Busca Foro STS mitigar problemáticas globales; se enfocará en la pandemia

El Foro Internacional sobre Ciencia y Tecnología en la Sociedad (STS, por sus siglas en inglés) buscará este año medidas a corto plazo, con intercambio de conocimiento y recursos con la intención de mitigar distintas problemáticas globales, e incluso regionales, enfocándose, como "principal reto", en la pandemia de covid-19.

En entrevista remota con La Jornada, Yu Serizawa, directora general para asuntos internacionales del Foro STS, creado por el gobierno de Japón en 2004, explicó que una de las principales conclusiones de sus encuentros más recientes fue "que la conectividad en este mundo pandémico y con las fronteras cerradas, o casi cerradas, es más que importante para que las discusiones continúen, fluya la información y se cuide a la población que lo necesita".

Acerca del campo de la investigación ciencia médica, resaltó que "aunque se han hecho muchos progresos en muy poco tiempo, es digno de mención que contemos con vacunas e incluso algunos medicamentos. Debemos garantizar que la humanidad tenga acceso a estas curas y métodos de prevención" a fin de mitigar la crisis sanitaria.

La especialista afirmó que "es muy importante el acceso a la educación en ciencia y tecnología a edades tempranas, en concreto para las niñas, porque es una forma de prevenir fenómenos, como la actual pandemia".

Iniciativas contra el cambio climático

Señaló que unos de los principales proyectos del Foro STS desde sus inicios es el relacionado con el cambio climático que tiene que ver con la mitigación, "es decir, la ciencia que hay detrás de las cause este fenómeno", en cuya área destacó las contribuciones del científico mexicano Mario Molina, premio Nobel de Química 1995, en la investigación de la química atmosférica, sobre todo en el descubrimiento de la capa de ozono y de sus agujeros.

Pese a que surgió con una perspectiva global, indicó que "años después de la creación del foro organizamos conferencias, anexas, dedicadas específicamente al cambio climático en América Latina y el Caribe, porque mientras esperamos los efectos de la mitigación a largo plazo, puede haber más sufrimiento y pueden desaparecer muchas vidas".

Detalló que se tiene en cuenta porque se trata de una región con una población muy grande con necesidades muy específicas, en educación, ciencia y tecnología, entre otros campos. "Nuestro objetivo específico no es América Latina, pero sí queremos mejorar nuestra relación con la región sin importar las distancias".

Desde el primer foro, algunos países en vías de desarrollo dieron ayuda oficial o asistencia en la compra de camas de hospital y la limpieza del agua, pero también los miembros del STS consiguieron aprobar recursos oficiales no orientados "a la asistencia del hardware, a lo tangible," como el envío de científicos para hacer investigaciones en terrenos locales reales.

Serizawa recordó que desde 2008 hay una estrecha relación entre el Foro STS y las autoridades mexicanas. "Uno de los objetivos del Foro STS ha sido aumentar el número de participantes de América Latina y el Caribe, y México se convirtió en la mejor puerta de entrada para la región", comentó.

Como resultado, en diciembre del año pasado se realizó la Primera Conferencia de Alto Nivel del Foro STS América Latina y Caribe con un formato híbrido por la pandemia: sesiones presenciales y remotas entre la Secretaria de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, y la embajada mexicana, en Tokio.

Nuevos implantes cerebrales podrían dar poderes telepáticos

La Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural también advierte que esta tecnología podría dar a los gobiernos y las empresas el poder de leer el pensamiento y por lo tanto debe ser regulada.

A raíz de los nuevos avances tecnológicos que ahora incurren en el desarrollo de sofisticadas interfaces neuronales que conectan el cerebro humano con una computadora, la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural discute el potencial de estas tecnologías para la sociedad y pone sobre la mesa las preocupaciones éticas sobre el manejo de estas innovaciones.

En un nuevo informe titulado 'iHuman: Blurred lines between mind and machine' (iHuman: líneas borrosas entre la mente y la máquina), la asociación científica británica describe las interfaces neuronales como dispositivos implantados en el cuerpo o usados externamente, que pueden registrar o estimular la actividad en el cerebro y en el sistema nervioso.

Como señalan, actualmente existen diversas aplicaciones de esta tecnología en dispositivos que ayudan a tratar los temblores de la enfermedad de Parkinson, estimuladores para la recuperación de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular e implantes cocleares que transmiten sonidos a personas con pérdida auditiva, entre otros. Además, en un futuro no tan lejano se podrían aplicar para la comunicación directa de cerebro a cerebro, es decir, el intercambio de pensamientos, y para el tratamiento de enfermedades más complejas como el alzhéimer.

