El transporte de alimentos causa 19% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo

El transporte de alimentos constituye 19 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, lo que equivale a 6 por ciento de las de todas las fuentes.

Es el resultado de un estudio de la Universidad de Sídney publicado en la revista Nature Food. Los países de altos ingresos son causantes de casi la mitad de estas emisiones, lo que lleva a los investigadores a concluir que entre los ricos se debe dar prioridad a comer localmente.

Esta cifra es hasta siete veces superior a la estimada anteriormente, y supera con creces las emisiones del transporte de otros productos básicos. Por ejemplo, éste sólo representa 7 por ciento de las emisiones de la industria y los servicios públicos.

Los investigadores afirman que, especialmente en los países ricos, que son los que más emiten por el transporte de alimentos per cápita, debería ser prioritario consumir alimentos cultivados y producidos de forma local.

Mengyu Li, de la Facultad de Física de la Universidad de Sídney, explica que el estudio estima que “los sistemas alimentarios mundiales, debido al transporte, la producción y el cambio de uso del suelo, contribuyen en 30 por ciento al total de las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el hombre. Por tanto, el transporte de alimentos, con casi 6 por ciento, representa una proporción considerable de las emisiones totales.

"Las emisiones del transporte de alimentos suman casi la mitad de las directas de los vehículos de carretera", añadió.

David Raubenheimer, ecologista nutricional y coautor del estudio, señaló que antes del estudio "la mayor parte de la atención en la investigación sobre la alimentación sostenible se ha centrado en las elevadas emisiones asociadas a los alimentos de origen animal, en comparación con los vegetales".

Mediante su marco llamado FoodLab, los investigadores estimaron que el transporte de alimentos corresponde a unas 3 gigatoneladas de emisiones anuales, lo que equivale a 19 por ciento de las emisiones relacionadas con la alimentación.

Análisis en 74 países

Su análisis incorpora 74 países (de origen y de destino); 37 sectores económicos (como hortalizas y frutas; ganadería; carbón y fabricación); distancias de transporte internacionales y nacionales, y masas de alimentos.

Aunque China, Estados Unidos, India y Rusia son los principales emisores del transporte de alimentos, en general, los países de renta alta contribuyen de forma desproporcionada. Naciones como Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón constituyen 12.5 por ciento de la población mundial y, sin embargo, generan casi la mitad (46 porciento) de las emisiones.

Australia es el segundo mayor exportador de emisiones del transporte de alimentos, dada la amplitud y el volumen de su producción primaria.

Las emisiones del transporte también dependen del tipo de alimento. En el caso de las frutas y verduras, por ejemplo, genera casi el doble de emisiones que la producción.

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Cómo las corporaciones destruyen la vida…*

Que la humanidad ha alterado dramáticamente los ciclos biogeoquímicos, climáticos y del agua, ha afectado el equilibrio de los mares (por sobrexplotación pesquera y contaminación por plásticos) y de los bosques y selvas (por la deforestación) y ha puesto en peligro miles de especies de animales y plantas, es un hecho que el geólogo Paul Crutzen (1933-2021), Premio Nobel 1995, sintetizó magistralmente en dos cortos artículos (2000 y 2002) al declarar a nuestra época como la del antropoceno, la era en la que los impactos de la especie humana sobre el planeta lo convirtieron en una nueva "fuerza geológica". Ello dio lugar a cientos de publicaciones y decenas de libros y confirmó en la academia y en la opinión pública el dogma biologista de la culpabilidad total de la humanidad o de la especie, más allá de las particularidades económicas, sociales, culturales, históricas o de género. La humanidad convertida en una entidad abstracta, en un todo indiferenciado. Hoy, dos décadas después, existen suficientes evidencias de investigadores de las ciencias sociales y de las humanidades que no sólo matizan la idea del antropoceno, sino que la cuestionan contundentemente. Debemos al historiador Jason W. Moore con su obra El capitalismo en la trama de la vida (2015), el desarrollo teórico de un concepto alternativo: el de capitaloceno. Ya no es la humanidad la causante de la tremenda crisis ecológica actual, sino las relaciones que el capitalismo ha construido e impuesto entre los humanos y entre estos y la naturaleza (ver una excelente síntesis en Francisco Serratos, El capitaloceno: una historia radical del cambio climático, 2021, UNAM).

Hoy, los humanos vivimos y sufrimos la era del capital corporativo en la que unas cuantas decenas de corporaciones trasnacionales monopolizan y controlan los mercados globales de las principales actividades humanas. La escala a la cual estas corporaciones operan y la velocidad con la que se multiplican y expanden no tiene precedente en la historia. Un puñado de corporaciones tienen una influencia directa o indirecta sobre el equilibrio de los océanos, la atmósfera y los mayores ecosistemas terrestres, afectando funciones claves, como la regulación del clima global. En efecto, 75 corporativos mineros dominan la extracción de platino, paladio, cobalto, níquel, hierro, cobre, zinc, plata y oro; 30 monopolizan la producción de petróleo, gas y cemento, y 10 la de papel. Trece compañías dominan la captura pesquera marina y cinco las granjas de salmón.

