Raúl Zibechi. Fuentes: Rebelión [Imagen: colectivo Manifiesto; publicada en la revista La Tinta]

Entrevista al periodista Raúl Zibechi, coordinador del libro Las luchas del pueblo mapuche (Eds. Baladre y Zambra)

 

 “Hoy será un día histórico del actuar racista y terrorista del Estado chileno y del gobierno del criminal Sebastián Piñera”, manifestaba el pasado 12 de octubre la Comunidad Mapuche Autónoma del territorio de Temucuicui, en respuesta al “Estado de Excepción” de 15 días decretado por el presidente, que incrementa el uso de las Fuerzas Armadas. Asimismo se demuestra, según la declaración comunitaria “el rotundo fracaso del Estado” y “la falta de voluntad política”.

La explicación de los mecanismos de represión figuran, entre otros contenidos, en el libro colectivo Las luchas del pueblo mapuche, coordinado por el periodista e investigador Raúl Zibechi, y el antropólogo Edgars Martínez. Publicado por Coordinación Baladre e Iniciativas sociales Zambra, en la edición han colaborado Ecologistas en Acción, CGT y el Centro de Documentación sobre Zapatismo (CEDOZ). Recientemente Baladre y Zambra han publicado ensayos de Zibechi como Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de colapso. La siguiente entrevista se realiza por correo electrónico.

-¿En qué consistió la denominada Pacificación de la Auraucanía, desplegada por el Estado chileno entre 1861 y 1883? ¿Qué consecuencias tuvo?

Fue una invasión militar al territorio mapuche cuya autonomía había sido reconocida incluso por la Corona española, porque nunca pudieron conquistarlos ni dominarlos. Cuando la independencia Chile era un pequeño país cuya burguesía comenzó a expandirse militarmente hacia el norte y el sur, atacando a los pueblos originarios.

En el caso de Wall Mapu, las consecuencias fueron desastrosas para el pueblo mapuche: perdieron la mayor parte de sus tierras, la población se redujo como consecuencia del genocidio y de la dispersión, se empobrecieron y fueron confinados en espacios acotados donde la sobrevivencia se hizo muy difícil.

-El libro comienza con una referencia al asesinato de Camilo Catrillanca, en noviembre de 2018; la confirmación de la sentencia por parte de la Corte Suprema contra siete excarabineros por el crimen, en mayo de 2021; y la represión en la Comunidad de Temucuicui. ¿Qué trascendencia tuvo el asesinato del joven comunero?

El asesinato de Camilo fue el momento de mayor expansión del movimiento mapuche entre el pueblo chileno, mucho mayor que ante crímenes anteriores o ante las huelgas de hambre del bicentenario.

Miles de chilenos, de norte a sur, salieron a las calles, montaron barricadas, hicieron sonar cacerolas, en una muestra inédita de apoyo al pueblo mapuche. En Santiago, por ejemplo, durante 15 días hubo cortes de calles con quemas en varios barrios. La importancia de este apoyo al pueblo mapuche recién la comprendimos, por lo menos en mi caso, cuando en la revuelta de 2019 la bandera mapuche fue la que flameó en todas las manifestaciones, desplazando otras banderas, incluso la del Estado de Chile. 

-¿Consideras que la izquierda política y el movimiento social chileno han asumido las reivindicaciones de los pueblos originarios?

Para nada. En este mismo momento, con una Convención Constituyente presidida por una mujer mapuche y cuando estamos a semanas de las elecciones presidenciales, el gobierno decreta el estado de emergencia y envía soldados y tanques a Wall Mapu. La reacción de la izquierda es simbólica, cuando no debería ser otra que abandonar las instituciones que, de ese modo, se convierten en cómplices de la militarización de todo un pueblo.

Deberían darse hechos concretos, no sólo declaraciones. Para la izquierda hegemónica el tema mapuche es apenas un punto electoral, su población un posible caudal de votos, y poco más. Pero esto no sucede sólo en Chile, en toda la región latinoamericana las izquierdas no toman en serio a los pueblos originarios. Apoyar el nombramiento de una mujer mapuche al frente de la Convención Constituyente, no se condice con la pasividad ante la militarización.

-En los periódicos La Jornada y Desinformémonos has escrito sobre los riesgos para el movimiento mapuche que implica la Convención Constituyente. ¿Dónde está el peligro?

El principal peligro, como estamos viendo, es el vaciamiento del movimiento popular que se escora hacia las instituciones y abandona la calle y la organización autónoma. Lo hace porque cree que con una buena Constitución y un gobierno progresista, las cosas van a cambiar. Sin embargo, no quieren ver que las experiencias anteriores en la región nos enseñan que el modelo de despojo sigue en pie y se profundiza, que la militarización continúa, que la violencia contra los pueblos y contra las mujeres no se consigue frenar.

En suma, el peligro es el aislamiento de los pueblos y de las y los que luchan, por parte de gobiernos que apenas muestran un discurso –y sólo un discurso- diferente al de la derecha, sin cambios estructurales y con políticas sociales que no resuelven la pobreza sino la alivian durante un tiempo.

-El 12 de octubre el presidente Piñera decretó el Estado de Emergencia en el Wallmapu ¿Qué mecanismos de represión utiliza habitualmente el Estado de Chile contra las comunidades y organizaciones?

Desde la represión dura y pura hasta montajes judiciales para criminalizar a las comunidades rebeldes, pasando por el secuestro de personas, la invasión armada de los lof para intimidar y hacer retroceder la lucha. Además se arman civiles para atacar a las comunidades, usando toda la gama de medidas de contrainsurgencia. Se militariza Wall Mapu porque hay un crecimiento tremendo de las recuperaciones de tierras, que en un año se multiplicaron por cuatro o cinco, en un proceso imparable. Lo que está haciendo el Estado de Chile, es usar el terrorismo para seguir sometiendo a un pueblo que se levanta.

-¿Pueden citarse ejemplos de sectores económicos y empresas beneficiarias de la acumulación por desposesión en los territorios mapuche?

En particular, las grandes empresas forestales, grupos empresariales muy poderosos que hicieron su agosto durante la dictadura de Pinochet. Esas empresas invadieron el territorio mapuche con plantaciones de pinos, al punto que llegas a un lof y te encuentras con que las comunidades están apretadas entre pinos y no tienen tierra suficiente para vivir. Esas plantaciones desplazaron los árboles nativos, sobre explotan el agua y la tierra, y la madera es chipeada para explotarla al norte, en general a varios países de Asia.

A esto deben sumarse las grandes obras de infraestructura, en particular las hidroeléctricas, los monocultivos de salmones que contaminan el océano y ponen obstáculos a las comunidades de pesca.

-El libro colectivodedica un capítulo a la huelgas de hambre de los presos políticos, por ejemplo la llevada a término por el machi Celestino Córdova. ¿Por qué es importante esta forma de lucha?

Las huelgas de hambre han sido el modo de dar a conocer la resistencia de los presos mapuche, de visibilizar la criminalización y los montajes judiciales y de recabar solidaridad entre el propio pueblo mapuche, los otros pueblos originarios y los chilenos y chilenas de abajo. A mi modo de ver, las huelgas de hambre han sido fundamentales en este largo proceso de ruptura del cerco informativo, que finalmente se ha conseguido, porque el pueblo mapuche es un símbolo de dignidad y resistencia muy potentes en el sur de este continente.

-Por último, ¿consideras que existe alguna relación entre las resistencias zapatista y mapuche?

Lo que existe es una potente resonancia de las dignidades rebeldes. No se trata de si existen lazos orgánicos o relaciones políticas. Sabemos que el EZLN ha asumido la consigna mapuche “Marichiwew” (cien veces venceremos), y que entre organizaciones mapuche hay mucho interés por lo que sucede en Chiapas.

Pero lo más importante es la resonancia de dignidades, de rebeldías en resistencia, de la terca voluntad de seguir adelante pese a todas las represiones, sean de la derecha o de la izquierda, porque en Chile fue la progresista Bachelet una de las que aplicó la ley antiterrorista durante su gobierno, contra el pueblo mapuche.

 

 | 16/10/2021

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Los horizontes autonomistas del movimiento mapuche

La elección de Elisa Loncon como presidenta de la Convención Constitucional chilena es el emergente de un largo proceso de organización y lucha de la población mapuche, que mediante diferentes estrategias, más gradualistas o más radicales, fue posicionando la cuestión de la autonomía y, más recientemente, del Estado plurinacional. Esta dinámica política constituyó una suerte de «otra transición» dentro de la Transición posdictadura.

 

Las nuevas problemáticas identitarias

Un momento marcó un punto de inflexión en la trayectoria del movimiento mapuche: alrededor de las 15:20 horas del 4 de julio de 2021. Concluida la segunda ronda electoral para escoger la mesa directiva de la Convención Constitucional, la mayoría del cónclave votó a favor de Elisa Loncon para conducir, en una primera etapa, la redacción de una nueva Carta Magna para Chile. Loncon proviene de una familia vinculada a los movimientos que impulsaron las «recuperaciones de tierras» durante la Reforma Agraria en las décadas de 1960 y 1970, aunque su historia se vincula al ñidolongko Loncomil, quien resistió a las fuerzas militares de Ejército de Chile en la ribera del río Malleco junto con Kilapan, hijo de Mañilwenü, en 1860. Este episodio histórico fue denominado por la historiografía «Ocupación de la Araucanía»1

En su discurso del 4 de julio, Loncon propuso una ruta como horizonte para conformar un nuevo tipo de república que incluya la interculturalidad. La presidenta de la Convención señaló: «mandarles un saludo a los niños que nos están escuchando: se funda un nuevo Chile, plural, plurilingüe, con todas las culturas, con todos los pueblos, con las mujeres, con los territorios. Ese es nuestro sueño para escribir una nueva Constitución»2.

