Jun Fujita Hirose.. Imagen: Gentileza Javier Bendersky

Entrevista al filósofo y crítico de cine japonés

La Covid-19 es el virus a través del cual se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China, define el autor de ¿Cómo imponer un límite al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari. En este estado "agónico" del sistema, plantea también la posibilidad de una revolución.

 

Para el filósofo y crítico de cine japonés Jun Fujita Hirose, en medio de la crisis generada por el coronavirus, el capitalismo se encuentra en una etapa "agónica" y de "destrucción creativa". Así lo explica, en comunicación con Página/12 desde Tokio: "En la transición actualmente en curso, el capitalismo destruye o deprecia los viejos capitales ligados al régimen norteamericano y petrolero, al mismo tiempo que crea o aprecia los nuevos, ligados al régimen chino y de metales raros". Esta es una de las conclusiones de su libro ¿Cómo imponer un límite absoluto al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari (Tinta Limón ediciones). 

En otras palabras: el nuevo coronavirus es el "virus de destrucción creativa" con que se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China; el "estallido definitivo de un régimen de acumulación de capital que estaba en crisis permanente desde hace 50 años". Hirose cree que el capitalismo puede haber creado el virus, haberlo "deseado" para salvarse a sí mismo; o que por lo menos se hace evidente que está extrayendo "beneficios" de él. "En los primeros meses de la pandemia, Bolsonaro y Trump no aceptaban el fenómeno. Tampoco el gobierno japonés. Había dos campos: uno insistía en que era muy importante y otro que no. Los corona-escépticos eran los del viejo régimen, el norteamericano, y el campo-corona era el del chino", contrasta. Y completa: "Cuando observás lo que está pasando en el mundo te das cuenta de que tenés que estar del lado chino para seguir tu crecimiento. Cuatro, cinco meses después del comienzo de la pandemia, Estados Unidos, Brasil, Japón acabaron por aceptar la existencia del fenómeno. Hay una formación de consensos de todas las economías del mundo".

A su vez, en el momento actual se están formando "dos grandes máquinas de guerra en paralelo" y en su alianza el autor encuentra un potencial revolucionario: se trata de "lxs trabajadorxs metropolitanxs abandonadxs por los viejos capitales en destrucción y los pueblos minoritarios en lucha para defender sus territorios contra las explotaciones neoextractivistas organizadas por los nuevos capitales en transformación". 

A estas conclusiones llega en su nuevo libro después de un delicado análisis en torno a tres trabajos políticos fundamentales de Gilles Deleuze y Félix Guattari que contienen la pregunta de cómo derribar al capitalismo. En cada texto los filósofos ubican un agente central del proceso revolucionario: los proletarios en la lucha de clases, en El anti-Edipo (1972); las minorías en su lucha en torno a los axiomas, en Mil mesetas (1980); y el hombre, el ciudadano ante lxs marginadxs, en ¿Qué es la filosofía? (1991). El japonés actualiza la pregunta y ofrece su hipótesis en un momento en que el capitalismo (y su posible derrumbe) se ubicó en el centro de los discursos filosóficos, por lo menos en el mainstream de la disciplina.

Una rareza del pensamiento de Hirose es que él posa su mirada en Latinoamérica. En efecto, señala que la alianza de potencial revolucionario está ocurriendo ahora mismo en Chile. "Desde la aparición del zapatismo en 1994 hasta el actual proceso constituyente chileno no cesan de multiplicarse experiencias políticas verdaderamente innovadoras en América latina", sugiere. Hace 20 años que en su país se encarga de "presentar nuevas prácticas y teorías latinoamericanas, dado que hay muy poca gente que lo haga". Junto al colectivo Situaciones publicó el único libro en japonés sobre el desarrollo de "los nuevos movimientos en Argentina en la primera mitad de los años 2000"; y es el autor del primer texto en japonés sobre Ni Una Menos. Aprendió español en París, cuando vivía en una residencia universitaria junto a estudiantes mexicanos.

"Lxs trabajadorxs metropolitanxs devienen-revolucionarios cuando entran en alianza con los pueblos minoritarios, dado que la formación de los nuevos capitales corresponde perfectamente al interés de clase de lxs primerxs, por cuanto les crea nuevos empleos", asegura el profesor de la Universidad Ryukoku (Kioto). "El actual proceso constituyente chileno está acompañado de la formación a nivel nacional de una alianza muy parecida a la que acabo de dibujar de manera hipotética, y es un devenir-mujer transversal el que la posibilita."

-¿Puede explicar esta idea?
-Por un lado, desde mediados de los años 2010, el feminismo constituye el movimiento social y político más potente en el ámbito metropolitano en muchas partes del mundo y en América latina en particular. Por otro lado, las mujeres indígenas y afrodescendientes latinoamericanas luchan contra el colonialismo neoextractivista bajo el lema: “¡No se puede descolonizar sin despatriarcalizar!”. En Chile, lxs metropolitanxs devienen-mujer al aire de Lastesis, al mismo tiempo lo devienen los pueblos indígenas. A través del devenir-mujer lxs metropolitanxs se componen con los pueblos indígenas en un gran movimiento destituyente y constituyente. En Mil mesetas Deleuze y Guattari dicen que “todos los devenires comienzan o pasan por el devenir-mujer” (una forma del devenir-minoritario, en la cual los hombres se arrancan junto con las mujeres de la binaridad patriarcal de lo masculino-mayoritario y lo femenino-minoritario). Todo esto explica cómo lxs chilenxs llegaron a elegir a una mujer mapuche, Elisa Loncon, como presidenta de su asamblea constituyente.

-La idea de un potencial revolucionario para cambiar el sistema suena esperanzadora. Pero incluso usted advierte en el libro cómo las revoluciones pueden quedar integradas al capitalismo. ¿Por qué en este caso habría una diferencia?
-Es muy difícil contestar ese tipo de cuestión. No tengo respuesta. Una crítica muy común a Delleuze y Guattari consiste en decir que no se puede devenir-revolucionario sin la revolución. Pero cuando vemos lo que está pasando en Chile podemos invertir esta crítica para decir que no se puede hacer una revolución sin devenir-revolucionario. En Mil mesetas los autores se preguntan qué pasará cuando la máquina de guerra sea vencida por el aparato del Estado. Y dicen que sobrevive en el interior de los individuos y como una especie de sociedad secreta. Mantiene siempre su potencia para poner en cuestión al Estado.

-¿Cómo sería una revolución en el contexto actual?
-Si actualmente la supervivencia del capitalismo depende de la formación de nuevos capitales industriales y ésta última depende del desarrollo de explotaciones extractivistas, su pregunta se puede traducir en la de cómo impedir que se lleven a cabo los proyectos extractivistas en todas partes del mundo. Esos proyectos no se realizan cuando rechazamos todxs trabajar para ellos. ¿Cómo podemos llegar a tal rechazo generalizado? Cuando liberamos nuestro deseo de su subordinación a la lógica del interés, es decir, cuando todxs devenimos-revolucionarios. Es esa subordinación la que nos hace desear entrar o quedarnos en las relaciones salariales con el capital. En resumen, la revolución no se hace sin nuestro devenir-revolucionario.

-¿Cómo se vivieron las restricciones por la Covid-19 en la sociedad japonesa?
-Frente a la extraña coexistencia de los Juegos Olímpicos con la pandemia (y, además, con una central nuclear accidentada que sigue emitiendo radioactividad en el aire, en el suelo y en el mar), creo que muchxs habitantes en Japón se dieron cuenta de hasta qué punto Deleuze y Guattari tenían razón al definir el capitalismo como “axiomática”, es decir, un conjunto abierto de axiomas. En matemáticas se llama “axioma” a una proposición independiente, mientras que un “teorema” es una proposición que depende de un axioma o de otro teorema. Lo que la situación japonesa nos muestra bien es el hecho de que las políticas sanitarias son axiomas capitalistas que pueden coexistir con todos los otros axiomas capitalistas completamente indiferentes a la cuestión sanitaria, como aquellos con los cuales se celebran los Juegos Olímpicos. En su última coloboración Deleuze y Guattari dicen de los derechos humanos que son axiomas capitalistas que pueden coexistir --y coexisten de hecho-- con aquellos genocidiarios. Podemos decir lo mismo en lo que respecta a la cuestión medioambiental: los acuerdos internacionales de protección ambiental pueden perfectamente coexistir con las actividades que los ponen en suspenso o ignoran, tales como las explotaciones extractivistas en el sistema capitalista. Definiendo el capitalismo como axiomática, Deleuze y Guattari lo presentan como un conjunto de problemas para los cuales no hay soluciones más que creativas. Lxs humanitarixs, por ejemplo, deben hacer un esfuerzo más, el cual consistirá en crear una solución más general que la de la universalización de los derechos humanos. Lo mismo para lxs ecologistas, que deben ir más allá de su lucha por los axiomas verdes y crear una solución más general, capaz de imponer un límite absoluto a la axiomática capitalista misma

Por María Daniela Yaccar

11 de septiembre de 2021

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Así es cómo China planea convertirse en la economía líder del mundo

Recientemente, Bloomberg consideró que la economía china podría superar a la de Estados Unidos en una década. Un experto explica cuáles son los planes del país asiático para convertirse en líder del mundo en el sector económico.

China ha demostrado que se esfuerza no solo para superar a Estados Unidos en términos de PIB, sino también para reemplazar a la nación norteamericana en la cadena de valor global, apuntó el medio estadounidense.

Sin embargo, si antes China tenía al mercado inmobiliario y a la esfera de la construcción de infraestructura como los principales motores de crecimiento, ahora, se centrará en lograr el liderazgo mundial en el sector manufacturero.

Pese a que a China se le llama la "fábrica mundial", en los últimos años se ha observado una disminución de la participación del sector manufacturero en la economía del país. A medida que aumentó el nivel de vida general en la nación asiática, disminuyó su competitividad como fábrica global con mano de obra barata.

