Jueves, 18 Noviembre 2021 06:15

La triple estafa de Glasgow

La triple estafa de Glasgow

Estados Unidos y la Unión Europea han anunciado su intención de despojar a 1.500 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones 2021 – 2100. Una estafa cuyo valor comercial, a precios actuales, supera los 4 billones de dólares, 4 millones de millones.

Su anuncio es también una burla a lo acordado en Glasgow. Es un sabotaje anunciado a toda posibilidad de limitar el aumento de temperatura a 1,5°C.

Biden se presentó en Glasgow después de coordinar posiciones con el G7 y con el G20. Cuando reclamó su liderazgo mundial ante el reto del calentamiento global, ya la estrategia había sido acordada. Anunció entonces su compromiso con limitar el aumento de temperatura a 1,5°C. Para dar ejemplo, se compromete con emisiones netas cero para el 2050.

Uno a uno, los jefes de Estado y de Gobierno de Europa, incluyendo sus  reyes, reinas y príncipes, repitieron en coro: emisiones netas cero para el 2050.

China y Rusia asumieron el mismo compromiso, para el 2060. India para el 2070. Todos los medios de comunicación, al unísono, se lanzaron contra China y Rusia, por su irresponsabilidad. A India la insultaron. La misma acusación se difundió rápidamente por las redes. Son los malos.

En el caso de Estados Unidos, emisiones netas cero para el 2050 es un anuncio de su intención de emitir al menos 75 giga-toneladas netas de CO2 durante el período 2021-2050.

Biden y Kerry repitieron reiteradamente en Glasgow: follow the science, hagamos las cosas de acuerdo con la ciencia. Lo predican, pero no lo practican.

Una de las conclusiones más resaltantes del reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, IPCC AR6 2021, es que para limitar el aumento de temperatura a 1,5°C, con al menos un 67% de probabilidad, es necesario limitar las emisiones globales a 400 giga-toneladas durante el período 2021-2100.

Si todas las personas tienen el mismo derecho, como tanto se pregona, el presupuesto de emisiones debe distribuirse entre la humanidad en partes iguales, todos iguales en derechos sobre un bien común: la capacidad de la atmósfera de albergar moléculas de CO2. El presupuesto de emisiones debe distribuirse entre los países en proporción con su población.

A Estados Unidos le corresponden así 17 gigatoneladas. Implica emisiones netas cero para el 2027 a más tardar.

El escenario que proponen Biden y Kerry, emisiones netas cero para el 2050, es una muestra de  irresponsabilidad internacional. Estados Unidos pretende auto adjudicarse 75 giga-toneladas, 58 giga-toneladas por encima del presupuesto que le corresponde, despojando a 1.116 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 3 billones de dólares a precios actuales, utilizando como precio de referencia el de la Unión Europea (US$ 50/ton CO2).

Es además una burla a la COP 26. Estados Unidos reclama para sí 75 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 19% del total. Pero su población es de apenas el 4% de la población mundial. Sólo le corresponden 17 giga-toneladas.

Estados Unidos reclama para sí 4,4 veces lo que efectivamente le corresponde. Si todos seguimos su iluminado ejemplo, llegaríamos a finales de siglo con un aumento de temperatura de al menos 3°C. Demuestra, una vez más, su desprecio por la preocupación internacional por la amenaza del calentamiento global y sus consecuencias, tal y como lo hizo Bush cuando se retiró arbitrariamente del Protocolo de Kioto en el 2001, y como lo hizo Trump cuando se retiró del Acuerdo de París en el 2017.

La Unión Europea de los 27 y el Reino Unido compiten con Estados Unidos en hipocresía. Pomposamente anuncian su objetivo: emisiones netas cero para el 2050. Reclaman para sí 50 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 12,5% del total, aunque su población es de apenas el 6,7% del total mundial. De esta manera, y siguiendo fielmente a Estados Unidos, la Unión Europea 28 pretende despojar a 447 millones de personas, de otras partes del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 1,15 billones de dólares a precios actuales.

Biden y sus cómplices europeos también acordaron evadir cualquier referencia a las responsabilidades acumuladas en la gestación de la crisis climática actual.

Los países industrializados, con el 17% de la población mundial, son responsables por el 70% del calentamiento global acumulado entre 1900 y el 2020. Es entonces razonable que también contribuyan con el 70% de los costos para superar esta amenaza planetaria.

En su obsesión con China, los medios norteamericanos y europeos no cesan de señalarla como el gran irresponsable, el que emite más CO2, el que más contribuye al calentamiento global. Cuando en realidad, la contribución al calentamiento global acumulada hasta la fecha sólo por Estados Unidos supera la de China, India, África y América Latina juntos. Lo mismo ocurre con la contribución de la Unión Europea. Cuando se toma en consideración la población de cada pais, la comparación es vergonzosa.

Janet Yellen voló sobre Glasgow y develó la tercera estafa. Yellen tiene un doctorado en economía de la Universidad de Yale. Presidió la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, durante la administración Trump. Ahora es secretaria del tesoro,  equivalente a un ministro de economía. Declaró que el costo de la reconstrucción energética mundial, necesaria para alcanzar el objetivo de 1,5°C, se estima en 150 billones de dólares en los próximos 30 años, un promedio de 5 billones por año, 50 billones en los primeros 10 años. 

Más de la mitad de esta inversión corresponde a países en desarrollo, unos 3 billones por año durante 30 años consecutivos.

Sin embargo, mientras Yellen hacía su anuncio, en la COP 26 los países industrializados continuaban resistiéndose a cumplir con su compromiso, de hace 12 años, de aportar una limosna: 0,1 billón. Mientras los países en desarrollo competían por alguna parte de esa limosna.

Entretanto, continuamos en la senda del suicidio, hacia un aumento de temperatura de 2°C para el 2050 y 4°C para el 2100. La última vez que el promedio global estaba 2°C sobre el de la época preindustrial, fue en el período interglaciar Emiense, hace 125.000 años. El nivel del mar se encontraba entonces siete (7) metros sobre el que conocemos.

La última vez que la temperatura promedio se encontraba 4°C sobre el de la época preindustrial, el nivel del mar se encontraba 24 metros sobre el actual.

2°C es el límite entre lo peligroso y lo catastrófico. Hacia allá vamos, en apenas 30 años. Lo demás son promesas, todas incumplidas.

Glasgow ha sido una farsa. Una peligrosa decepción, especialmente para la juventud. Una explosiva traición a sus intereses. Una burla a toda la humanidad.

Ha servido también como escenario para perpetrar una gigantesca estafa.

No podemos, no debemos seguir permitiendo que políticos ineptos sigan fracasando, poniendo en creciente riesgo a toda la humanidad. Han fracasado durante 50 años, desde que en 1972 se acordó por primera vez atender esta emergencia en el seno de la ONU. Han transcurrido 30 años desde que se firmó el Acuerdo Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,  en la Conferencia de Naciones Unidas para Ambiente y Desarrollo (UNCED) de 1992. Entre tanto, la amenaza se ha agigantado, alcanzando proporciones devastadoras.

La humanidad entera espera resultados creíbles, consistentes, verificables. Ahora. No farsas y estafas como las señaladas. Ni más promesas falsas.

Por Julio César Centeno | 18/11/2021

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Una pantalla grande que muestra al presidente estadounidense Joe Biden y al presidente chino Xi Jinping durante su cumbre virtual. — ROMAN PILIPEY / EFE

El futuro de una de las democracias más pujantes de Asia, la cadena de suministro mundial y el bienestar de los casi 24 millones de isleños, inmersos en un juego de poder entre gigantes, pende de un hilo.

 

El estrecho de Taiwán es uno de los polvorines más peligros del mundo, y quizás el que más nos puede afectar debido a que la zona es clave para la cadena de suministros, la producción de semiconductores (en la que Taiwán es relevante) y también por la gran importancia estratégica de la isla de Formosa para la proyección transoceánica del poderío militar chino hacia Japón y Estados Unidos.

Este conflicto no es un tango entre dos, sino un trío, en el que Estados Unidos también baila, lo que amplifica aún más su impacto internacional. Y la pregunta del millón es si ese peligro se va a materializar e implicar a Washington, con efectos negativos económicos, políticos y estratégicos para las democracia occidentales.

En la reciente conferencia virtual entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Joe Biden, Taiwán fue uno de los asuntos claves en la pugna de poder entre los dos colosos mundiales. ¿Se llegó allí a algún acuerdo que aleje del horizonte esta bomba de tiempo? La respuesta corta es que la reunión fue positiva, porque se reactivó el diálogo, pero no hubo cambios esenciales.

Mientras Xi reiteró su postura de que Taiwán es parte de China y amenazó con "medidas drásticas" si la isla avanza en el independentismo o "traspasa la línea roja", Biden se opuso firmemente a "los intentos unilaterales de cambiar el estatus quo" de independencia de hecho y a aquello que socaven la paz y la estabilidad en el Estrecho. Y aunque China dijo que Biden se opone a la independencia, lo cierto es que el presidente de EEUU no dijo exactamente eso, según declaraciones posteriores al encuentro citadas por el diario taiwanés Tiempos de Libertad.

"Mas que un diálogo han sido dos conferencias en las que se han repetidos posturas, pero ha sido positivo porque reactiva el diálogo", expresó Wang Chen-ming, experto en historia de la guerra y de la China moderna.

Ventana de la colonización antes de la II Guerra Mundial

Taiwán, originariamente poblada por austronesios, fue colonizada por españoles, holandeses, chinos y finalmente japoneses, quienes, antes de la Segunda Guerra Mundial, entre 1895 y 1945, usaron la isla como ventana al mundo de su colonización. La victoria aliada entregó la administración de Taiwán a la China nacionalista de Chiang Kai-shek, quien en 1949, tras ser derrotado por los comunistas de Mao Tze-tung, se refugió en Formosa, donde fue recibido con silenciada hostilidad por sus habitantes. Chiang construyó la República de China (hoy Taiwán) y se hizo fuerte con el apoyo de Estados  Unidos, lo que evitó ser devorada por el gigante liderado por Mao.

