Vacunas transgénicas: experimento masivo en favor de trasnacionales

La vacunación contra el SARS-CoV-2, causante del Covid-19, alcanzó en septiembre de 2021 un promedio de 44 por ciento de la población mundial. En realidad sólo una veintena de países ha vacunado de 60 a 80 por ciento de su población, mientras en África no llega a 3 por ciento. Un apartheid de vacunas, le llaman organizaciones sociales y gobiernos. Refleja una situación de desigualdad sistémica, ya que las trasnacionales farmacéuticas, con el apoyo de sus gobiernos sede, principalmente en Europa y Estados Unidos, han causado la escasez de vacunas para mantener mercado, altos precios y poder de negociación (https://tinyurl.com/3pcdz88k).

Hay otros aspectos también muy preocupantes. La mayoría de las vacunas aplicadas son transgénicas, con procesos de elaboración nóveles, que nunca se habían usado en seres humanos. Por ejemplo las que usan ARN modificado (Pfizer-BioNTech y Moderna) o ADN vectorizado por adenovirus modificados (AstraZeneca, Janssen, Sputnik V y CanSino).

Otras vacunas aplicadas en América Latina son Sinovac y Sinopharm (chinas, públicas). Esas usan métodos convencionales probados por décadas. Son nuevas para Covid y tienen algunos efectos secundarios, pero no conllevan los altos riesgos e incertidumbres de las vacunas transgénicas. Las vacunas producidas en Cuba (en instituciones públicas) usan métodos biotecnológicos, pero no son transgénicas, sino basadas en métodos probados por más de 15 años.

Desde el principio de la pandemia, las trasnancionales farmacéuticas afirmaron que sus nuevas vacunas genéticas serían más efectivas y estarían disponibles mucho más rápido que otras. Sin embargo, a medida que avanzó el experimento sin precedente de inocular a cientos de millones de personas con vacunas corporativas transgénicas, varias empresas, ya con su mercado establecido, reconocieron que sus porcentajes de efectividad son menores que los alegados. Incluso algunas vacunas transgénicas podrían tener menor nivel de efectividad que las convencionales.

Por otro lado, la "gran diferencia de tiempo" para disponer de vacunas convencionales, que en diciembre 2020 se argumentó "esencial" para iniciar la vacunación "prometiendo a la gente que sería el boleto de salida de la pandemia", apenas fue de un par de meses. Resumiendo, no existió ninguna razón objetiva, salvo afirmaciones vacuas e intereses comerciales, para exponer a millones de personas a los riesgos e incertidumbres de vacunas transgénicas: se podrían haber desarrollado vacunas con métodos convencionales, tanto públicas como privadas. Algo que habría facilitado que muchos más países e instituciones nacionales pudieran producir y distribuir vacunas más ágilmente.

Sobre los riesgos de las vacunas transgénicas, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL) acaba de publicar un pronunciamiento y un extenso artículo científico de revisión bibliográfica que plantea elementos que se deben tener en cuenta para la evaluación de riesgos de las nuevas vacunas de ARN modificado y/o adenovirus recombinantes contra SARS-CoV-2 (https://tinyurl.com/3b5xcsym).

Entre otros aspectos, el artículo plantea los impactos potenciales a corto y largo plazos de las vacunas transgénicas. Se basa en un centenar de artículos científicos y en el análisis de los efectos adversos a vacunas reportados en Estados Unidos y otros países. Uno de los efectos graves con vacunas de ADN vectorizadas son coagulopatías y trombosis, a los que se ha agregado el síndrome de Guillain-Barré (parálisis) y el aumento del riesgo de contraer VIH. Las vacunas de ARN se han asociado, entre otros, a riesgos de efectos inflamatorios multisistémicos y miocarditis. En el caso de la Pfizer, puede haber también reacciones posteriores causadas por el uso de nanolípidos como vectores, que al ser nanopartículas, no son reconocidas por el sistema inmunológico y se pueden acumular en diferentes órganos. Estudios científicos han mostrado en ratones de laboratorio la presencia de ARN modificado en múltiples órganos y no sólo en el lugar de inoculación. Los reportes de efectos adversos, incluyen varios miles de muertes que podrían estar relacionadas a vacunas transgénicas, cuya vinculación causa-efecto es difícil de establecer, aunque se considera probable si ocurre dentro de los 3 días posteriores a la vacunación y en relación a los efectos antes mencionados.

Si bien es cierto que el porcentaje de efectos adversos graves reportados es un porcentaje mínimo en relación con cientos de millones de personas vacunadas, existiendo alternativas vacunales y otros tratamientos posibles, no se debería haber expuesto a nadie, mucho menos a miles de personas, a esos riesgos. Las estadísticas indican que la vacunación ha reducido la mortalidad y hospitalización, pero también las vacunas con metodologías convencionales.

Tampoco está claro cuánto dura la inmunidad con las vacunas, por lo que de todos modos es un enfoque limitado, que se ha impuesto a despecho de considerar seriamente tratamientos más integrales y fuera del control de las empresas. A dos años de la debacle múltiple que ha provocado esta pandemia, es hora de un debate mucho más amplio sobre todos sus aspectos, incluso sus causas y qué ciencia y otros enfoques necesitamos para fortalecer nuestros sistemas inmunológicos personales, como comunidades y sociedades.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Martes, 14 Septiembre 2021 08:14

La pandemia va a juicio

Reiner Fuellmich

El abogado alemán Reiner Fuellmich es la cara visible de las demandas que se harán en tres continentes por el “escandaloso fraude en torno al coronavirus”. Denuncia que las medidas contra el covid llevaron a la ruina económica y que la inoculación masiva de la población mundial con vacunas experimentales es un crimen de lesa humanidad. Apunta al inadecuado uso de las pruebas de PCR como pilar del castillo de naipes que hay que derribar.

El abogado alemán Reiner Fuellmich está convencido de que ha recabado una cantidad suficiente de datos y evidencia que respaldan sus gravísimas denuncias: que la pandemia es un escandaloso fraude basado en pruebas de PCR que no fueron diseñadas para el uso que se les ha dado desde el comienzo de la crisis sanitaria y que la inoculación masiva de la población mundial con productos experimentales -junto con las arbitrarias medidas dispuestas para combatir el SARS-CoV-2- constituyen crímenes de lesa humanidad, incluso más graves que los ocurridos durante el tercer Reich. Como no podía ser de otra manera, el letrado fue acusado de negacionista y conspiracionista, aunque él no niega que haya un virus ni que éste sea potencialmente mortal.

Fuellmich -reconocido internacionalmente por haber ganado, entre otros, el juicio contra Volkswagen por la manipulación de los catalizadores de sus vehículos diésel- llegó a estas conclusiones junto con un grupo de colegas tras conformar un Comité alemán de investigación del Coronavirus mediante el cual entrevistaron, desde mayo de 2020, a numerosos científicos, médicos y especialistas de diversas áreas con vasta experiencia, que brindaron información clave para entender qué es lo que está pasando.

En una reciente entrevista con el escritor y periodista británico James Delingpole, quien le preguntó si tenía miedo o le preocupaba convertirse en un “blanco” por pararse “frente al crimen organizado al nivel más inimaginado”, reconoció: “Sí, pero no soy el único. Quizás por el trabajo que hemos hecho desde el Comité de investigación de Corona es que creo que estoy en posición de actuar como lo estoy haciendo. Pienso que no tengo opción, que nosotros no tenemos opción. Todos debemos combatir esto porque realmente -y nunca hubiera anticipado que diría algo así porque soy abogado- es una lucha del bien contra el mal”.

“Tengo protección de muchas personas. Y, aunque sea probablemente peligroso, está destinado a suceder así. Tengo una tarea que cumplir, al igual que todos los que están trabajando conmigo. Somos necesarios. Debemos hacerlo para detener esto”, explicó con absoluta claridad.

Según anticipó en esa entrevista, “habrá una serie de juicios que se iniciarán en las próximas dos o tres semanas en tres continentes y ahí veremos si los sistemas legales aún funcionan o si están completamente bajo el control de la otra parte, lo cual dudo que sea así”.  Para ello, Fuellmich conformó junto a más de 200 abogados de distintos países una red de colaboración internacional y ha puesto a disposición de ellos los documentos y testimonios de los expertos, recabados por el Comité alemán de Investigación del Coronavirus.

Pero ¿A quién o quiénes se refiere el letrado alemán cuando habla de “la otra parte”? Fuellmich aseguró que en este gran fraude hay grupos y personas con una agenda específica, que, entre otros objetivos, busca “la reducción de la población mundial -algo que probablemente logren mediante estas llamadas ‘vacunas’ sin testear y con serios efectos adversos-, la destrucción de la clase media y de las pequeñas y medianas empresas -que serán supuestamente tomadas por algunas de las grandes plataformas angloamericanas, como Amazon-“. Agregó que los lineamientos de esa “agenda” están a la vista de todos desde hace años y que basta con buscar en internet para encontrar videos y documentos que así lo evidencian. Como ejemplos mencionó el rol de la Fundación Bill & Melinda Gates y la Wellcome Trust.

“Mientras todos están mirando en dirección al coronavirus, la mayoría no ve lo que realmente está pasando o lo ven pero no entienden por qué está pasando”, alertó el letrado alemán para luego resaltar que “el hecho de que se haya desacreditado sistemáticamente en los medios de comunicación a estos científicos y expertos que hemos entrevistado, que ni siquiera se los invite a debatir y que si se habla con ellos en algún video, es muy probable que lo bajen de las redes sociales, ocurre porque la otra parte tiene realmente miedo y sabe que una vez que comience esta discusión, una vez que se mire hacia el otro lado, las otras personas podrían llegar a advertir esto también. Nada tiene que ver con la salud. Lo que algunos llaman ‘daños colaterales’ no son daños colaterales sino el daño pretendido. Lo único que les importa es el dinero y el poder”.

