Wolff llama a deconstruir el plan tecnofascista de K. Schwab

Corren tiempos turbulentos y peligrosos. En el marco de una permanente campaña de manipulación e intoxicación (des)informativa mediática sobre poblaciones infantilizadas e incapaces de discernir la ficción de la realidad, y con la coartada del covid-19, el complejo financiero-digital está llevando a cabo la destrucción del sistema económico capitalista y busca "resetearlo" en beneficio de la élite plutocrática.

Pese a la guerra sicológica y su narrativa apocalíptica y de saturación para generar terror, parálisis social y sicosis de masas con base en un virus enemigo, ubicuo, invisible y genocida, cada vez surgen más evidencias de que, como sostiene Ernst Wolff −igual que otros pensadores citados en columnas anteriores: Agamben, Chossudovsky, S. Zuboff, Paul Schreyer, Norbert Häring, C. J. Hopkins, Mattias Desmet, Robert F. Kennedy Jr.−, estaríamos asistiendo al nacimiento de un sistema totalitario cuidadosamente ensayado, donde el Foro Económico Mundial y su fundador, el eugenista sin complejos Klaus Schwab, juegan un papel estratégico como operadores.

Tras analizar al detalle durante 18 meses la crisis que transformó al mundo en "sicótico corona", en agosto pasado el economista y periodista alemán Ernst Wolff se preguntó si todo fue "realmente planeado". Si bien no encontró pruebas concluyentes (documentos verificados), llegó a la conclusión de que hay un número aplastante de señales e indicaciones que apuntan exactamente en esa dirección. Lo que embona con la frase del presidente Franklin D. Roosevelt: "Nada sucede accidentalmente en la política. Y cuando algo sucede, puedes apostar que fue exactamente planeado de esa manera".

Describe la situación actual como sin precedente en la historia humana, con millones de personas sometidas a un régimen coercitivo que emite sucesivas medidas ininteligibles, absurdas y contradictorias para "prevenir" la enfermedad (ver "Descubriendo la narrativa alrededor del coronavirus: ¿Se planeó todo cuidadosamente?"), y afirma que éstas fracasaron y causaron un desastre tras otro: la logística global está en crisis y las cadenas de suministro rotas; se pierden cosechas y el abastecimiento de alimentos y semiconductores esenciales escasea, mientras se quitaron a las personas sus derechos de asociación y libertad de expresión y viajar. A raís de los bloqueos la producción mundial está en un caos, y en el campo de la salud los médicos pueden confirmar que la situación es hoy peor que antes de la "pandemia". De allí que pregunte: ¿quién tiene interés en esa agenda global y se beneficia de ello?

Responde que el mayor beneficiario y "tirador de los hilos" más importante detrás de la escena es el complejo financiero-digital, integrado por cinco corporaciones tecnológicas estadunidenses: Google −cuya empresa matriz es Alphabet−, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft (conocidas como Gafam) y cuatro grandes administradores de activos: BlackRock, Vanguard, State Street y Fidelity. La capitalización de mercado de esas cinco empresas de tecnología de la información, expone Wolff, asciende a 9.1 billones de dólares, superior al PIB bruto de Alemania, Francia e Italia, que es de 8.6 billones de dólares, mientras los cuatro administradores de activos gestionan 33 billones de dólares, cifra que duplica el PIB de las 28 naciones de la Unión Europea, que asciende a 15.7 billones. Concluye que el complejo financiero-digital es el centro del poder global y está listo para poner de rodillas a todos los gabinetes gubernamentales del mundo y hacerlos obedientes.

Con esos beneficios, ¿por qué la plutocracia financiera-digital socava al sistema con una agenda escrita previamente formulada? Porque no tiene más remedio, responde Wolff, pues no se puede mantener vivo con el modelo de negocios anterior. Dice que sus alternativas son el colapso final o la hiperinflación, lo que significa la pérdida total del valor del dinero. De allí que, en un "gigantesco acto de desesperación", haya optado por instalar un nuevo sistema, previo saqueo −lejos de la vista del público− del viejo sistema moribundo. Eso es lo que hace desde marzo de 2020, cuando la OMS decretó la "pandemia" del covid.

Según Wolff, la destrucción deliberada y premeditada de la economía mundial y su sustitución por un nuevo sistema, se impulsará a través de los bancos centrales con la colaboración de las Gafam, y su objetivo es la total eliminación del efectivo y la introducción del dinero digital. Todos tendremos una sola cuenta, y el dinero digital del banco central permitirá a los gobiernos vigilar toda transacción y asignar tasas impositivas, y con un solo clic del mouse, imponer multas individuales o cancelar nuestra capacidad de realizar pagos y operaciones financieras. Como prevén que ello generará malestar social y una gran resistencia, sumirán a la sociedad en el caos y presentarán el dinero digital como la solución a todos los problemas, en forma de renta básica universal.

Si se consulta el libro de Schwab The Great Reset (junio de 2020), dice Wolff, se verá que contiene las instrucciones exactas sobre cómo el Foro de Davos, cuyo estandarte es la Asociación Público Privada (APP), ha venido utilizando el covid-19 para destruir el mundo y construir un nuevo sistema, que sería la realización del sueño de Mussolini: el "corporativismo autoritario", encarnado ahora en la asociación entre los grandes consorcios y el Estado.

Sin embargo, afirma que el plan de la plutocrática está condenado al fracaso por varias razones. La principal: la narrativa sobre un virus mortal como amenaza existencial para la humanidad no puede sostenerse a largo plazo. El paquete de mentiras mediáticas atestigua, no su fuerza, sino sus debilidades; como "la pandemia de los no vacunados", que declara a las personas sanas como enemigo público número uno. Wolff dice que las élites no actúan conforme a las reglas de la razón sino por codicia y poder. Un poder que no se basa en el dinero, sus posesiones y armas, sino en la "ignorancia" de la mayoría de las personas. Por eso llama a impulsar una "campaña de esclarecimiento" para exponer todas las mentiras del complejo financiero-digital y mostrarle a la gente por qué y por quién están siendo engañadas.

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La eterna lucha por la igualdad: a propósito del último libro de Piketty

La lucha por la igualdad es el motor de la historia. Eso se desprende del último ensayo publicado por Thomas Piketty, un interesante trabajo de historia económica, política y social, más relevante si cabe por el momento histórico en el que se inscribe. Un momento en el que los marcos ideológicos que asentaban nuestra concepción de la economía se han resquebrajado después del impacto de la pandemia. Aunque es prematuro hablar del final del neoliberalismo como paradigma económico imperante, sí que es verdad que algunos de sus dogmas empiezan a resquebrajarse después del impacto social, económico y laboral causado por la pandemia de la covid-19. El fetichismo por la austeridad, una política monetaria restrictiva o la negación del intervencionismo estatal parecen estar guardados en un cajón a la espera de que las fuerzas promercado vuelvan a recuperar la hegemonía ideológica. Una hegemonía que obras como Una breve historia de la igualdad intenta combatir.

Si en sus anteriores obras, Piketty se centraba en el análisis de la desigualdad socioeconómica y en las justificaciones ideológicas y culturales que se han asociado a su mantenimiento en el tiempo, en este ensayo el autor invierte el objeto de estudio. Piketty analiza la búsqueda de la igualdad desde el S. XVIII. Para el economista, la lucha por la igualdad ha sido el hilo histórico que ha ligado luchas, revueltas y revoluciones a lo largo y ancho del globo desde hace más de 300 años, consolidando una tendencia que, con sus avances y retrocesos, camina siempre hacía mayores cotas de igualdad. Cuestiones como un reparto más equitativo de la riqueza, de los ingresos o de las propiedades, el acceso al poder político o el reconocimiento de derechos, pasando por la mejora en los indicadores educativos o sanitarios son ejemplos de esa tendencia.

