Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

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La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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La ONU denuncia la violación de la privacidad por los Estados

Joseph Cannataci, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la privacidad lo tiene claro: es imprescindible intensificar la protección de la privacidad en el internet. Así lo ha expuesto ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, recomendando que los Estados actuén juntos, coordinados, dado que la problemática ha traspasado las fronteras nacionales.


Tal y como asegura Cannataci, el éxito de esta salvaguarda de la privacidad “depende de la voluntad y la capacidad de los Estados de trabajar juntos para lograr la sinergia entre los intereses de seguridad y la privacidad en el ciberespacio”.


Sin embargo, no sólo no se da esa necesaria cooperación sino que, además, el relator especial asegura que “desafortunadamente, no existe una sola legislación nacional de vigilancia que cumpla perfectamente y respete el derecho a la privacidad”. Desde su punto de vista, “los mecanismos de supervisión interna para la vigilancia de las comunicaciones y el uso de Internet no siempre existen, y cuando lo hacen, con frecuencia son ineficaces y no proporcionan la transparencia y responsabilidad adecuadas”.


La solución propuesta por el representante de la ONU, hoy por hoy, es pura utopía: apuesta por el establecimiento de un instrumento legal internacional, fruto del consenso de todos los Estados miembros de la ONU, para respetar y proteger el derecho a la privacidad en internet, especialmente en lo que al comportamiento que están teniendo los Gobiernos. Consciente de lo complicado de esta empresa, el propio Cannataci admite que es un camino cuyo recorrido se prolongará durante varios años.


Con un incremento de las acciones invasivas por parte de los Gobiernos amparándose en asuntos de seguridad nacional, pensar que es posible desarrollar un marco jurídico claro y exhaustivo sobre privacidad y vigilancia en el ciberespacio, como urge el relator especial, a fin de respetar el derecho a la privacidad dentro de cada país y a través de las fronteras nacionales, es una mera declaración de intenciones.


A pesar de ello, Cannataci ha pedido al Consejo de Derechos Humanos que recomiende a la Asamblea General de las Naciones Unidas que se impulse el desarrollo de un marco jurídico más amplio para Internet en la intersección de la privacidad y la seguridad.


Asimismo, el informe que ha presentado el relator especial presta mucha atención al mundo del big data y las fuentes abiertas (open data). Su análisis concluye que la disponibilidad de grandes volúmenes de datos permite una mayor y mejor toma de decisiones razonada por parte de individuos, empresas y Estados de todo el mundo, pero la mala gestión de la privacidad pone en riesgo su valor potencial.


Tal y como expone, “los datos son y seguirán siendo un activo económico clave, como capital y trabajo”. Sin embargo, “privacidad e innovación pueden ir juntas”, sin erosionar la protección de los Derechos Humanos. Para alcanzar esta meta, emite algunas recomendaciones, como el imperativo de establecer claramente políticas que limiten el uso de información personal basada en estándares y principios internacionales.


Paralelamente, el informe insta a que “cualquier iniciativa de Gobierno Abierto que involucre información personal, ya sea anonimizada o no, requiere un análisis riguroso, público y científico de las protecciones de privacidad de datos, incluida una evaluación de impacto sobre la privacidad”.

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Agencias de ¿noticias? Industrias de la posverdad y la plusmentira

Todas las aberraciones imaginables para deformar la realidad y linchar mediáticamente a las luchas sociales tienen una fuente generosa en las agencias internacionales de noticias. Se llamen como se llamen. Aunque tienen fachadas mercantiles distintas, su dispositivo ideológico (falsa conciencia) es exactamente el mismo. Operan con premeditación, alevosía, ventaja e impunidad pública trasnacional. Con la dictadura del negocio informativo y la concentración de la información, esas empresas se han convertido en oligopolio, con 90 por ciento del mercado dominado por seis compañías principalmente: Bertelsmann, Disney, General Electric, News Corporation, Time Warner y Viacom.

Se barnizan con credibilidad de mercado gracias a su complicidad con la ideología de la clase dominante y se hacen rentables con todos lo artilugios monopólicos ilegales. El colmo es que se infiltran por todas partes y (no pocas veces) imprimen su influencia deformante en espacios que, en apariencia, no comparten su lógica. Hay casos a raudales.

Desde 1945 y hasta el año 90, 80 por ciento de las mercancías informativas provenía de cinco grandes agencias: dos estadunidenses, Associated Press (Ap) y United Press International (Upi); una británica, Reuters; una francesa, France Presse (Afp), y una soviética, Tass. Las cinco empresas de mercancías de noticias internacionales se fusionaron bajo el imperio de los servicios de noticias a la radio, la televisión, el cable y la televisión por satélite. La verdad ya no importa, sólo la mentira que seduce, ilusiona, narcotiza y vende.

