Respirar aire contaminado puede afectar a los espermatozoides

Cada vez existe más evidencia de que la crisis climática es también sanitaria. Los estragos más evidentes se están dando en las zonas afectadas por los incendios forestales, donde hay desarrollos urbanos que padecen las consecuencias. Un estudio reciente llevado a cabo en el oeste de Estados Unidos —la región más severamente afectada por los fuegos incontrolables— reveló que, además de la pérdida aplastante de la diversidad biológica, el aire contaminado por humo está afectando la genética de las personas.

Además de ser un peligro para las personas con enfermedades respiratorias, los gases tóxicos están afectando la constitución genética de los espermatozoides humanos. Más aún cuando están en contacto por días y semanas enteras con estas sustancias. Aunque la gente pretende seguir con sus actividades normales —algunos, incluso, saliendo a correr con cubrebocas especializados—, los estragos ya se están manifestando. Estos son algunos de ellos.

Más allá de los pulmones

Como investigadores de química biomolecular y salud ambiental, Luke Montrose y Adam Schuller saben que el aire contaminado está cobrando facturas altas en el bienestar a largo plazo de las personas. Con respecto a los incendios forestales específicamente, realizaron un estudio por parte de Bois State University, en Idaho.

Los resultados evidenciaron lo que ya sabíamos: las partículas diminutas logran colarse y actuar directamente en los pulmones. Sin embargo, el daño no se queda ahí. Por el contrario, se extiende a nivel genético y ataca a los espermatozoides y al sistema nervioso, según escriben en su artículo para The Conversation.

Los científicos se percataron de que el aire contaminado por el humo de incendios es diferente al del smog en las ciudades. En ambos casos, sin embargo, actúa de la misma manera: ralentiza la potencia de los espermatozoides para nadar. Así también, modifican el ADN que transportan dentro de sí. Por esta razón, estos desastres naturales ya están incidiendo a nivel genético en la población afectada.

¿Crisis ecológica y reproductiva?

A Montrose y Schuller les preocupa que, a la larga, el aire contaminado genere una crisis reproductiva en los Estados Unidos. Como los incendios forestales serán cada vez más recurrentes y violentos, lo más probable es que un número cada vez más alto de personas estén expuestas a estas sustancias tóxicas en la atmósfera. Al respirarlas, hay poco que se pueda hacer:

“El impacto potencial de respirar el humo de los incendios forestales solo en los pulmones debería ser lo suficientemente preocupante como para que la gente piense dos veces sobre su nivel de exposición”, escriben en el estudio. “Ahora, estamos viendo el potencial de riesgos adicionales, incluidos los espermatozoides y el cerebro. Otra investigación sugiere conexiones entre el humo de los incendios forestales y la inflamación del corazón y el riesgo de partos prematuros”

Los autores saben que cada vez más personas estarán expuestas a estos daños, ya que el planeta se calienta rápidamente. Como consecuencia del cambio climático antropogénico, las sequías se vuelven más severas. En efecto dominó, los incendios forestales se hacen cada vez más incontenibles. Para ello, los filtros sanitarios de aire ya no serán barrera suficiente si la emergencia climática empeora.

Más aún, el problema se transmitirá de los padres a las generaciones venideras a nivel genético. Ya no sólo tendrán que lidiar con la crisis climática global y los retos que ésta acarreará, sino con condiciones médicas de las que todavía no tenemos nombre. Aunque todavía no existe evidencia concluyente al respecto, es una posibilidad considerable en el futuro cercano.

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Así es cómo China planea convertirse en la economía líder del mundo

Recientemente, Bloomberg consideró que la economía china podría superar a la de Estados Unidos en una década. Un experto explica cuáles son los planes del país asiático para convertirse en líder del mundo en el sector económico.

China ha demostrado que se esfuerza no solo para superar a Estados Unidos en términos de PIB, sino también para reemplazar a la nación norteamericana en la cadena de valor global, apuntó el medio estadounidense.

Sin embargo, si antes China tenía al mercado inmobiliario y a la esfera de la construcción de infraestructura como los principales motores de crecimiento, ahora, se centrará en lograr el liderazgo mundial en el sector manufacturero.

Pese a que a China se le llama la "fábrica mundial", en los últimos años se ha observado una disminución de la participación del sector manufacturero en la economía del país. A medida que aumentó el nivel de vida general en la nación asiática, disminuyó su competitividad como fábrica global con mano de obra barata.

En las últimas dos décadas, el PIB per cápita de China se ha multiplicado por diez, hasta alcanzar los 10.000 dólares. Para 2035, el país se ha dado la tarea de alcanzar el nivel de los países desarrollados que, según los estándares del Banco Mundial, corresponde a los 30.000 dólares. La tarea es ambiciosa, pero China ha logrado más de una vez implementar lo que parecía difícil en términos económicos en su historia reciente. En algunas pocas décadas, 800 millones de personas salieron de la pobreza en el país, por ejemplo.

A partir de la segunda mitad de la década de 2000, China empezó a lidiar con el problema del crecimiento a través de la inversión en el mercado inmobiliario y en la construcción de infraestructuras. En ese momento, esta era probablemente la mejor solución, ya que las reformas agrarias que luego se llevaron a cabo en el país hicieron que la tierra se convirtiera en la fuente de ingresos más importante para los gobiernos locales. Además, el rápido ritmo de urbanización observado en el país en la época también impulsaba la demanda para el desarrollo del mercado inmobiliario, explica Jia Jinjing, subdirector del Instituto de Investigación Financiera de Chongyang en la Universidad Popular de China, en una entrevista con Sputnik.

