Catástrofe climática, colapso, democracia y socialismo: Debate Noam Chomsky, Miguel Fuentes, Guy McPherson*

(Parte I)

 

Resumen


Se presenta a continuación la primera parte de la entrevista-debate “Catástrofe climática, Colapso, Democracia y Socialismo” entre el lingüista y cientista social Noam Chomsky, uno de los intelectuales más importantes del último siglo a nivel mundial, el investigador social chileno y referente de la corriente marxista-colapsista Miguel Fuentes y el científico estadounidense Guy McPherson, especialista en temáticas de crisis ecológica y cambio climático. Uno de los elementos más destacables de este debate es la exposición de tres perspectivas que, aunque complementarias en muchos aspectos y enmarcadas en el campo de las posiciones progresistas y de izquierda, ofrecen tres aproximaciones teóricas y político-programáticas diferenciadas ante un mismo problema: la inminencia de un horizonte de cambio climático súper catastrófico y la posibilidad de un colapso civilizatorio cercano. Otro elemento destacable de este debate son la serie de desafíos y retos interpretativos a los cuales se ven expuestas las posiciones de Chomsky, adquiriendo desde aquí esta discusión el carácter de una verdadera “contienda ideológica” entre determinadas perspectivas de mundo que, aunque como decimos comunes en muchos aspectos, se presentarían como finalmente contrapuestas. En cierto sentido, este debate pareciera retrotraernos, en el terreno de la reflexión en torno a la catástrofe ecológica y el avance del actual proceso de extinción masiva planetaria, a los viejos debates de la izquierda del siglo XX alrededor de la disyuntiva entre reforma o revolución, algo sin duda necesario en el ámbito de las discusiones contemporáneas de ecología política.

 


1. En una discusión reciente entre posiciones ecosocialistas y enfoques colapsistas entre Michael Lowy (Francia), Miguel Fuentes (Chile) y Antonio Turiel (España), Lowy negó constantemente la posibilidad de un colapso capitalista autoinducido y criticó la idea de la imposibilidad de detener el cambio climático antes de que aquel alcance el nivel catastrófico de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global. ¿Crees que el proceso histórico se encamina a un derrumbe global comparable, por ejemplo, a algunos procesos previos de colapso civilizatorio en la historia o quizás a algo aún peor? ¿Puede ser hoy una dinámica catastrófica de cambio climático inevitable? ¿Es concebible un fenómeno de extinción humana cercana como resultado de la imbricación de las actuales crisis climática, energética, económica, social y política propia de la actual sociedad industrial y el camino suicida de la destrucción capitalista?1 (Marxismo y Colapso)

 

-Noam Chomsky:
La situación es alarmante, pero creo que Michael Lowy tiene razón. Existen medios viables para alcanzar los objetivos del IPCC y evitar una catástrofe planetaria, y también para avanzar hacia un mundo mejor. Hay estudios meticulosos que muestran de manera convincente que estos objetivos se pueden alcanzar a un costo del 2-3% del PIB mundial, una suma sustancial, pero al alcance, solamente una pequeña fracción de lo que se gastó durante la Segunda Guerra Mundial. Reconozcamos aquí además que, a pesar de lo serio de lo que estaba en juego en esa lucha global, lo que enfrentamos hoy sería incluso más significativo por su propia magnitud: está en juego nada menos que la cuestión de si el experimento humano sobrevivirá en alguna forma reconocible.

El trabajo más extenso y detallado que conozco sobre cómo alcanzar estos objetivos es el del economista Robert Pollin. Aquel presenta una reseña general sobre este tema en nuestro libro conjunto “Climate Crisis and the Global Green New Deal”. Actualmente, sus ideas se están implementando en varios lugares, incluidos algunos de los más difíciles, donde la economía se basa todavía en gran medida en el carbón. Otros eco-economistas, utilizando modelos algo diferentes, han llegado a conclusiones similares. Recientemente, IRENA, la Agencia Internacional de Energías Renovables dependiente de la ONU, arribó a la misma estimación sobre las inversiones necesarias en energías limpias para alcanzar las metas del IPCC con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico.

No existe mucho tiempo para implementar estas propuestas. La verdadera cuestión no es tanto sobre la viabilidad de las mismas como de la voluntad para llevarlas a cabo. Hay pocas dudas de que será una lucha importante. Poderosos intereses atrincherados trabajarán sin descanso para preservar sus ganancias a corto plazo al costo de un desastre incalculable. El trabajo científico actual conjetura que si no se alcanza el objetivo de cero emisiones netas de carbono para el 2050, se pondrán en marcha procesos irreversibles que probablemente conducirán a un fenómeno de “Tierra de invernadero”, alcanzándose entonces temperaturas globales impensables de 4 a 5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, poniendo con ello fin a cualquier forma de sociedad humana organizada.

 

 

-Miguel Fuentes:
Noam Chomsky destaca en su respuesta anterior la posibilidad de un escenario durante este siglo en el cual se alcance un calentamiento global de entre 4 a 5 grados centígrados sobre los niveles pre-industriales, lo cual según aquel podría significar, literalmente, el fin de toda forma de sociedad humana organizada. Chomsky se suma aquí a lo que están diciendo muchos otros investigadores y científicos alrededor del mundo. Un reporte del Breakthrough National Centre for Climate Restoration en años recientes señala incluso la fecha del 2050 como la más probable para el comienzo de un colapso civilizatorio generalizado, esto como efecto de un agudo empeoramiento de la actual situación climática planetaria2. La idea central sería que, debido a la posible transformación hacia mediados de este siglo de una gran parte de nuestro planeta en inhabitable, se llegaría entonces a un punto de no retorno en el cual la fractura y el derrumbe de los Estados nacionales y el orden mundial serían inevitables. Ahora bien, reglón seguido, Chomsky no tiene problemas en afirmar que los objetivos a cumplir para evitar esta catástrofe y sentar las bases para una transición a las “energías limpias” y una sociedad más justa serían todavía perfectamente alcanzables. Específicamente, Chomsky dice que lo anterior solamente requeriría de una inversión de alrededor un 2-3% del PIB mundial, esto último en el marco de un plan de “reformas ambientales” contenidas en el llamado “Green New Deal” del cual aquel es uno de sus principales defensores.

Detengámonos un momento en lo anterior. Por un lado, Chomsky acepta la posibilidad de un colapso civilizatorio planetario en el transcurso de este siglo. Por otro lado, aquel reduce la solución de esta amenaza a nada más que la aplicación de un “impuesto verde”. Literalmente, el mayor desafío histórico, económico, social, cultural e incluso geológico al cual se ha enfrentado la especie humana y la civilización desde sus orígenes reducido, a grandes rasgos, a un problema de “recaudación financiera internacional” consistente en destinar aproximadamente un 3% del PIB mundial al impulso de las “energías limpias”. Pensemos en esto otra vez. Un peligro que, tal como Chomsky plantea, sería incluso superior al que representó la Segunda Guerra Mundial y que podría llegar a transformar a la Tierra en una especie de roca inhabitable, debería resolverse gracias o bien a una mera “recaudación internacional” de impuestos, o bien a un limitado plan de eco-reformas (denominado como “Green New Deal”) del modelo económico capitalista, esto en el contexto de una situación sociopolítica e histórica desprovista en gran medida de los grados de movilización internacional de recursos materiales y humanos, disciplina productiva y penurias sociales que se asociaron a dicho conflicto bélico.

¿Pero cómo es posible que Chomsky, uno de los principales intelectuales del siglo XX, sea capaz de dar este salto entre aceptar la posibilidad del “fin de toda sociedad humana organizada” durante este siglo y reducir la solución de dicha amenaza a lo que a todas luces no parecería ser más que una somera reestructuración (bastante tímida) de las finanzas capitalistas internacionales? ¡Quién sabe! Lo cierto, con todo, es que la respuesta de Chomsky ante la amenaza climática se encuentra muy por detrás no sólo de aquellas propugnadas por el campo del ecosocialismo e incluso del marxismo tradicional para lidiar con esta última, basadas en plantear la ligazón entre el problema de las causas que originaron la crisis ecológica y la necesidad de una política que se plantee la destrucción de la sociedad burguesa y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción como un paso necesario en el enfrentamiento de la misma. Además, el tratamiento de Chomsky a la cuestión ecológica parece ser inferior al que caracteriza a todas aquellas tendencias teóricas que, tales como la teoría del decrecimiento o una serie de corrientes colapsistas, abogarían hoy por la imposición de drásticos planes de decrecimiento económico y de una disminución sustantiva de la actividad industrial y los niveles de consumo globales. Esto último en el marco de un proceso de “transición ecosocial” que no se reduciría a un mero cambio en la matriz energética y el impulso de las energías renovables, sino que implicaría, por el contrario, el tránsito entre un tipo de civilización (moderno-industrial) a otra de nuevo tipo, más capacitada para adaptarse a los nuevos escenarios planetarios que la crisis ecológica, el derrumbe energético y la escasez de recursos global traerán consigo.

Pero reducir el peligro de la catástrofe climática a la necesidad de un mero “impuesto verde” a la voraz economía de mercado capitalista no sería el único de los errores presentes en la respuesta de Chomsky. En realidad, son los propios “pilares argumentativos” que aquel utiliza para defender la posibilidad de una “transición energética” exitosa desde los combustibles fósiles a las llamadas “energías limpias” los cuales se encontraría erigidos, a mi juicio, sobre barro. Primero, porque es falso decir que las llamadas “energías limpias” sean, efectivamente, “limpias”, esto si tenemos en cuenta que la implementación de los sistemas energéticos basados en aquellas; por ejemplo, en los casos de la energía solar o eólica, dependen para su construcción de cantidades ingentes no sólo de materias primas asociadas a procesos extractivos altamente contaminantes (pensemos en las grandes cantidades de acero requeridas para la construcción de turbinas eólicas), sino que, además, del uso de extensos volúmenes de carbón, gas natural o incluso petróleo (recordemos aquí, entre otras cosas, las cuantiosas cantidades de carbón necesarias para la construcción de un solo panel solar). Un ejemplo contundente de lo anterior puede verse en la dependencia de un importante porcentaje de las plantas de hidrógeno (piénsese en las de tipo “gris” o “azul”) de vastas cantidades de gas natural para su funcionamiento. Todo esto sin quedar nunca claro que la reducción en el uso de combustibles fósiles que debería dar como resultado la implementación de estas tecnologías “limpias” sea capaz de compensar, efectivamente, un posible aumento exponencial de la “huella ecológica” de estas últimas en el marco de una supuesta transición energética exitosa3.

Segundo, porque es también falso asumir que una matriz energética basada en energías renovables podría llegar a satisfacer en el corto o mediano plazo el aporte energético que realizan hoy los combustibles fósiles a la economía mundial, esto por lo menos si lo que se busca es una replicación de los actuales patrones (ecológicamente inviables) de crecimiento económico. Algunos ejemplos de lo anterior serían tanto la virtual incapacidad que tendrían las plantas energéticas del llamado “hidrogeno verde” para convertirse en sistemas rentables en el mediano y largo plazo, así como también los enormes desafíos que tendrían algunas fuentes energéticas tales como la solar o eólica (altamente inestables) para satisfacer niveles de demanda energética sostenidos en el tiempo. Todo esto sin siquiera considerarse, de hecho, los importantes costos de mantención de estos sistemas, asociados igualmente al uso de materias primas altamente contaminantes y a una serie de insumos cuya fabricación dependería también del uso de energías fósiles4.

Pero los problemas argumentativos en la respuesta Chomsky no se reducen tampoco a los anteriores. En realidad, el principal de todos se refiere a que el peligro de la crisis climática y la posibilidad de un consecuente colapso planetario no podría circunscribirse ya a un problema ni meramente financiero (solucionable por una hipotética asignación de un 3% del PIB mundial) ni estrictamente técnico-ingenieril (solucionable por el avance de una transición energética exitosa). Esto último porque la magnitud de este problema habría rebasado ya hace mucho tiempo, de hecho, la “esfera de competencia” de los sistemas económicos y tecnológicos para desplazarse al ámbito de las relaciones geológicas y biofísicas del planeta en su conjunto, poniendo desde aquí en entredicho las propias capacidades tecnocientíficas (y económico-financieras) de la civilización contemporánea. En otras palabras, el problema que representarían los actuales niveles de dióxido de carbono en la atmósfera (cercanos ya a los 420 ppm), no vistos en millones de años en la Tierra, o bien los relacionados a los avances sin precedentes de la acidificación marina, del deshielo del Ártico o de las tasas de derretimiento del permafrost, constituirían hoy desafíos cuya solución escaparía en gran medida a cualquiera de nuestros desarrollos técnico-científicos y capacidades tecnológicas. En otras oportunidades he definido esta situación como la del desarrollo de una “insuficiencia tecnológica terminal” creciente de nuestra civilización para enfrentar los desafíos de la presente crisis planetaria5.

En el caso de las actuales concentraciones de CO2 atmosférico, por ejemplo, no existen ni existirán dentro de mucho tiempo (posiblemente muchas décadas o siglos), al menos no antes de que dichas concentraciones sigan disparándose hacia niveles que podrían prontamente garantizar que una gran parte de nuestro planeta se vuelva completamente inhabitable en el corto y mediano plazo, ningún tipo de tecnología capaz de lograr una disminución sustantiva de las mismas. En el caso de las llamadas “plantas de absorción” de CO2, por ejemplo, aquellas no han sido capaces todavía de remover ni siquiera una pequeña fracción (insignificante) de las más de 40 mil millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas cada año por la sociedad industrial6. Algo similar ocurriría en el caso de otros problemas ecológicos tales como el ya referido aumento de los niveles de la acidificación marina, el incremento de los niveles oceánicos o incluso la proliferación cada vez inmanejable de chatarra espacial y el consecuente peligro que aquella representa para la mantención (inmediata) de los sistemas de telecomunicación contemporáneos; es decir, otra vez, problemas cada vez más amenazantes antes los cuales la humanidad no cuenta con ninguna tecnología realmente efectiva para hacerles frente, al menos no en el transcurso de las pocas décadas que nos quedarían antes de que dichos problemas alcancen proporciones que pongan en duda, prontamente, nuestra propia sobrevivencia como especie.

