Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Estados Unidos, Joe Biden, pretenden conseguir una salida diplomática a la grave crisis en Ucrania.Foto Afp

Biden y Putin realizaron su segunda videollamada con tres semanas de diferencia para conseguir una salida diplomática a la grave crisis en Ucrania (https://bit.ly/3sNTHVihttps://bit.ly/3sX1jom) que está a punto de alcanzar los tintes dramáticos de aquellos 13 días de octubre de 1962 de la crisis de los misiles en Cuba en sus dos versiones (https://bit.ly/3Hs8sBjhttps://bit.ly/3JKsklh).

En un enfoque geoestratégico tripolar, China ha guardado un impactante silencio sobre la videollamada –cuando está concentrada en los festejos del año nuevo occidental y en el discurso del mandarín Xi Jinping, donde destacó el alivio de la pobreza de más de 800 millones de chinos (https://bit.ly/3HwSmq9)–, mientras los usualmente cacofónicos multimedia de Estados Unidos se han mostrado exageradamente lacónicos (https://wapo.st/3zgGOEshttps://nyti.ms/3zdMOhi), en contraste con la generosidad de los multimedia rusos (https://bit.ly/3pK7ydrhttps://bit.ly/32L5g4S).

Existió un acuerdo para realizar tres reuniones interconectadas: de Rusia con Estados Unidos en Ginebra (10/1/22), con la OTAN en Bruselas (12/1/22) y con la OSCE en Ginebra (13/1/22). El canciller ruso Sergey Lavrov (SL), en entrevista al muy influyente portal Sputnik (https://bit.ly/3HrDzgd), advirtió que Rusia se verá obligada a adoptar todas las medidas necesarias para asegurar un equilibrio estratégico. SL puntualizó que habrá una adecuada respuesta a cualquier provocación militar de Ucrania. Parece que hoy el Kremlin teme más a una nada hilarante provocadora aventura del presidente de Ucrania Zelensky, comediante (literal) de profesión (https://bit.ly/3JstqBX).

Emmanuel Grynszpan (EG), del rotativo Le Monde, muy cercano a la cancillería gala, aduce que Putin impuso su calendario a Joe Biden (https://bit.ly/3sPPL6A). EG divulga que Estados Unidos envió por primera vez en dos ocasiones consecutivas un avión de guerra electrónico (sic) y de espionaje Jstars arriba de Ucrania con el fin de recolectar datos de los movimientos del ejército ruso y llega hasta aseverar que Biden y Putin programaron reunirse el 10 de enero en Ginebra.

En su original hermenéutica sobre el comunicado del Kremlin, EG interpreta que Rusia obtuvo una concesión de Estados Unidos ya que Washington no tiene la intención de desplegar misiles en el territorio de Ucrania, lo cual contribuye a la anhelada desescalada.

EG juzga que la “percepción de la geopolítica, donde el mundo es dividido en esferas de influencia, domina hoy en el seno de la élite política rusa” que llevaría ipso facto a marginar a los europeos, cuando Putin y su círculo cercano consideran que Kiev perdió su soberanía y recibe órdenes de la embajada de Estados Unidos. ¿Y a poco no? EG rememora un extracto del indeleble artículo escrito por Putin en julio pasado: poco a poco, Ucrania es llevada a un juego geopolítico (sic) peligroso, cuyo objetivo es hacer de Ucrania una barrera entre Europa y Rusia, una anti-Rusia que nunca aceptaremos. EG puso en relieve una significativa frase de Yuri Ushakov, consejero del zar Vlady Putin, quien advirtió a su homólogo estadunidense que Rusia imitaría a Estados Unidos colocando misiles ofensivos cerca de sus fronteras.

¿Dónde sería?, ¿en Cuba, Venezuela o Nicaragua? A mi juicio, en un modelo de Krushchev en reversa de la crisis de los misiles en Cuba en 1962, dada la coyuntura presente, veo más factible el despliegue contraofensivo ruso en Nicaragua, que en Cuba y Venezuela.

Pero también la réplica ajedrecista de Putin se puede gestar simultáneamente en los tres países aludidos con el fin de obligar a Estados Unidos/OTAN a retirar sus misiles nucleares, de los casi 2 mil km de frontera de Ucrania con Rusia y a sólo cinco minutos de Moscú.

La crisis de los misiles en Cuba de 1962 fue sabiamente resuelta con el retiro de los misiles soviéticos por Nikita Krushchev a cambio del desmantelamiento de los misiles nucleares de Estados Unidos en Turquía, frontera hoy en el mar Negro de Ucrania y Rusia.

Lo mejor sería evitar llegar a una ominosa escalada que emule al modelo de Krushchev en reversa.

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2021: un año de resistencias por la vida en AL

El parlamento de la provincia de Chubut, sur de Argentina, aprobó una ley a favor de la minería en diciembre, pero debió anularla una semana después ante la insurrección masiva de la población. Es uno de los mayores triunfos de los sectores populares latinoamericanos, frente al gobierno provincial y al nacional, ambos progresistas y extractivistas.

En cuatro días de rabia, una enorme pueblada (insurrección) que llegó a incendiar la casa de gobierno de Rawson, la capital provincial, forzó al gobernador a anular lo aprobado por el parlamento para calmar la protesta.

De este modo, Chubut se suma a la provincia de Mendoza que en 2019 también consiguió frenar la minería. Desde agosto pasado, Chubut se encuentra en emergencia hídrica y en las principales ciudades hay cortes de agua por la escasez.

En Chile, el año comenzó con un sostenido aumento de la insurgencia pacífica mapuche, que no se ha dejado desgastar por los procesos electorales. En la región de Temuco, se registra un crecimiento exponencial de la recuperación de tierras que llevó al gobierno de Sebastián Piñera a decretar la ocupación militar de Wall Mapu, en un inútil intento por contener la lucha.

Para tener una idea de la magnitud del movimiento, vale decir que entre enero y abril de 2020 hubo 35 recuperaciones de tierras por comunidades, pero en los mismos meses de 2021 la cifra trepó a 134 tomas.

El hecho más significativo del año fue la gigantesca movilización lanzada por el pueblo colombiano el 28 de abril. En esa fecha fue convocada una huelga de 24 horas por las centrales sindicales, pero las y los jóvenes desbordaron la convocatoria. En los hechos, la paralización duró más de dos meses; con carreteras cortadas durante semanas, como la estratégica Panamericana que regula el tránsito de mercancías.

Las manifestaciones de millones de personas abarcaron cientos de municipios, paralizando el país con acciones masivas y con la creación de “puntos de resistencia”, donde se concentraban jóvenes para liberar zonas y hacer una vida cotidiana segura, ante la brutal represión del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

La ciudad de Cali, cuya población es mayoritariamente afrodescendiente, fue el epicentro de la protesta con 25 “puntos de resistencia”, con el derribo de estatuas de conquistadores y la edificación de antimonumentos como Resiste, emblema del levantamiento popular.

Hubo decenas de muertos y desaparecidos por la acción represiva. Pero la verdadera sorpresa vino de abajo: en Cali estuvo presente la guardia indígena Nasa, que recorrió más de 100 kilómetros para apoyar a los manifestantes, acosados también por civiles que fueron armados por la policía. Se crearon también las “primeras líneas” de autodefensas urbanas juveniles, pero también las hubo de madres para proteger a sus hijos e hijas, de sacerdotes y hasta de militares retirados.

Las sucesivas ondas de protestas se continúan hasta diciembre, con la llegada de la Minga indígena a Cali, en protesta por el continuo asesinato de sus integrantes y en renovado apoyo a sus habitantes.

Las protestas y rebeliones enterraron al uribismo (la ultraderecha militarista de Álvaro Uribe) que gobierna Colombia con mano de hierro desde comienzos del siglo XX; trasladaron el centro de la resistencia desde las áreas rurales hacia las urbanas; colocaron a la juventud sin futuro en el centro del escenario político y generaron una intensa politización de la sociedad, cuya inmensa mayoría reclama cambios urgentes.

A mediano plazo, la confraternización entre indígenas y jóvenes urbanos puede abrir las puertas a nuevas relaciones entre sectores clave para el diseño de prácticas emancipatorias en la nación.

Debe destacarse que en plena pandemia, el EZLN tomó la iniciativa al convocar la Travesía por la Vida, con la que abrazó las resistencias de Europa durante los meses de setiembre a diciembre.

Sostengo que esta gira representa un viraje en la solidaridad internacional y en el modo como se relacionan los movimientos. Hasta ahora predominaban los grandes encuentros, como hicieron las cuatro internacionales, y espacios como el Foro de Sao Paulo, protagonizados por varones, blancos y académicos, dirigentes de partidos y movimientos, reunidos en hoteles de lujo o en universidades.

En el norte del Perú se formó en diciembre el Gobierno Territorial Autónomo Awajún, con lo que son ya seis pueblos amazónicos, y unas 150 mil personas, las que decidieron recorrer el camino de la autonomía.

Este año hemos comprobado cómo los pueblos se van sobreponiendo a los estragos de la pandemia del Covid-19 y de los gobiernos que, a derecha e izquierda, aprovechan la crisis para profundizar el modelo. La gobernabilidad neoliberal se está esfumando por el activismo de abajo.

Todo indica que 2022 será un año decisivo. Creo que el gran desafío de los movimientos consiste en superar la dinámica de subida y bajada de la movilización, para construir organizaciones capaces de darle continuidad a las resistencias.

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México aprobó la vacuna cubana Abdala contra la covid

México autorizó el uso de emergencia de la vacuna cubana Abdala contra la covid-19. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el ente regulatorio mexicano informó en un comunicado que "dictaminó procedente la autorización para uso de emergencia de la vacuna Abdala" al considerar que el fármaco "cumple requisitos de calidad, seguridad y eficacia".

Con la decisión de las autoridades sanitarias, Abdala se convierte así en el biológico anticovid número 10 aprobado por Cofepris para su aplicación en México. El país además ya había aprobado las vacunas de Pfizer-BioNTech, AstraZeneca, CanSino Biologics, Sputnik- V, Sinovac, Covaxin, Janssen (de la farmacéutica Johnson and Johnson), Moderna y Sinopharm.

