El neoliberalismo autoritario y sus nuevas caras

“La desigualdad no solo es inevitable, sino que es necesaria para el progreso de la sociedad”

Ricardo Salinas, una de las diez personas más ricas de América Latina 

 

Frankenstein, zombi, mutante, 3.0, estos son algunos de los términos utilizados para caracterizar la evolución del neoliberalismo desde el periodo abierto en 2008 y luego durante la crisis pandémica. Con todo, más allá de las variantes que han podido aparecer, en todas ellas predominan unos rasgos cada vez más autoritarios y abiertamente defensores de una concepción individualista radical de la libertad que, sin embargo, ya estaban en sus mismos orígenes. 

En efecto, como se recuerda en diferentes trabajos, como en el de Chamayou (2020) y en artículos de este Plural, los principales referentes originales del neoliberalismo y del ordoliberalismo –como Hayek y Röpke– ya expresaron, bajo la influencia de Carl Schmitt, una creciente desconfianza frente al pluralismo democrático y al incipiente Estado social existentes bajo la República de Weimar. Fue a partir de 1938 y, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial cuando fueron desarrollando su ideario como alternativa en defensa de la libertad… de mercado frente al keynesianismo fordista del bienestar entonces en ascenso en el centro del sistema-mundo. Frente a lo que consideraban una amenaza colectivista que a su vez sirviera de referencia a los nuevos Estados surgidos de los procesos de descolonización en marcha, su objetivo fue diseñar un proyecto internacionalista de un nuevo orden de mercado global que fuera imponiéndose por encima de las constituciones estatales. Esto no implicaba prescindir de los Estados-nación, sino todo lo contrario, ya que, como bien resume Quinn Slobodian (2021: 176): “Para salvaguardar la constitución económica del mundo haría falta un Estado fuerte, que fuese inmune a las presiones de la influencia democrática”. 

Ese fue el empeño de la corriente que Slobodian denomina ordoglobalismo y que en el marco europeo irá confluyendo con el ordoliberalismo germánico, dando este mayor centralidad al Estado en la puesta en pie de las políticas conocidas como neoliberales. Para quienes promovieron ese proyecto, cuya benevolencia con la Sudáfrica del apartheid y con el Chile de Pinochet es bien conocida, la prioridad que se fue imponiendo fue frenar la “sobrecarga de demandas” ante la que alertaba el famoso informe de la Comisión Trilateral publicado en 1975, en medio ya de un cambio de ciclo del capitalismo.

Será en ese contexto, en tanto que contrarrevolución preventiva tras la revuelta global del 68, cuando el neoliberalismo se irá asentando como mucho más que una política económica para llegar a convertirse en la nueva razón del mundo capitalista. A partir de entonces, podríamos convenir con William Davies (2016) en que va atravesando distintas fases: la primera fue la combativa, que iría de 1979 a 1989; la segunda, la normativa, de 1989 a 2008, y la tercera, la punitiva, abierta en 2008. Sin embargo, antes ya se habían producido los primeros experimentos con las dictaduras latinoamericanas de Chile, Argentina y Brasil, mostrando así la falta de escrúpulo moral alguno para combinar formas abiertamente antidemocráticas con un individualismo propietario como sinónimo de libertad.  

Esa beligerancia del neoliberalismo dio un salto adelante a partir de las victorias electorales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan durante los años 80, en plena segunda guerra fría con la URSS. Fue entonces cuando Stuart Hall subrayó la dimensión político-ideológica del thatcherismo como populismo autoritario[01]. Se proponía así subrayar que se trataba de un proyecto dispuesto a luchar no solo en el plano económico, sino también en el de la construcción de un nuevo liderazgo capaz de lograr un cambio de mentalidad política y cultural entre las clases subalternas [02]. No es casualidad que la famosa frase de la ex primera ministra “No hay tal cosa como la sociedad. Lo que existe son hombres y mujeres individuales…, y sus familias”, se haya convertido en una sentencia recurrente de las variantes de neoliberalismo que la han seguido, reflejando todas ellas una convergencia entre neoliberalismo depredador, conservadurismo heteropatriarcal e individualismo radical que no ha dejado de extenderse desde entonces. Ese fue el sentido del carácter combativo que adquirió durante este periodo en su lucha por la hegemonía para entrar luego, tras la caída del bloque soviético y el nuevo salto adelante hacia la globalización capitalista, en la fase normativa, en cuyo marco se produce la progresiva incorporación de China. 

Es en esa nueva fase cuando la llamada tercera vía (con Mitterrand, Felipe González, Blair, Schroeder como principales promotores) viene a confirmar la pujanza del neoliberalismo y su verdadero triunfo como nuevo sentido común global. El proceso de integración europea también debe ser analizado en ese marco de consenso entre la derecha y la izquierda sistémicas en su propósito común de caminar hacia una constitución económica ordoliberal. Esta tuvo en el nuevo europeísmo del Acta Única de 1986 su palanca de lanzamiento para ir plasmándose luego en el Tratado de Maastricht y el Tratado de Lisboa, tras el fracaso del intento inicial de legitimar una Constitución europea que pretendía convertir en ley fundamental sus postulados neoliberales.

Guerra de clase, guerras culturales y nostalgia restauradora

Ese triunfalismo neoliberal llega, sin embargo, a su fin cuando estalla la crisis financiera global de 2008 y, con ella, la inauguración de la fase punitiva, entendida esta no tanto en su forma directamente represiva sino, sobre todo, en la de violencia financiera, teniendo en la crisis griega su manifestación más extrema mediante la imposición del credo neoliberal en contra de la decisión democrática del pueblo griego, expresada a través de un referéndum. La deudocracia pasaba así a estar por encima de la democracia, imponiéndose en las constituciones estatales (como ocurre en el caso español en septiembre de 2011) y tratando así de despolitizar la economía. Mientras tanto, el discurso de ganadores y perdedores se aplica no solo a los Estados, sino también a los individuos…, y a sus familias, haciendo recaer además en las mujeres más tareas de reproducción social.

Es a partir de entonces cuando la terapia de choque neoliberal se va extendiendo al centro del sistema-mundo, después de haberse impuesto en su periferia y en los nuevos capitalismos del Este, ahora criticados como iliberales. Un autoritarismo austeritario que, derrotado ya el movimiento obrero y desarticulado el social-liberalismo, no por ello deja de encontrar nuevas amenazas a su estrategia del shock, destinada a sentar las bases de un nuevo régimen de acumulación. En ese camino irá combinando la guerra de clase con las mal llamadas guerras culturales[03], dirigiéndolas contra los sectores más vulnerabilizados de la población, en particular contra la población de origen no occidental y especialmente la musulmana, asociándola al viejo discurso supremacista del choque de civilizaciones, resucitado tras el 11S de 2001. 

Unas guerras culturales que, como bien ha subrayado Rasmussen, “deben ser comprendidas como síntomas de una mayor culturalización de la lucha económica y social” (Rasmussen, 2018: 683), creando así el caldo de cultivo para el ascenso del posfascismo. El trasfondo de ese crecimiento es el conjunto de efectos sociales derivados de una crisis económica prolongada que han permitido a esa extrema derecha explotar su habilidad para convertir la desafección ante el sistema político y social de sectores de la ciudadanía –sobre todo, perdedores de la globalización, con un peso destacado de un sector de clase media imbuido ahora del miedo a su declive– en un resentimiento colectivo que encuentra en la nostalgia restauradora del viejo Estado protector de los nativos un imaginario alternativo.

Es así cómo en muchos países se ha ido conformando un nuevo bloque interclasista hegemonizado por determinadas fracciones burguesas que se presentan ajenas al establishment dominante. El trumpismo sería su más clara y ascendente manifestación [04] y referencia a escala global, como estamos viendo en India, Brasil, Filipinas, El Salvador o… en el Estado español. Es en el seno de ese bloque donde las nuevas derechas radicales, si bien con distintas variantes en función de las especificidades nacionales y de las correlaciones de fuerzas respectivas, adquieren un peso político y electoral creciente. Se produce así una convergencia que aspira a construir una alternativa de recambio ante la crisis de la democracia liberal y la erosión de las bases sociales de los viejos partidos de la derecha y de la izquierda progresista.

La nueva huida adelante en medio de la crisis pandémica

La irrupción de la crisis pandémica a partir de 2020 ha venido a marcar una nueva fase de crisis de la globalización neoliberal para dar nuevos pasos, sobre todo en los viejos Estados imperialistas, hacia una confluencia cada vez mayor entre las derechas tradicionales y las nuevas derechas radicales. Una convergencia que está conduciendo a la adaptación de sus discursos al nuevo escenario de inseguridad y miedo al futuro, aumentados por esta crisis, mediante el refuerzo de los nacionalismos de Estado y la radicalización en torno a ejes de conflicto que han ido pasando a primer plano. Así ocurre con el conflicto entre salud y economía, entre libertad y solidaridad y apoyo mutuo, entre la lucha consecuente contra la crisis climática y la tendencia a volver al business as usual del capitalismo fosilista, entre la banalización del fascismo y el colonialismo y la reivindicación del antifascismo y el anticolonialismo, sin olvidar los nuevos negacionismos en auge.

Quizás lo más novedoso esté siendo el retorno al centro de la agenda de un discurso sobre la libertad por parte de esas derechas que, en sus versiones más extremas, no hace más que actualizar viejas máximas del anarcocapitalismo, como las predicadas por Robert Nozick (1974) –según el cual la libertad económica y de modo de vida era un valor que el Estado tenía que preservar por encima de los demás–; o las del paleolibertarismo de Murray Rothbard que ha recordado Pablo Stefanoni (2021: 117-125) y recoge Luisa Martín Rojo en este Plural. Una idea de libertad que aparece ahora abiertamente enfrentada a la de igualdad, incluso frente a cualquier intento moderadamente reformista de redistribución de la riqueza o de reforma fiscal progresiva, precisamente en unos tiempos en los que las desigualdades de todo tipo no han dejado de aumentar por todas partes, como no dejan de corroborar informes recientes, como el de Oxfam y, en el caso español, el de FOESSA. 

