Ilustración: @marcoprile

Entrevista a Lisbeth Moya González

Conversamos con Lisbeth Moya González, quien es una joven periodista, escritora y activista política como parte de la izquierda crítica cubana. En esta interesante entrevista, realizada en los últimos días de diciembre, se consideran distintos aspectos de la difícil problemática económica, política y social que recorre la isla, cuyo destino es de gran interés para los trabajadores y pueblos de América Latina y el mundo. Sin compartir algunas de las diversas cuestiones que desarrolla, consideramos de suma importancia dar a conocer su visión sobre lo que acontece en el interior de la propia isla y los caminos que se proponen para una salida de la actual crisis cubana. Esta entrevista es parte de un conjunto que estamos realizando a una parte de la llamada izquierda crítica cubana; próximamente estaremos publicando un artículo sobre la situación y el programa, donde abordamos nuestra visión y posición como parte de los debates en curso.

Las movilizaciones del 11 de julio de 2021 marcaron un antes y un después en la situación política en Cuba. ¿Cuáles fueron, para ti, las causas de esas movilizaciones?

El 11 de julio fue un día bastante polémico, fue un día que para mí no fue una sorpresa. Sabíamos con anticipación que las cosas estaban mal desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del descontento de la gente, y que eventualmente iban a explotar. No sabíamos de qué manera, pero sí que algo se iba a armar. Yo vivo en un barrio marginal que se llama Jesús María, en el centro de La Habana vieja, y todo el tiempo sentíamos el descontento popular. Estaba todo muy caldeado. También sabía, pues conozco otras partes de la historia, porque tengo a mis padres, por ejemplo, que viven en el interior del país, que allí la situación económica era mucho más terrible que en La Habana.

Por otro lado, hay que considerar que en Cuba pasamos por un período especial y si bien tuvimos un maleconazo el 5 de agosto de 1994, este fue un pequeño estallido social, comparado con el 11 de julio. La ciudadanía está acostumbrada, por falta de tradición política o porque se les educa en obedecer y ser parte de un sistema, como un engranaje continuo, a no rebelarse. Porque además el derecho de manifestación en Cuba no existía en lo más mínimo, hasta hace muy poco que en la nueva Constitución sí se habla del derecho a manifestación.

Entonces, en Cuba no existe tradición de protesta. No existen sindicatos que ejerzan esa función; aunque existe la Central de Trabajadores de Cuba, que es como un gran sindicato que está controlado por el Gobierno, pero no ejerce la función de sindicato. Cuando tienes problemas en el trabajo con tu jefe o cualquier cosa el sindicato no te va a respaldar de la misma manera. Cuando tienes un problema con los efectos de las medidas económicas que se apliquen a nivel macro en el país no vas a ver a un sindicato en la calle reclamando tus derechos. O ante situaciones como las que se enfrentaron hace un tiempo, cuando ocurrió una especie de despidos masivos, que acá se le llamó en ese momento un “proceso de idoneidad” dentro de los trabajos, que sencillamente te decían que ya no, porque se abría el sector privado, y se buscaba echar a la calle a trabajadores del sector estatal, hacían un proceso de selección y sencillamente echaron a la calle a un montón de gente para que fueran precisamente la mano de obra de ese sector privado. Eso le dolió a mucha gente porque muchas personas estaban adaptadas a su trabajo y sencillamente verte sin trabajo de un día para otro no es nada gracioso y ahí no hubo un sindicato, por ejemplo, que protestara, y no sucedió nada.

Con esto no estoy diciendo que en Cuba no exista una tradición política de protesta. Tenemos una historia que es de antes del ‘59, que era una historia convulsa de protestas, de lucha, pero luego se vino a eliminar toda posibilidad de asociación, de disenso, o sea, básicamente, actualmente, si no estás de acuerdo con lo que se plantea desde arriba, esa verticalidad, si no estás de acuerdo con ellos, no puedes protestar.

Entonces el 11 de julio llega en el punto álgido de un montón de contradicciones, contradicciones de tipo económico que tenían que ver con la situación cubana que estaba mal desde antes. En Cuba nunca hemos estado económicamente bien, desde el período especial hasta los días de hoy, que nadie se engañe. La situación más reciente tiene que ver con la desaparición total de los productos básicos, conseguir un pomo de aceite, carne o lo que sea, acá es muy difícil. Tiene que ver con la gran inflación que existe, descomunal, que se dice era del 6900%, no sé bien la cifra, pero era una brutalidad, pero es que las cifras oficiales nunca están a mano.

Pero yo creo que el fenómeno es mucho más complejo que eso. Para analizarlo hay que pensar, por ejemplo, que no se puede olvidar un momento que fue clave de lo que sucedió en Cuba en enero, que fue la Tarea Ordenamiento Económico, que fue un momento en la economía que, en medio de la crisis económica y sanitaria que implica el COVID-19, se decidió hacer algo que el gobierno había atrasado durante mucho tiempo, algo que estaba planificado, pero que no se había hecho, y como ya estábamos en una crisis muy grande e insostenible, pues decidieron meter esa medida económica, un paquetazo de una vez para tratar de “cambiar algo” y tratar de “revitalizar la economía”. Estoy utilizando palabras que ellos mismos emplean.

Y que en realidad representó un ataque enorme a las condiciones de vida del pueblo cubano…

Sí. Cuando hablo de esto me acuerdo de Alejandro Gil, ministro de economía, diciendo en la televisión que se iban a abrir las tiendas en moneda libremente convertible, llamadas MLC, donde tendrían acceso las personas que reciben remesas o que reciben dólares, euros u otras monedas extranjeras. Esas personas que tenían esas monedas se harían una tarjeta MLC, donde esta moneda tendría un valor asociado, según la fluctuación del MLC en el mercado, a partir de la cotización de las distintas monedas extranjeras. Con esta tarjeta podrían comprar en tiendas especiales, en las cuales Alejandro Gil dijo que se ofertarían productos de “alta gama”; de esta forma se refieren a productos que no se encuentran normalmente en las tiendas comunes.

Esto fue presentado por el gobierno como una manera de captar los dólares y otras monedas extranjeras que entraban a Cuba, y supuestamente con esos recursos poder invertir y llenar las otras tiendas. Cuando oí eso dije: esto es un apartheid económico, no sé qué voy a hacer yo y todo el mundo porque a estas tiendas no voy a poder acceder nunca. En aquel momento recuerdo que tuve muchos debates y que muchas personas me decían: “no es así, en las tiendas comunes va a haber cosas”, en fin. Esto porque desde el gobierno se afirmó que nunca se dejaría de abastecer a las demás tiendas, y que serían unas pocas tiendas en MLC en cada municipio, en cada localidad.

Pero la realidad es que cada día hay más tiendas en MLC y menos tiendas normales. Hay pueblos donde solo existen una o dos tiendas normales y el resto son tiendas en MLC. Todo esto en un país en donde a los obreros, a los trabajadores no se les paga en MLC, sino en pesos cubanos. Recordemos que estas medidas fueron presentadas para sacar de circulación el CUC, que había sido una moneda emergente que habían implantado durante el periodo especial, para eliminar la circulación del dólar en Cuba. Este proceso de dolarización entra entonces de una manera novedosa y conveniente para ellos.

Y entonces ¿qué sucedió? Que cada día había más tiendas en MLC. Cada día los precios en las tiendas MLC estaban más altos y se decidió comercializar en esas tiendas más productos de los que no se encontraban en ninguna parte: por ejemplo, los cigarros, que solamente se venden en MLC. Y cada día las tiendas normales, donde puedes comprar en pesos cubanos, son menos y están más vacías.

Y cada día, los cubanos tienen que acudir a un mercado negro, con precios descontrolados. Se trata de personas que consiguen el MLC en el mercado negro, donde lo compran a precios elevadísimos, por ejemplo 70 u 80 pesos por un MLC y con eso adquieren los productos. Esto implica que hay un mercado especulativo del MLC, por un lado; de los dólares y euros por otro, y finalmente de los productos de primera necesidad y de todo tipo. Por ejemplo, para comprar un paquete de pollo tienes que dar como 600 pesos cubanos. Eso era inconcebible antes, cuando un paquete de pollo te costaba 8 dólares, que era como 200 pesos, y estoy dando un precio alto. Un pomo de aceite que antes costaba uno o dos dólares ahora cuesta el equivalente a 10 y a veces hasta 15 dólares. Y así todo.

Al mismo tiempo está la crisis sanitaria: no hay medicamentos, prácticamente no hay test para saber si la gente tiene coronavirus. Las cifras de la pandemia son ficticias, porque hay mucha gente contagiada que no puede hacerse test, que tienen los síntomas pero que no se les contabiliza porque no hay test para hacerle. Conozco muchísimos casos que han estado con coronavirus en su casa sin poder testearse. Entonces, si a eso le sumas en el contexto del Covid-19 que la crisis sanitaria había tocado un pico pandémico enorme, que había ciudades que estaban desbordadas y hospitales colapsados, si a eso le sumas los sarcásticos del noticiero de la televisión cubana y de los medios de prensa, diciendo que todo está bien, que no pasa nada. Y esto es porque en Cuba no hay transparencia periodística, y los medios alternativos son totalmente asediados. Y buena parte de los “medios alternativos”, esa crítica tengo que hacerles, a veces son una locura porque realmente están pagados por Estados Unidos y eso no se puede negar, y son terriblemente malos informando, o sea calumnian todo el tiempo. Hay realidades tristes que contar, pero ellos se pasan o inventan, pero también hay medios alternativos muy respetables, eso sí, no lo olvidemos.

Entonces, llegado el 11 de julio teníamos la crisis, teníamos un pueblo, un pueblo que no puede más económicamente hablando, teníamos a la televisión mintiendo todo el tiempo.

Queríamos preguntarte sobre los antecedentes en ese terreno de lo que vienes desarrollando.

Sí, te puedo decir que en el ámbito de lo político habían sucedido varias cuestiones que eran también bastante fuertes, y es que en Cuba existe una oposición que había hecho acciones desde hace muchísimo tiempo, una oposición que no tiene matiz de izquierda, una oposición en buena medida de derecha, aunque la izquierda y la derecha se ha transfigurado un poco en los sucesos asociados a esa oposición en los últimos años. Me refiero, por ejemplo, a los sucesos del 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura, donde durante meses estuvieron sitiados y en huelga los miembros del movimiento San Isidro, como Luis Manuel Otero Alcántara y el resto de sus integrantes. Estaban en huelga, protestando precisamente por el encarcelamiento de Denis Solís, un rapero cubano, también opositor, causado por enfrentarse a un policía. Solís había sido condenado a prisión por esto y por otras arbitrariedades del Gobierno. Entonces, estaba San Isidro en huelga, llegaron a las casas de ellos con excusas del Covid-19, de que había alguien que había entrado al país que era Carlos Manuel Álvarez, el periodista, y desalojan a San Isidro. Además de esto a Luis Manuel se lo llevan preso.

Entonces esto fue un punto álgido, digamos, de colapso político, en particular para los artistas y los escritores jóvenes, porque un grupo grande de simpatizantes, inicialmente de simpatizantes de San Isidro, pero después sencillamente de jóvenes, de personas que veían en lo que estaba sucediendo una arbitrariedad más del Gobierno, del tema de la censura y de la no posibilidad de disenso en Cuba.

Yo estuve el 27 de noviembre. Estuve porque quería ver qué sucedía; como periodista debo ver qué sucede políticamente en mi país. Aunque no coincidía con Luis Manuel Otero Alcántara tenía que ver qué estaba pasando y, además de eso, sí estuve allí de convicción por el tema del disenso y la represión en Cuba, que para mí es fundamental ahora mismo y lo era en ese momento. El tema de la represión y del disenso en Cuba es preocupante, acá no hay libertad de manifestación ni de asociación. Mientras en otros países ustedes se manifiestan, aunque los repriman o no, en Cuba no podemos: aquí te manifiestas, te agarran preso y te acusan de delitos contra la seguridad del Estado que implica una cantidad de años encima.

