Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.Foto Ap

En un devastador libro documentado con rigor, valiente y políticamente significativo, el humanista Robert Francis Kennedy Jr exhibe al encargado de manejar la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos, Anthony Fauci, como un "charlatán" interesado en millonarios negocios personales, que ha servido de bisagra entre un espinoso entramado de militarización global planificada y la monetarización de la medicina; un proceso de "demolición controlada de la democracia constitucional estadunidense", que conduce a un totalitarismo tecnocrático-digital y es llevado a cabo por la Big Pharma, el sector financiero, los gigantes tecnológicos oligopólicos de Silicon Valley y el complejo militar-industrial, incluyendo los servicios de inteligencia. En una alianza ideológica-intelectual con grandes conglomerados mediáticos, considerados algunos "independientes" y/o "progresistas".

Según Kennedy, el doctor Fauci −"el médico más poderoso y despótico de la humanidad"−, en lugar de salvaguardar la salud pública de EU, convirtió los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) en una incubadora de productos médicos y es el principal arquitecto de la "captura institucional" ( institutional capture) de las agencias de gobierno, incluidas las de salud pública, por las corporaciones oligárquicas de la industria farmacéutica.

Lo acusa, asimismo, de que asociado con el megamillonario Bill Gates participó en la creación de la "fiebre del oro de las vacunas" con estrategias antiéticas, utilizando simulacros de pandemia en colaboración estrecha con el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Foro Económico Mundial de Davos y las principales corporaciones farmacéuticas y mediáticas.

El autor de El verdadero Anthony Fauci. Bill Gates, las grandes farmacéuticas y la guerra global contra la democracia y la salud pública (Skyhorse Publishing y Children’s Health Defense) es sobrino del ex presidente John F. Kennedy –asesinado en Dallas, Texas, en 1963– y pertenece al establishment más privilegiado de EU. Abogado y miembro del Partido Demócrata, lleva cuatro décadas litigando en defensa de las instituciones del viejo New Deal de Roosevelt y la Carta de Derechos ( Bill of Rights) de la Constitución, que intentan ser capturadas por intereses oligárquicos-corporativos a través de lo que él llama "títeres de calcetín" (“sock puppets”).

Robert Kennedy Jr conoce a la perfección las entrañas del sistema. Como él mismo asevera y describe, su padre, el ex fiscal general de EU y luego senador Robert F. Kennedy, también fue asesinado. Éste en Los Ángeles, California, en 1968, por quien ese día le cuidaba la espalda: un hombre que trabajaba para la CIA, Eugene Cesar, quien le disparó cuatro veces a quemarropa. La investigación quedó a cargo de agentes de la CIA que operaban en América Latina, y antes del juicio fueron destruidas 2 mil 800 fotos recolectadas por la policía.

Según Kennedy, durante más de cuatro décadas Fauci ha sido un "agente" de la Big Pharma, cuyo entramado financiero involucra a grandes compañías fabricantes de fármacos y medicamentos con organismos estatales como el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) −del cual el propio Fauci es director desde 1984−, que se ha transformado en "una subsidiaria sin fisuras de la industria farmacéutica".

Sus señalamientos sobre el poder acumulado por Fauci están apoyados en datos duros: el director del NIAID es el funcionario federal mejor pagado de EU, con un salario de 417 mil 608 dólares anuales (el presidente gana 400 mil); maneja un presupuesto anual de 6 mil 100 millones y obtiene otros mil 600 millones del Ejército para realizar investigaciones sobre armas biológicas; controla 57 por ciento de la financiación biomédica mundial directa e indirecta a través de los NIH, la Fundación Bill y Melinda Gates y el Wellcome Trust, y por lo tanto controla a los científicos que buscan financiamiento para sus investigaciones; posee 57 patentes de vacunas. Además, Fauci y otros funcionarios reciben hasta 150 mil dólares anuales en pagos de regalías por productos que ayudan a desarrollar y por la ejecución del proyecto de aprobación.

En su documentada investigación, Kennedy acusa al principal propagandista y vendedor ambulante de vacunas Covid-19 del Deep State, de haber seguido estrategias antiéticas desde el comienzo de la llamada pandemia corona, desde la obstrucción de tratamientos tempranos hasta la promoción de "dos remedios mortales: los ventiladores y el remdesivir" de los laboratorios Gilead, a medida que las ganancias farmacéuticas y los poderes burocráticos crecían y la salud pública decaía. El remdesivir, con un perfil de seguridad catastrófico, y donde la Fundación Bill y Melinda Gates tiene una gran participación, cuesta 3 mil dólares por tratamiento.

De manera conjunta con su socio Bill Gates −y para acorralar a los estadunidenses hacia la inyección para Covid como solución única−, Fauci no invirtió un dólar para estudiar o promover el tratamiento temprano con combinaciones de medicamentos que podrían reducir drásticamente las muertes y hospitalizaciones, suprimiendo, saboteando y haciendo la guerra a profilácticos más baratos y no tóxicos de la competencia, como, entre otros, la hidroxicloroquina, la ivermectina, el zinc y las vitaminas D y C intravenosa, disponibles en el mercado.

Simultáneamente, en un asalto a la garantía de la libertad de expresión de la Primera Enmienda de EU, Fauci y las corporaciones mediáticas aliadas censuraron las críticas a sus políticas en las principales redes sociales y colaboraron para silenciar cualquier información médica sobre terapias y tratamientos que podrían poner fin a la pandemia y competir con inyecciones y vacunas (Ver: Tratamiento Zelenko; Association of American Physicians and Surgeons; FLCCC Alliance, etcétera).

Como refiere en su obra Kennedy, en 2000, Fauci se reunió con Gates, quien le pidió asociarse con los Institutos Nacionales de Salud para inocular al mundo con una batería de nuevas vacunas. En 2009, ese acuerdo se rebautizó como "La Década de las Vacunas", cuyo objetivo era implantar la vacunación obligatoria de todos los niños y adultos del planeta para el año 2020. Y desde 2016, eso iba de la mano con la Alianza ID2020 para una identificación digital universal, patrocinada por la alianza global para vacunación GAVI (Fundación Gates), Microsoft y Accenture, en asociación con la ONU.

En su libro, Kennedy afirma que el llamado capitalismo filantrópico de Bill Gates es utilizado por el magnate para acumular dinero: tiene una fundación en la que escondió 50 mil millones de dólares libres de impuestos, dinero que utiliza para controlar a las agencias de salud pública en EU y a la Organización Mundial de la Salud, lo que le permite establecer las políticas médica, farmacéutica y de salud pública mundial, maximizando los beneficios de su participación en grandes compañías del ramo.

Letales experimentos con niños

Sin embargo, Gates no atrajo a Fauci al lado oscuro de esta historia. Éste ya había pasado décadas jugando con la vida de las personas y sacrificando la salud pública por el beneficio. En particular, Kennedy expone el papel de Fauci en la epidemia de VIH en los años 80 del siglo pasado; construyó el NIAID en torno a un medicamento contra el sida llamado azidotimidina (AZT), un fármaco de quimioterapia tan tóxico que mataba a las ratas. El inventor consideró que no era seguro para uso humano y no lo patentó. Pero Fauci se asoció con él y aceleró su regulación haciendo trampa en los ensayos clínicos.

Según la revista SPIN, el AZT "era peor que la enfermedad y mataba más rápido que la progresión natural del sida si no se trata. El AZT había sido un medicamento contra el cáncer descartado debido a su toxicidad fatal, resucitado con los pacientes con sida con el pretexto de que de todos modos se iban a morir". Fauci saboteó tratamientos alternativos y el AZT fue el medicamento más caro de la historia: 10 mil dólares por un suministro de un año (su fabricación costaba 5 dólares por dosis); mató a unas 330 mil personas.

Kennedy también exhibe los experimentos del tecnócrata Fauci con medicamentos tóxicos contra el sida en niños adoptivos negros e hispanos del Incarnation Children’s Center de Nueva York. Al menos 85 murieron, pero el número podría llegar a mil. Escribe Kennedy: “¿Qué oscura tendencia se encuentra en el Dr. Fauci que permitió supervisar y luego encubrir las atrocidades en el Incarnation Children’s Center? ¿Acaso supone que el sufrimiento y la muerte de niños son daños colaterales aceptables en su ‘noble’ búsqueda de innovaciones en salud pública? En el peor de los casos, es un sociópata que ha llevado a la ciencia a la escala del sadismo”.

Kennedy establece comparaciones con la recomendación de Fauci de usar remdesivir para tratar el Covid-19. Dice que éste copió la estrategia para obtener la autorización del uso de emergencia que usó en el caso del sida y que repitió a lo largo de su carrera para obtener aprobaciones de medicamentos ineficaces y letales, y aunque ganó mucho dinero con el AZT, no se puede comparar con las ganancias de Pfizer con su inyección anti-Covid: 35 mil millones de dólares en 2021. Y a diferencia del AZT, Pfizer está absolutamente libre de riesgos y nunca podrá ser demandada por lesiones o muertes.

Fauci −asevera Kennedy−, ha sido una figura clave en la planificación de pandemias, y no precisamente en cómo prevenir una sino en cómo crearla. Añade: “Las pandemias se han dramatizado y resultaron ser un completo fraude (…), Fauci y Gates tomaron las lecciones de otras pandemias falsas y la trasladaron al coronavirus. Quiero dejar claro que no estoy diciendo que el coronavirus no sea una pandemia o que no mate a mucha gente. Lo hace. Pero todos hemos sido manipulados por la exageración de los casos, las muertes y el oscurantismo de los datos”. En el capítulo 12, Kennedy documenta casi dos docenas de simulacros pandémicos de bioseguirdad, siendo la más reciente el Event 201 del 19 de octubre de 2019; todos con participación de las agencias de inteligencia. Todos planteaban cómo instaurar estados de excepción como remedio para afrontar la simulada amenaza.

Según Kennedy, la única métrica de Fauci es: ¿Cuántas vacunas hemos puesto? ¿Cuántos fármacos hemos vendido? ¿Cuántas comisiones estamos recibiendo? Como explica en el libro, el NIAID se ha convertido en una incubadora para la industria farmacéutica. Afirma, también, que “entre 70 y 90 por ciento de las muertes y hospitalizaciones por Covid podrían haberse evitado y hay estudios que lo avalan. Sin embargo, prohíbe que la gente lo haga. Es un sociópata…”

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Jueves, 23 Diciembre 2021 16:23

Hacia la sociedad apartheid

Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)

¡La culpa es de ellos! Así, con facilismos de este tipo pero que para nada son ingenuos, sin reparar en las circunstancias totales que rodean la actual crisis pandémica por covid-19, tratan de ‘explicar’ en diversas partes de la sociedad global, y en particular en Colombia, la prolongación de la crisis de salud pública, asociada con este virus.


La inculpación no es insignificante. En realidad, es el paso previo para justificar la aprobación y la puesta en marcha de mecanismos de coerción, anulación de derechos fundamentales para quienes así son señalados, estímulo a la división social entre quienes aceptan la vacuna y quienes por diferentes motivos no lo han hecho, así como mampara para ocultar o dificultar la discusión que se debiera dar en todas las sociedades en torno a la realidad de esta crisis, la manera como ha sido afrontada hasta ahora y las opciones existentes, incluida la vacuna pero sin limitarse a ella, para prevenir el contagio, así como para superarlo en caso de afectación. Pero también frente al reto sustancial ante el que se enfrenta la sociedad global: aniquilar el virus vs. aprender a convivir con el mismo.

Efectividad total, parcial, temporal

Un logro inmediato de esta distorsión de la realidad es evitar una explicación amplia y suficiente que los gobiernos de cada país le deben a su población, y es: la vacunación es garantía de inmunidad, sí o no, o simplemente, por la fase de experimentación en que se encuentran los biológicos, y por la constante modificación a que las obliga, producto de las constantes variantes que experimenta el virus, solo es un mecanismo de protección parcial. Quizá éstas sean apenas un recurso para crear o reforzar anticuerpos, los mismos que tienen vitalidad temporal –de mayor a menor temporalidad–, como lo evidencia la caída de efectividad de las numerosas vacunas tras algunos meses de su aplicación.

Hay realidades evidentes: en Israel, por ejemplo, el país prototipo de la propagandeada efectividad de este procedimiento, lo que para junio de este año era éxito total –tras unas semanas de triunfalismo– dio paso al pesimismo. Y para superarlo, según el “Dr. Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo […] “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección” (1) producto, según distintas autoridades de la variante Delta, más contagiosa, y por la cual la vacuna Pfizer perdió sus bondades. Eran Segal, “[…] quien asesora al gobierno israelí en asuntos de covid [indicó que] cinco o seis meses después de la vacuna, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% cuando la protección se activa por primera vez” (2).

Es una realidad ocultada, difuminada o manipulada a lo largo del mundo, maniobra con graves consecuencias sobre la salud y la vida de millones, ya que, al no enfatizar lo suficiente en la realidad de que vacunado o no cada persona debe “seguir con el riguroso uso de tapabocas, guardar la sana distancia y el lavado de manos”, quien recibe la inyección queda convencido de que es inmune y se relaja con las indicaciones antes relacionadas. Algo mucho más posible, toda vez que la normalidad en la producción, la distribución y el consumo de mercaderías, así como de espectáculos, a la par del transporte nacional y global, está al ciento por ciento. La vida cotidiana ha regresado a su tradicional agite diario, afán y preocupación principal del empresariado.

Relajados, desprevenidos, convencidos de lo que no es, los inoculados se infectan e infectan a otras personas, propiciando nuevas olas de contagio que toman vuelo en países que se supone ya deberían tener inmunidad de rebaño, anunciada meses atrás para sociedades que superaran un 70 por ciento de vacunados (luego para un 80 por ciento, y el porcentaje continúa subiendo). Hay que aclarar que, además de quienes pasan por el pinchazo, en el porcentaje antes aludido se debería sumar a quienes han sufrido el contagio y lo han superado, lo que llevaría a que en estos países la inmunidad de rebaño ya pudiera estar asegurada. ¿Por qué no es así? ¿Por qué el virus sigue golpeando en estos países como si no estuviera vacunada la mayoría de su población?

Ausencia de claridad evidente en Colombia, país en el que en todo momento se da a entender que el biológico es la única y efectiva solución para evitar el contagio, como para elujdir sus fuertes consecuencias, incluso la muerte, en caso de tratarse de un cuerpo debilitado por enfermedades crónicas (comorbilidades). País en el que el formulario que diligencia quien se someterá al pinchazo dice de manera tibia: “La vacunación contra el Sars.CoV-2/covid-19 reducirá (N.M.) la posibilidad de presentar la enfermedad”. Y entre sus beneficios anunciados: “reducción (N.M.) de la severidad de la enfermedad en caso de presentarse” (3).