Sin embargo, como se explica en los artículos de este Plural, ahora esa idea de libertad aparece asociada al derecho al negocio, al enriquecimiento y al expolio, a divertirse, a la soberanía del consumidor, así como a la defensa de la objeción de conciencia individual frente a derechos civiles conquistados a lo largo de las pasadas décadas por diferentes movimientos sociales. Empero, no olvidemos que detrás de esto está, como bien resumen Benquet y Bourgeron (2020: 120), un nuevo libertarianismo financiero que “defiende un punto de vista ético sobre la libertad sin consideración alguna sobre sus efectos en el bien común (…). La libertad de acumular se convierte ella sola en su propia justificación”. 

Con todo, es importante subrayar que este libertarianismo no pretende prescindir del Estado, ya que pese a su retórica antiestatal necesita del mismo para garantizar la puesta en pie de su proyecto. Por eso parece adecuado caracterizarlo como expresión de la aspiración a un “Estado antiEstado” (Toscano, 2021): este tendría como tarea combinar la defensa de los intereses de fracciones burguesas significativas, especialmente los del capital fósil y del sector más especulativo del capital financiero, con guerras culturales desde la sociedad civil, las redes sociales y comunicativas y sectores del aparato estatal –especialmente el judicial con su lawfare– que permitan atraer a capas medias y populares nativas a su proyecto. 

Unas vías de persuasión y conquista ideológica que, a su vez, se apoyan en la extensión e intensificación de distintas formas de control social (junto con el capitalismo de vigilancia de los nueve gigantes tecnológicos) y coercitivo en nombre del orden y la seguridad, frente a la amenaza de revueltas populares que recorre el planeta. Procediendo así, en suma, a acelerar el tránsito del Estado de derecho al Estado penal contra los nuevos enemigos, principalmente las personas pobres no occidentales, con su peor expresión en la práctica creciente de la necropolítica migratoria por unos Estados cada vez más amurallados (Brown, 2015; Mellino, 2021).

En resumen, en la actualidad nos encontramos ante la radicalización de las derechas tradicionales en la mayor parte de los países, reflejando así la influencia que en ellas ejercen las que en el número 166 de esta revista definíamos como “Las nuevas derechas radicales”, con artículos de Judith Carreras, Martín Mosquera, Ugo Palheta, Enzo Traverso y Miguel Urbán, que siguen siendo de lectura muy recomendable. En este nuevo Plural hemos querido prolongar, ampliar y actualizar esos análisis con vistas a poder afrontar mejor los retos que se plantean en esta nueva fase:

Manuel Garí nos recuerda “la pertinaz pulsión autoritaria del neoliberalismo” y su “talón de Aquiles desde que se convirtió en política gubernamental”: la crisis de rentabilidad que le persigue y no logra superar. Subraya también la centralidad de las finanzas en la reproducción de un capitalismo neoliberal que necesita a su vez de más y no menos Estado, con mayor razón cuando aquel ha entrado una fase de “regulación caótica”, como ya la definió Michel Husson, y sin hoja de ruta estratégica común. 

Christian Laval considera que el periodo actual se caracteriza por la tendencia hacia “una nueva guerra civil mundial” que en realidad es una “guerra contra la igualdad en nombre de la libertad”..., de la competencia y del mercado. Constata, con ejemplos como el de Macron, que el extremo centro está asumiendo los discursos y las políticas de la extrema derecha, y alerta ante la creciente confluencia que se está dando entre el neoliberalismo y el populismo nacionalista más autoritario. A continuación, en otro breve texto, pronostica una pérdida de credibilidad del imaginario neoliberal tras la crisis pandémica para reivindicar la centralidad que está teniendo la defensa de los servicios públicos y, en particular, de la salud pública como bienes públicos, no estatales.

Miguel Urbán aborda la evolución de lo que se ha denominado convencionalmente iliberalismo en Hungría y Polonia. Para el autor, los regímenes vigentes en esos países representarían la “fase superior del neoliberalismo”, ya que están llevando al extremo su deriva autoritaria tanto en el plano económico como en el social o cultural. Una tendencia que no es ajena a los efectos negativos del ordoliberalismo de la UE y a la consiguiente frustración popular de las expectativas que generaron las llamadas “revoluciones rectificadoras”.

Luisa Martín Rojo nos ofrece un análisis del discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid dentro de su proyecto de construir una nueva hegemonía en su lucha por mantenerse en el poder. Para ello se centra especialmente en la crítica del uso repetido de la palabra libertad, resignificada como defensa de derechos individuales y de mercado, así como del autocuidado, funcionales ambos a su propósito claro de continuar avanzando en sus “políticas de desmantelamiento del Estado del bienestar”. 

Finalmente, Laura Camargo presta atención a la influencia creciente del trumpismo discursivo dentro del Partido Popular y especialmente en su líder, Pablo Casado. Su evolución reciente viene a confirmar que “una amalgama de neoliberalismo autoritario (…) se está convirtiendo en forma dominante del modelo neoliberal y que en ella encuentran especial acomodo las estrategias de comunicación del trumpismo discursivo”. 

Una tesis que creemos que ha quedado suficientemente demostrada en este Plural y que nos exige ser capaces de contrarrestar la ofensiva de ese neoliberalismo autoritario con discursos y estrategias rupturistas, no subalternas de las versiones progresistas y, sobre todo, mediante la construcción de solidaridades a través de las luchas. Recuperando así la vieja idea antiesclavista y republicana de libertad, entendida como derecho a una vida digna frente a toda forma de despotismo e inserta, como nos propone Luisa Martín Rojo, dentro de la tríada revolucionaria clásica en torno a un horizonte ecosocialista, radicalmente democrático, feminista y antirracista. 

3 marzo 2022 | VientoSur nº 180

Referencias

Benquet, Marlène y Bourgeron, Théo (2020) La finance autoritaire. Vers la fin du nélibéralisme. París: Raisons d’agir.

Brown, Wendy (2015) Estados amurallados, soberanía en declive. Barcelona: Herder.

Chamayou, Grégoire (2020) “1932, Naissance du libéralisme autoritaire”, en Carl Schmitt y Herman Heller, Du libéralisme autoritaire, París: La Découverte. Versión reducida en castellano en https://vientosur.info/sobre-el-liberalismo-autoritario

Davies, William (2016) “Neoliberalismo 3.0”, New Left Review, 101, pp. 129-143.

Hall, Stuart (1985) “Authoritarian Populism: A Reply to Jessop et al.”, New Left Review, 151, pp. 115-124.

Mellino, Miguel (2021) Gobernar la crisis de los refugiados. Madrid: Traficantes de Sueños.

Nozick, Robert (1974) Anarquía, Estado y utopía. Madrid: Siglo XXI.

Rasmussen, Mikkel Bolt (2018) “Postfascism, or the Cultural Logic of Late Capitalism”, Third Text, 32: 5-6, pp. 681-688.

Slobodian, Quinn (2021) Globalistas. Madrid: Capitán Swing.

Stefanoni, Pablo (2021) ¿La rebeldía se volvió de derecha? Madrid: Siglo XXI.

Toscano, Alberto (2021) “Editorial Perspective: Fascist, Freedom and the Anti-State State”, Historical Materialism, 29, 4, 3-21.

Publicado enSociedad
Peor salud mental, pérdida de cosechas y migraciones

El IPCC alerta de los riesgos para los seres vivos y ecosistemas

El nuevo informe del panel de especialistas identifica una amplia gama de peligros para los sistemas humanos y naturales de continuar emitiendo como hasta ahora. Enumeramos algunos de ellos.

La temperatura desde la época preindustrial ha subido 1,1 ºC. Pero es una media mundial. No todas las zonas del planeta se calientan por igual. En España, por ejemplo, un 70% de la población vive en zonas donde ya se ha superado el grado y medio. De seguir esta tendencia de emisiones, los riesgos para los sistemas humanos y naturales se multiplicarán. En su nuevo informe, el IPCC pone el foco sobre ellos y alerta de la necesidad de una actuación urgente en materia de mitigación y adaptación.

Sistema alimentario

La producción de alimentos y la seguridad alimentaria se verían amenazadas incluso a partir de una pequeña cantidad de calentamiento adicional. Superar los 1,5 ºC (unas de las temperaturas límites fijadas por el Acuerdo de París) implicaría un aumento en el riesgo de pérdidas simultáneas de las cosechas de maíz en diferentes regiones productoras de alimentos importantes, lo que amenazaría las cadenas de suministro de maíz a nivel mundial

Esta situación se vería agravada con un calentamiento de 2°C. Sobrepasar esta temperatura haría que no fuera posible cultivar productos básicos en muchas zonas, especialmente en los trópicos, sin medidas de adaptación que no están disponibles actualmente. En esta línea, la polinización y la salud del suelo se verán debilitadas por un mayor calentamiento, y las plagas y enfermedades agrícolas se extenderán. Los casos de malnutrición serían especialmente elevados en el África subsahariana, el sur de Asia, América Central y del Sur y las islas pequeñas. 

Estos nuevos hallazgos son mucho peores de lo que hasta ahora pensaban los científicos y científicas. Un ejemplo: el anterior informe se centraba en los riesgos para la seguridad alimentaria con niveles de aumento de 4 °C o más.

Salud física y mental

Los problemas relativos a la salud mental, como la ansiedad y el estrés, se prevé que aumenten a medida que lo hagan las temperaturas, sobre todo entre los jóvenes y los ancianos, y los que padecen enfermedades subyacentes. Asimismo, habrá un aumento significativo de la mala salud y de muertes prematuras como resultado de un clima más extremo, de olas de calor más frecuentes e intensas, y de la propagación de enfermedades.

Subida del nivel del mar, migraciones y escasez de agua

Conforme vaya subiendo el nivel del mar, las lluvias torrenciales, los ciclones tropicales y la sequía se convertirán cada vez más en un problema para muchas ciudades, pueblos y aldeas de la costa. Esto, además, obligará a un gran número de personas a abandonar sus hogares, especialmente en los lugares más expuestos y con menor capacidad de adaptación. 

Las migraciones forzosas impulsadas por el cambio climático y los fenómenos extremos son ya una realidad. Son miles las personas que se desplazan a otros países o dentro de su propia región. En España son cada vez más los ejemplos de migrantes que llegan debido a sequías, inundaciones o temperaturas extremas que les impiden subsistir en su hogar.

El informe apunta a que la población costera expuesta a una inundación muy grave (de una envergadura tal que sólo cabía esperarse una vez cada 100 años) aumentará un 20% con una subida del nivel del mar de 15 centímetros adicionales, y se duplicará con una subida de 75 centímetros.

