EU busca reprimir a China y Rusia simultáneamente: Pekín

Pekín. El gobierno del presidente chino Xi Jinping rechazó ayer el embargo al petróleo ruso decretado por su homólogo estadunidense Joe Biden, y acusó que Estados Unidos critica su posición sobre Ucrania con el fin de "buscar espacio para el complot de reprimir simultáneamente a China y a Rusia".

"Condenamos con firmeza las sanciones unilaterales que no tienen ningún sustento legal internacional", expresó el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, en una comparecencia ante la prensa.

La política de imposición de restricciones con cualquier pretexto, subrayó, no aportarán a la paz ni a la seguridad.

Zhao rechazó de nuevo reportes del New York Times acerca del supuesto conocimiento previo de China sobre la invasión rusa a Ucrania. "Estados Unidos ha estado difundiendo desinformación acerca de China sobre la cuestión de Ucrania, con el intento de desviar la culpa, avivar la confrontación y sacar provecho del asunto. La práctica es despreciable y maliciosa" indicó.

China, que no condenó la invasión rusa, envió ayer ayuda humanitaria por valor 790 mil dólares al país por medio de la Cruz Roja china, informaron fuentes diplomáticas de Pekín.

Ayer, la secretaria estadunidense de Comercio, Gina Raimondo, advirtió que las empresas chinas que desafíen las sanciones a Rusia y Bielorrusia pueden ser objeto de acciones "devastadoras".

Por su parte, la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, expresó al gigante asiático que ser neutral "no es una opción".

Jueves 10 de marzo de 2022

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Jueves, 10 Marzo 2022 05:35

Tánatos triunfante

Tánatos triunfante

Estamos viviendo la edición de pesadilla de “los grandes hombres hacen la historia”. Nunca se ha puesto en tan pocas manos una amalgama tan inmensa de poder económico, mediático y militar.

¿Requiere la hegemonía un gran diseño? En un mundo en el que un millar de oligarcas cubiertos de oro y jeques multimillonarios acompañados por los dioses del silicio gobiernan el futuro de la humanidad, no debería sorprendernos descubrir que la codicia engendra mentes reptilianas. Lo que más me llama la atención de estos extraños días, mientras en tierras ucranianas las bombas termobáricas derriten centros comerciales y los incendios hacen estrago en los reactores nucleares, es la incapacidad de nuestros superhombres para fundamental y legitimar su poder en uno u otro relato plausible sobre el futuro inmediato.

Según todos los indicios, Putin, que se rodea de tanta astrología, misticismo y perversión como los últimos Romanov, cree sinceramente que debe salvar a los ucranianos de ser ucranianos para que el destino celestial del Rus no sea imposible. Hay que destruir el presente para convertir en futuro un pasado imaginario.

Lejos de la imagen de hombre hiperfuerte y maestro del engaño admirada por Trump, Orbán y Bolsonaro, Putin es simplemente despiadado, impetuoso y propenso al pánico. La gente que hasta que empezaron a caer los misiles sobre Ucrania se reía en las calles de Kiev y Moscú ante la amenaza de la guerra, solo pecó de ingenuidad al confiar en que ningún líder racional sacrificaría la economía rusa del siglo XXI para levantar una falsa águila bifronte sobre el río Dniéper. 

De hecho, ningún líder racional lo hubiera hecho.  

Al otro lado del Atlántico, Biden se halla inmerso en una sesión de espiritismo ininterrumpida con Dean Acheson (1893-1971, secretario de Estado estadounidense entre 1949 y 1953) y todos los fantasmas de las guerras frías del pasado. La Casa Blanca carece de visión respecto al desierto que ayudó a crear. Todos los think tanks y las mentes geniales que supuestamente guían el ala Clinton-Obama del Partido Demócrata tienen, a su manera, el mismo cerebro de lagarto, primitivo, agresivo y básico, que los adivinos del Kremlin. No pueden imaginar ningún otro marco intelectual para el declive del poderío estadounidense que la competencia con Rusia y China en materia nuclear (casi podríamos oír su suspiro de alivio, cuando Putin les ha quitado de encima la carga intelectual de tener que pensar en una estrategia global factible en el Antropoceno). Al final, cuando ha llegado al poder, Biden ha resultado ser el mismo belicista que temíamos que fuera Hilary Clinton. Aunque ahora nos distrae Europa del Este, ¿quién puede dudar de la determinación de Biden de buscar la confrontación en el Mar del Sur de China, cuyas aguas son mucho más peligrosas que las del Mar Negro?

Entretanto, la Casa Blanca parece haber abandonado sin contemplaciones su débil compromiso con el progresismo. Una semana después de la publicación del informe más aterrador de la historia, que sugiere la próxima aniquilación de la pobre humanidad, el cambio climático no mereció ni una mención en el discurso sobre el estado de la Unión (¿cómo podría ello compararse con la trascendental urgencia de reconstruir la OTAN?) Y Trayvon Martin y George Floyd son ahora solo despojos atropellados que desaparecen rápidamente de la vista en el espejo retrovisor de la limusina presidencial, mientras Biden se apresura a asegurar a la policía que es su mejor amigo.

Pero no se trata simplemente de una traición: la izquierda estadounidense tiene su propia cuota de responsabilidad en esta desastrosa situación. Prácticamente ninguna de las energías generadas por Occupy Wall Street, Black Lives Matter y las campañas de Sanders se canalizaron para repensar las cuestiones globales y promover una política de solidaridad innovadora. Tampoco se ha producido la renovación generacional de la inteligencia radical (I. F. Stone, Isaac Deutscher, William Appleman Williams, D. F. Fleming, John Gerassi, Gabriel Kolko, Noam Chomsky... por citar tan solo algunos nombres), que en su día se concentró en analizar minuciosa y escrupulosamente la política exterior estadounidense.

Por su parte, la UE tampoco ha entendido los problemas que definen la época ni los fundamentos de una nueva geopolítica. Alemania en particular, tras haber ligado su destino a las relaciones comerciales con China y al suministro de gas natural proveniente de Rusia, corre el riesgo de sufrir una desorientación espectacular. La coalición paniaguada de Berlín está mal equipada, por no decir otra cosa, para encontrar un camino alternativo hacia la prosperidad. Del mismo modo, Bruselas, aunque reanimada temporalmente gracias al peligro ruso, sigue siendo la capital de un super Estado fallido, una unión que ha sido incapaz de gestionar colectivamente la crisis migratoria, la pandemia o el desafío de los hombres fuertes de Budapest y Varsovia. Una OTAN ampliada y atrincherada tras un nuevo muro oriental constituye un remedio peor que la enfermedad.

Estos días todo el mundo cita a Gramsci sobre el interregno, pero ello supone que algo nuevo nacerá o podría nacer. Yo lo dudo. Creo que lo que debemos diagnosticar en su lugar es un tumor cerebral en la clase dominante: una creciente incapacidad para comprender coherentemente el cambio global como zócalo para definir intereses comunes y formular estrategias a gran escala.

En parte se trata de la victoria de un presentismo patológico, que efectúa todos los cálculos en función de los beneficios obtenidos a corto plazo a fin de permitir que los súperricos consuman todas las cosas buenas de la tierra durante sus vidas (Michel Aglietta, en su reciente libro Capitalisme: le temps des ruptures, publicado en 2019, subraya el carácter inédito de la nueva fractura sacrificial entre generaciones). La codicia se ha radicalizado hasta el punto de que ya no necesita pensadores políticos ni intelectuales orgánicos, únicamente Fox News y ancho de banda. En el peor de los casos, Elon Musk simplemente liderará una migración multimillonaria fuera del planeta.

También puede darse el caso de que nuestros gobernantes estén ciegos, porque no sienten la mirada penetrante de la revolución, sea esta burguesa o proletaria. Una era revolucionaria puede vestirse con ropajes del pasado (como explica Marx en El Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte, 1852), pero se define a sí misma por el reconocimiento de las posibilidades de reorganización de la sociedad surgidas de las nuevas fuerzas de la tecnología y la economía. En ausencia de una conciencia revolucionaria externa y de la amenaza de la insurrección, los viejos órdenes no producen sus propios (contra)visionarios.

Permítaseme señalar, sin embargo, el curioso ejemplo de la conferencia pronunciada por Thomas Piketty el pasado 16 de febrero en la National Defense University del Pentágono. En el marco de una serie de disertaciones sobre la “respuesta a China”, el economista francés argumentó que “Occidente” debe desafiar la creciente hegemonía de Pekín abandonando su “anticuado modelo hipercapitalista” y promoviendo en su lugar un “nuevo horizonte igualitario emancipador a escala global”. Una sede y un pretexto cuanto menos extraños para defender el socialismo democrático.

Mientras tanto, la naturaleza vuelve a tomar las riendas de la historia, haciendo sus propias compensaciones titánicas a expensas de las potencias, especialmente sobre las infraestructuras naturales y construidas, que los imperios en un momento creyeron controlar. Desde este punto de vista, el “Antropoceno”, con su tono prometeico, parece especialmente inadecuado para la realidad del capitalismo apocalíptico.

Como objeción a mi pesimismo, podría afirmarse que China tiene una visión sagaz allí donde todos los demás están ciegos. Ciertamente, su vasta visión de una Eurasia unificada, el proyecto del Cinturón y la Ruta, es un gran diseño para el futuro inigualable desde que el sol del “siglo americano” se elevó sobre el mundo destrozado por la Segunda Guerra Mundial. Pero el genio de China, 1949-1959 y 1979-2013, ha sido la práctica del liderazgo colectivo, centralizado pero plurívoco, anclada en la tradición renovada de su mandarinismo. Xi Jinping, en su ascenso al trono de Mao, es el gusano en la manzana. Aunque ha fortalecido económica y militarmente el peso de China, su imprudente desencadenamiento del ultranacionalismo podría abrir la caja de Pandora nuclear.

Estamos viviendo la edición de pesadilla de “los grandes hombres hacen la historia”. A diferencia de la Guerra Fría en su momento álgido, cuando los politburós, los parlamentos, los gabinetes presidenciales y los estados mayores contrarrestaban hasta cierto punto la megalomanía presente en la cúspide del poder, hay pocos interruptores de seguridad entre los máximos dirigentes de hoy en día y el Armagedón. Nunca se ha puesto en tan pocas manos una amalgama tan inmensa de poder económico, mediático y militar, lo cual nos debería invitar a rendir nuestro homenaje sobre las tumbas de los héroes Aleksandr Ilyich Ulyanov, Alexander Berkman y el incomparable Sholem Schwarzbard.

Por Mike Davis

Sociólogo, historiador y activista político

9 mar 2022

Sidecar

Thanatos Triumphant, artículo publicado originalmente en Sidecar, el blog de la New Left Review, traducido y publicado con permiso por El Salto.

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Edificio de departamentos destruido por los bombardeos de ayer en Kharkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, mientras continúa la crisis de refugiados de más rápido crecimiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, según la ONU.Foto Afp

La invasión rusa a Ucrania ha sido ampliamente descrita como el principio de una nueva guerra fría, muy semejante a la anterior, tanto en los personajes que la interpretan como en su naturaleza ideológica. "En el concurso entre la democracia y la autocracia, entre la soberanía y la subyugación, no se equivoquen, la libertad prevalecerá", aseguró el presidente Biden en un discurso a la nación televisado el mismo día que los tanques rusos ingresaron a Ucrania.

Pero mientras Rusia y Occidente están en desacuerdo en muchos temas de principio, esto no es una nueva edición de la guerra fría, es una lucha geopolítica muy particular del siglo XXI con el objetivo de obtener una ventaja en un tablero de ajedrez global muy competido.

