"Lo que cambió en América Latina es la exigencia social"

Las reformas acometidas en los últimos años y la presión de la sociedad latinoamericana por avanzar contra la pobreza o lograr mejores servicios públicos son, en opinión del mexicano Jorge Familiar, las mejoras salvaguardas ante un horizonte económico que vuelve a nublarse. El vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe participa este miércoles en Madrid en El Perú, en futuro, foro organizado por EL PAÍS que se centra precisamente en las perspectivas del país que en otoño acogerá la asamblea anual del organismo internacional.


Pregunta. Las condiciones financieras se complican, el crecimiento económico de la región se estanca. ¿Es ahora América Latina más vulnerable que en 2008?


"La diversificación no fue bien, hay aún dependencia de las materias primas"


Respuesta. Latinoamérica vivió un periodo de mucho crecimiento y de una profunda transformación social, impulsado en buena medida por condiciones externas favorables, por altos precios de las materias primas, por la demanda de mercados emergentes... Esas condiciones, a día de hoy, no están. Pero América Latina tiene ahora un buen manejo macroeconómico, un manejo fiscal prudente, los países no están entrando en una crisis generalizada. Y lo que también es diferente es una población que exige seguir con la transformación social, con la creación de oportunidades. Eso requiere crecimiento.


P. El comercio de materias primas impulsó ese crecimiento en la década pasada. ¿Se intensificó la dependencia?

R. Un estudio reciente del Banco Mundial nos dice que, si bien las commodities [materias primas] tuvieron un impacto importante, no es el único factor, las reformas que hicieron los países explican una parte de ese crecimiento. Lo que también es cierto es que hay muchos países de la región muy concentrados en commodities y la diversificación no fue bien, no tuvo mucho éxito.

P. ¿Será posible ahora?
"La región tienen ahora un manejo fiscal y macroeconómico prudente"

R. Hay una agenda muy ambiciosa de reformas e inversiones enfocada precisamente en reactivar el crecimiento y seguir en esta transformación social. ¿En qué consiste? Primero que nada, en un manejo fiscal prudente. Los países que tienen ahorros están siendo cuidadosos y el resto está revisando su gasto público para enfocarlo en actividades con mayor impacto en el crecimiento. Otro elemento esencial es el déficit de infraestructuras: la región debería invertir el 5% de su producto interior bruto al año en infraestructuras, y apenas gasta un 2%. Son 180.000 millones de dólares más que invertir al año, en un entorno de recursos fiscales escasos. Va a ser necesario crear condiciones para atraer capital del sector privado.

P. Brasil logra atraer mucha inversión extranjera, otros países de la región, no. ¿Por qué esas diferencias?

R. La mayor parte de la inversión en infraestructuras, alrededor del 70%, es pública, atraer inversión privada es más complicado de lo que parece: hay que generar condiciones de confianza, lograr proyectos que pueda financiar la banca y sean atractivos para los inversionistas, con marcos normativos e instituciones que generen esas condiciones. Y hay que trabajar en logística, procesos, aduanas, regulaciones... A mí me impresiona que la velocidad promedio de un transporte de carga en Centroamérica sea de 11 kilómetros por hora. Y no solo es por la carencia de carreteras.

P. Hay procesos de integración comercial de países de la región con Estados Unidos, con Asia o con Europea, ¿por qué encallan este tipo de procesos dentro de América Latina?
"Se debería invertir el 5% del PIB en infraestructuras, pero apenas se gasta el 2%"

R. En parte, se debe a malentendidos relacionados con el proteccionismo. Y en algunos casos el problema ha sido que el proyecto se ha planteado como algo demasiado ambicioso, como grandes procesos de integración regional o subregional, en lugar de atacarlo desde un aspecto más parcial, fijarnos en casos exitosos que puedan replicarse en otros países.

P. La década pasada fue la del avance en la lucha contra la pobreza. ¿Hay riesgo de que el estancamiento económico eche por tierra lo logrado?

R. Ha sido una transformación social, la pobreza extrema se ha reducido a la mitad. Por primera vez en la historia, los latinoamericanos que forman parte de la clase media son más que los que viven en condiciones de pobreza. Y el grupo más numeroso de la región es el grupo de personas vulnerables, que viven con entre 4 y 10 dólares al día, todavía no son clase media. Este grupo claramente está en riesgo de regresar a la pobreza, si hay shocks económicos. Pero lo que cambió es que hay una presión muy fuerte de esta sociedad, que vive mejor, por tener más y mejores servicios públicos, por tener mayores oportunidades. La región debe encontrar su propia fórmula para el crecimiento.

P. Buscando esa fórmula, se aumentó el gasto en educación, pero el impacto en mejora de la productividad fue muy limitado.
"Hay riesgo para el grupo de personas vulnerables de volver a la pobreza"

R. El avance en materia de acceso a la educación ha sido impresionante, prácticamente tenemos un 100% de acceso a nivel primario y secundario. Lo que no tenemos es la calidad suficiente del sistema educativo. Uno de los temas que creemos muy importante es la calidad de los maestros. Hicimos un estudio de largo plazo, en el que estuvimos presentes en 3.000 aulas observando cuáles eran los factores que llevaban a más calidad de la educación. Y el peso que tienen los buenos maestros es determinante. Son necesarias políticas para facilitar que estos buenos maestros sean una norma y no una excepción, políticas que tengan que ver con la forma en que se les selecciona, se les evalúa, se les compensa... Hay países, como Finlandia, donde los mejores estudiantes se convierten en maestros, es la profesión de preferencia de los mejores estudiantes. Y hay países donde no se les reconoce. Eso hay que cambiarlo en nuestra región.

P. Hay países, como Argentina, o sobre todo, Venezuela, con unas perspectivas económicas muy negativas este año, ¿teme que alguno quede descolgado de esa transformación social a la que alude?

R. La transformación social ha sido bastante generalizada. Argentina, por ejemplo, ha estado entre los que han tenido mayor éxito en reducción de pobreza y mejora de la prosperidad compartida en los últimos años. La presión social y el deseo de la población de seguir progresando, de tener más oportunidades, mejores empleos, está presente en toda la región. Lo que sí es cierto es que el crecimiento no se nos ha dado bien históricamente. Mi economista jefe siempre me recuerda que al área de Latinoamérica del Banco Mundial nos invitan en muchas ocasiones para compartir experiencias en Asia. Nos invitan a hablar de protección social, de buenos manejos macroeconómicos, pero todavía no nos invitaron a hablar de crecimiento.


P. ¿Hasta qué punto ha cambiado la irrupción de China el modelo de desarrollo latinoamericano?


"El deseo de la gente de seguir progresando está presente en toda la región"


R. China y otras economías emergentes fueron el motor de la economía global durante un periodo largo y eso tuvo un impacto muy importante en América Latina, porque se creó un nuevo mercado de destino para sus producto. También es un importante inversor y una fuente de financiación, lo que vemos como algo positivo. La necesidad de recursos para el desarrollo, lo que hay que invertir en infraestructuras en la región es de tal dimensión, que hay espacio para muchas iniciativas.


P. París acoge este año una cita clave en la lucha contra el cambio climático, ¿percibe una posición común de los países de la región?


R. La lucha contra el cambio climático está muy alto en la agenda latinoamericana, por muchas cuestiones: cinco de los diez países más expuestos a desastres naturales están en América Latina. Un grupo importante de los países que se consideran más afectados por cambio climático está en América Latina. Y esto tiene implicaciones muy amplias en la agenda de desarrollo de la región: el diseño de las infraestructuras tiene que tener en cuenta la posibilidad de desastres naturales, al aumento de la demanda de energía debe responderse pensando en los impactos ambientales hacia adelante. Y la región está consciente de esto, hay esfuerzos importantes de conservación de recursos naturales y de fauna. Yo sí veo un aumento de la conciencia medioambiental en los gobiernos y en las mismas empresas.

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Martes, 07 Julio 2015 07:18

Qué sigue tras el No en las urnas

Qué sigue tras el No en las urnas

Mientras los ministros de Finanzas europeos se reúnen hoy en una cumbre extraordinaria para evaluar el referéndum griego, se especula con que se logre un acuerdo finalmente. En caso contrario, habrá consecuencias para Grecia y la Eurozona.


Escenario 1: Los griegos ceden


A pesar del rotundo voto No del domingo a las demandas de los acreedores, es posible que Alexis Tsipras esté tratando de lograr un acuerdo rápido que resuelva la crisis, para no convertirse en el primer ministro que lleve a su país a la agonía económica de un grexit (salida del euro). Su última oferta a los acreedores el pasado martes, apenas unas horas antes de la moratoria con el FMI, de aceptar la mayor parte de las exigencias de las reformas, en realidad dejó a los dos lados tentadoramente cerca. Los acreedores podrían ofrecer a los griegos algunas concesiones para que Tsipras pueda vender el acuerdo en su país. La renuncia de ayer del ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, puede hacer que los acreedores se sientan más inclinados a seguir el juego.


