Fotografía cedida por la NASA en el despegue de la Misión Axiom 1 (Ax-1) a la Estación Espacial Internacional, el 8 de abril desde la base de la NASA en Florida. La emoción. — Joel Kowsky/NASA / EFE

Las naves utilizadas por la Ax-1, un cohete Falcon 9 y la cápsula Dragon Endeavour, pertenecen a SpaceX, la compañía de Elon Musk.

 

La misión espacial Ax-1 hizo historia este sábado como la primera completamente privada en llegar a la Estación Espacial Internacional (EEI), donde sus cuatro astronautas serán recibidos en unas dos horas, cuando terminen las tareas necesarias para abandonar la nave.

La nave Dragón Endeavour, con cuatro astronautas de la compañía Axiom, el hispano-estadounidense Michael López-Alegría, el estadounidense Larry Connor, el canadiense Mark Pathy y el israelí Eytan Stibbe, a bordo, arribó y quedó enganchada a la EEI pasadas las 12.40 GMT.

La cápsula se acopló de forma autónoma al puerto orientado al espacio del módulo Harmony de la EEI. Salvo unos problemas con la cámara de vídeo que impidieron ver a los espectadores en tierra el tramo final del viaje desde Cabo Cañaveral (Florida) y un retraso de una hora en la llegada, todo transcurrió como estaba previsto.

Las naves utilizadas por la Ax-1, un cohete Falcon 9 y la cápsula Dragon Endeavour, pertenecen a SpaceX, la compañía de Elon Musk, pero la compañía texana Axiom es la responsable de la expedición.

El cohete Falcon 9 que propulsó a la nave Dragón al espacio había despegado a las 15.17 GMT del viernes 8 de abril desde el Complejo de Lanzamiento 39A en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida.

La tripulación pasará más de una semana en la EEI realizando investigaciones de distinto tipo en la estación espacial. En el viaje de regreso la cápsula amerizará en alguno de los siete puntos establecidos para ello en aguas cercanas a Florida.

Una vez a bordo de la EEI, la tripulación de Axiom será recibida por la Expedición 67, formada por los astronautas de la NASA Thomas Marshburn, Raja Chariy y Kayla Barron, el astronauta de la ESA (Agencia Espacial Europea) Matthias Maurery y los astronautas de la rusa Roscosmos Oleg Artemyev, Sergey Korsokovy y Denis Matveev. En total, habrá once astronautas a bordo.

El administrador de la agencia espacial estadounidense, Bill Nelson, calificó el viernes de "histórico" el lanzamiento de Ax-1 y dijo que la asociación de la NASA con compañías privadas a través de los programas comerciales de carga y tripulación ha llevado a Estados Unidos a "esta nueva era en los vuelos espaciales tripulados".

Michael Suffredini, presidente y director ejecutivo de Axiom Space, felicitó a los cuatro astronautas y subrayó que "este viaje es la culminación de largas horas de capacitación, planificación y dedicación de la tripulación y todo el equipo de Axiom Space, nuestros socios en SpaceX y, por supuesto, un crédito para la visión de la NASA de desarrollar una presencia sostenible en la órbita terrestre baja".

Miami

09/04/2022 16:20

EFE

Recreación de una misión de nave. La tecnología puede acortar los tiempos de vuelo entre la Tierra y Marte, así como a otros destinos. Foto Ilustración NASA

Un motor de cohete de propulsión térmica nuclear, que usa lo que se denomina borboteo de combustible líquido centrífugo, se suma a las opciones para viajar a más velocidad por el espacio profundo.

Bajo un contrato de investigación para la Oficina del Proyecto de Propulsión Nuclear Espacial en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA, la Universidad de Alabama en Huntsville (UAH) está liderando una colaboración de casas de estudios superiores estadunidenses para investigar el concepto propulsión térmica nuclear (NTP, por sus siglas en inglés).

La NASA ha realizado avances sustanciales hacia el diseño NTP de combustible sólido. El concepto de borboteo a estudio es una de las tres propuestas basadas en hidrógeno para un cohete de combustible líquido de próxima generación.

Las ventajas del diseño incluyen un rendimiento significativamente mayor que los motores de cohetes de combustible líquido convencionales que queman hidrógeno y oxígeno, afirmó en un comunicado el Dale Thomas, investigador principal del proyecto y académico en la UAH.

  El círculo muestra el Webb en el cielo, fotografiado por Gaia. En la ampliación, el Webb está en el centro y los puntos luminosos son rayos cósmicos durante la exposición. El otro recuadro es una segunda foto. — GAIA/ESA

Éxito en la calibración inicial de los 18 espejos dorados del nuevo observatorio astronómico a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra

La imagen de mayor resolución en infrarrojo que se haya tomado nunca desde el espacio es la que ha recogido y mandado a la Tierra el nuevo telescopio espacial James Webb, desde su aparcamiento a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. El hito no es tanto la imagen, de una estrella, como que representa el éxito en la alineación de los 18 segmentos dorados hexagonales del espejo del telescopio de forma que actúen como uno solo cuando recogen la luz que les llega. Además, un observatorio espacial europeo cercano ha fotografiado por primera vez al Webb, lanzado el pasado día de Navidad.