Siguiendo con el agua, ésta se verá sometida a una presión creciente con el aumento de la temperatura, alerta el grupo de especialistas. Especialmente preocupante en el caso de los habitantes de las islas pequeñas y de las regiones que dependen de los glaciares y del deshielo, que podrían no tener suficiente agua dulce si el calentamiento continúa más allá de los 1,5 °C. Este caso es un ejemplo de que superado cierto límite no hay capacidad de adaptación posible.

Y ya no valdrá con pensar en los impactos del cambio climático por separado. Muchos eventos extremos, como una sequía y una ola de calor, podrían darse al mismo tiempo e interactuar entre sí para perjudicar la producción de alimentos y reducir la productividad de la mano de obra agrícola, lo que aumentará los precios de los alimentos y reducirá los ingresos de los agricultores, provocando más malnutrición y muerte, especialmente en las regiones tropicales.

Pérdida de biodiversidad por el aumento de temperaturas

Algunos ecosistemas ya están al límite de su capacidad de adaptación, incluidos arrecifes de coral de aguas cálidas, humedales costeros, bosques tropicales y ecosistemas polares y de montaña. De superarse el grado y medio, se perderán de forma irreversible ecosistemas enteros, incluso si las temperaturas se reducen posteriormente.

Si el aumento de la temperatura continúa hasta los 3 °C, en comparación con si se limita a 1,5 °C, el riesgo de extinción para las especies únicas y amenazadas será al menos 10 veces mayor. Aun así, con un calentamiento de un grado y medio, entre el 3 y el 14% de las especies terrestres correrán un riesgo muy alto de extinción, avisa el IPCC. La Amazonia y algunas regiones montañosas se enfrentan a una pérdida grave e irreversible de biodiversidad si el calentamiento continúa hasta los 2 °C y más allá.

El mantenimiento de la biodiversidad y de los ecosistemas depende de que se proteja de forma eficaz y justa entre el 30 y el 50% de las tierras, el agua dulce y los océanos de la Tierra. Actualmente, solo están protegidas menos del 15% de las tierras, el 21% del agua dulce y el 8% de los océanos.

Por Eduardo Robaina | 03/03/2022


Jorge Riechmann: “Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo”

2 marzo 2022

Profesor de Filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, Jorge Riechmann (Madrid, 1962) desgrana un buen puñado de reflexiones incómodas sobre un modelo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeñadero.

En su libro Autoconstrucción cataloga el siglo XXI como “la era de la gran prueba” porque, según dice, “somos la primera generación que entiende perfectamente lo que está pasando con el clima y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Lo suelta a bocajarro, como un puñetazo entre los ojos. Consciente de que el pesimismo en estos tiempos de oscuridad tiene cada vez menos adeptos, Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del “buenismo” de la que hace gala el sistema convocando grandes cumbres climáticas en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y “energías verdes” pero luego estigmatizan a los movimientos ecologistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora.

Todo está en contra del planeta pero, frente a eso, no cabe la resignación. “Aún podemos actuar contra este modelo de producción salvaje porque no está sujeto a ninguna ley física, como lo está la naturaleza, que impida cambiarlo”. Es el mínimo espacio que este investigador apasionado deja abierto a la esperanza.

¿Tiene solución el planeta?

–Pienso que sí. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga sólo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habría que hablar también del extractivismo y, a mi modo de ver, también del exterminismo, una noción acuñada por el historiador británico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

La medida referencial del éxito de un sistema es el PIB. Si crece significa que las cosas van bien y hay esperanza de una vida mejor.

–Es la locura típica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va más allá de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los límites biofísicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorción de la contaminación es ilimitada. Esto es una fantasía porque las leyes de la naturaleza, de la física, de la dinámica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

Pero las grandes cumbres climáticas aseguran haber empezado medidas drásticas para evitar el apocalipsis. ¿Qué credibilidad concede a sus decisiones?

–El calentamiento global, siendo una realidad devastadora, es sólo la manifestación de otras dinámicas que deberíamos atajar si queremos evitar el apocalipsis climático hacia el que nos dirigimos. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitación ecológica, el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1.5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad.

“Dicho de una forma más didáctica: si quisiéramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los españoles necesitaríamos tener tres planetas como la Tierra a nuestra entera disposición. Y si quisiéramos generalizar el de EEUU, que muchas veces ponemos como ejemplo de éxito, necesitaríamos seis. Es una locura que emana de esa construcción económica de tierra plana de la que hablaba antes”.

Entonces, ¿qué empuja al mundo a seguir enalteciendo el crecimiento económico pese a saber que conduce a la destrucción?

–El capitalismo, cuya dinámica es autoexpansiva y deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino más bien ejercicios de diplomacia teatral.

¿No sirven para nada?

–Confunden a la opinión pública. La prueba es que los grandes expertos en el cambio climático como James Hansen, a quien podríamos considerar el climatólogo jefe del planeta, calificó de farsa la cumbre celebrada en París. Se intenta poner un límite a las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero pero los límites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el síntoma sea el calentamiento climático, la enfermedad se llama capitalismo.

¿Por qué el movimiento ecologista, cuya expresión política llegó a gobernar en países como Alemania, es descalificado hoy por muchos gobiernos?

–Ojalá fuéramos descalificados un poco más porque así seríamos mucho más fuertes y activos. La realidad es que las descalificaciones son un indicio de una situación paradójica: aunque la percepción generalizada es que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático, eso no es así. Sabemos que desde los años 60 y 70 había evidencias sobre cuál era la dinámica del sistema y los límites del crecimiento pero los mismos a los que hoy se les llena la boca con la lucha contra el cambio climático decidieron poner en marcha toda una campaña global para impedir que se tomaran las decisiones correctas.

“Bastaría con leer un libro de Sicco Mansholt, un socialdemócrata holandés que era presidente de la CEE cuando en los años 1972 y 1973 se produjo el primer choque petrolero mundial, en el que aboga por un cambio radical en las estructuras de producción y consumo que hoy serían catalogadas como radicales y peligrosas”.

¿Cuándo se quiebra ese proceso de sensibilización medioambiental?

–En los años 80, con la fase neoliberal del capitalismo. Desde entonces, el retroceso ha sido constante pese al aumento de lo que algún experto denomina sosteni-blabla, es decir, mucho discurso, mucha cháchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicación sobre energía verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la acción brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito.

¿Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

–Hemos llegado a un punto tal que lo que hace 30 años hubieran sido estrategias de cambio gradual ahora ya no están a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos.

¿Cree que el mundo está dispuesto a renunciar a esos principios económicos pese a conocer los riesgos?

–Los cálculos teóricos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que resultarían de respetar los límites biofísicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque móvil de un país como España, que tiene 15 millones de coches, debería ser de unos 180 000 vehículos con motor de combustión. Pero claro, eso es inaceptable en términos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climático.

¿Quiere decir que la humanidad está condenada si no renuncia al modo de vida capitalista?

–Ya decía antes que las leyes de la naturaleza existen y son las que son. No podemos cambiarlas pese a la ilusión que albergamos de que una especie de tecnociencia omnipotente conseguirá derrotarlas. Donde podemos actuar, en cambio, es contra la organización de nuestro modelo de vida que no está sujeto a ninguna ley física.

¿Qué impide cambiarlo?

–Que no nos creemos lo que sabemos. Si fuéramos capaces de hacerlo, tomaríamos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destrucción. Para que esto se produzca nos haría falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades están organizadas contra eso. Fatídicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mínima reflexión indica que es una falacia.

“Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los límites biofísicos del planeta. Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”.

Publicado en Cubadebate

Entrevista al Filósofo y ensayista español Jorge Riechmann, publicada por primera vez en el diario digital CTXT en su número 135 de septiembre 2017.

(Tomado de Bloghemia)

Publicado enMedio Ambiente
XVII Congreso Mundial de Neurocirugía. Bogotá 13 al 18 de marzo 2022

La World Federation of Neurosurgery Societies WFNS, bajo la organización de la Asociación Colombiana de Neurocirugía ACNC, celebrará su 17th World Congress of Neurosurgery del 13 al 18 de Marzo de 2022 en el Centro de Convenciones Ágora de Bogotá́.

Es el congreso internacional de Neurocirugía más importante del mundo. Se celebra cada 4 años y solo en dos ocasiones se ha celebrado en Latinoamérica: en 1977 en Sao Paulo y en 1993 en Acapulco. Su finalidad es presentar y discutir los avances científicos en el área de la neurocirugía, presentados por los más destacados investigadores en el campo. Bogotá compitió con Yokohama, Dubai, Ciudad del Cabo y Bali, y fue escogida como reconocimiento a la neurocirugía colombiana y a la ciudad de Bogotá.
Por fortuna la pandemia está siendo controlada y podremos reencontrarnos nuevamente en forma personal después de 2 años y medio. Hemos preparado este congreso con esmero y guardamos todos los cuidados y protocolos necesarios para el desarrollo seguro y confortable del evento. En su preparación hemos contado con el decidido apoyo de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía FLANC y de los diversos comités de la WFNS.


Durante seis días de intensa actividad científica, se analizarán las novedades y controversias de la neurocirugía actual, a través de un programa científico que presentará las últimas novedades clínicas y quirúrgicas abordando los temas de mayor relevancia de la especialidad ( tumores, enfermedades de la columna vertebral, neurotrauma, epilepsia, aneurismas,etc.)

 

 


Asimismo, se contará con un destacado equipo de coordinadores, líderes en cada una de sus respectivas disciplinas que participarán en las sesiones que se llevarán a cabo, desde cursos precongreso, sesiones plenarias, estado del arte, controversias, sesiones de videos y presentación de casos.


El congreso acogerá de forma presencial a más de 1.500 especialistas en neurocirugía de 85 países, con la misión de generar y promover la educación en neurocirugía y brindará a toda la comunidad mundial de neurocirujanos la oportunidad de compartir experiencias, conocimientos y seguir avanzando como comunidad médica.


