A Kristalina Georgieva, gerente del FMI, se le fueron a la yugular por supuestamente haber alterado los índices globales para favorecer a China mediante los rankings fake del Grupo Banco Mundial y el organismo donde trabaja.Foto tomada de Twitter

A la pléyade de la omnipotente propaganda anglosajona – The Economist, Financial Times, Reuters, The New York Times: vinculada con la banca Rothschild y el clan de los Clinton/Obama/Soros– no le debe gustar en lo absoluto la política menos globalista de la economista búlgara Kristalina Georgieva (KG), de 68 años, a quien se le fueron a la yugular por haber supuestamente alterado los índices globales para favorecer a China mediante los rankings fake del Grupo Banco Mundial (GBM) y el FMI.

KG fue vicepresidenta de la Comisión Europea, jefa ejecutiva del GBM –conglomerado de cinco organizaciones internacionales que proporciona empréstitos a los países en vías de desarrollo– y presidenta en funciones del GBM después de la renuncia intempestiva en 2019 del surcoreano médico y antropólogo Jim Yong Kim (JYK). Hoy KG se desempeña como mandamás del polémico FMI.

No es lo mismo que el GBM haya sido presidido por el ex secretario de Defensa Robert McNamara y el megahalcón y neoconservador strau-ssiano Paul Wolfowitz –diseñador de las guerras de Estados Unidos en Medio Oriente desde la Universidad Johns Hopkins– que por KG, más comprensiva a los países en vías de desarrollo.

Según la revista globalista neoliberal The Economist, KG, en ese momento segunda de a bordo del GBM, colaboró para alterar los rankings del reporte anual Doing Business, que sopesa las condiciones en 190 países, y así haber favorecido a China, Azerbaiyán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (https://econ.st/2XEVizO).

¿Por qué The Economist exime al surcoreano JYK de su responsabilidad mucho más verticalmente directa? Según Financial Times (17/9/.21), portavoz del globalismo neoliberal, el "Comité de Ética" (¡megasic!) del FMI "revisa el asunto".

La "investigación" fue encargada al poderoso bufete legal WilmerHale (WH), cuyos hallazgos con dedos y dados cargados fueron publicados por GBM (https://bit.ly/3tVUx0Q), que ya optó por cesar la publicación anual del reporte Doing Business (https://bit.ly/3zAny3u).

¿No será, acaso, que tales índices ya no convienen a los intereses anglosajones del eje Wall Street/La City?

¿Y quién es este "detective legal" WH que se da el lujo de incriminar a los directivos incómodos del GBM y FMI? Sin penetrar los dédalos de los bufetes en los paraísos fiscales, tipo Mossack-Fonseca, es conocida la ultrapolitización legalista en Estados Unidos cuando sus poderosos bufetes forman parte de la circularidad de sus negocios con el Olimpo, como es el caso de Albright Stone Bridge y el bufete Dentons Global Advisors (https://bit.ly/3ucrJ4t).

El bufete WH cuenta con mil abogados en el mundo –entre ellos México– y ha tenido como "notables alumnos" al polémico ex director del FBI Robert Mueller –que hizo el ridículo con la fallida defenestración de Trump– y al ex senador por Colorado y hoy embajador en México, Ken Salazar.

Reuters y The New York Times (https://nyti.ms/3hTSJk8) abundan sobre los "hallazgos (sic) de la investigación" por el bufete WH –con muchos escándalos a cuestas, como sus fétidos reportes sobre la gasera Enron y WorldCom/MCI.

Lo más hilarante y delirante de la "investigación" (sic) del bufete WH es que la califican de "independiente" (sic).

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que maneja las acciones mayoritarias de ese país tanto en el FMI como en el GBM, "analiza" los "graves hallazgos" (https://reut.rs/3nR9YGF).

¿Prepara la élite financierista/legalista anglosajona el sepelio de la economista búlgara KG? Esto huele a una redición de la defenestración erótica del francés Dominique Strauss-Kahn del FMI.

¿Quién va a "investigar" las actividades espurias del GBM en Afganistán donde instaló un gobierno vasallo para saquear su litio y sus tierras raras? (https://bit.ly/3zwbcZQ).

The American Lawyer cataloga al bufete WH como el segundo de Estados Unidos. ¿Qué firma "independiente" investigará el ranking de los bufetes legales de esta nación?

A mi juicio, el pecado imperdonable de KG es haber puesto en tela de juicio el modelo tramposo de la "asociación PP (Público-Privado)" mediante la cual el GBM busca avanzar su privatización a ultranza.

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¿Cuál es el verdadero significado de la política de “prosperidad común” en la China de Xi Jinping?

Xi Jinping, jefe de la burocracia de Pekín, ha encendido la señal de alarma llamando la atención de los factores de poder en China, y en el mundo. La prensa extranjera se apresuró a colorear sus últimas declaraciones en nombre de la estabilidad social y política: pidiendo la regulación de los altos salarios y patrocinando la noción de “prosperidad común” nacional. Los medios de comunicación estatales chinos informaron de que la Comisión Central de Asuntos Económicos y Financieros, presidida por Xi en el seno del Partido Comunista Chino, consagró en agosto la necesidad de “regular los ingresos excesivamente elevados y animar a los grupos y empresas de altos ingresos a devolver más a la sociedad”. En una de las sociedades más desiguales del planeta, cortesía del PCCh que ha capitaneado la restauración capitalista durante las últimas cuatro décadas y ha preservado su poder político en el Estado como administrador del “capitalismo con características chinas”, los temores aumentan. La orden es reducir gradualmente el abismo de beneficios materiales y económicos que separa a la burocracia dirigente de los cientos de millones de obreros, estudiantes y campesinos privados de los beneficios de su trabajo.

La Comisión de Asuntos Económicos y Financieros del PCCh aclaró que, si bien el Partido había difundido entre los chinos la orden de “enriquecerse primero” en las primeras décadas del periodo de reforma y apertura de la era Deng Xiaoping, ahora daba prioridad a la “prosperidad común para todos”. “Hay un cambio en la forma en que el Partido Comunista Chino ve su legitimidad”, dijo Yu Jie, un investigador de Chatham House, un think-tank con sede en Londres. “Si el PCCh defiende el actual statu quo que es descaradamente injusto en su distribución de la riqueza y las oportunidades, la confianza de la gente de a pie se derrumbará”.

Xi, a punto de iniciar un tercer mandato en 2022, está preocupado por la creciente desigualdad en China, que se disparó con la crisis mundial de 2008 y ha aumentado con la pandemia. El curso de esa tendencia podría desestabilizar el país, en un momento en que Xi ha hecho propaganda de que ha completado una campaña para eliminar la pobreza absoluta. El impulso a la prosperidad compartida abarca, según el discurso oficial, políticas que van desde el freno a la evasión fiscal y la limitación de las horas que pueden trabajar los empleados del sector tecnológico hasta la prohibición de las clases particulares con fines lucrativos en materias escolares básicas y la limitación estricta del tiempo que los menores pueden dedicar a los videojuegos.

Estas medidas siguen la campaña llevada a cabo por el gobierno para disciplinar a algunas grandes empresas tecnológicas para que colaboren con el PCCh, como Alibaba de Jack Ma y Meituan de Wang Xing, y regular estrictamente la recolección de datos personales sensibles para la seguridad del Estado, como en el caso de Didi Chuxing y Caocao, empresas de viajes equivalentes a Uber. Empresas digitales como Tencent (propiedad de Ma Huateng, que al igual que Jack Ma es miembro del PCCh) y Pinduoduo también han sido puestas en el radar de la disciplina estatal. Los reguladores multaron a Alibaba con 2.800 millones de dólares como resultado de una investigación antimonopolio (después de haber prohibido la oferta pública inicial de Ant Group, su brazo financiero, en EE. UU.), y abrieron una investigación de ciberseguridad contra Didi, días después de su oferta pública inicial de 4.400 millones de dólares en la Bolsa de Nueva York en EE. UU., que hizo que sus acciones se desplomaran. También siguen las represalias de algunos funcionarios de la ciudad de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, que tuvieron relaciones promiscuas con Jack Ma, en particular el secretario del partido local, Zhou Jiangyong.

Sobre la base de estos hechos, las especulaciones de supuestos “expertos” en la situación china han versado sobre lo que parece ser la voluntad del PCCh de “expropiar a la burguesía china”; otros, menos audaces pero igualmente incautos, utilizan unilateralmente el aspecto del "control" para exagerar los efectos de la regulación de los altos salarios empresariales. Sin embargo, la cuestión es bastante más compleja. China ha alcanzado en 2020 el rango de país con mayor número de multimillonarios del mundo: con 1.058 magnates del gran capital, supera incluso a Estados Unidos (que tiene 696). Los habitantes de la quinta parte de los hogares chinos disfrutan de una renta disponible más de diez veces superior a la de la quinta parte inferior, según las cifras oficiales. La renta disponible en las ciudades es dos veces y media mayor que en el campo. Y el 1 % más rico posee el 30,6 % de la riqueza de los hogares, según el banco Credit Suisse (frente al 31,4 % en Estados Unidos). Se trata de una de las sociedades más desiguales del mundo, sobre la que el propio Primer Ministro, Li Keqiang, admitió que en China todavía hay 600 millones de pobres que viven con apenas 1.000 renminbi al mes (154 dólares). La marca básica del riesgo a atacar está ahí, en el marco de las consecuencias de la crisis global. La retórica “social” que acompaña a los discursos oficiales pretende desactivar esta bomba de relojería en el gigante asiático.

