Rusia y China contra Estados Unidos en Europa y Asia

Vladimir Putin y Xi Jinping criticaron a las alianzas de OTAN y AUKUS

El presidente de Rusia viajó a China para la inauguración de los Juegos Olímpicos y se reunió con su par de China. Fueron tres horas en las que criticaron las alianzas militares lideradas por Washington: la OTAN y AUKUS.

 

Los líderes de Rusia y China mantuvieron una reunión en la que se mostraron en sintonía al criticar la influencia de Estados Unidos en las alianzas militares que establece en Europa y Asia. El presidente ruso Vladimir Putin y su par chino Xi Jinping se opusieron a cualquier ampliación futura de la OTAN en un declaración conjunta publicada por el Kremlin, en la que también apuntan contra los países del Tratado del Atlántico Norte por sus posturas de “guerra fría”. El encuentro en Beijing también resultó en nuevos contratos de cooperación energética. Según resaltó el gobierno de Putin, no existen áreas prohibidas de cooperación entre los países.

"Cercanía sin precedentes"

El presidente de Rusia viajó a China para asistir a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2022, antes de que comenzara se reunió con Xi Jinping. Putin celebró que las relaciones con Beijing se encuentren en un momento de cercanía sin precedentes. Los líderes se reunieron durante tres horas en las que según el comunicado conjunto publicado por el Kremlin, coincidieron ampliamente en temas de seguridad geopolítica.

Según el comunicado, Rusia y China se oponen a la formación de estructuras de bloque cerradas, en este sentido criticaron dos alianzas impulsadas por Estados Unidos en Europa y en Asia. “Las partes se oponen a una nueva ampliación de la OTAN y hacen un llamamiento a la Alianza del Atlántico Norte para que abandone sus planteamientos ideologizados de la guerra fría, respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países”, precisaron en el texto publicado tras el encuentro.

Contra AUKUS y la OTAN

Respecto a las garantías de seguridad solicitadas por Moscú a Washington y al resto de los aliados de la OTAN, China “simpatiza y apoya las propuestas presentadas por la Federación Rusa para crear garantías de seguridad jurídicamente vinculantes a largo plazo en Europa”.

Además, resaltaron la preocupación de Moscú y Beijing ante la asociación trilateral de seguridad firmada en 2021 entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido (AUKUS)  principalmente “su decisión de iniciar la cooperación en el ámbito de los submarinos de propulsión nuclear”, señalan.

“Rusia y China consideran que tales acciones son contrarias a los objetivos de seguridad y desarrollo sostenible de la región Asia-Pacífico, aumentan el peligro de una carrera armamentística en la región y plantean graves riesgos de proliferación nuclear”, remarcaron, al tiempo que instaron a los países de AUKUS a que cumplan “de buen fe sus compromisos de no proliferación nuclear y de misiles y que trabajen juntos para salvaguardar la paz, la estabilidad y el desarrollo de la región.”

Los líderes también acordaron establecer un nuevo tipo de relaciones entre las potencias mundiales: “basadas en respeto, coexistencia pacífica y cooperación mutuamente beneficiosa”. En este sentido coincidieron en que “las nuevas relaciones interestatales entre Rusia y China son superiores a las alianzas políticas y militares de la época de la Guerra Fría”.

Democracia

En la declaración conjunta los líderes compartieron “el entendimiento de que la democracia es un valor humano universal más que un privilegio de un número limitado de Estados”. En este sentido remarcaron que sólo el pueblo del país puede decidir si su Estado es democrático. “Los intentos de ciertos Estados de imponer sus propias "normas democráticas" a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, incluso estableciendo bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que una burla a la democracia y van en contra del espíritu y los verdaderos valores de la misma”, remarcaron.

“Las partes creen que la defensa de la democracia y los derechos humanos no debe utilizarse para presionar a otros países”, puntualizaron.

Acuerdo energético

Tras el diálogo entre Xi y Putin los dos países también firmaron un importante acuerdo energético. Según el diario The Guardian, uno de los nuevos contratos prevé que Rusia suministre 10 mil millones de metros cúbicos de gas cada año a China (adicionales a los 38 mil millones que ya suministra al gigante asiático) a través de su gasoducto Power of Siberia. “Está estudiando un segundo gasoducto que abriría un mercado adicional para los yacimientos de gas de la península de Yamal”, precisó el matutino.

En tanto, el gasoducto Nord Stream 2, que todavía necesita certificación de la UE, sigue bajo amenaza de sanción. Este viernes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reiteró que no descarta utilizar el Nord Stream 2 como parte del dispositivo de sanciones en caso de que Rusia ataque a Ucrania.

Las tensiones entre Rusia y los países del Tratado del Atlántico Norte (liderado por Estados Unidos) incrementaron esta semana con el anuncio del Pentágono sobre el envío de tres mil tropas a Polonia, Rumanía y Alemania. Washington por su parte acusa al Kremlin de desplegar a 100 mil soldados en su frontera con Ucrania.

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El boicot a los Juegos de Pekín y la geopolítica olímpica

Hace tiempo que los Juegos Olímpicos son una expresión política y también un gran negocio. El COI trata de proteger su producto por encima, muchas veces, de los intereses de los deportistas, mientras que las principales potencias mundiales convierten el evento en una más de las piezas de su tablero de juego.

 

Hoy, 4 de febrero, en medio de la indiferencia de la población española, darán comienzo unos nuevos Juegos Olímpicos. Sí, los Juegos Olímpicos de Beijing 2022. Y no es ningún error. Beijing, o Pekín si lo prefieren, volverá a ser sede de unos Juegos, los XXIV Juegos Olímpicos de Invierno. Tras muchas dudas por la fortaleza de la variante ómicron, la antorcha finalmente se encenderá, aunque las pruebas se disputarán sin la presencia de público y bajo estrictas medidas de seguridad.

Por el camino se han quedado los mejores jugadores estadounidenses de hockey sobre hielo, a los que la NHL —la liga profesional de este deporte en EE UU y Canadá— no permitió participar por el riesgo de contagio y cuya selección formara con deportistas universitarios, como en los tiempos en que el Comité Olímpico Internacional (COI) hacía equilibrios extraños entre el amateurismo que pregonaba y la realidad del deporte profesional.

La delegación española contará con 14 deportistas, entre los que Lucas Eguibar y Queralt Castellet parten como las mayores opciones de medalla. Y en medio de toda esta incertidumbre provocada por el covid, el pasado diciembre la Casa Blanca anunció el boicot de la delegación estadounidense a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Pekín 2022. Pero no un boicot como el que se dio en Moscú 80 o la respuesta del bloque comunista en Los Ángeles 84. Esa fórmula, que dejaba a los deportistas en casa, sin llegar a hacer demasiado daño al país organizador, hace tiempo que demostró no ser eficaz a nivel político.

El gobierno de Estados Unidos anunció un boicot diplomático en protesta por “el genocidio y crímenes de lesa humanidad que se están produciendo en la provincia de Xinjiang y otros abusos contra los derechos humanos”. Esta decisión se traduce en que la administración Biden no enviará ninguna representación oficial o diplomática a Pekín. “No vamos a contribuir a la fanfarria de los Juegos… Levantarse a favor de los derechos humanos está en el ADN de los americanos. Tenemos un compromiso fundamental en promocionar los derechos humanos. Seguiremos tomando acciones para promover los derechos humanos en China y más allá”, declaró la secretaria de prensa del gobierno, Jen Psaki.

El anuncio puede parecer insignificante, pero la realidad es que Pekín tardó unas pocas horas en responder y lo hizo con contundencia. Zhao Lijiang, portavoz del ministerio de exteriores chino, declaró que “los Juegos Olímpicos no son un espacio para la política y la manipulación. El boicot es una violación grave del espíritu de la carta olímpica y una descarada provocación. Estados Unidos pagará el precio de su decisión”.

Mientras planeaba en el aire la posibilidad de que China respondiera con un boicot similar a los Juegos de verano de 2028, que se disputarán en la ciudad de Los Ángeles, los gobiernos de Australia, Reino Unido y Canadá decidieron sumarse al boicot estadounidense. “Lo hago por el interés de Australia”, declaró su primer ministro, Scott Morrison. No queda claro si el interés de Australia es apoyar el boicot o la denuncia del genocidio en la provincia de Xinjiang del que se acusa a las autoridades chinas. Un viejo conflicto entre la población Uigur, de mayoría musulmana, y el Gobierno de Pekín, en la provincia que oficialmente se denomina Región Autónoma Uigur de Xinjiang. La población local viene denunciando desde hace décadas las medidas del gobierno chino para atraer población de etnia Han a su territorio y que están cerca de hacer de los Uigures una minoría en su propia región. Los enfrentamientos han sido frecuentes desde los años 50 y en los meses previos a los Juegos de Pekín de 2008 ya se produjeron atentados con numerosas víctimas. En los últimos años ha aumentado la presión del gobierno chino en la zona, al tiempo que se han extendido las acusaciones de abusos sobre la población uigur. Acusaciones que incluyen el encierro en campos de reeducación, torturas, destrucción de mezquitas… Esta es la situación que denuncia el gobierno de Estados Unidos como determinante para declarar el boicot diplomático.

Con motivo de los Juegos de verano de 2008 se puso el foco en la situación del Tíbet, aunque no se llegó a concretar ningún boicot. Durante los Juegos de Invierno de Sochi, en 2014, Obama decidió no acudir por la persecución, por parte del gobierno ruso, hacia los homosexuales. Este año se ha optado por declarar un boicot, al tiempo que, desde los sectores más conservadores del partido republicano, se pedía elevar la medida al ámbito deportivo y no enviar a ningún atleta estadounidense. Decisiones que encajan dentro del maniqueísmo de la política exterior de su gobierno, que presenta a Estados Unidos como un garante de la libertad y la democracia y a sus principales rivales como una amenaza para los derechos humanos.

Siguiendo esta línea, el veterano periodista de la NBC Bob Costas, presentador de la cadena en nueve Juegos Olímpicos, declaraba recientemente que “el COI merece todo el desprecio y repulsión que reciba por haber vuelto a China. Estuvieron en Pekín en 2008, en Sochi en 2014 y lo vuelven a hacer ahora sin ninguna vergüenza”. En mitad de esta tensión, el COI trata de hacer equilibrios manteniendo el principio, un tanto inocente, de que los Juegos no son un acto político, a pesar de que hace más de cien años ya tomaron la decisión de que los deportistas compitieran representando a sus Estados, desfilaran detrás de su bandera y escucharan el himno nacional al recibir la medalla de oro. Tampoco tienen problema en destacar las oportunidades que se presentan para una ciudad o un país a la hora de ser elegida como sede de unos Juegos. Cuando Pekín fue seleccionada como organizadora de los Juegos de 2008, el COI aseguró que se trataba de una oportunidad para que el país mejorara en el cuidado de los derechos humanos. El propio gobierno chino prometió que tomaría medidas que, a la hora de la verdad, nunca llegaron a concretarse. Algo que no fue impedimento para que, en 2015, la ciudad volviera a ser elegida, esta vez, como sede de los Juegos de invierno. Por precaución, en esta ocasión los líderes del movimiento olímpico prefirieron no asumir ningún compromiso alrededor de los derechos humanos.

