Decomiso de 550 kilos de cocaína escondida en bolsas de café esta semana en Suiza.. Imagen: AFP

Según un informe de la policía y la agencia antidroga de la UE

Autoridades europeas incautaron un récord de 214,6 toneladas en 2020, la gran mayoría en España, Bélgica y Países Bajos.

Las agencias de la UE han advertido de que Europa se está consolidando como centro de producción y transbordo de cocaína para todo el mundo, además de ser un importante mercado de consumo. Las autoridades europeas han incautado una cantidad récord de 214,6 toneladas de cocaína en Europa en 2020, con España, Bélgica y Países Bajos concentrando las tres cuartas partes del total recuperado.

La cocaína es la segunda droga más consumida en Europa, solo superada por el cannabis, con millones de consumidores y unas ventas de unos 10.500 millones de euros en 2020, según un informe conjunto de la UE elaborado por la agencia policial Europol y la agencia antidroga OEDT. Alrededor de 3,5 millones de europeos de entre 15 y 64 años reconocieron haber consumido esta droga en el último año, y 14 millones de europeos lo hicieron alguna vez en su vida.

Mercado en crecimiento

El aumento de la producción en Sudamérica y la ampliación de la capacidad de procesar la droga en bruto en Europa están impulsando el crecimiento del mercado. La aparición de nuevos tipos de cocaína fumable podría hacer mayor el crecimiento y los riesgos para la salud. "También se está produciendo más dentro de Europa, lo que indica cambios en el papel de la región en el comercio internacional de cocaína", señala el informe.

Bélgica se está convirtiendo en el epicentro de la cocaína en Europa. Es el país de la UE que más cocaína incautó en 2020, con 70 toneladas, y uno de los principales focos de elaboración de pasta de coca junto con los Países Bajos (con 49 toneladas incautadas en 2020) y España (con 56 toneladas incautadas en 2021).

En un informe presentado por Europol y el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (EMCDDA), se refleja que, por cuarto año consecutivo, se ha incautado una cantidad récord de cocaína en Europa. La mayoría llega en contenedores marítimos, con los puntos de entrada de los cargamentos en diversificación y con mayores cantidades incautadas en los puertos de Europa del Este y Turquía.

La cocaína importada a Europa desde Sudamérica se reexporta cada vez más a otras partes del mundo, especialmente a Oriente Medio y Asia, lo que convierte a Europa en "un punto de transbordo clave para las drogas procedentes de otros lugares", según el informe.

La metanfetamina, también en crecimiento

Aunque se mantiene muy por debajo de la cocaína, el mercado de la metanfetamina también está creciendo. Sus tendencias están variando, ya que tradicionalmente se producía en la República Checa para el consumo en Europa del Este, pero los nuevos datos señalan una alta demanda en Europa Oriental, principalmente en Bélgica.

"Ahora existe una creciente preocupación por las instalaciones de producción situadas en Bélgica y los Países Bajos, donde se puede producir metanfetamina a una escala considerablemente mayor", señala el informe.

Europa es uno de los principales productores de metanfetamina del mundo, y los productores europeos colaboran cada vez más con los grupos delictivos mexicanos para perfeccionar los procesos de producción, advirtieron los organismos de la UE.

El número de incautaciones de esta droga entre 2010 y 2020 se duplicó de 3.000 a 6.200, y las cantidades incautadas aumentaron un 477 % a 2,2 toneladas en 2020, año en el que nueve países de la UE desmantelaron 215 laboratorios.

A la luz de los resultados, el director del OEDT, Alexis Goosdeel, explicó que Europa se enfrenta a una "amenaza creciente" derivada de un mercado de drogas "más diversificado y dinámico, impulsado por una colaboración más estrecha entre las organizaciones criminales europeas e internacionales" y urgió a ser "aún más sensibles a las señales del mercado" y a "invertir en una mayor acción coordinada" a nivel internacional.

En la misma línea, la directora ejecutiva de Europol, Catherine De Bolle, advirtió de que el comercio de drogas ilegales "sigue dominando los delitos graves y la delincuencia organizada en la UE". Teniendo en cuenta de que cerca del 40% de las redes delictivas notificadas a este organismo que operan a escala internacional "están activas en el tráfico de drogas". "La lucha contra este comercio ilegal es una prioridad fundamental para Europol y para la UE", señaló, convencida de que el análisis presentado este viernes resulta "crucial para formular respuestas policiales eficaces".

De Público de España. Especial para Página/12.

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Del petróleo a los minerales, la nueva dependencia de la transición energética

A medida que las energías renovables se multiplican, también aumenta la necesidad de minerales. ¿Cuáles son los riesgos ambientales y sociales de esta demanda?

Para mantener la temperatura global a niveles aceptables, el mundo tiene que atravesar una transición energética que deje atrás la era de los combustibles fósiles. Pero las tecnologías que promueven este cambio, como la energía solar, la eólica o los autos eléctricos, requieren de la extracción de una gran cantidad de minerales para su fabricación. Un auto eléctrico, por ejemplo, requiere seis veces más minerales que uno convencional; una planta de energía eólica terrestre requiere nueve veces más minerales que una de gas.

Entonces, a medida que el mundo aumente su uso de estas tecnologías, la demanda de una serie de minerales aumentará. ¿Habrá suficientes recursos para responder a las necesidades de una nueva era energética? ¿Qué otros impactos negativos causará sobre el medio ambiente y cómo podemos mitigarlos? Estas preguntas ocuparán un lugar central en el escenario global en los próximos años. Por el momento, lo que sabemos es esto.

¿Cuáles son los minerales de la transición y para qué sirven?

La apuesta por las energías renovables recae principalmente en el cobre, el litio, el níquel, el manganeso, el cobalto, el grafito, el cobre, el zinc y las tierras raras, entre otros. Estos elementos son el corazón de los coches eléctricos, las turbinas eólicas y otras energías, que prometen mantener las alzas en la temperatura global a raya.

Todas las tecnologías utilizan minerales en distintas proporciones, pero las baterías de vehículos eléctricos son las más demandantes, en particular del litio, que es crucial para el rendimiento, la longevidad y la densidad de energía de baterías.

Se estima que la demanda del litio va a aumentar 40 veces para el 2040, seguido del grafito, el cobalto y el níquel (que se estima crecerán de 20 a 25 veces). La construcción de las redes de carga de energía para vehículos eléctricos también requiere de grandes cantidades de cobre, que se estima se duplicará durante este mismo periodo. En 2021, la demanda de cobre de Chile, el mayor productor del mundo, ya aumentó alrededor del 80% respecto al año anterior, según BBC Mundo

El agua que se emplea ya no se puede reutilizar, por todos los desechos tóxicos y radiactivos que le quedan

En términos de generación de electricidad, la energía eólica es la que más demanda minerales, en particular cuando las turbinas están instaladas en alta mar, donde pueden requerir hasta tres veces más cobre para transmitir la energía a lo largo de los cables que las plantas en tierra: en 2020, el volumen de cobre requerido en todo el mundo para la generación de energía eólica en alta mar fue de alrededor de 8.000 kg por megavatio de energía producida, en comparación con 2.900 kg por megavatio para la eólica en tierra. La construcción también requiere aluminio, zinc y tierras raras. 

Las torres de los aerogeneradores y los transmisores son de acero, zinc y aluminio y representan alrededor del 80% del peso total. Algunos diseños de turbinas utilizan imanes de accionamiento directo, que contienen los metales de tierras raras neodimio y disprosio. Se calcula que alrededor del 20% de todas las turbinas eólicas instaladas utilizan imanes de tierras raras. Los aerogeneradores también contienen cobre en los generadores, y fibra de carbono y vidrio en las palas, además del hormigón utilizado para construir las torres.

La energía solar requiere unidades de almacenamiento de energía, tanto en forma de baterías individuales para uso privado y a gran escala en las redes eléctricas. Esto implica una demanda de minerales en las baterías de litio, de aluminio, cobalto, hierro, plomo, litio, manganeso, níquel y grafito. 

Las baterías constan de dos electrodos, o conductores eléctricos, llamados cátodo y ánodo, y un electrolito a través del cual intercambian iones, proporcionando una carga o descarga. Diferentes minerales pueden servir para estos fines. El alto potencial electroquímico del litio lo convierte en un valioso componente de las baterías recargables de iones de litio de alta densidad energética.

