El geógrafo, urbanista y teórico social marxista David Harvey abundará hoy en los temas que adelantó para La Jornada, durante su participación en un foro internacional de cultura y urbanismo en el Museo de San Ildefonso en la CDMX. Foto Pablo Ramos

Urge resolver con planes de largo plazo la gestión del agua urbana, asegura

 

Las grandes ciudades de América Latina se han vuelto cada vez más inequitativas y en ellas se destinan recursos millonarios a megaproyectos que significan auténticos "puentes hacia la nada", pues no tienen ninguna utilidad para resolver las necesidades de las mayorías y sólo benefician a grandes constructores.

Así lo advirtió el geógrafo, urbanista y teórico social marxista David Harvey, quien señaló que las crisis del acceso al agua en ciudades como Monterrey deben solucionarse con estrategias de planeación a largo plazo, además de sistemas gubernamentales de supervisión al uso que le dan las compañías privadas a dicho recurso natural.

Recién llegado al país, donde hoy participará en un foro organizado por las secretarías de Cultura federal y de la Ciudad de México, el investigador británico charló con La Jornada acerca de los temas que lo han ocupado desde hace décadas, entre ellos el "derecho a la ciudad" y cómo el neoliberalismo ha transformado los entornos urbanos.

Ser "desechable"

Al analizar la desigualdad existente en la gran mayoría de las urbes latinoamericanas, Harvey considera: “La inequidad se ha profundizado: los ricos se volvieron más ricos, y los pobres, no más pobres en un sentido absoluto, pero sí más desempoderados, con una mayor sensación de ser desechables. Creo que la gente piensa que tiene un rol insignificante. Hay como una suerte de alienación y enojo en las calles. Es como decir ‘¿para qué me molesto en hacer algo, si lo que hago no importa? Estoy tan apurado lidiando con la vida cotidiana, que no me interesa nada más’”, lamentó.

Respecto de fenómenos como la "gentrificación" de zonas urbanas y la aparición de "burbujas" inmobiliarias, el autor de Una breve historia del neoliberalismo y Urbanismo y desigualdad social advirtió que las ciudades son espacios cada vez más segregados para sus habitantes en función de qué tanto dinero tengan.

“La provisión de casas mediante el mercado funciona muy bien para la población adinerada, pero falla totalmente para cubrir las necesidades de la más pobre. En Nueva York, por ejemplo, hay un boom de edificios nuevos, pero para personas que ganen 100 o 300 mil dólares al año, cuando 50 por ciento de los habitantes gana menos de 40 mil dólares. ¡No pueden costearse una casa y el mercado los expulsa!”.

Harvey consideró que una de las acciones fundamentales para esta problemática es “un sistema viable de vivienda social, pero eso no va ocurrir si lidiamos con el coro neoliberal que dice ‘si algo no se puede hacer a través del mercado, entonces no es posible en lo absoluto’”.

Los "puentes hacia la nada"

Para el académico de las universidades John Hopkins y de la Ciudad de Nueva York, las grandes inmobiliarias y constructoras tienen el único objetivo de generar ganancias, aunque "mucha inversión se destine a proyectos espectaculares, pero absurdos, que no resuelven la vida diaria".

Mencionó el “nuevo aeropuerto al sur de Madrid, que costó 2 o 3 mil millones de dólares y al final fue una total fantasía. Ningún vuelo llegaba ahí, no hay nada ahí y se fue a la bancarrota. A pesar de eso, los desarrolladores y otros ganaron mucho dinero haciendo lo que llamamos un ‘puente hacia la nada’”.

Hoy en día, recalcó Harvey, "tenemos cada vez más infraestructura así: megaproyectos espectaculares que no le ayudan a la gente. Los inversionistas apuestan a proyectos que no son rentables por la sencilla razón de que van a tener un superávit y a crear muchos empleos".

En contraposición, para que las grandes ciudades sean viables es necesario que las autoridades hagan planes de largo plazo y generen la infraestructura básica necesaria para resolver problemas reales.

"En Estados Unidos no están al corriente con la infraestructura de largo plazo. Tenemos una austeridad impuesta por el sistema y no le hemos dado mantenimiento al Metro, que hoy está en crisis en Nueva York".

Mejor gestión del agua

Consultado sobre cómo enfrentar las crisis de abasto de agua que ya sufren Monterrey y otras grandes urbes, Harvey señaló que la escasez ya afecta también a Sao Paulo y Los Ángeles, debido al cambio climático, por lo que es urgente implementar estrategias de reciclaje y planeación para las siguientes décadas.

En este marco, consideró que el decreto firmado por el presidente Andrés Manuel López Obrador para garantizar el abasto del líquido en Nuevo León debería formar parte de una estrategia integral para hacer un mejor uso y distribución del agua. "El que esto funcione va a depender de lo que hagan las autoridades y la población local", apuntó.

Para Harvey, el hecho de que las empresas privadas manejen el agua no es necesariamente malo, porque hay experiencias positivas en Francia y Gran Bretaña, pero subrayó que "debe haber un aparato regulatorio de supervisión, para que el agua llegue a la gente de forma adecuada, en cantidad suficiente y con un sentido social".

Una de las raíces de los mayores problemas en el mundo es la "sobreacumulación de capital" a costa de los recursos naturales. “El resultado es la pestilencia, las guerras, las enfermedades. Hay un boom de la minería y el extractivismo, como en el caso del litio y otros metales en Latinoamérica, pero esa acción es más destructiva que constructiva”.

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Espacios del neoliberalismo y desarrollo capitalista

Críticas y alternativas al urbanismo neoliberal

La dimensión espacial no ha dejado de ganar peso desde hace décadas en las ciencias sociales críticas. Para ello han sido muy relevantes las discusiones dentro de la teoría arquitectónica, pero también las de los estudiosos del desarrollo capitalista. Quizás el autor que más determinantemente ha influido en la actual popularidad de los estudios sobre el espacio social es el geógrafo David Harvey, pero también ha sido crucial la revalorización de la obra de Henri Lefebvre ya en el siglo XXI, a partir de la traducción de algunas de sus principales obras al inglés y al castellano. Problemas tan actuales y frecuentes en las discusiones de la academia crítica como la reestructuración urbana, la financiarización de la vivienda o la mercantilización del espacio tienen un pilar importante en los trabajos de estos dos autores. 

En realidad, el interés académico por la espacialidad del capitalismo se remonta a los años sesenta, coincidiendo con cierto auge de las perspectivas marxistas dentro de la izquierda universitaria. Francia jugó un papel clave en esta tendencia, principalmente a partir de la publicación de El derecho a la ciudad de Lefebvre (1969), los trabajos posteriores del autor sobre la ciudad (1972; 1976; 2013) y la conformación de una suerte de Escuela Francesa de Sociología Urbana (Castells, 1974 y 1976; Topalov, 1979 y 1984). En el resto del mundo, la mencionada escuela entra en diálogo con las discusiones sobre el urbanismo dependiente en América Latina (Castells, 1973; Singer, 1973; Pradilla Cobos, 1984) y de manera simultánea se desarrolla una importante geografía crítica en el ámbito angloamericano (Harvey, 1973 o Massey, 1973) y brasileño (Santos, 1978 o Moraes y Dacosta, 2013). El quiebre, sin embargo, se encuentra principalmente en Lefebvre, cuyas opiniones sobre lo urbano coinciden también en gran medida con las de otros coetáneos, como Jane Jacobs (2014) desde una perspectiva liberal o Aldo Rossi (1982) desde la teoría arquitectónica.

En este contexto se recuperan las referencias espaciales, más bien dispersas, de los trabajos de Marx y un par de obras claves de Engels (2020a y 2020b) sobre el problema de la vivienda y la ciudad industrial. Estos autores trataron la cuestión como un problema derivado del núcleo central de las contradicciones del modo de producción capitalista, ubicado en el ámbito de la producción (industrial) y el conflicto de clase. Los problemas referentes al déficit de viviendas, la precariedad del hábitat o la segregación socioespacial eran básicamente epifenómenos y la principal cuestión teórica a dilucidar sería el rol de la apropiación de la renta de suelo en el conflicto político. Muchos urbanistas críticos de la década de 1970, especialmente los próximos al marxismo estructuralista, fueron continuistas con esta perspectiva. Estos sociólogos y geógrafos urbanos marxistas pensaban el espacio como producto social, una secreción del correspondiente modo de producción. Los planteamientos de Lefebvre desde un principio trataron de discutir estas posiciones.

En primer lugar, el filósofo anunciaba un salto del problema de la vivienda, que había marcado el capitalismo industrial hasta la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, al problema de lo urbano y del hábitat en su conjunto (Lefebvre, 1969). Seguidamente, frente a la idea de una sociedad que crea su espacio, como si le preexistiese, Lefebvre plantea una sociedad que siempre ha sido espacial. El espacio pasa a ser entonces la primera y más importante mediación de la sociedad para darse forma a sí misma (1976). A partir de aquí, el filósofo se atrevería a invertir la tesis de la urbanización como efecto de las relaciones de producción industrial para convertirla en el núcleo mismo del capitalismo tardío, desplazando la crítica de los conflictos de la esfera de la producción a los problemas de la reproducción de las relaciones sociales de producción (1972). Finalmente, plantearía una visión compleja y no reduccionista del espacio, en la que trataría de integrar tanto el espacio material de las prácticas sociales como sus dimensiones ideológicas y experienciales (Ibidem, 2013). 

La cuestión del desplazamiento de los conflictos centrales del capitalismo de la producción a la reproducción, o lo que algunos han interpretado como un desplazamiento desde los conflictos de clase a los conflictos del hábitat, tiene por lo tanto ya más de medio siglo. Ignorar el progreso intelectual que ha permitido este giro sería tan empobrecedor como limitarse a hablar de un desplazamiento sin más desde un polo a otro, separando lo que nunca ha estado separado, como si el espacio urbano no surgiese de un proceso productivo o como si el conflicto de clase solo operase en una típica fábrica fordista. Para no caer en el riesgo de reproducir esa dicotomía irreconciliable, convendría recordar que una parte del urbanismo feminista se ha dirigido a cuestionar precisamente la separación ideológica entre espacios de producción y de consumo (McDowell y Massey, 1984 o McDowell, 1986). 

