Los científicos trabajan en una cueva en Indonesia.Griffith University / Reuters

El análisis mostró que la joven desciende de la primera ola de humanos modernos que llegó a Wallacea hace 50.000 años.

Los huesos de una cazadora adolescente que murió hace más de 7.000 años en la isla indonesia de Sulawesi ayudaron a los científicos a descubrir un grupo de humanos previamente desconocido.

"Hemos descubierto el primer ADN humano antiguo en la región insular entre Asia y Australia, conocida como 'Wallacea', que proporciona una nueva perspectiva de la diversidad genética y la historia de la población de los primeros humanos modernos en esta parte del mundo poco estudiada", manifestó Adam Brumm, coautor del estudio y profesor de Arqueología de la Universidad Griffith (Australia), en un correo electrónico citado por 9 News.

Los investigadores descubrieron el esqueleto de una mujer de entre 17 y 18 años en una cueva en Sulawesi en el 2015. Sus restos fueron enterrados en un sitio arqueológico llamado 'Leang Panninge' hace 7.200 años. La adolescente era parte de la cultura Toalean, cuyos rasgos solo están presentes en Sulawesi. 

"Los 'toaleanos' es el nombre que los arqueólogos han dado a una cultura bastante enigmática de cazadores-recolectores prehistóricos que vivieron en las llanuras boscosas y montañas del sur de Sulawesi entre hace unos 8.000 años y aproximadamente el siglo V d. C.", explicó Brumm. "Hicieron herramientas de piedra muy distintivas (incluidas puntas de flecha diminutas, finamente elaboradas y conocidas como 'puntas de Maros') que no se encuentran en ningún otro lugar de la isla o en Indonesia en general", recalcó el investigador. 

Los científicos pudieron recuperar ADN del hueso petroso en la base del cráneo de la joven para establecer una descendía de la primera ola de humanos modernos que ingresó a Wallacea hace 50.000 años. Esto fue parte de la colonización inicial de la "Gran Australia", o la masa continental combinada de Australia y Nueva Guinea. Son los antepasados ​​de los indígenas australianos y papúes actuales, explicó Brumm.

"Anteriormente, se pensaba que la primera vez que las personas con genes asiáticos entraron en Wallacea fue hace unos 3.500 años, cuando los agricultores de habla austronesia del Neolítico de Taiwán atravesaron las Filipinas y llegaron a Indonesia", contó la investigadora. "[Este hallazgo] sugiere que podría haber habido un grupo distinto de humanos modernos en esta región del que realmente no teníamos idea hasta ahora, ya que los sitios arqueológicos son muy escasos en Wallacea y los restos de esqueletos antiguos son raros", dijo. 

El estudio de Brumm y sus colegas fue publicado este miércoles en la revista Nature.

Publicado: 26 ago 2021 09:22 GMT

La amenaza fantasma Inteligencia artificial y derechos laborales

Más allá de los discursos sobre el «gran reemplazo» del trabajo humano por las máquinas, lo cierto es que la inteligencia artificial está cambiando las formas de trabajar. Los algoritmos son las nuevas «cajas negras», y los recursos de la organización del trabajo son hoy inseparables de los medios de vigilancia. Abrir y regular esas cajas negras es fundamental para evitar el ludismo silencioso que implica la competencia humana con la inteligencia artificial.

¿Es una certeza que en el futuro los robots podrán realizar todas o algunas tareas mejor que los seres humanos? Hoy, solo algunas funciones del trabajo pueden ser mecánicamente automatizadas. Desde la creación de la primera máquina capaz de emular la figura humana hasta las advertencias de John F. Kennedy en 1960, cuando describió la automatización como una «oscura amenaza», el mundo se mostró maravillado con la organización científica del trabajo y reservaba sus temores a la posibilidad de que el autómata –generalmente representado en la ciencia ficción como un único individuo– se rebelara contra su creador.

El impacto actual del desarrollo de la inteligencia artificial está ligado a las reformas neoliberales, que implican descentralización productiva, precariedad laboral y una distribución desigual tanto de la fuerza como de los frutos del trabajo. Más allá de los debates en torno del desempleo tecnológico, el discurso agorero del fin del trabajo, verdadero o falso, pierde de vista el impacto real que la inteligencia artificial tiene sobre las condiciones de trabajo y los derechos laborales involucrados. ¿Existe un lazo inseparable entre la inteligencia artificial y la robótica? La inteligencia artificial era una deriva de la ciencia ficción hasta hace apenas 15 años. El ritmo de desarrollo de la automatización de la organización del trabajo estuvo determinado, hasta entrada la década de 1990, por los avances y el perfeccionamiento de máquinas físicas integradas al proceso de producción. La industria automotriz –estandarte de la organización del trabajo en el siglo xx– incorporó rápidamente los brazos mecánicos en el armado y ensamblaje de automóviles1. Este desarrollo se ralentizó cuando las máquinas no resultaron eficientes para ejecutar la motricidad fina de la que solo son capaces los seres humanos. Aún hoy, en el marcador de la motricidad fina, la biología gana el partido por goleada contra la artificialidad cuando no hay mecánica que pueda reproducir la multifuncionalidad de una rodilla para subir una escalera. Por el contrario, si bien en los últimos años la motricidad robótica encontró obstáculos en su desarrollo, la inteligencia artificial creció sin límites y de manera exponencial. Conocemos los límites de la robótica, pero no los del aprendizaje artificial. ¿Cuál es la frontera de la capacidad de procesamiento artificial y cuáles son los alcances de la creatividad humana? ¿Cuán fundado es el miedo a su competencia? ¿Cuáles son las perspectivas de la colaboración entre ellas?

Comúnmente, los expertos presentan el problema del reemplazo de las capacidades humanas por la automatización como un pastiche en el que inteligencia artificial y robots son siempre ingredientes integrados. El tardocapitalismo podría abastecerse de «recursos de recursos»2, es decir, de recursos producidos por los mismos recursos –humanos y tecnológicos– para llevar a cabo una serie de operaciones que van desde la logística del comercio internacional hasta el cuidado. Solo que, como sostiene Silvia Federici, los trabajos de cuidado podrían ser la última actividad humana en ser reemplazada por la automatización3. Por otro lado, el difundido concepto del centauro inverso, introducido por teóricos de la automatización a partir de la famosa partida de ajedrez entre el robot Deep Blue y Garri Kaspárov, consiste en que sean los robots los que usen a los humanos como complemento: el ser humano como asistente. La máquina en el centro, la persona en los márgenes. Esto ocurre actualmente en el campo virtual. En la nube digital, las personas trabajan realizando microtareas mal pagas –como identificar imágenes con escaleras– para ser los ojos de la máquina, que se desenvuelve eficientemente realizando tareas cognitivas pero no puede ver y reconocer patrones a la vez.

La amenaza fantasma

Así como los primeros autómatas solo emulaban la figura humana y los usos de la mecánica robótica –sin imitación– se desarrollaron de manera eficiente, el concepto de inteligencia artificial más coloquialmente difundido es el de la imitación de la cognición humana, pero su desarrollo más ambicioso –no imitativo– es el de resolver problemas, alcanzar soluciones o realizar tareas. Si la tecnología es capaz de problematizar el concepto de inteligencia, por qué no habría de socavar el de trabajo. Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial y creador y promotor del concepto de «cuarta revolución industrial» en 2016, es incapaz de precisar las propiedades de la inteligencia artificial. Por el contrario, se limita a destacar los logros más recientes y los avances más atractivos del cómputo4. Desde entonces, el tardocapitalismo convino en llamar revolución a un nuevo ecosistema global motorizado por una tecnología disruptiva que aún no logró conceptualizar. En ese contexto, la pregunta por la producción y el trabajo aparece omitida detrás de los caracteres aparentemente revolucionarios de las facilidades y soluciones que ofrecen los productos tecnológicos de última generación5.Los analistas neoliberales más avezados comienzan por aceptar la inexorabilidad tanto del cambio tecnológico como del reemplazo de humanos por máquinas6. La inteligencia artificial es solo un ingrediente más del proceso irrefrenable hacia el fin del trabajo humano. El discurso hegemónico del «sálvese quien pueda», que insta a los jóvenes a adaptarse a la incertidumbre, suele asentarse a veces en el anecdotario de los casos de éxito, en la reorganización de los modelos educativos o en la desregulación laboral, pero siempre, siempre, en la amenaza del reemplazo. La maravilla de la técnica se convierte en amenaza. Ante la certeza de que el cambio tecnológico ha implicado la fragmentación de los mercados de trabajo y un aumento de la precariedad laboral, la amenaza se condensa7.

