Zombis, extraterrestres, vampiros, Ángeles caídos, o simplemente: "inmigrantes" y "refugiados"

Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler. Aimé Césaire

 

I. Un clima global generalizado de indistinción excepcional

 

Hace unos años escribí un pequeño libro donde afirmaba que, actualmente, vivimos un clima global generalizado de indistinción excepcional. O quizás hace unos años fue el libro el que me escribió a mí... porque, como diría Karen Barad, concebir un libro como algo que un sujeto crea y sostiene en sus manos, constituye un desprecio tanto del libro como del mundo mismo, de los flujos vitales donde "yo", si es que tal palabra cabe, soy un diminuto nodo, una ola o un coral incrustado en la inmensidad del mar. En cualquier caso, para ese entonces, la idea en torno a la constitución del mencionado "clima" sobrevenía tras haber explorado el "estatuto" de "lo humano" a través de diferentes registros: el desarrollo de la tecno-ciencia, la crisis ambiental, la aparición de movimientos animalistas abolicionistas, la precarización de la vida humana paralela a la reemergencia de un infalible pero disperso poder soberano, el creciente reclamo teórico-político por modos de "agencia" no humana, entre otros. Aquél era descrito como un "clima global generalizado" porque involucraba procesos relacionados (en expansión) a lo largo y ancho del mundo, "de indistinción" puesto que atentaba contra la dicotomía humano / no-humano y otras dicotomías ligadas a ésta, y, por último, "excepcional" dado que tales transformaciones acontecían en un entorno profundamente caótico, en medio de un campo de batalla que tenía la capacidad de prometer tanto lo mejor como lo peor, que posibilitaba dinámicas de subordinación, sujeción y explotación casi ilimitadas, pero también enteras reconfiguraciones colectivas de la vida misma, es decir, la apertura de mundos inusitados, conformados por singularidades que apenas podríamos llamar "humanas" y "no humanas". A esa apertura disutópica, no utópica y mucho menos distópica, la denominé el "planeta de los simios".

Hoy no me queda otro camino que, entre la alegría y la tristeza, entre la esperanza y la ira, seguir confiando en la fuerza de un "planeta de los simios", planeta actualizado no sólo por medio de la potencia realizativa del lenguaje, sino en lugares enteros que son constantemente perseguidos y aplastados, aunque no derrotados. Y sí, actualmente son lugares los que se aniquilan, formas-de-vida completas, enredadas co-existencias inadmisibles para el ojo moderno-colonial. Las nuevas luchas, llevadas a cabo en el marco de lo que el Ezln llama la Cuarta Guerra Mundial, no las libran individuos, ni colectivos que pretendan algún impacto sobre la sociedad (teniendo como trasfondo la distancia entre sujeto y objeto), por el contrario, las emprenden "comunidades en movimiento", "ecosistemas", y es así incluso cuando nuestra miopía ontológica nos deja entrever tan sólo un puñado de gente moviéndose sobre el territorio. Ahora bien, debo admitir que, esta vez, me vi compelido a escribir por la tristeza y cierta impotencia, incluso puedo asegurar que fui animado por un cansancio senil que amenaza con ahogar mi espíritu jovial, infantil. Sin embargo, gracias a Brahman, al Dios de Spinoza o a la potencia de la Tierra, llámenlo como prefieran, se produjo la convergencia precisa de líneas, la dosis perfecta de moléculas, que terminó en la droga curativa nietzscheana del amor fati, a saber, la operación mediante la cual la negación es convertida en afirmación, el dolor en gozo. Una vez más es la vida la que me escribe. Nietzsche como curandero, Wicca-nietzscheanismo, reconfortante lamido de perro, lamido de perro sin perro, como las líneas que, unas tras otras, unas con otras, aparecen y se disuelven para des/dibujar la figura del Gato de Cheshire en el País de las Maravillas de Carroll, perro-brujo, un filósofo perro, kyon, cínico, forma-de-vida en acto.

¿De dónde provenía la tristeza inicial? Esta vez de Europa, o de cierta Europa, y de la reciente "crisis de refugiados" que la acosa. En otros términos, de los medios de comunicación y su vacuidad, o mejor, de su completitud, porque llenos de basura sí están, o mejor aún -para hacerle justicia a la profunda terrenidad de la basura-, de su pureza malsana, cristalina, de su obsesión por lo Mismo, por lo celestial. El Hombre blanco volvía a atacar. ¿Las imágenes?: Personas racializadas como "negras" y "orientales" naufragando, muriendo en la costa, maltratadas por periodistas, grupos neo-nazis y policías, seres ati-borrándose: clima global generalizado de indistinción excepcional. Y como es costumbre, humanismos y humanitarismos pululando. Resulta curioso ver cómo dichas imágenes resuenan y se superponen con las de exitosas series de ciencia ficción o fantasía estadounidenses como Z Nation, Falling Skies, Helix, Defiance, Star-Crossed, The Walking Dead, The Strain o Dominion. Algunas basadas en ya exitosos libros o películas. La constante es patente: en todas el límite entre lo humano y lo no humano se desdibuja, sea por la aparición de zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles convertidos en demonios. En cualquier caso, trátese de un zombi, extraterrestre, vampiro o ángel caído, hay un proceso claro de patologización. El problema no es simplemente la diferencia, no es el Otro peligroso separado del Yo, el inconveniente real, el verdadero temor, es la corrupción y degeneración de lo Mismo por un Yo devenido Otro, del buen Hombre blanco por un Hombre blanco que ha enfermado.

Zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles pervertidos no suelen ser más que humanos normales (normalizados) que han caído en las garras de una enfermedad mortal contagiada a través de un contacto con un otro radical, a través de la diferencia. A partir de ese punto el patrón también es idéntico: la enfermedad, que concomitantemente se tiende a leer como una maligna posesión corruptora del alma, reduce al humano a un estado de "animalidad" o "salvajismo", a una corporalidad pura que obnubila o desaparece todo rastro de conciencia en pro de una acelerada satisfacción pulsional. Habiendo perdido el estatus de humano, los entes patologizados, degenerados, no tienen otro destino que el de ser eliminados, manipulados a antojo o dejados a su suerte por parte, y para la protección, de los sujetos sanos. Por cierto, huelga agregar que todo ocurre en un estado de guerra y caos, donde la existencia se militariza y hasta el personaje más noble e inocente debe aprender a matar, y debe también aprender a exterminar a sus seres amados habiendo comprendido que, una vez enfermos, dicha acción ya no implica asesinato, sino progreso y liberación. En el preciso instante en que las fronteras entre lo divino y lo terrenal, lo humano y lo animal, lo vivo y lo muerto, lo orgánico y lo artificial, etcétera, son puestas en entredicho, se afirma con más fuerza que nunca la defensa de la pureza humana: clima global generalizado de indistinción excepcional. Si, siguiendo al Ezln, la Tercera Guerra Mundial se libró entre la Unión Soviética y Estados Unidos, con sus respectivos Estados satélites que a su vez eran campos de disputa indirectos, la Cuarta Guerra Mundial acontece contra el enemigo de mil rostros llamado "terrorismo", y es un buen nombre, pues el "terrorista" no es tan estable como el "comunista" de la Guerra Fría, "terrorista" es, por definición, un agente que desencadene "terror", contra el cual es necesario protegerse a toda costa y, debido a su potencial destructivo de la propia identidad, es menester erradicar como fuere. "Terror" produce el Estado Islámico o Al Qaeda, pero también el virus del VIH-SIDA o la pandemia de gripe A (H1N1).

Cuando la indistinción reina, las brechas entre lo humano y lo no humano se tienden a hiperbolizar. La pureza de lo humano, de cara a los peligros de la diferencia, se venera con un fervor sin precedentes. El humano occidental prototipo, tan blanco como racional y viril, promulga un control sobre el mundo nunca antes visto, sobre un mundo que trasciende y -a la manera del Dios cristiano hegemónico, es decir, cual creador, origen de la acción y en posesión de sus actos- gobierna soberanamente. Este nuevo humano hiperhumano tiene el universo a sus pies: sueña con viajes interestelares, decodifica y modifica el genoma, transforma su cuerpo a antojo (acudiendo a gimnasios, pero también a cirugías estéticas y prendas de moda), se educa continuamente para adaptarse a condiciones cambiantes, produce "comida" masivamente con la instauración de monocultivos y granjas industriales, aunque también "productos orgánicos y saludables" para mejorar su propio cuerpo, inclusive es un hiperhumano "tan humano" que se deleita con las diferencias (sexuales, étnicas, religiosas, biológicas...) mientras se acoplen a él en tanto ideal normativo y sean consumibles, etcétera. El humano hiperbolizado es, a su vez, el buen ciudadano consumidor compulsivo occidental (depredador insaciable de "recursos naturales", al mejor estilo del protagonista de la comedia estadounidense The Last Man on Earth), cuya catedral es el centro comercial y cuya forma de vida es la deuda. En suma, el hiperhumano, paralelo a una materialidad hipersometida (hipernaturalización o hiperanimalización), que radicaliza la distinción clásica entre sujeto y objeto, entre conciencia y mundo, es la respuesta conservadora por antonomasia al clima global generalizado de indistinción excepcional.

La Cuarta Guerra Mundial se entabla por la defensa de la pureza hiperhumana y su expansión, que no es otra que una nueva defensa, poscolonial/neocolonial, de Occidente y su Hombre blanco, ¡que no es otra que la defensa del capitalismo eugenésico y viril en su estadio neoliberal! A la par que el Hombre blanco se hiperboliza, sus Otros históricos (animales, indígenas, mujeres, gente negra, orientales, sexualidades radicalmente disidentes, enfermos, improductivos, etcétera), si bien inicialmente pueden ser tolerados e inclusive incluidos dentro del marco de lo humano (como la "ideología" de los derechos humanos pregona), sienten las consecuencias del brío hiperhumanista. Los zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles caídos contemporáneos somos, ante todo, los sujetos racializados-colonizados que Occidente intentó asimilar subordinadamente, segregar o exterminar. Nosotras y nosotros, sujetos (pos)coloniales, somos quienes más fácilmente hoy perdemos nuestra nueva calidad de "humanos" en situaciones de "excepcionalidad". Sin embargo, en sentido estricto, como dirían Deleuze y Guattari, nadie llega a ocupar el centro organizador, el ideal de lo (hiper)humano; todo el mundo es un potencial agente infeccioso y ser sacrificable. Es por ello que hoy el cine de guerra ya no se ejemplifica con Rambo ni Rocky (destrozando comunistas y rebeldes orientales), sino con Mad Max: Fury Road, con su espeluznante entorno (pos)apocalíptico (de indistinción excepcional), plagado de malignos seres humanos que ya no son humanos nunca más, que son, antes bien, seres tecno-tribales, cancerosos, enfermos, degenerados compuestos tecno-bio-físicos susceptibles de morir en cualquier momento (pues, en primer lugar, no se sabe si realmente aún están vivos o muertos). Mad Max: Fury Road es quizá una de las expresiones más perversas del hiperhumanismo contemporáneo, ya que denuncia la crisis socio-ecológica pero, en su propia denuncia descarada, la reproduce, además de hacerla "consumible", rentable, a lo largo y ancho del globo. Mad Max: Fury Road probablemente constituye el mayor refinamiento estético-político que Hollywood haya incubado. De ahí que me una al grito de Tiqqun cuando apunta: "Aquellos que dicen que otro mundo es posible y no acreditan otra educación sentimental que la de las novelas y los telefilmes, merecen que se les escupa a la cara".