 

DERRIBAR EL CASTILLO DE NAIPES

 

El abogado reconoció que en esta trama siniestra, así como hay protagonistas, hay también “marionetas” contra las cuales él y sus colegas dirigirán sus demandas. Descuenta que a estas figuras visibles no se dudará en tirarlas “debajo de un autobús” cuando se las siente en el banquillo de los acusados. Entre otras, Fuellmich identificó a Christian Drosten -el virólogo alemán que desarrolló los tests de PCR para la supuesta detección de los casos de covid-19-, al veterinario Lothar H. Wieler, -director del Robert Koch Institut (equivalente alemán a los CDC de EE.UU.), y a Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud.  Apuntó que el epidemiólogo Anthony Fauci -principal asesor del gobierno estadounidense respecto de la actual pandemia- se encuentra en una situación similar.

“Al igual que los automóviles diésel de VW eran productos que funcionaban, pero eran defectuosos debido a un denominado dispositivo de desactivación porque no cumplían con las normas de emisiones, también las pruebas de PCR -que son productos perfectamente buenos en otros ámbitos- son productos defectuosos cuando se trata de diagnosticar infecciones”, contrastó Fuellmich en un video de 49 minutos en el que explica los fundamentos y antecedentes de las demandas colectivas que han planeado realizar en Estados Unidos y en Canadá. Si bien en este último país el Tribunal Superior de Ontario ha desestimado el caso presentado por el abogado Michael Swinwood, la medida ya ha sido apelada.

“Si destruimos las pruebas de PCR, luego eso será todo. No más infecciones. Todo el castillo de naipes caerá”, enfatizó el letrado alemán, quien relató a Delingpole el camino que condujo a la utilización de esta metodología para la detección de casos de covid-19, pese a no haber sido diseñada por el ya fallecido premio Nobel, Kary Mullis, para el diagnóstico de infecciones.

“Dos ex empleados de la OMS -uno de ellos, la doctoraAstrid Stückelberger-nos dijeron que a fines de enero de 2020 la industria farmacéutica presionó a la OMS para que anuncie una emergencia de salud pública de interés internacional durante una reunión. Esto era muy importante para ellos porque necesitaban este anuncio para cumplir con su agenda: lograr que todos se vacunaran. Y, para lograr que las personas se vacunaran con algo que ni siquiera es una vacuna sino una terapia génica experimental que nunca se ha probado antes, primero necesitaban la declaración de una emergencia de salud pública de interés internacional”, recordó Fuellmich, para luego añadir: “Esa sería la base para que Estados Unidos otorgara la aprobación de uso de emergencia o que Europa diera a esta droga una aprobación de uso condicional. Esto es lo que perseguían”.

“Sin embargo, en esa reunión mantenida a fines de enero no había casos. Entonces la mayoría de los participantes se preguntaban de qué se trataba esto si no ocurría nada malo. Dos semanas después, volvieron a reunirse y de repente tenían los casos. ¿Por qué? Porque mientras tanto Drosten proveyó su test de PCR y, al usarlo, lograron obtener miles de casos. Eso fue suficiente para declarar la emergencia de salud pública de interés internacional”, agregó.

Fuellmich aseveró que ahora saben cómo funcionó todo: “Tiene que ver con el alto porcentaje de falsos positivos que arroja el test de PCR cuando la muestra se somete a más de 35 ciclos de amplificación. Y este tipo (Drosten) dijo que su test tenía que someterse a 45 ciclos de amplificación”.

Los resultados positivos de las pruebas, al contrario de lo que afirman Drosten, Wieler o la OMS, no significan nada con respecto a las infecciones, como saben incluso los CDC de Estados Unidos (ver información en página 39 bajo el título "limitations"), insistió el abogado, quien puso de manifiesto que una serie de científicos muy respetados en todo el mundo asumen que nunca ha habido una pandemia de coronavirus, sino sólo una pandemia de la prueba PCR.

“Esta es la conclusión a la que han llegado muchos científicos alemanes, como los profesores Bhakdi, Reiss, Mölling, Hockertz, Walach y muchos otros, entre ellos el mencionado profesor John Ioannidis, y el premio Nobel, el profesor Michael Levitt de la Universidad de Stanford. La opinión más reciente es la del doctor Mike Yeadon, antiguo vicepresidente y director científico de Pfizer, que ocupó este cargo durante 16 años”, puntualizó.

Por otra parte, Fuellmich agregó que los confinamientos -tal como descubrieron Yeadon y sus colegas- no funcionan. “Suecia, con su enfoque de laissez-faire, y Gran Bretaña, con su estricto cierre, por ejemplo, tienen estadísticas de enfermedad y mortalidad completamente comparables. Lo mismo descubrieron los científicos estadounidenses en relación con los distintos estados de ese país: no hay ninguna diferencia en la incidencia de la enfermedad si un estado aplica un confinamiento o no”, destacó.

Para finalizar, el letrado confió en que estos escandalosos hechos en torno al coronavirus pronto se demostrarán como verdaderos, ya sea en un tribunal de justicia o en muchos tribunales de justicia de todo el mundo. “Estos son los hechos que arrancarán las máscaras de las caras de todos los responsables de estos crímenes. A los políticos que les creen a esos corruptos, estos hechos se les ofrecen como un salvavidas que puede ayudarles a reajustar su curso de acción y a iniciar la tan esperada discusión científica pública para no hundirse con esos charlatanes y criminales”, concluyó.

 


ANTECEDENTES

 

La actual situación de crisis por el covid-19 fue precedida por una serie de hechos que vale la pena recordar, según enfatizó el abogado alemán Reiner Fuellmich.

En ese sentido, apuntó que la definición de “pandemia” se cambió hace 12 años. Hasta ese momento, se consideraba pandemia cuando una enfermedad se había propagado en el mundo y había llevado a muchas afecciones serias y muertes. “De pronto, y por razones que nunca se explicaron, se estableció que era solo una enfermedad presente a nivel mundial. Ya no se requería de muchas afecciones serias ni muchas muertes para poder anunciar una pandemia”, recordó.

En opinión de Fuellmich, debido a estos cambios, “la OMS -que está íntimamente vinculada con la industria farmacéutica global- pudo declarar la gripe porcina como una pandemia en 2009. El resultado fue que se produjeron y vendieron en todo el mundo vacunas, sobre la base de contratos que se han mantenido en secreto hasta hoy”.

“Estas vacunas mostraron ser completamente innecesarias porque la gripe porcina resultó ser eventualmente un gripe leve y nunca se convirtió en el horroroso escenario que la industria farmacéutica y sus universidades afiliadas siguieron anunciando en que se convertiría, con millones de muertes que ocurrirían si las personas no se vacunaban”, prosiguió el letrado, quien enfatizó que esas vacunas también condujeron a problemas de salud serios: “Alrededor de 700 niños en Europa enfermaron de manera irreversible pornarcolepsia y ahora viven con severas discapacidades”.

En esa línea, Fuellmich hizo hincapié en que aquellas vacunas compradas con millones provenientes de las personas que pagan los impuestos, tuvieron que ser destruidas con todavía más dinero de quienes pagan impuestos. “Ya en ese entonces, durante la gripe porcina, el virólogo Christian Drosten fue uno de los quegeneró pánicoen la población repitiendo una y otra vez quela gripe porcina se cobraría miles e incluso millones de vidas en todo el mundo, aseveró.

“Al final, fue principalmente gracias al doctor Wolfgang Wodarg y sus esfuerzos como miembro del parlamento alemán y del Consejo Europeo que se le puso fin a ese engaño antes de que condujera a consecuencias aún más serias”, remató.

El bioquímico Jesse Bloom, del Centro de Investigación Fred Hutchinson, en Seattle (EE UU).HHMI

El bioquímico Jesse Bloom, investigando en solitario, recupera los archivos eliminados y asegura que reafirman que el virus ya circulaba en Wuhan antes del brote de diciembre de 2019

 

Una pesquisa en solitario de un prestigioso científico estadounidense ha provocado un pequeño terremoto en la investigación del origen de la pandemia. El bioquímico Jesse Bloom —del Centro de Investigación Fred Hutchinson, en Seattle— se percató de que algunas secuencias genómicas de los primeros casos de covid en la ciudad china de Wuhan habían desaparecido de una base de datos internacional. En un trabajo detectivesco, deduciendo el nombre de los archivos, Bloom logró recuperar la información borrada, gracias a que también se había subido a la plataforma Google Cloud, un espacio virtual de almacenamiento. “Parece probable que las secuencias se eliminaran para ocultar su existencia”, afirma el investigador en un borrador de sus conclusiones publicado este martes.

Bloom sostiene que las 13 secuencias parciales que ha conseguido reconstruir presentan mutaciones que sugieren que el virus ya circulaba en Wuhan antes del brote de diciembre de 2019 en el mercado de Huanan. Su investigación, controvertida y pendiente de revisión por otros científicos, destaca tres mutaciones presentes en los coronavirus del mercado, pero ausentes en las secuencias rescatadas ahora y en los virus de murciélago emparentados con el SARS-CoV-2. Algunos especialistas creen que esta nueva información es clave. El genetista Rasmus Nielsen, de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), ha afirmado en sus redes sociales que “estos son los datos más importantes sobre el origen de la covid en más de un año”.

Otros expertos, como el genetista Fernando González Candelas, son mucho más escépticos. “Hace mucho ruido con poca paja real, todo para concluir que la pandemia no empezó en el mercado de Wuhan, lo que ya se sabía, y que el virus circulaba antes de lo que se ha dicho, como ocurre siempre en una nueva epidemia”, opina González Candelas, catedrático de la Universidad de Valencia. “Lo de borrar secuencias de una base de datos no es lo habitual, pero habrá que ver por qué se ha hecho. Puestos a especular, es una buena arma para cualquier teoría conspirativa”, añade.