Sin embargo, es necesario hacer hincapié en cómo el economista francés define la desigualdad ya que se aleja de lecturas economicistas de la misma. Para Piketty la desigualdad es un fenómeno multidimensional cuyas derivadas se relacionan con el poder político, el estatus social, los ingresos, el género, la etnia, las propiedades o el acceso a determinados bienes y servicios y afectan directamente al individuo. El autor considera la desigualdad, por lo tanto, como un conjunto de factores construidos políticamente que afectan al pleno desarrollo de las capacidades y a la autonomía de las personas. La desigualdad serían aquellos condicionantes estructurales que no nos permiten ser individuos autónomos y regir nuestros destinos. Unos condicionantes que emanan de decisiones políticas conscientes de determinados grupos que ostenta el poder y que se benefician de la situación.

La desigualdad, por lo tanto, es política y no es un fenómeno natural. Solo una actuación multidimensional contra la desigualdad puede ser efectiva ya que estos elementos se interrelacionan entre ellos dando lugar a múltiples factores de opresión. Estos factores han sido combatidos con la creación de unos mecanismos institucionales que han permitido transformar las sociedades desigualitarias por sociedades en las que instituciones de carácter más justo permitían consolidar unas estructuras políticas, sociales y económicas más igualitarias. Algunas de estos mecanismos institucionales son la igualdad jurídica, el sufragio universal, el seguro social universal, la progresividad fiscal el acceso a una educación gratuita o las leyes que fomentan la igualdad de género son un ejemplo. Todos estos mecanismos nacen de una serie de movilizaciones políticas y se han ido consolidando a lo largo del tiempo, aunque no sin dificultades. Piketty nos muestra como todas las luchas, revueltas y revoluciones sociales y políticas han sido en favor de la redistribución de la riqueza, el reequilibrio de poder o reconocimiento como grupos con acceso a la esfera política y las han llevado a cabo las mayorías oprimidas por las élites.

Ahora bien, la desigualad no se combate solo con movilizaciones. La consecución de la igualdad también se basaría en una batalla cultural e ideológica que asiente la base teórica y práctica de las nuevas estructuras. Este factor es vital porque la conquista del poder político sin un orden alternativo coherente y legítimo lleva al fracaso de estas experiencias y a la falta de consolidación de los mecanismos que deben estructurar una mayor igualdad. Los movimientos emancipadores deben tener la suficiente imaginación política para asentar nuevos consensos que sean aceptados socialmente. Lucha y hegemonía deben ir de la mano.

No obstante, parte del optimismo histórico que transmite Piketty parece topar con la realidad de los últimos 40 años. Si atendemos a los datos que autores como el propio Piketty, Milanovic o Atkinson han analizado, la tendencia hacía la igualdad parece haberse frenado en seco. La desigualdad se ha acelerado en la mayor parte de las sociedades democráticas y en los países en vías de desarrollo se da una creciente polarización de ingresos y de riqueza. Pero no solo ha habido un aumento de la desigualdad socioeconómica. Las consecuencias de la crisis climática además de las luchas por el reconocimiento de grupos minoritarios y oprimidos generan nuevos ejes de desigualdad que serán combustible para futuras luchas. Vivimos un momento además que, a causa del ascenso de fuerzas políticas reaccionarias a lo largo y ancho del planeta, algunos de los compromisos políticos que cimentan una cierta concepción igualitaria de la sociedad están en retroceso: la democracia representativa, los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales o la persecución de la disidencia política se dan o se han dado en Europa y en EEUU.

La lucha, por lo tanto, no ha acabado aún. Y es en los momentos de crisis y tensión, en el momento en que los sistemas políticos y económicos muestran sus costuras cuando las movilizaciones políticas pueden alcanzar su objetivo y cuando las nuevas ideas pueden penetrar en la opinión pública con más facilidad. Las crisis, y la del coronavirus es un buen ejemplo, son ventanas de oportunidades políticas y culturales que facilitan la lucha por instituciones más justas y emancipadoras. Es por eso por lo que las consecuencias de la pandemia deben ser aprovechadas por las fuerzas políticas que defienden proyectos igualitarios y emancipadores. Las izquierdas y todas las opciones políticas preocupadas por el aumento de la desigualdad en las últimas décadas deben aprovechar el contexto actual y tener en cuenta que la igualdad no solo se consigue con movilización y luchas, o con victorias electorales, por aplastantes que estas sean. Para combatir la desigualdad hace falta dar la batalla por las ideas. Producir marcos ideológicos coherentes que aúnen ambición política y posibilidades prácticas. El debate, la reflexión, la experimentación, la negociación y el acuerdo alrededor de qué instrumentos o mecanismos son los más justos para combatir la desigualdad son vitales para que estos sean considerados legítimos socialmente y eficaces en su cometido. Sin poder y sin alternativas ideológicas consistentes no hay cambio posible. La izquierda, por lo tanto, no debe olvidar la batalla cultural si quiere realmente reducir la desigualdad que rompe sociedades y deshumaniza al individuo. Una batalla ideológica que deben llevar a cabo las instituciones u organizaciones de intermediación como son los partidos o los sindicatos.

La consecución de la igualdad es constante. Es un proceso de lucha política y elaboración intelectual continuo para garantizar y consolidar los precarios compromisos sociales, políticos y económicos que combaten la desigualdad. Nunca se debe dar por segura: la lucha por la igualdad es eterna. Economistas como Piketty, Milanovic, Atkinson o Mazzucato ya han realizado su parte del trabajo: han generado y difundido el conocimiento suficiente para crear nuevas instituciones más justas. Ahora es el turno de la política. La movilización social, política y electoral en favor de proyectos políticos igualitarios es más necesaria que nunca y cuenta en su favor con un arsenal de propuestas y un contexto favorable. ¿Qué fuerzas políticas y sociales liderarán las nuevas propuestas igualitarias? Solo el futuro nos lo dirá.

Por Mario Ríos Fernández, analista político, doctorando en la Universitat de Girona y profesor asociado en la Universitat de Barcelona y en la UdG.

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Jueves, 16 Diciembre 2021 06:18

El turbocapitalismo, Amazon, y la muerte

Un coche pasa junto a restos de una nave destruida por el tornado en Edwardsville (Illinois, Estados Unidos). ABC 7 NEWS

Una tragedia en tres actos

Primer acto

Se abre el telón. Vemos un descampado lleno de escombros. Un paisaje desolado y desolador. Nos encontramos en el estado de Illinois. En la ciudad de Edwardsville, donde no recuerdan un tornado así. Menos aún en diciembre. Un mes habitualmente más tranquilo. Vemos los restos de lo que hasta hace unas horas era un almacén de Amazon. Seis cuerpos yacen entre los restos. Eran trabajadores del almacén. Uno de ellos es el de Larry Virden. 46 años. Cuatro hijos. En su teléfono, uno de los últimos mensajes que pudo enviar es a su pareja, Cherie Jones, que es quien lo ha hecho público: “Amazon no nos deja irnos”.

Los peores tornados en la historia de Kentucky nos dejan otra espantosa postal turbocapitalista. A los empleados de una fábrica de velas en Mayfield también les pilló el tornado trabajando para la campaña de ese ritual –primero pagano, luego católico, ahora consumista– que llamamos navidad. Son ocho las personas fallecidas allí. 74 de momento en todo el estado. Hay varias personas sin localizar.

Mientras caía el telón, me dio por pensar en la Gran Dimisión, y en que ojalá hubiera mecanismos de redistribución de la riqueza para que fuese aún más grande. Pero, claro, más que desearlo habría que exigirlo. Imponerlo.

Segundo acto

Al abrirse nuevamente el telón, aparece, visiblemente afectado, el gobernador del estado de Kentucky, el demócrata Andy Beshear, que declara: “Me gustaría entender por qué nos ha afectado tanto la pandemia, la histórica tormenta de hielo, las inundaciones y ahora el peor tornado de nuestra historia todo en un lapso de 19 meses”.

