"Los medios asumen la función de oposición política"
En Bolivia, la Vicepresidencia del Estado organizó del 29 de febrero al 3 de marzo de 2012, el IV Ciclo del Seminario "Pensando el Mundo desde Bolivia", que abordó "La economía y el periodismo".


Ignacio Ramonet llegó el miércoles 29 a La Paz, a invitación de la Vicepresidencia del Estado. Nada más al llegar, sintió que valía la pena estar en La Paz y ver de cerca el proceso boliviano. Estaba en sus planes reunirse con Evo Morales, a quien conoció antes de que éste fuera Presidente.

Aunque a ratos la voz lo traiciona (hace efecto La Paz, 3600 mts, pues), Ignacio Ramonet vence el problema con un mate de coca. De sus palabras emergen la experiencia sobre periodismo y política, y como tal impone un adjetivo, “webactores”, para los no periodistas que están irrumpiendo en las redes sociales, y una afirmación letal para el gremio: los medios “asumen la función de oposición política”.

Habla con convicción de Evo Morales, dice que éste es el “mejor presidente” de la historia del país y que lo imagina más allá de 2014, el año de las elecciones generales. ¿De la oposición? “Francamente, le digo que en este momento no veo oposición en ninguna parte de América Latina. La oposición viene de los propios movimientos sociales”, afirma.

— ¿Sigue pensando en la tiranía de la comunicación?

— Sí, la comunicación es una tiranía, pero es una necesidad. Hoy, no se puede no comunicar, y eso crea una serie de obligaciones, y vemos las consecuencias en los ámbitos político, ideológico, cultural y también en la medida en que la comunicación invadió nuestras vidas.

Antes podíamos decir que “no trabajo en una radio” o “no trabajo en la televisión o un periódico y no tengo obligación de comunicar”; pero hoy, la mayoría tiene acceso a internet, a las redes sociales; mediante un simple teléfono hay que estar comunicando vía Twitter, Facebook o mensajería. Hay un imperativo.

La tiranía, entre el momento que escribí ese libro (Tiranía de la comunicación), hace unos diez años, ha aumentado.

— ¿Pasa en Bolivia lo que una vez cuestionó de Venezuela: ante la decadencia de los partidos, los medios cumplen ese rol?

— Sí. Había teorizado esto desde el principio en Venezuela, cuando ocurrió el golpe en 2002. Lo que hemos visto es que ese mismo fenómeno se ha ido generalizando. Podríamos decir que, en América Latina, en los países donde hay gobiernos de progreso que están haciendo transformaciones sociales muy importantes, las oposiciones no tienen fuerza y en algunos países casi han desaparecido como organizaciones políticas consistentes.

En la mayoría de esos países son los medios los que han tomado el relevo, los que asumen la función de oposición política, cosa que no es el rol de los medios. Hemos visto la batalla que acaba de darse en Ecuador, lo mismo que padeció Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, Cristina Fernández en Argentina con Clarín, y en Bolivia, donde los medios asumen la función de llevar el rol de la oposición política frente al Gobierno.

— Es un fenómeno contra gobiernos de izquierda, verdad de Perogrullo: ¿Incide la empresa o es el factor ideológico?

— Evidentemente, en muchos países, en América Latina, los medios privados han dominado el sector de la comunicación. Sobre todo eran sectores industriales ligados a las oligarquías que controlaban las economías de estos países.

Hoy, estas oligarquías han perdido —por el momento— el poder político y usan del poder ideológico que aún tienen los medios para tratar de mantenerse en el debate político.

— ¿En Bolivia?


— No conozco bien el problema en Bolivia. Pero, digamos que hemos visto cómo aquí algunos periódicos han llevado a cabo campañas contra las realizaciones del Gobierno.

— ¿Tiene ejemplos? 

— Cuando hubo el fenómeno de la secesión separatista de Santa Cruz y de otros departamentos, a escala internacional los medios trabajaron mucho en la idea de que la legitimidad estaba del lado de la oposición contra el poder central.

