La carrera por el control de la inteligencia artificial

Black Mirror, serie británica de televisión, se ha convertido en un análisis y referente distópico sobre cómo la tecnología ha afectado nuestra vida. A través de sus capítulos podemos reflexionar sobre las interacciones que construimos como sociedad y, al mismo tiempo, la relación que entablamos con la inteligencia artificial (IA).

Partiendo de lo anterior debemos reconocer que, en ocasiones, la realidad supera a la ficción. Por ejemplo, desde 2015, el gobierno chino ha trabajado en un proyecto de videovigilancia social llamado Skynet, por el cual las autoridades monitorean en tiempo real, así como un registro de información sobre cada uno de los ciudadanos, construyendo con cada dato recolectado la estrategia de prevención en seguridad pública.

De acuerdo con el gobierno chino, Skynet cuenta con más de 20 millones de cámaras de seguridad repartidas por todo el país que graban calles, parques y edificios; están equipadas con un sistema de reconocimiento facial. El país asiático afirma que, gracias a este programa, miles de fugitivos han sido detenidos y que han recuperado millones de dólares procedentes de la lucha contra la corrupción.

Tomando en consideración estas inversiones por China, cabe destacar que en el siglo XXI es claro que la inyección de capital económico y el desarrollo en IA están modificando los aspectos geopolíticos y de seguridad nacional a escala mundial; incluso líderes como Vladimir Putin han declarado que la IA "es el futuro para la humanidad", detallando que "ofrece oportunidades colosales; pero también amenazas difíciles de predecir" y que "quien sea capaz de ganar esta carrera, tendrá el liderazgo".

Pese a que Estados Unidos continúa siendo el líder global en este ámbito, el Departamento de Defensa ha señalado que firmas chinas se han convertido en inversoras claves dentro de empresas estadunidenses que se especializan en tecnologías con potenciales aplicaciones militares; el departamento hizo hincapié en que los CEO y dueños de estos conglomerados tienen conexiones con líderes chinos.

Es por lo anterior que luego de que las agencias de inteligencia de EU identificaron estos riesgos, desde 2018, el Departamento de Defensa comenzó a acelerar sus esfuerzos en adoptar planes de IA, buscando destinar millones de dólares de su presupuesto anual para crear una nueva oficina encargada en el desarrollo de proyectos en la materia, e incluso enfocándose en construir alianzas con investigadores dentro de Silicon Valley.

En febrero 2019, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó la orden ejecutiva sobre IA, por medio de la cual buscó que la nación estadunidense mantuviera el liderazgo internacional en ese ámbito, indicando que los cinco ejes prioritarios de la estrategia eran: el financiamiento en investigación y desarrollo por las agencias federales; la disponibilidad de información y recursos de cómputo federales para los investigadores e industrias de IA; el establecimiento de estándares para lograr que la IA sea segura y confiable; la formación de fuerza laboral, y un compromiso con países aliados para proteger la tecnología ante adversarios.

Hoy, frente a un mundo que se reconfigura, si Estados Unidos quiere continuar liderando el ámbito de la inteligencia artificial, es urgente que los responsables de la formulación de políticas públicas relativas comiencen a coordinarse para impulsar la inversión necesaria, porque no debemos dudar de que una de las grandes fortalezas de ese país es la innovación y la generación de conocimiento. Por ello es tiempo de que los dirigentes estadunidenses aborden los nuevos retos con una mirada en un futuro en el que las fronteras entre el mundo físico y el virtual se han ido desvaneciendo.

Por Simón Vargas Aguilar, analista en temas de seguridad, justicia, política y educación.

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Estados Unidos. "La rebelión de una generación de trabajadores está en marcha

A partir de hoy, la relación de fuerzas en la lucha de clases en Estados Unidos parece haber cambiado ligeramente.

¿Lucha de clases? ¿Qué lucha de clases? Más bien una interminable y unilateral guerra relámpago. Las grandes y pequeñas empresas, las corporaciones y las empresas de capital privado, los accionistas y los empleadores han estado apaleando a los trabajadores durante décadas. La oposición feroz y unificada del empresariado estadounidenses a reconocer a sus trabajadores y trabajadoras un mínimo de poder ha sido la base de la vida económica estadounidense durante los últimos 40 años. Pero puede que eso haya cambiado a partir de ahora.

El recuento final de los votos para constituir un sindicato en la JFK8, el gigante almacén de Amazon en Staten Island, ha dado que un resultado favorable de 2654 frente a 2131 [con 67 abstenciones]. La empresa más rica, poderosa y aparentemente indispensable de Estados Unidos perdió frente a una coalición espontánea de trabajadores y trabajadoras que hizo campaña sin afiliación ni ayuda de ningún sindicato existente. Está claro, que hay una nueva generación en movimiento[1].

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Los rumores venían de lejos, pero hasta hace poco se limitaban a sectores privilegiados de la economía. El hecho de que las y los trabajadores jóvenes se hayan llevado la peor parte del disfuncionamiento económico de Estados Unidos quedó claro desde la crisis de 2008. El deseo de que el capitalismo estadounidense tendría que transformarse radicalmente si querían obtener alguna seguridad económica se expresó claramente en su apoyo a Bernie Sanders en 2016 y 2020, así como en su entusiasmo por Alexandria Ocasio-Cortez en 2018. El año pasado, en la encuesta de Gallup, se mostraron a favor de los sindicatos en un 77%; un porcentaje superior al del conjunto de las personas encuestadas (68%); se trata, a su vez, del mayor porcentaje a favor de los sindicatos en los últimos 50 años.

Pero la dirección podría consolarse aún pensando que los restos de la Ley Nacional de Relaciones Laborales, que ya no protege a los trabajadores sindicados de ser despedidos (es ilegal, pero es una ilegalidad por la que ningún empleador ha sufrido consecuencias significativas en el último medio siglo), le permitiría echar por tierra las campañas a favor de sindicalizarse, independientemente de la voluntad de las y los asalariados por sindicarse. Es así como ha venido funcionando el mundo empresarial estadounidense desde principios de los años 80, con una práctica ilegal tan desarrollada que la mayoría de los sindicatos renunciaban a organizar campañas de sindicación en las empresas.

Sin embargo, en los últimos dos años, los trabajadores y trabajadoras que pensaban que sus habilidades particulares les protegía de ser  despedidos, comenzaron a sindicalizarse (para un puñado de trabajadores verdaderamente indemnes y establecidos -atletas profesionales, actores de cine, pilotos de aerolíneas- esto ha sido así incluso en los años de vacas flacas). En los últimos años, los periodistas y quienes conforman los llamados grupos de expertos, así como profesores asistentes y ayudantes de investigación, o animadores y el personal de los museos se han sindicado en masa. Se trata de una revuelta de las y los profesionales, a la que se han unido los millennials [Generación Y, nacidos en los años 80 y 90], que disfrutan al menos de cierta seguridad laboral, y los miembros de la Generación Z [nacidos a finales de los 90 y principios de los 2000], que no pueden ser sustituidos. A principios de esta semana, las y los estudiantes universitarios que trabajan en los comedores del Dartmouth College votaron, en una elección supervisada por la NLRB (Junta Nacional de Relaciones Laborales) a favor de fundar un sindicato. La votación fue de 52 a 0.

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En los últimos meses, sin embargo, la revuelta se ha extendido a los millennials que no son profesionales, a quienes los empresarios podrían sustituir fácilmente. Y lo que es más importante, la revuelta se ha extendido a los camareros y camareras de Starbucks, una mano de obra desproporcionadamente joven y formada, pero sujeta a los caprichos de horarios y a las amenazas de despido que despliega la dirección. Y sí, Starbucks ha cultivado una imagen de empresa bondadosa, que no podía arriesgarse a empañar demasiado públicamente, aunque ha jugado el clásico juego de las empresas: amenazas implícitas transmitidas en reuniones antisindicales obligatorias y similares cuando pensaba que nadie le prestaba atención.

Pero las y los empleados de Starbucks ganaron en suficientes establecimientos como para que hoy en día, miles de baristas en cientos de tiendas hayan solicitado la sindicalización.

Pero Starbucks no es Amazon. Y Amazon dejó claro en Bessemer, Alabama, y en todas partes en las que su organización del trabajo fuera cuestionada, que su personal de almacén es sólo un mal necesario hasta que la empresa pueda robotizar toda su plantilla. Con su forma de actuar, Amazon ha dejado claro que no hay ningún problema con que la rotación anual en sus almacenes supere el 100%, que de hecho los puestos de trabajo están diseñados para provocar una tasa de rotación anual superior al 100%. La empresa quiere que sus trabajadores y trabajadoras se vayan; esta es una alternativa mucho mejor que la de quedarse y luchar.

Además, Amazon es la segunda mayor empresa empleadora del sector privado en el país, después de Walmart, la campeona del antisindicalismo. Hasta hace poco, la idea de que un trabajador o trabajadora de los almacenes de Amazon votara para afiliarse a un sindicato era prácticamente impensable. Pero ahora se ha pensado y se ha hecho.

Con esa victoria, se han roto muchas de las reglas estándar tanto de la sindicalización como del antisindicalismo, lo que sugiere que está ocurriendo algo más profundo en el mundo del trabajo. Reflexionemos un poco. Los trabajadores del Sindicato de Trabajadores de Amazon (ALU) que se encargaron de la organización del referéndum para constituir un sindicato] -recuérdese que ningún sindicato les proporcionó activistas profesionales; los líderes activistas fueron los propios trabajadores- sólo consiguieron las firmas del mínimo de trabajadores legalmente requerido para convocar la votación, que fue el del 30% [de la plantilla]. Prácticamente ningún sindicato celebra unas elecciones si no cuenta con las firmas del 70% de las y los trabajadores, porque prevén que las amenazas y la oposición de la empresa harán que esa cifra disminuya en el momento de la votación.

[Con esta votación] también se pone en cuestión la eficacia de la amenaza de la dirección de despedir a quienes reclaman su opinión sobre las condiciones de trabajo. En este sentido, la situación del mundo empresarial parece reforzar el valor de las y los empleados. [Actualmente] el número de personas empleadas que abandonan sus puestos de trabajo es el más alto de todos los tiempos. Muchas empresaras están desesperadas por contratar, lo que ha hecho subir los salarios en las habitualmente bulliciosas ciudades que intentan recuperar su dinamismo.

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Es el caso de Nueva York, donde Amazon se ha visto obligado a subir los salarios para mantener a los trabajadores y trabajdoras que tiene, si bien otras empresaras los han subido aún más. No es así, debo añadir, en Bessemer, Alabama, donde el salario de Amazon supera al de otras empresas que ofrecen empleos locales comparables. Sin embargo, incluso en Bessemer, el resultado de la segunda votación sobre la sindicalización -después de que fracasase la primera - sigue siendo demasiado ajustado [a 31 de marzo] y se decidirá mediante el recuento de las papeletas en disputa. Esto tampoco tiene precedentes; la segunda votación no suele cambiar mucho respecto a la primera.

Además, en Amazon podrían aprender del ejemplo de Starbucks: como ellas, son personas sometidas a las tensiones e indignidades del un sistema salarial ordinario, sin sindicatos, pero que superaron la oposición de la dirección para ganar el derecho a sindicarse en uno, luego en dos, luego en tres locales, y que, sin inmutarse, hicieron campaña a favor de la sindicación en cientos de otros. Si es posible en Starbucks, ¿por qué no en Amazon?