Los archivos fueron suprimidos de la base de datos SRA, perteneciente a los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU. El organismo, una agencia gubernamental, ha explicado este miércoles en un comunicado que borró las secuencias en junio de 2020 a petición de un investigador chino que tenía los derechos sobre ellas. El científico indicó que la información se había actualizado, que la quería enviar a otra base de datos y que deseaba eliminar la primera versión para evitar confusiones.

Las indagaciones de Bloom apuntan a que las muestras de aquellos pacientes de covid fueron recogidas por el farmacéutico chino Aisi Fu en el Hospital Renmin de la Universidad de Wuhan. Aisi Fu y sus colegas no escondieron entonces el material, todo lo contrario. Usaron la información para desarrollar un test de detección del coronavirus y publicaron un borrador de sus resultados el 6 de marzo de 2020. Y hace justo un año publicaron sus conclusiones definitivas en la revista especializada Smallun estudio con información parcial de las secuencias que, con un formato inusual y en una revista minoritaria, pasó desapercibido. Tanto Bloom como la revista Science han intentado obtener la versión de los investigadores chinos, sin éxito. El bioquímico estadounidense no ha encontrado las secuencias borradas en ninguna otra base de datos.

Jesse Bloom pertenece al grupo de 18 científicos de primera fila que pidió el 13 de mayo “una auténtica investigación” sobre el origen de la pandemia. A juicio de estos expertos, “siguen siendo posibles tanto la teoría de un escape accidental de un laboratorio como la de un salto natural desde los animales”. El Instituto de Virología de Wuhan, en cuyos laboratorios se trabajaba con coronavirus antes de la pandemia, está a 14 kilómetros del mercado de Huanan.

Los 18 científicos, en una carta publicada en la revista Science, fueron muy críticos con el informe de la misión conjunta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y China, cuyos autores aseguraron en marzo de 2021 que la hipótesis de una fuga de un laboratorio era “extremadamente improbable”, mientras que el salto natural desde un animal era “probable o muy probable”.

El propio informe de la OMS detalla 168 casos de covid en Wuhan en diciembre de 2019, 47 de ellos asociados al mercado de Huanan. Otros enfermos, 38, habían estado en otros establecimientos similares, pero no habían visitado el de Huanan. El virólogo Robert Garry, experto en virus emergentes de la Universidad Tulane (EE UU), ha detectado dos linajes distintos de coronavirus en esos primeros casos vinculados con mercados de fauna salvaje. Su hipótesis es que un progenitor del virus en los murciélagos saltó a otra especie, algunos animales infectados fueron capturados y los ejemplares afectados —ya con diferentes variantes del virus por mutaciones en granjas abarrotadas— acabaron siendo vendidos en diferentes mercados de Wuhan. Este proceso pudo requerir décadas.

Un equipo de científicos chinos reveló hace dos semanas que en la mayoría de mercados de Wuhan se vendían animales salvajes vivos de forma ilegal antes de la pandemia. Una de las especies a la venta era el perro mapache, un carnívoro del tamaño de un zorro que se cría por millones en las granjas peleteras de China. El coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave (SARS) —que apareció en China en 2002 y provocó la muerte de casi 800 personas— se detectó en un mercado de animales de Guangdong en la civeta de las palmeras enmascarada, un pequeño mamífero, y también en perros mapache. El propio Jesse Bloom ha reconocido en la revista Science que su investigación detectivesca “no refuerza ni la hipótesis del origen en un laboratorio ni la de una zoonosis [un salto natural desde los animales]”.

Por MANUEL ANSEDE

24 JUN 2021 - 08:08 COT


El misterio de los datos borrados sobre el origen de la pandemia

Alberto Sicilia

24 junio 2021

El origen de la pandemia sigue siendo asunto de debate. La hipótesis del origen natural es la mayoritaria entre los virólogos. ¿Por qué? Porque lo hemos visto muchas veces con otros virus. Para el virus del MERS, otro coronavirus, hay registrados decenas de 'saltos' desde un camello a un humano.

Pero también hay algunos virólogos reconocidos que piden que se estudie la hipótesis del accidente en laboratorio. ¿Por qué? Porque también hubo accidentes en el pasado. Una reciente carta en Science pidiendo que la OMS reabra la investigación generó bastante polémica en el mundo científico.

Y el debate se ha calentado aún más tras la pre-publicación de un trabajo de Jesse Bloom, un investigador del Howard Hughes Medical Institute de Seattle.

Bloom ha descubierto que se borraron datos científicos que podrían ser importantes para entender el origen de la pandemia.

Pero vamos a intentar explicarlo por partes.

¿Qué se sabe del origen de la pandemia?

Se sabe que el coronavirus tiene su origen en los murciélagos. Hay un virus de murciélago llamado RaTG13 que es muy parecido al que causa la COVID.

¿Cómo se determina que un virus 'se parece' a otro?

El material genético del virus es una secuencia de 30.000 letras.

Los virus mutan con facilidad. Una mutación es un cambio de una letra por otra.

Comparando la secuencia de letras de diferentes muestras, los investigadores pueden construir el 'árbol genealógico' del virus.

Entonces, si tuviésemos las secuencias de los primeros casos, ¿podríamos saber cómo comenzó la pandemia?

Exacto.

¿Y tenemos las secuencias de los primeros casos en Wuhan?

Hay algunas secuencias (pero no muchas) de las muestras que se tomaron en pacientes que habían pasado por el famoso mercado de animales de Wuhan a finales de diciembre de 2019.

Estas secuencias son la principal base científica del informe conjunto de la OMS y el gobierno de China que concluye "con alta probabilidad" que el origen del virus fue natural.

¿Dónde se publican los datos de las secuencias?

Muchos investigadores suben secuencias del virus a un servidor del NIH, el Instituto Estadounidense de Investigación Biomédica.

De esa manera, científicos de otros países pueden descargarse la información y trabajar con ella.

¿Los investigadores chinos también suben los datos a ese servidor?

Sí. Muchos investigadores chinos han utilizado el servidor del NIH para subir secuencias del virus.

Lo que Bloom ha descubierto es que científicos chinos subieron al servidor más de 200 secuencias al principio de la pandemia que luego desaparecieron de la base de datos.

¿Quién puede borrar los datos que se suben al servidor?

Los científicos que han subido los datos pueden pedir que esos datos se borren.

Pero entonces los datos se borraron, ¿no?

Se borraron, pero Bloom ha encontrado partes de esas secuencias en una copia de seguridad en la nube de Google.

¿Y qué se puede concluir algo de esos datos?

Según el análisis de Bloom, los datos ahora descubiertos demuestran que las secuencias en las que se basó el informe de la OMS y China no eran representativas del virus que estaba circulando en Wuhan al inicio de la pandemia.

Tampoco se entiende por qué se borraron: esas secuencias de los primeros casos son esenciales para entender cómo comenzó todo.

¿Esto demuestra que el virus se escapó de un laboratorio?

No. Esto no es niguna prueba de que el virus escapase del laboratorio. Pero sí demuestra que aún faltan muchos detalles por conocer sobre el origen de la pandemia.

Fuentes: La marea climática [Foto: Celia López Cañizares]

Entrevista a Celia López Cañizares, bióloga responsable del área de ciencia ciudadana de la Red Europea de Información sobre Especies Exóticas (EASIN).

Decenas de miles de cotorras argentinas llegaron como mascotas. Hoy compiten con gorriones y palomas por cualquier resto de alimento (y casi siempre ganan). Los huevos de mosquito tigre entraron por un puerto ocultos en un neumático. Hoy, la especie está bien asentada en Italia y el este de España, lo que conlleva un aumento del riesgo de transmisión de enfermedades como el dengue. La avispa asiática o velutina aterrizó en Francia en una partida de cerámica, y en 15 años parecer haber puesto contra las acuerdas a las poblaciones de abejas europeas.

Las especies exóticas invasoras amenazan la biodiversidad, y pueden impactar en la salud y las actividades humanas. Para concienciar sobre este problema en España y Portugal, entre el 29 de mayo y el 6 de junio se ha organizado la primera Semana Ibérica sobre Especies Invasoras, en la que colaboran unas 80 entidades, desde centros de investigación y universidades a ONG e instituciones europeas.

Celia López Cañizares conoce bien la biodiversidad ibérica y los riesgos que suponen las especies invasoras. Esta bióloga es parte del equipo de la Red Europea de Información sobre Especies Exóticas (EASIN), donde trabaja como responsable del área de ciencia ciudadana.

En el buscador de EASIN aparecen cerca de 14.000 especies exóticas. ¿Todas suponen el mismo nivel de riesgo?

No, las 13.918 especies exóticas recogidas en el catálogo de EASIN son especies introducidas, también llamadas exóticas o alóctonas. Entre un 10% y un 15% pueden considerarse invasoras, es decir, pueden tener un impacto relativo en los ecosistemas, las actividades humanas o la salud. Es sobre estas especies que es necesario establecer una serie de estrategias de control.

¿Cómo llegan estas especies exóticas?

Las vías de entrada son muy variopintas. Pueden ocurrir a nivel accidental, como por ejemplo las especies marinas que llegan al Mediterráneo en el agua de lastre de los buques de mercancías de otras zonas del planeta. Otro caso paradigmático es el del mosquito tigre, de origen asiático, que se introdujo en Europa a través del transporte de neumáticos en los que este insecto había depositado sus huevos. Una vez aquí, eclosionaron y se asentaron.

Muchas otras especies se introducen con un propósito, porque tienen un valor ornamental o gastronómico, por ejemplo. Si esas especies encuentran espacio de crecimiento y su comportamiento se vuelve muy diferente al que tienen en su hábitat natural, pueden acabar convirtiéndose en invasoras.