 

II. Aimé Césaire y Mario Vargas Llosa conversan

 

El pasado 20 de septiembre, el diario español El País publicó un artículo de opinión escrito por el viejo conservador Mario Vargas Llosa. El artículo estaba acompañado por una imagen ya desastrosa: una mano masculina, blanca, empresarial (con manga de traje formal y un símbolo de la Unión Europea en ella), introducía una moneda dorada en una abertura de una fetichizada África, como si fuese una alcancía. Si Luce Irigaray, Silvia Rivera Cusicanqui o Gayatri Spivak vieran tal esperpento, acertadamente dirían que se trata del Hombre blanco violando, colonizando, a la feminizada África negra. El todopoderoso, activo, Hombre blanco penetra una vez más los feminizados labios de una pasiva África oscura. No obstante, en opinión de Vargas Llosa, lo único que es posible ver allí es la mano salvadora del mercado, del desarrollo y la democracia occidentales (¿la "mano invisible" de Adam Smith?). Como Vargas Llosa fue nombrado por el rey Juan Carlos I "Ilustrísimo señor" y "marqués de Vargas Llosa", en adelante emplearé tal título y tal tratamiento protocolar, pues no dudo que sea un agente perfecto de la realeza (pos)colonial. Escuchemos, pues, atentamente, lo que tiene para comunicar este "Ilustrísimo señor" sobre la actual "crisis de refugiados" que acosa a Europa:

 

"Es bueno que haya ahora, en los países más prósperos y libres del mundo, una conciencia mayor de la disyuntiva moral que les plantea el problema de estas migraciones masivas y espontáneas, pero sería necesario que, por positivo que sea el esfuerzo que hagan los países avanzados para admitir más refugiados en su seno, no se hicieran ilusiones pensando que de este modo se resolverá el problema. Nada más inexacto. Aunque los países occidentales practicaran la política de fronteras abiertas que los liberales radicales defienden —defendemos—, nunca habría suficiente infraestructura ni trabajo en ellos para todos quienes quisieran huir de la miseria y la violencia que asolan ciertas regiones del mundo. El problema está allí y sólo allí puede encontrar una solución real y duradera. Tal como se presentan las cosas en África y Medio Oriente, por desgracia, aquello tomará todavía algún tiempo. Pero los países desarrollados podrían acortarlo si orientaran sus esfuerzos en esa dirección, sin distraerse en paliativos momentáneos de dudosa eficacia.

La raíz del problema está en la pobreza y la inseguridad terribles en que vive la mayoría de las poblaciones africanas y de Medio Oriente, sea por culpa de regímenes despóticos, ineptos y corruptos o por los fanatismos religiosos y políticos —por ejemplo el Estado Islámico o Al Qaeda— que generan guerras como las de Siria y Yemen, y un terrorismo que diariamente ciega vidas humanas, destruye viviendas y tiene en el pánico, el paro y el hambre a millones de personas, como ocurre en Irak, un país que se desintegra lentamente. No se trata de países pobres, porque hoy en día cualquier país, aunque carezca de recursos naturales, puede ser próspero, como muestran los casos extraordinarios de Hong Kong o Singapur, sino empobrecidos por la codicia suicida de pequeñas élites dominantes que explotan con cinismo y brutalidad a esas masas que, antes, se resignaban a su suerte. Ya no es así gracias a la globalización, y, sobre todo, a la gran revolución de las comunicaciones que abre los ojos a los más desvalidos y marginados sobre lo que ocurre en el resto del planeta. Esas multitudes explotadas y sin esperanza saben ahora que en otras regiones del mundo hay paz, coexistencia pacífica, altos niveles de vida, seguridad social, libertad, legalidad, oportunidades de trabajar y progresar.

[...] esta inmigración debe ser organizada y ordenada de acuerdo a una política común inteligente y realista, como está proponiendo la canciller Angela Merkel, a quien, en este asunto, hay que felicitar por la lucidez y energía con que enfrenta el problema. Pero, en verdad, este sólo se resolverá donde ha nacido, es decir, en África y el Medio Oriente [...] La manera más efectiva en que Occidente puede contribuir a reducir la inmigración ilegal es colaborar con quienes en los países africanos y el Medio Oriente luchan para acabar con las satrapías que los gobiernan y establecer regímenes representativos, democráticos y modernos, que creen condiciones favorables a la inversión y atraigan esos capitales (muy abundantes) que circulan por el mundo buscando donde echar raíces".

 

En contraste con Mad Max: Fury Road, el "marqués de Vargas Llosa" no tiene ningún refinamiento estético-político ni escrúpulo. Para él el "Occidente democrático, libre, moderno y próspero", avanzado, desarrollado, es el modelo a seguir para los africanos, orientales y, en general, para todo el mundo. Vargas Llosa no ve otra cosa que lo que Arturo Escobar llama el "efecto Giddens": "es la modernidad todo el camino, hasta el final de los tiempos". Lo no-occidental, al mejor estilo de la Cuarta Guerra Mundial en curso, sólo puede ser concebido aquí como atraso, imperfección, despotismo e ineptitud, es decir, el problema de África y Medio Oriente es inherente a su propio fundamentalismo y corrupción. Según nuestro "Ilustrísimo señor", para decirlo en términos de Enrique Dussel, Europa goza de una indudable supremacía cultural, pues fue por sus propios méritos, gracias a un hegeliano e intraeuropeo desarrollo lineal tendiente al progreso (que va de Grecia, Roma, la Edad Media y la Modernidad ilustrada a la globalización contemporánea), que es posible disfrutar de lugares "prósperos y libres". Empero, el marqués omite que los imperios y Estados europeos, "libres y prósperos", se edificaron gracias a la sanguinaria colonización del resto del mundo, de Asia, África y América, que, como asegura Immanuel Wallerstein siguiendo los pasos de la Teoría de la Dependencia latinoamericana, para que existan centros capitalistas prósperos debe haber semiperiferias y periferias precarizadas, donde los seres humanos (racializados) y la naturaleza son explotados y subordinados en niveles inimaginables. Y por supuesto, al interior de los centros existen, a su vez, centros, periferias y semiperiferias. No se trata, por ende, de un dicotómico modelo centro/periferia, como malinterpretan Hardt y Negri en su obra Imperio. Si países como España y Grecia atraviesan fuertes crisis en estos momentos, no es precisamente por su inherente "ineptitud", sino porque el sistema-mundo capitalista, en su reacomodamiento, necesita semiperiferias europeas para sustentar la centralidad de países como la Alemania de Merkel, la misma Alemania que el "Ilustrísimo señor" tanto aplaude. Aquí, a la extensa cita del nefasto artículo neocolonial escrito por Vargas Llosa, resulta pertinente sobreponerle ciertos fragmentos del Discurso sobre el Colonialismo de Aimé Césaire:

 

"Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África. (...) Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler.

[...] Oigo la tempestad. Me hablan de progreso, de «realizaciones», de enfermedades curadas, de niveles de vida por encima de ellos mismos. Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de extraordinarias posibilidades suprimidas. Me refutan con hechos, estadísticas, kilómetros de carreteras, de canales, de vías férreas.

Yo, yo hablo de millares de hombres sacrificados en la construcción de la línea férrea de Congo-Ocean. Hablo de aquellos que, en el momento en que escribo, están cavando con sus manos el puerto de Abiyan. Hablo de millones de hombres desarraigados de sus dioses, de su tierra, de sus costumbres, de su vida, de la vida, de la danza, de la sabiduría.

Yo hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, el ponerse de rodillas, la desesperación, el servilismo. Me obnubilan con toneladas exportadas de algodón o cacao, con hectáreas plantadas de olivos o de viñas. Yo, yo hablo de economías naturales, armoniosas y viables, economías a la medida del nativo, desorganizadas; hablo de huertas destruidas, de subalimentación instalada, de desarrollo agrícola orientado en función del único beneficio de las metrópolis, de saqueos de productos, de saqueos de materias primas.

Se jactan de los abusos suprimidos. Yo, yo también hablo de abusos, pero para decir que a los antiguos -tan reales- les han superpuesto otros, igualmente detestables. Me hablan de tiranos locales devueltos a la razón; pero yo constato que en general estos hacen muy buenas migas con los nuevos tiranos y que, de estos a los antiguos y viceversa, se ha establecido, en detrimento de los pueblos, un circuito de buenos servicios y de complicidad. Me hablan de civilización, yo hablo de proletarización".

 

¡Cómo disfruto soñando con que Césaire toca con su mano negra el hombro del "Ilustrísimo señor" y le susurra sin violencia al oído: "Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler"! El liberal biempensante de Vargas Llosa, que se cree opuesto a las perspectivas nacionalistas anti-inmigrantes, no percibe que es él mismo uno de los tantos rostros del fascismo y la autorreferencialidad occidental. El marqués es perfectamente consciente de adorar el mundo libre, democrático y capitalista occidental, y su modelo de humanidad, lo que calla es que su endiosamiento desprecia toda diferencia y alternativa, su egolatría constituye una muestra clara de supremacía cultural. "Efecto Giddens", Hitler asomándose. Y Césaire y yo no estamos exagerando, el "Ilustrísimo señor" lo confirma cuando añade:

 

"Cuando era estudiante universitario recuerdo haber leído, en el Perú, una encuesta que me hizo entender por qué millones de familias indígenas emigraban del campo a la ciudad. Uno se preguntaba qué atractivo podía tener para ellas abandonar esas aldeas andinas que el indigenismo literario y artístico embellecía, para vivir en la promiscuidad insalubre de las barriadas marginales de Lima. La encuesta era rotunda: con todo lo triste y sucia que era la vida, en esas barriadas los ex campesinos vivían mucho mejor que en el campo, donde el aislamiento, la pobreza y la inseguridad parecían invencibles".