— ¿Cómo considera esa acción?

— Sencillamente, los medios están asumiendo una función que no es suya, una función política. A lo sumo, los medios tienen la función de informar; aunque pueden tener una función ideológica en sentido de que contribuyen a formar conciencias.

Pero cuando se proponen cambiar un régimen o derrocar un gobierno democráticamente elegido, o cuando apoyan golpes de Estado (aquí, en un momento hubo un conato de golpe de Estado apoyado por los medios, como en Ecuador, y como en 2002 en Venezuela), es obvio que los medios están ultrapasando su función y que están asumiendo una función que una parte de la ciudadanía debe indiscutiblemente criticar, no sólo el Gobierno; porque unos medios militantes de esa manera contra las decisiones democráticas están jugando un papel de regresión política y social en un país.

— Ante esa actitud, Morales consideró a algunos medios como sus 'enemigos'…

— Es posible, no me extraña. En el momento en que los medios asumen esa función, de pretender derrocar a un gobierno democráticamente elegido, evidentemente ellos mismos se están definiendo como enemigos de la democracia.

— ¿Puede atribuirse eso a la mayor votación que, en el segundo periodo, recibió Morales?

— Seguro que el hecho de haber sido elegido de una manera tan neta ha debido desesperar a varios medios, ante la perspectiva de que la oposición perdiese toda esperanza de llegar en corto plazo, y por la vía legítima, al poder.

— ¿Cómo ve desde afuera que gobierna Morales?

— Globalmente, a Evo Morales se le tiene una gran simpatía. Representa una personalidad que ha surgido desde abajo, desde los movimientos sociales; que ha sido un combatiente, primero, con los propios trabajadores y ha asumido el sentir de la población.

Su carácter de pertenecer a los pueblos originarios, de ser indígena, ha creado también un fenómeno de gran simpatía, como si una historia de 500 años se terminase y que él asumiese un nuevo ciclo en la historia de este país. Más allá, es un símbolo para otros países y continentes.

Por otra parte, se considera que su gobierno ha llevado a cabo políticas de inclusión social importantes. De ahí que estas últimas semanas haya cierto desconcierto a escala internacional porque los medios internacionales han difundido mucho el conflicto por el TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure) y de los minusválidos.

Entonces, la opinión pública internacional no entiende cómo alguien que es la encarnación del sentimiento de reivindicación de los pueblos originarios, en el caso del TIPNIS, tiene una actitud que parece que no respeta la Madre Tierra. Hay una sorpresa.

Segundo, cómo alguien que está a favor de la inclusión social y que ejecuta políticas en ese ámbito puede tener una actitud de represión contra los minusválidos? En función de las imágenes que recorrieron Europa.

Es una contradicción, en la medida que el adversario no es, en este caso, la burguesía ni la oligarquía ni los grandes poderes internacionales, sino las clases sociales humildes de las que Evo Morales es el representante. Ahí es donde se crea un desconcierto.

— ¿Casuales o tensiones al fin?

— No le puedo decir, no los conozco. No cabe duda de que el Gobierno y las autoridades deben hacer un esfuerzo de comunicación para tratar de explicar esta contradicción, porque es evidente que nadie puede creer que las autoridades bolivianas tengan una actitud de violencia contra los minusválidos o una actitud de irrespeto contra la madre naturaleza.

Esto hay que explicarlo; si no, se les está dando argumentos a los adversarios de este gobierno.

— ¿Estarán mellando estos dos problemas la condición con que la que se conoce a Morales?


No sé cómo surgieron. Lo que sí veo es la consecuencia en el exterior. Desde el punto de vista comunicacional, las imágenes que se difundieron y las tesis que se han desarrollado provocan desconcierto.

Usted me hablaba de Boaventura de Sousa Santos (estábamos juntos hace poco en el foro de Porto Alegre) y él se interrogó en una de sus intervenciones si frente a las necesidades del desarrollo —hablando de Bolivia— se estaban olvidando los imperativos ecológicos.