La mayoría de las baterías de iones de litio utilizan grafito como ánodo, lo que significa que el grafito será el mineral más buscado para el almacenamiento de energía. Los cátodos varían más: lo más frecuente es que utilicen níquel, pero también son comunes diversas mezclas de cobalto, litio y manganeso.

Impacto ambiental de la extracción de minerales

A la sombra de la promesa de la energía limpia, están los impactos negativos de la obtención y procesamiento de los minerales de la transición energética. La explotación en las minas genera estragos ecológicos difícilmente sostenibles en el largo plazo. En el caso del litio, por ejemplo, por cada tonelada extraída, se requieren hasta 2 millones de litros de agua, lo que agota los recursos hídricos subterráneos. Esto afecta a comunidades, flora y fauna.

En Chile, por ejemplo en el Salar de Atacama, uno de los desiertos más áridos del continente —y más abundantes en litio, hay una reserva natural para dos especies nativas de flamencos, cuya subsistencia depende de que el ecosistema se mantenga prácticamente intacto. Por la extracción del litio, las poblaciones han decaído en los últimos años.

Las implicaciones sociales de la explotación de los minerales de la transición también está cobrando facturas altas en América Latina. Rebecca Ray, Zara C Albright y Kehan Wang, investigadores en desarrollo de la Universidad de Boston, han sugerido que los países del triángulo del litio (Argentina, Chile y Bolivia) desarrollen una capacidad institucional para generar un manejo más responsable del mineral con mayor participación de comunidades locales, para así reducir los impactos negativos de la explotación.   

Las tierras raras (o metales raros) son una parte clave de la transición, y sin saberlo, todos los días interactuamos con estas en la palma de la mano. Smartphones, tablets y otros dispositivos con pantallas táctiles los utilizan. Son valoradas porque son muy buenas conductoras de electricidad y tienen propiedades magnéticas que hacen que sean útiles para crear baterías para coches eléctricos o pantallas táctiles. 

Las tierras raras -neodimio, escandio e itrio, por nombrar algunas- son muy complejas de extraer, ya que se encuentran embebidas en ciertos minerales y aleaciones: aunque son abundantes, es muy raro encontrarlas en su forma pura y tienden a presentarse en bajas concentraciones. Elisa Fabila, ingeniera química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especializada en el estudio de química metalúrgica, explica que el proceso de extracción es complicado e invasivo. 

“Para separar al mineral [de los otros compuestos] se necesita una reacción iónica y los residuos de esta reacción son los que se hacen tan contaminantes”, detalla Fabila. 

“El agua que se emplea ya no se puede reutilizar, por todos los desechos tóxicos y radiactivos que le quedan. […] Aunque estas alternativas no producen emisiones, no son tan limpias como pensábamos”, agrega.

Otros minerales terrestres no raros, esenciales para la transición energética, también tienen procesos de extracción perjudiciales. El cobre, por ejemplo, se extrae detonando explosivos en grietas del suelo en minas a cielo abierto. En promedio “se pierden 300 metros cuadrados de suelo por cada explosión”, explica Fabila, que difícilmente pueden recuperarse. Todas las propiedades de la tierra se desvanecen, ya que el estallido necesita desbaratar los componentes del suelo para poder sacar los metales.

China es el país que protagoniza la extracción de metales raros. Según datos de Statista, en 2021, el país representa el 60% de la producción mundial de tierras raras. En los últimos años, China ha limitado su producción y exportación a otras partes del planeta, y ha sacado a relucir las tierras raras en una disputa comercial con Estados Unidos. La más grande de todas sus minas se encuentra en Baiyun Obo, en Mongolia Interior, donde, según la NASA, está casi la mitad de la producción mundial de tierras raras. 

Se estima que la demanda de tierras raras puede crecer de tres a siete veces para el 2040, dependiendo del avance en la tecnología de baterías y turbinas eléctricas.

El problema de la escasez, la concentración geográfica y la calidad

A medida que el mundo se mueve hacia un panorama energético que requiere más minerales, se levanta la pregunta de si habrá suficientes recursos para satisfacer la demanda global. Hay varios factores que van a influir esto, y va a depender gran medida los desarrollos que se logre en la química de las baterías. 

En el futuro, según el informe de la IEA, se espera un escenario mixto: algunos minerales, como el litio de roca dura y el cobalto probablemente van a tener un excedente a corto plazo, mientras que el litio procesado, el níquel de grado de batería y los elementos clave de tierras raras (por ejemplo, neodimio, disprosio) podrían enfrentar una oferta limitada en los próximos años al no poder seguir el ritmo de la demanda.

Otros problemas que podrían surgir tienen que ver con la concentración geográfica de los minerales. China y La República del Congo concentran más del 60 % de la producción de cobalto. El New York Times ha documentado ampliamente la batalla que se está librando por el control de los recursos en esta zona. Si llega a haber problemas con la cadena de suministro en los países productores, esto afectaría directamente a los precios y la producción de baterías. Por otro lado, es importante considerar que un problema de suministro sólo afectaría a los productos nuevos como autos eléctricos y turbinas eólicas por construirse, ya que los existentes no se verán afectados por una falta de minerales. A diferencia de los vehículos a combustión, por ejemplo, los autos eléctricos que ya funcionan pueden hacerlo durante la vida útil de la batería, que puede oscilar entre 10 y 20 años, y no se ve afectada por la falta de nuevos suministros de minerales   

Soluciones para la disponibilidad de minerales  

Respondiendo al escenario futuro, los expertos de la IEA aseguran que es necesario tomar una serie de medidas para asegurar la disponibilidad de minerales. Por un lado, es esencial generar conciencia en los países para invertir en el desarrollo de minas y por otro, es crucial desarrollar tecnologías más eficientes con el uso de minerales críticos. En lugar de depender o poner toda la apuesta en los minerales de la transición energética, encontrar alternativas que sean menos dañinas para los suelos y el agua, como la biomasa. 

El reciclaje también es un elemento importante que alivia la presión sobre el suministro primario. Harald Gottsche, Presidente y CEO de BMW Group Planta San Luis Potosí en México, explicó en una entrevista exclusiva para Diálogo Chino cómo la empresa quiere reducir su impacto en toda la cadena de distribución.

“La circularidad inicia desde el diseño del producto, con el uso de materiales secundarios en nuestras cadenas de valor, así como con el reciclaje de vehículos de BMW Group al final de su ciclo de vida”, explica Gottsche. Por ello, en los planes a futuro próximo de la empresa, está disminuir el uso de cobalto en los cátodos de su actual generación de baterías a menos del 10 %. 

“Nuestra más reciente generación de motores eléctricos se construye sin utilizar tierras raras”, agrega Gottsche. Otras grandes empresas como Samsung y Tesla están optando por cambiar el uso de baterías con cobalto.

En los próximos años, la realidad de esta demanda se verá con más fuerza. En cualquier escenario, las energías renovables son esenciales para mantener la temperatura a raya, de lo contrario, según el reporte de 2022 del IPCC, partes del planeta serán inhabitables para 2050. La apuesta, por tanto, también está en aumentar el uso de combustibles alternativos, como el hidrógeno, o biomasa, apunta la Organización de Naciones Unidas que son menos demandantes de minerales. 

Alejandra Cuéllares editora de Diálogo chino para México y América Central.

Andrea Fischer es una escritora mexicana de narrativa, ensayo y artículo periodístico. Actualmente se desempeña como content manager de la revista National Geographic en español.

Fuente: https://dialogochino.net/es/actividades-extractivas-es/53160-del-petroleo-a-los-minerales-la-nueva-dependencia-de-la-transicion-energetica/

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Domingo, 10 Abril 2022 06:21

Terapia de shock para los neoliberales

Buquetanque en un depósito de combustible para calefacción cerca de la refinería de BP Gelsenkirchen, en Alemania. Después de que la UE prohibió la importación de carbón ruso, el mercado teme que el embargo llegue al gas y el petróleo.Foto Afp

Los efectos colaterales de la invasión de Ucrania por parte de Rusia nos han recordado las alteraciones imprevisibles que constantemente enfrenta la economía global. Nos han enseñado esta lección muchas veces. Nadie podría haber previsto los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y pocos anticiparon la crisis financiera de 2008, la pandemia de covid-19 o la elección de Donald Trump, cuyo resultado fue que Estados Unidos se volcara hacia el proteccionismo y el nacionalismo. Incluso quienes sí anticiparon estas crisis no podrían haber dicho con precisión cuándo ocurrirían.

