Viernes, 05 Noviembre 2021 18:59

Rechazan China y EU reducir uso de carbón

Activistas de la organización Ocean Rebellion protestaron ayer en Glasgow para exigir alto a la pesca en alta mar. “Con la muerte del mar, morimos nosotros”, se lee en uno de los carteles. Foto Afp

La propuesta de acuerdo fue elaborada por Reino Unido // Tampoco fue suscrita por India ni Australia

 

Glasgow. China, Estados Unidos, India y Australia, que están entre los países más contaminantes del planeta y que en conjunto suman más de 53 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, se negaron a suscribir un acuerdo propuesto por Reino Unido para reducir el uso del carbón en sus actividades industriales y comerciales.

Rusia, otra nación en la lista de países más nocivos para el medio ambiente, ni siquiera entró a negociar. Sí lo hicieron y lo firmaron 40 países, pero pequeños o medianos, como Polonia, Vietnam y Chile.

La Cumbre de las Naciones para el Cambio Climático de Glasgow (COP26) no acaba de perfilar los compromisos que la mayoría de la sociedad civil representada en la cita multilateral exigen.

Mientras tanto, los representantes de las comunidades indígenas, los ambientalistas, los jóvenes –cada día más exasperados por la “negligencia” de los políticos– y la comunidad científica reclaman más contundencia para alcanzar el gran objetivo, que es no superar los 1.5 grados de calentamiento a finales del siglo para salvar el planeta. Sin embargo, los políticos y los representantes de las grandes corporaciones empresariales, que son finalmente los que están negociando en privado las resoluciones definitivas del encuentro, siguen lanzando mensajes decepcionantes.

El gobierno de Reino Unido, anfitrión de la cumbre, informó los días previos que ayer, fecha dedicada a la transición energética de la COP26, se daría un anuncio importante de cara al futuro, pero las negociaciones encallaron en algún momento, porque finalmente se confirmó no sólo que el acuerdo era insuficiente, sino que se habían descolgado cuatro de los países que más interesaba incluir, al ser los más contaminantes, y en el caso de Australia, uno de los principales productores y exportadores de carbón.

El gobierno británico explicó que el acuerdo sigue abierto, para el que quiera sumarse a lo largo de la COP26 y en el futuro, y detalló que entre los más de 40 países que se han adherido a la declaración se incluyen 18 que se comprometieron a eliminar gradualmente y/o no construir o invertir en nuevas energías que utilicen carbón, como Polonia, Vietnam y Chile. Además, otras 28 naciones se han adherido a una “antigua alianza del carbón” para eliminar gradualmente el uso de este combustible fósil.

La ausencia de los cuatro países citados es en realidad un impedimento fundamental para lograr el gran objetivo de 2030, ya que China, por ejemplo, es el primer emisor mundial de gases de efecto invernadero y se calcula que sólo en 2021 lanzó a la atmósfera 31 por ciento del total de dióxido de carbono, según un informe presentado, paradójicamente, también en la COP26 y casi de forma simultánea a la presentación del fallido acuerdo.

Ese mismo informe, además, confirmó algo malo para el medio ambiente y supuestamente bueno para la recuperación económica tras la pandemia: que los índices de emisión de dióxido de carbono se han recuperado del todo y ya se han alcanzado de nuevo los niveles de 2019. El informe fue elaborado por científicos de la Global Carbon Project, que expresaron su profunda preocupación ante el giro que está tomando la COP26 con un rubro tan vital para el mundo como el del carbón y el de la transición energética.

El informe explica que en el año de la pandemia, 2020, hubo un descenso de 5.4 por ciento de las emisiones mundiales y que, tras recuperarse la actividad anterior a la crisis sanitaria, no se descarta un nuevo aumento en 2022.

En concreto, está previsto que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcance 414.7 partes por millón (ppm) en 2021, lo que supone 49 por ciento más que en los niveles preindustriales (siglo XVIII), cuando era de 277 ppm.

Pierre Friedlingstein, del Instituto de Sistemas Globales de Exeter, Reino Unido, y autor principal del estudio, explicó durante la presentación que “el rápido repunte de las emisiones tras la pandemia refleja un retorno hacia la economía basada en los combustibles fósiles y refuerza la necesidad de una acción global inmediata sobre el cambio climático”.

En el informe también se señala, con pesar, que China sigue siendo el principal emisor y que sigue aumentando el uso de combustibles fósiles. Al igual que India, con lo que entre los dos son los “responsables históricos de la mayor parte de las emisiones acumuladas hasta la fecha”. Un balance al que hay que sumar a Estados Unidos.

Por Armando G. Tejeda

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China pretende superar el arsenal nuclear de EU para mediados de siglo: Pentágono

Washington. China desarrolla su arsenal nuclear mucho más rápido de lo esperado, lo que resalta los progresos de un poderío militar diseñado para igualar o superar el de Estados Unidos para mediados del siglo, y ahora tiene capacidad para lanzar misiles balísticos armados con cabezas nucleares desde tierra, mar y aire, indicó ayer el Pentágono

Agregó que el número de ojivas nucleares chinas puede aumentar a 700 en seis años y rebasar mil para 2030. El reporte no precisó cuántas ojivas tiene China en la actualidad, pero hace un año poseía 200, cifra que es muy probable aumentará al doble al final de esta década.

En comparación, Estados Unidos tiene 3 mil 750 armas nucleares y no planea aumentar su capacidad. Apenas en 2003, su total era de unas 10 mil. El gobierno de Joe Biden hace una revisión de su política nuclear y no ha dicho cómo eso podría ser influenciado por las preocupaciones sobre China.

El nuevo informe del Pentágono afirma que la rápida modernización militar de China apunta a tener para 2027 la capacidad de superar cualquier retroceso en los esfuerzos para recuperar Taiwán, ya sea mediante presión o la fuerza militar.