En las últimas dos décadas, el PIB per cápita de China se ha multiplicado por diez, hasta alcanzar los 10.000 dólares. Para 2035, el país se ha dado la tarea de alcanzar el nivel de los países desarrollados que, según los estándares del Banco Mundial, corresponde a los 30.000 dólares. La tarea es ambiciosa, pero China ha logrado más de una vez implementar lo que parecía difícil en términos económicos en su historia reciente. En algunas pocas décadas, 800 millones de personas salieron de la pobreza en el país, por ejemplo.

A partir de la segunda mitad de la década de 2000, China empezó a lidiar con el problema del crecimiento a través de la inversión en el mercado inmobiliario y en la construcción de infraestructuras. En ese momento, esta era probablemente la mejor solución, ya que las reformas agrarias que luego se llevaron a cabo en el país hicieron que la tierra se convirtiera en la fuente de ingresos más importante para los gobiernos locales. Además, el rápido ritmo de urbanización observado en el país en la época también impulsaba la demanda para el desarrollo del mercado inmobiliario, explica Jia Jinjing, subdirector del Instituto de Investigación Financiera de Chongyang en la Universidad Popular de China, en una entrevista con Sputnik.

"Desde el inicio de la implementación de la política de reforma y apertura en China, el proceso de urbanización ha avanzado rápidamente. Su ritmo fue uno de los más altos del mundo. Si en 2000 la proporción de la población urbana era del 38%, en 2020 esta cifra superó el 60%. Y un ritmo de urbanización tan rápido, por supuesto, requería la construcción de viviendas a gran escala", explicó el experto.

Según agregó Jia Jinjing, en el proceso de desarrollo del mercado de la vivienda, el papel de la asignación de terrenos para la construcción también ha cambiado. La tierra se ha convertido en un factor importante y participante de la cadena industrial, apunta el experto, antes de aclarar que esto se refleja no solo en la demanda de vivienda, sino también en el desarrollo de inmuebles comerciales.

La construcción de infraestructura se dio también para suplir las demandas objetivas generadas por la urbanización. Además, la crisis financiera mundial de 2008 exacerbó todavía más estas tendencias. En aquella ocasión, para apoyar la economía del país, las autoridades chinas asignaron una cantidad sin precedentes de fondos. Más del 12% del PIB del país se gastó en proyectos de infraestructura, así como en el desarrollo del mercado inmobiliario.

Los proyectos de infraestructura ayudaron a crear puestos de trabajo y generar un fuerte crecimiento del PIB. Sin embargo, no se podía contar con estos incentivos a largo plazo. Existía una amenaza de sobrecalentamiento en el mercado inmobiliario. La construcción masiva de infraestructura también creó ciertos desequilibrios, haciendo que el nivel de deuda creciera en la economía.

La necesidad de un nuevo modelo de crecimiento hizo que, en los últimos años, las autoridades chinas pasaran a hablar con frecuencia sobre la necesidad de estimular el consumo interno como el principal motor futuro que hará crecer la economía. El raciocinio detrás de ello es lógico: a medida que crece el PIB per cápita y, en consecuencia, el bienestar de la sociedad, aumenta su poder adquisitivo.

Además, el enfrentamiento con algunos países occidentales, en particular con Estados Unidos, mostró que China no debe depender excesivamente de los mercados externos, sino que debe desarrollar su potencial nacional. El nuevo plan económico quinquenal del país asiático apunta en gran medida a lograr su independencia tecnológica e industrial y a llenar los vacíos en las cadenas de producción, dice Jia Jinjing.

"Actualmente se trata principalmente del campo de macrodatos y las industrias que están asociadas con la automatización industrial. Por ejemplo, la industria inteligente. Podemos decir que China tiene una excelente base de macrodatos. Otra área importante es la superación de los llamados 'cuellos de botella', es decir, el rezago en áreas como la creación de chips y otros componentes básicos", sostuvo el especialista.

En los próximos años, la nación asiática pondrá énfasis en el desarrollo de sus propias cadenas productivas y en la formación de personal calificado, no solo en la industria, sino también en otras áreas, incluida la ciencia fundamental. En particular, se dará destaque a las tecnologías como la producción de chips, las computadoras cuánticas, la ingeniería genética y la biotecnología, entre otras

Algunos expertos temen que al centrarse en el desarrollo doméstico, China ralentice el ritmo de su política de reforma y apertura. Al mismo tiempo, la confrontación con Estados Unidos en la industria de alta tecnología solo se intensificaría. Para Jia Jinjing, estos son temores infundados, ya que China y Estados Unidos actúan en campos distintos y, en lugar de enfrentarse, se complementan.

"Estados Unidos y China siguen diferentes caminos de desarrollo industrial. En Estados Unidos, el principal objetivo es la tecnología de la información. Muchas industrias sirven a este complejo, están lejos de la industria tradicional. Además, la producción tradicional estadounidense fue sacada del país hace unos 20 o 30 años. Por lo tanto, ya no existe una base de producción correspondiente en los EEUU. China, por otro lado, está desarrollando su industria en una dirección completamente diferente. Por lo tanto, es más probable que los dos países se complementen", subrayó el académico.

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:18

Orwell, Kafka, Afganistán

Orwell, Kafka, Afganistán

El otro día –tras un buen rato de no seguir la prensa ni medios de allá– estaba mirando cómo los valientes soldados polacos instalaban en la frontera con Bielorrusia “en tiempo récord” 6 kilómetros de valla de alambre de cuchillas. Tres capas. Dos metros y medio de altura. El previamente instalado muro de 150 kilómetros de puro alambre de púas resultó supuestamente “demasiado débil”. ¿El propósito? Según el gobierno, “proteger a Polonia de la migración” y “de los terroristas de Irak y de Afganistán” (bit.ly/38A7ljn). O sea, refugiados civiles, buena parte mujeres y niños que huyen de sus países, reventados por las guerras neoimperiales.

El ministro de Defensa se congratulaba –y ensalzaba a sus tropas– como si hubiéramos (ahora sí) parado una blitzkrieg nazi o mandado de vuelta a la casa, con la cola entre las piernas, al ejército de Stalin.

¿Cuántos materiales televisivos recordaban que éramos los primeros en sumarse a la invasión de Irak (2003) –incluso a cargo de una de las zonas de ocupación allí– librada con base en mentiras orwellianas: armas de destrucción masiva (WMD), complicidad con Saddam en el 9/11, etcétera, unas, que le causarían envidia al propio Goebbels y harían parecer a Molotov un nene de pecho?

¿Cuántos reportajes, sin importar si era la tele estatal, llena de propaganda y medias verdades como en tiempos comunistas, o la privada de los “luchadores por la libertad (y el libre mercado)”, mencionaban, en conexión con la reciente debacle (bit.ly/3yyiiwv), que éramos igualmente los primeros a mandar las tropas a Afganistán (2001) a pedido de nuestro “compadre”, Bush Jr?

Pues... ninguno (de los que alcancé a ver).

Ningún link entre nuestra complicidad en reventar aquellos países y la “amenaza ante portas”, como si la imagen de los mismos soldados, ahora en la frontera con Bielorrusia, pero antes en las calles de Bagdad y Kabul, no fuese capaz de agitarle la memoria a nadie.

Tampoco ninguna reflexión acerca de las lecciones de la crisis de los refugiados (2015) desencadenada por otra guerra, en Siria –a esta, milagrosamente, ya nos negamos a ir–, pero en la cual Polonia, aún bajo otro gobierno (neo)liberal, estaba en la primera fila de crueldad y xenofobia que caracterizaron la respuesta de la Unión Europea (UE).

Ahora que un grupo de 32 refugiados está atrapado en una “tierra de nadie”entre Polonia y Bielorrusia –con otros muchos en la zona– “en una bizarra confrontación kafkiana entre ambos países” (bit.ly/3DqslHE), como reportó The Guardian: yo ya tuve que apagar la tele polaca..., en la cual Varsovia y Bruselas acusan a Lukashenko de “librarles una guerra híbrida” y “vengarse por las sanciones” queriendo “desestabilizar a la UE”, tampoco a nadie se le despertó la conciencia.

La noción de lo kafkiano fue acuñada en los 30 por Malcolm Lowry para denotar –tal como la entendemos generalmente– una “pesadilla burocrática” o situación que oscila desde lo absurdo al ridículo (véase: Michael Löwy, Franz Kafka, soñador insumiso, Taurus, México 2007, pp. 131-135). La palabra empezó a vivir su propia vida, hasta el punto que su (sobre)uso, hizo que se “erosionara” y empezara a perder el sentido (bit.ly/3DxOiVu); lo mismo pasó de hecho con el adjetivo “orwelliano” vaciado hasta cierto punto del sentido (bit.ly/3kDF699), que apunta tanto a la destrucción del pensamiento independiente, decepción, como a la propia “erosión del lenguaje” y que –dadas las tendencias autoritarias y/o posfascistas del actual gobierno polaco de extrema derecha–, quizás sería igualmente apropiado.

En fin.

Yo digo que si un grupo de 32 personas, independientemente de dónde venga y a dónde va, es capaz de –juzgando por la reacción de Varsovia y Bruselas–, “desestabilizar a la UE”, pues bueno, ya... El último apaga la luz.

Además, si hay alguien que ha estado desestabilizando por años y trabajando duro para reventar (desde dentro) la UE son los reaccionarios polacos en el poder – with a little help of Orbán– ignorando resoluciones de la Comisión Europea, atacando cortes, medios, buleando a mujeres, minorías y arrasando –muy en el espíritu de 1984– con la disidencia y todo lo que se oponía a su “sincronización”( gleichschaltung) católica y nacionalista (perdón por andar fifí, pero la inserción de bloques religiosos hasta en un canal de radio pública de música clásica fue la gota por la cual ya dije “basta” con los medios de allá...).