¿Hay alguna que llegue de forma natural, por su propia forma de desplazamiento?

Una cosa son las migraciones naturales. Las especies ocupan diferentes territorios. Los animales se mueven y las plantas dispersan sus semillas de forma natural. Es así que llegan nuevas especies a los ecosistemas, especies que con el tiempo se adaptan y acaban convirtiéndose en nativas. Pero las especies consideradas exóticas siempre llegan a través de actividades humanas.

¿Qué hace que una especie pase a ser considerada como invasora?

Una especie exótica puede llegar a un sitio y no ser capaz de sobrevivir porque las condiciones del hábitat no sean idóneas, o sobrevivir y naturalizarse, formando poblaciones estables. De las especies que se naturalizan, algunas empiezan a provocar impactos negativos sobre la biodiversidad nativa, las funciones del ecosistema, la salud humana o las actividades socioeconómicas. Estas son las que denominamos invasoras.

¿Cómo se decide a cuál prestar atención?

Se hace un estudio de análisis de riesgo, un balance de todos los factores negativos. Este estudio lo lleva a cabo un comité de expertos sobre las especies invasoras y las potencialmente invasoras. En función de estos estudios se crea un listado de priorización, que marca qué acciones son más urgentes y sobre qué especies.

Estas listas pueden hacerse a varios niveles. Volviendo sobre el caso del mosquito, este puede formar parte de una lista de priorización en España o en las regiones del Mediterráneo, pero estar fuera de esta lista en Polonia, por ejemplo.

¿Qué especies son más preocupantes ahora mismo a nivel europeo?

La Unión Europea, través del Reglamento 1143 de 2014, ha establecido una especie de lista negra de especies invasoras detectadas en Europa. En esta lista hay 66 especies de animales y plantas. [El mapache, la rana toro, varias especies de cangrejo, o la avispa asiática o velutina forman parte de dicha lista].

Hay varias especies que coinciden en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y en esta lista de la Unión Europea. Por ejemplo, el camalote o jacinto de agua, muy presente en el río Guadiana y que acaba de ser detectado en el Guadalquivir. Es una especie de planta acuática originaria de Sudamérica. Se ha expandido de tal manera que ocasiona problemas ecológicos y está afectando a las actividades socioeconómicas que se desarrollan en el río.

¿Qué estrategias hay para frenar la expansión de estas especies?

La acción más importante es siempre la prevención. Es la más viable, la más barata y la más eficiente. Bajo el paraguas de la prevención englobamos acciones como la regulación del comercio de animales y plantas, el control de las fronteras y la firma de acuerdos internacionales. Cuando a pesar de estas medidas llegan especies exóticas que se convierten en invasoras, hay que recurrir a otras medidas.

Si los impactos no han sido evaluados, lo primero es monitorizar, hacer un seguimiento de las nuevas especies. Si se estima necesario, se puede apostar por la erradicación (hacerlo en su totalidad es prácticamente imposible) y el control, sobre todo, en las zonas más sensibles, como los parques naturales.

Monitorizar puede ser muy complicado con algunas especies. ¿Qué dificultades presenta el rastreo?

La monitorización es esencial para estudiar la dinámica de la especie en el tiempo y en el espacio, y por eso requiere de protocolos científicos muy exhaustivos. En ellos colaboran autoridades, investigadores y empresas especializadas. En muchos casos la colaboración ciudadana es fundamental.

En el caso del mosquito, por ejemplo, existen aplicaciones de móvil para que cualquier persona pueda informar sobre el avistamiento de cualquier mosquito. EASIN también tiene su propia app (AndroidiOS) para reportar la presencia de las especies invasoras de la lista negra europea.

Cuando la erradicación es imposible, ¿cómo se trabaja para mejorar la convivencia con la nueva especie?

La mejor estrategia sería mantener el control sobre la expansión de la especie. Además, toda acción encaminada a eliminar la especie en determinadas zonas debe ir siempre asociada a acciones de restauración del hábitat nativo. Es decir, si retiramos, por ejemplo, caña, una especie muy invasora en los ríos del Mediterráneo, debemos restaurar el bosque de rivera natural. La vegetación nativa hará que el ecosistema sea más resistente y frene la expansión de la caña. Si no se rellena el espacio que se deja con la eliminación, la especie invasora volverá a ocuparlo.

¿Cómo se afronta la restauración de un ecosistema?

Lo más importante es conocer el comportamiento de la especie invasora, su etiología. No es solo arrancarla y listo. Volviendo sobre el ejemplo de la caña, lo que se hace es eliminarla y en los huecos que deja se plantan directamente especies nativas del bosque de río mediterráneo, sobre todo, especies que hagan sombra, porque sabemos que la ausencia de luz limita mucho el crecimiento de la caña.

Las actuaciones se hacen siempre en base a estudios previos y a metodologías probadas. Cualquiera podría ponerse a arrancar caña, pero probablemente no tendría mucho éxito en controlar la expansión de la especie.

Antes hablabas de las diferentes rutas de entrada de especies exóticas. ¿Cuáles son las más habituales?

Lo más habitual es que entren a través del comercio de animales exóticos como mascotas. El caso típico es el de las tortugas de Florida de orejas rojas. Se pusieron de moda hace bastantes años, pero luego la gente se cansó de ellas y empezó a abandonarlas. Otro ejemplo muy conocido es el de la cotorra argentina, que ha invadido los parques de casi toda España. En el caso de las plantas, sucede algo similar con especies adquiridas para usos ornamentales, como el plumero o hierba de la Pampa, totalmente extendido en el norte de España.

Digamos que el uso que hacemos a nivel individual de las especies animales y vegetales es la vía de entrada más importante. Hablando más en general, cualquier actividad ligada a la globalización, como el comercio, los viajes o el transporte, es una puerta abierta a la entrada de especies exóticas. Hay muchas especies invasoras que forman ya parte de la memoria colectiva de la gente. Llevan tanto tiempo entre nosotros que cuesta que la población las perciba como exóticas.

¿Qué otros factores intensifican la presencia de especies invasoras?

El cambio climático y todos los fenómenos globales que están cambiando las dinámicas de los ecosistemas están influyendo en la presencia de especies exóticas. Primero, porque influye en las especies nativas, que se mueven en busca de climas más adecuados para su supervivencia y dejan espacio ecológico para las especies invasoras. Cuando restauramos un ecosistema, tenemos muy en cuenta las condiciones que el hábitat va a tener dentro de 20 o 30 años.

A medida que cambien las condiciones climáticas, veremos la entrada de nuevas especies. Lo estamos viendo. El año pasado se publicó un estudio que analizaba, por ejemplo, las 10 especies exóticas que tenían más probabilidades de asentarse en la Antártida durante la próxima década. En el Ártico está pasando lo mismo, intensificado, además, porque el deshielo está abriendo nuevas rutas de transporte y nuevas vías de entrada para especies exóticas.

Por Juan F. Samaniego | 03/06/2021

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Trabajadores sanitarios celebran el cierre de un hospital temporal en Wuhan. TPG via ZUMA Press / dpa

Aunque la teoría principal sobre el origen del virus señala que este saltó de un animal al ser humano, la información de las agencias de inteligencia sobre la hospitalización de varios investigadores en noviembre de 2019 y la existencia de pruebas todavía sin examinar han empujado a Biden a pedir un nuevo informe

 

El coronavirus SARS-CoV-2 se detectó por primera vez en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019. Desde entonces se ha extendido por todo el mundo, al menos 3,5 millones de personas han muerto por el virus y al menos más de 168 millones se han contagiado (estas son sólo las cifras de casos confirmados). Sin embargo, las investigaciones aún no han logrado identificar el origen del virus, un debate que sigue generando enfrentamientos políticos a nivel internacional y que vuelve a acaparar toda la atención tras la petición de Joe Biden a los servicios de inteligencia de "redoblar" sus esfuerzos e informarle en 90 días de sus conclusiones.

Aunque la teoría principal según la investigación de la OMS sigue siendo que el nuevo coronavirus saltó de un animal (el murciélago u otro) a los humanos pasando por un animal intermediario, de pronto, la teoría que sitúa el origen del virus en el laboratorio de Wuhan –inicialmente calificada por muchos como una conspiración sin fundamento– ha vuelto a cobrar relevancia.

¿Qué dice la investigación de la OMS sobre el origen del virus?

Un equipo internacional compuesto por 17 expertos chinos y otros 17 expertos internacionales llevaron a cabo este año un estudio conjunto sobre el origen del virus tras la resolución alcanzada en la Asamblea Mundial de la Salud. Tras una investigación en Wuhan de 28 días, de los cuales 14 los pasaron en cuarentena en un hotel, el equipo no alcanzó unas conclusiones definitivas y dejó todas las posibilidades abiertas. La investigación examinó cuatro posibles teorías y les asignó diferentes grados de probabilidad.

  • Transmisión zoonótica directa a los humanos: "considerado entre posible y probable"
  • Introducción en humanos a través de un animal intermediario: "probable a muy probable"
  • Mediante la cadena alimentaria o productos congelados: "posible"
  • Incidente en el laboratorio de Wuhan: "extremadamente poco probable"

Además, el informe final señala que aunque "muchos de los primeros casos estaban asociados con el mercado de mariscos de Huanan, un número de casos similar estaba asociado con otros mercados y algunos, con ninguno". "Actualmente no se puede trazar una conclusión firme sobre el papel del mercado de Huanan en el origen del brote o cómo entró la infección en el mercado", concluía.

¿Por qué EEUU quiere investigar el laboratorio?