Tanto Mao como Chiang se consideraban legítimos líderes de China y Taiwán y durante la Guerra Fría mantuvieron un gran conflicto ideológico. A finales de la década de los años ochenta, el Partido Kuomintang (nacionalista), de Chiang Kai-shek, ya había pilotado un exitoso desarrollo económico y había instalado un sistema democrático; entrado el siglo XXI, los taiwaneses llevaron al poder al independentista Partido Demócrata Progresista (PDP), ante el desagrado de China.

Los gobiernos de China, Taiwán y Estados Unidos tienen posturas diferentes con respecto al estatus político e internacional de la isla e interpretan de modo diferente términos claves como independencia o una sola China, lo que confunde a todos, especialmente a los no expertos en historia china. Eso hace muy difícil comprender las declaraciones y supuestos acuerdos porque en realidad tan sólo lo son en palabras pero no en hechos.

Sirva para entender este conflicto que China sostiene que Taiwán es parte de su territorio y que está separada por culpa del apoyo estadounidense; por su lado, Taiwán defiende que es un estado soberano e independiente que busca ese reconocimiento internacional. El Gobierno de Biden considera que la actual situación es una independencia de hecho hasta que se logre un acuerdo y se opone al uso de la fuerza militar.

El conflicto entre China y el Gobierno de Taipei

Este es el motivo por el que nadie se atreve a calificar a Taiwán de país. Desde la llegada al poder en 2016 de la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen, del PDP, China bloqueó los contactos con el Gobierno de Taipei e inició una escalada en su presión militar, con numerosas incursiones de aviones y barcos en las zonas de control de Taiwán; asimismo estrechó el cerco diplomático que mantiene a la isla fuera de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos internacional, incluida la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La clave para analizar las perspectivas del conflicto está en su impacto en las políticas internas de China y Estados Unidos, en la nueva estrategia de Washington para contener a China y del propio Biden para consolidar su poder interno; también en el plan de Xi de inscribir su nombre en oro en la historia china. Todo esto aparte de su claro impacto mundial.

Todos los actores, China, Estados Unidos y Taiwán, están encorsetados por sus intereses y factores políticos internos, pero la guerra no es nada probable, aunque Taiwán no dejará de buscar ser incluida en la ONU y otros organismos. Estados Unidos ha modificado su postura y favorece una mayor participación internacional de Taiwán, cosa que China quiere cortar. Con tal de que Xi, Biden y Tsai no cometan errores de cálculo y convenzan a sus pueblos de que ganan en la disputa, la sangre no llegará al río.

Un juego de poder entre gigantes

"Taiwán no traspasará la línea roja, porque China tiene poder militar para lanzar una ofensiva creíble, y Pekín tiene mucho que perder, por lo que sólo atacará por una gran provocación o motivos internos como consolidar el poder del Partido o de Xi", afirma Wang Chen-ming.

La consolidación de Xi y Biden en el poder, así como la mejora económica y de prestigio internacional de ambos países, favorecerá la paz. Mientras tanto, aunque fuera de la isla en discordia hay gran preocupación, entre los taiwaneses, que apoyan mayoritariamente un sendero separado de China y su democracia, sorprendentemente no anidan temores, como afirma el observador japonés Akio Yaita.

Pero la realidad es que el futuro de una de las democracias más pujantes de Asia, la cadena de suministro mundial y el bienestar de los casi 24 millones de isleños, inmersos en un juego de poder entre gigantes, pende de un hilo.

Taipéi

17/11/2021 14:05 Actualizado: 17/11/2021 14:15

 

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El portal del Pentágono advirtió sobre el “ritmo de las amenazas de China, de Rusia, Norcorea, Irán, ISIS y los desafíos que involucran al espacio y al ciberespacio.Foto Ap

El general Mark Milley (MM), mandamás de las Fuerzas Conjuntas del Pentágono, sostuvo el 3 de noviembre pasado una trascendental entrevista con el conductor Lester Holt de la cadena NBC durante el Foro de Seguridad de Aspen (https://bit.ly/3Fejg4W), en la que plasmó su cosmogonía sobre el "mundo tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China (https://bit.ly/3oA6XJr).

El portal del Pentágono realizó un resumen de los asertos del polémico general –quien se ha enfrascado en un duelo verbal con Trump y ha expresado que tiene comunicación secreta con su homólogo de China– sobre el "ritmo de las amenazas de China, así como de Rusia, Norcorea, Irán, ISIS y los desafíos que involucran al espacio y al ciberespacio, el Covid-19, el cambio climático y los tópicos ambientales, como los incendios en Estados Unidos que enfrentan las fuerzas militares". Que conste que citó en primer lugar a China, 12 días antes de la exitosa cumbre virtual entre el presidente Biden y el mandarín Xi Jinping (https://bit.ly/30o9VZ7).

Sobre China, su fijación permanente, comentó: “Hemos visto un país en cuatro décadas (…) que ha ido de la séptima economía en el mundo a la segunda economía”, cuando China ha invertido sus riquezas en forma significativa en el ámbito militar. Aquí exagera el general, por no decir que desinforma, pues nadie se compara al gasto militar de Estados Unidos (39%) en el planeta frente a China (13%), según SIPRI. El despilfarro militar de Estados Unidos es mucho mayor si se mide per cápita (https://bit.ly/3cjmsjh).

MM, quien se ha vuelto muy incontinente, asienta que "hace 40 años China era una muy extensa infantería campesina (sic). Hoy, posee capacidades en el espacio, en cibernética, tierra, mar, aire y en el rubro submarino y están claramente desafiándonos regionalmente".

Alega, sin aportar evidencias, que China "desea revisar" el "orden (sic) liberal", cuando ni China ni Rusia han manifestado desear cambiar el presente "(des)orden mundial", pero sí han expresado la necesidad de que sea reformado en forma más justa y armónica, porque ni a Moscú ni a Pekín les conviene atacar a Estados Unidos cuando van ganando la partida global, mientras Estados Unidos declina aceleradamente, como enunció en forma notable el historiador Alfred McCoy (https://bit.ly/3kGBAM0).

MM prevé que el verdadero desafío será en los "próximos 10 a 20 años", cuando "el mundo atestigüe uno de los mayores giros en el poder geoestratégico global que jamás haya visto", en especial, el "giro" es un cambio fundamental en el carácter de la guerra: "Hoy vemos la robótica, la inteligencia artificial, municiones de precisión y una amplia variedad de otras tecnologías". Viene la parte nodal: calificó a la guerra fría de una "guerra (sic) bipolar (sic)" entre la URSS y Estados Unidos, y asentó que hoy se ha entrado a una "guerra tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China como "grandes superpotencias", cuando "el mundo es potencialmente mucho más inestable estratégicamente que en los pasados 40 a 70 años".

Instó a que Estados Unidos/Rusia/China deberán ser "más cuidadosos y conscientes (sic) de cómo lidiar uno con el otro en adelante y en sus comunicaciones coordinadas", que serán una "necesidad". Finalmente, definió al "espacio" como el "nuevo dominio de mayor conflicto" (https://bit.ly/3HwHYze).

A propósito, un servidor fue de los primeros en proponer la hipótesis del nuevo "orden tripolar" de Estados Unidos/Rusia/China desde hace nueve (sic) años, con base en una prospectiva multidimensional de las tendencias dinámicas (https://bit.ly/3nk7RKM). En forma expeditamente dialéctica, vale la pena ponderar la antítesis del connotado científico ruso-estadunidense Dmitry Orlov (DO), quien, si bien acepta el concepto estratégico del "orden mundial tripartita", coloca a Estados Unidos muy por detrás de Rusia y China en los rubros militar y tecnológicos (https://bit.ly/3nk8kN2).

DO juzga que a Estados Unidos sólo le queda apoderarse de los "recursos y productos manufacturados del mundo" para "alimentar su apetito a cambio de dólares impresos (continuamente expropiando los ahorros del mundo mientras exporta su inflación)" mediante sus "guerras financieras" y su poderosa maquinaria propagandística.

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Reunión cumbre entre Joe Biden y Xi Jinping termina sin acuerdos concretos

Los líderes de las dos principales potencias mundiales se limitaron a declaraciones demagógicas sobre desacelerar la guerra comercial con foco en la tecnología 5G, y la carrera armamentista que protagonizan.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo chino, Xi Jinping, realizaron su primera cumbre virtual. La reunión más de tres horas y fue "respetuosa y directa", según la Casa Blanca, pero ninguno de los dos dio el brazo a torcer sobre las líneas rojas de sus respectivos países, particularmente en lo que atañe a Taiwán, isla sobre la que China reclama su soberanía.

Biden habló sobre las prácticas chinas en el Tíbet, Hong Kong y también Xinjiang, así como otros temas en los que el gobierno chino está acusado de crímenes contra los derechos humanos.

Xi, por su parte, no apaciguó la disputa geopolítica y dijo que tendría que tomar "medidas decisivas" si las fuerzas "independentistas" de Taiwán cruzaban la "línea roja", según afirmó la agencia informativa estatal china. Además de un conflicto político de larga data en el que ambas potencias miden fuerzas, Taiwán es estratégico para la producción de semiconductores, necesarios para la tecnología de quinta generación y otras tecnologías de vanguardia.

Biden "defiende" interesadamente la independencia de Taiwán para influir sobre la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la principal fábrica de microchips del planeta, y otros gigantes como Foxcon. La isla está fuertemente militarizada por Estados Unidos, China y el propio Taiwán, y Beijing ha prometido que, si es necesario, pondrá la isla bajo control chino por la fuerza.

Por otro lado, según dijo este martes el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, los mandatarios acordaron impulsar un diálogo bilateral sobre control de armas.

"Los dos líderes acordaron que buscaríamos impulsar conversaciones sobre estabilidad estratégica", apuntó Sullivan, utilizando un término común en los círculos diplomáticos para describir el control de armas. En realidad, palabras vacías sobre que la competencia no se convierta en un conflicto o que se necesita incrementar la comunicación y la cooperación, porque ambos saben que las enormes tensiones van en aumento.

El asesor de Biden respondió así durante una conferencia este martes en el centro de estudios Brookings a una pregunta sobre el potencial de China de ampliar notablemente su arsenal nuclear y sobre el reciente lanzamiento por parte de Pekín de un misil hipersónico, con capacidad para rodear la tierra.