Quizá el gobernador, abrumado, no puede o no quiere recordar que en esos mismos 19 meses se han batido los récords de temperatura del Ártico (38°), Europa (48,8°), Canadá (casi 50°) y tantos otros lugares. Que los últimos siete años son los más calientes de la historia conocida. Que por primera vez desde que hay registros, llovió, en lugar de nevar, en la cima del manto de hielo de Groenlandia, y que eso es a todas luces una señal clara de muy malos augurios, un punto de no retorno para la isla más grande del mundo. Que recientemente han saltado todas las alarmas en la Antártida también. Que el Amazonas, antiguo santuario de la vida, emite ya más carbono del que puede absorber. Que crecen los incendios, inundaciones, olas de frío y calor, tornados hasta en lugares tan poco habituales como el Mediterráneo, en definitiva, que los hijos del caos climático cuyo padre es el turbocapitalismo, cada vez vienen más a visitarnos. Y que cada vez su potencia es y será mayor. Y aunque él, quizá debido a la tensión del momento no quiera recordarlo, no quiera entender, nosotros haríamos bien en hacerlo. Y en decirlo. Gritarlo a los cuatro endiablados vientos: la estabilidad climática se está acabando. Cuanto más tiempo dejemos pasar sin actuar con determinación, peor será el final de esta historia.

Tercer acto

Al alzarse por última vez el telón vemos a un hombre inquieto. Masculla algo ininteligible, cabizbajo. Se encuentra en su mansión, o en uno de sus yates, o en el interior de uno de sus cohetes. Qué más da. Desde allí, tras un largo silencio por el que ha sido muy criticado, lanza una orden para que su gabinete de comunicación publique un tuit, que será doble. En él reza: “Las noticias de Edwardsville son trágicas. Tenemos el corazón roto por la pérdida de nuestros compañeros de equipo allí, y nuestros pensamientos y oraciones están con sus familias y seres queridos.”

“Todos los habitantes de Edwardsville deben saber que el equipo de Amazon se ha comprometido a apoyarles y estará a su lado durante esta crisis. Extendemos nuestra más profunda gratitud a todos los increíbles miembros del equipo de primeros auxilios que han trabajado incansablemente en el lugar”.

Tira el móvil. Está visiblemente cabreado. Unas horas antes le dio por publicar en su cuenta de Instagram una foto con personal de otra de sus empresas, la dedicada a los vuelos espaciales, al turismo para ricos. Y por eso está siendo juzgado en el tribunal en que se convierte en ocasiones la red. Ese ignorar a los muertos, a aquellos que ya son tierra y cenizas, mientras juega a escapar de la Tierra con sus sueños megalómanos, no podía sentar bien.

Casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir sin inmutarnos mientras el sistema se dirige hacia el precipicio

Y sí, es megalomanía, no simplemente negocio. Estamos hablando del hombre que tiene construido un reloj de 42 millones de dólares para que funcione 10.000 años sin que nadie intervenga. “El reloj durará más que nuestra civilización”, declaró una vez. Estamos hablando del hombre que con un solo vuelo de su empresa, de once minutos, emite tanto como una de las mil millones de personas más pobres durante toda su vida.

No lo queremos reconocer, pero casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir prácticamente sin inmutarnos mientras el sistema se dirige cada vez a mayor velocidad hacia el precipicio. Seguimos con la inercia de nuestras vidas sin percibir que esa misma inercia, aparentemente salvadora para nuestra vida individual, es la que nos va a condenar como colectivo. Por eso necesitamos un punto de ruptura. Un lugar, tal vez un suceso, desde el que poder decir: hasta aquí. Al menos un discurso disruptivo y valiente parece estar ganando fuerza y espacio. Aunque falta recorrido hasta que sea tan evidente que por fin se traduzca en avances concretos. El problema es que quizá falte, pero no hay tiempo.

O paramos pronto el ritmo de ese Moloch que es el sistema actual o vamos a exponernos a sufrimientos incalculables. Y para parar bien, también habría que redistribuir mejor. Detener el turbocapitalismo de gigantes como Bezos, o el flamante hombre del año para la revista Time, Musk –una civilización enferma solo puede encumbrar a sujetos perversos–, para evitar tener cada vez más sucesos y malas noticias, para evitar vivir historias con finales tan tristes e injustos como el de Larry Virden. 

Por Juan Bordera 15/12/2021

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Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:40

Un planeta cada día más desigual

Un planeta cada día más desigual

El 10% más rico del planeta posee el 76% de la riqueza mundial.

La mitad más pobre dispone apenas del 2% del total de la riqueza.

Unos poquitos, siempre tienen más. La mayoría, cada vez cuenta con menos. Aunque no sea un fenómeno nuevo, la desigualdad global continúa acentuándose e invita al estallido social.

De los 7.8 billones de personas que habitan actualmente el planeta, son solo 9 los mega ricos que tienen una riqueza individual superior a los 100 mil millones de dólares, lo que representa, en conjunto, 1.320 mil millones. Otros 62 millones de individuos son los *millonarios*, es decir, cuentan con una fortuna mayor a 1 millón de dólares.

Cien investigadores del mundo entero, coordinados por cuatro “pesos pesados” del análisis macro –Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucma–cruzaron datos, estadísticas y análisis para producir el Informe Sobre Desigualdad Mundial Global 2022, publicado el pasado martes 7 de diciembre (https://wir2022.wid.world/www-site/uploads/2021/12/Summary_WorldInequalityReport2022_Spanish.pdf).

Según dicho informe, las 52 personas más ricas del planeta han visto crecer el valor de su riqueza un 9,2% anual durante los últimos 25 años, en tanto que el club del 1% más rico –aquellos con más de 1,3 millones de dólares de riqueza– ha acaparado más de un tercio de toda la riqueza planetaria desde 1995.

La pandemia, por otra parte, ha jugado y continúa jugando como un disparador de las distancias sociales. Después de más de 18 meses de Covid-19, el mundo está más polarizado que antes en términos de desigualdad de riqueza, declaró Lucas Chancel, codirector del Laboratorio Mundial de la Desigualdad de la Escuela de Economía de París y coordinador del informe. Mientras que la riqueza de los multimillonarios ha aumentado más de 3,6 billones de euros, otros 100 millones de personas han pasado a engrosar las filas de la pobreza extrema a causa de la crisis sanitaria actual.

Información abierta: bien público mundial

Estos investigadores fundamentan la motivación de su trabajo en un nuevo paradigma interpretativo: la información sobre la desigualdad, abierta a la gente, transparente y confiable, constituye un bien público mundial.

Los promotores de esta investigación enfatizan una realidad incontrovertible: “vivimos en un mundo en el que abundan los datos y, sin embargo, carecemos de información básica sobre la desigualdad. Ejemplo de hecho es la paradoja de que, a pesar de que los gobiernos publican anualmente cifras sobre el crecimiento económico, por lo general sus informes no detallan cómo se distribuye ese crecimiento entre la población. En otras palabras: no explican quién gana y quién pierde en este partido. Y definen un concepto de referencia de su trabajo científico “el acceso a dichos datos es fundamental para promover la democracia”. Más allá de los ingresos y la riqueza, también es fundamental “mejorar nuestra capacidad colectiva para medir y monitorear otras dimensiones de las disparidades socioeconómicas, incluidas las temáticas ambientales y de género”, subrayan.

Un planeta cada vez más desigual

El 10% más rico de la población del planeta recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre tan solo un 8,5%. En promedio, un individuo que forma parte de ese 10% privilegiado gana 87.200 euros (122.100 dólares) por año, en tanto que otro en la mitad más pobre sólo 2.800 euros (3.920 dólares).

Si las distancias en cuanto a ingresos producen escalofríos, las desigualdades mundiales a nivel de riqueza son, incluso, más pronunciadas. Por ejemplo: la mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. La otra cara de la misma moneda: el 10% más rico dispone del 76% de toda la riqueza. Lo que significa que la mitad más pobre de la población cuenta con un patrimonio promedio de 2.900 euros (4.100 dólares) por persona, en tanto el 10% más rico acapara, en términos promedio, una riqueza de 550.900 euros (771.300 dólares).

