Jueves, 28 Julio 2022 05:54

Crisis hegemónica y climática

Crisis hegemónica y climática

No es sólo por el freno de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos (EU) al plan de Biden contra el "cambio climático" (CC), más bien es una Casa Blanca hundida en las ganancias de las grandes corporaciones orquestadas por el Pentágono, producto del "acoso" estratégico de la OTAN, acercándose cada vez más a las vecindades de las fronteras de Rusia con despliegues de tropas y emplazamientos de equipos de alto nivel, mientras el planeta sigue calentándose en medio del brutal omnicidio, de la posposición de toda urgente regulación de los gases de efecto invernadero de más de mil 500 millones de motores de combustión interna.

Hasta ahora, el único comentario valioso sobre el alarmante CC vino del ex vicepresidente Al Gore, mientras Biden sigue con sus hasta ahora débiles y poco nutridas expresiones públicas al respecto, por el escaso alcance de su propuesta centrada en el automóvil eléctrico privado, que, me atrevo a caracterizar hasta ahora como la versión "gentrificada" (clasista) de la estrategia imperial frente al calentamiento planetario en curso, ya expresándose en intensas, catastróficas y más frecuentes y letales olas de calor acompañadas de graves y furiosos incendios forestales, inundaciones y el preocupante aumento en el nivel de los mares. Apenas la semana pasada en Groenlandia, en dos días, se derritieron 5 mil millones de toneladas de hielo.

Todo esto ya ha generado un creciente número de víctimas y daños a edificaciones y viviendas, acompañadas del desplazamiento masivo de familias, muchas de las cuales –en casi todas las grandes ciudades del mundo– viven a la orilla de los océanos, ademas de un sinnúmero de plantas nucleoeléctricas a lo largo de las costas de Boston aWashington.

La expresa posposición de medidas efectivas y coordinadas a nivel local, nacional y mundial es en verdad una falla omnicida del capitalismo monopólico: un déficit de acción creativa y efectiva y la absorción del liderato de EU en las fabulosas ganancias de sus mil millonarios inversionistas gracias a la guerra en Ucrania

"Eso" equivale a jugar y casi apretar el botón nuclear-termonuclear, dejando a un lado la drástica y necesaria restructuración y apoyos a la ampliación y lanzamientos constructivos a todo nivel.

La ola de calor que está sofocando a Europa y a EU, calificada por la cadena británica BBC Mundo como histórica, marca un punto de inflexión en el creciente y expansivo deterioro climático.El Reino Unido llego a 40.3 grados Celsius, una cifra jamás registrada ahí, junto con las insólitas imágenes de trenes cancelados, vías ferroviarias que se incendian, pistas de aterrizaje derretidas e incendios en algunas localidades inglesas. El Metro de Londres carece de aire acondicionado y se dice que lo que entra por las ventanas no es aire, sino fuego (BBC Mundo, 19/7/22).

Los incendios forestales en Francia, Portugal, España y Grecia han expulsado a miles de sus hogares, no se sabe aún la cifra de fallecidos, pero según el medio argentino Télam, en España ha habido 510 muertes, mientras en algunas localidades francesas la temperatura rebasó el récord anterior de 35.1 grados, alcanzando 42.6 en Biscarrosse, por lo que algunas zonas del suroeste francés "podrían vivir un apocalipsis de calor con hasta 44 grados" (Télam, 18/7/22).

Desde Meteored que unifica a varias estaciones metereológicas del Reino Unido, el profesor Stephen Belcher, científico en jefe de la Met Office y el profesor Paul Davies, meteorólogo en jefe de la misma organización, colocaron esta ola de calor en un contexto global, dando el primer aviso rojo por calor extremo anunciado el pasado 15 de julio, incluyendo las noches excepcionalmente cálidas, especialmente en áreas urbanas, creando un nuevo récord provisional de temperatura máxima nocturna. China ha soportado tres olas de calor en lo que va del verano también batiendo récords de temperatura (Francisco Martín, tiempo.com, 21/07/22).

A las olas de calor no se las trata con nombres, como los huracanes, ¿para que pasen inadvertidas? El calor extremo de este año en Europa está aumentando en frecuencia e intensidad a un ritmo mas rápido que en el oeste de Estados Unidos y aquí el CC juega un importante papel, pues las temperaturas actuales son en promedio 1.1 grados Celsius más altas que a finales del siglo XIX, antes de que se generalizaran las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que atrapan el calor, como el metano, así que el calor extremo ya tiene un punto de partida más alto ( NYT, 19/7/22).

En EU, de mantenerse la sequía prolongada, según CNN, se advierte una "ola de calor peligrosa y letal" (8/07/22). Andone y Wolfe, señalan que el incendio en el Parque Nacional de Yosemite, en California, no tiene precedente: ya devastó 16 mil 700 acres y provocó el desalojo de 3 mil personas.Si bien se combate el fuego con 2 mil 500 bomberos y voluntarios, se avanza lento.

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Los 150 países asistentes se han comprometido a implementar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, relativo a la protección de los océanos.

Tras una semana de negociaciones, la II Conferencia de los Océanos de la Naciones Unidas finaliza con una declaración que había sido pactada antes del comienzo de la misma. En el texto, no vinculante, los 150 países asistentes han adoptado un compromiso voluntario para proteger un 30% de los mares del mundo en 2030.

La II Conferencia de los Océanos de las Naciones Unidas (UNOC) tenía sobre la mesa sentar las bases para una tarea tan crucial como titánica: proteger los mares de un planeta inmerso en su mayor crisis medioambiental desde que hace 66 millones de años el 75% de las especies del planeta desaparecieran tras el impacto de un asteroide. Aún más cuando la cumbre, que inicialmente estaba programada para 2020, llegaba con dos años de retraso por la pandemia del covid-19.

Celebrada en Lisboa entre el 27 y el 1 de julio, organizada por Kenia y Portugal, con 150 naciones asistentes y con el grandilocuente lema “Salvar el océano, proteger el futuro”, la cita prometía. El problema es que el guión estaba prefijado.

Como señala Cecilia del Castillo, responsable de Pesca de Ecologistas en Acción que ha seguido en Lisboa las negociaciones, “esto no es una una Conferencia de las Partes (COP) de una convención marco de la ONU como pueden ser las COP sobre Cambio Climático o las de Biodiversidad, sino que es simplemente una cumbre internacional de los océanos porque es la década de las Naciones Unidas de los océanos”.

Así, sin tener metas vinculantes ni compromisos exigibles como en otras cumbres internacionales, las buenas palabras han sido la tónica general frente a los hechos concretos, una frase que podría ser utilizada en cualquier crónica sobre cualquier cumbre medioambiental internacional de las últimas décadas, a excepción de muy contadas ocasiones.

A un día de terminar el encuentro y las negociaciones, el secretario adjunto para Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, Liu Zhenmin, ya afirmaba que el borrador de la declaración final estaba cerrado y que no tendría nuevos cambios respecto al texto inicial planteado al comienzo de la cumbre, una redacción que llegaba del encuentro preparatorio celebrado en Nueva York el pasado marzo. “Honestamente, la declaración no se reabrirá. Sería un riesgo abrir un texto aprobado en una reunión anterior”, indicaba ante los medios este jueves 1 de julio.

Emergencia oceánica

El secretario general de la ONU, António Guterres, calentaba motores en la inauguración del encuentro hablando sin tapujos de una “emergencia oceánica”, y alertando de la necesidad de conseguir uno de los principales objetivos de la cumbre: cumplir con los objetivos climáticos de la Agenda 2030, especialmente el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, relativo a “conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”. “Nuestro fracaso en la protección de los océanos tendrá un efecto dominó en toda la Agenda 2030”, denunciaba Guterres ante los asistentes, a quienes instaba a “corregir los errores” del pasado y a “poner de su parte”.

Tras cinco días en cuentros y la asistencia de casi 7.000 delegados —entre ellos solo 24 jefes de Estado de los 150 países asistentes—, la cumbre se ha clausurado con una declaración política igual de grandilocuente que su lema. Bajo el título Nuestros océanos, nuestro futuro: llamamiento a la acción, las naciones firmantes se comprometen a implementar el ODS 14. “Lamentamos profundamente nuestro fracaso colectivo”, señala el texto en referencia a los subobjetivos del ODS 14 que vencían en 2020 y que no se han puesto en marcha. Entre ellos se encontraba proteger al menos el 10% de las zonas costeras y marinas, prohibir las subvenciones a prácticas de sobreexplotación pesquera o “reglamentar eficazmente la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva, la pesca ilegal, la pesca no declarada y no reglamentada y las prácticas de pesca destructivas”.

La declaración, sin embargo, ha dejado el otro gran debate sobre la mesa, el cierre de un Tratado Global de los Océanos que proteja al menos del 30% de las aguas del Planeta para el año 2030, con un sabor agridulce. Si bien países asistentes se han comprometido voluntariamente a “conservar o proteger al menos el 30% de los océanos del mundo dentro de las áreas marinas protegidas, y otras medidas de conservación basadas en zonas geográficas para 2030”, la cumbre no ha conseguido cerrar el Tratado. Habrá que esperar a la quinta ronda de negociaciones sobre el tema, programada para agosto, para ver posibles avances al respecto.

Para Pilar Marcos, responsable de Océanos de Greenpeace en España, aunque esta firma no es vinculante y los países no están obligados a cumplir su compromiso, el acuerdo adoptado en la UNOC se erige como “una buena disposición para las negociaciones de agosto”.

Al respecto de esto, Greenpeace organizó el 30 de junio una protesta ante el Altice Arena de Lisboa, sede de la UNOC, para presionar por un “Tratado firme de los océanos”. Marcos señalaba entonces en la capital lusa: “Líderes como el comisario de la UE, Virginijus Sinkevicius, han prometido reiteradamente entregar un ambicioso Tratado Global de los Océanos y proteger el 30% de los océanos del mundo para 2030. Incluso el secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido que nos enfrentamos a una emergencia oceánica. El Tratado debe finalizarse en agosto, no necesitamos más tiempo para discutir cómo proteger los océanos, necesitamos lograr ya su protección”.