Biden indicó que esas conversaciones deberían estar "guiadas por los líderes y lideradas por equipos de alto nivel", que tengan poder para tomar decisiones y sean expertos en "seguridad, tecnología y diplomacia", explicó Sullivan.

"Ahora nos corresponde a nosotros (los asesores de Biden y Xi) pensar en la forma más productiva de llevar esto a cabo", añadió.

El asesor reconoció que ese posible diálogo no será probablemente tan "maduro" como el que comparte desde hace años Estados Unidos con Rusia, la otra gran potencia nuclear, porque las conversaciones con Moscú están más "arraigadas".

Lo cierto es que Estados Unidos se encuentra enfrascado en una carrera armamentística con China y Rusia en el campo de las armas hipersónicas, que por su velocidad son más difíciles de detectar por los sistemas de defensa de misiles.

A finales de octubre, el Pentágono confirmó que está en busca de tecnología hipersónica para contrarrestar los avances de China en esta materia, y aseguró que al mismo tiempo quiere mejorar sus "capacidades defensivas".

Washington ha reconocido su inquietud ante los avances castrenses de China, que, según el Pentágono, van emparejados con una política exterior y de defensa que "intimida y ejerce coerción sobre sus naciones vecinas". Un tono que no prevé justamente un futuro armónico y pacífico.

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Cinco escenarios de la defunción de EU para 2030, según el historiador Alfred McCoy

Se ha vuelto deporte global y doméstico prever la "defunción" (sic) de Estados Unidos, la otrora superpotencia unipolar, como es el caso del historiador galardonado Alfred McCoy (AM), quien avizora su conspicua caída en 2030 en su libro En las sombras del siglo estadunidense: el auge y declive del poder global de Estados Unidos (https://amzn.to/3Fd2S4z) de 2017.

El pensador noruego Johan Galtung, quien predijo el colapso de la URSS con asombrosa precisión, vaticinó la caída de Estados Unidos en 2020 (https://bit.ly/3Hkm9D6)cuando sus contradicciones externas e internas, así como la prevalencia de sus fuerzas centrífugas, afloraron de forma ostensible.

AM es profesor de historia de la Universidad de Wisconsin-Madison y se dio a conocer con su explosivo libro –mientras estudiaba su posgrado en la Universidad de Yale– La política de la heroína en el sudeste asiático: la complicidad de la CIA en el tráfico global de droga (https://amzn.to/3wKuNWx).

Amén de su expertise como historiador, donde escudriña las "caídas" de recientes imperios, AM se basa en las prospectivas del National Intelligence Council (NIC) y sus "tendencias globales" de cada cuatro años. NIC depende del director de Inteligencia Nacional y apoya al Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. AM surfea con las corrientes de las "tendencias globales" del NIC que desde el 2012 vaticinó "mundos alternativos para 2030" y luego anunció para 2025 a un "mundo transformado", lo que demuestra que sus optimistas previsiones son incorrectas.

En forma ominosa, en 2017 (sic), en vísperas de la toma de posesión de Trump, en su reporte "Tendencias globales 2035", NIC puso en relieve el "riesgo de una pandemia (¡mega-sic!) y la amplia disrupción económica que podría causar" (https://nyti.ms/3FdT4HD). Desde 2008, antes de que "el desafío chino fuera claro para todos", en sus tendencias globales para 2025 NIC citó la "transferencia de riqueza global y poder económico de Occidente a Oriente".

Cuatro años más tarde, para su siguiente proyección de 2030, NIC asentó que “ninguna nación –Estados Unidos, China u otro gran país– será un poder hegemónico” cuando el "declive relativo de Estados Unidos" frente a las potencias emergentes "sea inevitable". Todavía NIC soñaba que en el ámbito militar Estados Unidos conservaría su supremacía como el primus inter pares.

A juicio de AM, las "tendencias negativas del poder global de Estados Unidos probablemente se agregarán de manera rápida en 2020 y pudieran alcanzar su masa crítica no más allá de 2030". Su tesis nodal radica en que el desvanecimiento económico de Estados Unidos le orillará a optar cada vez más por la opción militar tecnológica en su "triple pabellón" de "avanzados robots aeroespaciales" que representan la "última mejor esperanza de Washington para retener su poder global en exceso de su evanescente influencia económica", donde tampoco hay que eliminar a China en forma expedita cuando cuenta con una "red global de comunicaciones satelitales" apuntalada por las "más potentes supercomputadoras (sic) del mundo".

El "triple pabellón" de Estados Unidos radica en la baja estratósfera, la alta estratósfera y la exósfera, con toda la panoplia de ensueño de drones, satélites, naves espaciales y misiles para golpear cualquier objetivo del planeta, a lo que se suma la vigilancia de espionaje global que va dirigida contra la superpotencia ascendente China.

"Los cinco escenarios del fin del siglo estadunidense" no necesariamente serán un "aterrizaje suave" de aquí a 30 o 40 años, ya que su "defunción (sic) puede ser más rápida de lo que cualquiera imagina" y cuyo primer factor los representan las "presiones fiscales": 1. la evolución a un nuevo orden mundial multipolar; 2. cambio climático; 3. declive económico; 4. fallidas aventuras militares, y 5. tercera guerra mundial.

A juicio de AM, los "futuros historiadores probablemente identifiquen la intempestiva invasión de George W. Bush a Iraq como el inicio de la caída de Estados Unidos". AM concluye en forma inquebrantablemente determinista que "la pregunta no es si Estados Unidos perderá su indiscutible poder global, sino qué tan precipitado y desgarrador será su declive". ¿Quién da más?

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Lunes, 15 Noviembre 2021 06:11

COP26: una vez más, ¡los fósiles mandan!

COP26: una vez más, ¡los fósiles mandan!

El fiasco de la cumbre de Glasgow

 

 [La cumbre del clima de la ONU -COP26- ha concluido hoy día 13 un acuerdo que se presenta al público como determinante para lograr limitar el calentamiento de la tierra en 1,5°C. Una afirmación que no se tiene en pie. Como botón de muestra, el titular de El Pais: "La cumbre del clima se cierra con un mensaje descafeinado contra el carbón y los combustibles fósiles". A falta de una valoración más completa del acuerdo definitivo, hoy publicamos estas dos valoraciones de urgencia de Daniel Tanuro y João Camargo]

¡Una vez más, los fósiles mandan!

Daniel Tanuro!

Evolución del proyecto de declaración final:

1ª versión: la COP "pide a las partes que aceleren la eliminación del carbón y el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles

2ª versión: la COP "pide a las partes que aceleren el despliegue, el desarrollo y la difusión de tecnologías y la adopción de políticas para la transición a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas aumentando la cuota de generación de energía limpia y acelerando la eliminación de la generación de energía con carbón sin subvenciones, así como la eliminación de las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles"

Para decirlo claramente:

1- Lo que importa son las tecnologías verdes, no la salida de los combustibles fósiles, ni siquiera del carbón solamente;

2- El capitalismo puede seguir explotando las minas de carbón, e incluso abrir otras nuevas, siempre que las centrales eléctricas de carbón estén equipadas para capturar y almacenar el CO2 (CAC) o para utilizarlo en otros procesos industriales (UCC);

Nota: En esta frase no se especifica ni el plazo, ni la proporción de CO2 que se almacenará o utilizará, ni la permanencia del almacenamiento (la cuestión de las fugas) o del uso (¡una central eléctrica de carbón cuyo CO2 se utilizaría en la producción de refrescos cumple las condiciones establecidas en esta sección del texto!)

3- El colmo es el adjetivo ineficiente añadido para describir las subvenciones a los combustibles fósiles. ¿"ineficiente" desde qué punto de vista social y ecológico?

Dado que todo el enfoque es neoliberal hasta la médula, en la medida en que las finanzas están estructuralmente integradas en la elaboración de políticas climáticas (a través de Mark Carney, enviado especial de la ONU para la financiación del clima, ex gobernador del Banco de Inglaterra y arquitecto de Gfanz, la alianza financiera mundial para el cero [carbono]neto), plantear la pregunta es responderla.

Una subvención eficaz es una subvención a los capitalistas. Una subvención social es ineficaz, ya que no crea plusvalía. La subvención pública del gasóleo para la calefacción, tal como existe en Bélgica, por ejemplo, es bastante "''ineficaz'', ¿no?

¡Estamos esperando la versión final, que traerá más sorpresas y terminará de hacer caer las máscaras!

Basta de blablabla, ¡sólo la lucha pagará!

12/11/2021

https://www.facebook.com/hashtag/blahblahblah

Traducción: viento sur

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La COP ha muerto, ¡viva el movimiento!

João Camargo

La Conferencia de las Partes (COP) es una organización que vela por los planes del capitalismo mundial para la intensificación de la explotación. Para el movimiento por la justicia climática tiene que estar muerta, pues nuestra presencia en ella legitima un proceso que se dirige tanto contra nosotras y nosotros como contra el planeta.

Esta COP ha sido tan decepcionante como cualquiera de las anteriores. La inclusión de las palabras combustibles fósiles en la declaración final parece ser el único avance con respecto al pasado. Carece de sentido. Lo que es sumamente significativo es que las dos próximas COP tendrán lugar en Egipto y en los Emiratos Árabes Unidos. Esto implica nada más que una cosa para el movimiento por la justicia climática: no hay ficción posible que pueda hacernos creer que la COP es un proceso de alguna manera diferente de la Organización Mundial del Comercio y del G20. La COP es una organización que vela por los planes del capitalismo mundial para la intensificación de la explotación. Para el movimiento por la justicia climática tiene que estar muerta, pues nuestra presencia en ella legitima un proceso que se dirige tanto contra nosotras y nosotros como contra el planeta; por eso, el Acuerdo de Glasgow se formuló en 2020.