 

III. ¡Sí, somos zombis, extraterrestres, vampiros y ángeles caídos!

 

Sí, al parecer para Vargas Llosa los indígenas/campesinos poseen una forma de vida inherentemente inferior a la del Hombre occidental que habita las urbes, donde no son tan agudos los problemas de "aislamiento, pobreza e inseguridad". Habrá entonces que traer a colación, de nuevo y las veces que sean necesarias, las palabras de Césaire para responder: "Me hablan de progreso, de «realizaciones», de enfermedades curadas, de niveles de vida por encima de ellos mismos. Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de extraordinarias posibilidades suprimidas". Y no se trata de establecer, al estilo cristiano, quién tiene la culpa de los males, cuál es el supuesto sujeto origen de la acción que debe responder ante el tribunal de la razón y ser castigado por su obrar incorrecto, por el contrario, se trata de romper con la individuación, la atomización que, por demás, posibilita la supremacía cultural. Nadie tiene absolutamente los méritos asociados a las desgracias o dichas que vivimos, es un entramado complejo de acciones intransitivas el que produce las posiciones subjetivas y sus posibilidades de acción. Sin embargo, así lo han señalado feministas como Donna Haraway y Rosi Braidotti, nuestra posición singular involucra cierta responsabilidad, nuestra localización envuelve una capacidad relativa de afectar y ser afectados/as, un margen en torno a lo que podemos o no percibir, que es imprescindible asumir. Vargas Llosa habla desde "ningún lugar", recomienda "objetivamente" lo que es mejor para indígenas/campesinos y gente de África y el Medio Oriente; en contraste, Césaire asume su experiencia de sujeto racializado como negro y colonizado, y de allí deriva su análisis de la situación que aqueja a ciertos "pueblos".

Césaire, desafiando la atomización y la supremacía cultural, indica que un paso previo a la civilización, al proceso de llevar hacia el "progreso" a quienes están atrás en el camino, consiste en destruir sus formas de vida, en obturar sus posibilidades produciéndolos primero como inferiores (inherentemente irracionales, tercos, codiciosos, perezosos, etc.). Vargas Llosa aplica esto perfectamente tanto a los indígenas/campesinos como a los pueblos de África y del Medio Oriente, de hecho tiene la osadía de decir que sólo gracias a la globalización, a la creciente interconexión y la circulación de información, tales pueblos se han dado cuenta de que hay mejores formas de vivir. Pero echémosle un vistazo a su endeble tesis. La mayoría de "refugiados" que están llegando a Europa proceden de Siria, Afganistán, Irak, Libia y del África Subsahariana, en especial de un desconocido país llamado Eritrea. Todos los lugares mencionados poseen una historia colonial y neocolonial por parte de ciertos Estados europeos y Estados Unidos, todos los lugares mencionados han sido racializados como negros u orientales e intervenidos violentamente, a veces invadidos militarmente de manera abierta, otras veces pactando con líderes y milicias locales. Los casos de Irak y Afganistán son los más descarados, pues Estados Unidos emprendió allí, hace no mucho tiempo, procesos bélicos y de ocupación sin empacho que redundaron en el desplazamiento forzado de una buena parte de la población. Asimismo, todos estos lugares son proveedores de mano de obra barata, e incluso esclava (no remunerada), y de petróleo y minerales, con los cuales se sustenta el estilo de vida de los países que Vargas Llosa llama "libres y prósperos".

El petróleo, cobre, oro, estaño, cobalto, cromo, uranio, coltán y los diamantes se extraen de dichas zonas, y sin ello sería imposible la existencia de medios de comunicación, transporte y de toda clase de aparatos electrónicos y "comodidades" de uso cotidiano en los centros del sistema-mundo. Ante la homogenización que conlleva el "efecto Giddens", ante la intervención militar y la precarización, que es a su vez una intervención cultural (como en la conquista de América: la espada y la evangelización llegan al mismo tiempo) y una inferiorización de las formas de vida locales, emergen fundamentalismos nacionalistas y religiosos, justamente como el Estado Islámico, el cual azota fuertemente a Siria. Y, como dice Césaire, no es que los mundos existentes antes de la (neo)colonización fueran utopías hechas realidad, pero, en todo caso, sus potencialidades han sido silenciadas y, a sus males históricos, se les han sumado los traídos por la "civilización occidental". ¡Cuántos de los detestados dictadores de África y el Medio Oriente, vituperados por el "Ilustrísimo señor", no son producto de la mercantilización del petróleo, los minerales, las poblaciones, y en general de los ecosistemas, que el modo de vida occidental actual demanda! Pero Vargas Llosa lo fetichiza e invierte todo, para él simplemente hay dos culturas, la occidental (moderna, democrática, libre y capitalista) y la no-occidental, que en este caso involucra a África y el Medio Oriente (caracterizada por su fundamentalismo, despotismo, corrupción y barbarie). Y lo único que se puede hacer es ayudar a que los no-occidentales salgan de su inherente salvajismo, ya sea acogiendo unos cuantos "refugiados" para que desempeñen labores subvaloradas en los países del centro del sistema-mundo, o llevándoles las "virtudes" del mundo capitalista y democrático a sus sitios de origen, lo cual sí que es una utopía totalitaria, además de un embuste, pues el sistema-mundo funciona, como dijimos, mediante un reacomodamiento constante de centros, periferias y semiperiferias; la "abundancia" y la "libertad" siempre serán, en ese esquema, el privilegio de unos pocos.

 

Esos pocos, que describimos atrás como hiperhumanos, dependen entonces de la subyugación y el expolio de mundos enteros, y de la ilusión de un bello, bueno y verdadero capitalismo multicultural, libre y democrático global. Ilusión que, en efecto, animó a muchos de los "inmigrantes" y "refugiados" a penetrar Europa, olvidando que las guerras no son locales, que las guerras locales son batallas llevadas a cabo al interior de la Cuarta Guerra Mundial, o del "apocalipsis zombi", para decirlo con el lenguaje de los productos culturales estadounidenses. Las poblaciones no-occidentales, toleradas condescendientemente y exotizadas/mercantilizadas, son consideradas hoy a su vez como potenciales focos infecciosos para el Hombre blanco hiperbolizado. Es por ello que Europa invita a distinguir entre elementos de la población migrante que, adaptándose a sus normas, pueden pasar a integrar los estratos más bajos de su configuración social, y agentes patógenos o virus de la barbarie y el terrorismo que constantemente amenazan a Occidente, los cuales legitiman la militarización de la vida y los genocidios (que también son generados por la falta de atención y cuidado posterior a la destrucción de mundos enteros locales: "hacer morir" que se presenta como simple "dejar morir").

 

Quizá el "Ilustrísimo señor" Vargas Llosa vio demasiadas series y películas estadounidenses en sus últimas vacaciones, y por eso se siente en la obligación de hacer un llamado a la defensa de la pureza occidental y del Hombre blanco; igualmente, quizá por esa razón sólo perciba humanos civilizados versus zombis terroristas atrasados, animalizados, salvajes. Si es así, podríamos aplicar la mencionada fórmula de Tiqqun, a saber, escupirle en la cara. Por suerte, formas-de-vida potentes, que no se aterrorizan ante la indistinción, que asumen la inestabilidad de la frontera entre humanos y no-humanos, entre vivos y muertos, aparecen sin cesar. Y, por suerte también, muchas de ellas apelan a una contramemoria corporizada, a la experiencia "indígena", "negra" y "oriental" que nunca se ha dejado exterminar, y a nuevas "alianzas", aleaciones, tecno-bio-físicas, pues, al contrario que Vargas Llosa, carecen de pretensiones de pureza. Por lo tanto, sí, somos zombis, extraterrestres, vampiros y ángeles caídos, y hombres-lobo, gatos nocturnos, brujas y espíritus; y sí, somos una amenaza viral para el totalitarismo eugenésico occidental.

 

Bogotá, septiembre 21 de 2015.

Libro relacionado

La isla del Doctor Moureau al planeta de los simios: La dicotomía humano/animal como problema político  

Publicado enSociedad
Lunes, 21 Septiembre 2015 06:58

Mala hierba que no muere

Mala hierba que no muere

Una parábola del capitalismo tardío. Existe una planta silvestre nativa del actual Estados Unidos, un rastrojo conocido como horseweed o hierba caballo, cola de yegua, Conyza canadiensis, erigerón de Canadá, hierba carnicera, crisantelmo, lirio compuesto y zarramaga entre otros nombres (para la gente común suele no tener ninguno). Es una lata para los agricultores, daña maizales, cañaverales, y ahora los campos de no-labranza y de transgénicos, especialmente soya.

Gracias al descubrimiento de América este hierbajo se extendió a los cinco continentes. Suele ser inofensivo. Para la tribu zuñí era una planta sagrada. Posee usos medicinales comprobados: elimina el ácido úrico y combate la gota, alivia reumas y cistitis, controla la diarrea. No vale nada, es decir, no se vende. Crece dondequiera. Llega a medir 50 centímetros, con un sólo tallo. Si se le permite, se vuelve un arbusto de hasta dos metros. En Mesoamérica es una de las hierbas que los milperos eliminan para salud del maíz y el frijolar. Gracias a la tecnología y el mercado, concretamente al RoundUp de Monsanto, el erigerón o coniza (otro de sus nombres) pareció controlado, mas tuvo el mérito de ser la primera planta decididamente resistente al herbicida glifosato, hoy empleado en todo el mundo (aunque Francia lo prohibió recientemente), un producto polémico que, al igual que a los políticos y los famosos, los ataques, las denuncias y las burlas le sirven de espuma. Lo que no mata engorda. Que lo diga la modesta horseweed.


Conforme se industrializó la agricultura a gran escala, los herbicidas químicos y los fertilizantes ídem se volvieron indispensables. Sus usuarios empezaron como con la penicilina y acabaron como la heroína, enganchados a dosis cada vez mayores y sin alternativa. RoundUp ha sido la estrella de Monsanto. Ayudó a lavarle la cara a la empresa, que al concluir la guerra de Vietnam estaba identificada con el letal desfoliante agente naranja. El desarrollo y la comercialización del nuevo producto catapultó la firma al bando de los buenos. Si bien mucho se ha investigado, escrito y difundido en contra suya, mucho más se invierte, publica y publicita en favor del glifosato. Agresivamente llegado el caso, en tribunales o mediante agresiones anónimas, advertencias y cosas así. También debemos a Monsanto la hormona de crecimiento bovina (prohibida en Europa, no en México ni Estados Unidos) y los dichosos transgénicos, un mercado colosal que comparte con otras trasnacionales.


¿Cómo fue que una fábrica de venenos, fundada en 1901, devino protectora de las ciencias de la vida, santa, verde y todopoderosa? Marie-Monique Robin hizo ya una disección implacable en El mundo según Monsanto (Èditions La Découverte, París, 2008), concluyendo (y no es la única) que la empresa incurre en conductas criminales mientras se pinta de verde y sin que usted se dé cuenta se hace presente en los alimentos que lleva a su mesa.


Como se sabe, el principal cargo contra el glifosato es que produce o facilita el cáncer en humanos. Ante ello, la firma ha dedicado millones de dólares en promover investigaciones favorables y generar las evidencias científicas que, según se ufanan los ejecutivos de Monsanto, constituyen la documentación científica más numerosa en la historia. En tanto, combaten a sus detractores, van tras ellos si publican en revistas científicas de prestigio, asedian institutos, difaman a organizaciones civiles y periodistas, aplastan a consumidores y campesinos rebeldes. Nada los detiene.


