Mike Davis. “No puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo”.

Sigue siendo figura central de una disciplina en la intersección entre la geografía, la sociología y la arquitectura conocida como La Escuela de Urbanismo de Los Ángeles, pero se jubila ahora del Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de California (Riverside). A comienzos del pasado verano, invitó a la profesora de arquitectura y directora del Laboratorio de la Ciudad de la Universidad de California (Los Ángeles), Dana Cuff, y a la decana del Colegio de Diseño Medioambiental de la Universidad de California (Berkeley), Jennifer Wolch, a su casa de San Diego para hablar y entrevistarle sobre su carrera, sus escritos y sus tempranos y continuados esfuerzos para entender Los Ángeles.

 

Dana Cuff: Nos dijiste que te preguntan demasiado por tu libro Ciudad de Cuarzo, así que vamos a empezar de otra manera. Como uno de los grandes contadores de historias urbanas de California que eres, ¿qué crees que nos falta en nuestra comprensión de Los Ángeles?

Mike Davis: La lógica económica de los bienes raíces y de la urbanización del suelo. Esta ha sido siempre la clave capital para entender las políticas espaciales y raciales en la California meridional. Como explicó por lo magnífico el más influyente pensador radical del siglo XIX –y no me estoy refiriendo a Marx, sino al californiano de San Francisco Henry George—, no puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo. La zonificación y la planificación urbana –los instrumentos progresistas para crear la llamada Ciudad Hermosa [de la Escuela urbanística de Chicago de finales del XIX]— han sido totalmente secuestradas para servir al mercado o han experimentado la muerte de los mil cortes, es decir, por acumulación de desviaciones. Yo fue brevemente comisario de desarrollo urbano en Pasadena, a mediados de los 90, y tuve ocasión de observar la facilidad con que se dejaban de lado inveterados criterios de diseño y planes comunitarios por la presión de los financiadores de campañas electorales y de los grandes promotores inmobiliarios.
Si no intervienes en la operación de los mercados inmobiliarios, terminas normalmente generando el resultado opuesto al que pretendías. Con el tiempo, por ejemplo, las mejoras en el espacio urbano público disparan al alza los valores de la vivienda y tienden a convertirse en subsidios al ocio de los ricos. En los mercados inmobiliarios dinámicos y en emplazamientos céntricos, las organizaciones sin ánimo de lucro no pueden permitirse comprar suelo para construir vivienda de bajo coste. Artistas novatos e hípsters se convierten sin saberlo en la tropa de choque de la gentrificación y en poco tiempo ya no pueden permitirse seguir viviendo en los barrios y distritos comerciales a los que revigorizaron. Las viviendas accesibles se alejan inexorablemente de los puestos de trabajo, y la crisis del centro urbano termina en plazas como la de San Bernardino.


Si aceptas que la estabilización de los valores del suelo es condición necesaria de la planificación democrática a largo plazo, hay dos grandes soluciones no revolucionarias. La solución de [Henry] George fue la más expedita: ejecuta a los monopolistas y a los especuladores del suelo con un impuesto único del 100% sobre los incrementos de los valores del suelo no mejorado. La otra alternativa no es tan radical, pero ha sido empleada con éxito en otros países capitalistas avanzados: municipaliza las partes estratégicas del inventario de suelos para vivienda accesible, parques y cinturones verdes moldeadores.


El uso de la expropiación para la reurbanización –hay que recordarlo— fue originariamente concebido para transformar barrios de vivienda privada pobre en vivienda de titularidad pública. Al final de la II Guerra Mundial, cuando los progresistas eran mayoría en el gobierno de la ciudad, Los Ángeles adoptó planes verdaderamente visionarios tanto para la vivienda pública como para crecimiento suburbano racional. Lo que pasó luego es harto conocido: una contrarrevolución municipal concebida por [el periódico] Los Angeles Times. Resultado: los gobiernos locales siguieron usando la expropiación, pero las más veces para transferir suelo de los pequeños propietarios a las grandes empresas y a los bancos.


Saltemos a los 80. Apareció una nueva oportunidad. La reurbanización del centro urbano devoraba centenares de millones de impuestos desviados, pero su futuro era sombrío. Unos años antes, Reyner Benham había proclamado la muerte o, al menos, la irrelevancia del centro urbano. Si la administración de Bradley hubiera tenido voluntad política, podría haber municipalizado el corredor de Spring-Main Street a precios de mercado tirados. Tal vez cerca de 1 millón de metros cuadrados habrían quedado disponibles para apartamentos familiares, pequeños negocios para inmigrantes, mercados públicos, etc., con alquilares accesibles permanentemente controlados.


Una vez le pregunté sobre esto a Kurt Meyer, un arquitecto de empresa que había sido presidente de la Agencia de Reurbanización Comunitaria. Vivía sobre el Beachwood Canyon, debajo del cartel de Hollywood. Solíamos reunirnos a la hora del desayuno, porque él disfrutaba contando historias de poder y propiedad en Los Ángeles, lo que le convertía en un fuente única para mi investigación de la época. Me contó que las elites del centro urbano estaban horrorizadas con la inesperada revitalización del corredor de Broadway que habían traído consigo los comercios mexicanos, y que la última cosa que querían era un centro urbano populista.


También ofreció respuesta a una cuestión que hacía tiempo me intrigaba. “Kurt, ¿por qué esa prioridad absoluta y a costa de todo para tener a la clase media viviendo en el centro urbano” “Mike, sabes algo sobre espacios arrendados en edificios de gran altura?” “Realmente, no”. “Bueno, la parte más difícil de alquilar es la planta baja: para sacar el máximo valor, necesitas una población residente. No puedes limitarte a tener trabajadores de oficina que vayan a desayunar o almorzar; necesitas la noche, un tráfico de 24 horas”. No sé si esa es realmente una explicación adecuada, pero desde luego me convenció de que los planificadores y los activistas necesitamos una comprensión mucho más profunda del juego.


Ello es que, finalmente, la clase media ha venido al centro urbano, pero sólo para convertirlo en un suburbio. Los hipsters creen que viven en el núcleo de la vida urbana, pero se trata solo de un falso urbanismo, de un gran emplazamiento de compras residencial. El centro urbano no es el corazón de la ciudad, es una vaina de estilo de vida lujoso para las mismas gentes que dicen que Silverlake es el “Eastside” o que Venecia sigue siendo bohemia.

Cuff: ¿Por qué los llamas suburbios?

Davis: Porque el regreso al centro expresa el deseo de espacio urbano y de multitudes sin permitir la variedad democrática del igual acceso. Es oro para necios, y la gentrificación ha tomado el relevo de la renovación urbana a la hora de desplazar a los pobres. Piensa en el estudio pionero que realizó Anastasia Loukaitou-Sideris sobre la privatización del espacio en la cumbre del cerro de Bunker Hill. Claro que el patrón de tu museo o el residente en condominio se siente en casa, pero si eres un patinador salvadoreña, caramba, pues te irás probablemente a Juvenil Hall.

Cuff: ¿Podrías incorporar la arquitectura a tus reflexiones sobre los bienes raíces? ¿No diste un curso hace años sobre eso en el Instituto de Arquitectura de la California Meridional?

Davis: Cuando me contrató por primera vez el Instituto en 1988 le confesé a su entonces director, Michael Rotondi, que no tenía la menor idea de arquitectura. Me contestó: “No te preocupes, eso corre de nuestra cuenta. Tu tarea es enseñar sobre Los Ángeles. Muéstrales a los estudiantes la ciudad”. Fue una maravillosa tarea y, durante una década, participé en una buena cantidad de estudios notables trabajando con gentes de la talla de Michael Sorkin, Joe Day, Anthony Fontenot y otros arquitectos radicales.


Mi propio proyecto de vanidad, por así decirlo, consistía en demostrar la factibilidad de un estudio comunitario de diseño que se enfrentara a los problemas de viejos barrios y suburbios. Con el apoyo de un activista destacado de la comunidad centro-americana, Roberto Lovato –ahora, un conocido periodista—, nos centramos en distrito de Westlake, lindante con el oeste del centro urbano.


Yo conocía la zona bastante bien, porque a finales de los 60 había vivido allí mientras me ocupaba de la gestión de la librería del Partido Comunista en la Calle Siete, curiosamente cerca de la vieja oficina del FBI en Wilshire. Eso fue justo después de los deshaucios de Bunker Hill y de que el grueso de sus residentes hubieran sido realojados en conventillos al lado de Parque MacArthur. Caminando hacia la librería, me encontré muchas veces con los cuerpos de esos pobres viejos tirados en la acera: ¡quién sabe qué sueños los habrían traído a Los Ángeles hacia 1910 o 1920!


Nos centramos finalmente en estudiar Witmer Street, entre la calle 3 y Wilshire, porque tenía un abanico casi completo de tipos de edificios multifamiliares: una casa unifamiliar de 1890, un patio de bungalows de los años 20, un edificio de apartamentos de los años 60 y hasta un edificio masónico de apartamentos que se usaba como escenografía para Hill Street Blues.


Los estudiantes se dividieron en dos grupos entrenándose por su cuenta como inspectores de edificios y de incendios, y exploramos el vecindario molécula a molécula durante dos semestres. Un grupo estudiaba cuestiones de seguridad antiincendios y otros riesgos, como tejados desprotegidos convertidos en lugar de juego para los niños. Observamos las necesidades de algunos obreros, costureras y mecánicos de automóviles; estudiamos problemas de recolección de basuras; observamos asuntos relacionados con las rivalidades entre bandas y con los mayores alcoholizados. Con el apoyo de Lovato, entramos en los apartamentos –normalmente, moradas para entre tres y cinco personas— y analizamos cómo organizaban las familias sus minúsculos espacios. Investigamos quiénes eran los propietarios de los edificios, calculamos la rentabilidad de su alquiler, incluso visitamos y fotografiamos los hogares de los amos de esos tugurios del centro urbano, que vivían en Beverly Hills y en la playa de Newport.


La única forma de vivienda que era generalmente popular, en donde los arrendatarios habían estado allí desde hacía mucho tiempo –todos los demás iban y venían— era el complejo de apartamentos del patio de bungalows, con sus pequeños jardines y una fuente. Lo más detestado no eran las escaleras de incendio de la vieja propiedad de los años 20, sino el edificio de apartamentos con aparcamiento subterráneo construido en los 50 o 60 en lotes unifamiliares. Esos edificios estaban diseñados para experimentar un rápido deterioro en pocas décadas y representan un verdadero problema en toda la California meridional. Los otros tipos multiunidad eran duraderos, pero resulta difícil de imaginar una alternativa al estuco arruinado que no sea el derribo, lo que, en efecto, han hecho las promotoras inmobiliarias, pero sólo para reemplazar ese tipo de edificios por “supercubos” de cuatro o cinco plantas que no son sino versiones ampliadas de los mismos problemas.


Nuestro objetivo era reunir todos nuestros descubrimientos en una suerte de Catálogo Completo subido a un portal web y luego invitar a todo el mundo a escribir y aportar ideas sobre asuntos genéricos de los barrios obreros como desperdicios, juego, trabajo, graffiti, bandas, espacio social, aparcamiento, etc. No nos proponíamos crear un plan maestro en miniatura, sino levantar un arsenal de soluciones prácticas de diseño fundadas en un análisis cuidadoso, realista que pudiera ayudar a los residentes a encuadrar sus reivindicaciones a los señores del suelo y a la ciudad. Imaginábamos colaboraciones de arquitectos, artistas y artesanos que actuaran como constructores de herramientas al servicio del activismo y el autodiseño comunitario. Todavía creo en la idea, mi contrato con el Instituto de Arquitectura terminó cuando se fue Michael Rotondi, nuestro gozoso bromista, nuestra luz rectora.

 

Cuff: La idea de construir herramientas en vez de hacer un plan maestro es útil. Un grupo de estudiantes de urbanismo y humanidades de la UCLA se centró en Boyle Heights, que, como Westlake, está experimentando una presión urbanizadora. Los instrumentos solicitados por la comunidad eran bastante directos, una suerte de manual sobre cómo convertir en parques espacios abandonados. Fue un interesante diálogo sobre las respectivas actuaciones el que se desarrolló entre las humanidades, la arquitectura y los estudiantes. ¿Se puede no suministrar lo pedido y seguir siendo un aliado socialmente responsable de los grupos comunitarios? La discusión fue interesante porque los estudiantes entraron en acción, desde estudiantes de arquitectura, siempre dispuestos a hacer algo aun no disponiendo de mucha información, hasta los estudiantes de humanidades, renuentes a actuar si creen que no saben lo suficiente o no tienen derecho a intervenir.

Davis: Ese tipo de consciencia puede venirles bien algunos arquitectos veteranos de Los Ángeles, que contemplan la ciudad como una zona de tiro libre para cualquier ocurrencia vanidosa que les venga a la cabeza, cualquiera que sea el contexto urbano o su historia. En Ciudad de cuarzo critiqué a Frank Ghery por sus diseños furtivos y por su excesiva preocupación por la seguridad. Fue realmente como pisarle un callo, porque él viene de una tradición socialdemócrata y no le gustó nada mi descripción de su obra a calzón quitado como “la arquitectura de Harry el sucio”.


Un día, unos años después, me llamó para ir a verle. “Vale, tío importante, mira esto”, Y me mostró la última entrega del diseño de su Disney Concert Hall, que tenía un parque ajardinado alrededor de su perímetro no-euclidiano. “Me criticaste por hacer diseños antidemocráticos, pero ¿esto qué es?”. Y efectivamente, había una astuta integración del elitista Concert Hall con espacio de juego para niños de la zona y de descanso para gentes sin techo. Invitaba antes que excluía a los residentes del barrio pobre Latino, como la Witmer Street que rodea al centro urbano. Eso no tenía prácticamente precedentes, y tuvo que librar una larga batalla con el condado, empeñado en aislar Disney y ponerle límites. En esta ocasión al menos, una celebridad arquitectónica luchó del lado bueno.

Jennifer Wolch: Desde luego. Sin embargo, es una cuestión importante particularmente para los estudiante de humanidades: el asunto de la subjetividad les hace reticentes a hacer propuestas.

Davis: Pero ellos tienen competencias. La narrativa es una parte importante a la hora de crear comunidades. Las historias de la gente son claves, especialmente las de sus rutinas. A mí me parece que hay importantes competencias y calificaciones en las ciencias sociales, pero las humanidades son particularmente importantes por las historias. También creo que un coreógrafo sería un gran analista del espacio y un suerte de imaginador de usos del espacio.
Un día tuve una larga conversación con Richard Louv sobre Last Child in the Woods [El último niño en los bosques], uno de los libros más profundos de nuestro tiempo, una meditación sobre lo que significa para los niños perder contacto con la naturaleza, con el juego y la aventura nómada libres y no organizados. Una generación de madres obligadas a ser chóferes a tiempo completo, llevando a los niños de una distracción comercial a otra, de un evento lúdico sobreorganizado a otro. Yo crecí en el este del Condado de San Diego, en la frontera misma con las tierras del interior, y una vez hechos los deberes (una cosa seria en aquella época), podías montarte en la bici y lanzarte a la acción como Huck Finn. Había una colonia nudista en Harbison Canyon, a unas doce millas, y nosotros cogíamos nuestras bicis y pedaleábamos cuesta arriba horas y horas en la esperanza de lograr ver algo a hurtadillas a través de las verjas. Como todos mis amigos, tuve una escopeta del 22 al cumplir los doce años. Hacíamos cosas malas a los animales, lo confieso, pero éramos espíritus libres, odiábamos la escuela, nos importaban un higo las calificaciones, nos librábamos de nuestros padres gracias a pequeños empleos a tiempo parcial y trabajos de jardinería y nos deleitábamos con todas y cada una de nuestras fechorías locas y aventureras. Desde que regresé a San Diego en 2002, me reúno anualmente con los cinco o seis chicos a los que conozco desde el segundo grado en 1953. A pesar de las grandes diferencias de convicciones políticas y religiosas, seguimos siendo la misma banda de los viejos tiempos.
Y las bandas eran lo que te mantenía seguro y la razón de que las madres no se preocuparan de nuestras citas lúdicas ni los acosadores de niños. Recuerdo que incluso en el jardín de infancia –vivíamos entonces en el área de City Heights de San Diego— teníamos una banda que iba junta a la escuela y jugaba cada tarde. Un grupo de nenes y nenas, siete u ocho, que vagaba sin rumbo y mendigaba unos centavitos para comprar chicles en el quisco de la esquina. Hoy, la idea de bandas de niños o adolescentes sin vigilancia suena como un problema de ley y orden. Pero así es como las comunidades funcionaban entonces y podrían seguir funcionando ahora. Aparte de Louv, recomiendo calurosamente el libro del anarquista inglés Colin Ward The Child in the City [El niño en la ciudad]. Un propósito capital de la arquitectura, sostiene él, debería ser diseñar ambientes aptos para las aventuras y los descubrimientos fortuitos, no programados.

Wolch: Mike vamos ahora a una cuestión completamente diferente. Uno de los libros tuyos más nos gustan es Late Victorian Holocausts [Holocaustos victorianos tardíos]. No versa sobre ciudades, sino sobre Occidente. Cómo te decidiste a vincular la historia del cambio climático con las hambrunas y la ecología política? Es como si hubieras tomado una desviación...