La idea de urbanismo neoliberal y sus limitaciones

La denuncia del urbanismo neoliberal ha sintetizado, al menos en los últimos treinta años, gran parte del análisis crítico del desarrollo capitalista de urbanistas y geógrafos. Los trabajos de David Harvey (2007a, 2007b) desde los años noventa han aportado mucho a la clarificación de esta idea, pero también los de la nueva geografía política crítica de Jessop (1990) o Brenner (2004). No obstante, la popularidad de la expresión es tal que en algunos momentos ha corrido el riesgo de convertirse en un cliché vacío de contenido. El neoliberalismo puede entenderse como un modo de regulación o patrón particular del capitalismo tardío, que se define por oposición al desarrollo organizado bajo Estados centralizados que caracteriza el periodo entre las crisis de 1929 y 1973. En términos muy generales, puede describirse como un tipo de política económica (ideología y cultura) que propugna la gestión más eficiente de los recursos mediante mercados autorregulados y que se expande desde los años setenta por todo el globo a partir de los experimentos pioneros de Thatcher, Reagan y Pinochet.

El giro neoliberal de la década de 1970 es un giro espacial. Uno de sus elementos característicos ha sido el desmantelamiento de las políticas de desarrollo productivo y reequilibrio territorial propias de la planificación económica estatal. También la desregularización de los mercados de suelo y vivienda y su progresiva financiarización a partir del endeudamiento de los hogares o de su apropiación por parte de fondos de inversión. El gran hito de la desregulación neoliberal en España es probablemente el Decreto Boyer de 1985, que implica la eliminación de las políticas proteccionistas en los alquileres urbanos y la desregulación del mercado de crédito, dando lugar al auge de una versión del desarrollo capitalista fundamentada sobre el sector inmobiliario-financiero. Esto se ha interpretado como una exacerbación de la espacialización de la economía en el contexto del capitalismo tardío (Lefebvre, 1972; Harvey, 1990; Rolnik, 2017). La urbanización y la vivienda, convertida prácticamente en un activo financiero, se convierten en un circuito fundamental para la circulación de capital, donde se generan enormes beneficios especulativos, generando crisis periódicas cada vez más violentas (1996, 2008…). 

Hay varios peros que hacer a esta caracterización. El primero de ellos es que el neoliberalismo dista de ser un patrón homogéneo en un mundo extremadamente diverso. A menudo se ha generalizado en exceso a partir del más estudiado ejemplo angloamericano, asumiendo que el resto del mundo seguiría el mismo patrón, cuando en realidad la política neoliberal ha dado lugar a formas espaciales más bien variadas. Por ejemplo, mientras que la planificación estratégica ha podido relegar por completo a la tradicional ordenación urbana en las ciudades estadounidenses, esto debe matizarse mucho respecto de la más intervencionista Europa continental. Por esta razón, desde hace tiempo se tiende a hablar del neoliberalismo realmente existente (Peck, Brenner y Theodore, 2018) para distinguir los discursos neoliberales, más homogéneos, de la compleja realidad espacial en la que se acaban plasmando.

Otra precaución crítica muy extendida es la de revalorizar el papel del Estado en el desarrollo del neoliberalismo. Aunque este último se identifique con políticas promercado, el Estado sigue jugando un papel clave y es fundamental para el desarrollo neoliberal. Polanyi (1989) ya denunciaba hace mucho que la idea de mercados autorregulados era más una proyección utópica del pensamiento liberal que una posibilidad real. Hay incluso quien llega a afirmar que en el marco neoliberal el Estado incrementa su intervención, solo que en lugar de políticas redistributivas se vuelca en favorecer la acumulación de capital y a las clases ya privilegiadas. Nunca más que ahora, el Estado en sus diferentes niveles se ha volcado en el desarrollo de costosas infraestructuras sobre las que se apoya la economía privada. Cumple además una indispensable función policial y mediadora, indispensable para que las principales instituciones del capitalismo neoliberal puedan actuar libremente.

El urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos

Existe aún otro aspecto que pone coto a una visión dogmática de lo que es la organización del espacio neoliberal. Más allá del discurso liberalizador e individualista en lo económico, el neoliberalismo no es reducible a posiciones convencionalmente conservadoras. De hecho, a menudo puede suceder lo contrario. El urbanismo neoliberal tiene un carácter fundamentalmente ideológico. Recurriendo a la vieja fórmula marxista, el mercado tiene una forma de operar fundamentalmente ideológica. Lo que es codicia y usura aparece como su contrario, como la máxima posibilidad de igualdad y libertad. La igualdad y libertad de los agentes económicos implica la subordinación y coacción del trabajo asalariado. En este sentido, el urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos. De esta manera, los discursos radicales sobre la teoría arquitectónica y urbanística de los años setenta han sido a menudo reciclados para dar cobertura a prácticas neoliberales. La institucionalización del discurso ecologista es paradigmática, con la idea de sostenibilidad multiplicándose entre documentos y planes, de tal manera que acaba convirtiéndose en simple ruido, una palabra vacía cuya única función es dar una cobertura moral a los proyectos de desarrollo urbano. Ciertos tipos de discurso progresista, como el del desarrollo sostenible, son el complemento ideológico por excelencia del urbanismo neoliberal más cínico (Swyngedouw, 2011). 

Efectos del urbanismo neoliberal

Los efectos del urbanismo neoliberal sobre el territorio se derivan de los propios planteamientos de esta ideología. En primer lugar, el urbanismo neoliberal se identifica con toda una serie de cambios en las fórmulas políticas. Por un lado, hay una tendencia a la descentralización, en la que la escala local adquiere un mayor peso a medida que el Estado pierde competencias respecto de la planificación económica y espacial. Esto ocurre evidentemente de una forma muy desigual en el mundo, principalmente en Occidente. El nivel de descentralización de los estados americanos siempre ha sido mayor, pero en el contexto europeo también se refuerzan o se crean ex novo escalas de gobierno local y regional para la ordenación territorial y económica (Brenner, 2004). Este tipo de descentralización permite una mayor cercanía con el territorio, pero también redunda por lo general en una pérdida de las capacidades de intervención política. Por otro lado, la idea de gobernanza urbana, que se populariza en este contexto, implica un reconocimiento de la diversidad de agentes que intervienen en el espacio, más allá del Estado. No obstante, estos agentes que se integran en el planeamiento son fundamentalmente agentes de mercado y la propia política urbana y regional tiende a sufrir un giro empresarialista, planteando el gobierno local como coaliciones orientadas al crecimiento económico que deben competir en un mercado de ciudades por atraer inversiones y visitantes. Algunos autores hablan de una situación pospolítica (Wilson y Swyngedouw, 2014), relacionada con el carácter cada vez más técnico de las instituciones de gobierno, al tiempo que se vacían de capacidades genuinamente políticas. Esto encuentra su reflejo en una cultura ciudadana cada vez más individualista y desconfiada de la política.

En segundo lugar, la política neoliberal implica una expansión de la mercantilización del espacio. Por mercantilización entendemos el proceso por el cual la gestión de un recurso debe guiarse por su valor económico y no por criterios de necesidad. En términos marxistas, el valor de uso se vería sometido al valor de cambio. Esto es aplicable tanto a la remercantilización de servicios y recursos que eran gestionados por instituciones públicas como al desarrollo de nuevas formas de aprovechamiento crematístico del espacio. En el primer sentido, resulta clave la remercantilización del mercado de la vivienda, como un proceso paulatino, tras un periodo en el que la provisión de suelos o vivienda había estado dirigida en gran parte por el Estado. El desmantelamiento de las políticas públicas de vivienda, los sistemas públicos de provisión de crédito y la desregularización de las rentas urbanas conducirían a que la gestión del espacio y el alojamiento se realice bajo criterios progresivamente mercantiles (Rolnik, 2017; Aalbers, 2016). En el segundo, el objetivo de atraer residentes y visitantes ha dado lugar a la transformación de la ciudad y sus partes en una especie de seudomercancías. La propia imagen de la ciudad se convierte en una marca comercial. La política urbana se orienta a crear proyectos y lugares atractivos, nuevos iconos estéticos y espacios comerciales que atraigan residentes y turistas. La propia dinámica del espacio público, especialmente en los centros urbanos, se dirige a un uso progresivamente mercantil, con distintas formas que promueven su gestión privativa. Por supuesto, la política turística es la máxima expresión de esta mercantilización del espacio, dedicando sectores enteros de las ciudades, generalmente los más significativos simbólicamente, a canalizar las divisas traídas por los visitantes. Los enclaves en los que reside la identidad colectiva de las ciudades son transformados en algo parecido a parques de atracciones, en los que nuevas rondas de inversión conllevan un constante proceso de destrucción creativa que hace difícil que la población se pueda reconocer en ellos (Sequera, 2022; Murray, 2015; Mansilla y Milano, 2019). 

La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos 

Finalmente, las políticas promercado y el desmantelamiento del Estado intervencionista y de las políticas redistributivas impactan directamente sobre los grupos más vulnerables. Por un lado, la jibarización y descentralización de las políticas de vivienda dejan en la estacada a los grupos más vulnerables, excluidos del mercado por una u otra razón. Los problemas de vivienda han seguido afectando a los hogares más pobres (con mayor riesgo de ver coartado un flujo periódico de ingresos), a las y los jóvenes (sin posibilidades de acceder a una vivienda propia) o a quienes están en situación de vulnerabilidad, especialmente los hogares monoparentales de mujeres de clase trabajadora con hijos, relegados a situaciones de gran inseguridad económica. Por otro lado, la privatización del parque público de viviendas da lugar a que los gobiernos no tengan capacidad de actuación ante crisis habitacionales, como sucedió con la crisis hipotecaria de 2010-2012, o de intervenir ante procesos como el vaciamiento de los centros históricos por el auge de los alquileres temporales para turistas. Finalmente, al tiempo que se sobreinvierten los enclaves con mayor potencialidad económica, se dejan a su suerte sectores enteros, generalmente los viejos barrios de clase obrera en los que se concentraban las grandes operaciones de vivienda pública del siglo XX, convertidos a menudo hoy en contenedores de pobres. La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos, acentuando los problemas de segregación socioespacial, exclusión y estigmatización.