La agricultura industrial, la mejorada y hoy la transgénica basan parte de su éxito en la eliminación radical de plagas. Millones de personas han fumigado y han sido fumigadas con glifosato para vencer especímenes vegetales y fúngicos que engrosan la nómina de plagas para las cuales la industria ofrece antídotos. Pero nuestro rastrojo lleva la delantera. Ohio fue el primer lugar donde se declaró enemigo público a esta planta estadunidense, nativa como la que más. ¿Qué dicen a esto los nativistas que desean volver a la flora virginal del año 1500? Nada. O lo que disponga Monsanto, la de los transgénicos que fueron diseñados para resistir sus venenos, y que se mueran los feos.


Andrew Cockburn recoge en el número 1984 de Harper's (septiembre de 2015) informaciones alarmantes. Destaca que esta planta, blanco natural del herbicida, en años recientes ha desarrollado un nuevo tipo, un superrastrojo producto de años de tratamiento con glifosato; no sólo se niega a morir con dosis cuatro veces mayores a las recomendadas, sino que parece ganar fuerza con la exposición al herbicida. Como los monstruos de David Cronenberg. Crece hasta cuatro metros, añade Cockburn, con ramas tan gruesas que, de acuerdo con un agricultor, atasca las máquinas cosechadoras. En otras palabras, "un alien muy invasivo, nacido en Estados Unidos".


Lo que no mata al rastrojo lo engorda. Lo agiganta. Ay nanita, pasa las palomitas, ya nos cayó Godzilla.

Publicado enMedio Ambiente
Agua de Bolivia: fracaso de su privatización y revuelta ciudadana

Bolivia, en la etapa de su notable presidente, Evo Morales, es un país fascinante por sus logros épicos, pero que carece de publicidad, ya que hoy es el país que ostenta el mayor crecimiento económico de toda Sudamérica, paso que ha sostenido en los recientes siete años con un promedio espectacular de 5.3 por ciento, pese al declive de la cotización de los hidrocarburos.


Poco se habla del milagro económico de Bolivia en la fase de la economía mixta con rectoría estatal de Evo Morales, lo cual tuvo como detonador a la revuelta ciudadana contra la perniciosa privatización del agua y encaminó al país a su presente ruta exitosa que culminó con la renacionalización de sus hidrocarburos y minería que le proveen hoy el grueso de sus ingresos que antes se esfumaban en las arcas trasnacionales.


Mientras el devaluado México neoliberal itamita mal crece a menos de 2 por ciento, Bolivia este año supera(rá) 6 por ciento de crecimiento gracias a sus triunfales nacionalizaciones, donde descuellan los hidrocarburos, en medio de una remarcable tolerancia a su banca privada, que, a mi juicio, es aldeana/regionalista y todavía no alcanza el anhelado impulso nacional.
Irish Times sintetizó cómo la guerra del agua derrocó al régimen neoliberal de Hugo Banzer en Bolivia, lo cual ejemplica la debacle a la que puede conducir el mal manejo del recurso en Irlanda.


A su juicio, el gobierno neoliberal de Banzer manejó pésimamente una disputa local sobre el líquido que escaló en la primera (sic) guerra del agua del siglo XXI y eventualmente ayudó a encabezar el derrocamiento del orden político entero.


Bolivia se había vuelto el laboratorio de experimentación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) que exigían al gobierno neoliberal la privatización del recurso sin el menor miramiento a sus daños estructurales y colaterales.


Irish Times juzga que a cambio de la ayuda (¡supersic!) financiera para rescatar su economía quebrada (sic), el FMI y el BM exigieron reformas estructurales (sic), incluyendo la privatización de las empresas estatales del agua de Bolivia.
Ya todo había sido vendido: minas, campos de gas y petróleo, ferrocarriles y empresas de electricidad, mientras decenas de miles de trabajadores eran despedidos con un desempleo disparado y una pobreza intensificada.


En 1999, el gobierno de Banzer otorgó al consorcio trasnacional Aguas del Tinari –encabezado por Bechtel (cuarta empresa privada por ingresos en el ranking de Forbes de 2014), además de la estadunidense Edison, la española Abengoa y las bolivianas Petrovich y Doria Medina– una concesión de 40 años (¡supersic) para manejar el agua de Cochabamba, la tercera ciudad, a cambio del compromiso de modernizar (¡supersic!) su red acuífera.


Entonces, Semapa, la todavía agencia gubernamental hidráulica de Cochabamba, elevó en forma demencial hasta 300 por ciento (¡supersic!) las tarifas del consumo (http://goo.gl/ychou1) y eliminó los subsidios, haciendo oídos sordos a las realidades sociales de un país empobrecido, de acuerdo con el inflexible guión del BM, mientras el gobierno se encargaba de privatizar el líquido.


Ya a inicios de 2000, el alcalde privatizador de Cochabamba, Manfred Reyes –anterior capitán del ejército apuntalado por Banzer– enloqueció al intentar cobrar la captura de lluvia, lo cual desembocó en un levantamiento insurgente.


Bolivia se partió en dos, ya que Cochabamba se encuentra ubicada en la principal carretera que conecta al oriente con el occidente.


El gobierno del Banzer declaró el estado de si¬tio, que produjo seis muertos y centenas de heridos, mientras la ciudadanía se volcaba contra la receta de la privatización y la austeridad impuesta por Washington.


La revuelta histórica contra la privatización hídrica en Cochabamba constituyó el catalizador primordial del ascenso al poder cinco años más tarde de Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS), con una mayoría nunca vista, que consagraron la ley de la propiedad pública del agua.


En forma increíble, la plutocracia racista criolla había sido sustituida en la cúpula por un movimiento contestatario indígena: la mayoría de su población marginada durante siglos.


Para empeorar las cosas y blindar los intereses de las trasnacionales, el parlamento neoliberal de Bolivia había aprobado la ley 2029, que otorgaba patente de corso al cobro del uso particular de los acuíferos públicos con el fin de que los ciudadanos garantizaran sus adeudos con sus bienes inmuebles (¡supersic!).


El consorcio multinacional Aguas del Tunari podía desahuciar a los ciudadanos que no podían pagar su adeudo hidráulico y hasta embargar sus casas, como consecuencia del alza exagerada de las tarifas.


La guerra del agua de Cochabamba propulsó al entonces joven diputado indígena Evo Morales a alturas insospechadas junto a sus legendarios cocaleros.


Banzer no tuvo más remedio que negociar y expulsar a la empresa Aguas del Tunari, mientras remunicipalizaba a Semapa, la compañía de aguas de Cochabamba.


En el estrujante reporte de Der Spiegel (http://goo.gl/v5kbJs), que sinteticé (http://goo.gl/1rrWWq), no podía faltar la paradigmática guerra del agua en Bolivia, bajo la presión privatizadora del BM en la primavera de 2000, que carcomió la cuarta parte de los ingresos de la clase ordinaria fagocitados por un alza de 300 por ciento de las tarifas.


La revuelta ciudadana e indígena –el segmento más afectado debido a su pauperización por el neoliberalismo– obligó a revocar la privatización del líquido que catalizó la restitución estatal de los hidrocarburos que forman parte de la médula de su presente auge económico y entronizó el liderazgo de Evo Morales, quien creó el Ministerio del Agua y consagró el derecho al agua en la nueva Constitución.


Evo, quien vivió en su infancia la carencia del líquido vital, sentenció que el agua no puede ser un negocio. Debe ser un bien común.


En contraste al selectivo ostracismo acuífero del previo modelo neoliberal –con dedicatoria discriminatoria contra sus maravillosos indígenas: su mayoría–, el portal alemán señala que hoy 83 por ciento de los bolivianos tienen acceso a agua potable bebible, comparado con menos de la mitad de la población en 1990. ¡Vaya hazaña!


El modelo de la renacionalización hídrica en Bolivia ha sido imitado en varios países y regiones (sic), incluyendo Argentina, Indonesia, Ghana y Malí, que han colocado otra vez su agua bajo el control público.


Todo lo contrario del devaluado cuan inepto México neoliberal itamita, un vulgar "banzerismo après la lettre", que insiste en privatizar el líquido bajo la fétida ley Korenfeld (http://goo.gl/OC7rm7) de Conagua, cuya pésima gestión afecta a las zonas paupérrimas del DF (Iztapalapa, http://goo.gl/dhUOZz) y el estado de México ( Neza, Ixtapaluca, Chalco, Texcoco, etcétera): ¡una Bolivia mexicana!


Conagua –aún telecontrolada por el felón David Korenfeld Federman, dedicado a promover los intereses hidráulicos de Israel en detrimento de México– está provocando la imitación de la primavera ciudadana de Bolivia.
Pocos temas levantan tanta pasión como el agua.


¡Cuidado: con el agua no se juega!


http://alfredojalife.com
@AlfredoJalifeR_
www.facebook.com/AlfredoJalife
http://vk.com/id254048037

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 07 Septiembre 2015 05:04

Esa civilización, Occidente

Esa civilización, Occidente

Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge.


Primero fue el Quattrocento que se denominó a sí mismo como Renacimiento, saliendo de esa edad oscura que fue la Edad Media, denominada así por encontrarse entre la Grecia antigua y el Renacer de la humanidad. Después fue la modernidad, que se denominó a sí misma de esta forma con sus ideales de progreso, su fe en la ciencia y en la racionalidad y su centralidad en el ser humano. Posteriormente, en el siglo XVIII, se inventa el concepto de civilización como el esfuerzo por distanciarse de la naturaleza. Y con ello, de consuno, con la idea de "civilizar" a otros pueblos, naciones y culturas. No en última instancia, la idea de civilización y "civilizados" se asimiló entre las élites como sinónimo de sofisticación, buen gusto, sentido de la vida y gentileza; justamente, politesse en francés, pulir, y hacia atrás ulteriormente la noción misma de politeia (en la Grecia antigua).


No existe una sola comprensión o definición de civilización. En unos casos se refiere a la herencia y la deuda de un origen fontanal; habitualmente se trata de la síntesis que resultó de la amalgama entre Grecia, Roma y Jerusalén. En otros casos se hace referencia a un ideal mínimo común de valores, principios, ideales y formas y estilos de vida. U en otros casos más, a una unidad de criterios culturales, étnicos y filosóficos. Con ello, en cualquier caso, la idea de civilización tiene tanto de ancho como de largo; desde los trabajos de Malinowsky hasta las interpretaciones de Huntington, con todos los matices intermedios.
En un libro maravilloso, no traducido aún al español, F. Fernández–Armesto —Civilizations. Culture, Ambition, and the Transformation of Nature. Touchstone, New York, 2001—, sugiere una comprensión no–lineal de las civilizaciones. Una civilización se define por sus relaciones con la naturaleza. De esta forma, es posible identificar las distintas civilizaciones en función de su relación con la naturaleza.