 

 

¡Problemas insolucionables, tan insolucionables como aquellos a los que se enfrentaría cualquiera que buscase “restaurar” a su estado original una olla de arcilla o una botella de vidrio luego de que esta haya sido rota en mil pedazos al estrellarse, con toda la fuerza que podamos propinarle, en contra de un muro de concreto! ¿Restaurar una copa del más fino cristal luego de ser molida en pedazos? ¡Ni siquiera con la inversión de diez, cien, mil PIB mundiales sería posible! ¡Esto es justamente lo que hemos hecho con el mundo, el más bello de los cristales planetarios de nuestro sistema solar, volado en mil pedazos por el industrialismo ecocida! ¿Restaurar? ¿Solucionar? ¡Las pelotas! ¡Ya lo hemos destruido todo! ¡Ya lo hemos acabado todo! Y ninguna “inversión financiera” o “solución tecnológica” podrá evitar lo que se aproxima: ¡la muerte! ¡A morir entonces! ¡A morir… y a lucha por preservar lo que pueda ser preservado! ¡A morir y a esperar lo peor, para conquistar el socialismo como sea posible, en el planeta que tengamos y arrebatándole el futuro de las manos al mismo demonio si así fuese necesario! ¡Esa es la tarea de la revolución socialista durante el siglo XXI! ¡Esa es la tarea de los revolucionarios marxistas durante la nueva época de tinieblas que se aproxima! ¡Esa es la tarea del Marxismo Colapsista!

 

-Guy McPherson:
No hay escapatoria del evento de extinción masiva en curso. Solamente la arrogancia humana podría sugerir algo distinto. Nuestra situación es definitivamente terminal. No puedo imaginar que habrá un hábitat para el Homo sapiens más allá de unos años en el futuro. Poco después de que perdamos nuestro hábitat, todos los individuos de nuestra especie morirán. El calentamiento global ya pasó los dos grados centígrados por encima de la línea de base de 1750, esto tal como ha señalado el renombrado profesor Andrew Glikson en su libro de octubre del año 2020 “The Event Horizon”. Aquel escribió en la página 31 de dicho libro: “Durante el Antropoceno, el forzamiento de gases de efecto invernadero aumentó en más de 2.0 W/m2, equivalente a más de > 2 ° C por encima de las temperaturas preindustriales, lo cual constituye un evento (de cambio climático) abrupto llevado a cabo durante un periodo no mucho mayor que el de una generación”.

Entonces sí. Definitivamente hemos pasado el punto de no retorno en la crisis climática. Incluso el increíblemente conservador Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) admitió ya la irreversibilidad del cambio climático en su Informe especial del 24 de septiembre del 2019 sobre el océano y la criósfera en un clima cambiante. Una mirada rápida alrededor del planeta revelará asimismo eventos sin precedentes tales como incendios forestales, inundaciones y megasequías. La pandemia en curso es solamente uno de los muchos eventos que están comenzando a abrumar a los sistemas humanos y nuestra capacidad para responder de manera positiva.

Todas las especies se extinguen, incluidas más de media docena de especies del género Homo que ya han desaparecido. Según el artículo científico de Quintero y Wiens publicado en “Ecology Letters” el 26 de junio de 2013, la tasa proyectada de cambio ambiental es 10.000 veces más rápida a lo que los vertebrados pueden adaptarse. Los mamíferos tampoco pueden mantenerse con estos niveles de cambio, esto tal como señala el artículo de Davis y sus colegas publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences” el 30 de octubre del 2018. El hecho de que nuestra especie sea un mamífero vertebrado sugiere que nos uniremos a más del 99% de las especies que han existido en la Tierra y que ya se han extinguido. La única cuestión en duda es cuando. De hecho, la extinción humana podría haberse desencadenado hace varios años cuando la temperatura media global de la Tierra excedió los 1.5 grados centígrados por encima de la línea de base de 1750. Según una descripción general completa de esta situación publicada por el Sistema Europeo de Análisis de Estrategias y Políticas en abril del 2019, un “aumento de 1.5 grados es el máximo que el planeta puede tolerar; (...) en el peor de los casos, [tal aumento de la temperatura por encima de la línea de base de 1750 provocará] la extinción de la humanidad por completo”.

Todas las especies necesitan un hábitat para sobrevivir. Como informaron Hall y sus colegas en la edición de primavera del año 1997 del Boletín de la Sociedad de la Vida Silvestre: “Por lo tanto, definimos hábitat “como los recursos y las condiciones presentes en un área que producen la ocupación, incluida la supervivencia y la reproducción, de un organismo determinado. El hábitat es específico de cada organismo; se relaciona la presencia de una especie, población o individuo (...) con las características físicas y biológicas de un área. El hábitat implica más que vegetación o la estructura de dicha vegetación; es la suma de los recursos específicos que necesitan los organismos. Cada vez que un organismo es provisto de recursos que le permiten sobrevivir, ese es su hábitat”.

Incluso los tardígrados no son inmunes a la extinción. Más bien, son sensibles a las altas temperaturas, esto tal como se informa en la edición del 9 de enero del año 2020 de “Scientific Reports”. Strona y Bradshaw señalan allí que toda la vida en la Tierra está amenazada de extinción con un aumento de 5-6 grados centígrados en la temperatura promedio global. Estos biólogos plantean la cuestión de las co-extinciones como un factor determinante de la pérdida de toda la vida en la Tierra: “En una visión simplificada, la idea de la co-extinción se reduce a la conclusión obvia de que un consumidor no puede sobrevivir sin sus recursos”.

Desde la increíblemente conservadora entrada de Wikipedia titulada “Cambio climático” proviene esta información de apoyo: “El cambio climático incluye tanto el calentamiento global inducido por el hombre como sus impactos a gran escala en los patrones climáticos. Ha habido períodos anteriores de cambio climático, pero los cambios actuales son más rápidos que los de cualquier evento conocido en la historia de la Tierra”. La entrada de Wikipedia cita además el informe del 8 de agosto del 2019 “Cambio climático y Suelos”, publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). El IPCC se encuentra entre los organismos científicos más conservadores en la historia. Aún así, aquel concluyó en 2019 que la Tierra estaba en medio del cambio ambiental más rápido de los vistos en la historia planetaria, esto último citando literatura científica en donde se llega a la siguiente conclusión: “Estas tasas de cambios a nivel global impulsadas por la acción humana superan con creces las tasas de cambio impulsadas por las fuerzas geofísicas o de la biósfera que han alterado la trayectoria del Sistema Tierra en el pasado (Summerhayes 2015; Foster et al. 2017); he incluso eventos geofísicos abruptos tampoco se acercan a las tasas actuales de cambio impulsado por el ser humano”.

La entrada de Wikipedia también señala las consecuencias del tipo de cambio climático abrupto actualmente en curso, incluída la expansión del desierto, las olas de calor y los incendios forestales que se vuelven cada vez más comunes, el derretimiento del permafrost, el retroceso de los glaciares, la pérdida de hielo marino, el aumento de la intensidad de las tormentas y otros eventos ambientales extremos, esto junto con la extinción generalizada de especies. Otra cuestión relevante por mencionar es el hecho de que la Organización Mundial de la Salud ha definido ya al cambio climático como la mayor amenaza para la salud mundial en el siglo XXI. La entrada de Wikipedia continúa: “Bajo el Acuerdo de París de 2015, las naciones acordaron colectivamente mantener el calentamiento 'muy por debajo de los 2.0 grados C (3.6 grados F) a través de esfuerzos de mitigación’”. Pero el profesor Andrew Glikson ya señaló como dijimos en su mencionado libro “The Event Horizon” que la marca de los 2 grados centígrados está ya detrás de nosotros. Además, el IPCC también admitió como ya indicamos la irreversibilidad del cambio climático en su Informe especial sobre el océano y la criósfera. Por lo tanto, el 2019 fue un año excepcional para el IPCC, ya que concluyó que el cambio climático es abrupto e irreversible.

¿Qué tan conservador es el IPCC? Incluso la conservadora y reconocida revista BioScience incluye un artículo en su edición de marzo del 2019 titulado “El lenguaje estadístico respalda el conservadurismo en las evaluaciones del cambio climático”. El documento de Herrando-Pérez y colegas incluye esta información: “Descubrimos que el tono del lenguaje probabilístico del IPCC es notablemente conservador (...) emanando este tono de las propias recomendaciones del IPCC, la complejidad de la investigación climática y de la exposición a debates motivados políticamente. Aprovechar la comunicación de la incertidumbre con un consenso científico abrumador sobre el cambio climático antropogénico debería ser uno de los elementos de una reforma más amplia, mediante la cual la creación de un grupo de trabajo de divulgación del IPCC podría mejorar la transmisión de la ciencia climática a las audiencias del panel”. Contrariamente a la conclusión de Herrando-Pérez y sus colegas, no puedo imaginar que el IPCC esté realmente interesado en transmitir ciencia climática precisa a sus audiencias. Después de todo, como señaló el profesor Michael Oppenheimer en el año 2007, el gobierno de Estados Unidos durante la administración Reagan “vio la creación del IPCC como una forma de evitar que el activismo estimulado por mis colegas y por mí controle la agenda política”.


2. ¿Se ha convertido la especie humana en una plaga para el planeta? Si es así, ¿cómo podemos conciliar aún la supervivencia de la vida en la Tierra con la promoción de los valores modernos tradicionales asociados a la defensa de los derechos humanos y sociales (que requieren el uso de grandes cantidades de recursos globales) en el contexto de un potencial aumento de la población mundial durante este siglo que pueda llegar hasta los doce mil millones de habitantes? Esto último en un escenario en el cual (según varios estudios) el número máximo de humanos que la Tierra podría haber soportado sin una alteración catastrófica de los ecosistemas no debió haber superado nunca los mil millones. ¿Puede el concepto moderno de democracia liberal (o incluso socialista) y sus principios supuestamente asociados de libertad individual, de género y cultural sobrevivir a nuestra aparente situación geológica terminal, o será necesario encontrar nuevos modelos de organización social, por ejemplo, en los presentes en varias sociedades indígenas o nativas? ¿Pueden los derechos de sobrevivencia de las especies vivas, los derechos humanos y el concepto de libertad individual moderna conciliarse armoniosamente en el contexto de un inminente desastre ecosocial global? (Marxismo y Colapso)

-Noam Chomsky:
Comencemos con el crecimiento de la población. Existe un método factible y humano para restringir eso: la educación de las mujeres. Esto tiene un efecto importante sobre la fertilidad tanto en las regiones ricas como en las pobres, y debería facilitase de todas maneras. Los efectos son bastante sustanciales, lo cuales han llevado actualmente a una fuerte disminución de la población en algunas partes del mundo desarrollado. El ejemplo podría ser generalizado.

Las medidas para defenderse del “desastre ecosocial global” pueden y deben avanzar en paralelo con un cambio social e institucional para promover valores de justicia, libertad, ayuda mutua, responsabilidad colectiva, control democrático de las instituciones, preocupación por otras especies y de armonía con la naturaleza, valores que son comúnmente defendidos por las sociedades indígenas y que tienen además profundas raíces en las luchas populares de las llamadas “sociedades desarrolladas” en las cuales, desafortunadamente, el desarrollo material y moral han estado con demasiada frecuencia poco correlacionados.

-Miguel Fuentes:
Las alusiones de Chomsky a la promoción de la educación de las mujeres y los valores sociales de la justicia, la libertad, la ayuda mutua y la armonía con la naturaleza, en tanto “valores morales” desconectados de una crítica más amplia al sistema industrial, el capitalismo y la sociedad de clases en el seno de donde se han generado y agravado amenazas tales como el calentamiento global, se transforman en meras frases de buenas intenciones. Por el contrario, estos principios deben ser pensados, para llegar a ser efectivos de cara a los desafíos que enfrenta la humanidad actualmente y del tipo de crisis civilizatoria que está comenzando a desarrollarse como producto de la crisis ecosocial múltiple (ecológica, energética y de recursos) que avanza a nivel global, cuando mínimo, en el contexto de una transformación social de gran escala que pueda plantear la supresión del sistema económico industrial ecocida y su reemplazo por uno en el cual la producción, el intercambio y la distribución puedan ser planificados de acuerdo con las necesidades sociales.

Ahora bien, incluso una aproximación a estos problemas de tipo socialista tradicional como la anterior, se queda también corta para dar cuenta del tipo de amenazas planetarias que tenemos al frente. Digámoslo así, la discusión en torno a la crisis ecológica y el resto de los peligros existenciales que hoy penden sobre el destino de nuestra civilización en realidad sólo comienza, no termina, al conferirle a la misma una adecuada contextualización marxista. Una de las razones de fondo de esto es que el propio proyecto socialista tradicional en todas sus variantes (incluidas sus versiones más recientes de tipo ecosocialistas), sería ya también completamente insuficiente para responder a la magnitud epocal de los peligros que estamos comenzando a enfrentar como especie. Es decir, un tipo de problemas y amenazas que ninguno de los teóricos de la revolución social durante los últimos siglos, desde Marx y Engels hasta algunos de los actuales referentes del ecosocialismo tales como Bellamy Foster o Michael Lowy, jamás imaginaron posibles7.