Los patrones generales de la ordenación del espacio neoliberal están bastante definidos y se llevan difundiendo a nivel global desde hace ya cuarenta años. Los tiempos, ritmos e intensidades han sido diferentes en distintas partes del mundo, desde el rol pionero del Cono Sur o el ámbito angloamericano a la conservación de cierto intervencionismo en países de la Europa occidental, pasando por la terapia del shock en Europa del Este y Rusia o los heteróclitos procesos de mestizaje político-económico de China. Al mismo tiempo, podríamos considerar hasta qué punto este es un modelo en decadencia en la actualidad. La ordenación neoliberal ha encontrado sus resistencias en movimientos en defensa del territorio, de los barrios y las ciudades, abanderando el espacio social como soporte de la vida antes que como medio de extracción de valor. Las políticas antineoliberales han tendido a revertir procesos de mercantilización y privatización, notablemente en el caso de los gobiernos progresistas de América Latina, mientras que las iniciativas municipalistas europeas han operado a una escala menor, pero con unos planteamientos bastante similares. No obstante, también se han desarrollado amenazas al modelo neoliberal netamente conservadoras, que son las que pueden tener más peso en un cambio de paradigma en la actualidad, con el desarrollo de cierto capitalismo corporativo y centralizado al oriente y al occidente (de los EE UU de Trump a la Rusia de Putin). Es posible que en un futuro cercano hablemos de nuevos paradigmas en la organización del espacio, pero estos no tienen que ser necesariamente mejores a los precedentes. 

2 junio 2022

Por Ibán Díaz Parra, profesor de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla 

Referencias

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El papel estratégico de las ciudades para el capital

Críticas y Alternativas al urbanismo neoliberal

 

Las múltiples crisis del capitalismo globalizado son también la crisis del modelo urbano que ha promocionado. Según el Banco Mundial, en el año 2020, alrededor de 4.500 millones de personas vivían en ciudades, aproximadamente el 55% de la población mundial. Bajo las condiciones actuales, este crecimiento alcanzaría los 6.000 millones de personas en el año 2050. El desarrollo de un mundo globalizado es la consecuencia del desarrollo capitalista de los últimos dos siglos. Sin embargo, la pulsión urbanizadora del capitalismo también ha demostrado ser el eslabón débil para hacer frente a estas múltiples crisis. En el mundo globalizado en el que las urbes actúan como nodos, las enfermedades como el coronavirus se transmiten casi a la misma velocidad que los flujos financieros o de información. El modelo urbanizador capitalista es además responsable de la crisis ecológica en su conjunto, como demuestra el propio caso del coronavirus: la zoonosis causante de la transmisión del coronavirus a la especie humana está directamente relacionada con la depredación de la naturaleza por parte de un modelo de desarrollo productivista y urbanizador.

La creciente urbanización de la población mundial lleva en ella la generación de desigualdades sociales cada vez mayores. Lejos de ser un sinónimo de desarrollo, las tendencias contemporáneas de la urbanización a nivel mundial se traducen en la multiplicación de lo que Mike Davis llamaba ciudades miseria. Sin embargo, tal y como muestran las previsiones del Banco Mundial, el proceso urbanizador está destinado a seguir progresando, siendo fundamental para el desarrollo del capitalismo. La clave de esta contradicción se encuentra en la doble naturaleza de las ciudades como expresión de las contradicciones del capitalismo, a la vez que para el propio capitalismo son potenciales fuentes de solución a su crisis. En este texto intentaremos plasmar algunos de los elementos de este funcionamiento desde la perspectiva marxista. 

La lógica neoliberal del desarrollo urbanístico 

Desde el punto de vista histórico, el desarrollo urbano ha ido de la mano con el desarrollo de las fuerzas productivas. En aquellos países donde se desarrolló en primer lugar el capitalismo industrial, la necesidad de concentración de mano de obra mediante la desposesión de medios de subsistencia como la tierra y la necesidad de conectar diferentes actividades manufactureras fueron los primeros motores del crecimiento urbano. Esta relación causal se ha visto alterada y transformada durante los últimos cuarenta años, al calor de un capitalismo que entró en una situación de crisis crónica. Una manera de observar este fenómeno es centrándonos en analizar el reparto del empleo por sectores en las ciudades. Los datos ofrecidos por el Banco Mundial entre 1991 y 2019 muestran que en el año 2012 se alcanzó un pico en términos de los empleos industriales en las últimas tres décadas, alcanzando el 23,11% de los empleos mundiales, cayendo desde entonces hasta el 22,5%. Es evidente que el propio desarrollo económico desigual hace que estas cifras tengan muchos matices en función del país y la región del planeta en la que se encuentre. Sin embargo, más allá de tener en cuenta las especificidades regionales, tomando los datos de China, estos arrojan una imagen casi idéntica a la media mundial (datos anteriores a la pandemia Covid-19). A las cifras de los empleos industriales podemos contraponer los empleos existentes en el sector servicios, que han ido creciendo ininterrumpidamente a nivel mundial desde el 35% de los empleos totales en 1991 a superar el 50% en 2019 (en el caso de China pasando del 19 al 47%) 4/. Mientras las ciudades seguían creciendo, la producción de mercancías ha perdido peso en términos de empleo frente a la prestación de servicios. 

En el caso del Estado español, el descenso global del empleo en la industria ha pasado del 32% al 20%, mientras que los empleos en los servicios han pasado del 57% al 75%. De este 75%, al menos un 11% corresponde al sector turístico, en el que la economía española ha tendido a especializarse. Comparando estos datos demográficos del crecimiento de las ciudades, existe una correlación entre el desarrollo de los empleos de servicios y el crecimiento urbano. Si bien es cierto que esta urbanización fue más rápida entre las décadas de 1960 y 1980 (época de mayor ímpetu en el desarrollo industrial), el proceso de urbanización ha seguido su curso durante los últimos 40 años, acogiendo al 80% de la población española. Poner de relieve la relación entre los cambios en la estructura del empleo y el desarrollo de las ciudades nos permite explicar el papel singular que las ciudades han pasado a ocupar en el proceso de acumulación capitalista en las últimas décadas, así como entender las modalidades de apropiación que el capital ha desplegado en los últimos años. 

Crisis del capital y la ciudad como espacio de reproducción de las relaciones capitalistas

Para adentrarnos en los mecanismos del desarrollo urbano actual conviene echar la vista atrás y entender el desarrollo del capital a partir de la crisis económica de los años setenta. El largo período de crecimiento y de desarrollo productivo que precedió esta crisis a partir de finales de los años cuarenta fue una causa decisiva para el desarrollo de las ciudades europeas. La rapidez y profundidad de las transformaciones espaciales que dejó el capitalismo a nivel de las inéditas aglomeraciones de población abrió la puerta a debates y reflexiones en torno a las razones de la propia estructuración de las ciudades (especialmente entre Henri Lefbvre y Manuel Castells), así como sobre la propia disposición espacial de espacios productivos como las fábricas (principalmente por el operaísmo italiano). Estos debates, cuyas coordenadas siguen en gran parte vigentes a día de hoy, giraron en torno a la idea de la capacidad del capital para producir el espacio, tanto según sus necesidades para la producción y circulación de mercancías como con el objetivo de asegurar su dominio ideológico. 

La relativa paradoja que podríamos señalar aquí sería que, tras el final de esta onda larga expansiva, a partir de los años setenta, la relación del capital con el espacio físico no se relajó, sino que incluso se incrementó. Las fuertes implicaciones que tuvo en términos de intensidad de la transformación del espacio y de la subsunción del medio rural por el medio urbano llevaron al pensador marxista Henri Lefebvre a definir este proceso como una “revolución urbana” (Lefebvre, 1970).

Una manera de aproximarnos a este fenómeno es a través de la necesidad, identificada por Karl Marx, que tiene el capital de reproducirse de manera ampliada. La crisis del capitalismo de los años setenta, que marcó el fin de la onda larga creciente, tuvo como consecuencia una reestructuración de la producción a nivel mundial (Mandel, 1979). La ampliación de las escalas de producción, la constitución de cadenas globales de valor permitía desgajar márgenes de beneficio que se iban ajustando progresivamente en los procesos productivos. Siguiendo el enfoque que Karl Marx desarrolla en El Capital, estas estrategias estaban destinadas a poder generar mejores condiciones que propiciaran el proceso de “reproducción ampliada del capital” (entendido como la reproducción directa de las relaciones de producción y consumo que permiten valorizar una inversión de capital). Sin embargo, los márgenes para esta reproducción ampliada dentro de la economía productiva resultaban ser cada vez más estrechos, de modo que la respuesta del capital se basó en la extensión de los espacios y condiciones de extracción de plusvalía. Este desarrollo se ha traducido en una multiplicidad de procesos: desde la integración de nuevos sectores de la población al trabajo asalariado y el desarrollo del sector financiero hasta la privatización de servicios públicos, pasando por una relación con el espacio físico cada vez más basada en su mercantilización. Estos avances en el proceso de reproducción ampliada permitían además el desplazamiento de las contradicciones en el tiempo y en el espacio. 

 David Harvey, autor de referencia en el análisis de estos procesos en el espacio, y en particular en las ciudades, relaciona el proceso de expansión de la reproducción con el proceso de “acumulación por desposesión” (Harvey, 2005). Esta acumulación por desposesión permitiría actualizar el concepto desarrollado por Marx relativo al proceso de “acumulación primitiva”, y que identificó como necesaria para que pudiese tener lugar el proceso de acumulación industrial. Para Harvey, las ofensivas sobre los derechos sociales, así como sobre los territorios, mostraban que este proceso no estaba históricamente circunscrito al periodo de los inicios del capitalismo industrial, sino que tiende a intensificarse en los momentos de crisis en el proceso de acumulación productiva. 

Más allá, Harvey elabora un marco conceptual para explicar la relación existente entre un capital productivo en declive, el desarrollo urbano y el crecimiento fulgurante del capital financiero a partir de los años ochenta. Para Harvey, la saturación en la acumulación del capital manufacturero conducía a un proceso de “cambios en el capital” (capital switching en inglés), en el que el capital saltaba del “circuito primario” (el proceso de la producción de mercancías) al circuito llamado “secundario” (o de desarrollo de las infraestructuras). Este desarrollo del circuito secundario es el que habría alimentado el crecimiento de las ciudades a partir de la crisis de los años setenta. En última instancia, autores como Manuel Aalbers (2008) argumentan que el proceso de “cambio en el capital” se da entre el capital financiero y el capital físico, sin que haya una conexión directa con la esfera productiva propiamente dicha.

Este marco conceptual nos sirve de hoja de ruta para entender los desarrollos urbanos como el español, basado en la construcción y en el endeudamiento. El Estado español, contando con una economía de segundo orden dentro de los procesos de valorización europeos y mundiales, mostró de manera acusada la crisis de las relaciones productivas y la necesidad de ampliar los procesos de extensión de la actividad del capital. La precarización de la clase trabajadora y la creciente especialización en el turismo son dos caras de este proceso de reproducción basado en el desarrollo del capital inmobiliario y financiero. 

