José Alonso Zapata, El solar del sueño,  (Cortesía del autor)

Dicen que nadie aprende en cabeza ajena. Bien, ahora la humanidad no puede negarse a procesar y aprender del significado del covid-19, en sus múltiples facetas, pues el golpe ha sido para la totalidad de la humanidad. Es hora de implementar correctivos para enfrentar la pandemia en su prolongación y para reorientar las políticas en salud, así como en I+D.

 

Desde que el bacteriólogo francés Louis Pasteur inoculara en 1885 a un muchacho mordido por un perro con rabia, las vacunas han salvado millones de vidas, en especial de niños y niñas de temprana edad. La pandemia de covid-19, que ha infectado a más de cien millones de personas en todo el mundo y ocasionado dos millones y medio de muertes (1), marca un nuevo hito en la historia de la medicina: nunca se había logrado producir una vacuna de forma masiva en tan poco tiempo. A poco más de un año desde que China declaró un brote epidemiológico generado por un nuevo coronavirus desconocido (2), seis vacunas han sido aprobadas en unos plazos récord, y otras tantas se encuentran en fase III de investigación a espera de ser autorizadas.


Una circunstancia que lleva a que hoy una gran parte de la sociedad hable de vacunas, diferencie sus diversos tipos, y esté informada de las últimas noticias respecto al número de dosis administradas, la llegada del próximo avión y el número de dosis que trae, y una buena proporción de la misma ingrese a la aplicación de turno para verificar que está en la lista y especular sobre cuál es la fecha que le puede tocar…es normal, la vacuna les genera tranquilidad y confianza en que vivirán.


Pero, ¿a que vida los devuelve? Hace apenas un año, cuando fue declarada la pandemia, vimos cómo el virus se expandía rápidamente por todo el mundo, los contagios y muertes crecían a un ritmo sin precedentes, los hospitales colapsaban y los sistemas de salud reconocían no estar preparados para una emergencia de tal magnitud; entonces la mejor estrategia (o quizás la única) a la cual acudir fue la cuarentena, el aislamiento, y el mundo se paró. En aquel momento que hoy parece muy lejano, quizás por el miedo y la conmoción, fue sentimiento generalizado que algo serio estaba ocurriendo. Y por aquellos primeros meses de 2020 la humanidad pareció tomar conciencia de que algo había que cambiar. De repente la pandemia pareció despertar a la humanidad de un existencialismo egocéntrico, antropocéntrico e individualista; y muchos y muchas, ingenuamente, creyeron de nuevo en utopías inclinados hacia ellas por la sensación de que ante un reto como el potenciado por el covid-19 una nueva humanidad podría abrirse paso, un momento histórico que permitía recuperar la fe en las personas, en la solidaridad, la fraternidad, la conciencia social y ambiental.


Sin embargo, a los pocos meses una espesa neblina de dudas empezaba a desdibujar los utópicos sentimientos, ante un capitalismo que seguía afincado en su estadio neoliberal, en el que el mundo líquido de Bauman (4) seguía tan sólido como siempre. Entonces fue cuando gobernantes y magnates empezaron a hablar de salvar la economía. Plausible. No es posible ignorar los efectos dramáticos de la pandemia en la economía, pero sobre todo en la de orden familiar, en los medios de vida de los más pobres, de los trabajadores informales, de los campesinos, de los obreros, de los autónomos, de los hogares encabezados por mujeres, de los jubilados y pensionados. Y surgieron propuestas para mitigar este impacto social que casi en ningún caso fueron tenidas en cuenta, como la renta básica universal.


Pero la preocupación y la prioridad por la economía no era a este nivel. Los gobiernos se lanzaron al rescate de los grandes capitales, de las multinacionales, las compañías áreas, las grandes cadenas de almacenes, la industria del turismo. Y en pocos meses se instaló el dilema salud-economía, como si una no tuviera nada que ver con la otra. Sabemos qué se impuso. Los esfuerzos que colectivamente fueron realizados durante meses para cuidar a las personas mayores, a las personas vulnerables y contener los contagios para no colapsar los hospitales dieron paso a un mundo protocolizado, en la mayoría de los casos con medidas absurdas como esos termómetros que arrojan temperaturas incompatibles con la vida en las puertas de los locales. Cualquier cosa que permitiera la “reactivación de la economía” fue válida. Reabrieron los centros comerciales, volvió el fútbol, los aviones ganaron de nuevo altura llenos de pasajeros, los hoteles reabrieron servicios, los casinos recibieron apostadores y los bares clientes. El espectáculo debía continuar…eso sí, “[…] con estrictas medidas de bioseguridad conforme a los protocolos establecidos”. Mientras tanto, los niños y niñas fueron los últimos en poder volver a la escuela, algunas universidades siguen cerradas, y la protesta social prohibida por “riesgo de contagios”.


Ahora llega la vacuna, con la promesa de salvar vidas y prevenir contagios. Y como con el soma de Huxley (5) volveremos a ser felices, a cantar, a bailar…. ¡y a consumir! Quizás en unos meses la pandemia haya pasado y habremos hecho el duelo a quienes no pudimos acompañar en su agonía. Algunos miles seguirán padeciendo las cronicidades (6) que deja el virus. Esto si los países ricos permiten la distribución global de las dosis de vacunas con base en principios elementales de derechos humanos y solidaridad internacional, algo que hasta ahora brilla por su ausencia.


En la teoría de la acción humanitaria se define que el impacto de una emergencia está dado por el grado de vulnerabilidad y falta de preparación de la población afectada. Es decir, que la cantidad de afectados, víctimas y muertos está determinada por las condiciones estructurales que propician las afectaciones de una situación de emergencia, como desastres naturales, guerras, hambrunas y epidemias. La evidencia demuestra que de no resolverse estas cuestiones en la fase de “recovery” o rehabilitación (7), la crisis puede convertirse en crónica, con un impacto aún mayor que la propia emergencia.


La pandemia, con sus dos millones y medio de muertos, el esfuerzo de miles de personas vinculadas a la atención en salud, el sacrificio y la conducta socialmente responsable de miles de millones de personas, y todo lo que dejamos atrás y postergamos en el 2020, no pude pasar sin más (8). No puede permitirse que los focos del show vuelvan a encenderse activados por la tranquilidad de acceder a una vacuna. Una sociedad resiliente es aquella capaz de superar la adversidad y adaptarse a la nueva realidad, pero también aquella que es capaz de reconstruirse y proyectarse en el futuro a partir de nuevas bases.


Es por ello procedente reflexionar, desde una óptica de pensamiento crítico, sobre temas urgentes de salud global sobre los que se debe actuar y sacar lecciones aprendidas para que la pandemia se convierta en una oportunidad para una nueva gobernanza global y mejores políticas públicas:

1. Proteger el medio ambiente y la biodiversidad. Las últimas pandemias declaradas antes del covid-19, como la Influenza H1N1 (2019), el Sars (2002-2004), el brote de Ébola (2014-2016), o el mismo HIV (1980), se caracterizan por el salto de la salud animal a la salud humana, propiciado por condiciones ambientales cambiantes generadas por la deforestación, principalmente para prácticas agrícolas intensivas, y en general por no preservar la biodiversidad. Estas prácticas incrementan el riesgo de pandemias al aumentar los contactos entre animales silvestres, ganado, patógenos y ser humano. También han favorecido brotes infecciosos de enfermedades emergentes y reemergentes como el Zika, el Chikungunya, Hantavirus, favorecido asimismo la reaparición de la Malaria (que no es un virus sino un parásito), que afecta a 1.000 millones de personas cada año, en zonas donde estaba controlada o había desaparecido.


Estudios científicos demuestran que la diversidad de animales y plantas actúa como un escudo protector, ya que muchas especies actúan de huéspedes de virus que aún no conocemos (los expertos hablan de más de un millón), y que tienen la capacidad de evolucionar más rápido que sus huéspedes, entre ellos el ser humano, capacidad de saltar de una especie a otra y mutar para adaptarse al nuevo organismo del cual depende su supervivencia, antes que los adviertan y generen anticuerpos. Al disminuir esta diversidad, y extender la frontera agrícola y la ganadera, la especie humana se acerca al reservorio natural (hospedador a largo plazo) de los virus, facilitando que éstos “salten” y la colonicen. La superpoblación, la falta de medidas de higiene y salud pública, y el consumo insostenible hacen el resto. Los expertos coinciden en que la protección de la biodiversidad, la conservación de áreas protegidas, el control de la extensión e intensificación de la actividad agrícola–ganadera, la producción y el consumo sostenible, se vuelven entonces prioridades de salud pública para prevenir futuras epidemias.

2. Más y mejor cooperación y solidaridad internacional: la pandemia en curso se presentó en un momento caracterizado por la ausencia de líderes estadistas, en el marco de una vuelta al proteccionismo y de “guerra comercial” entre las grandes potencias. De ruptura y/o debilidad en los organismos multilaterales (Brexit, por ejemplo), abandono de importantes pactos y acuerdos internacionales (como la salida de EE. UU. de la Declaración de París y/o del Tratado para la eliminación de misiles nucleares) y en general de tensión en las relaciones internacionales. Por eso no debe sorprender que frente a la pandemia los Estados hayan reaccionado de forma nacional y descoordinada, ocultando información, priorizando el señalamiento o la búsqueda de culpables y que hayan fluido teorías conspirativas de todo tipo.


En el marco de esta coyuntura, por tanto, la cooperación internacional fracasó rotundamente, dando paso a las estrategias geopolíticas, los intereses comerciales y el fortalecimiento de los nacionalismos. La acaparación de millones de dosis de vacunas por parte de los Estados más ricos, las cláusulas abusivas de algunas farmacéuticas en la negociación de los contratos con los gobiernos de países periféricos y el fracaso del mecanismo Covax (9) son evidencias contundentes de lo afirmado. Pero también lo es el cierre de fronteras, la deportación de migrantes, o la falta de acceso a servicios de salud para personas sin seguro médico en plena pandemia.


Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, globalizado, y por más que algunos se empeñen en cerrar sus fronteras, los virus y las enfermedades no las conocen. Condición fundamental para superar esta crisis (y las que vengan) es con una redefinición de la gobernanza mundial, para lo cual es imprescindible el fortalecimiento del multilateralismo, la reforma del sistema de Naciones Unidas, el respeto de los pactos, tratados y declaraciones internacionales y la creación de mecanismos de coordinación efectivos y, sobre todo, que estos organismos no respondan a otro interés que no sea “Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”, como establece el artículo 1 inciso 3 de la Carta de Naciones Unidas. Si de la pandemia hablamos, esto nos lleva a poner el foco en el desempeño de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

3. El rol de la OMS: tanto en la epidemia de Influenza H1N1, en el brote de Ébola de África Occidental (2014-2016), como en la actual pandemia, la actuación de la OMS quedó envuelta en fuertes polémicas, cuestionamientos y críticas. Circunstancias que no pueden pasar desapercibidas ya que para los pertenecientes al sector salud, la OMS es siempre una referencia técnica, sus documentos, informes, estudios e investigaciones suelen ser de mucha calidad, así como la labor de sus funcionarios y expertos. Respecto a su rol de proporcionar soporte técnico, liderar la investigación en el campo de la salud y establecer servicios de información (sobre todo epidemiológica y estadística) poco hay que cuestionar, a pesar de debates intelectuales, académicos o clínicos surtidos en temas puntuales. Sin embargo, es en su rol de “actuar como autoridad directiva y coordinadora en asuntos de salud internacional” (10), donde se cristalizan serios problemas de gobernanza e independencia que la afectan.


La Asamblea Mundial de la Salud, parte de la Asamblea General de NNUU y constituida por los Ministros de Salud de los Estados miembros, es el órgano del cual depende la OMS. En el medio aparece el Consejo Ejecutivo, compuesto por “34 miembros técnicamente cualificado en el campo de la salud”, con la función de dar efecto a las decisiones y políticas de la Asamblea General. Quiere decir esto, que la labor de la OMS está supeditada a este Consejo Ejecutivo, conformado por unos “expertos” propuestos por la Asamblea General. Y es aquí donde se ve afectada su independencia, ya que este Consejo suele estar compuesto por personas que representan diferentes poderes e intereses, entre ellos los de las farmacéuticas, la industria médica, los seguros de salud y los fondos de inversión o fondos buitres (cada vez más influyentes e interesados en el sector de la salud). Luego, cuando llegan las crisis y las grandes decisiones, como defender el acceso universal a este derecho, los sistemas de salud públicos y gratuitos, la atención primaria, la liberación de las patentes de los medicamentos, la OMS no puede sostener sus conceptos técnicos a la hora de defender y cuestionar las políticas de salud implementadas por los gobiernos, en muchos casos funcionales a la lógica del capital y de los mercados de salud.


Quedan así evidentes, entonces, los conflictos de intereses existentes a su alrededor por ejemplo entre su mandato de dar asistencia técnica a los ministerios de salud de acuerdo a las decisiones de la Asamblea General, y su responsabilidad de velar por el goce del grado máximo de salud como derecho fundamental de las personas, lo cual en muchas ocasiones requeriría posiciones más críticas y un rol más activo en el monitoreo del acceso efectivo a los servicios médicos y el respecto por el Derecho a la Salud como lo establece la Resolución General 14 (2000) del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (11).


En pro de ello ganaron espacio reformas, como la “Programática de 2011 (12)” o los “WHO-Emergency Medical Teams” (13), incorporados a partir de la crisis del ébola para dar más capacidad operativa a la OMS. Sin embargo, son indispensables reformas más profundas, que garanticen mayor autonomía, independencia (para lo cual la independencia financiera es fundamental) y autoridad para imponer a los Estados la aplicación del Reglamento Sanitario Internacional (14). Es necesario reconsiderar la gobernanza y sus órganos de control, brindar más autonomía respecto a la Asamblea Mundial de la Salud y democratizar el funcionamiento del Comité Ejecutivo dando más participación a las Asociaciones e Institutos de Salud Pública, gremios, colegios y sindicatos de la salud, academia, universidades y grupos de científicos e investigadores, sociedad civil y organizaciones no gubernamentales, organizaciones de pacientes y veeduría ciudadana en general.

4. Fortalecer los sistemas de salud: a priori esta afirmación parece obvia, ya que en la mayoría de los casos los propios Ministerios de Salud de los países más afectados declararon no disponer de la capacidad para responder a la pandemia. Pero vale preguntar, ¿qué hace falta fortalecer de los sistemas de salud?


Como se recordará, durante meses el objetivo fue “aplanar la curva de contagios” para preparar los sistemas de salud y evitar su colapso. En la mayoría de los casos la preparación se basó en la adquisición de respiradores, el aumento de la disponibilidad de camas, la apertura de centros de aislamientos, que casi nunca se utilizaron. La preparación fue fundamentalmente “hospital-céntrica”, de acuerdo al enfoque médico curativo hegemónico que prioriza la atención individual de la enfermedad sobre el cuidado colectivo de la salud. Esta estrategia de respuesta medicalizada demostró no responder a las necesidades de salud de la población, tampoco contuvo los contagios, ni evitó el colapso de los hospitales que, además, durante meses suspendieron servicios no relacionados con la atención al covid-19, generando un problema de salud pública que en términos de morbilidad y mortalidad podría ser tan grande como la propia pandemia.