Vaso medio lleno

Aunque lamenta que en la UNOC “no ha habido grandes anuncios”, Del Castillo señala que “la mejor noticia de la cumbre, o en lo que más se ha avanzado, es en la moratoria de minería submarina”. El Gobierno de una de las naciones insulares más afectadas por los cambios en los océanos en el Pacífico, Palaos, lanzaba en el comienzo de la cumbre una Alianza para exigir que no se socave el lecho marino hasta que la ciencia no estudie los impactos de esta actividad industria submarina. Naciones vecinas como Fiji y Samoa se unían de inmediato, mientras que el anuncio de Emmanuel Macron por el que Francia se posicionaba en contra de este tipo de minería abría la puert a que más potencias mundiales se sumasen a la Alianza lanzada por Palaos. “Pedimos al Gobierno de España que se una a esta Alianza”, remarca a El Salto la responsable de Pesca de Ecologistas en Acción.

Desde organizaciones medioambientales como Zero, Scieana y Climáximo, aunque califican la declaración final de “innocua”, han querido destacar además que esta Cumbre ha tenido un éxito clave: “Es crucial destacar el protagonismo y papel fundamental del océano en la lucha contra el cambio climático y, como tal, esta edición de la UNOC fue fundamental para traer este vínculo indivisible al centro de la discusión”, señalan las tres organizaciones en un comunicado.

Los tres colectivos fueron los organizadores de la Marcha Azul por el Clima el 29 de junio que pretendía traer, precisamente, este tema a primer término en la Cumbre, algo que han conseguido en parte, al incluirse en la declaración varios puntos relativos a los efectos adversos del cambio climático sobre los océanos y viceversa. El fin de la extracción de combustibles fósiles bajo el lecho marino, sin embargo, queda muy lejos de ser una realidad.

Los nexos creados entre organizaciones de la sociedad civil que luchan por unos mares más protegidos y contra la crisis climática son otros de los grandes puntos positivos de la cumbre para Del Castillo. “Ha habido un montón de encuentros”, afirma. “Nos hemos organizado en un Ocean Base Camp, una especie de campamento de colectivos con el que llevamos toda la semana haciendo un montón de eventos además de la manifestación”. Su próxima gran cita oceánica será en 2025, fecha en la que se celebrará, previsiblemente, la próxima UNOC.

Por Pablo Rivas

@PabloRCebo

2 jul 2022

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Anuncian la primera estimación global de biomasa forestal y el carbono que almacena

Instrumento de la NASA en el laboratorio espacial hizo la medición // Llena vacío clave en la investigación climática

 

Un instrumento de la NASA en la Estación Espacial Internacional (EEI) dio la primera estimación global de biomasa forestal y el carbono que almacena, con lo que llena un vacío clave en la investigación climática.

Los datos permiten investigar cómo están cambiando los bosques, qué papel tienen en la mitigación del cambio climático y los impactos regionales y globales de plantar y talar árboles.

Con el instrumento GEDI (Global Ecosystem Dynamics Investigation), los investigadores de ecosistemas y clima pueden ubicar rápidamente sus regiones de interés y estudiar la estructura forestal y el contenido de carbono con mayor precisión que en el pasado.

El lanzamiento del nuevo producto de biomasa se produce cuando GEDI está dentro de una extensión de misión de un año y representa la culminación de avances críticos en la investigación lidar (un tipo de láser) espacial.

Diseño específico

GEDI es un instrumento lidar de alta resolución diseñado específicamente para medir la vegetación. Desde su punto de vista a bordo de la central espacial, el instrumento hace rebotar rápidamente pulsos de láser en los árboles y arbustos de abajo para crear mapas 3D detallados de bosques y formaciones terrestres. El producto de datos resultante, procesado y cuadriculado con una resolución de un kilómetro cuadrado, permite a los investigadores buscar soluciones a las interrogantes sobre los ecosistemas forestales, los hábitats de los animales, el contenido de carbono y el cambio climático.

En sus primeros tres años en órbita, GEDI ha captado miles de millones de mediciones entre los 51.6 grados de latitud norte y sur (aproximadamente las de Londres y las Islas Malvinas, respectivamente).

El nuevo producto combina datos de GEDI con lidars terrestres y aéreos para construir un mapa de biomasa global que revela la cantidad de vegetación contenida en un área.

"Una gran zona de incertidumbre es que no sabemos cuánto carbono se almacena en los bosques de la Tierra", señaló en un comunicado Ralph Dubayah, investigador principal de GEDI y profesor de ciencias geográficas en la Universidad de Maryland. Los árboles lo extraen de la atmósfera para impulsar su crecimiento. Sin embargo, los científicos necesitan saber cuánto almacenan los bosques para predecir cuánto se liberará por la deforestación o los incendios forestales. Alrededor de la mitad de la biomasa vegetal está compuesta de ese elemento.

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Estrategias revolucionarias en un planeta recalentado

Las recientes olas de calor en el noroeste de EE UU, el oeste de Canadá, Siberia y el Mediterráneo, así como las inundaciones en Alemania y China, han sido extremas, pero en modo alguno inesperadas. Estos fenómenos meteorológicos extremos son indicios de que el sistema Tierra1 está cambiando bruscamente. Constituyen la nueva normalidad. Estas disrupciones abruptas del clima y del sistema Tierra convierten en ilusorias todas las ideas políticas de una transformación socioecológica gradual. Únicamente una estrategia de ruptura revolucionaria es suficiente y realista para afrontar este desafío, pero el contenido de esta estrategia solo es discernible en un contorno borroso. Este artículo es una continuación del debate sobre estrategias ecosocialistas y la actualidad de una perspectiva de doble poder puesto de relieve por David McNally y Gareth Dale2. Imperativos ecológicos hacen que estos planteamientos sean todavía más urgentes.

El clima está cambiando bruscamente

Las inundaciones e incendios recientes y la devastación de muchas regiones distintas, además de la muerte de muchas personas, convierten temores abstractos en experiencias vividas. Estos sucesos no acaecen por sorpresa, sino que confirman lo que vienen anunciando estudios del clima desde hace décadas. El resumen del 6º Informe de Evaluación del Grupo de Trabajo I del GIECC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) sobre las causas físicas del calentamiento del planeta en proceso de rápida aceleración3, publicado el 9 de agosto, constituye una advertencia técnica formal sobre las consecuencias de las ineludibles leyes de la física de la naturaleza.

El informe del GIECC resume el proceso del futuro calentamiento global en cinco ilustrativas Vías Socioeconómicas Compartidas (SSP, Shared Socioeconomic Pathways)4. Sorprendentemente, condensa el abanico de posibilidades en: SSP1 Sostenibilidad, SSP2 Medianera, SSP3 Rivalidad regional, SSP4 Desigualdad y SSP5 Desarrollo fósil. Las vías se combinan con diferentes volúmenes de forzamiento radiativo (una medida del balance radiativo de la Tierra, del que las emisiones de gases de efecto invernadero son un componente importante), dando lugar a diferentes proyecciones. Los hallazgos son tan brutales como aleccionadores. El objetivo de la Conferencia de París 2015 sobre el clima, de limitar el calentamiento a 1,5 °C, ya no se puede alcanzar en el marco de las condiciones capitalistas existentes, condiciones que el GIECC acepta.

Incluso si los gobiernos acordaran en la Conferencia COP 26 en Glasgow la opción más radical (SSP1-1,9) de reducción rápida y generalizada de las emisiones de gases de invernadero –lo que ya está descartado–, el mundo seguiría inmerso en una trayectoria catastrófica. En esta proyección, el sistema Tierra cambiaría de forma tan dramática y abrupta en apenas unas décadas que toda esperanza de una importante transformación socioecológica en el marco del modo de producción capitalista carecería de fundamento.

Para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C con una probabilidad del 50 %, el mundo puede seguir emitiendo 500 gigatoneladas (Gt) de CO2. A fin de asegurar una probabilidad del 83 % habría que reducirlas a tan solo 300 Gt de CO25. Esto conduce a una idea absurda. Si el mundo sigue emitiendo alrededor de 40 Gt de CO2 al año, de aquí a 2030 habría que parar en todo el planeta la totalidad de las máquinas que emiten CO2. Este cálculo ni siquiera tiene en cuenta la deuda ecológica histórica de los países imperialistas tempranamente industrializados, que han estado colonizando la atmósfera con sus emisiones y ya han agotado su presupuesto de carbono.

En realidad, el desarrollo avanza en la dirección contraria. Las emisiones de CO2 siguen aumentando significativamente. Según las últimas contribuciones determinadas a escala nacional de 191 países, las emisiones anuales de gases de invernadero, sin incluir el uso de la tierra, los cambios de uso de la tierra y la silvicultura, aumentarán a 55,1 Gt de CO2 equivalentes de aquí a 2030. Esto representa un incremento del 59,3 % sobre 1990, del 16,3 % sobre 2010 y del 5 % sobre 20196.

El GIECC califica la proyección intermedia (SSP 2-4.5) de proyección sin referencia adicional a la política climática. Esta proyección corresponde a la franja superior de las contribuciones determinadas nacionalmente (NDC) agregadas que comunican los gobiernos, NDC que se comunicaron tras la Conferencia de París 20157. Supone que se llegará al pico de emisiones aproximadamente entre 2040 y 2050 y predice que el mundo rebasará el umbral de los 1.5 °C a comienzos de la década de 2030 y el de 2 °C a mediados de siglo. Entre 2080 y 2100, la temperatura media del planeta en superficie subirá casi con seguridad a 2.7 °C (en una franja de 2,1 a 3,5 °C) por encima de la época preindustrial8. Por esta vía, el calentamiento seguirá acelerándose. La Tierra se convertiría en un planeta caliente cuyo sistema Tierra cambiaría totalmente de manera abrupta.

