Viernes, 21 Enero 2022 05:42

Guatemala: ¿25 años de paz?

Guatemala: ¿25 años de paz?

El aniversario del fin de la guerra interna en Guatemala pasó desapercibido. Parte de la ciudadanía prefiere hablar con amarga ironía de los «recuerdos de paz». Las esperanzas de derechos, paz e igualdad se disiparon frente a la corrupción, el neoliberalismo, las redes criminales y un proceso de involución democrática que hoy se extiende por gran parte de Centroamérica.

El 29 de diciembre de 1996 se firmó en el Palacio Nacional de la Cultura el Acuerdo de Paz Firme y Duradera entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Con la suscripción de este documento terminaba una década de negociaciones y se ponía fin a una guerra que tuvo, de acuerdo con la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, un saldo de 200.000 muertos y 50.000 desaparecidos. Aquella tarde de diciembre, miles de guatemaltecos se hicieron presentes en la Plaza de la Constitución para celebrar la finalización del conflicto, festejos que se realizaron también en la mayoría de las ciudades y pueblos que fueron afectados por la violencia, así como en los campamentos insurgentes, donde los combatientes guerrilleros se habían «concentrado» para iniciar su desmovilización.

Un cuarto de siglo después, la fecha pasó casi desapercibida para la mayoría de la ciudadanía guatemalteca. El gobierno realizó un acto desangelado en el Patio de la Paz presidido por el ministro de cultura y al que asistieron mayoritariamente empleados de gobierno; el partido de la antigua insurgencia, ahora denominado Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca-Movimiento Amplio de Izquierda (URNG-MAIZ), publicó un largo comunicado en el que subrayaba la importancia de los acuerdos y las fallas en su cumplimiento, mientras que la plataforma de organizaciones de víctimas realizó una pequeña protesta frente al Palacio Nacional. 

¿Cómo fue la negociación y qué se estableció en los acuerdos de paz?

Los grupos insurgentes aglutinados en la URNG negociaron el fin de la guerra con cuatro gobiernos distintos: Vinicio Cerezo Arévalo (1986-1991), Jorge Serrano Elías (1991-1993), Ramiro de León Carpio (1993-1996) y Alvaro Arzú Irigoyen (1996-2000). Cuando iniciaron los diálogos, América Central era en uno de los últimos escenarios de la Guerra Fría y el gobierno estadounidense estaba obsesionado con contener la «amenaza comunista» en la región. Para 1996, el Muro de Berlín había sido derribado, la Unión Soviética se había desintegrado, los sandinistas habían entregado el poder tras un proceso electoral democrático y las guerrillas salvadoreñas aglutinadas en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) eran ya la segunda fuerza política en el vecino país.

Los cambios en el mundo afectaron a los actores en contienda. Las guerrillas pasaron de pensar el diálogo y negociación como una táctica que les permitiera ganar tiempo para recomponer fuerzas a considerarlo un proceso estratégico que posibilitaría, desde su punto de vista, sentar las bases para la solución de los problemas que causaron la guerra. Para el gobierno, implicó también limitar la militarización del Estado y contener la autonomía del Ejército en asuntos de contrainsurgencia. Para un sector de las elites empresariales, la pacificación vendría a mejorar el «clima de negocios» y atraería nuevas inversiones.

Fue entonces cuando se moldeó una compleja agenda de negociación dividida en temas sustantivos y operativos. Lo sustantivo abordaba los problemas que la sociedad guatemalteca venía arrastrando desde tiempos coloniales y poscoloniales: el racismo, la discriminación y la exclusión de los pueblos indígenas, pero también la concentración de la riqueza y la propiedad, así como la persistencia de la pobreza y la desigualdad. Además, dentro del eje sustantivo se ponía el foco en la militarización del Estado y el predominio del Ejército en asuntos de seguridad ciudadana. Las cuestiones operativas, que fueron colocadas al final de la agenda de negociación, se vinculaban con la desmovilización e incorporación a la legalidad de las unidades guerrilleras. Además, se trataron problemáticas como el retorno de la población refugiada en México y en zonas montañosas y selváticas del país, y el esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos.

Las negociaciones establecieron mecanismos para vincular a las organizaciones de la sociedad civil. Primero, se las incorporó a través de una ronda de diálogos con la insurgencia, que facilitó a las guerrillas encontrar puntos de coincidencia con las organizaciones sociales. Posteriormente, se dio lugar a Asamblea de la Sociedad Civil, espacio en el que por primera vez organizaciones, grupos, y pueblos pudieron dialogar y elaborar propuestas de solución a los problemas del país. La Asamblea produjo documentos de consenso sobre cada uno de las temáticas de la negociación. Aunque no eran vinculantes, estos documentos permitían constatar los alcances reales de cada uno de los acuerdos.

Antes de negociar los temas sustantivos, se suscribieron varios acuerdos enmarcados en la defensa de los derechos humanos. En marzo de 1994, se suscribió el Acuerdo global sobre derechos humanos que entró en vigencia inmediatamente y dio lugar al despliegue de la Misión de Naciones Unidas para Guatemala (MINUGUA), cuya presencia no solo contribuyó a la disminución de las violaciones a los derechos humanos, sino que creó un ambiente propicio para la participación y movilización social. En junio de ese mismo año se firmó el Acuerdo para el reasentamiento de las poblaciones desarraigadas por el enfrentamiento armado, bajo el cual se institucionalizó el retorno organizado y en condiciones dignas de las miles de familias que tuvieron que desplazarse por las campañas contrainsurgentes. También en junio de 1994, se firmó el Acuerdo sobre el Establecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los Derechos Humanos y los Hechos de Violencia que han causado sufrimientos a la población guatemalteca. La discusión de este tema fue compleja, ya que para el gobierno y el Ejército resultaba inaceptable aceptar que se juzgara a los responsables de las violaciones graves y sistemáticas a los derechos humanos ocurridos durante la guerra, mientras que, para las bases de la insurgencia y las organizaciones sociales, esta era una demanda central. En el acuerdo se aceptó crear una comisión de la verdad que no individualizaría responsabilidades ni tendría consecuencias judiciales.

El primer acuerdo sustantivo, Identidad y derechos de los pueblos indígenas, fue el más avanzado, tanto en términos conceptuales como políticos. Firmado en marzo de 1995, este documento reconoció el carácter multiétnico y pluricultural de la sociedad guatemalteca y la identidad de los pueblos maya, xinca y garífuna. A partir de ese acuerdo se alcanzaron una serie de medidas y acciones para el pleno reconocimiento y ejercicio de los derechos culturales y políticos de los pueblos indígenas. Pero para su efectivo cumplimiento se acordó la realización de una reforma constitucional.

A diferencia del resto de los documentos, el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria, firmado en mayo de 1996, fue ambiguo e insuficiente. En esto influyeron varios factores, como la vocación de los mandos guerrilleros de lograr un entendimiento rápido durante el primer año de gobierno del presidente Arzú, así como la presión de los grupos empresariales para que este acuerdo no afectara ni la propiedad ni la estructura tributaria. A esto se sumó la disolución del equipo de asesores de la comandancia insurgente, que no estaba de acuerdo en firmar un documento tan laxo. Con esto se perdió la posibilidad de establecer, por lo menos en el papel, una solución de fondo para cambiar el modelo económico excluyente y concentrado que se mantiene en el país hasta la actualidad.

Finalmente, el Acuerdo sobre Fortalecimiento del poder civil y papel del Ejército en una sociedad democrática, firmado en septiembre de 1996, estableció la reducción efectiva del Ejército, tanto en términos numéricos como de funciones. A su vez, bajo este acuerdo se robustecía a las entidades civiles de seguridad, incluyendo a la Policía Nacional Civil y a los servicios de inteligencia.  Sin embargo, el cambio de atribuciones para el Ejército en materia de seguridad interna requería también de una reforma constitucional. 

Con la suscripción del acuerdo sobre la desmilitarización quedaban pendientes temas que permitirían la desmovilización e incorporación democrática de la insurgencia y afinar los mecanismos de su cumplimiento: cronograma, reformas constitucionales y régimen electoral. Pero, ya en la recta final de la negociación, se dio a conocer que la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) —uno de los grupos integrantes de la URNG— había secuestrado a la matriarca de uno de los principales grupos empresariales del país (la familia Novela, monopolista del cemento) para cobrar un millonario rescate. Dos insurgentes fueron capturados: uno de ellos fue desaparecido y el otro fue intercambiado por la anciana. La negociación fue suspendida y no se reanudó hasta que Rodrigo Asturias Amado (comandante Gaspar Ilom) se retiró de la mesa de negociaciones.  

El secuestro y sus consecuencias afectaron las negociaciones. La URNG llegó debilitada a la discusión de los últimos acuerdos, se rompió la confianza construida entre las partes y la guerra terminaba con la desaparición forzada y el posible asesinato de un combatiente guerrillero. El 29 de diciembre de 1996, se firmó el documento final, con el que se cerraban tres décadas de guerra y se abría una nueva etapa para el país.

¿Qué pasó con los acuerdos?

La implementación de los Acuerdos de Paz llevaba implícitas tres condiciones necesarias para su cumplimiento. La primera era la aprobación de las reformas constitucionales necesarias para ajustar el orden legal y el diseño estatal a lo acordado. La segunda era la decisión gubernamental de invertir recursos políticos, administrativos y financieros para hacer realidad los cambios establecidos. La tercera era que los grupos guerrilleros, convertidos en partido político, lograran tener suficiente fuerza para impulsar desde el Congreso y el Ejecutivo la agenda de la paz.

Ninguna de estas condiciones se cumplió. En mayo de 1999, después de una compleja negociación en el Congreso, se realizó una consulta popular para aprobar las reformas establecidas en los acuerdos. Una coalición de grupos empresariales, denominaciones protestantes y sectores conservadores se movilizaron contra las reformas, particularmente las referidas al reconocimiento de los pueblos maya, xinca y garífuna. Con una campaña de desinformación y miedo, lograron que una mayoría de electores rechazara las reformas. Con esto, se limitaron las posibilidades de cumplimiento del acuerdo.

Por su parte, el gobierno firmante de la paz optó por impulsar un programa de reformas neoliberales que eran contrarias al espíritu y la letra de los acuerdos.  Aunque se creó una secretaría adscrita a la presidencia, se optó por cumplir varios de los compromisos de manera aislada y no de la forma integral en la que originalmente fueron concebidos. Temas clave como la participación indígena a todo nivel, la reforma tributaria progresiva y la ley de desarrollo rural fueron postergadas. Finalmente, después de lograr una votación de 12% en las elecciones de 1999, el partido político de la guerrilla (URNG-MAIZ) entró en una dinámica de pugnas internas que lo llevó a una votación y una presencia política marginal, de entre 2% y 4% de los votos, que limitó su capacidad de influencia.

Sin embargo, tanto el proceso como los acuerdos de paz produjeron una serie de transformaciones que fueron liderados por las organizaciones de la sociedad civil y los pueblos indígenas. Y, por supuesto, la propia finalización de la guerra terminó con la violencia política como práctica institucional, la proscripción política por razones ideológicas y posibilitó la desmovilización e incorporación de los insurgentes sin que se dieran venganzas ni el rearme de ex-combatientes.