 

El ente regulador informó que tras examinar la opinión de su Comité de Nuevas Moléculas (CMN) ingresaron la solicitud de autorización para uso de emergencia. Luego de que especialistas analizarán los expedientes, certificaron que la vacuna Abdala cumple los requisitos necesarios para su aplicación.

El gobierno federal de México todavía no indicó si planea adquirir este fármaco. México, de 126 millones de habitantes, registraba hasta este miércoles 3,9 millones de contagios y casi 300.000 muertes, según datos oficiales.

Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus


En tanto, desde la farmaceútica BioCubaFarma, aseguraron que con la reciente aprobación del uso de emergencia de la vacuna Abdala "avanza la inserción internacional" de las vacunas producidas en la isla.

"Con esta aprobación, México puede importar la vacuna Abdala, para su uso en la Política Nacional de Vacunación contra el virus SARS-CoV-2 en personas mayores de 19 años", detalló BioCubaFarma en Twitter.

Junto a Abdala, Cuba creó otras dos fórmulas contra la covid-19: Soberana 02 y Soberana Plus, ambas cuentan con la autorización del Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médico para su uso de emergencia. El ente regulador en Cuba es de referencia en la región y además fue precalificado en materia de vacunas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las tres vacunas cubanas tienen una eficacia superior al 90 por ciento, según las autoridades cubanas. Aunque las tres vacunas todavía no fueron homologadas por la OMS.

El presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez, recientemente informó que hay interés de "someterlas al proceso de precalificación" internacional para que expertos independientes revisen su efectividad y sean aprobadas a nivel internacional por la OMS.

Esto daría validez externa a las fórmulas cubanas para que otros países las adquieran y supondría una fuente de divisas internacionales para la economía cubana, que atraviesa un grave crisis.

Cómo es la vacuna cubana Abdala


Las vacunas cubanas se basan en una proteína recombinante, la misma técnica con la que trabaja la estadounidense Novavax y la francesa Sanofi, y tienen una eficacia superior al 90 por ciento para prevenir la enfermedad con síntomas, según científicos cubanos. La vacuna Abdala ya fue aprobada en Nicaragua, Vietnam y Venezuela. Este último firmó con la isla un contrato de suministro de 12 millones de unidades.

 

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Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, advirtió que su país se apresta a lanzar sanciones nunca antes vistas contra Rusia en caso de que invada Ucrania.Foto Afp
Bajo la lupa
 
▲ Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, advirtió que su país se apresta a lanzar sanciones nunca antes vistas contra Rusia en caso de que invada Ucrania.Foto Afp
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lobal Times, del Partido Comunista Chino, expuso la malhadada entrevista de la vicepresidenta Kamala Harris a CBS de que Estados Unidos prepara lanzar sanciones nunca antes vistas (https://cbsn.ws/3JpubvC) contra Rusia en caso de su invasión a Ucrania. China, que mantiene óptimas relaciones con Ucrania, comenta a través de su famoso portal la volcánica situación: “Estados Unidos y Rusia ya se han culpado mutuamente de la situación en Ucrania. Estados Unidos exclama que los ejercicios militares de Rusia cerca de las fronteras de Ucrania pueden ser el preludio de una invasión a Ucrania, mientras Rusia arguye que tiene el derecho de movilizar a su ejército en su propio territorio y exigió una promesa de que la OTAN no desplegaría a sus fuerzas en Ucrania” (https://bit.ly/3FvTNEB).

A juicio del portal, después de su debacle en Afganistán, Estados Unidos no tiene hígado para una nueva aventura militar, en medio de la agudización de la pandemia del Covid-19, la hiperinflación y las elecciones intermedias de noviembre de 2022 –donde no luce nada boyante el Partido Demócrata–. En un relato de hechos, contrastantes con la propaganda anglosajona, Global Times aduce que Estados Unidos continuamente escala (sic) las tensiones en Ucrania oriental. Desde el inicio de este año, Estados Unidos ha enviado bombarderos estratégicos, incluyendo el B-52 y B-1B para abordar zonas como el mar Negro. En noviembre, Estados Unidos envió bombarderos estratégicos y condujo ataques nucleares (¡megasic!) simulados contra Rusia, además penetró el espacio aéreo 20 km cerca de la frontera rusa, en un movimiento obviamente provocador.

El portal chino asevera haber descubierto la estratagema de Biden: “Arroja cerillos en leña seca (…), pero evita sus llamas en forma deliberada” ya que,mientras más tensa se vuelva la situación en Ucrania, más países europeos dependerán de Estados Unidos, lo que lo coloca como el máximo beneficiario (sic) de este juego peligroso. Global Times argumenta que el principal perdedor (sic) será Ucrania, país que se encuentra en turbulencias y divisiones: Estados Unidos ha convertido a Ucrania en un peón (sic) en el tablero de ajedrez europeo conforme lo empuja al Este –a su frontera de mil 944 km con Rusia, la mayor de sus siete fronteras, mientras Washington se encuentra a 7 mil 855 km de Kiev–.

El portal fustiga la política de Washin-gton de crear crisis, lo cual probablemente convierta a Ucrania en un polvorín regional, cuando Estados Unidos usa a la OTAN como un instrumento para canibalizar (sic) y estrangular el espacio estratégico de Rusia.

En efecto, el portal chino redunda en la reciente glosa del zar Vlady Putin, quien ha señalado que la dupla Estados Unidos/OTAN se ha expandido al Este en cinco (sic) ocasiones en más de dos décadas cuando, para Moscú, Ucrania constituye la línea roja de su seguridad (https://bit.ly/3pzn4ss). Global Times aprovecha la situación propicia en Ucrania para demostrar que Estados Unidos no es confiable y que, con el fin de asegurar su posición ventajosa, crea disputas, divisiones, conflictos y confrontaciones en los asuntos internacionales, llegando hasta desplegar misiles (¡megasic!) en los peldaños de Rusia, en similitud a lo que opera en las costas de China y en el estrecho de Taiwán para mantener cierto grado de tensión y caos en las áreas circundantes de Rusia y China, sin desear quizá iniciar una guerra.

El presidente ruso Putin afirmó durante su célebre conferencia anual de prensa que su línea roja es Ucrania y que ya no tenía mayor espacio para echarse más atrás, mientras lanzaba tres preguntas perturbadoras: ¿Qué diría Estados Unidos si estacionamos nuestros misiles en sus fronteras con Canadá y México(sic)?, ¿No tuvieron México y Estados Unidos disputas territoriales en el pasado? ¿A qué país pertenecía California? Putin concluye que nadie habla de esto (sic) en la forma de la que hablan de Crimea (https://bit.ly/3z7tRN7).

fortiori, Rusia nunca aceptará la instalación de misiles de Estados Unidos en su frontera con Ucrania a cinco minutos de Moscú, como tampoco Estados Unidos aceptaría los misiles de Rusia en el Golfo de México o en el mar Caribe, en reminiscencia de la Crisis de los misiles en Cuba de 1962.

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Lunes, 27 Diciembre 2021 07:04

2022, ¿el mundo en postpandemia?

2022, ¿el mundo en postpandemia?

«No hay un fin de la historia: cada generación. debe afirmar su voluntad y su imaginación ante nuevas amenazas que nos obligan a juzgar de nuevo la misma causa en cada época sucesiva».

Shoshana Zuboff, La era del capitalismo de vigilancia.

 

El capitalismo global cierra el año 2021 con una de las mayores crisis que ha experimentado la humanidad en su historia moderna, tanto por el volumen de personas involucradas en la pandemia del coronavirus —con más de 5 millones de muertes, casi 25 millones activos y un total de cerca de 280 millones a lo largo de casi dos años de esa enfermedad— como por presentarse en las inmediaciones de una de las crisis más agudas y profundas que ha experimentado el sistema capitalista en su actual fase histórica de decadencia.

Los grandes ganadores y beneficiarios de la pandemia del coronavirus han sido los gigantescos monopolios occidentales que acaparan las vacunas, poseen en propiedad privada el complejo industrial tecnológico-farmacéutico-industrial-mediático y dominan el mundo subdesarrollado y dependiente bajo la férula de su propiedad intelectual e industrial que se han rehusado a socializar para permitir que pueblos, países pobres y comunidades de América Latina, Asia y África, accedan a los dispositivos vacunales para proteger a sus poblaciones como insistentemente ha demandado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por el contrario, la mayoría de esos monopolios lucran con los insumos médicos ligados a las vacunas con el fin de acumular capital y obtener beneficios bajo la lógica imperante de la venta de mercancías a precios de mercado para ser usufructuadas y consumidas por quienes tengan capacidad monetaria para pagar (sean individuos o gobiernos),

Hay que insistir reiteradamente que la crisis capitalista no es producto de la pandemia del coronavirus, como han pregonado los principales medios hegemónicos de comunicación lidereados por los poderes occidentales, sino que, por el contrario, dicha enfermedad no hizo sino profundizar la ya de por sí crisis capitalista que venía del periodo anterior, por lo menos, desde la crisis estructural y financiera de 2008-2009, la cual tuvo algunas recuperaciones breves, pero dentro de una aguda tendencia a la caída que se pronunció, de manera exponencial, durante los años 2020 y 2021, provocando fuertes caídas del empleo productivo, incrementando y extendiendo el trabajo precario, la superexplotación, la informalidad, los despidos masivos por las empresas como una forma de resarcirse de la crisis y mermando los ingresos y salarios de los trabajadores.

El panorama internacional para 2022 no puede ser más complejo, abigarrado y contradictorio como es el hecho de que la mayoría de los expertos y proyecciones, plantean que, en ese año, se estará desarrollando una cuarta ola de la enfermedad del coronavirus comandada por la nueva cepa llamada Ómicron (también denominada: B.1.1.529 del SARS-CoV-2), que ya se ha instalado en más de 140 naciones del planeta afectando drásticamente a las poblaciones, a los países, a las comunidades, a las personas y a las economías. Ya se están produciendo cierres o restricciones de diversa naturaleza (por ejemplo: cancelación de cientos de vuelos) en algunos países europeos como Holanda, Francia, España o Alemania ante la expansión del patógeno y países que ya habían obtenido cierta mejoría y control de la pandemia como Argentina cuyo gobierno anunció la ampliación de la emergencia sanitaria hasta finales de 2022. Solo gobiernos de países como México o Colombia se empeñan en disminuir —e ignorar— el riesgo y el peligro que representa Ómicron y se reúsan a adoptar medidas drásticas para contenerlo.

