Miércoles, 27 Noviembre 2013 07:40

Democracia audiovisual para Unasur

Democracia audiovisual para Unasur

La tercera edición del Encuentro de Comunicación Audiovisual realizada del 21 al 23 de noviembre en Mar del Plata mostró aspectos de trascendencia nacional y regional hacia la democracia audiovisual.

 

Los distintos ministerios y agencias públicas actualizaron el avance de las redes de fibra óptica, el incremento de horas de producción nacional con temática diversificada y raigambre cada vez más federal. Recordaron la disponibilidad y el alcance nacional de la Televisión Digital Abierta y los contenidos de las señales públicas.


Assange y la circulación de contenidos


Sorprendió, en el último día del encuentro, la presencia vía teleconferencia desde "territorio ecuatoriano en Londres" del asilado Julian Assange. Durante la exposición, con frases contundentes, actualizó diagnósticos de dependencia en la circulación de contenidos y de la concentración de producción y distribución de empresas con posiciones dominantes del mercado. También Assange valoró "el rol activo de Latinoamérica en la búsqueda de resguardar la soberanía y la libertad frente a los avances sobre la Internet global".


Así, reafirmó los fundamentos de la convocatoria lanzada el día anterior para vertebrar un Consejo de Comunicación Audiovisual para Unasur, propuesta realizada por el vicepresidente Amado Boudou y la presidenta del Incaa, Liliana Mazure.


En una reunión articulada vía la Cancillería, representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela analizaron "las principales conquistas y desa-fíos que atraviesan los países suramericanos en el mayor proceso de transformación de la producción y comunicación audiovisual de su historia", de acuerdo con el acta suscripta.


Destacaron la revisión de los criterios de conectividad de redes de fibra óptica e inalámbrica y la necesaria planificación y regulación de los Estados para impedir imposiciones "de facto" en las capacidades de interconexión, en la distribución (vía centros de emisión ubicados fuera del propio territorio), y las barreras a la entrada de nuevos prestadores vía costos directos o indirectos fijados por los oligopolios preexistentes.

 

Se evaluó imprescindible no sólo aumentar la diversidad de contenidos de acceso libre, sino también incidir en la distribución y exhibición del cine, la televisión y "cualquier nuevo producto audiovisual que circule por distintas plataformas", aludiendo a YouTube, Google, Netflix y demás emprendimientos que generan excedente económico por fuera de los sistemas analógicos tradicionales. "No es una cuestión de control social, sino de necesaria promoción de la construcción colectiva", sintetizaron.


Resulta gratificante tomar nota de experiencias en marcha que trascienden las fronteras de cada país. Ejemplo de ello es la cooperación en Televisión Digital Abierta de de-sarrollos argentinos y brasileños, en Venezuela y Bolivia. O el funcionamiento de Ibermedia TV, con programas a emitir en las televisoras públicas. O el desarrollo de los satélites de Arsat y el Tupac Katari boliviano. O los fondos de coproducción entre países para aumentar la cantidad de películas.


Sin embargo, se constataron fuertes restricciones del mercado de distribución que impiden a la casi totalidad de los 430 largometrajes estrenados por año en Latinoamérica ser vistos por el público del propio país, y mucho menos por los países vecinos o hermanos. Preocupación común con las naciones europeas, que tampoco ofrecen en sus pantallas producciones de origen distinto a las grandes majors norteamericanas.


La agenda


Resaltaron las siguientes cuestiones de agenda para Unasur:
- Diversidad audiovisual. Nuevos emisores en radio, TV y plataformas digitales: fortalecer criterios comunes (ejemplo: garantía de un tercio del espectro radioeléctrico para organizaciones sociales, como ya existe en legislaciones de Argentina, Uruguay y Ecuador).


- Unificación de criterios para limitar las crecientes presiones de los distribuidores a los derechos de emisión y propiedad intelectual de los realizadores de películas, que impiden su difusión para el gran público latinoamericano.


- Fortalecer bancos de contenidos audiovisuales de acceso público en cada país pensando en esquemas inteligentes de circulación y programación. Digitalización de películas y materiales producidos con tecnología analógica, tendiendo a un Banco de Contenidos Audiovisuales de Suramérica para preservar y difundir nuestro patrimonio audiovisual.


- Promover la formulación de guiones y producciones compartidas entre los países (coproducciones, proyecto venezolano Canal Patria Grande, etcétera).


- Regular, desarrollar y capacitar en nuevas tecnologías en sintonía con la convergencia tecnológica. Compartir redes como Arsat para asegurar la distribución digital de películas y material audiovisual sin depender de redes comerciales.


- Consolidar la producción de componentes y terminales para sustituir importaciones y multiplicar los recursos humanos calificados y el empleo en la región. (Mazure anunció un plan de ensamblaje en Argentina de proyectores digitales por la empresa NEC, lo cual se suma a la creciente implantación de sistemas digitales de TDA.)

 

Por Diego Rossi, U.B.A. Observatorio del Sector Audiovisual.
Desde Mar del Plata

Publicado enInternacional
Greenwald y Keller

Recientemente el periodista Bill Keller, de The New York Times, retó a Glenn Greenwald, ex reportero del diario británico The Guardian que reveló las filtraciones de Edward Snowden. Cubadebate comparte con sus lectores esta extraordinaria esgrima verbal entre dos modelos de periodismo, texto que ha traducido el sitio Ventana Política, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

 

Mucha de la especulación acerca del futuro de las noticias se centra en el modelo empresarial: ¿Cómo generaremos ingresos para pagar a quienes recopilan y difunden las noticias? Pero la prejudicial influencia del Internet da lugar a otras cuestiones profundas con respecto a lo que se está tornando el periodismo, a su carácter esencial y valores. La columna de esta semana es una conversación — una polémica (mayormente) civil — entre dos puntos de vista muy diferentes de cómo el periodismo lleva a cabo su misión.

 

Glenn Greenwald hizo público probablemente el mayor artículo periodístico del año, las revelaciones de Edward Snowden acerca del inmenso aparato de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, ha criticado abiertamente el tipo de periodismo que se practica en lugares como The New York Times, y ha abogado por un tipo de periodismo más activista, más parcial. A principios de este mes anunció que pasaba a formar parte de una nueva empresa periodística, con el apoyo del multimillonario de eBay, Pierre Omidyar, quien prometió invertir 250 millones de dólares y "tirar a la basura las viejas reglas." Yo invité a Greenwald a que se me sumara en un intercambio en línea acerca de lo que eso significa exactamente.

 

Estimado Glenn:

 

Llegamos al periodismo provenientes de diferentes tradiciones. Yo he pasado mi vida trabajando en periódicos que dan mucha importancia a la cobertura progresista pero imparcial, que esperan que reporteros y redactores se reserven sus opiniones a menos que se reubiquen (como lo hice yo) en las páginas identificadas claramente como la portada de opinión. Usted proviene de una tradición más activista — primero como abogado, luego como bloguero y columnista, y más recientemente como parte de una nueva empresa periodística independiente financiada por el fundador de eBay, Pierre Omidyar. Su redacción procede de un punto de vista expuesto claramente.

 

En un anuncio publicado por Reuters este verano, el crítico periodístico Jack Shafer celebró la tradición del periodismo parcial — "De Tom Paine a Glenn Greenwald" — y lo comparó a usted con lo que llamó "el ideal empresarial." No explicó la frase, pero no creo que la haya empleado de manera positiva. Henry Farrell, bloguero de The Washington Post, escribió más recientemente que publicaciones como The New York Times y The Guardian "tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones", y sugirió que su nuevo proyecto con Omidyar representaría un gran escape a tales relaciones.

 

Encuentro bastante que admirar en la historia estadounidense de periodistas defensores, que van desde los autores de panfletos hasta los sensacionalistas, hasta el Nuevo Periodismo de los 60 y hasta lo mejor de los blogueros activistas de la actualidad. En el mejor de los casos, su fortaleza y pasión han estimulado las verdaderas reformas (con frecuencia, como en la Era Progresista, gracias a las "relaciones políticas de los periodistas con los gobiernos"). Espero que la cobertura que usted ofreció acerca de la vigilancia hiperactiva de la Agencia Nacional de Seguridad conlleve a alguna responsabilidad inmediata.

 

Pero el tipo de periodismo que practican The Times y otras organizaciones de prensa convencionales — en el mejor de los casos — también incluye bastante de qué enorgullecerse, revelaciones desde Watergate hasta la tortura y las prisiones secretas para la malversación de la industria financiera, e incluso algunas revelaciones previas a las de Snowden acerca del abuso de autoridad de la Agencia de Seguridad Nacional. Esos son casos que saltan a la mente, pero usted encontrará ejemplos casi en cada reportaje diario. Los periodistas en esta tradición tienen muchas opiniones, pero dejarlas a un lado para seguir los hechos — como se supone que un juez en un tribunal aparte los prejuicios para seguir la ley y la evidencia — a menudo puede tener resultados más sustanciales y más creíbles. La prensa convencional ha tenido sus fracasos — episodios de credibilidad, equivalencia falsa, sensacionalismo y falta de atención — por los que hemos sido merecidamente azotados. Espero que usted diga: no han sido suficientemente azotados. Así que le paso el azote.

 

Estimado Bill:

 

No existe cuestión alguna en que los periodistas en las sedes de los medios de prensa, ciertamente incluyendo al The New York Times, hayan producido alguna cobertura extraordinaria en las últimas dos décadas. No pienso que alguien discuta que lo que se ha tornado (bastante recientemente) el modelo estándar para un reportero — ocultando las perspectivas subjetivas propias o lo que parecen ser "opiniones" — excluya al buen periodismo.

 

Pero asimismo este modelo ha generado mucho periodismo atroz y algunos hábitos tóxicos que debilitan la profesión. Un periodista que se aterrorice de salir a expresar cualquier opinión muchas veces estará libre de frases declaratorias con respecto a la verdad, optando en cambio por una formulación cobarde e inútil de "esto-es-lo-que-ambas-partes-dicen-y-yo-no-voy-a-resolver-los-conflictos". Esto recompensa la deshonestidad por parte de los funcionarios políticos y empresariales que saben que pueden confiar en periodistas "objetivos" para ampliar sus falsedades sin desafíos (por ejemplo, la cobertura se reduce a "X dice Y" en lugar de "X dice Y, y eso es falso").

 

Lo que es peor aún, esta coacción asfixiante con respecto a cómo se permite a los reporteros expresarse genera una forma de periodismo estéril que se torna tanto incapaz como aburrido. El no llamar tortura a la "tortura" porque funcionarios del gobierno exigen el empleo de un eufemismo más agradable, o el identificar perezosamente una afirmación cuya verdad es demostrable con una cuya falsedad se puede probar, priva al periodismo de su pasión, vigor, vitalidad y esencia.

 

Lo peor de todo es que este modelo se basa en una concepción falsa. Los seres humanos no son máquinas impulsadas por la objetividad. Todos nosotros de manera intrínseca percibimos y procesamos el mundo a través de prismas subjetivos. ¿Qué sentido tiene fingir lo contrario?

 

La distinción relevante no está entre los periodistas que tienen opiniones y los que no las tienen, porque esta última categoría es mítica. La distinción relevante está entre los periodistas que revelan honestamente sus suposiciones subjetivas y valores políticos y aquellos que de manera deshonesta fingen no tener ninguna o las ocultan de sus lectores.

 

Por otra parte, todo periodismo es una forma de activismo. Cada elección periodística necesariamente comprende suposiciones altamente subjetivas — de tipo cultural, político o nacionalista — y sirve a los intereses de una facción o de otra. El antiguo abogado del Departamento de Justicia de Bush, Jack Goldsmith, en el 2011 elogió lo que llamó "el patriotismo de la prensa estadounidense", refiriéndose a su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos, lo que pudiera (o no) ser una acción noble, pero definitivamente no es objetiva: es bastante subjetiva y clásicamente "activista."