Entonces, volviendo, el caso del 27 de noviembre, que si bien no era de izquierda sí encendió la llama de muchas cosas. Entonces en ese día se congregaron frente al Ministerio de Cultura 500 personas como mínimo. Éramos jóvenes que teníamos miedo, que estábamos allí tratando de dialogar con las instituciones y exigir precisamente en torno a temas como la libertad de Luis Manuel, así como el derecho al disenso, la libertad de expresión y demás. Sin embargo, ese 27 de noviembre no había una conciencia política colectiva de grupo ni mucho menos. Ya después se intentó crear, con los que participaron, un grupo que se llamó 27N, que terminó dispersándose porque precisamente, después de eso, la seguridad del Estado, la policía política, se encargó de desmembrarlo mediante el método de la prisión o el exilio. Esta es la respuesta que se da desde el Estado, a ti te dicen que en tu país no puedes estar y si estás vas a la cárcel. Y tienes que irte de tu país. Porque disientes, porque políticamente no estás de acuerdo con lo que el Gobierno plantea y es el momento en el que tu vida se reduce a estar preso en tu casa o en una prisión sin poder trabajar, sin poder decir ni hacer nada, donde tus libertades civiles y políticas son eliminadas y te obligan a irte pues te dicen o te vas o te hacemos todo esto. En mi caso, que soy de izquierda, he sido hostigada en mi trabajo. Entonces, basado en ese concepto, podemos decir que la seguridad del Estado se ha encargado de desmembrar toda la disidencia y toda oposición.

Después del 27N ocurrieron otras cosas, una serie de momentos de manifestación política. Pero todos los que salieron a la calle después de ese día fueron reprimidos y apresados, están en la cárcel esperando sentencia, como es el caso de Luis Robles, que al parecer se lo hicieron el otro día, pero ahora no sé ni lo que le salió en materia de años. Y antes del 27 de noviembre también... habíamos tenido una marcha que fue el 11 de mayo de 2019. Esa fue una manifestación de la comunidad LGBT, muy masiva, que también fue reprimida, y algunos de sus miembros fueron apresados, y de allí surgió 11M, que es una plataforma que lucha por los derechos de la comunidad LGBT y con la que tengo la suerte de colaborar, porque hacen un trabajo de activismo hermoso.

Entonces tenemos todos estos antecedentes de represión y de un despertar de la sociedad civil cubana en materia de activismo. Sin embargo, es curiosísimo que la marcha del 11 de julio no fue organizada por la sociedad civil cubana. Los artistas, la comunidad LGBT, los intelectuales y demás solo fuimos simples participantes o espectadores ese 11 de julio. Fue el pueblo de centro Habana, de Jesús María, de Marianao, de Los Pocitos, de la Güinera, etc., que son los barrios pobres de La Habana, los marginados, los que más están sufriendo la crisis económica; fue de allí de donde surgió la manifestación, desde donde salieron a las calles, en un fenómeno que fue bastante fuerte y simultáneo en muchos lugares del país.

Se ha criticado que la marcha fue violenta de parte de los manifestantes. Yo realmente no sé qué espera el Gobierno cubano. No quiero minimizar la violencia de los manifestantes – sé que hicieron cosas como intentar tomar cuarteles de policía o virar patrullas de policía– pero sí vi y viví en carne propia la violencia del Estado sobre los manifestantes. Está el caso de Leonardo Romero Negrín, que estaba conmigo ese día y que fue apresado injustamente sin hacer nada, solo porque le pedimos cuentas a un policía que estaba golpeando a un menor de edad. Leonardo fue reprimido, le fracturaron las costillas, le sucedieron muchas cosas dentro de la prisión y estaba desaparecido. No lo encontrábamos. Y una semana después, que pudimos dar con él gracias a la presión social y política, logramos que saliera. Pero no todos los presos tienen la suerte de Leonardo Romero.

¿Cómo vinculas las políticas gubernamentales, y en particular la Tarea Ordenamiento, con el aumento de la desigualdad social y el avance de la restauración capitalista?

Yo diría que la restauración capitalista es algo que ha venido sucediendo, de a poco. Es innegable que en Cuba la economía es una especie de Frankenstein. Yo la llamaría una economía de resistencia: todo el tiempo estamos resistiendo. A mi modo de ver, en Cuba el tema de los medios de producción nunca se ha afrontado como debería hacerse en un país que se plantea construir el socialismo: que es socializar los medios de producción de manera cooperativa, y no centralizarlo todo, porque el Estado cubano siempre ha sido bastante centralizado y ha querido siempre tener el poder económico. Nunca se ha laborado en la construcción de esa economía ideal, ya sea por el bloqueo o ya sea por la mala gestión de la burocracia en Cuba.

Evidentemente vivimos el bloqueo y el asedio norteamericano, porque estamos al lado del imperio que no quiere que el socialismo exista en ningún país porque es su opuesto histórico. Hemos vivido siempre en un estado de alarma, en un estado sitiado, y el desarrollo de la economía ha sido bastante centralizado y muy poco socializado.

Entonces en medio de esto viene el avance de la restauración capitalista, que tiene que ver también con las nuevas generaciones que detentan el poder en Cuba, y tiene su cara más brutal en el paquetazo neoliberal que fue la Tarea Ordenamiento. Estas medidas fueron otro paso más, porque ya se habían tomado medidas para llegar hasta aquí, como lo que comenté respecto a los despidos. Esto no fue algo sorpresivo, en la Constitución que se aprobó años atrás se sentaban las bases para esa restauración capitalista, y efectivamente, entonces, el 11 de julio responde a ese proceso de restauración.

Y obviamente el avance de la restauración capitalista ha traído consigo la desigualdad y la desigualdad se ve cada día más. En La Habana, por ejemplo, se ve en que los barrios están cayendo, se están derrumbando, y los hoteles, la mayoría lujosos, se están levantando. El otro día hubo un derrumbe muy fuerte. Se ve en que la inflación crece, los precios aumentan y la gente no tiene para comer. Se ve cómo los negocios privados aumentan con unos precios escandalosos y no hay tiendas para comprar productos básicos. Hay muchas manifestaciones desde el punto de vista social y económico por el descontento por esa restauración capitalista y sus consecuencias. Se ve cómo en Cuba surgen nuevas clases sociales, surge la pequeña burguesía, y se mezcla allí de una manera muy interesante con, yo diría, la burguesía de sangre azul que ya existía, que son los hijos de quienes dirigen Cuba y sus familias, que tienen otras prebendas, lujos, que la población no tiene.

Es muy interesante lo que mencionas, respecto al proceso que se da en torno a la emergencia de estos sectores privilegiados. ¿Podrías ampliar en torno a esto?

Sí. En Cuba siempre han existido los privilegios de los hijos de los burócratas y sus familiares. Antes, como no había internet, esos privilegios se podían ocultar un poco más. Con el internet se evidencian más muestras de eso. Además, particularmente en la capital, se ven más esos privilegios, porque esos hijos ya no se esconden y tienen negocios propios.

Con la Constitución de 2019 se abrió la propiedad privada, y este fenómeno al que me refiero (el de los negocios propios, N de la R.) se muestra más. Además, estas personas -los familiares de los burócratas- van a tener mayores ventajas en sus negocios, les va a ir bien, mucho mejor que a otros emprendedores privados, porque tienen ventajas tanto económicas, como para resolver los trámites infinitos que hay que hacer en Cuba para lograr cualquier cosa.

Este proceso de emergencia de la pequeña burguesía, y de hijos y familiares de la burocracia dedicados a sus negocios privados, ¿qué tan extenso es respecto al conjunto de la población?

Obviamente son una minoría, pero es una minoría creciente. La Habana es una ciudad turística, basada en los servicios como economía de subsistencia, y aquí se ve cada día más esa serie de negocios, y cómo el modo de vida de mucha gente va cambiando. Esta crisis, que está viviendo muy duramente el pueblo, los obreros, la están aprovechando esos sectores, que son la burocracia y los pequeños burgueses. Hay gente que posee negocios y riquezas, en tanto hay quienes, la gran mayoría, solo tienen sus manos, tienen que trabajar y comprar productos básicos en el mercado negro porque no le queda de otra. Es precisamente esa gente la que salió a la calle el 11 de julio.

¿Cuál es la situación que están atravesando hoy los presos políticos por protestar en Cuba?

La situación de los presos políticos en Cuba es terrible. El 11 de julio se realizaron detenciones masivas, con cientos de presos; se ha documentado que ese día fueron 1271 personas detenidas. Han enfrentado procesos penales, muchos de ellos con prisión preventiva. Esto significa que llevan 6 meses presos esperando una sanción, en tanto otros tienen medidas cautelares en su casa o en el trabajo. Dentro de estos presos hay menores de edad, hay personas de izquierda, y hay de distintos estratos económicos y sociales. Actualmente quedan más de 600 en prisión, enfrentando penas y peticiones fiscales desde 6 meses hasta 20 o 30 años. Es peligroso porque le acusan de delitos contra la seguridad del Estado, cuando son personas que ejercieron una libertad básica en cualquier lugar del mundo, que es la libertad de manifestación, y que están siendo llevados a juicios sumarios, incluso sin poder acceder a un abogado. Mientras algunos, por ser más visibles, por ser activistas o artistas, pudieron salir, quienes están pagando los platos rotos son precisamente los habitantes de barrios marginados que se manifestaron. Muchos de ellos van a enfrentar o están enfrentando ya condenas muy grandes, por sencillamente salir a manifestarse o por cometer algún hecho “vandálico” –como dicen acá–, que puede haber sido tirar una piedra en respuesta a la violencia policial o enfrentarse a la policía, por ejemplo. Entonces la situación de los presos políticos en Cuba es terrible.

Además, hay un miedo generalizado, muchos llamaban a no denunciar en las redes o públicamente la situación de sus familiares, a mantenerse en el anonimato y asumir esa condena. Esto ocurrió porque la seguridad del Estado se ha encargado de asediarlos. Es un proceso ejemplarizante y de demostración de poder por parte del Estado, para decirle a la gente: “miren lo que soy capaz de hacer, miren lo que les va a pasar si vuelven a intentar manifestarse”. Y esto ha sido asumido, de una manera totalmente manipuladora, por los medios de comunicación nacionales. Porque a esas personas se les ha tildado de mercenarios y de ser pagados por el Gobierno estadounidense, una campaña de descrédito. Yo no dudo que haya personas que han sido pagadas por el gobierno de Estados Unidos. Pero la cantidad de personas del pueblo que salieron el 11 de julio no recibieron dinero por eso. Los presos políticos están pagando el empeño de un gobierno por mantenerse en el poder y están siendo el ejemplo de lo que el gobierno no quiere que suceda en el futuro para garantizar su gobernabilidad.

¿Cuál es la relación que encuentras entre estas medidas represivas y las medidas económicas que nos relatabas previamente?

Por supuesto que el aumento de la represión tiene que ver con la necesidad de ejecutar el plan neoliberal del que estamos hablando. Para decirles a los gobiernos extranjeros o a inversores extranjeros que inviertan en Cuba se tiene que garantizar la paz. Y la paz pasa por un pueblo que no se manifieste y que no exija derechos. Y deben demostrar la solidez de un sistema político.

La represión pasa por ahí: el Gobierno está tratando de que haya paz. Y está tratando que la gente esté en calma y asuma su destino como ellos dictan que debe ser, para poder ejecutar todos esos planes. He ahí la relación. Lo otro, es que la revolución cubana se ha caracterizado por no asumir cuestionamientos, no permitir que nadie cuestione; por eso la no posibilidad de asociación y la falta de participación política y popular. Entonces, en un momento de crisis económica, donde hay un estallido social, la represión va a ser directamente proporcional. Ellos tienen que controlar eso y han decidido hacerlo sin asumir un diálogo con la gente. No han decidido escuchar a la gente, ver qué piden y tratar de girar las decisiones a favor de los de abajo.

A mí me molesta mucho cuando algunas personas, que son defensoras acérrimas del Gobierno cubano, incluso miembros de partidos de izquierda del mundo entero, esgrimen el argumento de que no se puede comparar la represión en Cuba con la represión de Chile, por ejemplo, dicen: “no, porque miren en Cuba, no es como en Chile, que en una manifestación te golpean o que en una manifestación te sacan un ojo”. En Cuba es más brutal aún porque no hay manifestaciones, porque no tienes el derecho de salir a la calle.

Sin embargo, sí existe la represión física brutal como lo vimos el 11 de julio. Es cierto, en Cuba no matan activistas. Sin embargo, la represión es muy fuerte, con juicios sumarios con condenas de cárcel por muchos años por el simple hecho de participar en una protesta, y a estas personas las ahogan al punto de que tengan que emigrar, o les hacen emigrar, les anulan social y políticamente. Les acosan todo el tiempo. La represión no es solamente desaparecerte físicamente. Es también desaparecer política y socialmente, un acto terrible y represivo porque te están matando en vida. Te están anulando, te están borrando de la historia, que es otro proceso que se da acá. A los activistas, a las personas que disienten, las borran de la historia. Sencillamente deciden no reflejar más su obra, en caso de que seas artista, no te mencionan más en los medios. Y si se les menciona, es para difamarles.

Para finalizar, ¿nos podrías comentar sobre la izquierda crítica en Cuba?