Este miércoles, el presidente Joe Biden pidió a los servicios de inteligencia un informe en 90 días que intente aclarar el origen del virus, incluida la hipótesis de que hubo un accidente en el laboratorio. "Poco después de convertirme en presidente pedí a la comunidad de inteligencia preparar un informe con su análisis más actualizado del origen de la COVID-19, incluido si salió del contacto humano con un animal infectado o de un accidente en un laboratorio. Recibí ese informe este mes y he pedido un seguimiento adicional", dijo Biden. 

A día de hoy, la comunidad de inteligencia del país, compuesta por 18 organizaciones diferentes, contempla los dos escenarios. Dos de estas organizaciones se inclinan por la hipótesis del contacto humano, otra lo hace por la del laboratorio, aunque con un nivel de confianza bajo o moderado, y la mayoría cree que "no hay información suficiente para afirmar que una es más probable que la otra". 

La petición de Biden se produce después de que miembros de la comunidad de inteligencia informaran a la Casa Blanca de que todavía tienen una serie de pruebas sin examinar que requieren un análisis informático que podría aportar algo de luz al misterio del virus, según ha informado este viernes The New York Times citando fuentes de alto rango del Gobierno. Las mismas fuentes han rechazado describir ese tipo de pruebas.

China ha criticado el anuncio estadounidense, señalando que es una decisión política. "Esto muestra que la parte estadounidense ignora los hechos y la verdad y que tampoco está interesada en un rastreo serio y científico, sino que quiere utilizar la epidemia para estigmatizar, manipular políticamente y eludir responsabilidades", ha señalado el portavoz de Exteriores chino, Zhao Lijian.

¿Qué otros factores recientes promueven esta posibilidad?

The Wall Street Journal publicó el domingo una exclusiva citando un informe de inteligencia que afirmaba que tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron en noviembre de 2019 y tuvieron que acudir al hospital. Según China, el primer caso detectado de coronavirus fue el 8 de diciembre.

Un día después de la publicación del artículo, Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergología y Enfermedades Infecciosas de EEUU, dijo: "No estoy convencido [de que se desarrollase de forma natural]. La gente que lo ha investigado dice que probablemente emergió de un animal que después contagió a personas, pero puede haber sido otra cosa".

La información del periódico coincide con lo publicado por la Administración Trump pocos días antes de dejar la Casa Blanca. El entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró: "El Gobierno tiene razones para creer que varios investigadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron en otoño de 2019, antes del primer caso identificado, con síntomas consistentes tanto con la COVID-19 como con enfermedades estacionales comunes".

Por otro lado, el 14 de mayo un grupo de 18 prestigiosos científicos publicó un artículo en la revista Science en el que solicitaban que se investigase con mayor atención la teoría del laboratorio. "Las dos teorías no recibieron una consideración equilibrada. Solo 4 de las 313 páginas del informe [de la OMS] abordan la posibilidad de un accidente de laboratorio". "Debemos tomar en serio las dos hipótesis hasta que tengamos información suficiente".

La extraña muerte de tres mineros en 2012

La información del Departamento de Estado sobre el personal del laboratorio enfermo también mencionaba el caso de la mina en la provincia de Yunnan.

Según una investigación de The Times, en abril de 2012 seis mineros enfermaron con síntomas similares a la neumonía tras entrar en una mina a limpiar excrementos de murciélago. Tres de ellos murieron. Poco después, científicos chinos del Instituto de Virología de Wuhan investigaron el caso y extrajeron muestras de los murciélagos en la mina. Así identificaron el que hasta ahora es el virus más parecido al que causa la COVID-19

A falta de localizar el animal que pudo haber hecho de intermediario para el contagio de humanos –según la teoría más probable en la investigación de la OMS–, muchos han vuelto la mirada al laboratorio, que ha trabajado con este tipo de coronavirus a raíz de lo ocurrido en 2012. Según informa The Guardian, identificar los animales intermediarios en brotes anteriores de coronavirus ha sido un proceso largo, complicado e incierto.

En 2018, una delegación diplomática estadounidense visitó el laboratorio de Wuhan. "Los investigadores mostraron que varios coronavirus del estilo SARS pueden interactuar con ACE2, el receptor humano para los coronavirus SARS. Este hallazgo sugiere que los coronavirus de tipo SARS de los murciélagos pueden ser transmitidos a los humanos", señalaron posteriormente en telegramas diplomáticos enviados a Washington. También alertaban del peligro y problemas de seguridad en el laboratorio.

Peticiones de una nueva investigación internacional

"Estados Unidos seguirá trabajando con socios afines de todo el mundo para presionar a China para que participe en una investigación internacional completa, transparente y basada en pruebas, y para que facilite el acceso a todos los datos y pruebas pertinentes", afirmó el presidente Biden el miércoles ante la falta de respuestas del primer informe.

Otros países como Australia, Japón y Portugal también han mostrado durante la Asamblea Mundial de la Salud, que se reúne esta semana, su deseo de seguir investigando el origen del virus.

La investigación de principios de año solicitada por la OMS ha recibido críticas por supuesta falta de transparencia, así como falta de acceso a información relevante. También ha habido solicitudes para que la Asamblea Mundial de la Salud decida los próximos pasos en la investigación.

Por su parte, el Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia creado por la OMS ha solicitado a la Asamblea Mundial de la Salud que dé más poderes a la OMS "para investigar patógenos con potencial pandémico en todos los países, con acceso a corto plazo a los lugares pertinentes, suministro de muestras y visados permanentes para la entrada de expertos internacionales a los lugares donde se produzcan los brotes".

Por Javier Biosca Azcoiti

27 de mayo de 2021 22:09h

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Sábado, 24 Abril 2021 06:38

Covax: la trampa

Covax: la trampa

Hay muchas paradojas en esta pandemia, la mayoría sobre cómo los más ricos y poderosos se benefician del desastre y lo empeoran. El mecanismo Covax es una de ellas. Se presenta como forma de acceso más equitativo a las vacunas para Covid-19, pero en realidad es una forma de facilitar los negocios de las grandes farmacéuticas y proteger sus patentes, lo cual impide que los países del sur global puedan disponer de suficientes vacunas. No es un efecto secundario o accidental: la escasez es un elemento importante para las empresas, ya que garantiza la demanda y aumenta los precios.

Un reciente reporte sobre Covax del experto Harris Gleckman –antes funcionario de la ONU– publicado por Amigos de la Tierra Internacional, analiza con rigurosidad el mecanismo, revelando una perversa iniciativa comercial contra la salud pública, diseñado y promovido por la Fundación Bill y Melinda Gates (https://tinyurl.com/2swf356f).

Covax funciona como un banco comercial para hacer compras conjuntas a gran escala a las trasnacionales, lo que a éstas les otorga aún mayor seguridad a sus inversiones aunque ya han recibido cuantiosa financiación pública para desarrollarlas (https://tinyurl.com/ykabcmw9). No cuestiona sus precios ni condiciones leoninas. Al contrario, facilita a las empresas la entrada a nuevos mercados en países pobres, sin costo ni riesgo para ellas. Las miserables entregas "gratuitas" que realiza a esos países ya han sido pagadas por otros o por instituciones públicas multilaterales. Al entrar con vacunas patentadas, favorece los mecanismos de mercado en la atención de salud pública.

Que se produzcan y distribuyan equitativamente vacunas seguras en una pandemia global, es una responsabilidad de la OMS (Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas), no de una institución privada como Covax. Se ha apropiado de tal función para prevenir que se tomen medidas imprescindibles y necesarias, como la cancelación de patentes y el apoyo internacional al fortalecimiento de capacidades nacionales para prevenir próximas pandemias. Como asociación público-privada, Covax es una institución de "partes interesadas" ( stakeholders), sin transparencia ni rendición de cuentas, donde los grandes actores privados como la gran industria farmacéutica, que actúa por interés de lucro, decide tanto o más que gobiernos e instancias públicas de la comunidad internacional.

Fue fundada por la Alianza Mundial para las Vacunas e Inmunización y la Coalición para las Innovaciones en la Preparación para Epidemias (GAVI y CEPI, por sus siglas en inglés), esta última fundada en el Foro Económico Mundial de Davos, ambas diseñadas y financiadas por la Fundación Bill y Melinda Gates. Aunque la OMS figura también como fundador y participante, su papel es marginal y parece más bien una fachada. GAVI es la que administra el mecanismo y su máxima instancia de decisión está presidida por los presidentes de directorio de GAVI y CEPI. Se han enlistado en Covax 180 gobiernos, pero deciden poco o nada sobre sus formas de acción, contratos, etcétera.

Según la OMS, el porcentaje de vacunación para obtener inmunidad colectiva debería ser mayor a 60 por ciento en todos los países simultáneamente. Numerosos reportes de Naciones Unidas y prensa dan cuenta diariamente de cómo los países industrializados acaparan la mayoría de las vacunas, incluso algunos países como Canadá, más de tres veces las dosis necesarias para toda su población. Covax no ha hecho nada, salvo pedir amablemente a esos países que donen las vacunas que no van a usar (ya pagadas a las empresas, obviamente).

Para lograr ese nivel de vacunación global, la única vía sería que todos los países con capacidad de producir vacunas a nivel nacional lo hicieran y apoyaran directamente a los que no lo tienen. Un primer paso para ello es cancelar todas las patentes y otras restricciones de propiedad intelectual para acceso y transferencia de vacunas y tratamientos relacionados a Covid-19. Esto ya fue planteado por India y Sudáfrica, apoyado por más de 100 países, en la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero Estados Unidos, Europa y otros países sede de trasnacionales farmacéuticas se han opuesto ferozmente (https://tinyurl.com/2mh79293).

Varios países del sur global, entre ellos India, Sudáfrica y Brasil tienen capacidad de producción y distribución de vacunas. En muchos más esa capacidad ha sido debilitada por las políticas neoliberales de las últimas décadas, pero podrían ser apoyados para reactivar la producción nacional. Esto es lo que Covax quiere impedir, siguiendo el modelo de acción que lleva también GAVI.