Cada uno de estos acontecimientos ha tenido enormes consecuencias macroeconómicas. La pandemia nos hizo tomar conciencia de la falta de resiliencia de economías aparentemente robustas. Estados Unidos, la superpotencia, ni siquiera podía producir productos simples como mascarillas y otros dispositivos de protección, mucho menos artículos más sofisticados como tests y respiradores. La crisis nos hizo entender mejor la fragilidad económica, al repetir una de las lecciones de la crisis financiera global, cuando la quiebra de una sola firma, Lehman Brothers, desató (https://bit.ly/37rR9DI) prácticamente el colapso de todo el sistema financiero global.

De la misma manera, la guerra del presidente ruso, Vladimir Putin, en Ucrania está agravando un incremento (https://bit.ly/3rebUJY) ya preocupante de los precios de los alimentos y la energía, con ramificaciones potencialmente graves para muchos países en desarrollo y mercados emergentes, especialmente aquellos cuyas deudas se han disparado durante la pandemia. Europa también es profundamente vulnerable, debido a su dependencia (https://bit.ly/3LSz5le) del gas ruso –un recurso del cual economías importantes como Alemania no pueden desprenderse rápidamente o sin costos. A muchos les preocupa, y con razón, que esa dependencia atenúe la respuesta a las acciones atroces de Rusia.

Esta situación particular era previsible. Hace más de 15 años, en Making Globalization Work (https://bit.ly/3KwTCvq), yo preguntaba: “¿Cada país simplemente acepta los riesgos [de seguridad] como parte del precio que enfrentamos por una economía global más eficiente? ¿Europa simplemente dice que si Rusia es el proveedor más económico de gas entonces deberíamos comprarle a Rusia más allá de las implicaciones para su seguridad…?” Desafortunadamente, la respuesta de Europa fue ignorar los peligros obvios en búsqueda de réditos a corto plazo.

Detrás de la falta actual de resiliencia está el fracaso fundamental del neoliberalismo y del marco de políticas que sustenta. Los mercados por sí solos tienen una visión de corto alcance y la financiarización de la economía los ha vuelto aún más miopes. No se hacen plenamente responsables de riesgos claves –especialmente aquellos que parecen distantes– incluso cuando las consecuencias pueden ser enormes. Asimismo, los participantes de mercado saben que cuando los riesgos son sistémicos –como fue el caso en todas las crisis mencionadas más arriba– los responsables de las políticas no pueden sentarse tranquilamente a ver cómo suceden los hechos.

Precisamente porque los mercados no se responsabilizan plenamente de esos riesgos, habrá muy poca inversión en resiliencia, y los costos para la sociedad terminan siendo aún mayores. La solución que se propone comúnmente es "cuantificar" el riesgo, obligando a las empresas a asumir un porcentaje mayor de las consecuencias de sus acciones. La misma lógica dictamina que contemplemos las externalidades negativas como las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin un precio al carbono, habrá demasiada contaminación, un uso excesivo de combustibles fósiles y muy poca inversión e innovación verdes.

Pero cuantificar el riesgo es mucho más difícil que ponerle un precio al carbono. Y si bien otras opciones –políticas y regulaciones industriales– pueden hacer mover a una economía en la dirección correcta, las "reglas del juego" neoliberales han hecho que las intervenciones para mejorar la resiliencia sean más difíciles. El neoliberalismo se predica en base a una visión fantasiosa de empresas racionales que buscan maximizar las ganancias a largo plazo en un contexto de mercados perfectamente eficientes. En el régimen de globalización neoliberal, se supone que las empresas compran a la fuente más barata y si las empresas individuales no asumen correctamente el riesgo de depender del gas ruso, se supone que los gobiernos no tienen que intervenir.

Es verdad, el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC) incluye una exención de seguridad nacional (https://bit.ly/3rc9Y50) que las autoridades europeas podrían haber invocado para justificar intervenciones destinadas a limitar su dependencia del gas ruso. Pero, durante muchos años, el gobierno alemán pareció ser un promotor activo de la interdependencia económica. La interpretación bondadosa de la posición de Alemania es que esperaba que el comercio domara a Rusia. Pero desde hace mucho tiempo hay un tufillo a corrupción, personificada por Gerhard Schröder, el canciller alemán que presidió instancias críticas del involucramiento cada vez más profundo de su país con Rusia y luego pasó a trabajar para Gazprom (https://on.ft.com/3v6au5n), el gigante del gas de propiedad del estado ruso.

El desafío ahora es establecer normas globales apropiadas con las cuales distinguir un proteccionismo total de respuestas legítimas a la dependencia y a cuestiones de seguridad, y desarrollar las correspondientes políticas domésticas sistémicas. Esto exigirá una deliberación multilateral y un diseño de políticas cuidadoso para impedir acciones de mala fe como el uso de las cuestiones de "seguridad nacional" por parte de Trump para justificar aranceles (https://≠bit.ly/3rc0nuU) a los automóviles y al acero canadienses.

Pero el punto no es simplemente retocar el marco de comercio neoliberal. Durante la pandemia, miles de personas murieron innecesariamente porque las reglas de propiedad intelectual de la OMC prohibían (https://bit.ly/3rcnKnW) la producción de vacunas en muchas partes del mundo. En tanto el virus siguió propagándose, adquirió nuevas mutaciones, lo que lo hizo más contagioso y resistente a la primera generación de vacunas.

Claramente, ha habido demasiado foco en la seguridad de la IP, y muy poco en la seguridad de nuestra economía. Necesitamos empezar a repensar la globalización y sus reglas. Hemos pagado un precio alto por la ortodoxia actual. La esperanza ahora reside en prestar atención a las lecciones de los grandes shocks de este siglo.

Por Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor en la Universidad de Columbia y miembro de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional

Copyright: Project Syndicate, 2022.www.project-syndicate.org

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Biden ya había liberado 50 millones de barriles en noviembre.. Imagen: EFE

Un millón por día durante seis meses

El gobierno estadounidense busca de ese modo contener la suba de los combustibles. La decisión provocó una fuerte baja del crudo WTI que retrocedió 7 por ciento y cerró apenas por encima de los 100 dólares. El Brent cayó 4,9 por ciento y cerró a 107,9 dólares.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció este jueves que volcará al mercado un millón de barriles de petróleo por día durante seis meses procedentes de las reservas estratégicas para intentar contener la cotización del barril. La decisión provocó una fuerte baja del crudo WTI que retrocedió 7 por ciento y cerró apenas por encima de los 100 dólares. El Brent cayó 4,9 por ciento y cerró a 107,9 dólares.

“La magnitud de la medida no tiene precedentes: nunca en el mundo se han liberado reservas a ese ritmo durante tanto tiempo. Esta salida récord servirá de puente hasta fin de año, cuando se consolide el aumento de la producción nacional”, informó la Casa Blanca a través de un comunicado.

La liberación de reservas –en este caso 280 millones sobre un total de 600 millones de barriles de petróleo crudo almacenados en cavernas de sal subterráneas en Louisiana y Texas-- generalmente tiene un efecto limitado en los precios debido a la cantidad de petróleo que se puede liberar a la vez, pero Biden busca que como una señal política de que continúa enfrentando el problema.

El presidente de Estados Unidos les reclamó además a las petroleras que no se conformen con sus beneficios record e incrementen la producción. Las compañías tienen previsto elevar la producción de crudo en un millón de barriles por día durante este año, y en otros 700.000 durante el próximo, pero la Casa Blanca considera que hay algunas que no están haciendo su aporte. Por eso a aquellas que obtuvieron licencias de explotación pero no están operando se les advirtió que “tendrán que empezar a producir o pagar por su inactividad”.

No es la primera vez que Biden vuelca al mercado barriles provenientes de las reservas estratégicas. En noviembre del año pasado liberó 50 millones de barriles también para intentar contener los precios. Ahora esa cifra se eleva en total a 280 millones en medio del impacto provocado por la invasión rusa en Ucrania.

A principios de año, el galón (3,8 litros) de combustible en Estados Unidos costaba 3,30 dólares, mientras que en estos días se ubicó en entorno de los 4,20 dólares, un alza de casi un dólar.

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La guerra en Ucrania afecta más a los países pobres

Todas las guerras tienen una lógica de suma negativa, un esquema perverso perder-perder, pero en el caso del conflicto en Ucrania, después del propio país invadido, los más afectados son los países en desarrollo, su economía vulnerable, y especialmente el costo de los alimentos básicos. Son los daños colaterales que suelen ser eclipsados por la destrucción directa in situ.