Son ellos más bien que por el bien de Europa –por si hay algo digno de salvar de ella... ¡sí, me acuerdo de usted, Zygmunt Bauman!– deberían ser acorralados por un alambre de cuchillas. Arrestados y expulsados.

Lo que pasa en la frontera polaco-bielorrusa no es kafkiano. Es vergonzoso e inhumano. O bueno, que sea kafkiano: al final el gran George Steiner también apuntaba a esta faceta de “inhumanidad” en su lectura de El proceso (Löwy, p. 131).

El mismo chantaje, “de abrir la llave con los refugiados”, Erdogan le está haciendo desde hace años a la UE. Pero como Turquía es miembro de la OTAN, pues bueno... Todo en familia. Lukashenko, verdaderamente despreciable, como enemigo, es perfecto. Y como los europeos, no sólo los gringos, acabaron de salir volando de Afganistán con la cola entre las piernas –junto con las últimas tropas polacas recibidas en estas semanas como “héroes” por aquel mismísimo ministro de Defensa (bit.ly/3jxrfC0)–, siempre se ocupan nuevos.

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:11

El botín de la conquista

El botín de la conquista

AFGANISTÁN Y LA ECONOMÍA MUNDIAL DE LA GUERRA

La idea de que vivimos un período de relativa paz y prosperidad en la historia mundial pasa convenientemente por alto algunos detalles.  El éxito de las élites empresariales tiene no pocos vínculos con la violencia y la brutalidad padecidas hoy en el Sur Global.

El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, contuvo las lágrimas durante una emisión de la cadena LBC cuando se supo que los talibanes consolidaban su control sobre Afganistán. «Lo que más lamento es que algunas personas no regresarán», dijo Wallace. Entre 2003 y 2005, el ahora ministro fue director en el extranjero de Qinetiq, la empresa de tecnología militar creada en abril de 2001, cuando se privatizó la agencia estatal británica de Investigación y Evaluación de Defensa. Los ingresos de la compañía rondan hoy los 1.000 millones de libras al año.

Los contradictorios roles de Wallace –un exejecutivo de alto nivel de una empresa que lucra con la «guerra contra el terrorismo» reconvertido hoy en ministro de alto rango que afirma, con razón, que Reino Unido le debe mucho al pueblo de Afganistán– reflejan una contradicción mayor. Por un lado, es obvio que la guerra es un negocio lucrativo. Y la «guerra contra el terror», que ha hecho crecer enormemente la dependencia de los gobiernos occidentales con respecto a mercenarios y contratistas privados, ha sido especialmente lucrativa, disparando al alza en los últimos 20 años las ganancias de los accionistas de las cinco principales empresas de defensa del mundo (véase, en este número, «Ganar y perder en Kabul»). Por otro lado, si se considera el lugar que ocupan la guerra y la conquista en la economía y en las ciencias sociales en general, es evidente que la mayoría de los economistas del mainstream continúa ignorando las formas en que la guerra contra el terrorismo enriquece a un pequeño pero influyente número de personas.

Es un problema tan nuevo como antiguo. Los proponentes del laissez-faire en el siglo XIX se esforzaron de manera deliberada para crear una brecha perceptiva entre conflicto bélico y comercio. Frédéric Bastiat (1801-1850) creía que el libre comercio sin restricciones podía ser una fuente de paz mundial. Pero, para conseguirlo, la gente tenía que fingir que en el mundo real el comercio estaba tan libre de conflictos como él lo deseaba en sus fantasías teóricas. «Eliminemos de la economía política todas las expresiones tomadas del vocabulario militar: luchar en igualdad de condicionesconquistaraplastarestrangularser derrotadoinvasióntributo, tales expresiones son contrarias a la cooperación internacional», escribió Bastiat.

John Stuart Mill también trató de fingir que el mundo era más pacífico de lo que en realidad era. En su célebre obra El sometimiento de las mujeres, Stuart Mill elogia a «las naciones más avanzadas del mundo (incluido Reino Unido) por allanar el camino hacia una nueva era de libre comercio, marcada por relaciones consensuales entre las naciones en lugar del principio bárbaro de la ley del más fuerte». Es una afirmación divertida para hacer en pleno apogeo del imperio británico. Es cierto que, en el continente europeo, hubo hacia la última mitad del siglo XIX una disminución de las guerras entre las potencias. Pero solo pasando por alto la violencia y la brutalidad que se desataba en las colonias podían Mill y otros economistas mantener que el comercio libre y pacífico era lo prevalente, cuando la realidad es que no lo era.

Uno de los herederos actuales de Mill a este respecto es el psicólogo y lingüista Steven Pinker, cuyos Los ángeles que llevamos dentro (2011) y En defensa de la Ilustración (2018) describen cómo, en los últimos 300 años, se habría registrado una disminución de la violencia mundial. Sin embargo, sus afirmaciones son principalmente un artefacto de oportunismo estadístico. El número de personas desplazadas que huyen de conflictos armados está hoy en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, pero los refugiados apenas reciben mención en los best sellers de Pinker.

Como ha señalado el sociólogo Michael Mann, la teoría de Pinker sobre la disminución de la violencia se basa en una visión convencional de la guerra que considera como progreso que las guerras entre los Estados europeos hayan disminuido, mientras que las guerras civiles fuera de Occidente han proliferado. El problema, como enfatiza Mann, es que la visión convencionalignora la participación angloestadounidense en esas guerras civiles no occidentales. Es la forma de mantener una falsa apariencia de manos limpias.

El economista estadounidense Tyler Cowen, en tanto, atribuye el estancamiento del crecimiento económico en las naciones occidentales a una supuesta falta de guerras. «Vivimos en esta divertida burbuja mundial en la que no ha habido ninguna gran guerra últimamente», sugirió Cowen en su pódcast en 2017, a poco de cumplirse 20 años de la «guerra contra el terror» liderada por Estados Unidos.

La afirmación es profundamente cuestionable por una serie de razones. En primer lugar, aunque la guerra genera a menudo grandes ganancias, estas se reparten por arriba: enriquece a las elites, pero no al resto de nosotros. No existe vínculo directo entre las guerras y la riqueza nacional en general, como bien señaló Adam Smith: «Desde el establecimiento de la Compañía de las Indias Orientales, por ejemplo, los demás habitantes de Inglaterra, además de estar excluidos del comercio, deben haber pagado, en el precio de los bienes provenientes de las Indias que ellos han consumido, no solo por todas las ganancias extraordinarias que la compañía pudo haber obtenido de esos bienes como consecuencia de su monopolio, sino también por todo el extraordinario derroche que el fraude y el abuso, inseparables de la administración de una compañía tan grande, necesariamente deben haber ocasionado».

Incluso Forbes, difícilmente una enemiga de las grandes empresas, describió la narrativa de Cowen como económicamente engañosa y «de miedo». Pero, aun si el botín de la conquista hubiera beneficiado a la nación agresora en su conjunto, no es razón suficiente para elogiar la guerra deliberada como fuente de beneficios económicos.

 Una pregunta más profunda es qué se considera una gran guerra, una guerra digna de mención o consideración. Millones de personas han muerto como resultado directo de las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, pero, para Cowen, estas muertes parecen tener una importancia insignificante. Es preocupante cuánta gente estaría de acuerdo con él. Bastiat se salió con la suya: el lenguaje de la conquista ha sido, en gran parte, desterrado del mainstream de la economía política. Según la organización de Reino Unido que impulsa la Campaña contra el Comercio de Armas, en ese país hay cerca de 200 ex funcionarios públicos que ahora trabajan en las industrias armamentística y de seguridad. El nexo financiero entre la guerra contra el terrorismo y los miembros de los gobiernos occidentales no ocupa mucho tiempo en los medios. Muchos académicos y legisladores parecen preferir que así sea.

(Publicado originalmente en London Review of Books. Traducción de Brecha.)

Por McGoey, profesora de sociología y directora del Centro para la Sociología Económica y la Innovación en la Universidad de Essex.

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China acusa a EE.UU. de militarizar el espacio extraterrestre

China criticó las actividades de EE.UU. en la órbita y afirmó que provocan la militarización del espacio extraterrestre.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, aseguró que, en los últimos años, "EE.UU. ha posicionado abiertamente el espacio exterior como un nuevo territorio de combate, ha creado una Fuerza Espacial y un Comando Espacial independientes, y ha llevado a cabo enérgicamente el desarrollo del poder en el espacio exterior. China está profundamente preocupada por esto", aclaró.

Según Wenbin, China, Rusia y otros países trabajan para negociar instrumentos legales que permitan controlar y mantener pacífico el espacio extraterrestre. A su vez, Washington "se ha resistido pasivamente durante mucho tiempo al proceso de negociación […] y ha utilizado la llamada 'amenaza del espacio exterior chino' para desviar la atención internacional".

En esta situación, el portavoz de la diplomacia china indicó que "una serie de acciones" de EE.UU. destinadas a militarizar el espacio reiteran "la urgencia de negociar y concluir instrumentos jurídicos" para el control del área.

De esta manera, el diplomático chino comentó las recientes declaraciones del jefe del Comando Espacial estadounidense, James Dickinson, quien aseveró que su cuerpo está listo para realizar ejercicios militares en el espacio.

Dickinson aseveró que el Comando Espacial ha madurado hasta convertirse en una "fuerza de guerra". "Hemos salido de nuestra fase de creación. […] El Comando Espacial de EE.UU. está listo para disuadir el conflicto y, si es necesario, derrotar la agresión y, junto con aliados y socios, defender nuestros intereses vitales en el dominio espacial", declaró.