Eso significaría que Atenas acuerda imponer más austeridad a cambio del dinero que necesita para seguir pagando a los trabajadores del sector público y para evitar un default de los bonos en poder del Banco Central Europeo el 20 de julio. Tal acuerdo podría significar la reapertura de los bancos a los ahorristas desesperados por el fin del mes. El problema es que la nueva austeridad probablemente empeore la recesión de Grecia en los próximos años –algo que podría causar una división en Syriza y empujar la caída del gobierno–.


Escenario 2: Los acreedores ceden


Que Grecia salga de la moneda única representaría un golpe demoledor a la reputación de esta generación de líderes europeos. Ellos también están empezando a darse cuenta de que si Grecia sale del euro se enfrentarán a un costo mucho mayor que el precio de pagar para que Atenas siga formando parte del club. Será un trabajo duro justificar esa pérdida a sus propios contribuyentes. Además, los acreedores tendrían que enviar otros tipos de ayudas a Grecia, en todo caso, si grexit ocurriera.

Así que los acreedores, a pesar de su retórica de línea dura antes de plebiscito del domingo, podrían decidir que el compromiso es la opción más inteligente después de todo. Podrían ponerse de acuerdo para facilitar la exigencia a Grecia a ejecutar grandes superávits presupuestarios en el futuro previsible y acabar con el valor nominal de la deuda del país. Atenas cantaría esta victoria y la credibilidad y el orgullo de los políticos acreedores recibirían el golpe. Pero sería bendecido por el Fondo Monetario Internacional, que ha estado presionando por una rebaja de la deuda durante años. También permitiría a los líderes de Europa centrarse en algo más que las minucias de las finanzas públicas griegas y el mercado de trabajo. Uno de los riesgos en este escenario sería que otros partidos populistas en Europa –Podemos de España, el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia– podrían obtener un gran impulso a partir de la victoria de Syriza, creando una agitación política en todo el continente.


Escenario 3: Nadie cede


Los acreedores podrían sentir que simplemente tienen demasiado que perder si concedieran algo a Grecia tras la votación. Y los griegos podrían decidir que tienen un mandato que mantener firmemente hasta que consigan todo lo que quieren. El resultado podría ser un punto muerto. El sistema bancario griego se quedaría sin dinero en efectivo en cuestión de semanas si no días, y el 20 de julio Atenas caería en default para pagar bonos por 3 mi millones de euros al Banco Central Europeo. Esta entidad, tras recibir el visto bueno tácito de Angela Merkel y los demás jefes de gobierno de la Zona Euro, podría cortar la financiación de emergencia del sistema bancario griego por completo, diciendo que no se puede prestar a un Estado insolvente sin romper sus propias reglas constitucionales. Para evitar que los cuatro grandes bancos griegos colapsen y acaben con los ahorros de la población, el gobierno de Atenas tendría que nacionalizarlos. Probablemente entonces anunciaría que se vuelven a capitalizar con un IOU (pagarés) gigante del Estado griego. El gobierno en Atenas también iniciaría la emisión de billetes IOU (en lugar de euros) para pagar a los trabajadores del sector público. Estos pagarés dirían que tienen un valor de un euro cada uno. Pero se cambiarían en el mercado negro a tal vez la mitad del valor de un euro, señalando una devaluación masiva.

Finalmente, después de un período de agitación social, el gobierno griego lograría imprimir un gran lote de billetes dracma, que se convertirían en la nueva moneda. Eso significaría que Grecia abandona efectivamente el euro. En esa transición, Atenas podría llevar un cargamento de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin. Y, a cambio, el gobierno griego podría vetar nuevas sanciones de la Unión Europea contra Moscú por su agresión en Ucrania, dividiendo el bloque en el escenario mundial.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Europa deja la puerta entreabierta a Grecia

Europa mantuvo lo más que pudo el cerrojo de las concesiones y, tras el rotundo rechazo al programa de ajuste de los acreedores de Grecia expresado el domingo por los electores griegos, apenas entreabrió una hipotética salida. Con la misma retórica flotante que los caracteriza, una suerte de combinación entre el amor y la tortura, los dirigentes de la Unión Europea caminaron sobre una cuerda de equilibristas para, al final, seguir diciendo lo mismo que antes de la consulta: Atenas debe emprender reformas. Hay que medir y pesar las palabras de unos y otros con una tolerancia de Buda o una ciencia de filólogo. En París, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, sirvieron en la misma bandeja dos palabras muy ambiguas: "solidaridad y responsabilidad". Ello quiere decir que Europa será solidaria mientras Grecia se muestre responsable, o sea, traiga a la mesa de negociaciones propuestas "serias, precisas y verosímiles". En claro, los 18 países de la Zona Euro dejaron a Grecia en la misma situación que antes, como si el resultado del referendo sólo fuera, como lo escribe el eurofanático diario El País de España en su editorial, una aventura activada por el "nacionalpopulismo" del gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. La referencia, que no es el único oprobio al que se somete al Ejecutivo y al pueblo griego, es de una ignominia de marrano. Para los gobiernos de la Eurozona un tratado colectivo y sus normas están por encima de la democracia.


Hollande dijo en la capital francesa: "Respetamos el voto de los griegos porque Europa es la democracia". Faltaría completar la frase: la democracia como la quiere el club de liberales europeos. Berlín sigue siendo la batuta de la Eurozona y nadie desafía sus prerrogativas. Durante la conferencia de prensa que ofrecieron juntos, Merkel se remitió a la última fase de la negociación que precedió la convocatoria a la consulta popular. Según la canciller alemana, la última propuesta que se hizo "fue muy generosa". Ambos recalcaron que la "puerta está abierta" mientras que, por su parte, Hollande repitió que "no queda mucho tiempo, hay urgencia para Grecia y para Europa".


El perfil de esa urgencia se delineará hoy cuando se celebre la cumbre extraordinaria de dirigentes europeos y se discutan los planteos nuevos o revisitados que traiga Tsipras. En el camino y pese al aplastante voto a favor de más del 60 por ciento, el dirigente griego dejó a su anterior ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. El ex titular de la cartera era la oveja negra de los negociadores de Bruselas. No lo querían ver ni en foto. En un par de meses, Varoufakis les rompió el consenso y toda la cultura de los buenos modales con té y galletitas de maicena. Su presencia en las negociaciones era una traba de cara a la construcción de un acuerdo. En un comunicado, el paladín que enfrentó y no se sometió a la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión de Bruselas) explicó que le "correspondía ayudar a Tsipras a explorar, según como él lo considere adecuado, el capital que el pueblo griego nos ha concedido a través del referéndum del domingo, y seré el portador del odio de los acreedores con orgullo". Su alejamiento del Ejecutivo era una de las condiciones insalvables planteadas por el Eurogrupo. Su salida parece adelantar, tal vez, un juego de concesiones por parte de Atenas, o quizá sea una forma de distender el escenario en la cual éstas empiezan el 7 de julio.


Habrá de hecho dos reuniones en la capital belga: una, a las 13, con los ministros de Finanzas de Eurogrupo. Luego, a las 18 se realizará la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno. Todo está suspendido hasta esos dos momentos. Por lo pronto, en un momento en que los bancos griegos sufren una asfixia de vida o muerte, el BCE, Banco Central Europeo, decidió mantenerlos bajo perfusión mediante la línea de liquidez (ELA) que actualmente asciende a 89 mil millones de euros.


Menos Alemania, la casi totalidad de los países bajaron el tono con respecto a la salida de Grecia de la Zona Euro sin que ello deje prever que un pacto es posible y, si lo es, a qué precio para Grecia. El ultra agresivo presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo "la victoria del No nos acerca a una solución". Pero las declaraciones como las del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, según el cual "un no de los griegos en el referendo sería interpretado como un no a la Zona Euro", se han espaciado. Los heraldos de la exclusión de Grecia desaparecieron del firmamento. La más que hostil España negó que ello fuera una realidad. Pero las capitales europeas tienen mala cara. No hay nada preciso, todo es de una incertidumbre con varias cabezas donde sólo Alemania marca el ritmo mientras que Francia gesticula pero no hace nada. Son pura y sencillamente escalofriantes el silencio, la inoperancia, el inmovilismo, la blandura y la cobardía política que han demostrado en esta crisis las llamadas izquierdas o socialdemocracias europeas. No plantearon nada, no rompieron el muro de la incomprensión con ninguna idea creativa. No existen más. Se han vuelto una pobre extensión del liberalismo y hasta han renunciado a la modesta meta de humectarlo con un poco de humanismo para que se disuelva mejor. Hace unos días, el presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz (sí, sí, crea lo que está leyendo "socialista") dijo que los griegos iban a tener que "imprimir otra moneda porque el euro dejará de estar disponible". Con socialistas así, mejor no perder tiempo en ilusiones y votar de una vez por todas a la derecha. Por lo menos, ya se sabe lo que harán.