Si hablamos en términos comparativos, pensemos en este momento como algo más semejante a la situación en Europa anterior a la Primera Guerra Mundial, que en lo que ocurrió como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.

Geopolítica

La lucha denodada por el control sobre territorios extranjeros, puertos, ciudades, minas, vías férreas, campos petroleros y otros recursos materiales y militares ha gobernado el comportamiento de las más grandes potencias por siglos. Por ejemplo, Gibraltar, Pearl Harbor, las minas de diamantes de África, los campos petroleros en Medio Oriente. Los ambiciosos poderes mundiales, desde el Imperio Romano hasta la fecha, siempre han partido del principio de que adquirir el máximo control sobre esos lugares –por la fuerza, de ser necesario– es el camino más seguro hacia la grandeza.

Durante la Primera Guerra Mundial era considerado grosero entre los círculos gobernantes expresar de manera abierta sus motivos descaradamente utilitarios. En cambio, las partes fabricaban elevadas justificaciones ideológicas para explicar su intensa rivalidad. Incluso entonces, las consideraciones geopolíticas prevalecían. Por ejemplo, en la Doctrina Truman, ese temprano ejemplo de la ferocidad ideológica de la guerra fría, fue creado con la finalidad de justificar los esfuerzos de Washington para repeler las incursiones soviéticas en Medio Oriente, que entonces era la principal fuente de petróleo para Europa (y una fuente de ganancias para las petroleras estadunidenses).

Hoy día, las apelaciones ideológicas siguen siendo ostentadas por funcionarios del más alto nivel para justificar sus movimientos militares predatorios, pero se vuelve cada vez más difícil disfrazar la intención geopolítica de mucha de esta conducta internacional. El asalto ruso a Ucrania es el más implacable y ostensible ejemplo reciente, pero dista de ser el único.

Durante años, Estados Unidos ha buscado contrarrestar el ascenso de China con el incremento de las fuerzas militares estadunidenses en todo el Pacífico occidental, lo que ha provocado una serie de respuestas de Pekín. Otras potencias, incluidas India y Turquía, también han tratado de extender su alcance geopolítico. No es de extrañar que, en estas circunstancias, aumente el riesgo de que estallen guerras en este tablero de ajedrez global, y eso implica que entender la geopolítica contemporánea se ha vuelto aún más importante.

Comencemos con Rusia y su afán por lograr una amplia ventaja militar.

Luchando en el campo de batalla europeo

Sí, el presidente ruso Vladimir Putin ha justificado su invasión en términos ideológicos al afirmar que Ucrania es un Estado artificial que se separó injustificadamente de Rusia. También ha denigrado al gobierno ucranio al afirmar que está infiltrado por neonazis que aún buscan revertir la victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

Estas consideraciones, al parecer se volvieron aún más extendidas en la mente de Putin mientras preparaba a sus fuerzas para un ataque a Ucrania. Sin embargo, dichas consideraciones deben verse como una acumulación de agravios sobrepuestos a una serie de acérrimos cálculos geopolíticos.

Desde la perspectiva de Putin, los orígenes del conflicto en Ucrania comenzaron inmediatamente después del fin de la guerra fría, cuando la OTAN comenzó a aprovecharse de la debilidad de Rusia en ese momento y comenzó a expandirse sin tregua hacia el este. En 1999, tres países que habían sido aliados soviéticos –Hungría, Polonia y República Checa–, todos antiguos miembros del Pacto de Varsovia (la versión moscovita de la OTAN), se incorporaron a la alianza. En 2004, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia fueron agregados junto con tres estados que habían sido parte de la Unión Soviética (Estonia, Letonia y Lituania). Para la OTAN, este impresionante escalamiento trasladó su frente de defensa mucho más allá de los campos industriales a lo largo de las costas del Atlántico y el Mediterráneo. Mientras tanto, el frente ruso se redujo en miles de kilómetros hacia sus propias fronteras, colocando en posición de gran riesgo a su feudo, lo que generó profunda ansiedad entre los más altos funcionarios de Moscú que no aceptaban estar rodeados de fuerzas hostiles.

"Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene relación alguna con la modernización en sí de la alianza ni con garantizar la seguridad de Europa", declaró Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007. "Por el contrario, representa una seria provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos el derecho de preguntar: ¿contra quién es esta expansión?", señaló.

Fue, sin embargo, la decisión de la OTAN de 2008 de ofrecer membresías a las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania lo que enardeció las preocupaciones de seguridad de Moscú. Después de todo, Ucrania comparte una frontera de más de 965 kilómetros con Rusia, muy cercana a gran parte de su centro industrial. Los estrategas rusos temían que si Ucrania se unía a la OTAN, Occidente podría desplegar armamento poderoso; incluidos misilies balísticos, justo en su frontera.

"Occidente ha explorado el territorio de Ucrania como un teatro futurista, con un campo de batalla que algún día estaría dirigido contra Rusia", declaró Putin en un acalorado mensaje el 21 de febrero, justo antes de que los tanques rusos cruzaran la frontera con Ucrania. "Si Ucrania se une a la OTAN, sería una amenaza directa a la seguridad de Rusia".

Para Putin y sus principales asesores de seguridad, la intención principal de la invasión era eliminar esa posibilidad a futuro, y permitir que el frente ruso pudiera trasladarse más allá de su núcleo vulnerable, así como mejorar sus ventajas estratégicas en el espacio de batalla europeo.

Al parecer, subestimaron el poder de las fuerzas que se alinearon en su contra, tanto en lo referente a la determinación de los ucranios comunes de repeler al ejército ruso, como en la unidad que mostró Occidente en su disposición a imponer duras sanciones económicas, por lo que, con toda probabilidad, Moscú saldrá de esta batalla en una posición de desventaja. Pero una incursión de esa magnitud implica estos riesgos draconianos.

Mackinder, Mahan y la estrategia de EU

Washington se ha manejado a sangre fría en sus consideraciones geopolíticas durante más de un siglo, y al igual que Rusia, con frecuencia se ha topado con resistencia. Como una potencia comercial que depende significativamente de su acceso a los mercados extranjeros y a materias primas, Estados Unidos ha buscado tener control estratégico sobre una serie de islas, incluidas Cuba, Hawai y Filipinas, usando la fuerza cuando ha sido necesario. Esa consigna continúa hasta hoy, y la administración Biden busca preservar o expandir el acceso de Estados Unidos a bases militares en Okinawa, Singapur y Australia.

En esos esfuerzos, los estrategas estadunidenses están influenciados por dos vertientes principales del pensamiento geopolítico. Uno es el que fue nutrido por el geógrafo inglés Sir Halford Mackinder (1861-1947), quien sostenía que la combinación del continente Euroasiático poseía gran parte de la riqueza global, recursos y población, al grado de que cualquier nación capaz de controlar esa región estaría en condiciones de controlar el mundo de manera funcional. De ahí surgió el argumento de que "los estados insulares" como Gran Bretaña y, metafóricamente, Estados Unidos, tenían que mantener una presencia significativa en Euroasia, e intervenir en la zona, de ser necesario, para impedir que alguna potencia de la región ganara el control de los otros estados.

El oficial naval estadunidense Alfred Thayer Mahan (1849-1914), de manera similar, sostenía que en el mundo en proceso de globalización, donde el acceso al comercio internacional era esencial para la supervivencia de una nación, "el control de los mares" era aún más crítico que el control de Euroasia. Un ferviente estudioso de la historia naval británica, Mahan, quien fue presidente del Colegio Naval de Guerra en Newport, Rhode Island, de 1886 a 1893, concluyó que, como Gran Bretaña, su país debía contar con una poderosa marina y numerosas bases en todos los mares para beneficio de su supremacía comercial global.

Copyright 2022 Michael Klare

Traducción: Gabriela Fonseca

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El presidente estadunidense, Joe Biden, anunció la prohibición de las importaciones de petróleo ruso, en represalia por la invasión a Ucrania. Foto Ap

Como en las guerras de todos los tiempos y lugares, hoy cunde frenéticamente la infodemia rusófoba en “Occidente (whatever that means)” que da "unánimemente" (https://bit.ly/3ITZa2c) por derrotado a Putin –soliloquio infodémico que no es compartido en la mayor parte de Oriente y África (https://bit.ly/3MBAXQv), y parcialmente en Latinoamérica, menos por Michael Hudson, prestigiado economista de EU: "La veloz autodestruccion del imperio estadunidense" (https://bit.ly/3tETKBI).

Para que Biden se haya tenido que humillar con el exorcizado régimen chavista de Maduro en Venezuela –ayer "malos", hoy "buenos"– significa que las selectivas "sanciones catastróficas" no están funcionando como esquematizaron los estrategas del Partido Demócrata –congénitamente rusófobo (https://bit.ly/3sRrix3)– que aplican ciegamente los vetustos axiomas geopolíticos del británico McKinder y del polaco Brzezinski.

A ocho meses de las cruciales elecciones intermedias –en medio de las incoercibles hiperinflación, crisis migratoria y criminalización urbana–, Biden asestó sus "sanciones catastróficas", que ya incluyen el petróleo y el gas rusos como "crimen y castigo" (https://bit.ly/3vM34GF) y que no son seguidos selectiva y cómodamente en ese rubro energético por la Unión Europea (UE): menos por Alemania (https://bit.ly/3sRD6zp), lo cual hubiese significado su suicidio infantil.

Ni así mejora la popularidad de Biden: cuando en ese mismo instante su desaprobación alcanzó 58 por ciento (https://bit.ly/37j3pXf), mientras la impopularidad de su principal aliado, el premier británico Boris ­Johnson, ostenta un patético rechazo de 70 por ciento (https://bit.ly/3HYZqLL).

Se trata de una "guerra geoestratégica" que rebasa los vulgares maniqueísmos caver­nícolas y el ámbito terrenal ucranio: está en juego la configuración del Nuevo Orden Mundial multipolar que empieza a esbozarse (https://bit.ly/3tEh8iE).

China, dotada con 350 bombas nucleares, mantiene "más sólida que una roca" su alianza geoestratégica con Rusia”, según su canciller Wang Yi (https://bit.ly/3tICaN0). China –con óptimas relaciones con Kiev– "urgió a EU a dar una explicación de sus laboratorios biológicos en Ucrania" (https://bit.ly/3I78D57).

El primer ministro Imran Kan (IK) –graduado en Oxford y campeón de su equipo en el Mundial de Críquet–, de Pakistán (gran aliado de China), dotado con 165 bombas nucleares y una población de 238 millones (en su mayoría islámicos sunnitas), arremetió contra "Occidente por tratar a los paquistaníes como esclavos (sic)", debido a que no condenó a Rusia (https://bit.ly/34p2L9i).

La trascendental visita del premier IK al Kremlin se escenificó en medio del conflicto Rusia/Ucrania, con el fin de conseguir abastecimiento del gas ruso mediante la construcción de un gasoducto (https://bit.ly/34qw77p).

La teocracia chiíta de Irán –a punto de concretar un acuerdo con Biden de su contencioso nuclear (https://bit.ly/3sT58L1): ¡paradójicamente, con bendición (sic) rusa!– "condenó las provocaciones de la OTAN (sic)" en Ucrania contra Rusia (https://bit.ly/3HTx2uA).

Gilbert Doctorow (GD), máximo experto sobre Rusia –de Harvard y con doctorado en la Universidad de Columbia–, aduce que la visita de Putin a India el pasado 6 de diciembre (https://bit.ly/35Y9qYv) fue de "similar importancia" a su visita a Beijing el 4 de febrero (https://bit.ly/3pNGz0c): el "mercado (sic)" indio puede jugar un papel decisivo en el epílogo de la reconfiguración de la política global a que dio pie la guerra Rusia/Ucrania (https://bit.ly/3IWNyeC)”.