Las corrientes negacionistas insisten en que no es necesario tomar vacunas, ni medidas como el uso del cubrebocas o la sana distancia, esgrimiendo todo tipo de argumentos falaces lo que no ha hecho otra cosa sino exacerbar los efectos perniciosos de la enfermedad. Países como México, Brasil, Colombia o, incluso, los propios Estados Unidos —con un promedio diario de 100 mil nuevas infecciones —73% de las cuales corresponden a Ómicron— y más de mil muertos a causa de la Covid-19— permanecen sin las medidas adecuadas dejando que sea la pseudo tesis de la criminal «inmunidad de rebaño» y, por supuesto, el mercado capitalista, quienes «resuelvan» el problema de la expansión del coronavirus.

En el contexto de la crisis capitalista signada por la fuerte caída de las tasas de crecimiento económico promedio, causada por la baja de la tasa media de ganancia — fenómeno responsable del dislocamiento de las inversiones a la esfera del capital ficticio sin lastre en la producción y en la riqueza —; el enfrentamiento entre las grandes potencias (Estados Unidos, Chima, Rusia, Irán, Corea del Norte) en los puntos calientes del planeta (Ucrania, Siria, Yemen, Palestina, Venezuela o Nicaragua) que tiende a intensificarse en las inmediaciones de una cada vez más evidente crisis de supremacía-hegemonía del imperialismo norteamericano que no admite que el siglo XXI está constituido por un mundo basado en relaciones internacionales multilaterales y policéntricas; que ha dejado atrás del carcomido y obsoleto «unilateralismo» norteamericano de finales del siglo XIX y del XX, junto con su «excepcionalismo» de que hicieron gala y mofa durante décadas sus intelectuales orgánicos, la burguesía norteamericana, sus empresas transnacionales y su burocracia política acorazada en los partidos dominantes, demócrata y republicano, fieles representantes del capitalismo norteamericano en decadencia que en la actualidad experimenta una de las más graves crisis económicas y sociales, expresada en la escasez de mano de obra, en el menor inventario de productos, la interrupción de las cadenas de suministro y el desabasto que padece la nación y, por consecuencia, en el inusitado aumento de la inflación interanual de 6.8% en 2021, no vista desde noviembre de 1990, con cargo especialmente en los productos que conforman la canasta básica (alimentos, vivienda, energía, salud, educación, transporte, entre otros) y que demanda la mayor parte de la población.

Según informes oficiales del gobierno norteamericano, la crisis ha alcanzado a los Bancos de Alimentos que resultan insuficientes para satisfacer la creciente demanda alimentaria de la población en el contexto en que sus precios se han duplicado en el último año, en parte, debido a la insuficiencia de oferta derivada de la hipertrofia de las cadenas de valor en puertos, carreteras y fábricas, así como por la falta de mano de obra y de transportes que distribuyan en tiempo y forma las mercancías. De tal manera que, en 2020, alrededor de 60 millones de personas tuvieron que recurrir al sistema de beneficencia alimentaria ante la carestía que ha duplicado o triplicado sus precios sin ninguna regulación por parte de un Estado capitalista estructurado para atender y defender, en primerísima instancia, los intereses de la burguesía y de los grandes capitalistas que operan dentro y fuera del país. El resultado es desastroso para las mayorías populares: han aumentado las deudas familiares en 2021, el costo de los préstamos hipotecarios para la adquisición de vivienda, la compra de automóviles y para préstamos a los estudiantes, así como las deudas de las tarjetas de crédito por impagos y/o por aumentos de las tasas de interés.

Difícilmente los palangristas a sueldo del sistema logran ocultar la existencia de anaqueles vacíos en los supermercados estadounidenses, las colas cada vez más largas para conseguir los productos de primera necesidad y la escasez que amenaza el sustento de las familias. Por supuesto, prefieren trasladar esas imágenes negativas como si no ocurrieran en «the best of all possible worlds» (USA), sino en otras latitudes, por ejemplo, en Venezuela, Nicaragua, Cuba, o en cualquier otro país que no sea del agrado de los personeros que comandan el poder político y mediático de Washington y no se encuadren en su llamada «Doctrina Monroe». Como se sabe, la respuesta han sido las agresiones bajo la forma de «sanciones», golpes de Estado, bloqueos y amenazas constantes de intervención militar con el objetivo de doblegar a esas naciones y apoderarse de sus recursos naturales para ponerlos al servicio de la acumulación de capital y de su enfrentamiento geoestratégico con las potencias emergentes en el espacio internacional.

La pandemia del coronavirus, dada a conocer por vez primera, por el gobierno chino en diciembre de 2019, ha servido de aliciente —y de pretexto— al gran capital internacional para reestructurar la mermada economía mundial prepandemia y darle un nuevo giro al capitalismo del desastre (Klein) y de la vigilancia (Zuboff) sustentado en lo que se ha denominado revolución 4.0 o revolución digital, que tiene en la inteligencia artificial su hilo conductor. Es el boom y expansión de las plataformas virtuales, de la red de internet con sus algoritmos, y sus cajas infinitesimales de información (Big Data), las redes sociales y los teléfonos inteligentes, el aprendizaje automático de las máquinas, las fábricas digitales conectadas a través de ordenadores dirigidas por las gerencias empresariales, el diseño en triple dimensión, la conexión «inteligentes de las cosas» (Internet de las cosas) y la difusión, en tiempo real, de hechos y acontecimientos que ocurren en el mundo.

Todo ello está diseñando una nueva división internacional del trabajo y del capital que pretende superar la crisis del «modelo toyotista» de origen japonés que se extendió luego del agotamiento y entrada en crisis, a mediados de la década de los setenta del siglo XX, del anterior fordismo-taylorismo de producción en masa. El nuevo paradigma, presumiblemente sustentado en la inteligencia artificial, tiene por objetivo incrementar la explotación de la fuerza de trabajo, tanto psíquica como física, elevar la productividad social del trabajo con cargo en la superexplotación de la fuerza de trabajo, combinando preferentemente intensificación con bajos salarios, tanto en el capitalismo dependiente como en el avanzado e intentar resarcir la caída de la tasa media de rentabilidad en un nivel que posibilite la acumulación de capital, sea en la esfera productiva o en la del capital ficticio que sigue siendo hegemónico en sociedad contemporánea.

Esta es la base estratégica y geopolítica de la actual rivalidad y ofensiva (de principio diplomática y comercial) del imperialismo estadunidense, que comanda las tropas de la OTAN, contra el gigante asiático y Rusia, las dos potencias capaces de responder, incluso en un eventual escenario nuclear, a dicha ofensiva en caso de que la cada vez mermada potencia estadunidense, comandada por un presidente imperial que confunde a Putin con Donald Trump o a este con Obama, decida dar el primer paso de la agresión militar.

Pero, al parecer todo esto tendrá desenlace en 2022, tanto a nivel de las luchas de clases en el plano internacional, global y nacional, como en la trayectoria que adopten las grandes encrucijadas y tendencias contradictorias — como la hecatombe migratoria que experimentan las naciones expulsoras de fuerza de trabajo — marcadas por la prevalencia y profundización de la crisis global del capitalismo mundial, de la irrupción de la cuarta ola de la pandemia del coronavirus bajo la cepa del Ómicron, o de cualquier otra modalidad que surja en el trascurso de las próximas semanas o meses, y de la cada vez más intensa confrontación entre las grandes potencias.

Adrián Sotelo Valencia. Investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) de la FCPyS de la UNAM, México.

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Martes, 28 Diciembre 2021 07:01

MÁS LEÍDOS 2021: Rostro-covid

Oscar Pinto, Máscara , 40 x 60 cm (Cortesía del autor)

¿Es ficción o es realidad? Salgo de los minutos del duermevela, ese interregno entre el sopor profundo de la noche y el aprestamiento para el día y logro el tránsito al baño. Me miro en el espejo y veo cómo mis ojos se abren hasta un tamaño descomunal, como nunca los había visto: parecen salidos de órbita. No es para menos. Mi rostro está transformado, ya no es el mismo que apreciaba cada día a la hora del aseo; ahora, cubierto de erupciones –por momentos similares a las de la viruela aunque más grandes, en ocasiones como ganchos–, parece no pertenecerme y sí a otra persona.


No puede ser, me digo. ¿Qué me ocurre? Acerco mi rostro al espejo, esperando detallar con claridad estas erupciones y me asombro al ver los contornos que ahora forman mi cara; entonces muevo la luz de una bombilla y la dirijo hacia lo que quiero apreciar con más claridad: descifro lo sucedido, tomo aire y, sin que me abandone la sorpresa murmuro: pareces el covid-19, sin duda; ahora tienes su rostro.


Sin dejar de mirarme al espejo, me palpo el semblante, siento sus ondulaciones y me doy ánimo, al mismo tiempo pienso: tanto aluden al virus por todos los medios, que he terminado por hacerme parte del mismo; sin duda, una reacción defensiva, mental y corporal, para neutralizar la insensatez que nos aturde a toda hora: “guarde la distancia”, “no salga”, mensajes con la clara intención de generar pánico, de hacer sentir la muerte cada vez más cerca en caso de salir, en caso de no guardar los dos metros de distancia –imposible en el transporte en que voy al trabajo–, de no mantener un grifo al lado del escritorio para lavarme las manos regularmente o de no cumplir el mandato de la bioseguridad.


No logro separarme del espejo. Muevo la cabeza para un lado y para el otro; gesticulo con la boca, la inflo, la contraigo, y veo las diversas formas que asume el virus, como cepas de las que también informan y que llevan al límite las improvisadas vacunas que, contrariamente a su definición clásica (1), ni inmunizan ni previenen pero, y según todos los reportes, como paliativo, sí reducen el impacto de la infección, impidiendo que el paciente llegue a una UCI. Las vacunas están aún en proceso de prueba y ajuste, y que por ahora son superadas por algunas de las nuevas cepas que las limitan en su espectro protector, que queda reducido a un máximo entre 9-12 meses, obligando –pasado ese tiempo– a un nuevo rito, a una nueva inoculación, en esta oportunidad con una dosis de refuerzo que está en fase de laboratorio (2). El experimento con el gran laboratorio humano prosigue y será prolongado, realidad y pensamiento que me estremecen todo el cuerpo.


