Lunes, 19 Septiembre 2022 05:27

Pureza

‘El sacrificio de Ifigenia’. Domenichino, 1609

Necesitamos un poco de religión no ascética que nos re-ligue al mundo y a los otros, aunque nos manchemos. Entre la pureza viciosa y la impureza complacida y ventajosa, está la limpieza, que es sobria pero no casta, alegre pero no cínica

 

Una leyenda apócrifa cuenta que Polirgasio, como Atanasio y Pafnucio, como Jerónimo y Antonio, se adentró en el desierto huyendo de las tentaciones de la ciudad. Pero las tentaciones, ya lo sabemos, lo siguieron hasta allí. Se construyó una choza de paja y todas las mañanas, cuando salía a rezar, una mujer escandalosamente viva se levantaba la falda y le mostraba el sexo hormigueante de luz. Polirgasio cerraba los ojos, se concentraba en el dolor de sus rótulas y musitaba jaculatorias; al cabo de unos días la mujer desapareció. Había vencido la tentación de la carne o, si se quiere, de los cuerpos. La lucha, sin embargo, continuó. Por las tardes, mientras vaciaba su cabeza de todas las imágenes residuales de su existencia anterior, un enanito sirio, hechura del diablo, le mostraba cofres abiertos rebosantes de joyas y monedas de oro. Con facilidad Polirgasio venció la tentación de la riqueza. Pero las cosas no acabaron ahí. A su lado se instaló a vivir otro eremita que repetía con maníaca fidelidad cada uno de sus gestos: sus ayunos, sus disciplinas, sus recogimientos en oración. Un día, al cruzarse en el sendero, Polirgasio, que se sentía frágil, le dijo: “Tú eres el demonio”. El eremita reaccionó sorprendido: “¿Cómo me has reconocido? ¡Si hago exactamente lo mismo que tú!”. Polirgasio le respondió: “Porque te enorgulleces de ello”. Polirgasio venció también la tentación del orgullo. Como quiera, en todo caso, que su alma no encontraba la calma, Polirgasio decidió subirse a una columna para acercarse a Dios y alejarse de la tierra, donde a veces sentía la tentación de tumbarse. Allí algunas mujeres de la aldea vecina le subían cántaros de agua y dátiles con una cuerda. Polirgasio bebió un trago y comió un dátil, pero enseguida sintió esa necesidad como una derrota y, asqueado de sí mismo, se impuso un ayuno total: venció también así las tentaciones de la sed y del hambre. Encima de la columna se quedó finalmente solo, cada vez más escurrido y exacto: venció también la tentación del recuerdo, la tentación del pensamiento e incluso la tentación de abrir los ojos y mirar el cielo.

Pero –ay– cuando alcanzó ese estado de perfección se sintió todo lo contrario de salvado. Enjuto por fuera, vacío por dentro, le alcanzó de pronto un estremecimiento de terror. Porque se dio cuenta de que había vencido todas las tentaciones sólo para sucumbir a la más grande y peligrosa: había cedido, sí, a la tentación de la pureza. Y esa no tenía ni curación ni redención.

Uno puede “desintoxicarse”, en efecto, de la adicción a la droga, al sexo, al alcohol, a la buena comida, al juego. Del vicio de la pureza no. En 1864 el poeta simbolista francés Stéphane Mallarmé comenzó un largo poema que le mantuvo mentalmente ocupado hasta su muerte en 1898, pero del que finalmente sólo quedó una Escena, con la que el autor aspiraba a quintaesenciar “una pureza que el hombre jamás ha alcanzado y jamás alcanzará”. Curiosamente, el poema, titulado Herodías, a veces rebuscado y de una viscosidad lingüística irresistible, ofrece una visión enfermiza de la pureza, identificada aquí –y ya veremos por qué– con la virginidad. Su protagonista, homónima del ambiguo personaje bíblico, mujer de Herodes y madre de Salomé, adúltera y asesina, es exactamente su contrario. Esta Herodías, pese a los réspices de su nodriza, ha decidido no exponer su belleza en público, sustraer su cuerpo a las miradas y las manos de los hombres, consagrar su vida a la contemplación orgullosa, nauseabunda, de su esterilidad. En unos versos extraordinariamente tangibles, confiesa: “Me gusta el horror de ser virgen y quiero/ vivir en el espanto que me da mi pelo”. Herodías ha escogido con placer –sucesión de sinestesias anfibias– el asco de sí misma; su pelo maravilloso, que solo ella puede ver y tocar, le produce por eso “espanto”, como si fuese un extraño animal que parasitase su cuerpo. Para que no quepa duda, en efecto, ni de su monstruosidad ni del deleite que la acompaña añade enseguida: “Para de noche, retirada en mi lecho, reptil/ inviolado sentir en la carne inútil / el frío titilar de tu claridad pálida”. Y acaba la estrofa con este orgasmo negro: “Tú que mueres, tú que ardes de castidad / noche en blanco de témpanos y nieve cruel”. La pureza ha convertido el cuerpo de Herodías en un reptil, una sabandija, un galápago seco al que ella alimenta y cuyo frío ardiente mete con ella en su cama hasta el amanecer. La pureza, porque nos encierra en nosotros mismos, nos convierte en otros; todo ser purificado descubre una araña peluda en su interior.

“Pureza” es un valor absoluto que no admite sinónimos, porque el sinónimo es ya una copia o, lo que es lo mismo, una pareja. Cualquier sinónimo degradaría su integridad original sin mezcla. ¿Quiénes son puros? Creo que este concepto puede asociarse históricamente a las antiguas prácticas sacrificiales. De hecho, ahora descartada esta etimología, durante siglos se aceptó que la palabra “puro” procedía del griego “pyros”, fuego, la hoguera en la que purificaban los pueblos sus pecados a través de la quema de un chivo expiatorio (de “pyros”, por cierto, viene también “piropo”: frase o mirada que enciende las mejillas). En el Levítico los judíos están obsesionados con la pureza de las víctimas ofrecidas a Yahvé: tienen que estar completas, no pueden faltarles un miembro, un órgano, un cabello. Abel, lo sabemos, cumplía los preceptos; Caín no; y es la impureza de Caín –expresada en sus sacrificios– la que abre, de algún modo, tras su crimen, la trágica historia del mundo actual. Los griegos, por su parte, no estaban menos obsesionados con la entereza o integridad de las piezas que ofrecían a los dioses en hecatombe o en holocausto. Cuando practicaban aún los sacrificios humanos, se inclinaban con frecuencia a escoger mujeres jóvenes para la pira sacrificial. ¿Por qué mujeres? ¿Por qué jóvenes? ¿En qué sentido están más “completas” que los hombres? Lo están, claro, antes de perder la virginidad; una vez perdida, se vuelven casi huecas y, en cualquier caso, muy imperfectas respecto de los hombres. Los mitos griegos abonan una y otra vez esta identificación entre virginidad y pureza sacrificial que el poema de Mallarmé explora con poético repelús. Doncellas son las mujeres que manda Atenas para alimentar en Creta al Minotauro; doncellas son las que llevan en procesión las ofrendas al Partenón, el templo de las vírgenes, según su estricto significado (reparemos en el término científico “partenogénesis” o reproducción asexuada). O pensemos en la pobre Ifigenia sacrificada por su propio padre. ¿Por qué, de entre todos los pasajeros del barco detenido en su regreso a Micenas, había que escoger justamente a la hija de Agamenón? Su madre, Clitemnestra, de haber estado presente, no habría servido en ese trance y no porque en esos momentos estuviese compartiendo el lecho matrimonial con su amante Egisto, sino porque había sido madre. Ifigenia, en cambio, era una mujer completa; es decir, pura. Es decir, virgen. 

Así que la idea antigua del sacrificio ha cosido en el imaginario occidental la idea moral de pureza y la física de virginidad. Virgen María Purísima, en este sentido, es un pleonasmo y el culto mariano se mueve entre la defensa primitiva de la virtud femenina, ruinosa para la Iglesia en el siglo XXI, y el oxímoron de su maternidad: la idea absurda, escandalosa y al mismo tiempo bella de unir en un solo cuerpo a Ifigenia y Clitemnestra, a la doncella intocada y a la madre táctil. No hay vírgenes madres ni madres puras. Pero por esta vía irracional y contralingüística Herodías sale de su alcoba y María, como dice el teólogo suizo von Balthasar, se vuelve “doble”, pues ella es dos en un solo cuerpo: el suyo y el de su hijo, al que, una vez nacido, toca, lava y da de comer de sus propios pechos. De esta manera, por primera vez, también la “pureza” se vuelve compatible con los cuerpos tocados, trabajados, envejecidos, paridos y parturientos. La prueba de que hemos conseguido alejarnos un poco de ese mundo sacrificial primitivo, donde la pureza conserva el himen femenino para el fuego o el cuchillo (y en el que sigue atrapado el cristianismo), nos la ofrece el uso de expresiones banales como “pura lana virgen”, “aceite virgen de oliva” o “tierras y selvas vírgenes”, en las que en todo caso, como veremos, permanece el sentido concomitante e inquietante del término: el de una sustancia sin mezcla.

La “pureza” no tiene sinónimos, pero sí ideas o prácticas subsidiarias. Una es la “castidad” y la otra, de la que la castidad forma parte, el “ascetismo”. Es muy difícil pensar en la castidad –que es virginidad sin género– sin sentir y caer en la tentación de evocar la “casta”, palabra cuyo origen etimológico, sin dilucidar, nos mantiene, en todo caso, en el mismo recinto. Para unos procede del germanismo “kast”, que quiere decir “linaje”; para otros del latín “castus”, que quiere decir precisamente “puro”. Como sabemos, este término hispanoportugués pasó a la India, donde sirvió para categorizar el sistema de regulación social del mismo nombre, jerárquico y excluyente. Pero en España había servido antes para nombrar las tres religiones (cristiana, musulmana y judía) que “convivían” en suelo hispano; y “casticismo”, antes de Unamuno, se empleaba para reivindicar la “pureza de sangre” del cristiano viejo frente a moriscos, marranos y herejes en general. La “pureza de sangre” –explorada hasta tres generaciones– fue la maldición de la historia de España y la maldición de la historia de Europa antes y durante la II Guerra Mundial, en la forma conocida e infamada del nazismo pero también en la veste de eugenesismos varios, algunos pretendidamente científicos. Hoy regresa, en excipiente cultural, en nombre del supremacismo “blanco”, responsable –como la pureza yihadista– de muertes y persecución en todo el mundo.

