Diálogo. Carbajal y Benasayag dan una mirada crítica y original sobre las formas de intervención de las tecnologías sobre la vida. | CEDOC

La tecnología avanza cada vez más sobre lo vivo, con consecuencias complejas, advierten los dos entrevistados, Flor Carbajal y Miguel Benasayag. Aparecen entonces dispositivos para enfrentar situaciones humanas como la depresión o la menstruación.

 

Hace al menos tres o cuatro años se viene instalando en nuestro país (como antes en Europa y Estados Unidos) la idea de que es posible y conveniente, ante casos de depresión aguda, intervenir con la implantación de un chip cerebral, una especie de “marcapasos en el cerebro”. Al mismo tiempo, se desarrolló un chip intracutáneo cuyo objetivo consiste en eliminar la menstruación, agregando, en este caso, una operación extra, que consiste en la patologización de una dimensión cíclica constitutiva del cuerpo de las mujeres. ¿Cómo esta perspectiva se vuelve pensable? ¿Qué base epistemológica está en juego, qué presupuestos se manejan a partir de estas prácticas tecnocientíficas?

Reflexionan sobre el tema en esta entrevista Flor Carbajal, investigadora en gestión menstrual y ecofeminismo, coordinadora del Instituto de Formación de EcoHouse -una organización global surgida en Argentina- y Miguel Benasayag, intelectual argentino que vive en Francia, doctorado en neurofisiología. Ambos plantean una mirada crítica y original sobre las formas de intervención tecnocientíficas sobre lo vivo y las vidas, desde el punto de vista de la investigación y desde la construcción de una mirada ético-política.

—Miguel Benasayag: Si nos referimos a la aplicación concreta, estamos hablando de depresiones irreductibles, es decir, que no ceden ni a la psicoterapia ni a la medicación clásica, se trata de depresiones de tipo melancólico, desde un punto de vista psiquiátrico. Es realmente muy duro para la persona e incluso para quien la trate (por ejemplo, en este momento atiendo a dos personas con ese diagnóstico). No hay que banalizar la depresión, se trata de un cuadro muy autodestructivo incluso a nivel neuronal, no es pura subjetividad, la depresión, desde un punto de vista monista comporta todo el cuerpo. Hace unos 15 años se están haciendo estudios sobre lo que se denomina el biotopo intestinal, los ciclos entre las bacterias del intestino y el sistema nervioso central y su influencia en la depresión. Esto para dejar en claro que estamos hablando de un tipo de depresión que supone mucho sufrimiento para quienes la padecen y que pesa contundentemente en los cercanos, en los afectos, sin mencionar los casos de suicidio. Además, como dato epocal, en los últimos años la depresión se transformó en una suerte de epidemia. 

Frente al avance de este problema, desde la tecno-neurociencia aparece este chip que, dado el conocimiento de la circulación de los neuromediadores se propone interferir para liberar cierto tipo de neuromediadores que frenarían la depresión, junto a otros que estimulan al cerebro. Por lo que decíamos antes, es comprensible el entusiasmo que despiertan estas noticias, que indicarían que el depresivo podría funcionar de otra manera. Pero justamente es donde aparece el problema, ya que en este contexto histórico el cientificismo se plantea cómo intervenir para que una persona pueda funcionar mejor. Se trata de un cambio antropológico del sentido de la intervención, ya que no todos pensamos que la persona tiene que funcionar “mejor” cueste lo que cueste… Cuando se interviene sobre ritmos cerebrales se interviene sobre un conjunto de ritmos biológicos, y cuando se interviene sobre ritmos metabólicos tan delicados, no se puede obviar que ritmos y ritos mantienen una relación, no de traducción, sino de transducción (como se le llama en neurofisiología), es decir, sobre comportamientos, modos de ser en el mundo. No se puede linealmente decir “funciona entonces adelante”, ya que hay toda una reflexión necesaria, aunque, es cierto, en nuestro tiempo casi descartada o dejada atrás, sobre la complejidad contextual y sobre el sentido.

—Florencia Carbajal: los que plantea Miguel está muy relacionado con este otro chip, subdérmico salido al mercado hace algunos años, que interviene sobre el ciclo, particularmente sobre dos fases fundamentales (de las cuatro que completan el ciclo), la ovulatoria y la menstrual. Lo que hacen los chips es inhibir la ovulación a través de la liberación de la hormona progestina, transformando la ciclicidad en un proceso lineal. Dentro de los activismos menstruales y feministas se nombra la progesterona –que llega después de la ovulación– como la “hormona feminista” o anticapitalista, porque es la hormona que te tira para abajo. Lo notable entre el planteo de Miguel y lo que estoy planteando es que, tanto la depresión como el síndrome disfórico premenstrual están catalogados en el DSM (el manual de estadísticas de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que clasifica con excesiva rigidez y exterioridad respecto de la experiencia situada), lo que permite a la ciencia contar con financiamiento para investigación en ese sentido y producir desde pastillas hasta chips para intervenir sobre estos procesos.        

La premenstrualidad que pretenden catalogar como patología tiene que ver, en realidad, con un tipo de energía que no predispone a funcionar según los requerimientos del sistema. La premenstrualidad es una fase para los cuerpos úteromenstruantes de mucha angustia, porque no hay energía suficiente para funcionar. De ahí que la medicina hegemónica desarrolla estos chips para interrumpir la ciclicidad menstrual ovulatoria, es decir, un biorritmo con sus ritos, como la gestión del sangrado o el momento de la fertilidad. ¿Cuáles serán las consecuencias para un cuerpo cuya ciclicidad es interrumpida de 3 a 5 años? No lo sabemos…

—Entonces, no es en nombre de una suerte de estado natural o de pureza que ustedes manifiestan su preocupación, sino sobre el tipo de sentido que se alimenta con estas prácticas. Es decir, aquello que, en principio, interviene sobre la capacidad que lo vivo tiene de producir sentido no está, a su vez, exento de un sentido, sino que direcciona los procesos hacia formas de rendimiento y funcionalidad…

—MB: Sí, absolutamente, se trata de una desregulación seguida de una suerte de re-regulación, en este caso, discretizante, para la cual la modelización corresponde a la realidad biológica. Pero el problema es que la realidad biológica no es traductible, nosotros como investigadores lo que podemos conocer son los modelos más aproximados o los que mejor se ajustan según un principio de “X tolerancia”, es decir, que “X” tolera más o menos bien un modelo u otro. En cambio, los modelos discretizantes, los algorítmicos, por ejemplo, se imponen como si el modelo fuera la cosa. Hoy en día, muchos investigadores jóvenes en biología creen que entre el modelo de proteína con el que están trabajando y la proteína no hay diferencia, son ajenos a la idea de que algo pueda estructuralmente escapar al modelo. Por ejemplo, para interrumpir ciclos, tienen que estar muy seguros de que tienen el modelo del ciclo y que saben dónde intervenir para obtener, causa-efecto, un resultado. Pero el mundo biológico no se rige por la lógica de la causa y el efecto.

Modelizar lo vivo es un problema porque se atenta contra la singularidad misma de lo vivo. Para entender la dinámica de lo vivo, se puede pensar como un partido de fútbol donde las reglas van cambiando a medida que el partido se desarrolla, por eso no se puede discretizar o modelizar exactamente, por eso es fundamental una prudencia. Intervenir directamente en los ciclos de regulación del sistema nervioso central trae consecuencias, en particular, se avanza hacia un modelo de ser humano y de vida agregativo, como el Lego, donde todo puede desagregarse y volver a recombinarse. Hemos pasado de una clínica más o menos orgánica a una clínica agregativa funcional. ¿Qué pasa con la simbolización y con el sentido de lo que está viviendo quien padece de depresión? Se escamotea el hecho de que la vida en todas sus dimensiones es un fenómeno de emergencia de sentidos, es decir, que lo vivo se diferencia de lo inorgánico, en que, para lo vivo a todo nivel, el medio, lo que acontece, tienen sentido. 

Tampoco estamos planteando que la mujer tiene que sufrir con su ciclo o el depresivo quedarse con su depresión, seríamos presa de un chantaje. Pero se trata de una falsa opción: o funcionamos quitando todo sentido o sufrimos. Sería como afirmar que si no avalamos la energía nuclear tendríamos que usar velas en nuestras casas… Pero es el modo en que se escamotean los debates de fondo. 

—¿Para el caso de la intervención sobre el cuerpo de la mujer, se intenta legitimar el uso de este tipo de implantes, entre otras técnicas, en nombre de la productividad y también de la libertad, rozando cierto discurso progresista, incluso desde la implementación de políticas públicas?

—FC: Me preguntaba qué pasa cuando estos modos de intervención en clave de “modelización” son propuestos desde el Estado. En Argentina tenemos la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, que permite la anticoncepción gratuita y el chip subcutáneo es una de las opciones. Más allá de los procesos de toma de decisión de las personas y del deseo que se juega a la hora de ponerse un chip y sin restarle importancia, la pregunta es cómo se vuelve programática la discretización del ciclo y su interrupción voluntaria. La interpelación que llama a no embarazarse, a decidir y ser libre, supone una maternidad no deseada, pero descuida el frente de las enfermedades de transmisión sexual, entonces estamos viendo índices altos de enfermedades que estaban erradicadas porque los sistemas que se están eligiendo para la anticoncepción no cuidan de las enfermedades.

Todo el discurso tiende a una fertilidad prolongada y asistida, a partir del congelamiento de óvulos, el uso de chips, el siu y otros tratamientos que operan la disociación del cuerpo y la actividad humana cuya tendencia orgánica es a ciclar. Tampoco se habla de las consecuencias del uso de estos chips, como las hemorragias y otras alteraciones y, de hecho, no está estudiado aun qué pasa con el cuerpo de una mujer que no menstrúa desde los 18 a los 40 años. No contamos con ese antecedente, el de un cuerpo cíclico que no cicle; no sabemos cuáles serán la tendencia hormonal y endocrina y cuáles los efectos de sentido. 

—MB: Hay dos cuestiones en lo que plantea Florencia, por un lado, una suerte de aprendiz de brujo, de repente todo lo que es posible debe ser hecho y entonces quien rechace ciertas posibilidades técnicas se convierte automáticamente en un reaccionario, desde el punto de vista de quienes confunden innovación técnica con progreso. Esto último tiene consecuencias prácticas muy directas, ya que no vivimos más en un mundo que racionalmente pueda ser pensado en términos teleológicos, es decir, cada quien puede creer lo que quiera, pero nada indica la existencia de ningún progreso. Entonces, se pretende hacer pasar la innovación técnica a través de la presunta nobleza del progreso, pero los efectos iatrogénicos son terribles (efectos nocivos de los tratamientos, por ejemplo). Así funciona la visión lineal agregativa del organismo, ya que la utilización de chips o implantes para distintas problemáticas termina modelizando los órganos de manera discreta, como si pudieran ser concebidos por separado, disociados del cuerpo, del contexto y de la historia. Cuando se modeliza digitalmente, se toma como un punto o que en realidad es un intervalo, así funciona estructuralmente, lo que permite pensar que sería posible desmultiplicar lo existente al infinito para ser cada vez más preciso. Pero en realidad no hay precisión en eso, sino algo que se escapa (como en la historia de Zenón y la tortuga), ya que la modelización aplasta el segmento o intervalo, reduciéndolo a un punto. Nosotros planteamos que existirá siempre un hiato, un gap infinito entre la dinámica biológica y lo que se modeliza. Por eso marcábamos la diferencia entre discretización (cortes a partir de una matematización, exterior, programada) y el recorte, es decir, el proceso en el que intervienen organismo y contexto de manera indisociable como parte del juego inmanente de lo vivo que introducen experiencias, realidades, cultura, ciencia, etc. La discretización va contra el principio de organicidad, aplasta la complejidad de lo vivo con un conocimiento concreto y una intervención lineal, por eso no puede no tener efectos iatrogénicos. 