Por cada noticia que destaca anécdotas sobre los avances de la mecánica para imitar tareas humanas, hay cientos de miles de horas en YouTube de robots haciendo el ridículo. Todavía hoy, algunos divulgadores continúan rezando que «47% de los empleos será reemplazado por robots o computadoras inteligentes»8. La frase erróneamente atribuida a Carl Benedikt Frey y Michael Osborne aún resuena como un mantra en universidades y fábricas9. Es curioso que los padres de la cuarta revolución industrial omitan mayores indagaciones sobre el trabajo y la producción, o las presenten como preguntas exclusivas de la etapa más reciente del desarrollo técnico. Porque antes del solucionismo tecnológico que omite la pregunta por la producción y el trabajo existió otro señalamiento muy distinto. La inexorabilidad de la automatización del trabajo no siempre estuvo asociada a la del reemplazo de humanos por máquinas. Durante una conferencia sindical de la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (afl-cio, por sus siglas en inglés), en 1960, John F. Kennedy advertía por primera vez sobre las ventajas y peligros de lo que definió como «la revolución de la automatización», entre los que se encontraba «la oscura amenaza de la desarticulación industrial, el aumento del desempleo y la profundización de la pobreza». Y agregaba que «el avance de la automatización ya amenaza con destruir miles de puestos de trabajo y acabar con plantas enteras. Pero este no es el producto inevitable del avance de la tecnología»10. Solo el contraste del enfoque de Kennedy con las prioridades del Foro Económico Mundial puede explicar que esta cita pasara inadvertida. Es curioso que la infraestructura que no se utiliza para alcanzar el pleno empleo o su adecuada distribución sí sea capaz de alcanzar para producir todas las máquinas necesarias para reemplazar el empleo que aún existe. La mejor limpiadora automática de piso controlada por inteligencia artificial del mercado cuesta alrededor de 750 dólares. Esto equivale a 350 horas de trabajo de una empleada doméstica registrada en Argentina. Aun suponiendo que la limpiadora automática de piso –que solo puede limpiar eso, el piso– realiza su función de manera satisfactoria, se encuentra a años luz de las capacidades y la multiplicidad de tareas que puede desempeñar una trabajadora de casa particular. Mientras que una empleada doméstica11 puede limpiar toda tu casa, cuidar a tus hijos y hasta llamar a una ambulancia si un adulto mayor tiene una descompensación, la limpiadora automática de piso continuará haciendo eso que hace, que no es otra cosa que limpiar pisos. La familia siquiera considerará si el costo marginal cero, propio de la transformación tecnológica, se aplica a su economía doméstica. El costo marginal se incrementa a medida que se replica la producción de un bien. La tecnología, en especial la digital, permite reducir a cero los costos marginales. Pero, por el contrario, para cubrir la necesidad de cuidar a un adulto mayor bajo las reglas útiles del reemplazo de robots por humanos, la familia deberá comprar un smartwatchwearable con un sensor Spo2 incorporado, que costará en Argentina otros 400 dólares, e integrarlo a un sistema de servicios de salud que procese sus datos en tiempo real. Quizás no exista una cobertura de salud que ofrezca este servicio por menos de otros 1.000 dólares mensuales12. Aun ante la probable expansión global del 5g y la internet de las cosas, la digitalidad continuará expandiéndose de manera exponencial exhibiendo sus costos marginales cero, y la robótica permanecerá estancada, dejando detrás su fantasmal amenaza.

Más acá del desempleo tecnológico

Más allá de las imágenes de un futuro próximo catastrófico o de la potencialidad teórica de la automatización, a la hora de evaluar la evidencia sobre el desempleo tecnológico, la idea de que los humanos podrían ser sustituidos por robots pertenece todavía al campo de la ciencia ficción13. El impacto del cambio tecnológico no se reduce ni debe limitarse a un mero cálculo contable entre los empleos que se crean y los que se destruyen, sino que nos informa sobre los modos de organización del trabajo y sus regulaciones14. La incorporación de paquetes digitales de monitoreo de tareas para garantizar el just in time del siglo xxi –la videovigilancia de los espacios de trabajo, el gps en las aplicaciones de entrega a domicilio, los sistemas biométricos para la identificación de perfiles en línea o el uso de artefactos wearable que se integran a los cuerpos humanos– queda empequeñecida ante el poder transformador de los sistemas de procesamiento de datos para la organización del trabajo. La gestión algorítmica consiste en el uso de recursos informáticos y digitales de supervisión para la administración y dirección del trabajo. A través del aprendizaje artificial o por medio del uso de la interfaz de usuarios, la gestión algorítmica implica un conjunto de utilidades que sirven en primer término para producir datos sobre el trabajo que requiere la prestación de un servicio o la producción de manufacturas; también para adquirir esos datos, ya sean tareas, imágenes, patrones, conversaciones, distancias o valores de cualquier clase; o para procesar esos datos para la elaboración de informes de perfiles o reportes de todo tipo; y completando el ciclo, para tomar decisiones y dar instrucciones sobre las tareas laborales, seleccionar personal o descartarlo, entre otros múltiples usos. Suele subestimarse el hecho de que todas estas dimensiones de uso de la gestión algorítmica impactan actualmente sobre las condiciones de trabajo15. El desarrollo de la inteligencia artificial tensiona potencialmente las capacidades humanas, pero también acecha en la actualidad a una serie de derechos laborales, y lo hace de manera concreta, sin necesidad de recurrir a Isaac Asimov, a la serie Black Mirror o a los libros de Andrés Oppenheimer. Algunos de los derechos involucrados requieren de refuerzos y actualizaciones, pero también podrían ser necesarios nuevos derechos y nuevas políticas. La capacidad de vigilancia y dirección de la inteligencia artificial traspasa los límites de la privacidad, puede incurrir en discriminaciones aberrantes, no reconoce la apelación humana, afecta la salud, corroe la libertad de asociación sindical y desplaza las garantías de protección social. Estas barreras son traspasadas para asegurar la gestión más eficiente posible del tiempo, de las acciones humanas y su valor, es decir, del trabajo. Una organización científica –y computarizada– del trabajo.

En América Latina, las leyes laborales usualmente contemplan la minimización de la vigilancia sobre las personas trabajadoras, imponiendo el deber de informar sobre los medios de control utilizados16. Sin embargo, la ley argentina, por ejemplo, solo ordena la minimización de los controles personales «destinados a la protección de los bienes del empleador» y establece que los controles a mujeres pueden ser realizados únicamente «por personas de su mismo sexo»17. La falta de actualidad de la norma es hilarante. Esta redacción corresponde a una era en la cual las formas de vigilancia en el trabajo se reducían al cacheo o al fichaje de ingreso y salida. El reloj a la vista de todos –que funcionaba como metrónomo de las tareas– no podía ser considerado un medio de control, y menos aún uno muy invasivo. ¡Solo era un reloj! Actualmente, los recursos para la organización del trabajo se encuentran fundidos con los medios de vigilancia. La plataforma Rappi, por ejemplo, recoge la ubicación de los repartidores, entre otros datos, para «tramitar las órdenes más cercanas a su ubicación (...) aun cuando la aplicación se encuentre cerrada o no esté en uso», a la vez que reconoce la utilización de esos datos «para identificar comportamientos atípicos» de los trabajadores y trabajadoras18. Las plataformas disponen de sistemas de monitoreo que violentan la privacidad de quienes trabajan en ellas, pero estos sistemas no tienen como objetivo proteger los bienes de las empresas, sino optimizar el trabajo humano. Por ejemplo, aws Panorama (Amazon, Inc.) es un paquete de software y dispositivos de aprendizaje automático que interpreta imágenes de video y permite chequear remotamente la calidad de un producto, reconocer faltantes en una góndola o hacer vibrar el celular de un trabajador de almacén si este se desvía del curso asignado por la inteligencia artificial. Va de suyo que para alimentar de datos a la inteligencia artificial se requiere de dispositivos que detecten al detalle los movimientos de cada persona trabajadora. ¿Acaso podemos ignorar que si la voz puede ser captada por los dispositivos móviles, y estos devolver en tiempo real una publicidad sobre nuestra conversación, las compañías se privarían de utilizar esta tecnología para optimizar un servicio monitoreando el contenido de las conversaciones de un telemarketer, una agente de ventas o un chofer?

