se registraron las primeras precipitaciones de la historia en la Estación de la Cumbre, el punto más alto de la capa de hielo, a 3216 metros de altitud.

Inundaciones

Además, de un gran número de víctimas mortales, las inundaciones provocaron pérdidas económicas por valor de 17 700 millones de dólares en la provincia china de Henan, y en Europa Occidental se produjeron a mediados de julio algunas de las inundaciones más graves registradas, con pérdidas económicas en Alemania que superaron los 20.000 millones de dólares.

Sequías

Las sequías afectaron a muchas partes del mundo, como el Cuerno de África, Canadá, el oeste de los Estados Unidos, Irán, Afganistán, Pakistán y Turquía. En la América del Sur subtropical, la sequía causó grandes pérdidas agrícolas y perturbó la producción de energía y el transporte fluvial.

La sequía en el Cuerno de África se ha intensificado en lo que va de 2022. El este de África se enfrenta a la posibilidad muy real de que las lluvias fracasen por cuarta temporada consecutiva, lo que llevará a Etiopía, Kenia y Somalia a una sequía de una duración no experimentada en los últimos 40 años. Las agencias humanitarias están advirtiendo de los efectos devastadores sobre la población y los medios de subsistencia de la región.

Huracanes

El huracán Ida fue el más importante de la temporada del Atlántico Norte, tocando tierra en Luisiana el 29 de agosto, con pérdidas económicas en Estados Unidos estimadas en 75 000 millones de dólares.

Capa de ozono

El agujero de ozono sobre la Antártida fue inusualmente grande y profundo, alcanzando su superficie máxima de 24,8 millones de km2 (el tamaño de África) como resultado de un vórtice polar fuerte y estable y unas condiciones más frías que la media en la estratosfera inferior.

Alimentación

Los efectos combinados de los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos y las crisis económicas, agravados por la pandemia de COVID-19, socavaron décadas de progreso hacia la mejora de la seguridad alimentaria en todo el mundo.

El empeoramiento de las crisis humanitarias en 2021 también ha hecho que aumente el número de países en riesgo de hambruna. Del total de personas desnutridas en 2020, más de la mitad viven en Asia (418 millones) y un tercio en África (282 millones).

Migración

Los riesgos hidrometeorológicos siguieron contribuyendo a los desplazamientos internos. Los países con mayor número de desplazamientos registrados hasta octubre de 2021 eran China (más de 1,4 millones), Filipinas (más de 386.000) y Vietnam (más de 664.000).

Ecosistemas

Los ecosistemas -incluidos los terrestres, los de agua dulce, los costeros y los marinos- y los servicios que prestan, se están viendo afectados por el cambio climático, aunque de forma desigual. Algunos se están degradando a un ritmo sin precedentes. Por ejemplo, los ecosistemas de montaña -las torres de agua del mundo- están profundamente afectados.

El aumento de las temperaturas aumenta el riesgo de pérdida irreversible de los ecosistemas marinos y costeros, como las praderas marinas y los bosques de algas. Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables al cambio climático. Se prevé que pierdan entre el 70 y el 90% de su antigua área de cobertura con un calentamiento de 1,5 grados y más del 99% si este llega a los 2 grados.

Entre el 20 y el 90% de los actuales humedales costeros corren el riesgo de desaparecer a finales de este siglo, dependiendo de la rapidez con que suba el nivel del mar. Esto comprometerá aún más el suministro de alimentos, el turismo y la protección de la costa, entre otros servicios de los ecosistemas.

Foro Económico Mundial

El informe se publicó justo antes de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2022, que reúne a más de 2000 líderes y expertos de todo el mundo bajo el lema "La historia en un punto de inflexión: Políticas gubernamentales y estrategias empresariales". La movilización de la acción público-privada para cumplir los objetivos climáticos globales críticos de 2030 y 2050 es un tema clave en la agenda.

"El informe sobre el Estado del Clima Mundial pone de relieve la necesidad de una acción rápida, a gran escala y sistémica para mitigar los riesgos medioambientales presentados en el informe sobre riesgos mundiales del Foro Económico Mundial", declaró Gim Huay Neo, miembro de la Junta Directiva del Foro Económico Mundial.

"Como muestra el reciente informe del IPCC, ya tenemos los medios y los conocimientos para reducir las emisiones y limitar el calentamiento global. Tenemos que centrar nuestros esfuerzos en políticas y soluciones audaces que puedan transformar rápidamente nuestra forma de producir y consumir recursos. Las personas y las asociaciones tienen que estar en el centro de nuestro enfoque, ya sea para crear nuevos puestos de trabajo, proporcionar más acceso y asequibilidad para todos y construir un entorno de vida más limpio y ecológico."

"La próxima reunión anual de Davos es una oportunidad clave para reforzar nuestra determinación en la acción climática, traducir la ambición en hechos y forjar más asociaciones para crear un futuro del que podamos estar orgullosos", dijo.

22 mayo 2022

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Imagen de la boina de contaminación en Madrid, a 10 de febrero de 2022.— Jesús Hellín /EUROPA PRESS

Una de cada seis muertes en el mundo se debe a la polución. El 92% de los fallecimientos por este problema se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Las repercusiones de la contaminación en la salud siguen siendo enormes, y los países de ingresos bajos y medios son los que más sufren esta carga, afirma Richard Fuller, autor principal de un informe que se publica esta semana en The Lancet Planetary Health. En este trabajo, se destaca que la polución fue responsable de nueve millones de muertes en 2019, esto es: una de cada seis muertes se debió a este problema.

Fuller destaca que, "pese a las graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, la prevención de la contaminación se pasa por alto, en gran medida, en la agenda internacional de desarrollo".

El nuevo informe es una actualización del que publicó en la misma revista en 2015. En él se pone de relieve que el número de muertes por fuentes de contaminación asociadas a la pobreza extrema (como la contaminación del aire en interiores y del agua) ha disminuido. Sin embargo, han aumentado los fallecimientos atribuibles a la contaminación industrial (del aire ambiental y la contaminación química).

Según Fuller, "pese al incremento bien documentado de la preocupación pública por la contaminación y sus efectos en la salud, la atención a estos problemas y la financiación han aumentado mínimamente desde 2015".

La mayor amenaza para la salud humana y planetaria

"La contaminación es la mayor amenaza para la salud humana y planetaria y pone en peligro la sostenibilidad de las sociedades modernas". Su prevención también puede frenar el cambio climático, indica por su parte Philip Landrigan, coautor del informe y director del Programa de Salud Pública Global y del Observatorio de la Contaminación Global del Boston College. Por ello, subraya Landrigan, el actual informe "reclama una transición masiva y rápida para abandonar todos los combustibles fósiles y sustituirlos por energías limpias y renovables".

La Comisión Lancet sobre Contaminación y Salud de 2017, que utilizó datos del estudio de la Carga Mundial de la Enfermedad (GBD, por sus siglas en inglés) de 2015, descubrió que la contaminación era responsable de unos nueve millones de muertes, el 16% de todos los decesos en el mundo.

El nuevo informe ofrece estimaciones actualizadas de los efectos de la contaminación sobre la salud, basadas en los datos más recientes del GBD de 2019 y en actualizaciones metodológicas, así como una evaluación de las tendencias desde el año 2000.

De los nueve millones de muertes atribuibles a la contaminación en 2019, la contaminación del aire (tanto doméstica como ambiental) sigue siendo responsable del mayor número de muertes, con 6,67 millones en todo el mundo. La contaminación del agua fue responsable de 1,36 millones de muertes prematuras. El plomo contribuyó con 900.000 muertes, seguido de los riesgos laborales tóxicos con 870.000 muertes.

El descenso de las muertes por contaminación tradicional desde el año 2000 (contaminación del aire en los hogares por combustibles sólidos y agua no potable) es más evidente en África. Esto puede explicarse por las mejoras en el suministro de agua y el saneamiento, los antibióticos y los tratamientos, y los combustibles más limpios, indican los autores.

Contaminación industrial y envejecimiento de la población

Sin embargo, este descenso de la mortalidad se ha visto contrarrestado por un aumento sustancial de las muertes por exposición a la contaminación industrial —como la polución atmosférica, la contaminación por plomo y otras formas de contaminación química— en todas las regiones durante los últimos 20 años. Esto es especialmente evidente en el sudeste asiático, donde el aumento de los niveles de contaminación industrial se combina con el envejecimiento de la población y el aumento del número de personas expuestas.

La contaminación ambiental del aire fue responsable de 4,5 millones de muertes en 2019, frente a 4,2 millones de muertes en 2015 y 2,9 millones en 2000. Las muertes por contaminantes químicos peligrosos aumentaron de 0,9 millones en 2000, a 1,7 millones en 2015, y a 1,8 millones en 2019, con 900.000 muertes atribuibles a la contaminación por plomo en 2019.