Washington ha pedido en repetidas ocasiones a China que se sume al nuevo tratado de control de armas que acordó con Rusia.

El potencial chino para aumentar su arsenal subraya la urgente necesidad de conversaciones pragmáticas bilaterales o multilaterales para reducir los riesgos nucleares, comentó Daryl Kimball, director ejecutivo de la Asociación de Control de Armas.

En este contexto, la guardia revolucionaria iraní frustró un intento de Estados Unidos de detener un petrolero en el Mar de Omán, informó la televisión estatal, que afirmó que el incidente tuvo lugar en días recientes.

Al ser contactada para hacer comentarios, la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos, con sede en Bahréin, declaró que vio informes del incidente, pero que no tenía información.

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¿Qué es Build Back Better World, la respuesta de EEUU a la Nueva Ruta de la Seda china?

América Latina y sus necesidades en infraestructura se convertirán en el nuevo escenario de medición de fuerzas de las principales potencias económicas, afirma en conversación con Sputnik el analista internacional Bienvenido Chen Weng.

La 47ª cumbre del G7 celebrada en junio de 2021 en Cornualles, Reino Unido, fue la plataforma de lanzamiento de la iniciativa Build Back Better World (B3W) como respuesta a la Iniciativa de la Franja y la Ruta china —BRI, por sus siglas en inglés—.

La iniciativa B3W, liderada por Estados Unidos y secundada por los países miembros del G7, aspira a reducir las necesidades de alrededor de 40.000 millones de dólares en inversiones y proyectos de infraestructura en países en vías de desarrollo para el año 2035.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta de 2013 —también conocida como la Nueva Ruta de la Seda china— es una estrategia global orientada a perfeccionar las vías de transporte y de comercio existentes y crear nuevas, como en el caso de América Latina, vinculando entre sí a más de 60 países.

La Nueva Ruta de Seda fue promovida por el presidente de China, Xi Jinping, en septiembre de 2013 durante su visita de Estado a Kazajistán.

La propuesta china ha crecido de forma rápida y gana terreno en América Latina, teniendo como principal objetivo el desarrollo de infraestructura en la construcción de carreteras, sistemas de ferrocarriles, puertos, dragados de ríos, entre otros.

¿Por qué no antes?

China se ha convertido en el mayor socio comercial de América Latina y el comercio entre ambos alcanzó la cifra récord de 307.400 millones de dólares en mediciones prepandemia en 2018.

Este escenario provocó la reacción de Estados Unidos, "que ha lanzado y liderado este proyecto [B3W] para hacer frente y otorgar una alternativa diferente a la BRI", explica a Sputnik el analista en Relaciones Internacionales Bienvenido Chen Weng del Observatorio de Política de Asia-Pacífico de Madrid.

Estados Unidos ha criticado el proyecto chino, en varios aspectos de la iniciativa como la transparencia y el impacto medioambiental. Además, la firma de memorándums de entendimiento para unirse a la ambiciosa iniciativa de infraestructura, "tampoco están supeditados a cambios en el régimen político, ni le exigen ninguna política de derechos humanos o cambios democráticos", sostiene Chen Weng.

Nuevo actor en el 'patio trasero'

La cooperación económica no ha tenido el efecto esperado en los países en vías de desarrollo. Las economías latinoamericanas "han tenido la sensación de que no han cubierto las necesidades que tenían, y luego de 70 años no han logrado el desarrollo aún. Siguen estando prácticamente en el mismo punto que hace siete décadas", subraya el analista internacional.

Antes de la aparición de China, de su ascenso como potencia económica, "Estados Unidos y el mundo occidental en general, no tenía una competencia real".

Aparece un nuevo actor, que es China, un actor con mucho dinero, "logrado con el superávit que ha tenido en el ámbito de la exportación y con mucho dinero disponible para prestar", afirma Chen Weng.

'Modus operandi' chino

Hay un concepto acuñado por el analista indio Brahma Chellaney, llamado "la trampa de la deuda", vale decir, que los proyectos chinos "al final buscan ofrecer acuerdos insostenibles para luego apropiarse de la infraestructura de esos países cuando estos no pudieran pagar", explicó el analista.

En Sri Lanka, ejemplifica el analista, han llegado al punto de no ser capaces de devolver préstamos chinos y "han tenido que entregar la gestión del puerto de Hambantota, que es un puerto bastante estratégico que da hacia el océano Índico", en un contrato con una duración de 99 años.

El interés real de China con la nueva Ruta de la Seda, "no es un tema estratégico, sino más bien económico"

.Occidente en general y Estados Unidos en particular, "se sienten amenazados —porque ha aparecido un actor muy importante, muy potente, que puede incluso rivalizar con ellos— al proponer un proyecto tan grande como el BRI chino, pues al final tienen que dar la sensación de que ellos también tienen esa capacidad, y no solo China", concluyó Chen Weng.

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La firma Microsoft afirmó el lunes que piratas informáticos rusos están detrás de un nuevo asalto contra objetivos estadunidenses y europeos.Foto Afp

Eamon Javers de CNBC –ligado al complejo-militar industrial-digital (https://cnb.cx/3CirdoL)– relata la prospectiva del Centro Nacional de Contraespionaje y Seguridad (NCSC, por sus siglas en inglés, https://bit.ly/3Ek82eF) –que depende del Director de Espionaje Nacional (DNI, por sus siglas en inglés, https://www.dni.gov/ )– que advierte que "el estatus de EU como superpotencia global (sic) depende de mantener su liderazgo en cinco cruciales tecnologías".

