Viernes, 26 Agosto 2005 19:00

Declaración del Mandato por la Paz y la Dignidad. Minga Indígena Campesina y Popular del Tolima

Escrito por Consejo Regional Indígena del Tolima
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Hermanas y hermanos del pueblo Pijao, Hermanos y hermanas nasas, amigos y amigas Emberas, Kankuamos, Wayuu, Coconuco y demás pueblos que asisten a esta minga sin más carga que la esperanza, sin más armas que la resistencia. Resistencia que nos ha llevado por cinco siglos a estar aquí otra vez juntos luchando por derechos que nos asisten. Hermanos y hermanas de los sindicatos en cuyas manos de trabajo esta todo el peso de siglos de inequidad y toda la voluntad de un tiempo mejor. Hermanas y hermanos desplazados llegando del desarraigo, empujados por la codicia pero dispuestos a caminar hacia lo propio como único camino de regreso. Hermanos y hermanas del arte y la cultura que nos ayudan a sentir además de entender, que nos ayudan a gozar por encima de tanto sufrir. Hermanas y hermanos pensionados que después de una vida de entrega reciben el pago de la indiferencia y el abandono. A pesar de lo cual representan la sabiduría, el tiempo acumulado de nuestras historias como familias y pueblos. Hermanos y hermanas estudiantes que guardan en sus libros y en sus mentes secretos que un día nos revelarán el país que merecemos. Hermanas y hermanos de este país alegre y adolorido, desde el Tolima, tierra de guerreros que nunca se han vencido, este saludo, esta bienvenida no es el fin, sino un nuevo punto de partida. ………. Pronto serán dos siglos de república, 200 años hace que la sangre de indígenas y mestizos se mezcló en los suelos para darnos la patria. Vamos a cumplir 200 años de traiciones, gobiernos que han ido cediendo el poder para el saqueo y la entrega de nuestras riquezas. La política convertida en negocio personal y familiar nos deja un país cada vez más miserable. Uno de cada cuatro tolimenses no tiene empleo y otro más apenas subsiste con un trabajo sin seguridad social, sin garantía y a destajo. 7 de cada 10 habitantes del Tolima están por debajo de los índices de pobreza. Por lo menos 150 mil personas no saben leer, ni escribir, casi todos ellos indígenas o campesinos. Esto nos dejan los sucesivos gobiernos que nos han prometido justicia y que a cambio refuerzan los mecanismos del saqueo. Hijos que no acceden a su derecho a la educación, en este departamento por lo menos 60 mil niños y niñas no pueden asistir a la escuela. Los que logran llegar a la educación básica desertan en un 21%, mientras los que logran terminarla se gradúan casi todas las veces en frustración y desencanto, pues apenas uno de cada 10 llegará a la universidad y acaso uno más conseguirá un empleo estable. Así andan las cosas y por eso anduvimos cientos de kilómetros para llegar a juntarnos. Hay quienes celebran estos dos siglos de república, nosotros tan sólo mantenemos la memoria. Ya no hay en Colombia quien no haya llorado ante el crimen de uno de sus seres queridos o acompañado un sepelio nacido de ese absurdo método que es eliminar a quien piensa distinto. Las ciudades crecen en el desorden de las oleadas humanas sin rumbo y sin apoyo efectivo, los campos se van entregando por vía de la fuerza a los grandes terratenientes o a los nuevos invasores de las compañías trasnacionales o de los grupos armados. Tal vez una de las pocas cosas que nos dejan estos 200 años de república sea la constitución de 1991. Por ello estamos atentos a impedir su permanente reforma, el desmonte de cada uno de los logros constitucionales devuelve a Colombia hacia la guerra. Este gobierno ha sido prolijo en pobreza y en dolor, pero sobre todo en estar sentando las bases para ejercer mejor un autoritarismo implacable, vender la patria al gobierno norteamericano, venta que concretará el nuevo embajador de Estados Unidos en Colombia, nombrado recientemente. Pero contrario a desfallecer y quedarnos a presenciar el nuevo capitulo de saqueo y