Las contradicciones en las decisiones del COI aumentan si tenemos en cuenta que, desde los Juegos de Río en 2016, incluyen un equipo de refugiados para que, aquellos deportistas que sean reconocidos como tales por ACNUR, puedan participar bajo bandera olímpica. Un gesto que muestra un posicionamiento claro, pero que queda en evidencia cuando, al mismo tiempo, no dudan en conceder la organización de los Juegos Olímpicos de 2022 a una sede que en la última década ha multiplicado por siete el número de refugiados huidos de su país. Más recientemente, tras las declaraciones de la tenista Peng Shuai acerca de unos abusos por parte de un miembro del gobierno chino y la falta de información acerca de su paradero en los días siguientes, el presidente del COI, Thomas Bach, mantuvo una videollamada de 30 minutos con la tenista, tras la que aseguró que se encontraba en perfectas condiciones y que ningún deportista olímpico corría peligro por su participación en los Juegos. Esta declaración despertó las críticas de quienes veían en la actitud de Bach un gesto que buscaba asegurar la organización de los próximos Juegos, más que un sincero interés por el bienestar de la tenista, a lo que el COI respondió anunciando que su presidente aprovecharía su estancia en Pekín para reunirse con Peng Shuai.

Y en el último escalón de toda esta polémica alrededor del boicot y de las acusaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y China, aparecen los verdaderos protagonistas de los Juegos Olímpicos. El COI pregona con orgullo su lema “Poniendo a los atletas en primer lugar”, sin embargo, nadie les consulta a la hora de elegir la sede de unos Juegos, a pesar de que ellos también sufren las consecuencias de los boicots políticos. En los años 80, deportistas como Edwin Moses, Serguei Bubka, Arvidas Sabonis o Javier Sotomayor se vieron privados de la posibilidad de disputar unos Juegos Olímpicos por las decisiones de sus respectivos gobiernos. Ahora los deportistas podrán competir, pero igualmente se verán envueltos en la polémica y deberán responder las preguntas acerca de la idoneidad de la ciudad que los acoge. Al final, igual que ocurre con el Mundial de fútbol, los Juegos Olímpicos hace tiempo que son una expresión política y también un gran negocio. El COI trata de proteger su producto por encima, muchas veces, de los intereses de los deportistas, mientras que las principales potencias mundiales convierten el evento en una más de las piezas de su tablero de juego.

4 feb 2022

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Lunes, 31 Enero 2022 05:31

Locuras

Un instructor militar enseña a civiles que sostienen réplicas de madera de rifles Kalashnikov, durante un entrenamiento ayer en una fábrica abandonada en Kiev, capital de Ucrania. A medida que crecen los temores de una posible invasión rusa, Washington suena de nuevo los tambores bélicos a ritmo nostálgico de tiempos de la guerra fría con letra ya conocida sobre la grave amenaza de Rusia a la paz estadunidense. Foto Afp

Apenas unos cuatro meses después de retirarse de la guerra más larga de su historia en Afganistán, Washington suena de nuevo los tambores bélicos con el mismo ritmo de siempre, pero ahora con una canción nostálgica de los mejores tiempos de la guerra fría con letra ya conocida sobre la grave amenaza de Rusia a la pax americana.

Qué fracaso más espectacular de la política exterior del gobierno de Joe Biden. Más allá de eso, y más esencial, es que debería ser inaceptable para todos en este mundo que dos líderes de naciones armadas con suficientes bombas nucleares para destruir al planeta varias veces estén jugando a la guerra. ¿Aún el mundo tolera tal cosa? Más allá de sus intereses geopolíticos, ¿no es demasiado absurdo, obsceno y hasta criminal que esos señores puedan tener estas opciones a estas alturas de la historia humana?

Tan enredados están en su retórica bélica que hasta el propio gobierno ucranio que Biden está "defendiendo" le pidió públicamente a Washington que de favor le bajara con el tono guerrero, que dejaran "de gritar tanto" ya que “no somos el Titanic”. Esto, sólo horas después de que el jefe del estado mayor estadunidense, general Mark Milley, advirtió en conferencia de prensa que las fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania amenazaban con una invasión de todo el país, agregando que “uno tendría que regresar bastante a la guerra fría para ver algo de esta magnitud”.

En Washington, legisladores progresistas y diversas organizaciones antiguerra advirtieron a su gobierno que el envío de cientos de millones más en armas a Ucrania, nuevos despliegues de tropas y amenazas de sanciones severas "sólo incrementarán las tensiones" y que "no hay una solución militar de esta crisis; el enfoque tiene que ser la diplomacia".

Mientras de nuevo elevan a Moscú a sus anteriores alturas de amenaza, de repente convierten a Ucrania en un epicentro geopolítico donde se definirá el futuro del planeta. Biden declaró que si Rusia procede contra Ucrania "será la invasión más grande desde la Segunda Guerra Mundial" y que "eso cambiaría al mundo".

Su secretario de Estado, Antony Blinken, afirma que la defensa estadunidense del "derecho soberano (de Ucrania) de escribir su propio futuro" (está hablando de integrarse a la OTAN) frente a Rusia es un asunto moral. Proclamó que “un país no tiene el derecho de dictar las políticas de otros o decirle a ese país con quién puede asociarse… un país no tiene el derecho de ejercer una esfera de influencia. Esa noción debería de ser relegada al basurero de la historia”.

¡Eso sí es noticia! O sea, ¿ya tiraron la doctrina Monroe al basurero? ¿Ya se suspendieron operaciones militares y clandestinas estadunidenses en el hemisferio, están por cerrar Guantánamo y desmantelar el Comando Sur? ¿Washington ya acepta responsabilidad por las invasiones, intervenciones y golpes todos justificados por los llamados "intereses nacionales" y "seguridad nacional" de Estados Unidos?

Mientras esperamos respuesta, el hecho es que donde hay una grave crisis para unos, hay negocio para otros. “Estamos viendo, yo diría, oportunidades para ventas internacionales… tensiones en Europa Oriental, tensión en el Mar de China… estoy plenamente esperando que veamos un beneficio de eso”, comentó el ejecutivo en jefe de Raytheon –uno de los principales contratistas militares de Estados Unidos– en una llamada con accionistas. No es el único de los ejecutivos de la industria militar que ve con optimismo "las tensiones" en el mundo; sus empresas absorben casi la mitad del astronómico presupuesto militar estadunidense de 740 mil millones de dólares este año. (https://responsiblestatecraft.org/2022/01/28/big-war-ceos-theres-chaos-in-the-world-and-our-prospects-are-excellent/).

La vieja doctrina nuclear se llamaba "destrucción mutua asegurada" o "MAD" en la que los superpoderes aceptaban que nadie podría ganar una guerra nuclear porque todos quedarían destruidos. Mad, por cierto, es otra palabra para "loco".

Tom Lehrer. Who’s Next? https://youtu.be/oRLON3ddZIw

Bruce Springsteen. War https://www.youtube.com/watch?v=mn91L9goKfQ

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Una representación del Reloj del Juicio Final fue develada el 20 de enero de 2022 en Washington. Foto Afp

El 20 de enero el Boletín de los Científicos Atómicos –fundado en 1945 por Albert Einstein y los científicos de la Universidad de Chicago que desarrollaron las primeras armas nucleares del Proyecto Manhattan, hoy conformado por 11 premios Nobel– publicó que el Reloj del Día del Juicio Final (Doomsday Clock) este año se encuentra a sólo 100 segundos de medianoche, pese a que el "cambio de liderazgo en Estados Unidos" acordó "una extensión del nuevo control de armas Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START)" e inició su Diálogo sobre Estabilidad Estratégica con Rusia, además de que Estados Unidos busca resucitar el acuerdo del contencioso nuclear con Irán, mientras retornó al Acuerdo del Cambio Climático de París.

Lo anterior "no fue suficiente para revertir las tendencias negativas de la seguridad internacional": las "relaciones de Estados Unidos con Rusia y China permanecen tensas cuando los tres países están comprometidos en una serie de esfuerzos compartidos y de modernización nuclear", además del triple ímpetu para "desarrollar misiles hipersónicos", no se diga las "pruebas continuas de armas antisatelitales por varios países".

Advierte que se puede dar inicio a "una peligrosa nueva carrera nuclear armamentista" y señala que Ucrania "es un potencial punto inflamable". Comenta que "más allá de la pandemia, existen preocupantes fallas de bioseguridad", por lo que se requiere "seria atención sobre el manejo de la investigación biológica global" cuando "se ha iniciado una nueva carrera armamentista biológica" (sic).

Reconoce que haber colocado a 100 segundos las manecillas de su Reloj del Juicio Final "constituye lo más cerca que se ha encontrado el apocalíptico fin de la civilización, como su nueva anormalidad" (https://bit.ly/33zUi2S).

El muy influyente portal Sputnik, de una de las dos máximas superpotencias nucleares del planeta, pone en relieve el diagnóstico del boletín que, debido a una mezcla de amenazas globales que incluye las armas nucleares y el cambio climático, llegó a la fatídica conclusión de que el planeta se encuentra al borde de una catástrofe que dé fin a la civilización (https://bit.ly/3Kv4FFJ).

Como medidas atenuantes, el boletín exhorta a Estados Unidos y Rusia identificar los límites a sus armas nucleares y a sus sistemas de lanzamiento, mientras los conmina, junto con China, a comprometerse a una política de "no usar en primera instancia las armas nucleares".

Impulsa que Irán y Estados Unidos regresen a su acuerdo nuclear previo (nota: derogado en forma unilateral por Donald Trump).

Un punto nodal del boletín se centra en el "ambiente de información corrupta que socava las decisiones racionales y exacerba las amenazas".

Un particular rubro del boletín se centra en la "cuerda del equilibrista nuclear" y saluda como "desarrollo positivo" la renovación del nuevo START por cinco años entre Estados Unidos y Rusia, lo cual "crea una ventana de oportunidad para negociar un futuro acuerdo de control de armas entre los dos países que poseen 90 por ciento de las armas nucleares del planeta".

"Estados Unidos y Rusia también acordaron iniciar dos conjuntos de diálogos sobre cómo mantener mejor la estabilidad nuclear en el futuro". Asimismo, saluda el retorno de Joe Biden para negociar el contencioso nuclear con Irán, mientras "ofrece entablar charlas de estabilidad estratégica con China".

Si bien es cierto que Corea del Norte ha continuado sus pruebas de misiles de corto alcance, "no ha reanudado sus pruebas de armas nucleares o de misiles intercontinentales de largo alcance (ICBMs, por sus siglas en inglés)". También festeja el anuncio por la administración Biden del objetivo específico para "reducir el papel de las armas nucleares" en la política de seguridad nacional de Estados Unidos, conforme al proceso de la Revisión de su Postura Nuclear (NPR, por sus siglas en inglés).