Al mismo tiempo, el primer ministro aclaró que el plan de “prosperidad común” no significa un ataque a los capitalistas. Han Wenxiu, funcionario de la Comisión presidida por Xi, subrayó que el gobierno no quiere nada parecido a una persecución de los ricos en favor de los pobres, y que China debe protegerse del “riesgo de caer en el estado del bienestar” . El mismo Li Keqiang, jefe del Consejo de Estado, emitió una declaración oficial del gobierno chino en la que afirmaba que “seguiremos promoviendo un entorno empresarial orientado al mercado, en línea con los estándares mundiales, y el gobierno debe levantar todas las restricciones innecesarias a las entidades privadas para facilitar la competencia leal”, como “apoyar el empleo flexible a través de múltiples canales y el desarrollo de nuevas formas de empleo, exigiendo la eliminación de restricciones injustificadas”. La profundización de la precariedad y la flexibilidad laboral en China, lo que explica la restricción parcial, en el sector tecnológico, del régimen laboral servil 996 (trabajo de 9 a 21 horas, seis días a la semana –de hecho, el componente de represalia a Jack Ma, que había dicho que el modelo era una “bendición”, supera cualquier supuesta piedad laboral–. Estas declaraciones oficiales del gobierno chino desacreditan las precipitadas declaraciones de algunos “intelectuales”.   

La idea de “prosperidad común” no es nueva en China. Se remonta a milenios atrás, y fue apropiado por los líderes del PCCh tras la fundación de la República Popular en 1949 (fue utilizado por Mao Zedong en los años 50, y por Deng en los 80). En efecto, Xi citó una conocida frase de las Analectas de Confucio, que dice algo así como que a un líder sabio no le preocupa la pobreza, sino la desigualdad; no que su pueblo sea demasiado pequeño, sino que esté demasiado dividido. De hecho, la respuesta a la esencia de la razón que motiva este movimiento político en Pekín puede encontrarse mejor en Confucio que en los portavoces de la burocracia china: “donde hay satisfacción, no habrá revueltas”, decía el sabio. Sin necesidad de mucha sabiduría, miles de magnates en Estados Unidos anticiparon en 2019 el sentimiento que ahora inquieta a Xi. El multimillonario Alan Schwartz, de la firma de inversiones estadounidense Guggenheim, decía entonces, empapado de las luchas internacionales en América Latina y Oriente Medio, durante una reunión del Milken Institute que “Si miramos a la derecha y a la izquierda del espectro político, lo que estamos viendo es la llegada de la lucha de clases [...] A lo largo de los siglos, cuando las masas identifican que la élite tiene demasiada riqueza, sólo ha habido dos alternativas: una legislación para redistribuir la riqueza... o una revolución para redistribuir la pobreza”.

Como veremos, el plan de la burocracia china no se explica por una supuesta “voluntad socializadora” de Xi Jinping, sino por la necesidad de robustecer el mercado interno y la capacidad de consumo de la nueva clase media china, buscando generar un sector relativamente mejor remunerado de la clase trabajadora. Estratégicamente, se trata de preservar la fuerza del capitalismo ascendente chino y estabilizar los choques sociales en el marco de la disputa tecnológico-industrial con Estados Unidos en los marcos de la crisis global.

¿Por qué ahora?

El anuncio de las medidas coincidió con unos resultados económicos preocupantes en China, que vuelve a estar acechada por el regreso de la pandemia. En junio, uno de los indicadores más importantes de la actividad manufacturera de China registró una contracción por primera vez desde las primeras etapas de la pandemia. El índice de gestores de compras de la industria manufacturera Caixin, una encuesta independiente sobre la actividad manufacturera en China, alcanzó los 49,2 puntos en agosto, cayendo por debajo de la marca de 50 puntos que separa la medición mensual de la expansión y la contracción de la industria manufacturera por primera vez desde abril de 2020. Además, El producto interior bruto de China se expandió un 7,9 % en el trimestre abril-junio desde 2020, desbaratando las expectativas de un aumento del 8,1 %.

Pero las peores noticias provienen del consumo interno. El gasto de los consumidores en China se ha retrasado en gran medida con respecto a la recuperación económica general del país tras la pandemia, y esa lentitud se debe al menor crecimiento de los ingresos de los hogares. “Los datos sobre el estancamiento del consumo interno en China han dejado claro que es urgente aumentar los ingresos de la población y centrarse más en la equidad de la distribución”, dijo Wang Jun en el Centro de Intercambios Económicos Internacionales de China, en Pekín.

Los organismos gubernamentales informaron en junio que las ventas minoristas de China volvieron a incumplir las expectativas. Las ventas al por menor aumentaron un 12,4 % en mayo con respecto a hace un año, menos que el aumento del 13,6 % previsto. Estos son vientos en contra para Pekín, ya que el gobierno chino espera promover su política de “doble circulación”, que pone mayor énfasis en el consumo como motor económico clave. Chang señaló que los salarios de los trabajadores inmigrantes tampoco se han recuperado, mostrando un crecimiento de sólo el 2,5 % en comparación con el 6,5 % anterior a la pandemia.

Estos indices fueron uno de los signos más claros de la pérdida de impulso de la economía china, que ahora se enfrenta a una menor demanda de exportaciones, a los altos precios de las materias primas y a la ralentización del sector inmobiliario. En este contexto se inscribe el plan de "prosperidad compartida" de Xi.

Li Keqiang, en el comunicado oficial del Consejo de Estado en 2020, había descifrado algunas coordenadas de la preocupación gubernamental, vinculadas a la importancia del consumo y de las pequeñas y medianas empresas en China: “Debemos ser creativos en el diseño y ejecución de nuestras políticas. Como he dicho antes, nuestras políticas, que son de gran envergadura, están diseñadas para proporcionar un alivio vital a las empresas y revitalizar el mercado, con especial atención a la estabilización del empleo y la garantía de los medios de vida de las personas. No se centran en grandes proyectos de infraestructuras. Esto se debe a que se han producido importantes cambios en la estructura económica de China, donde el consumo es ahora el principal motor del crecimiento, y las micro, pequeñas y medianas empresas proporcionan ahora más del 90 % de todos los puestos de trabajo en China. [...] Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos en la lucha contra el COVID-19 es que los esfuerzos de contención han tenido un efecto moderador sobre el consumo. Por tanto, las medidas en este sentido también forman parte de nuestra reforma orientada al mercado”. También confesó que el problema del desempleo es real para millones de trabajadores urbanos, y que el gobierno “lanzará programas para estimular al sector privado a colaborar en el fortalecimiento del consumo”, estipulando que unas 100 millones de personas están empleadas en nuevas formas de negocio e industria, y unos 200 millones trabajan en la economía de plataforma. Aquí está la clave de la cuestión. El plan de regulación de los altos salarios y de redistribución de la riqueza, con todas las exageraciones terminológicas propias de la burocracia, pretende aumentar la capacidad de consumo de la población, reducir el desempleo (mediante la flexibilización laboral también), aumentando parcialmente los salarios de ciertas categorías (rama tecnológica). Esto se haría con la contribución financiera de los grandes monopolios, sin perjuicio de su propiedad y capacidad de explotación del trabajo, debilitando a través de mecanismos estatales ciertas prácticas monopólicas que estrangulan el surgimiento de nuevas, pequeñas y medianas empresas, que juegan un papel crucial en la ocupación de la fuerza de trabajo y la búsqueda de la innovación.

Observando las exigencias que se plantean a los grandes conglomerados económicos, generan poca preocupación desde el punto de vista de la preservación de su propiedad. Como escribe Kevin Yao, los dirigentes chinos se han comprometido a utilizar los impuestos y la financiación “colaborativa” (de hecho, condicionada) en forma de donaciones; y cualquier observador agudo sabe que la caridad capitalista nunca ha sido un tema de pesadilla para la clase dominante. Tanto es así que la respuesta de los magnates prudentes ha sido alinearse detrás de la agenda de Pekín. Wang Xing, de Meituan, ha donado 2.300 millones de dólares a un fondo filantrópico que apoya la educación y la ciencia. Tencent anunció un fondo de 7.700 millones de dólares dedicado a la “prosperidad común”, que definió como el aumento de los ingresos familiares de los grupos de bajos ingresos, la ampliación de la cobertura sanitaria, el desarrollo económico rural y la educación de los estudiantes desfavorecidos. "Como empresa tecnológica china bendecida por la reforma y la apertura de China, Tencent siempre ha pensado en cómo ayudar al desarrollo social con sus propias tecnologías y su poder digital." Alibaba se ha comprometido a donar 15.500 millones de dólares a lo largo de cinco años, y Pinduoduo se ha comprometido a donar 1.500 millones de dólares a los agricultores a partir de sus ganancias futuras en el segundo trimestre.