A pesar de los beneficios de estos avances que son y serán múltiples, con este informe los especialistas establecen recomendaciones para garantizar que se extiendan marcos éticos para la aplicación y desarrollo de estos dispositivos y plantean cuestiones sobre cómo estas interfaces desafían la esencia de un ser humano. Además, resaltan que, aparte de los peligros de la comercialización de estos productos, también podría caber la posibilidad de que las grandes compañías tecnológicas tuvieran acceso a los pensamientos e ideas de las personas.

Asimismo, las empresas podrían pedir a sus empleados que usen estas interfaces para revelar sus sentimientos. Si se pudiera acceder a los pensamientos, entonces podrían ser utilizados por corporaciones en sus esfuerzos por comercializar bienes y servicios o por políticos o activistas que buscan reclutas para sus causas, subraya el informe.

Interfaces cerebrales en marcha

En julio pasado, Elon Musk anunció que la compañía Neuralink desarrolla 'hilos' flexibles para ser implantados en el cerebro humano que permiten la transferencia de grandes cantidades de datos para permitir que las personas con síndrome o parálisis controlen una computadora o un teléfono.

Del mismo modo, Facebook financia un proyecto para crear un sistema capaz de traducir señales cerebrales a textos, que permitiría ayudar a pacientes que hayan perdido parcial o totalmente su capacidad de hablar debido a parálisis faciales a raíz de derrames cerebrales, lesiones de la médula espinal o enfermedades neurodegenerativas.

Publicado: 12 sep 2019 10:41 GMT

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, en una conferencia en Perú el 19 de noviembre de 2016.

 

El fundador de la compañía desgrana su visión del mundo en un largo mensaje en su muro de la red social

 

Mientras la mayoría de los usuarios de Facebook se limita a pegar un enlace, publicar una foto o compartir un vídeo. Mark Zuckerberg, el fundador de la red social, ha utilizado el muro para mostrar su visión del mundo a través de un mensaje público de más de 5.800 palabras. A pesar de lo frívolo del formato, nadie mejor que él sabe el potencial de viralidad y difusión que tiene un mensaje en un pueblo virtual con 1.800 millones de vecinos. El multimillonario defiende así la globalización frente a un mundo que quiere poner barreras. "Mucha gente se ha visto abandonada por la globalización", ha resaltado el multimillonario en el mensaje.

“Cuando comencé Facebook, la misión de conectar a la gente no era algo polémico. Se asumía que el mundo estaba cada vez más unido. Pero en los dos últimos años [esta teoría] cada vez se ha cuestionado más”, arranca su reflexión Zuckerberg en la que pretende explicar cómo promover la paz, acelerar el avance de la ciencia y reducir la pobreza. Reconoce que no es fácil, pero tampoco pone un plazo concreto: "Quizá no podamos hacer el mundo que queremos ahora mismo, pero podemos comenzar a trabajar a largo plazo. En estos tiempos lo más importante que puede hacer Facebook es poner su infraestructura al servicio de la gente para construir una comunidad global".

El responsable de Facebook se centra en cinco aspectos: el apoyo mutuo, la seguridad, los lazos para compartir información, el civismo y la inclusión. Es la primera vez desde la salida a bolsa en 2012 que Facebook deja caer un cambio en su misión inicial. Zuckerberg reconoce que la motivación para escribir el mensaje le llegó tras las elecciones del pasado noviembre haciendo hincapié en que es más lo que une a la gente que lo que separa.

Una de las palabras que más repite el fundador de la red social es “inclusión”. Un concepto que engloba dentro de una idea más amplia, la “infraestructura social”, una manera de referirse a los intereses comunes expresados en la Red. Lo compara con grupos de afinidad del mundo real por ejemplo iglesias, sindicatos y Gobiernos. “Deberíamos fomentar las conexiones entre personas que van más allá de los países para derribar fronteras nacionales e internacionales”, reitera en una clara referencia, aunque sin citarla, a la nueva Administración de Donald Trump. De hecho, en el mensaje no se nombra a ningún gobernante con una sola excepción, el primer ministro de India, Narendra Modi, alguien a quien reconoce como amigo y admira abiertamente. El dirigente visitó Facebook en 2015 y desde entonces mantiene relación con sus compatriotas empleados en la empresa y pide a sus ministros que sigan su estela. Durante la celebración del 13º aniversario de la multimillonaria compañía, Zuckerberg se centró en el poder de las comunidades, a las que se refirió como “grupos con mucho sentido”.

