Rusia y China contra Estados Unidos en Europa y Asia

Vladimir Putin y Xi Jinping criticaron a las alianzas de OTAN y AUKUS

El presidente de Rusia viajó a China para la inauguración de los Juegos Olímpicos y se reunió con su par de China. Fueron tres horas en las que criticaron las alianzas militares lideradas por Washington: la OTAN y AUKUS.

 

Los líderes de Rusia y China mantuvieron una reunión en la que se mostraron en sintonía al criticar la influencia de Estados Unidos en las alianzas militares que establece en Europa y Asia. El presidente ruso Vladimir Putin y su par chino Xi Jinping se opusieron a cualquier ampliación futura de la OTAN en un declaración conjunta publicada por el Kremlin, en la que también apuntan contra los países del Tratado del Atlántico Norte por sus posturas de “guerra fría”. El encuentro en Beijing también resultó en nuevos contratos de cooperación energética. Según resaltó el gobierno de Putin, no existen áreas prohibidas de cooperación entre los países.

"Cercanía sin precedentes"

El presidente de Rusia viajó a China para asistir a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2022, antes de que comenzara se reunió con Xi Jinping. Putin celebró que las relaciones con Beijing se encuentren en un momento de cercanía sin precedentes. Los líderes se reunieron durante tres horas en las que según el comunicado conjunto publicado por el Kremlin, coincidieron ampliamente en temas de seguridad geopolítica.

Según el comunicado, Rusia y China se oponen a la formación de estructuras de bloque cerradas, en este sentido criticaron dos alianzas impulsadas por Estados Unidos en Europa y en Asia. “Las partes se oponen a una nueva ampliación de la OTAN y hacen un llamamiento a la Alianza del Atlántico Norte para que abandone sus planteamientos ideologizados de la guerra fría, respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países”, precisaron en el texto publicado tras el encuentro.

Contra AUKUS y la OTAN

Respecto a las garantías de seguridad solicitadas por Moscú a Washington y al resto de los aliados de la OTAN, China “simpatiza y apoya las propuestas presentadas por la Federación Rusa para crear garantías de seguridad jurídicamente vinculantes a largo plazo en Europa”.

Además, resaltaron la preocupación de Moscú y Beijing ante la asociación trilateral de seguridad firmada en 2021 entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido (AUKUS)  principalmente “su decisión de iniciar la cooperación en el ámbito de los submarinos de propulsión nuclear”, señalan.

“Rusia y China consideran que tales acciones son contrarias a los objetivos de seguridad y desarrollo sostenible de la región Asia-Pacífico, aumentan el peligro de una carrera armamentística en la región y plantean graves riesgos de proliferación nuclear”, remarcaron, al tiempo que instaron a los países de AUKUS a que cumplan “de buen fe sus compromisos de no proliferación nuclear y de misiles y que trabajen juntos para salvaguardar la paz, la estabilidad y el desarrollo de la región.”

Los líderes también acordaron establecer un nuevo tipo de relaciones entre las potencias mundiales: “basadas en respeto, coexistencia pacífica y cooperación mutuamente beneficiosa”. En este sentido coincidieron en que “las nuevas relaciones interestatales entre Rusia y China son superiores a las alianzas políticas y militares de la época de la Guerra Fría”.

Democracia

En la declaración conjunta los líderes compartieron “el entendimiento de que la democracia es un valor humano universal más que un privilegio de un número limitado de Estados”. En este sentido remarcaron que sólo el pueblo del país puede decidir si su Estado es democrático. “Los intentos de ciertos Estados de imponer sus propias "normas democráticas" a otros países, de monopolizar el derecho a evaluar el nivel de cumplimiento de los criterios democráticos, de trazar líneas divisorias basadas en la ideología, incluso estableciendo bloques exclusivos y alianzas de conveniencia, no son más que una burla a la democracia y van en contra del espíritu y los verdaderos valores de la misma”, remarcaron.

“Las partes creen que la defensa de la democracia y los derechos humanos no debe utilizarse para presionar a otros países”, puntualizaron.

Acuerdo energético

Tras el diálogo entre Xi y Putin los dos países también firmaron un importante acuerdo energético. Según el diario The Guardian, uno de los nuevos contratos prevé que Rusia suministre 10 mil millones de metros cúbicos de gas cada año a China (adicionales a los 38 mil millones que ya suministra al gigante asiático) a través de su gasoducto Power of Siberia. “Está estudiando un segundo gasoducto que abriría un mercado adicional para los yacimientos de gas de la península de Yamal”, precisó el matutino.

En tanto, el gasoducto Nord Stream 2, que todavía necesita certificación de la UE, sigue bajo amenaza de sanción. Este viernes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reiteró que no descarta utilizar el Nord Stream 2 como parte del dispositivo de sanciones en caso de que Rusia ataque a Ucrania.

Las tensiones entre Rusia y los países del Tratado del Atlántico Norte (liderado por Estados Unidos) incrementaron esta semana con el anuncio del Pentágono sobre el envío de tres mil tropas a Polonia, Rumanía y Alemania. Washington por su parte acusa al Kremlin de desplegar a 100 mil soldados en su frontera con Ucrania.

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Jueves, 03 Febrero 2022 05:46

El nefasto regreso del FMI

El nefasto regreso del FMI

Finalmente, el gobierno firmó un acuerdo con el FMI que convalida la fraudulenta deuda tomada por Macri. El presidente Fernández endulzó el anunció con la promesa de evitar el ajuste y sugirió que es la mejor opción posible. Pero desechó las alternativas a esa rendición y olvidó que el país nunca salió airoso de esos compromisos.

Legitimación de una estafa

El acuerdo del presidente Alberto Fernández con el FMI legaliza las irregularidades de un crédito que violó todas las normas del FMI y financió la fuga de capitales, sin aportar un sólo dólar a los emprendimientos productivos. Todas las denuncias del oficialismo de ese fraude quedan ahora archivadas y las querellas contra los funcionarios de Cambiemos pierden sentido. No es cierto que “Fernández resuelve el problema generado por Macri”. El presidente ratifica las tropelías de su antecesor y avala el endeudamiento forzoso de las próximas generaciones.

El mandatario ofreció ciertas precisiones de lo acordado para los próximos dos años y medio, pero no dijo nada del escenario posterior. A partir de 2025 reaparecerá toda la carga de los 45.500 millones de dólares adeudados al Fondo. En ese momento resurgirá la imposibilidad de pago y la consiguiente obligación de concertar otro acuerdo más gravoso. Por esta razón, Guzmán [ministro de Economía] soslayó esta vez su término predilecto de “convenio sustentable”. Concertó un deshago inmediato que pospone el problema, repitiendo la dilación ya negociada con los bonistas privados. Acordó una relativa tregua para el próximo bienio, que mantiene activada la bomba de un endeudamiento explosivo.

Si la postergación funciona, al concluir el período de gracia habrá que afrontar la misma montaña de vencimientos impagables. Los 20.000 millones de dólares anuales que demanda el Fondo no aparecerán tampoco en el futuro. En ese momento el FMI volverá a la carga con sus conocidas exigencias de reforma laboral y previsional. Guzmán se jacta de haber logrado la eliminación de esos atropellos en el convenio actual, pero oculta que resurgirán en la próxima refinanciación.

Algunos funcionarios argumentan que el país podrá negociar con mayor fuerza dentro de dos años. Pero no explican cómo emergerá esa redoblada capacidad de Argentina para plantarse ante el Fondo. Los inspectores de ese organismo ya estarán cómodamente instalados en el Ministerio de Economía y el Banco Central y se habrá perdido la gran carta de la ilegitimidad del pasivo. Ningún funcionario podrá objetar en el futuro la estafa que convalida en la actualidad. No podrán alegar la responsabilidad de Macri, Trump y Lagarde en un crédito ratificado por Fernández, Biden y Giorgieva.

Todas las denuncias de un pasivo odioso irán al cajón de los recuerdos. Lo mismo ocurrirá con las demandas de intervención a la ONU y la Corte Internacional de Justicia, para que declaren la nulidad de una operación financiera irregular. Fernández repite la misma aceptación del fraude que asumieron todos los gobiernos de las últimas cuatro décadas. Esa sucesión de ratificaciones ha transformado al endeudamiento en un aluvión inmanejable. Por enésima vez una gestión progresista blanquea los atropellos de su antecesor derechista, con la misma repetición de la división del trabajo. El escandaloso pasivo asumido por los equipos económicos ortodoxos es bendecido por sus pares de la heterodoxia.

Mientras el país se hace cargo de la estafa, los funcionarios del FMI respiran aliviados. Transformaron a la Argentina en el principal deudor del organismo y no tendrán que explicar por qué razón ninguna otra nación afronta una situación semejante. Los otros dos pagadores pendientes (Egipto e Irak) adeudan montos incomparablemente más bajos.

El mismo auxilio oficial se extiende a los grandes capitalistas locales, que transformaron el dinero otorgado por el FMI en cuentas propias depositadas en el exterior. La investigación ya realizada por el Banco Central tiene identificados a los beneficiarios de esa fuga, que naturalmente aprueban la convalidación de su maniobra. Las principales entidades del establishment ya anticiparon ese entusiasta apoyo al convenio. Guzmán tuvo en su escritorio el listado completo de esos enriquecidos y congeló la investigación. No permitió siquiera el cruce de datos con los registros de la AFIP, para evaluar si los dólares expatriados fueron declarados al fisco.

Los funcionarios sólo emitieron vagos pedidos de colaboración al FMI, para que contribuyera a la recuperación de los dólares escondidos en los paraísos fiscales. Obviamente el principal cómplice de la estafa no aportó ninguna información y el cajoneo de la investigación anticipó el acuerdo propiciado por Washington.

¿Un recorte sin ajuste?

El gobierno sustituirá el crédito suscrito por Macri por otro que refinancia el incumplimiento de ese préstamo. El FMI se asegura el cobro de lo adeudado con la prolongación de los plazos y la custodia de la política económica. Esa auditoría se concretará a través de diez revisiones trimestrales, que le garantizan al Fondo una estratégica cogestión durante los próximos mandatos presidenciales.

Guzmán presenta esa reinstalación del FMI como un dato “razonable” que contribuirá a reducir la “incertidumbre”. Pero omite que esa injerencia reactivará el desprecio que exhibieron por el país todos los emisarios del Fondo, en los 22 acuerdos suscritos en las últimas seis décadas. Mientras Giorgieva pone cara de ocasión y comparte con el Papa Francisco los mensajes indulgentes, los directivos reales del organismo (David Lipton, Ilan Goldfajn) son viejos cómplices de Macri, que exigen una gran cirugía de Argentina.

Por esa razón han demolido todas las peticiones de benevolencia. Rechazaron la posibilidad de una condonación o quita del capital adeudado y también la conversión de los pasivos en obligaciones climáticas o la extensión a 20 años de los vencimientos. Incluso mantuvieron el cobro de una insólita sobretasa por el exorbitante volumen del crédito que ellos mismos colocaron. Han vetado, además, el eventual otorgamiento de fondos adicionales por parte de otros socios de la institución.

Guzmán disimula esa dureza, alabando los cuatro compromisos acordados con el FMI para los próximos dos años y medio. Realza, en primer lugar, la reducción del déficit fiscal que el gobierno proponía situar en 3,3% del PBI para el año en curso y que finalmente se ubicará en 2,5%. Para el 2023 deberá ser de 1,9% y en 2024 de 0,9%.