Respiro hondamente, como queriendo reunir fuerza; impido que la desazón me gane, que los pensamientos dantescos sobre la evolución de la pandemia se impongan, y una nueva inquietud me asalta: ¿será que de tanto escuchar sobre el covid-19, de tanto sentir que nos acecha en uno u otro lugar, con el dato de amigos y conocidos que no lo resistieron, como mecanismo defensivo terminé por infiltrarlo y asimilarme en su cuerpo? Y si así fuera, ¿será que ya estaré inmunizado? ¿Será que de tanto escuchar noticias nefastas he terminado por insensibilizarme ante su potencial riesgo? ¿Será esto o será una avistada ficción proyectada sobre el espejo en que se refleja mi rostro-covid?


¿Será el efecto de un año de martilleo mediático, de pánico, de anuncios mortuorios, o será el simple efecto del eco generado por la creciente del llamado tercer pico, propiciado por negociantes, comerciantes y gobernantes, todos azuzando para que no dejáramos pasar las vacaciones, bien de final de año, bien de la llamada semana santa, para que no dejáramos de viajar, de llenar hoteles, para que “se recupere la economía”? Su economía.


Vaya uno a saber a qué responde esta transformación corporal, pero la misma no me choca –¡paradoja de paradojas!– pues así puedo mirar desde el cuerpo del microbio la sociedad humana y apreciar la realidad que vive y los retos que la desafían.

Me complace esta posibilidad. Cargado por el agente patógeno –que no es el agente de alguna agencia de inteligencia–, mis ojos van y vienen. Es así como verifico la mansa ansiedad de cientos de miles a la espera de la vacuna que no es tal; unos haciendo cola en los sitios asignados para que los innoculen, en espera de retomar, con la falsa tranquilidad de estar inmunizados, una realidad que ya no tiene razón de ser, que es necesario romper, que es indispensable transformar en su totalidad para que este bicho desaparezca y para que otros de sus congéneres no lleguen a tomar cuerpo. Verifico el desasosiego en rostros que miran fijamente el número de su turno, pero también en cuerpos que no dejan de mover alguna de sus extremidades, nerviosos, intranquilos, que quieren escuchar o ver su nombre en alguna pantalla, o simplemente ver el número de turno que les entregaron al hacerse en la fila de convocados.


Entonces me llegan como en cascada varias premoniciones que prefiero vestirlas de interrogantes, ¿Y si en unos meses el efecto de la vacunación no es tal? ¿A qué pudiera llevar el descontento por tal posibilidad? ¿La insatisfacción que esto produzca atizará más los estallidos sociales que el FMI anuncia que sucederán en uno, dos o tres años? (3).


¿A dónde irían a parar, de sucederse, tales estallidos? ¿Qué camino cojerán cuando en la sociedad no hay referentes colectivos que conciten fuertes convicciones y aglutinen esperanzas? ¿Qué sucederá con ellas, con unas mayorías que –producto de más de treinta años de políticas y discursos económicos y sociales desarticuladores e individualizantes– no se sienten congregadas por fuerzas y proyectos de utopía? ¿Qué sucederá con las energías desbordadas cuando los sujetos de la historia ya no son tan nítidos y la desconfianza y el pragmatismo es la norma?


¿Vendrá el caos? ¿Cuánto durará? ¿Serán dos, tres, serán más días? ¿Sálvese quien pueda? ¿Cómo proceder para construir de nuevo un referente colectivo que logre animar la acción inconforme y desobediente con aliento común? Hay que recordar lo que ya dijo el poeta: “O todos o ninguno”.


Es un mayúsculo reto, imposible de satisfacer en tan poco tiempo, y más aún cuando el neoliberalismo logró encauzar a su favor el efecto mismo de la pandemia, convirtiendo la crisis en su oportunidad para el llamado “Gran Reinicio”, evadiendo la superación de las causas estructurales que dieron origen al virus, logrando minimizar o esconder el significado y el impacto del cambio climático, los efectos del extractivismo, las consecuencias de la cría de aves, porcinos y otros animales en espacios donde son reproducidos en hacinamiento criminal, y otros tantos factores estructurales que llaman a superar el actual sistema económico y social si no queremos perecer como especie.


¿Cómo actuar, en tan poco tiempo, para suplir el menosprecio hoy reinante por la importancia y la potencia de lo común? ¿Cómo volver a generar confianza en lo público, como baluarte estratégico y de soberanía en diversidad de campos, claro, bajo participación y control social mayoritario? ¿Cómo proceder para que el derecho a vida digna, sin resignación ante la sobrevivencia, sea rescatada como referente de vitalidad y centro de devenir humano? ¿Cómo tender luces sobre el entramado desinformante construido durante años y bajo el cual el modelo social actual, en fase de revalorización individualista, aparece como la máxima y única opción política y económica?


La manipulación neoliberal, haciendo culto a la sinrazón de la razón dominante como espíritu nodal de la sociedad occidental, emplazado por la irrupción del covid-19, enfocó todo su poder económico y su acción política en numerosos laboratorios para producir en tiempo récord una vacuna para reducir la fiebre pero no para eliminar el virus. Afanados por “salvar la economía”, su economía, sin reconocer que el problema está en el propio sistema dominante, maniobran para ‘demostrar’ que lo controlan todo. Una pretensión que no es de ahora sino que los ha acompañado siempre y expresada en su afán por someter a la naturaleza y las “bestias”, “creadas para que nos sirvieran”, como reza un libro por ahí. A su paso van dejando devastación. Y la naturaleza envía el mensaje contrario. ¿La escuchamos o seguimos actuando como el peor ciego, el que no quiere ver?


Los interrogantes no me abandonan y no alcanzo a darles respuesta. Mientras intento despejar uno u otro, mi nuevo rostro, con un ardor y una piquiña que no me dejan tranquilo, logra de nuevo mi atención. Inclino el cuerpo hasta el grifo del lavamanos y me refresco para ver si así cesa el desespero que ahora me cubre en la parte superior del cuerpo y algo consigo. Pero lo que siento son sensaciones poco comunes, quiero revisar con mejor tino lo que me ocurre y para ello acudo a un espejo de mayor tamaño que está en otra habitación.
Camino hacia allá y siento que el resto del cuerpo es normal: ni me pesa más ni me pesa menos; ligero, como siempre, voy dando pasos hasta estar al frente del gran espejo, que no es el de ninguna diva de esas de los cuentos de fantasía que a través de ellos ven el pasado, el presente y el futuro. Con este no solo alcanzo a ver mi rostro, y ahora aprecio mi cuerpo hasta la cintura.


Mientras aguzo la mirada, reviso mentalmente el proceder dualista de la cultura dominante, con su actuar impositivo del “está conmigo o contra mí”, por la cual la infección producida por el virus no admite otro tratamiento que los autorizados por un sistema de salud medicalizado que desconoce, no ahora sino siempre, los saberes consetudinarios. Es un sistema de salud ahora hipotecado a las farmacéuticas, que, con su monopolio de patentes y gran poder político, someten Estados al imponer su lógica y sus reglas invariablemente bajo “confidencialidad”.


Llevado por el cuerpo del virus, paso por cientos de hogares donde veo a mujeres y hombres de diversas edades, desde las más tiernas hasta las más maduras, anclados ante pantallas de computador, unos en pleno teletrabajo y otros en función educativa. Allí permanecen por horas, aislados, sin gran posibilidad creativa, ensimismados, escuchando –en el caso de quienes estudian– y cumpliendo con mandatos quienes laboran. Es una rutina extenuante que, con el paso de los meses, parece agotada; una cotidianidad que, con mayor carga para las mujeres, las tiene al límite, respondiendo por trabajo, educación –propia o de los hijos menores de edad–, procesamiento de los alimentos diarios y, en no pocos casos, atendiendo familiares enfermos o con limitaciones físicas y/o mentales.

En este recorrido a lomo del invisible bicho, también alcanzó a ver la aceptación pasiva del espionaje y el control del que son –somos, ¡ay!– objeto hoy los seres humanos, producto del cual muchos hace un año y más que no cruzan el umbral de la puerta de su casa de habitación, y otros han restringido al máximo sus movimientos, bien como acatamiento al “no salgas”, que una y otra vez repiten los medios de comunicación, bien por el temor al contagio con el que también aterrorizan esos mismos medios, pagados en no pocas ocasiones por las alcaldías o por el gobierno central.


Todas estas imágenes me llevan a pensar en la reconfiguración que está viviendo el capitalismo, con su inmensa capacidad de reconstitución evidenciada en esta y en todas las crisis, las que muchos una y otra vez han tildado de “terminales”, soñadas más que reales, pues, como se sabe, mientras no haya sepultureros el enfermo no va por cuenta propia a la tumba o al horno crematorio.


No estamos ante su muerte, pienso cuando veo y analizo todo lo comentado; más bien asistimos al final de una época y al comienzo de otra de sus fases, con un reforzamiento totalitario del neoliberalismo, un sistema que hace un maridaje de lo peor de dos mundos: el del capital y el de la coacción sobre las libertades y la conciencia para la autodeterminación, y en la cual el mundo del trabajo transitará por nuevas y desconocidas sendas, con menos derechos para quienes venden su fuerza de trabajo, en un mundo impactado por novedosas tecnologías que facilitan el incremento de la productividad, al tiempo que el ejercicio de un constante y ampliado control social, con revisión incluso del uso puntual del tiempo que lleva a cabo cada uno en su hogar, ahora para muchas personas también su lugar de trabajo.


Recobrando mi atención, fijándome en cada uno de los brotes que son parte de mi rostro, ahora sin el calor ni la piquiña que me atormentaba por ratos, comprendo que en el Sistema Mundo que habitamos todo está en cuestión, y también todo puede ser posible. ¿Cómo aprovechar la crisis pandémica en curso para que los cambios por venir favorezcan a los negados de siempre y así poder pasar a un proyecto de humanidad con sentido potenciado de lo colectivo, en el cual el bien común sea la norma?

Ya ves, me digo: el bicho, a pesar de toda su carga inmediata, que es negativa por la multiplicada muerte que sometió y sigue sometiendo a duelo a cientos de miles de familias, también tiene su lado positivo, ya que nos obliga a mirarnos ante el espejo de la vida para ver en el pasado y el presente lo que somos, y así imaginar lo que debiéramos ser, permitiéndonos ver el deseado futuro como imagen proyectada. Ahora el reto es cómo concitar fuerzas hasta lograr la identidad y la movilización del nuevo sujeto histórico, que no es uno, como antes, sino múltiple.