1) Inteligencia artificial (IA): sin llegar al dramatismo del prodigio francés Nicolas Chaillan de que China lleva ventaja de 20 años (https://bit.ly/2XLKHCX), el reporte reconoce que Pekín "posee el poder, talento y ambición para superar potencialmente (sic) a EU como líder mundial en IA en la próxima década si las presentes tendencias no cambian". Rusia también es muy competitiva con su Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología.

2) Computación cuántica: "resuelven ciertos problemas más rápido que las computadoras ordinarias" y a "gran escala permiten potencialmente (sic) la decriptación de protocolos de ciberseguridad mayormente usados, poniendo en riesgo la infraestructura que protege las comunicaciones económicas y de seguridad nacional" cuando "el ganador tendrá una tremenda ventaja estratégica". Los "radares cuánticos pueden detectar los aviones furtivos y los submarinos de EU".

3) Bioeconomía/biociencias: cunde alarma en EU por la compra de plantas manufactureras en Alemania por Pekín y la ubicación de otras plantas biológicas de EU en China que construye plantas en Massachusetts, Delaware e Irlanda, como consecuencia de la elevada demanda de vacunas y otros productos biotecnológicos para las próximas pandemias. Ya no habrá necesidad de que China "hurte (sic) la propiedad intelectual", sino que con la "manufactura de escala" Pekín "controla las plantas por default".

4) Semiconductores: comporta una consustancial "naturaleza frágil" de su cadena de abasto cuando "EU es muy dependiente de una sola compañía en Taiwán", además que China y Rusia pueden penetrar la cadena de abasto de EU y "colocar chips comprometedores en los sistemas comerciales y de defensa de EU". A mi juicio, uno de los factores de la intensificación de la contienda de Aukus –Australia/Reino Unido/EU– en el estrecho de Taiwán contra China versa sobre el oligopolio de los chips de Taipéi.

5) Sistemas autónomos: grupo conectado de redes de IP (protocolo de Internet) manejado por una única entidad administrativa (https://bit.ly/3pFFAzR). Según el NCSC, "presentan una amenaza potencial (sic) de seguridad, al expandir el tipo de objetivos, los hackers coleccionarán una enorme cantidad de big data".

Conclusión: según el NCSC, China y Rusia “han usado una mezcla de métodos legales e ilegales (sic) –desde alquilar talentos, pasando por megafusiones hasta el hackeo y el espionaje de la vieja usanza– para hurtar (sic) y replicar la tecnología de EU”. Peor: los rivales de EU han penetrado las universidades e industria de EU, lo cual va mucho más allá de la "pérdida de la propiedad intelectual" que subsume la "pérdida completa del modelo de negocios", donde su principal vulnerabilidad se centra en la "tecnología de la salud".

Otra área de profunda preocupación radica en la pérdida de EU en su "habilidad para desarrollar y manufacturar su propia cadena de abasto biológica y de salud", como sucedió con las mascarillas chinas que le procuraron a Pekín "ventajas estratégicas". De dos cosas una, o las dos: o EU se ha vuelto muy paranoide o ya no sabe competir en su falaz entelequia del "libre mercado" –que ni es libre ni es mercado– al juzgar que China y Rusia "tratan de hurtar (sic)" sus descubrimientos e innovaciones cuando, en realidad, el mirífico avance científico de Pekín y Moscú no es de ayer y forma parte de sus tradiciones epistemológicas. Llama poderosamente la atención que el NCSC no haya incrustado dentro de su taxonomía tecnológica de punta a los misiles hipersónicos de Rusia y China que han dejado atrás a EU.

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Liu He y Janet Yellen, en diálogo comercial y político.. Imagen: AFP

Ambas delegaciones señalaron sus preocupaciones

Estados Unidos y China vuelven a dialogar sobre sus disputas comerciales. El viceprimer ministro chino, Liu He, que supervisa asuntos económicos, y la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, hablaron por video conferencia en un intento por reanudar el diálogo seriamente dañado durante el mandato de Donald Trump.

El líder negociador comercial chino y uno de los vice primeros ministros del país, Liu He, y la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, celebraron hoy una reunión virtual en la que mantuvieron un "amplio diálogo" sobre economía, informó la agencia de noticias Xinhua. Según ese medio el intercambio, celebrado en la mañana de este martes se centró en asuntos como la situación macroeconómica o la cooperación multilateral, y fue "franco, práctico y constructivo".


Ambas delegaciones estuvieron de acuerdo en que la recuperación económica mundial se encuentra en "un momento crucial" y que, frente a ella, es importante que ambas superpotencias "fortalezcan la coordinación y la comunicación de sus políticas macroeconómicas", informó Xinhua. La delegación china mencionó su preocupación por las sanciones y los aranceles impuestos por Estados Unidos y por el trato que reciben las empresas chinas.

Preocupaciones

Por su parte, Yellen "planteó con franqueza cuestiones que le preocupan". El gobierno estadounidense emitió un brevísimo comunicado sobre la conversación. En el texto no detallaron las preocupaciones de Washington, pero añaden que la funcionaria estadounidense espera mantener futuras conversaciones con Liu, encargado de liderar las relaciones comerciales del gigante asiático con EE.UU.

En un comunicado del ministerio de Comercio de China indicaron que ambas partes señalaron la importancia de reforzar la comunicación y la coordinación de las políticas macroeconómicas. Beijing también expresó su preocupación por los aranceles estadounidenses y el trato justo a las empresas chinas, según el comunicado.

Esta es la segunda reunión entre Liu y el Gobierno de Biden este mes después de un intercambio con la Representante Comercial de Estados Unidos, Katherine Tai.
"La evolución de nuestras economías tienen importantes implicaciones para la economía mundial", señaló Yellen, según el informe oficial estadounidense, que califica el intercambio con Liu de "franco".

Los dos países habían firmado una tregua a principios de 2020, justo antes de que el mundo fuera paralizado por la epidemia de Covid-19. Según los términos del acuerdo, China aceptó comprar productos estadounidenses por dos años por un monto de 200.000 millones adicionales de dólares. 