Los monopolios alcanzan su máxima expresión con los alimentos. Tres compañías dominan los agroquímicos (Syngenta, Bayer y Basf), las semillas (Monsanto, Dupont y Syngenta) y la maquinaria y equipo agrícolas (Deere, CNH y AGCO), y seis controlan 75 por cientio de los plaguicidas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow Agro, Monsanto y Dupont). Similarmente, seis corporativos o sus fusiones controlan 100 por ciento de los cultivos transgénicos que hoy se siembran (soya, maíz y algodón) en 190 millones de hectáreas en 29 países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, etcétera). Todo cultivo transgénico está obligado a usar el glifosato, el herbicida catalogado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente los cultivos de soya y maíz transgénicos han provocado la mayor destrucción de la biodiversidad de que se tenga memoria al convertir 80 millones de hectáreas de vegetación tropical y sus innumerables especies de flora y fauna en un monocultivo, una catástrofe biológica de la que no hablan las mayores organizaciones internacionales de conservación y ambientalismo. En paralelo está el caso de la comercialización y transformación de los alimentos; sólo tres compañías dominan el cacao, el plátano y las semillas, cinco las del aceite de palma, y seis la de la carne (JBS, Tyson Food, Cargill, BRT, Vion y Nippon Meat).

Finalmente la explotación del trabajo humano se hace evidente cuando se revisan las cadenas de suministro de alimentos, en la que los productores se quedan con un mínimo porcentaje del precio final del producto. Aquí recomiendo los excelentes documentales de Rotten sobre cacao, azúcar, agua, aguacate y uva en Netflix (https://bit.ly/3lhBVou). El drama del chocolate resulta patético, pero ilustra lo que sucede en la mayoría de los casos. Un total de 5 millones de familias campesinas de Ghana y Costa de Marfil, representando una población de 30 millones, cultivan la mayor parte del cacao que es la base de la industria chocolatera. Es un sector que vive en general en la miseria. Los compradores, comercializadores y especialmente cuatro firmas industriales (Barry Callebaut, Cargill, ADM y Blommer) se quedan con la mayor parte de las millonarias utilidades que genera la semilla de esta planta, originaria de México.

*…y concentran la riqueza (monopolios), explotan el trabajo humano y generan la mayor desigualdad social de la historia…

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Jueves, 12 Mayo 2022 06:20

Antropocentrismo: la crisis del agua

Antropocentrismo: la crisis del agua

En los últimos años, la sequía se ha convertido en una condición casi natural de vastas zonas del planeta. La mayor parte del far west estadunidense, California en particular, la padece desde hace décadas. En África ha provocado colapsos humanitarios. En tiempos recientes, el Mediterráneo devino una de sus sedes centrales. La carencia de agua ya afecta a las economías de Portugal, España, Italia y Grecia. Hoy se habla del aumento de precios del gas y los combustibles fósiles (las necesidades y necedades de su majestad el automóvil acaparan siempre la atención), mientras se omite invariablemente el que afecta al consumo de agua.

En México, basta con seguir el itinerario de las protestas sociales en que pobladores de múltiples regiones del país reiteran que la escasez de agua está afectando no sólo sus economías sino, sobre todo, sus condiciones de existencia y modos de vida. En particular en el norte, Baja California, Sonora, Chihuahua, Durango, Nuevo León y cuantiosas regiones del Bajío son sedes de crisis acuíferas cada vez más frecuentes. Las teorías sobre la creciente escasez son múltiples y están entrecruzadas por los intereses de consumidores industriales, embotelladoras de agua, privatización de pozos y, del otro lado, poblaciones enteras que, como en el caso de La Laguna o el norte de Zacatecas, ya desaparecieron casi por completo.

Bajo la consigna de "no es sequía, es saqueo", 21 organizaciones de Nuevo León detallan la estructura profunda de una infrahistoria que ha situado a la mayor parte de la población en estado de precariedad con respecto al abastecimiento de agua. Elizabeth Barrón Cano, dedicada desde hace años a estudiar el tema, explica cómo 15 conglomerados industriales concentran (aproximadamente) 44.5 millones de metros cúbicos, cuando la cantidad destinada al consumo doméstico asciende apenas a más de un millón de metros cúbicos, tan sólo 2.27 por ciento del total. Las industrias cerveceras, las de bebidas embotelladas, las corporaciones del acero y de la minería devastaron los mantos acuíferos de la región. Aunado a esto, ex gobernadores como Jorge Treviño, Sócrates Rizzo y Fernando Canales Clariond amasaron auténticas fortunas en el negocio de privatizar los pozos. Y, mientras, Conagua y Semarnat inmóviles, como la mayor parte de la política ecológica del actual gobierno. Justificada y comprensiblemente, las protestas son contra del acaparamiento del líquido básico y exigen una distribución más justa en su consumo y sus usos.

Sin embargo, el problema central escapa una y otra vez a la mirada y la conciencia de todos. Las alarmantes y cada vez más prolongadas temporadas de sequía se deben, en esencia, a la desertificación de extensas zonas del planeta. Por su parte, el proceso de desertificación tiene varios orígenes: la multiplicación de la producción industrial, la urbanización del mundo, la transformación del agua en redituable mercancía (el precio de un litro de agua equivale ya al de medio litro de gasolina). Pero su principal razón se encuentra en el propio metabolismo natural: la deforestación de bosques y sistemas ecológicos que garantizan el ciclo del agua.

¿Cuál es el origen central del raudo proceso de la deforestación? La respuesta es conocida y nunca atendida: la transformación de las principales zonas agrícolas en regiones dedicadas al cultivo y la producción de forraje para alimentar a cientos de millones de aves, cerdos, vacas y ovejas que aguardan ser masacradas para sostener el actual delirio alimentario. En términos ecológicos, la producción de una hamburguesa de res o la nutrición de un pollo requieren de 3 mil litros de agua. Multiplíquese por miles de millones al año. La matanza animal está destinada a anidar la lógica de la valorización del capital en nuestros hábitos y, sobre todo, nuestros cuerpos.

El animal que matas cada vez que devoras una pieza de carne adquirida en las vistosas estanterías de los supermercados representa, en esta medida, el eslabón oculto de la cadena que coproduce, en gran parte, la crisis del agua.