"Desde el inicio de la implementación de la política de reforma y apertura en China, el proceso de urbanización ha avanzado rápidamente. Su ritmo fue uno de los más altos del mundo. Si en 2000 la proporción de la población urbana era del 38%, en 2020 esta cifra superó el 60%. Y un ritmo de urbanización tan rápido, por supuesto, requería la construcción de viviendas a gran escala", explicó el experto.

Según agregó Jia Jinjing, en el proceso de desarrollo del mercado de la vivienda, el papel de la asignación de terrenos para la construcción también ha cambiado. La tierra se ha convertido en un factor importante y participante de la cadena industrial, apunta el experto, antes de aclarar que esto se refleja no solo en la demanda de vivienda, sino también en el desarrollo de inmuebles comerciales.

La construcción de infraestructura se dio también para suplir las demandas objetivas generadas por la urbanización. Además, la crisis financiera mundial de 2008 exacerbó todavía más estas tendencias. En aquella ocasión, para apoyar la economía del país, las autoridades chinas asignaron una cantidad sin precedentes de fondos. Más del 12% del PIB del país se gastó en proyectos de infraestructura, así como en el desarrollo del mercado inmobiliario.

Los proyectos de infraestructura ayudaron a crear puestos de trabajo y generar un fuerte crecimiento del PIB. Sin embargo, no se podía contar con estos incentivos a largo plazo. Existía una amenaza de sobrecalentamiento en el mercado inmobiliario. La construcción masiva de infraestructura también creó ciertos desequilibrios, haciendo que el nivel de deuda creciera en la economía.

La necesidad de un nuevo modelo de crecimiento hizo que, en los últimos años, las autoridades chinas pasaran a hablar con frecuencia sobre la necesidad de estimular el consumo interno como el principal motor futuro que hará crecer la economía. El raciocinio detrás de ello es lógico: a medida que crece el PIB per cápita y, en consecuencia, el bienestar de la sociedad, aumenta su poder adquisitivo.

Además, el enfrentamiento con algunos países occidentales, en particular con Estados Unidos, mostró que China no debe depender excesivamente de los mercados externos, sino que debe desarrollar su potencial nacional. El nuevo plan económico quinquenal del país asiático apunta en gran medida a lograr su independencia tecnológica e industrial y a llenar los vacíos en las cadenas de producción, dice Jia Jinjing.

"Actualmente se trata principalmente del campo de macrodatos y las industrias que están asociadas con la automatización industrial. Por ejemplo, la industria inteligente. Podemos decir que China tiene una excelente base de macrodatos. Otra área importante es la superación de los llamados 'cuellos de botella', es decir, el rezago en áreas como la creación de chips y otros componentes básicos", sostuvo el especialista.

En los próximos años, la nación asiática pondrá énfasis en el desarrollo de sus propias cadenas productivas y en la formación de personal calificado, no solo en la industria, sino también en otras áreas, incluida la ciencia fundamental. En particular, se dará destaque a las tecnologías como la producción de chips, las computadoras cuánticas, la ingeniería genética y la biotecnología, entre otras

Algunos expertos temen que al centrarse en el desarrollo doméstico, China ralentice el ritmo de su política de reforma y apertura. Al mismo tiempo, la confrontación con Estados Unidos en la industria de alta tecnología solo se intensificaría. Para Jia Jinjing, estos son temores infundados, ya que China y Estados Unidos actúan en campos distintos y, en lugar de enfrentarse, se complementan.

"Estados Unidos y China siguen diferentes caminos de desarrollo industrial. En Estados Unidos, el principal objetivo es la tecnología de la información. Muchas industrias sirven a este complejo, están lejos de la industria tradicional. Además, la producción tradicional estadounidense fue sacada del país hace unos 20 o 30 años. Por lo tanto, ya no existe una base de producción correspondiente en los EEUU. China, por otro lado, está desarrollando su industria en una dirección completamente diferente. Por lo tanto, es más probable que los dos países se complementen", subrayó el académico.

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¿Se convirtió China realmente en la fábrica del mundo?

En muchos casos, el gigante asiático representa el último eslabón de la cadena de producción

En los últimos años se verifica un giro que comenzó primero por el intento de que el mercado interno empuje a la economía por sobre la venta externa, lo cual

 

Casi uno de cada tres objetos que se fabrican en todo el mundo es “Made en China”. Más precisamente, el 28,4 por ciento de la producción manufacturera global se explica por China, que por ello es catalogada como la “fábrica del mundo” seguida de lejos por Estados Unidos (16,6 por ciento), Japón (7,2), Alemania (5,8), Corea del Sur (3,3) y la India, con el 3 por ciento. Sin embargo, este mote es relativo, puesto que esconde que en muchos casos China representa el último eslabón de una cadena de producción que tiene como elementos esenciales a otros países del sudeste asiático. Y esto es esencial para entender por qué los expertos en China advierten un cambio en el modelo manufacturero.