Operan con impunidad e impudicia. Las 10 agencias más poderosas hoy: 1.-Reuters, creada en 1851, vende información en más de 20 idiomas. 2.- Agence France Presse, la más antigua, de 1835, de París, vende en 110 países. 3.- Associated Press, de Estados Unidos, creada en 1846, comercia información en cinco idiomas. 4.- ANSA, italiana de 1945, vende en más en 74 países. 5.- United Press International, yanqui y de 1907. 6.- Press Association, de Reino Unido. 7.- Xinhua News Agency, de China, tiene 107 oficinas en el mundo. 8.- Europa Press, de 1957 y española. 9.- RIA Novosti, creada en 1941, rusa. 10.- Interfax Information Services Group, comercializadora rusa fundada en 1989. Las agencias comercializadoras de noticias se convirtieron en cliché fabricante de información-mercancía, de carácter internacional, que son compradas por medios nacionales. Son negocios que venden lo que fabrican como hechos o noticias, a sus clientes o abonados. No tienen capacidad sistemática de análisis crítico de la realidad ni son objetivas ni veraces en la información que venden, siempre plagada con los matices ideológicos de la empresa comercializadora. Son, por ejemplo, corresponsables de las peores canalladas fabricadas por la SIP.

Las agencias mercantilizadoras de información son consecuencia de la expansión del capitalismo y su ataque a la clase trabajadora, incluso con las nuevas tecnologías. Semejante tarea exige la supresión de las barreras regulatorias de información y contenidos culturales para garantizar la libre circulación de las mercancías noticiosas y vender sus productos informativos cargados ideológicamente con cobertura mundial. No es negocio entre amigos, sino guerra monopólica que tiene de base un todos contra todos internacional. Hasta los años 90, Time Warner y Disney controlaban 15 por ciento del mercado internacional hasta 1990, y ya en 1997 lograron 30-35 por ciento.

Los resortes ideológicos

Es necesario intervenir en los flujos mundiales de la información, es decir, en su modo de producción, sus relaciones de producción y su semántica colonialista. Urge un nuevo orden mundial de la información y comunicación (NOMIC). Democratización de la producción, distribución y consumo de la información a escala global y proponer cambios profundos en las fuentes de redacción, en la sintaxis y en los sujetos de la enunciación. El nuevo territorio que hoy dominan los negocios de las noticias internacionales está ampliamente globalizado, es enorme y tiene de base el poder económico, político y social.

Se ensayan, paradójicamente, todas las formas de la censura más sofisticada. La concentración de agencias y pequeñas empresas informativas satélite en los llamados países centrales y la escasez de ellas en países llamados periféricos tiene efectos severos en la dependencia informativa, en el perfil de lo informado y en la orientación ideológica que transita, sistemáticamente, en las venas de cada noticia. Dejan ver lo que conviene, incluso cuando parece inconveniente, es decir, aquello que se informa porque se trata de un juego de espejos altamente sofisticado a pesar de su apariencia rudimentaria poco profesional.

El alcance de semejante poder de concentración monopólica, de lo que algunos autores ya caracterizan como la de la riqueza informativa y de las herramientas de producción y de divulgación, ha venido generando estragos culturales severos en el campo simbólico de los destinatarios o usuarios de esa información industrializada. En primer lugar, la cultura de la competencia de mercado como alma mater de la información. En segundo, la cultura de la uniformidad. Esa situación ya ha generado un formato autoritario en el flujo informativo y ha creado una red de influencias ideológicas en las que se multiplica el poder de las agencias más allá de su carácter de sólo vendedoras de noticias. Algunos creen que su dependencia de las agencias de noticias es un signo de estatus o de proximidad cosmopolita con los poderes reales o con la dominación de conciencias. Mientras, linchan mediáticamente a los lideres sociales.

La industria mundial de la producción de información en manos de las agencias de noticias ha constituido una derrota cultural y comunicacional inmensa, especialmente en América Latina, donde han operado como medios golpistas auxiliares de la antidemocracia. El caso chileno es emblemático, tanto como la ofensiva brutal contra Cuba y Venezuela. Deberían ser, las agencias de noticias, una gran victoria de los pueblos para informarse de sí y de otros con libertad y profesionalismo, pero una vez más, como en muchos otros casos, el lastre ideológico latifundista y la práctica mercantil monopólica reducen la jerarquía histórica de la información y su dialéctica humana a mercancías desechables. Basura.

Por Fernando Buen Abad Domínguez, director del Centro para la Información y Comunicación Sean McBride. Universidad Nacional de Lanús.

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Sábado, 17 Febrero 2018 05:35

La nueva derecha autoritaria

La nueva derecha autoritaria

Muchas veces al día uno siente que fuimos bastante ingenuos. Cuando se ve que lo que parecía una construcción colectiva sólida es extirpado en dos años, se siente una sensación de impotencia y de desgarro muy fuerte. No sé si “ingenuos” es la palabra. Porque en todo caso, el proceso urgente de demolición que esta desconcertante nueva derecha autoritaria lleva a cabo en muchos países al mismo tiempo, es la reacción a los que fueron –con sus contradicciones y sus erratas– los mejores gobiernos que ha tenido en muchas décadas América Latina. Lo de “mejores” está dicho bajo el parámetro de que quien escribe, igual que millones de latinoamericanos, cree firmemente y más allá de cualquier encuadramiento partidario que lo mejor es que la riqueza se redistribuya. Es claro de entender. Es estar política y culturalmente a favor, como decía una célebre cumbia colombiana, de que llegue el momento “en que lo negro sea bello”.


