El presidente de Rusia, Vladimir Putin, al participar ayer en una videoconferencia desde la residencia de verano de Bocharov Ruchey, en Sochi.Foto Ap

Llamó la atención que la visita del zar Vlady Putin a India a reunirse con el premier Narendra Modi se haya escenificado un día previo a su cumbre virtual con Biden –sobre el candente contencioso de Ucrania– a la que concurrirá muy fortalecido.

Parece que fracasó el BRICS: aquel bloque geoeconómico de Brasil/Rusia/India/China/Sudáfrica cuando hoy Putin intenta resucitar el concepto geoestratégico RIC –Rusia/India/China– elaborado por el ex premier ruso Yevgeny Primakov (https://bit.ly/3rQSw6S), en plena caída libre de la ex URSS, al que es adicta la diplomacia rusa hoy a cargo de Sergei Lavrov, mientras el eje anglosajón de EU/Gran Bretaña, más Australia, pretende contener el ascenso irresistible de China mediante su AUKUS que hasta busca(ba) acoplarse al sinófobo T-MEC (https://bit.ly/3p0BDUp).

El ideal del AUKUS, para que sea fácticamente persuasivo, es acoplarse al concepto aún muy etéreo del QUAD: "cuadrilátero" de EU/Japón/Australia/India, curiosamente diseñado por Trump para detener, más que contener, a China.

Hindustan Times (7/12/21), cercano a Modi, expone que la "cooperación militar, durante mucho tiempo pilar primordial de la asociación estratégica de India y Rusia, fue parte prominente de la cumbre", donde brilló intensamente la "conectividad" del Corredor Comercial Internacional Norte Sur y el otro Corredor Marítimo Chennai/Vladivostok” en pleno océano Índico. A propósito, no pasó desapercibido en Hong Kong y China que Putin haya calificado a India de “superpotencia (https://bit.ly/3yfX3kR)”.

El titular del Wall Street Journal (WSJ) lo dice todo: “Rusia e India consolidan lazos militares pese a presión de EU: procede la entrega de un sistema misilístico ruso a pesar de las amenazas de sanciones de EU (https://on.wsj.com/31FhQBL)”. Sucede que la cooperación bilateral en materia de defensa salió muy fortalecida entre Rusia e India, al tiempo que Nueva Delhi asentaba su vocación independentista y soberanista. WSJ cita la "preocupación" del canciller Lavrov sobre el pacto de seguridad AUKUS de EU y GB, y su explosivo aserto de que India "se ha distanciado claramente (sic)" de este último, mientras participa en el QUAD.

Según sus funcionarios, India mantiene una "relación privilegiada tanto con Moscú como con Washington". Lo real es que prevalecen la cosmogonía y la religión hindú de Modi de corte politeísta que difícilmente sucumbe al inviable maniqueísmo teológico de Biden.

El portal Sputnik dio mucho vuelo, en el marco de la cumbre 21 de Rusia e India, a la transcendental visita de Putin a Nueva Delhi, con peculiar énfasis en la cooperación aeroespacial (https://bit.ly/31GFbTF). Moscú y Nueva Delhi firmaron un acuerdo intergubernamental sobre un "programa de cooperación técnico-militar de 2021 a 2030", además de la multifactorial colaboración –política, estratégica, económica, energética, agrícola, humanitaria, cultural, securitaria, científica y tecnológica– en concordancia con la cosmogonía multipolar de ambos países.

India y Rusia desean incrementar su comercio bilateral a 30 mil millones de dólares en 2025, también vislumbran una profunda colaboración nuclear, en ciberseguridad y aeroespacial, a grado tal que cuatro cosmonautas de India cumplen satisfactoriamente su entrenamiento en el célebre Centro Yuri Gagarin. En medio del reacomodamiento geoestratégico en el subcontinente indio, estalló la furia relativamente contenida de Biden contra China a unos días de su cumbre maniquea sobre la ilusa "democracia global".

Biden decidió un boicot "diplomático" a los juegos olímpicos de invierno de Pekín 2022 –bajo el hiperbólico cuento chino agringado de violación a los "derechos humanos" en Hong Kong y Xinjiang–, sin prohibir la participación de los atletas estadunidenses (https://wapo.st/3EMFfQN). Hasta donde se sabe, Putin asistirá muy complacido a los Juegos Olímpicos de Inverno de Pekín, donde será agasajado mejor que nunca. A fortiori, tras su visita triunfal a India.

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La virtual presidenta electa de Honduras, Xiomara Castro (a la izquierda), se reunió ayer con la encargada estadunidense de negocios en el país centroamericano, Colleen Hoey, en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa.Foto Afp/Embajada de EU en Honduras

Honduras mantiene relaciones con Taiwán y no las necesita con China, mientras sus vínculos con Estados Unidos sean buenos, declaró ayer Salvador Nasralla, compañero de fórmula de la izquierdista Xiomara Castro, quien se perfila para ser presidenta del país centroamericano tras las elecciones del pasado domingo.

Castro, quien tiene una amplia ventaja con 62 por ciento de las actas computadas, y cuyo triunfo electoral fue reconocido por su principal rival Nasry Asfura y el presidente saliente Juan Orlando Hernández, había afirmado durante la campaña que, de ganar, de inmediato establecería lazos formales con Pekín.

Sin embargo, poco después de una inusual visita a Honduras de Brian Nichols, secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, la semana pasada, un asesor de la candidata que redactó su programa político aclaró que no se había tomado ninguna decisión definitiva.

“No hay relaciones con China, las relaciones siguen con Taiwán. Nuestro aliado comercial, cercano e histórico es Estados Unidos. No nos queremos pelear con él”, comentó a Reuters Nasralla, postulante a la vicepresidencia por el izquierdista Partido Libertad y Refundación (Libre).

“¿Para qué establecer relaciones con China?”, se preguntó Nasralla durante entrevista telefónica; este aspirante se define políticamente como de centro-derecha y encabezaba una coalición de partidos que respaldaron a Castro.

Nasralla hizo declaraciones similares al diario local El Heraldo.

Este año, Honduras –uno de los 15 países que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán– cumplió 80 años de vínculos con la isla asiática, considerada por China provincia rebelde y aliada de Washington.

Estados Unidos no sólo es el mayor socio comercial de Honduras. Ahí residen poco más de un millón de hondureños, entre residentes con papales e indocumentados, que anualmente envían más de 5 mil millones de dólares que representan más de 20 por ciento del PIB del país.

Nasralla, popular presentador de televisión, detalló que la decisión de no establecer por el momento lazos con China en detrimento de Taiwán, fue adoptada por los tres partidos que forman la alianza que apoya a Castro.

El candidato renunció en octubre pasado a la candidatura presidencial del partido Salvador de Honduras para aliarse a Castro, de Libre.

El político insistió en que las relaciones de su país con Washington son buenas y una prioridad para el nuevo gobierno, que “tiene los pies bien puestos en la tierra y sabe que el socio principal que tiene es Estados Unidos”.

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Martes, 23 Noviembre 2021 06:31

El dragón chino y América Latina

El dragón chino y América Latina

La locomotora china avanza imparable. Ya el principal motor de la economía mundial. Y, de acuerdo con un informe del McKinsey Global Institute, superó a Estados Unidos como la nación más rica del planeta (https://mck.co/2ZdpRxc).

El informe de la consultora analiza los balances nacionales de 10 países, que poseen más de 60 por ciento de la renta mundial. Documenta cómo la riqueza neta en el mundo pasó de 156 billones de dólares en 2000, a 514 billones de dólares en 2020. Concluye: el gigante asiático generó 50 por ciento del crecimiento del patrimonio neto en estos últimos 20 años.

Pese a la pandemia, China es la única de las grandes economías que no sufrió recesión en 2020. De hecho, aumentó 2.3 por ciento. De acuerdo con expertos, alcanzará entre 2021 y 2025 un crecimiento promedio anual de 5.7 por ciento. Encarrerada, el año pasado rebasó a Washington como principal socio comercial de la Unión Europea (UE). Según el Foro Económico Mundial (World Economic Forum), se perfila para ser el principal socio comercial de América Latina y el Caribe en menos de 15 años.

El gran dragón oriental es clave en la economía de América Latina. Es voraz consumidor de los alimentos, minerales, metales y combustibles que se producen en la región. Los intercambios comerciales, la ayuda financiera y las inversiones de ese país han sido centrales en permitirle al área, más allá del signo político de sus gobiernos, enfrentar sus retos de crecimiento.

Según Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), "la cooperación entre China y América Latina y el Caribe ofrece una oportunidad para reducir las asimetrías globales y apoyar una recuperación económica transformadora inclusiva que promueva el desarrollo sostenible" (https://bit.ly/3oST3m1).

Aunque el gigante asiático ha restringido sus préstamos en el hemisferio (https://bbc.in/3cy9rCu), aumenta aceleradamente en los demás rubros: intercambios comerciales, inversiones directas, cooperación al desarrollo e, incluso, actividades culturales. En el marco de la pandemia, se han intensificado los acuerdos de investigación y desarrollo, sobre todo en el área farmacéutica. Su apuesta (sin abandonar los otros sectores) es avanzar en logística, servicios, telecomunicaciones y transporte. Nada parece indicar que esta tendencia vaya a desaparecer.

La nación asiática es el segundo socio comercial de América Latina, por encima de la Unión Europea. Ahora representa 15 por ciento del comercio de la zona. Simultáneamente, es la tercera fuente de inversión en las economías del área. Entre 2015 y 2020, empresas privadas y paraestatales invirtieron unos 7 mil 850 millones de dólares en el hemisferio. Países como Chile tienen desde 2006 un tratado de libre comercio con la patria de Mao Tse-Tung. Y Perú se convirtió en el destino favorito de las inversiones de empresas chinas en el continente.

Según el Centro de Estudios China-México (Cechimex), el coloso de oriente tiene 138 proyectos de infraestructura en América Latina, con una inversión aproximada de 94 mil millones de dólares, que han generado 600 mil empleos directos (https://bit.ly/3kT1L2g).