GD aduce que "del cambiante equilibrio de poder emergerá el fin formal de la hegemonía global de EU y su momento unipolar" cuando el “mundo será bipolar: (…) por un lado, EU y la UE, y del otro lado, Rusia/China”. Aquí, “India puede jugar un papel determinante: (…) dirigiendo el nuevo orden mundial al ­multipolarismo”.

India, previo miembro conspicuo de los países "No-Alineados", posee 156 bombas nucleares, cuando la esencia teológica del hinduismo (80 por ciento de su población de mil 339 millones) es politeísta y plural.

El mundo será multipolar o no lo será.

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Estados Unidos y Reino Unido dejan de comprar petróleo ruso

 

El veto en el caso de Estados Unidos se amplía al gas. Reino Unido dejará de importar el crudo de Rusia a finales de 2022. El resto de aliados europeos, más dependientes de los hidrocarburos rusos, no secundan de momento la medida.

 

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha lanzado una nueva ofensiva económica contra Rusia: este martes anunció la prohibición por parte de Estados Unidos de importar "petróleo, gas y energía" de Rusia por la invasión de Ucrania

"Eso significa que el petróleo ruso no será aceptado en puertos de Estados Unidos", dijo Biden en una intervención en la Casa Blanca, donde afirmó que esta medida tiene el apoyo tanto del Partido Demócrata como del Republicano.

Apuntó que han decidido adoptar esta prohibición, pese a que muchos de los aliados europeos no se encuentran en una posición de unirse a la medida: "Estados Unidos produce mucho más crudo a nivel doméstico que la combinación de todos los países europeos", destacó. 

De hecho, agregó Biden, "somos exportador neto de energía, por lo que podemos tomar un paso que otros no pueden, pero estamos trabajando de cerca con Europa y nuestros socios para desarrollar una estrategia más a largo plazo para reducir la dependencia de la energía rusa". Las importaciones de Estados Unidos del petróleo procedente de Rusia suponen cerca del 8% del total, mientras que en el caso europeo es del 27%, según datos oficiales.

Biden reconoció en su anuncio que "defender la democracia" ante la invasión rusa de Ucrania va a suponer "costes" para los estadounidenses, en referencia al notable aumento del precio del combustible registrado en los últimos días.  "Defender la democracia va a implicar costes, y nos va a suponer costes a nosotros también", avisó.

A ese respecto, adelantó que va a hacer todo lo posible para minimizar el incremento de los precios de la energía en Estados Unidos.

De momento, sólo Reino Unido se ha unido a la iniciativa de Biden, aunque lo hará de forma gradual. El ministro de Empresas, Energía y Estrategia Industrial británico, Kwasi Kwarteng anunció también este martes que reducirá gradualmente las importaciones de petróleo ruso y dejará de comprar crudo a Moscú para finales de este año 2022. Durante 2022, Londres negociará con Estados Unidos, Países Bajos y Estados de Oriente Medio, que ya suministran la mayor parte de las importaciones de crudo, para ampliar esas entregas, detalló el ministro en un mensaje en las redes sociales.

En cuanto al Reino Unido, se toma un periodo de "transición" de nueve meses para que el mercado británico pueda ajustarse a los cambios y asegurar nuevas vías de suministro una vez queden vetados el crudo y derivados del petróleo de Rusia, que representan el 8% de la demanda británica.

Kwarteng también avanzó que el Gobierno británico explora asimismo la opción de vetar las compras de gas como castigo por la invasión de Ucrania ordenada por el Kremlin. El Reino Unido "no es dependiente del gas natural" ruso, que representa solo el 4% del consumo interno, recalcó.

"El mercado ya ha comenzado a excluir al petróleo ruso. Cerca del 70 % del mismo ya no puede encontrar un comprador", dijo Kwarteng, que hizo el anuncio en paralelo a un discurso del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el que notificó la prohibición de las importaciones de petróleo y gas de Rusia.

La prohibición de las importaciones energéticas de Rusia por parte de Estados Unidos se suma a las sanciones económicas adoptadas recientemente contra Moscú en coordinación con los socios europeos, entre ellas la restricción de las operaciones internacionales del banco central ruso y la suspensión de determinados bancos rusos del sistema internacional SWIFT.

madrid

08/03/2022 18:36

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Rusia impone sus condiciones para el alto el fuego: anexión de Crimea e independencia de Donestk y Lugansk

La tercera reunión entre Rusia y Ucrania tiene lugar hoy lunes en Bielorrusia. El jueves está previsto una cita de alto nivel en Turquía. China vuelve a ofrecerse para mediar. Fuertes protestas en Rusia contra la guerra.

Redacción El Salto

A las 15h del 7 de marzo estaba previsto que comenzara la tercera ronda de negociaciones para un alto el fuego entre Ucrania y Rusia en un punto indeterminado de Bielorrusia. La delegación rusa pone sobre la mesa el objetivo que Dimítri Peskov, portavoz del Kremlin, ha marcado para un alto el fuego inmediato. Vladimir Putin quiere la anexión de Crimea, controlada de facto por Rusia desde 2014 y el reconocimiento por parte de Kyiv de las dos repúblicas del Donbás: Lugansk y Donetsk.

Como en las dos conversaciones anteriores, no se espera demasiado de la cita en Bielorrusia. El Gobierno ucraniano se sienta tras denunciar los “corredores humanitarios” abiertos por Rusia, una propuesta “cínica” en cuanto, dicen, llevarían a los refugiados a Rusia o a zonas controladas por el Kremlin, como la propia Bielorrusia. El Gobierno de Putin ha ofrecido abrir seis vías para los refugiados de las zonas asediadas, pero en solo dos casos, los de Mariúpol y Sumi, la evacuación se dirigiría a zonas de la propia Ucrania.

El Gobierno de Volodímir Zelensky ha sido claro: “No serán evacuados a Rusia”, ha explicado la viceprimer ministra ucraniana, Iryna Vereschchuk. Para Ucrania, Rusia ha abierto estos corredores solo como medida de propaganda. Kyiv denuncia que desplazados que salían de Mariúpol fueron tiroteados cuando trataban de salir de esa ciudad del sureste del país.

Durante el fin de semana han sido inútiles los llamamientos para un alto el fuego. El ejército ruso sigue avanzando lentamente por el territorio ucraniano y ha redoblado sus fuerzas en torno a Kyiv y Kharkiv

Según Naciones Unidas, 1,7 millones de ucranianos han salido del país desde que comenzara la guerra el pasado 24 de febrero, un millón de ellos con destino a Polonia. Esta mañana, el comisario europeo de Exteriores, Josep Borrell, ha declarado que el conflicto puede suponer la salida de cinco millones de ucranianos.

Las otras mediaciones

De la debilidad de las negociaciones en Bielorrusia da muestra el anuncio por parte del Gobierno turco de una  una negociación de alto nivel: el jueves, los ministros de exteriores ruso, Sergei Lavrov, ucraniano, Dmytro Kuleba y Mevlut Cavusoglu, ministro de Asuntos Exteriores turco, se reunirán el jueves en la ciudad de Antalya, al sur de Turquía. Se trata de una reunión con mayor rango que las celebradas en Bielorrusia donde, sobre todo por parte del Kremlin, los delegados han carecido de rango suficiente en el escalafón. Recep Tayyip Erdogan ha conversado con Putin que le ha manifestado su predisposición a buscar la paz siempre que Ucrania “cesa las hostilidades”.

Wang Yi, ministro de Exteriores chino, también ha postulado a China para “promover negociaciones y (...)  participar junto a la comunidad internacional en la mediación que sea necesaria”. El imperio del centro ha dispuesto que la Sociedad de la Cruz Roja de China suministre ayuda humanitaria a Ucrania en base a seis principios: el de justicia y neutralidad; la atención a las personas sin hogar en Ucrania; proteger a los civiles para evitar desastres humanitarios secundarios; garantizar que la ayuda humanitaria se lleve a cabo sin problemas; garantizar la seguridad de los extranjeros en Ucrania; y apoyar a la ONU para coordinar la ayuda humanitaria.

Sin duda, China es parte inexcusable de un posible acuerdo, gracias a su alianza táctica con Rusia. “China y Rusia mantendrán el enfoque estratégico y avanzarán constantemente en la coordinación de nuestra asociación estratégica integral para una nueva era”, ha declarado Yi. Para el Gobierno de Xi Jinping, los primeros años de esta década son clave para desafiar a Estados Unidos en el tablero global. No obstante, Yi ha rechazado cualquier comparación de lo que sucede en Ucrania con la situación respecto a Taiwán, donde las pretensiones de reunificación chinas chocan con el empeño de Washington de mantener el control sobre la isla.

Aliados y protestas

Uno de los aliados tradicionales de Putin, el húngaro Viktor Orban ha variado completamente su aproximación al conflicto y su Gobierno ha anunciado que permitirá que armas de combate atraviesen sus fronteras “siempre que vengan de otro país de la UE”. Con el giro de Orban parece cada vez más unánime la posición de la Unión Europea de apoyo militar al Gobierno de Zelensky.

Mientras, en Rusia siguen las detenciones de miles de personas opuestas a la guerra en Ucrania. OVD-INFO calculó que solo ayer domingo 6 de marzo más de 4.300 manifestantes fueron detenidos. Esta misma organización de derechos humanos calcula que hasta 150 periodistas han salido del país. 

El 4 de marzo la Duma aprobó la entrada en vigor de un nuevo tipo penal que prevé penas de cárcel de entre 10 y 15 años para quienes desprestigien al Ejército. Además, se establecen multas de hasta un millón de rublos para quienes desarrollen “acciones públicas destinadas a desacreditar el uso de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa para proteger los intereses de la Federación Rusa y sus ciudadanos, mantener la paz y la seguridad internacionales”, que pueden ser aplicados a quienes participaron en la manifestaciones de este pasado fin de semana.


Rusia y Ucrania cierran tercera ronda de negociaciones: “Esperamos que la próxima vez podamos dar un paso adelante más sustancial”

fuente: Cubadebate

La tercera ronda de negociaciones acordada entre las delegaciones de Rusia y Ucrania se desarrolló este lunes en la zona del bosque de Belovezha, en la frontera entre Bielorrusia y Polonia.

Tras la finalización de las negociaciones, el líder de la delegación rusa, Vladímir Medinski, expresó la esperanza de que los corredores humanitarios empiecen a funcionar este martes.

Medinski afirmó que es “demasiado temprano para hablar de algo positivo”.

Indicó que la delegación rusa llegó a las negociaciones con un paquete de documentos, llevó “acuerdos, proyectos y propuestas concretas” y esperaba firmar “por lo menos un protocolo” respecto a los puntos en los que ambas partes fundamentalmente llegaron a un acuerdo. “La parte ucraniana se llevó todos los documentos a casa para estudiarlos, no pudo firmar nada en el lugar. Y dijeron que regresaremos a esta cuestión, quizás, durante la próxima reunión”, señaló.

Medinski dijo que las expectativas de la delegación rusa respecto al encuentro “no se cumplieron”. “Esperamos que la próxima vez podamos dar un paso adelante más sustancial", subrayó Medinski, agregando que las negociaciones entre Rusia y Ucrania continuarán.

La primera ronda de negociaciones, durante la cual Moscú y Kiev establecieron una serie de temas prioritarios sobre los cuales se han delimitado ciertas decisiones, tuvo lugar el pasado 28 de febrero.

La segunda ronda se celebró el pasado 3 de marzo y como resultado de estas conversaciones las partes acordaron una serie de cuestiones de carácter humanitario, incluida la posibilidad de un alto el fuego temporal para la organización de corredores humanitarios y la entrega de medicamentos y alimentos en las zonas donde los combates han sido más intensos.