Covax funciona también como una forma de privilegiar las vacunas transgénicas, patentadas y altamente experimentales, llenas de incertidumbres y riesgos, como las basadas en ADN (entre ellas AstraZeneca, Johnson & Johnson) y las de ARN (como Pfizer y Moderna). El reporte de Gleckman señala que también ha funcionado para marginar las opciones más accesibles y públicas producidas en China y Rusia.

Lamentablemente, no sólo Covax, también la OMS y gobiernos promueven esas vacunas más caras y riesgosas, obviando que las empresas seguirán provocando escasez y que existen opciones con métodos convencionales probados, como virus atenuados, inactivados o de subunidades proteicas, que además son las que mejor se podrían producir a nivel nacional.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

El magnate Bill Gates en imagen del 21 de abril de 2018, durante una conferencia del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, en Washington, DC.Foto Ap

Diez años antes de la caída del muro de Berlín, el centro de propaganda de Hollywood, muchos de cuyos guiones son controlados por el Pentágono, lanzó la película Apocalipsis ahora (https://bit.ly/2ZnGsuM)”. Pareciera que en su nueva versión, en medio de la dislocación interna de EU y su colisión geoestratégica con Rusia y China, su nuevo protagonista sería Bill Gates, polémico "filántropo (sic)" con discurso misántropo, otrora mandamás de Microsoft, miembro de la cibercracia de la Big Tech: GAFAM/Twitter (https://bit.ly/3brukyv). Un eslabón fundamental del añejo "bioterrorismo", que se puso de moda tras el montaje hollywoodense del 11/9, es el doctor Richard Hatchett, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Baby Bush imbuido del belicismo de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa e íntimo del entonces vicepresidente Dick Cheney.

Hoy Hatchett opera desparpajado como jefe ejecutivo de CEPI, financiada por Gates (https://bit.ly/3u7N3Hw), en conspicua asociación con el locuaz cuan errado epidemiólogo Neil Ferguson, del Imperial College de Londres.

Desde 2015, el apocalíptico Gates fue más explícito al rotativo británico The Telegraph: “Sería relativamente fácil hacer la ingeniería ( to engineer) de una nueva cepa de la gripe” combinando una versión que se difunde rápidamente con una que mata velozmente. A diferencia de la guerra nuclear, esta enfermedad híbrida no cesaría de matar una vez liberada (https://bit.ly/2N3oLhx). ¡Mega-uf!

En 2017, Gates había sentenciado en la Conferencia de Seguridad de Munich que el “bioterrorismo podía matar más que una guerra nuclear (https://wapo.st/3beL7nZ)”. En su sugerente página "The Davos Agenda", Arjun Kharpal retomó la ominosa advertencia de Gates al The New England Journal of Medicine (https://bit.ly/3baI54q) sobre el "daño del bioterrorismo" que exige “inversiones (sic) sustanciales (https://cnb.cx/2ZmQKv1)”.

Casi tres años antes de la pandemia del Covid-19, Gates vaticinó que "la próxima epidemia tiene una buena oportunidad de originarse en una pantalla de computadora (sic)": sea "por el trabajo de la naturaleza (sic) o las manos de un terrorista (sic)", por lo que instó a los gobiernos a "prepararse para estas epidemias igual que nos preparamos para la guerra (¡megasic!)". Agregó que el "mundo necesita un nuevo arsenal de armas, fármacos antivirales, anticuerpos, vacunas y nuevos diagnósticos". ¡Negocio redondo!

El polémico "filántropo/misántropo" vuelve, seis años después, a la carga con su discurso apocalíptico del "bioterrorismo" más cambio climático (https://bit.ly/2NfDmWy). A pocos días del brote "oficial" del Covid-19 en Wuhan, Gates patrocinó el premonitorio Event 201 al unísono del globalista Foro Económico de Davos y la bélica Universidad Johns Hopkins (https://bit.ly/3cYAk4a).

Lo grave de sus vaticinios apocalípticos es que hasta ahora se ha cumplido el de la pandemia del Covid-19.

En entrevista con la agencia británica Reuters, Gates glorificó a la triada Gavi/Covax/Cepi (https://reut.rs/3dwMSA3). Esta triada se encuentra bajo la égida de Gran Bretaña (GB), cuyos dos ex gobernantes "socialistas" Gordon Brown y Tony Blair confiesan que anhelan imponer un "gobierno mundial" bajo la férula del globalista Foro Económico de Davos (https://bit.ly/2OLdtPp). Gates se pone sensiblemente defensivo frente a las "locas teorías de la conspiración" que lo atacan a él y al no menos polémico infectólogo Anthony Fauci, lo cual se debe a la "combinación de una terrorífica pandemia viral y al ascenso de las redes sociales". ¿Impulsa Gates la censura en las redes sociales para que no sean escudriñadas sus aventuras farmacológicas?

Como que anda incontinentemente locuaz Gates en últimas fechas cuando suelta sus amenazas apocalípticas en medio de una grave pandemia que requiere de discursos más serenos.

¿Se trata de una amenaza del eje anglosajón a sus dos principales adversarios Rusia y China para advertirles que la dupla EU/GB posee un arma letal para impedir un nuevo orden tripolar que sustituya a su fallido "orden unipolar" globalista?

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Desarrollan en el MIT modelo para evitar el “escape” de virus que mutan con rapidez

Desarrollan prototipo computacional para elaborar antídotos efectivos contra VIH, gripe y coronavirus

 

Una razón por la que es tan difícil producir vacunas eficaces contra algunos virus, como la gripe y el VIH, es que mutan muy rápidamente, lo que les permite evadir los anticuerpos generados por una vacuna en particular mediante un proceso conocido como “escape viral”. Los investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) idearon una forma de modelar computacionalmente ese proceso basándose en prototipos desarrollados para analizar el lenguaje.

El modelo puede identificar qué secciones de las proteínas de la superficie viral tienen más probabilidades de mutar de manera que permitan el escape viral y cuáles tienen menos posibilidades de mutar, lo que las convierte en buenos objetivos para nuevas vacunas, según una investigación publicada en la revista Science.

“El escape viral de la proteína de superficie de la influenza y la de la envoltura del VIH son ambos muy responsables de que no tengamos una vacuna universal contra la gripe ni una para el VIH, los cuales causan cientos de miles de muertes al año”, explica Bonnie Berger, profesora de matemáticas de Simons y directora del grupo de computación y biología en el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT.

En el estudio, Berger y sus colegas identificaron posibles objetivos para las vacunas contra la gripe, el VIH y el SARS-CoV-2. Desde que el artículo fue aceptado para su publicación, los investigadores también han aplicado su modelo a las nuevas variantes de SARS-CoV-2 surgidas recientemente en el Reino Unido y Sudáfrica. Ese análisis, que aún no ha sido revisado por pares, señaló las secuencias genéticas virales que deberían estudiarse más a fondo por su potencial para escapar de las vacunas existentes, dicen los expertos.

Berger y Bryan Bryson, profesor asistente de ingeniería biológica en el MIT y miembro del Instituto Ragon de MGH, MIT y Harvard, así como Brian Hie, estudiante graduado del MIT, son los autores principales del artículo.

Los diferentes virus adquieren mutaciones genéticas a diferentes velocidades, y el VIH y la influenza mutan más rápido. Para que estas mutaciones promuevan el escape viral, deben ayudar al virus a cambiar la forma de las proteínas de su superficie para que los anticuerpos ya no puedan unirse a ellas. Sin embargo, la proteína no puede cambiar de manera que la haga no funcional.

“Si un virus quiere escapar del sistema inmunológico humano no quiere mutar para morir o no puede replicarse”, explica Hie. “Quiere preservar el estado físico, pero se disfraza lo suficiente como para que el sistema inmunológico humano no lo detecte”.

Para modelar este proceso, los investigadores analizaron patrones encontrados en secuencias genéticas con un modelo del procesamiento del lenguaje natural, lo que les permite predecir nuevas secuencias con nuevas funciones, pero que siguen las reglas biológicas de la estructura de las proteínas.

Ventaja significativa

 Una ventaja significativa de este tipo de modelado es que sólo requiere información de secuencia, que es mucho más fácil de obtener que las estructuras de proteínas. El modelo se puede entrenar con una cantidad relativamente pequeña de información; en este estudio, los investigadores utilizaron 60 mil secuencias de VIH, 45 mil de gripe y 4 mil.

Los expertos ahora trabajan en su modelo a fin de identificar posibles objetivos para las vacunas contra el cáncer, que estimulan el propio sistema inmunológico del cuerpo para destruir tumores. Dicen que también podría usarse para diseñar medicamentos de moléculas pequeñas que podrían ser menos propensos a provocar resistencia para enfermedades como la tuberculosis.

“Hay tantas oportunidades, y lo hermoso es que todo lo que necesitamos son datos de secuencia, que son fáciles de producir”, resalta Bryson.

Crisis ecológica, pandemias y tratados de comercio e inversión

A estas alturas de siglo, no hay duda alguna de que afrontamos una crisis ecológica sin precedentes. Otra cosa es que se quiera reconocer a pesar de las múltiples evidencias existentes, bien estudiadas por el mundo científico y suficientemente documentadas y difundidas por organismos internacionales de los que forman parte la mayor parte de los países del planeta. Algo realmente contradictorio cuando desde Naciones Unidas alertan del momento crucial en el que vivimos en los campos del clima, de la biodiversidad o de la extensión de las pandemias y los países responden con medidas tibias o insuficientes cuando no mirando para otro lado directamente cuando al frente de ellos se encuentran los negacionistas.