Estos 6 días del congreso nos permitirán apreciar los avances recientes de nuestra especialidad y disfrutar de la cultura y la gastronomía colombiana, que se podrá apreciar durante los eventos sociales que hemos preparado especialmente. Durante la ceremonia de inauguración tendremos a la orquesta filarmónica de música colombiana de Bogotá con una muestra de lo mejor de nuestra música. Durante el coctel de bienvenida tendremos una muestra del famoso Carnaval de Barranquilla, el miércoles 16 ofreceremos un concierto de la orquesta sinfónica de Colombia en el emblemático teatro Colón de Bogotá y el jueves durante la cena de despedida disfrutaremos de una fiesta bailable con la participación de la reconocida orquesta de Juancho Torres. Contamos con tours muy especiales a distintos museos (el Museo del Oro - el museo más importante de oro del mundo-, el Museo Nacional, el Museo Botero,etc.) y a múltiples sitios turísticos de la ciudad.
Bogotá, como ciudad cosmopolita, acogedora y multicultural que es, ofrecerá el marco idóneo para celebrar un congreso mundial de esta relevancia en las mejores condiciones.

Enrique Osorio Fonseca
Presidente

 

Publicado enColombia
Lunes, 28 Febrero 2022 05:30

La ciencia detrás del crimen

Imagen: Sandra Cartasso

Entrevista a Gastón Intelisano, licenciado en criminalística, técnico forense, docente y escritor

La ciencia forense y sus límites. Los pasos en falso en una investigación. Las claves para resolver hechos científicamente. Las series, entre la realidad y la ficción irrisoria.

 

¿Existe el crimen perfecto? ¿Cuáles son los secretos para esclarecer científicamente un crimen? ¿Qué método --y cuáles indicios-- se siguen en la instancia de investigación? ¿Hay margen para el error? Donde todo parece certero, aparecen dudas de todo tipo acerca de las posibilidades de encontrar el dato preciso y el resultado inequívoco. Estas y otras inquietudes guían el recorrido de este diálogo que Página/12 mantuvo con Gastón Intelisano, licenciado en criminalística, docente y oficial del Poder Judicial de la Argentina. Durante cuatro años, Intelisano trabajó junto a la Unidad Médico Forense de Investigación Criminalística (UMFIC). Allí pudo observar, muy de cerca y persistentemente, el trabajo de médicos y peritos forenses en numerosas escenas de crímenes y autopsias.

En Elemental, mi querida ciencia (forense) (Siglo XXI), este experto pone el foco en la cientificidad y el poco margen de error que hay en el proceso de investigación de cualquier tipo de crimen; “que luego el fiscal le otorgue un sentido a esos indicios que se hayan encontrado” exime de culpa y cargo a los investigadores forenses. Allí, en su trabajo más reciente, Intelisano sostiene que “el crimen perfecto no existe” y explica cuáles son los límites de la ciencia forense.

Previamente escribió las novelas La navaja de Ockham (2020); Principio de intercambio (2016); Error de Cálculo (2014); Epicrisis (2013); y Modus Operandi (2011). En todos sus libros aparecen los rastros de su pasión por la criminalística.

--¿Qué lo llevó a escribir Elemental, mi querida ciencia (forense)?

--Me interesaba tomar un tema que no es de conocimiento público y bajarlo a un lenguaje que fuera entendible para cualquier persona; hablar sobre ciencia forense siendo parte del tema. Quise desmitificar, también, la idea de que la ciencia forense lo resuelve todo. Porque, en verdad, la ciencia forense tiene sus límites.

--¿Cómo cuáles?

--Por ejemplo, si uno levanta una mancha de sangre de una manera equivocada, cuando esa sangre llega al laboratorio ya no sirve para hacer el análisis. Si eso sucede, entonces perdemos todo lo hecho hasta ese momento. Cuando hablo de los límites de la ciencia forense me refiero a que, aun cuando se ha avanzado mucho --y ese avance continuará por el desarrollo de la tecnología--, si no hay recurso humano preparado para utilizar toda la aparatología o no hay gente que sepa leer los resultados que derivan de un determinado aparato, estamos en el horno. De allí que resulte fundamental la formación de los técnicos, los peritos. Ése es un aspecto esencial que remarco en el libro y en mis novelas.

--¿Qué es la ciencia forense?

--Es la que se ocupa de investigar los hechos delictivos, aportando pruebas para acusar o descartar a un sospechoso, valiéndose de los conocimientos de distintas disciplinas.

--¿En qué medida el crimen dialoga con el contexto? ¿La definición de crimen cambia a través de los años?

--El crimen va mutando con el tiempo, no solo en nuestro país sino en el mundo. Por caso, suelo poner el ejemplo de Estados Unidos: la principal preocupación en los ‘80 y en los ‘90 eran los asesinatos en serie; hoy, esa preocupación está enfocada en estas personas que llegan a un lugar con un arma y hacen un desastre. Ese crimen que va mutando requiere que la investigación en la materia se actualice de manera permanente.

--En nuestro país, ¿también es posible identificar mutaciones?

--En nuestro país, el tipo de crímenes que encontramos en las grandes ciudades se distingue de aquellos crímenes que resultan más frecuentes en pueblos o localidades más pequeñas. Estos crímenes suelen tener más que ver con el robo de ganado, con la cosa rural. En una ciudad se presentan homicidios más complejos. En paralelo, ha cambiado la evidencia informática y se ha incrementado la cantidad de trabajo durante la última década. Una de las divisiones que más ha crecido es la de informática forense porque, en cada hecho, hay cinco, seis celulares, computadoras, todo tipo de dispositivos que hay que analizar para evaluar si la información que proveen se inscribe en el contexto de ese crimen. Cuando hablo de crimen no siempre me refiero a un asesinato y tampoco es que siempre haya un cadáver; puede ser un tema de pornografía infantil, por ejemplo. En esos casos interviene mucho la informática forense. Todas las ciencias que forman parte de la criminalística y de la ciencia forense en general han evolucionado a la par del crimen y la tecnología.

--¿El crimen capitaliza los avances de la tecnología?

--Claro que sí. Por ejemplo, creció mucho la estafa que se vale de la actividad virtual. Y en ese ámbito, el problema es que sigue habiendo un gran vacío legal. O sea, ¿hasta dónde puede llegar la justicia? Muchas veces el problema es que las pruebas no son tangibles sino que están en un universo de softwares. Por eso sostengo que muchas veces el crimen va de la mano de la tecnología, tanto para hacer el bien --cómo resolvemos un determinado crimen con nueva tecnología-- como cuando los delincuentes la usan para cometer crímenes.

--¿Cuáles son los secretos para esclarecer crímenes científicamente?

--La criminalística se nutre de distintas ciencias --en particular, de las llamadas ciencias “duras”-- aunque también, de muchas artes y oficios. La criminalística es una gran reunión de científicos de distintas especialidades que trabajan para la justicia; lo que ellos hacen es aportar su conocimiento para que ese conocimiento sirva en un juicio, en una causa. El perito, de la ciencia que sea, emite un dictamen en potencial: “estaríamos en presencia de”... En el imaginario popular, la palabra “forense” remite al médico forense. Pero, así como está el médico forense, también hay antropólogos forenses, psicólogos forenses. El término “forense” significa “aplicado a los tribunales”. En relación con los secretos para esclarecer crímenes científicamente, hay que saber dónde buscar y qué buscar. Otra cosa importantísima es el lugar del hecho.

--¿Qué aporta el lugar del hecho?

--El lugar del hecho aporta mucha información si uno sabe cómo recolectarla. Siempre se dice que la resolución de un crimen depende en un 50% de lo que se encuentra en el lugar del hecho y en el 50% restante, de lo que se encuentra en la autopsia; ésas son las dos fuentes más importantes de información en una investigación. Entonces es muy importante que la primera persona que llegue al lugar del hecho, aun cuando no sepa hacer un relevamiento, tenga la conciencia de cerrar ese lugar, precintarlo para que nadie entre y nadie salga, es decir que nada se mueva. Luego de esa primera preservación, entra el trabajo de cada uno de los peritos, tales como levantar un proyectil de arma de fuego, una mancha de sangre o de cualquier otro tipo, una huella latente de calzado o de otro tipo. Estos procesos deben hacerse siguiendo los protocolos. Hay protocolos para todo. Si hay algún tipo de fractura en lo que hacemos o algo que no se hizo bien en ese momento, esa pericia puede ser descartada y se vuelve a foja cero. Eso puede ocasionar que un hecho no se resuelva.

--¿Hay algún caso que haya sido particularmente emblemático?

--El caso de O. J. Simpson marcó un antes y un después en el tratamiento de la evidencia. Allí se puso en duda el procedimiento para levantar esa evidencia; ese cuestionamiento permitió que O. J. Simpson pudiera quedar impune. Como en esa ocasión no se había levantado la evidencia de forma correcta, a partir de allí, los protocolos, que ya existían, se volvieron más específicos y se tuvieron que seguir al pie de la letra. A veces la gente me pregunta: “¿cómo puede ser que, con tanta tecnología, los crímenes no se resuelvan?”. Muchas veces está el cuchillo con el que se apuñaló a una persona, está la sangre de la persona herida, están las huellas en el mango del cuchillo... Uno lo aporta como prueba, pero cuando eso llega a la instancia de juicio, hay abogados defensores que se especializan en buscar --y logran encontrar-- esos errores que pudo haber tenido la investigación; eso hace que una pericia se derrumbe y se vuelva al inicio.

--¿Cómo juegan los posibles sesgos de confirmación de quienes investigan un crimen?

--Lo ideal sería que los peritos aportemos lo que encontramos en el lugar y que luego el fiscal le otorgue un sentido a esos indicios que se hayan encontrado. Nosotros no podemos hacer juicios de valor ni sugerencias de ningún tipo. Como peritos, nosotros acudimos al lugar del hecho o presenciamos el momento de la autopsia. Aportamos información, fotografías, todo lo que se encuentra. Después pasa a ser tarea del fiscal que la investigación vaya en una dirección o en otra. Por ejemplo, cuando aportamos información no decimos: “estamos hablando de una puñalada que se dio a gran velocidad”. No, lo que decimos es: “encontramos en el cuerpo una herida compatible con una producida por arma blanca, de una cierta profundidad”. Si fue con saña o no lo va a tener que evaluar el fiscal. Nosotros solo aportamos las evidencias que se encuentren.

--¿Pero todos y cada uno de los investigadores encontrarán lo mismo en la escena de un crimen?