¿Por qué no se impone a las industrias que hoy monopolizan el consumo de agua obligaciones de reforestación? Ecosia, el principal motor de búsqueda digital en Alemania, una gigantesca empresa que ha abandonado motu proprio la acumulación de capital privado como principio de su existencia, dedica sus utilidades a la reforestación. Ya ha plantado más de 100 millones de árboles en distintas partes del mundo. Más que un caso, tal vez representa un paradigma para el futuro.

No es el cambio climático el que produce la escasez de agua, es la escasez de agua (léase: la deforestación) la que produce el cambio climático. La tarea de develar esta contradicción se encuentra en todo afán actual de deconstruir la lógica de la reproducción antropocéntrica de la sociedad. Esa lógica bajo la que se oculta la de la optimización de la rentabilidad.

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Lunes, 25 Abril 2022 05:53

La guerra y el hambre

La guerra y el hambre

La persistencia del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania está teniendo consecuencias directas sobre el precio y disponibilidad global de alimentos que anticipan una crisis alimentaria global con graves repercusiones sociales para el mundo. No es ningún secreto que buena parte de la producción mundial de maíz, cebada y trigo proviene de dichos países, y que la mayor parte de los fertilizantes necesarios para el cultivo están en Rusia y Bielorrusia. En su último reporte, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, estimó que en 2022 el precio de los cereales y productos de panadería subirán entre 3 y 4 por ciento; las aves de corral entre 6 y 7 por ciento, la carne de res 3.4 y las frutas y vegetales entre 3 y 4 por ciento. Todos los rubros relevantes considerados en el reporte presentan incrementos considerables.

Desde la invasión rusa, los precios globales del trigo subieron 22 por ciento, la cebada, 33 y de algunos fertilizantes, 40 por ciento. El entorno de altos costos detonado por la pandemia de covid-19, la política expansiva de la Reserva Federal de Estados Unidos, el incremento de la cotización de los energéticos, así como los desastres naturales, tenderá a agravarse en tanto el conflicto europeo persista.

Los expertos prevén que la situación empeorará debido a la rapidez del incremento de los precios de alimentos, petróleo, fertilizantes, gas, y metales, lo que anticipa una catástrofe no experimentada desde la mitad del siglo pasado.

Mientras las plantas de fertilizantes en Europa, reducen su producción significativamente, China enfrenta su peor cosecha de trigo debido a las fuertes inundaciones. La presión ocasionada por la necesidad de alimentar a mil 400 millones de personas ha empujado al país asiático a considerar la compra de una fracción mucho mayor del menguante suministro global del cereal, y es una presión extra.

La pandemia nos legó un incremento de 18 por ciento en el hambre global. De hecho, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), la décima parte de la población global, esto es, 811 millones de personas, la padecen hoy.

Antonio Guterres, secretario general de la institución, ha sido muy claro al respecto, la guerra, puede convertirse en un huracán de hambre y el colapso del sistema alimentario mundial. Países como Burkina Faso, Egipto, República Democrática del Congo, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, algunos de los cuales ya experimentan crisis alimentarias, importan alrededor de 50 por ciento de su trigo de Ucrania o Rusia. A este respecto, cabe recordar que los mexicanos consumen 33.5 kilos per cápita de pan al año. El trigo ruso y ucranio no es fácilmente remplazable. Las existencias están comprometidas en Estados Unidos y Canadá; Argentina está limitando sus exportaciones mientras los envíos desde Australia ya están a tope de capacidad.

La guerra también amenaza con producir otro impacto a largo plazo para los mercados de alimentos: la escasez de fertilizantes. Rusia es el exportador más grande en la materia, (15 por ciento). Este mes, detuvo los envíos mundiales. Las sanciones también han afectado al aliado ruso, Bielorrusia, uno de los principales productores de fertilizante de potasa, crucial para cultivos, como la soya y el maíz; además, los productores europeos de fertilizante anunciaron que reducirán o detendrán la fabricación por los altos precios de la energía.

El principal productor de soya, Brasil, compra casi la mitad de su fertilizante de potasa a Rusia y Bielorrusia. Sólo le quedan tres meses de reservas.

Brasil vende la mayor parte de su soya a China, que utiliza gran parte de la cosecha para alimentar al ganado. Una soya más escasa y cara podría obligar a los ganaderos a recortar ese tipo de alimentación, lo que supondría vacas, cerdos y pollos más pequeños, y precios de carne más elevados. A lo que hay que sumar las consecuencias ecológicas de la tala indiscriminada en el territorio amazónico para abrirle paso a los cultivos de la leguminosa.

Flanco político

El aumento de los precios y el hambre también podrían abrir un nuevo flanco político a la guerra, alimentando el encono contra Rusia y las exigencias de intervención internacional, o bien, incrementando la frustración contra las sanciones occidentales que están obstruyendo el paso de los alimentos y los fertilizantes.

Históricamente, el alza de los precios de los alimentos ha sido un detonador de movimientos sociales y políticos en países pobres y de ingreso medio, muchos de los cuales subsidian alimentos básicos, como el pan, buscando evitar ese tipo de conflictos. Difícilmente, las economías de países emergentes contarán con los recursos necesarios para hacer frente al fenómeno.

Bajo un escenario de conflicto generalizado por la hambruna, los países de ingreso medio con pocas capacidades de defensa cibernética serán vulnerables a ataques orientados a afectar sus industrias esenciales o incluso agravar más el malestar social mediante las redes.

Evitarlos, por lo tanto, requiere de esfuerzos de coordinación internacional de dimensiones pocas veces vistas. Resulta necesario implementar una especie de Plan Marshall que atienda la crisis alimentaria por venir, al tiempo que se llevan a cabo negociaciones para poner fin a las hostilidades. De no atender este problema, los efectos de la crisis alimentaria serán exponenciales, duraderos y de amplias consecuencias. ¿Estarán los liderazgos globales a la altura de las circunstancias? ¿Podrán Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania ampliar su visión y abandonar las querellas domésticas?