En general, las muertes por la contaminación actual han aumentado un 66% en las últimas dos décadas, pasando de unos 3,8 millones de muertes en 2000 a 6,3 millones en 2019. Es probable que las cifras de muertes por contaminantes químicos estén subestimadas, ya que solo un pequeño número de productos químicos fabricados en el comercio han sido sometidos a pruebas adecuadas de seguridad o toxicidad.

Perdidas y desigualdad

El informe destaca que el exceso de muertes debido a la contaminación provocó pérdidas económicas por un total de 4,37 mil millones de euros en 2019, lo que equivale al 6,2% de la producción económica mundial.

También pone de manifiesto la profunda desigualdad de la contaminación, ya que el 92% de las muertes relacionadas con la polución y la mayor carga de pérdidas económicas por este motivo se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Los autores concluyen con ocho recomendaciones. Entre ellas, se pide la creación de un grupo científico y político independiente, al estilo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), así como un aumento de la financiación para el control de la contaminación por parte de gobiernos, donantes independientes y filántropos, y la mejora del control de la contaminación y la recogida de datos.

Las organizaciones internacionales también deberían aprobar y establecer una mejor conexión entre la ciencia y la política en materia de contaminación, al igual que las que se ocupan del clima y la biodiversidad, en un principio de los productos químicos, los residuos y la contaminación atmosférica.

"Está claro que la contaminación es una amenaza planetaria y que sus causas, su dispersión y sus efectos sobre la salud trascienden las fronteras locales y exigen una respuesta global. Es necesario una actuación global sobre todos los principales contaminantes actuales", destaca Rachael Kupka, coautora y directora ejecutiva de la Alianza Mundial sobre Salud y Contaminación.

madrid

18/05/2022 09:41

Sinc

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Cambio climático, no es lo que pasa sino por qué pasa

Tenemos más de tres mil nuevas páginas sobre la ciencia del cambio climático. Se publicaron en abril, el día 4. Se publicaron tras seis años de trabajo científico, y lo hicieron a pesar de las muchas disputas geopolíticas y económicas que casi lo impiden y que desde luego consiguieron retrasarlo. Porque esas páginas no solo traen malas noticias sino propuestas muy incómodas para abordar la emergencia climática.

Estas páginas se publicaron en un mundo convulso por la invasión de Ucrania y por muchos otros conflictos bélicos graves. Se publicaron en un mundo amenazado por la crisis de suministros, por el riesgo de apagones, por la subida imparable del precio de la energía. Las tres mil páginas de la tercera parte del sexto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) tienen muy difícil abrirse paso entre esa terrible y densa red de noticias y preocupaciones. Sin embargo, es imprescindible que lo hagan, ya que no sólo el destino de la humanidad está en juego, sino que esas tres mil páginas revelan, una vez más, que casi todo lo que nos pasa tiene un origen común: nuestro uso desmesurado e insostenible de los recursos del planeta.

Los líderes políticos y los responsables de grandes entidades y corporaciones están muy pendientes de su popularidad o de la evolución de la bolsa. Las familias están preocupadas por llegar a fin de mes. Solo quedamos unos miles de científicos y algunos millones de activistas en todo el mundo que seguimos apuntando, más preocupados que cansados o enfadados, a la gran amenaza para todos y al origen último de nuestros principales problemas: el cambio climático. La sociedad está ya muy informada sobre la gravedad del diagnóstico climático; disminuyen los porcentajes de negacionistas; se aprueban leyes para abordar la mitigación y la adaptación al cambio climático.

Pero la realidad es terriblemente tozuda: los gases de efecto invernadero, lejos de disminuir, siguen aumentando. El clima extremo, lejos de suavizarse, acapara más y más titulares. Las muertes evitables generadas de forma directa e indirecta por el cambio climático superan con creces a las muertes provocadas por la violencia y las guerras. Pero nos organizamos para mandar armas a Ucrania o ayuda humanitaria a los países en crisis, sin hacer nada realmente efectivo para contrarrestar el avance inexorable del cambio climático. Nos defendemos de lo que menos nos amenaza. Mantenemos la economía a flote a cualquier precio. Extraemos más y más petróleo a pesar de que obtenemos cada vez menos energía quemándolo de la que cuesta extraerlo.

Las Naciones Unidas, a través de los mensajes cada vez más desesperados de su secretario general, se desgañitan hablando de suicidio climático y derechos humanos. Los científicos, tras más de 30 años explicando por qué pasa lo que pasa con el clima en miles de artículos, informes y conferencias, estamos probando nuevas narrativas en los límites de la desobediencia civil, buscando una reacción y una reflexión que no llega. Un cambio político y social que no llega porque hemos normalizado el cambio climático, del mismo modo que hemos normalizado que los activistas ambientales protesten por el cambio climático. Incluso llegaremos a normalizar que los científicos abandonemos nuestros laboratorios para alterar el orden público por el cambio climático.

En este escenario global de búsqueda urgente de nuevos rumbos para una civilización que está cavando su propia tumba, surgen nuevas herramientas democráticas. Entre ellas, la participación ciudadana a través de Asambleas, que plantean desafíos a los gobiernos y que les proponen cambios en sus acciones y en sus prioridades. En España estamos viviendo una Asamblea Ciudadana para el Clima en la que cien personas escogidas al azar entre la población de nuestro país aprenden y debaten sobre cambio climático. Se espera que presenten sus propuestas al Gobierno en unos meses. Su voz se apoya en la ciencia, pero la trasciende. Y esa voz representa un pequeño rayo de esperanza en el camino hacia un cambio social, económico y político ineludible. Ante el cambio climático o cambiamos o seremos cambiados. Otros países ya pusieron en marcha asambleas ciudadanas por el clima. Los resultados no fueron milagrosos, pero hablan de nuevos tiempos y nuevos modos para la política y la sociedad. Y también de nuevos ritmos y nuevas metas. Hablan de urgencia y esperanza.

Ante un mundo asolado por malas noticias y problemas, muchos pensaran: "¿A qué viene ahora tanto ruido con el clima ahora?". A esas personas quizá convenga recordarles que el cambio climático lleva décadas siguiendo una dinámica exponencial, y que eso significa que cada vez ocurren más cambios en menos tiempo. En una dinámica exponencial, un minuto ahora representa una hora de hace un año o un año de hace una década. Para estar a la altura de la emergencia climática tenemos que tomar cada vez más acciones en menos tiempo. Lo que podría haber bastado con hacer hace unos años, ya no basta ahora. Y si esperamos unos días más, lo que basta hacer ahora no bastará entonces.

Hablamos de reducir emisiones de gases de efecto invernadero. De reducir nuestro consumo energético, de transformar la manera en la que nos desplazamos, producimos comida o construimos edificios. Hablamos, en definitiva, de frenar nuestro sistema socioeconómico. Algo que estaba en esas tres mil páginas de ciencia del clima que se publicaron a principios del mes de abril y que muy poca gente leerá. No serán leídas porque estamos tan ocupados leyendo lo que nos pasa que no tenemos tiempo de entender por qué nos pasa.

Por Fernando Valladares, científico del CSIC y profesor de ecología de la URJC

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16 de abril de 2022, Reino Unido, Londres: El piragüista de slalom inglés y medallista de oro olímpico Etienne Stott y la marinera olímpica Laura Baldwin protestan en un camión petrolero a través de Hyde Park durante una manifestación de Extinction Rebellion contra los combustibles fósiles. Foto: Tayfun Salci / ZUMA Press Wire / dpa

Una parte de la comunidad científica está cansada de ninguneo. Hartos de llevar décadas alertando en miles de investigaciones de cómo el clima en la Tierra está cambiando por nuestra acción humana, de detallar los impactos que estaban por venir y de certificar que ya se están produciendo, han dado un paso adelante hacia la ‘rebelión’ , uniéndose en un manifiesto que a nivel mundial tiene ya más de un millar de firmas y que va sumando adeptos en España, con el apoyo de la organización Extinction Rebellion, con el nombre de Scientist Rebellion. Hace unos días, visibilizaron su hartura en un acto de protesta frente al Congreso de los Diputados en Madrid, como al día siguiente se hizo ante el Parlamento alemán, en Dinamarca frente al ministerio Climático, encadenándose en Washington a la verja de la Casa Blanca, en Quito y hasta en Sierra Leona. Imágenes que dieron la vuelta al mundo y fueron el inicio de siete días de activismo lejos de los laboratorios. En el Día de la Tierra conviene traerlos de vuelta.

Apenas unos días después de las protestas, una investigación en Nature nos revela que si se cumplieran en su totalidad las promesas de recortes de emisiones contaminantes realizas en la última Cumbre del Clima de Glasgow podríamos limitar el calentamiento global "justito por debajo" de los 2º C, es decir, muy por encima de los 1,5º C acordados en Paris en 2015 y en el límite del abismo. Los investigadores reconocen en su análisis que las cacareadas promesas de los gobiernos tienen solo entre un 6% y un 10% de posibilidades de no superar ese grado y medio de más, salvo que se tomen medidas de mitigación tremendas en solo una década. Pero no los autores - Zeke Hausfather y Frances Moore- no se hacen ilusiones y denuncian que vanagloriarse de tener objetivos a largo plazo cuando al corto no se hace nada para cumplirlos, "debe tratarse con escepticismo".