El desarrollo urbano español a la luz de la crisis de reproducción del capital

A pesar de la cierta abstracción de los conceptos anteriormente descritos, estos son importantes para entender el lugar que han ocupado el sector turístico y el de la construcción como especialización dentro de las economías europeas. Desde el punto de vista de cómo el capital ha reorganizado sus fuerzas y sus inversiones, podemos analizar el desarrollo urbanístico español en torno a tres grandes ejes: la especialización en el turismo como sector económico, el desarrollo inmobiliario y el modelo de gobierno municipal. 

En primer lugar, el desarrollo del turismo como una especialización de la economía española. Este sector conforma un 12,1% del PIB español en 2019 5/, con un 11% de la fuerza de trabajo empleada y contabilizada. Los grandes focos turísticos han pasado o pasan por procesos de intensa urbanización, como atestigua el desarrollo urbanístico de las costas mediterráneas. Además, antes de la pandemia de coronavirus, este sector ha vivido un intenso crecimiento, habiendo crecido más del 50% en términos de recaudación entre 2015 y 2019. Recordemos que el turismo demanda grandes cantidades de trabajo barato, para tareas altamente precarizadas. 

En segundo lugar, debemos citar el desarrollo inmobiliario, principal motor del crecimiento económico hasta la crisis del 2008. Las posibilidades de desarrollo del sector de la construcción estuvieron determinadas por su papel estratégico para las posibilidades de inversión del capital financiero: en contextos de incertidumbre, la inversión en capital inmobiliario permite fijar el valor del capital financiero en activos fijos. Un segundo elemento explicativo de este desarrollo se encuentra en el conjunto de innovaciones financieras que se constituyeron alrededor de los mercados hipotecarios y fueron la base del desarrollo de títulos financieros que permitieron la expansión de los capitales ficticios en torno a la deuda basada sobre el capital inmobiliario. Por último, el boom de la construcción jugó el papel de ofrecer una vía hacia al ascensor social mediante el endeudamiento, en un contexto de retroceso en las condiciones laborales y de la fragmentación social relativa a la pérdida de derechos. De hecho, frente a un sistema de bienestar menos garantista que en otros países europeos, la promoción de la vivienda en propiedad y la transmisión del patrimonio ha jugado un papel fundamental desde la época del franquismo.

En tercer lugar, más allá de discursos simplistas sobre el papel del Estado en el contexto de la economía neoliberal, hay que subrayar que las políticas municipales han jugado un papel clave en permitir y alabar los dos fenómenos anteriores. En la línea del enfoque desarrollado por Harvey, el rol asumido por las administraciones municipales se convirtió en el de la promoción de la iniciativa privada para poder desarrollar las ciudades. El desarrollo de un gobierno de las ciudades de tipo neoliberal sentó las bases para que la promoción de la inversión inmobiliaria se pudiera desarrollar. La competición para atraer proyectos de desarrollo inmobiliario lleva a las administraciones tanto a facilitar licitaciones para la construcción de promociones inmobiliarias como a comprometer grandes cantidades presupuestarias para el desarrollo de grandes eventos destinados a poner las ciudades en el mapa. En general, estos eventos tenían como resultado la valorización del suelo de las ciudades, procesos de desplazamiento forzados o inducidos mediante la gentrificación y el endeudamiento masivo de la propia administración municipal. 

La transformación de las ciudades tras la crisis de 2008

La crisis de 2008 puso fin a la burbuja inmobiliaria sin alterar la intensa relación que mantiene el capital financiero con el capital inmobiliario. Hacer aquí una panorámica excede el espacio de este texto, pero sí que apuntaremos dos elementos marcantes para la relación con el espacio urbano. 

El primero, la crisis y su gestión ha llevado al capital financiero a diversificar su presencia en el mercado inmobiliario y extenderse al mercado del alquiler, que estaba abocado a crecer tras el estallido de la crisis y la ola de desahucios que implicó. La entrada en este mercado ha sido apoyada y acompañada por parte del Estado. La compra mediante el FROB de una gran parte de los llamados activos tóxicos (básicamente hipotecas de dudoso cobro) y su posterior saneamiento por parte de la SAREB han significado una transmisión de estas viviendas a fondos de inversión (Gabarre, 2019). La gestión de estos bienes se ha llevado a cabo por parte de las sicav, cuyas regulaciones se flexibilizaron en 2012. Estos fondos han encontrado en el mercado del alquiler un punto de apoyo importante para poder seguir extrayendo rentas del capital inmobiliario, jugando un papel fundamental en la inflación de precios del alquiler. 

El segundo elemento que ha integrado lógicas mercantilizadoras en los entornos urbanos es el del desarrollo de la economía de las plataformas. Estas estructuras se han desarrollado durante la última década insertándose en el ámbito de la circulación de mercancías y la prestación de servicios. Estas plataformas basan su negocio en cuatro principios: en primer lugar, son nichos para la extracción de rentas en procesos ya existentes (como el alojamiento o el reparto de mercancías); segundo, actúan bajo el principio de la (falsa) horizontalidad entre proveedores y consumidores, pero con la capacidad y voluntad de saltarse regulaciones laborales y fiscales esenciales; tercero, este papel de extractores de riqueza está íntimamente ligado a su papel (casi) monopolista, lo cual les provee de una papel crucial en el sentido de la acumulación, gestión y venta de datos de las y los consumidores. Según Snircek (2017), esta parte del negocio incluso superaría en términos de beneficios el verdadero cometido de estas plataformas. Por último, se trata de estructuras fuertemente integradas en los mercados financieros, generando activos financieros en base a los servicios prestados. 

Conclusión

Con este texto hemos pretendido ofrecer unas breves pinceladas del sentido de la forma ciudad bajo el capitalismo actual, siendo no solo un producto de las necesidades del capital, sino además un mecanismo para la extracción de riquezas sobre las clases trabajadoras. El caso de la relación entre capital y vivienda muestra la capacidad de innovación que el capital está dispuesto a desarrollar para abrir nuevos espacios para la acumulación, combinando el negocio del mercado hipotecario con la financiarización del mercado del alquiler. La apropiación capitalista de la ciudad también funciona como nexo de las relaciones entre ámbito productivo y reproductivo. Así, mientras que en la introducción a este texto establecimos la relación existente entre urbanización y crisis climática, la financiarización de las ciudades es una causa fundamental para explicar la invisibilización y/o precarización de las tareas reproductivas y por extensión de las mujeres, principales encargadas de asegurar estas tareas. 

La crisis sanitaria y el creciente impacto de la crisis climática sacaron a relucir algunas de las miserias de la forma urbana contemporánea. Sin embargo, frente a esta crisis no debemos esperar a que se desarrollen soluciones que le hagan frente y que permitan construir ciudades democráticamente desde las necesidades humanas. Al contrario, el papel estratégico que juegan las ciudades para el capitalismo hace que cualquier solución que se plantee desde la perspectiva del capital pasará por una creciente absorción del espacio y de las relaciones sociales en el proceso de acumulación del capital. 

Mats Lucia Bayer es miembro del CADTM (Comité por la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo)

 

Por Mats Lucia Bayer

2 junio 2022

Referencias

Aalbers, Manuel B. (2008) “The Financialization of Home and the Mortgage Market Crisis”. Competition & Change, 12(2), 148-166.

Harvey, David (2005) El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. Madrid: Akal.

Gabarre de Sus, Manuel (2019) Tocar fondo. La mano invisible detrás de la subida del alquiler. Madrid: Traficantes de Sueños.

Lefebvre, Henri (1970) La revolución urbana. Madrid: Alianza Editorial.

Srnicek, Niock (2017) Platform capitalism. Cambridge: Polity.

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La evolución urbano-ambiental de las ciudades chinas

De unidad industrial a urbanidad sustentable

 

A lo largo del tiempo las ciudades han desempeñado diversas funciones. En general éstas representan espacios donde se aglomera la población, donde se forman circuitos económicos de producción e intercambio y donde se densifican las relaciones sociales. El fenómeno urbano no ha sido unívoco en tiempo y espacio, ha transitado por diferentes configuraciones y jerarquías, rompiendo y re escalando los espacios locales, regionales y nacionales a los que estaba constreñido en el pasado, para posicionarse como un elemento fundamental que permite articular la economía de la globalización. Las ciudades contemporáneas son actualmente los lugares fundamentales en las estrategias de desarrollo económico, ya que representan los ejes articuladores de las inversiones, del despliegue de infraestructuras, de estructuración de los mercados de bienes y trabajo y de procesos de innovación tecnológica. Las ciudades juegan un papel importante en el liderazgo que asumen los procesos económicos al representar los principales nichos de inversión, comandar los procesos de reestructuración productiva y conformar centros de decisiones económicas y políticas.

China está experimentando un rápido proceso de urbanización único en el mundo, la población urbana está siendo mayoría y muchas ciudades están lentamente respondiendo con herramientas contemporáneas al manejo de sistemas urbanos sustentables. A pesar del corto plazo, el avance de las ciudades chinas ha sido asombroso en cuanto al manejo del crecimiento exponencial de la población urbana, el manejo de los residuos, la relación con el medio ambiente y el aumento de la calidad de vida. Actualmente las ciudades chinas han mejorado urbanísticamente y han pegado un salto cualitativo y cuantitativo en el planeamiento urbano del siglo XXI.

La relación con el ambiente-territorio

China ha tomado medidas de prevención para la protección ambiental desde la década de los años setenta. Por ello, ha tenido un gran progreso al respecto. La protección ambiental-territorial es una de las tres políticas nacionales básicas de China, que son planificación familiar, ahorro de recursos y la ya señalada. Éstas fueron adoptadas en los años ochenta. Hoy en día, China está en un proceso de industrialización y urbanización que se ha acelerado desde finales de los noventa. Después de más de treinta años de desarrollo, la política de protección ambiental china se ha endurecido, podemos mencionar que las principales ciudades de la costa este y sur han enfrentado los problemas de contaminación de agua, aire, ruido y de manejo de desechos sólidos; mientras que, en centro y norte del país, aun queda mucho por resolver. Los problemas de medio ambiente generan no sólo impactos negativos en la vida diaria de la población, sino también en el desarrollo sustentable urbano.