Allí está escrito lo antes referido. La vacuna aún no es tal, ya que no inmuniza y sí reduce la posibilidad de infección como su impacto, pero así está escrito para quien lee entrelíneas, no para un amplio porcentaje de la población que solo lee lo textual. Realidad: hay que insistir en que tendría que difundirse de manera directa, diáfana, llamando y propiciando, vía políticas públicas de salud y alimentación, a considerar otras medidas de protección: cambiar hábitos y consumos alimentarios para evitar inflamaciones crónicas en el organismo, y para ello incrementar la ingesta de todo tipo de alimentos que fortalezcan los anticuerpos, por ejemplo, brócoli, cúrcuma, ajo, albahaca, orégano, entre otras opciones; pero también ingiriendo bebidas con igual cualidad, a partir de salvia, quina, jengibre, moringa y otros; así como, en caso de infección por covid-19, dejando abierta la posibilidad de consumir Ivermectina, Dexametasona, Aines (antiinflamatorio) Dióxido de cloro (4), ingerir anticoagulantes como Ginkgo biloba y Ginseng (según medicación), Naproxen o Ibuprofeno, así como el hábito diario de una aspirina (5).

Como todo lo relacionado con la salud, lo prioritario es prevenir, y en ello también tiene mucho que ver el ritmo cotidiano a que nos tiene acostumbrado el capitalismo, como todo lo que tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de vida. Pero sucede que la pandemia, a pesar de haber desnudado una vez más el sistema socioeconómico hoy hegemónico, evidenciado su actual invalidez, no propició el necesario choque cultural para que los millones que habitan aquí y allí levantaran su voz en contra de tal realidad, demandando su radical transformación. Es así como, luego del craso error de la dirigencia mundial de parar en seco el músculo capitalista, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

Y no solo recobró su ritmo el sistema global sino que además logró apagar o hacer inaudibles las voces que asocian esta crisis con la deforestación creciente de bosques y selvas, con la diversa manipulación de la naturaleza, con el extractivismo en todos los niveles. En fin…, con el predominio de un sistema para el cual la producción y el consumo cada vez en mayor escala son lo fundamental. La vida, ¡que espere! Relación causa-efecto que, para evitar su prolongación y la posible aparición de nuevos virus de potencia igual o superior a la actual, demanda la superación del modo de producción dominante.


Es una capacidad de maniobra extendida a la devaluación del sentido original de la ciencia en su abierto y cuestionador espíritu, sin dejarse encasillar ni limitar por intereses económicos, políticos, religiosos o de otro orden, y sí dispuesta a valorar las más diversas opciones para resolver uno y otro problema o interrogante. Hoy, como sorpresa, parece que la ciencia fuera infalible y limitada al conocimiento y los intereses de las farmacéuticas.

Esos intereses llevan a ocultar o manejar –de manera casi inaccesible– datos fundamentales sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tasas de infección que indican con toda claridad el porcentaje de quienes ya contaban con la pauta completa de vacunación y quienes no lo estaban. Pese a ello, y a la recurrente y malintencionada información de que quienes hoy llegan a hospitalización por covid-19 son mayoritariamente no vacunados, los datos procedentes de Israel –donde confirman que el 60 por ciento no estaba vacunado, así como en Inglaterra, con tasas similares– ratifican lo contrario (6). Lo mismo sucede en centenares de condados de Estados Unidos (7). La confirmación de la infección el pasado 22 de noviembre del primer ministro francés Jean Castex, a pesar de contar con la doble dosis, deja abierta la ventana a que en este país la pauta también sea similar a la ya anotada, abriendo así un espacio para desmontar la estrategia en la lucha contra el covid-19, soportada en medidas coercitivas, de anulación de diversos derechos fundamentales y, allí como en decenas de otros países, de cuasicriminalización de los no vacunados; política de multiplicación de mensajes para crear y/o prolongar un ambiente de miedo y terror en el cuerpo social ante la negativa a vacunarse, señalando ese rechazo como camino seguro al ataúd.

En ese proceso, la carnetización para certificar la aplicación del biológico es una de sus expresiones más patéticas, la que en Colombia dejó apreciar su real carácter y su nivel de manipulación el pasado 19 de noviembre con ocasión del día sin IVA y para el cual fue levantada su obligatoriedad para ingresar a lugares de alta concurrencia. Esta medida entraña una clara manipulación y la distorsión del sentido mismo de la vacunación, también presente en las jornadas para aplicarla, puestas en marcha a la entrada de estadios de fútbol y otros espectáculos masivos como condición para ingresar a los mismos. ¿Genera la vacuna anticuerpos inmediatos? ¿Protege sin demora a quien se la aplicó como a quien estará a su alrededor? La respuesta permite reflexionar sobre los intereses y el ocultamiento de información asociados a la llamada “inmunización colectiva”.


Por lo pronto, y como el problema supuestamente es el no vacunado, proceden, manipulan, atemorizan, condicionan, todo vale pues hay que lograr que rompa su negativa a como dé lugar, jugando con sus sentimientos, sus gustos, sus anhelos, Para nada importan la educación sobre salud pública y nada de lo que le esté asociado. El peligro es al no vacunado, y hay que aislarlo si no rompe su ‘terquedad’. Y si no acepta, negarle el ingreso a lugares de consumo, mercado, espectáculos, hasta contemplarse incluso que no puedan salir de sus casas, como lo anunció el alcalde de Medellín en mala copia de lo realizado o también considerado en otros países (8). Al final, como lo aseguró una destacada periodista, de una de las más poderosas cadenas radiales del país: “Y si son tantos los que están de acuerdo con lo que usted está diciendo, por qué no hacen una fiesta adonde vayan todos los que no quieren vacunarse, y ya; se dedican a eso: los bares, las fiestas, sus propios eventos” (9). El ambiente para aislar y segregar está creado; algunas medidas ya están en curso y, de aplicarse con toda severidad, estamos claramente a las puertas de la sociedad apartheid y, como toda sociedad de ese carácter, en la antesala del autoritarismo a ultranza.

Como es sabido, para prolongarse, el poder acude recurrentemente a dividir a los de abajo, estimulando la lucha o la confrontación de pueblo contra pueblo o, en otras palabras, haciendo realidad la máxima “divide y reinarás”, constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y ahora no es distinto: inculpan a unos, ensalzan a otros, crean sentimientos opuestos que impiden que su mirada se fije sobre el poder, que es donde en este caso reside el foco del problema. ¡Claro! Sin lograr comprensión sobre el origen y los desafueros en el manejo de una problemática, dada las posibilidades de superarla cabalmente, brillarán las alternativas por su ausencia. Y mientras así sucede, el ahondamiento del autoritarismo, como es evidente hoy en Australia, Francia y otros muchos países, toma más vuelo, incluso con el aval de un sector del pueblo.

Pese a ello, algo no responde al libreto que pretende hegemonía, e identificarlo con toda claridad es indispensable para que la humanidad salga airosa de esta crisis, que, asociada a las que sufre el campo medioambiental, económico, político, en fin, a la crisis sistémica que sacude al Sistema Mundo Capitalista, acumulan todo lo necesario para que la sociedad global diga ¡basta! a una sola voz.

 

1. “¿Por qué están aumentando los casos de coronavirus en Israel si el país lideró las vacunaciones? (y qué lecciones le deja al resto del mundo). BBC Mundo, 9/09/21.
2. íd.
3. Consentimiento informado para la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2/covid-19, Ministerio de Salud, https://www.dssa.gov.co/images/vacunacion/modelo_consentimiento_informado.pdf.
4. Todos estos recursos según recomendación médica.
5. “La solución política a esta pandemia y a las que vendrán no puede depositarse en un optimismo tecnológico cortoplacista que cifre en las vacunas la panacea exclusiva, sino que exige una reflexión radical sobre las condiciones de vida y la ciencia que se produce en un mundo profundamente desigual y ecológicamente devastado”. Nuño de la Rosa, Laura, “Ciencia y capitalismo en tiempos de covid”, Viento sur, España, 5 de noviembre 2021.
6. “Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas”. […] El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido”, ¿Por qué están aumentando…, op. cit.
7. “Las vacunas antiCOVID no reducen las tasas de infección”, Dr. Joseph Mercola
https://articulos.mercola.com,2021/11/18
8. “Quintero advierte que Medellín podría tener cuarentena para no vacunados”, El Colombiano, 23 de noviembre de 2021.
9. https://www.youtube.com/watch?v=coo1D4xWeKA.

 


 

Una intelectualidad aletargada

 

por Philip Potdevin

 

A comienzos del mes de noviembre uno de los principales medios de radio del país entrevistó a un ciudadano que adelanta lo que ha denominado “tutelatón” contra la exigencia del carnet de vacunación, una iniciativa que busca frenar ante el poder judicial la reciente medida del gobierno, que, a imitación de otros muchos países, ha implantado el pasaporte covid para poder acudir a lugares de encuentro y reunión de la ciudadanía.


En la entrevista, frente a los argumentos del ciudadano, quien defiende la libertad individual de poder disponer del cuerpo, la salud y la vida de manera libre y democrática, los avezados periodistas, despojándose de su rol de profesionales de su oficio, en lugar de escuchar y tratar de entender los fundamentos jurídicos y sociológicos de la iniciativa, con el fin de que la audiencia pudiera formarse una opinión al respecto, asumieron, de manera insólita, el rol de inquisidores para llevar la entrevista a lo que casi se convierte en un linchamiento radial contra este ciudadano. Escuchar la entrevista deja perplejo a cualquiera, y a la vez corrobora una nueva realidad a la que estamos despertando.


En ese sentido, la vacuna contra el covid19 se consolida como el principal dispositivo de dominación del siglo, usada ampliamente por gobernantes en alianza con las grandes farmacéuticas y los poderosos medios de comunicación para atemorizar a la población. La humanidad va entrando ordenadamente en el redil de un nuevo contrato social que comienza a definirse cada día de manera más clara. No solo la vacuna es buscada afanosamente por casi todos, bien sea en sus primeras, segundas o terceras dosis, sino que el tenerla o no tenerla se está convirtiendo en una licencia para vivir en sociedad. Así como quien quiere conducir un vehículo en las calles de cualquier ciudad requiere de un permiso expedido por una autoridad competente, ahora el pasaporte covid surge como un salvoconducto necesario para salir de casa y desplazarse libremente en las ciudades.


El mecanismo del terror nunca ha tenido tan largo alcance como en nuestros días. Ni los peores sátrapas y tiranos de la antigüedad, ni los dictadores y dictadorzuelos del XIX y el XX, todos genios para encontrar múltiples formas para apuntalarse en el poder encontraron herramienta tan eficiente para propagar la pavura entre la ciudadanía como hoy con la instrumentalización de la diada enfermedad-vacuna. Y para mantener avivada la llama, ahora, cuando la humanidad entra en el tercer año de pandemia, se habla de una cuarta ola, de nuevas variantes como la omicrón, bajo cuya amenaza se regresa a los confinamientos parciales o totales, como a las cuarentenas obligatorias como está sucediendo en algunos de los países más desarrollados del planeta a pesar de ser de los primeros que tuvieron acceso a la vacuna.


En toda tiranía es esencial silenciar a los opositores, en especial si estos son pensantes y tienen la capacidad de influir sobre la sociedad. El pensamiento crítico es el principal enemigo de todo régimen autoritario. Los que ejercen esta función, llámenseles como se les quiera llamar, pueden, con el poder de la palabra, de la pluma, de su pensamiento, derrocar al más afianzado déspota. Hoy día, cuando la tiranía es ejercida no por individuos sino por la compleja hidra del sistema capital-estado-medios, la oposición ejercida por mentes aisladas palidece hasta el punto de cuestionarse si aún existe una fuerza capaz de sacudir a la humanidad de su letargo. Por supuesto que hay voces que jamás claudican: en Uruguay, en España, en Francia, en Chile se mantienen activos muchísimos intelectuales que siguen desnudando la realidad detrás del terror montado por el sistema de poder actual. Al mismo tiempo, sorprende la ausencia de voces tradicionalmente críticas frente a lo que estamos viviendo. Zizek, Byung Chuil Han, Agamben, por solo mencionar a tres de los más influyentes pensadores de corte progresista, tras pronunciarse en los primeros meses de la pandemia con sus reacciones, parecen retraerse a sus habitáculos para tomar cierta perspectiva de los acontecimientos. Se ven confundidos y abrumados por los hechos y no logran, al parecer, leer los tiempos actuales.


De otro lado, hay voces que amplifican el derecho a la rebelión, el elogio al conflicto, el impulso a que los pueblos rompan el cerco y se manifiesten contra la tiranía. El proyecto comunicativo desdeabajo ha estado presente este año con varias publicaciones que dan fe de este pensamiento crítico y muestran la otra forma de ver los hechos. Sin embargo, se percibe un vacío en la comunidad nacional e internacional de perspectivas agudas y abiertas que no solo desenmascaren la actual dominación sino que den un paso adelante para señalar caminos de acción e intervención para sustituir el debilitado pero aun poderoso sistema capital-estado-medios por uno que, ante todo, honre la dignidad humana. La sospecha que queda flotando es si muchos de los llamados a levantar sus voces están cooptados por el sistema, o han quedado paralizados por el aguijón de la díada enfermedad-vacuna, o simplemente se ha quedado seco su manantial crítico.

 

 

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Lunes, 20 Diciembre 2021 09:14

Esperando la luz

Entre principales noticias que acapararon los titulares en Estados Unidos este año está el asalto al Capitolio el 6 de enero (en la imagen), intento de golpe de Estado en este país autoproclamado modelo democrático para el mundo, donde a lo largo del año ex generales, expertos sobre democracia, libertades civiles y derechos humanos advierten sobre la posibilidad de otra asonada, violencia política extrema y terrorismo impulsados por fuerzas protofascistas.Foto Ap

Hay un viejo dicho en el periodismo de noticias locales en Estados Unidos: "si sangra, es principal" ( if it bleeds, it leads). Si la nota es sangrienta, de horror, salvaje, espléndidamente grotesca, esa será la que captura la atención.

Las noticias principales a lo largo de 2021 en Estados Unidos fueron espectacularmente terribles. Juntas parecen ser un guion incoherente de una película que combina horror, tragedia, "thriller político", y ciencia ficción.

Entre las noticias principales que tuvimos que reportar: un intento de golpe de Estado en el mero autoproclamado modelo democrático para el mundo donde a lo largo del año ex generales, expertos sobre democracia, libertades civiles y derechos humanos advierten sobre la posibilidad de otro golpe de Estado, violencia política extrema y terrorismo impulsados por fuerzas protofascistas; la peor pandemia en un siglo ha cobrado más de 800 mil muertos (medio millón innecesarios), más que cualquier otro país; la desigualdad económica ha llegado a su nivel más extremo en un siglo (2 multimillonarios tienen lo que 40 por ciento de la población más pobre; el 1 por ciento más rico tiene lo equivalente de la riqueza de 92 por ciento de la población); Washington –junto con casi todos los gobiernos del mundo– fracasó en hacer lo necesario para rescatar el ecosistema planetario y empezar a revertir el cambio climático, otra vez; los millones obligados a decir adiós a sus familias y pueblos al migrar por las consecuencias brutales de la violencia, corrupción, concentración de riqueza, y el cambio climático fueron perseguidos, criminalizados, encarcelados en campos de concentración con sus hijos en Estados Unidos y sus derechos humanos, como el del asilo, violados; más de 43 mil han muerto por violencia con armas de fuego y van 676 incidentes de tiroteos masivos en escuelas y otros lugares públicos. Ésas han sido las principales noticias del año en Estados Unidos (y anexas).