Sin embargo, la experiencia nos dice que hasta ahora los gobiernos ni siquiera cumplen estos planea y promesas insuficientes. Si siguen aumentando las emisiones al ritmo actual, la temperatura media en superficie podría incrementarse entre 3,3 °C y 5,7 °C hasta finales de siglo. Esto supondría un colapso total del sistema climático. La última vez que la temperatura global en superficie era 2,5 °C más elevada que en 1850-1900 fue hace más de 3 millones de años9. Lo que ocurre ahora tiene una importancia geohistórica inconmensurable.

Salta a la vista que la sociedad mundial avanza en dirección a una serie de cambios bruscos del sistema Tierra. Gran parte de nuestro planeta, incluidas numerosas megaciudades, dejarán probablemente de ser habitables en apenas unas pocas décadas. Si se mantienen las políticas climáticas actuales, el nicho de temperaturas dentro del cual ha podido desarrollarse la humanidad cambiará más en los próximos 50 años que en cualquier otro periodo de los últimos 6.000 años. En función del aumento de la población y del calentamiento global, de mil a seis mil millones de personas no vivirán ya en unas condiciones climáticas como las que han existido durante los últimos 6.000 años. Si descartamos la migración, un tercio de la población mundial se verá expuesta, según esta proyección, a temperaturas anuales medias superiores a 29 °C, que actualmente solo se dan en el 0,8 % de la superficie terrestre, principalmente en el Sahara. Las regiones potencialmente más afectadas figuran entre las más pobres del planeta10. Muchísimo más grave que las consecuencias de la actual pandemia de covid-19, este proceso comportará el exterminio de una parte de la población pobre del mundo.

Semejante calentamiento desencadenaría por sí mismo una dinámica desastrosa y daía un impulso adicional al calentamiento global. Una cascada de mecanismos que se reforzarán mutuamente convertirán la Tierra en un planeta caliente, que solo será habitable dentro de una franja limitada para las sociedades humanas y muchas otras especies.

El capitalismo del antropoceno: por la senda verde hacia la barbarie

Además del calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos y el cambio de usos de la tierra mediante la deforestación, la inyección de nitrógeno y fósforo en la biosfera y la atmósfera ya han alcanzado o incluso superado los límites de capacidad de carga. Durante más de 200 años, el modo de producción capitalista ha cultivado un metabolismo social con la naturaleza que ha alterado el sistema Tierra hasta el punto de que por lo menos desde la gran aceleración posterior a la segunda guerra mundial la Tierra ha entrado en una nueva era geológica, que los científicos del sistema Tierra llaman antropoceno11.

La fase estable del holoceno, que comenzó tras la última glaciación y ha durado unos 11.700 años, ya es historia. Pero fue precisamente la configuración climática del holoceno favorable a la vida la que permitió el desarrollo de la civilización humana tal como la conocemos. La transición a la nueva era geológica del antropoceno supone un enorme desafío a la sociedad humana, cuyo alcance es difícil de prever en estos momentos.

La crisis ecológica generalizada es expresión de la contradicción entre los límites de crecimiento planetarios y la dinámica de acumulación interminable del capital12. El modo de producción capitalista practica un metabolismo social con la naturaleza que le empuja a violar los límites planetarios13. La rutina de la acumulación conduce a una sobrecarga del planeta y a una “ruptura general de la relación de la humanidad con la naturaleza, derivada a un sistema alienado de capital sin fin”14. Esta alienación ecológica es fruto de una alienación social: la dominación de unos humanos por otros humanos15. La destrucción ecológica amenaza la supervivencia física de millones de personas y supone un desafío para la reproducción de sociedades enteras. De finales de la década de 1970 en adelante, el capital financiero se hizo progresivamente con las riendas de los procesos de acumulación de capital. La explotación del trabajo y el saqueo de la naturaleza han progresado de una manera todavía más desenfrenada en todo el mundo16.

En respuesta a la destrucción de la naturaleza se redoblan los esfuerzos por considerar que la naturaleza o los llamados servicios del ecosistema son capital. Esta extensión conceptual de una relación colonial con la naturaleza no protege los ecosistemas, sino que más bien crea una nueva categoría de activos. Ofrece al capital financiero –organizado en bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones, grandes empresas de toda clase e individuos ricos– una nueva oportunidad para obtener ingresos en forma de intereses y renta17.

El complejo financiero-fósil-estatal no tiene freno. Los propietarios del capital invertido y colocado en el sector fósil no piensan en amortizar sus activos18, sino todo lo contrario. Los países del G20 han subvencionado la energía fósil y su infraestructura hasta un total de unos 3,3 billones de dólares de 2015 a 2019. Mientras que los países del G20 han dedicado más de 360.000 millones de euros a iniciativas positivas para el clima, han invertido cuatro veces más dinero en sectores intensivos en CO219. Claro que esto no es nuevo, ni mucho menos. Los Estados capitalistas han estado conchabados inextricablemente con el sector financiero y el de los combustibles fósiles durante décadas.

En parte gracias a este apoyo público, la economía de los combustibles fósiles sigue siendo rentable. Por tanto, este sector sigue atrayendo capital. El Financial Times informó el 23 de julio de que el aumento de la demanda de electricidad ha hecho que el carbón térmico pase a ser la clase de activo más lucrativa20. Por consiguiente, el carbón seguirá tapando el agujero durante mucho tiempo. Dado que recientemente la demanda de electricidad ha mantenido su tendencia alcista, los precios del carbón térmico también han aumentado. Pese a que las energías renovables, como la eólica y la solar, crecen rápidamente, no mantienen el paso con la creciente demanda de electricidad y energía. Animadas por las expectativas de ganancia del capital financiero, las empresas de combustibles fósiles siguen invirtiendo ampliamente en nuevos proyectos en todo el mundo21.

A escala global, simplemente no hay suficiente capacidad para satisfacer la demanda existente de energía sin recurrir a fuentes de energía fósiles. Ni siquiera la industria del automóvil sería capaz de desarrollar y procesar técnicamente suficiente cobre, cobalto, coltán y tierras raras para convertir la totalidad de sus flotas en coches eléctricos. Por mucho que quisiera, la industria carece actualmente de suficientes materias primas necesarias. Esto se debe a que las energías renovables son extremadamente intensivas en recursos y la propia construcción de una infraestructura de energías renovables seguirá consumiendo grandes cantidades de energía fósil. A fin de mantener los precios de las materias primas en un nivel bajo para que los precios de las renovables no superen los de las fósiles, ya está en marcha una carrera imperialista por el control y la explotación de yacimientos de materias primas. Por tanto, un capitalismo verde es necesariamente imperialista.

El presupuesto de emisiones de gases de invernadero ya se ha agotado en los países imperialistas, que históricamente son los principales responsables de dichas emisiones. Sin embargo, los gobiernos hablan de emisiones cero neto: tras esta retórica se esconde una gran trampa en la que por desgracia caen a veces el movimiento por el clima y los partidos de izquierda cuando adoptan el concepto acríticamente. Las estrategias cero neto implican la apropiación y aprovechamiento de vastas áreas de tierra en países pobres dependientes para que absorban emisiones de carbono, de manera que los grandes emisores de los países imperialistas puedan evitar reducciones significativas de sus emisiones.

Tales estrategias de compensación dan pie a una explosión de la demanda de tierras. Los bosques y plantaciones industriales para el secuestro de CO2 entran en competencia con la producción de alimentos y por tanto agravan el hambre. Este planteamiento comporta un incremento masivo de la distribución desigual de tierras y por tanto el empobrecimiento y desplazamiento de poblaciones en los países afectados. De este modo, la modernización capitalista verde intensifica el saqueo neocolonial y la rivalidad interimperialista que es preciso detener. Cero neto forma parte de una política climática imperialista global. El movimiento por el clima necesita aclarar y combatir esta táctica distractiva.

Hipótesis; estrategia revolucionaria

Con el capitalismo del antropoceno entramos en una fase llena de incertidumbres y cambios bruscos, que afectan a los fundamentos físicos de la vida social y agravan la inestabilidad económica, los conflictos sociales y la rivalidad imperialista intensificada, que vendrá acompañada de cambios de la hegemonía geopolítica. La dinámica del sistema con sus puntos de no retorno impondrá alteraciones agudas e inesperadas de las sociedades. Las pandemias, así como las catástrofes sociales derivadas de sequías, inundaciones y olas de calor, pasarán a ser el estado de cosas normal. Condicionarán la lucha entre clases.

El planeta recalentado ya está quebrando bruscamente muchos modos de vida tradicionales y con los que la gente está familiarizada. Esto es lo que ya experimentamos en estos tiempos de pandemia, lo que ya han experimentado personas cuyos hogares ha sido destruidos por el agua o el fuego, y que seguirán experimentando las personas que tienen que abandonar sus ciudades debido al calor insoportable. No hay seguridad ni certezas.

Estos cambios obligan a todos los movimientos y organizaciones que se esfuerzan por superar el modo de producción capitalista a reflexionar a fondo sobre la estrategia. ¿Qué clase de estrategia anticapitalista sería la adecuada para hacer frente a estos desafíos fundamentales? Las estrategias orientadas a las reformas tienen desde hace tiempo los pies de barro. Los avances de la productividad desde la década de 1970 no han bastado para generar una elevada tasa de beneficio ni un aumento notable de los salarios, y mucho menos para construir y mantener una infraestructura social bien desarrollada22. Es más, los límites planetarios del sistema Tierra23 obstaculizan sustancialmente el proceso de acumulación en que necesitan basarse las estrategias de reforma.

La crisis ecológica global intensificada imposibilita totalmente una reforma socioecológica del capitalismo, especialmente en el corto lapso de tiempo disponible. Deviene más claro que nunca que las ideas de progreso gradual y de un refuerzo continuo de las fuerzas socialistas a través de la participación en gobiernos burgueses o asumiendo responsabilidades gubernamentales son castillos en el aire. En el marco del modo de producción capitalista simplemente no existen las condiciones políticas ni económicas ni ecológicas ‒o sea, materiales‒ necesarias para una estrategia de reforma gradual con el fin de mejorar las condiciones aceptando las restricciones ecológicas24.