Mira, en Cuba la izquierda crítica es sumamente heterogénea y pequeña, además está muy poco organizada y están tratando de eliminarnos fuertemente –créeme, esto lo estoy viviendo en carne propia–. Yo diría que lo que han surgido son voces emergentes, de izquierda crítica. Entonces, si bien existen diversos colectivos, estas voces emergentes que se han pronunciado a raíz del día 11, yo pienso que la izquierda crítica en Cuba va a tener que esperar o va a tener que madurar mucho más para para lograr hacer una fuerza política constante y coherente.

Tienes a esa izquierda gubernamental, oficial, en la juventud, que te dicen que sí, que ellos tienen inquietudes, pero que la manera de hacerlo no es enfrentarse al Gobierno, sino que se trata de estar dentro de él para cambiar las cosas, y eso es una gran mentira, porque al final lo que sucede es que esa burocracia y esa comodidad en un país tan precario como el nuestro ahora mismo les asimila y básicamente les dan casa, les dan carro, tienen una vida y una posición económica mucho mejor que tienen que mantener y se mantiene acatando órdenes. Y sencillamente se convierten en los burócratas del futuro. Eso está sucediendo, es asimilación.

En cambio, la izquierda crítica está siendo tratada, en cuanto a disenso, igual que cualquier disidente de derecha actualmente. Nos están tratando de aniquilar, no te voy a mentir, no, no les conviene que existamos. La última vez que me citó la persona de la seguridad del Estado me dijo mercenaria, me dijo contrarrevolucionaria, me dijo que yo no era de izquierda. Y además de eso, el ataque de la izquierda gubernamental a la izquierda crítica es increíble, siempre prima el cuestionamiento de si somos izquierda. Si yo me pongo a trabajar con los obreros de una fábrica, por ejemplo, para tratar de cambiar las cosas, yo no voy a entrar por la puerta de la fábrica porque a mí me van a desaparecer políticamente, eso lo sabemos todos. En este marco, entonces, pienso que lo que nos queda es hacer en el campo de las ideas y en el campo de la denuncia social. Y lo intentamos, pero nos falta mucho. Te podría enumerar numerosos colectivos que existen en Cuba, pequeños pero que se mantienen activos, y se me hace difícil enumerártelos acá. Pero te repito, nos falta mucha maduración en la izquierda crítica para lograr ser una fuerza política coherente e importante también.

Transcripción de Manuel Aguilar

Publicado enInternacional
Reflexiones sobre la Vaca en línea. Quiénes somos y cómo nos ven

Nuestra primera experiencia de “vaca en línea” nos motiva a presentar reflexiones varias sobre este tipo de iniciativas y las complejas relaciones de nuestra red social, así como de las múltiples audiencias. Ver el vaso medio lleno o medio vacío.

 

Nuestra identidad es precisa: Somos un proyecto comunicacional que por treinta años produce información crítica para diversos sectores sociales, con especial énfasis los populares, acción que nos ha constituido como medio de comunicación: existimos como desdeabajo porque emitimos con regularidad para una audiencia demandante y crítica. Y asumimos el reto de ser referente dentro del campo mediático alternativo. Sin duda, un reto inmenso. Una labor amplia y permanente que motiva distintos interrogantes a quienes nos consultan: ¿Cómo hacen para realizar tantas cosas? ¿De dónde sacan los recursos? ¿Quién los financia?

Pero la verdad, nadie sabe la sed que otro vive. Todo esfuerzo comunicativo, social, relacional, de investigación, demanda diversos recursos, y el económico siempre late por su urgencia, y en nuestro caso ausencia, “resuelta” de manera parcial por la suma de voluntades y voluntarismos. Existimos porque comunicamos y nuestro motor es precisamente querer hacer.

Y cada acción trae consigo la demanda de soporte económico. Por ello, y ante la ausencia de recursos suficientes para soportar la producción creciente de contenidos de diverso tipo, desde hace diez años pensamos y nos preguntamos por la posibilidad de un financiamiento colectivo –conocido en algunos medios como crowdfunding–, y buscando como apoyo colectivos sociales, investigadores y otras personas a mutuo propio y todas ellas con asiento en otros países. En pocas palabras, gente que comparta nuestros ideales y quieran apoyar.

El tiempo pasó, y con él quedaron en los archivos de los computadores diversos prospectos para este particular. Borradores que llevaron, junto con el consejo de diversidad de compañeros, a optar por la vía nacional y en ella por el canal Vaky, plataforma en la que están varios proyectos comunicativos nacionales, así como otros proyectos colectivos de causa social y noble.

La necesidad cada vez más evidente de recursos económicos, finalmente, nos forzó a poner a circular la campaña de apoyo económico colectivo, en pro de una suma de dinero acorde con la necesidad de estabilizar y potenciar el trabajo audiovisual, con un equipo humano de diez personas de planta, más la renovación de algunos equipos de diseño y grabación.

La campaña inició en noviembre de 2021 y con ella la angustia diaria ante la débil respuesta, lo que nos obligó a ajustar su meta. Y cada día seguir atentos a la sintonía con quienes esperabamos se sintieran convocadas a brindar su apoyo. Llamar, enviar mensajes, recordar a unos y otras que la campaña estaba en línea, en fin, una labor cotidiana que iba dejando en claro que despertar fervor de este tipo no es fácil, o la certificación, de igual manera, de que a pesar del trabajo desplegado por tantos años aún no supera la marginalidad. Luego de cincuenta días de campaña recibimos 35 millones de pesos, a través de 140 aportes y varias consignaciones más a la cuenta de ahorros. Cada uno de estos apoyos los recibimos con gratitud y reconocimiento del esfuerzo realizado por quienes sienten sinergia con desdeabajo.

Entre quienes tienen esta sinergia, relucen quienes no dudan de nuestra labor y saben de nuestras necesidades cotidianas, más la red familiar, que nos han visto en el esfuerzo diario por hacer realidad el sueño de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo y con éste el de un canal audiovisual que, aunque artesanal, brinda información que no merece la atención de otros medios, sobre todo de los oficiosos.

Entre los apoyos recibidos, llama la atención los brindados por parte de varias personas que solo saben de nosotros por la página web. Sin duda un reconocimiento a esa labor diaria por mantener vigente el diario virtual, así como demás componentes de www.desdeabajo.info.

A pesar del significativo apoyo recibido, nos quedamos a mitad de camino de lo proyectado. Entendemos que buena parte de nuestro lectores y suscriptores pertenecen a una generación que no utiliza o maneja estas plataformas. Algunos dieron aportes en físico que nosotros así mismo sumábamos a la vaca. Otras, su aporte es la fidelidad como suscriptor y comprador de libros, o ni pueden ni quieren. Pero también nos afectaron profundamente algunas decepciones cercanas que no ven la necesidad de este tipo de iniciativas, o su compromiso en promoverla.

Agradecemos, con especial afecto Alirio Uribe por su confianza y apoyo con este proyecto y el reto de superar las necesidades económicas que lo ahogan. Ya en terreno su apoyo, además de económico, lo concentró en la comunicación con 72 de sus conocidos más cercanos, entre ellos diversos congresistas, es decir, personas con ingresos fijos y altos. La respuesta fue un constante silencio. A pesar de tres misivas explicando nuestros treinta años de labor y exponiendo la intención de la Vaky. Ni siquiera recibimos respuesta negativa. Esto no nos desanima, pero si nos cuestiona e interroga sobre la apertura de la clase dirigente alternativa y su disposición para potenciar este tipo de proyectos.

Desde nuestras audiencias recibimos miles de mensajes de apoyo y felicitaciones, los que agradecemos y nos motivan, pero en este caso no suman.

En cuanto al balance como equipo, es necesaria la autocrítica de quienes no sintieron la necesidad de sumarse a la campaña y como espectadores guardaron silencio, lo que concentró el esfuerzo en una pequeña parte de nuestros activos, dejando al desnudo la tensión permanente que vive todo proyecto social, comunitario, político, entre cohesión y acción, entre lo individual y lo colectivo.

El resultado final nos lleva a preguntarnos, asimismo, si lo alcanzado también es refejo de los tiempos difíciles que vivimos, pero también si es que no logramos convencer sobre la importancia de lo que realizamos. No puede quedar por fuera otro interrogante: ¿refleja esto los recelos o prevenciones propias de esta época?

Entonces, nos preguntamos, ¿cuál es la idea que despierta desdeabajo como proyecto de comunicación? Sin duda nuestro medio ha cambiado con el tiempo. Cuál es nuestra identidad actual, es algo que transmitimos a diario, pero parece no estar clara.

Esta es parte de nuestra valoración de esta experiencia, lo que nos inquieta aún más por conocer la idea, opinión y valoración que muchas y muchos tienen de desdeabajo. Entonces, ¿cuáles son los sentidos que asignas a nuestros contenidos y publicaciones? Cada una de las personas que consulta este medio puede adquirirlo mes a mes en formato impreso, suscribirse, obsequiar suscripciones, difundirlo; igual con los libros, pero también atreverse con la escritura de artículos; comentar alguno en particular, o tal vez algo poco significativo como un pulgar arriba, pero también invitar, con énfasis, a la suscripción, al apoyo directo a esta experiencia, compartir enlaces, proponer temas para videos, o participar de su realización, etcétera. Las posibilidades y los conductos son varios. Así construimos desdeabajo todos los días.

Publicado enEdición Nº287
Asunto de bioética, hacer trasplantes con órganos de animales: Rubén Argüero

El realizado con un corazón de cerdo no debe desincentivar la donación, destaca el investigador

 

El surgimiento de nuevas opciones para ayudar a las personas que requieren del trasplante de algún órgano no debe desincentivar la donación, señaló Rubén Argüero Sánchez, jefe del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y primer latinoamericano en trasplantar un corazón.

El pasado 11 de enero, la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, dio a conocer que se realizó el primer trasplante en el mundo de un corazón de cerdo, genéticamente modificado, a un hombre de 57 años con insuficiencia cardiaca intratable, proceso en el que participó la empresa Revivicor Inc.

Al momento de hacer el anuncio el paciente tenía tres días de sobrevivir con el órgano, lo que muestra que funciona sin ser rechazado de forma inmediata por el cuerpo, pero para ser considerado un procedimiento exitoso se necesita esperar al menos cien días, explicó.

Argüero Sánchez destacó: "Esta noticia rápidamente estimula a continuar la investigación, no podemos decir que es un éxito. Hay que esperar, pues hacer xenotrasplantes (poner el órgano de un animal en una persona) no es sencillo, genera problemas que incluyen bioética, respeto a los animales y muchísimas cosas más".

Actualmente, añadió, 10 por ciento de los inscritos en la lista de espera para recibir un órgano en el mundo mueren por la falta de donaciones, en especial de riñón.

No es la primera ocasión en que se ha intentado realizar un procedimiento de este tipo, precisó el investigador; sin embargo, hasta ahora los pacientes a quienes se puso un órgano de origen animal no han tenido una supervivencia mayor a 30 días.

El sueño de trasplantar órganos animales funcionales tiene más de 30 años y se ha visto que el cerdo es filogenéticamente más cercano al humano, por eso se han aprovechado varios de sus tejidos, como el pericardio para construir válvulas cardiacas; la uretra, a fin de usarla en el hombre, e islotes de páncreas.

Antes de 2000 se intentaron trasplantes de riñones de chimpancés y otros primates cercanos, pero los pacientes fallecieron, precisó.

La clave de este nuevo trasplante, detalló Argüero Sánchez, es el trabajo realizado por la empresa privada Revivicorp, "ejemplo de orfebrería genética que trabaja con los genes que han sido vinculados con la rápida respuesta del organismo al rechazo y con los genes humanos que se han puesto en los cerdos para que sus órganos sean más tolerados".

En sus granjas produce corazones, lóbulos pulmonares y riñones, pero el costo de mantenimiento es muy elevado debido a los cuidados que requieren los animales, algo que difícilmente un sistema de salud público podría pagar.

"Decir que ya se tienen cerdos y órganos desmotivaría la donación y ese es un problema mundial, especialmente cuando se trata de hígado, corazón, páncreas y riñón, que se requiere en una cantidad enorme", enfatizó el investigador.

Recomendó que estos órganos deben ser vistos más como un peldaño de transición en lo que se consigue un órgano humano compatible, así como continuar indagando opciones como el uso de células madres para la regeneración de órganos humanos dañados.

Hoy día en el mundo se trabaja en la regeneración de tejidos donde el uso de células madres ha mostrado avances importantes. En México, se ha visto que 70 por ciento de los pacientes mostraron importantes mejoras, investigación que por diversos factores se encuentra detenida.

Reconocimiento facial.- Pexels

Desde hace bastante tiempo, aunque de forma casi imperceptible, gran parte de la sociedad ha comenzado a estar condicionada por la Inteligencia Artificial (IA). Más allá de aplicaciones tecnológicas que facilitan el día a día, como coches que aparcan solos o teléfonos móviles que monitorizan la salud, la IA también incluye un mecanismo invisible de vigilancia y escrutinio social que se está encargando de decidir las posibilidades de futuro de millones de personas.

