Viernes, 17 Diciembre 2021 06:30

Hacia la sociedad apartheid

Escrito por Carlos Alberto Gutiérrez Márquez
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Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)

¡La culpa es de ellos! Así, con facilismos de este tipo pero que para nada son ingenuos, sin reparar en las circunstancias totales que rodean la actual crisis pandémica por covid-19, tratan de ‘explicar’ en diversas partes de la sociedad global, y en particular en Colombia, la prolongación de la crisis de salud pública, asociada con este virus.


La inculpación no es insignificante. En realidad, es el paso previo para justificar la aprobación y la puesta en marcha de mecanismos de coerción, anulación de derechos fundamentales para quienes así son señalados, estímulo a la división social entre quienes aceptan la vacuna y quienes por diferentes motivos no lo han hecho, así como mampara para ocultar o dificultar la discusión que se debiera dar en todas las sociedades en torno a la realidad de esta crisis, la manera como ha sido afrontada hasta ahora y las opciones existentes, incluida la vacuna pero sin limitarse a ella, para prevenir el contagio, así como para superarlo en caso de afectación. Pero también frente al reto sustancial ante el que se enfrenta la sociedad global: aniquilar el virus vs. aprender a convivir con el mismo.

Efectividad total, parcial, temporal

Un logro inmediato de esta distorsión de la realidad es evitar una explicación amplia y suficiente que los gobiernos de cada país le deben a su población, y es: la vacunación es garantía de inmunidad, sí o no, o simplemente, por la fase de experimentación en que se encuentran los biológicos, y por la constante modificación a que las obliga, producto de las constantes variantes que experimenta el virus, solo es un mecanismo de protección parcial. Quizá éstas sean apenas un recurso para crear o reforzar anticuerpos, los mismos que tienen vitalidad temporal –de mayor a menor temporalidad–, como lo evidencia la caída de efectividad de las numerosas vacunas tras algunos meses de su aplicación.

Hay realidades evidentes: en Israel, por ejemplo, el país prototipo de la propagandeada efectividad de este procedimiento, lo que para junio de este año era éxito total –tras unas semanas de triunfalismo– dio paso al pesimismo. Y para superarlo, según el “Dr. Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo […] “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección” (1) producto, según distintas autoridades de la variante Delta, más contagiosa, y por la cual la vacuna Pfizer perdió sus bondades. Eran Segal, “[…] quien asesora al gobierno israelí en asuntos de covid [indicó que] cinco o seis meses después de la vacuna, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% cuando la protección se activa por primera vez” (2).

Es una realidad ocultada, difuminada o manipulada a lo largo del mundo, maniobra con graves consecuencias sobre la salud y la vida de millones, ya que, al no enfatizar lo suficiente en la realidad de que vacunado o no cada persona debe “seguir con el riguroso uso de tapabocas, guardar la sana distancia y el lavado de manos”, quien recibe la inyección queda convencido de que es inmune y se relaja con las indicaciones antes relacionadas. Algo mucho más posible, toda vez que la normalidad en la producción, la distribución y el consumo de mercaderías, así como de espectáculos, a la par del transporte nacional y global, está al ciento por ciento. La vida cotidiana ha regresado a su tradicional agite diario, afán y preocupación principal del empresariado.

Relajados, desprevenidos, convencidos de lo que no es, los inoculados se infectan e infectan a otras personas, propiciando nuevas olas de contagio que toman vuelo en países que se supone ya deberían tener inmunidad de rebaño, anunciada meses atrás para sociedades que superaran un 70 por ciento de vacunados (luego para un 80 por ciento, y el porcentaje continúa subiendo). Hay que aclarar que, además de quienes pasan por el pinchazo, en el porcentaje antes aludido se debería sumar a quienes han sufrido el contagio y lo han superado, lo que llevaría a que en estos países la inmunidad de rebaño ya pudiera estar asegurada. ¿Por qué no es así? ¿Por qué el virus sigue golpeando en estos países como si no estuviera vacunada la mayoría de su población?

Ausencia de claridad evidente en Colombia, país en el que en todo momento se da a entender que el biológico es la única y efectiva solución para evitar el contagio, como para elujdir sus fuertes consecuencias, incluso la muerte, en caso de tratarse de un cuerpo debilitado por enfermedades crónicas (comorbilidades). País en el que el formulario que diligencia quien se someterá al pinchazo dice de manera tibia: “La vacunación contra el Sars.CoV-2/covid-19 reducirá (N.M.) la posibilidad de presentar la enfermedad”. Y entre sus beneficios anunciados: “reducción (N.M.) de la severidad de la enfermedad en caso de presentarse” (3).