Por supuesto, hay que deplorar y condenar en primer lugar la pérdida de vidas humanas, la destrucción de los hogares, el éxodo masivo y la pérdida de la tranquilidad de los millones de ucranios que hoy sufren los horrores de la guerra y los fríos cálculos de la geopolítica mundial.

Enseguida hay que hacer conciencia de la amenaza reactivada sobre la existencia de toda la humanidad, por el resurgimiento del riesgo de una conflagración nuclear universal, como comentamos en este espacio de reflexión.

No obstante, también debemos evidenciar, y buscar revertir, el enorme daño que la guerra en Ucrania está teniendo en la economía mundial, y muy en particular en las ya de por sí difíciles condiciones de vida de los países en desarrollo, comenzando por lo más indispensable: los alimentos.

En efecto, el precio del trigo y otros productos básicos se ha disparado, lo que significa una amenaza para las personas más pobres de los países en desarrollo. Es una vida alterada por una vía distinta a la agresión física, pero una afectación real que también puede ser letal.

Ucrania es el tercer exportador de trigo y maíz del mundo. El precio del primero, sobre todo, ha subido cada día hasta alcanzar sus máximos históricos. En la bolsa de valores de Chicago, el lugar más importante para el comercio de los productos agrícolas, ese grano cuesta ahora 50 por ciento más que antes del ataque ruso a Ucrania.

La razón es muy simple: el enorme peso específico de los dos contendientes en el mercado mundial de suministro de ese cereal básico, Rusia y Ucrania, juntas tienen una enorme cuota de aproximadamente un tercio del consumo mundial, según Matin Qaim, director del Centro Alemán de Investigación para el Desarrollo.

Como explica el experto mundial en economía agrícola, el impacto en el mercado de los cereales apenas empieza, pues la mayor parte procedente de Rusia y de Ucrania se exporta en verano y otoño, así que los grandes problemas aún están por llegar.

Rusia también es un importante productor de potasio, elemento utilizado en los fertilizantes, lo que repercute directamente en el costo de los insumos del proceso productivo de los alimentos básicos.

Este conflicto bélico, pues, hará que el precio del trigo suba aún más, lo que será un gran problema para países en desarrollo que dependen de las importaciones de este tipo de alimentos. Líbano y Egipto importan la mayor parte de sus alimentos básicos, a menudo entre 70 y 90 por ciento. Kenia también depende de las compras de trigo al exterior, hasta en 80 por ciento.

En América Latina también habrá serias afectaciones. Los exportadores de plátano en Ecuador, los productores de carne en Colombia y los importadores de fertilizantes en Brasil enfrentan un problema similar. La invasión de Rusia en Ucrania ha puesto en riesgo la cadena de valor y los ingresos de millones de personas.

Ambos países compraban casi la cuarta parte de los plátanos que exporta Ecuador, pero con la devaluación de la moneda rusa y la crisis en esas economías, la importación se ha visto afectada y podría ser interrumpida.

Brasil adquiere cada vez más fertilizantes de Rusia para sembrar soya y otros productos, y tendrá muchas dificultades para satisfacer las necesidades de este insumo para su producción agrícola.

En el análisis global, el aumento de la inflación es uno de los mayores efectos indirectos de la guerra en América Latina. De la inflación se derivarían problemas más graves, por lo que para Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del Centro de Estudios Wilson Center, en la región hay un fuerte descontento y podrían estallar protestas a gran escala en cualquier momento y en cualquier lugar.

De manera específica, en México, el acero ocupa el segundo lugar entre los productos rusos más exportados a Latinoamérica, y es nuestro país el que más lo compra.

Rusia, al ser un importante productor de aluminio y paladio –elemento que se usa en los convertidores catalíticos– pudiera afectar las cadenas de producción de la industria automotriz, un escenario que repercutiría en México.

De acuerdo con expertos, ante el incremento mundial del precio de los energéticos, el costo para las finanzas públicas de mantener el precio de las gasolinas podría ascender en el año a más de 200 mil millones de pesos. Frente a la incertidumbre suscitada por la guerra, el Banco de México redujo de 3.2 a 2.4 por ciento su estimación de crecimiento para la economía mexicana en 2022. De igual manera, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos recortó su previsión de crecimiento de 3.3 a 2.3 por ciento.

En suma, es imperativo construir una solución civilizada a la guerra entre Rusia y Ucrania, por el bien de los directamente afectados, por los riesgos de una conflagración mundial de escala nuclear y por la economía de los más pobres.

por José Murat, presidente de la Fundación Colosio

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"Los precios de la gasolina son demasiado altos, nos destruyen" protesta de camioneros en Alemania.Foto Ap

En los supermercados se nota la falta de productos básicos // El gobierno acusa un boicot de la extrema derecha

 Madrid. Son farmacias de barrio, hoteles que no pertenecen a las grandes cadenas, fábricas pequeñas y medianas que no tienen el soporte financiero de los bancos, carnicerías y pescaderías al borde de la quiebra, así como miles de trabajadores autónomos que van subsistiendo a duras penas. Son la cara de la desesperación que ha generado la crisis energética que sufre España desde hace algo más de un año y medio y que se ha agudizado a raíz de la guerra en Ucrania. Y ahora, en mitad del desastre y el caos se han sumado al descontento social la protesta de los camioneros que provoca el desabastecimiento de productos básicos en algunas regiones; por ejemplo, en ciudades de la importancia de Sevilla y Córdoba, la mayoría de las pescaderías y carnicerías no pudieron abrir al no tener nada que vender. Lo mismo ocurre en muchos supermercados, en los que empieza a haber carencia de productos básicos como leche, aceite, arroz y harina.

"Es ya una situación insostenible, a muchos de nosotros nos sale más rentable cerrar la cortina que trabajar a pérdidas. Y el gobierno no hace nada, está fuera de la realidad", señaló a La Jornada Miguel Rozas Urbina, un farmacéutico que explicó en números sencillos el grado de su desesperación: paga 40 por ciento más de electricidad, mientras la gasolina se ha puesto por las nubes (nunca antes se había pagado 2 euros por litro), los productos básicos están cada día más caros y encima se anuncia un inminente incremento de impuestos para los trabajadores autónomos.

"Así, sencillamente, no hay quien aguante. Lo más sorprendente es que un gobierno que se dice sensible a lo que necesitamos las personas ni nos escucha ni es capaz de ponerse en nuestra piel."

El precio de la luz en España llegó hace sólo dos semanas a más de 500 euros el megavatio hora (MWh) y en algunos tramos horarios, los de más uso, alcanzó 700 euros. Son cifras que pone contra las cuerdas a buena parte de la industria, el comercio pequeño y mediano del país, que no es capaz de aguantar un incremento de más de 700 por ciento respecto de lo que se pagaba hace menos de dos años y cuyas consecuencias, ya devastadoras, no se han mitigado con las medidas aprobadas hasta ahora por el gobierno de coalición del socialista Pedro Sánchez, apoyado por su partido, el PSOE, y por la coalición de Unidas Podemos (UP).

Si el precio de la luz estaba sin control desde hace más de un año y medio, ahora, con la guerra en Ucrania, la situación empeora sensiblemente; la tarifa eléctrica se dispara, los hidrocarburos están por las nubes, la inflación supera 7.5 por ciento (el peor registro en tres décadas) y el temor a un recrudecimiento del conflicto genera más incertidumbre a inversionistas, en el mercado financiero y el consumo.

El presidente español, Pedro Sánchez, intenta ganar tiempo con una gira relámpago por varios países europeos para intentar convencerlos de adoptar medidas en común para paliar la crisis energética, que pretende resolver en el consejo de los altos representantes de la Unión Europea (UE) del próximo 29 de marzo para fijar un tope máximo del precio de la electricidad, que sería de 180 euros el MWh, una cifra impensable hace sólo unos meses. Pero la mayoría de los países, como Alemania, Francia, Italia y Polonia, ya han adoptado por su cuenta medidas para aliviar la grave situación que se vive en su tejido productivo, como subvenciones temporales para asumir el alto costo de los hidrocarburos o una intervención directa en el mercado energético.

El problema que tienen España y Portugal es que la liberalización de la electricidad es absoluta y que la dependencia en la iniciativa privada es total, por tanto, sólo tienen la llave de los impuestos para reducir el precio y hasta el momento se niegan a reducirlos más de lo que ya lo han hecho desde que empezó la crisis.

