Sábado, 01 Febrero 2014 07:59

Los censores y los malhechores

Los censores y los malhechores

La libertad de expresión sólo existe cuando se aplica a las opiniones que se reprueban. Por otra parte, los ultrajes a su principio sobreviven mucho tiempo a los motivos que los justificaron y a los gobernantes que los usaron para reprimir. El 25 de octubre de 2001, en el clima rayano al pánico que siguió a los atentados homicidas del 11 de septiembre, un solo senador estadounidense, Russel Feingold, votó contra la Patriot Act, arsenal de disposiciones liberticidas que fue aprobado en bloque por los representantes del Congreso con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Trece años y un presidente después, esas medidas excepcionales siguen siendo la ley de Estados Unidos.

 

Es sabido que los ministros del Interior se preocupan más por el orden y la seguridad que por las libertades. Cada amenaza los alienta a exigir nuevos pertrechos represivos que concitarán a su alrededor a una población escandalizada o inquieta. En enero, a título preventivo, Francia ha prohibido varias reuniones y espectáculos juzgados contrarios "al respeto debido a la dignidad de la persona humana". Al denunciar los monólogos antisemitas de Dieudonné, que "ya no es un cómico", y cuyo método "ya dejó de ser creativo", Manuel Valls amenazó: "No quiero descartar ninguna posibilidad, incluso un endurecimiento de la ley" (1). Pero un Estado democrático no debe aceptar sin estremecerse que un ministro de la policía juzgue el humor y la creación –aun cuando tanto uno como el otro estén ausentes.

 

En julio de 1830, Carlos X revocó por ordenanza la libertad de prensa. Uno de sus partidarios justificó, en ese momento, el restablecimiento del principio de la censura previa, que sustituía al recurso a posteriori frente a la justicia, en los siguientes términos: "Cuando interviene la represión, el daño ya está hecho; lejos de repararlo, el castigo le añade el escándalo del debate" (2). Sin embargo, tras la ordenanza real, los diarios se publicaron igual sin autorización previa, gracias a diversos subterfugios. El público se precipitó a leerlos y comentarlos. Y la Revolución derrocó al régimen de Carlos X.

 

Cerca de dos siglos después, los rebeldes, los parias y los malhechores tienen decenas de miles de seguidores en su cuenta de Twitter; YouTube les permite organizar reuniones en su salón, y perorar interminablemente desde un sillón, frente a una cámara. Si se prohíben espectáculos y reuniones públicas por ser juzgados indignos de la persona humana, ¿entonces también debe sancionarse la difusión de los mismos mensajes por las redes sociales? Eso equivaldría al inmediato otorgamiento del aura de víctimas del "sistema" a unos comerciantes de la provocación y a dar crédito a sus acusaciones más paranoicas.

 

En reacción a las últimas iniciativas de Valls, un ex ministro socialista expresó su preocupación por una "profunda regresión que tiende a instaurar una especie de régimen preventivo, incluso de censura moral previa a la libertad de expresión". Y concluyó, sin duda, caritativamente: "En este caso, la emoción, la rabia y la rebeldía contra la infamia han hecho vacilar a los mejores espíritus" (3).

 

Serge Halimi
Le Monde Diplomatique


Notas


(1) Entrevista en Aujourd'hui en France, París, 28 de diciembre de 2013.
(2) Citado por Jean-Noël Jeanneney, Les Grandes Heures de la presse qui ont fait l'histoire, Flammarion, París, 2013.
(3) "Jack Lang sur l'affaire Dieudonné: 'La décision du Conseil d'Etat est une profonde régression'", Le Monde, París, 13 de enero de 2014

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Martes, 31 Diciembre 2013 08:08

Snowden: del Agente 2.0 al ciudadano digital

Snowden: del Agente 2.0 al ciudadano digital

El mes de junio Edward Snowden desveló la mayor trama de espionaje masivo de la historia. Internet, según sus filtraciones, se ha convertido en una fabulosa herramienta de control que amenaza la libertad de expresión y aquello de lo que era garantía: la democracia y los derechos humanos. El ex-analista de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana [NSA, según sus siglas en inglés] revela que estamos en plena regresión civilizatoria.
Las promesas de Obama y Google sobre la democracia digital eran pura patraña. Y la gravedad de este fraude no se corresponde con la indiferencia o cinismo que muestran muchos de los afectados. Podríamos estar pasando por alto que con WikiLeaks y Snowden la primera generación de nativos digitales reclaman su derecho a ejercer como ciudadanos en y desde la Red. Por ello, como en momentos históricos precedentes, el reconocimiento de los derechos civiles pasa por ejercer la desobediencia civil para reclamarlos. Snowden y Manning son a Rosa Parks lo que Assange a Martin Luther King y Mandela.


Dicen las corporaciones y los estados que para satisfacer nuestras demandas y para defendernos necesitan saber con quiénes, cuánto tiempo y desde dónde nos comunicamos. Esa información son los metadatos con los cuales se generan unos perfiles que más tarde y si es necesario cobrarán cara, poniéndoles nombre y apellidos como en el caso de Chelsea Manning, (antes Bradley, la fuente de WikiLeaks). La disidencia digital está siendo ya condenada mediante la elaboración de dosieres formados con miles de documentos extraídos de la Red. Manning ingresó en prisión, sin que existiese constancia informática de que hubiese filtrado el Cablegate. Las pruebas que le incriminan – correos, chats... – apenas expresan sus intenciones, sus motivos e ideales. Tengan cuidado con lo que escriben en sus pantallas.


Habrá lectores que piensen que nada de esto les incumbe. Debieran considerar que, con la diligente colaboración de las autoridades patrias, la NSA recopiló en España 60 millones de llamadas telefónicas en tan sólo dos meses (del 10-XII-2012 al 8-I- 2013). Resulta significativo que no le interesaran los emails y SMS de Fin de Año. Ese día los vigilantes descansaron. A lo mejor se relajan de nuevo cuando estemos otra vez de cotillón. Porque les interesan nuestras actividades y contextos cotidianos. Algo que su ordenador y móvil recuerdan mejor que usted. El espionaje es sistemático, preventivo, global. Tiene un alcance hasta ahora impensable sobre nuestras facetas vitales más íntimas, rutinarias e inconscientes.


Aprovechando nuestra ignorancia tecnológica y la desprotección legal, los proveedores de servicios digitales se pusieron primero al servicio de la investigación de mercados. Han elaborado patrones de lo que consumimos, cruzando nuestros metadatos y pagos con tarjetas, almacenando perfiles... que, llegado el día, podrían considerarse terroristas a ojos de la NSA. ¿Adquirió usted una mochila y una olla a presión antes de un atentado? Ah, ¿que no se acuerda? Tranquilo, como le ocurrió a más de uno después del maratón de Boston, alguien podrá llamar a su puerta para recordárselo y pedirle explicaciones.


Intervenidos: sin soberanía ni autonomía


Nos han arrebatado la privacidad y el anonimato. Ante el fingido escándalo de "nuestros" líderes al "saberse" espiados por Obama, medio millar de "autores y creadores" de más deochenta países han venido a denunciar que si el poder financiero ha intervenido nuestras economías, el político ha hecho lo mismo con nuestras democracias. Sostienen "La vigilancia es un robo. Estos datos no son propiedad pública, nos pertenecen. Cuando se usan para predecir nuestro comportamiento, se nos roba algo más: el principio del libre albedrío, crucial para la libertad democrática"[i]. Las grandes corporaciones digitales nos han vendido. El negocio de los macrodatos, el ingente mercado de metadatos de la población mundial, que encubrían con sus servicios "gratuitos", se ha convertido en nuestra mayor fuente de desprotección. Los centros de almacenamiento de datos, en manos de quienes dicen protegernos, suponen el fin de nuestra soberanía y autonomía, a nivel personal y colectivo.


Ya no somos dueños de la información que manejamos y que, sin embargo, revela quién somos, qué hacemos y deseamos. La generamos, se registra y procesa sin nosotros saberlo ni consentirlo. Hemos pasado, por tanto, de la condición de ciudadanos – sujetos soberanos, que mandan en sus recursos – a la de súbditos – desposeídos de lo que es suyo y de nadie más. En consecuencia carecemos de autonomía o de la capacidad de autogobernarnos. En el contexto actual seremos incapaces de dirigir nuestros recursos hacia los fines que determinemos como propios, que es lo que pensamos que hace alguien a quien consideramos autónomo.


Sabiéndose vigilados, muchos se pondrán la mordaza antes de abrir la boca: se aplicarán una corrección política que resultará inocua para quien mande. Habitaremos una esfera pública plagada de autocensura. O peor, anticipando las críticas y demandas más duras, nos quitarán los dientes antes de que podamos hincárselos. Ya han empezado a proscribir el periodismo que actúa de contrapoder – ilegalizando sitios como WikiLeaks – y persiguiendo a los ciudadanos que colaboran para defender lo poco que queda de sus libertades civiles.