Davis: Luego de los disturbios de 1992, la editorial Knopf me avanzó mucho dinero para escribir un libro sobre el apocalipsis urbano. A través de mis actividades políticas había llegado a conocer a las madres de muchos actores clave en esos acontecimientos, incluida Theresa Allison, cuyo hijo, Dewayne Holmes, fue uno de los primeros en promover la Tregua de Watts de la banda. También conocí a la mamá de Demian Williams, que era el villano en jefe, el chaval que golpeó casi hasta la muerte al camionero en la esquina de Florence y Normandie. A través de sus ojos llegué a adquirir una perspectiva muy distinta de la relación entre causa y efecto, así como de lo que fue correcto y lo que fue incorrecto en el curso del estallido. Pero al final del día no podía hallar la menor justificación real al tipo de periodismo que sostiene sus tesis con pretensión de autoridad a través de citas y retratos selectivos de gentes que por lo general no pueden controlar la versión final. En los años 30, este tipo de documentación social o narrativa existencial de segunda mano –las fotografías de Dorothea Lange o el Dejadnos Ahora Alabar a los Hombres Famosos, de James Agee, por ejemplo— podía presentarse como una parte integral de una cruzada, el New Deal o la [central sindical] CIO, que luchaban para mejorar las vidas de las víctimas populares, y que eran a menudo sus sujetos desconocidos. Pero ahora, en nuestra era posliberal, ese trabajo corre el peligro de resultar simplemente sensacionalista y explotadoramente ventajista. Francamente, por mucho que deseara escribir el libro, no podía hallar licencia moral alguna para saquear historias populares y miserias personales a mayor gloria mía en tanto que voz losangelense del apocalipsis. De modo que devolví el dinero avanzado y moví mi base de operaciones a la biblioteca de ciencias de la Tierra del Cal Tech [Instituto Tecnológico de California] y me sumergí en la investigación de la historia y el desastre medioambiental que generó mi libro Ecología del miedo.
Descubrí también otro asunto en el que no había ninguna ambigüedad ética, un proyecto en el que iban perfectamente de la mano mi conciencia y mi celo investigador. Tom Hayden me contactó en 1995 o 1996 y me pidió colaborar en un volumen que él estaba compilando para 150 aniversario del holocausto irlandés. Al principio puse reparos. Había jóvenes y brillantes historiadores irlandeses que estaban reinterpretando la Hambruna, y yo no tenía la menor experiencia en esa área. Pero insistió: “Bueno, tal vez haya alguna otra cosa coetánea sobre la que podrías escribir”. Entonces descubrí las hambrunas en China y en la India durante las décadas de 1870 y 1890, que mataron a cerca de 20 millones de personas pero que no habían recibido la menor mención en la historiografía convencional de la Era Victoriana. El resultado fue Holocaustos victorianos tardío, una especie de “Libro Negro” del capitalismo que versa sobre los millones de muertes innecesarias que ocurrieron cuando las potencias europeas –sobre todo, Inglaterra— forzaron el ingreso a toda marcha en el mercado mundial de las grandes economías campesinas de subsistencia de India y China. Con resultados desastrosos.

Wolch: Tenemos un última cuestión sobre tus novelas para jóvenes adultos. Cuando damos en clase tu Ciudad de cuarzo u otra de tus descorazonadores piezas sobre Los Ángeles, uno siempre está tentado a pensar que al salir de clase los alumnos se tirarán de un peñasco. Pero tus novelas para adultos jóvenes parecen abiertas a algún tipo de futuro alternativo esperanzador.

Davis: ¡Eh! No deberíais sentiros descorazonadas por mis libros sobre Los Ángeles. Son precisamente polémicas apasionadas sobre la necesidad de una izquierda urbana. Y mi tercer libro sobre Los Ángeles, Urbanismo mágico, irradia literalmente optimismo sobre el renacimiento de los movimientos de base en nuestros barrios de inmigrantes. Pero, para volver a las dos novelas de “ciencia aventura” para adolescentes: las escribí para la espléndida editorial de Viggo Mortensen, Perceval Press. Son, sobre todo, manifestaciones de nostalgia por mi hijo mayor, luego de que su madre se lo llevara de vuelta a su Irlanda natal. Los héroes son tres niños reales: mi hijo, su hermanastro y la hija de nuestros mejores amigos cuando yo impartía docencia en Stony Brook en Long Island. El nombre de la niña es Julia Monk, y ahora es una bióloga especializada en vida salvaje que está haciendo su tesis doctoral sobre pumas andinos en Yale. Estoy muy orgulloso de haberla convertido en la guerrera-científica heroína de las novelas, porque mi intuición sobre su carácter se ha hecho plena realidad. Una joven muy notable.
Escribir estos cuentos fue pura diversión. La inspiración original fue un viaje que hicimos con mi hijo al este de Groenlandia cuan él tenía siete años. Eso se convirtió en El país de los mamuts perdidos. Historias como esta se escriben solas, especialmente porque se trata de niños reales y tu estás proyectando sus caracteres morales en situaciones de aventura y peligro fantásticos (aunque algunas de las partes más estrafalarias de los libros son verdaderas y están basadas en mi obsesión de toda la vida por las islas misteriosas). En cierto modo, fue como si los cuatro hubiéramos realmente hecho una expedición a Groenlandia y a la extraña y embrujada isla de Socotra.
Pero dejemos a los chicos continuar la aventura. Yo me he convertido en un jubilado muy casero, centrado ahora en aprender todo lo que pueda sobre la naturaleza y la geología de la California meridional. La única organización a la que pertenezco (de grupos no subversivos, se entiende) es la Unión Geofísica Americana. Mi mujer disfruta de una buena novela en la cama. Yo leo extraños volúmenes sobre petrología ígnea y paleoclimatología. Tengo incluso en algún lado un texto à la Stephen King [sobre la calle en la que vivo] llamado Ecología de la calle 33, porque no hay nada natural en este barrio, desde los arundos hasta los caracoles sicilianos, que si llegaran a invadir el Valle Central podrían dañar las cosechas y provocar unos cuantos miles de millones de dólares de pérdidas. No existen cuervos aquí, ni tampoco las siniestras arañas viuda negra que ahora viven en el mobiliario de mi patio. Para mí este es un gran material de novela negra: el barrio tomado por aliens sin que sus habitantes se enteren.

12/01/2017

 

Mike Davis


profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).


Fuente:
https://boomcalifornia.com/2016/12/29/a-boom-interview-in-conversation-with-

Publicado enSociedad
El arte de la política: Cómo diseñar un futuro alternativo desde la izquierda. Entrevista a David Harvey

Ha escrito sobre urbanismo, medioambiente, neoliberalismo, posmodernidad y marxismo; para muchos es uno de los principales autores vivos de las humanidades. El británico David Harvey llegó a Uruguay en el marco de la celebración de los 100 años de la Facultad de Arquitectura, y recibirá el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República.


-Con el ascenso de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Bernie Sanders en Estados Unidos, Syriza en Grecia y Podemos en España, pareciera que existe un renacimiento de la política radical y de izquierda a lo largo de Europa y Estados Unidos. ¿Cuáles son sus impresiones sobre el estado de la izquierda en el Primer Mundo?


-Quisiera ser optimista, pero francamente soy más bien cauto, por varias razones. Lo impactante de Sanders y Corbyn es que fueron una gran sorpresa para la prensa convencional. Me da la impresión de que esa prensa ha construido una narración sobre cómo es el mundo y está muy cómoda en esa narración, que no incluye a gente como Corbyn o Sanders como gente con influencia alguna. Esa narración estuvo equivocada desde el principio: estaban ocurriendo muchas más cosas de lo que se reconocía.


Se puede rememorar algunos de los movimientos sociales de masas que sorprendieron a la gente, como las enormes manifestaciones contra la guerra en 2003. Nuevamente, éstos fueron eventos sorprendentes, que se desvanecieron más bien rápido. La razón por la que soy cauto en relación a lo que puede ocurrir es que veo que Syriza, por ejemplo, llegó en una posición muy fuerte, y ahora se está manteniendo en el poder administrando todas las cosas que dijo que quería abolir. Y creo que si Corbyn dura -y pienso que va a durar más de lo que muchos creen-, va a ser también por haber cedido, en parte, porque el poder ya no está en la política. Y no está en la política por dos razones: una es que las clases altas, la plata grande, domina a la política; y la otra es que las personas que son intuitivamente de izquierda no confían en la política en absoluto, tienden a no votar.


Entonces, ocasionalmente aparece algo como Corbyn o Syriza, pero la gente no se mantiene en la política. Hay una especie de política de la antipolítica que domina nuestra izquierda. Y es muy difícil transformar eso en algo organizado o en una campaña política bien orquestada. Por eso no soy optimista en cuanto a que podamos ver cambios importantes como consecuencia de todo esto. Lo que sí veo es mucha gente muy desencantada con lo que ocurre; veremos qué forma de expresarlo encuentran en los meses y los años que vienen. Pueden ser modos de expresión de izquierda o de derecha. La derecha está vivita y coleando en el Norte Global, y está reclamando fascismo. Aún así, conservo la esperanza en que reviva la política antiausteridad.

-Al mismo tiempo que emergen estas nuevas izquierdas, parece haber un resurgir de la importancia del pensamiento de izquierda, tanto en el norte como en el sur. En América del Sur hay una gran discusión entre los que siguen a Ernesto Laclau y piensan en términos de estrategias populistas que logren tomar el poder del Estado y quienes siguen a Antonio Negri y piensan en una política horizontal, no estatal y local. Ninguno parece dar una gran respuesta: las estrategias populistas pueden tomar el poder del Estado pero no saben cómo lidiar con el capital, mientras que las estrategias horizontales nunca parecen ser capaces de crear movimientos grandes y sostenidos. ¿Donde se ubicaría usted en este debate?


-Creo que Negri está cambiando su postura; no creo que esté tan comprometido con esas formas horizontales. De hecho, en una entrevista reciente dijo que su pensamiento y el mío estaban convergiendo, lo que me resulta bastante sorprendente. Existe cierto fetichismo de la forma organizacional en la izquierda que significa que cualquier cosa que no sea horizontal no está contemplada, cualquier cosa de gran escala es rechazada. Yo no veo la política en esos términos; de hecho cada vez que estuve en una estructura de asamblea en realidad no era horizontal, existían liderazgos secretos y todo eso. Creo que sería necesario algo de pragmatismo en esa parte de la izquierda en cuanto a cómo piensa en la organización y en que debería hacer. Es cierto que las estrategias populistas pueden servir para tomar el poder. Pero lo que vimos en Argentina es que existe un límite a lo que podés hacer cuando estás comprometido con una estrategia populista.

-Quería preguntarle sobre ese punto. Varias veces ha usado a América del Sur como ejemplo de un lugar en el que los movimientos sociales fueron capaces de responder al capital. Éste es un momento muy especial para América del Sur, porque todas las fuerzas progresistas y revolucionarias están en crisis o en graves problemas. ¿Cómo ve esta situación?
-Hubo un momento curioso en la historia de América Latina, al final de las dictaduras, en el que vimos cómo se daban paralelamente la democratización y el neoliberalismo, y cómo la colisión de estas dos fuerzas creó una oportunidad para la aparición de una izquierda muy peculiar, basada en cuestiones de derechos que eran perfectamente compatibles con el neoliberalismo, pero que estaba basada también en la profundización de la democracia. Más adelante vemos, por ejemplo, que Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores llegan al poder en Brasil y son, al principio, muy progresistas. Pero paso a paso se van haciendo más y más cautivos del capital, y empiezan a desempoderar a los movimientos sociales.


Entre 2005 y 2010 las cosas estaban extremadamente activas, pero desde entonces el poder político ha domado a los movimientos sociales. Por ejemplo, los movimientos indígenas del campo ecuatoriano ya no son tan fuertes como eran. Es una paradoja que hayan sido gobiernos de izquierda los que los desempoderaron. Y ahora esos gobiernos de izquierda están en problemas. Y vemos una situación en la que la derecha puede hacerse cargo, y los movimientos sociales no van a estar allí para crear resistencia. Esto, por supuesto, se une al hecho de que hubo un boom económico en América Latina durante aquellos años, que en buena medida estuvo unido al comercio con China. La caída de los precios de las materias primas generó serios problemas económicos en casi todos los países de América Latina, por lo que estamos viendo tasas de crecimiento cero, y no el fuerte crecimiento de hace cuatro o cinco años. Estas cosas suceden juntas y pintan un panorama muy complicado.


-En ese tema parece haber una contradicción en la acción de los gobiernos progresistas y revolucionarios de América del Sur. Pareciera que su habilidad para redistribuir y para obtener victorias políticas depende de su capacidad para atraer grandes inversiones, ser exitoso en los mercados internacionales y exportar materias primas, todas cosas que dan poder al capital sobre el territorio, ya sea mediante la especulación inmobiliaria, el desarrollo agrícola o la minería. ¿Hay alguna forma de salir de esta contradicción?


-Es el clásico problema que ocurre cuando el socialismo es visto simplemente como algo relacionado a la redistribución y no se presta atención a la producción, a cómo se organiza ésta. Se da exactamente esa contradicción: el programa redistributivo depende en lo crucial del programa de desarrollo, lo que significa que, en esencia, renunciás la estrategia de desarrollo del país a grandes empresas. Tiene que existir una manera alternativa de pensar el modo de producción, que no sea dependiente del capital. Esto no está siendo proyectado, excepto quizá en organizaciones muy periféricas de escala bastante pequeña: economías solidarias, cooperativas de trabajadores, fábricas recuperadas. Estos movimientos son relativamente pequeños y no fueron organizados como una fuerza que reconfigure cómo se produce la riqueza en la sociedad, y que pueda ser aislada del poder del capitalismo global, que deviene cada vez más centralizado y más politizado en la forma en que opera alrededor del mundo.


-Las organizaciones que querrían ir en otra dirección son demasiado pequeñas, mientras que los gobiernos de izquierda son capaces de transformar sus excelentes relaciones con el capital en una forma de obtener apoyo popular. Siendo América Latina una región pobre y desigual, existe una demanda popular real de mayores niveles de consumo. ¿Es posible, en una región pobre, la aparición de un movimiento político que no se base en promesas de crecimiento del consumo?


-Depende de qué forma de consumo estemos mirando. Una cosa que me impresiona de América Latina en los últimos 20 o 30 años es hasta qué punto la forma de consumo que se promueve está construida en torno al automóvil, a nuevas carreteras, a shoppings. Parece casi diseñada para ser estadounidense. Y francamente éste no es, para mí, un modo de producir especialmente sano o valioso. De hecho, últimamente cuando visito grandes ciudades latinoamericanas paso mucho tiempo estancado en embotellamientos, y pienso “por qué este compromiso con lo que en Ecuador llaman ‘buen vivir’ implica estar sentado en un embotellamiento, rodeado de shoppings y condominios”.


En otras palabras, existen formas variadas de consumismo, y creo que el modelo de consumismo que está siendo importado en estos países no necesariamente es una forma de consumismo que uno quisiera promover si estuviera pensando en el bienestar de todos. De hecho, algunas de las protestas que han emergido, por ejemplo los levantamientos en las ciudades brasileñas en 2013, están relacionadas con el precio del transporte, de los megaproyectos en torno a la Copa del Mundo, que estaban recibiendo recursos masivos que no estaban llegando a la gente. Qué consumo queremos es una gran pregunta, y creo que podemos decir a la gente: “Miren, no estamos en contra del consumo, estamos a favor del buen consumo: comida limpia, sana y buena en lugar de comida chatarra, menos tiempo de transporte, mayor proximidad del trabajo a la residencia, rediseño urbano”. En otras palabras, deberíamos buscar un modo de consumo radicalmente diferente del que está siendo promovido, con consecuencias muy desafortunadas para muchas ciudades de América Latina.


-Mencionó el “buen vivir”. Existe una intensa discusión en América del Sur entre los que usan esta categoría desde posiciones decoloniales y antidesarrollistas y aquellos en la izquierda tradicional, más economicista. Como intelectual marxista que estudia la relación entre el capital y la naturaleza y ha propuesto una economía de crecimiento cero, usted parece estar en los dos bandos del debate. ¿Como ve esta cuestión?


-Es un poco incómodo, porque me disparan desde los dos costados. Murray Bookchin, que era anarquista y dejó el anarquismo, dijo recientemente que él pensaba que el futuro de la izquierda dependía de poder juntar lo mejor del anarquismo con lo mejor del marxismo, y que mientras no aprendamos a hacer eso no vamos a ir a ningún lado. Me inclino a estar de acuerdo con eso, porque pienso que muchas de las ideas que se encuentras en los grupos autonomistas y anarquistas en términos de organización social y relación con la naturaleza son muy positivas, y merecen ser miradas y trabajadas. Me gusta la idea del socialismo confederal, un modo de gobierno basado en asambleas locales y asambleas macro, que buscan formas de desplazar al Estado capitalista con otras formas de gobierno. Son ideas muy interesantes.

Pero es muy difícil para este tipo de política pensar en cómo organizar sociedades macro de manera que alimentemos, refugiemos y vistamos a 7.000 u 8.000 millones de personas de una manera razonable. Y no creo que los movimientos anarquistas o autonomistas puedan responder a esa gran pregunta.


Esa pregunta fue tradicionalmente abordada por grupos de la izquierda tradicional, aunque de una manera tan dogmática que terminó por despreciar la profundidad de las propuestas anarquistas y de izquierda en lo que refiere a la organización y la naturaleza. Tenemos que juntar muchas de estas cosas de la mejor manera que podamos. Veo que está sucediendo algo de eso en el norte de Siria, entre las poblaciones kurdas de Rojava, que llevan adelante experimentos. He tratado de viajar hasta allá durante los últimos seis meses para ver qué está ocurriendo, pero el gobierno turco no me lo ha permitido. No pretendo ir para decir “acá está la respuesta”, sino para ver que existen experimentos de este tipo que deben ser apoyados. Entonces, nuevamente, creo que existen posibilidades y que hay que tener la cabeza abierta. Y tenemos que pensar que una parte del asunto es estar preparados para redefinir el terreno teórico en el que estamos pensando.


-Uno de los principales conceptos de sus últimos trabajos es que si bien el capital no es capaz de resolver sus contradicciones, sí es capaz de moverlas de manera de que no exploten. Al mismo tiempo, usted pone mucho énfasis en la ciudad como lugar de organización política. ¿Es posible, desde lo local o lo nacional, enfrentar esta capacidad que el capital tiene de moverse mediante burbujas, corridas, etcétera?


