Se instaló juicio a la represión en Cali

"EL TRIBUNAL POPULAR DE SILOÉ EMITIRÁ SANCIONES ÉTICAS SOBRE LOS CRÍMENES DEL ESTADO: DÍCTER ZÚÑIGA*


Familiares de los jóvenes asesinados, heridos o detenidos, lo mismo que líderes sociales y comunitarios de Cali y numerosos periodistas de medios alternativos se dieron cita el 3 de mayo en la jornada de instalación del Tribunal Popular de Siloé ‘Operación Zapateiro’.

El acto se cumplió en el Parque de la Horqueta, un punto de encuentro de la comunidad del barrio Siloé, en el que se hizo también una exposición fotográfica y se llevó a cabo un acto cultural en homenaje a las víctimas de la represión ordenada por el régimen de Iván Duque contra los participantes en el Paro Nacional y el Levantamiento Social, cumplidos entre el 28 de abril y finales de junio de 2021.

El Tribunal Popular de Siloé tiene por objeto evitar la impunidad con la que las diversas entidades del Estado colombiano, empezando por la Presidencia de la República, quieren cubrir la brutal represión que costó la vida en el sector de Siloé a entre 12 y 18 personas, en tanto que en todo el país la cifra de homicidios supera los 80.

Madres, padres, hermanas y demás familiares de varios de los jóvenes asesinados en el barrio por la Policía y el Ejército el 3 de mayo de 2021, el 28 del mismo mes y en semanas subsiguientes participaron al lado de los organizadores del Tribunal en la instalación del certamen.

LOS TESTIMONIOS

Dramáticos y dolorosos testimonios se escucharon en la primera jornada.

Crisol y Paula Sánchez denunciaron, en medio del llanto, cómo su hermano, Daniel, de solo 16 años de edad, fue detenido, torturado y asesinado por la Policía, y luego arrojado en un almacén que se incendió.

Ante la inoperancia de los órganos del Estado, han sido ellas y demás familiares quienes se han apersonado de investigar la verdad del caso, pero subrayaron que han encontrado oídos sordos en la Fiscalía y hasta el momento persiste la más increíble desatención.

“Seguimos luchando para que no haya impunidad. Este Tribunal es más transparente que cualquier organismo estatal. A donde tengamos que ir vamos a ir para reclamar justicia. Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo. Yo ignoraba la realidad de mi país hasta cuando la muerte tocó las puertas de mi casa”, dijo ante los asistentes Crisol Sánchez, al reivindicar la memoria y la vida de su hermano.

También rindieron sus testimonios, entre otros, Jenny Mellizo, madre de Harold Antonio Rodríguez Mellizo, asesinado por la represión estatal el 3 de mayo de 2021 en Siloé, y Abelardo Aranda, padre de Michael Andrés Aranda Pérez, asesinado el 28 de mayo de 2021. Los crímenes de estos jóvenes, como los demás, permanecen en la impunidad.

En el acto de presentación del Tribunal participaron también Ani Diesselmann, Martha Giraldo y Patrick Kane, de los colectivos organizadores del evento, cuya parte cultural se prolongó hasta las horas de la noche del 3 de mayo.

Dícter Zúñiga Pardo, del Colectivo de Abogados N21 Incluyente y Diverso, otro de los promotores del juicio, explicó, en entrevista con PERIODISMO LIBRE, que con esta clase de tribunales “el pueblo mismo asume la justicia que reclama y aporta material investigativo con elementos probatorios contundentes”.

MAGISTRADOS Y GARANTES

Destacó, asimismo, el hecho de que académicos, intelectuales y personalidades internacionales como Boaventura de Sousa Santos, de Portugal; Pablo Pimentel y Juan Grabois, de Argentina, y muchos otros tendrán a cargo el análisis de testimonios y demás pruebas en su calidad de jueces.

“Se le dirá a la justicia colombiana: ‘¿ustedes por qué no han actuado, a pesar de todas las pruebas documentales y testimoniales existentes?’”, destacó Zúñiga Pardo. “El Tribunal emitirá sanciones éticas sobre los crímenes del Estado en Cali”, puntualizó.

Otros de los magistrados internacionales del Tribunal, que sesionará en Cali hasta el 10 de diciembre de 2022, son Joannne Rapapport, de Estado Unidos; Lidia Tupa Zelaya, de Bolivia; Yohanka León del Río, de Cuba; Heike Hänsel, Raul Zelik y Darío Azzellini, de Alemania, lo mismo que Daniel Feierstein, de Argentina, y Édgar Ramos Andrade, de Bolivia.

Los garantes del Tribunal son el profesor Ramón Grosfoguel, de la Universidad de California, EE.UU.; la profesora Kristina Dietz, de la Universidad de Viena, Austria; el padre Javier Giraldo, fundador del Cinep; el exmagistrado colombiano Iván Velásquez Gómez, y monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali.

SIGUEN LAS DETENCIONES

Por otra parte, el abogado Zúñiga Pardo aseveró que el gobierno continúa criminalizando la protesta social, y denunció que se siguen produciendo detenciones arbitrarias.

En tal sentido recordó que cinco jóvenes fueron capturados por la Policía y la Fiscalía el 28 de abril del presente año, al final de los actos conmemorativos del inicio del Paro Nacional.

De igual manera, alertó sobre lo que denominó como falsos positivos judiciales contra abogados defensores de derechos humanos.

“Hay preocupación entre los defensores de derechos humanos, pues se podrían estar montando procesos contra nosotros”, expresó, y recordó cómo cuando se encontraba en uno de los puntos de la protesta en el norte de Cali, en cumplimiento de su labor de abogado, fue grabado durante más de una hora por un policía.

La entrevista con Zúñiga Pardo se puede ver en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=jLDqaVChDwk&ab_channel=PeriodismoLibreCali

Cali, miércoles 4 de mayo de 2022.

Publicado enColombia
El Gobierno de Pedro Castillo decreta estado de emergencia para reprimir a los comuneros de las Bambas

La medida durará 30 días y afecta a los distritos de Challhuahuacho y Coyllurqui. El objetivo es acabar con la justa lucha de los comuneros que se oponen a los abusos de la minera Las Bambas.

Redacción LID Perú

Jueves 28 de abril

La Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) encabezada por Aníbal Torres y el presidente Pedro Castillo, oficializaron este miércoles 27 de abril la declaratoria de estado de emergencia en los distritos de Challhuahuacho y Coyllurqui, en la provincia de Cotabambas, departamento de Apurímac. Esta medida de excepción que durará 30 días, permite la intervención del ejército y la policía para facilitar la represión de los campesinos y comuneros que se encuentran en pie de lucha contra la Minera MMG Las Bambas.

Esta medida antidemocrática y reaccionaria del ejecutivo, que pone de manifiesto una vez más el carácter pro empresarial y servil del gobierno, fue oficializada mediante el Decreto Supremo 042-2022-PCM, que en su primer artículo decreta que “la Policía mantendrá el control del orden interno, con el apoyo de las Fuerzas Armadas”. De esta manera, y así como lo viene haciendo con los comuneros de Torata-Moquegua, Castillo apela a la abierta represión de las fuerzas represivas para contener las demandas populares y congraciarse con los intereses de los grandes empresarios mineros.

Como se recuerda, en la zona donde se declaró el estado de emergencia, se venía desarrollando un conflicto social entre los comuneros y el capital minero, el cual, con la complicidad del gobierno, se negaba a resarcir los daños ambientales y económicos provocados en las comunidades aledañas como consecuencia de la actividad extractiva que les reporta grandes ganancias a los empresarios. Es por esta razón que los comuneros de Fuerabamba, cansados de la inacción del gobierno, desde el 14 de abril tomaron los terrenos de la mina MMG Las Bambas.

Como bien lo han manifestado los dirigentes de los comuneros, esta toma de tierras es por compromisos incumplidos por la empresa minera Las Bambas desde el 2014, año en que la compañía compró los terrenos de la comunidad para sus operaciones extractivas. Los dirigentes de Fuerabamba sostienen que son más de 100 compromisos de la minera todavía sin concretarse. Debido a esta medida de lucha, la empresa minera se vio obligada a paralizar sus actividades desde el 20 abril.

Al cierre de esta nota, se tenía conocimiento que durante el día miércoles se dio una violenta intervención de las fuerzas represivas con la cual se buscaba desalojar a los comuneros de los predios de la empresa minera. Mientras tanto, se calcula que un poco más de 200 comuneros permanecen aún en la zona y otro contingente continúa sumándose.


Desalojan a campesinos de mina de cobre china en Perú

Ap y Arn

Lima. La policía desalojó ayer a cientos de campesinos quechuas de la más importante mina china de cobre en Perú, a la cual ingresaron hace 14 días en demanda de que la empresa cumpla la promesa de entregarles 180 hectáreas como contraprestación por la explotación de sus recursos naturales.