En paralelo, desde principios de 2021, el movimiento mapuche partidario de la autodeterminación, encabezado por la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco-Malleco (cam), Resistencia Mapuche Lafkenche (rml), Resistencia Mapuche Malleco (rmm) y Weichán Auka Mapu [Lucha del Territorio Rebelde], impulsó una oleada de «recuperaciones de tierras», que incluyó el uso de la violencia política contra maquinarias y camiones forestales, y también el incendio de casas de agricultores y cabañas de turismo. Bajo los marcos ideológicos desarrollados por la cam, que promueve el «control territorial como ejercicio de la liberación nacional», el movimiento favorable a la autodeterminación hizo uso de la violencia en el marco de lo que consideran sabotajes al capitalismo. 

Los movimientos gradualistas y rupturistas han contribuido a la acumulación de fuerzas para la «liberación nacional» del pueblo mapuche. Este último concepto, incorporado en la década de 1990 por la organización Aukiñ Wallmapu Ngulam [Consejo de Todas las Tierras] –aunque debatido en la década anterior entre los jóvenes de la organización Ad Mapu–, creció dentro del movimiento, aunque solo se tornó hegemónica con la creación en 1998 de la cam. La cam fue un catalizador de nuevas ideas que en el plano teórico fueron debatidas por el partido mapuche Wallmapuwen y su equipo de intelectuales en la primera década del nuevo milenio3

Desde nuestro punto de vista, fue como consecuencia de la acción colectiva de la cam, más específicamente de sus estrategias de «recuperaciones de tierras» y edificación del «control territorial como ejercicio de la liberación nacional», que incluye formas de acción directa como la quema de camiones y de maquinaria forestal –«símbolos del capitalismo forestal»–, que el concepto de «liberación nacional» se fue volviendo hegemónico en la discusión en el seno del pueblo mapuche. Sin embargo, en los últimos dos años, algunos hechos de violencia sobre civiles y detenciones de miembros del pueblo mapuche derivaron en hechos delictivos, que fueron criticados por los miembros del propio sector rupturista del movimiento. 

Al movimiento mapuche se unió una corriente autonomista «desde abajo», que transitó de las «recuperaciones de tierras» a las del territorio como ejercicio de poder4. Coincidió con la hegemonía del modelo neoliberal en América Latina, propiciado por dictaduras militares y gobiernos democráticos entre las décadas de 1980 y 1990. El historiador, antropólogo y sociólogo José Bengoa ha llamado este proceso «emergencia indígena en América Latina», debido a la irrupción de las identidades de los pueblos originarios, lo que favoreció la expansión de un movimiento «panindigenista» basado en una «reinvención» de la cuestión indígena que combina urbanidad y ruralidad5.

La gran revuelta indígena en América Latina transformó la situación política de los pueblos originarios y ha insertado la disputa por la historia como fundamento de sus horizontes políticos. Se trata de una suerte de «invención de la tradición» como la que han desarrollado todos los movimientos que se plantean en el marco de la reconstrucción de una nación. En el caso de la cam, lo vemos en la revalorización del weichafe [guerrero] como elemento protagónico en el movimiento rupturista, así como en la del papel de las autoridades tradicionales6

Estas últimas hacen alusión a los conductores y conductoras del pueblo mapuche: longko (cabeza jefe de una comunidad), werken (vocero), machi (autoridad sanadora). Cada comunidad tiene un longko, y el conjunto de las comunidades conforma el Wallmapu, el conjunto de la nación mapuche7. En este marco, se ha producido también una descolonización de nombres y apellidos: los nuevos nacimientos reciben nombres en mapuzungun. Esta es una muestra de lo que se conoce como «orgullo de ser mapuche», resultado del accionar del movimiento, que ha incrementado la pertenencia étnica en los últimos años8. Para los mapuche, a todos los seres y espacios de la naturaleza se les asigna un alma que armoniza con el resto de las vidas existentes en Wallmapu. Según Elicura Chihuailaf: «nuestra existencia se afirma en dos grandes normas que regulan a la gente entre sí y a la gente con el medio natural que lo rodea. Son los conceptos de Nor y Az». El primero refiere a las pautas de la relación que debe tener la gente con la naturaleza y sus componentes, mientras que el segundo apunta al reconocimiento y la determinación del origen biológico y familiar de cada mapuche. Esto último permite articular la relación de cada familia con su lugar de origen, cimiento de los Lof, que luego del proceso de reducción territorial derivaron en lo que la Ley Indígena de 1993 catalogó como «comunidades».

A efectos de comprender los recientes debates internos del pueblo mapuche, es necesario distinguir las comunidades tradicionales, que derivaron de los títulos de merced post-Ocupación de la Araucanía, de las nuevas comunidades creadas al amparo de la Ley Indígena 19.253 de 1993, que permite la asociación de personas mapuche que se postulan para la compra de tierras no exclusivamente en sus territorios originarios, lo que ha sido fuente de nuevas controversias en el seno del pueblo mapuche. Por un lado, se «recuperan» tierras, pero por el otro, se rompen las normativas del equilibrio sobre la base del Az Mapu (sistema jurídico mapuche), al insertar a personas mapuche provenientes de otras identidades territoriales en territorios a los que no pertenecen desde perspectivas cosmológicas9. Esto ya había sucedido, sobre todo durante la Ocupación de la Araucanía, cuando ciertas familias tomaron la decisión de relocalizarse debido a la violencia estatal10.

La reciente elección de la Convención Constitucional demostró la fuerza del voto mapuche en sus territorios. Sin embargo, la misma elección –parafraseando al dirigente Adolfo Millabur, quien señaló que «mapuche vota por mapuche»– demostró que es muy relevante la fuerza de los mapuche que no viven en Wallmapu, sino que habitan en las grandes ciudades fuera del territorio mapuche. Así, las cifras de población mapuche que vive fuera de Wallmapu han llevado al movimiento a pensar sobre su realidad y sus formas de construcción política. De esta forma, un sector comenzó a reflexionar sobre la plurinacionalidad o la autonomía regional como un camino plausible para desarrollar los derechos colectivos en una perspectiva de autodeterminación11. Pero también se planteó la posibilidad de un retorno al país mapuche para construir el control territorial. Con esto último creemos que se relaciona el reciente asesinato del miembro de la cam Pablo Marchant en un enfrentamiento con Carabineros de Chile durante una «recuperación de tierras» en el fundo Santa Ana de Forestal Mininco12.

Los debates sobre la autodeterminación

La autonomía ha dejado de ser una moda o un reclamo aislado para los pueblos indígenas. Para Miguel González y Aracely Burguete Cal y Mayor, este concepto debe ser visto como polisémico; proponen pensar en «las autonomías» como una imagen multicolor, con variables de contenidos y significados culturalmente construidos. Este paradigma, comprendido como parte de los procesos de descolonización, puede ser planteado en el marco de una imagen más amplia: la de los derechos humanos.

Puestas en debate en la Declaración de Barbados de 1971 y luego en la legislación del Régimen de Autonomía Regional de Nicaragua con la Revolución Sandinista, las autonomías permitieron avanzar en la discusión sobre los nuevos derechos que portan los pueblos indígenas. Así, desde la década de 1980, las dirigencias fueron creando marcos políticos, jurídicos y simbólicos para avanzar hacia la libre determinación13.

Los mapuche, no ajenos a estos debates, decidieron avanzar hacia un proyecto de «carácter histórico» –como llamaron a la autodeterminación–. En palabras de José Mariman, estos nuevos postulados difieren de la reivindicación de la tierra del siglo xx; no obstante, las experiencias de las comunidades que refuerzan la concepción de autonomía fueron las «recuperaciones de tierras» bajo las reformas agrarias y los asentamientos. Para Mariman, el concepto de «autonomía» no es homogéneo, trasluce un debate interno en la «sociedad política» mapuche, que nos habla de la existencia de un discurso que pone el énfasis en lo etnocultural o en las tradiciones cuando se imagina un futuro para los mapuche14.

Ahora bien, ¿qué se entiende por autodeterminación? En 1983, en la Tercera Asamblea Nacional del Pueblo Mapuche convocada por Ad Mapu, se señaló: «la Ocupación significó la interrupción del proceso de desarrollo de nuestro pueblo y el arrinconamiento de nuestra población en reducciones indígenas». En los puntos siguientes, la Asamblea se pronuncia a favor de la «autonomía y autodeterminación de nuestro pueblo en cuanto a que debemos ser gestores y protagonistas de nuestro propio proceso de desarrollo» y concluye sosteniendo los deseos de «participar en la redacción de una nueva Constitución Política que resguarde y garantice nuestros derechos y patrimonio cultural de acuerdo con nuestra identidad étnica»15. En 1985, en la revista Nütram –órgano ideológico de Ad Mapu–, se plantea: «un mapuche sin tierra no es un mapuche».

Años después, en una conversación con Ana Llao, dirigente de Ad Mapu, ella recordaba cómo se fue planteando la necesidad de una nueva Constitución que reconociera a los mapuche como sujetos de derechos16. La presión en el interior de Ad Mapu por hacer cumplir los compromisos del candidato a la Presidencia de la Concertación de Partidos por la Democracia, como el reconocimiento constitucional, la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (oit) y la creación de una normativa de protección y fomento de la identidad, buscó concretar un compromiso de la oposición a la dictadura, en el marco de una oleada democratizadora a escala global17.

