La gente asiste a una vigilia con velas para honrar a la periodista de al-Jazeera asesinada Shireen Abu Akleh, en Washington, a 17 de mayo de 2022. — Efe

La corresponsal de 'Aljazeera', abatida el pasado 11 de mayo al norte de la Cisjordania ocupada, murió como consecuencia de disparos deliberados contra ella y no por una bala errática o al azar.

 

Sendas investigaciones independientes de dos destacados medios de comunicación de EEUU generalmente proclives a las posiciones de Israel señalan que la periodista de AljazeeraShireen Abu Aklehfue asesinada deliberadamente y no abatida por un disparo aleatorio durante una refriega en el campo de refugiados de Yenin este mes de mayo.

La agencia Associated Press y el Canal CNN publicaron este martes los resultados de sus respectivas investigaciones que, por distintos medios, son coincidentes entre sí a la hora de llegar a la misma conclusión. Estas publicaciones llegan mientras Washington hace llamamientos poco convincentes a que se haga justicia, pese a que Shireen, de 51 años, tenía la nacionalidad estadounidense.

El informe de la CNN destaca el análisis de disparos que dejaron huella en el árbol junto al que Shireen se refugió del tiroteo. Estas huellas sobre el árbol revelan que la periodista fue objetivo deliberado de los soldados israelíes y que la bala que le entró por debajo de la oreja izquierda y acabó con su vida no se disparó al azar ni fue aislada.

En opinión de Chris Cobb-Smith, un consultor en temas de seguridad y veterano del ejército británico que estudió el incidente, las huellas del árbol indican que fueron disparos controlados y dirigidos a la periodista y no disparos al azar o balas perdidas. Según este experto, disparos al azar no habrían dejado las huellas consistentes que dejan los disparos intencionados.

El informe de la CNN concluye que “en los momentos anteriores a su asesinato, no había hombres armados o confrontaciones armadas cerca de Shireen Abu Aqleh”, en contra de lo que sostiene la versión facilitada por el ejército, y tal como afirmaron los compañeros de profesión que estaban con la periodista. “Las pruebas que hemos recogido indican que Shireen Abu Akleh fue un objetivo de las fuerzas israelíes”, agrega la CNN.

La posición de las autoridades palestinas, otra de las claves

Por su parte, la investigación de Associated Press refuerza la posición de las autoridades palestinas y de los colegas de la periodista fallecida en el sentido de que la bala que la mató procedía del rifle de un soldado israelí. Para esta investigación, la principal agencia de noticias de EEUU examinó las fotografías y los videos disponibles, y entrevistó a testigos del incidente.

La agencia señala que sus entrevistas con cinco testigos son consistentes que las informaciones que ha publicado un grupo periodístico de Holanda en lo relativo a la localización de las fuerzas israelíes y a su cercanía a Shireen, lo que hace que probable que los soldados le dispararan con mirilla telescópica desde una distancia de aproximadamente 200 metros.

Imágenes fotográficas y videos que se tomaron en la mañana del 11 de mayo muestran a vehículos militares israelíes en un extremo de la estrecha callejuela en la que se hallaba Shireen con otros periodistas, que estaban en línea con los soldados. También muestran a los periodistas y a otros transeúntes huyendo de los proyectiles que se estaban disparando desde la dirección en que estaban los soldados.

Según Associated Press, la única presencia confirmada de milicianos palestinos se situaba al otro lado de las fuerzas israelíes, a unos 300 metros de distancia, y entre los milicianos y Shireen se interponían muros y edificios. Aunque según el ejército, había al menos un miliciano entre los soldados y los periodistas, la agencia americana dice que el ejército no ha facilitado pruebas que sustenten esa afirmación.

Un portavoz militar ha dicho que se ha identificado a un soldado que estaba en el interior de uno de los vehículos y que desde allí disparó con un rifle equipado con mirilla telescópica hacia donde estaban los milicianos. El ejército dice que no puede comprobar si con ese rifle se mató a la periodista puesto que la Autoridad palestina se niega a entregarle la bala para examinarla y compararla con el rifle.

Dos peticiones a la Corte Penal Internacional

Brian Dooley, un consejero del Relator Especial para la Defensa de los Derechos Humanos, ha confirmado que la Corte Penal Internacional ha recibido dos peticiones para que se investigue la muerte de la reportera. Una de las peticiones está firmada por la Federación Internacional de Periodistas, y la segunda por la Autoridad palestina. La CPI todavía no se ha pronunciado sobre si las acepta o no.

Mientras tanto, las autoridades de ocupación están evitando abrir una investigación sobre el incidente, a pesar de que su examen inicial prueba que los soldados dispararon en la dirección en la que estaba la reportera de Aljazeera. Según el fiscal militar, incluso si se comprueba que los soldados dispararon contra la periodista, no habrá consecuencias penales ya que la reportera estaba trabajando en una zona de combate.

En Washington, el departamento de Estado ha instado a que se abra una "investigación global y en profundidad (…) que haga responsable a quien perpetró" el crimen. Sin embargo, esta petición parece otro gesto a la galería, máxime si se tiene en cuenta que los americanos han dicho que la CPI "no es el lugar apropiado" para llevar a cabo la investigación

25/05/2022 21:46

Por Eugenio García Gascón

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Rusia busca sofocar la resistencia en el este de Ucrania en el inicio del cuarto mes de guerra

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa.

 

Rusia intensificó este martes su ofensiva contra los últimos focos de resistencia en la región ucraniana de Lugansk, en la cuenca esteña del Donbass, y se dijo determinada a alcanzar todos sus "objetivos" en una guerra que entró en su cuarto mes. Ucrania consiguió alejar a las fuerzas invasoras de Kiev y Jarkov, pero reconoce "dificultades" para contener la ofensiva en el Donbass, que incluye las regiones de Lugansk y Donetsk, ya parcialmente controladas desde 2014 por los separatistas prorrusos.

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán. No puede ser de otra manera porque la verdad, incluida la verdad histórica, está de nuestra parte", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa. Después de un primer mes de ofensiva relámpago, la "operación militar especial" rusa en Ucrania se ha caracterizado más por los repliegues rusos del norte de Kiev y las afueras de Jarkov que por victorias de renombre.

El ministro ruso de Defensa, Serguei Shoigu, expresó que Moscú "continuará con la operación militar especial hasta que se cumplan todos sus objetivos, poco importa la enorme ayuda occidental al régimen de Kiev ni la presión sin precedentes de las sanciones" aplicadas contra su país. El lunes el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, había advertido: "Las próximas semanas de guerra serán difíciles".

Lugansk en la mira

Las tropas rusas centran actualmente su ataque en Lugansk, un bastión de resistencia en el este, y tratan de rodear las ciudades vecinas de Severodonetsk y Lysychansk. El ministerio de Defensa ucraniano reportó combates encarnizados muy cerca de esas dos ciudades, a unos 100 kilómetros al noroeste de Lugansk, en las localidades de Popasna y Bajmut. En las últimas horas, fuertes bombardeos destruyeron escuelas y afectaron a refinerías y plantas químicas en la región que se considera el motor industrial de Ucrania.

Aunque los bombardeos son constantes, muchos habitantes se niegan a partir. "La gente no se quiere marchar", lamentó el vicealcalde de Bajmut, Maxim Sutkoviy, frente a un ómnibus medio vacío previsto para alejar a los civiles de los combates. La ciudad de Severodonetsk es bombardeada "las 24 horas del día" por los rusos, que "utilizan la táctica de tierra arrasada", afirmó el gobernador de Lugansk, Sergei Gaidai, al reportar cuatro muertos en un bombardeo.

Afianzar el control en el este

El alcalde de Mariupol, Vadim Boichenko, acusó a las "fuerzas de ocupación rusas" de comportarse como un "Estado terrorista", en una intervención virtual ante Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Después de la caída de Mariupol, Severodonetsk supondría un valioso trofeo de guerra para Moscú en el Donbass.

Rusia afianzaría de esa manera su control del este, luego de establecer el nexo terrestre entre el Donbass y la península de Crimea, anexionada en 2014.  El primer paso para lograrlo, en los primeros días de la guerra, fue la captura de Jersón, en el sur de Ucrania y al norte de Crimea. 

El frente meridional parece actualmente estable, aunque los ucranianos informaron de un "avance" de sus divisiones "en dirección a Jersón, a través de la región de Mikolaiv". En Jarkov el metro volvió a funcionar, después de servir durante semanas de refugio antiaéreo y donde todavía se siguen alojando numerosos desplazados.

En la madrugada del martes tres misiles rusos Iskander impactaron cerca de Jarkov, la segunda mayor del país, ocasionando importantes daños en una estación eléctrica aunque sin provocar víctimas. Los Iskander son misiles de crucero supersónicos con un alcance que según algunas fuentes puede llegar a los quinientos kilómetros, que tienen una alta precisión y pueden superar defensas antiaéreas.

En paralelo, los rusos aseguraron haber destruido con misiles lanzados desde el aire un gran almacén de proyectiles de 155 milímetros para obuses estadounidenses M-777, conocidos como Howitzer. En su parte bélico matutino, el vocero del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov, señaló que el ataque ruso se produjo en Rozdolivka, en el Donbass.