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La extinción de insectos pone en riesgo la sostenibilidad agraria del planeta

La tasa de extinción de los insectos es hasta ocho veces superior a la de los animales vertebrados. Los cambios del uso de la tierra, los pesticidas y la crisis climática están detrás de este declive poblacional que, según los entomólogos, podría ser dramático.

 

Están desapareciendo, pero a nadie parece importarle. Los insectos se están extinguiendo a un ritmo cada vez más elevado sin que organismos internacionales presten atención a este drama. Así lo entiende la Asociación de Entomología Española, que, con la bibliografía científica actual, estima que en los últimos años se han perdido el 70% de las poblaciones voladoras de Europa. La tasa de extinción de estos seres, los populares bichos, es hasta ocho veces superior que la de los animales vertebrados y las consecuencias podrían desencadenar problemas a múltiples niveles.

"Los insectos pasan desapercibidos y su desaparición también, a pesar de que tiene una importancia tremenda", dice José María Hernández, vicepresidente de la Asociación Española de Entomología, que considera que la pérdida de individuos es ya un problema de "escala global" por la funcionalidad biológica de estos seres. "No es que vayan a desaparecer todos los insectos, porque son un grupo hiperdiverso, pero sí constatamos ya una bajada en su riqueza y en su abundancia, lo que puede derivar perfectamente en una catástrofe ambiental, por mucho que no se hable de ello", expone.

Esa catástrofe tiene que ver con la utilidad de muchos de estos seres, cuyas poblaciones no hacen otra cosa que menguar como consecuencia de la crisis climática y de la presión del ser humano sobre los ecosistemas. Los polinizadores son la cara visible de cómo un problema de biodiversidad puede convertirse un problema económico y social global. Este tipo de fauna –abejas, mariposas o algunos tipos de moscas, entre otros– son esenciales para que los cultivos puedan tener un rendimiento adecuado y producir el fruto plantado.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 75% de los cultivos dependen de alguna u otra manera de estos animales para la polinización. En términos productivos, el porcentaje es más bajo, y se estima que el 35% de los alimentos cosechados dependen de los insectos polinizadores, lo que sigue siendo un porcentaje preocupante en mitad de una coyunta de crisis climática donde las temperaturas podrían condicionar aún más el declive de estos seres vivos. Las poblaciones de mariposas y de abejorros, por ejemplo, ya han descendido un 25% desde 1991 en la mayor parte de los países europeos, según los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

"Esto tiene unas consecuencias importantes a nivel económico", indica Theo Oberhuber, portavoz de Ecologistas en Acción. Un informe de dicha organización publicado recientemente estima que por cada euro que produce un cultivo de manzana, 92 céntimos no serían posibles sin polinización. En el caso de los arándanos, la cifra se sitúa en los 80 céntimos; 78 céntimos en el kiwi; y 50 en la fresa. Los insectos polinizadores aportan 2.400 millones de euros de valor asociado agrícola en España. "A corto plazo ya estamos viendo los efectos de los cambios del uso del suelo y del uso desmesurado de pesticidas y biocidas", comenta el experto. "A largo plazo las consecuencias podrían ser peores por el cambio climático, que es un factor más que agravará la situación".

Pero el rendimiento agrario no es el único elemento perjudicado por el descenso de las poblaciones de insectos. Hernández señala el papel de algunas especies coprófagas o coleópteras, como los escarabajos, en la limpieza del campo. "Estos animales son descomponedores, lo que quiere decir que se alimentan de la materia fecal de los herbívoros. Son los responsables, en buena medida, de que los prados donde pasta el ganado extensivo esté limpio, sin ellos estarían saturados de excrementos y no serían sostenibles para la ganadería", advierte el entomólogo.

"También son importantes los que denominamos enterradores, que son especies que se ocupan de degradar los restos orgánicos de los animales muertos, de descomponer y ayudar a reciclar cadáveres. En su conjunto, casi todos son importantes para la biodiversidad, para que se puedan mantener las redes tróficas y sirvan de alimentos a aves e incluso mamíferos como el zorro. Creo que no se puede poner una escala, al final todos los insectos tienen una función; son todos igual de importantes", opina.

14/02/2022 21:24

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Domingo, 13 Febrero 2022 05:41

La disputa sobre quién nos alimenta

La disputa sobre quién nos alimenta

Mucha gente, sobre todo en las ciudades, cuando se pregunta quién produce los alimentos, piensa en extensos campos y maquinarias, grandes empresas y supermercados. Muchos saben que esos alimentos no son los mejores, pero creen que son los que proveen la alimentación de la mayoría. Es un mito. Incluso la FAO (organización de alimentación y agricultura de la ONU) reporta que las granjas familiares producen 80 por ciento de los alimentos, lo cual reafirmó al inicio del Decenio de la agricultura familiar (2019-2028).

No obstante, un estudio reciente patrocinado por la propia FAO ( Which farms feed the world and has farmland become more concentrated?, de Lowder S.K. et al, en World Development, 2021) afirma que la agricultura campesina solamente produce cerca de un tercio de los alimentos, una conclusión similar a la de otro estudio anterior ( How much of the world's food do smallholders produce?, de Ricciardi V et al, en Global Food Security, 2018) en el que se basan parcialmente. Esto en parte se debe a la confusión de conceptos que ha creado la propia FAO sobre qué es agricultura familiar.