Es incontestable la grave crisis biológica en la que estamos inmersos con una extinción masiva de especies como no deja de recordarnos la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de forma recurrente:  un millón       de especies de  animales y plantas, de los 8 existentes, están en peligro de extinción, entre las que cabe referirse a que más del 40% de las especies de anfibios, casi el 33% de los corales y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados.

En este mismo sentido, el último informe de WWF de 2020 (Índice Planeta Vivo-IPV) constata una disminución media del 68% de las poblaciones estudiadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016, lo que supone un aumento del 8% con respecto al estudio anterior de 2018.

Por su parte el Convenio para la Diversidad Biológica (CDB) viene indicando reiteradamente que los tiempos se agotan y que el bajo cumplimiento (en algunos países nulo) de las Metas de Aichi nos conducirá a una senda sin retorno a menos que se modifiquen radicalmente las políticas económicas basadas en la explotación sin límites de la biosfera y en la continuación del uso de combustibles fósiles que agravan el cambio climático, dos de las causas principales de pérdida de biodiversidad, juntamente con la destrucción de hábitats de las especies, la contaminación ambiental y la introducción de especies exóticas invasoras.

Tanto el informe IPBES como el IPV y el CBD señalan como responsable de este desastre ambiental a las actividades humanas sin control en un contexto global de explotación insostenible de los recursos naturales.

En relación con el calentamiento global, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) también viene avisando desde su informe de 2018 (sobre los impactos del calentamiento global de 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales) de las serias consecuencias para las personas y sus medios de subsistencia que supondrá no alcanzar los objetivos de aumento de 1,5ºC del Acuerdo de París. Si en aquel informe se insistía en la necesidad de implementar las medidas para reducir drásticamente las emisiones de CO2 derivadas de la quema de combustibles fósiles, el informe de agosto de 2019 (Informe especial sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres) habla ya de que esto no basta y que hay que trabajar en todos los sectores, como la producción de alimentos y la gestión de los suelos. En el de septiembre de ese mismo año (Informe especial sobre el océano y la criosfera) el IPCC nos advierte del peligro de un océano hoy más caliente, más ácido y menos productivo por sus inquietantes derivaciones en cuanto a recursos pesqueros y cambios en las dinámicas climáticas regionales y locales.

En relación con las pandemias, más allá de enfrentar una de sus manifestaciones actuales, la Covid19, es necesario señalar que, si bien no son algo nuevo como podemos verificar mediante un rápido repaso histórico, su incidencia se ha triplicado en los últimos 50 años, habiéndose producido al menos 10 de distinta envergadura, entre ellas algunas conocidas como el ébola, el SARS, la gripe aviar, el VIH o el MERS. Todas estas pandemias son de origen zoonótico, saltando de alguna especie hospedante al ser humano.  Los principales reservorios de patógenos susceptibles de convertirse en pandemias se encuentran en mamíferos y algunas aves, además de en el ganado, como cerdos, camellos y aves de corral. La pregunta es por qué ahora hay más incidencia que hace medio siglo y encontramos la respuesta en la propia especie humana que coloniza cada vez más territorio, desplazando especies o eliminándolas directamente, destruyendo hábitats y modificando sustancialmente la dinámica ecológica de los ecosistemas. El equilibrio en los ecosistemas regula la presencia de bacterias y virus que, en si mismos, no son responsables de las pandemias ya que estos organismos forman parte del entramado de la vida.

El informe "Prevenir la próxima pandemia: Zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión" del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que "Es muy probable que los 7 siguientes factores de intervención humana estén fomentando la aparición de zoonosis: el incremento de la demanda de proteínas animales; la intensificación insostenible de la agricultura; el aumento del uso y la explotación de las especies silvestres; la utilización insostenible de los recursos naturales, acelerada por la urbanización, el cambio del uso del suelo y la industria extractiva; el aumento de los desplazamientos y el transporte; alteraciones en el suministro de alimentos, y el cambio climático".

El IPBES, que organizó en otoño un taller sobre sobre la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento del riesgo de pandemias, ve también que las actividades humanas son las que generan ese riesgo debido al impacto exponencial que está causando en el medioambiente el cambio climático y a la pérdida de biodiversidad.

Con esta información puede deducirse sin lugar a duda que tres grandes problemas que asolan a la humanidad tienen su origen en la propia humanidad. El declive de la biodiversidad, los efectos del cambio climático y los riesgos pandémicos no son fruto de ningún castigo divino como durante siglos se creía ante cualquier eventualidad que modificara lo que se consideraba la normalidad cotidiana. Afortunadamente, hoy día los avances científicos nos colocan ante el espejo de nuestra realidad para que, entendiendo lo que sucede, seamos dueños de nuestros destinos, pero incomprensiblemente no queremos mirar la imagen reflejada y seguimos actuando como si nada pasara. No hay mejor ejemplo que la reciente y presente pandemia del coronavirus, que debería haber abierto profundos debates sobre el momento complejo en el que vivimos, el modelo socioeconómico dominante o la crisis sanitaria y ambiental que puede convertirse en sistémica. Hacerse preguntas y cuestionar el sistema en el que vivimos parece un principio para buscar nuevas fórmulas que nos saquen del atolladero ambiental en el que vivimos. Como nos recuerda Delia Grace, del Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), "se están tratando los síntomas de esta enfermedad, pero no sus causas".

Pero ¿por qué, si están evaluadas las causas y las conocemos, por tanto, no aplicamos medidas -o solo las aplicamos parcialmente- que haga menos inquietante el futuro sombrío, ambiental y socialmente, que, según todos los indicios, se avecina? Tanto el CBD en su Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, como el Acuerdo de París, nacido de la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) de 2015, han establecido medidas en teoría consensuadas en sus respectivos encuentros sobre biodiversidad y clima. Pero el grado de ambición de los países firmantes no parece suficiente para arrostrar un problema que los científicos ven cada vez con mayor preocupación.

Así, el PNUMA, en un informe de finales de 2019, advertía de que solo reduciendo las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, el mundo alcanzaría el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París. Por su parte la Organización Meteorológica Mundial alertaba de que vamos hacia un calentamiento de 3 a 5 grados Celsius para fines de este siglo en lugar de 1,5 a 2 contemplados en el Acuerdo. Es vergonzoso que los países más ricos, los del G20, que representan en su conjunto el 78% de las emisiones globales, no hacen un esfuerzo colectivo en su reducción ya que solo cinco de ellos -entre ellos la UE- se han comprometido con un objetivo a largo plazo de cero emisiones.

En el quinto informe de la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica (GBO5), el CBD señala que no se han logrado plenamente ninguna de las 20 Metas de Aichi, que eran las medidas previstas para el periodo 2011-2020. Aunque se han cumplido parcialmente algunos de estos objetivos, el resultado final de la década no permite grandes alegrías, porque su incumplimiento no solo afecta a la pérdida de biodiversidad silvestre sino también a campos tan esenciales para el bienestar de la población mundial como la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición o el suministro de agua limpia, todos ellos contemplados asimismo en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

En esto momentos, una vez pasada esta última década, que se inició con una crisis económica y terminó con otra sanitaria, la comunidad científica internacional es escéptica con los parcos resultados conseguidos hasta ahora en materia de clima y biodiversidad, valorando que los compromisos de los países hasta ahora son insuficientes para frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un contexto de crisis sanitaria global, de consecuencias duras y aún no bien evaluadas, resulta decepcionante que en vez de abordar las causas de lo que se sucede y proponer alternativas que tengan en cuenta las distintas variables que intervienen en la ecuación de la vida, se propongan las mismas medidas para seguir adelante, sustentadas únicamente en un crecimiento económico que se ha convertido en una huida hacia adelante, sin garantías de salidas solidarias para las personas y de preservación mínima de las condiciones ambientales que las permitan.

En vez de esto y como ejemplo de estas medidas obsoletas, siempre pensadas además para favorecer únicamente a los grandes conglomerados empresariales y los fondos de inversión globales, se siguen aprobando tratados de comercio e inversión que inciden en los tres aspectos tratados en este artículo. Como muestra podemos citar el tratado UE-Mercosur, que ha tenido presencia mediática indirecta por los pavorosos incendios de la Amazonía en 2019, presentado como un acuerdo que favorecerá el intercambio comercial entre ambas regiones y posibilitará la mejora de sus economías y de su empleo. Pero las consecuencias de tal acuerdo serían en realidad tan inaceptables como desastrosas en los campos citados. La deforestación de los bosques ecuatoriales y tropicales, esenciales para la estabilización del clima, para aumentar la superficie para pastos para el ganado y para monocultivos de soja y maíz transgénicos para piensos, así como de caña de azúcar, también transgénica en algunos casos, para la producción de etanol, provocará degradación y contaminación del suelo y pérdida de biodiversidad acelerada y aumento de gases de efecto invernadero. El transporte de mercancías a uno y otro lado del Atlántico aumentará la emisión de CO2 en forma exponencial. Se seguirá usurpando los derechos territoriales y ambientales de las poblaciones indígenas. La seguridad alimentaria se verá afectada por la presencia tanto en productos ganaderos como agrícolas latinoamericanos de sustancias químicas prohibidas en la Unión Europea, dejando de lado uno de los principales principios europeos, el de precaución. Se verán mermados los derechos de los trabajadores y sus empleos en los países del Mercosur por la presión de los mercados solo preocupados por bajar los costes de producción. Los pequeños productores agrícolas y ganaderos de ambos lados del Atlántico verán reducidos sus márgenes de beneficio al no poder competir en igualdad de condiciones con la agroindustria, que es la principal receptora de las inversiones de estos acuerdos comerciales. Hay que señalar finalmente que este acuerdo no incluye entre sus "elementos esenciales", cuya violación supondría la suspensión del tratado entre ambas partes, ninguna cláusula ambiental, por lo que cada país puede intervenir en esta materia a su antojo. En suma, este tratado sitúa a Mercosur como proveedor de materias primas y productos agropecuarios mientras que la UE exporta bienes industriales y tecnológicos, singularmente coches, atacando el tejido industrial americano y el sector primario europeo del pequeño campesinado, comunidades rurales y comercio de proximidad asociado.