 

Pero en última instancia, la única medida real del periodismo que debe importar es la exactitud y la fiabilidad. Yo personalmente creo que revelar honestamente en lugar de esconder nuestros valores subjetivos hace al periodismo más sincero y fidedigno. No obstante, ningún periodismo — del más "objetivo" desde el punto de vista estilístico al más descaradamente dogmático — posee ningún valor real si no se basa en hechos, evidencias, e información comprobable. La afirmación de que periodistas abiertamente dogmáticos son incapaces de producir un buen periodismo es absolutamente tan inválida como la afirmación de que la artificiosa forma de periodismo libre de perspectivas no puede hacerlo.

 

Estimado Glenn:

 

No los veo como reporteros fingiendo no tener opiniones. Los veo como reporteros, como una disciplina ocupacional, postergando sus opiniones y dejando que la evidencia hable por sí misma. Y lo que importa es que este no es sólo un ejercicio individual, sino una disciplina institucional, con redactores que tienen la tarea de desafiar a los escritores si han desestimado hechos o argumentos opuestos que los lectores pudieran querer saber.

 

Lo importante es que una vez que hayas declarado públicamente tus "suposiciones subjetivas y valores políticos", es la naturaleza humana querer defenderlos, y se torna tentador omitir o minimizar los hechos, o formular los argumentos de forma tal que apoyen el punto de vista que has declarado. Y algunos lectores, al saber que escribes desde la izquierda o la derecha, mirarán tu cobertura con justificada desconfianza. Por supuesto que lo podrían hacer de cualquier modo — pasando por alto cualquier cosa que lean porque aparezca en el "liberal" The New York Times — pero considero que la mayoría de los lectores confían más en nosotros porque sienten que hemos hecho la debida diligencia, y no sólo expuesto los argumentos. (Una vez vi una encuesta de opinión donde se preguntó a los lectores del The Times si consideraban que esta publicación era "liberal." La mayoría dijo que sí. Entonces les preguntaron si The Times era "imparcial." Una gran mayoría dijo que sí. Supongo que puedo vivir con eso). En estos momentos trabajo en el campo de la opinión, pero como reportero y redactor de noticias he definido mi trabajo no cómo decir a los lectores lo que pienso, o decirles lo que deben creer, sino decirles lo que necesitan saber para decidir por ellos mismos. Usted está en lo cierto, por supuesto, con respecto a que algunas veces los resultados de ese proceso son menos emocionantes que una fuerte polémica.

 

En ocasiones el juego limpio se convierte en equivalencia falsa, o se percibe como un eufemismo. Pero es simplista decir, por ejemplo, a menos que utilice la palabra "tortura", que usted ha fracasado ante una prueba de coraje, o que encubre al diablo. Claro que considero el waterboarding (ahogamiento simulado) una tortura. Pero si un periodista me ofrece una descripción vívida delwaterboarding, observa la larga línea de regímenes monstruosos que lo han practicado, y luego expone el debate legal en cuanto a si se viola un estatuto o acuerdo internacional específico, no me interesa si emplea la palabra o no. Yo estoy contento — y completamente equipado — para sacar mis propias conclusiones.

 

Si Jack Goldsmith, antiguo abogado de la administración de Bush, hubiera elogiado a la prensa estadounidense, citando las propias palabras que usted emplea, por "su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos", entonces yo estaría fuertemente en desacuerdo con él. Nosotros hemos publicado muchos artículos que desafiaron las políticas e intereses declarados por el gobierno. Pero eso no es exactamente lo que dice Goldsmith. Él plantea que The Times y otros medios de difusión importantes toman seriamente en cuenta los argumentos de que publicar algo perjudicará la seguridad nacional — lo que podría significar que alguien resultara asesinado. Eso es verdad. Nosotros escuchamos con respeto tales afirmaciones, y luego tomamos nuestras propias decisiones. Si no estamos convencidos, en ocasiones publicamos a pesar de las fuertes objeciones del gobierno. Si estamos convencidos, esperamos o no damos a conocer detalles. La primera vez que me enfrenté a una decisión de esa índole fue en 1997 cuando era redactor extranjero, y un reportero aprendió de un conflicto entre Rusia y Georgia, antigua república soviética, qué hacer con un alijo de uranio altamente enriquecido dejado atrás luego de la desintegración de la Unión Soviética. El conflicto fue una noticia interesante. Pero cuando el reportero verificó resultó ser que el arsenal estaba completamente sin protección, a disposición de cualquier terrorista que quisiera fabricar una sucia bomba. Nos pidieron reservarnos el artículo hasta que se cercara y resguardara el material — y así lo hicimos. No fue una decisión difícil.

 

¿Entonces cuál sería su política con respecto a publicar información que algunos consideran pone en peligro la seguridad nacional? (Comprendo que esta no es una pregunta totalmente hipotética). ¿Usted les permitiría al menos tratar de exponer los argumentos?

 

Estimado Bill:

 

¿Por qué esos reporteros que ocultan sus opiniones habrían de estar menos tentados por la naturaleza humana a manipular su cobertura que aquellos que son honestos en cuanto a sus opiniones? En todo caso, ocultar sus puntos de vista, le ofrece a un reportero más libertad para manipular su cobertura puesto que el lector desconoce esos pareceres ocultos y por ende le es imposible tomarlos en consideración.

 

Por ejemplo, yo desconocía hasta bien transcurrido el hecho, de que John Burns [corresponsal del Times] ocultó algunas opiniones bastante favorables acerca del ataque a Irak. Él no solo admitió en el 2010 y 2011 que no logró anticipar la matanza y destrucción masiva que ocasionaría la invasión, sino que además consideró a los soldados invasores de los Estados Unidos como "ángeles del Señor" y "libertadores." ¿Eso lo hace ser un activista en lugar de un periodista? Yo no lo creo. Sin embargo, como lector, realmente desearía haber conocido sus opiniones ocultas en el momento que reportaba acerca de la guerra para haber podido tomarlas en consideración.

 

Pienso que es muy difícil argüir que el tono aparentemente "objetivo" exigido por los grandes medios de comunicación eleve la confianza pública, dada la tan baja estima que le merecen al público esas instituciones del sector de los medios de comunicación. Mucho más allá de las preocupaciones relativas a la parcialidad ideológica, el fracaso de la credibilidad de los medios de comunicación es el resultado de cosas tales como el apoyo al gobierno de los Estados Unidos a divulgar falsedades que originaron la guerra en Irak, y de manera más general, la sumisión ciega al poder político: patologías exacerbadas por la prohibición de noticias concernientes al esclarecimiento de cualquier afirmación declaratoria relacionada con las palabras y acciones de funcionarios políticos por miedo a que se nos acuse de ser imparciales.

 

En cuanto a tomar en cuenta los peligros que existen para las vidas inocentes antes de la publicación: nadie cuestiona que los periodistas deben hacerlo. No obstante, no le concedo un valor agregado a las vidas de estadounidenses inocentes en comparación con las vidas de individuos inocentes no estadounidenses, ni sentiría especial lealtad por el gobierno de los Estados Unidos con respecto a otros gobiernos a la hora de decidir qué publicar. Cuando Goldsmith elogió el "patriotismo" de los medios de difusión estadounidenses, quiso decir que los medios informativos de este país profesan especial lealtad a las opiniones e intereses del gobierno de los Estados Unidos.

 

Supongo que uno puede argumentar que así es como debe ser. Pero cualquiera que sea el modo de pensar, ciertamente no es "objetivo". Es nacionalista, subjetivo y activista, lo que es mi cuestión principal: todo periodismo es subjetivo y una forma de activismo, incluso si se intenta fingir que no lo es.

 

No tengo ninguna objeción con respecto al proceso mediante el cual se permite a la Casa Blanca hacer aportes antes de la publicación de secretos confidenciales.

 

En efecto, WikiLeaks, defensor de la transparencia radical transparencia, fue a la Casa Blanca y solicitó orientación antes de publicar los diarios de guerra de Iraq y Afganistán, pero la Casa Blanca se negóa responder, y entonces tuvo la osadía de criticar a WikiLeaks por publicar materiales que se dice deberían no ser revelados. Ese proceso previo a la publicación es tanto razonable desde el punto de vista periodístico (los periodistas deben obtener la mayor cantidad de información relevante que les sea posible antes de tomar decisiones de publicación) y sensato desde el punto de vista legal (todo abogado de la Ley de Espionaje dirá que tal consulta puede ayudar a demostrar la intención periodística a la hora de publicar dichos materiales). Para todas las coberturas de la Agencia Nacional de Seguridad que he hecho — no sólo para The Guardian sino para los medios de difusión de todo el mundo — los redactores han notificado a la Casa Blanca antes de proceder a su publicación (aunque en la inmensa, inmensa mayoría de los casos, no se tuvieron en cuenta sus exigencias de omitir información por falta de razones específicas en favor de tales supresiones).

 

Mi objeción no es con respecto a ese proceso como tal, sino a instancias específicas que conllevan a la supresión de información que debe hacerse pública. Sin rencor intencionado, considero que la decisión del The Times en el 2004 de no sacar a la luz el artículo de Risen/Lichtblau de la Agencia de Seguridad Nacional a solicitud de la Casa Blanca de Bush fue uno de los casos más atroces de esa índole, pero existen muchos otros.

 

En esencia, veo el valor del periodismo sobre la base de una misión que comprende dos aspectos: proporcionar al público una información fiel y de vital importancia, y su capacidad única de realizar una verificación verdaderamente confrontacional a quienes están en el poder. Cualquier reglamento no escrito que afecte alguno de esos dos flancos es el que considero como una antítesis al verdadero periodismo y no se debe tomar en cuenta.

 

Estimado Glenn:

 

"Nacionalista," la palabra que usted utiliza para referirse al "modo de pensar" de la prensa estadounidense, es una marca que lleva cierta carga repugnante. Es el lado oscuro de la palabra "patriótico" (igualmente superficial). Sugiere lealtad ciega y chovinismo. Supongo que no lo usa por casualidad. Y yo por casualidad tampoco lo puedo dejar así.

 

The New York Timeses global cuando se trata de recopilación de noticias (31 oficinas fuera de los Estados Unidos), de su plantilla (de entrada, nuestro funcionario ejecutivo principal es británico) y especialmente de su público. Pero es, desde sus orígenes, una empresa estadounidense. Esa identidad conlleva a beneficios y a obligaciones. Los beneficios incluyen una constitución y una cultura que, en comparación con la mayor parte del mundo, favorece la libertad de prensa. (Es por tal razón que los editores suyos en The Guardian se nos han acercado en más de una ocasión para asociarnos en empresas periodísticas delicadas — buscando refugio de la Ley de Secretos Oficiales de Gran Bretaña al amparo de nuestra Primera Enmienda). Las obligaciones incluyen, ante todo, imputar la responsabilidad al gobierno cuando viole nuestras leyes, falte a nuestros valores, o no logre estar a la altura de sus responsabilidades. Hemos consumido una gran energía periodística al poner a la luz la corrupción y opresión en otros países, pero la responsabilidad comienza en casa.

 

Como cualquier empeño de los seres humanos, el nuestro no es perfecto, y algunas veces decepcionamos. Los críticos de la izquierda, incluyéndolo a usted, se indignaron al saber que mantuvimos en secreto el artículo de la escucha clandestina de la Agencia de Seguridad Nacional por más de un año, hasta tanto estuve satisfecho de que el interés público pesara más que cualquier posible daño a la seguridad nacional. Los críticos de la derecha se enfurecieron aún más cuando publicamos en el 2005. Las personas honorables pudieran estar en desacuerdo con tales decisiones de publicar o no publicar. Pero esas opiniones fueron el resultado de un cálculo largo, difícil e independiente, de sopesar riesgos y responsabilidades, no por "lealtad al gobierno de los Estados Unidos."