Estas disminuciones han sido el gran estandarte de la ortodoxia derechista, que sitúa la principal desgracia de la economía argentina en el gasto público. Guzmán siempre proclamó lo contrario, pero ahora descubre los méritos de esos recortes. Afirma que esas podas tendrán efectos virtuosos, puesto que en lugar de asentarse en ajustes del gasto, emergerán del mayor ingreso obtenido por el fisco con el crecimiento y la tributación. Pero en la gestión de los últimos meses no prevaleció ese criterio y por esa razón el rebrote de la pandemia fue privado del correspondiente subsidio (IFE). Además, el pacto fiscal negociado con los gobernadores y el frustrado proyecto de presupuesto del 2022 fueron diseñados con recortes, para sintonizar con el Memorándum de Entendimiento que exige el FMI.

Guzmán presenta igualmente lo ocurrido en el último trimestre del 2021, como un ejemplo de reducción del gasto por efecto del crecimiento y la tributación. En ese período los ingresos del Estado aumentaron significativamente, al compás de un rebote de la economía que compensó la caída previa (10%).

El ministro generaliza a futuro ese dato y afirma que no habrá ningún ajuste en partidas relevantes (como obra pública o ciencia y tecnología). Pero no aclara qué tasa de crecimiento y recaudación se necesitaría para lograr la drástica reducción del déficit que ha comprometido para el próximo bienio. Se concertó con el FMI los porcentuales de esa disminución, pero no los guarismos que permitirían el achicamiento. No se estableció cuánto aumentará el salario, qué nivel de recuperación tendrán las jubilaciones o cuánto bajará la pobreza y subirá el PBI. Mientras que esas cifras son magnitudes a revisar, el recorte del déficit ha quedado rigurosamente preestablecido. Los auditores del Fondo estarán presentes para monitorear ese cumplimiento.

El segundo compromiso oficial es la reducción del financiamiento fiscal con la emisión monetaria. Ese recorte comenzó en el 2020 (7,3%), se afianzó el año pasado (3,7%) y se intensificará en forma fulminante en el 2022 (1,00%), 2023 (0, 6%) y 2024 (0%). Con ese cronograma se llegaría a la gran meta de la ortodoxia que es la emisión cero. Los monetaristas siempre han fantaseado con encarrilar la economía, mediante la simple aspiración del dinero circulante.

Ahora Guzmán adopta ese programa y promete reintroducir tasas de interés reales positivas para pavimentar la disciplina monetaria. Afirma que por ese camino se consolidará un mercado de financiamiento del gasto público en pesos, que compensará la continuada marginación de Argentina del mercado crediticio internacional. Pero el ministro omite los conocidos problemas de las gigantescas emisiones locales de bonos. Con esas colocaciones los bancos son inducidos a especular con el crédito público, en desmedro de la financiación de la industria, el agro o los servicios. No se entiende cómo se logrará sostener un alto crecimiento con tasas de interés positivas que desalientan la inversión productiva.

Tarifas y dólar en la letra chica

El tercer compromiso concertado con el Fondo es la reducción de la inflación para facilitar el superávit fiscal y la adquisición oficial de los dólares destinados al FMI. Guzmán subraya que el organismo ahora acepta el carácter multicausal y no sólo monetario del aumento de precios. Pero omite que esa concesión retórica no tiene consecuencias prácticas. Los inspectores del Washington sólo revisarán si la inflación baja con el corte de la emisión y las altas tasas de interés. El ministro también afirma que combatirá la carestía con el instrumento heterodoxo de los acuerdos de precios. Pero olvida que esos fallidos convenios han persistido en toda la variedad de ministros neoliberales (que por ejemplo tuvo Macri).

Con la auditoria del FMI aumentará la erosión de esos controles. El Fondo aspira a cobrar sus acreencias con los dólares aportados por la exportación y para incentivar esas ventas fomenta el traslado de los precios internacionales de los alimentos al mercado local. Como también promueve un gran incremento de tarifas, el acuerdo recalentará la carestía que ya tiene un piso del 50% anual.

El tarifazo figura en la letra chica del convenio e incluirá un desdoblamiento de precios, para encarecer el servicio a los sectores de ingresos altos y medios. Las ganancias de las empresas de electricidad, telefonía o gas continuarán siendo un insoldable misterio para el grueso de la población.

El cuarto compromiso con el FMI es la recomposición de la paridad cambiaria. El gobierno promete evitar una mega-devaluación, pero acepta acelerar el ritmo de desvalorización del peso para intensificar la acumulación de reservas, que el Fondo observa como una garantía de cobro. Ya se fijó la meta de reunir 5000 millones de dólares en las arcas del Banco Central durante el 2022. Pero nadie explica cómo lograrán ese objetivo.

El año pasado se alcanzó un superávit comercial del 14.000 millones de dólares y no hay un sólo dólar en las reservas disponibles del BCRA. Aunque se pospongan los pagos durante dos años y medio, no hay forma de engrosar el reaseguro de las divisas si persiste la fuga de capitales.

El pico de esa evaporación se produjo con Macri y ha persistido en el último bienio. El mecanismo financiero de esa erosión ha sido sustituido por modalidades equivalentes, en el manejo del comercio exterior por parte de un puñado de grandes empresas. Ese drenaje podría ser cortado mediante drásticas regulaciones que vetará el FMI.

Los auditores del organismo sólo exigirán mayores exportaciones y consiguiente primarización de la economía. Ese rumbo incluye los emprendimientos destructivos del medio ambiente, que el gobierno intensificó en los últimos meses (exploración de petrolero en el mar, megaminería en Chubut).

En síntesis: nadie sabe por ahora cuál será el ajuste requerido para cumplir con los compromisos asumidos por el gobierno en el plano fiscal, monetario, inflacionario y cambiario. Pero ya está a la vista el escenario de mayor vulnerabilidad y dependencia que generan esas obligaciones.

Experiencias demoledoras

Algunos funcionarios propagan el espejismo de “un gran éxito para el país”, con las mismas fantasías que acompañaron a todos los convenios precedentes. Auguran un gran crecimiento con redistribución bajo la égida del FMI, olvidando lo ocurrido durante los tres últimos desembarcos del Fondo.

Bajo la gestión del ex presidente Alfonsín se concretaron cinco acuerdos con el organismo. Los inspectores revisaban las cuentas y emitían periódicos veredictos de incumplimiento de las metas pactadas. Para afrontar los temblores cambiarios e inflacionarios que generaban esas evaluaciones los ministros ajustaban sus planes, mientras el Fondo administraba a cuenta gotas la refinanciación de los vencimientos. Finalmente, Alfonsín tiró la toalla en medio de la hiperinflación y el FMI propició la llegada de un mandatario afín. Avaló directamente la conspiración auspiciada por Cavallo y el boicot a un crédito final que pavimentó la presidencia de Menem.

En sus recientes discursos Cristina recordó esos episodios sin extraer conclusiones de lo ocurrido. Su cogobernante Alberto ha quedado entrampado en el mismo laberinto que asfixió a Alfonsín. Fernández recibirá cada tres meses la visita de los chantajistas y deberá aprobar el examen. Si se repite la historia y los inspectores quedan insatisfechos, el FMI buscará un reemplazante. El organismo se especializa en apretar el cuello de los gobiernos progresistas. Los empuja a realizar el trabajo sucio que desmoraliza a la población y facilita el regreso de los neoliberales a la Casa Rosada.

Pero el Fondo no ha sido más contemplativo con los presidentes derechistas que fracasaron en la aplicación de sus recetas. El FMI patrocinó la convertibilidad en el cenit del neoliberalismo y tuteló la apertura comercial, la flexibilización laboral y las privatizaciones que precipitaron la degradación económica de los años 90.

Durante el mandato de De La Rúa promovió la reforma jubilatoria y laboral junto al programa de déficit cero. Cuando la economía colapsó, incentivó un endeudamiento mayor y frente a la imposibilidad de saldar ese pasivo, impuso los dos socorros que precipitaron el derrumbe del 2001 (blindaje y megacanje). Los técnicos del Fondo lograron el récord de triplicar la deuda en tan sólo dos años.

Quienes ahora celebran el Memorándum que prepara Guzmán deberían recordar cómo terminaron los dos famosos auxilios del FMI, que desencadenaron el fin de la convertibilidad, el default, la corrida cambiaria, el corralito y pesificación asimétrica.

La experiencia de Macri está más fresca y nadie ha olvidado cómo el Fondo apuntaló un enloquecido endeudamiento para sostener la mayor bicicleta financiera de la historia contemporánea. Argentina fue la principal tomadora de préstamos del mundo para mero beneficio de los financistas, que se lucraban con las altísimas tasas de interés ofrecidas por el Estado.

Los ministros de Macri naufragaron en la implementación de algunas recetas que ahora reflota Guzmán (reducción del déficit, emisión cero), pero con el socorro-préstamo que envió Trump lograron traspasar el problema al gobierno actual. Como los directivos del Fondo son expertos en culpar a otros por los desastres propios, han emitido una crítica a Macri por las medidas que ellos promovieron. Con ese despliegue de hipocresía eluden sus propias responsabilidades.

También los macristas ocultan el desmadre que consumaron y prometen resolver el agobio de la deuda, con la misma velocidad que Macri auguraba el fin de la inflación. Esa gestión refutó la ridícula creencia que los gobiernos derechistas gestionan con más seriedad o cuentan con expertos para lidiar con las complejidades de las finanzas.

En las últimas décadas el FMI ha sido el principal culpable de las desgracias financieras de Argentina. Es totalmente falsa la difundida creencia que los problemas “son nuestros”. El Fondo ha estado directamente involucrado en todas nuestras pesadillas sin asumir nunca las consecuencias de sus fallidos.

Tampoco se hizo cargo de los giros que propiciaron sus directivos. Apuntalaron la convertibilidad y la devaluación, el shock de los ortodoxos y el rescate de los heterodoxos, el endeudamiento de los neoliberales y los pagos de los progresistas. Argentina se habituó a gestionar su economía bajo un timón fondomonetarista que ha hundido una y otra vez al país. No existe ninguna razón para esperar un desenlace diferente del nuevo convenio.

Otro camino es factible

Muchos oficialistas entienden que el acuerdo es un compromiso indeseado, pero insoslayable en el escenario actual. Con esa postura de resignación han incorporado los argumentos de la derecha, que equiparan la resistencia al Fondo con el abandono del planeta.

Afirman que el FMI es un “banco del mundo” que asocia a todos los países del orbe. Pero olvidan que el escandaloso crédito a Macri no fue aprobado por esa comunidad. Irrumpió repentinamente mediante una simple llamada telefónica de Trump. Estados Unidos no sólo es el principal accionista con poder de veto en el organismo, sino que maneja todas las decisiones estratégicas de la institución. La pulseada es con Washington y no con “todo el mundo”. Para recuperar la soberanía económica hay que asumir esa tensión.