Un reto inmenso, por afrontar y lograr, con covid-19 o sin él.

1. Una vacuna es una preparación destinada a generar inmunidad adquirida contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. https://es.wikipedia.org/wiki/Vacuna.
2. Pfizer reconoce que puede ser necesaria una tercera dosis de su vacuna a los 12 meses. https://www.antena3.com/noticias/mundo/pfizer-reconoce-que-puede-ser-necesaria-tercera-dosis-vacuna-12-meses_202104156078806db652d0000121e4c9.html.
3. Un estudio del FMI prevé una oleada de estallidos sociales tras la pandemia, https://www.lavanguardia.com/internacional/20210221/6256996/protestas-paises-impacto-social-pandemia.html.

 

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Lo fundamental hoy para todos los actores sociales es la defensa integral de los derechos. Ahí debe centrarse la mirada y la acción para enfrentar las consecuencias de la pandemia en curso.

 

El presidente Duque había perdido toda capacidad de gobierno en noviembre de 2019. El paro del 21 fue el acontecimiento que constató ese estado de cosas. A las demandas del comité de paro se le sumaron las recomendaciones de la Misión de Sabios que el mismo Presidente había constituido. Si el pliego reivindicativo de los trabajadores era apremiante, las propuestas de la Misión tenían carácter de “urgencia”. El informe concluía con un “[…] llamado de urgencia y en altavoz al Gobierno Nacional y a la Sociedad en general”.

El Presidente y su círculo inmediato, me parece, reconocieron que la situación era apremiante y organizaron unas mesas temáticas para buscar concertar soluciones a los problemas. Hubo quienes sostuvieron que se trataba de dilatar y diluir con el paso del tiempo el imperativo de cambio que la sociedad estaba exigiendo. La llegada de la pandemia planetaria alteró todas las premisas de la existencia humana. En esas nuevas condiciones el presidente y su gobierno, asumió que ya no era necesario ocuparse de los cambios.

Hoy, abril de 2021, el gobierno sigue creyendo que no es necesario volver la vista atrás y que el paro del 21 de noviembre es sólo un mal recuerdo. Pero aunque pueda parecer cierto, realmente hoy tenemos unas demandas de cambio más solidas y apremiantes. Veamos lo concerniente con la educación.

En primer lugar está la incompetencia del gobierno para cumplir la tarea de vacunar al magisterio. Esa medida elemental ni siquiera la mencionan el ministro de Salud y la ministra de Educación. En lugar de ocuparse de esa responsabilidad han propuesto un debate lleno de insinuaciones malévolas acerca de la incompetencia de maestras y maestros y de la responsabilidad de Fecode en los malos resultados de los estudiantes en las pruebas Pisa.

Pero lo evidenciado por la pandemia es la precariedad de las condiciones en que se lleva a cabo la labor pedagógica y de la enseñanza. No podía ser de otra manera, teniendo en cuenta los mezquinos recursos asignados a la política educativa en sus diferentes niveles: desde el preescolar hasta la universidad. El hecho puesto de manifiesto por la pandemia de modo brutal, no es gratuito. Es el resultado de las decisiones tomadas por los gobiernos, en contravía de los postulados constitucionales y los de la Ley General 115 de 1994. Se trata de la contrarreforma iniciada en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), agudizada durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y mantenida durante los dos gobiernos de Juan Manuel Santos (2010-2018).

Las propuestas de cambio en asuntos educativos del pliego de Fecode en noviembre del 2019 y las recomendaciones de la Misión de Sabios, todas orientadas a hacer realidad la promesa legal y constitucional del derecho a la educación, ahora cobran una dimensión más amplia. Se trata de garantizar a las familias, los estudiantes y los maestros el derecho a la salud. Sin esa garantía el derecho a la educación no es posible. Se trata, también, de la renta básica para impedir que el hambre degrade la existencia de la niñez, la infancia y la juventud. Se trata, así mismo, de garantizar una vivienda digna a todas las familias. Con la ausencia de estos derechos son inútiles los esfuerzos de formación de las nuevas generaciones.

Ahora, gracias a la pandemia es transparente que no es posible garantizar el derecho a la educación sino se garantiza también el de la salud. Y sin la garantía de una renta básica y de una vivienda digna, las familias no pueden asumir los compromisos con la educación de sus hijas e hijos. El Estado social de derecho tiene pues que operar para que la sociedad asuma su obligación. Sólo de esa manera se podrá cumplir con el postulado de la Constitución y de la Ley General de Educación que establece que la sociedad, la familia, la comunidad magisterial y el Estado convergen en la misión de formar a las nuevas generaciones.

Estamos en una nueva etapa respecto a noviembre 21 del 2019. En ese momento se trató de buscar un cambio acotado de las políticas gubernamentales. Ahora, después, de la trágica travesía que nos impuso la pandemia, lo que era una constatable incompetencia del gobierno, ahora es la experiencia del colapso de un modo de producción y de su superestructura histórico-cultural. Lo padecido aquí en términos locales tiene su realización global. La humanidad se enfrenta a una amenaza existencial desencadenada por la codicia del 1 por ciento. Ante este acontecimiento, sin antecedentes en la historia de la humanidad, se comienzan a ensayar las viejas salidas de la guerra. Algunos apelan a la famosa disculpa de la Trampa de Tucídides acuñada por Raymond Aron para justificar la primera y la segunda guerra como acontecimientos inevitables. Pero este debate sólo lo presento de manera preliminar como un llamado de atención acerca de lo que no es lo fundamental. Hoy lo fundamental es la defensa integral de los derechos.

 

 

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Una mujer sostiene un bote de humo naranja durante una manifestación convocada por el sindicato CGT contra las leyes represivas, el pasado 16 de octubre en Madrid. — Alejandro Martínez Vélez / EUROPA PRESS

Las protestas surgidas en los últimos años en distintas partes del mundo, incluyendo España, han centrado la atención de la filósofa política Jule Goikoetxea y del jurista Albert Noguera, quienes analizan esta realidad en el libro "Estallidos".

 

Una ola vuelve a recorrer el mundo. A veces coge forma de tsunami e inunda calles durante varias semanas. Otras veces son gotas incesantes, continuas, cayendo sin parar. Son lluvia y son tormenta. Son los estallidos sociales que enloquecen a gobiernos, enfurecen a policías y movilizan a cientos de miles de seres humanos en los más variados escenarios. Son las llamas que no se apagan.

El año que está por terminar no solo dejará imágenes de gente con mascarilla o o brazos al desnudo en salas de vacunación. 2021 también será el año de las protestas en Colombia y en Chile, de las movilizaciones por la libertad del rapero Pablo Hasél en España o del grito del 'Black Lives Matter' en EEUU. 

Estos y otros actos populares han merecido la atención de Jule Goikoetxea, profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad del País Vasco (UPV) e investigadora de la Universidad de Oxford, y del jurista y politólogo Albert Noguera. Del diálogo entre ambos ha surgido Estallidos, un libro recientemente publicado por Bellaterra Edicions que recoge precisamente un análisis sobre el impacto y significación de esas olas de protestas.

"Las imágenes de turbas, fuego, disturbios y barricadas son cada vez más habituales en todos lados", afirma Goikoetxea a Público. En tal sentido, la investigadora apunta precisamente hacia "las revueltas de Túnez, Turquía, Egipto y Libia", así como "las Mareas y el 15M, los procesos y manifestaciones independentistas", llegando incluso a "la batalla de Urquinaona de Barcelona seguida por las movilizaciones contra diversos encarcelamientos a raperos, militantes y políticos".

Distintas razones, similares características. "La mayoría de estos estallidos son imprevistos, aparecen y desaparecen y los sujetos que los protagonizan son heterogéneos y traen consigo viejas, pero también nuevas demandas no encuadrables dentro del esquema clásico", reflexiona la autora.

La pandemia sorprendió a un mundo en el que había varias calles ardiendo. Antes de que el coronavirus lo impregnara todo, en el agitado panorama internacional surgían imágenes de millones de personas movilizadas en lugares muy distantes: desde Hong-Kong a Colombia, pasando por Chile o la Francia de los Chalecos Amarillos, las reivindicaciones sociales, políticas y antirrepresivas recorrían el mundo. 

Con esos escenarios sobre la mesa, Goikoetxea y Nogueras se plantean la pregunta del millón. ¿Estamos ante simples revueltas o asistimos a algún tipo de revoluciones? "Para responder a eso, primero nos hacemos una serie de preguntas relevantes: ¿La revolución es un cambio estructural llevado a cabo mediante guerra, lucha armada y dictadura o cuentan los cambios estructurales realizados sin nada de eso? ¿Qué son cambios estructurales? Y por tanto, ¿qué es estructural?", plantea.

A su juicio, "están surgiendo nuevas contradicciones y nuevas formas de resistencia que obligan a repensar y redefinir los conceptos clásicos de la teoría política, de su práctica y de su organización". De hecho, el trabajo publicado junto a Noguera busca "pensar colectivamente sobre conceptos como el de revolución, revuelta, clase social, identidad, sujeto histórico, utopía, poder y cambio político".

En el caso concreto de España, Goikoetxea sostiene que "la crisis de gobernabilidad y deslegitimación del sistema político tiene otro eje añadido, que es la estructura territorial". Aparecen así las revueltas en Catalunya, con políticos encarcelados y manifestaciones que marcaron el día a día.

La investigadora habla así de "un tipo de neoliberalismo que, incluso en esta era supuestamente global, se compone de mimbres franquistas y nacional-católicos", marcado por una "élite corporativa" que necesita "controlar el Estado para convertirlo en una gestoría privada". 

La reacción de la izquierda

En su trabajo, Goikoetxea y Noguera buscan descifrar también cuál es la respuesta de la izquierda ante esos estallidos. "La izquierda es conservadora como el resto de la población en el sentido de que es obediente en general, es decir, reproducimos las normas, la moral, los deseos y las costumbres del sistema dominante", destaca la profesora de la UPV.  

