Domingo, 01 Mayo 2022 06:01

Por un decrecimiento ecosocialista

Por un decrecimiento ecosocialista

El decrecimiento y el ecosocialismo son dos de los movimientos -y propuestas- más importantes del lado radical del espectro ecológico. Por supuesto, no todos los miembros de la comunidad del decrecimiento se identifican como socialistas, y no todos los ecosocialistas están convencidos de la conveniencia del decrecimiento. Pero se observa una tendencia creciente de respeto mutuo y de convergencia. Intentemos trazar un mapa de las grandes áreas de acuerdo entre nosotros, y enumeremos algunos de los principales argumentos a favor de un decrecimiento ecosocialista:

  1. El capitalismo no puede existir sin crecimiento. Necesita una expansión permanente de la producción y el consumo, la acumulación de capital, la maximización del beneficio. Este proceso de crecimiento ilimitado, basado en la explotación de los combustibles fósiles desde el siglo XVIII, está conduciendo a la catástrofe ecológica, al cambio climático, y amenaza con la extinción de la vida en el planeta. Las veintiséis Conferencias de la ONU sobre el Cambio Climático de los últimos treinta años manifiestan la total falta de voluntad de las élites gobernantes para detener el rumbo hacia el abismo.
  2. Cualquier alternativa real a esta dinámica perversa y destructiva tiene que ser radical, es decir, debe enfrentarse a las raíces del problema: el sistema capitalista, su dinámica explotadora y extractiva, y su búsqueda ciega y obsesiva del crecimiento. El decrecimiento ecosocialista es una de esas alternativas, en confrontación directa con el capitalismo y el crecimiento. El decrecimiento ecosocialista requiere la apropiación social de los principales medios de (re)producción y una planificación democrática, participativa y ecológica. Las principales decisiones sobre las prioridades de producción y consumo serán decididas por las propias personas, con el fin de satisfacer las necesidades sociales reales respetando los límites ecológicos del planeta. Esto significa que las personas, a distintas escalas, ejercen un poder directo para determinar democráticamente qué se debe producir, cómo y cuánto; cómo remunerar los distintos tipos de actividades productivas y reproductivas que nos sostienen a nosotros y al planeta. Garantizar un bienestar equitativo para todos no requiere un crecimiento económico, sino cambiar radicalmente la forma en que organizamos la economía y distribuimos la riqueza social.
  3. Es ecológicamente indispensable un decrecimiento significativo de la producción y el consumo. La primera y urgente medida es la eliminación gradual de los combustibles fósiles, así como del consumo ostentoso y despilfarrador de la élite rica del 1%. Desde una perspectiva ecosocialista, el decrecimiento debe entenderse en términos dialécticos: muchas formas de producción (como las instalaciones de carbón) y servicios (como la publicidad) no sólo deben reducirse, sino suprimirse; algunas, como los coches privados o la ganadería, deben reducirse sustancialmente; pero otras necesitarían desarrollarse, como la agricultura agroecológica, las energías renovables, los servicios sanitarios y educativos, etc. En sectores como la sanidad y la educación, este desarrollo debería ser, ante todo, cualitativo. Incluso las actividades más útiles tienen que respetar los límites del planeta; no puede existir una producción "ilimitada" de ningún bien.
  4. El "socialismo" productivista, tal como lo practicaba la URSS, es un callejón sin salida. Lo mismo ocurre con el capitalismo "verde" que defienden las empresas o los principales "partidos verdes". El decrecimiento ecosocialista es un intento de superar las limitaciones de los experimentos socialistas y "verdes" del pasado.
  5. Es bien sabido que el Norte Global es históricamente responsable de la mayor parte de las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. Por tanto, los países ricos deben asumir la mayor parte del proceso de decrecimiento. Al mismo tiempo, no creemos que el Sur Global deba intentar copiar el modelo productivista y destructivo de "desarrollo" del Norte, sino que debe buscar un enfoque diferente, haciendo hincapié en las necesidades reales de las poblaciones en términos de alimentación, vivienda y servicios básicos, en lugar de extraer más y más materias primas (y combustibles fósiles) para el mercado mundial capitalista, o producir más y más coches para las minorías privilegiadas.
  6. El decrecimiento ecosocialista implica también la transformación, mediante un proceso de deliberación democrática, de los modelos de consumo existentes -por ejemplo, el fin de la obsolescencia planificada y de los bienes no reparables-; de los modelos de transporte, por ejemplo, reduciendo en gran medida el transporte de mercancías en barcos y camiones (gracias a la relocalización de la producción), así como el tráfico aéreo. En definitiva, es mucho más que un cambio en las formas de propiedad, es una transformación civilizatoria, una nueva "forma de vida" basada en valores de solidaridad, democracia, igualdad-libertad y respeto a la Tierra. El decrecimiento ecosocialista señala una nueva civilización que rompe con el productivismo y el consumismo, a favor de la reducción del tiempo de trabajo y, por tanto, de más tiempo libre dedicado a actividades sociales, políticas, recreativas, artísticas, lúdicas y eróticas.
  7. El decrecimiento ecosocialista sólo puede ganar a través de una confrontación con la oligarquía fósil y las clases dominantes que controlan el poder político y económico. ¿Quién es el sujeto de esta lucha? No podemos superar el sistema sin la participación activa de la clase trabajadora urbana y rural, que constituye la mayoría de la población y ya está soportando el peso de los males sociales y ecológicos del capitalismo. Pero también tenemos que ampliar la definición de la clase obrera para incluir a las que se encargan de la reproducción social y ecológica, las fuerzas que ahora están al frente de las movilizaciones ecosociales: las jóvenes, las mujeres, los pueblos indígenas y las campesinas. Una nueva conciencia social y ecológica surgirá a través del proceso de autoorganización y resistencia activa de las explotadas y oprimidas.
  8. El decrecimiento ecosocialista forma parte de la familia más amplia de otros movimientos ecologistas radicales y antisistémicos: el ecofeminismo, la ecología social, el Sumak Kawsay (el "Buen Vivir" indígena), el ecologismo de los pobres, la Blockadia, el Green New Deal (en sus versiones más críticas), entre muchos otros. No buscamos ninguna primacía, sólo pensamos que el ecosocialismo y el decrecimiento tienen un marco diagnóstico y pronóstico compartido y potente que ofrecer junto a estos movimientos. El diálogo y la acción común son tareas urgentes en la dramática coyuntura actual.

 

30 abril 2022

https://monthlyreview.org/2022/04/01/for-an-ecosocialist-degrowth/

Traducción: viento sur

Publicado enEconomía
Cultivos como el cacao, el café y las cerezas dependen de la polinización. La imagen de la izquierda fue captada en Belgrado; la de la derecha, en Singapur. Foto Ap y Afp

 

Estiman que han causado la reducción de 49 por ciento en el número de esos animales y 27 en el de especies, revela estudi

París. El cambio climático y el uso intensivo de la tierra para la agricultura ya han causado la reducción de 49 por ciento en el número de insectos en las zonas más afectadas del mundo.

Un nuevo estudio, realizado por investigadores del Colegio Universitario de Londres (UCL, por sus siglas en ingés) y publicado en Nature, es el primero en identificar que la interacción entre el aumento de las temperaturas y los cambios en el uso de la tierra está provocando pérdidas generalizadas en numerosos grupos de insectos en el mundo.

Charlie Outhwaite, del Centro de Investigación de la Biodiversidad y el Medio Ambiente de la UCL y autora principal del estudio, explicó que “muchos insectos parecen ser muy vulnerables a las presiones humanas, lo que resulta preocupante a medida que el cambio climático se agrava y las zonas agrícolas siguen expandiéndose.

"Nuestras conclusiones ponen de manifiesto la urgencia de adoptar medidas para preservar los hábitats naturales, frenar la expansión de la agricultura de alta intensidad y reducir las emisiones para mitigar el cambio climático", añadió.

Los investigadores midieron tanto la abundancia de insectos como el número de especies diferentes presentes en varias regiones del mundo, comparando estas cifras con las de zonas vírgenes menos afectadas por el cambio climático.

El estudio también concluyó que no sólo se está afectando a la población total de insectos, que se ha reducido casi a la mitad, sino también está disminuyendo el número de especies en 27 por ciento.

"Las caídas son mayores bajo los trópicos", declaró Outhwaite.

Considera que el estudio puede subestimar el declive de los insectos en el mundo debido a la falta de datos en las regiones tropicales y a que en las zonas menos perturbadas, utilizadas como comparación, la huella humana ya es significativa.

Los resultados, en consonancia con estudios anteriores sobre el declive de las poblaciones de insectos, se basan en datos de 18 mil especies, recogidos entre 1992 y 2012 en 6 mil lugares.

"Las investigaciones anteriores fueron a pequeña escala, con un número limitado de especies", aclaró.