Cabe recordar que 100 segundos equivalen a un poco más de un minuto y medio. Ojalá las manecillas empiecen a retrasarse antes de que sea demasiado tarde.

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Sábado, 29 Enero 2022 06:25

La OTAN como religión

La OTAN como religión

La controversia entre Estados Unidos, la OTAN, Ucrania y Rusia no es totalmente nueva. Ya vimos la posibilidad de que se produjeran graves problemas en 2014, cuando Estos Unidos y los Estados europeos interfirieron en los asuntos internos de Ucrania y de forma encubierta o abierta contribuyeron al golpe de Estado contra el presidente elegido democráticamente de Ucrania, porque no jugaba el juego que Occidente le había asignado. Por supuesto, nuestros medios de comunicación aplaudieron el golpe como una “revolución de colores” con todos los oropeles de democracia.

Tal como señalan muchos profesores de derecho internacional y de relaciones internacionales, entre los que se incluyen Richard Falk, John Mearsheimer, Stephen Kinzer y Francis Boyle, la crisis de 2021/22 es una continuación lógica de las políticas expansionistas que ha seguido la OTAN desde la desaparición de la Unión Soviética. Esta estrategia de la OTAN lleva a la práctica la pretensión de Estados Unidos de tener la “misión” de exportar su modelo socioeconómico a otros países, con independencia de las preferencias de Estados soberanos o la autodeterminación de los pueblos.

Aunque los relatos de Estados Unidos y de la OTAN han demostrado ser inexactos y muchas veces deliberadamente falsos, el hecho es que la mayoría de los ciudadanos del mundo occidental cree de forma acrítica lo que se les dice. La “prensa de calidad”, como New York Times, Washington Post, The Times, Le Monde, El País, Neue Zürcher Zeitung y FAZ, es una eficaz caja de resonancia de las opiniones de Washington y apoya con entusiasmo la ofensiva de relaciones públicas y de propaganda geopolítica. Creo que se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la única guerra que ha ganado la OTAN es la guerra de la información. Unos medios de comunicación corporativos dóciles y cómplices han logrado persuadir a millones de personas en Estados Unidos y Europa de que los tóxicos relatos de los Ministerios de Asuntos Exteriores son realmente verdad. Creemos en el mito de la “Primavera Árabe” y del “EuroMaidan”, pero nunca oímos hablar del derecho de autodeterminación de los pueblos, incluidos los rusos de Donetsk y Lugansk, ni de lo que se podría llamar “Primavera Crimea”.

A menudo me pregunto cómo es posible esto cuando sabemos que Estados Unidos mintió deliberadamente en el caso de conflictos anteriores para hacer que un agresión pareciera una “defensa”. Se nos mintió respecto al incidente del “Golfo de Tonkin” y a las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. Hay muchas pruebas de que la CIA y el M15 han organizado acontecimientos de “falsa bandera” en Oriente Próximo y otros lugares. ¿Por qué estas masas de personas instruidas no toman cierta distancia y se hacen más preguntas? Me atrevo a formular la hipótesis de que la mejor manera de entender el fenómeno de la OTAN es entenderlo como una religión laica. De este modo se nos permite creer sus relatos inverosímiles, porque podemos aceptar que son ciertos por una cuestión de fe.

Por supuesto, la OTAN no es precisamente una religión de las Bienaventuranzas y del Sermón de la Montaña (Matías V, 3-10), excepto por una Bienaventuranza típicamente occidental: Beati Possidetis, esto es, bienaventurados quienes poseen y ocupan. Lo que es mío, es mío; lo que es tuyo es negociable. Lo que ocupo lo he robado con todas las de la ley. Si consideramos la OTAN como una religión, podemos entender mejor determinados acontecimiento políticos en Europa y Oriente Próximo, Ucrania, Yugoslavia, Libia, Siria e Irak.

El credo de la OTAN es un tanto calvinista, un credo por y para los “elegidos”. Y, por definición, nosotros, Occidente, somos los “elegidos”, lo que significa “los buenos”. Solo nosotros nos salvaremos. Todo esto se puede aceptar por una cuestión de fe. Como cualquier religión, la religión de la OTAN tiene sus propios dogmas y su propio vocabulario. En el vocabulario de la OTAN una “revolución de colores” es un golpe de Estado, democracia es sinónimo de capitalismo, intervención humanitaria implica “cambio de régimen”, “imperio de la ley” significa NUESTRAS normas, el “Satán número uno” es Putin y el Satán número dos es Xi Jinping.

¿Podemos creer en la religión de la OTAN? Desde luego. Como escribió el filósofo romano-cartaginés Tertuliano en el siglo III d.C., credo quia absurdum: lo creo porque es absurdo. Y lo que es peor que el absurdo común y corriente, exige mentir constantemente al pueblo estadounidense, al mundo, a la ONU.

¿Ejemplos? El montaje propagandístico de las armas de destrucción masiva en 2003 no fue una simple “pia fraus” o mentira piadosa. Estuvo bien organizado y hubo muchos artífices. Lo triste es que un millón de personas iraquíes lo pagaron con sus vidas y su país quedó devastado. Como estadounidense, tanto yo como muchas otras personas gritamos “no en nuestro nombre”, pero ¿quién nos escuchó? El entonces Secretario General de la ONU Kofi Annan afirmó muchas veces que la invasión era contraria a la Carta de la ONU y cuando los periodistas le instaron a ser más preciso, afirmó que la invasión era “una guerra ilegal”. Peor que meramente una guerra ilegal era la violación más grave de los Principios de Nuremberg desde los juicios de Nuremberg, una auténtica revuelta contra el derecho internacional. No solo Estados Unidos sino también la llamada “Coalición de Voluntarios”, 43 Estados aparentemente comprometidos con la Carta de la ONU y con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, atacaron deliberadamente el estado de derecho internacional.

Se podría pensar que después de que te hayan mentido en cuestiones de vida o muerte, habría un sano escepticismo, un cierto grado de precaución; es de supone que las personas racionales pensarían “¿no hemos oído este tipo de propaganda antes?”. Pero no, si la OTAN es realmente una religión, aceptamos a priori sus dictámenes por una cuestión de fe. No ponemos en duda a [el actual secretario general de la OTAN] Jens Stoltenberg. Parece que existe un acuerdo tácito de que mentir en asuntos de Estado es “honorable” y que cuestionarlo es “antipatriótico”, de nuevo el principio maquiavélico de que el supuesto buen fin justifica los malos medios.

La apostasía es uno de los problemas de cualquier religión. Ocurre a menudo cuando los líderes de una religión mienten descaradamente a los fieles. Cuando las personas pierden la fe en los dirigentes actuales, buscan otra cosa en la que creer, por ejemplo, la historia, la herencia, la tradición. Me atrevo a considerarme un patriota estadounidense y un apóstata de la religión de la OTAN, porque rechazo la idea de “apoyo a mi país actúe bien o mal” (1). Quiero que mi país actúe correctamente y haga justicia, y que cuando el país vaya por el camino equivocado, quiero que vuelva a los ideales de la Constitución, de nuestra Declaración de Independencia, del discurso de Gettysburg (2), algo en lo que todavía puedo creer.

La OTAN se ha convertido en la religión perfecta para los matones y los belicistas, al igual que otras ideologías expansivas del pasado. En el fondo los romanos estaban orgullosos de sus legiones, los granaderos franceses morían gustosamente por las glorias de Napoleón, miles de soldados aplaudieron las campañas de bombardeo sobre Vietnam, Laos y Camboya.

Considero que la OTAN está dentro de la tradición del matón del pueblo. Pero la mayoría de los estadounidense no pueden saltar sobre sus propias sombras. La mayoría de los estadounidenses carece emocionalmente de la temeridad de rechazar a nuestros dirigentes, quizá porque la OTAN afirma ser una fuerza positiva para la democracia y los derechos humanos. Yo preguntaría a las víctimas de los drones y del uranio empobrecido en Afganistán, Irak, Siria y Yugoslavia qué opinan del historial de la OTAN.

Muchas religiones son solipsistas, autocomplacientes, se basan en la premisa de que ella y solo ella posee la verdad y de que el demonio amenaza esa verdad. La OTAN es una clásica religión solipsista, autosuficiente, interesada, basada en la premisa de que la OTAN es por definición la Fuerza buena. Un solipsista es incapaz de reflexionar sobre sí mismo, es incapaz de autocrítica, es incapaz de ver a los demás como a sí mismo, con fortalezas y debilidades, y posiblemente con algunas verdades también.

La OTAN se basa en el dogma de la “excepcionalidad” que Estados Unidos ha practicado durante más de dos siglos. Según la doctrina de la “excepcionalidad”, Estados Unidos y la OTAN están por encima del derecho internacional e incluso del derecho natural. “Excepcionalidad” es otra forma de expresar el dicho latino “quod licet Jovi, non licet bovi”: lo que Júpiter puede hacer no está permitido al común de los mortales. Nosotros somos los “bovi”, los bovinos.

Por otra parte, en Occidente estamos tan acostumbrados a nuestra “cultura del engaño” que reaccionamos sorprendidos cuando otro país simplemente no acepta que le hemos engañado. Esta cultura del engaño se ha convertido en algo tan natural para nosotros que ni siquiera nos damos cuenta cuando engañamos a otro. Es una forma de comportamiento depredador que la civilización todavía no ha logrado erradicar.

Pero, honestamente, ¿acaso la OTAN no es también un reflejo del imperialismo del siglo XXI, muy cercano al neocolonialismo? La OTAN no solo provoca y amenaza a los rivales geopolíticos, sino que en realidad saquea y explota a sus propios Estados miembros, no por la seguridad de esos, sino a beneficio del complejo militaro-industrial. A todo el mundo le debería parecer obvio, aunque no lo es en absoluto, que la seguridad de Europa radica en el diálogo y el compromiso, en comprender los puntos de vista de todos los seres humanos que viven en el continente. La seguridad nunca fue idéntica a la carrera de armamento y al ruido de sables.

Según el relato dominante, los crímenes cometidos por la OTAN en los últimos 73 años no son crímenes, sino lamentables errores. No solo como jurista, sino también como historiador reconozco que puede que estemos perdiendo la batalla por la verdad. Es bastante probable que dentro de treinta, cincuenta, ochenta años la propaganda de la OTAN se imponga como la verdad histórica aceptada, sólidamente consolidada y repetida en los libros de historia. En parte se debe a que la mayoría de los historiadores, al igual que los abogados, son plumas de alquiler. Olviden la ilusión de que a medida que pasa el tiempo aumenta la objetividad histórica. Bien al contrario, todos los bulos que los testigos presenciales pueden desmontar hoy se acaban convirtiendo en el relato histórico aceptado una vez que han muerto todos los expertos y ya no pueden cuestionar ese relato. Olviden los documentos desclasificados que contradicen el relato, porque la experiencia nos enseña que solo muy raras veces pueden acabar con una mentira política bien arraigada. En efecto, la mentira política no morirá hasta que haya dejado de ser útil políticamente.