No podemos decir que (minusválidos e indígenas) sean adversarios de este Gobierno; al contrario, se definen como amigos de esta experiencia.

— ¿Cómo se ve afuera el proceso boliviano?


— Con una gran simpatía, sobre todo porque Bolivia se conocía como un país de grandes injusticias, que había sufrido el mayor número de golpes de Estado en la historia de América Latina, de mayores desigualdades (se la representaba como un mendigo sentado sobre un trono de oro)… Evo Morales se ha visto como alguien que llegó de manera sensata a tratar de reducir las desigualdades y hacer una transformación social para permitir un desarrollo social, humano, económico y ecológico muy importante. Todo lo que se está haciendo desde entonces va en esa dirección.

La Explosión del periodismo

— "La gente no sólo toma la palabra, sino las calles", ha dicho usted. ¿El nuevo orden de la comunicación está regido por las redes sociales?

— Tienen una influencia considerable, no se puede pensar el nuevo orden sin las redes sociales.

— ¿Pone en riesgo al oficio?

— Seguro, lo cambia. Yo acabo de escribir un libro que se llama La explosión del periodismo, en el que trato de explicar los cambios que se están produciendo. Toda empresa periodística y los periodistas que no estudien los cambios, pueden tener una mala sorpresa.

— ¿Cómo tendría que blindarse el periodismo ante esa irrupción?

— No sé si tiene que blindarse o tiene que cabalgar en ella; tiene que ver qué puede hacer con ella. Lo que no cabe duda es que no puede ocultar que existe; existe cada vez más.

— ¿Tiene consecuencias en los grandes medios?


— Sí, los mayores conglomerados están en crisis y tienen dificultades que antes no tenían; están tratando de adaptarse a la nueva era de la comunicación. Y en este tiempo de adaptación están sufriendo, el propio Rupert Murdoch lo sufre (su hijo renunció); y es el dueño del mayor grupo de comunicación del mundo.

— También despierta el interés ciudadano de tomar la palabra.

— Sí, es el fenómeno. No solamente toma la palabra, sino las calles, como pasó en España, con los estudiantes chilenos, en Israel o con los ocuppy en Estados Unidos.

— ¿Cómo encuentra la libertad de expresión en Bolivia desde su lectura exterior?


— Aquí constato una gran libertad de expresión, no tengo la impresión de que se la vulnere.

— Tenemos una Ley de Imprenta nonagenaria. ¿Hay necesidad de modificarla? 

— Las leyes hay que revisarlas sobre todo si son de comunicación, por tantos cambios que existen. La libertad de expresión hay que mantenerla; lo que ocurre es que la libertad de expresión no es la libertad de hacer cualquier cosa.

— ¿Cree en la autorregulación?

— Creo, es necesaria. Sin embargo, la ley también es necesaria; los periodistas deben imponerse autodisciplina, aunque sea sólo para llevar su trabajo con dignidad necesaria.

— ¿En qué medida debe incidir el Estado en el trabajo periodístico?

— Cuanto menos incida, mejor, no cabe duda.


Por Rubén D. Atahuichi López
La Razón (Bolivia)
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Jueves, 01 Marzo 2012 06:22

Venezuela, Wikileaks y los medios

Venezuela, Wikileaks y los medios

Desde hace años, los mayores medios de información estadounidenses y europeos están liderando una campaña de desinformación contra Venezuela, que claramente contradice su supuesta imparcialidad en su cobertura mediática. En realidad, tal cobertura puede definirse como mera propaganda política en contra del gobierno dirigido por el Presidente Chávez. Los documentos publicados por Wikileaks han mostrado como los diferentes gobiernos federales de EEUU han estado interviniendo activamente en la política doméstica de Venezuela, a fin de derrotar al gobierno Chávez, al que consideran una amenaza para los intereses empresariales estadounidenses, que históricamente han gozado de una enorme influencia sobre los gobiernos de aquel país, anteriores al actual. Lo que no se conocía hasta hace poco, sin embargo, era que -según los documentos publicados en Wikileaks- algunos de tales medios, han jugado un papel muy activo en la desestabilización del gobierno Chávez, lo cual no se ha publicado en los mayores medios de información españoles.