Huelga de camioneros

A la crisis social producto de los altos costos de la energía eléctrica se suma un nuevo factor de desestabilización: la huelga de los trabajadores del transporte, los camioneros, quienes llevan más de dos años solicitando cambios en sus estatutos de trabajo y una reunión con los representantes del gobierno que les niegan de forma sistemática.

A diferencia de otros sectores, en los que se han aprobado ayudas o compensaciones por la crisis estructural que vive la economía, a este sector no se le ha atendido ni se han aprobado medidas específicas para reducir sus cada vez más abultadas pérdidas económicas.

El resultado de ese desencuentro es la huelga que se vive en estos días, la cual provoca escasez de productos básicos en el supermercado, como leche (de hecho el sector lácteo español decidió paralizar varios días su actividad hasta que se resuelva el conflico), arroz, harina, aceite, carne y pescado.

El gobierno acusó a los camioneros de ser utilizados por "la extrema derecha" y de formar parte de una "estrategia de Vox". Estas acusaciones soliviantaron la situación, a pesar de que es verdad de que uno de los sindicatos minoritarios de los trabajadores del transporte está vinculado directamente a Vox. Si el diálogo era precario, ahora está roto por completo.

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Un hombre reposta combustible en una gasolinera, a 24/02/2022. — Alberto Ortega / EUROPA PRESS

La Agencia Internacional de la Energía destaca que "los gobiernos mantienen sus amplios subsidios al combustible fósil para hacer su acceso lo más cómodo posible". Y lo que es peor: no tiene visos de que esta poderosa industria vaya a permitir una transición energética pacífica.

 

Los datos no pueden revestirse de mayor oficialidad. Corresponden al último diagnóstico anual de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, según sus siglas en inglés) y han sido viralizados a través de Visual Capitalist, el portal especializado en infografía de mercados. Tampoco invitan al optimismo. Todo lo contrario. Porque, de hecho, los propios expertos de la IEA, la institución multilateral creada en 1974 para asegurar el abastecimiento tras la crisis del petróleo de los primeros años setenta y que ahora, además, ha adquirido el rol de organismo de supervisión de la energía en el mundo, dejan una lectura crítica de gran profundidad. Esencialmente, porque se produce en un momento crucial, cuando la hoja de ruta hacia las emisiones netas cero para 2050 habían adquirido notoriedad en las agendas reformistas y los Green New Deals circulaban ya con sus propias taxonomías.

"Con el consumo energético siendo especialmente vital para los núcleos familiares y las empresas, los gobiernos mantienen sus amplios subsidios al combustible fósil para hacer su acceso lo más cómodo posible", explican. Antes de precisar que estas ayudas no contribuyen precisamente a la transición energética que necesita el planeta. 

Estos subsidios -enfatiza la IEA- "reducen artificialmente el precio de los carburantes de origen fósil"; generalmente, a través de dos formas. Por un lado, con deducciones o ventajas fiscales e, incluso, pagos directos que rebajan los costes de producción del carbón, del petróleo y del gas. Y, por otro, por medio de un abaratamiento de los precios finales al consumidor; de manera más concreta, mediante un control del valor final, entre otras medidas intervencionistas.

"Cada año, los gobiernos de todo el mundo destinan casi la mitad de sus arsenales fiscales a subsidiar sus industrias fósiles". En la última década -o, para ser más precisos, los once años que han marcado el intervalo entre las dos grandes crisis, la financiera de la quiebra de Lehman Brothers, y la de la covid-19 que dio lugar a la gran pandemia-, cinco billones de dólares. Cifra similar a la capacidad de producción anual del tercer PIB del planeta, el de Japón.

El petróleo, la electricidad y el gas, al que la IEA sigue considerando en su lista negra de fuentes de emisiones contaminantes, absorben, por este orden, y en todos y cada uno de los ejercicios, los mayores privilegios de las inyecciones monetarias estatales. A diferencia de la UE, que acaba de incluir al gas natural -y a la nuclear- en su taxonomía verde, pese a las quejas sociales y de organizaciones ecologistas. En medio del tsunami energético creado ya desde finales del verano por la escalada de las tarifas energéticas impulsadas desde el negocio gasístico por los primeros cierres graduales del grifo ruso hacia los socios nórdicos y del centro del mercado interior de la UE y que se agravó en otoño con las réplicas de los cuellos de botella del comercio y en el tráfico logístico internacional. Hasta el punto de propiciar una espiral inflacionista desconocida en más de cuatro décadas entre las potencias industrializadas y China, el principal mercado emergente y una economía altamente energético-dependiente.

Los subsidios fósiles cayeron a los niveles más bajos de la pasada década en 2020 por el parón de la actividad global derivado de la covid-19 que llevó aparejado una interrupción del consumo de energía y la depresión de la cotización del crudo. Sin embargo, dos años después, la IEA revela que el rearme de ayudas a la industria fósil fue más que notable en 2021, con un incremento del 142%, hasta superar los 440.000 millones de dólares.

acaparó casi la mitad de los subsidios de la pasada década, con más de 2 billones de dólares entre 2010 y 2020. Y, junto a la electricidad y el gas, se beneficiaron el 75% de ayudas estatales a carburantes contaminantes.

Unos 11 millones de dólares por minuto

Desde el FMI se aporta otra cifra estremecedora al debate sobre la contumaz influencia de la Vieja Economía de producción fósil -en alusión a las grandes petroleras, pero también a firmas altamente contaminantes del sector ajenas a las supermajors- con la que la industria, a juicio de analistas como Jeff Currie, de Goldman Sachs, había emprendido una auténtica "revancha" para frenar los avances hacia la neutralidad energética.

A juicio de Currie, la escalada del precio de la luz y la espiral inflacionista posterior, perfilada con un barril de crudo por encima de tres dígitos, como auguró y acertó en octubre, "surgen por los clásicos problemas de la producción fósil" que llevó a varios países como China y EEUU y algunos europeos a reactivar la extracción de carbón para contener el rally alcista de la electricidad. Arrojando borrones a sus estrategias y a sus más recientes e incipientes regulaciones verdes.

El Fondo Monetario cifra en 11 millones de dólares por minuto el promedio de gasto en subsidios fósiles en todo el mundo. En esta década, según sus cálculos, las empresas de carbón, petróleo y gas se beneficiaron de una factura al portador de 5,9 billones de dólares.

Estos subsidios "añaden gasolina al fuego", admite el FMI. Y vienen a echar por tierra el escaso optimismo de la COP 26 de Glasgow, de reducir el daño climático a un aumento de la temperatura global de 1,5 grados centígrados en 2050. O a recortar las predicciones científicas que hablan de un aumento del 42% de las dolencias asociadas a las altas cotas de polución en el aire y al 29% de incremento de las olas de calor y otros fenómenos atmosféricos.

"Los precios subsidiados de estos carburantes no sólo debe ser una urgencia, sino que sus reformas legislativas, para acabar con ellos, deberían ya estar en los calendarios" de los gobiernos mundiales. La invasión de Ucrania, sin embargo, ha vuelto a enviar esta propuesta al cajón de los sueños eternos. Pese a que el FMI incide en que la idea de que benefician a la clase más desfavorecida "no es cierta". Más bien todo lo contrario, "favorecen a los hogares con más poder adquisitivo". Y recuerda el compromiso del G20 en 2009 de acabar con las "ineficientes" ayudas públicas en 2016, luego ampliado a 2025 por el G7. "Sin que parece que haya habido un progreso mínimo aconsejable".

Los expertos de la institución señalan que el precio del carbón en 2020 estuvo un 99% por debajo de su valoración de mercado, el diésel, un 52% y el gas natural, un 47%. Con cinco países -China, EEUU, Rusia, India y Japón- como responsables de las dos terceras partes de los subsidios mundiales. "Sin acciones concretas, las ayudas alcanzarán los 6,4 billones de dólares en 2025, alerta el FMI. Ian Parry, responsable de políticas medioambientales en el Departamento de Asuntos Fiscales del Fondo, es tajante en el planteamiento oficial de los organismos multilaterales: unos precios de mercado de los carburantes fósiles contribuirían a recortar emisiones de CO2; por ejemplo, en la aceleración del tránsito de la generación eléctrica procedente del carbón a otras fuentes de energías renovables. O a hacer los coches eléctricos más baratos y asequibles. Para Parry, los países se niegan a dar este paso por "temor a que puedan perder competitividad si los precios de estos carburantes se disparan".