En relación a los derechos de los pueblos indígenas, la irrupción del movimiento maya en la década de1990, la suscripción del acuerdo y la continuidad de las organizaciones y autoridades indígenas han posibilitado un cambio en la forma en la que se concibe el país y la sociedad. Hoy, Guatemala se reconoce como un país plural. Pese a que persiste el racismo, este no solo es rechazado, sino perseguido y sancionado por entidades públicas que se crearon como resultado de los acuerdos. Ahora bien, la población indígena continúa siendo excluida en términos económicos y sociales, y la persistencia del Estado monoétnico y el fracaso de la reforma constitucional han contribuido a que la demanda por una Asamblea Nacional Constituyente Plurinacional sea asumida hoy no solo por los pueblos y organizaciones indígenas, sino por buena parte de las organizaciones sociales y partidos políticos progresistas. Por su parte, pese a que no existió un acuerdo específico sobre los derechos de las mujeres, las organizaciones de mujeres organizadas en la Asamblea de la Sociedad Civil lograron articular un fuerte movimiento que ha logrado cambios en la estatalidad y las políticas públicas, así como en la construcción de una agenda en favor de la plena igualdad.

En cuanto a la justicia transicional, a pesar de que el propio Acuerdo de paz firme y duradera establecía una nueva amnistía para los involucrados en la guerra, las asociaciones de víctimas, las organizaciones de derechos humanos y las agrupaciones de abogados continuaron trabajando para alcanzar justicia. En los últimos 25 años se han impulsado juicios contra miembros del alto mando militar que han sido condenados por crímenes de lesa humanidad. 

Como se señaló, el acuerdo sobre aspectos socioeconómicos fue el más limitado y el que menos resultados tuvo. En el documento suscrito, se planteaba que Guatemala alcanzara una carga tributaria de apenas 12% del PIB. En la última década, el promedio de la carga tributaria ha sido de 10% y cada intento de reforma ha sido bloqueado y limitado por los grupos empresariales que en este tema continúan teniendo poder de veto. Otro de los desafíos, el de la situación agraria, ha tendido a deteriorarse, tanto por el proceso de reconcentración de la tierra asociada a la expansión de monocultivos, como por la profundización del empobrecimiento en las zonas rurales.

En cuanto al papel del Ejército, aunque este efectivamente se redujo, las redes de militares en situación de retiro han seguido articuladas e influyendo en el proceso político. Ya en el acuerdo de derechos humanos, se mencionó la necesidad de identificar y desarticular a los denominados Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CIACS), estructuras formadas en la contrainsurgencia que anidaron en varias instituciones del Estado (aduanas, finanzas, entidades de seguridad) y que se asociaron con estructuras de crimen organizado y mutaron a lo que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) denominó «redes políticas y económicas ilícitas (RPEI)». 

Estas redes, formadas por militares en activo y situación de retiro, pero también por políticos y funcionarios, así como por empresarios y grupos criminales propiamente dichos, fueron ampliando su influencia y control sobre las instituciones del Estado para beneficiarse económicamente de este y garantizarse impunidad. Con el gobierno del general retirado y firmante de la paz Otto Pérez Molina (2011-2015), estas redes lograron el control del Ejecutivo, la subordinación mediante sobornos de parte del Legislativo y el control parcial del sistema de justicia. La acción de la CICIG y la movilización ciudadana de 2015 contra esas estructuras, provocaron la renuncia y encarcelamiento de los más altos funcionarios del Ejecutivo.

Los gobiernos sucesivos, encabezados por Jimmy Morales (2016-2020) y Alejandro Giammattei, actualmente en el poder, fueron electos con el apoyo y la participación directa de estas redes. Morales se encargó de limitar el trabajo y terminar con el mandato de la CICIG, mientras que Giammattei facilitó el pleno control del Estado por parte de estas estructuras. Hoy, los tres poderes del Estado son parte de la coalición conocida como «pacto de corruptos». Instituciones que resultaron claves en la lucha contra la impunidad como la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público fueron finalmente cooptadas por estas redes.

Esto ha implicado retrocesos tanto para el Estado de derecho como para el respeto de los derechos humanos. Una de las decisiones del actual presidente fue desmantelar las entidades públicas que fueron creadas para acompañar el cumplimiento de los acuerdos de paz: la Secretaría de la Paz, el Consejo Nacional de los Acuerdos de Paz y el Programa Nacional de Resarcimiento, entre otras. Las amenazas contra periodistas, defensores de derechos humanos, opositores y voces independientes han aumentado, incluidas acciones de criminalización y el asesinato de defensores del territorio. En el Congreso de la República se discuten abiertamente iniciativas «antiderechos» y los actores conservadores sigan apelando al discurso anticomunista para descalificar al campo progresista.

De este modo, no es extraño que irónicamente se haga referencia a los «recuerdos de paz» y no a los acuerdos. 25 años después de su firma, Guatemala está en un proceso de involución democrática, la deriva autoritaria que enfrentan otros países de la región está presente en el país y el control que las redes criminales tienen sobre el Estado y sus instituciones eleva el peligro. Frente a esto, las autoridades ancestrales de los pueblos indígenas han asumido un liderazgo nacional que puede contener al autoritarismo e impulsar un proceso de reformas que actualicen y profundicen la agenda esbozada por los acuerdos de paz.

Publicado enInternacional
Herbert Cruz, A la deriva, (Cortesía del autor)

“¿Dónde está pues este tesoro?
Ninguna losa suena a hueco”
Madre Ubu (personaje de la obra Ubu Rey,
de Alfred Jarry)

 

En alocución televisada por los canales oficiales, Richard Nixon, más conocido como Tricky Dick (el tramposo Dick), en su condición de presidente de Estados Unidos anunció, en la noche del domingo 15 de agosto de 1971, que había dado la orden al Secretario del Tesoro de “suspender temporalmente la convertibilidad del oro y otros activos de reserva” rompiendo, con esa decisión, de forma unilateral los acuerdos de Bretton Woods –que obligaban a mantener un cambio fijo de 35 dólares por onza de oro–, para poder esquivar el pago de las deudas en moneda dura y ofrecer en su lugar papelitos verdes emitidos por la Reserva Federal. Estados Unidos daba inicio, de esa forma, a una dictadura financiera que completa medio siglo. Además de las medidas sobre la moneda, el Nixon shock –como fue conocido el paquete económico–, congeló los precios y los salarios por noventa días, e impuso aranceles del 10 por ciento a las importaciones, iniciándose un período de austeridad que puede considerarse como el principio del fin del llamado Estado del Bienestar y el preámbulo de la era neoliberal.


La alocución de Nixon ese 15 de agosto no era la primera que sorprendía al mundo, pues el 15 de julio de ese mismo año había anunciado, también por la televisión oficial, que no sólo estaba invitado a la República Popular de China, sino que había aceptado, ocultando que la invitación fue inducida por iniciativa de su gobierno. La negociación de la visita fue fraguada en un viaje secreto que el Asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, realizó a Beijing los días 9 y 10 de julio, luego de un viaje fingido a Pakistán de donde partió sigilosamente a China.


Tricky Dick llegó a la nación asiática en febrero de 1972, ante un mundo asombrado porque un presidente republicano, que además había hecho parte del equipo de Joseph Raymond McCarthy –el senador que realizó una verdadera caza de brujas contra artistas y pensadores críticos en una supuesta lucha contra el comunismo– buscaba cercanía con la China comunista liderada por Mao Tse Tung. Ganar un aliado estratégico en la Guerra Fría que los EU libraba con la Unión Soviética fue el objetivo central de la visita, aprovechando que los dos gigantes del llamado socialismo real estaban enfrentados desde la década del sesenta. Lejos estaba Nixon de imaginarse que la nueva alianza sería el dardo estimulante que despertó al gigante asiático de un letargo de más de doscientos años y que medio siglo después de su viaje el nuevo “socio” contendería por la primacía mundial.


La publicación en 1971 de tres textos que unirían la naciente disciplina de la ecología con la economía y la sociología: Ambiente, poder y sociedad, de Howard T. Odum; El círculo que se cierra: naturaleza, hombre y tecnología, de Barry Commoner, y La ley de la entropía y el proceso económico, de Nicholas Geogescu-Roegen, pese a ser un hecho mucho menos mediático que los anteriores, acabaría de marcar ese año como un real parteaguas histórico. Fue el campanazo de alerta inicial que, desde las cimas de la academia, alertó sobre la amenaza que el consumismo capitalista representa para la subsistencia de la especie humana en particular, y en general sobre la vida del planeta tal y como la conocemos.


El uso masivo de recursos no renovables en el actual estilo de vida condujo a la aplicación del concepto de entropía al proceso social y a señalar que un crecimiento material infinito es imposible en un planeta finito. Conclusión que cincuenta años después sigue esquivada por la visión ortodoxa y convencional de los estudios económicos, que continúan sin considerar los límites físicos del planeta. El negacionismo de hechos que las disciplinas científicas prueban, es demostración de la lógica del avestruz que los poderes fácticos, en los diferentes órdenes sociales, asumen acerca de la disfuncionalidad de un sistema que acelera el holocausto colectivo de la especie humana. Por último, debe recordarse que Disney World abrió sus puertas el primero de octubre de 1971, dando inicio a la creencia que los espectadores podían hacer parte activa de la ficción del celuloide, en un paso adicional, nada despreciable, en el proceso de infantilización de las masas que la sociedad del espectáculo empezó a extender desde la segunda década del siglo XX.


El dólar-centrismo inaugurado con la ruptura del tratado de Bretton Woods, transfigurado en dictadura financiera mundial; la tensión estructural surgida del reto a la unipolaridad y al predominio imperial de EU que el fortalecimiento económico y militar chino representa –y que algunos cobijan con el apelativo de la “trampa de tucídides”, aludiendo a que los temores de una potencia en decadencia, cuando ve amenazada su superioridad, puede recurrir a una guerra en toda regla– y, por último, la comprobación que nos encontramos en el antropoceno, pues efectos sobre la biota como las extinciones masivas de especies y los cambios extremos en el ambiente, son en verdad resultado de la acción humana, constituyen en conjunto, una totalidad amenazante cuyo desarrollo tuvo su punto de inicio en 1971.


Un conjunto de sucesos de especial significado que permiten interrogar, ¿Por qué la conformación de ese mundo material del postmodernismo, que está cumpliendo medio siglo, no es objeto de conmemoraciones y debates? Quizá, mirarse en esa realidad no devuelve una imagen agradable y tranquilizadora, pues niega el optimismo propio del desarrollismo y el cientificismo, que son aristas de la más rancia cosmovisión capitalista. Pero, sea como sea, lo cierto es que 1971 fue un verdadero año bisagra y que Nixon, Dick el tramposo, es de lejos el presidente que realmente simboliza el establecimiento norteamericano, pues refrendó que ese Estado no tiene amigos sino intereses, y que el incumplimiento de lo firmado y la felonía son normas corrientes en el comportamiento del imperio anglosajón.