Sin embargo, en la historia de la salud pública lo aprendido es que la respuesta frente a las epidemias está en la comunidad, en cortar la cadena de trasmisión de la infección, identificar los focos, reconocer comportamientos sociales y culturales que facilitan los contagios, promover medidas de higiene y salubridad, todo lo cual requiere recuperar la atención primaria de salud conforme a los compromisos, principios y valores de la Declaración de Alma Ata de 1978 (15). Esto es, una salud, como Derecho y en el centro de la política, enfocada en las personas y las comunidades, a partir de un enfoque intersectorial y participativo basado en la prevención y la promoción de la salud, sistemas de vigilancia epidemiológica robustos, la reorganización de los cuidados con base en el territorio, garantizando el funcionamiento de redes integrales de salud, a través de equipos polifuncionales y multidisciplinarios.


Una vez pasada la pandemia, los tomadores de decisiones tendrán que evaluar hacia dónde dirigir las políticas de salud y cómo asignar recursos para lograr su fortalecimiento. Sin duda, la atención primaria es fundamental para que, en el futuro, de producirse nuevas epidemias, su impacto sea mucho menor que el del covid-19, sobre todo en términos de vidas perdidas.

5. Democratizar la industria farmacéutica y el complejo médico industrial. En el marco de la pandemia los Estados y organismos internacionales entregaron a través de subvenciones y contratos más de ocho mil millones de euros para acelerar la búsqueda de una vacuna y tratamientos contra el virus Sars-cov-19, destinaron recursos a apoyar la investigación, poner en marcha ensayos clínicos, mejorar la tecnología y capacidad de producción de las fábricas pertenecientes a los grandes laboratorios privados.


Es así como durante 2020 se registraron más de 1.000 ensayos clínicos relacionados con el covid-19, obteniendo en tiempo récord una vacuna, así como su producción, distribución y aplicación en plazos no vistos antes. Sin embargo, y a pesar del financiamiento público, los laboratorios lograron conservar los derechos de propiedad intelectual de la vacuna, un obstáculo real para la inmunización de millones de personas en todo el mundo. Al mismo tiempo, estos Estados, que son los más ricos del planeta, ejercieron un derecho de preferencia asegurando la compra de dosis suficientes como para vacunar hasta 3 veces su población. En cambio, para el resto de los países el acceso al inmunológico es limitado, por lo que se estima que durante 2021 en los países periféricos solo 1 de 10 personas tendrá acceso a vacunación contra la covid-19.


Uno de los puntos más oscuros en el reparto de vacunas ha sido la imposibilidad de conocer las condiciones en la que los gobiernos y las farmacéuticas negociaron su compra, ya que estas últimas impusieron cláusulas de confidencialidad. Sin embargo, se filtraron las condiciones abusivas impuestas o pretendidas por estas, sobre todo en algunos países latinoamericanos, como denunciara el Ministro de Salud de Argentina (16) de la farmacéutica estadounidense Pfizer.


Una realidad que llevó a Sudáfrica e India, con el apoyo de otros 62 Estados, a presentar una propuesta a la Organización Mundial del Comercio para suspender temporalmente, mientras dure la pandemia, las patentes de las vacunas, tratamientos y medios diagnósticos relacionados con la covid-19 (17), medida que permitiría la transferencia de conocimientos, tecnologías y capacidad para producirla masivamente en un gran número de países y facilitar así el acceso universal a la inmunización colectiva, propuesta que lamentablemente fue rechazada por la mayoría de los países del norte, protegiendo los intereses de la industria farmacéutica y, quizás en algunos casos, utilizar la vacuna con fines geopolíticos para fortalecer alianzas.


Esta carrera por acaparar vacunas también llevó al fracaso al mecanismo Covax propuesto por la OMS para promover el acceso equitativo al inmunológico, de manera que para el pretendido de distribuir 2000 millones de vacunas entre países en vías de desarrollo y poblaciones en situación de vulnerabilidad, solo ha logrado proveer unos pocos millones de dosis.


Una realidad de avaricia, egoísmo, injusticia e inequidad en la puja global por el acceso a la vacuna que desnuda el tremendo poder de la industria farmacéutica, y cómo este poder incide en la salud de las personas, decidiendo en función de sus intereses económicos qué se investiga, qué medicamentos se producen, a qué precios y con qué condiciones. Incluso en las decisiones médicas, como lo veremos un poco más adelante.


La pandemia, también concita a sanear el modelo de investigación y producción de los medicamentos. Desde organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil, colectivos de pacientes, instituciones científicas y universidades, entre otros actores, toman cuerpo diferentes campañas, iniciativas y acciones que más o menos coinciden en sus reivindicaciones, entre ellas:

• Transparencia en los precios reales de los medicamentos, diferenciando costos de fabricación y costos de I+D (Investigación + Desarrollo), así como en las condiciones de negociación de los contratos.
• Información accesible respecto a los ensayos clínicos con datos técnicos detallados, financiación de los estudios, declaración pública y precisa de los conflictos de interés
• Establecer criterios de interés público en la investigación y producción de medicamentos financiados con fondos públicos, preservando su propiedad intelectual y priorizando el acceso a los mismos por parte de los pacientes.
• Regulación y control del precio de los medicamentos, así como potenciar la producción pública de genéricos e insumos médicos.
• Liberar las patentes con fines humanitarios, como en el caso del covid-19, pero también extensible a otros medicamentos como los tratamientos antirretrovirales.

6. Más investigación al servicio de la ciencia y no del capital: Actualmente, la investigación en salud, la toma de decisiones clínicas, así como los procedimientos, protocolos y guías médicas que aplican hospitales, clínicas e instituciones prestadoras de servicios de salud de todo el mundo, incluyendo a la OMS, descansan en la “Medicina basada en la evidencia –MBE–”, potenciada en los años 80 como una propuesta para mejorar la aplicación en la clínica del conocimiento surgido de la investigación.


La MBE se define como un proceso cuyo objetivo es el de obtener y aplicar la mejor evidencia científica en el ejercicio de la práctica médica cotidiana (18). Durante muchos años, esta medicina impulsó la investigación y posibilitó el desarrollo de nuevos tratamientos, medicamentos y tecnologías; y sobre todo facilitó la utilidad de estos conocimientos en las decisiones médica del día a día como una fuente permanente de consulta de los profesionales a través de las revistas científicas y los intercambios en congresos, seminarios y sesiones clínicas.


Digamos que hasta ahí todo iba bien, hasta que la industria farmacéutica se apropió de la MBE, y comenzó a financiar estudios, investigaciones, congresos, como estrategia exitosa para promocionar y vender sus productos. Con los recursos provenientes de la industria, la investigación clínica se disparó, así como el conocimiento, la tecnología y el gasto en salud. Tanto es así que el tipo de publicación más respetado en la actualidad es la del metaanálisis que en lo fundamental consiste en investigar trabajos ajenos, dejando de lado tradicionales virtudes de la investigación médica tales como observación, raciocinio (que es pariente cercano del sentido común) y, sobre todo, paciencia, y esto último porque en la actualidad es necesario publicar hoy, sin poder esperar 5 o 10 años para observar los resultados. Una contradicción que, por supuesto, llevó a los defensores de la medicina basada en la evidencia a resaltar la plena vigencia el criterio clínico, individual, de cada médico… pero incluyen la opinión experta en el nivel 4 (el más bajo) de la escala de niveles de evidencia (Oxford Center for Evidence-Based Medicine Grading System).


Un proceso dinámico. La investigación con base en la MBE propone diferentes metodologías tales como estudios de casos y control, estudios de cohorte, ensayos clínicos aleatorizados y controlados y metaanálisis. Mientras más grande sea la población que participa en el estudio, y más se extiende en el tiempo, se dice que mayor la calidad y fiabilidad de la investigación. Claro, sacar adelante este tipo de investigación requiere de grandes inversiones de fondos y, por ende, la necesidad de contar con un sponsor que patrocine el estudio. Y aquí es cuando aparece la industria farmacéutica financiando la investigación en medicamentos o tecnologías sobre los cuales espera tener un retorno financiero futuro. Si bien existen otras fuentes de financiación, como subvenciones públicas o fundaciones filantrópicas, normalmente es la propia industria la que aporta los fondos para los estudios de sus futuros clientes, porque claro, las compañías se reservan los derechos de propiedad para la producción de los fármacos que unas vez aprobados, los médicos recetarán a sus pacientes. El círculo se cierra.


La investigación en ciencias de la salud sigue entonces enfocada sobre todo en el desarrollo de nuevos tratamientos para muchas enfermedades, especialmente crónicas, que son las que tienen mayor prevalencia en los países desarrollados y en los sectores poblacionales más ricos, y que culminan por lo común en la rápida aparición de nuevas drogas, generalmente muy caras, de uso prolongado, y no siempre de eficacia significativa. Hay ejemplos de drogas oncológicas que, a un costo de 50.000 dólares mensuales, obtienen una mejora en la sobrevida de ¡tres meses!
Entonces no siempre se investiga lo que se considera prioritario en términos de salud pública, sino lo que el sponsor quiere que se investigue. Esto es particularmente cierto con respecto a las vacunas, habiendo algunas que demoraron décadas en conseguirse, otras que hasta ahora no han aparecido (por ejemplo, contra el VIH o la Malaria), o, en el otro extremo, la velocidad con que aparecieron otras, siendo el ejemplo más reciente las avaladas contra el coronavirus. En este caso, llama la atención el doble rasero a que acudieron para permitir una aplicación laxa de los procesos para el desarrollo de la vacuna, frente a la estricta rigurosidad exigida a los ensayos clínicos para la aprobación de algunos tratamientos, casualmente muchos de ellos de bajo costo.


Si bien la MBE parece haberse consolidado en el marco de la pandemia, cada vez aparecen más críticas sobre su utilidad, y sobre sus fines. Probablemente la MBE no sea una mala herramienta, si se la combina con el criterio clínico en la atención individual, y con los postulados de la salud pública y la vigilancia epidemiológica en los colectivos. Y, sobre todo, si sus mecanismos respondieran a la ética, a la ciencia, a mejorar la calidad de vida de las personas y las comunidades. Si así fuera, seguramente hubiera un reparto más balanceado y democrático en los fondos destinados para I+D , balanceando la financiación de medicamentos y tratamientos de alta demanda, es decir de enfermedades crónicas en los países ricos; y se dispondría de mayores fondos para la investigación de enfermedades infecciosas, enfermedades olvidadas (como el mal de Chagas que sigue afectando a miles de personas en Latinoamérica) y la investigación social para la prevención de enfermedades y la promoción de hábitos de vida saludables.

7. Declaración de crisis humanitaria vs. estado de emergencia: Una crisis humanitaria es una situación de emergencia en que se ven amenazadas la vida, salud, seguridad o bienestar de una comunidad o grupo de personas en un país o región. Se caracteriza por la ruptura de la normalidad y la desorganización de un sistema, incluso afectando la capacidad de respuesta institucional. Entre sus causas están los desastres naturales, las guerras, los desastres ambientales como las sequias, y las epidemias. Este concepto pone a las personas en el centro de la respuesta, y su objetivo es salvar vidas, aliviar el sufrimiento, restituir derechos y respetar la dignidad humana. Algo contrario al estado de emergencia (sanitaria en este caso) que es uno de los estados de excepción (los otros dos son conmoción interior y estado de guerra) contemplado por el ordenamiento jurídico de Colombia y de casi todos los países que lo han declarado.


La declaración del estado de excepción da al poder ejecutivo, presidente y ministros, poderes especiales para derogar procedimientos jurídicos y gobernar por medio de decretos con fuerza de ley. Claro que esta declaración también debe estar sujeta a determinados controles, como la vigencia y que los decretos que se dicten estén relacionados con la calamidad que desata la declaración. Sin embargo, durante la pandemia muchos de estos controles no fueron posibles por las propias medidas de bioseguridad, especialmente el aislamiento social obligatorio.


Una realidad que en muchos países permitió a sus gobernantes un poder excesivo y permitió a gobiernos que venían debilitados, con poco respaldo social y parlamentario, imponer medidas que de otra forma no hubieran logrado. Esta forma de gobernar no contribuyó ni a la búsqueda de consensos entre todas las fuerzas políticas, ni a una buena coordinación entre diferentes niveles de gobierno (sobre todo de diferentes espacios políticos), ni a ganar la confianza y ni la confianza de la sociedad, tan importante en la pandemia. Por el contrario, gobernar la crisis a través de decretos, crispó los ánimos sociales, polarizó el arco político, y alimentó las teorías conspiratorias antipandemia.


De manera contraria, la acción humanitaria cuenta con mecanismos de coordinación frente a crisis y emergencias, experiencia en comunicación en emergencias y participación comunitaria, y otros elementos que podrían haberse aprovechado para hacer una mejor gestión de la crisis colocando en el centro de la respuesta gubernamental a la vida de las personas, su dignidad y sus derechos.


Ha transcurrido un año de pandemia, las lecciones son muchas, los aprendizajes están en desarrollo, también los retos. Lo cierto es que la pandemia desnudó los intereses que existen en torno a la gobernanza global en salud y la práctica medicina, y que afectan el goce del Derecho a la Salud de millones de personas en todo el mundo. ¿Tendrán las sociedades, como un todo, capacidad para hacer girar la ruta hasta ahora seguida por multinacionales y gobiernos para enfrentar esta crisis?

1. A fecha 8 de marzo de 2021.
2. El 31 de diciembre de 2019.
3. Zygmunt Bauman (1925-2017) sociólogo polaco, utiliza mundo líquido para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos.
4. Aldous Huxley (1894- 1963) escritor y filósofo británico, dio el nombre de «soma» a la droga que tomaban los personajes de su novela Un mundo feliz –publicada en 1932–, con la que lograban tranquilizarse, olvidar los problemas y evadirse de la realidad cuando lo necesitaban.
5. La definición de cronicidad hace referencia como la cualidad, índole o característica de lo crónico que se refiere de una enfermedad de una duración prolongada, de una dolencia de manera frecuente o que procede de un tiempo atrás o en el pasado.
6. Diccionario Humanitario HEGOA: La rehabilitación es un proceso de reconstrucción y reforma después de un desastre, que sirve de puente entre las acciones de emergencia a corto plazo y las de desarrollo a largo plazo, con las cuales puede en parte solaparse. Su cometido consiste en sentar las bases que permitan el desarrollo, aprovechando la experiencia y resultados del trabajo de emergencia previamente realizado.
7. En algún momento llegará el turno de sacar lecciones aprendidas y volver a pensar en qué propició la pandemia, en porqué se propagó tan rápidamente, en porqué no se contó con la preparación requerida a pesar de que los científicos la habían advertido, en porqué colapsaron los sistemas de salud, en porqué se enfermaron y murieron en mayor proporción los pobres, y en porqué en algunos países la pandemia afectó más que en otros.
8. https://www.who.int/es/initiatives/act-accelerator/covax
9. https://www.who.int/governance/eb/who_constitution_sp.pdf
10. ONU: Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR), Observación general N.º 14 (2000) : El derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud (artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).
11. https://www.who.int/dg/reform/es/
12. https://www.who.int/emergencies/partners/emergency-medical-teams
13. WHO Reglamento sanitario internacional (2005) : 3ª ed.
14. https://www.paho.org/hq/dmdocuments/2012/alma-ata-1978declaracion.pdf
15. https://www.telam.com.ar/notas/202102/543529-pfizer-se-porto-muy-mal-con-el-gobierno-aseguro-gines-gonzalez-garcia-a-diputados.html
16. https://www.msf.es/actualidad/india/india-y-sudafrica-piden-que-no-haya-patentes-medicamentos-ni-herramientas-covid-19
17. Guyat G. Preface. En: Guyatt G, Rennie D (eds.) User’s Guide to the Medical Literature. Essentials of Evidenced Medicine Clinical Practice. AMA Press, EE.UU. 2002

* Coordinador General Médicos del Mundo Francia en Colombia. MPH Salud Pública, MSC Acción Humanitaria y Solidaridad Internacional, diploma de especialización en evaluación de sistemas de salud.