La desigualdad varía significativamente entre la región más igualitaria (Europa) y la más desigual (Medio Oriente y África del Norte). En Europa, el 10% más rico se queda con el 36% de los ingresos, mientras que en la región del Medio Oriente y África del Norte esta cifra alcanza el 58%. Entre estos dos niveles, se constata una diversidad de patrones. Por ejemplo, en el este de Asia, el 10% más rico se apropia del 43% del ingreso total, mientras que en América Latina el sector más rico se queda con el 55% de dicho ingreso.

Algo que también es evidente, según este informe, es que las desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980, tras una serie de programas de desregulación y liberalización – ajustes neoliberales — que diferentes países adoptaron con diversas modalidades.

Este aumento no ha sido uniforme: en algunos países (incluidos Estados Unidos, Rusia e India) la desigualdad ha experimentado incrementos espectaculares, mientras que en otros (en Europa y China) este aumento fue relativamente menor. Estas diferencias, según los autores del informe, confirman que la desigualdad no es un fatalismo inevitable, sino producto de “una elección política”, una consecuencia del modelo que se aplica.

Por otra parte, y desde una perspectiva histórica, “las desigualdades globales contemporáneas se acercan a los niveles de principios del siglo XX, en la cúspide del imperialismo occidental”, sostiene el estudio coordinado por el joven economista francés Lucas Chancel. De hecho, la proporción de ingresos que capta actualmente la mitad más pobre de la población mundial equivale aproximadamente a la mitad de lo que captaba en 1820, antes de la gran divergencia entre los países occidentales y sus colonias. En otras palabras, escriben los investigadores, “aún queda un largo camino por recorrer para deshacer las desigualdades económicas globales heredadas de la alta desigualdad en la organización de la producción mundial entre mediados del siglo XIX y mediados del XX”.

La “privatización” acelerada de la riqueza

Otra conclusión contundente del Informe Sobre la Desigualdad Mundial Global 2022 es que durante los últimos 40 años las naciones se han vuelto más ricas, mientras que los gobiernos son cada vez más pobres. Para entender esta paradoja es esencial evaluar la brecha entre la riqueza neta de los gobiernos y la del sector privado.

La participación de la riqueza en manos de los actores públicos es cercana a cero o negativa en los países ricos, lo que significa que la totalidad de la riqueza está en manos privadas. Esta tendencia se ha visto magnificada por la crisis del Covid-19, durante la cual los gobiernos han tomado prestado, esencialmente del sector privado, el equivalente al 10-20% del Producto Interno Bruto.

La escasa riqueza actual de los gobiernos tiene importantes implicaciones para las capacidades estatales de abordar la desigualdad en el futuro. Y para hacer frente a los desafíos clave del siglo XXI como, por ejemplo, el cambio climático. Así lo afirma el centenar de economistas que participaron en esta investigación.

Desigualdad ecológica y de género

Las desigualdades mundiales de ingresos y riqueza están estrechamente relacionadas con desigualdades ecológicas y en las contribuciones al cambio climático, sostienen.

En promedio, los seres humanos emiten 6,6 toneladas de dióxido de carbono (CO2) per cápita por año. Sin embargo, el 10% más acaudalado de los emisores es responsable de cerca del 50% de todas las emisiones, mientras que el 50% de los emisores más pobres produce el 12% del total.

Pero no es solo un problema de países ricos contra países pobres, ya que hay altos emisores en países de ingresos bajos y medianos, y bajos emisores en países ricos. Así, por ejemplo, en Europa el 50% más pobre de la población emite alrededor de cinco toneladas al año por persona; en el este de Asia, el 50% equivalente emite alrededor de tres toneladas, y en América del Norte alrededor de 10 toneladas. Esto contrasta marcadamente con las emisiones del 10% más rico en estas regiones (29 toneladas en Europa, 39 en Asia Oriental y 73 en América del Norte).

El informe también revela que la mitad más pobre de la población en los países ricos ya ha alcanzado o está por alcanzar las metas climáticas para 2030 si se tiene en cuenta el criterio de cálculo per cápita. No es el caso de la mitad más pudiente. Las grandes desigualdades en lo que hace a emisiones sugieren que las políticas climáticas deberían apuntar más a los contaminadores ricos. Hasta ahora, las políticas climáticas, como los impuestos al carbono, a menudo han impactado de manera desproporcionada a los grupos de ingresos bajos y medianos, sin modificar los hábitos de consumo de los grupos más poderosos, enfatiza el informe.

A otro nivel, en un mundo que reconoce y afirma la igualdad de género, las mujeres deberían ganar el 50% de todos los ingresos laborales. Pero la realidad es otra: la participación de las mujeres en los ingresos laborales totales se acercó al 30% en 1990 y se sitúa en menos del 35% en la actualidad. Es decir, en 30 años, el progreso a nivel mundial ha sido muy lento.

Redistribuir la riqueza para invertir en el futuro

Chancel, Piketty, Saez, Zucman y el centenar de expertos que investigaron durante los últimos cuatro años no se autocensuran cuando llega el momento de sugerir algunas propuestas viables.

Por ejemplo, abogan por una tasa sobre el patrimonio de los multimillonarios globales. Según sus cálculos, un modesto impuesto progresivo sobre ese gran volumen de concentración de riqueza podría generar ingresos importantes para los gobiernos, lo que les facilitaría una inversión substancial y justa en educación, salud y protección climática.

En 2021, señalan, había en el mundo 62 millones con más de 1 millón de dólares, o su equivalente. Su riqueza promedio era de 2.8 millones de dólares, lo que representa un total de 174 billones. A la luz de estas cifras, un impuesto progresivo sobre semejante patrimonio global, como estos investigadores proponen, generaría un ingreso significativo para las arcas de los Estados con el consiguiente impacto en sus políticas sociales.

Abordar los desafíos del siglo XXI no es factible sin una redistribución de ingresos y riqueza de tal modo que las desigualdades actuales se reduzcan gradualmente. El surgimiento de los Estados modernos de bienestar en el siglo XX, asociado con un significativo progreso en los ámbitos de la salud, la educación y oportunidades para todos, estuvo vinculado con el aumento de tasas impositivas progresivas y pronunciadas. Según el informe, fue este progreso, precisamente, lo que contribuyó fundamentalmente a la aceptación definitiva de una política de expansión fiscal, así como de socialización de la riqueza.

El informe enfatiza que será necesaria una evolución similar para abordar los desafíos del siglo XXI. La evolución del siglo XX de la fiscalidad internacional muestra que, de hecho, es posible avanzar hacia políticas económicas más justas tanto a nivel mundial como nacional. La desigualdad es siempre una opción política, y aprender de las políticas implementadas en otros países o en otros momentos es fundamental para diseñar vías de desarrollo más justas.

En cuanto a la evasión fiscal, el informe aboga por la creación de un registro financiero internacional bajo la égida de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos o de la ONU, lo cual «le permitiría a las autoridades fiscales y reguladoras verificar si los contribuyentes declaran correctamente sus activos e ingresos de capital, independientemente de lo que las instituciones financieras offshore quieran revelar».

Al igual que en el caso de la crisis climática, también en el terreno de las desigualdades mundiales el diagnóstico es contundente. La enfermedad estructural está claramente identificada. Una parte de la sociedad civil internacional, como los autores del informe, optan por proponer soluciones viables. Las condiciones necesarias para una terapia efectiva están prácticamente a la mano. Falta solo voluntad política para revertir el mundo que no queremos.

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En ambas potencias, las mayores economías del mundo, más de dos tercios de la riqueza están en manos del 10% de los hogares más ricos, y su proporción ha ido en aumento.

Estados Unidos ha sido despojado de su título de país más rico del mundo, siendo ahora China la nación que ocupa esta codiciada posición. El cambio en la clasificación de la riqueza mundial se anunció este lunes en un informe de la consultora McKinsey & Co.

En el informe, titulado 'El auge del balance mundial: ¿en qué medida estamos utilizando nuestra riqueza de forma productiva?', se examinan los balances nacionales de diez países que representan más del 60% de la renta mundial.