La castidad forma parte, en todo caso, de las prácticas asociadas al “ascetismo”, un término griego que podría traducirse literalmente como “atletismo” si su actividad gimnástica no se situase, de algún modo, fuera del mundo. Nietzsche, del que no soy muy devoto pero que a veces dice cosas interesantes, odiaba el ascetismo, que asociaba con el nihilismo y la “mala conciencia”. Con poco rigor antropológico, venía a decir que el hombre “primitivo” exteriorizaba sus impulsos elementales a través de la sana violencia y la saludable crueldad proyectada sobre sus semejantes. Es –diríamos– el momento de los sacrificios humanos. Luego, en una primera contracción humanista, la víctima humana fue sustituida por la víctima animal, como ilustraría el conocido pasaje del sacrificio de Isaac. Por fin, del sacrificio humano y el sacrificio animal se habría pasado al “autosacrificio”, que es lo propio –diría Nietzsche– del cristianismo: la represión e interiorización de los instintos de la que habrían nacido el “alma” y la “conciencia”. Nietzsche no vería en este proceso ningún progreso sino una “pérdida de mundo”. En términos descriptivos tiene razón. Frente al sacrificio humano y animal, que reclama víctimas puras o completas, el ascetismo que –es también budista, hinduista y musulmán– aspira a la completud a través del despojamiento y la privación: siempre se está quitando algo, como Polirgasio: sexo, comida, bebida, abrigo, compañía. Por eso su lugar geográfico ha sido tradicionalmente el desierto, del que han desaparecido ya todas las cosas –pues son las cosas la tentación misma. Para estar completo, en definitiva, hay que reducir las mediaciones, eliminar adherencias, quedarse solo. Así la pureza, que no admite mezclas, nos lleva a la soledad de Herodías en su lecho sin nupcias; y a la de Polirgasio en su columna pelada bajo el sol. La virginidad, forma extrema de ruptura carnal con el otro, de negativa a la mezcla de fluidos (“con lenguas, brazos, pies y encadenados”), expresa este contemptus mundi mediante el cual la pureza se acaba identificando con la soledad. O requiere, en todo caso, la soledad del cuerpo y del alma: la soledad radical: la ruptura de todos los vínculos con el mundo.

 (Diremos, entre paréntesis, que “pureza” es una palabra bonita, pero que más bonita es “cereza”, plenamente consonante, aunque para nada “pura”: porque las cerezas enrojecen y maduran de dos en dos).

(En un segundo paréntesis añadiremos que este “quitarse cosas”, muy propio de los gnosticismos, fue frenado por la ortodoxia católica, que promovió y limitó el ascetismo. El gran escritor Orígenes, muerto a mediados del siglo III, sería hoy santo si, en su ambición de pureza, no hubiese llegado al extremo de castrarse. Los cátaros (los “puros” en griego), que se dejaban morir de inanición para liberar así el dios que llevaban dentro, fueron exterminados por la Iglesia en el siglo XIII. Pero la ortodoxia también combatió, del otro lado, a los carpocracianos, una secta gnóstica del siglo II que practicaba el oxímoron teológico en una dirección muy alejada de la Trinidad y del culto mariano: consideraban, en efecto, que la purificación, y el máximo conocimiento, solo podían alcanzarse a través del pecado, lo que les llevó, según Ireneo de Lyon y Clemente de Alejandría, a predicar la libertad sexual y declarar la comunidad de mujeres y de bienes).

(Y en un tercer y último paréntesis aduciremos que hoy, tras el sacrificio humano, el sacrificio animal y el autosacrificio, hemos alcanzado una cuarta fase en la que la soledad asociada al capitalismo consumista induce en los humanos dos formas de reacción psicológica, no necesariamente incompatibles entre sí: la culpabilización y el victimismo: uno mismo es culpable de su propio fracaso económico y social y uno mismo es siempre víctima irresponsable de la violencia del otro, que nos purifica de toda tacha o error en el ámbito personal: me too).

Sea como fuere, no hemos conseguido aún separar la pureza de esta constelación primitiva en la que ascetismo, castidad, completud y sacrificio se dan la mano. Toda aspiración a la pureza adopta enseguida una forma religiosa. Religiosa es la religión, desde luego, pero también es religiosa la supremacía racial. Como religiosa es en general la pureza ideológica, y eso incluye tanto a ciertas interpretaciones del marxismo como a ciertas variantes del feminismo, hasta tal punto obsesionadas con guardar el templo (lo que etimológicamente significa “fanatismo”) que acaban deslizándose, apenas tienen ocasión, hacia el puritanismo y la represión. Stalin –contra la primera constitución de Lenin– prohibió el aborto e impuso una feroz heteronormatividad sexual. Un sector del feminismo más “izquierdista” intenta, por su parte, dictar e imponer, como la propia Iglesia, una “forma correcta de desear” y “una forma correcta de amar”; y un sector del feminismo más “misándrico” exalta la “independencia sexual” respecto del hombre –en favor de la masturbación, forma superior del placer sexual– como si la sexualidad, como la ternura, no fuera necesariamente dependencia entre cuerpos e incluso una forma feliz y dolorosa de “tiranía del otro”. A Polirgasio y Herodías, en tiempos de transición o derrumbe civilizacional, se puede llegar por distintas vías.

Ahora bien, mucho cuidado. La pureza puede ser un vicio, pero eso no quiere decir que la impureza sea una virtud: es sencillamente un hecho, el hecho –precisamente– que iluminan y contra el que se rebelan las prácticas ascéticas. Por eso mismo se puede aspirar a la pureza pero no se puede aspirar a la impureza. Uno puede luchar contra la realidad (lo que a veces es necesario) y uno puede complacerse en ella: se llama realismo y a menudo obstaculiza las transformaciones o las conservaciones humanas. “El que desea y no obra engendra pestilencia”, decía el poeta, pintor y místico inglés William Blake, en una sintética formulación nietzscheana que tenía mucho sentido en el siglo XIX, en pleno fervor revolucionario contra el ancien régime moralesco, mortalmente opresivo para tantas Herodías maniatadas frente al espejo, pero que hoy, en el vórtice consumista y neoliberal, hay que evitar tomarse al pie de la letra. No hay que poner en obra, no, todos nuestros deseos: no, desde luego, los que tienen que ver con la violencia y la crueldad “primitivas” proyectadas contra el otro. Tampoco los que erosionan nuestra frágil residencia en la Tierra. En tiempos de crisis estructural o civilizacional (ocurrió ya entre los siglos I y IV), la humanidad suele dividirse entre los aspirantes ascéticos a la pureza total y los ventajistas sin escrúpulos arrellanados en la impureza; entre los Polirgasios y las Herodías, por un lado, y los Nerones y los Heliogábalos por el otro. ¿Habrá un equilibrio entre los dos?

Está la “pereza”, por ejemplo, consonante con la “pureza”, que a veces nos impide obrar mal por falta de fuerzas, pero está sobre todo la “limpieza”, también consonante y que alguien podría reprocharme haber olvidado como sinónimo de “pureza”. Pero es que “limpieza” no es sinónimo ni aledaño ni afín: es todo lo contrario. Es su antónimo. Mientras que el puro tiene que separarse del mundo y de los demás para permanecer incólume, sin tacha ni mezcla, solo e idéntico a sí mismo, el limpio se deja limpiar por el otro mientras barre el umbral de su casa. Todos lo sabemos: frente al horror contaminante de la violación y al “espanto que me da mi pelo”, hay caricias que limpian. Aún más: solo las caricias –y no el jabón o el agua– limpian de verdad. Ítem más: si hay alguna posibilidad –si la hay– de estar limpio es siempre a través de las manos o los ojos de otro. El gran poeta alemán Heinrich Heine, gran amigo de Marx, escribió en un poema: “Las mujeres recobraban la virginidad entre mis brazos”. Alguien podría escandalizarse pensando en una machista defensa de la virginidad, al modo del paraíso musulmán, pero Heine está proclamando más bien los efectos reparadores, purificadores, detersivos, del amor. El otro limpia; lo otro limpia. Le decía Kafka al joven Gustav Janoush al final de su vida: “El mundo es muy grande y estamos obligados a mirarlo por una mirilla muy pequeña. Por eso hay que mantenerla siempre limpia”. No es el cuerpo ni el alma ni el deseo ni el pensamiento lo que hay que mantener limpios; es la mirilla. De ello depende el buen amor y el buen juicio y hasta el buen periodismo.

Necesitamos, pues, un poco de religión no ascética que nos re-ligue al mundo y a los otros, aunque nos manchemos y tengamos que lavarnos luego las manos en las manos de un amigo o de un amante. O aunque nos cueste la vida. Entre la pureza viciosa y la impureza complacida y ventajosa, está la limpieza, que es sobria pero no casta, alegre pero no cínica, combativa y dependiente, pero ni sacrificial ni represiva. Billy Bud, el marinero de Melville ahorcado por matar a un oficial, era un hombre “limpio”. También lo era el príncipe Mishkin, el personaje de Dostoievski, aunque su novia Aglaia pudiera reprocharle con razón: “Usted solo busca la verdad y así es injusto”. Y lo era, desde luego, la pequeña Mick Kelly, la niña de McCullers que amaba la música y estuvo a punto de matar a su hermano. Polirgasio no es limpio; tampoco Herodías, porque es la soledad ascética (y la neoliberal) la que engendra pestilencia. Hay que imaginarse, pues, a la reina judía mojando su pelo por fin en los ojos y los dedos de otro; y a Polirgasio (que me he inventado yo) bajando de su columna para ir a lavarse la cara en el Jordán primero y el pecho después en el dolor y la alegría de sus semejantes. Ni pureza ni impureza: limpieza: ese ejercicio no ascético del ama de casa que barre sin parar el umbral del mundo. O lo que es lo mismo: nuestra mirada. 