Lamentablemente, las fuerzas más radicales de los movimientos socialistas se han contentado con una escasez de debates estratégicos y una extraña autorrestricción durante varias décadas. Si el ecosocialismo quiere cambiar la relación de fuerzas, tiene que abordar el reto de formular hipótesis estratégicas que requieren una comprensión correcta del periodo actual y de las dinámicas sociales en el tiempo y en el espacio. Prácticamente no hay debates sobre la manera de cambiar la relación de fuerzas hasta tal punto que la construcción de instituciones de contrapoder dé lugar a una situación de doble poder. Sin embargo, toda forma de doble poder será frágil y, por tanto, ha de conducir finalmente a una lucha decisiva entre a continuidad mediante la restauración del antiguo orden y la victoria de las fuerzas revolucionarias.

Solo si se impone rápidamente una ruptura anticapitalista podremos frenar el calentamiento global hasta el punto de evitar que se desencadene una catastrófica dinámica propia, que pondría en tela de juicio gravemente la supervivencia de nuestras sociedades.

Antes de esbozar algunas líneas de una estrategia ecosocialista revolucionaria, quiero presentar brevemente unas reflexiones sobre las consecuencias sociopolíticas de la evolución no lineal y errática del sistema Tierra y de la sociedad. Con este fin me referiré a los planteamientos de Vladímir Ilyich Lenin, Walter Benjamin y Daniel Bensaid sobre la comprensión no lineal del tiempo. Sostengo que las fuerzas ecosocialistas tienen que estar preparadas para gestionar estos giros abruptos y desarrollar programas de transición adecuados, encaminados a reforzar la autoorganización y el contrapoder.

El tiempo roto y condensado en el capitalismo del antropoceno

En un artículo inspirador, Bensaid explicó que la idea de progreso mecánico sin crisis o rupturas corresponde a una noción del tiempo como algo homogéneo y vacío25. En última instancia, es un tiempo no político. Recordó la noción que tenía Lenin de la política como estrategia de intervención directa y ruptura de las estructuras estatales y económicas. En contraste con la socialdemocracia clásica, Lenin veía la política como un tiempo lleno de luchas, un periodo de crisis y colapsos. Al bosquejar su concepto de crisis revolucionaria, se remitió a situaciones que no corresponden a un refuerzo continuo de un movimiento social, sino que expresaban una crisis general de las relaciones entre todas las clases de una sociedad26.

Bensaid desarrolló esta línea de pensamiento a través de la noción de la historia que tenía Benjamin. Este sostenía que el tiempo estratégico de la política no es lineal ni vacío en el sentido de un proceso mecánico. Más bien, decía, es un tiempo discontinuo, inconexo y fracturado, lleno de nudos y sucesos impregnados de significado. Benjamin criticaba la noción lineal del progreso que tenía la socialdemocracia, una crítica que también se aplicaba al movimiento comunista degenerado de su época y que sigue siendo válida actualmente. El progreso no avanza inexorablemente. Los potenciales socialistas no pueden crecer a partir de un reformismo lineal en medio del rápido colapso del sistema Tierra. En medio de súbitos cambios sociales y de la devastación ecológica, la idea de un desarrollo lineal en un tiempo homogéneo y vacío es completamente impropia27.

Otra idea de Benjamin nos ayuda a ver la brusquedad del desafío actual. Bajo la impresión de fascismo, del pacto Hitler-Stalin, del comienzo de la segunda guerra mundial y de la incapacidad del movimiento obrero de frenar el fascismo y la degeneración burocrática de la URSS, escribió: “Marx dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia mundial. Pero tal vez… las revoluciones son el intento del género humano de tirar del freno de emergencia de este tren28.” Al señalar esto, Benjamin expresó claramente su visión de la evolución de las sociedades: no hay progreso lineal; el desarrollo se caracteriza más bien por saltos, condensaciones, estancamiento y regresión. Lo importante es la acción, porque el freno de emergencia no se activa solo. “La única esperanza reside en los movimientos sociales reales”, concluye Michael Löwy29.

Hoy, tirar del freno de emergencia es la única manera de evitar que las fuerzas productivas se conviertan totalmente en fuerzas destructivas y arrastren a la humanidad al abismo. La revolución no garantiza una perspectiva de emancipación, pero es una condición necesaria para evitar que la locomotora descarrile. Sin embargo, el tiempo que tenemos para tirar del freno de emergencia es corto y y cada vez menor. Así que la cuestión estratégica es: ¿cómo podemos tirar de este freno de emergencia?

Bensaid y Benjamin desarrollaron la noción de un tiempo roto. Por decirlo figuradamente: la manecilla de la esfera de un reloj va dando saltos, pero de forma irregular y por sorpresa. Esto significa que las constelaciones varían bruscamente, las sociedades cambian a saltos, la historia, por decirlo de esta manera, da saltos y la cantidad se convierte en calidad. Este enfoque ayuda a comprender los desafíos actuales a la vista de las brechas del sistema Tierra y de unos procesos sociales súbitamente desestabilizados. Pero el tiempo no solo se rompe, se condensa antes de romperse.

Este tiempo condensado es fruto de procesos históricos en parte interdependientes. Muchos cambios se fusionan: los cambios repentinos del sistema Tierra y de los ecosistemas, causados por el metabolismo social depredador y destructivo con la naturaleza, la crisis económica y social, el empobrecimiento, procesos de precarización y fragmentación, rivalidades geopolíticas, crisis de orientación política de las fracciones dominantes del capital y crisis existencial del movimiento obrero clásico.

Estas dinámicas forman un conglomerado inextricable con inmensas consecuencias sociales. Estas acaecen de una manera marcadamente desigual en el espacio, pero concentradas y selectivamente dispersas en una vasta zona, en su mayoría interdependientes. Este periodo de tiempo condensado se diferencia de las fases estables del capitalismo entre la segunda guerra mundial y la década de 1970, o incluso, hasta cierto punto, desde la década de 1990, cuando solo hubo pocos cambios súbitos y escasas erupciones sociales.

Un ejemplo actual de significado relativamente menor sirve para explicar esta concatenación de circunstancias: a finales de agosto de 2021, los contagios de SARS-CoV2 se expandieron rápidamente durante la cuarta ola pandémica en algunos Estados sureños de EE UU. Los hospitales estaban abarrotados. Por la región afectada pasó un huracán y no era posible evacuar los hospitales. Los gobiernos no habían tomado medidas preventivas. La infraestructura material y social en la región afectada era insuficiente debido a la búsqueda general de rentabilidad, a las políticas de austeridad de las últimas décadas y al desarrollo desigual del capitalismo en EE UU. Amplios segmentos de la población sufren pobreza. El gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales tienen otras prioridades. Atrapados en su lógica de competencia y sus funciones de garantes de las condiciones de acumulación de capital, no actuaron conforme a lo que exigían las situaciones y de este modo, al negar la condensación cualitativamente nueva de grandes desafíos y al dar prioridad a las condiciones favorables para los negocios, exacerbaron efectivamente aquellos mismos desastres.

Los procesos de pandemia, repliegue del Estado, empobrecimiento y catástrofe climática colisionan, se encadenan y condensan en poco tiempo. No solo tienen un impacto enorme en gran número de personas, sino que también pueden reforzarse recíprocamente y desatar reacciones en cadena. La condensación y la rotura del tiempo son mutuamente dependientes. Si esta compresión da pie luego a un salto, o sea, a un cambio cualitativo en la sociedad, o no, dependerá de las acciones subjetivas de las personas afectadas y su fuerza organizativa.

Estrategias ecosocialistas revolucionarias

Una cuestión crucial es si estos procesos y sucesos entrelazados, algunos de los cuales se derivan de cambios sustanciales o incluso del rebasamiento de puntos de no retorno del sistema Tierra, también conducen a puntos de no retorno revolucionarios: a situaciones en que la transición a una situación cualitativamente nueva se produce en parte en virtud de una acción radical.

Hasta ahora, la coincidencia de los distintos procesos de crisis ha dado pie, en efecto, a crisis revolucionarias en varios lugares en las últimas décadas, como por ejemplo las revueltas revolucionarias en el mundo árabe en 2011 y las revueltas en Ecuador, Chile, Líbano e Irak en 2019 y 2020. Sin embargo, las fuerzas socialistas no han sido capaces de ganar en ninguno de estos casos una influencia sustancial. En ninguna parte se han implementado reformas estructurales anticapitalistas, ni siquiera en Venezuela. En todas partes ha prevalecido una u otra forma de contrarrevolución.

Además, estas revueltas carecieron de organizaciones revolucionarias con arraigo social que fueran capaces de procesar experiencia previas y combinar diferentes intereses en estos movimientos en un programa de transición anticapitalista30. En ningún país hay organizaciones revolucionarias o siquiera ecosocialistas con un arraigo social que les permita emprender grandes iniciativas políticas tan necesarias.

Los proyectos políticos de partidos socialdemócratas, verdes y de izquierda son completamente ineficaces en estos tiempos condensados, puesto que siguen asumiendo que la situación es estable. Realmente anhelan la estabilidad y la seguridad, pero solo en los centros imperialistas de la economía mundial. Estas estrategias contribuyen a que los problemas sociales y ecológicos se agraven todavía más y las cargas se desplazan a los pueblos de los países poscoloniales.

Los tiempos de debate sobre una transformación socioecológica gradual y a pequeña escala han pasado. Ya no queda espacio para esto. Las alianzas socioecológicas reformistas y los proyectos de un nuevo pacto social verde de izquierdas son insuficientes desde un punto de vista ecológico y económicamente inconsistentes. En los países imperialistas, carecen de toda base material, económica y política. Las orientaciones que se basan en una transformación socioecológica del capitalismo son castillos en el aire en el capitalismo del antropoceno y darán lugar a terribles derrotas.