China ha logrado un progreso importante en protección ambiental. Durante el 11° Plan Quinquenal (2005-2010), China alcanzó sus objetivos de reducción de emisiones de dióxido de azufre un año antes, reduciéndolas en 14.29% en 2010 respecto a 2005, mientras que las emisiones de compuestos orgánicos en el agua se redujeron a la mitad con medio año de antelación, disminuyendo en 2010 12.45% respecto a 2005. En ambos casos se superaron los objetivos. Se estima que la reducción se ha duplicado para este 2020. China posee amplios recursos hídricos en su superficie y subterráneos, pero con una distribución temporal y espacial desigual. Algunas ciudades sufren escasez de agua, sobre todo en el norte del país. Otras padecen el problema de la contaminación del agua. El sistema de tratamiento de aguas residuales es bueno en las grandes ciudades, pero muy poco desarrollado en las ciudades medias y no puede ser usado para reciclaje de agua municipal. El tratamiento centralizado de aguas residuales domésticas es menor al 50% en algunas ciudades.

Actualmente se toman todo tipo de medidas ambientales en China, que han cambiado con el desarrollo económico, en especial por el proceso de desarrollo urbano e industrial. Las políticas relacionadas al desarrollo del territorio y al desarrollo ambiental incluyen la inversión de capital en los principales programas de protección ecológica, financiamiento ambiental a los municipios y políticas de extensión y devolución de impuestos. Así, distintas actividades reciben distintos incentivos fiscales por el uso de recursos provenientes de desperdicio para producción o para la obtención de nuevos materiales, por la inversión directa en proyectos de plantas de tratamiento y reciclaje o de reducción de contaminación, por la venta y producción de automóviles de bajas emisiones y para productos agrícolas vinculados a la reforestación y políticas de las praderas.

Medidas adoptadas

China ha adoptado medidas de prevención para reducir la emisión de contaminantes. La principal medida fue integrar la protección ambiental al plan nacional de desarrollo económico y social, para promulgar de manera sincronizada el diseño, la construcción y la operación del proyecto clave de instalaciones de prevención de contaminación. Hoy más del 95% de los proyectos claves cumplen con dichos requisitos. China ha adoptado totalmente al paradigma occidental moderno, donde el incremento en el ingreso se traduce inmediatamente en la compra de un número creciente de automóviles —dejando atrás las bicicletas de uso generalizado en años anteriores—, no sólo para satisfacer la necesidad de transporte sino como un bien posicional, ocasionando que el aire que se respira en las ciudades esté contaminado y tenga impactos importantes sobre la salud; el tiempo que se pasa trasladándose entre hogar y trabajo es cada vez mayor, a pesar de que la infraestructura para los automóviles crece permanentemente. Aunque es notorio el aumento de la movilidad eléctrica, incorporando a las ciudades nuevos modos de transporte; bicicletas, motos y autos eléctricos van regenerando lentamente el ambiente urbano-vial. Pero el mayor cambio se dio en el transporte público, en donde prácticamente todo el sistema esta equipado con modernos buses eléctricos. Ciudades como Beijing, Tianjin, Shanghai, Shenzhen, Guangzhou, Chongqing y Hangzhou están a la vanguardia, cada año se incorporan mas ciudades al moderno sistema, tanto así, que China es el país con el sistema de transporte publico mas grande del mundo, desarrollando nuevos sistemas de metro y trenes de alta velocidad.

El acelerado proceso de urbanización afecta la calidad del medio ambiente. El acceso universal al agua potable de fuentes endógenas, el manejo adecuado de los desechos y el mantenimiento limpio de la atmósfera son asuntos que en la práctica no eran considerados en su real importancia con un enfoque de sustentabilidad, pues hacerlo elevaría los costos de los procesos urbanos, cuestionando el crecimiento económico en el corto plazo. Lentamente hoy eso esta cambiando y se están observando casos de un manejo responsable de los recursos hídricos sin afectar la urbanización territorial. Dado que el fenómeno de la urbanización es un elemento indispensable para el desarrollo de China, se están creando nuevos espacios urbanos en los alrededores de las ciudades existentes con los elementos necesarios para generar un salto en la calidad de vida de sus habitantes, desde el uso de energías renovables, el correcto manejo de los residuos, la utilización de vehículos eléctricos y una sociedad involucrada y comprometida con generar espacios urbanos que generen calidad urbana. El gobierno chino ha decidido crear más de 100 eco-ciudades, es decir urbanizaciones que se basan en el cumplimiento de principios ecológicos. Se trata del proyecto más ambicioso del mundo en ese rubro, pero que para empezar se ha querido concretar en la construcción de cinco, de las cuales ya están en la etapa final.

El más notable de todos es el proyecto de la ciudad ecológica de Tianjin, en asociación con Singapur. Pero debemos tener claro que para que un conglomerado urbano sea sustentable tiene que cumplir con criterios que están fuera del mercado, que son autocontenidos en el sentido de la importación de materiales y energía, así como de la generación y el manejo de desechos de cualquier tipo; ello mantendría esas urbanizaciones fuera de la lógica general, sin que quede claro cómo se lograría integrar este modelo con el dominante, cuyo motor actual es competir con base en altas externalidades negativas. Hacer una ciudad sustentable es de por sí una contradicción en sus propios términos, pero hablar cuando menos de eco-ciudades es diferente a producir tecnologías ecológicas, donde China está a la cabeza, o aplicarlas a procesos aislados, sin integrarlas en una lógica sistémica.

Urbanización sustentable y adaptable

El caso de China, en donde está tomando acción para una mejora de los sistemas urbanos, puede ser replicado en otros países siempre y cuando se adapten a las regulaciones locales. Debido al rápido desarrollo urbano, las ciudades en el mundo se están transformando en entes orgánicos que cambian día a día. Crear una urbanización con reglas fijas no generara un beneficio para los habitantes del futuro, las ciudades mutan y se readaptan a las situaciones generacionales de la población. China esta viviendo aceleradamente este cambio, y es altamente palpable para los que visitan el país cada 5 años. La sustentabilidad de una zona difícilmente podrá ser alcanzada dentro de la insustentabilidad del sistema nacional. No se trata solamente de un modelo de urbanización u otro, el gobierno central tiene que garantizar que el crecimiento urbano no se dé a costa de lo que sea con tal de crecer, sino que se trata de planear un adecuado uso de los escasos recursos del país para el bienestar de su población y sin impactos negativos ni dentro ni fuera de sus fronteras, lo que de verdad la convertiría en paradigma a seguir por el resto del planeta. Desde hace mas de 10 años que visito China y en cada visita he sido testigo de un avance urbano bien planificado y readaptado a las condiciones contemporáneas de los habitantes. La calidad de vida ha aumentado significativamente dando lugar a espacios mas sanos, mejor infraestructura y un desarrollo edilicio-arquitectónico que pone de manifiesto el nuevo perfil urbano que se quiere generar a futuro. 

El autor es arquitecto y planificador urbano-territorial. Profesor de idioma chino. Actualmente realizando una maestría en planificación urbana sustentable en la Universidad de Tongji, Shanghai. Investigador del Centro Latinoamericano de Estudios Políticos y Económicos de China (CLEPEC)

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Egipto apura el paso para estrenar su nueva capital y dejar atrás El Cairo (+ Video)

Egipto apura las obras de su fastuosa nueva capital en medio del desierto, ubicada al este de El Cairo, para que desde el inicio del verano empiecen a mudarse los primeros empleados públicos, antes de la demorada inauguración oficial del proyecto insignia del presidente Abdel Fattah al-Sisi.

En el corazón de la flamante ciudad, los trabajadores dan los toques finales a una avenida de ministerios con reminiscencias de templos faraónicos y al complejo islámico conexo, compuesto por dos domos parlamentarios y un inmenso edificio presidencial.

Un monorriel atravesará el distrito financiero, dominado por una torre central de 385 metros de altura que ya está casi completada. Más allá, la silueta de un parque de 10 kilómetros de extensión, en cuyo fondo destaca una descomunal mezquita.

La ciudad, conocida simplemente como Nueva Capital Administrativa, fue diseñada para funcionar con tecnología inteligente en tierra virgen, lejos de la contaminación y el caos de El Cairo. También se jactará de sus propias sedes universitarias, lugares de ocio y barrio diplomático.

Pero el avance de las obras estuvo marcado por los altibajos, y cuando el financiamiento de los Emiratos Árabes Unidos resultó ser insuficiente, en 2015, los militares y el gobierno egipcio se hicieron cargo de los 25.000 millones de dólares del costo estimado de la primera fase, con inversiones directas fuera del presupuesto.

También se aseguraron algunos créditos y fondos internacionales

La pandemia del coronavirus también retrasó las obras, y cuando el gobierno se mude no estará completada ni la primera de las tres fases planeadas, que cubrirán 168 kilómetros cuadrados.

“Todos los proyectos de la fase 1 tienen un índice de finalización superior al 60%”, señaló Khaled el-Husseiny, vocero de la nueva capital egipcia.

El funcionario agregó que la demorada mudanza de los empleados públicos arrancará en julio, antes de la inauguración oficial de la ciudad, programada para fin de año.

Lo último en tecnología

Habrá centro de monitoreo electrónico de la infraestructura y la seguridad urbana, los techos estarán cubiertos de paneles solares, absolutamente todos los pagos serán electrónicos -sin circulación de efectivo-, y la ciudad garantiza 15 metros cuadrados de espacio verde por residente fijo.

“En esta nueva ciudad, tratamos de solucionar todos los problemas conocidos del pasado”, dice Husseiny.

Está previsto que la ciudad terminada sea hogar de al menos 6 millones de vecinos, y la segunda y tercera fases son básicamente desarrollos residenciales.

Pasarán décadas hasta que el proyecto esté concluido, aunque el gobierno tendrá plena capacidad operativa desde su nueva sede mientras siguen las obras, dice Amr Khattab, vocero del Ministerio de Vivienda, responsable de la ejecución de los barrios residenciales de la ciudad.

Lo que nadie sabe es cuánto tardará en moverse el centro de gravedad de Egipto desde El Cairo hasta la impresionante capital nueva en medio del desierto, a 45 kilómetros de las bondades del Nilo. Hasta ahora, las miles de unidades residenciales se yerguen vacías a lo largo de la ruta de ingreso a la ciudad.

La terminación del distrito financiero, que todavía no ha sido promocionado, está prevista para 2023.

La construcción del tendido del tren eléctrico y el monorriel ya está en marcha. Los primeros 50.000 empleados públicos que empezarán a trabajar aquí durante el verano tendrán un servicio de micros gratuito.

Según Khattab, ya se vendieron 5000 de las 20.000 unidades habitacionales del primer barrio residencial, que serán entregadas en mayo.

El lunes, el gobierno de Al-Sisi anunció 96 millones de dólares en incentivos para los empleados públicos elegidos para el traslado.