El temor a la disputa con el Norte encegueció al gobierno a la hora de evaluar otras alternativas. No sólo descartaron una ordenada cesación de pagos, muy distante del periódico default que impone el agotamiento de las reservas. También desecharon los cursos más cautelosos que sugirieron algunos integrantes de la coalición oficial. Se podían demorar los pagos para alargar la negociación o cancelar los intereses sin abonar el capital o buscar algún status quo de congelamiento de las tratativas. Pero bajo la presión de los financistas en el mercado cambiario, el gobierno aceptó un pacto de rendición. Con esa decisión perdió la oportunidad de aprovechar la reactivación de la economía para iniciar otro camino. Si esa expansión incuba un ciclo alcista (que desborda el simple rebote) se ha renunciado a introducir la redistribución del ingreso en un contexto de repunte del PIB.

Con una reforma fiscal progresiva, el control estatal del comercio exterior y el manejo directo del sistema financiero se podría empalmar esa reactivación, con una contundente mejora del salario y el empleo. El retorno del FMI impedirá discutir ese proyecto, porque el gobierno ha cedido un poder de veto a los enemigos de las conquistas sociales.

El oficialismo desperdició también el contexto de división y pérdida de iniciativa que afecta coyunturalmente a la derecha. Esa oposición no ha logrado consensuar una respuesta frente al dilema que plantea el FMI. Un sector propone acompañar al gobierno en los recortes de los próximos dos años y otro motoriza la confrontación, para asegurar la base electoral de un próximo presidente de Cambiemos. Ninguno de los dos grupos define cómo gestionaría la futura renegociación del convenio.

El Frente de Todos podría aprovechar el desprestigio de Macri para forjar un amplio frente de rechazo al FMI. No lo hace porque tiene más afinidades con sus adversarios de la grieta que con las corrientes populares enfrentadas con el Fondo. La resignación que impera en el gobierno le impide registrar, además, el gran cambio político de América Latina. Este giro podría aportar un sostén continental a la confrontación con el FMI. El año pasado cerró con tres victorias electorales del progresismo (Perú, Chile y Honduras) y en el 2022 hay grandes chances de un triunfo en Brasil y posibilidades de una grata sorpresa en Colombia. El acoso imperial sobre Venezuela continúa fracasado y la arremetida de la derecha en Bolivia naufragó.

El propio Alberto Fernández ha sido ungido como presidente de un organismo regional que excluye a Estados Unidos y rivaliza con la OEA (CELAC). Ya circulan, además, contundentes pronunciamientos del presidente mexicano contra la asfixia financiera que el FMI impone a la Argentina. El país no afronta, por lo tanto, el adverso aislamiento que por ejemplo padecía Grecia en Europa, cuando el FMI introdujo el terrible ajuste que todavía padece el pueblo heleno.

Por otra parte, Argentina no es la única víctima regional de las compulsivas cobranzas del Fondo. Ecuador soporta todos los efectos de una refinanciación que recorta salarios y encarece los combustibles. Costa Rica padece, a su vez, las consecuencias de un acuerdo que erosiona el sistema de Seguridad Social. Fernández podría retomar las campañas regionales contra la deuda de las últimas décadas, pero no puede solicitar acompañamiento para una demanda que él mismo archiva.

También el contexto internacional difiere de los momentos de mayor iniciativa imperialista y unipolaridad estadounidense. El propio viaje de Fernández a Rusia (en pleno conflicto de Ucrania) y a China (para un evento boicoteado por Washington) ilustra la existencia de un marco propicio para rechazar la sumisión al Fondo.

Basta contrastar el tipo de crédito con finalidades productivas que se gestiona en Beijing (infraestructura, central nuclear, represas, modernización ferroviarias) con la estafa financiera que monitoreó el FMI, para corroborar el carácter nocivo del nuevo convenio suscrito con el Fondo.

Habrá que ver además las consecuencias geopolíticas de ese tratado. Seguramente acrecentarán la presión de Estados Unidos para que Argentina abandone sus ambigüedades de política exterior y se amolde al guion del Departamento de Estado. Biden tendrá ahora embajadores adicionales en el Ministerio de Economía y el Banco Central. Los utilizará para exigir contraprestaciones políticas a la indulgencia de esos auditores. Un anticipo de ese rumbo ya afloró en el acompañamiento argentino a las recientes sanciones votadas en Ginebra contra Venezuela.

Rechazo y movilización

El Parlamento y las calles serán los próximos ámbitos de la disputa que concentra el acuerdo con el FMI. La izquierda ya anticipó su frontal oposición y auspicia una amplia convocatoria para sostener ese cuestionamiento con la movilización popular. Hay muchos indicios de mayor predisposición para esa lucha, pero todavía no irrumpe un movimiento masivo de rechazo al FMI.

La gran tradición nacional de resistencia al Fondo continúa viva, pero el gobierno y la derecha han sembrado el temor a retomar esa batalla. Las estafas de los banqueros son conocidas y la complicidad del FMI es archisabida, pero muchos sectores han internalizado la creencia que es mejor agachar la cabeza y aceptar el mal menor. La polémica con esa actitud es la gran tarea del momento.

Hay evidencias de un clima más propicio para desenvolver esa lucha. Basta comparar las críticas que ya afloran contra el acuerdo con la ausencia de cuestionamientos al canje de papeles con los bonistas privados para notar el cambio de percepciones.

El resurgimiento de consignas y movilizaciones contra el FMI ha contribuido a ese replanteo. Las campañas que desarrollan los partidos de izquierda y la Autoconvocatoria por la suspensión del pago e investigación de la deuda ya se plasmaron en actos de impactante concurrencia.

El mitin realizado a mitad de diciembre en la Plaza de Mayo fue ignorado por la prensa, pero contó con una elevadísima participación. Compitió en número con el acto realizado por el gobierno el día anterior en el mismo lugar. También las conmemoraciones del 20 aniversario de la rebelión del 2001 estuvieron centradas en la denuncia del rol jugado por el FMI en esa crisis.

Por otra parte, la capitulación del oficialismo ha disparado fuertes críticas de los sectores radicalizados del kirchernismo. Esas corrientes deberán definir ahora su voto en el Congreso. Allí no habrá espacio para la ambigüedad y la convergencia con la izquierda en un rechazo común constituiría un gran avance para la causa popular.

El gobierno tendió una mano a la derecha para que vote el Memorándum y la Carta de Intención. El FMI propicia ese sostén compartido, pero si prima la rivalidad y reaparece la grieta se verá un fuego de artificio entre dos bancadas que avalan el retorno de los inspectores del Fondo.

El pre-acuerdo con los acreedores ya está firmado, pero la batalla para efectivizarlo recién comienza. Conviene recuperar la memoria de todos los estragos causados por el FMI para impedir otra repetición de la misma desventura. El rechazo del convenio es el primer paso de una larga batalla contra el enemigo serial del pueblo argentino. Con actitudes firmes, ideas convincentes y fuerza en las calles se reabrirá el camino de la resistencia al Fondo.

Claudio Katz

2 febrero 2022

Por Claudio Katz, economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

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Fabio Manosalva, Tu lo reflejas todo Ana!, 50 x 50 cm (Cortesía del autor)

A comienzos de noviembre de 2021 tuvo lugar en la ciudad de Glasgow, Escocia, la reunión por el acuerdo climático COP26. Después de dos semanas de deliberaciones y encuentros se produjo un documento que, según trascendió, es un auténtico fracaso en términos de entendimiento, enfrentamiento a la crisis climática y políticas de compromiso para salvar a la humanidad de los límites irreversibles que la condenan a la desaparición. Estudiemos qué significa el fracaso de ese acuerdo.

La de Glasgow fue la primera reunión sobre temas ambientales de gran alcance después de la crisis del covid-19, y en la antesala a un posible mundo post-covid-19. Esta circunstancia es importante para entender el clima, los retos y los alcances del documento final.

Encuentro de rencillas, cobros y problemas menores


Los primeros días de encuentros entre los así llamados líderes fue un escenario de mentes pequeñas, egos y bajos intereses. Unos se aparecieron sencillamente para salir en la foto; otros se encontraron entre sí para recriminarse por cosas pequeñas: la compra de submarinos, acuerdos pesqueros, reproches y sátiras, resquemores y caprichos. Cualquier cosa menos una mentalidad dispuesta a enfrentar el peligro de los límites planetarios (1) y el reloj de los cien segundos de oportunidad que le quedan la humanidad –“para la media noche”– de acuerdo con los científicos (2).

Supuestamente, los líderes mundiales tienen la capacidad de jalonar al mundo hacia su bienestar. Pues bien: un falso supuesto. La política está hecha de sospechas, alianzas de conveniencia, y mucho interés y poder; para nada altruismo, ética, valores universales, paz y vida. Realpolitik.

Las conferencias sobre el cambio climático no son un proceso improvisado. Se realizan sistemáticamente desde 1995 y siempre la agenda de las siguientes conferencias se anuncia con antelación de suerte que los gobiernos, los Estados, las corporaciones y la sociedad civil se prepare suficientemente (3). En este contexto, lo sucedido en los primeros días, lo acontecido durante todos los días que ocupó esta cumbre, y el documento final acordado, es señal de cualquier cosa menos de inteligencia ambiental.

Hay un hecho contundente inocultable: de acuerdo con numerosas fuentes científicas, la información sobre la crisis climática es clara. Los datos son contundentes acerca de la gravedad del asunto. Pero los políticos, los militares y los empresarios, colocando siempre sus intereses mesquinos por sobre los de la humanidad, se caracterizan por un sistemático desprecio de las evidencias científicas. La política no escucha a la ciencia; en la historia de Occidente, casi nunca lo ha hecho (con la muy notable excepción del Proyecto Manhattan, y todo lo que pivota en su entorno, alrededor del planeta). Se trata de dos mundos paralelos que excepcional-mente llegan a tocarse. Ya lo decía Platón hablando del sueño del rey filósofo: un gobernante sabio sucedería sólo epe keine, en griego; que literalmente significa: de milagro.

Nunca como hoy había sido cierto que la grandeza de los gobernantes se reconoce por su capacidad para afrontar los más altos riesgos y peligros.


Existe, manifiestamente, una profunda, sistémica y sistemática crisis alrededor del mundo. No es este el lugar para juzgar sus razones y orígenes (4). Valga resaltar, en todo caso, que de todas sus expresiones, el calentamiento global y todo lo que él significa –desertificación, contaminación del aire y de las aguas duces, deforestación, extractivismo, pobreza y hambre– constituye la expresión más aguda de todas las crisis.


Se habla de prospectiva, de planeación estratégica, de liderazgo de diversos tipos, de innovación, de desarrollo humano, y otros temas próximos y semejantes: pero esa es sólo palabrería –flatus voccis–, a la hora de emprender acciones reales que protejan a la humanidad y a la biosfera. La política está hecha de palabras hueras. Ayer se alimentó de retórica –desde Aristóteles y Cicerón–; hoy se nutre de noticias falsas (fake news). Un panorama desalentador, según todo parece indicarlo.

El documento final de acuerdo


Desde la conferencia anterior, realizada en Madrid en el 2020 –si no antes– la meta propuesta para la de Glasgow 2021 era el compromiso mundial para contener –¡ni siquiera reducir!– el calentamiento global en 1.5 grados. Pues bien, en blanco y negro no se logró nada al respecto. Así: nada. La declaración final de Naciones Unidas es tibia y desabrida (5), por decir lo menos.