La creciente presencia China en un área tradicionalmente de influencia estadunidense se topa con la creciente inquietud de Washington. El imperio ha buscado contener y administrar el impacto de la potencia oriental y circunscribirlo a la esfera económica. A su vez, Pekín ha actuado con cautela y ha dejado claro que su intención es ampliar sus fronteras económicas.

Se trata de negocios, inversiones y préstamos no condicionados a la aceptación de dogmas de desarrollo, consideraciones ideológicas o criterios estrictamente políticos. Ellos hablan siempre de cooperación y apoyo mutuo.

En entrevista con La Jornada, el ex presidente de Bolivia Evo Morales explicaba así esta relación: "China apoya el desarrollo sin chantajearnos, sin condicionarnos. Estados Unidos apoya, pero a cambio de la privatización de los recursos naturales y de servicios básicos, además de condicionar la lucha contra el narcotráfico. China sí te da crédito, no te pone ninguna condición. Esa es la profunda diferencia. Igual Rusia y otros países. En mi experiencia, estamos peleados con un imperio, pero no con otras potencias. Nos equilibramos bien" (https://bit.ly/3DHg3ub).

En un breve mensaje videograbado difundido en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en septiembre pasado, el presidente chino, Xi Jinping, ofreció ayuda a los países de América Latina y el Caribe para contribuir con su pronta recuperación tras la pandemia y para avanzar en el desarrollo socioeconómico. Las relaciones –señaló– "han entrado en una nueva era caracterizada por la igualdad, el beneficio mutuo, la innovación, la apertura y el bienestar para los pueblos". Su país –dijo– está dispuesto a trabajar coordinadamente para crear oportunidades en la región y construir un futuro compartido. Según Enrique Dussel Peters, uno de los más profundos conocedores de la relación entre China y América Latina, el videomensaje "no es detalle menor".

La contundencia de la presencia china en la región significa, lisa y llanamente, que no hay proceso de integración regional latinoamericana viable al margen de ella. El dragón del oriente llegó a la región para quedarse.

Twitter: @lhan55

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 Nayib Bukele anuncia la construcción de la primera 'ciudad del bitcóin' en el mundo durante la conferencia de la 'semana del bitcóin', Teotepeque (El Salvador), el 20 de noviembre de 2021.JOSE CABEZAS / Reuters

Será construida en el este del país en forma de círculo, emulando una moneda, y sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA.

El Salvador planea construir "Bitcoin City", la primera 'ciudad del bitcóin' del mundo, que será financiada con bonos, respaldados con la criptomoneda, reveló este sábado el presidente del país, Nayib Bukele, al final de la conferencia dedicada a la promoción de la divisa digital. 

"Pensé que teníamos que dar un anuncio grande en esta 'Semana del bitcóin'. Así que hoy quiero anunciar que vamos a construir la primera 'Bitcoin City'", declaró el mandatario. 

Será construida entre la ciudad de La Unión y Conchagua en forma de círculo, emulando una moneda. El proyecto incluye una "gran plaza central" que "celebrará la creación del bitcóin", precisaron desde la Casa Presidencial de El Salvador. "Habrá una plaza con la 'B' del bitcóin tallada en ella, lo que permitirá que la luz ingrese a las salas de exhibición del museo del bitcóin. Aquí es donde la gente aprenderá sobre la evolución del dinero: desde las piedras hasta la perfección de blockchain", señaló el organismo.

Según Bukele, será una nueva metrópolis con zonas residenciales, centros comerciales, restaurantes, un puerto, un aeropuerto, un tren, "de todo en torno al bitcóin".

Sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA. "La mitad se usará para pagar los bonos de la municipalidad y lo demás para la infraestructura pública y el mantenimiento de la ciudad", dijo el presidente.

La energía la obtendrá de una central geotérmica local en el volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión.

Samson Mow, director de estrategia de Blockstream, proveedor de tecnología 'blockchain', informó que inicialmente las autoridades salvadoreñas emitirán bonos de 1.000 millones de dólares respaldados por bitcoines a fin de comenzar a recaudar fondos para levantar la planificada ciudad.

Bukele anunció que en el 2022 iniciará la emisión de bonos dentro del "ecosistema bitcóin", mientras que el proyecto iniciará 60 días después del financiamiento.

"Bitcoin City será la ciudad más avanzada de su tipo, más famosa que las ciudades y metrópolis más grandes de todo el mundo. Es el comienzo de lo que se llamará 'Área Metropolitana de la Ciudad de Bitcoin'", comunicaron desde la Casa Presidencial.

En septiembre del 2021 El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Esta semana, el país latinoamericano ha sido sede de la 'Semana del bitcóin', conferencia anual que se celebra desde el 2013, organizada por los interesados en la expansión de la criptodivisa. Con la decisión de la construcción de la citada ciudad, las autoridades avanzan en su apuesta por las innovaciones financieras. 

Publicado: 21 nov 2021

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Jueves, 18 Noviembre 2021 05:55

Desabastecimiento

Desabastecimiento

La esencia de la carestía de bienes es el choque de un sistema que necesita expandirse constantemente con la imposibilidad física y ecosistémica de sostener esta expansión

El otoño de 2021 está atravesado por una palabra: desabastecimiento. Por ejemplo, faltan chips (lo que afecta a industrias como la de los móviles o la automoción) y materiales de construcción (madera, pinturas, acero). Por faltar, empieza a haber carencia hasta de bebidas alcohólicas. De manera acoplada, aumenta el precio de distintas mercancías, como la electricidad. Esta situación tiene detrás un incremento de la demanda fruto de una cierta reactivación económica, pero la clave está en analizar por qué esa demanda no se está pudiendo cubrir.

Para escudriñar respuestas necesitamos una mirada no unidimensional, pues lo que estamos viviendo es el resultado de múltiples factores entrelazados. Uno de los elementos detrás del desabastecimiento es el logístico: después del parón impulsado por la covid-19, las cadenas de producción y distribución globales no son capaces de ponerse en marcha de manera automática. Necesitan tiempo para restablecer el ritmo de transporte marítimo o el funcionamiento de los puertos.

Se suma el modelo económico. Una producción just in time, sin almacenamiento, y en la que la especialización productiva territorial es muy alta (por ejemplo, la mayoría de los chips del mundo se fabrican en Taiwán) hace que el sistema sea muy vulnerable. Ante el fallo de un nodo de producción mundial, como está sucediendo con el de chips en Taiwán, no hay stock que pueda sostener durante un tiempo la demanda hasta que la producción se recupere. También forma parte del modelo económico imperante un control oligopólico de muchos sectores, como el del transporte marítimo global o el de la producción eléctrica en España, que permite a estos actores usar su posición de fuerza. Y una fijación de precios que depende en buena parte de los mercados financieros, que suelen ser amplificadores de los precios altos, por ejemplo de materias primas, pues fomentan procesos especulativos.

Al modelo económico se añade la crisis económica que se arrastra desde, al menos, 2007, que impulsa una desinversión en diferentes sectores. Sin expectativa clara de beneficios, los capitalistas no invierten en la economía productiva y desvían sus búsquedas de lucro hacia la financiera. El sector petrolero ilustra bien este hecho. A pesar de que cada vez cuesta más extraer petróleo, pues está situado en lugares más inaccesibles (en aguas ultraprofundas, en regiones árticas o embebido en rocas duras), las empresas, en lugar de estar aumentando su inversión, la están reduciendo. La causa detrás de esto es sencilla: simplemente no les sale rentable, como muestra la quiebra en cadena de corporaciones especializadas en fracking desde 2020 o el anuncio de petroleras de tamaño medio como Repsol de que van a abandonar el sector. Esto redunda en una menor disponibilidad de bienes incluso cuando sube la demanda, pues un campo petrolero requiere años para ser puesto en funcionamiento.

Las decisiones políticas también desempeñan un papel en el proceso de desabastecimiento. De este modo, el brexit, combinado con las medidas de restricción migratoria, han impulsado la falta de camioneros en Reino Unido, lo que contribuye al desabastecimiento. Otro ejemplo es cómo Rusia usa su posición de fuerza con Europa (es uno de nuestros principales suministradores de gas) para ganar terreno en la geopolítica global.

Tanto empresas como gobiernos han precarizado hasta lo intolerable la vida de muchas personas que, simplemente, abandonan los sectores donde las condiciones de trabajo son inadmisibles

Hay políticas de más largo aliento que también es necesario destacar, como las laborales. Tanto empresas como gobiernos han precarizado hasta lo intolerable la vida de muchas personas que, simplemente, abandonan los sectores donde las condiciones de trabajo son inadmisibles. Nuevamente, el sector de los camioneros es un buen ejemplo. Y esta precarización no es consecuencia de la avaricia de unas pocas personas (o, al menos, no solo), sino que está relacionada con los procesos de desinversión y, en definitiva, con la crisis estructural del capitalismo. Como nuestro sistema socioeconómico no consigue recuperar altas tasas de reproducción del capital, presiona a los eslabones más débiles para intentarlo. Dicho de otro modo, la precariedad laboral es una política hasta cierto punto inevitable en una coyuntura de debilidad de las fuerzas populares en un sistema altamente competitivo y en crisis que es ciego a cualquier otro imperativo que no sea reproducir el capital.

Pero todo esto es insuficiente para comprender lo que sucede si no sumamos la mirada ambiental. Vivimos en un planeta de recursos finitos y estamos alcanzando los límites de disponibilidad de distintos materiales. Por ejemplo, la extracción de plata, necesaria junto a otros 40 elementos para la producción de móviles, pues es uno de los que integran los chips, está estancada desde hace años como consecuencia de los límites de disponibilidad geológica. El problema no se restringe a la plata, sino que abarca el cadmio, el cobalto, el cromo, el cobre, el indio, el litio, el manganeso, el níquel, el plomo, el platino, el teluro o el zinc. Los impactos se extienden por el conjunto de la economía, pues sin una disponibilidad creciente de estos elementos no se pueden fabricar cada vez más molinos eólicos, ordenadores, acero o coches.