La Ley Indígena de 1993, no exenta de visiones coloniales, diseñó políticas de afirmación que permitieron un desarrollo de la población mapuche sobre la base de la inserción educativa, el apoyo económico a estudiantes, el fomento de las artes y la inserción en el sistema educativo sobre la base de políticas de afirmación identitaria. A casi 20 años de esa ley, es factible pensar que los nuevos desafíos asociados a la politización de la identidad se relacionan con dos nuevas realidades: el auge del movimiento autonomista y las políticas de afirmación. Ambos, suscritos a un modelo económico que se constituye en la desigualdad y la diferencia, han terminado por crear un marco político en el que los miembros con pertenencia étnica son incorporados bajo el neoliberalismo sin ser sujetos de derechos y con dificultades de insertarse en un modelo que se basa en la desigualdad. Esto último potenció el movimiento extrainstitucional, que fue logrando, en los primeros siete años de la transición democrática, mayor peso político18. Desde 1990, con la fundación de Aukiñ Wallmapu Ngulam, la autodeterminación continuó afirmándose como horizonte político para el pueblo mapuche. Esto puede ser visto como la «otra transición» a la democracia, ya que Aukiñ Wallmapu Ngulam reforzó la perspectiva de que fuesen las comunidades las que sustentan el proceso político mapuche y que sus liderazgos tradicionales encabezaran el proyecto de «liberación nacional» mapuche.

Desde esa perspectiva, impulsaron nuevas «recuperaciones de tierras», lo que provocó conflictos con los gobiernos de la Concertación. A su vez, los procesos de «descolonización ideológica» llevaron a los militantes a forjar alianzas con comunidades situadas en Argentina, para fortalecer y ampliar el horizonte por la autonomía y la reconstrucción de Wallmapu. Para los miembros de la organización, la reconstrucción nacional del pueblo mapuche debía ser impulsada a ambos lados de la cordillera ya que esta, antes de que se establecieran las fronteras nacionales, era el centro del antiguo país mapuche. No fue extraño que, hacia el quinto centenario de la conquista de América, el movimiento mapuche lograra desarrollar un movimiento que articulaba a distintas comunidades, autoridades tradicionales y una fuerte movilización por la tierra junto con la creación de un arsenal político e ideológico, y que esto concluyera en la gestación de un movimiento autonomista. En esa línea, en octubre de 1992, la organización presentaría la bandera de la nación mapuche: la Wenüfoye19, que se vio flamear en todo el país durante la última ola de protestas.

La articulación de lo internacional y lo nacional derivó en la discusión de lo que se denominó Estatuto de Autonomía Mapuche. Sostenida en los antiguos territorios del Lof Kallfükura en Argentina, la discusión versó en torno de la definición de la Nación Mapuche desde un punto de vista histórico, normativo, institucional, territorial y cultural. Se propició inscribir el Estatuto bajo las legislaciones internacionales que el Estado debería adoptar para que los mapuche pudiesen ejercer sus derechos colectivos. Todo ello, bajo «el ejercicio concreto del derecho a la libre determinación»20.

Estos avances políticos e ideológicos no fueron comprendidos por los gobernantes de la Concertación, que continuaron desconociendo los derechos colectivos del pueblo mapuche. La fundación de la cam fue producto del proceso de radicalización mapuche. Bajo el influjo de la insurrección zapatista en México y la experiencia de algunos de sus miembros en organizaciones armadas de la izquierda chilena, la violencia política comenzó a ser ejercida y teorizada como un aspecto del proceso de autodeterminación.

Entre sus principales aportes, la cam introdujo la perspectiva de la «descolonización ideológica». En ese ámbito, la ocupación de los territorios y el control de estos mediante lo que llama acción directa quiebra inexorablemente la institucionalidad que se desea imponer.

Las discusiones sobre la autodeterminación fueron cada vez más importantes en el seno de la comunidad política del pueblo mapuche, que continuaba construyendo elementos para forjar una subjetividad militante que el Estado nacional no tomaba en cuenta ni tampoco intentaba encauzar a través de reformas políticas. Al contrario, se inició una política de criminalización que significó abrir un espiral de violencia que no se ha detenido y que inclusive ha roto la confianza hacia cualquier intento de institucionalizar el conflicto mapuche. Lo que es más grave: un sector del movimiento autonomista no cree en los procesos de reformas constitucionales o que sea posible avanzar en los derechos colectivos a partir de la reconfiguración del Estado. La expresión de esto ha sido el reciente viaje de una comitiva de la comunidad Ignacio Queipul en Ercilla para cuestionar a los constituyentes mapuche electos por no representar los derechos colectivos, bajo la idea de que la participación mapuche en la Convención Constitucional es irresponsable e inconsecuente con la historia y el futuro del pueblo mapuche.

En paralelo, se inició una política de criminalización de los activistas de la cam, quienes fueron enjuiciados usando normativas de excepción, como la Ley por Conductas Terroristas. Esto determinó el paso de la organización a la clandestinidad, así como procesamientos por asociación ilícita terrorista. Esto último se aceleró luego de que entre 2001 y 2004 se sumaran a la cam comunidades Wenteche que combatieron a los agricultores incendiando sus casas. En ese marco, comenzó un proceso de clandestinidad de los miembros de la organización y un conflicto esencialmente político fue entregado a la fuerza pública. Es viable plantear que, en ese escenario, el multiculturalismo como respuesta al ascenso del movimiento mapuche tomó protagonismo.

Los debates sobre la plurinacionalidad

En 1996, el joven mapuche de la provincia de Arauco Adolfo Millabur Ñancul fue elegido alcalde por la comuna de Tirúa. Para ese entonces, era miembro de la Coordinadora Territorial Lafkenche y del hogar de estudiantes Pegun Dugu. Los lafkenche (gente del mar) comenzaron a idear un movimiento en defensa del mar y sus seres vivos y a pensar en formas de recuperar la tierra y crear un movimiento de reivindicación política ante el contexto de emergencia indígena, así como de la influencia de Aukiñ Wallmapu Ngulam.

La provincia de Arauco fue una de las comunas que vivieron la experiencia de la reforma agraria y la violación de los derechos humanos contra quienes participaron de ella. Además, por ser sede de yacimientos de carbón importantes para el país, la formación de una clase trabajadora con conciencia en esas tierras fue un hecho que contribuyó a la politización. Todas estas variables contribuyeron a la conciencia política de jóvenes que además reflexionaron sobre el ser mapuche. 

La organización se caracterizaba por recuperar a las autoridades tradicionales como las conductoras del proceso político, aunque alejándose de una estructura vertical. «No somos un ejército –señalaba Millabur en 1999–, no andamos detrás de una sola persona, no tenemos una estructura única». Ese mismo año los lafkenche realizaron una cabalgata multitudinaria hacia Concepción para dar a conocer sus puntos de vista críticos, sobre todo frente a la construcción de la represa hidroeléctrica Ralco, y señalar su vinculación política con el mar. La relación entre geografía y política reforzó en los lafkenche la noción de pensar una solución económica y política en un sentido pluriétnico. Ello debería ir acompañado de una relación armoniosa con la naturaleza y el manejo de los recursos de los espacios marítimos del territorio mapuche, ya que este no era un aspecto productivo, sino la piedra angular sobre la que se «construye la base de la identidad» de los lafkenche y, por ende, de la organización21.

Críticos del capitalismo, los lafkenche comenzaron a dotar de una perspectiva latinoamericana a sus formas de reflexión política. En 2002, un encuentro internacional en Lleu-Lleu, provincia de Arauco, los fue acercando a los debates en torno de la plurinacionalidad como vía para avanzar hacia los derechos colectivos. Al año siguiente, realizaron encuentros a escala nacional, lo que les permitió una vinculación a lo largo del país con gente mapuche que les permitió consolidar una fuerza política. En 2004, en Trawa Trawa se desarrollaron los primeros debates para formular un Proyecto de Ley de Protección del Espacio Costero haciendo uso del Convenio 169 de la oit para tales efectos. La ley, que se comprometía en la protección de la biodiversidad, se aprobó en 2007 y se promulgó al año siguiente.

En 2006, la Identidad Territorial Lafkenche (itl) realizó en Valdivia su primer congreso, que resolvió continuar luchando por formular una nueva Constitución. Cuatro años después, en el marco del triunfo de Evo Morales en Bolivia y del giro hacia la construcción de un Estado plurinacional en ese país, reafirmó su compromiso de redactar y discutir una Constitución vía Asamblea Constituyente. En 2012, tomó la decisión de construir un poder constituyente para una nueva Constitución agregando como horizonte el Itrofill Mongen [todas las vidas] para lograr un Küme Mongen [vivir en armonía y reciprocidad con todos los seres]. En este crucial debate, teniendo en consideración los ejemplos de Ecuador y Bolivia, que habían redactado para ese entonces constituciones que reconocían los derechos de la naturaleza, la autonomía y la plurinacionalidad como un nuevo marco de Estado, la itl señala en 2013 que su propósito político sería la plurinacionalidad e interculturalidad. 

En su iv Congreso en Hornopirén, en 2014, la itl plantea que todos los acuerdos evidencian la necesidad de fundamentar los derechos colectivos (autodeterminación) en la redacción de una nueva Constitución. Dos años después, se establece la necesidad de forjar alianzas con otros actores involucrados en la protección del mar y defender las normativas consolidadas por el movimiento mapuche hasta el año 2018. Un año después, se produjo el estallido social, y ante la crisis de legitimidad de la República, los mapuche llegaron con una propuesta: la construcción de un Estado plurinacional.

