Ilustración: @marcoprile

Entrevista a Lisbeth Moya González

Conversamos con Lisbeth Moya González, quien es una joven periodista, escritora y activista política como parte de la izquierda crítica cubana. En esta interesante entrevista, realizada en los últimos días de diciembre, se consideran distintos aspectos de la difícil problemática económica, política y social que recorre la isla, cuyo destino es de gran interés para los trabajadores y pueblos de América Latina y el mundo. Sin compartir algunas de las diversas cuestiones que desarrolla, consideramos de suma importancia dar a conocer su visión sobre lo que acontece en el interior de la propia isla y los caminos que se proponen para una salida de la actual crisis cubana. Esta entrevista es parte de un conjunto que estamos realizando a una parte de la llamada izquierda crítica cubana; próximamente estaremos publicando un artículo sobre la situación y el programa, donde abordamos nuestra visión y posición como parte de los debates en curso.

Las movilizaciones del 11 de julio de 2021 marcaron un antes y un después en la situación política en Cuba. ¿Cuáles fueron, para ti, las causas de esas movilizaciones?

El 11 de julio fue un día bastante polémico, fue un día que para mí no fue una sorpresa. Sabíamos con anticipación que las cosas estaban mal desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del descontento de la gente, y que eventualmente iban a explotar. No sabíamos de qué manera, pero sí que algo se iba a armar. Yo vivo en un barrio marginal que se llama Jesús María, en el centro de La Habana vieja, y todo el tiempo sentíamos el descontento popular. Estaba todo muy caldeado. También sabía, pues conozco otras partes de la historia, porque tengo a mis padres, por ejemplo, que viven en el interior del país, que allí la situación económica era mucho más terrible que en La Habana.

Por otro lado, hay que considerar que en Cuba pasamos por un período especial y si bien tuvimos un maleconazo el 5 de agosto de 1994, este fue un pequeño estallido social, comparado con el 11 de julio. La ciudadanía está acostumbrada, por falta de tradición política o porque se les educa en obedecer y ser parte de un sistema, como un engranaje continuo, a no rebelarse. Porque además el derecho de manifestación en Cuba no existía en lo más mínimo, hasta hace muy poco que en la nueva Constitución sí se habla del derecho a manifestación.

Entonces, en Cuba no existe tradición de protesta. No existen sindicatos que ejerzan esa función; aunque existe la Central de Trabajadores de Cuba, que es como un gran sindicato que está controlado por el Gobierno, pero no ejerce la función de sindicato. Cuando tienes problemas en el trabajo con tu jefe o cualquier cosa el sindicato no te va a respaldar de la misma manera. Cuando tienes un problema con los efectos de las medidas económicas que se apliquen a nivel macro en el país no vas a ver a un sindicato en la calle reclamando tus derechos. O ante situaciones como las que se enfrentaron hace un tiempo, cuando ocurrió una especie de despidos masivos, que acá se le llamó en ese momento un “proceso de idoneidad” dentro de los trabajos, que sencillamente te decían que ya no, porque se abría el sector privado, y se buscaba echar a la calle a trabajadores del sector estatal, hacían un proceso de selección y sencillamente echaron a la calle a un montón de gente para que fueran precisamente la mano de obra de ese sector privado. Eso le dolió a mucha gente porque muchas personas estaban adaptadas a su trabajo y sencillamente verte sin trabajo de un día para otro no es nada gracioso y ahí no hubo un sindicato, por ejemplo, que protestara, y no sucedió nada.

Con esto no estoy diciendo que en Cuba no exista una tradición política de protesta. Tenemos una historia que es de antes del ‘59, que era una historia convulsa de protestas, de lucha, pero luego se vino a eliminar toda posibilidad de asociación, de disenso, o sea, básicamente, actualmente, si no estás de acuerdo con lo que se plantea desde arriba, esa verticalidad, si no estás de acuerdo con ellos, no puedes protestar.

Entonces el 11 de julio llega en el punto álgido de un montón de contradicciones, contradicciones de tipo económico que tenían que ver con la situación cubana que estaba mal desde antes. En Cuba nunca hemos estado económicamente bien, desde el período especial hasta los días de hoy, que nadie se engañe. La situación más reciente tiene que ver con la desaparición total de los productos básicos, conseguir un pomo de aceite, carne o lo que sea, acá es muy difícil. Tiene que ver con la gran inflación que existe, descomunal, que se dice era del 6900%, no sé bien la cifra, pero era una brutalidad, pero es que las cifras oficiales nunca están a mano.

Pero yo creo que el fenómeno es mucho más complejo que eso. Para analizarlo hay que pensar, por ejemplo, que no se puede olvidar un momento que fue clave de lo que sucedió en Cuba en enero, que fue la Tarea Ordenamiento Económico, que fue un momento en la economía que, en medio de la crisis económica y sanitaria que implica el COVID-19, se decidió hacer algo que el gobierno había atrasado durante mucho tiempo, algo que estaba planificado, pero que no se había hecho, y como ya estábamos en una crisis muy grande e insostenible, pues decidieron meter esa medida económica, un paquetazo de una vez para tratar de “cambiar algo” y tratar de “revitalizar la economía”. Estoy utilizando palabras que ellos mismos emplean.

Y que en realidad representó un ataque enorme a las condiciones de vida del pueblo cubano…

Sí. Cuando hablo de esto me acuerdo de Alejandro Gil, ministro de economía, diciendo en la televisión que se iban a abrir las tiendas en moneda libremente convertible, llamadas MLC, donde tendrían acceso las personas que reciben remesas o que reciben dólares, euros u otras monedas extranjeras. Esas personas que tenían esas monedas se harían una tarjeta MLC, donde esta moneda tendría un valor asociado, según la fluctuación del MLC en el mercado, a partir de la cotización de las distintas monedas extranjeras. Con esta tarjeta podrían comprar en tiendas especiales, en las cuales Alejandro Gil dijo que se ofertarían productos de “alta gama”; de esta forma se refieren a productos que no se encuentran normalmente en las tiendas comunes.

Esto fue presentado por el gobierno como una manera de captar los dólares y otras monedas extranjeras que entraban a Cuba, y supuestamente con esos recursos poder invertir y llenar las otras tiendas. Cuando oí eso dije: esto es un apartheid económico, no sé qué voy a hacer yo y todo el mundo porque a estas tiendas no voy a poder acceder nunca. En aquel momento recuerdo que tuve muchos debates y que muchas personas me decían: “no es así, en las tiendas comunes va a haber cosas”, en fin. Esto porque desde el gobierno se afirmó que nunca se dejaría de abastecer a las demás tiendas, y que serían unas pocas tiendas en MLC en cada municipio, en cada localidad.

Pero la realidad es que cada día hay más tiendas en MLC y menos tiendas normales. Hay pueblos donde solo existen una o dos tiendas normales y el resto son tiendas en MLC. Todo esto en un país en donde a los obreros, a los trabajadores no se les paga en MLC, sino en pesos cubanos. Recordemos que estas medidas fueron presentadas para sacar de circulación el CUC, que había sido una moneda emergente que habían implantado durante el periodo especial, para eliminar la circulación del dólar en Cuba. Este proceso de dolarización entra entonces de una manera novedosa y conveniente para ellos.

Y entonces ¿qué sucedió? Que cada día había más tiendas en MLC. Cada día los precios en las tiendas MLC estaban más altos y se decidió comercializar en esas tiendas más productos de los que no se encontraban en ninguna parte: por ejemplo, los cigarros, que solamente se venden en MLC. Y cada día las tiendas normales, donde puedes comprar en pesos cubanos, son menos y están más vacías.

Y cada día, los cubanos tienen que acudir a un mercado negro, con precios descontrolados. Se trata de personas que consiguen el MLC en el mercado negro, donde lo compran a precios elevadísimos, por ejemplo 70 u 80 pesos por un MLC y con eso adquieren los productos. Esto implica que hay un mercado especulativo del MLC, por un lado; de los dólares y euros por otro, y finalmente de los productos de primera necesidad y de todo tipo. Por ejemplo, para comprar un paquete de pollo tienes que dar como 600 pesos cubanos. Eso era inconcebible antes, cuando un paquete de pollo te costaba 8 dólares, que era como 200 pesos, y estoy dando un precio alto. Un pomo de aceite que antes costaba uno o dos dólares ahora cuesta el equivalente a 10 y a veces hasta 15 dólares. Y así todo.

Al mismo tiempo está la crisis sanitaria: no hay medicamentos, prácticamente no hay test para saber si la gente tiene coronavirus. Las cifras de la pandemia son ficticias, porque hay mucha gente contagiada que no puede hacerse test, que tienen los síntomas pero que no se les contabiliza porque no hay test para hacerle. Conozco muchísimos casos que han estado con coronavirus en su casa sin poder testearse. Entonces, si a eso le sumas en el contexto del Covid-19 que la crisis sanitaria había tocado un pico pandémico enorme, que había ciudades que estaban desbordadas y hospitales colapsados, si a eso le sumas los sarcásticos del noticiero de la televisión cubana y de los medios de prensa, diciendo que todo está bien, que no pasa nada. Y esto es porque en Cuba no hay transparencia periodística, y los medios alternativos son totalmente asediados. Y buena parte de los “medios alternativos”, esa crítica tengo que hacerles, a veces son una locura porque realmente están pagados por Estados Unidos y eso no se puede negar, y son terriblemente malos informando, o sea calumnian todo el tiempo. Hay realidades tristes que contar, pero ellos se pasan o inventan, pero también hay medios alternativos muy respetables, eso sí, no lo olvidemos.

Entonces, llegado el 11 de julio teníamos la crisis, teníamos un pueblo, un pueblo que no puede más económicamente hablando, teníamos a la televisión mintiendo todo el tiempo.

Queríamos preguntarte sobre los antecedentes en ese terreno de lo que vienes desarrollando.

Sí, te puedo decir que en el ámbito de lo político habían sucedido varias cuestiones que eran también bastante fuertes, y es que en Cuba existe una oposición que había hecho acciones desde hace muchísimo tiempo, una oposición que no tiene matiz de izquierda, una oposición en buena medida de derecha, aunque la izquierda y la derecha se ha transfigurado un poco en los sucesos asociados a esa oposición en los últimos años. Me refiero, por ejemplo, a los sucesos del 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura, donde durante meses estuvieron sitiados y en huelga los miembros del movimiento San Isidro, como Luis Manuel Otero Alcántara y el resto de sus integrantes. Estaban en huelga, protestando precisamente por el encarcelamiento de Denis Solís, un rapero cubano, también opositor, causado por enfrentarse a un policía. Solís había sido condenado a prisión por esto y por otras arbitrariedades del Gobierno. Entonces, estaba San Isidro en huelga, llegaron a las casas de ellos con excusas del Covid-19, de que había alguien que había entrado al país que era Carlos Manuel Álvarez, el periodista, y desalojan a San Isidro. Además de esto a Luis Manuel se lo llevan preso.

Entonces esto fue un punto álgido, digamos, de colapso político, en particular para los artistas y los escritores jóvenes, porque un grupo grande de simpatizantes, inicialmente de simpatizantes de San Isidro, pero después sencillamente de jóvenes, de personas que veían en lo que estaba sucediendo una arbitrariedad más del Gobierno, del tema de la censura y de la no posibilidad de disenso en Cuba.

Yo estuve el 27 de noviembre. Estuve porque quería ver qué sucedía; como periodista debo ver qué sucede políticamente en mi país. Aunque no coincidía con Luis Manuel Otero Alcántara tenía que ver qué estaba pasando y, además de eso, sí estuve allí de convicción por el tema del disenso y la represión en Cuba, que para mí es fundamental ahora mismo y lo era en ese momento. El tema de la represión y del disenso en Cuba es preocupante, acá no hay libertad de manifestación ni de asociación. Mientras en otros países ustedes se manifiestan, aunque los repriman o no, en Cuba no podemos: aquí te manifiestas, te agarran preso y te acusan de delitos contra la seguridad del Estado que implica una cantidad de años encima.

Entonces, volviendo, el caso del 27 de noviembre, que si bien no era de izquierda sí encendió la llama de muchas cosas. Entonces en ese día se congregaron frente al Ministerio de Cultura 500 personas como mínimo. Éramos jóvenes que teníamos miedo, que estábamos allí tratando de dialogar con las instituciones y exigir precisamente en torno a temas como la libertad de Luis Manuel, así como el derecho al disenso, la libertad de expresión y demás. Sin embargo, ese 27 de noviembre no había una conciencia política colectiva de grupo ni mucho menos. Ya después se intentó crear, con los que participaron, un grupo que se llamó 27N, que terminó dispersándose porque precisamente, después de eso, la seguridad del Estado, la policía política, se encargó de desmembrarlo mediante el método de la prisión o el exilio. Esta es la respuesta que se da desde el Estado, a ti te dicen que en tu país no puedes estar y si estás vas a la cárcel. Y tienes que irte de tu país. Porque disientes, porque políticamente no estás de acuerdo con lo que el Gobierno plantea y es el momento en el que tu vida se reduce a estar preso en tu casa o en una prisión sin poder trabajar, sin poder decir ni hacer nada, donde tus libertades civiles y políticas son eliminadas y te obligan a irte pues te dicen o te vas o te hacemos todo esto. En mi caso, que soy de izquierda, he sido hostigada en mi trabajo. Entonces, basado en ese concepto, podemos decir que la seguridad del Estado se ha encargado de desmembrar toda la disidencia y toda oposición.

Después del 27N ocurrieron otras cosas, una serie de momentos de manifestación política. Pero todos los que salieron a la calle después de ese día fueron reprimidos y apresados, están en la cárcel esperando sentencia, como es el caso de Luis Robles, que al parecer se lo hicieron el otro día, pero ahora no sé ni lo que le salió en materia de años. Y antes del 27 de noviembre también... habíamos tenido una marcha que fue el 11 de mayo de 2019. Esa fue una manifestación de la comunidad LGBT, muy masiva, que también fue reprimida, y algunos de sus miembros fueron apresados, y de allí surgió 11M, que es una plataforma que lucha por los derechos de la comunidad LGBT y con la que tengo la suerte de colaborar, porque hacen un trabajo de activismo hermoso.