Sin ambages, ello permite identificar a Occidente en términos precisos. Se trata de esa civilización que se refiere a la naturaleza en términos de medios a fin, en el que la naturaleza es el medio para que los seres humanos desplieguen y realicen sus intereses y necesidades. Exactamente la síntesis de Atenas, Roma y Jerusalén.
Pues bien, en términos médicos, Occidente es una civilización enferma. La suya es, al mismo tiempo, una enfermedad crónica, aguda y compleja. En medicina, se dice que:


• Una enfermedad es crónica cuando se trata de un mal de largo plazo que no puede ser curado y con el que hay que aprender a vivir. Ejemplos de enfermedades crónicas es la diabetes, la artritis, cardiopatías o la obesidad. Se trata de enfermedades que no pueden ser curadas, tan sólo controladas.
• Una enfermedad se dice que es aguda cuando tiene un origen y desarrollo rápido, usualmente súbito e imprevisto, y su desenlace puede ser igualmente rápido y sorpresivo. Los síntomas generalmente son severos y por lo general es una etapa de la enfermedad que desemboca en una enfermedad crónica o en la muerte. La neumonía o la apendicitis son ejemplos de esta clase de enfermedades.


• Por su parte, una enfermedad se dice en medicina que es compleja cuando resulta de la combinación de factores genéticos, medioambientales y de formas de vida. Se trata de desórdenes multifactoriales, muchos de los cuales no terminan de ser identificados. El asma, el párkinson, la osteoporosis, las enfermedades autoinmunes o el cáncer son ejemplos de enfermedades complejas.

En efecto, en un mundo alta y crecientemente complejo, entrelazado de múltiples maneras y en diversas escalas, alta y crecientemente interdependiente en múltiples sentidos y contextos, no existe la crisis. Por el contrario, existen crisis (en plural) sistémicas y sistemáticas. Tal es el diagnóstico de la civilización occidental, que sufre de numerosas crisis, tales como crisis políticas, económicas, financieras, medioambientales, de valores, crisis de confianza, crisis humanitaria en gran escala, iniquidad y pobreza en amplia escala, corrupción, impunidad y existencia del estado con falencias múltiples en un lugar o en otro. En fin, los diagnósticos, a estas alturas de la vida, son variados, amplios y robustos. Es imposible abordar, tocar y solucionar una crisis sin atender al mismo tiempo a otra(s). Un mundo verdaderamente complejo.


Occidente está enferma, severamente enferma, y a decir verdad se encuentra desde hace un tiempo en la sala de cuidados intensivos. Las mejores mentes en política o en temas de seguridad, en finanzas o en comercio internacional, en temas jurídicos o medioambientales, por ejemplo, no tienen la más mínima idea de cómo salir de ese entretejido complejo de crisis sistémicas y sistemáticas. Todo pareciera indicar que Occidente merece de cuidados paliativos, una idea cara en medicina, ciencias de la salud y bioética.


Son numerosos los foros mundiales —Davos (Foro Económico Mundial), G–7, G–7 más 1, OCDE, entre muchos otros— y son numerosas las instancias y organismos multilaterales, nacionales e internacionales dedicados a buscarle salidas a las series de crisis en curso. Es como cuidar un párkinson con banditas o aspirinas.


Mientras tanto, el costo humano es creciente e inclemente. La crisis de refugiados en Europa (¡en tiempos de paz!), las oleadas de inmigrantes africanos, los desplazamientos internos en numerosos países, la corrupción galopante y sus consecuencias sobre las violaciones de derechos humanos. Intelectualmente el panorama es apasionante; humanamente es desolador y triste.


Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge. Nuevas formas de organización social, nuevas escalas de valores, nuevas y diferentes relaciones con la naturaleza, nuevas ciencias, saberes y disciplinas, en fin, nuevas formas de organización económica y de formas y estilos de vida aparecen, por lo pronto a escala local y regional, pero se van entretejiendo de formas sutiles y rizomáticas. Al destino fatídico de esa civilización que es Occidente —la tierra del sol poniente—, lo acompañan nuevas, sorprendentes y muy positivas y favorables formas de vida, comprensión y explicación del mundo y de la naturaleza. Contra el desamparo y milenarismo, contra el pesimismo y la desolación una nueva civilización brota ante nuestros ojos. No está siendo construida. Mucho mejor aún, está siendo sembrada.

Publicado enSociedad
El ser humano ha destruido ya el 46% de la masa forestal del planeta

Un equipo de investigación de más de 15 países ha estimado en tres billones la cifra de árboles en el planeta. La tasa de pérdida debido a la deforestación y la actividad humana es de 15.000 millones de árboles cada año.


Hasta ahora, la estimación global de bosques se obtenía a partir de imágenes por satélite de las áreas forestales, pero la información que se generaba no era del todo precisa. Por esta razón, un grupo de investigación internacional decidió crear un mapa de la distribución mundial de los árboles por kilómetro cuadrado.

El estudio, que se publica esta semana en Nature, revela que sobre la Tierra existen tres billones de árboles, lo que supone 422 árboles por persona, una cantidad ocho veces superior a los cálculos anteriores (61 árboles por persona). Sin embargo, a pesar de esta cifra, el número total de árboles ha caído en un 46% desde el comienzo de la civilización humana.

Además, en la actualidad, "la tasa de pérdida forestal –provocada por la deforestación, el cambio en el uso de la tierra y la gestión forestal– es de 15.000 millones de árboles cada año", advierte Thomas Crowther, autor principal del trabajo e investigador en el Yale School of Forestry & Environmental Studies de la Universidad de Yale (EE UU).


"Esto repercute en la concentraciones de carbono de la atmósfera, así como en los miles de otros servicios que proporcionan los bosques", añade con preocupación el científico que subraya que la densidad de árboles disminuye cuando aumenta la población humana.

Los resultados de la investigación indican que el número de árboles en el mundo varía en función de la actividad humana. Para los investigadores, el impacto negativo del ser humano en los ecosistemas naturales es claramente visible en pequeñas áreas, como demuestra el nuevo mapa. Las decisiones históricas del uso de la tierra han dado forma a los entornos actuales.

Con la nueva distribución, obtenida a partir de imágenes por satélite, inventarios forestales a pie de campo, y tecnologías de supercomputación, el equipo en el que han participado 15 países describe el estado actual de los bosques mundial para que científicos, ecologistas y políticos lo entiendan y tomen medidas. "Pero no hemos descubierto ningún otro posible sumidero de carbono", asegura Crowther.


Los bosques boreales, los de mayor densidad


Para lograr un cálculo más preciso, los científicos usaron casi medio millón de estimaciones de la densidad de árboles obtenidas a partir de personas que los contaban a pie de campo. A esto añadieron las características medioambientales (temperatura, humedad, estado del suelo y nivel de actividad humana) y la información de densidad de 400.000 terrenos forestales.


"Si el número de árboles aumenta en zonas húmedas, podemos empezar a predecir cuántos árboles están relacionados con la humedad en esa área", indica el investigador estadounidense. El mapa les ha permitido así obtener la distribución de los árboles que varía en función de cada paisaje.

Según el trabajo, las masas forestales con mayor densidad de árboles son los bosques boreales de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y Norteamérica. Pero las mayores áreas forestales se encuentran, con diferencia, en los trópicos, donde habitan cerca del 43% de los árboles de todo el mundo. Solo el 24% está en las regiones boreales y el 22% en las zonas templadas.

Para Crowther, el mapa también representa una distribución de la estructura de los ecosistemas. "Aporta información sobre las áreas donde viven diferentes plantas y animales, y dice cuánto carbono se almacena en esas áreas", comenta Crowther. En definitiva, el estudio muestra los esfuerzos que aún quedan por hacer para recuperar los bosques.

Publicado enMedio Ambiente
Los humanos de Atapuerca eran más corpulentos que los neandertales, pero con menor cerebro

Los científicos del yacimiento burgalés proponen un nuevo esquema de la evolución humana en cuatro fases, desde hace más de cuatro millones de años

 

Con 1,63 metros de estatura media y una masa corporal de unos 69 kilos, los humanos de la Sima de los Huesos (Atapuerca, Burgos), de hace unos 430.000 años, eran más corpulentos que los posteriores neandertales. Un hombre de esa colección de fósiles es especialmente grande, superando los 90 kilos. En general, eran de cuerpo notablemente ancho y musculoso. Sin embargo, su masa cerebral era inferior a la del neandertal, algo que tiene importantes implicaciones en la evolución de este órgano clave en la especie humana. Esa impresionante colección de restos de la Sima de los Huesos ha permitido a los científicos describir ahora, por primera vez con precisión, la morfología corporal de aquellos individuos, cuyos restos se acumularon en el fondo de una cueva burgalesa por causas aún por determinar, aunque los investigadores sospechan que pudo ser un acto intencionado de sus congéneres.


"Es la primera vez que describimos el esqueleto postcraneal de la muestra más grande de fósiles que existe en la historia de la paleontología", destaca Juan Luis Arsuaga, director del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (Instituto de Salud Carlos III - Universidad Complutense) y primer autor del artículo que presenta hoy esta investigación en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) estadounidense.


Para el estudio, en el que ha participado una veintena de expertos de diferentes instituciones (casi todas españolas), los científicos han analizado más de 1.500 fósiles de los esqueletos postcraneales, es decir, de cuello para abajo. En total, en 2013, cuando arrancó esta investigación específica, los investigadores habían desenterrado ya más de 6.700 huesos humanos en la Sima, pertenecientes a 28 individuos como mínimo, de ambos sexos y edades variadas, incluidos 17 cráneos completos o parciales. Así, por ejemplo, la talla de 163 centímetros de estatura se refiere a la media de adultos teniendo en cuenta hombres y mujeres, y no hay en esta población tanta diferencia entre unos y otras como se pensaba. Estos individuos muestran ya algunos rasgos incipientes que luego estarán en los neandertales unos 200.000 años después.


"El hecho de que los humanos de la Sima de los Huesos tuvieran el cerebro más pequeño que los neandertales significa que en estos últimos ese órgano aumentó de tamaño paralelamente y de forma independiente al incremento que registró el cerebro de la especie humana actual, algo que se consideraba un rasgo exclusivo nuestro", apunta Ignacio Martínez, profesor de paleontología de la Universidad de Alcalá de Henares y coautor del artículo de PNAS.