Para Rosa Catrileo, que es en la actualidad convencional constituyente, la plurinacionalidad es un reconocimiento más bien constitucional. De realizarse, plantea que esa declaración debe estar basada en un Estatuto de Garantía de Derechos. ¿Cuáles? «Primero reconocer al pueblo mapuche y a los pueblos originarios como sujeto de derecho, no como objeto de derecho, sujeto de derecho es que sean titulares, son titulares y lo otro es qué derecho; bueno, partamos por el básico: tierra y territorio… esa es la principal preocupación. Luego de ello materializar los derechos políticos, la autodeterminación con miras a la autonomía»22. En ese mismo sentido se suscriben las palabras de la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon, para quien la autodeterminación continúa siendo uno de los ejes fundamentales del pueblo mapuche. No obstante, ve la plurinacionalidad como un punto intermedio para dialogar con los no indígenas, ya que desde su óptica, va a costar preparar a Chile para la plurinacionalidad, porque todas las constituciones fueron en función del Chile único, una sola nación, aun cuando existe tanta diferencia y diversidad. Eso habría calado hondo en la identidad chilena, pero también los chilenos han dicho «¡basta!» con el estallido social, lo que para la presidenta de la Convención significa que hay una decisión del pueblo de querer cambiar y hacer las cosas de otro modo. Para lograrlo, se necesita forjar «una cultura diferente» y para ello se deben introducir en el debate los conceptos plurinacionalidad, interculturalidad, derechos de la Madre Tierra, derechos sociales, derechos humanos fundamentales, verdad histórica.

Conclusión: ¿un camino a la domesticación de los derechos colectivos?

El 11 de agosto de 2021, la constituyente Rosa Catrileo, como parte de la subcomisión de Estructura y Funcionamiento, eliminó del Reglamento de la Convención la frase «República de Chile». Los sectores más conservadores de la Convención expresaron su molestia y sostuvieron que se debilitaba la legitimidad del proceso por ese hecho. Catrileo explicó a los críticos que aquello era justamente lo que se iba a debatir. En su óptica, «Chile es un Estado plurinacional. Los pueblos están hablando, es momento de refundar la historia con muchas banderas y derechos». Y agregó: «Este es un cambio de paradigma, que queremos [que] quede de manifiesto en la nueva Constitución y en la Convención, que es que aquí habemos diversos pueblos, naciones preexistentes al Estado, y nosotros somos los soberanos, los que vamos a refundar o dar esta nueva institucionalidad al Estado». Al siguiente día, reforzó su convicción: «la República de Chile para los mapuche ha sido bien invasora, no nos ha reconocido (...) y nosotros somos los soberanos, los que vamos a refundar o dar esta nueva institucionalidad al Estados». 

Al siguiente día, la abogada Amaya Álvez profundizó sobre la controversia que había generado la reacción de los sectores más conservadores de la Convención y del país. En sus palabras: «sacar la noción de República de Chile del artículo es una especie de símbolo para repensar este Estado Plurinacional (…) y una manera de apoyar la reivindicación histórica que hacían los escaños reservados». Álvez comparte que Chile se encuentra ante un cambio de paradigma: «hablar de los pueblos de Chile con la idea de una república para Chile» no le parece contradictorio23.

Las transformaciones que están llevando adelante los constituyentes mapuche ¿son la puerta para el multiculturalismo neoliberal? ¿Permitirán la consolidación de los derechos colectivos? ¿Es la violencia política el «verdadero camino» a la conquista de los derechos colectivos del pueblo mapuche? El último estudio de opinión pública del ciir daba a conocer que 88% de los encuestados compartía que la naturaleza fuese sujeta de derecho, 81% era favorable al derecho a la propiedad comunitaria de sus territorios, 72% al reconocimiento de la jurisdicción indígena y 62% al reconocimiento de la libre determinación y autonomía24.

Ante las críticas que emanaron de los mapuche de la comunidad Ignacio Queipul luego de llegar a las afueras de la Convención Constitucional, solicitando ser recibidos por el vicepresidente y desconociendo la autoridad de Elisa Loncon, en una conferencia de prensa dada por los convencionales, Adolfo Millabur planteó comprender las diferencias y levantó su mano derecha:

si miran esta mano es un solo órgano pero tiene cinco partes. Un pueblo también tiene derecho a tener diferencias, pero cada parte de las diferencias cumple un rol. Ellos vinieron legítimamente a presentar su diferencia, la escuchamos, estábamos disponibles para conversar, pero no como ellos querían por las normas sanitarias, son públicas las diferencias como mapuche. Nosotros los que estamos aquí creemos que este camino de la Convención es un paso para dar una solución que todos los mapuche conscientes queremos. Ellos vienen a reclamar el territorio, nosotros también queremos lo mismo. Ellos quieren reclamar por justicia y nosotros también queremos lo mismo. La diferencia que tenemos es que creemos que por este camino institucional a través de la Convención podemos avanzar en cambiar las cosas duras de nuestro pueblo. Esa es nuestra apuesta.25

La otra fuerza del movimiento mapuche continúa en la práctica del control territorial. Las «recuperaciones de tierras» han aumentado en los últimos meses. Desde la tumba de Marchant, en un predio en recuperación, Llaitul proclamó: «la única vía posible para la liberación nacional mapuche es el weychan [lucha o guerra] y la confrontación directa contra las expresiones del capitalismo en Wallmapu. Agregó que la participación mapuche en la Convención, como una supuesta oportunidad para refundar el país, lo que en realidad representa es un acto de sometimiento al pacto colonial»26

¿Qué camino es el correcto? ¿Cuál es el válido? Los constituyentes mapuche tienen hoy la legitimidad de las urnas. Si bien el número de quienes sufragaron a favor de los convencionales fue de 282.219, equivalente a 22,81% de un total de 1.239.395 habilitados para sufragar, es un número de adhesión importante para un movimiento que no confía en la institucionalidad debido a la forma de operar del Estado en las últimas décadas. Esto tiene relación, desde mi perspectiva, con la desafección hacia la democracia, que ha venido creciendo en los últimos años, y con el contexto pandémico, que hizo que muchas personas prefirieran restarse del momento político.

A modo de cierre, como me planteó Aracely Burguete Cal y Mayor en un diálogo que sostuvimos hace unos meses, es importante considerar que los pueblos originarios no buscamos un nuevo trato, sino derechos, y como tales deben quedar expresados en la nueva Constitución, «porque luego cuando uno ya los ve en el papel se hacen más pequeñitos, porque uno siempre siembra dinosaurios y al final cosecha hormigas. Entonces hay que tratar de sembrar dinosaurios aun cuando la tierra tiemble»27.

  • 1.
  1. Pairican: Toqui. Guerra y tradición en el siglo xx, Pehuen / CIIR, Santiago de Chile, 2020. Un estudio clásico sobre el tema es el de José Bengoa: Historia mapuche del siglo XIX, LOM, Santiago de Chile, 2000.
  • 2.

El discurso está disponible en www.mapuexpress.org/2021/07/05/video-discurso-inaugural-de-elisa-loncon-como-presidenta-de-la-convencion-constituyente/.

  • 3.
  1. Pairican: «Sembrando ideología: el Aukiñ Wallmapu Ngulam en la transición de Aylwin (1990-1994)» en Sudhistoria No 4, 2012; Víctor Tricot y Germán Bidegain: «En busca de la representación política: el partido mapuche Wallmapuwen en Chile» en Estudios Sociológicos vol. 38 No 113, 5-8/2020.
  • 4.

Es relevante en estas reflexiones políticas el texto de Aracely Burguete Cal y Mayor: «Autonomía: la emergencia de un nuevo paradigma en las luchas por la descolonización en América Latina» en Miguel González, A. Burguete Cal y Pablo Ortiz-T. (coords.): La autonomía a debate. Autogobierno indígena y Estado plurinacional en América Latina, Flacso Ecuador / GTZ / IWGIA / CIESAS / UNICH, Quito, 2010.

  • 5.

José Bengoa: La emergencia indígena en América Latina, FCE, Santiago de Chile, 2000.

  • 6.
  1. Pairican: «Weuwaiñ. La invención de la tradición en la rebelión del movimiento mapuche (1990-2010)» en Enrique Antileo Baeza, Luis Cárcamo-Huechante, Margarita Calfío Montalva y Herson Huinca-Piutrin (eds.): Violencias coloniales en Wajmapu, Ediciones CHM, Temuco, 2015; Eric Hobsbawm y Terence Ranger: La invención de la tradición, Crítica, Barcelona, 2013. Sobre el concepto de «weichafe», v. Héctor Llaitul y Jorge Arrate: Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política, Ceibo, Santiago de Chile, 2012.
  • 7.

El pueblo mapuche está dividido en identidades territoriales: Lafkenche (gente del mar), Nagche (gente de tierras bajas), Wenteche (gente de tierras cercanas a las nives), Pewenche (gente de la cordillera) y Williche (gente situada al sur del río Cautín).

  • 8.
  1. Pairican: Malón. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013, Pehuén, Santiago de Chile, 2014. Para mayores detalles, v. el Estudio Longitudinal de Relaciones Interculturales llevado a cabo por el ciir. Entre sus distintas mediciones, da cuenta del apoyo de la sociedad chilena a las reivindicaciones de los pueblos originarios y el crecimiento de la autoidentificación indígena. V. «Estudio UC: los chilenos apoyan cada vez más las demandas indígenas» en www.elri.cl.
  • 9.

Elicura Chihuailaf: Recado confidencial a los chilenos, LOM, Santiago de Chile, 1999. V. tb. José Quidel: «La noción mapuche de che (persona)», tesis de doctorado, Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas, Universidad Estadual de Campinas, 2020.

  • 10.
  1. Florencia Mallon: La sangre del copihue. La comunidad mapuche de Nicolás Ailío y el Estado chileno, 1906-2001, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2004.
  • 11.