El calado de las cloacas que ahora conocemos es tal que resultaba preciso rebajar la entidad del protagonista y de su denuncia. A Snowden se le presentó, primero, como un hacker, demasiado joven y sin méritos para merecer la atención pública. Una vez que la acaparó, se le envolvió en una historia de espías a sueldo de Pekín, Moscú... Presentadas con este guión, las peripecias de Evo Morales, retenido en un aeropuerto por sospechoso de trasladarle en su avión presidencial, eludieron el calificativo de "secuestro y piratería aérea". Así las catalogó el reconocido reportero de guerra John Pilger

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Pero por mucho que lo nieguen, Snowden encarna la máxima expresión de un ciudadano digital. Este tecnocidano, que diría Antonio Lafuente, ha cuestionado con su competencia tecnológica y sus valores cívicos el sistema para el que trabajaba. Si WikiLeaks se presentó como la Agencia de Inteligencia del Pueblo, Snowden sería nuestro espía. El funcionario del capitalismo cognitivo se erigió en desobediente civil. Apeló a los Padres Fundadores de EE.UU. y a la Primera Enmienda. Renunció a un magnífico sueldo, se exilió y se arriesga a ser eliminado, en medio de voces de supuestos políticos y pretendidos periodistas que así lo sugieren. Por último, ofrece su colaboración a la ONU, a los gobiernos de Brasil y Alemania, embarcados en dar respuestas (bien diferentes, por cierto) al ya ineludible reto de la gobernanza de Internet. El Internet del siglo XXI – la democracia y la economía sostenible o el totalitarismo y la devastación a él asociadas – no podrán entenderse sin Snowden.


Nuestro espía y el coro de putas, ángeles e imbéciles


Para el fundador de los Estudios de Paz, Johan Galtung, el espía que se hizo hacker reactualiza la lucha de los años 70 por las libertades civiles. Para quienes acabaron con Vietnam mediante otras filtraciones (Daniel Ellsberg), constituye el ejemplo que debieran seguir otros compañeros de teclado. En una carta abierta han llamado a imitarle reutilizando la frase fetiche de Assange: "el coraje es contagioso". Estas voces insumisas apenas resultan audibles. Las tapan las noticias sobre el personaje del Agente 2.0 al servicio del Eje del Mal. La información se presenta guionizada como un thriller tramposo que, de paso, rebaja el coraje del espectador infundiéndole calculadas dosis de miedo. De eso se trata, de que la ciudadanía solo se asuma como espectadora. Mejor aún, como espectadora que se sabe monitorizada y que, en consecuencia, no hará nada raro ni cochino en la oscuridad de la sala de cine o en el salón de estar.


Tan peligrosa como la desinformación que viene de arriba resulta la "corrosión del carácter" que traslucen las reacciones de los de abajo. Pareciéramos rodeados de audiencias cínicas, descreídas e ignorantes. Me refiero a quienes aún atienden a los presstitutes (prostitutas de la prensa) que, como buenos profesionales, tras realizar la faena – en este caso informativa – presuponen que no hace falta recordarte que nada de lo dicho y hecho era verdad. Sus reacciones ante Snowden y sus valedores se resumen en una batería de preguntas ramplonas. ¿De verdad era necesario contarte que nada en esta vida es gratis? ¿Creías que Facebook significaba "por la cara"? Y la Guerra por la Libertad, ¿también te iba a salir gratis? Los escribas a sueldo llegan a reprocharnos que pensáramos que alguna vez se pondrían en pie por nosotros o, mejor dicho, con nosotros.


A estas meretrices se suman quienes se presentan como ángeles custodios del sistema. Para ellos las mega-filtraciones minan la legitimidad de las democracias, porque mientras estas son vulnerables a la crítica las dictaduras permanecen inmunes a cualquier denuncia. Es decir, Assange, Manning y Snowden habrían degradado nuestras democracias; situándonos en desventaja frente a quienes nos amenazan. No falta quien también acusa a los filtradores de empeorar la situación. Porque si antes se hacían así las cosas, ahora aumentarán la opacidad y el rigor. Los argumentos son equiparables a imputarles a Al Gore y a Greenpeace el cambio climático, la impunidad con que China destruye la capa de ozono y el creciente agujero de ozono.


No les hagan caso. Mienten, igual que quienes afirman que todo lo denunciado ya se sabía. Hasta la llegada de Snowden la monitorización y la represión digitales solo se imputaban a las dictaduras; ya saben, Irán, China, Rusia... El joven analista-hacker ha tenido que jugarse el pellejo para que los apocalípticos más señalados de la Red denunciasen, ahora sí, los desmanes de la NSA. Los "soplones" que se anticiparon a Snowden pagaron caras sus denuncias; precisamente, por la ausencia de portavoces que denunciasen la confluencia digital de los intereses corporativos y militares en nuestras sociedades.


Putas, ángeles custodios y mentirosos rodean a Snowden para acallarle. Ante todos ellos se congregan quienes afirman que nada temen, porque nada tienen que ocultar. Pobres imbéciles. Ni siquiera aplican al móvil los mismos criterios que a su coche. Pues bien, nos queda decirles, puros del mundo, nudistas de la red, instalen en su automóvil un dispositivo que informe puntualmente de cada uno de sus trayectos, la identidad de sus acompañantes, y todas y cada una de las infracciones de tráfico que comete a diario, la mayoría sin darse cuenta. Luego hablamos del nuevo precio de su seguro, o de...
¿Soluciones? Las mismas que en anteriores periodos del avance de las libertades civiles. Desarrollar herramientas de emancipación y construir sujetos capaces de emplearlas. Para empezar, conduzcamos coches que solo nos lleven a dónde queramos; es decir, usemos software libre. Generemos, tejamos redes de ciudadanía digital; más allá de la palabrería, del fetichismo y snobismo. Garanticemos la existencia de un Snowden en cada corporación y de una Manning en cada ejército. En eso deberíamos ocuparnos los próximos años.


Este texto anticipa el libro El cuarto poder en red, que será publicado por Icaria en primavera de 2014. Comenzará a ver la luz en el blog, que con el mismo título, aparecerá próximamente en Público

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Lunes, 23 Diciembre 2013 07:26

Sombra y luz

Sombra y luz

El sábado fue el día más oscuro del año –el solsticio invernal– justo antes de que en varias culturas se celebre la promesa del retorno de la luz. Todo va oscureciendo cada día más hasta el 21 de diciembre, y a partir de ahí, el milagro de que empieza a regresar cada vez más luz con el paso de los días. Pero eso depende en parte de la gran batalla entre sombra y luz.


Ha sido un año en que el negocio de las sombras empezó a ser revelado. Las dimensiones casi surrealistas de las operaciones de vigilancia clandestina del gobierno continúan siendo expuestas a la luz del día casi diario, llevando a un juez federal a caracterizarlas como algo "casi orweliano" y probablemente inconstitucional.

El ex profesor de derecho constitucional de Harvard y Chicago Barack Obama insiste en que no ha habido ningún abuso, sólo el potencial para ello, y que lo importante es que el pueblo confíe en que todo esto es por su propio bien. Pero toda persona consciente sabe que lo último que uno puede hacer es confiar en el poder; de hecho, la Constitución se basa en esa noción, afirma que el pueblo es el poder en una democracia y que goza de derechos y libertades inviolables por parte de sus autoridades. Eso dice.


El hecho es que las actividades de comunicación entre los estadunidenses por teléfono e Internet (ni hablar del resto del planeta) son registradas por espías del gobierno. Dicen que eso es necesario para combatir al enemigo del día: el terrorismo (como antes lo fue el comunismo), pero cada vez hay más elementos para concluir que el enemigo, para ellos, es el propio pueblo, o por lo menos es sospechoso de serlo.

Las implicaciones de esto son obvias y el gran debate que las revelaciones de Edward Snowden ha detonado aquí y en todo el mundo lo demuestran. Y es que las mismas herramientas para la comunicación, esa función tan esencial para la civilización humana, se han convertido en instrumentos para controlar esa función. En nuestra era cibernética, las computadoras, los celulares, las redes, las nubes, todo, se usa no sólo para la comunicación entre seres humanos, sino para vigilarlos y controlarlos.


Hay consecuencias más allá de las más visibles: la persecución de filtradores como Chelsea Manning, ahora Edward Snowden y otros seis ex funcionarios que se atrevieron a denunciar lo que consideran abusos, asimismo entidades como Wikileaks y hackers activistas.


Un sondeo reciente de la asociación nacional de escritores PEN encontró que sus miembros están cada vez más intimidados por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y hasta han empezado a censurar su propio trabajo; 88 por ciento de sus miembros en este país expresó preocupaciones por la vigilancia estatal, 28 por ciento ha limitado su uso de medios sociales y 24 por ciento evita abordar ciertos temas en sus comunicaciones. Los escritores expresaron preocupación por discutir asuntos militares, del Medio Oriente, la encarcelación masiva, políticas antinarcóticos, pornografía, críticas al gobierno estadunidense y hasta del movimiento Ocupa Wall Street en sus comunicaciones

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El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), como se reportó anteriormente, emitió hace unos meses su primer informe sobre la supresión de la libertad de expresión de periodistas por el gobierno en Estados Unidos, donde afirmó que las políticas agresivas de la administración Obama contra filtraciones y control de información oficial son las peores desde los tiempos de Richard Nixon, ponen en duda la promesa del presidente de que encabezaría el gobierno más transparente en la historia del país y dañan la libertad de prensa en Estados Unidos.