El nuevo estudio, en cambio, es "un análisis cuantitativo de la interacción entre dos motores", el calentamiento y el cambio de uso del suelo, "sobre grandes conjuntos de datos globales".

Consecuencias desastrosas

La caída de cantidades de insectos, cruciales para la dieta de muchas otras especies, tiene consecuencias desastrosas.

Alrededor de tres cuartas partes de los 115 cultivos alimentarios más importantes dependen de la polinización, como el cacao, el café y las cerezas.

Algunos insectos, como las mariquitas, las mantis religiosas y las avispas, también son necesarios a fin de controlar otros insectos perjudiciales para los cultivos.

El estudio también muestra que los efectos combinados del cambio climático y la agricultura intensiva, incluido el uso generalizado de insecticidas, son peores que si los dos primeros factores actuaran por separado.

Por ejemplo, incluso sin el cambio climático, la conversión de una selva tropical en terreno agrícola hace que la zona se caliente debido a la pérdida de vegetación que proporciona sombra y mantiene la humedad en el aire y el suelo.

Esta aridificación se ve reforzada por el calentamiento global.

En un estudio anterior, los investigadores estimaron que el número de insectos voladores había disminuido en promedio 80 por ciento en Europa, lo que había provocado un descenso de las poblaciones de aves.

"No podemos seguir perdiendo especies sin provocar a la larga consecuencias catastróficas", sostuvo Tom Oliver, de la Universidad de Reading, que no participó en el estudio.

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 06 Abril 2022 09:18

En fotos, animales en las noticias

Un gato se sienta sobre una roca en la antigua ciudad de Éfeso en İzmir, Turquía, el 14 de marzo de 2022. Foto: Esra Hacioglu / Agencia Anadolu / Getty.

 

Se ven renos en la región de Lovozero, después del censo de primavera en Murmansk, Rusia, el 14 de marzo de 2022. Foto: Semen Vasileyev / Agencia Anadolu / Getty.

Una vez más, es hora de echar un vistazo al reino animal y sus interacciones con las innumerables especies que comparten nuestro planeta. Las fotos de hoy incluyen la prueba de COVID-19 en ciervos en Minnesota, un censo de rinocerontes en India, un rescate de llamas en medio de inundaciones en Australia y mucho más. Estas imágenes de los últimos meses se recopilan como parte de una serie en curso sobre animales en las noticias, vistas desde la perspectiva de sus observadores humanos, compañeros, captores y cuidadores.

Los renos se mueven en un corral en la región rusa de Lovozero el 14 de marzo de 2022. Durante un censo de primavera, los renos, que fueron traídos para vacunas, salud y cuidado de los cuernos, se contaron uno por uno. Foto: Semen Vasileyev / Agencia Anadolu / Getty.

Un gato se sienta sobre una roca en la antigua ciudad de Éfeso en İzmir, Turquía, el 14 de marzo de 2022. Foto: Esra Hacioglu / Agencia Anadolu / Getty.

Un cachorro de nutria de pelaje liso corre a lo largo del pavimento junto al río Kallang en Singapur el 16 de marzo de 2022. Foto: Roslan Rahman / AFP / Getty.

Tamara Nazarova, que fue evacuada de la ciudad ucraniana de Irpin en medio de fuertes enfrentamientos, se ve con varios perros el 26 de marzo de 2022 en Kiev, donde vive en una tienda de campaña. Nazarova trajo 24 perros, 12 de los cuales le pertenecen. Foto: Metin Aktas / Agencia Anadolu / Getty.

El biólogo senior Allan Jan alimenta a Matusalén, un pez pulmonado australiano de cuatro pies de largo y 40 libras en su tanque en la Academia de Ciencias de California en San Francisco, el 24 de enero de 2022. El pez fue traído en 1938 desde Australia. Foto: Jeff Chiu / AP.

Voluntarios del Servicio de Emergencia del Estado rescatan una llama de una granja inundada en el oeste de Sydney, Australia, el 3 de marzo de 2022. El área enfrentó su peor inundación después de que las lluvias récord provocaron el desbordamiento de su presa más grande. Foto: Muhammad Farooq / AFP / Getty.

Willow, la gata mascota del presidente Joe Biden y la primera dama Jill Biden, deambula por los pasillos de la Casa Blanca el 27 de enero de 2022. Foto: La Casa Blanca / Reuters.

Un reportero gráfico juega con un zorro amistoso en la península de Gallipoli en Çanakkale, Turquía, el 13 de marzo de 2022. Foto: Sergen Sezgin / Agencia Anadolu / Getty.

El panda rojo del zoológico de Nashville, llamado Mei Lee en honor a la película Turning Red , es fotografiado el 9 de marzo de 2022 en Nashville, Tennessee. Foto: Danielle Del Valle / Getty para AGM.

Un rinoceronte de un cuerno corre mientras los encuestadores realizan un censo de rinocerontes en el Parque Nacional Kaziranga de la India el 27 de marzo de 2022. Foto: Biju Boro / AFP / Getty.

Un equipo de vida silvestre cubre la cabeza de un ciervo joven con un paño para ayudar a calmarlo antes de examinar al ciervo para detectar el coronavirus y tomar otras muestras biológicas en Grand Portage, Minnesota, el 2 de marzo de 2022. Los científicos están preocupados de que el virus pueda evolucionar dentro de las poblaciones animales. —potencialmente generando mutantes virales peligrosos que podrían volver a las personas y posiblemente reavivar lo que por ahora parece una crisis menguante. Foto: Laura Ungar / AP.

(Con información The Atlantic)

Publicado enFotorreportajes
Viernes, 01 Abril 2022 05:28

Necroliberalismo

Un mundo insoportable. Pedripol

La nueva variante del liberalismo se configura mediante el primado autoritario y ecocida del mercado sobre la democracia, sostenido bajo una amenaza de extinción permanente

 

La invasión de Ucrania ha marcado una censura cuyas dimensiones, aún por perfilar, apuntan ya a un acontecimiento de impacto no inferior al 11S, la caída del Muro de Berlín y otros que informan el mundo actual. Ante un evento así, sobrevenido apenas salíamos de la sexta ola del covid, y en la perspectiva de una crisis climática sin parangón, resulta inevitable preguntarse por las continuidades y discontinuidades que se operan estos días; por su calado y por hasta dónde no habrá que remontar en el tiempo para enmendar esta deriva distópica.

Adelantemos ya nuestro principal argumento: a medida que el neoliberalismo agota su margen de legitimidad, compensar su inercia implosiva requiere cada vez más de una mutación ideológica a la que resulta contingente cualquier logro democrático y ecológico. Si, luego de Entreguerras, el fracaso del liberalismo condujo al ordoliberalismo; en los sesenta y setenta, arrinconado por los movimientos antagonistas de los Treinta Gloriosos, el ordoliberalismo se vio forzado a mutar en neoliberalismo. A diferencia de su variante anterior, la neoliberal supuso una actualización de mayor tolerancia y apariencia democrática. Sin embargo, con la Guerra de Ucrania en marcha –pero también con la pandemia, el cambio climático, etc.– se ve hoy obligada a intensificar su propia variante en otra mutación ideológica capaz de combinar mayor autoritarismo y tolerancia al ecocidio con tal de preservar su lógica de acumulación. Llamamos “necroliberalismo” a esta nueva variante del liberalismo.

A grandes trazos, el necroliberalismo se configura mediante el primado autoritario y ecocida del mercado sobre la democracia, sostenido bajo una amenaza de extinción permanente. La novedad es menor de lo que parece: el liberalismo no es democrático per se. Ya existía antes de la democracia moderna y de la democratización global del último siglo. Nada le impide existir en un eventual contexto de corte autoritario. Antes bien, en contextos de crisis como el actual, la relación del liberalismo con la democracia se ha guiado más por una “racionalidad instrumental” (Zweckrationalität, según Weber) que no por ser un valor intrínseco. Por eso hoy, al darse una escalada presupuestaria del gasto militar, combinada con la crisis energética y climática, el recurso a la excepción requerido por la gestión de la pandemia y el desigual reparto de los costes sociales, se precipitan las condiciones de posibilidad para la mutación necroliberal. Que en toda Europa una extrema derecha neoliberal se esté probando funcional a este contexto es el mejor indicador del avance de la variante necroliberal.

El necroliberalismo, pariente cercano del exterminismo y el ecofascismo

Resulta conveniente no confundir el necroliberalismo con otros dos conceptos que le son familiares: el exterminismo y el ecofascismo. El primero fue acuñado, entre otros, por el historiador E.P. Thompson en ensayos como Exterminism and Cold War (1982) o Star Wars (1985). Su contexto respondía al recrudecimiento de la Guerra Fría a finales de los setenta y primera mitad de los ochenta. En el movimiento pacifista se daba entonces un importante debate acerca de cómo responder a la reactivación de la amenaza nuclear. Gracias a los triunfos de Thatcher y Reagan, la mutación neoliberal se instalaba en los gobiernos occidentales. No obstante, en los términos en que era formulado, el exterminismo dependía en exceso de este mismo contexto. Al caer el Telón de Acero y sedimentarse como sentido común el “realismo capitalista” (la imposibilidad de imaginar como real una alternativa al capitalismo, de acuerdo a Mark Fisher), la idea de exterminismo acabó por perder buena parte de su resonancia y potencial movilizador.