-Estoy firmemente convencido de que toda política debe tener raíces en las circunstancias locales. Pero también estoy firmemente convencido de que si se mantiene en lo local y no va a otro lugar, fracasa. La pregunta, entonces, es cómo construir atravesando diferentes escalas. Existen intentos de construir conexiones internacionales. El MST [Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra] de Brasil intentó hacerlo, organizaciones como Vía Campesina tienen un alcance global. La única respuesta a esa pregunta es que comencemos a configurar vínculos firmes y activos entre organizaciones, en términos de su acción política. Te puedo dar un pequeño ejemplo: la Unión Europea está en serios problemas como configuración. Existe una generación entera de estudiantes que atravesó Europa gracias a programas de becas como Erasmus. Yo le pregunto a estos estudiantes por qué no construyen la base de una organización completamente distinta que diga “hay cosas que valen la pena de Europa, pero no la forma capitalista basada en Maastricht, y nosotros somos la generación revolucionaria que va a reconfigurar esto”; y ellos casi siempre dicen “Europa es burócrata” y todo eso. Esto nos lleva al problema del descreimiento en la capacidad para hacer algo.


Hoy empezamos hablando sobre hasta qué punto un movimiento antiausteridad puede desarrollarse a lo largo de Europa e incluso más allá, y esto es posible si se logra canalizar a los sectores de la población que ven algo valioso en trabajar juntos, en un ambiente de respeto a las diferencias, para diseñar un futuro alternativo. Eso es lo que espero ver, y es de lo que hablo tanto, para tratar de hacer que la gente empiece a pensar en ello. Porque si no ocurre, vamos a estar encerrados con esta bestia capitalista, a la que no le está yendo muy bien, a pesar de que a los capitalistas les esté yendo extremadamente bien. Ellos tienen que ser privados de su poder, y eso va a ocurrir o bien pacíficamente, por medio de la aparición de movimientos de masas, o bien de una manera mucho, mucho peor.

 

Entrevista por Gabriel Delacoste

23 noviembre 2015

Fuente: http://ladiaria.com.uy

Publicado enPolítica
Estructura plan desarrollo

El anteproyecto de plan de desarrollo de la ciudad, “Bogotá mejor para todos”, coloca la felicidad en el centro. No obstante la importancia asignada a la felicidad, en ninguna parte del plan se aclara su significado. La felicidad está anclada en tres pilares: igualdad en calidad de vida, democracia urbana y construcción de comunidad. En el plan tampoco se explica la articulación entre estos pilares.

La distribución del presupuesto entre los pilares es asimétrica, y no permite entender las secuencias de causalidad que se presentan entre ellos. El 56 por ciento del presupuesto se destina a democracia urbana, el 20 por ciento a igualdad en calidad de vida, el 11 por ciento a eficiencia administrativa, 10 por ciento a desarrollo económico, 2 por ciento a construcción de comunidad, 0,6 por ciento a sostenibilidad ambiental, 0,5 por ciento a nuevo ordenamiento territorial. Estos porcentajes muestran que entre los componentes del plan no hay equilibrio. Tampoco existe una jerarquía clara.

 

De la felicidad etérea a la felicidad mediada por la capacidad de pago

 

Aunque la “felicidad para todos” recuerda a Bentham, el plan no logra introducir la dimensión multidimensional del planteamiento benthamiano.

Seguridad, subsistencia, abundancia, igualdad, esto es: mínimo de desigualdad: con estos nombres se han designado a las finalidades particulares que están próximas, en orden, a la felicidad universal y a la mayor felicidad para el mayor número de individuos Bentham 1786, p. 182 (1).

Las cuatro dimensiones mencionadas por Bentham (seguridad, subsistencia, abundancia e igualdad) tienen vínculos más o menos directos con el ingreso, pero clara-mente van más allá del ingreso. Esta perspectiva está lejos de enfoques estrechos, como los del plan de desarrollo, que identifican el principio de utilidad con la satisfacción del deseo.

Los informes de desarrollo humano reconocen la existencia de una cierta correlación entre el ingreso agregado y el índice de desarrollo humano (IDH). La relación no es perfecta y de ahí la importancia que adquieren los otros dos componentes del IDH: la educación y la esperanza de vida.

De acuerdo con la visión de Sen, la felicidad es el resultado del desarrollo de las capacidades de las personas: “[...] la atención debe centrarse en las capacidades para realizar; es decir, en lo que una persona hace o puede ser” (Sen 1985, p.i) (2).

El tema central de la propuesta utilitarista es la maximización de la felicidad del mayor número. Y para lograr este propósito la justicia comparativa juega un papel sustantivo. Los avances hacia la felicidad tienen que verse desde la óptica de la justicia comparativa. No se trata de proponer un ideal de sociedad que lleve a una discusión sobre teorías perfectas de la felicidad. El propósito es más sencillo: debe avanzarse hacia sociedades menos injustas.

La mayor expresión de la lógica utilitaria es la aceptación de que la capacidad de consumo es un buen indicador de las potencialidades del ejercicio de la libertad. Estamos de acuerdo en que no basta con tener. Y que lo más importante es el ser. Pero en el terreno operativo, y en el campo de la política pública, la capacidad de pago de los hogares termina siendo la variable más proxy de las capacidades reales. Incluso, podría afirmarse que la capacidad de pago es un proxy de la libertad. El pragmatismo subyacente a esta lógica tiene un claro contenido benthamiano. La posibilidad de la libertad de agencia tiene una relación directa con el aumento de la capacidad de pago.

Es evidente que cuando la familia destina menos recursos –en términos relativos– a la adquisición de bienes básicos, tiene mayor disponibilidad para el consumo de bienes que no son tan necesarios, y que permiten ampliar el espacio de elección de las familias. Podría afirmarse que mientras mayor sea la disponibilidad de ingresos para la adquisición de bienes no básicos, el espacio de la libertad aumenta. La reflexión sobre las capacidades terminan dependiendo –en términos operativos– de la capacidad de pago y de la disponibilidad de ingresos. Persiste la pregunta por la forma como la disponibilidad de ingresos se transforma en capacidades.

Estas consideraciones sobre la relación entre felicidad y libertad no se mencionan en el plan de desarrollo. La multidimensional de la pobreza permite ir comprendiendo la heterogeneidad de usos del ingreso, en función de los objetivos de cada persona. Cuando se supera el consumo básico, la demanda de otro tipo de bienes refleja la intencionalidad de la acción humana. El consumo del ingreso “excedente” informa sobre la forma como los individuos organizan su gasto teniendo como referente la vida que consideran buena.

Las condiciones para el ejercicio de libertad mejoran cuando el ingreso disponible aumenta. Para que la mayoría de la población eleve su capacidad de pago se requieren políticas distributivas que eliminen los subsidios de los ricos y aumenten los impuestos. Nada de esto se menciona en el plan de desarrollo que concibe la felicidad de una forma etérea.

1 BENTHAM Jeremy., 1786. “Filosofía de la Ciencia Económica”, en STARK William., 1952, ed. Escritos Económicos. Jeremy Bentham, Fondo de Cultura Económica, México, 1965, pp. 168-191.
2 SEN Amartya., 1985. Commodities and Capabilities, Oxford University Press, New York, 1999.

Publicado enEdición Nº223
Un modelo de ciudad a imagen del BM, Bid, Onu

¿Qué trae de nuevo para Bogotá la segunda administración de Peñalosa? Triste decirlo: el pasado proyectado al presente. El objetivo de su Plan de Desarrollo “Bogotá mejor para todos”, dialoga con su apuesta de 1998, solo leámoslo para así confirmarlo: “Propiciar el desarrollo de los habitantes de la ciudad, reorientando el desarrollo de ésta y buscando recuperar la autoestima ciudadana con la finalidad de incrementar el bienestar de los y las ciudadanas, ‘felicidad para todos’”.

Felicidad como concepto que no se desarrolla, solo se enuncia en dos sentidos: uno, como el acceso al espacio público y otro como una ciudad que brinda oportunidades para que las personas “tengan la vida que desean”, sin embargo, el desarrollo del plan sólo se enfoca en el primero, lo que quiere decir que no se habla de felicidad en términos de igualdad, acceso y garantía de derechos.

Y como objeto fundamental del Plan de Desarrollo: una ciudad-aglomeración de consumidores que propicia de modo adecuado la economía de mercado. Es decir, la ciudad está a la venta, y qué mejor para ello que la inversión de la empresa privada (capitales nacionales e internacionales). Esta idea de ciudad marketing resalta en el propósito de recuperar el espacio como un bien de consumo para turistas, para el tránsito, para el mercado, entre otros usos que generen rentas. Con este modelo, los problemas sociales de Bogotá se resuelven a través de la construcción de infraestructura mediante la contratación de nuevas vías, nuevos corredores para Transmilenio, parques regionales y lineales, construcción de hospitales y Caps, colegios en concesión, entre otros y no como garantía y acceso pleno a los derechos. Los problemas de exclusión y segregación no se diagnostican, no se tienen en cuenta, ni se abordan en el borrador del Plan de Desarrollo.

Esta visión de ciudad de mercado resalta cuando los ciudadanos son vistos, exclusivamente, como consumidores de mercancías, de ahí que solo pueden permanecer en ella los que estén en condiciones de pagar estos valores, los demás deberán abandonarla.

En esta visión de ciudad se sobreponen los intereses particulares a partir de las alianzas público privadas –APP–, desconociendo los intereses de la mayoría. Y se fortalece que las lógicas de ejecución de las tareas públicas proceda a través del fortalecimiento de la recentralización administrativa, la gerencia de proyectos.

Las acciones del PDD se desarrollan, de modo primordial, alrededor de la llamada industria del cemento, las industrias contaminantes y el sistema financiero, dejando explicito que para Peñalosa los problemas de la ciudad no van más allá de la infraestructura y la garantía de derechos para el mercado y el sector privado. Así queda claro que la magnitud de los problemas sociales, no son la preocupación del PDD ni del modelo de ciudad predominante.

En el nuevo cuatrienio de la administración Peñalosa (2016-2019) son varios los aspectos que incorporara el ahora alcalde, en relación al Modelo de Ciudad (MC) propuesto en el 2000, el cual no se modificará sino que se afinará, rectificando los errores detectados en estos 16 años de implementación e incorporando nuevos elementos que lo profundicen.

En relación a los elementos por afinar, retomando la idea central del Modelo de Ciudad colombiana impulsada desde los años 90, en torno al impulso de cuatro ejes:

Movilidad.Para ello desarrollará 8 troncales nuevas de Transmilenio. Modificación del trazado del Metro dejándolo mayoritariamente elevado y como alimentador de Transmilenio, con la consecuente generación de impactos urbanos por su desarrollo sobre la superficie, profundizando la segregación (norte subterráneo, sur elevado). Impulso a las concesiones viales al interior de la ciudad (Calle 13 a la Cámara Colombiana de Infraestructura, tramo Avenida 68 a través de un tranvía ligero operado por privados), alza de tarifas y eliminación de subsidios. Cable aéreo de Usaquén al embalse de San Rafael como copia del modelo Medellín de Parque Arvi. Túnel a la Calera por la calle 153 o 170 como vías expresas concesionadas. Retorno a la ALO en su trazado original afectando ambientalmente la Conejera, la reserva Thomas Van der Hammen y habilitación de suelo en el POZ Norte para proyectos de altas rentas. Prolongación de vías hasta el rio Bogotá a fin de proyectar la conexión de Bogotá con municipios de la sabana a través de nuevos puntos que expandiría la urbanización al otro lado del rio Bogotá.

Servicios públicos. Profundizar el modelo privatizador, impulsando de nuevo la venta de los activos públicos, en este caso la ETB, entre otros. No hay alternativas nuevas. Desmonte Basura Cero. Desmonte Aguas Bogotá. Alli también el impulso a la Agencia Distrital de Asociaciones Público - Privadas (Adapp) para el desarrollo de proyectos de movilidad, acceso a la ciudad, integración regional, educación, cultura y salud.

Vivienda. Recuperar el rumbo de Metrovivienda y la ERU impulsando la construcción y gestión de vivienda nueva y el mejoramiento integral de los barrios como proyectos liderados directamente por el Alcalde Mayor, a través de micro intervenciones puntuales en la ciudad. Para ello se retoma Metrovivienda y la ERU como las entidades líderes de la producción de suelo para VIS y VIP y la ERU con planes de renovación urbana. Retoma de la Operación estrategia Nuevo Usme (150.000 viviendas multifamiliares) y propicia la articulación ERU con ERU Virgilio Barco. También la construcción viviendas en Ciudad Paz en el área de la Reserva Thomas Van de Hammen (1.400 has), que según Peñalosa serán para los 3.000.000 de habitantes que tendrá Bogotá en los próximos 40 años.

Infraestructura. Será adelantada con prioridad en las concesiones. En materia de salud se plantea su “mejoramiento” a partir de la creación de obras (20 Centros de Atención Prioritaria en Salud (Caps), Central de Urgencias del Sur (Ceuss). Minimización o eliminación del programa de salud “Territorios Saludables” de atención preventiva en los hogares y reducción a su mínima expresión de los programas sociales cuando no su eliminación. En materia de educación, se apunta al “Mejoramiento” basado en la construcción de obras, jardines infantiles y colegios y mega centros de recreación, entretenimiento, arte y cultura. Retoma el impulso al fortalecimiento del esquema de colegios en alianzas público privadas profundizando la privatización de la educación básica y secundaria. E impulso al modelo de privatización con 25.000 cupos para universidades privadas bajo la lógica del programa presidencial Ser pilo paga. En materia de espacio público –recreación– se plantea realizar el corredor de los Cerros Orientales como un Sendero Panorámico que copia del proyecto de despojo de Medellín Jardín Circunvalar que habilita suelo para el mercado inmobiliario de altas rentas.

Tampoco aparece la atención a las demandas de la población en condición de desplazamiento forzado que ha llegado a la ciudad.

En relación a los nuevos elementos incorporados están la mirada expansionista sobre el territorio de la sabana de Bogotá y la Región. Allí apuesta por proyectos como Ciudad Río a lo largo del río Bogotá, con la urbanización de sus dos costados. La creación de Parques Regionales en los embalses de Tominé y Parque del Embalse San Rafael. Urbanizar la sabana (250.000 viviendas Mosquera), Vivienda en Soacha y Madrid (500.000 viviendas) y expansión de la vivienda de altas rentas, liberar POZ Norte, Tren de cercanías sur y occidente como alimentadores de Transmilenio, ampliación aeropuerto El Dorado e impulso al Dorado II, profundización del modelo extractivista a partir de las concesiones minero energéticas.

Es decir, durante este periodo Peñalosa profundizará un MC y Región basado en proyectos altamente rentables al servicio del capital nacional e internacional, garantizando la continuidad y profundización de la política urbana agenciada por el Banco Mundial, el BID y Naciones Unidas (ONU).

 

* Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Arquitecto, Magíster y Doctor en Arquitectura y Ciudad y en Urbanismo. Investigador Senior (IS) Colciencias. Líder del Grupo de Investigación “Procesos Urbanos en Hábitat, Vivienda e Informalidad”. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


 

Cuatro años para la especulación y el capital privado

 

Enrique Peñalosa gobernó por primera vez Bogotá durante el periodo 1998-2000 a nombre del movimiento cívico “Por la Bogotá que soñamos”. Su apuesta, discursiva, enfatizaba en el desarrollo urbano sostenible basado en la infraestructura urbana y el espacio público como bases para lograr la equidad social. Postulados plasmados durante los años de gobierno dejando las bases sentadas de un Modelo de Ciudad (MC) al servicio del capital.

Recordemos que su apuesta de “recuperar el espacio público”, e incrementar la cantidad y la calidad del mismo para los bogotanos, pretendía “[…] la integración de la comunidad, mejorar la calidad de vida y ver la ciudad como espacio social”. Pero sus grandes realizaciones, además de las obras de cemento, fueron la expulsión del mismo de los vendedores informales y la instalación de 2.000.000 de bolardos. “Recuperó” el área del Cartucho sin resolver el problema social y de salud pública de 5.000 ‘habitantes de calle’, los cuales se trasladaron a toda la ciudad, principalmente a la denominada zona del Bronx. Con ello impuso su visión de “renovación urbana”, construyendo el Parque el Tercer Milenio y afectando la población del sector de San Bernardo, así como los comerciantes de San Victorino.

La base del desarrollo a través de la construcción de infraestructura, con lo cual construyó 3 bibliotecas públicas y 47 colegios. Deshizo la Empresa Metro que ya tenía diseñadas tres líneas e instaló Transmilenio con el propósito señalado de “Establecer sistemas de transporte que aseguren una disminución en los tiempos de viaje y proporcionen un servicio digno, confortable y eficiente con respeto por el entorno y el ambiente”. Sin embargo éste termina favoreciendo a los operadores privados del sistema sin que esa perversión aún se corrija. Aparejado con ello las losas de Transmilenio en la Fase I con el llamado “concreto Fluido” que no ha garantizado la operación adecuada del sistema y Cemex no pagó la deuda causada y cada día la ciudad empeora su movilidad y asume los costos de esta decisión errónea.

 

Instaló, de igual manera, el Pico y Placa y el día sin carro. Implementó la modalidad de colegios públicos en concesión. Y como parte de los intentos privatizadores avanzó sobre la ETB sin lograr su propósito.


La gran apuesta de Peñalosa quedó plasmada en el Plan de Ordenamiento Territorial –POT–-, en el cual visiona la ciudad futura, que en el Plan de Desarrollo 1998-2001 señalaba como objetivo “[…] generar un cambio profundo en la manera de vivir de los ciudadanos, devolviendo la confianza a todos los bogotanos en su capacidad para construir un futuro mejor y dinamizar el progreso social, cultural y económico. Se trata de proyectar y hacer viable a Bogotá para enfrentar los retos y aprovechar las posibilidades que impone una nueva era, trabajando con miras a mejorar significativamente la calidad de vida para las presentes y futuras generaciones”.