Entonces tenemos todos estos antecedentes de represión y de un despertar de la sociedad civil cubana en materia de activismo. Sin embargo, es curiosísimo que la marcha del 11 de julio no fue organizada por la sociedad civil cubana. Los artistas, la comunidad LGBT, los intelectuales y demás solo fuimos simples participantes o espectadores ese 11 de julio. Fue el pueblo de centro Habana, de Jesús María, de Marianao, de Los Pocitos, de la Güinera, etc., que son los barrios pobres de La Habana, los marginados, los que más están sufriendo la crisis económica; fue de allí de donde surgió la manifestación, desde donde salieron a las calles, en un fenómeno que fue bastante fuerte y simultáneo en muchos lugares del país.

Se ha criticado que la marcha fue violenta de parte de los manifestantes. Yo realmente no sé qué espera el Gobierno cubano. No quiero minimizar la violencia de los manifestantes – sé que hicieron cosas como intentar tomar cuarteles de policía o virar patrullas de policía– pero sí vi y viví en carne propia la violencia del Estado sobre los manifestantes. Está el caso de Leonardo Romero Negrín, que estaba conmigo ese día y que fue apresado injustamente sin hacer nada, solo porque le pedimos cuentas a un policía que estaba golpeando a un menor de edad. Leonardo fue reprimido, le fracturaron las costillas, le sucedieron muchas cosas dentro de la prisión y estaba desaparecido. No lo encontrábamos. Y una semana después, que pudimos dar con él gracias a la presión social y política, logramos que saliera. Pero no todos los presos tienen la suerte de Leonardo Romero.

¿Cómo vinculas las políticas gubernamentales, y en particular la Tarea Ordenamiento, con el aumento de la desigualdad social y el avance de la restauración capitalista?

Yo diría que la restauración capitalista es algo que ha venido sucediendo, de a poco. Es innegable que en Cuba la economía es una especie de Frankenstein. Yo la llamaría una economía de resistencia: todo el tiempo estamos resistiendo. A mi modo de ver, en Cuba el tema de los medios de producción nunca se ha afrontado como debería hacerse en un país que se plantea construir el socialismo: que es socializar los medios de producción de manera cooperativa, y no centralizarlo todo, porque el Estado cubano siempre ha sido bastante centralizado y ha querido siempre tener el poder económico. Nunca se ha laborado en la construcción de esa economía ideal, ya sea por el bloqueo o ya sea por la mala gestión de la burocracia en Cuba.

Evidentemente vivimos el bloqueo y el asedio norteamericano, porque estamos al lado del imperio que no quiere que el socialismo exista en ningún país porque es su opuesto histórico. Hemos vivido siempre en un estado de alarma, en un estado sitiado, y el desarrollo de la economía ha sido bastante centralizado y muy poco socializado.

Entonces en medio de esto viene el avance de la restauración capitalista, que tiene que ver también con las nuevas generaciones que detentan el poder en Cuba, y tiene su cara más brutal en el paquetazo neoliberal que fue la Tarea Ordenamiento. Estas medidas fueron otro paso más, porque ya se habían tomado medidas para llegar hasta aquí, como lo que comenté respecto a los despidos. Esto no fue algo sorpresivo, en la Constitución que se aprobó años atrás se sentaban las bases para esa restauración capitalista, y efectivamente, entonces, el 11 de julio responde a ese proceso de restauración.

Y obviamente el avance de la restauración capitalista ha traído consigo la desigualdad y la desigualdad se ve cada día más. En La Habana, por ejemplo, se ve en que los barrios están cayendo, se están derrumbando, y los hoteles, la mayoría lujosos, se están levantando. El otro día hubo un derrumbe muy fuerte. Se ve en que la inflación crece, los precios aumentan y la gente no tiene para comer. Se ve cómo los negocios privados aumentan con unos precios escandalosos y no hay tiendas para comprar productos básicos. Hay muchas manifestaciones desde el punto de vista social y económico por el descontento por esa restauración capitalista y sus consecuencias. Se ve cómo en Cuba surgen nuevas clases sociales, surge la pequeña burguesía, y se mezcla allí de una manera muy interesante con, yo diría, la burguesía de sangre azul que ya existía, que son los hijos de quienes dirigen Cuba y sus familias, que tienen otras prebendas, lujos, que la población no tiene.

Es muy interesante lo que mencionas, respecto al proceso que se da en torno a la emergencia de estos sectores privilegiados. ¿Podrías ampliar en torno a esto?

Sí. En Cuba siempre han existido los privilegios de los hijos de los burócratas y sus familiares. Antes, como no había internet, esos privilegios se podían ocultar un poco más. Con el internet se evidencian más muestras de eso. Además, particularmente en la capital, se ven más esos privilegios, porque esos hijos ya no se esconden y tienen negocios propios.

Con la Constitución de 2019 se abrió la propiedad privada, y este fenómeno al que me refiero (el de los negocios propios, N de la R.) se muestra más. Además, estas personas -los familiares de los burócratas- van a tener mayores ventajas en sus negocios, les va a ir bien, mucho mejor que a otros emprendedores privados, porque tienen ventajas tanto económicas, como para resolver los trámites infinitos que hay que hacer en Cuba para lograr cualquier cosa.

Este proceso de emergencia de la pequeña burguesía, y de hijos y familiares de la burocracia dedicados a sus negocios privados, ¿qué tan extenso es respecto al conjunto de la población?

Obviamente son una minoría, pero es una minoría creciente. La Habana es una ciudad turística, basada en los servicios como economía de subsistencia, y aquí se ve cada día más esa serie de negocios, y cómo el modo de vida de mucha gente va cambiando. Esta crisis, que está viviendo muy duramente el pueblo, los obreros, la están aprovechando esos sectores, que son la burocracia y los pequeños burgueses. Hay gente que posee negocios y riquezas, en tanto hay quienes, la gran mayoría, solo tienen sus manos, tienen que trabajar y comprar productos básicos en el mercado negro porque no le queda de otra. Es precisamente esa gente la que salió a la calle el 11 de julio.

¿Cuál es la situación que están atravesando hoy los presos políticos por protestar en Cuba?

La situación de los presos políticos en Cuba es terrible. El 11 de julio se realizaron detenciones masivas, con cientos de presos; se ha documentado que ese día fueron 1271 personas detenidas. Han enfrentado procesos penales, muchos de ellos con prisión preventiva. Esto significa que llevan 6 meses presos esperando una sanción, en tanto otros tienen medidas cautelares en su casa o en el trabajo. Dentro de estos presos hay menores de edad, hay personas de izquierda, y hay de distintos estratos económicos y sociales. Actualmente quedan más de 600 en prisión, enfrentando penas y peticiones fiscales desde 6 meses hasta 20 o 30 años. Es peligroso porque le acusan de delitos contra la seguridad del Estado, cuando son personas que ejercieron una libertad básica en cualquier lugar del mundo, que es la libertad de manifestación, y que están siendo llevados a juicios sumarios, incluso sin poder acceder a un abogado. Mientras algunos, por ser más visibles, por ser activistas o artistas, pudieron salir, quienes están pagando los platos rotos son precisamente los habitantes de barrios marginados que se manifestaron. Muchos de ellos van a enfrentar o están enfrentando ya condenas muy grandes, por sencillamente salir a manifestarse o por cometer algún hecho “vandálico” –como dicen acá–, que puede haber sido tirar una piedra en respuesta a la violencia policial o enfrentarse a la policía, por ejemplo. Entonces la situación de los presos políticos en Cuba es terrible.

Además, hay un miedo generalizado, muchos llamaban a no denunciar en las redes o públicamente la situación de sus familiares, a mantenerse en el anonimato y asumir esa condena. Esto ocurrió porque la seguridad del Estado se ha encargado de asediarlos. Es un proceso ejemplarizante y de demostración de poder por parte del Estado, para decirle a la gente: “miren lo que soy capaz de hacer, miren lo que les va a pasar si vuelven a intentar manifestarse”. Y esto ha sido asumido, de una manera totalmente manipuladora, por los medios de comunicación nacionales. Porque a esas personas se les ha tildado de mercenarios y de ser pagados por el Gobierno estadounidense, una campaña de descrédito. Yo no dudo que haya personas que han sido pagadas por el gobierno de Estados Unidos. Pero la cantidad de personas del pueblo que salieron el 11 de julio no recibieron dinero por eso. Los presos políticos están pagando el empeño de un gobierno por mantenerse en el poder y están siendo el ejemplo de lo que el gobierno no quiere que suceda en el futuro para garantizar su gobernabilidad.

¿Cuál es la relación que encuentras entre estas medidas represivas y las medidas económicas que nos relatabas previamente?

Por supuesto que el aumento de la represión tiene que ver con la necesidad de ejecutar el plan neoliberal del que estamos hablando. Para decirles a los gobiernos extranjeros o a inversores extranjeros que inviertan en Cuba se tiene que garantizar la paz. Y la paz pasa por un pueblo que no se manifieste y que no exija derechos. Y deben demostrar la solidez de un sistema político.

La represión pasa por ahí: el Gobierno está tratando de que haya paz. Y está tratando que la gente esté en calma y asuma su destino como ellos dictan que debe ser, para poder ejecutar todos esos planes. He ahí la relación. Lo otro, es que la revolución cubana se ha caracterizado por no asumir cuestionamientos, no permitir que nadie cuestione; por eso la no posibilidad de asociación y la falta de participación política y popular. Entonces, en un momento de crisis económica, donde hay un estallido social, la represión va a ser directamente proporcional. Ellos tienen que controlar eso y han decidido hacerlo sin asumir un diálogo con la gente. No han decidido escuchar a la gente, ver qué piden y tratar de girar las decisiones a favor de los de abajo.

A mí me molesta mucho cuando algunas personas, que son defensoras acérrimas del Gobierno cubano, incluso miembros de partidos de izquierda del mundo entero, esgrimen el argumento de que no se puede comparar la represión en Cuba con la represión de Chile, por ejemplo, dicen: “no, porque miren en Cuba, no es como en Chile, que en una manifestación te golpean o que en una manifestación te sacan un ojo”. En Cuba es más brutal aún porque no hay manifestaciones, porque no tienes el derecho de salir a la calle.

Sin embargo, sí existe la represión física brutal como lo vimos el 11 de julio. Es cierto, en Cuba no matan activistas. Sin embargo, la represión es muy fuerte, con juicios sumarios con condenas de cárcel por muchos años por el simple hecho de participar en una protesta, y a estas personas las ahogan al punto de que tengan que emigrar, o les hacen emigrar, les anulan social y políticamente. Les acosan todo el tiempo. La represión no es solamente desaparecerte físicamente. Es también desaparecer política y socialmente, un acto terrible y represivo porque te están matando en vida. Te están anulando, te están borrando de la historia, que es otro proceso que se da acá. A los activistas, a las personas que disienten, las borran de la historia. Sencillamente deciden no reflejar más su obra, en caso de que seas artista, no te mencionan más en los medios. Y si se les menciona, es para difamarles.

Para finalizar, ¿nos podrías comentar sobre la izquierda crítica en Cuba?

Mira, en Cuba la izquierda crítica es sumamente heterogénea y pequeña, además está muy poco organizada y están tratando de eliminarnos fuertemente –créeme, esto lo estoy viviendo en carne propia–. Yo diría que lo que han surgido son voces emergentes, de izquierda crítica. Entonces, si bien existen diversos colectivos, estas voces emergentes que se han pronunciado a raíz del día 11, yo pienso que la izquierda crítica en Cuba va a tener que esperar o va a tener que madurar mucho más para para lograr hacer una fuerza política constante y coherente.

Tienes a esa izquierda gubernamental, oficial, en la juventud, que te dicen que sí, que ellos tienen inquietudes, pero que la manera de hacerlo no es enfrentarse al Gobierno, sino que se trata de estar dentro de él para cambiar las cosas, y eso es una gran mentira, porque al final lo que sucede es que esa burocracia y esa comodidad en un país tan precario como el nuestro ahora mismo les asimila y básicamente les dan casa, les dan carro, tienen una vida y una posición económica mucho mejor que tienen que mantener y se mantiene acatando órdenes. Y sencillamente se convierten en los burócratas del futuro. Eso está sucediendo, es asimilación.

En cambio, la izquierda crítica está siendo tratada, en cuanto a disenso, igual que cualquier disidente de derecha actualmente. Nos están tratando de aniquilar, no te voy a mentir, no, no les conviene que existamos. La última vez que me citó la persona de la seguridad del Estado me dijo mercenaria, me dijo contrarrevolucionaria, me dijo que yo no era de izquierda. Y además de eso, el ataque de la izquierda gubernamental a la izquierda crítica es increíble, siempre prima el cuestionamiento de si somos izquierda. Si yo me pongo a trabajar con los obreros de una fábrica, por ejemplo, para tratar de cambiar las cosas, yo no voy a entrar por la puerta de la fábrica porque a mí me van a desaparecer políticamente, eso lo sabemos todos. En este marco, entonces, pienso que lo que nos queda es hacer en el campo de las ideas y en el campo de la denuncia social. Y lo intentamos, pero nos falta mucho. Te podría enumerar numerosos colectivos que existen en Cuba, pequeños pero que se mantienen activos, y se me hace difícil enumerártelos acá. Pero te repito, nos falta mucha maduración en la izquierda crítica para lograr ser una fuerza política coherente e importante también.

Transcripción de Manuel Aguilar

Publicado enInternacional
Martes, 25 Enero 2022 05:31

Golpe de Estado en Burkina Faso

El depuesto presidente Roch Kaboré. Foto: AFP

Militares detuvieron al presidente Roch Kaboré

Una serie de motines militares desencadenaron en un golpe militar contre el presidente de Burkina Faso, Roch Kaboré, en medio de un amplio descontento social por la incapacidad del gobierno de responder a los constantes ataques de grupos yihadistas. Según confirmaron las agencias internacionales, Kaboré fue detenido y recluido en un cuartel de Uagadugú, capital del país de África occidental. 