Para limitar el calentamiento global a 1.5 °C es preciso clausurar muchos sectores productivos, empezando por la industria de armamentos y gran parte de la del automóvil. Aquellas partes menores de esta última y que todavía son útiles, como la producción de autobuses y la fabricación de vehículos comerciales y de uso comunitario, deben fusionarse bajo control democrático con el sector ferroviario para constituir una industria de movilidad sostenible. El sector financiero debe reducirse a lo estrictamente necesario para financiar estas transformaciones y una infraestructura social e industrial suficiente.

Todas estas necesidades reflejan una gran verdad inmutable: es preciso disolver el complejo financiero-fósil-estatal. Muchas empresas de energía fósil son (en parte) de propiedad pública, lo que demuestra que el control estatal por sí solo no es la solución. Tenemos que construir un movimiento capaz de apropiarse social y democráticamente del sector financiero y de la totalidad del sector de la energía, así como de otras industrias clave. Esto es imprescindible para una transformación industrial más amplia.

En estos tiempos condensados y de cambios rápidos, necesitamos estrategias sociales y políticas que correspondan a estos cambios bruscos y rupturas y permitan intervenir en ellos. Por eso es necesario introducir la perspectiva revolucionaria de los debates históricos en los conflictos actuales. Una perspectiva revolucionaria de ruptura social es la adecuada en los puntos de no retorno y las rupturas en el sistema Tierra. Sin embargo, las constelaciones revolucionarias pueden surgir a partir de fenómenos muy diferentes.

Supongamos, por ejemplo, que en un país industrializado tempranamente e imperialista fuera elegido un gobierno ‒apoyado por una inmensa movilización de sindicatos y movimientos sociales‒que se propusiera aplicar un programa radical de reforma socioecológica. Sería un gobierno totalmente distinto del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos en España o del de una hipotética coalición SPD-Verdes-Die Linke en Alemania, de un presidente Mélenchon en Francia o incluso de un presidente Sanders en EE UU. Aquel gobierno implementaría reformas estructurales radicales basadas en una relación de fuerzas favorable, generada por potentes movimientos sociales y de la clase trabajadora. Abordaría el reto –lejos de las recomendaciones de contención de Poulantzas31– de intervenir decisivamente en los procesos de producción de industrias clave y sometiendo las empresas al control democrático de la sociedad. Esto de por sí ya sería un acto revolucionario.

Pero también cabe concebir otras situaciones de doble poder emergente. Por ejemplo, estructuras de base organizadas democráticamente y consejos obreros en las empresas y los barrios podrían establecer un poder rival frente a un gobierno burgués o incluso autoritario. Estos consejos de base tendrán que afrontar entonces el reto de defenderse frente a la represión.

También puede darse un doble poder territorial. Por ejemplo, podrían establecerse estructuras de autogobierno en algunas regiones de un país que tendrían que afrontar el reto de imponer e implementar enérgicamente medidas de transformación socioecológica para extenderlas después al conjunto de la economía nacional y favoreciendo que se propaguen a otros países, tal vez a través de formaciones similares.

Podrían surgir formas sectoriales de doble poder si trabajadoras y trabajadores de algunos sectores comienzan a hacerse cargo de una conversión industrial de manera autoorganizada en una situación en que la dependencia de la energía fósil todavía no se ha quebrado en otros sectores. Además, hay que tener en cuenta una situación completamente nueva desde el punto de vista histórico: en varios países podrían surgir, de forma más o menos simultánea, situaciones de doble poder limitadas a ciertos sectores o ciertas regiones a partir de movilizaciones masivas y procesos extensos de autoempoderamiento. Probablemente, estos levantamientos solo podrían ser capaces parcialmente de desafiar el poder de las empresas y del Estado. Esto plantearía el reto de buscar la decisión revolucionaria a escala continental o transnacional. En todas estas constelaciones habrá que tener en cuenta la relación de fuerzas internacional y las movilizaciones en otras partes del mundo, entre ellas en los países poscoloniales.

Cualquiera que sea la constelación gobernante, siempre será necesaria y decisiva una estrategia encaminada a construir un contrapoder social. Es fundamental que el movimiento por el clima, los movimientos sociales y los sectores sindicalistas combativos y ecológicamente motivados echen raíces en la sociedad y construyan estructuras en barrios, centros de enseñanza y lugares de trabajo. Sobre esta base es posible cambiar la relación de fuerzas de manera que sea posible implementar medidas transformadoras concretas. Si se generalizan estos procesos y los órganos de contrapoder adquieren una mayor legitimidad social podrán surgir situaciones de doble poder.

Si las fuerzas de transformación ecosocialista consiguen entonces afirmarse o no dependerá de su organización y de la relación de fuerzas internacional. Si se endurecen los conflictos sociales, es evidente que una transformación ecosocialista tiene que internacionalizarse de inmediato para poder triunfar.

Cuestiones prácticas y organizativas

Necesitamos debatir inmediatamente sobre una estrategia de plena transformación social hacia una sociedad ecosocialista, una sociedad que toma las decisiones en común, comparte más y produce menos32. Como he sostenido en otro lugar, “un cambio de estilos de vida requiere una transformación radical de las formas de producción y las maneras de trabajar. En este sentido, hay que propugnar una transformación ecológica de la producción, del transporte, del desarrollo tecnológico y de la vida cotidiana en general, incluida la reproducción, con el fin de iniciar un metabolismo social sostenible con la naturaleza33.” Esto implica que la población explotada y oprimida se oponga efectivamente y ponga fin al poder económico y político de la clase burguesa en un proceso de autoempoderamiento.

Sin embargo, las estrategias socialistas revolucionarias han de afrontar el reto de formular respuestas concretas a escala local, regional, nacional, transnacional, continental y global. Por otro lado, la construcción necesaria de un contrapoder social se enfrenta a desafíos estratégicos que requieren urgentemente un debate abierto. Formulo tres grupos de preguntas inmediatas para poner en marcha este debate:

  • ¿Como organizar un amplio movimiento social transnacional que cambie realmente y de forma sustancial la relación de fuerzas? ¿Cómo podemos atraer a este planteamiento a la gran masa de trabajadoras y trabajadores con toda su diversidad?
  • ¿Son los sindicatos obreros, que hasta ahora se han preocupado más de la competitividad de las empresas que de la salud de la clase trabajadora y las bases naturales de la vida, un instrumento o un obstáculo?
  • ¿Cómo podemos combinar efectivamente la solidaridad con el pequeño campesinado y los campesinos y campesinas sin tierra que luchan en los países dependientes contra el acaparamiento de tierras con una estrategia concreta en el plano local, nacional y transnacional en los países imperialistas? ¿Cómo puede madurar la clase diversa y heterogénea de gente trabajadora en alianza con pequeños campesinos y campesinas sin tierra y pueblos indígenas hasta convertirse en un sujeto político capaz de vencer en la lucha por el poder frente al capital nacional e internacional?

De modo inmediato es necesario que el movimiento por el clima y, dentro del mismo, las corrientes ecosocialistas, se conecten con sus homólogos de otros países para iniciar un debate estratégico común. El los países imperialistas tempranamente industrializados, el movimiento por el clima debería centrarse en unos pocos ejes y redoblar sus esfuerzos por cambiar a fondo la relación de fuerzas. Mientras tanto, debemos centrarnos en tres objetivos cruciales:

  • En primer lugar, las empresas de combustibles fósiles. Es necesario que nos planteemos cómo podemos organizar campañas transnacionales efectivas por la expropiación de estas compañías y su traspaso a la propiedad social bajo control democrático. La socialización es un requisito indispensable para el desmantelamiento del sector fósil, de modo que este no comporte despidos masivos y procesos de empobrecimiento. La socialización permitirá que las compañías de combustibles fósiles se reconviertan en proveedoras de energía renovable. Esto deberá venir acompañado de una descentralización extensiva de la transformación y el suministro de energía.
  • En segundo lugar, necesitamos urgentemente un cambio general de la organización de la movilidad en sentido ecológico, incluida la prohibición de gran parte del transporte individual motorizado desde las aglomeraciones urbanas y una fuerte limitación del tráfico aéreo. Esto presupone la apropiación social de las empresas aeronáuticas y automovilísticas y de sus principales proveedoras, su división y fusión con el sector ferroviario para formar una industria de movilidad integrada bajo control público y obrero. Es necesario plantear cómo puede concretarse esta perspectiva en el seno de una campaña social más amplia.
  • El tercer objetivo aspira a la apropiación social del sector financiero. El capital financiero constituye un pilar central de la industria de combustibles fósiles; es preciso quebrar su poder. Junto con una campaña internacional conjunta por la apropiación social del sector financiero y la transferencia de los sistemas de pensiones privados a sistemas de pensiones contributivas, las fuerzas ecosocialistas y el movimiento por el clima podrían dar un gran paso adelante asociando importantes cuestiones sociales con la desfosilización.

Un elemento central de cara a la preparación de una transformación ecosocialista es un debate democrático sobre la cantidad de trabajo socialmente necesario y su reparto. Será preciso gestionar las jornadas de trabajo en función de la reducción de personal de los sectores obsoletos y de las necesidades de personal de los nuevos sectores, y en la medida de lo posible reducirlas drásticamente.

El análisis de las disrupciones del sistema Tierra y las contradicciones del modo de producción y dominación capitalista, así como los argumentos a favor de una perspectiva ecosocialista revolucionaria, quedarían incompletos a menos que se avance en un proceso sustancial de reorganización. Cuando la historia avanza a saltos, es necesario que la gente tome impulso, piense estratégicamente, actúe y de este modo contribuya a asegurar que los saltos que da la historia permitan avanzar hacia la emancipación.

Esto nos lleva al problema de la organización34. Este este terreno, Lenin nos ofrece algunas pistas, aunque bastante diferentes de las que señala Andreas Malm en su referencia sorprendente e improcedente a las lecciones del comunismo de guerra en los primeros años de la revolución rusa. Malm aboga por un leninismo ecológico y piensa que el comunismo de guerra en la Rusia revolucionaria ofrece una orientación útil de cara al desafío actual de la planificación de una economía que responda a los crecientes retos ecológicos. Su analogía está equivocada histórica y políticamente.