Para tener una dimensión de lo que se trata, el compromiso de Alibaba equivale a sólo el 15 % del beneficio neto que la empresa obtendrá en 2025, basándose en los beneficios de 2020. Los multimillonarios en su conjunto, si son más disciplinados, no pueden quejarse de una intrusión agresiva en sus intereses privados. La propuesta de imposición se trata como una leyenda en los círculos gubernamentales chinos; en 2015 se aplicó un plan piloto en Shanghái y Chongqing, sin ningún resultado plausible. Así, la fiscalidad de las grandes fortunas se trata en China como en Occidente. El aumento salarial para determinadas categorías debería elevar el nivel medio de ingresos, según los planes oficiales, de la provincia oriental de Zhejiang, que no es una de las más pobres, pero que ahora sólo ocupa el sexto lugar entre las provincias con mayor PIB per cápita, según el censo de 2020. La ruptura con el modelo de trabajo 996, una demanda de sectores cada vez más amplios de jóvenes trabajadores, que suscitaba peligrosos conflictos sociales, se presentaba como un objetivo para la rama tecnológica, y no se generalizaría frente a los agotadores ritmos de trabajo del proletariado del campo que opera en las plantas de montaje.

Como dijo Li Keqiang, este proyecto está dentro de las reformas orientadas al mercado, no en contra. “Se seguirá mejorando el entorno de las empresas, se promoverá la reforma administrativa y se construirá un entorno empresarial orientado al mercado y basado en la ley. Se fomentará la creación de empresas por parte de distintos grupos y se mejorarán los sistemas y plataformas de servicios empresariales”, según el comunicado del Consejo de Estado de agosto de 2021 tras la reunión de la Comisión presidida por Xi.   

El periódico oficialista Global Times, que responde a las estrictas directrices de Pekín, aseguró al capital extranjero que las medidas no supondrán ningún perjuicio para sus negocios. “Para las empresas extranjeras, independientemente de su origen y tamaño, deben respetar y cumplir las leyes y reglamentos de China y alinear activamente sus negocios con el desarrollo social y económico general de China si quieren operar y tener éxito en el mercado chino. Sin embargo, esto no quiere decir que las empresas extranjeras vayan a ser un objetivo. Las medidas reguladoras se dirigen a las prácticas comerciales ilegales, no a ninguna empresa en particular, ya sea extranjera o nacional. Esta actitud debe ser acogida con satisfacción por las empresas, ya que así se promoverá un entorno de mercado mejor y más justo. Y lo que es más importante, para las empresas extranjeras que operan en China o que buscan oportunidades de negocio en el país, deben estar tranquilas porque, a pesar de los recientes cambios importantes y de las medidas reguladoras, las políticas de reforma y apertura de China, de larga data, no cambiarán”.

Aquí podemos resumir lo que es realmente el difuso plan del gobierno chino aclarando lo que no es en primer lugar. Como explica el periódico británico The Economist: “El PCCh ha aclarado lo que no implica la "prosperidad común”: no significa que todos acaben disfrutando de la misma prosperidad. Hay que animar a los empresarios que crean su propia riqueza, “trabajan duro con integridad y tienen el valor de crear sus propias empresas”. El giro igualitario tampoco será brusco. Debe llevarse a cabo “paso a paso” de forma “gradual”, reiteró la Comisión este mes”. Se trata de ajustes dentro de las reformas capitalistas en la economía china, no a costa de ella.

Qué fundamentos generales tiene la política de “prosperidad común”

Como hemos dicho, el plan sin contornos claros de "prosperidad común" está lejos de apuntar a pérdidas estratégicas para el capitalismo chino. Podemos resumir la estrategia del Partido Comunista Chino en cuatro puntos: 1) Disminuir la pronunciada desigualdad social en China para evitar explosiones sociales que socaven la estabilidad política en un momento delicado de conflicto entre Pekín y Washington; 2) ampliar la capacidad de consumo de la nueva clase media y el potencial mercado interno chino; 3) dividir las filas de los trabajadores registrando ciertos derechos salariales y laborales para un sector en detrimento de los demás; 4) disciplinar a ciertos grandes monopolios a los designios políticos del PCCh, para que no ahoguen la aparición de nuevos capitales en el campo de la innovación tecnológica (las start-ups), con el fin de desbloquear el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, responsables de la inmensa mayoría de los empleos en China, y hacerlos convivir con los mismos multimillonarios que conservarán su riqueza, sin las mismas facilidades monopolísticas anteriores (es decir, de determinar la rentabilidad de las pequeñas empresas en función de su fidelidad a sus plataformas, en el caso de Alibaba y Tencent).

Lo más importante para el gobierno es desarrollar su mercado interior, la verdadera columna vertebral de la economía china. Xi Jinping necesita consumidores capaces de enfrentarse a la caída de la economía mundial y a la fragilidad del comercio internacional, que impide a China mantener su ritmo de crecimiento centrado en el “esquema exportador”. Un esquema que, recordemos, mantenía una relación simbiótica con Estados Unidos que se ha visto especialmente reforzada desde que China entró en la OMC en 2001. Esta contradicción es la que impulsa a China hacia un complejo y tortuoso giro hacia el mercado interior, hacia una complicada y contradictoria política de liberalización del renminbi (la moneda china), así como hacia la necesidad de acelerar el cambio en el contenido de su producción y de competir más agresivamente por los espacios mundiales de acumulación de capital –o de exportación de capital– y las áreas de influencia. Entre ellas, la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y la Nueva Ruta de la Seda.

Esta situación implica el inicio de la crisis de complementariedad chino-estadounidense, por la que se exporta de China a Estados Unidos una producción masiva con un valor añadido relativamente bajo, lo que refuerza la balanza comercial china, mientras que China contribuye a sostener los crecientes déficits de Estados Unidos. La crisis económica de 2008 rompió esta simbiosis relativamente armoniosa, sin poner fin a la dependencia mutua de las economías, que sostienen el destino de la otra en un escenario mucho más complejo de choques y fisuras geopolíticas (como vemos en Afganistán, donde a la humillante derrota de Estados Unidos le sigue la alianza de China con los reaccionarios fundamentalistas talibanes para incluir el país en la Nueva Ruta de la Seda y la extracción de minerales preciosos para Pekín). China, que en décadas anteriores se había presentado como un motor clave del crecimiento de la inversión, empezó a perder ese papel a partir de 2013-14. Deja de poner a disposición del capital internacional amplias fuentes de plusvalía absoluta –garantizando una alta tasa de rentabilidad interna y externa– y se convierte gradualmente en un competidor por el espacio de inversión mundial y el liderazgo en tecnología de punta con una producción cada vez más competitiva con la de Estados Unidos.

El gigante asiático siente la necesidad de basar su crecimiento cada vez más en el mercado interno, con la producción de bienes de alto valor añadido, mediante la aparición de un poderoso sector de clase media, de cientos de millones de personas, capaz de mover la economía y mantenerla relativamente a salvo de los choques de la demanda externa, que hacen a China excesivamente vulnerable. Como dijo Trotsky en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el volumen de producción de la economía capitalista tiene numerosos componentes, y está vinculado no sólo al desarrollo relativo de las fuerzas productivas, sino que también está limitado por el poder adquisitivo de la población. Siendo la segunda economía del mundo, en términos de PBI per cápita China está muy por detrás de las potencias centrales (lo cual es comprensible por el exorbitante tamaño de la población, pero también por la continua pobreza relativa de los estratos mayoritarios). Es este problema el que busca ser atacado por la burocracia, no en nombre de la clase obrera, sino en nombre de la revigorización del capitalismo nativo.

Según The Economist, en China hay unos 400 millones de personas que pertenecen a la clase media (o estrato de renta media, como la denominaba el anterior gobierno de Hu Jintao) y que viven con unos ingresos de entre 100.000 y 500.000 yuanes (aproximadamente entre 15.000 y 77.000 dólares) para una familia de tres miembros o su equivalente. Eso ya constituye una cifra notable. El gobierno central ha anunciado que quiere duplicar esa cifra hasta los 800 millones de personas en aproximadamente una década, según el Centro de Investigación del Desarrollo, un grupo de expertos adscrito al Consejo de Estado de China. El camino está plagado de dificultades internas, que tienen que ver con la compleja transformación del modelo de crecimiento económico de China, durante muchas décadas vinculado a los bajos salarios y a una mano de obra intensiva con inversión estatal. Por no hablar de la lucha de clases, el factor decisivo: el aumento de las aspiraciones de las masas chinas podría convertirse en combustible para la conflagración social de una nueva generación que no tiene mucho apego político o emocional al PCC. Sin embargo, si la hipótesis se cumpliera, en mayor o menor medida, es innegable que tal logro situaría a China en otro nivel de competitividad.

El mismo Global Times reflexiona sobre los beneficios que supone para las grandes multinacionales capitalistas occidentales el aumento del mercado interno chino: “El poder adquisitivo de los consumidores chinos ya ha sido un importante motor para muchas empresas extranjeras, desde los fabricantes de automóviles en Alemania hasta los agricultores en Francia y los productores de soja en Estados Unidos. En 2020, en medio de una pandemia mundial, los consumidores chinos gastaron 39,2 billones de yuanes (6 billones de dólares) en bienes de consumo. China ya está preparada para superar a Estados Unidos como mayor mercado de consumo del mundo. Si el grupo de renta media de China se amplía y los ingresos de todos los residentes aumentan en el marco del plan de prosperidad común, el mercado chino será aún más irresistible para cualquier empresa de tamaño considerable”. El atractivo para el capital extranjero es evidente.