"El presidente Kaboré, el jefe del parlamento (Alassane Bala Sakandé) y los ministros están efectivamente en manos de los soldados" en el cuartel de Sangoule Lamizana en Uagadugú, dijo una fuente de seguridad a la agencia AFP. 

Militares amotinados

La detención ocurrió tras un domingo tenso en el país, en el que se registraron disparos en varios cuarteles militares en un supuesto motín para exigir mejoras en las Fuerzas Armadas, que se enfrentan sin éxito a grupos armados yihadistas, afiliados a Al Qaida y al grupo Estado Islámico. 

Los ataques, dirigidos a civiles y militares son cada vez más frecuentes en la ex colonia francesa y se concentran en el norte y el este del país. La violencia de los grupos yihadistas ha matado a más de 2.000 personas en casi siete años y ha obligado a 1,5 millones a huir de sus hogares. Una situación similar a la que viven los países vecinos de Malí y Níger. 

Los soldados se amotinaron el domingo en varios cuarteles de Burkina Faso para exigir la renuncia de los jefes del ejército así como "medios adecuados" para luchar contra los yihadistas, que actúan en el país desde 2015. El domingo por la noche se oyeron disparos cerca de la residencia del jefe de Estado y un helicóptero sobrevoló la zona con todas las luces apagadas, según los residentes.

Esta mañana, un periodista de la AFP vio a una decena de soldados encapuchados y armados apostados frente a la sede de la Radio Televisión de Burkina (RTB), que emitía programas de entretenimiento. 

La presidencia de Kaboré

El presidente Kaboré llegó al poder en 2015 --tras el largo periodo del gobierno fraudulento de Blaise Compaoré-- y fue reelegido en noviembre de 2020, con el 57,8% de los votos, con la promesa de convertir en prioridad la lucha contra los yihadistas. Sin embargo, el aumento de los ataques lo tenían en el foco de las críticas. 

En los últimos meses hubo varias manifestaciones de protesta en el país para denunciar la incapacidad de las autoridades para contrarrestar el creciente número de atentados yihadistas. 

Además, Kaboré enfrentaba un vacío de poder generado por la oposición, que no aceptó el resultado de los comicios por presunto fraude electoral. 

Burkina Faso: una ex colonia francesa cruzada por el autoritarismo y los golpes de Estado  

La República de Burkina Faso --"Tierra de los hombres incorruptibles", en lengua local-- está situada en el oeste de África y es uno de los países más pobres del mundo. Limita al norte y al oeste con Malí; al sur con Benin, Togo, Ghana y Costa de Marfil; y al este, con Níger.  

Formó parte de la colonia del Alto Volta, creada en 1919 por Francia, que en 1932 lo dividió entre las colonias francesas de Sudán (posteriormente Mali), Níger y Costa de Marfil. En 1947, Francia lo incorporó a los territorios del África Occidental Francesa. Esta región, tras obtener la autonomía en 1958, proclamó la independencia el 5 de agosto de 1960 como República Independiente del Alto Volta. Su historia se caracterizó por la inestabilidad política, con numerosos golpes de Estado.

Después de la primera presidencia de Maurice Yameogo (1960-1966), se sucedieron gobiernos militares encabezados por Sangoulé Lamizana (1966-1980), Saye Zerbo (1980-1982) y Jean Baptiste Ouedraogo (1982-1983). En 1983, Thomas Sankara lideró un golpe de estado e instauró un régimen marxista-leninista que modificó el nombre del país, la bandera y el himno nacional.

Cuatro años después fue derrocado por otro golpe, encabezado por Blaise Compaoré, quien dirigió el país durante 27 años. En 1991, Compaoré promulgó una constitución democrática y estableció un sistema multipartidista, pero desde entonces fue reelegido ininterrumpidamente con denuncias de fraude, su gobierno se enfrentó a numerosas protestas y fue acusado de violaciones de derechos humanos.

Su intento de modificar la Constitución para perpetuarse en el poder fue respondido con un levantamiento popular que culminó en octubre de 2014 con el incendio del Parlamento y su derrocamiento.

Tras huir del país, fue sustituido por el coronel Yacouba Isaac Zida, que consensuó con otros representantes políticos un proceso de transición democrática. Sin embargo, fue abortado por una facción del ejército en septiembre de 2015.

La presión internacional consiguió que el gobierno civil fuera restaurado. En las elecciones de noviembre de 2015 Christian Kabore fue elegido presidente. Este lunes, tras ser reelegido en noviembre, otro golpe militar volvió a marcar la suerte del país africano. 

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Wolff llama a deconstruir el plan tecnofascista de K. Schwab

Corren tiempos turbulentos y peligrosos. En el marco de una permanente campaña de manipulación e intoxicación (des)informativa mediática sobre poblaciones infantilizadas e incapaces de discernir la ficción de la realidad, y con la coartada del covid-19, el complejo financiero-digital está llevando a cabo la destrucción del sistema económico capitalista y busca "resetearlo" en beneficio de la élite plutocrática.

Pese a la guerra sicológica y su narrativa apocalíptica y de saturación para generar terror, parálisis social y sicosis de masas con base en un virus enemigo, ubicuo, invisible y genocida, cada vez surgen más evidencias de que, como sostiene Ernst Wolff −igual que otros pensadores citados en columnas anteriores: Agamben, Chossudovsky, S. Zuboff, Paul Schreyer, Norbert Häring, C. J. Hopkins, Mattias Desmet, Robert F. Kennedy Jr.−, estaríamos asistiendo al nacimiento de un sistema totalitario cuidadosamente ensayado, donde el Foro Económico Mundial y su fundador, el eugenista sin complejos Klaus Schwab, juegan un papel estratégico como operadores.

Tras analizar al detalle durante 18 meses la crisis que transformó al mundo en "sicótico corona", en agosto pasado el economista y periodista alemán Ernst Wolff se preguntó si todo fue "realmente planeado". Si bien no encontró pruebas concluyentes (documentos verificados), llegó a la conclusión de que hay un número aplastante de señales e indicaciones que apuntan exactamente en esa dirección. Lo que embona con la frase del presidente Franklin D. Roosevelt: "Nada sucede accidentalmente en la política. Y cuando algo sucede, puedes apostar que fue exactamente planeado de esa manera".

Describe la situación actual como sin precedente en la historia humana, con millones de personas sometidas a un régimen coercitivo que emite sucesivas medidas ininteligibles, absurdas y contradictorias para "prevenir" la enfermedad (ver "Descubriendo la narrativa alrededor del coronavirus: ¿Se planeó todo cuidadosamente?"), y afirma que éstas fracasaron y causaron un desastre tras otro: la logística global está en crisis y las cadenas de suministro rotas; se pierden cosechas y el abastecimiento de alimentos y semiconductores esenciales escasea, mientras se quitaron a las personas sus derechos de asociación y libertad de expresión y viajar. A raís de los bloqueos la producción mundial está en un caos, y en el campo de la salud los médicos pueden confirmar que la situación es hoy peor que antes de la "pandemia". De allí que pregunte: ¿quién tiene interés en esa agenda global y se beneficia de ello?

Responde que el mayor beneficiario y "tirador de los hilos" más importante detrás de la escena es el complejo financiero-digital, integrado por cinco corporaciones tecnológicas estadunidenses: Google −cuya empresa matriz es Alphabet−, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft (conocidas como Gafam) y cuatro grandes administradores de activos: BlackRock, Vanguard, State Street y Fidelity. La capitalización de mercado de esas cinco empresas de tecnología de la información, expone Wolff, asciende a 9.1 billones de dólares, superior al PIB bruto de Alemania, Francia e Italia, que es de 8.6 billones de dólares, mientras los cuatro administradores de activos gestionan 33 billones de dólares, cifra que duplica el PIB de las 28 naciones de la Unión Europea, que asciende a 15.7 billones. Concluye que el complejo financiero-digital es el centro del poder global y está listo para poner de rodillas a todos los gabinetes gubernamentales del mundo y hacerlos obedientes.

Con esos beneficios, ¿por qué la plutocracia financiera-digital socava al sistema con una agenda escrita previamente formulada? Porque no tiene más remedio, responde Wolff, pues no se puede mantener vivo con el modelo de negocios anterior. Dice que sus alternativas son el colapso final o la hiperinflación, lo que significa la pérdida total del valor del dinero. De allí que, en un "gigantesco acto de desesperación", haya optado por instalar un nuevo sistema, previo saqueo −lejos de la vista del público− del viejo sistema moribundo. Eso es lo que hace desde marzo de 2020, cuando la OMS decretó la "pandemia" del covid.

Según Wolff, la destrucción deliberada y premeditada de la economía mundial y su sustitución por un nuevo sistema, se impulsará a través de los bancos centrales con la colaboración de las Gafam, y su objetivo es la total eliminación del efectivo y la introducción del dinero digital. Todos tendremos una sola cuenta, y el dinero digital del banco central permitirá a los gobiernos vigilar toda transacción y asignar tasas impositivas, y con un solo clic del mouse, imponer multas individuales o cancelar nuestra capacidad de realizar pagos y operaciones financieras. Como prevén que ello generará malestar social y una gran resistencia, sumirán a la sociedad en el caos y presentarán el dinero digital como la solución a todos los problemas, en forma de renta básica universal.

Si se consulta el libro de Schwab The Great Reset (junio de 2020), dice Wolff, se verá que contiene las instrucciones exactas sobre cómo el Foro de Davos, cuyo estandarte es la Asociación Público Privada (APP), ha venido utilizando el covid-19 para destruir el mundo y construir un nuevo sistema, que sería la realización del sueño de Mussolini: el "corporativismo autoritario", encarnado ahora en la asociación entre los grandes consorcios y el Estado.

Sin embargo, afirma que el plan de la plutocrática está condenado al fracaso por varias razones. La principal: la narrativa sobre un virus mortal como amenaza existencial para la humanidad no puede sostenerse a largo plazo. El paquete de mentiras mediáticas atestigua, no su fuerza, sino sus debilidades; como "la pandemia de los no vacunados", que declara a las personas sanas como enemigo público número uno. Wolff dice que las élites no actúan conforme a las reglas de la razón sino por codicia y poder. Un poder que no se basa en el dinero, sus posesiones y armas, sino en la "ignorancia" de la mayoría de las personas. Por eso llama a impulsar una "campaña de esclarecimiento" para exponer todas las mentiras del complejo financiero-digital y mostrarle a la gente por qué y por quién están siendo engañadas.

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La torre de la Central de Televisión de China (CCTV) en Pekín, el 13 de diciembre de 2021. (Foto: Andrea Verdelli / Bloomberg vía Getty Images)

 Una entrevista con Ho-Funa Hung

China tiene un largo camino que recorrer antes de poder superar el poderío económico de Estados Unidos. Es la rivalidad intercapitalista la que impulsa las tensiones entre Washington y Pekín, no las personalidades de Xi Jinping o Donald Trump

China fue el primer país en sufrir el COVID-19 a principios de 2020. Las noticias occidentales de finales de enero de ese año describían las escenas de Wuhan con una sensación de incredulidad. Pero las medidas de emergencia adoptadas allí pronto se harían familiares en todo el mundo. Mientras tanto, el gobierno chino parece haber hecho un mejor trabajo de contención de la pandemia que las autoridades de Estados Unidos.

La experiencia de la pandemia -19 ha alimentado la percepción de que China dominará este siglo de la misma manera que Estados Unidos dominó el anterior. Joe Biden ha dado prioridad a la prevención de ese peligro antes de que se haga realidad.

Ho-fung Hung es un destacado experto en la economía política de China. Es profesor del departamento de sociología de la Universidad Johns Hopkins y autor de The China Boom: Why China Will Not Rule the World.

El artículo que sigue es una transcripción editada de un episodio del podcast «Long Reads» de Jacobin. El episodio en inglés se puede escuchar aquí.

DF

¿Cuál fue el impacto de la pandemia de COVID-19 en la economía china en 2020? ¿Hasta qué punto ha conseguido recuperarse desde entonces?

HH

El impacto económico inmediato, por supuesto, fue grande, como lo fue en muchos otros lugares. China fue una de las primeras economías afectadas por el COVID-19. El gobierno chino consiguió contener la propagación del virus con algunas medidas de bloqueo extremas, aislando regiones enteras del país. Durante ese tiempo, la producción y el consumo se paralizaron y muchas actividades se detuvieron.

Sin embargo, al llegar el verano de 2020, el virus estaba prácticamente contenido. La economía china se recuperó con la ayuda de un enorme estímulo financiero. Fue como las secuelas de la crisis financiera mundial. El gobierno chino dijo a los bancos estatales que abrieran las compuertas de los préstamos. Si se observan los datos de la creación de préstamos a mediados de 2020, dio sus frutos con un fuerte repunte económico.

Pero este préstamo o estímulo financiero aumentó el endeudamiento que ya había estado persiguiendo a la economía desde 2009. A mediados de 2021, ya vimos que la economía china volvía a ralentizarse, lastrada por el fuerte endeudamiento de muchas empresas. El patrón acaba de repetirse: al igual que la situación después de la crisis financiera, la economía repuntó rápidamente con este estímulo, pero a largo plazo también creó un lastre en el rendimiento de la economía.

DF

Mirando los últimos años, ¿cómo diría que la administración Trump ha afectado a las relaciones políticas y económicas entre China y Estados Unidos?

HH

Definitivamente ha tenido un impacto, pero no en la dirección a largo plazo de las relaciones entre Estados Unidos y China. Como he argumentado a menudo, las relaciones entre Estados Unidos y China han pasado de una especie de luna de miel a una relación más rival a partir de la administración Obama. Fue después de la crisis financiera mundial cuando el Estado chino se volvió más agresivo a la hora de asegurarse una cuota de mercado nacional para determinadas empresas estatales en la propia China, y más tarde incluso se expandió en el extranjero para competir con empresas extranjeras, incluidas, por supuesto, las estadounidenses.

