Transferencia y poder, la cara social de la angustia

De qué se trata la crisis de la subjetividad en la pandemia

 

Freud llama angustia pánica al sentimiento de muerte de un sujeto cuando siente que su universo de símbolos se desmorona. Acontece, mayormente, durante las guerras y catástrofes. La sensación de muerte pánica puede confluir con la muerte real, pero no es la misma; la muerte real y, aun, la angustia, pueden acontecer sin pánico.

Los símbolos, las lógicas de la conciencia son el universo del sujeto, que le da un sentido en el mundo; es un saber que garantiza su vida, aun así, el sujeto no requiere, para su existir, un conocimiento de esta sujeción sino que es algo más próximo a un saber que lo antecede, lo contiene y lo sostiene, para poder existir.

La dimensión psíquica, en la cual el sujeto vive esta sujeción, es la creencia. La relación del sujeto a la realidad es por convencimiento en lo que creen. No hay una relación directa del sujeto a ninguna evidencia real. El sujeto fundamentalmente “cree” en los símbolos que están promovidos por los discursos que representanal orden simbólico.

Los primeros seres sociales personificaban su universo a través de la creencia en los saberes agrupados en los mitos y en las religiones. Las preguntas y las adversidades; lo desconocido se descifraba desde ellos e imponían, según la necesidad, algún rito, enseñando y organizando a la sociedad.

Las religiones han ido cediendo su lugar a otro saber, disciplinado bajo un orden diferente, llamado “las ciencias”. Si bien se podría decir que es más verdadero lo que dice la ciencia sobre los fenómenos, que el conocimiento que aportaban los mitos sobre las causas, la relación que mantiene el sujeto con la ciencia es la misma que tenía con los mitos y las religiones. El sujeto solo accede al conocimiento científico vía la creencia. Desplazamiento y sustitución que no es sin un cambio de paradigmas en la valorización de las lógicas que constituyen las certezas.

Este movimiento articulado a la dimensión de la creencia fueron parte fundantes de la civilización y es lo que permite sostener el dominio de los discursos institucionalizados. La civilización le demanda a la ciencia que resuelva todas las incógnitas, que ocupe el lugar de ser un saber sobre la garantía de la existencia humana, sean estos procesos físicos, biológicos o sociales. Participe el sujeto o no, sea consciente o no de ello.

El discurso de la ciencia alcanza su dominio en la civilización, incorporando dentro de sus saberes el discurso del sistema capitalista en tanto es la organización social de generación de riqueza, que se pretende científica. Por ello, las crisis económicas del sistema también son generadoras de angustia pánica, hayan padecido o no, cada uno, algún perjuicio directo.

Interpretamos la angustia pandémica como la ausencia, en la ciencia, de una respuesta a una pregunta que tampoco creó. El poder que la civilización le adjudica a la ciencia es tan elevado como el ruido que hace su caída. Cuando la ciencia pierde su lugar de ser la garantía de existencia, puede desarrollarse, en un sujeto, la angustia pánica conceptualizada por Freud.

La sensación de muerte pánica alude al descontrol de la muerte en sí, al desamparo primordial ante ella. No se refiere a la cantidad de muertos reales, sino a una muerte que contagia de muerte. Hay otras muertes, acotadas, contenidas por un saber; hay otras muertes, de cantidades horrorosas, comandadas por determinantes ideológicas e ignoradas por los productores de la ignorancia y por los sujetos que no advierten su propio horizonte ideológico.

Mientras la ciencia descifra cómo mantener la garantía, ordenó combatir al covid-19 poniendo en cuarentena a la civilizacion: paralizar la circulación y descarga social de los goces propios. El efecto que tiene esta indicación, la limpieza de la naturaleza y la saturación personal, impulsa los interrogantes sobre el principal goce, que nos ofrece el capitalismo, para nuestras descargas: “la acumulación”, razón de ser del sistema, pero que está en oposición directa a lo natural. ¿Será solo un tropezón o una caída de los parámetros que garantizan el goce de la existencia? o ¿la civilización reforzara los diques que protejan el goce del sistema?

Por ahora, lo más importante es respetar las medidas preventivas, que los gobiernos, junto a nuestros chamanes, los científicos, imponen, como rito necesario, para combatir el virus y así lograr restituir la armonía y la disputa social, es decir, nuestras creencias. Como decía Freud, la vida no vale mucho, pero es lo único que tenemos.

Herrnán C. Guggiari es psicoanalista.

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Miércoles, 01 Abril 2020 06:44

Lecciones de una pandemia

Lecciones de una pandemia

El ser humano ingresa en el mundo material y externo al nacer, proceso que es individual para cada persona; es decir llega solo como un humano, quien para crecer, desarrollarse y adaptarse al nuevo ambiente necesita de acompañantes, empezando por sus padres, hermanos, familia y luego, con el tiempo, de la comunidad a la que pertenece. Es decir, difícilmente permanece solo o aislado después de su nacimiento.

Este proceso forma y transforma a las personas, que forjan su existencia dentro de algún grupo de semejantes, que influyen en su manera de ser y hacer. Se crea así la interdependencia y la vida social que es la esencia del existir humano, desde los ancestros que se forjó con agrupaciones por necesidad, colaboración, afinidad y/o afectos.

El sentido comunitario se incrementó y las organizaciones sociales adquirieron carácter humanizado, sentimental y emotivo entre ellas. Se conocían entre todos y valoraban los sentimientos, alegrías, desengaños, tristezas y sufrimientos. Había comunicación, respeto, comprensión, solidaridad y sobretodo relaciones interpersonales. Definitiva mente no se estaba SOLO.

Llegó la era digital con la pesada sombra de la individualidad, autoformación personal con interrelaciones virtuales, cero presencia real de la persona. A pesar de las múltiples conexiones y facilidades de relación; la esencia de la persona en colectivos se desvaneció completamente. Estamos actualmente muy acompañados, pero AISLADOS.

El planeta Tierra, nuestro GRAN HOGAR, está totalmente poblado de gente que no se conoce ni a sí misma, ni a los demás y, por tanto, no hay amistad auténtica, hermandad, solidaridad, respeto, menos afecto; es más, por intereses particulares se atenta contra la tierra, contaminándole, destruyendo, e irrespetando su generosa acogida.

Se ha ofendido a nuestro planeta y al ser humano por mucho tiempo; es hora de rendir cuentas. Una PANDEMIA nos ha convocado a reflexionar individualmente en las acciones tanto para ella, como para nuestros semejantes, que por su presencia se han visto obligados a convivir en soledad con la familia (célula fundamental de la sociedad) y también en comunidad. Comprender que si hay unidad entre personas es posible enfrentar las pruebas que se presentan sorpresivamente.

Claro que la pandemia es una exigente lección, porque al quedar dentro de un espacio limitado entre desconocidos familiares, se requirió esfuerzo, sacrificio, diálogo. Redescubriendo con el pasar de los días, a los tiempos, el valor de la FAMILA.

Sin embargo, esta soledad permitió un auto análisis personal, sintiendo el espacio silencioso de cada yo, con pensamientos de aburrimiento, incertidumbre y fragilidad. Fue necesario redescubrirse entre hermanos, padres, abuelos… tratar de buscar temas y afinidades comunes. Fue un espacio triste y oscuro a pesar de ser tiempo soleado, pero penetró en cada interior como una enseñanza por aprender, para toda la humanidad.

El coronavirus presentó la oportunidad de reflexionar y despertar como seres humanos terrenales; al atacar sin distinción a la raza humana, con la fortaleza de virus microscópicos, agresivos y veloces, doblegando el orgullo humano.

Los virus producen enfermedades, son considerados sin vida, porque no se reproducen como cualquier célula, sino que se duplican cuando se hospedan en ella, invadiéndole su interior a velocidades y cantidades increíbles, acabando así con la vida.

Una persona debe cuidar y preservar su vida de la mejor manera, valorando: su alimentación sana y saludable, el ejercicio físico dosificado a cada realidad, con formación corporal, intelectual y emocional correctas, solo así está dotando a su organismo de defensas internas naturales ante cualquier infección.

Esto genera un sistema inmunitario unipersonal, con un conjunto de elementos y procesos biológicos internos que permiten mantener el equilibrio entre agresiones externas: biológicas, patógenas, físico químicas, radiación, contaminación y/o agresiones internas en el cuerpo humano de virus, bacterias, tumoraciones, células cancerosas…

El sistema inmunológico bien cuidado; identifica la agresión y los agentes patógenos, para reaccionar ante ellos en defensa de la vida, formando moléculas solubles en la sangre, linfa y otros, también en diferentes tejidos y órganos; en la médula ósea se forman células con función inmunitaria (neutrófilos, eosinófilos, monocitos, dendritas y macrófagos…) que se movilizan por la sangre y el sistema linfático a los órganos afectados, para defenderlos.

Hay respuesta inmunitaria natural en el organismo por sí mismo y hay respuesta inmunitaria adquirida a través de la vacunación, para esta última hay que esperar que se creen o que exista. Se depende de lo externo.

En la inmunidad natural no, porque somos dueños de la ella cada uno, si hemos cuidado: mente y cuerpo consciente y consistentemente, en cada etapa de nuestra existencia.

Una célula infectada por un virus secretará interferones, activando de diferentes maneras las defensas antivirus en células cercanas a la infectada. En el ser humano se han identificado interferones de más de 20 genes y proteínas. Las proteínas identificadoras del germen patógeno son proporcionadas por las células, reconociendo la presencia de diferentes factores (virus, bacterias, parásitos, células tumorales).