China y Estados Unidos intentan reanudar el diálogo sobre sus disputas comerciales desde que el presidente Joe Biden llegó a la Casa Blanca. Las relaciones entre las dos potencias se habían deteriorado bajo la anterior administración del presidente Trump (2017-2021), que lanzó una guerra comercial contra el gigante asiático. El enfrentamiento llevó a tarifas aduaneras adicionales recíprocas sobre muchos bienes, que aún se aplican a pesar de una tregua firmada entre los dos países en enero de 2020. 

Después de Trump

Durante el gobierno de Trump otros aranceles se adoptaron como una forma de castigar a empresas “consideradas como una amenaza para la seguridad nacional” de Estados Unidos. La Casa Blanca incluso publicó una lista de entidades con las que el país norteamericano no podía comerciar y que llegó a 300 inclytendo a grandes empresas de telecomunicaciones como Huawei y ZTE, Corporación Internacional de Fabricantes de Semiconductres SMIC (fabricante de tarjetas informáticas a quien Trump limitó el acceso a las tecnologías de última generación de EEUU) y al fabricante de drones DJI.

El gobierno de Biden también tiene en su gabinete a funcionarios con una línea dura sobre las relaciones comerciales con China. La secretaria de Comercio de EE.UU., Gina Raimondo había asegurado que desde su cargo planeaba "ser muy agresiva para ayudar a los estadounidenses a competir con las prácticas injustas de China”.

“China se comportó de formas que claramente son anticompetitivas”. Tras las declaraciones de Raimondo durante su audiencia de confirmación, Beijing le pidió a Washington "corregir sus errores".  “El último gobierno de Estados Unidos optó por el proteccionismo y la intimidación e inició malévolamente una guerra comercial" contra China, afirmó entonces Zhao Lijian, el vocero del ministerio de Relaciones Exteriores de China.

27 de octubre de 2021

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La Unión Europea, entre el Escila y el Caribdis de EU y China, sin contar su burbuja verde

El espectacular pacto trilateral defensivo Aukus (Australia/Reino Unido/Estados Unidos) agarró desprevenida a Francia –y por extensión a la Unión Europea (UE), de la que ya no forma parte el Reino Unido desde su Brexit– y constituyó también una “puñalada trapera” al acuerdo de venta de submarinos convencionales de combustible diésel a Australia con una pérdida comercial de 66 mil millones de dólares (https://bit.ly/3AxjEcN).

La “puñalada trapera” que le propina la anglósfera a Francia pone en la picota la cohesividad de la OTAN y, más que nada, obliga al replanteamiento geoestratégico de la política exterior muy hedonista de la UE que tenía un pie geopolítico con Estados Unidos/OTAN y otro pie geoeconómico con China, que han puesto en riesgo de fractura a su propio cóccix (https://bit.ly/3EMPpRt).

El devenir de la UE dependerá de la virtual conformación del gobierno de coalición (https://bit.ly/3m3B1wV) –el llamado “semáforo”: conformado por el Partido Social Demócrata de Olaf Scholz, los verdes de Annalena Baerbock y los liberales democrátas pro noratlantistas de Christian Lindner–, y la elección presidencial en Francia el año entrante (24 de abril) con su previsible ballotage (segunda vuelta).

Después de abril, los mandatarios de Alemania y Francia definirán su destino como lo hicieron antes el legendario general francés Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, padre de la resurrección alemana (curiosamente, ambos de confesión católica).

Ni el presidente galo Emanuel Macron ni la canciller saliente alemana Ángela Merkel deseaban tomar partido en la confrontación cada vez más ascendente de Estados Unidos contra China, debido a su enorme intercambio geoeconómico que mantienen con Beijing, mientras le cedían cómodamente a la OTAN/Estados Unidos la cobertura de su seguridad europea frente a Rusia.

¿Cómo quedará la “nueva estrategia de cooperación de la UE con la región Indo-Pacífico”, de doble carácter tanto geoeconómico como militarista, después de la bofetada que le propinó Biden?

La UE buscaba “fortalecer su posición comercial estratégica en el Indo-Pacífico, una región que se extiende desde la costa este de África hasta los estados insulares del Pacífico, que aproximadamente representa 60 por ciento del PIB global y de la que se espera que en 2030 provenga 90 por ciento de la clase media mundial”, al unísono de contar con “una presencia naval europea significativa en el Indo-Pacífico” (https://bit.ly/3EKvMJW).

¿Cómo quedará el patrullaje naval de Alemania con Australia en la región del Indo-Pacífico? (https://bit.ly/39wJUYP).

La fragata Bayern, uno de los buques de guerra más grandes de Alemania, ya había zarpado hacia el Indo-Pacífico en agosto (https://bit.ly/2W5Evov).

Según Roger Cohen, veterano periodista de The New York Times, a Estados Unidos le ha disgustado la equidistancia geoeconómica de la UE con China y Estados Unidos, además no digiere el concepto de “autonomía estratégica” del presidente Macron (https://nyti.ms/3prifSb).

No se puede soslayar la precaria dependencia energética de la UE cuando su absolutista apuesta por la “burbuja verde” la ha arrojado a los brazos gaseros de Gazprom y del Nordstream 2 de Rusia.

Alemania, la máxima potencia geoeconómica de la UE, se precipitó al querer brincar la inevitable “fase de transición” sin combustibles fósiles y sólo con sus renovables energías eólica y solar que se descarrilaron con las inundaciones y la notable ausencia de vientos favorables (https://bit.ly/3n9VKhS).