Pero lejos de ser un tema académico, el problema es que esos estudios se toman como referencia para definir políticas públicas sobre alimentación. Por ejemplo el artículo Lowder et al, concluye que existe una parcialidad en favor de la agricultura de pequeña escala y se debe apoyar mucho más con recursos públicos a la gran agricultura industrial.

La realidad es diametralmente opuesta: mientras la agricultura de pequeña escala sufre todo tipo de discriminación y escasamente cuenta con apoyo de programas oficiales, las cadenas industriales están subsidiadas directa e indirectamente a gran escala en la mayoría de los países.

Ante esta nueva posición de la FAO; un grupo de organizaciones que hemos investigado el tema por décadas, dirigimos una carta a ese organismo, planteando la contradicción de estas posiciones y exponiendo los múltiples errores en que se basan estos estudios. La carta y un documento más extenso explicando éstos con detalle se puede descargar aquí: https://tinyurl.com/jhp5nhke). La FAO no ha respondido.

Las trasnacionales de agronegocios están felices con los nuevos estudios. También fueron acogidos con entusiasmo por prensa internacional y adoptados como referencia por fuentes de información muy acudidas y que se presentan como neutrales como Our World in Data, aunque ésta es financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates, conocidos promotores de la producción alimentaria industrial, química y transgénica.

Según la investigación de Grupo ETC, Grain y otras organizaciones, más de 70 por ciento de la población mundial basa su alimentación en lo que provee la red campesina de alimentos, aunque esa red tiene menos de 25 por ciento de la tierra y agua agrícola. En contraste, la cadena industrial alimentaria, controlada por empresas trasnacionales, tiene y usa más de 75 por ciento de la tierra, agua y combustibles de uso agrícola a nivel global. Además, por cada peso que pagamos por un alimento de la cadena industrial, pagamos dos pesos más por los daños ambientales y a la salud que provoca esa cadena, un dato que estimó el Grupo ETC en 2017 y que volvió a mostrar un estudio de la Fundación Rockefeller en 2021. ("Quien nos alimentará" https://tinyurl.com/4kr6h8uv)

La cifra de que 70 por ciento de la población mundial se alimenta por las redes campesinas, incluye en esas redes, entre otras, a la producción campesina e indígena, las y los pescadores artesanales, sistemas pastoriles, apicultura, agricultura de montaña y silvicultura tradicional, recolección y caza tradicional, así como huertas urbanas. Todas esas fuentes que son esenciales para proveer alimentos, son total o mayormente ignoradas en el nuevo estudio de la FAO.

Ese estudio (Lowder et al) sólo toma en cuenta la producción agrícola, no si esta se consume, si es para alimentación y a quién llega; define además una medida única y limitada de superficie de tierra (finca campesina sería hasta 2 hectáreas sin importar el tipo de terreno, las condiciones ni las diferencias regionales); sólo considera la producción de cultivos (y algo de ganadería); no hace diferencia entre el valor nutricional de los alimentos, entre otras cosas. (Ver crítica detallada en https://tinyurl.com/bduhzcdx)

Aun así, con esos parámetros tan limitados, llegan a la conclusión que las fincas pequeñas (menos de 2 hectáreas) cultivan 35 por ciento del alimento mundial con 12 por ciento de la tierra agrícola, lo cual por sí solo muestra que son mucho más productivas en alimentos que las grandes instalaciones.

Tampoco toman en cuenta que en agricultura industrial, pese a producir grandes volúmenes por hectárea, una gran parte no va a alimentación, sino a agrocombustibles, forrajes y otros usos industriales, además de conllevar un alto nivel de desperdicio (hasta 50 por ciento según otros reportes de FAO) en campo, transportes, supermercados y hogares. No consideran tampoco el desperdicio causado por la comida industrial que no alimenta, sino que produce malnutrición, obesidad, diabetes, hipertensión, etcétera.

El tema de quién y cómo nos alimentamos es vital para todas y todos. Conocer, apoyar y afirmar a las redes campesinas, que son quienes realmente proveen el alimento de la mayoría de la población es fundamental, a todos los niveles.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Científicos llaman a parar la geoingeniería

La semana pasada 63 científicas y científicos de alto nivel académico de 29 países y seis continentes publicaron una carta abierta a Naciones Unidas en la que exhortan a establecer un Acuerdo internacional de no uso de la geoingeniería solar (https://www.solargeoeng.org/).

Motiva el llamado la alarma por el avance de proyectos de geoingeniería ­solar, a la que consideran especulativa, riesgosa, injusta y sobre todo, ingobernable. Este último aspecto es sobre el que colocan mayor énfasis por ser el área que el grupo de iniciadores ha estudiado principalmente.

Plantean que la geoingeniería solar implica una enorme escala e infraestructura –en muchos casos militar– que solamente poseen algunos gobiernos del Norte global, donde también se concentra el control por patentes de estas tecnologías.

Si se desplegara tendría impactos fuertes y muy desiguales a nivel global –amplias regiones del Sur global verían afectadas su agricultura y fuentes de agua y alimentación– y una vez iniciada, tendría que mantenerse en forma ininterrumpida por muchas décadas, ya que su interrupción conlleva un "shock de terminación" en el que la temperatura global sube a gran velocidad, lo cual sería peor que nunca haberla aplicado.

Por el alto nivel de riesgos, la megaescala espacial y temporal que requiere y la inequidad en el manejo y control de las tecnologías, es crucial definir cómo se podría gobernar esta tecnología. Todos los países deben tener voz y voto y asegurar que los poderosos que la controlan no puedan imponer veto ni mayorías por presión, ya que algunos países y regiones podrían resultar seriamente dañados. Además, se requiere capacidad efectiva para detener y sancionar a quienes no cumplan y que todo ello se mantenga estable por varias décadas o incluso siglos.