Lo que ha pasado con la presentación de la última parte del sexto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), presentado hace unas semanas, también es de traca. El mismo secretario general de la ONU, Antonio Guterres, reconocía que empresas y políticos nos mienten porque hicieron promesas que no cumplen y denunciaba que se tilda a los activistas climáticos de radicales peligrosos, "cuando en realidad los que siguen invirtiendo en combustibles fósiles son verdaderos los ‘radicales peligrosos’.

Que este último informe recoja que entre 2010 y 2019 hemos alcanzado las emisiones de gases de efecto invernadero con las medias anuales más altas más altas de la historia de la humanidad, cuando llevamos desde 2015 con un Acuerdo de Paris que debía haber servido para frenarlas, es la constatación de que la ciencia está siendo ninguneada.  Que sólo el 0,4% procedan de los países más pobres, que más sufren los impactos del calentamiento global – y ahí tenemos hoy, ahora, a  millones de personas sin comida ni agua en África, tras un año esperando lluvias que no llegaron-  es la constatación de lo poco que nos importa la vida ajena si en ello va el confort en el que millones estamos instalados.

Cuando los científicos hablan de modelos climáticos desastrosos, ya no nos explican el futuro, sino el presente, como recuerda a menudo el científico Fernando Valladares. Y no, no es verdad que las  empresas estén cambiando el rumbo a lo grande, por más que nos lo traten de ‘vender’ en notas de prensa sobre ‘sostenibilidad’ . Ahí las tenemos ahí haciendo  ‘lobby’ contra las leyes que controlen su responsabilidad, potenciando la agroindustria que destroza contamina agua, tierra y aire, apoyando a partidos negacionistas o, digamos, poco ambientalistas para evitar medidas que perjudiquen su cuenta de resultados y, sobre todo, instaladas en el aumento del consumo desenfrenado como motor de un desarrollo que consideran que no tiene fin. Eso si, les acompaña una sociedad que, en general, habla del medio ambiente y del calor o las inundaciones en una charla de café, pero que se pone en huelga si sube la gasolina porque, además, eligió políticos que no  hicieron los deberes de la transición a tiempo. Ese es el contexto de la rebelión científica global.

Lo más patético es que, con ser tremendo, hasta el IPCC acaba ‘maquillando’ los resultados de los informes científicos, que llevan tiempo señalando cómo el sistema económico global nos lleva de cabeza a los 2ºC más de lo tolerable por los ecosistemas en los que habitamos, cuando no a 3º C. Ese ‘suavizamiento’, que parecía haberse superado en el anterior documento sobre adaptación al cambio climático,  presentado apenas hace dos meses, nos habla en el último precisamente de lo fuertes que están los ‘lobbies’ empeñados en seguir con el llamado ‘bussines as usual’, el tradicional ‘nosotros a lo nuestro’ otro ‘a la saca’ en el que nos va el porvenir. Salvo honrosas excepciones, que las hay, el ‘greenwashing’ embadurna nuestros medios, eso si, con el beneplácito instituciones como el Pacto Mundial de la ONU, que Kofi Annan presentó en los albores de este siglo  y que se basa en la voluntariedad de las empresas para cumplir lo que debiera ser obligatorio.

Se celebra el Día de la Tierra. Debiera ser una jornada para el conocimiento y la reflexión del pequeño planeta que habitamos, al que no se le puede ‘dar de sí’. Hasta Elon Musk debe verlo desde el Olimpo espacial al que se ha subido a bordo del SpaceX. No esperemos que ellos cambien. La rebelión debe ser desde abajo y darles el empujón que merecen.

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Martes, 12 Abril 2022 05:29

La rebelión de la ciencia

Fuentes: The conversation [Imagen: Protesta de científicos ante el Ministerio de Transición Ecológica de España en octubre de 2021. Twitter de Scientist Rebellion]

Expertos de todo el mundo han organizado una acción de desobediencia civil pacífica esta semana para denunciar la inacción política ante sus repetidos mensajes sobre la urgencia de mitigar el cambio climático.

John Kennedy Toole recurrió a la ironía y al humor para relatar una tragedia en su única y brillante novela La conjura de los necios. Su protagonista, Ignatius Reilly, fue en cierto modo un reflejo del escritor y de las miserias de una sociedad egoísta y esclava de sus deseos. Poco experto en materia de agitación social, Ignatius tuvo que aprender de su alter ego Myrna Minkoff cómo organizar una rebelión contra el sistema.

En pleno siglo XXI, los científicos y científicas del clima, poco duchos en activismo y revolución, se encomiendan de la mano de movimientos modernos a la rebelión contra una sociedad que no acaba de ver la ruta de autodestrucción en la que se afana día a día.

La rebelión de la comunidad científica se apoya en una cruda realidad: la ciencia del cambio climático no es escuchada. Ha dado lugar a reportajes y películas asombrosasprovocadoras e incluso taquilleras. Pero no nos engañemos. Quienes investigamos las causas y las consecuencias del cambio climático y las medidas que hay a nuestro alcance para atajarlo no hemos sido escuchados. O si alguien nos ha escuchado, desde luego no ha servido para mucho.

Seguimos incrementando (y no reduciendo) la emisión de gases de efecto invernadero. Apenas la covid-19 supuso una relativa y muy breve desaceleración en estas emisiones.

Cambio de tercio en la comunidad científica

Dado que el lenguaje científico sobre el clima no se traduce en acciones significativas, ha llegado el momento de probar otros lenguajes. Y precisamente eso es lo que se ha planeado para la segunda semana de abril de 2022 por científicos de todo el mundo aliados con diversas organizaciones ambientalistas, como Extinction Rebellion.

Del 4 al 9 de abril de 2022 tendrá lugar la primera acción de desobediencia civil pacífica coordinada internacionalmente por miembros de la comunidad científica. Una semana que fue precedida por numerosos anuncios en redes sociales y en los medios de comunicación y el planteamiento de un manifiesto contra la inacción climática que ya cuenta con numerosas adhesiones. Algunas de las reflexiones que siguen recogen las principales pautas de este llamamiento colectivo y se suman a su compromiso.

Esta semana de acciones y protestas se ha programado para coincidir con la publicación de la tercera parte del sexto informe del IPCC. La segunda parte quedó completamente tapada por la invasión de Ucrania por el ejército ruso, ocurrida en el mismísimo día de su publicación. Una tremenda paradoja, porque ambas catástrofes, la invasión de Ucrania y el cambio climático, tienen el mismo origen. Es paradójico también porque, de haberse hecho los deberes planteados desde la ciencia para la transición energética, el conflicto no hubiera llegado a ser bélico.

La comunidad científica hemos alimentado con nuestros estudios e informes a toda una generación de jóvenes activistas que han entendido lo suficiente de nuestro mensaje para ponerse en pie por el planeta.

Pero no podemos dejar que la sociedad relacione la lucha contra el cambio climático solamente con jóvenes ambientalistas. Ellos han bebido de nuestros estudios y lo que dicen se apoya en la mejor de las ciencias. Es ineludible que científicos y ambientalistas vayamos juntos en esta rebelión. La ciencia sin activismo es impotente y el activismo sin ciencia no tiene precisión en sus reivindicaciones.

Un mensaje cada vez más claro

Ante la inacción social y política, hay muchos científicos que se desmotivan, desalentados al ver que sus conferencias y sus entrevistas son una versión moderna de los profetas predicando en el desierto.

Sin embargo, cada vez hay más científicos que se reinventan para hacerse oír ante la crisis climática. El propio IPCC ha cambiado de tono en su sexto informe publicado en tres partes entre agosto de 2021 y abril de 2022. Emplea un nuevo lenguaje, más áspero, y que deja mucho menos margen para dudas o interpretaciones.

Las incertidumbres de la ciencia han empañado históricamente la claridad del mensaje climático para los ojos de la sociedad y los responsables políticos, siempre anhelantes de certezas y, por tanto, muy poco habituados a gestionar riesgos y probabilidades.

En el nuevo informe se ha matizado la sempiterna prudencia científica de mantenerse al margen de conclusiones o recomendaciones que puedan desafiar ideologías imperantes, programas económicos o estrategias políticas.

La ciencia, organizada a través del IPPC, se ofreció siempre a asesorar apartándose de cuestiones política o económicamente escabrosas. Sin embargo, la diplomacia, emanada de las Naciones Unidas que creó este panel de expertos en 1988, se ha relegado a un segundo lugar. La razón no es otra que la escasa efectividad práctica de los extensos y sesudos informes previos.

