Un cocinero del equipo del chef francés Alain Ducasse (a la derecha en la primera imagen) supervisa un postre, entre varios de los platillos elaborados para que el astronauta Thomas Pesquet los deguste en la estación, donde empezará una nueva misión. Foto Afp

La Estación Espacial Internacional (EEI) ha sido un laboratorio científico puntero desde su construcción, en 1998, con más de 3 mil experimentos realizados en ingravidez que permitieron avances en ámbitos espaciales y también terrestres.

Actualmente "funciona al ciento por ciento de su capacidad", afirmó Sébastien Vincent-Bonnieu, quien coordina los experimentos científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), que enviará mañana a la EEI a su astronauta francés Thomas Pesquet, junto a los estadunidenses Shane Kimbrough y Megan McArthur, y al japonés Akihiko Hoshide. Su partida está prevista de Florida, a bordo de la misión SpaceX Crew-2, de la NASA.

El interior del laboratorio internacional, que se halla a 400 kilómetros de altitud, tiene un tamaño similar a un terreno de futbol y está dividido en pequeños espacios, como una colmena.

Los astronautas a bordo de la central, cuyo fin de vida está programado en 2028, realizan experimentos pilotados por investigadores desde la Tierra y sirven de "conejillos de Indias".

La segunda misión de Pesquet en la EEI tiene previstos experimentos como el denominado Cerebral Ageing para estudiar el envejecimiento de las células nerviosas cerebrales; Telemaque, que consiste en una pinza acústica para manipular objetos sin contacto, y Eco Pack, nueva generación de envoltorios.

Relevo de tareas

Los astronautas se relevan en las tareas de laboratorio y los experimentos "se conciben a largo plazo, independientemente de las misiones", según Sébastien Barde, responsable de Cadmos, división especializada del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Francia.

A bordo de la EEI, el organismo humano, tan bien adaptado a la gravedad, es agitado como en una batidora y la degradación que se observa en los huesos y las arterias se asimila al envejecimiento celular, con la diferencia de que, al regresar a la Tierra, el fenómeno es reversible.

"Lo interesante es estudiar cómo trabaja el cuerpo para volver al equilibrio, ofreciendo eventuales pistas para el desarrollo de tratamientos" antienvejecimiento, según Barde.

"Es un aprendizaje permanente. Así como al principio era necesario llevar material médico al espacio, ahora es éste el que nos aporta recursos de este tipo puesto que la ingravidez nos brinda mayor comprensión de las enfermedades", subrayó Jean-Yves Le Gall, presidente saliente del CNES.

Avances contra la osteoporosis, la salmonelosis, los sistemas de purificación del agua... En 20 años, "hubo hallazgos importantes" a bordo de la EEI, según el historiador estadunidense Robert Pearlman, quien citó otros proyectos "prometedores", como la impresión 3D de órganos.

Algunas voces se elevaron contra el costo de estas investigaciones, toda vez que la NASA busca reducir su compromiso financiero para concentrarse en la exploración espacial más lejana.

"Desde la estación soviética MIR, sabemos todo lo necesario en torno a los efectos de la microgravedad en el cuerpo", criticó en 2019 el ex astronauta francés Patrick Baudry, calificando la EEI de "patraña".

 Foto: Olaf Heine

No es solo un virtuoso; también es un ‘showman’ con legiones de fans, algo que a menudo escuece a los puristas y que a él, desde luego, no lo preocupa. Tras estar un año alejado de los escenarios por una lesión en el brazo izquierdo, hablamos con el célebre pianista chino sobre su nuevo disco -el más complejo y ambicioso de su carrera, asegura- y sobre el futuro y la salud de la música en tiempos de pandemia. Por Ixone Díaz Landaluce / Foto: Olaf Heine

 

La leyenda de Lang Lang (Shenyang, China, 1982) está a la altura del estatus que lo distingue como el pianista más famoso del mundo. Cuando apenas tenía 2 años, sus padres le compraron su primer piano y suele contar que un episodio de Tom y Jerry -en el que el gato trataba de tocar una pieza del compositor austrohúngaro Franz Liszt- fue su primera epifanía musical. Con 5 años, daba conciertos y, con 9, su padre dejó su trabajo de policía para mudarse con él a Shanghái. El plan estaba claro: quería que su hijo se convirtiera en el mejor pianista de China. Su madre les enviaba el poco dinero que ganaba trabajando como teleoperadora para pagar el humilde piso compartido (e infestado de ratones) en el que vivían. Pero cuando una profesora le dijo que carecía de talento para la música, su padre lo invitó a suicidarse por no practicar lo suficiente. Primero, le ofreció un bote de pastillas. Después, le sugirió que se tirara por la ventana.