Allí su apuesta por Metrovivenda como generador de suelo para vivienda de bajos ingresos en áreas periféricas de la ciudad no logró producir los resultados esperados, al igual que la Empresa de Renovación Urbana –ERU–, así como el Programa de Desmarginalización, todo ello basado en la idea de “Elevar la calidad de vida de la población residente en barrios con deficiencias en infraestructura y servicios sociales, a través de la intervención sobre aquellos aspectos que permitan superar dichas deficiencias y dinamizar en la comunidad la apropiación de la construcción de su destino”.

Pero no olvidemos que para entender el MC debemos tener claras dos consideraciones. La primera, que estamos regidos bajo un modelo de desarrollo basado en las lógicas que establece el modo de producción capitalista en su fase actual de mercado o neoliberal, por tanto cualquier modificación al modelo está enmarcada dentro de los limites admisibles que permite la denominada democracia capitalista. Lo que significa que no es posible efectuar transformaciones estructurales al MC y que solo son factibles ajustes menores que no lastimen los interés del capital. Y esta no ha sido ni será la opción que adopte Peñalosa.

La segunda, el MC está pensado desde esta lógica solo como el modelo de ordenamiento del territorio, por lo que colocan todos los acentos en las modificaciones al POT. Sin embargo, el MC está asociado al de sociedad que deseamos y que queremos, por tanto sus elementos no son solamente los relativos a los componentes físico espaciales sino que demandan la materialización y realización de todos los derechos. Por ello el Modelo debe estar plasmado en el goce efectivo del derecho a la ciudad y el territorio que incluye, entre otros: el derecho al territorio (y la tierra), a los medios de subsistencia, al trabajo, a la salud, a la educación, a la cultura, a la vivienda, a la protección social, a la seguridad social, al medio ambiente sano, al saneamiento (y a servicios públicos), al transporte público (y a la movilidad), al ocio y a la información, a la libertad de reunión y organización, al respeto a las minorías y la pluralidad étnica, racial, sexual y cultural, al respeto a los inmigrantes y la garantía de la preservación de la herencia histórica y cultural, al desarrollo de zonas dotacionales, bienes y servicios urbanos y centralidades, a una relación asertiva con la institucionalidad, y a la garantía de los derechos humanos, con seguridad y convivencia, entre otros.

Han transcurrido 16 años de la ciudad que nos prometió Peñalosa y Bogotá ha cambiado significativamente. Metrovivienda no generó el suelo para la Vivienda de Interés Social –VIS– y para la Vivienda de Interés Prioritario –VIP– que requería. La ciudad sigue creciendo de modo informal (pasamos de contar con 1.365 barrios de origen informal en el 2000 a 1.737 en 2015 (Sdht), el mercado no produce la vivienda requerida para la población de bajos ingresos y continúa privilegiando el uso del suelo urbano disponible en su poder para el desarrollo de proyectos de altas rentas.

A esto se suma, la ampliación de la segregación socioeconómica y espacial de la ciudad, con nuevas recetas bajo la lógica de los procesos de gentrificación y con la profundización del desarrollo predio a predio, ahora, bajo el ropaje de los llamados planes parciales. Asimismo, el suelo urbanizable disponible está acaparado por promotores inmobiliarios y constructores, dispuesto este para atender, además de los proyectos comerciales y de vivienda de altas rentas los llamados proyectos u operaciones estratégicas para el mercado y los capitales transnacionales (Aeropuerto El Dorado, Innovo, Ciudad Salud, Nuevo Usme).

Con la herencia del POT aún vigente, la ciudad se expande indefinidamente. Segrega la vivienda para la población de menos ingresos, que ocupa las áreas periféricas con problemas de riesgo y vulnerabilidad indistintamente de su condición ambiental, propende por la apropiación del suelo en favor del interés particular, y protege que la renovación urbana ha de ser agenciada por grandes capitales, entre otros aspectos.


Para 2016, el POT y su modelo de ciudad evade los grandes conflictos territoriales presentes y futuros, entre ellos el agotamiento del área del basurero de Doña Juana, la imposibilidad de eliminar las explotaciones mineras dentro de la ciudad, la no disposición de suelo urbanizable para la VIS y VIP, los problemas de movilidad derivados de la imposición de Trasmilenio como única alternativa, los efectos ambientales, sociales y económicos derivados de la profundización del modelo de ciudad basada en el mercado, y los proyectos con respecto a la ampliación de Bogotá sobre los municipios próximos a la ciudad, la expulsión de población de territorios consolidados en los cerros orientales y barrios próximos al centro de la ciudad, la crisis del modelo de agrupación y propiedad horizontal, entre otros.

Continuamos con una mirada de ciudad que considera la región como su patio trasero y establece su deber ser, no entendiendo la complementariedad entre la ciudad y la región sino como su competencia. Debemos sumarle a los “logros” del MC vigente el fracaso de los denominados instrumentos de gestión urbana y del suelo (plusvalías, curadurías urbanas, etcétera) establecidos por la ley 388/97, sin que logren cumplir los propósitos redistributivos de equidad y solidaridad planteados, así como la prevalencia del interés general sobre el particular.

 

Bogotá, 13 de abril de 2016

 

 

Publicado enEdición Nº223
Bogotá, 100 días de Peñalosa:  bienvenidos al pasado

Ahora es habitual evaluar los primeros cien días de un nuevo mandatario, como forma de valorar las capacidades que perfila el gobernante, su estilo, su carácter y su relación con los gobernados; aunque todos los analistas coinciden en señalar que es poco tiempo para medir las calidades de un alcalde y menos valorar si su gestión ha sido buena o mala.

En el caso de Bogotá el alcalde Enrique Peñalosa ha presentado un primer balance, mirando la gestión de su antecesor con un fantasmal Libro Blanco anunciado en los medios e inaccesible a la ciudadanía y presentando un conjunto de acciones puntuales en materia de seguridad, movilidad, salud, espacio público y recreación.
Iniciado lo que corresponde a su segunda administración y delineados los elementos de política pública para poner en marcha su programa y la anunciada recuperación de la ciudad para todos, empezando por poner la casa en orden, resulta pertinente realizar un balance de los fundamentos esbozados en este nuevo gobierno de Enrique Peñalosa, en la intuición que más que una propuesta de transformación y cambio de la ciudad, pareciera que nos encontramos con una apuesta de continuidad y restauración vinculada a una visión urbanística del Siglo XX muy cercana a la gestión de su primera administración.

En efecto, estos primeros cien días de gestión permiten ya un análisis de la visión técnico gerencial de los asuntos públicos, de su relación con el mercado, al igual que una mirada al modelo de ciudad y sus propuestas en los temas más complejos y urgentes de Bogotá. Este gobierno se enmarca en un proceso de alternancia democrática, que debía hablar de la madurez de nuestra ciudad y sus instituciones, pero no se puede olvidar que después de doce años y tres mandatos de movimientos de izquierda, la derecha ganó la alcaldía de Bogotá y se observa un clima de euforia en los medios y en otros sectores, que quieren hacer creer a la opinión que pueden volver a ser protagonistas de la historia contemporánea de la ciudad, sin abandonar las prácticas que los han acompañado en años de vida republicana, generando exclusión, violencia, pobreza y carruseles.

 

¿Bogotá mejor para todos?

 

El 25 de octubre de 2015, Enrique Peñalosa, con un 48,5 por ciento de abstención, obtuvo el respaldo de solo el 33.1 por ciento de los electores, casi la misma proporción de Gustavo Petro en octubre 30 de 2011 (32.1%), además, como lo anotó Mario Noriega “[…] la ciudad claramente está dividida en dos. Enrique Peñalosa ganó en el norte (7 localidades) y Pardo ganó en el sur (11 localidades).

Clara López solo ganó en dos localidades. La ciudad conquistada corresponde solo al 35 por ciento del territorio urbano donde habita el 44 por ciento de la población. El resto todavía hay que ganarlo” (1). Señalaban la necesidad de una convocatoria amplia y pluralista a la ciudadanía para construir una gran mayoría para gobernar la ciudad.


Así lo advirtió Juan Lozano, quien indicó que “El reto de Peñalosa, a punta de buena gestión y resultados, consiste en aumentar progresivamente sus niveles de apoyo. Peñalosa es capaz, disciplinado y laborioso. Conoce a Bogotá mejor que nadie y debe tener claro que el éxito de algunos megaproyectos dependerá en buena medida del respaldo ciudadano mientras se ejecutan, por lo cual debería procurar, con humildad y diálogo popular, mejorar su nivel de aceptación” (2).

A pesar de un lema aparentemente atractivo y sencillo “Bogotá mejor para todos”, Peñalosa y su equipo no convocan a la participación pluralista, a la edificación de consensos incluyentes y a la concertación para que efectivamente sea una ciudad de todos y todas. Por el contrario, cualquier manifestación de conflictividad social o protesta ciudadana es tratada como asunto de orden público, acudiendo al Esmad y no al diálogo y la mediación. La recurrente inconformidad por el mal funcionamiento de Transmilenio o el desalojo de los vendedores ambulantes son expresión de problemáticas sociales que deberían ser atendidas, escuchadas y no inmediatamente reprimidas a bolillo.

La consulta y deliberación del Proyecto de Plan de Desarrollo 2016-2020³ es una clara muestra del desprecio por la participación y su consideración como un requerimiento solamente formal y limitado a la exposición de “ideas” y no un instrumento democrático de discusión y examen del futuro de la ciudad. La “Estrategia de Participación Ciudadana en la Formulación del Plan de Desarrollo Distrital 2016-2020” ha privilegiado la consulta en un sitio virtual que tiene como característica la impersonalidad, la ausencia de diálogo y la carencia de respuestas a la ciudadanía (4), contemplando solamente la realización de trece eventos, siete Foros Temáticos y seis Sesiones Interlocales, para debatir la principal política pública de Bogotá, desconociendo la riqueza, la diversidad, la pluralidad y los territorios de Bogotá (5).

Así que la pregunta es ¿si es posible construir una Bogotá para todos sin la existencia de diálogo, sin procesos de concertación y con la más absoluta indiferencia y desdén por la participación ciudadana?

 

Modelo de ciudad: expansión y segregación social

 

La visión urbanística de Peñalosa en el 2016 no dista nada de la puesta en marcha en su primera administración en 1997. Así como en ella tuvo la oportunidad de incidir en el POT capitalino, en el presente su gobierno establecerá las normas de ordenamiento territorial que estarán vigentes por lo menos hasta el 2030, con el riesgo de consolidar una ciudad segregada, conurbana con los municipios vecinos y con serios problemas de movilidad y sostenibilidad ambiental.

En materia de vivienda el Alcalde lanzó el ambicioso programa “Ciudad Paz” que “busca habilitar 15.000 hectáreas en el norte y oriente de Bogotá y urbanizar zonas de los municipios de Mosquera y Soacha para suplir la creciente demanda de vivienda de la capital. La Alcaldía estima que, antes de terminar su cuatrienio, se podrían construir más de 300.000 viviendas con transporte masivo […]6 “También y acaba de lanzar junto al gobierno nacional un programa de vivienda de 80.000 mil soluciones.7 ¿Qué significan estos ambiciosos proyectos urbanos y de vivienda?

Por lo menos tres grandes desafíos para la ciudad. Primero, ahondar la segregación socio espacial vigente en la ciudad desde hace muchos años, condenando a los sectores de medianos y bajos ingresos a vivir en la periferia, o en los municipios cercanos, alejados de sus sitios de trabajo, en ocasiones en zonas de riesgo por inundaciones o por deslizamientos en barrios homogéneos donde se concentran problemáticas sociales (carencia de empleo, de espacios educativos, de atención en salud y de transporte digno y oportuno), de seguridad y convivencia. Bogotá va camino a repetir lo ocurrido en la mayoría de ciudades del país con los programas de vivienda gratis, que hoy son una de las preocupaciones más grandes para los mandatarios locales.

Segundo, abandonar la intervención del Distrito en la revitalización del centro ampliado de la ciudad, propiciando su deterioro y conminando a los habitantes tradicionales de estos sectores al paulatino menoscabo de sus condiciones de vida y a la constitución de oportunidades de negocio para grandes operaciones inmobiliarias que solo benefician al gran capital.

Tercero, un alto impacto ambiental porque estos proyectos afectan de manera importante la sostenibilidad de la ciudad, su capacidad de adaptación y mitigación al impacto del cambio climático, al intervenir zonas de conservación o ecosistemas frágiles. Se hace referencia a los cerros orientales, al Río Bogotá,al Páramo de Sumapaz y a la ReservaNatural Productora Thomas Van Der Hammen.

El caso de la Reserva es sintomático de la visión ambiental de Peñalosa y su desprecio por las normas y la ciencia. La Reserva, un espacio de 1.396 hectáreas, fue creada en el 2000 por resolución 0475 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en el 2011 la CAR hizo la delimitación (acuerdo 011). Luego, en el 2014, definió el plan de manejo ambiental (acuerdo 021), un pedido que le hizo el ministerio en el 2000 y que debió aplazarse hasta que el Consejo de Estado resolvió una demanda del propio Peñalosa. En materia científica, este espacio natural es uno de los más estudiados en Colombia, como lo certifica reiteradamente la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, quien reseña más de 55 investigaciones en diversas disciplinas, que confirman la importancia de mantener este espacio.

En tanto la prioridad para la ciudad debería ser apostarle al Plan de Manejo de la Reserva con recursos y programas que permitan su renaturalización, su restauración ecológica y constituir este espacio como un gran parque, el Alcalde Mayor afirma desde el 16 de enero de 2015 que “La reserva es la única del mundo que no tiene árboles, son potreros” y que “No hay estudio que la sustente”. Por el contrario insiste en anunciar que solicitará al Consejo Directivo de la CAR la sustracción del 93 por ciento de la Reserva, para destinar estos predios a sus proyectos de vivienda. Acompaña este anuncio con una propuesta que ha sido presentada desde hace unos años por una entidad denominada Asodessco, que reúne a algunos de los propietarios con intereses inmobiliarios que quiere aprovechar la plusvalía que se generaría con la reversión de esta área que además tiene la condición de zona rural, en predios urbanos.

Por lo demás, está documentado que en el POZ Norte8,existen predios equivalentes a dos veces Ciudad Salitre, que como proyecto urbanístico tardó 35 años en desarrollarse, para urbanizar de manera inmediata que podrían ser utilizados por la Administración en sus proyectos de vivienda, sin intervenir la Reserva, pero despierta suspicacias la insistencia de Peñalosa en acabarla, agravadas ahora por la evidencia de que altos funcionarios de su gobierno poseen predios allí, aunque él lo considere irrelevante, como lo son también algunos de los constructores, los más importantes financiadores de su campaña.

 

Plutocracia y gobierno: la visión técnico gerencial de la administración pública de Peñalosa

 

Peñalosa se promociona desde años atráscomo un técnico y un mejor gerente, con decisiones políticas impolutas. Sin embargo, en el corto tiempo transcurrido de su segunda administración ha dejado entrever la frecuente ausencia de criterio técnico y decisiones gerenciales inexplicables, con altísimos costos para la ciudad y que realmente significan proyectar intereses de grupos de poder de la ciudad.

En el caso del Metro, empezó por descalificarlo declarando que “El diseño del metro lo hizo un funcionario del IDU lavándose los dientes”. Luego ignoró ocho años de estudios técnicos y ciento treinta mil millones de pesos invertidos, que definieron el trazado y la ingeniería básica. Ahora, sin ningún fundamento técnico y solo argumentando el costo, ha decidido que el Metro debe ser elevado. Peñalosa afirmó recientemente “Para que comencemos a hacer la línea del metro, sin que nos guíe la emoción sino la razón, tenemos que entender y aceptar que la inmensa mayoría del transporte público en Bogotá, de los próximos 100 años, seguirá basado en buses, y que TransMilenio además hace lo mismo que un metro”9.

Hoy se desconocen los estudios del Metro elevado, nadie sabe el costo estimado de su construcción y lo único que podremos esperar es que el presidente hasta hace poco de la Junta Directiva del ITDP (Instituto para el Transporte y el Desarrollo) de Nueva York, uno de los mayores promotores en el mundo del BRT (Bus Rapid Transit, en castellano Transmilenio) y financiado entre otras empresa por Volvo, el Doctor Enrique Peñalosa, este ganando tiempo y recursos para completar su red de buses en desmedro de una modalidad de transporte rápido, de alta capacidad, no contaminante y que no lacera la ciudad, como es el Metro Subterráneo.

La eventual privatización de la ETB, es otro ejemplo de la visión del patrimonio público que tiene Peñalosa y el gerente por el designado el señor Jorge Castellanos. Haciendo honor a su enunciado de que “las decisiones bajo mi alcaldía no serán emocionales ni políticas”, por lo cual uno se pregunta ¿entonces atienden a que intereses? En efecto, desde el inicio de la administración tanto el Alcalde Mayor como el Gerente de la empresa de telecomunicaciones se han dedicado a desprestigiarla, lo cual para una sociedad que cotiza en la bolsa es catastrófico. Esto resulta inexplicable por dos razones. Una, por la evidente recuperación de la ETB en los últimos años, que hoy es un competidor calificado en el mercado de mayor potencial en las telecomunicaciones, con la instalación de la red de fibra óptica, la venta de servicios de alto valor agregado vinculados con la internet como la televisión, la transmisión de datos y su potencial en el mercado de la telefonía celular.

Otra razón, es de carácter estratégico para la ciudad. La ETB es patrimonio de los bogotanos, garantiza la cobertura de sus servicios a los sectores populares a costos razonables, con alta calidad y posibilita entrar en el desarrollo de industrias del conocimiento que constituyen un factor de competitividad para el futuro económico del Distrito. Entonces, ¿por qué, para qué y para quién privatizarla?

Empieza a verse en la ciudad un modelo de gestión que privilegia la intervención del mercado en los procesos de contratación y ejecución; que en nombre de la eficiencia y eficacia transfiere a privados la prestación de servicios, aprovechándose de la facilidad que representa contar con una mayoría aplastante y complaciente en el Concejo capitalino, integrada por algunas personas, partidos y movimientos viudos de poder y que en el pasado auparon modalidades de corrupción y clientelismo, facilitados por el autismo de los entes de control que olvidaron el activismo que tuvieron en los años recientes. Corresponde a la ciudadanía defender el interés general y hacer uso de los mecanismos de control contemplados en la constitución nacional para que el patrimonio y presupuesto público no culmine atrapado en la voracidad de los intereses privados.