La comunidad científica está tan desconcertada ante la situación que algunos, como el profesor Bruce Glavovic, de la Universidad Massey de Nueva Zelanda y coordinador del II capítulo del IPCC, han hecho un llamamiento a toda la comunidad científica para dejar de producir informes hasta que los Gobiernos cumplan con su responsabilidad y movilicen una acción coordinada desde el nivel local al global. Su propuesta es que los científicos establezcamos una moratoria en la investigación sobre el cambio climático como medio para exponer primero, y renegociar después, el contrato roto entre la ciencia y la sociedad.

No es tanto que los científicos y científicas relacionados con el cambio climático estemos enfadados porque nuestras conclusiones no se pongan en práctica. Es más una cuestión de que estamos realmente preocupados de que esté ocurriendo tal cosa. Una preocupación que deriva en trastornos de ansiedad y estrés que afectan a millones de personas (especialmente jóvenes) en todo el mundo.

Avisos ignorados

El sexto informe del IPCC tenía como meta analizar los progresos realizados para mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C respecto a la era preindustrial y, al mismo tiempo, continuar los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C, tal como se acordó en París en la cumbre del clima de 2015.

Ahora, el IPPC y varios nuevos estudios confirman y precisan lo que nos temíamos: no rebasar 1,5 °C de calentamiento es matemáticamente posible pero sumamente improbable, y no rebasar los 2 °C requiere un esfuerzo global que de momento no se está produciendo.

Las gotas frías, los huracanes, las nevadas extraordinarias, las lluvias torrenciales, las sequías extremas, las olas de calor inusuales y los megaincendios se multiplican y aceleran. En España, un 75 % del territorio está ya en alto riesgo de desertificación. Y la ciencia comienza a comprender la gravedad de una docena de puntos climáticos de inflexión o de no retorno que se han activado por la acción humana.

Los avisos de la comunidad científica sobre el rumbo de colapso que lleva nuestra civilización han sido muchos. Quizá el informe Meadows encargado al Massachusetts Institute of Technology por el Club de Roma hace medio siglo fue uno de los avisos pioneros más destacables. Vendrían bastantes avisos más. Desde hace años, el reloj del apocalipsis incorpora al cambio climático como uno de los riesgos principales para la humanidad.

En 2019, las evidencias científicas de la amenaza para la supervivencia de la humanidad y de un colapso global del sistema de la vida en la Tierra llevaron a 11 000 personas de la comunidad científica a lanzar una alerta pública de emergencia climática, dirigida a todos los Gobiernos del planeta.

La realidad climática vs. los intereses económicos

En el primer capítulo del sexto informe del IPCC  se muestra con claridad que para limitar el calentamiento global a 1,5 °C se necesitan transiciones socioeconómicas rápidas y de gran alcance, particularmente en los sistemas energético, terrestre, urbano y de infraestructuras (incluido el transporte y los edificios) e industrial.

Tales transiciones no tienen precedentes en lo que a escala se refiere e implican profundas reducciones en las emisiones en todos los sectores, la puesta en marcha de un amplio conjunto de opciones de mitigación y el incremento sustancial de las inversiones en estas opciones.

Pero la realidad es que estas transiciones rápidas que demanda la ciencia y que son tan factibles como urgentes no se están realizando. Los Gobiernos siguen subvencionando con dinero público la industria de los combustibles fósiles y numerosas actividades que dañan tanto el medioambiente como la salud humana.

Las entidades bancarias financian el cambio climático y la degradación ambiental a pesar de organizarse en redes como la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (GFANZ) para, en teoría, hacer justo lo contrario. Solo 11 de las 30 mayores empresas financieras que cotizan en bolsa han fijado objetivos fiables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, según los investigadores del clima de InfluenceMap.

Las entidades bancarias y grandes grupos industriales y empresariales mantienen fuertes medidas de coacción y presión a los Gobiernos y a las instituciones oficiales nacionales e internacionales, incluyendo las cumbres del clima auspiciadas por las Naciones Unidas, para impedir o ralentizar medidas eficaces para la reducción de emisiones.

Como prueba de esta gran hipocresía, gobiernos como el de Alemania y el de Francia han sido condenados por sus respectivas cortes constitucionales por inacción climática y en España se está tramitando actualmente una querella climática contra el Estado.

A tiempo para cambiar de rumbo

Ignorar el principio de precaución y no reconocer que el crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos es, como dijo el secretario de las naciones Unidas António Guterres, una senda suicida para la humanidad.

Los objetivos actuales de crecimiento defendidos por los poderes económicos están en contradicción directa con la reducción de los impactos ambientales por debajo de los umbrales de los límites planetarios. Hay propuestas económicas alternativas en las que se plantea un cambio radical de modelo productivo que deben ser puestas en marcha globalmente, y no solo en algunas ciudades a modo de ensayo, para limitar el aumento de temperatura.

Los cambios de consumo individual no bastan y hace falta una transformación profunda y rápida del conjunto del sistema productivo, acompañada de una transición justa para los colectivos más vulnerables.

La gobernanza necesaria para hacer realidad este objetivo está orientada hacia la innovación social y la creación de nuevas instituciones que permitan garantizar la participación real de la ciudadanía y la democratización efectiva de la acción climática.

Las asambleas ciudadanas para luchar contra el cambio climático como las organizadas en Francia y el Reino Unido, y actualmente en desarrollo en España, son un ingrediente nuevo y estimulante en esta dirección.

Toca construir ahora nuevos derechos, nuevas economías y nuevas instituciones para una democracia por la Tierra. Las recomendaciones consensuadas de la comunidad científica deben convertirse en objetivos vinculantes, con mecanismos institucionales que garanticen la participación real de la ciudadanía, como prevé el convenio europeo de Aarhus desde 2005.

John Kennedy Toole recurrió al humor para abordar la tragedia y su personaje acudió a la agitación social para cambiar lo intolerable. La comunidad científica ensaya la rebelión tras el fracaso de los procesos de información y asesoramiento en materia climática. No dudaremos en usar el humor para narrar la tragedia climática si hace falta. Pero Toole no vio publicada su obra, que obtuvo el premio Pulitzer en 1981 y fue un auténtico éxito mundial, porque se suicidó con apenas 31 años. Esperamos que las analogías terminen ahí y que ningún científico o científica llegue a cruzar esa tremenda línea roja.

Este articulo se publicó originalmente con el titulo ‘La rebelión de los científicos’ haciendo un guiño al libro de Toole de ‘La conjura de los necios’. Quienes lo leyeron inicialmente nos hicieron ver con acierto que el título dejaba fuera a la mitad de la comunidad científica por razones de género, lo cual no era, ni mucho menos, nuestra intención.

Por Fernando Valladares | 11/04/2022

Fernando Valladares. Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

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Lunes, 11 Abril 2022 05:12

Frente al abismo climático

Frente al abismo climático

En medio de una nueva ola de aumento de la explotación de gas y petróleo, favorecido por el aumento de precios y el argumento de blindarse ante la guerra en Ucrania, el panel de expertos sobre cambio climático de la ONU acaba de publicar su tercer informe en un año, cuyo mensaje principal es la urgencia de reducir rápida y drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en todos los rubros. De 2010 a 2019 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaron hasta llegar al nivel más alto de emisiones en la historia de la humanidad. De esos gases, el principal es el dióxido de carbono (CO₂), responsable de 64 por ciento de GEI, seguido de de metano con 18 por ciento. Las principales fuentes de GEI son la generación de energía y la emisión de gases relacionados al cambio de uso de suelo y deforestación, seguidos de industria, construcción y transporte (https://tinyurl.com/6cnbzpfs).

Además del cambio de fuentes de energía, plantea la urgencia de otras medidas, como cambiar patrones de producción y consumo agroalimentario (sobre todo reducción de producción y consumo industrial de carnes), la restauración de ecosistemas naturales forestales y costeros, cambiar las formas de urbanización y construcción, bajar significativamente el transporte áereo, disminuir los transportes motorizados en general, al tiempo que aumentar los transportes públicos, caminar y usar bicicletas, entre otros. El reporte plantea que el cambio de la demanda de bienes y servicios podría bajar las emisiones globales entre 40 y 70 por ciento en 2050. Reconocen que estos cambios de "estilo de vida" no son aplicables a toda la humanidad, ya que gran parte de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades básicas.

Por primera vez informan sobre la enorme desigualdad en quien genera emisiones de carbono de acuerdo al consumo: el 10 por ciento de la población global con mayor consumo y más emisiones de carbono es responsable de hasta 45 por ciento de las emisiones de GEI, mientras que el 50 por ciento de la población de menor consumo emite hasta 13 por ciento.

La desigualdad global es mucho mayor si se considera en riqueza y se compara con el uno por ciento más acaudalado a nivel global, que según Oxfam es responsable de más del doble de las emisiones del 50 por ciento más pobre del planeta (https://tinyurl.com/info-oxfam).

El grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés) elabora un informe global de evaluación cada 5-6 años. Se compone de tres grupos de trabajo, el primero sobre la ciencia del clima, el segundo sobre vulnerabilidad, impactos y adaptación al cambio climático y el tercer grupo –que emitió su informe este 4 de abril– es sobre mitigación, es decir, qué medidas tomar frente al cambio climático. Los informes anteriores se publicaron en 2021 e inicios de 2022. Los tres informes y otros temáticos elaborados anteriormente, confluirán en el Sexto Informe Global de Evaluación, previsto para publicarse en septiembre de 2022.