Por su parte, el ecofascismo se remonta a un mismo contexto de contienda cultural en los años setenta. El fascismo buscaba actualizarse conectando el ecologismo emergente con su propia matriz ideológica (ahí, por ejemplo, el discurso nazi sobre la naturaleza). El temor de André Gorz a una deriva totalitaria del ecologismo (Ökologie und Politik, 1977) o la crítica a la deep ecology de Murray Bookchin (The Ecology of Freedom, 1982) confrontándola con una ecología social serían aquí referencias obligadas. El ecofascismo se predicaba como un marco ideológico que requería instaurar alguna modalidad de gobierno autocrático capaz de imponer la preservación de un supuesto conjunto orgánico de la naturaleza. En su lógica no se descartaría las mayores atrocidades, siempre que viniesen a reajustar un equilibrio supremacista entre poblaciones y recursos naturales.

Aunque el exterminismo podría volver a escena con la amenaza del holocausto nuclear, sigue aún muy alejado de su resonancia de otrora. Mientras la guerra se mantenga en los límites de una confrontación indirecta entre Rusia y OTAN no cabe esperar su recuperación. El necroliberalismo, por el contrario, se vuelve invisible, transversal y compatible en ambos bandos –vale decir, “ideológico”–, pues es consustancial a la propia conflagración bélica y sus desastres humanitarios y ecológicos. Por otra parte, a diferencia del ecofascismo –que se afirma en su matriz autocrática–, el necroliberalismo aspira a preservar una mínima esfera de autogobierno democrático para las élites. A la manera de las democracias liberales del pasado, el retorno neoliberal al “minarquismo” hace compatible el liberalismo con una democracia excluyente que, por demás, se desentiende del ecocidio en curso. La pandemia nos ha dado ya una primera muestra de por dónde podría ir la distopía necroliberal.

Crisis de legitimidad y recurso a la Historia

Desde que saltó la noticia de la invasión de Ucrania, el discurso neoliberal ha buscado relegitimarse en la lectura histórica del acontecimiento. A tal fin se han invocado las guerras mundiales o se ha equiparado la invasión de Ucrania con la de Polonia en 1939 y a Putin con Hitler y Stalin. Por desgracia, no hay motivos para la sorpresa: las operaciones de limpieza étnica en los Balcanes ya fueron el retorno de Auschwitz. Saddam Hussein, Milosevic o Bin Laden ya ocuparon el rol del tirano enloquecido, origen de todos los males del mundo. Y es que, como la verdad en los medios, la mesura en los paralelismos históricos es de lo primero que la guerra se lleva por delante.

Pero la insistencia en este uso de la Historia no deja de ser sospechosa. Hace apenas un par de años, en la justificación del recurso a la excepción para combatir la pandemia, los medios se inundaron de titulares y declaraciones de líderes que afirmaban estar ante el momento más crucial para la humanidad desde la II Guerra Mundial. No hubo entonces discurso presidencial que, como ahora sucede con la guerra, no buscase resonar con el viejo apotegma de Winston Churchill: “Sangre, sudor y lágrimas”.

La reiteración de este recurso discursivo no es en modo alguno casual. Desvela en gran medida el déficit de legitimidad que enfrenta el neoliberalismo ante la ciudadanía cuando se afronta la intervención militar. El siglo XX no pasó en vano y al igual que se puede considerar la historia de una democratización exitosa, en su reverso están las dos mayores masacres que haya conocido la humanidad, ambas con suelo europeo por escenario. La propia forma en que se ha originado la Unión Europea está profundamente arraigada en la crisis democrática de Entreguerras, la reconstrucción de posguerra y el rechazo consiguiente al belicismo.

He ahí, pues, el límite del neoliberalismo: su propia inconsistencia como declinación democrática y sostenible del liberalismo. Arrastrado a su extremo por el presente, solo alcanza a perfilarse como un autoritarismo de mercado. Por eso, a medida que se desvela su propio límite, requiere de una mutación necroliberal que readapte la matriz ideológica del liberalismo a un horizonte de extinción. El grito impugnatorio punk “No future!” se vuelve ahora la afirmación cínica de unas élites que se creen a salvo en la primera clase del Titanic: “En efecto, no hay futuro... para vosotros”. No es casual que el tema del hundimiento se retome como ironía en la fábula cinematográfica Don't look up!: escapar al ecocidio solo resultaría viable para una ínfima minoría privilegiada previa extinción del resto. No hay botes (ni naves espaciales) de salvamento para todo el mundo.

Liberalismo, ordoliberalismo, neoliberalismo... ¿necroliberalismo?

Desde una perspectiva genealógica, el neoliberalismo se afirmó como la restauración exitosa de un marco hegemónico tras la crisis ordoliberal. Al finalizar la I Guerra Mundial, los regímenes liberales, creyéndose a buen recaudo del sistema-mundo, resolvieron en Versalles un orden que en apenas una década volvió a saltar por los aires. El Crack del 29 dio vía libre al ascenso de los totalitarismos y las economías de guerra desembocaron en lo inevitable: una segunda guerra mundial. Solo después, ante el imperativo de reconstruir un orden duradero bajo la amenaza nuclear, el liberalismo mutó en la variante ordoliberal.

Durante las décadas de posguerra, el ordoliberalismo se probó una solución de éxito en la reconstrucción: ampliación sin precedentes del bienestar; incorporación del trabajo a la dirección de la economía por medio de la acción social concertada; extensión del sufragio, los derechos civiles y el pluralismo de partidos; etc. La democratización interna de los regímenes liberales asentó –en el tenso, pero previsible contexto de la Guerra Fría– las condiciones para un progreso inédito. Gracias a estos márgenes, conquistados no sin un enorme y desigual sacrificio, emergieron subjetividades que cuestionaban la cultura disciplinaria del ordoliberalismo.

La democratización no careció de costes para las élites liberales. El rígido sistema de valores sobre el que se había erigido el pacto social de posguerra acabó cuestionado por las generaciones siguientes. En los años sesenta, una ola de movilización global progresó en la disputa por la riqueza generada y el cambio de valores. Cuando llegaron los setenta, la insurgencia metropolitana –de la guerrilla urbana a la contracultura, pasando por los movimientos sociales– era un hecho. El rearme liberal pasó entonces por replegarse sobre su matriz ideológica para reafirmarse acto seguido sobre el axioma minarquista que profesaban algunas de sus escuelas más reputadas (Chicago boys, austríacos, etc.).

A partir de 1973, la crisis del petróleo y el golpe de Pinochet en Chile favorecen el avance de este “nuevo liberalismo”, partidario de liquidar los principios rectores de la “economía social de mercado” a favor de una mercantilización ilimitada del mundo de la vida, la privatización de empresas y la desregulación de mercados, etc. Sin la disección rigurosa y exhaustiva de este punto de inflexión resulta difícil comprender la contundencia y solidez con que, tras el fin del mundo soviético, se consolidó la hegemonía neoliberal.

Disputar un horizonte de futuro al necroliberalismo

Con la caída del Muro, el neoliberalismo se hizo hegemonía. El apotegma thatcheriano “no hay alternativa” tardó una década en ser contestado por el “otro mundo es posible” altermundialista. La ufana convicción con que el neoliberalismo festejó la implosión soviética –y la consiguiente subordinación de la democracia al mercado– ha venido adoptando tonalidades cada vez más cínicas y agresivas; desde aquel célebre sarcasmo de Warren Buffet (“La lucha de clases existe y la estamos ganando los ricos”) hasta el cinismo de Rodrigo Rato en el Congreso (“Es el mercado, amigo”). Sobre esa tonalidad emocional del discurso avanza hoy la variante necroliberal, sin encontrar freno a su ruptura de todos los consensos. 

Con todo, al remitirse a la historia para su legitimación, la pandemia antes y la invasión de Ucrania ahora, desvelan la genealogía y límites del neoliberalismo. En nuestro caso, el paralelismo establecido entre Ucrania y la España republicana necesitada de armas y aliados –pero abandonada por las democracias liberales– busca una resonancia emocional que legitime el giro del gobierno Sánchez: incremento al 2% del presupuesto de defensa, manos libres a las eléctricas, refuerzo del régimen de frontera en Marruecos y cambio de posición en Sáhara, etc. El repertorio de medidas que salen del Ejecutivo vuelven una y otra vez sobre el paradigma neoliberal: rebajas fiscales, cheques, etc. Cualquier cosa menos refundar el pacto del bienestar. En vano se evoca un “pacto de rentas”, espectro de los Pactos de la Moncloa.