26 agosto 2021

(Con información de Russia Today) 

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 Marines de Estados Unidos brindan asistencia durante una evacuación en el aeropuerto internacional de Kabul, Afganistán, el viernes pasado. Foto Afp

Detrás del desastre muy cantado de Estados Unido y la OTAN en Afganistán (https://bit.ly/3sBYqam) se encuentra el velo de las enormes ganancias circulares del Pentágono y la bancocracia de Wall Street, además de las pletóricas reservas de "tierras raras" y litio (https://bit.ly/3B5R8Pr).

Al contrario de la revista globalista británica The Economist –que disminuye a la mitad los costos de la guerra en Afganistán y que promovió el narconeoliberalismo-militarizado (https://econ.st/3kgt3hN)–, la Universidad Brown de Estados Unidos publicó, tres meses y medio antes de la humillante caída de Kabul, la cuantiosa "inversión" de Estados Unidos durante 20 años aparentemente "estériles", que ascienden a 2.26 millones de millones de dólares (trillions en anglosajón) que fueron desglosados de la siguiente manera :1) 933 mil millones para los gastos militares; 2) pago de 530 mil millones de "intereses" (¡mega-sic!) del "préstamo" para su guerra; 3) 443 mil millones de "incrementos" a la base presupuestal del Pentágono; 4) 296 mil millones para "cuidado de veteranos de guerra", y 5) 59 mil millones del presupuesto del Departamento de Estado (https://bit.ly/3sDGaOc).

Los "costos del proyecto de guerra" en Afganistán estiman que "241 mil personas han muerto como resultado directo de esta guerra" y "constituyen una parte (¡mega-sic!) de los costos más amplios de las guerras (sic) de Estados Unidos después del 11 de septiembre" que "se extienden a Irak, Siria, Yemen, Somalia y otros lugares".

Así, resulta que el complejo-militar-industrial de Estados Unidos y sus "guerras eternas" practican la "economía/finanzas de guerra" y la destrucción nihilista de los países que invade.

Estas cifras perturbadoras contrastan con el PIB nominal de Afganistán –casi 20 mil millones de dólares, según el FMI–, uno de los países más pobres del planeta con ingresos de menos 2 dólares al día de 90 por ciento de su población (https://bit.ly/3zaWCaQ), sin contar su primer lugar global en mortalidad infantil, pese a ostentar en sus entrañas pletóricas reservas de "minerales de tierras raras" y litio.

En un escrutinio expedito, se deduce que la "industria de defensa" de Estados Unidos –con sus célebres empresas Raytheon, Lockheed Martin, General Dynamics, General Electric, Northrop Grumman, Boeing– descolgaron pantagruélicas ganancias, al unísono de los cuantiosos ingresos financieros por "intereses" (sic) de la bancocracia de Wall Street.

No aparecen tramposamente los beneficiarios del pago de "intereses" por el préstamo de guerra ni los "costos" o "ganancias" de los numerosos "contratistas" ni de los 6 mil paramilitares/mercenarios "privados" de la estadunidense Blackwater/Academi/Xe Services LLC (https://bbc.in/2W34o87) y la británica G4S (https://bit.ly/37W49i0).

Quien invirtió 10 mil dólares en acciones bursátiles de la industria de defensa de Estados Unidos de sus principales cinco empresas hace 20 años, obtuvo hoy jugosas ganancias por casi 100 mil dólares (https://bit.ly/2UBmEoK).

Hace 11 años, The New York Times, con base en un memorándum interno del Pentágono, publicó que Afganistán posee inmensas reservas que lo podrían convertir como la "Arabia Saudita del Litio" (https://nyti.ms/3gn2arw).

En ese entonces –cuando el general David Petraeus, comandante del CentCom de Estados Unidos se extasiaba de sus cantidades "inmensamente significativas"– se calculaba su valor en un millón de millones (one trillion, en anglosajón). Hoy, 11 años más tarde, la cotización del litio se ha disparado (https://bit.ly/3B0Yrb8).

Ahora, el mayor temor de Estados Unidos se (con)centra en la "santa alianza minera" de los talibanes y China (https://bit.ly/3gmp6XO), con el fin de explotar las pletóricas reservas de "minerales en tierras raras" (https://bit.ly/3B1Dtsx) en Afganistán, indispensables para las aplicaciones de las nuevas tecnologías militares, espaciales y computacionales.

La nueva "geopolítica de las tierras raras" en el siglo XXI expone la gran vulnerabilidad de Estados Unidos frente a China cuando las reservas de "tierras raras" en Afganistán tendrían hoy un valor de 3 millones de millones de dólares. Quizá esa haya sido la peor derrota allí de Estados Unidos.

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Lunes, 23 Agosto 2021 06:02

Afganistán: el gran juego continúa

Afganistán: el gran juego continúa

Las mentiras mediáticas de la propaganda occidental sobre la caída de Kabul y la "retirada" de Estados Unidos de Afganistán, lejos de reflejar el desmoronamiento definitivo del imperio del caos podría significar un reposicionamiento −con nuevos elementos de privatización militar vía sofisticadas tecnologías, drones, bombarderos de largo alcance, mercenarios y redes de espionaje− que obedece a una reconfiguración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ya no será la "guerra contra el terrorismo", sino tratar de aislar a Rusia, potencia energética regional, y acosar a China por todos los medios en la expansión de las nuevas rutas de la seda.

La "guerra contra el terrorismo" de la administración Bush hijo fue una falacia. Se ha documentado ampliamente que el pretexto para librarla fue una fabricación. La invasión a Afganistán, en 2001, no fue una respuesta al 11 de septiembre: ya estaba planificada desde julio anterior. Y Osama Bin Laden y la red Al-Qaeda no eran una amenaza a los anglosajones, sino su instrumento. Tampoco fue una "intervención humanitaria" para restaurar la democracia, como lo acaba de reconfirmar el presidente de EU, Joe Biden.

Ahora, como entonces, los medios hegemónicos occidentales pretenden ignorar el apoyo de la CIA y el Pentágono a las organizaciones terroristas internacionales. Cuando en julio de 1979 triunfó la insurrección sandinista en Nicaragua y en diciembre siguiente la Unión Soviética intervino en la República Democrática de Afganistán invitada por el gobierno socialista de Nur Muhammad Taraki, el presidente de EU, Ronald Reagan, y el director de la CIA, George Bush padre, crearon, armaron, entrenaron, abastecieron y cofinanciaron (junto con Arabia Saudita) a los contras nicaragüenses y a los muyahidines afganos (poco después talibanes) y los llamaron freedom fighters ("luchadores por la libertad"). El propio Bin Laden reconoció al New York Times, que el complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Al-Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA y funcionaba como una base para los afganos y los voluntarios que venían de los países árabes y musulmanes para luchar contra los soviéticos y el gobierno de la época, donde eran entrenados por oficiales estadunidenses y paquistaníes.

Otra fuente de financiamiento de las acciones terroristas de la contra nicaragüense y los talibanes afganos era el tráfico de drogas. Durante la ocupación estadunidense, la superficie dedicada al cultivo de amapola (adormidera) en Afganistán se cuadruplicó y el opio se convirtió en la principal actividad económica del país. Y no es secreto que la heroína afgana sirvió para financiar las actividades encubiertas de la CIA.

La invasión militar a Afganistán por EU y sus socios de la OTAN respondió a los intereses de los gigantes petroleros angloestadunidenses (Unocal, Chevron, British Petroleum), aliados con los cinco grandes fabricantes de armas: Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics. Afganistán resulta estratégico, no sólo porque bordea el corredor de la "ruta de la seda" que une al Cáucaso con la frontera occidental de China, sino porque se ubica en el centro de cinco potencias nucleares: Rusia, China, Pakistán, India y Kazajistán. El corredor euroasiático cuenta con reservas de petróleo y gas natural similares a las del golfo Pérsico, lo que convierte a Afganistán en un territorio clave para el cruce de las rutas de transporte y oleoductos, y en puente terrestre lógico para los oleoductos que van hacia el sur, desde la antigua república soviética de Turkmenistán hasta el mar Arábigo, a través de Pakistán.

Como dijo en 1997 Graham Fuller, "experto en política" de la CIA, "quien controla ciertos tipos de ductos e inversiones" en la región euroasiática, "tiene cierta fuerza geopolítica" aun cuando no tenga el control físico del petróleo. De allí que la invasión fue para establecer un punto de apoyo esencial a través de una red de bases militares en la intersección estratégica de Asia Central y del Sur, complementado después con la ocupación de Irak. De entonces datan, también, los nexos de las administraciones Clinton y Bush hijo con las organizaciones islámicas fundamentalistas, que continuaron bajo las de Obama, Trump y Biden.

Tras la salida de EU de Kabul, negociada en Doha por la administración Tump y el Talibán en febrero de 2020, el gran juego geopolítico, que incorpora como actores regionales a China y Rusia, se reanuda. Moscú podría ayudar a Afganistán a reconstruir la hidroeléctrica de Naghlu y cooperar en el tendido de gasoductos y la construcción de instalaciones petroleras. A su vez, Pekín quiere extender el corredor económico China-Pakistán, uno de los proyectos insignia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a Afganistán. Y ofrece a los talibanes proyectos de infraestructura, energía y minería, con énfasis en la explotación de litio y de los minerales en "tierras raras", esenciales para las nuevas tecnologías militares, computacionales y espaciales. Según Thierry Meyssan, EU no perdió Afganistán, quiere que esa zona siga siendo inestable. El objetivo de ­Washington es que las empresas de cualquier país, China incluida, tengan que aceptar la protección de EU para poder explotar las riquezas afganas.

El imperio del caos −como llamó hace 20 años Alain Joxe a EU− puede seguir creando conflictos "en la sombra" y utilizar sus fuerzas especiales clandestinas, contratistas privados (mercenarios) que reciben órdenes del Pentágono y de la CIA y grupos terroristas de fundamentalistas islámicos, para destruir toda forma de organización política en esa región. Incluso, podrá supervisar una variedad de bombardeos a Afganistán desde su base Centcom en Qatar y otras bases militares instaladas por Biden en países vecinos.