Según el Consejo Editorial del Wall Stret Journal, “los líderes europeos se lesionaron a sí mismos en energía, al proseguir una agenda climática que no tendrá efecto en el clima (sic), pero incrementa los precios, dañando a los consumidores y a la industria, y ahora empodera a los matones (sic) en el Kremlin” (https://on.wsj.com/2XxWjJF).

Entre tanto, el zar Vlady Putin celebra su estratégico triunfo gasero, el destino ontológico y teleológico de la UE se vislumbrará prístinamente a partir de diciembre, con la conformación del gabinete “semáforo” de coalición de Alemania, al 24 de abril de 2022, fecha de la elección presidencial en Francia.

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Estados Unidos y China. La polarización del orden internacional

China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. Cuáles son los puntos de conflicto. 

 

Los caminos que llevan a la OMC

Por Julieta Zelicovich (*)

La proximidad de la 12º Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) lleva a poner la mirada en Ginebra -sede de este organismo- y a evaluar cómo las tensiones de la política mundial se enlazan con las dinámicas del comercio y la economía global. Y es que, en el marco de un orden internacional signado por la polarización creciente entre EE.UU. y China, la dimensión comercial ha tenido una relevancia destacada. Por un lado, porque en la dimensión comercial ha sido donde se ha manifestado parte de esa transición hegemónica, expresándose entre otros en el crecimiento de China como principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo, así como en el abultado déficit comercial que Washington registra respecto de Beijing. Por otro lado, porque fue a partir de la “guerra comercial” que EE.UU. buscó revertir esa situación.

En el medio de estos procesos se encuentra la OMC: organismo internacional en el que se establecen los marcos normativos para la política comercial y el espacio para la cooperación multilateral necesaria para lidiar con las fricciones que genera el movimiento constante de contenedores alrededor del mundo. Dos cambios sustantivos en el plano de las ideas y narrativas respecto de las relaciones comerciales internacionales resultan relevantes para entender el presente y futuro inmediato de esta organización:

En primer lugar, el cambio de énfasis en las relaciones exteriores, especialmente por parte de los EE.UU., de un enfoque de “ganancias absolutas” en el cual el énfasis se pone en el largo plazo y en la idea de que todos los países pueden ganar en el comercio internacional, a un enfoque de “ganancias relativas”, en donde lo que es significativo para la política internacional es quién se lleva la principal rebanada de ese reparto. El comercio global deja de ser pensado en términos de especializaciones competitivas y beneficios globales y se aproxima a un juego de suma cero.

Para la administración Biden esta lógica es especialmente clara en sector del acero, de paneles solares y en algunos sectores agrícolas y en semiconductores. En la base de este cambio hay un dato ineludible: en 20 años mientras que EE.UU. duplicó sus exportaciones de 729.100 millones de dólares en 2001 a 1.431.610 millones de dólares en 2020, China las multiplicó por 10 pasando de 266.098 millones a 2.590.221 millones de dólares.

En segundo lugar, y de la mano de lo anterior, hay un cambio en la manera de entender la globalización. La internacionalización de los capitales y la interdependencia, otrora vistos como oportunidad y como dinámica hacia la explotación de las eficiencias del sistema capitalista global, hoy son redefinidos como amenazas potenciales y no solo como oportunidad.

La globalización es interpretada como un factor que incrementa la vulnerabilidad de las economías. Surgen como respuesta nociones de “seguridad económica” como pilares claves en la definición de las acciones de política económica y comercial, destacándose el crecimiento de medidas proteccionistas a la par del desarrollo de iniciativas que impulsan aumentar la “resiliencia” de las cadenas de valor mediante una fuerte intervención estatal.

En un mundo de ganancias relativas por sobre ganancias absolutas, y de la globalización entendida como vulnerabilidad, la cooperación multilateral se presenta como una meta ambiciosa. Sin embargo, el hecho de que el comercio internacional sigue siendo un fenómeno global (y la certidumbre y estabilidad del mismo, un bien público colectivo), genera los incentivos para que aquello que acontece en Ginebra siga siendo relevante.

A seis semanas de la Conferencia Ministerial de la OMC la administración Biden-Harris ha realizado una nueva movida en el tablero de la gobernanza del comercio internacional. La directora del USTR, Katherine Tai, presentó en Ginebra un discurso con los lineamientos centrales de EE.UU. hacia la OMC, después de años en los que la administración Trump amenazara incluso con retirarse del organismo. En los lineamientos de política comercial establecidos en febrero 2021 se había anunciado una articulación simultanea de estrategias bilaterales y el multilateralismo, pero no había habido hasta ahora definiciones sustantivas respecto de la OMC, y en los hechos salvo por la aceptación de nombramiento de Ngozi Okonjo-Iweala como Directora General, la política de Biden era muy similar a la de Trump.

En este nuevo discurso, EE.UU. plantea su compromiso hacia el multilateralismo, con una mirada optimista y de largo plazo, lo que es ciertamente un cambio. De momento, se anuncia un mayor involucramiento por parte de EE.UU. en negociaciones multilaterales por cuestiones como transparencia y subsidios a la pesca, así como un mayor compromiso en términos del consenso e inclusividad en los procesos decisorios. Sin embargo, el cambio puede ser cosmético: perdura el bloqueo al órgano de apelaciones y se siguen desarrollando acciones que cuestionan abiertamente el orden basado en reglas.

Además, no puede dejar de ponerse en relación estas nuevas declaraciones con la estrategia bilateral hacia China enunciada a comienzos de mes. En efecto, respecto de Beijing, la autoridad comercial de los EEUU (USTR) presentó una combinación de acciones unilaterales y bilaterales con la búsqueda de “aliados” para construir una “economía internacional más justa” en las que las democracias de mercado puedan “llegar a la cima”. Así, esta vuelta hacia Ginebra podría ser parte de esa estrategia en la que la OMC será disputada, como reflejo de esas concepciones de ganancias relativas. La reunión de ministros que arranca el 30 de noviembre será una ocasión estratégica para discernir cómo este complejo conjunto de elementos se articula en el multilateralismo realmente existente, que surfea entre las lógicas de competencia, coexistencia y cooperación.