 

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Publicado enColombia
Lunes, 27 Diciembre 2021 06:27

MÁS LEÍDO 2021: Conexión solitaria

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En un mundo en pandemia, la conectividad se nos presenta como una aliada, pero ¿qué sucede cuando ésta contribuye al ensimismamiento y desarticulación de las personas y de los movimientos sociales?

 

La aproximación de las hermanas Wachowski en su obra Matrix (1999) resultaba como una interesante analogía a conceptos como hegemonía y alienación, no obstante, se encontraba enmarcada en un futuro distópico y oscuro, el cual por más que desde lo conceptual resultase pertinente, no obedecía completamente a la realidad de aquel entonces. Hoy día, habiendo asistido a las más estrictas etapas del confinamiento y sus flexibilizaciones, todo parece reencausar su rumbo en la medida que más gente sea vacunada. Así parece, pero la sociedad del encierro aún no acaba, pues algunos sectores sociales encontraron en el confinamiento soluciones inesperadas que difícilmente abandonarán, aproximándose así a la sociedad propuesta en el filme ya mencionado: cada quien en su cápsula.

La crisis por coronavirus llegó al mundo en un momento de múltiples transformaciones y eventos coyunturales; el estallido de movimientos sociales a nivel mundial se erigió como una tendencia generalizada para finales de 2019 con colectivos estudiantiles y feministas copando las calles para exigirle respuestas a gobiernos que sistemáticamente desconocen derechos y obvian sus obligaciones. Chile, Francia, Hong Kong, Argentina y Colombia eran algunos de los lugares donde el activismo social no daba espera, en ciudades como Bogotá confluían varios sectores de la resistencia social los cuales parecían fortalecerse entre protestas.

En el caso colombiano el denominado Paro Nacional tuvo una merma en su movilización debido a las fiestas de fin de año, pero todo parecía indicar que las protestas retornarían en marzo de 2020, cosa que no pudo ser pues el covid-19 llegó para ser más tajante que cualquier guardia antimotines, más poderoso que carabineros o el Esmad; en cuestión de semanas las calles pasaron de estar atiborradas de protestantes enardecidos a quedar desiertas.

Junto con la cuarentena llegaron múltiples implicaciones, además de las medidas de autocuidado, el teletrabajo se instituyó como esquema dominante en el sector formal del empleo pues en su momento 98 por ciento de las empresas en Colombia optó por estas medidas, de las cuales el 76 por ciento le aseguraron a Acrip (Federación Colombiana de Gestión Humana) que seguirán empleando esta modalidad al menos dos días de la semana cuando las medidas de aislamiento sean levantadas, incluso entidades como el Banco de Bogotá aún no recurren siquiera a la alternancia en algunos de sus sectores de trabajo.

Es así como se empieza a construir un panorama donde es posible evidenciar que muchas empresas encontraron en el teletrabajo un método con menos responsabilidades para con sus empleados y con mayor rendimiento en la productividad por parte de los mismos. Según la firma NordVPN (proveedor de servicios de red privada virtual personal) la jornada laboral se incrementó en un 40 por ciento pues muchas barreras que antes establecía la presencialidad se ven diluidas en tiempos de teletrabajo, donde el espacio personal es invadido por tensiones que antes no existían en tal espacio. La metáfora del cable de la Matrix se hace latente en esta nueva realidad.


Ocio en casa

–Hay quien no tiene para pagar los juegos de vídeo, pero esa necesidad la puede llenar viendo a otro jugar en línea, expone Cristian Medina, joven bogotano que a raíz de la cuarentena optó por emprender como streamer de videojuegos, luego de no obtener respuesta buscando trabajo por medios convencionales. Su jornada es de casi ocho horas, cual horario laboral, pues debe preparar los equipos, gestionar sus redes y hacer auto pauta para posteriormente jugar hasta la saciedad mientras lee comentarios de usuarios en línea y recibe aportes voluntarios de aquellos que deseen apoyarlo.

Plataformas como Twitch, únicamente enfocada al stream de videojuegos en vivo, creció exponencialmente durante 2020 pues el numero de sus usuarios se incrementó en un 83 por ciento, además de que tuvo 17.000 millones de horas de contenido que fueron vistas por sus usuarios.

Entretenimiento ampliado. En el transcurso del 2020 Netflix alcanzó cifras históricas pues superó la barrera de los 200 millones de suscriptores. No hace falta decir que la pandemia le dio un “leve” empujón pues con la mayoría de las clases medias encerradas encontraron en el consumo de cine y de series una forma de descansar de sus sobrecogedoras rutinas en casa. Es la cotidianidad del encierro: en las mismas pantallas en las que se trabaja también se pasa tiempo de ocio, y sin necesidad de salir de casa o relacionarse con otras personas.

Se evidencia así como teletrabajo como entretenimiento vía streaming cumplen la misma función de mantener aisladas a un gran segmento social, bien sea teniéndolos ocupados con trabajo o entretenidos con series y videojuegos en línea. En su mayoría de clase media, esta gente tenderá a comprender su realidad sin ir más allá de las cuatro paredes que representan su hogar, interiorizando así discursos como el “quédate en casa”, que refuerzan conductas negativas hacía el otro y el vivir en comunidad. Un guiño más a una realidad hiper individualizada donde muchos cables interconectados son los que programan nuestra realidad.


Cuestión colectiva

¿Romperán el cable quienes quedaron a él sujetos? Difícil, por el lado del trabajo, posible con el entretenimiento, pero deberán pasar varios meses de “normalidad” para comprobar el resultado final: permanecer en el aislamiento y la individualización, protestando vía e-mail, o recuperar el ser gregario que nos caracteriza como humanidad.

Los gobiernos y los factores de poder en el mundo abogarán por un consumo cultural cada vez más intenso, ¿podrán estimular un actuar colectivo repontenciado los sectores alternos, uno que llene las expectativas acumuladas por millones en estos meses de encierro y que atraiga hacia la calle y la protesta postergada por la pandemia?

El pasado 8 de marzo los movimientos feministas mostraron que sí es posible el reencuentro y la acción colectiva, ¿qué sucederá con el resto? Docentes y estudiantes tendrán en algún momento que volver a las calles, ¿podran resistir una protesta prolongada, como la que parecía asomarse en noviembre de 2019? ¿Qué será de una dirigencia sindical que no ha regresado por sus puestos de labor?

Y en cuanto a la víbora que en forma de cable adopta la etiqueta de ‘teletrabajo’ o ‘entretenimiento en casa’, ¿qué papel jugarán las clases medias en la resistencia social cuando el plan de vacunación continúe avanzando? ¿Volverán a las calles abanderadas y jugando un rol protagónico como en noviembre del 2019? ¿O permanecerán esteriles y atrofiadas por las abolladuras de la pandemia? Solo el tiempo lo dirá, pero lo cierto es que el sofá de la sala se hizo cada vez más acogedor entre cuarentenas.

Afronta el activismo social retos mayúsculos, ligados a la comprensión de las nuevas tecnologías, a las novísimas formas de control social, a las renovadas formas el poder. No es solo deseo de oponerse y soñar con otra sociedad, hay que saber por dónde navegar para que el esfuerzo sea efectivo, no solo semántico. Hay que salir de Matrix.

Enlaces:
https://blog.acsendo.com/cifras-teletrabajo-en-colombia/#:~:text=Las%20cifras%20m%C3%A1s%20importantes%20del%20teletrabajo%20en%20Colombia,-Laura%20Albarrac%C3%ADn&text=Desde%20el%202012%20hasta%20el,del%20Teletrabajo%20en%20Empresas%20Colombianas’
https://www.xataka.com.mx/streaming/netflix-alcanza-cifras-historicas-2020-supero-barrera-200-mil-usuarios-razones-pandemia-the-crown
https://forbes.co/2020/12/10/red-forbes/que-dice-la-gente-del-teletrabajo-para-el-2021/

 

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Sábado, 25 Diciembre 2021 07:28

MÁS LEÍDO 2021: Con brillo en los ojos

Graciela Gómez (Cortesía de la autora)

Como un tsunami, todo sucede ante nuestros ojos y con estupor pero no alcanzamos a reaccionar y la avalancha nos lleva hacia donde sus energías decidan; pataleamos, intentamos nadar para no ser llevados a las profundidades pero poco logramos. Nos hundimos, resistimos y el esfuerzo de todo nuestro cuerpo finalmente permite que flotemos. Ahí estamos, exhaustos, con la cabeza que de nuevo logra inhalar aire y así los agotados pulmones descansar; aguantamos, observamos, vamos llevados por el oleaje al tiempo que reflexionamos sobre qué hacer, sobre cómo impedir que las olas den cuenta de nuestra humanidad y al final logramos que la marea nos arroje a la orilla.


Con el covid-19, así estamos, como náufragos pero vivos. Aún.


Las aguas bajan un poco su potencia pero los vientos golpean ahora con fuerza, barriendo todo aquello que ha quedado fracturado. Casi desnudos, buscamos un refugio donde aguantar; nos protegemos; a los días, maltrechos, nos atrevemos a salir y reconocer el entorno. Observamos y comprobamos que hasta lo que considerábamos que resistiría el azote de los más fuertes huracanes está por el piso. Toca (re)construir todo –pensamos–, es un reto inmenso, pero hay que asumirlo, es la realidad. Ahora, sin tiempo que perder, corresponde levantar sobre nuevos cimientos lo derruido, sin contemplaciones, sin añorar las ruinas que van pisando nuestros pasos; construir, más que reconstruir, sobre nuevos planos, desechando los hasta hoy plasmados, fundir nuevas estructuras con la forma, cuerpo y dinámica dibujadas por los sueños de quienes estaban obligados a soportar como lastre lo antes existente.


Aguantamos. El estupor continúa acompañándonos pero no nos impide detallar el entorno ni ir comprendiendo lo que sucede. Estamos solos pero sabemos que contamos con una oportunidad para salir de la catástrofe: debemos buscar a otras muchas personas que con seguridad también han sobrevivido, debemos unir fuerzas y como sociedad impedir a toda costa quedar aislados, debemos pensar y actuar como comunidad, nunca más como simple individualidad, centrados en nuestros cortos intereses y necesidades, y así diseñar con todas las manos e imaginaciones la sociedad que queremos y la manera de hacerla realidad.


La oportunidad es única, pensamos, a pesar del dolor que nos aflige, en medio del marasmo al ir encontrando a nuestro paso, lento y temeroso, los cuerpos de familiares, amigos, conocidos y otros que no contaron con la fuerza corporal suficiente para salir airosos de este trance. Antes ya habían fallecido otros más al verse huérfanos de una verdadera red pública de salud que nos atendiera a plenitud. Las estructuras derruidas no nos causan pesar; su destrucción nos permite observar sin barniz alguno cómo estaban construidas, detallando los materiales usados en su estructuración, y de esta manera comprobar que estaban edificadas para servir los intereses de unos pocos y, por tanto, para el desfavorecimiento de los más. Es cierto: no hay pesar por la estructura en ruinas, pues su peso y su forma en realidad nos ahogaba, nos oprimía, nos negaba, impidiendo el encuentro social.


Continuamos el pausado recorrido, tropezando aquí y allá con bloques de cemento que nos obligan a retroceder y buscar otra ruta. En uno y otro lugar de nuestro recorrido, debemos vadear grandes pozos repletos de agua, así dejados por las furibundas aguas que batieron todo a su paso. Seguimos y vamos ganando claridad en nuestra mente. Nos llegan recuerdos no lejanos que nos permiten percatarnos de que ahora estamos ante la destrucción pero que en realidad, desde hace algún tiempo, los embates de grandes vientos estaban fracturando todo aquello que creíamos eterno.


En efecto, pensamos que el tsunami llegó con mucha fuerza, pero su destructora labor fue favorecida, con anterioridad, por fuertes vientos, temblores que no llegaban a terremotos, inundaciones propiciadas por ríos salidos de su cauce, derrumbes de cuerpos montañosos que fracturaron carreteras y puentes. En fin, hubo un antes que posibilitó la destrucción que paso a paso seguimos contemplando.


El covid-19, sí, la pandemia, pero desde antes nuestra estructura social estaba conmovida en todos sus entretejidos. Nuevas tecnologías estaban horadando la cotidianidad, así como el uso de nuevos materiales bioquímicos, biogenéticos; como otros que fueron dándoles vida a nuevas técnicas, en muchas ocasiones microscópicas, y con ellas permitiendo la irrupción de fenómenos comunicativos, novísimas formas de entrelazarnos y organizarnos como cuerpo social, en tiempo real, concentrando en un solo dispositivo que antes obligaba a la existencia de múltiples aparatos. La transformación del planeta –que antes nos parecía inmenso– es de tal magnitud que ahora la Tierra llega a nuestras retinas como una aldea.


Todo ello acontecía ante nuestros seres. En realidad, estábamos zarandeados en todas nuestras estructuras, mareados por la intensidad de lo que ocurría, pero nos aferrábamos a supuestas seguridades para no caer. Mas los efectos de todo ello ya habían roto, por ejemplo, el mundo del trabajo, arrojando al desempleo a millones de personas, desde entonces desnudos, viviendo a la intemperie y tratando de sobrevivir por cuenta propia, sin la protección de una institucionalidad que les permitiera incorporarse a otras formas de hacer y ser. El individualismo impuesto por el modelo social, económico, cultural, político, que imperaba (y así continuará siendo a pesar de las ruinas, siempre y cuando no encuentre sus sepultureros), solo les brindaba esa opción.


Es cierto, pensamos: en el pasado inmediato hubo una estructura de dominio que facilitó la destrucción que contemplamos. Fueron años durante los cuales fuertes vientos y lluvias, en ocasiones torrenciales, ablandaron todo, obligándonos incluso a cambiar partes no despreciables de nuestra cotidianidad, trabajando, por ejemplo, más de las ocho horas/día, corriendo de un trabajo a otro en el afán de reunir unos pesos más con los cuales cubrir de mejor manera la precaria existencia, sin derecho al goce ni la contemplación, unos pesos más para ponernos al día con el sistema financiero y así continuar en la burbuja de tener más de lo posible, resuelto todo ello individualmente, sin una institucionalidad común que nos abriera un horizonte colectivo, eficiente y de calidad para resolver lo fundamental: salud, educación, vivienda, alimento, transporte, recreación. El mensaje era claro: debíamos cambiar la forma de vivir y edificar un tipo de sociedad acorde con los cambios en marcha. En el viejo recipiente que teníamos ya no cabía el cuerpo que ahora había tomado forma.