El período que vivimos alimenta estas formas de intervención a partir de toda una estética que homologa al humano con la máquina, como un ciborg. El deseo de ser un ciborg es el deseo de un control total, de un abandono del cuerpo como algo corruptible… Platón planteaba al cuerpo como un simulacro, por ende, la necesidad de abandonarlo de alguna manera; pero, en definitiva, se trataba de una filosofía, de ideas o incluso una ideología, que al cuerpo no lo afectaba mayormente; el problema hoy es que el ciborg como idea platónica supone la posibilidad concreta de intervenir materialmente sobre los cuerpos, como en una suerte de materialización de esa ideología. No es lo mismo que Lysenko (el científico stalinista) diga pavadas sobre los caracteres hereditarios, a la modificación genética del ADN o que pueda modificar realmente los ciclos cerebrales. Nos encontramos ante un ideal de funcionamiento total, sustentado en el deseo de abandonar la fragilidad de lo vivo. 

—¿Cómo nos paramos ante ese deseo que, en realidad, parece coincidir sin resto con una exigencia epocal que tiene sus víctimas y beneficiarios?

—MB: Por ejemplo, frente a un depresivo melancólico, yo nunca quise que se le practicara neurocirugía, como tampoco hubiera querido lo que le pasó a un paciente que tengo ahora, al que le practicaron 30 electroshocks, un pibe joven, de treinta años, estudiante de filosofía, que perdió por esa intervención una parte de la memoria. Así como me oponía a esas intervenciones brutales, me opongo a la implementación de los chips, pero no en nombre del sufrimiento, sino apostando a encontrar una regulación para que la persona pueda vivir en este mundo. Es cierto que hay gente que no puede vivir mucho en este mundo, pero también ocurre que hay otra gente que necesita que quienes se deprimen vivan y arman tramas al respecto, buscando dimensiones, círculos convergentes. Pero el problema de fondo es la colonización de los modos de vida por la eficacia y la consecuente negación de la fragilidad. Funcionar a toda costa es la visión patriarcal, del poder, conquistadora, guerrera; mientras que el sufrimiento se usa como chantaje. Por eso hoy nos toca defender un punto de vista de la práctica social, de la práctica clínica y pedagógica, como del amor, que suma la fragilidad, lo que implica, para empezar, otra manera de concebir el tiempo. El otro día le dije al paciente que mencionaba: “Mirá, vos no te tiraste un tiro, ahora hay que asumirlo”, y yo no quiero que se tire un tiro. Hay que poder tener el coraje de decirle no a la “liberación” viril de los males cuya fuente es el cuerpo y la vida misma, pero no en nombre del sufrimiento cristiano, sino de una fragilidad compartida.

—Por un lado, todo lo que Florencia pudo desarrollar junto a sus compañeras de prácticas activistas, como las terapeutas menstruales y los distintos colectivos, en relación con una lucha aparentemente específica, movilizó tramas, formas de actuar, etc.; por otro, una depresión, aun radicalizada como comentaba Miguel, moviliza un trabajo, un nosotros, moviliza unas potencialidades. ¿Podemos pensar, entonces, que los chips y las intervenciones lineales de la tecno-ciencia contemporánea atacan esas capacidades de movilización y de hacer comunidad?

—FC: El otro día una compañera dijo “hay que hacer trinchera para habilitar la progesterona”, porque nos la están quitando. Y esos espacios de resistencia tienen mucho que ver con el planteo que hace Miguel respecto a su paciente/amigo/colega, ya que esas instancias tienden a mezclarse en este tipo de abordajes que arman lazo común. En el caso de la ciclicidad menstrual ovulatoria, está atravesada por un dolor que se fue generando por años de determinados ritos, entumecimiento uterino, hábitos en el fondo patriarcales, pero es un dolor que está y no hay que negarlo. Sin embargo, darle píldoras al dolor para transformarnos en máquinas que menstrúan siempre el mismo día, como matematizando el ciclo, cuando en realidad, dependiendo de la salud socioambiental, el territorio habitado, el momento o el estado anímico, cada una cicla de forma diferente, significa homogeneizar y aplastar la ciclicidad. Darle píldora al dolor simplemente lo acalla, pero ese dolor simbólico, real, sigue funcionando en otro nivel. Por eso el lazo, la red, y habilitar una forma distinta de transitar el tiempo, sin pretender resolver evitando preguntarle al síntoma qué duele, por qué, hasta cuándo, qué se puede hacer para acompañar… Es mucho más fácil la hormonización, la medicalización y el acallamiento del síntoma, en lugar de hacernos cargo de la necesidad de armar común, como soporte del dolor.

—MB: Exacto, por eso es importante insistir en la diferencia con la reivindicación cristiana del dolor y la promesa mesiánica, ideológica e irracional de eliminar el dolor (un dolor que, aparte, no elimina porque lo transforma en otra cosa). El sufrimiento y el dolor no son la misma cosa, el sufrimiento es el sentido que va a tomar un dolor. Además, hay una unidad que no se puede disociar, entre el sufrimiento físico y el sufrimiento existencial. Hoy lo que está pasando es que se están aplastando las dimensiones del sufrimiento existencial, que dicen de cómo somos en el mundo. Por ejemplo, el paciente que mencionaba antes, su sufrimiento forma parte de su modo de ser en el mundo, es duro, pero es así, de modo que si se le aplasta su modo de ser para que funcione, lo que está aplastando es la capacidad de encontrar los posibles dentro de su situación, volviéndolo totalmente pasivo. Cuando alguien se siente muy mal, es una parte suya que se siente mal, pero en realidad, cuando está down, neurofisiológicamente y físicamente hay una serie de procesos de reconstrucción que ocurren y provocan ese estado; en cambio, cuando uno se siente muy bien, demasiado bien, pone en peligro sus mecanismos metabólicos de reconstrucción… De ahí la importancia del ciclo. El momento en que nos sentimos mal, hay una opacidad de nosotros para con nosotros mismos que nos impide saber si se trata de un mal integral, o si se trata de un ciclo. Además, desde un punto de vista neurofisiológico los ciclos son fundamentales, ese momento “down” es fundamental. La NASA tiene hace más de 10 años un programa para disminuir el sueño. Es la destrucción de los ciclos en nombre del funcionamiento que aplasta niveles orgánicos básicos de la vida. A nosotros nos toca defender la vida no en nombre del dolor, ya que, si hay sufrimiento, toda técnica científica y terapéutica es bienvenida, pero respetando como un vector más la organicidad.

Fuente: periódico Perfil, Argentina, noviembre 13/21

https://www.perfil.com/noticias/opinion/los-efectos-problematicos-de-las-soluciones-tecnocientificas-lineales.phtml">

por Ariel Pennisi, ensayista, editor (Red Editorial), docente (Unpaz, Undav), integrante del IDEF.

'La persistencia de la memoria', de Salvador Dalí, 1931.

Los asombrosos avances tecnológicos de nuestro tiempo generan una enorme variedad de reflexiones sobre los alcances naturales de nuestras capacidades innatas. Este artículo versa sobre una de esas capacidades, la memoria, ante los dispositivos externos para almacenar información. ¿Será que lo mismo ocurrirá con la experiencia?

La memoria, esa inquietante función cerebral que parecía exclusiva de algunos seres vivos, increíble en cuanto a su actividad, está adquiriendo otras formas de almacenamiento. Durante siglos, ejercitarla había sido parte fundamental para el perfeccionamiento de los saberes humanos. Sin embargo, a estas alturas de la historia, las formas de acumulación ya no sólo están depositadas en el cerebro, ahora contamos con dispositivos artificiales digitales con enormes capacidades de retención y procesamiento de datos. Así, el almacenamiento digital de información es la actual forma de memoria y, al mismo tiempo, una de las más inquietantes.

En la Antigüedad se considera que el inventor del arte de la memoria fue el poeta griego Simónides de Ceos, siglo IV aC, aunque esto pueda resultar controversial. La anécdota es que, luego de haber recitado un poema en una especie de banquete, tuvo que salir de aquel sitio. Una vez fuera se desplomó el techo del recinto, aplastando a todos los invitados. Fue tal el destrozo que los cadáveres quedaron irreconocibles. Pero Simónides, quien salió ileso, recordaba los lugares en los que habían estado sentados cada uno de ellos y, por eso, fue capaz de indicar a los familiares de los deudos cuáles eran sus muertos (Yates, 2005).

Para adquirir una buena memoria era indispensable lograr una disposición ordenada de imágenes, de situaciones o de los elementos que debían intervenir para esos propósitos, incluida la secuencialidad que involucra esta actividad cerebral. De manera que las sociedades sin papel, sin fotografías, sin grabadoras de ningún tipo, dependían de la memorización y la fortalecían con manuales o ejercicios repetitivos. Incluso, mucho tiempo antes de que se utilizara la escritura como principal forma de comunicación, el adiestramiento de la memoria era fundamental. De ahí que la retórica fuera considerada como una de las artes más representativas dentro de esa actividad. Mediante ella, se priorizaba el uso de lenguajes cifrados para almacenar la mayor cantidad de recuerdos, utilizando objetos que pudieran funcionar como depósitos de símbolos. Así, los discursos eran construidos mediante secuencias espaciales; se recurría a imágenes cautivadoras o capaces de perturbar al público mediante yuxtaposiciones de figuras dramáticas. Para lograrlo, el orador debía colocar las imágenes inquietantes en los distintos espacios de su esquema mental. A partir de eso, lograba trazar el recorrido en su mente e iba desplegando dichas etapas frente al público.

El no-lugar de la memoria

Más adelante, en la Edad Media, esta práctica también ocupó un lugar central, sobre todo impulsada por los escolásticos. Durante el Renacimiento, su uso estuvo relacionado con la imaginería medieval del conjunto del arte, junto a la arquitectura y los grandes monumentos literarios. Sin embargo, aun con todas aquellas actividades, incluyendo los innumerables ejercicios que han existido, nuestra memoria tiene fallas. Se equivoca. Olvida. Confunde. Agustín de Hipona decía que se puede recorrer la memoria como si de un laberinto se tratara. Pero, al intentar describirla o fundamentarla, descubría que era más compleja: “¿y por qué ando buscando el lugar en que moras, como si ahí dentro hubiese lugares? No hay lugar alguno. Vamos hacia adelante y hacia atrás y no hay lugar”. No hay en dónde situarla. Tampoco se puede explicar a sí misma. Es compleja.