Como señaló el analista Pepe Escobar, la "pérdida" de Afganistán puede interpretarse como un reposicionamiento de EU. Se ajusta a la nueva reconfiguración geopolítica donde las nuevas misiones de la CIA y el Pentágono serán aislar a Rusia y acosar a China. Para ello necesita un nuevo chivo expiatorio; un nuevo eje del mal. El eje es Talibán-Pakistán-China.

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América Latina después de la “liberación” de Kabul

Cuando el 29 de abril de 1975 las tropas del Frente de Liberación Nacional de Vietnam ingresaron en Saigón y se desmoronaba el régimen pro-estadounidense, el mensaje que esos hechos trasmitieron al mundo es que los pueblos eran capaces de derrotar a la mayor potencia militar de la historia. El enorme sacrificio de un pueblo pobre, con un saldo de más de 1,7 millones de muertos, frente a menos de 60 mil de los Estados Unidos, fue la condición para la liberación de la nación oprimida.

La entrada del Talibán en Kabul, luego de ocupar casi todo Afganistán en semanas, no puede ser considerada la liberación de la nación. Apenas se retiraron las tropas estadounidenses, el avance talibán fue impresionante, lo que demuestra que no sólo no estaba derrotado –algo que Estados Unidos nunca buscó- sino que se venía fortaleciendo desde antes incluso que Washington tomara la decisión de abandonar el país que invadió hace 20 años.

Según Pepe Escobar, uno de los más interesantes analistas geopolíticos que conoce la realidad de forma directa, la derrota del Ejército Nacional Afgano fue consecuencia del “estilo militar americano”, consistente en “tecnología masiva, poder aéreo masivo, casi cero inteligencia terrestre local”.

Sostiene que luego de Vietnam, “es el segundo protagonista del Sur Global que muestra al mundo entero cómo un imperio puede ser derrotado por un ejército guerrillero campesino” (https://bit.ly/37NSn9a). Asegura que no son los mismos talibán de la década de 1990 y que han ganado en flexibilidad y diplomacia. Ahora negocian con Estados Unidos, Rusia y China, y con quien haga falta.

La pregunta central es qué sucederá ahora que uno de los grupos con peor imagen para el imperio retorna al poder. Lo que nos debe llevar a valorar: ¿por qué el Pentágono decidió abandonar Afganistán?

Es evidente que la preocupación por la libertad de los afganos, y en particular por las mujeres y las niñas que no tenían permitido ir a la escuela, está muy lejos de ser el problema central. Aunque los grandes medios occidentales se compadecen de las afganas, sabemos que les importan tan poco como las decenas de miles de mexicanas asesinados, desaparecidas y secuestradas por el narco-Estado.

El segundo entuerto a deshacer es que Estados Unidos no invadió Afganistán para ocuparse de las personas que cometieron los atentados del 11 de Setiembre de 2001, como se dijo en su momento. Si así fuera, hubieran invadido Arabia Saudí, nacionalidad a la que pertenecían los partidarios de Osama Bin Laden.

Alcanza con mirar el mapa para resolver el acertijo. Afganistán tiene fronteras con Irán y China, y una larga y porosa línea que lo separa de Pakistán. Ocupa un lugar central en el mapa de Eurasia, la región decisiva para mantener la dominación del imperio en el planeta, según el ex consejero de seguridad Zbigniew Brzezinski. En «El gran tablero de ajedrez», sostuvo que la región era el centro del poder global y que no debería surgir ninguna potencia capaz de poner en cuestión el dominio de EEUU en el área. Si algo así sucediera, el poder global de la superpotencia sería irremediablemente erosionado (https://bit.ly/2XlUajN).

El analista de Asia Times, David Goldman sostiene que está surgiendo una Pax Sínica en el Medio Oriente y Asia Central sin que los planificadores estadounidenses puedan contrarrestarla (https://bit.ly/2UkGBA0). De hecho, esa hegemonía china se está tejiendo en base a “una alianza emergente entre Pakistán y Turquía”, países que tienen dependencia comercial y financiera de China.

Según este análisis, lo que estaría tejiendo China es una triple alianza entre Turquía, Irán y Pakistán, lo que dejaría aislada a India, que está siendo ahora el principal aliado de EEUU en la región. China juega al Go, ese juego de piezas negras y blancas que consiste en cercar al contrario.

Entonces la jugada de la Casa Blanca es reposicionar sus tropas y bases en Afganistán y, sobre todo, hacer jugar al talibán en contra de China, ya que en la zona fronteriza está la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, un enorme espacio de 1,6 millones de kilómetros cuadrados poblada por la etnia uigur, una parte de cuya población mantiene diferencias con Pekín que el Pentágono busca explotar para contener a quien considera su principal amenaza.

Por eso Escobar sostiene que el reposicionamiento de EEUU “se ajusta a la nueva configuración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono ya no es la guerra contra el terror´, sino tratar simultáneamente de aislar a Rusia y acosar a China por todos los medios en la expansión de las Nuevas Rutas de la Seda”.

En efecto, uno de los trazados más importantes de la Ruta de Seda (principal proyecto estratégico de China para enlazarse comercialmente con Europa) atraviesa Eurasia, en particular Pakistán, donde se está construyendo una red de carreteras y un puerto estratégico (Gwadar) en la puerta del Golfo Pérsico, e Irán, con la que tiene un acuerdo de largo plazo de gran proyección.

En síntesis, se avecina una situación mucho más compleja y violenta para Eurasia. China decidió blindar sus fronteras, al igual que Rusia al armar a sus ex repúblicas asiáticas, y busca un acuerdo de inversiones con el nuevo gobierno talibán para modernizar la infraestructura de Afganistán. Por su parte, el Pentágono busca atraer a Pakistán y sobre todo utilizar a los varios grupos terroristas (desde Al-Qaeda y el Estado Islámico de Afganistán hasta el uigur Movimiento Islámico del Turkestán Oriental-ETIM) para desestabilizar China y descarrilar la Ruta de la Seda.

América Latina en el ojo de nuevas tormentas

La ex ministra española de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, aseguró semanas atrás, en un foro económico internacional, que “Latinoamérica es territorio de frontera entre China y Estados Unidos” (https://bit.ly/37OGboQ). Nos está diciendo que la disputa por la hegemonía global abarca cada rincón del planeta.

A diferencia de las dos guerras mundiales del siglo pasado, donde se jugaba la dominación británica y el fallido ascenso alemán, ahora está juego nada menos que el “patio trasero” del imperio. Es la región del mundo donde nació el imperialismo, en particular México, Centroamérica y el Caribe, una región que en modo alguno puede estar en disputa.

Al perímetro de “dominio indiscutido” de Estados Unidos deben sumarse Venezuela y Colombia, o sea toda la amplia zona bañada por el Caribe. Si el Pentágono pierde el control de una parte sustancial, la existencia misma de lo que conocimos como EEUU estaría en cuestión. Sin embargo, China ha venido avanzando en buena parte de los países que Washington considera decisivos, y ahí es donde apretará en los próximos años.

En estos momentos de gran tensión internacional, que pueden derivar en guerras abiertas entre potencias atómicas, el imperio no puede permitir que surjan opciones (estatales o desde las sociedades) que pongan en cuestión su dominación.

Por lo tanto, las ofensivas contra Cuba y Venezuela serán cada vez más fuertes. La posibilidad de que escale una guerra en la frontera colombo-venezolana es muy factible, porque sería un modo de desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro y descarrilar el proceso chavista.

En Centroamérica y en México el paramilitarismo se va a intensificar, gobierne quien gobierne, porque es un elemento estructural de la dominación y garantía de estabilidad para la explotación de los bienes comunes. Algo similar puede decirse de Colombia, aunque la revuelta en curso parece haber aplazado algunas decisiones y acelerado otras.

En mayo hay elecciones en Colombia. Estimo que la anomalía de un gobierno como el de Pedro Castillo en Perú, debería “resolverse” antes de esas elecciones. Lo más seguro es que el parlamento lo derribe, como sucedió con varios de sus antecesores. También estimo que es muy difícil que el progresista colombiano Gustavo Petro consiga hacerse con la presidencia, aunque es el favorito de la población, o precisamente por eso.

La otra ofensiva es contra el gobierno de Brasil, en este caso administrado por Jair Bolsonaro. Con pocas semanas de diferencia, el gobierno de Joe Biden envió a Brasilia a William Burns, jefe de la CIA, y al asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. Uno de los temas centrales a debate es que Brasil no debería aceptar las redes 5-G de Huawei. Biden ofrece a cambio el ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Por eso Celson Amorim, ex ministro de Defensa y ex canciller, dijo: “Estados Unidos está proponiendo dos cosas que al país no le interesan a cambio de algo muy serio, como tiene que ver con nuestro desarrollo tecnológico. Brasil debe tener libertad para elegir lo que sea más compatible con él. Y (la mejor opción) podría ser la china ” (https://bit.ly/3m86Sx1).

Así están las cosas. Para los movimientos anti-sistémicos, es el momento de mirar con claridad el horizonte, observar detenidamente cómo se despliega una tormenta sistémica sobre los pueblos y hacer como estamos haciendo durante la pandemia: sólo el pueblo salva al pueblo. Ningún gobierno se va a ocupar con nuestros problemas, ninguno ofrecerá alimentos, salud y educación con dignidad. Es el momento de cuidarnos y defendernos entre las y los de abajo.