“Prosperidad común”... en el capitalismo, ¿o su superación en la lucha de clases?

La dialéctica del proceso que se opuso, en su forma, a ciertas tendencias de los monopolios chinos en los intereses políticos particulares de la burocracia de Pekín, también desvela su verdadero contenido. En la lucha por salvaguardar la estabilidad política del régimen bonapartista del PCCh, que depende estratégicamente del rápido ascenso capitalista al que también sirve de soporte, la burocracia de Xi Jinping se ha visto obligada a ir en contra de ciertos intereses inmediatos de una parte de la clase dominante. ¿Qué intereses inmediatos? La rentabilidad a corto plazo, que carece de proyección y está separada de la compleja situación económica, no sólo nacional sino internacional, en la que se encuentra China. El encuadramiento, dentro de ciertos límites, del impulso al enriquecimiento de los grandes monopolios, para ciertas ramas, puede llevarse adelante en beneficio de los intereses estratégicos del propio gran capital chino. En efecto, es con la ayuda del sector privado más poderoso que el gobierno chino quiere promover el fortalecimiento del mercado interno y el poder de consumo de las nuevas clases medias, lo que debería servir de base para el creciente poder de estos conglomerados económicos. La proyección internacional de China depende de la estabilidad social interna y, en primer lugar, de la asfixia de la lucha de clases, una amenaza real para la política burocrática del PCCh. Ésta es una primera dimensión del problema. A esto se añade una segunda dimensión, necesariamente interrelacionada: el choque entre la burocracia del PCC y ciertos sectores reticentes del gran capital, en el sector de los gigantes tecnológicos, que podría representar una amenaza para el control estatal de los aspectos más sensibles de la administración capitalista. El “contrato social” entre la burocracia bonapartista de Pekín y el gran capital chino, que se nutre de ella y se beneficia de su riqueza, depende del respeto de la clase dominante al poder político indiscutible del PCCh. Para preservar este contrato –que Xi ve como la colaboración del sector privado con el proyecto de “rejuvenecimiento nacional de China”– el gobierno ha tenido que frenar ciertas extrapolaciones, como las críticas de Jack Ma al "arcaico" sistema financiero estatal en nombre de la primacía de las fintechs (empresas digitales que prestan servicios financieros). Una vez que la simbiosis entre la riqueza y el poder se “armonice” bajo el mando del PCCh, no habría impedimentos para los negocios de siempre de esos mismos magnates que ahora se pliegan a las exigencias de Xi.

El principal efecto de la medida, al fin y al cabo, era el examen minucioso de la lealtad de los grandes monopolios al régimen encabezado por Xi, que les pedía lealtad empresarial a cambio de la garantía de sus enormes beneficios. De hecho, el presidente chino, unos meses antes, había tomado una de las medidas más antiobreras y proempresariales de la historia reciente de China, cuando autorizó al gobierno municipal de Shenzhen a permitir que los capitalistas locales redujeran el pago de las horas extras y ampliaran el plazo de pago de los salarios, que pueden retrasarse durante un tiempo más generoso. El objetivo es reducir los crecientes costes laborales y frenar el éxodo de las empresas a mercados más baratos del sudeste asiático. Una medida que apenas tiene en cuenta la “prosperidad común”, salvo ... de los propios empresarios. Es esencial comprender que en la medida en que los trabajadores traten de combatir la explotación de estos magnates chinos, se encontrarán con el muro del gobierno autoritario de Xi Jinping y la burocrática Federación China de Sindicatos. La lucha de clases es la única forma de enfrentarlos.

Un buen número de los multimillonarios señalados son miembros del Partido Comunista, o tienen una relación indirecta con él. Los "capitalistas rojos" pueblan los niveles dirigentes del Partido, en las distintas regiones y provincias, algunos de los cuales se convirtieron en propietarios en el proceso de restauración capitalista que les permitió hacerse con los bienes públicos, y otros que ascendieron a las filas del partido habiéndose incorporado ya a la empresa privada antes de pertenecer al Partido, que ahora sirve de puente ineludible para influir en el sistema político, como analiza Bruce Dickson en su Wealth Into Power: the Communist Party’s Embrace of China’s Private Sector. Elias Jabbour, uno de los exóticos especímenes que ofician de portavoces oficiosos de la burocracia china, imagina un poder político suspendido en el aire, y olvida que el gobierno que lleva a cabo estas reformas se fundamenta en la propiedad capitalista de los medios de producción (aunque un capitalismo sui generis, distinto del occidental, resultado de la apropiación de las conquistas sociales de la revolución de 1949). Además, agrava el papel de los multimillonarios “en la construcción del socialismo en China”: como “estamos lejos” del socialismo que defendía Marx, con el poder de los trabajadores sobre las fuerzas productivas, la expropiación del capital y la planificación racional de la economía y la vida, más vale ajustarse a un “socialismo” que “se acerca a eso”, y que en realidad es lo contrario de todo lo que el marxismo caracterizó como socialista: un país de multimillonarios, de esclavización salvaje de la clase obrera por parte de capitalistas nativos y extranjeros, y de una burocracia autocrática que ahoga cualquier tipo de libertad de pensamiento y opinión. A nadie se le puede negar el derecho a la ignorancia, y la tradición estalinista siempre ha salido a buscar sumisamente las supuestas “alas progresistas” de la burguesía; si en los años 1920 querían integrar al campesino rico (kulak) en el socialismo, ahora quieren integrar al multimillonario en la fantasía del socialismo que en realidad es el capitalismo salvaje. El nombre de Marx no tiene ninguna relación con la filosofía de los “pragmáticos”. El socialismo no tiene nada que ver con que la “Razón” (un poder suprahistórico por encima de las clases, como en la vieja filosofía de la Ilustración del siglo XVIII) comande un proceso de producción fundado en la propiedad privada. Para el fundador del socialismo científico, su premisa básica es la superación revolucionaria de la propiedad privada por parte de la clase obrera, y no la comunión con ella, por mucho que duela a los oídos pragmáticos del postulado ilustrado del estalinismo...

Un viejo general prusiano solía decir que un salto corto es más fácil de realizar que un gran salto, pero no por ello, cuando se trata de superar un abismo, se empieza saltando por el medio. Los cortesanos del mandarinato chino están en la categoría de esos empíricos que se lanzan a la nada.

Yendo al grano: la política del Partido Comunista Chino debe inscribirse en su marco global, el de una burocracia capitalista de Estado que busca participar en el reparto de los espacios de acumulación mundial, aún sin poder definir los destinos de otros países como Estados Unidos. Frente a los enfrentamientos geopolíticos reaccionarios que se preparan entre Pekín y Washington, lo decisivo serán los enfrentamientos en la lucha de clases. El modelo laboral 996 ya ha provocado el enfado de los trabajadores del sector tecnológico, y de una juventud que se opone ferozmente a la ideología neoliberal de Alibaba y los gigantes del comercio electrónico. Las huelgas y los conflictos laborales tienen lugar en algunas de las provincias más ricas, donde la industria y la construcción son fuertes: de las 1.082 protestas laborales registradas por China Labour Bulletin desde julio de 2020, 120 (11 %) tuvieron lugar en la provincia de Henan, seguida de Guangdong con 95 (8,6 %) y Shandong (7 %).

Las protestas contra los atrasos salariales en Xian y Pucheng, en la provincia de Shaanxi, o en Wuchuan y Guangzhou, en la provincia de Guangdong, se combinan con las protestas de los trabajadores inmigrantes en la provincia de Henan, que ha experimentado un importante cambio demográfico con un enorme salto en la “población flotante” (流动人口), predominantemente trabajadores rurales migrantes que viven y trabajan lejos de sus ciudades de origen (Henan tenía una población flotante de 21,2 millones en 2020, un 164 % más que en 2010). Esto es ilustrativo de las nuevas generaciones de trabajadores, que o bien no tienen su inscripción en el partido en el mismo lugar en el que trabajan o ni siquiera tienen relación con el PCCh, y pretenden ganar sus derechos contra la explotación patronal.

Son estos signos, en el marco de las dificultades económicas y la escasa recuperación industrial desde abril en China, los que encienden las señales de alarma de Xi. En esto nos basamos para vislumbrar las perspectivas de China, que puede aprovechar las disputas en la superestructura político-económica para emerger. Parafraseando lo que dijo Marx en 1850 en la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas, también en China "para el proletariado no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de eliminar las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva".

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Jueves, 26 Agosto 2021 15:32

Ideas para la reactivación

Ideas para la reactivación

El gobierno ha dicho que ya comenzó la reactivación. Espera que este año el crecimiento del PIB sea, por lo menos, del 6 por ciento. Las medidas de política económica hasta ahora implementadas son muy débiles, y no permitirán una recuperación sostenible de la actividad económica. Las estrategias que ha diseñado no se diferencian de las existentes antes de la pandemia, pese a la cual no se ha presentado ningún cambio fundamental en la orientación de la política económica. Las medidas que se anuncian son similares a las que existían antes.