Mientras, el necroliberalismo avanza. Desde la calle, la extrema derecha arrastra al arco parlamentario. Impone su marco necroliberal negando la violencia de género, sembrando odio hacia el ecologismo en el mundo rural, reforzando el racismo con los refugiados de guerra y un largo etcétera de vectores que articulan la ruptura unilateral de las élites en previsión de una sociedad más violenta, polarizada e injusta. Frente a esto, el Gobierno pide sacrificios y comulgar con ruedas de molino. España hace buena la imagen de Tocqueville en vísperas de la Revolución de 1848: dormimos sobre un volcán.

Por Raimundo Viejo Viñas 28/03/2022

Publicado enPolítica
Denuncian a nueve grandes mineras por querer operar en tierras protegidas de Brasil

Duro informe de la ONG Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil

Impulsadas por miles de millones de dólares de bancos internacionales y firmas de inversión, grandes compañías mineras buscan expandirse por tierras indígenas protegidas en la selva amazónica de Brasil, sostiene un informe publicado este martes. Nueve mineras gigantes, entre ellas la brasileña Vale, la británica Anglo American y la canadiense Belo Sun, presentaron solicitudes de autorización para explotar reservas indígenas en Brasil a pesar de que actualmente es ilegal, según un informe de la ONG ambientalista Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

El documento sostiene que dicha expansión privada "está en el centro de la intensa agenda del gobierno de Jair Bolsonaro para desmontar la legislación ambiental y apoyar al sector minero, la apertura de los territorios indígenas para la minería industrial y a la pequeña o artesanal (llamados garimpos)". Además apunta a los fondos estadounidenses Capital Group, BlackRock y Vanguard como los principales financistas de "las empresas citadas por sus intereses en tierras indígenas y por su historial en violación de derechos".

La aprobación del proyecto de Ley 191/2020 del gobierno de Bolsonaro "puede causar la pérdida de 160 mil km2 de selva amazónica", señala el informe, que agrega que en 2021 la deforestación vinculada a la minería aumentó un 62 por ciento respecto a 2018, año en el que Bolsonaro llegó al poder.  

Publicado enMedio Ambiente
La democracia interpelada por la Madre Tierra

“La estupidez es una fuerza cósmica democrática. Nadie está a salvo. Y ya sea en el norte, el sur, el este o el oeste, cometemos las mismas estupideces una y otra vez. Parece existir algo que nos hace inmunes a la experiencia” (Manfred Max-Neff 1993)

La humanidad se encuentra en una encrucijada. No es para nada exagerado afirmar que como nunca antes los seres humanos están ahora obligados a encontrar respuestas estructurales y urgentes para cambiar el curso de un proceso que se perfila cada vez más como un suicidio colectivo, al menos para millones de los habitantes del planeta. Los crecientes problemas sociales en términos de pobreza y desigualdad, hambre y enfermedades, violencias e inequidades múltiples, con claras muestras de debilidad de las de por si frágiles instituciones políticas, configuran la una cara del problema. En la otra orilla, estrechamente vinculado a lo anterior, el calentamiento global, la pérdida de calidad y disponibilidad del agua, la erosión de la biodiversidad silvestre y agrícola, la desaparición de suelos agrícolas, el  agotamiento de los recursos y el cada vez más limitado acceso a los mismos, las diversas formas de contaminación y los enormes desperdicios que ahogan el planeta, desembocan ya en un colapso ambiental. Y lo más preocupante radica en la ausencia de respuestas que vayan a la raíz de tantos problemas y retos.

La tragedia sanitaria nos ha servido para comprender mejor estas interrelaciones entre lo social y lo ambiental. Aceptemos que la crisis ecológica está en la origen de la pandemia del coronavirus; sea porque este virus tiene una raíz zoonótica, que es lo más probable, o inclusive si fuera un accidente por una mutación de laboratorio, ese sería un caso de afectación al ciclo de la evolución natural de algún otro virus o algo por el estilo. Y no solo eso, esta crisis multifacética que nos ahoga, con claros rasgos civilizatorios, no puede ser simplemente leída como una acción generalizada de los seres humanos, es decir del antropoceno. La realidad nos dice, si somos acuciosos en nuestros análisis, que en realidad la forma de organizarnos los humanos en la civilización: el capitaloceno -agudizado por su profundización neoliberal-,es la causante de este proceso que  pone cada vez más en riesgo la existencia de millones de seres humanos y no humanos.

Los riesgos de negar lo innegable

Lo grave, y a la vez indignante, es constatar que las personas que encarnan puestos de liderazgo político, empresarial, académico o comunicacional, con muy pocas excepciones, niegan, con sus acciones, estas vinculaciones. Se encuentran más preocupadas en el corto plazo, en dar respuestas a sus intereses inmediatos, antes que en la discusión, la búsqueda y la cristalización de respuestas de fondo. En el mejor de los casos avanzan buscando soluciones que mitiguen un poco estos graves problemas, lo que, con mucha frecuencia, termina por ahondas los problemas de fondo. Veamos, a moco de referencia, lo que realmente significan esas economías pintadas de colores o circulares que, más allá de sus buenas intenciones, no cuestionan para nada la civilización del capital, por el contrario, en realidad, la protegen. Y en el ámbito político, sin negar para nada que la economía es siempre política, quienes nos gobiernan están más preocupados en las próximas elecciones que en el futuras generaciones.

El asunto es aún más complejo si reconocemos que las grandes corporaciones y los gobiernos de los países más ricos ocultaron información y retrasaron la acción necesaria para hacer frente al colapso climático. No solo eso, es común encontrar poderosos grupos negacionistas a pesar de las evidencias cada vez más indiscutibles de la descontrolada evolución de fenómenos ambientales y de procesos sociales que están desbaratando las bases del mundo en que vivíamos, que ya de por si eran insostenibles.

Todo lo anterior se complica aún más cuando constatamos que las respuestas para salir de la crisis del coronavirus, que agudizó las tendencias recesivas prevalecientes, apuntan a recuperar -a como de lugar- la senda del crecimiento económico en el marco del business as usual. Esto, para los países empobrecidos por el sistema capitalista, demanda apostar por el incremento de las exportaciones de materias primas forzando la ampliación de las fronteras extractivistas, con el consiguiente incremento de la destrucción ambiental. A la par, para dizque alcanzar mejores niveles de competitividad se ahonda aún más la flexibilización laboral, provocando una mayor precarización del trabajo. Y todo buscando el concurso de empresas extranjeras, sobre todo transnacionales, que carcomen sistemáticamente la capacidad de respuesta de Estados sumisos, lo que debilita la misma democracia.

En Nuestra América, el modelo de Estado está matizado por una ambigüedad fundacional en la construcción de “la nación”. Tal matiz, sustentado en la colonialidad del poder, resultó excluyente y limitante para el avance cultural, productivo y social en general. Nuestros Estado-nación en ciernes permanentemente, son funcionales al sistema-mundo, en tanto son dependientes de la lógica de acumulación capitalista global. A pesar de ese hecho, los debates sobre el Estado muchas veces se limitaron a coyunturas importantes, pero menores en esencia. Y por eso mismo gemos sido incapaces de profundizar en las soluciones requeridas.

En suma, más de lo mismo, como es evidente, desembocará en más de lo peor.

El fracaso de los parches en odre viejo

En este punto afloran las costuras de las políticas parche. El conservacionismo no basta para resolver los problemas: asegurar la intangibilidad de importantes zonas de vida silvestre, siendo importante, no es suficiente si simultáneamente no se detiene la expansión de los extractivismos en otras áreas, para mencionar un tema. Igualmente, a través de las políticas sociales solo se consigue paliar la pobreza, la desnutrición, las enfermedades, es decir todas aquellas pandemias sociales tan propias de la civilización del capital, pero por esta vía no se abordan los temas estructurales. Estamos, además, en un momento en el que debemos entender que tampoco son suficientes las respuestas individuales.

Aceptemos una evidencia, todavía difícil de digerir por parte de muchas personas. La gran disponibilidad de recursos naturales, en particular minerales o petróleo, acentúa la distorsión de las estructuras económicas y de la asignación de factores productivos en los países ricos en recursos naturales; una situación impuesta desde la consolidación del sistema-mundo capitalista. Así, muchas veces, se redistribuye regresivamente el ingreso nacional, se concentra la riqueza en pocas manos, mientras se incentiva la succión de valor económico desde las periferias hacia los centros capitalistas. Esta situación se agudiza por varios procesos endógenos y “patológicos” que acompañan a la abundancia de recursos naturales. En este contexto se genera una dependencia estructural pues la supervivencia de los países depende del mercado mundial, donde se cristalizan las demandas de la acumulación global.