Impurísima tú, casi perfecta.

De ese “casi”, moreno y tangible, pende mi vida. 

17/09/2022

Por Santiago Alba Rico. filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son "Ser o no ser (un cuerpo)" y "España".

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El miércoles pasado los hinchas del Celtic ya habían colgado una pancarta con la inscripción "fuck the crown"

"Si odiás a la familia real, aplaudí"

"Si odiás a la familia real, aplaudí”, corearon los fanáticos del Celtic, en un partido contra St Mirren, mientras se desplegaba una pancarta con la misma frase sobre las gradas. Lo hicieron durante un minuto de aplausos que había sido pensado originalmente para honrar a la Reina Isabel II, fallecida el pasado jueves 8 de septiembre.

El homenaje a la Reina Isabel II impulsado por las autoridades de la Premier de Escocia se vio así boicoteado por los hinchas del Celtic, un equipo anti-monárquico desde sus orígenes.

Los seguidores del Celtic ya habían dejado en claro su postura el miércoles pasado cuando el equipo enfrentó al Shakhtar Donetsk por Champions League, partido en el cual colgaron una pancarta con la inscripción "fuck the crown" ("a la mierda la corona", en español).

Las imágenes de la TV mostraron a todos aplaudiendo: jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes, todo acompañado por el canto de los hinchas del Celtic de fondo.

Finalmente, el equipo escocés perdió el partido ante St Mirren 2-0, su primera derrota en la Premiership en casi un año.

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Domingo, 18 Septiembre 2022 05:44

¡Rompan las computadoras!

Fotograma de Machines in Flames (2022), dir. Thomas Dekeyser y Andrew Culp.

Una nueva película describe el breve surgimiento y la desaparición del grupo francés de acción directa CLODO, un colectivo de trabajadores informáticos que creían que la computarización estaba siendo utilizada como una herramienta en favor del capital.

El 28 de enero de 1983 explotaron quince kilos de dinamita en una planta de procesamiento de datos de las afueras de Toulouse. No hubo heridos, pero el daño que ocasionó la explosión en las computadoras del gobierno tuvo un costo de treinta millones de francos. Los bandidos celebraron. «La fuga de cerebros continúa», anunció el Comité para la Liquidación o Subversión de las Computadoras (CLODO, por sus siglas en francés) en un alegre comunicado. «Anoche, a más de 6000 metros por segundo, una fracción de la memoria del Estado desapareció en el aire». Los registros de terrorismo, delitos, objetos robados y trabajadores migrantes habían sido destruidos, afirmaba el grupo, antes de concluir: «Seremos tratados como seguidores de Gaddafi y Carlos (el Chacal) […]. Digámoslo de una vez por todas: el fin justifica los medios».

Durante la oleada de violencia anticapitalista de fines de los años 1970 y comienzos de los años 1980 las explosiones no eran raras en el sur de Europa. Pero CLODO era más travieso que Action Direct o que las Brigadas Rojas, dice Thomas Dekeyser, codirector —junto a su compañero de estudios, Andrew Culp— de Machines in flames, un nuevo documental sobre sus proezas. CLODO enviaba autoentrevistas a revistas y obligaba a los periódicos a republicar los mensajes que dejaban en las escenas del crimen. No estaban anclados en la teoría. A diferencia de los de otros grupos militantes radicales de la época, sus ataques nunca mataron a nadie.

CLODO se definía como un grupo de trabajadores informáticos que se habían radicalizado por el desarrollo de la computación y del rol que cumplía en facilitar la violencia en su país y en el extranjero desde la guerra de Vietnam hasta la vigilancia policial y la monotonía del trabajo de oficina. El grupo se distinguía de sus antepasados luditas, destructores de telares que estaban preocupados porque la tecnología estaba quedándose con los trabajos humanos. Los acusaba de «primitivismo» y afirmaba que «la computadora es solo un instrumento». Pero pensaban que las computadoras eran el «instrumento preferido de los sectores dominantes […] que lo utilizaban para explotar, espiar, controlar y reprimir».

CLODO efectuó por lo menos doce golpes entre 1979 y 1983. Quemaron y bombardearon oficinas de empresas de computación como el Philipps Data Systems y CII-Honeywell-Bull. Después de la invasión de 1983 a Granada, sus miembros destruyeron un local de la empresa electrónica estadounidense Sperry-Univac y dejaron una pintada con esta declaración: «Reagan ataca Granada. La multinacional Sperry es cómplice». Otro mensaje después del asalto a la Universidad de Ciencias en Toulouse antes de un congreso de cibernética decía: «Científicos cochinos. No al procesamiento de datos capitalista».

En diciembre de 1983, después de prender fuego un local de la empresa NCR (National Cash Register), el grupo desapareció sin dejar rastros. Nunca se identificó a ninguno de sus miembros, y el grupo no emitió nunca más un comunicado. A pesar de convertirse en un objeto de fascinación para el público y para los medios locales, CLODO quedó cubierto de misterio. ¿Tenían otro objetivo además de destruir computadoras? ¿Cómo lograron mantener el anonimato? ¿Y por qué su reino de terror terminó tan de repente?

Dekeyser cree que el cuidado que ponía el grupo en evitar la muerte de civiles servía porque hacía que las autoridades prestaran menos atención. «La policía declaró con bastante claridad que [los ataques de CLODO] eran terribles pero que estaba en manos de las empresas de computación la tarea de garantizar mejor su seguridad», dice. «No era un ataque contra el público, era un ataque contra la propiedad de estas empresas». Culp agrega que aunque otros exponentes de la «propaganda por el hecho» se ponían felices cuando sus nombres y sus caras se hacían conocidos, porque esto supuestamente inspiraría a otras personas a actuar de la misma manera, CLODO no tenía esta tendencia vanguardista y siempre fue un grupo discreto.

Dekeyser sugiere que las computadoras habrían tenido su venganza si la oleada de ataques hubiera continuado. El avance de las tecnologías de la vigilancia que CLODO pretendía destruir, como los dispositivos que permiten rastrear la ubicación, habrían dificultado la tarea de borrar los rastros. Aunque también existe la posibilidad de que el grupo simplemente haya agotado su repertorio después de una intensa serie de ataques contra objetivos ambiciosos y simplemente quería evitar repetirse a sí mismo.

El cineasta piensa que el colectivo mantenía diálogo con otros grupos radicales de la época, y tal vez participó de ataques contra estaciones de policía y de campañas contra la planta nuclear que estaban construyendo en las afueras de Toulouse. Pero no revelaban mucho de su participación y la mantenían en secreto. La voz en off que relata la película se inquieta porque su investigación de CLODO es bastante similar a la de la policía. Dekeyser y Culp adoptan el enfoque de que «conocer CLODO implica convertirse en CLODO», lo que significa deambular por las oficinas de las afueras de Toulouse por la noche, escarbar en asociaciones entre las empresas de computación y los militares y mirar las máquinas con ojos nuevos y hostiles.

El resultado es una película bastante poco ortodoxa que muestra conscientemente su cableado interno. Los espectadores ven las pantallas de los cineastas mientras estos miran videos de YouTube, abren programas de edición y buscan ciertos términos en internet. Cada tanto la película es interrumpida por fallas técnicas o mensajes de error. En los momentos de detención suena una música ominosa. La voz en off asume que CLODO habría desaprobado el forzar a las personas a interactuar con las computadoras para ver la película, y considera la posibilidad de instalar un virus que destruya el disco duro en el que está alojada. «Cada vez que la película falla o hace algo confuso es un momento que invita a la audiencia a pensar», dice Culp. «Queríamos que las personas pierdan familiaridad con la tecnología, que piensen en los dispositivos que usan».

La marcha victoriosa de las computadoras en tantos aspectos de nuestra vida cotidiana sugiere que CLODO fracasó en su misión de liberarnos del «ghetto de programas y plataformas organizativas». Pero los directores defienden el impacto y el legado del grupo. En el corto plazo, las empresas de computación tuvieron que relocalizar sus plantas de los centros urbanos en complejos fortificados y distantes, y esto reflejaba cierto desplazamiento discursivo que empezó a reconocer su confabulación en actos de violencia estatal y de opresión.

Es probable que CLODO haya inspirado a muchos sucesores. En 1984, el Frente Unido por la Libertad bombardeó las oficinas de IBM en Nueva York y acusaron a la empresa de conspirar con el régimen de apartheid en Sudáfrica. En mayo, el Grupo Volcano interrumpió el funcionamiento de la fábrica de Tesla de Elon Musk en Berlín mediante la quema de seis cables de alimentación. Pocos meses después los anarquistas sabotearon un test de manejo autónomo en Hamburgo. «La lucha contra el Estado y el capitalismo y la dominación sigue siendo trabajo manual análogo», dijeron los perpetradores. Culp sugiere que existe una línea que conecta los ataques de CLODO con la perturbación reciente de grandes empresas tecnológicas, desde las piedras lanzadas contra el autobús de Google en San Francisco hasta la interrupción del funcionamiento de los centros de distribución de Amazon.

Es tentador pensar que, como evitaron ser capturados, los miembros de CLODO se revelen algún día o incluso revitalicen su misión. Hacia el fin de la película un contacto en Toulouse envía un informe al cineasta sobre un incendio sospechoso en un centro de tecnología local que desconcertó a los investigadores con una nota: «CLODO vive :)».