Y el año concluye con más noticias aplastantes: que se pronostica un nivel sin precedente de infecciones de las nuevas variantes de Covid en Estados Unidos, que la industria petrolera y sus cómplices están dispuestos a condenar de muerte hasta a sus propios hijos, y con el Congreso de Estados Unidos fracasando en promover protecciones para garantizar el derecho al voto en este supuesto faro de la democracia, aprobar una ley para inversión social, combate al cambio climático y lograr que los más ricos paguen sus impuestos, pero aprobando el presupuesto militar más grande de la historia del país: 778 mil millones de dólares; 25 mil millones más que los solicitados por el Pentágono.

Pero hay otras noticias que casi nunca aparecen en las primeras planas, y que son justo el antídoto a la desolación que genera tanta noticia apocalíptica. Por ejemplo, nada menos que este año se freno por primera vez el consenso neoliberal que ha imperado en el país durante cuatro décadas gracias a una lucha constante en varios frentes por diversas fuerzas progresistas. Una ola de huelgas y acciones laborales están empezando a impulsar un giro en la lucha contra la desigualdad económica, entre otros avances por fuerzas progresistas en Estados Unidos que tienen el potencial de impulsar un cambio sin precedente en la historia reciente de este país, mientras se resisten fuerzas neofascistas. Con algunas excepciones, estas expresiones no figuran como las notas principales en los medios, y a la vez, tampoco en otras partes del mundo, incluido México.

Tal vez en estos días que celebran como en los tiempos más oscuros nace una nueva luz, necesitamos (todos pero en particular nosotros periodistas) hacer que estas resistencias, rebeliones y triunfos de lo noble sean hoy día las notas principales en las portadas –las princesas– de nuestros tiempos.

Los Lobos. For What it’s Worth. https://open.spotify.com/track/32bJbByOId8wvOPjQqu1Qf?si=1385c4ebd3b84ff4

Santana, Everest. Put your lights on. https://open.spotify.com/track/3uRaD26t3RkJ8n549udQ83?si=b2846942c23d4563

Bruce Springsteen. This Little Light of Mine. https://open.spotify.com/track/63g7Z2JC9t4zUBykMvJcm9?si=73027f5c1610418a

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Cumbre de emergencia de Putin/Xi y borrador de tratados de seguridadde Rusia con EU y OTAN

La candente situación desde Ucrania hasta Taiwán, donde Biden ha pasado a una ofensiva retórica propagandista –salpicada de amenazas de empleo de armas nucleares de Estados Unidos para propinar un "primer golpe" contra Rusia para "defender" a Ucrania, según el belicismo atómico del senador republicano de Misisipi, Roger Wicker, influyente segundo de a bordo de la omnipotente Comisión del Ejército (https://bit.ly/3yH0p0s)–, obligó a que se reunieran de urgencia en una cumbre virtual de 90 minutos el zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping.

La ominosa amenaza de propinar sanciones catastróficas a Rusia, en caso de su inexistente "invasión" a Ucrania, entre las cuales se ubica la "opción nuclear" de expulsar a Rusia del sistema financiero internacional de pagos Swift (https://bit.ly/3shW8PD) –como advirtió la amazona subsecretaria de Estado israelí-estadunidense Vicky Nuland (https://bloom.bg/3p9l1eq): responsable del caos en Ucrania mediante su golpe contra el presidente ucranio Yanukovich en 2014–, quizá propició también la cumbre virtual de emergencia entre Putin y Xi (https://bit.ly/3e76ycw).

Por lo visto, los mandatarios Putin y Xi no tomaron en cuenta las notables conclusiones del connotado analista militar estadunidense Scott Ritter de que Biden está bluffeando en el tema de Ucrania (https://bit.ly/3Fm8Z6Y), y prefirieron colocar nítidamente sus "líneas rojas" compartidas desde Ucrania hasta Taiwán.

Desde 2013, Putin y Xi se han reunido, principalmente en forma presencial, 37 veces y ahora enfatizaron el supremo axioma soberanista, fundacional de la Carta de la ONU, sobre la "no interferencia" en los asuntos domésticos de otros países, así como resolver en forma conjunta y acoplada los contenciosos internacionales que el mandarín Xi califica de un "periodo de cambio turbulento" (https://reut.rs/33HVXTC).

Rusia apoya la postura de China en Taiwán, mientras que Pekín defiende la política de Rusia en Ucrania.

Más aún, según Yuri Ushakov, consejero del zar Vlady Putin en política exterior, ambos mandatarios acelerarán sus esfuerzos para la configuración de una infraestructura financiera independiente, con el fin de apuntalar sus operaciones comerciales bilaterales, en clara alusión a la ominosa amenaza de expulsar a Rusia del sistema Swift (https://bit.ly/3GURvz1).

Como un servidor había previsto, la triunfal visita de Putin a su homólogo Narendra Modi (https://bit.ly/3spUcEG) resucita el concepto del núcleo geoestratégico del RIC (Rusia/India/China), cuyos mandatarios podrían pronto realizar su espectacular cumbre (https://bit.ly/3qbtfSu). Dos días después de la cumbre virtual de emergencia de Putin y Xi, debido a la grave crisis geoestratégica frente a Estados Unidos y la OTAN desde Ucrania hasta Taiwán, la cancillería rusa hizo públicos dos borradores que servirán de base para definir las "estructuras de seguridad" geoestratégicas del siglo XXI y llenarán el vacío en el que naufraga el caduco "viejo régimen" unipolar/globalista/neoliberal que ha llevado al mundo al borde de una tercera guerra mundial de corte nuclear.

A mi juicio, para una seguridad estratégica global deben cesar las actividades hostiles de Estados Unidos/OTAN en el nuevo "arco de la crisis" del siglo XXI que engloba también a Europa oriental, el Cáucaso-Sur y Asia Central.

El borrador del "tratado de Estados Unidos y Rusia" prohíbe las actividades militares de cualquier género donde Washington y Moscú las perciban como "amenaza a su seguridad nacional" (https://bit.ly/30Fa2jz) y cuya resolución podría ser similar a la crisis de los misiles de 1962 en Cuba. Ambos borradores ameritan una mayor profundización analítica.

La principal aseveración de los dos borradores rusos promulga que "una guerra nuclear no puede ser ganada y nunca debe ser librada" (https://bit.ly/3siWkyi), lo cual detendría el irrefrenable irredentismo de la OTAN desde hace un cuarto de siglo y que pretende en forma provocativa otorgar su membresía atlantista a Ucrania y Georgia, en las sensibles fronteras de Rusia. Sucede que Putin no es Gorbachov ni Yeltsin.

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El asalto al Capitolio por la turba trumpista el 6 de enero de 2021. Foto Afp / Archivo

Nueva York. Tres ex generales alertaron de la posibilidad de otro golpe de Estado, esta vez con mayor participación de militares, en torno a las elecciones presidenciales de 2024, mientras que otros expertos expresan alarma sobre una posible “guerra civil” en el país, y la investigación legislativa por el asalto al Capitolio del 6 de enero revela más detalles sobre qué tan cerca llegó el país a sufrir un golpe de Estado.

Los tres ex generales con extensas carreras militares alertan: “estamos congelados hasta los huesos al pensar que un golpe podría tener éxito la próxima vez”.

El genera mayor del ejército Paul Eaton, el general mayor Antonio Taguba con 34 años de carrera, y el general brigadier Steven Anderson con 31 años de carrera advirtieron, en un artículo de opinión en el Washington Post publicado el viernes, que “el potencial de un colapso total de la cadena de mando por líneas partidistas -desde arriba de la cadena al nivel de escuadrón- es significante si ocurre otra insurrección. La idea de unidades [militares] desleales organizando entre ellas para apoyar al comandante en jefe ‘legítimo’ no puede ser descartado”.

Piden que se contemple qué sucedería si hay dos “comandantes en jefe” emitiendo órdenes después de la próxima elección, donde en una contienda disputada “algunos podrían obedecer órdenes del comandante en jefe legítimo, mientras otros podrían seguir al perdedor tipo Trump”, advierten.

Señalan que eso no solo tiene implicaciones políticas, sino de seguridad nacional al dejar al país vulnerable a “enemigos”. Y apuntan que la falta de preparación militar para las secuelas de la elección de 2020 es “preocupante”, incluyendo reportes de que durante la disputa electoral presidencial el general Mark Milley, jefe del estado mayor, tuvo que maniobrar rápidamente para “asegurar que las cadenas de defensa nuclear de la nación estuvieran protegidas ante posibles órdenes ilegales”.

“Con el país tan dividido como nunca, tenemos que tomar pasos para preparar para lo peor”, recomiendan. Primero, hacer todo para evitar una nueva “insurrección”, indicando que ni un sólo líder que inspiró los actos del 6 de enero ha tenido que rendir cuentas. A la vez, los militares no pueden esperan a que actúen los políticos electos y el Pentágono “debería de ordenar de inmediato un repaso de cívica para todos sus integrantes… sobre la Constitución y la integridad electoral” como también sobre “cómo identificar y manejar órdenes ilegales”.

Además, sugieren una investigación de inteligencia en todas las instalaciones militares para identificar posibles amotinados y propagandistas que usan la desinformación entre las filas militares, y finalmente que el Pentágono realice juegos de guerra de potenciales insurrecciones e intentos de golpe pos-electorales para identificar debilidades e implementar medidas para evitar rupturas en la cadena militar.

Vale recordar que no es la primera vez que líderes militares han expresado alarma de intentos para usar las fuerzas armadas en batallas políticas entre civiles. En el conflicto pos-electoral más reciente, los 10 ex secretarios de Defensa vivientes firmaron un artículo de opinión colectivo publicado el 3 de enero expresando que “esfuerzos para involucrar a las fuerzas armadas de Estados Unidos en resolver disputas electorales nos llevaría a territorio peligroso, ilegal e inconstitucional”.

Mientras tanto, la investigación del comité selecto de la cámara baja sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero, sigue revelando evidencia de que en los niveles más altos del gobierno de Trump junto con sus aliados en el Congreso y sus cómplices se estaba contemplando anular la democracia constitucional de Estados Unidos -o sea, un golpe de Estado. De hecho, el jefe de gabinete Mark Meadows había circulado un plan “power point” de 38 cuartillas que era en esencia el proyecto del golpe para anular la eleccion presidencial de 2020.

El comité selecto ha interrogado a más de 250 personas y acumulado un archivo masivo de evidencia durante sus más de cinco meses de investigación sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero.

Las autoridades han arrestado a más de 700 personas por su participación en el asalto del Capitolio. Por lo menos 81 de ellos tienen vínculos con las fuerzas armadas -la mayoría son veteranos militares, reportó CBS News.

Desde la elección de Trump hasta la fecha, una lista de expertos cada vez más larga coinciden en que la democracia estadunidense está bajo amenaza por fuerzas derechistas -algunas de las cuales son consideradas oficialmente como la principal amenaza interna a la seguridad nacional por agencias de inteligencia- nutridas por el ex presidente y su Partido Republicano.

“Estamos más cerca a una guerra civil de lo que muchos de nosotros queremos creer”, afirma Barbara Walter, profesora de ciencias políticas en la Universidad de California, experta en conflictos y deterioro de estabilidad en el mundo e integrante de un pánel de asesores de la CIA que evalúa que países están al borde de violencia y deterioro, en un libro que será publicado en enero, según relata Dana Milbank en el Post.

“Si uno fuera un analista en un país extranjero observando eventos en Estados Unidos… evaluando cada una de las condiciones que hace más probable una guerra civil… encontraría que Estados Unidos, una democracia fundada hace más de dos siglos, ha ingresado en territorio muy peligroso”, concluye.

No sólo hay más amenazas de uso de violencia por agrupaciones de derecha, e incluso por legisladores federales ultraconservadores contra sus propios colegas en el Congreso, sino que a nivel estatal, republicanos continúan impulsando leyes para suprimir el voto de minorías (por lo menos 30 nuevas leyes han sido promulgadas en 18 estados), re-dibujando distritos electorales para garantizar su control promoviendo medidas para controlar el mecanismo electoral mismo (por los menos 216 proyectos de ley de este tipo se han registrado en 41 estados).

Pero todo eso no ha silenciado a Trump y sus aliados, ni disminuido su arrogancia: entre los últimos correos electrónicos enviados por el ex presidente había uno cuyo título era: “yo tenía la razón en todo”.

“El asunto real es si la democracia estadunidense puede fortalecerse contra los impulsos fascistas desatados por Trump”, resumió el diputado demócrata Jamie Raskin, integrante del comité selecto de investigación y uno de los principales fiscales en el segundo impeachment del ex presidente, en comentarios al New Yorker.

Por David Brooks, corresponsal

2021-12-18

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Viernes, 17 Diciembre 2021 05:10

Las cadenas rotas de la globalización

Byron Maher Sancho R. Somalo

La crisis de los contenedores, la subida de precios en el transporte por mar o los desajustes entre la oferta y la demanda muestran el comienzo del fin del sistema de producción global de las últimas décadas.

 

Cerca de 6,7 millones de dólares por minuto. 400 millones a la hora. 9.600 millones al día. Esa fue la pérdida para el comercio internacional provocada por el atasco durante algo más de una semana del megacarguero Ever Given en el Canal de Suez en marzo de este año, según el medio especializado en comercio marítimo Lloyd’s List.

Las alarmas del comercio mundial saltaron y se leyeron noticias difíciles de creer. En los días siguientes, una empresa italiana de bicicletas anunciaba que retrasaría su producción un año, componentes de coche que no llegaban pusieron en jaque a la industria, grandes cadenas de supermercados como Costco o WallMart anunciaban posibles desabastecimientos de algunos productos. Todo ello mientras una grúa que parecía diminuta frente al enorme casco del Ever Given, convertida en meme en redes sociales, escenificaba un capitalismo obsoleto y asustado ante un problema que colapsaba el comercio mundial. Una cadena logística de valor que se paralizaba y mostraba sus grietas. Un barco poniendo en jaque a la globalización.

La cadena en el mar

El 90% de las mercancías que se consumen en todo el globo viaja en buques cargueros dentro de ese objeto que se ha hecho seña e identidad del comercio internacional: los contenedores. El negocio marítimo se ha cuadruplicado desde 1970 y aún continúa creciendo, según un informe de la Organización Marítima Internacional. Unas décadas en las que esos buques y contenedores han incubado “el nacimiento de la globalización”, según afirma la escritora y periodista Rose George en su libro Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato (Capitán Swing, 2014). En el libro, George narra su viaje en uno de esos cargueros acompañando a la tripulación y a unos cuantos cientos de contenedores desde Rotterdam a Singapur, pasando por el propio Canal de Suez donde, según narra, “los paquetes de Marlboro eran la mejor forma de evitar sanciones por parte de las autoridades egipcias del canal”.

Pero el barco atascado, al igual que los memes que produjo, era una broma comparado con la gran crisis logística global producida por el de­sajuste entre la oferta y la demanda tras la pandemia. Pese a llenar titulares tan rimbombantes como “la crisis de los contenedores”, las causas de que se esté hablando de desabastecimiento de productos en las estanterías donde la gente buscará sus regalos navideños, o de que la inflación esté alcanzando cotas que no se veían desde la crisis del petróleo de los años 70, siguen sin estar claras. O, por lo menos, siguen abriendo algunos debates.