Uno de estos problemas de nuevo tipo a los que se enfrentarían las teorías revolucionarias hoy sería el de los actuales ritmos de crecimiento demográfico descontrolado de la humanidad, los cuales nos conferirían ya la condición de, si tenemos en cuenta el papel absolutamente destructivo que nuestra especie viene ejerciendo sobre el conjunto de la biosfera, una de las peores plagas biológicas (en este caso, “biosocial”) existentes hasta nuestros días, una que sería incluso comparable en su poder destructivo a aquella que representaron las cianobacterias que gatillaron el primer evento de extinción masiva de la Tierra hace unos 2400 millones de años, aunque en nuestro caso a un ritmo incluso más acelerado y “eficiente” que el de estas últimas. ¿Demasiado brutal esta afirmación? Puede ser, desde un punto de vista humanista-ilustrado ajeno al tipo de problemas a los que nos enfrentamos hoy, aunque no desde uno eminentemente científico. ¿O acaso puede quedar alguna duda para cualquier ecólogo que estudie los patrones de comportamiento, uso de recursos y destrucción de hábitats asociados a nuestra especie nuestra condición de plaga planetaria? ¿Demasiado brutal esta afirmación? ¡Díselo a las más de 10.000 especies naturales que se extinguen cada año como resultado del rol de una sola especie en el planeta: la nuestra! ¡Díselo a los miles de millones de animales muertos en los grandes incendios de Australia o el Amazonas hace algunos años! ¡Díselo a los osos polares, los koalas, las liebres pika, los tigres, leones, elefantes, que sucumben cada año como producto de lo que le hemos hecho a la Tierra! Muy bien, somos entonces una “plaga”, aunque este término sólo serviría para clasificarnos en tanto “especie biológica”, siendo por lo tanto una definición demasiado “limitada” y carente de cualquier perspectiva social e histórica. ¿Cierto?8

No precisamente. El hecho de que poseamos sistemas sociales y culturales que nos diferencien del resto de mamíferos complejos no significa que nuestra condición de “plaga terrestre” hoy deba remitirse solamente al ámbito biológico, sino que esta condición debería presentar también un cierto correlato en el terreno social y cultural. Esto último, a pesar de que esta condición de “plaga del mundo” haya sido adquirida por nuestra especie en el marco de un tipo particular de sociedad, modo de producción y marco de relaciones históricas específicas, características de la modernidad industrial. De hecho, más allá de la posición y el rol diferenciado de los diversos sectores sociales que componen la estructura productiva y los sistemas socioeconómicos del sistema industrial (por ejemplo, los sectores explotadores y explotados), sería en realidad la humanidad en su conjunto: ricos y pobres, empresarios y obreros, hombres y mujeres, quienes compartirían (compartiríamos) una misma responsabilidad en tanto especie (aunque es cierto, de forma diferenciada) en el actual desastre planetario. Un ejemplo de lo anterior. Todo lo que producen hoy las grandes multinacionales, hasta el último grano de arroz o el último fragmento de plástico, es consumido por alguien, aquello ya sea en París o Londres, o bien en Chisinau, Calcuta o La Paz. Recordemos, asimismo, que incluso las plagas biológicas (tales como las de las langostas) pueden presentar patrones de consumo diferenciados al nivel de sus poblaciones, existiendo por lo tanto ciertos sectores de las mismas que estarán capacitados para consumir más y otros que deberán consumir menos. Con todo, no porque un sector de una determinada plaga biológica consuma menos (o mucho menos), este sector debería ser necesariamente considerado como no perteneciente a dicha plaga en cuestión.

 

 

Otro ejemplo de lo mismo. A menudo se afirma en círculos marxistas (a veces los números varían de acuerdo con cada estudio) que el 20% de la humanidad consume el 80% de los recursos planetarios. Esto quiere decir, llevando lo anterior a cifras redondas, que aproximadamente 1.600.000.000 de personas (asumiendo una población total de 8 mil millones) serían los consumidores de ese 80% de recursos planetarios; ósea, un número que equivaldría aproximadamente a tres veces la población europea actual. En otras palabras, lo que esta frase nos dice realmente es que un segmento de la población mundial muchísimo más vasto que el de las elites capitalistas (o sus servidores políticos) tendría también una responsabilidad directa, grotesca incluso, en los patrones de consumo insostenibles que han venido agravando la actual crisis planetaria. O bien, dicho en términos más “marxistas”, que un gran porcentaje (o incluso la totalidad) de las clases obreras y los sectores populares de Europa, Estados Unidos y una parte significativa de las existentes en América Latina u otras de las regiones de los llamados “países en desarrollo”, serían también “cómplices directos”, al menos en lo referente a la reproducción del actual estilo de vida urbano moderno ecocida, en la destrucción de nuestro planeta.


Pero ampliemos la discusión al 80% de la humanidad restante; ósea, a los aproximadamente 6.400.000.000 de personas que consumen el 20% de los recursos planetarios utilizados en un año. De partida, digamos que un 20% de los recursos globales tampoco es un porcentaje despreciable, representando de hecho un quinto de los mismos y encontrándose asociada su producción también a niveles sustanciales y sostenidos de destrucción ambiental. Esto último en el contexto de una población mundial en constante crecimiento que, posiblemente, no debió jamas haber superado los mil millones de habitantes, esto para que hubiéramos podido hoy estar en condiciones de detener o frenar el desastroso impacto que estamos teniendo sobre los ecosistemas. No olvidemos igualmente que el número de personas incluidas en este 80% de la población mundial constituiría una cifra más de cuatro veces superior a la población humana hacia comienzos de siglo XX, constituyendo por lo tanto la cantidad de recursos básicos necesarios para la sobrevivencia de dicho sector una presión inevitable sobre el conjunto de los sistemas naturales, esto incluso en el caso de que los niveles de consumo de aquel se mantengan en rangos mínimos.

En definitiva, no existe por lo tanto duda alguna de que la humanidad (en tanto humanidad) sí ha devenido en una de las peores plagas planetarias de la historia de la vida terrestre, constituyendo esto un problema en sí mismo (fundamental) para el pensamiento revolucionario contemporáneo y, más en general, para el conjunto de las ciencias humanas y sociales. Es decir, un problema que hoy por hoy no sería solucionable por un mero cambio en el modo de producción, la estructura de clases o el sistema sociopolítico, sino que estaría asociado a la propia “genética” del desarrollo de la sociedad industrial, basada en una determina forma particularmente destructiva (voraz) de relación humanidad-naturaleza, la cual se encontraría a la vez en la base de todos los modelos posibles y concebibles (capitalistas, socialistas o de cualquier otro tipo) de la misma. Esto último, así sea en el marco de una economía neoliberal de mercado o bien una de tipo socialista y/o colectivista planificada. Es la sociedad industrial y la sociedad de masas en todas sus variantes, sean capitalistas o socialistas, sus megaciudades, sus niveles productivos, sus patrones de consumo y estilos de vida, su “espíritu antropocéntrico”, asociados con unos determinados patrones demográficos en el cual la Tierra es concebida como un mero espacio destinado al consumo y la reproducción humana, el principal problema.

¿Es posible conciliar los actuales niveles de sobrepoblación con los requerimientos de la sobrevivencia de nuestra especie? No. Hemos devenido en una plaga planetaria y seguiremos siendo una plaga planetaria hasta el momento en que, por las buenas o por las malas (casi seguro por las malas) nuestro número se reduzca sustancialmente y se quede allí, en los niveles mínimos posibles, por lo menos durante algunos siglos o milenios. ¿Es posible solucionar el problema de la sobrepoblación y a la vez defender la legitimidad de los valores modernos tradicionales asociados a la promoción de los derechos humanos y sociales, al menos tal como estos valores han sido comprendidos en los últimos siglos? No. La modernidad ha fracasado. La modernidad está muerta. Vamos a tener que replantear cada uno de nuestros valores, incluidos los más básicos, todos. Vamos a tener que pensar de nuevo qué somos, donde vamos y de donde venimos. La sola existencia de casi 8 mil millones de personas hoy sobre nuestro planeta y, más aún, el probable aumento de esta cifra a una que llegue a los 10 o incluso 12 mil millones es no sólo incompatible con la realización de los propios ideales y valores democráticos modernos en todas sus variantes (capitalistas o socialistas), aquello simplemente porque no existirán ni de lejos los recursos necesarios para asegurarlos en un contexto demográfico semejante (simplemente, el agua y la comida no alcanzarán), sino que, además, con la propia sobrevivencia del conjunto de nuestra especie y, posiblemente, de toda la vida compleja existente en la Tierra. Nuestra situación es terminal. La modernidad está muerta. La democracia está muerta. El socialismo está muerto. Y si queremos que estos conceptos: democracia o socialismo, tengan realmente algún valor de cara al cataclismo que se aproxima, deberemos entonces repensarlos siendo un poco más humildes de lo que hemos sido hasta ahora.

La civilización moderna ha dado algunos de los mejores frutos del desarrollo social de la humanidad, pero también los peores. Somos de alguna manera como el hermano menor de una gran familia cuyos éxitos a temprana edad lo volvieron engreído, estúpido y que pensándose “dueño del mundo”, comenzó a perderlo todo. Nosotros somos ese joven. Deberíamos por lo tanto callarnos, guardarnos nuestras ideologías (capitalistas y socialistas) en el bolsillo, y comenzar a aprender un poco más de nuestros más modestos, pausados y equilibrados “hermanos mayores”; por ejemplo, cada una de las sociedades tradicionales o indígenas que, mientras que la sociedad industrial no habría siquiera cumplido tres siglos antes de poner en riesgo su propia existencia y la de todas las demás culturas del planeta, han podido asegurar su subsistencia por centurias y en algunos casos incluso milenios. Esto último, con frecuencia, en el marco del desarrollo de sistemas sociales mucho más respetuosos de los equilibrios ecológicos y ecosistémicos que son, a fin de cuentas, ante la mirada del largo trayecto de la evolución de las especies, los que realmente importan para el desarrollo de cualquier sociedad… esto porque sin especies (sean animales o vegetales) cualquier cultura humana es imposible. ¿Progreso científico y tecnológico? ¡Excelente idea! ¿Pero quizás podríamos tomar la ruta larga, pensar un poco más las cosas, y lograr lo mismo que hemos logrado hoy en dos siglos, pero quizás demorándonos un poco más, por ejemplo, diez, veinte o incluso cien siglos? Mal que mal, ¿quién nos apura? Aprendamos de la tortuga que, quizás por lenta, ha sobrevivido más de 220 millones de años en la Tierra, esto hasta que llegamos nosotros (que en tanto Homo sapiens no tenemos más de 250.000 años) y la pusimos en peligro.

-Guy McPherson:
Como los ecologistas han venido señalando durante décadas, los impactos ambientales son el resultado del tamaño de la población humana y los niveles de consumo de dichos humanos. La Tierra puede albergar a muchos más cazadores-recolectores que capitalistas que buscan más posesiones materiales. Lamentablemente, estamos atrapados con lo último en lugar de lo primero. Los ecologistas han propuesto cambios en el comportamiento humano desde al menos los inicios del siglo XX. Estas recomendaciones han caído en oídos sordos. Ahora bien, aún cuando sea posible lograr sustanciales cambios en dicho comportamiento y de que aquellos den por resultado una efectiva ralentización o detención de la actividad industrial, es discutible que lo anterior constituya un medio útil para asegurar nuestra supervivencia continua. Una de las razones de lo anterior radica en el conocimiento de lo que podría implicar para la crisis climática el efecto del “enmascaramiento de los aerosoles”.

El efecto de “enmascaramiento climático” de los aerosoles se ha discutido en la literatura científica desde al menos 1929, el cual consiste en lo siguiente: al mismo tiempo que la actividad industrial produce gases de efecto invernadero que atrapan parte del calor resultante de la luz solar que llega a la Tierra, aquella también produce pequeñas partículas que impiden que dicha luz solar toque siquiera la superficie del planeta. Estas partículas, llamadas “aerosoles”, actúan así como una especie de paraguas que evita que una parte de la luz del sol llegue a la superficie terrestre (de aquí que este fenómeno haya sido también denominado bajo el nombre de “ensombrecimiento global”)9. En otras palabras, estas partículas (aerosoles) evitan que una parte de los rayos del sol penetren en la atmósfera y, por lo tanto, impiden un calentamiento adicional del planeta. Esto quiere decir, entonces, que los niveles actuales de calentamiento global serían, de hecho, mucho menores a los que deberían asociarse a los volúmenes de gases de efecto invernadero presentes hoy en la atmósfera (de allí la designación de este fenómeno como de “enmascaramiento climático”). Ósea, la situación del calentamiento global hoy sería en realidad muchísimo más grave de lo que nos indican no sólo las ya altísimas temperaturas globales, sino que, además, las propias proyecciones (ya catastróficas) del aumento de las mismas durante las próximas décadas. Esto último sobre todo si consideramos la posibilidad (optimista) de una futura reducción de la cantidad de aerosoles presentes en la atmósfera como efecto de una potencial baja de las emisiones de gases de invernadero durante los próximos años, lo cual debería producir, paradójicamente, un aumento drástico de las temperaturas globales.

 

 

En otras palabras, las temperaturas globales hoy deberían ser no solamente mucho más altas de lo que son actualmente, sino que, además, el aumento esperado de las mismas deberá ser necesariamente mucho mayor a lo que nos sugieren la mayoría de los modelos climáticos. Según el padre de la ciencia climática, James Hansen, los aerosoles se demoran aproximadamente cinco días en caer desde la atmósfera a la superficie. Se han publicado más de dos docenas de artículos revisados ​​por pares sobre este tema y el último de ellos indica, por ejemplo, que la Tierra se calentaría en un 55% adicional en caso de perderse el efecto de “enmascaramiento” de los aerosoles, lo cual debería suceder, como dijimos, como resultado de que una disminución o modificación notable de la actividad industrial genere una reducción considerable de la emisión de gases de invernadero, produciéndose así con ello un potencial aumento adicional (súbito) de la temperatura de la superficie de la Tierra en alrededor de un 133% a nivel continental. Este artículo fue publicado en la prestigiosa revista “Nature Communications” el 15 de junio del año 2021. En conclusión, la pérdida o disminución sustantiva de los aerosoles en la atmósfera podría llevarnos, por lo tanto, a un potencial aumento en más de 3 grados centígrados de calentamiento global por encima de la línea de base de 1750 de manera muy rápida. Me resulta muy difícil imaginar a muchas especies naturales (incluyendo la nuestra) siendo capaces de resistir este veloz ritmo de cambio ambiental.