El campamento instalado en la mina paralizó la producción de cobre la semana pasada. Otro paro duró 13 días en diciembre pasado. La mina Las Bambas es controlada por la la estatal china Minmetals mediante su filial MMG Limited.

El desalojo con gas lacrimógeno representa un viraje al uso de la fuerza del gobierno del presidente, Pedro Castillo, que más temprano decretó el estado de emergencia, que limita la libertad de reunión y de protesta por 30 días en la zona. Hace una semana hizo lo mismo para frenar otro conflicto en importante mina de capitales mexicanos.

Más de mil agentes antimotines lanzaron bombas lacrimógenas, mientras los comuneros respondieron con piedras. Algunos medios locales transmitieron el desalojo y mostraron a dos mujeres tiradas en el piso, una de ellas con el ojo izquierdo lleno de sangre.

Los campesinos de Fuerabamba –cuyo territorio fue comprado por la mina– alegan que la empresa no ha cumplido con la entrega de la tierra prometida. La minera construyó una nueva ciudad en los Andes, adonde trasladó a los campesinos de la región, quienes realizaron la protesta.

Es el más reciente problema entre la población local y Las Bambas, que genera entre 1.5 y 2 por ciento de la producción mundial de cobre. La empresa acumula diversos conflictos con otras comunidades de lengua quechua descontentas con el polvo que generan cientos de camiones de la minera que transportan por una larga vía el cobre que sacan de las montañas de los Andes.

La zona donde ocurre el conflicto ocupa las regiones de Apurímac y Cusco, las cuales votaron de forma mayoritaria por Castillo para elegirlo presidente en 2021

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Lunes, 18 Abril 2022 05:37

Penumbra

'Filósofo en meditación', pintado por Rembrandt en 1632 y conservado en el Louvre.

Durante algunas décadas hemos creído poder pasar, a fuerza de aceleración capitalista, de la penumbra a la luz; ahora nos damos cuenta de que estamos a punto de dejar la penumbra, donde el asombro era aún posible, para pasar a las sombras

 

Los romanos lo llamaban “umbra”, término directamente volcado en el francés “ombre” y en el italiano “ombra”. En castellano, en cambio, se dice “sombra”, con ese sonido espeso y sibilante que adensa la palabra y su contenido. A partir del prefijo “sub”, arrimado y sumergido en su voz como un grumo en el paladar (sub-umbra), “sombra” tiene más carne, más ramas, más follaje que “ombra”. También da más miedo: la sombra susurra desde otros reinos más oscuros. Estamos siempre, para bien o para mal, “bajo la sombra”.

La sombra se presenta ante nuestros ojos de tres formas. Los árboles dan sombra. Los cuerpos tienen sombra. El mundo es una sombra.

Empecemos por los árboles. Hace años, en un libro de pequeñas ficciones verdaderas, recogía yo la noticia de un árbol del bosque de Birnam (¡el famoso bosque de Macbeth!) que había recorrido tres mil kilómetros para socorrer a una niña que se había quedado dormida bajo el sol en Mauritania. La sombra de un árbol es algo así como una manta de verano, la colcha inmaterial con que nos cubrimos para protegernos de la canícula. Los árboles, en efecto, nos arropan contra el sol: cuando el calor aprieta, nos echamos por encima el chal de una sombra azul. Algunos árboles, lo sabemos, dan mejor sombra que otros. Los de Birnam eran robles, de troncos fuertes y hojas complicadas como cristales de nieve. Pero los mejores, se dice, son el plátano, llamado precisamente “de sombra”, que guarece muchas de nuestras plazas y avenidas; el fresno, primer árbol de la creación, de copa apretada y tupida; el altísimo álamo; el sauce que llora en nuestros jardines; el aligustre, el abedul, el castaño, el elegante aliso que murmura en las orillas de nuestros ríos. Hace un año, un vecino desaprensivo taló el ailanto que, por encima del muro, proyectaba su sombra sobre nuestra terraza. El árbol era suyo, pero la sombra no; si declaráramos las sombras propiedad común inalienable de la humanidad no se perderían todos los años tantas hectáreas de bosque como territorio tiene Andalucía. ¡Talad los árboles, pero dejad las sombras! Nadie es dueño del tintineo de una campana, del destello de un espejo, del color de una fruta, del efecto devastador de una mirada. Hay un cuento chino en el que un hombre pobre compra a un rico propietario la larga sombra del sauce bajo la que se resguardaba con sus amigos y de la que había sido expulsado; junto a la sombra compra de algún modo, para todos, el mundo entero, pues con la posición del sol la sombra se desplaza en todas direcciones y alcanza todos los rincones. Solo al mediodía un árbol es de sí mismo y de su propietario.

También los cuerpos humanos tienen sombra. En un famoso relato del romántico alemán von Chamisso, La maravillosa historia de Peter Schlemihl, un ambicioso joven sin empleo, al contrario, vende su sombra por un puñado de oro y con ella, de esa manera, lo pierde todo. Es extraño. Podemos vivir sin pelo, sin zapatos, sin voz, pero esa metonimia semifísica de nuestro cuerpo, que se nos adelanta cuando caminamos de espaldas al sol, y que no podemos pisar, nos concierne mucho más que nuestra imagen en el espejo. La sombra sale de nosotros, nos sale de dentro, siempre enganchada, y solo se despega en el momento de la muerte. Esa es la creencia extendídisima en muchas culturas de la tierra, antiguas y modernas. Por eso, del singular al plural, si la sombra es fresca y ligera, las sombras son oscuras y oprimen el alma. El Hades, el reino de los muertos de la mitología griega, estaba poblado de sombras secas, excrecencias espectrales de aquellos que alguna vez fueron hombres vivos. “Vagan exangües, sin cuerpo y sin huesos, las sombras”, dice Ovidio recordando los viajes de Ulises y Eneas al báratro subterráneo, donde hablaron –respectivamente– con las sombras de su madre Anticlea y de su padre Anquises. Prolongación estricta de la Odisea y de la Eneida, el infierno de Dante está asimismo poblado de “sombras”, pues los reos, pese a que el cristianismo les ha dado carne, han sido contagiados por la oscuridad en la que habitan y no reflejan ya la luz. Cuando uno pierde su sombra es porque ha huido al otro mundo y, desconectada de nuestro cuerpo, nos ha dejado encerrados en nosotros mismos, donde ya no estamos: en la prisión vacía del cenit. El mediodía, y no la medianoche, es la hora de los muertos; la hora en la que todos estamos muertos.

Por eso mismo, la literatura ha explorado esta dimensión metonímica de la sombra como doble y como apariencia. Desde el mito de la caverna de Platón el mundo mismo ha sido concebido como un recinto de vagas siluetas engañosas. “Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción”, proclama, muy izquierdista, nuestro Calderón. Como una sombra se proyecta la sospecha: la sospecha de que nuestros sentidos nos escamotean la verdad: la sospecha de que el árbol no nos deja ver el bosque, de que ese pájaro es un dron, de que ese príncipe es una rana. Las sombras son los muertos; la sombra es la nuclear inconsistencia del cosmos y sus criaturas. Mediante la sinestesia más bella, más radical y más platónica, lo resumía así Miguel Ángel: “El sol es la sombra de Dios”. ¡El sol mismo, con su luz y su calor, es apenas la sombra del verdadero ser! Ahora bien, frente al izquierdismo de Calderón, es difícil afirmar de un modo más optimista e inmediato el mundo: si el sol es la sombra de Dios, la sombra de Dios es el sol. A partir de este sencillo hipérbaton operamos un curioso volteo metafísico que pone la certeza del sol en el centro de nuestras vidas: de lo que no podemos dudar es precisamente de esa fuente de luz que introduce, salvo al mediodía, hora de la muerte, todas las sombras. La sombra es también nuestro sol. La sombra es también nuestra linterna. Permanece inseparable, desde luego, de la belleza, tal y como demostró el japonés Junichiro Tanizaki en su maravilloso ensayito de 1933, El elogio de la sombra. Frente al dominio de la civilización cenital, con sus luces siempre encendidas y sus pantallas siempre en el centro, el japonés tradicional se reservaba un lugar especial en el salón, el toko no ma, réplica y contrapunto del fuego, un hueco en la pared donde se iban depositando las sombras: donde, si se quiere, iban sedimentando, como en el fondo de un vaso, los posos del tiempo.