El informe del grupo tres del IPCC afirma, como los anteriores, que sin acciones inmediatas para reducir las emisiones de GEI, se sobrepasará el límite de aumento promedio de la temperatura en más de 1.5 grados en pocos años, lo cual se podría evitar con una reducción de emisiones de 43 por ciento en 2030. El Acuerdo de París sobre cambio climático acordó mantener el aumento de temperatura promedio por debajo de 2 grados en 2100. No obstante, con el ritmo actual de emisiones el aumento sería de 3.2 grados, lo que el IPCC considera "catastrófico".

El informe del grupo tres identifica muchas de las causas y plantea que existen vías posibles para enfrentar el desastre climático, como las mencionadas. Informa que el costo de generar electricidad con energía fotovoltaicas y eólica ha bajado notablemente, al tiempo que su adopción aumenta, aunque actualmente solo provee cerca de 10 por ciento de la electricidad.

Lo malo del informe es que pese a que pone en la mesa muchas causas y problemas y plantea alternativas importantes, en sus conclusiones y escenarios de acción abre la puerta a tecnologías de geoingeniería, a grandes plantaciones y monocultivos, así como al uso de suelos agrícolas y ecosistemas marinos para captación de carbono, todo ello son objetivos buscados por los especuladores de los mercados de carbono.

En geoingeniería, se refieren principalmente a formas de capturar CO₂ después de emitido, lo cual da una excusa para que sigan las emisiones desde sus fuentes. No es la primera vez que el IPCC considera esto, pero es muy preocupante que pese a la gravedad de la situación, siga especulando con tecnologías que ni siquiera está probado que servirían para captar y almacenar carbono y que implican una amplia serie de riesgos ambientales y sociales. El peor riesgo inmediato de esas tecnologías, en su mayoría inexistentes, es que son promovidas por empresas petroleras y otras con altas emisiones de GEI, para justificar seguir aumentando la contaminación, alegando que usarán tecnologías para compensarla. Por este y otros muchos riesgos son tecnologías que se deberían prohibir. Urge en lugar de ello, apoyar el desarrollo de las muchas alternativas social y ambientalmente justas (www.geoengineeringmonitor.org).

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Anuncian la primera estimación global de biomasa forestal y el carbono que almacena

Instrumento de la NASA en el laboratorio espacial hizo la medición // Llena vacío clave en la investigación climática

 

Un instrumento de la NASA en la Estación Espacial Internacional (EEI) dio la primera estimación global de biomasa forestal y el carbono que almacena, con lo que llena un vacío clave en la investigación climática.

Los datos permiten investigar cómo están cambiando los bosques, qué papel tienen en la mitigación del cambio climático y los impactos regionales y globales de plantar y talar árboles.

Con el instrumento GEDI (Global Ecosystem Dynamics Investigation), los investigadores de ecosistemas y clima pueden ubicar rápidamente sus regiones de interés y estudiar la estructura forestal y el contenido de carbono con mayor precisión que en el pasado.

El lanzamiento del nuevo producto de biomasa se produce cuando GEDI está dentro de una extensión de misión de un año y representa la culminación de avances críticos en la investigación lidar (un tipo de láser) espacial.

Diseño específico

GEDI es un instrumento lidar de alta resolución diseñado específicamente para medir la vegetación. Desde su punto de vista a bordo de la central espacial, el instrumento hace rebotar rápidamente pulsos de láser en los árboles y arbustos de abajo para crear mapas 3D detallados de bosques y formaciones terrestres. El producto de datos resultante, procesado y cuadriculado con una resolución de un kilómetro cuadrado, permite a los investigadores buscar soluciones a las interrogantes sobre los ecosistemas forestales, los hábitats de los animales, el contenido de carbono y el cambio climático.

En sus primeros tres años en órbita, GEDI ha captado miles de millones de mediciones entre los 51.6 grados de latitud norte y sur (aproximadamente las de Londres y las Islas Malvinas, respectivamente).

El nuevo producto combina datos de GEDI con lidars terrestres y aéreos para construir un mapa de biomasa global que revela la cantidad de vegetación contenida en un área.

"Una gran zona de incertidumbre es que no sabemos cuánto carbono se almacena en los bosques de la Tierra", señaló en un comunicado Ralph Dubayah, investigador principal de GEDI y profesor de ciencias geográficas en la Universidad de Maryland. Los árboles lo extraen de la atmósfera para impulsar su crecimiento. Sin embargo, los científicos necesitan saber cuánto almacenan los bosques para predecir cuánto se liberará por la deforestación o los incendios forestales. Alrededor de la mitad de la biomasa vegetal está compuesta de ese elemento.

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Los bomberos intentan apagar un incendio forestal mientras las llamas se extienden por una carretera, el 5 de agosto de 2021 en el norte de Atenas, Grecia. (Milos Bicanski / Getty Images)

El último informe del IPCC expone los devastadores efectos del cambio climático que están a la vuelta de la esquina. Ese proceso no se puede detener con medias tintas: la única manera de evitar el desastre es cambiar el sistema.

Hace tres o cuatro años, un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) tan impactante como el publicado esta semana podría haber dominado la agenda informativa. Con sus afirmaciones de que muchos de los impactos del calentamiento global son ya irreversibles, está a la altura de los grandes informes de 2018 que advierten de que solo quedan doce años para salvar el planeta y de la amenaza de una «Hothouse Earth».

En cambio, en 2022, el último informe del IPCC queda comprensiblemente ahogado en el ciclo de noticias por la guerra en Ucrania y la crisis del coste de la vida. Además, después de varios años en los que grupos como Extinction Rebellion han «dado la voz de alarma», las aterradoras realidades y las futuras amenazas del cambio climático detalladas pueden dejar de tener el mismo factor de conmoción.

Se trata de la segunda entrega del sexto informe de evaluación del IPCC. El primero, publicado en agosto, actualizaba «las bases científicas físicas» del cambio climático. El segundo detalla los impactos climáticos, las posibilidades de adaptación y los niveles de vulnerabilidad. La conclusión principal es que la situación ya es muy mala y va a empeorar mucho.

Como en otros informes de este tipo, el tema sigue siendo que cuanto más investigan los científicos, más descubren que los impactos climáticos parecen ser más duros y llegar más rápido de lo que se predijo en un principio. En muchos sentidos, se trata de que la ciencia se ponga al día con lo que muchos ya sabían. Durante años se ha advertido de que la ciencia del clima es conservadora en sus evaluaciones: el diario The Guardianinformó que Madeleine Diouf Sarr, presidenta senegalesa del Grupo de Países Menos Adelantados, dijo: «He leído este informe con mucho miedo y tristeza, pero no con sorpresa».

De los fenómenos meteorológicos extremos que estamos acostumbrados a enumerar en relación con el calentamiento global —olas de calor, sequías, incendios forestales, inundaciones, tormentas— muchos son ya irreversibles. El aumento del nivel del mar garantiza la existencia de algunas islas pequeñas. También es seguro que las infraestructuras económicas clave resultarán dañadas. Muchos puertos y regiones costeras se verán muy afectados en los próximos años. En lo que queda de siglo, entre 7,9 y 12,7 billones de dólares en activos mundiales y más de mil millones de personas estarán en riesgo en las llanuras costeras inundables.

El informe señala además que con 1,7 y 1,8 ºC de calentamiento, la mitad de la población humana total estará expuesta a un calor y una humedad que pondrán en peligro su vida. Como es de esperar, las personas y los países que menos han contribuido a las emisiones mundiales son los que experimentarán primero y peor los impactos climáticos. Con un calentamiento de 1,6 ºC, el 8% de las tierras de cultivo no serán utilizables. Esto conducirá a una mayor inseguridad alimentaria, pobreza y retraso en el crecimiento en el Sur Global. La lista de impactos actuales y futuros podría continuar.

En medio de todo lo demás, estas duras advertencias no inspiraron la respuesta de Boris Johnson o Keir Starmer en el Reino Unido, o de Joe Biden en Estados Unidos. Eso se dejó en manos de sus sustitutos designados para el clima. John Kerry, Enviado Presidencial Especial para el Clima de EE.UU., dijo que el informe «pinta un panorama terrible» y describe «los terribles riesgos para nuestro planeta si seguimos ignorando la ciencia». Alok Sharma, presidente del gobierno tory en la COP26, dijo: «Los países tienen que actuar ya».