La fase de calibración fina se ha realizado hasta ahora solamente para la cámara del infrarrojo cercano (Nircam), la principal para la obtención de imágenes, pero solo uno de los instrumentos de los que dispone el James Webb. "Hemos alineado completamente el telescopio y lo hemos enfocado en una estrella y el rendimiento está superando las especificaciones", ha explicado Ritva Keski-Kuha, encargado del instrumento por parte de la NASA, quien se mostró entusiasmado con los resultados. "Ahora sabemos que hemos construido el telescopio adecuado", añadió en unas declaraciones en el Centro Goddard en Maryland.

En las próximas semanas se procederá a alinear los espejos con otros cuatro instrumentos científicos, entre ellos el espectrógrafo Nirspec, suministrado por la Agencia Espacial Europea (ESA). Este avanzado producto de la ingeniería permitirá estudiar objetos celestes envueltos en nubes de gas y polvo, para saber más sobre el proceso de formación y evolución de las galaxias o caracterizar las atmósferas de exoplanetas para detectar presencia de agua.

Europeo también es el observatorio astronómico Gaia, que comparte posición con el Webb alrededor del punto de Lagrange 2 (L2), aunque llegó ocho años antes. El 18 de febrero pasado, cuando lo fotografió, los dos aparatos estaban separados por un millón de kilómetros y el Webb se ve, debido a su gran parasol, solo como un punto. El ingeniero de calibración de Gaia, Juanma Martín Fleitas, recibió las imágenes y logró identificar en ellas al Webb, que ya tiene su primera foto, además de un compañero permanente a 1,5 millones de distancia de nosotros con el que avanzará en el conocimiento del Universo.

El trabajo científico con el Webb no comenzará hasta que se haya completado el proceso de calibración, en junio o julio. Seguramente este telescopio espacial, el de mayor tamaño, potencia y complejidad de la historia, en el que también participa Canadá, llegará a tiempo de empezar a estudiar el Universo junto al veterano Hubble.

En los telescopios espaciales, todos los instrumentos ven el cielo al mismo tiempo. Para observar un objetivo concreto con un instrumento concreto, lo que se cambia es la orientación del observatorio y para todo ello, la calibración fina es imprescindible, explica Jonathan Gardner, director científico adjunto del Webb.

Este experto también contesta a la pregunta de si se pueden utilizar simultáneamente varios instrumentos: "Con exposiciones científicas en paralelo, cuando apuntamos un instrumento a un objetivo, podemos obtener datos de otro instrumento al mismo tiempo. Las observaciones en paralelo no observan el mismo punto del cielo, así que proporcionan básicamente una muestra al azar del Universo. Con una gran cantidad de datos en paralelo, los científicos pueden establecer las propiedades estadísticas de las galaxias que se detectan. Además, en programas que pretenden cartografiar una gran área, muchas de las imágenes en paralelo se superpondrán, lo que aumenta la calidad de la valiosa base de datos del Webb".

22/03/2022 00:44

Por Malen Ruiz de Elvira

¿Llegar a Marte en 45 días? Científicos desarrollan un sistema de propulsión láser que lo haría posible

La nave espacial conceptual requeriría un conjunto de láseres de 100 megavatios.

Científicos de la Universidad McGill (Montreal, Canadá) recogen en un reciente estudio el diseño de un sistema de "propulsión láser-térmica" que permitiría a los humanos llegar a Marte en apenas 45 días.

La NASA, que planea enviar una misión tripulada al planeta rojo a mediados de la década de 2030, prevé que un viaje de estas características duraría unos 500 días.

Sin embargo, los ingenieros de McGill creen que es posible reducir la travesía a poco más de seis semanas gracias a la propulsión de energía dirigida, que utiliza grandes láseres disparados desde la Tierra para entregar energía a una cámara de calentamiento de hidrógeno en la nave espacial y, de esta forma, impulsarla.

La nave acelera rápidamente mientras está cerca de nuestro planeta y, en el mes siguiente, recorre el largo camino hacia Marte. Para el aterrizaje se libera el vehículo principal y el resto de la nave es devuelto a la Tierra a fin de poder ser reciclado para el próximo lanzamiento.

La idea de la propulsión de energía dirigida ya había sido propuesta anteriormente por otros científicos en un proyecto que plantea el uso de láseres para enviar pequeñas sondas de velas ligeras a la estrella enana roja Próxima Centauri.