La extensa investigación, además, tiene un alcance ambicioso: Arsuaga y sus colegas proponen ahora un nuevo modelo de la evolución del cuerpo humano en cuatro grandes etapas a lo largo de más de cuatro millones de años. "Las cuatro fases coexistirían en el tiempo pero su orden de aparición es secuencial, una detrás de otra", aclara Arsuaga. A la primera etapa corresponden los ardipitecos, de hace unos cuatro millones de años, que vivirían fundamentalmente en los árboles aunque tal vez tendrían alguna capacidad de desplazarse ocasionalmente sobre las dos extremidades inferiores. La segunda fase corresponde a los australopitecos, como la célebre Lucy de hace algo más de tres millones de años, que serían ya bípedos pero manteniendo algunas capacidades arbóreas. La tercera etapa es la del humano arcaico, a la que pertenece el Homo erectus de hace unos dos millones de años (el primero en salir del continente africano ancestral), pero también la población de la Sima de los Huesos, con cuerpo alto en comparación con los anteriores, ancho y robusto, y locomoción exclusivamente terrestre. Se acabaron los árboles como hábitat dominante para estas especies. Por último, el humano moderno es el cuarto grupo, de tipo alto, estrecho y de esqueleto grácil.


La principal novedad de este esquema es que, al incorporar a los neandertales en la tercera etapa, desmonta el modelo, generalmente aceptado por los científicos, "en el que los neandertales son producto de una adaptación específica a las condiciones climáticas frías del continente europeo, mientras que el hombre moderno, la especie actual, sería del modelo clásico, el del H.erectus africano", explica Arsuaga. "No es así. Nosotros creemos que nuestra especie es la revolución. Son los neandertales, aunque con particularidades de adaptación, los que tienen el modelo arcaico", afirma. Según este nuevo esquema, que seguramente será controvertido en la comunidad científica internacional, la novedad del humano actual se origina en África a la vez que los neandertales se adaptaban a vivir en las latitudes frías del continente europeo. Y los individuos de la Sima de los Huesos muestran los primeros pasos de una evolución que acabaría dando lugar a los neandertales de hace unos 200.000 años.


Arsuaga apunta que la novedad que supone el cuerpo de nuestra especie es "toda una revolución", destacando el esqueleto grácil, la columna vertebral menos rígida que en otras especies, el particular y eficaz desplazamiento del centro de gravedad del cuerpo al caminar, las caderas estrechas, etcétera. "Es un prodigio de biomecánica, óptimo para caminar con gran eficiencia energética... ¿Usain Bolt? Sí, es la perfección, pero el mejor ejemplo de la especialidad del humano moderno es un corredor de maratón, capaz de recorrer grandes distancias con un mínimo consumo energético", resume el paleontólogo.


Sin embargo, esta investigación de Atapuerca indica que en algo no somos tan exclusivos como se pensaba: el aumento notable del tamaño del cerebro en el último tramo de la evolución humana. "La gran aceleración de la encefalización se consideraba un rasgo distintivo de nuestra especie, algo único", explica Martínez. Pero resulta que también en los neandertales se produjo ese proceso casi a la vez y de forma independiente, a la vista de la masa cerebral de sus ancestros remotos que son los humanos de la Sima de los Huesos.


"Los neandertales realmente son muy inteligentes, no son superchimpancés, como se pensaba hace años", continúa Martínez. "Hablaban, se adornaban y ahora sabemos que tuvieron encefalización". Este último rasgo, además, abre una nueva perspectiva para investigar la especie humana actual. "En ciencia es muy difícil avanzar con un caso único, necesitas hacer investigación comparativa y nuestra especie es difícil de abordar si es única. Ahora, con los neandertales, tenemos una especie espejo, otra especie inteligente que se originó independientemente de la nuestra, y esto nos ayuda a estudiarnos a nosotros mismos", comenta este especialista.


¿El peinado como mensaje?


A la hora de hacer la ilustración técnica del hombre de la Sima de los Huesos, teniendo en cuenta todos los detalles anatómicos que los fósiles aportan, los científicos han tenido que afrontar una gran incógnita, y precisamente en una parte tan notoria del cuerpo como es la cabeza, porque de cabello no tienen datos. El pelo no fosiliza, no deja rastros y no se sabe cuándo apareció en la evolución humana el cabello, es decir, el pelo de la cabeza y la barba que crece ininterrumpidamente y que, si no se corta, alcanza hasta el suelo y arrastra, comenta Juan Luis Arsuaga. "Lo que está claro es que el resto de los primates y los mamíferos en general no comparten esta característica que es exclusivamente humana", afirma. Parece lógico suponer, continúa, que estarán implicados en esto unos genes que se activan específicamente en los humanos por lo que, si se logra identificarlos, se podrán comprar con el genoma de los neandertales y determinar así si esos remotos europeos, por ejemplo, podían llevar cabellos y barbas largas.


"Mi hipótesis", continúa Arsuaga –y retoma el asunto del peinado de la ilustración del atapuerquino- "es que el cabello de crecimiento continuo es un instrumento de comunicación que indica características de quien lo luce, como rango, jerarquía, pertenencia a un grupo específico... igual que en sociedades humanas actuales el peinado de los sijes, por ejemplo, o la identificación de mujeres casadas o solteras. Es un mensaje a los demás".


La sugerencia de que el cabello podría ser útil tal vez como protección frente a la insolación excesiva no vale porque para eso no hace falta que crezca el pelo ininterrumpidamente durante toda la vida.


De los neandertales hay múltiples muestras de comportamiento simbólico expresado a través de objetos, de enterramientos.... recuerda Arsuaga. ¿Por qué no, entonces, en los individuos de la Sima de los Huesos? Aún sin pruebas científicas que sustenten o descarten la idea, los científicos de Atapuerca decidieron concederse una licencia en la ilustración del hombre de la Sima de los Huesos y ponerle un peinado más o menos elaborado y una luenga barba.

¡Teatro del absurdo!: un mundo sin agua, según Der Spiegel

La influyente revista alemana Der Spiegel consagra una extensa investigación de seis reporteros sobre "Un mundo sin agua (Welt ohne wasser; http://goo.gl/vUQF7V)" y El peligroso mal uso de nuestro recurso más valioso, en cinco países: Brasil, España, EU (California), Bolivia e Israel (http://goo.gl/v5kbJs).


Inician su estrujante reportaje sobre el drama de California, que ya abordé su simbólica sequía como presagio de "la crisis mundial del agua que viene (http://goo.gl/JvDXK0)".


Arguyen que la Tierra puede ser un planeta azul visto desde el espacio, pero que sólo 2.5 por ciento de su agua es fresca (¡supersic!) y es dilapidada, contaminada y envenenada (sic) con su distribución horriblemente (sic) injusta.


Setenta por ciento de la superficie de la Tierra es agua, cuya mayor parte es salada: 97.5 por ciento, en mares y océanos. El restante 2.5 por ciento es agua dulce/fresca, pero su 69.7 por ciento está congelada (polos y glaciares), 30 por ciento es subterránea y sólo 0.3 por ciento se encuentra en ríos y lagos (http://goo.gl/ExZboc). La exigua agua fresca/dulce es la que ha permitido la vida en la biósfera.


Los seis reporteros aducen que la población mundial casi se ha triplicado desde 1950, mientras el consumo del agua se ha incrementado seis veces, lo cual ha empeorado, ya que el género humano cambia el clima del planeta con emisiones de gas invernadero, que sólo exacerba las injusticias.


La escasez del recurso versa sobre las personas que sufren de sed (¡supersic!): casi mil millones son forzadas (sic) a beber agua contaminada, mientras otras 2 mil 300 millones padecen su carencia.


Sin caer en un insano neomalthusianismo acuífero, a lo que subtienden los autores, se recuerda que la población mundial es hoy de más de 7 mil 256 millones.


Preguntan: ¿Cómo administraremos alimentar más personas con menos agua?


A mi juicio, se trata de una pésima asignación de recursos, trágico en el caso del agua en su totalidad –aunque su mayor proporción sea salada–, lo cual es un reflejo más de la desigualdad global del neoliberalismo en lo que incumbe a los recursos finitos, cuyo epítome lo constituye la lacerante disparidad mundial en todos sus rubros.


Una solución samaritana global consistiría en desalinizar el agua en forma gradual y racional, sin caer en las enfermizas cuan oligopólicas leyes del mercado con naipes marcados.


Colocan una gráfica del World Resource Institute (http://goo.gl/e5cK7B que exhibe la escasez del líquido y basa su índice del riesgo del agua en 12 indicadores ponderados, como asequibilidad, extracción y consumo, pero también en componentes hidrológicos, como la cantidad total de agua fresca accesible, tamaño de captación, tasas de escurrimiento y tasas de renovación de aguas de superficie, de lo que surge un axioma: si más agua es extraída de lo que es asequible o en forma más rápida a su sustitución, para necesidades humanas, se vuelve un recurso escaso en el que compiten las personas, la agricultura y la industria.


Aportan otra gráfica sobre el agua usada en alimentos y bebidas: desde una copa de vino (109 litros) hasta un kilogramo de res (15 mil 500 litros; http://goo.gl/gYQDr5).


Citan al filósofo y matemático presocrático Tales de Mileto –uno de los Siete Sabios de Grecia– que ya en el siglo VI a. C. consideró al agua como el principio primario de todas las cosas, lo cual fue alabado por Aristóteles.


Para el genial Tales de Mileto el agua es el arché: el origen, la fuente de la vida misma.


Los seis de marras consideran que el agua se ha vuelto el negocio de las trasnacionales globales y es dilapidada en una escala gigantesca (sic) para obtener ganancias y preguntan si el agua es una propiedad pública y un derecho humano (definido como tal por la ONU en 2010), o bien es ultimadamente una materia prima, un bien de consumo y una inversión financiera.


A mi juicio, tal bizantina discusión metafísica y/o financierista, entre los proponentes del bien común biosférico y los misántropos neoliberales, puede matar de sed a casi la mitad de los humanos by the time being.


Informan que en el Foro Económico Mundial de Davos, la plutocracia neoliberal global seleccionó a la crisis de agua como el mayor de los 28 riesgos globales.


Comentan que "en ningún lugar donde más privatizaciones y alianzas estratégicas (joint venture) con los proveedores del sector privado están siendo revertidas como en Europa, incluyendo Alemania".


En Stuttgart, sexta ciudad alemana, una iniciativa de los ciudadanos en 2013 obligó a la alcaldía a recomprar (¡supersic!) las acciones de un proveedor privado de agua" y en 2014, la autoridad estatal detectó que los precios del recurso eran demasiado altos y ordenó su reducción en 30 por ciento (¡supersic!).


En Berlín, donde las operaciones de agua fueron parcialmente privatizadas en 1999, los precios se elevaron 28 por ciento después del periodo estipulado de tres años de gracia, mientras las inversiones para preservar la infraestructura fueron reducidas en más de la cuarta parte, lo que orilló a que los ciudadanos lanzaran la iniciativa de un referendo.


En forma inconcebible para una ciudad tan civilizada como Berlín, se había otorgado a dos empresas privatizadoras, RWE y Veolia, un retorno garantizado (¡supersic!) por 30 años.