Hasta anoche, la principal piedra en el camino no había desaparecido: se trata del reclamo griego para que se reestructure su deuda (322 mil millones de euros) y de un nuevo programa de ayuda. Berlín ya adelantó que "no se dan las condiciones para un nuevo programa de ayuda". En esto, pese a la escenificación ofrecida ayer en París por Merkel y Hollande, el monolito no se ha desplazado. Los impedimentos son densos. Prueba de ello, Grecia amplió el corralito bancario por dos días más. Quedan, finalmente, tres opciones sobre el horizonte: un acuerdo "amistoso" entre Grecia y sus acreedores podría diseñar la salida de lo que el canciller italiano Paolo Gentiloni llama "el laberinto griego". En realidad, la metáfora es inexacta porque el laberinto es sobre todo y antes que nada europeo. Pero, para ello, Tsipras deberá convencer aportando más reformas (aumento de la TVA, aumento de la edad de la jubilación). La segunda opción es una pura y llana salida pactada de Grecia de la Zona Euro, el "Grexit". Como, según Alemania, Grecia no acepta las reglas del juego europeo los dirigentes podrían organizar ese "Grexit" de forma coordinada. Si no hay acuerdo ni "Grexit" ordenado se impondría entonces una salida tormentosa de Grecia del euro.

Esto se plantearía seriamente a partir del 20 de julio, fecha en la cual, sin acuerdo, Atenas tiene que reembolsar al Banco Central Europeo 3,5 mil millones de euros. Si no ocurre, el BCE cortaría su ayuda de urgencia y Grecia y sus bancos estarían ya no en default, sino en bancarrota. Es, de todas, la peor alternativa. La hora de la verdad europea sigue, por el momento, sujeta a estos tres desenlaces por cuya preeminencia nadie, anoche, se atrevía a apostar.


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Lunes, 06 Julio 2015 06:49

El triunfo de la soberanía popular

El triunfo de la soberanía popular

La Nación le ganó a las instituciones europeas y financieras, la soberanía democrática a la tecnocracia, un pueblo a una camisa de fuerza cosida por una ideología devastadora e inhumana. El triunfo del "no" en Grecia consagra la legitimidad democrática de un país por encima de la vandálica dominación de un modelo colectivo cuya única ambición es someter y ganar dinero. Ni los agravios, ni las amenazas, ni las groserías, ni los chantajes, ni las agresiones a la historia y la identidad de un país y de un movimiento político trastornaron el rumbo de la voluntad popular en una Grecia que ingresó al espacio europeo en 1981 (Comunidad Económica Europea en ese entonces) y hoy, cuando su PIB apenas pesa el 2 por ciento de la Unión Europea, es el principal factor de cuestionamiento de ese sistema. Grecia midió sin confusión el impacto de los sucesivos planes de ayuda y austeridad que se abatieron sobre el país a partir de 2009.


En 2008, por ejemplo, el PIB griego era un 7 por ciento inferior al promedio de la UE. En 2013, el diferencial subió al 28 por ciento. El comandante supremo de los paraísos fiscales en Europa y actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se equivocó de mundo cuando, luego de la victoria de Syriza en enero de 2015, afirmó: "Decir que todo va a cambiar porque hay un nuevo gobierno en Atenas es tomar sus deseos por la realidad". Luego, agregó: "No puede haber una elección democrática contra los tratados europeos". ¿Y ahora qué? Las consultas democráticas son más que una comedia cuya gran función consiste en hacerle creer a la gente que es libre. Como dice un diplomático argentino en París: "¿Cómo le van a hablar a Grecia de democracia si el copyright de la palabra la tienen ellos?".


Tal como está plasmada en los acuerdos europeos, la política monetaria está fuera del control de los Estados, es decir, del pueblo. Pero cuando éste vota "no", ¿qué ocurre a partir de ahora? ¿Grecia afuera del euro y de la UE? Un pavoroso silencio se apoderó de los medios que, hace apenas 24 horas, vociferaban una calamitosa sinfonía de análisis e infamias. Algunas voces empezaron a pedir "solidaridad y responsabilidad" (justamente, el primer término desapareció del envoltorio del euro).


Parte del camino futuro se diseñará hoy en París durante un encuentro entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés, François Hollande. El palacio presidencial del Elíseo anunció que ambos dirigentes se reúnen "para evaluar las consecuencias del referendo en Grecia". Los dos dirigentes también convocaron a una cumbre extraordinaria de la Zona Euro para mañana. Berlín dio una información complementaria clave. Según un comunicado difundido anoche, "los dos dirigentes están de acuerdo en que el voto de los ciudadanos griegos sea respetado". No está sin embargo garantizado que Berlín mueva su postura, es decir, "la solidaridad a cambio de reformas". Tal vez la aplastante victoria del "no" acerque ahora las posiciones de París y Berlín y trastorne un poco la relación de fuerzas. Merkel y Hollande se habían distanciado dos días antes del referéndum. Hollande quería que se llegara a un acuerdo antes de la consulta, mientras que Merkel lo congeló todo para después. Quizás, igualmente, el "no" masivo lleve a que la presidencia francesa saque del cajón con naftalina una de las propuestas formuladas por Hollande cuando era candidato: utilizar las reservas europeas para el desarrollo. Sin embargo, los nubarrones se mueven sobre el cielo europeo como ejércitos hostiles. Nada dice que, pese a las palabras más apaciguadas de unos y otros, se logre un acuerdo con los acreedores de Grecia y con la gran perdedora de esta fase, la troika. Prueba de ello, el número dos del Ejecutivo alemán y líder de los socialdemócratas, Sigmar Gabriel, dijo tajantemente que un nuevo proceso negociador con Grecia era "difícilmente imaginable".


También trascendió que inmediatamente después de que se conocieran los resultados, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, habló por teléfono con Hollande. Ambos estuvieron de acuerdo en "tonificar las negociaciones" entre Atenas y sus acreedores. Sopla ahora un viento de pánico. Después de Tsipras, el hombre más citado era el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien repitió hasta el cansancio que la pertenencia a la Zona Euro era un proceso "irreversible".


Ganó Tsipras, Grecia, otra fisonomía posible de Europa y perdió Angela Merkel. Las urnas griegas precipitaron a la canciller alemana hacia la peor derrota desde que llegó al poder, en 2005. La capitana de Europa, de la competitividad a cualquier precio, la gran defensora de su sistema bancario por encima de los intereses comunitarios, la militante extrema de la ortodoxia presupuestaria y de las reformas estructurales perdió ante la cuna de la democracia. Pero esa derrota puede trabar el camino de una negociación con Atenas, principalmente el desbloqueo de un tercer plan de ayuda por unos 30.000 mil millones de euros. Para ser aprobado, hace falta el consenso de los parlamentos nacionales, y el de Alemania, la Bundestag, es, al igual que la población alemana, mayoritariamente hostil. La Eurozona navega desde hace rato sin brújula y en medio de tironeos importantes debido a la confrontación de las posiciones. Las de Alemania, en particular, las de su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, pesan mucho. Schäuble es uno de los más tórridos partidarios de aceptar que la Eurozona se consolide sin Grecia. La partida de ajedrez entre los líderes europeos es apretada y muy incierta.


El "no" es un incontestable triunfo de la soberanía popular, pero no una garantía de justicia y solución para Grecia. Vapuleados y despechados, los países del sur de Europa –Portugal, Grecia, España, Italia– son objeto de una cruzada de menosprecio perfectamente retratada en las siglas con las cuales se los identifica en los círculos tecnócratas del Viejo Continente: PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain). PIGS, en inglés, quiere decir "cerdos".


Ni los brujos más entrenados, ni los economistas más excelsos o los estrategas políticos más finos son capaces de vaticinar qué ocurrirá en adelante, con Grecia y con Europa. Salida de Grecia del euro, derrumbe bancario, crisis y camino sin salida con los acreedores. Es una hora llena de sombras donde la única luz proviene de las urnas griegas. Pero la decisión no es de los electores griegos, sino de quienes tienen el timón de un sistema perverso y asfixiante. A ellos no les importa el voto popular sino las cuentas. Anoche, la Place de la République, en París, se llenó de gente festejando. Grecia inundó la noche de esperanzas, pero con eso no se ablanda el caparazón de la troika (FMI, Banco Central Europeo, Comisión de Bruselas), ni se cambia el libreto de su biblia ortodoxa. Perdió la troika, desde luego, pero el poder de decisión final lo tienen ellos. El proceso de negociación con Grecia, las exigencias planteadas, la corresponsabilidad de Europa con la crisis, han sido un oprobio. La Unión Europea ya cifró su identidad moderna y su mensaje de cara al mundo cuando puso al frente de la Comisión Europea a un manipulador de paraísos fiscales y un experto en ayudar a empresas a evadir impuestos a costa de sus socios europeos.