La nueva derecha autoritaria tiene visos extremos. Siempre se ha asociado esa noción de extrema derecha con, bueno, los neonazis que después de todo el gobierno de Macri cobija con mucha más afinidad que al pueblo trabajador. O se ha asociado a persecuciones, censura, detenciones ilegales, prohibición de manifestaciones, disolución de los sindicatos, condena sucinta a muerte por portación de identidad o filiación política, de etnia o de clase. En fin, cada uno de esos desvíos son los que vivenciamos diariamente, pero esta caracterización se esfuma en los eufemismos, los ocultamientos, la pantalla infantilizada en la que se convirtió la televisión. La policía tirando y acribillando a su criterio, por un lado, y Dietrich dando de baja el servicio de transporte de ARbus para que una empresa amiga no tenga competencia, pero a su vez prestándole los servicios de la empresa dada de baja a Flybondi, otro chanchullo, que hasta ahora no ha hecho más que mostrar incompetencia. Y las vacas no dicen ni mu.


Estamos en un siglo nuevo y en una nueva fase de un capitalismo que no guarda un ápice de apego por lo que hasta diciembre de 1015 identificábamos con la democracia. En el último recambio presidencial, y en las elecciones de medio término también, el electorado, aunque muy lejos de una clara mayoría, decidió seguir confiando en Macri. Ese es precisamente un rasgo de esta nueva derecha autoritaria a la que le podríamos agregar “financiera” para completar una categoría provisoria. Accede al poder gracias a un nuevo tipo de sujeto político, alimentado de radio y televisión, que son socios del poder y ya no intermediarios, y con la manipulación abierta al Poder Judicial. Véanlo a Garavano intentando expulsar a Zaffaroni de la CIDH. Vean cómo la opinión ahora es un delito.


Pero si miramos el mundo, incluso si miramos el ombligo de este mundo en el que Macri nos clavó, que es Estados Unidos, veríamos que no faltan las represiones y los ajustes que arrasan con las necesidades básicas, como en Europa del sur, pero las persecuciones no llegan a ser planteadas contra la población norteamericana. Aquí, los más trumpistas que Trump entrenan a las fuerzas de seguridad para combatir a un nuevo enemigo interno y compran armas a destajo para arrasar contra cualquier rebeldía popular. Si esperan esa rebeldía, no es porque nadie esté planeando derrocarlos. Derrocar a un gobierno elegido en las urnas no forma parte de la cultura política que se cultivó en los últimos doce años, lo que no borra los mecanismos constitucionales para enjuiciar políticamente a un funcionario público si hubiera motivos. Pero si esperan y se arman contra un alzamiento popular es porque saben perfectamente que están tomando una batería de medidas y decretando cuestiones que la Constitución les prohíbe, y que los que pisan y patean no son felpudos ni trapos de piso sino hombres y mujeres que no se rinden tan fácilmente a creer que lo que pasa es inevitable.


La nueva derecha autoritaria financiera no es un invento argentino. En mi muro de Facebook comparto noticias de todo el país con otras noticias de otros países de la región y de países europeos que parecen reflejar un mismo tipo de opresión. Las noticias de Africa, sin embargo, están encriptadas en los medios: por eso recién vemos a sus poblaciones cuando intentar huir y son rechazadas. Los medios nunca explican de qué huyen. Y huyen en una gran mayoría de los desastres que las fuerzas de la OTAN hicieron en sus países. Pero en la parte del mundo a la que tenemos acceso informativo, aunque sea en las redes, lo que se ve es lo mismo. El remate de lo público para pasarlo a manos privadas. La nueva derecha autoritaria financiera suele no tener postulados ideológicos, porque es verdad que ideológicamente recurre a un collage de lo ya inventado y se vende a sí misma como una compañía se seguros o una cajita feliz. Pero tiene un culto, el culto al dinero concentrado. Y eso es todo. Lo demás (el hambre, la sangre, el dolor, la impiedad, la sed, el exterminio, el desprecio compulsivo) viene por añadidura. “Lo inevitable” para estos personajes que irrumpieron sincrónicamente en el poder es la destrucción, la extracción y el robo televisado del patrimonio colectivo, y su apropiación inmediata.


Hasta los burdos manuales de Ciencias Sociales de Macri repitiendo que “Sí se puede” están destinados a instalar en las nuevas generaciones la sensación profunda e inculcada de que esos niños pertenecen a países en los que es imposible crecer en paz. Los violentos quieren enseñar en las escuelas –la reforma educativa es un eje del Cóndor II y en todos los países los maestros son blanco de persecución– que los que están arriba tienen derecho a eso, y que los que se niegan a ser precarizados son “los violentos”.


La persecución tiene un solo objetivo, que es extirpar el yuyo de la esperanza, abortar la idea de que no tenemos por qué ser tan infelices, no tenemos por qué soportar tanto dolor, no tenemos por qué pelear hasta el hartazgo, día tras día, por cosas que eran nuestras y nos fueron robadas.