En suma, recorriendo nuestras atormentadas historias de economías primario exportadoras, de sociedades clientelares y de regímenes autoritarios, parecería que nuestros países son pobres porque son “ricos” en recursos naturales. La miseria de grandes masas parecería ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). La Naturaleza nos “bendice” con enormes potenciales que los seres humanos los transformamos en maldición… una real, compleja y cruda conclusión. Y en este empobrecimiento casi estructural, la violencia no solo  es determinante, es también sistémica.

Esto es medular. La violencia en la apropiación de recursos naturales, extraídos atropellando todos los Derechos (Humanos y de la Naturaleza), no es una consecuencia sino una condición necesaria para poder apropiarse de los recursos naturales. Apropiación que se hace sin importar los impactos nocivos —sean sociales, ambientales, políticos, culturales e incluso económicos— de los propios extractivismos. El extractivismo, levantando la promesa de progreso y desarrollo, se impone violentando territorios, cuerpos y subjetividades. De hecho, la violencia extractivista hasta podría verse como la forma concreta que toma la violencia estructural del capital en el caso de las sociedades periféricas condenadas a la acumulación primario-exportadora. Tal violencia estructural del capitalismo es una marca de nacimiento pues —como bien señaló Marx— este sistema vino “al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza[2].

A pesar de esas constataciones, los dogmas del libre mercado, transformados en alfa y omega de la economía —ortodoxa— y de la realidad social en general, tozudamente siguen recurriendo al viejo argumento de las ventajas comparativas. Los defensores del librecambismo recetan  aprovechar aquellas ventajas dadas por la Naturaleza y sacarles el máximo provecho (cual torturador que busca una confesión a cualquier precio). Más aún ahora para superar -dicen- el bache del coronavirus.  Y, para colmo, los dogmas librecambistas que acompañan al extractivismo son varios: la indiscutible globalización, el mercado como regulador inigualable, las privatizaciones como camino único a la eficiencia, la competitividad como virtud por excelencia, la mercantilización de todo aspecto humano y natural…

Dicho esto cabe preguntarnos cómo abordar los retos que tenemos entre manos, cuando la real politik no demuestra estar sintonizada con estas urgencias. No solo eso. La falta de comprensión de lo que está sucediendo por parte de quienes podrían liderar las transiciones que son indispensables para enfrentar estos complejos retos, se ve agravada por la emergencia de discursos y grupos políticos que alientan respuestas de nacionalismo a ultranza, intolerantes y autoritarias, xenófobas y racistas, con atisbos de un fascismo que comienza a hacerse presente en diversos gobiernos. Reconocer estas tendencias no puede llevar a minimizar las respuestas expresadas de forma diversa desde lo más profundo de sociedades en movimiento que no están dispuestas a aceptar tantas destrucciones e injusticias. Veamos solamente las explosiones sociales registradas en varios países de Nuestra América / Abya-Yala desde fines del año 2019: Ecuador, Colombia, Chile, Perú, Brasil…

Colombia, una mirada desde afuera

Sin entrar en una análisis detenido de la trascendencia de estos procesos diversos e incluso hasta contradictorios, me gustaría borronear un par de líneas sobre la realidad colombiana aún sin ser un ciudadano o un conocedor de toda su complejidad.

El año 2016 parecía que marcaba un nuevo comienzo en la historia de Colombia. Con la ratificación del acuerdo entre el Estado colombiano con las FARC se pretendía poner fin a un período de más de 50 años de hostilidades. Igualmente quedó abierta la puerta para la negociación entre el Gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional – ELN. Como es ampliamente conocido esas expectativas no se han cumplido tal como se ansiaba. Hay muchos temas por resolver a más de las acciones violentas con las que determinados grupos de poder -formal e informal- no están dispuestos a transitar por el camino de la Paz.

Con el fin del conflicto armado en Colombia, como se anticipo oportunamente, se dio paso a una exacerbación de los conflictos socio-ambientales que han caracterizado la larga historia de actividades extractivas y de los métodos violentos que han primado en este país para lidiar con dichos conflictos. Recordemos que el Gobierno de Colombia depende del sector extractivo como generador de ingresos, y ha asignado grandes áreas a inversionistas privados para el desarrollo de actividades asociadas con la extracción petrolera, minera, y los monocultivos para exportación. Para superar la crisis del coronavirus, como lo hacen todos los gobiernos de los países vecinos, el Gobierno colombiano fuerza aún más los extractivismos, que incluso son vistos como una fuente fundamental de financiamiento de muchos compromisos del proceso de transición a la paz.

En algunas áreas en donde disminuyó desapareció el conflicto armado quedó expedito el acceso a las áreas previamente afectadas por la guerra. Lo que exacerba la violencia intrínseca a los mismos. En este contexto, alentados por las demandas derivadas de la crisis e influenciadas por los intereses de los grandes grupos extractivistas, se ha visto como se han ido cerrando aquellos espacios de participación democrática que comenzaron a construir una forma concreta de cómo podían intervenir las comunidades de forma vinculante y consecuente en las decisiones sobre el uso de los bienes naturales locales en actividades que podrían impactar sus medios de vida y su entorno. Me refiero concretamente al freno aplicado para detener las consultas populares que encontraron su punto de partida el 28 de julio de 2013, en el municipio de Piedras, Tolima. Allí la alianza entre los campesinos, los grandes productores de arroz, y las entidades municipales, junto con el apoyo de varios comités ambientales, estudiantes y asesores legales activaron el mecanismo de consulta popular, que luego se extendió por todo el país. Y que ahora, al haber sido bloqueado, en un ambiente de crecientes presiones extractivistas, incrementará las tensiones y las violencias.

Lo que preocupa es que el mensaje central de las movilizaciones por la democratización ambiental, es decir reconsiderar la relación de nuestras sociedades con la Naturaleza, no tiene cabida efectiva en las discusiones de la existente institucionalidad democrática.

La radicalización de la democracia como camino

En este escenario, con violencias, desigualdades, inequidades, injusticias y destrucciones sin precedentes en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades, dar paso a formas fundamentales de democratización resulta imprescindible. Permitir, defender y fomentar la participación de la sociedad en la toma de decisiones en materia ambiental y territorial en el contexto de la transición a una sociedad que pueda resolver sus conflictos sin el uso de la violencia, representa una transformación de los conflictos ambientales en escenarios de democratización. La democratización ambiental es un asunto fundamental para alcanzar la paz con justicia social y ambiental, pues la una no existe sin la otra.

Debemos tener presente que los gobiernos de estas economías primario-exportadoras no sólo cuentan con importantes recursos –sobre todo en el auge de los precios– para asumir la necesaria obra pública y financiar políticas sociales, sino que pueden desplegar medidas y acciones que coopten a la población para asegurar una “gobernabilidad” que permita introducir reformas y cambios pertinentes desde sus intereses.

Además, la mayor erogación pública en actividades clientelares reduce las presiones latentes por una mayor democratización. Se da una “pacificación fiscal”, dirigida a reducir la protesta social. Ejemplo son los diversos bonos empleados para paliar la extrema pobreza, sobre todo aquellos enmarcados en un clientelismo puro y duro que premia a los feligreses más devotos y sumisos.

Los altos ingresos del Gobierno le permiten desplazar del poder y prevenir la configuración de grupos y fracciones contestatarias o independientes, que demanden derechos políticos y otros (derechos humanos, justicia, cogobierno, etc.). Incluso se destinan cuantiosos recursos para perseguir a los contrarios, incluyendo a quienes no entienden ni aceptan las “indiscutibles bondades” extractivistas y las políticas aperturistas que les son inherentes a los extractivismos. Estos gobiernos pueden asignar cuantiosas sumas de dinero para reforzar sus controles internos incluyendo la represión a opositores. Además, sin una efectiva participación ciudadana se da vacía la democracia, por más que se consulte repetidamente al pueblo en las urnas. Por eso mismo las buenas intenciones desembocan, con frecuencia, en gobiernos autoritarios y mesiánicos disfrazados de izquierdistas. Ese ha sido el transitar de los gobiernos progresistas en América Latina.

A la postre, la mayor de las maldiciones es la incapacidad para enfrentar el reto de construir alternativas a la acumulación primario-exportadora que parece eternizarse a pesar de sus inocultables fracasos. Es una violencia subjetiva potente que impide tener una visión clara sobre los orígenes y hasta las consecuencias de los problemas, lo que termina por limitar y hasta impedir la construcción de alternativas.