Parasitismo y dilema de Triffin


El acuerdo de Bretton Woods adoptó el dólar como moneda de referencia en el comercio internacional, pues la posición inglesa, representada por J.M. Keynes, que abogaba por la creación del Bancor, una moneda resultante de una canasta de las principales divisas, fue derrotada. El inicio del dólar-centrismo, hijo de los acuerdos de la segunda postguerra –luego del mencionado fin de la convertibilidad en 1971–, acabó en una verdadera dictadura monetaria, pues la creación de liquidez mundial fue monopolizada por una nación. Por primera vez la supranacionalidad de la divisa aceptada en los pagos del comercio internacional, y que por muchos siglos representó el oro, fue eliminada dando lugar al “privilegio exorbitante” que por medio siglo ha disfrutado EU.


Además de haber salido casi indemne de la Segunda Guerra Mundial, EU pudo imponerse en Bretton Woods por la cantidad de oro que poseía como reserva, que al finalizar el conflicto sumaban 21.582 toneladas que constituían el 75 por ciento de las reservas del metal en el mundo, quince años más tarde descendieron a 15.821 y en 1971 eran tan sólo 8.500. La emisión creciente de dólares deja de corresponderse, entonces, en un grado cada vez mayor con la existencia del metal que la respalda, dando paso a la sobrevaloración de la moneda y a una desconfianza creciente en la divisa, que es lo que obliga a eliminar la convertibilidad, y a dejar el respaldo del dólar en el abrumador poder militar que detenta EU.


El déficit comercial norteamericano de 1971 fue el primero del siglo XX en esa nación, y corroboró la anticipación que el economista de origen belga, Robert Triffin, hizo en su libro El oro y la crisis del dólar: el futuro de la convertibilidad, publicado en 1960, y en el que mostraba que mantener la liquidez mundial obligaría a EU a entrar en déficits comerciales permanentes, pues la circulación continua de dólares por fuera de la frontera sólo es posible si ese país compra más de lo que vende. Esta paradoja, conocida como el dilema de Triffin, le da al imperio del norte poder gratuito de compra que el estadista francés, Charles De Gaulle, uno de los críticos más acerbos de ese privilegio, denominó “el derecho de seignoraje”.


Una prebenda que sin embargo tiene su lado oscuro, pues tanto la necesidad de incurrir en déficits comerciales crónicos, como la capacidad de un poder adquisitivo tan amplio, condujo a un proceso de desindustrialización acelerado a partir de la última década del siglo XX, como consecuencia de la deslocalización de una parte muy importante del parque industrial hacía China. El privilegio de poseer la llave de la liquidez mundial en los siglos XVI y XVII extinguió al imperio español, pues la desmedida capacidad de compra estimuló la adquisición de bienes fabricados afuera y desestimuló la producción interna, dando lugar a un rezago marcado en el proceso de industrialización que debilitó su poder material. Estados Unidos, al deslocalizar su industria engendró a quien hoy le disputa la primacía.


El déficit comercial que equivalía a menos del uno por ciento del PIB a comienzos de los setenta alcanza su máximo valor en 2005 cuando representó el 6 por ciento, para descender luego a valores que fluctúan alrededor del 3 por ciento. El consumo de los hogares, que hace medio siglo era el 62 por ciento del PIB, en la actualidad representa el 68 con un fuerte componente de bienes comprados en el exterior, que lo convierten en el principal importador del mundo.


Además, como apuntan Gérard Dumenil y Dominique Lévy, debe señalarse la “[…] sorprendente divergencia entre el inventario de activos externos en propiedad de los Estados Unidos y activos estadounidenses en poder de foráneos [..]”. Pues si bien “El crecimiento simultáneo de las dos variables es un efecto de las tendencias subyacentes de la globalización financiera predominante durante estos años, en el caso de los Estados Unidos este movimiento se ve altamente sesgado en favor del resto del mundo, ya que los extranjeros adquirieron gradualmente más activos en Estados Unidos que los agentes estadunidenses activos en el extranjero” (1). La deslocalización de las industrias tuvo un doble efecto negativo, de un lado, la perdida de trabajos cualificados contribuyó al descenso de los salarios obligando a las familias a recurrir al endeudamiento permanente y, del otro, no sólo transfirió tecnología sino que engendró países superavitarios que como grandes acumuladores de reservas han ido adquiriendo activos en Norteamérica, como lo destacan Dumenil y Levy.


La relación simbiótica entre una demanda inducida de bienes del resto del mundo por parte de las familias norteamericanas y el suministro de liquidez mundial, exacerbó el consumismo propio del capitalismo, que para obviar el descenso de los salarios instituyó una economía de deuda generalizada y orientó el consumo hacía los grupos de mayores ingresos. La deuda de las familias norteamericanas en relación con los ingresos corrientes es del 120 por ciento, y en Gran Bretaña del 140, siendo las acreencias más importantes las hipotecarias y las de los bienes durables seguidas, con un peso creciente, por las correspondientes a la educación superior que en EU suman 1,6 billones de dólares y afectan a 44 millones de personas.


El endeudamiento endémico es un instrumento del poder, instituido de forma preferente en esta nueva fase del capital tal y como el sociólogo italiano Maurizio Lazzarato muestra: “La moneda-deuda fue el arma estratégica de destrucción del fordismo y de la creación de los perfiles de un nuevo orden capitalista mundial” (2), en el que la radical asimetría existente entre acreedor y deudor es usada como forma acentuada de sometimiento.


Un instrumento que Deleuze y Guattari ya lo habían percibido y consigado en su Anti-edipo: “La deuda se convierte en deuda de existencia, deuda de existencia de los sujetos mismos. Llega el tiempo en que el acreedor todavía no ha prestado mientras el deudor no deja de devolver, porque devolver es un deber pero prestar es una facultad, como en la canción de Lewis Carroll, la larga canción de la deuda infinita: «Un hombre puede, está claro, exigir lo que se le debe/ pero cuando se trata de prestar/ puede, está claro,/ elegir el momento que le convenga»” (3).


La relación acreedor-deudor quedó sobrepuesta a la de capitalista-trabajador y revela una dependencia adicional y despersonalizada que refuerza los lazos invisibles que atan al subordinado a la creciente presencia de lo abstracto y convierte al agente dominante en un ente que está más allá y con el que la interlocución no sólo es, en el mejor de los casos, mediada, sino absolutamente discrecional. El deudor no puede hacer huelga de brazos caídos al Banco porque el juez actúa sin apelaciones contra él, amparado y obligado por el poder estatal. La desregulación de las relaciones entre trabajo y capital está detrás de la volatilidad y fugacidad del entorno social y económico de los trabajadores, que al ser desanclados de colectivos como los sindicatos son des-socializados y debilitados frente a los factores de poder, limitándose las reacciones esperadas frente a la creciente retracción de sus espacios y derechos.


La relación deuda-acreedor entre Estados-Nación tiene ya manifestaciones análogas. El caso de Grecia en el 2009 cuando el gobierno de turno intentó ocultar su deuda, con complicidad de Goldman Sachs, y los efectos cuando el truco contable fue descubierto, es un caso ejemplarizante de la pérdida total de autonomía no sólo cuando las deudas no pueden saldarse sino por el simple hecho de adquirirlas. Pérdida de autonomía inscrita en la lógica misma de la globalización y reflejada en el recorte de los grados de libertad de los Estados que son presa de los condicionamientos cada vez más exigentes en sus solicitudes de financiación o en la adquisición de ciertos productos que los países dominantes consideran estratégicos. Incluso los Estados Unidos han visto limitadas sus posibilidades de acción por su grado de dependencia de productos fabricados en el exterior.


David Harvey llamaba la atención, en fecha tan temprana como 2003, sobre los riesgos para los EU de su dependencia de los chips producidos en el lejano oriente (4). teniendo en cuenta que hasta el complejo militar-industrial está supeditado a estos insumos importados. Y no fue necesaria una guerra entre la isla y China continental para que el suministro de chips desatará una crisis de producción en los países del centro capitalista, pues el aumento abrupto de la demanda de ordenadores y teléfonos personales por efecto de la obligatoriedad del teletrabajo y las clases virtuales como consecuencia de la pandemia del covid 19, desbordó la capacidad de producción de microprocesadores cuya fabricación está concentrada en la empresa taiwanesa Tsmc (54%) y la coreana Samsung (17%) que lideran de lejos la oferta de ese producto.


Una realidad con efectos concretos. La casi parálisis de la industria automotriz por falta de chips –que tan sólo para China puede representar una disminución en la producción de un cuarto de millón de autos– ha llevado tanto a EU como a China a replantearse la necesidad del autoabastecimiento y a reforzar el renaciente nacionalismo económico. La crisis de los chips tiene un condimento adicional como quiera que la contracción en la producción ha estado agravada por la sequía sufrida por Taiwán, dado que la producción de semiconductores es intensiva en el uso de agua, pues una fábrica promedio utiliza entre ocho y catorce millones de litros diarios de agua ultra-pura en los procesos de esterilización. Esto desmiente el mito de que la virtualidad y las nuevas tecnologías desmaterializan la sociedad, disminuyen nuestra dependencia de la naturaleza y reducen los efectos ambientales negativos. La entropía de la base material en el antropoceno, como lo previó Georgescu-Roegen, sigue su recorrido.


La acelerada marcha hacía lo incierto


La introducción de la noción de entropía en la explicación del proceso de reproducción material de la humanidad, que Georgescu-Roegen hizo en su obra de 1971, abrió paso a argumentos críticos contra el hiper-consumismo del capitalismo qué, pese a cierta aceptación, están aún lejos de convertirse en consciencia planetaria. La distinción que el pensador rumano hace entre reversible, irreversible e irrevocable, definiendo esto último como “[…] procesos que no pueden pasar por un estado determinado más que una sola vez” (5), llevó al experimento mental de pensar que en el largo plazo, incluso si la población y el consumo fueran estabilizados, dada la dependencia de los seres humanos de recursos no renovables, era absurdo considerar infinita la existencia de la especie humana en un planeta finito.


Un año después de publicada su obra magna, en la serie de conferencias organizadas por la Universidad de Yale, a raíz de la publicación en 1972 del estudio del MIT Los límites del crecimiento, Georgescu-Roegen leyó la ponencia Energía y mitos económicos, en la que frente a las descalificaciones por parte de los defensores del establecimiento de la idea de “límites de la humanidad”, que los estudios pioneros sobre la degradación ambiental habían formulado, afirmó: “Algunos defensores nos han instado a tener fe en la especie humana: tal fe triunfará sobre todas las limitaciones. Pero ni la fe ni la certeza de algunos famosos catedráticos podría alterar el hecho de que, de acuerdo con la ley básica de la termodinámica, la dotación energética de la humanidad es finita. Aún si se estuviera inclinado a creer en la posible refutación de estos principios en el futuro, no se debe actuar con esa fe ahora” (6).