En todo caso, la duplicidad simbólica de la sombra (la sombra del árbol, las sombras de los no-cuerpos) enraíza en dos campos semánticos diferentes, separados por la distancia que existe entre estos dos títulos famosos: Los gozos y las sombras, la conocida saga de Torrente Ballester, y A la sombra de las muchachas en flor, el del segundo volumen de En busca del tiempo perdido. En el de Ballester gozos se opone a “sombras” como placeres a penas, en una imagen que evoca los “trabajos” de Hesíodo, inseparables espinas de la naturaleza humana; en el de Proust –el más cursi del mundo si no lo leyéramos desde la obra misma– volvemos, en cambio, a ese mundo vegetal, íntimo y colorido, ligero y excitante, en el que los árboles constituyen nuestro primer y único resguardo frente a los “trabajos” del sol. Muy claro lo deja, por su parte, el poeta Pedro Salinas en estos versos: “Tu presencia y tu ausencia/ sombra son una de otra, /sombras me dan y me quitan”, donde el cuerpo de la amada es inaferrable como una sombra (“tu cuerpo nunca, tus labios nunca”) pero cuyas intermitencias en el espacio ensombrecen fatalmente el ánimo del amante: si ella está, es una sombra; si no está, me deja en sombras.

Podemos seguir esta diferencia asimismo en una bifurcación lingüística extraña y hermosa: la sombra produce el verbo “asombrar”, las “sombras” el adjetivo “sombrío”. Los italianos “si stupiscono”, “se asombran”, un vocablo relacionado con nuestro “estupor” y nuestra “estupidez”, estado pastoso de pasmo traumático; los franceses, por su parte, “s'étonnent”, que tiene más que ver con el aturdimiento consecuencia de la “tonnerre”, la sacudida acústica del trueno y la tempestad. En cuanto al castellano, nos cuenta Corominas que el “asombro” es un término nacido en el ámbito de las caballerías, a las que sobresalta el paso de una sombra. Los caballos se asustan, al parecer, de su propia sombra; se asombran de sí mismos, como si fueran otros que se acercan desde el mundo, sigilosamente, para amenazarlos u ocupar su lugar. Nos asusta un poco, es verdad, la independencia del mundo y, por eso mismo, un mundo sin asombro es en realidad un mundo desprovisto de mundo: un mundo en el que todo depende ilusoriamente de nosotros mismos. “Nihil admirare”, recomendaba el estoico Horacio a esos viejos romanos que se asombraban de todo, como niños, y sucumbían luego al dolor y la decepción. Hoy nos pasa lo contrario: no nos asombramos de nada, ni siquiera del estampido de una bomba, ni siquiera de la belleza de un árbol, porque ya no reconocemos ninguna existencia en el exterior. El asombro, que fue el origen de la filosofía, ha dejado su sitio al narcisismo tecnológico y sus pinchazos solubles en agua turbia. Filosofía quería decir eso: mirar el fuego como si lo viéramos por primera vez, mirar el cielo como si fuera a caer sobre nuestras cabezas, mirar tu mano como si no me hubiera tocado nunca.

En cuanto al adjetivo “sombrío”, conviene pensarlo por oposición a “umbrío”. No dejan de ser curiosos estos itinerarios cruzados entre idiomas, pues la “umbra” latina, lo hemos dicho, dio lugar a “l'ombre” del francés –que sin embargo usa “sombre” para las pasiones oscuras– mientras que desprendió en castellano el apacible “umbrío” de los jardines arbolados y las pérgolas emparradas de los primeros besos. Sombrío es el ánimo triste, la bombilla desnuda sobre un plato lleno de moscas, el rincón visitado por la muerte; umbrío, en cambio, es el follaje tentador de un paseo vespertino. Una de mis mayores decepciones lingüísticas fue descubrir, hace pocos años, que el “umbral” de la casa no mantenía relación alguna con la sombra; que no es, como yo creía, el vano umbrío donde, viniendo del exterior, uno se alivia del sol. Descubrí que en origen se decía “lumbral”, “el lumbral”, término que combina el límite –limes– y la luz –lumen– para designar la frontera material entre la intemperie y el fuego del hogar (lo que tiene también, qué duda cabe, su belleza).

Llego así, en todo caso, a la palabra mencionada en el título, la que más me gusta de este campo semántico, indisociable de la oposición “sombrío”/”umbrío”. Me refiero a “penumbra”, esa casi-umbra, como es una casi-isla la península: la zona intermedia entre la luz y la sombra, ese momento un poco ambiguo en que dejo languidecer la tarde de verano sin encender la lámpara. Cada vez que la pronuncio, no puedo dejar de pensar en esos dos poemas insuperables que Borges escribió en 1964 para invocar la imagen del filósofo Spinoza. Los dos llevan ese título, “Spinoza”, y la primera estrofa de ambos incluye la palabra “penumbra”, que puede interpretarse de forma simbólica (en alusión a la intimidad casi clandestina del pensamiento spinozista) pero que en la pluma de un gran poeta adquiere un rango físico, espacial, de claridad insoportable. El primero dice así: “Las traslúcidas manos del judío/ labran en la penumbra los cristales/ y la tarde que muere es miedo y frío./ (Las tardes a las tardes son iguales)”. El segundo recoge la misma atmósfera de trabajo introspectivo bajo una luz crepuscular, aunque la mirada, centrada antes en las manos y las lentes, ahora se dirige a la obra ya virtualmente acabada: “Bruma de oro el Occidente alumbra/ la ventana. El asiduo manuscrito/ aguarda ya cargado de infinito./ Alguien construye a Dios en la penumbra”. Borges, que en 1969 escribió también un Elogio de la sombra, apología de su ceguera, no utiliza en vano la palabra “penumbra”. Spinoza no trabaja en la oscuridad, porque en los Países Bajos, hacia 1660, había todavía suficiente luz para que un judío pudiera vivir sin ser perseguido y porque Spinoza, mientras pensaba, barría parcialmente las sombras del mundo. La luz, en todo caso, es muy holandesa, muy acaramelada, un poco fría, de rescoldo solar y candela trémula. Si exploramos pictóricamente la diferencia entre sombra y penumbra, podemos decir que nadie supo representar las sombras como Goya en sus pinturas negras (pienso concretamente en esa angustiosa “Romería de san Isidro” en la que las capas negras de los romeros se tragan hacia atrás Madrid entero) y nadie supo reproducir la penumbra como Rembrandt, nacido, al igual que Spinoza, en la ciudad de Amsterdam. Es difícil, en efecto, leer los poemas de Borges y no pensar inmediatamente en un cuadro de 1632, Filósofo en meditación, que uno creería inspirado, a su vez, en el autor de la Éticasi no fuese porque Spinoza nació precisamente ese año; o en el poema de Borges si no faltaran más de tres siglos para que éste lo escribiera. Lo cierto es que ahí está pintada la atmósfera que el poeta absorbe y despliega en la palabra “penumbra”: la luz crepuscular, como un incendio, en la ventana, el pensador barbudo absorto en su laberinto bajo la escalera tortuosa, el fuego del hogar, en el rincón opuesto, enrojeciendo ligeramente el aire. Solo en la penumbra los objetos pueden estar tan quietos; solo en la penumbra el pensamiento –o el amor– pueden estar tan vivos.

Al contrario de lo que nos hizo creer Platón, la batalla humana no se libra entre las sombras y la luz sino entre la penumbra y las sombras. O digamos –para hacer justicia a Platón– que hay que dar la batalla entre las sombras y la luz con la esperanza de alcanzar, a lo sumo, un cierto estado de penumbra. No sé cómo se dirá en japonés, pero es muy evidente, leyendo su ensayo, que Tanizaki estaba reivindicando la penumbra, no la sombra y mucho menos las sombras. Somos seres penumbrosos, los humanos, cuando no somos sombríos; y con la penumbra, sol entre el follaje, picnic sobre la hierba, conservamos la belleza difícil, la razón temblorosa y la tierra herida. Durante algunas décadas hemos creído poder pasar, a fuerza de aceleración capitalista, de la penumbra a la luz; ahora nos damos cuenta de que, al revés, por ese camino, estamos a punto de dejar la penumbra, donde el asombro era aún posible y los alisos daban sombra, para pasar a las sombras, donde nos esperan los muertos airados en el sol terrible del mediodía.

Ay, qué ganas de labrar lentes, de pensar despacio, de retener árboles y contar piedras, de cogerte la mano en la penumbra sin lámparas de un larguísimo atardecer.

Santiago Alba Rico 16/04/2022

Publicado enCultura
Indígenas de Ecuador presentan más de 365 mil firmas contra el extractivismo

Se espera que en las próximas fechas las Corte Constitucional de Ecuador se pronuncie respecto a la petición indígena. 

Organizaciones indígenas de Ecuador presentaron este martes más de 365.000 firmas ante la Corte Constitucional para exigir su derecho de que previo a autorizar cualquier tipo de extracción minera o petrolífera en la zona amazónica esta les sea consultada.

Un número importante de pobladores de comunidades endémicas de la selva amazónica, encabezados por miembros de los A’i Kofán de Sinangoe, y Waraoni de Pastaza se personaron en la sede judicial constitucional para presentar las 365.515 rúbricas.

Ante esta acción, se prevé que la corte ecuatoriana se pronuncie en las próximas fechas respecto al pedido que ha sido apoyado, además, por otras organizaciones sociales del país suramericano.