Sistemas automatizados de toma de decisiones (algoritmos) deciden cuestiones tan relevantes como quiénes serán preseleccionadas para un empleo, qué familias obtienen ayudas sociales, a qué personas se admitirán en un centro educativo, quiénes reciben un préstamo hipotecario, e incluso qué perfil de mujeres víctimas de violencia de género merecen contar con una orden de alejamiento de su agresor.

Los defensores de la IA afirman que su aplicación permite desarrollar un trabajo más rápido y eficiente y que, al operar con ecuaciones matemáticas, se obtiene una mayor precisión y "neutralidad" en los resultados. Sin embargo, esta asepsia que siempre se nos ha vendido como inherente a la IA es fuertemente cuestionada por una serie de expertas/os quienes afirman que, contrario a lo que se nos dice, los algoritmos lo que hacen es reproducir patrones históricos de poder y privilegio.

Para el científico peruano, Omar Flores, doctor en Ciencias de la Computación que ha trabajado en Silicon Valley diseñando un algoritmo de reconocimiento facial que oculte datos como el género y la raza, es imposible que la IA sea neutral por una razón muy simple: los algoritmos son programados por personas y, por tanto, contienen los mismos sesgos de raza, género y clase (entre otros) que tienen las personas que los programan. En este sentido, afirma que "todo algoritmo es un punto de vista".

En la misma línea, Virginia Eubanks, autora de La automatización de la desigualdad, sostiene que "la tecnología es todo menos neutral". Esta cientista política, que en su obra analiza en detalle cómo las políticas estadounidenses basadas en algoritmos reproducen desigualdades sociales, afirma que en la IA "los sesgos de raza, género y clase son estructurales y sistémicos".

Algo que no nos debería sorprender si pensamos en el perfil endogámico de quienes diseñan los algoritmos en las grandes empresas tecnológicas: hombres blancos de clase media, o media alta, que han pasado por las mismas universidades y que la mayoría de las veces viven en los mismos barrios y se desenvuelven en los mismos círculos sociales.

El problema del sesgo algorítmico

En lenguaje sencillo, la IA es la combinación de algoritmos que se instalan en un sistema con el propósito de simular los procesos cognitivos de la inteligencia humana. De esta manera, se "entrena" a las máquinas para que realicen acciones que antes hacían los seres humanos, como tomar decisiones o hacer análisis predictivos.

El problema ocurre cuando este entrenamiento se hace con algoritmos que parten de una base sesgada. Por poner un ejemplo simple: si se "enseña" a un ordenador a predecir perfiles de potenciales delincuentes descartando los datos de aquellas personas que han cometido "delitos de guante blanco" (fraude fiscal, malversación de fondos públicos, evasión de impuestos, blanqueo de capitales, etc.), difícilmente la máquina va a arrojar como posible perfil a una mujer o a un hombre blanco de clase alta, residente del barrio Salamanca en Madrid.

Por el contrario, si solo se incluyen datos de personas que han cometido delitos comunes (hurtos, robos, tráfico de drogas, etc.), el perfil que se obtendrá probablemente sea el de una mujer u hombre de clase media o media baja, residente en algún barrio obrero con alta presencia de población migrante y racializada.

En este ejemplo, el "perfil" del potencial delincuente va es estar claramente determinado por los prejuicios de quien programó el algoritmo al decidir incluir unos datos y descartar otros, lo cual podría determinar que la atención policial se concentre en determinados barrios y sobre determinadas personas, produciendo y reproduciendo el círculo de criminalización y estigmatización. Algo que ya está ocurriendo en varias ciudades de Estados Unidos mediante la implementación de la llamada "policía predictiva": un software que predice dónde, cuándo y qué perfil de personas van a cometer un delito, y que deriva en una sobrepresencia policial en barrios de personas latinas y afroamericanas.

Además, teniendo en cuenta el carácter sistémico del racismo y la manera en la que este condiciona la realidades materiales de las personas migrantes y racializadas, así como por la forma en la que se actúa policialmente contra ellas, los datos que alimentan esta programación tienen una raíz condicionada. Podríamos preguntarnos si las actuaciones policiales en barrios obreros y racializados responden a unos índices de criminalidad o a la necesidad de proyectar una determinada imagen que legitime su presencia y alimente una lógica (e industria) de la securitización, y también si hay más criminalidad en barrios pobres y racializados como consecuencia de una mayor fiscalización.

La denuncia de los sesgos algorítmicos no es nueva. En 1988 la Comisión de Igualdad Racial de Reino Unido acusó a la Escuela de Medicina del Hospital St. George’s Geoffrey de discriminar por raza y sexo en sus pruebas de admisión. Esta facultad realizaba un primer cribado mediante un programa informático que crearon en los años 70 y que analizaba, entre otras cosas, el nombre o el lugar de nacimiento del candidato/a. De este modo, durante años fueron descartadas de forma automática mujeres y hombres de origen no europeo.

¿Cuántas personas al realizar una solicitud ante una entidad pública o privada han recibido por respuesta "lo siento, el sistema no aprueba/acepta la operación"? ¿Qué sabemos de los algoritmos que se están utilizando para acceder a una entrevista de trabajo, obtener una beca o una ayuda social?

En España, de los 2,3 millones de personas que estaba previsto que recibieran el ingreso mínimo vital (IMV), solo 800 mil personas han podido acceder a esta prestación, según los últimos datos publicados por el gobierno. De hecho, un informe reciente de Cáritas señala que solo uno de cada cinco hogares postulantes consigue obtenerlo. Diversas informaciones apuntan a que uno de los grandes problemas en esta materia se relaciona con el empadronamiento. Si dos unidades familiares solicitantes están empadronadas en la misma vivienda, se les niega la prestación. Si un miembro de una unidad familiar solicitante está empadronado en una dirección distinta al resto de su familia, también se les niega la prestación.

Según el Análisis de Impacto sobre Igualdad Racial (AIIR) desarrollado por organizaciones antirracistas y coordinado por Righst International Spain, el principal motivo de denegación es la pertenencia a una Unidad de Convivencia diferente a la de la solicitud realizada (29,77%). Esta situación afecta gravemente a familias de personas migrantes y gitanas que, por cuestiones estructurales, además de compartir viviendas suelen empadronar a familiares y amigos, o empadronan a sus hijas/os en direcciones diferentes para poder acceder a una plaza en un centro educativo. Esta misma investigación identifica como principales obstáculos la brecha digital y las trabas burocráticas que plantea una prestación destinada a los más vulnerabilizados

La falta de transparencia en materia de utilización de la IA a nivel gubernamental nos impide conocer qué tipo de programas informáticos se están utilizando en el análisis de las solicitudes del IMV, pero observamos un sesgo racial y de clase, que impide que este beneficio llegue a todas las familias que lo necesitan.

Software que no reconocen tu rostro o te confunden con un animal

Otro de los grandes problemas demostrados en la IA es el relativo a los algoritmos de reconocimiento facial, es decir, la identificación de personas a través de una imagen digital. Se trata de un mecanismo que conlleva la vulneración de los derechos más fundamentales como lo son los relativos a la privacidad o a tener conocimiento de que estos datos se están registrando, además de los riesgos de seguridad que plantea la filtración de una información de la que no nos podemos deshacer.

Por otra parte, estos algoritmos plantean el problema descrito por la investigadora del MIT y fundadora de la Algorithmic Justice League, Joy Buolamwini, de ascendencia ghanesa, que descubrió que diversos programas de reconocimiento facial eran incapaces de "leer" su rostro, a menos que se pusiera una máscara blanca.

Tras esta experiencia, Buolamwini decidió probar la precisión de los sistemas de IBM, Microsoft y Megvii sobre una base de datos de 1.270 rostros de políticos. Al finalizar las pruebas, estableció dos cosas: primero, que los software identificaban con mayor precisión a hombres que a mujeres; y segundo, que identificaban mejor a hombres de piel blanca que de piel oscura y que también identificaban mejor a mujeres de piel blanca que de piel oscura. Mientras que en el caso de varones blancos el margen de error era inferior al 1%, este aumentaba a 35% cuando se trataba de rostros de mujeres negras.

Las deficiencias en los programas de reconocimiento facial llevan años poniéndose sobre la mesa. En 2019, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, agencia de la Administración de Tecnología del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, analizó 189 algoritmos de 99 desarrolladores, entre ellos, Microsoft, Intel y SenseTime.

Tras analizar 18,27 millones de imágenes de 8,49 millones de personas, el estudio concluyó que la mayoría de software de reconocimiento facial tienen problemas graves para identificar rostros de personas no caucásicas. En concreto, descubrieron que se producían "falsos positivos" con rostros de personas negras y asiáticas, es decir, que los programas identificaban a dos seres humanos diferentes como si fueran la misma persona.

Cuatro años antes, en 2015, Google se vio obligado a pedir disculpas tras demostrarse que su aplicación Google Photos etiquetaba a personas negras como "gorilas". Algo similar ocurrió el año pasado con Facebook, que también debió ofrecer disculpas públicas cuando se descubrió que uno de sus algoritmos identificaba a hombres negros con primates en un vídeo.

La IA perpetúa e intensifica la discriminación al destinarse sobre todo a grupos raciales sistemáticamente vigilados y controlados, a los que se les aplica de manera desproporcionada y sin las mismas garantías que al resto de población europea. Así es el caso del gobierno italiano, que frente a los dos millones de imágenes digitales de personas italianas que tiene registradas, alberga casi tres veces más imágenes de personas migrantes y refugiadas.

Esta lógica de funcionamiento se vuelve todavía más problemática cuando se aplica a las fronteras. A fines del año pasado supimos que el gobierno de España tiene pensado implementar durante la segunda mitad de 2022 la denominada "frontera inteligente" en Ceuta y Melilla, con el objetivo de regular las entradas y salidas de personas extracomunitarias del espacio Schengen y "combatir el terrorismo". Esta herramienta registrará a todos los viajeros de terceros países, e incluirá sus nombres y datos biométricos, es decir, huellas dactilares e imagen facial.

Tomando en cuenta los numerosos fallos que arrojan los programas de reconocimiento facial, y la gran situación de vulnerabilidad en que se encuentran las personas racializadas y migrantes que entran por frontera sur, podemos suponer el terrible impacto que va a provocar esta herramienta, la que vendrá a actuar como un nuevo dispositivo racista dentro del Estado español.

Además de los debates legales y éticos que plantean estos mecanismos, y que son omitidos cuando las personas afectadas son migrantes, no se aporta información sobre quiénes o qué organismos e instituciones se encargarán de registrar y almacenar esos datos o cuáles serán los protocolos para evitar se den usos aún más perversos de los mismos.

La IA no solo no es neutral por estar sesgada, también lo es por emplearse en un contexto social y político donde no hay neutralidad. Lejos de tratarse de un sistema aséptico que reduce las desigualdades, amplifica y reproduce viejos patrones de discriminación racial y social. Ante esta situación, es imprescindible que desde el antirracismo se comience a abordar esta problemática con voz propia. Algunas ya formamos parte de proyectos que están intentando visibilizar esta realidad.

La IA no puede ser un campo que quede fuera del escrutinio público y la vigilancia de los movimientos sociales, porque está determinando el futuro de millones de personas. Es un nuevo frente de lucha para las comunidades y pueblos racializados, y debemos estar preparadas para ello.

18/01/2022

Lunes, 17 Enero 2022 06:19

Oleaje viral

Oleaje viral

El frecuente oleaje viral desde inicios de 2020 ha puesto a la pandemia en el centro de muy diversos acontecimientos que atañen al comportamiento social, los actos de gobierno, las repercusiones económicas, el papel de la ciencia, los trabajos de los sistemas de salud y muchos otros que han ido conformado la vida, de una u otra manera, en todas partes.

El virus, cuyo origen y condiciones de propagación se siguen debatiendo, ha mutado varias veces hasta la forma que hoy predomina: ómicron. Los efectos de estas variaciones en la salud se continúan desplegando. Se sostiene que el virus sigue siendo esencialmente el mismo, identificado originalmente en Wuhan, y lo que ha cambiado es la resistencia del cuerpo, en parte importante por el efecto de las vacunas. Aun siendo así, ómicrón provoca una disrupción ostensible.

Los contagios han aumentado de forma manifiesta en la ola actual, los síntomas que ocasiona son más leves, con menos personas hospitalizadas y fallecimientos. Aun así, los sistemas de salud se han copado de nuevo y la gente sigue muriendo. No se sabe cuál será la evolución de este coronavirus y cómo se afiance, finalmente, la resistencia del cuerpo, como ocurre con otro tipo de virus.