Traducción: Valentín Huarte

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Sábado, 17 Septiembre 2022 06:28

Legado brutal

Vendedor de diarios de Nairobi, Kenia, el día de la muerte de la reina Elizabeth II. AFP, SIMON MAINA

Desde Kenia a Malasia, pasando por Irlanda del Norte e Irak, la muerte de la reina británica volvió a encender la memorias de las masacres perpetradas por Reino Unido bajo su reinado. A pesar de que fue una monarca constitucional, para muchos de sus exsúbditos el asunto no es tan sencillo de obviar

En 1952, la entonces princesa Isabel, en plena gira real con el príncipe Felipe, se hospedaba en el albergue Treetops en Kenia. Fue durante esa visita que recibió la noticia de la muerte de su padre, y el albergue en el bosque sería recordado durante mucho tiempo como el lugar donde la monarca británica con más años en el trono «se acostó como princesa y se despertó como reina».

Solo dos años después de esa estadía, los Mau Mau, luchadores por la libertad de Kenia opuestos al dominio colonial británico, incendiaron el albergue. Fue reconstruido en 1957, y los pobladores más viejos que viven a lo largo del largo y sinuoso camino que lleva hacia él recuerdan con cariño su segunda visita al área en 1983, la que, según ellos, puso su vecindario finalmente en el mapa. Pero Treetops no estuvo abierto durante el fallecimiento de la reina. Cerró sus puertas el año pasado, tras la abrupta caída en el turismo ocasionada por la pandemia.

El albergue, en el bosque de Aberdare, tiene una presencia imponente, pero sus escaleras polvorientas y sus ventanas con telarañas sugieren soledad y abandono. La mayoría de las personas que interactuaron directamente con la reina ahora están muertas, dice un cazador que trabajaba allí. La casa del árbol está adornada con fotos e historias de sus visitas, pero pocas historias sobre ella han sobrevivido hasta hoy. La vaguedad de los recuerdos refleja la desvanecida relevancia de la monarquía en Kenia.

Sin embargo, tras el anuncio de la muerte de la reina el jueves 8, las reacciones en Kenia no se hicieron esperar. Los líderes del país le rindieron homenaje con mensajes que expresaban «un gran dolor y un profundo sentimiento de pérdida», elogios a un «ícono imponente del servicio desinteresado a la humanidad» y alabanzas a su liderazgo «admirable» de la Commonwealth. El presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, ordenó cuatro días de luto luego de que la noticia de la muerte de la reina ocupara las portadas de los principales periódicos locales y dominara la conversación en Internet.

Pero en las calles de Nairobi muchos se mostraron indiferentes, y hubo quienes ni siquiera registraron la noticia. Algunos kenianos jóvenes hablan del tema desapasionadamente. Para ellos, era una figura distante, conocida más que nada a través de representaciones ficticias en series de televisión como The Crown. Al mismo tiempo, una ola de críticas inundó las plataformas online. Durante el reinado de Isabel II, los soldados británicos cometieron atrocidades generalizadas contra los kenianos, en el apogeo del levantamiento de los Mau Mau, entre 1952 y 1960. Aproximadamente 1 millón y medio de personas fueron internadas en campos de concentración, donde se las sometió a torturas, violaciones y otros crímenes. Las investigaciones posteriores de historiadores y periodistas muestran que los británicos concertaron esfuerzos para destruir y ocultar los registros oficiales de la brutal represión.

Para algunos observadores, el esfuerzo por borrar la historia tuvo consecuencias que se extienden hasta el presente. «No recuerdo haber aprendido nada sobre los males del imperio colonial», dice la doctora Njoki Wamai, profesora asistente de política y relaciones internacionales en la Universidad Internacional Estados Unidos-África. «Muchos de nosotros hemos tenido que educarnos en espacios públicos y, debido al legado de la educación colonial en Kenia, la reina ha sido venerada y tratada como una figura icónica.»

Aun así, memorias desgarradoras del dominio colonial británico se han transmitido de generación en generación. «Cuando te sientas con tus abuelos y te cuentan sus historias, el dolor es casi tangible. Puedes sentirlo», dice Nyambura Maina. «Me niego a priorizar el dolor que otros sienten ahora sobre el dolor por el que pasó nuestra gente», agrega. Kikonde Mwamburi, de 33 años, afirma: «Su muerte no debe usarse para sanear su brutal legado. Me alegra que esta cultura obtusa sea cuestionada por las generaciones más jóvenes».

En lugar de rendir homenaje a la reina, varios kenianos han optado en estos días por honrar el movimiento independentista. Las palabras Mau Mau y el nombre Dedan Kimathi –el líder del levantamiento– fueron tendencia tras conocerse la noticia de la muerte de Isabel. Aun así, el sentimiento público contrasta con las declaraciones de elogios de los líderes del país. «Las elites políticas se beneficiaron del imperio a través del poder político o económico», dice Wamai. Ella cree que el legado británico de violencia se minimiza por razones económicas.

Kenia tiene fuertes lazos económicos y comerciales con Reino Unido y es parte de la Commonwealth, cuya membresía refuerza la capacidad de lobby de los países y brinda oportunidades comerciales y educativas. Pero la relevancia geopolítica de esta asociación ha sido cuestionada en los últimos años y el rey Carlos III no la tendrá fácil a la hora de fortalecer los lazos con los países de la Commonwealth y solidificar el poder blando de Gran Bretaña. A principios de este año, los esfuerzos en ese sentido de la familia real se vieron frustrados en Jamaica, luego de que los líderes políticos y la opinión pública pidieron reparaciones por la esclavitud y una disculpa por los crímenes de lesa humanidad durante la colonia. La reina mantuvo fuertes relaciones con los líderes de los países de la Commonwealth durante su reinado de 70 años, incluidos muchos de los presidentes de Kenia. Pero Carlos III deberá enfrentar las crecientes críticas al imperio británico en las antiguas colonias de todo el mundo.

16 septiembre, 2022

(Publicado originalmente en The Guardian. Traducción de Brecha)


Los que no celebran a su majestad

Por Matt Fitzpatrick

Desde el inicio, el reinado de Isabel II estuvo profundamente conectado con el imperio británico y los procesos de descolonización. A pesar de que fue una monarca constitucional que generalmente seguía lo decidido por su Parlamento, para muchos de los exsúbditos de Reino Unido no es tan sencillo. Algunos historiadores están de acuerdo con ellos, como la profesora de Harvard Maya Jasanoff, especializada en historia británica, que escribió la semana pasada en The New York Times: «Isabel II ayudó a oscurecer una historia sangrienta de descolonización cuya proporción y cuyo legado aún no han sido debidamente reconocidos».

Aquí, en Australia, mientras algunos recuerdan con nostalgia cuando eran niños y ondeaban banderitas durante las visitas reales, otros, como Sandy O’Sullivan, docente de estudios indígenas en la Universidad de Macquarie en Sydney, señalan que Isabel II «no fue una mera espectadora de los efectos de la colonización y el colonialismo». En el Caribe no han faltado las voces que ven a la monarquía británica como un recordatorio de la esclavitud; en marzo, un comité del gobierno de Bahamas instó a la realeza a ofrecer «una disculpa completa y formal por sus crímenes contra la humanidad».

La complicada relación histórica con la monarquía también es prominente en Sudáfrica. Fue allí donde Isabel declaró, en su cumpleaños número 21, su intención de dedicarse a la «familia imperial» de las colonias. Pero también fue a raíz del apartheid que la reina mostró un raro momento de disidencia frente a una de sus primeros ministros, cuando se negó a aceptar en silencio la decisión de Margaret Thatcher de no imponer sanciones económicas al régimen.

La historia colonial de Irak con Reino Unido, que se remonta a la década del 20, fue tema de discusión esta semana en la prensa iraquí. No hace mucho, un millón de iraquíes murió a causa de la guerra que Londres inició junto con Estados Unidos, Australia y otras naciones en 2003. En Malasia, el papel de los británicos en las masacres y los desplazamientos masivos durante la sangrienta «emergencia malaya» (1948-60) también se recuerda con claridad. Todos los intentos de investigar ese conflicto, que transcurrió durante los primeros años del reinado de Isabel II, han sido bloqueados hasta hoy por los gobiernos británicos.

Incluso en la vecina Irlanda, el presidente Michael D. Higgins habló eufemísticamente en estos días de la relación de la reina Isabel con «aquellos con quienes su país ha experimentado una historia compleja y, a menudo, difícil». Pocos olvidan el papel del Ejército británico en Irlanda del Norte, incluida la infame «masacre del domingo sangriento» de 1972, o la declaración de la reina en 2019 en nombre del gobierno de Boris Johnson, cuando rechazó las demandas de justicia de las víctimas de ese episodio.

Podrá decirse que la tortuosa historia del declive del imperio debe verse como algo separado del reinado y la persona de Isabel II. Ciertamente, nada sugiere que la reina fuera particularmente belicosa. Pero, como señaló una vez el revolucionario angloestadounidense Thomas Paine, aunque un monarca sea amable y generoso a nivel personal, sigue siendo un monarca, el jefe del Estado que libra sus guerras y comete sus crímenes, siempre en nombre de la Corona.

(Publicado originalmente en The Conversation. Traducción de Brecha.)

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Lunes, 12 Septiembre 2022 05:55

21 años después

Fuerzas progresistas en Estados Unidos invitan a jóvenes a la rebelión antineoliberal que se manifiesta en apoyo a causas de las mayorías multirraciales, que son el futuro demográfico del país. Nuevas generaciones participan en movimientos como Ocupa Wall Street o Black Lives Matter. La imagen es de archivo.Foto Afp

A 21 años del atentado del 11-S, las fuerzas progresistas estadunidenses tienen más poder político real y potencial que en cualquier momento en décadas, y a la vez enfrentan una ofensiva neofascista sin precedente que amenaza el futuro de la república estadunidense.

El "centro" político, el llamado“ mainstream”, admite que ya no tiene el control absoluto sobre el manejo de la política ni el consenso suficiente que había garantizado la "estabilidad" política durante las últimas décadas. Ahora se habla diariamente, y en los más altos niveles del poder, sobre amenazas sin precedente al sistema democrático y hasta de "guerra civil".