Entre los diez países, China representó el 50% del crecimiento del patrimonio neto, o riqueza, entre 2000 y 2020, seguida de Estados Unidos, con el 22%. Japón, que poseía el 31% de la riqueza de las diez economías en el año 2000, solo obtuvo el 11% en 2020.

China disparó su riqueza hasta los 120 billones de dólares, frente a los 7 billones del año 2000. Por otra parte, Estados Unidos duplicó con creces su patrimonio neto, hasta alcanzar los 90 billones de dólares, estima Bloomberg.

En ambas potencias, las mayores economías del mundo, más de dos tercios de la riqueza están en manos del 10% de los hogares más ricos, y su proporción ha ido en aumento, indica el informe.

En Estados Unidos, la cantidad de riqueza del país en manos del 10% de los hogares más ricos creció del 67% en 2000 al 71% en 2019. Mientras que en China, el 10% de los hogares más ricos poseían el 48% de la riqueza del país en 2000, y en 2015 el valor aumentó hasta el 67%.

¿Escenario perfecto para una crisis financiera?

McKinsey reveló que el 68% del patrimonio neto mundial está almacenado en bienes inmuebles, lo demás está en infraestructura, maquinaria y equipos y, en menor medida, en bienes intangibles, como la propiedad intelectual y las patentes. El fuerte aumento del patrimonio neto en las dos últimas décadas ha superado el incremento del producto interno bruto mundial y se ha visto impulsado por el aumento de los precios de los inmuebles, con ayuda del la disminución de los tipos de interés.

Pero esto podría traer efectos secundarios negativos, ya que el aumento de los valores inmobiliarios puede hacer que poseer una vivienda sea inasequible para muchas personas, creando el escenario para una crisis financiera como la que afectó a Estados Unidos en 2008 tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. China podría tener problemas similares por la deuda de promotores inmobiliarios como China Evergrande Group.

Según el informe, el camino más inteligente para prevenir una crisis puede ser que los tomadores de decisiones trabajen para estabilizar y reducir el balance en relación con el PIB mediante el crecimiento del PIB nominal. Para ello, tendrían que reorientar el capital hacia nuevas inversiones productivas en activos reales e innovaciones que aceleren el crecimiento económico.

El escenario de pesadilla sería un colapso en los precios de los activos que podría borrar hasta un tercio de la riqueza mundial, poniéndola más en consonancia con la renta mundial.

Publicado: 18 nov 2021

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Fuentes: Rebelión - Imagen, Jeff Bezos (dueño de Amazon), Warren Buffet y Elon Musk, tres de los hombres más ricos que más han incrementado sus ganancias en la pandemia.

Al ser una crisis controlable (aunque trágica) el Covid-19 no hizo colapsar el sistema global capitalista, pero envió a cuidados intensivos a su hijo pródigo, el neoliberalismo.

El principio del egoísmo individual como fórmula de la prosperidad colectiva de Adam Smith (el dogma más perverso de la historia moderna) ha sido puesto en cuestionamiento, sobre todo con la lentísima aceptación del cambio climático. Al igual que en la depresión de los años 30, en esta crisis los estados confirmaron su rol de bomberos, no por sus ejércitos sino por sus servicios sociales. La percepción positiva de los sindicatos trepó veinte puntos en pocos años y la de los militares cayó del 70 en 2018 al 56 por ciento, aún antes del fiasco de Afganistán. 

Al igual que en los años 30, se comienza a reconsiderar el rol de diferentes organizaciones populares, como los demonizados sindicatos. Por un lado, se ha alcanzado un mínimo histórico en el número de afiliados (11 por ciento; seis por ciento en el sector privado) y, por el otro, llegamos a un máximo (desde 1965) de percepción positiva del 68 por ciento, 20 puntos sobre la medición anterior de 2009. Si consideramos el grupo de jóvenes menores de 34 años, la aprobación llega al 77 por ciento.

Durante esta pandemia, la fortuna de individuos como Jeff Bezos y Elon Musk se multiplicó, mientras el salario mínimo es el mismo desde 2010. Hoy Tesla vale casi tanto como la economía de Australia y Amazon más que toda Canadá. Pero no se puede inflar un globo por siempre. Los diversos estudios que confirman la existencia de una correlación entre sindicalizados y la brecha de ingresos entre los ricos y la clase trabajadora han germinado en la conciencia popular. Las nuevas generaciones serán culpadas de la decadencia hegemónica de Estados Unidos, pero su percepción es consecuencia de esa misma decadencia que los mantiene atrapados en deudas y falta de perspectivas (algo que también los profesores percibimos cada día en nuestros estudiantes).

La sobrevivencia de la cultura esclavista

En 1865 los confederados del sur fueron derrotados por los unionistas de Lincoln pero, a partir de ahí, comenzaron a ganar múltiples batallas políticas y culturales que persisten hasta hoy. No sólo sus generales fueron indultados por intentar destruir el país; no solo lo regaron con monumentos a los racistas más radicales de la historia, sino que consolidaron la vieja cultura de la impunidad de la extrema derecha y revirtieron varios logros legales de los negros, de los mestizos y de los pobres con las leyes Jim Crow, con golpes de estado cuando los negros ganaron elecciones, con políticas de segregación y exclusion, con la creación de guetos urbanos para negros a través del trazado de autopistas, y con la criminalización de negros y latinos a través de excusas, como la más reciente guerra contra las drogas. 

Pero hubo una herencia aún mayor en el corazón ideológico del país. No sólo le arrancaron Texas y el resto de los estados del Oeste a México para reinstalar la esclavitud donde era ilegal, sino que aventureros como William Walker la legalizaron apenas se autonombraron presidentes de países como Nicaragua, u operaron en diversas “repúblicas bananeras” sin respetar ninguna ley de las “razas inferiores”. Luego, de forma deliberada, exportaron el consumismo a su patio trasero para reemplazar la esclavitud legal por la esclavitud asalariada. 

Quienes eran minoría en Estados Unidos lograron imponer un sistema electoral que persiste hasta hoy para dominar la política en Washington. De la misma forma que esos poderosos esclavistas del sur expandieron la esclavitud por generaciones en nombre de la civilización y la libertad, luego de la Guerra Civil impusieron la idea de que la libertad y la prosperidad dependían de los empresarios millonarios. Amenazar su prosperidad era amenazar la prosperidad y la existencia de toda una nación. La más reciente “Teoría del derrame” no es otra cosa que la continuación de la teoría del amo como benefactor de sus esclavos. La idea de que son los ricos quienes crean empleo y no los trabajadores, no es otra cosa que la continuación de la sacralización de los amos y la demonización de los esclavos, convertidos ahora en asalariados. 

A dos décadas de la derrota de 1865, se evitó recordar la masacre de Chicago celebrando el “Día de los trabajadores”; se lo reemplazó con un día abstracto, el “Día del trabajo”, justo cuando los sindicatos de obreros eran fuertes en los estados del norte. No por casualidad, cuando en 1935 F. D. Roosevelt promovió la Ley Wagner para apoyar a los sindicatos en un Nuevo Contrato Social que sacaría al país de su mayor crisis económica, en los estados que antes conformaron la Confederación casi no hubo sindicalización.

En la historia nada se crea ni se destruye completamente. Todo se transforma. El “Destino manifiesto” se continuó con la retórica del liderazgo de “La raza/el mundo libre”. La obsesión anglosajona de tener todo bajo control, sobre todo a las razas inferiores que no sabían gobernarse, se continuó con la excusa de la guerra contra el comunismo durante la Guerra Fría… y más allá. El zar de la prensa William Hearst fue un millonario progresista (mientras sus clientes fueron trabajadores) hasta que Franklin Roosevelt promovió, con nuevas leyes, el derecho de los trabajadores a sindicalizarse. Entonces se convirtió en el primer McCarthy antes de la Guerra Fría. Hearst fue uno de los inventores de la prensa amarilla y de la Guerra contra España (junto con el venerado Pulitzer) que le secuestró la revolución a los cubanos en 1898. Tres décadas después, atendiendo a sus intereses económicos, lanzó una campaña mediática identificando a Roosevelt y los sindicatos con el comunismo, como antes se identificó a los negros con el caos y con una imaginaria violacion colectiva de las hijas rubias. Su coqueteo con el nazismo (como el de tantos otros millonarios de este lado) tenía todo de la tradición del Sur esclavista: la raza superior, la clase dominante es la salvación de la civilización, la libertad y el progreso. 