* Sociólogo, DEA en Estudios Políticos, Candidato a Doctor, Universidad Pierre Mendes France, Grenoble II. Ex Subsecretario de Planeación de la Inversión del Distrito entre 2012 y 2014. @katzmauricio


1 Mario Noriega T. “El reto es grande y el tiempo es corto”, El Tiempo, 03/01/2016.
2 Juan Lozano, “Cinco retos de Peñalosa”, 03/01/2016.
3 http://www.sdp.gov.co/portal/page/portal/PortalSDP/PlanDistritalDesarrollo/Participacion/Estrategia_Participacion%20PDD.pdf
4 https://bogotaabierta.co/ El 9 de abril de 2016, a la hora de la consulta 5:00 pm, la página llevaba 11.883 aportes, los cuales pueden ser de naturaleza muy específica, hasta consultas y sugerencias de orden general, sin ningún vínculo con el Proyecto de Plan de Desarrollo de Bogotá D.C.
5 En el Plan de desarrollo Distrital 2012-2016 Bogotá Humana el balance de participación fue: “En este sentido, 268.487 ciudadanas y ciudadanos debatieron y propusieron 64.338 aportes, de los cuales, el 80,5% fueron el insumo fundamental para la construcción de programas entre los que se destacan movilidad humana, territorios saludables, gestión del riesgo, construcción de saberes, primera infancia”, Página 1, Logros SDP Bogotá Humana planeación con participación ciudadana, 2013.
6 http://www.elespectador.com/noticias/bogota/listo-gerente-urbanizaria-van-der-hammen-articulo-614064
7 http://www.elespectador.com/noticias/bogota/bogota-se-construiran-80-mil-viviendas-dos-anos-articulo-612856
8 El POZ Norte es la estrategia de planeación urbana y medio ambiental para 2,014 hectáreas del Norte de la ciudad, de las cuales 466 hectáreas, cerca de dos veces Ciudad Salitre, son suelo desarrollable. El proyecto busca asegurar la sostenibilidad de humedales y bosques nativos de la zona así como conectar los cerros orientales con la sabana del río Bogotá. http://www.sdp.gov.co/portal/page/portal/PortalSDP/OrdenamientoTerritorial/OperacionesEstrategicas/PLANES%20%20ZONALES/PLAN%20DE%20ORDENAMIENTO%20ZONAL%20NORTE%20-%20POZ%20NORTE/QueEs
9 http://www.eltiempo.com/bogota/entrevista-de-maria-isabel-rueda-a-enrique-penalosa-alcalde-electo-de-bogota/16457119

Publicado enEdición Nº223
Lunes, 19 Octubre 2015 06:19

Una mirada a las otras ciudades

Una mirada a las otras ciudades

Dice que las ciudades africanas y asiáticas son las "fuerzas mundiales de urbanización". Areas donde conviven múltiples formas de producción y de regulación, con regímenes pasados superpuestos y reglas diversas. Una mirada analítica sobre las limitaciones de los discursos modernistas para comprender las realidades de ciudades no occidentales contemporáneas.


AbdouMaliq Simone se especializó en cultura urbana, políticas públicas y relaciones internacionales. Con ese bagaje, trabajó en el funcionamiento de las ciudades africanas y, más recientemente, del Sudeste asiático. Invitado por el programa Sur Global (Unsam), Simone dialogó con Página/12 sobre las limitaciones de los discursos modernistas para comprender las realidades de ciudades no occidentales contemporáneas. Lejos de esa visión, este urbanista propone estudiar las ciudades africanas y las asiáticas como "fuerzas mundiales de urbanización", en las que conviven múltiples formas de producción y de regulación, con regímenes pasados superpuestos y reglas diversas que vuelven a las ciudades "un composé" de formas de funcionamiento.


–¿Cómo caracteriza a las ciudades africanas? ¿Por qué afirma que Africa y Asia son fuerzas de la urbanización mundial?


–Creo que el de "economía translocal" es un concepto que se aplica más a los estudios que hice sobre ciudades africanas que a mis investigaciones actuales en Yakarta y el Sudeste asiático, ya que se relaciona con una práctica expandida de producción artesanal, local y a pequeña escala, con una capacidad limitada de acceso a tecnologías de producción, a la industria. El tema es cómo encontrar un mercado para el consumo de esas mercaderías que se van produciendo locamente, sin limitarse a un grupo muy pequeño de consumidores que tienen recursos muy limitados.


–¿Con qué tipo de recursos se cuenta para expandir esas redes?


–En Africa están disponibles las redes coloniales, las diferentes monedas, los diferentes usos de recursos según tradiciones coloniales varias que pueden utilizarse para hacer circular las mercancías. Siempre se está haciendo jugar esas diferencias para expandir la circulación de cosas, de intercambios, de oportunidades. Estas prácticas tienen raíces históricas y geográficas de muy larga data, están enraizadas en muchas formas de organización social y política diferentes, y han sido una base económica muy importante para la expansión de las ciudades. El concepto "economía translocal" se refiere a estas formas de circulación y niveles que se superponen.


–En sus escritos, usted afirma que, para muchos residentes urbanos, la vida se reduce a un estado de emergencia que no deja tiempo para la etiología precisa de la crisis, ¿cómo es posible transitar este estado de cosas?


–El término "estado de emergencia" tiene dos connotaciones distintas. Una tiene que ver con la cotidianidad y la situación de crisis recurrentes y la necesidad constante de restablecer las bases de una vida cotidiana, recomponer su sustento. Por otro lado, con "lo emergente" también me refiero al surgimiento de nuevas formas de vida urbana que involucran nuevas predisposiciones y actitudes, nuevas formas o capacidades económicas y la expansión de nuevas formaciones de clase. Me refiero a que se vive en este doble estado de precariedad y promesa, lo cual desde ya no es exclusivo de las ciudades africanas sino inherente a la vida urbana de muchas ciudades del mundo.


–En medio de años de desilusión popular en su relación con los Estados africanos, las demandas intensivas de trabajo para asegurar las necesidades básicas, la arraigada "negociabilidad" de la Justicia y los efectos de procesos de reforma económica obligada y supervisada internacionalmente, ¿cómo determinar las posibilidades y futuros urbanos de las ciudades africanas?


–Te respondo con un ejemplo: Angola es una economía de enclave y es una de las economías que más está creciendo en el mundo. De hecho, en los últimos cinco años ha estado creciendo alrededor del 13 por ciento anual, debido exclusivamente a la producción de petróleo. Eso le ha permitido al gobierno angoleño comprar bancos y corporaciones portugueses y hacer grandes inversiones. Sin embargo, el mercado del petróleo emplea a menos del 2 por ciento de los trabajadores angoleños.


–¿Y los trabajadores que no entran dentro de ese 2 por ciento?


–Tienen que autoproducir su sustento y su vida urbana, de modo que el mundo que se deriva de esta situación es de su propia factoría, es artesanal y autoconstruido; y éste es otro tipo de enclave. Ese tipo de economía de enclave genera otra economía de enclave.


–¿En qué sentido?


–La producción de la vida urbana de los angoleños es una vida autoproducida. Y muchas ciudades de Africa son básicamente economías de enclave en sí mismas, donde se encuentran soberanías múltiples –aunque quizás suene fuerte esa palabra–, al menos múltiples formas de funcionamiento, múltiples regulaciones, múltiples regímenes, múltiples sistemas de importación y exportación, múltiples reglas de funcionamiento que hacen que las ciudades sean en realidad un composé de distintas formas de funcionamiento superpuestas, una multiplicidad de enclaves particulares.


–¿De qué manera las ciudades africanas calibran lo que usted denomina "tecnologías de control"?


–En muchos casos, los distintos niveles del Estado –el Estado federal, el Estado metropolitano o el municipal– ceden la administración de los temas urbanos a pequeños arreglos o estructuras de control, con el fin de diversificar el espacio urbano amplio en maneras que permitan a esos espacios múltiples articularse con distintos juegos de poder, cadenas de producción y circulación de mercancías, o diferentes formas de generación de valor.


–Pero qué es lo que hace la mayoría de los residentes, que no son corporaciones o sociedades públicaprivadas, o inversores. ¿Con qué alternativas cuentan esa mayoría frente a estas circunstancias?


–A ellos les queda el construir ellos mismos sus lugares de residencia, pero también sus relaciones interpersonales y sus formas de supervivencia, generando su propio trabajo y una economía basada en la proximidad. Eso es lo que va construyendo una diversidad de mecanismos propios que luego, apropiados y articulados entre sí, constituyen el nivel más alto de la ciudad, es decir que le permiten desprenderse o diferenciarse del contexto regional y constituirse en un centro político o administrativo.


–¿Cómo se conjugan estas nuevas modalidades de colaboración y competencia frente a la creciente dificultad de acceso al empleo y de garantizarse necesidades esenciales?


–Esta es una muy buena pregunta. Si se toma un grupo de mujeres en un mercado, por ejemplo, cada una vendiendo en su puesto el mismo tipo de productos, se da una situación de competencia. Por definición, cada una quiere vender los productos que ofrece y obtener un ingreso, pero al mismo tiempo se prestan atención una a la otra. En este tipo de situaciones, ninguna va a tratar de hacerle competencia desleal a la otra, los precios en general son los mismos en los distintos puestos. Pero puede haber otros detalles importantes para mirar, como quién le compra a quién, cuáles son las redes que se generan y cómo unas le pasan los clientes a otras.


–¿Podría darme un ejemplo?


–En Yakarta, donde estoy trabajando actualmente, hay un distrito donde se venden motocicletas y repuestos para motocicletas. Todos venden los mismos productos, los mismos repuestos, las mismas marcas. Imagínate que a ese distrito llega alguien con una motocicleta y necesita un arreglo: se va a acercar al primer vendedor que vea y allí se genera una relación. Esa persona obviamente quiere vender, pero al mismo tiempo le va a preguntar al cliente qué tipo de problema tiene, de dónde viene; hace una suerte de estudio del cliente. Es probable que a través de ese conocimiento, se entere que esa motocicleta no pertenece a esa persona sino que en realidad es de una empresa que tiene cientos de motocicletas. Entonces se da cuenta de que él puede hacer el arreglo pero hay alguien diez negocios más abajo que podría hacerlo mejor, y prefiere pasar el trabajo a otro y saber que el distrito después va a tener una buena relación con una empresa que le mande muchos más clientes. Entonces, por un lado, está esa competencia individual pero, por otro lado, piensa a futuro en términos de las posibilidades del distrito y su posición en un mundo competitivo más amplio de posibles clientes y relaciones. Siguen estando en competencia individual, pero también en colaboración para atraer la mayor cantidad de trabajo para el grupo más grande.


–¿Planifican pensando en el futuro?


–Sí, yendo más allá de lo que ocurre en el presente y anticipándose a cómo va a ser la situación. Pero para hacer este tipo de planificación es necesario un conocimiento, se necesita saber qué compañeros o competidores se tienen cerca, qué trabajo pueden hacer, de dónde consiguen los repuestos cada uno y qué más se podría conseguir según las redes que tiene cada uno. Se compite, pero también se presta atención, se tiene en cuenta a los demás. Es decir que ese poder de anticipación y de poder planificar hacia adelante y asegurar el trabajo a largo plazo, se basa en la capacidad de establecer relaciones con los demás, de tener algún conocimiento y la posibilidad de llevarse con estos otros, con los que supuestamente está compitiendo.


–¿Cómo se combinan las relaciones familiares y las relaciones comerciales y laborales?


–Por un lado, el hogar es una fuente de trabajo barato. Imaginemos una relación familiar con una tía, puede ser que una persona trabaje para una tía durante mucho tiempo y por muy poco pero con la idea de que esta tía, en algún momento, puede ver el beneficio de invertir en él, por ejemplo, en comprarle un pasaje a Europa o ayudarle en algún emprendimiento, ya que él ha demostrado su valor, su habilidad. Siempre está este principio de anticipación de que le resulte una inversión factible a los familiares. La coherencia de las economías domésticas o de la familia extensa, su fortaleza, se basa en cuánto pueden lograr distribuirse en el espacio. Por ejemplo, uno tiene un grupo de familiares con la misma ocupación o producen la misma cosa, pero localizados en distintas partes. Esta es una manera expandirse en una actividad económica, lo cual requiere cierto nivel de inversión especulativa, una disposición a trabajar aunque no sea por mucha remuneración. ¿Y con quién puede contarse para esto si no es con los parientes o los miembros de una misma familia? De esta manera, el trabajo familiar sigue siendo trabajo barato. Muchas veces las economías de los hogares pueden lograr expandirse a distintas zonas, pero esa expansión solamente se puede hacer a través de relaciones de parentesco porque se hacen utilizando muy pocos recursos y la única manera de mantener esa expansión es porque son parientes pero, al mismo tiempo, los hogares logran mantenerse debido a esa capacidad de expansión –y a veces de diversificación– a distintas ciudades. Es una relación entre obligación y autonomía que se sustentan mutuamente.


–¿Qué ocurre cuando las familias no son numerosas?


–En efecto, una cosa que va cambiando esta forma de economía familiar es la nuclearización de las familias: son más reducidas y los niños ya no trabajan, es decir que los hogares se vuelven nucleares. Al reducirse el tamaño de los hogares, se da una tendencia a la relocalización de los núcleos habitacionales a las periferias, ya que se vuelve económicamente inviable mantener la residencia en zonas centrales. Para que las familias tengan la capacidad de nuclearizarse y depender solamente de una pareja y los niños, y no contar con un número más grande de apoyo de parientes en una familia extensa, no pueden mantenerse viviendo en zonas céntricas de la ciudad. La mudanza a las periferias genera otros problemas, como los costos de transporte para desplazarse a trabajar en el centro, la falta de acceso a otros servicios. Uno de los problemas de la vida urbana actual en las ciudades del Sur es la nuclearización de las familias y la ruptura de esas relaciones de parentesco de familia extensa que también significaban una estructura económica basadas en relaciones complementarias.

–¿Cuán funcionales han sido las oscilaciones entre estabilidad e inestabilidad y la intermitencia de lo que usted llama "guerra de baja intensidad" para quienes manejan los circuitos de mercancías como el cacao, las gemas y los minerales?

–Hay complicidades a largo plazo entre aquellos que logran controlar el acceso a recursos: a la tierra, a rutas de transporte, el acceso a los puertos, el control de los recursos naturales, el acceso al poder político. Cada tanto, estas relaciones se consolidan o más bien se enquistan, en relación a diferentes dimensiones, que pueden ser de tipo generacional, de pertenencia étnica o la persistencia de viejas relaciones comerciales que han estado funcionando durante mucho tiempo. Como los Estados son maquinarias extractivas en tanto cobran rentas de los distintos tipos de actividades y muchas de ellas se hallan enquistadas, a menudo se forma una estructura muy claustrofóbica, con escaso margen para la innovación, poco espacio para que las nuevas generaciones logren entrar a alguna posición que genere algún nivel de ganancia. Si hay una cierta funcionalidad de esa guerra de baja intensidad, tiene que ver con mecanismos para la ruptura de esos feudos enquistados y la apertura a nuevas configuraciones de actores para acceder a oportunidades, para nuevos grupos jóvenes que tengan cierta injerencia, que se abran paso al mercado en medio de estructuras tan establecidas. Ahora bien, determinar si vale la pena –dados los costos de debilitamiento que genera este tipo de situaciones– es otro tema.


–¿Y vale la pena?


–Diría que no, porque los procesos de recuperación o recomposición para compensar los períodos destructivos del conflicto, la pérdida de la confianza que se genera, las situaciones de resquemor o la ruptura del tejido social, son a menudo tan profundas y tienen efectos tan duraderos, que el encontrarse constantemente en un proceso de reconstrucción tiene un costo muy alto. Además, las formas de gobernanza del Estado tampoco cambian tanto, se van regenerando nuevas formas de dependencia, por ejemplo en relación con las recientes inversiones chinas, incluso las asiáticas.


–¿En qué consisten esas nuevas formas de dependencia? ¿Qué rasgos las caracterizan?


–A lo ancho de grandes partes de Africa hay un retorno, quizás por la puerta trasera, a formas coloniales de dominación y de relaciones sociales, de sociedades que han atravesado estos conflictos de tan larga data y que han producido semejante destrucción de ese sistema. Donde podría haber una irrupción de nuevas formas de relacionarse, lo que termina pasando en los hechos es que se da una regeneración de sistemas. Ahora hay inversores que vienen con dinero de Asia y están adquiriendo grandes cantidades de tierra o armando obras de infraestructura que no parecen tener beneficios efectivos para la población a largo plazo y, además, generan una nueva forma de endeudamiento vinculada al funcionamiento de las economías de las colonias. Pareciera que estos conflictos de larga data y de baja intensidad –aun cuando se abren nuevas oportunidades– terminan recomponiendo la actuación de una economía colonial con otros actores pero con el mismo tipo de estructura.


–Los gastos de los Estados africanos para transformar los aparatos nacionales políticos y administrativos en el marco de procesos de "modernización", ¿qué efectos económicofinancieros tienen en la actualidad? ¿Y qué efectos políticos, sobre todo?


–En los años 80, con las grandes reformas de ajuste estructural que forzaron a los Estados a deshacerse de empresas estatales y dar lugar a las privatizaciones, los que adquirieron estas propiedades terminaron siendo funcionarios y actores del propio Estado. De manera que se formó un Estado paralelo o alternativo al existente. Hasta entonces, el Estado todavía convencía a la población de que podía proveer cierto tipo de cosas en tanto hubiese disciplina y orden. Podía proveer algún tipo de mecanismo de asistencia, como por ejemplo vivienda o subsidios para pan y arroz, documentos de identidad o algún tipo de trabajo público, es decir, algún nivel de seguridad. Pero el ajuste estructural implicaba suspender todas esas cosas y desprenderse y privatizar todas las propiedades que el Estado tenía: fábricas, ferrocarriles, el correo. Y muchos de los actores que ya estaban en el estado, distintos funcionarios de alto nivel, se asociaron con empresas y capitales extranjeros para comprar todos esos activos. De esa manera, el Estado se vuelve más extractivo que antes, más vibrante la extracción de fondos de la población.