La crisis climática debe ser entendida exactamente en el siguiente sentido. Existe una profunda crisis ambiental cuyos primeros diagnósticos se remontan a los primeros documentos del Club de Roma en 1977 y los años siguientes. La metáfora de la Tierra como una nave a la deriva en el espacio en el que no existe un plan B emergió por ese entonces. No hay un plan B para el planeta Tierra. Estamos aquí, vivimos aquí y si no se hacen bien las cosas pereceremos aquí. En blanco y negro.
Pues bien, en orden de complejidad, la crisis consiste en los siguientes niveles:

• Cambio climático
• Calentamiento global
• Crisis climática
• Catástrofe climática

Actualmente nos encontramos en el tercer nivel. La catástrofe climática será literalmente un punto de no retorno. Significará la muerte de la especie humana y de buena parte de la biosfera. En una palabra: la consumación de la sexta extinción –cuyos orígenes comienzan exactamente en 1776 con el desarrollo de la máquina de Watts, y el subsiguiente desarrollo de la primera revolución industrial–. La media noche del reloj de los últimos 100 segundos apuntan exactamente a la tercera fase de esta realidad. Y es allí también donde se encuentran los límites planetarios del Instituto Stockholm, que la humanidad está a punto de cruzar.


Pues bien, el documento de la Cop26 en Glasgow no aporta ningún paso real significativo de cara a evitar el ahondamiento de la crisis, para no cruzar el umbral hacia la catástrofe climática. La pérdida de la biodiversidad tiene ritmos galopantes; la deforestación del Amazonas, permitida por el gobierno de Bolsonaro, es obra del consumo capitalista; la desertificación de África, China y varios otros países no parecen detenerse para nada; hay otros que han entrado ya en una crisis de aguas, nutrición y pobreza que terminan siendo calificados como: países o economías o estados inviables. Es decir, en el actual estado de cosas no importa qué se haga, nada podrá impedir su hundimiento definitivo. Honduras y Haití en América Latina, Madagascar y los países subsaharianos en África. Al mismo tiempo, el agua dulce se agota alrededor del planeta y los océanos sufren una creciente e imparable acidificación. Un diagnóstico que no se agota aquí y que es pesimista por donde se lo mire. Genéricamente hablando, se trata de una crisis de raíces antropogénicas. Occidente nunca supo vivir bien, y se olvidó del saber vivir, del que sí saben otras culturas, pueblos y civilizaciones.

De manera puntual, los países más ricos del planeta rechazaron la propuesta de reunir 100 billones de dólares para ayuda a los países más desafortunados por la crisis climática (6). La realidad es que el documento de Glasgow apenas sí le apunta a la contención de 1.1 grados centígrados. En términos científicos es un fracaso. 0.4 grados puede sonar irrisoria, pero en las dinámicas de complejidad del medio ambiente es demasiado.


En pocas palabras, el documento final, según ha trascendido a través de diversas fuentes, es un enorme retroceso con respecto a las reuniones de Río de Janeiro, Madrid y París.


La política no atiende ni entiende a la ciencia: diálogo de sordos

Existe un consenso claro, indudable: el 97 por ciento de los científicos, incluyendo dieciocho sociedades científicas, diversas agencias gubernamentales y cuerpos intergubernamentales coinciden en señalar que existe una profunda crisis climática como resultado de las actividades productivas (7). Numerosas fuentes pueden aportarse al respecto. Sobre la crisis ambiental, y en el marco de los cuatro niveles mencionados, la ciencia es contundente. Una parte de la sociedad civil mundial así lo ha entendido. Sin embargo, en las esferas más altas del poder lo que impera es negacionismo. (Paradójicamente se escandalizan con el negacionismo sobre el Holocausto, pero son reacios a ver los hechos de la crisis ambiental).


Existe una ciencia del cambio climático (8). Es decir, hay cualquier cosa menos opinión, puntos de vista y pareceres. Hay datos contundentes, estudios de largas series de tiempo, estudios comparativos, estudios sobre los impactos del cambio climático, y existen robustas simulaciones y modelamientos, significativamente, todos comportan enfoques inter, trans y multidisciplinarios.


Los políticos y la política nada saben al respecto; o nada quieren saber sobre esto, lo que para efectos prácticos da lo mismo. Cabe subrayar esto: una política que responde a los criterios, los valores, las estructuras mentales y los intereses de la civilización occidental nada sabe sobre ciencia de la crisis ambiental.

Ciertamente que el reto de la crisis climática es de una envergadura con la que Occidente jamás se enfrentó antes. Numerosas razones explican la situación, entre ellas, desde luego, el impacto de la globalización. En cualquier caso, en toda la historia de Occidente jamás ninguna estructura mental –la religión, los ejércitos, las empresas, los gobiernos, los Estados– ha entendido un planteamiento de corte sistémico como el que plantea la crisis actual. La historia de Occidente ha sido la del fraccionamiento, la división, la especialización; en una palabra: el análisis.

El punto más crítico al respecto consiste en lo siguiente: los centros de poder no creen en la ciencia, y los científicos no tienen la capacidad decisoria sobre empresas, corporaciones, ejércitos, gobiernos y Estados como el que demanda la sexta extinción en marcha. Un desafío fantástico, agónico.
Ante este estado de cosas: o bien la política debe cambiar, o bien el lenguaje y las capacidades de la ciencia deben transformarse. O ambas cosas. Este es el punto crucial de la crisis civilizatoria.

Crisis climática y crisis civilizatoria

Todas las grandes culturas, pueblos, sociedades y civilizaciones que han desaparecido lo hicieron en consonancia –no necesariamente en términos de causalidad– con una profunda crisis ambiental. Numerosos estudios son esclarecedores al respecto (9). En el espectro de la historia de América Latina, el caso más crítico y estudiado fue el de la súbita y rápida desaparición de la civilización maya como resultado de una crisis en la gestión de aguas dulces (10). Análogamente –sin reduccionismos– a como todo gran levantamiento social está acompañado por profundas crisis alimentarias y hambre, asimismo, todo gran imperio, sociedad, cultura o civilización ha desaparecido en relación estrecha con una profunda e irreversible crisis ambiental. La naturaleza se encuentra en la base de las acciones y los procesos humanos, mucho más de lo que las ciencias sociales han estado acostumbradas a reconocerlo.

Sequías, hambrunas, terremotos, huracanes, tifones, incendios de enormes proporciones son algunos de los desastres, con todo y sus consecuencias, que han acompañado la desaparición de numerosas culturas. Pues bien, el caso de Occidente no tiene por qué ser diferente. Sólo que se trata de un reto de envergadura globalizada. La sexta extinción en masa (11) es, dicho de manera gruesa pero sucinta, la obra misma de la civilización occidental, con todo y sus valores, principios, grandezas y miserias.

Los diagnósticos sobre la crisis civilizatoria son cada vez crecientes y numerosos. Y cada vez hay mayor claridad acerca de la inviabilidad del modo de pensar y de vivir occidentales de cara a la naturaleza y al medio ambiente. Occidente se caracteriza por una mentalidad extractivista, cuyos primeros fundamentos se encuentran tanto en el Génesis –escrito hacia 1470 a.e.v–, como en la Política de Aristóteles (en especial, véase el Libro I). La naturaleza es concebida como un medio para los fines e intereses humanos.

Simple y llanamente, toda gran civilización colapsa cuando es incapaz de vivir acorde a la naturaleza debido a que sitúa al ser humano por fuera y por encima suyo. Así las cosas, una gestión de los asuntos humanos es imposible sin una buena gestión de los asuntos de y con la naturaleza (12). Saber vivir, y vivir bien, son una sola y misma cosa con saber entender a la naturaleza y vivir con ella. Sin posturas elegíacas ni románticas. Nuevamente: esto es pura y buena ciencia.

Sólo que la crisis civilizatoria de Occidente no debe, en absoluto, ser identificada con el final de la humanidad como tal. No existe ninguna relación de causalidad. Veamos.

Políticas ambientales desde abajo


Existen numerosas acciones, planes, programas y políticas alrededor del mundo que van en contravía de los modos de vida, estilos y estándares occidentales. Ante nuestros propios ojos, existe una nueva civilización que está emergiendo. Sencillamente, se trata de una civilización que sabe de vida, algo de lo cual Occidente jamás supo. Occidente siempre supo tan sólo de muerte, sufrimiento, enfermedad y violencia; en todas sus formas.


La fenomenología de una nueva civilización en emergencia es creciente y profusa: Un solo hombre siembra 152 millones de árboles para reforestar manglares en Senegal (13); veinte países trabajan en la reforestación de la Gran Muralla Verde para frenar el crecimiento del Sahara (14); China, Filipinas, India, Corea del sur y México emprenden políticas profundas y radicales de reforestación (15). En numerosos países existen comunidades autogestionarias que han abandonado el crecimiento económico, han apostado por el decrecimiento, tomaron distancia fuerte frente al consumo y el hiperconsumo, y han emprendida prácticas de largo alcance de trueque; el abandono de la moneda, por tanto: se trata de sistemas de economía solidaria (16); en Colombia y en la India, en México y en Francia, por ejemplo.

En otras palabras, hay comunidades enteras que le apuestan a la vida, y no a la muerte, al futuro, y no al pasado (17). Sólo que esta información no aparece en los grandes titulares de las multinacionales de la comunicación. Todo lo contrario. Lo que se vende es desasosiego, pesimismo, entrega, alarmismo y mucho milenarismo. Se trata de un miedo estratégicamente diseñado y programado con el cual logran manejar a grandes multitudes, todas mal informadas o desinformadas.


De manera significativa, por ejemplo, en el futuro inmediato el ecocidio será reconocido por la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad, es decir, como un crimen que no prescribe hasta que sea juzgado, acusado el culpable y resuelto el problema. Se tratará, en el futuro inmediato, del juicio a los causantes de la sexta extinción. Todo, mientras otra civilización, pujante y vital, se yergue y teje redes y contactos, todos, por lo pronto, de corte rizomático.


El acuerdo de Glasgow 26 fracasó. Se trata de un paso más en la decadencia de Occidente y el final de esta civilización. De todas las civilizaciones que han existido en la historia de la humanidad, la que menos tiempos habrá vivido. Pero el fracaso del acuerdo de la COP26 también lo es de un modelo en crisis. No el fracaso de la humanidad. Otro tiempo, otra civilización, otras relaciones son posibles, y están emergiendo y consolidándose. n

 

1. Cfr. https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html)
2. Cfr. https://thebulletin.org/2020/01/press-release-it-is-now-100-seconds-to-midnight/).
3. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_de_las_Naciones_Unidas_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico)
4. Cfr. Maldonado, C. E., 2020. Occidente, la civilización que nació enferma. Bogotá: Ed. Desde Abajo.
5. Cfr. https://news.un.org/es/story/2021/11/1499972
6. Cfr. https://www.carbonbrief.org/cop26-key-outcomes-agreed-at-the-un-climate-talks-in-glasgow)
7. Cfr. https://climate.nasa.gov/scientific-consensus/#:~:text=Multiple%20studies%20published%20in%20peer%2Dreviewed%20scientific%20journals1%20show,likely%20due%20to%20human%20activities)
8. Cfr. https://www.science.org.au/education/immunisation-climate-change-genetic-modification/science-climate-change
9. F. Fernández-Armesto, Civilizations. Culture. Ambition, and the Transformation of Nature, New York: A Touchstone Book, 2002; N. Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Madrid: Debate, 2012.
10. R. B. Gill, Las grandes sequías Mayas. Agua, viuda y muerte, México, D.F.: F. C. E., 2008.
11. R. Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 2012; E. Kolbert, La sexta extinción. Una historia nada natural, Barcelona, Crítica, 2019.
12. N. Ferguson, Desastre. Historia y política de las catástrofes, Madrid, Debate, 2021.
13. https://ecoinventos.com/reforestacion-manglares-senegal/
14. https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/ibamos-a-construir-muro-verde-8-000-kilometros-largo-15-ancho-que-fue-gran-proyecto-para-reforestar-africa
15. https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-7-proyectos-de-reforestacion-mas-espectaculares-de-la-historia
16. https://nasaacin.org/trueque-comunitario-realizaron-las-comunidades-indigenas-de-corinto/;https://www.bbc.com/worklife/article/20200821-the-rise-of-bartering-in-a-changed-world
17. “Aprendizajes del distanciamiento para un mundo postpandemia. Las tecnologías y la vida cotidiana”, en: Le Monde diplomatique, octubre, año XIX, Nº 215, pp. 10-11.