Como lo escribe Pascal Riché en un editorial del semanario Le Nouvel Observateur, "el rostro que ofrece Europa, en este año 2015, es espantoso". Es el rostro de una Europa con el corazón seco, sin ambición, sin proyecto colectivo. Se entiende que, en Grecia, esta Europa dé ganas de votar no: no a esas humillaciones, no al egoísmo, a la ausencia de visión; no al tratamiento humillante a los países más frágiles, que pasa por sermones y castigos. Y no a esa Zona Euro de la que, desde hace años, se conoce el mal funcionamiento, pero cuya reforma se aplaza constantemente.


Grecia, a quien los alemanes, ingleses, franceses o los países nórdicos, tomaban por una colonia de vacaciones, sacó de sus entrañas ese "oxi" (no) con el cual, en la historia, los pueblos terminan por derribar las opresiones. Esta es financiera, consensuada, globalizada y aceptada por una aplastante cantidad de seres humanos que confunden la libertad y el bienestar con el consumo. Pero el "oxi" dio sus primeros pasos en Atenas. Allí empezó también esta historia humana común que es la democracia.


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Stiglitz: "Los líderes europeos atacan la democracia griega sin entender que los planes de la Troika han fracasado"

El premio Nobel de Economía y expresidente del Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton en la Casa Blanca, Joseph Stiglitz, ha denunciado, en su última columna sindicada previa al referéndum en Grecia, que "Europa ataca a la democracia griega" porque "la verdadera naturaleza de la disputa sobre la deuda es mucho más sobre el poder y la democracia que sobre el dinero y la economía".

El artículo del catedrático de la Universidad Columbia es demoledor: "No recuerdo que ninguna depresión haya sido jamás tan deliberada, ni haya tenido consecuencias tan catastróficas" como la que ha sufrido Grecia al cumplir las exigencias de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. "Es alarmante que la Troika se haya negado a aceptar su responsabilidad por todo ello o a admitir lo erróneos que han sido sus previsiones y modelos. Pero es aún más sorprendente que los líderes europeos ni siquiera hayan aprendido" de ese desastre: una caída del 25% del PIB y un desempleo juvenil que se ha disparado por encima del 60%.

"Pocos países han conseguido lo que ha logrado Grecia en cinco años"


Stiglitz, quien también fue vicepresidente y economista-jefe del Banco Mundial, asegura que "incluso si la deuda griega se reestructurase más allá de todo lo imaginable, el país permanecería en depresión si los votantes eligiesen en el referéndum cumplir los objetivos de la Troika". Y rinde homenaje a los esfuerzos de los griegos por superar la crisis:

"Pocos países han conseguido nada semejante a lo que los griegos han logrado en los últimos cinco años. Y, pese a que el coste de sufrimiento humano ha sido extremadamente elevado, las últimas propuestas del Gobierno griego se han esforzado por acercarse a las demandas de los acreedores".

"Hay que decirlo claramente: en realidad, casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha llegado allí. Ha ido a pagar a los acreedores del sector privado, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una mísera parte de eso, pero ha pagado un alto precio para preservar los sistemas bancarios de esos países".

Más aún, el eminente economista afirma que "el FMI y los otros acreedores oficiales no necesitan el dinero que se le está reclamando a Grecia". Porque "nada de esto es sobre dinero, sino sobre el empleo de ultimátums para obligar a Grecia a arrodillarse y a aceptar lo inaceptable".


Stiglitz fustiga duramente a los líderes europeos que exigen a Syriza que mantenga la política económica de austeridad y los acusa de haber creado una Eurozona "que nunca fue un proyecto muy democrático. La mayor parte de sus gobiernos no buscaron la aprobación de sus ciudadanos antes de entregar su soberanía financiera al BCE. Cuando Suecia lo hizo, los suecos dijeron 'No'. Entendieron que el desempleo se dispararía si la política monetaria del país fuera decidida por un banco central centrado obsesivamente en la inflación (...) y que la economía sufriría porque el modelo económico de la Eurozona se fundamenta en relaciones de poder que perjudican a los trabajadores".

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Los griegos rechazan a la Troika en las urnas y el Eurogrupo convoca una cumbre de urgencia para este martes

Con el 95,44% escrutado, el 'NO' ha sido la opción elegida por el 62.5% de los votantes frente al 38,7% que ha optado por el 'Sí'. La participación supera el 60%.

 

AGENCIAS


ATENAS/MADRID.- Los griegos han gritado un rotundo "No" a la Troika al rechazar con una amplia mayoría la propuesta presentada por los acreedores y sobre la que se expresaron en el referéndum celebrado hoy en Grecia. Con el 94,5% de los votos escrutado, el "No" se ha impuesto con el 62,51 % frente al 'Sí' que ha obtenido el 38,68 %, un reflejo de que el pueblo heleno ha dado la espalda a las políticas de austeridad.

La participación superó el 62 %, muy por encima del 40 % que exigían las normas para que el resultado fuese considerado válido. "El referéndum de hoy no tiene vencedores ni vencidos. Es una victoria en sí mismo. Demostramos que la democracia no puede ser chantajeada", dijo el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en un mensaje televisado.


Destacó que ahora es el momento de "restablecer la cohesión social", pues la convocatoria de esta consulta ha generado un clima de división entre los partidarios de una y otra opción.


El primer ministro aseguró que su Gobierno reiniciará mañana las negociaciones con los acreedores para tratar de alcanzar un acuerdo con las instituciones y señaló que la prioridad es la reapertura de los bancos. Una de las peculiaridades de este referéndum es que se ha celebrado bajo la imposición de un control de capitales que dura ya una semana.
Reestructuración de la deuda


Tsipras añadió que en esta ocasión entrará en la negociación la reestructuración de la deuda, una necesidad que, dijo, incluso ha reconocido el Fondo Monetario Internacional, que forma parte junto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo de las instituciones acreedoras.

Expresó su confianza, además, en una solución al problema de liquidez de la banca y afirmó que espera que el Banco Central Europeo "se dé cuenta de la dimensión humana de la crisis".


Cooperar con los socios


Tras conocerse la victoria del "no", también se pronunció en una declaración pública el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, quien afirmó que a partir de mañana lunes, con el rotundo "no" del pueblo griego, el Gobierno podrá "tender una mano de cooperación" a los socios e intentar buscar con ellos un "lugar común".


Varufakis señaló que el "'no' es un 'no' a la austeridad. Es un regreso a los valores de Europa". Pese al tono conciliador, el ministro reafirmó sus críticas a las instituciones al recalcar que "durante cinco meses rechazaron todo debate sobre la austeridad y la deuda".


Reacciones


Tras conocerse los primeros resultados, los miembros del Gobierno coincidieron en afirmar que la victoria del "no" fortalece la posición del Ejecutivo en las negociaciones, ya que envía el mensaje a Europa de que los griegos desean un mejor acuerdo que ofrezca nuevas perspectivas de futuro.

El resultado del referéndum se cobró ya hoy su primera víctima política, el presidente del principal partido de la oposición, Nueva Democracia, Andonis Samarás, que había hecho campaña por el "sí".


"El Gobierno tiene ahora la responsabilidad de lograr un acuerdo que evite que el país se hunda. La victoria del 'no' algunos la traducirán en Europa como voluntad de salir de la eurozona. Llamo a los socios a ayudar a Grecia a permanecer en el euro", dijo el líder de Nueva Democracia y ex primer ministro conservador.

Miembros de su partido pidieron al Gobierno que haga todo lo posible para que el país "vuelva a la normalidad" cuanto antes y le instaron a tratar de rebajar la división social.

Nada más publicarse las primeras cifras del recuento de votos, miles de personas acudieron a la céntrica plaza Syntagma, donde se prevé que las celebraciones se alarguen hasta la madrugada y donde el viernes el "no" hizo ya una demostración de fuerza al congregar a más de 25.000 personas para escuchar el discurso de cierre de campaña de Tsipras


Alexis Tsipras: "La democracia no puede ser chantajeada"


El primer ministro griego aseguró que el referéndum de hoy "no tiene vencedores ni vencidos", sino que es una "victoria en si mismo", pues ha probado que la "democracia no puede ser chantajeada".

 

EFE | PÚBLICO


ATENAS.- El primer ministro griego, Alexis Tsipras, aseguró que el referéndum de hoy "no tiene vencedores ni vencidos", sino que es una "victoria en si mismo", pues ha probado que la "democracia no puede ser chantajeada".


"Quiero dar las gracias a todos, independientemente de lo que votasteis. Ahora hay que restablecer la cohesión social", dijo Tsipras en una alocución televisada tras el triunfo del "no" en el referéndum celebrado hoy. Asimismo, Tsipras también ha insistido en que "la reestructuración de la deuda es necesaria para la salida de la crisis".