Desde su apertura al capitalismo de Estado en los ´90, el gigante asiático ha escalado rápidamente posiciones como el mayor fabricante y exportador del mundo. No obstante, en los últimos años se verifica un giro que comenzó primero por el intento de que el mercado interno empuje a la economía por sobre la venta externa, lo cual va de la mano del incremento salarial en China frente a otros países de bajo costo laboral. Adicionalmente, China busca posicionarse en sectores de alta tecnología y en los segmentos de diseño para ganar valor agregado y así reducir su dependencia de las potencias de Occidente y deslocalizar actividades contaminantes, en línea con sus compromisos en materia de emisiones de carbono.

“Made in China”

El protagonismo total de China en la manufactura se puso en evidencia como nunca durante los primeros meses de la pandemia, cuando el mundo se vio necesitado del país asiático para la provisión masiva de barbijos, respiradores y otros insumos médicos. Con las vacunas, también se espera que China termine de resolver en los próximos meses el abastecimiento global. A continuación, otros ejemplos sobre el impactante “Made in China”:

En 2019, China explicó el 28 por ciento de la fabricación mundial de autos, cuando en 2008, el país asiático representaba un 13 por ciento. Este faraónico ascenso en realidad se frenó en 2015 y desde ese momento la proporción se ha mantenido. De hecho, en 2018 y 2019 la producción de autos en China tuvo caídas del 4,2 y 7,5 por ciento, respectivamente. En 2019, previo a la pandemia, China produjo 25 millones de vehículos. Ese mismo año, los patentamientos de vehículos ascendieron a 25,7 millones de unidades, por debajo de las marcas de 2016, 2017 y 2018. En 2005, el mercado interno chino era de 5 millones de vehículos, mientras que el norteamericano era de 17 millones. Mientras en Estados Unidos el mercado se estancó desde ese momento hasta esta parte, en China se quintuplicó.

La exportación a nivel mundial de celulares representó un negocio de 267 mil millones de dólares en 2019, de los cuales China representó nada menos que el 46,9 por ciento (125 mil millones de dólares), seguido de Vietnam (13,3 por ciento), Hong-Kong (11,5), Países Bajos (5,5) y Estados Unidos (3,8). Cerca del 40 por ciento del mercado chino de celulares está en manos de Huawei, seguido por Vivo, Oppo, Xiaomi y Apple.

Alrededor del 40 por ciento de la producción mundial de muebles se realiza en China. El país cuenta con un mercado interno que tiene en sí mismo dimensiones globales (1400 millones de personas) y además cuenta con suficiente recurso natural, lo cual lo convierte también en un gran exportador. En 2018, el valor de las exportaciones de muebles y partes de muebles por parte del gigante asiático fue de 53 mil millones de dólares

China explica dos de cada tres toneladas que se producen en el mundo de fibras sintéticas para el sector textil y las exportaciones de ropa desde China representan alrededor del 37 por ciento del total mundial. Se calcula que casi una quinta parte de las exportaciones de textiles por parte de China se dirigen a los Estados Unidos, operaciones que alcanzan los 50 mil millones de dólares. A su vez, el 40 por ciento de las importaciones de textiles de parte de los Estados Unidos provienen de China. Dado el contexto de tensión comercial, que se desbocó con Donald Trump pero que no tiene perspectivas de cesar a pesar del cambio de administración, hay oportunidades para terceros países, como Indonesia, Vietnam y Tailandia.

China fabrica más acero que todo el resto del mundo, ya que cuenta con el 53,3 por ciento de la producción mundial. En 2019 tuvo un avance de fabricación del 8,3 por ciento. Muy de lejos en cuanto a su participación global le siguen India, Japón y Estados Unidos. El mercado interno de acero en China es monumental, pero el peso del país asiático en las exportaciones mundiales es mucho menor: representa cerca del 15 por ciento. Aun así, duplicó el volumen a Japón, el segundo mayor exportador.

El eslabón chino

“La participación de China en las exportaciones globales de manufacturas pasó del 2,8 por ciento en 1990 al 6,8 por ciento en el 2000 y llegó a un pico del 18,5 por ciento en 2015. Sin embargo, el diferencial anual del crecimiento de las exportaciones de manufacturas en favor de China frente al resto del mundo, que fue de 8,3 puntos porcentuales entre 1991 y 2010, se redujo a apenas 0,7 punto entre 2010 y 2016. Si bien la participación de China no está en claro declive, tampoco se acerca al grado de expansión de la etapa anterior”, analiza el investigador Gordon Hanson, de la Universidad de Cambridge, en un reciente artículo llamado “¿Quién llenará los zapatos de China? La evolución global de las manufacturas trabajo-intensivas.

Gustavo Girado, director del posgrado de estudios sobre China en la Universidad Nacional de Lanús (UNLA), advierte que “la etiqueta de ‘fábrica del mundo’ es relativa y se asocia al momento en donde China se convierte en destino de las exportaciones de otras economía del Asia-Pacífico. Se trata, mejor dicho, de una ‘fábrica asiática’, debido a que se trata de un impresionante entramado intrasectorial entre países”.

Girado agrega que “en esta cadena de valor, hay multinacionales de origen coreano, taiwanés y japonés, por ejemplo, que están radicadas en China. Estas empresas hacen una parte de su producción en los territorios en donde está ubicada su casa matriz y otra parte en la China continental. Y desde China el producto sale el mundo. Es decir que el mundo es invadido por productos de origen chino, pero el dueño del capital y por lo tanto de las royalties es una transnacional. Esto es un punto clave. De hecho, la mitad de las exportaciones chinas están explicadas por transnacionales radicadas en China”.