 

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Fabio Manosalva, Tu lo reflejas todo Ana!, 50 x 50 cm (Cortesía del autor)

A comienzos de noviembre de 2021 tuvo lugar en la ciudad de Glasgow, Escocia, la reunión por el acuerdo climático COP26. Después de dos semanas de deliberaciones y encuentros se produjo un documento que, según trascendió, es un auténtico fracaso en términos de entendimiento, enfrentamiento a la crisis climática y políticas de compromiso para salvar a la humanidad de los límites irreversibles que la condenan a la desaparición. Estudiemos qué significa el fracaso de ese acuerdo.

La de Glasgow fue la primera reunión sobre temas ambientales de gran alcance después de la crisis del covid-19, y en la antesala a un posible mundo post-covid-19. Esta circunstancia es importante para entender el clima, los retos y los alcances del documento final.

Encuentro de rencillas, cobros y problemas menores


Los primeros días de encuentros entre los así llamados líderes fue un escenario de mentes pequeñas, egos y bajos intereses. Unos se aparecieron sencillamente para salir en la foto; otros se encontraron entre sí para recriminarse por cosas pequeñas: la compra de submarinos, acuerdos pesqueros, reproches y sátiras, resquemores y caprichos. Cualquier cosa menos una mentalidad dispuesta a enfrentar el peligro de los límites planetarios (1) y el reloj de los cien segundos de oportunidad que le quedan la humanidad –“para la media noche”– de acuerdo con los científicos (2).

Supuestamente, los líderes mundiales tienen la capacidad de jalonar al mundo hacia su bienestar. Pues bien: un falso supuesto. La política está hecha de sospechas, alianzas de conveniencia, y mucho interés y poder; para nada altruismo, ética, valores universales, paz y vida. Realpolitik.

Las conferencias sobre el cambio climático no son un proceso improvisado. Se realizan sistemáticamente desde 1995 y siempre la agenda de las siguientes conferencias se anuncia con antelación de suerte que los gobiernos, los Estados, las corporaciones y la sociedad civil se prepare suficientemente (3). En este contexto, lo sucedido en los primeros días, lo acontecido durante todos los días que ocupó esta cumbre, y el documento final acordado, es señal de cualquier cosa menos de inteligencia ambiental.

Hay un hecho contundente inocultable: de acuerdo con numerosas fuentes científicas, la información sobre la crisis climática es clara. Los datos son contundentes acerca de la gravedad del asunto. Pero los políticos, los militares y los empresarios, colocando siempre sus intereses mesquinos por sobre los de la humanidad, se caracterizan por un sistemático desprecio de las evidencias científicas. La política no escucha a la ciencia; en la historia de Occidente, casi nunca lo ha hecho (con la muy notable excepción del Proyecto Manhattan, y todo lo que pivota en su entorno, alrededor del planeta). Se trata de dos mundos paralelos que excepcional-mente llegan a tocarse. Ya lo decía Platón hablando del sueño del rey filósofo: un gobernante sabio sucedería sólo epe keine, en griego; que literalmente significa: de milagro.

Nunca como hoy había sido cierto que la grandeza de los gobernantes se reconoce por su capacidad para afrontar los más altos riesgos y peligros.


Existe, manifiestamente, una profunda, sistémica y sistemática crisis alrededor del mundo. No es este el lugar para juzgar sus razones y orígenes (4). Valga resaltar, en todo caso, que de todas sus expresiones, el calentamiento global y todo lo que él significa –desertificación, contaminación del aire y de las aguas duces, deforestación, extractivismo, pobreza y hambre– constituye la expresión más aguda de todas las crisis.


Se habla de prospectiva, de planeación estratégica, de liderazgo de diversos tipos, de innovación, de desarrollo humano, y otros temas próximos y semejantes: pero esa es sólo palabrería –flatus voccis–, a la hora de emprender acciones reales que protejan a la humanidad y a la biosfera. La política está hecha de palabras hueras. Ayer se alimentó de retórica –desde Aristóteles y Cicerón–; hoy se nutre de noticias falsas (fake news). Un panorama desalentador, según todo parece indicarlo.

El documento final de acuerdo


Desde la conferencia anterior, realizada en Madrid en el 2020 –si no antes– la meta propuesta para la de Glasgow 2021 era el compromiso mundial para contener –¡ni siquiera reducir!– el calentamiento global en 1.5 grados. Pues bien, en blanco y negro no se logró nada al respecto. Así: nada. La declaración final de Naciones Unidas es tibia y desabrida (5), por decir lo menos.


La crisis climática debe ser entendida exactamente en el siguiente sentido. Existe una profunda crisis ambiental cuyos primeros diagnósticos se remontan a los primeros documentos del Club de Roma en 1977 y los años siguientes. La metáfora de la Tierra como una nave a la deriva en el espacio en el que no existe un plan B emergió por ese entonces. No hay un plan B para el planeta Tierra. Estamos aquí, vivimos aquí y si no se hacen bien las cosas pereceremos aquí. En blanco y negro.
Pues bien, en orden de complejidad, la crisis consiste en los siguientes niveles:

• Cambio climático
• Calentamiento global
• Crisis climática
• Catástrofe climática

Actualmente nos encontramos en el tercer nivel. La catástrofe climática será literalmente un punto de no retorno. Significará la muerte de la especie humana y de buena parte de la biosfera. En una palabra: la consumación de la sexta extinción –cuyos orígenes comienzan exactamente en 1776 con el desarrollo de la máquina de Watts, y el subsiguiente desarrollo de la primera revolución industrial–. La media noche del reloj de los últimos 100 segundos apuntan exactamente a la tercera fase de esta realidad. Y es allí también donde se encuentran los límites planetarios del Instituto Stockholm, que la humanidad está a punto de cruzar.


Pues bien, el documento de la Cop26 en Glasgow no aporta ningún paso real significativo de cara a evitar el ahondamiento de la crisis, para no cruzar el umbral hacia la catástrofe climática. La pérdida de la biodiversidad tiene ritmos galopantes; la deforestación del Amazonas, permitida por el gobierno de Bolsonaro, es obra del consumo capitalista; la desertificación de África, China y varios otros países no parecen detenerse para nada; hay otros que han entrado ya en una crisis de aguas, nutrición y pobreza que terminan siendo calificados como: países o economías o estados inviables. Es decir, en el actual estado de cosas no importa qué se haga, nada podrá impedir su hundimiento definitivo. Honduras y Haití en América Latina, Madagascar y los países subsaharianos en África. Al mismo tiempo, el agua dulce se agota alrededor del planeta y los océanos sufren una creciente e imparable acidificación. Un diagnóstico que no se agota aquí y que es pesimista por donde se lo mire. Genéricamente hablando, se trata de una crisis de raíces antropogénicas. Occidente nunca supo vivir bien, y se olvidó del saber vivir, del que sí saben otras culturas, pueblos y civilizaciones.

De manera puntual, los países más ricos del planeta rechazaron la propuesta de reunir 100 billones de dólares para ayuda a los países más desafortunados por la crisis climática (6). La realidad es que el documento de Glasgow apenas sí le apunta a la contención de 1.1 grados centígrados. En términos científicos es un fracaso. 0.4 grados puede sonar irrisoria, pero en las dinámicas de complejidad del medio ambiente es demasiado.


En pocas palabras, el documento final, según ha trascendido a través de diversas fuentes, es un enorme retroceso con respecto a las reuniones de Río de Janeiro, Madrid y París.


La política no atiende ni entiende a la ciencia: diálogo de sordos

Existe un consenso claro, indudable: el 97 por ciento de los científicos, incluyendo dieciocho sociedades científicas, diversas agencias gubernamentales y cuerpos intergubernamentales coinciden en señalar que existe una profunda crisis climática como resultado de las actividades productivas (7). Numerosas fuentes pueden aportarse al respecto. Sobre la crisis ambiental, y en el marco de los cuatro niveles mencionados, la ciencia es contundente. Una parte de la sociedad civil mundial así lo ha entendido. Sin embargo, en las esferas más altas del poder lo que impera es negacionismo. (Paradójicamente se escandalizan con el negacionismo sobre el Holocausto, pero son reacios a ver los hechos de la crisis ambiental).


Existe una ciencia del cambio climático (8). Es decir, hay cualquier cosa menos opinión, puntos de vista y pareceres. Hay datos contundentes, estudios de largas series de tiempo, estudios comparativos, estudios sobre los impactos del cambio climático, y existen robustas simulaciones y modelamientos, significativamente, todos comportan enfoques inter, trans y multidisciplinarios.


Los políticos y la política nada saben al respecto; o nada quieren saber sobre esto, lo que para efectos prácticos da lo mismo. Cabe subrayar esto: una política que responde a los criterios, los valores, las estructuras mentales y los intereses de la civilización occidental nada sabe sobre ciencia de la crisis ambiental.

Ciertamente que el reto de la crisis climática es de una envergadura con la que Occidente jamás se enfrentó antes. Numerosas razones explican la situación, entre ellas, desde luego, el impacto de la globalización. En cualquier caso, en toda la historia de Occidente jamás ninguna estructura mental –la religión, los ejércitos, las empresas, los gobiernos, los Estados– ha entendido un planteamiento de corte sistémico como el que plantea la crisis actual. La historia de Occidente ha sido la del fraccionamiento, la división, la especialización; en una palabra: el análisis.

El punto más crítico al respecto consiste en lo siguiente: los centros de poder no creen en la ciencia, y los científicos no tienen la capacidad decisoria sobre empresas, corporaciones, ejércitos, gobiernos y Estados como el que demanda la sexta extinción en marcha. Un desafío fantástico, agónico.
Ante este estado de cosas: o bien la política debe cambiar, o bien el lenguaje y las capacidades de la ciencia deben transformarse. O ambas cosas. Este es el punto crucial de la crisis civilizatoria.

Crisis climática y crisis civilizatoria

Todas las grandes culturas, pueblos, sociedades y civilizaciones que han desaparecido lo hicieron en consonancia –no necesariamente en términos de causalidad– con una profunda crisis ambiental. Numerosos estudios son esclarecedores al respecto (9). En el espectro de la historia de América Latina, el caso más crítico y estudiado fue el de la súbita y rápida desaparición de la civilización maya como resultado de una crisis en la gestión de aguas dulces (10). Análogamente –sin reduccionismos– a como todo gran levantamiento social está acompañado por profundas crisis alimentarias y hambre, asimismo, todo gran imperio, sociedad, cultura o civilización ha desaparecido en relación estrecha con una profunda e irreversible crisis ambiental. La naturaleza se encuentra en la base de las acciones y los procesos humanos, mucho más de lo que las ciencias sociales han estado acostumbradas a reconocerlo.