(*) Doctora en Relaciones Internacionales. Profesora en Universidad Nacional de Rosario e Investigadora en CONICET.

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El mundo que cruje

Por Gustavo A. Girado (**)

Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores crearon un marco institucional que respondiera a sus intereses. La Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y toda una gran parafernalia institucional fue diseñada al calor de los valores e intereses que marcaba la agenda de aquellos que habían ganado y, más aún, ellos establecieron formatos, normas y estándares para el funcionamiento institucional y la producción de bienes y servicios. Era el momento de las instituciones “Post-Bretton Woods”, uno en el cual los valores de oriente no se encuentran contenidos, pues no había lugar para considerar los de aquellos que habían perdido -Japón-, ni tampoco los de quienes estaban en guerra civil -Corea, China-, que desde entonces consolidaron su dependencia.

Los que fijaron estándares eran dueños del conocimiento, los que generan valor agregado manufacturero y destinan recursos a inventar, patentar y finalmente innovar, y que se hacen del mercado pues llegan primero. Pero una vez que nace la República Popular China, sus necesidades la hacen trabajar intensamente para reducir aquellos grados de dependencia para convertirse en un país soberano. Hoy China cuestiona aquellos formatos institucionales y por eso aquel mundo Post-BW cruje pues otros reclaman una participación acorde a su importancia relativa, y bogan por una nueva arquitectura internacional, por refundar gran parte de aquella institucionalidad y estimulan esquemas de gobernanza global que contemplen más los intereses de las economías en desarrollo. Hasta ahora, la ausencia de respuesta política global ha conseguido que China establezca otra institucionalidad, la suya (AIIB, BRICS, OCS, BRI, etc.). Que China había ya entrado en una “nueva era”, se supo de la misma boca de Xi Jinping en 2017, y que incluso debía “ocupar un lugar central en el mundo”.

Dos años después, y frente a la visible escalada del conflicto comercial (en el marco de la mencionada “guerra”, en particular desde Trump en adelante) y la menos visible del conflicto tecnológico, la misma autoridad china usó la idea de una “Nueva Larga Marcha” para describir el empeoramiento de la relación de China con Washington y preparar a la población para los eventuales momentos turbulentos que se avizoraban.

Hoy EE.UU. ya no es el hegemón que cuenta con una red de alianzas que refuerza gran parte de aquel orden que supo forjar, caracterizado por estar basado en (sus) reglas. China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. La lista de puntos de fricción es larga y el espectro, amplio. De todos, la tensión en el frente tecnológico está en el centro de la disputa pues el objetivo de EE.UU. es detener el escalamiento tecnológico chino. En la zona cero del conflicto se encuentran los semiconductores y los circuitos requeridos por los microchips. Se llegó a sanciones tecnológicas con alcance extraterritorial, prohibiendo la venta de semiconductores y los medios para fabricarlos en terceros países que emplean grandes cantidades de tecnología estadounidense, y hasta a persuadir al gobierno de Países Bajos para que detenga las ventas de equipos avanzados de litografía en chip a China (caso ASML, único fabricante de máquinas ultravioleta extremas), boicot tecnológico que empujó a China a impulsar su autosuficiencia. Con el Congreso norteamericano en homogénea hostilidad bipartidista contra China, con Biden no se ven diferencias políticas importantes (excepto liberar a la directora de Huawei), y así la competencia basada en tecnología se intensifica. El éxito competitivo depende críticamente del control que se tenga de los derechos de propiedad intelectual y de la capacidad de controlar estándares de interfaz y arquitectura abiertos, pero propios, lo que termina aumentando la importancia política y económica de la estandarización, lo que creo constituye la pelea de fondo: quién establece las normas, patrones y estándares de la tecnología por venir (5G, IoT, etc.).

(**) Director – Posgrado en Estudios en China Contemporánea UNLa.

 

 18 de octubre de 2021

Producción: Javier Lewkowicz

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Choque energético global: "burbuja verde" de 150 millones de millones de dólares

En forma apocalíptica, la revista globalista neoliberal The Economist (https://econ.st/3ASnhcC), vinculada con los intereses de la Banca Rothschild, proclama "el primer gran choque energético de la era verde: existen graves (sic) problemas con la transición a la energía limpia" (sic).

Hasta la flemática reina Isabel II de Inglaterra comentó muy molesta que el mundo habla mucho, pero no implementa la "economía verde" que, como los fallidos Covax/Gavi (https://bit.ly/2YXqCtO), forma parte del proyecto del "gobierno mundial" de la monarquía neoliberal británica.

The Economist sintetiza lo archisabido sobre el alza antigravitatoria de 95 por ciento (sic) del precio de la canasta de petróleo, carbón y gas, mientras Gran Bretaña regresó a las centrales eléctricas de carbón (¡megasic!), por lo que The Economist juzga que "sin reformas rápidas (sic) habrá más crisis energéticas y, quizá, una revuelta (sic) popular contra las políticas climáticas".

Según The Economist, que naturalmente defiende los plutocráticos intereses de la bancocracia globalista, la grave crisis se debe a "tres problemas":

  1. "Las inversiones en energía son la mitad de lo que deberían ser para alcanzar el cero neto en 2050", por lo que los "combustibles fósiles, que satisfacen 83 por ciento de la demanda energética primaria", deberán ser reducidos "hacia cero". ¿Que harán de aquí a 30 años sin gas, que es el "estabilizador de apoyo" de las intermitentes energías renovables?
  1. La geopolítica no pierde su eterna guerra de propaganda contra el "autocráticopetro-Estado" Rusia, fuente de 41 por ciento de las importaciones de gas” y cuya "influencia crecerá conforme abra el gasoducto NordStream2 y desarrolle mercados en Asia". The Economist incita a las "pudientes (sic) democracias a abandonar la producción de combustibles fósiles".
  1. "El diseño defectuoso (sic) de los mercados energéticos", en un "nada confiable mercado spot" que, no lo dice, es el magno incitador de la especulación financierista de entrega inmediata.