Esta última recomendación, inscrita en el principio de precaución, que el ambientalismo propugna pero que el capital burla, y pese a informes como el publicado recientemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Ipcc) –elaborado por 234 autores de 66 países, y que tuvo como una de sus fuentes análisis consignados en 14 mil artículos científicos–, en el que queda confirmada la causalidad antrópica en la alteración del clima y no deja dudas que las consecuencias serán devastadoras para la humanidad, las respuestas que amerita el tamaño del problema no aparecen. Las previsiones, entre otros muchos efectos, de la elevación del nivel de los mares y el aumento y concentración de las precipitaciones en períodos muy cortos de tiempo, que garantiza frecuentes inundaciones, ya empiezan a ser realidad, pero las reacciones son poco trascendentes. Debe entenderse, cuanto antes mejor, que teñir de verde el capitalismo no pasa de ser un placebo que no elimina su insostenibilidad.


Las previsiones del Centro de Investigación Económica y de Negocios, institución británica, que anticipa para 2028 la ascensión de China como primera potencia económica mundial, agrega otra perturbación sísmica a la ya de por si alterada estructura del sistema-mundo. Si las metas chinas buscan alcanzar el consumo de Occidente, los desequilibrios materiales serán aún más acelerados. Continuar, por ejemplo, con los ritmos actuales de la obsolescencia programada significa un suicidio colectivo, y las multinacionales tecnológicas chinas parecen seguir el ritmo de las occidentales en su lucha por los mercados, lo que no augura nada halagüeño.


La primacía del gigante asiático significa, además, el fin del dólar como moneda exclusiva de los intercambios internacionales, pues el yuan ocupará buena parte de su espacio como moneda de reserva, a lo que debe agregarse la irrupción de las criptomonedas que al posibilitar los intercambios de valor de forma instantánea y a costos muy bajos, por ser descentralizadas, para el tenedor no requieren de bancarización. Los bancos centrales también prueban el desarrollo de monedas digitales, en lo que China ha avanzado más que las otras grandes economías con la implementación gradual de su e-RMB.


Son todos estos hechos que obligan a pensar que el mundo iniciado en 1971 y que tuvo su techo con el dominio unipolar de Estados Unidos, desde 1990 está resquebrajándose, por lo que el riesgo de que caiga en la trampa de Tucídides y quiera sostener su predominio por la fuerza de las armas no puede descartarse, como tampoco que los efectos de cascada del daño ambiental detonen anticipadamente fenómenos impensables que desestructuren radicalmente las formas espaciales y su ocupación. Quizá el imperio de mayor fortaleza material que haya visto la historia humana pueda ser, a su vez, el de menor duración. Una caída estrepitosa no será inocua para los demás paises y puede llevar al colapso buena parte del mundo conocido, pero la probabilidad del suceso no parece despertar suficiente inquietud.


La sociedad del riesgo global como denominó el sociólogo alemán Ulrich Beck a la situación actual y que tiene, al parecer, en la inseguridad endémica su rasgo distintivo, ¿es tan imprevisible como algunos piensan? ¿no puede la acción colectiva direccionar la creación de un futuro diferente? Quizá lo primero sea forjar una representación más precisa del sistema-mundo en su actual condición, acompañada de una apropiación amplia que por entender las amenazas reales que rodean al colectivo conduzcan al convencimiento de que la acción política es hoy una obligación de todos.

1. Gérard Dumenil y Dominique Levy, La crisis del neoliberalismo, Lengua de Trapo, p. 181
2. Maurizio Lazzarato, La fábrica del hombre endeudado: ensayo sobre la condición neoliberal, p. 85
3. Citados por Lazzarato, Ibídem., p. 85
4. “La dependencia de la producción (y los servicios) efectuada en el extranjero conlleva cierto riesgo porque exige una notable estabilidad geopolítica o la capacidad de Estado Unidos para aplastar militarmente los eventuales disturbios y conmociones en otros países. Por ejemplo si estallara un conflicto militar entre China y Taiwán, ¿qué le sucedería a la oferta de artículos industriales en el mercado estadounidense? Hasta el complejo militar-industrial depende del este y sureste de Asia en cuanto a los chips para ordenador” (David Harvey, El nuevo imperialismo, Akal, p. 14
5. Nicholas Georgescu-Roegen, La ley de la entropía y el proceso económico”, Argrntaria-Visor, p. 258
6. Nicholas Georgescu-Roegen, Energía y mitos económicos, Trimestre económico, 42 (168(4)), p. 804
* Integrante del Consejo de redacción Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin –que culpa a Washington de ser responsable de la tensión en Europa–, durante una reunión con militares, ayer en Moscú.Foto Ap

Un doble ominoso espectro redivivo planea en el Kremlin: la redición de la crisis de los misiles en Cuba de 1962 y el grave error del cándido Gorbachov por no rubricar las "garantías orales (sic)" para frenar el irredentismo bélico de EU/OTAN a cambio de la unificación alemana y su ingreso a la OTAN, así como el de Polonia y los tres países bálticos (https://bit.ly/3eaKGNE).

Tras los borradores de los tratados de EU y la OTAN con Rusia, que analiza Biden para su respuesta, el mundo ha entrado a una interfase sumamente delicada que definirá el nuevo orden mundial del siglo XXI, con su mayor aplicación en Europa, como teatro de batalla global de las dos máximas superpotencias nucleares del planeta (https://bit.ly/3Jk6pRE).

Hoy la pelota se encuentra del lado de Biden, de quien depende la suprema decisión del devenir de Europa, en general, y de Ucrania, en particular. La gravedad de la situación se ha gangrenado por los temerarios cuan intransigentes aliados de EU/Ucrania en los países bálticos y Polonia, los cuales no parecen, a su cuenta y riesgo, percibir las "líneas rojas" de Rusia que no está dispuesta a admitir la provocativa incrustación de Ucrania en la OTAN, que finalmente es un instrumento desechable de la política exterior de EU, cuando Biden sufre poderosos embates domésticos: desde el fracaso de su política migratoria, pasando por la erosiva hiperinflación, hasta la falta de cohesión en su Partido Demócrata frente al retorno del trumpismo y la nueva variante del Covid-19.

Putin culpó a EU de ser responsable de la tensión en Europa y señaló estar harto de la manipulación occidental del derecho internacional: “cuando el derecho internacional y la carta de la ONU les molesta, lo declaran todo obsoleto, innecesario. Y cuando algo conviene a sus intereses, se remiten inmediatamente a las normas del derecho internacional, la carta de la ONU, los derechos humanitarios internacionales, etcétera. Estamos cansados de estas manipulaciones (https://bit.ly/3EfVLHB)”.

Más que nada, Putin sentenció que Rusia está muy preocupada por el despliegue de elementos del sistema global de defensa antimisiles de EU cerca de sus fronteras, por lo que instó a Biden lograr "acuerdos jurídicos" respecto a las garantías de seguridad –que, a mi juicio, no supo exigir el cándido Gorbachov cuando Ronald Reagan, Daddy Bush y Bill Clinton no se agotaron de burlarse tanto el marido de Raisa Maksímovna Titorenko como del desentonado Boris Yeltsin.

El problema con EU, sea el presidente que fuere de cualquier sigla partidista, es que, cuando no respeta sus tratados, se retira de ellos a conveniencia, como han sido los casos flagrantes, en orden jerárquico, del Tratado Antibalístico Misilístico (ABM, por sus siglas en inglés) pisoteado por Baby Bush (https://bit.ly/3egiV69) –que, a mi juicio, provocó las tensiones presentes como efecto de largo plazo–, los protocolos ambientales de Kyoto despreciados por Clinton, y el acuerdo del contencioso nuclear con Irán renegado por Trump.

Putin afirmó "tener derecho a tomar medidas para garantizar la seguridad y la soberanía de Rusia", ya que el avance de la OTAN en Ucrania permitirá que el tiempo de vuelo de sus misiles sea entre siete y 10 minutos, frente a las armas hipersónicas de Rusia que tardarán cinco minutos. Putin rememoró que este año entraron en servicio operativo los misiles hipersónicos rusos Avangard y Kinzhal y advirtió en forma severa que "en caso de que Occidente continúe su política descaradamente agresiva, vamos a tomar en respuesta unas medidas técnico-militares adecuadas, y en caso de pasos inamistosos daremos una reacción severa.Quiero subrayar que tenemos el pleno derecho a hacerlo, a tomar medidas dirigidas a garantizar la seguridad y la soberanía de Rusia".

El canciller ruso, Sergei Lavrov, definió por enésima vez que la expansión de la OTAN a las fronteras de Rusia –específicamente a Ucrania y Georgia– constituye una "línea roja" que no recomienda cruzar (https://bit.ly/3qj77FU). Ojalá recapacite Biden (https://bit.ly/3H7tepN).

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Cumbre de Biden y el mandarín Xi: en búsqueda de la "estabilidad estratégica" perdida

Dos días después de la cumbre virtual entre Joe Biden y el mandarín Xi, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, en su ponencia en el Brookings Institution detalló su hermenéutica al respecto, que consideró como una "sesión más intensa y comprometida" entre los mandatarios de las dos superpotencias (https://brook.gs/3HF3Mc2).

Más allá de las sobreinterpretaciones y sub-interpretaciones sesgadas de los multimedia en Estados Unidos, que no pierden la oportunidad para amarrar navajas y llevar agua a su molino, Sullivan enfatizó el reiterado apoyo de Biden a la política de "una sola China", cuando Washington no apoya la "independencia" de Taiwán. Por lo visto, Taipéi no entiende los alcances y sigue confundida sobre la "ambigüedad estratégica" de la potencia americana en el estrecho de Taiwán, a decir del Global Times (https://bit.ly/3kVgR7g).

No obstante, Sullivan advirtió que en caso de que el presente estatuto de Taiwán sea cambiado por la fuerza, ello desembocaría en una poderosa reacción estadunidense, por lo que la mayor preocupación de Biden se centra en las "consecuencias involuntarias" de bruscas acciones. El jefe de la Casa Blanca anhela juiciosamente crear "barandillas" ( guardrails) en la relación bilateral.

Sullivan refirió la existencia de cuatro "archivos" ( buckets), en los que Washington y Pekín han decidido colaborar: 1. El clima y la salud pública. Cabe señalar que Biden admitió que aún no ha sido resuelto el origen del Covid-19; 2.Cooperación en el programa nuclear iraní, así como en la dotación de las armas nucleares de Norcorea; 3. Creación de mecanismos para manejar sus diferencias, sobre todo en materia de seguridad, por lo que deberán intensificar su comunicación en varios niveles; y 4. Cooperación en comercio y economía, que incluye “abordar el "crujido" (sic) de la energía global para impulsar la economía.

el asesor de Seguridad Nacional comentó que durante la muy abierta discusión de tres horas y media entre Biden y Xi, éste destacó el tema crucial de la "estabilidad estratégica", así como mantener un "conjunto de conversaciones" sobre el supuesto incremento de ojivas nucleares chinas, que ha sido estrambóticamente abultado por los sesgados multimedia anglosajones (https://on.wsj.com/3FwnjK0), que lo exageran hiperbólicamente como "uno de los más extensos giros del poder geoestratégico de la historia" con el "poder de alterar el equilibrio de fuerzas en Asia" (FT; 15/11/21).

Un día después de la hermenéutica de Sullivan, durante la reunión ampliada del Consejo de Relaciones Exteriores de Rusia, el zar Vlady Putin asintió y asentó que el "centro de gravedad de la política y la economía del mundo ha girado a Asia", por lo que Moscú proseguirá a desarrollar sus relaciones con los países de ese continente.