Según el asesor presidencial Vladímir Medinski, quien encabeza la comitiva rusa, las delegaciones discutieron cuestiones militares y de carácter internacional-humanitario, así como relativas a la futura resolución política del conflicto.

Medinski indicó que las posturas de las partes están claras y que para algunas de ellas fue posible encontrar una comprensión mutua.

Por su parte, el asesor del jefe de la Oficina presidencial ucraniana, Mijaíl Podolyak, señaló que la delegación ucraniana no ha obtenido los resultados que quería tras la segunda ronda negociadora con Rusia.

Sin embargo, el sábado el Ministerio de Defensa de Rusia denunció que unidades de nacionalistas ucranianos no dejan salir a la población civil local y a los ciudadanos extranjeros de las ciudades de Mariúpol y Volnovaja (región de Donbass) a través de los corredores humanitarios acordados.

El jefe del Centro de Gestión de la Defensa Nacional, el coronel general Mijaíl Mízintsev, detalló que las vías humanitarias se abrieron diariamente en dirección de dichas ciudades, así como en el caso de Járkov y Sumy, pero que batallones nacionalistas impiden categóricamente los intentos de civiles de salir en dirección a Rusia. Desde Donetsk informaron que han logrado evacuar a más de 300 civiles de Mariúpol y alrededores. De momento no se ha informado de la salida de civiles desde Volnovaja.

Este lunes, las Fuerzas Armadas de Rusia han anunciado un alto al fuego temporal a partir de las 10:00 (hora local) y la apertura de corredores humanitarios en Ucrania, en las ciudades de Kiev, Mariúpol, Járkov y Sumy. La medida se ha tomado teniendo en cuenta la catastrófica situación humanitaria y su fuerte agravamiento en las urbes mencionadas, y también a petición personal del presidente francés, Emmanuel Macron, ante el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Sin embargo, la viceprimera ministra de Ucrania, Irina Vereshuk, ha tachado de inaceptables los corredores humanos propuestos por Rusia para la evacuación de la población civil.


Guerra en Ucrania.

Primeros roces en la unidad transatlántica

Alemania se opone a la petición norteamericana de prohibir las importaciones de petróleo ruso.

Fuente: La Izqioerda Diario.

Por Juan Chingo

El canciller alemán, Olaf Scholz, se ha opuesto a las peticiones de prohibir las importaciones de petróleo y gas ruso, como parte de las sanciones occidentales contra Moscú por su invasión a Ucrania. En una declaración, Scholz advirtió que tal medida podría poner en riesgo la seguridad energética de Europa, y que las importaciones de energía de Rusia son actualmente esenciales para la vida cotidiana de los ciudadanos.

Scholz dijo: "Europa ha eximido deliberadamente de las sanciones a los suministros energéticos procedentes de Rusia. El suministro de energía a Europa para la generación de calor, la movilidad, el suministro de electricidad y la industria no puede garantizarse de ninguna otra manera en estos momentos. Por lo tanto, es de importancia esencial para la prestación de servicios públicos y la vida cotidiana de nuestros ciudadanos", según publicó The Guardian.

Las declaraciones de Scholz se producen un día después de que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, dijera que Estados Unidos estaba en conversaciones con sus aliados europeos para prohibir las importaciones de petróleo ruso, con el fin de intensificar la presión sobre Moscú para que detenga su invasión a Ucrania.

Posteriormente, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el primer ministro holandés, Mark Rutte, han señalado también su oposición a estas medidas.

En una sesión informativa hoy de Downing Street en Londres, Johnson dijo que no era posible cerrar simplemente las importaciones de petróleo y gas de Rusia de la noche a la mañana, lo que coincide con las declaraciones del canciller alemán Olaf Scholz. Rutte afirmó que habrá una "dolorosa realidad" cuando los países busquen alejarse de la dependencia energética rusa. Dijo que las sanciones no deben crear "riesgos inmanejables" para el suministro energético europeo, pero que con el tiempo Europa debe reducir su dependencia de la energía rusa.

Después de estas negativas y tras haber subido un 18% anoche, hasta los 139 dólares por barril, el crudo Brent ha vuelto a caer hasta los 123 dólares, aunque hoy sigue subiendo un 4%, lo que significa que las presiones inflacionistas siguen siendo intensas.

Como explico en “Alemania: entre el giro militarista y la necesidad de preservar la paz social”, aunque las tensiones de la guerra y los riesgos de escalada se reflejan en la tendencia al alza de los precios, la realidad es que, sin el apoyo de Alemania, la prohibición de las importaciones de petróleo ruso por parte de la UE parece muy improbable, a la vez que un cambio de las fuentes de suministros de energía en la UE se muestra problemático y en el mejor de los casos llevará años. Todo intento de los EE. UU. -menos expuesto a los contratiempos de las sanciones que los países europeos- de presionar más allá de la cuenta puede dividir la nueva unidad reencontrada de los socios de la OTAN.

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El presidente chino Xi Jinping recibe a Vladimir Putin.-/Kremlin/dpa

 

"China está preparando una sorpresa estratégica" aprovechando la inacción de la OTAN ante la "agresión rusa a Ucrania" para ocupar la isla de Taiwán, asegura el coordinador del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU para la región del Indo-Pacífico Kurt Campbell. La verdad es la primera víctima de las guerras, y China no necesita ocupar un territorio que la mayoría de los estados del mundo consideran suyo. Lo que no dice Cample es que en el mes de enero EEUU envió al poderoso submarino Nevada, equipado con misiles Trident de propulsión nuclear, a la base de Guam como parte de su estrategia de cercar y provocar a China. El 26 de febrero, en medio de la crisis de Ucrania, Pekín denunció a Washington por el paso del destructor de misiles guiados USS Ralph Johnson por el Estrecho de Taiwán, y eso sin olvidar que, en  septiembre pasado, EEUU formó con el Reino Unido y Australia la alianza estratégica Aukus para instalar submarinos nucleares a la región Indo-Pacífico. ¿Y esperan que China no apoye a Rusia, estando amenazados ambos por la OTAN?

Desde el gobierno de Barak Obama la prioridad de EEUU ha sido la contención de su principal rival, China, que no de Rusia. La imposibilidad de emprender una batalla simultánea contra ambas potencias y la necesidad de tener a Europa Occidental de su lado (sobre todo a Alemania) ha sido uno de los motivos por los que Biden levantó su boicot sobre el gaseoducto Nord Stream 2. Que, de repente, la OTAN, o sea, el Pentágono, plantease la integración de Ucrania a la alianza militar provocando la ira de Rusia -asestando de paso un golpe al presidente de EEUU- demuestra el poder del lobby antirruso en EEUU y Europa obsesionado por el desmantelamiento de la Federación Rusa. Debilitar a Rusia y romper la asociación estratégica que tiene con China forman parte de la política contra el nuevo "eje del mal" inventado por EEUU, en cuyo centro ha colocado la figura demonizada del presidente Putin para que nadie se acuerde de sus crímenes (todos impunes) en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Gaza, Yemen, Siria, Libia, Sudán, entre otros.

EEUU lanzaría la III Guerra Mundial si China llegase a enviar tropas a Taiwán -convertido en el anillo del sistema de alianzas del poder de EEUU en el Pacífico-, mientras deja que los europeos se desgasten en someter a Rusia desde Ucrania. El Pentágono planea reconstruir el Comando de Defensa de EEUU en Taiwán, que se disolvió en 1979 cuando Washington reconoció la República Popular China para luchar juntos contra la Unión Soviética y de paso poder acceder a su gran mercado.

Entre el 4 y el 24 de febrero

Durante su encuentro en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de China, el presidente Xi expresó su apoyo a Rusia y su demanda de la desotanización de sus fronteras, sin condenar ni apoyar la declaración rusa de reconocer las dos repúblicas Donetsk y Lugansk. EEUU no le había dejado a Rusia otra opción, afirmaron los medios chinos, por:

-El intento de integrar a Ucrania en la OTAN

-El golpe de la extrema derecha en Ucrania en 2014, incitado por Washington.

-El incumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Kiev, y sus continuos ataques contra la población de Donbass.

- Ignorar las preocupaciones de Rusia acerca de su seguridad.

Por lo que China denunció la propaganda occidental de una "inminente invasión rusa" a Ucrania alegando la retirada del ejército ruso de la frontera con Ucrania, y eso a pesar de que el "reconocimiento" de la independencia de las dos regiones que pertenecen a otro país iba en contra de los "Cinco Principios" de la política exterior de China que aboga por el respeto mutuo por la soberanía; el derecho a la integridad territorial; no agresión mutua; no interferencia en los asuntos internos de otros e igualdad en las relaciones internacionales.

Si el día de mañana otras potencias anexionasen las regiones de estados soberanos, con cualquier argumento, la mayoría de los estados de Asia, África y América Latina, con decenas de grupos étnicos en su seno, se desintegrarían.

En las últimas décadas y tras convertirse en un peso pesado en la economía mundial, los herederos de Mao Zedong, aunque dan prioridad a los beneficios mutuos entre los estados, han mantenido su milenaria regla de lealtad como otro pilar de su diplomacia: no van a traicionar a sus amigos. Que los mandatarios de ambas potencias acordasen en su encuentro un "realineamiento del orden mundial" formalizando el eje Pekín-Moscú sin duda ha sido un punto de inflexión para EEUU y Bruselas: Se trata de la alianza del país más grande del mundo, con mayores recursos naturales y un poderoso ejército con una superpotencia económica que posee el segundo poder militar convencional del globo: la "pesadilla de EEUU", dijo Zbigniew Brezinski, el inventor del Yihadismo anticomunista en las fronteras de la Unión Soviética. Llamarles "potencias revisionistas" por EEUU es justo este terror que siente por el cambio en el orden mundial, pues además de cuestionar la hegemonía planetaria de Washington están introduciendo un nuevo modelo de cooperación entre las potencias, nada que ver con las relaciones de amo y los chicos de recado de EEUU y los países europeos. China, por ejemplo, ha tenido el tacto de reconstituir la Ruta de la Seda en una Asia central de influencia rusa a través de la Unión Económica Euroasiática liderada por Moscú, mientras EEUU roba a plena luz del día el contrato de submarinos franceses firmado con Australia, convirtiendo a Paris en un formidable "amigo resentido" del Tío Sam.

Por eso, el Sr. Xi, contrario a la "diplomacia de megafonía", mantuvo su apoyo al Sr. Putin en público sin dejar de insistir en la vía diplomática para resolver las discrepancias.

Sin embargo, la llamada "operación militar especial" de Rusia contra Kiev, iniciada el 24 de febrero, cogió por sorpresa a los líderes chinos, por lo que reflejan sus medios de comunicación. Lo cual representa una situación cualitativamente distinta para China, que destroza aquellos Cinco Principios. Beijín, además, debe explicar a la agitada opinión pública china, -que se expresa a través de las redes sociales-, de por qué sigue del lado del "agresor" ruso, país que en 1858 anexionó Vladivostok (Pinyin en chino), localidad que pertenecía a China desde 1689, y con el que tienen disputas territoriales en Siberia.

Aún se desconocen los motivos reales de Rusia para enviar a su ejército a otras regiones de Ucrania. Sabemos del propio Putin que Joe Biden le ofreció una moratoria a la petición de Ucrania de ingresar a la OTAN. ¿Por qué, entonces, el presidente ruso aumentó su lista de demandas pidiendo lo imposible: que la OTAN revirtiera el despliegue de sus tropas en los países exsocialistas de su entorno?