En realidad, un evento de extinción masiva ha estado ya en marcha desde al menos 1992. Esto fue reportado por el profesor de Harvard Edward O. Wilson, el llamado “padre de la biodiversidad”, en sus libros de los años 1992 y 2002 “La diversidad de la vida” y “El futuro de la vida”, respectivamente. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente informó además en agosto del 2010 que cada día conducíamos a la extinción de unas 150 a 200 especies. Este sería así al menos el octavo evento de extinción masiva en la Tierra. La literatura científica finalmente reconoció el evento de extinción masiva en curso el 2 de marzo del 2011 en “Nature”. Una investigación posterior en esta línea fue publicada el 19 de junio del 2015 en “Science Advances” a cargo del biólogo conservacionista Gerardo Ceballos y sus colegas titulado “Pérdidas aceleradas de especies modernas inducidas por el hombre: entrando en la sexta extinción masiva”. Coincidiendo con la publicación de este artículo, el autor principal Ceballos afirmó que “la vida tardaría muchos millones de años en recuperarse y que nuestra especie probablemente desaparecería pronto”. Esta conclusión se encuentra respaldada por trabajos posteriores que indican que la vida terrestre no se recuperó de los eventos de extinción masiva previos durante millones de años. Es cierto con todo que las perspectivas indígenas pueden ayudarnos a comprender los eventos en curso. Sin embargo, estoy convencido de que el racionalismo es clave para dar una respuesta positiva a estos eventos.

 

Notas:

*Respectivamente.

Lingüista, filósofo, científico cognitivo, historiador, crítico social y activista político estadounidense. Adhiere a las ideas del socialismo libertario y el anarcosindicalismo. Defiende la política de un New Green Deal como una de las vías para el enfrentamiento de la crisis ecológica.

Investigador social chileno en el área de la historia, la arqueología y las ciencias sociales. Coordinador internacional de la plataforma “Marxismo y Colapso” y exponente de la nueva ideología del colapsismo marxista. Plantea la necesidad de una actualización estratégico-programática del marxismo revolucionario de cara a los nuevos desafíos de la transición antropocénica y el avance de la VI extinción masiva.

Científico estadounidense, profesor emérito de recursos naturales, ecología y biología evolutiva. Adhiere al anarquismo. Plantea la inevitabilidad de un fenómeno de extinción humana y la necesidad de enfrentarla desde una perspectiva que haga hincapié en la aceptación, la búsqueda del amor y el valor de la excelencia.

 

1 El aludido debate entre Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel (el cual contó además con los comentarios críticos del ecólogo marxista español Jaime Vindel, el dirigente de izquierda argentina Jorge Altamira y el periodista chileno Paul Walder) puede ser revisado íntegro en la sección de debates de la página de “Marxismo y Colapso” en el siguiente enlace: www.marxismoycolapso.com/debates.

2 Véase este y otros informes relacionados a esta temática en el sitio web del Breakthrough National Centre for Climate Restoration en el siguiente enlace: https://www.breakthroughonline.org.au/about-1.

3 Una explicación de esta paradoja puede encontrarse en la presentación de Jorge Riechmann “¿Dónde estamos? Crisis ecosocial y emergencia climática”, disponible en YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=KXwzJkDYtdE.

4 Para una ampliación de este problema en formato audiovisual véase el documental de Jeff Gibbs y Michael Moore El Planeta de los Humanos.

5 Revísense aquí, entre otros, los materiales disponibles en la sección de estrategia del sitio de “Marxismo y Colapso” en el siguiente link: www.marxismoycolapso.com/estrategia.

6 Véase aquí, por ejemplo, la entrevista a los investigadores Peter Wadhams, Martin Rees y Hugh Hunt titulada “Climate Change and Carbon Dioxide Removal”, disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=o-PITZo7qOY.

7 Para una discusión respecto a los problemas inéditos a los que se enfrenta el horizonte socialista hoy pueden revisarse los artículos “¡La revolución socialista ante el abismo!” (2015-2019) y “Crisis ecológica, colapso civilizatorio y crisis terminal del marxismo clásico” (2019), disponibles en la sección de estrategia del sitio de “Marxismo y Colapso” en el siguiente link: www.marxismoycolapso.com/estrategia.

8 Una muestra gráfica bastante sugerente del impacto que vienen teniendo los actuales ritmos de reproducción humana sobre el planeta puede verse en la siguiente presentación audiovisual titulada “World Population History (1 C.E. - 2050 C.E.)”, disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=8X2n4uRvZ-M.

9 Para una explicación informada y didáctica de este fenómeno, véase el documental “Oscurecimiento Global” en el siguiente enlace: https://www.dailymotion.com/embed/video/xp3p67?autoplay=1&logo=0&hideInfos=1&start=0&syndication=208464&foreground=&highlight=&background=.

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Lunes, 10 Enero 2022 07:09

¿Puede pasar aquí?

El 6 de enero de 2021, partidarios de Donald Trump chocaron con la policía y las fuerzas de seguridad mientras tomaban por asalto el Capitolio en Washington, DC. Un año después, los estadunidenses aún esperan que el sistema judicial aclare si se trató de una simple manifestación exacerbada o de un intento de golpe de Estado.Foto Afp

 

 

David Brooks

No es extraordinario que periodistas tengan que reportar sobre riesgos de golpes de Estado, guerra civil, amenazas de muerte contra políticos y líderes sociales, de complots de secuestros políticos, sobre atentados terroristas contra ciudadanos e instalaciones gubernamentales. Sí es extraordinario que estemos reportando todo esto no en torno a un país tercermundista o sobre un Estado fallido, sino desde el autoproclamado guardián planetario de la democracia.

Durante la semana pasada, alertas urgentes sobre amenazas potencialmente letales a la democracia estadunidense incluyendo guerras civiles, golpes de Estado, terrorismo político y hasta neofascismo provinieron del propio presidente Biden –quien al marcar el aniversario del asalto al Capitolio se vio obligado a preguntar a sus paisanos: ¿Vamos a ser una nación que acepta la violencia política como lo normal?–, como también de los líderes de ambas cámaras del Congreso, de dos ex presidentes (Carter y Obama), de expertos en sistemas democráticos y sus crisis (incluyendo veteranos de servicios de inteligencia que evaluaban estas condiciones en otros países), de ex generales y de intelectuales reconocidos. Estas voces se sumaron al coro de alarma generado durante los recientes cinco años y que se intensificó durante las pasadas elecciones presidenciales que culminaron con, por primera vez en la historia del país, un presidente rehusando aceptar los resultados e intentando descarrilar el proceso constitucional incluso con un asalto violento del Capitolio de parte de sus seguidores hace un año.

¿Están exagerando?, Eso está a debate, y aunque hay expertos que rechazan que el país está ante la posibilidad de algo remotamente parecido a la catastrófica guerra civil del siglo XIX ni tampoco un golpe de Estado exitoso, sí hay amplio consenso de que la violencia política puede intensificarse aún más con, por ejemplo, nuevos atentados terroristas de ultraderechistas estadunidenses (el peor atentado terrorista antes del 11-S fue realizado por estadunidenses en Oklahoma City en 1995, con 168 muertos ). Pero también, recuerdan otros, en varios países que de repente sufrieron un golpe o en donde estalló una guerra civil, muchos aseguraban, estaban convencidos, justo antes que eso no puede ocurrir aquí.

Noam Chomsky afirma que el asalto al Capitolio de hace un año nos muestra que la democracia política limitada que aún existe (en Estados Unidos) pende de un hilo delicado y advirtió que los esfuerzos republicanos de subversión electoral en el país forman parte del golpe suave que está procediendo ahora.

Chomsky explica: mientras las acusaciones de propagandistas derechistas son en gran medida fantasías delirantes, tienen suficiente base en la realidad para incendiar a aquellos que ven su mundo de dominio desaparecer, al referirse a la cada vez más reducida mayoría blanca en Estados Unidos. En entrevista la semana pasada en Truthout, Chomsky continúa: con el orden social desmoronándose bajo el asalto neoliberal, estos temores son fácilmente manipulados por demagogos y oportunistas, mientras que sus patrones en sus oficinas ejecutivas y mansiones gozan la oportunidad de continuar con el robo que han llevado a cabo por 40 años, y donde los desafíos pueden ser reprimidos, por violencia estatal y privada si es necesario. Eso es un mundo que podría no estar lejos. Alertó: cuando Estados Unidos desciende hacia el fascismo, la supervivencia a largo plazo de la sociedad humana se vuelve una perspectiva dudosa.

Estados Unidos siempre ha sido uno de los países más violentos en el mundo. Pero eso sí, siempre se suponía que los golpes de Estado, atentados de terrorismo político, violencia tipo paramilitar y más que ocurren en otros países –muchas veces con el apoyo o participación de Washington– nunca ocurrirían aquí dentro, hasta ahora.

El futuro, y no sólo el de Estados Unidos, ahora depende de las fuerzas democratizadoras progresistas que han transformado y rescatado a este país en el pasado, y hoy, más que nunca, necesitan de la solidaridad de todas sus contrapartes alrededor del mundo.

Playing for Change. Everyday People. https://www.youtube.com/watch?v=-g4UWvcZn5U

Black Pumas/Playing for Change. Colors. https://www.youtube.com/watch?v=-rM3xn2JXGU

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La persecución de Biden a Julian Assange

¡Dejen de criminalizar a la prensa!

Con la persecución que está llevando a cabo en contra del fundador de Wikileaks, Julian Assange, el Gobierno de Biden está liderando el ataque contra el periodismo y fortaleciendo a los aspirantes a autócratas de todo el mundo

Al cumplirse un año de la insurrección que tuvo lugar el 6 de enero de 2021 en Estados Unidos, cuando el expresidente Donald Trump incitó a miles de sus simpatizantes a irrumpir violentamente en el Capitolio con la intención de revocar los resultados de las elecciones presidenciales de 2020, las amenazas a la democracia continúan en el centro de la escena. Mientras el Partido Republicano se sume en el culto de Trump, activistas progresistas de todo el país luchan para ampliar los derechos electorales y garantizar el desarrollo de elecciones libres y justas. Uno de los principales baluartes de la democracia es la libertad de prensa. Lamentablemente, con la persecución que está llevando a cabo en contra del fundador de Wikileaks, Julian Assange, el Gobierno de Biden está liderando el ataque contra el periodismo y fortaleciendo a los aspirantes a autócratas de todo el mundo.

Julian Assange es el fundador y editor de Wikileaks, un sitio web pionero al servicio de la transparencia. Wikileaks expuso los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Irak y Afganistán, así como también sus prácticas de tortura en Guantánamo y otros abusos de poder, al publicar miles de documentos militares y gubernamentales secretos estadounidenses que los principales medios de noticias de diversas partes del mundo —incluidos los periódicos The New York Times, The Washington Post y The Guardian— utilizaron como base para publicar reportajes que luego fueron ampliamente galardonados. Mientras lucha contra el intento del Gobierno de Estados Unidos de extraditarlo por cargos de espionaje y hackeo de información, Assange se encuentra encerrado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, en Londres, que ha sido descrita como la “versión británica de la prisión de la bahía de Guantánamo”. Si es extraditado, el fundador de Wikileaks podría enfrentar una condena de hasta 175 años de prisión.

Este miércoles se cumplieron 1.000 días de reclusión de Julian Assange en Belmarsh y un grupo de activistas se congregó frente a la prisión para conmemorar la fecha y exigir su liberación. Antes de ser recluido en Belmarsh, Assange pasó casi siete años en la Embajada de Ecuador en Londres, en calidad de asilado político.

Entre los manifestantes se encontraba Stella Moris, pareja de Assange y madre de sus dos hijos menores. Como parte de su campaña por la liberación de Assange, Moris concurrió a la cumbre contra el cambio climático que se desarrolló en noviembre en Glasgow. En esa ocasión dijo a Democracy Now!: “Realmente todo esto ha comenzado a afectarlo. Cada día es una lucha para él. No se vislumbra un final. Esta [situación] puede continuar así durante años”.

Stella Moris anunció la vigilia de protesta por los 1.000 días de encarcelamiento de Assange en un tuit que incluye una grabación de audio supuestamente realizada dentro de la celda de la prisión de Belmarsh donde está recluido Assange. En dicha grabación, los gritos de los reclusos, los ladridos de los perros guardianes y el sonido incesante de puertas de metal que se abren y cierran pintan una imagen cruda de las duras condiciones que se viven dentro de Belmarsh.

En su conversación con Democracy Now!, Stella Moris agregó: “El relator especial de Naciones Unidas sobre la Tortura ha dicho que Julian está siendo torturado psicológicamente. Su salud física se ha deteriorado muchísimo. Lo están matando. Si muere, es porque lo mataron. Lo están torturando hasta la muerte”.

Stella Moris reveló recientemente que Julian Assange sufrió un pequeño accidente cerebrovascular en prisión el 27 de octubre, el primer día de su audiencia de apelación ante el Tribunal Superior de Londres. Ese tribunal finalmente falló a favor del Gobierno estadounidense para que Assange pueda ser extraditado. Assange está actualmente solicitando permiso a ese mismo tribunal para apelar el fallo ante la Corte Suprema del Reino Unido.

Las amenazas a periodistas y trabajadores de los medios en todo el mundo han ido en aumento. El Comité para la Protección de los Periodistas declaró que, al 8 de diciembre, 24 periodistas habían sido asesinados en el cumplimiento de su deber en 2021 y se cree que otras ocho muertes estuvieron relacionadas con el trabajo periodístico. Asimismo, 293 periodistas fueron encarcelados durante 2021, lo que constituye una cifra récord.

El 9 de diciembre pasado, el presidente Joe Biden inauguró la “Cumbre por la Democracia”, organizada por la Casa Blanca, con las siguientes palabras: “Medios de comunicación libres e independientes. Esa es la base de la democracia. Así es como la población se mantiene informada y como los Gobiernos rinden cuenta de sus actos. En todo el mundo, la libertad de prensa está amenazada”.

Las palabras del presidente Biden son ciertas, pero suenan huecas, ya que su Departamento de Justicia busca encerrar en prisión a Julian Assange de por vida, por el simple hecho de desempeñar justamente las funciones de la prensa libre que Biden elogia.