La nueva derecha autoritaria financiera necesita pueblos anestesiados como audiencias de prime time. Necesita mucha distracción. La violencia es usada como distracción. La verdadera razón de ser de estas nuevas fuerzas políticas que detestan la política es precisamente reemplazarla por una idea-estribillo que, incrustada en los cerebros como una neurona implantada, haga desistir a millones de pelear por otro mundo. Mientras tanto, ellos llevan a cabo la tarea que los hechiza, los excita o los psicotiza, según el caso: juntar todo el dinero posible, hacer todos los negocios propios posibles, concentrar la torta a un grado como no se conocía desde hace décadas y hasta un punto que no tiene techo: sacarán para ellos mismos todo lo que puedan como nunca antes nadie se animó ni se interesó. Como dice el Papa, no tienen Dios pero tienen un fetiche execrable por el que son capaces de cometer crímenes de todas las especies. Son adoradores de sus ganancias. Nunca la humanidad presenció este espectáculo dantesco del poder sin límites de los adoradores de sus ganancias. Por eso no hablan y cuando hablan no dicen nada. Porque en su credo no hay lenguaje. Hay números de cuentas bancarias en los únicos paraísos que conocen y conocerán.

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:31

Alguien te espía

Alguien te espía

La policía china empezó a usar anteojos que identifican delincuentes. El accesorio empezó a ser utilizado el 1 de febrero en las estaciones ferroviarias y permite reconocer si hay pasajeros acusados de haber cometido un crimen. El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Críticas por la invasión a la privacidad.


Anteojos negros. Con ese único y polémico accesorio los agentes de la policía china son capaces de identificar a los pasajeros que circulan por las estaciones de tren del país. Mirándolos a través de los vidrios oscuros, pueden reconocer si están acusados de haber cometido un crimen, pero también pueden acceder a su información personal. La controversia por su lanzamiento no tardó en llegar, ante la preocupación de la población por la invasión del Gobierno en su privacidad.


El sistema se puso a prueba esta semana por primera vez en Zhengzhou, capital de la superpoblada provincia de Henan. A los anteojos de los agentes se les incorporó una pequeña cámara, capaz de captar las caras de los transeúntes para luego cruzar esa información con la base de datos policial. Los resultados se conocen de forma prácticamente inmediata en un dispositivo móvil. Si se logra una coincidencia, al instante el policía recibe un informe detallado de la persona, que entre otras cosas incluye su nombre y dirección del domicilio.


Desde el 1 de febrero, los agentes han detenido con el uso de estas gafas -con una estética parecida a las que lanzó Google- a siete personas acusadas de delitos como tráfico de personas o de haberse dado a la fuga después de un atropello, según detalló el portal El País.


El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Las críticas llovieron, ya que se argumenta que es un paso más hacia el Estado policial, en el que la tecnología, al servicio de los gobiernos, desempeñará un papel crucial para coartar libertades.
Según un artículo de la cadena Caracol, la sociedad china es una de las más vigiladas del mundo, en un país con alrededor de 176 millones de cámaras de seguridad operativas. Lo cual aporta al gobierno un gran control sobre sus habitantes.

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Chomsky: “EE UU es el origen del problema del narco”

El intelectual estadounidense arremete en México contra la incapacidad de la clase política liberal de su país para conectar con la clase trabajadora blanca

Un gobernante habilidoso y demagogo, que ha sabido conectar con los “miedos legítimos” de parte de la sociedad, “como antes lo hicieron Hitler o Mussolini”. Así dibujó este miércoles a Donald Trump el intelectual vivo de la izquierda clásica más importante de su país, Noam Chomsky, en una escueta rueda de prensa en Ciudad de México.
“Trump es un fenómeno que refleja el momento en que se encuentra el país después de décadas de políticas que han concentrado el poder político y económico en unos pocos, y que han deformado la capacidad de las instituciones para servir a sus ciudadanos”, añadió el profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT) invitado a México por su universidad insignia, UNAM, al ciclo de conferencias Los acosos a la civilización.De Muro a muro, organizado en alianza con la Universidad Estatal de Arizona.


El ascenso del magnate republicano es para el lingüista de 88 años, que empezó su activismo político contra la guerra de Vietnam, resultado del vacío, el desamparo y hasta la humillación que siente la clase trabajadora blanca ante el establishment político estadounidense. “Especialmente el partido demócrata, que se ha olvidado de atender las cuestiones materiales y en ocasiones ha tratado como estúpidos a estas capas de la sociedad”.


“Trump ha conseguido que sientan que es el único político que les da voz, que defiende sus tradiciones y su cultura, que sienten amenazada. Además, ha construido un enemigo externo: los mexicanos, los asiáticos, los migrantes. Es la misma lógica que utilizó Hitler con los judíos, aunque obviamente ni los judíos iban a destruir Alemania ni los migrantes lo van a hacer con EE UU”.