Sindicatos en Estados Unidos hoy

No pocos esclavos apoyaron la esclavitud. No pocos asalariados apoyaron a millonarios poderosos como Herbst. En abril 2021 los trabajadores de Amazon en Alabama votaron (1798 a 738) contra el establecimiento de un sindicato, a pesar de sus paupérrimas condiciones de trabajo, lo que demuestra que los mitos nacionales (si los millonarios sufren, se acaba el mundo) son más fuertes que las necesidades personales. Una moraleja reproducida por asalariados y empresarios que venden en la calle se hizo viral entre los hispanos de Florida: “Los ricos madrugan como pobres y los pobres duermen como ricos”

Pero hay otras razones: Amazon acosó a sus trabajadores de Alabama por email y con reuniones individuales para que votaran en contra. Práctica que luego llamó “educación”. La vieja tradición esclavista de educar a los de abajo para que apoyen los intereses de los de arriba. 

Según un proyecto de ley del nuevo gobierno, conocido como Protecting the Right to Organize, estas prácticas de acoso podrían ser penalizadas con 50.000 dólares. Una propina para Walmart o Amazon, pero algo es algo. Aún así, es probable que el partido Republicano lo boicotee en el senado.

Estamos marchando a un escenario similar al de la Segunda República española un siglo después. Por un lado las organizaciones sindicales con su utopía y, por el otro, la derecha nacionalista refugiada en el pasado. Algún día, tal vez dentro de unas décadas, los historiadores verán nuestro tiempo como la culminación de un absurdo: un puñado de familias acaparando casi toda la riqueza del mundo y defendida por el resto, como los esclavos defendían a sus amos. 

Por Jorge Majfud | 01/11/2021

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EU, uno de los más grandes paraísos fiscales del mundo

Nueva York., Pocos estadunidenses se imaginarían que vivían en uno de esos países que ofrecen servicios para que los ultrarricos –empresarios, políticos, criminales– oculten sus fortunas, pero entre las revelaciones más sorprendentes de los Papeles de Pandora es que Estados Unidos se ha vuelto uno de los mayores paraísos fiscales del planeta; menos sorprendente es que empresas y ricos estadunidenses, incluyendo muchos bajo sospecha o investigación criminal, continúan escondiendo sus fortunas en paraísos fiscales en el extranjero.

La "economía clandestina" de empresas fantasmas y fideicomisos bajo prestanombres en paraísos fiscales es un lucrativo negocio internacional con el propósito de ayudar a los ricos a evadir impuestos o investigaciones criminales o para lavar dinero, o sencillamente para disfrazar sus activos. Sobre todo, el servicio esencial es la discreción absoluta y por ello la investigación nombrada Papeles de Pandora por un equipo de 600 periodistas del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), basada en la mayor filtración financiera en la historia, con casi 12 millones de documentos provenientes de 14 empresas dedicadas a este negocio, está generando un sismo en el paraíso de los ricos y sus cómplices.

Establecer estas empresas o cuentas no es ilícito en sí, pero los Papeles de Pandora revelan que varios de los clientes –tanto individuos como empresas– son criminales o han sido acusados de conductas sospechosas, delitos, abusos y violaciones de derechos humanos en el extranjero.

Este negocio es cada vez mayor en Estados Unidos, país cuyos gobernantes no dejan de hablar de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Por cierto, la tarde de ayer la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, en respuesta a preguntas sobre las revelaciones, afirmó que "el presidente (Joe Biden) está comprometido a llevar transparencia adicional a los sistemas financieros de Estados Unidos y el internacional, y uno puede ver eso en las políticas que ha propuesto y apoyado".

La investigación revela que Estados Unidos –con esta industria centrada en los estados de Dakota del Sur, Florida, Texas, Delaware y Nevada entre otros– se está convirtiendo en uno de los mayores paraísos fiscales del mundo, sobre todo para fideicomisos que son establecidos para ocultar fortunas de megarricos, e identificó 206 fideicomisos ligados a individuos en 41 países, entre ellos 28 que parecen estar vinculados con clientes acusados de conducta sospechosa o criminal en el extranjero, incluyendo soborno, fraude y violaciones de derechos humanos.

Estados Unidos está superando a Suiza como el país que más asiste a individuos a ocultar sus finanzas de las autoridades.

Los Papeles de Pandora revelan que el estado de Dakota del Sur se ha vuelto rival de los famosos paraísos fiscales en el Caribe y Europa con aproximadamente 360 mil millones de dólares en este tipo de cuentas, y con algunas de las protecciones legales mas extensas del mundo.

Entre los clientes con cuentas en Dakota del Sur se ha identificado a personajes como Carlos Morales Troncoso, ex vicepresidente de la República Dominicana y ejecutivo en jefe de la mayor empresa azucarera de la isla, la familias del conglomerado ecuatoriano Grupo Isaías, el magnate de jugo de naranja brasileño Horst Happel y el empresario textilero colombiano José Douer Ambar, entre otros –todos bajo algún tipo de investigación o acusados de abusos laborales–.

A la vez, los Papeles de Pandora revelan cómo estadunidenses ricos bajo sospecha por maniobras ilícitas o investigados por delitos usaron los servicios para ocultar sus fondos, incluso de las víctimas de sus crímenes. Entre ellos se identifica a Marc Collins Rector, un ejecutivo del mundo del espectáculo en Los Ángeles que abusó sexualmente de jóvenes en los 90. Evitó pagar las demandas logradas por las familias de algunas de las víctimas ocultando sus millones en cuentas offshore en Belice.

Otros clientes de ese paraíso incluyeron a un dentista que defraudó a la aseguradora federal Medicaid, un cómplice de la mafia, un productor de drogas adulteradas y un rico que acaba de ser condenado por el homicidio de un amigo en 2000, y un empresario acusado de lavado de dinero, entre otros.

Uno de los principales actores internacionales en este negocio de finanzas clandestinas es el bufete de abogados mas grande de Estados Unidos, Baker McKenzie, con 4 mil 700 abogados en 46 países. Christine Lagarde, actual jefa del Banco Central Europeo y anteriormente del Fondo Monetario Internacional fue una abogada y ejecutiva del bufete en las oficinas en París a principios de los años 2000.

"Cuando multimillonarios, multinacionales y los políticamente conectados buscan ocultar riqueza y evitar impuestos, frecuentemente voltean a Baker McKenzie", reporta el ICIJ, identificando al bufete como “arquitecto y pilar de una economía en las sombras, frecuentemente llamada offshore que beneficia a los ricos a expensas de las tesorerías de naciones y las carteras de los ciudadanos ordinarios”.

Baker McKenzie, según lo que revelan los documentos, ayudó a establecer empresas fantasmas en Chipre para la megamultinacional RJR Nabisco, canalizar miles de millones de ganancias de Facebook a cuentas en Irlanda con sus bajas tasas de impuestos, y a Nike ocultar beneficios en cuentas holandesas. Pero no es todo: entre sus clientes están varios implicados en corrupción política, fraudes empresariales y otros vinculados a regímenes autoritarios. Entre ellos está Najib Razak, prófugo autor intelectual del robo multimillonario de un fondo público de inversiones en Malasia, el fabricante de armas ruso Rostec, la esposa del financiero brasileño Daniel Birmann, el multimillonario colombiano Jaime Gilinski Bacal, además de empresas acusadas de evadir impuestos, como Apple.