El zar Vlady Putin está consciente de que la "asociación estratégica integral" de Rusia y China indispone a "Occidente" que "abiertamente intenta colocar una cuña (sic) entre Moscú y Pekín". Agregó que pese al deterioro de las relaciones Rusia-Estados Unidos, que se encuentran en un "estado insatisfactorio" a consecuencia de la cumbre con Biden en Ginebra, el Kremlin “trabaja en forma conjunta la "estabilidad estratégica" y la agenda de la información en seguridad (https://bit.ly/3CEfq3j).

En marzo pasado, abordé la "Guía de seguridad nacional de Estados Unidos: el diálogo con Rusia y China sobre la estabilidad estratégica" mediante “la diplomacia, la reducción de las armas nucleares y un nuevo acomodamiento con las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, la computación cuántica y el 5G (https://bit.ly/3kU8BEN)”, donde resalto "la geopolítica de la ciberseguridad de Washington contra Moscú y Pekín" (https://bit.ly/3qWrH0E).

Nótese que mientras Biden y el zar Vlady Putin acordaron en su cumbre de Ginebra la "estabilidad estratégica", debido a la patológica sinofobia imperante en Washington, China había sido desdeñada. Hoy, la gran noticia radica en que el gigante asiático se ha incorporado a la "estabilidad estratégica" tripartita como reflejo del ineludible "nuevo orden tripolar" que ya acepta hasta el mismo Pentágono (https://bit.ly/3oLq8QG).

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Herbert Cruz, A la deriva, (Cortesía del autor)

“¿Dónde está pues este tesoro?
Ninguna losa suena a hueco”
Madre Ubu (personaje de la obra Ubu Rey,
de Alfred Jarry)

 

En alocución televisada por los canales oficiales, Richard Nixon, más conocido como Tricky Dick (el tramposo Dick), en su condición de presidente de Estados Unidos anunció, en la noche del domingo 15 de agosto de 1971, que había dado la orden al Secretario del Tesoro de “suspender temporalmente la convertibilidad del oro y otros activos de reserva” rompiendo, con esa decisión, de forma unilateral los acuerdos de Bretton Woods –que obligaban a mantener un cambio fijo de 35 dólares por onza de oro–, para poder esquivar el pago de las deudas en moneda dura y ofrecer en su lugar papelitos verdes emitidos por la Reserva Federal. Estados Unidos daba inicio, de esa forma, a una dictadura financiera que completa medio siglo. Además de las medidas sobre la moneda, el Nixon shock –como fue conocido el paquete económico–, congeló los precios y los salarios por noventa días, e impuso aranceles del 10 por ciento a las importaciones, iniciándose un período de austeridad que puede considerarse como el principio del fin del llamado Estado del Bienestar y el preámbulo de la era neoliberal.


La alocución de Nixon ese 15 de agosto no era la primera que sorprendía al mundo, pues el 15 de julio de ese mismo año había anunciado, también por la televisión oficial, que no sólo estaba invitado a la República Popular de China, sino que había aceptado, ocultando que la invitación fue inducida por iniciativa de su gobierno. La negociación de la visita fue fraguada en un viaje secreto que el Asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, realizó a Beijing los días 9 y 10 de julio, luego de un viaje fingido a Pakistán de donde partió sigilosamente a China.


Tricky Dick llegó a la nación asiática en febrero de 1972, ante un mundo asombrado porque un presidente republicano, que además había hecho parte del equipo de Joseph Raymond McCarthy –el senador que realizó una verdadera caza de brujas contra artistas y pensadores críticos en una supuesta lucha contra el comunismo– buscaba cercanía con la China comunista liderada por Mao Tse Tung. Ganar un aliado estratégico en la Guerra Fría que los EU libraba con la Unión Soviética fue el objetivo central de la visita, aprovechando que los dos gigantes del llamado socialismo real estaban enfrentados desde la década del sesenta. Lejos estaba Nixon de imaginarse que la nueva alianza sería el dardo estimulante que despertó al gigante asiático de un letargo de más de doscientos años y que medio siglo después de su viaje el nuevo “socio” contendería por la primacía mundial.


La publicación en 1971 de tres textos que unirían la naciente disciplina de la ecología con la economía y la sociología: Ambiente, poder y sociedad, de Howard T. Odum; El círculo que se cierra: naturaleza, hombre y tecnología, de Barry Commoner, y La ley de la entropía y el proceso económico, de Nicholas Geogescu-Roegen, pese a ser un hecho mucho menos mediático que los anteriores, acabaría de marcar ese año como un real parteaguas histórico. Fue el campanazo de alerta inicial que, desde las cimas de la academia, alertó sobre la amenaza que el consumismo capitalista representa para la subsistencia de la especie humana en particular, y en general sobre la vida del planeta tal y como la conocemos.


El uso masivo de recursos no renovables en el actual estilo de vida condujo a la aplicación del concepto de entropía al proceso social y a señalar que un crecimiento material infinito es imposible en un planeta finito. Conclusión que cincuenta años después sigue esquivada por la visión ortodoxa y convencional de los estudios económicos, que continúan sin considerar los límites físicos del planeta. El negacionismo de hechos que las disciplinas científicas prueban, es demostración de la lógica del avestruz que los poderes fácticos, en los diferentes órdenes sociales, asumen acerca de la disfuncionalidad de un sistema que acelera el holocausto colectivo de la especie humana. Por último, debe recordarse que Disney World abrió sus puertas el primero de octubre de 1971, dando inicio a la creencia que los espectadores podían hacer parte activa de la ficción del celuloide, en un paso adicional, nada despreciable, en el proceso de infantilización de las masas que la sociedad del espectáculo empezó a extender desde la segunda década del siglo XX.


El dólar-centrismo inaugurado con la ruptura del tratado de Bretton Woods, transfigurado en dictadura financiera mundial; la tensión estructural surgida del reto a la unipolaridad y al predominio imperial de EU que el fortalecimiento económico y militar chino representa –y que algunos cobijan con el apelativo de la “trampa de tucídides”, aludiendo a que los temores de una potencia en decadencia, cuando ve amenazada su superioridad, puede recurrir a una guerra en toda regla– y, por último, la comprobación que nos encontramos en el antropoceno, pues efectos sobre la biota como las extinciones masivas de especies y los cambios extremos en el ambiente, son en verdad resultado de la acción humana, constituyen en conjunto, una totalidad amenazante cuyo desarrollo tuvo su punto de inicio en 1971.


Un conjunto de sucesos de especial significado que permiten interrogar, ¿Por qué la conformación de ese mundo material del postmodernismo, que está cumpliendo medio siglo, no es objeto de conmemoraciones y debates? Quizá, mirarse en esa realidad no devuelve una imagen agradable y tranquilizadora, pues niega el optimismo propio del desarrollismo y el cientificismo, que son aristas de la más rancia cosmovisión capitalista. Pero, sea como sea, lo cierto es que 1971 fue un verdadero año bisagra y que Nixon, Dick el tramposo, es de lejos el presidente que realmente simboliza el establecimiento norteamericano, pues refrendó que ese Estado no tiene amigos sino intereses, y que el incumplimiento de lo firmado y la felonía son normas corrientes en el comportamiento del imperio anglosajón.


Parasitismo y dilema de Triffin


El acuerdo de Bretton Woods adoptó el dólar como moneda de referencia en el comercio internacional, pues la posición inglesa, representada por J.M. Keynes, que abogaba por la creación del Bancor, una moneda resultante de una canasta de las principales divisas, fue derrotada. El inicio del dólar-centrismo, hijo de los acuerdos de la segunda postguerra –luego del mencionado fin de la convertibilidad en 1971–, acabó en una verdadera dictadura monetaria, pues la creación de liquidez mundial fue monopolizada por una nación. Por primera vez la supranacionalidad de la divisa aceptada en los pagos del comercio internacional, y que por muchos siglos representó el oro, fue eliminada dando lugar al “privilegio exorbitante” que por medio siglo ha disfrutado EU.


Además de haber salido casi indemne de la Segunda Guerra Mundial, EU pudo imponerse en Bretton Woods por la cantidad de oro que poseía como reserva, que al finalizar el conflicto sumaban 21.582 toneladas que constituían el 75 por ciento de las reservas del metal en el mundo, quince años más tarde descendieron a 15.821 y en 1971 eran tan sólo 8.500. La emisión creciente de dólares deja de corresponderse, entonces, en un grado cada vez mayor con la existencia del metal que la respalda, dando paso a la sobrevaloración de la moneda y a una desconfianza creciente en la divisa, que es lo que obliga a eliminar la convertibilidad, y a dejar el respaldo del dólar en el abrumador poder militar que detenta EU.


El déficit comercial norteamericano de 1971 fue el primero del siglo XX en esa nación, y corroboró la anticipación que el economista de origen belga, Robert Triffin, hizo en su libro El oro y la crisis del dólar: el futuro de la convertibilidad, publicado en 1960, y en el que mostraba que mantener la liquidez mundial obligaría a EU a entrar en déficits comerciales permanentes, pues la circulación continua de dólares por fuera de la frontera sólo es posible si ese país compra más de lo que vende. Esta paradoja, conocida como el dilema de Triffin, le da al imperio del norte poder gratuito de compra que el estadista francés, Charles De Gaulle, uno de los críticos más acerbos de ese privilegio, denominó “el derecho de seignoraje”.


Una prebenda que sin embargo tiene su lado oscuro, pues tanto la necesidad de incurrir en déficits comerciales crónicos, como la capacidad de un poder adquisitivo tan amplio, condujo a un proceso de desindustrialización acelerado a partir de la última década del siglo XX, como consecuencia de la deslocalización de una parte muy importante del parque industrial hacía China. El privilegio de poseer la llave de la liquidez mundial en los siglos XVI y XVII extinguió al imperio español, pues la desmedida capacidad de compra estimuló la adquisición de bienes fabricados afuera y desestimuló la producción interna, dando lugar a un rezago marcado en el proceso de industrialización que debilitó su poder material. Estados Unidos, al deslocalizar su industria engendró a quien hoy le disputa la primacía.


El déficit comercial que equivalía a menos del uno por ciento del PIB a comienzos de los setenta alcanza su máximo valor en 2005 cuando representó el 6 por ciento, para descender luego a valores que fluctúan alrededor del 3 por ciento. El consumo de los hogares, que hace medio siglo era el 62 por ciento del PIB, en la actualidad representa el 68 con un fuerte componente de bienes comprados en el exterior, que lo convierten en el principal importador del mundo.


Además, como apuntan Gérard Dumenil y Dominique Lévy, debe señalarse la “[…] sorprendente divergencia entre el inventario de activos externos en propiedad de los Estados Unidos y activos estadounidenses en poder de foráneos [..]”. Pues si bien “El crecimiento simultáneo de las dos variables es un efecto de las tendencias subyacentes de la globalización financiera predominante durante estos años, en el caso de los Estados Unidos este movimiento se ve altamente sesgado en favor del resto del mundo, ya que los extranjeros adquirieron gradualmente más activos en Estados Unidos que los agentes estadunidenses activos en el extranjero” (1). La deslocalización de las industrias tuvo un doble efecto negativo, de un lado, la perdida de trabajos cualificados contribuyó al descenso de los salarios obligando a las familias a recurrir al endeudamiento permanente y, del otro, no sólo transfirió tecnología sino que engendró países superavitarios que como grandes acumuladores de reservas han ido adquiriendo activos en Norteamérica, como lo destacan Dumenil y Levy.