“El mundo tiene sus ojos sobre Ecuador debido a los históricos casos de la comunidad A’i Kofán de Sinangoe y Waorani de Pastaza, que vencieron al poder empresarial y al Estado ecuatoriano que entregó concesiones mineras y petroleras en sus territorios ancestrales, sin la debida consulta”, expresa el comunicado publicado por los firmantes de la petición.

El texto continúa detallando que la petición se posiciona contra la intención del Gobierno encabezado por Guillermo Lasso “de aplicar políticas petroleras y mineras que plantean la expansión de estas actividades, poniendo en riesgo a territorios indígenas de todo el país, en especial de la Amazonía”.

Por su parte, el líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confenaie), Marlon Vargas se refirió al precedente que sentó la comunidad del A’i Kofán y subrayó que la corte tiene “la oportunidad histórica” de emitir un fallo favorable que garantice el derecho de las comunidades autóctonas a la consulta y “el consentimiento previo, libre e informado”.

El presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), Leónidas Iza Salazar se refirió a la amenaza del cambio climático como un producto del sistema de la explotación capitalista.

También emitió criterio el presidente Comunidad A’i Kofán de Sinangoe, Victor Quenamá quien aseveró que la comunidad indígena no desea explotar los bosques, ni que lo exploten mineros, ni maquinaria pesada, así como reafirmaron su deseo de defender la selva.

Por su parte, la presidenta de la Organización Waorani de Pastaza, Silvana Nihua afirmó que se sienten respaldados por la comunidad nacional e internacional, así como expresó su deseo de que la corte respalde la solicitud de los pueblos indígenas.

Vale mencionar que el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, emitió el pasado mes de julio un decreto que busca duplicar la producción petrolífera nacional, acción que fue vista como inconstitucional por varias organizaciones sociales del país; pues tomó la decisión sin tomar en cuenta el criterio de las comunidades que podrían verse

19 enero 2022afectadas por la explotación del crudo.

Publicado originalmente en teleSUR

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Prepotencia, silencio y muerte: rasgos del dominio paramilitar

El asesinato de Huber Velásquez, el pasado 17 de diciembre de 2021, en la vereda La Balsa de San José de Apartadó, tiene características que revelan la extrema gravedad a que ha llegado el dominio paramilitar en la región y sus relaciones con las instituciones, con el Acuerdo de Paz, con el modelo de desarrollo y el modelo de sociedad dominante. No fue un simple episodio de violencia a los que la población de la región se ha acostumbrado tras muchas décadas de terror.

El contexto inmediato fue la pantomima de pavimentación de dos kilómetros de vía entre Apartadó y San José. Un grupo de pobladores de la vereda La Balsa decidieron hacer la Veeduría ciudadana y descubrieron horrores de corrupción: viviendas averiadas y no reparadas, materiales ineptos, calidad muy baja de la obra no obstante su elevadísimo costo que escandalizó a un diputado de la región. Esta veeduría no fue aceptada porque ya existía una veeduría registrada en la Personería; sin embargo, el grupo de Veeduría de La Balsa decidió continuar su trabajo investigativo ya que la otra veeduría no les daba suficiente confianza al aceptar muchas irregularidades que se estaban cometiendo.

Si se tiene en cuenta que la financiación de esa obra fue cubierta con los fondos del Acuerdo de Paz, asumiéndola como un PDET [Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial] para lo cual la Comunidad Internacional aportó enormes sumas de dinero, es de elemental honestidad solicitarle a los organismos internacionales un examen exhaustivo de los gastos, lo cual debe incluir una examen minucioso a los contratos de METRO-PLUS. También la Alcaldía debe ser sometida a rigurosos exámenes de sus egresos. Corre entre la población de la zona el rumor sobre la participación del alcalde Cañizalez en el crimen de Huber, pues sus simpatías por las estructuras paramilitares son de conocimiento público. Una entidad internacional independiente debe investigar esos rumores, pues los órganos de control del Estado hoy día están cooptados, a la luz del día, por el alto gobierno.

Muchos habitantes de La Balsa no salían de su estupor cuando vieron que muchachos muy jóvenes de su misma vereda paralizaron el tráfico, tanto hacia arriba (San José) como hacia abajo (Apartadó) mientras se consumaba el asesinato de Huber, permitiendo que 8 hombres armados penetraran en su vivienda y le arrancaran violentamente la vida. Sin embargo, los pobladores sabían que romper el silencio equivalía a correr un riesgo muy seguro de muerte. Varios asesinatos ocurridos en la zona en el último año se explicaron por la desobediencia de las víctimas a órdenes de los paramilitares. El terror selló el silencio que cubrió y sigue cubriendo este crimen. Adicionalmente hay otro rumor que corre entre los pobladores de La Balsa, según el cual la Junta Comunal ha ordenado destruir la casa construida por Huber en su finca; parece que el afán de arrasar la memoria de las víctimas, como costumbre de los regímenes más crueles, sigue haciendo carrera.

Los mensajes no pueden ser más contundentes: aquí mandan los paramilitares y el que les desobedezca compromete su misma vida; la población debe optar así entre la vida y la muerte.

Con pocos días de distancia, la junta comunal de la vereda La Esperanza decidió introducir a la fuerza una maquinaria en el asentamiento de nuestra Comunidad de Paz, con el fin de iniciar la construcción de una carretera ilegal que nuestra Comunidad ha denunciado repetidas veces, pues no ha respetado ningún requisito de planeación participativa, es planeada y construida por estructuras paramilitares con maquinarias de la fuerza pública y busca servir a la introducción de maquinarias de empresas multinacionales extractivistas que van en contravía de una desarrollo humano y ecológico. Los líderes de la Acción Comunal de la Esperanza han afirmado que construirán la carretera a las buenas o a las malas, sin importarles violar cualquier propiedad privada y cualquier interés que se oponga a su concepción del desarrollo y del progreso que va en contravía de lo humano.

Los métodos de coordinación y de aquiescencia entre la fuerza pública y los paramilitares son ya muy conocidos y rutinarios: el negativismo; la evasión; la ficción de ignorancia; los acuerdos verbales para no encontrarse en los mismos territorios en coincidencia. Así, cuando las evidencias son ineludibles, es aún posible engañar a la sociedad.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Enero 12 de 2022

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Caminar con el zapatismo, construir comunidad y esperanza
 
 
 Compartimos el libro «Caminar con el zapatismo, construir comunidad y esperanza», escrito por la activista y académica Inés Durán Matute y la historiadora y defensora del pueblo coca Rocío Moreno, en el marco del próximo 28 aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Caminar con el zapatismo, construir comunidad y esperanza

Al recordar la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, comprendemos cómo este momento fue crucial y esperanzador para los pueblos originarios y para gran parte del México de abajo. Muchos pueblos y personas vimos en la lucha zapatista la nuestra, al igual que nuestras problemáticas, demandas, palabra e historia. Ustedes, zapatistas, lograron desnudar el racismo institucional que corre por las venas del Estado “moderno” mexicano desde su origen.


Nos “recordaron” la existencia de “los indios” y nos “expusieron” las condiciones en las que millones vivimos día a día frente a un Estado represor, depredador y explotador. Las iniciativas, declaratorias, comunicados, acciones y propuestas que han promovido desde hace más de 27 años de vida pública, nos enseñan la diversidad y magnitud de sus esfuerzos colectivos ante los embates que se sufren en el campo y la ciudad, aquí y allá, hoy y ayer. Desde aquel 1° de enero han llenado de esperanza a un pueblo hambriento de justicia y han demostrado que la creación revolucionaria es una potente herramienta para la construcción de otros mundos. Ustedes, zapatistas, no piensan únicamente en la realidad de sus pueblos o de Chiapas, sino que se entienden como parte de algo más grande. De esta manera, generan iniciativas haciéndonos, a la diversidad que somos, parte de ellas.

Una de estas es el Congreso Nacional Indígena (CNI) creado el 12 de octubre de 1996. Este espacio nació aquel día, cuando en el zócalo de la Ciudad de México, la comandanta Ramona pronunció estas palabras: “Llegamos hasta aquí para gritar, junto con todos, los ya no, que nunca más un México sin nosotros”.2 De esta manera, se constituyó el CNI como “La Casa de Todos los Pueblos”. Se trata de un espacio al margen de los partidos políticos donde se construyen posicionamientos ético-políticos para poder avanzar en la autonomía y autogestión en cada una de las comunidades. No es un lugar físico, sino más bien un espacio de encuentro, reflexión y articulación de luchas. Ahí confluyen las resistencias de los pueblos originarios y se organizan en red, donde cada una construye y camina con su historia, su tiempo y problemáticas. Podemos observar a lxs yaquis defendiendo su río, a lxs seris protegiendo el paraíso de Isla Tiburón, a lxs nahua de Ostula recuperando Xayakalan, a lxs binnizá frenando eólicas y denunciando al Corredor Interoceánico, a lxs purépecha en Cherán organizándose a través de sus fogatas, a lxs nahua en el centro del país enfrentando al Proyecto Integral Morelos, a lxs wixárika cuidando Wirikuta y los demás sitios sagrados, a lxs coca posicionadxs desde su isla Tlaltequepeque, a lxs mayas impidiendo el paso al mal llamado Tren Maya o a las propias comunidades zapatistas y los tantos pueblos más que defienden la vida. Ya son 25 años de hacer comunidad con esta diversidad de pueblos y aliados para detener el racismo, el despojo, la explotación y la muerte.