Del mismo modo, cree que en este debate también está "la izquierda reaccionaria, esa a la que le molesta la diversidad porque siempre se sintió identificada con la unidad", una izquierda que "sigue creyendo que la heterosexualidad es una pulsión, no un régimen político, esa que cree que los hombres ni nacen ni se hacen, sino que los escupe la cigüeña en mitad de la meseta con derechos y con habilidades lingüísticas, racionales y productivas enganchadas a sus taparrabos". "La mitad de esta izquierda esencialista terminará en la derecha en unos pocos años", apunta Goikoetxea.

Los estallidos que vendrán

La ola de protestas en tiempos de pandemia no cesará. "Estamos en una época de estallidos continuos porque el sistema productor de mercancías sigue basándose en expropiar y explotar a la gran mayoría de la población mundial, pero a diferencia de la Europa del siglo XX llena de estados keynesianos, en este siglo ya no necesitarán las instituciones estatales puestas en marcha para crear sujetos productivos, que es para lo que servía la educación pública, la sanidad pública o los derechos a cambio del trabajo remunerado", pronostica.

Goikoetxea cree que "si hasta ahora expropiaban masivamente a mujeres, migrantes y personas racializadas a nivel mundial para poder explotar al proletario europeo a cambio de un sueldo, en este siglo la expropiación se expandirá en contraposición a la explotación". "La ciudadanía con derechos será una élite aún más reducida que hoy, por lo que son previsibles ciclos diferentes de estallidos", agregó.

25/12/2021 22:10

Danilo Albin@Danialri

Publicado enPolítica
Lunes, 27 Diciembre 2021 07:22

MÁS LEÍDOS 2021: ¿Ecce homo?

MÁS LEÍDOS 2021: ¿Ecce homo?

¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
[…]
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue
terminada la Muralla China? […]
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
[…]
Tantas historias.
Tantas preguntas.

Bertolt Brecht

La visión más liberal de la historia humana, de imperios, guerras, gobiernos y gestas de diverso tipo concentra los provechos alcanzados por numerosos pueblos y en varias etapas de su vida en los “grandes hombres”. César, Alejandro, Napoleón, Kublai Khan… El listado podría ser tan extenso como la historia misma de la humanidad. Basten unos pocos nombres para ejemplificar el sentido de esa manera de acercarse a la memoria colectiva.


Un proceder para comprender la realización de los pueblos que por siglos impregnó el imaginario social, y al que aportó a lo largo del siglo XX y por lo menos hasta los años 80, y de manera no despreciable por su importante función cultural, el proceso educativo cuyos textos de la asignatura de Historia universal –y también la llamada historia patria– estaban repletos de fechas, nombres de batallas y personajes. Y la mejor nota la sacaba quien más recitara tales particularidades, sin importar el contexto, sin retomar las luchas y las contradicciones sociales, los intereses y razones que alimentaban las disputas por el poder, escenificadas en determinado momento, de suerte que cada suceso quedaba reducido a intrigas palaciegas, líos de faldas, astucia de alguien, y así…, cosas menores.


Con algo asombroso: ninguno de esos “grandes hombres” –o muy pocos– era retomado como lo que realmente hubiera sido: dictador, asesino, invasor, violador, criminal de guerra –diríamos ahora. Hoy es claro avistarlo: ninguno de ellos llegó al trono sin pisotear a su paso cientos de miles de vidas de los más humildes. Sus triunfos y alegrías eran las derrotas y el llanto de innumerables personas, de pueblos enteros.


Esa visión sobre la vida y la memoria de la humanidad trascendió de la mano de la burguesía, de gobiernos ‘democráticos’ y claro, de formaciones partidistas, reducidas a la figura del líder, el ‘designado’, al carismático, el caudillo –porque las mujeres tenían vetada la participación pública–, visión viva y extendida desde hace por lo menos dos siglos y que aún marca los pasos de nuestros días. Es una visión también reforzada por el anhelo de los de abajo por ser conducidos por líderes fuertes. Los de arriba y los de abajo en esto se dan la mano: los de arriba por anhelo de poder, los de abajo por disposición psicológica e inseguridad sobre sus capacidades y posibilidades.


En un escalón paralelo, es un fenómeno con huella de ampliada talla en las organizaciones sociales, con especial realce en los sindicatos en los cuales no es extraño que su dirigencia se perpetúe en los cargos directivos, práctica con efectos perversos sobre la formación de nuevas generaciones de activistas y sobre la motivación y la inclusión de la totalidad representada para que sienta y encuentre espacios para la participación activa, creativa y desinteresada.


Es una tradición impuesta en la manera de configurarse que se dan las organizaciones comunitarias y las formaciones políticas, que concentran su accionar alrededor del liderazgo impuesto a su interior. Las acciones colectivas casi que no existen o no son valoradas en debida forma, a pesar de asambleas, congresos y otro tipo de encuentros que se dan, los cuales, al final, son mecanismos para entronizar a alguien que, una vez con ese aval, hará todo lo posible para no ser sucedido. Pasarán décadas y ahí continuará, a la cabeza de la formación política o en su curubito. También sucede en el gobierno, del que hay que sacarlos en contra de su voluntad. Es la materialización del personalismo, expresión del individualismo, tan de moda a propósito del neoliberalismo; es la enfermedad del poder, dicen unos y otras. ¿Podrán las sociedades liberarse de tal yunque?


Es una extraña manera de organizar las formaciones políticas en la mayoría de las sociedades, la que –a pesar de su tufillo monárquico o por ello mismo– debe llegar a su final. Así debiera ser.


Es una forma liberal de comprender la realidad de la cual las formaciones comunistas y socialistas, sus opuestas, no pudieron zafarse. Y no solo no pudieron soltarse sino que, además, llevaron esa deformación de lo que debiera ser colectivo hasta su máximo desarrollo, de manera que sus liderazgos se tornaron irreemplazables. El personalismo –individualismo exacerbado– prosperó, deformando las prácticas de izquierda que, contrariamente a su ideario, terminan sumidas alrededor de intereses y dinámicas individuales; un proceder que las desdibuja ante la sociedad que termina sin diferenciar en la práctica, más que en los discursos, a unos de otros.


Se trata de una extensión por deformación cuyas consecuencias son latentes en diversidad de países, en los que la supuesta ausencia de reemplazo para el líder tendió la alfombra para su continuidad hasta el día de su muerte. Cualquiera puede retomar los ejemplos con un simple esfuerzo de memoria.


Pero no solo es cosa del pasado ni de países lejanos en los que esa manera de organizar lo colectivo ha ocurrido. En el vecindario y de la mano del llamado progresismo, resaltan variados ejemplos, algunos de ellos argumentados en la buena gestión al frente del gobierno, como sucediera con Evo Morales, de quien se decía que no podría ser reemplazado, pues, de serlo, se perdería lo alcanzado en sus períodos presidenciales. Tal deformación de esa liberal forma de organizar los gobiernos y las colectividades políticas lo llevó incluso a desconocer el voto consultivo que claramente rechazó su reelección. Tuvo que llegar un golpe conspirativo para que saliera del Palacio Quemado y demostrarse, tras unos pocos meses de dictadura engalanada de ‘civil’, que esa sociedad cuenta con las fibras suficientes para garantizar la dirección de una forma de gobierno con vocación popular.


El mismo tufillo de líder eterno llega desde Ecuador, donde dizque sin Rafael Correa nada es posible, cuando los movimientos indígenas marcan con sus gestas cotidianas un mandato totalmente diferente. La campaña electoral que por estos días se lleva a cabo, con la utilización de su imagen como anzuelo para asegurar el voto a favor del continuador del correísmo, poco aporta a superar tal realidad.


Si dirigimos la mirada a Venezuela, el ejemplo no puede ser más diciente. Una vez muerto Hugo Chávez, todas las culpas de la crisis las carga quien lo reemplazó, sin que existan el suficiente interés y el esfuerzo necesario desde las colectividades políticas y sociales por escudriñar las dinámicas de la economía mundial y regional, el curso de los ciclos de consumo de petróleo y el porqué de la caída de precios, el efecto de la disputa geopolítica que afecta a esa sociedad, revisando los errores de quien estuvo en el Palacio de Miraflores por 15 años, entre otros aspectos.


Son liderazgos ‘insustituibles’ que en algunos casos, como el de Maduro y otros, están reforzados por la militarización de la política, consecuencia de lo cual las colectividades dejan de ser espacios de debate y decisión mayoritaria –o de consenso, si fuera el caso–para reducirse a simples coros para avalar lo que diga el jefe, que en este caso ya es comandante. Basta con revisar las fotos de Maduro, surgido de procesos sindicales, ahora engalanado con atuendo de “comandante en jefe”. Las consecuencias de esta decisión no son de poca monta y, de alguna manera, prolongan lo abonado por Chávez, que, como militar, era asumido como “el Comandante”.


Este tipo de procederes tiene expresión en diversidad de gobiernos y colectividades de izquierda en las cuales, así no exista un comandante militar, en no pocas ocasiones funciona como si de una estructura tal se tratara: centralismo –democrático–, verticalidad, jerarquías, ejecutivos con amplios poderes, funcionamiento colectivo escasamente para estructurar el programa y elegir los candidatos electorales –tanto a presidencia como para otras instancias. De resto, la deliberación poco aparece y lo que impera son las órdenes, los mandatos.
La prolongación del liberalismo en el cuerpo de la izquierda encuentra en Brasil, luego de la prisión sufrida por Lula –excluido de la elección presidencial de 2018– la explicación más facilista sobre el porqué de los fracasos del Partido de los Trabajadores durante los últimos años y, claro, en su posible regreso al ruedo electoral la luz que todo lo ilumina y cambia.


En cada uno de los casos citados, se podría preguntar el poeta: ¿Lograron ellos, solos, lo alcanzado en sus períodos presidenciales? ¿Dónde estaba el pueblo que decían representar? ¿Quiénes salieron a defender sus gestiones gubernamentales cuando fueron asediados por conspiraciones de uno u otro tipo? Y, cuando ese pueblo no salió a defender sus gestiones, ¿a qué se debió su apatía? ¿Por qué, siendo voceros de procesos supuestamente colectivos, estos líderes que algunos consideran insustituibles no se esforzaron en estimular la formación de liderazgos cada vez más colectivos, los cuales, como producto de abiertos y dinámicos procesos educativos, se forjara la más amplia caldera de vocerías en todos los campos de la vida de sus países? Pero, también, ¿por qué no se esforzaron para que las colectividades a cuyo nombre gobernaban se abrieran a sus poblaciones, al punto que dejaran de ser una sigla y se tornaran país?