--En teoría, todos deberíamos encontrar lo mismo porque estamos entrenados para buscar ciertas cosas. Se sigue un patrón; lo científico no deja mucho librado al azar. La autopsia tiene que ser completa, ordenada, representativa, ilustrada. Si llega alguien a la mesa de autopsias con un disparo en la cabeza, uno tiene la idea de que va a estar todo en el cráneo y se buscará el proyectil, aunque después se analice todo el cuerpo. En más de una ocasión tuvimos que realizar la autopsia de un suicidio con un disparo en la cabeza, por ejemplo. Al hacer el examen de tórax y abdomen encontramos que la persona tenía algún tipo de cáncer. Eso te puede dar una idea acerca del origen del suicidio. Sin hacer una aseveración, se lo informamos al fiscal, porque lo puede llevar a pensar que eso derivó en el suicidio. Pero nosotros, desde lo estrictamente científico, buscamos qué dice ese cuerpo, qué aparece en ese cuerpo más allá de ese disparo. Tanto el médico que hizo la autopsia conmigo como otro médico, o si la autopsia se hizo en China, en Estados Unidos o donde fuere, todos llegaremos a la misma conclusión: esa persona murió por esa herida de arma de fuego en la cabeza y, además, presentaba síntomas de algún tipo de cáncer. Es decir que todos llegaremos a un mismo resultado, que debería ser el que informemos.

--A partir de la pandemia, ¿observa cambios en las características del crimen?

--En un principio, cuando solo los esenciales podíamos salir de nuestros hogares, el crimen había bajado muchísimo y de manera precipitada, producto del aislamiento. Es más, hubo una o dos semanas en las que no hubo hechos de ningún tipo. Yo llegaba a mi guardia y veía la pizarra limpia; esto tenía mucho que ver con que estábamos todos en nuestras casas, no había gente dando vueltas en la calle, por lo que no había robos ni asesinatos ni suicidios. A medida que el encierro fue aflojando y comenzó a haber mayores niveles de interacción social, nuevamente subió el número de muertes en ocasión de robo. Con el encierro creció mucho la violencia intrafamiliar --las peleas entre familiares que terminaban en muerte-- y, en paralelo, los suicidios. Según las estadísticas que manejamos todos los años, el pico de suicidios suele darse en diciembre, entre los días previos a Navidad y los primeros días de enero. Este año empezó antes de diciembre y hasta mediados de febrero tuvimos bastante cantidad de suicidios, de todas las edades y todos los estratos sociales.

--En los últimos tiempos creció considerablemente la producción de series y películas de crímenes y policiales. ¿Por qué atraen tanto estas temáticas?

--Me parece que se relaciona con cierta cosa atávica que llevamos en el inconsciente, de esta relación con la muerte, con lo oscuro, con la locura. Cuando me preguntan si me da impresión mi trabajo, siempre digo que la sangre, el olor, ver un cadáver maltrecho y demás no me afecta tanto como la historia que está detrás de ese cadáver, o sea, por qué esa persona termina en un suicidio o como víctima de un homicidio. Muchas veces la historia que viene detrás nos impacta más que el hecho de enfrentarnos a un cadáver.

--¿A qué se debe ese endurecimiento?

--No lo sé, pero con el tiempo uno se va poniendo un poco más duro y no lo afecta tanto. Sí nos queda girando en la cabeza esa historia que no conocemos. Hay una especie de romantización del crimen, de la muerte. Conozco morgues de nuestro país y de otros países y en ninguna vi un televisor de pantalla plana en la sala de autopsias, como muestran las series; eso es impensado. Hay una cosa glamorosa de la muerte que atrae. Esto es algo que veo mucho en mis alumnos. Muchos me dicen que se decidieron a estudiar criminalística por CSI (Crime Scene Investigation), por ejemplo. También están quienes dicen que es una disciplina que les interesó siempre. En mi caso, crecí viendo los Expedientes-X, El silencio de los inocentes... Recuerdo haber visto El coleccionista de huesos en el cine el día que me inscribí en Criminalística. En ese entonces, me dije: “sí, definitivamente esto es lo que quiero hacer”. Creo que la mayoría llegamos a estos temas a través de las series, los documentales, las novelas.

--¿Qué relación encuentra entre esto que menciona y la idea, expresada en su último libro, de que la realidad supera la ficción?

--Más de una vez, a partir del relato de los hechos o de lo que encontramos en la autopsia, me encuentro diciendo que si escribiera esa historia no me lo creerían. Sí, creo que la realidad supera la ficción y, sobre todo, en lo que respecta a la ficción policial o la novela negra. Mucho de lo que escribo en las novelas se basa en cosas que he vivido y me han pasado. Esto le da más poder a lo que uno cuenta, porque no es algo inventado, sino que es algo vivido de cerca, de primera mano.

--Dice que “no existe el crimen perfecto, existen malas investigaciones”. ¿Por qué?

--Así lo creo. Hoy es muy difícil cometer un crimen “perfecto”. En todo dejamos un rastro biológico, latente, tecnológico. Hay cámaras de seguridad y numerosas formas de ubicar a una persona en cierto lugar a determinada hora. Una mala investigación, tanto por impericia como por ignorancia, puede llevar el caso en una dirección incorrecta y perder indicios fundamentales.

--¿Cuál es su análisis sobre el tratamiento que suelen hacer los medios de los hechos policiales y los crímenes? ¿Cómo es la narración mediática que predomina?

--Noto un creciente interés por las coberturas policiales. Llegan a ser más del 50% de las noticias que vemos a diario. He percibido una formación más académica de los reporteros. La mayoría tiene conocimientos de criminalística y procedimientos forenses. Antes, el periodista se quedaba con lo que le informaba la policía. Hoy conocen los procedimientos y los análisis, y los saben explicar. Es un avance muy importante dentro de este tipo de periodismo.

Según investigación, la vida en el cráter de Chicxulub se ha recuperado de forma rápida, tras el impacto del asteroide de 12 kilómetros de ancho que hizo un agujero de 180 kilómetros de diámetro y cuya potencia ha sido comparada con la de miles de millones de bombas atómicas. Foto Agencia Espacial Mexicana

En el hemisferio norte era primavera y las especies estaban más expuestas // En el sur, era otoño y se protegieron en sus madrigueras, concluyen científicos

 

París. El reinado de los dinosaurios sobre la Tierra acabó con el impacto de un meteorito hace unos 65 millones de años, en el actual Yucatán, fenómeno ocurrido durante la primavera boreal, según un estudio publicado ayer en Nature.

En un día de primavera los peces espátula y los esturiones nadaban en un río que serpenteaba a través de un floreciente paisaje poblado por poderosos dinosaurios y pequeños mamíferos en el extremo suroeste de Dakota del Norte. Ese día la muerte vino de arriba.

Los científicos señalaron ayer que los fósiles de peces bien conservados desenterrados en el sitio proporcionan una comprensión más profunda de uno de los peores días en la vida en la Tierra.

La subsiguiente extinción masiva eliminó unas tres cuartas partes de las especies de la Tierra y preparó el terreno para que los mamíferos –incluidos los humanos– se convirtieran en dominantes.

El impacto que creó el cráter de Chicxulub provocó catástrofes que desembocaron en un cambio climático dramático.

Esa extinción masiva sigue desconcertando a los científicos, ya que fue una de las más selectivas de la historia de la vida: desaparecieron todos los dinosaurios no avianos, los pterosaurios, los ammonites y la mayoría de los reptiles marinos, pero sobrevivieron mamíferos, aves, cocodrilos y tortugas.

No se podrá conocer nunca el año exacto en que ocurrió ese fenómeno, pero un equipo de científicos liderados por Melanie During, de la Facultad de Ciencias de la Universidad libre de Ámsterdam, y Denis Voeten, de la Universidad de Uppsala, Suecia, elaboraron tras años de investigación una cronología horaria de esa gran extinción, la quinta que sufrió el planeta.

En general, se sabe que los organismos que estaban expuestos morían prácticamente de inmediato. Así que los que se refugiaban en cuevas o madrigueras porque estaban hibernando tenían muchas más probabilidades de sobrevivir en el Paleógeno.

El sitio arqueológico de Tanis, en Dakota del Norte, es clave para esa teoría. En ese lugar se encuentran los restos fósiles de numerosos animales que fueron englutidos por un seiche, especie de marejada, según el estudio. Éste ocurre en espacios acuáticos cerrados o semicerrados, cuando un hecho externo, como el viento o un sismo, mece las aguas.

El fenómeno ocurrió unas decenas de minutos después del impacto del meteorito. La onda de choque atravesó casi 3 mil kilómetros y levantó gigantescas olas en el Mar Interior Occidental, que en esa época atravesaba la actual América de norte a sur.

Los científicos estudiaron los fósiles de tres esturiones y tres peces espátula procedentes de Tanis, mediante un análisis tomográfico de rayos X de alta resolución en el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón de Grenoble.

Primero comprobaron que los peces murieron efectivamente durante ese seiche.

Mientras el agua se levantaba y devastaba todo a su paso, del cielo caía una lluvia de arena vitrificada, provocada por el enorme calor del impacto.

Los peces "estaban vivos y alimentándose cuando ocurrió el impacto, en los últimos minutos del Cretáceo", explica el informe.

Murieron "entre 15 y 30 minutos" después del choque del meteorito, según During. "La señal de isótopos de carbono en el registro de crecimiento de este desafortunado pez espátula confirma que la temporada de alimentación aún no había llegado al clímax: la muerte llegó en primavera".

Según los científicos, los hallazgos ayudarán a futuras investigaciones sobre la selectividad de la extinción masiva: en el hemisferio norte, era primavera y, por tanto, los ciclos de reproducción de los organismos estaban comenzando, para luego detenerse abruptamente. En cambio, en el hemisferio sur era otoño y muchos organismos se preparaban para el invierno.

Denuncian a nueve grandes mineras por querer operar en tierras protegidas de Brasil

Duro informe de la ONG Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil

Impulsadas por miles de millones de dólares de bancos internacionales y firmas de inversión, grandes compañías mineras buscan expandirse por tierras indígenas protegidas en la selva amazónica de Brasil, sostiene un informe publicado este martes. Nueve mineras gigantes, entre ellas la brasileña Vale, la británica Anglo American y la canadiense Belo Sun, presentaron solicitudes de autorización para explotar reservas indígenas en Brasil a pesar de que actualmente es ilegal, según un informe de la ONG ambientalista Amazon Watch y la Asociación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

El documento sostiene que dicha expansión privada "está en el centro de la intensa agenda del gobierno de Jair Bolsonaro para desmontar la legislación ambiental y apoyar al sector minero, la apertura de los territorios indígenas para la minería industrial y a la pequeña o artesanal (llamados garimpos)". Además apunta a los fondos estadounidenses Capital Group, BlackRock y Vanguard como los principales financistas de "las empresas citadas por sus intereses en tierras indígenas y por su historial en violación de derechos".