Se dice, además, que el orador Marco Anneo Séneca era capaz de repetir dos mil nombres en el mismo orden en que se le habían dicho, incluida la capacidad de recitar grandes cantidades de versos invirtiendo su orden, es decir, del último al primero. La Ilíada, antes de ser escrita por Homero, era recitada de memoria. Previo a esta versión, existieron otras antes de la de este autor. También Don Quijote juega con los conceptos de memoria; las primeras palabras aluden al nombre de un lugar en específico, pero que al mismo tiempo el autor prefiere no recordar. Es, quizá, una desmemoria intencionada. Una especie de docta ignorantia a la manera de Nicolás de Cusa.

La pérdida de memoria del camino que lleva de regreso a casa también genera angustia. Como ejemplo está el cuento Hansel y Grettel, de los hermanos Grimm. Por su parte, Temístocles se negaba a aprender el arte de la memoria diciendo que él prefería el olvido y no el recuerdo.

El nuevo recinto de la memoria

De ese modo llegamos a nuestros tiempos, cuando pasamos de objetos de almacenamiento de conocimiento como la escritura, los grabados o los libros, a instrumentos digitales con enormes capacidades de procesamiento. La memoria externa. El ejemplo más destacado e inquietante dentro de este ámbito es el llamado GPT-3, que están perfeccionando cada vez más en el laboratorio Openai, en Estados Unidos, enfocado a la inteligencia artificial. Se trata de un sistema desarrollado a partir de 2020, y que tiene la capacidad de aprender, memorizar y utilizar el lenguaje humano. No sólo es capaz de escribir tweets y poemas, ahora realiza funciones más complejas a partir de datos previos.

Al inicio, los investigadores crearon al GPT-3 como parte de una propuesta tecnológica conocida como “modelo de lenguaje universal”. Su objetivo era desarrollar una red neuronal que sirviera para predecir la siguiente palabra a partir de analizar la secuencia de letras precedentes. Sin embargo, el prototipo ha superado las expectativas de los investigadores. Esta red neuronal artificial ya está siendo entrenada con grandes bases de datos; incluso puede escribir códigos para computadoras. Además, el GPT-3 realiza tareas para las cuales no había sido diseñado, todo sin cambiarle ningún código, sólo insertando algunos pocos ejemplos referentes a un nuevo tema. Para lograrlo, este sistema obtiene toda la información de los libros y publicaciones especializadas disponibles en millones de páginas de internet. De alguna manera, de ahí obtiene todo el conocimiento. Su memoria es toda la web.

Nosotros, los humanos, desconocemos la capacidad de nuestra mente. No sabemos cuánta cantidad de información podemos almacenar en ella. Y, sobre todo, ignoramos ese procedimiento natural con el que ella misma se desarrolla. En su obra El cerebro y el mito del Yo (2004), Rodolfo Llinás asegura que la función del cerebro, en términos generales, es la de generar la cognición y la emoción humana, a partir del registro sensorial del mundo externo y del estado corporal asistido por las neuronas. Mediante la síntesis de estas dos informaciones se logra la representación interna de la realidad externa y de nuestra corporalidad, mediando las respuestas motoras generadas frente a las demandas del medio.

Otros resultados científicos determinan que nuestro crecimiento cerebral significa que somos organismos prematuros, inmaduros, y que para madurar en lo físico y psicológico necesitamos de una infancia prolongada; es decir, estamos abiertos al aprendizaje y, debido a la plasticidad cerebral, podemos ser parte de todas las formas de experiencia durante toda la vida. Eso explica, de alguna manera, por qué en la Antigüedad y en el Renacimiento, junto con todas las culturas alrededor del mundo, se han admirado las proezas notables de la memoria.

El arte de la memoria

El conocimiento y la forma de preservarlo ha sido una preocupación de todos los tiempos. Desde aquellas comunidades remotas se ha trabajado con las bases materiales disponibles en el momento. Ahora, las formas de almacenamiento de información y conocimiento se extienden más allá de la memoria natural. Esto, sin duda, transformará la forma de ver y hacer toda posterior labor intelectual.

Lo sorprendente de nuestra memoria contemporánea, fluida, integrada, flexible en el manejo de información procesada, no se formó de inmediato. Se manifestó hace casi 60 mil años, cuando el ser humano fue capaz de generar la evolución cultural. Es el resultado de la mente del homo sapiens sapiens, que se ha venido fraguando desde hace más de 3.8 millones de años, de manera que la trama de la película Matrix, así como buena parte de la ciencia ficción, no son simples delirios creativos o imaginarios. Ya es posible el desarrollo e instalación de programas de aprendizaje. En algún momento de la historia podremos, quizá, aprender a partir de programas elaborados que contengan todas las instrucciones, todo sin necesidad de realizar ejercicios de repetición o de asimilación y reduciendo, además, el temor a equivocarnos.

En su obra Lo que las computadoras no pueden hacer (1979), Hubert Dreyfus decía que “el primer hombre en subir a un ár0bol podría decir que ha hecho un progreso tangible para acercarse a la luna”. Lo mismo puede anticiparse con los dispositivos actuales de almacenamiento digital. Son los principios de la memoria externa. O de otra inteligencia, tal vez superior a la nuestra. Con menos riesgo, quizá, de equivocarse. O con la posibilidad de superarnos; el comienzo de un ars memorativa artificial que competirá con la natura.

14 Nov 2021

Publicado enCultura
Crean nanotaxis capaces de llevar medicamento a las neuronas

Científicos israelíes y estadunidenses crearon innovadores nanotaxis capaces de transportar medicamento directamente a las neuronas del cerebro, informó el Instituto Tecnológico de Israel (Technion).

El nuevo método prepara el camino para el tratamiento de múltiples enfermedades neurodegenerativas, entre ellas, Alzheimer y Parkinson, así como para lesiones cerebrales traumáticas, añadió.

El método fue desarrollado en un trabajo encabezado por investigadores de Technion y del Hospital Metodista de Houston y publicado en la revista Advanced Science.

Los investigadores desarrollaron nanovesículas que imitan a la naturaleza y que funcionan como "vehículos" capaces de transportar medicamento y de dirigirse a neuronas específicas.

Estas nanovesículas son similares en su estructura básica a las células humanas, pero mucho más pequeñas, y tienen un diámetro de alrededor de una millonésima del ancho de un cabello.

La focalización de estas nanovesículas se logra incorporando proteínas derivadas de membranas celulares específicas en su superficie, explicaron los investigadores.De esta manera, son reconocidas y asimiladas por las células correctas.

Varios trastornos neurodegenerativos podrían tratarse si el medicamento o carga genética correctos, como el ARN mensajero, pudieran llevarse al cerebro, señaló el equipo.

En el caso de lesiones cerebrales traumáticas causadas por un accidente automovilístico o practicando deportes, por ejemplo, el envío de medicamentos antinflamatorios al cerebro podría evitar fallecimientos y discapacidades de largo plazo, añadieron.

El dispositivo que le colocaron a una mujer en la Universidad de California elimina los pensamientos negativos para prevenir la depresión.

Se lo pusieron a una mujer y hay reparos de otros científicos

Un grupo de científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) desarrolló un dispositivo de “estimulación cerebral profunda” que “elimina” los pensamientos negativos con una estimulación eléctrica para prevenir la depresión.

Según especificaron en el estudio publicado recientemente en la revista científica Nature, se trata del primer caso en el mundo en demostrar quela estimulación altamente dirigida en un circuito cerebral específico que incluye patrones cerebrales depresivos podría ser ser una forma efectiva de tratamiento para la depresión severa, que afecta aproximadamente al 5 por ciento de los adultos en todo el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Hemos desarrollado un enfoque de medicina de precisión que ha manejado con éxito la depresión resistente al tratamiento de nuestra paciente al identificar y modular el circuito en su cerebro que está asociado de manera única con sus síntomas”, dijo Andrew Krystal, profesor de psiquiatría, miembro del Instituto Weill de Neurociencias de UCSF y uno de los científicos detrás del desarrollo del dispositivo en un comunicado de prensa.

El caso de Sarah

La investigación fue realizada a partir del caso de Sarah, una mujer de 38 años con depresión severa que había tenido pensamientos suicidas en 2016.

Sarah había experimentado con alrededor de 20 medicamentos para la depresión, meses en un programa diurno en un centro hospitalario, terapia electroconvulsiva y estimulación magnética transcraneal, entre otros tratamientos, pero sin resultados.

Hasta que llegó al laboratorio del grupo de investigadores de la UCSF, quienes  le implantaron en el cerebro un dispositivo que funciona con baterías del tamaño de una caja de fósforos, una especie de “marcapasos para el cerebro” calibrado para detectar el patrón de actividad neuronal que ocurre cuando se presentan los síntomas de la depresión. Allí, descarga pulsaciones de estimulación eléctrica para evitarla.

Según el artículo publicado en Nature, 12 días después de implantar el dispositivo, el puntaje de Sarah en la escala estándar de depresión bajó de 33 a 14. Varios meses después cayó por debajo de 10, lo que significó un estado de remisión, informaron los autores del paper científico.

“El dispositivo ha mantenido mi depresión bajo control, me ha permitido volver a ser la mejor versión de mí misma y reconstruir una vida que vale la pena vivir”, contó Sarah.

“Nuestro objetivo no era hacer feliz a esta paciente, sino eliminar su depresión”

Andrew Krystal señaló: “Lo que creemos que está sucediendo en esta primera paciente es que algo en el entorno desencadena un proceso que provocaría un sentimiento negativo, el comienzo de lo que empeora su depresión. Lo detectamos antes de que se convierta en una depresión significativa y básicamente lo eliminamos”.

Nuestro objetivo no era hacer feliz a esta paciente, sino eliminar su depresión”, aseguró.

Por su parte, Katherine Scangos, psiquiatra y autora principal de la investigación, afirmó: “Pudimos brindar este tratamiento personalizado a un paciente con depresión y alivió sus síntomas, no hemos podido hacer este tipo de terapia personalizada anteriormente en psiquiatría”.

Scangos contó que en este momento hay dos pacientes más que forman parte del ensayo y el objetivo es incluir otros nueve más adelante. El tratamiento todavía no cuenta con la aprobación de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, según sus siglas en inglés).

Las críticas

La implementación de este tratamiento ha recibido críticas porque modificar los pensamientos de un individuo, señalaron, implica un posible dilema ético.