 
La información recogida por Wikileaks, y canalizada a través de algunos de los mayores medios de información, ha permitido detectar un sesgo anti Chávez en tales medios, mostrando un proceso de selección en la publicación de aquellos componentes de Wikileaks que pueden dañar al gobierno Chávez. Tales medios han publicado, por ejemplo, el componente de Wikileaks que señala -según la embajada estadounidense- la influencia que los asesores cubanos tienen en el gobierno venezolano, pero no han publicado la influencia de los asesores durante el gobierno Uribe, el cual gozó de una cobertura muy favorable en los mismos medios. Wikileaks publicó los informes del embajador estadounidense en Colombia, que mostraban la clara participación de sectores del Ejército colombiano en la desaparición y matanza de personas. Colombia es el país latinoamericano que ha tenido un número más elevado de desaparecidos, mucho mayor, por cierto, que Argentina en los años 70 y 80. Los mayores medios de difusión han sido muy escuetos en la cobertura de esta enorme violación de los derechos humanos en Colombia, contrastando con el detalle (y falta de objetividad) en su cobertura de las supuestas (algunas de ellas reales) violaciones de los derechos humanos en Venezuela.

 
Entre las supuestas violaciones está la eliminación de la libertad de prensa en Venezuela, presentando al gobierno Chávez como dictatorial. Los mayores medios de información españoles presentan como una realidad el que no exista libertad de expresión en los medios venezolanos. El intelectual orgánico del neoliberalismo Latinoamérica, Maria Vargas Llosa, siempre se refiere al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Y lo mismo ocurre en España. Un ejemplo es el ex Presidente Aznar del Partido Popular que también se refiere constantemente al Presidente de Venezuela como el dictador Chávez. Los datos, sin embargo, no avalan tal definición.
 

Según la Nielsen Media Research International (que analiza los medios de comunicación a nivel internacional) y lo publicado por el Center for Economnic and Policy Research, de Washington, la gran mayoría de canales televisivos en Venezuela (de donde recibe la información la mayoría de la población) son canales privados. Las cadenas públicas (que son la minoría) cubren sólo un 5% de la audiencia. El 95% de la población recibe la información de los canales privados, la mayoría fuertemente hostiles hacia el gobierno Chávez. Los canales públicos, que cubren un 5% de la audiencia total, tienen un porcentaje mucho menor que en Francia (un 37%) o en Gran Bretaña (37%). Nadie acusa a los gobiernos de estos países de ser dictatoriales. Es cierto que el tono de las televisiones públicas de estos países es mucho menos partidista que los canales públicos venezolanos, con lo cual, la comparación tiene límites. El partidismo de los canales públicos venezolanos es muy acentuado. Ahora bien, la clara hostilidad hacia el gobierno de la mayoría de los canales privados (que cubren a la gran mayoría de la ciudadanía) es enormemente partidista. La neutralidad y objetividad no existe en tales medios, los cuales son meros instrumentos propagandísticos de los grupos de presión afectados por las reformas del gobierno Chávez. Hablar de falta de libertad de expresión, cuando la mayoría de los medios están controlados por la oposición, es un indicador claro de la ausencia de objetividad en la cobertura mediática de lo que ocurre en Venezuela. Y un ejemplo del carácter propagandístico y falta de rigor que caracteriza los discursos de Mario Vargas Llosa y José María Aznar, entre muchos otros.