Refiriéndose a los periodistas María Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, quienes fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz 2021 por los valientes informes que llevaron a cabo mientras estaban bajo la amenaza de sus Gobiernos, el director ejecutivo adjunto del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), Robert Mahoney, dijo el 10 de diciembre: “El mismo día que se honra a los periodistas con el Premio Nobel de la Paz, un tribunal del Reino Unido dictamina que Estados Unidos puede extraditar a Julian Assange, un fallo que daña gravemente al periodismo. […] La obstinada persecución del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el fundador de WikiLeaks ha sentado un precedente legal dañino para la prensa […]. Esta semana, en su Cumbre por la Democracia, el Gobierno de Biden se comprometió a apoyar al periodismo. Para ello, podría comenzar por eliminar la amenaza que ahora enfrentan los periodistas de investigación de todas partes del mundo de ser juzgados según la Ley de Espionaje”.

Una coalición de 24 organizaciones internacionales —incluidas Human Rights Watch, la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles, Freedom of the Press Foundation, PEN America y Reporteros sin Fronteras— instaron al Gobierno de Biden a detener el juicio contra Assange, afirmando que este “amenaza la libertad de prensa porque gran parte de la conducta descrita en la acusación es la conducta de muchos periodistas en su día a día, y la que deben adoptar para poder hacer el trabajo que la ciudadanía necesita que hagan”.

La democracia está bajo ataque. El presidente Biden debe cumplir con su promesa de apoyar la libertad de prensa, que actualmente se necesita más que nunca, y abandonar la persecución contra Julian Assange.

Por Amy Goodman - Denis Moynihan | 10/01/2022

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Los retos de Pedro Castillo: gobernar y transformar Perú, resistiendo a la derecha golpista

El maestro debe tener un gobierno de izquierda consolidado para iniciar un proceso de cambio, advierten analistas consultados por PáginaI12. Pese a los embates, el país creció y avanzó con la vacunación.

Desde Lima

Al profesor rural Pedro Castillo, que sorprendió a todos en 2021 convirtiéndose en presidente de Perú luego de derrotar a la derecha y los grupos de poder encolumnados detrás de Keiko Fujimori, se le abre un nuevo año tan agitado y complicado como han sido sus primeros cinco meses de gobierno, en los que el exsindicalista ha enfrentado la guerra sin pausa de la derecha y los medios hegemónicos, y ha podido eludir un intento de golpe parlamentario, amenazas que se renuevan este año que comienza. 

Con la derecha golpista preparando un nuevo intento para destituirlo, Castillo inicia el año también con problemas en su frente interno: distanciado del partido que lo llevó al poder, con la bancada parlamentaria oficialista fracturada entre quienes respaldan al gobierno y los que lo cuestionan con un discurso radical que acusa a Castillo de haberse moderado, con la dirigencia del oficialista Perú Libre (PL) enfrentada a otros sectores de izquierda aliados del gobierno, errores de gestión, cuestionados nombramientos, denuncias de corrupción que lo salpican, silencios y reacciones tardías en momentos de crisis.

Vacunación y crecimiento 

A pesar de los ataques externos y las debilidades internas, el gobierno ha tenido logros que tiene el reto de consolidar en este año. Ha logrado un exitoso avance en la vacunación contra la covid 19. En julio pasado cuando Castillo asumió la presidencia, se había vacunado al 15 por ciento, ahora se ha llegado al 80 por ciento de los mayores de 12 años y en enero se comenzará a inmunizar a los niños desde los cinco años. La pandemia, con la amenaza de una nueva ola, seguirá siendo un reto central. La reactivación económica, que era el otro gran reto del inicio de su gestión, ha tenido como resultado un 13 por ciento de crecimiento del PIB para 2021, el más alto en la región. Para este año se estima un crecimiento alrededor del cuatro por ciento, que estaría entre los mayores de la región. El desafío es consolidar esa reactivación y que no quede en un rebote luego de la caída de 11 por ciento del PIB en 2021, como asegura la derecha.

A pesar de esos logros, minimizados por sus enemigos y opacados por sus propias falencias, el gobierno no ha podido proyectar un rumbo claro y hasta ahora no se ven los grandes cambios ofrecidos y esperados. La imagen del campesino que llegó a la presidencia desde los sectores más pobres y marginados del país encarnando una reivindicación histórica y una esperanza, ha comenzado a despintarse. La aprobación a la gestión de Castillo, que ganó la segunda vuelta con el 50,12 por ciento, ha caído y está entre el 28 y el 36 por ciento, y su nivel de rechazo entre 60 y 58 por ciento, según los sondeos realizados en diciembre por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) e Ipsos. Detener esa caída y recuperar respaldo popular es un reto clave para Castillo.

PáginaI12 conversó con tres analistas sobre los principales desafíos en este 2022 para el acosado gobierno de Castillo.

“Para enfrentar a la ultraderecha golpista e irracional y al acoso de los medios de comunicación que es impresionante, el principal reto que tiene Castillo es gobernar y transformar al mismo tiempo. El gobierno no debe solamente sobrevivir, tiene que iniciar un proceso de cambios, y eso implica tener un equipo de gobierno cohesionado, capaz. Lo primero que debe hacer Castillo es poner orden al interior de su gobierno y consolidar la alianza de izquierda de la segunda vuelta de las elecciones y aplicar el programa de cambios que esa alianza propuso. Hasta ahora está gobernando a medias con ese programa, hay chispazos, como el lanzamiento de la segunda reforma agraria (un programa de apoyo a los pequeños productores agrarios), pero no se ve a un gobierno consolidado con una imagen de que avanza en ese programa. Frente a una correlación de fuerzas desfavorable en el Congreso, Castillo debe tener un gobierno de izquierda consolidado, serio, sin conflictos internos, y sobre la base de esa consolidación y una alianza sólida con la izquierda, que es lo primero, buscar alianzas con sectores de centro derecha, en el camino se verá si eso es posible”, señala el sociólogo y exparlamentario andino Alberto Adrianzén.

En opinión del también sociólogo Sinesio López, profesor universitario y columnista del diario la República, es urgente una alianza de Castillo más allá de la izquierda. “El primer reto para Castillo es definir con claridad un programa viable de cambios, lo que ahora no tiene, y sobre esa base armar una correlación de fuerzas de izquierda y de centro para aislar a la ultraderecha que busca destituirlo. Mantenerse en el gobierno con una derecha golpista es un reto para Castillo, para lograrlo debe consolidar un bloque de centro izquierda con un programa claro. Creo que hay sectores de centro y centro derecha que pueden acordar un programa viable de cambios con la izquierda. Castillo tiene que saber manejar eso. Debe buscar un acuerdo para terminar con la posibilidad que el Congreso pueda destituir al presidente y que a su vez el presidente ya no pueda disolver el Parlamento. Su reto más grande es armar y mantener una coalición viable. Creo que ahora está corrigiendo errores y yendo en esa dirección. Tendría que lanzar un gran programa movilizador, como Hambre Cero, fundamental en este momento en que los ingresos de los pobres han bajado mucho”.

Por su parte, Juan de la Puente, politólogo, abogado y director del portal de análisis político Pata Amarilla, señala que “el mayor reto para Castillo es mantenerse en el poder, eso solo lo puede lograr ampliando la base de su gobierno llegando a un acuerdo con una centro derecha parlamentaria de origen provinciano que creo estaría a favor de determinados cambios, como en los temas de las pensiones, los monopolios, la defensa de los consumidores, la descentralización, la entrega de bonos de ayuda a los sectores vulnerables”. “Otro desafío del presidente -agrega- es volverse a conectar con las demandas sociales. La sociedad que demandaba cambios y que votó por cambios al hacerlo por Castillo se siente abandonada. La razón por la que en las encuestas se desaprueba a Castillo no es por su posición política, sino porque no está promoviendo los cambios que había ofrecido. Conectarse arriba con la centro derecha parlamentaria y reconectarse abajo con los sectores populares son los dos grandes desafíos del presidente”.

Adrianzén indica que “para derrotar a la derecha golpista, Castillo debe movilizar a la gente en las calles y enfrentar ese golpismo en un debate político público”. “Hasta ahora no está respondiendo como debería”, asegura. El exparlamentario andino señala que el presidente “tiene que hacer los cambios que ha prometido: cambios en educación, avanzar más en la segunda reforma agraria, generar empleo, insistir en la reforma tributaria (recientemente el Congreso bloqueó una reforma tributaria para subir impuestos a las grandes mineras favorecidas con el alza de los precios de los minerales y al uno por ciento más rico del país). Y debe tener una política exterior acorde con un gobierno de izquierda, ahora la política exterior no está mal, pero es tímida”.

Los tres analistas coinciden en que el presidente debe cambiar un estilo de gobierno marcado por la poca transparencia y con preminencia de un cuestionado círculo de amigos.

“Creo que Castillo -señala Sinesio López- es una persona limpia, pero como no tiene un equipo de gente para gobernar que él conozca de antes y no confía en los profesionales, entonces confía solamente en la familia y sus paisanos, y ahí hay pillos que se están aprovechando. Debe romper con el círculo cercano que tiene y lo viene complicando. Tiene que confiar en la gente más capacitada de la izquierda, que no está en Perú Libre sino en ese sector que Vladimir Cerrón (secretario general de PL) critica llamando ‘los caviares’ (término usado despectivamente por la derecha para atacar a una izquierda intelectual, profesional, y que ahora Cerrón repite), y ponerla en el gobierno en lugar de gente que no da la talla”.

Juan de la Puente dice que “cuando la gente le pide a Castillo realizaciones, eficacia, le está pidiendo un cambio de estilo”. “Su mayor desafío -precisa- es cambiar un estilo de gobierno de profunda desconfianza, de mantener una presidencia muy achicada, no relacionarse, no rendir cuentas. Para lograr la alquimia de la necesidad de cambios y de consensos, Castillo necesita tener un círculo más abierto, tener más transparencia, mejores filtros para la designación de funcionarios, recuperar un discurso de cambios ciertos porque el radicalismo vacío ya está agotado, gobernar para el país y no para el Parlamento. Si no cambia el estilo, eso puede terminar siendo la perdición de Castillo”.

Un reto pendiente para el primer maestro que llega a la presidencia es volver a abrir las escuelas para comenzar el nuevo año escolar con el retorno a las clases presenciales, un tema en el que Perú está a la zaga en la región.  

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Óscar Pinto, Caballo (Cortesía del autor)

País de apariencias, ese es Colombia, donde el discurso oficial dice una cosa y otra diferente es lo que habla la realidad cotidiana de los territorios. Esta sensación, muy extendida entre clases, pueblos y grupos poblacionales que habitan sus más de un millón de kilómetros cuadrados, es corroborada una vez más por un ente, institución u organización internacional, esta vez el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).


Este Tribunal Internacional de Opinión en su Sesión número 48, con Colombia como país valorado, fue enfático en su fallo al sentenciar que aquí se vive un proceso sistemático de violencia y permanente transgresión de los Derechos Humanos que concreta un continuado genocidio político. A este falló se llegó luego de revisar profusa documentación entregada por decenas de organizaciones sociales, partidos políticos y personas, así como de escuchar cientos de testimonios, información que cuestiona en toda su estructura, esencia y devenir la democracia en que dice soportarse y desenvolverse el régimen político.


El análisis de esta problemática presenta un proceso sistemático de violencia, exclusión e impunidad que se padecen a lo largo –por lo menos– del último siglo de existencia republicana, con episodios paradigmáticos y que perduran en la memoria nacional, entre ellos la Masacre de las Bananeras; el 9 de abril de 1948 y con él la insurrección urbana tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, prolongada durante años en lo que el historicismo oficial denomina “La violencia” (1948-1953), en el exterminio de la Unión Patriótica y en los “falsos positivos”, entre otros muchos sucesos históricos.


Este desangre nacional persistente en el conflicto social que proviene de los años 20 del siglo pasado, ahondado en la tercera década con el sueño de reforma agraria como reivindicación nodal, a la par de la cual la persistente movilización del país nacional por justicia e inclusión social es una mayoritaria demanda recogida, procesada y profundizada por Gaitán a lo largo de varios años de encuentro con el país de excluidos, hasta consolidar un liderazgo que los ojos del poder nacional e internacional perciben como un grave peligro. Y no permanecen observando: la democracia formal se retuerce hasta romperse, y el atentado y el homicidio toman cuerpo como recurso del poder.


Las secuelas se extienden. El 9 de abril, y con este el período denominado por el historicismo oficial como “La violencia”, impacta a la sociedad colombiana en forma imborrable, en años durante los cuales fueron asesinados no menos de doscientos mil connacionales, mientras muchos otros fueron desplazados y obligados a asentarse en las periferias urbanas de ciudades como Cali, Medellín y Bogotá, para iniciar así un creciente poblamiento de sus principales centros urbanos, que en medio de varias oleadas de perseguidos, despojados y criminalizados todavía no termina. Todo en medio de una ofensiva de terratenientes y defensores del status quo que se traduce en guerra civil en los Llanos orientales con la conformación de un ejército de campesinos alzados en defensa de sus vidas, identidad política y pocas propiedades, y como recurso para bloquear su creciente autonomismo el golpe de Estado. La formalidad democrática queda para épocas de mayor cohesión social.


Para superar el ‘impase’, como acuerdo de inclusión oligárquica y exclusión popular, fue sellado el Frente Nacional con el que supuestamente el país encontraría la paz y la prosperidad social, pese a la cual ni lo uno ni lo otro ganaron cuerpo, sí la democracia formal que retomaba su periódico rito.


A lo largo del siglo XX Colombia experimenta una centuria de violencia agenciada desde su Estado, vivencia radiografiada a través de la multitud de testimonios y documentación recibida y expuesta en parte en su acto de acusación por los fiscales Iván Velásquez y Ángela María Buitrago, con el respaldo de una argumentación que deja sobre la conciencia nacional el recurrente uso del poder reunido en un aparato de Estado que desconoce a quienes debe proteger, usado por quienes lo controlan para acallar inconformidades e impedir la concreción de una democracia real. Es decir, reclamos en unos casos de acceso a la tierra, de salarios dignos en otros, de justicia social y superación de la impunidad en no pocas ocasiones, del derecho a la participación política, pero también de acceso a servicios públicos, vivienda, educación y un largo etcétera que dejan la evidencia de que aquella cantinela, repetida sin rubor desde el poder y que asegura que Colombia es la democracia más fuerte del continente, no tiene asidero sino en las mentes de los usufructuarios del poder político y económico.