En tres meses miles de personas, civiles y militares, murieron sin que haya un balance preciso de víctimas. Solo en Mariupol las autoridades calculan 20 mil muertos. El despacho de la fiscal general de Ucrania, Iryna Venediktova, denunció que 234 niños han muerto y que 433 sufrieron heridas heridos a lo largo del conflicto, mientras que el Kremlin admite "pérdidas importantes".

Ucrania sigue exigiendo más armamento

Mientras el combate en el terreno parece no tener fin, el gobierno ucraniano urge a los países occidentales a enviarle más armas. Entre el material entregado hasta el momento figura el sistema lanzamisiles antibuques Harpoon prometido por Dinamarca, que podría ayudar a Ucrania a romper el bloqueo frente a naval ruso frente al puerto de Odessa, en el mar Negro. Dicho bloqueo paraliza la exportación de millones de toneladas de trigo, con temores de que genere una crisis alimentaria mundial.

La guerra en Ucrania disparó los precios de la energía y está trazando nuevas fronteras en el mapa de seguridad en Europa, después de que Suecia y Finlandia, dos países tradicionalmente no alineados militarmente, presentaran sus candidaturas de adhesión a la OTAN.

25 de mayo de 2022

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Miércoles, 25 Mayo 2022 05:09

¿Hacia dónde camina Europa?

Una mujer toma una foto de las banderas de los países miembros de la UE, en frente del Palacio de Versalles, cerca de París, antes de la cumbre europea del pasado mes de marzo. E.P./DPA/Kay Nietfeld

La guerra en Ucrania está reconfigurando los equilibrios geopolíticos no sólo a nivel global, también dentro de la UE. Ha transcurrido, casi sin darnos cuenta, tres meses desde que comenzara la invasión rusa de Ucrania. Tres meses en los que el mundo ha cambiado radicalmente y en dónde, tras un primer shock inicial, se comienza a poder ver el escenario en el que nos movemos desde una perspectiva más amplia.

Ya casi nadie piensa que esta es una guerra que se pelea sólo en Ucrania y las recientes declaraciones de Biden desde Japón dejan pocas dudas al respecto. La lucha entre el bien del mal está dejando ver, ahora, que hay otros intereses involucrados en esta guerra más allá de consideraciones morales o nacionalistas, según de quien estemos hablando.

En Europa se continua con las aproximaciones del conmigo o contra mí que sólo llevan a la simplificación de una situación que ya no es reversible, y a la que, por tanto, habrá que buscar alternativas.  Los debates que se viven en estos días en Berlín, París o Roma contrastan con el discurso dominante procedente de la Europa del Este y del Norte que se encuentra perfectamente alineada con EEUU y la OTAN, la línea que critica el editorial del NYT. Dos son las aproximaciones confrontadas y ambas toman como ejemplo episodios históricos que les sirven para justificarlas. Por un lado, Francia plantea que Rusia no debería ser castigada con dureza para no repetir el proceso de radicalización vivido por Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Bálticos y Escandinavos consideran que Rusia debe ser castigada, debe pagar reparaciones y se debe conseguir un cambio de régimen en Moscú, y solo entonces se entendería alcanzada una victoria.

Este debate, además de ser sumamente interesante, es fundamental ya que, de la confrontación de las ideas en liza, saldrán las líneas sobre las que la Unión Europea va a comenzar a reajustarse de cara a esos cambios globales que se han acelerado con la guerra.  Se suceden las conferencias a lo largo y ancho de Europa donde se debate cómo enfrentar el nuevo contexto por venir. Se plantea la construcción de una Europa geopolítica sin matices en donde no se debata nada que no tenga que ver con cuestiones vinculadas a todo aquello que tenga que ver con la seguridad y la defensa. El resto pasa a un segundo plano. Estos días se escucha como se aboga, sin pudor, por la desideologización de conceptos tales como la política de defensa, las pensiones, la riqueza o la educación para poder alcanzar la tan ansiada unidad europea sin fisuras, puesto que nada es ni de izquierdas ni de derechas. Se trata, por tanto, de avanzar en la unidad frente a Rusia y a las amenazas de seguridad sin debate interno, sin ideología. Esto nos recuerda, sin demasiado esfuerzo, a la guerra contra el terror de Bush, donde toda censura y reducción de derechos y libertades quedaba justificada por el riesgo de seguridad.

Pues bien, en Europa ahora nos encaminamos hacia algo similar. La ausencia de reflexión, la impaciencia por mostrar lo unida que está la UE está comenzando a generar sus propios monstruos. La crisis por la que atraviesa el eje franco-alemán y su pérdida de auctoritas es cada vez más evidente y se comienzan a ver atisbos de cambio en los equilibrios de poder en el seno de la UE. La guerra en la frontera oriental europea ha hecho que ganen cada vez más peso específico las alianzas que se tejen más allá del Rin en el marco de una nueva liga hanseática que quiere reconstruir el proyecto europeo con el punto de gravedad más hacia el Este y perfectamente coordinada con Washington en materia de seguridad y defensa. Estos países siempre consideraron a la OTAN como su gran garante en materia de seguridad, y ahora, con Finlandia y Suecia incorporados a las estructuras atlánticas, ya estarían todos.

A lo anterior, se suma, la relevancia que, cada vez más está tomando Polonia que quiere liderar el impulso hacia el Este que incluiría la adhesión de Ucrania. Se crearía de este modo un eje Varsovia-Kyiev difícil de contrarrestar en el marco de la institucionalidad europea. Por su parte, Italia, Francia y Alemania, han intentado reaccionar proponiendo alternativas a las posiciones más inflexibles, intentando modular un discurso que no consigue convencer a nadie. Quedan semanas y meses de importante debate europeo en el que se van a adoptar decisiones que tendrán un gran impacto social de cara al futuro. Se hablará de ampliación de la UE, se hablará de concepto estratégico de la OTAN, se hablará de una Europa más fuerte, de reforzar la disuasión, pero también la defensa como algo existencial. Pero, sin embargo, no se hablará de cómo impedir los recortes del Estado de Derecho, de cómo defender los derechos y libertades, o de cómo diseñar políticas públicas más redistributivas y justas.

Este es, sin duda, el gran debate que tendríamos que estar teniendo, pero que, nadie se atreve a plantear.

Por Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM

25/05/2022

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Biden advirtió que EE.UU. defenderá a Taiwán si China invade la isla

Para Beijing, Washington "está jugando con fuego" con esas declaraciones

De visita en Japón, el presidente demócrata dio una conferencia conjunta con el primer ministro Fumio Kishida. Ambos abogaron por su "visión común de una región Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china. 

El presidente estadounidense, Joe Biden, se comprometió este lunes a defender militarmente Taiwán si China intenta tomar por la fuerza el control de la isla autónoma, ante lo que las autoridades chinas advirtieron que el mandatario está "jugando con fuego".

Biden hizo esas declaraciones en Tokio durante una visita oficial a Japón, donde se reunió con el primer ministro Fumio Kishida. Previamente había visitado Corea del Sur.

Las autoridades estadounidenses califican a Japón y Corea del Sur como ejes de la ofensiva de Washington contra el creciente poderío comercial y militar de China, así como aliados en la alianza occidental para aislar a Rusia tras su agresión contra la vecina Ucrania.

En conferencia de prensa común, Biden y Kishida adoptaron un tono firme ante China y abogaron por su "visión común de (una región) Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china en la zona donde Beijing tiene crecientes ambiciones.

Al preguntársele a Biden si Estados Unidos intervendría militarmente contra China en caso de que intentara tomar por la fuerza el control de Taiwán, el presidente respondió: "Es el compromiso que asumimos".

"Estamos de acuerdo con la política de una sola China, y hemos firmado por ella (...) pero la idea de que Taiwán deba ser tomada por la fuerza no es apropiada", agregó.

China considera a Taiwán como una provincia rebelde que debe ser integrada en el país, por la fuerza si fuera necesario.

Horas después, el gobierno chino replicó que Washington está "jugando con fuego" con ese tipo de declaraciones.

Estados Unidos está "usando la 'carta de Taiwán' para contener a China, y se quemará", dijo Zhu Fenglian, una portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado, a menudo descrito como el gabinete de China, citado por la agencia Xinhua.

Según esa fuente, Zhu "instó a Estados Unidos a dejar de hacer declaraciones o acciones" que violen los principios establecidos entre los dos países.

En este sentido, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, sostuvo que la "política de una sola China" de Washington hacia Taiwán "no ha cambiado".

"Nadie debería subestimar la firme determinación, la firme voluntad y capacidad del pueblo chino de defender la soberanía nacional y la integridad territorial", recalcó por su parte el portavoz del Ministerio chino de Relaciones Exteriores, Wang Wenbin.

Sobre la guerra en Ucrania

Biden también atacó al gobierno ruso, que "tiene que pagar un precio a largo plazo" por su "barbarie en Ucrania", aludiendo a las duras sanciones impuestas por Washington y sus aliados.