Esta intensificación de la competencia intercapitalista entre las corporaciones chinas y estadounidenses, así como otras corporaciones de Europa y Japón, fue la fuerza subyacente detrás del agrietamiento de las relaciones entre Estados Unidos y China. Todo comenzó en el segundo mandato de la administración Obama, que hizo mucho para cambiar la dirección de la política de Washington hacia China.

Esto incluyó el pivote hacia Asia, con el despliegue de más portaaviones militares y grupos de la Armada en el Mar de China Meridional para contrarrestar las reclamaciones de soberanía de China frente a sus vecinos. Al mismo tiempo, Barack Obama también aceleró el TPP, la negociación de la Asociación Transpacífica. Tenía la intención de alinear a los aliados de Estados Unidos (y a algunos no tan aliados) en un paquete de libre comercio, excluyendo a China, para presionar a esta última.

En otras palabras, contaban con todas las medidas prácticas que indicaban este cambio, pero diplomáticamente, la administración Obama seguía utilizando una retórica muy educada cuando discutía los temas con China. Curiosamente, en los primeros días de su administración, hubo señales de que Donald Trump podría ser más suave con China que Obama. Por ejemplo, en el primer medio año tras su toma de posesión en 2017, la administración Trump detuvo la operación de libertad de navegación en el Mar de China Meridional. No enviaron buques de guerra allí durante unos meses.

Algunos de los republicanos, así como los demócratas, se preocuparon de que esto pudiera ser una señal de que Trump era demasiado blando con China. Sin embargo, aunque Trump podría haber llegado como un presidente más suave en lo que respecta a China, esa competencia intercapitalista subyacente entre Estados Unidos y China no disminuyó. Al final, Trump también tuvo que ser duro con China, en el comercio y en muchas otras cuestiones.

La gran diferencia entre Trump y Obama fue que su retórica fue más cruda y utilizó un lenguaje muy colorido que impresionó a la gente y la sensibilizó sobre lo que estaba haciendo. Como resultado, existe la percepción popular de que las relaciones entre EE. UU. y China solo dieron un giro a peor con Trump, cuando en realidad comenzaron con Obama. La administración de Biden está básicamente continuando muchos de los enfoques de la era de Obama hacia China.

DF

Siguiendo con este punto, ¿cómo evaluaría la política de la nueva administración hacia China, y cómo perciben los dirigentes chinos a Joe Biden y su equipo?

HH

Los chinos no tienen ninguna fantasía sobre la administración Biden. Son muy conscientes de que este enfoque cada vez más duro de Estados Unidos hacia China comenzó con Obama. Durante las elecciones de 2016, muchos comentaristas de los medios de comunicación oficiales y académicos en China esperaban en voz alta que ganara Trump, porque pensaban que era probable que Hillary Clinton continuara con las políticas de la administración Obama. Pero no había ninguna fantasía sobre Trump más tarde, cuando las fuerzas estructurales lo empujaron hacia una línea más dura.

Lo mismo puede decirse con respecto a la administración Biden. Durante las elecciones de 2020 se habló mucho entre los académicos y los medios de comunicación oficiales de China en el sentido de que la administración Biden no sería muy diferente de la de Trump. Al fin y al cabo, muchas de las duras medidas estadounidenses sobre China no procedían de la Casa Blanca, sino del Congreso, con apoyo bipartidista.

Ahora todos podemos ver que Joe Biden ha sido muy duro con China. No revocó los aranceles de Trump. En sus primeros meses, la administración fue muy activa a la hora de alinear a los aliados en Europa y Asia para formar un frente unido con el que enfrentarse a China. No solo en términos de retórica, sino también en términos de política, está claro que el nuevo presidente no ha tirado de la cuerda, y de hecho ha continuado con muchas políticas de la era Trump.

DF

Usted argumentó hace varios años en su libro The China Boom que era un error imaginar que China podría realmente superar a Estados Unidos en la jerarquía económica mundial. ¿Cuál fue el razonamiento detrás de ese argumento? ¿Cree que sigue siendo válido hoy en día?

HH

Creo que sigue siendo válido hoy en día. Cuando se trata de China, siempre es muy importante distinguir la retórica de la realidad. Sabemos por los medios de comunicación oficiales chinos que se habla mucho de que China va a superar a Estados Unidos en muchos ámbitos. Por ejemplo, se dice que la moneda china se va a convertir en una moneda mundial dominante que puede derrocar la hegemonía del dólar estadounidense. Pero es cuestionable hasta qué punto esto refleja la realidad.

En The China Boom sostenía que hay que mirar los datos. No debemos dejarnos engañar por la propaganda. China es definitivamente una economía muy exitosa e importante. Es uno de los mercados más importantes, en el que las empresas tienen que intentar entrar. Pero al mismo tiempo, China sigue estando muy por detrás de Estados Unidos en muchos ámbitos diferentes.

En cuanto a las divisas, en la época de la crisis financiera de 2008 se habló mucho de que la hegemonía del dólar estadounidense había terminado, y que la moneda china lo había sustituido como moneda de reserva mundial. Pero ahora, más de una década después, el dólar estadounidense sigue siendo la moneda de transacción estándar y la moneda de reserva en el mundo. La moneda china no ha avanzado mucho: de hecho, ha habido cierto retroceso en su uso internacional, porque el Partido Comunista Chino (PCC) guarda celosamente su sistema financiero y la moneda aún no es libremente convertible.

Cuando China presta dinero a los países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, o más allá, en América Latina, lo hace en dólares y no en su propia moneda. China ha estado compitiendo con Japón para convertirse en el principal prestamista de muchos países del sudeste asiático. Ha podido superar a Japón porque los japoneses prestan en yenes mientras que China ofrece préstamos en dólares. Además, las exportaciones chinas se facturan mayoritariamente en dólares. Este uso internacional de la moneda china está muy por detrás no solo del dólar estadounidense sino también de la libra esterlina.

En otro ámbito, el de la producción de microchips, China se apoyó en Estados Unidos o en sus aliados. Cuando Trump impuso sanciones a China como parte de una política estadounidense de cortar a China de los sectores de alta tecnología, muchas empresas tecnológicas chinas se vieron de repente en grandes problemas, porque no podían obtener suficientes suministros de microchips.

DF

¿Qué cree que ha sido lo verdaderamente distintivo del liderazgo de Xi Jinping?

HH

Mucha gente piensa que Xi Jinping supone un gran cambio con respecto a los líderes anteriores. No hay duda de que el PCCh se ha mostrado más confiado y agresivo en muchos aspectos: por ejemplo, en lo que se refiere a desatar a sus diplomáticos para que dirijan sus insultos a los líderes estadounidenses. Por otro lado, al igual que en el caso de Estados Unidos con Trump, ya se estaban produciendo cambios detrás de la retórica a un nivel más estructural.

Desde que Xi llegó al poder por completo en 2013, su retórica y su estilo han sido definitivamente más agresivos. Otro gran cambio que hizo fue abolir el límite de mandato para un alto dirigente chino, lo que significa que puede ser un dictador de por vida (a diferencia de sus predecesores, que tenían un claro límite de mandato de diez años, después del cual se esperaba que abandonaran la escena).

Sin embargo, gran parte del cambio en la política de China hacia el Estado y las empresas estadounidenses ha sido más estructural en sus orígenes. El resurgimiento del capitalismo de Estado y el estrujamiento del sector privado en China, así como de las empresas extranjeras, comenzó tras la crisis financiera mundial. El momento decisivo en este sentido no fue realmente la llegada al poder de Xi Jinping, sino el crack de 2008.

Los préstamos de los bancos estatales mantuvieron a flote a muchas empresas bien conectadas después de 2008: aunque no fueran rentables, seguían obteniendo préstamos y recursos financieros. Hay problemas de sobrecapacidad y endeudamiento en muchas empresas estatales. El legado de este estímulo en 2009-10 es que China ha estado luchando con la desaceleración económica, el endeudamiento y la lentitud. Es una típica crisis de sobreacumulación del tipo que experimentó Japón en la década de 1990.

Con un pastel global que se reduce, han estado tratando de aumentar la porción de ese pastel que va a las empresas estatales exprimiendo a la empresa privada en China y en el extranjero de forma más agresiva. También empezaron a exportar capital. El acero es un ejemplo: había un enorme exceso de capacidad en la industria siderúrgica china, por lo que China empezó a exportar acero a todo el mundo, lo que creó fricciones comerciales con muchos países diferentes, entre ellos Corea del Sur y algunos Estados europeos.

El momento decisivo fue la crisis financiera de 2008 y el estímulo chino que le siguió, que creó esta crisis de sobreacumulación en la economía, lo que a su vez impulsó a China a competir más agresivamente con Estados Unidos y otras empresas extranjeras. La llegada de Xi Jinping al poder se solapó con este cambio estructural. Xi, al igual que Trump, solo hizo más evidente una tendencia que ya estaba en marcha, por medio de un estilo y una retórica más agresivos.

DF

¿Qué cree que hay detrás de la represión del gobierno chino contra algunas grandes empresas, en particular las tecnológicas?

HH

Es un fenómeno muy interesante que mucha gente está discutiendo ahora mismo. Algunos dirán que el gobierno chino por fin presta atención a la justicia social y toma medidas contra estos monopolios.

En primer lugar, el objetivo era la gran empresa tecnológica Alibaba y su filial Ant Group, que había programado una salida a bolsa en los mercados extranjeros antes de que el gobierno chino la detuviera en el último momento. Tencent, otra gran empresa tecnológica, se ha enfrentado a grandes críticas y a la presión reguladora del Estado. Sin embargo, el ataque se ha trasladado desde entonces a todo tipo de grandes empresas de propiedad privada en China, incluyendo sectores como la tutoría extracurricular, la educación, las empresas de plataformas de entrega y muchas otras firmas.

Pero soy escéptico sobre si la preocupación de todo esto es promover la justicia social y tomar medidas contra los monopolios. Si nos fijamos en los objetivos de esta represión, todos son empresas privadas en China, mientras que estas empresas estatales o paraestatales bien conectadas han estado recibiendo todo el apoyo que necesitan para seguir siendo un monopolio. Se trata más bien de la inseguridad que siente el Estado sobre su control de la economía. Va detrás de estas empresas privadas para asegurarse de que las empresas estatales puedan seguir en la cima y no sean eclipsadas por la empresa privada.

Desde la dinastía Qing, en el siglo XVIII, la historia de China se ha caracterizado por la utilización por parte del Estado de los empresarios privados para hacer crecer la economía, aumentar los ingresos estatales y fortalecer el imperio. Al mismo tiempo, cuando esos comerciantes privados se volvían demasiado influyentes y poderosos, el Estado empezaba a preocuparse por ellos y los reprimía. En algunos casos, el Estado confiscó su riqueza o los puso bajo arresto.

Creo que estamos asistiendo a una especie de repetición de esta historia. En las primeras etapas del crecimiento económico, el Estado chino utilizó las empresas privadas— incluidas las extranjeras— para crecer y ayudar a la proyección del poder estatal chino en el extranjero. Sin embargo, cuando crecieron demasiado, sobre todo con esta desaceleración económica, el Estado empezó a sentir la necesidad de reprimir a los empresarios privados. Creo que éste es el principal motivo de la reciente represión.

DF

¿Cuáles son las perspectivas de un movimiento obrero chino, o en todo caso de una acción de los marcadores chinos que sea independiente del Estado?

HH

En los últimos diez años, mientras no había sindicatos independientes, vimos muchas huelgas salvajes y disturbios laborales esporádicos en todo el país. Como mucha gente ha señalado, la nueva ley laboral que se instituyó a principios de la década de 2000 fue una especie de respuesta a estas protestas laborales esporádicas: presionaron al Estado para que hiciera algo para mejorar las condiciones de los trabajadores. Pero, por supuesto, siempre hay una especie de juego del gato y el ratón en el trabajo: cuando los trabajadores ganan algo, el Estado y los capitalistas siempre encuentran una manera de evitarlo. Algunos fabricantes y empresarios encontraron la manera de sortear la nueva ley laboral y volver a poner a los trabajadores en una situación más precaria.

A primera vista, no vemos un movimiento laboral típico. Pero estoy seguro de que estas formas de disturbios laborales y protestas comunitarias no organizadas, espontáneas y esporádicas van a continuar. No necesitan una organización formal. A veces, un movimiento obrero puede incluso obtener mejores resultados cuando está menos organizado y es más espontáneo.

Por el momento, con la pandemia y una represión muy agresiva de la sociedad civil por parte del gobierno chino, parece que las protestas de todo tipo han disminuido. Pero si adoptamos una perspectiva a más largo plazo, estoy seguro de que estas manifestaciones espontáneas de protesta y malestar continuarán en diferentes sectores. A veces puede que no sea una protesta, sino una forma cotidiana de resistencia, utilizando todo tipo de tácticas diferentes. Estoy seguro de que este tipo de resistencia continuará y provocará cambios a largo plazo.

DF

¿Qué políticas medioambientales van a aplicar los dirigentes chinos en los próximos años? ¿Y cómo diría usted que la rivalidad entre China y Estados Unidos puede afectar a la gestión de la crisis climática mundial?

HH

Por supuesto, Estados Unidos y China tienen que cooperar para resolver la crisis climática mundial. En cuanto a China, ha habido algunos avances con la ampliación de la producción de vehículos eléctricos. También se ha convertido en el principal productor de paneles solares, turbinas eólicas y cosas por el estilo. Pero también hay contradicciones en lo que respecta a la política medioambiental.

Por un lado, China ve un futuro en el mercado de productos de tecnología verde y está invirtiendo mucho para ampliar la capacidad en esos sectores. Pero al mismo tiempo, China tiene todo tipo de otros sectores, desde las acerías hasta las plantas de carbón, que siguen teniendo un exceso de capacidad. Hay muchos intereses creados en el Estado y fuera de él que están vinculados a esos sectores. La capacidad de carbón de China sigue creciendo, y también está exportando plantas de carbón a muchos otros países en desarrollo, como solución a este problema de exceso de capacidad y acumulación, en lugar de dejar que esos sectores quiebren y mueran.