Lo bueno es que al crecer la luz hay cada día más denuncia y demandas por un cambio. Además de los defensores de libertades civiles y derechos humanos que han promovido demandas legales y han defendido a los que se atreven a denunciar estos abusos desde adentro, periodistas y ahora escritores están alzando la voz.


Hace poco, más de 500 intelectuales y escritores de unos 80 países, incluidos los premios Nobel Orahn Pamuk, J.M. Coetzee, Günter Grass, Tomas Transtrome y Elfriede Jelinek, así como otros destacados: Umberto Eco, Margaret Atwood, Dave Eggers, Arundhati Roy, Juan Goytisolo e Ian McEwan, firmaron un escrito declarando que el pilar básico de la democracia es la integridad inviolable del individuo. Agregan que la integridad humana se extiende más allá del cuerpo físico. En sus pensamientos y sus ambientes personales y comunicaciones, todo humano tiene el derecho de permanecer no observado y no molestado. Este derecho humano fundamental ha sido anulado mediante el abuso de desarrollos tecnológicos por estados y empresas para propósitos de vigilancia masiva. Acusan que ese tipo de vigilancia viola la esfera privada y limita la libertad de pensamiento y opinión. La vigilancia masiva trata a todo ciudadano como un sospechoso potencial (ver).


El autor estadunidense David Eggers escribió en The Guardian la semana pasada que todo indica que esta situación empeorará si no hay una mayor respuesta pública (lamenta que más de 50 por ciento dice que acepta la necesidad de lo que hace la NSA). Entrevistó a un autor que fue víctima de la cacería anticomunista del macartismo en los años 50, quien consideró que las cosas están peor actualmente, ya que la vigilancia ahora es de todos. Su colega cuenta que con el macartismo por lo menos habían caras de los encargados de la persecución, pero ahora es una agencia clandestina que aparentemente no rinde cuentas a nadie. Justo eso es lo más dañino, afirma Eggers, eso de que nadie sabe a ciencia cierta qué se esta recaudando, grabando, analizando y almacenando; o cómo todo esto será usado en el futuro. El que sobrevivió a McCarthy dice que tiene más miedo ahora más que nunca ante esta situación. Al preguntarle su consejo para escritores hoy día, le respondió todo lo que puedo decir es que necesitas resistir. Resistir, resistir, resistir, resistir.


Tal vez todo esto promete el inicio de días de mayor luz.

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"Existe un nivel de vigilancia que supera al de la Unión Soviética"

"Todos deberíamos exponer en nuestros balcones y ventanas un cartel grande indicando que la Ley de Seguridad Ciudadana insulta a España". Así de tajante se muestra Richard Stallman, padre del software libre, en una conferencia en la Universidad Rey Juan Carlos. A la cita se presenta descalzo, con la melena suelta y aspecto despreocupado. Comienza soltando frases lapidarias contra el Gobierno y la industria informática con una sinceridad divertida, pero con conocimiento de causa: el que aporta haber estado 30 años aplicando su inteligencia y "espíritu juguetón" para hackear el software y desafiar al monopolio de lo privativo.


Presenta un discurso directo, casi radical, en contra del servilismo ante el yugo informático. Ataca directamente a la conciencia y no hay medias tintas. Por eso, escucharle no deja indiferente. Explica con sencillez lo que significa el software libre: una filosofía iniciada por el hacker estadounidense, que desarrolló el primer sistema operativo libre, GNU (mal conocido como Linux), y creó la Free Software Foundation para proteger la libertad informática. Antes de eso estuvo trabajando en el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology), tras comenzar estudios de Física en Harvard.


El principio de su filosofía es claro: "O los usuarios tienen el control del programa o el programa tiene el control de los usuarios".


El origen de esta filosofía es dotar al usuario de mecanismos de poder, ¿estas herramientas pueden dar soberanía a la ciudadanía?
La sociedad tiene una elección: solidaridad y democracia o sometimiento y control total. Entre ambas, hay que elegir libertad. El objetivo del proyecto GNU es la liberación del ciberespacio y de todos sus habitantes. Esa es la invitación que hacemos desde la Free Software Foundation: ser libres a través del control de nuestra informática, evitando regulaciones arbitrarias de desarrolladores particulares y empresas privadas. La única manera de resistir es unirnos ahora. Si se valora la democracia se tiene que luchar para reducir el nivel general de espionaje hasta hacerlo compatible con la democracia. El uso en sociedad de programas privativos no es desarrollo, es dependencia. La meta debe ser acabar con esa dependencia. Hoy en día existe un nivel de vigilancia que supera al de la Unión Soviética: esto es un peligro para los derechos humanos.
¿Cuál es la diferencia entre privado y privativo?

El privado es el uso personal que cada uno hace de la informática; el software privativo es el que se distribuye al público pero bajo las condiciones de las empresas privadas, para someternos a su poder. Es menos malo robar comida que desarrollar software privativo.
Plantea el uso de software libre como una manera eficaz de luchar contra el poder de las empresas sobre los usuarios y como defensa ante el espionaje. ¿Cómo entender que la clave de la libertad se encuentra en el uso y control de la informática?


Los programas privativos tienen funcionalidades malévolas, como espiar, y sus puertas traseras hacen cosas al usuario sin permiso y sin informar. El programa privativo opera como un yugo para someter a la gente. El software libre es un asunto ético: no es gratuito, sino libre. Se basa en cuatro leyes esenciales: Ejecutarlo como quieras, poder cambiar el código fuente, ayudar a los demás redistribuyéndolo y contribuir a la comunidad compartiendo los cambios. Debemos ser libres de participar en el desarrollo del código y para tener el control individual y colectivo, esas cuatro libertades son esenciales. Usar el software libre nos invita a vivir en un mundo libre porque respeta la libertad individual y la solidaridad social mediante la cooperación con los demás.


¿Qué diferencia hay entre software libre y 'open source´?


El término código abierto fue planteado por Linus Torvalds para evitar planteamientos morales, para hacer olvidar la ética de libertad que hay detrás del proyecto GNU. Quieren separar nuestras ideas de nuestros programas, pero no se puede. No podemos dejar que se olviden nuestras ideas. Nuestro futuro depende sobre todo de nuestros valores.


Hay que rechazar los términos de propaganda del enemigo: por ejemplo, cuando me preguntan sobre la piratería respondo que es malo atracar barcos. Cuando me preguntan sobre la piratería en el cine, yo siempre digo que me gustó el primer Piratas del Caribe.


Después de tantos años, la mayoría de los usuarios aún no utiliza software libre, ¿por qué? ¿Cree que valoran su libertad?


Hay que defender la libertad, a nivel general, en todos los países, incluso hoy en día en España: ¿por qué no hay cien mil españoles en la calle contra la Ley de Seguridad Ciudadana? La Ley de Seguridad insulta a España. A los que no les importa que les espíen porque no tienen nada que esconder: no son muy inteligentes, evidentemente. Cuando tengan algo que esconder será demasiado tarde. Hay muchos delitos que todos cometen sin saberlo. Para mantener la libertad hay que defenderla, para defenderla hay que valorarla.


¿Cuáles son los principales softwares privativos?


Todos los usuarios utilizan, al menos, un sistema operativo privativo. Los móviles con software tienen funciones malévolas porque pueden espiar datos de ubicación y el usuario no puede evitarlo. Y tienen puerta trasera para convertirlos en dispositivos de escucha, incluso apagados. El teléfono móvil es el sueño de Stalin. Un ejemplo de software privativo es Microsoft Windows, que restringe al usuario con grilletes digitales: es malware. El malware es un programa diseñado para maltratar al usuario, es como se denomina a los virus. Windows es malware porque tiene puertas traseras, puede imponer cambios de software sin avisar y sin permiso. MacOS también es malware y los "iThings" son mucho peores. Espían a los usuarios, son plataformas de censura, son cárceles que impiden descargar o ejecutar cualquier programa que no sea de Apple.

Flash también es malware, aunque sea gratuito y no te exija pagar para abusar de ti. Hasta Facebook es un sistema de espionaje. Incluso Kindle es malware, porque engaña el usuario: Amazon es un sistema soviético de distribución de libros porque impone sus condiciones y puede registrar qué lees y cuándo. Por ejemplo, en 2009 provocó un escándalo al borrar, en un acto orwelliano, miles de copias de 1984. Curiosa ironía. Su verdadero propósito es quemar libros a distancia.


¿Qué papel crees que juega la Administración a la hora de promocionar e implementar el software libre?