Que EEUU llegase a avisar con antelación de que no iba a intervenir militarmente en apoyo a Ucrania recuerda la trampa que tendió EEUU a Sadam Husein en 1991: Al igual que cuando atacó a Irán en 1980, Bagdad pidió permiso a Washington para castigar a Kuwait por robarle el petróleo haciendo pozos ilegales. EEUU respondió que no era asunto suyo, sino un conflicto interárabe y no intervendría, porque, además, no tenía tratado de defensa mutua con Kuwait. Luego, por arte de magia, apareció una coalición compuesta por medio millón de militares reunidos de 35 países "guardianes de paz y de los derechos humanos" para auxiliar un sultanato tiránico. Nadie preguntó por qué esos salvadores planetarios dejaban que los civiles palestinos, un día sí y otro también y desde hacía décadas, fuesen masacrados por Israel. El objetivo real de EEUU entonces era escenificar el Nuevo Orden Mundial justo el año que desaparecía la URSS.

Ahora la OTAN, que estaba en "la muerte cerebral", recibe sangre nueva (y seguramente más presupuesto sacado de los bolsillos vacíos de los trabajadores europeos), y se verá con la legitimidad que le otorga una opinión publica manipulada y desinformada ampliar aun más su esfera de influencia, e incluso provocar una guerra nuclear. Hasta hoy, las potencias mundiales libraban sus batallas en Oriente Próximo o África, bien lejos de sus fronteras. Ahora, Rusia ha cambiado la regla de juego: el mínimo daño que asesta a sus rivales y enemigos en el continente será enviar a millones de refugiados ucranianos -las principales víctimas de otra maldita guerra- que tocarán las puertas de unos países europeos sumidos en la crisis económica y con unas fuerzas fascistas que acechan asaltar el poder, utilizando la xenofobia.

Modelo chino, modelo ruso

"Si tus fuerzas son inferiores en la guerra mantente apartado, y si no puedes, huye cuanto puedas", aconseja el estratega chino Sun Tzu, que algunos machos al igual que los suicidas lo considerarían "cobardía", que no dar un paso atrás para dar dos adelante. El método chino para conseguir su objetivo de convertirse de una superpotencia respetada ha sido el progreso económico y social internos (compárenlo con la India), convirtiéndose en la fábrica del mundo. Ha conseguido (¡hasta hoy!) desafiar la hegemonía de EEUU sin disparar una sola bala. Mientras, la Rusia capitalista que durante dos décadas aplicó el neoliberalismo y criticaba el "modelo económico chino", se quedó como potencia mediana a pesar de sus inmensos recursos naturales, su historia y su potencial, manteniéndose a base de la renta de hidrocarburo y la venta de armas. La mentalidad y la ideología de los dirigentes del Kremlin no son la misma que la de los líderes chinos, país que obviamente tiene la capacidad de "ocupar" Taiwán y si no lo hace no es solo para impedir una guerra mundial sino también porque con la política actual que desarrolla ha conseguido ampliar su esfera de influencia por todo el globo terrestre.

La nostalgia de Putin por la grandeza territorial del imperio ruso es incomprensible: llegó a criticar a Lenin por reconocer la independencia de Finlandia, sin tener en cuenta que los bolcheviques - en medio de la Primera Guerra Mundial y una brutal devastación de Rusia-, no tuvieron otro remedio que firmar la Paz de Brest-Litovsk y renunciar a Finlandia. ¿Se imaginan que los persas reclamasen sus antiguos dominios, que hace 2500 años incluían el 40% de la población mundial? Por cierto, Irán tuvo que ceder a Rusia en la guerra de 1804–13 sus territorios en el Cáucaso Sur, que incluía a Daguestán, Georgia, Azerbaiyán y Armenia. Los imperios se achican, y aun así el poderío de un país no depende de su extensión: comparen Alemania con Argelia, por ejemplo.

La alianza chino-rusa es más que realpolitik

Hasta la fecha, el presidente Xi se ha reunido hasta 35 veces con V. Putin, su "mejor amigo". Si bien es cierto que cualquier conflicto prolongado que desgaste a EEUU y le aleje de las fronteras chinas y de la región del Indo-Pacífico, en principio, beneficiaria a Beijín. Sin embargo, todas las operaciones de EEUU, en cualquier punto del planeta (Libia, Afganistán, Sudan, Irán, Yemen, etc.), tienen como objetivo final a China: entre los días 7 al 13 de febrero, en medio de la crisis de Ucrania, el Secretario de Estado de los EEUU, Anthony Blinken visitó la región de Asia-Pacífico para organizar más enemistad contra una nación pacífica que vive de su duro trabajo, sacando de la extrema pobreza a 800 millones de personas en menos de 30 años, algo que según la ONUno ha tenido precedente en la historia de la humanidad. La Ley del Presupuesto de Defensa de EEUU incluye una cláusula especial para la Disuasión del Pacífico que proporciona 27.000 millones de dólares para luchar contra China: EEUU es un "tigre de papel" muy peligroso.

China, hoy, no va a dañar sus relaciones con Rusia, su principal aliado a nivel global, con el que ha unido su suerte en una multitud de tratados y organizaciones de cooperación. En 2014, Pekín se abstuvo a condenar a Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU por el asunto de Crimea, pero tampoco ha reconocido su integración en el territorio ruso: habilidad del modelo chino.

Las actuales sanciones impuestas por occidente a Rusia tendrán efectos nefastos para China, tanto por sus relaciones bilaterales como por agravar la crisis económica mundial: los precios de energía y de cereales (de los que Rusia y Ucrania son grandes exportadores) ya se han disparado, condenando a más millones de trabajadores del mundo a vivir en pobreza y miseria.

China intentará minimizar los daños que ya está recibiendo su aliado, creando nuevas marcas de empresa que trabajen exclusivamente con Rusia, por ejemplo, proporcionando sistemas de pago alternativos, o préstamos para bancos y empresas, suministrando biotecnología, la tecnología 5G, o la inteligencia artificial, aumentando sus inversiones en sectores energéticas, la infraestructura, aviación, y sobre todo aumentando sus compras de petróleo y gas rusos.

Las dos potencias también podrán activar el componente militar de la Organización de Cooperación de Shanghái: En enero pasado, los buques rusos realizaron varios ejercicios navales: el "Mar pacífico-2022" en las aguas del mar Arábigo con China; el PASSEX con India, y el CHIRU-2022 con China e Irán. A todo ello, se añade que podrán dejar de cooperar con Occidente en la cuestión nuclear de Irán y de Corea del Norte.

La situación cambia por momentos y en diferentes escenarios, aunque la tendencia general es la misma: se intensifican la lucha entre las potencias por los recursos y por salvar su propia existencia.

2 marzo 2022

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La guerra financiera contra Rusia: ¿es el fin de la globalización neoliberal yanqui?

Guerra en Ucrania

De entre las opciones posibles en el conflicto ucraniano, retrotraerse a un régimen autárquico al estilo soviético o plegarse al tutelaje económico de Occidente, Rusia se ha decantado por la primera. No pueden estimarse las consecuencias financieras, pero provocará una alineación total con la estrategia geoeconómica del hegemón chino.

 

Las sanciones iniciadas por Occidente tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia no tienen precedentes históricos. En tan sólo un par de días, las potencias europeas se han movido radicalmente: desde oponerse a, literalmente, aislar a los bancos más importantes del país del sistema de pagos internacionales hasta imponer sanciones al Banco Central de Rusia a fin de congelar sus activos y evitar que las reservas internacionales (el país tiene 630.000 millones en el exterior, las estimaciones dicen que cerca del 30 % están en Alemania y Francia) se utilicen para eludir las sanciones. Sberbank, la entidad bancaria más importante de Moscú, ha sido excluido de la red de corresponsalía bancaria de Estados Unidos y no puede realizar o recibir pagos internacionales en dólares. Por así decirlo, los medios financieros rusos para continuar con la guerra se han congelado. Desde Washington incluso se ha especulado con imponer controles a las actividades en el mercado de las criptomonedas, en caso de que pudieran evitar parcialmente las sanciones.

Si bien ninguna de estas medidas afecta directamente al suministro de gas (la mitad de los ingresos del Estado ruso depende del sector energético), Vladimir Putin podría encerrarse a la interna en un sistema autárquico y utilizarlo como elemento de negociación con sus enemigos. Ello dañaría considerablemente las economías de dos actores clave en la Eurozona (Italia y Alemania), ampliamente dependientes de sus reservas, lo cual explica el anuncio alemán de que construirá dos nuevas terminales de gas licuado para reducir su dependencia. Sin embargo, fuera de la intensa propaganda occidental, está por ver si las acciones de Estados Unidos y la Unión Europea tendrán éxito o si, por el contrario, promoverán la búsqueda de una mayor autonomía rusa, un contacto aún más estrecho con sus aliados euroasiáticos y la alineación geoeconómica con China, quien está extrayendo valiosas lecciones de este conflicto sobre cómo desafiar la hegemonía estadounidense.

La economía política del capitalismo financiero global

La caída del telón de acero significó el auge exorbitante de los flujos de capital transnacionales, quienes se vieron libres del control ejercido por las economías planificadas de los países soviéticos para fluir hacia todos los países del mundo. Ello dio lugar a la liberalización (democratización, en la jerga neocon del Consenso de Washington) de los sectores financieros de dichos enclaves geográficos y su dependencia sobre la moneda del hegemón yanqui (el dólar) que emergió como ganador de la Guerra Fría. Ninguna televisión explicó en prime time a aquellos territorios vírgenes del Este que comenzaban a privatizar sectores estratégicos que la muerte del comunismo como alternativa sistémica al capitalismo también implicaría el nacimiento de una infraestructura de pagos internacional y la centralización del poder financiero en Estados Unidos, cuyos gigantescos bancos se convirtieron en los principales intermediarios para llevar a cabo las transacciones bancarias transfronterizas o registrar intercambios de una manera eficiente.

Esta ha sido una de las caras menos visibles –pero igualmente importantes– en el proceso de financiarización, es decir, la vía occidental por defecto hacia la integración en la globalización neoliberal. Si bien la potencia encabezada por Vladimir Putin ha tratado de fomentar un capitalismo interconectado estructuralmente con Estados Unidos y la Unión Europea, aunque con unas finanzas independientes de ambos en términos funcionales y un sector energético poderoso, tanto la apertura a los mercados internacionales de capitales como las sucesivas privatizaciones han colocado a Rusia en tierra de nadie ante la posible activación del botón nuclear financiero de sus antiguos aliados.

Como señalaba Daniela Gabor, está de moda criticar a Putin ahora, pero la situación actual es una consecuencia histórica de la ideología neoliberal procedente de los muchachos de Harvard, con Jeffrey Sachs a cargo, y fue la doctrina del shock de Estados Unidos lo que destrozó la economía rusa en la década de 1990, cuando se contrajo a la mitad en solo tres años. En el primer año de la reforma de mercado, la producción industrial se derrumbó en un 26 por ciento. El resto de los datos también resultan demoledores y dan cuenta de que la fallida integración del país en el capitalismo global bebe de Estados Unidos. Entre 1992 y 1995, el PIB de Rusia cayó un 42 por ciento y la producción industrial cayó un 46 por ciento, mucho peor que la contracción de la economía estadounidense durante la Gran Depresión. Los ingresos reales se desplomaron en un 40 por ciento desde 1991; el 80 por ciento de los rusos dejó de tener ahorros. El desempleo se disparó, particularmente entre las mujeres. A mediados y finales de los noventa, más de cuarenta y cuatro millones de los 148 millones de habitantes de Rusia vivían en la pobreza (definida como vivir con menos de treinta y dos dólares al mes), mientras que las tres cuartas partes de la población viven con menos de cien dólares al mes. Los suicidios se duplicaron y las muertes por abuso de alcohol se triplicaron a mediados de los noventa.