Una persona a la que se le haya implantado un sistema de circuito cerrado para atacar sus episodios depresivos podría verse incapaz de experimentar alguna fenomenología depresiva cuando es perfectamente normal experimentar este resultado, como en un funeral”, opinó Frederic Gilbert, filósofo experto en neuroética y profesor titular de Ética en la Universidad de Tasmania, de Australia.

Gilbert afirmó que un dispositivo que detecta solo la actividad cerebral no captará el contexto del sentimiento. “Los sistemas invasivos automatizados implantados en el cerebro podrían intensificar constantemente su toma de decisiones y como resultado, podría comprometerlo a usted como agente de pensamiento libre”, advirtió.

18 de octubre de 2021

Video 3D mapa cerebral Harvard Google - El volumen H01: aproximadamente un milímetro cúbico de tejido cerebral humano capturado en 1,4 petabytes de imágenes (Youtube: Viren Jain)

Ingenieros especializados en inteligencia artificial publicaron un intrincado mapa de cada célula y conexión neuronal de un milímetro cúbico del cerebro humano

Un equipo de científicos de la prestigiosa universidad de Harvard y del gigante tecnológico Google acaba de crear un increíbel y fascinante mapa cerebral codificado por colores de casi 4.000 axones entrantes que se conectan a una sola neurona.

La región mapeada abarca las diversas capas y tipos de células de la corteza cerebral, una región de tejido cerebral asociada con la cognición de nivel superior, como el pensamiento, la planificación y el lenguaje. Según Google, es el mapa cerebral más grande con este nivel de detalle hasta la fecha, y está disponible gratuitamenteen línea.

Para hacer el mapa, los investigadores cortaron el tejido dividido en 5.300 secciones, cada una de 30 nanómetros de grosor, y las fotografiaron con un microscopio electrónico de barrido a una resolución de 4 nanómetros. Los 225 millones de imágenes resultantes se alinearon computacionalmente y se cosieron nuevamente en una representación digital en 3D de la región.

Asimismo, según detallaron los ingenieros especializados en inteligencia artificial, los algoritmos de aprendizaje automático segmentaron células individuales y clasificaron sinapsis, axones, dendritas, células y otras estructuras, y los humanos verificaron su trabajo. El equipo investigadortambién publicó un documento preimpreso sobre el mapa en el sitio de preimpresiones científicas bioArxiv.

 

Reconstrucción conectómica de petabytes de un volumen de neocorteza humana. Izquierda: pequeño subvolumen del conjunto de datos. Derecha: Un subgrafo de 5000 neuronas y conexiones excitadoras (verde) e inhibidoras (rojo) en el conjunto de datos. El gráfico completo (conectoma) sería demasiado denso para visualizarlo (Google/Harvard)
Reconstrucción conectómica de petabytes de un volumen de neocorteza humana. Izquierda: pequeño subvolumen del conjunto de datos. Derecha: Un subgrafo de 5000 neuronas y conexiones excitadoras (verde) e inhibidoras (rojo) en el conjunto de datos. El gráfico completo (conectoma) sería demasiado denso para visualizarlo (Google/Harvard)

 

En 2020, Google y el Campus de Investigación Janelia del Instituto Médico Howard Hughes fueron noticia cuando mapearon de manera similar una parte del cerebro de una mosca de la fruta. Ese mapa, en ese momento el más grande hasta ahora, cubría unas 25.000 neuronas y 20 millones de sinapsis. Además de apuntar al cerebro humano, en sí mismo notable. El nuevo mapa, presentado en estos días, incluye decenas de miles de neuronas y 130 millones de sinapsis. Ocupa 1,4 petabytes de espacio en disco.

En comparación, más de tres décadas de imágenes satelitales de la Tierra del programa Landsat de la NASA requieren 1.3 petabytes de almacenamiento. Las colecciones de imágenes cerebrales en las escalas más pequeñas son como “un mundo en un grano de arena”, dijo Clay Reid del Instituto Allen a Nature, citando a William Blake en referencia a un mapa anterior del cerebro del ratón.

Todo eso, sin embargo, es solo una millonésima parte del cerebro humano. Es decir, todavía faltan años para un mapa igualmente detallado de todo el asombroso órgano. Aun así, el trabajo muestra qué tan rápido se mueve el campo. Un mapa de esta escala y detalle hubiera sido inimaginable hace unas décadas.

 

Muchas células gliales aparecen "pegadas" a grandes células piramidales, y muchas aparecen justo al lado de los somas (Google/Harvard)
Muchas células gliales aparecen "pegadas" a grandes células piramidales, y muchas aparecen justo al lado de los somas (Google/Harvard)

 

En colaboración con el Laboratorio Lichtman de la Universidad de Harvard, el equipo investigador ahora publicó el conjunto de datos "H01", una representación de 1,4 petabytes de una pequeña muestra de tejido cerebral humano, junto con el documento complementario, “Un estudio conectómico de un fragmento de petaescala de humanos corteza cerebral“. Se obtuvieron imágenes de la muestra H01 a una resolución de 4 nm mediante microscopía electrónica de sección en serie, reconstruido y anotado mediante técnicas computacionales automatizadas, y analizado para obtener información preliminar sobre la estructura de la corteza humana.

El conjunto de datos comprende datos de imágenes que cubren aproximadamente un milímetro cúbico de tejido cerebral e incluye decenas de miles de neuronas reconstruidas, millones de fragmentos de neuronas, 130 millones de sinapsis anotadas, 104 células revisadas y muchas estructuras y anotaciones subcelulares adicionales, todo fácilmente accesible con la interfaz del navegador Neuroglancer H01 es hasta ahora la muestra más grande de tejido cerebral fotografiado y reconstruido con este nivel de detalle, en cualquier especie, y el primer estudio a gran escala de la conectividad sináptica en la corteza humana que abarca múltiples tipos de células en todas las capas de la corteza.. Los objetivos principales de este proyecto son producir un recurso novedoso para estudiar el cerebro humano y mejorar y escalar las tecnologías de conectómica subyacentes.

¿Qué es la corteza humana?

La corteza cerebral es la capa superficial delgada del cerebro que se encuentra en los animales vertebrados y que ha evolucionado más recientemente, mostrando la mayor variación de tamaño entre los diferentes mamíferos (es especialmente grande en los humanos). Cada parte de la corteza cerebral tiene seis capas, con diferentes tipos de células nerviosas (p. Ej., Espinosas estrelladas) en cada capa. La corteza cerebral juega un papel crucial en la mayoría de las funciones cognitivas de nivel superior, como el pensamiento, la memoria, la planificación, la percepción, el lenguaje y la atención. Aunque ha habido algunos avances en la comprensión de la organización macroscópica de este tejido tan complicado, su organización a nivel de las células nerviosas individuales y sus sinapsis interconectadas es en gran parte desconocida.

 

Axón verticilo - Axón en espiral único que produce múltiples floretes y sinapsis en el soma y los ejes dendríticos de las neuronas (Google/Harvard)
Axón verticilo - Axón en espiral único que produce múltiples floretes y sinapsis en el soma y los ejes dendríticos de las neuronas (Google/Harvard)

 

Cómo mapearon el cerebro

El estudio de los circuitos celulares del cerebro se conoce como conectómica. Obtener el conectoma humano, o el diagrama de cableado de todo el cerebro, es un disparate similar al genoma humano. Y al igual que el genoma humano, al principio parecía una hazaña imposible.

Los únicos conectomas completos son para criaturas simples: el gusano nematodo ( C. elegans ) y la larva de una criatura marina llamada C. intestinalis . Hay una muy buena razón para ello. Hasta hace poco, el proceso de mapeo consumía mucho tiempo y era costoso.

Los investigadores que mapearon C. elegans en la década de 1980 utilizaron una cámara de película conectada a un microscopio electrónico para obtener imágenes de cortes del gusano, luego reconstruyeron las neuronas y las conexiones sinápticas a mano , como un rompecabezas tridimensional tremendamente difícil. C. elegans tiene solo 302 neuronas y aproximadamente 7.000 sinapsis, pero el borrador de su conectoma tomó 15 años, y un borrador final tomó otros 20. Claramente, este enfoque no escalaría.

¿Qué ha cambiado en estos años? En resumen, automatización. En estos días, las imágenes en sí mismas son, por supuesto, digitales. Un proceso conocido como fresado con haz de iones enfocado reduce cada corte de tejido unos pocos nanómetros a la vez. Después de que se vaporiza una capa, un microscopio electrónico toma imágenes de la capa recién expuesta. Luego, el haz de iones corta la capa de la imagen y la siguiente, hasta que todo lo que queda del corte de tejido es una copia digital de resolución nanométrica. Está muy lejos de los días de Kodachrome.

 

Interneuronas L2 - Una selección de todas las interneuronas L2 que tienen más de 800 sinapsis excitadoras entrantes (Google/Harvard)
Interneuronas L2 - Una selección de todas las interneuronas L2 que tienen más de 800 sinapsis excitadoras entrantes (Google/Harvard)

 

Pero quizás la mejora más dramática es lo que sucede después de que los científicos completan ese montón de imágenes.

En lugar de ensamblarlos a mano, los algoritmos se hacen cargo. Su primer trabajo es ordenar los cortes con imágenes. Luego hacen algo imposible hasta la última década. Alinean las imágenes exactamente, trazando el camino de las células y las sinapsis entre ellas y, por lo tanto, construyen un modelo 3D. Los seres humanos todavía revisan los resultados, pero ya no hacen lo más difícil. Incluso la corrección de pruebas se puede refinar. El renombrado neurocientífico y defensor de la conectómica Sebastian Seung, por ejemplo, creó un juego llamado Eyewire, donde miles de voluntarios revisan las estructuras.

Es realmente hermoso de ver”, dijo a Nature en 2019 Jeff Lichtman, de Harvard, cuyo laboratorio colaboró con Google en el nuevo mapa. Los programas pueden rastrear neuronas más rápido de lo que el equipo puede producir datos de imágenes, dijo. “No podemos seguirles el ritmo. Ese es un gran lugar para estar“.

Seunge explicó que las personas son su conectoma. “Reconstruye las conexiones y reconstruye la mente misma: recuerdos, experiencia y personalidad”, precisó, en una charla TED de 2010.

 

Vasos sanguíneos - Vasculatura dentro del tejido renderizado en 3D (Google/Harvard)
Vasos sanguíneos - Vasculatura dentro del tejido renderizado en 3D (Google/Harvard)

 

Pero la conectómica no ha estado libre de controversias a lo largo de los años. No todo el mundo cree que el mapeo del conectoma a este nivel de detalle sea necesario para una comprensión profunda del cerebro. Y, especialmente en el pasado anterior y más artesanal del campo, a los investigadores les preocupaba que la escala de recursos requeridos simplemente no arrojará resultados comparativamente valiosos, u oportunos.

No necesito conocer los detalles precisos del cableado de cada célula y cada sinapsis en cada uno de esos cerebros”, expresó el científico Anthony Movshon en 2019. “Lo que necesito saber, en cambio, son los principios organizacionales que los unen”. Estos, cree Movshon, probablemente se pueden inferir a partir de observaciones a resoluciones más bajas.