 

A propósito, ya que menciona a WikiLeaks, una de nuestras principales preocupaciones al convertir esos documentos en artículos periodísticos en el 2010 era evitar poner en peligro a informantes inocentes — no a estadounidenses, sino a disidentes, eruditos, defensores de los derechos humanos o civiles corrientes cuyos nombres se mencionaron en los cables clasificados desde puestos de avanzada extranjeros. La actitud de WikiLeaks con respecto a ese asunto fue una cruel indiferencia. Según David Leigh, investigador del The Guardian a cargo de ese artículo, Julian Assange dijo: "si los matan, se lo merecen." (Assange niega haberlo dicho, pero la trayectoria de David Leigh le da bastante credibilidad). El ejecutivo de Google Eric Schmidt dijo que Assange le había comentado que hubiera preferido que no hubiera redacciones. En varias ocasiones he dicho que Julian Assange y WikiLeaks deben tener derecho a la misma libertad de prensa que The New York Times. Pero no finjamos que tienen el mismo sentido de responsabilidad.
¿Un nuevo asunto?

 

Pierre Omidyar, su nuevo empleador, cree que ha visto el futuro del periodismo, y que se parece a usted. En una entrevista para la NPR (Radio Nacional Pública), Omidyar dijo que "la confianza en las instituciones está disminuyendo" y ahora el "público quiere relacionarse con personalidades". Por eso está creando una constelación de estrellas, solistas "llenos de pasión" e investigadores defensores. Sé que usted no habla por Omidyar, pero tengo algunas interrogantes acerca de cómo usted ve este nuevo mundo.

 

En primer lugar, se ha vuelto un cliché de nuestro negocio/profesión/oficio que los periodistas se forjen como "marcas" individuales. Sin embargo, el periodismo — en particular la materia más difícil, como lo es el periodismo investigativo — se beneficia inmensamente del apoyo institucional, incluyendo a un personal técnico que sabe cómo aprovechar al máximo una base de datos, redactores y verificadores de hechos que enriquecen los artículos, diseñadores gráficos que ayudan a complicar los temas comprensibles y, no menos importantes, abogados quienes están sumidos en la libertad-de-información y en la ley de la Primera Enmienda. En la cobertura de Snowden, usted trabajó dentro de la estructura institucional del The Guardian y, por un tiempecito, del The Times. ¿Entonces qué tiene de diferente la nueva empresa? ¿Será solamente una institución periodística con otro nombre?

 

En Segundo lugar, en una entrevista con mi viejo amigo David Cay Johnston usted dijo que la cobertura de los gobiernos y de otras grandes instituciones está próxima a cambiar de manera radical debido a la omnipresencia del contenido digital. Los gobiernos y negocios dependen de inmensos tesoros de información. Todo lo que se necesita, según usted, es acceso y una conciencia atribulada para crear a un Edward Snowden o a un Bradley Manning. No obstante, me parece que se necesita algo más: una voluntad de arriesgarlo todo. Manning está cumpliendo 35 años de condena en prisión por las revelaciones en WikiLeaks, y Snowden se enfrenta a una vida en el exilio. Las mismas herramientas digitales que facilitan el leak (filtración de información) a su vez hacen difícil que puedas evitar que no te agarren. Esa es una razón por la que a mi entender la abrumadora preponderancia de la cobertura investigativa aún viene tras reporteros que cultivan fuentes confiables durante meses o años, no de aquellos con acceso a información confidencial que de repente deciden confiar un dispositivo portátil de almacenamiento lleno de secretos a alguien que no conocen. ¿En verdad cree usted que Snowden y Manning representan el futuro del periodismo investigativo?

 

Y, en tercer lugar, ¿será lo Nuevo de Pierre Omidyar una monocultura política, o espera usted que haya otros Glenn Greenwalds de la derecha a bordo?

 

De vuelta a usted.

 

Estimado Bill:

 

Para entender lo que quiero decir con "nacionalista," examinemos el ejemplo que hemos discutido: la no utilización de la palabra "tortura" por parte del The New York Times para describir las técnicas de interrogatorio de la era de Bush. Usted dice que el empleo de esta palabra es innecesario puesto que usted describió las técnicas de manera detallada. Eso está bien: pero The New York Times (junto con otros medios de comunicación) sí usó la palabra "tortura" sin reservas para referirse a las mismas técnicas — al ser empleadas por países que son adversarios de los Estados Unidos. A eso es a lo que me refiero con "nacionalismo": a tomar decisiones periodísticas para conducir y promover los intereses del gobierno estadounidense.

 

No me refiero al término despectivamente (al menos no de forma absoluta), sólo de manera descriptiva, lo que demuestra que todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo.

 

En lo que concierne a la diferencia entre WikiLeaks y The New York Times: The Guardian (conjuntamente con The New York Times) tiene una amarga y prolongada enemistad con Assange (ahora que ya han sacado provecho de sus documentos), así que yo personalmente no asumiría su inherente credibilidad en conflictos relacionados con lo que se dijo o no en privado. Sobre la base de todo lo que he visto, ni Assange ni WikiLeaks tienen el más remoto deseo de poner en peligro a personas inocentes. Más bien lo contrario: ellos han tratado diligentemente de redactar nombres de inocentes, y enviarlos a la Casa Blanca para sus aportes antes de la publicación (lo que fue injustificadamente negado). Además, la única vez que se hizo público un inmenso tesoro de documentos no editados fue, irónicamente, cuando el periodista que usted mencionó (no uno relacionado con WikiLeaks) publicó la contraseña del archivo en su libro.

 

No obstante, en un sentido más amplio: incluso si uno fuera a asumir como argumento que la transparencia más agresiva de WikiLeaks pudiera ocasionalmente traducirse en revelaciones excesivas (proposición que rechazo), la postura más amigable al gobierno por parte de The New York Times y de medios de prensa similares con frecuencia genera su propio periodismo bastante perjudicial. No fue WikiLeaks quien lavó afirmaciones oficiales falsas con respecto a las armas de destrucción masiva de Saddam y a la alianza con Al Qaeda en su primera página bajo la capa de "noticias" para ayudar a comenzar una guerra atroz. No es WikiLeaks quien de manera habitual ofrece anonimato a funcionarios de los Estados Unidos para permitirles divulgar mitologías que exaltan a los dirigentes o calumnias bastante tóxicas de los detractores del gobierno sin ninguna responsabilidad.

 

No es WikiLeaks quien estampa acusaciones increíblemente incendiarias acerca de aquellos estadounidenses que denuncian la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización sin la más mínima evidencia. Y no fue WikiLeaks el que permitió al pueblo de los Estados Unidos reelegir a George Bush mientras sabía, pero ocultaba, que él escuchaba sus conversaciones a escondidas exactamente de la misma manera en que lo prohibía el derecho penal.

 

En cuanto a la nueva empresa que estamos creando con Pierre Omidyar: aún estamos ideando cómo será, cómo estará estructurada y demás, así que mi capacidad para dar respuesta a algunas de sus preguntas es limitada. No obstante, puedo abordar varias cuestiones que plantea.

 

Somos de la absoluta opinión que redactores fuertes y experimentados son vitales para el buen periodismo, y es nuestra intención tener muchos de ellos. Es necesario que los redactores garanticen el mayor nivel de fidelidad factual, verifiquen las afirmaciones claves, y ayuden a los periodistas a tomar decisiones que eviten perjudicar a inocentes.

 

Pero no necesitan imponer reglas estilísticas obsoletas, ni apagar la voz y pasión exclusivas de los periodistas, ni impedir ningún tipo de afirmación declaratoria cuando funcionarios de alto nivel recurren a evasivas, o exigen eufemismos solicitados por el gobierno en lugar de aclarar los términos según los hechos, o confieren una categoría superior a las declaraciones oficiales o exigencias oficiales de supresión. En resumen, los redactores deben estar ahí para facultar y posibilitar al periodismo acusatorio agresivo, fuerte y altamente factual, no para servir de control en aras de neutralizar o suprimir el periodismo.

 

Intentamos abordar las afirmaciones de las más poderosas facciones con escepticismo, no con reverencia. Las aseveraciones oficiales son nuestro punto de partida para investigar ("El funcionario A dijo X, Y y Z hoy: ahora veamos si esa es la verdad"), no la pura verdad sobre la que versa la creación de nuestros relatos ("X, Y y Z, dice el funcionario A").

 

En lo que a las fuentes respecta, en verdad no entiendo la distinción que usted cree que existe entre Snowden y fuentes más tradicionales.

 

Snowden acudió a periodistas que trabajan para periódicos entre los más respetados del mundo. Los "dispositivos portátiles de almacenamiento" no nos caían simplemente del cielo: trabajamos por un tiempo bastante prolongado para establecer una relación de confianza y desarrollar un marco que nos permita informar sobre estos materiales. ¿En qué difiere eso de la decisión de Daniel Ellsberg de llevar los Papeles del Pentágono al The Times a principios de 1970?

 

Habiendo dicho todo esto, usted menciona un asunto interesante e importante con respecto a los riesgos para las fuentes. Pero no sólo personas como Manning y Snowden enfrentan acusaciones y prolongados períodos en prisión. Estadounidenses que acudieron a medios de comunicación más tradicionales para denunciar la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización — como Tom Drake y Jeffery Sterling — también enfrentan cargos por delitos graves ante una administración que, como dijo el antiguo consejero jurídico general de su diario, James Goodale, se ha mostrado más vengativa al atacar el proceso de recopilación de noticias que cualquiera desde Richard Nixon.

 

E incluso periodistas en este proceso, como el galardonado con el Premio Pulitzer de su diario, Jim Risen, enfrenta la real amenaza de ir a prisión.

 

La situación de miedo que se ha generado de manera deliberada significa que, como plantea Jane Mayer del The New Yorker, el proceso de recopilación de noticias ha llegado a un "punto muerto." Muchos reporteros de seguridad nacional del Times, tales como Scott Shane, han emitido similares advertencias: que en estos momentos las fuentes temen usar los medios tradicionales de trabajo con los reporteros a causa de la agresividad de la administración de Obama. Obviamente, la vigilancia omnipresente exacerba en gran medida este problema, puesto que la recopilación de todos los metadatos imposibilita casi totalmente la comunicación entre una fuente y un periodista sin conocimiento del gobierno.

 

Entonces sí: conjuntamente con las nuevas tecnologías para aumentar la privacidad, yo sí pienso que denunciantes valientes e innovadores como Manning y Snowden son de crucial importancia para abrir en alguna medida esta oscuridad y ofrecer algo de luz. El denunciar los actos negativos del gobierno llevados a cabo en secreto no debiera traer aparejado un coraje extremo y la voluntad de ir a prisión por décadas o incluso de por vida. Sin embargo, así es. Y ese constituye un inmenso problema para la democracia, que todos los periodistas deberían combatir de conjunto. La reclamación de las libertades básicas de prensa en los Estados Unidos constituye un impulso importante para nuestra nueva empresa.

 

Acerca de si nuestra nueva empresa estará ideológicamente homogeneizada: la respuesta es "sin dudas no." Damos la bienvenida y aceptamos a quienquiera que se dedique al verdadero periodismo acusatorio sin tener en cuenta dónde se clasifique en el espectro político, y si ha estado hablando con periodistas conservadores así: verdaderos conservadores, no la interpretación de "conservadores" de la Costa Oriental como es el caso de David Brooks.

 

La ideología que nos impulsa es el periodismo de responsabilidad basado en una rigurosa fidelidad factual.

 

Estimado Glenn:

 

Su aparente desdén por David Brooks es revelador. Supongo que lo que lo descalifica de la categoría que usted propone de "verdaderos conservadores" es que él pone la razón por encima de la pasión y en ocasiones encuentra una confluencia. De la misma forma en que Lenin despreciaba a los liberales, en que el Tea Party se resiste a los republicanos moderados, así mismo usted parece reservar su desdén más perspicaz para la moderación, para el compromiso. Eche un vistazo al Washington de hoy y dígame cómo está resultando.

 

Estamos de acuerdo, por supuesto, en que el afecto de la actual administración por la Ley de Espionaje y la disposición de apresar a reporteros que protegen a sus fuentes ha generado un clima hostil para todo tipo de cobertura investigativa. Concordamos en que eso es deplorable y perjudicial para la democracia.

