SpaceX lanza al espacio la primera misión con una tripulación totalmente civil

Está programado que los cuatro integrantes de la misión Inspiration4 orbiten la Tierra durante aproximadamente tres días, a una altura de 575 kilómetros

 

La compañía aeroespacial SpaceX hace historia al lanzar al espacio la primera misión compuesta por una tripulación totalmente civil. El viaje, que se realiza a bordo de la nave Crew Dragon, se diferencia en muchos aspectos de las hazañas recientes de otras compañías privadas.

La puesta en órbita de los cuatro integrantes de la misión Inspiration4 inició exitosamente con el lanzamiento del cohete propulsor Falcon 9 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, poco después de las 20:00 (hora local) de este 15 de septiembre.

Pocos minutos después del despegue, los viajeros espaciales quedaron en órbita, tras separarse la cápsula del cohete. SpaceX también informó que la primera etapa del Falcon 9 aterrizó sobre la plataforma autónoma de puerto aeroespacial, ubicada en el océano.

Está programado que la nave espacial alcance una altura de 575 kilómetros y que su tripulación permanezca en completa ingravidez durante aproximadamente tres días. Así, este lanzamiento sobresale respecto a los recientes vuelos espaciales realizados por Virgin Galactic y Blue Origin, que duraron unos pocos minutos y no superaron los 100 kilómetros de altura.

Después de dar unas 22 vueltas a nuestro planeta, la Crew Dragon volverá a la Tierra para un amerizaje. Durante ese tiempo, los viajeros realizarán varios experimentos sobre el rendimiento humano en el espacio, además de poder disfrutar de una vista privilegiada a través de una cúpula de cristal.

Otra de las peculiaridades de Inspiration4 es que al no contar con astronautas profesionales, todos los procesos serán automatizados y controlados por técnicos de SpaceX desde un centro de mando en la Tierra. "Este hito representa una nueva era para la exploración y los vuelos espaciales tripulados", asegura la compañía de Elon Musk.

Integrantes

Jared Isaacman, fundador y director ejecutivo de Shift4 Payments –una empresa estadounidense de procesamiento de pagos–, estará al timón de la aventura espacial, bajo el apodo 'Liderazgo'. Lo acompañará Hayley Arceneaux, con el sobrenombre 'Esperanza', asistente médica en el hospital infantil de St. Jude (Memphis, Tennessee), quien desempeñará el papel de oficial médica.

A estos dos integrantes se suma Christopher Sembroski, 'Generosidad', un empleado de la compañía aeroespacial Lockheed Martin y exveterano de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. Se precisa que el hombre, entre otros cometidos, ayudará a gestionar la carga útil y los experimentos científicos, al tiempo que se ocupará de las comunicaciones para el control de la misión.

Completa el equipo Sian Proctor, 'Prosperidad', una empresaria, educadora y piloto entrenada, quien recibió su asiento tras ganar en un concurso de negocios en línea. Ella piloteará la nave y prestará el apoyo necesario al jefe durante el viaje.

'Liderazgo', 'Esperanza', 'Generosidad' y 'Prosperidad' representan los pilares de la misión, que además de tener el objetivo de concientizar, busca recaudar fondos para el hospital infantil de St. Jude.

De otra parte, la plataforma Netflix ha lanzado una serie documental sobre esta misión espacial, llamada 'Countdown'. El quinto y último episodio, que se estrenará a finales de mes, incluirá imágenes grabadas por los viajeros durante su travesía.

Publicado: 15 sep 2021

Sábado, 22 Junio 2019 05:58

Y al final, Irán sí estaba armado

Los restos del dron rescatados por los iraníes. Imagen: AFP

Un detalle pasó desapercibido en las interminables especulaciones sobre dónde y por qué Irán derribó un sofisticado dron norteamericano. Tanto mapa con la ubicación del avión robot, tanto cálculo sobre el "mensaje" de Teherán a Washington, dejó de lado un dato que los militares norteamericanos si entendieron: se suponía que Irán no tenía la tecnología para derribar un dron de esos. Pero resultó que sí la tenía.