Venta de tierras

Los funcionarios dicen que más adelante la ciudad incluirá viviendas sociales y empezará a financiarse con la venta de terrenos, aunque no está claro cuántos ingresos han generado por esa vía hasta el momento.

De los 25.000 millones de dólares de la primera fase, alrededor de 3000 millones se están gastando en el distrito gubernamental, dice Husseiny.

El funcionario agrega que el gobierno obtuvo algo de financiamiento internacional para el tendido ferroviario, y un préstamo chino de 3000 millones de dólares que ayudó a financiar el distrito comercial, construido por la Corporación de Ingeniería de Construcción del Estado de China, la constructora más grande del mundo.

Al-Sisi se ha embarcado en múltiples megaproyectos de infraestructura y programas de desarrollo nacional, y se ocupa de aclarar que no piensa desatender al resto de las regiones.

“No nos vamos de El Cairo, Alejandría, Port Said, o las demás provincias. Estamos avanzando juntos con lo viejo y lo nuevo”, dijo el presidente la semana pasada, y agregó que la inauguración de la capital marcará “el nacimiento de un nuevo Estado”.

Aunque el argumento del gobierno de que la nueva capital puede reducir la congestión en El Cairo tiene sustento, también preocupa que la nueva ciudad sea inalcanzable e inaccesible para muchos.

“Estarán los que puedan vivir ahí, y los que no”, dice Alaa Ibrahim, un electricista de 39 años del barrio de Imbaba, una zona popular de El Cairo.

21 marzo 2021

(Tomado de La Nación)

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La pandemia no ha hecho sino profundizar las desigualdades en el espacio urbano

Con motivo de la celebración de Octubre Urbano, Ecologistas en Acción denuncia las políticas urbanísticas que se han desarrollado durante la pandemia, y que han agudizado los problemas de un modelo de desarrollo que ya existía.

  • Según la organización ecologista, la especulación urbanística y la construcción ilimitada en las ciudades ofrece la falsa idea de desarrollo económico y supone un peligro para el medioambiente y la calidad de vida de sus habitantes.
  • El control de los precios de los alquileres, la renaturalización urbana o la descarbonización de la movilidad, son algunas propuestas para exigir un urbanismo sostenible e inclusivo. 

Naciones Unidas ha declarado la celebración de un Octubre Urbano, un mes marcado por el Día Mundial del Hábitat (5 de octubre) y Día Mundial de las Ciudades (31 de octubre). Ecologistas en Acción aprovecha esta fecha para denunciar problemas como la especulación urbanística y para reivindicar un desarrollo sostenible e inclusivo de las ciudades.

Este mes de octubre la humanidad se enfrenta a nuevos retos en materia de habitabilidad a causa de la pandemia de la COVID-19. Retos que, para Ecologistas en Acción, se suman a problemas que desde hace décadas sufren las ciudades, como la especulación urbanística que expulsa a la población de menor ingreso de sus residencias; o el crecimiento de asentamientos de infravivienda, que coloca a su población en una situación de vulnerabilidad ambiental, inseguridad e insalubridad.

Ecologistas en Acción ha recordado que la pandemia no ha hecho sino profundizar las desigualdades en el espacio urbano. Los impactos sanitarios, sociales y económicos se han hecho más latentes en la población más vulnerable, precisamente por sus condiciones de habitabilidad relacionados con el empobrecimiento: hacinamiento, insalubridad, falta de espacios libres, carencia o dificultad de acceso servicios sanitarios y sociales.

Según la organización ecologista, la crisis sí ha abierto algunas ventanas de oportunidad. En las ciudades ha supuesto un cierto alivio en algunas de las presiones más fuertes que estas padecen, como el turismo y sus fenómenos asociados. Uno de ellos son los pisos turísticos, con fuertes efectos sobre el derecho a la vivienda, la calidad de vida en los tejidos urbanos tradicionales y la inclusión.

Asimismo, también se ha producido la caída de la demanda y de los precios de algunos productos como el terciario hotelero y oficinas, lo que podría favorecer la mezcla de usos y actividades, frente al “monocultivo” en esos mismos productos de muchos centros o áreas urbanas.

Por ello, Ecologistas en Acción señala que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2015-2030 de Naciones Unidas son la guía necesaria para las políticas públicas y las prácticas privadas ante los grandes desafíos del planeta para ‘Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles’.

En el Estado español, la organización ecologista apunta a la necesidad de revisar el impacto de un desarrollo urbano basado en la especulación, que en algún caso todavía puede frenarse. En concreto señala “las grandes operaciones inmobiliario-financieras, que son desarrolladas con la complicidad pública, ignorando el interés común y amenazando con infringir nuevos impactos al tejido urbano y social”, según ha declarado Luis Suárez, portavoz de Ecologistas en Acción.

Además, Ecologistas en Acción denuncia las iniciativas de algunos parlamentos y gobiernos regionales –como Andalucía, Región de Murcia y Comunidad de Madrid- que en plena pandemia han desarrollado planes que van en contra de los retos y compromisos citados. Estas comunidades autónomas han impulsado la urbanización del territorio  -incluso aquellos protegidos- poniendo en peligro a los ecosistemas.

La relación de desarrollo económico y urbanización ilimitada que proponen estas políticas no es nueva. Se trata de la misma fórmula desarrollista de los años 60 y 70 y que culminó con la burbuja inmobiliaria de principios del siglo XXI. Estos procesos, recuerda Ecologistas en Acción, han provocado la degradación generalizada de los ecosistemas y un modelo económico frágil ante los ciclos internacionales, insostenibles y de muy baja competitividad.

Suárez ha explicado: “La misma demagogia irresponsable que ha llevado a la relajación prematura de medidas de contención del virus, oponiendo economía y salud, utiliza el señuelo de la desregulación urbanística como mecanismo anticrisis. Más ladrillo para hacer renacer el mercado inmobiliario y turístico con la promesa ilusoria del empleo. Esto es pan para hoy, hambre para mañana”.

Por todo ello, Ecologistas en Acción anima que Octubre Urbano sea un mes de reivindicación ciudadana para exigir coherencia de las políticas públicas urbanas y territoriales. Y para demandar una salida a la crisis que camine hacia un urbanismo sostenible e inclusivo, donde la ciudad sea un derecho y se priorice lo público, la transición ecológica y la economía circular. 

Algunas medidas para conseguir estos objetivos son: el control de los precios de los alquileres, la creación de parques públicos de vivienda social, la renaturalización urbana, la descarbonización de la movilidad y la implantación de modelos de ciudad de proximidad y de los cuidados.

Por | 14/10/2020

Fuentes: Ecologistas en acción

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/151821/la-pandemia-no-ha-hecho-sino-profundizar-las-desigualdades-en-el-espacio-urbano/

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Esta diapositiva, tomada por el GPR, muestra datos y los contornos de las edificaciones de esa urbe, localizada al norte de Roma. Foto Afp

La tecnología captó sorprendentes detalles de Falerii Novi, ocupada por primera vez en el año 241 aC

 

Madrid. Arqueólogos mapearon por primera vez completa la ciudad romana de Falerii Novi, en Italia, mediante un avanzado radar de penetración terrestre (GPR), con detalles sorprendentes.

Según los científicos, esta tecnología podría revolucionar nuestra comprensión de los asentamientos antiguos.

Expertos de las universidades de Cambridge y de Gante descubrieron un complejo de baños, un mercado, un templo, un monumento público distinto a todo lo visto antes e incluso la extensa red de tuberías de agua de la ciudad. Al observar diferentes profundidades, puede ahora estudiar cómo evolucionó la ciudad durante cientos de años.

La investigación, publicada en la revista Antiquity, aprovechó los avances recientes en la tecnología GPR que permiten explorar áreas más grandes en una resolución más alta que nunca. Es probable que esto tenga implicaciones importantes para el estudio de las ciudades antiguas, porque en muchos casos no se puede excavar, ya sea debido a que son demasiado grandes o están atrapadas debajo de las estructuras modernas.

El GPR funciona como un radar normal, rebotando ondas de radio de objetos y usando el eco para construir una imagen a diferentes profundidades. Remolcando sus instrumentos detrás de un quad, los arqueólogos inspeccionaron las 30.5 hectáreas dentro de las murallas de la ciudad –Falerii Novi era un poco menos de la mitad del tamaño de Pompeya– tomando una lectura cada 12.5 centímetros.

Ubicada a 50 kilómetros al norte de Roma y ocupada por primera vez en 241 aC, Falerii Novi sobrevivió hasta el periodo medieval (alrededor del 700 dC). Los datos de GPR del equipo ahora pueden comenzar a revelar algunos de los cambios físicos experimentados por la ciudad en este momento. Ya han encontrado evidencia de robo de piedra.

El estudio también desafía ciertas suposiciones sobre el diseño urbano romano, mostrando que el de Falerii Novi estaba menos estandarizado que muchas otras ciudades bien estudiadas, como Pompeya. El templo, el edificio del mercado y el complejo de baños descubierto por el equipo también son más elaborados arquitectónicamente de lo que se esperaría en una ciudad pequeña.

En un distrito del sur, justo dentro de los muros de la ciudad, el GPR reveló un gran edificio rectangular conectado a una serie de tuberías de agua que conducen al acueducto.

'Parlamento de las plantas', de la paisajista francesa Céline Baumann.

Niños que se organizan contra la explotación infantil o aplicaciones que convierten viviendas en espacio público comercializando el uso temporal del baño. Creadores y arquitectos re-imaginan la metrópolis en la exposición 'Doce fábulas urbanas'

Los artistas son los primeros en ver el futuro. En la exposición Doce fábulas urbanas –Matadero de Madrid hasta el 19 de julio–12 arquitectos, paisajistas y artistas exponen cómo el mundo digital moldea los espacios urbanos o cómo la alimentación modifica a un tiempo nuestros cuerpos y nuestras ciudades.

La comisaria de este rosario de proyectos – que son observaciones más que propuestas concretas– es la salvadoreña afincada en Barcelona Ethel Baraona, que toma prestada una iniciativa que el grupo de arquitectos Superstudio publicó en 1971. Entonces, los italianos idearon 12 cuentos para reparar los desastres urbanos con tanta utopía como pragmatismo. Y hoy, en un momento que tan estrechamente reproduce reivindicaciones de aquellos años como la defensa del medioambiente o el anticonsumismo, Baraona demuestra que la antigua contracultura se ha convertido en la cultura institucionalizada: la que se muestra en los museos.