Un interferón está formado por proteínas conocidas como citocinas que se comunican entre células, para desencadenar las defensas protectoras del sistema inmune, para la erradicación de patógenos. Deben su nombre por interferir la replicación viral. También activan las células asesinas naturales y los macrófagos, regulando la presencia de antígenos.

Síntomas como fiebre, dolor muscular generan la producción del interferón, muy valioso para combatir infecciones virales: activan células inmunes (macrófagos), identifican células cancerígenas, incrementan la capacidad de las células sanas para resistir las nuevas infecciones. En definitiva, es un agente proteico especial defensor de la salud humana.

El cuerpo humano ese gran laboratorio

No se valora la capacidad del laboratorio interior que tenemos las personas, que nos responsabiliza en su cuidado y respeto. Un constituyente básico es la alimentación cotidiana de todos, que por su importancia para la salud debe contar siempre entre los variados nutrientes, con una ración apropiada de proteinas, protagonistas interiores valiosas de salud y enfermedades humanas.

Hay proteinas animales y vegetales, que participan en el crecimiento, reparación y mantenimiento de músculos, órganos y tejidos. Actúan en la producción de hormonas y son parte de los neurotransmisores (transmiten impulsos nerviosos y del cerebro), son fuente de energía con el 10 al 15 por ciento de las calorías diarias. Son un componente vital del ser humano.

Las proteínas animales como la carne, pescado, huevos, leche, queso, tienen la totalidad de aminoácidos esenciales necesarios para el ser humano, se incorporan fácilmente al cuerpo y toman su tiempo en el proceso digestivo, su adquisición tiene valor económico.

Proteínas vegetales como los garbanzos, arveja, soja, pistachos, quinua y amaranto, tienen también los aminoácidos esenciales necesarios. Hay aminoácidos en otros granos como la lenteja, el maíz, frijol, frutos secos: nuez, almendras, semillas de girasol y zambo. Cereales como la avena, el trigo, pero no cubren todos los aminoácidos esenciales, pero siempre es posible completarlos al combinar entre ellos para que se complementen y cumplan con su papel en el organismo humano.

Tienen además fibra insoluble, tanto en cáscaras como en tallos. Esto favorece el tránsito intestinal y evacuación. Indudablemente, puede tomar más tiempo el proceso digestivo, pero son asimilables y sobretodo más económicos; al alcance de la mayoría. Se sugiere, sin necesidad de que sea en la misma comida, combinarles durante el día consumiendo legumbres con cereales, legumbres con frutos secos, cereales con frutos secos. Aportan además micronutrientes como calcio, magnesio, omega 3 y 6, complejo B, excepto B12.

Es decir, la naturaleza que estamos agrediendo tiene entre sus verdes sembríos todo lo que requiere el ser humano para vivir sano y por largo tiempo.

También hay las vitaminas que el cuerpo humano no puede sintetizar excepto la vitamina D y pero no puede funcionar correctamente sin ellas, deben ser suministradas en la alimentación personal, su carencia produce deficiencias y enfermedades. Son de dos clases: vitaminas solubles en agua son eliminadas por orina, sudor y solubles en grasas pueden incorporarse a grasas del cuerpo porque no se eliminan, debe respetarse la dosis establecida.

Entre las vitaminas hidrosolubles está la vitamina C conocida como preventiva de resfríos, cicatrización, radicales libres, se encuentra en frutas especialmente cítricas y vegetales (repollo, tomates, papas, lechuga). El complejo B tiene variedades (B1, B6, B12….) se encuentra en cereales integrales, leche, verduras, carne, maní, participa en el metabolismo de energía, es respaldo del sistema nervioso, ayuda en la visión normal, salud de la piel. B6 participa en la producción de glóbulos rojos. Cabe anotar que debe ingerirse de acuerdo a indicación médica, el exceso especialmente de B6 es dañino..

Las vitaminas liposolubles (solubles en grasas) como la vitamina A, útil para una buena visión, cuidado de piel y cabello, se obtiene en vegetales verdes, zanahorias, aceite de hígado de pescado, frutas.

La vitamina D (calciferol) presente en aceite de hígado de pescado y en la yema del huevo, puede formarse en la superficie de la piel, por acción de los rayos solares. Participa en la fijación del calcio, en la formación de la estructura ósea, la falta de esta vitamina produce raquitismo. Vitamina E es antioxidante, protege la pared celular hay en la soja, maíz, germen de trigo, huevos, hígado, nueces y semillas. Vitamina K apoya la coagulación sanguínea, se encuentra en hojas verdes, coles, espinacas, brócoli, espárragos, se produce en el intestino por bacterias presentes.

Pensando en una vida saludable, y en la no-saludable, resaltar la existencia de alimentos que aportan sustancias que ayudan al bienestar y buena salud, otros a menguar los efectos de las infecciones, de ahí que cuando nos alimentemos debemos considerar nuestra salud, en las defensas que ayudan a crear los alimentos cuando hay enfermedades, eso sí concienciando sólo si nos alimentamos bien, considerando los beneficios de los nutrientes, vitaminas y agua.

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Lunes, 30 Marzo 2020 06:39

Peste y primavera

Residentes de South Orange y Maplewood, en Nueva Jersey, se han unido para elaborar equipos de protección, como mascarillas y protectores faciales, con el fin de ayudar a los trabajadores sanitarios del área en la lucha contra el coronavirus.Foto Afp

La peste no es sólo el coronavirus, sino el manejo criminal y negligente de la crisis por casi toda la clase política. Está más que documentado que se sabía de las posibilidades terribles de una pandemia como ésta y la cúpula política no dijo ni hizo lo debido. El régimen estadunidense –en los hechos, por los números innecesarios de gente contagiada, personas que mueren– ahora compite con el coronavirus sobre cuál es más peligroso para la salud pública.

Ante la irresponsabilidad del régimen y gran parte de la cúpula política en torno al desastre que estamos viviendo en Estados Unidos, el temor –a veces nutrido por algunos medios cubriendo esta nota roja masiva con un tinte amarillista– se vuelve más contagioso que el coronavirus.

Por las cuarentenas parciales, cunde un silencio ensordecedor en grandes urbes sólo interrumpido por las sirenas de cada vez más ambulancias mientras la gente comparte historias de horror pero también de heroísmo, sobre todo el de los trabajadores de salud que intentan hacer todo para rescatarnos de esta peste.

No respiren, no toquen, el que está al lado puede ser mensajero de la muerte, esperen instrucciones de las autoridades; no se muevan, no se muevan. Ese es el mensaje oficial incesante.

Pero rompiendo esta inercia decretada, esta condición diaria donde uno –si no está capacitado en atender y salvar vidas– está condenado a ser testigo o víctima de todo esto, algo reaparece con la primavera.

Iniciativas de ayuda mutua –concepto de origen anarquista (Kropotkin, entre otros) después mezclado con corrientes cristianas radicales e indigenas donde el apoyo esta organizando horizontalmente para beneficiar a todos los participantes– están brotando en diversas esquinas del país, y con ello florece esa solidaridad que suele aparecer ante actos catastróficos para una sociedad. Son respuestas colectivas basadas en la lección básica de esta pandemia; lo que hacen todos y cada quien afecta a todos los demás.

Con ello, se han organizado brigadas para hacer compras colectivas y distribuir a la comunidad desde alimentos básicos hasta medicinas a organizar transporte y alojamiento. Esas redes, en gran medida son organizadas por jóvenes con sus talentos digitales, en comunidades pobres en Nueva York, Chicago, Los Angeles, Salt Lake City, Washington DC, Nashville, Las Vegas, Cleveland entre decenas y pronto cientos mas (https://docs.google.com/spreadsheets/ d/e/2PACX-1vRks16AM9mtiFCC dEJmckD9IszC7rHkvfRj6xxspMB4BBB8n_SiUsHCfbHb DCixmvNGTSPm7PEii2nP/pubhtml# ; https://mutualaiddisasterrelief.org).

Muchas de estas agrupaciones son recién nacidas ante este desastre, pero otras son más antiguas con largas historias de autogestión autónoma que ahora están respondiendo a una crisis más, y además de promover apoyo mutuo dentro y entre comunidades.

Como se comentó en un foro virtual esta semana en el Highlander Center por participantes en este tipo de esfuerzos tanto de ahora como en el pasado, el concepto se basa en solidaridad, no caridad, ya que la caridad rescata justo las estructuras que contribuyeron al desastre en lugar de transformarlas para que no se repita este tipo de crisis. Se rechaza la idea de que los expertos, que suelen estar o llegar de fuera, son los que tienen que resolver la situación sino que los problemas y sus soluciones tienen que ser definidos por los directamente afectados. Otra participante señaló que se tiene que rechazar hasta el nombre de la medida oficial de distanciamiento social, insistiendo que lo que se tiene que hacer es guardar una distancia física, pero mantener sobre todo la solidaridad social. Afirmaron que el objetivo es pensar en cómo construir una infraestructura de cuidado comunitario frente a un sistema capitalista que sólo le interesa rescatar sus intereses en una crisis como ésta.

No son una vacuna, pero estas respuestas –junto con la cada vez más esplendorosa gama de expresiones solidarias por artistas y otros trabajadores culturales en estos momentos– son los antídotos vitales, invitaciones a una primavera.

(https://twitter.com/i/status/1243550980022718465). (https://twitter.com/YoYo_Ma/status/1243618409067294720)

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Una vez destruidos los cuerpos y los tejidos sociales hay que destruir la memoria de las víctimas

Nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó, luego de haber conmemorado los 15 años de la horrenda masacre del 21 de febrero de 2005, acto de memoria en el cual nos acompañaron varias representaciones diplomáticas de Europa y Naciones Unidas y grupos solidarios de Colombia, y de haber sentido nuevamente el ambiente viciado que se respira en el largo y tortuoso camino hacia las veredas de Mulatos y La Resbalosa, queremos compartir con el país y el mundo las preocupaciones que nos asedian.