No habrá cambios en la política económica

La gráfica compara las proyecciones de la tasa de crecimiento del PIB, del Marco Fiscal del 2020 y del 2021. El Marco Fiscal del 2020 se publicó cuando apenas estaba comenzando el covid. Y el del 2021 se acaba de publicar. Durante el año transcurrido entre los dos informes se intensificó la pandemia.

El hecho más relevante de la figura es la similitud de las dos curvas. Las proyecciones se parecen mucho, a pesar de que el panorama económico cambió radicalmente a lo largo del año. La semejanza de las curvas muestra que el gobierno no hará cambios significativos en las estrategias de la política económica. Y que todo seguirá más o menos como venía.

En otras palabras, año y medio de pandemia, con todo lo suscitado por la misma en las dimensiones social y económica, no han llevado a replantear las bases de la economía. Y el gobierno considera que en los próximos 10 años, hasta el 2031, la dinámica del PIB no sufrirá cambios, y la tasa de crecimiento se estabilizará alrededor del 3,3 por ciento.

 


Ideas para la reactivación

En lugar de suponer que todo seguirá más o menos igual, el gobierno debió haber aprovechado la crisis para replantear el futuro de la economía. A continuación se proponen algunas ideas que deberían tenerse en cuenta para lograr una reactivación que sea sostenible desde el punto de vista ambiental, y que contribuya a mejorar el ingreso de las familias.

i) Confiar en las bondades de la intervención del Estado. El punto de partida de la reactivación debería ser el reconocimiento de las ventajas que tiene la inversión pública, como motor de la reactivación. En lugar de incentivar la acción del Estado, el gobierno está proponiendo austeridad. No aumenta el tamaño del gasto público sino que pretende disminuirlo.

ii) Fortalecer el mercado interno. En los últimos años se le hado mucha importancia a los acuerdos comerciales con otros países. Esta mirada hacia afuera se ha reflejado en un deterioro del mercado doméstico. Y las medidas de internacionalización en lugar de aumentar las exportaciones han llevado a un crecimiento considerable de las importaciones.

iii) Reducir la dependencia del petróleo y del carbón. El gobierno no propone ninguna medida seria que permita disminuir de manera sustantiva la dependencia de los hidrocarburos y de la minería.

iv) Avanzar en el ordenamiento territorial y fortalecer el catastro multipropósito. Los acuerdos de La Habana no se han cumplido, y el catastro multipropósito avanza muy lentamente. Todavía no se ha logrado ordenar el territorio. La minería ilegal, la deforestación, la apropiación de baldíos, la concentración de la tierra, continúan siendo problemas estructurales. Y una muestra dolorosa del desorden territorial es el continuo asesinato de líderes sociales.

v) Legalizar la cocaína y la marihuana recreativa. El prohibicionismo ha fracasado, y ha hecho mucho daño. Sorprende la capacidad que ha tenido la lógica prohibicionista para continuar renovándose. El fracaso de este enfoque cada vez es más evidente. Y, sin embargo, en Colombia continúa imponiéndose. El gobierno Duque, ha retomado la bandera prohibicionista con un discurso que se repite, sin que los argumentos cambien. Desgraciadamente, el presidente Biden continuará con las medidas prohibicionistas, así que por ahora no se vislumbran alternativas distintas a la aspersión. En los próximos años se mantendrá un discurso que sigue haciendo daño. Mientras tanto, amparadas en las economías ilegales, se consolidan las disidencias de las Farc, el Eln, y los grupos armados como el Clan del Golfo. ¡La guerra continúa!

vi) Mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza. El camino privilegiado para lograr este propósito es la tributación progresiva. Así que la tarifa del impuesto debe ir subiendo a medida que aumenta el ingreso y la riqueza de la persona.

vii) Flexibilizar la política monetaria. La transformación de la matriz energética exige un volumen considerable de recursos. En este proceso es indispensable el liderazgo del Estado. El Banco de la República tiene que flexibilizar la política monetaria, de tal forma que facilite la financiación de las inversiones en energía limpias.


Los cambios no dan espera

Los cambios que requiere la economía colombiana no dan espera, porque la situación climática se ha agravado, y es urgente tomar medidas que garanticen la sostenibilidad. Para que este proceso sea exitoso es indispensable mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza. Sin equidad no hay sostenibilidad.

La transformación de la matriz energética se tiene que realizar bajo la dirección del Estado. Además de enviar mensajes claros a favor de la sostenibilidad, el gobierno tiene que garantizar los recursos necesarios para subsidiar la transformación de las relaciones productivas, apuntando hacia una economía limpia. En este proceso es importante fortalecer el mercado interno, estimulando la producción nacional, y favoreciendo la demanda interna.

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14 de agosto de 2021

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Viernes, 27 Agosto 2021 06:28

Ideas para la reactivación

Ideas para la reactivación

El gobierno ha dicho que ya comenzó la reactivación. Espera que este año el crecimiento del PIB sea, por lo menos, del 6 por ciento. Las medidas de política económica hasta ahora implementadas son muy débiles, y no permitirán una recuperación sostenible de la actividad económica. Las estrategias que ha diseñado no se diferencian de las existentes antes de la pandemia, pese a la cual no se ha presentado ningún cambio fundamental en la orientación de la política económica. Las medidas que se anuncian son similares a las que existían antes.


No habrá cambios en la política económica

La gráfica compara las proyecciones de la tasa de crecimiento del PIB, del Marco Fiscal del 2020 y del 2021. El Marco Fiscal del 2020 se publicó cuando apenas estaba comenzando el covid. Y el del 2021 se acaba de publicar. Durante el año transcurrido entre los dos informes se intensificó la pandemia.

El hecho más relevante de la figura es la similitud de las dos curvas. Las proyecciones se parecen mucho, a pesar de que el panorama económico cambió radicalmente a lo largo del año. La semejanza de las curvas muestra que el gobierno no hará cambios significativos en las estrategias de la política económica. Y que todo seguirá más o menos como venía.

En otras palabras, año y medio de pandemia, con todo lo suscitado por la misma en las dimensiones social y económica, no han llevado a replantear las bases de la economía. Y el gobierno considera que en los próximos 10 años, hasta el 2031, la dinámica del PIB no sufrirá cambios, y la tasa de crecimiento se estabilizará alrededor del 3,3 por ciento.

 


Ideas para la reactivación

En lugar de suponer que todo seguirá más o menos igual, el gobierno debió haber aprovechado la crisis para replantear el futuro de la economía. A continuación se proponen algunas ideas que deberían tenerse en cuenta para lograr una reactivación que sea sostenible desde el punto de vista ambiental, y que contribuya a mejorar el ingreso de las familias.

i) Confiar en las bondades de la intervención del Estado. El punto de partida de la reactivación debería ser el reconocimiento de las ventajas que tiene la inversión pública, como motor de la reactivación. En lugar de incentivar la acción del Estado, el gobierno está proponiendo austeridad. No aumenta el tamaño del gasto público sino que pretende disminuirlo.

ii) Fortalecer el mercado interno. En los últimos años se le hado mucha importancia a los acuerdos comerciales con otros países. Esta mirada hacia afuera se ha reflejado en un deterioro del mercado doméstico. Y las medidas de internacionalización en lugar de aumentar las exportaciones han llevado a un crecimiento considerable de las importaciones.

iii) Reducir la dependencia del petróleo y del carbón. El gobierno no propone ninguna medida seria que permita disminuir de manera sustantiva la dependencia de los hidrocarburos y de la minería.

iv) Avanzar en el ordenamiento territorial y fortalecer el catastro multipropósito. Los acuerdos de La Habana no se han cumplido, y el catastro multipropósito avanza muy lentamente. Todavía no se ha logrado ordenar el territorio. La minería ilegal, la deforestación, la apropiación de baldíos, la concentración de la tierra, continúan siendo problemas estructurales. Y una muestra dolorosa del desorden territorial es el continuo asesinato de líderes sociales.

v) Legalizar la cocaína y la marihuana recreativa. El prohibicionismo ha fracasado, y ha hecho mucho daño. Sorprende la capacidad que ha tenido la lógica prohibicionista para continuar renovándose. El fracaso de este enfoque cada vez es más evidente. Y, sin embargo, en Colombia continúa imponiéndose. El gobierno Duque, ha retomado la bandera prohibicionista con un discurso que se repite, sin que los argumentos cambien. Desgraciadamente, el presidente Biden continuará con las medidas prohibicionistas, así que por ahora no se vislumbran alternativas distintas a la aspersión. En los próximos años se mantendrá un discurso que sigue haciendo daño. Mientras tanto, amparadas en las economías ilegales, se consolidan las disidencias de las Farc, el Eln, y los grupos armados como el Clan del Golfo. ¡La guerra continúa!

vi) Mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza. El camino privilegiado para lograr este propósito es la tributación progresiva. Así que la tarifa del impuesto debe ir subiendo a medida que aumenta el ingreso y la riqueza de la persona.

vii) Flexibilizar la política monetaria. La transformación de la matriz energética exige un volumen considerable de recursos. En este proceso es indispensable el liderazgo del Estado. El Banco de la República tiene que flexibilizar la política monetaria, de tal forma que facilite la financiación de las inversiones en energía limpias.