Para el profesor de logística de la Universitat Oberta de Catalunya Cristian Castillo, el origen de esta crisis de la logística tiene varias dimensiones. La primera, como es lógico, es la pandemia. “En China, con un solo caso de covid en una fábrica o en un puerto, cerraban todo y mandaban a todo el mundo a casa”, explica. “Pero la economía se abrió casi de un día para otro y la demanda se volvió a reactivar de una manera exponencial”, añade. Aquellos cierres en las factorías y puertos en China chocaron con una población ávida de gastar tras meses de encierro: ahí se produjo el gran desajuste entre oferta y demanda.

Y no solo la producción ha sido incapaz de seguir la estela de las compras, tampoco la logística. Barcos repletos de contenedores esperando a entrar en los principales puertos europeos y americanos. Contenedores esperando a camioneros que los distribuyan tierra adentro. Compras que se convierten casi en subastas donde el mejor postor consigue esos lotes o contenedores que le facilitarán llenar sus estanterías o no paralizar su cadena de montaje. Y, tras el problema de ida, llega el de vuelta: los contenedores que se amontonan en los puertos de Europa o América no encuentran mercancías con las que llenarse y volver a Asia, algo que ha agravado esta crisis. En China no llegan contenedores llenos ni vacíos suficientes para volver a cargar los buques de mercancías. Más atasco, más embudo, más costes enviarlos y recuperarlos, todo acaba siendo más caro. Castillo, además, ve un “efecto látigo” provocado por fabricantes y proveedores que habían paralizado su producción y ventas: ahora realizan más pedidos de los que se puedan vender y causan un efecto en la cadena de suministros que incrementa, más todavía, ese desajuste entre la demanda y la oferta. Esta demanda impulsada por la recuperación económica, además, tiene un combustible extra que no tuvo en otras ocasiones: los estímulos económicos inyectados por los gobiernos y los bancos centrales. “En esta ocasión, comparada con la crisis de hace diez años, se han aplicado estímulos económicos que han provocado que la recuperación sea más rápida y bastante fuerte”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, profesor de la Universidad Camilo José Cela. Pero esa recuperación produce un desequilibrio: “Ha impulsado mucho la demanda, pero la oferta, por lo menos a corto plazo, no es capaz de seguirla porque la capacidad de producción instalada en el mundo, que venía de una década de demanda estancada, no soporta esa recuperación tan fuerte”.

El segundo origen de la crisis que señala Castillo es la estrategia geopolítica de China: su proteccionismo e impulso del consumo interno frente a las exportaciones. Según el profesor, “el gigante asiático está prefiriendo promover su desarrollo económico mediante el consumo interno y eso significa que también acapara materias primas”, lo que podría estar también causando esos cuellos de botella y encarecimiento de muchos de esos componentes.

¿Desglobalización?

En la tercera dimensión del problema que señala Castillo coinciden todas las fuentes consultadas: hemos confiado todo a la globalización y ahora nos está mostrando sus fallos y grietas. Dentro de esas nuevas reglas impuestas sobre el comercio global y la reconfiguración productiva y logística, una ha sido determinante, la deslocalización industrial: “Durante décadas, el continente europeo ha permitido que la producción se vaya a Asia, aquí nos hemos quedado como meros diseñadores”, lamenta Castillo.

Todavía hoy se enseña en las facultades de Economía que “la liberación del comercio mundial es positiva porque permite la especialización de los países en su ventajas comparativas” o “la concepción de estas cadenas logísticas o de suministro como meras redes comerciales que pueden ajustarse fácilmente a oferta y demanda”. Todos ellos son factores que, según Roy Cobby, investigador predoctoral en el King’s College de Londres, “parten de unos cimientos con poca base empírica” y componen un discurso económico dominante. Asimismo, el investigador señala que todos estos problemas son “manifestaciones de las disfunciones profundas de la globalización contemporánea, basadas en la desigualdad clave de la división mundial del trabajo”. Todo esto ha permitido que las multinacionales “hayan construído una arquitectura competitiva perversa, cada vez más concentrada y resguardada de posibles amenazas, y donde sus proveedores se enfrentan a nivel mundial a una carrera desesperada por recortar gastos y obtener contratos”, lamenta el investigador. De ese 90% de materias que viajan por barcos hasta nuestras mesas o estanterías, el 80% sale de puertos de Asia. Ocho de los diez puertos principales del mundo están en China. La “fábrica del mundo” tiene la sartén por el mango y los países que basaron su consumo en el Made in China, al mismo tiempo que desindustrializaban sus territorios, ahora ven cómo esas grietas y roturas en las cadenas de valor pueden paralizar sus fábricas o incrementar su inflación poniendo en riesgo la recuperación económica. El aleteo de una mariposa en China, o de un murciélago, provoca un ERTE en la Ford de Almussafes o unos niveles de IPC no vistos en 35 años. Y el problema ya iba mostrando señales desde hace años.

La actual crisis no ha arrancado este proceso de fallos en la globalización, solo lo ha acelerado y hecho más evidente. Antes incluso de la pandemia y el atasco del Ever Given en Suez, un conflicto internacional arrancado por un nuevo habitante de la Casa Blanca puso en jaque la globalización: la guerra comercial de Trump con China. Cuatro décadas de aperturas de mercados y eliminación de barreras comerciales y arancelarias se veían entorpecidas por aranceles a productos asiáticos o por los vetos a compañías chinas.

EE UU rompía la baraja en un juego en el que ellos se habían encargado de liderar y configurar sus reglas. “Estados Unidos estaba muy cómoda con una globalización liderada por ellos donde China se inserta de manera amistosa como esa fábrica del mundo”, explica Vázquez, “pero eso se empieza a romper desde la crisis de 2008”. En ese punto, China ya se encuentra en una fase de cambio de modelo productivo y quiere dejar de ser una simple fábrica para convertirse en una superpotencia tecnológica. “Eso choca con el modelo de Estados Unidos y por eso rompen las reglas de la globalización”, dice Vázquez, quien ve la guerra comercial con un “simbolismo brutal” al atentar contra lo que han defendido durante décadas, “una ruptura gigantesca a nivel geopolítico impensable hace 15 años”.

Castillo coincide en que esa especie de desglobalización ya se estaba dando antes de la pandemia, pero no ve factible ni deseable que se deshagan todas esas cadenas globales y el comercio internacional. Aunque sí que tiene claro que se están produciendo ya procesos de relocalización de industrias de algunos sectores que son clave para la estrategia de un país o un continente, como el caso clave de los semiconductores.

“Una nueva vuelta a la política industrial” es la principal consecuencia que ve Vázquez. Este profesor explica que se está empezando a priorizar temas como la seguridad en la cadena de suministro y se están teniendo en cuenta los costes medioambientales, en vez del ahorro de costes y la visión clásica empresarial. “Esto significa romper el just in time, que nace en Japón en los 50 y se extiende a partir de los 80 con unas reglas muy determinadas: la globalización comercial, la liberalización del comercio a nivel mundial, la visión de maximizar el beneficio del accionista recortando por todos lados, recortar costes, recortar tiempo, recortar trabajadores que tenían que ver con la gestión de almacenes”. Algo que choca con lo que estamos viendo ahora: “Una política industrial que busca el mejor suministro, producir en las fronteras o reducir la cadena global de valor y, teniendo en cuenta qué países se encuentran en la cadena y si les interesa que estén”, apuntilla Vázquez sobre la transición que estamos presentando hacia algo nuevo. “Esto no quiere decir que desaparezca el just in time, pero sí que vuelve el just in case, donde se tiene más stock”, añade. Para el investigador del King’s College, las cifras muestran una normalidad relativa respecto al nivel de globalización en la economía mundial, como el ratio de comercio mundial respecto a la producción de bienes y servicios. Además, afirma, “estos cuellos de botella en puertos y otras infraestructuras precisamente confirman que las economías domésticas dependen igual o más que nunca de estas cadenas de suministro mundial”, señal de la buena salud de la globalización.

Sin embargo, lo que Cobby sí que ve posible en el medio y largo plazo es que se relocalicen algunas de estas industrias, reduciendo la dispersión de la producción mundial. Señala dos motivos. El primero, el de la seguridad nacional, apuntando, como ya ha hecho Vázquez, a la guerra comercial que arrancó Trump y a la posibilidad de que, en un futuro próximo, “gobiernos de todos los países empiecen a considerar que la presencia de ciertas competencias y componentes en su propio territorio son clave para asegurar su soberanía”. En segundo lugar, apunta, está “la lucha contra desafíos globales como la pandemia y el cambio climático”.

¿Se resolverá?

La gran mayoría de los analistas coinciden en que los cuellos de botella son un problema coyuntural y pasajero que disminuirá durante 2022. “Mientras sigamos viendo estos desajustes entre oferta y demanda”, apunta Castillo, no veremos “el final del túnel”, que cree que podría llegar a finales de 2022. Pero el profesor de la UOC alerta: “Aquí tendrá un papel esencial la pandemia. Si en China sigue habiendo casos, veremos paralizaciones del comercio mundial y seguiremos viendo esos cuellos de botella”, concluye.

Ahora bien, señala Vázquez, “si seguimos tirando por un mismo modelo energético que está tocando techo, hará que veamos cómo esto se repite en el futuro de manera continua”. Y, dado lo comentado anteriormente y otros factores como el pico del petróleo o la escasez de materias primas necesarias para la industria tecnológica, parece que lo más probable será que estas crisis cada vez sean más frecuentes, más complicadas y con peores consecuencias.

Pero para Cobby no está todo perdido. Cree que “hay un futuro para estas cadenas de suministro que supondría una salida más democrática y menos costosa”, que pasaría por “impulsar una agenda internacional que sirva para evitar que los costes del ajuste recaigan sobre los más débiles, acabar con los paraísos fiscales para recuperar músculo y capacidad para dotar a los Estados de infraestructuras de transición climática; reformar el sistema de patentes global para promover la innovación y el emprendimiento a nivel mundial, entre otras medidas”. En resumen, crear una alternativa al actual modelo logístico globalizado que pueda, como sentencia Cobby, “repartir los costes y beneficios de la globalización, al tiempo que aprovechamos las últimas tecnologías para relocalizar aquellas industrias y labores que los gobiernos identifiquen como estratégicas o beneficiosas para reducir emisiones, mejorar la salud, promover el empleo de calidad u ofrecer una formación práctica que sea esencial”.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

17 dic 2021 05:00

Publicado enEconomía
Viernes, 17 Diciembre 2021 06:30

Hacia la sociedad apartheid

Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)

¡La culpa es de ellos! Así, con facilismos de este tipo pero que para nada son ingenuos, sin reparar en las circunstancias totales que rodean la actual crisis pandémica por covid-19, tratan de ‘explicar’ en diversas partes de la sociedad global, y en particular en Colombia, la prolongación de la crisis de salud pública, asociada con este virus.


La inculpación no es insignificante. En realidad, es el paso previo para justificar la aprobación y la puesta en marcha de mecanismos de coerción, anulación de derechos fundamentales para quienes así son señalados, estímulo a la división social entre quienes aceptan la vacuna y quienes por diferentes motivos no lo han hecho, así como mampara para ocultar o dificultar la discusión que se debiera dar en todas las sociedades en torno a la realidad de esta crisis, la manera como ha sido afrontada hasta ahora y las opciones existentes, incluida la vacuna pero sin limitarse a ella, para prevenir el contagio, así como para superarlo en caso de afectación. Pero también frente al reto sustancial ante el que se enfrenta la sociedad global: aniquilar el virus vs. aprender a convivir con el mismo.

Efectividad total, parcial, temporal

Un logro inmediato de esta distorsión de la realidad es evitar una explicación amplia y suficiente que los gobiernos de cada país le deben a su población, y es: la vacunación es garantía de inmunidad, sí o no, o simplemente, por la fase de experimentación en que se encuentran los biológicos, y por la constante modificación a que las obliga, producto de las constantes variantes que experimenta el virus, solo es un mecanismo de protección parcial. Quizá éstas sean apenas un recurso para crear o reforzar anticuerpos, los mismos que tienen vitalidad temporal –de mayor a menor temporalidad–, como lo evidencia la caída de efectividad de las numerosas vacunas tras algunos meses de su aplicación.

Hay realidades evidentes: en Israel, por ejemplo, el país prototipo de la propagandeada efectividad de este procedimiento, lo que para junio de este año era éxito total –tras unas semanas de triunfalismo– dio paso al pesimismo. Y para superarlo, según el “Dr. Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo […] “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección” (1) producto, según distintas autoridades de la variante Delta, más contagiosa, y por la cual la vacuna Pfizer perdió sus bondades. Eran Segal, “[…] quien asesora al gobierno israelí en asuntos de covid [indicó que] cinco o seis meses después de la vacuna, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% cuando la protección se activa por primera vez” (2).

Es una realidad ocultada, difuminada o manipulada a lo largo del mundo, maniobra con graves consecuencias sobre la salud y la vida de millones, ya que, al no enfatizar lo suficiente en la realidad de que vacunado o no cada persona debe “seguir con el riguroso uso de tapabocas, guardar la sana distancia y el lavado de manos”, quien recibe la inyección queda convencido de que es inmune y se relaja con las indicaciones antes relacionadas. Algo mucho más posible, toda vez que la normalidad en la producción, la distribución y el consumo de mercaderías, así como de espectáculos, a la par del transporte nacional y global, está al ciento por ciento. La vida cotidiana ha regresado a su tradicional agite diario, afán y preocupación principal del empresariado.

Relajados, desprevenidos, convencidos de lo que no es, los inoculados se infectan e infectan a otras personas, propiciando nuevas olas de contagio que toman vuelo en países que se supone ya deberían tener inmunidad de rebaño, anunciada meses atrás para sociedades que superaran un 70 por ciento de vacunados (luego para un 80 por ciento, y el porcentaje continúa subiendo). Hay que aclarar que, además de quienes pasan por el pinchazo, en el porcentaje antes aludido se debería sumar a quienes han sufrido el contagio y lo han superado, lo que llevaría a que en estos países la inmunidad de rebaño ya pudiera estar asegurada. ¿Por qué no es así? ¿Por qué el virus sigue golpeando en estos países como si no estuviera vacunada la mayoría de su población?

Ausencia de claridad evidente en Colombia, país en el que en todo momento se da a entender que el biológico es la única y efectiva solución para evitar el contagio, como para elujdir sus fuertes consecuencias, incluso la muerte, en caso de tratarse de un cuerpo debilitado por enfermedades crónicas (comorbilidades). País en el que el formulario que diligencia quien se someterá al pinchazo dice de manera tibia: “La vacunación contra el Sars.CoV-2/covid-19 reducirá (N.M.) la posibilidad de presentar la enfermedad”. Y entre sus beneficios anunciados: “reducción (N.M.) de la severidad de la enfermedad en caso de presentarse” (3).


Allí está escrito lo antes referido. La vacuna aún no es tal, ya que no inmuniza y sí reduce la posibilidad de infección como su impacto, pero así está escrito para quien lee entrelíneas, no para un amplio porcentaje de la población que solo lee lo textual. Realidad: hay que insistir en que tendría que difundirse de manera directa, diáfana, llamando y propiciando, vía políticas públicas de salud y alimentación, a considerar otras medidas de protección: cambiar hábitos y consumos alimentarios para evitar inflamaciones crónicas en el organismo, y para ello incrementar la ingesta de todo tipo de alimentos que fortalezcan los anticuerpos, por ejemplo, brócoli, cúrcuma, ajo, albahaca, orégano, entre otras opciones; pero también ingiriendo bebidas con igual cualidad, a partir de salvia, quina, jengibre, moringa y otros; así como, en caso de infección por covid-19, dejando abierta la posibilidad de consumir Ivermectina, Dexametasona, Aines (antiinflamatorio) Dióxido de cloro (4), ingerir anticoagulantes como Ginkgo biloba y Ginseng (según medicación), Naproxen o Ibuprofeno, así como el hábito diario de una aspirina (5).