La inserción de China como eslabón final de las cadenas globales de valor fue consecuencia de una política pública que apuntó a la necesidad de modernización productiva y que se basó en la gran ventaja comparativa de los bajos salarios. Sin embargo, la fuerte mejora en el bienestar de la clase trabajadora china, lo cual implica suba de los salarios, junto con el avance de la prioridad política hacia el desarrollo en sectores de alta tecnología en un contexto de mediano y largo plazo en donde los compromisos en materia climática van a poner un techo a la expansión manufacturera son componentes que cambian la ecuación.

“En algunos segmentos se ha vuelto caro producir en China. Pero ahora no solamente las multinacionales optan por elegir lugares alternativos a la plaza china sino que son las propias empresas chinas que deslocalizan parte de su producción en Myanmar, Camboya, Laos y Filipinas. Son países con mano de obra más barata que se están convirtiendo en actores globales. También inciden en este proceso la evidente fragilidad de la economía global a partir de la crisis de 2008 y la guerra comercial con los Estados Unidos. Los planes no solo a 2025 sino también para el centenario de la República Popular China en 2049 apuntan a la autosustentación en materia de vanguardia tecnológica”, indica Girado.

 Por Javier Lewkowicz

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El Gobierno de México sube por segunda vez en menos de un año el salario mínimo

La medida supone el mayor incremento a las compensaciones en más de 40 años en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de López Obrador

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a dar un importante impulso al salario mínimo. Este lunes se ha anunciado un incremento del 20% a las compensaciones que entrará en vigor en 2020. Se trata del segundo anuncio de subida que hace el Ejecutivo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en menos de un año. A finales de 2018, el presidente anunció, poco después de asumir el cargo, un incremento del 16%. Unos 3.44 millones de trabajadores mexicanos se verán beneficiados por lo que es el mayor incremento al mínimo en más de 40 años.

Con el aumento, el salario mínimo pasará de 102.68 pesos a 123.22 pesos diarios, unos 6.5 dólares. El incremento es menos pronunciado, del 5%, en la frontera, donde el monto subirá de 176.72 pesos diarios a 185.56 (9.7 dólares). La zona fronteriza ya había visto subir al doble el mínimo en cuanto López Obrador asumió la presidencia, en diciembre de 2018. “Es una buena noticia, lo cierto es que no pensaba que se iba a lograr esto en un año de Gobierno”, admitió en Palacio Nacional el mandatario tras anunciarse el acuerdo entre los trabajadores y la patronal.

La actualización que el Gobierno del Morena hace del salario mínimo es el más importante en 44 años. La secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, dijo este viernes que la muy esperada subida de diciembre pasado no impactó las variables macros que muchos vaticinaban. “En lo que va de 2019 la inflación no solo no se ha disparado, sino que ha sido de las más bajas en los últimos cuatro años”, presumió la ministra. El aumento del mínimo tampoco tuvo efecto sobre la creación formal de empleos, pues se han generado 724.000 puestos de trabajo formales. Muchos de ellos, no obstante, dependen de los programas de apoyos y becas creados desde la secretaría de Trabajo, como Jóvenes construyendo el futuro.

La patronal también estuvo presente en el anuncio de la medida. “Tenemos un sentido de consenso. Es a través del salario donde demostramos claramente nuestra responsabilidad social”, dijo Carlos Lomelí Salazar, del Consejo Coordinador Empresarial. El empresario se comprometió, a nombre de las organizaciones reunidas, a que las familias reciban un salario de al menos 6.500 pesos mensuales (343 dólares). Esta cantidad representaría el piso de la línea mínima de bienestar dibujada por el Coneval, la institución que mide la pobreza en México. Salazar calcula que dos millones de familias están por llegar a esa marca próximamente. En México hay 52.4 millones de pobres, según cifras oficiales.

La medida pretende poner freno a una precipitada caída, superior al 70%, del poder adquisitivo. López Obrador ha reconocido que eso tardará aún. “Va a llevar tiempo, siendo realistas, porque esto no se resuelve por decreto”, añadió el presidente.

El anuncio es una buena noticia en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de la Administración de López Obrador. El Banco de México, recientemente, modificó a la baja la cifra de crecimiento para 2019 y lo ubicó en un rango que va de 0,2% hasta territorio negativo. El Gobierno se ha mostrado optimista con la idea de que el nuevo tratado comercial para América del Norte, el T-MEC, y un ambicioso plan de infraestructura sean los motores para sacar la economía mexicana del atolladero.

Por LUIS PABLO BEAUREGARD

México 16 DIC 2019 - 23:33 COT

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Asia y Oriente Medio impulsan el gasto militar mundial, que alcanza los 1,44 billones

Estados Unidos, China, Arabia Saudí, Rusia e India acaparan el 60% del gasto en armamento, que crece un 1,7% en 2017


El gasto militar mundial ascendió en 2017 a 1,73 billones de dólares (1,44 billones de euros), un 1,1% más en términos reales respecto al año anterior, según un informe difundido este miércoles por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).


El estudio destacó que el aumento experimentado en los últimos años ha estado impulsado por una subida "sustancial" en el gasto de países asiáticos y en Oriente Medio, y que el peso de la inversión armamentística se está trasladando de la región euroatlántica.