El sistema utiliza rayos láser para impulsar una nave espacial al espacio profundo a velocidades relativistas, una fracción de la velocidad de la luz. Cuanto más potente sea el láser, más rápido se puede acelerar la nave espacial.

"Estábamos interesados ​​en cómo la misma tecnología láser podría usarse para un tránsito rápido en el sistema solar", asegura Emmanuel Duplay, autor principal del reciente estudio.

La nave espacial conceptual creada por el equipo requeriría un conjunto de láseres de 100 megavatios y 10 metros de diámetro.

"Nuestro enfoque utilizaría un flujo láser mucho más intenso en la nave espacial para calentar directamente el propulsor, de forma similar a una caldera de vapor gigante", subraya Duplay.

El ingeniero también puntualiza que sería necesario "el desarrollo de materiales de alta temperatura que permitan a la nave espacial romper contra la atmósfera marciana al llegar".

Tecnología en pañales

El problema es que estas tecnologías aún se encuentran en sus etapas iniciales y solo han sido desarrolladas a nivel teórico, por lo que podrían no estar listas para la próxima década.

"La cámara de calentamiento por láser es, probablemente, el desafío más importante", concluye Duplay.

17 febrero 2922

 

El astrofísico Garik Israelian, junto al observatorio astronómico canario. — Garik Israelian (CEDIDA)

"No pasarán más de tres o cuatro años hasta que la Ciencia pueda demostrar que existe vida biológica, y no inteligente" fuera de la Tierra, dice. A su juicio, las religiones sobrevivirán a esa noticia, como sobrevivieron ya a Darwin.

 

"Por supuesto que tiene sentido especular con la posibilidad de que otras formas de vida puedan viajar hasta la Tierra. Los llamados agujeros blancos permiten cruzar grandes distancias desde puntos muy remotos en muy poco tiempo así que no hay leyes físicas que impidan esas travesías", nos dice Garik Israelian. Es la clase de afirmación de la que un escéptico recelaría si proviniera de la boca de un creyente de la ufología. Pero lo cierto es que el hispano-armenio Garik Israelian (Yereván, 1963) es profesor de la Universidad de la Laguna, además de uno de los más reputados astrofísicos españoles, la clase de científico a quien respetaba Stephen Hawking o respeta el nonagenario físico británico Roger Penrose.

Fue Israelian quien dirigió el equipo investigador que halló pruebas empíricas de que la explosión de supernovas causa agujeros negros de masa estelar. Ha trabajado en las universidades de Utretch, Bruselas y Sidney y ha sido el investigador principal de un proyecto del Instituto de Astrofísica de Canarias que pretendía aportar las claves de la formación de galaxias, agujeros y planetas.

En 2016, en vísperas de la inauguración de una nueva edición del Starmus Festival, repitió por doquier que no pasaría ni una década hasta que la Ciencia hallara pruebas de vida biológica fuera de la Tierra y aunque el plazo no ha concluido, hemos decidido preguntarle acerca de los avances realizados en semejante dirección, coincidiendo con la llegada a su puesto de observación, el día 25 de este mes, del telescopio espacial mayor construido hasta la fecha por la NASA. Mientras hablamos, el observatorio de Málaga y otras cinco estaciones detectaron la caída de un meteorito en el valle de Benasque (Huesca). "Lo que yo dije es que en diez años hallaríamos rastros de vida biológica, y no inteligente", precisa. "Es mucho más complicado encontrar vida inteligente. Y, en efecto, así es, lo mantengo. Pero me quedan aún cuatro años, ¿no?", bromea.

"La NASA ha lanzado ya el James Webb, un telescopio que reemplazará al Hubble y que permitirá identificar las moléculas complejas que se precisan para que exista vida en otros planetas. En un par de años, entrará también en servicio en Chile el mayor telescopio terrestre del mundo, el llamado ELT por sus siglas inglesas [Telescopio Extremadamente Grande], un artefacto de 39 metros de diámetro de espejo que nos proporcionará otra herramienta para investigar sistemas planetarios semejantes a la Tierra, donde existe una posibilidad de que haya agua líquida o podamos dar con alguna biosfera".

Uno se pregunta si esas condiciones para la vida que tratan de detectar los astrofísicos se hallan siempre basadas en los compuestos de carbono, oxígeno o nitrógeno, que caracterizan al modelo terrestre conocido. De hecho, tenemos pruebas incluso en la Tierra de la posibilidad de vida en ausencia de esas condiciones: los organismos extremófilos que, por ejemplo, habitan el río Tinto. "Sí, lo cierto es que tomamos como referencia ese modelo basado en el carbono, pero desconocemos si existen otros sustentados, por ejemplo, en el silicio u otros elementos. Lo interesante es que dispondremos de tecnología para buscar biosferas. Moléculas importantes como el CO2 ya se han hallado en planetas gigantes como Júpiter. Pero hablamos ahora de planetas del tamaño de la Tierra".