Por desgracia, muchas personas en Estados Unidos y Europa siguen asumiendo el relato de la OTAN, quizá porque es fácil y reconfortante pensar que nosotros somos “los buenos” y que los “graves peligros” que hay “fuera de aquí” hacen que la OTAN sea necesaria para nuestra superviviencia. Como escribió Julio César en su De bello civile, quae volumus, ea credimus libenter”, esto es, creemos lo que queremos creer; dicho de otro modo, “mundus vult decepi”, es decir, en realidad el mundo quiere ser engañado

Objetivamente, la expansión de la OTAN y las constantes provocaciones a Rusia fue y es un peligroso error geopolítico, una traición a la confianza que le debemos al pueblo ruso y, lo que es peor, una traición a la esperanza de paz que comparte la gran mayoría de la humanidad. En 1989-1991 tuvimos la oportunidad y la responsabilidad de garantizar la paz del mundo. La arrogancia y la megalomanía mataron esa esperanza. El complejo militaro-industrial-financiero se basa en la guerra perpetua para seguir haciendo miles de millones de beneficios. 1989 podría haber marcado el comino de una era de aplicación de la Carta de las Naciones Unidas, de respeto del derecho internacional, de convertir las economías que dan prioridad a lo militar en economías de seguridad de los seres humanos y de servicios para ellos, de recorte de los inútiles presupuestos militares y de orientar los fondos liberados a erradicar la pobreza, la malaria y las pandemias, y de dedicar más fondos a la investigación y a desarrollar el sector sanitario, a mejorar hospitales e infraestructuras, a luchar contra el cambio climático, al mantenimiento de carreteras y puentes …

¿Quién es responsable de esta enorme traición al mundo? El difunto presidente George H.W. Bush y la difunta primera ministra británica Margaret Thatcher, junto con sus sucesores y todos sus asesores neoconservadores y defensores del “excepcionalismo”, además de los think tanks y los expertos que les alentaron.

¿Cómo fue posible esta traición? Solo por medio de la desinformación y la propaganda. Solo con la complicidad de los medios corporativos, que aplaudieron las ideas del “final de la historia” y del “ganador se queda con todo” de Fukuyama. Durante un tiempo la OTAN se deleitó con la ilusión de ser la única potencia hegemónica. ¿Cuánto duró esta quimera de un mundo unipolar? ¿Y cuántas atrocidades cometió la OTAN para imponer su hegemonía al mundo, cuántos crímenes contra la humanidad se cometieron en nombre de la “democracia” y de los “valores europeos”?

Los medios corporativos siguieron dócilmente el juego al declarar a Rusia y China nuestros enemigos jurados. Cualquier discusión razonable con los rusos y los chinos era y es condenada como “[política de] apaciguamiento”. Pero ¿no deberíamos mirarnos al espejo y reconocer que los únicos que deberíamos “apaciguarnos” somos nosotros? En efecto, tenemos que calmarnos y dejar de agredir a todos los demás: tenemos que parar las ofensivas tanto militares como informativas.

Si hay un país al que le importa muy poco el estado de derecho internacional (que también se conoce como el “orden internacional basado en normas” de Blinken) es, por desgracia, mi país, Estados Unidos de América.

Algunos de los tratados que Estados Unidos no ha ratificado son la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, el Estatuto de la Corte Penal Internacional, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el Acuerdo de Cielos Abiertos, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, la Convención sobre los Trabajadores Migrantes, la Convención sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales…

Finalmente comprendemos que ni Huntington ni Fukuyama acertaron respecto al siglo XXI, quien acertó fue Orwell.

Por Alfred de Zayas | 29/01/2022

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Alfred de Zayas es profesor en la Geneva School of Diplomacy y desempeñó el cargo de Experto Independiente de la ONU para la Promoción de un Orden Internacional Democrático y Equitativo 2012-2018.

Notas de la traductora:

(1) En el original “my country right or wrong”, una expresión de patrioterismo atribuida a un militar estadounidense del siglo XIX, Stephen Decatur.

(2) El discurso de Gettysburg es el discurso más famoso de Lincoln. Lo pronunció en la ciudad de Gettysburg el 19 de noviembre de 1863, cuatro meses y medio después de la Batalla de Gettysburg de la guerra civil estadounidense. Invocando los principios de igualdad de los hombres consagrados en la Declaración de Independencia, Lincoln redefinió la guerra civil como un nuevo nacimiento de la libertad para Estados Unidos y su ciudadanía.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2022/01/24/nato-as-religion/

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Sábado, 29 Enero 2022 06:07

Los pueblos y la guerra entre potencias

Los pueblos y la guerra entre potencias

Suenan tambores de guerra con una intensidad desconocida desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La tensión en Ucrania puede desembocar en un conflicto entre la OTAN, capitaneada por Estados Unidos, y Rusia, que no acepta el despliegue de armas en sus fronteras, al igual que Washington no toleró en la década de 1960 el despliegue de misiles en Cuba.

La situación en el mar del Sur de China y entre China y Taiwán es igualmente grave, aunque los frentes de guerra abiertos son numerosos: Yemen, Siria y Libia, entre los más destacados. Sin entrar a considerar las guerras contra los pueblos (Colombia, Guatemala y México entre las más destacadas en América Latina), el planeta atraviesa una situación muy peligrosa.

La pregunta es qué deben hacer los movimientos y los pueblos en movimiento ante un conflicto entre grandes potencias, en concreto Estados Unidos y Europa frente a China y Rusia. ¿Abstenerse? ¿Tomar partido? ¿Construir una agenda propia?

En la Primera Guerra Mundial (1914-18) la inmensa mayoría de las izquierdas se posicionaron con "sus" gobiernos y, por tanto, con "sus" clases dominantes para atacar a otros pueblos, en lo que fue la primera gran carnicería mundial, con saldo de 17 millones de muertos, 20 millones de heridos y mutilados, y una enorme cantidad de personas afectadas en su salud mental.

Antes de la guerra, Lenin afirmaba que una clase revolucionaria "no puede dejar de desear la derrota de su gobierno en una guerra reaccionaria". Cuando estalló la guerra defendió el "derrotismo", la derrota de la propia nación para acelerar la revolución. Transformar la guerra imperialista en guerra civil para derrocar a la clase dominante, fue la ruta trazada por Lenin y seguida, al principio, sólo por un puñado de internacionalistas.

Esta línea de actuación permitió a los revolucionarios rusos la conquista del poder en octubre de 1917, gracias al masivo levantamiento de obreros, soldados y campesinos, cansados de la guerra y del hambre.

¿Pueden los pueblos tomar un camino similar en estos tiempos en que se anuncia una guerra entre potencias nucleares?

Me parece evidente que no es deseable.

En primer lugar, desde los abajos debemos afirmar que no hay potencias buenas y potencias malas, que no apoyamos ni a Estados Unidos ni a Rusia ni a China. En la Segunda Guerra Mundial, los partidos comunistas optaron por apoyar a la URSS en vez de repetir la táctica de Lenin en la guerra anterior, porque dieron prioridad a la defensa de la "patria socialista".

Aclaración necesaria porque muchas personas creen que es mejor que ganen aquellos que se oponen al imperialismo estadunidense, lo que los lleva a apoyar a Rusia y China y, en ocasiones, a Irán o a cualquier nación que se oponga a las potencias occidentales.

En segundo lugar, creo que los movimientos y los pueblos deben oponerse a la guerra para profundizar su propia agenda: el arraigo territorial para ejercer la autonomía y el autogobierno, construyendo "mundos otros", nuevos y diferentes al capitalista, patriarcal y colonial.

En las guerras siempre pierden los pue­blos y ganan las grandes empresas capitalistas que se aprestan a rediseñar los territorios conquistados en su beneficio, explotando los bienes comunes para mercantilizarlos. Por eso es necesario boicotear las guerras, porque no existen las guerras justas, ya que las realmente existentes son guerras de despojo a través del genocidio.

Si es cierto que la guerra es la continuación de la política por otros medios, como dijo Clausewitz, el principal rasgo de la actual política de arriba es el despojo de los pueblos originarios, negros, campesinos y mestizos para acelerar la acumulación de capital.

En tercer lugar, los pueblos deben defenderse, lo que no es igual que participar en un guerra que no eligieron. Por lo que venimos aprendiendo del EZLN, de los pueblos mapuche, nasa/misak y otros de América Latina, así como de comunidades negras y campesinas, el mejor camino no consiste en responder a la guerra con guerra, porque la simetría nos desfigura como pueblos.

Porque "ellos" tienen armas muy sofisticadas y enormes ejércitos, estatales y privados, con formas militares tradicionales y con modos narcoparamilitares, que están atacando a los pueblos. Si respondemos con la violencia (que éticamente sería irreprochable), tomarán la iniciativa que más desean: el genocidio de pueblos enteros, como sucedió en el pasado reciente. Por propia experiencia de cinco siglos, los pueblos sólo confían en sus autodefensas: guardias indígenas, cimarronas y campesinas; policías comunitarias, rondas campesinas y guardianes de las lagunas, por mencionar apenas un puñado de defensas comunitarias. La tarea de los pueblos, en este periodo de guerras del capital, no es tomar el poder sino preservar la vida y cuidar la madre tierra, eludir los genocidios y no volvernos iguales a "ellos", que sería otra forma de ser derrotados.

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Viernes, 28 Enero 2022 05:23

La fortaleza de la alianza China-Rusia

La fortaleza de la alianza China-Rusia

El 2 de marzo de 1969, en una pequeña isla del fronterizo río Ussuri, comenzó el enfrentamiento armado entre China y la Unión Soviética, que duró hasta septiembre. En los diversos enfrentamiento durante esos meses murieron por lo menos 800 soldados chinos y un centenar de soviéticos.

Recién en 1991, treinta y un años después, se alcanzaría un arreglo satisfactorio para ambas potencias.

El periodista Rafael Poch de Feliu, que durante décadas fue corresponsal en Moscú y en Pekín, sintetiza en el artículo La guerra del Ussuri, la tensión militar entre ambas naciones: "La URSS mantenía a lo largo de su amplia frontera de 4.200 kilómetros con China, 44 divisiones militares, 13 más que en su flanco occidental ante la OTAN".

Apenas dos años después de esos combates, Henry Kissinger viajó e Pekín en secreto para reunirse con Chou en Lai, primer ministro chino, preparando la visita del presidente Nixon en febrero de 1972. La normalización de las relaciones entre EEUU y China fue clave para que Washington se enfocara en la competencia con la URSS, sabiendo que no podía confrontar con las dos naciones de forma simultánea.

La estrategia diseñada por Kissinger dio sus frutos a fines de la década siguiente con la implosión de la URSS y la descomposición del campo socialista europeo. Separar a los dos grandes enemigos, siempre fue una cuestión decisiva para que EEUU pudiera mantener su dominio global. Pero desde la crisis de 2008, las cosas comenzaron a cambiar de forma muy acelerada.