Sobre la renegociación del tratado de libre comercio norteamericano (TLC), el filósofo interpretó la postura intransigente de EE UU como una oportunidad para los otros dos socios “México y Canadá deberían aprovechar para introducir elementos que favorezcan a sus ciudadanos, como los derechos sindicales”, además de subrayar que “el origen del problema del narco en México es EE UU”, recordando que del vecino del norte proceden la mayor demanda de drogas y la mayor oferta de armas.


La emergencia de los nuevos movimientos sociales contra las políticas neoliberales de finales de los noventa, conocidos como antiglobalización, recuperaron la figura del veterano filósofo con títulos como Miedo a la democracia o Como nos venden la moto, donde aterrizaba con lenguaje sencillo y voluntad pedagógica los peligros de la desregularización de los mercados, la entronización de las finanzas y el debilitamiento de los sindicatos.


Aplicadas, por ejemplo, al fenómeno del calentamiento global, sus tesis sonaron así este miércoles en México: “Si tú eres una empresa petrolera, tu único interés y objetivo es el lucro inmediato. En tus planes operativos no concibes que lo que estés haciendo pueda acabar con la vida de tus hijos. Todo lo que no beneficio es considerado una externalidad, algo accesorio. Ese es el corazón de la economía capitalista, un sistema que está destinado a la autodestrucción”

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Viernes, 03 Noviembre 2017 17:48

¡Cárcel!, ¡más cárcel!

¡Cárcel!, ¡más cárcel!

El tiempo transcurre y nada o muy poco es lo que la humidad aprende. Está demostrado, en Colombia y demás países de este sistema mundo, la cárcel no resocializa, cuando más –como dicen los mismos presos– “al que no mata lo desfigura”.

Pese a esto, los alcaldes de varias ciudades colombianas, en declaración conjunta del pasado 2 de noviembre, exigieron a los jueces que no permitan que los presos salgan de la cárcel –no piden que los maten porque tal pena no está considerada en el Código Penal, pero 60 años de encierro sí, que es igual que declararle a alguien la muerte bajo los muros–. Y no deberían ser excarcelados porque los índices de delincuencia están disparados en todas las ciudades. Sí, los hurtos de celulares, los robos menores, el cosquilleo, el fleteo. No les preocupan el robo de miles y miles de millones de pesos que suman 50 billones al año, según el decir del Contralor General de la Nación, para cuyos autores hay casa por cárcel o celdas de lujo pues sus autores son “honorables” delincuentes, hijos de prestantes familias, amigos de senadores, políticos y otros funcionarios públicos –ellos mismos senadores, políticos y funcionarios públicos–.

“Reclamamos con carácter urgente la derogatoria de estas leyes (1760 y 1786 de julio de 2017)....”, demandó Guillermo Alfonso Jaramillo, alcalde de Ibagué y militante del Polo Democrático Alternativo fuerza de izquierda que debiera tener otra visión sobre el delito y el castigo, pero resultaron igual de vengativos y carceleros que aquellos a quienes aspiran a suceder en la administración de la cosa pública.

“Nos preocupa que los delincuentes que capturamos con mucho esfuerzo son puestos en libertad...”, vociferó con esa cara de “yo no fui” Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá. ¡Cárcel!, ¡Más cárcel!, como van a dejar en libertad al que cumplió la pena, ¿por qué no reformar el Código Penal y aprobar la cadena perpetua para todo delito?, claro, menos para todos aquellos delitos cometidos por quienes llenan sus bolsillo con los 50 billones de pesos de todos los colombianos, es decir, aquello delincuentes que con su proceder afectan no a una ni a dos personas sino a millones.

Los excarcelados suman 8.000 y son todo un terror, no importa que en los años o meses de encierro con que purgaron su pena hayan tenido que vivir la violación cotidiana de todos sus derechos, conviviendo en hacinamiento con miles, disputando cada noche con ellos un metro de baldosa o cemento para “armar su cama”, sin posibilidad de ser atendido de manera oportuna por un médico u odontólogo, sin recibir los medicamentos requeridos para el tratamiento de una enfermedad o dolencia, recibiendo garrote cada tanto ante el más simple reclamo, sometido a ración de guerra, etcétera. No importa, están obligados a ‘resocialización y así debe ocurrir’, piensan los burgomaestres de las principales ciudades del país.

Hasta el Fiscal General de la Nación, que debiera obrar con respeto ante el conjunto de jueces del país, expresó: “...cerca de 700 personas (de las liberadas) ya son reincidentes...”. –Mientras esto decía, en su fuero interno pensaba, ¿pero si la cárcel rehabilita, por qué reinciden?, y si reinciden, por qué los dejan en libertad? ¡Cárcel, más cárcel, esa es la solución!

¿Qué será de nuestras ciudades y sus pobladores?, podemos suponer que así piensa Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, quien se ufana de “combatir el crimen con eficacia” (al fin y al cabo para los tecnócratas la causa judicial también es una simple técnica que nada tiene que ver con la concentración de la riqueza, la negación de derechos y oportunidades, la crisis social en general y la falta de motivos de vida que depara la actual sociedad), mientras informa que en Bogotá ya fueron recapturados 400 de los liberados, otros 400 en Barranquilla, 200 en Medellín.