–¿Por qué?


–Porque la privatización del Estado tiene que ver con hacerlo más eficiente en la recaudación de impuestos o los pagos provenientes de los mercados o de la tierra. Se invierte mucho en el Estado para volverlo más "serio" y eficiente, para lo cual se contrata gente bien entrenada, se profesionaliza y desarrolla una tecnocracia para lograr funcionar y recaudar mejor. Pero el Estado real no está allí, sino en ese mundo privatizado donde la vieja elite política todavía logra mantener al juego funcionando. Es decir que los mismos que eran funcionarios del Estado, ahora están en la función privada. Al mismo tiempo, las poblaciones se están dando cuenta más fácilmente de esto y están más militantes, más avispadas sobre cómo funcionan estas cuestiones y establecen umbrales de tolerancia. Esto hace que surjan más organizaciones –sobre todo a nivel local– que intentan generar cambios, y más movimiento en la sociedad civil, aunque se encuentran muy limitadas porque los Estados están muy endeudados con los acreedores externos y esto limita el tipo de cosas que se pueden hacer.

Publicado enCultura
Lunes, 13 Abril 2015 06:09

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Crear un plan homogéneo de edificabilidad, mejorar el transporte y luchar contra las desigualdades sociales son los grandes retos que señalan arquitectos y urbanistas para las urbes de América Latina


Megaciudades. Aglomeraciones urbanas de hasta 20 millones de habitantes. "Monstruos ingobernables", como admiten unos arquitectos que tratan de ordenar el caos. Imposible. Las mayores urbes del planeta son complejos organismos que se multiplican sin freno y, en la mayoría de ocasiones, sin un patrón homogéneo. Núcleos hipertrofiados que han germinado con el progreso de las clases medias y el trasvase del campo a la ciudad. São Paulo, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Río, etcétera. Urbanistas y arquitectos de estas metrópolis de América Latina analizan para EL PAÍS los retos que plantea su gestión. Y coinciden en señalar la falta de un criterio unificador que armonice el desarrollo de las urbes, las dificultades en la movilidad y el aumento de las desigualdades sociales como los principales problemas

.
Los retos futuros pasan por convertir estas grandes ciudades en espacios más habitables, con mejores políticas de transporte público y menor contaminación. Y, sobre todo, trazar una dirección para la edificabilidad bajo un plan único, y que las grandes urbes no sean el resultado de un cuadro pintado a brochazos.


En 2014, 450 millones de personas compartían el suelo de 28 áreas metropolitanas en todo el planeta. Difícil detener la autoconstrucción, como si fuera un videojuego. "Hay un aspecto fundamental: la lucha por la ciudad", afirma Abilio Guerra, urbanista y arquitecto brasileño. "Es difícil encontrar fórmulas adecuadas en el Gobierno de las ciudades. La mayor parte de las veces, la iniciativa privada pasa por encima de los intereses de la gente, sin que el poder político tome medidas contra los abusos. Los grandes perjudicados son los espacios públicos de las ciudades. Lo vemos en Río con el caso del Parque do Flamengo, y en São Paulo con el Largo da Batata y el Parque Minhocão. Es preocupante, porque esto sucede en un momento de vulnerabilidad de la sociedad civil brasileña", analiza Guerra.


El patrón se repite en la mayoría de capitales latinoamericanas. En Bogotá se dan codazos sus 7,8 millones de habitantes, producto de la mayor densidad urbana en toda la región: 26.200 ciudadanos por kilómetro cuadrado. El censo crece en 170 personas al día. Y la administración da carta libre a la construcción para aportar cobijo a esa demanda.


Un decreto permite que los constructores puedan desarrollar grandes obras si se abona una cantidad económica adicional por la edificabilidad extra. "Eso significa que pueden aparecer edificios de cualquier tamaño en cualquier manzana, solo porque el constructor busca más metros", explica Mario Noriega, profesor de urbanismo en la Universidad Javeriana. Noriega pide un "marco legal según las necesidades de la gente, que no cambie de alcalde a alcalde". "Creen que eso da una apariencia de modernidad a la ciudad. Pero las calles no están preparadas. La ciudad tenía una estructura de manzanas, con 30 viviendas en cada una. Con la nueva norma, se harán hasta 400. Bogotá es muy densa en los bordes y poco en el centro, pero ahora será densa en todos lados. Su caso de densidad solo puede ser comparable a algunas ciudades chinas y africanas. Están creando una zona de desastre. Se habla de México como la ciudad monstruo, pero tiene metro, y Bogotá es cinco veces más densa", explica el profesor de urbanismo. Solo el 55% de sus habitantes dice estar orgulloso de su ciudad.


Una población similar a la de Bogotá, aunque con una densidad 10 veces menor, tiene Lima. Los arquitectos peruanos Arnold Millet, que ha trabajado en la Municipalidad, y Mario Lara abundan en la reivindicación de su colega colombiano. "Lima no tiene una gobernanza con un hilo único, sino que se suceden gobiernos que rompen con lo anterior y hacen lo contrario", apunta Millet. "El gran reto es ordenarla. Hoy es una ciudad descoyuntada, con más de 40 alcaldías [43 distritos y alcaldes de distrito] que cada una hace lo suyo, atomizada. La solución sería poner a Lima con menos alcaldías y con los mismos decretos", expone Lara.


Pocas ciudades en el mundo han logrado esta unidad metropolitana. Si acaso Londres y París, dicen los urbanistas. "Se parte de un centro y se acumulan municipios adyacentes", dice sobre México el español Miquel Adrià, director de la revista Arquine.
Cómo moverse en el laberinto


Las horas vuelan al volante o en transporte público para los millones de personas que se desplazan en ese ida y vuelta eterno entre la casa y el trabajo. El ciudadano de São Paulo invierte una media de 2 horas 53 minutos diarios en desplazamientos en vehículo propio, y 2 horas 46 minutos en medios públicos (son usados por el 62% de la población). Por la ciudad circulan 5,4 millones de coches, casi uno por cada dos habitantes. Cada mexicano emplea 16 horas a la semana en los trayectos. Bogotá no tiene metro y es el sistema de autobuses el que canaliza la marea humana de viajeros. En Lima, la única línea de metro no da abasto...


"El metro es una necesidad en Bogotá". Lo dice el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consciente del embudo que supone para la capital la ausencia de este medio de transporte. A cambio, la ciudad presume de la red de ciclorrutas (carril bici) más grande de América Latina, 392 kilómetros de asfalto que los ciudadanos utilizan cada vez más. Piden, eso sí, mayor seguridad vial y que las empresas incentiven las dos ruedas entre sus empleados. Solo el 17% de los bogotanos se declara satisfecho con la red de vías urbanas. Y los problemas de aparcamiento son cada vez mayores para una flota de 1,5 millones de coches. El sistema de autobuses, TransMilenio, moviliza a dos millones de personas al día. "Se enfoca todo en los buses, pero no basta. Bogotá es una ciudad que funciona como una ciudad del siglo XIX y tiene población del siglo XXI", analiza Mario Noriega. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad multiplica por 2,7 los niveles de contaminación que se consideran perjudiciales para la salud.


Ante la congestión, las ciudades buscan fórmulas como el Día sin Carro y diversos tipos de restricciones. En Lima, otro foco de contaminación (sobre todo en invierno dada la gran nubosidad), el ómnibus no puede circular por algunas avenidas, y en la pasada alcaldía diversas calles del centro pasaron a ser peatonales. Con 150.000 nuevos coches cada año (un total de 1,5 millones), proliferan los taxis, formales e informales. También México ha puesto la señal de Stop. Los coches con más de ocho años tienen prohibido circular un día a la semana y un fin de semana al mes en la ciudad. "Aunque estos mismos coches se venden en los municipios y contaminan. La solución es tener la misma política en los dos sitios, ciudad y área metropolitana", señala Miquel Adrià. Hasta seis millones de vehículos entran y salen de la urbe cada día. Distrito Federal ha puesto en marcha proyectos para mejorar las comunicaciones, como dobles pisos en carreteras, nuevas estaciones de tren, estaciones de metro multimodales, que unen varias líneas (hay 300 kilómetros de vía y cinco millones de usuarios), y un nuevo aeropuerto fuera de la ciudad.


Y junto a la saturación, la inseguridad. Según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, seis de cada 10 mujeres aseguran haber sido acosadas físicamente en los transportes públicos de América Latina. Bogotá, Ciudad de México y Lima son los escenarios más inseguros.


Las desigualdades sociales


La polarización social también sacude las megaurbes. El ciudadano es parte del mobiliario. "El gran reto es la inclusión", comenta la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. "La vivienda es un bien social, no debería ser un commodity. Los arquitectos nos hemos desconectado de no querer lidiar con el problema de la falta de vivienda digna para la población. En México es muy fuerte la segregación en todos los sentidos, física y social. Las clases están muy marcadas. Es un México muy disgregado y contrastado. Está todo revuelto. Hace 20 años la gente cambiaba dos veces de casa durante su vida. Hoy son 17. Esto genera desarraigo, desentendimiento de la comunidad y falta de identidad".


Raúl Fernández Wagner, profesor de urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, ofrece una visión sobre la capital argentina, con 15 millones de habitantes en toda la metrópoli. "El mayor conflicto es el acceso al suelo por parte de la población. De cada 10 nuevos habitantes de Buenos Aires, seis no buscan la compra de suelo, sino que entran en el mercado informal. Es muy difícil tener propiedad privada porque es muy cara. En 10 años Buenos Aires duplicó el PIB. Eso ha de¬sa¬ta¬do también un fuerte proceso especulativo con el suelo".


Sostenibilidad, movilidad e igualdad social. Son tres de los retos de las grandes ciudades latinoamericanas. Para estas urbes no se trata solo de acumular población, sino de convertirse en mejores sitios para vivir.


AMÉRICA LATINA: LOS DESAFÍOS


Objetivo: reducir el abismo entre ricos y pobres

 


Por Verónica Calderón México Df 11 ABR 2015 - 00:22 CEST


Un breve paseo por la delegación Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones legales que dividen al Distrito Federal, refleja la enorme brecha económica en México, la segunda economía de América Latina y el país donde viven el hombre con la segunda mayor fortuna del mundo y 53,3 millones de pobres. Mientras el menú degustación para una persona en un exclusivo restaurante puede ascender hasta más de 150 euros, en la calle se apuesta una señora con dos niños que ofrece chicles y cigarros sueltos a cambio de unas monedas. Reunirán, con suerte, unos cinco euros al terminar el día. La imagen es una de tantas que ilustran la desigualdad en Latinoamérica, la región con la mayor inequidad en el mundo solo superada por el África subsahariana: un 28% de su población vive en la pobreza y uno de cada cinco subsiste con menos de cuatro euros al día. Diez de los 15 países más desiguales del mundo están América Latina.


Pese a que el crecimiento registrado en los primeros años del siglo XXI redujo la cifra de pobres un 30%, también aumentó la riqueza de las clases altas. En 2002, la región tenía 25 multimillonarios; en 2014, esta cifra llegaba a 114.


La desaceleración producida tras la crisis financiera que se inició en 2009 afecta en primera fila a los que menos recursos tienen. La reducción de las previsiones de crecimiento de las mayores economías de la región, en especial de Brasil, el gigante regional, han puesto en riesgo las conquistas sociales de la última década. Por otro lado, las fortunas latinoamericanas mantienen el tirón: aumentan a una velocidad del 23% al año, según un informe de Oxfam. Un 8% más rápido que en el resto del mundo.


El coeficiente Gini analiza la distribución de los ingresos con valores que van del cero (igualdad absoluta) al 1 (total desigualdad). América Latina, un mosaico variopinto de países con profundas diferencias, se ha ganado las esperanzas de buena parte de los economistas mundiales por su riqueza natural y capacidad de crecimiento, pero mantiene como denominador común la desigualdad. Pese a que durante los años de avance sostenido, entre 2000 y 2009, las economías latinoamericanas habían conseguido reducir el índice de un 0,54 en 2000 a un 0,5 en 2010, la marca todavía está muy por debajo de países con mayor equidad. El coeficiente Gini en los países escandinavos es de 0,25.
El 10% de la población mexicana gana 27 veces más que el resto, 15 veces más que Estados Unidos y nueve veces más que el promedio de la OCDE.


Gasto público


A esto se suman los nubarrones en la economía global: la caída en el precio del crudo ha reducido las previsiones del crecimiento de las dos mayores economías de la región, México y Brasil, y ha agravado la crisis en Argentina y Venezuela, que tienen pronósticos negativos de un -1,5% y -2,9%, respectivamente. Después de que la región consiguiera crecer globalmente en 2010, en 2014 llegará solamente a un 1,7%.


Para capear el temporal, los dos punteros de la región, Brasil y México, han respondido con recortes a su gasto público, anunciados por sus respectivos presidentes, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto. Esto, según un informe del Banco Mundial de 2014, salvará empleos y mantendrá la estabilidad a largo plazo. Pero eso no significa que el camino no vaya a ser doloroso. Marianne Braig, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, opinó en un foro organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México que las políticas de la región han demostrado que no son efectivas para reducir la inequidad, especialmente, por el inadecuado manejo de ingresos.


Otro informe del Banco Mundial, también de 2014, indica que la movilidad entre clases es lenta y que el acceso a la educación va de la mano con los ingresos de los padres. Los alumnos de escuelas privadas obtienen mejores resultados que los egresados de centros públicos, pese a que se ha aumentado el gasto en educación en los últimos años.


La paradoja latinoamericana reside en que las empresas, que han avanzado en su competitividad, muchas veces no encuentran a los trabajadores que buscan precisamente por los fallos en la educación. La solución continúa siendo el empleo informal, la fuente de ingresos de más del 60% de la población de la región y uno de sus mayores retos a vencer. La desigualdad también se refleja en los servicios. La mitad de los 600 millones de habitantes de América Latina carece de instalaciones para el suministro de agua, esto en una zona que tiene los mayores recursos acuíferos del mundo. El 90% tiene acceso al agua, pero la calidad del servicio es ineficaz e insuficiente en la mayoría de los países.


La inflación, además, se mantiene como un fantasma que afecta con mayor dureza a los sectores más frágiles. "En general, el futuro no es prometedor para las conquistas sociales de América Latina [...], pero la aplicación adecuada de políticas adecuadas como la flexibilidad en el tipo de cambio, mayores esfuerzos en la educación y la facilitación del ahorro para las clases media y baja pueden ayudar al contexto", apunta Augusto de la Torre, jefe regional para América Latina del Banco Mundial en un informe de octubre de 2014. Los retos para una región que alberga ciudades como México, donde en mismo barrio conviven, a solo unos metros, un hombre que limpia cristales por menos de un dólar y la mansión de Carlos Slim, un magnate con una fortuna tan grande que, si gastara un millón de dólares por día, debería vivir 220 años para agotarla.

Publicado enEconomía
Sábado, 11 Abril 2015 17:27

Paz y ciudad

Paz y ciudad

Los estudios y análisis sobre los orígenes y manifestaciones de la violencia en Colombia la asocian con la concentración latifundista de la tierra rural, el despojo de los campesinos, la exclusión política, la falta de libertades políticas, la concentración de la riqueza, el autoritarismo violento del Estado y el paramilitarismo.

Son pocas, casi nulas, las referencias y reflexiones sobre la relación entre ciudad y violencia política. Planteado en otros términos, sobre el papel que cabe a las ciudades y a los centros urbanos en la persistencia de la violencia social y sobre las acciones en materia de desarrollo urbano para hacer realidad la paz y la convivencia entre millones de ciudadanos.

Colombia es hoy una sociedad urbana, en lo fundamental. Cerca del 75% de su población vive en centros urbanos, y se prevé que esta proporción aumentará al 85% en el año 2050. Durante las próximas cuatro décadas cerca de 20 millones de personas llegarán a las ciudades, con las correspondientes demandas de vivienda, transporte, servicios públicos y sociales, entre otros. El número de ciudades mayores de 1 millón de habitantes aumentará de 4 en 2010 a 7 en 2050, y las mayores de 100 mil, de 41 a 69, lo cual implica mayores retos en materia de conectividad y coordinación.

En los últimos años las ciudades colombianas se han convertido en el motor de nuestra economía. Cerca del 85% del PIB nacional lo generan actividades en los centros urbanos, por lo que se encuentra una fuerte relación positiva entre el nivel de urbanización y el ingreso per cápita de las regiones colombianas (http://bit.ly/1Emuv8M).

Las ciudades, que en otro tiempo fueron consideradas el resultado más perfecto de los beneficios del desarrollo económico capitalista, son hoy, sin duda alguna, la expresión más completa y brutal de la crisis aguda y casi insoportable que vive este sistema. Las que en otro tiempo fueron promesa de progreso individual y social, manifestación clara de la modernización, entendida no sólo como incorporación de los avances tecnológicos en la industria, los servicios y otras áreas de la actividad humana, sino también como realización de un futuro anunciado. Las que eran consideradas muestra evidente del desarrollo civilizatorio; utopía materializada a golpe de reorganización del espacio-tiempo de la vida toda, en aras de la maximización de la productividad, de hacer más eficientes la producción, distribución, circulación y consumo de los productos y servicios, nacionales y extranjeros; el lugar por excelencia de la mercantilización plena, dinámica, expansiva, pujante. Las que fueron núcleo de concentración de unas supuestas y reales oportunidades de ascenso social a través del empleo "seguro" y bien remunerado, de la escuela "accesible" y cuasi gratuita, del acceso a los servicios de salud, recreación, cultura, además de otros servicios urbanos que en conjunto mejoraron los niveles de vida de la gente, ampliando su posibilidad de obtener bienes que no llegaban a las zonas rurales y de satisfacer una amplia gama de necesidades (reales o creadas). Esas ciudades viven hoy un deterioro constante y su continuo declive nos expresa lo que parece la crisis irrevocable de lo urbano.