En Colombia los ejemplos también son notables pero no levantemos ampollas; mejor saltemos al reto que implica dejar atrás al liberalismo y pasar a una nueva etapa de lo que debe ser la organización política y social de nuestras sociedades, reto imperioso y totalmente posible, que implica por lo menos:

1. No organizar ni limitar las estructuras de las organizaciones sociales y políticas alrededor del hecho electoral. Esta es una condición clave para garantizar que su funcionamiento sí esté concentrado en cosechar el liderazgo social, con autonomía de sus actores, sin predeterminar su agenda. De así proceder, los ritmos y el horizonte de las luchas por encarar permanecen abiertos, y el esfuerzo de unos y otros no queda sujeto a reunir apoyos y recursos para el suceso puntual del rito electoral, para administrar el gobierno y no para transformar la sociedad.
2. En todo caso, si en la actividad cotidiana la comunidad decide participar de lo electoral, asumirlo con renovación de libreto, evidenciando que la sociedad es colectiva y no dependiente de una persona. De esta manera, liderar la campaña como equipo de gobierno, es decir, integrado por lo menos por la totalidad de ministerios con que cuenta el país, para que, en caso de triunfo, no lleguen las sorpresas. Que la sociedad conozca la propuesta integral de país por implementar, así como las personas que asumirían la responsabilidad de llevarla a cabo, intuyendo los sectores sociales y económicos que representan y, por tanto, las prioridades que los animan. Es esa una propuesta abierta y que, en el curso de la propia campaña, de acuerdo a lo propuesto por los ‘electores’, puede profundizarse en algunos aspectos, como girar en otros.
3. Orientar los esfuerzos sustanciales de las dinámicas alternativas a la construcción social territorial, sembrando y cimentando día a día, y con un dinámico protagonismo social, experiencias de gobierno propio, en todo momento y en todos los campos.
4. Abrir espacio a experiencias de wikigobierno, factibles en todos los niveles de la cosa pública.
5. Darles rienda suelta a la estructuración y el fortalecimiento en todos los aspectos de proyectos cooperativos, solidarios, mutuales y similares. Se requiere motivar este tipo de organización social como experiencia y vivencia de autogestión y soberanía popular.
6. Estimular en todo momento y como eje transversal de la construcción social soberana, procesos formativos colectivos, de los cuales no esté ausente la comprensión de la formación social del país y del continente, la economía política, la filosofía, la cultura en todos sus aspectos, así como aprendizajes de asuntos esenciales para la vida: agricultura en sus matices básicos, mantenimiento y reparación de redes de servicios hogareños, electricidad y otros asuntos esenciales para conservar y no desechar, intercambiar y no maximizar consumos, adquirir capacidades para reducir gastos y vivir de manera frugal y digna, ganar capacidades y conocimientos para poder colaborar en procesos sociales y comunales de todo tipo y en diversidad de áreas, no solo con ideas.
7. Complementar el proceso formativo con el conocimiento de por lo menos un lenguaje de programación, así como de los asuntos más esenciales para usar redes sobre la base de protegerlas y evitar el espionaje a que estamos sometidos en todo momento.
8. Garantizar siempre el ejercicio de la democracia interna mediante el debate abierto, la rotación de responsabilidades, la construcción colectiva de los referentes de lucha y la manera de encararlos, el veto y la destitución de quienes desconozcan los mandatos colectivos y terminen ejecutando sus intereses personales, entre otros aspectos y posibilidades.

Hay que trascender la herencia y la dinámica liberal, con el propósito sustancial no de administrar sino de transformar toda la estructura social todavía vigente. Esto y mucho más es posible a la hora de los hornos, que gana nuevo tiempo.

 

 

 

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Raquel Ramírez, sin título (Cortesía de la autora)

Pandemia y crisis económica estuvieron unidas desde la detección del covid-19. La reacción casi inmediata del gobierno Duque fue la más elemental: otorgar medidas especiales a los bancos, vía Banco de la República, para que facilitaran crédito a hogares y empresas, en este caso para cubrir la nómina y así conservar empleos. La deuda como una solución frente a la crisis. Alternativas como la renta básica, en cambio, siguen en debate un año después. En este escenario ¿es el endeudamiento la única solución viable?

 

La forma como los economistas se refieren al dinero con palabras como liquidez y flujos de capital llevan a pensar en el sistema monetario como si se tratara de un sistema de tuberías y tanques manejado desde una estación de control. En él, serían unos pocos quienes deciden cómo y por dónde debe fluir un recurso que todos necesitamos, y la deuda aparece como el único motor que permite bombear el dinero a través de sus canales. Así, mientras que los bancos se llenan como tanques a rebosar gracias a las políticas del gobierno y del banco central bajo la promesa de que irrigan el sistema, en las zonas más vulnerables de nuestras ciudades se izan trapos rojos como símbolo de la sequía que aflige muchas vidas.


Aunque los economistas aluden a él en términos de flujos y liquidez, el dinero no es como el agua, un recurso dado por la naturaleza que sólo podemos canalizar, sino que es un invento humano diseñado para cumplir ciertas funciones sociales. Sus características de diseño determinan aspectos como la forma en la que es producido (por qué instituciones, cómo y cuándo), el formato usado (i.e. conchas, metal, papel, una tarjeta plástica o, unos y ceros registrados en un computador), la infraestructura y circuitos por los que se mueve y las reglas para usarlo. Por ejemplo, el diseño del papel moneda surgió en la edad media con una función muy específica: proteger las piezas metálicas de los peregrinos que viajaban de una ciudad a otra. Entonces ¿por qué no preguntarnos acerca del diseño actual del dinero? ¿Será el más apropiado ante la situación que hoy vivimos?


El tipo de dinero que predomina actualmente es conocido como “dinero fiat”, o fiduciario (del latín fiat lux –hágase la luz–), y no tiene un soporte material con el que se trate de respaldar su valor (como el patrón oro) sino que es creado por los bancos. Primero, por el central (Banco de La República) que imprime efectivo y emite dinero digital. Segundo, por los bancos privados, que únicamente pueden emitir dinero digital. Es decir, cuando un banco privado o multilateral concede un crédito, podría parecer que el dinero de dicho préstamo fuera como agua de un pozo que la entidad crediticia almacena y reparte a su discreción, para luego cada mes recibir el pago por lo prestado, más un monto adicional llamado interés. Pero esto no es así: cuando se otorga un préstamo, este dinero no está almacenado en alguna reserva de los bancos, en una relación 1 a 1, y en algunas ocasiones no existe pozo alguno: el dinero es creado al instante. Con un click el banco crea una deuda y modifica el saldo existente en la cuenta del nuevo deudor (persona o país): crean dinero de la nada.


Más aún, cuando conceden un préstamo, el dinero creado sólo corresponde a la cantidad principal emitida, y el interés, el pago que debe darse por el dinero prestado, no ha sido creado. De esta manera, la única forma de conseguir el dinero necesario para pagar los intereses es compitiendo por el monto en circulación que alguien más también requiere para pagar sus deudas o simplemente sobrevivir. Por lo tanto, el dinero, por sus características de diseño, incentiva la competencia y la acumulación. Así, mientras quienes requieren acceder a un crédito para cosas como estudiar, o comprar una vivienda, compiten mes a mes para pagar sus deudas, unos pocos acumulan por medio del interés.


Entonces, si el dinero es un invento humano ¿por qué no repensarlo para que funcione de otra manera? ¿corresponderá su diseño con los valores que deberían cimentar la vida? ¿Por qué no pensar en dineros que incentiven la protección del medio ambiente y el valor del trabajo de cuidado, sobre la rentabilidad y la acumulación? Estas preguntas han motivado el resurgimiento de monedas complementarias que, sin reemplazar el dinero existente, brindan otras alternativas sobre cómo propiciar el relacionamiento social con y por medio del dinero, permitiendo habitar mejor el mundo.


Pluralidad de dineros


Las monedas complementarias son una realidad que ya lleva tiempo: al presente, hay más de tres mil operando. Existe incluso una asociación de investigación sobre innovación monetaria y sistemas monetarios comunitarios y complementarios (Ramics, por sus siglas en inglés). Uno de los principales promotores de las monedas complementarias, Bernard Lietaer, las explica en términos de medios para conectar necesidades insatisfechas con recursos inutilizados. Podrían considerarse como necesidades insatisfechas en nuestro contexto, por ejemplo, la cantidad de familias y negocios que se quedan en la calle al no poder pagar el arriendo por falta de dinero convencional, mientras que miles de apartamentos y locales quedan desocupados. La perspectiva de gente viviendo en la calle en condiciones de creciente precariedad junto a propiedades vacías, es particularmente chocante en contextos pandémicos pero hace parte de la ‘normalidad’ de los ciclos económicos. En cambio, una moneda complementaria puede conectar el conocimiento en agricultura de esa madre sin techo con el técnico en sistemas que decidió empezar una huerta y a éste con el tendero que tiene dificultades con las clases virtuales de su nieta, y quien a su vez necesita propaganda para nuevos productos que le llegaron, algo que pueden hacer los del grupo de danza que necesitan un lugar para ensayar. Las monedas complementarias pueden variar en términos de sus mecanismos, del contexto en el que operan, y los problemas que buscan abordar. Más que proponer un diseño definitivo, el énfasis está dirigido a la existencia de un amplio espectro de posibilidades que pueden variar según los valores por priorizar y construir. Los ejemplos vienen a la mano:


El pueblo austríaco de Wörgl ganó fama relativa entre quienes estudian historia monetaria, y en particular la crisis económica de 1929, por la implementación exitosa de una moneda que se “oxida”, esto es, que los billetes pierden su valor nominal con el paso del tiempo para así desincentivar su acumulación. Si a final de mes un billete de un dólar, pongamos, sólo vale 95 centavos, hay un incentivo para que cambie de manos rápidamente, promoviendo la circulación de bienes y servicios y evitando el estancamiento característico de las recesiones. La moneda Chiemgauer que opera actualmente en Alemania se basa en este mismo principio: creada en 2003 por un profesor de colegio y sus estudiantes, aplica el mecanismo de oxidación automáticamente como interés negativo, moviendo anualmente el equivalente a cientos de miles de euros con una velocidad de circulación hasta tres veces mayor que la del euro.