Un nuevo horizonte histórico emerge, en donde irrumpe la emancipación del eurocentrismo. Emancipación que convoca a una lucha social para prescindir del capitalismo. Esa será la única forma de abandonar una existencia social cargada de dominación, discriminación racista/étnica/sexista/clasista, explotación económica, donde el Estado es solo un ladrillo más del gran muro llamado capital. Esto reclama nuevas formas de comunidad y de expresar diversidad social, solidaridad y reciprocidad. Apunta, por igual, a terminar la homogeneidad institucional del Estado-nación, construyendo instituciones distintas, buscando igualdades en las diversidades. Este nuevo Estado deberá aceptar y propiciar autonomías territoriales de los pueblos y nacionalidades, de las comunidades y de los individuos. Todo esto, en esencia, significa crear democráticamente una sociedad democrática, como parte de un proceso continuo y de largo plazo, en el que la radicalización permanente de la democracia es insoslayable.

Por Alberto Acosta | 18/02/2022

Nota:

[2] Marx, Karl. El Capital, Tomo I, Vol III, pág. 950. México, Siglo XXI, 2005 [1975]

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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Bajo la marea negra: el poder de las multinacionales de los combustibles fósiles

 

Las compañías petroleras contaminan el medio ambiente de las regiones pobres y celebran ganancias récord en los mercados bursátiles. El movimiento climático debe encontrar una manera de resistir. Dos activistas explican como puede funcionar esto.

Un vistazo rápido a los titulares de las últimas semanas podría dar la impresión de que 2022 no comenzó particularmente bien para la industria petrolera: en Perú, el grupo español Repsol fue responsable de un grave desastre petrolero a mediados de enero después de que miles de barriles de petróleo se vertieran en un accidente de un petrolero. Las imágenes de las playas contaminadas dieron la vuelta al mundo y el país sudamericano declaró el estado de emergencia medio ambiental. Solo unos días después, el vecino Ecuador también experimentó una grave crisis. En medio de la selva amazónica, un deslizamiento de tierra dañó un oleoducto. Más de un millón de litros de petróleo se vertieron en las regiones circundantes [regiones de selva amazónica en la frontera de las provincias de Napo y Sucumbios, con riesgo inmediatamente declarado de contaminación del río Coca].

Casi al mismo tiempo también se acumularon informes procedentes del este de Tailandia. Después de una fuga en un oleoducto submarino, se formó una marea negra que se extendía rápidamente y el gobierno tuvo que cerrar las “playas de ensueño” de la región de Rayong, que eran populares entre los turistas. En Argentina miles de personas han estado tomando las calles durante semanas para protestar contra las decisiones adoptadas por el gobierno poco antes del fin de año 2021. Estas permitirían al grupo argentino YPF, al grupo noruego Equinor y a Shell buscar materias primas fósiles en la costa utilizando métodos sísmicos. Estos métodos están asociados con un enorme ruido bajo el agua y representan una amenaza directa para la orientación de los animales marinos.

Las empresas celebran el éxito en el mercado de capitales

Sin embargo, si nos fijamos en los mercados bursátiles, la situación es bastante diferente: la industria del petróleo y el gas está en auge. Hay un estado de ánimo de celebración, por ejemplo, en la compañía petrolera Shell, que ha multiplicado por catorce(!) sus ganancias en el último trimestre de 2021. Exxon Mobil registra las mayores ganancias en siete años. Incluso el grupo español Repsol, que estuvo involucrado en varios escándalos, ha pasado el mes económicamente sin mayores problemas. Esto muestra lo bien que están organizadas las empresas fósiles. Los gobiernos a menudo tienen poco con lo que oponerse a ellas, especialmente en los países donde se extraen las materias primas. Dado que la facturación anual de algunas corporaciones supera el rendimiento económico de países enteros, esta impotencia no es sorprendente.

Pero, ¿qué significa esto para el movimiento de resistencia climático, cuya resistencia hasta ahora parece estrellarse debido a la influencia de la poderosa industria del petróleo y el gas? En los países donde se extraen principalmente los recursos, las y los activistas están experimentando una enorme represión. Regularmente, las y los ecologistas son amenazados o incluso asesinados. Sin embargo, en una sociedad racista, poco importa lo que ocurra en los países del Sur. En los países en los que se encuentran las sedes de las empresas transnacionales, este tema está muy a menudo ausente de la retórica del movimiento de protesta. Los gobiernos incluso consideran a las industrias fósiles como socias en la lucha contra la crisis climática.

Un día de acción internacional

Por lo tanto, el movimiento climático se enfrenta a dos desafíos: en primer lugar, los crímenes ecocidas de las corporaciones fósiles en los países del Sur y su influencia masiva en las sociedades del Norte deben ser situadas en el centro de atención. En segundo lugar, las preocupaciones de las personas de las regiones más afectadas deben estar situadas en primer plano. Porque son ellas quienes han resistido durante mucho tiempo frente a las estructuras de poder neocoloniales de las corporaciones multinacionales.

Un día internacional de acción contra el capitalismo fósil organizado con poca antelación el viernes pasado, 4 de febrero, mostró cómo esto puede funcionar. Como consecuencia de los numerosos desastres petroleros de las últimas semanas, más de 50 grupos de 19 países se reunieron bajo el lema de una Global Coastline Rebellion (Rebelión costera global). Las protestas fueron apoyadas en particular por grupos de los países del Sur, como Argentina, Perú y Sudáfrica. Mediante varias acciones, pidieron un levantamiento mundial de las comunidades costeras contra aquellas corporaciones que destruyen sus medios de vida.

Una cuestión de deuda climática

También se produjeron manifestaciones contra la industria fósil, incluida la empresa alemana Wintershall DEA, en Hamburgo y Berlín. El movimiento climático europeo se unió a grupos de América Latina. Las protestas se centraron, entre otras cosas, en la demanda de reparaciones a las comunidades dañadas y la cancelación de la deuda de los países del Sur. A cambio, las materias primas fósiles se dejarían en el suelo: deuda climática contra deuda financiera, o "climate debt swap” (intercambio de deuda climática), como lo llamó el activista argentino Esteban Servat.

La orientación internacional de las protestas, tanto en sus reivindicaciones como en su organización, es importante. Solo de esta manera se pueden desenmascarar las contradicciones de la política de ubicación climática/nacionalista del gobierno federal de Alemania, que transfiere de forma mal definida los costes de una transformación supuestamente ecológica del capitalismo a los países del Sur. Pero sin restringir drásticamente el poder de las compañías de petróleo y gas con sede en el Norte y organizar democráticamente la producción de energía, los objetivos climáticos tanto en el Norte como en el Sur serán inalcanzables. Esto requiere una presión masiva desde abajo.

Un solo día de acción es solo una gota en el océano. Pero la amplitud de la movilización espontánea muestra lo grande que es el potencial para un movimiento climático orientado internacionalmente. Sin embargo, aún más notable que el tamaño de los grupos y países involucrados es la inversión exitosa de las relaciones de poder anteriores: las preocupaciones de las y los directamente afectados por la extracción de materias primas fósiles se han colocado en el centro de las protestas de un movimiento de justicia climática en su mayoría blanco y eurocéntrico. La gente se reunió más allá de los movimientos y países, en una acción dirigida por el Sur contra instituciones neocoloniales como el FMI, el Banco Mundial y las empresas transnacionales. Como recordó uno de los organizadores en Berlín: "Tal vez éste pueda ser el comienzo de una nueva forma de movilizarse; en la que el Norte puede unirse con el Sur y llevar a cabo la lucha contra las corporaciones que nos matan".

09/02/2022

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Al encontre (Artículo publicado originalmente por la revista Der Freitag).

*Louise Wagner es socióloga y forma parte de varias alianzas internacionales que luchan por la justicia ambiental y climática. Elias König es el autor de Klimagerechtigkeit warum wir braucht eine sozial-ökologische Revolution (Unrast-Verlag) (La justicia climática: por qué necesitamos una revolución socioecológica) y participa en la alianza Shell Must Fall.

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Las trampas del “cero neto” y la geoingeniería

«Más de 1500 empresas transnacionales, incluidas las mayores petroleras y automotrices, las empresas de agronegocios y alimentarias, las mayores financieras y gestoras de activos, las gigantes tecnológicas, han anunciado que alcanzarán estas “cero emisiones netas” entre 2040 y 2060».

Este artículo forma parte de la revista Biodiversidad, sustento y culturas #111

El hilo rojo con que los grandes contaminadores nos quieren hacer creer que están actuando para enfrentar la crisis climática es el concepto “cero neto”. Se refiere a que en lugar de reducciones reales de las emisiones de los gases con efecto de invernadero (GEI), se puede seguir aumentando las emisiones si se las “compensa” con medidas tecnológicas o de mercado. Sin cambios reales, plantean hacer sumas y restas que resultarían en cero emisiones “netas” ( https://tinyurl.com/ypsyfmhm)

Más de 1500 empresas transnacionales, incluidas las mayores petroleras y automotrices, las empresas de agronegocios y alimentarias, las mayores financieras y gestoras de activos, las gigantes tecnológicas, han anunciado que alcanzarán estas “cero emisiones netas” entre 2040 y 2060. Esta lógica se basa en tres pilares: las llamadas “soluciones climáticas basadas en la naturaleza”, que incluyen desde megaplantaciones y monocultivos a la apropiación, conversión y/o redefinición de todo tipo de áreas naturales y agrícolas como áreas prioritarias de captura de carbono; una serie de técnicas de geoingeniería (que aún no existen) desplegadas a gran escala para captar carbono o reflejar la luz solar para bajar la temperatura; nuevos mercados de carbono para comerciar créditos de carbono en suelos agrícolas, mares y humedales, junto a mercados de “compensaciones” por contaminación ambiental y destrucción del clima y la biodiversidad.