Era aquella una decisión que para muchos no resultaba consciente; simplemente era el dejarnos llevar por la fuerza de la costumbre, la misma que aprovechaba el poder dominante, que controla, diseña y construye la estructura social que tenemos; que sí aprovechaba todos los cambios tecnológicos, producto de una nueva revolución industrial en marcha, la cuarta, para ahondar su potencial, su capacidad de dominio y de sometimiento, y con ello de control social.


La memoria va ubicándonos en su justo lugar. Caminamos, tratamos de no parar para que el frío y la humedad que cubre nuestro cuerpo no nos atrofie hasta destruirnos; sentimos el afán de nuestros órganos digestivos y sabemos que es necesario encontrar alimento para responder a su demanda, pero proseguimos, caminamos y vamos pensando.


En efecto, la destrucción venía desde antes, así como las tecnologías que permitían vigilarnos y controlarnos sin necesidad de otros miles de policías, uniformados o de civil; el registro era permanente y constante el fichaje. Ya nos habían advertido de ello Julian Assange, Edward Snowden y Chelsea Maninng.


Sorprendente todo ello. Habíamos perdido la privacidad, incluso la libertad, pero nada nos parecía anormal; hasta allá había llegado el potencial de lo que por décadas considerábamos un monstruo por batir, el Estado, cada día más interiorizado por la mentalidad colectiva en sus múltiples mecanismos; así como estaban interiorizados en sus variadas manifestaciones el poder y su microfísica. El dominio cada día era más sutil, y el covid-19 desató reacciones y formas de sobrevivir que multiplicaron en mucho lo que ya estaba en curso. El poder se hacía más asfixiante.


No podemos negarlo. Vivíamos ahogados, renunciando a derechos fundamentales que apenas unas décadas atrás habían movilizado a millones para su logro y su posterior defensa, con no pocas personas que habían brindado su vida para hacerlos realidad, y sin embargo el poder ahora los pisoteaba en múltiples formas, sin suscitar la reacción que se suponía despertaría.


¿Cómo había sucedido aquello? Tal vez la atomización social, estimulada por las formas que de modo lento pero con constancia habían adquirido nuestras ciudades –con sus barrios de otrora, territorios de encuentro y entrelazamiento social, transformados en conjuntos residenciales, sin memoria de lucha por el derecho a la vivienda, por un espacio público común, por servicios públicos de calidad–, lo habían favorecido; pero también la transformación de los parques y plazas, antes espacios de encuentro e intercambio humano y comercial, ahora convertidos en simples sitios de paso, reemplazados en sus funciones por esos no lugares llamados centros comerciales. Tal vez todo ello, además de otros muchos cambios, como los vividos en las fábricas que antes concentraban cientos e incluso miles de obreros, facilitando su encuentro y organización para plantar cara a la patronal y al gobierno por mejores salarios, por la reducción de la jornada de trabajo, por salario mínimo, por estabilidad laboral, por ejemplo.


Pero también las transformaciones vividas en el mundo de la cultura y que finalmente encerraron a cada cual ante la pantalla de televisión, ahora sin una fuerte oferta pública y sí privada, y luego ante la pantalla de la computadora, y tras pocos años ante la del móvil, tal vez todo ello y otros muchos sucesos que fueron presentándose e imponiéndose poco a poco, gota a gota, llevándonos a ser simples consumidores, facilitaron que la llegada de ese tsunami covid-19 arrinconara a la sociedad pero sin lograr que la misma comprendiera que, para evitar la aparición de nuevos tsunamis, está ante el indispensable reto de construir un cuerpo social totalmente diferente del aún existente, con fuertes diques que permitan el fortalecimiento de lo colectivo, la preeminencia de lo público no estatal, el reencuentro y el convivir con la naturaleza, el sentir y obrar a favor del conjunto humano, integrado como cuerpo, sin permitir que unos pocos dominen y amasen lo que es de todos pero que ellos han logrado apropiárselo, privatizándolo.


Caminamos. Para evitar la hipotermia, nos movemos en todo momento, también para distraer los afanes digestivos que a cada instante nos hacen sentir sus lamentos. Los recuerdos nos dan vuelta en la mente, el impacto de lo que seguimos viendo a nuestro paso nos permite confrontar pasado y presente, y pensar el hacer inmediato para un futuro indispensable.


Nos preguntamos ¿Es posible construir lo nuevo sin dar cuenta del pasado? ¿Cómo erigir las nuevas formas sin hacer común lo que hasta ahora nos fue arrebatado por el Estado, por un lado, pero por otro por los grandes conglomerados, por ejemplo, aquellos dedicados a la agricultura, al procesamiento y la comercialización de alimentos, a las farmacéuticas, a las comunicaciones?


¿Cómo lograr que la sociedad toda, que esos cientos y miles que hemos ido encontrando a nuestro paso, también confundidos, dolidos, desorientados, acepten la necesidad de discutir y decidir de manera colectiva cómo levantar nuevas estructuras sociales que sí protejan y velen por la totalidad que somos, sin permitir que unos pocos amasen fortunas que son, incluso, más de lo que pueden reunir y poner a su servicio cientos de millones de personas?


¿Cómo actuar sin renunciar a las nuevas tecnologías, a su potencial para hacer que la vida sea más llevadera, pero sin que la privacidad sea burlada por intereses particulares y supuestamente públicos que dicen protegernos? ¿Cómo hacer de verdad colectivos los múltiples saberes de la humanidad ahora privatizados, memoria colectiva de siglos de evolución, representados en formas de trabajar la tierra, en semillas que son la vida y la posibilidad de la diversidad, en la forma de procesar alimentos y de alimentarnos, sin perder el gusto por la diversidad de olores y sabores?


¿Cómo protegernos entre todos sin que alguien haga de la necesidad un negocio? ¿Cómo ser y vivir a plenitud, dejando a un lado el deslumbre por lo pasajero y superficial?


Los interrogantes van apareciendo con mayor frecuencia a medida que el encuentro con otros va dando paso al intercambio de ideas. Por unos minutos dejamos de caminar, tomamos asiento sobre pedruscos de irregular forma y compartimos ideas, lloramos por lo sufrido, pero nos regocijamos porque la vida deberá ser diferente. Soñamos, sabemos que no será fácil, que el peso de la costumbre es un lastre inmenso por superar, pero igualmente los infinitos canales de control y dominio que la vieja estructura, así esté en ruinas, tiene, controla y continúa afinando.


Los vientos bajan su intensidad, aunque no su silbido lastimero que por momentos despierta pánico en todo nuestro ser, trayendo un eco que nos hace temer por nuestras vidas, templando las fibras más íntimas del ser, motivando el aislamiento para de manera individual buscar solucionar lo que solo puede ser resuelto por la vía colectiva. “O todos o ninguno”, así lo había dicho hace décadas el poeta*.


Retomamos el camino. El frío no nos abandona, tampoco la incertidumbre, nos sentimos huérfanos, pero ya tenemos brillo en los ojos.

*Brecht, Bertolt, “O todos o ninguno”,
http://www.las2001noches.com/n145/

 

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Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.Foto Ap

En un devastador libro documentado con rigor, valiente y políticamente significativo, el humanista Robert Francis Kennedy Jr exhibe al encargado de manejar la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos, Anthony Fauci, como un "charlatán" interesado en millonarios negocios personales, que ha servido de bisagra entre un espinoso entramado de militarización global planificada y la monetarización de la medicina; un proceso de "demolición controlada de la democracia constitucional estadunidense", que conduce a un totalitarismo tecnocrático-digital y es llevado a cabo por la Big Pharma, el sector financiero, los gigantes tecnológicos oligopólicos de Silicon Valley y el complejo militar-industrial, incluyendo los servicios de inteligencia. En una alianza ideológica-intelectual con grandes conglomerados mediáticos, considerados algunos "independientes" y/o "progresistas".

Según Kennedy, el doctor Fauci −"el médico más poderoso y despótico de la humanidad"−, en lugar de salvaguardar la salud pública de EU, convirtió los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) en una incubadora de productos médicos y es el principal arquitecto de la "captura institucional" ( institutional capture) de las agencias de gobierno, incluidas las de salud pública, por las corporaciones oligárquicas de la industria farmacéutica.

Lo acusa, asimismo, de que asociado con el megamillonario Bill Gates participó en la creación de la "fiebre del oro de las vacunas" con estrategias antiéticas, utilizando simulacros de pandemia en colaboración estrecha con el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Foro Económico Mundial de Davos y las principales corporaciones farmacéuticas y mediáticas.

El autor de El verdadero Anthony Fauci. Bill Gates, las grandes farmacéuticas y la guerra global contra la democracia y la salud pública (Skyhorse Publishing y Children’s Health Defense) es sobrino del ex presidente John F. Kennedy –asesinado en Dallas, Texas, en 1963– y pertenece al establishment más privilegiado de EU. Abogado y miembro del Partido Demócrata, lleva cuatro décadas litigando en defensa de las instituciones del viejo New Deal de Roosevelt y la Carta de Derechos ( Bill of Rights) de la Constitución, que intentan ser capturadas por intereses oligárquicos-corporativos a través de lo que él llama "títeres de calcetín" (“sock puppets”).

Robert Kennedy Jr conoce a la perfección las entrañas del sistema. Como él mismo asevera y describe, su padre, el ex fiscal general de EU y luego senador Robert F. Kennedy, también fue asesinado. Éste en Los Ángeles, California, en 1968, por quien ese día le cuidaba la espalda: un hombre que trabajaba para la CIA, Eugene Cesar, quien le disparó cuatro veces a quemarropa. La investigación quedó a cargo de agentes de la CIA que operaban en América Latina, y antes del juicio fueron destruidas 2 mil 800 fotos recolectadas por la policía.

Según Kennedy, durante más de cuatro décadas Fauci ha sido un "agente" de la Big Pharma, cuyo entramado financiero involucra a grandes compañías fabricantes de fármacos y medicamentos con organismos estatales como el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) −del cual el propio Fauci es director desde 1984−, que se ha transformado en "una subsidiaria sin fisuras de la industria farmacéutica".

Sus señalamientos sobre el poder acumulado por Fauci están apoyados en datos duros: el director del NIAID es el funcionario federal mejor pagado de EU, con un salario de 417 mil 608 dólares anuales (el presidente gana 400 mil); maneja un presupuesto anual de 6 mil 100 millones y obtiene otros mil 600 millones del Ejército para realizar investigaciones sobre armas biológicas; controla 57 por ciento de la financiación biomédica mundial directa e indirecta a través de los NIH, la Fundación Bill y Melinda Gates y el Wellcome Trust, y por lo tanto controla a los científicos que buscan financiamiento para sus investigaciones; posee 57 patentes de vacunas. Además, Fauci y otros funcionarios reciben hasta 150 mil dólares anuales en pagos de regalías por productos que ayudan a desarrollar y por la ejecución del proyecto de aprobación.

En su documentada investigación, Kennedy acusa al principal propagandista y vendedor ambulante de vacunas Covid-19 del Deep State, de haber seguido estrategias antiéticas desde el comienzo de la llamada pandemia corona, desde la obstrucción de tratamientos tempranos hasta la promoción de "dos remedios mortales: los ventiladores y el remdesivir" de los laboratorios Gilead, a medida que las ganancias farmacéuticas y los poderes burocráticos crecían y la salud pública decaía. El remdesivir, con un perfil de seguridad catastrófico, y donde la Fundación Bill y Melinda Gates tiene una gran participación, cuesta 3 mil dólares por tratamiento.

De manera conjunta con su socio Bill Gates −y para acorralar a los estadunidenses hacia la inyección para Covid como solución única−, Fauci no invirtió un dólar para estudiar o promover el tratamiento temprano con combinaciones de medicamentos que podrían reducir drásticamente las muertes y hospitalizaciones, suprimiendo, saboteando y haciendo la guerra a profilácticos más baratos y no tóxicos de la competencia, como, entre otros, la hidroxicloroquina, la ivermectina, el zinc y las vitaminas D y C intravenosa, disponibles en el mercado.

Simultáneamente, en un asalto a la garantía de la libertad de expresión de la Primera Enmienda de EU, Fauci y las corporaciones mediáticas aliadas censuraron las críticas a sus políticas en las principales redes sociales y colaboraron para silenciar cualquier información médica sobre terapias y tratamientos que podrían poner fin a la pandemia y competir con inyecciones y vacunas (Ver: Tratamiento Zelenko; Association of American Physicians and Surgeons; FLCCC Alliance, etcétera).

Como refiere en su obra Kennedy, en 2000, Fauci se reunió con Gates, quien le pidió asociarse con los Institutos Nacionales de Salud para inocular al mundo con una batería de nuevas vacunas. En 2009, ese acuerdo se rebautizó como "La Década de las Vacunas", cuyo objetivo era implantar la vacunación obligatoria de todos los niños y adultos del planeta para el año 2020. Y desde 2016, eso iba de la mano con la Alianza ID2020 para una identificación digital universal, patrocinada por la alianza global para vacunación GAVI (Fundación Gates), Microsoft y Accenture, en asociación con la ONU.

En su libro, Kennedy afirma que el llamado capitalismo filantrópico de Bill Gates es utilizado por el magnate para acumular dinero: tiene una fundación en la que escondió 50 mil millones de dólares libres de impuestos, dinero que utiliza para controlar a las agencias de salud pública en EU y a la Organización Mundial de la Salud, lo que le permite establecer las políticas médica, farmacéutica y de salud pública mundial, maximizando los beneficios de su participación en grandes compañías del ramo.

Letales experimentos con niños

Sin embargo, Gates no atrajo a Fauci al lado oscuro de esta historia. Éste ya había pasado décadas jugando con la vida de las personas y sacrificando la salud pública por el beneficio. En particular, Kennedy expone el papel de Fauci en la epidemia de VIH en los años 80 del siglo pasado; construyó el NIAID en torno a un medicamento contra el sida llamado azidotimidina (AZT), un fármaco de quimioterapia tan tóxico que mataba a las ratas. El inventor consideró que no era seguro para uso humano y no lo patentó. Pero Fauci se asoció con él y aceleró su regulación haciendo trampa en los ensayos clínicos.

Según la revista SPIN, el AZT "era peor que la enfermedad y mataba más rápido que la progresión natural del sida si no se trata. El AZT había sido un medicamento contra el cáncer descartado debido a su toxicidad fatal, resucitado con los pacientes con sida con el pretexto de que de todos modos se iban a morir". Fauci saboteó tratamientos alternativos y el AZT fue el medicamento más caro de la historia: 10 mil dólares por un suministro de un año (su fabricación costaba 5 dólares por dosis); mató a unas 330 mil personas.

Kennedy también exhibe los experimentos del tecnócrata Fauci con medicamentos tóxicos contra el sida en niños adoptivos negros e hispanos del Incarnation Children’s Center de Nueva York. Al menos 85 murieron, pero el número podría llegar a mil. Escribe Kennedy: “¿Qué oscura tendencia se encuentra en el Dr. Fauci que permitió supervisar y luego encubrir las atrocidades en el Incarnation Children’s Center? ¿Acaso supone que el sufrimiento y la muerte de niños son daños colaterales aceptables en su ‘noble’ búsqueda de innovaciones en salud pública? En el peor de los casos, es un sociópata que ha llevado a la ciencia a la escala del sadismo”.