En primer lugar, revivir el dolor de aquella barbarie, como lo hacemos cada año, en lugar de acercarnos cada vez más hacia el olvido, tiene más bien el efecto contrario. Quince años después, cuando la menor intensidad de las lágrimas enturbia menos la visión y permite percibir con mayor nitidez las estructuras actoras del crimen, el sufrimiento se acrecienta al comprobar que continuamos bajo los mismos poderes perversos que en ese momento perpetraron tantos horrores. En estos años ha habido ciertamente victimarios de bajo rango arrepentidos, que han entregado confesiones escalofriantes a los órganos de la justicia transicional, pero esas mismas confesiones y la manera como esos organismos de supuesta “justicia” han recibido sus relatos, nos dejan aún más angustiados. A través de esos relatos queda claro que el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, junto con su entorno de jerarquías castrenses, paramilitares y empresariales, que actuaban y siguen actuando en estrecha coordinación, se inventaron la leyenda de que nuestra naciente Comunidad de Paz era una “guarida de guerrilleros”, y con esa convicción, apoyada en falsos y perversos testimonios, encendieron los ánimos de pistoleros fanatizados, sedientos de sangre y de dinero fácil, para destruir una comunidad de campesinos empobrecidos y enemigos de toda violencia que rehusábamos ponernos al servicio de un Estado corrupto, violento y criminal, que consolidaba cada vez más su carácter elitista, excluyente  y opresor.

En los 23 años transcurridos desde nuestra primera Declaración pública como Comunidad de Paz, el Estado y sus pistoleros legales e ilegales, abierta o clandestinamente fusionados, han perpetrado 1500 crímenes de lesa humanidad cuya relación detallada reposa en tribunales internacionales. Y quizás lo más aterrador es la ausencia total de justicia, pues la impunidad absoluta cubre con desvergüenza todos los horrores sufridos. El único crimen que se aventuró por los túneles del aparato judicial colombiano, fue justamente el de la masacre del 21 de febrero de 2005, y ello por el trabajo de abogados y partes civiles solidarias, pues ya desde antes, para nuestra Comunidad, la justicia colombiana no gozaba de la más mínima credibilidad, por lo cual no participamos como Parte Civil. Pero ese expediente se convirtió en el monumento más evidente y vergonzoso de la impunidad. Tanto la primera como la segunda instancia concluyeron absolviendo a los criminales dentro de un total irrespeto y burla a toda norma procesal. Llevado finalmente a demanda de casación ante la Corte Suprema de Justicia, gracias a un trabajo de juristas honestos e ilustrados, 10 de los victimarios fueron condenados a más de tres décadas de prisión cada uno, pero en ese momento la Jurisdicción Especial para la Paz, fruto del degradado y envilecido “Acuerdo de Paz”, les tendió la mano para colmarlos de privilegios, en violación flagrante de la misma Ley Estatutaria de la JEP. Así las instituciones judiciales exhibieron, en este caso, su más alto nivel de podredumbre

Este 15° aniversario de una de las masacres más horrendas que han tratado de aniquilarnos como Comunidad de Paz, ha estado contextuado por una campaña de MEMORICIDIO. Desde hace más de un año, la perversa articulación entre gobierno nacional y local, fuerza pública, paramilitarismo y juntas de acción comunal, ha orquestado varias campañas para bloquear los santuarios de la memoria que nuestra Comunidad de Paz ha ido construyendo. Siempre se alega, como pretexto, que el gobierno les ha ofrecido algún proyecto y que no lo pueden despreciar, aunque para realizarlo sea necesario destruir los santuarios de la memoria de las víctimas.

En la ALDEA LUIS EDUARDO GUERRA de la vereda Mulatos Medio, la campaña para que nuestra Comunidad abandone ese lugar, donde fue sacrificado nuestro líder histórico Luis Eduardo Guerra y miembros de su familia el 21 de febrero de 2005, lleva ya varios años. Han recurrido incluso a la amenaza armada y en un momento dado nos quisieron hacer creer que la orden de desalojo venía de la Mesa de Negociaciones de las FARC en La Habana, hasta que las mismas FARC desmintieron la versión y sancionaron al supuesto guerrillero que citaba a “negociar” con armas en mano. Luego la Junta de Acción Comunal tomó el relevo de la amenaza, alegando condiciones de la Alcaldía de Apartadó para la donación de una escuela. Actualmente, pasando por encima de todas nuestras denuncias y protestas, han descargado numerosos bultos de arena y de cemento para construir a las malas unas supuestas aulas escolares, en el lugar menos indicado para una institución educativa. Lo importante para ellos es borrar la memoria de nuestras víctimas y lo quieren hacer pisoteando los principios de la Comunidad: han pretendido implantar allí ventas de licor, juegos de azar, competencias y peleas de gallos, es decir, diversiones que embrutecen y arrasan con los valores de sana convivencia.

Algo similar ha ocurrido en la vereda La Unión, donde el 8 de junio de 2000 el ejército con sus paramilitares ejecutó a 6 de nuestros líderes de la manera más cruel. En el mismo sitio donde quedaron sus cuerpos ensangrentados, nuestra Comunidad construyó un memorial físico lleno de simbolismos. Ahora la Junta de Acción Comunal amenaza con destruir el monumento, alegando que la Alcaldía les ha prometido construirles una placa polideportiva en el mismo sitio, lo que para ellos es prioritario, expresando al tiempo el desprecio absoluto por la memoria de los mártires.

Lo que más nos duele en todas estas controversias es que nuestra sociedad civil ha ido perdiendo o perdió ya del todo sus valores éticos. La memoria de las víctimas ya no tiene carácter sagrado. Lo que tiene carácter sagrado son las migajas de ayudas financieras que el Estado nacional o local les ofrece; o quizás lo más sagrado sea la relación politiquera con los poderes de turno; o quizás lo más sagrado sea el deporte que educa en la competitividad, que es el alma de las sociedades neoliberales insensibles a los problemas sociales pues sacralizan el triunfo egoísta de uno sobre los demás; o quizás lo más sagrado seas los espacios donde se cumplen los rituales de una educación que transmite valores elitistas y antisociales y enseña a someterse con servilismo a lo que se presenta como las últimas modas o tecnologías creadas por los modernos imperios.

Pero para poder pisotear los valores éticos, las diversas autoridades y sus secuaces han tenido que volverle la espalda a las mismas normas legales que el Estado ha redactado y promulgado, quizás bajo la presión de los organismos humanitarios internacionales. En efecto, en el Decreto 1800 de 2011 (decreto reglamentario de la Ley de Víctimas), el mismo gobierno de entonces estableció normas muy claras en defensa de la MEMORIA HISTÓRICA, que ahora violan los alcaldes, la fuerza pública, los paramilitares y las juntas comunales en sus campañas de Memoricidio.

En su artículo 170, dicho decreto define la reparación simbólica como “los actos o las obras de repercusión pública dirigidos a la construcción o recuperación de la memoria histórica, el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y la reconstrucción del tejido social”.  Por ello ordena que los órganos del Estado concierten con las víctimas el tipo de medidas y “el lugar en el cual se deben ejecutar” (art. 171).  Incluso en el artículo 184 se ordena al Comité creado para ello que debe “coordinar actos conmemorativos en los que se acepte, reconozca y repudie las conductas que involucran graves violaciones a los derechos humanos … y pedir perdón público a las víctimas (…) actos que deben realizarse preferiblemente en el lugar donde acontecieron los hechos victimizantes, donde se encuentran las víctimas afectadas por los hechos que se reconocen o en el lugar reconocido por las mismas víctimas como escenario de vulneración de sus derechos” (art. 184, parágrafo 1)

El artículo 186 afirma, además: “La memoria histórica es patrimonio público (…) El Centro de Memoria Histórica apoyará iniciativas públicas y privadas que autónoma e independientemente aporten a su reconstrucción en perspectiva de consolidación de garantías de no repetición, de reconciliación y de sostenibilidad del legado de los emprendimientos sociales de las víctimas”.  Por eso el artículo siguiente (187) ordena: “las autoridades públicas no censurarán los resultados de los procesos de memoria histórica construidos en el marco de la Ley 1448/11 y cumplirán con su deber de memoria histórica”.

Al referirse a los sujetos de reparación colectiva, el mismo decreto en su artículo 223 los define como: “grupos y organizaciones sociales, sindicales y políticas y las comunidades que hayan sufrido daños colectivos en los términos del artículo 3 de la Ley 1448/11”. A ellos se refiere el artículo 225 al señalar como objetivos del programa de reparación colectiva éstos: “reconocimiento y dignificación de los sujetos colectivos victimizados. Las acciones del programa deben orientarse a la vinculación de las medidas de reparación con el reconocimiento de las víctimas, las violaciones y los impactos y daños en ellos producidos (…) a la reconstrucción del tejido social y cultural de los sujetos colectivos (…) a la construcción de memoria histórica como aporte al derecho a la verdad del que son titulares los sujetos de reparación colectiva”.

También en el Decreto 303 de 2015, enfocado al problema de las desapariciones forzadas, el artículo 53 establece que el Gobierno Nacional declare como SANTUARIO DE LA MEMORIA “el lugar donde se presuma la existencia de cuerpos o restos de las personas desaparecidas forzadamente, incluyendo los que por sus condiciones geográficas y topográficas resulte imposible realizar exhumaciones”.  En esos sitios se erigirán monumentos en honor a los desaparecidos. Dicho decreto establece además que: el Gobierno Nacional por medio de varias de sus instituciones, los familiares de las víctimas y la comunidad, “definirán las características del monumento que se erigirá en honor a las víctimas de desaparición forzada en los lugares declarados como Santuarios de la Memoria, que tenga como propósito devolver la dignidad a las personas desaparecidas y promover acciones que cumplan con el deber de recordar”.