La cifra gastada en armamento el año pasado equivale al 2,2% del Producto Interior Bruto (PIB) global, según el SIPRI, que resalta que los cinco principales inversores (Estados Unidos, China, Arabia Saudí, Rusia e India) acapararon el 60% del gasto total.


Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial, con el 35% total y una inversión que supera a la de los siete siguientes países combinados, a pesar de que los 610.000 millones de dólares (507.000 millones de euros) gastados el año pasado representan una cantidad similar a la de 2016.


"La tendencia descendente en el gasto militar estadounidense iniciada en 2010 ha finalizado. Está previsto que el gasto en 2018 crezca de forma significativa para respaldar los aumentos en personal militar y la modernización de armas convencionales y nucleares", apunta el informe.


China conserva la segunda plaza con un gasto estimado de 228.000 millones (190.000 millones de euros), un 5,6% más que en 2016 y el 13% del total mundial; por delante de Arabia Saudí, con 69.400 millones (57.685 millones de euros).


Cuarta es Rusia con 66.300 millones (55.108 millones de euros), que con un 20% experimentó la primera bajada en dos décadas, que el informe atribuye a sus problemas económicos; y quinta, India, con 63.900 (53.114 millones de euros), un 5,5% más interanual.


"Las tensiones entre China y muchos de sus vecinos siguen impulsando la subida del gasto militar en Asia", explica el SIPRI, en alusión a que otros dos países de la zona están entre los diez primeros, Japón (octavo) y Corea del Sur (décimo).


El gasto militar aumentó en Europa Central y Occidental, un 12% y un 1,7% respectivamente, debido en parte "a la percepción de la creciente amenaza de Rusia" y al hecho de que muchos de los estados europeos forman parte de la OTAN, cuyos miembros en 2017 gastaron 900.000 millones de dólares (748.000 millones de euros).
En Oriente Medio, donde la inversión supuso el equivalente al 5,2% del PIB, el gasto subió un 6,2% por los conflictos armados y las rivalidades, pese al bajo precio del petróleo.


En América del Sur el gasto subió un 4,1% a causa de los aumentos registrados en los dos principales inversores de la región: Argentina, que subió un 15%, y Brasil, un 6,3% más y undécimo país en la lista mundial.


En América Central y el Caribe se produjo sin embargo una caída del 6,6%, provocada por que México redujo su inversión militar un 8,1% con respecto al año anterior.

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Domingo, 04 Marzo 2018 06:02

Así quiere China dominar el mundo

Así quiere China dominar el mundo

El presidente chino, Xi Jinping, quiere que Pekín ocupe el vacío geopolítico que deja EE UU. Sus inversiones en diplomacia, armamento e inteligencia artificial lo prueban


“Esconder la fuerza y aguardar el momento”. Deng Xiaoping, el gran protagonista del aperturismo económico chino, recomendaba mantener a China en un segundo plano en el escenario global, mientras el país luchaba por salir de la pobreza y dejar atrás el marasmo de 10 años de Revolución Cultural. Ya no; esa etapa ha quedado atrás. En la “nueva era” que ha proclamado el presidente Xi Jinping, China está decidida a ocupar el papel protagonista en el escenario mundial que, a sus ojos, le debe la historia. De la mano de Xi, el líder más poderoso del país en décadas y que continuará en el poder más allá de los 10 años inicialmente previstos, quiere moldear el orden mundial para colocarse como referente, crear oportunidades estratégicas para sí y para sus empresas y legitimar su sistema de gobierno. Y ya no se recata en anunciarlo.


“Nunca el mundo ha tenido tanto interés en China ni la ha necesitado tanto”, declaraba solemnemente el mes pasado el Diario del Pueblo, la más oficial de las tribunas oficiales de Pekín. El momento actual —con un Estados Unidos que bajo la presidencia de Donald Trump ha abdicado de su papel de líder mundial, una Europa presa de sus divisiones, un mundo que aún arrastra las consecuencias de la crisis financiera de 2008— presenta una “oportunidad histórica” que, sostenía el comentario, “nos abre un enorme espacio estratégico para mantener la paz y el desarrollo y ganar ventaja” . La firma como “Manifiesto” indicaba que representaba la opinión de los más altos dirigentes del Partido.


Esa ambición no es nueva: la catástrofe que fue el Gran Salto Adelante (1958-1962) vino provocada, al fin y al cabo, por la voluntad de Mao Zedong de convertir China en una potencia industrial en tiempo récord. Lo que sí es nuevo es que ahora se proclame a viva voz, y cada vez más alto. En su discurso ante el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista en octubre, cuando renovó su mandato para otros cinco años, Xi anunció la meta de convertir su país en “un líder global en cuanto a fortaleza nacional e influencia internacional” para 2050. La fecha no es casualidad: para entonces, China ya habrá agotado su dividendo demográfico (ahora, la estructura de edad de su mano de obra, todavía relativamente joven, resulta beneficiosa para el crecimiento económico del país).