En general, se trata de una mezcla. Vemos una enorme expansión del sector de las tecnologías verdes, pero también de estos viejos sectores. Por supuesto, si China va a unirse al esfuerzo global para luchar contra el cambio climático de forma seria, y no solo de boquilla, va a requerir más esfuerzos coordinados en términos de energía y sectores de nuevas tecnologías. Pero ahora mismo no hay mucha coordinación. El crecimiento de la capacidad de carbón está impulsado por la lógica del crecimiento económico y la crisis de sobreacumulación más que por la preocupación por la crisis climática.

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Una foto del folleto proporcionada por el sitio web oficial del ejército iraní el 21 de enero de 2022 muestra a los soldados rusos durante un ejercicio conjunto en el Océano Índico. — EFE/EPA/IRANIAN ARMY

Las maniobras navales en curso a la entrada del golfo Pérsico refuerzan la alianza entre Irán, Rusia y China, tres países que se oponen a los dictados de Washington. Aunque las maniobras tienen un carácter simbólico, ponen de manifiesto el interés de Rusia y China por una zona que constituye el segundo círculo defensivo de esas dos grandes potencias.

 

 Con la crisis de Ucrania en plena efervescencia coinciden las maniobras militares que estos días realizan en el Océano Índico Irán, Rusia y China, cuyo objetivo declarado es proteger las rutas comerciales de navegación en la zona, y en las que participan más de una docena de buques de Irán, Rusia y China. Se trata de las terceras maniobras de esta naturaleza en las que intervienen los tres países mencionados en los últimos años.

Las maniobras hace tiempo que se anunciaron, de manera que no guardan una relación directa con la crisis en Ucrania, aunque es evidente que desde el punto de vista de Moscú son importantes en tanto que la zona del Índico donde se desarrollan, en el acceso al golfo Pérsico, se encuentra geográficamente en el segundo círculo defensivo de Rusia.

El acoso permanente de EEUU y sus aliados ha conducido a Rusia a una situación extrema que parece planificada desde Washington. El caso de Ucrania es justamente una vuelta de presión casi definitiva de la OTAN a Rusia, presión que viene de lejos y con la que se busca estrangular completamente a Vladimir Putin.

Otros países que, aunque sea desde su pequeñez, se han atrevido a plantar cara a los dictados de EEUU lo han pagado y lo siguen pagando caro, como es visible en Cuba, Venezuela, Irán o Siria, todos ellos aliados a la fuerza de Moscú y al mismo tiempo despreciados y castigados por la comunidad occidental.

Las maniobras del Índico tienen mucho de simbólicas puesto que no constituyen ninguna amenaza, ni siquiera pequeña, contra la hegemonía de EEUU en la región. Baste recordar que los americanos disponen de decenas de bases militares, varias de considerable tamaño en el golfo Pérsico.

La superioridad militar de los americanos es tal que con seguridad no se habrán inmutado por los ejercicios navales de Irán, Rusia y China. Naturalmente, el solo hecho de celebrar las maniobras constituye un amago de desafío que podría indicar una tendencia de futuro ahora que Washington está descuidando un poco Oriente Próximo y dejando que Israel tome el relevo como potencia directamente más influyente en la región.

Mientras en el primer círculo de Rusia, el más cercano, siguen avanzando EEUU y la OTAN, en el segundo círculo, dentro del cual hay que considerar el Golfo Pérsico, rusos y chinos realizan sus pinitos. Estrangulado política, económica y comercialmente por Occidente, Irán mantiene unas excelentes relaciones con ambos países.

Los chinos buscan incrementar su influencia en Oriente Próximo en una guerra soterrada que solo trasciende cuando se realizan maniobras militares o se firman acuerdos comerciales. Los americanos fiscalizan cada movimiento de Pequín pero Teherán tiene un gran interés en convertirse en su aliado estratégico con unas relaciones que van más allá del petróleo y prometen un futuro floreciente.

Israel juega a todas las cartas que se ponen delante con excepción de la de los palestinos, la que debería jugar con urgencia, pero sabe que el naipe con más valor es el de EEUU, de ahí que no le interese que decline el enorme despliegue americano en Oriente Próximo. Mientras los soldados americanos continúen allí para dar la cara cuando se tercie, Israel podrá seguir con sus lucrativos juegos con los países de la región.

Esta semana se ha dado una situación bastante curiosa, de la que han informado los medios hebreos. El presidente ucraniano ha solicitado a Israel que medie en la candente crisis entre Kiev y Moscú. Volodymyr Zelensky, cuya elección fue saludada por los medios de Israel destacando que es judío, no ha tenido mejor idea que recurrir a Israel como mediador (si es que la idea no ha salido directamente de Israel), una propuesta que Vladimir Putin ha rechazado ipso facto.

Las relaciones entre Rusia e Israel son correctas. El hasta hace poco primer ministro Benjamín Netanyahu cogió el hábito de volar con frecuencia a Moscú, y su sucesor, Naftalí Bennett, que asumió el cargo en junio, ya ha estado en Moscú. Pero aunque los intereses de Rusia e Israel se cruzan en muchos sitios, Putin desconfía de Tel Aviv en cuestiones profundas, como ha quedado manifiesto con el rechazo de su mediación en el conflicto de Ucrania.

Al haberse desentendido de una implicación directa en ciertos conflictos, Washington ha facilitado cierta penetración de Rusia, por ejemplo en Libia. Pero el caso más notorio es el de Siria, donde los rusos salvaron al presidente Bashar al Asad y a cambio han establecido un pie en el Mediterráneo oriental que obra como una válvula de escape en tanto la OTAN no para de acorralarlos en el perímetro de sus fronteras.

En Siria, donde hay una limitada presencia de tropas de EEUU, se ha hecho evidente que la política de Washington pasa por destrozar de arriba abajo a cualquier país que no se avenga a jugar con las reglas del juego que les impone. Pero por más interés que tenga, Putin no tiene capacidad para reconstruir un país como Siria que está siendo castigado por EEUU desde mucho antes que se iniciara la guerra civil en 2011.

22/01/2022 21:12

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Los Estados Unidos de Biden en el escenario mundial

Tanto dentro como fuera de Estados Unidos, en 2021, Biden heredó un régimen profundamente inestable. A un año de su asunción muchos desafíos aún permanecen, y siguen siendo una piedra en sus zapatos, mientras intenta restablecer la hegemonía de Estados Unidos.

 

Hace un año, apenas dos semanas después de que el mundo viera con horror cómo una turba de extrema derecha irrumpía en el Capitolio para impedir la certificación de los resultados electorales, después de que el mismo Trump se los pidiera, Joe Biden juró su cargo presidencial en un Capitolio acordonado.

En un Estados Unidos polarizado, Biden asumió el cargo con una agenda clara: devolver la legitimidad a las instituciones de la democracia estadounidense dañadas tras cuatro años de trumpismo.

Poco después de asumir, Biden lanzó un mensaje claro: "América ha vuelto", "La diplomacia vuelve a ser el centro de nuestra política exterior". Esta enfática declaración es importante, especialmente en el marco del declive de la hegemonía de Estados Unidos durante décadas y los cuatro años de la administración Trump y su política aislacionista en el escenario mundial que debilitaron aún más el liderazgo estadounidense a nivel global. A medida que Trump se retiraba de las instituciones diplomáticas mundiales, con su agenda de "América primero", disminuía la fe en la capacidad de Estados Unidos para liderar eficazmente. Para Biden y el Partido Demócrata, un proyecto central es restablecer a Estados Unidos como un líder mundial capaz de dirigir a sus aliados para hacer frente a las crisis geopolíticas. Sin embargo, un año más tarde, mientras el índice de aprobación de Biden sigue cayendo en medio de la pandemia, la inestabilidad económica y la profundización de la polarización política en el país, a Estados Unidos le resulta más difícil resolver sus retos de política exterior en el escenario mundial.

La escalada de la confrontación con China

Poco después de asumir el cargo, Biden trató de retomar la senda de la diplomacia que habían marcado los demócratas las décadas anteriores al mandato de Trump. Para empezar, Biden volvió a comprometerse con las instituciones diplomáticas mundiales. No solo se reincorporó a la Organización Mundial de la Salud, sino que también se sumó al Acuerdo Climático de París, tendió la mano para tranquilizar a sus aliados de la OTAN y recomponer las relaciones tras la política de confrontación de Trump, y aumentó el compromiso de Estados Unidos con las Naciones Unidas. Sin embargo, aunque dividido en cuanto a la estrategia, Biden está al servicio de los mismos objetivos que perseguía Trump, que es hacer frente a la creciente influencia de China. De hecho, ésta es la mayor confrontación geopolítica para el capitalismo mundial durante las últimas décadas.

Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos arrebató el mando a Inglaterra, la cuestión del hegemón mundial no se había planteado con tanta agudeza. En los últimos veinte años, el extraordinario crecimiento del PBI chino, combinado con el aumento de su poder manufacturero, ha transformado a China en un actor importante en el tablero geopolítico. Mientras que Estados Unidos y Europa se llevaron la peor parte de la crisis financiera de 2008, China se encontró con una crisis en el comercio, con la caída de las exportaciones -principal motor de su economía- en más de un tercio y la pérdida de decenas de millones de puestos de trabajado, especialmente en la producción. Esto, como escribe Esteban Mercatante, llevó a la burocracia del Partido Comunista a "reequilibrar" la economía y encontrar nuevos motores para apoyarse más en la demanda interna, en base a enormes inversiones en infraestructura. Pero, como el consumo sigue siendo débil, China se ve obligada a ampliar sus mercados. Esto ha impulsado el desarrollo de proyectos como la nueva Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI) en un intento de crear un mercado internacional para sus inversiones y productos chinos, y por tanto, en curso de colisión con los intereses de EE. UU.
La Gran Recesión sacó a la luz este conflicto, con EE. UU. y China posicionándose claramente como competidores en la búsqueda de la hegemonía mundial. En 2011, el gobierno de Obama anunció su "pivote hacia Asia" e intentó apuntalar el apoyo al capital estadounidense con tratados como la Asociación Transpacífica, cuyo objetivo era excluir a China y ampliar la influencia de Estados Unidos en Asia. En su primer día en el cargo, Trump se retiró de la Asociación y, en los años siguientes, lanzó una guerra comercial con China. Pero, como China sigue siendo el principal exportador del mundo, y Estados Unidos el gran comprador del mundo, la interdependencia mutua complica este conflicto y no pudieron "desvincular" esta relación.

En medio de estos desafíos a la hegemonía estadounidense, el enfoque "America first" de Trump debilitó aún más la capacidad de Estados Unidos para imponer su voluntad. Desde que asumió el cargo, Biden ha recurrido a las viejas herramientas de la asociación global, liderando al resto del mundo en la creación de un frente diplomático contra la fuerza que considera su mayor amenaza.

La administración Biden dejó en claro que considera a China su principal prioridad en política exterior. El Secretario de Estado Anthony Blinken dijo en marzo del año pasado que veían a China "como el único país con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para desafiar seriamente el sistema internacional estable y abierto, es decir, todas las reglas, valores y relaciones que hacen que el mundo funcione como queremos". Aunque lo hacen bajo el viejo adagio de llevar la democracia al resto del mundo, es la amenaza percibida al orden mundial capitalista sobre el que se asienta actualmente Estados Unidos, lo que impulsa gran parte de este conflicto geopolítico.

Un aspecto importante de esta continuidad es, en particular, la política exterior de repliegue, que supuso la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán y el llamado fin de la "Guerra contra el Terror". Al mismo tiempo, EE. UU. se preparaba para maniobrar en torno a alianzas más grandes, tediosas y lentas como la OTAN de 30 países o incluso la Asociación de Naciones Asiáticas de 10 países, Estados Unidos también se apoyó en gran medida en alianzas más pequeñas como el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad de cuatro países, o Quad, que incluye a Australia, India y Japón, así como el bloque con Australia y Reino Unido, AUKUS, forjando acuerdos defensivos diplomáticos y pivotando su poder militar para enfrentarse a China. Biden terminó el año pasado con la llamada "Cumbre por la Democracia", que supuestamente tenía como objetivo luchar contra el autoritarismo y promover los derechos humanos. Esta cumbre fue especialmente criticada en todo el mundo por sus invitados, que esencialmente eran todos los aliados de Estados Unidos contra China, independientemente de sus propios historiales de derechos humanos, y por la hipocresía de que Estados Unidos liderara ese llamado, especialmente cuando los derechos democráticos están siendo atacados en el país y las instituciones de la democracia estadounidense se encuentran deslegitimadas. Estados Unidos también anunció un boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín, que se celebrarán en febrero, alegando violaciones de los derechos humanos, medida que fue seguida por Canadá, Australia y Gran Bretaña poco después. Es llamativo viniendo de un país con una fuerza policial que asesina impunemente a afroamericanos y latinos, cuyo ejército arrasa países, y cuyo gobierno sigue manteniendo a las familias migrantes en jaulas en campos de detención de la frontera sur.

La política hacia Rusia e Irán

Pero China no es el único problema al que se enfrenta el imperialismo estadounidense, la confrontación con Rusia se hace cada vez más presente, sobre todo a la luz del creciente enfrentamiento en Ucrania y la influencia de la OTAN. Durante mucho tiempo, Ucrania ha sido un componente esencial de la estrategia de defensa de Rusia, especialmente dada su proximidad a Moscú. Aunque parece poco probable que Rusia quiera anexarse Ucrania, dados los costes políticos y económicos que conlleva una guerra abierta, sí quiere garantizar que Ucrania no entre en la OTAN y mantenga su neutralidad. A lo largo de varias semanas, Rusia movilizó decenas de miles de soldados y enormes cantidades de equipamiento militar en la frontera entre Rusia y Ucrania, mientras las relaciones entre ambos países siguen deteriorándose. Ante esta provocación, el gobierno de Biden extendió su pleno apoyo a Ucrania. En la última semana, Biden también apoyó la imposición de sanciones a dirigentes, bancos y empresas rusas si Rusia intensifica las hostilidades en Ucrania. Esto ocurrió luego de que se estancaran varias rondas de conversaciones entre los dos países para resolver las tensiones.