No solo faltan materiales, sino también energía. El aumento del precio del gas es el principal vector que está haciendo crecer los precios de la electricidad en España y en otros lugares de Europa. Los principales suministradores de gas a la Unión Europea son Rusia y Argelia y ambos países están atravesando una situación similar: su capacidad extractiva de este combustible fósil está estancada desde hace años. Es más, su consumo interno aumenta, lo que hace que su posibilidad exportadora se resienta más, lo que tensiona los precios al alza. Y, sin cambiar de modelo, hay pocas opciones, pues el gas se transporta mal por mar (es caro y podemos moverlo en cantidades pequeñas si las comparamos con el consumo), lo que excluye como alternativa el gas estadounidense o catarí.

La situación del gas no es única dentro del panorama energético. La extracción de petróleo parece que llegó a su máximo en 2018 y esto es fundamental en la articulación de la economía global, pues alrededor del 95% del transporte quema derivados del petróleo. Es más, este transporte depende sobre todo del diésel, que está en caída por lo menos desde ese 2018. Y podemos añadir el carbón, pues detrás de los apagones en la red eléctrica china está su dificultad para encontrar este combustible en cantidades suficiente en sus propias minas y en las internacionales. Por ejemplo, ha levantado el veto que tenía a la importación de carbón australiano, pero ni con esas consigue garantizar una producción eléctrica que evite cortes recurrentes.

El cambio climático también está contribuyendo a la situación. Volviendo a Taiwán, principal productor mundial de chips, allí el cambio climático está siendo un factor determinante en la sequía que sufre el país. Esto está afectando a la producción de chips, pues Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), líder mundial de esta industria, utiliza 156.000 toneladas de agua al día en la producción de sus chips. Y si no hay agua…

Incluso la crisis ecosistémica ha empujado al desabastecimiento. Los problemas logísticos como consecuencia de la pandemia de covid-19 se relacionan con la pérdida de biodiversidad, pues hay una amplia bibliografía científica que señala que la ruptura de los equilibrios ecosistémicos es determinante en la expansión de enfermedades zoonóticas (que provienen de otros animales) que estamos viviendo en los últimos años. Una de estas enfermedades, como sabemos, es la covid-19 que, combinada con unos insuficientes servicios sanitarios y una fuerte interconexión global, ha provocado una pandemia que ha obligado a ralentizar la economía entre invierno de 2019 y verano de 2021.

Varias de las causas del desabastecimiento son coyunturales, pero otras, como las ambientales, son estructurales e irresolubles. Por más dinero que se invierta, no conseguiremos crear plata o gas nuevo en la Tierra. La esencia del desabastecimiento es el choque de un sistema que necesita expandirse constantemente con la imposibilidad física y ecosistémica de sostener esta expansión.

Por ello, en el siglo XXI tenemos una gran disyuntiva: mantener un sistema que nos aboca a un desabastecimiento, que será cada vez más profundo y generador de desigualdades, o transformar radicalmente nuestra forma de relacionarnos con el resto de la vida y entre las personas. Esta segunda opción obliga a poner en marcha políticas de decrecimiento, localización e integración del metabolismo humano en el funcionamiento del metabolismo de la vida (o, dicho de otro modo, economías basadas en la agroecología y no en la industria o los servicios). También a trascender el capitalismo a través de una desmercantilización y desalarización de nuestras vidas. Y todo ello debe realizarse con fuertes medidas de redistribución de la riqueza que nos permitan vivir a toda la población mundial dignamente de manera austera. En definitiva, tener vidas plenas en armonía con el conjunto de la vida sin intentar, enfermiza y continuamente, traspasar los límites de nuestro bello planeta. En Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030 proponemos ideas más concretas de cómo hacer esta gran transición para nuestro territorio.

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Por Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción. 17/11/2021

Este artículo ha sido redactado para Entrepobles.

 

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Diez escenarios que alimentan los riesgos de un estancamiento de la economía

El ciclo poscovid aún navega con viento en popa hacia una restauración de la prosperidad previa a la epidemia. Pero la travesía se aleja de las aguas tranquilas y se adentra en diez latitudes de turbulencias que podrían tensar más los precios y aminorar el ritmo de la actividad.

 La coyuntura internacional empieza a vislumbrar amenazas económicas, políticas, empresariales e industriales, en el comercio y en las inversiones, que podrían crear fuertes turbulencias sobre el recién iniciado despegue del ciclo de negocios poscovid.

Así lo refleja un reciente informe de Economist Intelligence Unit (EIU) en el que, sin llegar a poner en tela de juicio el dinamismo de la actividad global, calcula un aumento del 4,1% en 2022, advierten del diferencial de prosperidad, según las latitudes y las naciones del planeta, y de hasta diez factores de riesgo que podrían encender de nuevo la mecha de la inflación y de la ralentización.

O, dicho de otro modo: un decálogo de escenarios que, de consumarse, harían despertar de nuevo el fantasma de la estanflación, al que han invocado no pocos inversores desde el inicio del otoño.

  1. Deterioro de las relaciones EEUU-China.

Pese al anuncio de cooperación en el combate sobre el cambio climático de las dos economías más contaminantes del planeta revelado por sus dos mandatarios Joe Biden y Xi Jingping, en la misma COP26 de Glasgow, las opciones de que el alto voltaje en la rivalidad por la hegemonía geoestratégica mundial cree dos bloques económicos antagónicos y con distintas velocidades de vigor y riqueza, son cada vez mayores. Washington trata de ganar a su causa a sus tradicionales aliados occidentales. Con presiones para restringir flujos comerciales, tecnológicos, financieros y de inversión, así como un elenco de sanciones en ciertos mercados y compañías para que elijan su terreno de juego. Con evidencias palpables ya en el orden tecnológico, con la carrera del 5G como trasfondo, pero con repercusiones directas en las estrategias industriales y de consumo de múltiples sectores y empresas. Una bifurcación global generaría dos modelos de cadenas de valor con estándares digitales diferentes; además de provocar más incertidumbre comercial e inversora. La reciente escalada militar, con nuevas armas de destrucción masiva más modernas y eficientes, ha intensificado el pulso que se focaliza en Asia, donde EEUU ha redoblado su apoyo a Taiwán y reforzado sus bases en Japón y Corea del Sur.

  1. Un súbito e inesperado encarecimiento del dinero.

Dirigido desde la Reserva Federal para evitar un crash bursátil. Una eventualidad que también preocupa al poderoso Departamento de Estabilidad Financiera del FMI, que alerta de un probable desplome de los activos financieros e inmobiliarios en caso de una precipitada maniobra de encarecimiento de los tipos de interés por parte de la Fed ante la subida de un IPC, el estadounidense, que ha escalado al 6,2% en octubre. En plenos mensajes de exuberancia irracional de los mercados. Muchos de cuyos inversores no se creen el itinerario prudente de su autoridad monetaria, que relega hasta 2023 un incremento del precio del dinero. Para los expertos de EIU “si la política de la Fed no lograra su cometido de poner a raya la inflación a medio plazo, gana enteros la apuesta por un toque alcista de los tipos a mediados de 2022”. Y la ratio precio-ganancias de Wall Street está por encima de las jornadas que antecedieron al Crash de 1929 y al tsunami de 2008. El final de la etapa de tipos próximos a cero iniciaría un ajuste en los mercados, la caída del valor de múltiples empresas, la contracción del consumo y la inversión y, muy probablemente, la interrupción de la recuperación de EEUU y un hipotético retorno a la recesión.

  1. Desplome del mercado inmobiliario chino.

La quiebra de Evergrande, pese a haber reparado parte de sus vencimientos de deuda más inmediatos, mantiene sin resolver un lastre de 300.000 millones de dólares, que revelan una elevada exposición en otras muchas compañías y un estado de shock en el sector inmobiliario chino. Los riesgos de contagio al sistema financiero son nítidos. Y las señales de suspensiones de pagos en este mercado surgen por doquier. Pekín está tratando de evitar la sobreexposición de los bancos y las amenazas de quiebra de las familias. Con ayudas e inyecciones de liquidez que podrían frenar el dinamismo del segundo PIB del planeta muy por debajo del 6% en los próximos años. La crisis energética y el cuello de botella sobre el suministro de la Gran Factoría mundial podría debilitar tanto la demanda exterior de los bienes y servicios made in China que no sería descartable la aparición de números rojos en su actividad.

  1. El endurecimiento de las condiciones financieras pasa factura a los mercados emergentes

 Las subidas de tipos de las potencias industrializadas encarecerían de inmediato las condiciones crediticias en los mercados internacionales y, por ende, a que los bancos centrales de economías emergentes como Brasil, México, Rusia, Sri Lanka o Ucrania tuvieran que mover ficha urgente y elevar también el precio de su dinero. Con el consiguiente agravamiento de sus servicios de pago de deudas soberanas, la aceleración agresiva de sus políticas de consolidación presupuestaria o la escalada de sus primas de riesgo. Todo ello, generaría vulnerabilidades añadidas: desde caída de los flujos de inversión internacional hasta dificultades de colocación de emisiones de bonos. Y pérdida de valor de sus monedas; muy en especial e inicialmente, el peso argentino y la lira de Turquía.

  1. Nuevas variantes de la covid-19 que pongan a prueba la resistencia de las vacunas

 El éxito de las campañas de inoculación en los países de rentas altas no debe hacer caer en el olvido los riesgos de variantes más agresivas que escapen a la protección de las actuales dosis preventivas o que estropeen las previsiones económicas. Sobre todo si, como ocurre, las vacunaciones en el mundo en desarrollo continúan sin propagarse.

  1. Expansión de las protestas sociales

La prolongación de las desigualdades y de la capacidad y la calidad de vida que se ha agudizado durante la Gran Pandemia, podría engendrar drásticas tensiones en las sociedades civiles occidentales y propiciar movimientos populistas que alienten gobiernos autoritarios. A los que se unen otros focos de alta conflictividad, política y social, como los que acontecen en Oriente Próximo, África o América Latina. Latitudes con amenaza elevada en las calles. Y otros que podrían llegar a entrar de nuevo en recesión. La aversión al riesgo del circuito inversor haría detonar con mayor virulencia aún los estallidos sociales en demanda de mayores salarios, puestos de trabajo, mejora de condiciones laborales y ayudas frente a la crisis energética o la subida del precio de los alimentos.