 
¿Por qué tal hostilidad hacia gobiernos de izquierda por parte de tales medios (no sólo Venezuela, sino también Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, entre otros han sido víctimas de las campañas de desinformación de tales medios)? La respuesta es fácil de ver. Tales medios son parte de multinacionales mediáticas que controlan la mayoría de medios en Latinoamérica. Sus intereses se encuentran amenazados por tales gobiernos, que intentan diversificar el abanico ideológico en los medios, hasta la actualidad muy dominados por compañías multinacionales de orientación conservadora y neoliberal. Por extraño que le parezca al lector español, Venezuela tiene mayor pluralidad ideológica en los medios que España, donde la extensión de la prensa o medios televisivos de izquierdas es muy limitada. Hay más medios televisivos y rotativos de derechas en Venezuela que medios televisivos y rotativos de izquierdas en España. Imagínense si en España un gobierno de izquierdas quisiera diversificar tal oferta mediática. Habría una enorme movilización de los medios conservadores y neoliberales acusando al gobierno de atacar la libertad de prensa y de expresión. Mientras, su dominio sobre la información, con escasas voces y medios alternativos, lo definen como “libertad de expresión”.


 

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Jueves, 09 Febrero 2012 06:28

La pinchadura al FBI y a Scotland Yard

La pinchadura al FBI y a Scotland Yard
Guy Fawkes nunca pensó que sobreviviría a tantos siglos y menos aún que, más de cuatrocientos años después de sus andanzas, la máscara que lo representa se convertiría en pleno siglo XXI en el emblema de quienes, desde los indignados hasta los guerreros digitales de Anonymous, pasando por toda la galaxia de los grupos antiglobalización, se oponen con férrea voluntad al orden de un mundo ultraliberal, depredador e indolente. Sin embargo, este católico que el 5 de noviembre de 1605 casi logra hacer volar el Parlamento inglés con 30 kilos de pólvora cuando el rey James Primero estaba adentro es el rostro oficial de la revuelta occidental y, más precisamente, el distintivo con el cual el grupo de hackers reunido bajo la denominación de Anonymous se presenta al mundo.


Sus acciones ya son parte de la resistencia permanente contra toda forma de violación de la libertad según los criterios con los cuales Anonymous la entiende. Presente desde hace varios años en la escena del hacking contestatario, Anonymous saltó a la fama cuando, en 2010, en plena ofensiva oficial contra el fundador de Wikileaks, Julian Assange, el grupo atacó las empresas multinacionales que se habían sumado al boicot instrumentalizado por la administración norteamericana de todas las fuentes de financiación de Wikileaks: los portales de Amazon, PayPal, Visa, MasterCard y Postfinance, la filial de los servicios financieros de los correos suizos fueron bloqueados con el operativo Payback montado por Anonymous contra esas empresas que, sin la más remota orden judicial como base, trataron de impedir que el dinero llegara a Wikileaks.


¿Quiénes y de dónde vienen esos valientes que osaron franquear las puertas de lo más protegido para herir el corazón del sistema? Frédéric Bardeau y Nicolas Danet, los autores de un sobresaliente ensayo sobre Anonymous (Anonymous: ¿pirates informatiques ou altermondialistes numériques?), describen la influencia de esta galaxia sin jerarquía ni manual de instrucciones como un “movimiento que modifica la relación de fuerzas en el seno de la sociedad”. De acción en acción, Anonymous se instaló en el paisaje político mundial y excedió en mucho la herencia de sus padres culturales, es decir, toda la cultura contestataria norteamericana de los años ’70, perfectamente representada por Stephen Wozniak, el cofundador de Apple, y Richard Stallman, el iniciador del proyecto GNU. Anonymous se plasmó en cuatro operativos muy osados: el primero: los ataques contra la Iglesia de la Cientología en 2008; el segundo: la ciberofensiva contra el gabinete de abogados Baylout, defensores de los derechos de autor de la industria del disco y del cine en los Estados Unidos, y contra el portal de la Motion Picture Association of America (MPAA), asociación a la cual Anonymous persigue por sus “políticas excesivas” en la protección de los derechos de autor: el tercero fue la intervención a favor de Assange en lo que se conoció como el primer episodio de una auténtica guerra de la red.