Todo un aviso para navegantes en la tercera semana desde el comienzo de las hostilidades bélicas en Ucrania por la invasión rusa. Con IPC desbordados en los socios del euro, en EEUU, China o Reino Unido. Mientras a las eléctricas y a las energéticas en general les llueven los beneficios caídos del cielo.

María Pastukhova, del think tank e3g, enfatiza que el informe del FMI "es de obligada lectura, ya que apunta al meollo del que es el mayor de los defectos de la economía global". Pero también critica el hecho de que instituciones como la IEA "proyecten en su hoja de ruta oficial hacia las emisiones netas cero la necesidad de que se mantengan subsidios de cinco billones de dólares hasta 2030 para poder asegurar la transición energética". Es una colisión entre voces multilaterales. Porque este asunto ha sido "un tradicional foco de bloqueo" en el G-20 en los últimos años que supone, además, un avance de especial sensibilidad social.

Ipek Gençsü, analista de Overseas Development Institute, advierte de que cualquier reforma de los subsidios exigirá "apoyo a los consumidores vulnerables -sobre los que impactará en mayor medida su retirada-, así como a trabajadores vinculados a sectores de alta exposición", al tiempo que requerirá "campañas de información públicas para mostrar cómo revertirá este ahorro en servicios sanitarios, educativos o sociales". Es decir, facilitarían una redistribución más adecuada de la riqueza, precisa Gençsü.

En Europa, la contienda militar ha coincidido con la certificación del notable retardo acumulado en su itinerario hacia la sostenibilidad. Eurostat acaba de revelar que, en 2020, los combustibles fósiles todavía representaban el 70% de la energía bruta disponible, un punto por debajo de los registros del año precedente. Pese a retroceder 13 puntos desde 1990, la porción ganada por las renovables sigue mostrando una velocidad reducida. Con Malta (97%), Holanda (90%), Chipre (89%) e Irlanda (87%) y Polonia (86%) como los socios más dependientes.

La mayoría -entre ellos España-, con una cuota de entre el 60% y el 85%. Mientras, Suecia (31%), Finlandia (41%), Francia (48%) Letonia (57%) y Dinamarca, con un 59%, se situaban por debajo de la cota del 60%. Si bien España se encuadra dentro de los que más corrigieron su dependencia de fósiles entre 2019 y 2020. En cuatro puntos. Junto a Portugal, Letonia, Bulgaria y Luxemburgo y por detrás de Estonia -que lo hizo en siete puntos- y Dinamarca, en cinco.

Una tendencia que no parece vaya a mejorar. Dado que, en otro estudio de Eurostat, los socios de la UE, que presentaron la agenda ecologista más ambiciosa del planeta para convertir al Viejo Continente en el primero en alcanzar las emisiones netas cero, una década antes de 2050, han alcanzado los niveles de contaminación atmosférica previos a la Gran Pandemia. Ya en el tercer trimestre de 2021. Con 881 millones de toneladas de CO2. Tampoco, en una tercera ráfaga de datos, la oficina de estadística de la UE anuncia buenas cifras a la hora de valorar la aportación de las energías limpias a la calefacción y el aire acondicionado que se usa en el mercado interior y que sólo representa el 23% de la energía total empleada en estos servicios. Otro punto más en relación a 2019 y un salto modesto respecto al 12% de 2004.

 

13/03/2022 23:39

Por Diego Herranz

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¿Llegar a Marte en 45 días? Científicos desarrollan un sistema de propulsión láser que lo haría posible

La nave espacial conceptual requeriría un conjunto de láseres de 100 megavatios.

Científicos de la Universidad McGill (Montreal, Canadá) recogen en un reciente estudio el diseño de un sistema de "propulsión láser-térmica" que permitiría a los humanos llegar a Marte en apenas 45 días.

La NASA, que planea enviar una misión tripulada al planeta rojo a mediados de la década de 2030, prevé que un viaje de estas características duraría unos 500 días.

Sin embargo, los ingenieros de McGill creen que es posible reducir la travesía a poco más de seis semanas gracias a la propulsión de energía dirigida, que utiliza grandes láseres disparados desde la Tierra para entregar energía a una cámara de calentamiento de hidrógeno en la nave espacial y, de esta forma, impulsarla.

La nave acelera rápidamente mientras está cerca de nuestro planeta y, en el mes siguiente, recorre el largo camino hacia Marte. Para el aterrizaje se libera el vehículo principal y el resto de la nave es devuelto a la Tierra a fin de poder ser reciclado para el próximo lanzamiento.

La idea de la propulsión de energía dirigida ya había sido propuesta anteriormente por otros científicos en un proyecto que plantea el uso de láseres para enviar pequeñas sondas de velas ligeras a la estrella enana roja Próxima Centauri.

El sistema utiliza rayos láser para impulsar una nave espacial al espacio profundo a velocidades relativistas, una fracción de la velocidad de la luz. Cuanto más potente sea el láser, más rápido se puede acelerar la nave espacial.

"Estábamos interesados ​​en cómo la misma tecnología láser podría usarse para un tránsito rápido en el sistema solar", asegura Emmanuel Duplay, autor principal del reciente estudio.

La nave espacial conceptual creada por el equipo requeriría un conjunto de láseres de 100 megavatios y 10 metros de diámetro.

"Nuestro enfoque utilizaría un flujo láser mucho más intenso en la nave espacial para calentar directamente el propulsor, de forma similar a una caldera de vapor gigante", subraya Duplay.

El ingeniero también puntualiza que sería necesario "el desarrollo de materiales de alta temperatura que permitan a la nave espacial romper contra la atmósfera marciana al llegar".

Tecnología en pañales

El problema es que estas tecnologías aún se encuentran en sus etapas iniciales y solo han sido desarrolladas a nivel teórico, por lo que podrían no estar listas para la próxima década.

"La cámara de calentamiento por láser es, probablemente, el desafío más importante", concluye Duplay.

17 febrero 2922

 

¿Por qué es importante el litio para los saqueadores de Chile?

El miércoles se anunció la adjudicación de 160 mil de las 400 mil toneladas del llamado "oro blanco" que Piñera a poco de terminar su mandato, puso en licitación. La Izquierda Diario de Chile (parte de la Red Internacional) entrevistó al Biólogo Ambiental y Magister en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable Domingo Lara, quien explica la importancia mundial que tiene ese mineral y quienes son los saqueadores de la riqueza natural de ese país.

 

Chile tiene la mayor reserva mundial de este mineral, fundamental para diversas áreas productivas, sobre todo la electromivilidad. En sus últimos meses de gobierno, Piñera abrió una licitación para que los saqueadores de siempre de las riquezas naturales del país trasandino sigan beneficiándose.

¿Por qué genera tanto interés la extracción del litio en Chile?

Actualmente, Chile representa el 32 % de la producción global del Litio y posee la mayor reserva mundial ubicada en el Salar de Atacama, dentro de una cuenca en el desierto más árido del planeta, junto a Argentina y Bolivia forman el denominado Triángulo del litio.

El litio juega un rol fundamental para el desarrollo tecnológico principalmente para la elaboración de baterías, lo que, en el boom del uso de autos eléctricos, como respuesta ante los autos convencionales, como una tecnología limpia de emisiones de dióxido de carbono, amigable frente al cambio climático, pero detrás se esconde un gran negocio y la destrucción de un ecosistema único, como son los salares.

Esta perspectiva de electromovilidad ha generado un aumento creciente del precio del litio, durante 2020 cerca de dos tercios del litio fue utilizado en la fabricación de baterías de ion-litio. El Bank of American pronostica que el llamado oro blanco se cotizará en US$ 25.550 la tonelada en 2022, con un incremento de 61,5%.

Las principales empresas responsables de la extracción del litio en Chile son SQM y Albemarle. La primera, obtuvo ganancias por US$ 263,8 millones al tercer trimestre del 2021, lo que es un incremento de 170,5% en relación con el año pasado, esta empresa además es célebre por su rol en el financiamiento ilegal de la política y por ser del yerno de Pinochet Ponce Leru. Todo este mega negocio implica un enorme impacto social, ambiental y cultural sobre las comunidades y las condiciones.

¿Cuál es el impacto sobre el ecosistema, en particular sobre el agua?