El ultraje ciudadano orilló en 2012 a que la Oficina del Cartel (sic) Federal reglamentara que los precios del agua tenían que ser reducidos 18 por ciento.


Gracias a la presión ciudadana, la ciudad de Berlín recompró (sic) sus acciones a las empresas privatizadoras. Que conste que Alemania es la principal geoeconomía de la Unión Europea.


Perogrullada global: los ciudadanos conscientes son quienes mejor defienden su derecho a la vida.


En paralelo, más de 1.5 millones de ciudadanos firmaron una petición para el libre acceso al agua que obligó a la Comisión Europea en 2012 a remover la directiva de incluir al agua en sus concesiones, que hubiera abierto la puerta a los proveedores privados de agua en varios lugares de Europa.


Sentencian que la oposición popular a las privatizaciones es probablemente la más vehemente y emotiva en el caso del agua y afirman que la percepción general es que el más elemental de todos los bienes no puede ser dejado a las fuerzas del mercado, que solamente están encaminadas a obtener ganancias. Les faltó agregar que tales privatizaciones barbáricas son concretadas sin tomar en cuenta el daño que ejercen en la mayoría de las poblaciones carentes de recursos pecuniarios para saciar la sed.


Una crítica feroz contra la privatización barbárica del agua –que en el México neoliberal itamita lo epitomiza la fétida cuan corrupta "ley Korenfeld (http://goo.gl/fhuPLL)"– radica en que las empresas privadas de agua seguido capturan en forma gratuita (¡supersic!) acueductos, estaciones de bombeo, represas que usan con poco costo para luego dictar (sic) los precios cuando la expectativa, de que a cambio desarrollen infraestructura, ha sido raramente cumplida.


La privatización financierista del agua forma parte del teatro del absurdo: manicomio paroxístico de incongruencias e ¬incoherencias.


Privatizar el agua es privatizar la vida: suprema neoesclavitud del neoliberalismo.


http://alfredojalife.com
@AlfredoJalifeR_
https://www.facebook.com/AlfredoJalife
http://vk.com/id254048037

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 24 Agosto 2015 06:22

Los piratas de los montes

Los piratas de los montes

La biopiratería es la práctica en la que grandes empresas patentan recursos utilizados por pueblos indígenas para comercializar. Esta actividad es amparada por el sistema mundial de patentes, aunque múltiples tratados internacionales intentan limitarla.


"En la naturaleza está nuestro alimento y nuestra medicina", es una de las principales consignas que esgrimen los pueblos indígenas en sus múltiples reclamos por territorio en América latina. La ayahuasca, la maca peruana, la kava y el frijol amarillo son algunas de las hierbas que integran su dieta y forman parte de sus remedios tradicionales desde hace siglos. Sin embargo, las grandes corporaciones multinacionales hoy se apropian de esos recursos sin compartir los beneficios.
La actividad en la que los grandes laboratorios se adueñan de los recursos naturales y de los saberes de los pueblos indígenas alrededor del mundo es conocida como biopiratería, y a través del sistema de patentes que prima en el mundo occidental, estos piratas cuentan con una gruesa armadura.


El reconocido genetista y presidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética (Unesco), Víctor Penchaszadeh, opina que "los países centrales, que controlan la economía mundial y las reglas que ellos imponen a través de la Organización Mundial de Comercio, son los que impulsan a sus corporaciones trasnacionales a apropiarse de los recursos biológicos de los países periféricos, para su beneficio económico, político y militar".


La Organización Mundial del Comercio, en sus Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic), establece en su artículo 27 que "las patentes podrán obtenerse por todas las invenciones, sean de productos o de procedimientos, en todos los campos de la tecnología, siempre que sean nuevas, entrañen una actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial (...) las patentes se podrán obtener y los derechos de patente se podrán gozar sin discriminación por el lugar de la invención, el campo de la tecnología o el hecho de que los productos sean importados o producidos en el país".


Este tipo de legislación protege a quien patenta un nuevo producto; el problema radica en que los pueblos indígenas no establecen sus criterios de esta forma. "El sistema de patentes es un invento de los países del norte para proteger los derechos de las empresas de los países del norte. La propiedad comunitaria de la tierra y los conocimientos tradicionales propios de los pueblos originarios no se protegen por medio de patentes. Simplemente es un sistema que no sirve", manifiesta Claudio Iglesias Darriba, abogado especialista en marcas colectivas y funcionario del Ministerio de Cultura de la Nación.


Para proteger a los pueblos indígenas de los biopiratas, la Argentina cuenta con un extenso marco legal y está suscripta a numerosos pactos internacionales. Uno de los más celebrados es la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General en 2007, y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (1992), que brega por la protección de los recursos genéticos y de la utilización de esos recursos por parte de las comunidades indígenas.


"La legislación es bastante completa, pero no hay que olvidar que estamos luchando con un sistema de patentes muy arraigado con leyes que funcionan perfectamente en los países del norte y sería ilusorio pensar que podemos reemplazarlas", advierte Iglesias Darriba y diferencia a quienes con "esfuerzo y trabajo patentan una marca" de los "monopolios que se manejan de forma ilícita".


Siguiendo esta lógica, Penchaszadeh se muestra cauto: "La Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética se guía en sus acciones por los lineamientos de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de la Unesco de 2005. De esta manera se opone a la biopiratería. Sin embargo, si bien sus acciones contribuyen a difundir la necesidad de que los estados continúen avanzando en medidas colectivas contra la biopiratería, no dispone del poder ni los medios para limitarla".


El tesoro del pirata


La kava (Piper methysticum) era tradicionalmente utilizada por los grupos indígenas de las islas del Pacífico como desintoxicante para aliviar el estrés, pero luego de que varios laboratorios la patentaron en la década del '90, hoy es vendida en múltiples formas en tratamientos para la caída del cabello por empresas de cosmética. Los indígenas de las islas del Pacífico nunca participaron de las ganancias que genera.


El cupuaçu (Theobroma grandiflorum) es un árbol pequeño localizado en la selva tropical brasileña cuya fruta ha sido alimento para habitantes indígenas y para animales. La compañía japonesa Asahi Foods la patentó y registró el nombre de la planta como una marca para varias clases del producto en Japón, en la Unión Europea y en Estados Unidos.


La lista continúa y pueden nombrarse cientos de casos en el mundo, pero la biopiratería no se limita al patentamiento de recursos naturales, ya que también se hace de los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios para el tratamiento de esos recursos.


La antropóloga, doctora en Ciencias Naturales e investigadora principal del Conicet María Leila Pochettino explica que "un país puede tener una planta que se puede utilizar para curar el cáncer, otro país tiene el desarrollo tecnológico y pueden hacer un convenio, desarrollan el medicamento y los beneficios se comparten. El problema es que las comunidades originarias que experimentaron con las plantas a lo largo de milenios no forman parte de un país, o los países en donde se asientan no les reconocen sus derechos".


Limitar la biopiratería a nivel nacional también genera complicaciones, debido a que muchos pueblos originarios extienden su territorio por sobre las fronteras de los países. Por ejemplo, la gran nación mapuche se extiende entre Chile y Argentina, mientras que los guara- níes se asientan entre Argentina, Paraguay y Brasil.


De la península de Florida hasta el norte argentino crece una planta que fue utilizada históricamente por los grupos indígenas para infecciones urinarias, para combatir parásitos y para tratar patologías en la piel, entre otros usos. Los laboratorios se enteraron, pero le dieron otro uso. "Hace unos diez años, tuvo siete patentes en Estados Unidos para medicamentos inmunoestimulantes, que se usan para tratamientos de cáncer y sida. Entonces, ¿quiénes son los poseedores de los saberes o de estas plantas?", se pregunta Pochettino.


Hoy, los científicos que trabajan en los grandes laboratorios ya no recorren los montes en busca de plantas desconocidas, sino que los desarrollos están basados en la manipulación genética de especies ya conocidas, para encontrar nuevos usos y optimizar recursos.


Memorias del despojo


La búsqueda en la naturaleza a la solución de los problemas de salud, alimento y abrigo es remota. Las célebres expediciones de Marco Polo o Darwin en busca de nuevas plantas y animales conformaron lo que se conoce como bioprospección. Sin embargo, sería erróneo presentar a la bioprospección como el antecedente de la biopiratería ya que esta última supone la protección jurídica a los biopiratas por parte de los países industrializados.


Uno de los ejemplos más emblemáticos de biopiratería es el caso del caucho (Hevea brasiliensis). A finales del siglo XIX, el inglés Henry Wickham seleccionó las mejores semillas de aldeas indígenas para llevárselas de contrabando a Inglaterra. La consecuencia fue desastrosa: en 1919, Brasil, que había disfrutado del comercio del caucho, sólo abastecía la octava parte del consumo mundial. Medio siglo después, Brasil compraba en el extranjero más de la mitad de caucho que necesitaba.
Según Iglesias Darriba, "en Estados Unidos, históricamente, fueron los privados los que instaron al desarrollo mientras que el Estado se limitó a consentir a través de los registros que pudieran llevar adelante estas prácticas sin la suficiente averiguación de los antecedentes del caso". En Europa, en cambio, "son empresas subsidiadas por los propios estados en las antiguas colonias las que se encargaron del despojo de recursos", completa.


Con respecto a los tratados y convenios internacionales firmados con el fin de limitar los alcances de la biopiratería, Pochettino opina que son insuficientes por no haber contado con la participación de los pueblos indígenas. "Yo creo que lo central es que estas comunidades tengan participación en cada uno de los convenios que se firmen de ahora en adelante, que estén al tanto de lo que se espera y de cómo se van a utilizar los saberes que poseen y la biodiversidad", reflexiona.
De esta manera, a pesar de que el extenso marco legal intenta limitar la biopiratería, el modelo extractivista continúa vigente. Pero la lucha constante de los pueblos indígenas no cesa y aquella histórica consigna en la que expresan que en la naturaleza está su comida y medicina sigue impregnando sus pancartas y el color de sus wiphalas.

El aumento de ozono en la troposfera sobre China frena éxitos contra la contaminación

El aumento de la concentración de ozono en la capa atmosférica cercana a la Tierra sobre China, que entre 2005 y 2010 fue de alrededor de siete por ciento, está frenando los éxitos de Estados Unidos en la lucha contra la contaminación, según un estudio publicado en Nature Geoscience.


Los investigadores holandeses y estadunidenses que elaboraron el estudio atribuyen la mayor concentración de ozono al aumento de las emisiones en el país asiático y también a un mayor desplazamiento de ese gas desde capas atmosféricas más altas.


Sin embargo, ese aumento influye también en la situación en otras regiones del mundo: en el oeste de Estados Unidos, por ejemplo, la carga de ozono se ha reducido mucho menos de lo que correspondería a la caída de las emisiones contaminantes conseguidas.