Los cambios no dan espera

Los cambios que requiere la economía colombiana no dan espera, porque la situación climática se ha agravado, y es urgente tomar medidas que garanticen la sostenibilidad. Para que este proceso sea exitoso es indispensable mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza. Sin equidad no hay sostenibilidad.

La transformación de la matriz energética se tiene que realizar bajo la dirección del Estado. Además de enviar mensajes claros a favor de la sostenibilidad, el gobierno tiene que garantizar los recursos necesarios para subsidiar la transformación de las relaciones productivas, apuntando hacia una economía limpia. En este proceso es importante fortalecer el mercado interno, estimulando la producción nacional, y favoreciendo la demanda interna.

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14 de agosto de 2021

 

 

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Viernes, 05 Marzo 2021 06:02

Las dos sesiones chinas

Las dos sesiones chinas

La multitudinaria cita parlamentaria que reúne en la capital china a la flor y nata de la elite política va cada vez un poco más allá de una puesta en escena considerada a menudo como una insulsa escenificación autocrática. Por el contrario, aun reconociéndose que muchas de sus decisiones están cantadas pues su agenda es reflejo de los amplios consensos trabados previamente, refleja también un cierto pulso de la política china y contribuye a reconocer su rumbo inmediato.

Varias observaciones cabría destacar. En primer lugar, el trazado del nuevo y decisivo tramo de la reforma, con la aprobación no solo del próximo plan quinquenal sino también de los objetivos para 2035, la primera gran zancada del xiísmo que debe sentar las bases del trayecto hacia el primer centenario de la República Popular (2049). El énfasis abarca tres dimensiones: modernidad, prosperidad y confianza política.

Segundo, el  centenario de la fundación del PCCh, que marcará el año político que ahora empieza, tendrá aquí un primer reconocimiento por parte de formaciones y personalidades no militantes de quienes se espera una expresión de absoluta lealtad a su magisterio.

Tercero, la seguridad integral ganará importancia. Esto no se refiere solo a la defensa estricto sensu, donde cabe esperar una relativa modestia en el crecimiento de los gastos militares (8% con una previsión oficiosa de crecimiento del 8,5%), sino abarcando un concepto mucho más amplio. Seguridad es soberanía económica y tecnológica, lo cual invita a un redoblar del compromiso con la autosuficiencia y la innovación; también con la sostenibilidad, apuntando a persistir en la sensibilidad ambiental y social, corrigiendo unos y otros desequilibrios, muy agrandados aun por su descuido en los lustros precedentes y afrontando retos pendientes como la reforma de la edad de jubilación (actualmente, es de 60 años para los hombres, 55 para las mujeres con trabajos administrativos y 50 para las obreras) o el impulso demográfico; seguridad en alusión a la protección de los "intereses de desarrollo", un concepto que ha ganado mucha relevancia en los últimos meses y que afecta no solo a sus capacidades internas sino también externas; por último, seguridad política, con un foco preferente, Hong Kong, y una nueva vuelta de tuerca, la reforma electoral, que complementará la represión policial y judicial con el señalamiento del principio "los patriotas deben gobernar Hong Kong", con primacía sobre la autonomía local o "un país dos sistemas". De esta forma, el camino a las elecciones de septiembre en esta ciudad se dará por despejado. Otra cosa serán sus secuelas e impactos.

Esta China seguirá multiplicando los mensajes a Occidente para establecer las bases del orden internacional post-pandémico. Pero no parece dispuesta a esperar por nadie ni a aminorar el paso. Por el contrario, quiere pisar el acelerador aprovechando las dudas existenciales que suscita su nuevo estatus entre las principales potencias de Asia y del mundo.

El embalaje parlamentario chino puede parecernos un ejercicio ritual del que podemos prácticamente prescindir para interpretar una política que solo depende, a fin de cuentas, del PCCh, o incluso de Xi. Y hay parte de razón en ello. Pero solo parte. La repartidirización en curso impulsada por el xiísmo sin duda afecta también al sistema bicameral chino, alineando más si cabe su actividad con los intereses del PCCh. Por más que se invoquen la Constitución y las leyes, la lealtad al PCCh es un deber que no tiene peros ni fecha de caducidad.

La mingua del hipotético papel político autónomo de las dos instancias se compensará con una mayor actividad legislativa por parte de sus estructuras permanentes que reúnen a una pequeña fracción de sus miles de representantes. La mejora del sistema legal constituye una aspiración de Xi Jinping, que hizo de la gobernación a través de la ley un santo y seña de su política. Para acallar la crisis en Hong Kong no movilizó al ejército, como algunos temían, sino que el verdadero ejército son estos legisladores que adoptan normas y reformas electorales para cercenar cualquier posibilidad de repetición de la crisis vivida en 2019

 

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China.

05/03/2021

Publicado enInternacional
Un trabajador con mascarilla, en el exterior de un edificio en construcción en Pekín (China). REUTERS/Thomas Peter

Llegó a su término la Conferencia Central sobre Trabajo Económico, celebrada en la capital china entre los días 16 y 18 de diciembre. La importancia de esta cita en el calendario político ha ido creciendo en significación a lo largo de los años. En este peculiar 2020, se ha visto complementada con la celebración de la primera conferencia central sobre el trabajo relacionado con la gobernanza integral basada en la ley en la historia del PCCh, que se celebró entre el 16 y el 17 de noviembre pasado. Ambas piezas forman parte de una misma agenda que debe marcar el rumbo de China en los próximos años tanto en lo político como en lo económico.

Se esperaba que la conferencia económica de este año destacara el concepto de "circulación dual" y revelara más detalles sobre la orientación del XIV Plan Quinquenal. Sin embargo, unos días antes llamó poderosamente la atención un editorial del Diario del Pueblo criticando a los gigantes nacionales de Internet "por estar demasiado concentrados en el éxito rápido y obsesionados con monetizar su gran base de usuarios cuando lo que deberían hacer es invertir en innovación tecnológica y obtener mayores beneficios dentro de ese sector". El diario oficial del PCCh daba un fuerte tirón de orejas para que "hagan más por asumir la responsabilidad en la promoción de la innovación en ciencia y tecnología, fundamental responsabilidad social de ese tipo de empresas". Y reiteraba la importancia de los nuevos reglamentos en curso para "erradicar el monopolio de la industria, con 27 empresas, entre ellas Alibaba, Tencent y JD.com en la lista".

El editorial venía precedido de la reunión del Buró Político del 11 de diciembre en la que se subrayó el "papel estratégico de la ciencia y la tecnología", al tiempo que se pidió el "fortalecimiento de los esfuerzos antimonopolios y la prevención de la insalubre expansión del capital".

Es imposible no relacionar estos mensajes con la situación vivida recientemente por Alibaba y la rama financiera de Ant Group que se vio obligada abruptamente a retrasar las ofertas públicas iniciales previstas en Shanghái y Hong Kong.

En paralelo, cabe destacar igualmente el incremento de la vigilancia sobre los casos "demasiado grandes para fracasar", multiplicando los controles para evitar riesgos sistémicos asociados a las empresas tecnológicas y el mercado de micropagos. Se avizora una regulación más estricta en este campo en una estrategia diseñada para fortalecer los esfuerzos antimonopolio y la prevención de lo que el Diario del Pueblo llamó la "insalubre expansión de capital".

En la Conferencia Central de Trabajo Económico se enunció el objetivo de fortalecer las tecnologías estratégicas nacionales con esfuerzos que incluyen aprovechar al máximo el papel del Estado en la organización de las principales innovaciones científicas y tecnológicas. Es decir, el sector público va a desempeñar en el futuro un papel de mayor significación en este ámbito. Las iniciativas del PCCh apuntan claramente a limitar el poder de las grandes empresas privadas del sector a través del impulso de regulaciones restrictivas que afectarán tanto a su tamaño como a sus actividades a fin de que no pongan en riesgo ni la seguridad financiera ni económica ni política del país.

Nuevo paradigma de desarrollo

La conferencia insistió en que el nuevo patrón de desarrollo de "circulación dual" se basa en que los mercados interno y externo pueden reforzarse mutuamente, con el mercado interno como pilar. La lógica subsistente es impulsar la transformación de una economía basada en las exportaciones y las inversiones a otra centrada en la demanda interna. Y mediante la expansión de la demanda interna, el mercado chino puede convertirse en un destino de exportación más atractivo para productos de bienes y servicios de otras economías, asegura el comunicado final.

Además de los tópicos generales, los puntos destacados por la dirigencia china a propósito del XIV Plan Quinquenal son el 5G, la inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, ciencias de la vida y reproducción biológica o tecnología aeroespacial. Este plan debe establecer las bases de un nuevo impulso de desarrollo con el doble horizonte de 2035 y 2049.

Por XULIO RÍOS

Director del Observatorio de la Política China

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La industria china es la clave de su superioridad militar

Este año el Departamento de Defensa de EEUU aceptó que la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) ha superado holgadamente a la del Pentágono, con 350 buques de guerra frente a 293 que mantiene en sus filas.