La publicación de estos informes se ha convertido en una oportunidad ritual para que los representantes de la clase dirigente refuercen su reputación ecológica sin hacer nada. Se nos trata con condescendencia con palabras solemnes sobre las amenazas a las que nos enfrentamos, llamadas hipócritas a la «acción» y proclamas poco convincentes sobre la necesidad de «esperanza». Estas palabras huecas provienen de individuos con un poder gubernamental desproporcionado para dejar de ignorar la ciencia y tomar las medidas necesarias. Son quienes aplauden los objetivos de cero neto (como los del Reino Unido) que garantizan la muerte masiva. Son de los gobiernos occidentales que se han negado a proporcionar una financiación adecuada a los países más pobres que luchan por mitigar y adaptarse. El propio informe del IPCC declara que la disponibilidad de dicha financiación es insuficiente. Los Estados Unidos se opusieron a la inclusión en el informe de la expresión «pérdidas y daños» porque creen que les hace responsables de las compensaciones financieras internacionales.

Con unos niveles de inversión escasos, una relación acogedora con la industria de los combustibles fósiles y una dependencia de los mercados, estos «líderes» demuestran que su principal preocupación no es evitar la catástrofe climática, sino mantener la rentabilidad del statu quo. Ed Miliband, el secretario laborista de Clima y Red Cero, fue más audaz en su respuesta al informe, tuiteando: «Seguir como hasta ahora significa una catástrofe en un mundo que se calienta rápidamente». Tiene razón. Pero, ¿los laboristas o cualquier otro partido importante se toman realmente en serio lo que significaría dejar de hacer lo mismo?

El informe del IPCC advierte que queda poco tiempo para evitar lo peor de la crisis. La cuestión del tiempo es crucial, pero también lo son las cuestiones de poder, a menudo descuidadas. Poco importa la rapidez con la que intentemos «actuar» si permanecemos dentro de un sistema económico que presenta barreras estructurales tanto para la mitigación como para la adaptación.

El afán de lucro del capitalismo ha hecho imposible la transición de los combustibles fósiles a la energía limpia en el plazo necesario. Los costes hundidos de los inversores privados en infraestructuras contaminantes crean un incentivo para seguir extrayendo. La clase política ha sido decididamente capturada por el capital. El cambio climático es una crisis totalmente creada por el capitalismo pero, a diferencia de las crisis financieras del siglo pasado, no es capaz de resolverla por sí mismo.

Por si no fuera ya evidente, la combinación de palabras tibias y la persistente inacción de los últimos años subraya que la actual élite política no va a hacer lo necesario para resolver la crisis. En su lugar, necesitamos un movimiento de masas que tome la transformación en sus manos. Debemos reconocer las raíces del cambio climático en la imposición global de los mercados capitalistas a través del colonialismo. El informe del IPCC reconoce de alguna manera que el cambio climático está vinculado a otros problemas sociales, pero debemos ir más allá de la simple comprensión de la «interconexión» y adoptar un rechazo del capitalismo en su conjunto. Esto no significa que tengamos que esperar a una suplantación total del sistema para descarbonizarnos, pero sí que la justicia climática llegará a través de transformaciones socialistas del statu quo.

Si algo deja claro este último informe es la importancia de la solidaridad internacional. Nuestra solidaridad no puede permitirse el lujo de ser solo defensiva frente a las tragedias que ocurren. Debe ser proactiva, buscando construir un nuevo acuerdo global que vuelva a empoderar al Sur Global y desempodere al capital en favor del trabajo. Debemos crear una nueva economía política global que estructure nuestra dependencia de los recursos contaminantes e incentive la cooperación y la justicia ecológica. Debemos rechazar un falso internacionalismo de intervención militar y ayuda selectiva en favor de un internacionalismo socialista de igualdad, justicia y transformación colectiva.

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Impactos del calentamiento global: más rápidos y más graves de lo previsto

Cambio climático, nuevo informe del GIECC

 

El informe del Grupo de Trabajo II (GTII) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) sobre los impactos y la adaptación al cambio climático lanza un estridente grito de alarma: la catástrofe es más grave de lo que proyectan los modelos, sus efectos se manifiestan más pronto y todos los riesgos aumentan. La gente pobre, los pueblos indígenas, las mujeres, las niñas y niños y las personas mayores están cada vez más amenazadas, sobre todo en los países del Sur global. Las políticas que se aplican para limitar los daños son inadecuadas, van en sentido contrario a la sostenibilidad e incrementan las desigualdades sociales. El informe reclama un enfoque inclusivo para transformar la sociedad en todos los niveles.

Hechos constatados

Los ecosistemas están siendo alterados en todas partes por el cambio climático. En algunos de ellos se han rebasado los límites de la adaptación (en particular en las regiones polares y ecuatoriales) y no podrán regenerarse de forma natural. Determinados fenómenos extremos superan los valores medios proyectados para finales de siglo. Ya desaparecen especies debido al calentamiento global.

Las consecuencias humanas son preocupantes. Los incendios de bosques y turberas, el drenaje de los humedales y la deforestación hacen que determinados sumideros de carbono se conviertan en surtidores (la selva amazónica, especialmente). La productividad de la agricultura, de los bosques y de las pesquerías disminuye, amenazando la seguridad alimentaria. El veredicto de la ciencia es categórico: el sistema alimentario mundial está en trance de tornarse incapaz de afrontar el reto de la inseguridad alimentaria y de la malnutrición de una manera sostenible.

Los problemas del agua son particularmente inquietantes. Mientras que la mitad de la población mundial sufre una grave penuria de agua durante por lo menos un mes al año, 500 millones de personas viven en regiones en que las precipitaciones medias se sitúan a partir de ahora en un nivel en que conocerán lluvias que antes solo se producían cada seis años. La fusión de los glaciares de montaña provoca inundaciones o penurias río abajo y las enfermedades causadas por el agua afectan a millones de personas adicionales en Asia, África y Centroamérica.

De una manera general, las consecuencias sanitarias del calentamiento global son graves e incrementan las desigualdades. En los países más vulnerables al calentamiento (donde viven 3.300 millones de seres humanos), la mortalidad debida a inundaciones, sequías y tempestades es quince veces más elevada que en el resto del mundo. Ciertas regiones del globo se acercan o experimentan ya un nivel de estrés térmico incompatible con el trabajo. Varios fenómenos asociados al calentamiento global (calor, frío, polvo, ozono troposférico, partículas finas, alérgenos) favorecen enfermedades crónicas de las vías respiratorias. La destrucción de los hábitats naturales y las migraciones de especies propician las zoonosis.

El cambio climático se ha convertido en un importante impulsor de las migraciones y desplazamientos de poblaciones humanas. Desde 2008, 20 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse cada año debido a acontecimientos meteorológicos extremos (en particular, tempestades e inundaciones). Estos dramas humanos golpean sobre todo al sur y sureste de Asia, al África subsahariana y a los pequeños Estados insulares. Otras poblaciones se ven incapaces de abandonar regiones que se han vuelto inhóspitas porque carecen de medios o por otras razones.

Las grandes concentraciones urbanas del Sur global están especialmente expuestas a los impactos combinados del cambio climático y de los factores sociales de vulnerabilidad. Es el caso sobre todo de las periferias informales ‒carentes de agua corriente y alcantarillado, en muchos casos situadas en pendientes expuestas a corrimientos de tierras‒, donde la mayoría son mujeres y menores. En el África subsahariana, el 60 % de la población urbana vive en ensanches informales de las ciudades; 529 millones de personas asiáticas viven en las mismas condiciones precarias.

Proyecciones

Las proyecciones son todavía más inquietantes que los hechos constatados y se resumen con pocas palabras: escalada de amenazas. Según los autores y autoras del informe, todo calentamiento adicional a corto plazo aumenta los riesgos para los ecosistemas en todas las regiones. El porcentaje proyectado de especies en grave peligro de extinción con aumentos de 1,5 °C, 2 °C y 3 °C es del 9 %, del 10 % y del 12 %, respectivamente (el grado de incertidumbre es elevado y la realidad podría ser más grave), con un salto cualitativo entre +1 °C y +3 °C1.

Los fenómenos meteorológicos extremos y otros factores de estrés aumentarán en amplitud y frecuencia, acelerando la degradación de los ecosistemas y la pérdida de servicios de los mismos. Con 4° C de calentamiento, la frecuencia de los incendios aumentará, por ejemplo, entre un 50 y un 70 %. Los cambios de estratificación de las aguas oceánicas reducirán los flujos de nutrientes. Los desfases en el tiempo del desarrollo del fitoplancton amenazan con reducir los recursos pesqueros.

Todo calentamiento adicional aumentará asimismo la presión sobre el sistema alimentario y sobre la seguridad alimentaria. Los impactos negativos del calentamiento global pasarán a ser determinantes de todos los sistemas alimentarios y las desigualdades regionales en materia alimentaria aumentarán, según las investigaciones. En función de las distintas hipótesis, la biomasa global de los océanos disminuirá entre un 5,7 % y un 15,5 % en 2080-2099 en comparación con 1995-2014, y el número de seres humanos subalimentados aumentará varias decenas de millones de aquí a 2050.