El esperado 43 por ciento del descenso de ozono se frustró debido a su desplazamiento desde China, señalaron los científicos, cuyo estudio subraya la importancia de los esfuerzos globales en la lucha contra la contaminación regional y del cambio climático.


Radiaciones ultravioletas


Una de las fuentes principales son los gases de efecto invernadero de la industria y del transporte, pues bajo el efecto de las radiaciones ultravioletas los óxidos de nitrógeno y el dióxido de carbono se convierten en ozono.


En las capas cercanas a la Tierra, ese gas perjudica tanto la salud humana como la función de los ecosistemas.


En la troposfera, la capa más baja de la atmósfera, el ozono actúa provocando un efecto invernadero. Y una vez que se ha formado, permanece varias semanas y puede ser trasladado con el viento a regiones más alejadas.


Willem Verstraeten, de la Universidad de Wageningen en Holanda, y sus compañeros estudiaron mediciones satelitales de concentración de ozono y de dióxido de nitrógeno (a partir del cual se forma ese gas) en la troposfera. Con ayuda de un modelo de transporte químico conocido como TM5 simularon el reparto de la sustancia en largos trayectos.


Descubrieron que la concentración de ozono en la troposfera sobre China aumentó entre 2005 y 2010 en 7 por ciento, y de óxidos de nitrógeno en 21. Por el contrario, en el oeste de Estados Unidos el contenido de dióxido de nitrógeno medible se redujo considerablemente debido a los esfuerzos por hacer caer las emisiones en muchas regiones. Sin embargo, pese a ese esfuerzo, apenas se redujo la carga de ozono en esa zona.


Los expertos consideran necesario realizar observaciones más tiempo para comprobar si la tendencia se mantiene, comentó Ruth Doherty, de la Universidad de Edimburgo, sobre el estudio.
Emisiones de India y otras naciones


Además es interesante analizar cómo los valores de ozono chinos se ven influidos por las emisiones de India y otras partes de Asia. Los resultados subrayan la necesidad de coordinar los controles nacionales e internacionales (...) para conseguir uno realmente efectivo de la calidad del aire y del contenido de ozono.


El año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un análisis sobre las consecuencias de la contaminación del aire, que provocan cada año la muerte de 7 millones de personas, el doble de lo que se creía hasta el momento.


Ataques de apoplejía y enfermedades coronarias son la causa de muerte más frecuente consecuencia de la contaminación, seguida de enfermedades crónicas de pulmón. Las zonas más afectadas son, según la OMS, los países en desarrollo y emergentes del sureste asiático y la región del Pacífico occidental. En China e India se producen, además, alrededor de tres cuartas partes de todos los casos de muerte por esmog.

Publicado enMedio Ambiente
La crisis no es griega, europea o china, es mundial

ALAI AMLATINA, 31/07/2015.- En un mes, entre mediados de junio y julio cayó un 30% la valorización bursátil en Shanghái, una de las ciudades emblemáticas de la expansión económica de China, y en un año su deuda creció de manera exponencial.

Hasta ahora, solo se escuchaba hablar del crecimiento económico en China, especialmente desde el inicio de la modernización de su modelo económico desde 1978. Las llamadas tasas chinas, del 10% anual o más, así lo verificaban.

En el último tiempo se habló de desaceleración, con tasas del 7%, muy superior a la evolución de cualquier economía nacional, de países desarrollados, emergentes o atrasados. El interrogante es si bajo las nuevas condiciones de crisis evidente esto seguirá así, e incluso afectará la tasa de crecimiento y con ello al sistema mundial en una nueva espiral recesiva.

Vale el interrogante entre nosotros, por ser China uno de los principales compradores de la Argentina y un nuevo proveedor de fondos por inversiones externas o préstamos negados por el sistema mundial. Es una situación bastante generalizada en la región latinoamericana y caribeña, por lo que la situación se incluye en la agenda de preocupaciones de los gobiernos y los pueblos en esta parte del mundo.

El éxito del modelo escondía que junto al crecimiento se consolidaban todas las formas de las relaciones capitalistas, entre ellas el trabajo asalariado estimulado por inversiones externas difundidas por las transnacionales de todo tipo, sustentadas en el aliento del Estado.

 

Las relaciones capitalistas, el dinero, el Estado y la deuda

 

Ello suponía una inserción de China en la economía mundial, como gran productor fabril y gestor de una fabulosa masa de dinero, usada principalmente para sostener el déficit estadounidense, convirtiendo a China en el principal acreedor del mayor Estado capitalista, de una deuda pública gigantesca, la más grande del mundo.

Con esas relaciones de producción, distribución, cambio y consumo se consolidó un tipo de desarrollo sustentado en la expansión del consumismo interno y la exportación, favoreciendo el despliegue de un sistema de crédito e inversión especulativa en mercados diversos, especialmente alentando la burbuja inmobiliaria y el crédito personal y empresarial local.

La intervención estatal tuvo ese propósito, la de estimular la expansión de las relaciones mercantiles y monetarias capitalistas.

Parecía que el gigante asiático, ascendiendo en el podio de la producción y la economía mundial quedaba afuera de la crisis mundial del capitalismo.

De hecho, China disputa la primacía de la producción mundial con EEUU y algunos se anticipaban a predecir el surgimiento de una nueva potencia hegemónica en el sistema mundial, replicando otras previas transiciones en la historia del orden capitalista.

Parece que no, que la burbuja especulativa tiene ahora su trayecto en China, con un Estado con capacidad de intervenir muy fuerte desde sus tenencias por 4 billones de dólares de reservas internacionales. Es lo que genera incertidumbre y expectativas de control de los desastrosos efectos de toda crisis, especialmente entre los sectores más vulnerables.

El Estado estadounidense tiene para actuar sobre la crisis el poder del monopolio de la emisión de dólares. China lo hace desde el poder de la tenencia de activos globales, especialmente estadounidenses y el intento de hacer circular su moneda por todo el mundo, por lo que generaliza acuerdos sustentados en intercambios en monedas locales. El objetivo es la mundialización del yuan, la moneda local de China.

Desde allí y el poder estatal sobre la propiedad de las principales empresas y la gestión de ámbitos de la regulación de la política económica puede intervenir para aletargar los efectos de la inevitable crisis.

 

Emisión como política anticrisis

 

Una crisis, que, reiteramos, es mundial y se hizo visible en 2007/2008 en Wall Street, el mercado inmobiliario, de valores y de toda la economía de EEUU, transferida al sistema mundial, con escalas y acontecimientos visibles en España, Europa, con Grecia en el centro de las noticias y la agenda actual.

En todos esos países el tema del endeudamiento es clave. Es un mecanismo utilizado para posponer el problema de la crisis e intentar superarla.

EEUU necesita prácticamente todos los años la autorización parlamentaria a los efectos de incrementar su deuda, que es del 100% de su PBI.

Al mismo tiempo, como esa deuda genera intereses que deben cancelarse, el problema fiscal se constituye en problema estructural y año a año, así como crece la deuda, se sostiene un déficit fiscal (mayores egresos que ingresos) que se explica con emisión sin límite, forzando la posibilidad que tiene cada Estado de imponer la circulación de su moneda.

En el caso de EEUU, el Estado obtuvo desde 1945 la prerrogativa de imponer al mundo la circulación y dominación del dólar, aun con la crisis de la convertibilidad de 1971.

Hoy amenaza con la suba de tasas que provoca la caída de las otras monedas y los precios de las materias primas de exportación, generando condiciones para imponer una salida a la crisis capitalista desde los intereses nacionales de la dominación transnacional global. Pretende atrapar a los capitales excedentes del sistema mundial en búsqueda de rentabilidad y seguridad.

Para el caso griego, el Estado está limitado por los compromisos impuestos por el euro-grupo, y el monopolio en la emisión del euro, que algunos quisieron violentar sin éxito, sugiriendo emitir euros virtuales sostenidos para la circulación en el interior de Grecia. Era parte de lo que se llama Plan B en la situación griega e incluso para otros países atrapados en la lógica del euro y la hegemonía ortodoxa de Alemania y su gobierno.

Algo así como los bonos provinciales de la crisis del 2001, las "cuasi monedas" que favorecían el intercambio entre los habitantes de la Argentina, más allá, claro, de quitas y restricciones de sectores privados a la circulación de esos títulos públicos. Fue el mismo argumento usado en los clubes del trueque, con el reconocimiento y validez que la propia sociedad otorgaba a esos medios de pagos, los que también fueron objeto de especulación y fraude. Fueron medios que desaparecieron con el tiempo, pero el Estado y la Sociedad puedo imponerlos, aun transitoriamente como medios de circulación y pago.

La soberanía de los Estados nacionales está puesta en discusión por la crisis actual y sus manifestaciones monetarias, que entre otros, se explica, según CEPAL, como volatilidades monetarias para América Latina, con respuestas coyunturales diferenciales entre los países, algunos devaluando sus monedas y otros posponiendo las medidas con políticas diferenciadas, pero todos desde una lógica de subordinación al dólar o a las monedas de aceptación en el mercado capitalista mundial.

 

Crisis, hegemonía y alternativa

 

Por eso es que sostenemos desde hace tiempo que la crisis no es de algunos países que se hacen visibles por ciertas dificultades, hoy Brasil, Grecia o China, sino que el problema está en el capitalismo en su conjunto y por eso, el principal problema que intoxica al sistema mundial son las relaciones sociales capitalistas y el ejercicio del poder mundial desde el principal Estado capitalista: EEUU, que ejerce con la fuerza del dólar, las armas y la simbología del poder cultural la hegemonía mundial.

El problema es que sus recetas impregnan las instituciones que formulan políticas con pretensión universal, la OMC, el FMI, el Banco Mundial, y con ellos se difunden las recetas liberalizadoras en las cumbres y todo protocolo de asistencia a países con problemas. Cuando no funcionan las recetas es siempre responsabilidad de mal aplicación de los poderes locales, nunca del sistema ideológico que promueve esas medidas.

Asumo la dificultad de romper la lógica de la receta del poder dominante para superar la crisis y restablecer la normalidad de la valorización y la acumulación. Ello supone superar el conjunto de valores culturales de la sociedad capitalista, de un modelo de producción sustentado en la explotación y el saqueo junto a una cultura de consumismo estimulado por las cuotas del irresponsable endeudamiento inducido por el sistema financiero y las políticas públicas del capitalismo contemporáneo.

Tenemos el desafío histórico de hacer realidad las propuestas emancipadoras que sucumbieron ante el proyecto de dominación. Como siempre decimos, parece una tarea gigantesca que se inicia desde el debate y la construcción de una práctica social por otro orden social y cultural de cooperación, solidaridad y pensando en la armonía del metabolismo social, lo que supone el respeto a la reproducción de la naturaleza, o sea, la inclusión de la reproducción de la humanidad, su hábitat la sociedad.

 

Por Julio C. Gambina, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
Ciudad de Buenos Aires.
www.juliogambina.blogspot.com

Publicado enInternacional