Los científicos han desarrollado incluso un método para averiguar si existen bosques. "Cuando se observa la Tierra desde la Luna, se aprecia un espectro específico que solo es visible si la luz se estrella o se refleja en un bosque como la Amazonía. Ahora que disponemos de nuevas y mucho más potentes herramientas tecnológicas, vamos a poder aplicar ese mismo modelo para buscar vida vegetal extraterrestre".

Garik insiste de forma recurrente en diferenciar entre vida inteligente y vida biológica. Es imposible también sustraerse a la tentación de imaginar si la vida biológica que, hipotéticamente, pudiera habitar el universo adoptaría en parecidas condiciones formas antropomorfas o al menos semejantes a los vertebrados superiores que conocemos en la Tierra. "De acuerdo a la Teoría de la Evolución, existe una correlación entre la masa del cuerpo y otras características y la masa del cerebro. No creo que existan alienígenas con un cerebro de una masa inferior a la del cuerpo, de acuerdo a las correlaciones conocidas en la Tierra. Si seguimos esa idea, solo podemos tener seres semejantes a los humanos incluso, tal vez, en su aspecto externo. ¿Puede adoptar la vida formas anatómicas muy diferentes? Yo no conozco ningún estudio que lo demuestre. Existen teorías pero completamente especulativas. El darwinismo ni siquiera conoce bien los caminos que terminaron de configurar nuestra anatomía. Imagínate qué sería desarrollar una teoría acerca de las formas de vida de otra biosfera. Es complicado, muy complicado", asegura mientras ríe. "Cierto es que hay estudios que aventuran cosas del estilo de lo grandes que serían los ojos de una criatura en ausencia de luz o la altura de los cuerpos en condiciones de gravedad mayores a la Tierra. Pero eso no es algo sólido. Son simples fantasías a las que se aplica alguna lógica".

Es que, de hecho, buena parte del acerbo que forma el imaginario colectivo y lo que el común de los humanos sabe sobre el cosmos se basa, tal y como afirma Israelian, en meras fantasías. Recientemente, por ejemplo, se ha debatido mucho acerca de la probabilidad de un universo determinista a raíz de las tesis planteadas en DEVS, una serie de televisión dirigida por Alex Garland. En esa ficción futurista, un científico combina algoritmos para desarrollar un modelo que permite anticipar diez segundos de la existencia de un nematodo gracias a la mente poderosa de un superordenador cuántico. En otras palabras, encuentran el modo de predecir una secuencia de la vida de un gusano introduciendo en la inteligencia artificial todas las variables que la iban a determinar.

La clave de esa frase se halla en la palabra determinar. El nematodo no tenía otra opción que caminar por las roderas impuestas por el mundo físico y por todo lo demás. Si no hay efecto sin causa o causas previas, todo puede deducirse o inferirse. Visto así, el libre albedrío ha muerto. Aquel organismo básico no tiene elección. Nadie la tiene, sugiere DEVS, aunque el hecho de que nuestros cerebros de primates no sean capaces de lidiar con algo tan inconmensurable como las infinitas variables que interactúan para determinar los carriles de un pequeño protozoo o de cualquiera de nosotros haga prevalecer una ilusión de libertad.

Dios por fin revelado en la forma de una gran computadora de fabricación humana. El creador creado. Menuda paradoja. El bonus track de ese escenario determinista es que todos somos inocentes. Y si es así, nadie necesita la absolución del Gran Patrón o de sus intermediarios. La serie mete también a calzador la idea de los multiuniversos: todo lo que pueda suceder sucederá, sino en esta realidad, en otra diferente. Cada pequeño acto es replicado un numero infinito de veces, con todas sus varianzas. Al final, el protagonista logra rebelarse y salirse del carril, quebrantando las leyes de ese universo tan fascista. Es Adán comiendo el fruto prohibido del árbol de la Ciencia. No ahondamos más en esa trama para no convertir la información en un campo minado por spoilers.

"Toda esa parte mística termina contaminando los pilares conceptuales de la producción televisiva, pero lo importante es que la idea de los carriles reverbera como plausible. O al menos a mí me lo parece en mi ignorancia", le comento a Garik. Y él inmediatamente me objeta: "Yo más bien creo que esa idea que mencionas es más propia de la época de Aristóteles que de la era moderna. La realidad es mucho más compleja que todo eso. Creo que estamos entrando en una fase en la que somos más conscientes de la complejidad del universo. Es muy cierta la metáfora de que cuanto más sabemos, más conscientes somos de la enormidad de cuanto ignoramos. Seguimos desconociendo las cosas más aparentemente básicas pero importantes para la comprensión del cosmos. Me refiero a cosas como la formación de las galaxias o la composición de las estrellas. O, si lo quieres más claro, ¿hace cuanto que la humanidad se pregunta si existe vida inteligente extrasolar? Y es probable que no conozcamos la respuesta ni en mil años, a pesar de que coincidimos en que es más que probable. Fíjate que no encontramos el primer exoplaneta hasta 1995. Ahora conocemos miles. Sin embargo, antes de esa fecha, no conozco ni un solo astrónomo que tuviera duda de la existencia de otros planetas o de sistemas planetarios semejantes al nuestro. En resumen, ahora está demostrado. Pero antes nadie tenía duda de ello".