La relación simbiótica entre una demanda inducida de bienes del resto del mundo por parte de las familias norteamericanas y el suministro de liquidez mundial, exacerbó el consumismo propio del capitalismo, que para obviar el descenso de los salarios instituyó una economía de deuda generalizada y orientó el consumo hacía los grupos de mayores ingresos. La deuda de las familias norteamericanas en relación con los ingresos corrientes es del 120 por ciento, y en Gran Bretaña del 140, siendo las acreencias más importantes las hipotecarias y las de los bienes durables seguidas, con un peso creciente, por las correspondientes a la educación superior que en EU suman 1,6 billones de dólares y afectan a 44 millones de personas.


El endeudamiento endémico es un instrumento del poder, instituido de forma preferente en esta nueva fase del capital tal y como el sociólogo italiano Maurizio Lazzarato muestra: “La moneda-deuda fue el arma estratégica de destrucción del fordismo y de la creación de los perfiles de un nuevo orden capitalista mundial” (2), en el que la radical asimetría existente entre acreedor y deudor es usada como forma acentuada de sometimiento.


Un instrumento que Deleuze y Guattari ya lo habían percibido y consigado en su Anti-edipo: “La deuda se convierte en deuda de existencia, deuda de existencia de los sujetos mismos. Llega el tiempo en que el acreedor todavía no ha prestado mientras el deudor no deja de devolver, porque devolver es un deber pero prestar es una facultad, como en la canción de Lewis Carroll, la larga canción de la deuda infinita: «Un hombre puede, está claro, exigir lo que se le debe/ pero cuando se trata de prestar/ puede, está claro,/ elegir el momento que le convenga»” (3).


La relación acreedor-deudor quedó sobrepuesta a la de capitalista-trabajador y revela una dependencia adicional y despersonalizada que refuerza los lazos invisibles que atan al subordinado a la creciente presencia de lo abstracto y convierte al agente dominante en un ente que está más allá y con el que la interlocución no sólo es, en el mejor de los casos, mediada, sino absolutamente discrecional. El deudor no puede hacer huelga de brazos caídos al Banco porque el juez actúa sin apelaciones contra él, amparado y obligado por el poder estatal. La desregulación de las relaciones entre trabajo y capital está detrás de la volatilidad y fugacidad del entorno social y económico de los trabajadores, que al ser desanclados de colectivos como los sindicatos son des-socializados y debilitados frente a los factores de poder, limitándose las reacciones esperadas frente a la creciente retracción de sus espacios y derechos.


La relación deuda-acreedor entre Estados-Nación tiene ya manifestaciones análogas. El caso de Grecia en el 2009 cuando el gobierno de turno intentó ocultar su deuda, con complicidad de Goldman Sachs, y los efectos cuando el truco contable fue descubierto, es un caso ejemplarizante de la pérdida total de autonomía no sólo cuando las deudas no pueden saldarse sino por el simple hecho de adquirirlas. Pérdida de autonomía inscrita en la lógica misma de la globalización y reflejada en el recorte de los grados de libertad de los Estados que son presa de los condicionamientos cada vez más exigentes en sus solicitudes de financiación o en la adquisición de ciertos productos que los países dominantes consideran estratégicos. Incluso los Estados Unidos han visto limitadas sus posibilidades de acción por su grado de dependencia de productos fabricados en el exterior.


David Harvey llamaba la atención, en fecha tan temprana como 2003, sobre los riesgos para los EU de su dependencia de los chips producidos en el lejano oriente (4). teniendo en cuenta que hasta el complejo militar-industrial está supeditado a estos insumos importados. Y no fue necesaria una guerra entre la isla y China continental para que el suministro de chips desatará una crisis de producción en los países del centro capitalista, pues el aumento abrupto de la demanda de ordenadores y teléfonos personales por efecto de la obligatoriedad del teletrabajo y las clases virtuales como consecuencia de la pandemia del covid 19, desbordó la capacidad de producción de microprocesadores cuya fabricación está concentrada en la empresa taiwanesa Tsmc (54%) y la coreana Samsung (17%) que lideran de lejos la oferta de ese producto.


Una realidad con efectos concretos. La casi parálisis de la industria automotriz por falta de chips –que tan sólo para China puede representar una disminución en la producción de un cuarto de millón de autos– ha llevado tanto a EU como a China a replantearse la necesidad del autoabastecimiento y a reforzar el renaciente nacionalismo económico. La crisis de los chips tiene un condimento adicional como quiera que la contracción en la producción ha estado agravada por la sequía sufrida por Taiwán, dado que la producción de semiconductores es intensiva en el uso de agua, pues una fábrica promedio utiliza entre ocho y catorce millones de litros diarios de agua ultra-pura en los procesos de esterilización. Esto desmiente el mito de que la virtualidad y las nuevas tecnologías desmaterializan la sociedad, disminuyen nuestra dependencia de la naturaleza y reducen los efectos ambientales negativos. La entropía de la base material en el antropoceno, como lo previó Georgescu-Roegen, sigue su recorrido.


La acelerada marcha hacía lo incierto


La introducción de la noción de entropía en la explicación del proceso de reproducción material de la humanidad, que Georgescu-Roegen hizo en su obra de 1971, abrió paso a argumentos críticos contra el hiper-consumismo del capitalismo qué, pese a cierta aceptación, están aún lejos de convertirse en consciencia planetaria. La distinción que el pensador rumano hace entre reversible, irreversible e irrevocable, definiendo esto último como “[…] procesos que no pueden pasar por un estado determinado más que una sola vez” (5), llevó al experimento mental de pensar que en el largo plazo, incluso si la población y el consumo fueran estabilizados, dada la dependencia de los seres humanos de recursos no renovables, era absurdo considerar infinita la existencia de la especie humana en un planeta finito.


Un año después de publicada su obra magna, en la serie de conferencias organizadas por la Universidad de Yale, a raíz de la publicación en 1972 del estudio del MIT Los límites del crecimiento, Georgescu-Roegen leyó la ponencia Energía y mitos económicos, en la que frente a las descalificaciones por parte de los defensores del establecimiento de la idea de “límites de la humanidad”, que los estudios pioneros sobre la degradación ambiental habían formulado, afirmó: “Algunos defensores nos han instado a tener fe en la especie humana: tal fe triunfará sobre todas las limitaciones. Pero ni la fe ni la certeza de algunos famosos catedráticos podría alterar el hecho de que, de acuerdo con la ley básica de la termodinámica, la dotación energética de la humanidad es finita. Aún si se estuviera inclinado a creer en la posible refutación de estos principios en el futuro, no se debe actuar con esa fe ahora” (6).


Esta última recomendación, inscrita en el principio de precaución, que el ambientalismo propugna pero que el capital burla, y pese a informes como el publicado recientemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Ipcc) –elaborado por 234 autores de 66 países, y que tuvo como una de sus fuentes análisis consignados en 14 mil artículos científicos–, en el que queda confirmada la causalidad antrópica en la alteración del clima y no deja dudas que las consecuencias serán devastadoras para la humanidad, las respuestas que amerita el tamaño del problema no aparecen. Las previsiones, entre otros muchos efectos, de la elevación del nivel de los mares y el aumento y concentración de las precipitaciones en períodos muy cortos de tiempo, que garantiza frecuentes inundaciones, ya empiezan a ser realidad, pero las reacciones son poco trascendentes. Debe entenderse, cuanto antes mejor, que teñir de verde el capitalismo no pasa de ser un placebo que no elimina su insostenibilidad.


Las previsiones del Centro de Investigación Económica y de Negocios, institución británica, que anticipa para 2028 la ascensión de China como primera potencia económica mundial, agrega otra perturbación sísmica a la ya de por si alterada estructura del sistema-mundo. Si las metas chinas buscan alcanzar el consumo de Occidente, los desequilibrios materiales serán aún más acelerados. Continuar, por ejemplo, con los ritmos actuales de la obsolescencia programada significa un suicidio colectivo, y las multinacionales tecnológicas chinas parecen seguir el ritmo de las occidentales en su lucha por los mercados, lo que no augura nada halagüeño.


La primacía del gigante asiático significa, además, el fin del dólar como moneda exclusiva de los intercambios internacionales, pues el yuan ocupará buena parte de su espacio como moneda de reserva, a lo que debe agregarse la irrupción de las criptomonedas que al posibilitar los intercambios de valor de forma instantánea y a costos muy bajos, por ser descentralizadas, para el tenedor no requieren de bancarización. Los bancos centrales también prueban el desarrollo de monedas digitales, en lo que China ha avanzado más que las otras grandes economías con la implementación gradual de su e-RMB.


Son todos estos hechos que obligan a pensar que el mundo iniciado en 1971 y que tuvo su techo con el dominio unipolar de Estados Unidos, desde 1990 está resquebrajándose, por lo que el riesgo de que caiga en la trampa de Tucídides y quiera sostener su predominio por la fuerza de las armas no puede descartarse, como tampoco que los efectos de cascada del daño ambiental detonen anticipadamente fenómenos impensables que desestructuren radicalmente las formas espaciales y su ocupación. Quizá el imperio de mayor fortaleza material que haya visto la historia humana pueda ser, a su vez, el de menor duración. Una caída estrepitosa no será inocua para los demás paises y puede llevar al colapso buena parte del mundo conocido, pero la probabilidad del suceso no parece despertar suficiente inquietud.


La sociedad del riesgo global como denominó el sociólogo alemán Ulrich Beck a la situación actual y que tiene, al parecer, en la inseguridad endémica su rasgo distintivo, ¿es tan imprevisible como algunos piensan? ¿no puede la acción colectiva direccionar la creación de un futuro diferente? Quizá lo primero sea forjar una representación más precisa del sistema-mundo en su actual condición, acompañada de una apropiación amplia que por entender las amenazas reales que rodean al colectivo conduzcan al convencimiento de que la acción política es hoy una obligación de todos.

1. Gérard Dumenil y Dominique Levy, La crisis del neoliberalismo, Lengua de Trapo, p. 181
2. Maurizio Lazzarato, La fábrica del hombre endeudado: ensayo sobre la condición neoliberal, p. 85
3. Citados por Lazzarato, Ibídem., p. 85
4. “La dependencia de la producción (y los servicios) efectuada en el extranjero conlleva cierto riesgo porque exige una notable estabilidad geopolítica o la capacidad de Estado Unidos para aplastar militarmente los eventuales disturbios y conmociones en otros países. Por ejemplo si estallara un conflicto militar entre China y Taiwán, ¿qué le sucedería a la oferta de artículos industriales en el mercado estadounidense? Hasta el complejo militar-industrial depende del este y sureste de Asia en cuanto a los chips para ordenador” (David Harvey, El nuevo imperialismo, Akal, p. 14
5. Nicholas Georgescu-Roegen, La ley de la entropía y el proceso económico”, Argrntaria-Visor, p. 258
6. Nicholas Georgescu-Roegen, Energía y mitos económicos, Trimestre económico, 42 (168(4)), p. 804
* Integrante del Consejo de redacción Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

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¿Se vislumbra un eje Rusia / China / Ale­ma­nia / Irán?