La aprobación del proyecto de Ley 191/2020 del gobierno de Bolsonaro "puede causar la pérdida de 160 mil km2 de selva amazónica", señala el informe, que agrega que en 2021 la deforestación vinculada a la minería aumentó un 62 por ciento respecto a 2018, año en el que Bolsonaro llegó al poder.  

Publicado enMedio Ambiente
Hallan en la granada opción para tratar la depresión en la menopausia

La fruta es fuente de fitoestrógenos, los cuales permiten sustituir la terapia de remplazo hormonal, asociada al riesgo de desarrollar cáncer, señalan

 

Varias investigaciones sugieren que la vulnerabilidad para desarrollar trastornos depresivos se relaciona con la fluctuación y disminución de estrógenos antes y durante la menopausia, debido a que dichas hormonas participan en la regulación del estado de ánimo.

Para tratar la depresión durante la menopausia se utilizan antidepresivos y terapia de remplazo hormonal, que pueden producir efectos adversos y, además, algunas pacientes no muestran respuesta; esto hace necesario identificar opciones más eficaces y seguras, explicó Brenda Valdés Sustaita, graduada del Departamento de Farmacobiología del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav), del Instituto Politécnico Nacional.

La terapia de remplazo hormonal con estrógenos se asocia al riesgo de desarrollar cáncer de endometrio o de mama cuando es administrada por más de cinco años, así como a afectaciones cardiovasculares (infarto o tromboembolismo venoso), por lo que se ha recurrido a tratamientos alternativos como los fitoestrógenos y la granada es una fuente de ellos.

Valdés analizó los efectos antidepresivos de un extracto de esa fruta (Punica granatum) en un modelo animal de menopausia, estudio bajo la dirección de Carolina López Rubalcava, investigadora del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav, y Érika Estrada Camarena, del Instituto Nacional de Siquiatría.

Como parte de los resultados se encontró que el extracto de granada produce efectos tipo antidepresivos mediados por los receptores de estrógenos, lo cual sugiere que podría ser una alternativa a la terapia de remplazo hormonal.

En la investigación, parte de la tesis doctoral de Valdés, se determinó que el tipo de receptor a estrógeno involucrado en los efectos antidepresivos de la granada es el denominado beta, asociado principalmente a la regulación de procesos de aprendizaje, memoria y estado de ánimo.

Esto representa una alternativa más segura que la terapia de remplazo hormonal convencional, la cual produce la activación del receptor a estrógeno alfa, asociado con procesos de proliferación celular en tejidos como mama y endometrio que pueden contribuir al desarrollo de cáncer.

Adicionalmente, en las pruebas experimentales se identificó que, de forma similar a algunos fármacos antidepresivos, el efecto reportado para el extracto de granada está mediado por el sistema de neurotransmisión serotoninérgico. La información recabada contribuye a dilucidar algunos de los mecanismos de acción de los compuestos de esta fruta, comprender sus ventajas sobre los tratamientos actuales y establecer las condiciones adecuadas para su uso.

El trabajo se efectuó en un modelo animal de menopausia (ausencia de estrógenos). Para ello, se formaron varios grupos y de manera aleatoria les fue administrado el extracto de granada, vía oral o intraperitoneal, en diferentes dosis y tiempos.

Con la finalidad de evaluar el efecto tipo antidepresivo del extracto se empleó la prueba de nado forzado, que permite detectar cambios en la conducta de los animales (movilidad, nado y escalamiento) tras administrarles las moléculas a analizar. En el caso del extracto de granada aumentó la conducta de nado, lo cual se asocia al sistema serotoninérgico.

La granada tiene alto valor nutricional y, además de fitoestrógenos, posee propiedades antioxidantes, antinflamatorias y anticancerígenas. Por tanto, el efecto tipo antidepresivo podría ser resultado de la sinergia de cada uno de sus componentes y con ello beneficiar al organismo de forma integral, finalizó Valdés.

La democracia interpelada por la Madre Tierra

“La estupidez es una fuerza cósmica democrática. Nadie está a salvo. Y ya sea en el norte, el sur, el este o el oeste, cometemos las mismas estupideces una y otra vez. Parece existir algo que nos hace inmunes a la experiencia” (Manfred Max-Neff 1993)

La humanidad se encuentra en una encrucijada. No es para nada exagerado afirmar que como nunca antes los seres humanos están ahora obligados a encontrar respuestas estructurales y urgentes para cambiar el curso de un proceso que se perfila cada vez más como un suicidio colectivo, al menos para millones de los habitantes del planeta. Los crecientes problemas sociales en términos de pobreza y desigualdad, hambre y enfermedades, violencias e inequidades múltiples, con claras muestras de debilidad de las de por si frágiles instituciones políticas, configuran la una cara del problema. En la otra orilla, estrechamente vinculado a lo anterior, el calentamiento global, la pérdida de calidad y disponibilidad del agua, la erosión de la biodiversidad silvestre y agrícola, la desaparición de suelos agrícolas, el  agotamiento de los recursos y el cada vez más limitado acceso a los mismos, las diversas formas de contaminación y los enormes desperdicios que ahogan el planeta, desembocan ya en un colapso ambiental. Y lo más preocupante radica en la ausencia de respuestas que vayan a la raíz de tantos problemas y retos.

La tragedia sanitaria nos ha servido para comprender mejor estas interrelaciones entre lo social y lo ambiental. Aceptemos que la crisis ecológica está en la origen de la pandemia del coronavirus; sea porque este virus tiene una raíz zoonótica, que es lo más probable, o inclusive si fuera un accidente por una mutación de laboratorio, ese sería un caso de afectación al ciclo de la evolución natural de algún otro virus o algo por el estilo. Y no solo eso, esta crisis multifacética que nos ahoga, con claros rasgos civilizatorios, no puede ser simplemente leída como una acción generalizada de los seres humanos, es decir del antropoceno. La realidad nos dice, si somos acuciosos en nuestros análisis, que en realidad la forma de organizarnos los humanos en la civilización: el capitaloceno -agudizado por su profundización neoliberal-,es la causante de este proceso que  pone cada vez más en riesgo la existencia de millones de seres humanos y no humanos.

Los riesgos de negar lo innegable

Lo grave, y a la vez indignante, es constatar que las personas que encarnan puestos de liderazgo político, empresarial, académico o comunicacional, con muy pocas excepciones, niegan, con sus acciones, estas vinculaciones. Se encuentran más preocupadas en el corto plazo, en dar respuestas a sus intereses inmediatos, antes que en la discusión, la búsqueda y la cristalización de respuestas de fondo. En el mejor de los casos avanzan buscando soluciones que mitiguen un poco estos graves problemas, lo que, con mucha frecuencia, termina por ahondas los problemas de fondo. Veamos, a moco de referencia, lo que realmente significan esas economías pintadas de colores o circulares que, más allá de sus buenas intenciones, no cuestionan para nada la civilización del capital, por el contrario, en realidad, la protegen. Y en el ámbito político, sin negar para nada que la economía es siempre política, quienes nos gobiernan están más preocupados en las próximas elecciones que en el futuras generaciones.

El asunto es aún más complejo si reconocemos que las grandes corporaciones y los gobiernos de los países más ricos ocultaron información y retrasaron la acción necesaria para hacer frente al colapso climático. No solo eso, es común encontrar poderosos grupos negacionistas a pesar de las evidencias cada vez más indiscutibles de la descontrolada evolución de fenómenos ambientales y de procesos sociales que están desbaratando las bases del mundo en que vivíamos, que ya de por si eran insostenibles.

Todo lo anterior se complica aún más cuando constatamos que las respuestas para salir de la crisis del coronavirus, que agudizó las tendencias recesivas prevalecientes, apuntan a recuperar -a como de lugar- la senda del crecimiento económico en el marco del business as usual. Esto, para los países empobrecidos por el sistema capitalista, demanda apostar por el incremento de las exportaciones de materias primas forzando la ampliación de las fronteras extractivistas, con el consiguiente incremento de la destrucción ambiental. A la par, para dizque alcanzar mejores niveles de competitividad se ahonda aún más la flexibilización laboral, provocando una mayor precarización del trabajo. Y todo buscando el concurso de empresas extranjeras, sobre todo transnacionales, que carcomen sistemáticamente la capacidad de respuesta de Estados sumisos, lo que debilita la misma democracia.

En Nuestra América, el modelo de Estado está matizado por una ambigüedad fundacional en la construcción de “la nación”. Tal matiz, sustentado en la colonialidad del poder, resultó excluyente y limitante para el avance cultural, productivo y social en general. Nuestros Estado-nación en ciernes permanentemente, son funcionales al sistema-mundo, en tanto son dependientes de la lógica de acumulación capitalista global. A pesar de ese hecho, los debates sobre el Estado muchas veces se limitaron a coyunturas importantes, pero menores en esencia. Y por eso mismo gemos sido incapaces de profundizar en las soluciones requeridas.

En suma, más de lo mismo, como es evidente, desembocará en más de lo peor.

El fracaso de los parches en odre viejo

En este punto afloran las costuras de las políticas parche. El conservacionismo no basta para resolver los problemas: asegurar la intangibilidad de importantes zonas de vida silvestre, siendo importante, no es suficiente si simultáneamente no se detiene la expansión de los extractivismos en otras áreas, para mencionar un tema. Igualmente, a través de las políticas sociales solo se consigue paliar la pobreza, la desnutrición, las enfermedades, es decir todas aquellas pandemias sociales tan propias de la civilización del capital, pero por esta vía no se abordan los temas estructurales. Estamos, además, en un momento en el que debemos entender que tampoco son suficientes las respuestas individuales.