Los científicos reflexionan que este tipo de gobernanza internacional no ha sido posible salvo para detener tecnologías de alto peligro, por ejemplo los tratados de prohibición de ensayos de armas nucleares, armas biológicas y toxínicas. Por el contrario, permitir y favorecer el desarrollo y experimentos de herramientas de alto riesgo llevará a que los actores privados y públicos más poderosos las tengan a su disposición. La historia muestra que si lo estiman conveniente, no dudarán en usarlas aun si perjudican a muchos otros países.

Por ello, la carta abierta plantean que es urgente y necesario establecer un acuerdo internacional de no uso de la geoingeniería solar, para el cual proponen cinco puntos:

1) No financiación pública. Compromiso de prohibir a las agencias de financiamiento nacional apoyar el desarrollo de tecnologías para la geoingeniería solar, tampoco a través de instituciones internacionales.

2) No a los experimentos al aire libre. Compromiso de prohibir los experimentos de campo de tecnologías de geoingeniería solar.

3) No a las patentes. Compromiso de no otorgar derechos de patente para tecnologías de geoingeniería solar, incluidas tecnologías de apoyo, como el equipamiento de aviones para inyección de aerosoles.

4) No al despliegue. Compromiso de no desplegar tecnologías para geoingeniería solar, tampoco si fueran desarrolladas por terceros.

5) No al apoyo desde instituciones internacionales. Compromiso de oponerse a la futura institucionalización de la geoingeniería solar a nivel global como opción de política climática en las instituciones internacionales, incluido en la evaluación de escenarios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

Acompaña el llamado un artículo científico publicado en la revista arbitrada Wires Climate Change (Biermann et al, 2022 https://doi.org/10.1002/wcc.754).

Aunque estas propuestas de geoingeniería parecen ciencia ficción para muchas personas, hay investigadores que promueven tanto su investigación como experimentos de campo. Son pocos, pero están financiados por poderosos multimillonarios y apoyados directa o indirectamente por las mayores industrias causantes del caos climático, como petroleras. Un ejemplo es el programa de geoingeniería solar de la Universidad de Harvard, apoyado por Bill Gates y otros, que intentó hacer experimentos en zonas indígenas en la frontera con México y en territorio indígena Saami en Suecia. Ese experimento se suspendió en 2021 por la activa protesta de los Saami y una amplia colaboración de organizaciones ambientalistas y científicas ( https://tinyurl.com/mryerxss).

Hay también presiones crecientes para destinar fondos públicos a este tipo de actividades. La Academia de Ciencias de Estados Unidos ha publicado en pocos años cuatro informes sobre geoingeniería. Su reporte sobre geoingeniería solar en 2021 propone que el Congreso de ese país financie esa investigación y experimentos con 200 millones de dólares.

Por todo ello, los científicos plantean que urge evitar que la geoingeniería solar se normalice como si fuera "una opción más" frente al cambio climático, cuando en realidad funciona como coartada para seguir aumentando las emisiones de carbono y desviar la atención de la investigación y políticas necesarias para descarbonizar lo antes posible las economías.

Los iniciadores invitan a científicos y científicas a sumar su firma y se abre también a organizaciones de la sociedad civil e individuos que quieran apoyar la iniciativa (disponible aquí en castellano: https://tinyurl.com/3cbmyauw).

*Investigadora del Grupo ETC

ONU asegura que la inseguridad alimentaria se agudizará en Colombia

 

Haití y Honduras serán las naciones más afectadas por el hambre durante 2022

 

El Programa Mundial de Alimentos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura revelaron un informe este 27 de enero donde Colombia, en cuanto a seguridad alimentaria aguda, no queda muy bien posicionada.

Según lo dicho en el informe, la situación se agravará entre febrero y mayo de 2022 en tres países de América Latina y el Caribe: Colombia, Honduras y Haití.

El informe titulado ‘Focos de Hambre’ sostiene que la falta de comida seguirá ganando terreno en el país, debido a la inestabilidad política, la pandemia, la crisis migratoria, el desplazamiento interno, y la inestabilidad regional.

De acuerdo con el estudio de necesidades humanitarias de 2022, 7,3 millones de colombianos precisarán asistencia alimentaria este año y hasta julio de 2021 había 1,1 millones de migrantes venezolanos en el país en situación de inseguridad alimentaria, aunque reporta que esto ha mejorado ligeramente.

Asimismo, el documento resalta que el número de migrantes venezolanos ha venido creciendo ya que en agosto del año pasado llegaban a 1,8 millones acogidos en Colombia y adelantó que esa cantidad podría aumentar. A ese colectivo se aúnan las personas en tránsito de América del Sur y el Caribe hacia el norte del continente.

Otro ítem que desencadenará el hambre en el país es la inestabilidad política debido a los retrasos en la implementación del Acuerdo Final de Paz de 2016 entre las Farc y el Estado colombiano, lo que ha llevado a un recrudecimiento de la violencia y nuevos desplazamientos internos, que podrían llevar a crecer el malestar social y los posibles baches económicos.

Señala que la pandemia ha amplificado la desigualdad y apunta a que el alto nivel de la inflación seguirá afectando el poder de compra de las familias pobres.

Asimismo, la FAO y el PMA indicaron que el acceso a la asistencia humanitaria en el país está muy restringido y podría ser peor debido al recrudecimiento del conflicto armado en las zonas más peligrosas del país.

Por último, el informe recomienda medidas como las transferencias de efectivo y la asistencia alimentaria tanto para los migrantes venezolanos como para las comunidades de acogida, así como la distribución de insumos agrícolas y el establecimiento de áreas para la producción rápida de alimentos, atención médica veterinaria, apoyo a la producción de forraje y ayuda para preservar los medios de vida.