Afirmación que suena a ficción, y que de uno u otro modo deforma lo que se debe entender por democracia, que, al decir de uno de los más importantes intelectuales con que ha contado el país, ocultado por el poder real que lo desconoce con claros propósitos, es más que un voto o la perfección del sistema electoral: “El problema de la democracia no será resuelto mientras no se le trate como un todo. Cada uno de los factores que integran ese problema conjunto es importante y está dotado de poderosa vitalidad en la medida en que se articula a los restantes factores, es decir, en la medida en que no se considera una parte divisible. ¿Qué validez tiene la aspiración de buscar la autenticidad de la democracia en la autenticidad formal del voto –mediante el perfeccionamiento técnico de los mecanismos electorales– si detrás del voto no existe una línea definida de aspiraciones, una capacidad de acción independiente y una voluntad consciente del pueblo elector?” (1).


De acuerdo con lo resumido por Antonio García, es claro que lo imperante acá es un remedo de democracia. ¿Qué más puede prevalecer en un país en el cual, en sus últimos 30 años, ocho millones de colombianos han tenido que dejar sus terruños y lo alcanzado a reunir tras años de labor, reflejo de una sabia decisión en pos de salvar su vida y la de los suyos? ¿A qué democracia se alude en un país donde, en igual período se les ha despojado a sus verdaderos propietarios cerca de ocho millones de hectáreas de tierra para ser amasadas por viejos y nuevos terratenientes? Claramente estamos frente a un remedo de democracia que no se acerca ni de lejos al sentido profundo de una formación político-económica para todos, por decir de alguna manera participativa, directa, radical, mucho menos plebiscitaria.


De modo que esta es una democracia meramente de nombre, exclusión y negación de hecho, con un régimen impuesto y prolongado con el favor de fuerzas militares, paramilitares y mafiosas que han terminado por eliminar a sectores específicos de la población colombiana. Además, el poder ha contado con jueces que han tendido niebla sobre evidentes hechos de barbarie, así como notarios que han avalado el despojo de cientos de miles, y otras autoridades que convalidan la amenaza, la persecución, el atentado, la muerte. Y la desmemoria.


Sucesos así, estos y otros, conjugan un “[…] genocidio continuado, cometido contra una parte del grupo nacional colombiano. Por tanto, el exterminio de grupos específicos de carácter étnico, político o social se subsume en ese escenario global y sostenido en el tiempo del genocidio dirigido a transformar la realidad plural del grupo nacional, eliminando a quienes no deben tener cabida en el mismo, según la concepción de quienes han concebido articulado y llevado a cabo el genocidio” (2).


No es solamente, por tanto, el genocidio de fuerzas y procesos sociales y políticos como el padecido por el gaitanismo y la Unión Patriótica, como los de mayor relieve, sino también el genocidio de ese amplio grupo social colombiano que ha buscado una mejor vida para el país integrado por indígenas, campesinos, trabajadores de la ciudad y del campo, estudiantes, y mujeres y hombres de variadas identidades culturales y políticas, etarias y territoriales.


Para su negación, por ideología, creencias y prácticas, el establecimiento no ha dejado de usar en estas décadas todos los recursos a su alcance, desde la estigmatización y la criminalización, pasando por la persecución, el desplazamiento y hasta el homicidio, individual y colectivo, rompiendo con ello la consolidación de liderazgos territoriales como de profundos procesos sociales, para lo cual la masacre también es un recurso a la mano.


La abierta instrumentalización de un cuerpo armado que se pregona para la protección de la totalidad nacional materializa, como sucedió en la referida época de “La violencia” con los chulavitas, la privatización y la puesta al servicio de los más ricos de un potente cuerpo reunido en las Fuerzas Armadas, complementadas, según lo que indican los manuales elaborados por el Ejército de los Estados Unidos, por paramilitares pero también por otros cuerpos armados, como las bandas al servicio del narcotráfico. Todo ello encaja en las ‘recomendaciones’ de una potencia extranjera que no se queda ahí sino que interviene en la formación, el acompañamiento, la dotación y la evaluación del funcionamiento del cuerpo militar, oficial, así como del paramilitar.


Por tanto, lo que ha existido en Colombia, prolongado en el tiempo, es la formalidad democrática que se plasma en la realización de elecciones periódicas. La concentración de la riqueza, hasta niveles inimaginables, sella con broche de vergüenza la que es otro baluarte de cualquier régimen incluyente, la justicia, característica sustancial de cualquier democracia. ¿Puede ser democrático un régimen que desconoce y se opone a la pluralidad que resume el ser nacional de su población? ¿Cómo caracterizar a un sistema que hunde en el genocidio a núcleos amplios de su población e igualmente arrasa con la variada naturaleza que permitió que el nuestro fuera considerado un país de regiones, concretando así un ecocidio?


La descarnada realidad, entonces, es ahora desnudada por el fallo emitido por el TPP, dándole plena validez a la existencia y la misión de la Comisión de la Verdad, un significativo producto del Acuerdo de paz firmado entre Gobierno y Farc, y cuyo esfuerzo especializado debe propiciar la reconstrucción de años de imposición de un poder que no repara en formas ni prácticas para sostenerse y prolongarse.


Esta realidad, al mismo tiempo, invita a encarnar, por la totalidad social que somos, un liderazgo que haga realidad que “el problema de la democracia no será resuelto mientras no se le trate como un todo”, que para el caso colombiano demanda, como un inamovible, la resolución del problema de la tierra, un pendiente extendido desde la Colonia. Al mismo tiempo, la apertura de espacios de participación política y social que, más allá de lo electoral y los cuerpos de representación a que da lugar, inviten y garanticen el diseño de un país con las manos de la totalidad que lo habita, asegurando, como materialización de tal ejercicio, la redistribución de la riqueza nacional, sostén de justicia y paz, dos soportes de una democracia integral que hasta ahora no son más que ilusión y palabras discursivas para descrestar almas incautas.


La Sentencia del TPP no tiene efectos judiciales pero sí morales y éticos, y de ello también debe dar cuenta una democracia en sentido pleno, condición fundamental para sellar una historia de horror y dar paso a otra donde la triada solidaridad, justicia y paz/convivencia, entre humanos y con la naturaleza se plasme cada día.

1. García, Antonio Nossa, Dialéctica de la democracia. Sistema, medios y fines: políticos, económicos y sociales. Ediciones Desde Abajo, 2013, p. 32.
2. Suplemento especial periódico Desde Abajo, edición 284, “En Colombia se ha cometido un genocidio continuado contra una parte del grupo nacional”, septiembre 20-octubre 20, año 2021.

 

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Pío Uribe Palacio, sin título (Cortesía del autor)

La que en un momento parecía una protesta en demanda de justicia tributaria y económica, por circunstancias históricas y coyunturales quedó transformada en un potente grito juvenil y social que le hizo estallar al gobierno en su rostro la bomba de relojería con que experimentaba.


El eco del estallido arrojó a la distancia no solo el cuerpo de la pretendida reforma tributaria por medio de la cual aspiraban a recaudar una billonaria suma de pesos, sino que además su onda expansiva le dio en todo su ser al autor de la misma, quien, afectado por el descredito público, debió renunciar a su responsabilidad ministerial.


Pero la onda, reforzada en su velocidad y potencia por la continuada y multiplicada presencia sobre todo de jóvenes en las calles, fue mucho más allá y rebotó en varios espacios de la Casa de Nariño, motivando agrias inculpaciones por lo que estaba sucediendo, entre sus habitantes, los que convinieron en conceder otras de las demandas como mampara para evitar un golpe frontal con la misma.


Es así como el gobierno optó por reconocer –aunque aún sin llegar hasta su universalidad, con total gratuidad y sin estar mediadas por la demanda– el derecho a la educación superior y universitaria, así como deponer la reforma a la salud, sin que ello abriera en el país la necesidad de deponer la Ley 100 de 1993. Otras reformas necesarias quedaron sobre la mesa, entre ellas la del cuerpo policial y su misión, la estructura, armamento y funcionamiento del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), el mundo del trabajo y con él la implementación de un plan urgente de empleo que asegure trabajo estable y salarios dignos a no menos de dos millones de jóvenes que hoy lo demandan, así como la necesaria transformación de la política de seguridad y control social en vigor en el país, soporte del autoritarismo en el que apoyan su estabilidad quienes controlan el Estado desde tiempos inmemoriales. La Copa América, espectáculo y negocio del que esperaban servirse para reponer por unos días la maltrecha economía, también se fue a pique.


El estallido dejó por el piso, cuestionada, pero sin por ello quedar liquidada ni mucho menos, la política económica y social que ha caracterizado al régimen colombiano desde hace por lo menos cuatro décadas, un cuestionamiento que amerita la apertura de un certero, amplio e incluyente diálogo nacional (1) sobre estos y otros tópicos que involucre al conjunto de quienes habitan el país, y que concluya en un referendo sobre los principios que deben guiar la política económica y social por implementar.


La protesta transformada en estallido terminó por lijar la maltrecha pintura que mal tapa la deformada y formal democracia vigente en Colombia, elevando a la palestra la necesaria y reclamada desde tiempo atrás democracia directa, participativa y radical.


Todo ello impone un giro en el carácter de la democracia, obligado por la activa movilización y las exigencias de una multitud juvenil/popular que tanto en palabras como en acciones ha dejado en claro lo que no comparte del régimen económico, político y social, y lo que espera ver transformado para que la sociedad funcione con menos injusticias, menos desigualdad social y más inclusión.


En hechos, los manifestantes han hablado sobre la democracia a la que aspiran. Sin aspavientos, han instalado y dado forma a un diálogo directo entre las múltiples visiones y experiencias que concurren a los espacios que ocupan, de manera constante o por intervalos, en diversidad de ciudades. De ese diálogo emanan acciones, agendas y responsabilidades.


En algunos de esos espacios, como en Cali, en el territorio hoy conocido como Puerto Resistencia, jóvenes casi niños aseguran con orgullo que allí nadie manda, es decir, nadie se abroga la representación de todos, y que cuando hablan con otros ellos no actúan a nombre propio sino que representan. Además, cada decisión –por ejemplo, definir si conceden una entrevista o no– pasa por la opinión y la definición colectiva.


El fenómeno colectivo se da con un ribete sorprendente: aprenden a convivir. Lo que antes era imposible y para algunos suene intranscendente, que hinchas de equipos rivales de fútbol como el Deportivo Cali y el América, que se perseguían para agredirse incluso con lesiones graves que podían llegar hasta la muerte, producto de la utilización de armas blancas, decidan congelar su antagonismo para unir fuerzas y dirigirlas contra un enemigo común que cada día les dispara e intenta romper su control barrial. Ojalá aquella sea una decisión que, fruto de la convivencia y los afectos que la misma va generando, trascienda al día en que levanten la toma y el control de un territorio.


Allí se ha gestado un liderazgo social y comunitario a cargo de centenares de jóvenes que descubren sin proponérselo el significado profundo de ser miembro de una sociedad, los mismos que asisten en el salón callejero de sus barrios a un curso intensivo de política y organización social colectiva que los lleva a comunicarse entre pares, al punto de establecer, para el caso de Cali, una coordinación que agrupa 21 puntos de toma y bloqueo, que funciona para acordar cómo relacionarse y discutir demandas con la Alcaldía de la ciudad, así como la proyección nacional para otra posible negociación. De hecho, en pequeño son gobierno y son poder, algo que nunca habían imaginado, pues descreen de la política, repudian a quienes viven de ella y, por circunstancias sociales que padecen, no se sentían convocados a lo social, ya que en su mayoría no han podido cursar o finalizar el bachillerato, y mucho menos la universidad; padecen desempleo y perciben ingresos diarios por rebusque callejero, además de sufrir la exclusión por racismo quienes tienen piel negra.


Estamos, por tanto, ante una democracia realmente participativa donde todos tienen voz y donde casi siempre se decide por consenso; una democracia que no depende ni se reduce al evento electoral, espectáculo que no les pasa por la cabeza; democracia que puede calificarse con una característica relevante: es comunitaria. Pero también hablan a través de acciones directas. Es el caso de grupos de jóvenes que ahora –como también lo realizaron en las jornadas de protesta ocurridas en los años 2019 y 2020–, con sus ataques en medio de las movilizaciones denuncian y rechazan la privatización, las altas tarifas y el inadecuado servicio del mal llamado transporte público, expresión de rechazo a las privatizaciones de lo público que también concretan con la embestida contra los peajes, negociado del que saben que les toca pagarlo con lo poco que llega a sus bolsillos.


La inconformidad va mucho más allá y alcanza a expresarse en el rechazo al actuar cotidiano que marca el real carácter de la policía, de la cual están saturados. No es para menos, pues son recurrentes las denuncias por malos tratos y la persecución por estar reunidos en parques tomando un guaro o fumando marihuana, o simplemente por ser mal vistos por la forma como se visten. Síntesis de todo ello es el actuar de poder reforzado por la intimidación que produce quien porta un arma o por el significante de su uniforme. Igualmente, se presentan acciones contra los CAI, denunciando además que allí se ejercen malos tratos, cuando no inocultables violaciones a los derechos humanos.


Pero su opinión sobre el gobierno y sobre la empresa privada y los abusos que cometen también queda reflejada en el ataque a otros edificios que son objeto de su inconformidad y su furia: las oficinas públicas, con especial énfasis contra las edificaciones de las alcaldías municipales u oficinas dependientes de ellas; los bancos, en los cuales identifican a quienes más abusan de la sociedad explotando con altas tarifas su necesidad de vivienda, estudio o simplemente para solventar el consumo diario, así como las edificaciones que alojan a los medios de comunicación en los que ven a los incondicionales acólitos del poder.