Los métodos algorítmicos para medir con precisión la productividad humana no solamente implican un riesgo para la intimidad de quienes trabajan, sino que son la «caja negra» de la organización del trabajo en el siglo xxi. Detrás de los peligros futuros del desempleo tecnológico o la falta de capacitación de los trabajadores que aún conservan su empleo, hay una maquinaria informática en funcionamiento que las compañías no van a transparentar de manera voluntaria, aunque esté impactando hoy mismo en las condiciones de trabajo de las personas. En la industria, empresas como Coca Cola, Johnson & Johnson y Shell utilizan Ignition, un software de supervisión, control y adquisición de datos tipo scada19, que permite gestionar procesos industriales de manera remota «cerrando la brecha entre producción y tecnologías de la información». Estas plataformas administran los procesos industriales de punta a punta y, por supuesto, incluyen la posibilidad de calendarizar cada microtarea que deben desempeñar los operarios, quienes a la vez están integrados a brazos mecánicos conectados a internet, rampas que se deslizan al ritmo de la inteligencia artificial o motores que emiten la exacta cantidad de gas que les prescribe un algoritmo. Cuando se trata de optimizar comportamientos de trabajadores que reciben órdenes a través de su teléfono celular, los artefactos wearable que pueden medir la frecuencia cardíaca o las distancias recorridas se vuelven inútiles. En el caso de los repartidores de plataformas de venta y entrega de productos, la caja negra tiene otras preocupaciones. Por ejemplo, la mayoría de estas plataformas, como Uber o Rappi, utiliza sistemas de análisis del comportamiento como el cohort analysis, que sirve para estudiar el desempeño de consumidores organizados por grupos y predecir las posibilidades de retener a un determinado cliente según, por ejemplo, el rating promedio que los choferes le asignaron. El mismo modelo se utiliza para predecir qué choferes dejarán de conectarse a la aplicación y en qué momento comenzará a mermar su productividad, o su tasa de aceptación de viajes. El concurso de horas de trabajo o modelo de franjas horarias o slots funciona de manera similar. Si el repartidor o repartidora cancela un pedido o resigna trabajar durante las horas por las cuales concursó en el calendario de la aplicación, entrará en el grupo de repartidores que no podrán acceder al slot de horas del día siguiente. De igual manera, el modelo de análisis de datos que permite conocer cuál es el camino que eligen los consumidores desde que abren la aplicación hasta que concertan la compra de un producto a través de una plataforma sirve para saber cuál es el porcentaje de repartidores que abren la aplicación y alcanzan a completar un pedido o, por el contrario, cuándo y por qué no lo completan. Este modelo de análisis se denomina por embudos o funnel analysis20. No es tan complejo: los métodos para predecir el comportamiento de los prosumidores y optimizar las ventas sirven también para diseñar las aplicaciones e incentivar a los repartidores a tomar más pedidos, asignar viajes a los choferes más productivos o desalentar a los menos, justo antes de que estos empiecen a bajar su productividad. Las implicancias de la gestión algorítmica en las condiciones de trabajo podrían clasificarse según los criterios para obtener datos o según la aplicación y uso de estos.
(a) Se necesita una cantidad de datos para alimentar las bases que luego puedan ser procesados.
(b) Las instrucciones del algoritmo sirven para impartir órdenes (soluciones). Entonces, la extracción de datos usualmente requiere de dispositivos que puedan recabarlos y clasificarlos, los cuales potencialmente ponen en riesgo el derecho a la privacidad de quienes trabajan. Son ejemplos de esta posible y probable afectación de derechos los dispositivos que monitorean el estado de salud de las personas, los que levantan datos de actividades ajenas al trabajo, como la navegación en redes sociales, los que miden el tiempo en que se desarrolla una tarea, los que miden la distribución horaria del trabajo, los que permiten tomar fotografías, leer mails o chats o capturar incumplimientos, demoras, etc. Por otro lado, las instrucciones provistas por los algoritmos permiten asignar tareas a quienes son más productivos, administrar premios y castigos para retener a algunos perfiles de trabajadores, desalentar a otros o seleccionar a quienes el modelo presume menos costosos21. Este aspecto de la gestión algorítmica implica una potencial afectación del derecho de toda persona a no ser discriminada. Mientras la caja negra siga siendo oscura, debemos presumir que el error de cálculo, la calificación desestandarizada, el uso de datos no inclusivos, las evaluaciones arbitrarias y la discriminación racial y de género serán criterios más que excepciones en el diseño algorítmico aplicado al trabajo22. Las normas laborales prohíben la imposición de restricciones religiosas, políticas, gremiales, de residencia o de género en las ofertas de empleo. Sin embargo, estas leyes quedaron muy por detrás de las nuevas formas de selección de personal, que raras veces utilizan avisos para dar con los perfiles buscados. Nuevamente, la falta de transparencia sobre los criterios utilizados, que actualmente se sirven de diversas herramientas tecnológicas, podría encubrir abusos sistemáticos en la selección de personal. En 2018, Amazon debió cambiar su sistema de selección de personal cuando la agencia Reuters probó que el algoritmo aprendió a elegir preferentemente a mayor cantidad de hombres y penalizaba a los perfiles que en su ficha contenían el dato «mujer». En diciembre de 2020, el departamento de ética de inteligencia artificial de Google estalló por los aires cuando la experta en algoritmos Timnit Gebru fue despedida del equipo tras publicar un artículo en el que cuestionaba la inescrutabilidad de los sesgos algorítmicos. La falta de transparencia en la gestión digital también se evidencia en otro derecho laboral clásico: el que permite cuestionar, apelar o impugnar una sanción disciplinaria. Es imposible cuestionar el sesgo de aquello que no puede ser conocido ni explicado.

¿Hay un factor de baja de la productividad más relevante que el de las redes sociales? El tensiómetro de la gestión algorítmica escala a niveles dramáticos con relación a la administración de la atención de las personas trabajadoras. Al mismo tiempo que las compañías utilizan dispositivos para determinar si las teletrabajadoras desvían su concentración, las redes sociales compiten por su atención –compitiendo entonces con el tiempo de trabajo– hasta impactar gravemente en la salud mental. Esta competencia no es explícita. Los equipos y las plataformas de gestión del trabajo a distancia suelen contener funciones de bloqueo de las redes sociales, mientras que estas no disponen de funciones que permitan a los usuarios suspender voluntariamente el ingreso de mensajes y notificaciones. Es entonces cuando la gestión de la atención en el trabajo –presa de la supervisión permanente y la competencia– depende exclusivamente de la capacidad de las personas trabajadoras de sobreponerse a estas circunstancias opresivas.

Por supuesto que cualquiera es libre de tirar el celular por el inodoro. Pero no es tan sencillo. Las órdenes de trabajo pueden llegar en cualquier momento del día y la noche, traspasando los límites de la jornada habitual. En ocasiones, la gestión algorítmica admite el uso de recursos técnicos para desmovilizar a sindicatos en formación o identificar a activistas sindicales –como es el caso de Rappi con la Asociación de Personal de Plataformas de Argentina– o para la evaluación de áreas o nodos de las compañías más susceptibles de ser sindicalizadas.