16 agosto 2021

 

Para leer más:

-Pepe Escobar “Iran-China pact turbocharges the New Silk Roads”, en https://asiatimes.com/2020/07/iran-china-pact-turbocharges-the-new-silk-roads/

-Pepe Escobar “The Islamic Emirate of Afghanistan back with a bang”, en https://asiatimes.com/2021/08/the-islamic-emirate-of-afghanistan-back-with-a-bang/

-David Goldman (Spengler), “A Pax Sinica takes shape in the Middle East”, en https://asiatimes.com/2021/02/a-pax-sinica-takes-shape-in-the-middle-east/

-Raúl Zibechi “Acuerdo China-Irán: el Dragón burla el cerco Indo-Pacífico de EEUU”, en https://mundo.sputniknews.com/20200713/acuerdo-china-iran-el-dragon-burla-el-cerco-indo-pacifico-de-eeuu-1092065782.html

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Diálogo sobre las relaciones entre EE UU y China

[No es un secreto que hay confusión en la izquierda estadounidense sobre la manera de responder al ascenso de China. Hay una amplia oposición, plenamente justificada, a la continuación por parte del presidente Joe Biden de los esfuerzos de contención emprendidos por su antecesor en el cargo, Donald Trump, que consiste en agitar el espectro de China para justificar los presupuestos astronómicos del Pentágono. Pero la oposición al imperio estadounidense no implica tomar partido por China. El Partido Comunista Chino (PCC) ha asumido el capitalismo y ejerce una represión brutal contra las y los activistas obreros y feministas, las minorías musulmanas e intelectuales críticos, entre otros.

Un grupo de la asociación académica Critical China Scholars y miembros de la redacción de la revista Spectre se han reunido para hablar de la complejidad de la respuesta a la creciente rivalidad entre EE UU y China, con vistas a formular una política anticapitalista y de liberación a ambos lados del Pacífico. La conversación se ha editado mínimamente y dividido en dos partes. Esta segunda parte trata del marxismo y las teorías del imperialismo. En la primera parte se habló de la visión que tiene la izquierda estadounidense de China.]

Eli Friedman

Voy a plantear la cuestión del marxismo. ¿Cómo afecta a la izquierda internacional que China sea un Estado que se dice socialista? Tenemos un Partido Comunista que en los últimos años ha redoblado concretamente sus esfuerzos en la enseñanza de la teoría de Marx. ¿Qué pensamos de esto? He visto la manera en que enseñan marxismo en las aulas chinas. Soy muy escéptico al respecto, pero tal vez otras personas piensan que hay alguna oportunidad de reapropiarse del discurso oficial y centrarlo en el capital y el Estado.

Charlie Post

Cuando enseñan marxismo, ¿qué enseñan? ¿Qué lee la gente y qué cuentan en la escuela pública? Porque en esta clase de regímenes, históricamente, el marxismo ha sido readaptado para que encaje con las necesidades particulares de las clases dominantes del Estado. El Estado cubano redescubrió a Trotsky, pero no al Trotsky que propugna la democracia, sino uno que defiende la planificación centralizada de la economía frente a quienes abogan por el mercado. Así que ¿podéis darnos alguna idea de cómo es ese marxismo que enseñan? Sé lo que fue el maoísmo y la teoría de los años sesenta, pero no estoy seguro de cuál es la versión Xi Jinping del marxismo en estos momentos.

Yige Dong

Puedo ofreceros mi punto de vista como alguien que se crió en China en los años ochenta y noventa. Vaya por delante la buena noticia: todo el mundo mantiene una actitud muy escéptica con respecto al marxismo oficial. Sabemos que es una especie de marxismo de boquilla y nadie se lo toma en serio. Enseñan la versión estalinista del marxismo: hay cinco etapas en el desarrollo de la sociedad. Se trata de demostrar que el PCC es la vanguardia de esta visión evolucionista de las etapas históricas y que China va por delante del resto del mundo, con los países socialistas a la cabeza de esta clasificación.

También canonizan a los revolucionarios chinos. Por ejemplo, la versión china del marxismo se presenta como una síntesis de confucianismo y socialismo, donde tratan a Confucio como a una especie de santo y dicen que hay que tratar a Marx como a un clásico entre otras aportaciones culturalmente chinas. Así que no hay rupturas, no hay contradicciones en los supuestos cinco milenios de historia… todo muy teleológico. El punto de llegada es Xi Jinping: él será quien rejuvenezca la grandeza de la nación china.

David McNally

Cuando estuve en la conferencia sobre teoría marxista en Nanjing allí por 2012, resultó muy revelador conocer el contexto del llamado retorno a Marx, porque hubo ponencias explícitamente favorables a EE UU presentadas por intelectuales chinos. En otras palabras, había intelectuales que hablaban allí y decían básicamente que la implantación del mercado había sido todo un acierto, pero que solo se había realizado a medias. Había que seguir hasta el final los pasos de EE UU, que van por el camino que conduce al desarrollo y la democracia. Por tanto, el PCC opera en distintos niveles, poniéndose nervioso y tratando de restablecer esta versión de la que ha hablado Yige, el marxismo estalinizado como ideología del Estado para poner coto a lo que parece ser una creciente fascinación por el liberalismo de tipo estadounidense.

Dicho esto, quiero añadir brevemente otras dos cuestiones. Una es que las y los estudiantes de posgrado estaban completamente absortos en materias que ahora huelen a muy antiguas y rancias en la universidad estadounidense. Así, estudiaban a Foucault y Lacan, por ejemplo, porque esto parecía ofrecer alguna manera de criticar la sociedad que no era marxista. Pero la otra cara de la moneda es que al final estuve en una clase de estudiantes de grado en la que no había ningún tutor, ningún representante del partido, nadie que me vigilara. Di una conferencia sobre Occupy, y la audiencia estuvo preguntándome durante una hora: ¿Podría producirse un Occupy aquí?

Así que existe este intento doctrinario de volver a consolidar cierta clase de ideología necesaria para el PCC. Sin embargo, la realidad es que hay mucha fermentación por todas partes: hacia el neoliberalismo, hacia ideas de democracia mucho más popular, etcétera. Esto fue lo que yo vi, en todo caso.

Kevin Lin

Creo que siempre hay ese temor por parte del Estado chino a que la gente joven se tome realmente en serio el marxismo. Como ha señalado Yige, pienso que en realidad la mayoría de estudiantes de secundaria y después universitarias en China lo ven como una asignatura obligatoria. Nadie quiere estudiarla, y no se enseña de un modo serio. Todo el mundo la asume como un ritual. De alguna manera, es una prueba de lealtad. Si la gente asume el ritual, demuestra su lealtad al sistema.

Pero cuando la política económica de China se desvía tanto de cualquier versión del socialismo que presente el Estado, y la distancia va en aumento, me pregunto cuándo se alcanzará un punto de ruptura en que la gente, especialmente la gente joven, piense que está tan lejos de la realidad que pondrá en tela de juicio la versión aséptica oficial del marxismo como ideología del Estado.

Veo a un número muy reducido de personas que de hecho se sienten inspiradas y por lo menos utilizan el lenguaje del marxismo –hablando de explotación, por ejemplo– en sus luchas contra los empresarios. Me pregunto si deja alguna huella en la mente de algunas personas y genera un lenguaje que algunas personas utilizan, aunque no necesariamente crean en el contenido tal como se les enseña.

Ashley Smith

La idea de que el llamado marxismo del Estado chino cumple una promesa política es una propuesta realmente problemática. El marxismo es una estrategia y una teoría de autoemancipación de la clase obrera y la gente oprimida. Asociarlo a un Estado que es tan claramente explotador y opresor suscitará toda clase de problemas. Puede que haya un subproducto contradictorio del hecho de que este Estado enseñe al marxismo a las y los estudiantes: pueden tomarse en serio a Marx y el marxismo y ver que el Estado chino es un Estado capitalista que es preciso derribar mediante una revolución obrera. Esto podría fomentar la oposición al Estado. Pero el hecho de que el Estado enseñe marxismo también sirve para conducir a la juventud estudiantil a los brazos de una ideología nacionalista, como señala Yige, que poco tiene que ver con el marxismo propiamente dicho.

Lo que más me preocupa es lo que significa geopolíticamente que el Estado chino se asocie al marxismo, por ejemplo en Hong Kong, donde este Estado es el principal agente de la represión social y del recorte de las libertades y los derechos democráticos. Cuando se identifica el marxismo con semejantes prácticas, el marxismo deja de aparecer como una alternativa para la gente que lucha. Lo mismo se puede decir de Xinjiang, Tíbet o, ya fuera de la esfera de influencia inmediata de China, en el caso de la revuelta democrática en Tailandia, donde vemos cómo está forjándose una alianza entre el Estado tailandés y el Estado chino. Esto dificultará el desarrollo de una corriente marxista en el seno del movimiento tailandés. La asociación del marxismo con el Estado chino también desacreditará al primero en Myanmar, donde el Estado chino ha respaldado el golpe militar y la represión de la lucha de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos por su liberación.

Esta asociación también hará que resulte más difícil construir una corriente marxista en EE UU. La naturaleza opresora y explotadora del Estado chino apartará a la gente trabajadora y oprimida de EE UU del marxismo como alternativa al capitalismo estadounidense. De este modo, el marxismo oficial será un obstáculo al desarrollo de una teoría y una estrategia popular de liberación a escala internacional.

Eli Friedman

Durante una serie de años tuve ese sueño de estar funcionando dentro de la hegemonía del marxismo, de modo que esto al menos nos proporcionaba un lenguaje de clase. Y toda una serie de experiencias que he tenido en los últimos años me han hecho mucho más pesimista. Por ejemplo, estaba yo en un grupo de lectura del Capital que fue disuelto por las autoridades porque consideraban que era demasiado delicado políticamente, y este hecho causó una profunda impresión.

Tal vez la gente esté familiarizada con la lucha de Jasic que hubo en 2018. Fue una movilización en que estudiantes de universidades de elite se tomaban muy en serio el marxismo e incluso se autocalificaban de maoístas. Fueron y se organizaron con trabajadores y la consecuencia fue que el Estado golpeó con mucha más dureza, justamente porque estaban utilizando este lenguaje, puesto que el Estado tiene que monopolizarlo. Y esto fue para mí una señal muy clara de que utilizar el lenguaje marxista no te proporciona más espacio político.