"No se trata solo de Ucrania. Si no se mantienen las sanciones en muchos aspectos, ¿qué señal enviaríamos a China sobre el costo de un intento de tomar de Taiwán por la fuerza?", se preguntó.

El martes, Biden buscará reforzar el liderazgo estadounidense en la región Asia Pacífico en una cumbre con los gobernantes de Australia, India y Japón, el grupo denominado "Quad".

Sin embargo, India ha destacado ahora por su negativa a condenar abiertamente la guerra en Ucrania o a reducir sus intercambios con Rusia. Biden se entrevistará el martes a solas con el primer ministro indio, Narendra Modi.

Nuevo Marco económico 

Durante su intensa jornada, el presidente estadounidense anunció además el lanzamiento de un nuevo marco económico para la región Asia-Pacífico que inicialmente tendrá 13 países miembros, incluyendo a India y Japón, pero sin China.

"Estados Unidos y Japón junto con otros 11 países lanzarán el Marco Económico Indo-Pacífico", dijo Biden sobre el mecanismo, que no será un acuerdo de libre comercio. Este marco prevé la integración en cuatro áreas clave: la economía digital, las cadenas de suministro, las energías verdes y la lucha contra la corrupción.

"Es un compromiso para trabajar con nuestros amigos cercanos y socios en la región, ante desafíos para garantizar la competitividad económica en el siglo XXI", agregó el presidente estadounidense, que dijo considerar el levantamiento de algunas barreras arancelarias para China.

Estados Unidos no tiene mayor interés en regresar a un acuerdo comercial vinculante con Asia luego de que el expresidente Donald Trump se retirara en 2017 de la Alianza Transpacífica.

Biden terminó su día con una cena con Kishida y la esposa del primer ministro en el jardín de un selecto restaurante de Tokio, donde comieron sushi y otras especialidades de la gastronomía tradicional japonesa.

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Llama EU a prepararse para nuevas formas de combate

Washington. El general del ejército estadunidense, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, llamó este sábado a la nueva generación de soldados del ejército a prepararse para pelear guerras futuras que pudieran parecerse muy poco a las confrontaciones armadas de hoy.

Milley pintó un panorama sombrío de un mundo que se vuelve más inestable, con grandes potencias determinadas en cambiar el orden global. Dijo a los cadetes que se graduaban de la Academia Militar West Point que ellos tendrán la responsabilidad de asegurarse de que Estados Unidos esté listo.

"El mundo al que ingresan tiene las características para un conflicto internacional significativo entre grandes potencias y esa posibilidad está aumentando, no decreciendo", expuso Milley a los cadetes.

“Cualquier ventaja que nosotros, Estados Unidos, disfrutamos militarmente en los pasados 70 años se está reduciendo rápidamente y el país será –de hecho, está siendo–retado en todos los dominios de la guerra, el espacio, el mar, el aire y, por supuesto, en tierra”.

Advirtió que Washington ya no detenta más la superioridad mundial indiscutida. En lugar de ello, está a prueba en Europa por la agresión rusa, en Asia por el espectacular crecimiento económico y militar de China y las amenazas nuclear y de misiles de Corea del Norte, y en Medio Oriente y África por la inestabilidad causada por terroristas”.

Trazando paralelos con lo que funcionarios militares ven en la invasión rusa de Ucrania, Milley señaló que la guerra del futuro será altamente compleja, con enemigos elusivos y una confrontación urbana que requiere armamento preciso de largo alcance y nuevas tecnologías.

Estados Unidos ha estado enviando nuevos drones de alta tecnología y armamento diverso a las fuerzas armadas ucranias, en algunos casos equipo que está apenas en fases iniciales de prototipo.

Armas como los Switchblade, unos pequeños aviones teledirigidos lanzados desde el hombro, son usados contra los rusos, aunque están en proceso de evolución, proveen no sólo de capacidad de reconocimiento, sino también de ataque, al disponer de una carga explosiva en su fuselaje.

Al cambiar la guerra en Ucrania, de la infructuosa batalla rusa para tomar Kiev a una urbana para tomar ciudades en la región oriental del Donbás, también ha cambiado el tipo de armamento necesario.

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Biden firmó el paquete de ayuda militar a Ucrania.. Imagen: AFP

Rusia contestó prohibiendo la entrada a Biden y otros 962 ciudadanos estadounidenses mientras continúa con su ofensiva en la región de Lugansk, este de Ucrania.

Mientras continúa la ofensiva rusa en el este de Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmó este sábado un proyecto de ley de 40.000 millones de dólares destinado a garantizar el suministro de armas y apoyo económico para el gobierno de Kiev, anunció la Casa Blanca.

Biden firmó el texto -aprobado antes por el Congreso- durante su visita a Corea del Sur, su primer viaje a Asia como presidente. La ayuda, que será canalizada en los próximos cinco meses, incluye un presupuesto de 6.000 millones de dólares para que Ucrania se equipe de vehículos blindados y defensa antiaérea.

Agradecimiento

En Twitter, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, agradeció a su homólogo estadounidense la ayuda. "El apoyo del poder ejecutivo (de Estados Unidos), del presidente Biden y del pueblo estadounidense a la lucha (de Ucrania) contra el agresor ruso es crucial", añadió, utilizando el ícono de las banderas en lugar de nombres de países. "Esperamos esta nueva e importante ayuda. Se necesita ahora más que nunca", añadió, en un tuit publicado en inglés y ucraniano.

Los países occidentales han suministrado armas y apoyo financiero a Ucrania para la guerra contra Rusia. El 13 de mayo, la Unión Europea (UE) anunció que daría una ayuda militar adicional de 500 millones de euros (unos 530 millones de dólares) a Ucrania en ayuda militar. Esto supone "un total de 2.000 millones de euros" (unos 2.100 millones de dólares) desde el inicio de la guerra, según el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell.

Sin embargo Zelenski volvió a pedir armas a la comunidad internacional este sábado. "Necesitamos blindados. No voy a decir qué blindados necesitamos concretamente. Seré franco: necesitamos de todo tipo", dijo en Kiev, en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro portugués, António Costa.

El mandatario dijo espera que la segunda reunión virtual del grupo de contacto militar para Ucrania, que se celebrará el próximo lunes con la participación de los ministros de Defensa de más de 40 países, decida sobre la entrega al Ejército ucraniano de "sistemas de misiles estadounidenses MLRS". El M270 MLRS es un lancohetes múltiple autopropulsado y blindado, cuyos proyectiles, dependiendo del tipo, puede tener un alcance de hasta 300 kilómetros. Según Zelenski, este tipo de armamento es clave para expulsar a las tropas rusas del territorio de Ucrania.

De ahí que una de las tareas que se ha impuesto Rusia sea interceptar en territorio ucraniano los envíos de equipo militar occidental que llegan a través de Polonia. Este sábado, el Ministerio de Defensa de Rusia anunció este sábado que destruyó con misiles de crucero "Kalibr" una importante partida de armamento occidental destinado a las fuerzas ucranianas que combaten en el este de Ucrania, en la zona conocida como Donbás. Según el portavoz castrense ruso, Ígor Konashénkov, el cargamento militar, procedente de Estado Unidos y países europeos, fue interceptado y destruido junto a la estación ferroviaria de Malín, unos 100 kilómetros al noroeste de Kiev.

Entrada prohibida

Poco después de que Washington informase de la promulgación del paquete de ayuda, Rusia prohibió la entrada a su país a Biden y a otros 962 ciudadanos estadounidenses en respuesta a la sanciones de EEUU Moscú por la llamada "operación militar especial" en Ucrania. Biden figura en la lista, ordenada alfabéticamente en ruso, con el número 31, seguido de su hijo Hunter. Entre los altos cargos estadounidenses sancionados se encuentran, entre otros, el secretario de Estado, Antony Blinken, el titular de Defensa, Lloy Austin, y el director de la CIA, William Burns. También se le prohibió la entrada en país al actor Morgan Freeman, quien en 2017 grabó un vídeo en el que acusó a Rusia de complotar contra Estados Unidos. 

La batalla de Lugansk

Mientras tanto, tras clamar victoria en Mariúpol, en el sur de la región de Donetsk, Rusia prosiguió  su ofensiva para hacerse con el control de la totalidad de la región Lugansk, en el este Ucrania, donde avanza palmo a palmo pese a la encarnizada resistencia ucraniana. "El duro sino de la región de Lugansk es no dar a los rusos seguir avanzando", escribió en Telegram el jefe de la administración regional ucraniana, Serguéi Gaidái, quien informó que se libra combates en las afueras de Severodoneks.

Añadió que esa ciudad esta siendo destruida por las fuerzas rusas de la misma manera que lo fue Mariúpol, donde este viernes se rindieron tras varias semanas de asedio los últimos combatientes ucranianos atrincherados en la acería Azovstal. Severodonetsk es una las pocas localidades de la región de Lugansk que permanecen bajo el control de las tropas ucranianas. "Para este momento cerca del 10 por ciento de la región de Lugansk se encuentra bajo en control de Ucrania. No se puede decir dónde la situación es más complicada, porque todo el territorio de la región está bajo fuego. Todo, sin excepción", declaró Gaidái.