Pero el principal problema puede que no sea orientar el dinero hacia el fortalecimiento de circuitos locales de intercambio –como en el caso anterior, en el que un euro se cambia por un chiemgauer– sino tener en cuenta, para empezar, a quienes tienen poco dinero. Es el caso del Tumin mexicano, en el que el grupo de asociados se reúne y decide quienes en la comunidad necesitan Tumins y cuántos entregarles, para que, juntándolos con pesos mexicanos, puedan completar “el peso que les falta” en sus compras básicas, a la vez que impulsan mercados alternativos. En ese caso, se trata de una emisión de dinero por consenso.


Un tercer ejemplo es el de la moneda PAR, en Argentina. Los clubes de trueque que proliferaron allí como alternativa ante la crisis del 2001 son bastante conocidos, muchos de los cuales tuvieron problemas con los vales que usaban para intercambiar, ya sea por fraude, sabotaje, o porque los mecanismos de emisión no eran claros. PAR fue pensada como solución a esto: es una moneda de crédito mutuo que funciona de manera digital, apoyada en tecnología blockchain, que facilita el intercambio sin necesidad de emitir previamente una base monetaria. Con el crédito mutuo, es posible registrar balances en una cuenta tanto positivos como negativos para representar y llevar el registro de las deudas entre participantes de una comunidad. Los saldos son creados en el momento de cada transacción, sin tener que acudir a una institución financiera para crearlos en primer lugar, y mucho menos pagar intereses por esos números.


Dentro de las enormes posibilidades, hay un tipo particular de moneda complementaria de especial relevancia en el contexto de la crisis económica de la pospandemia: los impuestos que se pagan con actividades socialmente útiles. Se trata de una idea con la cual empezamos a familiarizarnos en Colombia con ocasión de una iniciativa de la alcaldesa de Bogotá. Su antecesor había propuesto un esquema para aliviar la restricción del “pico y placa”: quienes quisieran usar todos los días su carro en la ciudad podrían hacerlo a cambio de pagar un impuesto. La idea es sencilla y muy práctica, pero tiene una connotación odiosa: quienes no tuvieran dinero para pagar ese impuesto permanecerían sujetos a la restricción de movilidad. Por eso, la propuesta de la alcaldesa fue mejor: para liberarse de tal restricción se debería realizar una tarea comunitaria. En otras palabras, el impuesto podría cancelarse con una actividad socialmente útil, que podría ser realizada por cualquier persona. Propuesta que es factible generalizar en multiplicidad de municipios para pensar en impuestos pagables por todas sus residentes, incluso por aquellas que no cuentan con ingresos seguros o por quienes queden desempleadas, y que servirían para dinamizar las economías locales atendiendo, precisamente, las necesidades insatisfechas de la población.


En efecto, cada municipio puede hacer un censo de las necesidades por ser cubiertas con la realización de actividades socialmente útiles, por ejemplo, el cuidado de la niñez y de los adultos mayores; censo a partir del cual precisaría los impuestos que cada residente tendría que pagar, esto es, indicaría el número de horas de cuidado que cada uno debería llevar a cabo, los lugares donde podría hacerlo, la forma de acreditar la actividad realizada, etcétera. No todos los residentes de un municipio están dispuestos a realizar estas actividades. En tal caso, el municipio podría estimular que otras personas lo hicieran en su lugar, lo cual generaría una serie de intercambios beneficiosos tanto para la persona que sustituye al residente en el pago de su impuesto como para ese residente.


Por su parte, la comunidad en general se beneficiaría de un esquema que movilizaría capacidades inutilizadas para atender necesidades insatisfechas y, además, cada una de las partes podría aprovechar su ventaja comparativa. El impuesto en este caso sería una moneda complementaria con una estructura muy similar a la de los bancos de tiempo, la cual contribuiría a romper el esquema mental de la pobreza. ¿Por qué? Mucha gente cree que es pobre porque no tiene plata en el bolsillo. Ignora que es rica en capacidades para hacer muchas cosas que benefician a los demás. Cuando se activan esas capacidades, se activa un volumen de riqueza que no está en los libros de contabilidad de los bancos ni en los cálculos convencionales del Producto Interno Bruto de un país. Es un volumen de riqueza a la espera de un medio para circular socialmente. Uno de esos medios es justamente el impuesto pagadero con actividades socialmente productivas.


Cómo hacer para que las monedas complementarias funcionen


La modalidad de moneda complementaria aquí propuesta comparte con todas las demás una serie de características que son esenciales para su funcionamiento. Es factible pensar en estas características como en las reglas del lenguaje: existe una amplia libertad para expresar nuestro pensamiento, pero debemos hacerlo dentro del marco de unas reglas comunes, que son las que facilitan la comunicación. De manera análoga, las modalidades de las monedas complementarias son muchas, pero si una comunidad decide crear un circuito monetario propio tiene que llegar a un acuerdo acerca de las reglas de juego que gobernarán el funcionamiento de ese circuito, y para ello resolver varios problemas básicos. Uno muy importante es llevar la contabilidad de aquello que se paga con esa moneda. Por ejemplo, en un banco de tiempo, si realizo una actividad en beneficio de otra persona durante dos horas, voy a querer que otra persona realice en beneficio mío una actividad por un tiempo igual o que dos personas lo hagan, cada una durante una hora. Llevar la contabilidad permite que todos los usuarios del banco de tiempo tengan la confianza de que esa moneda complementaria funciona justamente, esto es, que nadie se aprovecha de nadie más. Dicho en otras palabras, que todos ponen y que todos toman, y sobre todo, que no hay nadie que tome más de lo que pone.


Otra regla importante concierne a los derechos y deberes de los miembros del circuito monetario, así como a las sanciones aplicables a aquellos que incumplan las reglas de la moneda, el modo de aplicar esas sanciones, etcétera, dinámica que es posible ilustrar con un ejemplo: usualmente, en un banco de tiempo o en un sistema de crédito mutuo hay un límite de ‘endeudamiento’. Esto es, me puedo beneficiar de que otra persona me de algo o haga algo a cambio de la moneda complementaria, pero no puedo beneficiarme indefinidamente sin corresponder con algo que a su vez beneficie a los demás. De otro modo les estaría explotando. Si las reglas en las cuales se basa la moneda complementaria no le pusieran freno y no castigaran a quienes quisieran aprovecharse de los demás, se rompería la confianza no sólo entre las personas que usan esa moneda sino en la moneda misma. De ahí la importancia de establecer claramente desde el principio las reglas de juego, las cuales encarnan y generalizan el principio de reciprocidad que sirve de fundamento a las monedas complementarias.


Lo dicho hasta ahora aplica también a los impuestos que funcionan como moneda complementaria y sirve para resaltar un aspecto fundamental: la importancia del acuerdo que sirve de base a las reglas de juego de todas las monedas. En el caso de los impuestos, el acuerdo base es el de los representantes elegidos en cada municipio, esto es, los concejales. Sin embargo, para que el impuesto logre exitosamente movilizar capacidades inutilizadas para redimir las necesidades insatisfechas de la población se requiere de un amplio consenso ciudadano. Para tal efecto será preciso explicar, a su vez, cómo funcionará ese impuesto, qué actividades socialmente útiles podrán realizar los residentes, dónde y cómo el municipio llevará la cuenta de los pagos, quiénes se beneficiarán, cómo podrá pedirse una rendición de cuentas de la forma como ha operado ese impuesto, etcétera. Un aspecto clave del funcionamiento de este tipo de impuestos es la confianza en que las contribuciones de todos los residentes redundarán en un mayor nivel de bienestar del conjunto de los habitantes. Análogamente, monedas complementarias como los bancos de tiempo y los sistemas de crédito mutuo funcionarán exitosamente si cada uno de sus usuarios respeta su acuerdo de funcionamiento. Dicho de otro modo, el acuerdo de cada uno de respetar esas reglas es lo que le dará realidad al principio “todos ponen y todos toman”, que es el fundamento de la confianza en la moneda complementaria.


Si la moneda es un invento humano, entonces cualquier comunidad podría crear una moneda complementaria para resolver el problema identificado por Lietaer: conectar necesidades insatisfechas con recursos inutilizados. Un elemento fundamental para que cualquier moneda funcione consiste en resolver el problema de la confianza. Para pensadores sobre el dinero como Bruno Theret existen tres tipos de confianza en una moneda, que están ligados entre sí: la confianza en términos de que otras personas sí la recibirán (confianza metódica), en términos de que esté ligada a un proyecto común cuyos valores se comparten (confianza ética) y en términos de que la entidad u organización que gobierna la moneda –o establece las reglas de funcionamiento– sabe lo que está haciendo (a esto Theret lo identifica como confianza jerárquica, que es más apropiado para las monedas nacionales que para redes relativamente descentralizadas).


La confianza asume, como está visto, distintas modalidades. Confiamos en las demás personas por cuenta de los lazos que nos unen a ellas, como lo son los de parentesco o amistad, pero no solo con amigos y familiares es posible crear una moneda. Cuando la relación es con extraños en quienes no sabemos si son de fiar o no, usualmente hay necesidad de acudir a un acuerdo donde se establecen unas garantías y sanciones. Un viejo principio dice que el acuerdo es ley para las partes. Esa ley en realidad es un conjunto de reglas de juego que gobiernan el modo como las partes se deben comportar. En ese sentido, si las reglas con las que se diseña una moneda logran establecer suficientes incentivos y penitencias que respondan a los valores y necesidades que una comunidad desea impulsar, es probable que el acuerdo funcione tan bien que más gente quiera usar esa moneda.


Estos tipos de monedas no pretenden sustituir al sistema monetario vigente. Buscan conectar aquellos recursos que las prácticas monetarias actuales dejan inutilizados, con aquellas necesidades que permanecen insatisfechas. Pero no sólo es eso: la diversidad de las monedas complementarias existentes está motivando a crear nuevos ecosistemas de dinero que ayuden no sólo a superar la crisis económica actual, sino a habitar el territorio bajo valores y prácticas más acordes con el mundo que anhelamos vivir y legar.

5 de febrero de 2021

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*Grupo Sociología del Dinero,**Grupo de Protección Social – CID, Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género; Grupo Sociología del Dinero.

 

 

 

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