Hay algunos detalles crueles. La elección de Sharm-el-Sheik, un recóndito destino turístico en Egipto, para la celebración de la COP-27 es el escupitajo definitivo sobre la tumba de las gentes revolucionarias que 2011 tomaron la plaza Tahrir, derrocaron a Hosni Mubarak y más tarde fueron ahogadas en su propia sangre a manos de la dictadura militar del general Sisi. El lugar de entierro de la Primavera árabe, una ola revolucionaria alimentada por el cambio climático, la sequía, la falta de cosechas, el aumento de los precios de los alimentos causado por la escasez y la competencia de los biocombustibles, ha sido concebido, propuesto y finalmente aceptado para albergar la COP-27. Casi todo el mundo está gobernado por gobiernos reaccionarios que contemplan el cambio climático bajo uno o dos prismas: cómo puedo ayudar a las empresas privadas a ganar dinero con esto y/o cómo puedo conseguir que esto no perjudique a las empresas privadas. Hay gobiernos que no están en esta situación, pero su poder dentro de las salas es casi tan nimio como el de los y las activistas y las ONG.

El anuncio de que los Emiratos Árabes Unidos, un Estado petrolero gobernado por una familia real cleptócrata, será la siguiente sede, constituye la notificación final que ha recibido el movimiento por la justicia climática: se acabaron los simulacros de negociación, influencia o rendición de cuentas. Hasta las protestas simbólicas surgidas desde dentro de las COP y en las cumbres alternativas son prescindibles. No hace falta convencer al movimiento de que la táctica de influir en las autoridades y ejercer fuertes presiones institucionales ayuda a avanzar; si la experiencia histórica no ha sido suficiente, ahora nos lo han hecho saber. Glasgow ha sido la última COP.

A pesar de que el movimiento por la justicia climática tiene el recuerdo de la COP como un momento de encuentro, esto ya es historia. No habrá punto de encuentro en Sharm-el-Sheik, no habrá protestas, no acudirá la sociedad civil, salvo los probables títeres que puedan llevar los militares para llenar el escenario. En los EAU, las mujeres tendrán que inclinar la cabeza ante un Estado socialmente medieval, creado sobre la misma materia que ha creado el cambio climático, un Estado que pretende ampliar la producción de energías fósiles. La parte social de la COP es historia.

Y esto es un alivio. El movimiento por la justicia climática ha de dejar de hablar sobre la agenda capitalista ante el cambio climático, dejar de hablar de las falsas soluciones de todas las COP, todo lo habido desde 1992. No tenemos tiempo para elaborar narrativas opuestas a los mercados de carbono, a los impuestos sobre el carbono, al cero neto de emisiones, a las compensaciones: ¿no vimos durante todo ese tiempo que todo eso no significaba otra cosa que abrir nuevas fronteras de explotación, nuevas rondas de mercantilización y colonialismo? Todo esto ha estado ocurriendo en el momento mismo en que el clima se colapsa y lo único que funciona es lo único que ellos siempre han rechazado: prescindir de todos los combustibles fósiles. Ahora han tomado esta decisión por nosotras y nosotros. Las actividades de la COP eran un agujero negro para el movimiento y ahora nos han vetado el acceso.

Debimos habernos dado cuenta en Copenhague, cuando alguien se pavoneó de que el movimiento estaba muerto y de que estábamos bailando al son de ellos. Debimos habernos dado cuenta definitivamente el año pasado, cuando se pospuso la COP. Debemos darnos cuenta este año con el nuevo aplazamiento práctico, que es todo lo que la COP ofrecerá jamás: más tarde, más tarde, más tarde y en el próximo futuro, lo sentimos. El proceso de aplazamiento pretendía crear y ha creado conformidad. Todo esto ya es historia. Su agenda y su calendario ya no podrán ser ni serán más los nuestros. El movimiento por la justicia climática hemos de crear nuestra propia agenda y nuestros propios planes. Como movimiento, hemos de debatir sobre nuestro poder y nuestro programa, en vez de discutir sobre los planes oficiales de la COP y de cada gobierno. Nos hemos quitado de encima el ancla pesada que nos impedía ser el movimiento que de hecho acabará con el sistema capitalista.

12/11/2021

https://www.commondreams.org/views/2021/11/12/cop-dead-long-live-movement

Traducción: viento sur

Publicado enMedio Ambiente
Diez escenarios que alimentan los riesgos de un estancamiento de la economía

El ciclo poscovid aún navega con viento en popa hacia una restauración de la prosperidad previa a la epidemia. Pero la travesía se aleja de las aguas tranquilas y se adentra en diez latitudes de turbulencias que podrían tensar más los precios y aminorar el ritmo de la actividad.

 La coyuntura internacional empieza a vislumbrar amenazas económicas, políticas, empresariales e industriales, en el comercio y en las inversiones, que podrían crear fuertes turbulencias sobre el recién iniciado despegue del ciclo de negocios poscovid.

Así lo refleja un reciente informe de Economist Intelligence Unit (EIU) en el que, sin llegar a poner en tela de juicio el dinamismo de la actividad global, calcula un aumento del 4,1% en 2022, advierten del diferencial de prosperidad, según las latitudes y las naciones del planeta, y de hasta diez factores de riesgo que podrían encender de nuevo la mecha de la inflación y de la ralentización.

O, dicho de otro modo: un decálogo de escenarios que, de consumarse, harían despertar de nuevo el fantasma de la estanflación, al que han invocado no pocos inversores desde el inicio del otoño.

  1. Deterioro de las relaciones EEUU-China.

Pese al anuncio de cooperación en el combate sobre el cambio climático de las dos economías más contaminantes del planeta revelado por sus dos mandatarios Joe Biden y Xi Jingping, en la misma COP26 de Glasgow, las opciones de que el alto voltaje en la rivalidad por la hegemonía geoestratégica mundial cree dos bloques económicos antagónicos y con distintas velocidades de vigor y riqueza, son cada vez mayores. Washington trata de ganar a su causa a sus tradicionales aliados occidentales. Con presiones para restringir flujos comerciales, tecnológicos, financieros y de inversión, así como un elenco de sanciones en ciertos mercados y compañías para que elijan su terreno de juego. Con evidencias palpables ya en el orden tecnológico, con la carrera del 5G como trasfondo, pero con repercusiones directas en las estrategias industriales y de consumo de múltiples sectores y empresas. Una bifurcación global generaría dos modelos de cadenas de valor con estándares digitales diferentes; además de provocar más incertidumbre comercial e inversora. La reciente escalada militar, con nuevas armas de destrucción masiva más modernas y eficientes, ha intensificado el pulso que se focaliza en Asia, donde EEUU ha redoblado su apoyo a Taiwán y reforzado sus bases en Japón y Corea del Sur.

  1. Un súbito e inesperado encarecimiento del dinero.

Dirigido desde la Reserva Federal para evitar un crash bursátil. Una eventualidad que también preocupa al poderoso Departamento de Estabilidad Financiera del FMI, que alerta de un probable desplome de los activos financieros e inmobiliarios en caso de una precipitada maniobra de encarecimiento de los tipos de interés por parte de la Fed ante la subida de un IPC, el estadounidense, que ha escalado al 6,2% en octubre. En plenos mensajes de exuberancia irracional de los mercados. Muchos de cuyos inversores no se creen el itinerario prudente de su autoridad monetaria, que relega hasta 2023 un incremento del precio del dinero. Para los expertos de EIU “si la política de la Fed no lograra su cometido de poner a raya la inflación a medio plazo, gana enteros la apuesta por un toque alcista de los tipos a mediados de 2022”. Y la ratio precio-ganancias de Wall Street está por encima de las jornadas que antecedieron al Crash de 1929 y al tsunami de 2008. El final de la etapa de tipos próximos a cero iniciaría un ajuste en los mercados, la caída del valor de múltiples empresas, la contracción del consumo y la inversión y, muy probablemente, la interrupción de la recuperación de EEUU y un hipotético retorno a la recesión.

  1. Desplome del mercado inmobiliario chino.

La quiebra de Evergrande, pese a haber reparado parte de sus vencimientos de deuda más inmediatos, mantiene sin resolver un lastre de 300.000 millones de dólares, que revelan una elevada exposición en otras muchas compañías y un estado de shock en el sector inmobiliario chino. Los riesgos de contagio al sistema financiero son nítidos. Y las señales de suspensiones de pagos en este mercado surgen por doquier. Pekín está tratando de evitar la sobreexposición de los bancos y las amenazas de quiebra de las familias. Con ayudas e inyecciones de liquidez que podrían frenar el dinamismo del segundo PIB del planeta muy por debajo del 6% en los próximos años. La crisis energética y el cuello de botella sobre el suministro de la Gran Factoría mundial podría debilitar tanto la demanda exterior de los bienes y servicios made in China que no sería descartable la aparición de números rojos en su actividad.

  1. El endurecimiento de las condiciones financieras pasa factura a los mercados emergentes

 Las subidas de tipos de las potencias industrializadas encarecerían de inmediato las condiciones crediticias en los mercados internacionales y, por ende, a que los bancos centrales de economías emergentes como Brasil, México, Rusia, Sri Lanka o Ucrania tuvieran que mover ficha urgente y elevar también el precio de su dinero. Con el consiguiente agravamiento de sus servicios de pago de deudas soberanas, la aceleración agresiva de sus políticas de consolidación presupuestaria o la escalada de sus primas de riesgo. Todo ello, generaría vulnerabilidades añadidas: desde caída de los flujos de inversión internacional hasta dificultades de colocación de emisiones de bonos. Y pérdida de valor de sus monedas; muy en especial e inicialmente, el peso argentino y la lira de Turquía.

  1. Nuevas variantes de la covid-19 que pongan a prueba la resistencia de las vacunas

 El éxito de las campañas de inoculación en los países de rentas altas no debe hacer caer en el olvido los riesgos de variantes más agresivas que escapen a la protección de las actuales dosis preventivas o que estropeen las previsiones económicas. Sobre todo si, como ocurre, las vacunaciones en el mundo en desarrollo continúan sin propagarse.

  1. Expansión de las protestas sociales

La prolongación de las desigualdades y de la capacidad y la calidad de vida que se ha agudizado durante la Gran Pandemia, podría engendrar drásticas tensiones en las sociedades civiles occidentales y propiciar movimientos populistas que alienten gobiernos autoritarios. A los que se unen otros focos de alta conflictividad, política y social, como los que acontecen en Oriente Próximo, África o América Latina. Latitudes con amenaza elevada en las calles. Y otros que podrían llegar a entrar de nuevo en recesión. La aversión al riesgo del circuito inversor haría detonar con mayor virulencia aún los estallidos sociales en demanda de mayores salarios, puestos de trabajo, mejora de condiciones laborales y ayudas frente a la crisis energética o la subida del precio de los alimentos.