El foco de las acciones de combate se encuentra en el norte de la región de Lugansk, en la línea entre las ciudades de Séverdonetsk y Lisihansk, que según los expertos militares es la puerta para acceder al norte de la región de Donetsk. En caso de que las tropas rusas rompieran las defensa ucranianas en ese sector podrían intentar cercar a la importante agrupación militar que Ucrania mantiene en Kramatorsk, su principal bastión en la vecina región.

Sin embargo, Gaidai desestimó las declaraciones que hizo este viernes el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, acerca de que la "liberación de república popular de Lugansk concluirá próximamente", y aseguró que Rusia teme una contraofensiva ucraniana una vez que el Ejército de Ucrania reciba la cantidad suficiente de armamento occidental.

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Sede de la OTAN en Bruselas, a 16 de abril de 2022. — ZHENG HUANSONG / XINHUA NEWS / CONTACTOPHOTO / Europa Press

 

Los dos países del norte de Europa reconocen que su petición de ingreso en la Alianza Atlántica está motivada por la invasión de Ucrania por Rusia. Pero, es un desacierto identificar la apuesta de la primera por entrar en la OTAN con la de los dos países bálticos.

 

La eventual adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN pondrá de manifiesto la incapacidad de Rusia, ni siquiera con el uso de la fuerza, para detener el acercamiento de la Alianza Atlántica a sus fronteras. Pero también esa futura incorporación dejará claro otro asunto. Pese a todo lo que sucede en Ucrania, pese a todas las amenazas que se puedan sentir en territorio europeo, la defensa regional en Europa queda en manos de la OTAN y por tanto al albedrío del líder absoluto en esta organización, Estados Unidos.

La guerra de Ucrania muestra, así, el triunfo de la OTAN, pero también la ralentización de la defensa regional europea. Ciertamente, los países de la Unión Europea se han comprometido a aumentar su presupuesto militar hasta un 2% de su PIB. Pero este incremento no redundará en beneficio del tantas veces retrasado proyecto europeo de defensa, sino que, de momento, acabará fortaleciendo las huestes europeas en el seno de la OTAN y aliviando la contribución principal a la Alianza por Estados Unidos, líder indiscutible de este pacto militar.

De hecho, ha sido el presidente estadounidense, Joe Biden, como cabeza de facto de la OTAN, el primero en recibir con júbilo a los mandatarios finlandés y sueco tras la decisión de sus respectivas administraciones de solicitar su integración en la OTAN, paso que los dos países del norte de Europa reconocen que está motivado por la invasión de Ucrania por Rusia.

Biden recibió el jueves en la Casa Blanca a la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, y al presidente finlandés, Sauli Niinistö. El presidente estadounidense exhibió la futura incorporación de los dos países a la Alianza Atlántica como un triunfo de la organización. La OTAN "es más necesaria que nunca" y muestra así su eficacia, aseveró. "Finlandia y Suecia harán más fuerte a la OTAN", insistió Biden, que subrayó también cómo ambos países cumplen con creces los requisitos de Bruselas para que esa adhesión se produzca cuanto antes. Si no hubiera obstáculos, ese periodo de espera durará entre seis meses a un año.

Sin embargo, esos obstáculos existen. La aceptación de nuevos socios requiere la unanimidad de los treinta miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y ya al menos uno de ellos, Turquía, ha señalado que no ve con buenos ojos ese paso. El Gobierno de Ankara acusa a los de Helsinki y Estocolmo de acoger y amparar a miembros del PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán. Estos milicianos y otros de origen kurdo son considerados como terroristas en Turquía por su apuesta por la independencia del Kurdistán y por los métodos armados con los que sustentan sus reclamaciones. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, podría presionar más sobre sus aliados de la OTAN y especialmente sobre Estados Unidos para lograr algunas concesiones en este sentido y también para que se levanten a Turquía diversas sanciones que pesan sobre este país por la adquisición de material militar ruso.

Esa es la cuestión más candente en este futuro proceso de ampliación de la OTAN, porque Turquía es, en la Alianza Atlántica. el Estado más cercano a Rusia, con una confluencia de intereses geopolíticos y económicos en Transcaucasia y el Asia Central ex soviético. El difícil equilibrio en torno al Mar Negro, donde Rusia y Turquía tienen las costas más extensas, es otra cuestión delicada para la Administración Erdogan, que no está dispuesta a que el ambiente bélico al norte de esa cuenca marina acabe de alguna u otra forma afectando a la península de Anatolia.

Otro elemento de preocupación en este proceso de adhesión finesa y sueca a la OTAN aparece en el enclave ruso de Kaliningrado, rodeado por territorio de Lituania y Polonia. La propaganda de la OTAN reduce el valor de ese territorio a un arsenal, un polvorín cercado también por el norte si Suecia entra en la Alianza. Sin embargo, esta antigua región alemana, llamada antaño Königsberg e incorporada a la Unión Soviética como botín de guerra al terminar la segunda contienda mundial, ha sido durante décadas un motor de crecimiento industrial en Rusia y un modelo de la cooperación con Alemania, gracias a las factorías que este país dispone en ese territorio, especialmente de la industria del automóvil.

Pero si aún así se considera solo su importancia geoestratégica, Kaliningrado, más que un bastión rodeado por países de la OTAN y sobre el que Polonia tiene puestos sus ojos, es en realidad una espina clavada muy profundamente en territorio de la Alianza. Una cabeza de puente hacia Occidente que esperemos que nunca pueda se utilizada como tal.

La incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN encabezará el programa de la Cumbre que la Alianza celebrará en Madrid los próximos 29 y 30 de junio. Aunque el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha invitado al presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, a asistir a la Cumbre, no parece que el entusiasmo de Ucrania vaya a ser el mismo que el de Suecia y Finlandia. A pesar de la insistencia estadounidense para que Ucrania se incorporara también a la OTAN, la guerra ha dado al traste con esta posibilidad. Salvo que el conflicto dé un giro inesperado, Ucrania tiene un problema insalvable para los estándares de Bruselas a la hora de admitir un nuevo socio: la existencia de conflictos armados o secesionistas latentes en su territorio, en este caso, en el Donbás y en Crimea. Sin contar, claro está, con toda la porción oriental de Ucrania conquistada por Rusia desde que comenzó la invasión el pasado 24 de febrero.

La invasión se lanzó con las premisas del Kremlin de que Ucrania no debía incorporarse a la OTAN, pues ello habría acercado la Alianza Atlántica a la frontera sur de Rusia, la zona estratégica más sensible de este país. Moscú se sintió amenazada y desató esta guerra brutal. Al menos éste es uno de los argumentos del Kremlin. Otro era que el ejército ucraniano estaba a punto de lanzar una ofensiva contra el Donbás, la región del este de Ucrania que se separó de facto en 2014, con una guerra de secesión respaldada por Moscú.

Ahora, sin tener aprendidas las lecciones sobre las posibles y temidas "respuestas asimétricas" rusas, la OTAN da los pasos para expandirse de nuevo hasta las fronteras de Rusia y rodear algunos de los puertos rusos más importantes en el mar Báltico y el Ártico. La pregunta en Estocolmo y Helsinki ha sido la siguiente: Si Rusia ha invadido un país como Ucrania de 44 millones de habitantes, que tenía un poderoso ejército formado en parte en la ex Unión Soviética y armado por Estados Unidos desde su independencia en 1991 ¿qué le impediría a Moscú tomar Suecia y Finlandia?

Esta premisa, sin embargo, contiene varios errores de apreciación. El primero es pensar en Rusia como un estado sin estrategia, llevado únicamente por una necesidad de expansión más propia de países decimonónicos. El segundo error reside en el desconocimiento de los perjuicios económicos y de seguridad insoportables que supondría para Rusia la invasión de alguno de sus vecinos escandinavos.

El tercer error aparece al ignorar la doctrina básica de seguridad de Rusia, en concreto su necesidad de tener territorios de contención neutrales, entre el territorio ruso y los territorios más amenazadores de sus contrincantes. Esta doctrina se remonta a los siglos XVIII y XIX, con ejemplos como Polonia y Afganistán. Así, Moscú considera a Ucrania como un país que, o bien queda bajo la batuta rusa, o bien se constituye en un territorio neutral entre la OTAN y Rusia.

En este sentido, es un desacierto identificar la apuesta de Ucrania por entrar en la OTAN con la de Finlandia y Suecia. La eventual entrada de aquel país siempre fue considerada por Moscú como un paso inaceptable, un casus belli advertido una y otra vez por Rusia antes de la invasión sin que se le hiciera caso alguno ni en Washington ni en Bruselas. La incorporación de Suecia y Finlandia plantea muchos desafíos de orden estratégico y militar para Rusia, pero en ningún caso una "amenaza existencial", como siempre dejó el Kremlin claro que ocurría con Ucrania.