¡Cárcel! ¡Más cárcel!, para quienes descuadran nuestras cifras de control social, sin permitirnos hacer propaganda con nuestra eficiencia callejera. “Cárcel, más cárcel para la chusma!”, al fin y al cabo nuestros amigos y compañeros, con sus billones en cuentas secretas, dinero lavado a través de compañías off shore, purgan sus penas en la casa o en celdas de lujo, con visitas entre semana, comidas al gusto, atención personalizada y, seguramente, con la promesa de que sus penas serán reducidas en próximas negociaciones con la Fiscalía.

¡Cárcel! ¡Más cárcel!

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Cómo utiliza la CIA la inteligencia artificial para vigilar las redes sociales

La agencia norteamericana aplica los avances en automatización diseñados en Silicon Valley al análisis del material que cuelgan los usuarios

 

La gente lo cuenta (casi) todo en las redes sociales. Sobre sus estudios, sus trabajos, sus relaciones personales, sus momentos de ocio, su consumo... Por supuesto, también sobre sus valores, su ideología, sus preferencias políticas, etc. A pesar de que hay culturas más discretas o reservadas y otras que son más abiertas y extrovertidas, esta manera de comportarse en Facebook, Youtube, Twitter, Instagram, etc. se ha extendido por el mundo. Empresas y entidades gubernamentales como la popular Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos han incorporado estas plataformas al repertorio de fuentes que consultan regularmente.


En este contexto, la inteligencia artificial les permite llegar más lejos de lo que podrían haber imaginado hace pocos años. El organismo norteamericano coopera estrechamente con el gigante tecnológico Intel desde 1947. Los avances informáticos han ido mejorando este proceso. Pero los métodos empleados hasta ahora son muy laboriosos y, a menudo, lentos. Para que los resultados sean óptimos, lo ideal es manejar grandes cantidades de datos. Así deberían prevenirse guerras, atentados terroristas, incidentes...


Exactamente para eso sirve la automatización de tareas. He aquí el punto de inflexión en esta misión. Según ha revelado la subdirectora de desarrollo tecnológico de la CIA, Dawn Meyerriecks, la agencia tiene actualmente 137 proyectos de inteligencia artificial en marcha. Uno de los polos digitales privilegiados es Silicon Valley. Pues bien, esta área de la Administración estadounidense tiene suscritos numerosos programas de colaboración con emprendedores de allí.


Son ellos quienes facilitan que los agentes accedan a la información de millones de perfiles y cuentas, que la filtren y que la interpreten en función de sus necesidades. En cualquier caso, para que estos engranajes empiecen a rodar, alguien debe activarlos. Y eso nos lleva de nuevo a usuarios, anónimos o conocidos. En realidad, estas agencias siempre han hecho lo mismo. “Lo nuevo es el volumen y la velocidad en la recolección de datos”, señala Joseph Gartin, responsable de la Escuela Sherman Kent, un centro de análisis de inteligencia al servicio de la CIA que cobró una gran relevancia a escala internacional tras el 11S.


“El comportamiento humano son datos y la inteligencia artificial es un modelo de datos”, añade el jefe de operaciones de Stabilitas, Chris Hurst. Evidentemente, los profesionales de estas instituciones aplican al resto de entornos por los que se mueven unos sistemas y unas fórmulas similares a las que rastrean los medios 2.0. El director de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, Robert Cardillo, explica: “Si intentásemos explorar manualmente las imágenes de un satélite comercial que esperamos tener en los próximos 20 años, nos harían falta ocho millones de analistas”.


Gracias a la inteligencia artificial, el 75% de esta carga descansa, con la máxima eficiencia, sobre las máquinas, no sobre las personas. Prácticamente ningún país puede competir con Estados Unidos en esta carrera, ni siquiera Rusia. Sea como fuere, se está dando un impulso global en el que participan naciones de ambos hemisferios. Por esta razón, el propio presidente Vladimir Putin ha dicho: “Quienquiera que se convierta en el líder en inteligencia artificial será el gobernante del mundo”.

Sábado, 21 Octubre 2017 06:43

Cárcel de algoritmos

Cárcel de algoritmos

Ahora resulta, también, que los conceptos con que transitamos las "redes sociales" son, en virtud de los programas sensibles de la www, unas forma del encierro del cual "no se sale" porque es un encierro, digital, ideológico y comunicacional. Se trata de dispositivos ciber-sensibles capaces de enlazar y "circunscribir" redes o conjuntos de palabras (e imágenes) entre usuarios coincidentes, para crear marejadas de ideas encerradas en sus propios mantos semánticos. No sorprende tratándose de tecnología ideada por la burguesía para comerciar globalmente. E-Comerce le llaman.

“Del latín medieval algorismus, y este epónimo del matemático y filósofo persa al-Jwārizmī (الخوارزمي), a su vez llamado así por ser nativo de Corasmia. Compárese guarismo... Conjunto secuencial, definido y finito de reglas para obtener un determinado resultado en la realización de una actividad.” (https://es.wiktionary.org/wiki/algoritmo)

Se fabrican a destajo "trolls", "fakes" y "bots" en cuanto reducto sea posible manipular sin ser visto. Son una plaga y una calamidad cuya trascendencia sólo comienza a ser vista según genere “inconvenientes por espionaje o por siembra de pruebas falsas luego de quedar, un mensaje, encerrado en cárceles con rejas digitales invisibles.