En el artículo 55 del mismo Decreto se prohíbe “intervenir o alterar las condiciones de los Santuarios de la Memoria, salvo en los casos en que sea necesario para realizar actividades de localización o exhumación de cuerpos o restos humanos. El incumplimiento de esta disposición acarreará las sanciones previstas en la legislación penal vigente”.

Cualquiera percibe que, si la sola sospecha de que en esa zona pueda estar sepultado el cuerpo de un desaparecido lleva a una declaratoria del lugar como “Santuario de la Memoria”, con mucha mayor razón, según el espíritu de esta ley, los lugares donde hay certeza de que allí fueron sacrificadas las víctimas tienen que ser declarados SANTUARIOS DE LA MEMORIA y no podrán ser alterados sino para dignificar más la memoria de las víctimas.

Este recuento de normas que supuestamente están vigentes, nos muestra claramente el nivel de ignorancia o voluntario desconocimiento y desacato que las mismas autoridades tienen respecto a ellas. Esto no nos extraña, pues durante más de 10 años hemos experimentado cómo la Corte Constitucional le ha dado órdenes perentorias al Presidente, a los Ministros de Defensa, a los comandantes militares, exigiéndoles que nos entreguen los nombres de quienes estaban en los lugares y fechas de los crímenes más atroces y todos han desacatado esas órdenes, una y otra vez, de manera contumaz, y sin embargo siguen afirmando que “este es un Estado de Derecho”. Lo que niegan rotundamente con sus procedimientos.

Cuando nos desplazamos a la vereda Mulatos para la conmemoración del 15° aniversario de la masacre, los paramilitares con sus espías o “puntos” nos siguieron por todas partes. Pudimos comprobar una vez más que la región sigue bajo control paramilitar estricto gracias a la tolerancia y aquiescencia, activa y pasiva, de todas las instituciones del Estado. Sin embargo, las autoridades siguen afirmando que “el paramilitarismo no existe”. La hipocresía y capacidad de mentira de nuestro Estado no tiene límites. Así, el pasado  28 de septiembre, cuando el Comandante de la Brigada XVII, Coronel Carlos Padilla, presidió un supuesto acto de desagravio, ordenado por un tribunal, dirigido a los familiares de las víctimas de la masacre del 21 de febrero de 2005, no reconoció la enorme criminalidad del ejército en ese crimen y en todos los demás centenares de crímenes de su contexto, y afirmó: “Doy fe de que el ejército continuará con la firme convicción de mantener y garantizar las condiciones de libertad y democracia que todos ustedes como pueblo colombiano nos demandan”.  Una ceguera profunda y un cinismo sin límites le impidió reconocer que nunca han garantizado condiciones de libertad y democracia sino todos sus contrarios: han garantizado genocidio, asesinatos, desapariciones, torturas, violaciones, detenciones arbitrarias y perversas, bombardeos, saqueos, incineración de viviendas y cultivos, desplazamientos, asaltos a mano armada, robos, calumnias, campañas de difamación y estigmatización etc. Por añadidura, calificó a las víctimas de tan atroz terrorismo de Estado como “víctimas del conflicto armado”, como olvidando que justamente las victimizaron por definirse como absolutamente ajenas al conflicto armado.

En las últimas semanas se vienen divulgando panfletos que pretenden ocultar o negar de antemano la responsabilidad de los paramilitares en los crímenes anunciados. Se dice que el ELN ha llegado a la zona, lo cual no es muy creíble, y que otras disidencias de las guerrillas se están enfrentando en la zona. Incluso en la noche del 18 de febrero hubo disparos en el caserío de San José bajo el pretexto de ahuyentar a alguna unidad del ELN. Todo muestra que los paramilitares están buscando crear fantasmas para atribuirles sus próximas acciones violentas y desviar la atención de ellos mismos.

Nuestra Comunidad de Paz quiere expresar nuevamente su gratitud a todas las personas, grupos y comunidades que desde muchos rincones de Colombia y de otros países nos apoyan con su fuerza moral y que en estos días se han manifestado de manera muy especial, recordando la masacre del 21 de febrero de 2005, conscientes de que para nuestra Comunidad es una herida que nunca se sana. A ellas y ellos nuestros agradecimientos sinceros.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Febrero 25 de 2020

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Viernes, 25 Octubre 2019 06:24

Un gran desorden bajo los cielos

Un gran desorden bajo los cielos

El aumento del precio del pasaje de autobús en Santiago era de 30 pesos (un dólar son 720 pesos), elevando el costo a 830. Es evidente que la reacción popular no fue por esos 0.04 dólares por billete, sino que obedeció a causas muy profundas que tienen nombre: neoliberalismo/ extractivismo/ acumulación por despojo.

El levantamiento en Quito fue, formalmente, contra el fin de los subsidios a los combustibles, que siempre encarecen los alimentos y escalan los precios. Los pueblos originarios y los trabajadores aprovecharon la brecha abierta por los transportistas, que no tienen intereses populares sino corporativos, para lanzarse a la yugular del modelo.

En ambos casos, y en muchos otros, lo que está sucediendo es que los pueblos están hartos de una desigualdad que no para de crecer bajo los gobiernos de los más diversos signos. Porque la desigualdad es estructural y está ligada de forma estrecha al modelo extractivista, que se resume en polarización social, pobreza creciente y concentración de poder en las élites financieras y las grandes empresas multinacionales.

Las gigantescas movilizaciones populares, en Quito, en Santiago, en Puerto Príncipe, por no hablar de Barcelona, Hong Kong y París, muestran dos cosas que están pautando la situación: el poder que ha adquirido la movilización popular, capaz de configurar hondos virajes políticos, y que las acciones colectivas trascienden gobiernos, cuestionando un modelo que produce miseria abajo y lujo arriba.

Para ser más precisos: junio 2013, con 20 millones de brasileños en las calles en 350 ciudades, fue un grito contra la desigualdad que sepultó la gobernabilidad lulista al no haber comprendido el gobierno la profundidad del clamor. Diciembre de 2017 fue clave, pero en un sentido inverso, ya que sepultó la gobernabilidad conservadora y clasista de Macri (https://bit.ly/2MWWh4M).

Sin embargo, esas apreciaciones siguen siendo generales y no tocan lo central. Caminar por las calles de Quito estos días de octubre, donde permanece el olor pegajoso del humo de las llantas quemadas, te fuerza a la reflexión. Los intercambios con personas de los más diversos movimientos, rurales y urbanos disipa la niebla de la confusión sistémica en la que nos movemos.

La primera apreciación es que en el levantamiento jugaron un papel decisivo las mujeres y los jóvenes, que desbordaron a los dirigentes históricos. Ellas protagonizaron la mayor marcha de mujeres en la historia de Ecuador, aportando los saberes de la reproducción y el cuidado de la vida, sumando lucidez al fervor juvenil sin menoscabo de la combatividad.

La segunda es la diferencia entre un levantamiento organizado y un estallido espontáneo. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es una organización de base comunitaria, muy bien estructurada y por eso tuvo la capacidad para sacar a los provocadores de las marchas, incluso a los encapuchados. Algo que no está siendo posible en Chile, donde las manifestaciones son sistemáticamente infiltradas por agentes de la policía que alientan saqueos que vuelven a la población en contra de las protestas.

La tercera es que el levantamiento fue posible gracias a las comunidades rurales en primer lugar, que aportaron lo necesario para asegurar la permanencia durante 12 días en la lejana Quito. Dos fuerzas destacaron: las comunidades de la sierra central, al norte y al sur de la capital, y los pueblos amazónicos, cuya llegada organizada como guardia indígena fue decisiva en las jornadas finales.

También hubo una presencia importante de las comunidades urbanas, los barrios pobres donde los jóvenes jugaron un papel activo y decisivo. Un sector de las clases medias urbanas superó el racismo fomentado por los medios y apoyó con agua y alimentos a los pueblos originarios.

Por último, está la interpretación de lo que viene sucediendo. Entre los diversos análisis, creo que el más profundo es el que ensaya Juan Cuvi y sus colegas, en un trabajo titulado El agotamiento de un modelo de control social (https://bit.ly/2W6nLsV). Este modelo nació a comienzos de la década de 2000 con Lucio Gutiérrez y fue desarrollado por la década de Rafael Correa.

En efecto, el modelo está en crisis, pero no se avizora nada que lo pueda sustituir a corto plazo. Por eso el caos en curso, que durará un tiempo imprevisible, hasta que maduren las fuerzas capaces de superarlo. Debemos pensar en términos de décadas, más que de años y, menos aún, comprimir los cambios en curso a los tiempos electorales. Tampoco podemos pensar que lo que venga sea necesariamente mejor que lo que caduca.

Un gran desorden, como señalaba Mao Zedong, puede ser algo positivo. Un gran orden, es el cementerio social que necesitan los capitales para seguir acumulando. No alcanza con el desorden para modificar las cosas. El sistema cuenta con la protesta social para reconducirla hacia sus intereses, aprovechando la confusión que puede serle funcional, si no encontramos los modos de convertir la coyuntura en un escenario favorable a los pueblos.