Pese a los titulares aparecidos en la prensa occidental estos días, la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza Atlántica no acorrala más a Rusia, ni siquiera por el potencial que los dos nuevos ejércitos proporcionarán a la fuerza militar de la OTAN. Lo que hace esta adhesión es reducir los cortafuegos que, entre los dos bloques, suponen los territorios neutrales. Y más inquietante: convierte a las armas nucleares tácticas en un elemento de contención más real y factible de ser utilizado por una Rusia que ve relegado aún más su protagonismo global, aunque de momento no considere como una "amenaza para su existencia" la nueva aproximación de la OTAN a sus fronteras

madrid

20/05/2022 21:21

Por Juan Antonio Sanz

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Imagen de un militar destacado en Letonia en misión para la OTAN. — Ministerio de Defensa

El conflicto en Ucrania "resucita" una Alianza Atlántica que parecía "desorientada" durante las últimas décadas tras la disolución del bloque comunista.

El pasado 24 de febrero, fecha del inicio de la invasión rusa de Ucrania, mientras el ejército de Vladimir Putin bombardeaba las principales ciudades de Ucrania, la OTAN se preparaba para una Cumbre de Madrid (el 28 y el 29 de junio) tranquila y sin sorpresas, casi de continuidad. Ahora, la Alianza Atlántica afronta importantes cambios: el club se amplía con Suecia y Finlandia, y vuelve a ser prioritaria la contención de Rusia. ¿Vuelve la OTAN de toda la vida?

La invasión rusa de Ucrania fue algo inesperado para todo el bloque Occidental es algo que, tres meses después, resulta evidente; como también parece evidente que Moscú se vio sorprendida ante la respuesta en bloque de la Unión Europea (sanciones económicas), de varios países que, como España, han enviado ayuda militar directa, y de Estados Unidos, que ha inundado de millones de dólares y de avanzada inteligencia militar a Kiev.

Mientras tanto, la OTAN como organización ha estado jugando un papel disuasorio y de vigilancia, reacia a participar directamente en el conflicto -Ucrania ha pedido varias veces ayuda e incluso su ingreso, a lo que obviamente Rusia se niega de plano- porque el Tratado no ampara ataques sino la defensa común de los aliados, por un lado, y por otro a causa del peligro de generar una escalada de consecuencias apocalípticas.

De todo ello se ha hablado la presentación en Madrid (CESEDEN) del Cuaderno de Estrategia 211 del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), que aborda el futuro de la OTAN después de la Cumbre de Madrid. Esta importante reunión tiene lugar ahora que España celebra sus 40 años desde su ingreso en la OTAN, y en un contexto de aumento sustancial del gasto militar en todo el mundo.

Sorpresa

"A todos, excepto al mando de operaciones, nos sorprendió la invasión", reconoció en la presentación de este informe el teniente general Fernando López del Pozo, director general de Política de Defensa, que recordó que los cambios en materia militar son más lento de lo que parece.

De hecho, el conflicto ruso-ucraniano está siendo más "convencional" de lo que se pudiese pensar -con movilizaciones de tropas, uso de artillería, infantería, fuerza aérea y naval- frente a otras modalidades como la llamada 'guerra híbrida' y otros escenarios como el ciberespacio y el ultraespacio. "Eso no quiere decir que no estén teniendo lugar, siempre están ahí, pero son menos visibles", recordó López del Pozo.

Otro de los autores que forman en este cuaderno de artículos de análisis es Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, quien aportó contexto histórico para comprender las "paradojas" de una organización surgida en un mundo bipolar (EEUU-URSS, con Europa como campo de juego).

Ese escenario bipolar desapareció en 1992, recordó este experto, pero comenzó en 1941 cuando el presidente Franklin D. Roosevelt convenció a todos los poderes de EEUU para intervenir en la II Guerra Mundial e influir así directamente en el devenir del mundo durante las décadas posteriores.

El golpe de mano de Putin viene ahora a resucitar a una Alianza que pese a sus largas décadas de "desorientación", siempre ha tenido una "mala salud de hierro" por su alta capacidad de adaptación. Y frente a algunas visiones que ven un escenario próximo de un mayor regionalismo, Vilanova sugirió revisar la parte más operativa de modo que la OTAN pudiese actuar más al sur del Trópico de Cáncer."

Sobre la mesa queda la necesaria pero compleja relación entre la UE y la OTAN en el campo de la defensa, algo que aborda en el cuaderno el diplomático Manuel Selas González, subdirector general de Asuntos Internacionales de Seguridad en Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. "Esta guerra ha demostrado que esa relación ha de ser de complementariedad", dijo, y remarcó el papel de cada uno: la OTAN disuade, la UE suministra ayuda directamente. "Para sorpresa de Rusia, Europa se ha convertido en un actor en la guerra", afirmó.

En cualquier caso, conviene recordar algo clave: los ejércitos son nacionales, y probablemente lo seguirán siendo durante mucho tiempo, por lo que las alianzas y tratados en materia de defensa no pueden imponer sino la asistencia, que no tiene que ser necesariamente militar, a un país aliado.

El ingreso de Suecia y Finlandia, países tradicionalmente neutrales pero con unas fuerzas armadas muy preparadas y compatibles con los países de la Alianza, será muy rápido. Y la guerra Rusia-Ucrania vuelve pone a Moscú en lo más alto de las prioridades de la OTAN. Otro de los autores, el coronel Ignacio Fuente Cobo, apuntó que de confirmarse una guerra ruso-ucraniana larga, el enfoque de la OTAN se dirigirá hacia el refuerzo de la defensa colectiva de sus miembros. 

De momento toca esperar a la Cumbre de la OTAN de Madrid, para la que queda algo más de un mes.

Madrid

19/05/2022 22:08

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Excelentes amigos, pero diferentes: China, Rusia y la guerra por Ucrania

Aunque en febrero Xi Jinping le prometió a Putin una «amistad ilimitada», es imposible que China se haya entusiasmado con el reconocimiento a las «repúblicas populares independientes» de Lugansk y Donetsk que tuvo lugar unos días después, con la guerra que estaba a punto de comenzar y con su inherente potencial para generar caos en el sistema internacional y la economía global.

Más allá de las medidas de política interna, en las que estriban los principales temas de conflicto con Occidente (derechos humanos y de las minorías, Estado de vigilancia), y de sus dudas generales sobre la democracia como sistema de gobierno, China se presenta como un miembro constructivo de la comunidad internacional: neutral, comprometido con la paz y siempre dispuesto a defender la integridad territorial y el derecho de los pueblos a la libre determinación. China participa en misiones de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). No solo ha firmado el Acuerdo de París relativo al cambio climático, sino que también se ha comprometido en su Constitución a crear una «civilización ecológica». Un documento político lanzado estos días por el presidente Xi Jinping sobre la estrategia de desarrollo de aquí al centenario de la creación de la República Popular en 2049 estipula que se debe continuar con la política de reforma y apertura. China seguirá trabajando por un orden internacional que también tenga en cuenta los intereses de los países en desarrollo y se abstendrá de políticas hegemónicas y de poder.

 En los últimos 30 años, Rusia ha regresado a la escena internacional de una manera muy diferente. En este periodo de ascenso sin precedentes de China para convertirse en la mayor potencia comercial del mundo, Rusia no ha sido exitoso  en la competencia global de economías y sociedades. Está profundamente estancada en la etapa de una economía rentista dependiente de las materias primas. Sobre esta base, Vladímir Putin –traumatizado por el, en su opinión, vergonzoso final de la Unión Soviética y frustrado por la arrogancia y la ignorancia de un Occidente expansivo– ha llevado a Rusia de regreso al escenario de la política internacional desde que asumió el cargo en 2000. Esto se hizo, afirmando ser una potencia mundial, sobre la base de una modernización del Ejército.

Desde entonces, y tras un breve periodo de indecisión (2000-2006/2007) sobre el rumbo a seguir, Rusia no se ha perdido ninguna oportunidad de apoyar a fuerzas antioccidentales, antiestadounidenses y antidemocráticas. Rusia se ha distinguido como un actor militar violento, dispuesto y capaz de múltiples tipos de intervención: terrorismo de Estado, guerra híbrida, uso de tropas mercenarias, ataques ciberneticos, poder de asalto y bandidismo internacional. La guerra en Ucrania es, hasta ahora, la mayor aventura a la que el presidente ha lanzado a su país.

La invasión de Ucrania, sin embargo, hasta ahora se ha parecido a un juramento militar de Putin. Es un desastre para Rusia. Hay enormes pérdidas en materiales y humanas, errores tácticos militares evidentes, problemas con la moral de la tropa, la logística y el trabajo de reconocimiento de los servicios. La modernización de los últimos años parece haber ido acompañada de corrupción a gran escala. Las consecuencias son humillaciones simbólicas como la pérdida del buque insignia de la Flota del Mar Negro o el intento fallido de capturar Kiev, la capital ucraniana, al comienzo de la guerra.