Es sencillo. El Estado hace su informática para el pueblo y tiene la responsabilidad ante el pueblo de mantener el control de la informática y de rechazar el software privativo. El Estado tiene la responsabilidad de migrar al software libre.


Sin embargo, salvo algunas excepciones, las leyes favorecen el privativo...


Sí, los estados se someten a las empresas, es injusto.


Y en el sistema educativo ¿Crees que sería importante implantar el software libre?


Todos los niveles de educación deben enseñar software libre, no sólo por razones económicas. La escuela tiene la misión social de educar buenos ciudadanos, solidarios, independientes y libres, y solo el software libre cumple esta función.


Sin embargo no se corresponde con la realidad.

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Ya, por ejemplo el Estado español propone distribuir "tabletas-cárceles", con software privativo, para imponer grilletes digitales a los libros de texto. Es horrible. Hay que combatirlo. Quieren someter el futuro del país a Microsoft y Apple. ¿Por qué creéis que las empresas ofrecen programas privativos gratuitos a las escuelas? Por el mismo motivo que los narcotraficantes: ofrecen la primera dosis gratis y así crean una dependencia. Los privativos son enemigos del espíritu de la educación, de la difusión del conocimiento compartido, por eso hay que combatirlos desde el principio.


Centrándonos en la filosofía que inspira este proyecto, en el ámbito de la comunicación surgen otros proyectos que pretenden liberar la información, como WikiLeaks. ¿Qué le parece ese caso? ¿Qué consecuencias ve?


WikiLeaks es bueno. En cuanto a los efectos... no quiero especular. Realmente me parece que son detalles, lo importante de WikiLeaks es que tiene el efecto de dificultar que los Estados cometan crímenes secretos. Que el público tenga más información acerca de qué hacen los Estados es positivo, los ciudadanos deben tener el control del Estado.
Comparten la cultura hacker.

..
Sí pero no somos iguales, hay un poco de similitud pero son asuntos diferentes: WikiLeaks publica secretos sucios y el software libre no tiene secretos sino conocimiento para su utilización práctica. Es importante, pero no es igual.


El software libre nació para "tener el control de tu propia vida". La NSA parece habérselo tomado al pie de la letra, ¿cómo se pueden evitar casos de espionaje masivo como este?


El desarrollo del software libre es básico para las cuestiones de transparencia, y no usar software privativo es la mejor defensa ante el espionaje. Para proteger la democracia hay que exigir cambiar el diseño de los sistemas digitales, para que no acumulen historiales de todo el mundo. En una democracia es necesario conocer qué hacen los Estados sin tener que depender de los heroicos reveladores de secretos como Snowden.


Precisamente, hace unos días The Guardian publicaba "Exploiting terrorist use of games and virtual environments" (aprovechando el uso terrorista de los videojuegos online), otra de las filtraciones de Edward Snowden...


No me sorprende. Todo el mundo puede tener acceso a esos datos que estaba investigando la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, son foros más o menos públicos. Me escandaliza menos que las otras cosas que hacen. Yo creo que queda bien así, me refiero más a la respuesta.


Las comunidades de desarrolladores, los hackers, suelen ser desconocidos...


No, yo nunca me escondí. No nos escondemos, no hay motivo. Los hackers son personas que emplean su inteligencia con un espíritu juguetón en cualquier campo de la vida. Lady Gaga, por ejemplo, tiene actitud hacker por su forma de vestir.


¿Qué pueden aportar las herramientas de software libre al periodismo?


Hay periódicos que hacen todo con software libre, ¡se puede hacer! Y el periodista merece esa libertad como cualquiera.

Por Kay Levin, Sofía de Roa y Virginia Uzal; forman parte de la Comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

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Gigantes de Internet pugnan ante Obama por reformar la NSA

La agencia de inteligencia más poderosa de Estados Unidos continuó bajo sitio hoy cuando ejecutivos de las principales empresas de tecnología cibernética del país insistieron en la necesidad de una amplia reforma de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en una reunión con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca, un día después de que un juez federal declaró que algunos de los programas de espionaje masivo son inconstitucionales.


Aunque la Casa Blanca invitó a los altos ejecutivos de 15 de las empresas más importantes de tecnología cibernética, que públicamente caracterizó como una reunión sobre diversos temas con un enfoque en la manera de mejorar el problemático sitio de Internet de la reforma de salud federal, los ejecutivos obligaron a Obama a centrar la discusión sobre la NSA.


Después del encuentro de dos horas y media, las empresas emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaron: apreciamos la oportunidad de compartir directamente con el presidente nuestros principios sobre vigilancia gubernamental que difundimos la semana pasada y lo instamos a proceder agresivamente sobre la reforma. No mencionaron ningún otro tema.


Los principios de reforma fueron formulados y difundidos públicamente el 9 de diciembre, en una iniciativa sin precedente, por ocho de las empresas de tecnología y comunicación cibernética más importantes del mundo. Llamaron a la suspensión de programas de recaudación masiva de registros de llamadas y otras comunicaciones por la NSA, y a impulsar una serie de reformas para limitar los alcances de los programas de espionaje electrónico masivo y mayor transparencia a nivel mundial. Argumentaron que los programas habían minado la confianza de los usuarios del Internet, o sea, los clientes de estas empresas, como reportó La Jornada.


Entre los que se reunieron hoy con Obama estaban Tim Cook, ejecutivo en jefe de Apple; Marissa Mayer, ejecutiva en jefe de Yahoo; Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, y el ejecutivo en jefe de ATT, junto con los de Twitter, Microsoft, Facebook, Netflix y Comcast.
Para Obama, este sector estadunidense no sólo es importante por su masiva presencia económica a escala mundial, sino por su creciente peso político en Washington. Más aún, tanto ejecutivos como empleados de este sector fueron los donantes más generosos a las campañas electorales de Obama y el Partido Demócrata, y mucho más íntimos de este presidente que los de otros sectores empresariales.


La Casa Blanca emitió una declaración al concluir la reunión en la cual afirmó que Obama dejó clara su creencia en un Internet abierto, libre e innovador y escuchó las preocupaciones y recomendaciones del grupo, a quienes aseguró que éstas serán consideradas.


Pero la reunión es uno de cada vez más numerosos frentes de la batalla que enfrenta el gobierno de Obama sobre el espionaje masivo, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.


La reunión con los ejecutivos de Internet se celebró un día después de que por primera vez un juez determinó que algunos de los programas de espionaje masivo, los cuales calificó de orwelianos, podrían ser inconstitucionales.


El fallo del juez Richard Leon fue el golpe legal más severo a la NSA desde las revelaciones de los programas de espionaje masivo con base en las filtraciones de Edward Snowden que se empezaron a publicar en varios medios, empezando en junio.

 


El juez escribió: no me puedo imaginar una invasión más indiscriminada y arbitraria de datos personales sobre virtualmente cada ciudadano sin previa aprobación judicial, en referencia al programa de obtención de metadatos de la NSA. El gobierno de Obama insiste en que el programa es legal y constitucional. Por lo tanto, esta disputa legal apenas empieza (la decisión del juez está congelada mientras es apelada por el gobierno).
A la vez, en el Congreso se impulsan diversas propuestas de reforma de las operaciones de la NSA, mientras ante el poder judicial también proceden otros casos legales impulsados por defensores de derechos ciudadanos, incluida la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y el Electronic Frontier Foundation y el Electronic Privacy Information Center, entre otras.


Por su parte, la NSA –las más secreta de las 16 agencias de inteligencia, por lo cual se apodaba, por sus siglas en inglés, No Such Agency (no existe tal agencia)– de pronto aparece en público con una obvia campaña de relaciones públicas para contrarrestar el impacto de las revelaciones a lo largo de los últimos seis meses y contar su lado de la historia. Entre otras cosas, la agencia permitió el ingreso a su casa matriz a reporteros del programa 60 Minutos para un segmento (muy favorable) transmitido el domingo pasado. Y algunos de sus altos oficiales están ofreciendo inusuales entrevistas para tratar de dar su versión de lo que hacen en nombre de la nación.


También, como parte del intento para responder a la creciente controversia detonada por las filtraciones de Snowden, Obama había nombrado un panel de expertos para evaluar lo que llama el equilibrio entre seguridad nacional y los derechos de privacidad, y el pasado viernes este grupo de trabajo entregó al presidente su informe con 40 recomendaciones. El documento no se ha hecho público, pero según fuentes citadas por medios aquí, no contempla ningún cambio de fondo.


A la vez, Snowden y sus aliados tampoco se quedan callados. Poco antes de la reunión de hoy en la Casa Blanca, el ex contratista de la NSA publicó una carta abierta al pueblo de Brasil publicada en el diario Folha de Sao Paulo en la cual declara su disposición a ayudar en los esfuerzos en ese país para transparentar los programas de espionaje de Estados Unidos. Agrega que desafortunadamente el gobierno estadunidense ha trabajado muy duro para limitar mi habilidad para hacerlo indicando que hasta que un país me otorgue asilo político permanente, el gobierno estadunidense continuará interfiriendo con la habilidad para expresarme.