Hemos de tener en cuenta además que el sistema alimentario industrial contribuye poderosamente al agravamiento de la crisis climática, en el que el acuerdo UE-Mercosur no es un caso aislado. También están en marcha, entre otros, el de la UE con México con problemas similares y los futuros con Australia y Nueva Zelanda. En el horizonte el recién anunciado acuerdo entre China y la UE, aún por concretar, pero que se muestra como un éxito para los inversores. Esta afirmación, que es toda una declaración de principios, deja claro cuáles son los objetivos de este tratado, garantizar las mejores condiciones para estos grupos financieros globales sin importar las consecuencias ambientales y sociales que puedan generar sus actuaciones.

Como indicaba recientemente la campaña francesa contra los TCI, es "urgente salir de la lógica de este tipo de acuerdos, que apunta a producir siempre más, siempre más rápido, más barato y en cualquier lugar, con menos trabajo y menos limitaciones ambientales y que hace del dumping social, fiscal y ecológico una regla de oro, de la que solo las multinacionales obtienen beneficios".

Y, llegados a este punto, plantear alternativas. Alternativas que pasan por incluir la sílaba RE delante de unos cuantos sustantivos del que se han apropiado los causantes de este desastre ecológico. Es necesario recapacitar, es decir, volver, siguiendo a la RAE, a considerar con detenimiento algo. Volver a considerar si el modelo socioeconómico en el que se estructura hoy día la vida la garantiza. Es necesario revisar los fundamentos de un sistema basado en el despilfarro, en la negación ecológica y en la consideración del ser humano como una mercancía. Es fundamental reordenar nuestras prioridades, poniendo en primer lugar las personas y su bienestar por una parte y por otra el sistema ecológico en el que nos insertamos, sin el cual no es posible lograr lo anterior. Por ello, ante una globalización suicida, hemos de cambiar el esquema mental impuesto y resulta indispensable cambiar, reformular nuestras perspectivas personales y colectivas. Es necesario emprender una relocalización ecológica y solidaria, apoyándose en una firme solidaridad internacional que apoye los desarrollos de los sistemas alimentarios e industriales sostenibles de los países del sur global. No se trata de renunciar a los intercambios comerciales entre distintas regiones, se trata de establecer nuevos mecanismos económicos, sociales y ambientales basados en las necesidades de la población y en el equilibrio ecosistémico. No se trata de repatriar sin más las empresas nacionales, se trata de producir cerca, en condiciones sociales y ambientales óptimas, que satisfaga las necesidades sociales no superfluas, renunciando al consumo desaforado sin sentido. Ello supondría una reindustralización y rediversificación económica de muchas regiones hoy día abandonadas a su suerte, con un descenso notable de las emisiones globales debido a la reducción del transporte marítimo y aéreo, dos de los principales contaminantes. También llevaría a una reinterpretación de los modelos productivos en los que intervendrían todas las variables existentes en los procesos de uso y/o transformación de los recursos naturales entre los cuales se contarían la preservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Se trataría también de reutilizar y recuperar objetos varios en desuso o retornar envases y contenedores en vez de quemarlos o verterlos en la tierra o el mar, reduciendo sustancialmente los residuos y la contaminación que suponen. Asimismo, iríamos a una revalorización de los sistemas alimentarios locales controlados por las comunidades rurales, a través del control de los recursos, de los circuitos cortos de comercialización y de la extensión de los mercados locales.

Ahora que estamos aún inmersos en una pandemia que se va a llevar por delante a cientos de miles de vidas humanas, puede que millones, una pandemia que sabemos que tiene mucho que ver con la crisis ecológica propiciada por el ser humana, es el momento de replantear o resetear el sistema, un sistema capitalista de producción y consumo insostenible y así, de esta forma, reafirmar nuestra convicción de que otro mundo es posible y nuestra apuesta por la vida.

Por Pablo Jiménez

18 enero, 2021

Publicado enMedio Ambiente
Lo que dejó el 2020 en América latina: entre la distopía y la esperanza

Es casi una obviedad que cualquier mirada analítica que intente descifrar el 2020 estará marcada por lo que la pandemia nos hizo y por lo que hicimos con la pandemia. Esta renovación del ciclo que impone el calendario gregoriano quedó subsumida en el inédito ciclo en desarrollo que atraviesa la humanidad. Así y todo, la época del año tira para parar la pelota y esbozar balances que vayan más allá de la vorágine informativa o los efímeros posteos. Imaginando un sobrevuelo por el continente, va un repaso -arbitrario y acotado- sobre lo que dejó el año para Latinoamérica y cómo se perfila el 2021.

El punto neurálgico, el tópico excluyente a destacar, es el devastador impacto socioeconómico de la covid-19. En un reciente informe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró que "si se comparan diferentes indicadores sanitarios, económicos, sociales y de desigualdad, América Latina es la región más golpeada del mundo emergente". Las frías estadísticas reportan que hasta ahora más de 490 mil personas fallecieron por coronavirus –la región con más muertes per cápita y casi un tercio de las registradas en el mundo- y más de 15 millones se contagiaron. Gran parte de los países ya atraviesan la segunda ola y retomaron las restricciones, mientras va arrancando el tan ansiado proceso de vacunación.

La Cepal indica que Latinoamérica cerró el año con una caída del 7,7%, lo que configura la peor crisis en los últimos 120 años, y que la pobreza alcanzó al 37,3% de la población (231 millones de personas), unos 45 millones más que en 2019. Además, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se destruyeron en el año más de 34 millones de empleos en la región, lo que generó un récord de desocupación del 11.4%. El desempleo afectó más a las mujeres, principales sostenes de las tareas de cuidado: el descenso de la participación femenina en el mercado laboral fue de -10,4% frente al -7,4% de los varones.

Las respuestas estatales fueron dispares y hubo escasas acciones coordinadas. Si bien algunos gobiernos reaccionaron mejor ante la emergencia sanitaria, en general las medidas de asistencia para mitigar el descalabro económico resultaron insuficientes. Fueron contadas las iniciativas que tocaron el bolsillo de las élites (como el impuesto a la riqueza por única vez en Argentina o permanente en Bolivia) y brillaron por su ausencia políticas estructurales que apunten a revertir la concentración de la riqueza.

La pandemia funcionó como una gran lupa que desnudó las pésimas condiciones de vida de las grandes mayorías: si América Latina ya era la región más desigual del mundo, las cicatrices que va dejando no hicieron más que profundizar esa desigualdad. Seguramente transitemos un 2021 de fuerte conflictividad social.

Reimpulso desde abajo

Pero no todo el panorama es desolador: en los últimos meses aparecieron algunos síntomas de esperanza. El hecho político del año fue la recuperación de la democracia en Bolivia y el arrasador triunfo del MAS. Con el 55% de los votos y por más de 26 puntos, Luis Arce llegó a la presidencia para dejar atrás al fatídico gobierno de facto de Jeanine Áñez.

La secuencia se coronó el 9 de noviembre con el épico retorno de Evo Morales, su recorrida por el país y el acto con un millón de personas en el aeropuerto de Chimoré, de donde había partido al exilio justo un año antes tras el golpe de Estado.

Un par de semanas antes, el pueblo chileno protagonizaba otra jornada histórica. Con un aluvión de votos superior al 78%, se aprobó el plebiscito para elaborar una nueva Constitución que reemplace a la de 1980 y desmonte los amarres de la dictadura pinochetista.

Fue la primera gran conquista de las multitudes que irrumpieron en las calles en octubre de 2019 y marcó un hito en esta época transicional signada por la idea fuerza del “Chile despertó”, por la rabia acumulada que detonó el estallido social y que ahora tiene el desafío de plasmarse en el proceso constituyente que, como dato saliente, tendrá paridad de género.

También en Perú se vivieron hechos disruptivos. El 9 de noviembre el Congreso destituyó al presidente Martín Vizcarra en una maniobra muy floja de papeles y desató una nueva crisis que consolidó el descrédito hacia la clase política. Lo novedoso fue la enorme movilización popular, protagonizada principalmente por jóvenes, en un país caracterizado por la apatía. La rebelión logró la rápida renuncia de su sucesor, el empresario ganadero Manuel Merino, y dio lugar a la designación del moderado Francisco Sagasti para gobernar la transición hacia las presidenciales de abril.

Las secuelas del golpe parlamentario debilitaron al régimen moldeado por la Constitución de Fujimori de 1993 y ampliaron las chances para que el descontento pueda ser capitalizado por alguna fuerza progresista, como la que lidera Verónika Mendoza, y que, como en Chile, se masifique el reclamo de una nueva Constitución.

La era pandémica también abrió nuevos desafíos para el creciente y potente movimiento feminista latinoamericano, que debió reinventarse para visibilizar el incremento de la violencia de género aún en contexto de cuarentena. El año cierra con la votación del aborto legal en el Senado argentino que, de aprobarse, será un espaldarazo para toda la región.

Odisea 2021

Los próximos meses estarán marcados por los vaivenes de la pandemia y el proceso de vacunación. A la par, se viene una serie de elecciones que pueden torcer la correlación de fuerzas actual. El calendario arranca en febrero en Ecuador, donde el candidato del correísmo Andrés Arauz tiene buenas chances de ganar, y seguirá en Perú (abril) y Chile (noviembre). Asoma un 2021 con buenas expectativas de que continúe el reflujo de la hegemonía neoliberal y se consolide el reimpulso de un bloque progresista que reconstruya la integración latinoamericana.

 Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

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