Sequías, hambrunas, terremotos, huracanes, tifones, incendios de enormes proporciones son algunos de los desastres, con todo y sus consecuencias, que han acompañado la desaparición de numerosas culturas. Pues bien, el caso de Occidente no tiene por qué ser diferente. Sólo que se trata de un reto de envergadura globalizada. La sexta extinción en masa (11) es, dicho de manera gruesa pero sucinta, la obra misma de la civilización occidental, con todo y sus valores, principios, grandezas y miserias.

Los diagnósticos sobre la crisis civilizatoria son cada vez crecientes y numerosos. Y cada vez hay mayor claridad acerca de la inviabilidad del modo de pensar y de vivir occidentales de cara a la naturaleza y al medio ambiente. Occidente se caracteriza por una mentalidad extractivista, cuyos primeros fundamentos se encuentran tanto en el Génesis –escrito hacia 1470 a.e.v–, como en la Política de Aristóteles (en especial, véase el Libro I). La naturaleza es concebida como un medio para los fines e intereses humanos.

Simple y llanamente, toda gran civilización colapsa cuando es incapaz de vivir acorde a la naturaleza debido a que sitúa al ser humano por fuera y por encima suyo. Así las cosas, una gestión de los asuntos humanos es imposible sin una buena gestión de los asuntos de y con la naturaleza (12). Saber vivir, y vivir bien, son una sola y misma cosa con saber entender a la naturaleza y vivir con ella. Sin posturas elegíacas ni románticas. Nuevamente: esto es pura y buena ciencia.

Sólo que la crisis civilizatoria de Occidente no debe, en absoluto, ser identificada con el final de la humanidad como tal. No existe ninguna relación de causalidad. Veamos.

Políticas ambientales desde abajo


Existen numerosas acciones, planes, programas y políticas alrededor del mundo que van en contravía de los modos de vida, estilos y estándares occidentales. Ante nuestros propios ojos, existe una nueva civilización que está emergiendo. Sencillamente, se trata de una civilización que sabe de vida, algo de lo cual Occidente jamás supo. Occidente siempre supo tan sólo de muerte, sufrimiento, enfermedad y violencia; en todas sus formas.


La fenomenología de una nueva civilización en emergencia es creciente y profusa: Un solo hombre siembra 152 millones de árboles para reforestar manglares en Senegal (13); veinte países trabajan en la reforestación de la Gran Muralla Verde para frenar el crecimiento del Sahara (14); China, Filipinas, India, Corea del sur y México emprenden políticas profundas y radicales de reforestación (15). En numerosos países existen comunidades autogestionarias que han abandonado el crecimiento económico, han apostado por el decrecimiento, tomaron distancia fuerte frente al consumo y el hiperconsumo, y han emprendida prácticas de largo alcance de trueque; el abandono de la moneda, por tanto: se trata de sistemas de economía solidaria (16); en Colombia y en la India, en México y en Francia, por ejemplo.

En otras palabras, hay comunidades enteras que le apuestan a la vida, y no a la muerte, al futuro, y no al pasado (17). Sólo que esta información no aparece en los grandes titulares de las multinacionales de la comunicación. Todo lo contrario. Lo que se vende es desasosiego, pesimismo, entrega, alarmismo y mucho milenarismo. Se trata de un miedo estratégicamente diseñado y programado con el cual logran manejar a grandes multitudes, todas mal informadas o desinformadas.


De manera significativa, por ejemplo, en el futuro inmediato el ecocidio será reconocido por la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad, es decir, como un crimen que no prescribe hasta que sea juzgado, acusado el culpable y resuelto el problema. Se tratará, en el futuro inmediato, del juicio a los causantes de la sexta extinción. Todo, mientras otra civilización, pujante y vital, se yergue y teje redes y contactos, todos, por lo pronto, de corte rizomático.


El acuerdo de Glasgow 26 fracasó. Se trata de un paso más en la decadencia de Occidente y el final de esta civilización. De todas las civilizaciones que han existido en la historia de la humanidad, la que menos tiempos habrá vivido. Pero el fracaso del acuerdo de la COP26 también lo es de un modelo en crisis. No el fracaso de la humanidad. Otro tiempo, otra civilización, otras relaciones son posibles, y están emergiendo y consolidándose. n

 

1. Cfr. https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html)
2. Cfr. https://thebulletin.org/2020/01/press-release-it-is-now-100-seconds-to-midnight/).
3. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_de_las_Naciones_Unidas_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico)
4. Cfr. Maldonado, C. E., 2020. Occidente, la civilización que nació enferma. Bogotá: Ed. Desde Abajo.
5. Cfr. https://news.un.org/es/story/2021/11/1499972
6. Cfr. https://www.carbonbrief.org/cop26-key-outcomes-agreed-at-the-un-climate-talks-in-glasgow)
7. Cfr. https://climate.nasa.gov/scientific-consensus/#:~:text=Multiple%20studies%20published%20in%20peer%2Dreviewed%20scientific%20journals1%20show,likely%20due%20to%20human%20activities)
8. Cfr. https://www.science.org.au/education/immunisation-climate-change-genetic-modification/science-climate-change
9. F. Fernández-Armesto, Civilizations. Culture. Ambition, and the Transformation of Nature, New York: A Touchstone Book, 2002; N. Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Madrid: Debate, 2012.
10. R. B. Gill, Las grandes sequías Mayas. Agua, viuda y muerte, México, D.F.: F. C. E., 2008.
11. R. Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 2012; E. Kolbert, La sexta extinción. Una historia nada natural, Barcelona, Crítica, 2019.
12. N. Ferguson, Desastre. Historia y política de las catástrofes, Madrid, Debate, 2021.
13. https://ecoinventos.com/reforestacion-manglares-senegal/
14. https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/ibamos-a-construir-muro-verde-8-000-kilometros-largo-15-ancho-que-fue-gran-proyecto-para-reforestar-africa
15. https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-7-proyectos-de-reforestacion-mas-espectaculares-de-la-historia
16. https://nasaacin.org/trueque-comunitario-realizaron-las-comunidades-indigenas-de-corinto/;https://www.bbc.com/worklife/article/20200821-the-rise-of-bartering-in-a-changed-world
17. “Aprendizajes del distanciamiento para un mundo postpandemia. Las tecnologías y la vida cotidiana”, en: Le Monde diplomatique, octubre, año XIX, Nº 215, pp. 10-11.

 

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Publicado enColombia
Alivio en Reino Unido por el acuerdo post-Brexit

Tras cuatro años de negociaciones con la Unión Eurpea

El gobierno de Boris Johnson le imprimió una retórica épica de “maravillosa noticia navideña”  mientras que la UE eligió un tono más sobrio. 

 

Alcanzado el 24 de diciembre en tiempo de descuento, el acuerdo post Brexit entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido trajo más alivio que euforia y produjo una reacción de hastío e indiferencia en una población preocupada por esta segunda y tercera ola del coronavirus que asola a Europa. El gobierno de Boris Johnson le imprimió una retórica épica para compensar con una “maravillosa noticia navideña” su desastrosa gestión de la pandemia mientras que la UE eligió un tono más sobrio resaltando que el acuerdo cierra más puertas de las que abre para la relación bilateral.

La letra del acuerdo

El acuerdo consta de 1246 páginas y pone fin a más de cuatro años de negociación luego del referendo británico a favor de abandonar la Unión Europea en 2016. Con más de 800 páginas de anexos y notas, requiere la aprobación del parlamento británico y de las 27 naciones europeas para entrar en vigencia el 1 de enero. A grandes rasgos este será el nuevo marco de la relación:

  • · El Reino Unido abandona el mercado común europeo y la unión aduanera
  • · No habrá barreras arancelarias ni cuotas para el comercio bilateral de bienes, pero habrá controles sanitarios, fitosanitarios y regulatorios que exigirán una montaña de papeleo y requisitos para la exportación e importación.
  • · El sector de servicios perderá el acceso directo, algo especialmente duro para el sector financiero británico.
  • · La pesca se regirá por un régimen especial.
  • · La única frontera terrestre entre ambas partes, la que une a la República de Irlanda (Unión Europea) con Irlanda del Norte (Reino Unido), tendrá también un régimen especial.

Con un tono eufórico, Boris Johnson celebró el acuerdo que, según dijo, le permitiría al Reino Unido recuperar la soberanía según lo votado en el referendo de 2016. “Es un momento de gran alegría porque tenemos un acuerdo que dará certeza a los empresarios y los inversores a partir del 1 de enero”, dijo Johnson.

La evaluación de la UE fue mucho más mesurada. La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen exhortó a “dar una vuelta de página y mirar al futuro”. Pero en su documento “EU-UK Trade and Cooperation Agreeement: a new relationship with big changes”, la comisión resaltó los profundos cambios que experimentará la relación.

En una clara advertencia a cualquier otro miembro del bloque tentado de seguir la vía británica, el documento subraya el impacto que tendrá el fin del libre movimiento de bienes, personas y servicios entre el Reino Unido y la UE. Controles fronterizos, incremento de los costos operativos de las empresas y visas serán algunas de las consecuencias de la salida británica del bloque. El embotellamiento de camiones en el puerto de Dover será la nueva postal de una relación más azarosa e imprevisible. Curiosamente en la evaluación del mismo gobierno británico el PostBrexit, lejos de ser la tierra prometida, tendrá un impacto mayor en la economía y el empleo que el Covid. Según la gubernamental OBR (Office for Budget Responsability) el PBI tendrá una caída del cuatropor ciento a mediano plazo. Por lo pronto la industria pesquera británica puso el grito en el cielo por el impacto que tendrá en este sector que tuvo a la negociación en vilo. “El acuerdo no se acerca ni por asomo a lo que nos corresponde por el derecho internacional. De manera que hay mucha frustración y bronca en la industria”, declaró el CEO de la Federación Nacional de Pescadores, Barrie Deas. El acuerdo contempla mecanismos especiales para casos de incumplimiento de las partes si hay un intento de ganar ventajas competitivas rebajando los estándares laborales, medioambientales y de lucha contra el cambio climático. Esta parte del acuerdo era esencial para la UE que teme el proyecto que anunció el mismo Boris Johnson hace más de un año: la creación de un “Singapur on Thames” para competir con el bloque europeo bajando impuestos y regulaciones. En un intento de evitar esta "competencia desleal" se podrán suspender partes del acuerdo o reintroducir aranceles en un período de entre 20 y 30 días.

La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen citó al poeta T.S. Elliot: “to make an end is to make a beginning”. La aprobación que deberán dar esta semana el parlamento británico y los gobiernos europeo debería ser el "end": el último acto catártico de ambas partes.

En el Reino Unido se esperan fuertes rebeliones para la votación el miércoles tanto entre los conservadores como entre los laboristas, pero con una cómoda mayoría parlamentaria de 80 diputados Boris Johnson no debería tener problemas para aprobarlo. Otra cosa es que el acuerdo termine con la conflictiva relación británica con el continente y la polarización que dividió al Reino Unido entre pro y antieuropeos

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Las claves del Acuerdo de Paz entre Armenia y Azerbaiyán

El acuerdo implica derrota para Armenia ya que pierde el control sobre territorios que había ocupado durante la guerra de 1992-1994. Rusia participó como mediadora y será la encargada de garantizar que se cumpla. 