El gobierno de Biden también está en medio de la renegociación del acuerdo nuclear con Irán, del que Trump se retiró. Aprobado en 2015, el acuerdo nuclear -conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés)- fue firmado por Irán con Estados Unidos, China, Francia, Rusia, Alemania y el Reino Unido. Citando que el acuerdo no era lo suficientemente fuerte, la administración Trump se retiró del acuerdo e impuso duras sanciones que profundizaron las penurias de las masas iraníes. Desde entonces, Irán aumentó sus reservas de uranio y siguió adelante con sus avances nucleares. El país además experimentó un cambio de liderazgo político, con un nuevo liderazgo de línea dura menos dispuesto a negociar que el anterior que era más maleable a las presiones del imperialismo. Las conversaciones para un nuevo acuerdo se prolongaron durante meses, ya que Irán quiere que Estados Unidos levante primero las sanciones y le permita acceder a miles de millones de dólares en fondos congelados, mientras que Washington es reacio a levantar las sanciones hasta que Irán revierta los avances que hizo. En este momento, mientras el plazo para restablecer el acuerdo se acorta y las tensiones en las negociaciones siguen aumentando, ninguna de las partes está dispuesta a dar marcha atrás.

Ambas relaciones se ven además cruzadas por el espectro de China. A medida que aumenta la confrontación con este último, Estados Unidos se enfrenta a una inmensa presión para desescalar el conflicto con Rusia e Irán. Tras la "Cumbre para la Democracia", Xi Jingping y Vladimir Putin mantuvieron una reunión virtual en una muestra de unidad. En las negociaciones para un nuevo JCPOA, China también ha pedido a Estados Unidos que elimine todas las sanciones incompatibles con el acuerdo de 2015. La semana pasada China, Rusia e Irán acordaron realizar ejercicios navales conjuntos. A medida que las naciones entran en conflicto con los intereses de Estados Unidos, China se convierte en un polo de atracción para nuevas alianzas estratégicas. Ante esto, no es ningún secreto en que Washington está intentando por todos los medios frenar la creciente influencia de China, y con ello llega la necesidad de construir mejores relaciones con Rusia e Irán.

La inestabilidad interna es un problema para la agenda de Biden

Tras la debacle de la salida de Afganistán, hay mucha presión sobre su gobierno para que lidere y resuelva eficazmente las principales disputas geopolíticas con Rusia, China e Irán a fin de mantener la credibilidad, tanto en el Capitolio como entre sus socios globales, especialmente cuando las tres naciones negocian nuevos acuerdos económicos y geopolíticos.

Aunque Biden sigue intentando (y lo ha hecho hasta cierto punto) liderar a sus aliados en esta confrontación global y restaurar la legitimidad de Estados Unidos en la escena mundial, postulándose como un negociador más competente que Trump, el grado de éxito sigue siendo una incógnita al entrar en su segundo año de mandato. Aunque le hubiera gustado mucho decir que "América ha vuelto", parece más difícil, sobre todo a la luz de la crisis social, política y económica interna que afronta.

Las alianzas geopolíticas son sólo una parte del juego. A medida que China amplía su influencia en el mundo con la Iniciativa del Cinturón y la Ruta y se intensifica la "carrera hacia la cima", Estados Unidos tiene que ampliar sus propias esferas de influencia y liderar a sus socios en ese proyecto. Es, de hecho, este ímpetu el que alimentó la pieza clave de la agenda de Biden. Durante su toma de posesión, Biden propuso un plan integral de infraestructura que abordara los aspectos sociales, económicós y humanos de principio a fin. Aunque lleno de beneficios para las grandes corporaciones, este plan incluía importantes reformas, como la gratuidad de los colegios comunitarios, las licencias familiares remuneradas y otras. Con un monto de 1.75 billones de dólares, la nueva versión del proyecto de ley incluía miles de millones para el desarrollo de las energías renovables y para impulsar la competitividad de las industrias existentes, como la del acero, el cemento y el aluminio. El proyecto de ley no sólo estaba orientado a abordar un gasto social largamente esperado que ayudara a estimular una recuperación post-pandémica, sino también a reforzar su posición en la competencia contra China.

Hace varios meses, Biden también lanzó la asociación "Build Back Better World" con el resto de los países del G7 para los mismos fines. Con un presupuesto de 40.000 millones de dólares, la iniciativa se proponía "ayudar a satisfacer las enormes necesidades de infraestructuras en los países de renta baja y media", especialmente en América Latina, el Caribe, África y el Indo-Pacífico, y pretendía impulsar proyectos en áreas clave como el clima, la seguridad sanitaria, la tecnología digital y la igualdad de género. En esencia, la iniciativa era un mecanismo del imperialismo para reforzar sus propias esferas de influencia para frenar el crecimiento de China.

Sin embargo, a un año de su mandato, estos esfuerzos yacen debilitados, si no muertos. En el terreno doméstico, la luna de miel concedida a Biden tras la toma del Capitolio del 6 de enero se agotó rápidamente, con votaciones en el Congreso forzadas por líneas partidistas y con el demócrata conservador Joe Manchin quedando con un voto decisivo en el Senado. En diciembre, Manchin acabó esencialmente con el proyecto de ley presupuestaria de Biden, al negarse a votar por ella. Aunque algunos demócratas todavía esperan resucitar este proyecto de ley y llevarlo a votación este año, no sólo tendrá que ceder mucho más, sino que también se enfrenta a un reto para ser aprobado. En el escenario mundial, hay menos consenso entre el G7 sobre cuán fuerte debe ser la presión sobre China. Como señaló Nicolás Daneri, Italia -que se unió a la nueva Ruta de la Seda en 2019- está dispuesta a ser más suave con China, sobre todo después de haber recibido varios envíos de ayuda médica de Pekín durante la pandemia, mientras que sus aliados occidentales tardaron en ayudar.

El poder del imperialismo estadounidense también disminuyó incluso en su llamado patio trasero: América Latina. Importantes movilizaciones de masas han sacudido la región en los últimos años, en particular contra el FMI y los planes de ajuste impuestos para satisfacer la deuda, sobre todo en Ecuador en 2019, pero también en Chile contra la herencia neoliberal o en Colombia contra la brutalidad policial y las políticas de ajuste. Todo esto, mientras la orientación de Biden sigue siendo tan derechista como la de Trump: apoyando a Juan Guaidó en Venezuela, imponiendo deudas exorbitantes a los países latinoamericanos, continuando con las políticas migratorias de la era Trump a través de un nefasto acuerdo migratorio con México para impedir la migración en la frontera sur proveniente de Centroamérica, manteniendo a niños y familias en jaulas, y continuando con las violentas deportaciones masivas de haitianos.

Los acontecimientos del 6 de enero del año pasado marcaron una enorme crisis para el régimen estadounidense, tanto dentro como fuera del país. Biden asumió el cargo no en un período de estabilidad capitalista, sino en medio de una profunda crisis social, económica y sanitaria.

Acosado por la incapacidad de aprobar su agenda, Biden fue incapaz de anunciar una era de estabilidad social. La crisis abierta por el trumpismo continúa, y la falta de soluciones significativas fomenta el enojo y una desilusión cada vez mayor entre las grandes masas con su gobierno. Al entrar en su segundo año, se encuentra en el peor momento desde que asumió el cargo, ya que algunas encuestas le dan solo un 33% de aprobación. Sin "victorias", Biden se vio obligado a estar totalmente a la defensiva, y pudo hacer poco para defenderse de los ataques de la extrema derecha. Desde la ley del derecho al voto [que incluye una serie de reformas para facilitar la afluencia, en particular de las minorías excluidas, empezando por declarar feriado el día de votación] hasta los derechos de las personas trans, pasando por el derecho al aborto y la teoría crítica de la raza, el trumpismo, del brazo del Partido Republicano que está desesperado por ganárselo, se apoyó en la incapacidad de Biden para aprobar su programa para avanzar en sus ataques a los derechos democráticos.

Poco después del asalto al Capitolio, planteamos la hipótesis de que la tensión entre la situación nacional y la internacional sería clave en los siguientes meses para el imperialismo estadounidense. De hecho, esa sigue siendo la cuestión del día. ¿Cómo puede Estados Unidos liderar al resto del mundo en la lucha por la "democracia" cuando es incapaz de resolver sus conflictos internos? El intento de Biden de reclutar a sus aliados en la búsqueda de preservar el actual orden mundial y restaurar la supremacía geopolítica de Estados Unidos se enfrenta a la constante amenaza del trumpismo y la deslegitimación de las propias instituciones estadounidenses. A medida que Biden entra en su segundo año, una cosa es clara: la crisis de la hegemonía de Estados Unidos en el orden capitalista mundial ya no puede resolverse con las viejas herramientas del imperialismo.

El presente artículo es una traducción del original publicado en el sitio Left Voice, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario.

Por Sou Mi

Jueves 20 de enero

Traducción: Ana Seni

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Morris Pearl, presidente de Millonarios Patrióticos.

"Cóbrennos más, háganlo ya"

El planteo, hecho ante el Foro de Davos, se basa en la observación del crecimiento de las desigualdades con la pandemia y el consiguiente aumento de las grandes riquezas. Es un argumento ético pero también de preservación del sistema.

"In tax we trust". Haciendo un juego de palabras con la insignia que llevan impresos los dólares estadounidenses - in god we trust o en dios creemos-, un grupo de alrededor de 100 milmillonarios reinstaló el debate para que se les cobren más impuestos. Fue a través de una carta abierta que publicaron en el marco del Foro Económico Mundial Davos 2022, espacio que recibió fuertes críticas por generar debates desde escritorios que luego no se traducen en acciones concretas.

"La confianza -en la política, en la sociedad, en los demás- no se construye en pequeñas habitaciones a las que sólo pueden acceder los más ricos y poderosos. No está construido por viajeros espaciales multimillonarios que hacen una fortuna con una pandemia pero no pagan casi nada en impuestos y proporcionan salarios bajos a sus trabajadores", apunta el escrito impulsado por el grupo Millonarios Patrióticos, en una directa referencia a algunos de los hombres más ricos del mundo, como Elon Musk y Jeff Bezzos, que participan de la carrera espacial y hasta viajan ellos mismos al cosmos, mientras pagan cada vez menos impuestos. 

Millonarios Patrióticos, por José Pablo Feinmann

"Como millonarios, sabemos que el sistema fiscal actual no es justo. La mayoría de nosotros puede decir que, si bien el mundo ha pasado por una inmensa cantidad de sufrimiento en los últimos dos años, en realidad hemos visto aumentar nuestra riqueza durante la pandemia; sin embargo, pocos, si es que alguno de nosotros, puede decir honestamente que pagamos nuestra parte justa en impuestos", continúa el escrito que apunta al sistema fiscal internacional que "ha sido diseñado deliberadamente para enriquecer aun más a los ricos". 

En este contexto, este grupo de millonarios realiza un pedido poco habitual a los gobiernos del mundo: "Cóbrennos impuestos a los ricos y háganlo ahora". La organización se dio a conocer en 2010 en rechazo a la baja de impuestos a los más ricos durante la administración del ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush. Se reconocen como gente que tuvo éxito en el sistema capitalista y  quieren salvar al capitalismo de sus propios excesos. Sus demandas giran en general sobre el incremento del impuesto del patrimonio, una revisión de los agujeros fiscales por los cuales se evaden legalmente impuestos, e incluso aumentos del salario mínimo.

Quiénes son los Millonarios Patrióticos

El grupo es liderado por Morris Pearl, un ex ejecutivo de Blackrock. Entre los firmantes, además de Pearl, figuran Abigail y Tim Disney, nietos y herederos del cofundador de la compañía, Roy Disney, y una lista de empresarios, algunos políticos, inversores y filántropos no sólo de EE.UU sino también de Inglaterra, Canadá, Alemania, Austria, Dinamarca y Groenlandia.

En respuesta a esta carta, un vocero del Foro indicó a Reuters que uno de los principios de la organización es el pago de una cuota justa de impuestos y que "un impuesto sobre la riqueza como el que existe en Suiza, donde tiene su sede la organización, podría ser un buen modelo para su desarrollo en otros lugares".

El debate sobre un impuesto a las grandes fortunas

El debate de gravar las grandes riquezas se impuso firmemente durante la crisis de la pandemia, que agravó y visibilizó las desigualdades entre ricos y pobres de todo el mundo. Durante el 2021 se avanzó en una propuesta similar durante el encuentro de ministros de Economía del G20. Con el objetivo de mitigar las guaridas fiscales se propuso implementar un impuesto mundial global del 15 por ciento a las multinacionales. 

El acuerdo contaba con el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)  y se empezaría a cobrar a partir de 2023. Argentina acompañó esta propuesta a pesar de proponer elevar el guarismo por encima de 15. El ministro de Economía Martín Guzmán sugirió entre un 21 y un 25 por ciento. 

La pandemia agudizó la desigualdad

La carta se publicó horas después de la presentación del informe “Las desigualdades matan”  que asegura que entre marzo del 2020 y noviembre de 2021 los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna pasando de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares, a un ritmo de 15.000 dólares por segundo o 1.300 millones de dólares por día. Mientras tanto, más de 160 millones de personas en todo el mundo bajaron al nivel de pobreza respecto al período anterior a la pandemia. Es decir, disponen de menos de 5,5 dólares por día. 

De acuerdo a un estudio hecho por Millonarios Patrióticos junto con Oxfam y otras organizaciones sin ánimo de lucro, un impuesto progresivo sobre la riqueza que comenzara en el 2 por ciento para los que tuvieran más de 5 millones de dólares y aumentara hasta el 5 por ciento  para los multimillonarios, podría recaudar u$s 2,52 billones, cifra que alcanzaría para sacar a 2300 millones de personas de la pobreza y garantizar la asistencia sanitaria y la protección social de los individuos que viven en los países con menores ingresos.

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Juicios en Cuba a los presos por las protestas del 11 de julio

Por el derecho a la protesta.