Otra cosa, por cierto, es la manera en que se asiente la sociedad luego de este desgaste; ahí se abre un espacio relevante de observación y de análisis. El proceso es continuo y conflictivo también. El tablero de los riesgos políticos y económicos ha de adaptarse continuamente y habrá que actuar de manera flexible y oportuna. Jorge Valdano ha recordado recientemente la frase de Menotti con respecto del futbol que es aplicable en este caso: "Lo que ocurre es que el tiempo tiene una cadencia que no se corresponde con las urgencias históricas".

El primer caso de covid-19 se reportó en el país a principios de febrero de 2020, según el centro de rastreo de la Universidad de Johns Hopkins y se han reportado 4,340,182 casos y 301,334 fallecimientos. Habría que añadir los casos que no han sido reportados oficialmente pero existen. Se calcula que 60 por ciento de la población tiene el esquema de vacunas completo y ahora se aplica ya una tercera dosis a ciertos grupos de edades. Según el centro universitario al que nos referimos, México tiene una mortalidad de 459 personas por cada 100 mil habitantes; Brasil le sigue con 294, Polonia, 269; Colombia, 269, y Estados Unidos, 259 (https://coronavirus.jhu.edu/data/mortality).

Es comprensible que en el curso de la pandemia y luego del largo confinamiento entre el 23 de marzo y el 31 de mayo de 2020 se haya tratado de evitarlo en fases posteriores de contagio. Su costo es alto en general, pero lo es aún más para las personas que dependen a diario de su trabajo para el sustento familiar. No es igualmente comprensible que prácticamente desde el inicio de la pandemia y hasta ahora, desde el gobierno se minimicen los riesgos y las consecuencias de la infección y su alta transmisión. Además de arriesgar a la gente se expone también a una situación extrema a los servicios públicos de salud y al personal que lo atiende.

En términos económicos es conocida la repercusión que ha habido en el terreno de la producción, el empleo, las cadenas de abasto y la inflación. Estamos en medio de procesos de ajuste que tendrán repercusiones en la reconformación de algún entorno supuestamente más funcional que el prevaleciente. El hecho es que esta economía tiene poco empuje para el crecimiento productivo, el nivel de empleo prepandemia apenas se recupera y su conformación es de calidad muy desigual. El subempleo es alto, así como el trabajo informal, al que debería llamarse trabajo no tributario.

En el caso de la inflación, que se ha disparado por todas partes, en buena medida también por el efecto extendido del covid-19, habrá acomodos que afectarán, una vez más, a la actividad productiva, al empleo, los ingresos y la calidad de vida de la mayoría de la población. Los escenarios económicos prepandemia están rebasados, así como las concepciones políticas que las sustentaban, las políticas públicas y los modos de gestión económica.

Los movimientos para contener el alza de los precios, como serán las relativas a las tasas de interés en Estados Unidos tendrán, necesariamente, repercusiones aquí. Éstas llevarán a ajustes compensatorios en las tasas internas, a flujos de capitales en función de los rendimientos relativos diferenciados y en las perspectivas de ajuste en el tipo de cambio. Esto provocará adaptaciones en las decisiones de inversión productiva y financiera y un potencial entorno recesivo.

Cómo serán las adecuaciones internas en términos monetarios y fiscales es un asunto central en la evolución económica de este año y lo será hasta el final del sexenio. Un escenario de continuidad en la gestión económica es difícil de concebir y por delante están medidas de relevancia como la reforma energética.

Publicado enInternacional
El plástico, los desechos y la ausencia de belleza

En su último libro, Sally Rooney escribe: “Los seres humanos perdieron el instinto de belleza en 1976, cuando los plásticos se convirtieron en el material más extendido”. Hoy es imposible imaginar el mundo sin el plástico; sólo hace falta levantar la vista en donde quiera que se esté para contar al menos diez artículos hechos con ese material.

Las redes virtuales están pobladas de imágenes de animales muriendo con pedazos de deshechos, islas enteras de productos creados por el hombre, rompecabezas enteros con la ausencia impresa de la naturaleza. Vivimos en un planeta artificial. Pesa más todo lo producido por el hombre: edificios, carreteras, basura, plásticos, juguetes y un largo etcétera, que todos los animales, plantas y humanos.

Con el fin de crear conciencia sobre la importancia de reducir el consumo y de encontrar un uso alternativo a todos los desperdicios, artistas de distintos países se han dado a la tarea de crear obras con mensajes ecológicos y sociales, hechas precisamente con basura. Hay quienes incluso consideran este tipo de “arte reciclado” como la expresión artística de la evolución en la función de los materiales.

En junio de 2018, el artista mexicano Jorge Gamboa ilustró la portada de National Geographic para su reportaje principal, “Un mar de plástico”. La imagen es sencilla pero fulminante: una bolsa de plástico flotando en el mar. “Básicamente la idea está inspirada en la frase ‘la punta del iceberg’ y una serie de elementos detonantes que se encontraban en mi cocina (un refrigerador + un garrafón de agua + bolsas de plástico)”, comenta el artista.

Las bolsas de compras plásticas, que eran una novedad en los años setenta, hoy son omnipresentes. El polietileno con el que están hechas se creó por accidente en una planta química en Northwich, Inglaterra, en 1933. Actualmente tenemos que lidiar con 8 mil 300 millones de toneladas de este material, apunta el reportaje de National Geographic.

Chris Jordan, fotógrafo y activista estadunidense, basa su trabajo en obras de gran formato que suelen estar conformadas por miles (¡o millones!) de objetos que demuestran y denuncian el consumismo brutal de la sociedad actual, transformada ya en una “sociedad de desecho”. El artista considera la basura como devastadora por su significado, pero fascinante por su “belleza intolerable”. Sus piezas son traducciones plásticas de las frías cifras de las estadísticas sobre consumismo, problemas sociales y adicciones en su país, que pretenden crear un shock en el espectador para detonar su proceso de reflexión.

“No hace tanto, con mi mujer lavábamos los pañales de los chicos. Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos... nuestros nenes... apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales)”, escribe el uruguayo Marciano Durán.

Hoy, cerca de setenta y cinco por ciento del plástico generado por la pandemia de Covid-19, como mascarillas, guantes y botellas de desinfectante para manos, se han convertido en desechos que llegarán a vertederos y mares, con un grave costo para el medio ambiente y la economía, alertó en un comunicado Naciones Unidas.

Maria Cristina Finucci no concibe el arte si no cumple una función social. Su proyecto The Garbage Patch State está por completo consagrado a denunciar el problema del cambio climático y la contaminación por plásticos. Su propuesta es multidisciplinar y va desde el performance hasta la fotografía y las instalaciones. Su proceso creativo está abierto a la participación externa.

En 1973 un reportaje australiano pronosticó el fin del mundo por contaminación para 2040. Con base en una investigación del Instituto de Tecnología de Massachusetts, una de las computadoras más grandes del mundo calculó la fecha. Los datos procesados alertaron sobre el crecimiento de la contaminación como factor de riesgo para la humanidad.

16 Jan 2022 07:23

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 16 Enero 2022 05:55

Cuba, razones de una crisis

Cuba, razones de una crisis

La isla caribeña arrastra una crisis multidimensional, con dificultades similares a otros países del viejo «socialismo real». Una capa de promesas incumplidas, cansancio social y poder burocrático se cierne sobre la población cubana. Los sacrificios que impone una revolución son parte de un horizonte de cambio en la vida de las personas. Los plazos para lograrlo no pueden ser eternos.

 

La pandemia de covid-19 colocó al mundo ante una situación terrible. La crisis es global y sus consecuencias serán perdurables. Muchos argumentan, con razón, que las lecciones de esta época imprimirán cambios de toda índole a escala mundial en las relaciones humanas, culturales, laborales y políticas. Cuba no es una excepción. Soportar los embates de la pandemia ha tenido un costo altísimo para las personas, las familias y el Estado. Sin embargo, en nuestro caso, la epidemia encontró a la Isla en uno de sus peores momentos, tanto en el plano económico, como social y político. En este texto examinaré los primeros. Me apoyaré para ello, sobre todo, en publicaciones del equipo de articulistas de La Joven Cuba, que hemos acompañado desde nuestros análisis, con  objetividad, responsabilidad y civismo, a la sociedad cubana.

Mucho antes de que el virus apareciera, la situación en Cuba era en extremo complicada. El desgaste del modelo de socialismo burocrático es de vieja data y, dado el más elemental sentido de discernimiento, requería cambiarse desde que ocurrió el derrumbe del campo socialista. Tenemos treinta años de retraso. De hecho, las reformas anunciadas por Raúl Castro en julio de 2007, casi quince años atrás, ya estaban rezagadas. Por si fuera poco, su demora en aplicarse en unos casos, y su no implementación en la mayoría, generarían resultados fatales. Nuestra burocracia dirigente nunca imaginó que un murciélago pudiera ser su más implacable catalizador.

Un artículo que escribí el último día del 2018 me permite recordar que no necesitábamos de la pandemia para ir cuesta abajo:

«Otro año concluye y con él las esperanzas de que la situación económica de los cubanos mejore. A mediados del 2017 el anterior presidente del Consejo de Estado y de Ministros explicó que la economía decrecería en el segundo semestre de ese año y aún para el primero del 2018, pero que después de esa fecha se apreciaría una recuperación en los suministros y una tendencia hacia la mejoría. Nuestro gobierno, una vez más, ha sido incapaz de un vaticinio correcto en el corto plazo. Los pronósticos de 2018 fueron particularmente erróneos y pendulares. Si el verano comenzó con una campaña totalmente enajenada del contexto insular, donde se le pedía a la familia cubana que disfrutara Cuba con alegría; el año casi finaliza y sabemos que la economía apenas creció 1%, y en las reuniones del presidente Miguel Díaz-Canel con el Consejo de Ministros se ha insistido en que van a disminuir todavía más las importaciones.

Diciembre, que debería ser un mes alegre, se torna sombrío. La escasez de harina ha reducido la producción de pan y existen largas colas en las panaderías; el precio de la carne de cerdo asciende por días en un mes de tradicional aumento de la demanda, y ya es exorbitante; el importe de los vegetales es tal que parecen cosechados en invernaderos del ártico para ser vendidos en el trópico; el detergente y el aceite son acaparados, pues es vox populi que los proveedores vietnamitas de detergente no garantizan el producto hasta que no se les pague lo adeudado, ¿será cierto?».

El 2019 no sería mucho mejor. Los medios cubanos lo anunciaban, apenas comenzado, como un año «de grandes desafíos». Casi en los meses finales se produjo una semiparalización del país, denominada eufemísticamente «situación coyuntural» por el presidente Miguel Díaz-Canel. Todos sabíamos que era una crisis estructural y sistémica. 

Cuba no es ya una nación eminentemente agrícola, como fue durante casi toda su historia, en la actualidad no logramos producir alimentos para el sustento de una población que, lejos de crecer, disminuye de manera constante; mucho menos para exportar. Aunque no éramos un país industrializado, al menos tuvimos una industria base como la azucarera, que generaba cadenas productivas, alimento para las personas y el ganado y energía renovable.

Como bien ha señalado el economista Juan Triana, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, la pérdida de esa industria afectó el desarrollo de diversos sectores asociados que se nutrían de ella:

«(…) además de azúcar, la industria de la caña puede producir energía, alcohol, CO2, levaduras -Torula forrajera y Saccharomyces, que nos permitiría sustituir la importación de alimento para pienso- tableros y composites de bagazo -ahora que necesitamos tanta madera para la construcción- sorbitol, bioestimulantes, productos químicos industriales, furfural y alcohol furfurílico, biofertilizantes, azospirillum, azotobacter y rizobium, compost, residuales líquidos, herbicidas, medicamentos de uso humano y animal, y alimento humano».

La decisión de desmontar la industria del azúcar, anunciada hace dos décadas, bajo la fórmula «reestructuración azucarera» (abril de 2002), fue uno de los mayores desastres económicos de la historia nacional. Nos convertimos, de un país exportador, en importador de azúcar.

La industria nacional, como explica el economista cubano Mauricio de Miranda, profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali, en el artículo «El «modelo» económico cubano y la persistencia del subdesarrollo», está colapsada: «Muestra de ello es que muchas empresas industriales estatales se encuentran paralizadas por obsolescencia tecnológica y/o escasez de materias primas, mientras las exiguas divisas en manos del Estado impiden las inversiones necesarias para relanzar el sector industrial».