Con los espejismo democráticos creados por Internet, proliferaron argucias y vigilancias a la información y crearon un caldo de cultivo descomunal infestado por dispositivos de control y represión semántica aplicados sistemáticamente para hacer negocios disfrazados de "política". Cada día las evidencias se multiplican porque los usuarios reciben "la misma información" a pesar de estar en las más diversas "redes" y porque, más de una vez, los círculos en los que quedan encerrados son puntos "ciegos" para neutralizar "movilizaciones" twitteras. Parece que sólo hablamos entre un "nosotros" creado artificialmente.

Por ejemplo. Hay dispositivos diseñados para analizar nuestra conducta semántica en el contexto de nuestros contactos. Eso lo demuestra fácilmente la publicidad que de inmediato nos inunda cuando escribimos, por ejemplo, un correo electrónico o un mensaje en las redes. La cosa empeora cuando decimos que nos ha "gustado" algo en especial. Una cuenta, un concepto una imagen... entonces los algoritmos se adueñan de nuestros "espacios" virtuales para dejarnos encerrados en lo que ellos consideran el mundo de nuestros "pares". Todo eso sin consultarnos.

Somos víctimas de publicistas y de servicios de inteligencia sin saber exactamente cuál es cuál, o cómo se diferencian. Con sus algoritmos ellos dan mayor importancia a los conceptos y núcleos que creen fiables y enlazan a webs de espionaje de datos con mentiras, informaciones manipuladas, rumores y calumnias para favorecer (especialmente) la difusión de noticias falsas y la creación de prisiones algorítmicas ideológicas. Imponen su visión del mundo encerrándonos y alejándonos de aquello que cuestiona sus ideas. Es un impacto invisible de la tecnología que fabrica burbujas ideológicas con algoritmos capaces incluso de intervenir contenidos emocionales e hibridarlos con las noticias falsas con otros algoritmos capaces de detectarlas y difundirlas mejor en sectores de usuarios más sensibles a esa fórmula que a su vez han sido encerrados en calabozos digitales a medida con base en el “ big data”.

Hay "usuarios" que se han hecho adictos voluntariosos a las noticias no veraces. Con algoritmos se rastrea y se enlaza la proclividad de algunos que ya no necesitan del engaño porque se autoengañan y crean feligresías de la falacia como expresión de un estado alterado de relación con la realidad y como ejemplo de una "cultura" basada en patologías informativas de nuevo género que son mutaciones semióticas en un campo de lucha plagado con infecciones ideológicas muy letales.

Para combatir ese delito de lesa humanidad, nos urgen, por ejemplo, grupos de investigación multidisciplinarios que aborden este problema como un problema de cultura y comunicación íntimamente relacionado con problemas de salud mental y saludo pública en general. Habría que revolucionar la producción de los algoritmos para que en lugar de encriptar su origen y su fecha de creación ayudaran a garantizar la veracidad de una información, su responsabilidad social, sus autores, sus usos y sus intereses de clase con precisión de datos y códigos éticos con diferenciación entre informar y opinar.

Que las máquinas no decidan qué "verdades" debemos conocer ni con qué "círculos" de usuarios debemos ser enclaustrados para que terminemos hablando entre "iguales" bajo la lógica de que somos colectivos de consumidores promedio con modos de pensar "similares". Porque ese es el negocio tarde o temprano. Para vendernos libros religiosos o "progres", para vender este o tal tabaco, para un vestuario u otro... para encajarnos un dispositivo ideológico, electoral, dogmático o consumista.

Los algoritmos de mercado (mercadológicos) constituyen una forma de la "inteligencia artificial" diseñados para agilizar las ventas de toda la chatarra burguesa que circula en el "E-Comerce" y no solamente el espionaje para la represión física e intelectual. Incluso Google y Facebook han reconocido el uso y el abuso de los algoritmos y ya han ideado lavadoras de conciencia burguesa que se sustentan en una pretendida actitud ética en el manejo de información. Pero siguen espiando y vendiendo la información básica que la dictadura del mercado necesita para vaciar sus bodegas y saturarnos con crédito bancarios hasta la asfixia. Consumismo barnizado veracidad de publicistas.

También el modo de producción tecnológica debe ser escrutado en el contexto de la guerra económica que la burguesía ha desatado para dominar las relaciones de producción y todos sus campos emocionales. Necesitamos una revolución cultural que además de combatir la producción, distribución y consumo de informaciones falsas, consolide el derecho social a la cultura, la comunicación y la información emancipadas y emancipadoras. Que habilite a los pueblos a controlar directamente la producción de la tecnología en sus "hardware" y en sus "software". Revolucionar la producción de los algoritmos para garantizar un proyecto de igualdad e integración hacia una alfabetización mediática capaz de ayudar a desarrollar tecnología soberana y habilidades pertinentes para democratizar la producción de la información. De inmediato.