Hace ahora algo más de un mes, un joven investigador del Departamento de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Liverpool llamado Bruno Vento desafió la noción que conocíamos del espacio-tiempo con una idea que está ahora mismo en revisión por la comunidad científica. Su teoría dinamita muchos de los clichés humanos y habla de un cosmos con un pasado infinito donde el Big Bang es solo un episodio más de un universo sin principio ni final. "Existen dos formas o filosofías de afrontar la Ciencia", me dice Israelian. "Una es esencialmente especulativa y en ella cabe todo. La otra se basa totalmente en pruebas observacionales. ¿Existe alguna evidencia indirecta o hablamos en el aire? Respecto al concepto sobre lo que antecedió al Big Bang, existe un trabajo del Premio Nobel Roger Penrose, con quien solía hablar a menudo, que plantea que la distribución de la materia en los mapas de la primera radiación del universo no es caótica, sino que presenta algunos patrones. Es decir, que si la materia que explotó en el Big Bang poseía alguna densidad es porque antes de la explosión había ya alguna estructura".

¿Sobrevivirá el pensamiento religioso al descubrimiento de vida extraterrestre? "Por supuesto", asegura el astrofísico. "Dirán que fue Dios quien creó también a los marcianos. ¡Eh!, Dios ha creado a los extraterrestres y el Big Bang, ¿qué pasa? Claro está, tendrán sus problemas para encajar todo eso en el relato de Cristo, pero algo se les ocurrirá para modernizar la Biblia porque son muy buenos adaptándose". La afirmación de Israelian trae a colación el hecho, también científica y empirícamente probado, de que la Ciencia no ha conseguido jamás socavar la irracionalidad del grueso de los humanos, especialmente impermeables a la razón y por el contrario soberbiamente predispuestos a hacer suya cualquier forma de hechicería o pensamiento mágico. "Más que nunca hay millones de humanos dispuesto a morir en cumplimiento de los dictados de un analfabeto que vivió a caballo de los siglos sextos y séptimo en Arabia. No creo que a esa importante porción de la humanidad le inquieten mucho los agujeros blancos o las supernovas", le comento. "Yo creo que el auge de las religiones tiene que ver con las necesidades sociales del hombre y con el negocio", me responde Israelian.

"Se supone que Irán es un país muy religioso, pero si desciendes hasta el pueblo, quizá no lo sea tanto. Y si hablamos de los ecosistemas árabes, me pregunto también si en verdad esas creencias son tan sólidas o son el resultado de la presión social y el estilo de vida. Es posible que sean más frágiles de lo que creemos. En el caso de los creacionistas norteamericanos del Mid West, está claro que se trata de un negocio. Aquellas megaiglesias manejan mucho dinero y su actividad empresarial consiste en sacar a la gente del aislamiento. Más importantes que las creencias es hacer barbacoas y rezar juntos", asevera.

A pesar de que dedica buena parte de sus esfuerzos a la divulgación científica, Israelian no ha dejado nunca de trabajar como investigador. El último trabajo que publicó en la revista Science proporciona evidencias de que la composición química de los planetas rocosos es un espejo de la de las estrellas a cuyos sistemas pertenecen.

Por Ferran Barber@ferranbarber

La científica Lia Siegelman y sus colegas analizaron un conjunto de imágenes infrarrojas que captaban la región polar norte del quinto y más grande planeta del sistema solar. Foto Europa Press

Juno aportó el material visual que permitió el hallazgo a investigadores

 

Imágenes de Júpiter remitidas por la misión de la nave Juno de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) han permitido explicar las fuerzas que impulsan los grandes ciclones que se producen en el gigante de gas desde la física oceánica.

Lia Siegelman, especialista y becaria posdoctoral del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, decidió llevar a cabo la investigación tras observar que los ciclones del polo de Júpiter parecían compartir similitudes con los vórtices oceánicos que estudió durante su doctorado.

Utilizando un conjunto de estas imágenes y los principios utilizados en la dinámica de los fluidos geofísicos, Siegelman y sus colegas aportaron pruebas de una hipótesis que se mantiene desde hace tiempo: la convección húmeda –cuando el aire más caliente y menos denso asciende– impulsa estos ciclones. Los hallazgos se publican en Nature Physics.