En Colombia, el crecimiento urbano presenta profundas desigualdades económicas, sociales y espaciales, generando de manera enorme y terrible pobreza y exclusión. Su desmedido crecimiento contribuye a la depredación del ambiente y de los recursos naturales, provocando segregación social y urbana, fragmentación, privatización y utilización irracional de los bienes comunes, de los servicios y los espacios públicos.

En los últimos años, se han multiplicado los procesos que favorecen la proliferación de grandes áreas urbanas en condiciones de pobreza, precariedad y vulnerabilidad ante los riesgos naturales y los inducidos por la acción de diferentes sujetos: empresarios, gobiernos y otros colectivos sociales e individuos. En suma, hoy día construimos ciudades sociales injustas, económicamente ineficientes y con baja competitividad y complementariedad, espacialmente desordenadas, poco funcionales y ambientalmente insustentables.

De acuerdo con los análisis e investigaciones de diversos estudiosos de nuestras realidades urbanas, las ciudades colombiana se han transformado aceleradamente por lo menos en los últimos veinte años y, en el momento actual, enfrentan una problemática caracterizada, entre otras cuestiones, por precarias condiciones de vida, la vulnerabilidad de la mayoría de sus pobladores, tanto en el ámbito social como económico, la degradación del entorno natural y construido, y la reorientación de las políticas sociales de combate a la pobreza, así como nuevas tendencias sobre planificación del territorio urbano.

El funcionamiento del sistema de producción capitalista, desde sus inicios, pero especialmente en su etapa neoliberal actual –que comienza entre los años setenta y ochenta del siglo XX–, ha implicado formas específicas de organización y distribución espacial que centraron en las ciudades las dinámicas más intensas del proceso de acumulación, por lo que son precisamente las ciudades las que manifiestan impactos muy negativos acarreados por dicho proceso. En el periodo referido, la dinámica capitalista también ha exigido la instrumentación de las llamadas políticas de ajuste estructural que ampliaron los costos sociales y ambientales, y han supuesto, en general, un creciente deterioro de las dinámicas urbanas.

Estos fenómenos no han sido colocados explícitamente en los diálogos de paz de La Habana. Se trata de un vacío a corregir.

Los acuerdos y consensos alcanzados hasta el momento se refieren al tema agrario, a la participación política y la democracia ampliada, a la erradicación de los cultivos ilícitos y al fin del conflicto, y poco se mencionan, por ahora, los problemas de nuestras ciudades y su desarrollo urbano (en gran parte porque el gobierno de Santos se niega a tocar el modelo neoliberal vigente), que provocan otros fenómenos muy perturbadores de violencia. Es muy probable que al dialogar sobre "los ajustes que se deben hacer al Estado para adecuarlo a la paz" se dispongan cambios en las normas que regulan la planeación urbana, pues las vigentes desde 1997, como la ley 388 (http://bit.ly/1CECVT8), son la base de una verdadera basura neoliberal como los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, que con su segunda generación aprobada, el único resultado que presentan en sus más de 15 años de vigencia, es el de una mayor segregación social y fragmentación urbana.

La emergencia de la ciudad colombiana del siglo XXI es explosivamente dialéctica, y en la misma lo bueno y lo malo, integración y marginalidad, cohesión social y desigualdad creciente, desarrollo sostenible y dinámicas insostenibles, productividad competitiva y enclaves excluyentes, democratización de la gestión urbana y crisis de gobernabilidad de las regiones urbanizadas, globalización y localismo, están en conflicto permanente.

Conflicto que es alimentado por las lógicas del neoliberalismo, como la acción de los promotores inmobiliarios y de la planificación urbana (a través de los POT y Planes de Desarrollo), aliados en la empresa de convertir la ciudad, como en efecto lo han logrado, en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de acumulación explotadora.

La urbanización neoliberal impuesta con los POT, ha convertido la ciudad en una mercancía, en un valor de cambio, destruyendo su principal rasgo: ser el espacio de encuentro entre personas, grupos y culturas diferentes y un lugar para el disfrute y la satisfacción de las necesidades humanas.

Esa circunstancia ha hecho que los ciudadanos comunes y corrientes pierdan el control de su vida, y que la misma quede en manos de los agentes del neoliberalismo, especialmente de los propietarios del suelo y los promotores inmobiliarios, quienes transformaron las ciudades para adecuarla a sus intereses mercantiles. En otras palabras, la ciudad dejó de pertenecer a la gente. A ella le fue expropiado su derecho a decidir sobre su propio destino y, en consecuencia, a producir la ciudad y a disfrutarla a su imagen y semejanza.

La verdad es que, la institucionalización del paradigma neoliberal (con los POT y Planes de Desarrollo), apoyado por el capital financiero y bancario, ha fomentado la organización de unas ciudades más fragmentadas y desiguales, donde predomina un uso especulativo del suelo, enfocado en proyectos residenciales cerrados y espacios públicos privatizados.

La urbanización especulativa que caracteriza el actual desarrollo urbano, es mensajera de una amenaza de muerte o degradación de la ciudad democrática, la que genera las condiciones necesarias para el ejercicio de la ciudadanía.

Tenemos, pues, el fenómeno de expropiación de la ciudad por los grupos de poder económico y político que constituyen la oligarquía inmobiliaria.

Las teorías económicas neoliberales que impulsan este proyecto de despojo, han acelerado la concentración de la renta y del poder en unas cuantas manos generando pobreza y desigualdad crecientes, exclusión, abandono masivo del campo, procesos acelerados de urbanización precaria, segregación social en la ocupación del territorio urbano, privatización de la vivienda social y de los espacios y servicios públicos, desalojos, y desplazamientos forzados de población a favor de los inversionistas y negociantes inmobiliarios y muchos otros impactos que inciden en la destrucción del patrimonio común y del tejido social a escalas nunca vistas.

Hoy la ciudad neoliberal colombiana está reducida a paraíso de los negocios inmobiliarios y de la corrupción que los apoya; al lucro derivado del manejo desregulado de las rentas del suelo y de la producción masiva de viviendas, centros comerciales y otros macroproyectos urbanos. Ya no interesa la habitabilidad de la ciudad ni la vida de sus habitantes, mucho menos si estos son pobres y excluidos del mercado.

La ciudad colombiana está inmersa en procesos de urbanización caótica, insostenible e ingobernable, que arrastran un conjunto de problemas como los siguientes:

Las zonas centrales se han densificado muy desigualmente.

El crecimiento ha sido más horizontal que espacial, con el consiguiente despilfarro de suelo, ha predominado la informalidad pero también el crecimiento por productos homogéneos (por ejemplo barrios cerrados, parques empresariales, etc.), es decir la fragmentación y la segregación social y funcional. Las estructuras urbanas de centralidad son escasas o débiles y en general la ciudad como sistema polivalente e integrador esta sólo presente en algunas áreas centrales con historia.

Las periferias continúan creciendo y la presión migratoria en muchos casos continuara si se mantienen los factores de expulsión de la población de las áreas rurales. Este crecimiento urbano conlleva no sólo el desarrollo incontrolado y depredador de importantes zonas de la ciudad que comprometen su futuro sino que también ejerce una presión sobre la ciudad central en la medida que necesita o requiere de sus servicios (ocupación de espacios públicos por la venta ambulante, utilización de equipamientos sociales y educativos, inseguridad urbana, etc.) para que esta población allegada pueda sobrevivir.

Los procesos más recientes, con gran impacto, de fragmentación urbana debido a la intromisión en las estructuras existentes de ghettos para ricos, ya sea en forma de "productos urbanos" – o sea grandes equipamientos "autistas" con respecto al entorno, segregadores y dedicados principalmente al consumo- o de comunidades, barrios, ciudades o pueblos cerrados.

El desarrollo urbano mediante asentamientos informales, el crecimiento horizontal, el despilfarro de suelo, la contaminación de las aguas por ausencia de redes de saneamiento, la captura ilegal de algunos servicios básicos (energía, agua), la proliferación de servicios de naturaleza pública no reglados (transportes, a veces asistencia sanitaria, policías barriales, etc.) y la ocupación de suelos no idóneos.


La degradación de áreas centrales o de barrios de la ciudad formal que no se renovaron en su trama y / o actividades y en los que se produce la dialéctica del deterioro social y funcional, abandono de actividades centrales o dinámicas y de poblaciones de ingresos medios, deterioro del patrimonio físico, incluso del arquitectónico y monumental, pérdida de elementos simbólicos o identitarios de la ciudad, inseguridad ciudadana, etc.

La proliferación en la ciudad de actividades informales como los vendedores ambulantes con efectos depredadores sobre los espacios públicos y los servicios urbanos y que a menudo entran en conflicto con los habitantes residentes o activo formales.

El desarrollo de actividades vinculadas a la economía ilegal y a la delincuencia urbana, y en general aumento objetivo y subjetivo de la pérdida de seguridad y de calidad de vida por parte de la población urbana formal.

La menor eficacia de políticas urbanísticas redistributivas y reactivadoras (por ejemplo mediante la generación de nuevas centralidades, realización de espacios públicos de calidad en los barrios de menores ingresos, etc.), debido al bajo nivel de la demanda solvente y a la menor integración cívica de la población.

El bajo nivel de participación ciudadana y poca capacidad de negociación de importantes sectores de la población marginal.

La dificultad de reconversión de estas áreas (por todas los efectos ya dichos, a los que se añade muchas veces la resistencia de la población al cambio y de las zonas formales a recibirla) o la implementación de soluciones que reproducen la marginalidad desde una teórica formalidad (conjuntos de viviendas públicas de baja calidad y separadas física y culturalmente de la ciudad formal). Eliminar las viviendas marginales del área central, trasladando a la población de barrio es un grave problema para sus habitantes.

Señalemos, además, que cuando casi el 75% de la población vive en el espacio urbano, solo una parte de estos habitantes urbanos vive en la ciudad, en estricto sentido, quizás la mitad o menos, pues el resto vive en zonas urbanizadas pero segregadas, dispersas, fragmentadas. Una urbanización que no genera automáticamente ciudad, que en ciertos casos extremos parecen oasis de civilidad y en otros se han degradado hasta convertirse en zonas de riesgo, en ambos casos rodeados de espacios monofuncionales y monosociales, sin capacidad de autogobierno, exponentes de un desarrollo insostenible, que genera comportamientos anómicos y psicologías sociales marcadas por el individualismo, el miedo a los "otros" y el afán insolidario de distinción.

La informalidad del desarrollo físico, la enormidad de las desigualdades sociales, la persistencia de la pobreza urbana, la percepción social de que se da una creciente y casi incontrolable violencia urbana, la muy objetiva realidad de las dinámicas que conllevan insostenibilidad (despilfarro de suelo, contaminación del agua y de la atmósfera, agotamiento de recursos hidrológicos, graves carencias de redes de saneamiento y de sistemas eliminación de residuos, etc.), el aumento del desempleo y en algunos casos del analfabetismo y de la mortalidad infantil, etc. no solo son fenómenos heredados del pasado sino muy presentes y no parecen tener solución en un futuro inmediato.

En muchos casos podría argumentarse que las políticas urbanas en curso, consignadas en los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, no atenúan estos problemas, funcionales y sociales, incluso los agravan enormemente, debido al deterioro institucional de las alcaldías municipales.

Con 15 años de vigencia de tales instrumentos de planificación urbana, los resultados son negativos, pues quien se ha visto favorecido por dichas herramientas son los especuladores inmobiliarios y un pequeño núcleo de constructores que controla la institucionalidad para favorecer sus procesos de acumulación. La verdad es que el papel de tal planificación es traducir el orden social jerarquizado, controlado por unas minorías, en una organización territorial que lo reproduce.

Lo cierto es que la planificación institucional es una secreción de una sociedad dominada por el valor de cambio que, por ende, genera un espacio homogeneizador, represivo y cuantitativo manteniendo a raya la diferencia, la calidad y la creatividad.

Solo una práctica de oposición o antiplanificación puede abrir las puertas a la producción de diferencia. Tal práctica tiene que ser agresiva y contestataria e inscrita en una lucha de clases que abra nuevos espacios de posibilidad y genere nuevas prácticas donde el uso y la apropiación prevalezcan. El futuro no es un resultado mecánico de leyes subyacentes a la realidad ni de una racionalidad objetiva.

El futuro es lo que queremos las mayorías sociales. No se puede predecir o diseñar científicamente en una mesa de dibujar. Si bien podemos actuar guiados por lo que no queremos, sobre la base de aquello de lo que conocemos que nos aliena y de principios humanizantes, no podemos predecir cómo será ese futuro; pero si podemos construirlo a través de la eliminación en la práctica diaria lo que nos aliena.

En última instancia, la planificación urbana es un acto de poder. Entonces, podemos hablar de un poder que impone su agenda desde arriba, una negociación donde cada parte entra con la misma posibilidad de influir el resultado, o un ejercicio de contradicciones donde puede haber formaciones que incluyen varios sectores de clase bajo el control de una de ellas (ej. el clientelismo) o una lucha por imponer los intereses de una a las demás.

De hecho la planificación no ha logrado ni puede imponer un dominio absoluto de clase. La democracia liberal representativa ha propuesto una planificación con participación constreñida (planificación participativa) donde se manipulan los intereses de clase y donde se presentan muchas combinaciones. Para nuestro caso, la globalización neoliberal aparece como un nuevo absolutismo de clase apoyada en una maquinaria apabullante de propaganda e ideología (las virtudes del libre cambio y de la mal llamada democracia), un monopolio cada día más arraigado del poder represivo del Estado y la dictadura del mercado. Esta planificación ha sido devastadora para la ciudad colombiana y ha profundizado el sistema de transferencia de valor hacia fuera. Si Colombia quiere cambiar su destino tiene que desarrollar otra doctrina, otra práctica, y una planificación contestataria o alternativa a la que la globalización neoliberal impone.

En conclusión, señalemos, que la superación del largo conflicto armado colombiano y la construcción de la paz con las nuevas fuerzas sociales y políticas necesita de un vuelco absoluto en la situación de las ciudades y su desarrollo urbano.

Un paso en ese sentido sería la eliminación de las leyes sobre desarrollo urbano expedidas en los años recientes y la planificación del mismo recogida en los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, hoy en su segunda generación, verdadera basura neoliberal, causante de la pobreza y segregación de millones de colombianos como lo estamos observando en Medellín, Bucaramanga, Bogotá, Barranquilla, Cali, Popayan, Villavicencio, Pereira, Cúcuta, etcétera.

Publicado enColombia
Bogotanos debemos demandar como ciudadanos ampliación de derechos urbanos

En el debate en curso para escoger la próxima alcaldesa o alcalde de Bogotá el 25 de octubre del año en curso, un asunto crucial es el tema de los derechos ciudadanos urbanos. Son el conjunto de derechos que le dan forma al "derecho complejo a la ciudad".


Tal como lo propone ese gran teórico del urbanismo democrático y los movimientos sociales citadinos progresistas, Jordi Borja, la nueva realidad de la globalización comunicacional y económica, de la revolución tecnológica postindustrial, nos lleva a replantear, actualizar y ampliar los derechos ciudadanos correspondientes a nuestro siglo ( http://bit.ly/1758flu ).


Los movimientos sociales progresistas y la izquierda política, agrega ( http://bit.ly/1758flu ), para ser fieles a sus objetivos históricos de libertad e igualdad y de estar al lado de los que son a la vez víctimas y resistentes potenciales de un sistema basado en el despilfarro global y el lucro personal, deben rehacer sus bases teóricas y sus principios éticos.


Como bien sabemos, en todas las épocas han sido los movimientos sociales e intelectuales revolucionarios los que han trazado un nuevo horizonte de derechos exigibles que luego se han ido formalizando políticamente y jurídicamente por medio de la lucha política.


Ocurrió con los derechos civiles y políticos promovidos por las revoluciones democráticas a partir del siglo XVIII y con los derechos sociales y económicos revindicados y en parte conquistados por las luchas, reformas y revoluciones sociales (soviética, china, cubana, etc.) del siglo XX.


En el siglo actual han surgido derechos de género, ambientales, comunicacionales, vinculados a la mayor autonomía del individuo, otros relativos a las identidades colectivas, etc. En un caso se trata de derechos nuevos, en otros de ampliación y desarrollo de derechos ya legitimados pero que resultan limitados hoy. Es el caso del derecho a la vivienda y a algunos servicios básicos, acota Borja ( http://bit.ly/1758flu ).


En nuestras sociedades ampliamente urbanizadas se requiere un derecho más complejo, es el "derecho a la ciudad" al que nos hemos referido ampliamente en otros textos. 


La elaboración y conversión en reivindicación política de nuevos derechos ciudadanos es una tarea que difícilmente cumplirán espontáneamente las instituciones del Estado oligárquico y los partidos políticos de las elites dominantes. Están doblemente limitados por sus marcos clientelares y los financieros impuestos por los conglomerados bancarios. Unos límites que impiden la innovación. Pero las contradicciones sociales existen y la capacidad cultural para reflexionar a partir de éstas también, plantea ( http://bit.ly/1758flu ).


Vivimos en un momento histórico que nos empuja a pensar y a luchar por algo nuevo. Por nuevos derechos. Y esa es una tarea de los movimientos sociales emancipatorios.


El "derecho a la ciudad" incorpora derechos relativos al entorno físico como la vivienda, el espacio público, el transporte, el ambiente, etc. que condicionan derechos individuales y colectivos de carácter social o político, es decir la efectividad del estatuto del ciudadano.


Pero también se integran en el derecho a la ciudad derechos políticos y sociales que a su vez condicionan la inserción en la ciudad como la igualdad político-jurídica, la identidad personal y colectiva de las minorías, el salario ciudadano o ingreso mínimo básico, la formación continuada, etc.