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Arde Perú. En medio de protestas suspenden minera Tía María

Los primeros días de julio el gobierno de Martin Vizcarra otorgó la licencia para la construcción del proyecto cuprífero Tía María, de la  Southern Copper Corporationdel Grupo México. A principios de agosto el mismo gobierno debió dar marcha atrás y suspender esa licencia, “hasta que los recursos de revisión presentados por la autoridades y colectivos sociales de Arequipa se resuelvan”, según declara el Consejo de Minería del ministerio.

¿Qué sucedió para provocar un cambio tan drástico? La población de la región Arequipa se levantó contra la minera y el gobierno. Estaba en curso el paro de cinco días con epicentro en la provincia de Islay, donde se asienta la mina, pero con fuerte repercusión en la ciudad de Arequipa.

La huelga indefinida comenzó a mediados de agosto en el Valle de Tambo, una región situada entre el desierto costero y la cordillera andina, donde está el distrito Cocachacra, corazón de la resistencia anti-minera. El paro urbano de cinco días lo decidieron los gremios dela Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA) junto a las asociaciones civiles que comenzaron la protesta el pasado lunes 5.

La paralización de la mina es uno de los mayores triunfos de la lucha popular contra la minería. El conflicto lleva ocho años en pie, pero se agudizó el 3 de agosto cuando el gobierno decidió la movilización de las fuerzas armadas en la región.

La región está en conflicto desde 2011, cuando la empresa que comenzó a gestionar la mina en 2003, presentó su proyecto de impacto ambiental. Se sucedieron paros, marchas y cortes de ruta con un saldo de siete muertos. El 2009 se realizó una consulta vecinal promovida por las autoridades distritales de la provincia de Islay y supervisada por la asociación civil Transparencia, con el resultado de que el 95% de los votantes se opusieron al proyecto.

José De Echave, investigador de CooperAcción, sostiene que un paro que comenzó a escala local en Islay, se había instalado en Arequipa, la segunda ciudad del país con algo más de un millón de habitantes. Con los días, el conflicto se fue extendiendo hacia otras ciudades, como Moquegua, y estaba a punto de hacerse carne en toda la región macro sur, cuando el gobierno decidió la paralización del proyecto.

De Echave sostiene que el marco actual para la minería “fue construido y diseñado como parte de los ajustes sectoriales de los años 90, auspiciados por el Banco Mundial”, que beneficia a las empresas y “fue reduciendo derechos económicos sociales, ambientales y culturales de las poblaciones que están en la zona de influencia directa de las actividades mineras y esoexplica la creciente conflictividad social” (https://bit.ly/2MPr1Gx). Por eso, “el Perú se ha convertido en uno de los principales productores de conflictos sociales vinculados a la minería a nivel mundial”.

El problema de fondo es que Perú es un país minero desde la conquista y la colonia, no ha desarrollado su industria pero tiene un importante sector agrícola que está siendo afectado por las explotaciones mineras. La nueva mega-minería a cielo abierto, aterrizada a base de militarización por el régimen de Fujimori a principios de la década de 1990, es una actualización del colonialismo. 

Va de la mano, naturalmente, de los estados de excepción, la ocupación empresarial-policial-militar de los territorios concesionados a las mineras, y de una sostenida resistencia comunitaria indígena y campesina.

La violencia no es excepcional sino intrínseca al modelo, como señala Gilberto López y Rivas cuando la define como “acumulación militarizada por desposesión” (https://bit.ly/2KCk4pG). Es una política de muerte, porque es el único modo como el capital puede seguir acumulando en su fase de decadencia global, que el zapatismo ha definido como “cuarta guerra mundial”.

Lo verdaderamente importante, es que pese al brutal despliegue de armas y violencia que hace el sistema, se consiguen victorias tan importantes como las de Conga y Tía María en Perú, Río Blanco y Kimsacocha en Ecuador, y un puñado más en Chile, Colombia y Argentina. 

Son triunfos de la pelea cara a cara con los opresores, victorias que no se consiguen tecleando “like” en la pantalla del celular ni firmando desplegados en los medios, sino poniendo el cuerpo, arriesgando la vida, como se hizo siempre.

Son pequeñas victorias que no toman en cuenta los investigadores de arriba, pero que están abriendo brechas en la dominación y creando las condiciones para la fuga de los poderosos

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El asesinato de María del Pilar Hurtado, reflejo de una crisis de país

Dos sicarios en motocicleta recorrieron las calles de Tierralta (Córdoba) buscando a María del Pilar Hurtado. Quizás estos dos fueron quienes llevaron los panfletos que amenazaban la vida de varias personas que se reusaban a abandonar sus techos, pues como miles en el país no tienen otra opción que armar sus casas y ranchos en tierras vacías que terminan siendo de “propiedad privada”, como los que ostenta Fabio Otero Paternina, padre de Fabio Otero, actual alcalde de Tierralta, quien meses atrás prometió titular tierras a las familias que habitan los lotes de su padre, pero que al final prefirió engañarlos y en vez de dialogar decidió enviar al Esmad para desalojar a las familias.

Quizás los dos sicarios no pensaron en las historias que hay detrás de aquellas personas que viven día a día las condiciones de la pobreza, de la falta de oportunidades para alcanzar vida en dignidad, quizás tampoco les interesa entenderlas. Quizás los sicarios conocen esas realidades en carne propia, pues a lo mejor las tuvieron que padecer en la niñez. Quizás decidieron alquilarse como “gatilleros” para dejar atrás ese pasado de angustias de hambre. El problema es que ahora son bestias que acatan órdenes sin pensar, y solventan su hambre con unos pocos pesos, estimulando su irreal sensación de poder con el miedo y el terror que producen con sus armas a todas las personas que intimidan.

La mujer, su nuevo objetivo, caminaba por la calle con uno de sus hijos cuando la encontraron. Los sicarios aumentaron la velocidad y en una esquina le propiciaron varios disparos. María del Pilar quedó tendida en el suelo, inmóvil, y la luz de sus ojos se nubló abandonando la vida, mientras que su pequeño hijo comenzaba a gritar desesperado al no entender lo que sucedía, desequilibrado al ver el cuerpo de su madre inerte. Sin duda, su hijo, marcado por tan brutal suceso, ya nunca será un niño feliz, tampoco de joven podrá gozar con espontaneidad los gozosos de la vida, pues la imagen de su madre, allí tendida, no lo abandonará. A él también le arrebataron la vida.

Historia de un conflicto errante

María del Pilar Hurtado cargaba consigo la historia del conflicto armado y social que vive nuestra sociedad. Según uno de los congresistas de la Comisión de Paz que visitó la zona, al tiempo que asistía al velorio de esta nueva víctima del poder, uno de sus hermanos de 15 años fue asesinado por los paramilitares y el otro murió prestando servicio militar. Algunos medios sostienen que al momento de su asesinato María trabajaba como recicladora y tiempo atrás participaba en la Fundación de Víctimas Adelante con Fortaleza (Funviavor), en donde denunció torturas, asesinatos y desapariciones en las denominadas “casas de pique” que existían en Puerto Tejada, Cauca, de donde fue desplazada al sur de Córdoba con sus cuatro hijos y su esposo.

Asentada en Tierralta, María del Pilar se fue a vivir con otras familias a un barrio de invasión, en donde comenzó a liderar la lucha por el derecho a la vivienda, pero lo que parecía una simple lucha por justicia trascendió a la violencia y la intimidación. En los primeros días del mes de junio apareció en el asentamiento un panfleto de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, con amenazas que en particular declaraban como objetivo militar a varias personas entre ellas a María; dos semanas después, el 21 del mismo mes, a sus 34 años, fue asesinada María del Pilar. Vale la pena recordar que el 25 de noviembre del 2018 la Defensoría del Pueblo había advertido a través de una alerta temprana, que la población que habita este municipio y otros como Montelíbano y Puerto Libertador, estaban en grave peligro, pues estaban a merced del grupo paramilitar.

El desangre de liderazgos sociales

El asesinato de María del Pilar se suma a la oleada de asesinatos sistemáticos de líderes y lideresas sociales que se riega a lo largo y ancho del país, el cual se presenta como goteo diario de sangre que se va convirtiendo en río.

Una situación aterradora. Aunque para múltiples organizaciones sociales y de derechos humanos en Colombia los asesinatos suman más de 600 líderes y lideresas sociales desde la firma del Acuerdo de paz en 2016 hasta lo corrido del año 2019, la Defensoría del Pueblo apenas tiene un registro de 479. La situación es crítica y va en ascenso, pues según Carlos Negret –Defensor del Pueblo– entre abril de 2018 y el mismo mes de 2019, se han registrado 982 amenazas a líderes y lideresas sociales en todo el país. A esto debe sumarse que en lo corrido del año han sido asesinados más de 80 liderazgos sociales. Es necesario decir que desde la firma del Acuerdo con las Farc han sido asesinados 134 excombatientes, 34 de sus familiares y 11 están desaparecidos.

En el mes de junio del presente año los asesinatos no se detuvieron y siguieron los patrones de los meses anteriores (ver artículo: “Colombia. La ola de asesinatos contra el liderazgo social no para”), son muestra de ello el asesinato de Dagoberto Álvarez, quien se desempeñaba como tesorero de la Junta de Acción Comunal de la Vereda Miraflores y quien había denunciado amenazas en su contra ante las autoridades y sería encontrado muerto el 2 de junio en Playa Belén, Norte de Santander, de igual manera Manuel Gregorio González Segura, campesino del programa de sustitución de cultivos ilícitos y miembro de la Asociación de Campesinos del Sur de Córdoba (Ascsucor), fue hallado muerto el 27 de junio con signos de tortura. Así mismo, el asesinato de población indígena continua presente, como lo demuestra el caso de Rocío García Pai, Leidy Jacqueline Burgos Pai y Robert Dionisio García Bisbicús, indígenas Awa asesinados el 7 de junio en el departamento de Nariño. En tal record también registran los asesinatos del indígena Nasa Carlos Biscue, acaecido en Caloto, Cauca el 23 de junio, y Uriel Piranga Valencia, indígena Coreguaje y autoridad en su comunidad, quien sería encontrado sin vida en el municipio de Pital, departamento del Huila.