Claudia Zapata y Elena Oliva: «La Segunda Reunión de Barbados y el Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas: horizontes compartidos entre indígenas y afrodescendientes en América Latina» en Revista de Humanidades No 39, 1-6/2019.

  • 12.
  1. Pairican: «La tumba de Pablo Marchant y la evolución de la Coordinadora Arauco-Malleco» en CNN Chile, 23/6/2021.
  • 13.
  1. Zapata y E. Oliva: ob. cit.
  • 14.
  1. Mariman: Autodeterminación. Ideas políticas mapuche en el albor del siglo XXI, LOM, Santiago de Chile, 2012, p. 24.
  • 15.

Ad Mapu: «Tercera Asamblea Nacional del Pueblo Mapuche (Resoluciones)» en Civilización, 2/1983.

  • 16.
  1. Pairican: «Ana Llao: ‘Nosotros vemos la concepción de la vida como un bien común para todos’», entrevista en AAVV: 18 de Octubre: primer borrador. Reflexiones desde abajo para pensar nuestro mañana, Quimantú, Santiago de Chile, 2020.
  • 17.

Rafael Otano: Nueva crónica de la transición, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2006.

  • 18.
  1. Pairican y Rolando Álvarez: «La Nueva Guerra de Arauco: la Coordinadora Arauco-Malleco y los nuevos movimientos de resistencia mapuche en el Chile de la Concertación (1997-2009)» en Izquierdas No 10, 8-9/2011.
  • 19.

En relación con la discusión sobre la creación de la bandera, v. «Nación mapuche reafirma su identidad» en Aukiñ, 8-9/1992, p. 3.

  • 20.

«Primer Estatuto de Autonomía» en Aukiñ No 25, 10/1995.

  • 21.
  1. Pairican: «La vía política hacia la autonomía. Una comprensión del discurso y práctica de la Identidad Territorial Lafkenche en torno a la Plurinacionalidad, 1997-2020», inédito.
  • 22.

Libertad Pinto: «Rosa Catrileo, constituyente mapuche: ‘Tierra y territorio son la principal preocupación que vamos a llevar a la Convención’» en The Clinic, 18/6/2021.

  • 23.

«Sacar la noción de República de Chile del artículo es una especie de símbolo para repensar este Estado Plurinacional» en El Mercurio, 14/8/2021.

  • 24.

CIIR: «Estudio de opinión pública: pueblos originarios y nueva Constitución», 25/8/2021, disponible en www.ciir.cl.

  • 25.

Conferencia de prensa de los constituyentes mapuche, 7/9/2021.

  • 26.

«CAM califica como ‘acto de sometimiento’ presencia de mapuche en la Convención» en El Mercurio, 16/7/2021.

  • 27.
  1. Pairican: «Aracely Burguete Cal y Mayor y los pueblos originarios: ‘El derecho madre es el de la libre determinación’», entrevista en The Clinic, 9/7/2021.
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La multiplicación de los gobiernos autónomos

El pueblo shipibo-konibo de Perú ha formado su propio gobierno autónomo y llama al gobierno de Pedro Castillo a que lo reconozca oficialmente, como señala una carta abierta publicada el 16 de setiembre.

El Consejo Shipibo Konibo Xetebo (Coshicox) de la Amazonía peruana informó sobre el Gobierno Autónomo del Pueblo Shipibo-Konibo y exige reconocimiento “al mismo nivel político y administrativo que los gobiernos regionales”. Las propuestas que detallan en su carta son “resultados de acuerdos políticos con nuestras bases y son parte de la plataforma de negociación de los pueblos indígenas en su relación con el Estado y que han sido continuamente postergados”.

Exigen además que se reconozcan “nuestros propios órganos representativos que funcionan como instancias de deliberación política”, así como las normas jurídicas creadas por las comunidades y nuestro territorio integral como nacionalidad indígena y no a nivel comunal”.

Estos puntos son centrales porque la legislación peruana reconoce las comunidades y hasta los territorios de los pueblos, pero no así las naciones y las formas de autogobierno a escala supra comunitaria.

Aseguran que las guardas indígenas que han formado son la versión amazónica de las rondas campesinas, surgidas hace medio siglo en la sierra andina para la defensa de las comunidades campesinas, y destacan que esas guardias de autodefensa hoy son más necesarias que nunca para “proteger la Amazonía de invasiones de traficantes de tierras, deforestación y otras actividades como las explotaciones mineras e hidrocarburíferas” que violan las autonomías.

Las comunidades Shipibo-Konibo están asentadas en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco y abarcan una población de casi 33 mil habitantes, siendo uno de los pueblos más numerosos de la Amazonía peruana.

El pueblo Shipibo demanda el reconocimiento de 2,4 millones de hectáreas, está asentado de forma dispersa y no continua como suele suceder con los pueblos amazónicos (https://www.coshikox.pe/). Cuenta con un sistema propio de comunicación a través de informativos diarios de radio, con programas económicos de cooperativas de banano y de productos orgánicos y crearon un Banco Shipibo que ha realizado préstamos a más de 300 artesanas para que puedan mejorar su producción.

Los emprendimientos económicos tienen por objetivo “soportar el proceso político de independencia y autogobierno a través de acciones económicas basadas sobre el apoyo mutuo entre productores”, según señala su página. Se puedan ver algunos videos para comprender mejor el entorno de los pueblos que ahora se proclaman gobiernos autónomos, como “Canaán: la tierra prometida” (https://www.youtube.com/watch?v=PPkTP-HV_IE&t=72s) y “Uchunya” (https://www.youtube.com/watch?v=RqAOMBeux6A), que permiten acercarse a realidades, identidades y culturas de los pueblos amazónicos, que enarbolan formas de resistencia distintas a las que conocemos pero convergentes con ellas.

“El dinero hoy lo tenemos y mañana ya no. Nuestro territorio lo vamos a tener de por vida y nunca se va a terminar”, dice una mujer autoridad de Santa Clara de Uchunya.

Es evidente que para quienes aspiran a gobernar naciones, provincias o ciudades, las autonomías de los pueblos originarios suenan a poco: escasa población, asentada en territorios remotos lejos de los centros del poder de arriba. No son atractivos para la estrategia de conquistar el poder, ni para rejuntar votos ni para acarrear militantes.

Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a una notable expansión de las autonomías de los pueblos. Como hemos visto en otras ocasiones, las autodefensas comunitarias que develan la existencia de procesos autonómicos, comenzaron en las regiones de tierras altas, se fueron expandiendo por las tierras bajas, pero también fueron adoptadas por los pueblos negros y campesinos.

Desde la revuelta colombiana de este año, comienzan a organizarse “guardias urbanas” en grandes ciudades como Cali, formas de organización que demandarán largos procesos de aprendizajes colectivos. Sin embargo, como los gobiernos autónomos, las formas de organización no estatales ya están caminando, se multiplican en un proceso imparable, interminable.

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Martes, 12 Octubre 2021 06:08

Visión de los vencidos

Pintura que recrea el encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma.

Poco tiempo después de la caída de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortés, varios poetas nahuas supervivientes de la masacre dejaron constancia del trauma sufrido en unas elegías o cantos tristes: "En los caminos yacen dardos rotos, / los cabellos están esparcidos. / Destechadas están las casas, / enrojecidos tienen los muros. / Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. / Rojas están las aguas, están como teñidas / y cuando las bebimos, / es como si bebiéramos agua de salitre". El historiador mexicano Miguel León-Portilla compiló a mediados del siglo pasado esos cantares y otros testimonios de los escribanos de la cultura náhuatl donde se refleja la imagen que los pueblos mesoamericanos se hicieron de los conquistadores. Visión de los vencidos (1959) ofrecía por primera vez una versión coral de los indígenas sobre la Conquista, hasta entonces relatada por los vencedores bajo el prodigioso rótulo del "Descubrimiento de América".

La Conquista supuso una tragedia para los pueblos originarios de América. Un etnocidio que redujo sensiblemente la población del continente (un 90% en apenas un siglo). Las matanzas, las enfermedades provenientes de Europa y la explotación diezmaron a los indígenas. El mal llamado "encuentro de dos mundos" no fue sino una violentísima embestida bendecida por la cruz evangelizadora de la Cristiandad. No es extraño pues que los recientes exabruptos de algunos dirigentes de la derecha española levanten ampollas al otro lado del Charco. Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado, José María Aznar y Toni Cantó, entre otros, han enarbolado la bandera de esta renovada cruzada cultural con declaraciones y argumentos que sonrojan tanto como hieren, y suponen un calculado preludio de una nueva celebración del Día de la Hispanidad, ese hito solo comparable con la romanización, en palabras del actual líder del PP. Si el indigenismo es hoy el nuevo comunismo (Ayuso) y ayer pura barbarie (Cantó), el relato ya no necesita mucha más letra. Si acaso, una colleja al papa Francisco por haber pedido perdón por "las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización". Y como colofón, una mofa de Aznar sobre el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, por tener un nombre tan hispánico y tan poco indígena.

Cada vez que los ultraconservadores españoles sacan a relucir las supuestas bondades de la hispanidad, el eco de su rugido remueve conciencias en América Latina. Julio Hernández López, reputado columnista mexicano, les replicaba así en el diario La Jornada: "Las posturas de Aznar y Díaz Ayuso tratan de apuntalar la versión imperial hispana y advertir que el indigenismo-comunismo amenaza no a Estados Unidos sino a España. De nuevo, estos encomenderos rezagados ven a los indios como masa enajenada, manipulable, incapaz de pensar y diseñar su propio futuro".