Contra todo pronóstico, aún existen caminos por recorrer. En la conferencia antes citada, Kennedy planteó: «debemos dejar claro que la instalación de nuevos procesos y nuevas máquinas es propiamente un tema de la negociación colectiva. Ha pasado el tiempo en que los empleadores podían hacer valer la prerrogativa de la acción unilateral en un asunto tan vital para el bienestar de sus empleados». Resulta que el tiempo de la acción unilateral de los empleadores en un asunto tan vital como la inteligencia artificial no ha pasado, pero podría. Para hacer esto realidad, las negociaciones colectivas y las regulaciones deberían incorporar el derecho a la desconexión digital; el derecho a la información y transparencia sobre los criterios algorítmicos por actividad; la publicación de algoritmos utilizados en actividades de alto riesgo; la formación laboral en programación y la formación de programadores en derechos sociales y de género; la soberanía del tiempo de trabajo como alternativa a la flexibilización horaria; el uso de datos inclusivos en el diseño de inteligencia artificial; el derecho a la impugnación de decisiones disciplinarias tomadas mediante inteligencia artificial; la obligación de colocar la marca o sello de inteligencia artificial en los productos o servicios producidos con esa tecnología para revalorizar el trabajo intelectual humano; la prohibición de sistemas de bloqueo de medios de comunicación digital; y la salarización del aumento de la productividad tecnológica23, entre otras iniciativas que alienten el desarrollo tecnológico basado en trabajo de calidad. Para evitar el ludismo silencioso que implica la competencia humana con la inteligencia artificial desregulada, deberíamos poder superar la ignominia que encarna el algoritmo, haciéndolo público. Para el caso de que la propiedad intelectual corporativa prevalezca24, los gobiernos y sindicatos deberían, cuanto menos, poder conocerlo para regularlo.

Regular la caja negra

No todo es distopía o utopía. Existen respuestas reales y muy actuales. A fines de abril de 2021, la Comisión Europea envió un proyecto al Parlamento de la Unión en el que se considera el uso de la inteligencia artificial en la administración del trabajo como un sistema de «alto riesgo» y se ordena a los proveedores corregir los modelos algorítmicos que no se adecúen a los protocolos de respeto por los derechos. Según sus definiciones, la categoría de «alto riesgo» se describe como el paso anterior a la de «riesgo inaceptable». Poco después, el gobierno español aprobó una ley que, además de presumir el carácter asalariado de la actividad de los riders (repartidores), ordena a las empresas abrir la caja negra e informar a los sindicatos sobre la composición de «los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial» que impactan en las condiciones de trabajo25.Las corporaciones comienzan a reformular sus discursos a medida que emergen regulaciones que buscan develar la composición de los algoritmos que organizan el trabajo, transparentar los procesos o reconocer la laboralidad de los vínculos de los trabajadores y trabajadoras de plataformas con las corporaciones tecnológicas. Anabel Díaz, programadora de inteligencia artificial y directora general de Uber Technologies Inc. en Europa, Oriente Medio y África, argumentó que estas leyes se basan en una suerte de mitosobre «ese concepto difuso de que hay una máquina que nadie sabe bien cómo funciona, que toma las decisiones» y sobre «un miedo atroz de que hay algo que va a tomar el control sobre nuestras vidas y no es más que una ayuda»26. Cuando emergen regulaciones sobre la gestión algorítmica, la inteligencia artificial reaparece nuevamente como un mito, pero ahora como un concepto vago, incomprendido o incomprensible, y en definitiva inocuo. La inteligencia artificial se nos presenta a la vez como una amenaza inexorable –del fin del trabajo– y como mito inofensivo, como una caja negra vacía. Una amenaza fantasmal acechante por la que nadie debería preocuparse ni un poco. ¿En qué quedamos?

Más y mejor trabajo

Si nos enfocamos en el problema de la subclasificación de trabajos –como el de las empresas de plataformas digitales, de servicios o la industria que, como reseñamos, es el eje de la precariedad laboral y de las condiciones de trabajo–, el discurso mainstream de la destrucción neta de puestos de trabajo se desvanece. Entre las ocho empresas privadas que más personas emplean en el mundo se encuentran Amazon (comercio electrónico y servicios de computación en la nube) y Accenture (servicios tecnológicos y externalización). Comercio electrónico, servicios tecnológicos y tercerización son mercados de grandes empleadores que a la vez configuran un ecosistema de ruptura o disociación entre el trabajo humano y los derechos laborales y sociales. Asoma el debate por el modelo rentístico y desregulado de la infraestructura digital global27. Mientras esa infraestructura se sirva de máquinas e inteligencia artificial para producir valor, el esfuerzo de los gobiernos progresistas, de los sindicatos y de las empresas debería concentrarse en reasociar, directa o indirectamente, el crecimiento de la productividad tecnológica con el aumento de las protecciones sociales, y en orientar los recursos a la creación de puestos de trabajo de calidad en la economía de reducción del impacto ambiental y de los cuidados. Poner a las personas en el centro y la técnica a su servicio es el camino posible hacia un nuevo acuerdo laboral y social de desarrollo tecnológico, y recuperar lo dicho en el Tratado de Versalles, que dio lugar a la creación de la Organización Internacional del Trabajo, cuando no se avizoraban los beneficios y desafíos de la inteligencia artificial: aspirar a «un régimen del trabajo realmente humano»28.

Nota del autor: este artículo fue elaborado con la asistencia de herramientas artificiales de redacción, corrección y traducción.

  • 1.

Enrique de la Garza Toledo y Marcela Hernández Romo (coords.): Configuraciones productivas y laborales en la tercera generación de la industria automotriz terminal en México, UAM, Ciudad de México, 2018.

  • 2.

Esta denominación se utiliza para referir la forma circular en que la propuesta de la inteligencia artificial inscribe en el sistema de producción su propia lógica homotecnooperativa.

  • 3.
  1. Federici: Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, Traficantes de Sueños, Madrid, 2013.
  • 4.
  1. Schwab: La cuarta revolución industrial, Debate, Buenos Aires, 2017.
  • 5.

Evgeny Morozov: La locura del solucionismo tecnológico, Katz, Buenos Aires, 2016.

  • 6.

Eduardo Levy Yeyati: Después del trabajo, Sudamericana, Buenos Aires, 2018.

  • 7.

Organización Internacional del Trabajo (OIT): «Non-Standard Employment around the World: Understanding Challenges, Shaping Prospects», OIT, Ginebra, 2016.

  • 8.

Andrés Oppenheimer: ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización, Penguin Random House, Ciudad de México, 2018.

  • 9.

«Will A Robot Really Take Your Job?» en The Economist, 6/2019.

  • 10.

J.F. Kennedy: «Remarks of Senator JFK at the AFL-CIO Convention, Grand Rapids, Michigan, June 7 1960» en JFK Presidential Library and Museum, jfklibrary.org.

  • 11.

Mercedes D’Alessandro: «Los cuidados, un sector económico estratégico. Medición del aporte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al Producto Interno Bruto», Ministerio de Economía de Argentina, 2020.

  • 12.

Costo de referencia de cobertura familiar de salud según Organización de Servicios Directos Empresarios, plan 510 (junio de 2020). La cobertura no incluye el monitoreo remoto en tiempo real del estado de salud de los beneficiarios.

  • 13.

Uta Dirksen: «Trabajo del futuro y futuro del trabajo» en Nueva Sociedad No 279, 1-2/2019, disponible en www.nuso.org.

  • 14.

Laura Perelman: «El futuro del trabajo ya llegó: ¿qué hacemos con él?» en Nueva Sociedad edición digital, 8/2020, www.nuso.org.

  • 15.

Valerio De Stefano: «Masters and Servers: Collective Labor Rights and Private Government in the Contemporary World of Work» en International Journal of Comparative Labour and Industrial Relations vol. 36 No 4, 2020.

  • 16.

OIT: «Protección de los datos personales de los trabajadores», Ginebra, 1997.

  • 17.

Régimen de contrato de trabajo, ley 20.744 (t.o.), art. 70.

  • 18.

«Política de tratamiento de datos personales (política de privacidad)», Rappi, Inc., Bogotá, 2021.

  • 19.

Acrónimo de Supervisory Control and Data Acquisition.

  • 20.

Yipeng Jiang, Fang Liu, Qing Yan y Zhengxiang Ke: «An Improved Method for Orderly Funnel Analysis of Massive User Behavior Data», trabajo presentado en la Conferencia Internacional sobre Infraestructura de Red y Contenido Digital (IC-NIDC), 2018.

  • 21.

Valerio De Stefano: «Algorithmic Management and Collective Bargaining», European Trade Union Institute, Bruselas, 2021.

  • 22.

Rob Matheson: «Identifying Artificial Intelligence ‘Blind Spots’», MIT, 24/1/2019.

  • 23.

Diego Schleser, Matías Maito y Jorge Trovato: «Agenda de los trabajadores y trabajadoras para la productividad», análisis, Fundación Friedrich Ebert, Buenos Aires, 2020, disponible en library.fes.de.

  • 24.