El cuarto episodio remonta al pasado 19 de enero, justo después del cierre del portal de descargas Megaupload y del posterior arresto de su creador, el multimillonario Kim Schmitz. Lanzados desde los cuatro puntos cardinales del planeta, los ataques orquestados por Anonymous bloquearon los portales del Ministerio de Justicia norteamericano, los de la Casa Blanca, los de Warner y Universal, los del FBI, los del organismo que supervisa la red en Francia, Hadopi, y la estructura que administra los derechos de autor, la Sacem. Anonymous logró incluso introducirse en el portal de la presidencia francesa y modificar los mensajes de bienvenida. La quinta y última acción tiene apenas un par de días. Un grupo que se identificó como Anonymous hizo pública la grabación de una “reunión” telefónica entre el FBI y la policía británica en la cual se evocaban las acciones contra los ciberactivistas. ¿Donde están para meterse en esos vericuetos tan íntimos? “En todas partes”, responden Bardeau y Danet. Estos dos especialistas de las ONG observan que los Anonymous no son “piratas propiamente dichos porque no roban nada”. Tampoco son “terroristas”, desde luego, sino “un fenómeno mucho más vago cuyo único hilo conductor es la defensa de la libertad de expresión”. Bardeau y Nadet cuentan que, en cierto momento, “la CIA intentó realizar un perfil tipo de los simpatizantes de Anonymous: era tan borroso que terminaron apuntando hacia la mitad del planeta”.


Su lema se hace realidad: “Somos legión”. En este sentido, Bardeau destaca que los Anonymous “no son ni anarquistas ni sindicalistas revolucionarios, ni marxistas. Es un movimiento posmoderno, anónimo, planetario, descentralizado. Entre los Anonymous de Brasil, muy fuertes y movilizados contra la corrupción, y los de Austria y Alemania, todos antifascistas, no hay unidad, pero sí denominadores comunes como la libertad y la neutralidad de la red”. A diferencia de los indignados o los otros movimientos antiglobalización, Anonymous actúa desde el anonimato: no hay partido político ni foro ni cumbre, ni manifestación. Su identidad física es la máscara de un militante católico británico del siglo XVI y sus territorios son éstos: irc.anonops.li, Twitter @AnonOps, @Anony mousIRC, Facebook Anonymous, AnonOps.blogspot.com. El origen del nombre proviene de los foros anárquicos 4chan. En este portal norteamericano no hace falta inscribirse y cada participante recibe el seudónimo de “Anonymous”. Están en muchos lugares al mismo tiempo; algunos son hackers aficionados, otros no, universitarios, empleados, militantes de una o muchas causas.


Anonymous realiza a su manera el deseo no confesado de muchos ciudadanos del planeta: meter una piedra en el engranaje de la perfección ultraliberal.

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"Hay que denunciar la concentración del poder ideológico que la burguesía tiene con los medios televisivos"
-Alba TV -¿Cual es la importancia del Foro Social de Porto Alegre en la coyuntura de crisis internacional actual?
-El Foro Social Mundial, ahora el Tematico acá en Porto Alegre, y los otros que se desarrollaron en otras partes del mundo, siempre son espacios muy importantes para que la gente venga y comparta sus ideas. Entonces el Foro, más que un espacio organizativo, es una verdadera feria ideológica donde las personas vienen, comparten sus preocupaciones y reflexiones. Aquí ubicamos a quienes son parecidos, para entonces articular cosas concretas de luchas de masas, de propuestas concretas que pueden entonces entrelazar de manera directa a los movimientos sociales de todas partes del mundo, en sus luchas contra el gran enemigo que tenemos en este periodo histórico que son la grandes empresas capitalistas.

-¿Cómo se para América Latina frente a la coyuntura actual, y cual es la importancia del ALBA como proyecto que retoma la idea de construir otro tipo de sociedades, más justas, más humanas?