Al día de hoy, contra todo pronóstico y superando los duros enfrentamientos de antaño, China y Rusia pueden asegurar que han forjado una alianza sólida, tanto económica como política y militar. La clave es la agresividad del Pentágono en el Mar del Sur de China y en las fronteras de Rusia. En ambos casos la estrategia consiste en rodear militarmente a sus adversarios para desestabilizarlos y derrotarlos.

Un extenso artículo en South China Morning Post de Hong Kong, del 23 de enero, titulado "Cómo China y Rusia forjaron una amistad después de superar diferencias de décadas", señala que la hostilidad de Occidente es la clave de la alianza, apoyada en "los beneficios económicos mutuos".

Indagar sobre la fortaleza de esta alianza es un tema clave, ya que muchos analistas en Occidente, incluyendo académicos de renombre, piensan que se trata de una relación endeble destinada a no durar en el tiempo. El sociólogo Immanuel Wallerstein, por ejemplo, siempre sostuvo que China estaba condenada a entenderse con EEUU y Rusia con Europa, un análisis que resultaba básico y compartible hasta la crisis de 2008.

Para el diario hongkongués, la finalización del puente sobre el río Heilong, conocido como Amur en Rusia, propuesta en 1988, "es una señal de cómo Pekín y Moscú han navegado las décadas intermedias para acercarse más que nunca". Desde 2013, Putin y Xi Jinginp han sostenido 37 reuniones por video y el presidente ruso estará en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China el 4 de febrero.

La presencia de Putin en Pekín es interpretada como una muestra de solidaridad después de que Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia anunciaran un boicot diplomático por los derechos humanos. Por un lado, Xi expresó su apoyo a su "viejo amigo" Putin, ante las amenazas de sanciones occidentales por Ucrania, en tanto Putin dijo que las relaciones bilaterales están "en su punto más alto, lo que refleja un alto nivel de confianza estratégica mutua".

La alianza actual entre Rusia y China se apoya en varios ejes. Las crecientes relaciones económicas son claves. El comercio de China con Rusia aumentó un 35,8% el año pasado a un récord de 146.880 millones de dólares, y se espera que alcance pronto los 200 mil millones. China ha sido el mayor socio comercial de Rusia desde 2010 y también es el mayor comprador de sus productos básicos, con el 14 %.

La interdependencia económica de los dos países seguirá aumentando, porque "China necesita acceso a las vastas reservas de energía en el Lejano Oriente de Rusia para respaldar su floreciente economía manufacturera y la población más grande del mundo, mientras que China es un mercado estable para las exportaciones de energía de Rusia", estima Xu Poling, de la Academia China de Ciencias Sociales.

El gas y el petróleo de Rusia se pueden transportar por tierra, mientras los petroleros que abastecen a China viajan a través del riesgoso Estrecho de Malaca, en el disputado Mar del Sur de China. Xu destaca que "el comercio entre Rusia y China tiene una naturaleza de asistencia mutua y de confianza estratégica", ya que ninguno cree que el otro usará la interdependencia económica como arma.

En el terreno financiero, Rusia y China acordaron desarrollar una infraestructura independiente ante la amenaza de EEUU y Europa de excluir a Rusia de SWIFT, el sistema de pago electrónico más grande del mundo. En paralelo, se vienen comprometiendo a cooperar en áreas emergentes, incluida la seguridad de datos, el ciberespacio, el Ártico y la infraestructura.

En el aspecto diplomático, Moscú actualiza constantemente a Pekín sobre el progreso en las conversaciones de seguridad entre Estados Unidos y Rusia. En tanto, la cancillería de China defiende un "tratamiento justo y equilibrado" en el tema de Ucrania, y que las diferencias deben resolverse "a través del diálogo y la consulta".

En el terreno militar, la cooperación es cada vez más fluida. Lo más reciente fueron los ejercicios conjuntos contra la piratería en el Mar Arábigo, "con el objetivo de mejorar las capacidades de los ejércitos de los dos países para salvaguardar las rutas marítimas estratégicas". El comunicado del Ministerio de Defensa chino señala que las maniobras conjuntas profundizan "la asociación estratégica integral de coordinación China-Rusia para una nueva era". Las maniobras se realizaron poco después de que China, Rusia e Irán concluyeron un ejercicio marítimo conjunto de tres días en el Golfo de Omán.

Finalmente, los medios rusos y chinos anticiparon que en la visita de Putin a Pekín habrá "sorpresas", aunque no concretaron de qué se trata. El ex diplomático indio MK Bhadrakumar, informó en Asia Times que se trata del gigantesco proyecto de gasoducto Power of Siberia-2 para construir "una ruta adicional para enviar gas a China desde la península de Yamal en Siberia, donde se encuentran las mayores reservas de gas de Rusia, a través de Mongolia".

Este gasoducto se sumará al Power of Siberia-1, que en 2019 comenzó a llevar gas ruso a China a través de 3.000 kilómetros, en un acuerdo de 30 años firmado en 2014 entre Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China después de una década de negociaciones.

Ambas potencias comprendieron la estrategia del Pentágono de dividirlas y la crisis a propósito de Ucrania, que Bhadrakumar sintetiza: "Reducir a Rusia y ser capaz de intimidarla es un requisito previo de la situación antes de que EEUU se enfrente a China de manera integral". Si el Pentágono consigue reducir a Rusia, "cambiaría el equilibrio estratégico global por primera vez en la historia a favor de los Estados Unidos".

Por eso la alianza estratégica entre China y Rusia es de vida o muerte para ambas: "China tampoco puede permitirse el lujo de ver a Rusia hundirse bajo la presión de Estados Unidos".

Las cartas están echadas y las dos potencias, que hace cinco décadas se enfrentaron armas en mano, están dispuestas a luchar espalda con espalda para enfrentar cualquier agresión.

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Los militares ucranianos verifican la situación en las posiciones en la línea del frente cerca de la aldea de Avdiivka, no lejos de la ciudad de Donetsk, Ucrania, controlada por militantes prorrusos, el 25 de enero de 2022. — Efe

EEUU y la OTAN entregan sus esperadas respuestas por escrito a Rusia. Todos los ojos viran ahora a la reacción del Kremlin, que podría utilizar este fracaso como base para una escalada bélica, continuar negociando o perpetuar la tensión sine die.

 

- "¿Estamos más cerca de la guerra ahora que hace dos semanas?"

– "Las tensiones están aumentando y vemos más tropas rusas, no solo en Ucrania sino también en Bielorrusia. Esto añade tensión y preocupación y demuestra que no hay desescalada, pero al mismo tiempo hace más necesario encontrar una solución política y pacífica", ha contestado Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, tras anunciar que la Alianza Atlántica ha entregado la respuesta a las peticiones rusas.

Los aliados y Estados Unidos, en coordinación, han remitido a Moscú la respuesta por escrito a los tratados que Vladimir Putin presentó en diciembre exigiendo un compromiso sobre la no expansión de la OTAN al Este, en especial alusión a la no incorporación de Ucrania y Georgia al foro.

Los documentos remitidos son fieles a la postura que Occidente lleva clamando desde hace semanas. No hacen ninguna concesión: mantienen que la puerta de la Alianza se queda abierta y que cada Estado soberano es dueño de su propio destino. Este esperado movimiento, sin embargo, llega en un momento de alto voltaje.

Estados Unidos ha advertido hoy mismo, de nuevo, que la invasión a Ucrania se produciría a mitad de febrero aunque, también durante esta jornada, Kiev ha señalado que las tropas movilizadas en su frontera son "insuficientes" para un gran ataque.

En la UE se distancian del alarmismo norteamericano reduciendo el tono de Washington. No perciben como tal la inminencia del ataque. De hecho, Francia abandera en estos momentos al bloque comunitario para impulsar la vía diplomática. El Elíseo ha reunido a representantes galos, alemanes, ucranianos y rusos para resucitar el formato de Normandía y mantener una línea directa con el Kremlin, después de que los europeos se quedasen marginados en las negociaciones de desescalada previa. El propio Emmanuel Macron mantendrá una importante conversación telefónica con Putin el viernes.

Fuentes diplomáticas descartan que la UE y Estados Unidos hayan orquestado una especie de estrategia de "poli bueno y malo" con Putin porque la "situación es demasiado tensa como para ese juego".

Al final del día, la visión del mundo, los intereses en juego y la maquinaria diplomática son diferentes para Washington y Bruselas, que por su parte sí coinciden en que de producirse la agresión rusa, las consecuencias económicas serán "masivas".

La buena noticia es que la vía diplomática continúa abierta. La mala es que este mar de reuniones inconcretas no puede durar para siempre. Y la realidad sobre el terreno es que el cruce de acusaciones, el despliegue de material bélico en el flanco oriental y las amenazas están dejando un escenario sombrío. Lo que hay en juego no es para nada banal. Josep Borrell, Alto Representante de Exteriores de la UE, habla del momento más peligroso desde la Guerra Fría. Y el presidente estadounidense, Joe Biden, ha señalado que "si avanza con todas las fuerzas sería la mayor invasión desde la Segunda Guerra Mundial y podría cambiar el mundo".

"Mientras que trabajamos por una buena solución por la desescalada, también nos estamos preparando para lo peor", ha afirmado el líder de la Alianza. Desde 2014, la OTAN ha incrementado su presencia en los países del Este de Europa. Y está preparada para intensificar su material bélico en el Mar Negro y en el Báltico. Pero el envío de tropas a Ucrania está directamente descartado. Un escenario que cambiaría si el país vecino de Rusia fuese miembro de la OTAN. El sagrado Artículo 5 establece que si uno de los aliados es atacado, lo son todos. Y como tal deben responder. Solo se activó durante los ataques del 11-S.

La OTAN tiende la mano al "diálogo y a la transparencia"

Los cruciales documentos remitidos a Moscú no son ni propuestas ni una base a la negociación. Son una declaración por escrito de cuál es el margen de maniobra en estos momentos. Y no es muy amplio, al menos para Rusia.

Aunque se mantienen con cuidado hermetismo, la OTAN ha revelado que ofrece al Kremlin el diálogo en base a tres ejes: el regreso a las oficinas en Moscú y Bruselas; restablecer los canales de comunicación para fomentar la transparencia y rebajar las tensiones; y un nuevo acuerdo de armas que reduzca los riesgos de un choque nuclear, químico, cibernético o biológico.

El noruego, que representa a los 30 países aliados, ha exigido, además, la retirada de las tropas rusas de Ucrania, Georgia y Moldavia reiterando que la suya es una "alianza defensiva que no busca la confrontación" pero advirtiendo de que "no comprometerá sus valores" ni "su seguridad".

Y, ¿ahora qué?