Chuck Collins, coordinador del proyecto sobre desigualdad económica del Institute for Policy Studies en Washington, quien asesoró a algunos de los periodistas de Pandora, comentó sobre las revelaciones que "todos nosotros aquí en Estados Unidos deberíamos de estar absolutamente avergonzados de que nos hemos convertido en un imán para fortunas cleptocráticas. Nuestros políticos necesitan clausurar el sistema de riquezas ocultas".

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SpaceX lanza al espacio la primera misión con una tripulación totalmente civil

Está programado que los cuatro integrantes de la misión Inspiration4 orbiten la Tierra durante aproximadamente tres días, a una altura de 575 kilómetros

 

La compañía aeroespacial SpaceX hace historia al lanzar al espacio la primera misión compuesta por una tripulación totalmente civil. El viaje, que se realiza a bordo de la nave Crew Dragon, se diferencia en muchos aspectos de las hazañas recientes de otras compañías privadas.

La puesta en órbita de los cuatro integrantes de la misión Inspiration4 inició exitosamente con el lanzamiento del cohete propulsor Falcon 9 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, poco después de las 20:00 (hora local) de este 15 de septiembre.

Pocos minutos después del despegue, los viajeros espaciales quedaron en órbita, tras separarse la cápsula del cohete. SpaceX también informó que la primera etapa del Falcon 9 aterrizó sobre la plataforma autónoma de puerto aeroespacial, ubicada en el océano.

Está programado que la nave espacial alcance una altura de 575 kilómetros y que su tripulación permanezca en completa ingravidez durante aproximadamente tres días. Así, este lanzamiento sobresale respecto a los recientes vuelos espaciales realizados por Virgin Galactic y Blue Origin, que duraron unos pocos minutos y no superaron los 100 kilómetros de altura.

Después de dar unas 22 vueltas a nuestro planeta, la Crew Dragon volverá a la Tierra para un amerizaje. Durante ese tiempo, los viajeros realizarán varios experimentos sobre el rendimiento humano en el espacio, además de poder disfrutar de una vista privilegiada a través de una cúpula de cristal.

Otra de las peculiaridades de Inspiration4 es que al no contar con astronautas profesionales, todos los procesos serán automatizados y controlados por técnicos de SpaceX desde un centro de mando en la Tierra. "Este hito representa una nueva era para la exploración y los vuelos espaciales tripulados", asegura la compañía de Elon Musk.

Integrantes

Jared Isaacman, fundador y director ejecutivo de Shift4 Payments –una empresa estadounidense de procesamiento de pagos–, estará al timón de la aventura espacial, bajo el apodo 'Liderazgo'. Lo acompañará Hayley Arceneaux, con el sobrenombre 'Esperanza', asistente médica en el hospital infantil de St. Jude (Memphis, Tennessee), quien desempeñará el papel de oficial médica.

A estos dos integrantes se suma Christopher Sembroski, 'Generosidad', un empleado de la compañía aeroespacial Lockheed Martin y exveterano de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. Se precisa que el hombre, entre otros cometidos, ayudará a gestionar la carga útil y los experimentos científicos, al tiempo que se ocupará de las comunicaciones para el control de la misión.

Completa el equipo Sian Proctor, 'Prosperidad', una empresaria, educadora y piloto entrenada, quien recibió su asiento tras ganar en un concurso de negocios en línea. Ella piloteará la nave y prestará el apoyo necesario al jefe durante el viaje.

'Liderazgo', 'Esperanza', 'Generosidad' y 'Prosperidad' representan los pilares de la misión, que además de tener el objetivo de concientizar, busca recaudar fondos para el hospital infantil de St. Jude.

De otra parte, la plataforma Netflix ha lanzado una serie documental sobre esta misión espacial, llamada 'Countdown'. El quinto y último episodio, que se estrenará a finales de mes, incluirá imágenes grabadas por los viajeros durante su travesía.

Publicado: 15 sep 2021

Inseguridad social creciente en un planeta polarizado

Se acentúa la brecha entre ricos y empobrecidos

Una de cada dos personas en el mundo no cuenta con ningún tipo de protección social. Realidad que desnuda asimetrías continentales y sectoriales significativas.

Aunque la crisis producto del COVID 19 promovió una expansión sin precedentes de iniciativas y programas de protección social, más de 4.000 millones de personas continúan completamente desprotegidas. La respuesta social a la pandemia ha sido desigual e insuficiente: aumentó la brecha entre los países de altos ingresos y los de bajos ingresos y no logró brindar una cobertura básica para el conjunto de la población mundial.

La cobertura que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera como esencial, cuando se refiere a la protección social, incluye el acceso a la atención médica y a la percepción de ingresos en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, accidente laboral, maternidad o pérdida de la principal fuente de ingresos de la familia.

Diagnóstico preocupante

En la actualidad, sólo un 47% de la población mundial está cubierta como mínimo por una prestación de protección social, en tanto el resto, 4.100 millones de personas, no cuenta con ningún tipo de cobertura. Esta es una de las principales conclusiones del Informe Mundial sobre la Protección Social 2020-2022 que la OIT, con sede en Ginebra, Suiza, acaba de publicar la primera semana de septiembre. (//www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_protect/@soc_sec/documents/publication/wcms_817576.pdf">https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_protect/@soc_sec/documents/publication/wcms_817576.pdf).

Según este organismo internacional, las diferencias regionales son significativas. El continente americano, por ejemplo, cuenta con una tasa superior a la media mundial, con un 64.3% de cobertura, aunque lejos por detrás del 84% de Europa y Asia Central. Los Estados Árabes, con un 40% y África, con apenas un 17.4%, confirman las evidentes deficiencias globales en el plano de la protección social.

La niñez, las mujeres, las personas con capacidades diferentes y los desempleados son los sectores más perjudicados por este sombrío panorama. Solo uno de cuatro niños y niñas se beneficia de una prestación social. Únicamente el 45% de las mujeres con hijos recién nacidos tiene derecho a una prestación de maternidad en efectivo. Y solo una de cada tres personas con alguna discapacidad grave recibe beneficios por invalidez. En cuanto a la población desempleada a nivel mundial, apenas un 18.6% cuenta con una cobertura efectiva.

La OIT constata que, si bien el 77% de las personas con derecho a pensión de vejez reciben un aporte jubilatorio, persisten importantes disparidades regiones, así como entre zonas urbanas y rurales y entre hombres y mujeres.

Los números hablan por sí mismos: el gasto público en concepto de protección social varía de manera significativa a través del planeta. Como promedio los países destinan a la protección social un 12.8% del Producto Interior Bruto (PIB) — promedio internacional–, porcentaje que no incluye los presupuestos específicos para salud. Sin embargo, los países de altos ingresos invierten un 16.4% de su PIB en protección social mientras que los de bajos ingresos apenas un 1.1%.

La encrucijada

El nuevo Informe Mundial 2020-2022 que se publicó el 1 de septiembre, afirma que la comunidad internacional en su conjunto se confronta a una encrucijada esencial: seguir un “camino óptimo” de inversión en el refuerzo de sus sistemas de protección social o bien un “camino fácil” de provisión minimalista, sucumbiendo con ello a las presiones fiscales o políticas.

Y ratifica que el objetivo último debería ser que todas las personas estén protegidas tanto contra los impactos sistémicos como contra los riesgos ordinarios del ciclo de vida. La clave para lograrlo radica en dedicar más esfuerzos a la construcción de sistemas de protección social universal. Estos deben ser integrales, adecuados y sostenibles, y deben incluir un piso de protección social sólido que garantice al menos un nivel básico de seguridad social para todas las personas a lo largo de sus vidas.

Estos sistemas son esenciales para prevenir la pobreza y la desigualdad, así como para hacer frente a los retos hoy y mañana. El desafío esencial para reforzar este andamiaje de protección universal es el trabajo decente. Que permita a las mujeres y a los hombres afrontar mejor “sus transiciones vitales y laborales, facilitando la transición de los trabajadores y las empresas de la economía informal a la economía formal, impulsando la transformación estructural de las economías y apoyando la transición hacia economías y sociedades más sostenibles desde el punto de vista ambiental”.