Sofía Scasserra y Leonardo Fabián Sai: «La cuestión de los datos. Plusvalía de vida, bienes comunes y Estados inteligentes», análisis, Fundación Friedrich Ebert, Buenos Aires, 2020, disponible en library.fes.de.

  • 25.

Real Decreto-Ley 9/2021, BOE No 113, S. I, p. 56733.

  • 26.

María Fernández: «Uber, contra la ley de ‘riders’» en El País, 30/5/2021.

  • 27.

Nick Srnicek: Capitalismo de plataformas, Caja Negra, Buenos Aires, 2018.

  • 28.

Tratado de Versalles (1919), parte XIII, sección I; Alain Supiot (dir.): Au-delà de l’emploi. Les voies d’une vraie réforme du droit du travail, Flammarion, París, 2016.

Esquema de un brazo sin la arteria mediana del famoso libro de anatomía de Henry Gray, publicado por primera vez en 1858. / Archivo

El porcentaje de personas con arteria mediana en el antebrazo está aumentando significativamente desde hace 125 años, halla un análisis de alcance mundial.

La evolución sigue cambiando al ser humano, de formas insospechadas y mínimas, difíciles de detectar. Una vía sanguínea que está presente en el embrión humano pero suele desaparecer antes del nacimiento se encuentra cada vez más en niños y en personas adultas, indica un nuevo estudio, que achaca estos cambios a un mecanismo de microevolución que afecta a la anatomía interna del cuerpo humano. 

La arteria mediana, que se encuentra en el antebrazo entre las arterias cubital y radial, se ha considerado normalmente una estructura embrionaria, que tiende a desaparecer a partir de la octava semana de gestación, recuerdan los autores del estudio, que pertenecen a dos universidades australianas. Desde el siglo XVIII, sin embargo, existen datos sobre su presencia en un porcentaje pequeño de la población y lo curioso es que este porcentaje ha ido aumentado significativamente desde entonces.

Los últimos datos, que confirman esta tendencia, se refieren a disecciones de 78 personas muertas en 2015 o 2016, todos australianos de ascendencia europea, de los cuales un 33% resultó tener la arteria mediana. Hace 25 años, cuando ya se sugirió este fenómeno, la prevalencia era de alrededor de un 30%, mientras que en las personas nacidas en la década de 1880 solo se encontró en un 10% de los miembros diseccionados.

Al recopilar todos los datos disponibles en el mundo sobre la presencia de la arteria mediana, incluidos los de su propio estudio, y aplicar métodos matemáticos, los científicos australianos, dirigidos por Teghan Lucas, concluyen que la prevalencia actual es de un 35% y que, si se mantiene la tendencia exactamente igual (algo poco probable) todas las personas que nazcan dentro de 80 años la tendrán. Cuando la tenga la mitad de la población dejará de ser una variante y pasará a ser una estructura anatómica normal del brazo y la mano, afirman. Los resultados del análisis se han publicado en la revista Journal of Anatomy.

Hasta aquí los datos, pero la gran pregunta es por qué la evolución favorece algo que no parece un rasgo favorable, aunque tampoco se plantea que sea perjudicial. Sobre esto, los científicos recuerdan que la regresión de la arteria mediana antes del nacimiento está gobernada por unos genes. Cuando no se produce es porque esos genes no se expresan debido a que han sufrido cambios (mutaciones), algo que se enmarca en el continuo proceso evolutivo debido a la presión de la selección natural. O sea, que es algo normal.

Existe un factor que seguramente ha contrarrestando históricamente la tendencia evolutiva al aumento de la arteria mediana en la población y es la espectacular mejora en muchas zonas del mundo de la salud de las embarazadas a lo largo de los últimos 150 años. Si algunos problemas de salud fueran la causa de que no se iniciara el proceso natural de desaparición de la arteria antes del nacimiento debería haber disminuido en vez de aumentado la persistencia de la arteria mediana.

La arteria mediana no es el único rasgo anatómico cuyo aumento de incidencia se ha observado en los dos últimos siglos. También han aumentado la espina bífida oculta, el fabela (pequeño hueso de la rodilla) y las coaliciones tarsales (en el pie).

Los autores del estudio se lamentan de la escasez de cadáveres disponibles para la disección con fines científicos, un fenómeno de alcance mundial que hace que casi todos los estudios, incluido el suyo, pequen de hacerse sobre muestras más pequeñas que las ideales. La reducción en el número de autopsias es igualmente notable y alarma a los expertos por ser una fuente imprescindible para el conocimiento de las causas de los fallecimientos y de los efectos de patógenos como el nuevo coronavirus. Se estima que una gran mayoría de los certificados de defunción señalan una causa errónea o incompleta para el fallecimiento, lo que deriva en graves consecuencias para el conocimiento médico y en las políticas de salud pública.

madrid

12/10/2020 13:16 Actualizado: 13/10/2020 07:24

MALEN RUIZ DE ELVIRA

 El químico estadounidense David Liu, de la Universidad de Harvard. En vídeo, charla TED en la que explica cómo se pueden evitar las enfermedades genéticas. FOTO: CASEY ATKINS | VÍDEO: TED

El método podría corregir el 89% de las 75.000 variantes genéticas asociadas a enfermedades, según sus autores

 

Al químico californiano David Liu le prohibieron la entrada en el casino del hotel MGM Grand, en Las Vegas, cuando tenía 29 años. Ganaba demasiado dinero apostando en la mesa del blackjack, el juego de cartas en el que hay que sumar una puntuación lo más cercana a 21, pero sin pasarse. Triunfaba utilizando “matemáticas simples”, según aseguró por entonces en una entrevista con la revista de su universidad, la de Harvard, en EE UU. Hoy, Liu es uno de los mejores científicos del planeta. Y acaba de descubrir una nueva técnica para modificar con una precisión sin precedentes la información genética de los seres vivos.

Las células humanas tienen su manual de instrucciones escrito con cuatro letras (ATTGCTGAA…) en dos metros de ADN plegados de manera asombrosa. Las herramientas de edición genética, como la técnica CRISPR que ha revolucionado los laboratorios desde 2012, son capaces de buscar una secuencia concreta de letras y cortarla de manera específica con una especie de tijeras moleculares, insertando nueva información como si fuera un procesador de textos. El problema es que, a menudo, la operación falla y se generan mutaciones no deseadas. Como resultado, la mayor parte de las 75.000 variantes genéticas humanas asociadas a enfermedades no se pueden corregir actualmente en el laboratorio, según los cálculos del equipo de Liu. Su método, afirman, puede reparar el 89%.

La técnica, bautizada prime editing (“edición de calidad”), es “elegante y fascinante”, en palabras del genetista Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid. “Estamos ante una propuesta disruptiva, algo nuevo, que no existía y que obligará a revisar las posibilidades terapéuticas derivadas de la edición genética”, celebra. El equipo de Liu publica hoy en la revista Nature los resultados de 175 experimentos en células humanas en el laboratorio, incluyendo la corrección de las causas genéticas de trastornos como la anemia de células falciformes y la enfermedad de Tay-Sachs.

En una célula, las instrucciones contenidas en el ADN se traducen a otro lenguaje, el ARN, como paso intermedio para dirigir la fabricación de proteínas, por ejemplo la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre o los anticuerpos que defienden al organismo del ataque de virus y bacterias. En la técnica CRISPR habitual, los científicos diseñan una molécula de ARN complementaria a la secuencia de ADN que quieren editar y añaden una proteína Cas9, que actúa como unas tijeras. Esta máquina molecular es capaz de encontrar el tramo de ADN deseado y cortarlo, añadiendo si es preciso otro fragmento de ADN con nueva información sintetizada por los científicos.

La estrategia de David Liu es diferente. El californiano, según explica Montoliu, ha inventado “una nueva proteína quimérica”, que utiliza una variante de las tijeras Cas9 capaz de cortar una sola de las dos cadenas que forman la característica doble hélice del ADN, evitando así mutaciones indeseadas.

Para dirigir su máquina molecular a un lugar concreto del genoma, Liu utiliza una guía de ARN y “nada menos que una transcriptasa reversa, una proteína que usan fundamentalmente los virus para copiar su ARN en ADN, invirtiendo el flujo canónico de la información genética, que parte del ADN y se copia a ARN, para acabar convirtiéndose en una proteína”, detalla Montoliu. “La guía de ARN en este caso se extiende y tiene un extremo nuevo, más largo, que es usado como molde por la transcriptasa reversa para copiar nuevo ADN con la secuencia correcta, con la mutación corregida”, añade el investigador. El prime editing escribe nueva información genética directamente en el genoma.