Para ustedes, desde un inicio, la organización desde abajo y a la izquierda ha sido su objetivo. Sin embargo, el año pasado, nos sorprendieron queriendo llevar esta acción más lejos. Cuando el Subcomandante Moisés anunció que emprenderían una Travesía por la Vida recorriendo los cinco continentes, nos recordaron que las soluciones —no solo a una pandemia, sino a todo lo que nos aqueja— se construyen en colectivo, por lo que hay que depositar nuestras energías para encontrarnos, conocernos y enlazarnos. Esta travesía busca crecer las redes de resistencia y rebeldía mediante la escucha, el diálogo, la denuncia y la organización. Convocan a todxs aquellxs que estén dispuestos a luchar por la vida, sin importar nacionalidad, color, creencias, cultura o lengua. En pocas palabras, nos muestran la urgencia de organizarse globalmente, abrazando la diferencia, para colocar la vida en el centro y no bajo el dominio del mercado. Aún sabiendo lo que ustedes, zapatistas, han abonado a la construcción de otros mundos, quisimos como homenaje escribir sobre la forma en que han inspirado durante años a las comunidades organizadas del CNI. Nos motivó mostrar la forma en que desde un ini­cio han caminado y estimulado la comunidad y la es­pe­ran­za. Esto con el fin de vislumbrar cómo hoy cultivar la vida requiere que rompamos los tiempos y espacios del capital planetariamente.

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MÁS LEÍDOS 2021: A propósito de las protestas sociales en Colombia. Autoorganización y acción colectiva

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro, por colocar dos referencias que no son las únicas. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. La historia marca un derrotero por vida digna y democracia real que es necesario asumir como reto por lograr entre todas y todos.

 

Soprendente. Por varios días la noticia en el mundo dejó de ser la pandemia o los temas y problemas relacionados con las vacunas. Por la violencia estatal desatada, el tema alcanzó a ser el de las protestas en Colombia, con un número, hasta la fecha, de varias decenas de muertos, varias centenas de desaparecidos, numerosos casos de violaciones y la violencia sin límites del paramilitarismo aunado a las fuerzas de seguridad oficiales. La comunidad internacional está tan escandalizada como la propia sociedad civil en el país. Literalmente, el famoso episodio de “La noche de los lápices” –el dramático episodio que tuvo lugar durante la última dictadura argentina en la noche del 16 de septiembre de 1976 y sobre el cuál Héctor Olivera dirige la extraordinaria y escandalosa película con el mismo nombre–; pues bien, lo acontecido en Colombia es infinitamente peor que lo vivido con la dictadura, en Argentina.

La historia es una ciencia políticamente incorrecta. Pues bien, digámoslo sin ambages: de todas las élites de América Latina, de lejos, la más sanguinaria, la más violenta y asesina ha sido la colombiana, ya desde el siglo XIX hasta el presente*. Incluso sin haber vivido dictaduras a la manera de Chile, Brasil, Uruguay o Argentina, por ejemplo; incluso a pesar de no haber vivido las guerras de Guatemala y El Salvador; y además, asimismo de las masacres perpetradas en el Zócalo de México en 1968, no hay absolutamente ninguna élite nacional que haya sido tan violenta como la colombiana. Veamos.


Colombia: una olla de presión

La crisis emerge a raíz de la propuesta de una nefasta Reforma Tributaria por parte de Iván Duque. Digamos entonces: a fin de entender las protestas, la acción colectiva y todas sus derivaciones desde levantamientos hasta revoluciones, no son inicialmente las ideas las que mueven a los pueblos y a la historia: es el hambre, el sufrimiento, las penurias y las necesidades el motor de la protesta social en toda la línea de la palabra. Ayer, en la Colonia y los levantamientos de Los Comuneros, y hoy con ese engendro que es la Dian. (Entre paréntesis, con acierto, los movimientos sociales y políticos han puesto como causante de la crisis al grupo Aval, pero hace falta incluir a la Dian: una institución más que cuestionable en la historia reciente del país).

La crisis ya se venía cocinando mucho antes de la pandemia. Los ritmos de la historia se tejen con sutileza a través de los tiempos y siempre en la vida cotidiana.

Lo verdaderamente significativo es que el motor de las protestas sociales son los jóvenes. Al fin y al cabo, Colombia es un país demográficamente joven. Pues bien, el significado del fenómeno es elemental: los jóvenes no ven futuro en las actuales condiciones políticas, sociales y económicas. Y ante la ausencia de futuro lo natural es levantarse para abrir espacios, para construirlo y echar abajo todas las condiciones que lo impiden.


Colombia es el único país en América Latina, a excepción de Chile como resultado de la dictadura de Pinochet, en el que el 70 por ciento de la educación –colegios y universidades– es privada. Y la universidad pública, a su vez, se ha privatizado sutilmente. No hay educación. Adicionalmente, el sistema de seguridad social, independientemente de que se pertenezca al régimen subsidiado o al régimen contributivo, es 100 por ciento privado. Ese fue el resultado de la Ley 100 promovida e implementada por Álvaro Uribe. La pandemia puso en evidencia no la crisis de un virus, ni tampoco la necesidad de las vacunas, sino la crisis estructural del sistema de seguridad social.

Adicionalmente, las oportunidades de trabajo disminuyen. Durante el casi año y media de pandemia la pobreza se acerca al 50 por ciento de la población: un escándalo social, pero un drama humano.

Y mientras tanto, las estructuras y las causas de la violencia no desaparecen y por el contrario se fortalecen. El asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de las Farc, de ambientalistas y líderes de Ongs, queda en la impunidad y aumenta con el tiempo. Ni el Estado, ni el gobierno hacen nada real al respecto. En una palabra, se trata de la matanza sistemática y estratégica de jóvenes. El diagnóstico de la crisis se puede y debe ampliar sin dificultad. Hasta que la olla de presión explotó.


La acción precede a la organización

Siempre, en la historia, es la acción la que antecede a la organización; nunca al revés. La organización emerge al calor de las acciones, las cuales son esencialmente espontáneas y autoorganizadas. Así las cosas, la primera enseñanza fundamental de las protestas en estos días es que la acción colectiva ni pidió permiso, ni fue el resultado de partidos políticos –por ejemplo, Colombia Humana o el Polo Democrático–, como tampoco de sindicatos (CGT, CTC y otros) u organizaciones estudiantiles (la Mesa Estudiantil). Estas formas de organización fueron desbordadas y, desde luego, lo mejor que pudieron hacer fue interpretar correctamente el momento y adaptarse a él. Es lo que ha acontecido recientemente.

Sin embargo, al mismo tiempo, como resultados de dinámicas autoorganizativas –esto es, literalmente, de abajo hacia arriba–, emergen medios alternativos de comunicación, canales alternativos de participación, en fin, asambleas populares en barrios, veredas, en el campo y en la ciudad como jamás había sucedido en mucho tiempo en la historia del país. Esta es una historia en proceso, y lo mejor de la misma habrá de venir en el futuro inmediato y a largo plazo.

Mientras tanto, es evidente el descrédito de la gran prensa; con nombre propio, Rcn, Caracol, Semana, El tiempo, El País, y otros más, nacionales o regionales. Las gentes ya han aprendido a desconfiar de los medios, canales y estructuras tradicionales del poder. El mayor temor de la Institutionalidad consiste justamente en esto: en que los pueblos y las sociedades aprendan, y entonces cambien sus formas de acción y sus estilos de vida.


La más importante lección de las protestas sociales actualmente

 

De lejos, el más importante aprendizaje de los procesos en marcha que deberán seguir siendo objeto, entre otros, de sociólogos y politólogos, de comunicadores y antropólogos, de psicólogos e historiadores, por ejemplo, es el hecho de que la gente ha perdido el miedo.

Tradicionalmente, el país estuvo manejado por tácticas y estrategias de miedo: miedo a las guerrillas, miedo a los comunistas, miedo a los sindicalistas, miedo a la pobreza, miedo al desempleo, miedo a la soledad y al desamor, incluso miedo al miedo, por ejemplo. Pues bien, el pueblo colombiano ha perdido el miedo, ya sabe que no tiene nada qué perder y sí todo por ganar. Nos encontramos, sin grandilocuencias, en una bisagra de la historia. Sólo que la historia de mide en densidades temporales que si bien anidan en la cotidianeidad la desbordan ampliamente.