 

Sin embargo, China aún tiene desventaja respecto a Rusia y EEUU en materia de submarinos, pese a contar con 52 submarinos de ataque, entre nucleares y convencionales, y cuatro submarinos de misiles balísticos de propulsión nuclear.

Algunas publicaciones estiman que "China está aproximadamente 30 años por detrás de Estados Unidos en tecnología de silenciamiento submarino", lo que hace que sus naves sean más fáciles de detectar, siendo una de las mayores brechas del Dragón respecto al armamento del Pentágono.

Sin embargo, la pujanza industrial china está empezando a cerrar la brecha en este rubro, como lo hizo en otros muy destacados, desde los superordenadores (top500.org) hasta la inteligencia artificial.

Tres años atrás se supo que la China State Shipbuilding Corporation (CSSC) estaba construyendo, solo en Bohai, un enorme astillero cerrado con capacidad para construir cuatro submarinos nucleares de forma simultánea. La estatal CSSC es el mayor conglomerado de construcción naval del mundo, con 310.000 empleados, 147 institutos de investigación científica y más de 30.000 técnicos.

La CSSC nació a fines de 2019 de la fusión de dos grandes empresas, los dos constructores navales más grandes del país, China State Shipbuilding Corporation (CSSC) y China Shipbuilding Industry (CSIC) con el objetivo de "racionalizar su sector estatal a través de fusiones y reestructuración de activos para abordar el aumento de la deuda y hacerlos más rentables y receptivos a las fuerzas del mercado".

Utilizando criterios de mercado para mejorar la eficiencia, en 1999 el Gobierno había decidido dividir el antiguo CSSC en dos empresas (una asentada en el norte y oeste y la otra en sur y este), con la intención de "aumentar la competencia entre los constructores navales de propiedad estatal", pero decidió la fusión para enfrentar el exceso de capacidad global de construcción naval.

La capacidad de producción de China es notable: los astilleros botaron diez destructores pesados en 2019 y dos buques portahelicópteros de asalto anfibio, están construyendo simultáneamente dos portaaviones de gran envergadura (85.000 toneladas) y dos buques de asalto más (de 40.000 toneladas) que también pueden transportar aviones de combate

En un solo día, el 12 de noviembre, las navieras chinas entregaron tres barcos de gran calado: buque cisterna ultragrande de 300.000 toneladas "Various Guiyang" y dos graneleros de 210.000 toneladas cada uno.

Con la mayor capacidad de construcción naval del mundo, China está siendo capaz de construir dos nuevas clases de submarinos avanzados, los de ataque nuclear y los de misiles balísticos: la Clase 095 y la Clase 096 respectivamente. Según Military Watch, "se espera que los dos programas submarinos no solo cubran la brecha, sino que probablemente coloquen a China a la cabeza en muchos aspectos".

La semana pasada la publicación especializada  informó que se está ampliando el astillero de Bohai en la isla de Hulu, de la CSSC, para la construcción del 096, además de continuar con el 095 que pueden actuar como escolta submarina para los futuros grupos de portaaviones.

El nuevo submarino 096 podrá transportar 24 misiles balísticos con un alcance estimado de más de 10.000 kilómetros, lo que coloca a Estados Unidos y Europa, dentro de su alcance, según South China Morning Post.

Los nuevos submarinos de ataque contarán con avanzados desarrollos tecnológicos, que "permiten a China mantener una presencia poderosa más allá de Asia Oriental, para proteger sus rutas comerciales a través del Océano Índico y más allá", y amenazar a los grupos de portaaviones occidentales en caso de hostilidades abiertas, estima Military Watch.

Llegados a este punto, es necesario recordar que China desplegará siete portaaviones para 2025, entre los superportaaviones y los buques de asalto anfibio, "lo que proporcionará a China una flota de portaaviones más grande que las de todos los demás países combinados, excepto Estados Unidos".

Según los analistas, los nuevos superportaaviones chinos que se lanzarán en 2021, "contarán con capacidades muy por delante de las de cualquier barco actual fuera de los Estados Unidos y a la par con el nuevo supercarrier USS Gerald Ford de la Marina de los Estados Unidos", contará con  sistemas de lanzamiento de catapulta electromagnéticos que permitirán que sus aviones despeguen con mayor carga útil de combustible y municiones.

Esta tecnología solo la utilizan las Armadas de China y EEUU, pero según Military Watch el primer portaaviones de la clase USS Gerald Ford que comienza a sustituir a los viejos Nimitz, "sufre continuas deficiencias de rendimiento y se mantiene muy lejos de listo para el combate más de tres años después de su puesta en servicio".

En efecto, los portaaviones Nimitz utilizan sistemas de lanzamiento a vapor, mucho más antiguos que los actuales Gerald Ford y los dos que pronto botará China, que sin embargo son de propulsión convencional y no nuclear como los estadounidenses.

La segunda cuestión es que el despliegue naval chino no necesita abarcar todo el planeta, como lo ha hecho EEUU desplegando once superportaaviones, sino defender sus costas y las rutas comerciales más importantes, que atraviesan el océano Índico y el Ártico.

En este sentido, debe recordarse que en 2020 mientras China ha acelerado la construcción de submarinos de ataque y portaaviones, el Pentágono sufrió dos incendios en sus portaaviones, uno de los cuales puede poner fuera de servicio permanente a una de las unidades cuando está considerando recortes importantes en su flota.

La tercera y última es la importancia de la industria como eje central que permite el crecimiento y despliegue de fuerzas armadas poderosas. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial debería servir para alumbrar hacia dónde se encaminan las diferentes naciones.

En el comienzo del conflicto, fue la potencia de la industria alemana la que le permitió ganar ventaja en el campo de batalla. Luego fue sobrepasada por la pujanza de la industria estadounidense y la rusa, y de sus trabajadores que realizaron un esfuerzo magnífico para multiplicar la producción superando incluso los objetivos trazados por los respectivos Gobiernos.

Sabemos que China es el taller del mundo, mientras la industria de EEUU languidece víctima de la política económica errática que han aplicado sus elites desde que lanzaron la aventura neoliberal en la década de 1980, agravada luego de la crisis de 2008 con una fenomenal especulación financiera.

Por Raúl Zibechi

20:15 GMT 16.11.2020(actualizada a las 20:19 GMT 16.11.2020) URL corto

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El factor humano: la ventaja estratégica de China

El Partido Comunista de China (PCCh) diseñó su plan quinquenal, hasta 2025, además de difundir sus objetivos para los próximos 15 años.

 

En apretada síntesis, consisten en "reforzar las innovaciones, pasar del crecimiento cuantitativo al cualitativo, aumentar los ingresos de la población y descarbonizar la economía".

Como señala Global Times, el país asiático está promoviendo un viraje estratégico de largo aliento; en sus propias palabras "un cambio estructural fundamental en la economía", que consiste en "impulsar drásticamente el mercado de consumo interno para garantizar un crecimiento sostenible a largo plazo libre de riesgos externos", para superar el clima internacional adverso.

Se espera que China se convierta en la mayor economía de consumo del mundo, con una fuerte ampliación de sus clases medias que en este momento suman 400 millones de personas. El énfasis en el mercado interno, y ya no tanto en las exportaciones y en la inversión extranjera, no supone que se abandone el comercio internacional, que tan buenos resultados le ha dado en los últimos treinta años.

El PIB per cápita de China superó la marca de los 10.000 dólares en 2019, aún lejos de los países más desarrollados. Por ejemplo: EEUU alcanza 62.000 dólares y España 30.000, pero China tiene un PIB per cápita muy similar a los de México, Brasil y Argentina.

Para hacerse una idea de la potencia que tiene un crecimiento del mercado interno chino, vale comparar la cantidad de vehículos por habitante. En EEUU hay 965; México y Argentina se acercan a los 300, mientras la media europea oscila entre 600 y 700. China tiene apenas 160 coches por cada 1.000 habitantes y 70% de los hogares no tienen autos, un enorme margen para el crecimiento.

El mercado interno chino tiene una potencialidad única, capaz de permitirle al Dragón sortear los nubarrones que dominan el escenario global.

Por eso el editorial de Global Times que comenta las decisiones del PCCh, plantea que "la autosuficiencia económica y tecnológica es necesaria para que la segunda economía más grande del mundo pueda hacer frente a los desafíos sin precedentes planteados por la pandemia de COVID-19, así como a la desquiciada represión de Estados Unidos contra China en muchas áreas".

El presidente Xi Jinping escribió un artículo en la revista del PCCh, QiushiJournal, en el que sintetiza el viraje económico: "Para garantizar la seguridad industrial y la seguridad nacional de China, debemos construir una cadena industrial y de suministro autodesarrollada, controlable, segura y confiable. Debemos esforzarnos por tener al menos una fuente alternativa de productos importantes y canales de suministro para formar un sistema de respaldo industrial".

La autosuficiencia, bandera del gobierno chino, enfatiza en las "tecnologías centrales", aquellas vinculadas a la inteligencia artificial, para superar el "estrangulamiento extranjero sobre los sectores tecnológicos de China", según el propio Xi. El primer paso, decisivo y estratégico, consiste en conseguir la autosuficiencia en semiconductores, el aspecto más vulnerable del Dragón.