En contraste, el capitalismo chino no ha seguido estas pautas en su integración hacia los procesos de financiarización global, como demostró ampliamente Giovanni Arrighi en Adam Smith en Beijing (Akal, 2007). El Estado que controla Xi Jinping, desde las instituciones monetarias hasta el Banco Central, ostenta un rol central en la gestión de las finanzas, la regulación del capital privado (un ejemplo reciente son las empresas de tecnología financiera, como WeChat y Alibaba), la basculación del poder de su moneda y la planificación de la economía. Ello le ha permitido orientar la acumulación de capital hacia objetivos geoestratégicos más elevados que la obtención de beneficios a corto plazo, algo que los Estados capitalistas occidentales no pueden lograr debido a la privatización y liberalización de los sectores públicos. Como muestran los estudios más recientes sobre la economía política del capitalismo global, tras la crisis del coronavirus, China ha asumido el papel de creador de mercados externos en el mundo, reforzando la creciente diferencia entre el carácter estatista y liberal en el espectro internacional, así como atrayendo a sus aliados hacia la primera órbita. Un dato: el comercio bilateral entre ambos se ha más que duplicado desde 2015, cuando Occidente impuso sanciones por primera vez tras la anexión de Crimea.

“Para que el régimen resista incluso a una versión más suave de un bloqueo al estilo iraní, tendría que moverse en una dirección autárquica, más cerca de una economía dirigida de sello soviético”, escribió Perry Anderson en la New Left Review hace siete años. “Regresión o humillación: tales, en términos del sistema construido por Putin, parecen ser las alternativas.” 

Un software para el colonialismo y la vigilancia digital

Una de las infraestructuras más importantes que sostienen a las finanzas en su expansión global y dan forma a las armas económicas de Occidente es la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, por sus siglas en inglés). Fundada en 1973, Swift es una sociedad cooperativa supervisada por los bancos centrales del G10, así como por el Banco Central Europeo y el Banco Nacional de Bélgica, país en donde está radicada la organización que representa aproximadamente a 3.500 empresas de todo el mundo. En términos prácticos, el Swift sería una suerte de software para facilitar la comunicación entre las instituciones financieras de todo el planeta y la realización de transferencias o pagos transfronterizos minoristas, conocidos como remesas, que generalmente eluden el sistema bancario. En 2020, por ejemplo, se realizaron alrededor de 38 millones de transacciones cada día a través de esta plataforma, lo que facilitó movimientos financieros por valor de varios billones de dólares. 

Aunque tiene su sede en Bélgica, Swift es propiedad de empresas privadas y su participación mayoritaria está controlada por bancos estadounidenses. Esto es, los protocolos de mensajes son abiertos y están disponibles como estándares ISO 20022, pero el software para utilizarlo está privatizado por el monopolio global bancario, que cobra una tarifa por cada correo electrónico enviado. Resulta curioso observar al respecto que se trata de una infraestructura privada que ofrece un bien público, pero que se ha nacionalizado para servir a los fines geopolíticos de Occidente. Digamos que el objetivo de este software es canalizar buena parte de las transacciones transfronterizas del mundo e imponer un peaje que obliga a la intermediación de los grandes bancos mundiales estadounidenses, como JPMorgan o el Wolfsberg Group, un grupo de trece megabancos que realiza transacciones internacionales a través del Consejo de Estabilidad Financiera, órgano internacional que promueve la estabilidad del sistema financiero internacional ergo la dependencia a las potencias occidentales.

En palabras de Andrés Arauz, economista y ex ministro ecuatoriano, el sistema Swift es una expresión del colonialismo digital contemporáneo y representa las lógicas contemporáneas de vigilancia del imperio yanqui, ya que no solo está dirigido por empresas estadounidenses sino que también proporciona datos a las agencias gubernamentales de inteligencia de este país, un hecho ampliamente documentado en la literatura académica. Han existido varios incidentes con el Swift que ponen de manifiesto la naturaleza geopolítica de este sistema, su encaje en la jerarquía del sistema financiero global y la manera en que se ha expresado la soberanía digital o monetaria a través de este.

El primer incidente con el Swift ocurrió entre 2006 y 2010, cuando la Unión Europea se vió obligada a compartir los datos de los ciudadanos comunitarios con un programa estadounidense que monitorizó la financiación de actividades terroristas (Terrorism Financing Tracking Programme). Si bien en 1990 se produjeron los primeros intentos por parte de los reguladores financieros estadounidenses para acceder a los datos presentes en el Swift, ello no se consiguió hasta después de los atentados del 11 de septiembre. Entonces, Estados Unidos invocó el discurso de la seguridad para violar las leyes de protección de datos europeas. Ello fue posible porque Swift operaba en un centro de datos situado en el país norteamericano, donde todos los mensajes quedan registrados durante 124 días. No obstante, desde aquel incidente se ha trabajado en un acuerdo para regular el acceso de Estados Unidos a Swift en el marco de las operaciones de contraterrorismo.

El segundo incidente del Swift habla de cómo Estados Unidos lo ha utilizado como arma geopolítica para reforzar su hegemonía militar y como moneda de cambio durante las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. El think tank consevador Atlantic Council estimó que las sanciones financieras de 2012-2015 impuestas a este país, junto a la prohibición de acceder al Swift como punta de lanza de las medidas anteriores contra los bancos iraníes, provocaron una pérdida de 241.000 millones, equivalente al 64,8 % del PIB iraní en 2012. Otros trabajos señalan que el costo de la implementación total de las sanciones (2012-15) para el PIB iraní fue, en promedio, de aproximadamente 60.400 millones por año, o alrededor del 16,2 % de lo que realmente fue el PIB durante ese tiempo y el 13,9 % de lo que habría sido si no se hubieran impuesto las sanciones. 

Sea como fuere, cuando el Swift volvió a suspender el acceso de los bancos iraníes a su sistema de mensajes en noviembre de 2018, aquello que la literatura científica venía demostrando se mostró de manera clara: es una forma de hacer converger las sanciones y la agenda en seguridad internacional de Estados Unidos con las tecnologías de pago globales, privando a los ciudadanos y a las empresas de todo el mundo de la infraestructura básica para enviar dinero a Irán. Esto es, un asunto de soberanía digital y monetaria de primer orden. Por eso, el Banco Central de Irán entró en acción a principios de este año, formalizando un sistema para permitir que las empresas realicen pagos en criptomonedas. Aunque posiblemente exista más ficción mediática que realidad geopolítica en esta visión, Estados Unidos y la mayoría de los gobiernos aliados han acusado durante mucho tiempo a este país de usar bitcoin para eludir las sanciones impuestas para castigarlo por su programa nuclear. Al respecto, la consultora Elliptic estimó en su día que el 4,5% de toda la minería de Bitcoin tiene lugar allí, lo que le permitiría al país eludir algunos embargos comerciales y ganar cientos de millones de dólares en criptoactivos que pueden usarse después para comprar importaciones y eludir las sanciones.

De todos modos, medios de pago como Swift son aún una herramienta importante en la política exterior. Un estudio publicado este mes por Andreas Nölke, profesor de la Universidad Goethe en Frankfurt, analizaba la genealogía de este sistema para afirmar que el Swift es un elemento central en los llamados procesos de financiarización de las economías occidentales, pues entrega a los megabancos estadounidenses la centralidad en la globalización neoliberal. Indicaba además algunas consecuencias de que los países sino-eurasiáticos hayan otorgado al Estado y a los bancos de su propiedad un peso más importante en la gestión de estas infraestructuras geoeconómicas. “No deja de ser irónico que el proceso de financiarización neoliberal [estadounidense] pueda comenzar y terminar con consecuencias no deseadas” para este país, avisa Nölke. Tras fallidas intervenciones militares en medio mundo, la hegemonía de la potencia yanqui se encuentra en plena crisis. Si bien una política exterior férrea con Rusia puede ahogar a este país, difícilmente pueda hacer frente a China, su enemigo directo y una de las fuentes de poder que explican sus enfrentamientos con Vladimir Putin.

Armamento nuclear financiero contra Rusia

Las sanciones no dejan de ser poderosas herramientas de los Estados Unidos y los países europeos para influir en el comportamiento de las naciones que no consideran aliados. Estados Unidos, en particular, trata de usar el Swift como una herramienta diplomática porque el dólar es la moneda de reserva mundial y se usa en pagos en todo el mundo. Esto es lo que se llama el “armamento de las finanzas”, en palabras del FT Alphaville, “donde Washington usa el dominio del dólar para promover los objetivos de la política exterior de los EE. UU.” Los datos de un estudio pormenorizado sobre esta herramienta resultan cristalinos: el dólar representa el 62 % de las reservas de divisas asignadas, el mismo porcentaje de los pasivos locales en moneda extranjera de los bancos están denominados en dólares, representa el 40 % de los pagos internacionales y las estimaciones colocan la participación del comercio global facturado en dólares en alrededor del 50 %.

La administración de Joe Biden dio alas el martes a la hipótesis de aplicarlo tras promulgar nuevas sanciones con el objetivo de impedir su acceso al capital extranjero, aunque rechazó aplicarlo hasta considerar la magnitud de la intervención rusa. Rusia invadió Ucrania y nadie le tembló el pulso. El sábado por la noche, Francia, Italia, Grecia, Chipre, España y Hungría expresaron su apoyo a esta medida financiera, adoptada por el Reino Unido. “Swift es el arma nuclear financiera y lo que permitiría a las instituciones financieras rusas aislarse de otras instituciones financieras en todo el mundo”, dijo Bruno Le Maire, ministro de Finanzas. Por su lado, el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba también se sumó a los gobiernos occidentales al pujar para que la comunidad internacional saque a Rusia del sistema Swift. Y así ocurrió.

Estados Unidos y sus aliados tomaron la decisión el sábado de bloquear el acceso de ciertos bancos rusos al sistema de pago internacional Swift. Las medidas incluyen restricciones a las reservas internacionales del Banco Central ruso, paralizando sus activos y “congelando sus transacciones”, en palabras de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Esto es un ataque histórico al rublo ruso. Así se desprende de un comunicado conjunto que contempla más acciones por venir. A su vez, Washington ha impuesto sanciones de corresponsalía y cuentas de pago a Sberbank y 25 de sus subsidiarias, limitando severamente la capacidad del banco para realizar transacciones en dólares estadounidenses. Además, las instituciones financieras de este país deben rechazar formalmente (negarse a procesar) transacciones futuras que involucren a Sberbank o sus subsidiarias de instituciones financieras extranjeras. Este banco se suma a VTB Group, Sovcombank, Novikombank, Promsvyazbank y Otkritie, cuyos clientes no podrán usar sus tarjetas en el extranjero, ni realizar pagos en línea, prohibiendo así los servicios de Apple Pay y Google Pay.

La viabilidad de estas sanciones, sin embargo, ha sido criticada desde las páginas de la revista Foreign Affairs por ser demasiado poco efectivas. En su lugar se ha propuesto escalar las restricciones a las empresas financieras, energéticas y de defensa rusas, hasta el punto de incluirlas en una lista negra y el compromiso de la OTAN de acelerar la modernización de los ejércitos en el flanco oriental de la OTAN (como los que defienden Bulgaria, Polonia, Rumania y los estados bálticos), pues continúan dependiendo del material militar adquirido de entidades rusas. 

¿La Primera Guerra Mundial en la era de las criptomonedas?