Un pueblo que pierde el miedo sólo puede esperar la libertad. Ningún estudio al respecto es tan ilustrativo como la Ética de Spinoza; específicamente el tránsito del libro IV al Libro V. Un texto de obligada referencia para todos los amantes de la libertad. Spinoza, quien por libre fue recusado por católicos, judíos y protestantes a la vez. Hay que decir cosas muy importantes para ganarse odios semejantes. Spinoza jamás cedió, fue un espíritu libre, como muy pocos.


***

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro; ciertamente, no es el resultado de los desmanes del Esmad y toda la ideología fascista que los soporta; tampoco es el resultado del uribismo y las acciones, desde el Congreso, del Centro Democrático y los partidos de gobierno. Afirmar algo semejante es olvidar que la política como las economía, las finanzas como los asuntos militares. se manejan sistemática y estratégicamente. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. Así las cosas, lo que emerge ante la mirada sensible no es únicamente el cambio del Congreso en las elecciones del 2022 y el cambio de gobierno. El tema de fondo es un cambio en la historia. Pero la historia nace y se alimenta de la vida cotidiana. Esa que el sistema imperante siempre desconoció y negó. La historia es el ámbito macro de la vida cotidiana, que es, en realidad, el mundo de la vida; el único mundo existente y posible.

* Al respecto, basta con una mirada a la amplia bibliografía sobre la historia de América Latina, incluyendo los estudios de los “violentólogos”. Una referencia reciente al respecto es: González Ibarra, J. de D., Maldonado, C. E., La complejidad y su entorno. Experiencias de México y Colombia, Morelos: Ed. Colegio de Morelos, 2021.

 

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Domingo, 24 Octubre 2021 05:20

¿Una Iglesia “asamblearia”?

Francisco sigue privilegiando a los movimientos populares.. Imagen: AFP

La estrategia de Francisco

Como forma de afrontar los problemas que atraviesa la Iglesia y como manera de impulsar respuestas institucionales acordes con los desafíos de la realidad, el Papa promueve un nuevo modelo de participación eclesiástica basado en la corresponsabilidad.

Francisco enfrenta resistencias fuera y dentro de la Iglesia Católica. Por sus críticas al capitalismo, por la defensa de los pobres y por sus posiciones ante graves problemas internos que en otro tiempo fueron tabú para la jerarquía eclesiástica. Pero el Papa continúa a paso firme con el proyecto que se trazó desde que arribó al Vaticano. Y así como en recientes declaraciones a la agencia argentina Télam sostuvo que “la pandemia es un desafío al cambio” que si no se hace efectivo “salimos peor, aunque no lo sintamos”, también en el orden interno eclesiástico Jorge Bergoglio da pasos destinados a cambiar los modos de participación y toma de decisiones en la Iglesia. Ello sin dejar de encarar situaciones sumamente críticas que heredó, como lo es centralmente la cuestión de los abusos sexuales por cuenta de una parte del clero y la jerarquía. Pero además mientras continúa sus diálogos institucionales con quienes deciden en el mundo, Francisco sigue privilegiando a los movimientos populares como principales interlocutores y aliados en su propósito de disminuir las desigualdades. El 17 de octubre el Papa le hizo un llamado a los dirigentes populares a "soñar juntos para evitar el abismo al que vamos" y les agradeció por "dejarme ser parte de sus luchas".

Frente a la próxima cumbre climática COP26 (Glasgow, 1 al 12 de noviembre) y al encuentro del G20 en Roma, Francisco no desperdició oportunidad para mandar su mensaje. “Hay que plantearse seriamente la salida a las periferias” dijo. Y subrayó que “esto lo hacemos ahora o no lo hacemos más” porque, agregó Bergoglio, “la fraternidad universal no es un tango, es una realidad”. Los últimos discursos de Francisco estuvieron marcados por cierto dramatismo seguramente surgido de la preocupación que deriva de la situación mundial agravada por la pandemia. “El partido se juega ahora” porque “si no estamos fritos” le dijo a Telam en lenguaje porteño coloquial.

Los problemas internos

Pero más allá de lo que hoy Francisco representa para la humanidad como referente político-cultural y religioso, el Papa enfrenta serios problemas e innumerables desafíos hacia el interior de su propia feligresía, un conglomerado que según el anuario estadístico vaticano actualizado al 31 de diciembre de 2019 reúne a 1.344.403.000 católicos y católicas en todo el mundo.

Una reciente investigación realizada en Francia dio cuenta del abuso de más de 333 mil niños a manos de funcionarios de la Iglesia Católica en los últimos setenta años, dato que se suma a hechos similares ocurridos en Australia, Alemania, Irlanda y Estados Unidos, entre otros países.

Francisco sabe que esta es una de las cuestiones más delicadas que debe afrontar. “Mi vergüenza, nuestra vergüenza, es por la incapacidad de la Iglesia de ponerlas en el centro de sus preocupaciones”, dijo Bergoglio.

A ello se sumaron también maniobras que involucran a los “Legionarios de Cristo” (hoy intervenidos por el Vaticano) en operaciones por hasta 295 millones de euros en paraísos fiscales según se reveló en los “Papeles de Pandora”. Esas cuentas fueron creadas por el sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador y superior general de “Los legionarios”, fallecido en 2008 y señalado también como pederasta, cuyo poder eclesiástico creció al amparo de Juan Pablo II. Francisco fue terminante cuando, en febrero de este año y hablando ante los legionarios, se refirió al “comportamiento delictivo” del fundador Maciel, dijo que no se lo puede considerar “un ejemplo de santidad a imitar” y criticó su “doble vida” que le permitió adquirir poder en la Iglesia.

Como parte de su estrategia para sortear todas estas dificultades Bergoglio sigue avanzando en nombrar en puestos claves a personas de su confianza y conocimiento personal. Una de las designaciones más recientes fue la del sacerdote español Fernando Vérgez Alzaga, hecho obispo y puesto al frente del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano. Vérgez Alzaga es un clérigo que desde los años setenta forma parte de distintas instancias de la curia vaticana y que fue secretario personal del cardenal argentino Eduardo Pironio (1920-1998), siendo esa la ocasión en la que tuvo relación cercana con Bergoglio.

En la misma línea habría que destacar también recientes nombramientos de la teóloga argentina Emilce Cuda como jefa de la oficina de la estratégica Pontificia Comisión para América Latina y del obispo Jorge García Cuerva, también argentino e identificado con la “opción por los pobres”, en la no menos importante Congregación para los Obispos, responsable de acercarle al Papa los nombres de los futuros obispos.

La iglesia “asamblearia”

Sin desconocer la gravedad de los problemas externos e internos a enfrentar, Francisco entiende que la Iglesia Católica tiene que profundizar el camino de su renovación. Para ello, ha venido tomando resoluciones en el marco de sus atribuciones pontificias pero sin avanzar en reformas del derecho canónico ni de las constituciones eclesiásticas. Pero la apuesta más fuerte es a promover la participación mucho más activa y protagónica de todos los fieles lo cual debe leerse también como un embate contra el clericalismo.

Bergoglio ha querido impulsar una renovación del Concilio Vaticano II alimentando una experiencia sinodal, de asamblea. Sobre esta certeza, el Papa convocó a un proceso de escucha previa al sínodo que se celebrará dentro de dos años, partiendo de la base del compromiso de todas y todos los fieles. Para Francisco “lo contrario al clericalismo es la corresponsabilidad”. Desde su creación en 1967, los sínodos han sido encuentros reservados a los obispos, con apenas la participación de asesores. Ahora el Papa abrió un proceso de dos años que comienza por la consulta (“la escucha”) en las diócesis (circunscripciones eclesiáticas) de todo el mundo y que culminará con un sínodo con amplia participación de todos los estamentos de la Iglesia. Según el teólogo Rafael Luciani, doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma), el Papa está “mejorando una nueva forma eclesial de proceder inspirada en una práctica de transparencia y responsabilidad”.

América Latina, donde habitan el 62% de los católicos de todo el mundo, ha sido de alguna manera un lugar de experimentación de esta metodología. Cuando los obispos latinoamericanos le pidieron a Bergoglio que convocara a una nueva Conferencia General del Episcopado como las celebradas cada diez años en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, el Papa les contra ofertó una asamblea eclesial, que tendrá su punto culminante del 21 al 28 de noviembre próximo en México, pero que se inició con consultas y escuchas a lo largo y ancho de todo el continente. El propio Francisco dijo que “esta es la primera vez que se realiza una asamblea eclesial. No es una conferencia de obispos latinoamericanos como las anteriores. Es otra cosa. Es un encuentro del pueblo de Dios, laicas, laicas, religiosas, religiosos, sacerdotes, obispos, que caminan juntos. Oran, hablan, piensan, discuten, buscan la voluntad de Dios”, aseguró el Papa.