En el 21 aniversario de los atentados terroristas en Nueva York y Washington y la declaración de la aparentemente infinita "guerra contra el terror", parte del saldo son las incontables muertes, masivas violaciones de derechos humanos y la destrucción de varios países mientras un complejo militar-industrial estadunidense goza de presupuestos anuales que están por llegar a unos 850 mil millones de dólares anuales, gasto superior al total combinado de los siguientes nueve países con los más grandes presupuestos militares en el mundo.

Vale recordar que Noam Chomsky comentó a La Jornada inmediatamente después del 11-S que ese atentado beneficiaría sobre todo a la derecha mundial, y a la vez era un golpe severo contra las fuerzas progresistas, los inmigrantes y con terribles consecuencias en particular para el pueblo palestino.

Es posible que entre las víctimas, ahora se tendrá que incluir la misma democracia estadunidense.

Esa "guerra antiterrorista" aparentemente no contempló a "terroristas domésticos", componente de esa derecha beneficiada, que no tenían que cruzar fronteras, ya que fueron hechos en EU y que hoy día se han convertido en lo que el Departamento de Seguridad Nacional califica de la mayor amenaza doméstica a la seguridad nacional.

Parte de lo que nutre a esos movimientos extremistas, muchos de corte neofascista, es la devastación de las vidas de trabajadores y granjeros blancos en sectores rurales e industriales tradicionales, empezando en los años 70 junto con las consecuencias de la imposición del neoliberalismo durante los últimos 40 años. Fuerzas de la derecha, muchas financiadas por multimillonarios, lograron canalizar la ira y desesperación para lograr, entre otras cosas, el triunfo de Donald Trump.

Al mismo tiempo, fuerzas progresistas ofrecieron a esos mismos sectores y a los jóvenes una invitación a una rebelión antineoliberal que en los años recientes se manifiesta, entre otras cosas, en un apoyo electoral masivo para políticos como el senador Bernie Sanders y otros que se identificaron como "socialistas democráticos" –sigue asombrando que una mayoría de jóvenes en Estados Unidos hoy dicen favorecer al "socialismo"– o defensores de la causa de las mayorías multirraciales que son el futuro demográfico del país. Esta expresión fue nutrida por nuevas generaciones que participaron en movimientos altermundista y más tarde Ocupa Wall Street, Black Lives Matter y del renovado movimiento ambientalista, entre otros.

Hemos repetido que intentar reportar objetivamente sobre la pugna política en Estados Unidos durante los últimos seis años se ha tenido que recurrir a dos palabras que casi nunca se habían usado en décadas: fascismo y socialismo.

No es que haya desparecido la cúpula política, pero todos los días esa misma es obligada a reconocer que está enfrentando una crisis existencial.

Algunos se preguntan, 21 años después del 11-S, si aún existe la democracia en Estados Unidos.

"Hay un desconecte fatal entre un sistema político que promete igualdad democrática y libertad mientras lleva a cabo injusticias socioeconómicas que resultan en una desigualdad de ingreso grotesca y el estancamiento político. Logrado durante décadas, este desconecte ha extinguido a la democracia estadunidense", concluye el periodista Premio Pulitzer y analista Chris Hedges.

Y ahora, 21 años después, ¿qué sigue?

The Raconteurs. Old Enough. https://www.youtube.com/watch?v=1qahZ-whM6o

Trombone Shorty. Everybody in the World. https://open.spotify.com/track/70RbQvnu8FCOQmzViUfDue?si=a814d34e1f66401d

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Sábado, 10 Septiembre 2022 06:28

Una pierna amputada

Una pierna amputada

Por un momento pareció cierto que la historia se acababa, que la vida misma se despegaba de la tierra para instalarse en la nube, que la tecnología acabaría con cualquier imprevisto, que viento, sol y agua nos darían la energía para seguir viviendo a todo tren. El futuro estaba garantizado y el pasado era un recuerdo olvidado. Ahí estuvimos, pareció posible.

Pero la fantasía de un futuro desligado de lo material ha chocado de frente contra los límites del planeta. Si el acceso a las materias primas se encarece, todo el sistema se resiente y el futuro deja de ser un lugar seguro. El trauma que este shock provoca en Europa es monumental. En una pequeña ciudad holandesa acaban de descubrir que el centro de datos de Microsoft para toda Europa, instalado en su municipio, consume cinco veces más agua potable de lo previsto para refrigerar sus servidores, mientras los habitantes de la localidad tienen racionado el riego por la sequía, que también acecha a este lado del Atlántico. Le llaman nube, pero está en la tierra y consume cerca de 10 por ciento de la energía eléctrica de todo el mundo.

La materialidad de las cosas está dando un baño de realidad. Las grandes siderúrgicas europeas han señalado esta semana que no pueden seguir fabricando molinos de viento con la electricidad tan cara, comprometiendo la llamada descarbonización; los datos de Alemania han mostrado que la principal fuente de producción de energía eléctrica en lo que llevamos de año ha sido el carbón, el combustible más contaminante, al que Italia también ha decidido regresar ante la carestía del gas. Lo ha anunciado la ministra para la Transición Ecológica.

Existe el riesgo de que todos los males energéticos y económicos europeos queden clasificados en la carpeta de las consecuencias de la guerra de Ucrania. Por supuesto, hay mucho de eso, pero la invasión rusa y, no se olvide, las sanciones de Europa a Moscú, apenas son el interruptor que ha puesto en marcha una crisis que tiene causas más profundas y que venía cociéndose tiempo atrás. Botón de muestra: el precio del gas y la electricidad en Europa vienen subiendo desde hace un año, meses antes de que Putin decidiese invadir Ucrania.

Hay un regreso de lo material y, en consecuencia, la posición de quien cuenta con esas materias primas se revaloriza, mientras los castillos construidos en el aire se derrumban. En este contexto, las costuras europeas revientan. Pretender parar los pies a Putin con sanciones comerciales y medidas financieras da cuenta de la miopía de los funcionarios de Bruselas. Los malabarismos retóricos llegan a tal punto que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha propuesto esta semana poner un tope al precio del gas ruso que llega por gasoducto, en un momento en el que es Moscú quien ha cerrado el grifo. En paralelo se multiplican las importaciones de gas natural licuado (GNL) ruso, mucho más caro, convirtiendo al Estado español, dicho sea de paso, en el principal importador de este energético.

Era bonito creer que el consumidor tenía el poder, pero en un mundo sediento de hidrocarburos y con los precios de las materias primas por las nubes, es el vendedor quien tiene la sartén por el mango, siempre que sea capaz de jugar su mano con maña. Según cálculos del Center for Research on Energy and Clean Air, en la primera mitad del año, Rusia obtuvo 158 mil millones de euros por la exportación de combustibles fósiles, de los cuales 85 mil provenían de ventas a Europa. En paralelo, se calcula en 100 mil millones de euros el costo generado hasta ahora por la invasión de Ucrania. La cantidad de gas que circula de Rusia a Europa ha descendido notablemente, sobre todo por decisión de Moscú, pero los altos precios de los hidrocarburos –incluso de los rusos, castigados por las sanciones– hacen que el beneficio no haya mermado. Las matemáticas son las que son, y las materias primas –petróleo, gas, carbón– son limitadas y están donde están. Es decir, en Rusia. Las sanciones son "patadas a Putin en nuestro propio culo", en afortunada expresión del periodista Mariano Guindal.

El invierno acecha amenazante. No son horas amables en este laberinto europeo plagado de falsas salidas, desde el nihilismo absoluto a la esperanza vacua en la solución tecnológica, pasando por las apelaciones individualistas a los peores instintos, que no hacen sino alimentar agendas ultraderechistas bien regadas mediáticamente. ¿Qué hacer? Es la pregunta que emerge, solitaria, en medio del desamparo. No hay respuesta mágica, pero puede que una piernaamputada dé pistas.

Esta semana, investigadores han explicado que han encontrado en Borneo el cuerpo de un joven de hace 31 mil años con una pierna amputada y correctamente curada. Lo han presentado como la cirugía más antigua jamás registrada, pero siguiendo la cita apócrifa de Margaret Mead, es mucho más que eso. Es una prueba civilizatoria, una muestra de que, a pesar de todos los pesares, llevamos más de 30 milenios cuidándonos. Por esa pierna amputada, cuidada y curada comunitariamente pasa el único futuro posible.

Viernes, 09 Septiembre 2022 06:03

El declive de la corriente plurinacional

El declive de la corriente plurinacional

La propuesta de la plurinacionalidad, que promueve la construcción de un Estado plurinacional, tuvo amplio respaldo para resolver las asimetrías entre el Estado-nación y las nacionalidades y pueblos originarios. Sin embargo, esta corriente se encuentra en franco declive, en tanto la otra corriente que atraviesa a los pueblos en movimiento, la autonomista, sigue su lento, pero firme crecimiento.

La propuesta nació en la década de 1980 de la mano de organizaciones campesino-indígenas de Bolivia y Ecuador, en medio de procesos de lucha que mostraron cómo el Estado contenía de forma violenta las demandas y movilizaciones de los pueblos originarios. Se llegó a considerar que la fórmula "Estado plurinacional" era suficiente para resolver estos problemas y se adoptó en las constituciones ecuatoriana de 2008 y boliviana de 2009.

Sin embargo, hasta ahora no fue adoptada por la mayor parte de los pueblos que demandan territorio y se organizan para recuperar esos espacios de vida. El declive de esta corriente proviene de dos procesos: la creciente debilidad de los Estados frente al capital y la experiencia concreta en los dos países mencionados, donde no se registró la menor "refundación" del Estado, mostrando en los hechos que son construcciones coloniales y patriarcales.