Los compañeros de Colombia: Haití y Honduras

En Honduras los factores son otros. La poca precipitación acumulada en 2021 por lluvias debajo del promedio en octubre y noviembre de 2021, y la crisis derivada de la pandemia son los dos principales motivos del empeoramiento de la inseguridad alimentaria en los meses por venir en el país, sobre todo en el Corredor Seco, donde las familias más pobres necesitarán asistencia humanitaria.

Aunque la producción de maíz disminuiría sólo un 3 % en comparación con la media de los cinco años anteriores, la reducción de 60 % que se espera en la producción de sorgo afectaría los medios de vida agrícolas.

Además, según el Banco Mundial, el 32% de las personas empleadas perdió o abandonó su trabajo como resultado de las perturbaciones derivadas de la pandemia.

Por su parte, en Haití la crisis económica, la sucesión de cosechas por debajo de lo normal, la inestabilidad sociopolítica y la violencia de las pandillas exacerbaría los alarmantes niveles de hambre en el país, especialmente en los departamentos del sur.

Según cifras de la ONU, al inicio de febrero de 2022 unos 4,3 millones de personas requieren ayuda alimentaria de emergencia y de marzo a junio el horizonte se agravaría para alcanzar a 4,6 millones de haitianos en esas condiciones.

La depreciación de la divisa haitiana y el alza de los combustibles y las materias primas erosionan más el poder adquisitivo de las familias, cuya canasta básica cuesta un 40 % más que hace un año por el aumento de los precios de los productos importados como el aceite vegetal, la harina de maíz y el trigo.

Por otra parte, la inseguridad y la inestabilidad política seguirán siendo altas en los próximos meses, dificultando el acceso y las operaciones humanitarias.

27 de Enero de 2022

Publicado enColombia
La FAO alerta sobre crisis medioambiental: Ecosistemas terrestres y acuáticos están llegando “a un punto crítico”

Más del 95% de nuestros alimentos se producen en la tierra. Hoy apenas se puede ampliar la superficie de tierra productiva. Foto: Tomada de sciencing.com.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se sumó este jueves a las advertencias sobre la crisis medioambiental que vive el planeta y señaló que el progresivo deterioro del estado de los recursos del suelo, la tierra y el agua a nivel global dificultará la alimentación de una población que se prevé alcance los 10 000 millones de personas en 2050.

La FAO subrayó que los actuales modelos de producción agrícola y alimentaria no son sostenibles y que la seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas.

“Las presiones actuales sobre los ecosistemas de tierras y aguas son intensas y muchos de ellos están sometidos a tensiones que los están llevando a un punto crítico”, alertó el director general del organismo especializado de la ONU en el prólogo de un informe presentado este jueves, el cual analiza los recursos terrestres y acuáticos en relación con la alimentación y la agricultura.

Durante la presentación del estudio, el director general de la organización, Qu Dongyu, sostuvo que “los modelos actuales de producción agroalimentaria demuestran no ser sostenibles”, pero “los sistemas agroalimentarios pueden desempeñar un papel importante para aliviar estas presiones y contribuir positivamente a los objetivos climáticos y de desarrollo”.

De mantenerse las tendencias actuales, producir un 50% extra de alimentos esenciales se traduciría en un aumento de la extracción de agua para la agricultura de hasta un 35%, según el informe.

Ese incremento podría llegar a provocar desastres medioambientales, aumentar la competencia por los recursos y alimentar nuevos retos y conflictos sociales.

“En este contexto, está claro que nuestra seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas. El aumento de la demanda de productos agroalimentarios nos exige que busquemos formas innovadoras para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el contexto del cambio climático y la pérdida de biodiversidad”, dijo el director general de la FAO.

El informe sostiene que el éxito de esta empresa dependerá de una buena gestión “de los riesgos que afectan la calidad de nuestros ecosistemas de tierras y aguas, la forma en que combinemos las soluciones técnicas e institucionales para atender a las circunstancias locales y, sobre todo, la medida en que podamos centrarnos en mejorar los sistemas de gobernanza de la tierra y el agua”.

Según datos de la FAO, la degradación del suelo provocada por el ser humano afecta el 34% de las tierras agrícolas, unos 1 660 millones de hectáreas, y más del 95% de nuestros alimentos se producen en la tierra. Sin embargo, apenas se puede ampliar la superficie de tierra productiva.

Aunque las zonas urbanas ocupan menos del 0.5% de la superficie terrestre, el rápido crecimiento de las ciudades está afectando significativamente los recursos terrestres e hídricos, contaminando e invadiendo tierras agrícolas de buena calidad que son cruciales para la productividad y la seguridad alimentaria

Además, la escasez de agua pone en peligro la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible del mundo, y pone en riesgo a 3 200 millones de personas que viven en zonas agrícolas.

La FAO advierte que, ante la actual limitación de tierras cultivables y recursos de agua dulce, es “vital” un rápido aumento de los recursos tecnológicos y de la innovación.

La gobernanza de la tierra y el agua debe ser más inclusiva y adaptada para beneficiar a millones de pequeños agricultores, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas, ya que son los más vulnerables a los riesgos climáticos y socioeconómicos, y los que más sufren la inseguridad alimentaria, apunta el informe de la organización especializada de Naciones Unidas.

Agrega que la sostenibilidad de los suelos, las tierras y las aguas constituye la base de los sistemas agroalimentarios resilientes. “El uso sostenible de estos recursos es fundamental para lograr los objetivos de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos.

A modo de ejemplo, el uso racional de los suelos puede absorber por sí solo una tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las tierras agrícolas”, señala.