Bautizado a principios del siglo XX como Día de la Raza, el Doce de Octubre se ha resignificado con el paso del tiempo. En Argentina se celebra el Día del Respeto por la Diversidad Cultural; en Venezuela y Nicaragua, el Día de la Resistencia Indígena; en Bolivia, el Día de la Descolonización; en Ecuador, el Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad; en Perú, el Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural; en Costa Rica, el Día de las Culturas... La hispanidad no aparece por ningún lado. Son numerosas las voces latinoamericanas que repudian la celebración de una fecha tan infausta para la región. De México a Argentina, de la exigencia de un perdón de López Obrador a la retirada de la estatua de Colón de Cristina Kirchner.

El legado del idioma español como eje vertebrador de los distintos pueblos de América Latina se ha erigido como principal argumento de los efectos positivos de la colonización. Elías Canetti refutó esa tesis en La provincia del hombre al referirse al imperio romano y la invasión de las Galias: "No hay ningún historiador que, por lo menos, no ponga en la cuenta de César como mérito, esto: que los franceses de hoy hablen francés. ¡Como si, de no haber matado César a un millón de ellos, hubieran sido mudos!".

¿Encuentro o sometimiento?

El "encuentro" del que hablan los revisionistas ultraconservadores no fue otra cosa que un sometimiento de los indígenas. A las primeras matanzas le siguieron la evangelización obligatoria (bajo la lectura del endiablado Requerimiento), la violación sistemática de las mujeres, la imposición del trabajo forzado (la mita, el catequil), las torturas, las humillaciones… y una avalancha de epidemias. De ese "encuentro" fluyeron al Viejo Mundo cientos de toneladas de oro y plata en tan solo un siglo, un expolio que contribuyó a poner los cimientos del capitalismo en Europa, "chorreando sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza hasta los pies", como apuntó Marx.

En El encubrimiento del Otro, el filósofo Enrique Dussel diseccionaba el verdadero espíritu de la "Conquista": "Es un proceso militar, práctico, violento, que incluye dialécticamente al Otro como ‘lo Mismo’. El Otro, en su distinción, es negado como Otro y es obligado, subsumido, alienado a incorporarse a la Totalidad dominadora como cosa, como instrumento, como oprimido, como ‘encomendado’, como ‘asalariado’ (en futuras haciendas), o como africano esclavo (en los ingenios de azúcar u otros productos tropicales)".

Esa "historia común" que pregonan los paladines de la hispanidad fue en realidad un lento proceso de colonización de la vida cotidiana de los indígenas. La fase violenta y guerrera dio paso a otra forma de alienación que Dussel identifica con una "praxis erótica, pedagógica, cultural, política, económica". Se trató, en definitiva, de la imposición de un nuevo modo de vida que anuló al Otro: "Sobre el efecto de aquella ‘colonización’ (…) se construirá la América Latina posterior: una raza mestiza, una cultura sincrética, híbrida, un Estado colonial, una economía capitalista (primero mercantilista y después industrial) dependiente y periférica desde su inicio, desde el origen de la Modernidad". Esa nueva realidad sincrética, y asimétrica, alumbrará un sujeto de raza mestiza que de ninguna manera es fruto de un proceso cultural de síntesis, se lamenta Dussel, sino el efecto de un trauma: "Es necesario tener memoria de la víctima inocente (la mujer india, el varón dominado, la cultura autóctona) para poder afirmar de manera liberadora al mestizo, a la nueva cultura latinoamericana".

Los cantos tristes por la sangrienta caída de Tenochtitlan en 1521 anticipan la interminable noche que se cierne sobre toda la región. Pasan los años y la crueldad continúa. Dos siglos y medio después, Túpac Amaru II desafía a la Corona al frente de un ejército de indios en el virreinato del Perú. Pagará cara su osadía. Antes de ser decapitado en la Plaza de Armas de Cuzco, sus captores lo han intentado descuartizar atado a las cinchas de cuatro caballos. Es el año 1781. El imperio español languidece. La sevicia de sus virreyes permanece intacta. Los pueblos originarios de América Latina fueron casi exterminados por la Corona española, esclavizados y perseguidos durante siglos, marginados y olvidados también por los caudillos criollos tras la independencia de la metrópoli. Su modo de vida, su cosmogonía, quedaron enterrados un 12 de octubre de 1492. Hoy son los más pobres entre los pobres. La última vez que se alzaron en armas para denunciar sus precarias condiciones de vida fue el 1 de enero de 1994 en Chiapas. Para que el mundo los viera, los zapatistas se taparon los rostros. Y entonaron de nuevo, con el lirismo de los poetas nahuas del siglo XVI, la visión de los vencidos.

11/10/2021

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Decenas de miles marcharon ayer en las principales ciudades de Brasil y de otros 17 países para exigir la destitución del presidente ultraderechista. En la Cámara de Diputados hay más de 100 solicitudes de juicio contra el gobernante, asediado por investigaciones judiciales, inflación, desempleo y caótica gestión de la pandemia, que ha dejado casi 600 mil muertos. Mientras, la fiscalía abrió una investigación contra su esposa, Michelle Bolsonaro, por favorecer a sus amigos con créditos durante la pandemia. La imagen, en Sao Paulo. Foto Ap / Afp y Europa Press

Las consignas "fuera presidente" e “impeachment ya” resonaron en 300 urbes brasileñas y de 17 países

Río de Janeiro. Con pancartas que decían: ¡Fuera Bolsonaro!, decenas de miles de personas protestaron ayer en las principales ciudades de Brasil y en naciones como Alemania, Francia, Portugal e Inglaterra para pedir la destitución del presidente brasileño en momentos en que el gobierno atraviesa su mayor desgaste.

Asimismo, la fiscalía federal abrió una investigación contra Michelle Bolsonaro, esposa del mandatario, y la Caixa Econômica Federal, por una denuncia sobre su intervención para favorecer a empresas de amigos en la concesión de créditos del programa de emergencia de la entidad bancaria durante la pandemia de coronavirus.

Las protestas en Río de Janeiro, Salvador, São Paulo y Brasilia, además de otras 300 ciudades brasileñas y en 17 países, fueron convocadas por la Campaña Nacional Fuera Bolsonaro, respaldada por una decena de partidos de izquierda, centrales sindicales y el grupo Direitos Já!, que reúne a líderes de 19 bancadas.

Aunque las manifestaciones lograron mayor adhesión de partidos que en movilizaciones pasadas, las bancadas de derecha que rompieron con el gobierno se negaron a participar.

En el céntrico barrio Candelaria en Río de Janeiro, cientos de personas marcharon portando pancartas que decían "Fuera presidente" “Frente amplio, impeachment ya”.

En las concentraciones se veía un espectro más amplio de banderas, no sólo las rojas del Partido de los Trabajadores (PT), del ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, que suelen predominar, sino también estandartes de la Central Única de Trabajadores, el movimiento LGBT y la de Brasil, usada como símbolo en las marchas pro-Bolsonaro. Había además banderas de los partidos Socialista Brasileño (PSB), Democrático Laborista (PDT) y Comunista (PC do B), entre otros.

“Vamos a lograr sacarlo, la apuesta del pueblo presente en las calles es que haremos que los parlamentarios sean presionados y acaben pidiendo el impeachment” de Bolsonaro, dijo Elizabeth Simoes, profesora jubilada de 69 años.

En la Cámara de Diputados aguardan más de un centenar de pedidos de juicio político contra Bolsonaro, pero su presidente, Arthur Lira, aliado del gobierno, ha dado señales de que no serán tramitados.

Asediado por investigaciones judiciales, inflación, desempleo y una caótica gestión de la pandemia que ha dejado casi 600 mil muertos, la popularidad de Bolsonaro se desplomó en los meses recientes a 22 por ciento, su nivel más bajo desde que llegó al poder en enero de 2019.

"Todo está muy caro, la culpa es de Bolsonaro", se leía en pancartas en el Salvador o junto a una bombona inflable de gas en Río de Janeiro.

A un año de las elecciones de 2022, el presidente ultraderechista obtendría 26 por ciento de los sufragios en la primera vuelta, frente al 44 por ciento para Lula, según una encuesta del Instituto Datafolha del 17 de septiembre.

Esta semana, el mandatario se enfocó en celebrar con actos e inauguraciones sus mil días de gobierno, dejando de lado los ataques a las instituciones que mantuvo durante semanas, especialmente contra el poder judicial.

Las movilizaciones de ayer ocurren después de que el 7 de septiembre Bolsonaro lideró masivas manifestaciones en Brasilia y São Paulo, donde se concentraron unos 125 mil simpatizantes.

En cuanto a la investigación en la fiscalía a Michelle Bolsonaro, se señaló que ésta medió para incluir a pequeños empresarios, como una confitería de la capital, en el Programa Nacional de Apoyo a las Microempresas y Pequeñas Empresas. Esas firmas recibieron “tratamiento vip” y préstamos por encima de los límites previstos por ley. La investigación se basa en información de un artículo publicado por la revista Crusoé. El banco llegó a abrir una investigación interna tras la detección de un "fallo extraño" en el sistema de control. La auditoría identificó las siglas PEP (persona expuesta políticamente) y llegó finalmente a las indicaciones de la esposa del mandatario.

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Estados Unidos: multitudinaria manifestación por el derecho a abortar

La primera Marcha de las Mujeres de la era Biden

Cerca de 240 mil personas salieron a las calles en más de 600 ciudades de  Estados Unidos.

La Marcha de las Mujeres volvió a las calles en Estados Unidos con miles de personas congregadas en diferentes ciudades tras una fuerte ofensiva anti derechos en el estado de Texas que culminó en la ley aprobada el mes pasado que prohíbe el aborto a partir de las seis semanas de gestación. La normativa no hace excepciones en casos de violación o incesto.