Como todo lo relacionado con la salud, lo prioritario es prevenir, y en ello también tiene mucho que ver el ritmo cotidiano a que nos tiene acostumbrado el capitalismo, como todo lo que tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de vida. Pero sucede que la pandemia, a pesar de haber desnudado una vez más el sistema socioeconómico hoy hegemónico, evidenciado su actual invalidez, no propició el necesario choque cultural para que los millones que habitan aquí y allí levantaran su voz en contra de tal realidad, demandando su radical transformación. Es así como, luego del craso error de la dirigencia mundial de parar en seco el músculo capitalista, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

Y no solo recobró su ritmo el sistema global sino que además logró apagar o hacer inaudibles las voces que asocian esta crisis con la deforestación creciente de bosques y selvas, con la diversa manipulación de la naturaleza, con el extractivismo en todos los niveles. En fin…, con el predominio de un sistema para el cual la producción y el consumo cada vez en mayor escala son lo fundamental. La vida, ¡que espere! Relación causa-efecto que, para evitar su prolongación y la posible aparición de nuevos virus de potencia igual o superior a la actual, demanda la superación del modo de producción dominante.


Es una capacidad de maniobra extendida a la devaluación del sentido original de la ciencia en su abierto y cuestionador espíritu, sin dejarse encasillar ni limitar por intereses económicos, políticos, religiosos o de otro orden, y sí dispuesta a valorar las más diversas opciones para resolver uno y otro problema o interrogante. Hoy, como sorpresa, parece que la ciencia fuera infalible y limitada al conocimiento y los intereses de las farmacéuticas.

Esos intereses llevan a ocultar o manejar –de manera casi inaccesible– datos fundamentales sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tasas de infección que indican con toda claridad el porcentaje de quienes ya contaban con la pauta completa de vacunación y quienes no lo estaban. Pese a ello, y a la recurrente y malintencionada información de que quienes hoy llegan a hospitalización por covid-19 son mayoritariamente no vacunados, los datos procedentes de Israel –donde confirman que el 60 por ciento no estaba vacunado, así como en Inglaterra, con tasas similares– ratifican lo contrario (6). Lo mismo sucede en centenares de condados de Estados Unidos (7). La confirmación de la infección el pasado 22 de noviembre del primer ministro francés Jean Castex, a pesar de contar con la doble dosis, deja abierta la ventana a que en este país la pauta también sea similar a la ya anotada, abriendo así un espacio para desmontar la estrategia en la lucha contra el covid-19, soportada en medidas coercitivas, de anulación de diversos derechos fundamentales y, allí como en decenas de otros países, de cuasicriminalización de los no vacunados; política de multiplicación de mensajes para crear y/o prolongar un ambiente de miedo y terror en el cuerpo social ante la negativa a vacunarse, señalando ese rechazo como camino seguro al ataúd.

En ese proceso, la carnetización para certificar la aplicación del biológico es una de sus expresiones más patéticas, la que en Colombia dejó apreciar su real carácter y su nivel de manipulación el pasado 19 de noviembre con ocasión del día sin IVA y para el cual fue levantada su obligatoriedad para ingresar a lugares de alta concurrencia. Esta medida entraña una clara manipulación y la distorsión del sentido mismo de la vacunación, también presente en las jornadas para aplicarla, puestas en marcha a la entrada de estadios de fútbol y otros espectáculos masivos como condición para ingresar a los mismos. ¿Genera la vacuna anticuerpos inmediatos? ¿Protege sin demora a quien se la aplicó como a quien estará a su alrededor? La respuesta permite reflexionar sobre los intereses y el ocultamiento de información asociados a la llamada “inmunización colectiva”.


Por lo pronto, y como el problema supuestamente es el no vacunado, proceden, manipulan, atemorizan, condicionan, todo vale pues hay que lograr que rompa su negativa a como dé lugar, jugando con sus sentimientos, sus gustos, sus anhelos, Para nada importan la educación sobre salud pública y nada de lo que le esté asociado. El peligro es al no vacunado, y hay que aislarlo si no rompe su ‘terquedad’. Y si no acepta, negarle el ingreso a lugares de consumo, mercado, espectáculos, hasta contemplarse incluso que no puedan salir de sus casas, como lo anunció el alcalde de Medellín en mala copia de lo realizado o también considerado en otros países (8). Al final, como lo aseguró una destacada periodista, de una de las más poderosas cadenas radiales del país: “Y si son tantos los que están de acuerdo con lo que usted está diciendo, por qué no hacen una fiesta adonde vayan todos los que no quieren vacunarse, y ya; se dedican a eso: los bares, las fiestas, sus propios eventos” (9). El ambiente para aislar y segregar está creado; algunas medidas ya están en curso y, de aplicarse con toda severidad, estamos claramente a las puertas de la sociedad apartheid y, como toda sociedad de ese carácter, en la antesala del autoritarismo a ultranza.

Como es sabido, para prolongarse, el poder acude recurrentemente a dividir a los de abajo, estimulando la lucha o la confrontación de pueblo contra pueblo o, en otras palabras, haciendo realidad la máxima “divide y reinarás”, constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y ahora no es distinto: inculpan a unos, ensalzan a otros, crean sentimientos opuestos que impiden que su mirada se fije sobre el poder, que es donde en este caso reside el foco del problema. ¡Claro! Sin lograr comprensión sobre el origen y los desafueros en el manejo de una problemática, dada las posibilidades de superarla cabalmente, brillarán las alternativas por su ausencia. Y mientras así sucede, el ahondamiento del autoritarismo, como es evidente hoy en Australia, Francia y otros muchos países, toma más vuelo, incluso con el aval de un sector del pueblo.

Pese a ello, algo no responde al libreto que pretende hegemonía, e identificarlo con toda claridad es indispensable para que la humanidad salga airosa de esta crisis, que, asociada a las que sufre el campo medioambiental, económico, político, en fin, a la crisis sistémica que sacude al Sistema Mundo Capitalista, acumulan todo lo necesario para que la sociedad global diga ¡basta! a una sola voz.

 

1. “¿Por qué están aumentando los casos de coronavirus en Israel si el país lideró las vacunaciones? (y qué lecciones le deja al resto del mundo). BBC Mundo, 9/09/21.
2. íd.
3. Consentimiento informado para la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2/covid-19, Ministerio de Salud, https://www.dssa.gov.co/images/vacunacion/modelo_consentimiento_informado.pdf.
4. Todos estos recursos según recomendación médica.
5. “La solución política a esta pandemia y a las que vendrán no puede depositarse en un optimismo tecnológico cortoplacista que cifre en las vacunas la panacea exclusiva, sino que exige una reflexión radical sobre las condiciones de vida y la ciencia que se produce en un mundo profundamente desigual y ecológicamente devastado”. Nuño de la Rosa, Laura, “Ciencia y capitalismo en tiempos de covid”, Viento sur, España, 5 de noviembre 2021.
6. “Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas”. […] El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido”, ¿Por qué están aumentando…, op. cit.
7. “Las vacunas antiCOVID no reducen las tasas de infección”, Dr. Joseph Mercola
https://articulos.mercola.com,2021/11/18
8. “Quintero advierte que Medellín podría tener cuarentena para no vacunados”, El Colombiano, 23 de noviembre de 2021.
9. https://www.youtube.com/watch?v=coo1D4xWeKA.

 


 

Una intelectualidad aletargada

 

por Philip Potdevin

 

A comienzos del mes de noviembre uno de los principales medios de radio del país entrevistó a un ciudadano que adelanta lo que ha denominado “tutelatón” contra la exigencia del carnet de vacunación, una iniciativa que busca frenar ante el poder judicial la reciente medida del gobierno, que, a imitación de otros muchos países, ha implantado el pasaporte covid para poder acudir a lugares de encuentro y reunión de la ciudadanía.


En la entrevista, frente a los argumentos del ciudadano, quien defiende la libertad individual de poder disponer del cuerpo, la salud y la vida de manera libre y democrática, los avezados periodistas, despojándose de su rol de profesionales de su oficio, en lugar de escuchar y tratar de entender los fundamentos jurídicos y sociológicos de la iniciativa, con el fin de que la audiencia pudiera formarse una opinión al respecto, asumieron, de manera insólita, el rol de inquisidores para llevar la entrevista a lo que casi se convierte en un linchamiento radial contra este ciudadano. Escuchar la entrevista deja perplejo a cualquiera, y a la vez corrobora una nueva realidad a la que estamos despertando.


En ese sentido, la vacuna contra el covid19 se consolida como el principal dispositivo de dominación del siglo, usada ampliamente por gobernantes en alianza con las grandes farmacéuticas y los poderosos medios de comunicación para atemorizar a la población. La humanidad va entrando ordenadamente en el redil de un nuevo contrato social que comienza a definirse cada día de manera más clara. No solo la vacuna es buscada afanosamente por casi todos, bien sea en sus primeras, segundas o terceras dosis, sino que el tenerla o no tenerla se está convirtiendo en una licencia para vivir en sociedad. Así como quien quiere conducir un vehículo en las calles de cualquier ciudad requiere de un permiso expedido por una autoridad competente, ahora el pasaporte covid surge como un salvoconducto necesario para salir de casa y desplazarse libremente en las ciudades.


El mecanismo del terror nunca ha tenido tan largo alcance como en nuestros días. Ni los peores sátrapas y tiranos de la antigüedad, ni los dictadores y dictadorzuelos del XIX y el XX, todos genios para encontrar múltiples formas para apuntalarse en el poder encontraron herramienta tan eficiente para propagar la pavura entre la ciudadanía como hoy con la instrumentalización de la diada enfermedad-vacuna. Y para mantener avivada la llama, ahora, cuando la humanidad entra en el tercer año de pandemia, se habla de una cuarta ola, de nuevas variantes como la omicrón, bajo cuya amenaza se regresa a los confinamientos parciales o totales, como a las cuarentenas obligatorias como está sucediendo en algunos de los países más desarrollados del planeta a pesar de ser de los primeros que tuvieron acceso a la vacuna.


En toda tiranía es esencial silenciar a los opositores, en especial si estos son pensantes y tienen la capacidad de influir sobre la sociedad. El pensamiento crítico es el principal enemigo de todo régimen autoritario. Los que ejercen esta función, llámenseles como se les quiera llamar, pueden, con el poder de la palabra, de la pluma, de su pensamiento, derrocar al más afianzado déspota. Hoy día, cuando la tiranía es ejercida no por individuos sino por la compleja hidra del sistema capital-estado-medios, la oposición ejercida por mentes aisladas palidece hasta el punto de cuestionarse si aún existe una fuerza capaz de sacudir a la humanidad de su letargo. Por supuesto que hay voces que jamás claudican: en Uruguay, en España, en Francia, en Chile se mantienen activos muchísimos intelectuales que siguen desnudando la realidad detrás del terror montado por el sistema de poder actual. Al mismo tiempo, sorprende la ausencia de voces tradicionalmente críticas frente a lo que estamos viviendo. Zizek, Byung Chuil Han, Agamben, por solo mencionar a tres de los más influyentes pensadores de corte progresista, tras pronunciarse en los primeros meses de la pandemia con sus reacciones, parecen retraerse a sus habitáculos para tomar cierta perspectiva de los acontecimientos. Se ven confundidos y abrumados por los hechos y no logran, al parecer, leer los tiempos actuales.


De otro lado, hay voces que amplifican el derecho a la rebelión, el elogio al conflicto, el impulso a que los pueblos rompan el cerco y se manifiesten contra la tiranía. El proyecto comunicativo desdeabajo ha estado presente este año con varias publicaciones que dan fe de este pensamiento crítico y muestran la otra forma de ver los hechos. Sin embargo, se percibe un vacío en la comunidad nacional e internacional de perspectivas agudas y abiertas que no solo desenmascaren la actual dominación sino que den un paso adelante para señalar caminos de acción e intervención para sustituir el debilitado pero aun poderoso sistema capital-estado-medios por uno que, ante todo, honre la dignidad humana. La sospecha que queda flotando es si muchos de los llamados a levantar sus voces están cooptados por el sistema, o han quedado paralizados por el aguijón de la díada enfermedad-vacuna, o simplemente se ha quedado seco su manantial crítico.

 

 

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Publicado enColombia
EEUU renuncia a su potencia política en Oriente Próximo

Las promesas de Biden de impulsar la democracia no se están cumpliendo en Oriente Próximo. La justicia más elemental no figura entre sus preocupaciones. Para el presidente demócrata es más importante vender armas a todo trapo que resolver los enquistados problemas de la región. Simultáneamente, los líderes árabes buscan el cobijo y la protección de Israel.

 

 Una tendencia que empezó a notarse con Donald Trump y que cada día es más manifiesta es la pérdida de influencia de EEUU en Oriente Próximo. Para explicar el fenómeno es preciso mirar a varios vectores que confluyen desde fuera y desde dentro y que proyectan un futuro que puede ser muy distinto al que hemos conocido hasta ahora en ese escenario.

En Washington algunos analistas constatan con temor que en el último año, es decir, desde las pasadas elecciones, la intención de la actual administración es ceder protagonismo en la zona con el fin de centrar sus esfuerzos en Asia, donde China se está convirtiendo en un rival a temer que en los próximos años todavía lo será más.

Aunque EEUU no está reduciendo su presencia militar en Oriente Próximo, pues de momento no contempla desmantelar ninguna de las decenas de bases por allí desperdigadas, esta semana Foreign Affairs señala que los estadounidenses están dejando de considerar la región con tanta prioridad como hacían hasta hace poco.

Se viene hablando de esta tendencia incluso desde antes de Trump, pero ahora se dan numerosas circunstancias que antes no se daban. La cuestión palestina ha sido relegada al olvido completamente por casi todo el mundo árabe y sus líderes han dejado claro que la democracia no figura entre sus planes, algo que no importa lo más mínimo a EEUU.

Viendo que la presencia estadounidense es cada día más irrelevante, Israel ha tomado el relevo como única e indisputable potencia no solo en el corazón de Oriente Próximo sino hasta el océano Atlántico, garantizando la continuidad de las autarquías y dando libertad a los hombres fuertes de la zona que no quieren oír la palabra democracia.

Los líderes árabes miran ahora más a Tel Aviv que a Washington. El poderío israelí los seduce, especialmente su enorme y desproporcionada influencia en los corredores de poder de la capital estadounidense, una circunstancia que consideran más ventajosa y menos problemática que lidiar directamente con congresistas a quienes se les inflan las venas del cuello cada vez que hablan de lo que ellos entienden por democracia.

Como la marchita Europa, EEUU ha decidido que la democracia puede esperar sine diey que hay que aplicar la táctica del avestruz para reducir el número de problemas del mundo, es decir ocultarlos debajo de la alfombra mientras se pueda, o simplemente poniéndose del lado del más poderoso para mantener la estabilidad al precio que sea, como ocurre con los palestinos y el Sáhara Occidental.