Cuando vi la riqueza de la turbulencia alrededor de los ciclones jovianos, con todos los filamentos y remolinos más pequeños, me recordó la turbulencia del océano terrestre alrededor de los remolinos. Esta es especialmente evidente en las imágenes de satélite de alta resolución de las floraciones de plancton, por ejemplo.

Siegelman afirma que la comprensión del sistema energético de Júpiter, una escala mucho mayor que la de la Tierra, podría contribuir a entender los mecanismos físicos que están en juego en nuestro propio planeta al poner de manifiesto algunas rutas energéticas similares.

Es fascinante estudiar un planeta tan lejano y encontrar la física que se aplica allí. Nos lleva a preguntarnos si estos procesos también son válidos aquí.

Juno es la primera nave espacial que capta imágenes de los polos de Júpiter; los satélites anteriores orbitaban la región ecuatorial del planeta, proporcionando vistas de la famosa Mancha Roja del planeta. Está equipada con dos sistemas de cámaras, uno para obtener imágenes en luz visible y otro que capta las firmas de calor mediante el Jovian Infrared Auroral Mapper (JIRAM), un instrumento de mira infrarroja que cuenta con el apoyo de la Agencia Espacial Italiana.

Siegelman y sus colegas analizaron un conjunto de imágenes infrarrojas que captaban la región polar norte de Júpiter y, en particular, el cúmulo de vórtices polares y pudieron calcular la velocidad y dirección del viento siguiendo el movimiento de las nubes.

Fuente de energía

A continuación, el equipo interpretó las imágenes infrarrojas en términos de grosor de las nubes. Las regiones calientes corresponden a nubes finas, en las que es posible ver más profundamente en la atmósfera de Júpiter. Las zonas frías representan una gruesa capa de nubes que cubre la atmósfera de Júpiter.

Estos hallazgos dieron pistas sobre la energía del sistema. Dado que las nubes jovianas se forman cuando el aire más caliente y menos denso se eleva, descubrieron que el aire que sube rápidamente dentro de las nubes actúa como una fuente de energía que alimenta escalas mayores hasta los grandes ciclones circumpolares y polares.

Juno llegó por primera vez al sistema joviano en 2016, proporcionando a los científicos el primer vistazo a estos grandes ciclones polares, que tienen un radio de unos mil kilómetros. Hay ocho de estos ciclones que se producen en el polo norte de Júpiter, y cinco en el sur.

Estas tormentas han estado presentes desde esa primera vista hace cinco años. Los investigadores no están seguros de cómo se originaron o durante cuánto tiempo han estado circulando, pero ahora saben que la convección húmeda es lo que las mantiene.

Los científicos plantearon por primera vez la hipótesis de esta transferencia de energía tras observar los relámpagos en las tormentas de Júpiter.

Juno seguirá orbitando Júpiter hasta 2025, proporcionando a los estudiosos y al público en general nuevas imágenes del planeta y de su extenso sistema lunar.

APL/NASA / www.globallookpress.com

La agencia señaló que se trata de un gran salto en la ciencia solar y comparó el logro con la llegada del hombre a la Luna.

Por primera vez en la historia de la astronáutica, una sonda espacial ha "tocado" el Sol. La Parker Solar Probe ha volado a través de la atmósfera superior de nuestra estrella y ha tomado muestras de partículas y campos magnéticos, informó la NASA este martes en un comunicado.

La agencia señaló que se trata de un nuevo hito y de un gran salto en la ciencia solar, comparando el logro con la llegada del hombre a la Luna. Los investigadores esperan que tocar la materia de la que está hecho el Sol les ayude a descubrir información crítica de esta estrella y su influencia en el sistema solar.

"Que la Parker Solar Probe 'toque el Sol' es un momento monumental para la ciencia solar y una hazaña verdaderamente notable", dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas en la sede de la NASA en Washington. "Este hito no sólo nos proporciona conocimientos más profundos sobre la evolución de nuestro Sol y sus impactos en nuestro sistema solar, sino que todo lo que aprendemos sobre nuestra propia estrella también nos enseña más sobre las estrellas del resto del universo".

La sonda solar Parker Solar Probe fue lanzada para estudiar el Sol en el 2018. Debía acercarse a este durante siete años para llegar a su máxima distancia, 6 millones de kilómetros. La estrategia consiste en entrar y salir rápidamente, realizando mediciones del entorno solar con un conjunto de instrumentos desplegados detrás de un grueso escudo térmico.

El 28 de abril de este año, Parker cruzó por primera vez lo que se denomina el límite crítico de Alfvén. Se trata del borde exterior de la corona. Es el punto en el que el material solar que normalmente está unido al Sol por la gravedad y las fuerzas magnéticas, se libera para salir al espacio. La sonda encontró el límite a unos 13 millones de kilómetros por encima de la superficie visible, o fotosfera, del Sol.