Si a la dimensión geopolítica del Swift se agregan las cuestiones relacionadas con el mundo digital, entonces vemos cómo el Gobierno de los EE. UU. y los reguladores belgas no sólo tienen un poder absoluto para determinar que las transacciones transfronterizas se efectúen en el marco del dólar, sino también acerca de las posibilidades que ofrecen las criptomonedas. Una vez que se crea una alternativa al Swift, como puede ser el Bitcoin u otras monedas digitales de un banco central que permiten pagos internacionales transfronterizos sin estar registrados en la base de datos de este software, explicaba Andrés Arauz, los apostatas del neoliberalismo financiero y la liberalización comienzan a ponerse nervioso. Por eso, en el pasado decidieron fomentar alternativas al Swift, a saber, la stablecoin de Facebook (Diem) hace dos años y en la actualidad la de PayPal o JPMorgan, así como o iniciativas filantrópicas al estilo Better Than Cash Alliance, que incluyen a Visa y MasterCard, cuyo objetivo es reducir el uso de efectivo pero atar toda moneda digital al dólar.

Hasta qué punto podrá verse este hecho que la administración Biden se encuentra en las primeras etapas de exploración sobre cómo ampliar las sanciones hacia las criptoactividades de Rusia. Por ejemplo, otorgando a los gobiernos occidentales influencia, por ejemplo, para solicitar a las plataformas de intercambios y grandes corredores de criptomonedas que bloqueen transacciones en ciertos países o con ciertas monedas emitidas por los gobiernos, como el rublo.

La cuestión no es baladí. Según estimaciones rusas citadas por The Washington Post, habría más de 12 millones de billeteras de criptomonedas, donde se almacenan los activos digitales, abiertas por ciudadanos rusos y el monto de los fondos que gestionan es de aproximadamente 2 billones de rublos, equivalente a alrededor de 23,900 millones de dólares. Además, Rusia es el tercer país más grande para la minería de bitcoins.

Si bien el banco central del país propuso prohibir las operaciones con criptomonedas el mes pasado, pidiendo la prohibición de la emisión y bloqueando el intercambio de criptomonedas por monedas respaldadas por el gobierno, así como la prohibición de la minería de criptomonedas, algunos sectores en Rusia han visto en las criptomonedas una herramienta potencial para eludir otras sanciones que se enfocan en el sistema bancario y de pagos tradicional. En octubre de 2020, representantes del banco central de Rusia dijeron a un periódico de Moscú que el nuevo “rublo digital” haría que el país fuera menos dependiente de Estados Unidos y pudiera resistir mejor las sanciones, pues permitiría a las entidades rusas realizar transacciones fuera del sistema bancario internacional con cualquier país dispuesto a comerciar con moneda digital. De momento, las criptomonedas sirven eminentemente para que los multimillonarios eviten las sanciones, ya que se pueden mover miles de millones de dólares fácilmente a través de las fronteras.

Sea como fuere, esta es una realidad que está ganando peso de manera apresurada en el escenario geopolítico. Recientemente, el Tesoro estadounidense revisó el último programa de sanciones y exigió una modernización de estos para mantener su eficacia tras afirmar que las monedas digitales podrían debilitar las sanciones de EE. UU. “El desafío para la economía rusa es que la inmadurez de las criptomonedas como parte de su sistema financiero no les permite eludir a gran escala las sanciones multinacionales que se imponen”, matizó Juan Zarate, ex secretario adjunto del Tesoro y asesor adjunto de seguridad nacional en la administración de George W. Bush.

Nada de ello ha evitado que el banco central de Ucrania tomara medidas sobre las transferencias de dinero digital, convirtiéndose en el primer Estado nación de la historia en aceptar bitcoin (BTC) ether (ETH) y la stablecoin o moneda estable Tether (USDT, en su versión de la red Ethereum) vinculada al precio del dólar estadounidense, para financiar la guerra contra Rusia. Las entidades de blockchain de todos los tamaños también han comenzado a participar y a donar a la causa ucraniana. Además, las plataformas DAO más grandes como Aave ya han presentado propuestas a sus comunidades para donar cantidades significativas al pueblo ucraniano. Tampoco olvidemos que Ucrania es el principal actor europeo de criptomonedas y el cuarto más grande del mundo. En septiembre, el país legalizó las criptomonedas, y su nuevo Ministerio de Transformación Digital emprendió una enorme campaña de atracción de inversiones procedentes de empresas tecnológicas en este sector.

La contrahegemonía del eje asiático

Aunque no son tan importantes como otros acuerdos, los estudios en materia eurasiática indican que las iniciativas soberanas para impulsar sistemas de pagos conjuntos pueden ayudar a evitar o dificultar la captura de mercados rentables por parte de competidores occidentales y bloquear los intentos de ejercer influencia política a través de las finanzas. Desde hace varios años se viene reconociendo desde diversas instituciones que la cooperación económica de Rusia y China estaría sujeta a las percepciones de que existen amenazas para la acción antagónica conjunta mediante el uso de monedas digitales distintas a las de Estados Unidos.

No extraña, por este motivo, que ambos países hayan impulsado sistemas nacionales de pago. Por un lado, a medida que crece el comercio y la inversión con el resto del mundo, China ha reforzado su sistema de pagos para permitir transacciones transfronterizas en yuanes y no ha cesado en su esfuerzo para globalizar la moneda local. También el renminbi transfronterizo chino se ha finalizado con éxito y, aunque la moneda en términos de valor está muy por debajo (menos del 3 por ciento) de las participaciones de las principales monedas de reserva occidentales en el mundo, los avances en soberanía monetaria de este país han atraído la atención mundial. Más aún desde que ha sido pionero en impulsar el yuan digital, una criptomonedas conectada al Estado chino. A mediados de septiembre del año pasado, además, el Banco Popular de China envió instrucciones detalladas a 19 bancos para implementar cuanto antes el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo, administrado por el llamado CIPS Co. Ltd., lanzado por el banco central en 2015 para liquidar reclamos internacionales en yuanes, lo cual aumentará el número de bancos que utilizan el sistema a casi 80.

Por su parte, Rusia también ha estado trabajando en la implementación de su propio sistema desde que la tramitación del pago a través de Visa, Mastercard y otras tarjetas estadounidenses fueron incluidas en el régimen de sanciones de la potencia occidental contra Rusia en 2014. De hecho, un año más tarde impulsó su tarjeta de pago electrónico “Mir”, obligando a ambas tarjetas a participar del sistema de pagos ruso. En este contexto también se entiende que desarrollara el sistema denominado como SPFS (Sistema para la Transferencia de Mensajes Financieros) para uso transfronterizo, el cual debería comenzar a utilizar tras quedar aislada del Swift. Si bien se limita principalmente a la utilización dentro del territorio ruso, el gobierno lo ha promovido intensamente su adopción en cumbres internacionales, como las de la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS, donde negoció con Irán y Venezuela.

Además de desarrollar el SPFS, Rusia también dispone de otras herramientas para protegerse contra posibles sanciones financieras, por ejemplo, acumulando enormes cantidades de reservas extranjeras y difundiendo de manera integral el sistema de tarjetas de crédito ruso (“Mir”) que limitaría las repercusiones de las medidas de Occidente. Al igual que China, Rusia ha desarrollado un rublo digital independiente de Swift que fue aprobado por el banco central en octubre de 2020 y testado como prototipo en la región de Crimea un año después. Si bien las sanciones occidentales provocarán distintos inconvenientes para las transacciones con Rusia (por ejemplo, volver al arcaico sistema télex para la mensajería financiera internacional, y una enorme volatilidad), hasta los observadores de Washington reconocen que la moneda digital del banco central, los sistemas de pagos transfronterizos que este país ha impulsado o la cooperación con China y el resto de la región euroasiática puede devolver el control de la economía al Estado, reducir la dependencia del dólar estadounidense, impulsar el rublo a nivel mundial y minimizar el riesgo de sanciones.

De hecho, algunos trabajos académicos afirman que “si los estados logran materializar este potencial emitiendo sus propias criptomonedas y convirtiéndolas en dinero de curso legal, estas herramientas podrían funcionar como medios de pago internacionales y medios de acumulación quizás de manera más eficiente que el dinero de crédito”. Aunque, de momento, Rusia recibe más euros que dólares por sus exportaciones a China, el nuevo dinero digital del país de Putin podría competir con el dólar estadounidense como moneda de reserva internacional.

Ahora bien, de fondo se encuentra la preocupación que comparten Estados Unidos y la Unión Europea: esta estrategia puede reafirmar la tendencia que muestran los estudios en economía política, es decir, que el sistema financiero de Rusia se haga más dependiente de China. Existen dos factores fundamentales que refuerzan esta hipótesis. Primero, porque la integración del país de Vladimir Putin a los mercados financieros globales (es decir, a la globalización neoliberal) se encuentra cada vez más subordinada a la potencia de Xi Jinping, lo cual aumentará la vulnerabilidad de las finanzas nacionales rusas, y más aún en medio de una escalada de las sanciones por parte de Occidente. Segundo, como bien ha descrito el periodista Rafael Poch, los desastres del neoliberalismo en este país, la privatización en nombre de la “libertad de mercado” aceptada como dogma de progreso, así como la posterior restauración violenta de su sistema autocrático, tienen una relación directa con la dependencia sobre China, en lugar de hacia Estados Unidos. En otras palabras, la elección de una política macroeconómica abierta a la financiarización del sector bancario ruso, principalmente de propiedad estatal, dificulta la transformación de las entradas de liquidez en créditos para las empresas del Estado.

Qué tremenda paradoja, la implementación de la agenda deseada por el Consenso de Washington ha provocado que la mayoría de los sectores productivos de la economía rusa no sean capaces de competir en buenas condiciones. La farsa del dogma de la globalización neoliberal, junto a la extensión de las bases militares hacia su territorio, ha colocado a Rusia cada vez más cerca del modelo de capitalismo chino y el mundo post-dollar que tiene en mente. La carrera entre las dos grandes superpotencias de nuestra era será larga, pero Putin tendrá pocas salidas distintas a la de atar sus finanzas, monedas y flujos de capital a la Ruta de la Seda china. La Unión Europea también ha confirmado quién será su aliado en este viaje, y probablemente solo Alemania gane con esa elección.

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Martes, 01 Marzo 2022 06:30

Alemania: viraje histórico

Alemania: viraje histórico

El sábado, el gobierno alemán anunció el envío de mil cañones antitanque y 500 misiles antiaéreos Stinger, además de 400 cañones antitanque de fabricación nacional desde Países Bajos, y nueve obuses D-30 y municiones desde Estonia para apoyar a las fuerzas armadas de Ucrania en la guerra con el ejército ruso y los grupos separatistas. La medida marca una ruptura con la prohibición alemana de exportar equipos letales a las zo-nas en conflicto, vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y reforzada hace 20 años, cuando el país era gobernado por una coalición entre los socialdemócratas y los verdes (mismos partidos que, junto con los liberales del FDP, integran el gobierno actual).

Además del histórico giro en esa política autoimpuesta por los alemanes como parte de los esfuerzos para desmarcarse de su pasado belicista, y en particular de los horrores del régimen nazi, el respaldo militar a Kiev supone el fin de una dilatada tradición de independencia y equidistancia diplomática entre Washington y Moscú.

En efecto, desde los tiempos de la guerra fría la entonces República Federal Alemana buscó un trato constructivo y basado en el diálogo con su contraparte soviética, y esa política fundada en el pragmatismo se mantuvo tras la reunificación alemana y la caída del blo-que comunista, sin importar las evidentes e importantes diferencias entre sus respectivos liderazgos. Ahora, el canciller Olaf Scholz reaccionó a las operaciones bélicas rusas, anunciando la creación de un fondo especial de 100 mil millones de euros para sus fuerzas armadas, y que en lo sucesivo mantendrá su gasto militar por arriba de 2 por ciento del PIB, con lo que parece anticipar una confrontación prolongada y establecer un tono de fuerza ante el Kremlin.