Y ahora, si es posible en Amazon, ¿por qué no en otros lugares? A veces, una sola victoria puede desencadenar una ola de victorias. Eso es lo que ocurrió en 1937, cuando la gran huelga de brazos caídos de la UAW (United Auto Workers) en las plantas de General Motors en Flint, Michigan, les hizo ganar un contrato con General Motor e inspiró a docenas de campañas similares y cientos de campañas de organización exitosas en todo el país.

Por supuesto, los trabajadores de Staten Island del almacén JFK8 de Amazon tienen ahora que negociar un contrato con su obstinada empresa (aunque el nuevo régimen de la Junta Nacional de Relaciones Laborales parece decidido a penalizar a las empresas que dan largas con la esperanza de que los trabajadores y trabajadoras se rindan). Hace casi 20 años, la plantilla de una tienda de Walmart en Quebec votó a favor de la sindicalización y al cabo de seis meses la empresa cerró la tienda. Pero Amazon, en virtud de sus compromisos de entrega en un día, simplemente no puede cerrar grandes almacenes que emplean a miles de personas en las principales ciudades donde viven muchos de sus clientes. Al contrario, la empresa necesita más infraestructura, no menos. La ubicuidad de Amazon le obliga a emplear una mano de obra que exige algo más por su trabajo.

Así que tal vez, sólo tal vez, la división económica y política entre la América urbana y la rural tiene hoy una nueva dimensión. Tal vez los millones de trabajadores y trabajadoras de servicios, del comercio minorista, de la cadena de suministro, de la hostelería y de la restauración de las ciudades se sientan no sólo lo suficientemente enfadadas, sino también lo suficientemente seguras como para hacer lo que están haciendo sus colegas de Starbucks y de Amazon, y organizarse en un sindicato. Por supuesto, esta sensación de seguridad podría desvanecerse si la Fed sube los tipos de interés lo suficiente como para detener el auge de la contratación en las ciudades. En las zonas fuera de las grandes ciudades de EE UU, donde los buenos empleos siguen siendo escasos, todavía es difícil imaginar que ocurra esto, pero en las ciudades, los trabajadores y trabajadoras de Starbucks y Amazon han mostrado el camino.

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Sin embargo, no puedo evitar pensar que esto podría presagiar el ascenso no sólo de un sector de la población activa, sino de una generación, cuya actitud política es al menos tan izquierdistas como las de cualquier otra generación en la historia de Estados Unidos. Los asalariados y asalariadas organizadores del último gran impulso sindical en el sector privado, los organizadores del CIO (Congreso de Organizaciones Industriales) que en los años 30 construyeron el único movimiento obrero verdaderamente poderoso que hemos visto en este país, eran también desproporcionadamente jóvenes. Los hermanos Reuther (socialistas) y Bob Travis (comunista), que ayudaron a dirigir la huelga de brazos caídos de la UAW, eran veinteañeros. Chris Smalls, el principal organizador del JFK8 en Staten Island, tiene treinta años; las y los camareros que dirigen las campañas de Starbucks son igual de jóvenes.

Cuanto antes desarrollen sus funciones de liderazgo trabajadores como éstos, ya sea dentro del movimiento sindical existente o en nuevos sindicatos que puedan surgir junto a los antiguos, mejor. Algunos sindicatos existentes -como el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), que apoya a las y los camareros de Starbucks y ha liderado la lucha por un salario mínimo de 15 dólares durante la última década- pueden ser más receptivos a dicha transformación. Otros pueden ser más desconfiados. Estoy pensando en la UAW, que, incapaz de organizar las fábricas de automóviles no sindicalizadas del sur de Estados Unidos, recurrió a la organización de los campus universitarios, y ahora se encuentra con que casi una cuarta parte de sus miembros son estudiantes graduados.

Ahora bien, [el ejemplo de] Staten Island nos dice que algo ha cambiado. Si se toman en cuenta los agravios que han estado latentes durante mucho tiempo en una generación y las sensibilidades políticas de algunos de sus miembros, y se le añaden (por ahora)  los sectores favorables [a la sindicación] en el mercado de trabajo en las ciudades estadounidenses, y relación de fuerzas que ha regido los lugares de trabajo y las vidas de las y los estadounidenses durante los últimos 40 años se podría ver alterada. Por el bien del país, esperemos que así sea.

1/94/2022

Por Harold Meyerson

9 abril 2022

Fuente: Al'Encontre

Notas:

[1] ] Un informe del New York Times del 2 de abril ofrece una visión de la brutalidad con la que la dirección de Amazon han combatido a los activistas sindicales. Amazon ha creado un equipo de combate completo, que incluye guardias de seguridad militares y especialistas en vigilancia, para acabar con la campaña de sindicalización. El primer objetivo del ataque fue Christian Smalls, que fue despedido con un pretexto, justo cuando se estaba produciendo el primer movimiento de organización; fue por la cuestión de la salud en el momento del covid. Christian Smalls pudo apoyarse en un amigo, Derrick Palmer -que había conservado su trabajo-, y organizando una verdadera red de contactos, mediante vídeos en TikTok, multiplicaron los vínculos con los empleados, en un almacén que funciona 7 días a la semana, 24 horas al día; JFK8 tiene 8000 personas empleadas. Por ejemplo, organizaron lugares de encuentro antes de que la gente volviera a casa al amanecer, con carteles que decían "Hierba y comida gratis", y los trabajadores inmigrantes llevaban sus especialidades culinarias. Christian Smalls explica: "Empezamos sin nada, con dos mesas, dos sillas y una carpa”. Recibieron una pequeña ayuda de los sindicatos. Por el contrario, según el New York Times, "Amazon gastó más de 4,3 millones de dólares sólo en consultores antisindicales en todo el país, según documentos federales [nde].

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Una persona camina por un terreno reseco y agrietado. Kuro_VN

Crisis ecológica y social

 El último IPCC completo menciona 28 veces la palabra ‘decrecimiento’, pero lo hace en cero ocasiones en el resumen para políticos

 

El expediente de la vergüenza. Este informe es una letanía de promesas climáticas incumplidas. Sin una reducción rápida y profunda de las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores, será imposible evitar el desastre climático al que nos dirigimos por la vía rápida. Las y los activistas climáticos a veces son representados como radicales peligrosos, pero los radicales verdaderamente peligrosos son los países que están aumentando la producción de combustibles fósiles. Estas declaraciones –que podrían pertenecer a cualquier portavoz de un movimiento social– son solo algunas de las frases más contundentes que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha proclamado a raíz de la oficialización de la última parte del informe climático más importante del mundo, el del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

En esta ocasión se trata del grupo III. El encargado de proponer un plan concreto de mitigación, es decir, de reducir emisiones y buscar soluciones viables (tecnológicas, económicas y sociales) a la mayor crisis a la que se ha enfrentado el ser humano. La ciencia nunca había sido tan clara: hemos de reducir drásticamente las emisiones para tener oportunidades de mantener la estabilidad climática que nos permite vivir en este planeta. Pero el resumen para políticos y gestores (el SPM, por sus siglas en inglés), que será lo único que lea la inmensa mayoría de responsables políticos y líderes empresariales de las más de 2.900 páginas del informe, no está a la altura de la ciencia que lo respalda, ni del desafío que suponen el cambio climático, la crisis ecológica y la transición energética. Este documento es lo único que no es estrictamente científico, el protocolo establecido por las Naciones Unidas permite que los países, presionados en muchas ocasiones por sus lobbies empresariales, planteen cambios y negocien línea a línea el contenido de este documento. Estamos sin duda ante la parte del informe en la que más se muestra la duplicidad de almas, las luces y sombras, el verdadero carácter –extremadamente bipolar– del proceso de redacción del IPCC.

Tras una última fase de revisión del informe, que se alargó varios días más de lo esperado y llegó a retrasarse su publicación debido a la pugna por modificar el resumen, una cosa queda clara y cristalina: el maquillaje que efectúan los lobbies y gobiernos al resumen del informe durante el proceso –documentado también por la BBC– es desgraciada e incuestionablemente real, y la rebelión de una parte de la comunidad científica ante esta situación no solo está más que justificada, sino que, vista la inacción, es imprescindible para tratar de solucionar la situación.

Hace unos meses, gracias a un colectivo de científicos y científicas rebeldes (Scientist Rebellion), logramos publicar la filtración del primer borrador de este grupo III y el impacto internacional fue inmediato –The Guardian, Der Spiegel, CNBC, la Universidad de Yale…–. Decenas de medios de más de 35 países se hicieron eco del mensaje de alerta roja documentado por el IPCC. 

Para titular los artículos, los periodistas solían elegir entre dos de las perlas que incluía ese primer borrador, que solo la mano de los científicos y científicas había tocado. Una de ellas, que las emisiones debían tocar techo en 2025 y descender rápidamente, se mantiene intacta en la versión final de este resumen para políticos. El otro gran titular, que todas las plantas de gas y carbón existentes deberían cerrar en aproximadamente una década, ha desaparecido por completo del resumen.  

Pero no es lo único que ha cambiado. Comparando ambas versiones, las sorpresas son mayúsculas. Hemos encontrado multitud de ejemplos de cambios que suavizan un informe que, si de algo peca de entrada, es de una gran moderación. Y sobre todo, si algo ha cambiado, es el mundo. Los trabajos analizados en el compendio tienen una fecha máxima: octubre de 2021. Desde entonces hemos sufrido los primeros shocks graves de una crisis energética y de la cadena de suministros que venía larvándose desde hace años. Ha dado comienzo una guerra que ha cambiado la política y la economía quizá para siempre, y cada vez más voces alertan de que estamos a las puertas de una gran crisis alimentaria. Cuando todo se acelera, la vigencia de los análisis se vuelve aún más efímera. 

Probablemente este es el último gran trabajo del IPCC que llega a tiempo de orientar a nuestras sociedades para maniobrar y evitar el descalabro. Hay quién cree que la dirección que se marca en el informe es clara, pero leyendo el resumen para responsables de políticas, la sensación que nos transmite es más bien la de una civilización que se tambalea inestable mientras va dando bandazos. Una civilización que se sostiene gracias a un petróleo cada vez más escaso, que hay que ir abandonando progresivamente, y a un glaciar que está en fase de deshielo cada vez más acelerada. Tanto la estabilidad climática como la energética dependen de que seamos capaces de aceptar esta situación.

En el proceso, entre la versión del resumen filtrada en agosto y la finalmente publicada, los cambios más destacables son los siguientes:

– Desaparece la mención al cierre de las plantas de gas y carbón en una década. Los lobbies de la industria fósil han logrado rebajar el tono general del resumen dirigido contra su propia industria. Se sabe que el retraso en la publicación del informe ha sido principalmente por esta razón. Países interesados –destaca el rol de Arabia Saudita– presionaron para eliminar esta recomendación.

– Se rebaja el tono respecto a la responsabilidad del 10% más rico. En el resumen filtrado se apuntaba que contaminan 10 veces más que el 10% más pobre.

– Desaparecen muchas de las alusiones a las emisiones directas de la aviación, la industria del automóvil y el consumo de carne. De hecho la palabra “meat” desaparece del nuevo resumen. Estas emisiones quedan reflejadas en el recién publicado informe asociadas a otras del sector y por tanto queda diluida su importancia. 