El choque de trenes continúa. Y nadie sabe a ciencia cierta si la palanca de freno va a activarse in extremis. En Bruselas y en Washington defienden que todo está en el tejado de Rusia. La tensión en Ucrania entra en horas y en terreno clave. Y también desconocido. Porque nadie sabe cuál va a ser la reacción de Vladimir Putin. Un escenario es que perciba la respuesta occidental como una afrenta, la rechace y se convierta en el pretexto de una escalada bélica de consecuencias impredecibles. Otro es que el presidente ruso acceda a continuar las negociaciones y la tensión comience a rebajarse, algo que no sería un cheque en blanco. Y un tercero es que la situación se empantane durante meses y años con picos como los que se están produciendo en estos momentos.

Medio mundo mantiene ahora la respiración y todos los ojos viran a la reacción del Kremlin. Las próximas citas serán determinantes. Anthony Blinken, secretario de Estado estadounidense, prevé reunirse con su homólogo ruso Sergey Lavrov durante los "próximos días". La OTAN y EEUU dicen que son serios en su ofrecimiento a "la vía diplomática" y que es el turno de Rusia de elegir cuál es su postura. De la forma que la crisis tome estos días pende el tablero de ajedrez de los próximos años y la vida de muchas personas.

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

26/01/2022 21:33

 

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin (izquierda), charla con su homólogo de Irán, Ebrahim Raisi (derecha), el miércoles pasado en Moscú.Foto Afp

Se activaron las visitas de los mandatarios de las cuatro máximas potencias euroasiáticas: Rusia, China, India e Irán. Antes de concluir 2021, el zar Vlady Putin realizó una triunfal visita a India (https://bit.ly/3rLH7Uf).

Ya se ha perdido el conteo de las veces que se han reunido Putin y el mandarín Xi Jinping.

Ahora Putin visitará, con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, a su homólogo chino.

Hace unos días, el flamante presidente chiíta iraní Ebrahim Raisi, visitó a su homólogo ruso, donde se asentó el giro de Irán "hacia el Este" cuando las potencias de EU/OTAN lo tienen bloqueado a partir de la parte oriental del mar Mediterráneo (con la excepción de las costas de Siria y Líbano).

Se configura un trascendental "rectángulo geoestratégico euroasiático", donde Rusia opera sus óptimas relaciones con los otros tres vértices: China, India e Irán. Las relaciones de Irán con los otros tres vértices son también excelentes, cuando solamente falta limar asperezas entre China e India (a punto de ser seducida por el eje anglosajón para ser arrojada al fuego de una guerra contra Pekín (https://bit.ly/3Iv2CQ9).

La consolidación del "rectángulo geoestratégico euroasiático" será gradual. Tras el espectacular "acuerdo estratégico" de China e Irán por 25 años –la colisión de la Ruta de la Seda con el gran Reset anglosajón–, marcó la pauta para una nueva asociación estratégica por 20 años entre Rusia e Irán, cuyo objetivo principal, desde el punto de vista financiero, es darle la vuelta al sistema bancario SWIFT que domina EU y, desde el punto de vista geoeconómico y geopolítico, converger los anhelos de la Organización de Cooperación de Shanghái (https://bit.ly/2W3XhMX), la Unión Económica Euroasiática, el 15-RCEP (https://bit.ly/3tOAFyJ) y el BRICS, según el connotado geopolítico brasileño Pepe Escobar (https://bit.ly/35lEstf), quien abunda los proyectos financieros de China (CIPS) y Rusia (SPFS), para evitar la asfixia del SWIFT.

Desde hace cinco años ningún mandatario iraní se reunía con su homólogo ruso. Hoy el presidente iraní calificó su presencia en el Kremlin como un "momento decisivo" de la relación bilateral, mientras Teherán prosigue sus negociaciones trianguladas en Viena con Biden para rectificar la ruptura de Trump del acuerdo nuclear, orillado por las intrigas insidiosas de su otrora aliado y hoy enemigo Netanyahu (https://bit.ly/3tQXamx).

El canciller iraní, Amir-Abdollahian, definió la cosmogonía geopolítica de Irán como una "política centrada en la buena vecindad (sic), con un enfoque de política asiática viendo al Este y una diplomacia centrada en la economía".

En su vibrante discurso ante la Duma, el presidente Raisi fulminó que "ahora la estrategia de dominio ha fracasado, EU se encuentra en su posición más débil y el poder de los países independientes está experimentando un crecimiento histórico", mediante el "concepto de resistencia (sic)", como "parte central de las ecuaciones de disuasión", que "izó la bandera del nacionalismo, independencia y desarrollo científico", pese a todas las asfixiantes sanciones. Al concluir la relevante visita de Raisi a Rusia, empezaron de inmediato los ejercicios militares trilaterales de Rusia/China/Irán en el golfo de Omán. Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, anunció el fin de los tres días de ejercicio militar en el golfo de Omán entre las armadas de Rusia,China e Irán (https://bit.ly/3tQTaT3). Es la segunda ocasión en que el ejercicio militar trilateral se realiza cuando EU confronta simultáneamente a China en el estrecho de Taiwán y a Rusia en Ucrania/mar Negro/Bielorrusia.

El golfo de Omán es muy sensible, ya que conecta al superestratégico estrecho de Ormuz, donde atraviesa la tercera parte del petróleo mundial, con el norte del océano Índico.

En la cumbre de Putin-Raisi, ¿se perfiló la firma de hace 20 años entre Rusia, Irán e India del “Corredor multimodal Norte-Sur (https://bit.ly/3fOcWqf)” de 7 mil 200 kilómetros que conforma los tres vértices del "rectángulo geoestratégico eurasiático"?

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Unidades de la Guardia Nacional de Ucrania realizan ejercicios cerca de la frontera con Rusia en enero de 2022. Foto cortesía del Ministerio del Interior de Ucrania

Rusia manda 100.000 soldados a la frontera ucraniana y realiza maniobras militares en Bielorrusia. EEUU responde con 600 millones de dólares en armamento militar para Ucrania. Lo que se disputa detrás de esta crisis es el papel que deben jugar los países exaliados del Pacto de Varsovia y del espacio postsoviético: si deben aliarse con la OTAN, Rusia o permanecer neutrales.

 

La crisis ruso-ucraniana alcanzó una nueva dimensión el 17 de diciembre después de que Rusia enviara dos borradores de acuerdo a EE UU en los que Moscú exige detener la expansión de la OTAN hacia Europa del Este (incluyendo Ucrania y Georgia), devolver a las fuerzas armadas de la Alianza al lugar donde estaban estacionadas en 1997 y el compromiso de que ni EE UU ni Rusia desplieguen misiles de corto o medio alcances fuera de sus territorios. Tanto para Washington como para la OTAN, las demandas rusas son “inaceptables”.

Rusia no quiere que más países de la órbita postsoviética ingresen en una alianza militar contraria a sus los intereses geopolíticos y exige que los países bálticos y de los Balcanes, algunos de ellos exaliados del Pacto de Varsovia, salgan de la Alianza. Mijaíl Gorbachov asegura que recibió garantías de que esa expansión no se iba a producir (un acuerdo no plasmado por escrito) y ahora Putin reclama que esas garantías se firmen en sendos documentos.

Sin embargo, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, defiende que la organización “nunca ha prometido no expandirse” en torno a Rusia, y cita su texto fundacional en el que se establece que todos los Estados europeos pueden convertirse en miembros. Pese a ello, Rusia se siente amenazada y para hacer creíble su misiva; Putin incluso ha anunciado que negociará con Cuba y Venezuela la instalación de bases militares en dichos territorios. EE UU se ha comprometido a responder por escrito esta semana a las exigencias rusas.

Escalada de tensión

Durante los últimos dos meses, Rusia ha ido acumulando hasta 100.000 soldados en la frontera ucraniana, lo cual ha desatado el temor de Kiev, que recuerda el antecedente de 2014, cuando el Kremlin anexionó a su territorio la península de Crimea. Como respuesta, EE UU ha mandado en los últimos días armamento militar y de defensa por valor de 600 millones de dólares.

España también se ha sumado a la estrategia de Washington, con el envío de un cazabombarderos del Ejército del Aire a Bulgaria y la incorporación de la fragata Blas de Lezo a la flota de la OTAN que navegará por el mar Negro. Por su parte, el presidente Joe Biden acusa a Rusia de querer llevar a cabo algún tipo de ataque o invasión sobre el país ucraniano de manera inminente. Putin niega todas las acusaciones. En caso de que ocurriera, Washington, Londres y Bruselas amenazan con sanciones internacionales sin precedentes sobre Rusia y que, según El País, podrían abarcar desde la suspensión de cualquier tipo de cooperación económica con Moscú a un drástico recorte de las relaciones comerciales, incluida la importación de gas y petróleo ruso. Sin embargo, ninguno de los expertos y expertas consultados por El Salto cree que vaya a producirse una guerra en territorio europeo.

Posibles escenarios futuros

“Si Rusia se anexiona Donetsk y Lugansk, dos regiones del este de Ucrania relativamente pobres [aunque Donetsk sí que tiene algo más de riqueza por la industria del carbón y del acero], la comunidad internacional va a aplicar sanciones internacionales muy duras a Rusia y, de manera indudable, va a inclinar la balanza de Ucrania hacia el lado pro-occidental”, apunta a El Salto Fernando Arancón, director de El Orden Mundial. Además, según el analista, Suecia y Finlandia ya se están planteando entrar en la OTAN y, un nuevo enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, podría empujarles definitivamente.

En palabras de Arancón, es una jugada poco rentable, pues el coste por conseguir dos regiones pequeñas y de poco valor, sería “inmenso”. Por eso, Arancón cree que Rusia no va a entrar, pero que si lo hace, tiene que tener una estrategia muy clara y definida, para que la victoria sea arrolladora. “Si entran, no ocupan toda Ucrania sino que llegan hasta el río Dniéper”, que es la zona, con muchos matices, “rusófila” del país, quedando a las puertas de Kiev.

Según esta hipótesis, por la dificultad de llevar a cabo una operación de semejante magnitud y que contaría con una gran resistencia por parte de Ucrania, la UE y EE UU, llegados a este punto, Rusia podría aprovechar esta posición para retirarse de la zona y negociar. “Si te pasas y luego cedes, tu planteamiento parece mucho más razonable. Me retiro del Dniéper si me dejáis quedarme con Donetsk y Lugansk”, plantea Arancón.

No obstante, las condiciones no parecen precisamente favorables a una invasión. Habría que tomar ciudades importantes y Rusia podría quedarse estancada en un asedio grande, prosigue Arancón. “Llegar a Kiev podría llevar medio año, Occidente daría armas a Ucrania y estos a lo mejor lanzarían un contraataque. Y en medio del verano, Rusia igual no ha llegado todavía a la capital, mientras mueren soldados suyos. Por eso, si entran, “lo tienen que tener clarísimo”, continúa Arancón, que apunta entre otros inconvenientes el hecho de que Ucrania no tiene buenas infraestructuras, hay muchos caminos de tierra y, a partir de marzo, el hielo se va a fundir, filtrándose y volviéndose barro.