De igual manera serían asesinados 4 excombatientes de las Farc en tan solo una semana, como lo registra la muerte de Anderson Pérez Osorio, quien se desempeñaba como líder juvenil y comunicador, asesinado en el departamento del Cauca, así mismo están Daniel Esterilla Grueso y Servio Delio Cuasaluzan, encontrados muertos en el departamento de Nariño.  

La situación crítica en Colombia no avizora una alternativa

Las denuncias a nivel nacional e internacional, los comunicados denunciando la grave situación de derechos humanos, parecen totalmente insuficientes, ¿Cómo se podría solucionar de raíz el problema? ¿Cómo confiar en una institucionalidad estatal que no actúa de inmediato, y cada vez es más claro que lo que está sucediendo hace parte de un mismo plan de carácter político militar? ¿Es posible que el conjunto de organizaciones y movimientos sociales construya otros mecanismos para detener esta masacre?

Con el caso de María del Pilar Hurtado o el de Dimar Torres hace unos meses, queda claro que estamos entrando de nuevo al encuentro con la degradación que caracterizó a los grupos paramilitares, quienes no temían en desmembrar, jugar fútbol con cabezas o masacrar a las comunidades para generar terror en el país y así lograr el control económico y político de las regiones. Esta nueva ofensiva, así puede deducirse, tiene dos propósitos: 1. Arrasar lo poco que queda de los Acuerdos de Paz firmados con las Farc y así reactivar un escenario de guerra; 2. Cubrir de miedo e inactividad colectiva en amplios territorios de la geografía nacional, garantizando con ello su control en las elecciones de octubre próximo.

Sin duda, debemos aprender de lo que está sucediendo. Ante el ataque dirigido y sistemático, ¿podría ser una opción pasar de liderazgos y vocerías individuales a liderazgos y vocerías colectivas? ¿acaso no daría más seguridad estar juntos que disgregados? ¿esto que estamos viviendo puede entenderse como un llamado a la urgente tarea de construir una ruta y agenda propia del conjunto de organizaciones y sectores alternativos, que se piensen más allá de la coyuntura electoral y busque por fin el encuentro con el país nacional? ¿no sería el tiempo de problematizar la democracia existente y su formalismo para así proponer otra democracia que realmente represente los intereses de la sociedad toda?

La oleada de muerte que recorre el país arroja victimas por doquier. De no encontrar, proponer y construir entre el conjunto social una alternativa de país que despierte el sentir de las mayorías, donde reine la justicia y la equidad para todos los connacionales, esta crisis “histórica” que padece Colombia, que se ve “tan natural” seguirá viendo nacer generaciones y generaciones de “Desquites”, como en la elegía del poeta Gonzalo Arango. Generaciones que vivirán una vida que no merecían, que vivirán muriendo, errantes, ya que no valorarán la existencia misma pues lo despreciarán todo.

Artículos relacionados

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/36976-rios-de-sangre-inundan-el-pais.html

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/36664-colombia-la-ola-de-asesinatos-contra-el-liderazgo-social-no-para.html

Notas consultadas

https://pacifista.tv/notas/maria-del-pilar-hurtado-si-era-lider-el-contundente-mensaje-tras-su-sepelio/?fbclid=IwAR1pDb-gfFoNMMaMJXRhTbJL8wpjv2FVRpp03MGYwy-oMfPnHlk6kGGKeis

https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinato-de-maria-del-pilar-hurtado-eln-desmiente-version-de-mindefensa/620834

https://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-ultimo-adios-para-la-lideresa-maria-del-pilar-hurtado-articulo-867632

https://www.elespectador.com/noticias/nacional/defensor-de-dd-hh-en-tierralta-denuncia-amenazas-y-deja-el-municipio-articulo-867519

https://prensarural.org/spip/spip.php?article24426

https://www.onic.org.co/comunicados-regionales/3063-criomc-denuncia-asesinato-del-ex-cacique-uriel-piranga-valencia

https://canal1.com.co/noticias/la-lider-maria-del-pilar-hurtado-si-habria-recibido-un-panfleto-de-las-autodefensas-gaitanistas/

https://www.onic.org.co/comunicados-regionales/3041-asesinatos-amenazas-a-lideres-y-lideresas-en-medio-de-la-asamblea-general-y-conmemoracion-de-los-29-anos-de-la-unipa-incrementa-la-crisis-humanitaria-que-vive-el-pueblo-awa

 

 

 

 

 

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Sábado, 18 Mayo 2019 07:10

Quinua de cien colores

Quinua de cien colores

Para el poder económico y político, la minería es la única actividad económica viable en las regiones andinas. Así ha sido en Perú desde la conquista. Pese a los inocultables daños que produce, los críticos suelen ser acusados de “enemigos del desarrollo”, y las comunidades que se oponen a la megaminería son perseguidas bajo la figura legal de “organización criminal”.


La luminosidad del Cusco lacera la vista. Pero también retiene la atención, seduce la mirada que se va posando ingenua sobre las piedras incas, primero, y tuerce hacia las montañas mágicas, poco después. Los suaves valles cusqueños van dando paso, carretera arriba y abajo, a profundas gargantas tapizadas de los más variados cultivos según los diferentes pisos ecológicos que recorremos. Las tierras altas y frías, a más de 3.500 metros, pobladas por pastores de alpacas, llamas y ovejas, dialogan e intercambian con las tierras bajas y cálidas, productoras agropecuarias y de frutos tropicales.


La despiadada geografía del Ande, en uno de sus nudos centrales, permite contemplar, en una sola mirada, desde la profundidad del valle hasta las cumbres nevadas. La región de Apurímac es crucial por lo abrupta y extrema. La llegada a Andahuaylas, la ciudad más poblada, con 100 mil habitantes, implica bajar casi dos mil metros en apenas diez kilómetros de carretera. Una caída vertical, con mil vericuetos, desde el páramo hasta un valle cálido y húmedo a poco más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Por algo el geógrafo Antonio Raimondi comparó la región con un papel arrugado.


Recorriendo el cañón del río Apurímac, que nace a 5 mil metros y se vierte en el Amazonas, trepamos por laderas verticales pinceladas de parcelas verdes y amarillas, aferradas a las pendientes, donde las familias comuneras cultivan en condiciones sólo explicables por la obstinación que exige la sobrevivencia. Allá arriba sólo papas y habas desafían el frío y las ventiscas; en la zonas templadas intermedias, las espigas de trigo van mudando del verde al ocre, anunciando la inminente cosecha; más abajo, en la calidez de la hondonada, el maíz generoso y la infinita variedad de frutas, mangos, granadillas, aguacates y papayas.

En alguna vuelta del camino, en general cerca de las decenas de caseríos que bordeamos, los pisonays majestuosos se yerguen frondosos, ostentando un tapiz de flores coloradas. En pequeños grupos, emergiendo de improviso, con cierta timidez, islotes de quinuas destacan por la multiplicidad de colores, desde el verde marcial hasta un verdoso que chilla cuando lo ilumina el sol en las alturas, pasando por morados brillantes, rojos frenéticos y ocres amarillentos de múltiples variantes, tan bien retratados por el poeta nacido en Andahuaylas: “Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores”.


ABUSO MINERO.


El llamado “corredor minero” atraviesa tres regiones: Cusco, Apurímac y Arequipa. Son 500 quilómetros desde la mina de cobre Las Bambas, a 4 mil metros de altura, hasta el puerto de Matarani en el Pacífico, por donde se exporta el mineral con destino al continente asiático. La carretera atraviesa 215 centros poblados en los que viven 50 mil personas; está militarizada porque cualquier alteración del transporte tiene costos millonarios para la empresa.


Apurímac es el corazón del corredor, la región más pobre del país y la que cuenta con el mayor porcentaje de quechuahablantes. Campesinos humildes de manos arrugadas y pies encallecidos, pero no tan pobres como sus elites, que recién se avinieron a crear universidades, en la capital Abancay y en Andahuaylas, hace poco más de una década para calmar a las mujeres del mercado que reventaron las calles para demandar educación terciaria para sus hijos.


Entre febrero y marzo de este año, la carretera estuvo cortada durante 68 días por los comuneros de Fuerabamba, la comunidad más cercana a una de las mayores minas del mundo, que produce 140 mil toneladas diarias de cobre. La mina está a 75 quilómetros al sur de Cusco y comenzó a operar en 2015, pero los primeros pasos para su instalación se dieron una década atrás de la mano de la minera suiza Xstrata Copper, que en 2014 la vendió a la estatal china Minerals and Metals Group (Mmg).


Cuando la minera china compró Las Bambas, decidió modificar el proyecto que ya contaba con el permiso ambiental. Lo más grave fue el abandono del mineroducto destinado a transportar el cobre hasta Espinar, Cusco, donde sería procesado por el traslado del mineral en camiones. Es el principal motivo de conflicto, ya que todos los días pasan por las comunidades y pueblos 600 camiones articulados que se desplazan en convoyes de 35 unidades, levantando impertinentes nubes de polvo.