– En el primer borrador se alertaba respecto a los “intereses creados” como uno de los factores que imposibilitaban el avance de la transición energética. Esa mención, que sí aparece en el informe, ha caído del resumen, víctima, precisamente, de esos mismos intereses creados que presionan a los gobiernos. ¿Quién dice que no hay poesía en los informes científicos?

– Se elimina una de las frases que más enfrentaba el tecno-optimismo absolutamente predominante en el informe: “el coste, el rendimiento y la adopción de muchas tecnologías individuales ha progresado, pero las tasas de despliegue e implementación global del cambio tecnológico son actualmente insuficientes para alcanzar los objetivos climáticos”. Una afirmación que chocaba de lleno con la lógica de los mercados de carbono voluntarios y las grandes empresas.

– Sobre el mecanismo de la Captura y Secuestro de Carbono: Arabia Saudita, de nuevo, junto con otros países como Reino Unido, han pugnado por fortalecer este polémico punto que les permite seguir como si nada pasara, demostrando una absoluta frivolidad. El tecno-optimismo imperante cree que una tecnología por desarrollar vendrá mágicamente al rescate y permitirá incluso “seguir usando combustibles fósiles”. Se ha introducido mucho material sobre estas tecnologías para justificar la idea de las cero emisiones netas que no tiene apenas base científica, y que, sin embargo, sostiene la tesis central del informe 

– Desaparece del resumen cualquier tímida mención a los problemas con los materiales necesarios para la transición energética, que son indispensables para el desarrollo de las renovables, las baterías o el coche eléctrico. En el primer borrador estaba presente.

– Desaparece también la mención a la democracia participativa como una de las herramientas principales para desatascar y acelerar una transición para la cual ya no hay apenas tiempo.

– Desaparece por completo el punto que hacía referencia a que “los ambiciosos objetivos de mitigación y desarrollo no pueden alcanzarse mediante cambios graduales”. El maquillaje se ceba con las referencias que buscaban resaltar que no basta con cambios individuales y paulatinos.

Afortunadamente, analizando el informe completo –libre de presiones–, sí podemos encontrar un camino que nos dirige nada más y nada menos que a una revolución de nuestros sistemas energéticos y socioeconómicos, dejando entrever la emergente apuesta de una parte de la comunidad científica por el decrecimiento. Es el único camino que nos queda para atajar las múltiples emergencias en las que nuestras sociedades están inmersas. 28 veces se menciona la palabra “decrecimiento” –cada vez menos tabú– en el informe completo, frente a cero en el resumen para políticos. La frase que hacía referencia al carácter insostenible de la sociedad capitalista también se mantiene demostrando la impecabilidad del informe. 

Por primera vez, el IPCC se hace eco de lo que la sociedad civil lleva años advirtiendo, y alerta, en sus capítulos 14 y 15, sobre el obstáculo que entraña el Tratado de la Carta de la Energía (TCE) y su mecanismo de resolución de controversias inversor-Estado (ISDS) para el desarrollo de políticas de mitigación del cambio climático. Y es que, tras haber pasado desapercibido durante tres décadas, hoy en día este acuerdo internacional para el sector energético continúa protegiendo las inversiones en combustibles fósiles y permitiendo que inversores y multinacionales –precisamente aquellos que nos han abocado a esta encrucijada– puedan demandar a los Estados cuando consideran que han legislado en contra de sus intereses económicos, presentes o futuros. Los números hablan por sí solos: sólo en Europa la infraestructura fósil protegida por el tratado asciende a 344.600 millones de euros. 

La pregunta es ¿podemos abandonar los combustibles fósiles sin antes abandonar el TCE? Y, ¿por qué no se ha incluido en el resumen para políticos? 

Llegados a este punto, ya no basta con incluir menciones valientes en informes cuyos resúmenes son después diluidos por los lobbies. No solo es normal que una parte de la comunidad científica se rebele y pase a la acción: es más que deseable. Es justo lo que necesitamos para provocar un debate que parecemos evitar. Este debate, el elefante en la habitación, es que necesitamos cambiar el modelo socioeconómico, y rápido. Necesitamos actuar, arriesgar, para quizá, con suerte, inspirar a la sociedad a que se vuelva a movilizar. Necesitamos abandonar los combustibles fósiles antes de que ellos nos abandonen a nosotros.

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Juan Bordera 

Antonio Turiel (CSIC) 

Fernando VALLADARES (CSIC) 

Marta García Pallarés (ambientóloga) 

Javier de la Casa (investigador en el CREAF)

Fernando Prieto (Observatorio de la Sostenibilidad) 

Ferran Puig Vilar (ingeniero y experto en clima)

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El Mundial revela sus grupos, a la espera de los repechajes

Doha. La primera ronda del Mundial promete emociones y sorpresas, con un posible mano a mano entre Lionel Messi y Robert Lewandowski, además del choque entre Espa-ña y Alemania, a partir de la jornada inaugural del 21 de noviembre en la que el anfitrión Qatar enfrentará a Ecuador.

A diferencia de otras ediciones, el sorteo tuvo algo peculiar: un total de 37 equipos estuvieron presentes ayer, dado que tres de las plazas en el lote final de 32 selecciones aún no se han definido. Al igual que la repesca europea, dos repechajes intercontinentales demorados por la pandemia covid-19 se completarán en junio.

En el Grupo A, el anfitrión Qatar se estrenará contra Ecuador, después de que Senegal enfrente a los Países Bajos. "La verdad es que no sé si ha sido un buen sorteo, no sé mucho sobre estos países", confesó el técnico Louis van Gaal.

Por su parte, Inglaterra, Estados Unidos e Irán esperarán al ganador del repechaje europeo en el sector B, que involucra a Gales, Escocia y Ucrania. "Todo el mundo alienta a los ucranios por lo que está pasando", afirmó el técnico estadunidense Gregg Berhalter.

Lionel Messi y Robert Lewandowski, los más recientes ganadores del Balón de Oro y del premio Best de la FIFA, respectivamente, se verán las caras cuando Argentina y Polonia choquen en el Grupo C, donde también están México y Arabia Saudita.

El campeón reinante Francia y Dinamarca compartirán la llave D con Túnez y el ganador entre Perú y Australia o Emiratos Árabes. Los franceses llegarán a su cita con dos de los mejores goleadores del mundo: Kylian Mbappé y Karim Benzema.

Entretanto España, campeona en 2010, se enfrentará contra Alemania, monarca en 2014, en la revancha de la semifinal que ganó La Roja antes de conquistar su primer Mundial. Japón, además de Costa Rica o Nueva Zelanda, completarán al resto de clasificados en el sector E.

"¿Grupo fácil?", bromeó el técnico español Luis Enrique. "Es un Mundial ¿Qué esperaban? Tranquilidad absoluta".

Bélgica, Croacia, Marruecos y Canadá serán los contendientes del F, mientras Brasil, Suiza, Serbia y Camerún integrarán el G. "La preparación física será fundamental", advirtió el timonel brasileño Tite. "Trabajar más días con los jugadores es una ventaja".

Finalmente, el capitán y estrella de Portugal, Cristiano Ronaldo, pondrá en marcha su quinta Copa del Mundo enfrentándose a Ghana, Corea del Sur y la renovada Uruguay en el Grupo H.

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Viernes, 01 Abril 2022 05:59

El interruptor principal

El interruptor principal

Fred Friendly, ex presidente de CBS News, dejó en claro que, antes de pontificar sobre la libertad de expresión, habría que responder una pregunta simple: "¿Quién controla el interruptor principal?"

En la guerra entre Rusia y Ucrania la respuesta es bastante obvia y ha dejado la sensación terrible de lo que pueden lograr los poderes de la manipulación política, la estupidez humana y la venganza cuando se disfrazan de causa mayor. De cómo pueden, incluso, condicionar la justicia y, más aún, la verdad.

Cuando hablo de interruptor principal no aludo a una metáfora. En la era de Internet, con megacorporaciones dueñas de las rutas y de los datos, existe literalmente un dispositivo que deja pasar o no la información, y que se usa a discreción contra millones de personas.

Pocos han reparado en que las prohibiciones y bloqueos que las grandes tecnológicas han aplicado a Rusia ya tuvieron un polígono de pruebas: Cuba. Aquí no funcionan Twitter, ni Facebook (ahora Meta), ni Google como en el resto del planeta, y ni por casualidad las publicaciones más populares de la isla aparecen en las primeras páginas referenciadas por los buscadores. Algoritmos diseñados para reducir u omitir los alcances de medios, palabras e informaciones, mientras Apple, Spotify, Amazon y la mayoría de las más de 450 compañías estadunidenses que han sancionado a Rusia, no pueden comerciar con Cuba por las leyes del bloqueo estadunidense. Las fake news, los ciberataques y la guerra por el conocimiento y la información, tan cara en estos días a la OTAN, han sido moneda corriente de Estados Unidos para triturar a la isla del Caribe y esto ha ocurrido sin causar demasiada alarma.

El telón de acero digital e informativo no es un invento nuevo. Sin embargo, no tiene precedentes que proveedores de la llamada espina dorsal de Internet desconecten a sus clientes en un país de 144 millones de habitantes como Rusia. Lo hicieron Lumen y Cogent, dos gigantes de la red troncal ( backbone) más grande del mundo. Estas empresas integran la exclusiva Zona de Tránsito Libre (TFZ, por sus siglas en inglés), un pequeño grupo de compañías de telecomunicaciones globales tan grandes que no pagan a nadie más por el tránsito (ancho de banda internacional).

Que el interruptor haya entrado en escena demuestra que Internet no es el fantasma infinitamente elástico y virtual que la gente imagina, sino una entidad física que puede deformarse o romperse a conveniencia de los intereses de un grupo, un gobierno o un conglomerado militar como la OTAN. De hecho, la intervención de Occidente en el conflicto ha acelerado la remodelación de Internet, de un sistema global al que se ha conectado todo el mundo, a un universo fracturado.

Los expertos tiemblan porque la guerra en Ucrania parece instaurar definitivamente la splinternet, como se conoce la fragmentación del ciberespacio en reinos dispares intervenidos por bloques políticos autónomos. O configurados por cualquier otro poder, como los oligopolios de la tecnología y el comercio electrónico, o por países que intentan mantener distancia del control estadunidense.

El ostracismo que castiga a Rusia en realidad amenaza seriamente la arquitectura de Internet, red de redes mundial con poder distribuido que no hay manera de romper en una esquina sin destruir rutas de información y sin congestionar las autopistas que quedan en pie.

La gran paradoja de todo esto es que, tras haber dedicado tanto tiempo y esfuerzo supuestamente a intentar romper el telón de acero de los rusos y los chinos en nombre de la libertad, los diseñadores de políticas occidentales y los halcones militares se están aislando del mundo a marcha forzada, mientras desmantelan la red que ellos mismos crearon. Es más barato destruir que construir muros. La metáfora del cibermuro para Rusia sugiere falsamente que, una vez eliminadas las barreras digitales, se erigirán en su lugar otras nuevas más convenientes a la alianza atlántica y que la reacción de Vladimir Putin de blindar RusNet, la red nacional, es alocada y torpe. Nada más lejos de la realidad.