 

También existen otras cosas en las que coincidimos, pero no se suponía que este intercambio fuera para encontrar nuestros puntos comunes, así que antes de cerrar me gustaría volver una vez más a lo que considero es nuestro desacuerdo fundamental.

 

Usted insiste en que "todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo." Y por ende, no tiene sentido tratar de ser imparcial. (Evito la palabra "objetivo," que sugiere un perfecto estado mítico de la verdad). Es más, caso tras caso, donde participan los medios convencionales, usted, Glenn Greenwald, está convencido de que sabe lo que es controlar ese "grupo de intereses". Nada es tan inocente como el sentido de juego limpio o la determinación de dejar que el lector decida; debe ser alguna fidelidad servil a fuerzas políticas poderosas.

 

A mi juicio, la imparcialidad es una aspiración que vale la pena en el periodismo, incluso cuando no se alcance totalmente. Entiendo que en la mayoría de los casos te acerca a la verdad, porque impone una disciplina de verificar todas las suposiciones, incluyendo en gran medida las propias. Esa disciplina no llega de manera natural. Considero que el periodismo que comienza desde una predisposición declarada en público es menos propenso a encontrar la verdad, y tiene menos posibilidades de convencer a los que ya no están convencidos. (Evidencia A: cadena de noticias Fox News). Y sí, los escritores son más propensos a manipular la evidencia para sostener un punto de vista declarado que uno mantenido en privado, porque el orgullo está en riesgo.

 

Usted señala acertadamente que esta búsqueda de la justicia es un principio relativamente nuevo en el periodismo estadounidense. Un lector no tiene que retroceder mucho en los archivos — incluidos los archivos de este periódico — para hallar el tipo de periodismo abiertamente dogmático que usted aprueba. Tiene el "alma" que usted ansía. Pero para un oído moderno, a menudo suena sermoneador, y sospechoso.

 

A mi entender, la necesidad de un periodismo imparcial es más grande de lo que alguna vez fue, porque hoy vivimos en un mundo de medios de difusión basados en afinidad, donde los ciudadanos pueden construir, y lo hacen, cámaras de ecos de sus propias creencias. En general, es demasiado fácil sentirse "informado" sin nunca toparse con información que desafíe nuestros prejuicios.

 

Hace poco usted señalaba que las encuestas demuestran una mala opinión del público estadounidense con respecto a los medios informativos. Afirmó — considero sobre la base de ninguna evidencia — que esta estima en decadencia es el resultado de la "sumisión ciega al poder político." ¿En serio? Me parece más verosímil que el menoscabo del respeto por los medios de comunicación de los Estados Unidos — categoría que incluye todo desde mi periódico, hasta el USA Today, el Rush Limbaugh, el National Enquirer, y los noticieros locales que se basan en noticias sensacionalistas — se explica por el hecho de que mucho de él es trivial, superficial, sensacionalista, redundante y, sí, ideológico y polémico.

 

Le ofrezco la última palabra, y entonces podemos dar paso a los usuarios, en caso de que alguno haya llegado hasta aquí.

 

Glenn, le deseo suerte en la nueva empresa, y espero que inspire a más multimillonarios a invertir dinero en el periodismo. Si me permite darle un consejo no solicitado. Hay muy poco de lo que usted ha mencionado en este intercambio que no se haya dicho antes en las páginas del The Times, aunque en un lenguaje menos cargado. La autocrítica y la corrección, de las cuales poseo gran experiencia, no son divertidas, pero son tan saludables para el periodismo como la independencia, y constituyen una reverencia a la verdad. La humildad es tan querida como la pasión. Así que mi consejo es: Aprenda a decir: "Estábamos equivocados."

 

Estimado Bill:

 

Sólo me restan un par de asuntos rápidos para concluir.

 

Mi "desdén" por David Brooks se basa en los años que lleva animando la guerra extrema y la veneración de una clase política de élite que ha generado poco más que un lamentable fracaso y corrupción. No veo en lo absoluto nada de moderado en él. Yo sólo señalaba que si usted quiere enorgullecerse de contratar a conservadores para que escriban en su periódico, mal puede él representar tal movimiento.

 

Pienso que existe algún juego semántico en la forma que escoge para resumir nuestro debate. Mi visión del periodismo sin lugar a dudas requiere tanto justicia como una adhesión rigurosa a los hechos. No obstante, entiendo que esos valores se promueven siendo honestos acerca de nuestras propias perspectivas y suposiciones subjetivas en lugar de asumir un tono de todo-lo-sabe, de neutralidad que da a entender equivocadamente que los periodistas residen más allá de los puntos de vista normales y de las lealtades a las facciones que plagan al no periodista y al "activista" pavoroso.

 

Arraigado a la perspectiva institucional y a las metodologías para hacer reportajes del The New York Times existen todo tipo de suposiciones políticas y culturales bastante discutibles y subjetivas acerca del mundo. Y salvo algunas nobles excepciones, The Times, por diseño o de cualquier otra forma, ha servido por mucho tiempo a los intereses del mismo grupo de facciones poderosas y de élite. Su manera de reportar no es menos "activista," subjetiva o motivada por las opiniones que las nuevas voces de los medios de comunicación que desdeña en ocasiones con condescendencia.

 

Gracias por sus mejores deseos y por el intercambio que exhorta a la reflexión. Se lo agradezco.

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Lunes, 25 Noviembre 2013 07:41

"Hay que impedir los medios oligopólicos"

"Hay que impedir los medios oligopólicos"

La vida como política de Constanza Moreira comenzó en 2007, cuando José Mujica le propuso que fuera candidata a la presidencia del Frente Amplio (FA), la coalición de centroizquierda uruguaya fundada en 1971 y que hoy gobierna el país. Licenciada en Filosofía y doctora en Ciencia Política, Moreira es senadora desde 2009 por el Partido por la Victoria del Pueblo (dentro del FA) y se postula como precandidata a la presidencia para las primarias de junio de 2014. Antes se había desempeñado como profesora y analista en varios medios.

 

Moreira tendrá enfrente al ex mandatario socialista Tabaré Vázquez, quien alguna vez imaginó una guerra con Argentina, en diálogo con George W. Bush, y dejó el gobierno con alta popularidad. Eduardo Galeano y Daniel Viglietti apoyan la postulación de esta mujer que se crió en una familia de frenteamplistas y que sumó a su corriente a Macarena Gelman, nieta recuperada de los argentinos Berta Shuberoff y Juan Gelman.


Con sus 53 años, Moreira desea imprimirle su estilo al programa de gobierno que se aprobó ayer en el congreso partidario. Como señaló el semanario Brecha, "los lineamientos programáticos del FA no sufrirán grandes modificaciones" respecto del actual gobierno; sin embargo, para la precandidata la coalición debe renovar sus caras. Moreira estuvo recientemente en Buenos Aires para la presentación del libro Nuevos escenarios para la integración en América Latina (Clacso) y dialogó con Página12 sobre su agenda más de izquierda: la ley de medios versión uruguaya, la deuda con los derechos humanos y el conflicto con Argentina por las papeleras.


–¿Por qué lanzó su precandidatura habiendo enfrente un candidato cantado como Tabaré?


–En política no hay destino manifiesto, no hay candidatos naturales, todo se construye. Muchos de nosotros pensamos que en un tercer gobierno de izquierda el Frente Amplio está en condiciones de dar un salto hacia adelante desde el punto de vista del relevo generacional. Tenemos figuras fundacionales muy queridas, como Tabaré y Mujica, pero después de diez años de gobierno llegó el momento de que el Frente Amplio cambie, incorpore más mujeres y jóvenes y también despliegue otras candidaturas con un giro más hacia la izquierda.

 

–En concreto, ¿en qué aspectos se diferencia de la postura política del ex mandatario?


–Defendemos una política muy fuerte hacia América latina, de apuesta a la solidaridad para con todos los países, especialmente con aquellos con los que compartimos cierta continuidad ideológica, como Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Los otros, como Chile, Perú y México, también se organizan en la Alianza del Pacífico. Esta idea de una alianza mirando a Estados Unidos contrasta con el proyecto de Mercosur ampliado, dentro del cual Uruguay debe tener una posición bien firme. En Uruguay la mitad está a favor y la otra mitad está en contra. Los blancos y los colorados (partidos de oposición) todos los días reclaman salirse del Mercosur. Es una guerra permanente que se traduce en que no podemos contar con sus votos y en el Parlamento sólo tenemos un legislador más en cada cámara. Cuando se hizo el acuerdo tributario con Argentina, cuando se votó el ingreso de Venezuela al bloque o se aprobó la sanción a Paraguay, siempre el FA tuvo que luchar contra la otra mitad.


–Tabaré Vázquez coqueteó con un tratado de libre comercio con Estados Unidos.


–Tenemos diferencias de matices entre los que consideramos que reforzar la integración es prioritario y quienes no lo creen tanto. Hay que recordar que Uruguay en el período inmediatamente anterior heredó una crisis económica –por la devaluación del real y luego la crisis argentina–, siendo su manifestación más visible la crisis bancaria. Los Estados Unidos de Bush le permitieron a Uruguay levantar el corralito. Washington se había convertido en el principal socio comercial del país y (Jorge) Batlle decía: "Yo quisiera tener una carnicería en cada estado de EE.UU". El primer gobierno de nuestra coalición heredó ese vínculo carnal. Ahora la situación es muy distinta, EE.UU. no es ni el sexto socio comercial –el primero es China–, aunque la potencia norteamericana todavía detente el poder financiero y comunicacional. Sin defender a Tabaré, creo que no fue sólo él, fue el gobierno uruguayo el que aceptó la venida de Bush. Las luces y sombras están colocadas en la agenda de la izquierda, porque los partidos Nacional (blanco) y Colorado prácticamente no tienen agenda propia. El FA es un partido tan grande para tener democratacristianos y trotskistas, entonces cuando hay que compaginar todo eso, siempre se va por la vía del medio.

 

–El Frente Amplio aprobó una ley que deja sin efecto la caducidad o amnistía, pero la Corte Suprema consideró que artículos clave son inconstitucionales. ¿Hay una discusión fuerte en el FA sobre los derechos humanos, o ciertas figuras prefieren no meterse con el pasado?


–Vamos avanzando en ganar conciencia. Estamos en la oscuridad respecto de la verdad y la justicia. La ley de impunidad estuvo vigente durante 20 años. El primer gobierno del FA estableció que se podía investigar el delito de desaparición forzada y se avanzó por allí, con jueces comprometidos con la causa de los derecho humanos y otros que no. El fallo del Supremo se juntó con el traslado de la jueza Mariana Mota, quien tenía la mayor cantidad de causas sobre delitos de lesa humanidad. Ahora estamos en un atolladero, donde hay una cantidad de casos en marcha y dependemos mucho del talante de los jueces de seguir avanzando con las causas. El traslado de la jueza Mota fue un revés para todos los que queremos que se haga justicia. Se ha producido un conflicto entre poderes, el Legislativo y Ejecutivo por un lado y la Suprema Corte por el otro. El Poder Judicial en Uruguay no experimentó cambios significativos de la dictadura a la democracia. De allí que impulsamos una serie de reformas para cambiar el Código Penal y el sistema de designación de jueces.

 

–¿Una reforma del Poder Judicial?


–Sí. Amerita una reforma estructural, que ya está entre los proyectos de ley en el Congreso. La Justicia será otra a partir del 2015.

 

–¿En qué situación se encuentra la ley de medios?


–El proyecto se está tratando en Diputados y la idea es tenerlo aprobado antes de que termine el año. Tomando en cuenta el antecedente argentino, el gobierno juntó a las organizaciones no gubernamentales, a las radios alternativas y a los canales de televisión y los puso a trabajar durante un año. El texto tiene un componente de regulación empresarial, de regulación de contenidos, y el marco general, que no hay ninguno ahora. El proyecto llegó a cierto consenso –entre comillas, porque los grandes medios afirman que les va a coartar la libertad–, cuenta con los votos del FA y va a salir. Además el gobierno abrió el espectro a nuevos canales de televisión privados, comunitarios y públicos. Para el Uruguay la oferta se agranda.