Los paisajes cubanos, llenos de cañaverales, devinieron terrenos desatendidos donde no se distinguían los sembradíos ni el ganado. En un artículo aparecido en el periódico Granma en diciembre de 2002, el periodista Juan Varela Pérez informaba sobre una intervención de Ulises Rosales del Toro, entonces ministro de la Industria Azucarera, en el Parlamento:

«Varios diputados preguntaron sobre las perspectivas del MINAZ [Ministerio del Azúcar] en el uso de las tierras liberadas de caña y la producción de alimentos. Para cumplir esta misión, puntualizó Rosales del Toro, se trabaja desde mayo último, junto a otros organismos e instituciones, en varios subprogramas y esperamos, dijo, emplear óptimamente los recursos disponibles en beneficio de la alimentación del pueblo».

Otra meta incumplida. La burocracia cifraría sus esperanzas en el desarrollo del turismo y en la exportación de servicios profesionales, dos rubros fluctuantes ante influencias geopolíticas y altibajos globales. La pérdida de la preferencia electoral por algunos gobiernos de izquierda en Latinoamérica, la crisis en Venezuela y la consiguiente disminución del suministro de petróleo a Cuba, el endurecimiento de la hostilidad de los gobiernos estadounidenses y el endurecimiento del bloqueo, junto a la pandemia de covid-19, han demostrado que una economía eminentemente de servicios es un error garrafal para un país como Cuba, tan dependiente de alianzas ideológicas.

En los últimos años, la estructura de inversiones en la Isla se tornó asimétrica. El turismo devoró sumas millonarias materializadas en más hoteles, ya no solo en playas sino en ciudades, cada vez más lujosos y confortables, destinados a un sector de turistas de alto nivel adquisitivo. Mientras tanto, se invertía menos en sectores claves como agricultura, salud, educación y ciencia. Se disminuían los gastos sociales y la industria de medicamentos era incapaz de sustentar las necesidades crecientes de sectores poblacionales envejecidos y estresados, en un país donde los hipertensos y los diabéticos proliferan.

En su exhaustivo reportaje sobre la crisis de medicamentos en Cuba, el periodista José Manuel Pérez Rubines nos dice: «El ‘Portafolio de Inversiones de BioCubaFarma 2018’, último publicado, (…) propone una inversión en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel para erigir una planta con capacidad productora de 5.000 millones de unidades». No obstante, aclara que tales datos «tienen una antigüedad de tres años, por lo que habría que constatar si el proyecto de construcción de la planta productora de medicamentos se concretó».

Todo parece indicar que no se hicieron las inversiones comprometidas, pues, según cifras ofrecidas por el periodista: «en febrero de 2020, un mes antes de que se detectara el primer caso de covid-19 en la Isla, el reporte arrojaba un faltante de 78 fármacos en marzo, 86 en abril, 98 en mayo, 94 en junio, 85 en julio, 88 en agosto, 84 en septiembre, 93 y 80 en octubre, fecha de su última publicación».

Si bien Raúl Castro ocupó la presidencia interina del Consejo de Estado y de Ministros desde 2006 -cuando enfermara su hermano Fidel-, y lanzó su proyecto de reformas en el 2007, durante el primer acto por el 26 de Julio en que fungió como tal; no fue hasta su nombramiento/elección oficial como presidente del Consejo de Estado, en febrero de 2008, que empezó a poner énfasis en la necesidad de recortar gastos y «gratuidades indebidas».

Tal proceso fue paulatino pero expedito. Si en casi todo el resto del paquete de reformas hubo pausas, aquí sí se actuó con prisas. Entre 2016 y 2020, la inversión en salud y ssistencia social disminuiría en dos tercios: de 232,6 a 84,5 millones de pesos. En consecuencia, aumentaron en esos años la pobreza y la desigualdad. Parámetros exitosos hasta los años 80, como la «tasa de mortalidad», con tendencia a la disminución -aunque con un repunte durante la crisis de la década de 1990-, comenzaron a crecer nuevamente. En el análisis de la variación de ese parámetro en Cuba, Mario Valdés Navia explica que «entre 2007 y 2008 se produjo un salto de 4.496 fallecidos, al incrementarse de 81.927 a 86.423. Otro pico ocurrió desde 2016 a 2017, cuando la cifra de decesos escaló de 99.388 a 106.949, es decir, 7.561 fallecimientos más». A partir de entonces ha continuado en ascenso. En 2020 se produjeron 112.441 muertes. Esto representó 32.779 más defunciones que en el peor año del Período Especial (1996), cuando fallecieron 79.662 cubanos y cubanas.

El investigador relaciona este aumento de la tasa de mortalidad con dos elementos: «por un lado, la falta de mantenimiento de los hospitales, la reducción de servicios municipales en muchas provincias y la escasez de medicinas, insumos y equipamiento; por otra, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza en los sectores más vulnerables de la sociedad cubana».

Uno de los servicios hospitalarios afectados fue el de obstetricia. En marzo del 2019, a raíz de la celebración del X Congreso de la FMC, apunté que no se evidenció en las sesiones una preocupación real por las condiciones de las mujeres cubanas al no mencionarse siquiera:

«La desaparición de los programas de atención obstétrica en los municipios donde existían, al menos es lo que ha ocurrido en la provincia de Matanzas, y su concentración en el hospital de la cabecera provincial. Esto ha generado un gran hacinamiento, a pesar del traslado del centro para otro más amplio, y las familias que viven lejos de la ciudad deben desembolsar de la ya precaria economía doméstica para sufragar gastos de transporte».

Evidentemente en todas las provincias aconteció algo parecido, y aunque el aumento de la mortalidad infantil y maternas, dadas a conocer hace pocos díasdadas a conocer hace pocos días, fue relacionada con muertes por covid-19, habría que verificarlo. Las cifras muestran una mortalidad infantil de 7,6 por cada mil niños nacidos vivos. Esto indica un crecimiento de 55,1% en comparación con el año 2020 (4,9) y de 91,77% con el 2018 (3,9). La mortalidad materna fue aún superior: 175 defunciones por cada 100.000 nacidos vivos, que significa un incremento del 341%. La pandemia influyó indudablemente, eso se conoce, pero ¿cuánto lo hizo el inicio inesperado de un parto complejo lejos de servicios especializados?, ¿cuánto se relacionan los niños de bajo peso al nacer o prematuridad con la desnutrición en algunos casos y la falta de tratamientos prenatales y vitaminas para las embarazadas?       

En el análisis de Mario Valdés, también se expone que el recorte en la inversión de salud ocurrió precisamente en etapas en que los ingresos por exportación de servicios médico-farmacéuticos fueron la principal fuente de divisas del país, por encima del turismo (2006-2018). Es lógico entonces que arribe a esta conclusión: «Todo indica que una parte sustancial de estos ingresos, lejos de consagrarse a modernizar el sector sanitario, fueron destinados a la inversión en el turismo, rama que apenas cubre sus ingresos por el alto índice de valor importado que tiene por peso de producción». 

Un sector vulnerable en todos estos años fueron los asistenciados. Así lo expresa el profundo reportaje «El ordenamiento de la resistencia», de la estudiante de periodismo Karla R. Albert. En él se cita a Carmelo Mesa-Lago, economista cubano y catedrático por la Universidad de Pittsburg, que apunta que el valor de las pensiones entre 1989 y 2018, respecto a los precios, había descendido a la mitad ajustado a la inflación. ¿Cuánto representará ese valor actualmente?

En Cuba es difícil acceder a datos estadísticos sobre la pobreza, pues no existen cifras oficiales. Pero la socióloga cubana Mayra Espina, especialista en el tema, afirma que en La Habana el índice de pobreza ascendió del 6 al 20% entre 1988 y el 2002. Podemos imaginar la situación actual.

Ante esto se debió ampliar la asistencia social para proteger a la población vulnerable, sin embargo, como sostiene Karla R. Albert en su trabajo, «ocurrió lo contrario»: «Entre 2006 y 2018, el gasto del presupuesto asignado a la asistencia social se contrajo de 2,2% a 0,3%, mientras que el número de beneficiarios como proporción de la población decreció de 5,3% a 1,6%». Ello se explica mayormente, según Mesa-Lago, «por el lineamiento aprobado en el VI Congreso del PCC en 2011 que terminó la asistencia social a los asistidos con una familia capaz de ayudarles».

La ley de presupuesto para 2011 evidenció el deterioro marcado de los indicadores asistenciales entre 2009 y 2010. El número de beneficiarios se redujo en un 61% en comparación con el 2005, y como porcentaje de la población total, pasó del 5,3% al 2,1%. En el propio 2010 se recortaron 237 millones de CUP por «depuración de beneficiarios».

Los jubilados constituyen otro sector vulnerable, que fue creciendo sostenidamente junto al envejecimiento poblacional. Actualmente existen alrededor de 1,7 millones de personas en esa condición. El economista Mauricio de Miranda dedicó su artículo «Los jubilados de la Revolución» a las medidas tomadas respecto de este sector y muestra el desfase considerable del sistema de pensiones cubano frente al incremento sostenido del costo de la vida y concluye que las pensiones actuales son «insuficientes e injustas» y condenan a la pobreza.

¿Cómo entender estos inmensos recortes? Entre 2009 y 2017, la normalización de la deuda externa del país -declarada como «impagable» por Fidel Castro durante años- tuvo un elevado costo, ya que su servicio alcanzó alrededor de 23.000 millones de dólares, lo que, como concluye Valdés, «limitó objetivamente la posibilidad de elevar el monto de las inversiones y el consumo con recursos públicos».

A ello se suma que a finales de 2015 Cuba renegoció su deuda con el Club de París, congelada desde hacía más de tres décadas. Se logró la condonación de 8.500 millones y el compromiso del gobierno de desembolsar 2.600 millones en dieciocho años para acceder a créditos. Encaminados a cumplir estas obligaciones, desde 2009 comenzó una política de ajustes que contrajo al sector estatal y redujo drásticamente su presupuesto de gastos e importaciones. A la par, disminuyó la oferta de bienes de consumo en el mercado interno, en particular los alimentos, al no realizarse en la secuencia lógica las reformas concebidas y prometidas, que debían estimular a los productores nacionales a sustituir importaciones.

Al unísono, se decidieron medidas que afectaron la alimentación pública. Una de las peores fue el cierre de los comedores obreros, iniciada en 2009 y generalizada al siguiente año. Solo en sectores específicos se sustituyó por el pago de un estipendio monetario. Tres millones y medio de personas fueron afectadas por el cierre de 24.000 comedores. La mayor parte de los cubanos debió llevar sus alimentos al trabajo… si podían hacerlo. Un factor agravante fue que también en 2009 se echó por tierra una conquista obrera que había establecido la edad de jubilación laboral en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres. Desde entonces fueron aumentados cinco años en cada categoría de género. Es decir, personas más envejecidas dejaron de contar con la seguridad de su almuerzo. 

Raúl Castro había dicho en agosto de 2009 , ante los diputados: «Hay subsidios para prestaciones sociales que son poco eficaces o, peor aún, hacen que algunos no sientan la necesidad de trabajar». Imagino que lo aplaudieron. Apenas dos meses después, el 9 de octubre de 2009, el periodista Lázaro Barredo publicó en Granma el artículo «Él es paternalista, tú eres paternalista, yo soy paternalista…». Allí se quejaba de que «la Revolución fue desde sus inicios un torrente de justicia, que no siempre ha sido correspondido», y adjudicaba a la sociedad cubana una serie de «vicios o costumbres» que impedían «que nuestro proyecto socialista salga adelante», uno de ellos era: «El síndrome del pichón: andamos con la boca abierta porque buena parte de los mecanismos que hemos diseñado están concebidos para que nos lo den todo (…)».

Se iniciaba así la tendencia, hoy en su clímax, de culpar al pueblo por los resultados de las políticas erróneas, las pésimas decisiones y la ineptitud de la burocracia dirigente. Muchos de nuestros políticos, y también algunas personas de buena fe, recuerdan con nostalgia el trienio del deshielo con Barack Obama, entre 2014 y 2016, y aseguran que si al menos se quitaran las más de 243 medidas tomadas por Donald Trump y mantenidas por Joa Biden, la economía cubana enrumbaría un sendero exitoso. Pero las estadísticas hablan de una «década perdida» para la economía cubana que se extiende desde 2010 a 2020 y de un deterioro del pacto social del Estado con la ciudadanía que viene de antes. Trump asumió el poder en 2017, sería injusto atribuirle toda la responsabilidad.

Puestos entonces entre la espada y la pared, y ya en medio de la pandemia, nuestra burocracia decidió «agilizar» las cosas. Se habían perdido catorce años. O en realidad veintinueve. En diciembre de 2020 fue anunciada la «Tarea Ordenamiento», a comenzar en enero de 2021. En su fugaz alocución televisiva del 11 de diciembre, sentado al lado de un silencioso primer secretario del Partido que muy pronto entregaría el mando -dudoso honor ante lo que se avecinaba- el presidente resaltó que «este proceso se propone ofrecer a los cubanos mayor igualdad de oportunidades, a partir de promover el interés y la motivación por el trabajo».