Aceptemos una evidencia, todavía difícil de digerir por parte de muchas personas. La gran disponibilidad de recursos naturales, en particular minerales o petróleo, acentúa la distorsión de las estructuras económicas y de la asignación de factores productivos en los países ricos en recursos naturales; una situación impuesta desde la consolidación del sistema-mundo capitalista. Así, muchas veces, se redistribuye regresivamente el ingreso nacional, se concentra la riqueza en pocas manos, mientras se incentiva la succión de valor económico desde las periferias hacia los centros capitalistas. Esta situación se agudiza por varios procesos endógenos y “patológicos” que acompañan a la abundancia de recursos naturales. En este contexto se genera una dependencia estructural pues la supervivencia de los países depende del mercado mundial, donde se cristalizan las demandas de la acumulación global.

En suma, recorriendo nuestras atormentadas historias de economías primario exportadoras, de sociedades clientelares y de regímenes autoritarios, parecería que nuestros países son pobres porque son “ricos” en recursos naturales. La miseria de grandes masas parecería ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). La Naturaleza nos “bendice” con enormes potenciales que los seres humanos los transformamos en maldición… una real, compleja y cruda conclusión. Y en este empobrecimiento casi estructural, la violencia no solo  es determinante, es también sistémica.

Esto es medular. La violencia en la apropiación de recursos naturales, extraídos atropellando todos los Derechos (Humanos y de la Naturaleza), no es una consecuencia sino una condición necesaria para poder apropiarse de los recursos naturales. Apropiación que se hace sin importar los impactos nocivos —sean sociales, ambientales, políticos, culturales e incluso económicos— de los propios extractivismos. El extractivismo, levantando la promesa de progreso y desarrollo, se impone violentando territorios, cuerpos y subjetividades. De hecho, la violencia extractivista hasta podría verse como la forma concreta que toma la violencia estructural del capital en el caso de las sociedades periféricas condenadas a la acumulación primario-exportadora. Tal violencia estructural del capitalismo es una marca de nacimiento pues —como bien señaló Marx— este sistema vino “al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza[2].

A pesar de esas constataciones, los dogmas del libre mercado, transformados en alfa y omega de la economía —ortodoxa— y de la realidad social en general, tozudamente siguen recurriendo al viejo argumento de las ventajas comparativas. Los defensores del librecambismo recetan  aprovechar aquellas ventajas dadas por la Naturaleza y sacarles el máximo provecho (cual torturador que busca una confesión a cualquier precio). Más aún ahora para superar -dicen- el bache del coronavirus.  Y, para colmo, los dogmas librecambistas que acompañan al extractivismo son varios: la indiscutible globalización, el mercado como regulador inigualable, las privatizaciones como camino único a la eficiencia, la competitividad como virtud por excelencia, la mercantilización de todo aspecto humano y natural…

Dicho esto cabe preguntarnos cómo abordar los retos que tenemos entre manos, cuando la real politik no demuestra estar sintonizada con estas urgencias. No solo eso. La falta de comprensión de lo que está sucediendo por parte de quienes podrían liderar las transiciones que son indispensables para enfrentar estos complejos retos, se ve agravada por la emergencia de discursos y grupos políticos que alientan respuestas de nacionalismo a ultranza, intolerantes y autoritarias, xenófobas y racistas, con atisbos de un fascismo que comienza a hacerse presente en diversos gobiernos. Reconocer estas tendencias no puede llevar a minimizar las respuestas expresadas de forma diversa desde lo más profundo de sociedades en movimiento que no están dispuestas a aceptar tantas destrucciones e injusticias. Veamos solamente las explosiones sociales registradas en varios países de Nuestra América / Abya-Yala desde fines del año 2019: Ecuador, Colombia, Chile, Perú, Brasil…

Colombia, una mirada desde afuera

Sin entrar en una análisis detenido de la trascendencia de estos procesos diversos e incluso hasta contradictorios, me gustaría borronear un par de líneas sobre la realidad colombiana aún sin ser un ciudadano o un conocedor de toda su complejidad.

El año 2016 parecía que marcaba un nuevo comienzo en la historia de Colombia. Con la ratificación del acuerdo entre el Estado colombiano con las FARC se pretendía poner fin a un período de más de 50 años de hostilidades. Igualmente quedó abierta la puerta para la negociación entre el Gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional – ELN. Como es ampliamente conocido esas expectativas no se han cumplido tal como se ansiaba. Hay muchos temas por resolver a más de las acciones violentas con las que determinados grupos de poder -formal e informal- no están dispuestos a transitar por el camino de la Paz.

Con el fin del conflicto armado en Colombia, como se anticipo oportunamente, se dio paso a una exacerbación de los conflictos socio-ambientales que han caracterizado la larga historia de actividades extractivas y de los métodos violentos que han primado en este país para lidiar con dichos conflictos. Recordemos que el Gobierno de Colombia depende del sector extractivo como generador de ingresos, y ha asignado grandes áreas a inversionistas privados para el desarrollo de actividades asociadas con la extracción petrolera, minera, y los monocultivos para exportación. Para superar la crisis del coronavirus, como lo hacen todos los gobiernos de los países vecinos, el Gobierno colombiano fuerza aún más los extractivismos, que incluso son vistos como una fuente fundamental de financiamiento de muchos compromisos del proceso de transición a la paz.

En algunas áreas en donde disminuyó desapareció el conflicto armado quedó expedito el acceso a las áreas previamente afectadas por la guerra. Lo que exacerba la violencia intrínseca a los mismos. En este contexto, alentados por las demandas derivadas de la crisis e influenciadas por los intereses de los grandes grupos extractivistas, se ha visto como se han ido cerrando aquellos espacios de participación democrática que comenzaron a construir una forma concreta de cómo podían intervenir las comunidades de forma vinculante y consecuente en las decisiones sobre el uso de los bienes naturales locales en actividades que podrían impactar sus medios de vida y su entorno. Me refiero concretamente al freno aplicado para detener las consultas populares que encontraron su punto de partida el 28 de julio de 2013, en el municipio de Piedras, Tolima. Allí la alianza entre los campesinos, los grandes productores de arroz, y las entidades municipales, junto con el apoyo de varios comités ambientales, estudiantes y asesores legales activaron el mecanismo de consulta popular, que luego se extendió por todo el país. Y que ahora, al haber sido bloqueado, en un ambiente de crecientes presiones extractivistas, incrementará las tensiones y las violencias.

Lo que preocupa es que el mensaje central de las movilizaciones por la democratización ambiental, es decir reconsiderar la relación de nuestras sociedades con la Naturaleza, no tiene cabida efectiva en las discusiones de la existente institucionalidad democrática.

La radicalización de la democracia como camino

En este escenario, con violencias, desigualdades, inequidades, injusticias y destrucciones sin precedentes en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades, dar paso a formas fundamentales de democratización resulta imprescindible. Permitir, defender y fomentar la participación de la sociedad en la toma de decisiones en materia ambiental y territorial en el contexto de la transición a una sociedad que pueda resolver sus conflictos sin el uso de la violencia, representa una transformación de los conflictos ambientales en escenarios de democratización. La democratización ambiental es un asunto fundamental para alcanzar la paz con justicia social y ambiental, pues la una no existe sin la otra.

Debemos tener presente que los gobiernos de estas economías primario-exportadoras no sólo cuentan con importantes recursos –sobre todo en el auge de los precios– para asumir la necesaria obra pública y financiar políticas sociales, sino que pueden desplegar medidas y acciones que coopten a la población para asegurar una “gobernabilidad” que permita introducir reformas y cambios pertinentes desde sus intereses.

Además, la mayor erogación pública en actividades clientelares reduce las presiones latentes por una mayor democratización. Se da una “pacificación fiscal”, dirigida a reducir la protesta social. Ejemplo son los diversos bonos empleados para paliar la extrema pobreza, sobre todo aquellos enmarcados en un clientelismo puro y duro que premia a los feligreses más devotos y sumisos.

Los altos ingresos del Gobierno le permiten desplazar del poder y prevenir la configuración de grupos y fracciones contestatarias o independientes, que demanden derechos políticos y otros (derechos humanos, justicia, cogobierno, etc.). Incluso se destinan cuantiosos recursos para perseguir a los contrarios, incluyendo a quienes no entienden ni aceptan las “indiscutibles bondades” extractivistas y las políticas aperturistas que les son inherentes a los extractivismos. Estos gobiernos pueden asignar cuantiosas sumas de dinero para reforzar sus controles internos incluyendo la represión a opositores. Además, sin una efectiva participación ciudadana se da vacía la democracia, por más que se consulte repetidamente al pueblo en las urnas. Por eso mismo las buenas intenciones desembocan, con frecuencia, en gobiernos autoritarios y mesiánicos disfrazados de izquierdistas. Ese ha sido el transitar de los gobiernos progresistas en América Latina.

A la postre, la mayor de las maldiciones es la incapacidad para enfrentar el reto de construir alternativas a la acumulación primario-exportadora que parece eternizarse a pesar de sus inocultables fracasos. Es una violencia subjetiva potente que impide tener una visión clara sobre los orígenes y hasta las consecuencias de los problemas, lo que termina por limitar y hasta impedir la construcción de alternativas.

Un nuevo horizonte histórico emerge, en donde irrumpe la emancipación del eurocentrismo. Emancipación que convoca a una lucha social para prescindir del capitalismo. Esa será la única forma de abandonar una existencia social cargada de dominación, discriminación racista/étnica/sexista/clasista, explotación económica, donde el Estado es solo un ladrillo más del gran muro llamado capital. Esto reclama nuevas formas de comunidad y de expresar diversidad social, solidaridad y reciprocidad. Apunta, por igual, a terminar la homogeneidad institucional del Estado-nación, construyendo instituciones distintas, buscando igualdades en las diversidades. Este nuevo Estado deberá aceptar y propiciar autonomías territoriales de los pueblos y nacionalidades, de las comunidades y de los individuos. Todo esto, en esencia, significa crear democráticamente una sociedad democrática, como parte de un proceso continuo y de largo plazo, en el que la radicalización permanente de la democracia es insoslayable.

Por Alberto Acosta | 18/02/2022

Nota:

[2] Marx, Karl. El Capital, Tomo I, Vol III, pág. 950. México, Siglo XXI, 2005 [1975]

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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Bajo la marea negra: el poder de las multinacionales de los combustibles fósiles

 

Las compañías petroleras contaminan el medio ambiente de las regiones pobres y celebran ganancias récord en los mercados bursátiles. El movimiento climático debe encontrar una manera de resistir. Dos activistas explican como puede funcionar esto.