"No hay soluciones fáciles, pero hay soluciones justas mientras haya buena voluntad por ambas partes", ha afirmado Tsipras en una intervención televisada. Asimismo, también ha señalado que su Gobierno reiniciará mañana las negociaciones con los acreedores para tratar de alcanzar un acuerdo y señaló que la prioridad es la reapertura de los bancos.

"La prioridad inmediata es restaurar la banca. Estamos dispuestos a reanudar las negociaciones con un plan que prevea una financiación creíble", ha señalado el mandatario griego.

"Mañana reiniciaremos la negociación", dijo Tsipras en un mensaje televisado, en el que añadió que en esta ocasión entrará en la negociación la reestructuración de la deuda, una necesidad que, dijo, incluso ha reconocido el Fondo Monetario Internacional.


"Frente nacional fuerte"


Alexis Tsipras ha pedido también la formación de un "frente nacional fuerte" para negociar una solución con los acreedores tras el triunfo del 'no' en el referéndum de este domingo. En un discurso anterior a la nación, Tsipras convocó para este mismo lunes a los líderes de los principales partidos políticos del país bajo el patrocinio del presidente, Prokopis Pavlopoulos.

En un discurso ante la nación, Tsipras convocó para este mismo lunes a los líderes de los principales partidos políticos del país bajo el patrocinio del presidente, Prokopis Pavlopoulos.

Publicado enInternacional
Sábado, 04 Julio 2015 09:08

La década perdida

La década perdida

 

"El futuro de Grecia está en juego. El asunto es claro: o votamos la ley o el país se va a la bancarrota." La declaración no es de estos días. No se vincula con el referéndum que tendrá lugar mañana en aquel país para decidir si la ciudadanía acepta o rechaza las nuevas exigencias del Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea. El dramático llamamiento a votar la ley fue realizado el 6 de mayo de 2010 por el entonces primer ministro heleno, Giorgos Papandreu, antes de una sesión clave en el Parlamento en la que "debía convalidar" un doloroso paquete de ajuste fiscal para evitar el default. La votación finalmente resultó positiva, con 172 votos a favor, 121 en contra y tres abstenciones. La alemana Angela Merkel y el francés Nicolas Sarkozy se congratularon: "El gobierno griego ha demostrado un gran coraje. Respaldamos su determinación y estamos convencidos de que los pasos dados, aunque difíciles, son necesarios para restaurar la confianza en la economía y asegurar un mejor futuro para el pueblo griego". Papandreu agradeció a los legisladores: "Esta es nuestra última jugada. El gobierno tiene la responsabilidad de implementar las medidas más difíciles jamás tomadas por esta nación".


Entre esas medidas figuraba el despido del 20 por ciento de los empleados públicos en un año y una rebaja de sueldos de hasta 30 por ciento, el achicamiento en un 10 por ciento de las plantillas de 151 empresas con participación estatal, la supresión del aguinaldo (se pagaban dos salarios extra al año), el congelamiento de las contrataciones en el Estado, el aumento de la edad jubilatoria de las mujeres, la reducción en un 20 por ciento de los haberes previsionales superiores a 1200 euros, la suba del IVA al 23 por ciento, la segunda del año, un nuevo impuesto al alcohol, el tabaco y los combustibles y el achicamiento de gastos para obras públicas y defensa, entre otros recortes. Cuando se aprobó la ley, Grecia entraba en su segundo año en recesión, luego del impacto global por la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos.


"Me hace acordar al paquete de salvataje que armó el FMI para Argentina en 2001. Nuestra experiencia demuestra que este tipo de programas de ajuste no es sustentable porque no resuelve el problema de la deuda y, sobre todo, porque se desentiende del crecimiento económico, dejándolo librado al futuro acceso a los mercados voluntarios de deuda", recriminó por aquellos días el ministro de Economía argentino Amado Boudou. El vocero de la Confederación de Trabajadores Griegos, Stathis Anestis, también lo advirtió: "Estas medidas son duras e injustas. Llevarán a los trabajadores a la miseria y al país a una recesión más profunda". Desde la academia, los premios Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman alertaron sobre la falta de efectividad de las medidas porque profundizarían la contracción del nivel de actividad.


La apuesta de la troika (FMI, BCE y CE) y del gobierno griego era estabilizar al sistema financiero y evitar el default con un gigantesco auxilio por 110 mil millones de euros, aportados por esos organismos. La interpretación que los guiaba era que lo peor que le podía pasar a Grecia era caer en el incumplimiento de pagos, y que esa situación provocaría un derrumbe en dominó de otras economías europeas como las de Irlanda, Portugal, España e Italia, haciendo estallar al euro. El default, a su vez, golpearía a financistas y bancos alemanes, franceses e ingleses, con fuertes inversiones en títulos de deuda griegos.


El FMI estimó que en un año Grecia retomaría el crecimiento económico y el acceso a los mercados de deuda internacionales. Pasado ese tiempo, ocurrió todo lo contrario, con el agravante de que el desempleo había escalado al 25 por ciento, el nivel de deuda sobre el PBI había crecido del 150 al 170 por ciento y la sociedad se sacudía entre las protestas, la represión y la depresión. El PBI se contrajo 5,4 por ciento en 2010 y un violento 8,9 por ciento en 2011. El gobierno griego entregó la toma de decisiones sobre política económica a la troika, cada vez más exigente en la aplicación de las medidas pactadas. Delegados del FMI y los restantes organismos se instalaron en Atenas y auditaron el cumplimiento de las exigencias antes de autorizar nuevos desembolsos de aquel paquete de 110 mil millones de euros. Y esa situación se repitió cada tres o cuatro meses. "No hay plan B, Grecia tiene que hacer lo que tiene que hacer y nosotros haremos lo que tenemos que hacer", declaró el presidente del Eurogrupo y premier de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, el 25 de junio de 2011.


Entrado 2012 era evidente que a Grecia no le alcanzaría el blindaje de 110 mil millones para evitar el default. Entonces comenzaron las negociaciones con la troika para un segundo paquete de "rescate". "Es necesario tomar medidas adicionales de austeridad. Si quieren que salvemos la economía, hay que cumplir con las reformas estructurales y fiscales", diagnosticó Evangelos Venizelos, ministro de Finanzas de Papandreu, el 21 de septiembre de 2011, preparando el terreno para lo que vendría. El nuevo programa de ajuste se afincaba en la suspensión de 30 mil empleados estatales y un nuevo recorte de jubilaciones, a la vez que se redujo el piso a partir del cual los ciudadanos debían tributar al fisco de 8000 a 5000 euros anuales. La troika reclamó además un amplio programa de privatizaciones.


Las "negociaciones" fueron concluidas por el nuevo primer ministro griego, Lukas Papademos, quien antes de la votación del Congreso, el 12 de febrero de 2012, advirtió a los legisladores: "La Nación nunca nos perdonará si no hacemos nuestro deber". La votación arrojó 200 votos a favor y 74 en contra. "Con el voto de hoy aseguramos el futuro de nuestro país", les dedicó. "Si todo va bien, en 2013 es posible que haya los primeros signos de recuperación", prometió. A cambio del renovado ajuste, la troika comprometió asistencia financiera por 130 mil millones de euros adicionales, cuya entrega quedó condicionada como siempre al cumplimiento de metas fiscales, una reforma laboral y el plan de privatizaciones. Además, la troika lideró un proceso de reestructuración de deuda griega para bajar su nivel al 120 por ciento del PBI en 2020. Los tenedores de deuda debieron aceptar quitas del 53,5 por ciento sobre el valor nominal de los bonos.


"Ha sido el segundo paso decisivo que Grecia necesitaba para regresar a una senda sostenible. En circunstancias difíciles, fue otro acto de responsabilidad nacional", elogió un comunicado de la Comisión Europea. Pero en 2012 la caída del PBI fue del 6,6 por ciento, y en 2013, del 3,9. El reemplazante de Papademos en el gobierno fue el conservador Antonis Samaras. El 31 de agosto de 2012 afirmó que el país debía ser "serio con los compromisos adoptados" y cumplir con los ajustes. "Estas medidas de recortes son parte del plan de rescate de Grecia. De no cumplirlas perderíamos completamente nuestra credibilidad y el país sería pronto obligado a abandonar la Eurozona", afirmó. Durante su gestión se aprobó el cobro de cinco euros por visita médica a hospitales públicos, una tasa de 25 euros por internación y un euro por entrega de receta, así como la reducción de la cobertura de medicamentos para enfermos crónicos. La oposición acusó al gobierno de haber sancionado una ley de 279 páginas con ajustes y nuevas privatizaciones con sólo dos días para analizar el texto. Pero nada de eso fue suficiente. En agosto de 2014 el gobierno de Samaras aceptó poner en venta o alquilar unos 80 mil inmuebles para cancelar deudas con el FMI, incluidos un castillo en Corfú, una ex base militar de Estados Unidos en Creta y una lujosa villa construida para Benito Mussolini, que nunca llegó a habitar.