Malm no aclara cuál deberá ser la naturaleza de ese Estado ni quiénes serán los sujetos sociales del proceso de transformación. Su radicalismo parece carecer de sujetos y por tanto no puede ser políticamente practicable. Centra sus argumentos en cuestiones secundarias y tendencias peligrosas como la cuestión de las acciones violentas contra instalaciones fósiles. Mucho más importante que un debate sobre la acción combativa es la radicalización programática y estratégica necesaria para construir desde abajo organizaciones independientes e instituciones de base popular masiva35.

Una vez más, Bensaid puede servirnos de guía en esta cuestión36. Si asumimos que la clase obrera, con toda su variedad y su naturaleza polifacética, es la sujeta del cambio social, porque únicamente ella, en el sentido más amplio, puede determinar directamente el proceso de producción, entonces se plantea la cuestión del papel que le corresponde en el accionamiento del freno de emergencia. Esto, más que la insistencia de Malm en la violencia como tal, nos lleva al problema de la organización y la representación.

Refiriéndose a Lenin, Bensaid subrayó que las luchas de clases y las dinámicas del movimiento deben separarse claramente de la interpretación que hacen los partidos políticos. La lucha de clases no se reduce al antagonismo entre trabajador y patrón. En la lucha de clases, el conjunto de la clase trabajadora, con su diversidad, se enfrenta al conjunto de la clase capitalista en el plano del conjunto del proceso de producción y reproducción capitalistas. Esta idea es crucial precisamente en relación con la problemática de la reproducción, las luchas de fuera del lugar de trabajo y de la vida cotidiana y, por supuesto, con todos los aspectos materiales de la producción y reproducción. Aunque no las protagonicen trabajadores en un sentido estricto, todas estas luchas también forman parte de la lucha de clases.

La conciencia de clase política puede emerger fuera de las luchas estrictamente económicas, pero no fuera de las luchas de clases, que son políticas y sociales al mismo tiempo. Los partidos revolucionarios no solo representan a la clase obrera en una relación antagonista con un grupo de empresarios, sino en sus relaciones con todas las clases de la sociedad y el Estado. En este planteamiento, un partido revolucionario no es el resultado necesario de una experiencia lineal, homogénea y acumulativa, como tampoco desempeña el papel del maestro humilde que guía a la gente trabajadora afuera de la oscuridad y la ignorancia, sino que se convierte en el operador estratégico de la lucha de clases. Es la forma de organización mediante la cual la lucha puede comenzar a estar preparada y responder a lo inesperado.

Para Bensaid, la relevancia de Lenin en la situación actual se deriva de su pensamiento estratégico. La organización debe estar preparada para la acción, ocurra lo que ocurra. Debe comprender la situación para hacer política concreta, es decir, intervenir conscientemente en la sociedad a fin de cambiar estratégicamente la relación de fuerzas.

31/12/2021

https://spectrejournal.com/revolutionary-strategies-on-a-heated-earth/

Traducción: viento sur

Christian Zeller enseña Geografía Económica en la Universidad de Salzburgo, Austria. Es miembro activo de Netzwerk Ökosozialismus y de la Global Ecosocialist Network.

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Martes, 02 Noviembre 2021 05:13

COP(rrupción) en la Cumbre del Clima

Plenario de apertura de la COP26

Estudiar el negacionismo climático siguiendo la pista del dinero enseña dónde reside verdaderamente el poder mundial

Este domingo 31 de octubre ha comenzado la cumbre del clima más importante de la historia, la COP26. Un nuevo asalto entre el conocimiento científico y el poder económico tendrá lugar en Glasgow hasta el próximo 12 de noviembre. Un combate entre la certeza de la urgencia y la eterna procrastinación del privilegio. Un duelo entre la vida y la muerte. No os quepa duda de que la cosa es así de seria. O el sistema o la vida. Ambas cosas no se podrán sostener a la vez porque se han demostrado incompatibles.

En esta ocasión, además, un nuevo escándalo se ha producido pocos días antes de la cumbre. Se ha descubierto que varios lobbies con intereses en el negocio de los combustibles fósiles han regado de dinero al presidente designado para el evento. Pero antes de relatarlo con más detalle, recordemos algunas frases para la historia que se han dicho, y contextualicemos algunos datos que hemos conocido desde la última cumbre. Ayudarán a entender en qué punto estamos y qué habría que hacer. 

Casi dos años han pasado ya desde aquella apresurada e improvisada COP25 que tuvo lugar en Madrid, debido a la  revuelta situación que se vivía en Chile, destino original de la misma. En estos dos años hemos escuchado al secretario general de la ONU, António Guterres, advertir de que el último informe del IPCC es un “código rojo para la humanidad”. Gracias a científicos de Scientist Rebellion, en CTXT publicamos en exclusiva una serie de filtraciones del grupo III del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) de la que hicieron eco medios como The Guardian y otros de más de 30 países.  En España solo una cadena de televisión se atrevió a tratar la noticia. El resto, nada. 

Quizá tenga bastante que ver con que en esos documentos se afirmaban cosas como: “No habría que construir ninguna nueva planta de carbón o gas, y las actuales deberían reducir su vida útil” o “Algunos científicos subrayan que el cambio climático está causado por el desarrollo industrial, y más concretamente, por el carácter del desarrollo social y económico producido por la naturaleza de la sociedad capitalista, que, por tanto, consideran insostenible”

La Agencia France-Presse (AFP) había sacado antes a la luz otro documento cuyo titular también se paseó por medio mundo: “La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no”. Esta filtración hace referencia al grupo II, el de impactos, cuyo informe saldrá en febrero del año que viene, un mes antes de que lo haga el del grupo III.

Tras conocer todas estas conclusiones, de una contundencia jamás vista en unos informes que se redactan por consenso –es decir, en los que se dejan de lado muchas opiniones más atrevidas--, se ha producido otra gran filtración gracias a Greenpeace. Esta nos ha permitido saber que ha habido 32.000 intentos de modificar el informe que logramos filtrar. Algunos de ellos son legítimos, realizados por parte de la propia comunidad científica durante el proceso. Otros no tanto, al proceder de lobbies y gobiernos que buscan claramente rebajar la contundencia de algunas expresiones del resumen para políticos –el único que pueden modificar, pero el único también que la inmensa mayoría de los periodistas y personas leen.

Gracias a tener las diferentes versiones del informe del grupo III, en marzo de 2022 podremos hacer algo que jamás se ha podido hacer antes: comparar el primer borrador con el informe definitivo. Y podremos hacerlo viendo los comentarios que han tenido lugar. Va a ser mucho más fácil e interesante que en anteriores informes desentrañar cuánta influencia han tenido realmente las presiones y qué han logrado modificar o eliminar de la parte más política y crucial del informe, las propuestas del grupo III. 

Quienes se atrevieron a decir que las filtraciones podrían no ser útiles deberían sin duda reconsiderar mejor sus palabras. Es indudable que han ayudado: muchos más ojos van a prestar atención al contenido del informe climático más importante del mundo gracias a ellas, y además permitirán analizar cosas nunca vistas, como qué peso real tienen los lobbies y los gobiernos.

Los científicos están empezando a rasgarse las batas y atreviéndose a correr cada vez más riesgos porque han comprendido que el mayor riesgo que corren es que todo siga como hasta ahora. En el propio IPCC cada vez son más conscientes de su tendencia a la moderación y de que, ante la magnitud de la tragedia y la pasividad de la política, hay que pasar a la acción. Las consecuencias todavía no han hecho más que mostrar sus primeras caricias en forma de récords de temperatura, como los casi 50 grados de Canadá o los casi 49 de Italia. También inundaciones y otros fenómenos extremos son cada vez más frecuentes y potentes. Ya tenemos incluso huracanes en el Mediterráneo, los llamados medicanes.  Y hagamos lo que hagamos hemos traspasado tantos límites que estos fenómenos empeorarán. La cuestión es cuánto queremos que empeoren y si seremos capaces de revertir alguna vez el daño ya causado, cosa que no parece muy probable si observamos el pensamiento mágico que suele nutrir las propuestas más habituales, basadas en tecnologías por desarrollar e imposibles de implementar a la escala necesaria o algún tipo de geoingeniería con consecuencias imprevisibles. El  último estertor de un sistema que se resiste a morir y que, de no cambiar rápido, lo hará matando. 

En este panorama ya de por sí dantesco, nos acabamos de enterar, gracias a la investigación del periodista Nafeez Ahmed, de que el designado como presidente de la Cumbre del Clima, el conservador Alok Sharma, recibió dos donaciones por valor de 10.000 libras del presidente del Foresight Group International, un conglomerado empresarial con intereses en el mundo del gas y el petróleo. También recibió otras donaciones de lobbies similares en el pasado. Además, Sharma, es conocido por haber votado generalmente contra las medidas necesarias para prevenir el cambio climático.

Habrá quien piense que este nuevo escándalo deslegitima la lucha medioambiental. Pero estará equivocado, porque es justo al revés. La constatación del interés del poder económico por controlar las cumbres climáticas y los informes más importantes demuestra que allí se juega un partido crucial, y legitima a los movimientos sociales y a la comunidad científica a ir un paso más allá. También debería obligar a los medios de comunicación a implicarse --y lo seguimos esperando--, pero sabemos que están controlados mayoritariamente por esos mismos intereses. Por eso no cuentan lo que tendrían que contar con la vehemencia que tendrían que hacerlo. Por eso algunas periodistas nos llegaron a confesar que jamás se habían sentido tan presionadas “desde arriba” para no tratar el contenido de las filtraciones en sus respectivos medios.

Porque en realidad todo esto no es nuevo: el negacionismo climático ha existido casi siempre. Desde 1950 las grandes petroleras, el gobierno de los Estados Unidos y el Pentágono ya sabían que las emisiones de dióxido de carbono llevarían a la Tierra a un cambio climático de alta peligrosidad a principios de este siglo. Y a partir de los años ochenta decidieron financiar una maquinaria de negación que, a su vez, se apoyaba tanto en la ya existente promoción de las bondades del liberalismo económico –más tarde neoliberalismo y ahora ultraliberalismo – como en la más particular negación de los perjuicios del tabaco para la salud.