Independientemente de lo que surja después de este conflicto, ya murió el Internet que conocimos. Los que tienen en sus manos el interruptor principal deberían admitir que están jugando con fuego y que, mientras enseñan su verdadero talante autoritario, revelan quizás la forma más costosa e ineficaz de ejercer el poder.

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Biden propone tener el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos

 Ante la proximidad de las elecciones legislativas y el aumento de la inflación, el presidente de EE. UU. Joe Biden, propone una suba de impuestos a los ricos y a las empresas. Pero el aumento masivo del gasto en defensa y Policía, que contará con apoyo bipartidista, es lo que realmente debería llamar la atención del nuevo presupuesto del país.

 

Este lunes el presidente de EE. UU. Joe Biden dio a conocer su proyecto de presupuesto nacional para el año fiscal 2023, diciendo que está diseñado para "reflejar tres valores importantes: la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en el extranjero y el compromiso de construir un país mejor".

El gobierno de Biden, que enfrenta una economía con poco crecimiento marcada por el aumento de la inflación, los índices de aprobación más bajos de su presidencia hasta ahora, las próximas elecciones de mitad de mandato y a una agenda legislativa interna estancada, está utilizando el proyecto de presupuesto para dar a su administración un impulso político en el contexto de una crisis creciente.

Su enfoque con este presupuesto es ganar apoyo lanzando una mezcla de propuestas para abordar tanto las preocupaciones progresistas como las moderadas, al tiempo que pregona que sus inversiones podrían reducir los costos para las familias que se enfrentan a la inflación, con algunos fondos adicionales para combatir el cambio climático y la atención sanitaria (aunque los detalles son vagos), así como una propuesta de suba de impuestos a los ricos y las empresas. Y para apaciguar al ala más moderada de su partido y de su electorado, financiación adicional para la Policía como parte de la campaña demócrata de mano dura contra la delincuencia que se puso de manifiesto en el reciente discurso del Estado de la Unión.

Pero la guerra en curso en Ucrania ha tenido prioridad sobre algunas de estas cuestiones, ya que ha puesto a la OTAN y a Estados Unidos más cerca de la línea de fuego con un país que es, en muchos sentidos, uno de los aliados más importantes del mayor competidor de Estados Unidos, que es China. Por eso no sorprende que el gobierno de Biden siga el ejemplo de otros gobiernos imperialistas y utilice el pretexto de la invasión reaccionaria de Rusia a Ucrania como una oportunidad para aumentar el presupuesto militar y promover el rearme en el caso de países como Alemania.

En concreto, Biden planea hacer "una de las mayores inversiones en seguridad nacional de nuestra historia, con los fondos necesarios para garantizar que el ejército siga siendo el mejor preparado, mejor entrenado y mejor equipado del mundo". Esto se traduce en un aumento de aproximadamente 31.000 millones de dólares, lo que elevará el gasto total para la “defensa nacional” a 813.000 millones de dólares. De todo esto, 6.900 millones de dólares se destinan a la OTAN, a la defensa europea, a Ucrania y a contrarrestar la agresión rusa, según la Casa Blanca.

Aunque el presupuesto militar ha ido aumentando de forma constante a lo largo de los años y durante las administraciones tanto republicanas como demócratas -lo que subraya la naturaleza bipartidista del imperialismo- la nueva propuesta será el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos, superando con creces los de enemigos estratégicos como Rusia y China. Ajustado por PIB, el presupuesto es más de lo que se gastó en el momento álgido de las guerras de Corea o Vietnam y 100.000 millones de dólares más de lo que se gastó en el momento más caliente de la Guerra Fría en el gobierno de Ronald Reagan.

Mientras tanto, la clase política estadounidense dice que no hay dinero para la salud, la educación u otros gastos sociales que beneficiarían a la clase trabajadora, pero siempre tendremos el dinero, cientos de miles de millones de dólares para ser exactos, para mantener violentamente los intereses capitalistas en el extranjero o, como mínimo, hacer una amenaza creíble.

Estos presupuestos, y el apoyo bipartidista que reciben, reflejan cómo el imperialismo no es simplemente una cuestión de "una política" o "de malicia particular", como explicó Lenin: es una parte integral de asegurar que el imperialismo estadounidense pueda apoyarse en métodos violentos para conseguir más beneficios para los capitalistas o mantener su hegemonía en el mundo. En lugar de defender al "pueblo estadounidense", el presupuesto militar de Biden está destinado a tranquilizar a las corporaciones norteamericanas al tiempo que hace disparos de advertencia a China y Rusia.

¿Biden va contra los millonarios?

En un esfuerzo por reducir el déficit presupuestario federal de más de 1 billón de dólares en los próximos 10 años, que sin duda está inflado por el enorme gasto militar, Biden planea introducir medidas fiscales destinadas al segmento más rico y a congraciarse con los votantes progresistas.

Concretamente, propone un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos y los aumento de patrimonio (pero no de la riqueza en sí) para el 0,01% de los que más ganan y de los hogares que tienen más de 100 millones de dólares. También propone aumentar el impuesto a las sociedades comerciales del 21% al 28%. Antes de que Trump lo llevara al actual 21%, existía un sistema escalonado que oscilaba entre el 15% y hasta el 39% en función de la renta imponible. Así que al final este “aumento” podría incluso ser menor que lo que se pagaba antes del 2016.

En cualquier caso, aunque un aumento de los impuestos a los ricos es bienvenido, los capitalistas y sus representantes en el gobierno probablemente harán todo lo posible para no hacerlo realidad. E incluso si la propuesta se aprueba en el congreso, los capitalistas siempre encuentran una manera de evitar pagar.

Las lagunas legales hacen que empresarios como Donald Trump, por ejemplo, no paguen impuestos, sin siquiera esconder su dinero fuera de Estados Unidos. Y vemos que esto ocurre en todo el mundo, como han puesto de manifiesto los llamados Pandora Papers. Eso es porque los grandes empresarios controlan el Estado y, por tanto, el Estado defiende el dominio del capital. Y es también por eso que al final los trabajadores son los que pagan el costo del funcionamiento del estado y las bombas que se lanzan por todo el mundo para defender sus intereses.

Aunque nosotros los trabajadores creamos toda la riqueza y vale la pena luchar por mayores impuestos a los ricos, al final, la expropiación de los grandes monopolios de la industria y los servicios y una democracia obrera nos acercará a resolver el problema de la desigualdad que invade este sistema.

De la desfinanciación de la policía a la duplicación de la financiación

Otro de los aspectos más alarmantes de este presupuesto es el aumento de los presupuestos policiales tanto estatales como federales. Biden propone más de 32.000 millones de dólares para hacer frente al "aumento de la delincuencia". Después de la explosión del movimiento Black Lives Matter, Biden y el régimen bipartidista trabajaron arduamente para reparar la imagen pública de la policía. Más recientemente, el Senado votó por unanimidad retener los fondos de cualquier gobierno local que intente desfinanciar a la policía, contando con los votos de figuras supuestamente progresistas como Bernie Sanders, Cory Booker y Elizabeth Warren.

Y lejos de abolir el ICE (la odiada patrulla fronteriza, NdelT) o detener la construcción del muro fronterizo de Trump, Biden le asigna 8.100 millones de dólares, con 15.300 millones adicionales para Aduanas y Protección Fronteriza, 309 millones para tecnología de seguridad fronteriza y 19 millones para vallas fronterizas y otras infraestructuras.

Estos fondos, junto con los aumentos en el gasto militar, ponen de manifiesto la necesidad de los capitalistas de reforzar el aparato represivo que ataca a los trabajadores en el extranjero y también en casa. Claramente, Biden no es un mal menor: sostiene el mismo sistema capitalista e imperialista que reprime y explota a los trabajadores en todo el mundo.

El presupuesto refleja la necesidad urgente de la lucha contra el imperialismo estadounidense

Este presupuesto récord es sólo el último ejemplo de las peligrosas realidades de un mundo marcado por las crisis capitalistas, las guerras y conflictos reaccionarios, que los trabajadores acaban pagando con su dinero y sus vidas. Estos presupuestos reflejan los intereses de quienes los redactan, ya sean demócratas o republicanos de todo signo, ambos partidos refuerzan los intereses de la clase dominante.

El obsceno gasto militar no terminará hasta que los trabajadores de Estados Unidos, aquí en el corazón del imperialismo denuncien la financiación bipartidista del Pentágono y lleven la lucha a las calles y a nuestros lugares de trabajo, donde tenemos el poder social y no sólo las urnas.

Ahora más que nunca, con la guerra en Ucrania y una crisis económica que corre el riesgo de convertirse en una crisis más profunda, necesitamos un movimiento militante que conecte la lucha contra el capitalismo con la lucha contra la máquina de guerra que es tan central para las ganancias capitalistas de Estados Unidos. 813 mil millones de dólares no es sólo una cifra abstracta, cada centavo se destinará a empeorar la vida de los miembros de nuestra clase en el extranjero y a mantener la dominación capitalista en casa.

Por eso decimos: ¡Abajo el presupuesto militar de Joe Biden! ¡Ni un solo centavo para sus guerras imperialistas! ¡Ni una persona y ni un centavo para el militarismo!

Martes 29 de marzo

Publicado enInternacional
Sábado, 26 Marzo 2022 06:09

Guerra y alimentos

Guerra y alimentos

Los precios de los alimentos van en rápido aumento, aparentemente como consecuencia de la guerra de Rusia y Ucrania. Grave impacto para muchas poblaciones, que expone la vulnerabilidad global en que nos coloca el sistema agroalimentario industrial dominado por corporaciones trasnacionales.

Según fuentes de Naciones Unidas estamos al borde una nueva crisis global por altos precios de los alimentos y hambrunas, como efecto dominó del encarecimiento de los combustibles, las restricciones de exportaciones de fertilizantes sintéticos de los que Rusia es un productor principal, así como de trigo, maíz y aceite de girasol desde Rusia y Ucrania. Entre ambos países representan 28 por ciento de las exportaciones mundiales de trigo.

Paradójicamente, el principal importador de trigo del mundo es Egipto, que es parte del centro de origen del cultivo, al igual que Turquía, otro de los mayores importadores. Egipto importa más de 60 por ciento del trigo que consume, 80 por ciento desde Rusia y Ucrania ahora suspendidas por la guerra. México, centro de origen del maíz, es el principal importador global de maíz, fundamentalmente por una demanda de grandes industrias pecuarias, en su mayoría trasnacionales.

No se trata de falta de condiciones para la producción de estos dos cultivos para abastecer el consumo humano, sino de estrategias corporativas cuya meta es la ganancia, no la seguridad alimentaria, en el marco de políticas nacionales e internacionales que facilitan y permiten tales tropelías (https://bit.ly/3uqPN3X).

Aunque los porcentajes de importación en algunos países son altos –como los nombrados y otros en Medio Oriente y África (norte, países subsaharianos y cuerno de África) y algunos asiáticos, haciendo a esos países muy vulnerables–, en realidad las exportaciones son un porcentaje menor de la producción global de trigo y maíz. El trigo, el maíz y el arroz, principales cereales base de la alimentación en el mundo, se producen a nivel nacional entre 75 y 90 por ciento. En el volumen de producción mundial, lo que Ucrania exporta de trigo es cerca de 3 por ciento y menos de maíz. En el caso de las exportaciones rusas, se trata de 4.5 por ciento para el trigo y de 0.5 por ciento para el maíz (https://www.csm4cfs.org/).