Según la FAO:

–La agricultura de secano produce el 60% de los alimentos del mundo y ocupa el 80% de las tierras cultivadas. La de regadío produce el 40% en el 20% de las tierras.
–Cerca del 33% de nuestros suelos sufren una degradación entre moderada y grave.
–A escala mundial, la agricultura representa el 72% de todas las extracciones de aguas superficiales y subterráneas, principalmente para fines de riego.
–La pesca de captura continental alcanzó los 11.9 millones de toneladas en 2019, un registro que representó el 13% de la producción total mundial de la pesca de captura.
–Solo 17 países produjeron el 80% del total de las capturas mundiales de pescado.
–Asia registra la mayor captura pesquera continental que representa un 66% de la pesca de captura mundial total.

9 diciembre 2021

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 04 Diciembre 2021 09:57

El gran robo de las semillas

El gran robo de las semillas

A la cárcel por guardar semillas de su propia cosecha. Suena increíble pero es la consecuencia que ha tenido en varios países la aplicación de leyes que otorgan "propiedad intelectual" sobre semillas a grandes empresas, con la protección del convenio UPOV (Unión internacional de Protección de Obtenciones Vegetales), institución que esta semana cumple 60 años. Podría pasar en México con la reforma a la Ley Federal de Variedades Vegetales propuesta por el diputado Eraclio Rodríguez, quien argumenta que es para armonizarla con el T-MEC y otros tratados de libre comercio. Rodríguez no es original, simplemente sigue los lineamientos que dictan las trasnacionales semilleras y de agrotóxicos como Bayer, Syngenta y Corteva. Son éstas las que se benefician de las normativas para privatizar semillas (https://tinyurl.com/yc285u3k).

Su objetivo no es la alimentación sino el lucro, ven a las semillas solamente como eslabón de la cadena industrial de agroalimentación, monopolizarlas como un paso clave para controlar toda la cadena. Por ello han promovido la privatización de las semillas con "derechos de obtentor" y patentes. Contra ese proceso, que es una vía para criminalizar la vida campesina y la producción soberana de alimentos, se está realizando del 2 al 8 de diciembre una campaña global contra la UPOV y la privatización de semillas, apoyada por 285 organizaciones de 47 países (#StopUPOV).

Una forma de imposición de las disposiciones de UPOV han sido justamente los tratados de libre comercio. En el marco de la campaña, Grain publicó esta semana un mapa interactivo de esos tratados y qué países los empujan. Queda visualmente muy claro que es un proceso de neocolonialismo. Pocos países, encabezados por Estados Unidos y Europa –sede de las trasnacionales semilleras– buscan asegurar la protección de los privilegios de esas empresas en los países del sur, especialmente en los que existe gran diversidad y son origen de las semillas que buscan monopolizar (https://grain.org/e/6768).

Privatizar semillas es en sí un concepto absurdo, ya que son una creación colectiva y fluida, que comenzó con mujeres que hace más de 10 mil años crearon formas de cultivar lo que antes sólo se recolectaba, dando así origen a la agricultura y los asentamientos humanos. Intercambiar y guardar semillas para las próximas cosechas es a la agricultura como el aire que respiramos. Como expresa Camila Montecinos de la Asociación de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile, las constantes conversaciones de las comunidades que siembran con las semillas, los suelos, los cultivos, el clima, los bosques, montañas o llanos, las fuentes de agua, las necesidades de alimentación, abrigo, gustos y expresiones artísticas y espirituales, las formas de manejar enfermedades y muchas otras interacciones, es lo que mantiene las semillas vivas y todo el tiempo crea nuevas. Nunca es una creación individual, siempre son tejidos colectivos que parten de semillas anteriores y son base de las futuras (https://tinyurl.com/5ekmz2vv).

En el mismo sentido se pronunció esta semana contra UPOV y otros proyectos que vulneran la vida comunitaria y la autonomía indígena, la Red Mayense de Guardianes de Semillas (https://tinyurl.com/2p8usv8m).

El proceso de creación lleva más de 10 mil años y no es individualizable. Por ello, las empresas inventaron un absurdo para reivindicar su propiedad: que quien desarrolle una variedad en laboratorio pueda alegar que es su invento, su "obtención" y pedir un "certificado de obtentor" que impida a otros usar esa variedad, pese a que está basada en miles de años de creación colectiva. Para dar a este robo un marco internacional se creó la UPOV. Al principio restringía sólo el uso comercial por 5-7 años. Cambios sucesivos resultaron en la versión 1991 de ese convenio, que otorga exclusividad por más de 20 años, criminaliza y persigue los intercambios campesinos y de agricultores, restringe gravemente el acceso a semillas para investigación pública, permite obtener certificados incluso por "descubrimientos", extiende la "protección" a variedades similares a la desarrollada y afirma la criminalización y penalización de quien no cumpla.

En todas partes del mundo, pero especialmente en los países del sur global miembros de UPOV, los certificados otorgados siguen un patrón: más de 90 por ciento de los solicitantes son grandes empresas trasnacionales o sus subidiarias. Es básicamente una forma de resguardar los privilegios de las empresas en cada país y habilitarlas a usar los aparatos represivos y jurídicos nacionales contra las y los campesinos, agricultores e institutos de investigación pública. En muchos casos, como con el maíz, frijol, calabazas, nopal, amaranto y flores como cempasúchil o nochebuena, se otorgan derechos exclusivos a trasnacionales de cultivos con centro de origen y diversidad en los propios países que los ceden, un caso repetido en México.

La ambición de las empresas no tiene fin, y tampoco lo tendrá el aumento de las restricciones y penalizaciones que quieren imponer para resguardar sus privilegios a través de UPOV y otros sistemas de propiedad intelectual, como las patentes. Por ello la campaña exige terminar con la institución. Es apenas un comienzo.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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