Creo innecesario enjuiciar esa declaración a la altura de los resultados que el Ordenamiento ha ocasionado. Solo citaría lo dicho al respecto por el investigador Mario Valdés: «Es penoso constatar cuánto tiempo se perdió entre los años 2011 y 2018 para reposicionar al peso cubano como divisa nacional y en qué momento tan difícil se decidió ejecutar la “Tarea Ordenamiento”».

Si la extensión de la pobreza y la desigualdad eran innegables desde antes de Trump y la pandemia, la determinación de abrir, en medio de esta crisis, comercios donde únicamente pueden adquirir productos -muchos de ellos de fabricación nacional- los poseedores de dólares y divisas, en ausencia además de otros avituallamientos en moneda nacional, ha creado un abismo de penurias, injusticia y corrupción en la sociedad cubana.

Ya el Informe Central al VIII Congreso del PCC, celebrado en abril de 2021, develó con toda crudeza que los objetivos fundacionales de la Revolución socialista molestaban a los intereses reales de la burocracia. En el artículo «La despedida de Raúl Castro» cuestioné su discurso, que mostró irritación, inflexibilidad y sobre todo, una falta tremenda de empatía. En su intervención señaló que «la economía cubana en los últimos cinco años ha mostrado capacidad de resistencia frente a los obstáculos que representa el recrudecido bloqueo», cuando debió reconocer que son las cubanas y cubanos los que hemos mostrado una heroica capacidad de resistencia, no solo contra el bloqueo, sino contra los errores, la lentitud y el dogmatismo de los que determinan la política económica en Cuba.

Convocó también a «borrar de nuestras mentes prejuicios del pasado asociados a la inversión extranjera y asegurar una correcta preparación y diseño de nuevos negocios con la capacitación del capital extranjero». Tales prejuicios fueron impuestos por la misma clase burocrática que hoy nos pide un cambio de mentalidad. Seguramente piensa que debemos borrar otras cosas, como el rechazo -del que nos enorgullecíamos-, al crecimiento de la desigualdad social. La crítica del anciano político a la «cierta confusión» de algunos cuadros que alertaron de la «supuesta desigualdad» creada por la comercialización dolarizada en Cuba, desconoció un problema de primera magnitud que ha generado lo que Mario Valdés denominó, con amarga ironía, «un malestar general».

El modelo cubano actual, como argumenta De Miranda en su artículo ya citado, solo conduce a la persistencia del subdesarrollo y al mantenimiento de la pobreza generalizada. Nada diferente a eso hemos tenido en las últimas tres décadas.

El principal eslogan del presidente Díaz-Canel desde su llegada al gobierno ha sido presentarse como «continuidad». Pero claramente no se trata de continuidad respecto a los objetivos sociales fundacionales de la Revolución, sino de una prolongación del proceso de ajustes que se apartó de esos objetivos. En el momento en que fue designado como presidente de Cuba, le dediqué un artículo, «El verdadero cambio», en el cual lo exhortaba:

«(…) rechacemos tanto las gratuidades indebidas, que no sabemos a ciencia cierta cuáles son, y aboguemos por el control y la participación de los trabajadores en las decisiones y en la gestión de los planes de producción. Abandonemos los privilegios con que vive la casta burocrática, empresarial y política, para que sintiéndose más cerca del pueblo, y en condiciones similares, se apresure en lograr resultados. En fin, más prisa y menos pausas. Ese es el verdadero cambio que necesitamos».

En el año que acaba de concluir se cumplieron 35 del anuncio del «Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas», veintisiete de la dualidad monetaria (en su primera temporada), veintiséis de la creación del holding Gaesa, catorce del estreno del «Proceso de actualización de la economía cubana», diez de la puesta en marcha del experimento interminable de Artemisa y Mayabeque y ocho de que se aprobara el decreto de creación de la zona de desarrollo del Mariel.

Ahora será el año I de la indicación de Raúl Castro para la salvación de la industria azucarera. Nos movemos sí, pero en un enorme círculo de consignas, proyectos y planes incumplidos, en el cual se desgastan generaciones, se frustran proyectos vitales y se separan familias. Desde hace tres años mueren en Cuba más personas que las que nacen. El círculo ha devenido órbita de extinción y para ese mal no se crean vacunas, como para el covid-19. Como explica Mauricio de Miranda: «El caso cubano ejemplifica la persistencia de un modelo económico con pésimos resultados en términos de prosperidad y bienestar, al punto de mantener la vida de la mayor parte de la población en constante lucha por la subsistencia cotidiana».

Igual a lo acontecido en otras experiencias del «socialismo real», en las que un partido único y antidemocrático usurpó el poder popular, la burocracia en Cuba paulatinamente se ha convertido en una clase, con modo de vida muy diferente al de la mayor parte de la ciudadanía, lo que es evidente entre sus retoños más nuevos. Con razón Mario Valdés la denominó «la burocracia conquistadora».

Es una clase que no desea perder ningún privilegio político que le impida el derecho a administrar la propiedad que legalmente se reconoce como social, pero que no logra transitar felizmente caminos de reforma, todos se van cerrando al final sin conseguir los objetivos propuestos.

La existencia de una clase de burócratas debe ser considerada también teniendo en cuenta su actitud ante la agudización de la crisis económica. ¿Cuál es su propuesta concreta para sumarse a la austeridad y al ahorro que tanto le piden al pueblo? Es muy cierto lo que afirma en su texto «Ellos y nosotros, sus hijos y los nuestros…» la doctora e investigadora cubana Ivette García: «Una clase que no rinde cuentas, que no declara su patrimonio personal, que tiene un enemigo externo al que puede culpar de todo, que controla los medios, mantiene oculta su vida privada y no precisa del voto popular, no siente compromiso más que con ella misma. Puede construir un capitalismo de la peor especie y vestirse con desfachatez de socialista para la escena pública».

En Cuba existe un enorme aparato de dirección, partidista y estatal, que lejos de disminuir tiende a incrementarse. Un país empobrecido como el nuestro, cuya economía prácticamente no crece desde hace casi una década, no puede mantener tal derroche de recursos materiales y humanos al sostener dos formas de dirección, una que orienta y otra que gobierna. No necesitamos que la doctora Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) nos pida más sacrificio; ni que el presidente Díaz-Canel ofrezca construir un monumento al pueblo. Precisamos que los que dirigen este país se hagan responsables de sus errores, que rindan verdadera cuenta de las finanzas públicas, que informen con transparencia de las decisiones relativas, por ejemplo, al pago de la deuda externa; y sobre todo, exigimos que sea la ciudadanía la que decida si pueden permanecer en sus cargos mediante elecciones generales y secretas para todos los altos cargos públicos.

La intención explícita de los cambios en Cuba, es, como señaló Martha Prieto en un debate en la revista Temas, que «las transformaciones que prevén los Lineamientos y el Modelo son económico-sociales, no políticas». Eso precisamente ha hecho inviable a las reformas. Necesitamos transformaciones políticas, y con urgencia.

En su artículo «La realidad cubana actual y las lecciones de la historia», Mauricio de Miranda analiza cómo el derrumbe del socialismo en Europa Oriental demostró que «(…) cuando el liderazgo no está a la altura de las circunstancias, no evalúa objetivamente la realidad económica, política y social y no interpreta adecuadamente el sentir de la sociedad o de una parte de ella, se producen fracturas que conducen a protestas sociales. La represión de las mismas solo genera un agravamiento de los conflictos y estimula acciones violentas».

Una revolución, y los sacrificios que ella impone, se aceptan para cambiar y mejorar la vida de las personas. Los plazos para lograrlo no pueden ser eternos. Lo ocurrido el 11 de julio no fue, como afirma el gobierno, un golpe blando de mercenarios pagados desde el exterior, fue la reacción tardía de una parte del pueblo que no puede sufrir más los rigores de la pobreza y los ajustes de un semi-neoliberalismo con maquillaje socialista.

Fue el alarido de una ciudadanía que necesita cambios y seguridad en el futuro y que no confía en la clase burocrática que nos dirige hace demasiado tiempo. Los gritos de «Libertad» significan, primero que todo, libertad para elegir y sustituir a los corruptos, los ineficientes y los ineptos.

Nota: este artículo fue publicado originalmente en la revistaLa Joven Cuba. Es el primero de dos artículos, el segundo tratará los problemas políticos

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La CEPAL tuvo, desde su creación, una posición crítica frente a las realidades latinoamericanas.

El último número de El Trimestre Económico (Vol. 89, No. 353, enero-marzo, 2022 – https://bit.ly/3JSga9K), la afamada revista que publica el Fondo de Cultura Económica de México desde 1936, dedica sus artículos al pensamiento de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Es una referencia de enorme importancia para la región y vale resaltar algunos aspectos de carácter histórico.

Hasta bien entrado el siglo XX, el ensayo de carácter politológico y positivista dominó en los estudios latinoamericanos, pero la ciencia social, como tal, prácticamente se desarrolló con el avance de este siglo y normalmente desde mediados del mismo, como puede seguirse en Teoría, acción social y desarrollo en América Latina (1976), de Solari, Franco y Jutkowitz. La economía fue la más pobre entre esas ciencias. Sin embargo, la creación de la CEPAL, en 1948, tuvo impacto decisivo para ese desarrollo y su primer Estudio Económico de América Latina (1948-1949) resultó pionero en la materia.

Abordó el progreso técnico en la región, apenas visible en buena parte de los países; también trató el comercio externo, e inauguró la visión sobre los desniveles en los términos del intercambio, una concepción que fue eje de los análisis cepalinos en años posteriores. Sin embargo, el Estudio se limitó a cuatro países: Argentina, Brasil, Chile y México. Buena parte de los países latinoamericanos carecían de información nacional con la que se podía contar para un análisis pormenorizado de todos. La mayoría tenía economías primario-exportadoras, predominaban las haciendas y las relaciones económicas precapitalistas. Los técnicos de la CEPAL que llegaron a Ecuador recibieron informaciones del Banco Central (BCE), pero además de una serie de personas que podían dar cuenta de las realidades nacionales, de modo que con todo ello prepararon el informe El Desarrollo Económico del Ecuador (1953), estudio igualmente pionero en el país. La lectura de ese detallado documento no solo proporciona el retrato de aquellos momentos, sino que reflexiona sobre el atraso y sus condiciones sociales, incluso desde perspectivas históricas. Naturalmente, resaltan los asuntos relativos a la economía agraria y sus productos, ya que Ecuador era uno de los más atrasados países latinoamericanos, todavía bajo dominio oligárquico-terrateniente.

Por cierto, desde la fundación del BCE (1927) se pudo contar con buenas estadísticas técnicamente elaboradas. Los miembros de la Misión Kemmerer (norteamericana), con quienes se fundó la institución, dejaron informes en los que queda en claro que el país carecía, hasta entonces, de estadísticas y estudios confiables. Un artículo del historiador Michael T. Hamerly (“Los informes ministeriales y registros oficiales del siglo XIX como fuentes cuantitativas”, 1977) demostró que los informes de los Ministros de Hacienda y otros, tuvieron siempre datos inseguros, desconfiables o variables. El “Boletín” del BCE de los primeros años contiene los primeros estudios realmente económicos, aunque en décadas posteriores se transformó en un documento casi exclusivamente monetario y con algunos datos macroeconómicos.

Con el impulso de la CEPAL se fundó en Ecuador la Junta Nacional de Planificación y Coordinación Económica (1954), que empezó a jugar un papel fundamental desde la década de 1960, pues se le encargó la elaboración de los planes de desarrollo. Sus estudios siguieron la rigurosidad y las ideas de la CEPAL. En 1979 se transformó en CONADE (Consejo Nacional de Desarrollo). En 1998 le reemplazó la Oficina de Planificación y en 2004 la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES). Sus archivos y biblioteca, tan importantes como patrimonio para la historia económica del país, estaban literalmente “abandonados” (en el edificio del Consejo Provincial de Pichincha) cuando pasaron, al menos por un tiempo, a la biblioteca de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito; pero luego salieron de allí. ¿Dónde se encuentra este repositorio del patrimonio nacional? Ese periplo tiene que ver con el giro económico del Ecuador, que desde León Febres Cordero (1984-1988) inició el abierto rumbo empresarial-neoliberal y dejó a un lado la importancia de la planificación, recuperada en la década progresista 2007-2017 y abandonada nuevamente desde 2017, cuando se reinicia el ciclo empresarial-neoliberal. Bajo los gobiernos neoliberales incluso las estadísticas se “transforman”: interesan solo ciertos datos macroeconómicos, pero las informaciones más “sensibles” (como las tributarias relativas a las elites) se ocultan y no son públicas, como sucede en Ecuador actual.