No obstante y pese a que no escasea, porque aún se están comercializando las cosechas de la estación pasada, en el último mes el trigo aumentó 35 por ciento ante la especulación por supuestas incertidumbres. Por tanto, el volumen de las exportaciones no explica por sí mismo el vertiginoso aumento del precio de los alimentos. Sí lo hace la convergencia de factores, fundamentalmente la especulación –escudada en las guerras– de las trasnacionales de agronegocios, desde las de insumos en campo (semillas, agrotóxicos y fertilizantes), a las de distribución, comercio de cereales, procesamiento y ventas al consumidor.

Estas empresas aprovechan la coyuntura para subir precios arbitrariamente y avanzar con medidas que agregan impactos negativos. Por un lado, presionan por abrir más tierras a grandes extensiones de cultivos industriales, en desmedro de ecosistemas naturales, zonas de pastoreo campesino y otros usos no industriales, así como usar intensivamente tierras que están en barbecho (en descanso para regeneración después de cosechas). Estados Unidos relajó las restricciones federales al respecto y países europeos lo consideran.

Para esas tierras, las trasnacionales de agronegocios alegan que se deben usar cultivos transgénicos y con alto uso de insumos agrotóxicos y ante la eventual falta de fertilizantes sintéticos, avizoran uso de microbios modificados genéticamente. El cabildeo de las empresas de forrajes para cría industrial de animales logró que desde este 24 de marzo España y Portugal abrieran la importación de cultivos transgénicos desde Argentina, algo que hasta ahora estaba prohibido en Europa.

En esos dos países, tal como en México, las importaciones de maíz y soya no son para la población, sino mayoritariamente para forrajes industriales destinados a la cría animal a gran escala, que se podría hacer en forma decentralizada y basada en otros piensos. Ahora, con la excusa del futuro desabasto por la guerra en Ucrania, aumenta la presión para que Europa se abra también a la importación de trigo transgénico desde Argentina.

Todas las medidas que propone la industria y consideran EU y Europa implican una grave vuelta atrás en los límites de uso de plaguicidas en cultivos y de residuos de agrotóxicos y transgénicos en alimentos.

Raj Patel, analista de la industria alimentaria y autor del libro Obesos y famélicos, plantea que el aumento de precios de los alimentos en curso afectará sobre todo a las poblaciones del sur global y marginados en el norte global, por la convergencia de impactos de las "4 C": Covid, conflictos, cambio climático y capitalismo (https://bit.ly/3JKdM4G).

No es la guerra en Ucrania –terrible en sí misma por las muertes y devastación que conlleva– la principal causa de la crisis alimentaria global en ciernes, sino su convergencia con el sistema alimentario agroindustrial y los intereses de las trasnacionales que lo controlan, causantes de caos climático, obesidad, pandemias y enfermedades de la gente y el planeta. Existen alternativas que requieren urgente apoyo y más ahora, basadas en la agroecología campesina para la soberanía alimentaria.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enSociedad
Patricia Bolinches



La crisis climática se ha convertido en un nuevo mercado financiero donde se especula con la extinción de las especies y las catástrofes climáticas. Las corporaciones han conseguido que los mecanismos de mitigación sean rentables, flexibles y voluntarios.

Genoveva López

@genolomo

24 mar 2022 04:51

¿Cuál es la diferencia entre catástrofe y cataclismo? Pues 4.975 millones de dólares, según las aseguradoras. Es decir, si la cantidad de dólares perdidos en un evento dramático es mayor de 25 millones de dólares, es una catástrofe. Pero si cuestan más de 5.000 millones, el evento se define como cataclismo. En los últimos años, los eventos más caros para las aseguradoras han sido provocados por huracanes, lluvias torrenciales, tifones o sequías. En definitiva, por el clima.

El precio de la naturaleza

Que el cambio climático supone grandes pérdidas económicas es irrebatible. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, en los últimos 40 años se han perdido 458.970 millones de euros por catástrofes climáticas en una treintena de países en Europa. Sin embargo, tampoco hay duda de que el cambio climático se ha convertido en un grandísimo negocio. Los mercados de carbono, los green bonds, cat-bonds y los multicat-bonds o los weather derivatives son instrumentos financieros que se han creado al albor del marco conceptual que sitúa a la naturaleza como un bien de mercado. Un trabalenguas nada inocente que hace de esta nomenclatura una nueva manera de objetivar, cuantificar, tasar y especular con la naturaleza.

Esta tendencia se inició en el año 2009 en un documento para las negociaciones de las Naciones Unidas en la COP15, donde apareció por primera vez el término “soluciones basadas en la naturaleza”, según el World Rainforest Movement, una iniciativa internacional que trata de apoyar las luchas, reflexiones y acciones políticas de las personas que dependen de los bosques, tanto personas indígenas como campesinas y campesinos. Nele Mariën, coautora de La Naturaleza en Venta, cómo las empresas se benefician de la financiarización de la naturaleza, es coordinadora de bosques y biodiversidad de Amigos de la Tierra Internacional y lleva los orígenes de esta mercantilización más atrás en el tiempo, a los años 90 y el Protocolo de Kioto, donde ya se hablaba de mecanismos off-setting y emissions trade market. Todos estos mecanismos no solo permiten tasar la naturaleza, sino que la convierten en un bien de mercado, con el que se puede comerciar y especular.

Frédéric Hache, cofundador y director ejecutivo del Green Finance Observatory, afirma que el uso del capital natural como medida económica “es tremendamente simplista y parcial”. Este nuevo marco metodológico toma en consideración lo que se llaman los pagos por servicios ambientales (PSA) o pago por servicios (o beneficios) ecosistémicos y es un sistema que promueve el cuidado de la naturaleza asignándole un valor de mercado. Por ejemplo, el valor de un río sería medido por sus posibilidades para la pesca recreativa y un bosque sería reconceptualizado como un servicio de captura de carbono, un servicio de hábitat para algunas especies o con suerte, como instrumento de lucha contra la deforestación, según este investigador. Para Hache, “tan solo pueden prestar atención a uno o dos servicios ecosistémicos porque si no serían demasiado caros o complejos. Por supuesto, todas las interdependencias entre especies y la gran complejidad de los ecosistemas queda fuera”.

¿Por qué se produce este cambio de marco? Razmig Keucheyan, doctor en sociología, profesor investigador titular en la Universidad de París-Sorbona Paris-IV y autor del libro La naturaleza como campo de batalla (Clave Intelectual, 2014), afirma que, en la actualidad, y dentro del marco de crisis económica que se arrastra desde los años 70, existe un declive en la tasa de ganancia económica, ante lo cual el capital reacciona de dos maneras: “Por un lado, privatizando todo lo que hasta entonces escapaba al mercado, como biodiversidad, genoma humano, etcétera. En este caso, privatizar significa someter a la lógica de la ganancia para tratar de que vuelva a ascender. Y, por el otro, mediante la financiarización, es decir, no invirtiendo en la llamada economía real o productiva, sino en las finanzas que permiten la realización de ganancias —ficticias— importantes, hasta el momento en que sobreviene la crisis”. El comercio con la naturaleza también supone un nicho tremendamente interesante para las corporaciones ahora que hay mayor preocupación social con el cambio climático, y son esas mismas compañías las que piden más acción, sin poner en riesgo sus beneficios. Como señlan Mariën, “se está viendo en tiempos recientes que son las empresas que piden ese tipo de medidas, porque la presión de la sociedad es muy fuerte y ven que las cosas tienen que cambiar, pero, a la vez, buscan formas de poder seguir haciendo lo que siempre han hecho”.

Mecanismos voluntarios de corrección

La misma autora realiza un análisis crítico sobre la evolución de las medidas y ha habido una tendencia a la flexibilización y a la implementación de los mecanismos voluntarios, que, según señala, son menos estrictos, y tienen menos control. “Las empresas están asumiendo cada vez más medidas de offsetting, lo que significa que pueden destruir mientras paguen por el derecho a destruir”, afirma la investigadora.

El mecanismo de offsetting o de compensación consiste en que un país o empresa reduce sus emisiones de gases de efecto invernadero para compensar las emisiones efectuadas en otro lugar. Esa reducción se puede llevar a cabo de diversas maneras: por un lado, incluyendo medidas reductoras o, por otro, medidas compensatorias. Estas últimas pueden abarcar actividades como llevar a cabo proyectos de energía renovable, o plantar árboles, que es el mecanismo más frecuente al ser el más barato. Sin embargo, no hay cara sin cruz y “cada vez hay un tema más punzante con la falta de tierra disponible”, señala Hache. “Lo que está ocurriendo es un problema de acaparamiento de tierras y de uso de la tierra. Dedicar la tierra a la agricultura es menos rentable que plantar árboles, lo que podría tener un impacto en el precio de los alimentos”, afirma.

Otra de las políticas para mitigar el impacto de las corporaciones son las listas de clasificación vinculadas a incentivos económicos. En este sentido, en el año 2020 se aprobó la Regulación Taxonómica de la Unión Europea, que supuso la creación de la primera “lista verde” del mundo para las finanzas. Un sistema de clasificación de aquellas actividades económicas consideradas sostenibles. La Unión Europea catalogó el gas y la energía nuclear como sostenibles el pasado mes de febrero, lo que ha creado un grandísimo revuelo entre organizaciones ecologistas y algunos países miembros. “Si consideramos que las finanzas tienen un rol clave en las negociaciones sobre el cambio climático, entonces ponemos a las finanzas en el centro, y el resultado es que negocian el precio de la conservación a través de subsidios o tratados financieros”, critica el cofundador de Green Finance Observatory. 

Este economista vaticina un futuro inquietante en cuanto a las medidas climáticas que, según él, se van a potenciar especialmente a partir de mayo de este 2022, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP15) que tendrá lugar en China. El investigador cree que veremos, a partir de este año, un “mercado de la destrucción de la diversidad”. Por ejemplo, imaginemos que una empresa quiere llevar a cabo un aeropuerto en el sur de España, en un hábitat de flamencos. Según esta regulación, se podrá llevar a cabo, a condición de que se recree un hábitat de flamencos en las inmediaciones. “Obviamente todos sabemos que eso no se puede hacer —afirma con sorna Fédéric Hache—, pero es todavía peor”. Según él, la tercera opción “por la que llevan las empresas presionando diez años es la versión extrema de esto”: se podrá construir un ecosistema de servicio con el mismo valor monetario que el ecosistema de los flamencos pero en otro lugar, por ejemplo, plantar árboles en Rumanía o un hábitat para conejos en Grecia. “Lo importante es que sea equivalente económicamente”, explica Hache.

“Ganancias ficticias”, mercados secundarios

Un derivado financiero es, por definición, una apuesta a futuro. La apuesta puede ser por el precio de algo, por ejemplo, el del carbón. En el contexto de colapso actual puede ser el futuro precio de la destrucción de un ecosistema o el futuro deterioro del mercado a causa de una pandemia. Los más típicos son los bonos catástrofe (cat bonds) y los derivados climáticos. Ambos son productos finales de un proceso conocido como securitización que transforma factores de riesgo con los que no es posible comerciar, como las catástrofes naturales o las relacionadas con el clima, en activos financieros comercializables. Por ejemplo, según Mandel, Donland y Armstrong, los autores del artículo “Un enfoque para los derivados de conservación de especies” (Frontiers in Ecology and the Environment, 2009), teniendo en cuenta que se han desarrollado nuevos productos de seguro basados en derivados que permiten a los inversores asegurar el riesgo a cambio de pagos fijos, los gobiernos deberían emitir contratos de derivados para vender el riesgo de extinción de las especies, de tal manera que se pudiera “apostar” por las mismas. En definitiva, para los autores, la extinción de especies es un nicho lucrativo y asegurable, no una pérdida de biodiversidad que habría que intentar frenar. 