 

Contra el terrorismo y las noticias falsas

 

El Safety Check es una herramienta pensada para alertar o tranquilizar a los allegados en caso de emergencia. Se creó con la idea de ayudar después de desastres naturales o atentados, pero también sirvió para recaudar más de 15 millones de dólares tras el terremoto de Nepal en 2015. El seguimiento de patrones de comportamiento les ha llevado a poder predecir si alguien está contemplando el suicidio. Ahora quiere potenciar este factor social añadiendo una capa más profunda de inteligencia artificial, de modo que puedan reconocer qué publicaciones buscan reclutar terroristas.

Tampoco pasa por alto el problema de las noticias falsas. Insiste en los esfuerzos para verificar el contenido, pero advierte de que la directriz para su equipo no será vetar ninguna información, sino añadir más puntos de vista y fomentar el debate entre personas: “Algunas investigaciones sugieren que la mejor solución para mejorar las discusiones es que nos conozcamos mejor entre nosotros, como personas, y no solo las opiniones". También reconoce su preocupación por el sensacionalismo y la polarización de los medios.

Cuando decidió que su reto para 2017 era conocer todos los estados de su país, muchos consideraron que era la antesala para una posible candidatura electoral. Zuckerberg lo negó. Con este mensaje deja muy claro que su ambición de influencia, en el mundo sin fronteras que imagina, es global.

A pesar de su relevancia, se despide como si realmente se dirigiese a un amigo, con un sencillo “Mark”.

 

 

Domingo, 03 Abril 2016 19:46

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Internet

No siempre fue así. Hubo una época en la que Internet perseguía otras lógicas, en la que no tenía dueños. Y ahora que la concentración de empresas pone en jaque su filosofía original, queda en evidencia que en cada decisión de apariencia tecnológica se esconde, como siempre, la política.

 

De romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.

 

“Mi primera conexión fue en 1994, y fue también la de toda mi familia (...). Un viernes a la tarde, cuando ya habíamos vuelto de la escuela y el trabajo, nos reunimos frente al monitor y mi novio adolescente, experto en redes, hizo una conexión desde el gabinete de la computadora hasta el teléfono. Escuchamos el ruido de la conexión durante 15 segundos mientras en la pantalla se dibujaba una línea roja que conectaba un receptor con un router”, reconstruye la periodista y politóloga argentina Natalia Zuazo en el prefacio de su libro Guerras de Internet, que presentó el martes en el Centro Cultural de España junto a dos estudiosos uruguayos, Fabrizio Scrollini, abogado y presidente de Data, y Mariana Fossatti, socióloga e integrante de Creative Commons.

 

En los primeros tiempos “dábamos por sentado que podíamos usar esa red sin decir quiénes éramos, intercambiar con personas que no conocíamos en la vida real y conectarnos con la experiencia lejana a nosotros”, muy diferente a “la experiencia Facebook de interactuar con los amigos o los compañeros del pasado. No nos daba miedo, nadie nos decía que teníamos que sentir miedo. Podíamos encontrar lo que quisiéramos y descubrir nuevos gustos sin que nadie tuviera que poner una barrera protectora, sin el Gran Hermano que nos sugiriera lo que nos gustaba y escondiera lo que consideraba inconveniente”, comparó Fossatti. Él pertenece a una generación que durante su infancia esperó meses, a veces años, para que el teléfono fijo llegara al hogar, pero luego pasó a ser de “los veteranos de la red. Los que entraron un poco después (que en los noventa no habían nacido, eran muy chicos o, por ser más veteranos, nunca se animaron hasta que aparecieron los celulares y las tablets, Facebook y Twitter) asumieron una cultura completamente distinta” a la que se gestó en los comienzos.