  1. Irrupción de conflictos geopolítico como el de Taiwán

 En máximo riesgo de conflicto bélico entre EEUU y China desde que, a finales de 2020, se haya elevado la presencia militar de Pekín en el Estrecho de Taiwán y la retórica reivindicativa y nacionalista instaurada por el presidente Jinping. Con la inmediata involucración de Washington en defensa de su gran aliado en la zona. Acusaciones de violación del espacio aéreo de la isla a Pekín de por medio. Y una cada vez mayor influencia en este espinoso asunto de Australia o Japón. Con efectos colaterales sobre cadenas productivas manufactureras asiáticas. En especial, sobre los ya debilitados flujos de comercio de la industria de componentes y semiconductores.

  1. Deterioro de los lazos entre Europa y China

Tras la imposición de sanciones europeas, desde marzo, contra China por conculcación de derechos humanos en Xinjiang y la inmediata réplica de Pekín contra una decena de ciudadanos europeos y cuatro ONG’s que han enrarecido el clima diplomático. También tensionado por la incursión de China como amenaza geoestratégica en el último análisis de Política Exterior de la UE. Aunque Europa todavía mantiene su independencia operativa frente a China, las presiones de la Casa Blanca sobre Taiwán, el 5G o las acusaciones de control económico-financiero del comercio y el valor cambiario del rinminbi podría generar una crisis inversora de alta intensidad y vulnerabilidades en el suministro de bienes y servicios mutuos. Con el consiguiente hundimiento de la actividad.

  1. Sequías severas

Con amenazas de hambrunas. Y ruptura del mercado alimenticio. Porque los episodios de desastres naturales son cada vez menos puntuales; ocurren de manera más sincronizada y durante periodos más prolongados de tiempo. La intensidad de las sequías en los territorios africanos, olas de calor en Canadá o EEUU fuera del invierno, incendios en California, Grecia, Portugal o España y alteraciones climatológicas extremas -lluvias persistentes y sequías- en países como Brasil, han elevado los riesgos de cortes de agua e interrupciones de productos y de materias primas del sector de la alimentación y, con ellos, las posibilidades de retroceso del PIB global. Además de incrementar el número de cosechas sin opción de recolección. Por alguna inclemencia meteorológica. Motivo que ya ha hecho repuntar el sentimiento de pesimismo en los indicadores globales sobre consumo, expectativas económicas y comportamiento de precios.

  1. Escenario de ciberguerra entre estados con daños en infraestructuras estratégicas

 Como consecuencia de ello, los gastos militares para identificar a los ciberdelincuentes podrían crear una escalada belicista que se combine con aspectos geopolíticos, de Estados, y de competencia, entre empresas. Y a un boom del negocio del software que garantice los controles sobre redes de infraestructuras, cuando las disrupciones económicas y empresariales siguen en boga y crece en sentimiento de incertidumbre inversora.

Miquel Puig: "La izquierda debe recuperar el concepto de Estado nación para defender los sueldos de las clases populares"

 

14/11/2021 21:43 Actualizado: 15/11/2021 07:56

David Rodríguez@Daroib

El economista Miquel Puig publica Els salaris de la ira (La Campana), donde explica por qué los salarios reales acumulan décadas de estancamiento. El actual concejal de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona también aborda cuestiones como una izquierda desorientada, el desarrollo tecnológico, la globalización o el efecto de la inmigración en los salarios.

Cogiendo como préstamo el título de la obra de John Steinbeck, el clásico Las uvas de la ira, a quien menciona en una de las dedicatorias de Els salaris de la ira (La Campana), Miquel Puig confiesa que lo ha escrito para reflexionar sobre una idea sencilla y complicada a la vez: ¿Por qué los salarios están estancados desde hace cuatro décadas? Seguidor de las teorías liberales, admite que el libro actúa en cierta forma como una actualización de algunos axiomas económicos en los que llegó a creer, como el que vincula los salarios a la productividad, que, al menos, ahora quiere poner en duda.

Doctor en Economía, después de enseñar sobre esta materia en el ámbito universitario, ha sido director general de Industria en la Generalitat de Catalunya, director general de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y ejecutivo en empresas del sector privado. Actualmente, es concejal por ERC en el Ayuntamiento de Barcelona. Una izquierda desorientada, el desarrollo tecnológico, la globalización o el efecto de la inmigración en los salarios son problemas que aborda en Els salarios de la ira. Aunque reconoce que no tiene soluciones para resolverlos, acusa a cierto espectro de la clase política de no querer afrontarlos, dejando la puerta abierta a la aparición de los populismos.

¿Por qué los salarios no han subido en los últimos 40 años?

El libro pretende analizar por qué los sueldos no han subido en este período y qué consecuencias políticas tiene este hecho. No se han subido por varios factores. Uno de ellos es la tecnología que, a corto plazo, tiene siempre un efecto de presión sobre los salarios. Otro elemento es la globalización, que implica trasladar fuera la producción y que acaba destruyendo puestos de trabajo. Y el último es la inmigración. La combinación de estos componentes ha hecho que una parte importante de la población haya visto cómo su puesto de trabajo ha desaparecido o sus condiciones se han deteriorado.

En relación con la inmigración afirma que existe cierto sentimentalismo que defiende que ésta no tiene impacto sobre los salarios. ¿Qué significa?

Ante todo, lo hago para sacar a la extrema derecha de la ecuación y el debate sobre la inmigración. Simplemente intento reflejar un hecho objetivo, basado en datos, que si nos empeñamos en taparlo, lo que hacemos es alimentar el discurso de la extrema derecha. Ante todo, hay que reconocer esta realidad. Es un problema que tiene la izquierda y no sólo con la inmigración. Políticamente, la izquierda se ha desmarcado de la idea del Estado nación, asociándola a la burguesía o al capitalismo. Se ha encontrado con la contradicción entre el ideal internacionalista y la realidad, que muestra que los acuerdos sobre los impuestos a la renta, la consecución del Estado del Bienestar o la protección del mercado laboral a través de un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) sólo se consiguen con el Estado nación. Esta paradoja se ha acentuado con la globalización, puesto que desde hace 40 años, las fronteras son más porosas, permitiendo que entren productos y personas. La pérdida de potencia de esta estructura está deteriorando la posición de los de abajo.

La izquierda debe recuperar el concepto de Estado nación para defender de nuevo los sueldos de las clases populares. Más concretamente con los inmigrantes, es cierto que debemos hacer todo lo posible para regularizar, integrar y formar a las personas que ya están con nosotros, pero al mismo tiempo debemos regular las entradas porque es un factor que desequilibra nuestras sociedades.

¿Esto no supondría una vuelta al proteccionismo económico, similar al que implantó Donald Trump en EEUU?

Creo que en ciertos momentos no hay más remedio. Es cierto que la unificación europea actual trata de construir un Estado nación mayor, integrando países ricos como Suecia u otros extremadamente pobres como Bulgaria, pero hoy por hoy, sólo nos queda reconocer que el Estado nación es lo que puede proteger a los trabajadores.

Da la sensación como si el libro tuviera cierto cariz biográfico sobre su propio desencanto de las recetas que propugna el modelo económico liberal.

Una parte pequeña del libro sí tiene un componente biográfico, ya que hago referencias a cosas que he ido descubriendo a lo largo de mi vida. Aprendí cosas en la universidad, algunas me las creí y creo que compartir esta experiencia es positivo, ya que ahora, en muchos sitios se están enseñando las mismas teorías y algunas deben matizarse. Una parte del interés que puede tener Els salaris de la ira es que el mundo no es cómo se explica en los libros de texto de las facultades de economía.

¿Qué colectivo sería actualmente el equivalente a los campesinos desplazados de 'Las uvas de la ira'?

Creo que el título condensa muy bien la intención del libro, que es la de reflejar la situación de congelación de los salarios durante cuatro décadas y por otra parte, su impacto sobre la democracia, que se traduce en que una parte importante de la población está enfurecida contra el sistema. En la obra intento vincular dos conceptos nucleares, como son la larga congelación salarial y la gran disparidad salarial con la salud de la democracia. Precisamente quienes más cuestionan la democracia son los más perjudicados por la congelación salarial. Serían quienes reciban los salarios de la ira. El libro también puede entenderse como un grito para que la izquierda reaccione y reanude su tradición que es proteger al trabajador. Una de las tesis que reivindico es que las izquierdas se han centrado demasiado en proteger los derechos civiles, que es algo positivo, pero dejando a un lado los de los trabajadores humildes.

Otra de las tesis del libro es que los salarios descienden porque hay demasiados trabajadores. ¿Cómo lo gestionamos entonces?

Es una afirmación de sentido común que el mainstream intenta negar. Si los salarios no han subido es porque los trabajadores no han escaseado lo suficiente. A partir de ahí, debemos recordar que la Constitución española reconoce el derecho al pleno empleo. Por eso, debemos exigir a los poderes públicos que garanticen este pleno empleo. Es inadmisible que España se haya instalado en una situación permanente de desempleo. En el debate entre una Renta Garantizada y un Salario Garantizado, yo opto por aplicar la segunda opción con el salario mínimo. Los gobiernos deben asegurar trabajo para todos con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). La posibilidad de una Renta Básica Universal (RBU) como medida me parece un mal menor pero una mala idea. En este punto estoy de acuerdo con Karl Marx cuando decía que el trabajo dignifica. El ciudadano tiene derecho a recibir un ingreso y poder ganárselo si queremos construir sociedades estables políticamente.

En algunos momentos parece inspirarse en 'La Teoría de las Desigualdades' del economista francés Thomas Piketty.

A Piketty debemos agradecerle que haya puesto sobre la mesa dos temas importantes: las desigualdades salariales y una cantidad ingente de información, desde el siglo XVIII, sobre patrimonio y rentas. Dicho esto, desde mi punto de vista se equivoca en dos puntos. Primero, por dar demasiada importancia al 0,1% de la población que representa al colectivo más rico de la sociedad. La segunda es que propone que, grabándolo a impuestos, se soluciona en parte el tema de las desigualdades. Esta receta creo que se tambalea un poco. Él achaca a los impuestos que pagaban los más ricos el hecho de que la situación económica mejorara entre 1945 y 1975. Según mi visión, esto se produjo porque los trabajadores eran un bien escaso.