El geopolítico brasileño Pepe Escobar –uno de los mejores del mundo para la región euroasiática y muy superior al israelí-estadunidense Robert Kaplan, quien se volvió vulgar propagandista del Pentágono– lanza una temeraria prospectiva sobre el nuevo eje Rusia/China/Alemania/Irán (https://bit.ly/2Vl1BXV).

Tras 117 años, la tesis del geógrafo sir Halford Mackinder (https://amzn.to/3yqgPsV) –proclive a la talasocracia británica– sobre Eurasia como “corazón mundial (heartland) –cuando EU corría el grave riesgo de confinarse a una "isla" marginada– regresa con vigor, después de haber cumplido su misión teleológica del dominio universal de la anglósfera desde la Primera Guerra Mundial hasta la grave crisis financiera de 2008 –para otros, desde el montaje hollywoodense del 11/9–, pero ahora en "reversa": cuando los supuestos "aislados" de Eurasia retoman la batuta geoestratégica, en detrimento de la inocultable decadencia de EU.

En su estilo muy simpático de optimizar "datos duros" al ritmo de la samba, Escobar sentencia: "Hoy, no es el eje Alemania-Japón, sino el espectro de un entendimiento (entente) de Rusia-China-Alemania que aterroriza [sic] al hegemón conforme el trío euroasiático capaz de enviar el dominio global estadunidense al basurero [sic] de la Historia".

Explaya que Rusia y China cesaron de exhibir su “infinita paciencia taoísta (nota: filosofía china de armonía con el "camino espiritual")” cuando los "principales jugadores" en el corazón euroasiático (Mackinder dixit) "han visto claramente a través de la neblina de la propaganda imperial".

En efecto, el hoy decadente imperio de EU, extensivo a la anglósfera talasocrática y financierista, detenta un inigualable liderazgo con su poderosa maquinaria de "propaganda negra", al unísono del dolarcentrismo sacudido con el proyecto del yuan digital y el retorno triunfal de los metales preciosos (oro y plata).

Escobar no oculta que la ruta será "larga y sinuosa, pero el horizonte [sic] develará eventualmente una alianza de Alemania/Rusia/China/Irán [sic] que requilibre el tablero de ajedrez mundial", en referencia al libro del fallecido y obsesivo compulsivo rusófobo Zbigniew Brzezinski (https://amzn.to/3xt1C9q). Conforme Estados Unidos –que califica de “imperio del caos (https://amzn.to/3rR6jII)”– es "en forma incremental e inexorable expulsado (sic) del corazón euroasiático, Rusia y China manejan conjuntamente los asuntos de Asia Central", como se evidenció en la reciente conferencia de Tashkent (Uzbekistán) en Asia Central.

Escobar expone la colisión de la Ruta de la Seda contra el QUAD –EU/India/Japón/Australia–, y el liderazgo regional de Rusia que empuja la "gran asociación euroasiática", y que, además, refrendó con China por cinco años más el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, firmado en 2001 (https://bit.ly/37g7B6P).

Es evidente que en los seis primeros meses de Biden, quizá con el fin de seducir a Berlín para crear una santa alianza europea contra China, EU arrojó debajo del autobús a Ucrania, Polonia y los países bálticos (“El gasoducto Nord Stream 2: ganan Alemania y Rusia; pierden Ucrania y EU; https://bit.ly/3AamvaO), mientras se retira de Afganistán y se repliega en Irak.

Pepe Escobar califica de "terremoto geopolítico" el encontronazo en Tianjin entre EU y China, lo que señalé previamente sobre los "tres mandamientos" con que el canciller chino, Wang Yi, pontificó a la subsecretaria de Estado, la israelí-estadunidense Wendy Sherman (https://bit.ly/3ymLRBT).

Escobar se mofa del nivel degradante en que se encuentran los think tanks de EU, cuando Carnegie Endowment, con 11 autores –entre quienes se encuentra el asesor de seguridad nacional (https://bit.ly/3jh4DEB), el israelí-estadunidense Jake Sullivan– sustenta la forma en que "La política exterior (sic) de EU operará mejor para la clase media [sic]". No comment!

Escobar concluye que "ahora es el inicio de un nuevo mundo feliz geopolítico y la precuela [sic]" –antecedentes que llevan a los acontecimientos– "de un réquiem imperial" cuando "seguirán muchas secuelas [sic]".

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Lunes, 21 Junio 2021 05:49

Fue Teté

Al término del encuentro del presidente estadunidense, Joe Biden, con su par ruso, Vladimir Putin, el jefe de la Casa Blanca aseguró que Moscú ha perdido credibilidad ante el mundo por interferir en elecciones de otros países, olvidando el historial estadunidense de intervenciones. La imagen, hace unos días en Ginebra. Foto Afp

Biden, al concluir su gran reunión cara a cara con Putin la semana pasada, comentó a los medios que Rusia ha perdido credibilidad ante el mundo: "¿Cómo sería si Estados Unidos fuera percibido por el resto del mundo como interfiriendo de manera directa en las elecciones de otros países y todos lo sabían?"

Nadie sabía si reír o llorar. Con una carrera política de décadas en el Senado e incluso jefe del Comité sobre Relaciones Exteriores, ¿es posible que Biden no sabe que su país tiene una larga historia de interferencia en los asuntos políticos, incluyendo elecciones, de otros países, incluyendo el de Putin?

Al preguntar a algunos expertos sobre política exterior, incluyendo la clandestina, concluyeron que por supuesto que lo sabe, pero lo justifica con esa infantil idea del "excepcionalismo" de que cuando Estados Unidos lo hace es por el bien y para la democracia, y que cuando otros países, como Rusia, se atreven, siempre es con fines malignos.

Estados Unidos ha intervenido en las elecciones de otros países en por lo menos 81 veces entre 1946 y 2000, casi todas en secreto, según un experto académico que ha intentado hacer una lista completa.

La primera operación clandestina mayor de la recién creada CIA fue interferir en la elección en Italia en 1948 para evitar un triunfo de los comunistas y se calcula que más de 65 millones de dólares fueron invertidos por la CIA en ese país desde entonces hasta principios de los años 70 para estos fines.

La mano estadunidense ha interferido en procesos políticos y electorales en casi todos los continentes. Esto se ha hecho de varias maneras, desde invertir fondos para partidos y conducir campañas de propaganda, hasta medidas más extremas que incluyen asesinatos de líderes políticos, apoyo a golpes de Estado e intervenciones militares directas para frenar el resultado de elecciones y de otros procesos políticos, incluyendo revoluciones y luchas de liberación nacional. La lista es larguísima y conocida: Guatemala, Cuba, República Dominicana, Brasil, Bolivia, Guyana, Haití, así como Irán, el Congo, Vietnam, Tailandia, Corea del Sur, Afganistán, Grecia, y hasta Australia, por mencionar sólo algunos.

Henry Kissinger comentó sobre la elección democrática de Salvador Allende en Chile en 1970: "no veo por qué necesitamos quedarnos quietos y observar a un país volverse comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo". Tres años después, en el primer 11-S, la mano estadunidense estaba muy presente en el golpe militar contra ese gobierno.

Con Ronald Reagan se creó el Fondo Nacional por la Democracia, o NED, que reparte fondos a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, publicaciones y ONG en varios países para "promover la democracia". Según algunos, hace abiertamente lo que la CIA antes hacía de manera secreta.

El gobierno estadunidense, con Clinton, interfirió en la elección de 1996 en Rusia para ayudar en la relección de Boris Yeltsin, incluida la canalización de fondos del FMI para usos electorales, prestando consultores políticos y encubriendo el fraude electoral.

Y durante casi seis décadas ha promovido el cambio de régimen en Cuba a través del bloqueo y de un sinnúmero de operaciones clandestinas (https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2021/06/ 20/derrocamiento-del-gobierno-abel-prieto-8949.html).

Noam Chomsky, en 2017, poco después de que acusaciones de interferencia rusa en las elecciones estadunidenses en 2016 detonaron furia y protestas por políticos en Washington, recordó que "la historia de la política exterior de Estados Unidos, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, es en gran medida definida por la subversión y el derrocamiento de regímenes extranjeros, incluyendo parlamentarios, y el uso de la violencia para destruir organizaciones populares que podrían ofrecer a la mayoría de las poblaciones una oportunidad para participar en la arena política".

El ideal democrático en la política exterior estadunidense, explicó, es sencillo: "eres libre de hacer lo que quieras, siempre y cuando sea lo que nosotros queremos que hagas".

The Clash. Washington Bullets. https://open.spotify.com/track/ 6vkYJbpPG8WOxv8MlbDPmw?si=dd5df1b04a89437b

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El presidente ruso, Vladimir Putin, y el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, durante la cumbre binacional en Ginebra, Suiza, el pasado miércoles.Foto Oficina Federal de Relaciones Exteriores de Suiza a través de Ap

 

Si la cumbre de Joe Biden y Vladimir Putin desemboca en un "Diálogo de estabilidad estratégica bilateral integrado" –como enfatiza el comunicado conjunto de las dos superpotencias nucleares del planeta (https://bit.ly/3wJo12D) y (https://bit.ly/2SLq87g)–, habrá sido un triunfo para la humanidad, al reducir la "amenaza de una guerra nuclear que nadie puede ganar y nunca debe ser librada".

El comunicado conjunto expuso que “la extensión reciente del Nuevo (sic) Tratado Start” (Tratado Estratégico de Reducción de Armas Nucleares), del 5/2/21 hasta 2024 sin mucha fanfarria "ejemplifica el mutuo compromiso por el control de armas nucleares".

El tema de la "estabilidad estratégica global" no es muy popular para los multimedia, cuya mayoría lo escamotea cuando no lo entiende, representa el vértice de la pirámide de varios niveles de la interacción entre Estados Unidos y Rusia, lo cual fue asentado en primer término por el zar Vlady Putin: “Washingtony Moscú cargan una responsabilidad especial (sic) para la estabilidad estratégica global, porque por lo menos somos las dos máximas potencias nucleares –en términos de la cantidad de municiones y ojivas, el número de vehículos de lanzamiento, el nivel de sofisticación (sic) y calidad (sic) de las armas nucleares”. A cada quien su jerarquía y sus respetables interpretaciones, cuando ambos mandatarios tienen muy prístinos, afortunadamente, los niveles de relevancia (https://bit.ly/3vBlpSY).

Mediante la lupa del enfoque jerárquico, los siguientes niveles de relevancia lo constituyeron: 1. Las mutuas "líneas rojas" en sus varios estamentos temáticos y estratégicos (https://bit.ly/3vJgn6Z); 2. La ciberseguridad: donde Biden puso sobre la mesa sus "16 líneas rojas", referentes a los sitios inexpugnables a "ciberataques" (https://bit.ly/2TQ1YIJ) y 3. La "cooperación en el Ártico", donde sólo China se ha asociado a Rusia para su explotación, logística y defensa.