Por Fernando Buen Abad Domínguez, director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride de la Universidad Nacional de Lanús

Publicado enCultura
Miércoles, 20 Septiembre 2017 07:11

Informe MacBride: vigencias que se actualizan

Informe MacBride: vigencias que se actualizan

En 1976 la Unesco advertía riesgos para la "libertad de expresión" y, especialmente, para la participación equitativa de los pueblos en los medios de información y comunicación. Por eso creó una comisión internacional para el estudio de los problemas de la comunicación apoyada por un grupo de intelectuales e investigadores de todo el mundo. Esa comisión entregó en febrero de 1980, el Informe MacBride, nombre en alusión y homenaje a Sean MacBride, político irlandés luchador por los derechos humanos.

Sean MacBride (1904-1988) Premio Nobel de la Paz y Premio Lenin de la Paz, logró concluir el informe que lleva su nombre gracias, también, al trabajo y aval de expertos y personalidades, como Marshall McLuhan y Gabriel García Márquez... sin olvidar el apoyo político de los Países no Alineados que habían vislumbrado, desde 1973, los peligros de la concentración mediática en pocas manos. Pero todo eso sirvió de poco y nada cuando Ronald Reagan ordenó congelar al informe y difamarlo por todos los "medios" posibles.

En el Informe MacBride hay vigencia plena para entender un peligro mundial que es hoy agenda política obligatoria y que en sus tesis más urgentes sintetiza un panorama y un problema basado en la propiedad de los medios de información y comunicación, sus vínculos con la economía, la educación, la tecnología... la cultura y la ideología permeados por la concentración monopólica que ha venido convirtiéndose en amenaza contra las democracias.

El informe es, al mismo tiempo, un proclama: “Por un nuevo orden mundial de la información y la comunicación... Un solo mundo, voces múltiples”, dice su título. Está claro que, desde las primeras jornadas consultivas, se entendió la asimetría inmensa de la lucha contra la monopolización mediática que se había acelerado "silenciosamente" desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Veían crecer ante sí la ecuación hegemónica –nada nueva– en la que pocos dueños pueden enmudecer a millones de personas e imponerles modos de opinar, de comprar, de divertirse y de subordinarse según los intereses del mercado de la "información", la "comunicación" y la "cultura" del capitalismo.

Es un documento rico en aristas y abrumado por la complejidad del problema. El Informe MacBride advierte, no sin cautelas, la importancia –y urgencia– de que los estados nivelen, con soberanía comunicacional y cultural, las asimetrías y las dependencias. Particularmente las tecnológicas. Ve la urgencia de impulsar líneas de estudio para la formación de profesionales acordes con el nuevo escenario que se desprendió del negocio de la Guerra Mundial y donde los "medios" se configuraron como instrumentos para la dominación ideológica y no para la emancipación. Está en ese informe un compendio crítico poderoso y contrario a la doctrina de la "autorregulación" que ya entonces (e incluso desde antes) defendían los dueños de los "medios".

El informe ve la necesidad de políticas públicas integrales en materia de Información y Comunicación y ve la necesidad de vincularlas con las políticas educativas y culturales. Ve que los Estados deben garantizar la "libertad de expresión" de los pueblos (en el contexto del derecho a informarse y a comunicarse) y prevé el desarrollo de redes amplias de medios comunitarios que den voz a todos. Es un informe democratizador y pluralista, redactado con la meticulosidad diplomática de su tiempo y con alientos llamativamente progresistas para un tema tan sensible como el de la relación comunicación y cultura.

Todo el paisaje que el Informe MacBride vio como amenaza contra la humanidad ha empeorado exponencialmente y, por momentos parece no haber manera de frenar su vorágine y sus consecuencias terribles. Las empresas monopólicas se han convertido en fuerzas supranacionales y hoy son fábricas de gobiernos que dejan a los pueblos en el desamparo y a la intemperie jurídica y política. Hoy, por ejemplo, los "servicios" de inteligencia, espionaje y siembra de pruebas falsas pasaron a ser productores mediáticos. El show del espionaje y la intimidad abolida. Las democracias bajo peligro.

El informe expone la urgencia de un "nuevo orden" en materia de información y comunicación para conjurar esas contradicciones y contrariedades sociales, donde una mayoría de personas está muda ante una minoría que ejerce, también con los "medios de comunicación", hegemonías económicas, políticas y culturales. El documento contiene una crítica aguda sobre la concentración de "medios" y reclama un cambio con pluralidad no sólo de canales, no sólo de acceso a las tecnologías, no sólo de respeto a las identidades, no sólo de protección a la infancia y democratización informática... especialmente pide pluralidad de ideas y desarrollo de pensamiento crítico. En fin, todo lo que no se ha visto, por décadas, en una "industria" de la información y de la comunicación que se volvió alevosa, sorda, consumista, individualista y belicista. Que nos dejó mudos.

 

Por Fernando Buen Abad Domínguez, director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride de la Universidad Nacional de Lanús

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