vergüenza, nos hemos dado esta cita y la hemos cumplido. Por ello hacemos este compromiso. Un mandato indígena, campesino y popular que reúna nuestras esperanzas y anime las luchas que están por venir. Nuestro primer llamado es a la Unión conseguida desde las diferencias. No son tiempos para ideologías que nos salven o para organizaciones que hegemonicen. Tampoco para andar dispersos mientras el saqueo de los de adentro se consolida y el de los de afuera se perfecciona. Hoy entramos al parque Murillo Toro en Ibagué luego de caminar 90 kilómetros bajo el sol implacable de este trópico que amamos, para decir: · Que este país no está en venta y que no dejaremos que ningún tratado de Comercio en nombre de la libertad nos robe nuestra riqueza y nuestra patria. · Que la Corte Constitucional debe declarar inexequible la reelección, pues las reglas de juego han sido trazadas con beneficiario propio, cosa que contradice la democracia y la convivencia. · Que asumimos la defensa de una constitución que crea en la participación y defienda los intereses de las mayorías tal y como se trazo hace casi 15 años y que hoy se quiere desmontar. · Que esta guerra no es nuestra y sus actores han descargado sobre seres inocentes sus intereses mezquinos de grupo armado ilegal y también la incapacidad de gobiernos insensibles ante el dolor de nuestras gentes. · Que nuestros territorios son sagrados y no permitiremos que nada ni nadie nos los arrebate. Para ello contamos con una jurisdicción indígena propia que tiene cabildos indígenas reconocidos que ejercen su autoridad. Exigimos una reforma agraria integral que devuelva la tierra a quienes se las han arrebatado y entregue propiedad a quienes así lo requieren. · Que cada montaña de estas tierras, cada páramo, cada nacimiento de agua, cada árbol y cada ser vivo conforman nuestro territorio. La vida y los mitos de nuestros antepasados nos obligan a buscar el saneamiento y ampliación de los resguardos y constituir aquellos que aún no han sido reconocidos. Todo esto como parte del respeto que merecemos como dueños de este territorio y para que cualquier proyecto que se pretenda realizar allí sea fruto de la concertación y no de la imposición. · Que haya justicia, verdad y reparación para los miles de asesinatos de indígenas, campesinos y sectores populares y que se indemnice de manera real a las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Sabemos que la solución definitiva a esta guerra sólo se conseguirá como fruto de una solución política. Con el costo de las balas, hombres, entierros y armas se pagarían escuelas, hospitales y caminos para la vida. Alguien se lucra con el negocio de la guerra, nosotros sabemos que la paz nace del respeto integral por lo derechos humanos y la solución de los conflictos sociales. Por tanto, exigimos una comisión internacional de veeduría sobre la grave situación que viven los pueblos ancestrales en Colombia. · Que el derecho a la educación sea universal y que se provea de calidad con maestros bien remunerados y condiciones físicas y pedagógicas, respetando nuestra educación propia se implemente de manera cierta el decreto 804 y se creen programas especiales para los pueblos indígenas en áreas como derechos humanos, administración, derecho propio, comunicación y educación ambiental, entre otros. · Que la defensa de nuestra diversidad cultural sea la base para gozar la diferencia y asumir la tolerancia como elemento de la práctica política. Vivir la democracia no solo saquearla como están haciendo desde dos siglos atrás. Gracias al pueblo de Ibagué por su acogida solidaria. Gracias a quienes creen y lucha por el derecho a la diferencia y a la vida. Gracias a quienes no creen en la fuerza, como método para imponer una verdad y utilizan la imaginación para construir sus sueños. Ibagué - Tolima 26 de Agosto de 2004 Mesa Permanente de Organizaciones Sociales del Tolima Consejo Regional Indígena del Tolima “CRIT”
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