La protesta es ahora contra el adormecimiento de la población. Por eso esta muestra intenta conectar disciplinas dejando claro que la ciudad contemporánea escapa a la arquitectura y al urbanismo y, por lo tanto, no la pueden pensar solo arquitectos o especuladores. El mundo de la libertad digital –que también es control–, o la urgencia de romper la oposición entre naturaleza y urbe son claves para rescatar a la vez ciudades y ciudadanos.

Democracia verde

Desde esa amplitud mental, la comisaria solicitó recetas urgentes para la ciudad del futuro. Por eso la búsqueda puede antojarse formalmente utópica pero es radicalmente posibilista. Los que observan y proponen son colectivos con una mirada poco frecuente. Y el resultado es un viaje imaginativo pero no imaginario. Tiene que ver con la realidad pero se antoja como ciencia ficción. Y contiene tanto estudios sociológicos como estudios de mercado. El recorrido constata cuestiones que pueden resultar increíbles –como que el territorio doméstico es cada vez menos privado– y que proponen vías de solución inesperadas –como aprender de la capacidad de adaptación de las plantas–.

Son las aplicaciones móviles –que alquilan baños para un solo uso en el interior de los pisos– las que amenazan la privacidad del hogar o amplían su economía de subsistencia. Así, la Casa difusa de MAIO Architects -pensada para la Royal Academy de Londres- investiga cómo las tecnologías digitales –los servicios de intercambio de bienes o la economía colaborativa–transforman nuestro entorno cotidiano. Y la paisajista Céline Baumann habla del principio de cuidado y asistencia mutua que regula las relaciones en el mundo vegetal, donde entre las plantas abundan especies capaces de cambiar de género para subsistir. La francesa denuncia el uso de la vegetación para lavar la cara de errores urbanísticos e injusticias económicas y propone un Parlamento de las plantas capaz de encontrar consensos. Sería, bromea, "la primera democracia verde del mundo".

Así, ¿es esto una muestra de arte o de arquitectura? Lo primero que uno debe plantearse es si esa distinción importa. Si es necesario delimitar las disciplinas cuando las ciudades propuestas no se traducen aquí en una forma concreta sino en soluciones plurales para problemas reales provenientes del mundo biológico, económico, social o tecnológico. Marcuse escribió que era imposible que el hombre transformase la naturaleza sin que esa transformación lo afectase.

Los arquitectos, historiadores y diseñadores del colectivo Assamble ayudaron a los vecinos del barrio de Granvy, en Liverpool, a recuperar sus jardines traseros o a reparar sus tuberías. Para ellos la arquitectura tiene más que ver con lidiar con los problemas feos que con construir lo bonito. El premio Turner de 2015, un galardón concedido a las obras más inesperadas del arte contemporáneo, les dio la razón. En Madrid, La voz de los niños –una colección de vídeos de chavales jugando solos– protesta contra la sobre-regulación de los espacios para juego infantil –vallados y diseñados a partir del miedo a las denuncias–. También investiga la apropiación que hacen los jóvenes del espacio público partiendo de los juegos y culminando en acciones de protesta como las movilizaciones estudiantiles contra la posesión de armas en Estados Unidos Fridays for Future o el Movimiento nacional de niños, niñas y adolescentes trabajadores de Perú, en el que los menores reivindican sus derechos como niños y como trabajadores.

La muestra concluye con la intervención del Canadian Centre for Architecture Nuestra vida feliz en la que su director, Francesco Garutti, advierte de que nuestros sentimientos y deseos se han convertido en datos estadísticos y de cómo la venta de esos datos a los gobiernos genera los índices que terminan por diseñar las ciudades. Ese mercado de afectos y deseos alimenta un aparato político que vela más por nuestro conformismo y pasividad que por nuestro bienestar. Desde la periferia y lo invisible se están definiendo nuestras metróplois. Doce artistas nos ayudan a verlo.

Por Anatxu Zabalbeascoa

Madrid 24 FEB 2020 - 15:36 COT

Publicado enSociedad
Viernes, 21 Febrero 2020 06:32

La ciudad que respiramos

Vista de la Ciudad de México en mayo de 2019, durante un período de contingencia ambiental extraordinaria declarada por la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) / Foto: Xinhua, Francisco Cañedo

El desafío de un mundo contaminado y desigual.

Mientras las ciudades crecen y el campo se vacía, también aumenta la inequidad. Según los especialistas en la calidad del aire, la disparidad en el acceso al aire limpio genera diferencias radicales en la salud de las poblaciones, lo que empeorará si no cambia el modo de organizar la vida en las grandes urbes.

 “Las ciudades no pueden ser un lugar donde invertir, sino un lugar donde vivir”, ha señalado el geógrafo y antropólogo David Harvey, recogiendo lo planteado por el sociólogo Henri Lefebvre mediante la idea de “derecho a la ciudad”. Un derecho que, más allá de posibilitar el acceso individual a los recursos, implica reinventar las ciudades de acuerdo con los deseos de quienes viven en ellas. Entenderlas bajo el umbral de la justicia y hacerlas vivibles, con infraestructuras que todo el mundo pueda usar, donde se garantice el acceso a una vivienda digna y respirar aire limpio sea un verdadero derecho, y no un reto o una utopía, como lo es hoy.

En los próximos años, las urbes seguirán creciendo a ritmo acelerado. El mundo cuenta ya con más de cuarenta megaciudades, lugares con más de 10 millones de habitantes, entre los que se encuentran Los Ángeles, Ciudad de México, Londres, El Cairo y Shanghái. La Onu calcula que el 68 por ciento de la población mundial vivirá en alguna gran ciudad en 2050.

“La evolución en la tecnología ha promovido la producción a gran escala de bienes y servicios en las ciudades, lo que impacta en el sector rural y propicia la migración interior a las ciudades”, explicó a Brecha Ana Rosa Moreno, profesora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Unam. Si el crecimiento se da como hasta el momento, en el futuro las ciudades consumirán más, serán más desiguales y tendrán niveles de contaminación atmosférica más elevados. La idea de tener el derecho a la ciudad y, por ende, el derecho a respirar aire limpio se presenta entonces como un claroscuro, con más sombras que luces.

CAMBIO CLIMÁTICO Y CONTAMINACIÓN.

A pesar de representar entre el 1 y el 3 por ciento de la superficie edificada a nivel global, hoy las ciudades consumen el 78 por ciento de la energía mundial, según estimaciones del Programa de la Onu para los Asentamientos Humanos. Ello se traduce en más del 70 por ciento de los gases de efecto invernadero emitidos a escala mundial, que no sólo contribuyen en gran medida al cambio climático, sino que además generan un alto nivel de contaminación atmosférica.

Sin embargo, Julio Díaz, jefe de epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud español Carlos III, señaló a Brecha que, “en cuanto a las consecuencias en la salud de las personas, es importante entender la diferencia entre el calentamiento global y la contaminación atmosférica”. Díaz recordó que, si bien las emisiones de dióxido de carbono (CO2) contribuyen al cambio climático y que este “tiene un impacto indirecto en la salud”, el CO2 –que en una pequeña proporción nosotros mismos generamos al respirar– no es nocivo para las personas en lo inmediato.

Los elementos realmente perjudiciales para la salud a corto y medio plazo son otros. De acuerdo con Otavio Ranzani, investigador del Institute for Global Health (Isg) de Barcelona, se trata de las partículas PM (siglas en inglés de particulate matter),1 el ozono producido por la industria en grandes cantidades, el dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno. En la atmósfera de las ciudades, la presencia de cantidades perjudiciales de estos elementos es siempre resultado de la actividad humana.

Esto no significa que el cambio climático y la contaminación de la atmósfera de las ciudades no se retroalimenten. Según Díaz, la relación entre contaminación atmosférica y cambio climático se ve en, por ejemplo, los llamados “bloqueos anticiclónicos”. Esto ocurre cuando se producen períodos cálidos de una duración anormal durante el invierno, lo que dificulta la dispersión de las partículas y aumenta su concentración, lo que, a su vez, empeora la contaminación del aire. Para Díaz, la falta de políticas ambientales agudiza este problema y, por ende, su impacto en la salud.

ENVENENADOS.

En 2016, la Organización Mundial de la Salud (Oms) informó que el 92 por ciento de la población del planeta inhalaba aire que no era saludable. Para esa organización, la contaminación atmosférica es, a su vez, el riesgo sanitario más importante de origen medioambiental. “Una de cada nueve muertes se atribuye a ella”, explicó Ranzani. Entre el 40 y el 80 por ciento de estas defunciones se debe a enfermedades cardiovasculares, mientras que el resto de los casos está relacionado, sobre todo, con dolencias respiratorias.

Por su parte, Díaz recalcó que “unos niveles muy altos de contaminación pueden derivar en cáncer de pulmón, cáncer de mama, alergias, infecciones respiratorias o asma”, una dolencia que no sólo empeora por la mala calidad del aire, sino que muchas veces puede ser causada directamente por esta.

Las partículas PM más pequeñas, que miden menos de 2,5 micrómetros, son las más perjudiciales, ya que pueden penetrar en los bronquios y los pulmones más fácilmente e incluso ingresar al torrente sanguíneo. Esto ha llevado al Isg a investigar si otras enfermedades, más allá de las respiratorias, son generadas por la contaminación del aire. Ranzani ha liderado un estudio, en India, en el que se constató que la mala calidad del aire reduce la masa ósea de las poblaciones más expuestas.

LA CARGA DE LA DESIGUALDAD.

“Los riesgos y los efectos en la salud no están distribuidos equitativamente en la población. Las personas con enfermedades previas, los niños menores de 5 años y los adultos de entre 50 y 75 años son los más afectados”, señaló Ana Rosa Moreno. Además, las personas pobres y aquellas que viven en situación de vulnerabilidad socioeconómica –una de cada siete, según Naciones Unidas– corren un mayor riesgo. “Mata más el código postal que el código genético”, señaló Díaz.

“Quienes generan menos contaminación terminan siendo los más afectados”, apuntó Ranzani. El investigador dijo a Brecha que, en las periferias de las ciudades, donde la planificación urbana suele ser más caótica y hay más industrialización, el aire es peor. La Oms afirma que, a nivel global, quienes viven en países de ingresos bajos y medios soportan la mayor carga de contaminación del aire. De las 4,2 millones de muertes prematuras atribuidas a esta causa, el 91 por ciento se produce en esos países.

COCHES O PERSONAS.

Entre los factores que hacen que la contaminación atmosférica de las grandes ciudades, como Beijing, El Cairo, Nueva Delhi y Ciudad de México, supere los límites recomendados por la Oms, se encuentra principalmente el transporte privado. A esto se le suman la actividad industrial, la gestión y la eliminación de residuos, la falta de zonas verdes y el consumo energético.