En cada acción de estas resalta la impronta de su opinión sobre el país que no quieren, de lo cual se desprenden necesarias reformas por concretar. Los estudiosos podrían decir que es una pobre opinión, sin argumentación; pero una lectura atenta, más allá de la superficialidad de la pintada de paredes o carrocerías, de la ruptura de vidrios, de la pinchada de llantas, la quemada de buses, casetas de peajes, etcétera, permite escuchar las voces argumentadas que acusan al poder de gobernar pensando solo en los suyos, excluyendo a las mayorías, sin interés alguno por la vida de millones. Y eso es suficiente para identificar la real ruptura entre los de arriba y los de abajo, lectura suficiente para comprender que es urgente implementar políticas de todo orden que ayuden a recomponer tal realidad.


Estamos, por tanto, ante una ruptura con enseñanzas múltiples, también establecidas y desprendidas del muy reciente ataque contra bustos y monumentos que hacen memoria elogiosa de invasores y colonizadores, bajo cuyas armas perdieron la vida decenas de miles y otros muchos más vivieron en esclavitud y/o servidumbre, esculturas arrasadas de sitios sagrados para pueblos indígenas como los Misak pero también de otros territorios de vida. La acción se extiende a otros referentes del viejo orden –como expresidentes–, el mismo que aspiran a superar en beneficio de la totalidad social.


De modo que en este terreno asistimos asimismo a un cuestionamiento de la simbología urbana, por no dar cuenta del presente y de un necesario y renovado futuro, lo que indica que están llamando a superar siglos de negaciones para dar paso a un tiempo de inclusiones, lo que no se puede lograr sino materializando variedad de reformas, todas a la orden del día, y todas base y soporte de una democracia directa, participativa, radical, que solo se podrá hacer realidad abriendo las compuertas de la participación decisiva de las mayorías, así como redistribuyendo la riqueza nacional, proceder indispensable para reducir la grosera desigualdad social que escalona al país como el segundo en ese rango en nuestro continente.


Toda esta demanda de una democracia otra, para que sea efectiva y no formal, llega mediante las acciones y las voces de los descendientes de quienes con su esfuerzo diario dieron forma al país de regiones que aún hoy somos, a pesar de todo lo ejecutado por la oligarquía y desde el centro del país para uniformalizarlo: indígenas, síntesis de la diversidad que somos; negros libertos, voz y eco de libertad; campesinos y artesanos antiseñoriales, expresión de rebeldía, de desobediencia permanente, y los colonos, manifestación concreta de autonomía y deseo constante de mejor vida (2).


Cada uno de ellos legó al país partes fundantes de una democracia viva, integral, que nos llegan a través de sus descendientes, hoy alzados porque, como sus antecesores, también son excluidos, oprimidos, negados, perseguidos, criminalizados, desechados. Con sus obras, no con escritos, dejaron como herencia inmemorial que no podemos perder, que debemos retomar para superar este régimen político, económico y social que no permite que alcancemos la paz, soportes del nuevo por parir: la solidaridad o el siempre ofrecer, la reciprocidad o el siempre devolver, el no acumular o el siempre devolver, prácticas de los indígenas; la ayuda mutua, el trabajar y producir en comunidad, en libertad, característica de los negros libertos; la rebeldía, la dignidad, voz inconforme para increpar al poder, semblanza de campesinos y artesanos; la autonomía, la capacidad de autogobernarse con participación abierta y construir economía propia, constante de vida de los colonos.


Son estas unas prácticas presentes en el alzamiento juvenil/popular, pero también en todos los procesos por medio de los cuales desplazados y migrantes construyeron las ciudades que hoy tenemos, en su mayoría habitadas a través de infinidad de barrios levantados con el trabajo de muchos y en contra de la ‘planeación’ de los gobiernos locales, trazada a favor del capital inmobiliario.


Estamos ante las enseñanzas y los retos de los “no letreados”, que con su capacidad de resistir y de obrar han impedido que el país llegue al pozo, empuje para que millones tengan algo mínimo para sobrevivir. Sin sus enseñanzas y sin incluirlos como actores básicos del cuerpo social, no será posible abrir una nueva ventana para que el aire fresco de la democracia directa, participativa, radical –con asiento comunitario–, refresque el hedor que impregna al país, desprendido del cuerpo del viejo poder y su democracia formal, de apariencias y violentas exclusiones, viejo poder siempre moribundo pero sin encontrar todavía los sepultureros que cumplan con su misión histórica.

1. Mauricio, Torres, “Hacia un real, amplio y democrático diálogo nacional”, periódico Desde Abajo, edición mayo-junio, pp. 2-3. http://ow.ly/ALFL50EXHbS.
2. Fals Borda. Orlando, Socialismo raizal, Ediciones Desde Abajo, Colombia, 2007, pp. 22-28.

 

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El asalto al Capitolio por la turba trumpista el 6 de enero de 2021. Foto Afp / Archivo

Nueva York. Tres ex generales alertaron de la posibilidad de otro golpe de Estado, esta vez con mayor participación de militares, en torno a las elecciones presidenciales de 2024, mientras que otros expertos expresan alarma sobre una posible “guerra civil” en el país, y la investigación legislativa por el asalto al Capitolio del 6 de enero revela más detalles sobre qué tan cerca llegó el país a sufrir un golpe de Estado.

Los tres ex generales con extensas carreras militares alertan: “estamos congelados hasta los huesos al pensar que un golpe podría tener éxito la próxima vez”.

El genera mayor del ejército Paul Eaton, el general mayor Antonio Taguba con 34 años de carrera, y el general brigadier Steven Anderson con 31 años de carrera advirtieron, en un artículo de opinión en el Washington Post publicado el viernes, que “el potencial de un colapso total de la cadena de mando por líneas partidistas -desde arriba de la cadena al nivel de escuadrón- es significante si ocurre otra insurrección. La idea de unidades [militares] desleales organizando entre ellas para apoyar al comandante en jefe ‘legítimo’ no puede ser descartado”.

Piden que se contemple qué sucedería si hay dos “comandantes en jefe” emitiendo órdenes después de la próxima elección, donde en una contienda disputada “algunos podrían obedecer órdenes del comandante en jefe legítimo, mientras otros podrían seguir al perdedor tipo Trump”, advierten.

Señalan que eso no solo tiene implicaciones políticas, sino de seguridad nacional al dejar al país vulnerable a “enemigos”. Y apuntan que la falta de preparación militar para las secuelas de la elección de 2020 es “preocupante”, incluyendo reportes de que durante la disputa electoral presidencial el general Mark Milley, jefe del estado mayor, tuvo que maniobrar rápidamente para “asegurar que las cadenas de defensa nuclear de la nación estuvieran protegidas ante posibles órdenes ilegales”.

“Con el país tan dividido como nunca, tenemos que tomar pasos para preparar para lo peor”, recomiendan. Primero, hacer todo para evitar una nueva “insurrección”, indicando que ni un sólo líder que inspiró los actos del 6 de enero ha tenido que rendir cuentas. A la vez, los militares no pueden esperan a que actúen los políticos electos y el Pentágono “debería de ordenar de inmediato un repaso de cívica para todos sus integrantes… sobre la Constitución y la integridad electoral” como también sobre “cómo identificar y manejar órdenes ilegales”.

Además, sugieren una investigación de inteligencia en todas las instalaciones militares para identificar posibles amotinados y propagandistas que usan la desinformación entre las filas militares, y finalmente que el Pentágono realice juegos de guerra de potenciales insurrecciones e intentos de golpe pos-electorales para identificar debilidades e implementar medidas para evitar rupturas en la cadena militar.

Vale recordar que no es la primera vez que líderes militares han expresado alarma de intentos para usar las fuerzas armadas en batallas políticas entre civiles. En el conflicto pos-electoral más reciente, los 10 ex secretarios de Defensa vivientes firmaron un artículo de opinión colectivo publicado el 3 de enero expresando que “esfuerzos para involucrar a las fuerzas armadas de Estados Unidos en resolver disputas electorales nos llevaría a territorio peligroso, ilegal e inconstitucional”.

Mientras tanto, la investigación del comité selecto de la cámara baja sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero, sigue revelando evidencia de que en los niveles más altos del gobierno de Trump junto con sus aliados en el Congreso y sus cómplices se estaba contemplando anular la democracia constitucional de Estados Unidos -o sea, un golpe de Estado. De hecho, el jefe de gabinete Mark Meadows había circulado un plan “power point” de 38 cuartillas que era en esencia el proyecto del golpe para anular la eleccion presidencial de 2020.

El comité selecto ha interrogado a más de 250 personas y acumulado un archivo masivo de evidencia durante sus más de cinco meses de investigación sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero.

Las autoridades han arrestado a más de 700 personas por su participación en el asalto del Capitolio. Por lo menos 81 de ellos tienen vínculos con las fuerzas armadas -la mayoría son veteranos militares, reportó CBS News.

Desde la elección de Trump hasta la fecha, una lista de expertos cada vez más larga coinciden en que la democracia estadunidense está bajo amenaza por fuerzas derechistas -algunas de las cuales son consideradas oficialmente como la principal amenaza interna a la seguridad nacional por agencias de inteligencia- nutridas por el ex presidente y su Partido Republicano.

“Estamos más cerca a una guerra civil de lo que muchos de nosotros queremos creer”, afirma Barbara Walter, profesora de ciencias políticas en la Universidad de California, experta en conflictos y deterioro de estabilidad en el mundo e integrante de un pánel de asesores de la CIA que evalúa que países están al borde de violencia y deterioro, en un libro que será publicado en enero, según relata Dana Milbank en el Post.

“Si uno fuera un analista en un país extranjero observando eventos en Estados Unidos… evaluando cada una de las condiciones que hace más probable una guerra civil… encontraría que Estados Unidos, una democracia fundada hace más de dos siglos, ha ingresado en territorio muy peligroso”, concluye.

No sólo hay más amenazas de uso de violencia por agrupaciones de derecha, e incluso por legisladores federales ultraconservadores contra sus propios colegas en el Congreso, sino que a nivel estatal, republicanos continúan impulsando leyes para suprimir el voto de minorías (por lo menos 30 nuevas leyes han sido promulgadas en 18 estados), re-dibujando distritos electorales para garantizar su control promoviendo medidas para controlar el mecanismo electoral mismo (por los menos 216 proyectos de ley de este tipo se han registrado en 41 estados).

Pero todo eso no ha silenciado a Trump y sus aliados, ni disminuido su arrogancia: entre los últimos correos electrónicos enviados por el ex presidente había uno cuyo título era: “yo tenía la razón en todo”.

“El asunto real es si la democracia estadunidense puede fortalecerse contra los impulsos fascistas desatados por Trump”, resumió el diputado demócrata Jamie Raskin, integrante del comité selecto de investigación y uno de los principales fiscales en el segundo impeachment del ex presidente, en comentarios al New Yorker.

Por David Brooks, corresponsal

2021-12-18

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El presidente Vladimir V. Putin de Rusia y Xi Jinping, el presidente de China, en 2019 en Brasil. Crédito: Ueslei Marcelino/Reuters. Fuente: New York Times

Estuvieron sobre la mesa el comercio bilateral y los problemas estratégicos con el imperialismo norteamericano y europeo. Una alianza que se consolida y desafía a Occidente.

 

La cumbre virtual entre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, fue una primer respuesta frente a la iniciativa del presidente norteamericano Joe Biden que convocó hace pocos días a una Cumbre por la Democracia. Fue una maniobra geopolítica ofensiva para agrupar a distintos países – muchos de ellos con regímenes lejanos a una democracia liberal según los criterios occidentales representados por Europa y EE. UU. –. Biden intenta evitar el declive de la hegemonía de Estados Unidos, una tendencia marcada desde hace varios años profundizada luego de su retirada de Afganistán, buscando establecer un división tajante entre “buenos” y “malos”, “autoritarios” y “democráticos”, utilizando formas y discursos políticos que recuerdan a la Guerra Fría. Pero que en el fondo imprime una situación internacional de rivalidad estratégica con Rusia y, centralmente, China, que por obvias razones no fueron invitados a esa fiesta.

Por esto, en este escenario de enfrentamientos cada vez más complejos debido a la interdependencia productiva, cada paso de EE. UU. por evitar el desarrollo de la relaciones entre Rusia y China, o su consolidación como polo de poder, logra su efecto contrario. Por eso es que Vladímir Putin, y Xi Jinping, se apoyaron este miércoles mutuamente en los asuntos que les enfrentan con Occidente [1]. , sobre todo Estados Unidos, durante una cumbre virtual que se prolongó una hora y media. La videoconferencia fue catalogada como "una conversación entre dos colegas, dos amigos", por el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov, en una rueda de prensa telefónica. Según el Kremlin, el mandatario chino afirmó que aunque Pekín y Moscú no forman una alianza formal, el nivel de sus relaciones es superior al de unos aliados.

¿Pero qué hablaron lo líderes de Rusia y China? Estuvieron sobre la mesa el comercio bilateral y los problemas estratégicos y diplomáticos con Occidente.

Comercio bilateral

En primer lugar se felicitaron por el "excelente nivel" de las relacione es bilaterales y destacaron un notable aumento del comercio entre ellos. Ambos se comprometieron a seguir trabajando para duplicar el intercambio bilateral hasta los 200.000 millones de dólares. Xi señaló a su vez que las relaciones entre China y Rusia han superado pruebas y han "mostrado vitalidad". "Los dos países se respaldan mutuamente en temas de interés clave, tienen intereses compartidos y actúan como piedras angulares del verdadero multilateralismo” dijo el mandatario chino.

Las relaciones comerciales entre ambos países se vienen sellando a partir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Nueva Ruta de la Seda),impulsada por China desde 2013. Un proyecto geoestratégico que busca dar solución a distintas problemáticas internas de China pero que al mismo tiempo, si se desarrolla, puede ser un trampolín a construir una institucionalidad internacional que dispute la hegemonía mundial.