Sin embargo, según Hache, los cat bonds son un caso legítimo, ya que los desastres naturales se están volviendo tan caros que van más allá de la capacidad de las aseguradoras privadas. La envergadura de las cifras las proporciona el grupo Swiss Re, uno de los principales proveedores mundiales de reaseguros y seguros que publica, desde 1970 y de manera anual en su revista Sigma, las pérdidas que han supuesto las catástrofes humanas, naturales y, como categoría aparte, los terremotos.

En dicho informe se observa un incremento muy acusado de catástrofes naturales desde 1990, con dos picos tremendamente abruptos: uno en el año 2005, con un coste en pérdidas de 317.240 millones de dólares, y otro en el año 2017 con 355.760 millones de dólares. ¿Qué ocurrió aquellos años? En 2005 tuvo lugar el huracán Katrina, que según la nomenclatura anterior sería un cataclismo, pero también hubo inundaciones en Suiza e India, además de fuertes tormentas en Dinamarca, Reino Unido, Canadá y China. En el año 2017 ocurrieron los huracanes Harvey, Irma y María, además de inundaciones en Perú y Sri Lanka, fuertes tormentas en Australia y China, tormentas de granizo en Alemania y olas de frío en Francia. 

El año 2020 tampoco se quedó corto en catástrofes climáticas, ya que ocurrieron inundaciones en China, Japón e India y fuertes tormentas en Nicaragua, Japón, India y Alemania. Por supuesto, estos datos no son totalmente precisos, ya que la industria del seguro está más desarrollada en economías de las llamadas avanzadas. Por ejemplo, en los años revisados por Swiss Re se recogen muy pocos datos del continente africano, lo que significa que los desastres climáticos son, de hecho, mucho más frecuentes. “Sin embargo, estos cat bonds deberían ser regulados para asegurar que la aseguración se mantiene continua y asequible para la gente”, comenta el investigador francés. 

El rol del Estado

Los mecanismos para cuidar la naturaleza están cada vez más privatizados, son cada vez más flexibles, voluntarios y, además, generan beneficios para las corporaciones. ¿Es esta la senda adecuada? Para Frédéric Hache, la respuesta es sencilla: “Lo que está claro es que hay ambición o no la hay [por parte de los Estados], da igual la herramienta que se use, pero pensar que estos instrumentos abordan el cambio climático es tremendamente naíf”, añade.

Para el cofundador de Green Finance Observatory, “no se necesita un indicador de precio para tomar decisiones políticas” y recuerda el ejemplo del ganador del premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, el Nobel de Economía en 2018, William Nordhaus, el cual estimó que el punto óptimo de calentamiento global para que los costes y beneficios de la mitigación del cambio climático se optimicen es de 4ºC, asunción totalmente contraria al Acuerdo de París, que establece el máximo soportable en 1,5ºC. “Menudo payaso”, sonríe entre dientes el investigador. Lo que está claro es que poco podemos esperar después de los pobres compromisos adquiridos en la última conferencia del clima, la COP26. “Si ponemos el precio por delante significa que hacerse cargo del cambio climático tiene que ser rentable, y eso tiene graves consecuencias en la calidad de nuestras democracias”, sentencia Hache.

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 22 Marzo 2022 05:53

Las redes sociales imponen su relato

Las redes sociales imponen su relato

¿En qué nuevo mundo geopolítico estamos? ¿Qué consecuencias planetarias está teniendo la guerra de Ucrania? ¿Qué hace China? ¿Qué está pasando con la información y las mentiras sobre este conflicto? ¿Qué ocurre, en particular, con el funcionamiento de las redes sociales que aparecían como las grandes plataformas democratizadoras para acceder a una información de mejor calidad?

La guerra de Ucrania, iniciada el 24 de febrero pasado, apenas está empezando... Y cuando comienza una guerra, como se sabe, arranca un relato mediático plagado de desinformaciones cuyo objetivo es la seducción de las almas y la captación de sentimientos para ganar los corazones y cautivar las mentes. No se trata de informar. De ser objetivo. Cada bando va a tratar de imponer –a base de propaganda y toda suerte de manipulaciones narrativas- su propia crónica de los hechos, y desacreditar la versión del adversario...

Lo que ocurre con todas las mentiras (1) que ambos bandos están difundiendo sobre el conflicto de Ucrania no es muy diferente de lo que ya hemos visto en otras guerras. Es la histeria bélica habitual en los medios, la proliferación de mentiras, de fake news, de posverdades, de intoxicaciones, de manipulaciones... La conversión de la información en propaganda es ampliamente conocida y estudiada, en particular en los conflictos de los últimos cincuenta años. Quizás ya con la guerra de Vietnam, en los años 1960 y 1970, se alcanzó el zenit de la sofisticación en materia de mentiras audiovisuales y manipulaciones mediáticas.

Hoy, con la guerra de Ucrania, los grandes medios de masas, en particular los principales canales de televisión, han sido de nuevo enrolados -o se han enrolado voluntariamente- como un combatiente o un militante más en la batalla... Aquí, en donde nos encontramos nosotros, están combatiendo -y no informando- en favor esencialmente de lo que podríamos llamar la posición occidental.

Sin embargo, dentro de esa normalidad propagandística, estamos asistiendo a un fenómeno nuevo. Porque, por vez primera en la historia de la información, en primera línea del frente mediático, intervienen las redes sociales.

Hasta ahora, en tiempos de guerra, las redes no habían tenido la misma importancia. ¿Cuál fue el último conflicto de esta envergadura en el mundo? Realmente, desde 1945, final de la Segunda Guerra Mundial, o desde la guerra de Corea a principios de los años 1950, no ha habido una conflagración militar de dimensiones semejantes a la de Ucrania... Ha habido sin duda grandes conflictos como la guerra de Argelia, la de Vietnam, la de Angola, la del Líbano, la del Golfo, la de Irak, la de Afganistán, la de Serbia, la de Libia, la guerra contra el terrorismo después del 11 de septiembre de 2001 y la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York... Todos esos conflictos han sido colosales, espantosos. No cabe duda... Pero las redes sociales no existían entonces.

Hoy, los ciudadanos no solo se ven confrontados a la histeria bélica colectiva y permanente de los grandes medios tradicionales, a su discurso coral uniforme (y en uniforme), sino que todo eso les llega ahora en sus teléfonos, en sus tabletas, en sus computadoras de bolsillo... Ya no solo son los periodistas sino nuestras amistades nuestros familiares, nuestros mejores amigos quienes contribuyen también, mediante sus mensajes en las redes, a amplificar esa incesante coral de discurso único... Se trata de una nueva dimensión emocional, un nuevo frente de la batalla comunicacional que hasta ahora no existía en tiempos de guerra.

Por ejemplo, el asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021 en Washington -que fue una tentativa de golpe de Estado-, constituyó un acontecimiento de primera magnitud desde el punto de visto político. Pero no militar. Y ese ataque sí fue el resultado de una gran confrontación previa en las redes sociales. En la que los fanáticos conspiracionistas leales a Donald Trump lograron imponer la tesis de un fraude electoral que nunca existió... Se produjo una encendida batalla frontal, en las redes, por el control del relato. Una confrontación digital de gran envergadura para desinformar, tratar de imponer una falsa verdad complotista y ocultar la realidad de las urnas. Ahí, las redes fueron decisivas...

Pero en un conflicto militar de estas dimensiones, hasta ahora, las redes no habían tenido protagonismo... Lo están teniendo en esta guerra de Ucrania por primera vez en la historia de la información... También, por primera vez, se produce esta decisión de Google de sacar de la plataforma a medios del "adversario" como Russia Today (RT) y Sputnik... Mientras Facebook e Instagram declaran que tolerarán "mensajes de odio" contra los rusos (2)... Y Twitter tomó la decisión de "advertir" sobre cualquier aviso que difunda noticias de medios afiliados a Moscú, y redujo significativamente la circulación de esos contenidos (3)... Cosa que Twitter no hace del otro lado con quienes apoyan a Ucrania y a la OTAN... Esto no se había producido nunca hasta ahora. Poniendo en evidencia la hipocresía sobre la supuesta libertad de expresión y la neutralidad de las redes...

Todo esto confirma que si el conflicto de Ucrania es una guerra local en el sentido de que el teatro de operaciones está localizado en un territorio geográfico preciso, por lo demás es una guerra global, mundial, en particular por sus consecuencias digitales, comunicacionales y mediáticas. En esos frentes, Washington, como en la época de maccarthysmo y la "caza de brujas", ha enrolado a los nuevos actores de la geopolítica internacional, o sea, las megaempresas del universo digital: las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft). Estas hiperempresas -cuyo valor en Bolsa es superior al Producto Interior Bruto (PIB) de muchos Estados del mundo-, se han retirado de Rusia y se han enrolado voluntariamente en esta guerra contra Moscú...

Esto es nuevo. Hasta ahora conocíamos la actitud partidaria y militante de los grandes medios que, en caso de conflicto, se alineaban con uno de los beligerantes y abandonaban todo sentido crítico para comprometerse unilateralmente y defender los argumentos de una sola de las potencias en presencia... Lo nuevo es que, por primera vez, las redes sociales hacen lo mismo ahora. Lo cual confirma que los verdaderos medios dominantes hoy son las redes sociales.

Por definición, las redes no están hechas para informar, están hechas para emocionar. Evidentemente en las redes circulan muchos textos de calidad, testimonios, análisis, reportajes... Las redes retoman muchos excelentes documentales, videos, artículos de la prensa y de los medios existentes... Pero la manera de consumir contenidos en las redes (aunque cada una tiene su especificidad) no es de pasarse el tiempo leyendo o viendo la integralidad de los documentos que uno recibe... Las redes están hechas sobre todo para actuar... El ciudadano o la ciudadana que usa las redes lo que quiere es compartir o adherirse dando like... Lo que le gusta al internauta es comunicar, transmitir, difundir... La red, en realidad, funciona como una cadena. Cada usuario se siente eslabón, con la misión de expresarse, de conectar, remitir, enviar, pasar, repercutir...

Lo que más circula y mayor influencia tiene en algunas redes (Facebook, Twitter, Instagram) son los memes, o sea, especies de gotas, de haikús, de resúmenes muy reducidos, muy sintéticos, muy caricaturales de un tema... Es lo que más se comparte. Los memes funcionan como si las informaciones en la prensa escrita se redujesen únicamente a los títulos de los artículos, y no hubiera necesidad de leerlos... Cada uno de nosotros puede hacer la experiencia: cuelgue en su red preferida el mejor texto, el vídeo más completo, más inteligente y honesto que pueda haber sobre la crisis de Ucrania, y verá que, a lo sumo, puede alcanzar algunas decenas de like... Pero si coloca un buen meme eficaz y original, que, por su creatividad, suscita a la vez risa y sorpresa, su velocidad de transmisión será impresionante... Si se habla de difusión viral no es por casualidad...