–¿Qué rol juegan los multimedios?


–Los tres grandes canales (12, 4 y 10) son a la vez conglomerados empresariales. Hay una gran concentración de los medios de comunicación. Se hizo un estudio sobre eso, y una de las partes del proyecto apunta a desconcentrar, a aplicar mecanismos anti-trust e impedir la oligopolización en un país tan chiquito, cuyo impacto es mucho mayor. La ley de medios o de Servicio de Comunicación Audiovisual es importante, pero más importante me parece que es abrir el espectro a otros canales.


–¿Cuál es su postura sobre las papeleras?


–Tuvimos un desarrollo de la industria forestal vía subsidio en los noventa, que llevó luego a la inevitabilidad de las plantas de celulosa. La forestación con las plantas de celulosa está inserta dentro del proyecto de la estrategia de diversificación productiva del Uruguay. El tema de la instalación de Botnia viene del gobierno de Jorge Batlle; creo que allí hubo problemas de negociación política, crisis de la izquierda uruguaya con los ambientalistas, y finalmente eso se encontró con un aparato de Estado muy debilitado para controlar el medio ambiente. La gran discusión en este momento, fuera del conflicto con Argentina, es la del control mediambiental de los megaemprendimientos (forestación, agrotóxicos y minería) y que las papeleras estén instaladas en zonas francas con escasa capacidad de recaudación para el gobierno. La discusión se centra en cómo vos insertás la forestación en una estrategia de desarrollo a largo plazo. Después, me parece que el conflicto con Argentina fue triste para el Uruguay, en sentido de que si Botnia genera 360 empleos directos, con el puente cortado perdés 300 empleos. El debilitamiento de las relaciones con Argentina tiene un impacto negativo directo. Sin embargo, creo que en este tiempo ha habido un paquete de negociaciones bilaterales que ha sido positivo. Hay que monitorear conjuntamente y que las iniciativas empresariales se sometan a la capacidad de regulación conjunta de ambos países.


–El gobierno de Uruguay autorizó a ampliar la producción de celulosa.


–El gobierno optó por la solución salomónica. UPM pidió un aumento de la producción de 1 a 1,3 millón de toneladas (anuales) y le aprobó que incrementara a 1,1 millón, pero eso no impidió la reacción argentina. Montes del Plata también está pidiendo aumentar la producción y creo que hay que poner las exigencias empresariales en un mapa en el que la relación con Argentina debe ser lo prioritario.


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Assange: Internet ha sido ocupada militarmente por EEUU y sus aliados

Internet ha sido ocupada militarmente por Estados Unidos y sus aliados anglosajones", con el fin de dominar las sociedades "perdiendo la soberanía nacional y la libertad", advirtió Julian Assange, fundador de la organización Wikileaks.

 

Assange intervino en una videoconferencia en el marco del 3º Encuentro de Comunicación Audiovisual, en Mar del Plata, desde la embajada de Ecuador en Londres, donde se encuentra asilado desde junio de 2012. Assange se comunicó con un panel encabezado por el periodista Pedro Brieger y otros comunicadores.

 

Assange manifestó que "la lucha contra los monopolios de medios es la lucha de una nación porque un país es tan bueno como los medios de comunicación que tiene".

 

"Una organización de medios puede ser peor que alguna otra cosa", dijo el periodista australiano, quien remarcó que "muchas cosas se plantean en términos económicos y muchas veces hay jugadores importantes que toman posiciones dominantes del mercado".

 

Además, cuestionó "la centralización y el control por parte de las mismas personas de la distribución de los diarios", lo que les "permite realizar aprietes" a nivel mundial.

 

"Una organización de medios es muchas veces la que domina el entorno de conocimientos del público, entonces esto puede implicar un gran problema", dijo Assange.

 

Tras su llegada a la embajada de Ecuador en Londres, el 19 de junio de 2012, el fundador de Wikileaks solicitó asilo político al gobierno de Rafael Correa, que se lo concedió, pero no pudo abandonar la sede diplomática porque el Reino Unido se negó a darle un salvoconducto.

(Con información de Patria Grande)

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Bernard Cassen: Los medios públicos no pueden abandonar el campo de batalla cultural

Palabras de Bernard Cassen, profesor emérito de la Universidad de Paris 8, ex director general de Le Monde Diplomatique y secretario general de la ONG Mémoire des luttes (Memoria de las luchas), París. Cassen participó en el panel "Integración, Cultura e Identidad", del Primer Festival Internacional de Radio y Televisión, celebrado en La Habana, el 9 de septiembre 2013.

 

En lo que llamamos en Francia el "paisaje audiovisual", los canales públicos de radio y televisión son sólo una fracción de importancia muy variable según el país y el momento. En unos pocos países – digamos por ejemplo Corea del Norte – el sector público puede ocupar la totalidad del espacio. En otros, por ejemplo los Estados Unidos, este sector tiene una presencia muy limitada, aunque su influencia en el debate de las ideas, la educación y la cultura va más allá de su alcance. Entre estos dos extremos, se puede hablar de un " modelo europeo " que combina un sector público fuerte y dispositivos de regulación que se aplican a todos los servicios de comunicación audiovisual, ya sean públicos o privados.


En primer lugar, tenemos que hacer algunos recordatorios para saber de que realmente estamos hablando:


- Hay que hacer la diferencia entre medios públicos y medios de comunicación del Estado o del gobierno. Además del Estado nacional y del gobierno, hay otras entidades de carácter público que tienen derecho a expresarse de forma independiente : los parlamentos; los partidos políticos; los sindicatos; los poderes locales (regiones, municipios, comunas); los grupos y organizaciones culturales, étnicas, religiosas y lingüísticas; las universidades y los centros de investigación, etc.


- Incluso en los sistemas nacionales sujetos a una regulación pública de todos los medios audiovisuales, el sector privado tiene como objetivo principal hacer dinero. Esto había sido formulado cínicamente por Patrick Lelay, entonces presidente del mayor canal de televisión privado francés, TFI, en un libro publicado en 2004. Según él, su trabajo era vender a los anunciantes "tiempo de cerebro humano disponible".
- Sin embargo, con la creciente concentración del sector de la comunicación – del cual las emisoras privadas de radio y televisión son sólo un componente – el sistema mediático no obedece únicamente a una lógica de rentabilidad. También es un poderoso vector mundial de la ideología neoliberal que califica todas las medidas de regulación pública en favor del pluralismo y de los bienes comunes de la sociedad de "ataque a la libertad de información", "a los derechos humanos", etc.


En América Latina, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una caricatura de esta postura ideológica. Más que en otros continentes, el sistema mediático se ha convertido en un actor político de choque contra los gobiernos progresistas. En Venezuela, participó abiertamente en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. En otros países, como Argentina, Bolivia y Ecuador, está llevando campañas de desestabilización contra los respectivos gobiernos en un intento de impedir toda democratización de la legislación del sector de la comunicación. En estos países, en su gran mayoría, los medios privados se comportan como fuerzas de oposición y, en ocasiones, como fuerzas golpistas.


Los Estados Unidos es otro ejemplo del papel anti-democrático del sistema mediático. La vida política está secuestrada por las grandes corporaciones que gastan miles de millones de dólares para comprar espacio o tiempo de publicidad en los medios a fin de derrotar a los candidatos al Congreso hostiles a sus intereses, y elegir otros que serán entonces meras marionetas en sus manos. La sentencia de la Corte Suprema del 21 de enero de 2010 permite a las empresas de financiar sin limitaciones las campañas electorales. Le da carácter oficial al concepto " un dólar, un voto".


Hasta el punto de que Barack Obama, sin embargo beneficiario de este sistema – había recogido mas aportaciones financieras que su competidor – calificó la sentencia de la Corte de " gran victoria para las multinacionales petroleras, los bancos de Wall Street, las compañías de seguros y otros grupos de interés quienes, cada día, movilizan fuerzas en Washington para ahogar la voz del pueblo estadounidense".
A cambio de un diluvio de dólares, ciertos medios de comunicación se abstienen de toda crítica de los candidatos beneficiarios de esta compra de votos. En cada elección, estamos frente a un golpe de Estado electoral organizado por lo que podría llamarse el complejo mediatico-financiero financiero, no ajeno al complejo militaro-industrial denunciado par Eisenhower en 1952 al abandonar la Casa Blanca. La ausencia de regulación de la financiación de las campañas electorales y la debilidad de los medios públicos impiden cualquier contrapeso al poder del dinero.


La situación es mas sofisticada en Europa. Por un lado, la financiación de las campañas electorales es generalmente enmarcada por la ley; por otro lado, no existe el concepto de canal de radio o televisión "opositor". Debido a los dispositivos de regulacion, partidos políticos de la oposición, cualquiera que sea el gobierno, tienen cierto acceso a los canales públicos y privados. Pero sería un gran error centrarse sólo en este derecho de acceso. El formateo de las mentes se hace de manera mucho menos visible a través de la estructura y del contenido de los noticieros: sensacionalismo (crímenes, accidentes, catástrofes); reducción de la política a polémicas superficiales; cobertura de los problemas económicos y de las luchas sociales a travès del prisma neoliberal.


El tratamiento de los movimientos sociales obedece a cinco objetivos que el colectivo de comunicación de la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo) de La Vía Campesina, ha identificado. Se publicó en la edición de enero de 2013 dedicada a la comunicación de la revista América Latina en Movimiento, producida por ALADI (Agencia Latinoamericana de Información) que recomiendo encarecidamente la lectura . Estos son los objetivos:


-Cooptar mediante el personalismo. Personalizar las luchas destacando los dirigentes escogidos no por los trabajadores, sino por los medios de comunicación
-Dividir
-Criminalizar las luchas sociales
-Imponer agendas
- Invisibilizar las luchas


Estos métodos no son exclusivos de América Latina, también se aplican al resto del mundo, especialmente en Europa.


Las cuestiones de control o la falta de control de la información en la radio y la televisión, y el contenido de los programas de noticias son sólo parte del problema. Para evaluar el impacto político e ideológico global de las empresas de medios audiovisuales, es también, y quizás lo más importante, tener en cuenta los programas de entretenimiento, por el número de horas que representan.


En Francia, las personas mayores de 4 años pasan un promedio de 3.50 hrs por día delante de las pantallas de televisión. Las personas mayores de 13 años escuchan la radio una media de 2.58 hrs por día. Y eso sin contar el tiempo que pasan ahora, gracias a Internet, delante las pantallas del ordenador, tabletas y teléfonos inteligentes (smartphones), fenómeno al que regresaré en un momento. Una pequeña fracción del tiempo es la que se dedica a la información política en el sentido estricto del término. Todo lo demás es entretenimiento, donde hay que incluir a los deportes.


Este es uno de los principales retos a los radiodifusores públicos para cumplir con su misión de difusión de la cultura, de promoción de la identidad, de integración y de defensa de las lenguas nacionales.


Las situaciones varían mucho de un país a otro. Dejaré a mis colegas de América Latina el tratamiento de su propio continente, y en particular el analisis del contenido y de los resultados de las iniciativas constitucionales y legislativas en materia de derecho a la comunicación en Venezuela, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina. Permítanme mencionar algunas tendencias importantes en Europa, principalmente en Francia. Vamos a ver cómo convergen o no con los existentes en otras partes del mundo.


De antemano, recuerdo lo que dije al principio de esta presentación sobre la necesaria distinción entre canal público de radio y televisión y canal de radio o televisión de Estado o de Gobierno. Nadie en Europa defiende un monopolio estatal abolido en Francia en 1982. Nadie en Europa tampoco defiende la idea de que una cadena pública debe estar al servicio del gobierno. Dicho esto, se entiende que cuando los medios privados se tornan hostiles violentamente, es grande la tentación de convertir los medios de comunicación públicos en herramientas de promoción exclusivamente para el gobierno.