Allí está escrito lo antes referido. La vacuna aún no es tal, ya que no inmuniza y sí reduce la posibilidad de infección como su impacto, pero así está escrito para quien lee entrelíneas, no para un amplio porcentaje de la población que solo lee lo textual. Realidad: hay que insistir en que tendría que difundirse de manera directa, diáfana, llamando y propiciando, vía políticas públicas de salud y alimentación, a considerar otras medidas de protección: cambiar hábitos y consumos alimentarios para evitar inflamaciones crónicas en el organismo, y para ello incrementar la ingesta de todo tipo de alimentos que fortalezcan los anticuerpos, por ejemplo, brócoli, cúrcuma, ajo, albahaca, orégano, entre otras opciones; pero también ingiriendo bebidas con igual cualidad, a partir de salvia, quina, jengibre, moringa y otros; así como, en caso de infección por covid-19, dejando abierta la posibilidad de consumir Ivermectina, Dexametasona, Aines (antiinflamatorio) Dióxido de cloro (4), ingerir anticoagulantes como Ginkgo biloba y Ginseng (según medicación), Naproxen o Ibuprofeno, así como el hábito diario de una aspirina (5).

Como todo lo relacionado con la salud, lo prioritario es prevenir, y en ello también tiene mucho que ver el ritmo cotidiano a que nos tiene acostumbrado el capitalismo, como todo lo que tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de vida. Pero sucede que la pandemia, a pesar de haber desnudado una vez más el sistema socioeconómico hoy hegemónico, evidenciado su actual invalidez, no propició el necesario choque cultural para que los millones que habitan aquí y allí levantaran su voz en contra de tal realidad, demandando su radical transformación. Es así como, luego del craso error de la dirigencia mundial de parar en seco el músculo capitalista, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

Y no solo recobró su ritmo el sistema global sino que además logró apagar o hacer inaudibles las voces que asocian esta crisis con la deforestación creciente de bosques y selvas, con la diversa manipulación de la naturaleza, con el extractivismo en todos los niveles. En fin…, con el predominio de un sistema para el cual la producción y el consumo cada vez en mayor escala son lo fundamental. La vida, ¡que espere! Relación causa-efecto que, para evitar su prolongación y la posible aparición de nuevos virus de potencia igual o superior a la actual, demanda la superación del modo de producción dominante.


Es una capacidad de maniobra extendida a la devaluación del sentido original de la ciencia en su abierto y cuestionador espíritu, sin dejarse encasillar ni limitar por intereses económicos, políticos, religiosos o de otro orden, y sí dispuesta a valorar las más diversas opciones para resolver uno y otro problema o interrogante. Hoy, como sorpresa, parece que la ciencia fuera infalible y limitada al conocimiento y los intereses de las farmacéuticas.

Esos intereses llevan a ocultar o manejar –de manera casi inaccesible– datos fundamentales sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tasas de infección que indican con toda claridad el porcentaje de quienes ya contaban con la pauta completa de vacunación y quienes no lo estaban. Pese a ello, y a la recurrente y malintencionada información de que quienes hoy llegan a hospitalización por covid-19 son mayoritariamente no vacunados, los datos procedentes de Israel –donde confirman que el 60 por ciento no estaba vacunado, así como en Inglaterra, con tasas similares– ratifican lo contrario (6). Lo mismo sucede en centenares de condados de Estados Unidos (7). La confirmación de la infección el pasado 22 de noviembre del primer ministro francés Jean Castex, a pesar de contar con la doble dosis, deja abierta la ventana a que en este país la pauta también sea similar a la ya anotada, abriendo así un espacio para desmontar la estrategia en la lucha contra el covid-19, soportada en medidas coercitivas, de anulación de diversos derechos fundamentales y, allí como en decenas de otros países, de cuasicriminalización de los no vacunados; política de multiplicación de mensajes para crear y/o prolongar un ambiente de miedo y terror en el cuerpo social ante la negativa a vacunarse, señalando ese rechazo como camino seguro al ataúd.

En ese proceso, la carnetización para certificar la aplicación del biológico es una de sus expresiones más patéticas, la que en Colombia dejó apreciar su real carácter y su nivel de manipulación el pasado 19 de noviembre con ocasión del día sin IVA y para el cual fue levantada su obligatoriedad para ingresar a lugares de alta concurrencia. Esta medida entraña una clara manipulación y la distorsión del sentido mismo de la vacunación, también presente en las jornadas para aplicarla, puestas en marcha a la entrada de estadios de fútbol y otros espectáculos masivos como condición para ingresar a los mismos. ¿Genera la vacuna anticuerpos inmediatos? ¿Protege sin demora a quien se la aplicó como a quien estará a su alrededor? La respuesta permite reflexionar sobre los intereses y el ocultamiento de información asociados a la llamada “inmunización colectiva”.