Miles de personas participaron en la Marcha de las Mujeres en Washington para protestar la ley de Texas. Las manifestantes se congregaron en la plaza de la Libertad en la capital estadounidense. “Deberíamos poder decidir qué hacer con nuestros propios cuerpos, punto", reclamó Laura Bushwitz, de 66 años, maestra jubilada.

Cerca de 200 organizaciones defensoras del derecho al aborto se unieron al reclamo luego de que el primero de septiembre entró en vigor la ley que prohíbe la interrupción del embarazo desde las seis semanas de gestación, cuando muchas personas aún no saben que están gestando. La normativa además habilita a que cualquier ciudadano pueda demandar a los médicos y a las clínicas donde sospechan que la persona abortó fuera del plazo establecido.

Si bien el evento principal fue en Washington, la Marcha de Mujeres se replicó en todo el país tras el riesgo de la prohibición del aborto en uno de los estados, a pesar de que este derecho fue reconocido hace medio siglo en el caso Roe vs Wade. En todo el país se movilizaron cerca de 240 mil personas en unas 600 ciudades como Nueva York, Chicago, Jackson, San Francisco, y Miami.

"Luchamos para que el aborto no sólo sea legal sino también accesible y sin estigmas", dijeron en un comunicado las organizadoras, que piden al Congreso consagrar el derecho al aborto en la ley federal a fin de protegerlo de una posible reversión en la Corte Suprema.

"Este año estamos unidos", dicen las organizadoras. "Volvemos a las calles por primera vez en la era Biden porque con el cambio en el Salón Oval (de la Casa Blanca) no se terminó el deseo politizado, perverso y patriarcal, de controlar nuestros cuerpos", agregaron.

Un informe publicado por Planned Parenthood, una organización para la planificación familiar en Estados Unidos, reveló que si la corte estadounidense anula la sentencia del caso Roe vs Wade unas 36 millones de mujeres en 26 estados perderían el derecho a abortar.

3 de octubre de 2021

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Sábado, 02 Octubre 2021 06:29

"No es un chiste", ¿o sí?

"No es un chiste", ¿o sí?

Un meme: una foto en blanco y negro; una silueta borrosa de un coche suspendido por un instante en el aire a la altura de lo que parece el quinto piso (unos 20 metros); debajo una raya roja con una leyenda: "Límites del humor"; arriba una flecha dirigida al carro y un escrito: "Yo". Una amiga vasca que lo manda dice: "Ya sabes, esa soy yo". Un chiste dentro del chiste.

El carro es desde luego aquel Dodge 3700 GT del almirante Luis Carrero Blanco, el jefe del gobierno español franquista, que aunque pesa casi dos toneladas volará por encima del techo de la casa vecina y tras varias acrobacias acabará en un balcón de su patio interno. La foto es tomada en Madrid el 20 de diciembre de 1973 a las 9:27 horas cuando su ocupante, la segunda más importante figura del régimen fascista de Francisco Franco después del propio Generalísimo, queda asesinado por la ETA –un atentado que precipitará la caída del régimen– mediante la colocación de una potente carga explosiva en un túnel debajo de la calle en su ruta diaria desde la iglesia hacia el palacio de gobierno.

“La religión –aparentemente– sí mata.” Perdonen –o igual y no– el chiste.

Según otro amigo, la misma tarde en un bar en Bilbao aparece un cartelito: "Tome vino tinto, que el blanco está por los cielos". La caja con chistes queda abierta. El genio del (¿post?)humor se sale de la botella y ya será imposible volver a meterlo allí (aunque algunos lo internarán): "Película: A tres metros sobre el cielo. Producción: ETA films. Director: Argala. Protagonista: Carrero Blanco. Género: carrera espacial"; "Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella"; "ETA impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial"; “‘De todos mis ascensos, el último fue el más rápido’, Carrero Blanco”. O más memes: "Me voy a subir esta foto a la nube" (Carrero Blanco en una ventana de su coche con celular en la mano); "Feliz Navidad" (los renos tirando al Dodge adornado con la gorra de Papá Noel); "Hostia, Carrero Blanco..." (sobrepuesto a una tira cómica de Spiderman observando un coche volador); "Arriba España" (en una imagen de su coche volando) y un largo etcétera. Seguido alguien trolea a la Wikipedia y le pone "astronauta" como ocupación.

Por los tres primeros chistes en marzo de 2017 Cassandra Vega, una tuitera de 21 años, fue condenada por la Audiencia Nacional, el tribunal del Estado Español, a un año de prisión. Aunque la sentencia fue revocada, ya que "pese a que los tuits eran reprochables social e incluso moralmente en cuanto se mofaban de una grave tragedia humana (¡sic!), la sanción era desproporcionada" y Cassandra nunca pisó la cárcel, todo el affaire desnudó al menos dos procesos en curso: 1) la hegemonía del relato franquista de la historia y del pasado traumático en España; 2) la creciente judialización de la historia (a punto de considerar delito ciertas formas del humor).

El hecho de que el fallo original apelara a los artículos sobre el terrorismo referentes al "descrédito, menosprecio o humillación de sus víctimas", tratando a Carrero Blanco como una persona privada cuya "grave tragedia humana" no debería ser mofada y no un pilar de un sangriento régimen fascista (1939-78) –¡por cada asesinato de Mussolini, Franco en el marco de su represión de carácter genocida y una "solución al problema nacional", cometió 10 mil!– es muestra de ambos. Lo explican sólo los escasos avances en materia de verdad, justicia y reparación (120 mil de víctimas del franquismo yacen aún en fosas comunes no identificadas...) y la impunidad de los verdugos, garantizada por décadas por diferentes gobiernos, mundo mediático y judicial, todo a lo que los recientes esfuerzos del gobierno de Sánchez ("memoria democrática"), a pesar de ciertos logros, han sido incapaces de enfrentarse.

Mientras en Alemania –país que más quizás avanzó en materia de "trabajar" el pasado– elogiar a Hitler o al nazismo es delito –lo mismo pasa con Mussolini y el fascismo en Italia–, en España el negacionismo y la apología del franquismo son institucionalizadas. Sin ir más lejos: la fundación Francisco Franco, que glorifica la figura del dictador, se financia con dinero público.

Mientras en Alemania los alegatos como los de Alternative für Deutschland (AfD) que asegura que "respecto a la historia los alemanes no tenemos nada de que avergonzarnos" –algo que en sí mismo parece un (mal) chiste o una de estas ocasiones cuando, como diría un clásico, "uno perdió la chance de quedarse callado"–, están relegados a los márgenes e indefendibles, en España –no sólo en los márgenes de Vox– reina el "orgullo" y la calificación de los que participaron en la lucha en contra de la dictadura y sus funcionarios como "terroristas", junto aparentemente con los que bromean de ellos, como si en Alemania quedaría prohibido hacer chistes de Hitler o de Reinhard Heydrich o Franz Kutschera (para buscar ejemplos parecidos a los de Carrero Blanco).

Cuando Franco designó al Juan Carlos I el jefe del Estado y de las fuerzas armadas, éste, junto con la protección a las figuras del establishment fascista y el pacto del silencio respecto a la historia, extendió también el velo de la prohibición del humor. El hecho de que uno no pueda bromear del rey –o pueda, pero con riesgos ("las injurias a la corona")– es fruto de las mismas prohibiciones. Eso sí, no es un chiste.

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Se agrava el conflicto cocalero en Bolivia: represión y patrulleros incendiados

El incendio de un módulo policial y varios vehículos policiales como resultado de la represión policial a las y los cocaleros de La Paz que ya lleva más de una semana desde que se tomó por la fuerza la sede de ADEPCOCA. Decenas de detenidos y heridos, vecinos denuncian que policías de civil manipulan dinamita para justificar la violencia policial.

 

Sábado 25 de septiembre

El presidente David Choquehuanca convocó para este sábado a un diálogo en la vicepresidencia del Estado Plurinacional, a todos los sectores cocaleros para poner fin a los enfrentamientos, particularmente se convocó a los tres sectores que hoy disputan el control de la Asociación Cocalera así como a los comités de autodefensa recientemente conformados.

El conflicto por el control de Asociación Departamental de Productores de Coca (ADEPCOCA) lleva ya más de 3 años y pese a los permanentes intentos de diálogo entre las diversas fracciones los enfrentamientos no paran.

El lunes 20 de septiembre, la toma violenta de la sede por parte de dirigentes afines al Gobierno junto a efectivos policiales dio inicio a esta nueva ronda de enfrentamientos con detenciones permanentes, periodistas violentados como sucedió con Carlos Quisberth de Página Siete, y el secuestro y golpizas al dirigente opositor Armin Lluta.

La Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) a través de su cuenta de twitter condenó el “uso excesivo de la fuerza” y afirmó que los responsables deben ser sancionados y reparar a las víctimas.

Luego de la violenta toma de ADEPCOCA por parte de afines al Gobierno y la policía, en la localidad de Coripata, el miércoles pasado una masiva asamblea de productores de coca conformó con 6 representantes de 3 provincias productoras, el Comité de Autodefensa cuyo mandato es recuperar la sede central de los productores de coca, además de exigir la renuncia de los ministros de Gobierno y de Desarrollo Rural y Tierras junto al viceministro de la Hoja de Coca.

La situación actual es el resultado de la política sostenida por Evo Morales durante su Gobierno, que buscó garantizar el control estatal de las organizaciones sindicales y sociales. Para ello no dudó en impulsar prácticas que alentaron la división de las organizaciones sindicales reconociendo a las directivas afines.