 

Scrollini se paró desde su experiencia pero también fue un poco más atrás. En aquella época, dice, “éramos jóvenes y nos conectábamos a un módem 14,400 con una PC 486. Se hacía un ruidito y a una velocidad de tortuga se veía el buscador. Pero antes que nosotros también hubo otra gente”, acotó, para dar pie a un pasaje de Guerras de Internet: en 1874 se inauguraron “las comunicaciones internacionales de la Argentina con Europa a través de un cable de telégrafo transatlántico”, y el entonces presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, “el mayor impulsor del invento, decía que, a partir de ese día, los pueblos alejados comenzaban a convertirse en ‘una familia sola, un barrio’. Sus palabras eran, 115 años antes de la aparición de Internet, una premonición de la idea de la red, de ‘la gran aldea’ de seres humanos comunicados sin importar su ubicación en el mapa”. Esos caminos surcados por el telégrafo explican el recorrido actual: los mismos cables que se instalaron en el fondo del océano y que forman parte de la infraestructura de la red “siguieron la ruta marcada por esos cables iniciales” del telégrafo, lo que ejemplifica cómo “las decisiones que tomamos en algún momento de nuestra historia nos llevaron adonde estamos hoy. Son decisiones de las que después es difícil salir, tan difícil que los principales proveedores de Internet siguen siendo las telefónicas”.

 

DE AHORA Y DE ANTES.

 

“Cómo nos conectamos a Internet, cuánto la pagamos, a qué velocidad navegamos y cómo funciona depende, en gran parte, de las decisiones de una serie de empresas”, sentencia en su libro Zuazo. Son las telcos o empresas de telecomunicaciones, “que se pueden contar con los dedos de la mano” y “resuelven los caminos de Internet de 2.400 millones de usuarios en casi 200 países”. Dentro de ellas “hay afinidades: sureños, protestantes, ingenieros que combinaron lo técnico con las finanzas, y tan cercanos al Partido Republicano como a la corporación militar de Estados Unidos. (...) Son una generación de ingenieros que ya sabían de redes de comunicaciones antes de Internet, que conocían la tradición tecnológica de conectar el mundo a través de cables. También fueron tejiendo vínculos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que, junto con la Universidad de California, desarrolló Arpanet, la primera red experimental de computadoras que daría origen a Internet, en 1969”.

 

Mientras, los otros dueños de Internet, los que lideran las empresas de provisión de contenidos, como Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, “nacieron cuando ya existía Internet en el mundo, se sumaron a un invento en el que ya venían trabajando otros humanos-ingenieros-empresarios-militares. Los dueños del esqueleto, de los caños y la infraestructura venían ‘desde afuera’ de la red, de otras industrias. Los creadores de las empresas de contenidos ya crearon sus innovaciones desde dentro de ella”, se lee en Guerras de Internet.

 

En Uruguay, el esquema es apenas, aunque significativamente, distinto. El “proveedor de tránsito”, Antel, es una empresa estatal, por lo que “Uruguay tiene la posibilidad de regular y de elegir, por lo menos cada cinco años, que cambie o permanezca el proyecto político que la conduce. Pero por otro lado, uno ve que con esas condiciones súper favorables, los mismos cinco sitios que tienen más tráfico acá se repiten en otros países con circunstancias diferentes”, o sea que “en la capa de contenidos y servicios no hemos logrado ser alternativos. Ahora que lo que se viene es la uberización de la economía, la utilización de Internet para intercambios económicos y provisión de servicios físicos que alteran el funcionamiento de otros sectores, ¿podremos ser activos en políticas que apunten a la economía colaborativa y no exclusivamente a la corporativa y ultracapitalista? ¿Podremos incidir de otra manera?”, se preguntó Fossatti.

 

Los dos especialistas uruguayos pusieron un ejemplo claro: el acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, que el año pasado generó polémica, momento en el que se optó por “el camino que va en una sola dirección, hacia un solo proveedor, hacia el monopolio, todo lo contrario a la filosofía de muchos docentes que están pensando a la tecnología en el aula y que intentan que los chiquilines se apropien y tengan más curiosidad”, consideró Fossatti. Luego de la oposición que generó el acuerdo, “todo terminó en una megarreunión que reveló que no había una política pública detrás, que en el fondo nadie se lo había puesto a pensar. Seamos conscientes de las decisiones colectivas que tomamos. En este punto periférico del mundo, este país tiene una oportunidad de tomar conscientemente esas decisiones”, propuso Scrollini.

 

Para Zuazo, hay que abandonar la idea de que sólo hay una opción cuando vamos a adquirir una tecnología. “Exploremos qué implica desde el punto de vista del uso pero también de los caminos a los que conduce: si sólo nos dirige a un lugar o permite conectarse con otros de una forma más colectiva y generar un conocimiento propio. Parece que estamos hablando de romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.