A ojos de Pekín, China nunca ha tenido tan al alcance de la mano ese objetivo. La diferencia no solo la marcan las circunstancias geopolíticas o su auge económico. También su situación interna: nunca, desde los tiempos de Mao, un líder chino había contado con tanto poder, ni se había sentido tan seguro en el cargo.
Xi no deja de acumular puestos y títulos, oficiales y extraoficiales. Secretario general del Partido: presidente de la Comisión Militar Central, jefe de Estado, “núcleo” del Partido y ahora ¬lingxiu, o líder, un tratamiento que solo se había concedido a Mao Zedong y a su sucesor inmediato, Hua Guofeng. Por las universidades de todo el país se abren centros de estudio dedicados a su pensamiento; las calles de cualquier centro urbano están llenas de carteles que exhortan a la población a aplicar sus ideas. Del modo más marcado en décadas, la lealtad al Partido, y por ende a Xi, es la condición sine qua non para tener éxito en cualquier actividad que tenga que ver con el omnipotente Estado.


La consolidación de su poder se verá completada durante la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, el Legislativo chino, que se inaugura la semana próxima en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Los diputados aprobarán, entre otras cosas, eliminar el límite temporal de dos mandatos que la Constitución impone al presidente, allanando el camino para que Xi pueda continuar al frente del país por tiempo indefinido.


Ya durante el primer mandato de Xi, China ha multiplicado su expansión internacional. Su Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras va a cumplir tres años y ha concedido préstamos por más de 4.200 millones de dólares. Su Nueva Ruta de la Seda —un plan para construir una red de infraestructuras a lo largo de todo el mundo— acaba de incorporar oficialmente a América Latina, tiene en el punto de mira el Ártico y se dispone a celebrar su segunda cumbre internacional en 2019. Su inversión en diplomacia ha sido vasta. En 2017 destinó a este fin 7.800 millones de dólares, un aumento del 60% con respecto a 2013. Por contra, EE UU ha propuesto recortar un 30% el gasto de su servicio exterior.


Si Washington ha ido abandonando sus compromisos internacionales, China está dispuesta a llenar ese vacío. Xi Jinping se ha presentado como el gran defensor de la globalización, de la lucha contra el cambio climático, de los tratados de comercio internacionales. Pekín ya mantiene acuerdos de libre comercio con 21 países —uno más que Washington— y, según sus autoridades, negocia o se plantea incluir a una docena más.


Su inversión en el extranjero y la de sus empresas son uno de los principales pilares de esta estrategia. En América Latina ya ha concedido más créditos que el Banco Interamericano de Desarrollo; el año pasado invirtió 120.000 millones de dólares en 6.236 compañías de 174 países, según su Ministerio de Comercio. Como parte de su plan para convertirse en un país puntero en tecnología y hacer que este sector sea una de las principales fuentes de su PIB, ha adquirido firmas claves en áreas estratégicas, como la líder alemana en robótica Kuka o la diseñadora de chips británica Imagination. Ya es un referente en inteligencia artificial.


Pero su presencia en el exterior no se limita al terreno diplomático o comercial. Ser una potencia global requiere no solo tener acceso a los recursos y conexiones con el resto del mundo. También defenderlos y defenderse. Y China, con 151.000 millones de dólares, es el segundo mayor inversor en poderío militar, solo por detrás de EE UU, y moderniza su Ejército a marchas forzadas. Ya cuenta con su primera base militar en el exterior, en Yibuti, y según Afganistán se plantea construir una segunda en una remota esquina de ese país.


Pero si China hoy genera más simpatías que EE UU en numerosos países —incluidos aliados tradicionales de Washington como México u Holanda, según apuntaba el Pew Research Center en 2017—, su auge también suscita desconfianzas. Eurasia Group ha descrito la influencia de China en medio de un vacío de liderazgo global como el primer riesgo geopolítico para este año. “Está fijando estándares internacionales con la menor resistencia jamás vista”, sostiene la consultora. “El único valor político que China exporta es el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Es atractivo para los Gobiernos, acostumbrados a las exigencias occidentales de reformas políticas y económicas a cambio de ayuda financiera”. Mención especial, entre otras cosas, merece la inversión china en inteligencia artificial: “Procede del Estado, que se alinea con las instituciones y compañías más poderosas del país y trabaja para garantizar que la población se comporte más como el Estado quiere. Es una fuerza estabilizadora para el Gobierno autoritario y capitalista del Estado chino. Otros Gobiernos encontrarán seductor ese modelo”.


Otras voces también suenan alarmadas. El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, denunció en diciembre la influencia de China en los asuntos políticos de su país, mediante lobbies y donaciones, y ha presentado un proyecto de ley que busca frenarlo. El director del FBI en EE UU, Christopher Wray, también ha advertido que Pekín puede haber infiltrado operativos incluso en las universidades. Un informe del think tank alemán MERICS y el Global Public Policy Institute alerta de la creciente penetración de la influencia política de China en Europa, especialmente en los países del Este. Y un grupo de académicos logró, gracias a sus protestas el año pasado, que la editorial Cambridge University Press recuperara artículos censurados por no coincidir con la visión de Pekín en asuntos como Tiananmen o Tíbet.


La creciente asertividad de Pekín puede rozar la arrogancia o el desdén por las normas internacionales. En el mar del sur de China, donde sus reclamaciones de soberanía le enfrentan a otras cinco naciones, ha ido construyendo islas artificiales en áreas en dispu¬ta pese a las protestas de los países vecinos y de EE UU. Recientemente, la prensa ha recriminado a Suecia sus presiones para la liberación de Gui Minhai, el librero sueco detenido el mes pasado cuando viajaba a Pekín escoltado por dos diplomáticos.