Para Putin, el desarrollo del conflicto se vuelve cada vez más problemático, tanto en el plano interno como externo. En casa, es probable que el curso de la guerra socave su aura como líder. Y en términos de política exterior, no le puede ser indiferente que el principal medio del capitalismo liberal, The Economisttitule: «¿Qué tan deteriorado está el Ejército de Rusia?», ya que su pretensión de jugar en la cancha de las Grandes Potencias se basa en que Rusia asegura poseer fuerzas armadas poderosas, profesionales y muy modernas. La guerra está en curso y podría prolongarse por mucho más tiempo. Occidente, incluida Europa, está unido, y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está a punto de expandirse para incluir a Suecia y Finlandia, países militarmente bien positionados. Los militares de la OTAN podrían frotarse los ojos. Y pueden estar confiados en que podrían superar a este adversario en una guerra convencional: pero Rusia es, por desgracia, una potencia nuclear.

Cualquiera sea el resultado de la guerra, ya ha desencadenado dinámicas que acarrearán procesos globales de gran alcance. Refuerza las tendencias de desglobalización que han sido evidentes desde la crisis financiera hace 10 años y que fueron aceleradas por la pandemia de covid-19.

En lo geopolítico, están apareciendo nuevos campos de poder, mientras que en lo geoeconómico está surgiendo una reorganización de los sistemas de energía, producción, distribución y finanzas. En este contexto, el estatus internacional de China y su exitoso modelo de recuperación económica se ven cada vez más desafiados por la guerra de Rusia y su estrecha asociación con Putin.

Oficialmente, China es neutral y está a favor de la paz. No apoyó ni condenó la guerra. Pero esta neutralidad es descaradamente prorrusa y antiestadounidense; que los medios estatales y la internet censurada de China hayan adoptado la versión que da el Kremlin sobre las causas y el curso de la guerra subraya ese carácter. Hay una controversia interna en China sobre qué posición tomar frente a Rusia. Pero China está ausente como mediadora para una solución negociada, a pesar de que probablemente sea el único país que podría influir en Putin.

En términos económicos, la República Popular ha estado en una fase de desarrollo durante algún tiempo, en la que está pasando de un crecimiento cuantitativo a uno cualitativo y se está enfocando más en el desarrollo del mercado interno. Este próximo paso de desarrollo también requiere mercados abiertos, cadenas de suministro que funcionen y un orden internacional basado en reglas. A diferencia de Rusia, a China no le interesa destruir el orden internacional existente. Será crucial para el país observar de cerca cómo Occidente intenta dar forma a la desglobalización a su favor. Estados Unidos ha considerado a China un adversario geopolítico clave, no solo desde la presidencia de Donald Trump. En la percepción de la Unión Europea, China pasó de ser el mercado más grande a ser un rival estratégico, y el Parlamento Europeo suspendió antes de la guerra la ratificación de un acuerdo de inversión largamente negociado con ese país.

Si Estados Unidos, Europa, Japón y países como Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda priorizasen –como reacción a la agresión rusa en Ucrania– los asuntos de seguridad y defensa sobre los aspectos económicos y de bienestar, y estuvieran dispuestos y fueran capaces de hacer los sacrificios necesarios, el comercio de China podría verse afectado negativamente. Además, la nueva dimensión de las sanciones occidentales, que superan todo lo conocido anteriormente, tendrá efectos de gran alcance en la economía global. China es vulnerable en esta área porque Estados Unidos, Europa y Japón siguen siendo, de lejos, los mercados más importantes para las exportaciones chinas. Si el acceso a los mercados de estos países se restringiera significativamente, China necesitará, para compensar, otros mercados o su propio mercado interno: ninguna de estas opciones parece factible. Además de reducirse sus mercados de exportación, a China le cuesta cada vez más acceder a la alta tecnología de Occidente. No solo Estados Unidos ha impuesto sanciones a Huawei y a empresas de semiconductores. También hay gobiernos europeos que han prohibido hace poco la adquisición china de tecnología de punta.

Es probable que otro aspecto de la desglobalización que está estrechamente relacionado con el propio modelo de desarrollo chino sea de particular importancia para China: la pérdida de eficiencia a través de la competencia dinámica con empresas rivales occidentales en casa. Un elemento central del éxito del milagro económico chino fue la descentralización y la delegación de decisiones económicas, lo cual promovió la competencia y la creatividad, y condujo a una rápida mejora de la calidad de los productos chinos (aunque también aceptó la corrupción durante mucho tiempo). Si esta presión competitiva desaparece, resta ver qué pasará con la fuerza innovadora de China y su transición hacia una economía del conocimiento.

El mercado interno del país enfrenta importantes desafíos económicos y estructurales: altos niveles de deuda, un sector inmobiliario en implosión y el envejecimiento progresivo de la población están poniendo a prueba el crecimiento. Esto va acompañado de una extrema desigualdad de ingresos, una explosión en los costos de la vivienda e instituciones del Estado de Bienestar que aún no están completamente desarrolladas para compensar la caída de la demanda y brindar protección social.

Además, la estrategia china de covid cero está fracasando. El confinamiento más reciente en Shanghái no solo dejó secuelas económicas, sino que también dejó en claro que el país no está preparado para la variante ómicron y que sus propias vacunas no pueden competir con las de Occidente. La aplicación brutal de medidas de cuarentena reveló una dimensión política de la estrategia contra el covid seguida hasta ahora. La población parece reaccionar con creciente incomprensión y desacuerdo con la dureza aparentemente sin sentido del gobierno. Y la pregunta es si las acciones de las autoridades deben atribuirse a la tendencia general hacia una recentralización del poder en el Partido y con el presidente Xi. Es probable que la pérdida de reputación internacional a la que quedó expuesta China a consecuencia de las especulaciones sobre el estallido de la pandemia en Wuhan, que parecían haberse compensado por el supuesto control momentáneo de la pandemia, vuelva a profundizarse como resultado de los acontecimientos recientes.

En este contexto, está claro que, tal como se presenta hoy el conflicto, la cercanía de China a Putin se está convirtiendo en un problema cada vez mayor. El desarrollo que la guerra ha tenido hasta el momento indica que, si los rusos siguen sin tener éxito, podrían reaccionar con una mayor brutalidad y una escalada de la lucha, o posiblemente considerar el uso de armas químicas o incluso armas nucleares tácticas.

China no podrá seguir este camino si no quiere arriesgar la reputación internacional que ha construido cuidadosa e inteligentemente durante décadas y, por lo tanto, poner en duda los éxitos obtenidos en su desarrollo. Por lo tanto, Putin no debería contar con que China le dará ayuda para romper las sanciones occidentales o incluso salvarlo militarmente. Resulta significativo que, si bien China ha firmado acuerdos de asociación con Rusia, no ha formado ninguna alianza que pudiera implicar obligaciones de apoyo mutuo. Rusia no debe hacerse ilusiones; China ha sido hasta ahora una potencia con un excepcional interés propio en la política internacional. A diferencia de Rusia, China puede elegir cómo salir del conflicto. Puede analizar con calma las sanciones contra Rusia y sus efectos. Y con respecto a su pretensión sobre Taiwán, Beijing monitoreará el curso de la guerra y evaluará qué riesgos estaría en condiciones de correr.

China puede salir mejor con una Rusia debilitada por la guerra que con un socio afianzado en su espíritu imperial y que representaría una amenaza cada vez mayor para el sistema internacional. El dictador ruso y su camarilla se han metido a sí mismos y a su país en una situación que no previeron y de la que cada vez es más difícil imaginar una salida que pueda salvar las apariencias. Cada vez es más claro que la razón inventada de la guerra, que niega el derecho de Ucrania a existir, proviene de la mente retorcida de un dictador que se transformó en un historiador aficionado mientras estuvo aislado durante la pandemia.

Putin finge estar librando la guerra por el bien de Rusia. Pero Rusia es un Estado multiétnico, y probablemente haya suficientes grupos étnicos que ya piensen que esta no es su guerra. Putin ahora no solo está poniendo en riesgo su propia persona y su régimen, sino también la Federación Rusa en su conjunto. Hay poco margen para que pueda cumplir su misión autoimpuesta de restaurar la grandeza imperial de Rusia dentro de las fronteras de la Unión Soviética. Podría ocurrir lo contrario con una Rusia saliendo del conflicto debilitada y más pequeña: el hombre del Kremlin, que habla alemán con fluidez y reverencia la literatura alemana clásica, podrá recordar El aprendiz de brujo, la famosa balada de Johann Wolfgang von Goethe. En ausencia de su maestro, conjuró, con palabras mágicas, espíritus que ya no podía controlar: «Señor, enorme es mi necesidad. He conjurado espíritus que ignoran mis órdenes». Y eso es precisamente lo que hace que esta guerra sea tan peligrosa.

Fuente: The Progressive Post

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Miércoles, 18 Mayo 2022 05:02

El asesinato y la ocupación de Palestina

El asesinato y la ocupación de Palestina

La muerte de la periodista palestina Shireen Abu Akleh conmocionó a la opinión pública mundial. Aunque el gobierno de Israel niega su responsabilidad sobre los hechos, no son pocos los que lo sindican como autor del crimen y piden que se lo excluya como parte de cualquier investigación, sobre todo tras la feroz represión de las fuerzas policiales durante el funeral de la reportera. Este caso ha reavivado las iniquidades de la ocupación israelí de los territorios palestinos.