Los campesinos se quejan de que las chacras fueron invadidas por el polvo, que ya no pueden sacar su ganado y que el ruido que hace “el gusano de tráilers” les impide conversar con los vecinos. Peor aun porque la carretera de la empresa atraviesa sus tierras, sin la autorización de los comuneros. Además, pasan decenas de cisternas con combustibles, por lo cual la carretera se convirtió en un verdadero peligro.

El anterior presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, actualmente en prisión preventiva por lavado de activos, ocupó la presidencia del directorio de Servosa, una empresa que en la actualidad cuenta con 400 camiones y tiene el monopolio del transporte del mineral de Las Bambas. El economista, empresario y banquero presidente jugó fuerte a favor del proyecto minero, escondiendo sus intereses en el transporte del mineral. En 2015, el congresista Justiniano Apaza denunció que Kuczynski recibía financiamiento de la minera y que su empresa obtuvo “sin licitación el cien por ciento del transporte del mineral en varias zonas del sur del país”. Al año siguiente, fue elegido presidente sin que nadie investigara las denuncias.


COMUNEROS SIN COMUNIDADES.


La lógica del modelo extractivo es implacable. Para hacer posible la explotación de Las Bambas, las 450 familias de la comunidad Fuerabamba debieron ser trasladadas, porque vivían justo encima de una fabulosa riqueza que supuso la mayor inversión minera del mundo, con 11 mil millones de dólares para poner en marcha la quinta mina del mundo. El nuevo asentamiento fue levantado con viviendas “estilo suizo” y se compensó a los comuneros con elevadas cifras, y en el nuevo asentamiento (a dos quilómetros del original, a 3.800 metros de altitud) se construyeron un centro de salud, instituciones educativas y hasta un cementerio, completamente trasladado del sitio original.


Pero ya no cultivan la tierra, se sienten “como palomas encerradas” en la nueva localización y los ancianos no saben qué hacer sin sus ovejas; deambulan sin norte entre las modernas viviendas en hileras que parecen prisiones. Sin embargo, sobrellevan el dolor y el abandono en silencio, porque en Perú uno de los epítetos más difíciles de aceptar es el de “antiminero”.


En la región minera, el 80 por ciento de la población es pobre y la mitad de los menores de 5 años padece desnutrición crónica. La capital del distrito donde se asienta Las Bambas, Challhuahuacho, a dos quilómetros de la mina, creció de dos a 16 mil habitantes en pocos años, un verdadero tsunami demográfico con hondas consecuencias sociales. Según Ruth Vera, de Derechos Humanos Sin Fronteras, ahora “abundan los problemas de violaciones, violencia doméstica y delincuencia que fueron desencadenados por la presencia minera”.


La mayoría de los varones prestan servicios a empresas que operan para la mina y acceden a cantinas y bares, lo que trastoca la vida familiar y comunitaria, en una sociedad profundamente patriarcal en la que la violencia cuenta con amplia legitimidad social.


El otro problema es la represión estatal. Según la Ong CooperAcción, las 50 mil personas que viven cerca de la carretera “tienen suspendidos sus derechos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio”, por la aplicación del estado de emergencia cada vez que se produce algún conflicto.


El corredor vial se ha convertido en pieza estratégica en Perú, ya que incluye cinco grandes unidades mineras en explotación (entre ellas, Las Bambas) y conecta no menos de cuatro proyectos exploratorios importantes. En ese marco, la Policía Nacional firmó, en secreto, 31 convenios con empresas mineras para la protección de sus negocios. Los policías se trasladan en camionetas de las empresas y tienen bases en los campamentos de las mineras, lo que los convierte en una guardia privada empresarial. Estos mecanismos permiten hablar de un “gobierno minero” en la región, en el que participan el Estado y las empresas.


En el conflicto minero en torno a Las Bambas, sobresalen dos cuestiones. Por un lado, 500 comuneros tienen procesos abiertos por haber participado en protestas contra la empresa minera. Tres campesinos purgarán más tiempo de prisión por cortar la ruta que el ex presidente por robarse millones. El mes pasado, los abogados asesores de la comunidad fueron sentenciados a tres años de prisión preventiva tras ser acusados mediante la figura legal de “organización criminal” que “extorsionaba a la empresa minera”. Pero la represión es apenas una cara del conflicto. Las consecuencias más profundas de la presencia minera pueden resumirse en el desmembramiento de las comunidades por la desarticulación del tejido comunitario que provocan los emprendimientos.


LA UTOPÍA DE SEGUIR SIENDO.


Apurímac es la región donde nacieron Micaela Bastidas (esposa de Túpac Amaru) y José María Arguedas, dos grandes de la lucha social y de las letras de este continente. En casi todas las plazas de Abancay, la tierra natal de Micaela, hay alguna estatua blanca que la recuerda, con sus trenzas largas y una mano alzada al cielo. La tumba de Arguedas fue erigida en una plaza en la que se reúnen, desde tiempos remotos, los campesinos que llegan al mercado de Andahuaylas, donde nació un siglo atrás.


El martirio de Bastidas debería haber sido motivo de alguna compasión por los herederos de la conquista. Fue llevada junto con sus hijos, Hipólito, de 18 años, y Fernando, de 10, y su esposo, a la plaza de armas de Cusco, luego de ser torturados, para ejecutarlos de uno en uno. Micaela fue obligada a presenciar la muerte de su hijo mayor, al que primero le cortaron la lengua por hablar mal de los españoles. La estrangularon en público, le dieron garrote y la remataron a patadas.


Sería excesivo decir que el episodio es sólo historia, a la luz de los relatos de la antropóloga quechua Gavina Córdova, nacida en Ayacucho y residente en Andahuaylas. La minería a cielo abierto actualiza el hecho colonial o, por mentar al más importante sociólogo latinoamericano, Aníbal Quijano, refuerza la “colonialidad del poder”, que permaneció intacta pese a la desaparición de la colonia. El derecho de pernada sigue funcionando en la sierra, ya sea como abuso sexual, o bien adaptado a las nuevas relaciones laborales, que permiten, por ejemplo, que los patrones no paguen el salario durante los primeros meses de “prueba” de los nuevos trabajadores.


Pero el colonialismo tiene una cara más fétida aun: la que muestran las propias organizaciones sociales y políticas que resisten a la minería, pero también los partidos de izquierda. El periodista Jaime Borda, presidente de Derechos Humanos Sin Fronteras, asegura que “desde 2006 hasta 2014 la mayoría de los dirigentes comunales han terminado mal su mandato, con acusaciones de aprovechamiento del cargo, de malos manejos económicos y de negociar sólo a favor de sus familiares”. Las empresas mineras operan con cuantiosos recursos para que las comunidades elijan personas afines a sus intereses, lo que hace que los cargos de dirección sean ferozmente disputados.


En muchos casos, asegura el periodista, “la comunidad ya no reacciona como un grupo coherente, sino como una suma de individuos que velan cada uno por sus propios intereses”. Por su parte, Córdova destaca que los terrenos comunales se están parcelando y se titulan como propiedad privada, porque para la empresa minera es más fácil negociar con las familias que con la comunidad.


La simbiosis entre modernidad y minería, entre desarrollo y colonialidad del poder está provocando mayores daños que los ya cuantiosos enhebrados por la colonia y la república durante cinco siglos. Poco más de medio siglo después de haber escrito “Llamado a algunos doctores”, un desgarrador poema de Arguedas en el que denunciaba la discriminación de la cultura quechua, la “quinua de cien colores” que amaba y celebraba se ha convertido en mercancía altamente estimada en los restaurantes de los países centrales, pero se ha convertido en lujo inalcanzable para las familias comuneras.


“Siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos”, versea el poeta. Arguedas no vivió para ver la destrucción de sus sueños regeneradores, prefirió marcharse por propia voluntad, antes que contemplar impotente la destrucción del mundo que amaba.

Por Raúl Zibechi
16 mayo, 2019

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Gobierno minero, resistencia indígena

Durante 68 días cientos de campesinos de las comunidades vecinas a la mina Las Bambas (Apurímac, Perú), cortaron la carretera por la que empresa estatal china Minerals and Metals Group (MMG) exporta cobre a través del “corredor minero” hasta el puerto de Matarani en el océano Pacífico. Los comuneros de Fuerabamba levantaron pequeñas chozas de paja a los lados de la vía, desde las cuales resisten a la minera para forzarla a negociar.

Las Bambas se instaló en 2004 de la mano de la empresa minera suiza Xstrata Cooper pero en 2014 fue traspasada a la china MMG por casi seis mil millones de dólares. Poco después, el conflicto entre comunidades y empresa se dispara. En febrero de 2015, un grupo de 400 comuneros retuvo durante cinco horas a cien trabajadores y en setiembre se realiza un paro provincial con un saldo de tres muertos y 23 heridos (15 civiles y 8 policías), por enfrentamientos entre policías y comuneros.


El estado de emergencia y la represión son el núcleo del repertorio estatal frente a las comunidades. En enero pasado el conflicto volvió a dispararse con enfrentamientos entre los comuneros de Fuerabamba, que dejaron 11 policías heridos y un campamento de la policía quemado. Los comuneros rechazan la construcción de una carretera que atraviesa su territorio sin haberlos siquiera consultado.


La comunidad de Fuerabamba fue trasladada de lugar, ya que se asentaba justo en lugar donde se instaló la mina de cobre. Se trata de 450 familias comuneras a las que se construyeron nuevas viviendas “estilo suizo”, se las compensó con dinero y en el nuevo asentamiento (a dos kilómetros del original, a 3.800 metros de altitud) cuentan con centro de salud, instituciones educativas y hasta el cementerio que fue completamente trasladado.