  1. Irrupción de conflictos geopolítico como el de Taiwán

 En máximo riesgo de conflicto bélico entre EEUU y China desde que, a finales de 2020, se haya elevado la presencia militar de Pekín en el Estrecho de Taiwán y la retórica reivindicativa y nacionalista instaurada por el presidente Jinping. Con la inmediata involucración de Washington en defensa de su gran aliado en la zona. Acusaciones de violación del espacio aéreo de la isla a Pekín de por medio. Y una cada vez mayor influencia en este espinoso asunto de Australia o Japón. Con efectos colaterales sobre cadenas productivas manufactureras asiáticas. En especial, sobre los ya debilitados flujos de comercio de la industria de componentes y semiconductores.

  1. Deterioro de los lazos entre Europa y China

Tras la imposición de sanciones europeas, desde marzo, contra China por conculcación de derechos humanos en Xinjiang y la inmediata réplica de Pekín contra una decena de ciudadanos europeos y cuatro ONG’s que han enrarecido el clima diplomático. También tensionado por la incursión de China como amenaza geoestratégica en el último análisis de Política Exterior de la UE. Aunque Europa todavía mantiene su independencia operativa frente a China, las presiones de la Casa Blanca sobre Taiwán, el 5G o las acusaciones de control económico-financiero del comercio y el valor cambiario del rinminbi podría generar una crisis inversora de alta intensidad y vulnerabilidades en el suministro de bienes y servicios mutuos. Con el consiguiente hundimiento de la actividad.

  1. Sequías severas

Con amenazas de hambrunas. Y ruptura del mercado alimenticio. Porque los episodios de desastres naturales son cada vez menos puntuales; ocurren de manera más sincronizada y durante periodos más prolongados de tiempo. La intensidad de las sequías en los territorios africanos, olas de calor en Canadá o EEUU fuera del invierno, incendios en California, Grecia, Portugal o España y alteraciones climatológicas extremas -lluvias persistentes y sequías- en países como Brasil, han elevado los riesgos de cortes de agua e interrupciones de productos y de materias primas del sector de la alimentación y, con ellos, las posibilidades de retroceso del PIB global. Además de incrementar el número de cosechas sin opción de recolección. Por alguna inclemencia meteorológica. Motivo que ya ha hecho repuntar el sentimiento de pesimismo en los indicadores globales sobre consumo, expectativas económicas y comportamiento de precios.

  1. Escenario de ciberguerra entre estados con daños en infraestructuras estratégicas

 Como consecuencia de ello, los gastos militares para identificar a los ciberdelincuentes podrían crear una escalada belicista que se combine con aspectos geopolíticos, de Estados, y de competencia, entre empresas. Y a un boom del negocio del software que garantice los controles sobre redes de infraestructuras, cuando las disrupciones económicas y empresariales siguen en boga y crece en sentimiento de incertidumbre inversora.

Miquel Puig: "La izquierda debe recuperar el concepto de Estado nación para defender los sueldos de las clases populares"

 

14/11/2021 21:43 Actualizado: 15/11/2021 07:56

David Rodríguez@Daroib

El economista Miquel Puig publica Els salaris de la ira (La Campana), donde explica por qué los salarios reales acumulan décadas de estancamiento. El actual concejal de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona también aborda cuestiones como una izquierda desorientada, el desarrollo tecnológico, la globalización o el efecto de la inmigración en los salarios.

Cogiendo como préstamo el título de la obra de John Steinbeck, el clásico Las uvas de la ira, a quien menciona en una de las dedicatorias de Els salaris de la ira (La Campana), Miquel Puig confiesa que lo ha escrito para reflexionar sobre una idea sencilla y complicada a la vez: ¿Por qué los salarios están estancados desde hace cuatro décadas? Seguidor de las teorías liberales, admite que el libro actúa en cierta forma como una actualización de algunos axiomas económicos en los que llegó a creer, como el que vincula los salarios a la productividad, que, al menos, ahora quiere poner en duda.

Doctor en Economía, después de enseñar sobre esta materia en el ámbito universitario, ha sido director general de Industria en la Generalitat de Catalunya, director general de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y ejecutivo en empresas del sector privado. Actualmente, es concejal por ERC en el Ayuntamiento de Barcelona. Una izquierda desorientada, el desarrollo tecnológico, la globalización o el efecto de la inmigración en los salarios son problemas que aborda en Els salarios de la ira. Aunque reconoce que no tiene soluciones para resolverlos, acusa a cierto espectro de la clase política de no querer afrontarlos, dejando la puerta abierta a la aparición de los populismos.

¿Por qué los salarios no han subido en los últimos 40 años?

El libro pretende analizar por qué los sueldos no han subido en este período y qué consecuencias políticas tiene este hecho. No se han subido por varios factores. Uno de ellos es la tecnología que, a corto plazo, tiene siempre un efecto de presión sobre los salarios. Otro elemento es la globalización, que implica trasladar fuera la producción y que acaba destruyendo puestos de trabajo. Y el último es la inmigración. La combinación de estos componentes ha hecho que una parte importante de la población haya visto cómo su puesto de trabajo ha desaparecido o sus condiciones se han deteriorado.

En relación con la inmigración afirma que existe cierto sentimentalismo que defiende que ésta no tiene impacto sobre los salarios. ¿Qué significa?

Ante todo, lo hago para sacar a la extrema derecha de la ecuación y el debate sobre la inmigración. Simplemente intento reflejar un hecho objetivo, basado en datos, que si nos empeñamos en taparlo, lo que hacemos es alimentar el discurso de la extrema derecha. Ante todo, hay que reconocer esta realidad. Es un problema que tiene la izquierda y no sólo con la inmigración. Políticamente, la izquierda se ha desmarcado de la idea del Estado nación, asociándola a la burguesía o al capitalismo. Se ha encontrado con la contradicción entre el ideal internacionalista y la realidad, que muestra que los acuerdos sobre los impuestos a la renta, la consecución del Estado del Bienestar o la protección del mercado laboral a través de un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) sólo se consiguen con el Estado nación. Esta paradoja se ha acentuado con la globalización, puesto que desde hace 40 años, las fronteras son más porosas, permitiendo que entren productos y personas. La pérdida de potencia de esta estructura está deteriorando la posición de los de abajo.

La izquierda debe recuperar el concepto de Estado nación para defender de nuevo los sueldos de las clases populares. Más concretamente con los inmigrantes, es cierto que debemos hacer todo lo posible para regularizar, integrar y formar a las personas que ya están con nosotros, pero al mismo tiempo debemos regular las entradas porque es un factor que desequilibra nuestras sociedades.

¿Esto no supondría una vuelta al proteccionismo económico, similar al que implantó Donald Trump en EEUU?

Creo que en ciertos momentos no hay más remedio. Es cierto que la unificación europea actual trata de construir un Estado nación mayor, integrando países ricos como Suecia u otros extremadamente pobres como Bulgaria, pero hoy por hoy, sólo nos queda reconocer que el Estado nación es lo que puede proteger a los trabajadores.

Da la sensación como si el libro tuviera cierto cariz biográfico sobre su propio desencanto de las recetas que propugna el modelo económico liberal.

Una parte pequeña del libro sí tiene un componente biográfico, ya que hago referencias a cosas que he ido descubriendo a lo largo de mi vida. Aprendí cosas en la universidad, algunas me las creí y creo que compartir esta experiencia es positivo, ya que ahora, en muchos sitios se están enseñando las mismas teorías y algunas deben matizarse. Una parte del interés que puede tener Els salaris de la ira es que el mundo no es cómo se explica en los libros de texto de las facultades de economía.

¿Qué colectivo sería actualmente el equivalente a los campesinos desplazados de 'Las uvas de la ira'?

Creo que el título condensa muy bien la intención del libro, que es la de reflejar la situación de congelación de los salarios durante cuatro décadas y por otra parte, su impacto sobre la democracia, que se traduce en que una parte importante de la población está enfurecida contra el sistema. En la obra intento vincular dos conceptos nucleares, como son la larga congelación salarial y la gran disparidad salarial con la salud de la democracia. Precisamente quienes más cuestionan la democracia son los más perjudicados por la congelación salarial. Serían quienes reciban los salarios de la ira. El libro también puede entenderse como un grito para que la izquierda reaccione y reanude su tradición que es proteger al trabajador. Una de las tesis que reivindico es que las izquierdas se han centrado demasiado en proteger los derechos civiles, que es algo positivo, pero dejando a un lado los de los trabajadores humildes.

Otra de las tesis del libro es que los salarios descienden porque hay demasiados trabajadores. ¿Cómo lo gestionamos entonces?

Es una afirmación de sentido común que el mainstream intenta negar. Si los salarios no han subido es porque los trabajadores no han escaseado lo suficiente. A partir de ahí, debemos recordar que la Constitución española reconoce el derecho al pleno empleo. Por eso, debemos exigir a los poderes públicos que garanticen este pleno empleo. Es inadmisible que España se haya instalado en una situación permanente de desempleo. En el debate entre una Renta Garantizada y un Salario Garantizado, yo opto por aplicar la segunda opción con el salario mínimo. Los gobiernos deben asegurar trabajo para todos con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). La posibilidad de una Renta Básica Universal (RBU) como medida me parece un mal menor pero una mala idea. En este punto estoy de acuerdo con Karl Marx cuando decía que el trabajo dignifica. El ciudadano tiene derecho a recibir un ingreso y poder ganárselo si queremos construir sociedades estables políticamente.

En algunos momentos parece inspirarse en 'La Teoría de las Desigualdades' del economista francés Thomas Piketty.

A Piketty debemos agradecerle que haya puesto sobre la mesa dos temas importantes: las desigualdades salariales y una cantidad ingente de información, desde el siglo XVIII, sobre patrimonio y rentas. Dicho esto, desde mi punto de vista se equivoca en dos puntos. Primero, por dar demasiada importancia al 0,1% de la población que representa al colectivo más rico de la sociedad. La segunda es que propone que, grabándolo a impuestos, se soluciona en parte el tema de las desigualdades. Esta receta creo que se tambalea un poco. Él achaca a los impuestos que pagaban los más ricos el hecho de que la situación económica mejorara entre 1945 y 1975. Según mi visión, esto se produjo porque los trabajadores eran un bien escaso.