El problema central es que la plurinacionalidad implica que es el Estado el que reconoce que existen diferentes nacionalidades indígenas y culturas que habitan en el mismo territorio. Las propuestas de caminar hacia una administración de justicia según los modos de los pueblos originarios nunca funcionaron ni es posible que lo hagan, ya que la lógica del Estado-nación sigue siendo dominante.

Ni hablar de las fuerzas armadas y policiales, núcleos duros del aparato estatal, donde las lógicas de los pueblos nunca han tenido el menor arraigo. Durante 13 años en Bolivia y 10 en Ecuador, cuando gobernaron Evo Morales y Rafael Correa, no se registró ningún avance sustancial en lo que se prometió sería la "refundación" del Estado. Por eso surge la pregunta: ¿es posible refundar una institución colonial y ­patriarcal?

Las bolivianas María Galindo y Silvia Rivera Cusicanqui coincidieron un año atrás en que "si no se disuelven las fuerzas armadas no habrá Estado plurinacional" (https://bit.ly/3qjnzGy). Fue apenas un cambio de nombre, dicen, sin que mediara ningún cambio de las estructuras de poder político, económico y simbólico.

En estos momentos, la cuestión de la plurinacionalidad está siendo debatida por sectores de los pueblos mapuche en Chile y aymara en Bolivia.

El primer Encuentro de Intelectuales de la Nación Aymara, celebrado en la Universidad Pública de El Alto en julio pasado, concluyó que la Constitución Política del Estado, que rige desde 2009, "es un instrumento del Estado colonial, que no responde precisamente a la realidad y los intereses de los aymaras" (https://bit.ly/3RtGavB).

La declaración del encuentro asegura que el objetivo es la reconstrucción de la nación aymara y de las naciones originarias, bajo el principio del federalismo y el sistema político propio, basado en las comunidades ( ayllus) y las regiones ( markas y suyos), "sin la intervención de los preceptos de la democracia institucionalizada del Estado".

En esta corriente militaba Felipe Quispe, quien se puso al frente de la movilización campesino-indígena durante el régimen golpista de Jeannine Áñez, que hizo posible la convocatoria de elecciones que ganó el Movimiento al Socialismo. También cuenta con la simpatía del vice David Choquehuanca, que apoyó el encuentro de intelectuales aymaras.

En Chile, el vocero de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul, prisionero del Estado de Chile, señaló durante la inauguración en un centro comunitario en Peñalolén (Santiago), el 10 de junio, que "en los últimos 30 años jamás había visto un solo lienzo mapuche pidiendo la plurinacionalidad", y reafirmó que las demandas siempre son por territorio (https://bit.ly/3D6IhRS).

En una carta abierta de la CAM, del 8 de agosto, se afirma que "la plurinacionalidad, como propuesta para la causa mapuche, resulta ser una medida vacía de fuerza territorial y con nula perspectiva de transformación, ya que más bien es un invento académico de una élite que busca espacios y cuotas de poder sin tomar en consideración la realidad de injusticias ni las necesidades reales de nuestro pueblo" (https://bit.ly/3D0UCqr).

Una de las razones que los llevan a rechazar la creación de un Estado plurinacional, e insistir en las recuperaciones territoriales, es que "las condiciones del gran capital y del colonialismo que han operado para despojarnos de nuestro territorio se han profundizado en las últimas décadas". Una realidad que opera en toda la región ­latinoamericana.

Creo que estamos en el ocaso del proyecto de estados plurinacionales. La experiencia mostró que son más de lo mismo, apenas una forma de remendar instituciones deslegitimadas, pero siempre sin tocar sus núcleos duros.

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Conflictos geopolíticos y derecho de autodeterminación del pueblo taiwanés

A comienzos del mes de agosto, la tensión en el estrecho de Taiwán dio una nueva (gran) vuelta de tuerca tras la visita relámpago de Nancy Pelosi a Taipei y la sobrerreacción de Pekín. Por mucho que nunca se haya planteado la invasión de la isla como algo inmediato, la dinámica de militarización de la región Asia-Pacífico se acelera y el conflicto entre China y EE UU se agudiza. De todos modos, las preocupaciones geopolíticas no deben ocultar el derecho del pueblo taiwanés a autodeterminarse. Un mes más tarde tratamos de analizar la situación.

Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi es en Washington, según el orden jerárquico, la tercera autoridad del Estado, después del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. Su escala en Taiwán, los días 2 y 3 de agosto, en el marco de una gira asiática, era por tanto un gesto político de peso y era de esperar que Pekín reaccionaría.

Parece que esta visita no contaba con el beneplácito unánime en las esferas dirigentes de EE UU, ya que el Estado Mayor la calificó de inoportuna y Joe Biden optó por distanciarse un poco, lo que pudo inducir a Xi Jinping a elevar el tono y ordenar, entre otras medidas, la realización de maniobras militares de una amplitud y una agresividad notablemente superiores a las ocasiones anteriores; de hecho, muy superiores a lo que preveían la mayoría de observadores. En efecto, como señala el periodista taiwanés Brian Hioe, pasaron misiles por encima de Taipei y las fuerzas aeronavales del Ejército Popular penetraron más profundamente en la zona de identificación de la defensa aérea taiwanesa y su espacio marítimo.

Y lo que es más importante, Tokio y Seúl estuvieron directamente afectados. Los misiles alcanzaron la zona económica exclusiva de Japón, lo que el ministerio de Defensa japonés ha denunciado como un acto deliberado. La armada china también maniobró cerca de las disputadas islas del archipiélago de Senkaku/Diaoyutai. Hizo lo mismo frente a la península de Corea del Sur, en el Mar Amarillo y en el Golfo de Bohai.

Según Brian Hioe, al apuntar a estos dos países, muy integrados en la estructura militar estadounidense en la región (véase, en particular, la importancia de las bases estadounidenses en la isla de Okinawa), Pekín estaba tomando medidas preventivas para advertir a otros Estados de Asia-Pacífico que pudieran estar dispuestos a ayudar a Taiwán. Esta advertencia puede ser prematura y tal vez les anima a mantenerse unidos frente a las amenazas chinas, cree el periodista.

Por un lado, la crisis actual se inscribe está más activamente que las anteriores en una dinámica de conflicto estratégico entre China y EE UU, y por otro, la cuestión de Taiwán está más que en el pasado en el centro de las reconfiguraciones geopolíticas que implican a todas las potencias de la región, incluidas India y Japón. Este proceso de recomposición ha comenzado, pero está lejos de haberse completado. Las bazas del poder no son homogéneas en Asia. Mientras que India está presente en el frente antichino convocado por Washington, se niega a hacer lo mismo con Rusia, con la que mantiene profundas e históricas relaciones de cooperación. La cooperación entre Japón y Corea del Sur es tensa, sobre todo teniendo en cuenta un pasado colonial cuyo recuerdo atizó el exprimer ministro, el difunto Abe Shinzo, y un cúmulo de tratados sucesivos, tal y como puso de manifiesto la japonesa Karen Yamanaka para el noreste de Asia, es decir, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.

Pese a todo, la cuarta crisis del estrecho de Taiwán se ha mantenido hasta ahora cuidadosamente controlada. La invasión de la isla nunca estuvo en la orden del día. No hubo una movilización de recursos y tropas a una escala comparable a la que precedió a la invasión de Ucrania. La población taiwanesa se dedicó a sus actividades cotidianas como si no hubiera pasado nada. Pekín se apresuró a anunciar que sus principales ejercicios aeronavales terminarían al cabo de cinco días.

Sin embargo, aunque controladas, las maniobras de principios de agosto se inscriben en un conflicto geopolítico creciente entre EE UU y China, especialmente en la región de Asia-Pacífico. Es probable que se haya cruzado un umbral y que la era del equilibrio regional mantenido en tensión mediante la ambigüedad haya llegado a su fin.

¿Hacia el final del statu quo anterior basado en la ambigüedad estratégica? La actualidad de la lucha contra la guerra

Taiwán es un Estado independiente de hecho, pero nunca se ha declarado como tal, ya que Washington se ha cuidado de no detallar hasta qué punto apoyaría a Taiwán en caso de conflicto abierto. Desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la República Popular en 1979, Estados Unidos ha reconocido que Pekín considera a Taiwán una provincia china, pero no ha respaldado esta postura. [Jessica Drun, 28/12/2017, Center for Advance China Research :https://www.ccpwatch.org/single-post/2017/12/29/one-china-multiple-interpretations]. Los textos diplomáticos no son claros (¿de que China se habla?) y las versiones en inglés o en chino pueden variar.

Por su parte, en los últimos años el Partido Comunista Chino (PCC) ha reiterado sistemáticamente su interpretación de la política de una sola China (que excluye a Taiwán de las instituciones internacionales de la ONU, lo que implica, sobre todo, que Taiwán no esté representada, por ejemplo, en la OMS, cuando su experiencia en la lucha contra la covid era preciosa y que los temas concernientes a la salud pública no deberían estar sometidos a los conflictos entre potencias) y ha mantenido sus reivindicaciones territoriales, realizando regularmente ejercicios militares rutinarios en el estrecho, pero sin llegar a un enfrentamiento.

Para muchos analistas, esta política de ambigüedad conserva todas sus virtudes. Permite a EE UU proporcionar a Taiwán los medios para defenderse, sin decir si las fuerzas aeronavales estadounidenses se implicarían más en caso de conflicto. Desde su punto de vista, hoy superado por los acontecimientos que han seguido a la visita de Nancy Pelosi, el endurecimiento del régimen de Xi Jinping y el debate en Washington sobre la llamada ley de Política sobre Taiwán, las condiciones para su restablecimiento deberían ser cumplidas de nuevo por los gobiernos implicados (John Feffer, 10/8/2022, Foreign Policy in Focus). La propuesta tiene sentido pero, sin querer prejuzgar el futuro, implicaría una verdadera inversión de la dinámica actual.