Como antítesis a The Economist, vale la pena detenerse en los muy solventes axiomas geoenergéticos del zar Vlady Putin (https://bit.ly/3FRdgQL) cuando de nueva cuenta Prometeo ha sido encadenado (https://amzn.to/3aHDruD) por los globalistas financieristas y su especulativa "burbuja verde".

Daniel Paul Goldman, de Asia Times, alertó juiciosamente sobre una "burbuja verde" por 100 millones de millones de dólares (https://bit.ly/3DI2IRS), mientras Mark Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra, ahora desempolvado como "enviado especial" de la ONU para Finanzas y Acción Climática, en una bombástica entrevista con Libby Casey, del Washington Post (https://wapo.st/2XhcZVE), no ocultó que el sector financiero y los bancos privados (sic) tendrán la tarea de forzar al mundo a la economía verde del "carbón neutral", mediante la "tubería" (plumbing) del sistema financiero para alimentar la "burbuja verde" notoriamente especulativa, en detrimento de las inversiones de la economía productiva: "es el conductor fundamental de cada decisión para las inversiones o para la decisión de empréstitos", por lo que la COP26 requiere de "mucho dinero", será una "enorme inversión en todo el mundo de entre 100 y 150 millones de millones de dólares de finanzas externas en las próximas tres décadas".

Será por medio del financierismo, el verdadero poder de Global Britain desde La City, que erradicará los combustibles fósiles con la "metodología de inversiones" ESG: Ambiente/Social/Gobernanza. The Economist también proyecta el financiamiento de la "burbuja verde" entre 4 y 5 millones de millones de dólares al año, es decir, entre 120 y 150 millones de millones de dólares en 30 años, fecha final para el "carbón neutral" (https://bit.ly/3DHZDRU).

Cual su costumbre supremacista, la monarquía globalista neoliberal de Gran Bretaña da línea neomaltusiana, imponiendo su agenda globalista financierista con disfraz "verde", y resetea su unilateral "nuevo orden mundial" mediante su reingeniería sicobiologista para avanzar la agenda de "Global Britain" (https://bit.ly/2Z1UAgn).

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Aspecto del Pabellón de España titulado Inteligencia para la vida, presentado en la Expo 2020 Dubái, el 1º de octubre en esa ciudad de Emiratos Árabes Unidos.Foto Ap

Cabe recalcar el axioma geoestratégico del zar Vlady Putin a unos estudiantes en las afueras de Moscú: “La inteligencia artificial es el futuro, no sólo de Rusia, sino de toda la humanidad; ello traerá colosales oportunidades, pero también amenazas que son difíciles de predecir. Cualquiera que lidere la inteligencia artificial controlará el mundo (https://bit.ly/2YRJFG1)”.

El prodigio francés de 37 años Nicolas Chaillan lanzó una verdadera bomba atómica en una entrevista al rotativo globalista Financial Times (10/10/21), al afirmar que había renunciado a su puesto hace justo una semana como jefe de Ciberseguridad del Pentágono (https://bit.ly/3mNvU39) debido a que EU ya perdió la batalla de la inteligencia artificial (IA) frente a China, cuando “la ciberseguridad de EU en algunos departamentos gubernamentales se encuentra a un nivel de kindergarten”.

Chaillan comentó que no tenemos una oportunidad competitiva para luchar contra China de 15 a 20 años, mientras Pekín se encamina al dominio global debido a sus avances en IA, aprendizaje automático y capacidades cibernéticas. Su renuncia fue en protesta al paso lento de la transformación tecnológica del ejército de EU y porque no deseaba quedarse viendo a que China supere a EU. Chaillan aduce que China está lista a dominar el futuro del mundo, controlando todo (sic), desde las narrativas de los multimedia hasta la geopolítica.

Fustiga la reticencia de Google para colaborar con el Departamento de Defensa de EU sobre IA y critica acerbamente los interminables debates sobre la ética de la IA que han ralentizado su desarrollo en EU, mientras, en contraste, los chinos hacen todo lo contrario. Aquí se equivoca Chaillan, pues el Partido Comunista Chino ha procurado sus axiomas bioéticos, más persuasivamente superiores a la depredadora bioética capitalista con disfraz de regulador estatal (https://bit.ly/3v2QX5C). Reconoce que EU gasta tres veces más que China en Defensa, pero asintió que existe mucha disipación, pues la extra liquidez era inmaterial debido a los muy elevados costos, además que eran colocados en los rubros erróneos, mientras la burocracia y la sobrerregulación obstruyen el cambio más que necesitado del Pentágono.

La dilapidación y la disipación del gasto militar del Pentágono son legendarias donde se han llegado a extraviar (sic) en forma surrealista hasta 35 (¡megasic!) millones de millones de dólares (trillones en anglosajón; https://bit.ly/30pBQbj), sin contar el extravío del contralor del Pentágono, el rabino (literal) Dov Zakheim ( https://bit.ly/3ayzW9P), por 2.3 millones de millones de dólares. No comment!

El libro seminal de Andrei Martyanov (https://amzn.to/3FGX1p5) expone cómo el Deep State de EU dilapida su gasto militar. En el rubro de las armas hipersónicas, EU viene en tercer lugar detrás de Rusia y China (https://bit.ly/3ABuXA3), que acepta hasta el mismo STRATCOM, mientras los expertos rusos alardean su ventaja de 20 años. Si es de fiar la bombástica confesión de Chaillan, ahora EU estaría rezagada en IA otros 20 años, esta vez detrás de China.