En realidad, tratan a la gente marxista con más dureza que lo que harían con neoliberales. Si apareciera un grupo de estudiantes que se manifestara reclamando que se liberalicen los mercados financieros, no tendrían ningún problema en una universidad china. Pero tomarse demasiado en serio a Mao, tomarse demasiado en serio a Marx, eso ya es un problema político. El marxismo oficial ha eliminado del análisis la lucha de clases, la autoorganización de la clase trabajadora y la emancipación social, con lo que queda una teoría completamente inútil.

Sigrid Schmalzer

He estado pensando mucho en cómo queremos intervenir en la izquierda fuera de China. Una parte de lo que sucede es que la gente construye un otro político, imaginario, que utilizamos para impulsar determinados programas que tenemos en nuestro país. He analizado esta dinámica en la época de Mao. Había estadounidenses que iban a China, incluidas personas radicales, así como científicos liberales, que volvían incitando a sus colegas porque estaban impresionados con lo que estaba haciendo China y pensaban que había que aprender de ello. Expertos en control de insectos iban a China y decían: “Veis, cuando no son empresas privadas las que hacen ciencia, podéis tener enfoques racionales del control de plagas que no enriquecen simplemente a la industria química en detrimento de la ecología.” Esto es lo que la gente también quiere saber. Aspira a una civilización ecológica, o decir que China es de verdad marxista, que China respeta estos valores políticos que queremos impulsar aquí.

Podemos ver por qué a menudo nos interesa presentar a China como modelo, o por lo menos no permitir que la derecha desacredite estos proyectos. Sin embargo, ¿hace esto justicia a las experiencia de la gente en China? No, no lo hace. Y en la misma medida en que pretendemos acudir a esas otras experiencias políticas para impulsar esos objetivos muy loables, resulta que son una profunda injusticia para la gente que sufre opresión de manos del Estado. ¿Podemos animar a la gente a tener una imaginación política que resulte suficientemente potente y creativa para que no tengamos que simplificar la situación real en otros países de manera que podamos utilizarlos como modelos?

Pienso que tal vez nuestra intervención tenga que consistir en animar a la gente a ser más imaginativa y al mismo tiempo reconocer que están participando de una injusticia si utilizan a otro país como ejemplo que encarne su propia imaginación política.

Sasha Day

Sobre la cuestión del marxismo en China: desde finales de los noventa, la visión del marxismo de la Nueva Izquierda y del neomaoísmo también era problemática, ofreciendo una especie de alternativa con una lectura muy simplista de la teoría de los sistemas mundiales en la que situarían a China como el proletariado y a EE UU como los capitalistas. Y pienso que esta lectura sigue prevaleciendo bastante en China también. Y una de las cosas que surgen entonces es asimismo la falta de un análisis de lo que es el imperialismo hoy en día. Así que además de pensar sobre lo que es el Estado hoy, hemos de pensar sobre lo que es el imperialismo y la relación de China con el imperialismo estadounidense, y China no es ajena a esto. El imperialismo aquí es más bien un sistema más amplio, aunque evidentemente EE UU se halla en el centro del mismo. Así que creo que también hace falta absolutamente un análisis del imperialismo y de la posición de China en el mismo.

Daniel Fuchs

Puede que las cosas sean contradictorias: los grupos marxistas/maoístas en las universidades de elite chinas eran espacios increíblemente vibrantes. Se trataba de estudiantes que no se interesaban para nada por las asignaturas obligatorias sobre los clásicos del socialismo, que hay que seguir en la universidad, sino que se reunían regularmente y entablaban debates abiertos sobre artículos y libros que escogían ellas y ellos mismos. Además, no solo organizaban grupos de lectura, sino que también iban a los tajos a mostrar películas y proporcionar libros a los trabajadores migrantes, además de investigar por su propia cuenta. Era un espacio realmente muy vibrante, y la represión que sufrió esta gente en el contexto de la lucha de Jasic dice mucho del tipo de marxismo que se promueve en China.

Otra cuestión: hace poco estuve hablando con una colega estadounidense, una economista. Me dijo que si miras las solicitudes de plazas de jóvenes economistas heterodoxos, recientemente doctorados en universidades de EE UU, muchos y muchas de ellas aspiran a obtener una plaza en destacadas universidades chinas. No soy economista, pero a la vista de ello parece que en los departamentos de económicas de esas universidades en China hay espacio para estas economistas heterodoxas, tal vez mucho más que en las universidades estadounidenses y europeas. Si esto es así, me pregunto cómo debemos valorarlo.

Kevin Lin

Siempre me sorprende lo poco que sabe de China la izquierda en muchos lugares. Cuesta encontrar más de unas pocas personas en grupos de izquierda que hayan dedicado tiempo a comprender a China. Creo que hay muchas razones subyacentes, pero quiero ir un poco más allá y decir que también es tarea nuestra explicar o describir lo importante que es comprender a China y la relación del propio país con China. Y esto es algo que no siempre hacemos bien. Una cosa es informar de todas las luchas sociales y obreras y las contradicciones de clase en China. Pero otra distinta es explicar por qué es relevante para la izquierda estadounidense, por ejemplo, saber qué significa que nos importen qué luchas obreras en China. Más allá de una noción abstracta de solidaridad, todavía no sabemos cómo conseguir que sea relevante para la izquierda de muchos lugares.

Hay dos cosas que podemos hacer. Una consiste en describir en términos muy claros las diversas relaciones. Existe una interpenetración, si queréis, entre capital chino y capital estadounidense. Está claro que China no es un lugar lejano que no nos afecta para nada. Esta es la primera cosa en el plano analítico. Pero también hay otra manera muy concreta, que consiste en relacionarnos con los numerosos estudiantes internacionales chinos y las comunidades sinoamericanas en EE UU y sus luchas. Estas son dos maneras que podemos emplear para explicar qué está en juego para la izquierda internacional y por qué les debe importar lo que sucede en China.

Daniel Fuchs

Pienso que tenemos dos problemas. Uno es que en lo tocante a la transformación de las relaciones de clase, a las luchas de clases y a las luchas feministas, por ejemplo, disponemos de un montón de análisis excelentes, tanto de analistas de China como de otros países. Sin embargo, la cosa cambia un poco en lo que respecta al Estado chino, y en mi opinión todavía hace falta desarrollar un análisis de clase más fundamentado teóricamente del Partido-Estado en China.

Y el segundo problema que quiero plantear es que cada vez resulta más difícil conectar con luchas reales en China. Si queremos exponer de forma convincente que defendemos una perspectiva socialista o comunista de la lucha social, hemos de centrarnos todavía más en esas conexiones, en el diálogo con analistas progresistas y la sociedad civil en China, pero esto se ha vuelto mucho más difícil en los últimos cinco a diez años.

Eli Friedman

Para retomar la cuestión que ha planteado Kevin hace un momento, lo cierto es que existe una gran interconexión e interpenetración de las elites de China y de EE UU. Un ejemplo clave es que la multinacional de más valor en el mundo, Apple, solo puede existir gracias a la cooperación de los capitalistas y los Estados de EE UU, Taiwán y China. Partir de un único país como base de análisis resulta insuficiente para explicar por qué existe una empresa cuyo valor supera los dos billones de dólares.

Y además se olvida a menudo que el mayor receptor de inversiones chinas en el extranjero es de lejos EE UU. Se habla mucho de África, pero no tiene ni punto de comparación. Así que esto requiere una explicación y nos ofrece, como internacionalistas y socialistas que somos, un asidero al que agarrarnos. Podemos preguntar: ¿qué hace el capital chino aquí? ¿Qué hace el capital estadounidense en China? Y ¿del lado de qué intereses te sitúas?

Sasha ya ha mencionado la cuestión crítica del imperialismo, así que veamos esto con un poco más de detalle. Estaremos todas y todos de acuerdo en que EE UU es una potencia imperialista, pero ¿lo es China? Y la que de todos modos es para mí la cuestión más interesante: ¿importa o qué está en juego en la práctica para nosotras y nosotros en EE UU que se califique a China de imperialista o no? ¿Altera esto nuestra manera de hacer política, para que no se quede en una mera cuestión teórica?

Sasha Day

Me pregunto si esta es la cuestión que hay que plantear. Veamos la relación de China con África, y creo que hay aspectos importantes en ello, pero lo que ocurre al final es que se busca simplemente una comparación con el imperialismo estadounidense, en vez de examinar la relación real con el imperialismo estadounidense. Creo que esta sea tal vez la cuestión primordial y más importante.

Charlie Post

Creo que es importante que digamos en voz alta, para que se nos oiga, que China es una amenaza seria para la dominación económica, política y militar de EE UU. Esto la diferencia de Irak y otras muchas sociedades del Sur global. China juega en el tablero mundial. Hay cuestiones teóricas sobre la manera que tenemos de entender esto sin caer en lo que pienso que es una formulación sumamente chapucera de la dinámica dual de las relaciones entre la competencia económica y la competición político-militar, cuestión a la que en mi opinión ningún marxista ha respondido suficientemente por el momento.

Aún más importante es saber cómo es la competencia económica entre dos economías que están muy, pero que muy interpenetradas y en que el capital estadounidense tiene una presencia significativa en la sociedad china y en el mercado nacional chino. Y el capital chino tiene una presencia muy significativa en EE UU. ¿Cómo afecta esto a la mitigación de lo que vimos en la parte temprana del siglo pasado, de unos bloques comerciales autocontenidos? ¿Qué significa esto para la rivalidad económica y cómo determina o limita la rivalidad político-militar? Pienso que todo lo que tenemos que decir es que el Estado chino y la clase dominante china compiten con EE UU. La clase dominante y el Estado de EE UU lo reconocen, y el Estado y la clase dominante de China lo reconocen. Así que lo que tenemos que hacer es discernir cuál es la forma concreta de esta competencia, a lo que no tengo ninguna respuesta.