Durante meses, Lang Lang se negó a tocar, pero cuando recuperó la ilusión (e hizo las paces con su padre, al que no guarda rencor porque, dice, «lo había perdido todo y su único tesoro era el talento de su hijo») logró una beca para estudiar en el conservatorio más prestigioso de China. Más tarde se mudó a Estados Unidos para continuar con su formación y con 17 años saltó al estrellato tras sustituir al famoso pianista André Watts durante un concierto en Chicago. Desde entonces no ha parado: además de tocar en los mejores auditorios del mundo, de actuar en las Olimpiadas de Pekín o en la ceremonia de entrega de los Nobel, ha colaborado con artistas de todos los palos (desde Pharrell Williams hasta Metallica) y multinacionales de distintos sectores (desde Adidas a Google). Tenía dos grandes giras previstas para 2020, pero desde que estalló la crisis sanitaria está en su casa de Shanghái.

XLSemanal. ¿A qué se dedica un pianista cuando no puede subirse al escenario?

Lang Lang. En primer lugar, he tratado de mantenerme sano. Esa ha sido mi prioridad en los últimos meses. He aprovechado para pasar más tiempo con mi familia y sobre todo no he parado de practicar nuevos repertorios, piezas que no había tocado nunca… Psicológicamente, lo más duro ha sido no poder tocar delante de un auditorio lleno de gente.

XLSemanal. La industria cultural es una de las más golpeadas por la crisis. ¿Es optimista acerca de la recuperación?

L.L. Mi esperanza es que el año que viene podamos volver poco a poco. Al menos, la música clásica encaja mejor con la nueva normalidad. Para otros géneros, como el rock o el pop, que mueven a mucha más gente, será más complicado.

XLSemanal. En su nuevo disco interpreta las Variaciones Goldberg. Esta obra, que Bach compuso en 1741, se suele conocer como el ‘Everest musical’. ¿Por qué?

L.L. Es una pieza muy larga que no solo requiere tocar desde las emociones, sino que implica un proceso mental complejo, incluso para un músico experimentado y maduro. Todas las decisiones que tomas deben tener un sentido. Nunca he pasado tanto tiempo trabajando en una sola obra, haciendo anotaciones hasta en cuatro partituras diferentes… Son piezas que se compusieron hace 300 años. Es casi como construir una máquina del tiempo.

XLSemanal. Grabó una de las piezas del disco en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, donde está enterrado Bach. Vaya presión, ¿no?

L.L. Fue muy emocionante, pero la verdad es que tenía mucho miedo. No paraba de pensar que, si cometía algún error, me escucharía y le dolería en el alma [se ríe]. Ese es el lugar en el que Bach pasó cada día de su vida desde los 38 años hasta su muerte, a los 65. Allí mismo es donde componía sus piezas.

XLSemanal. ¿Qué hace de usted un pianista especial? Para algunos, el mejor del mundo.

L.L. Yo nunca he pensado en el piano como en un instrumento, para mí tiene una esencia casi humana. A veces ves a pianistas maravillosos tocando su piano, pero es evidente que hay una inmensa distancia entre ellos. Pero, cuando yo empiezo a tocar, mi piano y yo somos uno.

XLSemanal. Empezó a tocar con 3 años y con 5 dio su primer recital. ¿Qué recuerda de aquellos inicios?

L.L. Que me encantaba estar sobre el escenario. Incluso con 5 años lo disfrutaba muchísimo. Supongo que, como dicen, fui un niño prodigio.

XLSemanal. En su biografía contó la terrible presión de su padre sobre usted en su infancia. Lo invitó incluso a suicidarse tras un mal resultado académico. ¿Era necesaria una disciplina tan brutal para llegar adonde ha llegado?

L.L. No lo sé. Es muy difícil saber qué tipo de pianista hubiera sido si no hubiera trabajado tan duro. Hay una parte, la del esfuerzo, que es absolutamente necesaria. Tienes que practicar muchísimo. Pero también es fundamental elegir la dirección adecuada. A veces todo depende de una sola decisión y, si aprietas el botón equivocado, todo cambia inexorablemente. Y mi padre, además de empujarme mucho y de tratarme con dureza, me ayudó a encontrar las puertas adecuadas y a abrirlas. Por eso creo que sin él nunca hubiera llegado adonde estoy.

XLSemanal. Cuando tenía 9 años, una profesora le dijo que «carecía de talento musical». Vaya oído…

L.L. Siempre me gusta contar esa historia porque tiene moraleja. Suelo decirles a los estudiantes: «Si alguna vez alguien te dice que no tienes talento, no lo escuches». Yo solo era un niño y aquella profesora destrozó mis sentimientos y mi amor por el piano. No toqué durante meses. Pero, aunque duele, sobrevives. Lo importante es que nadie te detenga o te arrebate tu amor por la música. Nadie tiene derecho a hacerlo. ¡Nadie!

XLSemanal. ¿Y cuántas veces se ha acordado de aquella profesora al recibir una ovación?

L.L. Esas cosas hay que saber perdonarlas. El odio no es ni positivo ni sano. Si no, sería yo quien tendría que convivir con un lado oscuro. Y no merece la pena. Así que no, no pienso en ella al recibir una ovación.