Detecto dos resquicios (loopholes) en la "asociación estratégica" entre Rusia y China: en la esfera geoeconómica y en la ampliación a la "cooperación del Ártico" en las que puede participar Estados Unidos, que sería obligado a levantar, como quid pro quo, sus asfixiantes sanciones contra Moscú.

Percibo una leve fisura en el ámbito de la "cooperación económica", que naturalmente aprovechó en su conferencia de prensa unilateral el presidente Biden (https://bit.ly/35BsND8), al comentar que China estaba “asfixiando (sic)” a Rusia en el rubro económico: “Rusia se encuentra en un muy, pero muy, difícil punto ahora. Está siendo asfixiada por China. Desea, en forma desesperada, (sic) permanecer como superpotencia” (https://bit.ly/3wJtLJJ).

En una entrevista previa a la cumbre, Putin vislumbró el horizonte de una mayor cooperación económica: “muchas empresas estadunidenses desean operar ( sic) en Rusia, pero les jalan las orejas y ceden el lugar a sus rivales (sic)”. Putin coloca la estocada: "¿Beneficia esto a la economía de Estados Unidos?" (https://bit.ly/2SLaatO).

La cantada "asociación estratégica" de China y Rusia posee fisuras y limitaciones en muchos ámbitos. No es tan lineal.

No menos relevante es el retorno inmediato de los respectivos embajadores del Kremlin y la Casa Blanca y la perspectiva y prospectiva de un intercambio mutuo de prisioneros, lo cual evidentemente da pie a la resurrección de la abandonada "diplomacia", donde las cancillerías jugarán un prominente papel en los restantes temas regionales y domésticos.

Ni Estados Unidos ni Biden desean una guerra nuclear con Rusia por Ucrania. Moscú y Putin tampoco desean una guerra atómica con Washington por Siria.

La "Estabilidad Estratégica Global" es prominentemente tripolar cuando el zar Vlady Putin se ha adelantado a su operatividad (https://bit.ly/35COgvD), lo cual seguramente captó Biden, con casi medio siglo de experiencia en las relaciones internacionales, al reconocer el carácter de "superpotencia" de Rusia y al programar un próximo encuentro con el mandarín Xi Jinping”, como enunció el asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Jacob Jeremiah Sullivan (https://bit.ly/35G7XCG).

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En primer plano, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en Bruselas, y en la pantalla el presidente francés Emmanuel Macron, durante la cumbre climática.Foto Ap

 A finales de siglo la temperatura del planeta podría aumentar 3 grados, alerta António Guterres, secretario general de la organización

 

Londres. El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, pidió ayer a los gobiernos, cinco años después de la firma del Acuerdo de París, que declaren estado de emergencia climática y cumplan con sus objetivos de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero, dado que las medidas tomadas hasta el momento no han contribuido a aliviar esta situación.

La cumbre sobre el clima que reunió a los firmantes del Acuerdo de París fue virtual y se llevó a cabo a distancia. Todos los oradores participaron desde sus países y sus discursos se transmitieron en esta capital y en Bruselas.

Si no cambiamos de rumbo, nos podríamos dirigir hacia un aumento catastrófico de la temperatura (media) de más de 3 grados Celsius este siglo, explicó Guterres en la cumbre telemática de este aniversario. Sorprendido, preguntó ante jefes de Estado y de gobierno conectados: ¿Puede alguien todavía negar que enfrentamos una emergencia dramática?

Guterres hizo hincapié, en plena crisis por el Covid-19, en que el mundo ahora es 1.2 grados más caliente que durante la época preindustrial, y que si no cambia de rumbo, podríamos alcanzar un aumento catastrófico de temperatura de 3 grados a finales de siglo.

Hace cinco años, en París, los países se comprometieron a luchar para que el incremento de la temperatura media del planeta estuviera claramente por debajo de 2 grados Celsius, y si era posible, de 1.5, en relación con la era preindustrial.

Respuesta desigual

Los países decidieron asumir el reto, aunque de forma desigual. Las decenas de representantes ofrecieron modificaciones menores a compromisos existentes o promesas de iniciativas más audaces antes de unas discusiones cruciales en Glasgow en 2021, en lugar de algún cambio mayor en las políticas para acelerar el fin de los combustibles fósiles.

Xi Jinping, presidente de China, el principal contaminador del planeta, aseguró que reducirá 65 por ciento sus emisiones de carbono respecto a su PIB, de aquí a 2030, en comparación con los niveles que lanzaba en 2005.

India, el cuarto emisor mundial, tiene previsto recurrir a fuentes de energía renovables para lograr el equivalente a 450 GW de aquí a 2030. De aquí a 2047, en el centenario de su independencia, India no solamente alcanzará sus propios objetivos, sino que sobrepasará sus expectativas, aseguró el primer ministro, Narendra Modi, en su discurso.

La Unión Europea anunció el viernes un incremento en la reducción de emisiones, que será de 55 por ciento de aquí a 2030, cuando su meta anterior era de 40 por ciento. Gran Bretaña, coanfitrión de la cumbre, se comprometió a reducir sus emisiones a 68 por ciento.

La canciller alemana, Angela Merkel, prometió casi 500 millones de euros para apoyar a los países más pobres en la protección del medio ambiente.

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró en un comunicado que la representación del país se reintegrará al Acuerdo de París desde el primer día de su mandato, en enero próximo, después de que Donald Trump la sacó.

Biden aseguró que no hay tiempo que perder, por lo que el presidente francés, Emmanuel Macron, le respondió en inglés: Bienvenido de vuelta, bienvenido a casa.

El presidente argentino, Alberto Fernández, anunció una reducción de las emisiones del país a un nivel de casi 26 por ciento, mientras su par chileno, Sebastián Piñera, llamó al planeta a reducir sus emisiones a 45 puntos en los próximos 10 años.

El mandatario de Ecuador, Lenín Moreno, reveló que su país despliega planes de adaptación al cambio climático y de descarbonización para 2050, sin dar más detalles de estas iniciativas.

El impacto del cambio climático es cada vez más considerable desde que se alcanzó el Acuerdo de París, en 2015, con incendios en Australia y California, y el colapso de capas de hielo en el mundo. Cada vez es mayor la presión popular para que los líderes escuchen las advertencias de los científicos

Publicado enMedio Ambiente
“La JEP puede convertirse en un referente mundial”: Corte Penal Internacional

El vicefiscal de la Corte Penal Internacional, James Stewart y la jueza Luz Ibañez Carranza se refirieron al papel de la Jurisdicción Especial para la Paz. También dijeron que su diseño es pionero en el mundo.

 

Dos integrantes de la Corte Penal Internacional (CPI) se pronunciaron sobre el papel de la JEP en el país. El vicefiscal de este organismo internacional, James Stewart, y la jueza Luz Ibañez Carranza, señalaron, durante el encuentro “Impacto de los tribunales internacional de jurisdicción subsidiaria”, que esta justicia especial puede convertirse en un modelo referente en el mundo.

Además de esto, los dos miembros de la CPI también comentaron que la JEP y la justicia de este organismo internacional, no chocan entre sí y manifestaron que si logran trabajar de manera articulada y ejecutar proyectos en conjunto "Colombia no solo logrará perfeccionar un modelo que busca investigar y enjuiciar a los máximos responsables de los delitos cometidos en el marco del conflicto, sino que terminará siendo referente para el mundo.

Por otro lado, Stewart afirmó que Colombia terminó siendo pionero en el diseño de un sistema “para lidiar con el legado de violaciones graves a los Derechos Humanos y lograr que haya rendición de cuentas, justicia y reconciliación”.

Por su parte, la jueza Luz Ibañez Carranza, de la Corte Penal Internacional, dijo que “ambas jurisdicciones buscan un mismo fin y se deben apoyar en sus esfuerzos. Eso es lo que hemos visto entre las cortes de Bosnia, que se vieron complementadas por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia”.

El vicefiscal Stewart señaló que “cuando se crea la JEP, las autoridades desarrollan un sistema de rendición de cuentas que puede lidiar con ese gran universo de crímenes. Esta es la forma en que una nueva jurisdicción sanciona conductas que de otro modo podrían ser competencia de la CPI (...) El examen lleva tiempo porque entendemos lo que implica la investigación y enjuiciamiento de conjuntos completos de delitos que involucran a una variedad de actores”.

La JEP: un modelo pionero para el mundo

James Stewart, vicefiscal de la CPI, durante ese encuentro, “Respuestas emergentes a atrocidades contemporáneas”, también afirmó que la coordinación que se ha dado con la JEP está enfocada “sencillamente en entender cuáles son los procesos que se llevarán a cabo en un país que terminó siendo pionero en el diseño de un sistema que incluyó toda una gama de mecanismos, utilizados por las sociedades, para lidiar con el legado de violaciones graves a los derechos humanos y lograr que haya rendición de cuentas, justicia y reconciliación”.

A ese mismo argumento se sumó la jueza de la CPI, Luz Ibáñez Carranza. Para ella, “ambas jurisdicciones apuntan a sancionar y prevenir atrocidades masivas. Una tarea noble, pero sumamente ardua. Como dirían: es como apuntar a un blanco en movimiento”. Ibáñez agregó que “es falsa la presunta dicotomía entre justicia y paz. La una no está divorciada de la otra. Es más, la justicia es base y pilar fundamental para una paz estable y duradera”.

La CPI sostuvo que cuando se habla de justicia transicional se refieren a procesos excepcionales y provisionales que las sociedades en conflicto o posconflicto ponen en marcha con el objeto de facilitar transiciones, ya sea de una dictadura o periodo de conflicto a escenarios de paz y una democracia.

En el caso colombiano, por ejemplo, la Oficina de la Fiscal de la CPI viene realizando un examen preliminar desde el 2004. De acuerdo con Stewart, “en 2012 se identificaron unos crímenes del Estatuto de Roma que parecían necesitar atención. Teníamos que darles un tiempo a las autoridades para abordar estos temas en lugar de concluir que debíamos abrir una investigación. Este llamado ha funcionado en beneficio de la aplicación local de los parámetros internacionales de justicia”.

Precisamente, los siete macrocasos que viene investigando la JEP se caracterizan por tres principios fundamentales, como explicó el presidente de la Sección de Apelación, magistrado Danilo Rojas, durante la moderación del tercer panel de expertos: 1) Priorizan graves violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario. 2) Involucran máximos responsables y determinantes de tales violaciones y 3) Enfatizan en patrones y no tanto en casos individuales.

Finalmente, la jueza Ibáñez insistió en que hay un principio de complementariedad de la CPI negativo que funciona por petición de un país. Se presenta porque “el Estado no puede investigar o no tiene capacidad para hacerlo” y otro positivo cuando la Corte es vista como un referente por sus buenas prácticas y es consultada por los Estados para apoyar la aplicación de la justicia, porque “la Corte tiene un sistema especializado de actuación complementario y no subsidiario”, concluyó.

3 de Noviembre de 2020

Publicado enColombia
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