En última instancia, sin embargo, esta opción puede ser contraproductiva, porque si hay un cambio en el poder después, por ejemplo, de una derrota electoral, la oposición controlaría tanto los medios de comunicación públicos como los privados... La batalla a librar es la democratización de los sectores tanto público como privado, y por lo tanto el pluralismo interno en ambos.


Esta batalla se da también en Europa, aunque con formas menos espectaculares que en América Latina. Sin lugar a dudas, en sus estatutos, el sector público no es la correa de transmisión del poder político, pero está sometido a las presiones y a las intervenciones gubernamentales. Podríamos citar muchos ejemplos, especialmente en Italia y Francia. En nuestros dos continentes, por no hablar de los demás, el deseo por la democracia y la libre expresión de las diferencias es un componente de toda identidad nacional. Por eso no debemos temer que esta aspiración se convierta en un requisito para el sector público.


En cualquier caso, con la explosión del número de canales y la convergencia de las comunicaciones audiovisuales y de las comunicaciones electrónicas, el sector público tiene que competir con la proliferación del sector privado y no tiene a priori una audiencia garantizada. Él debe conquistar y retener a esta audiencia. Es inútil producir programas que nadie o muy pocas personas ven o escuchan.


La situación se complica aún más con la nueva tendencia de los jóvenes que se apartan de la televisión en favor del Internet. Un estudio realizado en Francia en enero de 2013 mostró que semanalmente los jóvenes de 13 a 19 años gastan de 13.00 hrs Web contra 11.15 hrs viendo la televisión, y esta brecha es cada vez mayor. En su ordenador, componen sus propios menús a partir de los sitios de replay, de los canales de televisión, y sobre todo de las plataformas de intercambio de videos como YouTube o su equivalente francés Daily Motion.


Esta migración de los jóvenes de la televisión al ordenador (y también tabletas y teléfonos inteligentes), y por lo tanto la migración de programas sin ningún tipo de limitaciones físicas o de tiempo, no puede ser ignorada. Los canales de televisión tendran que adaptarse. No saben todavía cómo, ni los privados ni los públicos. Pero éstos ultimos tienen una responsabilidad especial para anticipar este fenómeno si no quieren que los paquetes de programas que cada uno puede componer de forma individual.


La cuestión del control político de la información producida por el sector audiovisual público tiende con demasiada frecuencia a eclipsar el contenido de sus programas. Sin embargo, son ellos, mucho más que los noticieros, los que contribuyen al formateo de las mentes. Desde este punto de vista, no vemos diferencias fundamentales entre los canales públicos y los canales privados. Se nota en particular que las series estadounidenses son omnipresentes en los canales privados de máxima audiencia, y tienen también un espacio importante en las cadenas públicas, en detrimento de la producción nacional.


Esto también es cierto en otros países de Europa continental. Romano Prodi, ex Primer Ministro de Italia y ex presidente de la Comisión Europea dijo lo siguiente ante el Parlamento Europeo el 13 de abril de 1999 : "La fuerza de la cultura estadounidense en un sentido amplio, tal como se expresa simbólicamente por los medios de comunicación, es vista por algunos como si pudiera constituir una referencia unitaria para una Europa en busca de su alma. Esta suposición no es escandalosa". La consecuencia lógica de esta rendición incondicional de un alto funcionario europeo es la promoción del inglés como lengua común de Europa y por supuesto, del resto del mundo.


El gran desafío a los canales públicos, europeos y de América Latina, es la producción de programas que, respetando la letra y el espíritu de su misión, sean a la vez popular y de alta calidad con el fin de atraer a una gran audiencia. Esto es a la vez una cuestión de creatividad y de libertad de expresión cultural y una cuestión de financiación para deshacerse de la dictadura de la publicidad.


Hay que resistir a la tentación de limitar las producciones del sector público a unas audiencias minoritarias. Sería abandonar el campo de batalla cultural. No debemos encontrarnos en el dilema que el sociólogo francés Henri Maler formuló de este modo: "Para que los espectadores no tengan que elegir entre los programas demagógicos sujetos al mercado y los programas educativos presentados por el Estado ; entre el entretenimiento comerciante (y privado), por un lado, y la formación ascética (pero pública) del otro".

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Miércoles, 20 Noviembre 2013 06:50

Con un grito en la voz

Con un grito en la voz

Se desarrolló en Quito, entre el 4 y el 6 de noviembre, el encuentro "Democratizar la palabra en la integración de los pueblos" que, con la participación de más de 40 delegados y delegadas de movimientos sociales y de un amplio abanico de medios populares, desde radios barriales hasta el canal venezolano Telesur, dejó constituido el Foro Latinoamericano de Comunicación para la Integración.

 

El encuentro, convocado por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), giró en torno de cinco ejes: formación y capacitación, agenda informativa común, tecnología, incidencia política y sostenibilidad. Durante tres días los y las participantes elaboraron propuestas y aportaron estrategias en torno de la comunicación y la integración desde una mirada de las organizaciones sociales.


Las limitaciones de los medios populares para interpelar con su discurso a las grandes mayorías de la sociedad fue la principal autocrítica que recorrió el debate. Para superar esta limitación se decidió elaborar una agenda de trabajo común que apunte a romper el aislamiento y la dispersión, que permita una mayor integración "con justicia e igualdad entre pueblos, entre mujeres y hombres, y con respeto a la naturaleza". Como otro acuerdo de trabajo se propuso realizar coberturas conjuntas ante coyunturas represivas, ante otros acontecimientos que atañen a los intereses populares, y en los próximos procesos electorales de Honduras, Chile, Venezuela y El Salvador.


Los avances en varios países de la región en cuanto a la "democratización de la comunicación" ocuparon un lugar central en los debates del encuentro, como el reciente estreno de la Ley Orgánica de Comunicación en Ecuador. Sin embargo, se dejó en claro que los adelantos son resultado de procesos de luchas y por ello se señaló la necesidad de profundizarlos. En torno a esto el periodista uruguayo Aran Ahronian resaltó que "una ley no crea la comunicación", porque "la comunicación la creamos desde el campo popular".


El documento final producto del encuentro, que será presentado a los diferentes mandatarios de la región, incluye una convocatoria "a todos los pueblos latinoamericanos a sumar esfuerzos para hacer valer el derecho a la comunicación". También resalta que "la democratización de la cultura, la educación, la información y la comunicación social son requisitos imprescindibles para la consolidación de democracias participativas".


Para los movimientos sociales ya no sólo importan los medios de comunicación en tanto pueden dar a conocer "las verdaderas luchas", sino que hoy en día la comunicación es parte de sus agendas y se ha transformado en un terreno estratégico a la hora de las disputas políticas, culturales e ideológicas que se desarrollan en nuestro continente. Por este motivo se destacó en la declaración final del foro que "la importancia de consolidar una agenda para una comunicación que promueva la integración requiere del impulso de los movimientos sociales, de los Estados nacionales y de las instancias regionales".


La comunicación ha acompañado el proceso organizativo de muchos movimientos sociales del continente, quienes comprenden que no pueden asumirla como herramienta instrumental, sino como un ámbito de lucha, donde visibilizar sus propuestas y acercarla a los diversos espacios de transformación. La comunicación no es un ámbito exclusivo de los comunicadores, de las comunicadoras, y necesita de la participación activa de quienes forman parte de los diferentes procesos políticos.


En las organizaciones hay que continuar trabajando en la conformación de esa visión no instrumental de la comunicación, para que sea verdaderamente una práctica de vida y no sólo una declaración a nivel del discurso.


Para los medios populares es fundamental dar pasos en la práctica y, a la vez, ir construyendo nuevas teorías que tengan que ver con sus realidades, idiosincrasias, que permitan visualizar el proyecto político que acompañan diariamente.


Los medios de comunicación populares deberán seguir construyéndose desde espacios de referencia, como son los movimientos sociales y políticos que diariamente impulsan luchas y debates que no encuentran lugar de visibilización en los grandes medios de comunicación. El encuentro "Democratizar la palabra en la integración de los pueblos" sirvió para pensar los aportes de la perspectiva comunicacional comunitaria, libre y alternativa, a las políticas de acción que incrementan y amplían la organización del campo popular.


Por Fernando Gómez, integrante del medio comunitario Radionauta FM 106.3 y miembro del equipo de comunicación de la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

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"Estamos en plena guerra civil comunicaciona"

El autor del reciente Hugo Chávez, mi primera vida, explica por qué afirma que el líder bolivariano fue el "Fidel Castro del siglo XXI". Además, analiza el fallo de la Corte Suprema sobre la ley de medios y la actitud corporativa del Grupo Clarín. Y anticipa que el Pentágono busca criminalizar el periodismo de investigación.


Mediodía primaveral en Recoleta. El escritor Ignacio Ramonet habla en francés por su teléfono celular en el lobby de un hotel cool del patricio barrio porteño. La conversación del autor de La golosina visual gira, aparentemente, en torno de un vuelo que en pocas horas lo depositará en París. Dos señoras de alcurnia toman té en un sillón próximo. La dupla femenina no debe haber reparado, siquiera, que compartieron tiempo y espacio con un intelectual orgánico chavista que fue el autor intelectual de la famosa frase "Otro mundo es posible" cuando impulsó a comienzos del siglo XXI el Foro Social Mundial. O sí: es Recoleta.


Ramonet termina el diálogo con su amigo galo y recibe a Miradas al Sur. Viste, como siempre, con tonos oscuros. Sigue usando un bigote estrafalario, las cejas entrecanas y abultadas le acentúan su frente, tiene algunas arrugas pero, igualmente, lleva muy bien sus estrenados setenta abriles. Tiene el aspecto de un conde robespierriano. Posee un acento aristócrata y pulido pero cada cinco palabras pronuncia palabras como "corporación", "imperio", "revueltas". En los últimos veinte años publicó libros considerados de culto entre los estudiosos de la teoría de la comunicación. Pero, también ha hecho periodismo y análisis internacional categoría premium. Dirige desde 1973 el prestigioso mensuario Le Monde Diplomatique; primero lo hizo en Francia, ahora la edición española.


Especialista en geopolítica y estrategia internacional, y profesor de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis Diderot de París, Ramonet es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, donde fue alumno de Roland Barthes, la máxima firma del post-estructuralismo francés. Fundador del grupo globalifóbico Attac, promotor del Foro Social Mundial, es indudable que Ignacio Ramonet jamás sería galardonado por la Sociedad Interamericana de Prensa. Pero sí ha sido homenajeado por varios gobiernos latinoamericanos por su contribución al pensamiento crítico para leer a los medios de comunicación concentrados. Ramonet destapa una botella de agua mineral con gas e invita a Miradas al Sur a dialogar sobre su último libro y las últimas novedades surgidas en Buenos Aires por la, ahora sí constitucional, Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En una de las pantallas del lobby del hotel, el periodista Adrián Ventura, de la señal TN, sobreactúa su disgusto e informa que funcionarios de la AFIP intimidaron a "la respetuosa colega Magdalena Ruiz Guiñazú".

–¿Por qué decidió editar un libro sobre Hugo Chávez? ¿Qué lo encandila del líder político venezolano? ¿Fue Chávez el Fidel Castro de nuestros tiempos o tuvo el fundador del Movimiento V República su propia matriz de pensamiento?