La cuenca del Salar de Atacama donde está la principal reserva de litio del planeta, para obtenerlo se utiliza un método de extracción de salmuera y evaporación de grandes cantidades de agua en un ecosistema frágil, donde se combinan agua dulce en su margen este y un núcleo hidro salino, donde se encuentra la salmuera. De esta cuenca se extraen casi 2000 litros por segundo de agua en forma de Salmuera y sumado a alrededor de 2000 litros por segundo de agua fresca, afectando el ecosistema. Esto lo hace la gran minería SQM, Albemarle en el litio, pero también Minera Escondida y Zaldívar, extraen agua dulce.

Pese a que hay varias zonas que tienen reconocimiento por su importancia ambiental, Reserva Nacional Los Flamencos, Sistema Hidrológico de Soncor (sitio Ramsar), Valle de la Luna (santuario de la Naturaleza), sólo hay un área bajo Protección Oficial perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado, que es la Reserva Nacional Los Flamencos. Este sitio posee una superficie de 20.806 hectáreas, equivalentes apenas al 1,3% de la cuenca, hábitat de Parinas, (flamencos).

El núcleo del salar es un sitio que es considerado único por su ecología microbiana, que habita la costra salina, en condiciones que son producto de millones de años de evolución, que con el impacto hídrico y la intervención extractivista se dañan de forma irreversible.

El agua también ha significado un impacto cultural y social para los pueblos que habitan alrededor del Salar, su agricultura y necesidades hídricas básicas, se han visto mermadas, y los habitantes originarios, Licanantay han visto afectado su modo de vida, se ha sembrado la desigualdad y dañado sus prácticas ancestrales.

¿Cuál ha sido la política frente a esta situación de los distintos gobiernos y qué opinas de la respuesta del presidente electo Gabriel Boric frente a esta problemática?

Todos los gobiernos post dictadura lo único que han hecho es fomentar el saqueo, si bien hay impuestos y ciertas regulaciones, son finalmente las propias empresas extractivistas las que monitorean las variables ambientales.

Ya es más que conocido el rol de SQM en el financiamiento ilegal de la política, con implicados tanto de la derecha como de la ex concertación, el simple hecho de que esta empresa la maneja el yerno de Pinochet ya es algo que muestra la impunidad con la que se actúa.

En el Caso del próximo gobierno de Boric, si bien hay mucha gente que tiene expectativas, estas se han venido desinflando porque el mismo Boric y su equipo se han encargado de hacerlo, y es que su propio encargado de minería afirmó que no se puede hacer nada contra la licitación.

Pero el problema de fondo es que su proyecto de campaña de una empresa nacional del litio, sin expropiar parte de las actuales cuotas de extracción y sin cambiar la relación con las comunidades y sus trabajadores, donde sean estos actores quienes decidan sobre la producción y la protección del salar, es sumar un actor más a la depredación ambiental.

¿Es reversible esta situación, se puede hacer algo ante esto?

Hasta ahora tanto el Frente Amplio, el Partido comunista y la ex Concertación han decretado medidas para revertir esta licitación, dijeron que la oposición insistiría por vía judicial, con un recurso de protección, por vía administrativa a contraloría y por la vía legal con el proyecto de ley del Partido Comunista y la Democracia Cristiana.

El problema es que la única fuerza que puede frenar esto, es la organización de las comunidades y los trabajadores, así como se paró HidroAysén en el Sur, o como se ha protestado contra diversos proyectos extractivistas, esta es la vía que realmente permitirá no solo frenar esta licitación si no avanzar en el anhelo de nacionalizar el litio y que sean las comunidades y los trabajadores quienes decidan cómo proteger el salar sin ningún tipo de chantaje económico, al servicio de esto debemos estar quienes nos preocupa el medio ambiente y hemos estudiado el salar.

Es un buen símbolo que en la convención, más de 15 mil personas apoyaron la iniciativa de norma de la nacionalización del litio el cobre y el oro, pero es fundamental pasar del debate a lograr cambiar realmente esta situación y para esto debemos organizarnos.

Viernes 14 de enero

Publicado enInternacional
Viernes, 17 Diciembre 2021 05:10

Las cadenas rotas de la globalización

Byron Maher Sancho R. Somalo

La crisis de los contenedores, la subida de precios en el transporte por mar o los desajustes entre la oferta y la demanda muestran el comienzo del fin del sistema de producción global de las últimas décadas.

 

Cerca de 6,7 millones de dólares por minuto. 400 millones a la hora. 9.600 millones al día. Esa fue la pérdida para el comercio internacional provocada por el atasco durante algo más de una semana del megacarguero Ever Given en el Canal de Suez en marzo de este año, según el medio especializado en comercio marítimo Lloyd’s List.

Las alarmas del comercio mundial saltaron y se leyeron noticias difíciles de creer. En los días siguientes, una empresa italiana de bicicletas anunciaba que retrasaría su producción un año, componentes de coche que no llegaban pusieron en jaque a la industria, grandes cadenas de supermercados como Costco o WallMart anunciaban posibles desabastecimientos de algunos productos. Todo ello mientras una grúa que parecía diminuta frente al enorme casco del Ever Given, convertida en meme en redes sociales, escenificaba un capitalismo obsoleto y asustado ante un problema que colapsaba el comercio mundial. Una cadena logística de valor que se paralizaba y mostraba sus grietas. Un barco poniendo en jaque a la globalización.

La cadena en el mar

El 90% de las mercancías que se consumen en todo el globo viaja en buques cargueros dentro de ese objeto que se ha hecho seña e identidad del comercio internacional: los contenedores. El negocio marítimo se ha cuadruplicado desde 1970 y aún continúa creciendo, según un informe de la Organización Marítima Internacional. Unas décadas en las que esos buques y contenedores han incubado “el nacimiento de la globalización”, según afirma la escritora y periodista Rose George en su libro Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato (Capitán Swing, 2014). En el libro, George narra su viaje en uno de esos cargueros acompañando a la tripulación y a unos cuantos cientos de contenedores desde Rotterdam a Singapur, pasando por el propio Canal de Suez donde, según narra, “los paquetes de Marlboro eran la mejor forma de evitar sanciones por parte de las autoridades egipcias del canal”.

Pero el barco atascado, al igual que los memes que produjo, era una broma comparado con la gran crisis logística global producida por el de­sajuste entre la oferta y la demanda tras la pandemia. Pese a llenar titulares tan rimbombantes como “la crisis de los contenedores”, las causas de que se esté hablando de desabastecimiento de productos en las estanterías donde la gente buscará sus regalos navideños, o de que la inflación esté alcanzando cotas que no se veían desde la crisis del petróleo de los años 70, siguen sin estar claras. O, por lo menos, siguen abriendo algunos debates.

Para el profesor de logística de la Universitat Oberta de Catalunya Cristian Castillo, el origen de esta crisis de la logística tiene varias dimensiones. La primera, como es lógico, es la pandemia. “En China, con un solo caso de covid en una fábrica o en un puerto, cerraban todo y mandaban a todo el mundo a casa”, explica. “Pero la economía se abrió casi de un día para otro y la demanda se volvió a reactivar de una manera exponencial”, añade. Aquellos cierres en las factorías y puertos en China chocaron con una población ávida de gastar tras meses de encierro: ahí se produjo el gran desajuste entre oferta y demanda.

Y no solo la producción ha sido incapaz de seguir la estela de las compras, tampoco la logística. Barcos repletos de contenedores esperando a entrar en los principales puertos europeos y americanos. Contenedores esperando a camioneros que los distribuyan tierra adentro. Compras que se convierten casi en subastas donde el mejor postor consigue esos lotes o contenedores que le facilitarán llenar sus estanterías o no paralizar su cadena de montaje. Y, tras el problema de ida, llega el de vuelta: los contenedores que se amontonan en los puertos de Europa o América no encuentran mercancías con las que llenarse y volver a Asia, algo que ha agravado esta crisis. En China no llegan contenedores llenos ni vacíos suficientes para volver a cargar los buques de mercancías. Más atasco, más embudo, más costes enviarlos y recuperarlos, todo acaba siendo más caro. Castillo, además, ve un “efecto látigo” provocado por fabricantes y proveedores que habían paralizado su producción y ventas: ahora realizan más pedidos de los que se puedan vender y causan un efecto en la cadena de suministros que incrementa, más todavía, ese desajuste entre la demanda y la oferta. Esta demanda impulsada por la recuperación económica, además, tiene un combustible extra que no tuvo en otras ocasiones: los estímulos económicos inyectados por los gobiernos y los bancos centrales. “En esta ocasión, comparada con la crisis de hace diez años, se han aplicado estímulos económicos que han provocado que la recuperación sea más rápida y bastante fuerte”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, profesor de la Universidad Camilo José Cela. Pero esa recuperación produce un desequilibrio: “Ha impulsado mucho la demanda, pero la oferta, por lo menos a corto plazo, no es capaz de seguirla porque la capacidad de producción instalada en el mundo, que venía de una década de demanda estancada, no soporta esa recuperación tan fuerte”.