En esta ocasión no hubo calma que precediera a la tormenta. Luego de un turbulento mes de Ramadán con una ola de atentados en ciudades israelíes y una conducta extremadamente violenta de sus fuerzas de seguridad contra militantes palestinos en Cisjordania y fieles musulmanes que rezaban en su mes santo, sucedió lo que nadie se había imaginado: el asesinato de la periodista Shireen Abu Akleh mientras cubría una redada del ejército israelí contra milicianos en la ciudad cisjordana de Jenin. 

El miércoles 11 de mayo por la mañana, la periodista palestina que trabajaba desde hace 25 años en la cadena qatarí Al Jazeera, había salido como de costumbre desde su casa en Jerusalén Este (la parte árabe de la ciudad) hacia el norte de la Cisjordania ocupada. Su misión era cubrir las intensas operaciones de las fuerzas israelíes contra la insurgencia palestina. Mientras trataba de acercarse a la escena de los enfrentamientos junto a su productor Ali Al-Samudi (quien también resultó herido y se encuentra estable), Abu Akleh fue asesinada de un tiro en la cabeza a pesar de estar provista de un chaleco antibalas que llevaba en letras grandes la leyenda «PRENSA» sobre el pecho.

A partir de ese momento, aparecieron diversas versiones sobre el asesinato. Sin embargo, todos los periodistas que se encontraban trabajando junto a Shireen no dudaron en colocar unánimemente la responsabilidad del crimen en manos del ejército, argumentando que ellos se encontraban mucho más cerca del lado israelí que del palestino. A solo media hora del asesinato de Abu Akleh, el aparato de relaciones públicas de Israel comenzó a desarrollar en una estrategia de desvío de información. 

El periodista israelí Barak Ravid reveló en un informe en hebreo en el sitio web Walla que «hubo una consulta urgente de la Sede Nacional de Hasbara (órgano de propaganda) junto con representantes de la oficina del primer ministro, el Ministerio de Relaciones Exteriores y las Fuerzas de Defensa de Israel. Decidieron que el objetivo principal era tratar de defenderse de la narrativa que comenzaba a aparecer en los medios de comunicación internacionales, según la cual Abu Akleh había sido asesinada por fuego israelí». 

Así, horas después de su muerte, la Cancillería israelí publicó un video que mostraba a guerrilleros palestinos disparando contra blancos no definidos, al mismo tiempo que comentaban entre ellos que creían que habían herido a un soldado israelí. Para el Ministerio de Relaciones israelí esto era prueba suficiente de una supuesta responsabilidad palestina, debido a que en ese día no se habían reportado heridos en las fuerzas ocupantes. No obstante, la organización de derechos humanos israelí B'Tselem contradijo rápidamente la versión de su servicio exterior y mediante otra filmación que geolocalizaba de manera precisa la escena de los dos hechos (el asesinato y los disparos de los militantes) dejaba en claro que los protagonistas palestinos del video se encontraban demasiado lejos de la escena y no tenían ninguna trayectoria posible para realizar los disparos que  causaron el deceso de Abu Akleh. Incluso en un vergonzoso tuit, la Cancillería de Israel elucubraba que el chaleco y el casco que comúnmente utilizan los periodistas en zonas de conflicto habría confundido a los militantes palestinos. Pero la renombrada organización de investigación periodística Bellingcat –conocida por su estudio del uso de armas químicas por parte del gobierno sirio y los ataques rusos contra civiles en Ucrania– estableció las diferentes ubicaciones de los protagonistas del incidente, incluidos Shireem Abu Akleh, el ejército israelí y los militantes palestinos a través de un análisis forense de audio. 

A través de ese análisis se pudo indicar fehacientemente que los posteriores disparos contra un hombre que intentaba rescatar a la ya moribunda Shireen se realizaron desde unos 180 metros de distancia. Esto colocaba al tirador cerca de las posiciones del ejército israelí y muy lejos de las posiciones militantes palestinas. El informe agrega que las fuerzas israelíes estaban en una posición más directa para realizar el disparo, en contraste con «las posiciones más obstruidas y distantes de los grupos armados palestinos».

Rápidamente, las máximas autoridades de Israel se sumaron a la rauda negativa sobre la responsabilidad en los hechos. El primer ministro Naftali Bennett, sostuvo que existía la «posibilidad considerable» de que los culpables hayan sido «palestinos armados, que dispararon salvajemente». Con más experiencia en cuestiones de responsabilidad, el ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, dijo: «pueden ser los palestinos quienes le dispararon. Trágicamente, también podría ser alguien de nuestro lado. Lo estamos investigando». 

En lo que sí coincidieron las autoridades israelíes es en que debía existir una investigación conjunta entre israelíes y palestinos. Los líderes palestinos se negaron terminantemente a ello. La Autoridad Palestina afirmó el sábado pasado que agradecería la participación de organizaciones internacionales en la investigación sobre la muerte de la reportera, pero sostuvo que a Israel aún no se le permitiría unirse a su investigación, citando el pasado israelí de autoexculparse en casi todos los casos en los que fue acusado de atacar, deliberadamente o no, a la prensa y a civiles palestinos. Asimismo, los propios familiares de la periodista palestina asesinada, quienes creen firmemente que los soldados israelíes son los responsables de su muerte, rechazaron los pedidos israelíes para una investigación compartida. «Apoyamos la participación de cualquier parte en la investigación, excepto de los israelíes. Si te acusan de un delito, no tiene sentido que lo investigues», sentenciaron. Estados Unidos, el aliado más cercano que tiene Israel, se sumó a los pedidos de una investigación rápida y efectiva, debido a que Abu Akleh era también ciudadana estadounidense. Sin embargo, Washington no se hace ilusiones con los resultados de la investigación. Y no le faltan razones. En enero de este año el palestino Omar Andalmajeed As'ad, que había vuelto a Cisjordania después de vivir cuatro décadas en Estados Unidos, perdió la vida luego al ser detenido en el norte de Ramallah mientras se dirigía tarde en la noche de regreso a su casa. Abdalmajeed As'ad murió de un paro cardiaco, esposado en el suelo en medio del frío y dentro de una obra en construcción donde los soldados israelíes lo habían amordazado y vendado los ojos después de golpearlo. El comandante del pelotón y el de la compañía de las tropas fueron reprendidos y excluidos de cualquier puesto de mando por los próximos dos años, pero los soldados no fueron castigados. 

Los palestinos también citan los casos del periodista Yasser Murtaja, del joven de 14 años Mohamed Ayoub y de la médica Razan al Najar, todos asesinados por francotiradores israelíes durante las protestas contra el bloqueo de Gaza en 2018. El primero fue muerto por una bala en el abdomen mientras lucía un chaleco protector con la leyenda de «Prensa», el segundo recibió un tiro en la cabeza mientras estaba a una distancia considerable de la cerca que separa a la Franja de Gaza de Israel y la tercera fue abatida mientras atendía a un grupo de heridos. El caso de Al Najar mereció una exhaustiva pesquisa del respetado Equipo de Investigaciones Visuales del New York Times, que dejó en claro la responsabilidad de francotiradores israelíes en su deceso. 180 palestinos fueron asesinados por balas israelíes en el marco de las protestas de ese año en Gaza, lo que suscitó una investigación interna del propio ejército israelí encabezada por el brigadier general Moti Baruch, quien concluyó que ninguna de todas esas muertes fueron «intencionales», sino producto de «percances operativos».

Vale la pena recordar que, de acuerdo a la organización Reporteros sin Fronteras, 35 periodistas fueron asesinados trabajando en Israel y los territorios palestinos desde 2000. El año pasado, en medio de una guerra de baja intensidad entre Israel y el grupo islámico Hamas, misiles israelíes derribaron un edificio de 11 pisos donde se ubicaban las redes de medios palestinos y la agencia estadounidense Associated Press. Israel justificó la destrucción diciendo que Hamás estaba utilizando el edificio para refugiarse, pero aún no ha aportado pruebas concluyentes para sostener la acusación. «Con el debido respeto hacia nosotros, digamos que la credibilidad de Israel no es muy alta en tales eventos», afirmó Nachman Shai, actual ministro de Asuntos de la Diáspora Judía y famoso ex-portavoz del ejército durante la Guerra del Golfo de 1991. A solo dos días del asesinato de Shireen Abu Akleh, en una discusión interna del Estado Mayor de Israel se sostenía que «la posibilidad de que soldado israelí le haya disparado (de manera no intencional) a la periodista de Al Jazeera es muy razonable».

El mismo 13 de mayo se vieron imágenes que dieron la vuelta al mundo e hicieron desconfiar aún más a la comunidad internacional de que los israelíes pudiesen realizar una investigación justa y transparente. Todo empezó la misma tarde del asesinato de Abu Akleh, cuando la policía israelí se apersonó en un velorio improvisado sin el cuerpo y le exigió a la familia de la periodista que bajasen las banderas palestinas de la puerta del recinto donde se realizaba el servicio fúnebre. Ante la negativa, se desplegó a la temida policía de frontera israelí que, junto al oficial a cargo, procedió a secuestrar las banderas. Es importante recalcar que, desde la sanción de los Acuerdos de Oslo, no está penado por la ley mostrar o flamear las banderas palestinas en Israel, por lo que la policía se atribuyó una peligrosa prerrogativa que la coloca por encima de la propia ley del estado judío. No contentos con ese vergonzoso atropello sobre los dolientes, lo peor estaba aún por llegar. 