En el caso de ADEPCOCA esta política se ha traducido en violentos enfrentamientos con muertos y heridos a lo largo de estos últimos años y conduciendo a una situación en la que sectores de la derecha golpista buscan hacer pie en movimientos sociales que rechazan esta instrumentalización de sus organizaciones.

Para peor, hoy los golpistas empiezan a recurrir a las mismas técnicas de cooptación y división de las organizaciones sociales para fortalecer un proyecto político claramente pro imperialista y oligárquico, como sucede con la marcha indígena que a días de llegar a la ciudad de Santa Cruz, cada vez más se pone al servicio del golpismo y la derecha cruceña.

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Defensores del ambiente, muchos de ellos estudiantes que no acudieron a clases, se manifestaron en varias ciudades del mundo como parte del movimiento Viernes por el Futuro, convocados por la sueca Greta Thunberg, quien encabezó la protesta en la ciudad alemana de Berlín, para advertir a los dirigentes que el planeta afrontará peligrosos incrementos de temperatura que pondrán en riesgo a la especie humana, a menos de que se reduzca drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero. La imagen, en Montreal, Canadá. Foto Afp. / Ap, Afp y The Independen

El movimiento Fridays for Future resurge tras la pandemia

 

Berlín. Activistas medioambientales, muchos de ellos estudiantes que no acudieron a clase, se manifestaron ayer en todo el mundo convocados por el movimiento defensor del clima Fridays for Future, para exigir a los líderes que tomen medidas más contundentes para frenar el cambio climático.

La protesta en Berlín frente al Reichstag, sede del Parlamento alemán, fue parte de una serie de manifestaciones en todo el mundo en medio de graves advertencias de que el planeta seguirá enfrentando peligrosos aumentos de temperatura a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan drásticamente en los próximos años.

La idea de una "huelga climática" mundial se inspiró en la protesta en solitario de la activista sueca Greta Thunberg en Estocolmo hace tres años, que se convirtió en un movimiento de masas hasta que la pandemia de coronavirus puso fin a las grandes reuniones. Los activistas han comenzado recientemente a organizar reuniones más pequeñas.

"Los partidos políticos no hacen lo suficiente" para luchar contra el cambio climático, lanzó Thunberg en un discurso ante miles de personas reunidas ante el Reichstag.

"Sí, debemos votar y ustedes también. Pero no olviden que el voto solo no bastará. Debemos continuar saliendo a la calle y exigiendo a nuestros dirigentes que tomen medidas concretas a favor del clima", agregó la joven, aclamada por la multitud.

Los activistas alemanes se han referido a las elecciones del 26 de septiembre como la "votación del siglo", al argumentar que la decisión que tome el próximo gobierno influirá en los esfuerzos del país para abordar el cambio climático en las próximas décadas. El asunto ha sido tema importante durante la campaña electoral.

El mitin fue un acto multigeneracional que atrajo tanto a participantes en edad escolar como a adultos. Rene Bohrenfeldt, experto en tecnologías de la información que participó en la manifestación en Berlín, dijo esperar que los alemanes mayores consideren el tema cuando sufraguen el domingo.

"La mayoría de los votantes tienen más de 50 años y determinan el resultado de las elecciones", indicó Bohrenfeldt, de 36 años. "Pido a todas las abuelas que tomen la decisión correcta para el clima y para sus nietos", agregó.

Además de Berlín, las mayores protestas de Fridays for Future en Alemania tuvieron lugar en Hamburgo, Colonia, Múnich y Friburgo.

Con más de 5 mil participantes sólo en Roma, jóvenes de 70 ciudades italianas salieron a las calles en el regreso de las manifestaciones de Fridays For Future. En Inglaterra, más de 200 manifestantes se reunieron en Parliament Square en Londres para exigir una acción del gobierno sobre la crisis climática.

Cientos de jóvenes marcharon en la ciudad estadunidense de Nueva York para pedir justicia climática y poner fin a la quema de combustibles fósiles. En Sao Paulo, Brasil; Estambul, Turquía y otras ciudades de América, Europa y Asia hubo protestas similares.

En Sudáfrica se llevaron a cabo manifestaciones en 12 ciudades como parte de una huelga de tres días para exigir que el gobierno supervise una transición justa de los combustibles fósiles. En Bangladesh, los activistas exigieron el desmantelamiento de las nuevas centrales eléctricas de carbón y gas, informó el diario inglés The Guardian.

El secretario general de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, instó a los líderes mundiales y a las empresas a invertir masivamente en energías limpias. "Tenemos un doble imperativo: poner fin a la pobreza energética y limitar el cambio climático", declaró Guterres con motivo del diálogo de alto nivel sobre energía organizado al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, el primero consagrado a ese sector en 40 años.

Siete países firmaron un compromiso iniciado por la ONU para dejar de construir nuevas centrales de carbón, con el objetivo de reunir más firmas de cara a la cumbre climática mundial COP26 en Glasgow el próximo mes, informó el sitio de noticias Bloomberg.

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Guerra y caos arriba; resistencia y dignidad abajo

Desde la distancia no se pueden aportar análisis tan precisos y ajustados como los que aparecen en el comunicado del EZLN, del 19 de setiembre, "Chiapas al borde de la guerra civil" (https://bit.ly/3krmlH6). Tampoco un bordado de datos como los que integran el artículo de Luis Hernández Navarro, "El infierno chiapaneco" (https://bit.ly/3ksil9l).

Sólo quisiera enmarcar la agresión a las bases de apoyo zapatistas, en particular, y a los pueblos originarios de Chiapas y de otras geografías, en general, en la estrategia de "guerra perpetua" definida por el Pentágono, que se despliega en estos momentos con una tremenda capacidad destructiva.

La contrainsurgencia ha mutado tanto como la guerra. En Vietnam, el Pentágono creó las "aldeas estratégicas", donde encarceló a 8.5 millones de campesinos, 55 por ciento de la población total de Vietnam del Sur (https://bit.ly/3kwjmxm). Era la forma de aislar a la guerrilla para evitar que se moviera como "pez en el agua", según el aserto de Mao.

En las guerras actuales no se trata de "quitarle el agua al pez", como se hizo hasta la derrota de Estados Unidos en el sudeste asiático, sino de enturbiar y envenenar el agua, para que nadie pueda vivir en paz, y así el capital sigue destruyendo "creativamente", territorios y pueblos, para seguir acumulando.

Lo primero a tener en cuenta es que la guerra dejó de ser un medio para convertirse en un fin. Antes las guerras pretendían derrotar enemigos para instalar una paz que permitiera la continuidad y fluidez de la acumulación de capital. Ahora la guerra es el fin, porque el capital acumula despojando, robando, destruyendo.

Los ingenieros de la guerra, los que tienen una visión más clara y descarnada de las necesidades del capital y del imperio, para seguir siendo el poder dominante, no andan con vueltas. El teniente coronel Ralph Peters, en un texto diáfano como "Constant conflict" (Conflicto constante), publicado en la revista militar Parameters en 1997, enseña la brutalidad conceptual del Pentágono (https://bit.ly/39pEHBY).

La democracia es apenas "esa hábil forma liberal de imperialismo". Peters recomienda la guerra sucia para mantener la dominación, y destaca que "no habrá paz", ya que "durante el resto de nuestras vidas habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el mundo".

La "guerra perpetua" del Pentágono busca "mantener el mundo seguro para nuestra economía y abierto a nuestro asalto cultural", con un ejército bien informado capaz de "negar ventajas militares a nuestros oponentes". Es evidente que cuando el capitalismo se convirtió en sinónimo de guerra, el pensamiento militar es el que define los modos de actuar y los pasos a seguir.

No se le puede negar precisión y lucidez a estos análisis, por más que resulten repugnantes. La "guerra perpetua" busca eliminar porciones enteras de la población, a la que consideran sobrante, como ha sido analizado por el subcomandante Marcos, en el texto "¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?", hace ya más de dos décadas (https://bit.ly/3hSKwfS).

Que la guerra se haya convertido en el fin del sistema, cambia las cosas de raíz. El mejor escenario para comprender la "guerra perpetua" es Siria, donde no hay potencias mejores ni peores, ni regímenes o gobiernos aceptables; donde las milicias kurdas defienden a su pueblo de un amplio espectro de enemigos: desde los ejércitos de Turquía y Siria hasta las bandas del Estado Islámico y otros grupos terroristas.

Como en Chiapas, estos grupos no surgieron espontáneamente, sino arropados por el Estado, sostenidos por los más diversos gobiernos, incluso por los que se denominan progresistas. Sencillamente, porque son formas sistémicas de dominación, o sea los modos de mantener a los capitalistas en el lugar de mandones.

Asumir que la guerra será para un largo periodo histórico, plagado de tormentas sistémicas, supone decidir el tipo de organización y las formas de lucha adecuadas a esta nueva situación. Si la guerra busca instalar el caos, debemos ser principio de orden y claridad en nuestros territorios. Si quieren instalar la muerte de pueblos y de geografías, defendamos la vida en todo tiempo y lugar.

Por supuesto que los gobiernos progresistas no comprenden el peligro, porque sueñan con poder gobernar a las mafias narcoparamilitares. No perciben que esas mafias están dispuestas a enfilar sus armas contra esos mismos gobiernos que miran para otro lado, mientras disparan contra los pueblos. Cuando adviertan el error, será demasiado tarde.

Entre los de abajo, lo primero es la cohesión comunitaria y el apego a los territorios en resistencia. Aunque elegimos transitar el camino de la lucha pacífica, no somos pacifistas, no renunciamos a defendernos. En cierto momento hace falta un "tatequieto", un ya basta colectivo que ponga las cosas en su sitio.

El potente comunicado del EZLN nos alerta de la cercanía de esos momentos. Cada quien, en su geografía, estamos alertados.

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