Por lo pronto, y como el problema supuestamente es el no vacunado, proceden, manipulan, atemorizan, condicionan, todo vale pues hay que lograr que rompa su negativa a como dé lugar, jugando con sus sentimientos, sus gustos, sus anhelos, Para nada importan la educación sobre salud pública y nada de lo que le esté asociado. El peligro es al no vacunado, y hay que aislarlo si no rompe su ‘terquedad’. Y si no acepta, negarle el ingreso a lugares de consumo, mercado, espectáculos, hasta contemplarse incluso que no puedan salir de sus casas, como lo anunció el alcalde de Medellín en mala copia de lo realizado o también considerado en otros países (8). Al final, como lo aseguró una destacada periodista, de una de las más poderosas cadenas radiales del país: “Y si son tantos los que están de acuerdo con lo que usted está diciendo, por qué no hacen una fiesta adonde vayan todos los que no quieren vacunarse, y ya; se dedican a eso: los bares, las fiestas, sus propios eventos” (9). El ambiente para aislar y segregar está creado; algunas medidas ya están en curso y, de aplicarse con toda severidad, estamos claramente a las puertas de la sociedad apartheid y, como toda sociedad de ese carácter, en la antesala del autoritarismo a ultranza.

Como es sabido, para prolongarse, el poder acude recurrentemente a dividir a los de abajo, estimulando la lucha o la confrontación de pueblo contra pueblo o, en otras palabras, haciendo realidad la máxima “divide y reinarás”, constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y ahora no es distinto: inculpan a unos, ensalzan a otros, crean sentimientos opuestos que impiden que su mirada se fije sobre el poder, que es donde en este caso reside el foco del problema. ¡Claro! Sin lograr comprensión sobre el origen y los desafueros en el manejo de una problemática, dada las posibilidades de superarla cabalmente, brillarán las alternativas por su ausencia. Y mientras así sucede, el ahondamiento del autoritarismo, como es evidente hoy en Australia, Francia y otros muchos países, toma más vuelo, incluso con el aval de un sector del pueblo.

Pese a ello, algo no responde al libreto que pretende hegemonía, e identificarlo con toda claridad es indispensable para que la humanidad salga airosa de esta crisis, que, asociada a las que sufre el campo medioambiental, económico, político, en fin, a la crisis sistémica que sacude al Sistema Mundo Capitalista, acumulan todo lo necesario para que la sociedad global diga ¡basta! a una sola voz.

 

1. “¿Por qué están aumentando los casos de coronavirus en Israel si el país lideró las vacunaciones? (y qué lecciones le deja al resto del mundo). BBC Mundo, 9/09/21.
2. íd.
3. Consentimiento informado para la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2/covid-19, Ministerio de Salud, https://www.dssa.gov.co/images/vacunacion/modelo_consentimiento_informado.pdf.
4. Todos estos recursos según recomendación médica.
5. “La solución política a esta pandemia y a las que vendrán no puede depositarse en un optimismo tecnológico cortoplacista que cifre en las vacunas la panacea exclusiva, sino que exige una reflexión radical sobre las condiciones de vida y la ciencia que se produce en un mundo profundamente desigual y ecológicamente devastado”. Nuño de la Rosa, Laura, “Ciencia y capitalismo en tiempos de covid”, Viento sur, España, 5 de noviembre 2021.
6. “Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas”. […] El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido”, ¿Por qué están aumentando…, op. cit.
7. “Las vacunas antiCOVID no reducen las tasas de infección”, Dr. Joseph Mercola
https://articulos.mercola.com,2021/11/18
8. “Quintero advierte que Medellín podría tener cuarentena para no vacunados”, El Colombiano, 23 de noviembre de 2021.
9. https://www.youtube.com/watch?v=coo1D4xWeKA.

 


 

Una intelectualidad aletargada

 

por Philip Potdevin

 

A comienzos del mes de noviembre uno de los principales medios de radio del país entrevistó a un ciudadano que adelanta lo que ha denominado “tutelatón” contra la exigencia del carnet de vacunación, una iniciativa que busca frenar ante el poder judicial la reciente medida del gobierno, que, a imitación de otros muchos países, ha implantado el pasaporte covid para poder acudir a lugares de encuentro y reunión de la ciudadanía.