La CEPAL tuvo, desde su creación, una posición crítica frente a las realidades latinoamericanas. Era imposible que no sea de otra manera, ante mentes brillantes como las de sus fundadores. En las décadas finales del siglo XX su presencia teórica en la región retrocedió, pues dominó la ideología neoliberal. Sin embargo, la CEPAL, hoy bajo la Secretaría Ejecutiva de Alicia Bárcena, ha retomado su posición crítica y, sobre todo, tiene un peso significativo en las propuestas para edificar economías sociales en América Latina, pues sus estudios han demostrado las nefastas consecuencias que ha provocado el neoliberalismo en la región. Los artículos del Trimestre Económico destacan esta etapa cepalina, en la que se movilizan ricas concepciones sobre la igualdad, la equidad de género, los derechos, el medio ambiente, la protección social, la redistribución de la riqueza, la cultura de privilegios. Y se incluye al final el estudio “La periferia latinoamericana en el sistema global del capitalismo” de Raúl Prebisch (1901-1986) -quien fuera Secretario Ejecutivo de la entidad-, un texto que mantiene increíble actualidad.

 Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 12/01/2022

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Mantener el timón en medio de tormentas y colapsos

Vivimos en un mundo de tormentas sistémicas y de colapsos sociales, agravados y acelerados durante la pandemia de coronavirus. No sólo es un escenario nuevo para las fuerzas antisistémicas, que no tenemos experiencia reciente en este tipo de coyunturas, sino que también el conjunto de crisis y caos en los que vivimos hace mucho más difícil mantener el norte, guiar el timón de nuestras resistencias sin perder los objetivos de largo plazo.

Atravesamos un hondo caos geopolítico, con grandes riesgos de guerra entre potencias nucleares, ya sea entre Estados Unidos y Rusia o entre Estados Unidos y China. Los conflictos explosivos se acumulan. La OTAN está dispuesta a instalar armas en Ucrania, capaces de alcanzar Moscú en apenas cinco minutos. Rusia está dispuesta a impedirlo, aún al precio de invadir su ex república soviética.

La tensión entre China y Taiwán, azuzada por Estados Unidos, Japón, Australia, Gran Bretaña y buena parte de la Unión Europea, puede desencadenar un conflicto de grandes dimensiones. No son pocas las naciones en pie de guerra. Los disturbios en Kazajistán enseñan que las potencias están dispuestas a intervenir para defender sus espacios geopolíticos, como sucede con el despliegue militar ruso en el país asiático.

La guerra que libra Turquía contra el pueblo kurdo, la de Arabia Saudí en Yemen, por mencionar sólo dos puntos calientes, pueden desembocar en agresiones capaces de desestabilizar la región de Medio Oriente, que sigue siendo la más inflamable del planeta, donde están presentes todas las grandes potencias y aun las regionales, desde Irán e Israel, hasta Arabia Saudí y Turquía, cada una defendiendo intereses a expensas de las otras.

Mención aparte merece el agravamiento de las tensiones internas en Estados Unidos, que varios analistas consideran pueden desembocar en guerra civil, y la tendencia a la descomposición de la Unión Europea, que durante la “era Merkel” era un espacio mínimamente predecible.

Una reciente entrevista de Amy Goodman a Noam Chomsky, además de revelar su notable lucidez a los 93 años, asegura que Estados Unidos atraviesa “una enfermedad social, una ruptura del orden social y cultural, que es muy grave en el caso de la pandemia, pero, como quiero seguir insistiendo, mucho más grave en el caso de la destrucción del medio ambiente” (https://bit.ly/3fmpPHT).

Cuando se lo consulta sobre el crecimiento de las tendencias hacia el fascismo, el enorme peso del extremismo evangélico y anticientífico, y el probable retorno de Donald Trump a la presidencia, responde que se debe a la transferencia de riqueza del 90 por ciento más bajo de la población, es decir, la clase trabajadora y la clase media, hacia los más ricos, que se estima en 50 mil millones de dólares. “Deberíamos llamarlo robo”, concluye, que ha llevado a que la mayoría de la población sobreviva con los cheques de ayuda social del gobierno.

“Estos son signos de un colapso social masivo, que se manifiesta concretamente en el hecho de que la gente, literalmente, no tiene suficientes reservas financieras para afrontar una crisis. Y, por supuesto, es mucho peor cuando vas a comunidades realmente desfavorecidas. Por ejemplo, la riqueza familiar entre los negros es casi nada”, señala el lingüista.

La pandemia de desigualdad ha sido denunciada tantas veces que parece innecesario retornar a una guerra contra los pobres, que lleva ya 40 años. Menos evidente es la creciente dictadura de los medios. Que twitter haya bloqueado la cuenta del presidente de Estados Unidos, por más horrible que haya sido la gestión de Trump, revela la existencia de un poder fuera de control que día a día se ejerce con las personas comunes.

Para terminar con este breve repaso de desastres, debe mencionarse la crisis terminal de las izquierdas, la desaparición de un sector político que tuvo relevancia desde la revolución francesa, que dominó el panorama de los oprimidos durante dos siglos y que se ha evaporado, literalmente.

En este panorama de colapsos y pandemias, las fuerzas anti-sistémicas estamos sometidas a tremendos desafíos que, a menudo, sentimos nos superan. Entre ellos, la militarización y paramilitarización de nuestros entornos es quizá el más complejo. ¿Cómo mantener la firmeza sin caer en tentaciones geopolíticas, estatistas o de alianzas que, a la larga, impiden avanzar en la liberación de los pueblos?

Primero, no sabemos.

Segundo, mantener el timón orientado hacia la autonomía y el autogobierno colectivos es un buen principio.

Tercero, fortalecer la organización, mejorar las autodefensas y mantener la diversidad interna con alta participación de mujeres y jóvenes pueden contribuir a sostener la vida en medio de las ofensivas de muerte.

10 enero 2022

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La oposición de Venezuela ganó el simbólico estado de Barinas: razones y consecuencias

Sergio Garrido fue electo gobernador en un bastión del chavismo

Se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre tras la inhabilitación del candidato Freddy Superlano. Es el estado natal de Hugo Chávez y donde gobernaron su padre y sus dos hermanos. Barinas es también un estado marcado por numerosas dificultades materiales. 

 

La oposición venezolana ganó el domingo la elección a gobernador en el estado Barinas. Su candidato, Sergio Garrido, de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), venció a Jorge Arreaza, excanciller y ministro de Industria y Producción Nacional. El primero alcanzó 55.37% del apoyo, contra 41.26% del segundo, más de 13 puntos de diferencia, en una elección de la cual participó el 52.23% del padrón. El tercero, Claudio Fermín, también parte de la oposición, obtuvo el 1.77% de los votos.

El resultado fue reconocido por Arreaza, quien, antes que el Consejo Nacional Electoral (CNE) emitiera el boletín oficial twitteó: “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo”. Garrido, por su parte, anunció su victoria desde su comando de campaña: “ganó Barinas, ganó Venezuela, ganó la Unidad”, afirmó, acompañado de diferentes dirigentes de la oposición.

La elección en estado llanero de palma y sol fue particularmente importante por varias razones. En primer lugar, se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre, cuando, luego de que la oposición asomara como vencedora sobre el chavismo por un escaso margen, la Sala Electoral del Tribunal Supremo Justicia declaró que la elección debía repetirse. La razón esgrimida fue la inhabilitación del opositor Freddy Superlano desde el año 2019, una decisión que resultó cuestionada por la oposición, así como por algunas figuras públicas del chavismo.

La historia de los Chávez

La nueva fecha anunciada por el CNE estuvo luego acompañada por denuncias de la inhabilitación de otros candidatos opositores, como Aurora Silva de Superlano, esposa del expostulante, y el candidato del Partido Comunista de Venezuela, Aldemaro Sanoja. En ese contexto tuvo lugar la campaña para una elección en un estado de fuerte carga simbólica por ser el de nacimiento de Hugo Chávez, y por haber sido gobernado por el chavismo durante 23 años seguidos: primero por su padre, Hugo de los Reyes Chávez, luego por su hermano Adán Chávez -actualmente embajador en Cuba-, y finalmente por su otro hermano Argenis Chávez, quien renunció a su intención de ser gobernador luego de la derrota del 21 de noviembre.

Barinas, el pueblo de Sabaneta donde nació y se crío Hugo Chávez, es uno de los puntos fundacionales de la historia del chavismo, parte de su mitología, como, en términos de acontecimientos históricos lo es el caracazo del 27 de febrero de 1989 o el levantamiento del 4 de febrero de 1992 en el cual Chávez apareció en la escena pública. Pero Barinas es también un estado marcado por las numerosas dificultades materiales, de servicios gasolina, gas o luz -como gran parte del país-, así como por las críticas a las gestiones de los gobernadores, algo repetido y conocido desde varios años atrás. Una organización popular chavista, con trabajo en el estado, atribuyó, por ejemplo, la derrota a “una parte, no toda, de la dirigencia, que practica una forma de hacer política autocrática, distanciada de las bases, sin contenido ideológico, meramente asistencialista, que trata al pueblo como reservorio de dádivas”.

Esa situación de desgaste en Barinas fue reconocida implícitamente por Arreaza que levantó la antigua consigna de Chávez, “revisión, rectificación y reimpulso”, en el marco de una campaña que puso al expresidente en el centro, a diferencia de otras apuestas electorales del chavismo que, para el 21 de noviembre, optaron por dejar de lado, o poner en segundo plano, la simbología roja más tradicional. Arreaza apostó a un despliegue de elementos del chavismo, desde la música hasta la espada de Simón Bolívar. “Logramos reconectar con el sentimiento, logramos reconectar con el Chávez que llevamos dentro (…) hubo una desconexión, pero hemos logrado reconectar”, afirmó en una rueda de prensa el día lunes.

Arreaza señaló que se trató por un lado de una “derrota cuantitativa”, pero, por el otro, de una “victoria cualitativa de la revolución bolivariana en un escenario difícil y adverso”. La dimensión cuantitativa fue visible en la diferencia de Garrido y el crecimiento de votos: entre la elección del 21 de noviembre y la del domingo 9 de enero la MUD pasó de 103.809 votos a 172.693, un 66% más, mientras que el chavismo creció de 103.693 a 128.583 votos, es decir un 24% más. Garrido, oriundo de Barinas y militante de Acción Democrática en el sector de Henry Ramos Allup, no era, hasta entonces, un dirigente de gran fuerza o trayectoria reconocida nacionalmente.

El resultado abre diferentes puertas de interpretación y posibles cursos de acción política para cada lado. Por el lado del chavismo, la nueva derrota en Barinas confirma el escenario adverso en el estado de Chávez, que no logró ser revertido aún con un candidato de envergadura nacional y el gran despliegue de fuerzas y recursos. Una pregunta podría ser si ese cuadro es extensible a otros estados del país o no. Si bien visto en términos de mapa el chavismo tiene 19 de las 23 gobernaciones, en las alcaldías ganó en cambio 205 de 322, y, en términos de votos su tendencia es, como se vio en los últimos años, a una disminución. El chavismo, con un núcleo duro y en gran parte organizado, se encuentra ante la pregunta de cómo volver a crecer en un marco de fuerte desgaste político generalizado, donde la división de la oposición no le es, como se vio el domingo, una garantía de victoria.

¿Qué estrategia encarará la oposición?

Del lado de la oposición, el panorama sigue, a pesar de los festejos por Barinas, marcado por la fragmentación y la falta de certeza sobre las estrategias a seguir. El resultado del domingo fue utilizado, por ejemplo, para posicionar en redes sociales la idea del referéndum revocatorio presidencial, cuyo camino podría ser iniciado este año. Sin embargo, esa apuesta no aparece como compartida en las filas de una oposición que puede subdividirse en cerca de cuatro sectores, atravesada por disputas públicas dentro de algunos de ellos, con la figura Juan Guaidó que volvió a ser reconocido como “presidente interino” por Washington, pero que dentro del país se encuentra reducido a una virtualidad por momentos grotesca.

¿Buscará la oposición un proceso de unificación y acumulación de fuerza en el horizonte de las presidenciales del 2024? ¿Intentará antes el revocatorio? ¿Optará nuevamente por un atajo? Las preguntas, que tienen varias de sus respuestas en el departamento de Estado, ocurren en el marco de la que aparece como el freno a la caída económica que se mantuvo desde el 2014, un posible nuevo crecimiento del PIB, con una visible mayor circulación de dinero, dólares, consumo, zonas de opulencia en el este caraqueño, que conviven con las dificultades crónicas de falta de agua, luz, gasolina o gas en numerosas partes del país. 

11 de enero de 2022

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