Pese a la superioridad militar rusa, Arancón se plantea también la hipótesis de qué pasaría con las unidades pesadas y blindadas en caso de deshielo y barro y lanza un recordatorio: además de la insurgencia contraria a la invasión, Ucrania no es Georgia ni Chechenia. Así que la única manera de  reducir la tensión del conflicto, considera Arancón, es dejar a un lado las posiciones maximalistas y negociar una solución asumible para Moscú, Kiev y la OTAN.

Presión con las tropas

“No creo que nadie quiera la guerra, tampoco creo que la quiera Putin. Pero nadie renuncia tampoco a sus objetivos y ese es el problema”, explica a El Salto Pilar Bonet, corresponsal de El País durante 34 años en la URSS, Rusia y el espacio postsoviético, quien define el texto enviado por Rusia a EEUU en el que exige a la OTAN volver a sus fronteras de 1997 como “un ultimátum”. Cuando se le pregunta sobre cómo desescalar en el conflicto, se muestra frustrada. Sin embargo, el movimiento de tropas en la frontera ucraniana y el interior de Bielorrusia no necesariamente significa que Rusia vaya a invadir territorio ucraniano. “Es un elemento de presión y negociación, un constante mantenimiento de la tensión”, asevera. Entre las opciones: renunciar al Donbás (algo que cree que no puede hacer porque su electorado se le pondría en contra), declararlo independiente o anexionárselo, “lo que es una apuesta política arriesgada”. Cree que Putin necesita, de cara a las elecciones de 2024, una nueva victoria, que podría ser zamparse un trozo de Ucrania “en nombre de la reunificación de las tierras rusas”, creando un corredor entre Crimea y Donbás. El movimiento de tropas podría indicar eso, pero, “si lo hará o no, no lo sabemos”, insiste.

Después de la anexión de Crimea, Putin tuvo mucho apoyo popular en Rusia, pero Bonet no tiene claro que ahora sucediera lo mismo. Define a Rusia como un país con “una conciencia nacional muy clara que se pliega muy bien a las estructuras autoritarias”, y en este sentido, al frente del Estado ruso hay una élite con “mentalidad perversa”, que aprovechará “cualquier error” de Ucrania para “aplastar” al país. Sobre Crimea, Bonet explica que “no se puede discutir con un ruso que Crimea no es Rusia”. Sin embargo, recuerda, la península fue conquistada durante la Rusia zarista por Catalina La Grande en 1783. A día de hoy, la población local es mayoritariamente favorable a tender lazos con Rusia, sin embargo, insiste Bonet, eso no significa que Crimea sea rusa.  “La población es mayoritariamente prorrusa porque ahí están todos los jubilados de la flota del Mar Negro. Es una enorme población de carácter militar. El interior agrícola, en cambio, siempre ha estado ocupado por los ucranianos, que cultivaban la tierra”, concluye.

Limitación de los derechos lingüísticos

Por otro lado, critica con dureza al gobierno ucraniano, “tan ineficaz como el anterior o más”. Uno de los asuntos en los que el gobierno ucraniano comete errores es en su política lingüística. Partiendo de concepciones diferentes, Bonet ve ciertas similitudes en la política lingüística de Rusia y de Ucrania. En el caso ruso, “parte de la desconfianza y temor de las pequeñas lenguas nacionales de las repúblicas, que tenían estatus oficial en sus respectivos territorios”. Es decir, es un miedo que viene de “los fantasmas del separatismo” que rondan la cabeza de los dirigentes del Kremlin, pese a que, aclara Bonet, el ruso como idioma no tiene nada que temer. En el caso ucraniano, “parte de la necesidad de asentar y hacer arraigar un idioma que no está lo suficientemente arraigado, lo que se traduce en una política lingüística que conculca los derechos de las minorías reconocidos por el Consejo de Europa”, explica. 

Ucrania, sigue explicando Bonet, es un país con muchísima diversidad y muchas comunidades culturales, pero al igual que Rusia aunque en menor medida, en lugar de integrarlas, cercena sus derechos. “Los Estados que son débiles tienen problemas para aceptar la diversidad y el federalismo y tienden hacia un Estado unitario, porque piensan que así tendrán más controlada la situación. Hay que tener en cuenta también las diferencias entre Oeste y Este, por sus diferentes trayectorias históricas”, sostiene.

Estas tensiones empeoraron con dos hechos. Primero, la derogación de la ley de 2012, que declaraba oficial el ruso en las regiones donde el idioma formara parte de más de un 10% de los habitantes. “Turchínov (presidente ucraniano en febrero del 2014) abolió una ley que era bastante equilibrada y eso fue aprovechado por Rusia. Después de su abolición, no solo los rusos, otras muchas minorías se cabrearon, entre ellos los húngaros y los rumanos”, sostiene Bonet. Segundo, con la aprobación en el Parlamento ucraniano en abril de 2019 de una ley que convertía al ucraniano en el único idioma estatal y de uso obligatorio para los funcionarios del Gobierno.

Entre otros problemas que han acentuado el conflicto, Bonet critica fuertemente el bloqueo comercial que inició Ucrania en 2017 para impedir el tráfico de mercancías entre las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (RPD y RPL, que ocupan un tercio de las provincias) y el resto de Ucrania. “La gente que está en el poder en Ucrania no necesita la zona del Donbás (Donetsk y Lugansk) porque no les votan. Por tanto, no tienen ningún interés. Pero Rusia tampoco”, aclara. El Donbás es una zona con mucha cultura minera e industrial venida a menos que, según Bonet, necesita una reconversión industrial importante, que es muy costosa. Para destensar la situación, cree que Kiev debería intentar facilitar la vida de los ciudadanos del Donbás. Y pone un ejemplo. Hay familias de la región de Donetsk y Lugansk en las cuales parte de la familia vive en la zona ucraniana y otra parte en la rusa. Para cobrar la pensión, los jubilados ucranianos que viven en la zona rusa tienen que pasar al otro lado de la frontera, pero tardan mucho tiempo en hacerlo porque la frontera se ha endurecido todavía más con la crisis del covid.

En cuanto a una posible intervención rusa en la zona, Bonet considera que no necesitan tener tropas en el Donbás, solo controlar la situación y si se descontrolara, ya intervendrían. Por tanto, subraya, es muy importante que Ucrania actúe “con la máxima transparencia posible” y que haya “testigos y observadores” en la zona. Asimismo, recuerda los errores “garrafales” que Georgia cometió en 2008 y que condujeron a que Rusia reconociera como Estados independientes Osetia del Sur y Absajia.

Expansión de la OTAN al Este

Cuando se disuelve la URSS, la OTAN, aprovechando la debilidad del presidente ruso Boris Yeltsin, fue incorporando países de Europa del Este a su Alianza, remarca Jordi Calvo, investigador del Centre Delàs d'Estudis per la Pau. “Esto durante muchos años no ha sido un problema, pero ahora es uno de los elementos que está usando Putin, que simplemente quiere legitimar su liderazgo y conseguir apoyo popular para ganar las elecciones (de 2024)”, asegura. Para un personaje político como Putin, el nacionalismo y la identificación de un enemigo externo como la OTAN ayudan mucho, aunque no se puede perder de vista que en 1989 la OTAN estaba en un punto y en 2022 está en otro muy diferente.

“De una manera u otra, lo que está pasando también viene animado por una OTAN que no ha mirado de buscar soluciones que no pasen por una lógica militar”, argumenta. Y en el otro lado está la Organización de Cooperación de Shanghái (China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Irán y Pakistán), que podría dar apoyo militar a Rusia en caso de conflicto. Sin embargo, Calvo descarta esta confrontación. “Este conflicto tiene una complejidad enorme, con intereses económicos muy concretos, entre ellos tener acceso a mayor cantidad de recursos y materias primas. No tendría ningún sentido que se embarcaran en un enfrentamiento militar en el sentido tradicional”, explica y puntualiza, que lo que sí que se está produciendo es el enfrentamiento en otros ámbitos, como en las fake news, influir a través de medios de comunicación e internet, desestabilizar la democracia o utilizar Bielorrusia para provocar una crisis migratoria en Polonia, sabiendo que estos acontecimientos crearán confrontación e inestabilidad entre los países de la UE. Del aspecto de las fake news alerta Bonet constantemente. “Uno de los grandes problemas de Ucrania es que la narrativa rusa cala muchísimo en Occidente”, advierte. Calvo coincide con Arancón y Bonet en que Rusia no puede aceptar perder el control del Donbás porque eso le sirve a Putin para mantener su discurso de la “Gran Rusia”, que tiene con todos los países del espacio postsoviético. Eso no quiere decir, aclara, que se anexione el territorio oficialmente.

Alemania, el gasoducto ruso y la posición europea

Otro de los elementos que juega un papel clave en esta crisis es el gasoducto Nord Stream II que conecta Rusia con Alemania sin pasar por Ucrania, pero que no ha entrado en funcionamiento todavía, a la espera de recibir las certificaciones para poder operar. Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, avisó hace unas semanas: “No se puede imaginar que, por un lado, pensamos en imponer sanciones y, por otro lado, abrir una infraestructura (Nord Stream II). Está ciertamente ligado a la situación militar de Ucrania”, advirtió. Un proyecto que estaría operado por el gigante gasístico estatal ruso Gazprom, y que Alemania necesita por su dependencia energética, pese a que no gusta a EE UU ni a los países del Este.

“Creo que puede ser una ventana de oportunidad para dejar de hablar de enfrentamiento militar y empezar a hablar más de intereses, de dependencia. Crear espacios de paz es generar interdependencia”, analiza Calvo. Cortar el gasoducto, argumenta, no interesa a nadie y es una postura que no durará mucho. Tal vez, detrás de todo este conflicto, también se esté negociando un acuerdo en torno a los precios del gas que satisfagan a todo el mundo. La política exterior alemana respecto a Rusia es diferente, sostiene Calvo, debido a esta dependencia energética y a la historia reciente, la Segunda Guerra Mundial y el Muro de Berlín.

Otros analistas, en cambio, creen que Rusia tiene poder con los gasoductos especialmente en invierno, pero cuando llega marzo empieza a hacer buen tiempo y los precios de la energía se empiezan a reequilibrar. “Evidentemente, puede afectar, pero Europa tiene otras herramientas que puede utilizar. A malas, Alemania puede poner en funcionamiento las centrales de carbón. Contaminan, pero al menos no das dinero a Rusia, si decide invadir Ucrania”, opina Arancón.

