Viernes, 17 Septiembre 2021 07:15

La pandemia y las vacunas: ¿Opacidad, manipulación, desinformación?

Escrito por Carlos Gutiérrez M.
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Octavio Mendoza, sin título (Cortesía del autor)Octavio Mendoza, sin título (Cortesía del autor)

“Necesitamos igualar por arriba, socializar el conocimiento” (1) .

La noticia parece ser alentadora: “La FDA aprueba plenamente la vacuna covid-19 de Pfizer”. Así informa la prensa internacional el pasado 23 de agosto (2). Pero no todo lo que brilla es oro, pues otro informe reza: “La eficacia de las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna cae al 66% frente a la variante Delta” (3). Como se puede deducir, esta noticia, del 25 de agosto, es contraria a la originada en la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, que además enfatiza en que “[…] nunca había contado con tantas pruebas para juzgar la seguridad de una inyección […]” (4).


¿Contradicción? ¿Desinformación? ¿Mal información? ¿Manipulación? Cada quien pesará la información que le llega y la confrontará también con su entorno y con su vida diaria, y sacará conclusiones. En todo caso, en este contexto noticioso, una y otra vez contradictorio, como mínimo prevalece la mala información, tal vez la desinformación o la manipulación, que llevan a la evidente contradicción entre los dos reportes.


Y para despejar la mala información que recibimos a diario, hay que recordar que hasta ahora los biológicos con que han inmunizado a la población fueron autorizados por “la FDA, al igual que los reguladores de Europa y de gran parte del mundo (que permitieron) inicialmente el uso de emergencia de la vacuna de Pfizer con base en un estudio que les hizo seguimiento a 44.000 personas de 16 años o más durante al menos dos meses, el período en el que suelen aparecer graves efectos secundarios. Este período es más corto que los seis meses de datos de seguridad que normalmente se requieren para la aprobación completa”(5).


Vacunas con efectos disímiles. Unas semanas antes (6 de julio), otro informe de prensa aseguraba que “el caso de Israel siembra dudas sobre la resistencia de la variante Delta a las vacunas” (6). Y la noticia es importante porque, por varias semanas, este país fue elogiado como pionero, tanto en vacunación como en su eficacia, despliegue de inyecciones afanado por retomar el turismo del cual recoge una importante suma de divisas. Sin embargo, pasado un poco más de tiempo y contrariamente a lo propagandeado, el país, pese a su ‘éxito’, regresó a indicadores de infección similares a los registrados durante los primeros días de pandemia, y con ello a restablecer por parte del gobierno el desechado uso obligatorio de tapabocas en lugares públicos.


Se dio así una situación similar a la vivida meses antes por países como Chile y Uruguay, para nuestra región, que por semanas figuraron como exitosos en la lucha contra la pandemia pero que, transcurridas unas semanas, dejaron de serlo. Sobresale una coincidencia entre los tres países hasta ahora retomados y que lleva a un interrogante: ¿Por qué los ‘éxitos’ de vacunación llevan a rebrotes pandémicos? Y la respuesta la brindan los investigadores: 1. Una vez vacunada la persona, baja la guardia, confiada en la efectividad del biológico –que no es tal–; 2. “Una vacuna insuficientemente testada puede aumentar, al contrario, la vulnerabilidad y la inseguridad generales” (7).


El 29 de julio, un mes antes de la nota que abrió este editorial, el informe de prensa asegura que “Pfizer rebaja ahora la efectividad de su vacuna tras pedir una tercera dosis”. Y amplía: “La farmacéutica estadounidense Pfizer ha emitido un nuevo informe preliminar en el que dice que la efectividad de su vacuna baja un 6% cada dos meses. Los datos llegan después que el grupo pidiera que se pusiera una tercera dosis […]”, lo cual genera una pérdida de efectividad constatada en Israel, país en el que su “[…] Ministerio de Sanidad aseguraba en julio que la efectividad de la protección tras la segunda dosis de Pfizer-BioNTech se había reducido al 39%, en comparación con el 90% que ofrecía a los inyectados en enero” (8).