Ese deseo compulsivo de adherirse y de compartir es lo que hace que las redes consigan difundir masivamente un sentimiento general, una interpretación dominante sobre cualquier tema... Ese sentimiento es el que, poco a poco, consigue imponerse en toda una parte de la sociedad... Esa es una de las grandes diferencias, entre las redes y los medios.

Las consecuencias de esta guerra ya se sienten en todo el mundo. Ningún país, por lejano que se encuentre, está a salvo de sus efectos y consecuencias. No solo mediáticas. En principio, se trata de una confrontación entre dos potencias –una grande, otra mediana- que se desarrolla, como dijimos, en un teatro local: el territorio de Ucrania. Pero ese enfrentamiento, a pesar de ser local, fractura el mundo en dos. Como durante la Guerra Fría (1948-1991).

Desde 1980, el planeta estaba en vías de globalización, existía como una dinámica de interconexión global. Esa globalización se detiene ahora. Washington y sus aliados han excluido a Moscú del funcionamiento mundial... Como ha dicho Joe Biden se trata de colocar a Rusia en una situación de paria planetario, de paria de la humanidad... El mundo, desde el punto de vista geopolítico, se halla de nuevo dividido en dos bandos opuestos: quienes están con Rusia y quienes están con Estados Unidos... Y los países que no están ni con uno ni con otro van a verse sometidos a fuertes chantajes y a enormes presiones. Seguramente vamos también a ver surgir un tercer grupo de nuevos No-Alineados...

En lo que concierne a la guerra propiamente dicha, la conclusión más obvia a estas alturas es que los combates están durando más tiempo del originalmente previsto. Con cierta lógica, podíamos imaginar al principio que las fuerzas rusas conseguirían sus principales objetivos muy pronto mediante una operación relámpago. Eso no se produjo.

El Estado Mayor ruso se enfrenta hoy a un dilema entre dos necesidades contradictorias: debe ir rápido, pero debe preservar las vidas de los civiles no combatientes. Porque esta "operación militar especial" iniciada por el presidente Vladimir Putin tiene también por objetivo, conquistar los corazones de los ucranianos rusoparlantes. Y no se conquistan corazones machacando a la gente con bombardeos, incendios y destrucciones... O sea, las fuerzas rusas no están consiguiendo realizar su doble objetivo inicial: llevar a cabo una guerra relámpago y al mismo tiempo preservar la vida de la población civil, que está sufriendo trágicas pérdidas, y resistiendo.

La ofensiva se ha vuelto por lo tanto más lenta y más peligrosa. No debe descartarse la posibilidad de cualquier provocación, o incluso una escalada. El presidente de Ucrania, Volodomir Zelenski, le exigió a la OTAN y a los EE.UU. que establecieran una prohibición de sobrevuelo –una zona de exclusión- sobre el territorio ucraniano. Por el momento, las potencias occidentales no han aceptado, porque ello significaría tener que derribar aviones rusos... Llegar a esa situación implicaría un choque directo entre Rusia y las fuerzas de la OTAN, o sea, una guerra nuclear, que hasta ahora se procura evitar.

En el actual escenario, el objetivo de Estados Unidos pudiera ser inmovilizar por largo tiempo, enlodar, a los ejércitos rusos en los campos de Ucrania. Literalmente. Es decir, lograr que queden empantanados. Teniendo en cuenta un elemento estratégico: la invasión rusa se inició el 24 de febrero pasado, en pleno invierno, cuando los campos ucranianos estaban todavía cubiertos de nieve. La tierra congelada, dura, permitía que los tanques y los camiones avanzaran sin problemas campo a través. Porque muchas carreteras y puentes están minados, saboteados o destruidos... Pero dentro de un mes, a finales de abril, comenzará allí la primavera, la temperatura subirá y la nieve y el hielo derretidos transformarán las inmensas estepas ucranianas en infinitos lodazales... Los tanques, los camiones y los vehículos de las largas líneas de aprovisionamiento de Rusia comenzarán a enterrarse, a inmovilizarse, y esto marcará el comienzo de una guerra totalmente diferente... Fue lo que le ocurrió al ejército alemán cuando Hitler se topó con la resistencia soviética en Ucrania. Rusia no dispone de mucho tiempo: si quiere ganar la guerra tiene que hacerlo en menos de un mes. Si no, se expone a un conflicto largo y extenuante, en cierta manera al estilo del de Afganistán. Sus fuerzas estarán inmovilizadas y dispersas, a la merced de guerrillas dotadas de armamento occidental de última tecnología... ¿Qué ocurriría si, entre tanto, se abre otro frente en otro teatro de operaciones de los rusos, por ejemplo en Siria? Rusia no cuenta con capacidad para llevar a cabo dos guerras de gran envergadura al mismo tiempo.

Más allá de lo que ocurra en el terreno concreto de la batalla, por lo demás, como ya dijimos, se trata de un conflicto global: en los frentes comercial y financiero, además de mediático, con derivaciones incluso deportivas y culturales. Es un conflicto que no deja a ningún país al margen. Nadie puede decir, se encuentre donde se encuentre, que no le concierne. Eso le da a esta guerra un carácter singular, único desde la caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría.

La batería de sanciones o medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea junto con sus aliados, Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, repercuten de manera global. Las consecuencias se reflejan ya en los precios de la energía y los carburantes. Rusia, como se sabe, es un gran productor de petróleo y gas, Ucrania de carbón. Las dificultades para sostener la producción y las sanciones están limitando el aprovisionamiento, sobre todo en Europa. Por Ucrania, además, pasan los oleoductos y gasoductos que llevan petróleo y el gas ruso a Europa, que depende aproximadamente en un 40% de esos hidrocarburos. Todo esto altera de manera muy acelerada la geopolítica de la energía. Y produce nuevos efectos sobre las sociedades. El gas y el petróleo son clave para la producción de electricidad. Esto ha hecho que el precio de la luz, por ejemplo en España, alcance niveles jamás vistos, o que otros países, como Alemania, vuelvan a plantearse la necesidad de mantener activas las centrales nucleares.

Del mismo modo, metales como el aluminio, el cobre y el níquel registraron un aumento de precios exorbitante. El níquel superó los 100.000 dólares la tonelada... Las fábricas de automóviles, en particular las de modelos más modernos y caros, están sufriendo los nuevos precios. BMW está estudiando si detiene algunas de sus producciones. Rusia es además una gran productora de titanio, metal clave para la fabricación de microprocesadores (chips), que ya venían en crisis por la pandemia y que son indispensables en numerosos sectores industriales.

En otras palabras, sobre una situación de grave recesión económica mundial provocada por dos años de pandemia de covid-19, el estallido de la guerra de Ucrania y las sanciones impulsan un nuevo aumento del coste de vida. Este conflicto añade inflación a la inflación. Los precios de los alimentos, del transporte y de la luz van a alcanzar un nivel tan elevado que probablemente eso despierte movimientos de protesta ciudadana y aumente el descontento hacia los gobiernos en muchos países, entre ellos algunos de América Latina. A nivel mundial, la traducción política de esta guerra probablemente sea una ola de manifestaciones y reclamos sociales que podrían desestabilizar a varios gobiernos.

Pero las ramificaciones también se sienten en los posicionamientos de las grandes potencias mundiales. Empezando por Europa. En este sentido, la consecuencia más significativa de la guerra de Ucrania es el rearme alemán. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania no contaba con fuerzas armadas importantes ni con un presupuesto militar relevante. Era la OTAN, y en última instancia EEUU, de acuerdo a los pactos firmados en 1945, quienes aseguraban esencialmente la defensa alemana. Hace pocos días, sin embargo, el canciller Olaf Scholz, anunció un programa de rearme colosal, de más de cien mil millones de euros, que incluye el relanzamiento de la industria militar, la reconstrucción de los astilleros, la Armada, la aviación... Los recursos anuales, a partir de ahora, equivalen a casi el 3% del presupuesto anual, es decir casi tanto como lo que consagra a la defensa Estados Unidos. Es una verdadera revolución militar, que tendrá impactos geopolíticos (aunque Berlín siga sin disponer de armas nucleares, se convertirá pronto en la principal potencia militar europea) y económicos. Alemania es el único país realmente industrializado de la Unión Europea y el mayor exportador industrial del mundo per cápita. Puesto a fabricar armas, barcos, aviones, submarinos o drones, podemos apostar que Berlín producirá una conmoción en la industria armamentista global.

En América Latina, la importancia de la guerra de Ucrania se refleja también en movimientos geopolíticos que hasta hace poco parecían impensables. Uno de ellos lo constituye el encuentro, el 5 de marzo pasado, entre una delegación de alto nivel de Estados Unidos y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para iniciar, al parecer, negociaciones que permitan retomar las exportaciones de petróleo venezolano a ese país. En los hechos, esto implica un reconocimiento de facto de la legitimidad del presidente Maduro que termina de desplazar definitivamente a Juan Guaidó del escenario político y que también afecta al principal aliado militar de Washington en América Latina, Colombia, cuyo presidente, Iván Duque, quedó descolocado... Este tipo de cambios súbitos de posición confirman que estamos ante un conflicto de consecuencias globales.

En cuanto a China, segunda potencia global, en un momento delicado y difícil, mantiene una posición cercana a Rusia sin desear romper necesariamente con el mundo occidental. Por Rusia y Ucrania pasan parte de las nuevas rutas de la seda, el gran proyecto chino de comercio e infraestructuras que ahora está parcialmente interrumpido por el conflicto y las sanciones. Para China, esta guerra supone un impacto económico fuerte, en la medida en que afecta a un proyecto fundamental, definido por Xi Jinping como uno de los ejes del desarrollo chino y de su despliegue por el mundo.

Por otra parte, como consecuencia de la guerra de Ucrania y de las sanciones, Moscú puede pasar a depender cada vez más de Pekín. En cierta medida, las fuertes medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos y Europa empujan a Rusia, lo quiera o no, a una creciente dependencia de China, su único aliado de envergadura. Pekín podría ver aumentar considerablemente su capacidad hegemónica sobre Moscú.

Al mismo tiempo estamos viendo una eventual amenaza de sanciones de Washington a China en caso de que Pekín le ofrezca a Moscú soluciones que le permitan evitar las sanciones o reducir su efecto. El presidente Joe Biden advirtió a su homólogo chino, Xi Jinping, sobre “las implicaciones y consecuencias” que para China tendría “brindar apoyo material a Rusia mientras perpetra ataques brutales contra ciudades y civiles ucranianos” (4). Por eso Pekín ha mantenido una línea de cooperación con Rusia sin alinearse de manera unívoca con la posición de Putin. Por ejemplo, no votó en contra de la resolución de Naciones Unidas de condena a Moscú; se abstuvo.

Otra consideración, en un contexto de río revuelto como el actual: China teme que Estados Unidos aproveche la ocasión para lanzar alguna iniciativa en favor de Taiwán. Por ejemplo, si Taiwán inicia alguna maniobra militar preventiva con la excusa de una inminente invasión china semejante a la de Rusia sobre Ucrania. O si Estados Unidos y sus aliados avanzan en mayores niveles de reconocimiento político y diplomático a Taiwán. Asimismo, el gobierno estadounidense anunció recientemente que revisará el esquema de subsidios de Pekín a aquellas industrias chinas cuyos productos se exportan al mercado norteamericano, con vistas a un posible aumento de aranceles, retomando la guerra comercial que en su momento había intensificado Donald Trump (5).