Pero ¿cómo se repiensa algo que ya está construido? Díaz señaló que un primer paso es actuar sobre lo que ya existe, empezando por reducir la cantidad de coches. “No podemos tener las ciudades diseñadas para los coches: las ciudades deben estar diseñadas para las personas. Limitar los vehículos pasa, por supuesto, por reforzar el transporte público y permitir que las personas que viven lejos puedan llegar con más facilidad”, apuntó el investigador. Las zonas de bajas emisiones, las viviendas más eficientes en cuanto al consumo energético, la mejor gestión de los residuos industriales y municipales, y el aumento de zonas verdes también son imprescindibles, coincidió Ranzani. Sin nada de esto, la sostenibilidad de las ciudades a largo plazo se pone en entredicho.

Moreno cree que lo mismo se aplica a las ciudades latinoamericanas, donde en la actualidad el parque automotor crece anualmente a un ritmo de 4,5 por ciento. Si no se controla este crecimiento, puede llegar a ser “un factor muy importante en la degradación ambiental y en los impactos en la salud”. Para la académica, en el caso latinoamericano, a este desafío se le añaden “la falta de actividades de monitoreo transparentes y la existencia de regulaciones permisivas”.

“Lo que no podemos hacer ante la magnitud de este problema es no hacer nada”, afirmó Díaz. Según el investigador, el papel de la comunidad científica debe seguir siendo estudiar y difundir información. Hacer pedagogía y concienciar, y que la población exija a los políticos que tomen medidas. “Para los políticos, muchas veces los resultados de los estudios sobre el impacto de la contaminación en la salud no son buenos, porque los obligan a emprender políticas poco populares”, aseguró.

El debate sobre las ciudades se centra en qué se prioriza ante este reto. Los investigadores, así como la actual oleada de movimientos sociales por el clima, plantean la necesidad de poner en el centro la vida de las personas. El desafío de los gobiernos es encarar la planificación urbanística en tiempos de una mayor expansión territorial y un crecimiento acelerado de la población, vertebrándola en torno a la salud. Y al derecho, real e igualitario, a un aire limpio.

  1.   Partículas microscópicas suspendidas en el aire, entre las que hay distintos tipos de polvo, ceniza y hollín. Pueden provenir de volcanes, incendios forestales o vegetación, pero también de la quema de combustibles fósiles, los sistemas de refrigeración y otras actividades industriales.
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Obras de construcción de la futura sede del Consejo de Ministros en la Nueva Capital Administrativa de El Cairo, en mayo de 2019. REUTERS

Una nueva sede de la Administración emerge en el desierto entre el Nilo y el mar Rojo mientras el país supera los 100 millones de habitantes

“Será una plaza más grande que Tiananmen”, se ufana Ahmed (nombre figurado) entre la asfixiante polvareda levantada por decenas de camiones que deambulan en un lugar del desierto sembrado de grúas entre el Nilo y el mar Rojo. El empleado de la empresa pública que construye la Nueva Capital Administrativa de Egipto, 40 kilómetros al este de El Cairo, señala las flamantes fachadas de los ministerios, alineados como los milenarios palacios de Luxor, que delimitan el ágora gubernamental ante la imponente mole del Parlamento. En el lejano horizonte —“es por razones de seguridad”, musita— se atisba la futura residencia del presidente Abdelfatá al Sisi, padre del faraónico proyecto. Hasta donde alcanza la mirada se alzan bloques de viviendas, con evocadores nombres en castellano como El Patio o La Vista, donde pronto vivirán dos millones de personas.

Egipto acaba de superar el umbral de los 100 millones de habitantes en medio del silencio oficial. Hacinados en el valle y el delta del Nilo, que apenas representan un 8% del territorio nacional, la bomba de relojería demográfica —dos de cada tres egipcios son menores de 30 años— ya se ha activado. Si no se remedia, el censo del país árabe romperá en 2050 la barrera de los 150 millones. El propio Al Sisi ha señalado la explosión demográfica —cada año hay 2,5 millones de habitantes más y tres cuartos de millón de jóvenes se incorporan al mercado laboral— como el mayor reto que afronta Egipto junto con el terrorismo.

Tras cuatro años de trabajos de 150.000 operarios en los que se prevé invertir 23.000 millones de euros, 54.000 funcionarios van a ser trasladados en los próximos meses al nuevo distrito administrativo, rodeado de zonas residenciales de lujo y un centro de negocios con 21 torres de oficinas. La megalomanía del proyecto contrasta con la miseria de más de una tercera parte de la población, que sobrevive con dos dólares diarios según el Banco Mundial.

“No se va a gastar ni una libra del presupuesto público”, asegura el coronel Jaled el Huseini, portavoz del organismo de Desarrollo Urbanístico de la Capital Administrativa (ACUD, por sus siglas en inglés). “Todo el proyecto se va a autofinanciar mediante la venta de suelo público a promotores privados”, puntualiza este oficial en su oficina, situada en un recinto militar que incluye un hotel de lujo y zonas de ocio en Nuevo El Cairo, uno de los distritos periféricos construidos en las últimas décadas para aliviar la congestión demográfica de la capital histórica de Egipto, que supera los 20 millones de habitantes junto con su zona metropolitana. Las Fuerzas Armadas controlan una parte importante de la actividad económica del país: hasta el 3% del PIB, según algunos analistas.

El nuevo centro administrativo soñado por el exmariscal El Sisi se extenderá sobre 730 kilómetros cuadrados, algo más que la isla de Menorca, y albergará a seis millones de habitantes. La primera fase que ahora se ultima comprenderá solo un tercio del perímetro y de la población. “El traslado masivo de funcionarios está previsto entre julio y agosto de este año”, adelanta el coronel El Huseini, “pero la decisión final será política”. Mientras los ministerios parecen estar muy avanzados, el Parlamento se ha construido al 60% y el palacio presidencial al 50%. La mudanza de Al Sisi a la capital del desierto oficializará el año que viene el nacimiento de la capital administrativa. El paisaje de palmeras y edificios empieza a asemejarse ya a un suburbio residencial estadounidense. La mayor parte de los terrenos de la operación pertenecen al ejército.

“Es cierto que el modelo de financiación de la nueva capital no depende en sí del presupuesto estatal, pero no se sabe mucho sobre las cuentas de la empresa que lo gestiona, propiedad del Ministerio de Defensa (51%) y del Ministerio de Vivienda”, argumenta Amro Adly, profesor de Ciencia Política en la Universidad Americana de El Cairo.

Muchos egipcios se plantean la duda de si los grandes proyectos de Al Sisi —obras faraónicas como la ampliación del canal de Suez (3.000 millones de euros)— acaparan fondos necesarios para el desarrollo del país y el bienestar social. “La fuerte inversión en suelo y construcción solo es beneficiosa a muy corto plazo. El sector inmobiliario ha sido la principal fuente de crecimiento de la economía desde la década de 1980”, matiza Adly como analista económico en Oriente Próximo.

La empresa constructora china CSCEC se ocupa de la ejecución del distrito financiero de la nueva capital egipcia, que estará coronado por un rascacielos de 390 metros de altura. Centenares de técnicos y especialistas chinos viven a pie de obra en una colmena de módulos prefabricados. “Solo se interviene en el mercado doméstico y no se mitigan los problemas crónicos de balanza de pagos de Egipto. El ahorro privado se consume así en activos muertos en ciudades del desierto que no ayudan a resolver las carencias de vivienda para la población”, puntualiza el profesor Adly.

Desde la dirección del proyecto, el coronel Al Huseini destaca que los terrenos liberados en el centro de El Cairo por el traslado de los ministerios también contribuirán a financiar la nueva capital, donde se ha previsto un barrio diplomático para las legaciones extranjeras. En los planos de la empresa pública ACUD figuran parcelas reservadas para Estados Unidos, China o Brasil. Los elevados precios exigidos por los terrenos y el alto valor inmobiliario de las actuales sedes han llevado a muchos países de la UE a no pronunciarse aún sobre su traslado a la nueva capital, según revela un funcionario diplomático europeo.

La utopía anunciada por Al Sisi hace cerca de cuatro años está a punto de hacerse realidad en un árido paisaje que evoca las urbanizaciones residenciales fantasmas de Seseña (Toledo), hace una década en plena crisis inmobiliaria española. El perfil de torres de oficinas de Dubái todavía no ha emergido en el desierto egipcio, aunque la mitad de los terrenos de la primera fase ya han sido adquiridos por promotores, según ha informado Reuters.

Ahmed, empleado en la empresa que construye la nueva capital, no se atreve a soñar con vivir algún día en los pisos que promociona. El precio de los apartamentos rondará entre los 50.000 y los 100.000 euros, inalcanzables para el sueldo de 200 a 300 euros mensuales del egipcio medio. Los 54.000 funcionarios que se desplazan desde el Cairo tampoco podrán residir cerca de sus nuevas oficinas. Tendrán que viajar más de una hora en autobús, mientras se construye un monorraíl regional, o realojarse en la cercana barriada satélite de Ciudad Bader.

En un Egipto agobiado por la superpoblación, la tasa de pobreza ha crecido un 4,7% entre 2015 y 2018, según el Banco Mundial, hasta situarse en el 32,5% de la población. Un sector de empleo intensivo, como el turismo, —que ofrece ocupación al 14% de la población— está empezando a superar el colapso de 2015, tras el atentado en el que murieron los 224 ocupantes de un avión ruso. El profesor Adly destaca que es gracias a la estabilización de la seguridad y la depreciación de la libra egipcia, "pero no está generando las divisas necesarias para mejorar la posición de la balanza de pagos”, señala.

La gigantesca mezquita de Al Fatah al Alí, con capacidad para 12.000 fieles, o la catedral de la Natividad, el mayor templo cristiano de Oriente Próximo, fueron los primeros edificios en ser erigidos en la nueva capital. La huida a Egipto de la Sagrada Familia con el telón de fondo de las pirámides, no podría ser de otro modo, es el motivo del fresco de la bóveda principal del templo copto..

Lo inauguró el año pasado el presidente al Sisi junto con el papa Teodoro II en la festividad de la Epifanía, en plena celebración de la Navidad ortodoxa por el 10% de la población egipcia. “Desde entonces no ha vuelto casi nadie”, admite el oficial de policía al mando del destacamento que monta guardia fuertemente armado con un blindado entre el polvo de los camiones de cemento, ante un paisaje inacabable de grúas que brotan en el desierto egipcio

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