Según lo informó el arzobispo argentino Jorge Lozano, Secretario del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), unas mil personas participarán virtualmente en la asamblea latinoamericana. Los obispos serán minoría: 200. Habrá 200 sacerdotes y diáconos, 200 religiosos y 400 laicos. Hasta allí llegarán y se pondrán en debate los resultados de la escucha y las propuestas de la feligresía de toda la región. Así Francisco pone a prueba en América Latina un nuevo estilo de participación que pretende para el catolicismo mundial.

24 de octubre de 2021

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A propósito de las protestas sociales en Colombia. Autoorganización y acción colectiva

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro, por colocar dos referencias que no son las únicas. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. La historia marca un derrotero por vida digna y democracia real que es necesario asumir como reto por lograr entre todas y todos.

 

Soprendente. Por varios días la noticia en el mundo dejó de ser la pandemia o los temas y problemas relacionados con las vacunas. Por la violencia estatal desatada, el tema alcanzó a ser el de las protestas en Colombia, con un número, hasta la fecha, de varias decenas de muertos, varias centenas de desaparecidos, numerosos casos de violaciones y la violencia sin límites del paramilitarismo aunado a las fuerzas de seguridad oficiales. La comunidad internacional está tan escandalizada como la propia sociedad civil en el país. Literalmente, el famoso episodio de “La noche de los lápices” –el dramático episodio que tuvo lugar durante la última dictadura argentina en la noche del 16 de septiembre de 1976 y sobre el cuál Héctor Olivera dirige la extraordinaria y escandalosa película con el mismo nombre–; pues bien, lo acontecido en Colombia es infinitamente peor que lo vivido con la dictadura, en Argentina.

La historia es una ciencia políticamente incorrecta. Pues bien, digámoslo sin ambages: de todas las élites de América Latina, de lejos, la más sanguinaria, la más violenta y asesina ha sido la colombiana, ya desde el siglo XIX hasta el presente*. Incluso sin haber vivido dictaduras a la manera de Chile, Brasil, Uruguay o Argentina, por ejemplo; incluso a pesar de no haber vivido las guerras de Guatemala y El Salvador; y además, asimismo de las masacres perpetradas en el Zócalo de México en 1968, no hay absolutamente ninguna élite nacional que haya sido tan violenta como la colombiana. Veamos.


Colombia: una olla de presión

La crisis emerge a raíz de la propuesta de una nefasta Reforma Tributaria por parte de Iván Duque. Digamos entonces: a fin de entender las protestas, la acción colectiva y todas sus derivaciones desde levantamientos hasta revoluciones, no son inicialmente las ideas las que mueven a los pueblos y a la historia: es el hambre, el sufrimiento, las penurias y las necesidades el motor de la protesta social en toda la línea de la palabra. Ayer, en la Colonia y los levantamientos de Los Comuneros, y hoy con ese engendro que es la Dian. (Entre paréntesis, con acierto, los movimientos sociales y políticos han puesto como causante de la crisis al grupo Aval, pero hace falta incluir a la Dian: una institución más que cuestionable en la historia reciente del país).

La crisis ya se venía cocinando mucho antes de la pandemia. Los ritmos de la historia se tejen con sutileza a través de los tiempos y siempre en la vida cotidiana.

Lo verdaderamente significativo es que el motor de las protestas sociales son los jóvenes. Al fin y al cabo, Colombia es un país demográficamente joven. Pues bien, el significado del fenómeno es elemental: los jóvenes no ven futuro en las actuales condiciones políticas, sociales y económicas. Y ante la ausencia de futuro lo natural es levantarse para abrir espacios, para construirlo y echar abajo todas las condiciones que lo impiden.


Colombia es el único país en América Latina, a excepción de Chile como resultado de la dictadura de Pinochet, en el que el 70 por ciento de la educación –colegios y universidades– es privada. Y la universidad pública, a su vez, se ha privatizado sutilmente. No hay educación. Adicionalmente, el sistema de seguridad social, independientemente de que se pertenezca al régimen subsidiado o al régimen contributivo, es 100 por ciento privado. Ese fue el resultado de la Ley 100 promovida e implementada por Álvaro Uribe. La pandemia puso en evidencia no la crisis de un virus, ni tampoco la necesidad de las vacunas, sino la crisis estructural del sistema de seguridad social.

Adicionalmente, las oportunidades de trabajo disminuyen. Durante el casi año y media de pandemia la pobreza se acerca al 50 por ciento de la población: un escándalo social, pero un drama humano.

Y mientras tanto, las estructuras y las causas de la violencia no desaparecen y por el contrario se fortalecen. El asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de las Farc, de ambientalistas y líderes de Ongs, queda en la impunidad y aumenta con el tiempo. Ni el Estado, ni el gobierno hacen nada real al respecto. En una palabra, se trata de la matanza sistemática y estratégica de jóvenes. El diagnóstico de la crisis se puede y debe ampliar sin dificultad. Hasta que la olla de presión explotó.


La acción precede a la organización

Siempre, en la historia, es la acción la que antecede a la organización; nunca al revés. La organización emerge al calor de las acciones, las cuales son esencialmente espontáneas y autoorganizadas. Así las cosas, la primera enseñanza fundamental de las protestas en estos días es que la acción colectiva ni pidió permiso, ni fue el resultado de partidos políticos –por ejemplo, Colombia Humana o el Polo Democrático–, como tampoco de sindicatos (CGT, CTC y otros) u organizaciones estudiantiles (la Mesa Estudiantil). Estas formas de organización fueron desbordadas y, desde luego, lo mejor que pudieron hacer fue interpretar correctamente el momento y adaptarse a él. Es lo que ha acontecido recientemente.

Sin embargo, al mismo tiempo, como resultados de dinámicas autoorganizativas –esto es, literalmente, de abajo hacia arriba–, emergen medios alternativos de comunicación, canales alternativos de participación, en fin, asambleas populares en barrios, veredas, en el campo y en la ciudad como jamás había sucedido en mucho tiempo en la historia del país. Esta es una historia en proceso, y lo mejor de la misma habrá de venir en el futuro inmediato y a largo plazo.

Mientras tanto, es evidente el descrédito de la gran prensa; con nombre propio, Rcn, Caracol, Semana, El tiempo, El País, y otros más, nacionales o regionales. Las gentes ya han aprendido a desconfiar de los medios, canales y estructuras tradicionales del poder. El mayor temor de la Institutionalidad consiste justamente en esto: en que los pueblos y las sociedades aprendan, y entonces cambien sus formas de acción y sus estilos de vida.


La más importante lección de las protestas sociales actualmente

 

De lejos, el más importante aprendizaje de los procesos en marcha que deberán seguir siendo objeto, entre otros, de sociólogos y politólogos, de comunicadores y antropólogos, de psicólogos e historiadores, por ejemplo, es el hecho de que la gente ha perdido el miedo.

Tradicionalmente, el país estuvo manejado por tácticas y estrategias de miedo: miedo a las guerrillas, miedo a los comunistas, miedo a los sindicalistas, miedo a la pobreza, miedo al desempleo, miedo a la soledad y al desamor, incluso miedo al miedo, por ejemplo. Pues bien, el pueblo colombiano ha perdido el miedo, ya sabe que no tiene nada qué perder y sí todo por ganar. Nos encontramos, sin grandilocuencias, en una bisagra de la historia. Sólo que la historia de mide en densidades temporales que si bien anidan en la cotidianeidad la desbordan ampliamente.

Un pueblo que pierde el miedo sólo puede esperar la libertad. Ningún estudio al respecto es tan ilustrativo como la Ética de Spinoza; específicamente el tránsito del libro IV al Libro V. Un texto de obligada referencia para todos los amantes de la libertad. Spinoza, quien por libre fue recusado por católicos, judíos y protestantes a la vez. Hay que decir cosas muy importantes para ganarse odios semejantes. Spinoza jamás cedió, fue un espíritu libre, como muy pocos.


***

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro; ciertamente, no es el resultado de los desmanes del Esmad y toda la ideología fascista que los soporta; tampoco es el resultado del uribismo y las acciones, desde el Congreso, del Centro Democrático y los partidos de gobierno. Afirmar algo semejante es olvidar que la política como las economía, las finanzas como los asuntos militares. se manejan sistemática y estratégicamente. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. Así las cosas, lo que emerge ante la mirada sensible no es únicamente el cambio del Congreso en las elecciones del 2022 y el cambio de gobierno. El tema de fondo es un cambio en la historia. Pero la historia nace y se alimenta de la vida cotidiana. Esa que el sistema imperante siempre desconoció y negó. La historia es el ámbito macro de la vida cotidiana, que es, en realidad, el mundo de la vida; el único mundo existente y posible.