Durante el sobrevuelo, Parker Solar Probe entró y salió de la corona varias veces. Descubrir dónde se alinean estas protuberancias con la actividad solar procedente de la superficie puede ayudar a los científicos a saber cómo afectan los acontecimientos del Sol a la atmósfera y al viento solar.

Publicado: 15 dic 2021

Mañana saldrá al espacio primera misión en probar técnica de desviación de asteroides

 DART impactará en octubre en un pequeño satélite natural de Dimorphos

La nave DART, de la NASA, primera misión del mundo en probar técnicas de defensa planetaria activa, tiene programado su lanzamiento mañana.

Se espera que Double Asteroid Redirection Test(DART, por sus siglas en inglés) despegue en un cohete Falcon 9, de Space X, de la Base de Vandenberg, California, a las 6:21 UTC.

Tiene la tarea de mostrar un método para la desviación de asteroides, llamado impacto cinético.

En octubre de 2022, impactará en el pequeño satélite natural del asteroide Dimorphos, que orbita a un compañero más grande, Didymos, en un sistema de cuerpos binarios para cambiar su trayectoria orbital.

Testigo de excepción de la operación será el LiciaCube (Light Italian Cubesat for Imaging of Asteroid, un pequeño satélite de la Agencia Espacial Italiana que será desplegado desde DART, el cual tomará imágenes de los efectos del impacto en la superficie y la pluma de eyección generada.

Aunque ninguno de los asteroides representa una amenaza para la Tierra, la colisión con Dimorphos permitirá a los investigadores demostrar la técnica de deflexión junto con varias tecnologías nuevas y recopilar datos importantes para mejorar nuestras capacidades de modelado y predicción de ese fenómeno.

Esas mejoras ayudarán a prepararnos mejor en caso de que un asteroide sea descubierto como una amenaza para la Tierra, destacó la NASA, que en un boletín asegura que la hazaña hasta ahora sólo se ha visto en películas de ciencia ficción.

DART fue construido en el Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins en Laurel, Maryland, y en otros lugares del país.

Para dirigir la nave a su objetivo previsto, los científicos deben entender cómo se comporta el sistema. Han hecho esfuerzos para observar a Didymos desde la Tierra desde 2015, y ahora, una campaña internacional coordinada por Cristina Thomas, de la Universidad del Norte de Arizona, utiliza telescopios potentes en el mundo para comprender el estado del sistema de asteroides antes de que la nave lo alcance.

El sistema de Didymos es demasiado pequeño y lejano para ser visto como algo más que un punto de luz, pero podemos obtener los datos que necesitamos al medir el brillo de ese punto de luz, explicó Andy Rivkin, del Laboratorio de Física Aplicada APL y colíder del equipo de investigación de DART, quien participó en las observaciones.

James Webb, sucesor del Hubble, llegó a la Guayana Francesa, sitio de su lanzamiento

Indagar sobre las fases de la historia del universo y si son habitables miles de exoplanetas, su misión

 

El telescopio James Webb, de la NASA, sucesor del Hubble, llegó ayer a la Guayana Francesa para su lanzamiento en diciembre desde la base de Kourou, tras 16 días de viaje por mar desde California.

El observatorio de ciencia espacial más grande y complejo del mundo ahora será conducido al sitio desde donde será lanzado para comenzar los preparativos operativos, que durarán dos meses, antes de despegar en un cohete Ariane 5, el 18 de diciembre.

Según la NASA, una vez que esté en funcionamiento a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, revelará conocimientos sobre todas las fases de la historia cósmica, desde justo después del Big Bang, y ayudará a buscar signos de habitabilidad potencial entre los miles de exoplanetas que los científicos han descubierto en años recientes.

La misión es una colaboración internacional liderada por la NASA, en asociación con las agencias espaciales europea y canadiense.

Después de completar las pruebas en agosto en el Parque Espacial de Northrop Grumman en Redondo Beach, California, el equipo de Webb pasó casi un mes plegando, almacenando y preparando el enorme observatorio para su envío a Sudamérica, en un contenedor hecho a la medida y con control ambiental.

A última hora de la noche del 24 de septiembre, Webb viajó con una escolta policial unos 42 kilómetros por las calles de Los Ángeles, desde las instalaciones de Northrop Grumman en Redondo Beach hasta la Estación Naval de Seal Beach. Allí, se cargó en el MN Colibri, barco de bandera francesa que antes había transportado satélites y hardware de vuelos espaciales a Kourou. Partió de Seal Beach el 26 de septiembre y entró en el Canal de Panamá el martes 5 de octubre en su camino a Kourou.

El telescopio se empezó a ensamblar en 2013 en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt. En 2017, se envió al Centro Espacial Johnson para realizar pruebas criogénicas en la histórica instalación de prueba Cámara A, famosa por su uso durante las misiones Apolo.

En 2018, fue llevado a Space Park en California, donde durante tres años se sometió a pruebas rigurosas a fin de garantizar que estuviera listo para el entorno del espacio.