Por su parte, Eric Chan, especialista de alto nivel que trabaja para las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y es miembro no residente del Global Taiwan Institute, trata de situar la cuarta crisis del estrecho en su contexto histórico. Los consabidos gritos de alarma en EE UU sobre la proximidad de la superioridad militar mundial de China, que sirven de forma oportunista a los intereses del Pentágono (ávido de aumentos presupuestarios) y del complejo militar-industrial, deben tomarse con mucha cautela, pero no es este el propósito de Chan.

Chan retoma la sucesión de acontecimientos, desde 1989 y la represión masiva de los movimientos populares en China, que han generado la sensación de vulnerabilidad del PCC frente a Washington: la guerra del Golfo (1991), la tercera crisis del estrecho de Taiwán (1996), el bombardeo accidental de la embajada china en Belgrado (1999), el Movimiento de los Girasoles en Taiwán (2014, ver más adelante) y el cambio de rumbo implementado gradualmente por Xi Jinping tras su llegada al poder (a finales de 2012): militarización del mar de China Meridional (2015), aplastamiento en Hong Kong de las movilizaciones contra la ley de extradición de residentes locales a la China continental (2019-2020), todo ello sin pagar un precio a nivel internacional, para concluir lo siguiente:

Creo que la ambigüedad estratégica está agonizando por múltiples razones. En primer lugar, Xi Jinping no está satisfecho con la paciencia estratégica de la República Popular China (RPC), que formaba parte del contexto de la ambigüedad estratégica estadounidense. En segundo lugar, Xi no cree que EE UU se adhiera a la ambigüedad estratégica, sino que solo la considera una ambigüedad estratégica por el nombre. En tercer lugar, mientras la RPC se ha vuelto más beligerante en todo el espectro DIME [diplomático, informativo, militar y económico] contra Taiwán y Estados Unidos, el gobierno estadounidense en su conjunto ‒y el Congreso en particular‒ se ha vuelto significativamente más favorable a Taiwán. En cuarto lugar, la ambigüedad estratégica de Estados Unidos también trata de disuadir a Taiwán de buscar formalmente la independencia. Este ya no es el caso, ya que el EPL es ahora plenamente capaz de ejercer esta disuasión.

Como es casi seguro que Xi continuará su campaña de coerción y guerra legal contra Taiwán, la presión contra la ambigüedad estratégica seguirá creciendo en Estados Unidos, como demuestran propuestas como la ley de Política sobre Taiwán.

Hemos entrado así en una zona gris entre la guerra y la paz, en la que Pekín confía en mantener una amenaza militar constante, más que en acuerdos diplomáticos, para disuadir a Taipei de declarar la independencia. En la actualidad, esto adopta la forma de una guerra encubierta de drones, primero civiles y luego militares. El 1 de septiembre, por primera vez, Taiwán derribó un dron chino cerca de la Isla del León, un puesto de defensa taiwanés situado cerca de Xiamen, en la China continental. Unos días después, un dron militar, acompañado de ocho aviones, entró en la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán sin cruzar el espacio aéreo taiwanés.

El Ministerio de Defensa de Taipei advirtió a finales de agosto que las fuerzas taiwanesas tomarían represalias si los aviones o barcos chinos cruzaban el límite de las 12 millas náuticas. Su disposición al conflicto es probablemente desigual. El presupuesto militar aumenta constantemente (un 12,9% el próximo año, hasta un total de 415.100 millones de dólares). La administración Biden acaba de anunciar una venta de armas a Taiwán por valor de 1.100 millones de dólares (misiles aire-mar, misiles aire-aire Sidewinder, apoyo logístico al programa de radares de vigilancia, etc.). Al mismo tiempo, Washington y Taipei decidieron iniciar negociaciones comerciales oficiales, con el objetivo, en particular, de garantizar la resistencia de las cadenas de suministro, sobre todo de los semiconductores. Obviamente, estos compromisos son denunciados por Pekín.

Sin embargo, están surgiendo tensiones entre los altos cargos militares y la presidenta Tsai en relación con la preparación estratégica de la isla. La presidenta debe resolver una ecuación difícil: mostrar firmeza sin preocupar a la población ni cargar con la responsabilidad de una posible escalada, mientras que el país necesita una gran afluencia de mano de obra para apoyar el desarrollo de su economía y debe tranquilizar a las y los inmigrantes.

La actualidad de la lucha contra la guerra

Es inútil tratar de averiguar quién ha empezado a alterar ese equilibrio ambiguo previo. El propio Xi Jinping contribuyó a ello, cuando proclamó a bombo y platillo que bajo su presidencia (es decir, en un futuro próximo) se recuperaría la isla, por la fuerza si fuera necesario. Los taiwaneses son ahora rehenes de un conflicto geopolítico que les supera. La reciente crisis del estrecho no es la causa de las crecientes tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China, sino su consecuencia. En este contexto global, la cuestión taiwanesa conserva sin duda una importancia específica por su ubicación en el corazón del ultramilitarizado mar de China Meridional y su peso económico, así como su éxito tecnológico, desproporcionado con respecto a su tamaño (23 millones de habitantes).

De provocación en provocación, de sanción en sanción, está en marcha una espiral de militarización y una nueva carrera armamentista. Washington refuerza su presencia militar frente a las costas de Taiwán de forma duradera. El gobierno japonés pretende completar su rearme (incluido el nuclear) y participa activamente en ejercicios aeronavales a gran escala con EE UU, que intensifica su cooperación con Australia. China realiza importantes ejercicios militares con Rusia en Siberia. Cada potencia califica las acciones de su oponente de agresivas y las suyas de defensivas.

Por su parte, el gobierno indio ha denunciado la “militarización del estrecho de Taiwán” por parte de Pekín. Una disputa fronteriza no resuelta en el Himalaya enfrenta desde hace mucho tiempo a India y China, con una tensión militar recurrente. También están inmersos en una lucha regional por la influencia que está cristalizando en Sri Lanka. Sin embargo, esta sería la primera vez que Nueva Delhi interviene en estos términos específicamente en relación con el estrecho de Taiwán.

No hace mucho tiempo ‒sobre todo en 2014, cuando Xi Jinping ya estaba en el poder‒, Pekín y Washington mantenían una compleja relación de competencia y colaboración. Tratar de predecir el futuro es particularmente aventurado hoy en día, ¡pero es difícil ver cómo podríamos volver ahora a esa configuración geopolítica! Mientras que Xi Jinping ha hecho de la reconquista de Taiwán la piedra de toque de su presidencia, en EE UU el grueso de la clase política hace piña en torno a esta cuestión. No obstante, parece difícil prever cómo la crisis de régimen que atraviesa EE UU puede afectar a la política de Washington en el mar de China Meridional.

Taipei ha pasado a ser un destino muy popular entre los congresistas y senadores estadounidenses, en particular los miembros del Partido Republicano (que apoyaron la iniciativa de Nancy Pelosi, que es del Partido Demócrata). Estos viajes pueden adquirir un cariz francamente extraño, como el de la senadora Marsha Blackburn, ferviente adepta de Donald Trump. Habló de Taiwán como de un país independiente en una reunión con la presidenta Tsai Ing-wen (quien trata a toda costa de evitar esas expresiones), una verdadera torpeza diplomática, y visitó asimismo el memorial de Tchiang Kai-check, cuando el partido en el poder de Taiwán, el Partido Democrático Progresista, considera (con razón) que ese hombre impuso un régimen dictatorial especialmente represivo en la isla.

Pocos taiwaneses dirían hoy que quieren una declaración formal de independencia en las circunstancias actuales. ¿Podría la extrema derecha estadounidense estar intentando reforzar el campo "ultra"? Eso sería jugar con fuego.

El conflicto entre la que se ha convertido en la segunda potencia mundial (China) y la potencia establecida (EE UU) ha entrado en una fase nueva. La cuestión que se nos plantea hoy no consiste en tomar partido por una u otra ante tal confrontación. Sus consecuencias serán catastróficas para la humanidad, acelerando a su vez (tras la invasión de Ucrania por Rusia) la crisis climática.

El refuerzo (allí donde existe) y la reconstitución (allí donde no existe) de un amplio movimiento unitario antimilitarista son una necesidad acuciante, con el objetivo, en particular, de la desmilitarización y la desnuclearización de las zonas en conflicto, empezando por el mar de China Meridional.

En el noreste de Asia (en Japón y en Corea del Sur) y en el sureste y el sur de Asia (inclusive en Pakistán e India) existen tales movimientos. Las movilizaciones contra el calentamiento climático deberían integrar activamente, si todavía no lo han hecho, la dimensión antiguerra, que de este modo recuperaría a su vez una envergadura internacional.

La solidaridad necesaria con el pueblo taiwanés

Finalmente, y esta no es la menor de las cuestiones, las implicaciones geopolíticas no deben hacernos olvidar la solidaridad con el pueblo taiwanés. La historia de la isla, compleja, es muy distinta de la de China continental. El Partido Comunista Chino, por cierto, reconoció en la época de Mao Zedong la independencia de la isla, antes de que esta cuestión pasara a ser una baza crucial en su combate contra el Kuomintang (KMT) de Tchang Kai-check.

En el pasado, la isla estuvo dominada muy breve y desigualmente por una dinastía imperial china; una antigua suzeranía (real o legendaria) no justifica nunca, como tal, una reivindicación territorial presente. Los arrecifes e islotes no habitados del mar de China han sido utilizados por todos los pescadores de la región y el descubrimiento de una moneda china de edad venerable (tal vez colocada allí por historiadores nacionalistas que la desenterraron) no cambia nada, no justifica en modo alguno la toma de posesión por parte de Pekín de toda esa zona marítima.

Taiwán no es una roca (“rock”, expresión desafortunada de Noam Chomsky durante una entrevista reciente, en contradicción con declaraciones anteriores suyas), sino un país. Lo que importa es el sentimiento actual de la población, que no se considera parte integrante de la China de Xi Jinping. No solo lo demuestran los sondeos de opinión, sino la historia contemporánea.