Además, una instantánea estática de las conexiones físicas del cerebro no explica necesariamente cómo se utilizan esas conexiones en la práctica.

Un conectoma es necesario, pero no suficiente”, han dicho algunos científicos a lo largo de los años. De hecho, puede ser en la combinación de mapas cerebrales, incluidos los mapas funcionales de nivel superior que rastrean las señales que fluyen a través de las redes neuronales en respuesta a los estímulos, que el funcionamiento interno del cerebro se ilumine con el más nítido detalle.

Aun así, el conectoma de C. elegans ha demostrado ser un pilar fundamental para la neurociencia a lo largo de los años. Y la velocidad cada vez mayor del mapeo está comenzando a sugerir objetivos que alguna vez parecieron poco prácticos, en realidad pueden estar al alcance en las próximas décadas.

 

Interacción de dendritas trepadoras - Dos dendritas de axones separados que corren en paralelo, uno al lado del otro (Google/Harvard)
Interacción de dendritas trepadoras - Dos dendritas de axones separados que corren en paralelo, uno al lado del otro (Google/Harvard)

 

Seung cree que cuando comenzó, estimó que le tomaría un millón de años a una persona rastrear manualmente todas las conexiones en un milímetro cúbico de corteza humana. El cerebro entero, infirió además, tomaría el orden de un billón de años. Es por eso que la automatización y los algoritmos han sido tan cruciales para el campo.

Gerry Rubin, biólogo americano especializado en genomas y genética, expresó que él y su equipo han supervisado un aumento de 1000 veces en la velocidad de mapeo desde que comenzaron a trabajar en el conectoma de la mosca de la fruta en 2008. El conectoma completo, cuya primera parte se completó el año pasado, podría llegar en 2022.

Otros grupos están trabajando en otros animales, como los pulpos, y dicen que comparar cómo se conectan las diferentes formas de inteligencia puede resultar un terreno particularmente rico para el descubrimiento.

El conectoma completo de un ratón, un proyecto que ya está en marcha, puede seguir a la mosca de la fruta a finales de la década. Rubin estima que pasar del ratón al ser humano necesitaría otro millón de veces más en la velocidad del mapeo. Pero señala el aumento de un billón de veces en la velocidad de secuenciación del ADN desde 1973 para demostrar que mejoras técnicas tan dramáticas no tienen precedentes.

El genoma también puede ser una comparación adecuada de otra manera. Incluso después de secuenciar el primer genoma humano, se han necesitado muchos años para escalar la genómica hasta el punto de que podamos realizar más plenamente su potencial. Quizás ocurra lo mismo con la conectómica.

 

Neurona con dos axones - Ambos hacen sinapsis salientes dentro del volumen (Google/Oxford)
Neurona con dos axones - Ambos hacen sinapsis salientes dentro del volumen (Google/Oxford)

 

Incluso cuando la tecnología abre nuevas puertas, puede llevar tiempo comprender y hacer uso de todo lo que tiene para ofrecer.

Creo que la gente estaba impaciente por lo que los conectomas proporcionarían”, opinó Joshua Vogelstein, cofundador del Open Connetome Project, el año pasado. “La cantidad de tiempo que transcurre entre la siembra de una buena tecnología y la práctica científica real utilizando esa tecnología suele ser de aproximadamente 15 años. Ahora han pasado 15 años y podemos empezar a hacer ciencia“.

Los defensores esperan que los mapas cerebrales proporcionen nuevos conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, desde el pensamiento hasta las emociones y la memoria, y cómo diagnosticar y tratar mejor los trastornos cerebrales. Otros, entre ellos Google sin duda, esperan obtener información que pueda conducir a una informática más eficiente (el cerebro es asombroso a este respecto) y una poderosa inteligencia artificial.

No se sabe exactamente qué encontrarán los científicos a medida que, neurona por sinapsis, mapeen el funcionamiento interno de nuestras mentes, pero parece que esperan algunos grandes descubrimientos.

Un teléfono inteligente muestra una onda de audio. — Thomas Samson / AFP

La posibilidad de avivar el 'tempo' de reproducción en plataformas y aplicaciones abre el debate sobre si somos capaces de disfrutar y comprender a una velocidad mayor.

 En pro de la eficiencia (casi) todo vale. Corren tiempos efímeros, de timelines vertiginosos y novedades semanales. La producción audiovisual no cesa, vivimos insertos en la dictadura de lo inédito, atados a un buen puñado de estímulos que nos hacen desear, consumir, y si me apuran vivir, a un ritmo que no es del todo humano.

La enésima vuelta de tuerca llega en forma de acelere. Si no hay tiempo material para disfrutar de todo lo que la industria del entretenimiento nos tiene preparado, aceleremos los contenidos para que sean deglutidos en menos tiempo. Versión distópica del cebado forzoso del ganso para la obtención del foie gras pero con la industria cultural y nosotros, su audiencia, como protagonistas. 

La reciente incorporación por parte de WhatsApp de una doble velocidad –1,5x y 2x– en la reproducción de sus mensajes de audio abre de nuevo el debate sobre si no estaremos yendo demasiado rápido. La posibilidad de escuchar a un amigo o pariente cercano explicar algún pormenor con vocecilla de pitufo espídico puede resultar gracioso, incluso útil si el susodicho tiende a la digresión o al circunloquio, pero lo que es obvio es que da muestras de que algo no va del todo bien.

Para Molo (Manuel) Cebrián, al frente del exitoso podcast de psicología Entiende tu mente, tiene que ver con nuestra "ansia maximizadora". "Queremos sacarle el máximo rendimiento a todo y en el menor tiempo posible, vivimos en una sociedad ansiosa de más contenidos y de más información", explica Cebrián. Un ansia que nos convierte en infatigables corredores de fondo, incapaces de llegar a meta, bien porque no existe, o bien porque nos la van moviendo a cada paso.

"Esa necesidad de estar conectados con lo de fuera tiene una contrapartida clara, y es que nos desconectamos de lo de dentro, de nosotros mismos. Sabemos cómo está la bolsa, qué ha ocurrido en China y qué se cuece en los diferentes grupos de WhatsApp que mantenemos con nuestros amigos, pero no nos preguntamos si estamos alegres o tristes, o si nos gusta nuestro trabajo", lamenta Mol. 

La oralidad manda

Y en esa vorágine los estímulos son muy importantes. La rueda debe girar y girar a expensas de nuestra salud mental. El paso de lo escrito, incluso de lo visual, a lo oral es un hecho. En los últimos cinco años han ido brotando ideas y apuestas que priorizan lo escuchado: Clubhouse es, en esencia, una red social de audio, Twitter acaba de incorporar sus Spaces, donde los usuarios pueden hablar a sus seguidores, Facebook ha anunciado la incorporación de Soundbites, una suerte de Tik Tok pero sin imágenes. Por no hablar del boom de los podcast y de la progresiva consolidación de los audiolibros. Lo oral manda. 

semejante parloteo. Es por ello que la posibilidad de incorporar una segunda marcha a las reproducciones tiene visos de haber venido para quedarse. ¿Podemos asumir semejante atropello verbal?, ¿puede nuestro cerebro soportar la locuacidad diarréica que propone la industria?, ¿podremos algún día conmovernos con un orador cuya prosodia se asemeja a la del Pato Donald rebozado en farlopa?

Hay dudas al respecto. Pablo Romero, periodista experto en tecnología y Premio Ondas 2018 por su podcast Las tres muertes de mi padre, lo tiene claro: "Creo que puede ser útil para un contenido puramente informativo, pero si lo que buscas es deleitarte con una historia, gozar de una sonoridad determinada, dejarte llevar por un guion trabajado, no es la herramienta adecuada porque no es capaz de transmitir un sentimiento determinado".

Quizá ahí esté la clave. En discernir entre oralidades. O mejor, en tener en cuenta la funcionalidad de dichas oralidades antes de proceder al rebobinado. No es lo mismo escuchar la dramatización de Don Juan Tenorio al doble de velocidad, que escuchar el soliloquio acelerado de una madre explicando los pasos a seguir para alcanzar la consistencia óptima de una tortilla de patatas. 

Diego Redolar, investigador del grupo Cognitive Neurolab de la Universitat Oberta de Catalunya, incide en la misma discriminación que plantea Romero pero desde la neurociencia. "Nuestro cerebro, para llegar a lo que la otra persona quiere expresar, utiliza diferentes redes neuronales, una que se centra en el contenido del mensaje y otra que nos aporta la información emocional", explica el profesor.

Como ya intuirán, una reproducción por encima de lo habitual merma la capacidad del cerebro de recopilar esa "otra información", esencial para complementar lo que es el puro relato de los hechos. "Estaríamos renunciando a la prosodia, y sin ella nuestro cerebro no puede saber qué siente la otra persona, la intencionalidad de sus palabras, el contenido emocional... ¿cuál es el límite? A poco que aumentes la velocidad, ya la estás perdiendo".

02/06/2021 22:33

Por Juan Losa@jotalosa

Publicado enSociedad
Ejemplar de sepia común. — Marie Bournonville / CREATIVE COMMONS.

¿Me como un trozo de gambón ahora mismo o espero un poco para comerme una gamba viva, que me gusta más? Las sepias sometidas a este dilema han demostrado una capacidad de autocontrol significativa ante una prueba similar a la que se diseñó hace décadas para medir el desarrollo cognitivo del cerebro humano en niños de corta edad. Esta capacidad de autocontrol en un invertebrado es comparable a la de algunos vertebrados con un cerebro de considerable tamaño. Las sepias sometidas a este experimento fueron antes entrenadas y efectuaron pruebas de aprendizaje.

Aunque a pocos se les ocurriría entrenar a una sepia en vez de comérsela, estos cefalópodos son capaces de aprender y sus reacciones dicen mucho sobre lo que puede hacer su cerebro. Sus parientes los pulpos son considerados los más inteligentes, pero las sepias comunes (Sepia officinalis) acaban de demostrar que pasan la prueba de la golosina (o de la recompensa), lo que demuestra una capacidad cognitiva que los investigadores que han hecho el experimento creen que es una herramienta que les permite adaptarse para sobrevivir.

La capacidad de autocontrol que permite retrasar una satisfacción se considera una habilidad cognitiva básica que varía mucho entre animales. Algunos pueden ejercerla durante pocos segundos mientras que en otros muchos no se ha encontrado o es muy débil, y solo unos pocos animales toleran retrasos de varios minutos.

En lo que es una explicación simplificada, cuando la prueba se hace en niños se les ofrece su golosina preferida y se les dice que si esperan un cuarto de hora, se podrán comer dos de esas golosinas en vez de una. Es una forma de comprobar a qué edad se desarrollan en humanos la capacidad de tomar decisiones, la planificación del futuro y el comportamiento dirigido a un objetivo.