Además de las alarmas, empiezan a sonar también —de modo aún muy incipiente— propuestas para contrarrestar esa pujanza o los aspectos menos benevolentes de ella. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha llamado a los 27 socios de la UE a la unidad para no perder terreno frente a China. La Casa Blanca ha comenzado a imponer aranceles a algunos productos para frenar lo que considera competencia desleal de China en el intercambio comercial. Japón, India, Australia y EE UU se plantean ofrecer un plan internacional alternativo al de la Ruta de la Seda.


Claro que ni siquiera el todopoderoso Xi puede darlo todo por seguro, y la China de la nueva era adolece de debilidades importantes. Por el momento, el apoyo popular al presidente y su gestión parece sólido. Pero mantenerlo, en una sociedad de fuertes desigualdades sociales, puede ser una tarea complicada.
Las jóvenes clases medias, nacidas y criadas después de la Revolución Cultural y de Mao, no han conocido el sufrimiento de sus progenitores y demandan un bienestar económico que dan por garantizado, así como estándares de vida similares a los de Occidente.


Esto incluye la contaminación, uno de los grandes males de China. Tras medidas como un plan invernal de urgencia, estándares de emisiones para vehículos o cierres de fábricas con altos niveles de polución, este año la calidad del aire en Pekín ha mejorado notablemente. Pero organizaciones como Greenpeace remarcan que esta mejora, en parte, se ha producido a costa de trasladar la contaminación a regiones más pobres y menos visibles.


Garantizar unos estándares de vida cada vez mejores —China se ha comprometido a acabar para 2020 con la pobreza rural, que en 2015 afectaba a 55 millones de personas— obliga también a la reforma económica. Al llegar al poder hace cinco años, Xi prometió dejar que el mercado marcara el paso. Es una aspiración que ha demostrado ser complicada. En 2015, la revista Caixin apuntaba que, de entre las 113 áreas susceptibles de reforma, tan solo en 23 se avanzaba a buen ritmo, los progresos eran lentos en 84 y en 16 no se había conseguido nada.


Lo que queda pendiente es lo más difícil: las empresas de propiedad estatal, gigantescas e ineficientes, pero básicas en el sistema socioeconómico chino actual; el exceso de crédito y de capacidad de producción; la completa liberalización del yuan. Reformas necesarias, pero que requerirán enorme habilidad para que no afecten al índice de desempleo o la estabilidad social, la gran prioridad del Gobierno.


En aras de esa estabilidad social, la China de Xi Jinping ha implantado ambiciosos programas de control y vigilancia ciudadana, ayudada por la inteligencia artificial. El flujo de la información y las redes sociales están férreamente supervisados. Cada empresa, incluidas las multinacionales extranjeras, debe contar con una unidad del Partido Comunista en su estructura. Los medios de comunicación estatales —los principales— han recibido instrucciones de boca del propio presidente: “Ustedes deben apellidarse Partido”.


La tendencia es a reducir la tolerancia a cualquier manifestación cultural que no subraye el papel dominante del Partido Comunista o se ponga al servicio de sus objetivos. Y esto incluye el trato a las minorías y la práctica de la religión, sobre la que recientemente se han impuesto nuevos reglamentos. Los sujetos molestos —sean disidentes políticos, abogados de derechos humanos o activistas de causas sociales— son detenidos y, en ocasiones, condenados a largas penas de cárcel. El año pasado, el premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo murió de cáncer de hígado mientras cumplía una pena de 11 años.


Pero el tiempo corre, para Xi, para Pekín y para implementar las reformas. Uno de los grandes obstáculos que afronta el país es, precisamente, su rápido envejecimiento. La desastrosa política del hijo único hace que el dividendo demográfico se esté agotando. Pese al fin de la prohibición en 2015, la natalidad no tiene visos de repuntar. En 2020, 42 millones de ancianos no podrán cuidar de sí mismos y 29 millones superarán los 80 años. Todo un desafío para unos sistemas de seguridad social y de sanidad aún muy débiles.


Para 2050, cuando aspira a haberse convertido en una gran potencia, contará con 400 millones de jubilados. Para entonces, deberá haber completado sus ambiciosos planes de reforma militar y económica; la prioridad será atender a ese gran segmento de población envejecida. El plazo de “oportunidad estratégica” habrá expirado.
La nueva era de Xi tiene, por tanto, prisa. Hoy puede movilizar a la población en busca del sueño chino; mañana podría ser tarde. En unos años, esta nueva era puede haberse quedado demasiado vieja.

 

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 3 MAR 2018 - 18:10 COT

Publicado enInternacional
Lunes, 19 Febrero 2018 06:00

Jóvenes al rescate

Jóvenes al rescate

“Estamos juntos aquí porque si lo único que puede hacer nuestro gobierno y el presidente es enviar sus condolencias y oraciones, entonces es momento de que las víctimas sean el cambio que necesitamos ver”, declaró Emma Gonzalez durante un mitin contra las armas el sábado en Fort Lauderdale, cuatro días después de sobrevivir a la matanza en su preparatoria en el pueblo de Parkland, Florida, a unos kilómetros de donde hablaba con voz firme y entre lágrimas de ira y tristeza.

Gonzalez, de 18 años, señaló que ya todos conocen las estadísticas sobre los tiroteos masivos y cómo se repiten estas tragedias por todo el país. De hecho, ella y sus compañeros se han sumado a los más de 150 mil estudiantes en más de 170 escuelas primarias, secundarias y preparatorias que han atestiguado un tiroteo en sus instalaciones desde la matanza en la preparatoria Columbine, en 1999, según un análisis del Washington Post.