Cada pilar conlleva serios problemas. Por ejemplo, usar más tierras y bosques de los que hay disponibles en el planeta, no funciona para enfrentar la crisis climática pero alienta una ola global de acaparamientos y desplazamiento de comunidades de sus territorios ( https://tinyurl.com/53y57kpj). Justamente, como saben que no será suficiente, muchos de los mismos actores impulsan desde ahora también peligrosas nuevas tecnologías para “aumentar la capacidad de la naturaleza” para absorber carbono (por ejemplo manipulación genética de cultivos, árboles, microbios del suelo) y para captar carbono de la atmósfera con geoingeniería. Además de que al presentarlas como tecnologías climáticas esperan recibir importantes subsidios públicos, también trabajan en la perspectiva de nuevos mercados de carbono que incluyan estas actividades.

Qué es la geoingeniería

La geoingeniería se refiere a un conjunto de propuestas técnicas para intervenir a gran escala el sistema climático del planeta. Estas propuestas, aún estando muy poco desarrolladas, han adquirido un lugar importante para el afincamiento del engañoso concepto de “cero neto”. Gobiernos y corporaciones apuestan a que podrán hacer una remoción masiva de dióxido de carbono de la atmósfera por medios tecnológicos, con técnicas de geoingeniería. Por ejemplo, varios países de América Latina planean la construcción o mejoramiento de infraestructura para la captura y almacenaje de carbono (CAC). El desarrollo de otras propuestas de geoingeniería como la captura directa en el aire (CDA) y la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECAC), también se han incluido en las llamadas “contribuciones determinadas a nivel nacional” de varios países, como acción contra el cambio climático. Pese a ello, no está demostrada la viabilidad de estas tecnologías, que tienen un costo prohibitivo y conllevan graves riesgos y efectos secundarios para la gente y los ecosistemas [1].

Todas las técnicas de geoingeniería destinadas a remover CO2 de la atmósfera requieren gran caudal de recursos: energía, tierra, agua, biomasa y/o minerales. Dichas técnicas tendrían que desplegarse a una escala enorme, de lo contrario no tendrían ningún efecto en el cambio climático. El desarrollo de las técnicas RDC (Remoción de Dióxido de Carbono) implica por tanto, el establecimiento de nuevas industrias extractivas transnacionales de gran tamaño, que crearán nuevas emisiones de GEI con la construcción de infraestructura y en la cadena industrial de sus actividades.

Estos sistemas de infraestructura reproducirán y/o profundizarán con toda probabilidad los patrones injustos de extracción y explotación de la tierra y de los recursos que ya existen, aumentando los impactos sobre las comunidades afectadas por las industrias extractivas tanto en el Sur como en el Norte global. A gran escala significan impactos devastadores en comunidades y ecosistemas, como acaparamiento de tierras y violaciones a los derechos humanos.

La perspectiva de expandir BECAC —el enfoque de geoingeniería más favorecido por los modelos climáticos— también conduce a la destrucción a gran escala de la biodiversidad y ecosistemas naturales y a su sustitución por monocultivos de biomasa como materia prima para la producción de energía. Se estima que BECAC en particular promoverá la competencia con las áreas de cultivo de alimentos y por tanto la subida de precios de éstos.

En general, la aplicación de la geoingeniería conllevará riesgos devastadores e impactos ecológicos y sociales injustificables. Y es importante recordar que su capacidad para remover eficazmente grandes cantidades de CO2 de la atmósfera no ha sido demostrada en ninguna parte.

Estados Unidos y China invierten en geoingeniería. Es muy preocupante que Estados Unidos y China, los dos mayores emisores de GEI globales, en su declaración conjunta a la COP26 incluyeron la cooperación para “el despliegue y aplicación de tecnologías como captura, uso y almacenamiento de carbono y captura directa de aire” (CAC y CAD). ( https://tinyurl.com/9rd3w49h)

Esas técnicas de geoingeniería demandan enormes cantidades de energía, agua y ocupación de tierras, por lo que tomadas en su ciclo completo producen más gases de efecto invernadero (GEI) que los que dicen “capturar”. La llamada captura directa de aire se hace con grandes ventiladores que filtran aire y separan el CO2 con solventes tóxicos. Este CO2 se podría volver a usar en combustibles u otros productos, o inyectarlo en fondos geológicos terrestres o marinos, como pozos petroleros ( https://tinyurl.com/253hapnv). Más del 85 por ciento de los proyectos de captura y almacenamiento de carbono planean inyectar ese CO2 para extraer reservas profundas de petróleo que antes no podían acceder, lo que resulta en mayor extracción de petróleo y nuevas emisiones. Con otros usos intermedios, o emiten más gases de los que dicen capturar o solo posponen por un corto tiempo la re-emisión.

Ambos procesos demandan nueva infraestructura, materiales, transportes y conllevan riesgos de contaminación tóxica: el CO2 concentrado y líquido es tóxico para la vida humana, animal y vegetal, los solventes son tóxicos, etc. La alta demanda de energía resulta en el uso de más combustibles fósiles o de energía nuclear —altamente riesgosa y con desechos radioactivos que persisten miles de años— o en una competencia por el uso de energías renovables que no existen en cantidad suficiente y son necesarias para actividades que eviten las emisiones existentes, no para contrarrestar nuevas.

Es significativo que los principales inversores de ambas tecnologías son grandes petroleras, automotoras y mineras como Chevron, Exxon, Occidental, BHP Billiton, Shell, Total, Volkswagen, que esperan así justificar la explotación petrolera y recibir más subsidios públicos y nuevas ganancias en mercados de carbono, al clasificarlas como tecnologías climáticas. (https://tinyurl.com/2djxf94v)

El concepto “cero emisiones netas” es una trampa letal, una coartada para que los contaminadores del clima y el ambiente no cambien nada y hagan nuevos negocios. Malgasta el poco tiempo que tenemos para enfrentar realmente la crisis climática y promueve las riesgosas técnicas de geoingeniería.

– Para descargar el artículo en PDF, haga clic en el suguiente enlace: Las trampas del “cero neto”… (441,30 kB)

 

16 febrero 2022

Notas:

[1] Para una lista detallada de las tecnologías y sus impactos, ver Geoingeniería: El gran fraude climático, Biofuelwatch, Fundación H.Boell y Grupo ETC, 2019.

Publicado originalmente en Revista Biodiversidad, sustento y culturas #111

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Martes, 15 Febrero 2022 04:46

Por la belleza

Por la belleza

“¿Qué tipo de tiempos son estos donde/Hablar de los árboles es casi un delito/Porque implica silencio sobre tantos horrores?” Bertolt Brecht.

El clima se deteriora anunciando un fin de la vida en el planeta y todos lo saben y los políticos dicen que hacen algo, pero todos saben que no es suficiente, ni cerca (para citar a Greta: bla, bla, bla). A la vez, estamos viendo a varios poderes nucleares bailando una especie de coreografía absurda y obscena, con Washington y sus aliados pretendiendo ser los guardianes del "bien" batallando contra las fuerzas del "mal", en un baile verdaderamente infantil. Por otro lado, se acaba de descubrir que el gobierno (la CIA en este caso) sigue espiando en forma masiva a los estadunidenses mucho después de que Edward Snowden alertó al mundo sobre esto y, por ello, está exiliado de su país. Mientras, van más de 900 mil muertos de covid y por alguna razón no provoca gran furia que la mayoría de estas muertes eran evitables; todo mientras los más ricos incrementaron sus fortunas en 70 por ciento desde el inicio la pandemia, y ahora los tres multimillonarios más ricos concentran más riqueza que 50 por ciento de la población. ¿Todo normal?

Más: las locuras de la ultraderecha dominan las noticias, empezando con un ex presidente que violó la Constitución, impulsó un intento de golpe e incita a la violencia armada, y quien se robó de la Casa Blanca documentos oficiales secretos que son propiedad pública, algunos de los cuales destrozó con sus manos y otros con lo que tapó el inodoro en la Casa Blanca; todo, por ahora, sin tener que rendir cuentas a nadie. Ese bufón peligroso junto con otros políticos más decentes siguen nutriendo cada vez mayor cinismo público sobre eso que llaman democracia. En el fondo, todos saben –se ha registrado por años en las encuestas– que el gobierno en general no refleja ni representa los intereses de las mayorías, lo cual acelera esa erosión de credibilidad pública en las llamadas instituciones democráticas. La concentración extrema del poder económico y por lo tanto político que ha llegado a niveles sin precedente en un siglo en este país, ha llevado a que algunos concluyan que esto –el "faro de la democracia"– se parece cada vez más a una oligarquía.