La tranquilidad virtual es lo que importa. A europeos y estadounidenses les resulta atractivo que Egipto, Túnez o Arabia Saudí sean una balsa de aceite aparente, y esto es justamente lo que garantiza la alianza de los autócratas con Israel. Esta situación que parece ventajosa puede cambiar a medio o largo plazo, pero eso de momento no les importa a los occidentales, quienes parecen decir que ya se enfrentarán a los problemas cuando surjan.

La actitud de desinteresarse de Oriente Próximo es más obvia con Joe Biden. El secretario de Estado Antony Blinken la recalcó antes de jurar el cargo en enero, cuando declaró que su administración iba a dedicar "poca atención" a la región. Es evidente que la política estadounidense es muy defectuosa y que Blinken tiene buena parte de culpa, pero lo que está ocurriendo también es consistente con la falta de voluntad occidental para resolver los conflictos de manera duradera.

A este modo de ver las cosas se pueden añadir motivos lejanos puesto que coincide con la competencia de China en cuestiones estratégicas que los americanos ven más urgentes y perentorias. La influencia china en el mundo no para de crecer y ya ha empezado a poner en entredicho la supremacía estadounidense en varios puntos del planeta, incluso, de manera incipiente, en Oriente Próximo, como se ve en Irán y Afganistán.

Una muestra clara de la decadencia de EEUU es su comportamiento respecto a la crucial cuestión palestina. Esta semana han celebrado una reunión de alto nivel con los palestinos, la primera en un lustro de esa naturaleza, pero el meollo del encuentro han sido asuntos económicos y no políticos, lo que confirma que políticamente los americanos prefieren ignorar la brutal ocupación y el apartheid israelí.

Paralelamente, Washington, que ya no depende del petróleo árabe, sigue con sus opulentos negocios de armas. El acuerdo de venta de aviones a los Emiratos Árabes Unidos por valor aproximado de 20.000 millones de euros se concretará pronto. Es difícil entender para qué quieren los Emiratos esos aviones, aunque probablemente el negocio sea una buena forma de sobornar al Congreso para que no meta las narices en materia de derechos humanos y democracia.

La atención de los países de la zona se dirige ahora a la evaluación que está haciendo el departamento de Defensa. Ven con inquietud que la revisión del Pentágono conduzca a una reducción del número de bases americanas en la zona. Aunque por ahora solo hay especulaciones, si Washington toma una decisión en esa dirección con el fin de reforzar su presencia en el Pacífico, algunos líderes árabes se sentirán más inquietos y traicionados y estrecharán sus lazos con Israel aún más.

15/12/2021 23:26

Publicado enInternacional
¿Quién extraña el comunismo? Rusia a 30 años de la disolución de la Unión Soviética

El colapso de la Unión Soviética en 1991 tuvo un impacto inmediato en el sistema mundial. En el propio territorio ruso, produjo importantes dislocaciones en todas las esferas de la vida social, que fueron siendo superadas, lentamente, a lo largo de las tres últimas décadas. El sistema Putin viene reescribiendo la historia con una visión que busca conectar los momentos gloriosos prerrevolucionarios con los soviéticos.

El impacto que generó la disolución de la Unión Soviética en 1991 se hizo sentir de manera notable e inmediata en todas las esferas del sistema mundial. Entre otras cuestiones, no solo confirmó el fin de la Guerra Fría, sino que además reconfiguró el mapa de los movimientos sociales. El campo de las ciencias sociales y las humanidades también absorbió ese impacto y lo tradujo de manera veloz. Para un historiador de la talla de Eric Hobsbawm, por ejemplo, la caída de la urss supuso el fin del siglo xx1. Para otros autores, más arriesgados, directamente significó el fin de la Historia2. Más allá de los efectos que generó en la reconfiguración del mundo actual o en el ámbito de la reflexión historiográfica y filosófica, el final del país de los soviets tuvo consecuencias mucho más concretas y significativas para la propia sociedad rusa. Si para los pocos miembros de la vieja dirigencia comunista que decidieron el destino fatal del país modelado por la Revolución de 1917 significó un reposicionamiento como nueva elite capitalista, para muchos de los ciudadanos de a pie trajo la pérdida de una relativa estabilidad y la caída en la pobreza. En términos más generales, la disolución de la urss marcó para todos ellos el fin de un proyecto común compartido; de un mundo que –a pesar de sus múltiples falencias– era conocido y familiar para todos los que lo habían habitado. Una suerte de catástrofe apocalíptica, de «fin del mundo», cuyo efecto más notorio habría sido la incapacidad de imaginar el futuro. Pero, como apunta Alejandro Galliano, ese futuro llegó inexorablemente y, «después del fin del mundo, el mundo siguió existiendo»3. Por lo tanto, quienes comenzaron a vivir en la Rusia postsoviética tuvieron que pensar un futuro para el después de ese fin del mundo, especialmente para dos cuestiones tan sensibles como fundamentales: la reconstrucción de una identidad nacional dañada y la reconfiguración de las fuerzas de una izquierda desprestigiada. Si, como sostiene Bruno Groppo, la desaparición de la urss provocó «una gran crisis identitaria que, desde los años 90, la sociedad rusa se ha esforzado en superar con el objeto de reconstruir una identidad aceptable»4, la desacreditación del proyecto comunista que también produjo el colapso generó una crisis y una desorientación política de ese espacio que las fuerzas anticapitalistas de Rusia todavía están tratando de vencer, en el marco de un fuerte control del Estado nacional y de un recrudecimiento del neoconservadurismo global.

A la búsqueda de Rusia

Luego de haber participado en el ejército que venció a Napoleón, Piotr Chaadáyev pasó una larga temporada en Europa. Al regresar al Imperio ruso, e impactado por lo que había experimentado en el continente, escribió ocho Cartas filosóficas que circularon por los salones literarios de Moscú. En la primera de ellas se preguntó, no sin cierta angustia, sobre los rasgos que definían a Rusia y sobre el lugar que parecía ocupar en el mundo5. Su respuesta fue terminante: su país era atrasado y no había realizado ningún aporte a la civilización. Tal sentencia le valió la acusación de «insano» por parte del zarismo, pero dio origen al famoso debate que hacia la década de 1840 mantuvieron eslavófilos y occidentalistas respecto del destino nacional, que resultaría seminal para orientar las miradas del futuro. Esa disputa intelectual sería reciclada varias veces a lo largo de casi dos siglos cada vez que Rusia se enfrentara a una situación de crisis de identidad. La disolución de la urss en 1991 pareció reactualizar esas ansiedades y preocupaciones, en una sociedad que se quedó sin su país y en un país que perdió su lugar de superpotencia mundial en cuestión de días. 

Las respuestas ensayadas por Boris Yeltsin, el primer presidente de la Rusia postsoviética, fueron erráticas y estuvieron a tono con la implementación de la doctrina del shock y del neoliberalismo «salvaje»6. Mientras el nuevo gobierno capitalista conformado por los viejos comunistas privatizaba a precios irrisorios los bienes del Estado, desregulaba la economía y se abría a los mercados financieros internacionales, su discurso apuntó a descalificar todo aquello que remitiera a una economía centralizada y a la intervención estatal. Mientras millones de personas se empobrecían, la economía se desindustrializaba y el país perdía su estatus de potencia, el aporte de la nueva elite rusa para refundar una identidad nacional que reemplazara a la soviética solo agregó confusión y desencanto, cuando no una ambigua revalorización del pasado imperial. En ese contexto de desconcierto, no tardaron en surgir voces que comenzaron a añorar el hasta no hacía mucho repudiado pasado soviético. 

La llegada a la Presidencia de Vladímir Putin en 2000 no supuso un corte radical respecto de su antecesor. Por el contrario, sus políticas continuaron la senda impuesta por el neoliberalismo7, aunque favorecidas –durante la primera década– por los ingresos generados por las exportaciones de gas y petróleo. Sin embargo, cuando la economía comenzó a desplomarse por la caída de los precios internacionales de esos commodities y por la crisis financiera de 2008, el ex-agente de la kgb comenzó desarrollar un discurso que apuntó a paliar esos efectos y a reconstruir el lazo social mediante el refuerzo de la identidad nacional y, vinculado con esto, el intento de reposicionar a Rusia como una potencia mundial o, al menos, como un actor que no debía soslayarse en la toma de decisiones global. El problema de la identidad nacional comenzaba a resolverse desde el Estado y con una fuerte impronta conservadora y geopolítica.

Uno de los pilares sobre los que se intentó sostener esta estrategia fue, precisamente, la idea de que Rusia debe tener un Estado fuerte, ya que resulta fundamental no solo para el desarrollo y el bienestar del país sino también para su reposicionamiento a escala global8. Como complemento de esta posición –aunque a tono con una tendencia que se experimentaba mundialmente–, se desarrolló una visión conservadora del mundo y de la sociedad, manifestada en la homofobia y la xenofobia crecientes en el discurso público y en el refuerzo de los roles de género tradicionales, esto último en una alianza cada vez más estrecha con la Iglesia ortodoxa. Leyes que sancionan la «propaganda de relaciones no tradicionales» (el eufemismo elegido para referirse a la homosexualidad) son la consecuencia más visible de ello9. Al mismo tiempo, y en relación con lo anterior, desde el gobierno se difundió un discurso antioccidental en general y antiestadounidense en particular, que apuntaba tanto a resaltar el rol de Rusia como guardiana de valores tradicionales universales que un decadente Occidente había olvidado o pervertido –como lo demostraría allí la ampliación de derechos del colectivo lgtbi–, como también a poner freno a las constantes amenazas de avance por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan) sobre el espacio postsoviético. La anexión de Crimea en 2014 fue, tal vez, la consecuencia más drástica de este último diagnóstico10

El ámbito donde más se puso de manifiesto esta tendencia fue un espacio tan sensible como la Historia, donde desde el Estado se combinaron dosis similares de propaganda y control. Respecto de lo primero, gracias a la acción de la Sociedad Histórica Militar Rusa (de la que forman parte el actual ministro de Defensa Serguéi Shoigú y el ex-ministro de Cultura, Vladímir Medinsky), desde 2012 han venido descubriéndose monumentos por todo el país que buscan resaltar a figuras centrales del pasado ruso, como por ejemplo la estatua de casi 20 metros de altura del príncipe Vladímir –responsable de la conversión de Rusia al cristianismo– inaugurada en 2016 frente a una de las puertas del Kremlin de Moscú, o la más polémica de Mijaíl Kalashnikov –el inventor del afamado fusil– descubierta en 2017 en el centro de la capital. 

Vale la pena agregar aquí el impactante monumento de Aleksandr Nevsky –el príncipe que expulsó a la Orden Teutona en el siglo xiii– inaugurado hace pocos meses en Samolva, un pueblo ubicado en la frontera con Estonia. El lugar elegido para emplazar la estatua no es inocente y su mensaje es claro: hasta allí llega la posible influencia de la otan. Pero también han visto la luz series de televisión en el centenario de la Revolución de Octubre, como Peregrinación por los caminos del dolor o Trotsky –ambas financiadas por el Ministerio de Cultura–, que presentaban la revolución como un momento de caos y desunión entre hermanos y que prevenían a los televidentes respecto de las consecuencias de una eventual revuelta social. Tal vez la máxima expresión de esta tendencia haya sido la exhibición Rusia, mi historia, inaugurada en Moscú en 2013 y replicada desde 2017 en varias ciudades del interior. En la muestra, conviven eventos del pasado monárquico y soviético, que son presentados a través de modernos recursos tecnológicos y audiovisuales unidos por la idea de que Rusia solo prosperó cuando contó con un Estado poderoso y unido, fuera prerrevolucionario o soviético11. Dentro de este relato histórico, quedan estigmatizados momentos centrales de la historia rusa, como la Época de los Disturbios o la propia Revolución de 1917, ya que encarnarían el caos social y la dispersión institucional. 

Respecto de la segunda cuestión, la situación es todavía más compleja, ya que fue escalando desde el control de los contenidos de los libros de Historia por parte del Estado desde 2015 hasta la creación en julio de este año de una Comisión Interministerial para la Interpretación de la Historia –conformada por historiadores, pero también por miembros de las agencias de seguridad–, que habilita al gobierno a enviar representantes a encuentros académicos y de otra índole en donde la historia esté involucrada12. El refuerzo del control historiográfico apunta sobre todo a evitar cualquier tipo de revisionismo que ponga en duda el rol jugado por la urss en la derrota del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que hoy ocupa un lugar central en la reconstrucción de la identidad nacional rusa13

Dentro de esta estrategia identitaria que apunta a legitimar el estado actual de cosas de una economía capitalista y un gobierno conservador, el pasado comunista podía significar un problema. La solución encontrada por el Estado fue relativamente sencilla: la era soviética es considerada como parte de la larga historia rusa y, por lo tanto, debe tenerse en cuenta como un periodo más. Sin embargo, su inclusión es selectiva: en la narrativa oficial se prefiere destacar todos aquellos elementos que realzan sus logros, como el desarrollo industrial, la derrota del nazismo y la carrera espacial y, por el contrario, minimizar aquellas instancias que supusieron una expansión de la autonomía social o una amenaza a la continuidad política estatal, como el propio evento revolucionario y la Guerra Civil o el periodo de la perestroika. De hecho, el nombre elegido para bautizar la vacuna contra el covid-19 fue Sputnik v, que remite al satélite artificial producido por la urss en 1957 y que fue el primero en ser lanzado al espacio en la historia de la humanidad.

Izquierdistas de Rusia, ¡únanse!

El fracaso de la experiencia soviética colocó sobre la izquierda una pesada mochila de la cual todavía no puede desprenderse, tanto a escala global como dentro de la propia Rusia. Términos como «comunismo» o «izquierda» quedaron desprestigiados en el discurso público no solo por la disolución de la urss sino, sobre todo, por su asociación con un pasado que no remitía tanto a los viajes espaciales o a la eliminación del analfabetismo como al gulag y el terror estalinista. Por otra parte, el giro neoconservador que tomó el gobierno de Putin desde 2012 –a tono con lo que sucedía en otras partes del mundo– y su fuerte componente represivo –que supone la persecución de medios independientes, la condena de la protesta social y el encierro de dirigentes opositores, entre otras drásticas acciones– dificultan de manera notable la militancia de izquierda y cualquier tipo de alternativas que apunten hacia una democratización política o una igualdad social. A su vez, y como apunta el historiador Simon Pirani, la ausencia de una tradición de acción colectiva por parte de los trabajadores y las trabajadoras –legado también de las formas de organización de la militancia soviéticas– dificultó la coordinación de las luchas durante los primeros años de la Rusia postsoviética14.

El Partido Comunista de la Federación Rusa podría haber asumido esas tareas y convertirse en una alternativa de izquierda. Sin embargo, y a pesar de enfrentar las políticas neoliberales de Yeltsin y de denunciar el empobrecimiento de la población, a lo largo de estos casi 30 años fue virando hacia posiciones más cercanas a la derecha que a la izquierda, lo cual contribuyó a dispersar no solo al electorado joven sino también a muchos de sus militantes15. Sus marchas y manifestaciones supieron combinar banderas rojas y estandartes con el martillo y la hoz junto con retratos de Stalin e íconos de la Iglesia ortodoxa rusa, lo cual lo hizo partícipe del movimiento rojipardo, que en la Rusia de la década de 1990 solía agrupar a quienes combinaban posicionamientos nacionalistas con izquierdistas, como el Partido Nacional Bolchevique liderado por Eduard Limónov16. Por otra parte, sus principales dirigentes suelen mantener posiciones homofóbicas y xenófobas, y si bien en la teoría se presenta como un partido opositor a Rusia Unida, el partido de Putin, muchas veces en la práctica suele funcionar como una suerte de aliado informal.