Ahora parece que estamos en el momento contrario, puesto que la tecnología reduce esta necesidad de trabajadores

La tecnología es un motor que va liberando mano de obra y reduce la cifra de trabajadores. Todas las revoluciones digitales destruyen trabajos para una generación y los crean para sus hijos. Pero, por otra parte, también ha servido como factor para estabilizar a la sociedad mediante la reducción de las horas de trabajo y el hecho de que el Estado haya ganado peso. Mi teoría es que para compensar la digitalización y la robotización que se está instalando, el sector público tendrá que seguir creciendo. Hasta 1975, momento en que dejan de crecer los salarios, el sector público había aumentado. Ahora tiene el reto de crear nuevos servicios vinculados a la atención a las personas, cuidados o tercer sector. La sociedad tiene unas necesidades ilimitadas y seguramente el avance de la tecnología debe comportar un nuevo crecimiento de la Administración. Es una decisión política en la que debemos elegir si queremos más parados o nuevos funcionarios. Debemos volver a las raíces de la socialdemocracia, que significa recuperar el Estado para proteger a los trabajadores.

Desde su posición como concejal del Ayuntamiento de Barcelona, ¿Qué puede hacer un gobierno municipal para mejorar esta situación?

Un caso paradigmático en Barcelona es el del turismo, que se ha basado en una fórmula que ha apostado por los bajos salarios. Desde el Ayuntamiento de Barcelona se pueden dar pasos modestos, pero necesarios y correctos. Un ejemplo es la aprobación, a iniciativa de ERC, de un recargo en la tasa turística. La idea que se extrae es que el turismo no debe ser barato porque si lo es no podemos pagar buenos salarios. La gran amenaza sobre los salarios es el turismo asequible. Debemos retroceder en algunos aspectos y tratar de hacer cumplir algunos principios básicos como que los sueldos de los trabajadores del sector turístico respeten al menos lo que establece el convenio colectivo.

14/11/2021 21:42 Actualizado: 15/11/2021 07:54

Publicado enEconomía
'Escena del crimen climático', reza una cinta colocada por activistas a la entrada de la COP26 de Glasgow.

Los países cierran un acuerdo después de que la cumbre del clima se alargase en una prórroga de más de 24 horas. 

 

Se hizo de rogar, pero llegó. Después de dos semanas de negociaciones técnicas y políticas las cerca de doscientas delegaciones presentes en Glasgow han sellado un acuerdo de mínimos para poder clausurar la Cumbre del Clima (COP26). Tras más de un día de prórroga, con un borrador de acuerdo de por medio, las Partes han conseguido un compromiso descafeinado para mantener la mención a los combustibles fósiles, incluyendo algunas de las presiones de países como Arabía Saudí, Australia, India o Venezuela, con economías muy vinculadas a la explotación de petróleo o carbón. "Hemos visto una gran cantidad de consensos, por imperfectos que sean", manifestaba el presidente de la COP, Alok Sharma, al término de uno de los últimos plenarios del día.

La COP26, sin embargo, ha fracasado en términos de justicia climática. Los países más empobrecidos, aquellos que padecen más las consecuencias del calentamiento acelerado del planeta, no han recibido el apoyo reclamado a las naciones poderosas para poner en marcha los mecanismos financieros con los que sufragar pérdidas y dalos por sequías, olas de calor o inundaciones extremas. La Unión Europea y los Estados Unidos han obstruido la creación de un fondo para que los países puedan recurrir a la hora de tener que afrontar las pérdidas por los efectos de la emergencia climática. El jefe de la delegación boliviana hizo una referencia al respecto en su última intervención, definiendo la dinámica de la cumbre como "países desarrollados tratando de crear nuevas reglas de un juego al que sólo ellos tienen recursos para jugar".

Los países enriquecidos tampoco han avanzado en la aportación de dinero al Fondo Verde de Adaptación para que los países en desarrollo pudieran transformar sus economías a la coyuntura de crisis climática. Deberían haber destinado 100.000 millones de dólares en 2020, pero no lo hicieron entonces y tampoco ahora. El resultado final de esta COP26 es que se insta a las regiones desarrolladas a duplicar de aquí a 2025 las cifras destinadas a las ayudas para adaptación.

"Las necesidades de las personas vulnerables han sido sacrificadas en el altar del egoísmo del mundo rico"

Tanto esto como las creación de un mecanismo de pérdidas y daños eran líneas rojas de los países africanos o de los pequeños Estados insulares, amenazados con desaparecer por la subida del nivel del mar. En la actualidad, los países africanos destinan una media de un 10% de su PIB en adaptación contra la crisis climática. Pese a todo, la diferencia entre lo que gastan y lo que realmente necesitan es de hasta el 80%, según un informe reciente recogido por The Guardian. Todo ello contrasta con el hecho de que este continente representa el 4% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, mientras que EEUU representa el 25% del total, la UE el 22% y China el 13%.

Mohamed Adow, director de Energía y Clima del Think Thank Power Shift África, ha valorado el acuerdo final con palabras contundentes que reflejan el descontento del Sur Global con texto final de Glasgow: "Las necesidades de las personas vulnerables del planeta han sido sacrificadas en el altar del egoísmo del mundo rico. El resultado es el reflejo de una COP celebrada en el mundo rico y contiene las prioridades del mundo rico".

Combustibles fósiles

El Pacto Climático de Glasgow tiene una mención histórica a los combustibles fósiles. Las grandes potencias gasistas, petroleras y carboneras han realizado una presión única para descafeinar la ambición de esta parte del texto. Y, en parte, lo han conseguido. El miércoles se publicaba un borrador sin precedentes –ni siquiera el Acuerdo de París conseguía tal contundencia– y se pedía a los países que eliminaran de manera gradual todas las inversiones a combustibles fósiles y carbón, para fomentar el despliegue de las renovables. El resultado final ha difuminado esta parte al incluir en el texto que se eliminarán las ayudas financieras que sean "ineficientes". Una palabra lo suficientemente ambigua para que las delegaciones más contaminantes puedan seguir apoyando sus intereses en las explotaciones de nuevos y viejos yacimientos.

India ha tratado de rebajar la fuerza del texto hasta el final y ha conseguido una concesión que deja una sensación amarga, al suavizar parte del vocabulario utilizado. De esta forma, el compromiso de Glasgow no hará referencia a "eliminar gradualmente", sino a "reducir gradualmente" las inversiones "ineficientes" en carbón, gas y petróleo. Pese a todo, esta es la primera vez desde que se firmó el Protocolo de Kioto en 1997 que los países hacen referencia en un texto de alto nivel a los combustibles fósiles, cuya quema es la principal causa del calentamiento acelerado del planeta.

Mayores recortes de emisiones

En el lado positivo, las Partes reconocen en el acuerdo que no están haciendo lo suficiente para mitigar las peores consecuencias de la crisis climática. Con los planes de descarbonización y de reducción de emisiones actuales el termómetro del planeta subirá 2,7ºC a finales de década. Por ello, los países han aprobado revisar sus NDC –Contribuciones Determinadas Nacionales–, que son las hojas de ruta de cada país para reducir sus emisiones de CO2. Deberán recortarlas un 45% respecto a los niveles de 2010 para el año 2030 si quieren mantener la subida del termómetro global por debajo del grado y medio.

Durante el desarrollo de la COP26 TheWashington Post publicó una importante investigación que ponía en entredicho que las mediciones de gases de efecto invernadero realizadas por los países y entregadas a la ONU se correspondan con las que emisiones reales. Según el artículo, las 197 partes adheridas al Acuerdo de París emiten cada año entre 8.000 y 13.000 toneladas de CO2 más de lo que declaran.  

Con todo ello, los países revisarán sus planes de reducción de emisión con la intención de elevar la ambición climática. El texto del acuerdo establece que en 2022 todas las partes deberán haber presentado nuevas hojas de ruta. Además, en 2025 los Gobiernos deberán revisar si los NDC presentados están sirviendo para mantener la subida global de temperaturas por debajo del umbral de 1,5ºC determinado por los científicos del IPCC. 

"Los planes de reducción de emisiones deberían haber llegado completados a Glasgow. Por un lado, el acuerdo tiene una cara buena, porque los países tienen que reflexionar sobre la necesidad de incrementar la ambición. Pero, por otro lado, supone una patada hacia adelante estableciendo un nuevo plazo", ha opinado Juan López de Uralde, presidente de la Comisión para la Transición Ecológica del Congreso y coordinador federal de Alianza Verde.

Se aprueba el 'Artículo 6' tras cinco años de debates

El desarrollo del Artículo 6 del Acuerdo de París ha llegado a su fin, después de cinco años de debates intensos por parte de los países. Este punto tiene que ver con la creación de un mercado global de carbono con el que los Estados y empresas autorizadas puedan invertir en reducciones de emisiones en otras partes del planeta. El principal escollo era la doble contabilidad –que tanto el país inversor como el receptor se apuntaran como propias las reducciones CO2– y en Glasgow se ha prohibido.

Por contra, se permitirá que los países mantengan en el nuevo mercado de carbono los créditos adquiridos en el Mecanismo de Desarrollo Limpio, una herramienta internacional de compra-venta de derechos de emisión aprobada en Kioto en la que sólo participaban los países industrializados.

13/11/2021 20:59 Actualizado: 13/11/2021 22:18

Alejandro Tena@AlxTena


El final de la COP26: ¿Cinismo o procrastinación? ¿Cooperar o perecer?

La cumbre concluye con un documento final que empeora el primer borrador que ya era poco ambicioso y se mostraba muy servil con los Estados más poderosos

Juan Bordera 12/11/2021

La vigésimosexta edición de la COP ha concluido. Durante casi dos semanas ha tenido lugar un evento para la historia, un tsunami en el que es fácil perderse, ahogarse y dejarse ir. Multitud de informes, artículos de prensa, datos de futuros escenarios que se contradicen unos a otros y acuerdos in extremis que parecen destinados a ser, sobre todo, simples maquillajes –color verde que destiñe– de un fracaso mayúsculo. De un teatro cargado de negocionismo. Y a la vez, con algunas notas para la esperanza. Activa y desobediente. La esperanza que pretenda esperar un milagro será más bien procrastinación. Justo lo que le ha sobrado a esta COP que tiene, como mínimo, dos almas.