Las sepias del experimento solo aguantaron entre 50 y 130 segundos, pero esta duración se considera relativamente larga si se compara con los resultados en muchos otros animales, explican los autores, liderados por Alexandra K. Schnell, de la Universidad de Cambridge. Lo más complicado sin duda fue el diseño del experimento, porque ya el año pasado uno más simple indicó que las sepias podían no desayunar si esperaban una cena que les gustase más, pero no se consideró concluyente respecto a la capacidad de auto control.

Así que estos investigadores diseñaron algo diferente y mucho más complejo. Las sepias del experimento, seis ejemplares casi adultos de nueve meses de edad, aprendieron primero a asociar tres símbolos (cuadrado, círculo y rectángulo) con el grado de disponibilidad en el acuario de una presa visible tras una pantalla transparente en la que figuraba el símbolo.

Así se pudo estudiar cuanto tiempo estaba dispuesto cada uno de los ejemplares a esperar para obtener la recompensa deseada, que era la gamba viva (hubo también una fase de control). Se empezó por 10 segundos y se fue aumentando el tiempo de 10 en 10 segundos. En cualquier momento la sepia podía lanzarse a adquirir la presa disponible sin esperar más por la otra. El tiempo de espera de los ejemplares varió entre los 50 y los 130 segundos y este tiempo individual se mantuvo en cada ejemplar en pruebas consiguientes en las que se retrasó más la recompensa. En general, cuanto más aumentaba el tiempo más abandonaban la espera los animales.

Este experimento se pretendió utilizar también para evaluar la relación entre el grado de autocontrol y la capacidad de aprendizaje de una tarea concreta,y los investigadores afirman que es la primera vez que se encuentran indicios de esta asociación en un animal no primate. Reconocen, sin embargo, que pueden quedar dudas sobre esta relación y esperan que experimentos posteriores la corroboren. Lo que sí aseguran es que, en cuanto al auto control, las sepias muestran una capacidad cognitiva comparable con la de los mamíferos estudiados.

Un autocontrol alto se ha relacionado sin duda con mejores resultados en tareas cognitivas, como el aprendizaje, en humanos y otros primates, incluidos los chimpancés, pero no está clara esta relación en otros animales que viven en condiciones muy diferentes, señalan los investigadores, de Reino Unido, Austria y Estados Unidos, que han publicado el resultado de su experimento con sepias en una revista de la Royal Society británica.

Otras especies que han demostrado ser capaces de autocontrol para esperar una recompensa mejor son los cuervos, los loros y los perros. En estos casos se relaciona con factores socioecológicos, como que usan herramientas, que tienden a almacenar alimentos y que viven en comunidad. Pero las sepias, que se sepa, no usan herramientas, no guardan alimentos y su sociabilidad es muy limitada.

Por eso los investigadores creen que el desarrollo en su caso de la ventaja evolutiva del auto control puede asociarse a que las sepias permanecen durante mucho tiempo quietas y camufladas, solo atacan a sus presas durante breves periodos y tienen mayor probabilidad de éxito cuando esperan a que éstas estén muy cerca. Ahora falta por comprobar si otros cefalópodos tienen capacidad de autocontrol y el candidato más interesante es precisamente el pulpo, por el modo de caza que emplea, señalan los investigadores

madrid

09/03/2021 07:32

Malen Ruiz de Elvira

A la izquierda, corte de cerebelo, con factor de aumento 40x, obtenido con microscopía electrónica (doctor E. Zunarelli, Hospital Universitario de Módena). A la derecha, sección de una simulación cosmológica, que se extiende 300 millones de años luz a cada lado.Foto Vazza et al. 2019 A&A

Un astrofísico y un neurocirujano italianos realizaron el análisis comparativo

 

Un astrofísico y un neurocirujano italianos encontraron similitudes sorprendentes al comparar la red de células neuronales del cerebro humano con la red cósmica de galaxias.

A pesar de la diferencia sustancial de escala entre las dos redes (más de 27 órdenes de magnitud), el análisis de Franco Vazza, astrofísico de la Universidad de Bolonia, y Alberto Feletti, neurocirujano de la Universidad de Verona, quien se encuentra en la encrucijada de la cosmología y la neurocirugía, sugiere que diversos procesos físicos pueden construir estructuras caracterizadas por niveles similares de complejidad y autorganización.

El cerebro humano funciona gracias a su amplia red neuronal que se estima que contiene aproximadamente 69 mil millones de neuronas. Por otro lado, el universo observable está compuesto por una red cósmica de al menos 100 mil millones de galaxias. Dentro de ambos sistemas, sólo 30 por ciento de sus masas están compuestas por galaxias y células nerviosas.

Dentro de ambos sistemas, las galaxias y las neuronas se organizan en largos filamentos o nodos entre los primeros. Finalmente, en ambos sistemas, 70 por ciento de la distribución de masa o energía está compuesta por componentes que tienen un papel aparentemente pasivo: agua en el cerebro y energía oscura en el universo observable.

A partir de las características compartidas de los dos sistemas, los investigadores compararon una simulación de la red de galaxias con secciones de la corteza cerebral y el cerebelo. El objetivo era observar cómo las fluctuaciones de la materia se dispersan en escalas tan diversas. Los resultados se publican en Frontiers in Physics. "Calculamos la densidad espectral de ambos sistemas. Es una técnica que se emplea a menudo en cosmología para estudiar la distribución espacial de las galaxias", explicó Franco Vazza.

"Nuestro análisis mostró que la distribución de la fluctuación dentro de la red neuronal del cerebelo en una escala de un micrómetro a 0.1 milímetros sigue la misma progresión de la distribución de la materia en la red cósmica pero, por supuesto, en una escala mayor que va de 5 millones a 500 millones de años luz."

Conexiones

Los dos investigadores también estimaron algunos parámetros que caracterizan tanto la red neuronal como la cósmica: el número promedio de conexiones en cada nodo y la tendencia de agrupar varias conexiones en nodos centrales relevantes dentro de la red.

"Una vez más, los parámetros estructurales han identificado niveles de concordancia inesperados. Probablemente, la conectividad dentro de las dos redes evoluciona siguiendo principios físicos similares, a pesar de la llamativa y obvia diferencia entre los poderes físicos que regulan las galaxias y las neuronas", agrega Alberto Feletti.

Los resultados de este estudio piloto impulsan a los investigadores a pensar que técnicas de análisis nuevas y efectivas en ambos campos, cosmología y neurocirugía, permitirán una mejor comprensión de la dinámica enrutada subyacente a la evolución temporal de estos dos sistemas.

 Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido).

ENTREVISTA — Catedrática de Neuroimagen Cognitiva

La investigadora de la Aston University (Reino Unido) explica que "si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos"

 

Una de las lecciones que ha dejado la pandemia de COVID-19 es que en biología no hay unos y ceros: la realidad es compleja y las excepciones, numerosas. La investigadora Gina Rippon (Reino Unido, 1950) defiende en El género y nuestros cerebros (Galaxia Gutenberg, 2020) que los cerebros de los seres humanos no pueden catalogarse de forma binaria según el género de su portador.

¿Reflejan nuestros cerebros que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus? Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido), repasa la historia de la neurociencia y el estudio de las diferencias sexuales del cerebro con dureza y una dosis de humor británico.

En las páginas de El género y nuestros cerebros hay psicología barata, neurobasura, salmones muertos y bebés. Muchos bebés. Hablamos con ella sobre el órgano más complejo de nuestro cuerpo y los mitos sexuales que lo rodean y damos por sentado. 

¿Existe un cerebro masculino y femenino?

La idea [de que existen] surgió a finales del siglo XVIII y está pasada de moda. Como hombres y mujeres tenían cuerpos, habilidades y roles diferentes, se daba por sentado que también tendrían cerebros diferentes. Así empezó lo que yo llamo una "caza de diferencias", pero ninguna investigación ha podido asignar un sexo a un cerebro. Es importante tenerlo en cuenta, porque muchas políticas, estrategias educativas y estereotipos de género se basan en la idea de que sí existe un cerebro masculino y uno femenino.

Entonces, si alguien estudiara mi cerebro ¿no podría adivinar mi sexo?

Si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos. Cada cerebro es diferente al resto. Existen partes que tienden a ser mayores en los hombres y rutas que pueden ser más largas en las mujeres, pero es un mosaico, no una división entre rosa y azul.

Antes pesábamos cráneos y ahora contamos con los escáneres más avanzados. ¿Por qué las nuevas tecnologías no han zanjado el debate sobre las diferencias sexuales en el cerebro?

Tendemos a buscar evidencias que confirmen lo que ya creemos. A los científicos nos gusta considerarnos objetivos, pero a menudo las preguntas que se hacen forman parte de un sesgo de confirmación. Ya no medimos el ángulo entre la punta de la nariz y el lóbulo de la oreja; en su lugar intentamos demostrar que la amígdala masculina es más gruesa que la femenina, pero todo forma parte de la misma idea. Cuando no encontramos diferencias creemos que hay algo mal con las métricas, en vez de pensar que igual no existen. Aun así, creo que la neurociencia del siglo XXI maneja mejor las preguntas: por eso debemos revisitarlas.

Hoy sabemos que el cerebro es plástico y tiene gran capacidad de adaptación. ¿Puede esto poner punto y final al debate?

Es difícil, pero debería hacer que avance. Pensábamos que el cerebro era algo fijo que tenía un guion biológico, con una plantilla para hombres y otra para mujeres, y que si no encontrábamos diferencias era por culpa de la tecnología. Ahora sabemos que este órgano cambia a lo largo de nuestra vida y que su desarrollo no termina durante la adolescencia. Cambia según nuestras experiencias y según lo que el mundo espera de nosotros, de nuestro comportamiento y del grupo al que deberíamos pertenecer. En ese sentido sería mejor hablar de un cerebro "feminizado" o "masculinizado" para reflejar que lo que sucede fuera es tan importante como lo que pasa dentro.

En el libro asegura que una diferencia estadística no tiene por qué ser "útil". ¿A qué se refiere?

Si miras los datos asociados a diferencias [sexuales] entre cerebros y comportamientos verás que hay mucha variabilidad dentro de cada grupo, con una superposición enorme. Las diferencias entre los grupos son muy pequeñas, mientras que las diferencias dentro de los grupos son muy amplias. Sin embargo, nuestra atención siempre ha estado en las primeras, que son tan pequeñas que pueden no ser significativas. Que haya un número estadístico no significa que puedas coger una mujer o un hombre al azar y predecir su personalidad o el tamaño de su hipocampo.

A las defensoras del concepto de "neurosexismo" se les acusa de negar que existan las diferencias sexuales e, incluso, la propia biología. ¿Es cierto?

Soy neurocientífica, sería raro que negara la biología. Estoy de acuerdo en que existen las diferencias sexuales, el problema es que algunos aseguran que tienen un significado evolutivo y que por eso se han mantenido. Tenemos que preguntarnos cómo de significativas son [para explicar] las diferencias en logros y salud. Asumir que todo lo que necesitas saber de alguien es su género no te dará la respuesta correcta: el sexo influye, pero hay otros factores a tener en cuenta.