“Se necesita mucha más investigación en una amplia variedad de tipos celulares y organismos para entender mejor el prime editing y perfeccionarlo”, reconoce el equipo de Liu en su publicación en la revista Nature. Montoliu también es cauto, a la espera de que otros laboratorios del mundo ensayen la nueva herramienta. “Esa será la prueba del nueve que nos dirá si este procedimiento innovador para editar genomas va a tener posibilidades y recorrido terapéutico o si se va a quedar como una más de las decenas de propuestas con variantes alternativas de CRISPR que conocemos cada semana”, zanja.

 

“Un avance fascinante”

 

El año pasado nacieron en China los dos primeros bebés cuyo genoma fue modificado para que fuesen inmunes al virus del sida. Este avance logrado por el polémico científico He Jiankui fue recibido con alarma por la comunidad científica porque la técnica de edición genética CRISPR aún no es perfecta y puede generar mutaciones no deseadas en otras partes del genoma. El equipo de Liu ha demostrado en líneas celulares de laboratorio que el prime editing genera menos errores de edición en los lugares a los que va dirigido, aunque no ha analizado si hay errores fuera de sitio, advierte Hilary Sheppard, bióloga molecular de la Universidad de Auckland (Australia) en opiniones recogidas por Science Media Centre. “Este es un avance fascinante que podría solucionar algunos de los problemas actuales de la edición genética, aunque aún queda tiempo hasta demostrar que puede corregir errores en el tipo de células esperado y en contextos clínicos”, explica la investigadora.

 

Por Manuel Ansede

22 OCT 2019 - 01:37 COT

 Más de un tercio de los cultivos humanos necesitan de los insectos y aves para su polinización Natural Capital Project

La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años

 

En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los distintos ecosistemas y procesos biológicos ofrecen hoy a los humanos y lo que podrán darles en 2050. Por diversas causas, la mayoría antropogénicas, procesos naturales como la polinización de los cultivos o la renovación del agua reducirán su aportación al bienestar humano. La peor parte se la llevarán regiones que hoy tienen un mayor capital natural, como África y buena parte de Asia.

Los autores de la investigación determinaron la contribución natural de los diversos ecosistemas a tres procesos claves para los humanos: la polinización por parte de insectos y aves, la regeneración del agua mediante la retirada del exceso de nitrógeno procedente de la ganadería y la agricultura o la protección que diversas barreras naturales dan en la línea de costa. "La naturaleza ofrece mucho más a los humanos, en un anterior trabajo planteamos 18 grandes familias de contribuciones naturales, pero no hay datos de todas ellas y para todo el planeta", dice el investigador Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y coautor del estudio, Unai Pascual, para explicar la elección de estas tres contribuciones.

Solaparon aquellos datos con los de la población actual y la prevista en 2050 a escala local. El modelo incluyó también los distintos factores que más están deteriorando la naturaleza, como los cambios en el uso de la tierra en forma de deforestación y avance de la agricultura, la acelerada urbanización o el cambio climático. Por último, aplicaron su modelo a tres posibles escenarios: uno en el que las sociedades seguirán basadas en el uso de los combustibles fósiles como ahora, otro emergente que denominaron de rivalidad regional y un tercero protagonizado por la sostenibilidad.

El trabajo, publicado en Science, concluye que, en el peor de los escenarios, hasta 4.450 millones de personas podrían tener problemas con la calidad del agua por la incapacidad de los distintos ecosistemas de regenerarla. Además, casi 5.000 millones de humanos tendrán que soportar una significativa merma en los rendimientos de sus cultivos por una deficiente polinización.

Los peores resultados no se dan en el escenario donde el petróleo (y las emisiones de CO2) son la base del sistema, sino en el nuevo de rivalidad regional. "Es en un escenario de generación de bloques, donde el comercio internacional se regionaliza, algo que ya estamos viendo con el Brexit o Trump", comenta Pascual, que es también copresidente del informe de Evaluación sobre los Valores de la Naturaleza de la IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas). En este panorama de nacionalización de la globalización, el aumento de la población intensificará la presión sobre los recursos que la naturaleza puede ofrecer en muchas regiones del planeta.

Solo una apuesta por una trayectoria sostenible podría reducir el número de personas afectadas por el deterioro de los ecosistemas entre tres y diez veces. Sin embargo, sea cual sea el escenario que se dé dentro de 30 años, unos 500 millones de habitantes de las zonas costeras tendrán un mayor riesgo de erosión del litoral o de inundaciones.

El trabajo, que se ha plasmado en una potente herramienta visual del Proyecto Capital Natural, permite saber quiénes serán los que mas pierdan. Hasta 2.500 millones de personas del este y sur de Asia y otros 1.100 en África sufrirán una reducción en la calidad de su agua. Los riesgos costeros se concentrarán en el sur y el norte de Asia. Mientras, los mayores problemas con la polinización natural los tendrán de nuevo en el sudeste asiático y África, pero también en Europa y América Latina. En ambas regiones las personas afectadas podrían acercarse a los 900 millones.

"Los países en desarrollo, que ya estaban en desventaja social y económica, contaban con la supuestas ventajas del mayor capital natural, pero es aquí donde se degrada más rápidamente", señala Pascual.

Aunque la tecnología ha venido supliendo un número creciente de servicios que antes prestaba la naturaleza, esta vez podría no ser la respuesta. "Si nos referimos a tecnologías como aquellas que reemplacen por completo las contribuciones de la naturaleza, como puede ser la polinización manual de cultivos que hacen en China, o plantas de tratamiento de agua para eliminar el nitrógeno, o la elaboración de estructuras sólidas para proteger las costas, no me parece que sean solución", explica en un correo la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Patricia Balvanera, no relacionada con el estudio.

Especializada en la interrelación entre biodiversidad y bienestar humano, Balvanera lo explica: "No son soluciones, por un lado, porque no cumplen todas las funciones que cumple la naturaleza. El tener vegetación a lo largo de los ríos o los bordes de los lagos no solo contribuye a la retención de nitrógeno, sino también contribuye a la infiltración del agua, a bombear agua a la atmósfera, además de ser un lugar apto para la recreación. Lo mismo con los manglares, arrecifes, pastos marinos. No solo contribuyen a la protección costera, sino que son las guarderías de los peces y por lo tanto contribuyen a la regulación de las pesquerías".

La concentración de las mayores pérdidas de capital natural en las zonas más pobres que revela el estudio también hace inviable la apuesta tecnológica. Así lo argumenta la investigadora mexicana: "No es realista que Madagascar pueda invertir en construcciones costosas para la protección costera. No es realista que la India pudiera poner cientos o miles de plantas de tratamiento de agua. Tampoco es realista que China compense toda la polinización con trabajo manual".

Más realista parece conservar la biodiversidad allí donde más ofrece. Y, como dice en una nota la científica del Proyecto Capital Natural y coautora del estudio Becky Chaplin-Kramer, "contamos con la información que necesitamos para evitar los peores escenarios que proyectan nuestros modelos y avanzar hacia un futuro justo y sostenible".

11 OCT 2019 - 04:47 COT

Publicado enMedio Ambiente
La imagen muestra los resultados de la reconstrucción en 3D del cráneo de Apidima 2, descubierto en una cueva griega.Foto Afp

Más temprano y más lejos: el Homo sapiens no africano más antiguo descubierto hasta ahora era griego y data de 210 mil años, según un estudio publicado este miércoles, que adelanta en más de 150 mil años la llegada de la especie a Europa.

 

Apidima 1, como lo bautizaron los científicos, es “más viejo que todos los otros especímenes de Homo sapiens hallados fuera de África”, explicó Katerina Harvati, de la Universidad de Tübingen en Alemania, coautora del estudio divulgado en la revista Nature.

 

Hasta ahora, se contaba con un fragmento de mandíbula de Homo sapiens hallado en una cueva de Israel y que remontaba a un periodo de entre 177 mil y 194 mil años. Los otros más antiguos tenían entre 90 mil y 120 mil años. En Europa, el más viejo fechaba de 70 mil.