Kennedy establece comparaciones con la recomendación de Fauci de usar remdesivir para tratar el Covid-19. Dice que éste copió la estrategia para obtener la autorización del uso de emergencia que usó en el caso del sida y que repitió a lo largo de su carrera para obtener aprobaciones de medicamentos ineficaces y letales, y aunque ganó mucho dinero con el AZT, no se puede comparar con las ganancias de Pfizer con su inyección anti-Covid: 35 mil millones de dólares en 2021. Y a diferencia del AZT, Pfizer está absolutamente libre de riesgos y nunca podrá ser demandada por lesiones o muertes.

Fauci −asevera Kennedy−, ha sido una figura clave en la planificación de pandemias, y no precisamente en cómo prevenir una sino en cómo crearla. Añade: “Las pandemias se han dramatizado y resultaron ser un completo fraude (…), Fauci y Gates tomaron las lecciones de otras pandemias falsas y la trasladaron al coronavirus. Quiero dejar claro que no estoy diciendo que el coronavirus no sea una pandemia o que no mate a mucha gente. Lo hace. Pero todos hemos sido manipulados por la exageración de los casos, las muertes y el oscurantismo de los datos”. En el capítulo 12, Kennedy documenta casi dos docenas de simulacros pandémicos de bioseguirdad, siendo la más reciente el Event 201 del 19 de octubre de 2019; todos con participación de las agencias de inteligencia. Todos planteaban cómo instaurar estados de excepción como remedio para afrontar la simulada amenaza.

Según Kennedy, la única métrica de Fauci es: ¿Cuántas vacunas hemos puesto? ¿Cuántos fármacos hemos vendido? ¿Cuántas comisiones estamos recibiendo? Como explica en el libro, el NIAID se ha convertido en una incubadora para la industria farmacéutica. Afirma, también, que “entre 70 y 90 por ciento de las muertes y hospitalizaciones por Covid podrían haberse evitado y hay estudios que lo avalan. Sin embargo, prohíbe que la gente lo haga. Es un sociópata…”

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Jueves, 23 Diciembre 2021 16:23

Hacia la sociedad apartheid

Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)

¡La culpa es de ellos! Así, con facilismos de este tipo pero que para nada son ingenuos, sin reparar en las circunstancias totales que rodean la actual crisis pandémica por covid-19, tratan de ‘explicar’ en diversas partes de la sociedad global, y en particular en Colombia, la prolongación de la crisis de salud pública, asociada con este virus.


La inculpación no es insignificante. En realidad, es el paso previo para justificar la aprobación y la puesta en marcha de mecanismos de coerción, anulación de derechos fundamentales para quienes así son señalados, estímulo a la división social entre quienes aceptan la vacuna y quienes por diferentes motivos no lo han hecho, así como mampara para ocultar o dificultar la discusión que se debiera dar en todas las sociedades en torno a la realidad de esta crisis, la manera como ha sido afrontada hasta ahora y las opciones existentes, incluida la vacuna pero sin limitarse a ella, para prevenir el contagio, así como para superarlo en caso de afectación. Pero también frente al reto sustancial ante el que se enfrenta la sociedad global: aniquilar el virus vs. aprender a convivir con el mismo.

Efectividad total, parcial, temporal

Un logro inmediato de esta distorsión de la realidad es evitar una explicación amplia y suficiente que los gobiernos de cada país le deben a su población, y es: la vacunación es garantía de inmunidad, sí o no, o simplemente, por la fase de experimentación en que se encuentran los biológicos, y por la constante modificación a que las obliga, producto de las constantes variantes que experimenta el virus, solo es un mecanismo de protección parcial. Quizá éstas sean apenas un recurso para crear o reforzar anticuerpos, los mismos que tienen vitalidad temporal –de mayor a menor temporalidad–, como lo evidencia la caída de efectividad de las numerosas vacunas tras algunos meses de su aplicación.

Hay realidades evidentes: en Israel, por ejemplo, el país prototipo de la propagandeada efectividad de este procedimiento, lo que para junio de este año era éxito total –tras unas semanas de triunfalismo– dio paso al pesimismo. Y para superarlo, según el “Dr. Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo […] “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección” (1) producto, según distintas autoridades de la variante Delta, más contagiosa, y por la cual la vacuna Pfizer perdió sus bondades. Eran Segal, “[…] quien asesora al gobierno israelí en asuntos de covid [indicó que] cinco o seis meses después de la vacuna, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% cuando la protección se activa por primera vez” (2).

Es una realidad ocultada, difuminada o manipulada a lo largo del mundo, maniobra con graves consecuencias sobre la salud y la vida de millones, ya que, al no enfatizar lo suficiente en la realidad de que vacunado o no cada persona debe “seguir con el riguroso uso de tapabocas, guardar la sana distancia y el lavado de manos”, quien recibe la inyección queda convencido de que es inmune y se relaja con las indicaciones antes relacionadas. Algo mucho más posible, toda vez que la normalidad en la producción, la distribución y el consumo de mercaderías, así como de espectáculos, a la par del transporte nacional y global, está al ciento por ciento. La vida cotidiana ha regresado a su tradicional agite diario, afán y preocupación principal del empresariado.

Relajados, desprevenidos, convencidos de lo que no es, los inoculados se infectan e infectan a otras personas, propiciando nuevas olas de contagio que toman vuelo en países que se supone ya deberían tener inmunidad de rebaño, anunciada meses atrás para sociedades que superaran un 70 por ciento de vacunados (luego para un 80 por ciento, y el porcentaje continúa subiendo). Hay que aclarar que, además de quienes pasan por el pinchazo, en el porcentaje antes aludido se debería sumar a quienes han sufrido el contagio y lo han superado, lo que llevaría a que en estos países la inmunidad de rebaño ya pudiera estar asegurada. ¿Por qué no es así? ¿Por qué el virus sigue golpeando en estos países como si no estuviera vacunada la mayoría de su población?

Ausencia de claridad evidente en Colombia, país en el que en todo momento se da a entender que el biológico es la única y efectiva solución para evitar el contagio, como para elujdir sus fuertes consecuencias, incluso la muerte, en caso de tratarse de un cuerpo debilitado por enfermedades crónicas (comorbilidades). País en el que el formulario que diligencia quien se someterá al pinchazo dice de manera tibia: “La vacunación contra el Sars.CoV-2/covid-19 reducirá (N.M.) la posibilidad de presentar la enfermedad”. Y entre sus beneficios anunciados: “reducción (N.M.) de la severidad de la enfermedad en caso de presentarse” (3).


Allí está escrito lo antes referido. La vacuna aún no es tal, ya que no inmuniza y sí reduce la posibilidad de infección como su impacto, pero así está escrito para quien lee entrelíneas, no para un amplio porcentaje de la población que solo lee lo textual. Realidad: hay que insistir en que tendría que difundirse de manera directa, diáfana, llamando y propiciando, vía políticas públicas de salud y alimentación, a considerar otras medidas de protección: cambiar hábitos y consumos alimentarios para evitar inflamaciones crónicas en el organismo, y para ello incrementar la ingesta de todo tipo de alimentos que fortalezcan los anticuerpos, por ejemplo, brócoli, cúrcuma, ajo, albahaca, orégano, entre otras opciones; pero también ingiriendo bebidas con igual cualidad, a partir de salvia, quina, jengibre, moringa y otros; así como, en caso de infección por covid-19, dejando abierta la posibilidad de consumir Ivermectina, Dexametasona, Aines (antiinflamatorio) Dióxido de cloro (4), ingerir anticoagulantes como Ginkgo biloba y Ginseng (según medicación), Naproxen o Ibuprofeno, así como el hábito diario de una aspirina (5).

Como todo lo relacionado con la salud, lo prioritario es prevenir, y en ello también tiene mucho que ver el ritmo cotidiano a que nos tiene acostumbrado el capitalismo, como todo lo que tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de vida. Pero sucede que la pandemia, a pesar de haber desnudado una vez más el sistema socioeconómico hoy hegemónico, evidenciado su actual invalidez, no propició el necesario choque cultural para que los millones que habitan aquí y allí levantaran su voz en contra de tal realidad, demandando su radical transformación. Es así como, luego del craso error de la dirigencia mundial de parar en seco el músculo capitalista, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

Y no solo recobró su ritmo el sistema global sino que además logró apagar o hacer inaudibles las voces que asocian esta crisis con la deforestación creciente de bosques y selvas, con la diversa manipulación de la naturaleza, con el extractivismo en todos los niveles. En fin…, con el predominio de un sistema para el cual la producción y el consumo cada vez en mayor escala son lo fundamental. La vida, ¡que espere! Relación causa-efecto que, para evitar su prolongación y la posible aparición de nuevos virus de potencia igual o superior a la actual, demanda la superación del modo de producción dominante.


Es una capacidad de maniobra extendida a la devaluación del sentido original de la ciencia en su abierto y cuestionador espíritu, sin dejarse encasillar ni limitar por intereses económicos, políticos, religiosos o de otro orden, y sí dispuesta a valorar las más diversas opciones para resolver uno y otro problema o interrogante. Hoy, como sorpresa, parece que la ciencia fuera infalible y limitada al conocimiento y los intereses de las farmacéuticas.

Esos intereses llevan a ocultar o manejar –de manera casi inaccesible– datos fundamentales sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tasas de infección que indican con toda claridad el porcentaje de quienes ya contaban con la pauta completa de vacunación y quienes no lo estaban. Pese a ello, y a la recurrente y malintencionada información de que quienes hoy llegan a hospitalización por covid-19 son mayoritariamente no vacunados, los datos procedentes de Israel –donde confirman que el 60 por ciento no estaba vacunado, así como en Inglaterra, con tasas similares– ratifican lo contrario (6). Lo mismo sucede en centenares de condados de Estados Unidos (7). La confirmación de la infección el pasado 22 de noviembre del primer ministro francés Jean Castex, a pesar de contar con la doble dosis, deja abierta la ventana a que en este país la pauta también sea similar a la ya anotada, abriendo así un espacio para desmontar la estrategia en la lucha contra el covid-19, soportada en medidas coercitivas, de anulación de diversos derechos fundamentales y, allí como en decenas de otros países, de cuasicriminalización de los no vacunados; política de multiplicación de mensajes para crear y/o prolongar un ambiente de miedo y terror en el cuerpo social ante la negativa a vacunarse, señalando ese rechazo como camino seguro al ataúd.

En ese proceso, la carnetización para certificar la aplicación del biológico es una de sus expresiones más patéticas, la que en Colombia dejó apreciar su real carácter y su nivel de manipulación el pasado 19 de noviembre con ocasión del día sin IVA y para el cual fue levantada su obligatoriedad para ingresar a lugares de alta concurrencia. Esta medida entraña una clara manipulación y la distorsión del sentido mismo de la vacunación, también presente en las jornadas para aplicarla, puestas en marcha a la entrada de estadios de fútbol y otros espectáculos masivos como condición para ingresar a los mismos. ¿Genera la vacuna anticuerpos inmediatos? ¿Protege sin demora a quien se la aplicó como a quien estará a su alrededor? La respuesta permite reflexionar sobre los intereses y el ocultamiento de información asociados a la llamada “inmunización colectiva”.


Por lo pronto, y como el problema supuestamente es el no vacunado, proceden, manipulan, atemorizan, condicionan, todo vale pues hay que lograr que rompa su negativa a como dé lugar, jugando con sus sentimientos, sus gustos, sus anhelos, Para nada importan la educación sobre salud pública y nada de lo que le esté asociado. El peligro es al no vacunado, y hay que aislarlo si no rompe su ‘terquedad’. Y si no acepta, negarle el ingreso a lugares de consumo, mercado, espectáculos, hasta contemplarse incluso que no puedan salir de sus casas, como lo anunció el alcalde de Medellín en mala copia de lo realizado o también considerado en otros países (8). Al final, como lo aseguró una destacada periodista, de una de las más poderosas cadenas radiales del país: “Y si son tantos los que están de acuerdo con lo que usted está diciendo, por qué no hacen una fiesta adonde vayan todos los que no quieren vacunarse, y ya; se dedican a eso: los bares, las fiestas, sus propios eventos” (9). El ambiente para aislar y segregar está creado; algunas medidas ya están en curso y, de aplicarse con toda severidad, estamos claramente a las puertas de la sociedad apartheid y, como toda sociedad de ese carácter, en la antesala del autoritarismo a ultranza.

Como es sabido, para prolongarse, el poder acude recurrentemente a dividir a los de abajo, estimulando la lucha o la confrontación de pueblo contra pueblo o, en otras palabras, haciendo realidad la máxima “divide y reinarás”, constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y ahora no es distinto: inculpan a unos, ensalzan a otros, crean sentimientos opuestos que impiden que su mirada se fije sobre el poder, que es donde en este caso reside el foco del problema. ¡Claro! Sin lograr comprensión sobre el origen y los desafueros en el manejo de una problemática, dada las posibilidades de superarla cabalmente, brillarán las alternativas por su ausencia. Y mientras así sucede, el ahondamiento del autoritarismo, como es evidente hoy en Australia, Francia y otros muchos países, toma más vuelo, incluso con el aval de un sector del pueblo.

Pese a ello, algo no responde al libreto que pretende hegemonía, e identificarlo con toda claridad es indispensable para que la humanidad salga airosa de esta crisis, que, asociada a las que sufre el campo medioambiental, económico, político, en fin, a la crisis sistémica que sacude al Sistema Mundo Capitalista, acumulan todo lo necesario para que la sociedad global diga ¡basta! a una sola voz.

 

1. “¿Por qué están aumentando los casos de coronavirus en Israel si el país lideró las vacunaciones? (y qué lecciones le deja al resto del mundo). BBC Mundo, 9/09/21.
2. íd.
3. Consentimiento informado para la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2/covid-19, Ministerio de Salud, https://www.dssa.gov.co/images/vacunacion/modelo_consentimiento_informado.pdf.
4. Todos estos recursos según recomendación médica.
5. “La solución política a esta pandemia y a las que vendrán no puede depositarse en un optimismo tecnológico cortoplacista que cifre en las vacunas la panacea exclusiva, sino que exige una reflexión radical sobre las condiciones de vida y la ciencia que se produce en un mundo profundamente desigual y ecológicamente devastado”. Nuño de la Rosa, Laura, “Ciencia y capitalismo en tiempos de covid”, Viento sur, España, 5 de noviembre 2021.
6. “Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas”. […] El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido”, ¿Por qué están aumentando…, op. cit.
7. “Las vacunas antiCOVID no reducen las tasas de infección”, Dr. Joseph Mercola
https://articulos.mercola.com,2021/11/18
8. “Quintero advierte que Medellín podría tener cuarentena para no vacunados”, El Colombiano, 23 de noviembre de 2021.
9. https://www.youtube.com/watch?v=coo1D4xWeKA.

 


 

Una intelectualidad aletargada

 

por Philip Potdevin

 

A comienzos del mes de noviembre uno de los principales medios de radio del país entrevistó a un ciudadano que adelanta lo que ha denominado “tutelatón” contra la exigencia del carnet de vacunación, una iniciativa que busca frenar ante el poder judicial la reciente medida del gobierno, que, a imitación de otros muchos países, ha implantado el pasaporte covid para poder acudir a lugares de encuentro y reunión de la ciudadanía.