El mantenimiento de los ideales –y las prácticas– de una izquierda democrática quedó entonces relegado a unos escasos movimientos de socialistas, trotskistas, anarquistas y redes de una nueva izquierda que se mantuvieron dispersos y sin una coordinación nacional. Por su parte, la recomposición del movimiento obrero y de un sindicalismo más combativo se fue abriendo paso muy lentamente y con éxitos relativos, aunque aislados, como en la huelga de la planta de Ford de Vsévolozhsk en 2007 y el corte de ruta en Pikalevo, en la región de Leningrado, en 200917. En los últimos años, fueron surgiendo otras formas de autoorganización como el piquete solitario, práctica que consiste en que una sola persona se manifieste con alguna pancarta en un lugar significativo con el fin de evadir las múltiples restricciones que existen para realizar marchas y manifestaciones masivas. También surgieron proyectos como Ovd-Info, una organización independiente fundada en 2011 cuyo objetivo es monitorear los casos de abusos de autoridad y detenciones por motivos políticos y proveer asistencia jurídica18. Todas estas experiencias han tenido que enfrentar, sin embargo, severos condicionantes políticos y legales que hacen muy difícil el activismo independiente. 

Sin embargo, desde 2012, el estado de cosas comenzó a cambiar, sobre todo luego de las protestas que se produjeron en ese año contra la reelección de Putin y de las masivas marchas que, a principios de 2020, se organizaron en todo el país para manifestarse en contra de la detención del líder opositor Alexéi Navalny. El Partido Comunista no pudo quedar ajeno. A pesar de cierta inercia registrada en su dirección y del acompañamiento pasivo de algunas iniciativas del gobierno, ha votado en contra de la reforma que elevaba la edad jubilatoria en 2018 y de las enmiendas a la Constitución aprobadas en este año que habilitan la reelección del presidente. Como sostienen Ilya Matveev e Ilya Budraitskis, esto permitió ampliar su base electoral con votantes más entusiasmados con esa energía opositora real que con su mixtura ideológica de nacionalismo, estalinismo y democracia social, y obligó al partido a reorientar su retórica y concentrarla más en la democracia y la justicia social19. Algunos dirigentes importantes, como Valery Rashkin –diputado de la Duma y jefe del partido en Moscú–, incluso comenzaron a tender puentes y a colaborar con agrupaciones de izquierda que son críticas del partido20. Esto, sumado a la emergencia de una joven generación de militantes –como Nikolai Bondarenko, de 35 años, dirigente comunista en Sarátov y uno de los videobloggers políticos más populares–, colaboró en la conformación de una alternativa democrática real de cara a las elecciones legislativas de 2021. Para ello, las listas llegaron a incluir a candidatos provenientes de otras corrientes políticas más radicales y que no estaban necesariamente afiliados al Partido Comunista. 

El caso de Mijaíl Lobanov es ilustrativo en ese sentido. Lobanov tiene 37 años y es matemático y profesor en la Universidad Lomonósov de Moscú, una de las más prestigiosas del país. Se autodefine como socialista democrático y reconoce como fuente de inspiración, entre otros dirigentes, a Jeremy Corbyn y Bernie Sanders. A lo largo de su carrera, ha venido teniendo una destacada participación tanto en el sindicalismo universitario como en el activismo urbano. A pesar de no estar afiliado, el Partido Comunista aprobó su participación en las elecciones bajo su lista. Su lema de campaña fue «Un futuro para todos y no para los privilegiados», y como candidato dejó de lado las discusiones binarias y abstractas propuestas por el gobierno y la oposición funcional y, por el contrario, se ocupó de recorrer el distrito por el que se presentaba –el ókrug administrativo occidental de Moscú– y de armar encuentros cara a cara con sus habitantes para exponer las iniciativas y los eventuales proyectos que presentaría en la Cámara Baja del Parlamento ruso, vinculados sobre todo a los problemas locales urbanos de los habitantes de la capital21

Los resultados iniciales de las boletas de papel dieron como ganador a Lobanov, quien enfrentaba a Evgeny Popov, un destacado presentador televisivo que contaba con toda la maquinaria electoral y propagandística de Rusia Unida detrás. Sin embargo, cuando llegaron –con un sospechoso retraso– los votos electrónicos, la contienda se definió a favor del candidato oficialista, como sucedió prácticamente en toda la capital rusa22. Las denuncias por fraude no se hicieron esperar y, a pesar de las protestas convocadas por los participantes afectados para cancelar la elección, el gobierno no mostró ninguna voluntad por revisar el resultado final. Por el contrario, apenas una semana después reforzó su veta autoritaria e incluyó a varias organizaciones independientes, como la ya mencionada ovd-Info, dentro del registro de «agente extranjero» –lo cual dificulta enormemente su funcionamiento, además del estigma social– y detuvo con acusaciones insólitas a diversos activistas, como el destacado intelectual y militante de izquierda Boris Kagarlitsky. Más allá de esto, las elecciones vinieron a mostrar no solo un mayor descontento con el elenco gobernante sino, sobre todo, un creciente apoyo al Partido Comunista, que es hoy el partido de la oposición legal con mayor caudal de votos –cercano a 20%– y que, gracias a la presión de las bases, parece radicalizar lentamente su discurso y su accionar para volver a colocarse como una alternativa real de izquierda. Si el gobierno solo atina a reforzar su carácter nacionalista, conservador y dictatorial con el fin de reconstituir el lazo social, acallar a la oposición y disimular su incapacidad de hacer frente a la crisis económica y social que ya lleva varios años –y que se reforzó con la pandemia–, las fuerzas de izquierda parecen reacomodarse y unificar sus luchas en pos de la reconstrucción de un país –y un mundo– mejor. A 30 años de la disolución de la urss, la nueva Rusia se debate entre la reactualización dosificada de un pasado soviético e imperial encarnado en el Estado y el diseño creativo de un futuro imaginado para todos y no solo para unos pocos. La lucha es desigual, pero su resolución todavía está abierta.

  • 1.

Eric Hobsbawm: Historia del siglo XX [1998], Crítica, Buenos Aires, 2001, pp. 7 y 13. 

  • 2.

Por ejemplo, Francis Fukuyama: El fin de la Historia y el último hombre, Planeta, Barcelona, 1992.

  • 3.
  1. Galliano: ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? Breve manual de las ideas de izquierda para pensar el futuro, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2020, p. 164.
  • 4.
  1. Groppo: «Los problemas no resueltos de la memoria rusa» en Nueva Sociedad No 253, 9-10/2014, p. 90, disponible en www.nuso.org. 
  • 5.
  1. Chaadáyev: «Cartas filosóficas dirigida a una dama» en Olga Novikova: Rusia y Occidente, Tecnos, Madrid, 1997.  
  • 6.

V., por ejemplo, Naomi Klein: La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidós, Barcelona, 2007.

  • 7.

Ver Ilya Matveev: «Rusia, Inc» en Open Democracy, edición digital, 16/03/2016.

  • 8.

Ver Ilyá Budraitskis: Mir katory postroil Huntington i v kotorom zhiviom vse my, Izdatelstvo knhizhnovo magazina «Tsiolkovsky», Moscú, 2020.

  • 9.

Ver Dan Healey: Russian Homophobia from Stalin to Sochi, Bloomsbury, Londres, 2018. 10. Ver Agnia Grigas: Beyond Crimea: The New Russian Empire, Yale UP, New Haven, 2016, pp. 27-28. 

  • 10.

Ver Marlene Laruelle: «Commemorating 1917 in Russia: Ambivalent State History Policy and the Church’s Conquest of the History Market» en Europe-Asia Studies vol. 71 No 2, 2019.

  • 11.

Ver Marlene Laruelle: «Commemorating 1917 in Russia: Ambivalent State History Policy and the Church’s Conquest of the History Market» en Europe-Asia Studies vol. 71 No 2, 2019.

  • 12.

Un antecedente podría ser la Comisión Presidencial contra la Falsificación de la Historia en contra de los Intereses de Rusia, que existió entre 2009 y 2012. El decreto presidencial puede consultarse aquí: <http://publication.pravo.gov.ru/document/view/0001202107300042?index=0&rangesize=1">http://publication.pravo.gov.r...

  • 13.

Ver Elizabeth Wood: «Performing Memory and its Limits: Vladimir Putin and the Celebration of World War II in Russia» en David L. Hoffman: The Memory of the Second World War in Soviet and Post-Soviet Russia, Routledge, Nueva York, 2021. 

  • 14.
  1. Pirani: Change in Putin’s Russia: Power, Money, and People, Pluto Press, Nueva York, 2010.
  • 15.

 Ibíd., p. 151.

  • 16.

Uno de los máximos dirigentes del Partido, Gennady Ziuganov, sostuvo en 2006 que el famoso Discurso Secreto de Nikita Jrushchov que denunciaba el terror estalinista había provocado más daños que beneficios, y en 2008 escribió una biografía bastante positiva sobre la figura de Stalin. Ver S. Pirani: ob. cit., p. 153

  • 17.

Tony Wood: Russia Without Putin. Money, Power and the Myths of the New Cold War, Verso, Nueva York, 2028.

  • 18.

Su sitio web es <https://ovdinfo.org/">https://ovdinfo.org/>

  • 19.
  1. Matveev e I. Budratiskis: «Kremlin in Decline?» en New Left Review, edición digital, 29/9/2021.
  • 20.

 Ver Radhika Desai y Boris Kagarlitsky: «Putin, Navalny, and the Left: The Coming Political Crisis in Rusia» en The Real News Network, 16/4/2021.

  • 21.

Las referencias fueron tomadas de la entrevista realizada por Dmitry Sidorov: «Mijaíl Lobanov: ‘Nuzhny razgovory i peregovory’» en Open Democracy, 24/8/2021. [Hay versión en inglés: «A De[1]mocratic Socialist Running for Russian Parliament. What Could Go Wrong?» en Open Democracy, 1/9/2021].

  • 22.

Se puede consultar el mapa que contrasta los resultados antes y después de la suma de los votos electrónicos en «Jrónika zaplarinovannoy krashchi» en Rabkor, 27/9/2021, <http://rabkor.ru/columns/">http://rabkor.ru/columns/editorial-columns/2021/09/27/chronicle_of_a_planned_theft/>

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Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:36

Las múltiples encrucijadas de Pedro Castillo

Las múltiples encrucijadas de Pedro Castillo

Aunque fue finalmente rechazado, Pedro Castillo enfrentó un pedido de destitución parlamentario por parte de la oposición de derecha. A pocos meses de iniciado el mandato, mantiene un rumbo zigzagueante que lo debilita frente a su base y no le suma por ahora nuevas adhesiones.

Cuatro meses después de que Pedro Castillo Terrones recibiese la banda presidencial, el Congreso de la República asistió al primer intento de destituirlo de su cargo. Al final de la sesión, la balanza se inclinó de manera definitiva a favor de la continuidad del mandatario. Además de los miembros de los tres partidos políticos que impulsaron la medida —Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País, los mismos que poco tiempo antes pretendieron desconocer los resultados de la segunda vuelta electoral, alegando «fraude»—, solo votaron a favor de admitir la vacancia presidencial tres congresistas más. Este resultado, sin embargo, está lejos de significar la existencia de un Ejecutivo fuerte y con alianzas sólidas. La realidad es que Castillo se ha ido volviendo cada vez más débil y solo en su propio gobierno.

Durante la sesión para admitir el pedido de vacancia, la congresista Patricia Chirinos (del partido Avanza País), autora de la iniciativa, hizo su último esfuerzo para conseguir los votos que le hacían falta, hablándole a cada una de las bancadas que habían dejado abierta la posibilidad de apoyar la moción semanas atrás. «¿Van a proteger a un presidente con claros indicios de corrupción, a pesar de que sus propias bases lo señalan como desleal por entregar el poder a los caviares que nos gobiernan desde hace años? Reflexionemos y pensemos en los que están afuera, en el pueblo», fueron las palabras que Chirinos le dedicó a la bancada de Perú Libre, que llegó al Parlamento de la mano del mandatario solo unos meses atrás.

La ruptura con Perú Libre

La tarde del 6 de octubre pasado y en un mensaje a la nación, Pedro Castillo anunció que «poniendo al Perú por encima de toda ideología y posiciones partidarias aisladas», había aceptado la renuncia de Guido Bellido al cargo de presidente del Consejo de Ministros. La decisión ya era un rumor desde varios días antes. Bellido no era un primer ministro especialmente impopular entre la población —su aprobación se encontraba en el promedio de quienes han ostentado el cargo en el pasado—, pero era rechazado por los grandes medios de comunicación, el establishment político, los grupos empresariales y un sector antifujimorista liberal. Además de los antecedentes con los que cargaba —una denuncia por apología al terrorismo y una serie de declaraciones homófobas y machistas—, su liderazgo en el Ejecutivo causaba el disgusto de los grupos mencionados porque significaba la presencia de Perú Libre en el gobierno.

Y es que después de que Castillo fuera proclamado oficialmente como presidente de la República, los sectores opositores que aceptaron los resultados, los partidos políticos que se mantuvieron al margen de la campaña —manifestando su rechazo por los dos candidatos en contienda— y un sector de la población que votó por él en rechazo a Keiko Fujimori, apostaron por la «desradicalización» del programa de gobierno del nuevo jefe de Estado.

Tomando en cuenta la historia política del país, aquella expectativa no era descabellada. El politólogo Yusuke Murakami se ha referido a la dinámica de «entrar por la izquierda y salir por la derecha» de la política peruana, en referencia a la distancia entre las promesas electorales y las políticas gubernamentales de varios presidentes a partir de la década de 1980. La diferencia era que, en este caso, la presión por el abandono de un proyecto de cambio radical se concretizó en la demanda de apartar al partido oficialista del gobierno. Sin ese alejamiento, sostenían quienes la reclamaban, el respeto a la institucionalidad y a la estabilidad macroeconómica que Pedro Castillo aseguraba que sería garantizada durante su mandato, era solo una farsa, ya que Perú Libre, liderado por el cuestionado Vladimir Cerrón, se autodefinía abiertamente como un partido de izquierda socialista, con una adscripción «marxismo leninismo» bastante sui géneris y sus cuadros no desaprovechaban ninguna oportunidad para recordar que su objetivo mayor era el de redactar una nueva Constitución mediante la convocatoria de una Asamblea Constituyente. 

En los hechos, desde la campaña de segunda vuelta Perú Libre fue perdiendo cada vez más protagonismo en el proyecto liderado por Pedro Castillo. Con el objetivo de convencer a un electorado más moderado, su programa de gobierno inicial fue reemplazado por el «Plan de Gobierno Perú al Bicentenario-Sin corrupción», un documento en el que se planteaban medidas para los primeros 100 días y que tomaban varias de las propuestas de Juntos por el Perú —el partido que postuló a Verónika Mendoza durante la primera vuelta—, que se sumó a apoyar la candidatura de Castillo. Si bien este nuevo plan fue consensuado entre las dos fuerzas de izquierda —el mismo Roger Najar, brazo derecho de Vladimir Cerrón fue quien coordinó el equipo de trabajo— poco a poco se fue generando recelo en Perú Libre, que se iba sintiendo desplazado.