Un vistazo rápido a los titulares de las últimas semanas podría dar la impresión de que 2022 no comenzó particularmente bien para la industria petrolera: en Perú, el grupo español Repsol fue responsable de un grave desastre petrolero a mediados de enero después de que miles de barriles de petróleo se vertieran en un accidente de un petrolero. Las imágenes de las playas contaminadas dieron la vuelta al mundo y el país sudamericano declaró el estado de emergencia medio ambiental. Solo unos días después, el vecino Ecuador también experimentó una grave crisis. En medio de la selva amazónica, un deslizamiento de tierra dañó un oleoducto. Más de un millón de litros de petróleo se vertieron en las regiones circundantes [regiones de selva amazónica en la frontera de las provincias de Napo y Sucumbios, con riesgo inmediatamente declarado de contaminación del río Coca].

Casi al mismo tiempo también se acumularon informes procedentes del este de Tailandia. Después de una fuga en un oleoducto submarino, se formó una marea negra que se extendía rápidamente y el gobierno tuvo que cerrar las “playas de ensueño” de la región de Rayong, que eran populares entre los turistas. En Argentina miles de personas han estado tomando las calles durante semanas para protestar contra las decisiones adoptadas por el gobierno poco antes del fin de año 2021. Estas permitirían al grupo argentino YPF, al grupo noruego Equinor y a Shell buscar materias primas fósiles en la costa utilizando métodos sísmicos. Estos métodos están asociados con un enorme ruido bajo el agua y representan una amenaza directa para la orientación de los animales marinos.

Las empresas celebran el éxito en el mercado de capitales

Sin embargo, si nos fijamos en los mercados bursátiles, la situación es bastante diferente: la industria del petróleo y el gas está en auge. Hay un estado de ánimo de celebración, por ejemplo, en la compañía petrolera Shell, que ha multiplicado por catorce(!) sus ganancias en el último trimestre de 2021. Exxon Mobil registra las mayores ganancias en siete años. Incluso el grupo español Repsol, que estuvo involucrado en varios escándalos, ha pasado el mes económicamente sin mayores problemas. Esto muestra lo bien que están organizadas las empresas fósiles. Los gobiernos a menudo tienen poco con lo que oponerse a ellas, especialmente en los países donde se extraen las materias primas. Dado que la facturación anual de algunas corporaciones supera el rendimiento económico de países enteros, esta impotencia no es sorprendente.

Pero, ¿qué significa esto para el movimiento de resistencia climático, cuya resistencia hasta ahora parece estrellarse debido a la influencia de la poderosa industria del petróleo y el gas? En los países donde se extraen principalmente los recursos, las y los activistas están experimentando una enorme represión. Regularmente, las y los ecologistas son amenazados o incluso asesinados. Sin embargo, en una sociedad racista, poco importa lo que ocurra en los países del Sur. En los países en los que se encuentran las sedes de las empresas transnacionales, este tema está muy a menudo ausente de la retórica del movimiento de protesta. Los gobiernos incluso consideran a las industrias fósiles como socias en la lucha contra la crisis climática.

Un día de acción internacional

Por lo tanto, el movimiento climático se enfrenta a dos desafíos: en primer lugar, los crímenes ecocidas de las corporaciones fósiles en los países del Sur y su influencia masiva en las sociedades del Norte deben ser situadas en el centro de atención. En segundo lugar, las preocupaciones de las personas de las regiones más afectadas deben estar situadas en primer plano. Porque son ellas quienes han resistido durante mucho tiempo frente a las estructuras de poder neocoloniales de las corporaciones multinacionales.

Un día internacional de acción contra el capitalismo fósil organizado con poca antelación el viernes pasado, 4 de febrero, mostró cómo esto puede funcionar. Como consecuencia de los numerosos desastres petroleros de las últimas semanas, más de 50 grupos de 19 países se reunieron bajo el lema de una Global Coastline Rebellion (Rebelión costera global). Las protestas fueron apoyadas en particular por grupos de los países del Sur, como Argentina, Perú y Sudáfrica. Mediante varias acciones, pidieron un levantamiento mundial de las comunidades costeras contra aquellas corporaciones que destruyen sus medios de vida.

Una cuestión de deuda climática

También se produjeron manifestaciones contra la industria fósil, incluida la empresa alemana Wintershall DEA, en Hamburgo y Berlín. El movimiento climático europeo se unió a grupos de América Latina. Las protestas se centraron, entre otras cosas, en la demanda de reparaciones a las comunidades dañadas y la cancelación de la deuda de los países del Sur. A cambio, las materias primas fósiles se dejarían en el suelo: deuda climática contra deuda financiera, o "climate debt swap” (intercambio de deuda climática), como lo llamó el activista argentino Esteban Servat.

La orientación internacional de las protestas, tanto en sus reivindicaciones como en su organización, es importante. Solo de esta manera se pueden desenmascarar las contradicciones de la política de ubicación climática/nacionalista del gobierno federal de Alemania, que transfiere de forma mal definida los costes de una transformación supuestamente ecológica del capitalismo a los países del Sur. Pero sin restringir drásticamente el poder de las compañías de petróleo y gas con sede en el Norte y organizar democráticamente la producción de energía, los objetivos climáticos tanto en el Norte como en el Sur serán inalcanzables. Esto requiere una presión masiva desde abajo.

Un solo día de acción es solo una gota en el océano. Pero la amplitud de la movilización espontánea muestra lo grande que es el potencial para un movimiento climático orientado internacionalmente. Sin embargo, aún más notable que el tamaño de los grupos y países involucrados es la inversión exitosa de las relaciones de poder anteriores: las preocupaciones de las y los directamente afectados por la extracción de materias primas fósiles se han colocado en el centro de las protestas de un movimiento de justicia climática en su mayoría blanco y eurocéntrico. La gente se reunió más allá de los movimientos y países, en una acción dirigida por el Sur contra instituciones neocoloniales como el FMI, el Banco Mundial y las empresas transnacionales. Como recordó uno de los organizadores en Berlín: "Tal vez éste pueda ser el comienzo de una nueva forma de movilizarse; en la que el Norte puede unirse con el Sur y llevar a cabo la lucha contra las corporaciones que nos matan".

09/02/2022

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Al encontre (Artículo publicado originalmente por la revista Der Freitag).

*Louise Wagner es socióloga y forma parte de varias alianzas internacionales que luchan por la justicia ambiental y climática. Elias König es el autor de Klimagerechtigkeit warum wir braucht eine sozial-ökologische Revolution (Unrast-Verlag) (La justicia climática: por qué necesitamos una revolución socioecológica) y participa en la alianza Shell Must Fall.

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Las abejas carnívoras han cambiado tanto su dieta que se ha llegado a comparar sus estómagos con los de los buitres. Foto: alamy.com

Una particular especie de abejas sin aguijón parece haber evolucionado en el trópico para consumir carne de carroña en lugar de polen. En consecuencia, a las nuevas carnívoras se las ha bautizado como abejas buitre (Trigona necrophaga).

Las criaturas parecen haber sacado por completo el polen de su dieta y haberlo cambiado por la carne animal. Con esa modificación, se convierten en las primeras entre su especie en dar un salto tan grande en cuando a comportamientos alimenticios.

Para entender qué ha hecho a estas abejas diferentes, los investigadores Laura L. Figueroa, Jessica J. Maccaro, Erin Krichilsky, Douglas Yanega y Quinn S. McFrederick realizaron un estudio de campo. Los resultados de dicho trabajo, realizado en Costa Rica, se publicaron en mBio por un equipo de entomólogos perteneciente a la Universidad de California, Riverside.

Sobre las abejas carnívoras

Estas son las únicas abejas en el mundo que han evolucionado para utilizar fuentes de alimentos no producidas por plantas, lo cual es un cambio bastante notable en los hábitos alimenticios”, comentó Yanega.

Como ya lo hemos mencionado, las abejas carnívoras han cambiado tanto su dieta que se ha llegado a comparar sus estómagos con los de los buitres. Pero, para poder conocer a fondo los detalles sobre su comportamiento y alimentación, los investigadores colocaron cebos de carnes de pollo en un bosque costarricense.

Gracias a eso, atraparon varios ejemplares de abejas buitre para estudiar tanto su estructura física como su composición interna. Todo con la finalidad de entender qué permite que el pequeño insecto procese y consuma la carne de animales muertos.

Un camino evolutivo diferente

Como siguiente paso de la investigación, los científicos también atraparon especímenes de abejas melíferas y de abejas sin aguijón que consumían carne eventualmente o que eran totalmente vegetarianas. Al examinarlas externamente, se notó que no había grandes cambios.

De hecho, lo que se modificó fue la forma en la que los insectos utilizaban sus atributos. Por ejemplo, las abejas melíferas tienen bolsas en la parte trasera de sus patas para almacenar el polen que recolectan. En el caso de las abejas carnívoras, los bolsillos siguen allí, pero se usan para guardar carne.

Por otro lado, lo que sí tuvo un gran cambio fue el microbioma intestinal de las abejas buitre. Hasta la fecha, se sostenía que todas las especies de abejas tenían los mismos cinco microbios dentro de su sistema intestinal. Ahora, el nuevo estudio ha revelado que las abejas buitre tienen nuevas bacterias que sus pares no poseen.

Entre ellas, se encontraron Lactobacillus y Carnobacterium. La primera suele estar presente en muchos alimentos fermentados de los humanos y la segunda se asocia directamente con la digestión de la carne.

¿Por qué estas abejas desarrollaron un gusto por la carne?

Los entomólogos estudiaron las diferencias físicas y microbianas que hacían carnívoras a las abejas. Pero no se enfocaron como tal en los motivos evolutivos que los llevaron a sufrir dichos cambios.

Por ese motivo, se tiene una hipótesis sobre el tema, pero aún es necesario llevar a cabo más estudios antes de ofrecerla como una explicación definitiva. Básicamente, por ahora, se sostiene que el cambio podría haberse dado por la alta competencia que existe entre especies de abejas en el trópico. En consecuencia, al mutar para consumir un alimento de menor demanda entre los suyos, las abejas buitre pudieron asegurar el sustento que necesitaban para sobrevivir.

17 febrero 2022  

 (Tomado de TekCrispy)