He tenido la suerte de poder vivir desde dentro –un pie acreditado, en la zona azul del networking y los canapés– y desde fuera –el otro pie en las marchas, acciones disruptivas y contracumbres de los pueblos– el discurrir de la parte más burocrática y pomposa de la Cumbre del Clima de Glasgow, y también la de la organización de las acciones para desestabilizar la normalidad que nos lleva al precipicio, y levantar la voz por parte de los movimientos climáticos más atrevidos. A la vista de los resultados, he de decir que estos últimos son los que más han cumplido con su cometido. A no ser que pensemos que el trabajo de los primeros era precisamente retrasar la toma de decisiones imprescindibles. En cuyo caso, habrían tenido mucho más éxito. 

Pero las cosas no son nunca tan simples. Se podría decir que existen varios países que comparten interés en frenar los avances (Arabia Saudí, Brasil o Australia serían los peores ejemplos). También los hay –la mayoría– que buscan una imagen lo más verde que te quiero verde, pero a la vez quieren frenar un acuerdo en particular sobre, por ejemplo, el carbón (Estados Unidos y China) o el metano (Rusia, Australia, India, China) porque les perjudica especialmente. Y entre medias, hay un duelo que ya lleva tiempo siendo el principio de una Guerra Fría 2.0 –que seguramente irá siendo más caliente a medida que el planeta lo sea– y que marca casi todas las negociaciones: Estados Unidos y China. La trampa de Tucídides reloaded.  

La primera semana parecía discurrir como diseñada por una campaña de relaciones públicas –probablemente no solo lo parecía. Las noticias que se fueron lanzando a las agencias y desde las cuentas personales de los altos cargos pretendían transmitir la sensación de que quedar por debajo de dos grados centígrados estaba aún al alcance. Que el Acuerdo de París seguía vivo y que la cumbre estaba siendo un éxito. India, Rusia, China y otros países se adherían a compromisos “emisiones netas cero” (volveremos luego a este peligroso mantra) y más de un centenar de países a reducir las emisiones de metano al menos un 30% para 2030. También tuvo lugar en los primeros días un esperanzador acuerdo firmado por 137 países para acabar con la deforestación. Casi todos los medios se lanzaron a compartir entonces titulares sobre un estudio de la Universidad de Melbourne (casualmente Australia otra vez) que llegaba justo a tiempo para la fiesta y que, para la tranquilidad de las audiencias, reafirmaba la posibilidad de permanecer por debajo de los famosos y temibles dos grados. 

Otra cosa diseñada es la propia arquitectura del evento anglosajón. Habrá quien piense que el emplazamiento del pabellón ruso frente a la carpa de la preocupación por el metano (el acuerdo que más les perjudicaría y que por el momento se niegan a firmar) conformando la foto perfecta es casualidad. No será mi caso.

Y llegó el día 6 de noviembre que, como si de una perfecta bisagra se tratase, iba a partir la COP26 en dos. Mientras una marcha de entre 100.000 y 200.000 personas recorría la ciudad, una veintena de científicos y científicas de alto nivel, algunos con doctorados y publicaciones, se ponían sus batas y se encadenaban en el puente de George V, cortando durante horas una de las arterias del centro de Glasgow. Los responsables de esta acción y de otras tantas –algunas de las más disruptivas durante la COP como encolarse a la sede de Scottish Power, la filial de Iberdrola–, son el colectivo Scientist Rebellion, quienes filtraron a este periodista el contenido del informe del grupo III del IPCC que CTXT publicó en exclusiva. Me siento muy honrado de conocer a estas personas, y me parecen el ejemplo más esperanzador de lo que he visto en Glasgow. Gente de diversos puntos del planeta, que se sabe privilegiada, y que precisamente por ello, ante la urgencia de la situación y la pasividad del poder, da un paso más allá. No creo que haya otro camino.

Esto que sigue es simplemente una teoría, pero así como aquel estudio australiano llegó en el momento apropiado, una vez se demostró que ni la pandemia, ni los altos precios de una ciudad como Glasgow, ni la burocracia iban a poder frenar el resurgir del movimiento climático que se ha vivido en la COP26 –con más de 150 actos en la Cumbre de los Pueblos y otras tantas acciones disruptivas y marchas espontáneas– las campañas de información más atrevidas tuvieron lugar. Buscando presionar la recta final de las negociaciones. Justo el día después de la gran marcha, el 7 de noviembre, como legitimada por ella, The Washington Post publicaba una de esas investigaciones corales que necesitan semanas de trabajo: las emisiones contabilizadas por los países –y por tanto sus compromisos y acuerdos– no están contando una buena parte de las mismas. Esta investigación, que tiene toda la pinta de confirmarse con el tiempo, añadiría una cantidad de emisiones que estaría entre las de Estados Unidos y China, los dos grandes emisores. 

Y fueron justamente los dos contendientes en la Guerra Fría que se irá calentando quienes, a dos días de finalizar la cumbre, firmaron un acuerdo que, aunque absolutamente insuficiente y que habrá que ver en qué queda, al menos parece apuntar en la dirección correcta: cooperar o perecer debería ser el significado de COP. La atmósfera no tiene fronteras, pero sí tiene límites globales que afectan a la seguridad común y que ya han sido traspasados. No nos podemos permitir otra carrera de ningún tipo cuando lo que toca es frenar. 

Antes, el día 8 de noviembre, se publicó una nota de prensa de la cual se hizo eco medio mundo, que muestra el que quizá sea el dato más revelador de esta cumbre: si la delegación de los cabilderos y lobistas de los combustibles fósiles fuese un país, sería el equipo negociador más grande. Este dato explica mejor que ningún otro por qué hay tanta procrastinación, tanta resistencia a prohibir las subvenciones a los combustibles fósiles, o por qué hay un fórmula 1 (eléctrico) en el pasillo de entrada de la Cumbre del Clima en un momento en el que la urgencia es máxima y el tiempo para reaccionar casi inexistente. 

El día 9 llegó la contestación al optimismo de la primera semana con un informe de una de las organizaciones más fiables del mundo, Climate Action Tracker, que no deja espacio a posibilismos: aun teniendo en cuenta los acuerdos de la COP26 la temperatura subiría para fin de siglo entre 2,4 y 2,7 º C. Eso si se cumplen, que, como vamos a ver, realmente es casi imposible. El contexto de crisis energética está marcando estas negociaciones porque ahora que ya se están dando los primeros pasos en la transición, se ve, claramente, que ésta va a ser mucho más compleja de lo que la habían pintado algunos. Y nadie quiere que su fuente de ingresos –en el caso de ser productor– o de su estabilidad energética –en el caso de ser dependiente de un tipo concreto de recurso energético– falle o se encarezca mucho por los acuerdos.

En los últimos días hemos sabido también del enfrentamiento entre Alemania y Francia por el conflicto con la energía nuclear y el gas. La Francia nuclear de Macron querría que una energía de la que tanto depende su país fuera clasificada como verde. Alemania se niega de forma rotunda. Ya hizo ese paso lógico y se preparó para abandonar una energía que es una bomba para las siguientes generaciones, que además de sufrir una escasez energética tendrán que gestionar los residuos nucleares de la época de la Gran Fiesta. Por eso, Alemania pide que esa distinción se le otorgue al gas, el combustible de la transición, dicen. Entre todo ese ruido de sables y negociaciones, España ha hecho poco ruido, quizá temerosa de un invierno que se antoja complejo con la crisis energética y de suministros. No tenía pabellón propio, no ha querido entrar en la alianza de Dinamarca y Costa Rica para acabar con la extracción de gas y petróleo y tampoco ha firmado el acuerdo para poner fin a los coches contaminantes en 2035. 

En los pabellones de la procrastinación y el cinismo, durante estos días, se ha debatido mucho también sobre mercados de carbono –no sirven mucho, como especifican maravillosamente aquí Alfons Pérez y Nicola Sherer– y sobre el concepto clave de esta cumbre y parece ser que de los próximos años: emisiones netas cero. Eufemismo que cabría mejor reformular y traducir: reducciones de emisiones las mínimas. A través de mecanismos de compensación como los mercados de compraventa de emisiones, la necesaria plantación de árboles o las cuestionabilísimas tecnologías de secuestro y captura de carbono, los gobiernos pretenden enterrar el problema, y fiarlo todo a que más adelante un deus ex machina tecnológico permitirá hacer factible eso de las emisiones netas cero, que, a día de hoy, y viendo la gravedad de la crisis energética actual –al principio de la imprescindible transición que milagrosamente ha de ocurrir a la vez en todo el mundo–, es como creer en unicornios voladores de colores. Simplemente es la manera de seguir con la inercia sin grandes disrupciones, sin cuestionar el modelo. Pero si queremos un cambio, el sistema actual ha de morir. Y la COP de Glasgow, esperemos, por la cuenta que nos trae, ojalá haya sido el último estertor ostentoso de un capitalismo –cuidado con las mutaciones– que cada vez es más evidente que está incapacitado para solucionar el problema que ha creado. 

Buena prueba de ello es el segundo borrador del texto de decisión de la COP26, el documento final ha empeorado un primer borrador que ya era poco ambicioso y muy servil con los Estados más poderosos. No se arregla ni siquiera el tema de la financiación a los países en desarrollo, que lleva pendiente desde el acuerdo de 2009. Para que nos hagamos a la idea de para qué sirven muchos de estos acuerdos. 

La declaración que mejor ha resumido la cumbre y la urgencia de actuar la hizo Luis Arce, presidente legítimo de Bolivia: “La solución a la crisis climática no se logrará con más ‘capitalismo verde’, o más mercados globales de carbono. La solución es un cambio de civilización, para avanzar hacia un modelo alternativo al capitalismo”. 