La cuestión del agua cobrará importancia en términos de sostenibilidad. En las hipótesis intermedias, de aquí a 2100 los glaciares de alta montaña desaparecerán en un 50 % en Asia. Con un calentamiento de 1,6 °C, el número de personas desplazadas en África a causa de inundaciones aumentará un 200 % (y un 600 % con un calentamiento de 2,6 °C). Con un calentamiento de 2° C, las sequías agrícolas extremas aumentarán entre un 150 y un 200 % en la cuenca mediterránea, en el occidente de China y en altas latitudes de Norteamérica y Eurasia. Con 2,5 °C, del 55 % al 68 % de las especies de peces de agua dulce explotadas comercialmente en África estarán en peligro de extinción.

La crecida del nivel de los océanos vendrá cada vez más cargada de amenazas: los riesgos en las regiones costeras aumentarán especialmente más allá de 2050 y después continuarán creciendo, aunque se detenga el calentamiento. El riesgo aumentará un 20 % con una subida de 15 cm, se duplicará con una subida de 75 cm y se triplicará con una subida de 1,4 metros (esa subida es probable en el curso de este siglo). África también está muy amenazada en este terreno: de 108 a 116 millones de personas afectadas a partir de 2030, y hasta 245 millones en 2060. Los países desarrollados no están a salvo: el riesgo se multiplicará por diez en Europa de aquí a 2100, e incluso más pronto y en mayor medida si se mantiene la misma política.

Las consecuencias para la salud están en consonancia y se agudizan debido a “la degradación y la destrucción de los sistemas sanitarios”. Una hipótesis de emisiones elevadas incrementaría en 9 millones, en 2100, el número anual de muertes climáticas. Bajo una hipótesis intermedia, este número aumentaría en 250.000 muertes al año en 2050. Las filas de víctimas de la malnutrición aumentarán sobre todo en África, el sur de Asia y Centroamérica. Bajo todas las hipótesis, las regiones del planeta densamente pobladas pasarán a ser peligrosas o inhabitables.

Si se mantienen las políticas inigualitarias, el número de seres humanos que viven en la extrema pobreza pasará de 700 a 1.000 millones a partir de 2030. Las autoras y autores hablan a este respecto de “puntos de inflexión sociales”.

Principales preocupaciones

Al igual que en los informes precedentes, el GTII especifica cinco “principales motivos de preocupación” (major Reasons for Concern, RFC): los ecosistemas únicos amenazados, como los arrecifes de coral y las zonas de montaña (RFC1); los fenómenos meteorológicos extremos (RFC2); la distribución social de los impactos (RFC3); determinados efectos globales agregados, como el número de fallecimientos climáticos (RFC4); acontecimientos aislados de gran amplitud, como la dislocación de los casquetes glaciares (RFC5).

En cada uno de estos RFC, el informe compara el nivel de riesgo actual con el nivel de riesgo evaluado en el informe precedente (5º informe de evaluación del GIECC, 2014). El nivel de riesgo tiene como referencia el objetivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) adoptada en Rio (1992): “evitar una perturbación antrópica peligrosa del sistema climático”. La conclusión de la comparación debería sonar como una sirena de alarma: el riesgo ha pasado a ser alto o muy alto en los cinco RFC en todas las hipótesis (incluso si el grado de calentamiento se mantiene bajo). No rebasar los 1,5 °C permitiría mantener el riesgo en el nivel moderado en el caso de los RFC 3, 4 y 5, pero ya es alto en el RFC 2 y está a punto de pasar de alto a muy alto en el caso del RFC1.

Es sabido que determinadas hipótesis de atenuación de las emisiones apuestan por un rebasamiento temporal del umbral de 1,5 °C, aunque sin llegar a los 2° C (acuerdo de París). Esto comportaría riesgos graves e impactos irreversibles, sostiene el informe. Además, aumentaría el riesgo de que se liberen enormes cantidades de carbono almacenado en los ecosistemas (debido a incendios, fusión del permafrost, etc.), lo que aceleraría la catástrofe climática.

Límites de la adaptación, injusticia de las políticas

Los gobiernos pretenden aplicar una política de adaptación a la parte inevitable de los cambios climáticos, tal como prevén los acuerdos internacionales. El informe del GTII analiza y califica esta política en los términos siguientes: 1) es injusta e ineficaz y beneficia más a los sectores acomodados que a los más pobres; 2) en lugar de complementar la indispensable reducción drástica y rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero, plantea un sucedáneo, de manera que el calentamiento se agrava, reduciendo las posibilidades de adaptación en detrimento de la gente pobre; 3) estos márgenes de maniobra se ven todavía más reducidos debido a la aplicación de medidas ideadas para evitar la reducción de las emisiones (por ejemplo: captura-secuestro del carbono, plantaciones de árboles, grandes presas hidroeléctricas), en detrimento de los pueblos indígenas, las poblaciones pobres y las mujeres.

El informe dice claramente que “las estrategias de desarrollo dominantes son contrarias a un desarrollo sostenible desde el punto de vista climático”. Aduce varias razones: el aumento de las desigualdades de renta, la urbanización salvaje, las migraciones y desplazamientos forzosos, el aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero, la continuación de los cambios de uso de los suelos, la inversión de la tendencia a largo plazo a la prolongación de la esperanza de vida.

Según el informe, es crucial desarrollar una política inclusiva, equitativa y justa, especialmente con respecto a los pueblos indígenas, cuyos conocimientos hay que aprovechar. El empoderamiento de las comunidades marginadas es decisivo para la coproducción de una política climática sostenible. La falta de justicia social de los gobiernos se señala como en mayor obstáculo, en particular frente a los desafíos del nexo alimentación-energía-agua.

Los servicios sanitarios, la educación y los servicios sociales básicos con vitales para aumentar el bienestar de las poblaciones y la sostenibilidad del desarrollo, dice el informe. Por tanto, es prioritario incrementar los medios económicos del Sur global, donde el coste de la adaptación al calentamiento global superará muy pronto los 100.000 millones de dólares al año que el Norte ha prometido donar (pero no ha donado) al Fondo Verde para el Clima. El informe menciona importes de 127.000 a 290.000 millones de dólares al año en 2030-2050, pudiendo llegar hasta el billón.

El informe del GTII del GIEC no formula, desde luego, una estrategia social de lucha contra la catástrofe climática capitalista: el tono general rezuma buenas intenciones y deseos piadosos de incluir a todos los agentes sociales. Sin embargo, los y las activistas de los movimientos sociales hallarán en él dos cosas útiles para su lucha: una confirmación científica de la extrema gravedad de los impactos del calentamiento global y una demostración rigurosa de la injusticia sistémica de las políticas climáticas.

28/02/2022

Europe Solidaire Sans Frontières

Traducción: viento sur

Notas

1/ Un 9 % de extinción representa más de mil veces la tasa natural de extinción de especies

Publicado enMedio Ambiente
Peor salud mental, pérdida de cosechas y migraciones

El IPCC alerta de los riesgos para los seres vivos y ecosistemas

El nuevo informe del panel de especialistas identifica una amplia gama de peligros para los sistemas humanos y naturales de continuar emitiendo como hasta ahora. Enumeramos algunos de ellos.

La temperatura desde la época preindustrial ha subido 1,1 ºC. Pero es una media mundial. No todas las zonas del planeta se calientan por igual. En España, por ejemplo, un 70% de la población vive en zonas donde ya se ha superado el grado y medio. De seguir esta tendencia de emisiones, los riesgos para los sistemas humanos y naturales se multiplicarán. En su nuevo informe, el IPCC pone el foco sobre ellos y alerta de la necesidad de una actuación urgente en materia de mitigación y adaptación.

Sistema alimentario

La producción de alimentos y la seguridad alimentaria se verían amenazadas incluso a partir de una pequeña cantidad de calentamiento adicional. Superar los 1,5 ºC (unas de las temperaturas límites fijadas por el Acuerdo de París) implicaría un aumento en el riesgo de pérdidas simultáneas de las cosechas de maíz en diferentes regiones productoras de alimentos importantes, lo que amenazaría las cadenas de suministro de maíz a nivel mundial

Esta situación se vería agravada con un calentamiento de 2°C. Sobrepasar esta temperatura haría que no fuera posible cultivar productos básicos en muchas zonas, especialmente en los trópicos, sin medidas de adaptación que no están disponibles actualmente. En esta línea, la polinización y la salud del suelo se verán debilitadas por un mayor calentamiento, y las plagas y enfermedades agrícolas se extenderán. Los casos de malnutrición serían especialmente elevados en el África subsahariana, el sur de Asia, América Central y del Sur y las islas pequeñas. 

Estos nuevos hallazgos son mucho peores de lo que hasta ahora pensaban los científicos y científicas. Un ejemplo: el anterior informe se centraba en los riesgos para la seguridad alimentaria con niveles de aumento de 4 °C o más.