Después de expresar su satisfacción con el fallo del juez ayer, ya que considera que eso confirmó la razón por la cual decidió filtrar los documentos secretos a los medios, Snowden señala en su carta de hoy: hace seis meses revelé que la NSA deseaba escuchar al mundo entero. Ahora, el mundo entero está escuchando de regreso, y expresándose también. Y a la NSA no le gusta lo que está escuchando.
Todo indica que esta controversia está lejos de ser resuelta.


Enlaces:
Los cables sobre México en WikiLeaks
Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks

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Jueves, 12 Diciembre 2013 07:35

Información es poder

Información es poder

La presidenta Dilma no hubiera sido tomada por sorpresa por las revelaciones de Edward Snowden -de que el Planalto es espiado por el gobierno de los EE.UU.- si sus asesores estuvieran más atentos a las nuevas estrategias de la Casa Blanca después de la caida del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.


Joseph S. Nye y William A. Owen escribieron en la revista Foreing Affairs de marzo-abril de 1996 un intrigante artículo titulado "La ventaja informativa de los Estados Unidos". Nye dirigió el Consejo Nacional de Inteligencia y fue subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos Internacionales en el gobierno de Clinton; luego dirigió la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la universidad de Harvard. Owen fue subjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas en el gobierno de Clinton.


Estos autores resaltan que, a pesar de la superioridad estadouidense en las esferas militar y económica, "su mayor ventaja comparativa es la habilidad para recoger, procesar, manipular y diseminar información". Para ellos la información ejerce ahora el papel de "poder suave", gracias al cual los EE.UU. pueden influenciar la política internacional, sustituyendo la coerción por la seducción.


Las transmisiones por satélite reducen nuestro planeta a las dimensiones de una pequeña aldea. Ese ojo instantáneo que nos permite ver, desde el sur de América, el instante preciso en que sucede una inundación en China, produce profundas modificaciones en la estrategia militar, que ahora utiliza drones -aeronaves no tripuladas- para bombardear a supuestos terroristas.


Todos sabemos que las guerras son sucias. Lo complicado es cuando los telespectadores de todos los rincones del mundo asisten al criminal procedimiento de las fuerzas militares de los países que se precian de no actuar como Hitler, pero que hacen exactamente como los nazis: segregación étnica, secuestros, torturas, confinamiento territorial, invasión de propiedades, etc.


Durante la Guerra Fría la frágil estabilidad internacional dependía del arsenal nuclear de los países antagónicos. Según Nye y Owen, en la era de la globalización todo depende de la capacidad estadounidense de mantener informados a sus aliados. Y aliados no son solamente los gobiernos sino también amplios sectores de la población de países cuyos gobiernos son contrarios a la Casa Blanca.


En Irán, China o Cuba hay personas convencidas de que el símbolo de la democracia es un McDonald's en cada esquina y que por tanto son susceptibles de ser movilizadas por el poder informativo de los EE.UU. Entiéndase: por la versión estadounidense de los hechos.


Nye y Owen no dudan en afirmar que "a medida que su capacidad de proveer este tipo de información crezca, los EE.UU. serán vistos, cada vez más, como el lider natural de la coalición, no sólo por ser el más fuerte sino porque puede producir el insumo más importante para las buenas (sic) decisiones y para la acción efectiva sobre otros miembros de la coalición". Por tanto, "así como el dominio nuclear fue la llave para el liderazgo en el pasado, el dominio de la información será la llave en esta era informativa".


Lo que encanta a los autores es constatar que la información generada desde los EE.UU. ha ampliado los espacios del libre mercado y restringido la esfera de acción de los poderes centralizados. Citan como ejemplo el papel de los ordenadores y de las máquinas xerox en el gobierno de Gorbachov, cuando "las tecnologías pudieron esparcer también diversas ideas políticas".


Ahora, con la proliferación de redes sociales y la conexión facilitada por la internet, se dilatan los espacios democráticos en China. "Lo hermoso de la información, como recurso de poder -dicen dichos autores- es que, en tanto refuerza la efectividad del poder militar, paralelamente democratiza las sociedades".


A través del "poder suave" los EE.UU. pueden proyectar en todo el orbe terrestre (como día un papa) su ideología, su cultura, su modelo de democracia, sus instituciones sociales y políticas, "liderando las redes de negocios internacionales y las telecomunicaciones".


Ese "poder suave" atañe a cuatro objetivos prioritarios: 1) Favorecer las transiciones democráticas de los actuales Estados considerados autoritarios y dictatoriales. 2) Prevenir el retroceso de las democracias frágiles. 3) Prever y resolver los conflictos regionales. 4) Enfrentar la amenaza del terrorismo, del crimen internacional y de la proliferación de armas, sobre todo atómicas (que los EE.UU. e Israel tienen pero no admiten el derecho de otros países a tenerlas).


La internet es otra arma nada despreciable. "Dejada a su arbitrio, el mercado probablemente continuará la tendencia de concentrar desproporcionadamente el acceso a la internet". Por eso, la Agencia de Información de los EE.UU. (USIA) y la AID "deben trabajar por mejorar el acceso global a internet".


Por tanto, información globalizada es eso: una versión que se impone como la única y se juzga como la verdadera. Y es precedida de un inescrupuloso espionaje electrónico, le duela a quien le duela.

 

11 DICIEMBRE 2013

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La NSA rastrea cada día cientos de millones de celulares en el mundo

La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos recauda diariamente más de 5 mil millones de registros de ubicación de cientos de millones de celulares en el mundo que le permiten detectar redes de interrelaciones entre usuarios mediante un programa de espionaje mucho más grande en escala que los antes revelados en los documentos secretos filtrados por Edward Snowden, reporta hoy el diario The Washington Post.

Los registros nutren un banco de datos que almacena información sobre la ubicación de cientos de millones de aparatos, y con nuevos programas esto se convierte en una herramienta de vigilancia masiva, informa el rotativo con base en documentos filtrados por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y entrevistas con funcionarios estadunidesnses.


Un funcionario de la agencia comentó al Post que están recibiendo vastos volúmenes de datos sobre la ubicación de celulares alrededor del mundo a través de intervenir los cables que vinculan a las redes móviles a escala mundial. Aunque la NSA no tiene el objetivo de espiar los datos de ubicación de estadunidenses, obtiene información de manera incidental. Además, reporta el Post, se reacaudan datos de celulares de las decenas de millones de estadunidenses que viajan al extranjero cada año.


En escala, dimensión e impacto potencial sobre la privacidad, los esfuerzos para recaudar y analizar datos de ubicación podrían ser insuperables entre los programas de vigilancia de la NSA que se han divulgado desde junio. Analistas pueden encontrar teléfonos celulares en cualquier parte del mundo, rastrear sus movimientos y revelar relaciones secretas entre los individuos que los usan, indica el Post.
Funcionarios estadunidenses aseguraron al rotativo que los programas que recaudan y analizan datos de ubicación son legales y tienen la intención exclusiva de desarrollar inteligencia sobre objetivos extranjeros.


El rotativo explica que la NSA no sospecha de la gran mayoría de los usuarios de celulares, sino que obtiene datos en grueso y con sus herramientas de análisis conocidas como CO-TRAVELER le permiten buscan socios desconocidos de objetivos de inteligencia al rastrear la intersección del movimiento de personas.


Con sólo la información sobre ubicación –o sea, sin intervenir las comunicación en sí– la NSA puede aplicar técnicas matemáticas que le permiten mapear las relaciones entre usuarios de celulares al hacer correlaciones sobre sus movimientos durante periodos de tiempo con miles o millones de otros usuarios con que se cruzan. El Post recuerda que los celulares transmiten de manera constante sus ubicaciones, aun cuando no están en uso en una llamada o enviando textos.


Así, la NSA está rastreando a gente en todas sus actividades –reuniones, citas médicas, si usan hoteles o si están en sus casas– a nivel planetario.


Expertos señalan que aunque uno puede usar técnicas para poner en código sus comunicaciones digitales, es imposible ocultar ubicación si uno no se desconecta por completo de los sistemas modernos de comunicación.


El Post señala que la NSA, al no saber qué fracción microscópica de la información podría necesitar en algún momento, recauda y almacena todo lo que puede: 27 terabytes, según un cálculo, o más del doble de todo el contenido de texto en la colección de la Biblioteca del Congreso, la más grande del país.


El rotativo ofrece una gráfica y explicación sobre cómo la NSA rastrea a la gente en este momento.


Las revelaciones nutrirán el gran debate dentro y fuera de Estados Unidos sobre el espionaje masivo de gobiernos y pueblos que se detonó cuando The Guardian y The Washington Post empezaron a publicar reportajes sobre los documentos filtrados por Snowden hace seis meses. Ese debate ya ha llevado a que el gobierno de Barack Obama anuncie una amplia evaluación de los programas para lograr un mejor equilibrio entre libertades civiles y seguridad, y múltiples audiencias, investigaciones y propuestas legislativas para establecer nuevas normas y mayor transparencia.