Para entender el carácter especial de las relaciones entre Rusia y Alemania es necesario remontarse en el tiempo. Desde el siglo XVIII, el expansionismo ruso y el de la extinta Prusia hicieron que estas entidades chocaran por el control de los territorios ubicados entre ellos y que integran la actual Europa del Este, pero estos espacios de lucha lo fueron también de encuentro: no puede olvidarse que los déspotas ilustrados del Imperio ruso modernizaron las estructuras feudales de sus inmensos do-minios siguiendo estrechamente el ejemplo alemán, ni que las casas reales de Rusia y de los Estados alemanes tienen una intrincada historia de enlaces, cuyo máximo símbolo es Sofía de Anhalt-Zerbst, princesa alemana que gobernó Rusia bajo el nombre de Catalina.

El siglo XIX vio cómo el oriental reino de Prusia se convertía en una poderosa potencia industrial, capaz de vencer de manera humillante al ejército francés en 1871 y de guiar bajo su férula la unificación de una miríada de pequeños Estados en el Imperio alemán. Este fortalecimiento prusiano le llevó a exigir un lugar entre las potencias imperialistas de la época y desembocó en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), conflicto que dejó una destrucción material y humana desconocida hasta entonces.

En el curso de la contienda, el descontento del pueblo y los soldados rusos ante las derrotas y la carestía generalizada –entre otros factores– detonaron la Revolución de 1917, y el temor de Occidente a la extensión del socialismo precipitó el armisticio de 1918, el cual permitió a Alemania salir de la guerra que había iniciado con sus ciudades relativamente intactas. La crisis económica y el ánimo de revancha fueron el fermento del que surgió la ideología nacionalsocialista y que auparon al poder a Hitler, cuyo régimen contó con las simpatías de gobiernos y empresas occidentales para los que el enemigo a vencer no era el nazismo, sino el comunismo.

La obsesión hitleriana con la aniquilación del modelo de inspiración marxista llevó a Alemania a lanzar la Operación Barbarroja, la mayor campaña militar de la historia, en la que tres millones de soldados invadieron la Unión Soviética y asesinaron o causaron en forma indirecta la muerte de 27 millones de personas antes de ser derrotadas por el Ejército Rojo. Por más que la propaganda de occidente se empeñe en presentar la caída del nazismo como una hazaña estadunidense y europea, no puede olvidarse que 80 por ciento de todas las bajas alemanas se dieron en el frente oriental, y el bloque soviético fue el que sufrió la mayor devastación bajo las tropas del Tercer Reich.

No fue la casualidad, sino el recuerdo de esa traumática historia, lo que guió la autolimitación alemana en el despliegue de su industria armamentística –pese a lo cual es el cuarto mayor exportador de armas del mundo– y de sus capacidades militares durante décadas. Cabe esperar que las decisiones del canciller Scholz signifiquen un paréntesis y no un viraje definitivo en esa contención, pues a nadie conviene un crecimiento del armamentismo y de la propensión a usar la violencia para dirimir diferencias.


Militarismo.

Con la excusa de Ucrania, Alemania inicia un fuerte rearme histórico, junto a otras potencias imperialistas

Con la excusa de ’ayudar a Ucrania’, el Canciller alemán Olaf Scholz anunció este domingo que se pondrá a disposición de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas) un fondo especial de 100 mil millones de euros, que se suma al presupuesto actual. Además, establece que el país gastará más del 2% del PBI anual de aquí en adelante, lo que es un giro histórico en el militarismo alemán.

Tabea Krug / Simon Zinnstein

Lunes 28 de febrero

100 mil millones de euros para la Bundeswehr: ¡No al rearme!

El canciller Olaf Scholz anunció un aumento masivo del gasto militar y una “modernización” de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas). En la sesión especial del Bundestag (Parlamento) sobre la guerra en Ucrania, anunció que la Bundeswehr debería recibir 100.000 millones de euros extra del presupuesto federal para 2022.

Se trata de un giro histórico en el militarismo alemán, con un presupuesto paras sus Fuerzas Armadas extraordinario que duplica incluso el presupuesto actual que ronda los 50.000 millones de dólares.

Además, para dejar en claro que el cambio implica una verdadera militarización a nivel histórico, como no se vio desde la segunda guerra mundial, se anunció que el país gastará más del 2% del PBI anual en sus Fuerzas Armadas de aquí en adelante.

De esta forma, se atendería el objetivo del 2% acordado en 2002 y 2014 por la OTAN y las exigencias del jefe de la Bundeswehr Association. El gobierno alemán también ha anunciado entregas de armas a Ucrania y más sanciones contra Rusia.

Este anuncio significa un giro histórico en la política de rearme alemán. La inversión de 100 mil millones corresponde nada menos que al 20% del presupuesto federal anual. A modo de comparación, se invirtieron alrededor de 498.620 millones de euros en todo el presupuesto federal en 2021. El gasto militar sería a partir de ahora similar al gasto total en asuntos laborales y sociales en 2021.

Está claro que pagaremos por este rearme. Porque la deuda que asume el estado alemán por esto se utilizará como argumento de que el estado del bienestar no se puede financiar. Cuando se produjo la huelga de hospitales en Berlín, el argumento del gobierno era que no había suficiente dinero, algo que ahora se demuestra que era una mentira descarada. Con los 100.000 millones de euros que se destinan a presupuesto militar se podrían contratar 200.000 enfermeras con un salario de 4.000 euros durante más de diez años y se podría paliar notablemente la crisis sanitaria.

¡Luchar por la paz es luchar contra el imperialismo y el militarismo! ¡Rusia fuera de Ucrania! ¡La OTAN también! ¡Ni un céntimo para los militares!

En Alemania, los medios de comunicación y los partidos del régimen están creando una gran campaña a favor del militarismo. Sugieren que el rearme y el fortalecimiento de la OTAN sería la única forma de detener la agresión rusa. Sin embargo, esta no es una solución, porque la OTAN ya ha demostrado en innumerables guerras que comete genocidios y bombardea a los pueblos solo para defender sus intereses económicos. Así lo vimos en Afganistán, donde se excusaron en la idea de llevar la “democracia” y provocaron una masacre de la población civil.

Un movimiento antimilitarista en interés del pueblo ucraniano significa luchar por: ¡No a la invasión rusa! ¡Abajo la OTAN! El armamento, las sanciones y las invasiones no podrán detener el belicismo. En lugar de arrojar aún más dinero a la garganta de la industria armamentística, se debe invertir más presupuesto en asuntos sociales. La industria armamentística debe reconvertirse para la construcción de ferrocarriles y rieles, algo que podrían contribuir a combatir el cambio climático y la catástrofe que se avecina.

La población rusa pagará las sanciones que ya están generando una caída histórica del rublo, mientras que los trabajadores y el pueblo en Alemania pagarán los costos del rearme en este país imperialista. También lo pagarán todos los pueblos del mundo. Un movimiento contra la guerra debería defender nuestros intereses como trabajadores y oprimidos. En este sentido, llamamos también al pueblo ruso a oponerse a Putin y su invasión reaccionaria, así como a fraternizar con el pueblo ucraniano y los opositores a la guerra en todo el mundo

 

publicado en La Izquierda Diario

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Lunes, 28 Febrero 2022 06:55

Gritos desde un manicomio

 Refugiados ucranios que huyen de la guerra que estalló el pasado jueves llegan a la estación de tren de Zahonyi, ciudad fronteriza con Hungría.Foto Afp

En tiempos modernos "toda guerra es una guerra contra civiles, y por lo tanto son inherentemente inmorales" afirmaba el gran historiador Howard Zinn, veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien fue a visitar las ciudades alemanas que bombardeó poco después del fin de esa guerra y ahí llegó a esa conclusión.

Los "expertos" están por ahora en el paraíso al hablar sobre los aciertos y fracasos de los políticos y sus estrategas militares en el conflicto Rusia-Ucrania/OTAN/Estados Unidos mientras empieza el conteo de muertos y heridos. Algunos políticos estadunidenses ya están usando el conflicto para pedir más fondos para el presupuesto militar más gigantesco del mundo, y Trump, elogiando la estrategia de Putin de desplegar una "fuerza de mantenimiento de paz" en la frontera con Ucrania, opinó que "nosotros podríamos usar eso en nuestra frontera sureña" con México para frenar el ingreso de millones de migrantes.

Pero este conflicto tiene un detalle diferente a otros: en cualquier momento puede volverse en una guerra nuclear. Desde inicios del conflicto, el Apocalipsis (no el divino, el humano) está en la sala de espera. Desde el primer día, los rusos, europeos y estadunidenses ya estaban haciendo referencias al uso de armas nucleares. El fin de semana Putin fue más explícito al ordenar una máxima alerta para sus fuerzas nucleares. Biden, por su lado, justificó las sanciones contra Rusia, argumentando que las únicas dos opciones son ese "castigo" económico o "una tercera guerra mundial".

Una orden para un ataque nuclear se puede emitir por un presidente casi instantáneamente y los misiles se pueden lanzar dentro de 5 a 20 minutos. Un 93 por ciento de todas las armas nucleares del mundo están en Estados Unidos (poco más de 6 mil) o Rusia (casi 7 mil), las demás están repartidas entre otros 7 países. Un ataque nuclear puede ser resultado de errores y accidentes y, de hecho, hay tantos precedentes de eso que es por puro milagro que aún estemos vivos. No se puede descartar más, sobre todo en coyunturas bélicas entre poderes nucleares. Vale recordar que de todos los estados, sólo Estados Unidos ha usado estas armas de destrucción masiva.

Ante ello se tiene que preguntar: ¿quién y cómo se ha permitido tal escenario? Hemos vivido con esta amenaza desde hace más de 70 años sin que nadie nos pidiera permiso (en este rubro no hay democracia). Resulta un poco absurdo que el Consejo de Seguridad de la ONU, instancia creada para frenar las guerras y evitar incluso la destrucción mundial por armas nucleares, esté controlado nada menos que por cinco de los principales poderes nucleares. Los locos están a cargo del manicomio.

Es la locura más obscena imaginable. Que la evolución humana culmine con unos cuantos políticos, sus generales y otros en las cúpulas teniendo en sus manos el poder de destruir la vida en este planeta, sea por el cambio climático o un holocausto nuclear, es la locura más obscena imaginable.

Son tan inteligentes los encargados que nos tienen constantemente al borde del fin del mundo (y hasta crearon una doctrina compartida entre los poderes nucleares que se llama "destrucción mutua asegurada" o MAD). ¿Vamos a seguir pretendiendo que el lugar donde estamos, si verdaderamente es evaluado de manera objetiva, científica y racional, no es otra cosa que un manicomio?

Ante esta locura, a mediados de los años 60 el satirista (y matemático de Harvard) Tom Lehrer escribió una canción "prenostálgica" para la Tercera Guerra Mundial, con una parte de su letra así:

Hasta pronto, mamá

Me voy para ir arrojar la Bomba

Entonces no me esperes.

Pero mientras sudas en tu refugio

Me puedes ver

En la tv…..

No hay necesidad de que te pierdas un minuto

Del agonizante holocausto

¡Yea!

El pequeño Johnny Jones

Era un piloto estadunidense

…. estaba muy orgulloso

Cuando se declaró la Tercera Guerra Mundial

No tenía miedo

No señor….

Y esto es lo que dijo

En camino al Armageddon

Recuerda mami

Voy por un commie (comunista)

Entonces envíame un salami

Y trata de sonreír de alguna manera

Te buscaré cuando acabe la guerra

En una hora y media de ahora.

Tom Lehrer. So long mom (Canción para la Tercera Guerra Mundial). https://youtu.be/YDFqoReof6A

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