Después de caer 30 puntos entre 2008 y 2013, la economía griega creció 0,8 por ciento en 2014. Según la organización Attac, que promueve el control democrático de los mercados financieros, el 80 por ciento de los fondos del rescate fueron destinados a bancos o al pago de la deuda. Aun así, la deuda representa en la actualidad el 175 por ciento del PBI. En el mismo período, después de haberse sacado de encima al FMI, la Argentina puede mostrar la recuperación de los fondos previsionales, la nacionalización de YPF y Aerolíneas Argentinas, la creación de la Asignación Universal por Hijo, la incorporación de tres millones de jubilados, la entrega de cinco millones de computadoras a estudiantes secundarios, programas de estímulos a la educación como el Progresar, miles de millones de pesos en créditos a la producción, records históricos de cosechas y producción industrial, bajo nivel de desempleo y una economía desendeudada, en acotado resumen. El pueblo griego, entre tanto, parece vivir la pesadilla argentina de 2001 de manera permanente. Mañana tiene una nueva oportunidad. Los últimos años fue arrastrado por la lógica neoliberal, resignando los estímulos keynesianos al consumo y a la inversión. Los resultados están a la vista.


"Sigo pensando que para ayudar a restablecer la estabilidad y el crecimiento económico en Grecia se requiere una estrategia equilibrada, con las debidas reformas estructurales y fiscales", insistió anteayer la titular del FMI, Christine Lagarde.
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¿Qué pasa con la democracia, es un caso de "vota Sí o verás"?

Atenas.

 

Así que los griegos van a votar Sí el domingo. Temor. Humillación. Patriotismo (pro europeo además de pro euro, como veremos más adelante). Pragmatismo; ese gran poder industrial de los políticos europeos. Y así, la EU, el FMI y el BM, todo ese grupo habrá ganado. Grecia –cero. Borren la Segunda Guerra Mundial.
El problema –y olvidemos por un momento cuántos millones nos deben los desvergonzados griegos– es que quienes voten por el No lo harán por la misma razón. Son patrióticos y quieren esperanza. Y también están condenados por nuestra versión de su historia. Los griegos del siglo XVIII creían en el nacionalismo nacido a partir de la civilización; una idea que Byron disfrutaba, pero que dejó fuera al imperio Otomano, al maravilloso dinar (olvídense del euro) y a una historia que no tiene lugar en nuestra narrativa actual. 


Los años 40 del siglo XX ensombrecen la Grecia actual. Quienes voten Sí el domingo serán llamados traidores (o jermanotsolias, término griego cuya traducción más precisa es camisas alemanas en referencia a los soldados de esa nacionalidad).


Quienes voten No serán los hijos o nietos de patriotas socialistas que lucharon contra el mandato burgués británico que tomó el control de Atenas luego de que Churchill y Stalin acordaron que Grecia debía quedarse de nuestro lado de la cortina de hierro. Los títeres y sus amos son irrelevantes.


Alexis Tsipras es –y aquí cito a un amigo economista– el niño consentido quien hace mucho tiempo logró llegar a la televisión en entrevistas en las que apoyaba a los estudiantes, era de rostro dulce, pero se enojaba y era agresivo. Pasó su carrera en la política interna de la izquierda, con cero experiencia en el mundo real.


Yanis Varoufakis (según otro amigo griego, que es menos economista y más político) es el siempre sonriente ministro de Economía; un idiota narcisista a quien le complace demasiado escuchar su propia voz, un estudiante-académico que gusta de pavonearse. Por eso la madame del FMI insistió, fastidiada y con su mejor voz de aviso a la comunidad, en hablar con los adultos, hace unos días. El ministro cree que puede jugar con los niños y niñas grandes en Bruselas sin darse cuenta que ellos no se interesan por su actuación.


El problema es el siguiente: Europa –la Europa que quizás deba poner entre comillas, es muy similar a la Europa de los años 30; la era del abuelo de Yanis, que se preocupaba más por el socialismo, el marxismo, el poder de los trabajadores que por la democracia. Por eso se decidió que el referendo del domingo es sobre Europa, más que sobre la democracia. ¿Acaso Christine Lagarde no dijo que espera que el voto del domingo indique claramente cuál será el camino?


No es necesario haber pasado muchas horas en Atenas para ver cómo la imagen de la historia ha cambiado. En años anteriores, admiré la placa de bronce del Hotel Grand Bretagne, que recordaba a sus huéspedes que aquí hubo un cuartel nazi. Ahora hay otra placa reluciente, también de bronce, que dice a los clientes que aquí estuvieron los cuarteles de ejército griego entre 1940 y 1941. Pero no dice nada sobre lo que le pasó al ejército griego en 1941.


Nuestros periodistas tienen la sospecha de que la división podría vaticinar otra guerra civil aquí. Es posible que en ella se involucre el Ejército Griego de Liberación Popular (ELAS, por sus siglas en griego) contra los partidarios de la monarquía apoyados por Gran Bretaña –pero esto no queda claro. Quienes votarán por el Sí, son servidores púbicos, farmacéuticos, propietarios de pequeños negocios –lo que nos permite analizar a quienes votaron por Hitler en 1933–. Quienes votarán por el No son hombres y mujeres más emocionales, más conscientes de la historia; que recuerdan una y otra vez que el desequilibrado y fragmentario sistema de pensiones se modernizó por última vez hace 14 años. Ellos le dicen a uno que hay gente hambrienta,y muchos que aún recuerdan la hambruna griega de 1941, ¿100 mil muertos, tal vez? Todos sabemos quién ocupaba Grecia entonces ...


Sin embargo, hay también algo oscuro, peligroso y demasiado relevante sobre aquellos días. Europa, desde la perspectiva de Atenas, es una institución muy dictatorial que está más preocupada por el dinero que por la democracia; y ante la posible desintegración del euro, le importa aún más el dinero que la voz de los griegos hambrientos.


Tsipras puede hablar de los líderes europeos que chantajean a los electores de Grecia, pero cuando esos mismos sirvientes de la UE dicten que el referendo del domingo debe ser sobre la permanencia o la salida de Grecia de la gloriosa República Popular de Europa, es difícil estar en desacuerdo.


Si, a todos nos agrada que los griegos hablen a través de su vocero Euclides Tsakalatos, el jefe negociador de Grecia en Bruselas, cuyo lado europeo es enfatizado por su inglés brillante (cortesía del colegio St. Paul y de Oxford). Es un académico británico clásico, me dijo en el desayuno un banquero griego. Es una persona muy agradable, pero es la persona incorrecta para jugar cualquier papel político.


Luego la conversación se volvió horrenda. No ha existido tanto veneno en el léxico político desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estalinistas dentro de Syriza, incluido el ministro de desarrollo, quien cree que Putin es una continuación de Stalin. Esta descripción vino del banquero: un hombre con sentido del humor pero sin esperanza en la sonrisa de esos que te topas durante las revoluciones, y quien insistió en que existe el peligro real de un colapso político en Grecia.
El colapso económico ya ocurrió, me dijo.


Mientras hablábamo, fuimos interrumpidos por un mendigo. Al principio creí que era un refugiado sirio pero resultó afgano; otra parte de la historia de Grecia.
El FMI tuvo graves errores de cálculo. El sistema bancario se colapsará la semana próxima, los bancos perderán liquidez y los depósitos privados van a desaparecer. Perderemos la capacidad de comprar y vender internacional y localmente.


Habrá quienes voten Sí el domingo porque tienen miedo. Habrá muchos, sospecho, que votarán No por la misma razón. Y hay extremistas (qué apropiada es esta expresión, en el sentido islamita de la palabra) como los del partido Amanecer Dorado, que culpan a los inmigrantes, más que a los alemanes, de su predicamento. No olvidemos que hay 4 por ciento del voto nacionalista representado en el gobierno de Tsipras con 14 miembros del Parlamento. ¿Pero quién tiene la culpa?


Nuestro pasado populista, me anuncia categóricamente mi amigo el banquero. "Comenzó con la dictadura militar y nuestra forma de mimar constantemente nuestros más bajos sentimientos, y la convicción de que es posible que estemos equivocados. Fue una mala idea unirnos a la zona euro. Pensamos: 'Al fin, hemos recibido nuestro destino. Nos hemos unido a Occidente', pero nuestra economía no estaba lista para ello".


Sí, en efecto, y la corrupción, agregué; la cara del banquero se tornó radiante. Todos esos siglos de admirar a la Grecia clásica. Byron nos debe muchas explicaciones, me dijo.