En la maquinaria de negación y persuasión más poderosa jamás ideada, una tupida red de think tanks ha venido haciendo uso extensivo de la ya refinada industria de relaciones públicas, comunicación y publicidad, y de las dependencias económicas que genera, para penetrar no solo en los medios de comunicación sino también en asociaciones científicas y profesionales. E incluso en la universidad, condicionando paradigmas y currículos. Mediante grupos visibles (lobbies) y otros de apariencia espontánea, a quienes atribuimos inconscientemente buena fe, han aprendido y refinado distintas formas de pervertir el debate público racional. 

Comenzaron tras la II Guerra Mundial, proliferaron como respuesta a Mayo del 68 y se han consolidado hasta el punto de acabar no solo marcando los límites de lo debatible, sino sus propias reglas. Han penetrado en nuestras mentes, y conducen buena parte de nuestras cosmovisiones sin que apenas nos demos cuenta. Estudiar el negacionismo climático a fondo, siguiendo la pista del dinero, ofrece una perspectiva inmejorable de dónde reside verdaderamente el poder mundial. Una estimación conservadora de Robert Brulle de la Drexel University de lo que se invierte en negacionismo climático –estrictamente cambio climático, solo en los Estados Unidos– establece un promedio de cerca de mil millones de dólares anuales en la primera década de este siglo.

Muchos medios de comunicación dieron espacio a ese negacionismo insolente y estúpido, como ahora se lo dan ampliamente a su hijo bastardo: el negocionismo, el arte de hacer negocio cuando el problema ya no se puede negar. Y luego pasa lo que pasa: casi nadie se fía de los grandes medios y los científicos son la profesión más respetada. Por algo será. 

Las filtraciones y denuncias de corrupción son importantes porque contienen un mensaje inherente claro y necesario. Ahora son nuestros ojos los que os están vigilando a vosotros. A pesar de que sabemos lo que ocurre entre bambalinas, no podemos permitirnos el lujo de pensar ya de entrada que nada útil puede salir de esta COP, la primera en la que estará vigente el Acuerdo de París. Muchas personas estaremos ahí para tratar de presionar como podamos, con todas nuestras fuerzas. Aunque las COP suelen ser un fiasco porque están casi diseñadas para serlo, basta con que eso cambie una vez para que todo cambie. Y esa vez ha de ser en Glasgow, porque nos lo jugamos todo. Ya no hay tiempo.

por Juan Bordera / Ferran Puig Vilar 1/11/2021

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Un grupo de ecologistas españoles alcanzan el ecuador de su travesía a pie hasta Glasgow.- EFE

El próximo mes de noviembre, con un año de retraso debido a la covid-19, se reúnen en Glasgow los gobiernos de los 190 países firmantes del Convenio contra el Cambio Climático (COP26). Se trata de una reunión clave en la lucha contra el cambio climático, que el mundo espera con una mezcla de esperanza y escepticismo.

Desde que en 1992 se firmara en la Cumbre de Río de Janeiro el Convenio contra el Cambio Climático han pasado ya casi treinta años en que las emisiones no han dejado de aumentar. Y las temperaturas aumentan, acercándonos cada vez más a esa línea roja que no debemos sobrepasar de 1,5ºC.

A pesar de que en 2020 las emisiones globales se redujeron, fue debido al parón de actividad consecuencia de la pandemia causada  por el COVID19. El regreso a la normalidad está devolviendo las emisiones a la senda de subida. Es imprescindible que Glasgow suponga definitivamente el comienzo de la tendencia a la baja.

Mantener vivo el objetivo de 1,5º C es una de las claves de esta próxima reunión. En 2015 el Acuerdo de París estableció que no debemos sobrepasar ese límite si queremos evitar un cambio climático catastrófico. Sin embargo, a día de hoy los compromisos de los gobiernos son insuficientes. Si no hay compromisos más ambiciosos no vamos a conseguir llegar al objetivo. A día de hoy de cumplirse los compromisos nos llevarían a un aumento de temperaturas de unos 3ºC, muy por encima de lo que la comunidad científica entiende como seguro. Conviene recordar que este que algunos países productores de combustibles fósiles resistieron este objetivo.

Para conseguir ese objetivo, es imprescindible adoptar una serie de medidas que nos ayuden a conseguirlo. Entre ellas destacamos:

- Poner una fecha final al uso de carbón, el combustible fósil que más contamina por unidad de energía producida.

- Los países ricos deben aportar US$ 100.000 millones de dólares para la financiación anual para políticas climáticas. Si no hay financiación los `países mas pobres no podrán desarrollar su transición energética, que muchas veces pasa incluso por dotar de energía limpia a decenas de miles de personas que aún no tienen acceso a la electricidad.

- Terminar con la deforestación para el final de la década, en especial en los bosques tropicales que están siendo destruidos a gran velocidad. Esta destrucción hay que pararla.

- Reducir las emisiones de metano, un gas potente con más de 80 veces el poder de calentamiento del dióxido de carbono, y que no ha recibido la atención suficiente para la reducción de sus emisiones.

Hace unos días en Roma, diputados de 90 parlamentos nacionales nos reunimos para preparar la COP26. La buena noticia es que hay una voluntad y un compromiso creciente para hacer frente al cambio climático en todos los países. Ahora es imprescindible que esa voluntad se convierta en nuevos compromisos que multipliquen la ambición y garanticen que no se superan esos 1,5ºC de aumento de temperaturas. Para eso debe servir la Cumbre de Glasgow.

Por Juan López de Uralde

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Sábado, 14 Agosto 2021 07:01

¿Estamos fritos?

¿Estamos fritos?

Esta semana, un nuevo informe del Panel Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) volvió a mostrar que el desequilibrio climático global es muy severo y que las cosas están peor de lo que ya habían advertido en su informe anterior en 2013.

El ritmo del calentamiento global, desde el periodo industrial, no tiene precedentes y la mayoría ocurrió desde fines de la década de los 90. Estiman que el calentamiento no había sido tan alto en 125 mil años; en ese caso, debido a cambios en la órbita de la Tierra. Esto se traduce en aumento de huracanes, lluvias y sequías extremas; derretimiento de glaciares y otros hielos permanentes; acidificación y aumento del nivel del mar, así como disrupción de corrientes oceánicas que regulan la temperatura en países costeros.

En suma, los datos muestran que el capitalismo como sistema y un centenar de sus empresas trasnacionales han logrado desequilibrar en tiempo récord el clima global que para estabilizarse se llevó millones de años de coevolución, con un calentamiento que podría llevar al planeta, en pocas décadas, a puntos de no retorno, lo cual nos afectará a todos, pero fundamentalmente a quienes menos recursos tienen para enfrentar la crisis.

Ha sido un proceso a sabiendas de los causantes del caos climático. Setenta y uno por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) son responsabilidad de 100 empresas trasnacionales, principalmente de la industria de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Esa industria es la que más tempranamente comenzó a estudiar el cambio climático (mucho antes del IPCC), para entender lo que estaban causando y buscar formas de prevenir las demandas que podrían enfrentar, demandas que aún no se materializan, pese a algunos avances como la que ganó Amigos de la Tierra contra Shell este año, que exige a la petrolera reducir sus emisiones en 45 por ciento (https://tinyurl.com/4j76kj7c).

Por ahora, como explica John Saxe-Fernández, la industria de la energía fósil, brutalmente devastadora de comunidades y del ambiente, sigue siendo la que más subvenciones públicas recibe, con más de 5.3 billones de dólares anuales (https://tinyurl.com/3ry4j6sp)

Pese a todo esto, la declaratoria de "emergencia climática" o "código rojo para la humanidad" como la llamó el Secretario de Naciones Unidas António Guterres, no nos ayuda a enfrentar la situación. Para empezar, porque desde el IPCC al propio Guterres, en lugar de promover acciones para lograr reducciones de GEI reales, lo cual conlleva necesariamente cuestionar a esas industrias de altas emisiones y al modelo de producción y consumo masivo e injusto, aceptan que las empresas que más contaminan (energía, agronegocios, alimentaria, aviación, construcción, minería, automotriz y financiera, tecnológica, entre otras) avancen en consolidar una nueva trampa llamada "emisiones netas cero" .

Esas empresas afirman que aunque van a aumentar sus emisiones (la industria petrolera y gasera en forma exponencial), las van a "compensar" con megaplantaciones de árboles y monocultivos, con mercados de carbono y con técnicas de geoingeniería (almacenamiento de carbono, captura directa de aire, manipulación de la química oceánica, cultivos transgénicos, etc.) que no funcionan para cesar el cambio climático; son de alto riesgo y provocan mayor desplazamiento de comunidades y acaparamiento de tierras. Estados Unidos ya aprobó nuevos subsidios millonarios para el desarrollo de estas técnicas "captura de carbono", que irán a parar fundamentalmente a las arcas de las empresas petroleras, las cuales, paradójicamente, las usan para extraer más petróleo de reservas profundas a las que no podían acceder. (https://tinyurl.com/35e6j2sz)

Sin cuestionar las causas estructurales ni señalar claramente a los culpables del caos climático, llamar a imponer un estado de "emergencia climática" crea un ambiente de desesperación e incertidumbre y prepara el terreno para que no nos opongamos a esas y otras medidas inaceptables, que sólo van a favorecer a las mismas empresas y perpetuar el caos.

Tom Goldtooth, navajo, director de la Red Ambiental Indígena y miembro de la Alianza por Justicia Climática declaró: "La gravedad de la crisis climática ha sido denunciada incansablemente por las comunidades indígenas y de base afectadas durante décadas. Debemos presionar al IPCC antes de que se publique el siguiente informe sobre mitigación el año que viene, para que escuchen las voces y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas y pongan fin a las propuestas de falsas soluciones, como poner precio al carbono, la captura de carbono y la geoingeniería solar, que facilitan que se siga extrayendo combustibles fósiles".