El dron derribado es un monstruo tecnológico y uno de esos elefantes blancos que la industria armamentística norteamericana le encaja a su mercado cautivo, los militares de EE.UU. El RQ-4 Global Hawk es fabricado por la Northrop Gruman, una empresa que en sus tiempos producía aviones de combate y perdió la competencia con la McDonnell Douglas. El Global Hawk es del tamaño de un avión de pasajeros, de cuarenta metros de punta de ala a punta de ala.

El monstruo está cargado de sensores, interceptores y computadoras, además de enormes cámaras, lo que lo define como una plataforma de espionaje, o para usar la más cortés expresión militar, de inteligencia. No extraña que cada uno cueste 120 millones de dólares.

Este dron no sirve para el combate, porque no tiene ni armas, ni velocidad, ni capacidad de hacer maniobras evasivas para evitar a un enemigo. De hecho, es una muy cara pieza de equipo diseñada para hacer "barridos" sobre territorio a estudiar, en este caso el estrecho de Hormuz y la costa sur de Irán. Su única defensa, el único changüí que tiene el Global Hawk, es que vuela muy alto, con un techo de hasta veinte mil metros.

Y aquí entra la sorpresa iraní. El dron volaba tranquilo porque se suponía que ni los Guardias Revolucionarios, tan bien equipados ellos, tenían misiles de ese alcance. Según parece, la inteligencia norteamericana se creía que sólo tenían misiles antiaéreos de los que se lanzan desde un tubo al hombro, guiados por calor, o a lo sumo baterías rusas SA-6, que no llegan a semejantes alturas.

Pero el dron fue derribado, lo que alarmó a los expertos: ¿los iraníes tienen baterías SA-17? ¿Los rusos los equiparon con eso? El gobierno de los ayatolás contestó que habían derribado al monstruo usando un misil Khordad de fabricación propia, con un radar con radio de 150 kilómetros, un alcance efectivo de cincuenta kilómetros y un techo operativo de 27.000 metros. Si esto es cierto, y puede ser propaganda iraní, Teherán está produciendo una familia de armas mucho más avanzada de lo que esperaban en el Pentágono.

Lo que lleva a recalcular los riesgos de una guerra. Un viejo y sabio chiste en Washington es que la base de la política exterior norteamericana es "nunca te metas con alguien de tu tamaño". Esto explica las constantes prepeadas a países militarmente débiles y el extraordinario respeto a los rusos -con un arsenal de 6500 bombas atómicas-y a los chinos.

Irán, por supuesto, no es del tamaño de EE.UU., pero es la 14 potencia mundial según el medio especializado Global Fire Power. Los ayatolás comandan un ejército de medio millón de hombres, con 350.000 reservistas. La fuerza aérea es relativamente pequeña, con 142 aviones de combate y apenas doce helicópteros de ataque, pero la infantería cuenta con el apoyo de 1600 tanques de combate, una herencia de las batallas con Irak.

Pero la estrategia real, el desbalance relevante en esta geografía, es que los iraníes invirtieron en dos sistemas de armamentos que le permitirían hacer un daño terrible a un invasor. Por un lado, la pequeña armada iraní tiene nada menos que 34 submarinos, perfectamente capaces de bloquear la principal vía marítima de exportación petrolera del mundo. Por otro lado, Teherán dispone de nada menos que 1600 plataformas de lanzamiento de misiles, la cuarta fuerza de su tipo en el planeta. Sólo EE.UU., Rusia y China tienen más de esas.

Un paréntesis para argentinos es que Irán no es un país desarrollado sino que tiene una economía que apenas pasa los dos tercios de la nuestra. Pero el petróleo hace una enorme diferencia: la deuda externa iraní es ínfima y su banco central tiene reservas declaradas de 120.000 millones de dólares. Por algo, son clientes mimados de los rusos, que les transfieren todo tipo de tecnología.

Si Donald Trump termina tropezando con la última piedra y arranca una guerra con Irán, se va a encontrar con mucho más que otro Irak. Al contrario que con Saddam Hussein, no está garantizado que los iraníes se dejen bombardear desde el aire, cediendo esa superioridad desde el vamos, que para algo están los tantos misiles. Y tampoco se van a dejar bloquear por mar, que 34 submarinos no son un chiste.

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