Jueves, 12 Junio 2014 06:10

Colombia. Cuando derecho mata a política

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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La ley ha sido en Colombia un elemento generador de miedo, no de respeto y civilidad. Miedo a ser empapelado jurídicamente, miedo a ser juzgado, miedo a que justamente la ley se imponga sobre la conciencia individual y social.


Digámoslo francamente: si Colombia fuera un país verdaderamente democrático (no formalmente), si Colombia fuera un país maduro y adulto, lo que hemos presenciado en días pasados no debería suceder y el desenlace de los acontecimientos hubieran sido muy otros.


Hagamos un pequeño experimento mental: supongamos que existe un país en el que existe dos candidatos presidenciales que pasan a segunda vuelta. Antes de la primera vuelta y entre la primera y la segunda, uno de los candidatos es pillado en un video —publicado sin editar por el más prestigioso e institucionalista de los periódicos— y antes por la más independiente de las revistas. En ese video el candidato viola la institucionalidad, se ve que quiere desbaratar el más importante de todos los proyectos nacionales hasta la fecha. Digamos caprichosamente que se trata de la firma de la paz, en un país con más de 50 años de conflicto armado y social.

El candidato se ve distensionado y todo apunta que no hay ninguna casualidad en el video. A los pocos días, varios asesores de seguridad que trabajan para la campaña denuncian que el candidato a la presidencia sabía de absolutamente todas las irregularidades —militares políticas, y de seguridad—. Es más, hasta uno de los hijos del candidato sale igualmente mal librado.


En este experimento mental, el candidato aparece en la primera rueda de prensa con el abogado más prestigioso defensor de todas las posturas ultraderechistas del país, conocedor de las triquiñuelas jurídicas más escabrosas. Un personaje estéticamente horripilante (un buen motivo para cualquier caricaturista).


El punto es: si Colombia fuera un país verdadero —a la manera, por ejemplo, de las grandes democracias en el mundo, el candidato en cuestión habría debido renunciar. La sociedad se habría levantado contra el mismo. Lo mejor de las instituciones lo habrían recusado, y muy seguramente claudica a sus aspiraciones políticas. Sería, en una palabra: su muerte política.


Por algo mucho menos grave cayó fulminantemente Richard Nixon en el escándalo del Watergate. Por algo mucho menos grave el capitán y los altos oficiales de un navío en Corea del Sur serán juzgados de manera taxativa y el que menos tendrá una pena de 40 años. Por mucho menos, Silvio Berlusconi fue juzgado y cayó prisionero. Así, numerosos otros casos pueden ser aportados.


Eso sucede en países en donde existe una conciencia social e institucional, cultural e individual altamente política, con elevados estándares éticos, con un sentido de la dignidad propia notable.


Pero en Colombia, desde Santander y Bolívar hasta la fecha, el derecho es un arma de restricción y castigo, de privilegio y poder antes que de liberación. Nunca, históricamente, en el país ha sucedido que nadie esté por encima de la ley. La ley, como se dice desde la Colonia (si no antes), es para los de ruana. Bolívar fue perseguido y despreciado, y en lo sucesivo ganó e imperó el santanderismo. Esto es, el leguleyismo. Colombia jamás ha alcanzado un grado de conciencia ética y política debido al imperio del derecho y de la ley.


Todo parece ser que es efectivamente un axioma: los pueblos y las sociedades se merecen los dirigentes que tienen. Zuluaga y Uribe son el resultado de lo que este país se merece —y es—. Dramático, patético. Trágico.


Desde luego que hay razones suficientes que explican el muy bajo nivel político de los colombianos. Entre ellas se destaca el hecho de que la política ha sido cooptada por la microeconomía y, socialmente, en la lucha por la subsistencia. También está el hecho de que la oposición y la independencia han sido histórica y sistemáticamente castigadas y eliminadas en la historia nacional. El sistema jamás perdona la libertad y la independencia. Por el contrario, el sistema premia la lealtad y la fidelidad. Atadura contra autonomía, compromiso contra sentido crítico.


El derecho es una de las principales razones de la violencia en este país, y de las injusticias y vicios de toda índole. Por encima de la ética y la política. "Hecha la ley, hecha la trampa", es una de las primeras enseñanzas que recibe cualquier estudiante de derecho en Colombia.


La ley ha sido en Colombia un elemento generador de miedo, no de respeto y civilidad. Miedo a ser empapelado jurídicamente, miedo a ser juzgado, miedo a que justamente la ley se imponga sobre la conciencia individual y social. O sobre la ética, como es siempre el caso.


Los periodistas se autoeditan y se autolimitan, por consiguiente, como consecuencia al miedo a la ley. Los médicos se inventan el consentimiento informado por prevención a una demanda. Y los bancos obligan a firmar documentos en blanco que pueden ser usados después en contra de los clientes o usuarios si llega a ser necesario. Y así, en numerosos casos de la vida nacional


Lamentablemente, Santander ha matado a Bolívar, y el santanderismo ha imperado sobre el llamado a la decencia o la independencia, la ira o la dignidad. Todo lo demás es anécdota y tragedia.


Nada político le sucederá a Zuluaga hasta que la ley no obre primero. En Colombia, la política y la ética van a la seguidilla del derecho y la ley. Un caso patológico único en el mundo.


Si Colombia fuera un país serio y maduro, independiente y crítico, la prensa y la institucionalidad, la sociedad y los individuos, la cultura y el decoro habrían imperado. Y luego, claro, hubiera venido la instancia jurídica o judicial. Pero no es este el caso.


Este es el país que ha tocado las puertas a la OCDE, el Club de las Buenas Costumbres y Prácticas, como las ha llamado el candidato–presidente Santos. Debe ser deseable que la política y la ética tomen la delantera sobre la marrullería, la retórica y el miedo a la ley. Bueno, eso es justamente lo que todos los que votemos el domingo decidiremos. Por lo menos, con la paz, se trata del comienzo, eventual, de que el derecho no mate a la política.

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • País:Colombia
  • Región:Sur América
  • Fuente:Palmiguía
Visto 2343 vecesModificado por última vez en Jueves, 12 Junio 2014 06:16

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