Pero hay cuestiones más importantes, desde luego. ¿Cómo podemos seguir admirando a la dictadura de los bancos (los europeos, no los griegos)? ¿Cómo podemos seguir dándonos golpes de pecho al hablar de la Europa democrática, cuando Europa le dice a Grecia lo que está en juego en su referendo. Si esta democracia no funciona en Europa, ¿cómo se supone que va a funcionar en India? ¿O en Medio Oriente? Si lo que queremos es que la vote por el Sí el domingo; un "Sí, o verás", ¿quiénes son entonces los dictadores?

 

Es esto un poco es demasiado. Un viejo amigo, Monty Woodhouse, fue Ejecutivo de Operaciones Especiales en Grecia durante la ocupación alemana y años más tarde él y este reportero cuando era joven, buscaron juntos los expedientes de la guerra de un tal Kurt Waldheim, quien fungió como secretario general de la Organización de Naciones Unidas, a pesar de haber sido oficial de inteligencia de la Wehrmacht de la Alemania Nazi. Fue Woodhouse, quien escribió en el ya mencionado hotel Grande Bretagne de Atenas que él aprendió a amar a Grecia cuando se dio cuenta que aquí la gente viva aún hablaba en el lenguaje de Platón.


Pero sospecho que ahí está la falla. Todos amamos a Platón. Y a Aristófanes. ¿Acaso no corearon las ranas: rakak-coax-coax-coax? Pero si hasta helenizaron a los romanos, por Dios. Y todo esto nos lo tomamos a pecho. Y nosotros que pensamos que los griegos eran nuestros amigos, ¿no es cierto?


© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Sábado, 04 Julio 2015 07:06

El contrasentido común

El contrasentido común

En 1926, el poeta irlandés W. B. Yeats lamentaba: "A los mejores les falta convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada". Esta afirmación resulta más verdadera hoy que entonces. Supongamos, hipotéticamente, que los mejores en el plano personal, moral, social y político son la mayoría de la población y que los peores son una minoría. Como vivimos en democracia, no debería preocuparnos el hecho de que los peores estén llenos de convicciones que, precisamente por ser adoptadas por los peores, tenderán a ser peligrosas o perjudiciales para el bienestar de la sociedad. Al fin y al cabo, en democracia son las mayorías las que gobiernan. La verdad es que hoy se viene generalizando la idea de que las convicciones que dominan en la sociedad son las suscritas apasionadamente por los peores, y que esto es la causa o consecuencia de estar gobernados por los peores. La conclusión de que la democracia está secuestrada por minorías poderosas parece ineludible.

Pero si a los mejores les falta convicción, probablemente también no están convencidos de que esta conclusión sea verdadera, por lo que les será difícil movilizarse contra el secuestro de la democracia. Es, por tanto, urgente averiguar de dónde viene en nuestro tiempo la falta de convicción de los mejores.


La falta de convicción es la manifestación superficial de un malestar difuso y profundo. Surge de la sospecha de que lo que se difunde como verdadero, evidente y sin alternativa, de hecho, no lo es. Dada la intensidad de la difusión, se vuelve casi imposible para el ciudadano común confirmar la sospecha y, a falta de confirmación, los mejores acaban paralizados en la duda honesta. La fuerza de esta duda se expresa como aparente falta de convicción. Para confirmar la sospecha, el ciudadano común tendría que recorrer a conocimientos a los que no tiene acceso y no ve divulgados en la opinión publicada, porque también está al servicio de los peores. Veamos algunas de las convicciones que se están convirtiendo en sentido común y que, por ilusorias y absurdas, constituyen el nuevo contrasentido común:


La desigualdad social es la otra cara de la autonomía individual. Por el contrario, más allá de ciertos límites la desigualdad social permite a quienes están en los niveles más altos cambiar las reglas del juego con el fin de controlar las opciones de vida de quienes están en los más bajos. Sólo es autónomo quien tiene condiciones para serlo. Para el desempleado sin prestación de desempleo, el jubilado empobrecido, el trabajador precario, el joven obligado a emigrar, la autonomía es un insulto cruel.


El Estado es por naturaleza mal administrador. Muchos Estados (europeos, por ejemplo) de los últimos cincuenta años demuestran lo contrario. Si el Estado fuera por naturaleza mal administrador, no sería invocado tan a menudo para resolver las crisis económicas y financieras provocadas por la mala gestión privada de la economía y la sociedad. El Estado es considerado mal administrador siempre que pretende administrar sectores de la vida social donde el capital ve oportunidades de beneficio. El Estado sólo es verdaderamente mal administrador cuando quienes lo controlan consiguen ponerlo impunemente al servicio de sus intereses privados por medio del fanatismo ideológico, la corrupción y el abuso de poder.


Las privatizaciones permiten eficiencia que se traduce en ventajas para los consumidores. Las privatizaciones pueden o no generar eficiencia, siendo siempre cuestionable lo que se entiende por eficiencia, qué relación debe tener con otros valores y a quién sirve. Las privatizaciones de los servicios públicos casi siempre se traducen en aumentos de las tarifas, sea en el transporte, el agua o la electricidad. Las privatizaciones de los servicios esenciales (salud, educación, seguridad social) se traducen en la exclusión social de los ciudadanos que no pueden pagarlos. Si lo privado fuese más eficiente, las sociedades público-privadas deberían haberse traducido en beneficios para el interés público, al contrario de lo que ha sucedido. El engaño de la proclamada excelencia del sector privado en comparación con el público alcanza el paroxismo cuando una empresa del sector público de un Estado es vendida a una entidad pública de otro Estado, como ocurrió recientemente en Portugal en el sector eléctrico, vendido a una empresa pública china; o cuando la adquisición de un bien público estratégico por parte de un inversor extranjero puede ser financiada por un banco estatal de ese país, como ocurre en el caso de la venta en curso de la compañía aérea TAP (Transportes Aéreos Portugueses), con la posible financiación de la compra del inversor brasileño por parte del banco estatal brasileño BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social).


La liberalización del comercio permite crear riqueza, aumentar el empleo y beneficiar a los consumidores. Tal como se ha venido negociando, la liberalización del comercio concentra la riqueza que crea (cuando la crea) en una pequeñísima minoría, mientras que los trabajadores pierden empleo, sobre todo el empleo decentemente remunerado y con derechos sociales. En las grandes empresas norteamericanas que promueven la liberalización, los directores ejecutivos ganan 300 veces el salario medio de los trabajadores de la empresa. Por otro lado, las leyes nacionales que protegen a los consumidores, la salud pública y el medio ambiente serán consideradas obstáculos para el comercio y, sobre esa base, cuestionadas y probablemente eliminadas. Hay en marcha tres importantes tratados de libre comercio: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TiSA) y el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido como TTIP). Por las razones expuestas crece en Estados Unidos (y en Europa, en el caso del TTIP) la oposición a estos tratados.


La distinción entre izquierda y derecha ya no tiene sentido porque los imperativos globales de gobernanza son inevitables y porque su alternativa es el caos social. Mientras haya desigualdad injusta y discriminación social (y ambas han aumentado en las últimas décadas), la distinción tiene pleno sentido. Cuando se dice que la distinción no tiene sentido, sólo es puesta en cuestión la existencia de la izquierda, nunca la de la derecha. Sectores importantes de la izquierda (partidos socialistas) cayeron en la trampa de este contrasentido común, y es urgente que se liberen de ella. Los "imperativos globales" no permiten alternativas hasta verse obligados a ello por la resistencia organizada de los ciudadanos.


La política de austeridad busca sanear la economía, disminuir la deuda y llevar el país al crecimiento. En los últimos treinta años, ningún país sujeto al ajuste estructural consiguió tales objetivos. Los rescates se han hecho en interés exclusivo de los acreedores, muchos de ellos especuladores sin escrúpulos. Por eso los ministros que aplican "con éxito" las políticas de austeridad son frecuentemente contratados por los grandes agentes financieros y las instituciones a su servicio (FMI y Banco Mundial) cuando abandonan las funciones de gobierno.


Portugal es un caso de éxito; no es Grecia. Este es el mayor insulto a los mejores (la gran mayoría de los portugueses). Basta leer los informes del FMI para saber lo que le está reservado a Portugal después del saqueo de Grecia. Más recortes en las pensiones, más reducción de salarios y mayor precarización del empleo serán exigidos y nunca serán suficientes. Las "arcas llenas"[1] pregonadas por el actual gobierno conservador portugués son para vaciarse ante el primer estornudo especulativo.