“Los que son dueños de este país… es un gran club, y tú y yo no estamos en él”, recordaba el gran cómico George Carlin. “Los dueños de este país saben la verdad: el sueño americano se llama así porque uno tiene que estar dormido para creérselo” ( https://www.youtube.com/watch?v=KLODGhEyLvk ).

Tal vez todo es un juego. El presidente y todos sus hombres y mujeres junto con grandes intelectuales, analistas, líderes conservadores, centristas, liberales y hasta izquierdistas alertan respecto de que la democracia estadunidense está al borde de caer en el abismo ante amenazas de más intentos de golpes de Estado y hasta guerra civil. Tienen razón en los hechos. Pero tal vez es hasta peor que al sonar esa alarma no hay por ahora una respuesta masiva para defender a la democracia; nadie está saliendo a las barricadas. Más aún, muchos de los mismos que alertan durante el día sobre la crisis existencial de la democracia no cambian ni sus planes de cena. ¿No que era emergencia?

Este torbellino de la vida cotidiana en Estados Unidos que los periodistas estamos obligados a reportar, no es la nota completa, ni necesariamente la más importante. Por supuesto hay rebeliones, denuncias, actos nobles de resistencia y esperanza. Todos los días. En casi todas partes.

También hay belleza en todas sus dimensiones, en bailes, conciertos, teatro y otras artes, como invitaciones a la solidaridad y a la desobediencia contra lo feo y abrazos a la esperanza. Pero a veces, reportar esas cosas, aunque tal vez lo más esencial, puede parecer irrelevante, ¿otra víctima de esos tiempos? Recuerda el lamento de Camus: "Hemos exiliado la belleza; los griegos tomaron armas por ella".

Mientras aprendemos a ser griegos para rescatar la belleza, no hay de otra más que quedarnos con eso que también dijo Brecht: "Quien lucha podría perder, pero quien no lucha ya perdió".

Bruce Springsteen. Living in the Future. https://www.youtube.com/watch?v=I6x06jXRD70

Calle 13. Los idiotas. https://www.youtube.com/results?search_query=los+idiotas+calle+13

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¿Por qué es importante el litio para los saqueadores de Chile?

El miércoles se anunció la adjudicación de 160 mil de las 400 mil toneladas del llamado "oro blanco" que Piñera a poco de terminar su mandato, puso en licitación. La Izquierda Diario de Chile (parte de la Red Internacional) entrevistó al Biólogo Ambiental y Magister en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable Domingo Lara, quien explica la importancia mundial que tiene ese mineral y quienes son los saqueadores de la riqueza natural de ese país.

 

Chile tiene la mayor reserva mundial de este mineral, fundamental para diversas áreas productivas, sobre todo la electromivilidad. En sus últimos meses de gobierno, Piñera abrió una licitación para que los saqueadores de siempre de las riquezas naturales del país trasandino sigan beneficiándose.

¿Por qué genera tanto interés la extracción del litio en Chile?

Actualmente, Chile representa el 32 % de la producción global del Litio y posee la mayor reserva mundial ubicada en el Salar de Atacama, dentro de una cuenca en el desierto más árido del planeta, junto a Argentina y Bolivia forman el denominado Triángulo del litio.

El litio juega un rol fundamental para el desarrollo tecnológico principalmente para la elaboración de baterías, lo que, en el boom del uso de autos eléctricos, como respuesta ante los autos convencionales, como una tecnología limpia de emisiones de dióxido de carbono, amigable frente al cambio climático, pero detrás se esconde un gran negocio y la destrucción de un ecosistema único, como son los salares.

Esta perspectiva de electromovilidad ha generado un aumento creciente del precio del litio, durante 2020 cerca de dos tercios del litio fue utilizado en la fabricación de baterías de ion-litio. El Bank of American pronostica que el llamado oro blanco se cotizará en US$ 25.550 la tonelada en 2022, con un incremento de 61,5%.

Las principales empresas responsables de la extracción del litio en Chile son SQM y Albemarle. La primera, obtuvo ganancias por US$ 263,8 millones al tercer trimestre del 2021, lo que es un incremento de 170,5% en relación con el año pasado, esta empresa además es célebre por su rol en el financiamiento ilegal de la política y por ser del yerno de Pinochet Ponce Leru. Todo este mega negocio implica un enorme impacto social, ambiental y cultural sobre las comunidades y las condiciones.

¿Cuál es el impacto sobre el ecosistema, en particular sobre el agua?

La cuenca del Salar de Atacama donde está la principal reserva de litio del planeta, para obtenerlo se utiliza un método de extracción de salmuera y evaporación de grandes cantidades de agua en un ecosistema frágil, donde se combinan agua dulce en su margen este y un núcleo hidro salino, donde se encuentra la salmuera. De esta cuenca se extraen casi 2000 litros por segundo de agua en forma de Salmuera y sumado a alrededor de 2000 litros por segundo de agua fresca, afectando el ecosistema. Esto lo hace la gran minería SQM, Albemarle en el litio, pero también Minera Escondida y Zaldívar, extraen agua dulce.

Pese a que hay varias zonas que tienen reconocimiento por su importancia ambiental, Reserva Nacional Los Flamencos, Sistema Hidrológico de Soncor (sitio Ramsar), Valle de la Luna (santuario de la Naturaleza), sólo hay un área bajo Protección Oficial perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado, que es la Reserva Nacional Los Flamencos. Este sitio posee una superficie de 20.806 hectáreas, equivalentes apenas al 1,3% de la cuenca, hábitat de Parinas, (flamencos).

El núcleo del salar es un sitio que es considerado único por su ecología microbiana, que habita la costra salina, en condiciones que son producto de millones de años de evolución, que con el impacto hídrico y la intervención extractivista se dañan de forma irreversible.

El agua también ha significado un impacto cultural y social para los pueblos que habitan alrededor del Salar, su agricultura y necesidades hídricas básicas, se han visto mermadas, y los habitantes originarios, Licanantay han visto afectado su modo de vida, se ha sembrado la desigualdad y dañado sus prácticas ancestrales.

¿Cuál ha sido la política frente a esta situación de los distintos gobiernos y qué opinas de la respuesta del presidente electo Gabriel Boric frente a esta problemática?

Todos los gobiernos post dictadura lo único que han hecho es fomentar el saqueo, si bien hay impuestos y ciertas regulaciones, son finalmente las propias empresas extractivistas las que monitorean las variables ambientales.

Ya es más que conocido el rol de SQM en el financiamiento ilegal de la política, con implicados tanto de la derecha como de la ex concertación, el simple hecho de que esta empresa la maneja el yerno de Pinochet ya es algo que muestra la impunidad con la que se actúa.

En el Caso del próximo gobierno de Boric, si bien hay mucha gente que tiene expectativas, estas se han venido desinflando porque el mismo Boric y su equipo se han encargado de hacerlo, y es que su propio encargado de minería afirmó que no se puede hacer nada contra la licitación.

Pero el problema de fondo es que su proyecto de campaña de una empresa nacional del litio, sin expropiar parte de las actuales cuotas de extracción y sin cambiar la relación con las comunidades y sus trabajadores, donde sean estos actores quienes decidan sobre la producción y la protección del salar, es sumar un actor más a la depredación ambiental.

¿Es reversible esta situación, se puede hacer algo ante esto?

Hasta ahora tanto el Frente Amplio, el Partido comunista y la ex Concertación han decretado medidas para revertir esta licitación, dijeron que la oposición insistiría por vía judicial, con un recurso de protección, por vía administrativa a contraloría y por la vía legal con el proyecto de ley del Partido Comunista y la Democracia Cristiana.

El problema es que la única fuerza que puede frenar esto, es la organización de las comunidades y los trabajadores, así como se paró HidroAysén en el Sur, o como se ha protestado contra diversos proyectos extractivistas, esta es la vía que realmente permitirá no solo frenar esta licitación si no avanzar en el anhelo de nacionalizar el litio y que sean las comunidades y los trabajadores quienes decidan cómo proteger el salar sin ningún tipo de chantaje económico, al servicio de esto debemos estar quienes nos preocupa el medio ambiente y hemos estudiado el salar.

Es un buen símbolo que en la convención, más de 15 mil personas apoyaron la iniciativa de norma de la nacionalización del litio el cobre y el oro, pero es fundamental pasar del debate a lograr cambiar realmente esta situación y para esto debemos organizarnos.

Viernes 14 de enero

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