 

Los gobiernos de Armenia y Azerbaiyán firmaron un Acuerdo de Paz para poner fin a la guerra de 44 días en Nagorno Karabaj. El mismo implica una derrota para  Armenia ya que pierde el control sobre territorios que había ocupado durante la guerra de 1992-1994. Dentro de estos se encuentra la segunda ciudad del enclave, Shushá, ubicada a solo 11 kilómetros de su capital, Stepanakert. Además, Armenia deberá que permitir en su territorio la elaboración de un corredor entre Azerbaiyán y la República Autónoma de Najicheván, ligado a este último país. Rusia participó como mediadora del tratado y será la encargada de garantizar su cumplimiento.

Azerbaiyán se cobró la revancha por la estrepitosa derrota sufrida a manos de Armenia en la guerra por Nagorno Karabaj hace 26 años. En ese entonces Baku había perdido el 20 por ciento de su territorio. Gran parte de estos terrenos los recuperará ahora en virtud del acuerdo firmado entre el presidente azerí, Ilham Alíev, el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y el presidente de Rusia, Vladímir Putin. El tratado contiene nueve puntos donde se estableció un alto al fuego total y el cese de todas las acciones militares en la zona del conflicto. En cuanto a los territorios que deberá devolver el gobierno armenio, cuatro de estos ya habían sido tomados por las fuerzas azeríes durante los 44 días que duró la guerra. Los tres restantes (Agdam, Lachín y Kalbajar) tendrán que ser entregados antes del primero de diciembre.

Además Armenia deberá abrir un paso por su territorio para permitir la comunicación entre Azerbaiyán y uno de sus enclaves en la zona del Caúcaso, Najicheván, situado entre Armenia, Irán y Turquía. La apertura de este corredor tiene una importancia estratégica para el gobierno azerí: además de ofrecerle una vía rápida de transporte de ciudadanos y bienes hacia este lugar, le permite conectarse por tierra con Turquía, su gran aliado en la región. 

Por su parte el gobierno armenio conservará el Corredor de Lachín (de 5 kilómetros de ancho), para garantizarse la conexión con Nagorno Karabaj. Por acuerdo de las partes, en los próximos tres años se determinará un plan de construcción de una nueva ruta para este corredor. La República de Azerbaiyán garantizó la seguridad del tránsito de ciudadanos, vehículos y bienes por el Corredor de Lachín en ambas direcciones.

El pacto también establece que Rusia enviará un contingente de tropas de paz, algo que comenzó a hacer este mismo martes, para garantizar el cumplimiento del cese de los combates y la seguridad de la retirada de los efectivos armenios. Las fuerzas del Kremlin estarán integradas por 1.960 militares con armas ligeras, 90 carros de transporte blindados, 380 automóviles y otro equipamiento especial. El plazo de permanencia del ejército ruso será de cinco años, prorrogables por cinco más si ninguna de las dos partes se opone.

La guerra llegó a su fin luego luego de que en los últimos días las fuerzas azeríes tomaran la estratégica ciudad de Shushá. De esta manera lograron poner en jaque a la capital de Nagorno Karabaj. Ante la inminencia del ataque, el primer ministro armenio propició la firma del tratado. Además afirmó que estaban listos para defender Karabaj, pero la implicación de “Turquía y sus mercenarios" hizo que la situación se tornara insostenible. En Azerbaiyán el tono era muy diferente. "Karabaj es nuestro", "Karabaj es Azerbaiyán" se escuchaba en las calles de Bakú y otras ciudades.

Nagorno Karabaj es un territorio poblado en su mayoría por armenios cristianos. Había logrado su superación de Azerbaiyán, país musulmán chiita de habla turca, en 1991, poco antes de la desintegración de la Unión Soviética. Así comenzó la guerra entre ambos países en 1992, que dejó 30.000 muertos. Esta nueva guerra se habría cobrado 5.000 vidas desde que estallara el 27 de septiembre, según los cálculos del gobierno ruso.

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Machi Celestino Córdova depone huelga de hambre en Chile

Después de más 100 días de huelga de hambre, el representante mapuche suspendió la medida de fuerza al alcanzar un compromiso del gobierno chileno para que se cumplan las demandas de su comunidad.

El Machi Celestino Córdova depuso el martes su huelga de hambre que mantenía por más de 100 días, en los que exigió visitar su Rehue y cumplir parte de su condena en su comunidad, todo esto acorde a la aplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La medida de fuerza que llevan adelante otros 26 prisioneros mapuche sigue en pie.

El acuerdo por el cual el Machi abandonó la huelga de hambre tiene como garante al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y otras instituciones nacionales y extranjeras. Según lo difundido hasta ahora, se acordaron mejorías en la situación carcelaria de los actuales prisioneros políticos y en los estatutos que rigen el régimen penitenciario de población indígena de Chile.

El Subsecretario de Justicia del gobierno chileno, Sebastián Valenzuela Agüero, indicó que “tras su decisión de deponer la huelga de hambre, el Machi Celestino Córdova permanecerá en el hospital intercultural de Nueva Imperial hasta su plena recuperación”. Después de esto, siempre según el funcionario, “puede ser trasladado a un Centro de Educación y Trabajo (CET), desde donde “se autorizará una salida al Rewe”. “Dicha salida –agregó Valenzuela Agüero- podrá extenderse hasta por un máximo de 30 horas y se sujetará a las condiciones impuestas por las autoridades sanitarias y penitenciarias”.

A la firma del acuerdo, asistieron Jan Jarab y Paula Berruti de la ACNUDH (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos); el director nacional del INDH, Sergio Micco; el vicepresidente del Colegio Médico, Patricio Meza, y Enrique Morales, del Departamento de Derechos Humanos de Colmed.

En el acuerdo, se estipuló que los demás comuneros privados de libertad, que se encuentran en huelga de hambre y decidan deponerla, no serán sancionados por Gendarmería. Además, se facilitará la postulación de personas privadas de libertad pertenecientes a pueblos originarios a CET. Finalmente, se entregará una serie de medidas como asistencia espiritual, reinserción laboral y educacional, y accesos a representantes mapuche e insumos de alimentación originarios para los reclusos pertenecientes a pueblos originarios.

Por su parte, Cristina Roma, vocera de Machi Celestino Córdova, aseguró que “no descarta nueva movilización” en caso de no cumplirse el acuerdo. A través de Roma, el Machi entregó un mensaje para su comunidad y todo el país, en el que aseguró que “a pesar de la pandemia, hemos demostrado que somos un pueblo digno, vivo y con disposición a de defender a nuestras autoridades y a nuestra gente”.

La portavoz comunicó que Celestino Córdova explicó que “el Estado ha negado los derechos del pueblo nación mapuche, como de los demás pueblos originarios, y que todavía no ha normado el convenio 169 (de la OIT), poniendo en tensión a los poderes del Estado para que agilicen este aspecto”.

El Machi también hizo un llamado para continuar con el apoyo a “los presos políticos mapuche de las distintas cárceles aún movilizadas”, y enfatizó que “la lucha no ha parado, ni de los presos políticos mapuche y no mapuche, ni del pueblo nación mapuche ni de todos los pueblos oprimidos del mundo”.

La semana pasada, en un video que se viralizó en las redes sociales con su audio, Córdova había anunciado su voluntad de llevar hasta las últimas consecuencias su protesta, sumando una huelga seca a la huelga de hambre. “Lamento mucho que tenga que entregarles mi último mensaje, en mis últimos días que me quedan, para mi sacrificio en forma definitiva, en lo que para mí será un orgullo, dar la vida por mi pueblo mapuche, por nuestra creencia espiritual, que es sagrada por sobre todas las cosas, y a lo que nunca se debe renunciar”, fue el contundente mensaje del Machi.

Conocido el acuerdo, el titular del INDH declaró que el organismo junto al Colegio Médico y a la oficina regional para América Latina de la ACNUDH “nos constituimos como un equipo permanente para que el acuerdo que aquí se ha firmado sea completamente respetado”.

Micco explicó que “en otros diálogos por la región, nos dicen en todas partes ‘bueno, ahí quedó el pacto de Nueva Imperial en 1999, qué pasó con el pacto Reconocemos la Diversidad, qué pasó con la Comisión Asesora Presidencial, qué pasó con el Acuerdo Nacional por la Paz y la Justicia en La Araucanía’. Y la respuesta es que muchas veces fueron palabras y faltó la voluntad de ejecutarlas”.

“El INDH va a mantener su voluntad de prestar sus mejores oficios para lograr que esos acuerdos se respeten –indicó su titular-. Las brechas en materia de derechos humanos se mantienen, no se respetan muchas veces los derechos de participación, los derechos culturales, los derechos lingüísticos de nuestros pueblos indígenas, particularmente, el mapuche. Este solamente es un pequeño paso en la línea de que esos derechos sean plenamente respetados”.

Celestino Córdova es un Machi, que, en la cultura mapuche, es una autoridad espiritual designada por los espíritus y fuerzas de la naturaleza, cuya labor consiste en intermediar entre las distintas dimensiones del universo, a efectos de mantener el equilibrio de las fuerzas existentes. En el ejercicio de esta función, desarrollan la curación de enfermedades, protegen a los territorios de los movimientos naturales, interpretan dichos fenómenos y, en definitiva, establecen la comunicación permanente con los ngen (espíritus-fuerzas sobrenaturales) para lograr la armonía de la vida. Es por ello que son la máxima autoridad religiosa del pueblo mapuche, constituyéndose en pilares culturales, bases fundamentales para la continuidad de la vida.

Los Machi son personas comunes que han sido designadas, no por sus pares, sino por los espíritus de la naturaleza para llevar a cabo su rol. No pueden desconocer dicha labor, pues no es una profesión u oficio que se elija; por el contrario, el reconocimiento de un Machi se convierte en una pesada carga que la persona debe arrastrar durante toda su vida, pues, por el hecho de no aceptarla, puede arriesgar inestabilidad de las fuerzas, que pueden causar estragos como enfermedades o la misma muerte de la persona o sus familiares.

Celestino Córdova se encuentra preso porque la justicia chilena lo condenó por un incendio en la madrugada del 4 de enero de 2013, donde Werner Luchsinger y Vivianne Mackay, un matrimonio terrateniente suizo-chileno, falleció. Córdova fue condenado a 18 años en la penitenciaría de Temuco por supuesta autoría, es decir, por ser eventualmente una persona que cooperó de algún modo o que conocería a quienes estaban en ese momento y causaron el incendio, aunque la causa estuvo plagada de irregularidades y sin pruebas concretas.

20 agosto 2020

 

Publicado originalmente en La tinta

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Un grupo de palestinos sostienen un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. /Mohammed Talatene / Europa Press

ACUERDO ISRAEL Y EAU

Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el tercer país árabe que firma la paz con Israel. Este paso tendrá graves consecuencias para la región, en primer lugar para los palestinos pero también para otros países con guerras calientes. A corto plazo, pierden los islamistas moderados pero en el horizonte se vislumbran oscuros nubarrones beligerantes.

 

La excelente acogida internacional al acuerdo de paz del jueves entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos muestra la miopía con que viven los países occidentales que dicen que buscan la paz pero no hacen nada para conseguirla. Al contrario, esos países colaboran con la ocupación de los territorios palestinos y contribuyen a una permanente inestabilidad que periódicamente tiene consecuencias trágicas para Occidente.