El segundo origen de la crisis que señala Castillo es la estrategia geopolítica de China: su proteccionismo e impulso del consumo interno frente a las exportaciones. Según el profesor, “el gigante asiático está prefiriendo promover su desarrollo económico mediante el consumo interno y eso significa que también acapara materias primas”, lo que podría estar también causando esos cuellos de botella y encarecimiento de muchos de esos componentes.

¿Desglobalización?

En la tercera dimensión del problema que señala Castillo coinciden todas las fuentes consultadas: hemos confiado todo a la globalización y ahora nos está mostrando sus fallos y grietas. Dentro de esas nuevas reglas impuestas sobre el comercio global y la reconfiguración productiva y logística, una ha sido determinante, la deslocalización industrial: “Durante décadas, el continente europeo ha permitido que la producción se vaya a Asia, aquí nos hemos quedado como meros diseñadores”, lamenta Castillo.

Todavía hoy se enseña en las facultades de Economía que “la liberación del comercio mundial es positiva porque permite la especialización de los países en su ventajas comparativas” o “la concepción de estas cadenas logísticas o de suministro como meras redes comerciales que pueden ajustarse fácilmente a oferta y demanda”. Todos ellos son factores que, según Roy Cobby, investigador predoctoral en el King’s College de Londres, “parten de unos cimientos con poca base empírica” y componen un discurso económico dominante. Asimismo, el investigador señala que todos estos problemas son “manifestaciones de las disfunciones profundas de la globalización contemporánea, basadas en la desigualdad clave de la división mundial del trabajo”. Todo esto ha permitido que las multinacionales “hayan construído una arquitectura competitiva perversa, cada vez más concentrada y resguardada de posibles amenazas, y donde sus proveedores se enfrentan a nivel mundial a una carrera desesperada por recortar gastos y obtener contratos”, lamenta el investigador. De ese 90% de materias que viajan por barcos hasta nuestras mesas o estanterías, el 80% sale de puertos de Asia. Ocho de los diez puertos principales del mundo están en China. La “fábrica del mundo” tiene la sartén por el mango y los países que basaron su consumo en el Made in China, al mismo tiempo que desindustrializaban sus territorios, ahora ven cómo esas grietas y roturas en las cadenas de valor pueden paralizar sus fábricas o incrementar su inflación poniendo en riesgo la recuperación económica. El aleteo de una mariposa en China, o de un murciélago, provoca un ERTE en la Ford de Almussafes o unos niveles de IPC no vistos en 35 años. Y el problema ya iba mostrando señales desde hace años.

La actual crisis no ha arrancado este proceso de fallos en la globalización, solo lo ha acelerado y hecho más evidente. Antes incluso de la pandemia y el atasco del Ever Given en Suez, un conflicto internacional arrancado por un nuevo habitante de la Casa Blanca puso en jaque la globalización: la guerra comercial de Trump con China. Cuatro décadas de aperturas de mercados y eliminación de barreras comerciales y arancelarias se veían entorpecidas por aranceles a productos asiáticos o por los vetos a compañías chinas.

EE UU rompía la baraja en un juego en el que ellos se habían encargado de liderar y configurar sus reglas. “Estados Unidos estaba muy cómoda con una globalización liderada por ellos donde China se inserta de manera amistosa como esa fábrica del mundo”, explica Vázquez, “pero eso se empieza a romper desde la crisis de 2008”. En ese punto, China ya se encuentra en una fase de cambio de modelo productivo y quiere dejar de ser una simple fábrica para convertirse en una superpotencia tecnológica. “Eso choca con el modelo de Estados Unidos y por eso rompen las reglas de la globalización”, dice Vázquez, quien ve la guerra comercial con un “simbolismo brutal” al atentar contra lo que han defendido durante décadas, “una ruptura gigantesca a nivel geopolítico impensable hace 15 años”.

Castillo coincide en que esa especie de desglobalización ya se estaba dando antes de la pandemia, pero no ve factible ni deseable que se deshagan todas esas cadenas globales y el comercio internacional. Aunque sí que tiene claro que se están produciendo ya procesos de relocalización de industrias de algunos sectores que son clave para la estrategia de un país o un continente, como el caso clave de los semiconductores.

“Una nueva vuelta a la política industrial” es la principal consecuencia que ve Vázquez. Este profesor explica que se está empezando a priorizar temas como la seguridad en la cadena de suministro y se están teniendo en cuenta los costes medioambientales, en vez del ahorro de costes y la visión clásica empresarial. “Esto significa romper el just in time, que nace en Japón en los 50 y se extiende a partir de los 80 con unas reglas muy determinadas: la globalización comercial, la liberalización del comercio a nivel mundial, la visión de maximizar el beneficio del accionista recortando por todos lados, recortar costes, recortar tiempo, recortar trabajadores que tenían que ver con la gestión de almacenes”. Algo que choca con lo que estamos viendo ahora: “Una política industrial que busca el mejor suministro, producir en las fronteras o reducir la cadena global de valor y, teniendo en cuenta qué países se encuentran en la cadena y si les interesa que estén”, apuntilla Vázquez sobre la transición que estamos presentando hacia algo nuevo. “Esto no quiere decir que desaparezca el just in time, pero sí que vuelve el just in case, donde se tiene más stock”, añade. Para el investigador del King’s College, las cifras muestran una normalidad relativa respecto al nivel de globalización en la economía mundial, como el ratio de comercio mundial respecto a la producción de bienes y servicios. Además, afirma, “estos cuellos de botella en puertos y otras infraestructuras precisamente confirman que las economías domésticas dependen igual o más que nunca de estas cadenas de suministro mundial”, señal de la buena salud de la globalización.

Sin embargo, lo que Cobby sí que ve posible en el medio y largo plazo es que se relocalicen algunas de estas industrias, reduciendo la dispersión de la producción mundial. Señala dos motivos. El primero, el de la seguridad nacional, apuntando, como ya ha hecho Vázquez, a la guerra comercial que arrancó Trump y a la posibilidad de que, en un futuro próximo, “gobiernos de todos los países empiecen a considerar que la presencia de ciertas competencias y componentes en su propio territorio son clave para asegurar su soberanía”. En segundo lugar, apunta, está “la lucha contra desafíos globales como la pandemia y el cambio climático”.

¿Se resolverá?

La gran mayoría de los analistas coinciden en que los cuellos de botella son un problema coyuntural y pasajero que disminuirá durante 2022. “Mientras sigamos viendo estos desajustes entre oferta y demanda”, apunta Castillo, no veremos “el final del túnel”, que cree que podría llegar a finales de 2022. Pero el profesor de la UOC alerta: “Aquí tendrá un papel esencial la pandemia. Si en China sigue habiendo casos, veremos paralizaciones del comercio mundial y seguiremos viendo esos cuellos de botella”, concluye.

Ahora bien, señala Vázquez, “si seguimos tirando por un mismo modelo energético que está tocando techo, hará que veamos cómo esto se repite en el futuro de manera continua”. Y, dado lo comentado anteriormente y otros factores como el pico del petróleo o la escasez de materias primas necesarias para la industria tecnológica, parece que lo más probable será que estas crisis cada vez sean más frecuentes, más complicadas y con peores consecuencias.

Pero para Cobby no está todo perdido. Cree que “hay un futuro para estas cadenas de suministro que supondría una salida más democrática y menos costosa”, que pasaría por “impulsar una agenda internacional que sirva para evitar que los costes del ajuste recaigan sobre los más débiles, acabar con los paraísos fiscales para recuperar músculo y capacidad para dotar a los Estados de infraestructuras de transición climática; reformar el sistema de patentes global para promover la innovación y el emprendimiento a nivel mundial, entre otras medidas”. En resumen, crear una alternativa al actual modelo logístico globalizado que pueda, como sentencia Cobby, “repartir los costes y beneficios de la globalización, al tiempo que aprovechamos las últimas tecnologías para relocalizar aquellas industrias y labores que los gobiernos identifiquen como estratégicas o beneficiosas para reducir emisiones, mejorar la salud, promover el empleo de calidad u ofrecer una formación práctica que sea esencial”.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

17 dic 2021 05:00

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