Portugal es un país desarrollado. No es verdad. Portugal es un país de desarrollo intermedio en el sistema mundial, condición que tiene hace siglos. Esa condición hizo que Portugal fuese simultáneamente el centro de un vasto imperio y una colonia informal de Inglaterra. Debido a esa misma condición, las colonias y excolonias tuvieron a veces un papel decisivo en el rescate de la metrópoli. Así como Brasil rescató la independencia portuguesa durante las invasiones napoleónicas, la inversión de una excolonia (Angola) viene hoy tomando a su cargo los sectores estratégicos de la economía de la exmetrópoli. En los últimos treinta años, la integración en la Unión Europea creó la ilusión de que Portugal (también España y Grecia) podía superar esa condición semiperiférica. El modo en el que está siendo "resuelta" la actual crisis económica y financiera muestra que la ilusión se deshizo. Portugal está siendo tratado como un país que se debe resignar a su condición subalterna. Los portugueses deben contribuir al bienestar de los turistas del Norte, pero deben contentarse con el malestar del trabajo sin derechos, de la creciente desigualdad social, de las pensiones públicas desvalorizadas y sujetas a constante incertidumbre, y de la educación y la salud públicas reducidas a la condición de programas pobres para pobres. El objetivo principal de la intervención de la troika fue bajar el nivel de protección social a fin de crear las condiciones para un nuevo ciclo de acumulación de capital más rentable, o sea, un ciclo en el que los trabajadores ganen menos que antes y los grandes empresarios (no los pequeños) ganen más que antes.


La democracia es el gobierno de las mayorías. Ese es el ideal, pero en la práctica nunca fue así. Primero, se impidió que la mayoría tuviese derecho al voto (restricciones al sufragio). Después, se intentó con varios mecanismos que la mayoría no votase (restricciones fácticas al ejercicio del voto: voto en día laborable, intimidación para no votar, costos de transporte para ejercer el derecho al voto, etcétera) o lo haga en contra de sus intereses (propaganda engañosa, manipulación mediática, inducción al miedo por las consecuencias del voto, encuestas sesgadas, compra de votos, interferencia externa). En los últimos treinta años, el poder del dinero pasó a condicionar decisivamente el proceso democrático, especialmente a través del financiamiento de los partidos y de la corrupción endémica. En algunos países la democracia ha sido secuestrada por plutócratas y cleptómanos. El caso paradigmático es Estados Unidos. ¿Y alguien puede afirmar de buena fe que el actualCongreso brasileño representa los intereses de la mayoría de los brasileños?


Europa es el continente de la paz, la democracia y la solidaridad. En los últimos ciento cincuenta años, Europa fue el continente más violento y aquel en el que los conflictos causaron más muertes: dos guerras mundiales, ambas provocadas por la prepotencia alemana, el holocausto, y los genocidios y masacres cometidos en las colonias de África y de Asia. El prejuicio colonial con el que Europa continúa mirando al mundo no europeo (incluyendo las otras Europas dentro de Europa) vuelve imposibles los diálogos verdaderamente interculturales, generadores de paz, democracia y solidaridad. Los valores europeos del cristianismo, de la democracia y de la solidaridad son en teoría generosos (pese a ser etnocéntricos), pero han sido frecuentemente usados para justificar agresiones imperiales, xenofobia, racismo e islamofobia. El modo en el que la crisis financiera del sur de Europa ha sido "resuelta", el vasto cementerio líquido en el que se transformó el Mediterráneo, el crecimiento de la extrema derecha en varios países de Europa, son el desmentido de los valores europeos. En Europa, como en todo el mundo, la paz, la democracia y la solidaridad, cuando son apenas un discurso de valores, buscan ocultar las realidades que los contradicen. Para ser vivencias y formas de sociabilidad y de política concretas, tienen que ser conquistadas por la vía de las luchas sociales contra los enemigos de la paz, la democracia y la solidaridad.


[1] Se refiere a la expresión de la ministra de Estado y de Finanzas de Portugal, Maria Luís Albuquerque, quien recientemente afirmó que su país tiene las "arcas llenas" para honrar compromisos en la eventualidad de que surjan perturbaciones en el funcionamiento del mercado (nota de los traductores).

 

*Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado enCultura
Sábado, 04 Julio 2015 07:00

La estrategia destituyente

La estrategia destituyente

Las aporías del Grexit. Si se sigue con un poco más de atención la estrategia que ha seguido Syriza (en los últimos seis meses) frente a las instituciones europeas para enfrentar la crisis social que cobra su auge en 20013, cabría hacerse una pregunta que probablemente aún no tiene –ni tendrá en los próximos tiempos– respuesta: ¿cómo es posible que una nación tan pequeña –y un conjunto tan reducido de votos en el parlamento de Bruselas– mantengan en estado de hiato al conglomerado europeo? Si el Eurogrupo deja caer a Grecia, bloqueando sus flujos de sustentabilidad, otros países leerían el mensaje de una manera elemental: esa informe amalgama entre la Comisión Europa y el Eurogrupo –¿alguien podría definir de qué forma política se trata?– no es capaz, en caso de catástrofe, de proteger a la parte afectada de la ciudadanía (en este caso ya europea). Este mensaje no sólo alentaría las dudas de las franjas de la izquierda, sino de cualquier coalición gubernamental. Si por el contrario, cede frente a las demandas de Syriza –léase: limitar los pagos de la deuda a una política de no austeridad–, tendría que aceptar que la doxa impuesta por la deuda como tecnología del control es falible. Esta aporía, este problema sin solución, que podría redundar en una situación en Grecia tan dramática como condenable (la mayoría de los mandatarios europeos han emprendido la campaña por el sí para alentar a la extrema derecha griega a que dé pasos más firmes), muestra el amplio rango de vulnerabilidad que hasta ahora no habían exhibido los controles de las instituciones globales –y, por ende, la forma en que pueden ser contrarrestadas–.


Desde 2006, el Eurogrupo apostó –y no podía ser de otra manera– a que en Grecia existía un poder constituido –el Estado griego– para hacer el trabajo sucio que garantizara la legitimidad de instituciones unificadas no por un acta de derechos humanos, por ejemplo –cómo se podría esperar después de la agreste historia europea del siglo XX–, sino en torno a una ¡moneda! La idea del poder constituyente se remonta a la revolución francesa. Un Estado que garantizara salidas frente a cualquier tipo de crisis: una invasión extranjera, una guerra civil, una catástrofe natural, una epidemia..., y que podían poner en peligro la integridad de la nación. Pero la forma en que intervienen los poderes globales hoy en día socava permanentemente todo aquello que constituye a la parte constituyente del poder. Actúan manteniendo a este poder en una situación constante de crisis. Es más: la crisis se ha convertido en una tecnología de gobierno. Se desestabiliza todo para mantener la estabilidad de instituciones flotantes. Esa ha sido la experiencia de Grecia, pero también de Argentina, España y México. Las ideas tradicionales que explicaba al poder moderno como mecanismo de contención de lo ingobernable han perdido sentido. Hoy el poder induce la crisis y se erige como el piloto que pretende navegar en ella. Este es el principio actual de gubernamentabilidad. Agamben lo llamó recientemente: el Estado de seguridad. El término es una ironía, porque supone que el Estado garantiza la seguridad de aquello cuya seguridad ha socavado él mismo. Una ironía efectiva porque hoy se gobierna no sobre la base del principio de certidumbre, sino sobre la máxima del menor riesgo. Es decir, riesgo, al fin y al cabo de cuentas.


Cuando Syriza enfrentó el dictum del riesgo con la opción de un referendo, desbancó (voluntaria o involuntariamente) el principio bajo el cual una técnica de control político se legitimaba con argumentos económicos. Lo último que puede admitir un banco frente a una letra vencida, ¡es una votación! Y, sin embargo, no tuvieron otro remedio que aceptarlo. Lo otro significaba el pogromo contra Grecia.


Se trata de una estrategia destituyente: o se modifica el estatuto europeo o los griegos son lanzados de Europa. Y nadie mejor que ellos sabe que esta última es la mejor de las opciones. Sólo que ahora, seis meses después de la medición de fuerzas, los responsables serían las instituciones europeas. Una estrategia que Alejandro Nadal definió recientemente de manera sucinta: ¿cómo salir de la jaula sin morir en el intento?


Es curioso cómo todo el mundo se pregunta: ¿y con quién irá a parar Grecia? ¿Con Rusia o con China? Son preguntas que no hacen más que repetir la falibilidad de la respuesta que presagian.


El sustento de toda la negociación de Syriza no está en los dirigentes ni en los expertos en economía, está en la radical recomposición de la sociedad griega en los últimos años. En ella emergieron formas de un poder destituyente que no requiere a los partidos ni las expresiones políticas para subsistir, y que conjura la posibilidad misma de que se transformen en andamiajes del Estado. Son miles de redes de apoyo que nacieron al amparo de la revuelta y que garantizan comida, salud, educación, acaso inspiradas en el movimiento neoanarkhe, y que representan el secreto mejor conocido de todo el trance griego –del cual por cierto muy pocos hablan–. Y acaso el fundamento de la fuerza para enfrentar al conglomerado europeo.

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