 

Reconocimiento tardío

 

Se trata de un reconocimiento tardío para Apidima 1. Había sido hallado a finales de los años 70 por el Museo de Antropología de la Universidad de Atenas en una cavidad del macizo de Apidima, en el Peloponeso, pero en la época había sido catalogado como un preneandertal.

 

Sin embargo, las técnicas modernas de datación y de imágenes permitieron a Harvati y a su equipo revelar una "mezcla de características humanas modernas y arcaicas", que hacen de él un Homo sapiens precoz.

 

Sin embargo, los arqueólogos sólo hallaron la parte trasera de su cráneo y “algunos podrían sostener que el espécimen está demasiado incompleto para que su estatuto de Homo sapiens sea inequívoco”, precisó Eric Delson, del Colegio Lehman de Nueva York, en un comentario publicado con el estudio.

 

“Apidima 1 muestra que la dispersión del Homo sapiens fuera de África no sólo tuvo lugar antes de lo que se pensaba, hace más de 200 mil años, sino que llegó hasta Europa”, afirmó Harvati.

 

El Homo sapiens, llamado igualmente hombre moderno, apareció en África. Los más antiguos representantes conocidos de nuestra especie fechan de 300 mil años y fueron hallados en Jbel Irhud, en Marruecos.

 

Durante mucho tiempo, se estimó que habían dejado su "cuna" africana mucho más tarde, hace unos 70 mil años, durante una ola migratoria de envergadura.

 

Sin embargo, desde hace varios años, los hallazgos no cesan de cuestionar esta teoría, avanzando cada vez más la fecha de las primeras migraciones y extendiendo la zona de sus dispersiones.

 

Apidima 1 fue descubierto frente a otro cráneo, bautizado Apidima 2. Según el estudio, se trataría de un neandertal de 170 mil años.

 

“Nuestros resultados sugieren que al menos dos grupos de personas vivían en el Pleistoceno Medio en lo que es actualmente el sur de Grecia: una población precoz de Homo sapiens y más tarde, un grupo de neandertales”, aseguró Harvati, sugiriendo que los segundos remplazaron a los primeros.

 

Antes de ser a su vez sustituidos por otros Homo sapiens recién llegados, hace 40 mil años, cuando los neandertales desaparecieron por completo.

 

"Quizás una o varias veces, ambas especies se remplazaron la una a la otra", señaló Eric Delson.

 

Este nuevo descubrimiento refuerza la idea de que hubo múltiples dispersiones de seres humanos fuera de África. El movimiento migratorio y la colonización de Eurasia fueron seguramente más enrevesados de lo que se pensaba.

 

"Más que una sola salida de homínidos de África para poblar Europa y Asia, debió haber varias dispersiones, y algunas no dieron lugar a instalaciones permanentes", según Delson.

 

Lo anterior, incluso si todos los grupos que se desarrollaron fuera de África hace más de 60 mil años desaparecieron completamente, sin dejar rastro en nuestro genoma actual.

Lunes, 22 Abril 2019 05:39

El fuego y el acantilado

 Una cría de gorila, en el Bioparc de Valencia. EP

Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas que lo devastan

Hace unos días leí una reflexión del escritor colombiano Juan Cárdenas a propósito de una nota inquietante: el suicidio de unas morsas cuyo hábitat fue devastado por el cambio climático. Cárdenas contrastaba la impresión que le provocó el video que testimoniaba la autosupresión de las morsas (que saltaron por un acantilado) con la que le dejó, ese mismo día, el incendio accidental de la catedral de Notre Dame, en París. Y concluía, razonablemente, que pese a todo el dolor que pueda uno sentir por el patrimonio arquitectónico, histórico, artístico y religioso destruido o afectado en el siniestro del 15 de abril, lo que resulta irreparable de verdad, y ante lo que permanecemos en general indiferentes, es la pérdida de la naturaleza.


Las morsas no se encuentran, de momento, registradas entre las especies en peligro de extinción (a pesar de que han sido masacradas de modos infames) pero el deterioro o supresión de sus refugios y los vaivenes climáticos (que muchos gobiernos se empeñan en negar, o que aceptan pero sin tomar medidas contundentes al respecto) pueden hacer que esa escena extrema del suicidio se replique. Y no están solas: abrir un portal de noticias, hoy, es leer apuntes sobre el peligro global que enfrentan las abejas, la agonía de varias clases de aves y mamíferos, el colapso de las poblaciones de peces…


Notre Dame es una joya invaluable que lleva más de ocho siglos en pie, acumulando sobre sí Historia (e historias), arte, belleza... Y resulta lógico que nos consternemos porque la obra más trascendente del medioevo europeo haya sufrido daños tremendos y corrido el riesgo de desmoronarse. Eso no tendría siquiera que ponerse en duda y para negarlo hay que ser muy inconscientes o muy fanáticos (las redes dan cuenta de que padecemos la cercanía de muchos ejemplares de unos y otros bichos, aunque aún son minoría). Pero lo que sucede ahora mismo con la naturaleza es, si tuviéramos que ponernos a jerarquizar las desgracias que nos aquejan, incluso peor. Porque Notre Dame será reconstruida, al igual que lo han sido otras joyas góticas. Las catedrales de Reims y Colonia, víctimas de las guerras mundiales, perdieron parte de su gloria en el fuego pero siguen, por fortuna, en pie. Para Nuestra Señora ya se han anunciado donaciones millonarias y un programa que atienda las necesidades inmediatas del recinto. Y, sin embargo, con la naturaleza puede que no lleguemos a esos finales felices o al menos agridulces...


Los humanos hemos arrasado con animales y plantas y saqueado la tierra firme y los mares y lo seguimos haciendo cada mañana. Asumimos que lo que alberga el planeta (y el planeta mismo) está allí para que lo explotemos y en nuestra ambición, imbecilidad y vileza hemos hecho desaparecer una multitud de especies que llevaban millones de años vivas, que recorrieron el camino de la evolución junto a nosotros (o lo empezaron mucho antes) y que, por nuestra mano, ya no están más. Nos hemos afanado en dejar una realidad más pobre de la que encontramos al nacer.


Y parece que solo a golpes abrimos los ojos. Los anticipados colapsos de las reservas de agua potable y energía, el estado límite de la contaminación en miles de ciudades, los estragos causados por el sobrecalentamiento general y el deshielo de los polos no son datos curiosos: son síntomas del desastre que se avecina. Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame de las cenizas, sí, y qué bueno, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas e intereses que lo devastan. Y en materia ambiental ya no sirven las reformas o los paños tibios: urge una revolución. Porque sabemos apagar el fuego, pero parece que no sabemos qué hacer para evitar el salto por el acantilado.

Por Antonio Ortuño
21 ABR 2019 - 21:55 COT

Publicado enMedio Ambiente
Crean prototipo de corazón impreso en 3D a partir de tejido humano

Del tamaño del órgano de un conejo, tiene vasos sanguíneos, elaborados con colágeno y cartílago

 

Jerusalén. Investigadores de la Universidad de Tel Aviv presentaron este lunes el primer prototipo del mundo de un corazón impreso en 3D a partir de tejido humano, un gran avance para la ciencia y el futuro de las cirugías de trasplantes de órganos.

La innovadora tecnología fue desarrollada por los doctores Tal Dvir y Nadav Nur de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Tel Aviv (TAU), y Nadav Noor, su estudiante de doctorado en Ciencias Avanzadas, en colaboración con la Facultad de Ingeniería y el Centro Biotecnológico Segol.

"Es la primera vez que se hace un corazón con una impresora 3D con tejido de un paciente", explicó Tal Dvir, director de la investigación, en una conferencia de prensa para la presentación de órgano tridimensional artificial, que palpita de verdad.

Dvir destacó que desde la invención de la impresora 3D, los científicos han tratado de imprimir órganos humanos utilizando tejido vivo, debido a la importancia que representa para la ciencia, la medicina y sobre todo en los casos de pacientes que requieren de un trasplante de órgano.

Este avance abre el camino hacia la medicina del futuro, con la esperanza de que las personas que necesiten trasplantes puedan conseguir órganos en los laboratorios y con menor tasa de rechazo, destacó el especialista de la Universidad de Tel Aviv.

"Los científicos involucrados dicen que esta tecnología estará disponible dentro de 10 años", subrayó Dvir. Explicó que el corazón 3D está completo: tiene vasos sanguíneos, realizados con "tinta" personalizada elaborada con colágeno, cartílago y tejidos de la válvula aórtica.