Por otro lado, Calvo cree que detrás de la retórica de la UE de tener más autonomía estratégica respecto a la OTAN y fijar sus propias posiciones, está “crear el consentimiento en la población de que es necesario tener un ejército europeo o una defensa europea reforzada”, que estaría controlado básicamente por Alemania y Francia. De este modo, Europa duplicaría esfuerzos y recursos destinados a la militarización, no solo a las Fuerzas Armadas, sino a la producción de armamento. “La industria armamentística europea es la que está detrás de este cambio de mentalidad”, asegura Calvo. A esta idea del hard power Calvo contrapone volver al soft power que hasta hace una década imperaba en la UE, es decir, conseguir sus objetivos de otra manera: crear una unión con avances democráticos, libertad de movimientos, ser un ejemplo en cuanto al respeto de los Derechos Humanos y promover la paz y el diálogo. Tanto Calvo como Bonet lamentan que la retórica belicista que estamos presenciando se parece demasiado al clima que había antes de la Primera Guerra Mundial. “La carrera armamentística, las capacidades militares, los presupuestos de defensa y las exportaciones de armamento están aumentando”, advierte Calvo.

Los meses del Maidán

El 21 de noviembre del 2013 comenzaron una serie de protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidán), un día después de que el Gobierno ucraniano bajo el mando del presidente rusófilo Víktor Yanukóvich, suspendiera la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio con la UE. Las protestas, iniciadas por grupos de estudiantes universitarios a los que se fueron uniendo diferentes sectores de la población, empezaron siendo pacíficas. Sin embargo, en enero, grupos ultranacionalistas ucranianos y de extrema derecha empezaron a instigar a los disturbios y la violencia callejera. Entre estos grupos estaba el partido Pravy Sektor (Sector Derecho), ultra-nacionalista ucraniano y de extrema derecha y el partido parlamentario Svoboda (Libertad), ideológicamente similar, englobado en el ultranacionalismo ucraniano y la extrema derecha.

Como consecuencia de los disturbios y los enfrentamientos entre la policía, la oposición y los grupos paramilitares, el 22 de enero murieron cinco personas, que se empezaron a contar por decenas en las siguientes semanas. La noche del 19 al 20 de febrero hubo un intento de alto el fuego entre el Gobierno ucraniano y la oposición que se rompió a las pocas horas. El 20 de febrero fue considerado el día más violento de los disturbios, con más de 60 fallecidos. Un día después, Yanukóvich y la oposición llegan a un acuerdo, con la mediación de tres ministros de Exteriores de la UE (Radosław Sikorski, de Polonia, Laurent Fabius de Francia y Frank-Walter Steinmeier de Alemania) para formar un gobierno de coalición, elecciones anticipadas y volver a la Constitución de 2004 para frenar la violencia. Sin embargo, Yanukóvich no ratificó los acuerdos y huyó del el país.

La mañana del 22 de febrero los opositores ocuparon las principales instituciones de Kiev. La oposición acusa a Yanukóvich de dejación de sus funciones presidenciales y el Parlamento aprobó su destitución con una mayoría aplastante, haciendo presidente a Turchínov. Estos hechos crearon controversia, porque como describió Pilar Bonet en su crónica de El País de aquel día, desde el punto de vista constitucional, “la destitución del presidente es más que cuestionable, ya que, además de una mayoría de dos tercios de la cámara (450 diputados), se requiere también la formación de una comisión investigadora de los motivos por los que se pretende destituirlo. A todo eso se superponía la ambigüedad sobre el marco jurídico, entre la constitución de 2010 y la constitución de 2004, a la que Ucrania retorna en función de un acuerdo firmado la víspera entre los jefes del la oposición parlamentaria y Yanukóvich”. Rusia y el propio Yanukóvich denuncian un golpe de Estado, pero Turchínov cogió el cargo como presidente interino de un gobierno provisional. Meses después se celebraron elecciones en las que resultó ganador Petró Poroshenko, quien podría enfrentarse a 15 años de cárcel por “alta traición”, después de haber sido acusado por la fiscalía ucraniana el pasado 20 de diciembre. ¿La razón? Comprar carbón en los territorios de las repúblicas autónomas de Donetsk y Lugansk. Con esa compra, Ucrania sostiene que Poroshenko ha financiado la lucha de los rebeldes prorrusos.

Contexto histórico del conflicto

“Son dos visiones (OTAN-Rusia) antagónicas, pero tienen una razón para ambos. El Imperio Ruso y la Unión Soviética después fueron un conglomerado multiétnico, incluyendo la zona este de Europa”, explica Arancón. El asunto es bien complejo y tiene muchos matices. Cuando se disuelve la URSS en 1991, todas las nacionalidades que estaban integradas en ella, y que no eran étnica y lingüísticamente rusos, quisieron formar sus propios Estados. Para conseguir su independencia, continúa Arancón, necesitaban aliados que les permitieran defenderse de las conquistas que habían sufrido históricamente por parte del Imperio ruso y, durante la Segunda Guerra Mundial, por la ocupación nazi-fascista. “Esa organización defensiva que les proteja, pensaron, es la OTAN”, añade Arancón. Así, entraron a formar parte de ella Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. No todos ellos formaban parte de la URSS, pero todos ellos formaban parte del espacio de influencia soviética, que llegaba hasta Alemania Oriental (República Democrática Alemana). Por este motivo, a Rusia no le gusta que esos países se estén alineando con Occidente, expone Arancón. “Confían en esa Rusia como un ente multiétnico: no es una cuestión de que los ucranianos tengan que ser rusos, sino que los lituanos, bielorrusos, letones, kazajos, tienen cabida dentro de Rusia”, prosigue. Según la cosmovisión rusa, su origen nacional es la Rus de Kiev (Estado que existió desde el año 882 —conquista de Kiev— hasta el año 1240 —invasión de los mongoles—), que comprendía territorios de Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

En la cosmovisión rusa, tener líderes fuertes equivale a esplendor de Rusia. “Da igual que sea Pedro El Grande, Catalina La Grande, Stalin o Putin. Es cuando el país ha sido respetado internacionalmente. Y cuando el líder ha sido débil, como Yeltsin, el país ha sido un cachondeo”, sostiene Arancón. Si Ucrania o Bielorrusia empujan hacia Europa, ya solo quedarían ellos. “Y ellos, como se conciben a sí mismos como un imperio, con todo el esplendor y el orgullo que conlleva, ven una posible entrada en Europa como una cuestión absolutamente deshonrosa”, aclara Arancón.

Este conflicto se mantuvo, sin solución, durante el siglo XX y continuó después del colapso de la URSS, con periodos más pacíficos y otros más conflictivos. “La Ucrania más proeuropea, que tiene centros cosmopolitas como Kiev, intenta decantar la balanza hacia la UE y el este del país, más rusófilo, se decanta más hacia Rusia”, argumenta Arancón. Una inestabilidad que, concluye, continuó en el siglo XXI con la Revolución Naranja, una serie de protestas que tuvieron lugar en Ucrania desde finales de noviembre de 2004 hasta enero de 2005, en el contexto de las elecciones presidenciales, en las que hubo acusaciones de corrupción, intimidación y fraude electoral directo y en las que se impuso Víktor Yanukóvich, conservador-rusófilo, sobre Víktor Yúshchenko, conservador-europeísta. Después de una serie de manifestaciones y huelgas que tuvieron en Kiev su foco principal, el Tribunal Supremo de Ucrania ordenó convocar nuevas elecciones el 26 de diciembre 2004, dando la victoria al candidato pro-europeísta. Seis años después, Yanukóvich se convirtió en el sucesor de Yúshchenko, en unas elecciones que fueron calificadas como justas por las autoridades ucranianas y los observadores internacionales. 

Sobre el asunto de la corrupción, es interesante consultar el índice de percepción que elabora Transparency International. El último, que data del año 2020, sitúa a Ucrania en el puesto 117 y a Rusia en el 129.

Acuerdos de Minsk

El 11 de febrero de 2015 se celebró una cumbre en Minsk entre Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, con la supervisión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), para firmar un acuerdo que aliviara la guerra ruso-ucraniana en Donetsk y Lugansk. Todos los analistas consultados por El Salto coinciden en que no ha habido voluntad por parte de Rusia y Ucrania de respetar los acuerdos.

Entre otras medidas, el acuerdo plantea dotar de cierta autonomía a las regiones del Donbás por parte de Ucrania y la retirada de todas las formaciones armadas extranjeras, equipo militar, mercenarios y desarme de todos los grupos ilegales, bajo la supervisión de la OSCE. “Para conseguir esa autonomía hay que abrir un proceso constitucional en Ucrania y Ucrania no quiere”, apunta Arancón. Del mismo modo, prosigue, Rusia debería retirar tropas pero no quiere hacerlo, quiere proteger sus zonas de influencia del Donbás porque “teme que Ucrania incumpla como intentó hacer Georgia en el año 2008 invadiendo Osetia del Sur”. Es decir, que si Rusia se retira a su frontera y deja esas tropas de protección que disuaden a Ucrania de atacar a los paramilitares de las repúblicas populares autónomas de Donetsk y Lugansk, cree que los ucranianos podrían aprovechar para recuperar el control que está bajo dominio ruso. Por tanto, ninguna de las dos partes da un paso para que el otro pueda avanzar, debido a la desconfianza mutua.

“Estaba claro desde el primer día que no se iban a cumplir porque, ¿qué va primero, elecciones de acuerdo a los estándares de la OSCE o retirada de las tropas rusas de la frontera?”, plantea Bonet. Las partes llevan años discutiendo el texto, pero los acuerdos no se cumplen, tampoco el alto el fuego. Las direcciones políticas lo han aceptado debido a las presiones internacionales, pero sobre el terreno se da una dinámica de fronteras. En opinión de Calvo, los acuerdos son “papel mojado” porque Rusia no quiere renunciar a su influencia en los antiguos territorios de la URSS y en los países exaliados del Pacto de Varsovia.

Las negociaciones continuarán

Las negociaciones para evitar un conflicto de mayor gravedad en Ucrania continúan. La guerra de baja intensidad en el Donbás, también. Y en caso de que se agrave, los principales afectados serán los ucranianos. Entre los asuntos que los ucranianos consideran más importantes, un 45% señala la corrupción en las instituciones públicas; un 34% la inflación; un 31% el incremento de los precios de la energía; un 30% el desempleo; un 20% el conflicto militar del Donbás y otro 20% señala a su gobierno como incompetente, según recoge un estudio reciente elaborado por el Sociological Group “Rating” junto al Center for Insights and Survey Research (CISR) y el International Republican Institute (IRI). El estudio arroja otro dato muy importante: en los últimos diez años, el apoyo de los ucranianos a ingresar en la UE ha subido 22 puntos: pasando de un 36 a un 58%. En la misma medida, 22 puntos, ha caído el apoyo a establecer relaciones con Rusia: solo un 21 por ciento apoya una unión aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Una ocupación en el país podría decantar definitivamente la balanza ucraniana en el lado europeo.

Como dice Pilar Bonet, de momento hablan, por lo tanto, “lo militar es un elemento más que forma parte de un conjunto presidido por la diplomacia”. Arancón asegura que la solución pasa por encontrar una postura asumible para Rusia, Ucrania y la OTAN. Y Calvo, opina que “para crear espacios de paz debemos generar interdependencia”. Esperemos que esa deseada diplomacia se imponga.

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