En la entrevista, frente a los argumentos del ciudadano, quien defiende la libertad individual de poder disponer del cuerpo, la salud y la vida de manera libre y democrática, los avezados periodistas, despojándose de su rol de profesionales de su oficio, en lugar de escuchar y tratar de entender los fundamentos jurídicos y sociológicos de la iniciativa, con el fin de que la audiencia pudiera formarse una opinión al respecto, asumieron, de manera insólita, el rol de inquisidores para llevar la entrevista a lo que casi se convierte en un linchamiento radial contra este ciudadano. Escuchar la entrevista deja perplejo a cualquiera, y a la vez corrobora una nueva realidad a la que estamos despertando.


En ese sentido, la vacuna contra el covid19 se consolida como el principal dispositivo de dominación del siglo, usada ampliamente por gobernantes en alianza con las grandes farmacéuticas y los poderosos medios de comunicación para atemorizar a la población. La humanidad va entrando ordenadamente en el redil de un nuevo contrato social que comienza a definirse cada día de manera más clara. No solo la vacuna es buscada afanosamente por casi todos, bien sea en sus primeras, segundas o terceras dosis, sino que el tenerla o no tenerla se está convirtiendo en una licencia para vivir en sociedad. Así como quien quiere conducir un vehículo en las calles de cualquier ciudad requiere de un permiso expedido por una autoridad competente, ahora el pasaporte covid surge como un salvoconducto necesario para salir de casa y desplazarse libremente en las ciudades.


El mecanismo del terror nunca ha tenido tan largo alcance como en nuestros días. Ni los peores sátrapas y tiranos de la antigüedad, ni los dictadores y dictadorzuelos del XIX y el XX, todos genios para encontrar múltiples formas para apuntalarse en el poder encontraron herramienta tan eficiente para propagar la pavura entre la ciudadanía como hoy con la instrumentalización de la diada enfermedad-vacuna. Y para mantener avivada la llama, ahora, cuando la humanidad entra en el tercer año de pandemia, se habla de una cuarta ola, de nuevas variantes como la omicrón, bajo cuya amenaza se regresa a los confinamientos parciales o totales, como a las cuarentenas obligatorias como está sucediendo en algunos de los países más desarrollados del planeta a pesar de ser de los primeros que tuvieron acceso a la vacuna.


En toda tiranía es esencial silenciar a los opositores, en especial si estos son pensantes y tienen la capacidad de influir sobre la sociedad. El pensamiento crítico es el principal enemigo de todo régimen autoritario. Los que ejercen esta función, llámenseles como se les quiera llamar, pueden, con el poder de la palabra, de la pluma, de su pensamiento, derrocar al más afianzado déspota. Hoy día, cuando la tiranía es ejercida no por individuos sino por la compleja hidra del sistema capital-estado-medios, la oposición ejercida por mentes aisladas palidece hasta el punto de cuestionarse si aún existe una fuerza capaz de sacudir a la humanidad de su letargo. Por supuesto que hay voces que jamás claudican: en Uruguay, en España, en Francia, en Chile se mantienen activos muchísimos intelectuales que siguen desnudando la realidad detrás del terror montado por el sistema de poder actual. Al mismo tiempo, sorprende la ausencia de voces tradicionalmente críticas frente a lo que estamos viviendo. Zizek, Byung Chuil Han, Agamben, por solo mencionar a tres de los más influyentes pensadores de corte progresista, tras pronunciarse en los primeros meses de la pandemia con sus reacciones, parecen retraerse a sus habitáculos para tomar cierta perspectiva de los acontecimientos. Se ven confundidos y abrumados por los hechos y no logran, al parecer, leer los tiempos actuales.


De otro lado, hay voces que amplifican el derecho a la rebelión, el elogio al conflicto, el impulso a que los pueblos rompan el cerco y se manifiesten contra la tiranía. El proyecto comunicativo desdeabajo ha estado presente este año con varias publicaciones que dan fe de este pensamiento crítico y muestran la otra forma de ver los hechos. Sin embargo, se percibe un vacío en la comunidad nacional e internacional de perspectivas agudas y abiertas que no solo desenmascaren la actual dominación sino que den un paso adelante para señalar caminos de acción e intervención para sustituir el debilitado pero aun poderoso sistema capital-estado-medios por uno que, ante todo, honre la dignidad humana. La sospecha que queda flotando es si muchos de los llamados a levantar sus voces están cooptados por el sistema, o han quedado paralizados por el aguijón de la díada enfermedad-vacuna, o simplemente se ha quedado seco su manantial crítico.

 

 

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Lunes, 20 Diciembre 2021 09:14

Esperando la luz

Entre principales noticias que acapararon los titulares en Estados Unidos este año está el asalto al Capitolio el 6 de enero (en la imagen), intento de golpe de Estado en este país autoproclamado modelo democrático para el mundo, donde a lo largo del año ex generales, expertos sobre democracia, libertades civiles y derechos humanos advierten sobre la posibilidad de otra asonada, violencia política extrema y terrorismo impulsados por fuerzas protofascistas.Foto Ap

Hay un viejo dicho en el periodismo de noticias locales en Estados Unidos: "si sangra, es principal" ( if it bleeds, it leads). Si la nota es sangrienta, de horror, salvaje, espléndidamente grotesca, esa será la que captura la atención.

Las noticias principales a lo largo de 2021 en Estados Unidos fueron espectacularmente terribles. Juntas parecen ser un guion incoherente de una película que combina horror, tragedia, "thriller político", y ciencia ficción.

Entre las noticias principales que tuvimos que reportar: un intento de golpe de Estado en el mero autoproclamado modelo democrático para el mundo donde a lo largo del año ex generales, expertos sobre democracia, libertades civiles y derechos humanos advierten sobre la posibilidad de otro golpe de Estado, violencia política extrema y terrorismo impulsados por fuerzas protofascistas; la peor pandemia en un siglo ha cobrado más de 800 mil muertos (medio millón innecesarios), más que cualquier otro país; la desigualdad económica ha llegado a su nivel más extremo en un siglo (2 multimillonarios tienen lo que 40 por ciento de la población más pobre; el 1 por ciento más rico tiene lo equivalente de la riqueza de 92 por ciento de la población); Washington –junto con casi todos los gobiernos del mundo– fracasó en hacer lo necesario para rescatar el ecosistema planetario y empezar a revertir el cambio climático, otra vez; los millones obligados a decir adiós a sus familias y pueblos al migrar por las consecuencias brutales de la violencia, corrupción, concentración de riqueza, y el cambio climático fueron perseguidos, criminalizados, encarcelados en campos de concentración con sus hijos en Estados Unidos y sus derechos humanos, como el del asilo, violados; más de 43 mil han muerto por violencia con armas de fuego y van 676 incidentes de tiroteos masivos en escuelas y otros lugares públicos. Ésas han sido las principales noticias del año en Estados Unidos (y anexas).

Y el año concluye con más noticias aplastantes: que se pronostica un nivel sin precedente de infecciones de las nuevas variantes de Covid en Estados Unidos, que la industria petrolera y sus cómplices están dispuestos a condenar de muerte hasta a sus propios hijos, y con el Congreso de Estados Unidos fracasando en promover protecciones para garantizar el derecho al voto en este supuesto faro de la democracia, aprobar una ley para inversión social, combate al cambio climático y lograr que los más ricos paguen sus impuestos, pero aprobando el presupuesto militar más grande de la historia del país: 778 mil millones de dólares; 25 mil millones más que los solicitados por el Pentágono.

Pero hay otras noticias que casi nunca aparecen en las primeras planas, y que son justo el antídoto a la desolación que genera tanta noticia apocalíptica. Por ejemplo, nada menos que este año se freno por primera vez el consenso neoliberal que ha imperado en el país durante cuatro décadas gracias a una lucha constante en varios frentes por diversas fuerzas progresistas. Una ola de huelgas y acciones laborales están empezando a impulsar un giro en la lucha contra la desigualdad económica, entre otros avances por fuerzas progresistas en Estados Unidos que tienen el potencial de impulsar un cambio sin precedente en la historia reciente de este país, mientras se resisten fuerzas neofascistas. Con algunas excepciones, estas expresiones no figuran como las notas principales en los medios, y a la vez, tampoco en otras partes del mundo, incluido México.

Tal vez en estos días que celebran como en los tiempos más oscuros nace una nueva luz, necesitamos (todos pero en particular nosotros periodistas) hacer que estas resistencias, rebeliones y triunfos de lo noble sean hoy día las notas principales en las portadas –las princesas– de nuestros tiempos.

Los Lobos. For What it’s Worth. https://open.spotify.com/track/32bJbByOId8wvOPjQqu1Qf?si=1385c4ebd3b84ff4

Santana, Everest. Put your lights on. https://open.spotify.com/track/3uRaD26t3RkJ8n549udQ83?si=b2846942c23d4563

Bruce Springsteen. This Little Light of Mine. https://open.spotify.com/track/63g7Z2JC9t4zUBykMvJcm9?si=73027f5c1610418a

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Cumbre de emergencia de Putin/Xi y borrador de tratados de seguridadde Rusia con EU y OTAN

La candente situación desde Ucrania hasta Taiwán, donde Biden ha pasado a una ofensiva retórica propagandista –salpicada de amenazas de empleo de armas nucleares de Estados Unidos para propinar un "primer golpe" contra Rusia para "defender" a Ucrania, según el belicismo atómico del senador republicano de Misisipi, Roger Wicker, influyente segundo de a bordo de la omnipotente Comisión del Ejército (https://bit.ly/3yH0p0s)–, obligó a que se reunieran de urgencia en una cumbre virtual de 90 minutos el zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping.

La ominosa amenaza de propinar sanciones catastróficas a Rusia, en caso de su inexistente "invasión" a Ucrania, entre las cuales se ubica la "opción nuclear" de expulsar a Rusia del sistema financiero internacional de pagos Swift (https://bit.ly/3shW8PD) –como advirtió la amazona subsecretaria de Estado israelí-estadunidense Vicky Nuland (https://bloom.bg/3p9l1eq): responsable del caos en Ucrania mediante su golpe contra el presidente ucranio Yanukovich en 2014–, quizá propició también la cumbre virtual de emergencia entre Putin y Xi (https://bit.ly/3e76ycw).

Por lo visto, los mandatarios Putin y Xi no tomaron en cuenta las notables conclusiones del connotado analista militar estadunidense Scott Ritter de que Biden está bluffeando en el tema de Ucrania (https://bit.ly/3Fm8Z6Y), y prefirieron colocar nítidamente sus "líneas rojas" compartidas desde Ucrania hasta Taiwán.

Desde 2013, Putin y Xi se han reunido, principalmente en forma presencial, 37 veces y ahora enfatizaron el supremo axioma soberanista, fundacional de la Carta de la ONU, sobre la "no interferencia" en los asuntos domésticos de otros países, así como resolver en forma conjunta y acoplada los contenciosos internacionales que el mandarín Xi califica de un "periodo de cambio turbulento" (https://reut.rs/33HVXTC).

Rusia apoya la postura de China en Taiwán, mientras que Pekín defiende la política de Rusia en Ucrania.

Más aún, según Yuri Ushakov, consejero del zar Vlady Putin en política exterior, ambos mandatarios acelerarán sus esfuerzos para la configuración de una infraestructura financiera independiente, con el fin de apuntalar sus operaciones comerciales bilaterales, en clara alusión a la ominosa amenaza de expulsar a Rusia del sistema Swift (https://bit.ly/3GURvz1).

Como un servidor había previsto, la triunfal visita de Putin a su homólogo Narendra Modi (https://bit.ly/3spUcEG) resucita el concepto del núcleo geoestratégico del RIC (Rusia/India/China), cuyos mandatarios podrían pronto realizar su espectacular cumbre (https://bit.ly/3qbtfSu). Dos días después de la cumbre virtual de emergencia de Putin y Xi, debido a la grave crisis geoestratégica frente a Estados Unidos y la OTAN desde Ucrania hasta Taiwán, la cancillería rusa hizo públicos dos borradores que servirán de base para definir las "estructuras de seguridad" geoestratégicas del siglo XXI y llenarán el vacío en el que naufraga el caduco "viejo régimen" unipolar/globalista/neoliberal que ha llevado al mundo al borde de una tercera guerra mundial de corte nuclear.

A mi juicio, para una seguridad estratégica global deben cesar las actividades hostiles de Estados Unidos/OTAN en el nuevo "arco de la crisis" del siglo XXI que engloba también a Europa oriental, el Cáucaso-Sur y Asia Central.

El borrador del "tratado de Estados Unidos y Rusia" prohíbe las actividades militares de cualquier género donde Washington y Moscú las perciban como "amenaza a su seguridad nacional" (https://bit.ly/30Fa2jz) y cuya resolución podría ser similar a la crisis de los misiles de 1962 en Cuba. Ambos borradores ameritan una mayor profundización analítica.

La principal aseveración de los dos borradores rusos promulga que "una guerra nuclear no puede ser ganada y nunca debe ser librada" (https://bit.ly/3siWkyi), lo cual detendría el irrefrenable irredentismo de la OTAN desde hace un cuarto de siglo y que pretende en forma provocativa otorgar su membresía atlantista a Ucrania y Georgia, en las sensibles fronteras de Rusia. Sucede que Putin no es Gorbachov ni Yeltsin.

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El asalto al Capitolio por la turba trumpista el 6 de enero de 2021. Foto Afp / Archivo

Nueva York. Tres ex generales alertaron de la posibilidad de otro golpe de Estado, esta vez con mayor participación de militares, en torno a las elecciones presidenciales de 2024, mientras que otros expertos expresan alarma sobre una posible “guerra civil” en el país, y la investigación legislativa por el asalto al Capitolio del 6 de enero revela más detalles sobre qué tan cerca llegó el país a sufrir un golpe de Estado.

Los tres ex generales con extensas carreras militares alertan: “estamos congelados hasta los huesos al pensar que un golpe podría tener éxito la próxima vez”.

El genera mayor del ejército Paul Eaton, el general mayor Antonio Taguba con 34 años de carrera, y el general brigadier Steven Anderson con 31 años de carrera advirtieron, en un artículo de opinión en el Washington Post publicado el viernes, que “el potencial de un colapso total de la cadena de mando por líneas partidistas -desde arriba de la cadena al nivel de escuadrón- es significante si ocurre otra insurrección. La idea de unidades [militares] desleales organizando entre ellas para apoyar al comandante en jefe ‘legítimo’ no puede ser descartado”.

Piden que se contemple qué sucedería si hay dos “comandantes en jefe” emitiendo órdenes después de la próxima elección, donde en una contienda disputada “algunos podrían obedecer órdenes del comandante en jefe legítimo, mientras otros podrían seguir al perdedor tipo Trump”, advierten.

Señalan que eso no solo tiene implicaciones políticas, sino de seguridad nacional al dejar al país vulnerable a “enemigos”. Y apuntan que la falta de preparación militar para las secuelas de la elección de 2020 es “preocupante”, incluyendo reportes de que durante la disputa electoral presidencial el general Mark Milley, jefe del estado mayor, tuvo que maniobrar rápidamente para “asegurar que las cadenas de defensa nuclear de la nación estuvieran protegidas ante posibles órdenes ilegales”.