Seis meses después de las protestas del 11 de julio, activistas y familiares de personas detenidas por manifestarse ese día han venido haciendo público que son sometidos a juicios sumarios y muchos de ellos podrían sufrir condenas de hasta 30 años de prisión. Las acusaciones van desde “actos vandálicos” hasta “sedición” que es una de las más graves. Entre los detenidos hay muchos menores de edad.

 

A comienzos de la semana pasada, el 11 de enero, dieron inicio tres juicios para un total de 57 personas, entre ellas 14 adolescentes, que participaron en las protestas antigubernamentales del 11 de julio. Procesos que empezaron a llevarse a cabo en La Habana, la provincial central Santa Clara y la oriental Holguín.

Este lunes 17 de enero se difundió que se iniciaron otros juicios para un total de 45 personas, entre ellas dos menores de edad, comenzaban a ser juzgadas en relación con las protestas de julio, según datos recopilados por activistas del colectivo Justicia 11J, que de manera voluntaria recopilar toda la información posible a través de un relevamiento sistemático de los detenidos y un seguimiento de las familias.

Estos juicios de enero se suman a otros que fueron realizados entre julio, octubre y diciembre en los que las condenas variaron desde multas hasta dictámenes entre 14 y 30 años de cárcel. Solo en las últimas dos semanas de diciembre unas 150 personas fueron llevadas a juicio con causas asociadas a las protestas del 11 de julio.

Desde esa histórica jornada de movilizaciones, se ha producido un profundo giro represivo por parte del gobierno de Miguel Díaz-Canel que detuvo violentamente a alrededor de 1300 manifestantes (durante las protestas y en los días posteriores), 800 de los cuales siguen en prisión sin juicio.

De acuerdo a Justicia 11J, los tres juicios anunciados este 17 de enero, se empezaron a celebrar en Mayabeque y La Habana, que para algunos de los acusados se solicitan hasta 20 años de cárcel. La Fiscalía imputa a estas personas por diversos delitos, como “desórdenes públicos, desacato, resistencia, atentado, ultraje a los símbolos de la patria” y, en el caso de las penas mayores, están acusados de sedición.

El mayor de los procesos es el que tiene lugar en el Tribunal Municipal de 10 de Octubre de La Habana, donde se juzga hasta el viernes en una causa común a 23 personas con peticiones de hasta 20 años de prisión. En este juicio los activistas han detectado que dos de los acusados tienen 17 años. Para ambos pide la fiscalía 15 años de cárcel. En la provincia occidental de Mayabeque tienen lugar esta semana dos juicios, ambos en el Tribunal Municipal de San José de las Lajas. En el primero, entre este lunes y el miércoles, 15 personas se enfrentan a hasta 14 años de cárcel; en el segundo, el jueves, 7 personas afrontan penas de hasta 15 años.

En el llamado público a ser firmado “Justicia para los manifestantes del 11J”, Justicia11J declara que “La práctica represiva y la violación de los derechos más elementales se ha agudizado en los últimos meses, a raíz de la crisis sistémica que atraviesa el país. La emergencia sanitaria y social desencadenó el pasado 11 de julio una manifestación general de carácter pacífico que, a su vez, tuvo como respuesta gubernamental la más grande ola represiva reportada en el país durante las dos últimas décadas.”

A raíz de esta situación desde La Izquierda Diario conversamos este 18 de enero con la joven periodista Lisbeth Moya González vía telefónica, quien nos comunicaba que “con respecto al tema de los juicios es difícil dar información porque el Gobierno no está siendo transparente. Sabemos que las personas detenidas están siendo juzgadas paulatinamente y que están siendo condenadas desde un año hasta 30 años. Llama mucho la atención que se están utilizando cargos como sedición para acusarlas, un cargo por el cual se pide muchísimos años de prisión que pueden ir desde 15, 25 y hasta 30 años. También están los cargos de desorden público y de atentados. Es de recalcar que hay menores de edad que están siendo juzgados, desde 15 a 17 años que están siendo juzgados con severidad. Y una gran mayoría son personas muy jóvenes de unos veinte y tantos años que están siendo condenadas a altas penas”.

Además enfatiza la joven periodista, que también es escritora, que “Hay muchos casos muy complejos, por ejemplo, hay una madre que tiene a sus tres hijos presos, es un caso de La Güinera que es un barrio donde las protestas fueron fuertes, y las condenas a esas personas están siendo bastante elevadas. Está el caso del muchacho Walnier Luis Aguilar Rivera, de 21 años, que tiene problemas mentales, y su padre no ha podido presentar esas pruebas porque no se lo permitieron y lo condenaron a 23 años de cárcel. El caso del joven músico y poeta Abel Lescay, quien tras manifestarse en la ciudad de Bejucal fue arrestado durante la noche en su casa. Este proceso es particular, porque fue conducido a la estación de policía desnudo y sufrió Covid 19 durante el arresto. “

Las autoridades judiciales cubanas no acostumbran a informar sobre los procesos legales, sobre los que tampoco reportan los medios oficiales. Los juicios no son públicos y no hay información al respecto por falta de transparencia y en muchos casos los abogados no tienen acceso al proceso, de acuerdo a las denuncias de activistas. “El Gobierno no da información y no existe transparencia. Existen muchas denuncias de los familiares que cuando hacen público lo que está sucediendo con sus allegados son acosados por la Seguridad del Estado, además de decirles que no pueden hablar con medios alternativos ni denunciar de ninguna manera porque será peor para ellos. En ciertos casos llegan a meterles miedo al punto de decirles que pueden perder el trabajo y sufren represalias. Además hay que señalar que los abogados no están teniendo acceso a los expedientes de manera regular, hay problemas con los testigos pues según testimonios de algunos familiares son traídos por la Fiscalía, y en el caso de las personas más desconocidas se les ha juzgado sin abogados”, recalca Moya González.

El discurso del gobierno cubano a través de las autoridades judiciales argumenta que “cumplen estrictamente los instrumentos internacionales”, niegan que se trata de procesos políticos y subrayan que juzgan sólo delitos “violentos y actos de vandalismo”. Así lo afirma el presidente del Tribunal Supremo Popular, Rubén Remigio, cuando hizo una referencia indirecta el lunes 17 de enero a los procesos en la apertura del año judicial al asegurar que, pese a la pandemia, la Justicia cubana ha podido seguir enjuiciando a quienes “cometieron hechos vandálicos, agresiones violentas contra autoridades y funcionarios, y otros graves actos delictivos”. Afirmaciones que no se sostienen ya que las personas son implicadas por los hechos de las manifestaciones del 11 de julio que fue reprimida por el Gobierno, y son condenadas por ejercer el derecho a manifestación y asociación, pero los tratan como delincuentes comunes en la jerga oficial.

El presidente Miguel Díaz-Canel asegura que los cubanos "pueden manifestarse libremente", cuando los hechos y la realidad demuestra todo lo contrario, tal como se vio el propio 11 de Julio. Así lo denuncia Lisbeth Moya: “En Cuba el gobierno se empeña en decir que en el país no hay presos políticos, pero todas las personas que participaron el 11 de julio por definición son presos políticos. Se empeñan en negarlo para que no haya una visión hacia afuera del país de que hay personas que están en desacuerdo con el gobierno, pero todas las personas que se manifestaron están en desacuerdo con el gobierno, y las personas que están presas ahora mismo están en desacuerdo con el gobierno y están siendo juzgadas por un derecho político que es el derecho a manifestación”.

La escritora y periodista cubana Lisbeth Moya González en un artículo que escribiera de llamamiento a la solidaridad de los presos por protestar del 11 de julio, y publicado en La Izquierda Diario, relata que “Hasta el día de hoy [primeros días de diciembre] el grupo de trabajo sobre detenciones por motivos políticos de la plataforma de la sociedad civil cubana Justicia 11J ha documentado 1271 detenciones en relación con el estallido social del 11J. De estas personas al menos 659 siguen en detención. Se ha verificado que 42 han sido condenadas a privación de libertad en juicios sumarios y 8 en juicios ordinarios. Ya se conoce la petición fiscal de 269 personas que esperan entre 1 y 30 años de sanción. La figura de sedición ha sido utilizada para imponer sanciones al menos 122 personas, según informa dicha plataforma que se ha encargado de contabilizar y sacar a la luz la situación de los involucrados, debido a que no existen cifras oficiales disponibles.”

Para el mes de enero, y con datos más actualizados hasta esa fecha, el Colectivo Justicia11J destacaba que “ininterrumpidamente hemos puesto a disposición pública información sobre los casos, gracias a los reportes de familiares y amigos, y de las mismas personas detenidas. A pesar de la negación de tal escenario por parte del gobierno, el Ministerio de Justicia, el Ministerio del Interior y la Fiscalía General de la República, nuestro trabajo colaborativo ha podido dar cuenta de, al menos, 1339 personas detenidas o desaparecidas (entre ellos, hay 45 menores de 18 años), así como informaciones y estadísticas, todo ello accesible y transparentado en el siguiente enlace: Listado de personas detenidas y desaparecidas 11J”. Estadísticas que se sabe que son incompletas pues hay muchos más casos que no se conocen, porque no solo fue el 11 de julio cuando apresaron personas también lo hicieron en los días siguientes cuando iban apareciendo en los videos y la seguridad del Estado iba a sus casas a buscarlos.

Por ello el Colectivo Justicia11J en el Llamamiento que hacen para que sea firmado exigen al Gobierno “Información relativa al número de personas que han sido detenidas desde el 11 de julio, como consecuencia de las protestas en todo el país. Ello incluye el desglose por género o sexo del número de personas que, hasta la fecha, han sido puestas en libertad, las que permanecen bajo custodia del Estado y en proceso de investigación; así como la ubicación específica de los centros de reclusión donde se encuentran detenidas, y el desglose por cárcel u otro lugar de detención en diferentes puntos del país”.

Recalquemos que el pasado 11 de julio se produjeron en Cuba las mayores protestas antigubernamentales en décadas, unas manifestaciones espontáneas y masivas ligadas a la grave crisis económica que atraviesa el país y las políticas de la burocracia gobernante como fue el plan de ajuste y apertura económica Tarea Ordenamiento. Lisbeth Moya enfatiza que “El 11 de julio fue el punto más álgido de la represión al disenso en Cuba. Históricamente existía el acoso sistemático de los Órganos de la seguridad del estado a quienes disentían a lo largo y ancho del espectro político; existían también casos de expulsiones de centros de estudio o trabajo por cuestiones ideológicas y muchas otras manifestaciones por el estilo. No obstante, el 11 de julio la represión fue ejercida en el cuerpo de los manifestantes.”

En este sentido los juicios que han comenzado en Cuba, el hermetismo con los que se llevan adelante y las condenas de hasta 30 años, son un mecanismo aleccionador de parte del Gobierno en la búsqueda de amedrentar a los manifestantes que como el 11 de julio de 2021 salieron a las calles contra una situación social y económica insostenible.

Milton D'LeónCaracas / @MiltonDLeon

Miércoles 19 de enero

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El conflicto de Ucrania y la nueva guerra fría

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EEU U pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN, que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia.

 Para entender que pasa en Ucrania hay que retroceder a las grandes perturbaciones que atravesó este país y que son en buena parte las causantes del conflicto actual. Y es que la historia siempre cuenta, y, como en este conflicto, condiciona el presente. Conocer la historia de Ucrania es a la vez conocer los orígenes de la Rusia contemporánea. No se entiende Rusia sin los mitos que surgen del corazón de Ucrania y de la península de Crimea. El puerto de Odessa, la batalla de Balaklava, la base militar rusa de Sebastopol o los acuerdos de Yalta tras la Segunda Guerra, éstos son nombres en los que se asienta parte de la mitología de la nación rusa, una nación de naciones, la multicultural e inmensa Rusia que tiene varios millones de personas de procedencia rusa fuera de sus fronteras y una buena parte en Ucrania.

En la Ucrania de hoy, la población está dividida entre los partidarios de la Europa occidental y la oriental. Las barbaridades cometidas por unos y otros en suelo ucraniano condicionaban y mucho el posicionamiento de la población a la hora de inclinarse hacia uno u otro bando. No se puede olvidar que Stalin sometió a la población ucraniana a una hambruna, tras el despojo de sus cosechas en 1932, que mató de hambre a millones de personas y que deportó a diversas minorías, entre otras, judías y polacas, provocando un gran resentimiento entre la población ucraniana hacia Rusia. Tampoco se olvida que durante la 2ª Guerra Mundial los ejércitos de la Alemania nazi con la colaboración de grupos nacionalistas ucranianos exterminaron a varios millones de personas prorrusas, en parte, como represalia a las hambrunas infringidas por la URSS de Stalin.

Respecto a Crimea también sufrió dramáticas vicisitudes: una limpieza étnica por parte de Stalin, que deportó en 1944 a Asia central a la población tártara por el apoyo de sus dirigentes a los nazis, y repobló con rusos Crimea; y más adelante, en 1954, Nikita Jrushchov decidió regalar de forma arbitraria Crimea a Ucrania, sin pensar que algún día la URSS podía colapsar y desintegrarse y que Ucrania se convertiría en una república independiente.

Una vez mostrados estos antecedentes, seria pecar de ingenuos pensar que Rusia se cruzaría de brazos viendo cómo la revuelta de Maidán de 2014, en Kiev, auspiciada por el bloque euroatlántico, hacía caer un gobierno prorruso y se lanzaba en brazos de la UE y pedía la entrada en la OTAN. Sobre todo, pensando que la parte oriental el Donbás (Luganks y Donnetsk) y el sur de Ucrania, junto a Crimea, son de población mayoritaria rusa y que comparten lazos culturales y de lengua muy estrechos con Rusia. Además, en Crimea, Rusia tiene en Sebastopol una base militar para su armada desde donde tiene acceso al Mediterráneo. Una península de vital importancia para los intereses geoestratégicos de Rusia.