Ahora parece que estamos en el momento contrario, puesto que la tecnología reduce esta necesidad de trabajadores

La tecnología es un motor que va liberando mano de obra y reduce la cifra de trabajadores. Todas las revoluciones digitales destruyen trabajos para una generación y los crean para sus hijos. Pero, por otra parte, también ha servido como factor para estabilizar a la sociedad mediante la reducción de las horas de trabajo y el hecho de que el Estado haya ganado peso. Mi teoría es que para compensar la digitalización y la robotización que se está instalando, el sector público tendrá que seguir creciendo. Hasta 1975, momento en que dejan de crecer los salarios, el sector público había aumentado. Ahora tiene el reto de crear nuevos servicios vinculados a la atención a las personas, cuidados o tercer sector. La sociedad tiene unas necesidades ilimitadas y seguramente el avance de la tecnología debe comportar un nuevo crecimiento de la Administración. Es una decisión política en la que debemos elegir si queremos más parados o nuevos funcionarios. Debemos volver a las raíces de la socialdemocracia, que significa recuperar el Estado para proteger a los trabajadores.

Desde su posición como concejal del Ayuntamiento de Barcelona, ¿Qué puede hacer un gobierno municipal para mejorar esta situación?

Un caso paradigmático en Barcelona es el del turismo, que se ha basado en una fórmula que ha apostado por los bajos salarios. Desde el Ayuntamiento de Barcelona se pueden dar pasos modestos, pero necesarios y correctos. Un ejemplo es la aprobación, a iniciativa de ERC, de un recargo en la tasa turística. La idea que se extrae es que el turismo no debe ser barato porque si lo es no podemos pagar buenos salarios. La gran amenaza sobre los salarios es el turismo asequible. Debemos retroceder en algunos aspectos y tratar de hacer cumplir algunos principios básicos como que los sueldos de los trabajadores del sector turístico respeten al menos lo que establece el convenio colectivo.

14/11/2021 21:42 Actualizado: 15/11/2021 07:54

Publicado enEconomía
Criptomonedas: solo especulación que acelera el desastre climático

Las llamadas criptomonedas se están convirtiendo en una de las expresiones más fieles de la lógica y la ética que dominan el capitalismo de nuestros días.

El número de todas las que existen en el mundo es ya impresionante. A última hora del 10 de este mes de noviembre la web coinmarketcap.com registraba 13.969. Veinticuatro horas más tarde, ya registraba 14.055, 86 más.

El valor de todas ellas en los mercados tampoco para de crecer. En ese mismo periodo de un día, ha pasado de 2,79 billones de dólares a 2,84 billones, según los datos de la misma web. Y hace justo un año el valor total era de 440.000 millones, lo que quiere decir que en estos últimos doce meses se ha multiplicado por 6,4.

Pero si es grande el número y el valor de las criptomonedas que se han creado y circulan por todo el mundo, mayor aún es la confusión que existe sobre su auténtica naturaleza.

Dicho de la forma más elemental posible, las criptomonedas son anotaciones digitales obtenidas por diferentes procedimientos, todos los cuales se basan en la utilización de cifras o códigos muy complejos para crearlas y controlar su circulación de modo descentralizado.

Se dice que esas anotaciones digitales son dinero, lo mismo que lo es la anotación que los bancos hacen en las cuentas de sus clientes, y por eso se denominan criptomonedas. Pero esta es una idea errónea porque no es verdad que las criptomonedas estén desempeñando las funciones que siempre desempeña cualquier cosa que sea utilizada como dinero: ser medio de pago de aceptación generalizada, unidad de cuenta y depósito de valor.

El dinero es cualquier cosa que es generalizadamente aceptada como medio de pago, para saldar las deudas. Y, al contrario, se puede decir que no es dinero lo que no haya sido aceptado generalizadamente para esa función.

Si yo le debo a mi vecina 500 euros, puedo saldarle la deuda con una moneda del reinado de Isabel II de mi propiedad que para ella tenga el valor de esos 500 euros. Sin embargo, aunque haya saldado una deuda con ella, esa moneda no se puede considerar como dinero si no es aceptada como tal por todas las personas. Ahora bien, si al día siguiente el Estado declarase que esas antiguas monedas de Isabel II pasan a ser de curso legal, es decir, de obligada aceptación para saldar deudas, la moneda que le di a mi vecina sería ya dinero. Por tanto, para que algo se convierta en dinero no basta que alguien lo acepte como pago de una deuda. Es necesario que la aceptación sea generalizada, bien por imposición del Estado o por decisión colectiva (eso es lo que ocurría en los campos de concentración, donde se aceptaban cigarrillos como medio de pago, convirtiéndose así en dinero en ese espacio).

Las criptomonedas que se han creado hasta la fecha no son dinero por la sencilla razón de que su aceptación no es generalizada para saldar deudas y, además, porque eso no ocurre debido a otras circunstancias quizá todavía más relevantes.

Hoy día, la inmensa mayoría de la gente o de las empresas que necesitan disponer de medios de pago para intervenir en los intercambios normales y corrientes de la vida económica no aceptaría como pago un axie infinity, un quant, un ardor o un prometeus, por poner algunos ejemplos. Sencillamente, porque saben que no es seguro que otras personas o empresas acepten esas criptomonedas como pago en otro momento o intercambio; entre otras cosas, porque no sabrían ni a qué se refieren esos términos.

La segunda razón de por qué las criptomonedas actuales no se pueden considerar dinero es todavía más decisiva: no se usan como medio de pago generalizado sencillamente porque no conviene usarlas para ello. Su valor es tan volátil, incierto e inseguro que resultan materialmente inútiles como dinero. Nadie en su sano juicio utilizaría hoy para pagar sus deudas una "moneda" que mañana puede tener mucho más valor, ni sabiendo que es posible que, en unas horas, puede perder gran parte de él. Nadie firmaría hoy un contrato suscrito en alguna de esas criptomonedas porque sería como hacerlo a precio indeterminado.

Sea lo que sea que se utilice como medio de pago, para que pueda cumplir esa función debe tener un valor con cierta estabilidad.

La realidad es que el precio de las criptomonedas es muy volátil y esto también impide que puedan desempeñar la otras dos funciones del dinero que he mencionado antes, la de depósito de valor y unidad de cuenta. Usar cualquier de ellas para esto último sería como establecer como unidad de medida un metro de extensión variable que cada vez que se usara tuviese una longitud diferente.

Además, hay que tener en cuenta que la oferta de criptomonedas es fija (de bitcoin se emitirán 21 millones de unidades y ya se han creado 18,6 millones) y, su precio, además, fácilmente manipulable por pocos poseedores (a finales de 2020 los 100 mayores poseedores de bitcoins disponían del 13% de los que circulan). Eso hace que no se pueda garantizar ni su disponibilidad en un momento dado, ni su estabilidad, ni su posible utilización para corregir los desequilibrios de la economía, como puede hacer y es necesario que haga la política monetaria.

Por último, el procedimiento tecnológico y algorítmico que ha de seguirse para producirlas y controlar su circulación hace que sea prácticamente imposible que alcancen la capacidad que sería necesaria para hacer frente a las transacciones que se realizan en la economía mundial.

El sistema de funcionamiento del bitcoin, por ejemplo, impide que pueda llevar a cabo más de 7 transacciones por segundo, lo que supone un máximo de 220 millones al año. Una cifra ínfima comparada con los 700.000 millones de pagos digitales que se efectúan en el sistema financiero global anualmente. O con las 65.000 operaciones por segundo que puede realizar VISA.

Las criptomonedas son hoy día registros digitales de los que solo conviene o interesa disponer para obtener beneficios gracias a las variaciones de su precio, es decir, para especular con ellas. Pero no porque convenga utilizarlos como medios de pago habituales o unidades de cuenta, es decir, no porque sean dinero.

Esta es la primera razón por la que dije al principio que las criptomonedas se han convertido en una de las expresiones más fieles de la naturaleza del capitalismo de nuestros días, basado preferentemente en la obtención de ganancias a través de la especulación financiera y no del desarrollo de la actividad productiva que crea bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades.

Las criptomonedas no sirven hoy día nada más que para especular con ellas, para ganar dinero comprándolas y vendiéndolas sin realizar ninguna de las actividades productivas que satisfacen necesidades humanas.

Es posible que dentro de un tiempo alguna de las criptomonedas actualmente existentes se haya ganado la confianza de los sujetos económicos, que se utilice generalizadamente porque su valor se haya estabilizado y que las limitaciones técnicas actuales que he señalado hayan desaparecido. No niego que, entonces, pudieran ser consideradas como dinero. Aunque, en todo caso y si llegaran a serlo, sería a costa de un gasto de energía tan desorbitado que cuesta mucho creer que fuese posible asumirlo.

Es así porque la creación y control de todas estas criptomonedas necesita que haya miles de ordenadores dedicados a realizar continuamente operaciones muy complejas que requieren mucha electricidad y ser renovados, como media, en unos 18 meses. Los datos que lo demuestran producen escalofrío.

Se estima que la huella anual de carbono que genera la producción de bitcoin (más o menos la mitad del valor de todas las criptomonedas) equivale a la de un país como Chile; su consumo de electricidad anual (116,7 TWh, según el Indice de Cambridge) está entre el de Países Bajos (111 TWh) y el de Argentina (121,1 TWh) y es la mitad del que realiza España (233 TWh); y los residuos electrónicos que genera equivalen a los producidos por Países Bajos.

La ineficiencia de las criptomonedas y el despilfarro que conllevan se perciben todavía más claramente si se considera el gasto de energía que lleva consigo realizar una sola transacción con el bitcoin: produce una huella de carbono equivalente a la de 2 millones de transacciones con tarjetas VISA y requiere la misma cantidad de electricidad que 1,2 millones de esas transacciones. Y el desecho de material electrónico que lleva consigo una sola transacción de bitcoin es el mismo que producen 1,69 iPhones de últimaa generación o 0,56 iPads (datos aquí)

Hasta ahora y según el cálculo que realiza la Universidad de Cambridge, el 61% de la energía que consume la producción y control de las criptomonedas procede de energías no renovables es decir, de las más costosas y contaminantes.