En la entrevista, frente a los argumentos del ciudadano, quien defiende la libertad individual de poder disponer del cuerpo, la salud y la vida de manera libre y democrática, los avezados periodistas, despojándose de su rol de profesionales de su oficio, en lugar de escuchar y tratar de entender los fundamentos jurídicos y sociológicos de la iniciativa, con el fin de que la audiencia pudiera formarse una opinión al respecto, asumieron, de manera insólita, el rol de inquisidores para llevar la entrevista a lo que casi se convierte en un linchamiento radial contra este ciudadano. Escuchar la entrevista deja perplejo a cualquiera, y a la vez corrobora una nueva realidad a la que estamos despertando.


En ese sentido, la vacuna contra el covid19 se consolida como el principal dispositivo de dominación del siglo, usada ampliamente por gobernantes en alianza con las grandes farmacéuticas y los poderosos medios de comunicación para atemorizar a la población. La humanidad va entrando ordenadamente en el redil de un nuevo contrato social que comienza a definirse cada día de manera más clara. No solo la vacuna es buscada afanosamente por casi todos, bien sea en sus primeras, segundas o terceras dosis, sino que el tenerla o no tenerla se está convirtiendo en una licencia para vivir en sociedad. Así como quien quiere conducir un vehículo en las calles de cualquier ciudad requiere de un permiso expedido por una autoridad competente, ahora el pasaporte covid surge como un salvoconducto necesario para salir de casa y desplazarse libremente en las ciudades.


El mecanismo del terror nunca ha tenido tan largo alcance como en nuestros días. Ni los peores sátrapas y tiranos de la antigüedad, ni los dictadores y dictadorzuelos del XIX y el XX, todos genios para encontrar múltiples formas para apuntalarse en el poder encontraron herramienta tan eficiente para propagar la pavura entre la ciudadanía como hoy con la instrumentalización de la diada enfermedad-vacuna. Y para mantener avivada la llama, ahora, cuando la humanidad entra en el tercer año de pandemia, se habla de una cuarta ola, de nuevas variantes como la omicrón, bajo cuya amenaza se regresa a los confinamientos parciales o totales, como a las cuarentenas obligatorias como está sucediendo en algunos de los países más desarrollados del planeta a pesar de ser de los primeros que tuvieron acceso a la vacuna.


En toda tiranía es esencial silenciar a los opositores, en especial si estos son pensantes y tienen la capacidad de influir sobre la sociedad. El pensamiento crítico es el principal enemigo de todo régimen autoritario. Los que ejercen esta función, llámenseles como se les quiera llamar, pueden, con el poder de la palabra, de la pluma, de su pensamiento, derrocar al más afianzado déspota. Hoy día, cuando la tiranía es ejercida no por individuos sino por la compleja hidra del sistema capital-estado-medios, la oposición ejercida por mentes aisladas palidece hasta el punto de cuestionarse si aún existe una fuerza capaz de sacudir a la humanidad de su letargo. Por supuesto que hay voces que jamás claudican: en Uruguay, en España, en Francia, en Chile se mantienen activos muchísimos intelectuales que siguen desnudando la realidad detrás del terror montado por el sistema de poder actual. Al mismo tiempo, sorprende la ausencia de voces tradicionalmente críticas frente a lo que estamos viviendo. Zizek, Byung Chuil Han, Agamben, por solo mencionar a tres de los más influyentes pensadores de corte progresista, tras pronunciarse en los primeros meses de la pandemia con sus reacciones, parecen retraerse a sus habitáculos para tomar cierta perspectiva de los acontecimientos. Se ven confundidos y abrumados por los hechos y no logran, al parecer, leer los tiempos actuales.


De otro lado, hay voces que amplifican el derecho a la rebelión, el elogio al conflicto, el impulso a que los pueblos rompan el cerco y se manifiesten contra la tiranía. El proyecto comunicativo desdeabajo ha estado presente este año con varias publicaciones que dan fe de este pensamiento crítico y muestran la otra forma de ver los hechos. Sin embargo, se percibe un vacío en la comunidad nacional e internacional de perspectivas agudas y abiertas que no solo desenmascaren la actual dominación sino que den un paso adelante para señalar caminos de acción e intervención para sustituir el debilitado pero aun poderoso sistema capital-estado-medios por uno que, ante todo, honre la dignidad humana. La sospecha que queda flotando es si muchos de los llamados a levantar sus voces están cooptados por el sistema, o han quedado paralizados por el aguijón de la díada enfermedad-vacuna, o simplemente se ha quedado seco su manantial crítico.

 

 

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