Dicho informe insiste en que establecer la protección social universal –clave para la realización del derecho humano a la seguridad social para todos– es la piedra angular de una propuesta de justicia social con un enfoque centrado en las personas.

Con ello se contribuiría a la prevención de la pobreza y la contención de las desigualdades, la mejora de las capacidades humanas y la productividad, el fomento de la dignidad, la solidaridad y la equidad, y a la revitalización del contrato social.

Ideas no faltan

En junio pasado, representantes de 181 países miembros de la OIT aprobaron el Llamamiento Mundial a la Acción para una recuperación centrada en las personas (https://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/109/news/WCMS_803987/lang–es/index.htm) el cual delinea un programa detallado ante la pandemia y compromete a los países a que garanticen una recuperación económica y social de la crisis «totalmente inclusiva, sostenible y resiliente».

Este compromiso consensuado durante la Conferencia Internacional del organismo, incluye dos tipos de recomendaciones. En primer lugar, las medidas que deben adoptar los gobiernos nacionales y sus «interlocutores sociales» empresariales y sindicales, para lograr una recuperación del empleo, reforzar sustancialmente las protecciones sociales y las de los trabajadores y apoyar a las empresas sostenibles.

En segundo lugar, el papel tan decisivo de la cooperación internacional y el rol de las instituciones multilaterales, incluida la OIT, en la generación y promoción de estrategias nacionales de recuperación de la pandemia que beneficien esencialmente a las personas y grupos familiares.

¿Cómo se financia?

Mejorar la cobertura social implica, esencialmente, discutir en cada país las formas de financiamiento en juego, lo cual debe formar parte del debate de fondo sobre la redistribución del ingreso de una nación.

El próximo 26 de septiembre, el pueblo suizo se pronunciará en las urnas sobre la Iniciativa popular 99%, promovida por partidos de izquierda, ecologistas, sindicatos, ONG y otras asociaciones de muy variada naturaleza.

La misma propone que las ganancias de capital, proveniente de intereses, dividendos, alquiler de propiedades, entre otras, de un valor mayor a los 100.000 francos (110.000 dólares estadounidenses), paguen impuestos una vez y media más altos que las ganancias producto del trabajo. Los ingresos fiscales adicionales que podría generar esta iniciativa, que se calculan serán de 10.000 millones de francos anuales, se utilizarían para reducir los impuestos que deben pagar los sectores de ingresos bajos y para financiar servicios sociales como guarderías infantiles, seguros médicos y educación.

Los promotores de la propuesta están convencidos de que solo una reforma fiscal de este tipo puede frenar el aumento de la brecha entre ricos y pobres en el país. En la actualidad, cerca del 43% de los activos financieros en Suiza están en manos de solo el 1% de la población, lo que determina que el mayoritario 99% se distribuya el resto y de ahí el nombre de esta iniciativa popular.

Los informes, documentos, reuniones y eventos internacionales que proponen un sistema social universal abundan y siguen multiplicándose. Sin embargo, los desheredados de la Tierra siguen esperando. En particular, la población desempleada, las mujeres, la infancia, y las personas con capacidades diferentes.

No faltan conceptos, sino mecanismos efectivos que aseguren que esa necesaria redistribución del ingreso comience a concretarse, en cada país, a nivel mundial. No se trata de ideas, sino de voluntad política, es decir, de dar respuestas concretas a los gritos crecientes a favor de la dignidad humana postergada por la brecha creciente entre enriquecidos y empobrecidos.

Por Sergio Ferrari | 09/09/

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El crecimiento económico de China ha generado más multimillonarios que EE.UU.: ¿por qué Pekín comienza ahora su regulación?

800 millones de chinos han salido de la pobreza, sin embargo, todavía hay 600 millones viviendo con 150 dólares al mes.

El Partido Comunista Chino (PCC) está intentando reestructurar la sociedad del país mediante la regulación de los nuevos multimillonarios y la redistribución de la riqueza de forma más equitativa entre sus habitantes, lo que algunos expertos consideran es un plan de autolegitimación.

Durante la décima reunión del Comité Central de Finanzas de China, encabezada el 17 de agosto por el presidente chino Xi Jinping, se reiteró la necesidad de fortalecer en el país la regulación de los ingresos "excesivamente altos" y de alentar a los grupos y empresas de altos beneficios a "regresar más a la sociedad" para garantizar "la prosperidad común".

"La prosperidad común es la prosperidad de todo el pueblo. Es la vida tanto material como espiritual de las personas. No es la prosperidad de unos pocos, ni tampoco es un igualitarismo uniforme", defendió el líder chino. 

¿Funcionaría la "prosperidad común" en Occidente?

Algunos observadores argumentan que el objetivo de la "prosperidad común" es una misión sin precedentes que solo podría alcanzarse en China bajo el liderazgo del PCC, mientras que otros países occidentales, aunque generen cierto aumento del bienestar social de los trabajadores, están condenados al fracaso.

"La naturaleza del sistema capitalista de los países occidentales es la búsqueda de beneficios y, como resultado, la riqueza solo se concentra en las manos de los capitalistas que acumulan activos explotando a los trabajadores. Esta forma de gestionar los recursos sociales solo conducirá a ampliar la brecha de la riqueza", declaró Wang Yiwei, director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Renmin de China en Pekín, al Global Times.

Cong Yi, decano de la Escuela de Marxismo de la Universidad de Finanzas y Economía de Tianjin, indicó que cualquier país o región que supere la trampa de la renta media y entre en el 'ranking' de la renta media se enfrentará a la cuestión de la prosperidad común de su población, y no abordarla provocará graves contradicciones sociales que envenenarán el desarrollo económico.

En este sentido, "en EE.UU., su política de impuestos para los ricos no pudo arreglar la creciente brecha en un sentido fundamental, lo que significa que la sociedad estadounidense está acelerando sus divisiones", dijo Cong. "En China, podemos ver una serie de medidas marcadas por ajustes institucionales flexibles para abordar los problemas, lo que constituye nuestra mayor ventaja".

"Una oportunidad para presentarse como un gobierno con visión de futuro" 

Algunos expertos afirman que, para el PCC, detrás del objetivo de una mayor igualdad de ingresos hay una lógica de autopreservación: "El Gobierno chino es consciente de que tanto el público nacional como el internacional lo está observando", dijo Austin Strange, profesor asistente de política en la Universidad de Hong Kong. "Es una oportunidad para presentarse como un gobierno con visión de futuro que se preocupa por sus ciudadanos, incluidos los que están en la parte inferior de la distribución de la riqueza".

En los últimos años se ha producido una desaceleración general del estratosférico crecimiento económico del país, que había sido un "pilar crucial de la legitimidad política del Partido Comunista Chino", agregó Strange.

En China, más de 800 millones de personas han salido de la pobreza extrema desde 1978, según el Banco Mundial, y más de la mitad de la población se considera de clase media. El año pasado había 1.058 multimillonarios viviendo en China, frente a los 696 de Estados Unidos, afirma Hurun.

Sin embargo, alrededor de 600 millones de personas, casi el doble de la población estadounidense, viven con el equivalente a unos 150 dólares al mes, según declaró el año pasado el primer ministro Li Keqiang.

Ryan Hass, investigador de la Brookings Institution de Washington, indicó que ahora que "la era del desarrollo económico vertiginoso ha terminado, los líderes chinos están cambiando su enfoque hacia la mejora de la calidad de vida como una nueva fuente de legitimidad en su desempeño".

Objetivos alcanzados 

Anteriormente, Pekín declaró que la pobreza extrema en el país había sido erradicada a finales del año pasado, lo que supuso un paso más para cumplir el objetivo del primer centenario del PCC, que era "construir una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos". 

Ahora, según el informe del comité, el gigante asiático sigue avanzando hacia la meta del segundo centenario, que es "convertir China en un gran país socialista moderno en todos los aspectos", dijo Xi Jinping en julio en el marco de las celebraciones por los 100 años del partido.

Publicado: 7 sep 2021

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