Obviar todo eso es no querer entender el conflicto de Ucrania. Un conflicto que en buena parte vienen provocado desde el exterior. Una UE que ha actuado con manifiesta mala fe intentando que Ucrania se incorporara a su bloque económico; Estados Unidos que deseaba su entrada en la OTAN; Rusia que no piensa abandonar unos territorios que considera por historia suyos. Cierto es que la respuesta rusa ocupando Crimea es una violación del derecho internacional, porque esta península formaba parte del Estado de Ucrania. Pero se debe recordar que nuestra OTAN hizo lo mismo en Kosovo y EE UU en Iraq. Por tanto, es de un enorme cinismo acusar a Rusia de violar la legalidad cuando EE UU lo ha hecho en innumerables ocasiones en el pasado. Y de una ingenuidad absoluta pensar que Rusia se quedaría de brazos cruzados ante los ataques del ejército ucraniano para recuperar el Donbás; o de que EE UU enviara ayuda militar a esta región sin que Rusia respondiera con la misma moneda. Aunque cierto es que el envío de un ejército de 100.000 militares a la frontera con Ucrania por parte de Rusia es una amenaza. Pero es insensato pensar que Rusia invadirá Ucrania pues la OTAN respondería ayudando a la Ucrania occidental, empezando una guerra en el centro de Europa de insospechadas consecuencias para todas las partes. Especialmente porque los intereses de Europa occidental y de Rusia son interdependientes, especialmente por la dependencia energética de Europa occidental de Rusia que hace inimaginable una confrontación armada.

Rusia, primero por pasiva y ahora por activa (la presión en la frontera de Ucrania) está reclamando a Europa Occidental y a EE UU que la OTAN no la amenace en sus fronteras. ¿Qué respuesta daría EE UU si Rusia instalará misiles o un escudo antimisiles en Cuba o Venezuela?

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EE UU pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN y que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia. Como lo demuestran las varias crisis anteriores generadas por la instalación del escudo antimisiles en Polonia y Rumania (también está en Rota, Cádiz); o cuando Georgia inició un ataque militar en Osetia del Sur y pretendía incorporarse a la OTAN. Unas actuaciones que se deben considerar cómo una amenaza para la seguridad de Rusia y que explican su reacción de entonces y de ahora.

Lo deseable sería que los gobiernos europeos se distanciaran del alineamiento al lado los intereses particulares de EE UU, tampoco situándose al lado de Rusia, pero sí buscando una neutralidad que rebaje las tensiones entre ellas en Ucrania y en otros puntos. Pero escuchando las lastimosas declaraciones de José Borrell como representante de Exteriores de la UE y de otros cancilleres europeos, hay que temer que Europa occidental se alineará una vez más al lado de Estados Unidos para dar paso a una nueva guerra fría, aunque eso sí, de mucha menor gravedad que la anterior.

20 ene 2022 06:03

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Foto: Claudia Morales/Reuters

A días del 22 de enero, un nuevo aniversario del Estado Plurinacional y a un año y dos meses del Gobierno de Arce, las disputas y tensiones dentro del MAS están al rojo vivo. Organizaciones sociales y campesinas, así como la propia bancada del MAS, exigen que se hagan cambios en el gabinete ministerial. En general se identifican 3 alas: Arcistas, Choquehuanquistas y Evistas, pero decir esto no significa que sean homogéneas. Hay disputas y fracciones diversas en cada una de ellas.

Juana RunaMilitante de la LOR-CI y de Pan y Rosas

Miércoles 19 de enero

Este 22 de enero se cumple un nuevo aniversario del Estado Plurinacional de Bolivia, en esta ocasión, debido a la cuarta ola de la pandemia, no se llevarán adelante actos de festejo en los que se suelen esperar, además del discurso presidencial, las palabras de representantes de las organizaciones sociales. Si bien el Gobierno tomó esta decisión por el incremento de los contagios lo cierto es que otro factor que puede haber influido tiene que ver con las luchas y disputas intestinas que se vienen desarrollando al interior del partido de Gobierno.

Todo esto motivó a que durante los últimos días se haya posicionado, en el centro del debate político, los pedidos de cambios en el gabinete ministerial. Cambios que se esperaba que fueran anunciados este 22 de enero. Sin embargo, el 18 de enero, el presidente Arce, viajó al Chapare en Cochabamba (uno de los bastiones del MAS) y según informaron medios de prensa, luego de una reunión que habría sido "muy dura", Arce indicó que no realizará ningún cambio a su gabinete, intentando de esta manera poner un límite a las múltiples exigencias y presiones que su gobierno viene recibiendo. Pero hay que decir que dicho anuncio no descarta, o no significa, que más temprano que tarde estos “cambios de ministros” finalmente sucedan.

Recordemos que fue el propio Evo Morales quien hizo críticas a algunos miembros del actual gabinete de ministros señalando que “son técnicos y no políticos”, en alusión principalmente al ministro de Justicia, Iván Lima. Sin embargo, al aumentar las presiones de las distintas fracciones sobre Arce, particularmente desde el bloque Choquehuanca, Morales tuvo que salir a respaldar a Arce afirmando que la composición del gabinete es decisión exclusiva del presidente y que cuando él estuvo en el poder, su vice (Álvaro García Linera), nunca lo había chantajeado: un mensaje directo al actual vicepresidente, Choquehuanca.

Como es conocido, Choquehuanca expresa el ala más dialoguista y renovadora del MAS, con peso al interior de bases indígenas y sectores populares que le dan una relevancia decisiva a la etnicidad y a los intentos de Choquehuanca de desarrollar una ideología de la colaboración, apoyándose en su propia interpretación de lo que considera son los valores y principios de la cosmovisión de los pueblos originarios. Sin embargo, pese a importantes puntos de apoyo en sectores populares, su participación en el gabinete de Arce y su peso en el Estado se ha visto drásticamente reducido el último año. Entre las razones están que ante los intentos de establecer canales de diálogo con la derecha oriental, la radicalidad de Calvo, Camacho y otros, solo recibió desplantes que debilitaron su política dialoguista, y, por otro lado, apenas empezada su gestión gubernamental, los ministros afines a su bloque fueron rápidamente removidos debido a resonantes casos de corrupción que han dejado al “bloque renovador” en una precaria situación en la lucha interna.

Por su parte, el bloque encabezado por Evo Morales, intentó imponerse al prohibir las fracciones y los bloques en el MAS con el argumento de fortalecer la unidad del partido. El intento bonapartista de Evo, lejos de proyectar la tan mentada unidad, fue un disparador y un agravante de la lucha interna. Tal es así que empezaron a proliferar los reclamos y críticas no solo a miembros del actual gabinete sino también a la propia figura de Evo Morales. Ejemplificador de esto último fue el congreso del MAS en la ciudad de Montero del Departamento de Santa Cruz, donde la directiva electa le pidió a Evo que “deje de dirigir por teléfono, que baje a las bases y que deje gobernar al presidente Arce”.

Al mismo tiempo, el sector gremial, los cívicos de El Alto, los campesinos de las 20 provincias del Departamento de La Paz, maestros rurales, el Pacto de Unidad, así como la propia bancada del MAS en el Parlamento, empezaron cada uno a dar los nombres de los ministros y ministras observados para que fueran destituidos.

Los nombres más observados son el ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, y, el ministro de Salud, Jeyson Auza. El primero llegó a ser acusado de “traidor e infiltrado” y el segundo es duramente criticado debido a los decretos que obligan a tener el carnet de vacunación contra el COVID o en su defecto la prueba PCR.

También son observados la ministra de la Presidencia, Marianela Prada; la ministra de Planificación del Desarrollo, Felima Mendoza; y el ministro de Justicia, Iván Lima. Justamente estos ministros, además del ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, son los miembros de más confianza y más allegados a Arce.

La Confederación de Fabriles, así como miembros de la bancada parlamentaria del MAS, también se han referido al ministro de Obras Públicas, Edgar Montaño; de Minería, Ramiro Villavicencio; de Trabajo, Patricia Navía y de Hidrocarburos, Franklin Molina.

Sin dudas detrás de estas críticas y exigencias están los intereses y disputas por cargos. Cada sector quiere poner a su representante en alguna de estas importantes carteras de Estado. Pero también otro de los factores que explican estas críticas tiene que ver con que para muchos estos ministros están totalmente divorciados de lo que las organizaciones sociales y sectores populares esperan. El diputado del MAS, Daniel Rojas, en una declaración para el Diario Página Siete, señaló: “Le hemos hecho conocer (al presidente, NdR) la pésima coordinación que tienen los ministros con las organizaciones sociales y la pésima coordinación también que tienen con los legisladores, los propios diputados y senadores electos. La voz ha sido unánime cuando se observó la descoordinación de los ministros con los legisladores y se le ha sugerido al Presidente que evalúe”.

Lo cierto es que lo que expresan estas tensiones dentro del MAS, más allá de lo que finalmente anuncie Arce en su discurso presidencial, es que cada vez le resulta más difícil a este partido mostrar una imagen de unidad.

¿Infiltrados o conciliación de clases?

Hace un par de días, el Pacto de Unidad, encabezado por la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), emitió un severo comunicado calificando al ministro de Gobierno, y militante de Columna Sur (uno de los grupos juveniles del MAS), Eduardo Del Castillo, como un “pitita infiltrado” [1] y “traidor”. Al mismo tiempo, convocaron al presidente, Luis Arce Catacora, y al vicepresidente, David Choquehuanca, a una reunión este miércoles 15 de enero en la sede de la CSUTCB, para evaluar el gabinete ministerial. En esta reunión, que duró aproximadamente 6 horas, solo participaron los mandatarios por pedido expreso del Pacto de Unidad. Concluido el encuentro, parece que no se puede descartar que este 22 Arce anuncie algún cambio en su gabinete. Sin embargo, más allá de eso, Odaliz Huayllas, representante de la Confederación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, informó que acordaron una nueva reunión para el 11 de febrero, en la que continuará la evaluación al desempeño de las y los ministros de Arce.

Para entender esta situación recordemos que, hace un par de semanas, el ahora ex viceministro de Régimen Interior, Nelson Cox, fue destituido vía whatsapp por Del Castillo. Esta destitución según declaración del ministro de Gobierno se debía a que Cox tenía como miembro de su equipo de trabajo a un abogado de la hermana del ex ministro del Gobierno golpista, hoy prófugo, Arturo Murillo. Esto motivó a que algunas agrupaciones y sectores del MAS, vinculados al evismo y otros a sectores de autoconvocados como en K´ara K´ara, salieran en defensa de Cox ya que durante el golpe de Estado, en su cargo de Defensor del Pueblo en Cochabamba, estuvo presente en la defensa de detenidos y heridos.

Frente a esto, Cox contradijo a Del Castillo y denunció que abogados que trabajaron para Murillo en la persecución judicial contra las y los detenidos y heridos en las localidades de Huayllani, Kara Kara y otros, durante el golpe, hoy no solo continuarían como funcionarios sino que además serían apoderados del “guevarista” ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo. Esta escandalosa convivencia entre golpistas y sectores provenientes de la clase media, profesional blanco-mestiza, del MAS es lo que motivó a que la CSUTCB con su comité directivo en pleno califique a Del Castillo como “pitita, infiltrado y traidor” y que exija su destitución inmediata.

Lo cierto es que lo que califican como “infiltrados” en los hechos no es otra cosa que la expresión de la política de conciliación sistemática del MAS pero además de una convivencia social y una comunidad de intereses entre amistades y círculos familiares muy propios de estos sectores de clase media y media alta, blanco-mestiza. En realidad no debe sorprender y no sorprende, solo que ahora se expresa de manera cada vez más abierta.

Si bien la crisis interna del MAS es de larga data, la autoridad de Evo Morales facilitaba que estas diferencias se resolvieran rápidamente con la expulsión de los “libre pensantes” como se los calificaba. Sin embargo, a partir del golpe de Estado, la crisis interna se expresó de manera desafiante entre “renovadores” y “evistas” dando lugar a una multiplicidad de tendencias internas cada vez más duras en sus enfrentamientos públicos. En este escenario, el bloque de Arce, constituido esencialmente por sectores de esta clase media, blanco mestiza, y tecnócratas, actúa como un amortiguador en el choque fraccional entre evistas, choquehuanquistas y las exigencias propias de cada organización social del MAS.

La profunda crisis y enfrentamientos entre las diversas corrientes, sin embargo, lejos de expresar proyectos políticos alternativos o discusiones sobre cómo profundizar el “proceso de cambio”, es una disputa por espacios de poder dentro de la administración estatal y carrerismo personal de diversas figuras públicas del partido. Pero también expresan las diversas visiones que hay dentro del MAS de cómo negociar con la derecha golpista.

Aunque en los discursos estas fracciones hablan de “terminar con la derecha” y con la polarización política, en los hechos se establecen tantos mutuos y múltiples “infiltrados” que se confunden. Así tenemos que mientras el ala Choquehuanca se inclina por una abierta colaboración, el ala evista pretende hacerlo sobre la base del respeto a la institucionalidad vigente pero disputando espacios políticamente. Ejemplo de lo que decimos, son las declaraciones del ex ministro de Gobierno de Evo Morales, hombre fuerte del ala “radical” del MAS, Juan Ramón de la Quintana, que planteó que para resolver el tema agrario en el Oriente del país se tendría que llamar a un referéndum nacional y así rediscutir los límites de tierras. Estas declaraciones pusieron los pelos de punta a los cívicos y agroindustriales quiénes sin duda, ante cualquier cambio en el gabinete de Arce que acentúe los tintes “evistas”, lo tomarán como una amenaza a la propiedad de la tierra en el oriente. De todas formas lo cierto es que, como ya lo ha demostrado Evo en sus 14 años de Gobierno, lejos está de afectar los intereses de los agroindustriales. Sin embargo estos tonos discursivos están al servicio de contener a los sectores más radicalizados de los movimientos sociales que sí están dispuestos a avanzar sobre la gran propiedad agroindustrial.

Lo que está claro es que la crisis política que atraviesa el MAS es de tal magnitud que pareciera ser que la destitución de algunos ministros del actual gabinete es inminente. Es decir, más allá y a pesar de Arce, una voz desde la bancada de su partido señaló que en caso de que el presidente no cambie a los ministros observados éstos serán interpelados en el Parlamento y destituidos.

[1] se conoce como pititas a los participantes del movimiento golpista que derrocó a Morales en noviembre de 2019

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