Sus críticos también aseguran que ustedes piden no investigar ciertos temas y, por lo tanto, censuran la ciencia.

 Me molesta mucho ese argumento porque yo no digo que no haya que estudiar las diferencias sexuales. No las negamos ni las consideramos una verdad incómoda. De hecho, son tan importantes que queremos llegar al fondo del asunto, asegurarnos de que las investigaciones son fiables y válidas, y que las preguntas e interpretaciones son rigurosas.

La batalla en curso [contra el neurosexismo] tiene un decepcionante nivel de mala comprensión sobre lo que hacen los científicos en cada bando. Es un debate importante y no solo académico: es sobre cómo la gente vive sus vidas y cría a sus hijos.

¿Es la salud mental uno de esos ejemplos en los que es importante estudiar las diferencias sexuales?

En la salud mental, depresión, desórdenes alimenticios y de autoestima hay influencias sociales muy poderosas. También puede ser que el cerebro de las mujeres sea más susceptible a estas influencias y de ahí vengan las diferencias, pero no surgen automáticamente. Emergen en el contexto de una sociedad muy dividida por géneros [que enfatiza] las diferencias sexuales. Las diferencias biológicas juegan un papel, pero no son solo genes y hormonas. También puede ser que la biología haya sido moldeada por los estereotipos, expectativas y experiencias.

Define a los psicólogos evolucionistas como "defensores del ‘statu quo’". ¿Es esto un problema en otros campos?

Es algo que sucede en la propia neurociencia, que en sus orígenes trabajaba partiendo del statu quo. La psicología evolucionista consiste en mostrar una diferencia sexual, como el instinto maternal o la agresión, y luego retroceder para decir que tiene un significado evolutivo y que se ha mantenido a lo largo del tiempo porque es importante. Así acabas diciendo que las mujeres prefieren el rojo al azul porque necesitaban recolectar bayas en el pasado, mientra los hombres escaneaban el horizonte en busca de mamuts. 

¿Buscamos excusas científicas para justificar decisiones políticas?

El argumento esencialista dice que todas estas brechas de género están basadas en diferencias naturales que no deberíamos cambiar. Quienes se benefician de las desigualdades piensan que habría que dejar las cosas como están, y hay evidencias que muestran que aquellos que creen en la existencia de diferencias biológicas fundamentales tienden a apoyar menos las iniciativas que fomentan la diversidad. Creen que si hay menos mujeres en ciencia o en los gobiernos así es como debería ser.

¿Cómo cambiar la visión de la sociedad en este tema? Llevamos años absorbiendo mala ciencia y titulares sensacionalistas.

A la gente le encantan libros como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus porque sienten que reflejan su propia experiencia. Si hay datos que apoyan [las diferencias sexuales] y les dan algo de credibilidad científica es más probable que lo crean. No gusta oír que, en realidad, no son verdades universales sino algo que hemos construido en la sociedad. Necesitamos destacar las consecuencias negativas de los estereotipos y explicar que el mundo no tiene por qué ser así. Debemos explicar que somos más similares que diferentes: no somos ni de Marte ni de Venus, somos todos de la Tierra.

¿Qué papel juega en esto la educación?

La educación también es importante. En los primeros años de vida, cuando los cerebros son más absorbentes, [los niños] están más expuestos a estereotipos de género, desde la ropa a los juegos. Así empezamos a encaminar sus cerebros de formas diferentes. Debemos asegurar que todos puedan alcanzar su potencial. Pequeños cambios, como prohibir anuncios y juguetes que apoyen estereotipos de género, pueden ayudar.

Aun así, la gente me pregunta si alguna vez tendremos una sociedad neutral en cuanto al género, y me dice que va a educar así a sus hijos. Yo creo que el único camino hacia adelante es tener una sociedad en la que el género sea irrelevante, en la que este no decida cómo una persona puede contribuir a la sociedad, qué habilidades tiene y qué se le da bien o mal.

Muchos científicos critican que no se publiquen más resultados negativos. ¿Son los estudios de diferencias sexuales la punta del iceberg?

 Sí, y es algo que pasa en la ciencia en general. Diseñamos un estudio para demostrar la hipótesis de que hay diferencias entre los cerebros, y cuando no las encontramos pensamos que quizá hicimos algo mal y no lo publicamos. La ciencia debería compartir todo lo que encuentra. De lo contrario, quien ojee la literatura académica pensará que hay miles de estudios que muestran diferencias en el cerebro de hombres y mujeres, cuando hay muchos más que no se han publicado.

¿Nos fijamos demasiado en las diferencias 'per se', en vez de en sus implicaciones?

Completamente cierto. Hemos gastado millones en medir pequeñas partes del cerebro, pero no sabemos cómo las diferencias estructurales se traducen en diferencias de comportamiento. Podemos medir todo lo que queramos, pero nada de eso explica que haya más hombres jóvenes que se suicidan, mujeres jóvenes con desórdenes alimenticios, menos investigadoras, o más hombres en prisión. Podemos decir que hay una asociación, pero no sabemos realmente lo que significa. 

La ciencia superó hace décadas el debate entre naturaleza y crianza, ¿por qué parece haberse mantenido en la sociedad?

Esta vieja dicotomía refleja los inicios del feminismo, que sostenía que las mujeres deberían ser capaces de hacer cualquier cosa, y cualquier explicación biológica era una especie de conspiración para mantenerlas en su sitio. Por eso defendían ignorar la biología y centrarse en la crianza. La gente piensa así todavía porque no se dan cuenta de cómo el mundo moldea nuestro cerebro. No es naturaleza ni crianza: están enmarañadas, e intentar agarrarse a un lado u otro nos ha limitado siempre.

En los últimos años se escucha cada vez más que el sexo humano no es binario, ¿qué opina del tema?

Hasta los biólogos dicen que no deberíamos pensar en términos binarios rígidos porque sabemos que la distinción no es tan clara. Aunque aceptemos que hay un sexo biológico binario, eso no determina en absoluto cuál debería ser tu identidad de género. Además, [el género] es un proceso biológico, pero es mucho más flexible y multidireccional de lo que pensábamos. Deberíamos decir a la gente que su identidad está determinada por quién sienten que son, pero a veces existe una tensión por mantener la vieja dicotomía.

¿La mala ciencia ha afectado a la lucha por la igualdad de género?

Sí, es la base de la desigualdad de género porque históricamente se ha creído que [las diferencias sexuales] eran por motivos biológicos. Esto socava el progreso en muchas iniciativas, no solo de género. Centrarse en la biología puede ser un problema porque esta no funciona en el vacío: tienes que cambiar la cultura en la que se desarrolla para asegurar que los esfuerzos por igualar la brecha de género valen la pena.

Una de las preguntas que deja sin resolver en 'El género y nuestros cerebros' es la llamada paradoja de la igualdad, por la que aquellos países más igualitarios tienen menos investigadoras. ¿Por qué cree que sucede?

Es muy simplista decir que las mujeres no hacen ciencia porque prefieren a la gente, mientras que los hombres prefieren las cosas, como si hubiera una preferencia biológica predeterminada. Esto lleva a sugerir que no hay que molestarse con iniciativas para impulsar la diversidad. La autoestima es muy importante: dirige nuestro comportamiento y es un mecanismo de supervivencia casi tan fundamental como el hambre y la sed. Hay muchas formas en las que una cultura puede socavar la autoestima de una persona, y si una persona con habilidades puede escoger dónde usarlas, puede decidir evitar los sitios donde no va a ser reconocida, recompensada ni ascendida. Es un gran ejemplo de la paradoja por la que la sociedad culpabiliza al individuo sin mirar su propio papel en el comportamiento de este.

Por Sergio Ferrer

6 de septiembre de 2020 22:03h

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Jueves, 23 Julio 2020 05:57

El sueño y sus interrogantes

El sueño y sus interrogantes

Entrevista a la psicoanalista argentina Carolina Koretzky

Por qué soñamos, qué dicen nuestros sueños: “El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre”, dice esta especialista, que indaga qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis.

 

Uno de los libros emblemáticos de Sigmund Freud fue La interpretación de los sueños. El gran psicoanalista vienés señaló que el sueño “es el guardián del dormir”, algo que no aplica para los sueños de angustia y los sueños traumáticos que más bien provocan el despertar. Jacques Lacan, en tanto, empleó el término “despertar” para hablar de la experiencia analítica. Ahora bien: ¿qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis? Ese es el gran interrogante que aborda la psicóloga y psicoanalista argentina Carolina Koretzky en su libro Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica (Grama Ediciones). ¿Un análisis es un medio de despertarnos o una manera de seguir soñando cuando fue, justamente, la irrupción de un síntoma o de un encuentro traumático que nos despertó? ¿Hay alguna posibilidad de despertarnos? Esas preguntas se formula esta analista radicada en Francia y miembro de L’Ecole de la Cause freudienne y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. “Estudiar aquello que Freud en su obra y Lacan en su enseñanza dijeron a propósito de esta pregunta se vuelve crucial, ya que las respuestas no son tajantes. Al contrario: son respuestas que merecen ser complejizadas ya que se trata de, nada menos, que de la relación del sujeto a lo real en el análisis. Este libro intenta abordar esta pregunta dejando aparecer todas las variantes y paradojas que la riqueza clínica nos ofrece”, explica Koretzky a PáginaI12, sobre su investigación que fue el resultado de una tesis de doctorado en Psicoanálisis, presentada en la Universidad de París 8, bajo la dirección de Serge Cottet y Marie-Hélène Brouse.

--¿Por qué en el sueño no todo es sueño?

--Su pregunta merece una aclaración y un matiz propio a la lengua francesa: la diferencia entre rêve y songe. En español usamos la misma palabra para hablar de un “sueño” (rêve) y de “tener sueño” (sommeil). Su pregunta es muy pertinente ya que Freud mismo cuestionó aquello que en el sueño no lograba acomodarse al dormir. La prueba es la gran paradoja que muestra el sueño de angustia: el sueño es supuestamente el guardián del dormir y a veces, su contenido mismo interrumpe el dormir. Freud intentó dar una explicación a esta aparente contradicción, pero al mismo tiempo los sueños de angustia y los sueños traumáticos nos muestran que hay algo en el interior mismo del sueño que no duerme... O en todo caso, que no se vuelve compatible con el deseo de dormir.

--¿Cómo se explica que, si según Freud el sueño es el guardián del dormir, es también el que provoca el despertar?