El caso Las Bambas puede servir de termómetro de lo que sucede en todo el “corredor minero”, una carretera de 500 kilómetros que atraviesa tres provincias (Apurímac, Cusco y Arequipa) y 215 centros poblados donde viven 50 mil personas, en su mayoría pertenecientes a comunidades indígenas quechuas, que “tienen suspendidos sus derechos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio”, por la aplicación de estados de emergencia, según la ONG CooperAcción.


El corredor vial se ha convertido en pieza estratégica en el Perú, ya que incluye cinco grandes unidades mineras en explotación (entre ellas Las Bambas) y conecta no menos de cuatro proyectos exploratorios importantes. En ese marco, la Policía Nacional firmó en secreto 31 convenios con empresas mineras para la protección de sus negocios. Los policías se trasladan en camionetas de las empresas y tienen bases en los campamentos de las mineras, lo que convierte a la PN en una guardia privada empresarial. Estos mecanismos permiten hablar de un “gobierno minero” en la región, en el que participan Estado y empresas.


En una mirada amplia del conflicto minero en torno a Las Bambas, sobresalen dos cuestiones. Por un lado, 500 comuneros tienen procesos por haber participado en protestas contra la empresa minera. Pero la represión es apenas una cara del conflicto. Las consecuencias más profundas de la presencia minera pueden resumirse en el desmembramiento de las comunidades por la división que provocan los emprendimientos.


El periodista Jaime Borda, director de la ONG Derechos Humanos Sin Fronteras de Cusco, asegura que “desde 2006 hasta 2014 la mayoría de los dirigentes comunales han terminado mal su mandato, con acusaciones de aprovechamiento del cargo, de malos manejos económicos y de negociar sólo a favor de sus familiares”. Por los cuantiosos recursos que manejan las empresas, los cargos de dirección en las comunidades son altamente disputados, pero además las mineras operan en las comunidades para que elijan personas afines a sus intereses.


Borda concluye que en muchos casos “la comunidad ya no reacciona como un grupo coherente sino como una suma de individuos que velan cada uno por sus propios intereses”. Además, los terrenos comunales se parcelan y se titulan como propiedad privada, porque para la empresa minera “es más fácil negociar con las familias que con la comunidad”.
Al parecer, este es el destino que le aguarda a las regiones donde los mega emprendimientos extractivos se imponen. Toda una cultura y una historia son transformadas para favorecer al capital.


13 mayo 2019

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 30 Abril 2019 10:48

Camina Soñando

Fotografías: Jhony Pinzón Triana, Colectivo ArtoArte.

Los muros de la estación Avenida Primero de Mayo, al sur oriente de Bogotá, cuentan parte de la historia de la localidad cuarta de San Cristóbal, la cual habla y camina soñando en medio de colores. El Colectivo Arto Arte invita a conocer esta obra y al mismo tiempo preguntarse por la ciudad y su historia.

 

Camina soñando es una intervención mural que se pretende convertir patrimonio local por la forma en que se construyó su concepto y todo el contenido histórico y de identidad que carga consigo. La propuesta de mural fue creada por habitantes de la localidad Cuarta de San Cristóbal, en un ejercicio de reconocimiento propio, de la historia local y sus elementos de identidad; de aspectos personales y naturales que hacen sentir su paisaje, su historia, su trasegar y su construcción.

Como muchas localidades y regiones del país, la historia y construcción de la localidad de San Cristóbal está trazada por el trabajo familiar y obrero –generalmente explotado–, de miles de personas que trabajaron sin descanso en los chircales, para llenar de ladrillos –trabajados por mucho tiempo de manera artesanal– el proceso de modernización y de construcción de la ciudad.

El paso del tiempo dejó en el olvido esta historia de las fábricas de ladrillo artesanal que existían entre la primera mitad de siglo XX (años 50), de las cuales quedan cuatro buitrones (chimeneas gigantes), que representan ese portal inter dimensional del pasado al presente. El proyecto Conectando Primero de Mayo (1) del Colectivo Arto Arte (2), posibilitó volver a rememorar esta historia.

 

Tejiendo memoria en comunidad

 

Esta propuesta colectiva contó con el apoyo de los habitantes del barrio Sosiego, quienes abrieron sus puertas para generar espacios de diálogo amenos y en confianza, donde muchos se enteraron de algunos aspectos de la historia local y así mismo se construían algunas pistas de lo que configura la identidad local, mediante el auto-reconocimiento, y el reconocimiento de la colectividad de la que se hace parte.

Conversar acerca de la identidad llevó a identificar esos elementos que parecieran permanecen inmutables en el tiempo y que llevan a afirmar la vitalidad del espacio cohabitado como el territorio, y dentro de este las montañas, el río Fucha, el clima frío, la música y sus habitantes, que muchas veces cuentan con una historia común, la misma que hace parte de una lucha permanente por el reconocimiento de los derechos que se expresa en la cantidad de organizaciones sociales y de carácter artístico y cultural que brotan como las plantas de páramo de la localidad.

Es así como la historia de un mural pasa a ser parte de la historia de la localidad, con las montañas de lienzo, que representan la permanencia del pasado en el presente y sobre el cual se sigue construyendo. Allí, en ese mural están los colores de la vida y del recuerdo, la memoria que se mantiene a pesar del tiempo, que fluye sin detenerse, y de esta manera van apareciendo los cuadros de lo que somos y lo que hemos venido siendo, como una historia que se construye con fotografías que nos cuentan de nosotros mismos.

 

Camina soñando

 

Los personajes principales del cuadro son la vida del agua que viaja bajando de la montaña y la vida que es gestada y transmitida de generación en generación entre aquellos que marcamos día a día el camino del territorio, que se representa con una madre que sostiene la esperanza de esa vida sobre sus manos.

La vida misma y la identidad, sin embargo, no tienen mejor representación que aquella que se levanta como emblema de lo ancestral en resistencia con el Frailejón de páramo andino, que permanece aún en los cerros de la cordillera oriental, pese a la insistencia de la modernidad de convertir las ciudades en megalópolis, pretendiendo satisfacer “necesidades” ficticias de consumo del ser humano “modelo”, que no nos contempla en nuestra autenticidad. Este mismo proyecto de modernidad, que tiene manos y rostro, que no son las manos y los rostros de quienes trabajan la tierra, ni de quienes laboran a bajos salarios en las ciudades, pretende que la ciudad se expanda al punto de no reconocer la naturaleza, los animales y las plantas, como factores imprescindibles que mantienen en equilibrio nuestras vidas y nuestra permanencia; es por esto que reivindicamos igualmente la existencia del Guache en los cerros orientales como un ser que justamente permanece y mantiene ese equilibrio, generalmente desconocido, también porque nos cuesta vernos y reconocer lo propio cuando el mundo afuera exige crecimiento sin límites, ni éticos, ni lógicos.

Esta historia que nos cuenta la obra mural acerca del territorio, también es nuestra porque en él han habitado nuestros ancestros, porque nos reconocemos en su diversidad y autenticidad y, sobre todo, porque la cuidamos, la transmitimos y la conservamos. Cierra con la labor de una mujer trabajadora, que recoge las labores artesanales y nuestro espíritu cultural y festivo, que reivindicamos porque nos permite encontrarnos en la alegría y la diferencia, ella va uniendo en su hacer, esos hilos que nos tejen, a nosotros con el pasado y a todos con nuestra identidad.

 

Soñar en colectivo y construir a muchas manos

 

Este ha sido el resultado de un proceso que nos invitó a soñarnos, en el que participaron y nos encontramos con personajes que hacen que permanezca nuestra memoria como las señoras Cecilia, Yolanda y Alcira, o aquellos que con su espíritu joven imaginaron para todos nosotros como Ivonne, Pablo y Juan David, así como quienes viniendo de otros lugares nos permitieron enseñarles lo nuestro como María Irma, Vanesa y el profesor Victor de la Torre. Invitamos a todos a seguirnos soñando desde el reconocimiento de lo propio y de nuestras virtudes, que se pueden expandir, no como el concreto sobre la naturaleza, sí como la labor creativa que tenemos, la responsabilidad de generar espacios para encontrarnos todos en un lugar tejido colectivamente y en el respeto, partiendo de la garantía de derechos y la no exclusión.

Desde nuestro colectivo manifestamos esta obra, que es historia, memoria y vida, como un regalo a la ciudad y a nuestra localidad; un presente que recuerda el pasado y prepara el futuro, que a pesar de los tropiezos institucionales, por la naturaleza de su estructura, no nos detuvo, nos mantuvo en nuestro compromiso con la comunidad, aun trabajando en jornadas ilógicas que nada tienen que ver con el respeto y la valoración del trabajo y la labor de quienes entregamos nuestro tiempo, nuestro conocimiento y nuestros sueños a un proyecto común, para el disfrute y la reflexión de todos.

Esperamos que este, que nos ha parecido como colectivo y artistas, un gran resultado del trabajo constante, crítico, comprometido y de calidad, sea el punto de partida para generar más espacios en los que conversemos de manera participativa acerca de la ciudad, de cómo la construimos colectivamente, de cómo ejercemos nuestros derechos en ella; y que desde la institucionalidad, se respete este ejercicio, que permanezca y la obra se convierta en referente patrimonial, además que, en su objetivo de convocar espacios que expresen las ciudadanías, aprovechen esta intervención mural como punto nodal hacia la apropiación del patrimonio público y colectivo de la ciudad y la localidad de San Cristóbal, que se generen recorridos para su conocimiento y reconocimiento, abriendo sinceramente los lugares al diálogo y la reflexión desde la gente que habita y rehace cotidianamente el territorio.

 

1 www.facebook.com/conectandoprimerodemayo
2 www.colectivoartoarte.blogspot.com

Publicado enEdición Nº256