El telescopio James Webb, plegado ya para su lanzamiento, durante las últimas pruebas en la empresa Northrop Grumman en California. — ESA

El observatorio James Webb, que puede resolver la polémica sobre la velocidad de expansión del Universo, inicia este mes el viaje a la base espacial europea.

 

En julio, el telescopio espacial Hubble dio un pequeño susto a sus controladores, algo nada extraño si se tiene en cuenta que lleva trabajando sin descanso en las difíciles condiciones del espacio nada menos que 31 años. La avería, relacionada con la unidad de potencia de un ordenador, se pudo arreglar a distancia y el icónico instrumento, una maravilla de la ingeniería, está funcionando otra vez con normalidad, pero también es normal que pronto deje de hacerlo y su vida haya terminado. Mientras tanto, se acerca, por fin, la fecha de lanzamiento de su sucesor, el James Webb, que es igualmente un proyecto conjunto de Europa, Estados Unidos y Canadá. Será seguramente antes de fin de año, pero aún está por concretar.

Aunque se considere el sucesor del Hubble y lo vaya a explotar el mismo centro científico, el James Webb es muy diferente como instrumento y observará en un rango distinto de frecuencias. Sí que será el nuevo observatorio científico espacial de referencia, diseñado para hallar respuesta a las preguntas más importantes sobre el Universo y hacer grandes descubrimientos en todos los campos de la astronomía, explican las agencias espaciales de estos países. Mientras tanto, está a punto de empezar este mes su último viaje terrestre, en barco. Será desde California, donde se le han realizado las últimas pruebas, a su lugar de lanzamiento en la base espacial europea de la Guyana Francesa, pasando por el canal de Panamá.

La influencia de lo conseguido por el telescopio Hubble se deja sentir en todas las áreas de observación. Precisamente, una de las grandes preguntas respecto a las cuales la comunidad astronómica pone en el telescopio Webb sus esperanzas lleva el mismo nombre que su antecesor, el del ilustre astrónomo Edwin Hubble. Se trata de la constante de Hubble, que mide el ritmo actual de expansión del Universo (fue Hubble quien descubrió que el Universo se expande) y también su edad aproximada, y que tiene a los científicos hechos un lío. La última estimación del valor de esta constante se ha hecho precisamente sobre la base del enorme archivo de datos acumulado de las imágenes de 63 galaxias elípticas gigantes tomadas por la cámara principal del Hubble. El círculo se cierra.

El valor obtenido de la constante es 73,3, que significa que por cada 3,26 millones de años luz de distancia actual el ritmo de crecimiento del espacio se incrementa en 73,3 kilómetros por segundo. Aunque resulte algo difícil de visualizar, así lo explica John Blakeslee, director del equipo que ha publicado la estimación en la revista Astrophysical Journal. Lo importante, sin embargo, ahora no es tanto la visualización sino el hecho de que otras medidas anteriores han dado un mínimo de 67 para la constante y un máximo de 74. Una diferencia demasiado grande como para poder aceptarla sin más. Queda por ver si los dos bandos en que están divididos los especialistas (el de 67 más o menos y el de 74 más o menos) logran unirse gracias a los datos más precisos de la constante que obtenga el James Webb o si aquí pasa algo raro. "En ese punto", dice Blakeslee, "la tensión sobre la constante de Hubble desaparecerá o, como parece más probable, habrá pruebas de una nueva física básica". Es decir, que el Universo puede ser todavía más misterioso de que lo que parece ahora.

Sin embargo, para llegar a este momento queda todavía un largo y complejo proceso por el que el nuevo observatorio espacial llegará a su distante punto de observación (el Lagrange 2), empezará a trabajar. Por lo pronto se está preparando el cohete europeo que lo lanzará, un Ariane 5. Cuando llegue a Kourou, al James Webb se le harán más pruebas y se cargará de combustible. Dos días antes del lanzamiento se trasladará, encima del cohete, a la plataforma.
Se puede decir que el telescopio en sí es verdaderamente internacional porque en su desarrollo y construcción han participado, durante decenas de años en algunos casos, miles de profesionales de 15 países, que esperan el lanzamiento, retrasado en varias ocasiones, con expectación.

Una vez en el espacio y separado del cohete, el James Webb tardará un mes en llegar a su lugar de observación a casi 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección opuesta al Sol, mientras se despliegan lentamente su gran espejo primario segmentado, el trípode del espejo secundario, el panel solar y el toldo que protegerá los instrumentos del calor del Sol. Una vez en su sitio, faltarán otros seis meses de pruebas antes de que inicie las observaciones este telescopio espacial, el mayor y más potente jamás lanzado. Luego, casi todo es posible, incluidas grandes sorpresas.

06/09/2021 21:26

Por Malen Ruiz de Elvira

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