–De alguna manera, cada uno alumbró su era política. Claro que no son enteramente comparables porque impulsaron proyectos diferentes. Pero, son líderes equivalentes en la medida que los dos inician una etapa nueva en la historia de América latina. De eso no cabe duda. Y tanto Chávez como Fidel son pioneros porque marcaron su época. Fidel cuando toma la iniciativa del asalto al Cuartel Moncada y, luego, conduce esa pequeña guerrilla que termina transformándose en un ejército popular fue un innovador porque nadie había triunfado aún en la región con la táctica de la guerra de guerrillas. Ese estilo insurgente estaba olvidado y él lo recupera y, finalmente, triunfa; luego, se enfrenta a los Estados Unidos y gana la batalla de Bahía de Cochinos contra los gringos en 1961. Y Chávez es igual. Dirigió una rebelión militar. En principio, contra el neoliberalismo en 1992. Luego, gana las elecciones. Sufre un golpe de Estado pero consigue volver al poder. También, al igual que Fidel, al principio no se proclamó como socialista pero, finalmente, toma el concepto de socialismo y le da otra energía. También realiza una Asamblea Constituyente que refunda al país. Saca a millones de venezolanos de la pobreza. Y eso se va a repetir en el continente. Porque, de repente, Chávez demuestra que ese estilo de gobierno puede funcionar. Que se puede derrotar al Consenso de Washington. Entonces, los dos son personajes muy simbólicos y representativos de dos etapas. Fidel, del período 1950-2000. Y Chávez, luego, fue el precursor del socialismo del siglo XXI, que es un proyecto que engloba a varios gobiernos de la región.

 

–La presentación de su libro en la Argentina coincidió con una semana clave para el futuro de la denominada ley de medios. ¿Considera que el Grupo Clarín, a diferencia de otros pools mediáticos suramericanos, posee una voluntad de poder mayor para constituirse como conductor de la élite conservadora local?

 

–No conozco los detalles de la historia del Grupo Clarín. Pero, lo que creo es que Clarín está en una lógica, que es la de los años noventa. En ese momento, los grupos mediáticos sentían que había posibilidades tecnológicas de constituir grandes corporaciones. Porque los grupos mediáticos no existen desde siempre. Antes existían grandes periódicos o grandes cadenas de televisión. Pero, en los años noventa, la tecnología informática equipara por primera vez el texto, el sonido y la imagen en una misma plataforma. Por otra parte, empiezan a entrar en crisis algunos medios tradicionales. Entonces, la solución es la de constituir grupos, conglomerados. Es algo característico de los años noventa. Y Clarín tiene esa lógica. Claro, en América latina, esas corporaciones mediáticas al expandirse lograron no tener rivales en su terreno y así comenzaron a intimidar a los poderes gubernamentales. Paralelamente, estos grupos funcionan como aliados de otros bloques conservadores, económicos o judiciales, que les permiten conservar su ecuación de poder. Me parece que Clarín actúa en consonancia con las familias hegemónicas que creen poder controlarlo todo. Pero, hoy, esos grupos están en crisis por la llegada de Internet. Comenzando por el más grande de todos, que es el Grupo Murdoch (The Times, cadena Fox).


–Usted advirtió ese fenómeno en La explosión del periodismo (Capital Intelectual, 2011). ¿Sigue entendiendo que Internet puso en jaque a los medios tradicionales?

 

–Sigo pensando igual. A ver, la compra del The Washington Post por el magnate Jeff Bezos, que es el fundador de Amazon, o las revelaciones de Edward Snowden (el ex agente de la CIA exiliado en Moscú) lo confirman. Se acabaron los medios-sol. Todo está cambiando muy rápido. Estamos pasando de la era de los medios de masas a la era de la masa de medios. Antes, unos cuantos medios-sol en el centro del sistema determinaban la gravitación universal de la comunicación y de la información a su alrededor. Ahora, los medios-polvo, diseminados por todo el sistema, son capaces de aglutinarse para convertirse, llegado el caso, en superplataformas mediáticas gigantes. A la lógica del depredador solitario le sucede la estrategia del enjambre.

 

–¿Por qué los argentinos votan a Cristina Fernández pero leen Clarín? ¿Por qué Rafael Correa arrasa en todas las elecciones pero los medios oficialistas quiteños siguen bajos en ventas? ¿Por qué O Globo continúa siendo el grupo, en ventas, más popular de Brasil y, paralelamente, el lulismo no cuenta con una plataforma de prensa atractiva y con audiencia? ¿Por qué, en definitiva, los gobiernos populares ganan elecciones pero no pueden tallar en la batalla cultural mediática?

 

–Es uno de los grandes debates universales sin resolver. La respuesta es porque, en general, los medios públicos no tienen bastante experiencia en términos de seducción de audiencia. Por consiguiente, estas plataformas púbicas suelen elaborar una información con demasiado componente ideológico. Pero, depende de los países. Porque, por ejemplo, si tomamos cuatro países: España, Francia, Italia e Inglaterra, veremos que en esas cuatro naciones, las televisiones públicas están entre las de mayor audiencia.

 

–Todos ejemplos europeos.

 

–Es que en América latina estamos en plena guerra civil comunicacional. Entonces, es lógica la carga ideológica de los programas públicos porque se están dando las batallas fundacionales contra las corporaciones de prensa. Claro, a veces, se hace de una forma un poco primaria, con bastantes slogans repetitivos. Entonces, para ver eso, la gente opta por ver programa de canciones o de telerrealidad (reality shows) que, aparentemente, no son ideológicos pero, claro que sí lo son. Entonces, pienso que cuando la batalla mediática contra los grandes medios se tranquilice y se reflexione más; quizás, se logre desde los Estados otro tipo de productos. Más distendidos, con más diversión, porque la diversión no es reaccionaria. Entonces, probablemente, se pueda conservar uno o dos noticieros, pero bien hechos, con buenos periodistas, que no sean necesariamente progubernamentales y, de esa manera, se va a ganar cada vez más audiencia. Esa experiencia ha pasado en Europa y, perfectamente, se puede repetir en América latina.
–Hay futuro.

 

–Pero, claro que hay futuro. Y hay futuro porque el presente es de batalla. Estamos en plena guerra civil mediática. Por eso, no hay serenidad suficiente para elaborar un mensaje estratégico desde lo público. Y las cadenas privadas tienen tres o cuatro décadas construyendo hegemonía cultural y eso lo hacen sentir todos los días con sus diarios, sus radios y sus televisoras.

 

–Usted afirmó que el impacto del meteorito Internet, comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurios, estaba provocando un cambio radical de todo el ecosistema mediático y que, en una lógica darwinista, sólo iban a sobrevivir los mass media más fuertes. ¿Tiene identificado a los medios que han sabido sobreponerse a esta nueva cultura líquida de la producción?

 

–Evidentemente, están surgiendo nuevas experiencias. En Francia, por ejemplo, hay una plataforma, puramente digital, que se llama Mediapart, y es uno de los medios con más prestigio en el país. Mediapart está teniendo una influencia en la vida pública superior a la de periódicos que ya tienen muchos años en la calle. Otros ejemplos. Los últimos premios Pulitzer han ido a periodistas de medios electrónicos no lucrativos que están financiados, o por poderes municipales, o por filántropos millonarios, o por soportes de fundaciones. Está surgiendo una nueva forma de hacer periodismo. Eso es irreversible. Hoy, los grandes medios tradicionales no tienen recursos para pagar una investigación de largo recorrido. En cambio, estas fundaciones, que se hacen con el aporte de microcrowdfundings, pueden financiar esos trabajos de largo aliento. En Corea del Sur, que es un país en que se lee mucho, está el Korea News, un medio puramente electrónico, y hoy lidera la audiencia en el país asiático. A ver, ¿cuál es la gran innovación periodística de los últimos tiempos? WikiLeaks, otra experiencia que se da en el terreno de la web.

 

–Green Greenwald (periodista que publicó en The Guardian las denuncias de Snowden contra el MI5) advirtió que el Pentágono norteamericano quiere criminalizar el buen periodismo de investigación. ¿Exageró con dicha afirmación?

 

–Para nada. Primero, el periodismo de investigación está desapareciendo. En La explosión del periodismo lo explico, hay géneros periodísticos que están en peligro de extinción por razones de recursos. Segundo, el periodismo de investigación está siendo criminalizado por los grandes poderes porque es un género de revelación que, esencialmente, muestra el lado oscuro de los poderes.

 

–¿Piensa que Snowden es el nuevo Julian Assange?

 

–Yo lo que pienso es que Assange, Bradley Manning, Snowden y Greenwald son los nuevos héroes del periodismo. Lo que fue Rodolfo Walsh para el periodismo libre contra la dictadura pues, hoy, son ellos. Y no se enfrentan a dictaduras, se enfrentan a democracias. Y eso merece una reflexión.


–La última pregunta, de orden geopolítico. ¿El escándalo del espionaje de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad norteamericana) modificará la relación entre el presidente Barack Obama y Europa?

 

–No creo que Obama tenga mucha voluntad de recomponer las relaciones con Europa. Ahí la última palabra la tienen la NSA y el Pentágono. En ese sentido, considero que los servicios secretos norteamericanos profundizarán la cooperación con sus pares europeos porque necesitan recolectar información para primar, por ejemplo, en la batalla comercial con los países del Brics.

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Miércoles, 13 Noviembre 2013 06:23

¿Qué es el populismo?

¿Qué es el populismo?

Hoy podemos encontrar el término "populismo" con gran frecuencia en los discursos políticos y en la narrativa mediática. En general, se utiliza para definir aquellos movimientos que son percibidos como una amenaza para los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos del país. Bajo tal rúbrica aparece una enorme variedad de movimientos pertenecientes a múltiples sensibilidades políticas. Así, se ha identificado como populismo al partido de ultraderecha fundado por Le Pen en Francia, al movimiento de Beppe Grillo, de izquierda liberal, en Italia, al movimiento 15-M en España, de clara orientación progresista, lo mismo que ocurre con el movimiento Occupy Wall Street en EEUU, al que se le define también como populista. Y este término también se utiliza para definir a los movimientos fascistas que están apareciendo en Europa, al Tea Party, al movimiento pro Berlusconi, y un largo etcétera.


Puesto que tal denominación abarca a un grupo tan variado, que incluye sensibilidades no solo diferentes sino incluso contrarias y opuestas, parecería que el contenido no es el determinante que justifica esta definición. Podría serlo, pues el estilo de estos movimientos que son percibidos como irracionales, altamente emotivos y amenazantes al orden. Su carácter teóricamente contestatario con el sistema dominante parecería ser una característica común de estos movimientos. Pero esta característica tampoco parece ser suficiente para catalogar a un movimiento como populista. Después de todo, hay partidos políticos que se presentan como revolucionarios (bien de derechas, bien de izquierdas) en un intento de cambiar profundamente las sociedades donde existen, y en cambio, no se los define como populistas.


En ocasiones se han considerado populistas movimientos como el peronismo, que movilizan a grandes sectores de la población alrededor de un personaje carismático que se percibe como el portavoz de demandas populares, y que se transmiten de las bases al líder carismático, directamente sin canalización de partidos políticos. Pero bajo esta definición, al movimiento de derechos civiles de EEUU liderado por Martin Luther King también podría habérsele definido como populista y pocos lo han considerado como tal.


Entonces, hagamos la pregunta de nuevo, ¿qué es un movimiento populista? Y la respuesta la encontrará, no en el sujeto definido —es decir, en el movimiento llamado populista—, sino en el definidor, es decir, en la persona que define al movimiento como populista. Este término es, ni más ni menos, que un insulto que tiene como objetivo expresar desaprobación con dicho movimiento. Y puesto que hay un número creciente de movimientos que son del desagrado de los establishments citados anteriormente, el número de movimientos populistas ha crecido exponencialmente. Así de claro.

 

13 nov 2013

Por Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

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Martes, 12 Noviembre 2013 19:00

Hacia una Cultura de la Integración

Hacia una Cultura de la Integración

UNO

 

En América Latina y América del Sur la integración es estratégica. Dentro de ese proceso, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tiene un rol fundamental a jugar en el mundo de bloques que se va perfilando.

 

Unasur es el proceso más importante de integración que involucra a toda América del Sur. Surgió como una propuesta desde lo político, llevando adelante acciones trascendentes para solucionar conflictos, proteger la institucionalidad en los países suramericanos, fortalecer políticas de defensa y sociales integradoras, e inclusive posicionándose como un bloque a tener en cuenta a nivel mundial en el desarrollo de un mundo multipolar.