La conflictiva personalidad de los firmantes, el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed (MBZ), el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump, ya es un buen indicio de la naturaleza del acuerdo, dada la aportación de estos tres mandatarios a las crisis de los últimos años, quienes han sentado unas sólidas bases para la inestabilidad futura.

Es difícil decir si el príncipe MBZ se cree lo que ha firmado. Los Emiratos Árabes Unidos aseguran por activa y por pasiva que Israel ha cancelado la prevista anexión del 30 por ciento de la Cisjordania ocupada, y presentan esto como un gran logro. Mirando el documento, nos enteramos de que de que Israel "ha suspendido" la anexión, que no es lo mismo que cancelarla.

De hecho, el primer ministro Netanyahu ha confirmado en dos ocasiones desde el jueves que la anexión procederá en su momento tal como está previsto, puesto que solo depende de la coordinación con Estados Unidos. Es cierto que el presidente Trump ha dicho que la anexión "no está sobre la mesa", pero su embajador en Israel, David Friedman, le ha corregido inmediatamente y ha precisado que la anexión sigue estando "en la agenda".

La ingenuidad de MBZ ha sido una moneda corriente de la que se han servido los dirigentes israelíes desde la más remota antigüedad de la existencia del estado judío. Por poner un ejemplo cercano, a mediados de los años ochenta, el gran Shimon Peres le vendió a Felipe González la moto de que normalizando las relaciones con Israel, España podría jugar un papel importante en la paz.

Con la misma ingenuidad de MBZ, Felipe González se lo creyó y lo proclamó a los cuatro vientos, pero España no pudo concretar ningún progreso de aquella promesa vacía, fuera de hospedar la Conferencia de Madrid de 1991 que solo sirvió para que Israel ganara tiempo y siguiera construyendo a destajo en las colonias judías de los territorios palestinos.

La interpretación que MBZ ha hecho del acuerdo es muy personal. Es dudoso que el príncipe, que con tanta determinación se ha metido en todos los conflictos regionales que ya existían y ha creado unos cuantos más, sea en realidad un ingenuo de tal calibre. Lo más probable es que, como tenía que justificar de alguna manera el paso que da, ha dicho que Israel ha puesto fin a sus planes de anexionarse Cisjordania.

Otros países como Arabia Saudí, Bahrein y Omán, imitarán pronto a los EAU y firmarán acuerdos de paz con Israel, pero se tratará de acuerdos tan gratuitos como el del jueves, puesto que nadie en su sano juicio puede pensar que Israel vaya a "renunciar" a Cisjordania, con sus cientos de miles de colonos judíos, un número que se incrementa a diario.

Los palestinos, lógicamente, han protestado y han condenado el anuncio, pero su gran tragedia es que las autoridades de Ramala son las que más contribuyen a la ocupación. Esta misma semana los medios hebreos han señalado que las fuerzas de seguridad palestinas han reanudado la "coordinación de seguridad" con el ejército israelí y los servicios secretos del Shin Bet para perseguir cualquier disidencia, una coordinación que se interrumpió hace solo unas semanas.

La práctica de "paz a cambio de paz" que Netanyahu proclama, es decir la firma de acuerdos de paz gratuitos y por el mero hecho de lograr la paz, sin ninguna contrapartida, es un mal camino para el conjunto de todo Oriente Próximo. En primer lugar para los palestinos, ya que significa que solo conseguirán un incremento de la represión y el aplastamiento de sus derechos.

Si el príncipe MBZ hubiera querido hacer algo por los palestinos, habría exigido por ejemplo que Netanyahu pusiera fin al apartheid que sufren en sus ciudades y pueblos. Hubiera sido un buen inicio. Pero el mismo jueves que se anunció el acuerdo, los colonos atacaron dos pueblos de Cisjordania rompiendo y quemando bienes palestinos y realizando pintadas racistas. La policía dijo cínicamente que "ha abierto una investigación", un procedimiento que todo el mundo sabe que termina en nada. Los EAU no dijeron ni pío.

La desfachatez del eslogan de "paz a cambio de paz" significa llevar la inestabilidad a toda la región más allá de los palestinos. En los últimos años MBZ se ha convertido en el brazo ejecutor de las políticas israelíes en la zona, algo que le viene como anillo al dedo a Netanyahu, desde Libia a Irán, pasando por Yemen, Turquía Líbano o el bloqueo de Qatar. Y lo más grave es que esas políticas desestabilizadoras, con guerras incluidas, conducirán pronto a una mayor inestabilidad.

La "paz a cambio de la paz" es una frase muy bonita que oculta un horizonte negro, con la que se pretende esconder los problemas reales y borrar del mapa cualquier aspiración islamista por moderada que sea, como si la imposición del secularismo por la fuerza fuera a acabar para siempre con los conflictos de Oriente Próximo, una idea que parecen compartir algunos líderes occidentales, con Emmanuel Macron a la cabeza.

15/08/2020 08:34

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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En Bolivia ya hay fechas para las elecciones presidenciales

Luego de dos postergaciones, se estableció que los comicios serán el 18 de octubre

La medida contó con el apoyo del expresidente Evo Morales, no así con el de la Central Obrera Boliviana (COB), que inició las protestas en rechazo a la última postergación de los comicios

 

La presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez, promulgó este jueves la Ley de Elecciones que determina la fecha definitiva -luego de dos postergaciones- de los comicios presidenciales para el 18 de octubre, casi un año después de que quedaran sin efecto los resultados de la votación de 2019 que llevaron al país a una crisis institucional aún no resuelta.

 “Promulgo esta ley que confirma el 18 de octubre como fecha de la elección”, expresó Áñez durante el anuncio de promulgación de la norma, con la que intenta poner fin a una semana de protestas. “Con la norma se garantizan los comicios, por lo que los movilizados ya no tienen pretextos para bloquear las rutas en señal de protesta”, completó Yerko Núñez, ministro de la Presidencia.

La nueva ley cuenta con el apoyo del expresidente Evo Morales pero no con el de la Central Obrera Boliviana (COB), organización que salió a las calles para manifestar su rechazo a la última postergación de los comicios, que estaban previstos para el 6 de septiembre.

"La Asamblea Legislativa sancionó la ley que garantiza elecciones en Bolivia con un plazo, una fecha límite, definitiva, impostergable, que blinda de posibles chicanas con garantes internacionales; y lo que es más importante: evitará una nueva masacre", publicó Morales en su cuenta de Twitter.

Mientras que, el secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Huarachi, anunció esta tarde que tanto el ente matriz como el Pacto de Unidad, rechazan la nueva ley electoral. "Hoy hemos sufrido una traición, esta ley jamás se ha consensuado con el pueblo boliviano, nunca se nos ha tomado en cuenta", manifestó en conferencia de prensa.

Sancionada la ley, la Cámara de Diputados dejó en manos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) un eventual diálogo con la Central Obrera Boliviana para la resolución de los conflictos.

De concretarse en la fecha prevista por la ley, las elecciones se celebrarán un año después de las que se hicieron en 2019 que, según el gobierno de entonces arrojaron un resultado que aseguraba la reelección de Morales, pero que fue puesto en duda por la oposición que denunció fraude.

A pesar de que tales acusaciones nunca se confirmaron, las elecciones quedaron invalidadas y ante la crisis y clima de protestas que se originó, en noviembre Morales fue obligado a renunciar, tras denunciar un golpe de Estado.

Ese mismo mes y en un Senado sin quorum, Áñez se autoproclamó presidenta y ahora, luego de represiones a grupos sociales y repetidas excusas de postergación electoral, intentará llegar al Gobierno por el voto popular.

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Bolivia realizará las elecciones presidenciales el 6 se septiembre

Acuerdo entre las fuerzas políticas, incluido el MAS, a siete meses del golpe

El Tribunal Supremo Electoral presentará el acuerdo en el Congreso para su aprobación. El presidente del organismo, Salvador Romero, dijo que una vez aprobado propondrán esa fecha para la votación. 

 

Las principales fuerzas políticas de Bolivia, incluido el Movimiento Al Socialismo (MAS), y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) establecieron el 6 de septiembre como fecha límite para realizar las elecciones presidenciales. El acuerdo, que tiene que ser refrendado por el Parlamento, fue presentado por candidatos y miembros del TSE. El presidente del organismo Salvador Romero dijo que una vez aprobada la ley propondrán esa fecha para la realización de los comicios. 

Las elecciones generales estaban previstas para el pasado 3 de mayo. Pero a finales de marzo habían sido aplazadas sin fecha por el gobierno de facto al declarar el estado de emergencia sanitaria por el coronavirus.

El pasado 30 de abril el Parlamento boliviano, donde el partido de Evo Morales tiene mayoría, había promulgado una ley que daba un plazo máximo de noventa días para ir a las urnas. En ese momento la presidente interina Jeanine Áñez se había manifestado en contra de la decisión. Ese plazo se cumpliría el próximo 2 de agosto. Sin embargo esta vez buena parte del arco político boliviano llegó a un acuerdo junto con las autoridades electorales. El mismo quedó rubricado en un proyecto de ley donde se puso como fecha límite para realizar las elecciones el 6 de septiembre. Aún resta que la Asamblea Legislativa apruebe el proyecto que enviará el TSE al Parlamento. Se espera que así ocurra ya que el MAS tiene mayoría en ambas cámaras y formó parte de la elaboración del mismo.

El presidente del TSE declaró que el proyecto de ley acordado es fruto del diálogo entre las ocho candidaturas. “El proyecto prevé la realización de la elección general hasta el domingo 6 de septiembre de 2020. Una vez publicada la ley, el Órgano Electoral fijará ese día como fecha de la elección general a través de una resolución”, indicó Romero. Las declaraciones de los candidatos tras el acuerdo apuntan a que las elecciones se celebrarán ese primer domingo de septiembre.

Bolivia tiene que elegir presidente, vicepresidente, senadores y diputados, después de que fueran anuladas las elecciones de octubre pasado. En ellas Morales había logrado imponerse a Carlos Mesa, el segundo candidato más votado. Pero las denuncias de fraude crearon el caldo de cultivo para lo que luego fue el golpe de Estado. El líder del MAS se exilió en México y desde el 13 de diciembre se encuentra como refugiado político en la Argentina.

Casi todos dieron el sí

En su comparecencia el presidente de TSE estuvo rodeado de varios candidatos. Entre ellos se encontraba Luis Arce Catacora, elegido por el MAS para llegar a la presidencia. "Hemos viabilizado este acuerdo para que podamos tener el cuidado en la salud, en primera instancia, pero también dar la certeza a los bolivanos y bolivianas que este año habrá elecciones, y que se realizarán el 6 de septiembre. Esperamos que el Tribunal tome las decisiones para que esa fecha se cumpla", sostuvo Arce. 

También estuvo presente el candidato de Comunidad Ciudadana y expresidente Carlos Mesa. Por su parte la presidenta interina Jeanine Áñez, candidata por Alianza Juntos, publicó un mensaje en Facebook donde dijo que aceptará la decisión del TSE. Sin embargo pidió al organismo escuchar a los especialistas antes de determinar la fecha de la elección. En contra de la decisión del órgano electoral se manifestó el partido Creemos que lleva como candidato a Luis Fernando Camacho, expresidente del Comité Cívico de Santa Cruz.

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