Para ello es que China necesita en gran medida los hidrocarburos rusos, así como su espacio territorial por donde pasa un enorme red de gasoductos y oleoductos y vías ferroviarias con destino a Europa. Un espacio que, en términos de David Harvey, puede ser utilizado para resolver la actual crisis capitalista a partir de soluciones espaciales infraestucturales que permitan, a partir de inversiones en infraestructura la creación de nuevos espacios de acumulación capitalista [2]. Por eso, uno de los temas que abordaron los líderes fue el gasoducto Fuerza de Siberia 2, para aumentar las exportaciones de gas ruso a China.

Enfrentamientos geopolíticos

En este contexto, Putin recibió durante la cumbre, el respaldo de su homólogo chino, Xi Jinping, a la exigencia rusa de garantías de seguridad que impidan el acercamiento de la infraestructura militar de la OTAN a las fronteras. Este avance es impulsado por Estados Unidos sobre un territorio clave de la influencia rusa en Europa oriental desde un punto de vista cultural (la capital Kiev es la madre de la cultura rusa), pero también geopolítico y económico: Ucrania.

Zbigniew Brzezinski, uno de los principales cuadros intelectuales estadounidenses en geoestrategia y neorrealista, plantea en su libro El Gran Tablero Mundial (1998) la importancia estratégica que tiene Ucrania para Estados Unidos en su enfrentamiento con Rusia. Para el estratega si Ucrania estuviese dominada por Occidente, se podría domar al gigante ruso, mientras que si Rusia controla Ucrania tiene chances de volver a convertirse en gran potencia mundial. Como explica Gabriel Merino [3] en este sentido, Ucrania es, el principal país para construir el proyecto de la Gran Nación rusa. Por esta razón es que desde 2014 cuando estalla la guerra civil en Ucrania entre pro-rusos y pro-occidentales, Estados Unidos ha apoyado de forma incondicional al segundo sector en sus demandas por entrar a la OTAN y a la Unión Europea, entre otras. Algo que tanto Francia como Alemania rechazan para desescalar el conflicto con Rusia, ya que tienen una gran dependencia de los hidrocarburos rusos (sobre todo Alemania vía el gasoducto Nordstream I y el II en construcción), además de una problema migratorio de refugiados en las fronteras entre Polonia y Lituania con Bielorrusia.

Además, el principal escenario que busca evitar Estados Unido es el posible acercamiento entre la UE (que busca conseguir mayor autonomía de EE. UU.) y Rusia (cuyo objetivo se circunscribe a los lineamientos eurasianistas de Putin así como la búsqueda de un mundo multipolar). De esta manera, la guerra en ese país y la escalada militar (Putin movilizó 175,000 soldados a la frontera con Ucrania) son una cuña para los distintos proyectos, incluso bloqueando la puerta de entrada a Europa a la Nueva Ruta de la Seda.

De todas maneras el respaldo de Xi a Putin en la cuestión ucraniana no significa que se vaya a traducir en un apoyo directo en acciones bélicas. Sino que se trata de una demostración de fuerzas simbólica (por el momento) ante las provocaciones de Estados Unidos.

En el otro extrema del mapa, China enfrenta una situación de aumento de patrullajes militares en el Mar Meridional de China y en el estrecho de Taiwán. Si bien Rusia nunca apoyó públicamente los reclamos chinos sobre ese espacio, en el caso de Taiwán, plantea que la posición de China es legítima. Por su lado China nunca reconoció la anexión de Crimea por parte de Rusia. Si bien han realizado ejercicios militares tanto en el Pacífico como en el Mar Negro y el océano Índico, muestran algunos límites en la alianza, donde ambos buscan flexibilidad estratégica.

Tensiones diplomáticas

Por otro lado, Putin rechazó el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022, además prometió ser el primer presidente en asistir a la inauguración del torneo que se celebrará en entre el 4 y el 20 de febrero del próximo año.

"Confío que en febrero del próximo año por fin podremos reunirnos en persona en Pekín. Como hemos acordado, celebraremos negociaciones. Y después participaremos en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpico de Invierno", dijo el jefe del Kremlin a su colega chino.

En este sentido, agregó que Rusia y China se apoyan mutuamente en los asuntos de cooperación deportiva, incluido el "rechazo a cualquier intento de politizar el deporte y el movimiento olímpico".

"No tengo ninguna duda de que los próximos Juegos Olímpicos de Invierno se celebrarán al más alto nivel. En China saben hacerlo", señaló el mandatario ruso.

Entre otros temas…

Aunque se muestren amigables, la historia de ambos países está atravesada por la rivalidad a lo largo de los más de 4250 kilómetros de frontera. Pero la situación de enfrentamiento con Estados Unidos los ha empujado a establecer intentos de nuevas instituciones para equilibrar el poder a nivel global. Entre estas se encuentra el fortalecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái (una especie de OTAN asiática) o la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo de libre comercio entre los países del sudeste asiático, que integra a China con Japón y Corea del Sur, los principales aliados de Estados Unidos en la región.

Por eso en la cumbre los dos líderes discutieron la formación de una "infraestructura financiera independiente", según Yuri V. Ushakov, para reducir su dependencia de los bancos occidentales y su vulnerabilidad a las medidas punitivas de Occidente que han aplicado sanciones económicas a ambos países (a Rusia por Ucrania y Siria; a China por Hong Kong y la persecución a los uigures). También propusieron una posible cumbre con India, la otra potencia asiática, lo que muestra un nivel de ambiciones geopolíticas más amplias (Putin viajó a Nueva Delhi para reunirse con el primer ministro Narendra Modi la semana pasada).

"Se ha formado un nuevo modelo de cooperación entre nuestros países, uno basado en fundamentos como la no interferencia en los asuntos internos y el respeto por los intereses de los demás", dijo Putin a Xi.

a puja por quién establece las reglas del juego en la arena mundial está enmarcada en un escenario de multipolaridad relativa que está dando a lugar a lo que Estaban Actis y Nicolás Creus en La disputa por el poder global llaman bipolaridad emergente. En este sentido la alianza sinorusa busca establecer una nueva institucionalidad capitalista que compita a nivel global con el imperialismo norteamericano y la Unión Europea, hoy en declive. Este enfrentamiento aún está en pleno desarrollo.

Por Santiago Montag@SalvadorSoler10

Jueves 16 de diciembre

[1] Concepto entendido desde el punto de vista geopolítico que circunscribe a los países anglosajones y de Europa occidental

[2] Ver Harvey, D. (2004), El Nuevo Imperialismo; Arrighi, G. (2007), Adam Smith en Pekín; Merino, Gabriel E. y Trivi, Nicolás (2019), "La Nueva Ruta de la Seda y la disputa por el poder mundial"

[3] Ver en Merino, G. E. (2016) “Tensiones mundiales, multipolaridad relativa y bloques de poder en una nueva fase de la crisis del orden mundial. Perspectivas de América Latina”

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  El ex presidente de Uruguay, José Mujica, en un momento de la entrevista. — CARAS Y CARETAS

El presidente de Uruguay entre los años 2010 y 2015 refleja su sencillez y humanidad en una emotiva entrevista personal que remueve los engranajes del pensamiento social y político más convencional. "Sabio, ejemplar, grande" son algunos de los calificativos que provocan sus palabras.

Aunque sólo la pandemia por la covid-19 precipitó su retirada de la actividad política para dedicarse a la militancia popular, José Mujica está lejos de pretender jubilarse a sus 86 años. Líder del Movimiento de Participación Popular, grupo mayoritario del partido de izquierdas Frente Amplio de Uruguay, 'Pepe' sigue siendo un filósofo sencillo y un sabio humilde, ejemplo singular ─casi único─ de grandeza en el panorama político latinoamericano.

Maestro de la palabra, el ex político y ahora militante habló con el periodista Miguel Alejandro en el medio uruguayo Caras y Caretas para el programa A este lado del paraíso, en una entrevista que ofrecemos ahora para los lectores de Público y que se puede ver íntegramente en este vídeo.

Durante los poco más de 40 minutos que dura la entrevista, Mujica habla de su concepción del ser humano viajando a lo más profundo de se alma, "en el fondo creo en el hombre", pero siempre con una mirada constructiva sobre el futuro, "si el hombre logra sobrevivir a sus contradicciones tiene capacidad de convertirse en algo mejor". Su desconfianza general sobre la naturaleza humana le mantiene en un estado de vigilancia constante hacia el comportamiento humano, por lo que asegura que "hay que conservar el oficio de la misantropía", casi como un escudo, como una protección frente a los poderosos.

Casado desde 2005 con Lucía Topolansky, vicepresidenta de Uruguay entre 2017 y 2020, y también dirigente del MPP, Mujica conoce bien el amor y habla sobre el hombre frente a la mujer, "en la conducta masculina me parece ver la necesidad de una madre que nos gobierne", pero también el valor de la vida, a la que califica como "el único milagro que hay para cada uno de nosotros".

Su particular visión del hombre contemporáneo, del que participa de la sociedad y la vida pública, nos abre los ojos al entendimiento entre las personas, "poner la otra mejilla no es debilidad, es apuntar lejos", y nos cambia el prisma al describir al odio como un ser "tramposo, tan ciego como el amor, pero que nos termina destruyendo".

En su discurso de amor por la vida, asegura querer llegar a vivir hasta los cien años "y seguir de largo", sobrevuela su pasado guerrillero, sus ideas y su vida moderada y discreta. Dedicado al cultivo de flores como su principal fuente de ingresos, y dejada ya atrás su etapa como presidente de Uruguay, este panteísta reconocido deja en esta entrevista una frase lapidaria: "Por ahora la muerte es lo único fantásticamente democrático que existe".

Madrid

03/12/2021 22:04Público

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Lunes, 29 Noviembre 2021 06:08

Rendición de cuentas

 En imagen de hace unos días, migrantes esperan en La Joya, Texas, luego de haber cruzado el Río Bravo, que llegue el autobús de la patrulla fronteriza que los regresará a México. En este contexto, un informe de Doctores por Derechos Humanos confirmó que niños y padres separados en la frontera –algunos de menos de un año de edad– durante la política de "cero tolerancia" del ex presidente Donald Trump, están mostrando señales de trauma sicológico severo y trastornos mentales.Foto Afp

Un informe emitido la semana pasada por Doctores por Derechos Humanos confirma que niños y padres separados a la fuerza en la frontera México-Estados Unidos –más de 5 mil menores, algunos menos de un año de edad mientras mil 727 de ellos aún no han sido reunificados con sus familias– bajo la política de "cero tolerancia" de Trump están mostrando señas de trauma sicológico severo y trastornos mentales (https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0259576). ¿Alguien, el ex presidente, el arquitecto de su brutal programa Stephen Miller, y los cómplices en el gabinete, tendrán que rendir cuentas ante esta violacion fundamental de derechos humanos?

Washington ha desplegado sus fuerzas armadas en el extranjero cientos de veces desde 1798 al presente (https://sgp.fas.org/crs/natsec/R42738.pdf); y esto no incluye las innumerables ocasiones en que se han realizado intervenciones y acciones clandestinas. Aunque casi todas estas acciones fueron proclamadas en nombre de "la democracia", muchas violaron los principios democráticos e incluso aniquilaron expresiones democráticas. ¿Pero algún comandante en jefe, gabinete o jefes militares que fueron obligados a rendir cuentas para estas acciones y los crímenes de guerra que se cometieron incluyendo tortura, asesinato de civiles, destrucción de hospitales y escuelas y más?

Sin rendir cuentas por los actos ilegales y hasta terroristas de Estados Unidos contra Cuba a lo largo de más de medio siglo, el canciller y el equipo de política exterior de Washington siguen pretendiendo en público que su obsesión con el cambio de régimen en esa isla tiene que ver con "principios democráticos", o afirmando que les importa el proceso electoral democrático en Honduras sin mencionar su apoyo del golpe de Estado ahí durante le gobierno de Barack Obama. No se le ocurre que su autoridad moral es nula sobre el asunto de la democracia justo por no rendir cuentas sobre su historia de intervenciones, apoyo a golpes de Estado y asesinatos políticos de líderes democráticos.

Tal vez el fraude financiero más grande de la historia hizo estallar la economía en Estados Unidos en 2007-2008, con la peor recesión desde la Gran Depresión y todas sus consecuencias sociales. Nadie ha rendido cuentas; ningún banquero fue enviado a la cárcel.

Expertos calculan que casi medio millón de personas en Estados Unidos (entre ellos muchos inmigrantes) perecieron "innecesariamente" durante el primer año de la pandemia por la irresponsabilidad de los políticos en la respuesta a la pandemia. ¿Quién rendirá cuentas?

Una amplia y creciente gama de políticos, intelectuales, militares y hasta empresarios han estado sonando la alarma de que la democracia estadunidense está en jaque. Un relator especial de la oficina de derechos humanos de la ONU concluyó que en Estados Unidos se está "minando la democracia" con medidas en varios estados buscando suprimir el voto de las minorías. Otro informe, del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral concluyó que la democracia estadunidense está "en retroceso" al señalar "un deterioro visible de los ideales democráticos" con la disputa de resultados electorales legítimos, esfuerzos para suprimir participación electoral y actos de represión oficial contra protestas, entre otros factores. ¿Quiénes rendirán cuentas por sofocar la propia democracia en casa?

Sin rendición de cuentas no hay democracia, afirma Estados Unidos cada vez que enjuicia la política de otros países. ¿Pero aplica lo mismo para sí mismo?

“…. toda la gente equivocada está en la cárcel y toda la gente equivocada está fuera de la cárcel, toda la gente equivocada está en el poder y toda la gente equivocada está fuera del poder”, escribió el historiador Howard Zinn, afirmando que eso persiste porque "nuestro problema es la obediencia civil" frente a tanta injusticia. Ante ello, argumentó, a veces se requiere la desobediencia civil justo para obligar que el poder rinda cuentas y con ello defender esa esencia de la democracia.

Joe Strummer, Johnny Cash. Redemption Song.

https://open.spotify.com/track/6ArficY3dtVMWYkyTYkAJP?si=71cdfa0d86854d49

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