“Con el país tan dividido como nunca, tenemos que tomar pasos para preparar para lo peor”, recomiendan. Primero, hacer todo para evitar una nueva “insurrección”, indicando que ni un sólo líder que inspiró los actos del 6 de enero ha tenido que rendir cuentas. A la vez, los militares no pueden esperan a que actúen los políticos electos y el Pentágono “debería de ordenar de inmediato un repaso de cívica para todos sus integrantes… sobre la Constitución y la integridad electoral” como también sobre “cómo identificar y manejar órdenes ilegales”.

Además, sugieren una investigación de inteligencia en todas las instalaciones militares para identificar posibles amotinados y propagandistas que usan la desinformación entre las filas militares, y finalmente que el Pentágono realice juegos de guerra de potenciales insurrecciones e intentos de golpe pos-electorales para identificar debilidades e implementar medidas para evitar rupturas en la cadena militar.

Vale recordar que no es la primera vez que líderes militares han expresado alarma de intentos para usar las fuerzas armadas en batallas políticas entre civiles. En el conflicto pos-electoral más reciente, los 10 ex secretarios de Defensa vivientes firmaron un artículo de opinión colectivo publicado el 3 de enero expresando que “esfuerzos para involucrar a las fuerzas armadas de Estados Unidos en resolver disputas electorales nos llevaría a territorio peligroso, ilegal e inconstitucional”.

Mientras tanto, la investigación del comité selecto de la cámara baja sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero, sigue revelando evidencia de que en los niveles más altos del gobierno de Trump junto con sus aliados en el Congreso y sus cómplices se estaba contemplando anular la democracia constitucional de Estados Unidos -o sea, un golpe de Estado. De hecho, el jefe de gabinete Mark Meadows había circulado un plan “power point” de 38 cuartillas que era en esencia el proyecto del golpe para anular la eleccion presidencial de 2020.

El comité selecto ha interrogado a más de 250 personas y acumulado un archivo masivo de evidencia durante sus más de cinco meses de investigación sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero.

Las autoridades han arrestado a más de 700 personas por su participación en el asalto del Capitolio. Por lo menos 81 de ellos tienen vínculos con las fuerzas armadas -la mayoría son veteranos militares, reportó CBS News.

Desde la elección de Trump hasta la fecha, una lista de expertos cada vez más larga coinciden en que la democracia estadunidense está bajo amenaza por fuerzas derechistas -algunas de las cuales son consideradas oficialmente como la principal amenaza interna a la seguridad nacional por agencias de inteligencia- nutridas por el ex presidente y su Partido Republicano.

“Estamos más cerca a una guerra civil de lo que muchos de nosotros queremos creer”, afirma Barbara Walter, profesora de ciencias políticas en la Universidad de California, experta en conflictos y deterioro de estabilidad en el mundo e integrante de un pánel de asesores de la CIA que evalúa que países están al borde de violencia y deterioro, en un libro que será publicado en enero, según relata Dana Milbank en el Post.

“Si uno fuera un analista en un país extranjero observando eventos en Estados Unidos… evaluando cada una de las condiciones que hace más probable una guerra civil… encontraría que Estados Unidos, una democracia fundada hace más de dos siglos, ha ingresado en territorio muy peligroso”, concluye.

No sólo hay más amenazas de uso de violencia por agrupaciones de derecha, e incluso por legisladores federales ultraconservadores contra sus propios colegas en el Congreso, sino que a nivel estatal, republicanos continúan impulsando leyes para suprimir el voto de minorías (por lo menos 30 nuevas leyes han sido promulgadas en 18 estados), re-dibujando distritos electorales para garantizar su control promoviendo medidas para controlar el mecanismo electoral mismo (por los menos 216 proyectos de ley de este tipo se han registrado en 41 estados).

Pero todo eso no ha silenciado a Trump y sus aliados, ni disminuido su arrogancia: entre los últimos correos electrónicos enviados por el ex presidente había uno cuyo título era: “yo tenía la razón en todo”.

“El asunto real es si la democracia estadunidense puede fortalecerse contra los impulsos fascistas desatados por Trump”, resumió el diputado demócrata Jamie Raskin, integrante del comité selecto de investigación y uno de los principales fiscales en el segundo impeachment del ex presidente, en comentarios al New Yorker.

Por David Brooks, corresponsal

2021-12-18

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Viernes, 17 Diciembre 2021 05:10

Las cadenas rotas de la globalización

Byron Maher Sancho R. Somalo

La crisis de los contenedores, la subida de precios en el transporte por mar o los desajustes entre la oferta y la demanda muestran el comienzo del fin del sistema de producción global de las últimas décadas.

 

Cerca de 6,7 millones de dólares por minuto. 400 millones a la hora. 9.600 millones al día. Esa fue la pérdida para el comercio internacional provocada por el atasco durante algo más de una semana del megacarguero Ever Given en el Canal de Suez en marzo de este año, según el medio especializado en comercio marítimo Lloyd’s List.

Las alarmas del comercio mundial saltaron y se leyeron noticias difíciles de creer. En los días siguientes, una empresa italiana de bicicletas anunciaba que retrasaría su producción un año, componentes de coche que no llegaban pusieron en jaque a la industria, grandes cadenas de supermercados como Costco o WallMart anunciaban posibles desabastecimientos de algunos productos. Todo ello mientras una grúa que parecía diminuta frente al enorme casco del Ever Given, convertida en meme en redes sociales, escenificaba un capitalismo obsoleto y asustado ante un problema que colapsaba el comercio mundial. Una cadena logística de valor que se paralizaba y mostraba sus grietas. Un barco poniendo en jaque a la globalización.

La cadena en el mar

El 90% de las mercancías que se consumen en todo el globo viaja en buques cargueros dentro de ese objeto que se ha hecho seña e identidad del comercio internacional: los contenedores. El negocio marítimo se ha cuadruplicado desde 1970 y aún continúa creciendo, según un informe de la Organización Marítima Internacional. Unas décadas en las que esos buques y contenedores han incubado “el nacimiento de la globalización”, según afirma la escritora y periodista Rose George en su libro Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato (Capitán Swing, 2014). En el libro, George narra su viaje en uno de esos cargueros acompañando a la tripulación y a unos cuantos cientos de contenedores desde Rotterdam a Singapur, pasando por el propio Canal de Suez donde, según narra, “los paquetes de Marlboro eran la mejor forma de evitar sanciones por parte de las autoridades egipcias del canal”.

Pero el barco atascado, al igual que los memes que produjo, era una broma comparado con la gran crisis logística global producida por el de­sajuste entre la oferta y la demanda tras la pandemia. Pese a llenar titulares tan rimbombantes como “la crisis de los contenedores”, las causas de que se esté hablando de desabastecimiento de productos en las estanterías donde la gente buscará sus regalos navideños, o de que la inflación esté alcanzando cotas que no se veían desde la crisis del petróleo de los años 70, siguen sin estar claras. O, por lo menos, siguen abriendo algunos debates.

Para el profesor de logística de la Universitat Oberta de Catalunya Cristian Castillo, el origen de esta crisis de la logística tiene varias dimensiones. La primera, como es lógico, es la pandemia. “En China, con un solo caso de covid en una fábrica o en un puerto, cerraban todo y mandaban a todo el mundo a casa”, explica. “Pero la economía se abrió casi de un día para otro y la demanda se volvió a reactivar de una manera exponencial”, añade. Aquellos cierres en las factorías y puertos en China chocaron con una población ávida de gastar tras meses de encierro: ahí se produjo el gran desajuste entre oferta y demanda.

Y no solo la producción ha sido incapaz de seguir la estela de las compras, tampoco la logística. Barcos repletos de contenedores esperando a entrar en los principales puertos europeos y americanos. Contenedores esperando a camioneros que los distribuyan tierra adentro. Compras que se convierten casi en subastas donde el mejor postor consigue esos lotes o contenedores que le facilitarán llenar sus estanterías o no paralizar su cadena de montaje. Y, tras el problema de ida, llega el de vuelta: los contenedores que se amontonan en los puertos de Europa o América no encuentran mercancías con las que llenarse y volver a Asia, algo que ha agravado esta crisis. En China no llegan contenedores llenos ni vacíos suficientes para volver a cargar los buques de mercancías. Más atasco, más embudo, más costes enviarlos y recuperarlos, todo acaba siendo más caro. Castillo, además, ve un “efecto látigo” provocado por fabricantes y proveedores que habían paralizado su producción y ventas: ahora realizan más pedidos de los que se puedan vender y causan un efecto en la cadena de suministros que incrementa, más todavía, ese desajuste entre la demanda y la oferta. Esta demanda impulsada por la recuperación económica, además, tiene un combustible extra que no tuvo en otras ocasiones: los estímulos económicos inyectados por los gobiernos y los bancos centrales. “En esta ocasión, comparada con la crisis de hace diez años, se han aplicado estímulos económicos que han provocado que la recuperación sea más rápida y bastante fuerte”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, profesor de la Universidad Camilo José Cela. Pero esa recuperación produce un desequilibrio: “Ha impulsado mucho la demanda, pero la oferta, por lo menos a corto plazo, no es capaz de seguirla porque la capacidad de producción instalada en el mundo, que venía de una década de demanda estancada, no soporta esa recuperación tan fuerte”.

El segundo origen de la crisis que señala Castillo es la estrategia geopolítica de China: su proteccionismo e impulso del consumo interno frente a las exportaciones. Según el profesor, “el gigante asiático está prefiriendo promover su desarrollo económico mediante el consumo interno y eso significa que también acapara materias primas”, lo que podría estar también causando esos cuellos de botella y encarecimiento de muchos de esos componentes.

¿Desglobalización?

En la tercera dimensión del problema que señala Castillo coinciden todas las fuentes consultadas: hemos confiado todo a la globalización y ahora nos está mostrando sus fallos y grietas. Dentro de esas nuevas reglas impuestas sobre el comercio global y la reconfiguración productiva y logística, una ha sido determinante, la deslocalización industrial: “Durante décadas, el continente europeo ha permitido que la producción se vaya a Asia, aquí nos hemos quedado como meros diseñadores”, lamenta Castillo.

Todavía hoy se enseña en las facultades de Economía que “la liberación del comercio mundial es positiva porque permite la especialización de los países en su ventajas comparativas” o “la concepción de estas cadenas logísticas o de suministro como meras redes comerciales que pueden ajustarse fácilmente a oferta y demanda”. Todos ellos son factores que, según Roy Cobby, investigador predoctoral en el King’s College de Londres, “parten de unos cimientos con poca base empírica” y componen un discurso económico dominante. Asimismo, el investigador señala que todos estos problemas son “manifestaciones de las disfunciones profundas de la globalización contemporánea, basadas en la desigualdad clave de la división mundial del trabajo”. Todo esto ha permitido que las multinacionales “hayan construído una arquitectura competitiva perversa, cada vez más concentrada y resguardada de posibles amenazas, y donde sus proveedores se enfrentan a nivel mundial a una carrera desesperada por recortar gastos y obtener contratos”, lamenta el investigador. De ese 90% de materias que viajan por barcos hasta nuestras mesas o estanterías, el 80% sale de puertos de Asia. Ocho de los diez puertos principales del mundo están en China. La “fábrica del mundo” tiene la sartén por el mango y los países que basaron su consumo en el Made in China, al mismo tiempo que desindustrializaban sus territorios, ahora ven cómo esas grietas y roturas en las cadenas de valor pueden paralizar sus fábricas o incrementar su inflación poniendo en riesgo la recuperación económica. El aleteo de una mariposa en China, o de un murciélago, provoca un ERTE en la Ford de Almussafes o unos niveles de IPC no vistos en 35 años. Y el problema ya iba mostrando señales desde hace años.

La actual crisis no ha arrancado este proceso de fallos en la globalización, solo lo ha acelerado y hecho más evidente. Antes incluso de la pandemia y el atasco del Ever Given en Suez, un conflicto internacional arrancado por un nuevo habitante de la Casa Blanca puso en jaque la globalización: la guerra comercial de Trump con China. Cuatro décadas de aperturas de mercados y eliminación de barreras comerciales y arancelarias se veían entorpecidas por aranceles a productos asiáticos o por los vetos a compañías chinas.

EE UU rompía la baraja en un juego en el que ellos se habían encargado de liderar y configurar sus reglas. “Estados Unidos estaba muy cómoda con una globalización liderada por ellos donde China se inserta de manera amistosa como esa fábrica del mundo”, explica Vázquez, “pero eso se empieza a romper desde la crisis de 2008”. En ese punto, China ya se encuentra en una fase de cambio de modelo productivo y quiere dejar de ser una simple fábrica para convertirse en una superpotencia tecnológica. “Eso choca con el modelo de Estados Unidos y por eso rompen las reglas de la globalización”, dice Vázquez, quien ve la guerra comercial con un “simbolismo brutal” al atentar contra lo que han defendido durante décadas, “una ruptura gigantesca a nivel geopolítico impensable hace 15 años”.

Castillo coincide en que esa especie de desglobalización ya se estaba dando antes de la pandemia, pero no ve factible ni deseable que se deshagan todas esas cadenas globales y el comercio internacional. Aunque sí que tiene claro que se están produciendo ya procesos de relocalización de industrias de algunos sectores que son clave para la estrategia de un país o un continente, como el caso clave de los semiconductores.

“Una nueva vuelta a la política industrial” es la principal consecuencia que ve Vázquez. Este profesor explica que se está empezando a priorizar temas como la seguridad en la cadena de suministro y se están teniendo en cuenta los costes medioambientales, en vez del ahorro de costes y la visión clásica empresarial. “Esto significa romper el just in time, que nace en Japón en los 50 y se extiende a partir de los 80 con unas reglas muy determinadas: la globalización comercial, la liberalización del comercio a nivel mundial, la visión de maximizar el beneficio del accionista recortando por todos lados, recortar costes, recortar tiempo, recortar trabajadores que tenían que ver con la gestión de almacenes”. Algo que choca con lo que estamos viendo ahora: “Una política industrial que busca el mejor suministro, producir en las fronteras o reducir la cadena global de valor y, teniendo en cuenta qué países se encuentran en la cadena y si les interesa que estén”, apuntilla Vázquez sobre la transición que estamos presentando hacia algo nuevo. “Esto no quiere decir que desaparezca el just in time, pero sí que vuelve el just in case, donde se tiene más stock”, añade. Para el investigador del King’s College, las cifras muestran una normalidad relativa respecto al nivel de globalización en la economía mundial, como el ratio de comercio mundial respecto a la producción de bienes y servicios. Además, afirma, “estos cuellos de botella en puertos y otras infraestructuras precisamente confirman que las economías domésticas dependen igual o más que nunca de estas cadenas de suministro mundial”, señal de la buena salud de la globalización.

Sin embargo, lo que Cobby sí que ve posible en el medio y largo plazo es que se relocalicen algunas de estas industrias, reduciendo la dispersión de la producción mundial. Señala dos motivos. El primero, el de la seguridad nacional, apuntando, como ya ha hecho Vázquez, a la guerra comercial que arrancó Trump y a la posibilidad de que, en un futuro próximo, “gobiernos de todos los países empiecen a considerar que la presencia de ciertas competencias y componentes en su propio territorio son clave para asegurar su soberanía”. En segundo lugar, apunta, está “la lucha contra desafíos globales como la pandemia y el cambio climático”.

¿Se resolverá?