Aunque la situación es grave, desde los pueblos indígenas, las organizaciones campesinas y por justicia climática, las comunidades rurales y urbanas tenemos una gran diversidad de propuestas, experiencias y conocimientos hacia la justicia climática y social, como la producción campesina y agroecológica de alimentos, el cuidado y restauración de bosques, manglares y ecosistemas con los pueblos y comunidades, la construcción y organización colectivas urbanas, sistemas de transporte colectivos y muchas más, que son las que realmente urge apoyar y fortalecer, porque no sólo pueden absorber parte del carbono excedente sino sobre todo prevenir futuras emisiones.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Imagen ilustrativaStephane Mahe / Reuters

Han Guilai, físico de la Academia China de las Ciencias, detalló que el gigante asiático presentará "pronto" un túnel de viento capaz de simular vuelos a 30 veces la velocidad del sonido.

Construido ya en Pekín, un nuevo túnel de viento, que será presentado "pronto", pondrá al gigante asiático décadas por delante del resto del mundo en tecnología hipersónica, declaró la pasada semana Han Guilai, investigador de la Academia China de las Ciencias, informa el periódico South China Morning Post.

El túnel aerodinámico, denominado 'JF-22', es capaz de simular vuelos a velocidades de hasta 10 kilómetros por segundo –o 30 veces la velocidad del sonido– y junto con otra instalación ya existente situaría al país "entre 20 y 30 años por delante" de Occidente, afirmó el físico.

Según explicó Han durante una conferencia, la temperatura de la superficie de un avión que viajara a esa velocidad podría alcanzar los 10.000 °C, lo suficientemente caliente como para romper las moléculas del aire en átomos, e incluso dotar a algunas de ellas de carga eléctrica. 


"Ese aire ya no es el que respiramos", precisó. Además, la energía producida por el JF-22 podría alcanzar los 15 gigavatios, casi el 70 % de la potencia instalada de la mayor central hidroeléctrica del mundo, la presa de las Tres Gargantas, en la provincia china de Sichuan, o más de siete veces la de la presa Hoover, de Nevada, EE.UU.

China, al igual que otras grandes economías, ha hecho enormes inversiones en el desarrollo de la tecnología de vuelo hipersónico, con la que sería posible que los viajeros aéreos llegaran a cualquier lugar del mundo en una o dos horas. También reduciría el costo de los lanzamientos espaciales en más de un 90 %, lo que permitiría poner los viajes espaciales al alcance del público.

El investigador opinó que parte del éxito del gigante asiático en ese campo se debe a la tecnología única que utiliza en sus túneles de viento. A diferencia de las instalaciones existentes en otros países –que recurren a compresores mecánicos para generar un flujo de aire de alta velocidad–, el JF-22 usa explosiones químicas. Cuando el túnel se enciende, su combustible arde a una velocidad 100 millones de veces superior a la de una estufa de gas, generando ondas de choque similares a las que encuentran los aviones al avanzar a hipervelocidad en las alturas.

Han detalló que cada modelo de avión o de arma "necesita someterse a unas 10.000 pruebas en el túnel" antes de su producción. El LENS II, el túnel aerodinámico más avanzado de EE.UU., ha simulado vuelos de hasta 7 Mach (8.643,6 kilómetros por hora), con una duración de 30 milisegundos. En cambio, el tiempo medio de ejecución del JF-22 podría alcanzar los 130 milisegundos, con una velocidad máxima mucho mayor, según el investigador.

"Nuestro tiempo de experimentación es mucho más largo que el de ellos, por lo que el modelo de avión puede ser más grande que el suyo, y los experimentos pueden ser más avanzado

 

Publicado: 1 jun 2021 08:46 GMT

Organismos desconocidos adheridos a una roca en el lecho marino. Foto: Dr. Huw Griffiths / British Antarctic Survey.

En las profundidades congeladas de la Antártida, una nueva forma de vida está encerrada bajo una plataforma de hielo. Más allá del océano abierto, a unos 260 kilómetros, el planeta esconde secretos todavía sin resolver por la mirada científica. Éste es uno de ellos, recientemente encontrado por el British Antarctic Survey.

Un desafío a la vida en la Tierra

Una serie de criaturas nunca antes vistas fueron encontradas de manera casual. Tras un intento de recolectar un pedazo de sedimento debajo de una capa gruesa de hielo, un equipo de científicos británicos encontró una comunidad de microorganismos adheridos a una piedra congelada.

La cámara adjunta al taladro utilizado para cavar captó la imagen que se muestra arriba. A cargo del Dr. Huw Griffiths, científico del British Antarctic Survey, el equipo observó organismos similares a esponjas marinas. El hallazgo fue tan impresionante que fue publicado en la revista científica Frontiers in Marine Science, ya que desafía todos los parámetros pasados que se tenían para definir a la vida en el planeta.

Investigaciones previas ya habían visto algunos depredadores móviles, como peces, gusanos y algunos tipos de krill. Sin embargo, estos animales son fijos, y parecen ser filtradores que dependen de la comida en la superficie. Alejados de la luz solar, estos animales viven en completa oscuridad, con temperaturas cercanas a los -2,2 ° C.

Una dirección diferente

El Dr. Huw Griffiths se ha mostrado sorprendido por las condiciones extremas en las que estos organismos sobreviven. Como biogeógrafo y autor principal de la investigación, mostró su asombro como sigue en un comunicado:

“Este descubrimiento es uno de esos afortunados accidentes que empuja las ideas en una dirección diferente y nos muestra que la vida marina antártica es increíblemente especial y está increíblemente adaptada a un mundo helado”.

Una de las preguntas más importantes que surgió a partir del estudio gira en torno a cómo es que estos organismos nuevos obtienen su energía.

Una de las posibilidades es que el deshielo les pueda transmitir filtraciones de metano. Sin embargo, para entenderlo a profundidad habría que tomar muestras directamente de los organismos.

Sin embargo, esto resulta complicado, dada la posición geográfica extremadamente remota en la que viven. Al día de hoy, gran parte de la plataforma continental de la Antártida está totalmente inexplorada. Junto con otras colonias de bacterias, podría ser que estas nuevas formas de vida convivan con otros organismos diferentes, que la ciencia no ha analizado todavía.

28 mayo 2021 |


(Con información de National Geographic)

Récords del 2019: Calor, maratón y el vuelo más largo

El mes más caluroso, la maratón más rápida, la multa más elevada: repasamos el año 2019 en diez récords en los ámbitos climáticos, económicos, culturales o deportivos.

Julio de 2019 es el mes más caluroso jamás registrado, con un promedio de 16,7 grados centígrados, rompiendo el récord anterior de julio de 2016, según la Agencia Estadounidense para los Océanos y la Atmósfera (NOAA).

Señal del calentamiento global acelerado, nueve de los diez meses de julio más calurosos son posteriores a 2005. En París, se batió un récord absoluto de calor el 25 de julio: 42,6 ºC.

En diciembre, fue el turno de Australia, con una sequía y fuego sin precedentes. Un récord de calor (en un promedio nacional) se batió el 19 de diciembre: 41.9 °C.

En julio, las autoridades federales de Estados Unidos impusieron una multa de 5.000 millones de dólares a Facebook por 'engañar' a sus usuarios sobre la confidencialidad de la información personal. La multa es la más alta jamás impuesta en los Estados Unidos por violación de la privacidad.

La guerra comercial con Estados Unidos y la actual desaceleración económica no socavan el éxito en China de los saldos tradicionales del 'Día de los Solteros', el 11 de noviembre: casi 35 mil millones de euros gastados en 24 horas en las plataformas de Alibaba, un gigante de comercio en línea.

Mientras en Londres se desatan debates sobre el espinoso tema del Brexit, el 'Parlamento de los monos', un lienzo de Banksy que muestra a los chimpancés sentados en la Cámara de los Comunes, se vende en octubre por 11,1 millones de euros, un récord para este 'artista callejero' británico.

Pero estamos lejos de la cumbre alcanzada en mayo por el artista plástico estadounidense Jeff Koons con su 'Conejo', una escultura de acero inoxidable que representa un conejo inflable, subastada por $ 91.1 millones. Récord absoluto para un artista vivo.

Por primera vez, un atleta corre una maratón en menos de dos horas. La hazaña es del campeón keniano Eliud Kipchoge, en Viena el 12 de octubre, durante una carrera no homologada, con un trazado y condiciones cuidadosamente preparadas: 1 hora 59 minutos y 40 segundos.

La prodigiosa atleta estadounidense Simone Biles suma a los 19 años un récord de 25 medallas, incluyendo 19 de oro, después del Mundial de Gimnasia disputado en octubre en Stuttgart (Alemania), superando la cosecha de 23 medallas obtenidas en la década de 1990 por el legendario gimnasta bielorruso Vitaly Scherbo.

Los mejores alpinistas hasta ahora han logrado escalar las 14 montañas de más de 8.000 metros del planeta en una década. Pero el nepalés Nirmal Purja tardó seis meses y seis días (de abril a octubre de 2019) en lograr su hazaña impensable. Un "éxito único", dijo el legendario italiano Reinhold Messner, el primero en escalar los 8.000 en los años 70 y 80. Le había llevado 16 años.

El vuelo sin escalas más largo de la historia se completó el 20 de octubre entre Nueva York y Sídney en 19 horas y 16 minutos. Para este vuelo experimental, llevado a cabo por la compañía australiana Qantas en un Boeing especialmente equipado, cuatro pilotos se turnaron en los controles.

Nacida antes del quinto mes de embarazo, pesaba apenas 245 gramos y tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Saybie dejó el Hospital Sharp Mary Birch con buena salud a fines de mayo después de cinco meses de cuidados intensivos. Es el bebé prematuro más pequeño del mundo en sobrevivir, según este hospital californiano.

En Hong Kong, la desaceleración económica no parecen obstaculizar la locura inmobiliaria: en octubre se vendió un espacio de estacionamiento por casi un millón de dólares, en una ciudad en la que uno de cada cinco hongkoneses vive por debajo del umbral de la pobreza.

(Con información de AFP)

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