-Acá en Latinoamérica estamos enfrentando una disputa permanente entre tres proyectos, que se agudiza incluso frente a la crisis.
Hay un primer proyecto que es la recolonización de nuestro continente, defendido por EEUU y que tiene sus laderos en algunos gobiernos como Colombia, como Chile, que nos quieren imponer como un terrtorio para que el Capital venga aquí y pueda apoderarse de los bienes naturales. Sólo quieren que nosotros produzcamos mercancías, materias primas para ellos.

Hay un segundo proyecto que defiende la idea de una espacie de integración latinoamericana pero bajo los intereses de las burguesías locales, donde ellos desarrollan proyectos de integración, de transporte, de libre comercio. Tienen contradicciones con el Imperio, pero no ayudan a resolver los problemas de los pobres.

Y el ALBA se ha constituido como el tercer proyecto, que es más allá que un acuerdo comercial entre gobiernos o Estados. Es una propuesta política que tiene como perspectiva una integración popular entre todos los pueblos de Latinoamérica, sin términos económicos, sin términos políticos, para hacer frente al Imperialismo y a las transnacionales.
Sin términos culturales, incluso, porque nuestros pueblos tienen las mismas experiencias, tienen las mismas formaciones socio-culturales. Entonces los movimientos sociales más combativos de Latinoamérica, aparte de los gobiernos, estamos impulsando ese proyecto ALBA, como una forma de integración popular, una unidad latinoamericana que pueda acumular fuerzas para derrotar a las empresas transnacionales, al proyecto del Imperialismo y avanzar hacia el Socialismo.
El problema es que con esta crisis internacional tenemos una contradicción fundamental que es que el poder económico es el que determina el poder político. Y el poder económico se desarrolló como el capitalismo internacional, bajo el control de los bancos y de las empresas transnacionales, y los gobiernos locales nacionales no tienen fuerzas para encuadrar a ese capital que hace lo que quiere, entonces los gobiernos se van a reunir, pueden sacar bonitos documentos como las Naciones Unidas, pero…¿qué pasa? Que la fuerza económica que domina la economía, que domina los países, no respeta esos acuerdos internacionales.

Entonces sólo es posible enfrentar a ese capital si los movimientos sociales de todos los países logran hacer manifestaciones, logran desarrollar una conciencia en la sociedad para acumular fuerzas y enfrentar a esas empresas capitalistas. Y ojalá muchos de los gobiernos que vengan a Río puedan sumarse y también defender los puntos de vista de sus poblaciones, porque solos los gobiernos no tienen fuerza. La crisis de Europa está ahí, nos da argumentos todos los días de cómo los bancos incluso están indicando a los mismos gobernantes.

-Durante tu intervención en el Foro mencionaste la importancia de los medios masivos de comunicación para difundir la ideología dominante. ¿Como se deben parar los medios contrahegemónicos en esa coyuntura?
-En el período del Capitalismo industrial la burguesía reproducía su ideología con la Iglesia, los partidos políticos y las escuelas. Ahora, en esta etapa del neoliberalismo, del capital financiero, del capitalismo globalizado, la forma de la burguesía, de la clase dominante, de reproducir su ideología en la sociedad es la televisión y por eso ellos mantienen un monopolio en todos nuestros países. Por eso, como movimientos sociales nosotros siempre llevamos esa reflexión. Hay que denunciar la concentración del poder ideológico que la burguesía tiene con los medios televisivos, y a la vez la izquierda y los movimientos sociales tienen que apoderarse de ese instrumento. Por eso nos alegra mucho que precisamente acá, en Latinoamérica, se están desarrollando experiencias muy importantes como Alba TV, como TeleSur. Y en algunos de nuestros países hay televisoras públicas que han asumido un rol progresista. Todo eso es muy importante, justamente para romper el monopolio que el capital impone a las televisoras. Por eso, un gran abrazo a todos ustedes que están trabajando en ese proyecto. Además de ayudarnos a enfrentar el capital, Alba TV nos ayuda a construir aquel proyecto al que me refería de una integración popular entre nuestros pueblos de Latinoamérica.

Fuente: ALBA TV y Marcha desde Porto Alegre
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