El columnista de Asia Times, David Goldman, uno de los más finos analistas de la región, estima que China está dando "un saldo cuántico", ya que las nuevas tecnologías que aplicará en rubros estratégicos, serán "impulsadas por una industria nacional de semiconductores que desafiará el dominio estadounidense en la industria".

Asegura que "China ya ha lanzado un conjunto de nuevas tecnologías que Occidente no ha comenzado a implementar". Entre ellas, la detección remota de los signos vitales que permite el control de epidemias, algoritmos de inteligencia artificial predictiva, los pagos digitales (incluida una moneda digital oficial) que reemplazarán a la banca convencional y los robots industriales de auto-programación que pueden diseñar sus propios procesos de producción.

Sin embargo, y este es el punto decisivo, destaca que "la ventaja de China sobre Occidente no proviene de una tecnología superior. El despegue económico de China se deriva de lo que el economista premio Nobel Edmund Phelps llama "florecimiento masivo": la voluntad de toda la población de abrazar la innovación".

En otras palabras, está hablando del "factor humano", el título de la novela de espionaje de Graham Greene situada en la Guerra Fría, en la que la actitud de las personas de carne y hueso es tan o más importante que las instituciones en las que se desempeñan.

El libro de Phelps Florecimiento Masivo, publicado en 2013, sostiene que la fuente del dinamismo y la innovación de Occidente "fueron los valores modernos, como el deseo de crear, explorar y enfrentar desafíos". La mayor parte de la innovación no fue impulsada por visionarios aislados como Henry Ford y Steve Jobs, sino "por millones de personas empoderadas" capaces de promover mejoras, como señala la reseña de la Universidad de Princeton.

Destaca que "la innovación y el florecimiento autóctonos se debilitaron hace décadas", tanto en EEUU como en Europa, en gran medida porque "la satisfacción laboral ha disminuido desde finales de la década de 1960".

Aunque Phelps, y Goldman, son defensores de las sociedades y las economías occidentales, no pierden de vista las causas profundas de su decadencia. China es una sociedad floreciente, en la que su población se ha visto beneficiada por un crecimiento que ha elevado considerablemente su nivel de vida. Los chinos se sienten orgullosos de lo que han logrado en las últimas décadas y, a pesar de que subsisten desconformidades, pueden mostrar al mundo su exitoso combate a la pandemia.

El optimismo de la población china viene avalado por hechos concretos. El Dragón ha establecido el sistema de seguridad social más grande del mundo. "El seguro médico básico cubre a más de 1.300 millones de personas y el seguro de pensiones básico cubre a casi 1.000 millones de personas", como señala el comunicado del PCCh de la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central.

Cuando Huawei sacó a la venta su último teléfono, el Huawei Mate 40, la tienda virtual JD.com agotó sus existencias en apenas 11 segundos, a pesar de su elevado precio que en Europa ronda los 899 a 1.199 euros. La población china se vuelca con los productos nacionales en detrimento, por ejemplo, del iPhohe 12 de Apple.

Por el contrario, EEUU es una sociedad fracturada, cansada, en la que media población rechaza con odio y desprecio a la otra mitad. Las clases medias y populares se empobrecen, pierden calidad de empleo y acceso a servicios de salud en condiciones.

El "hambre" de los chinos por las nuevas tecnologías y la innovación es, con mucho, el recurso más importante del país en la guerra comercial y tecnológica desatada por la Casa Blanca y el Pentágono. Su propia población, es la retaguardia que le está permitiendo sortear las dificultades y seguir creciendo. No se distraen: saben que su futuro no depende de quien sea el próximo ocupante de la Casa Blanca.

16:59 GMT 02.11.2020URL corto

Por Raúl Zibechi

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El presidente chino, Xi Jinping, encabeza la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China, en Pekín.Foto Xinhua

Mientras EU se derrite en su balcanización electoral –sea quien fuere el vencedor difícilmente detendrá su inexorable decadencia (https://bit.ly/3jP8lU6)–, el Partido Comunista Chino (PCC), exorcizado por los dos partidos en Washington, se prepara a convertirse en una superpotencia –que ya lo es a nivel geoeconómico, astrofísico (alunizaje en el lado oscuro de la Luna) y tecnológico, con su liderazgo en la 5G.

En medio de la guerra multidimensional que libra EU contra China, en el quinto pleno del PCC, su Comité Central (con más de 200 miembros de su élite) celebró a puerta cerrada su más importante cónclave del año que duró cuatro días en Pekín y anunció en un comunicado su plan quinquenal para concretar su autarquía tecnológica (https://bit.ly/3kKAnS9).

SCMP enuncia sus prioridades políticas para conservar el crecimiento de la economía en medio de la pandemia, las disrupciones de la cadena de suministro, las relaciones tóxicas con Occidente (sic) y una inminente caída económica global –además de la crisis alimentaria global por venir–.

Su Comité Central discutió también el proyecto para lograr la cosmogonía del mandarín Xi de convertir a China en un gran país socialista moderno en 2035 (sic), que SCMP considera vago, por lo que se espera un plan más sólido en los próximos días.

De hecho, China ya había proyectado su mirifico plan China 2025 sobre su autarquía tecnológica (https://bit.ly/35U3U5l), al unísono de sus Tres Rutas de la Seda –continental/marítima/y la del Ártico (https://bit.ly/3kN0kQO)– financiadas por 8 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) del colosal banco AIIB (https://bit.ly/37Yq9d3).

China se prepara así a escalar un estadio superior en su desarrollo económico: pasar de un ingreso medio a un alto ingreso.

La autarquía tecnológica representa la piedra de toque del plan quinquenal conforme China se parapeta frente a las “amenazas de desacoplamiento ( decoupling)” y la decreciente (sic) globalización para girar a su economía doméstica (sic) mediante la estrategia de la circulación dual: permanecer abierta (sic) a la inversión y comercio foráneos (sic) mientras gira para edificar un ecosistema económico interno menos vulnerable a las sanciones externas y las turbulencias. ¡Si algo teme China desde el inconmensurable sabio Confucio del Siglo V aC es el caos!

Antes que el planificado 2021, China ya constituye una sociedad moderadamente próspera en todos los ámbitos y se encamina al segundo objetivo del mandarín Xi: convertirse en un país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado y armónico en 2049 (sic).

Parte de su estrategia radica en el estímulo al consumo doméstico, conjugado a la reforma interna, la apertura y la innovación.

Wang Zhigang, Ministro de Ciencia y Tecnología, comentó que en su nueva fase China incorporó un nuevo concepto de desarrollo: es la primera vez que un plan quinquenal se consagró al capítulo específico de la tecnología, cuya autarquía es incluyente de los temas universales: cambio climático, cambio energético, salud pública (sic), mejor protección a la propiedad intelectual y un ambiente amigable para la innovación tecnológica (https://bit.ly/2TKz0qo).

Más allá de los anatemas cavernícolas, el gobierno de la 4T, al que todavía le falta la T de Tecnología, en un país como México –que considero la máxima potencia civilizatoria y cultural del continente americano–, debería inspirarse del poder cultural chino (su poder blando) que proviene de una civilización añeja de casi seis mil años, con sus tres principales tareas para los próximos cinco años: optimizar el nivel de la civilización (sic) social, mejorar el nivel de la cultura pública y optimizar su sistema cultural.

Ahora los adversarios de China construyen sus murallas: alrededor de 2 mil 500 años después de la Gran Muralla.

PD: En mi artículo del 28/10/20 (https://bit.ly/31Wyuu4) debí poner: “el ingreso de la industria petróleo/gas de EU es 1.6 veces el PIB nominal de México de 1.04 millones de millones de dólares ( ranking del FMI)”.

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China será la única gran economía que crecerá este año, estima el FMI

El FMI estima que China será la única gran economía que crecerá este año. Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters.

 

Mientras que varios países del mundo se enfrentan a una recesión económica por el impacto de la pandemia de coronavirus, el Fondo Monetario Internacional estima que China será la única gran economía que crecerá este año, según los pronósticos del organismo publicados esta semana, informa CGTN.

El FMI anticipa que el producto interno bruto (PIB) de China aumentará 1,9% en 2020, mientras que otras economías emergentes y avanzadas se espera que caigan 5,7% y 5,8%, respectivamente.

Además, el organismo internacional pronostica que el crecimiento de la nación asiática se acelerará a 8,2% el próximo año.

El Gobierno del gigante asiático introdujo una serie de paquetes de estímulo, proporcionando fondos para ayudar a los consumidores y las empresas frente a las pérdidas económicas, que culminaron en un crecimiento de 3,2% en el segundo trimestre. Se espera una recuperación más fuerte en el tercer trimestre, estimada en alrededor del 5%.

China fue el primer país en enfrentar la pandemia de COVID-19, y también fue el primero en contener la propagación del virus a nivel nacional, mientras que el número de infecciones sigue aumentando en todo el mundo.

El FMI también pronostica una contracción global de 2020 del 4,4%, una mejora con respecto a una contracción del 5,2% prevista en junio, cuando los cierres de negocios alcanzaron su punto máximo.

La economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló que “estos son tiempos difíciles, pero hay algunas razones para tener esperanzas” , refiriéndose a los progresos realizados en tratamientos y ensayos de vacunas.

18 octubre 2020

(Con información de RT)

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