Es cierto que hay un acuerdo internacional para lograr en 2025 que el 100% de la energía que consuman sea renovable, pero se trata de una previsión que ni es realista ni positiva. No es realista porque las energías renovables son de provisión normalmente intermitente mientras que las criptomonedas necesitan un suministro constante. Y, por otra parte, es inevitable que su demanda de electricidad siga creciendo exponencialmente para poder suministrar criptomonedas (de 2015 a marzo de 2021, el consumo de energía de Bitcoin aumentó casi 62 veces). Por tanto, aunque toda esa nueva demanda procediera de energías renovables, lo cierto es que supondría un gasto en producción de energía despilfarrador, sobre todo, si se tiene en cuenta que solo sirve para multiplicar la especulación que debilita la actividad económica productiva y destroza los incentivos que puede hacer que los sujetos se dediquen a crear empleo y riqueza.

En resumen, las criptomonedas solo son una pieza más del "gran casino" financiero, como lo llamaba el gran economista liberal francés Maurice Allais, en que se ha convertido el capitalismo de nuestros días.

Son pura especulación financiera, despilfarro que impulsa el incremento de la deuda y destruye la economía productiva y unas de las principales responsables del desastre climático de nuestros días. Además de servir, para colmo, como una una vía por la que pueden transitar los grandes criminales del planeta para ocultar su dinero y sacar mucha más rentabilidad de lo que roban.

En los años sesenta, viendo venir el desastre que iba a provocar la especulación financiera que se abría paso, James Tobin propuso "echar arena en las ruedas de las finanzas internacionales" para, al menos, frenarla. No se le hizo caso y hemos pagado las consecuencias: casi seis décadas de menos actividad económica, más desempleo, más deuda y crisis económicas y financieras recurrentes. Si no se quiere seguir por ese camino, se debería desinflar cuanto antes la burbuja financiera de las criptomonedas y evitar el gigantesco daño ambiental que están provocando.

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Liu He y Janet Yellen, en diálogo comercial y político.. Imagen: AFP

Ambas delegaciones señalaron sus preocupaciones

Estados Unidos y China vuelven a dialogar sobre sus disputas comerciales. El viceprimer ministro chino, Liu He, que supervisa asuntos económicos, y la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, hablaron por video conferencia en un intento por reanudar el diálogo seriamente dañado durante el mandato de Donald Trump.

El líder negociador comercial chino y uno de los vice primeros ministros del país, Liu He, y la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, celebraron hoy una reunión virtual en la que mantuvieron un "amplio diálogo" sobre economía, informó la agencia de noticias Xinhua. Según ese medio el intercambio, celebrado en la mañana de este martes se centró en asuntos como la situación macroeconómica o la cooperación multilateral, y fue "franco, práctico y constructivo".


Ambas delegaciones estuvieron de acuerdo en que la recuperación económica mundial se encuentra en "un momento crucial" y que, frente a ella, es importante que ambas superpotencias "fortalezcan la coordinación y la comunicación de sus políticas macroeconómicas", informó Xinhua. La delegación china mencionó su preocupación por las sanciones y los aranceles impuestos por Estados Unidos y por el trato que reciben las empresas chinas.

Preocupaciones

Por su parte, Yellen "planteó con franqueza cuestiones que le preocupan". El gobierno estadounidense emitió un brevísimo comunicado sobre la conversación. En el texto no detallaron las preocupaciones de Washington, pero añaden que la funcionaria estadounidense espera mantener futuras conversaciones con Liu, encargado de liderar las relaciones comerciales del gigante asiático con EE.UU.

En un comunicado del ministerio de Comercio de China indicaron que ambas partes señalaron la importancia de reforzar la comunicación y la coordinación de las políticas macroeconómicas. Beijing también expresó su preocupación por los aranceles estadounidenses y el trato justo a las empresas chinas, según el comunicado.

Esta es la segunda reunión entre Liu y el Gobierno de Biden este mes después de un intercambio con la Representante Comercial de Estados Unidos, Katherine Tai.
"La evolución de nuestras economías tienen importantes implicaciones para la economía mundial", señaló Yellen, según el informe oficial estadounidense, que califica el intercambio con Liu de "franco".

Los dos países habían firmado una tregua a principios de 2020, justo antes de que el mundo fuera paralizado por la epidemia de Covid-19. Según los términos del acuerdo, China aceptó comprar productos estadounidenses por dos años por un monto de 200.000 millones adicionales de dólares. 

China y Estados Unidos intentan reanudar el diálogo sobre sus disputas comerciales desde que el presidente Joe Biden llegó a la Casa Blanca. Las relaciones entre las dos potencias se habían deteriorado bajo la anterior administración del presidente Trump (2017-2021), que lanzó una guerra comercial contra el gigante asiático. El enfrentamiento llevó a tarifas aduaneras adicionales recíprocas sobre muchos bienes, que aún se aplican a pesar de una tregua firmada entre los dos países en enero de 2020. 

Después de Trump

Durante el gobierno de Trump otros aranceles se adoptaron como una forma de castigar a empresas “consideradas como una amenaza para la seguridad nacional” de Estados Unidos. La Casa Blanca incluso publicó una lista de entidades con las que el país norteamericano no podía comerciar y que llegó a 300 inclytendo a grandes empresas de telecomunicaciones como Huawei y ZTE, Corporación Internacional de Fabricantes de Semiconductres SMIC (fabricante de tarjetas informáticas a quien Trump limitó el acceso a las tecnologías de última generación de EEUU) y al fabricante de drones DJI.

El gobierno de Biden también tiene en su gabinete a funcionarios con una línea dura sobre las relaciones comerciales con China. La secretaria de Comercio de EE.UU., Gina Raimondo había asegurado que desde su cargo planeaba "ser muy agresiva para ayudar a los estadounidenses a competir con las prácticas injustas de China”.

“China se comportó de formas que claramente son anticompetitivas”. Tras las declaraciones de Raimondo durante su audiencia de confirmación, Beijing le pidió a Washington "corregir sus errores".  “El último gobierno de Estados Unidos optó por el proteccionismo y la intimidación e inició malévolamente una guerra comercial" contra China, afirmó entonces Zhao Lijian, el vocero del ministerio de Relaciones Exteriores de China.

27 de octubre de 2021

Publicado enInternacional
Una de las mayores afectaciones para los importadores es el alza en los precios del flete marítimo de los contenedores que vienen desde Asia. Foto: Getty.

En todo el mundo, los consumidores y las empresas se enfrentan a una escasez de productos, que incluye desde el café hasta el carbón. Una de las principales causas del problema son las alteraciones en el comercio internacional derivadas de la pandemia de covid-19, pero hay muchos otros elementos en juego.

Expertos advierten que podría haber menos productos disponibles en la época de Navidad y que los atascos en las cadenas de suministro pueden extenderse por varios meses.

Productos electrónicos, autos o juguetes están guardados en contenedores de buques cargueros que no llegan a puerto o a la espera de conseguir un espacio para el transporte marítimo.

En paralelo, la crisis de los semiconductores, otro coletazo de la pandemia, mantiene a ciertas compañías con dudas sobre su capacidad de abastecer una demanda que ha crecido en el contexto de la recuperación económica de 2021.

A esto se suma la crisis energética que está golpeando a varias regiones del planeta, en medio de fuertes presiones inflacionarias.

Estos son ejemplos de productos que escasean o experimentan retrasos en sus entregas, en algunas de las mayores economías del mundo y de América Latina.

China: Carbón y papel

Una “tormenta perfecta” en China está afectando a clientes y a negocios, tanto en el país como en el exterior.

La escasez está afectando casi a todos los productos, desde papel, alimentos, textiles y juguetes, hasta chips para los iPhones, explica Michal Meidan, investigadora del Instituto Oxford de Estudios Energéticos.

Muchos de esos artículos, agrega, “pueden terminar con poco suministro en Navidad”.

El problema se debe principalmente a una crisis eléctrica, por la que más de 20 provincias chinas han sufrido cortes de energía.

Más de la mitad de la electricidad del país proviene del carbón, cuyo precio ha aumentado en todo el mundo.

Estos costos no se pueden traspasar a los consumidores chinos debido a un estricto control de los precios, por lo que las empresas de energía están reduciendo la producción.

La producción de carbón también se ha visto afectada por nuevos controles de seguridad en las minas, normas ambientales más estrictas y recientes inundaciones, señala Meidan.

Eso significa que incluso mientras aumenta la demanda de productos chinos, se ha pedido a las fábricas que reduzcan el uso de energía o cierren algunos días.

Estados Unidos: Juguetes y papel higiénico

En Navidad, “habrá cosas que la gente no podrá conseguir”, advirtió un funcionario de la Casa Blanca.

Los inventarios de juguetes se verán afectados, al igual que los productos básicos como el papel higiénico, el agua embotellada, la ropa nueva y la comida para mascotas.

Parte del problema es un cuello de botella en los puertos estadounidenses. Cuatro de cada 10 contenedores que ingresan a EE.UU. lo hacen a través de solo dos puertos: Los Ángeles y Long Beach, en California.

Muchos barcos se ven obligados a hacer fila a la espera de poder descargar sus contenedores.

Ambos puertos ahora operan 24 horas por día, siete días a la semana, para tratar de aliviar las presiones logísticas.

En algunos casos, la escasez de productos en la mayor economía del mundo también ha sido causada por problemas vinculados a la pandemia en otros países desde los cuales importa productos.

Por ejemplo, el gigante estadounidense Nike fabrica muchos de sus productos en países del sudeste asiático como Vietnam, donde se han cerrado algunas fábricas debido a la pandemia.

Incluso, cuando se fabrican los productos, la entrega a los minoristas se ha vuelto más difícil, dice el profesor Willy Shih, investigador de la Escuela de Negocios de Harvard.