El capitalismo, aunque a muchos les cueste decir esta palabra, es una gran parte del problema. Y mientras sea el modelo vigente, la salida será imposible. Arce no ha dicho nada que no hayan dicho ya antes tantos otros, pero ahora lo hace refrendado por el propio IPCC y la comunidad científica. Quizá ha llegado la hora de hacerle caso a esas voces. Y salir de dicotomías paralizantes. No es tan simple como “o capitalismo o comunismo”. En medio de esas dos posturas antagónicas hay matices, hay posibilidades infinitas y debería haber diversidad –mal que les pese a algunos esta preciosa palabra– de propuestas según los contextos culturales y materiales de cada zona del mundo. Viva la diversidad y muerte al cinismo y a la procrastinación. El año que viene en Egipto nos veremos. Algo saben por allí de crisis que acaban con la caída de una civilización entera.

Por Juan Bordera, guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.

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La planta de energía nuclear Vogtle en Waynesboro, Georgia. Con 93 reactores, Estados Unidos es el mayor poseedor de centrales de esta clase. Foto Ap

Pese a los dramáticos accidentes en Three Mile Island (Pennsylvania) en 1979, Chernóbil (ex-URSS) en 1986 y Fukushima (Japón) en 2011 (https://bit.ly/3qo1fNq), ahora la primera crisis energética global en la Era Verde (https://bit.ly/3mY5DQR) orilla a que las potencias del planeta –EU, China, Rusia, Gran Bretaña y Francia–, además del polémico anglófilo Bill Gates, readopten y readapten las plantas nucleares (https://bit.ly/3wxIVT1).

Alrededor de 440 reactores nucleares proveen "casi 10 por ciento de la electricidad mundial" (https://bit.ly/3wuVkXP), y EU destaca en el primer lugar del ranking de plantas nucleares, con 93 reactores en 30 estados, con 30 (sic) diferentes empresas eléctricas. EU es seguido por Francia (56), China (50), Rusia (38), Japón (33), Sudcorea (24), India (23), Canadá (19), Gran Bretaña y Ucrania (15), España y Bélgica (siete), Suecia y Alemania (seis). México posee dos reactores en Laguna Verde, que proveen 4.9 por ciento de su electricidad (https://bit.ly/3ww8Xpw).

La controvertida y extrovertida secretaria de Energía, Jennifer Granholm (JG), asentó que la administración Biden se encuentra "muy optimista" para construir nuevos reactores nucleares (https://yhoo.it/3mWrUyG), cuando las energías solar y eólica aún no son capaces de generar una capacidad de cargabase ( baseload) ni suficientes para soportar la demanda. Comentó que 20 por ciento de la electricidad en EU y 29 por ciento global provienen de las plantas nucleares que definió como "limpias", lo cual es sumamente debatible debido a los ominosos accidentes y a las fugas radiactivas.

JG ocultó que EU es el tercer productor de carbón en el mundo, y aseveró que hoy los "avanzados reactores nucleares son seguros" (sic) cuando su precio –que hoy es excesivo– disminuiría considerablemente mediante la tecnología emergente de "pequeños reactores modulares". Por cierto, JG advirtió que los estadunidenses tendrán que desembolsar más para calentar sus hogares este invierno (https://bit.ly/3F3VbNV).

Según Bloomberg, “China planifica por lo menos 150 nuevos reactores en los próximos 15 años, más de lo que el resto del mundo ha construido en los pasados 35 años (https://bloom.bg/3C5gRHz)”, a un costo de 440 mil millones de dólares, con lo que "podrá superar a EU como el principal generador de energía nuclear en el mundo". El plan de China consiste en sustituir “casi (sic) todos sus 2 mil 990 generadores, basados en carbón, con energía limpia en 2060”, cuando "en el seno de su mix (mezcla) energético, las renovables energías eólica y solar serán dominantes", viniendo la energía nuclear en tercer lugar (https://bit.ly/3klst3n).

El muy influyente Atlantic Council de EU, donde abundan ex asesores de Seguridad Nacional, se refocila en que las "exportaciones nucleares de China pueden desafiar el dominio de Rusia" (https://bit.ly/3H5IRyK), que ostenta "60 por ciento de la venta de reactores en el mundo", cuando la principal empresa nuclear china planifica construir 30 reactores nucleares en 2030 a lo largo de su Ruta de la Seda (https://reut.rs/3F1PAYI).

Según France 24, "China desarrolla un reactor nuclear con torio", que sería un geoestratégico game changer (alternación de las reglas de juego): los presentes reactores de uranio y agua serían sustituidos por reactores de torio y sal fundida ( molten salt). China aprovecha así la posesión de sus abundantes minerales de "tierras raras", entre los que se encuentra el torio (https://bit.ly/3wzUbhB).

Según el prestigioso portal Nature, "en caso de que el reactor experimental de China sea un éxito, podría conducir a su comercialización y ayudarle a cumplir sus objetivos del cambio climático" (https://go.nature.com/3bUoKVV).

Otro game changer versa sobre la carrera espacial en la que se han enfrascado las tres superpotencias terrestres EU-China-Rusia para atesorar el helio-3 con el fin de desarrollar reactores nucleares de fusión proveniente de la Luna y los gases volátiles de los asteroides (https://bit.ly/3F0hQuB).

¡Las reservas lunares de helio-3, el "oro lunar", se supone que abastecerían la demanda energética mundial por 250 años! (https://bloom.bg/3qsH5Sx)

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Jueves, 11 Noviembre 2021 06:00

Notas sobre Brasil y el mundo

Notas sobre Brasil y el mundo

Vivimos en un periodo de "cambios de época" en todo el mundo, como resultado de la crisis estructural del modo de producción capitalista. Esto genera inestabilidad e inseguridades y reajustes en la correlación de fuerzas de clase y en la geopolítica de países y gobiernos.

Tres son los pilares de esta inestablidad: la profunda crisis del capitalismo; cambios estructurales en el mundo del trabajo y la producción y distribución, y la disputa por la hegemonía económica, política y de ideas en el mundo entre Estados Unidos y China.

En palabras de Marcio Porch­mann, este cambio tiene tres puntos centrales. El primero es la transferencia del polo dinámico del oeste al este (que incluye a Eurasia: China, India, Rusia e Indonesia, como grandes economías y naciones de alto índice poblacional).

El segundo es la entrada en la era digital: desconectarse del plan material, que incluye el remplazo del dólar como moneda internacional por otra unidad internacional digital o internacional que ya no estaría controlada por Estados Unidos.

El tercero es la reconfiguración del mundo laboral, entre trabajo de producción y trabajo de reproducción. Esto generará formas de organización y lucha de la clase trabajadora, y el surgimiento de un contingente de huérfanos o desheredados productivos.

China se está convirtiendo en una potencia económica, científica (tecnológica) y militar, que inaugura una nueva era civilizatoria. En ella, se busca cambiar la relación entre la humanidad y la naturaleza bajo la guía de una civilización ecológica y equilibrada, a fin de salvar el planeta. Promover el desarrollo sostenible de una manera amigable con el ambiente. Asumir los intereses de los pueblos como principal y máxima prioridad para promover la equidad y la justicia social entre todos los pueblos. Y organizar una nueva gobernanza mundial más justa y razonable, basada en la multipolaridad de todos los pueblos.

La crisis que vivimos es la del modo de producción capitalista. Su paradoja es que, cuanto mayor es el desarrollo capitalista, mayor es la crisis, porque la riqueza se concentra cada vez más en los bancos y las empresas trasnacionales, que son incapaces de producir los bienes que necesita la población. Y su explotación de la naturaleza está poniendo en riesgo la vida del planeta. Será una crisis de mediano a largo plazo: tres o cuatro décadas.

El campo popular padece la debilidad de las condiciones subjetivas (ideológicas y organizativas) de la clase obrera. Su capacidad de lucha, su proyecto y legitimidad en la sociedad, se quedan cortas ante la necesidad de enfrentar un periodo tan complejo.

Un papel fundamental en la lucha popular es la cuestión ambiental y contra el imperio estadunidense y sus empresas imperialistas.

Hoy, son los procesos electorales los que hegemonizan el proceso de cambio. Pero no debemos olvidar que nunca ha habido un cambio social sin luchas de masas.

En Brasil, las movilizaciones de junio de 2013 crearon condiciones ideológicas y un ambiente interno promovido por los medios burgueses en el país para la ofensiva de la derecha. El golpe de Estado de 2016 sumó a cinco fuerzas: los partidos burgués y anti-PT (Partido de los Trabajadores); los intereses del gran capital (nacional y extranjero); la política ultraneoliberal de privatización de los recursos naturales, privatización del Estado y los servicios públicos, reformas laborales y sociales; la aristocracia burocrática que controla el aparato estatal en favor del capital: Poder Judicial, Ministerio Público, Policía Federal; medios de comunicación burgueses y el aparato militar subordinado al imperialismo estadunidense.

La elección de Bolsonaro fue sólo una consecuencia de los movimientos de la burguesía anterior, que lo eligió para garantizar evitar el regreso de la izquierda y el PT. Su mandato, su carácter neofascista, la corrupción de la familia y su locura revelada en la política pro-Covid, deshizo la cohesión de la unidad de la burguesía.

Avanza la perspectiva de que en 2022 haya una lucha electoral justa. La disputa electoral se polarizará entre Lula y Bolsonaro. Aunque Bolsonaro está en declive, no se puede subestimar la fuerza de la maquinaria gubernamental.

La burguesía parece dividida, porque aún no ha logrado hacer viable electoralmente la "tercera vía". En ese escenario, trabaja con las siguientes alternativas: mantener a Bolsonaro hasta 2022, siempre y cuando se quede quieto y cumpla solo el programa del capital; o aceptar a Lula, pero negociar para limitar el programa de cambio.

Simultáneamente, continuará alimentando la "tercera vía" para ver si con su poder económico y maquinarias electorales estatales la puede hacer viable. Mientras, las instituciones del Estado buscan controlar a Bolsonaro, mantenerlo en el cabestro... pero no lo sacarán del gobierno.

En contraste, los trabajadores se mantienen a la defensiva y sus representaciones organizativas tradicionales son incapaces de movilizar a los más afectados (67 millones). Por ahora, hay una ausencia de luchas de masas que, sin embargo, pueden precipitarse durante 2022.

Por Joao Pedros Stedile. Movimiento Sin Tierra, Brasil. ­Dirigente de la Asamblea ­Internacional de los Pueblos (AIP)

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