--Esto requiere entrar en los detalles apasionantes de la metapsicología, pero trataré de simplificarlo: en La interpretación de los sueños Freud busca establecer una teoría general inédita hasta el momento sobre el sueño y el aparato psíquico. Es una obra que tiene un gran valor epistemológico ya que va a postular que cualquiera sea el contenido representativo, todo sueño figura un cumplimiento de deseo. Esta tesis general va a ser puesta en cuestión a partir de 1920 con el descubrimiento del más allá del principio de placer y la pulsión de muerte. En la primera teoría del sueño la figuración de la realización del deseo es indisociable del deseo de dormir. No son más que uno, dice Freud en una carta a Fliess: se sueña para no despertarse, ya que deseamos dormir, para cuidar el dormir. El sueño es un producto de compromiso que permite seguir durmiendo. Para decirlo lo más claramente posible: los sueños son una formación producto de un acuerdo logrado entre dos elementos heterogéneos y conflictivos: un deseo inconsciente, prohibido e infantil, y la barrera de la censura, que impone sus prerrogativas para el acceso a la conciencia. Gracias a este compromiso entre la censura y el deseo --o entre el yo y la pulsión--, el sujeto puede dormir. Si soñamos para no despertar, ¿por qué razón habría sueños que nos despiertan? El fenómeno de interrupción brusca del sueño a partir de la angustia es una paradoja: sólo hay sueño si dormimos, y sin embargo, a veces, el sueño se acaba por lo que el soñar mismo produce y provoca el despertar. No es la realidad la que despierta, sino algo en el interior mismo del sueño. Eso Lacan lo retoma y lo desarrolla en detalle en su seminario XI.

--¿En términos psicoanalíticos, el despertar es una ruptura instantánea?

--Exactamente. Es lo que diferencia al psicoanálisis de otras corrientes o visiones del mundo, sobre todo religiosas, como en el budismo theravada, que apuntan a un despertar como ideal supremo, el nirvana. Pero el psicoanálisis no adhiere tampoco completamente al dramaturgo barroco Calderón de la Barca quien decía que la “La vida es sueño”. Justamente, para el psicoanálisis el despertar es, al igual que el modelo de la interrupción del dormir por la angustia, un corto instante, un relámpago, decía Lacan, un encuentro fugaz e instantáneo.

--¿Cuáles son las diferencias fundamentales del despertar según Freud y según Lacan?

--Si en Freud encontramos este término de “despertar” referido fundamentalmente al mundo onírico, Lacan a lo largo de su enseñanza, ha empleado este término y sus opuestos (sueño, deseo de dormir, adormecimiento) para dar cuenta de componentes fundamentales de la experiencia analítica. Es un término que de Freud a Lacan pasa de un uso literal a un uso figurativo. De esta forma, el despertar en psicoanálisis es el objeto de una diversidad de usos, figuras y aporía, pero todas indican la presencia en la clínica de un elemento disruptivo: aparición instantánea de las manifestaciones del inconsciente, sorpresas, traumas, momentos de desidentificación o, incluso, el final del análisis. Yo encontré una sola referencia a un uso figurativo del despertar en Freud: es en Análisis terminable e interminable, de 1937, artículo que escribió como respuesta póstuma a Sandor Ferenczi, quien le reprochó a Freud, su analista, el haber omitido analizar su transferencia negativa hacia él y de esta forma no haberle permitido realizar un análisis completo. Freud se muestra desfavorable respecto a la idea de deber activar un conflicto en el analizante que no se exterioriza y recurre a la frase popular: “No despertar a los perros dormidos”. Si las pulsiones crean perturbaciones es la prueba de que los perros no duermen, pero no está en nuestro poder el ir a despertarlos si duermen bien. Posición anti-profiláctica de Freud.

--¿Qué quiso decir Lacan con la idea de que “nos despertamos para seguir durmiendo en realidad”? ¿Uno de los aportes de Lacan es que el despertar en la realidad le sirve al sujeto para evitar el despertar en su propia verdad?

--Como decíamos, en el momento en que el sujeto se aproxima demasiado a una verdad insoportable, se despierta. Pero si nos detenemos un instante vemos bien que es un despertar a la realidad que le sirve para evitar el despertar a la propia verdad, esa verdad encontrada en el espacio del sueño en una temporalidad instantánea y fugaz. Es precisamente este mecanismo que lleva a Lacan, en diferentes momentos de su enseñanza, a enunciar que nos despertamos para seguir soñando o durmiendo. Esta tesis viene a definir el principio mismo de realidad: el sujeto se confronta a un punto de horror pero sólo el tiempo de un instante, un relámpago, y se vuelve luego a dormir en la realidad de representación, en el fantasma. Allí donde puede mantener nuevamente su deseo. Para retomar su pregunta a propósito de la diferencia entre Freud y Lacan vemos que allí donde Freud veía que es para seguir durmiendo que soñamos, Lacan demuestra que es para continuar soñando que uno se despierta. Pero “soñar” o “dormir” en el sentido de seguir inmersos en las representaciones y en los discursos que tejen la trama de la realidad y que necesariamente nos adormecen. Es por esa razón que Jacques-Alain Miller concluía en un excelente artículo que el despertar a la realidad es sólo una huida del despertar a lo real y que ese real se anuncia en el sueño justamente en el momento en que el sujeto va a acercarse a aquello de lo cual nada quiere saber.

--¿Es correcto separar los sueños de la realidad?

--Veíamos recién que Lacan demuestra que es para seguir soñando que uno se despierta, se despierta para huir y evitar el horror encontrado. Esto es muy interesante porque vemos que Lacan no sitúa el despertar y el acceso a lo real del lado de la realidad. Al contrario, toda la psicología construida en torno a un supuesto saber de adaptarse a la realidad se cae a pedazos, ya que la realidad material es un medio de eludir otra realidad. A esa otra realidad, Lacan la llama un real, ese real al que justamente el sueño, en un brevísimo instante, permitió acercarse. Si nos referimos a un texto como Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico vemos la manera en que Freud concibe la relación del sujeto a la realidad, la permanente infiltración del sueño, de las ensoñaciones y de los fantasmas en la realidad material y viceversa. Freud demuestra que el sujeto opta por la realidad debido a una falla en el principio de placer. El principio de realidad sólo opera a partir de una falta de satisfacción, y la sustitución del placer por la realidad no es más que un desvío gobernado por una exigencia de satisfacción. En su curso Causa y consentimiento, Jacques-Alain Miller relee este texto y demuestra claramente cómo la realidad es una prosecución del principio de placer por otros medios. Los sueños, las ilusiones y la actividad fantasmática, en general, no deben ser opuestos a la realidad ya que no hacen más que uno solo con el fin de prolongar el goce.

--En tiempos anteriores al primado de la razón se hablaba de sueños premonitorios. ¿El psicoanálisis le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales?

--¿Por qué soñamos? ¿Qué nos dicen nuestros sueños? El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre. Lo cierto es que corroboramos que casi no hay civilización ni cultura que no tenga o no haya tenido una teoría sobre los sueños. Durante la antigüedad, el sueño recibió una significación profética. Abundan los ejemplos en el antiguo testamento pero también están presentes en Virgilio, Homero, Aristóteles y Platón. Durante las campañas militares, Alejandro Magno podía llegar a decidir si atacar o no una ciudad en función de lo que sus intérpretes predecían a partir de sus sueños. La función profética y oracular de los sueños era preeminente en la antigüedad. Durante el medioevo, los sueños adquirieron una significación sobrenatural, un espacio de conexión con los poderes del más allá, una visita de origen diabólico, como lo muestra la palabra “incubus” en latín, que designaba también a las pesadillas. Durante el siglo XIV y hasta el XVI la palabra “incubo” (o súcubo) designó a las pesadillas, basada en la creencia medieval según la cual un demonio masculino abusaba de una mujer durante el sueño. Vemos cómo a partir del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, el sueño se volvió un objeto para la ciencia, que en contraposición a las antiguas teorías, le quitó todo valor simbólico. En una reacción exacerbada, la ciencia de principios del siglo XIX sólo le otorgó un valor somático cerrando las puertas al inconsciente y a la interpretación. Freud es heredero de su época y, si bien le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales, no lo hizo al precio del cierre del inconsciente. Vio en el sueño un medio, una “vía real” a su acceso.

--¿Para Freud no es un despertar en la realidad gracias a un estímulo exterior sino un despertar de la fantasía?

--Decíamos que hay en Freud una inmisión del sueño y de la realidad más bien que una lógica de separación tajante entre los dos registros. Freud se opone a sus contemporáneos que sólo veían en el sueño la reacción a una perturbación exterior o interior del cuerpo. Para estos autores, de un racionalismo extremo, el sueño es sólo la respuesta a una perturbación. Esto es cierto y no lo es: ciertamente hay sueños que incluyen en su contenido el elemento perturbador con el fin de seguir durmiendo, pero Freud se opone a concebir el aparato psíquico en términos de estímulo y respuesta, ya que cada uno de nosotros podrá ser molestado por un mismo estímulo de la realidad y, sin embargo, producir contenidos radicalmente diferentes. Vemos cómo entre el estímulo y la respuesta interviene un proceso que tiene por función un “ensayo interpretativo”, dice Freud, que termina en una representación. Este proceso, primario, lo califica Freud, es un espacio absolutamente singular: es el espacio del inconsciente. Freud lo ejemplifica a partir del célebre sueño de Maury, quien fue un gran investigador de los sueños, profesor del Collège de France y creador de laboratorios del sueño muy en boga durante el siglo XIX. Maury tuvo un sueño que suscitó en la época importantes discusiones filosóficas. El sueño se sitúa en el momento de la Revolución y Maury es juzgado junto a Robespierre, Marat, Fouquier-Tinville. Es conducido luego al lugar de la ejecución, sube al patíbulo y en el instante en que la guillotina cae, Maury siente que su cabeza se separa del tronco. Se despierta en estado de angustia extrema y descubre que el dosel de la cama se había caído a la altura de sus cervicales... Le dejo al lector descubrir la explicación que da Freud a propósito de este extraño sueño...

--¿Por qué lo que despierta no es la realidad exterior? ¿Cómo se entiende esto en los sueños de angustia?

--En la misma línea de Freud, en 1964, Lacan retoma esta apasionante discusión a propósito de esta brecha entre, dice él, percepción y conciencia. Es en ese entre que se produce una traducción soñada de la percepción. Esta traducción hace que no sea la realidad la que nos despierta sino más bien eso que Lacan llama “knocked” y que lo diferencia del knock, del golpe. Es en este espacio que va del knock al knocked, que el inconsciente se manifiesta en su singularidad inconmensurable. Freud llama a este proceso “Repräsentanz”, que es la forma en que se traduce la irrupción de la realidad material. A menudo sucede que lo que despierta al sujeto no es la realidad, el golpe, sino la traducción soñada de esta realidad. Y para ejemplificar este mecanismo Lacan va a utilizar como ejemplo un sueño que Freud cuenta al comienzo del capítulo VII de La interpretación de los sueños. Ese sueño es para Freud la ilustración misma de que aun cuando se trata de un sueño de angustia, la teoría del cumplimiento de deseo se corrobora. La relectura de Lacan difiere ya que se trata para él, no de un simple sueño de angustia que revela el deseo de ver al hijo en vida --interpretación freudiana--, sino de un sueño traumático consecutivo a un duelo.

Por Oscar Ranzani

Publicado enCultura
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