Cuando el Kuomintang de Tchang Kai-check se replegó en la isla con armas y bagajes, impuso su dictadura a la población local. Cuando China llevó a cabo su contrarrevolución burguesa, el PCC y el KMT, antaño enemigos jurados, pasaron a ser dos partidos únicos y totalitarios cómplices en la opresión y la explotación de la población insular. En 2014, la firma de un tratado de libre comercio entre China y Taiwán fue el detonante de una revuelta impulsada por el movimiento estudiantil y conocida por el nombre de Movimiento de los Girasoles (o Movimiento 318). Incluso llegó a ocupar durante 24 días el yuan legislativo (el parlamento) y organizó una manifestación de apoyo a la que acudieron medio millón de personas. Entonces se inició un profundo proceso de democratización a pesar de la represión, que concluyó con la instauración de un régimen de democracia burguesa más democrático que los existentes en bastantes países de Occidente.

Xi Jinping trató primero de recuperar influencia en Taiwán utilizando las redes del KMT, ofreciendo la perspectiva de importantes beneficios económicos y proponiendo una solución del tipo un país, dos sistemas, similar al que se estableció en Hong Kong tras la devolución de la antigua colonia británica (1997): formalmente integrada en la RPC, Taiwán perdería sin duda su soberanía en determinados ámbitos estatales (política exterior y militar…), pero mantendría su régimen político y jurídico, sus libertades cívicas. Una promesa que perdió todo poder de convicción cuando el propio Xi rompió estos acuerdos para emprender una política de normalización forzosa, que ha dado pie a la instauración de un control dictatorial de Pekín sobre la zona administrativa especial (la denominación oficial del territorio) de Hong Kong.

Ante la imposibilidad de convencer a la población de la isla utilizando la zanahoria y algo de palo, Xi Jinping pasa ahora a utilizar la amenaza militar bruta. Con ello, él mismo reconoce que la población taiwanesa no se siente realmente atraída por su régimen.

Por Pierre Rousset

04/09/2022

ESSF

Traducción: viento sur

Publicado enInternacional
Tim Maloney y Andika Priyatno trabajan en una cueva en Kalimantan OrientalFoto Ap

Restos hallados en Borneo muestran un corte nítido en una pierna izquierda // La persona operada murió 9 años después

 

Tokio y Nueva York. Un esqueleto descubierto en un remoto lugar de Borneo rescribe la historia de la medicina antigua y revela que una primera amputación fue realizada con éxito hace 31 mil años, según un estudio.

Hasta ahora, el más antiguo testimonio de una intervención semejante, descubierta en 2010 en un sitio neolítico de Francia, databa de hacía 7 mil años. Se trataba de una amputación del brazo de un hombre, sin duda exitosa, de acuerdo con el análisis de los huesos, que mostraron señales de cicatrización.

Los científicos coinciden en que las primeras prácticas médicas están vinculadas con la revolución neolítica de hace unos 10 mil años, cuando la agricultura y la sedentarización plantearon cuestiones sanitarias antes desconocidas.

Pero la búsqueda de restos humanos antiguos de al menos 31 mil años, en la parte indonesia de Borneo, modifica esta visión al mostrar que los cazadores recolectores ya practicaban cirugías.

El descubrimiento "rescribe nuestra comprensión de los conocimientos médicos", explicó el paleontólogo Tim Maloney, de la Universidad de Griffith en Australia, que dirigió el estudio.

Las osamentas fueron halladas en 2020 en la gruta calcárea de Liang Tebo, conocida por sus pinturas rupestres. Los científicos dicen que la amputación se realizó cuando la persona era un niño, y que el "paciente" vivió durante años como amputado. La cirugía prehistórica podría mostrar que los humanos estaban haciendo avances médicos mucho antes de lo que se pensaba, según el estudio publicado ayer en Nature.

Entre los innumerables murciélagos, charranes, vencejos e incluso algunos escorpiones que poblaban el lugar, los paleontólogos retiraron con delicadeza las capas sedimentarias y hallaron la sepultura de un esqueleto notablemente conservado.

Como al cuerpo le faltaban, no obstante, el tobillo y el pie izquierdos, la extremidad del hueso restante de la pierna indicaba un corte "nítido y oblicuo, que se puede ver mirando a través del hueso", describió Maloney en una rueda de prensa.

Esa apariencia habría sido menos regular si la amputación hubiera sido provocada por una caída o un ataque de animal. Por ello, todo indica que no se trató de una amputación accidental, sino de una verdadera opción médica.

Más sorprendente aún: el paciente, muerto a una edad estimada de 20 años, parece haber sobrevivido entre seis y nueve años después de la intervención, según las señales de la reparación ósea, observable por microscopio.

Es, además, improbable que la amputación fuera practicada como castigo, ya que el niño –o el joven adolescente– parece haber recibido un minucioso tratamiento tras la cirugía. "Ello supone un profundo conocimiento de la anatomía humana, del sistema muscular y vascular", según el análisis.

Las personas que operaron al joven debieron "regularmente limpiar, desinfectar y vendar la herida" para prevenir una hemorragia o infección posoperatoria, que pudiera causar la muerte.

El estado físico del joven amputado, disminuido y dependiente, obligó probablemente a su entorno a cuidarlo durante seis a nueve años, lo que revela un comportamiento altruista en este grupo de cazadores recolectores.

Estos trabajos "aportan una nueva visión sobre los cuidados y tratamientos que se prodigaban en un pasado muy lejano y modifican nuestra visión de que estos asuntos no eran tomados en consideración en la prehistoria", subrayó Charlotte Ann Roberts, arqueóloga de la universidad británica de Durham, en un comentario que acompaña al estudio.

La ley como vida -Una mirada a Carta a los Romanos.

Hace 5.000 años en El libro de los muertos de Egipto, Osiris juzgaba a los muertos preguntándoles ¿qué has hecho de bueno?, uno de los muertos interrogados sorteando el obstáculo del juicio declaró, “He dado de comer al hambriento, de beber al sediento, he dado un vestido al desnudo y una barca en el Nilo al peregrino”.

 

En este sentido, el muerto fue declarado libre de pecado, porque ha actuado justamente, siendo calificado de justo.

 

Visto desde las Epístolas de Romano 2:13 “No basta conocer la ley para ser justo (diakaioi)ante Dios, hay que obrar la ley para estar justificados (diaiothesontai).

 

En la antigüedad, desde los tiempos egipcios-griegos, en la ley romana y la torah judía, el sentido de la ley fue el criterio tenido por todos como vigente para la justificación del agente y su praxis que gobierna como imperativo fundamental para vivos o muertos que en palabras de Enrique Dussel en términos prácticos tiene la función“, de dar conciencia del pecado (Epigniosis) o en otras palabras la ley determina un limite o marco a la voluntad, juzgando lo que es justo de lo que es perverso”.

 

Pero para Enrique Dussel en su interpretación hermenéutica de “Carta a los Romanos” de Pablo de Tarso, puede haber un momento en que la ley puede fetichizarse y volverse en el juguete preferido en manos de fundamentalistas o corruptos, entonces se corrompe y entra (la ley) en contradicción consigo misma y pierde legitimidad en medio de la legalidad. Pierde legitimidad cuando se vuelve el fundamento único y ultimo de la justificación y se coloca por encima de las vicisitudes de la vida misma.

 

En este sentido, Dussel apoyándose en la obra “El grito del sujeto“ de Hinkelamert, quien se refiere al Evangelio de San Juan, muestra que Joshua ben Josef (Jesús), sanó a un ciego en sábado (día en que según la ley judía no podía realizarse ninguna obra) por lo que fue reprendido por los observadores de la ley. Aquí la situación es clara en relación a la ley y la vida: Jesús transgredió la ley para sanar a un enfermo y los que se opusieron a ese acto lo hicieron a nombre del cumplimiento de la ley, ante lo cual Jesús se opone reprochando el pecado –de no ayudar al prójimo– a aquellos que están exigiendo el cumplimiento de la ley.

 

En su interpretación, Dussel muestra que para el fundador del cristianismo la nueva categoría a tenerse en cuenta en adelante por parte de la ley, es la vida como fundamento último.

 

Esto que significa su inversión es lo que critican tanto Jesús como Pablo de Tarso. Este último muestra su ambigüedad al decir “Yo no sabia qué era el deseo, hasta que la ley me dijo: no desearás. Entonces el pecado tomado como fundamento el mandamiento provoco en mi toda clase de deseos“ (Romano 7:7-8).

 

La ambigüedad de la ley lleva a que esta se vuelva represiva. Freud, a principios del siglo XX, también se dio cuenta de eso al observar como en las escuelas de Viena a niños y niñas no se les permitía tener ciertos tipos de juegos, que no se abrazaran y cogieran mucho de las manos, que no entraran juntos al baño… etc., mientras tanto la ley decía que la sexualidad infantil no existía, entonces escribió “Tres ensayos sobre la sexualidad“, en uno de sus apartes dijo “La ley prohíbe, lo que previamente declara que no existe”.

 

En este entendido, dicho coloquialmente, la ley está llena de “micos”, de “leguleyadas” o de jugaditas. Sócrates murió bajo la ley injustamente, pero se le atribuyó a los jueces la mala interpretación de la misma, igualmente Jesús murió bajo la ley, pero en cambio se le atribuyó a la ley en sí la causa de su muerte.

 

La justificación de un acto justo, de un acto bueno, no lo establece la ley necesariamente en su estatuto de legalidad. El caso del salario mínimo legal, por citar un ejemplo, no es justo cuando se constata que no alcanza para vivir bien como corresponde, a lo sumo alcanza para mal vivir. Pero eso es lo legal, aunque sea ilegitimo, es decir perverso.

 

Si le preguntáramos a un político o empresario, ¿cómo harían para vivir en estas condiciones siquiera un mes?, nos dirían al unisono ¡que es imposible, que no se puede!

Es hora que estos señores, en lugar de alabar a Jesús o a Pablo de Tarso, pasen a imitarlos.

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