Precisó que el corazón es similar en tamaño al de un conejo y aún no funciona, la impresión en 3D es un gran avance, ya que lograr una del tamaño del órgano humano implica básicamente la misma tecnología, según reporte del Ha’aretz Daily en línea.

"Necesitamos desarrollar más el corazón impreso. Las células requieren tener capacidad de bombeo. Actualmente pueden contactar, pero necesitamos que trabajen juntos. Nuestra esperanza es que triunfemos y probemos la eficacia y utilidad de nuestro método", agregó.

En otras palabras, añadió, la siguiente etapa es cultivar el corazón del tamaño de un roedor en el laboratorio, madurarlo y enseñar al órgano artificial, pero biológico, a "comportarse" como uno natural. "La etapa posterior será trasplantar corazones impresos en 3D a animales para probar su funcionalidad", apuntó.

Científicos logran revertir el proceso de envejecimiento de células humanas

Los expertos suministraron pequeñas cantidades de un compuesto químico a células deterioradas por la edad.

Un grupo de científicos ha encontrado una manera de revertir el envejecimiento celular por medio del suministro de ácido sulfhídrico en pequeñas dosis. Los expertos emplearon la moderna tecnología conocida como de 'código postal molecular' que permite enviar la molécula necesaria directamente a las mitocondrias, estructuras que producen energía en las células. Las conclusiones del experimento han sido publicadas en un artículo de la revista digital The Conversation.


El ácido, conocido también como sulfuro de hidrógeno, es un compuesto tóxico en grandes cantidades. El equipo lo liberó en pequeñas cantidades para tratar a las células envejecidas. Esta distribución del sulfuro aumentó los niveles de los denominados factores de empalme génico, explican los autores. El propósito era eliminar las células deterioradas y no prolongarles la vida

¿Por qué? Las células dañadas no solo dejan de funcionar debidamente, sino que ponen en riesgo el funcionamiento de las que las rodean. Su eliminación rejuvenece, demostró el grupo al detectar una aparición más tardía de cataratas en animales.


"Todavía no entendemos completamente por qué las células se vuelven senescentes a medida que envejecemos", admiten los autores, pero este proceso "daña al ADN, nos expone a la inflamación y afecta las moléculas protectoras que se sitúan en los extremos de los cromosomas: los telómeros".


El enfoque científico moderno asocia la acumulación de células senescentes en tejidos y órganos con gran parte de las enfermedades crónicas comunes que padecen los humanos, como el cáncer, la diabetes y la demencia, explica el artículo. Controlar la senescencia es un desafío para el mundo científico, ya que supone poder activar y desactivar genes en el momento correcto y en el lugar correcto por medio de reguladores.


Como nota curiosa, a principios de este mes un estudio incluyó el sulfuro de hidrógeno en la lista de los "peores olores del mundo".

 

Acabamos en 100 años con las especies que a la naturaleza le tomaría 10 mil

En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”


El impacto del humano en el planeta a lo largo del último siglo es tal que podemos responsabilizarlo de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra, indicó Gerardo Ceballos, director del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM.


En uno de sus trabajos más recientes, el académico calculó la tasa de desaparición usual de vertebrados —la que ocurre todo el tiempo— y determinó, que hace dos millones de años (durante el Pleistoceno) debían pasar 10 décadas para que, de cada cinco mil especies presentes, desapareciera una.


“Después contrastamos este estimado con lo que está pasando en la actualidad y vimos que dicho ritmo se ha elevado hasta en un centenar de veces, es decir, el hombre ha acabado en sólo un siglo con las especies que a la naturaleza, en condiciones normales, le tomaría 10 mil años extinguir”.


Para el investigador del Instituto de Ecología, este problema es tan grave que, de no tomarse las medidas requeridas, la civilización podría colapsar en tres o cuatro décadas. “Ya hay indicios de que vamos por ese camino: dos mil millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso continuo al agua potable y mil 800 millones no pueden comer todos los días. De no hacer nada todos estos conflictos hoy locales, mañana tendrán un alcance global”.


A fin de evitar el agravamiento de estos escenarios —advirtió— es preciso actuar de manera inmediata, pues las plantas y animales silvestres son la base de los servicios ambientales; de ellos depende la combinación adecuada de los gases de la atmósfera, la calidad y disponibilidad hídricas o la fertilidad del suelo, entre muchos otros aspectos esenciales para el buen desarrollo de la vida en la Tierra.


Los estudios del doctor Ceballos señalan que estás afectaciones han generado una suerte de efecto dominó que, además de incidir en el número de variedades desaparecidas, ha mermado las existentes. “Tras analizar 27 mil 600 especies de vertebrados (mamíferos, aves reptiles, anfibios y peces) vimos que más del 30 por ciento de sus poblaciones está decreciendo, y hablamos de todo tipo de animales, desde los comunes como la golondrina, hasta los muy raros o amenazados. La variedad y abundancia biológica están en peligro”.
Sobre si estamos siendo testigos de una extinción masiva, el universitario explicó que se les dice así a aquellas que cumplen con tres requisitos: son catastróficas (eliminan 70 por ciento, o más, de la biodiversidad); son causadas por un desastre natural, y son relativamente rápidas (tardan decenas o cientos de miles de años).


“Todo eso está pasando y es resultado de la actividad humana. En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”.


Antropoceno, la era en que el hombre es un peligro


Los periodos geológicos se clasifican a partir de la huella de alguna actividad que afecta a todo el planeta; debido a su impacto, algunos científicos comparan al hombre con un desastre natural y argumentan que, desde mediados del siglo XX, no estamos más en el Holoceno, sino en una nueva época llamada Antropoceno.


“El autor de esta propuesta es Paul J. Crutzen, ganador del Premio Nobel junto con Mario Molina, quien descubrió que después de 1952 es posible detectar la huella radioactiva del ser humano — producto de la detonación de bombas atómicas — en los estratos terrestres”.


Aunque aún hay quienes no aceptan este término, para Ceballos resulta adecuado, pues alude al daño antropogénico y lo señala como la causa principal de muchas de las características físicas, químicas y biológicas hoy observadas en el planeta. “Llamarle Antropoceno nos ayuda a entender la magnitud del problema”

.
Y es que, en palabras del biólogo, la situación es ya insostenible: algunos cálculos revelan que, de 1970 a la fecha, se han perdido tres quintas partes de todos los animales silvestres. ¿Qué significa?, que tenemos un 60 por ciento menos de hipopótamos, rinocerontes, venados, ballenas y demás seres no domesticados. En medio siglo perdimos todo esto debido tan sólo por la actividad humana, dijo.


“Por ejemplo, cada 15 minutos se mata a un elefante de manera ilegal en África, o en los últimos 10 años perecieron 100 mil orangutanes en Borneo y hoy quedan menos de 50 mil; lo más probable es que ya no veamos más a ninguno de estos animales en sus hábitats naturales en la próxima década. De tal magnitud es nuestra huella”.
Propuestas para lograr un cambio


Y sin embargo, en medio de un escenario tan desalentador Ceballos señala que es posible revertir algo del daño. “Es alentador pensar que, si los humanos estamos detrás de esto, con sólo modificar nuestras acciones podemos reducir el impacto en la naturaleza”.


Con este fin, el académico trabaja en la iniciativa Alto a la Extinción (Stop Extinction) que, de forma similar a los tratados internacionales contra el cambio climático y al Protocolo de Kioto, busca el aval de la mayoría de los países a fin de salvaguardar la biodiversidad.


“Ya hay avances, pero el tema es complicado. Por ejemplo, están las peligrosísimas mafias chinas y del Sudeste de Asia, dedicadas al lucrativo tráfico de especies. Debemos trabajar mucho; las siguientes décadas serán fundamentales y determinarán el derrotero a seguir”.


Sobre Stop Extinction, Ceballos adelantó que está en fase inicial y no será sino hasta el siguiente año cuando se dé información concisa. “Lo que sí podemos decir es que se lanzará en México, pues deseamos que sea un proyecto abanderado por países en desarrollo como el nuestro, a fin de mandar un mensaje firme a gobiernos como el de Donald Trump, en Estados Unidos, que tanto daño hacen con sus políticas a un medio ambiente que nos pertenece a todos”.

27 junio 2018

Publicado enSociedad
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