Durante el funeral de Abu Akleh, que sin duda ha sido uno de los más concurridos de la historia palestina de los últimos 50 años (personalmente solo recuerdo el de Faisal Husseini con una cantidad de concurrentes similar), la policía israelí procedió a reprimir no solo a los asistentes, sino también a quienes llevaban en andas al féretro hacia el cementerio cristiano del Monte Zion en Jerusalén (la periodista profesaba esa confesión religiosa y vivía en la histórica ciudad). Aún para quienes desde hace décadas cubrimos desde el terreno las terribles vicisitudes del conflicto israelí-palestino, las imágenes de las fuerzas de seguridad israelíes golpeando violentamente con bastones a los portadores del féretro en un día de recogimiento fueron brutalmente singulares y serán difíciles de olvidar. En esta ocasión, la policía también intentó ensayar una justificación de lo injustificable, esgrimiendo que había intervenido a pedido de la familia (que supuestamente no quería que se llevase el féretro en andas hasta el cementerio) y solo luego de que la multitud hubiera agredido a los oficiales. Para respaldar la acusación, la policía volvió a compartir otro video, en este caso filmado por un dron, en el que se ve a un hombre arrojando una botella (sin que esté claro si es de vidrio o plástico) desde detrás de la multitud. Pero el video no explica que el acto se produjo solo luego de que la policía irrumpiese en el hospital donde estaba el cuerpo ni da razones de la violencia de los uniformados contra las personas que cargaban el ataúd, pues no hay imagen alguna donde se muestre que ellos hayan iniciado un ataque contra la policía. El mismo video muestra a un hombre utilizando una bandera palestina contra la policía, aunque esa acción se produce como acto de defensa después de que la policía comenzara con los golpes.

Anton Abu Akleh, el hermano mayor de Shireem que trabaja para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), descartó de plano las declaraciones de las fuerzas israelíes: «Les informamos [a las fuerzas de seguridad] sobre los arreglos que habíamos hecho, los caminos que planeábamos hacer, desde la Puerta de Jaffa hasta el Monte Sion. Exigieron que no levantáramos la bandera palestina ni coreáramos consignas alusivas». Anton Abu Akleh también rechazó terminantemente los pedidos israelíes para una investigación conjunta y dijo que cree que los soldados israelíes son los responsables de matar a su hermana. Observando las imágenes de la represión en el funeral donde se ve a la policía israelí arrancar la bandera palestina del coche fúnebre queda claro que no sería apropiado confiar en un actor que trata a los palestinos de esa manera (y que se encuentra comprometido en la acusación) para realizar una investigación imparcial. ¿O acaso alguien exigiría una investigación conjunta ruso-ucraniana por cada uno de los siete periodistas asesinados por las fuerzas rusas en Ucrania?

¿Cómo puede Israel animarse a reprimir en el mismo funeral de la persona de la que está acusada de asesinar (de manera intencional o involuntaria)? ¿Por qué hace esto Israel? La respuesta es simple: porque puede. La gran mayoría de los ciudadanos israelíes no le han prestado la más mínima atención al asesinato de la periodista palestina, que solo ocupa un pequeño segmento de los clásicos noticieros del país. Es evidente que Israel no sufrirá ninguna condena internacional efectiva y que la situación seguirá siendo igual. De hecho, el mismo día del asesinato de Shireem Abu Akleh, colonos judíos en la ciudad palestina de Hebrón –donde 800 israelíes viven custodiados entre 250.000 palestinos– tomaron una casa palestina sin los permisos necesarios para hacerlo. En esa misma jornada, otros colonos israelíes de un asentamiento en las colinas del sur de Hebrón golpearon a palestinos y a activistas israelíes que protestaban por una decisión de la Corte Suprema que avaló la destrucción de ocho poblados palestinos en áreas ocupadas y administradas por el poder militar israelí (Israel gobierna la Cisjordania ocupada con un órgano militar llamado, en lo que parece un verdadero chiste, «Administración Civil»). La excusa empleada por Israel para la expulsión de 1.800 personas –lo que constituye el mayor desplazamiento de palestinos desde la década de 1970– resulta difícil de comprender: arguye que los palestinos tienen sus poblados en una zona reservada por el ejército para la «práctica de tiro» en territorio ocupado. 

La ocupación militar israelí sobre los palestinos ya ha durado demasiado. De los 74 años de vida del Estado de Israel, 55 han sido de ocupación militar sobre los palestinos. Durante dicha dictadura militar sobre otro pueblo, Israel ha desarrollado uno de sus mayores proyectos nacionales: la construcción de más de 120 asentamientos (hay otros cien que aún no han recibido autorización oficial, pero todo parece indicar que solo es cuestión de tiempo) donde 700.000 israelíes gozan de derechos exclusivos entre millones de palestinos. Las colonias no son pequeños parajes, sino que algunos ya se han convertido en ciudades (Modin Illit, Maaleh Adumin, Ariel, etc.). 

Israel se considera a sí misma una democracia para todos, pero no lo es: se trata de una democracia con derechos de privilegio para los judíos (cualquier judío del mundo que quiera emigrar a  puede convertirse en ciudadano israelí al instante), pero limitada e imperfecta para los árabes que viven dentro de Israel (que estuvieron bajo dominio militar dentro de Israel desde la fundación del estado hasta 1966 y al día de hoy no pueden instalarse en cualquier zona del país). Los palestinos de Cisjordania y Gaza están en el último peldaño de la pirámide. Son ellos quienes deben lidiar día a día con el sistema que «la única democracia en  Medio Oriente» ideó para ellos: un régimen pergeñado para que este sector nunca experimente tal democracia.

La gran mayoría de los palestinos está dispuesta a aceptar un compromiso que les otorgue todos los territorios previos a la conquista israelí en la Guerra de los Seis Días de 1967, es decir solo 22% de todo lo que ellos mismos denominan como la «Palestina Histórica» (concepto de por sí controvertido, pero que comprende lo que hoy es Israel, Cisjordania y Gaza). Esta constituye una concesión enorme de su parte. Sin embargo, los israelíes sostienen que no es suficiente y continúan votando masivamente a representantes que consideran a Cisjordania (los israelíes llaman a esa zona con el nombre bíblico de Judea y Samaria) como parte de Israel. Si se  conduce por cualquier ruta israelí, en los carteles que indican cómo ir a Tel Aviv o Haifa también se señala como llegar a las colonias de Betar Illit o Alfei Menashe, entre muchas otras. Muchos israelíes argumentan que es imposible la paz con los palestinos, algo que será difícil corroborar mientras Israel mantenga su presencia militar y civil en sus territorios. Incluso si los palestinos no quisieran tener paz con los israelíes, no existe excusa alguna para desarrollar un enorme y millonario proyecto colonial en sus tierras. Líbano, por ejemplo, no desea hoy la paz con Israel y dicho país no fue perforado como un queso por colonias judías durante la pasada ocupación israelí. Israel podría incluso esgrimir que mantiene su presencia militar en Cisjordania para garantizar una supuesta seguridad, pero los asentamientos israelíes indican otra cosa. No es solo una lucha por la supervivencia, sino una guerra de dominio y control.

La periodista palestina Shireem Abu Akleh no tenía por qué estar en Jenin relatando cómo el ejército israelí daba caza a «terroristas», que es como cualquier noticiero televisivo de Israel denomina a los palestinos armados, sin importar que operen o no en ciudades israelíes o que resistan contra una potencia militar en territorio colonizado. Uno puede estar en completo desacuerdo con la estrategia armada de lucha palestina (siete décadas de ella comprueban que la misma solo consigue polarizar el sentimiento israelí de estar constantemente amenazados), pero Israel tampoco ve con buenos ojos la forma no violenta de la desobediencia civil palestina. Es más, esta estrategia pone aún más nervioso al gobierno y sus fuerzas de seguridad, pues no saben cómo contrarrestarla, lo que quedó en evidencia en la Primera Intifada o en el funeral de Shireem. 

El asesinato de Abu Akleh y la extrema represión de su procesión fúnebre han generado una indignación mundial que los israelíes no deben ignorar. Sin la protesta extranjera, la muerte de la reconocida periodista hubiese sido un número más entre las víctimas palestinas. No existe algo parecido a una ocupación militar justa o a un colonialismo sano. Es un contrasentido. Es preciso terminar con la dictadura militar sobre los palestinos lo más pronto posible, primero por su derecho a la autodeterminación, pero también por el propio bienestar israelí. Lo cierto es que, al contrario de lo esperado por muchos, la ocupación no se suavizará. Pero solo hay dos alternativas: o Israel termina con la ocupación o la ocupación terminará desde adentro con el Estado de Israel y el refugio que tienen los judíos en el mundo. Ya no hay tiempo que perder.

Este artículo fue escrito desde Jerusalén

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