“Vamos a ser los jóvenes de los cuales ustedes después leerán en sus libros de texto. No porque vamos a ser otra estadística sobre tiroteos masivos en Estados Unidos, sino porque vamos a ser el último tiroteo masivo (…) vamos a cambiar las leyes”, prometió a los más de mil estudiantes, padres de familia y otros que se congregaron para decir ya basta.

Si el presidente quiere presentarse frente a mí y decirme en mi cara que esto fue una tragedia terrible y que nunca debió haber ocurrido, y si quiere seguir diciendo que nada se puede hacer al respecto, felizmente le preguntaré cuánto dinero ha recibido de la Asociación Nacional del Rifle. Y ¿quieren saber algo? No importa, porque ya sé: 30 millones de dólares (...) A todo político que recibe donativos de la NRA (Asociación Nacional del Rifle): vergüenza, y en ese momento cientos de sus compañeros y padres de familia corearon: vergüenza, vergüenza.

“Los gobernantes electos nos están mintiendo. Y parece que nosotros los jóvenes somos los únicos que nos damos cuenta, y estamos aquí para decir que eso es BS (bullshit, una pendejada). Empresas que hacen caricaturas de los jóvenes estos días, diciendo que sólo nos importa lo nuestro y que estamos obsesionados con los trends… estamos preparados para decirles BS. Políticos que están sentados en sus curules dorados financiados por la NRA diciendo que nada se podría haber hecho para evitar esto, decimos BS... Dicen que ninguna ley podría haber prevenido cientos de tragedias que han ocurrido. Decimos BS. Que no sabemos de lo que estamos hablando, que somos demasiado jóvenes para entender cómo funciona el gobierno. Les decimos BS”. Y con ello respondió un coro: no más BS.

Gonzalez no está sola. Un nuevo grupo de líderes feroces acaba de nacer de las muertes violentas de 17 de sus compañeros en el más reciente tiroteo masivo en este país. Cualquier político que está aceptando fondos de la NRA es responsable, declaró Cameron Kasky, otro estudiante de la preparatoria en Parkland, a ABC News. Y dirigiéndose directamente al senador de su estado, Marco Rubio, agregó: “no es nuestra tarea decirte cómo protegernos. Nuestra tarea es asistir a la escuela, aprender y no ser baleado (…) Su tarea es protegernos y nuestra sangre está en sus manos”.

Vale señalar que Rubio está entre los más beneficiados por la generosidad de la Asociación Nacional del Rifle, la entidad más poderosa contra el control de las armas en manos privadas.

Otro estudiante sobreviviente David Hogg, en una entrevista con CBS News, se dirigió directamente a Trump este domingo denunciando: hemos visto el cierre de gobierno, hemos visto la reforma de impuestos, pero nada para salvar las vidas de los niños. Usted me enferma.

Respondiendo a un tuit de Trump que acusa a la FBI de no haber seguido alertas sobre el sospechoso porque estaban demasiado ocupados en investigar la colusión que no existe entre los rusos y su campaña electoral, Aly Sheehy, otra sobreviviente, respondió: 17 de mis compañeros ya no están. Esos son 17 futuros, 17 jóvenes y 17 amigos robados. Pero tienes razón, siempre se tiene que tratar de ti. Qué tonta, se me había olvidado.

Estudiantes, algunos que ya realizaron acciones locales, anunciaron que están organizando movilizaciones a escala nacional, algo que está preocupando a políticos hasta ahora muy cómodos, quienes habían logrado frenar iniciativas anteriores para imponer controles sobre las más de 300 millones de armas que están en manos privadas en este país.

En la convocatoria a la “Marcha para nuestras vidas, acción impulsada por estudiantes a través del país y citada para Washington el 24 de marzo, se declara: Ni uno más. No podemos permitir que un niño más sea baleado en la escuela. No podemos permitir que una maestra más tenga que decidir si ponerse en frente de un rifle de asalto para salvar las vidas de sus estudiantes. No podemos permitir que una familia más esté esperando una llamada o un texto que nunca llega. Nuestras escuelas no están seguras.Nuestros hijos y maestros se están muriendo. Tenemos que hacer que nuestra prioridad principal sea salvar estas vidas. (www.marchforourlives.com/mission-statement).

El 14 de marzo se está convocando a una huelga estudiantil de 17 minutos, por las 17 víctimas, y otras el 20 de abril, el aniversario de Columbine, donde se pide que todos se vistan de anaranjado para exigir el cambio, entre otras.

En otra entrevista con CNN, Kasky resumió: mi mensaje a aquellos que están en cargos de elección es: están con nosotros o están en contra. Estamos perdiendo nuestras vidas mientras los adultos están jugando.

O como lo resumió el editor en jefe de Wired, Nicholas Thompson, en un tuit: Estados Unidos: donde los estudiantes de prepa actúan como líderes, y los líderes actúan como si estuvieran en la prepa.

En un país donde más personas han fallecido por violencia de armas de fuego desde 1968 hasta hoy día que el total de estadunidenses muertos en todas sus guerras desde su independencia, donde el pueblo más armado del mundo comete masacres y donde en promedio hay cinco balaceras en sedes académicas cada mes, serán los jóvenes quienes tal vez podrán rescatar a su país de esta barbarie.

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