Mientras tanto, Brasil y Alemania promueven una resolución ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) para abordar el asunto del espionaje masivo; otros gobiernos, incluido México, han solicitado explicaciones sobre el alcance de los programas de espionaje estadunidense empleados contra sus líderes políticos.


Sin embargo, continúan las acusaciones contra los mensajeros en Estados Unidos y Gran Bretaña, donde no sólo Snowden, sino periodistas, son acusados de poner en riesgo la seguridad nacional al reportar sobre los programas de espionaje. El director de The Guardian Alan Rusbridger fue interrogado ante el Parlamento el martes, donde se afirmó que las autoridades británicas evalúan si presentan cargos contra él y su periódico, tal como reportó La Jornada. En Estados Unidos las principales organizaciones de defensa de la libertad de expresión han denunciado medidas contra periodistas por el gobierno de Obama.


Ante esto, el relator especial sobre contraterrorismo y derechos humanos de la ONU, Ben Emmerson, anunció esta semana que está lanzando una investigación sobre los programas de espionaje de la NSA y su contraparte británica GCHQ que culminará en recomendaciones a la Asamblea General de la organización. Emmerson, en un artículo publicado en The Guardian, defendió el trabajo de los periodistas y escribió que la sorprendente sugerencia de que este tipo de periodismo responsable puede de alguna manera ser igualado con asistir y apoyar al terrorismo necesita ser detenida de manera decisiva.


Carl Bernstein, el famoso periodista que reveló, junto con Bob Woodward, el escándalo de Watergate para The Washington Post, envío una carta abierta a Rusbridger afirmando que su obligada comparecencia ante el Parlamento es algo peligrosamente pernicioso: un intento por las autoridades más altas de Reino Unido para cambiar el tema de políticas gubernamentales y secretos excesivos del gobierno en Estados Unidos y Gran Bretaña por uno sobre la conducta de la prensa.


Bernstein acusó que los gobiernos en Washington y Londres parecen tener la intención de armar "las barreras más serias (y de servicio para ellos) contra el reportaje legítimo de noticias –sobre todo del sigilo excesivo gubernamental– que hemos visto en décadas".

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La iniciativa sobre Internet de Dilma Rousseff enfrenta a industria y usuarios

Tras el escándalo de las revelaciones del espionaje de EE UU a sus aliados desatado por el caso Snowden, Brasil ha enarbolado la bandera del cibernacionalismo para garantizar la protección de datos y la transparencia en Internet. Además de las desavenencias públicas con Barack Obama después de conocerse que Washington espió las comunicaciones de la presidenta y a empresas como Petrobras, el Gobierno de Dilma Rousseff desempolvó con urgencia un viejo proyecto de ley - el llamado Marco Civil -, una especie de Constitución de Internet para intentar salvar a Brasil del radar estadounidense o de los tentáculos de Google o Microsoft, algunas de las compañías que colaboraron con la NSA.

 

El aspecto más polémico de la ley, cuya idea surgió hace seis años y que se debate estos días en el Congreso brasileño, es el que podría obligar a los grandes provedores de internet que operan en el país a nacionalizar sus bases de datos y a guardar los registros al menos durante un año. Un miembro del Gobierno hizo público, además, un plan para crear un cable submarino alternativo que evitaría el territorio de Estados Unidos, pero que enlazaría el país con Europa, Asia y África. E incluso Rousseff anunció en su Twitter la creación de un correo electrónico encriptado, dependiente de una red local que no atravesara suelo estadounidense.


La polémica ha estallado porque estos pasos apuntan de lleno a lo que será, según los especialistas, la próxima batalla de la Red: libertad o control, gobiernos o ciudadanos, sobreexposición o derecho al olvido digital. De hecho, varios gigantes de la informática y algunos medios de comunicación anglosajones han acusado a Rousseff de querer aislar a su país. La han llegado a comparar con los dirigentes chinos e iraníes y han alertado sobre los efectos indeseados de la ley como ahuyentar la inversión extranjera en este sector y condenar a los internautas brasileños a la segregación digital, pese a que en algunos países europeos existe una legislación parecida que protege cierta información sensible.


"Me preocupa más la balcanización de la Red que el caso Snowden", llegó a decir el presidente de Google, Eric Schmidt. La iniciativa también ha dividido a los provedores brasileños. ABRINT (siglas de la Asociación Brasileña de Proveedores de Internet) ha mostrado su apoyo al Marco Civil y apuesta por la neutralidad de la Red, mientras otra asociación del sector, ABRANET, se ha mostrado en contra de las algunas modificaciones que, según ellos, ponen en riesgo la libertad de expresión.


"Tiene muchos aspectos positivos, pero puntos negativos", dice Ronaldo Lemos, uno de los abogados que redactó el primer borrador del proyecto de ley que era, en sus orígenes, mucho menos controvertido, según sus palabras. "La obligación de instalar los centros de procesamiento de datos en Brasil puede disuadir a las empresas extranjeras de ofrecer sus servicios, ante el temor de aumentar sus costes, y ser un obstáculo para las compañías brasileñas que pretendan instalarse en el mercado local o global", asegura.


"Y además", añade Lemos, "paradójicamente podría conseguirse el efecto contrario al que dice perseguir el Gobierno: que los internautas queden desprotegidos y sus datos salgan a la luz pública. El texto original establecía que, para proteger la privacidad, el almacenamiento de los registros sería facultativo y no obligatorio (aunque podía ser requerido de forma oficial). Sin embargo, ahora existe la posibilidad de que esos dispositivos puedan alterarse y los datos de acceso de todos los brasileños tengan que ser obligatoriamente almacenados lo que sería negativo para su privacidad, que es lo que se debería proteger˜.


Lemos no es el único especialista que piensa así. Otros ven en esta medida un componente económico y proteccionista, continuación de la llamada reserva informática (las restricciones impuestas por Brasilia a este sector entre durante 20 años, hasta 1992) que pretendía crear una industria nacional con la ayuda de un férreo sistema impositivo. Instalar un centro de almacenamiento cuesta en Brasil unos 60,9 millones de dólares, comparados con los 48,7 que cuesta en México y los 43 en Estados Unidos, y según un informe de la consultora Cushman & Wakefield en 2012, Brasil está clasificado en el último lugar de 30 países analizados con respecto a la seguridad digital, debido a las altas tarifas eléctricas, al bajo nivel educativo y a la dificultad para crear un negocio, pese a que la población es muy activa en las redes sociales y hay más de cien millones de internautas.


"Se trata de una operación complicada tecnológicamente", dice Carlos Eduardo Lins da Silva, periodista y analista del Wilson Center Institute de Brasil, que también subraya los teóricos perjuicios para el consumidor, mientras que para Joanna Varon, de la Fundación Getulio Vargas, hay infraestructuras mucho más importantes, costosas y a largo plazo que sí diversificarían las rutas de tránsito de datos y que "no empezarían por ahí y mucho menos en una carta de principios como el Marco Civil".


Según los expertos, tampoco parece que estas medidas logren disuadir a la NSA a dejar de controlar las redes brasileñas, uno de los más importantes nudos de comunicaciones del planeta como mostró un reciente reportaje de la revista New Yorker. La mayoría del tráfico de Internet en Sudamérica y América Central pasa por un edificio, situado en Miami, llamado Network Access Point of the Americas, y la construcción de un cable alternativo costaría miles de millones de dólares y no impediría que Washington siguiera teniendo la facultad de obligar a Google o a Facebook a suministrarles los datos almacenados en Brasil. "De hecho, por la arquitectura actual de la Red, gran parte del trasiego de datos en Internet pasa por Estados Unidos, o sea, siguen sujetos a espionaje. Por eso, en el escenario al que nos enfrentamos ahora muestra como es cada vez más importante tener otras rutas", dice Varon, para quien lo urgente es que se apruebe el proyecto de ley de protección de datos personales.


Mientras, los esfuerzos brasileños, escenificados en un alegato de Dilma Rousseff en septiembre ante la Asamblea General de Naciones Unidas en el que se pronunció a favor de la neutralidad y la gobernanza de la Red para evitar lo que llamó "una guerra virtual" han sido muy bien recibidos por la población, en especial por la izquierda, que recuerda la aquiescencia de Washington hacia la dictadura militar entre 1964 y 1985. "Si no hubiera sido por la NSA, este asunto se hubiera postergado hasta 2014. Sin embargo, el tema tiene ahora un gran impacto electoral y se ve con simpatía esa posición de desafío con respecto a Estados Unidos", asegura Carlos Eduardo Linz da Silva. "Al contrario que sus predecesores, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva, Dilma Rousseff no tiene las banderas internacionales que tenían ellos. Así que la presidenta aprovechó bien la oportunidad que le brindó el asunto del espionaje. Al contrario que Angela Merkel, congeló o paralizó la relación con Estados Unidos, y eso no es bueno para Brasil", concluye.