Pero no solo esto. Un informe fechado el 30 de agosto confirma que “la eficacia de Pfizer y Moderna baja en un 20% después de la segunda dosis”, para agregar: “Respecto a la protección tras la vacunación, la conclusión es la misma para todas las variantes, incluida la Delta: la vacuna proporciona una buena protección, aunque no tan buena como para la versión original del virus, para la que fue diseñada. Esto, unido al hecho de que la inmunidad disminuye con el tiempo, (y) aumenta nuestra vulnerabilidad a la infección”. Además, se señala: “Por lo tanto, en este momento hay dos ataques: el de la variante Delta y la disminución de la inmunidad entre la primera oleada de vacunados” (9), concluye el informe.


Un develamiento de la real calidad de las vacunas, hasta ahora en proceso de investigación pero difundidas como efectivas y llegadas a tal estadio, como explica la científica belga Els Torreele, fundadora de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, en medio de una competencia “[…] entre empresas farmacéuticas rivales que han mantenido en secreto sus investigaciones, contraviniendo las reglas de la práctica científica misma; así que, al final, las agencias sanitarias de los Estados han autorizado muchas veces estos productos ‘sin más datos que una nota de prensa de la empresa’” (10).


Queda al desnudo entonces la opacidad de los procesos investigativos, la desinformación y la desnaturalización del espíritu de los procesos de investigación y de la propia ciencia, que crean las condiciones para prolongar y ahondar la pandemia por covid-19, y para lo cual siempre hay un chivo espiatorio: “la irresponsabilidad ciudadana”, nunca la ambición del capital, su infinita e insaciable sed de ganancia.
Una realidad que no cuenta con un pronunciamiento crítico por parte del gobierno colombiano ni del cuerpo científico del país, que contrario a lo evidente reclama cada día más vacunas sin alertar ante la población en general los meses efectivos de la inmunidad, al tiempo que desestimula procedimientos alternativos para prevenir y curar la infección.


La realidad de la situación destruye el bello fundamento y el espíritu que soporta a la ciencia: “[…] una comunidad efectiva de intercambio transparente y generalizado en la que el progreso, necesariamente lento, solo puede ser garantizado por la colaboración entre sus miembros y el apoyo de la ciudadanía exterior a través del Estado” […]. Y hay más: “Esa comunidad existe y trabaja sin parar, pero ha sido intervenida, fragmentada y redirigida por un mercado paradójico que necesita verdadera ciencia y científicos convencidos pero que únicamente puede funcionar, al contrario que la ciencia y sus científicos, con opacidad, insolidaridad y precipitación; es decir, que solo puede funcionar violando las reglas íntimas de la comunidad científica” (11).


Tenemos ante nuestros ojos una nítida verdad: los científicos vinculados a las multinacionales y otras expresiones del capital guardan silencio ante las prioridades que les marcan sus patrones, actuando con una moral que desnaturaliza su misión social, en un devenir de empleados pasivos que también los lleva a desconocer otros saberes y otras vías para atender variados asuntos de salud pública que existen en muchos países del mundo. Algo similar a lo que siempre ha marcado las prioridades y el actuar de los políticos del establecimiento, que prometen una cosa y realizan otra.


En estas condiciones, y ante tales evidencias, cabe preguntar: ¿El inmunológico autorizado por la FDA habrá superado esta característica o su aval simplemente suma en la disputa geopolítica en que están enfrascadas las potencias y dentro de la cual entró a jugar como un factor más la pandemia, así como la investigación científica y la capacidad para atender circunstancias como las que estamos viviendo? El interrogante no sobra y solamente el paso de los meses despejará la neblina que recubre la ofensiva mediática que intenta ahogar la capacidad de raciocinio de la humanidad.


Sin reparar en otras vías para contener la pandemia, y endosando toda la estrategia de salud pública en el biológico, Israel opta por aplicar una dosis más, la tercera, a toda la población, desde los 12 años. En Chile y Uruguay, pero también en Costa Rica y República Dominicana, como en Estados Unidos, entre otros países, optaron por igual medida, en unos casos priorizando algunos grupos poblacionales pero en otros retomando a todos por igual. Una medida que tampoco garantiza inmunidad pero que sí les brinda tiempo a estos gobiernos en el afán por regresar a una normalidad sin cuestionar ni transformar las circunstancias que dieron pie a la actual crisis.


En la generalidad de los países, el afán de recuperar el ritmo económico prepandemia es lo que determina la decisión oficial, y la salud pública es el argumento. En unos y otros casos, pero sobre todo en Israel, que decidió la medida para los infantes y jóvenes a partir de los 12 años, el interrogante es: ¿Por qué no se optó por aplicar la recién avalada vacuna –ahora sí definitiva– de Pfizer?