* Al respecto, basta con una mirada a la amplia bibliografía sobre la historia de América Latina, incluyendo los estudios de los “violentólogos”. Una referencia reciente al respecto es: González Ibarra, J. de D., Maldonado, C. E., La complejidad y su entorno. Experiencias de México y Colombia, Morelos: Ed. Colegio de Morelos, 2021.

 

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Publicado enEdición Nº279
A propósito de las protestas sociales en Colombia. Autoorganización y acción colectiva

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro, por colocar dos referencias que no son las únicas. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. La historia marca un derrotero por vida digna y democracia real que es necesario asumir como reto por lograr entre todas y todos.

 

Soprendente. Por varios días la noticia en el mundo dejó de ser la pandemia o los temas y problemas relacionados con las vacunas. Por la violencia estatal desatada, el tema alcanzó a ser el de las protestas en Colombia, con un número, hasta la fecha, de varias decenas de muertos, varias centenas de desaparecidos, numerosos casos de violaciones y la violencia sin límites del paramilitarismo aunado a las fuerzas de seguridad oficiales. La comunidad internacional está tan escandalizada como la propia sociedad civil en el país. Literalmente, el famoso episodio de “La noche de los lápices” –el dramático episodio que tuvo lugar durante la última dictadura argentina en la noche del 16 de septiembre de 1976 y sobre el cuál Héctor Olivera dirige la extraordinaria y escandalosa película con el mismo nombre–; pues bien, lo acontecido en Colombia es infinitamente peor que lo vivido con la dictadura, en Argentina.

La historia es una ciencia políticamente incorrecta. Pues bien, digámoslo sin ambages: de todas las élites de América Latina, de lejos, la más sanguinaria, la más violenta y asesina ha sido la colombiana, ya desde el siglo XIX hasta el presente*. Incluso sin haber vivido dictaduras a la manera de Chile, Brasil, Uruguay o Argentina, por ejemplo; incluso a pesar de no haber vivido las guerras de Guatemala y El Salvador; y además, asimismo de las masacres perpetradas en el Zócalo de México en 1968, no hay absolutamente ninguna élite nacional que haya sido tan violenta como la colombiana. Veamos.


Colombia: una olla de presión

La crisis emerge a raíz de la propuesta de una nefasta Reforma Tributaria por parte de Iván Duque. Digamos entonces: a fin de entender las protestas, la acción colectiva y todas sus derivaciones desde levantamientos hasta revoluciones, no son inicialmente las ideas las que mueven a los pueblos y a la historia: es el hambre, el sufrimiento, las penurias y las necesidades el motor de la protesta social en toda la línea de la palabra. Ayer, en la Colonia y los levantamientos de Los Comuneros, y hoy con ese engendro que es la Dian. (Entre paréntesis, con acierto, los movimientos sociales y políticos han puesto como causante de la crisis al grupo Aval, pero hace falta incluir a la Dian: una institución más que cuestionable en la historia reciente del país).

La crisis ya se venía cocinando mucho antes de la pandemia. Los ritmos de la historia se tejen con sutileza a través de los tiempos y siempre en la vida cotidiana.

Lo verdaderamente significativo es que el motor de las protestas sociales son los jóvenes. Al fin y al cabo, Colombia es un país demográficamente joven. Pues bien, el significado del fenómeno es elemental: los jóvenes no ven futuro en las actuales condiciones políticas, sociales y económicas. Y ante la ausencia de futuro lo natural es levantarse para abrir espacios, para construirlo y echar abajo todas las condiciones que lo impiden.


Colombia es el único país en América Latina, a excepción de Chile como resultado de la dictadura de Pinochet, en el que el 70 por ciento de la educación –colegios y universidades– es privada. Y la universidad pública, a su vez, se ha privatizado sutilmente. No hay educación. Adicionalmente, el sistema de seguridad social, independientemente de que se pertenezca al régimen subsidiado o al régimen contributivo, es 100 por ciento privado. Ese fue el resultado de la Ley 100 promovida e implementada por Álvaro Uribe. La pandemia puso en evidencia no la crisis de un virus, ni tampoco la necesidad de las vacunas, sino la crisis estructural del sistema de seguridad social.

Adicionalmente, las oportunidades de trabajo disminuyen. Durante el casi año y media de pandemia la pobreza se acerca al 50 por ciento de la población: un escándalo social, pero un drama humano.

Y mientras tanto, las estructuras y las causas de la violencia no desaparecen y por el contrario se fortalecen. El asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de las Farc, de ambientalistas y líderes de Ongs, queda en la impunidad y aumenta con el tiempo. Ni el Estado, ni el gobierno hacen nada real al respecto. En una palabra, se trata de la matanza sistemática y estratégica de jóvenes. El diagnóstico de la crisis se puede y debe ampliar sin dificultad. Hasta que la olla de presión explotó.


La acción precede a la organización

Siempre, en la historia, es la acción la que antecede a la organización; nunca al revés. La organización emerge al calor de las acciones, las cuales son esencialmente espontáneas y autoorganizadas. Así las cosas, la primera enseñanza fundamental de las protestas en estos días es que la acción colectiva ni pidió permiso, ni fue el resultado de partidos políticos –por ejemplo, Colombia Humana o el Polo Democrático–, como tampoco de sindicatos (CGT, CTC y otros) u organizaciones estudiantiles (la Mesa Estudiantil). Estas formas de organización fueron desbordadas y, desde luego, lo mejor que pudieron hacer fue interpretar correctamente el momento y adaptarse a él. Es lo que ha acontecido recientemente.

Sin embargo, al mismo tiempo, como resultados de dinámicas autoorganizativas –esto es, literalmente, de abajo hacia arriba–, emergen medios alternativos de comunicación, canales alternativos de participación, en fin, asambleas populares en barrios, veredas, en el campo y en la ciudad como jamás había sucedido en mucho tiempo en la historia del país. Esta es una historia en proceso, y lo mejor de la misma habrá de venir en el futuro inmediato y a largo plazo.

Mientras tanto, es evidente el descrédito de la gran prensa; con nombre propio, Rcn, Caracol, Semana, El tiempo, El País, y otros más, nacionales o regionales. Las gentes ya han aprendido a desconfiar de los medios, canales y estructuras tradicionales del poder. El mayor temor de la Institutionalidad consiste justamente en esto: en que los pueblos y las sociedades aprendan, y entonces cambien sus formas de acción y sus estilos de vida.


La más importante lección de las protestas sociales actualmente

 

De lejos, el más importante aprendizaje de los procesos en marcha que deberán seguir siendo objeto, entre otros, de sociólogos y politólogos, de comunicadores y antropólogos, de psicólogos e historiadores, por ejemplo, es el hecho de que la gente ha perdido el miedo.

Tradicionalmente, el país estuvo manejado por tácticas y estrategias de miedo: miedo a las guerrillas, miedo a los comunistas, miedo a los sindicalistas, miedo a la pobreza, miedo al desempleo, miedo a la soledad y al desamor, incluso miedo al miedo, por ejemplo. Pues bien, el pueblo colombiano ha perdido el miedo, ya sabe que no tiene nada qué perder y sí todo por ganar. Nos encontramos, sin grandilocuencias, en una bisagra de la historia. Sólo que la historia de mide en densidades temporales que si bien anidan en la cotidianeidad la desbordan ampliamente.

Un pueblo que pierde el miedo sólo puede esperar la libertad. Ningún estudio al respecto es tan ilustrativo como la Ética de Spinoza; específicamente el tránsito del libro IV al Libro V. Un texto de obligada referencia para todos los amantes de la libertad. Spinoza, quien por libre fue recusado por católicos, judíos y protestantes a la vez. Hay que decir cosas muy importantes para ganarse odios semejantes. Spinoza jamás cedió, fue un espíritu libre, como muy pocos.


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La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro; ciertamente, no es el resultado de los desmanes del Esmad y toda la ideología fascista que los soporta; tampoco es el resultado del uribismo y las acciones, desde el Congreso, del Centro Democrático y los partidos de gobierno. Afirmar algo semejante es olvidar que la política como las economía, las finanzas como los asuntos militares. se manejan sistemática y estratégicamente. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. Así las cosas, lo que emerge ante la mirada sensible no es únicamente el cambio del Congreso en las elecciones del 2022 y el cambio de gobierno. El tema de fondo es un cambio en la historia. Pero la historia nace y se alimenta de la vida cotidiana. Esa que el sistema imperante siempre desconoció y negó. La historia es el ámbito macro de la vida cotidiana, que es, en realidad, el mundo de la vida; el único mundo existente y posible.

* Al respecto, basta con una mirada a la amplia bibliografía sobre la historia de América Latina, incluyendo los estudios de los “violentólogos”. Una referencia reciente al respecto es: González Ibarra, J. de D., Maldonado, C. E., La complejidad y su entorno. Experiencias de México y Colombia, Morelos: Ed. Colegio de Morelos, 2021.

 

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