"Rousseff ha tenido el valor de liderar el debate internacional sobre la privacidad en la Red", asegura, por su parte, Camille François, investigadora de la Universidad de Harvard (EE UU) que ha trabajado, entre otros, para Google y la Agencia estadounidense de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, en sus siglas en ingles). "Es lo que dijo ante la ONU y lo que podemos leer en el borrador presentado por Alemania y Brasil. Parece dispuesta a buscar un debate internacional constructivo sobre lo que los países pueden esperar y acordar para proteger la libertad individual en la era digital, no un escenario en el que cada uno se refugie en su jardin vallado. Es una conversación abierta en la que han participado expertos, abogados y empresas de Internet, no una serie de anuncios inesperados que no se sabe de dónde salen".


Controlar la información es una obsesión de todos los Gobiernos y más en el siglo XXI, en el que el avance de las comunicaciones hace casi ingobernable el tráfico de datos, cuyos fines pueden ser o no benéficos. La iniciativa de Dilma Rousseff parece necesaria para regular fenómenos impensables hasta hace poco, pero también es un intento de poner puertas al campo que podría volverse contra ella.

 

Cecilia Ballesteros / Frederico Rosas São Paulo4 DIC 2013 - 05:20 CET

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Martes, 03 Diciembre 2013 08:10

"Hoy el periodismo se ha jibarizado"

"Hoy el periodismo se ha jibarizado"

El vértigo de las horas, lejos de amainar, crece en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Juan Villoro está invitado a esta fiesta del libro, en la que podría ser declarado "visitante ilustre". A pocos días de recibir el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez por su trayectoria periodística, el escritor presentará una antología de relatos y crónicas, Espejo retrovisor (Planeta), en la FIL, además de participar en varias actividades. Hace una semana estuvo en La Habana, en la Casa de las Américas, institución que le dedicó su Semana de Autor. Las manos del mexicano acicatean el lenguaje. Hablan esos dedos estilizados de pianista, como impulsados por la corriente eléctrica de las palabras. El péndulo de los recuerdos inmediatos va y viene de Cuba a Guadalajara. Y viceversa. El inmenso cielo cubano flota sobre una multitud descalza y expectante. Cientos de ojos auscultando los pensamientos, atrapando las frases en los puños de los párpados. No es un sueño, no es una fábula. No son los atajos previsibles de una imaginación arrebatada que añade detalles inventados. "Los lectores cubanos son absolutamente apasionados. La calle donde di la charla se inundó. La gente llegó descalza, con los zapatos en la mano. Llegar así a una conferencia es algo que sólo ocurre en pocos lugares. Es un acto de fe hacia la palabra, algo que no voy a olvidar", confiesa el narrador mexicano a Página/12.

 

"El nivel de discusión en la isla se ha ampliado –confirma Villoro–. Yo siempre he tenido una postura cercana a la mayoría de las ideas de la izquierda, pero también soy enemigo de dogmatismos y autoritarismos, de persecuciones y purgas internas. Hay un proceso de transición que no sabemos dónde terminará en Cuba. Los mexicanos somos especialistas en transiciones lentas. Después de la masacre de Tlatelolco, en 1968, el presidente Luis Echeverría inició un período que se llamó 'la apertura democrática' y que teóricamente nos iba a llevar a la alternancia política. Pasaron tres décadas antes de que eso sucediera. De modo que somos especialistas en un cambio que se va produciendo muy lentamente. Y algo semejante está ocurriendo en la isla. Pero creo que la historia del continente pasa por Cuba. Y creo que algunas de las discusiones más interesantes sobre una futura pluralidad intelectual se están dando dentro de la isla, entre los escritores e intelectuales cubanos."


Villoro explica que hace unos años se realizó un homenaje al propio Fernando Benítez (1912-2000), una mesa redonda que salió muy bien y fue el germen de este reconocimiento. "Los mexicanos tenemos la superstición de que todo lo que sale bien por casualidad se debe convertir en tradición –dice Villoro, medio en broma, medio en serio–. En este caso, se trata de un accidente afortunado que permitió que en los siguientes premios se hicieran mesas redondas protagonizadas por colaboradores muy cercanos de Benítez, como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska. Y ha seguido la lista hasta llegar a mí, lo cual me da mucho gusto porque yo trabajé con Benítez en un periódico imaginario dos años, sin que el periódico llegara a salir, entre 1989 y 1991. Se llamaba El independiente, pero demoramos tanto en existir que nos decían 'el inexistente'. El director general era Benítez y el director editorial era Miguel Bonasso. Yo era el más joven del grupo y estaba a cargo de la sección de cultura; fue como hacer un master con toda esa gente." El autor de las novelas El disparo de argón, El testigo y Arrecife subraya que la experiencia en ese periódico inexistente fue "extraordinaria" en lo pedagógico y revela que convivió mucho con Benítez, un escritor y periodista "muy significativo" porque fue precursor de cierta crónica etnográfica que reunió en su obra monumental Los indios de México. "También estuvo muy interesado en vivir desde el presente momentos de la historia, por ejemplo reproducir la ruta de Hernán Cortés desde Veracruz a la ciudad de México en tiempos modernos", cuenta el escritor y periodista.


–¿Qué es el periodismo cultural hoy en un mundo tan cambiante?


–Es una tautología, porque todo buen periodismo es cultural. Una buena crónica política, si está bien escrita, tiene elementos que honran la cultura. Todo buen periodismo establece conexiones entre zonas dispersas de la realidad que sólo gracias al periodismo se tocan. La representación de lo real en clave periodística es un ejercicio cultural en sí mismo. Muchas veces se piensa que el periodismo cultural es exclusivamente el eco de la cartelera, lo que sucede noticiosamente en el ámbito restringido de las bellas artes. Pero creo que rebasa esta categoría y hoy en día vemos que algunas de las propuestas más interesantes de cambios de costumbres tienen que ver con las nuevas tecnologías, con cambios de hábitos culinarios y el papel de los chef como nuevos gurúes de la especie, con la participación cada vez más activa y necesaria de arquitectos y urbanistas en el discurso público de las ciudades. El periodismo cultural no tiene una zona restringida exclusivamente a lo literario y la cobertura de las bellas artes.


–¿Qué aprendió en esos dos años de preparación con infinitos números ceros del periódico El Independiente, que nunca salió?
–Hacíamos cierres imaginarios, mejorábamos nuestro record de cierre, teníamos exclusivas que sólo nosotros dábamos, en una mesa de café. Eramos un grupo de locos, como un proyecto de esos personajes de Roberto Arlt, que intentan algo en un garage. Así estábamos nosotros. Eramos más alquimistas que periodistas, pero nuestro tema eran las noticias. Desde luego que fue un gran aprendizaje: titular, cabecear, resumir las noticias. El periodismo tiene que ver mucho con el arte del resumen en el buen sentido. El gran problema es que hoy en día el periodismo se ha jibarizado: ya no es el arte del resumen, sino de la liposucción y muchas veces de la amputación. Un buen texto breve puede ser extraordinario. Ahora estamos ante el desafío ya no de trabajar con un muy buen texto breve, sino con una miniatura que apenas es el apunte de una nota.


–¿Qué más aprendió o encontró en esa escuela de "alquimistas"?


–El periodismo como forma de vida. Una cosa que me parece extraordinaria es que aprendí que el periodismo es absolutamente agotador, pero también profundamente adictivo. Sales extenuado de cubrir algo y en la calle, yendo a descansar, ves algo y ya es otra noticia. Sientes ese reflejo animal de hacerlo. Eso, cuando dirigí La Jornada Semanal, lo tuve hasta el último día que hice el suplemento. Cuando terminé el último número, pensé que iba a descansar. Al siguiente, domingo, en una sala de espera, vi una persona leyendo el suplemento que ya no había hecho yo. Sentí una mezcla de nostalgia y curiosidad por lo que habían hecho. Sentí lo que siente el niño de Toy Story 3 que tiene que regalar sus juguetes. Es bueno y noble regalar los juguetes cuando ya no los usas, pero también es triste que ya no puedas usarlos. Necesitaba dejar la coordinación editorial, que me tenía del otro lado de la mesa, del lado para mí equivocado, porque creo tener mucho más espíritu de colaborador que de director. Necesitaba escribir y pues no he dejado de hacerlo.


–¿Por qué decidió que la antología Espejo retrovisor se despliegue a la inversa de lo que se estila: de lo inédito y más reciente hacia atrás?


–Reuní treinta años de trabajo en los dos géneros que más he practicado: el cuento y la crónica. Me pareció interesante que los cuentos fueran una especie de viaje a la semilla, es decir, pasar por cuentos que aún no están en libros –pero que formarán parte de libros futuros– y llegar a los cuentos más remotos, uno de ellos titulados precisamente "Espejo retrovisor". Hay cierto peligro en hacer una lectura evolucionista de un autor, una especie de darwinismo intelectual de pensar que empezó como un protozoario y fue progresando hasta convertirse en otra especie (risas). Eso no es real. Me parece más interesante trabajar el tiempo al revés porque es mucho más literario darle una coherencia retrospectiva al destino. Y eso sólo lo podemos hacer desde el presente. En cambio, las crónicas las ordené caprichosamente, porque tampoco quería que las crónicas, que desde su nombre dependen del registro del tiempo, estuvieran datadas y fueran unas más viejas y otras más nuevas. Las crónicas que funcionan se pueden leer sustraídas de la contingencia que les dio origen. Hay un juego de tiempos donde no necesariamente hay una cronología. Me parecía muy importante que el género cuyo dios es Cronos no se atuviera a sus designios en el orden.