El "derecho a la ciudad" es pues un conjunto de derechos formales y materiales que configuran la ciudadanía plena de nuestra época.


En nuestras sociedades altamente urbanizadas hay un fuerte vínculo entre derecho a la ciudad y derechos ciudadanos.


En sentido amplio los derechos ciudadanos, y los deberes correlativos configuran el Estatuto de las personas reconocidas como ciudadanos. La democracia no consiste únicamente, como está ampliamente demostrado, en la existencia de instituciones representativas y ciertas libertades políticas y civiles. Esta es la dimensión formal. La dimensión material es que las instituciones y las libertades se justifican y se ejercen con el fin que las políticas públicas hagan reales los derechos teóricos considerados legítimos en cada momento histórico y las libertades sirven para reivindicarlos.


Tales derechos deben conceptualizarse como ciudadanos y no "humanos" simplemente a la manera histórica por considerar que forman parte del estatuto de ciudadanía, es reconocer a la persona como sujeto de derechos y deberes que le hacen libre en el territorio urbano en el que ha elegido vivir e igual a todos los que conviven en este territorio.


La plataforma de los derechos urbanos


En el texto que sigue se sugiere una Plataforma, obviamente no exhaustiva, de derechos urbanos como contribución a la renovación de la cultura política en el ámbito de la ciudad y del gobierno distrital. La legitimización de las demandas locales y la síntesis entre valores universalistas y prácticas políticas territoriales requiere la formulación de derechos que permitan desarrollar un combate democrático por la justicia en la ciudad en la contienda electoral que ya cobra forma y culminará en octubre del año en curso.
Esos derechos urbanos son los siguientes:

 

  1. Derecho a la vivienda y al lugar. La gente tiene derecho a mantener su residencia en el lugar donde tiene sus relaciones sociales, en sus entornos significantes. O a tener otro de su libre elección. Todas las personas que viven en un lugar que han contribuido a construir, en el que están arraigadas y que proporciona sentido a su vida, deben poder continuar viviendo en él y tienen derecho al re-alojo en la misma área si esta se transforma por medio de políticas de desarrollo urbano o de rehabilitación de hábitats degradados o marginales. Las autoridades distritales protegerán a las poblaciones vulnerables que puedan sufrir procesos de expulsión por parte de las iniciativas privadas. El derecho a la vivienda está integrado necesariamente en el derecho a la ciudad: la vivienda si no está integrada en un tejido urbano, articulado con el resto, en él que conviven poblaciones y actividades diversas. Si no es así el derecho a la vivienda puede ser de hecho la marginación de los sectores de bajos ingresos, es la exclusión territorial.
  2. Derecho al espacio público y a la monumentalidad. La ciudad es hoy un conjunto de espacios de geometría variable y de territorios fragmentados (física y administrativamente), difusos y privatizados. El espacio público es una de las condiciones básicas para la justicia urbana, un factor de redistribución social, un ordenador del urbanismo vocacionalmente igualitario e integrador. Todas las zonas de la ciudad deben estar articuladas por un sistema de espacios públicos y dotadas de elementos de monumentalidad que les den visibilidad e identidad. Ser visto y reconocido por los otros es una condición de ciudadanía.
  3. Derecho a la belleza. El lujo del espacio público y de los equipamientos colectivos no es despilfarro, es justicia. Los programas públicos de vivienda, infraestructuras y servicios deben incorporar la dimensión estética como prueba de calidad urbana y de reconocimiento de necesidad social. Cuanto más contenido social tiene un proyecto urbano, más importante la forma, el diseño, la calidad de los materiales.
  4. Derecho a la identidad colectiva dentro de la ciudad. La organización interna del espacio urbano debe facilitar la cohesión sociocultural de las comunidades (barriales, de grupos de edad, étnicas, etc.). La integración ciudadana es más factible si las personas están también insertas en grupos referenciales próximos. La ciudadanía es pluridimensional y requiere de integraciones colectivas múltiples, bien para adherir, o participar o confrontarse. Para los "excluidos" la integración grupal conflictiva es indispensable para conseguir su reconocimiento.
  5. Derecho a la movilidad y a la accesibilidad. Hay que tender a igualar las condiciones de acceso a las centralidades y la movilidad desde cada zona de la ciudad. Estos derechos son hoy indispensables para que las llamadas libertades urbanas o posibilidades teóricas que ofrece la ciudad sean realmente utilizables. El derecho a moverse con facilidad por la ciudad debe universalizarse, no reservarse a los que disponen de vehículo privado. La accesibilidad de cada zona es indispensable para existir para los otros.
  6. Derecho a la centralidad. Todas las áreas de la ciudad deben poseer lugares con valor de centralidad y todos los habitantes deberían poder acceder con igual facilidad a los centros urbanos distritales. En la ciudad la articulación de los centros viejos y nuevos, el acceso y la recalificación de los centros históricos no solo de la ciudad central sino también de las áreas periféricas, la creación de nuevas centralidades polivalentes en sus funciones y mixtas en su composición social son elementos consubstanciales de la democracia urbana. Las centralidades marcan las principales diferencias entre las ciudades. La adecuada relación centralidades-movilidades es hoy una de las condiciones básicas para el funcionamiento democrático de las ciudades. La pluralidad de centralidades se vincula a la superación de las dinámicas segregadoras y especializadoras de los territorios: el urbanismo de la ciudad del siglo XXI debe optar por la mezcla, la diversidad de poblaciones, actividades y usos plurales de los espacios.
  7. Derecho a la conversión de la ciudad marginal o ilegal en ciudad de ciudadanía. Las políticas publicas deben desarrollar políticas ciudadanas en los márgenes, legalizar y equipar los asentamientos, introducir en ellos la calidad urbana y la mixtura social, promover formas originales de participación ciudadana que se adapte a las características de poblaciones especialmente vulnerables. Los grandes proyectos de infraestructuras de comunicación o económicas que se realizan en las periferias, o los proyectos comerciales o inmobiliarios deben ser siempre constructores de la ciudad, es decir, incorporar programas de vivienda y de urbanización básica así como elementos de monumentalidad.
  8. Derecho al gobierno plurimunicipal. Los ciudadanos tienen derecho, por razones de participación y de eficacia de la gestión pública, a un gobierno de proximidad. En las regiones más urbanizadas este gobierno debe tener una dimensión plurimunicipal o de ciudad-región. No se trata de suprimir los municipios, incluso los pequeños son ámbitos de representación y de gestión (a veces muy limitada) válidos. Pero casi siempre la gestión pública de proximidad requiere ámbitos de planificación y programación, de gestión de servicios costosos y de redistribución de recursos, que abarcan una diversidad de municipios.
  9. Derecho a la innovación política. Los gobiernos locales y el distrital deben recoger las demandas sociales para innovar en cuanto a sistemas electorales, mecanismos de participación, instrumentos de planeamiento y de gestión, etc. P.ej. el planeamiento estratégico es una innovación política aun no recogida por el derecho público. Las relaciones entre Administraciones y entre actores públicos y privados deben incorporar cada vez más formas contractuales y no únicamente jerárquicas o compartimentadas.
  10. Derecho al acceso y al uso de las tecnologías de información y comunicación: Las administraciones públicas no solo deben proteger y garantizar este derecho sino también utilizar las TIC (tecnologías de información y comunicación) para democratizar realmente al acceso de todos a los servicios de interés general. Derecho al uso social de las actuales tecnologías de información y comunicación, especialmente en las relaciones con las Administraciones públicas (p.ej. ventanilla única). Barrios y viviendas tienen, todos, derecho al a las redes de internet.
  11. Derecho a la ciudad como refugio. La ciudad debe asumir áreas de refugio para aquellos que por razones legales, culturales o personales necesiten durante un tiempo protegerse de los aparatos más represivos del Estado, en tanto que las instituciones democráticas no son capaces de protegerlos o integrarlos. Por otra parte estas áreas refugios forman parte de la oferta urbana como aventura transgresora.
  12. Derecho a la protección por parte del gobierno de proximidad ante las instituciones políticas superiores y las organizaciones y empresas prestadoras de servicios. El gobierno distrital debe actuar de defensor de oficio de los ciudadanos en tanto que personas sometidas a otras jurisdicciones y también en tanto que usuarios y consumidores. Esta protección por parte de los gobiernos locales deberá compensar la tendencia a la gestión indirecta o a la privatización de servicios y la consiguiente reducción de la función pública. Por otra parte la complejidad del consumo social aumenta la dependencia de los ciudadanos respecto a las empresas de servicios y de distribución comercial que muchas veces actúan en mercados oligopólicos.
  13. Derecho a la justicia local y a la seguridad. Hoy la justicia es inaccesible para la mayoría de ciudadanos (por su costo, lentitud, etc.). La seguridad es vista principalmente en términos de represión y se plantean políticas de seguridad sobre todo cuando la «inseguridad » afecta a sectores medios y altos y a agentes y representantes de las instituciones. La justicia local, de base local y distrital y la seguridad como actuación concertada entre la institución local y la sociedad civil organizada es hoy una demanda inaplazable de las mayorías ciudadanas, en la medida que puede asegurar una prevención más eficaz y si es preciso una reacción sancionadora más rápida.
  14. Derecho a la ilegalidad. Paradójicamente tanto los colectivos sociales como, a veces, las instituciones locales deberían asumir el coste de promover iniciativas ilegales o alegales para convertir una demanda no reconocida en un derecho legal (p.ej. para obtener la reversión de uso de espacio público congelado por una institución estatal). Es decir se trata de demandas que se pueden considerar "legítimas", aunque no sean legales. Un ejemplo es la tolerancia oficial en áreas urbanas delimitadas, respecto al tráfico de droga, el uso social efímero o definitivo de espacios privados con vocación pública, etc. Otro ejemplo es la resistencia a los desalojos bancarios permaneciendo en las viviendas que jueces ordenan desocupar con la policía.
  15. Derecho al empleo y al salario mínimo ciudadano. El ámbito urbano-regional debe garantizar un rol social que proporcione ingresos monetarios es decir remunerados al conjunto de la población activa. Además de las iniciativas generadoras de empleo (p.ej. servicios de proximidad, ecología urbana, etc.) es en este ámbito que se pueden experimentar y gestionar algunas formas de « salario ciudadano » y de "formación continuada para todos. El espacio urbano-regional puede ser un marco de gestión de estas políticas entre gobiernos de proximidad y organizaciones sindicales y sociales.
  16. Derecho a la calidad del medio-ambiente. Como derecho a una calidad de vida integral y como derecho a preservar el medio para las generaciones futuras. Este derecho incluye el uso de los recursos naturales y energéticos, el patrimonio histórico-cultural y la protección frente a las agresiones a la calidad del entorno (contaminaciones, congestiones, suciedad, fealdad, etc.).
  17. Derecho a la diferencia, a la intimidad y a la elección de los vínculos personales. Nadie puede sufrir discriminación según sus creencias, sus hábitos culturales o sus orientaciones sexuales, siempre que se respeten los derechos básicos de las personas con las que se relacione. Todo tipo de vínculo personal libremente consentido (p.ej. parejas homosexuales) merecen igual protección. No hay un modelo de vida personal o familiar que tenga derecho a más protección que otro.
  18. Derecho de todos los residentes en una ciudad a tener el mismo status político jurídico de ciudadano. Y por lo tanto igualdad de derechos y responsabilidades. La ciudadanía debe distinguirse de la nacionalidad (que en el marco de la globalización y de las uniones políticas supraestatales debe perder su actual carácter absoluto es decir la facultad de proporcionar un estatuto diferenciado). Es la relación con un territorio - con un entorno social lo que debe determinar el estatuto legal.
  19. Derecho a que los representantes directos de los ciudadanos tanto institucionales (gobierno distrital y/o regional) como sociales (organizaciones profesionales, económicas, sindicales, territoriales, etc.) participen o accedan a las conferencias y organismos internacionales que tratan cuestiones que las afectan directamente.
  20. Derecho de los ciudadanos a igual movilidad y acceso a la información transversal similar al que poseen los capitales privados y las instituciones públicas. Derecho a acceder a todo tipo de información emanada de los organismos públicos y de las empresas de servicios de interés general. Derecho a la movilidad física completa en los espacios políticos y económicos en los que se encuentran inmersos.
  21. Derecho de los gobiernos locales y regionales y de las organizaciones a constituir redes y asociaciones que actúen y sean reconocidas a escala internacional. Este derecho incluye tanto el reconocimiento por parte de las NN.UU. y de todos sus organismos y programas como de organizaciones mucho menos transparentes (como la Organización mundial del comercio o el Banco Mundial). La regulación de los procesos globalizados no la realizarán únicamente los gobiernos de los Estados y los grandes grupos económicos. La globalización supone poner en cuestión el soberanismo monopolista.

 

Legitimación de estos derechos


El desarrollo y la legitimación de estos derechos dependerán de un triple proceso:


Un proceso cultural, de hegemonía de los valores que están en la base de estos derechos y de explicitación o especificación de los mismos.


Un proceso social, de movilización ciudadana para conseguir su legalización y la creación de los mecanismos y procedimientos que los hagan efectivos. Proceso que debe darse en la actual campaña electoral.


Un proceso político-institucional para formalizarlos, consolidarlos y desarrollar las políticas para hacerlos efectivos.

 

En la medida que en muchos casos estos derechos aparecen como una novedad política y no tienen aún el suficiente arraigo social, el rol de los intelectuales y pensadores demócratas, a la vez como fuerza sociocultural y como colectivo capaz de definir los contenidos y las motivaciones de estos derechos, es hoy trascendental. En esta etapa histórica el desafío que el territorio plantea a la intelectualidad exige un gran coraje moral y una considerable audacia política.

En este proceso de legitimación de derechos es interesante considerar como en los últimos años se han elaborado diversas Declaraciones, Manifiestos o Cartas de derechos ciudadanos o de derecho a la ciudad. En la conferencia de Naciones Unidas-Habitat de Estambul se discutía del derecho a la vivienda pero ni gobernantes ni expertos, ni autoridades locales ni organizaciones sociales, se planteaban la cuestión más ambiciosa y necesaria del derecho a la ciudad. En los primeros años del siglo XXI se han elaborado por parte de las autoridades locales reunidas en el Foro Social de Porto Alegre la Carta de los Derechos Humanos en la ciudad (2000) y la Carta Europea de los Derechos Humanos en la Ciudad (Saint Denis 2002). En el Fórum de las Culturas (Barcelona 2004) se elaboró la Carta de los Derechos Emergentes promovida por Institutos y Ligas de Derechos humanos de diversos continentes.


Habitat International Coalition que reúne a casi medio millar de organizaciones vecinales o ciudadanas de todo el mundo está desarrollando desde inicios de este siglo un ambicioso proceso participativo para elaborar la Carta del derecho a la ciudad de los movimientos populares urbanos. Todo ello es una demostración evidente que la cuestión de la ampliación y reelaboración de los derechos ciudadanos es un reto de nuestra época.


Recogemos esta propuesta para que se considere en el debate electoral en curso y de esa manera superar el gerencialismo tecnocrático que algunos están planteando como falsa salida neoliberal a los graves problemas que presenta en la actualidad Bogotá en diversos campos.

Publicado enColombia
Martes, 28 Octubre 2014 09:39

Medellín tiene POT neoliberal

Medellín tiene POT neoliberal

La élite oligárquica de Medellín y su alcalde Aníbal Gaviria –vinculado a investigación sobre paramilitarismo en Urabá–, impusieron un Plan de Ordenamiento Territorial/POT para la globalización neoliberal, con despojo y exclusión de 700 mil personas que viven en situación de pobreza y segregación social. Se proyectó la ciudad de clases adineradas y mafias de la Oficiana de Envigado y uribistas.

El concejo municipal de la ciudad, capital del departamento de Antioquia, el centro del mayor conservadurismo político en Colombia, donde habitan casi 3 millones de personas, aprobó el día 27 de octubre el Plan de Ordenamiento Territorial/POT de segunda generación, que estará vigente hasta el año 2027. La elite oligárquica que controla la institucionalidad local, impuso, desconociendo el conjunto de prestaciones que le dan forma al derecho a la ciudad de millones de ciudadanos, un estatuto urbanístico que proyecta dicha urbe al escenario de la globalización neoliberal en su tercera fase.



Este POT, con 18 bloques temáticos y 617 artículos, enfoca su reglamentación en los temas de borde territorial, el río Medellín y la ladera urbana. 

El sentido fundamental del texto plantea proyectos orientados a la ocupación capitalista y expoliadora del territorio de la ciudad, mediante el despojo violento de las comunidades y barriadas populares. Su marco general corresponde a la visión del "Estado de competencia" para atraer la inversión de capitales internacionales, incrementar las exportaciones, estimular la inversión extranjera, y fomentar el turismo y los eventos de negocios. El POT quiere hacer de Medellín una ciudad competitiva en el ámbito de la globalización.



El nuevo POT desconoce los derechos de 700 mil ciudadanos que se debaten en condiciones de pobreza extrema. Su derecho a una vivienda digna, con servicios, dotaciones y movilidad, fue omitido de manera tajante y arbitraria. La que ganó fue la Medellín de los privilegios y mafias.



En el trámite y los procesos de legalización de esta herramienta urbanística del capital, afloraron potentes y diversas expresiones de inconformidad y rechazo social dándole forma a un sujeto que gana notable presencia en el espacio público. En los cabildos comunales, en los foros realizados, así como en los debates del concejo municipal, la movilización popular fue un hecho inocultable que expresa los elevados niveles de conciencia social. Se conforma, de esta manera, una plataforma de movilización ciudadana, con pliegos de derechos de gran envergadura. Hay que darle sostenibilidad a dicha movilización y proyectar nuevos eventos de acción por los derechos urbanos fundamentales, especialmente en los escenarios de paz que se construyen con los diálogos de La Habana.

Las acciones futuras de estos sectores dirán la última palabra sobre el sentido excluyente del POT impuesto por la elite oligárquica de Medellín.

 

Artículo relacionado

 

Pronunciamiento político frente al debate final y la aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial en Medellín

Publicado enColombia