En estos meses, ha habido un aumento en el gasto de los consumidores estadounidenses, pero la interrupción en las fábricas, los puertos y las redes de carreteras y ferrocarriles “sobrecargadas” han creado un cuello de botella, apunta.

India: Autos y chips de computadoras

El mayor fabricante de automóviles de India, Maruti Suzuki, ha visto caer en picado su producción, en parte debido a la escasez mundial de semiconductores.

Los chips gestionan funciones como el suministro del motor y el frenado de emergencia. Su escasez está siendo impulsada por problemas relacionados con los efectos de la pandemia en países como Japón y Corea del Sur.

La situación se volvió más crítica, dado que la demanda mundial de chips, que también se utilizan en teléfonos y computadoras, ya estaba aumentando desde antes del inicio de la pandemia, por cuestiones relacionadas con la adopción de la tecnología 5G.

Adicionalmente, el cambio al teletrabajo, como consecuencia de la propagación del virus, provocó un fuerte aumento de la demanda por semiconductores, ya que los empleados necesitan computadoras portátiles o cámaras web para trabajar.

La escasez de componentes que llegan a India se ha agravado por la propia alteración del suministro energético en el país. Las reservas de carbón se están agotando peligrosamente.

La economía se recuperó después de la mortal segunda ola de covid-19 en el país, lo que provocó un aumento en la demanda de energía.

Pero los precios mundiales del carbón aumentaron y las importaciones de India cayeron. El impacto ha sido generalizado, dijo Zohra Chatterji, exjefa de Coal India Limited.

“Todo el sector manufacturero (cemento, acero y construcción), todo se ve afectado una vez que hay escasez de carbón”.

Las familias en India también se verán afectadas, dicen los expertos, en la medida en que aumenten los precios de la electricidad.

Y los altos niveles de inflación han empujado al alza los precios de productos básicos como alimentos y aceite.

Nigeria: Gas para cocinar

Nigeria está experimentando escasez de gas licuado de petróleo (GLP), que se utiliza principalmente para cocinar.

Esto ocurre a pesar de que el país tiene las mayores reservas de gas natural de África.

El precio del GLP subió casi un 60% entre abril y julio, un aumento que ha dejado a muchos nigerianos sin posibilidades de comprar el producto.

Como resultado, los hogares y las empresas recurrieron al carbón o la leña para cocinar.

Una de las razones del aumento de precios es la escasez mundial de suministro, el país todavía depende del GNL importado.

Es probable que la situación se haya agravado por la depreciación de la moneda local y la reintroducción de impuestos sobre el GNL.

Los expertos advierten que la escasez podría tener consecuencias alarmantes para la salud y el medioambiente, ya que las personas recurren a alternativas de combustible más baratas, pero más peligrosas.

América Latina: Computadores, celulares, electrodomésticos y autos

Aunque la situación es diferente en cada país de Latinoamérica, hay patrones que se repiten: retraso en la entrega de productos a los consumidores y aumento de precios.

Los mayores problemas se han presentado en productos electrónicos (como computadoras, tabletas o celulares), electrodomésticos y autos.

Pero como la mayoría de los trastornos que está viviendo el comercio internacional son una consecuencia de la pandemia, los efectos son bastante transversales.

América Latina importa muchos de sus productos desde Asia y, en las actuales circunstancias, el transporte marítimo se ha encarecido a niveles alarmantes, con aumentos de 500% en el valor promedio del flete de un contenedor desde China hacia países de la región.

En ese escenario, los compradores probablemente tendrán que pagar precios más altos en un contexto de alza inflacionaria.

Colombia

“Hay retraso en la llegada de algunos productos electrónicos, electrodomésticos, autos y muchos otros”, le dice a BBC Mundo Javier Díaz, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia (Analdex).

Explica que los problemas logísticos derivados de la pandemia han generado grandes ganancias para las compañías navieras, pero les han hecho las cosas más difíciles a los importadores.

Daniel Pardo, corresponsal de BBC Mundo en Colombia, dice que “aunque por el momento en Colombia no se ha evidenciado una escasez de productos, las exportaciones y el manejo de fletes sí se vio trastocado”.

Las princiaples tiendas y asociaciones gremiales han dicho que para diciembre, y para los “días sin IVA” de noviembre, esperan tener suficientes inventarios para suplir la demanda. Sin embargo, añadieron que Colombia no es la excepción en el fenómeno mundial de escasez, sobre todo en lo que se refiere a electrodomésticos y celulares, agrega Pardo.

Chile

George Lever, gerente de Estudios de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) de Chile, dice que hay una fuerte presión sobre los inventarios.

Sin embargo, afirma, los consumidores tienen disponibilidad de productos. La gran diferencia es que deben esperar más tiempo de lo habitual.

“Hay compras con plazos de entrega extendidos, como ocurre claramente en el caso de automóviles y algunos productos durables, como mobiliario, y algunas líneas de electrónica y tecnología”, apunta Lever en diálogo con BBC Mundo.

En paralelo, los mayores aumentos de precios en lo que va del año se han dado en muebles, autos, herramientas eléctricas, equipos de sonido y microondas.

En Chile, agrega, además de los problemas derivados de la congestión en las cadenas productivas y de distribución global, “tenemos el efecto de la abundante liquidez en los hogares por los retiros anticipados de fondos de pensiones y por el reforzamiento reciente de las transferencias fiscales”.

Eso contribuye a que circule más dinero en el país y genera una mayor demanda de productos.

Argentina

La industria argentina depende fuertemente de insumos importados.

El retraso en la entrega de algunas partes y materias primas está generando escasez de distintos productos, desde electrodomésticos y computadoras hasta automóviles, calzado, artículos para la construcción y hasta pelotas de tenis.

La escasez “está haciendo que los precios de estos productos suban, en un país en el que la inflación anual ya supera el 50%”, dice Verónica Smink, periodista de BBC Mundo en Argentina.

Si bien el problema tiene su origen en la crisis logística internacional que ha generado interrupciones en la cadena de suministros, también se debe a un factor interno.

“Hay una estrategia del Gobierno argentino de restringir algunas importaciones para frenar la salida de dólares, ante una baja de reservas”, agrega Smink.

Otro bien escaso del cual dependen varias industrias son los envases de vidrio.

El aumento del consumo de alimentos y bebidas durante la cuarentena y el freno en la producción, hicieron que se consumieran los stocks de reserva en todo el planeta y la fabricación no ha logrado cubrir la demanda.

Esto está afectando principalmente a la industria vitivinícola argentina.

México

Expertos consultados por BBC Mundo señalan que, a diferencia de otros países latinoamericanos, en México no hay problemas en la disponibilidad para satisfacer la demanda.

Sergio Quiñonez, vicepresidente nacional de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (Anierm), asegura en diálogo con BBC Mundo que “no se ha visto escasez de productos”.

“No será la Navidad en los barcos como dicen algunas personas”, agrega.

Una de las razones que han contribuido a que no se produzcan atascos en la llegada de productos importados, explica, es que uno de los mayores puertos del país, Manzanillo, ha tenido la capacidad de recibir un mayor flujo de embarcaciones, incluso superior a 2019.

Ahora bien, si hay algo que está afectando a los importadores mexicanos es la escalada en el precio del flete marítimo de los contenedores que vienen desde Asia a México.

El valor promedio de un contenedor solía ser de 2 500 dólares y ahora ha subido a 15 000. Es decir, un incremento en el valor del transporte marítimo de un 500%.

A ese aumento se suma el alza en el precio del flete por carretera, que ha subido 30%.

Esos costos, explica, probablemente pueden terminar siendo ser traspasados a los consumidores.

Amapola Grijalva, presidente de la Cámara de Comercio y Tecnología México-China, le confirma a BBC Mundo que se ha disparado el costo de los contenedores para traer productos desde países asiáticos.

“Todas las entregas de productos estén con un retraso bastante significativo”.

Si antes el viaje de un contenedor desde China a México era de unos 45 días, señala Grijalva, hoy es de 90 o 100.

“Nosotros importamos muchísimas cosas de China. El 75% son partes, componentes y equipos, es decir, máquinas. Y un 25% son productos de consumo. Cuando usted trae un barco lleno de contenedores, trae de todo. Por eso afecta a la industria y al comercio”.

Pese a este telón de fondo, agrega, “las tiendas se ven surtidas y no hay signos de escasez, solo retraso en la entrega de productos”, apunta.

Por su parte, Héctor Tejada, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo de México, argumenta que no tiene información sobre problemas con la cadena de suministro.

“Hasta el momento no se prevé ninguna afectación, desabasto o escasez”, le dice a BBC Mundo, refiriéndose a la disponibilidad de productos para una de las épocas de mayores ventas en México llamada El Buen Fin, que va del 10 al 16 de noviembre.

Sin embargo, un estudio reciente de Drip Capital México indicó que la escasez de insumos para la producción de aparatos electrónicos y la falta de contenedores puede provocar una menor disponibilidad de productos textiles, juguetes y de electrónica (sobre todo, telefonía y computación) en épocas de alto consumo.

Como México es uno de los mayores fabricantes de autos del mundo, “la escasez global de chips o semiconductores está afectando al sector automotriz hasta el punto de que algunas fábricas tuvieron que parar o reducir turnos de trabajo”, explica Marcos Gonzalez, corresponsal de BBC Mundo en México.

Solo en septiembre, la industria produjo un 33% menos que en el mismo mes de 2020, en plena pandemia.

“Analistas creen que esta escasez podría prolongarse y seguir afectando a México hasta inicios de 2023”, agrega.

Esta semana, la consultora IHS Markit alertó sobre potenciales efectos en el mercado automotriz.

“Prevemos que podría no haber disponibilidad de productos en el mes de diciembre porque Estados Unidos acaparará el volumen”, dijo Guido Vildozo.

Y en el sector de los alimentos, el Banco de México también atribuyó a la falta de insumos y problemas logísticos la escalada en el precio de la tortilla de maíz, elemento fundamental de la dieta mexicana, cuyo valor aumentó casi 30% en el último año.

Los productores aseguran que el incremento se debe al encarecimiento de insumos como la harina, la electricidad y el precio del gas.