XLSemanal. Todos los niños, dice, deberían tener acceso a la educación musical y dirige una fundación dedicada a ello. ¿Por qué es tan fundamental?

L.L. Creo firmemente en que la música es la mejor forma de comunicación entre las personas. Es un lenguaje capaz de superar fronteras y de combatir las actitudes más negativas.

XLSemanal. Pues su ‘evangelización’, al parecer, está funcionando. Se estima que el llamado ‘efecto Lang Lang’ ha hecho que más de 40 millones de niños chinos hayan empezado a tocar el piano…

L.L. Me hace muy feliz. No todo en la vida puede ser ganar dinero y estar en el lugar adecuado en el momento justo. El mundo es un lugar demasiado frenético. Y la música nos transporta de nuevo a nuestra esencia, es una manera sincera de conectar con otros sin todos los demás estímulos complejos que nos rodean.

XLSemanal. Su estilo, entre estrella de la música clásica e ídolo de masas pop, ha despertado algunas suspicacias en su sector. ¿Qué tal lleva las críticas?

L.L. Cada persona debería poder tener su propia opinión sobre lo que es el arte y expresarla. Esto no es un deporte, donde se te juzga por si eres el más rápido o por cuántos goles has metido. En mi oficio, todo el mundo tiene una opinión diferente sobre cómo debería sonar Shostakóvich o Bach. Unas veces recibes buenas críticas y otras no. Pero no me molesta. No pasa nada.

XLSemanal. ¿Sobran puristas en su industria?

L.L. Yo no estoy en contra de los puristas. De hecho, me parecen necesarios. Creo que tiene que haber personas que actúen de guardianes de las esencias, que se encarguen de proteger ciertos tipos de arte. La música clásica tiene una gran tradición y yo no quiero romperla. Esa jamás ha sido mi intención.

XLSemanal. Pero ha tocado con Metallica, ha colaborado con Google o YouTube, ha interpretado bandas sonoras para videojuegos…

L.L. Lo que yo quiero es ensanchar el público al que llega la música clásica. Atraer a las generaciones más jóvenes. Pero, aunque me gusta aprender y tocar nuevos estilos, cuando interpreto a Chopin o a Bach, regreso a ese mundo clásico y me siento en casa.

XLSemanal. De vez en cuando, alguien cuestiona la supervivencia de la música clásica. Sin embargo, durante la pandemia los servicios de streaminghan registrado récords históricos de reproducciones. ¿Goza su género de buena salud?

L.L. Yo soy optimista y creo que a partir de ahora la gente tendrá más hambre de música clásica que nunca. Y lo mismo pasa con los conciertos, que son una experiencia que hoy apreciamos más que antes. Estoy convencido por eso de que volverán. No creo en absoluto que esto vaya a ser el último clavo en el ataúd.

XLSemanal. En 2019 se casó con la también pianista Gina Alice Redlinger. ¿Compartir oficio hace más fácil la convivencia para un artista?

L.L. En realidad, no. La profesión es algo accesorio. La personalidad o la conexión personal son ingredientes mucho más importantes. En este caso, nos alimentamos mutuamente, pero eso no tiene que ver con que sea pianista. En el contexto de nuestra relación, eso no significa nada.

XLSemanal. Siempre ha admitido que componer sus propias melodías le resulta difícil. ¿Lo considera una asignatura pendiente?

L.L. Algunas veces improviso al piano y escribo pequeñas piezas. Me encantaría poder escribir mejor y espero poder hacerlo algún día. Pero desde el principio de mi carrera mi idea nunca fue ser compositor. Si finalmente algún día lo consigo, me sentiré muy orgulloso, pero, si no, no pasa nada. Estoy contento y orgulloso de lo que soy capaz de hacer [se ríe].

XLSemanal. En este clima de incertidumbre global, ¿qué es lo que más le preocupa cuando ve las noticias?

L.L. Solo espero que la vacuna esté lista cuanto antes, porque eso será lo único que nos hará volver a sentir seguros. De momento, no podemos hacer demasiado. Pero no puedes impedir que la gente salga a la calle. El equilibrio entre seguridad y libertad es muy complicado.

XLSemanal. Vive y trabaja entre China y Estados Unidos. La tensión geopolítica entre las dos potencias ha ido creciendo por la pandemia. ¿Le preocupa esta escalada?

L.L. Es una situación triste, muy triste. Espero que los dos países encuentren formas de trabajar y colaborar del mejor modo posible. Eso es todo cuanto puedo decir sobre eso.

XLSemanal. Tenía varios conciertos previstos en nuestro país. ¿Qué tipo de público es el español?

L.L. Muy apasionado. Para ustedes, la música es casi como la comida y el vino. Lo viven con muchísima intensidad. Y los conciertos empiezan muy tarde, así que, cuando actúo en España, ¡siempre tengo que echarme la siesta! [Ríe]. Y, después, me voy de cena, como jamón… Estoy deseando volver a España.

Publicado enCultura
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La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

Para suscripción:

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Publicado enEdición Nº270
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La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

 

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