En medio de su dislocación centrífuga, ¿qué le queda a EU, la otrora superpotencia militar, fuera de su control financiero globalista, su dólar, su dominio del FMI y el Banco Mundial, aparte de su supuesta supremacía marítima, su omnipotente maquinaria propagandística, su pacto comercial tripartita del T-MEC y su nuevo pacto defensivo del Aukus? Cabe la posibilidad de que el prodigio francés de la ciberseguridad, Chaillan, esté exagerando el rezago de EU en la IA con el fin de causar alarma en el Congreso para obtener un mayor gasto militar en tal rubro y, de paso, obligar a los gigantes de Silicon Valley a colaborar más estrechamente con el Pentágono. ¿Qué sucedió, pues, con el tan cantado Defense Innovation Board (DIB, por sus siglas en inglés; https://bit.ly/3awQ7Vq) que dirige el israelí-estadunidense Joshua Marcuse (https://bit.ly/3mHTvCm)? ¿Le habrá hecho daño al Pentágono, la atomización de la ciberprivatización a ultranza del disfuncional sistema capitalista en EU?

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Las maniobras militares han llegado al borde del paroxismo por medio de ejercicios conjuntos de Estados Unidos con sus aliados en el mar del sur de China. En la imagen de 2017, fuerzas especiales de Taiwán durante un simulacro militar.Foto Afp

Arrecia la escalada militar del pacto de defensa Aukus (https://bit.ly/3FpuUe2) y China en la región más incandescente del planeta (https://bit.ly/3oLboCO): el volcánico estrecho de Taiwán –que separa de 180 km a la renegada isla secesionista de su madre patria–, donde se escenifica simultáneamente, de manera paradójica, una relativa distensión geoeconómica acoplada.

Las maniobras militares han llegado al borde del paroxismo con el anuncio simultáneo del pacto defensivo de Aukus y de ejercicios militares conjuntos de Estados Unidos con sus "aliados" en el mar del sur de China.

Ya la revista globalista The Economist había colocado desde principios de mayo a Taiwán como "el lugar más peligroso del planeta" (https://bit.ly/3oKgbEz), mientras Kissinger alertaba a la “extinción termonuclear de la humanidad por una guerra fría de Estados Unidos contra China” (https://bit.ly/2YBy2Cz).

El teniente coronel retirado Daniel Davis comenta en la revista globalista británica The Guardian, íntima de George Soros, que "Estados Unidos debe evitar a todo precio una guerra con China por Taiwán" (https://bit.ly/2YEdaeu) y prevé que el "resultado más probable sería una derrota convencional" (sic) de Estados Unidos, pero que podría escalar fuera de control a un "intercambio nuclear" en el "peor caso". Davis aconseja que "Washington debe continuar abrazando la ambigüedad (sic) estratégica, pero en forma privada (¡megasic!) hacer saber a los líderes de Taiwán que no vamos a librar una guerra con China".

No faltan cabezas calientes, como el muy famoso coronel Lang, quien recomienda una "guerra nuclear preventiva" de Estados Unidos para aniquilar todo el arsenal nuclear de China (https://bit.ly/3iP4fh5).

The Wall Street Journal reveló la presencia desde hace un año de marines para entrenar al valetudinario ejército taiwanés (https://on.wsj.com/3Ane37T) –que sigue comprando armas masivamente sin ton ni son a Estados Unidos–, lo cual China define como una "invasión" (sic) a su integridad territorial bajo el concepto de "una sola China" que fue aceptada tácitamente por la dupla Nixon/Kissinger en 1973 y que luego fue formalizada por la dupla Carter/Brzezinski con el mandarín Deng Xiaoping en 1978.

La escalada llevó a que la CIA abriera un "Centro de Misiones para China", cuyo director William Burns considera la "amenaza geopolítica más importante a la que nos enfrentamos en el siglo XXI" (https://bit.ly/3amIL6u).

El ejército chino lanzó 155 incursiones aéreas en las cercanías de Taiwán, sumadas de maniobras de los submarinos de Beijing en las aguas compartidas. El mismo día (¡megasic!) se reunieron en Zurich durante seis horas (sic) el asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Jake Sullivan, y el ya célebre Yang Jiechi, el más alto funcionario de relaciones exteriores de China y miembro del politburó del Partido Comunista.

La trascendental reunión fue producto de la llamada telefónica del presidente Joe Biden a su homólogo el mandarín Xi Jinping, lo cual abrió la posibilidad de un encuentro entre ambos, sea por teleconferencia o de forma presencial (https://bit.ly/3Duh3Bg).

En forma impactante, el rotativo oficioso chino Global Times epitomiza que la reunión en Zúrich "puede brindar frutos".

En Zúrich abundó más la lingüística de "competición responsable", de "reacoplamiento" y hasta de cooperación, en lugar de "confrontación" y "desacoplamiento", en medio de la reciente liberación de la heroína china Meng Wanzhou, hija del mandamás de Huawei y encarcelada de manera injusta en Canadá por exigencia de la administración Trump.

Una cosa es segura: el encuentro de Zúrich fue más fructífero que la fallida reunión de Alaska (https://bit.ly/3uVZnM1), mientras, paradójicamente, en el rubro militar se ha estirado la liga al máximo sobre el devenir aleatorio de Taiwán.

¿Quién se quedará con los semiconductores de Taiwán? ¿Cuál será la postura de Rusia –que actualizó su política de disuasión nuclear el 2 de junio del año pasado (https://bit.ly/3iKI3EO)–, supuesta aliada de China, en el hipotético escenario de una "guerra preventiva nuclear" de Estados Unidos contra China?

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