Brasil: La sequía afecta la disponibilidad de agua y la cosecha de café

La sequía más severa de Brasil en casi un siglo es en parte culpable de la decepcionante cosecha de café de este año.

Combinada con las heladas y el ciclo natural de las cosechas, ha contribuido a una caída significativa en la producción.

Los desafíos para los productores de café se han agravado por los altos costos del transporte marítimo y la escasez de contenedores.

Es probable que los crecientes costos se trasladen a los precios del café en todo el mundo, ya que Brasil es el mayor productor y exportador del producto.

Dado que la mayor parte de la electricidad del país proviene de la energía hidroeléctrica de embalses, la falta de agua está teniendo un impacto directo en el suministro de energía en el país.

A medida que suben los precios de la energía, las autoridades piden a los ciudadanos que limiten su consumo de electricidad para evitar el racionamiento.

22 octubre 2021

(Tomado de BBC Mundo)

Publicado enEconomía
Estados Unidos y China. La polarización del orden internacional

China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. Cuáles son los puntos de conflicto. 

 

Los caminos que llevan a la OMC

Por Julieta Zelicovich (*)

La proximidad de la 12º Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) lleva a poner la mirada en Ginebra -sede de este organismo- y a evaluar cómo las tensiones de la política mundial se enlazan con las dinámicas del comercio y la economía global. Y es que, en el marco de un orden internacional signado por la polarización creciente entre EE.UU. y China, la dimensión comercial ha tenido una relevancia destacada. Por un lado, porque en la dimensión comercial ha sido donde se ha manifestado parte de esa transición hegemónica, expresándose entre otros en el crecimiento de China como principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo, así como en el abultado déficit comercial que Washington registra respecto de Beijing. Por otro lado, porque fue a partir de la “guerra comercial” que EE.UU. buscó revertir esa situación.

En el medio de estos procesos se encuentra la OMC: organismo internacional en el que se establecen los marcos normativos para la política comercial y el espacio para la cooperación multilateral necesaria para lidiar con las fricciones que genera el movimiento constante de contenedores alrededor del mundo. Dos cambios sustantivos en el plano de las ideas y narrativas respecto de las relaciones comerciales internacionales resultan relevantes para entender el presente y futuro inmediato de esta organización:

En primer lugar, el cambio de énfasis en las relaciones exteriores, especialmente por parte de los EE.UU., de un enfoque de “ganancias absolutas” en el cual el énfasis se pone en el largo plazo y en la idea de que todos los países pueden ganar en el comercio internacional, a un enfoque de “ganancias relativas”, en donde lo que es significativo para la política internacional es quién se lleva la principal rebanada de ese reparto. El comercio global deja de ser pensado en términos de especializaciones competitivas y beneficios globales y se aproxima a un juego de suma cero.

Para la administración Biden esta lógica es especialmente clara en sector del acero, de paneles solares y en algunos sectores agrícolas y en semiconductores. En la base de este cambio hay un dato ineludible: en 20 años mientras que EE.UU. duplicó sus exportaciones de 729.100 millones de dólares en 2001 a 1.431.610 millones de dólares en 2020, China las multiplicó por 10 pasando de 266.098 millones a 2.590.221 millones de dólares.

En segundo lugar, y de la mano de lo anterior, hay un cambio en la manera de entender la globalización. La internacionalización de los capitales y la interdependencia, otrora vistos como oportunidad y como dinámica hacia la explotación de las eficiencias del sistema capitalista global, hoy son redefinidos como amenazas potenciales y no solo como oportunidad.

La globalización es interpretada como un factor que incrementa la vulnerabilidad de las economías. Surgen como respuesta nociones de “seguridad económica” como pilares claves en la definición de las acciones de política económica y comercial, destacándose el crecimiento de medidas proteccionistas a la par del desarrollo de iniciativas que impulsan aumentar la “resiliencia” de las cadenas de valor mediante una fuerte intervención estatal.

En un mundo de ganancias relativas por sobre ganancias absolutas, y de la globalización entendida como vulnerabilidad, la cooperación multilateral se presenta como una meta ambiciosa. Sin embargo, el hecho de que el comercio internacional sigue siendo un fenómeno global (y la certidumbre y estabilidad del mismo, un bien público colectivo), genera los incentivos para que aquello que acontece en Ginebra siga siendo relevante.

A seis semanas de la Conferencia Ministerial de la OMC la administración Biden-Harris ha realizado una nueva movida en el tablero de la gobernanza del comercio internacional. La directora del USTR, Katherine Tai, presentó en Ginebra un discurso con los lineamientos centrales de EE.UU. hacia la OMC, después de años en los que la administración Trump amenazara incluso con retirarse del organismo. En los lineamientos de política comercial establecidos en febrero 2021 se había anunciado una articulación simultanea de estrategias bilaterales y el multilateralismo, pero no había habido hasta ahora definiciones sustantivas respecto de la OMC, y en los hechos salvo por la aceptación de nombramiento de Ngozi Okonjo-Iweala como Directora General, la política de Biden era muy similar a la de Trump.

En este nuevo discurso, EE.UU. plantea su compromiso hacia el multilateralismo, con una mirada optimista y de largo plazo, lo que es ciertamente un cambio. De momento, se anuncia un mayor involucramiento por parte de EE.UU. en negociaciones multilaterales por cuestiones como transparencia y subsidios a la pesca, así como un mayor compromiso en términos del consenso e inclusividad en los procesos decisorios. Sin embargo, el cambio puede ser cosmético: perdura el bloqueo al órgano de apelaciones y se siguen desarrollando acciones que cuestionan abiertamente el orden basado en reglas.

Además, no puede dejar de ponerse en relación estas nuevas declaraciones con la estrategia bilateral hacia China enunciada a comienzos de mes. En efecto, respecto de Beijing, la autoridad comercial de los EEUU (USTR) presentó una combinación de acciones unilaterales y bilaterales con la búsqueda de “aliados” para construir una “economía internacional más justa” en las que las democracias de mercado puedan “llegar a la cima”. Así, esta vuelta hacia Ginebra podría ser parte de esa estrategia en la que la OMC será disputada, como reflejo de esas concepciones de ganancias relativas. La reunión de ministros que arranca el 30 de noviembre será una ocasión estratégica para discernir cómo este complejo conjunto de elementos se articula en el multilateralismo realmente existente, que surfea entre las lógicas de competencia, coexistencia y cooperación.

(*) Doctora en Relaciones Internacionales. Profesora en Universidad Nacional de Rosario e Investigadora en CONICET.

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El mundo que cruje

Por Gustavo A. Girado (**)

Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores crearon un marco institucional que respondiera a sus intereses. La Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y toda una gran parafernalia institucional fue diseñada al calor de los valores e intereses que marcaba la agenda de aquellos que habían ganado y, más aún, ellos establecieron formatos, normas y estándares para el funcionamiento institucional y la producción de bienes y servicios. Era el momento de las instituciones “Post-Bretton Woods”, uno en el cual los valores de oriente no se encuentran contenidos, pues no había lugar para considerar los de aquellos que habían perdido -Japón-, ni tampoco los de quienes estaban en guerra civil -Corea, China-, que desde entonces consolidaron su dependencia.

Los que fijaron estándares eran dueños del conocimiento, los que generan valor agregado manufacturero y destinan recursos a inventar, patentar y finalmente innovar, y que se hacen del mercado pues llegan primero. Pero una vez que nace la República Popular China, sus necesidades la hacen trabajar intensamente para reducir aquellos grados de dependencia para convertirse en un país soberano. Hoy China cuestiona aquellos formatos institucionales y por eso aquel mundo Post-BW cruje pues otros reclaman una participación acorde a su importancia relativa, y bogan por una nueva arquitectura internacional, por refundar gran parte de aquella institucionalidad y estimulan esquemas de gobernanza global que contemplen más los intereses de las economías en desarrollo. Hasta ahora, la ausencia de respuesta política global ha conseguido que China establezca otra institucionalidad, la suya (AIIB, BRICS, OCS, BRI, etc.). Que China había ya entrado en una “nueva era”, se supo de la misma boca de Xi Jinping en 2017, y que incluso debía “ocupar un lugar central en el mundo”.

Dos años después, y frente a la visible escalada del conflicto comercial (en el marco de la mencionada “guerra”, en particular desde Trump en adelante) y la menos visible del conflicto tecnológico, la misma autoridad china usó la idea de una “Nueva Larga Marcha” para describir el empeoramiento de la relación de China con Washington y preparar a la población para los eventuales momentos turbulentos que se avizoraban.

Hoy EE.UU. ya no es el hegemón que cuenta con una red de alianzas que refuerza gran parte de aquel orden que supo forjar, caracterizado por estar basado en (sus) reglas. China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. La lista de puntos de fricción es larga y el espectro, amplio. De todos, la tensión en el frente tecnológico está en el centro de la disputa pues el objetivo de EE.UU. es detener el escalamiento tecnológico chino. En la zona cero del conflicto se encuentran los semiconductores y los circuitos requeridos por los microchips. Se llegó a sanciones tecnológicas con alcance extraterritorial, prohibiendo la venta de semiconductores y los medios para fabricarlos en terceros países que emplean grandes cantidades de tecnología estadounidense, y hasta a persuadir al gobierno de Países Bajos para que detenga las ventas de equipos avanzados de litografía en chip a China (caso ASML, único fabricante de máquinas ultravioleta extremas), boicot tecnológico que empujó a China a impulsar su autosuficiencia. Con el Congreso norteamericano en homogénea hostilidad bipartidista contra China, con Biden no se ven diferencias políticas importantes (excepto liberar a la directora de Huawei), y así la competencia basada en tecnología se intensifica. El éxito competitivo depende críticamente del control que se tenga de los derechos de propiedad intelectual y de la capacidad de controlar estándares de interfaz y arquitectura abiertos, pero propios, lo que termina aumentando la importancia política y económica de la estandarización, lo que creo constituye la pelea de fondo: quién establece las normas, patrones y estándares de la tecnología por venir (5G, IoT, etc.).

(**) Director – Posgrado en Estudios en China Contemporánea UNLa.

 

 18 de octubre de 2021

Producción: Javier Lewkowicz

Publicado enInternacional
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