 

Más allá de las diferencias políticas o de visión económica entre los países que la integran, ha logrado levantarse como espacio de acuerdos y entendimientos desde la diversidad y ha generado un proceso integrador diferente. Ahora es necesario afianzar la Unión como bloque de poder e interlocución mundial. Dentro de ese proceso es fundamental afirmar la institucionalidad de sus diferentes instancias, particularmente de la Secretaría General.

 

Sin embargo, para proyectar la integración en América Latina y América del Sur, se debe crear una base simbólica que le dé sustento y aporte a una cultura de la integradora más allá de la muletilla de la Patria Grande.

 

DOS

 

La cultura del silencio impuesta por las dictaduras y reivindicada por buena parte de los grandes medios de comunicación, creó cimientos simbólicos para la integración de la represión, cuyo mejor ejemplo fue el Plan Cóndor. Cimientos para la desintegración de América Latina y América del Sur.

 

Si bien de a poco se fue dejando atrás esa realidad, parte de los grandes medios sigue jugando el mismo papel, e intenta recomponer ese sostén para la desintegración, atacando los procesos integradores y reivindicando procesos que fortalecen la dictadura del mercado.

 

Por lo tanto, en la construcción de una base simbólica y cultural de la integración juega un papel fundamental la comunicación. En ese proceso, un principio a rescatar es el de la democratización de la comunicación que pasa también por la democratización de los medios y debe vincularse a una política común integrada e integradora desde los distintos ámbitos, con el objetivo de fortalecer el camino integrador y aportar en la consolidación de esa base simbólica hacia una cultura de la integración.

 

La política de comunicación integrada e integradora debe desarrollarse desde los gobiernos, los medios alternativos, los medios públicos y las instancias de integración. Debe partir del significado de la Integración como proyecto estratégico y abrir el debate en América del Sur sobre el significado de la integración y los beneficios de consolidar procesos como el de Unasur o de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

 

En una política integrada e integradora los medios públicos y alternativos deben asumir una comunicación liberadora. Si, como hasta ahora, siguen copiando la lógica de la comunicación dominante poniendo énfasis solo en la efectividad el mensaje, con una mirada-producto de la comunicación, seguirán aportando poco o nada al proceso integrador. Es necesario dar mayor contexto, marco histórico, mostrar la multiplicidad de actores en los procesos de integración y abrir un debate desde el pensamiento crítico. Cuando solo se intenta imponer el mensaje las grandes masas no lo asumen como propio. Por lo tanto, cuando solo se intenta imponer el mensaje sobre integración termina siendo rechazado o se asume superficialmente y finalmente se olvida.

 

TRES

 

Para consolidar un futuro integrador hay que consolidar un pasado integrador.

Por eso es necesario que los medios públicos y alternativos cumplan un rol activo en la recuperación de la memoria histórica sobre integración más allá de los repetidos discursos rememorando a Simón Bolívar. Una política de comunicación integrada e integradora debe crear vínculos entre los medios, las universidades, centros de investigación y los procesos de integración, para realizar actividades conjuntas y armar una red que aportará en la consolidación de la base simbólica y cultural de la integración.

 

Desde el Centro de Comunicación e Integración de la Secretaría General de Unasur en los últimos meses iniciamos una recuperación de toda la memoria histórica de Unasur, organizando toda la documentación que es la base del proyecto estratégico de integración de América del Sur que se irá consolidando con el fortalecimiento de toda la Unión. Es fundamental que esa documentación esté al alcance de las universidades e instituciones y organismos vinculados con la integración, y además de los propios medios de comunicación. Además de esa recuperación de documentos está la recuperación de datos e indicadores necesarios para consolidar el proceso integrador. Por otro lado, también se inició la necesaria vinculación con las universidades de América del Sur, estableciendo vínculos a nivel académico, organizando actividades conjuntas y trabajando en el posicionamiento de la integración suramericana a nivel universitario y educativo en general con el objetivo de aportar y caminar hacia esa cultura de la integración.

 

Además, el CCI conecta mediante una tecnología de punta a las distintas instancias de Unasur permitiendo que se puedan desarrollar reuniones mediante videoconferencias y otras herramientas. Eso agilitará los procesos en los consejos sectoriales, grupos de trabajo y otras instancias y permitirá hacer un seguimiento permanente de políticas comunes, acuerdos, proyectos que van tejiendo la unidad de nuestras naciones y fortaleciendo la integración. Es una herramienta importante para una política integrada e integradora.

 

Los Institutos de Unasur también son importantes para una política integrada e integradora, y para consolidar una base simbólica y cultural, porque brindan a la integración elementos necesarios para elaborar políticas públicas comunes en las áreas que trabajan. El Instituto Suramericano de Gobierno en Salud (ISAGS) aporta a Unasur la generación de conocimiento para ir consolidando una mejor calidad de las políticas de salud en nuestros países, de las políticas comunes. Por lo tanto, realiza un aporte fundamental para mejorar la salud de la población de América del Sur.

 

El Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) aporta con análisis, estudios y bases teóricas necesarias para consolidar una política estratégica de defensa desde América del Sur, desde una mirada común de nuestros países. Es una instancia necesaria para América del Sur, pero antes por diferentes intereses era imposible implementar, entonces asumíamos una estrategia común de defensa con los ojos de potencias externas.

 

Sin embargo todavía falta establecer una política integrada e integradora entre los institutos, el CCI, los Consejos y todas las instancias de Unasur, y consolidarla en el mediano plazo.

 

Como se ve hay mucho por hacer todavía para establecer las bases simbólicas necesarias que consoliden una cultura de la integración y el propio proceso integrador, y en ese camino la comunicación juega y jugará un papel fundamental.

 

Desde el Observatorio Latinoamericano de Medios de CIESPAL aportaremos hacia una mirada integrada e integradora de la comunicación, teniendo como objetivo ayudar a fortalecer los procesos integradores.

 

Por Kintto Lucas es Director del Observatorio Latinoamericano de Medios del CIESPAL (Mediaciones, 12 de noviembre de 2013. http://www.ciespal.net/mediaciones/)

 

ALAI AMLATINA, 12/11/2013.-

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Miércoles, 16 Octubre 2013 07:14

"Hacen negocios desinformando a los pueblos"

"Hacen negocios desinformando a los pueblos"

En un acto en la Universidad de La Plata, Evo Morales se refirió a su experiencia como presidente en relación con los medios y dijo que éstos "estuvieron siempre en manos de empresarios antipatria, anti-Latinoamérica".


Parado sobre una tarima en el medio del escenario, Evo Morales recordó sus tiempos de dirigente sindical en el Trópico de Cochabamba, cuando ya se perfilaba su destino de primer presidente de Bolivia de origen indígena: aquellos días en los que en aquella zona cocalera "sólo había una radio, La Voz del Trópico, pagada por los Estados Unidos", en la que "estaba prohibido hablar del sindicalismo del trópico, de la hoja de coca, tocar música sobre nuestra identidad" y a través de la cual, dijo Morales, Norteamérica "quería dividir a todas las organizaciones sociales de la zona, enfrentarnos". Ese objetivo es, según sostuvo el presidente boliviano, el de todos los medios privados: "Los pueblos somos víctimas de los medios de comunicación en manos de empresarios, somos sometidos por ellos a sus mentiras", sentenció ayer al mediodía, en un acto organizado por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata para nombrarlo profesor honorario de su flamante cátedra libre Por Una Comunicación Social para la Emancipación de América Latina.


La anécdota inicial, y sobre todo su final, fue la moraleja inaugural de la cátedra, cuyo programa se abrió con la conferencia magistral de Morales: "Decidimos que teníamos que comprar una radio –definió el presidente–. Aportamos cinco bolivianos por afiliado, conseguimos el dinero, pero no nos dieron el permiso. Comenzamos igual, de manera clandestina, y entonces la radio de los Estados Unidos ya no tuvo ninguna audiencia". Radio Soberanía es hoy una de las tantas que conforman la red de radios comunitarias a lo largo de toda Bolivia y cumple, al igual que el resto, con las funciones que según Morales rigen a todo medio de comunicación: "Educar e informar, pero también decir la verdad y contribuir a la liberación de los pueblos", concluyó.


El evento tuvo como protagonista principal al mandatario boliviano, quien estuvo rodeado por funcionarios nacionales de primera línea. El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el ministro de Educación, Alberto Sileoni; y su par de Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak, compartieron la mesa de oradores con Morales y con la decana de la facultad anfitriona, Florencia Saintout, candidata a concejal platense por el Frente para la Victoria. Desde una tribuna lindera oyeron los discursos el titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella; el embajador argentino en Bolivia, Ariel Basteiro; la Madre de Plaza de Mayo platense Adelina Dematti de Alaye y el juez federal Carlos Rozanski, entre otros. El gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, participó del inicio del homenaje, al igual que su vice, Gabriel Mariotto.


"Es tiempo de hablar de compañeros y compañeras", rompió el hielo Saintout, luego de los himnos de ambos países y de la entrega de decenas de regalos a Morales de parte de agrupaciones políticas, organizaciones sociales de la comunidad boliviana en Argentina y hasta del Concejo Comunal platense, que a modo de reconocimiento le entregaron remeras, fotografías, libros. Además del título de ciudadano ilustre de la capital provincial. "Estoy sorprendido de tanta concentración de gente", diría más tarde el presidente boliviano, al admirar las decenas de compatriotas que, agrupados en diferentes colectivos, se acercaron al parque de la facultad para escucharlo.


Saintout se ocupó de mencionar a Morales como el encargado de inaugurar la cátedra libre abierta en esa casa de altos estudios: "Evo pertenece al grupo de presidentes latinoamericanos que no se parecen a sus pueblos, sino que son sus pueblos y que devolvieron la esperanza a la región", remarcó la decana, antes de mencionar a los ex presidentes de Venezuela y de Brasil Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula Da Silva y a los actuales mandatarios de Ecuador, Rafael Correa; de Brasil, Dilma Rousseff, y de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Por último, llamó a "combatir a la derecha travestida de medios de comunicación racista, clasista y discriminatoria, que tiene horror y temor a presidentes mestizos, trabajadores y mujeres que luchan por los derechos de todos y todas".


Luego de recibir el saludo de Abal Medina, que aseguró que "están cambiando los tiempos en Latinoamérica hacia el protagonismo de los pueblos y sin vuelta atrás", Morales se permitió "compartir experiencias" que, como presidente, le tocó vivir con los medios. Recordó campañas mediáticas que en su país sufrieron los mineros, los cocaleros y el Estado; mencionó la difusión de la defensa de la globalización, de la privatización, del libre mercado, "falsa, llena de resentimiento y seca de solidaridad". "Lo más importante es saber de dónde viene la información o la desinformación", advirtió. "Los medios nos decían que el Estado no podía administrar porque son corruptos e incapaces, y los medios convencen con tanta propaganda a la gente y le dicen que hay que privatizar y soportar la privatización de agua, de luz, de gas (...) Nos pedían que seamos los aliados de los Estados Unidos, y nosotros, los pueblos originarios, no podemos aceptar eso; nosotros nos liberamos del imperialismo, hasta expulsamos al embajador y ahora estamos más sólidos política y democráticamente (...) Por supuesto que habrá cooperación entre los pueblos, pero no sometimiento."


El primer mandatario de Bolivia señaló que en su país "los medios de comunicación estuvieron siempre en manos de empresarios antipatria, anti-Latinoamérica, de empresarios que hacen negocios con la dirigencia política neoliberal desinformando a los pueblos, que son víctimas, somos sometidos por ellos a sus mentiras".


Por último, mencionó que en Bolivia la falta de libertad de expresión que esas empresas mediáticas denuncian existe, pero de parte de los periodistas y sus patrones: "Creo que para profundizar este modelo debemos independizar los medios de comunicación. Ellos se sujetan de la libertad de expresión, pero eso es lo que sobra por parte del Estado; donde no hay libertad de expresión es entre el periodista y el dueño del periódico, radio o canal. No es que todos los periodistas son malos, sino que muchos de ellos están sometidos a los intereses de los empresarios (...) Es importante formar nuevos compañeros y compañeras que, cuando sean profesionales, digan la verdad".

 

 

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