En este afán por inyectar todos los cuerpos, la inoculación es, supuestamente no obligatoria pero está rodeada por un cerco de condicionantes que de hecho han dejado la libertad como una palabra hueca, recubierta de obligatoriedad, con pases covid exigidos incluso “[…] a los niños mayores de tres años, que deben someterse a tests rápidos de antígenos para poder entrar en los recintos controlados” (12).


La obligatoriedad pone en primera escena a la economía, de nuevo, pero también el afán de control social, llevando a muchos países a recorrer un riesgoso sendero, en límites con el autoritarismo y una factible polarización entre sectores de una misma sociedad que podría llegar a extremos de total exclusión y/o de confrontación, realidad en medio de la cual el poder real hará curso por su reelección, o por el triunfo y el control del gobierno por parte de sus alfiles.


Al final de este mar de contradicciones, todas ellas como parte de un entramado propagandístico, perversamente creado por intereses turbios y contrarios al bienestar de la humanidad global y ampliados en sus efectos por las grandes cadenas de comunicación, la pregunta que surge es por qué el silencio y la falta de análisis crítico, además de soluciones alternativas ante lo que está ocurriendo por parte de aquellos sectores que dicen pugnar por otro modelo social.


Ante el visible silencio de quienes debieran contestar, se puede encontrar parte de la respuesta en las sorprendentes coincidencias que comparten los modelos dominantes y quienes se les oponen, por ejemplo en la valoración de la ciencia como en la manera de atender la crisis pandémica. Las coincidencias están soportadas en la similar valoración de la razón, con fundamento en un positivismo ya superado por la humanidad pero que, pese a las evidentes transformaciones de todo tipo vividas a lo largo del siglo XX y lo corrido del XXI, conserva raíces epistemológicas en el razonar de algunos sectores antiestablecimiento.


Ese proceder no denuncia la manipulación de que somos objeto, ni enfatiza cada día en las circunstancias estructurales que posibilitaron y prolongan esta crisis sanitaria, como en los fundamentos de otro modelo social por erigir y la forma de hacerlo realidad aquí y ahora, en disputa abierta con los poderes que siempre son presentados como insuperables, pero que tampoco reivindican la lucha contra el azar al que parecemos sometidos, ni la obligación de garantizar un acceso a información veraz, como a la necesidad de garantizarle a la investigación científica en nuestro país un lugar de honor, con valores, fundamentos, métodos y actores que retoman lo académico y lo consuetudinario para así dejar de ser una sociedad esclava de lo que descubren y determinan los países que sí invierten en el desarrollo social, como de sus redes mediáticas, una y otra vez agentes de campañas informativas que transitan el zurco de la propaganda.

1. Andrés , Valenzuela“Paenza, Adrián: En este tiempo la ciencia ha tomado un lugar”, Página12, 21/08/2021. http://ow.ly/TKR250G2lSi
2. Lauran Neergaard y Mattehew Perrone. “La FDA aprueba plenamente la vacuna covid-19 de Pfizer”, Associated Press, 23/08/2021.
3. “La eficacia de las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna cae al 66 porciento frente a la variante Delta”, CubaDebate, 21/08/2021, http://ow.ly/lV8w50G2m2v
4. íd.
5. íd.
6. “La variante delta se ceba con Israel, país pionero en la vacunación”, El País, 2021/08/20. http://ow.ly/mHcj50G2ld7.
7. “Capitalismo pandémico”, Santiago Alba Rico, http://ow.ly/8lGI50G2lib.
8. “La variante delta...”, op. cit.
9. Dos meses después de recibir la segunda dosis de las vacunas contra el SARS-CoV-2 de Pfizer o Moderna, la respuesta inmunitaria es un 20% menor incluso en los que han pasado la Covid-19, según una investigación de la Universidad de Northwester (Illinois, Estados Unidos) publicado hoy en la revista Scientific Reports. La izquierda diario, 30/08/2021. http://ow.ly/YsUp50G2lHy
10. “Capitalismo pandémico...”, op. cit.
11. íd.
12. “[...] La sanidad pública corre con el coste de los tests serológicos hasta los 12 años, ya que este grupo etario no cuenta con opción para vacunarse”, “La variante delta...”, op. cit.

Información adicional

  • Autor:Carlos Gutiérrez M.
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº214, septiembre 2021
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