–¿Qué pasa con el tiempo y la urgencia en la crónica?


–Hay dos formas de emplear el tiempo. Una es el tiempo para escribir el texto y la otra es el tiempo como contenido del texto. El tiempo para escribir el texto es una condición inmanente de la crónica. No necesariamente es una restricción negativa. Hay muchas cosas que he escrito presionado por la entrega y que solamente con esa espada de Damocles encima pudieron haber salido. Eso me parece muy significativo, un obstáculo estimulante. "Los convidados de agosto" la escribí en dos días porque llegué de Chiapas y tenía que dar la crónica de inmediato. La entrevista con Mick Jagger la escribí en un día. La de Salman Rushdie empezó aquí, en la Feria de Guadalajara; lo acompañé a Tequila, el pueblo donde se hace la bebida famosa, y tenía que entregarla en tres días. Sólo dos fueron muy lentas. Una sobre mi padre, porque es un aprendizaje entender su vida con una construcción de sentido. Querer a una persona muchas veces es imaginarte una manera de acercarte a ella. Es una crónica demorada por los años que he vivido junto a mi padre. "Los once de la tribu" fue hecha durante dos horas para el Mundial de Italia. El tiempo es una restricción, pero también es un acicate. Naturalmente, he tardado años en terminar cuentos, en encontrarles la salida. Pero hay otros escritos en una sentada. "Mariachi" lo escribí en el mismo tiempo que escribí una crónica, un cuento que salió como una especie de desahogo personal. En una crónica no puedes violentar el decurso de los hechos; en el cuento, el propio cuento que le da título al libro, juego con esto: es un amor de adolescencia que nunca se realizó y regresa como posibilidad muchos años después. El desafío de las segundas oportunidades. ¿Realmente es lo mismo o no? ¿Ahora sí se cumplirá ese amor o no? La metáfora del cuento es una reiteración del mismo obstáculo: ha pasado el tiempo y eso no ha solucionado nada.


–¿Por qué los textos que salen con la espada de Damocles muchas veces funcionan mejor que aquellos en los que hubo más tiempo de escritura y preparación?


–Yo creo que se disuelve el papel censor de la conciencia. Todos nosotros tenemos prejuicios, tabúes, miedos y eso nos está limitando. Ante la presión, tenemos una licencia para suprimir momentáneamente ese tribunal porque no te queda más remedio. Los momentos de apuro te vuelven fácilmente narrativo. Regresas a las cuatro de la madrugada a tu casa, con la corbata en la frente y unas manchas de carmín en la camisa, y tu esposa te dice: "¿Dónde estuviste?". En ese momento tienes una capacidad para la ficción que no habías sospechado en ti mismo (risas).


–¿Cómo anda el libro sobre la ciudad de México que está escribiendo?

 

–Va muy mal, como la ciudad de México. Empecé el primer texto de El vértigo horizontal –la famosa definición de la pampa de Pierre Drieu La Rochelle– hace 16 años. La pampa tiene esa condición de llanura ilimitada y vertiginosa. Durante mucho tiempo, la ciudad de México fue una ciudad baja que apostó por la extensión. Ahora está cambiando. Quiero captar lo que ha sido esa ciudad que he registrado durante cincuenta años. Es un texto donde mezclo crónicas, memorias, reportajes; pero el libro ha crecido como su tema y ahora ya no necesita un corrector de estilo, sino un urbanista que le ponga orden (risas). Espero terminarlo, pero estoy luchando mucho...

 

–¿Contra qué?


–Contra mi propio caos, contra la tentación de ser exhaustivo en una ciudad donde no puedes serlo. Nadie conoce todos los barrios de la ciudad de México, ni siquiera el más laborioso de los taxistas ha estado en todas sus calles. Es una demencia tratar de captar la ciudad. Pero siempre hay cosas que se te están escapando y tú dices: "¡Pero cómo no metí también esto!". Es una visión caprichosa y restringida de algo inagotable. Es una ciudad que responde a lo que los topógrafos aéreos llaman "mancha urbana". Una ciudad sin forma, sin límites aparentes, de ahí también la dificultad de captarla.


–Es una ciudad muy literaria también poresa imposibilidad de captarla, ¿no?

 

–Desde luego, es una conjetura. Nadie sabe realmente cómo es toda la ciudad. Podemos conjeturar su espacio y eso es un ejercicio sumamente literario. La ciudad pide ser explicada porque ella misma no ofrece una explicación tangible. Es como una hormiga describiendo la selva. Ese es el desafío que tengo: la selva vista por la hormiga. Habría preferido tener el punto de vista del águila, que es más panorámico.

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Televisores inteligentes "espían" en los hogares

¿En qué otro lugar puede sentirse usted más seguro que en su propia casa? Pero hoy hasta en nuestra cama podemos estar bajo el control del 'ojo omnipresente'. Y el culpable es un dispositivo que se encuentra en casi todos los hogares: el televisor.


Puede sonar más como el argumento de una película de ciencia ficción futurista, pero estas escenas ya suceden todos los días en pueblos y ciudades de todo el mundo y en la mayoría de los casos, las víctimas no tienen ni idea de que alguien puede estar observando qué ropa llevan puesta, qué alimentos han comido, qué programa de TV han visto y cada paso que dan. Estos 'vigilantes' pueden ser delincuentes o trabajar para grandes corporaciones y ahora saben sus secretos más íntimos.


En pocas palabras, nuestros televisores han comenzado a espiarnos y esto es algo que está comprobado.


La semana pasada un consultor de tecnologías de la información, Jason Huntley, residente en un pueblo cerca de la ciudad de Hull, en el condado ceremonial de Yorkshire del Este, Reino Unido, descubrió que su televisión inteligente de pantalla plana, colocado en su sala de estar desde este verano, estaba invadiendo la privacidad de su familia, informa 'The Daily Mail'.


Huntley comenzó a investigar el dispositivo de marca LG que le costó 400 libras esterlinas (unos 649 dólares) después de darse cuenta de que su pantalla de inicio estaba mostrándole anuncios basados en los programas que él había estado viendo.


Fue entonces cuando el británico decidió controlar la información que el televisor inteligente que se conecta a Internet estaba enviando y recibiendo. Lo hizo mediante el uso de una computadora portátil como puente entre su televisor y el receptor de Internet, por lo que el portátil era capaz de mostrar todos los datos que eran obtenidos por el 'dispositivo espía'.


Pronto el informático descubrió que no solo todos los detalles de cada programa que estaba viendo, sino también sobre cada botón que pulsaba en su mando, estaban siendo enviados de nuevo a la sede corporativa de LG en Corea del Sur.Allí, la empresa de electrónica parecía estar utilizando los datos personales de sus clientes para ganar más dinero, enviando videos promocionales de productos que potencialmente podrían parecerles interesantes.


El LG de Huntley había enviado a la sede de la compañía también el contenido de su colección privada de videos digitales que estaba viendo en el televisor, incluyendo filmaciones de celebraciones familiares que contenían imágenes de su esposa y sus dos hijos pequeños.


Pero lo más preocupante de toda la situación fue que el dispositivo continuó el envío de dicha información a Corea, incluso después de que Huntley ajustara la configuración predeterminada para desactivar el intercambio de datos.


El británico escribió acerca de su experiencia en su blog, después de que el caso llamase la atención de los principales medios de prensa del país, lo que obligó al gigante LG a abrir una investigación.


"La privacidad del cliente es una prioridad", afirmaron los representantes de la compañía. "Estamos investigando informes de que cierta información de visualización en televisores inteligentes LG era compartida sin su consentimiento", añadieron.


No obstante, expertos en informática destacan que la investigación de Huntley probablemente es solo la punta del iceberg. Según ellos, los nuevos televisores inteligentes que se conectan a Internet cada día entran en más hogares por todo el mundo y cada uno de ellos puede ser fácilmente 'hackeado', ya que a diferencia de las computadoras, es imposible instalarle un antivirus por la falta del 'software' necesario.
Así, por ejemplo, un delincuente que tiene unos mínimos conocimientos de informática podría obtener los detalles de las tarjetas de crédito que los usuarios suben al televisor para realizar el pago de las películas que descargan o el uso de aplicaciones comerciales.


Otro descubrimiento inquietante que recientemente hicieron los expertos fue que es posible acceder de forma remota a las cámaras de vídeo integradas en miles de televisores inteligentes y recibir las imágenes de cada paso que dan los usuarios en su propia casa, siempre que estén al alcance del objetivo de ese dispositivo.


28 NOVIEMBRE 2013

(Con información de RT)

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