Ashley Smith

Pienso que Charlie está describiendo lo que es una rivalidad interimperial. Soy más de la tradición de Lenin-Bujarin que Charlie. Al menos desde el punto de vista heurístico, esta visión te permite describir la evolución de una dinámica dentro del sistema sin transponer simplemente lo que decía la teoría clásica en su tiempo de una manera algo simplista.

Evidentemente, hay nuevos fenómenos que hemos de entender, sobre todo la internacionalización del sistema que vincula los capitales por encima de las fronteras estatales. Esta es una novedad importante del periodo neoliberal de los últimos 40 años. Y especialmente la interconexión entre el capital chino, tanto público como privado, y el capital estadounidense, además del capital europeo y del japonés. Así que no se trata de una mera rivalidad entre Estados que están económicamente segregados. Están profundamente interpenetrados en el plano económico, pero la diferencia radica en que el Estado chino todavía conserva el control sobre enormes partes del capital, su capital de propiedad pública, lo que lo distingue de muchos otros Estados y multinacionales con las que compiten el Estado y el capital de EE UU.

Y el otro aspecto es que China está subiendo en la cadena de valor. Ya no es una mera plataforma de exportación para las empresas multinacionales. Esto significa que no solo se convierte en un rival geopolítico, sino también en un potencial competidor económico, sobre todo en alta tecnología. Esto es lo que preocupa enormemente a EE UU, porque este desarrollo de la alta tecnología está vinculado al Estado chino y su ejército. Si leéis el documento más reciente del consejo nacional de inteligencia, veréis que el estamento militar está preocupado por el desafío que puede suponer China al predominio militar estadounidense.

Así que pienso que estamos asistiendo al surgimiento de una rivalidad interimperial asimétrica. EE UU es muchísimo más poderoso, pero el Estado y el capital chinos avanzan. Esta rivalidad no conduce a una simple repetición de la primera o la segunda guerra mundial o de la guerra fría. Tiene su propia dinámica particular, que hemos de analizar teóricamente e investigar empíricamente más en detalle. Encuentro numerosos escritos en el plano teórico y empírico sobre cuestiones del imperialismo que me parecen muy poco convincentes en este momento. Pienso que el Imperio de Hardt y Negri no sirven para comprenderlo. Creo que el análisis de Panitch y Gindin del imperialismo no es convincente porque descarta la posibilidad de una rivalidad. Y pienso también que la distorsión simplista, diría que tercermundista, de la teoría del imperialismo de Lenin resta importancia a la rivalidad interimperial y reduce el sistema mundial a la dominación del Norte global sobre el Sur global.

Estas posiciones teóricas simplemente no encajan con el hecho real de la rivalidad, así como con el modo de pensar de los gestores del Estado en China y EE UU, que han elaborado sus estrategias sobre la base de la rivalidad. La izquierda debería ser capaz de abordar esto tanto teórica como empíricamente. Y lo que es más importante que esto, necesitamos desarrollar una estrategia para construir la resistencia internacional desde abajo frente a ambos Estados.

Yige Dong

Me ha parecido útil analizar a fondo la diferencia entre imperio y hegemón. China es definitivamente imperialista de diversas maneras, pero creo que no ha alcanzado todavía la capacidad de convertirse en hegemón. El Estado se propone sin duda cambiar la dominación global unilateral de EE UU, está claramente en ello. Y los procesos en los que China desafía al hegemón podrían acarrear un montón de problemas.

David McNally

Solo dos cuestiones más. La primera es que creo que no tenemos una teoría del imperialismo suficiente para la época en que vivimos. Así que estoy de acuerdo con muchas cosas que ha descrito Ashley, pero no sé si encaja también con la teoría de la primera guerra mundial, como tal vez nos gustaría, y este es un reto que sigue abierto. Vimos esas intervenciones de comienzos de los años 2000. Ashley ha mencionado a Panitch y Gindin. Además de ellos, Ellen Wood ha escrito Empire of Capital, Harvey ha escrito The New Imperialism, pero por todo tipo de razones ese debate se ha estancado, lo cual no deja de ser interesante.

Pienso que hace falta retomar algunas cosas de estas y analizar a fondo cuáles fueron los puntos fuertes y débiles de aquellas intervenciones, si queremos que la teoría se abra camino. La cuestión que de todos modos quiero retomar de lo que ha dicho Sasha es que hace falta que podamos hablar del imperialismo como sistema mundial, por oposición a un conjunto de políticas nacionales, porque lo que ha ocurrido en gran parte del debate, es que el imperialismo se convierte en acción de un único Estado, y para retomar el comentario de Yige, se convierte en el hegemón, y entonces ningún otro Estado nacional puede ser imperialista. Así que necesitamos una teoría global mucho más rica, pero pienso que de todas maneras no la tenemos, de modo que creo que esta es una cuestión que realmente necesitamos plantearnos para seguir adelante.

Critical China Scholars

9 agosto 2021

 

https://spectrejournal.com/marxism-and-imperialism/

Traducción: viento sur

Critical China Scholars es un grupo de académicas y académicos que trabajan temas relacionados con China. Se puede leer más sobre sus actividades políticas en https://criticalchinascholars.org.

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El presidente Joe Biden, delante de dos camionetas eléctricas en el jardín sur de la Casa Blanca, en Washington, DC, comenta los pasos que tomará su administración para que Estados Unidos sea líder en la producción de autos limpios. La imagen es del 5 de agosto pasado.Foto Afp

El maniqueo mega radical Joe Biden resultó un óptimo mercadólogo a sus 78 años al exponer, a poco más de seis meses en el poder, proyectos muy ambiciosos, susceptibles de trastocar la geopolítica en Estados Unidos y el planeta, como la "energía verde" –que sepultaría quizá utópicamente a los fósiles en 2050 (sic)– y su intensa propaganda de los derechos humanos, que no practica Estados Unidos tanto con su maltrato a los migrantes enjaulados como a sus opositores del WASP (White AngloSaxon Protestant).

Ahora el temerario Biden acaba de impulsar los automóviles eléctricos (EV) mediante una orden ejecutiva que deberán constituir, quizá también de manera utópica, 50 por ciento (sic) en 2030 (sic) (https://reut.rs/37GwxVj).

Uno de los principales problemas –cuando Biden ya no esté en el poder dentro de nueve años– será conseguir el financiamiento de miles de millones de dólares del gobierno, que hoy ha entrado a un vertiginoso tobogán deficitario cuando los otrora gigantes automotrices –dejados muy atrás por Japón y Alemania– General Motors, Ford y Chrysler luchan para su transformación eléctrica –lo cual afectará inevitablemente al T-MEC. ¡Todo un tema trinacional, regional y global!

Elon Musk, pionero de los EV con Tesla –que representa más de las dos terceras partes de las baterías de los EV en Estados Unidos– quizá no fue convidado a la ceremonia de Biden por su intimidad con Trump (https://bloom.bg/3AltX33).

The New York Times (NYT) exulta que el plan de los EV de Biden "podría ayudar a Tesla (sic) y asfixiar a Toyota" (https://nyti.ms/3xv82Vr), la mayor automotriz global.

Según NYT, el giro de Biden "es una oportunidad de los EV de China para expandirse a nuevos mercados con el vigoroso apoyo de su gobierno". Asimismo, comenta que la impactante jugada de Biden "forma parte de la competencia geopolítica (sic) en la tecnología emergente para intentar rebasar a China", que tiene cerca de 50 por ciento del mercado global de baterías y le lleva una delantera de 10 años” a Estados Unidos; incluso hoy, Europa se encuentra muy por delante del país norteamericano.

Uno de los mayores riesgos de la "revolución EV" de Biden se centra en la "dislocación económica y en la pérdida de empleos", en caso de que las automotrices de antaño no sepan adaptarse.

¿Dónde conseguirá Estados Unidos tantas fábricas de baterías de las que carece hoy? Pregunta tonta: ¿dónde conseguirá Biden el litio requerido, si no es en su patio trasero y de Latinoamérica?

Otro proyecto ambicioso de Biden es hacer de su nación el “líder mundial de baterías del "ion de litio" (https://bit.ly/37GxQnb).

¿Podrá superar Estados Unidos a China, que lleva un avance descomunal? Se esperan mirificas ganancias y Global Times no oculta que el "objetivo de los EV de Biden impulsará a los proveedores chinos, pero queda la sospecha de eventuales asociaciones en medio de las tensiones" (https://bit.ly/3jAg62g).

Según Zhang Xiang, investigador automotriz de la Universidad de Tecnología del Norte de China, la "industria de las baterías de China probablemente se beneficiará del auge de los EV en Estados Unidos, ya que la batería representa 30 a 40 por ciento de su costo".

China desea construir fábricas de baterías en Estados Unidos, pero se antoja difícil en la fase presente, mientras persista la alta tensión entre Washington y Beijing.

Hoy los proveedores de baterías chinas como CATL y Eve Energy ya tienen presencia en Europa. También las empresas chinas BYD y CATL han iniciado el abasto de sus baterías a Tesla (sic), lo cual hoy suena anatema tanto para Trump como para Biden.

Sea como fuere, las acciones chinas, después de haber duplicado y hasta triplicado su cotización de las acciones en un año, un día después al anuncio de Biden se incrementaron más de 4 por ciento, en particular las firmas relacionadas con el litio: el "oro blanco".

México ostenta el primer depósito mundial del litio (https://bit.ly/3yJRHhb) en Bacadéhuachi y, sin tomar posesión aún, el gobernador electo de Sonora, Alfonso Durazo, incursionó en las fauces de los chacales neoliberales neo malthusianos del Tridente de Neptuno (https://bit.ly/3xwyptS). ¿A sabiendas de sus hipotecas pretéritas desde el asesinato de Colosio o por su temeraria ingenuidad geoestratégica?

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