En suma, se constata una voluntad de la Casa Blanca de hostigar a China, reafirmando que el objetivo estratégico principal de Washington en el siglo XXI es contener a China, debilitarla de modo tal que no logre superar a Estados Unidos y disputarle su hegemonía planetaria. En ese sentido, podríamos ver, en las próximas semanas, nuevas presiones sobre Pekín. ¿En qué medida China podría ser excluida a su vez, a pesar de su gigantismo, del funcionamiento "occidental" del mundo? Es posible que ese sea el gran objetivo estratégico de la partida de ajedrez que acaba de empezar en Ucrania.

Estamos en una nueva edad geopolítica. La historia se ha puesto nuevamente en marcha... Ha comenzado un juego peligrosísimo. La próxima etapa podría ser la guerra nuclear...

21 marzo 2022

 

(1) Léase: "110 bulos y desinformaciones sobre el ataque de Rusia contra Ucrania", https://maldita.es/malditobulo/20220317/conflicto-militar-rusia-ucrania-bulos/

(2) La Vanguardia, Barcelona, 11 de marzo de 2022.

(3) Europa Press, Madrid, 28 de febrero de 2022.

(4) La Vanguardia, Barcelona, 19 de marzo de 2022.

(5) ElDiario.es, Madrid, 5 de marzo de 2022. https://www.eldiario.es/economia/casa-blanca-abre-frente-geoestrategico-subsidios-industriales-tecnologicos-china_1_8804255.html

(Tomado de Le Monde diplomatique)

Publicado enSociedad
Martes, 22 Marzo 2022 05:24

El periodismo en crisis

El periodismo en crisis

La prensa escrita retrocede de forma acelerada a nivel mundial. La pandemia, los conflictos bélicos, la inseguridad de los periodistas y la censura amenazan la información independiente y de calidad.

En muchos países, los clásicos vendedores deambulantes de periódicos son ya una difusa estampa del pasado. En tanto el quiosco de venta de diarios y revistas desaparece poco a poco de las esquinas barriales y se mantiene apenas, con cuentagotas, en centros comerciales, estaciones de buses y de trenes.  

No son pocos los lugares donde solo las pequeñas casetas de los cotidianos gratuitos activan el recuerdo nostálgico de lo que hasta hace algunos años fue la era, casi exclusiva, de la información impresa, radial y televisiva.

En este particular paisaje, las ventas de diarios y revistas retroceden estrepitosamente mientras los medios de comunicación compiten por los “clics” que significan ganancias en concepto de publicidad comercial.

La comunicación digital genera a diario avalanchas de información que les permite a las grandes empresas montadas sobre el Internet convertirse en actores informativos preponderantes.

En los últimos cinco años, los usuarios de los medios sociales se duplicaron en el mundo: pasaron de 2.300 millones en 2016 a 4.200 millones en 2021, según un nuevo informe de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Realidad que si bien facilita el mayor acceso a contenidos, fuentes y voces, no se corresponde, necesariamente, con un valor informativo de mejor calidad.

“Fake news” y monopolios

La información errónea y la desinformación se convierten cada día más en una amenaza a la información objetiva, coherente, profesional y de fuentes fidedignas. Las empresas de Internet actúan como vectores, multiplicadores y aceleradores de esta tendencia. Según un estudio del Instituto de Tecnología de Massachussets sobre Twitter, en dicha plataforma las falsedades “se difundían de manera considerablemente más extensa, más rápida, más profunda y más amplia que la verdad”. Por otra parte, en una encuesta realizada por Gallup en 2020 en 142 países, el 57% de los usuarios de Internet declaró que les preocupaba recibir información falsa”.

En este escenario, los ingresos publicitarios –esenciales para la sobrevivencia del sector– se han desplazado con gran velocidad de los medios de comunicación a las empresas de Internet.

Dos gigantes estadounidenses, Google y Facebook (transformado en “Meta” en octubre de 2021), concentran actualmente casi la mitad de todo el gasto global en publicidad digital. Meta cuenta con 3 mil millones de usuarios y 200 millones de empresas que utilizan sus aplicaciones y asegura la circulación de 100.000 millones de mensajes diarios. Por su parte Google, el sitio Web mundial más visitado, tiene la capacidad de procesar diariamente 1.000 millones de peticiones de búsqueda.

Según el informe Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios 2020-2021 de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379826spa), los ingresos publicitarios globales de los periódicos se han reducido a la mitad en los últimos cinco años. Si se analiza la última década, la pérdida es de dos tercios. Esta situación tiene profundas implicaciones para el público de todo el mundo. En particular, para identificar fuentes de noticias locales fidedignas. Y el organismo internacional subraya que “cuando las comunidades pierden sus fuentes de noticias locales, los niveles de participación cívica se resienten”.

La UNESCO considera al periodismo como un bien común, concepto que valoriza el impacto de la información adecuada en la ciudadanía. Al igual que otros bienes comunes, el periodismo desempeña un papel crucial para promover un espacio cívico saludable, algo que logra cuando le proporciona a la comunidad información objetiva y basada en hechos verificables. Esto es esencial para que la ciudadanía pueda participar en una sociedad libre y abierta. No obstante, para que funcione como bien común, debe ejercerse en condiciones políticas y económicamente viables. De lo contrario, le resulta prácticamente imposible generar noticias y análisis de calidad, independientes y fiables. En síntesis, para poder informar, antes tiene que existir.

Censura y agresión a la prensa

La crisis financiera de la empresa periodística que en muchos países se expresa en el cierre acelerado de periódicos, revistas y otros medios, se ha visto agravada en el último decenio por la erosión de las libertades de prensa.

Según datos de la UNESCO, en unos 160 países siguen vigentes leyes penales que tipifican la *difamación* como delito. Por otra parte, desde 2016 unos 44 países han aprobado o modificado legislación con fórmulas imprecisas o sanciones desproporcionadas con respecto a contenidos en el Internet. Con el agravante de casos crecientes de bloqueo del servicio de noticias en línea y pirateo de sitios Web de diversos medios, así como control-espionaje ilegal de periodistas.

En su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2021, Reporteros sin Fronteras (https://rsf.org/es/clasificacion-mundial-de-la-libertad-de-prensa-2021-periodismo-una-vacuna-contra-la-desinformacion) identificó graves impedimentos para el ejercicio del periodismo en 73 países y obstáculos en otros 59 del total de 180 evaluados. Es decir, un 73%.

Realidades conflictivas como la actual de Rusia-Ucrania no favorecen la “normalidad” informativa. En Ucrania ya han perecido varios trabajadores de prensa. La Comisión Europea, por su parte, borró la presencia en la Unión Europea (UE) de las cadenas del Grupo Rusia Hoy (RT) y el acceso al sitio de información Sputnik, como parte de las sanciones contra la Federación de Rusia y sin ningún procedimiento jurídico mediante. Medida criticada por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) para quien la UE “no tiene competencia para tomar ese tipo de medidas”.

Balas contra noticias

El marcador trágico del sitio Web de la FIP (Federación Internacional de Periodistas; https://www.ifj.org/es.html), que se actualiza diariamente, indica que 18 periodistas o personal de medios han sido asesinados entre inicios del año y el 21 de marzo.

El 16 de marzo, sucumbió en un atentado Armando Linares, director del portal mexicano Monitor Michoacán, convirtiéndose así en el octavo comunicador víctima de homicidio en ese país en lo que va del año. Significativamente, el país azteca encabeza la lista de las naciones con más trabajadores de prensa asesinados durante el primer trimestre de 2022. Según la FIP, entre enero y marzo también murieron violentamente 6 profesionales de la comunicación en Tanzania y 4 en el marco del actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

Desde 2016 hasta finales de 2021 diversos organismos internacionales contabilizaron 455 periodistas asesinados en ejercicio de su actividad. Con el agravante de que casi nueve de cada diez de esos casos siguen sin resolverse. El alto índice de impunidad a nivel mundial aparece como una de las amenazas más serias contra el periodismo. Otra cara de la inseguridad que padece el gremio: a fines de 2020 se contabilizaron más de 270 periodistas encarcelados.

Por otra parte, la violencia masiva en línea contra los/las periodistas, en particular las mujeres, constituye otra tendencia agravada. El informe de la UNESCO reveló que, en 2021, siete de cada diez mujeres periodistas encuestadas habían padecido violencia en línea. Una quinta parte de esas profesionales sufrió ataques o maltratos personales relacionados con las amenazas recibidas previamente en línea.

No menos significativas son las agresiones a periodistas que cubren concentraciones públicas, manifestaciones y disturbios. Entre enero y agosto del año pasado alcanzaron una frecuencia preocupante. El organismo de la UNO registró este tipo de ataques en al menos 60 países. Desde 2015, al menos 13 periodistas han sido asesinados mientras cubrían protestas en las calles.

Futuro incierto

El periodismo, es decir, el bien común que permite informarnos e informar, vive una realidad cada día más preocupante.

En el último lustro, cerca del 85% de la población mundial ha sido testigo de una disminución de la libertad de prensa en sus respectivos países. La cifra de asesinatos, aunque estable o en disminución, ha experimentado una remontada significativa en el primer trimestre de 2022. Y la violencia en línea en constante aumento, se prolonga, en muchos casos, en violencia personal directa.

Además, los cambios veloces y las transformaciones financieras y tecnológicas, han causado en diversos países al cierre de medios de comunicación, especialmente algunos que servían a comunidades locales o públicos regionales. En algunos casos han conducido a la concentración creciente de medios, absorbidos por grandes grupos empresariales. En Francia, por ejemplo, diez multimillonarios poseen el 90% de los medios. Los tres grandes grupos suizos de prensa –RX Group, CH Media y Ringier– controlan el 82% de los medios en la Suiza alemana.

Se constata también el desplazamiento brusco de lectores y de publicidad hacia el Internet, con el consiguiente efecto negativo en la prensa escrita. Y no hay que olvidar que el impacto económico de la pandemia aumentó la crisis del periodismo, la cual “ahora amenaza con desencadenar una extinción masiva de los medios periodísticos independientes”.

Frente a estas tendencias, los periodistas y sus organizaciones sindicales y profesionalesmultiplican modelos innovadores para tratar de preservar la existencia y la independencia de la actividad. Por ejemplo, propuestas de reducciones impositivas; promoción de subvenciones directas e indirectas de los Estados a los medios –con garantías de autonomía de los mismos–, así como la multiplicación de nuevos medios informativos financiados casi en su totalidad por sus propios suscriptores, lo que reduce la dependencia de la publicidad comercial. Como ocurre con Le Courrier, Republik, Die Woz o Haupstadt, en Suiza.

Iniciativas alternativas que lanzan en una época de crisis, señales de esperanza para un periodismo independiente, activo, profesional y garante de diversidad. Una forma que intenta desde lo local-regional reactivar los desafíos siempre imprescindibles –aunque vengan del siglo pasado– de un Nuevo Orden Informativo Mundial.

Por Sergio Ferrari | 22/03/2022

Publicado enSociedad