Salud física y mental

Los problemas relativos a la salud mental, como la ansiedad y el estrés, se prevé que aumenten a medida que lo hagan las temperaturas, sobre todo entre los jóvenes y los ancianos, y los que padecen enfermedades subyacentes. Asimismo, habrá un aumento significativo de la mala salud y de muertes prematuras como resultado de un clima más extremo, de olas de calor más frecuentes e intensas, y de la propagación de enfermedades.

Subida del nivel del mar, migraciones y escasez de agua

Conforme vaya subiendo el nivel del mar, las lluvias torrenciales, los ciclones tropicales y la sequía se convertirán cada vez más en un problema para muchas ciudades, pueblos y aldeas de la costa. Esto, además, obligará a un gran número de personas a abandonar sus hogares, especialmente en los lugares más expuestos y con menor capacidad de adaptación. 

Las migraciones forzosas impulsadas por el cambio climático y los fenómenos extremos son ya una realidad. Son miles las personas que se desplazan a otros países o dentro de su propia región. En España son cada vez más los ejemplos de migrantes que llegan debido a sequías, inundaciones o temperaturas extremas que les impiden subsistir en su hogar.

El informe apunta a que la población costera expuesta a una inundación muy grave (de una envergadura tal que sólo cabía esperarse una vez cada 100 años) aumentará un 20% con una subida del nivel del mar de 15 centímetros adicionales, y se duplicará con una subida de 75 centímetros.

Siguiendo con el agua, ésta se verá sometida a una presión creciente con el aumento de la temperatura, alerta el grupo de especialistas. Especialmente preocupante en el caso de los habitantes de las islas pequeñas y de las regiones que dependen de los glaciares y del deshielo, que podrían no tener suficiente agua dulce si el calentamiento continúa más allá de los 1,5 °C. Este caso es un ejemplo de que superado cierto límite no hay capacidad de adaptación posible.

Y ya no valdrá con pensar en los impactos del cambio climático por separado. Muchos eventos extremos, como una sequía y una ola de calor, podrían darse al mismo tiempo e interactuar entre sí para perjudicar la producción de alimentos y reducir la productividad de la mano de obra agrícola, lo que aumentará los precios de los alimentos y reducirá los ingresos de los agricultores, provocando más malnutrición y muerte, especialmente en las regiones tropicales.

Pérdida de biodiversidad por el aumento de temperaturas

Algunos ecosistemas ya están al límite de su capacidad de adaptación, incluidos arrecifes de coral de aguas cálidas, humedales costeros, bosques tropicales y ecosistemas polares y de montaña. De superarse el grado y medio, se perderán de forma irreversible ecosistemas enteros, incluso si las temperaturas se reducen posteriormente.

Si el aumento de la temperatura continúa hasta los 3 °C, en comparación con si se limita a 1,5 °C, el riesgo de extinción para las especies únicas y amenazadas será al menos 10 veces mayor. Aun así, con un calentamiento de un grado y medio, entre el 3 y el 14% de las especies terrestres correrán un riesgo muy alto de extinción, avisa el IPCC. La Amazonia y algunas regiones montañosas se enfrentan a una pérdida grave e irreversible de biodiversidad si el calentamiento continúa hasta los 2 °C y más allá.

El mantenimiento de la biodiversidad y de los ecosistemas depende de que se proteja de forma eficaz y justa entre el 30 y el 50% de las tierras, el agua dulce y los océanos de la Tierra. Actualmente, solo están protegidas menos del 15% de las tierras, el 21% del agua dulce y el 8% de los océanos.

Por Eduardo Robaina | 03/03/2022


Jorge Riechmann: “Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo”

2 marzo 2022

Profesor de Filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, Jorge Riechmann (Madrid, 1962) desgrana un buen puñado de reflexiones incómodas sobre un modelo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeñadero.

En su libro Autoconstrucción cataloga el siglo XXI como “la era de la gran prueba” porque, según dice, “somos la primera generación que entiende perfectamente lo que está pasando con el clima y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Lo suelta a bocajarro, como un puñetazo entre los ojos. Consciente de que el pesimismo en estos tiempos de oscuridad tiene cada vez menos adeptos, Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del “buenismo” de la que hace gala el sistema convocando grandes cumbres climáticas en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y “energías verdes” pero luego estigmatizan a los movimientos ecologistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora.

Todo está en contra del planeta pero, frente a eso, no cabe la resignación. “Aún podemos actuar contra este modelo de producción salvaje porque no está sujeto a ninguna ley física, como lo está la naturaleza, que impida cambiarlo”. Es el mínimo espacio que este investigador apasionado deja abierto a la esperanza.

¿Tiene solución el planeta?

–Pienso que sí. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga sólo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habría que hablar también del extractivismo y, a mi modo de ver, también del exterminismo, una noción acuñada por el historiador británico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

La medida referencial del éxito de un sistema es el PIB. Si crece significa que las cosas van bien y hay esperanza de una vida mejor.

–Es la locura típica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va más allá de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los límites biofísicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorción de la contaminación es ilimitada. Esto es una fantasía porque las leyes de la naturaleza, de la física, de la dinámica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

Pero las grandes cumbres climáticas aseguran haber empezado medidas drásticas para evitar el apocalipsis. ¿Qué credibilidad concede a sus decisiones?

–El calentamiento global, siendo una realidad devastadora, es sólo la manifestación de otras dinámicas que deberíamos atajar si queremos evitar el apocalipsis climático hacia el que nos dirigimos. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitación ecológica, el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1.5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad.

“Dicho de una forma más didáctica: si quisiéramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los españoles necesitaríamos tener tres planetas como la Tierra a nuestra entera disposición. Y si quisiéramos generalizar el de EEUU, que muchas veces ponemos como ejemplo de éxito, necesitaríamos seis. Es una locura que emana de esa construcción económica de tierra plana de la que hablaba antes”.

Entonces, ¿qué empuja al mundo a seguir enalteciendo el crecimiento económico pese a saber que conduce a la destrucción?

–El capitalismo, cuya dinámica es autoexpansiva y deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino más bien ejercicios de diplomacia teatral.

¿No sirven para nada?

–Confunden a la opinión pública. La prueba es que los grandes expertos en el cambio climático como James Hansen, a quien podríamos considerar el climatólogo jefe del planeta, calificó de farsa la cumbre celebrada en París. Se intenta poner un límite a las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero pero los límites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el síntoma sea el calentamiento climático, la enfermedad se llama capitalismo.

¿Por qué el movimiento ecologista, cuya expresión política llegó a gobernar en países como Alemania, es descalificado hoy por muchos gobiernos?

–Ojalá fuéramos descalificados un poco más porque así seríamos mucho más fuertes y activos. La realidad es que las descalificaciones son un indicio de una situación paradójica: aunque la percepción generalizada es que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático, eso no es así. Sabemos que desde los años 60 y 70 había evidencias sobre cuál era la dinámica del sistema y los límites del crecimiento pero los mismos a los que hoy se les llena la boca con la lucha contra el cambio climático decidieron poner en marcha toda una campaña global para impedir que se tomaran las decisiones correctas.

“Bastaría con leer un libro de Sicco Mansholt, un socialdemócrata holandés que era presidente de la CEE cuando en los años 1972 y 1973 se produjo el primer choque petrolero mundial, en el que aboga por un cambio radical en las estructuras de producción y consumo que hoy serían catalogadas como radicales y peligrosas”.

¿Cuándo se quiebra ese proceso de sensibilización medioambiental?

–En los años 80, con la fase neoliberal del capitalismo. Desde entonces, el retroceso ha sido constante pese al aumento de lo que algún experto denomina sosteni-blabla, es decir, mucho discurso, mucha cháchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicación sobre energía verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la acción brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito.

¿Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

–Hemos llegado a un punto tal que lo que hace 30 años hubieran sido estrategias de cambio gradual ahora ya no están a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos.

¿Cree que el mundo está dispuesto a renunciar a esos principios económicos pese a conocer los riesgos?

–Los cálculos teóricos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que resultarían de respetar los límites biofísicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque móvil de un país como España, que tiene 15 millones de coches, debería ser de unos 180 000 vehículos con motor de combustión. Pero claro, eso es inaceptable en términos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climático.

¿Quiere decir que la humanidad está condenada si no renuncia al modo de vida capitalista?

–Ya decía antes que las leyes de la naturaleza existen y son las que son. No podemos cambiarlas pese a la ilusión que albergamos de que una especie de tecnociencia omnipotente conseguirá derrotarlas. Donde podemos actuar, en cambio, es contra la organización de nuestro modelo de vida que no está sujeto a ninguna ley física.

¿Qué impide cambiarlo?

–Que no nos creemos lo que sabemos. Si fuéramos capaces de hacerlo, tomaríamos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destrucción. Para que esto se produzca nos haría falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades están organizadas contra eso. Fatídicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mínima reflexión indica que es una falacia.

“Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los límites biofísicos del planeta. Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Publicado en Cubadebate

Entrevista al Filósofo y ensayista español Jorge Riechmann, publicada por primera vez en el diario digital CTXT en su número 135 de septiembre 2017.

(Tomado de Bloghemia)

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