Por otro lado, ante los constantes ataques de la fujimorista Fuerza Popular que aseguraba que debido al amateurismo del profesor sería Vladimir Cerrón –el secretario de Perú Libre— quien «gobernaría en las sombras», Castillo optó por alejarse de él y de su núcleo cercano. En sus apariciones se le veía básicamente con sus nuevos aliados. El rechazo a Cerrón llegó a tal punto que algunos aliados, en declaraciones a medios de comunicación, condicionaron u apoyo a la lejanía del líder de Perú Libre.

Bellido, congresista oficialista y dirigente del partido, fue, junto a otros dos correligionarios, la cuota de Perú Libre en el primer gabinete. La influencia del partido oficialista no llegó a más. Durante sus 69 días de gestión, la debilidad de Bellido se hizo evidente: no tuvo la autoridad para definir una línea de gobierno, por lo que cada uno de sus ministros trabajó en su cartera sin ningún tipo de organización con otros sectores, y los pedidos de remoción de un par de ministros, que hizo al presidente, fueron ignorados.

Fueron dos escándalos los que definieron su salida. El primero fue la invitación a apartarse de su cargo que le hizo al ministro de Relaciones Exteriores  Óscar Maúrtua a través de Twitter, después de que su viceministro sostuviera que el país no reconocía ninguna autoridad legítima en Venezuela. El segundo fue la advertencia que le hizo al Consorcio Camisea de nacionalizar los yacimientos de gas natural que explotaba si no aceptaba renegociar los contratos en favor del Estado peruano, a pesar de que Castillo había reiterado que su gobierno no recurriría a dicha medida.

La salida de Guido Bellido no causó sorpresas, pero sí lo hizo la composición del nuevo gabinete, ya que no solo el Consejo de Ministros tenía como titular a alguien que no pertenecía a Perú Libre, sino que no había ninguna representación del partido en él. Dentro del nuevo gabinete se había designado como ministra de Trabajo a Betsy Chávez, una parlamentaria que, si bien formalmente pertenecía al partido, en la práctica se encontraba separada de este. Chávez no era la cuota de Perú Libre, sino más bien una afrenta para ellos. 

La abogada, ambientalista y defensora de derechos humanos Mirtha Vásquez Chuquilín fue la elegida para reemplazar a Bellido. Vásquez tenía como antecedente haber ocupado el cargo de presidenta del Congreso desde noviembre de 2020 hasta julio de este año, durante la gestión de Francisco Sagasti en la Presidencia de la República. Era una figura de izquierda que proyectaba una imagen consensual, pues durante su liderazgo el Parlamento mantuvo una relación cordial con el Ejecutivo, una situación inusual en la política peruana de los últimos años. La aprobación de Mirtha Vásquez dieron, en un primer momento, la sensación de un mayor respiro para el gobierno de Castillo. La nueva primera ministra contó con una aprobación del 49% en los niveles socioeconómicos A y B y con el 41% en la ciudad de Lima, cifras mucho más altas de las que tenía Bellido y con las que contaba el propio Castillo. En el mismo sentido, los gremios empresariales y varios medios de comunicación saludaron el nombramiento.

Sin embargo, en la correlación de fuerzas entre Ejecutivo y Legislativo, el cambio de gabinete no fue beneficioso para el presidente. El nuevo Consejo de Ministros logró la investidura en el Congreso con apenas 68 votos, cinco menos de los que logró el liderado por Bellido. En la bancada oficialista, 16 miembros pertenecientes a la facción de Perú Libre votaron en contra de la cuestión de confianza. Perú Libre ha denunciado que la conformación de lo que denomina un «gabinete caviar» es una traición al partido y al pueblo. Ya antes de este hecho mayor, varios de los dirigentes habían tenido expresiones similares sobre algunos aliados. Sin embargo, las hostilidades fueron creciendo conforme su influencia en las decisiones de gobierno se fueron reduciendo. «Caviar», a decir de los miembros de Perú Libre, se trataría de una categoría que entrecruza ideología, clase y raza: la izquierda reformista, cultural y étnicamente alejada de las mayorías populares, que no sabría cómo incorporar los cambios que reclama el pueblo por no conocerlos. Los cambios solo serían posibles con un gobierno «con olor, color y sabor a pueblo». El partido del lápiz se ha referido al Ejecutivo como «gobierno caviar» incluso en comunicados oficiales.

Los cálculos

En sus primeras semanas de funcionamiento, los diez grupos políticos que conforman el Congreso de la República definieron sus posturas con respecto al gobierno. El resultado fue un escenario de equilibrio entre las fuerzas progubernamentales y opositoras. El nuevo gobierno contaba con los 42 votos que sumaban Perú Libre y los aliados de Juntos por el Perú. La oposición más dura, compuesta por Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País, contabilizaba 44.

El gobierno necesitaba ganar parte de los 45 votos de los otros cinco partidos políticos presentes en el Parlamento que aún no tenían una postura definida. Aquella era una tarea imprescindible no solo para avanzar en una agenda de cambio, sino también para garantizar su supervivencia, pues la figura de la vacancia presidencial fue deslizada por la oposición solo tres días después de que Castillo juramentara en el cargo. Así pues, la primera tarea era asegurar los 44 votos que frenarían cualquier intento de destituir al mandatario.

Fue con el objetivo de ganar el apoyo de estos grupos que reclamaban moderación que Pedro Castillo decidió conformar un gabinete sin la presencia del partido oficialista. Varios elementos se aparentemente escaparon en su cálculo político, como que aquella iniciativa lo haría perder el respaldo de Perú Libre y, con ello, el estratégico equilibrio de fuerzas con el que contaba en el Congreso. Otro dato que pasó por alto es que estos partidos que algunos han llamado «de centro» no ofrecen el apoyo incondicional que brindaba el partido del lápiz, sino que suelen moverse en función de sus intereses. Efectivamente, a pesar del gesto de moderación de Castillo, estas bancadas manifestaron que evaluarían su apoyo a la vacancia presidencial cuando fue presentada. Al final, casi de forma unánime, la rechazaron. 

Y es que si bien Castillo ha visto reducirse fuertemente su popularidad durante el último mes —según el estudio de opinión de noviembre del Instituto de Estudios Peruanos, solo 25% de la población aprueba su gestión—, la vacancia no es avalada por la mayoría de la población. En Lima, el 54% de las personas apoya la destitución, pero en provincias un contundente 62% la rechaza.

Es cierto que la figura de la vacancia se decide solamente en el Congreso y podría hacerse de espaldas a la población —como se demostró con la destitución del expresidente Martín Vizcarra en noviembre de 2020, que en ese momento contaba con un 77% de respaldo popular—. Sin embargo, varios de estos partidos cuentan con una fuerte presencia regional y ya se encuentran haciendo campaña para las elecciones regionales y municipales del próximo año. Proyectar la imagen de «obstruccionistas», que ha perseguido a los diferentes Congresos desde 2016, no es hoy lo más conveniente. Pero este escenario podría cambiar.

El entorno cajamarquino

Con la separación de Perú Libre, el gobierno de Castillo se encuentra vulnerable políticamente, pues en la práctica solo cuenta con los cinco votos seguros que le ofrece Juntos por el Perú en el Congreso. Sin embargo, no se encuentra solo en el poder: diferentes investigaciones periodísticas han expuesto al grupo de personas que tomaban altas decisiones gubernamentales junto al presidente. Este es un núcleo familiar-amical-regional, sin afiliación político-partidario definida, que acompañó al profesor desde la primera vuelta electoral, pero que fue adquiriendo mayor influencia conforme Perú Libre la perdía. Como ha apuntado el investigador Silvio Rendón, en Perú, donde las identidades políticas suelen ser muy débiles, las dinámicas identitarias, en este caso el paisanaje, suelen tener un peso fundamental.

En las últimas semanas se han descubierto escándalos alrededor de estos personajes, la mayoría provenientes de Cajamarca y desconocidos en la política nacional. Se supo, por ejemplo, que el empresario cajamarquino Alejandro Sánchez, de la mano de los sobrinos del presidente, organizaban reuniones entre Castillo y empresarios en una casa particular, sin los registros que implica reunirse en la residencia oficial. Asimismo, salieron a la luz chats del ahora ex-secretario Bruno Pacheco en el que se veía cómo presionaba al jefe de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT) para favorecer a empresas que tenían deudas pendientes.

Estos escándalos han golpeado duramente al presidente. La caída de su popularidad, que nunca fue alta, ha coincidido con estas denuncias. La mayoría de la población pudo ver, a partir de un reportaje televisivo, cómo el presidente entraba a escondidas a una casa del distrito limeño de Breña, quitándose su característico sombrero y poniéndose un gorro para no ser reconocido. Además, se supo que la fiscalía descubrió 20.000 dólares escondidos en el baño del despacho de Pacheco.

La oposición y la polarización

En los últimos cinco años, el escenario político peruano se ha caracterizado por el enfrentamiento abierto entre Ejecutivo y Congreso, que hizo que ambos actores se valieran de figuras constitucionales para su ataque político. El Ejecutivo tenía en sus manos la cuestión de confianza, un mecanismo que podía plantear al Congreso de la República para que apruebe alguna medida de gobierno. La Constitución estipula que si el Congreso niega en dos ocasiones la cuestión de confianza, el presidente puede disolverlo. Esto es lo que hizo el expresidente Vizcarra en 2019. Por su parte, el Congreso cuenta con la figura de la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente. En la Carta Magna peruana se plantean motivos puntuales para destituir al jefe de Estado. Una de ellas es la «permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso». Actualmente, existe un debate constitucional sobre cómo interpretar «incapacidad moral». Hay quienes sostienen que esta debe entenderse como enfermedad mental, mientras que otros argumentan que se trata de una figura de corte político que permite al Congreso vacar al presidente por alguna conducta que se considere grave. Fuera de debates legales, en la realpolitik la vacancia por incapacidad moral permanente significa lo que deseen quienes consigan juntar 87 votos en el Congreso.

El conocimiento —del Ejecutivo y el Parlamento— de que estas figuras podrían ser usadas en su contra, servía como contención de un actuar extremadamente hostil contra el otro poder del Estado. Con el actual Congreso esto cambió. El pasado octubre, el Legislativo publicó una ley que recortó los alcances de la cuestión de confianza. Si bien el Ejecutivo ha presentado una demanda ante el Tribunal Constitucional con el fin de que se anule la norma, actualmente ha perdido su arma de defensa. En ese contexto, la legisladora Patricia Chirinos puso sobre la mesa la vacancia presidencial sorprendiendo incluso a sus compañeros de bancada. Y es que si bien impulsar una vacancia se encontraba en los planes de la oposición, los elementos para llevarla a cabo exitosamente aún no se encontraban presentes. Prueba de ello son los argumentos presentados en el documento que sustentaba el proyecto, que se limitaba a describir los errores del gobierno y las críticas que se habían formulado durante los cuatro meses pasados, tales como la «designación de altos funcionarios vinculados al terrorismo y acusados de apología al terrorismo», el «debilitamiento del sistema democrático al fortalecer las relaciones con gobiernos antidemocráticos como Venezuela y avalar la intervención de personajes extranjeros en asuntos internos (el ex-presidente boliviano Evo Morales y el «lobista israelí» Ari Ben-Menashe)» y la «permisibilidad a la violencia contra la mujer», por haber nombrado a Guido Bellido como primer ministro.

La vacancia presidencial ha sido presentada en varias oportunidades durante los últimos años, a tal punto que ya se pueden reconocer los dos requisitos que deben estar presentes para que esta prospere. Por un lado, el presidente debe encontrarse aislado políticamente; por otro, debe salir a la luz un escándalo de corrupción que melle seriamente su imagen. Esto último tiene el objetivo de legitimar la medida entre la población, posicionar a los impulsores de esta como luchadores contra la corrupción y convencer a los parlamentarios escépticos de apoyar una medida tan extrema. Estas dos condiciones estaban presentes con Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra: el primero renunció antes de que fuera vacado y el segundo terminó destituido, aunque su popularidad y las delicadas circunstancias en las que se encontraba el país —en medio de una pandemia que lo había posicionado, a escala mundial, como el primero en muertes por millón—, levantaron la indignación popular.

La primera moción de vacancia contra Castillo fue suscrita sin ninguna esperanza de éxito por los legisladores de Avanza País, Renovación Popular y Fuerza Popular, debido a la pugna que actualmente existe entre los tres partidos y sus líderes por encabezar la oposición. La realidad es que la popularidad del mandatario se desploma, pero ningún grupo opositor ha sabido capitalizar esa situación. 

 «La congresista Chirinos hizo un anuncio sobre vacancia que no había sido ni coordinado ni preguntado ni comentado con nadie, para nosotros fue la primera impresión cuando lo escuchamos. (…) Ahora temprano he hablado con la congresista Chirinos y me está enviando la moción de vacancia, recién la voy a ver y vamos a adherirnos», explicó el vocero de Renovación Popular Jorge Montoya, un día después de que Chirinos presentara la propuesta, agregando que era poco probable conseguir los votos suficientes para lograr la vacancia. Fue la revelación de las reuniones secretas que el presidente celebraba con empresarios, algunos de los cuales después ganaron licitaciones estatales, lo que hizo que aquel intento originalmente condenado al fracaso se convirtiera en un verdadero peligro para el gobierno. El escándalo de corrupción se sumó así a la fórmula.

El fin de semana anterior a la sesión en la que se iba a discutir la moción de vacancia, el medio que expuso el escándalo que había puesto en aprietos al Ejecutivo anunció un «audio bomba» que causó una gran expectativa entre el sector político. Sin embargo, al final solo fue una noticia irrelevante que no logró hacer cambiar la opinión de las bancadas «centristas» y que terminó jugando en contra del sector que promovía la vacancia.

Perspectivas

Sin duda habrá otros intentos más coordinados contra el presidente. Por lo pronto, el receso parlamentario le ofrece al gobierno tres meses de tranquilidad política. Después de haber superado esta primera ofensiva parlamentaria, Castillo cuenta con evidencias de que es necesario enmendar los primeros pasos que ha dado su gestión.

Posiblemente Castillo se beneficiaría del alejamiento del «núcleo chotano» (en referencia a Chota, su pueblo natal) que estuvo tomando las decisiones gubernamentales sin una agenda política clara y del que se han descubierto indicios de corrupción, y también de un acercamiento a Perú Libre y a partir de un espacio interno más ordenado tratar de conseguir apoyos externos. La realidad es que, dejando de lado la retórica revolucionaria, Mirtha Vásquez le ha dado continuidad a los temas más importantes que se gestaron durante la gestión de Bellido, tales como la renegociación del gas y la reforma tributaria, impulsada por el ministro de Economía Pedro Franke. Y también esta en la agenda de la campaña la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Alejarse de un programa de izquierda no hará que el escenario en el que se desenvuelve sea menos hostil. El riesgo de golpes de timón sin estrategia es que termine por perder a sus bases sin ganar a quienes no lo votaron. Entre sectores de izquierda hoy tiene el 48% de desaprobación y el sur del país 56%. Aun no es tarde. 

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