La gran mayoría de los analistas coinciden en que los cuellos de botella son un problema coyuntural y pasajero que disminuirá durante 2022. “Mientras sigamos viendo estos desajustes entre oferta y demanda”, apunta Castillo, no veremos “el final del túnel”, que cree que podría llegar a finales de 2022. Pero el profesor de la UOC alerta: “Aquí tendrá un papel esencial la pandemia. Si en China sigue habiendo casos, veremos paralizaciones del comercio mundial y seguiremos viendo esos cuellos de botella”, concluye.

Ahora bien, señala Vázquez, “si seguimos tirando por un mismo modelo energético que está tocando techo, hará que veamos cómo esto se repite en el futuro de manera continua”. Y, dado lo comentado anteriormente y otros factores como el pico del petróleo o la escasez de materias primas necesarias para la industria tecnológica, parece que lo más probable será que estas crisis cada vez sean más frecuentes, más complicadas y con peores consecuencias.

Pero para Cobby no está todo perdido. Cree que “hay un futuro para estas cadenas de suministro que supondría una salida más democrática y menos costosa”, que pasaría por “impulsar una agenda internacional que sirva para evitar que los costes del ajuste recaigan sobre los más débiles, acabar con los paraísos fiscales para recuperar músculo y capacidad para dotar a los Estados de infraestructuras de transición climática; reformar el sistema de patentes global para promover la innovación y el emprendimiento a nivel mundial, entre otras medidas”. En resumen, crear una alternativa al actual modelo logístico globalizado que pueda, como sentencia Cobby, “repartir los costes y beneficios de la globalización, al tiempo que aprovechamos las últimas tecnologías para relocalizar aquellas industrias y labores que los gobiernos identifiquen como estratégicas o beneficiosas para reducir emisiones, mejorar la salud, promover el empleo de calidad u ofrecer una formación práctica que sea esencial”.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

17 dic 2021 05:00

Publicado enEconomía
Viernes, 17 Diciembre 2021 06:30

Hacia la sociedad apartheid

Fabio Manosalva, Hay males que duran 100 años (Cortesía del autor)

¡La culpa es de ellos! Así, con facilismos de este tipo pero que para nada son ingenuos, sin reparar en las circunstancias totales que rodean la actual crisis pandémica por covid-19, tratan de ‘explicar’ en diversas partes de la sociedad global, y en particular en Colombia, la prolongación de la crisis de salud pública, asociada con este virus.


La inculpación no es insignificante. En realidad, es el paso previo para justificar la aprobación y la puesta en marcha de mecanismos de coerción, anulación de derechos fundamentales para quienes así son señalados, estímulo a la división social entre quienes aceptan la vacuna y quienes por diferentes motivos no lo han hecho, así como mampara para ocultar o dificultar la discusión que se debiera dar en todas las sociedades en torno a la realidad de esta crisis, la manera como ha sido afrontada hasta ahora y las opciones existentes, incluida la vacuna pero sin limitarse a ella, para prevenir el contagio, así como para superarlo en caso de afectación. Pero también frente al reto sustancial ante el que se enfrenta la sociedad global: aniquilar el virus vs. aprender a convivir con el mismo.

Efectividad total, parcial, temporal

Un logro inmediato de esta distorsión de la realidad es evitar una explicación amplia y suficiente que los gobiernos de cada país le deben a su población, y es: la vacunación es garantía de inmunidad, sí o no, o simplemente, por la fase de experimentación en que se encuentran los biológicos, y por la constante modificación a que las obliga, producto de las constantes variantes que experimenta el virus, solo es un mecanismo de protección parcial. Quizá éstas sean apenas un recurso para crear o reforzar anticuerpos, los mismos que tienen vitalidad temporal –de mayor a menor temporalidad–, como lo evidencia la caída de efectividad de las numerosas vacunas tras algunos meses de su aplicación.

Hay realidades evidentes: en Israel, por ejemplo, el país prototipo de la propagandeada efectividad de este procedimiento, lo que para junio de este año era éxito total –tras unas semanas de triunfalismo– dio paso al pesimismo. Y para superarlo, según el “Dr. Anat Ekka Zohar, quien dirige el estudio del programa de refuerzo […] “La tercera dosis es la solución para frenar el actual brote de infección” (1) producto, según distintas autoridades de la variante Delta, más contagiosa, y por la cual la vacuna Pfizer perdió sus bondades. Eran Segal, “[…] quien asesora al gobierno israelí en asuntos de covid [indicó que] cinco o seis meses después de la vacuna, las personas probablemente solo estén protegidas entre un 30% y un 40%, en comparación con más del 90% cuando la protección se activa por primera vez” (2).

Es una realidad ocultada, difuminada o manipulada a lo largo del mundo, maniobra con graves consecuencias sobre la salud y la vida de millones, ya que, al no enfatizar lo suficiente en la realidad de que vacunado o no cada persona debe “seguir con el riguroso uso de tapabocas, guardar la sana distancia y el lavado de manos”, quien recibe la inyección queda convencido de que es inmune y se relaja con las indicaciones antes relacionadas. Algo mucho más posible, toda vez que la normalidad en la producción, la distribución y el consumo de mercaderías, así como de espectáculos, a la par del transporte nacional y global, está al ciento por ciento. La vida cotidiana ha regresado a su tradicional agite diario, afán y preocupación principal del empresariado.

Relajados, desprevenidos, convencidos de lo que no es, los inoculados se infectan e infectan a otras personas, propiciando nuevas olas de contagio que toman vuelo en países que se supone ya deberían tener inmunidad de rebaño, anunciada meses atrás para sociedades que superaran un 70 por ciento de vacunados (luego para un 80 por ciento, y el porcentaje continúa subiendo). Hay que aclarar que, además de quienes pasan por el pinchazo, en el porcentaje antes aludido se debería sumar a quienes han sufrido el contagio y lo han superado, lo que llevaría a que en estos países la inmunidad de rebaño ya pudiera estar asegurada. ¿Por qué no es así? ¿Por qué el virus sigue golpeando en estos países como si no estuviera vacunada la mayoría de su población?

Ausencia de claridad evidente en Colombia, país en el que en todo momento se da a entender que el biológico es la única y efectiva solución para evitar el contagio, como para elujdir sus fuertes consecuencias, incluso la muerte, en caso de tratarse de un cuerpo debilitado por enfermedades crónicas (comorbilidades). País en el que el formulario que diligencia quien se someterá al pinchazo dice de manera tibia: “La vacunación contra el Sars.CoV-2/covid-19 reducirá (N.M.) la posibilidad de presentar la enfermedad”. Y entre sus beneficios anunciados: “reducción (N.M.) de la severidad de la enfermedad en caso de presentarse” (3).


Allí está escrito lo antes referido. La vacuna aún no es tal, ya que no inmuniza y sí reduce la posibilidad de infección como su impacto, pero así está escrito para quien lee entrelíneas, no para un amplio porcentaje de la población que solo lee lo textual. Realidad: hay que insistir en que tendría que difundirse de manera directa, diáfana, llamando y propiciando, vía políticas públicas de salud y alimentación, a considerar otras medidas de protección: cambiar hábitos y consumos alimentarios para evitar inflamaciones crónicas en el organismo, y para ello incrementar la ingesta de todo tipo de alimentos que fortalezcan los anticuerpos, por ejemplo, brócoli, cúrcuma, ajo, albahaca, orégano, entre otras opciones; pero también ingiriendo bebidas con igual cualidad, a partir de salvia, quina, jengibre, moringa y otros; así como, en caso de infección por covid-19, dejando abierta la posibilidad de consumir Ivermectina, Dexametasona, Aines (antiinflamatorio) Dióxido de cloro (4), ingerir anticoagulantes como Ginkgo biloba y Ginseng (según medicación), Naproxen o Ibuprofeno, así como el hábito diario de una aspirina (5).

Como todo lo relacionado con la salud, lo prioritario es prevenir, y en ello también tiene mucho que ver el ritmo cotidiano a que nos tiene acostumbrado el capitalismo, como todo lo que tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de vida. Pero sucede que la pandemia, a pesar de haber desnudado una vez más el sistema socioeconómico hoy hegemónico, evidenciado su actual invalidez, no propició el necesario choque cultural para que los millones que habitan aquí y allí levantaran su voz en contra de tal realidad, demandando su radical transformación. Es así como, luego del craso error de la dirigencia mundial de parar en seco el músculo capitalista, todo siguió como si nada hubiera ocurrido.

Y no solo recobró su ritmo el sistema global sino que además logró apagar o hacer inaudibles las voces que asocian esta crisis con la deforestación creciente de bosques y selvas, con la diversa manipulación de la naturaleza, con el extractivismo en todos los niveles. En fin…, con el predominio de un sistema para el cual la producción y el consumo cada vez en mayor escala son lo fundamental. La vida, ¡que espere! Relación causa-efecto que, para evitar su prolongación y la posible aparición de nuevos virus de potencia igual o superior a la actual, demanda la superación del modo de producción dominante.


Es una capacidad de maniobra extendida a la devaluación del sentido original de la ciencia en su abierto y cuestionador espíritu, sin dejarse encasillar ni limitar por intereses económicos, políticos, religiosos o de otro orden, y sí dispuesta a valorar las más diversas opciones para resolver uno y otro problema o interrogante. Hoy, como sorpresa, parece que la ciencia fuera infalible y limitada al conocimiento y los intereses de las farmacéuticas.

Esos intereses llevan a ocultar o manejar –de manera casi inaccesible– datos fundamentales sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tasas de infección que indican con toda claridad el porcentaje de quienes ya contaban con la pauta completa de vacunación y quienes no lo estaban. Pese a ello, y a la recurrente y malintencionada información de que quienes hoy llegan a hospitalización por covid-19 son mayoritariamente no vacunados, los datos procedentes de Israel –donde confirman que el 60 por ciento no estaba vacunado, así como en Inglaterra, con tasas similares– ratifican lo contrario (6). Lo mismo sucede en centenares de condados de Estados Unidos (7). La confirmación de la infección el pasado 22 de noviembre del primer ministro francés Jean Castex, a pesar de contar con la doble dosis, deja abierta la ventana a que en este país la pauta también sea similar a la ya anotada, abriendo así un espacio para desmontar la estrategia en la lucha contra el covid-19, soportada en medidas coercitivas, de anulación de diversos derechos fundamentales y, allí como en decenas de otros países, de cuasicriminalización de los no vacunados; política de multiplicación de mensajes para crear y/o prolongar un ambiente de miedo y terror en el cuerpo social ante la negativa a vacunarse, señalando ese rechazo como camino seguro al ataúd.

En ese proceso, la carnetización para certificar la aplicación del biológico es una de sus expresiones más patéticas, la que en Colombia dejó apreciar su real carácter y su nivel de manipulación el pasado 19 de noviembre con ocasión del día sin IVA y para el cual fue levantada su obligatoriedad para ingresar a lugares de alta concurrencia. Esta medida entraña una clara manipulación y la distorsión del sentido mismo de la vacunación, también presente en las jornadas para aplicarla, puestas en marcha a la entrada de estadios de fútbol y otros espectáculos masivos como condición para ingresar a los mismos. ¿Genera la vacuna anticuerpos inmediatos? ¿Protege sin demora a quien se la aplicó como a quien estará a su alrededor? La respuesta permite reflexionar sobre los intereses y el ocultamiento de información asociados a la llamada “inmunización colectiva”.


Por lo pronto, y como el problema supuestamente es el no vacunado, proceden, manipulan, atemorizan, condicionan, todo vale pues hay que lograr que rompa su negativa a como dé lugar, jugando con sus sentimientos, sus gustos, sus anhelos, Para nada importan la educación sobre salud pública y nada de lo que le esté asociado. El peligro es al no vacunado, y hay que aislarlo si no rompe su ‘terquedad’. Y si no acepta, negarle el ingreso a lugares de consumo, mercado, espectáculos, hasta contemplarse incluso que no puedan salir de sus casas, como lo anunció el alcalde de Medellín en mala copia de lo realizado o también considerado en otros países (8). Al final, como lo aseguró una destacada periodista, de una de las más poderosas cadenas radiales del país: “Y si son tantos los que están de acuerdo con lo que usted está diciendo, por qué no hacen una fiesta adonde vayan todos los que no quieren vacunarse, y ya; se dedican a eso: los bares, las fiestas, sus propios eventos” (9). El ambiente para aislar y segregar está creado; algunas medidas ya están en curso y, de aplicarse con toda severidad, estamos claramente a las puertas de la sociedad apartheid y, como toda sociedad de ese carácter, en la antesala del autoritarismo a ultranza.

Como es sabido, para prolongarse, el poder acude recurrentemente a dividir a los de abajo, estimulando la lucha o la confrontación de pueblo contra pueblo o, en otras palabras, haciendo realidad la máxima “divide y reinarás”, constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y ahora no es distinto: inculpan a unos, ensalzan a otros, crean sentimientos opuestos que impiden que su mirada se fije sobre el poder, que es donde en este caso reside el foco del problema. ¡Claro! Sin lograr comprensión sobre el origen y los desafueros en el manejo de una problemática, dada las posibilidades de superarla cabalmente, brillarán las alternativas por su ausencia. Y mientras así sucede, el ahondamiento del autoritarismo, como es evidente hoy en Australia, Francia y otros muchos países, toma más vuelo, incluso con el aval de un sector del pueblo.

Pese a ello, algo no responde al libreto que pretende hegemonía, e identificarlo con toda claridad es indispensable para que la humanidad salga airosa de esta crisis, que, asociada a las que sufre el campo medioambiental, económico, político, en fin, a la crisis sistémica que sacude al Sistema Mundo Capitalista, acumulan todo lo necesario para que la sociedad global diga ¡basta! a una sola voz.

 

1. “¿Por qué están aumentando los casos de coronavirus en Israel si el país lideró las vacunaciones? (y qué lecciones le deja al resto del mundo). BBC Mundo, 9/09/21.
2. íd.
3. Consentimiento informado para la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2/covid-19, Ministerio de Salud, https://www.dssa.gov.co/images/vacunacion/modelo_consentimiento_informado.pdf.
4. Todos estos recursos según recomendación médica.
5. “La solución política a esta pandemia y a las que vendrán no puede depositarse en un optimismo tecnológico cortoplacista que cifre en las vacunas la panacea exclusiva, sino que exige una reflexión radical sobre las condiciones de vida y la ciencia que se produce en un mundo profundamente desigual y ecológicamente devastado”. Nuño de la Rosa, Laura, “Ciencia y capitalismo en tiempos de covid”, Viento sur, España, 5 de noviembre 2021.
6. “Head señaló que, según informes recientes, casi el 60% de las hospitalizaciones son de personas completamente vacunadas”. […] El mismo tipo de tendencia se ha observado en Reino Unido”, ¿Por qué están aumentando…, op. cit.
7. “Las vacunas antiCOVID no reducen las tasas de infección”, Dr. Joseph Mercola
https://articulos.mercola.com,2021/11/18
8. “Quintero advierte que Medellín podría tener cuarentena para no vacunados”, El Colombiano, 23 de noviembre de 2021.
9. https://www.youtube.com/watch?v=coo1D4xWeKA.

 


 

Una intelectualidad aletargada

 

por Philip Potdevin

 

A comienzos del mes de noviembre uno de los principales medios de radio del país entrevistó a un ciudadano que adelanta lo que ha denominado “tutelatón” contra la exigencia del carnet de vacunación, una iniciativa que busca frenar ante el poder judicial la reciente medida del gobierno, que, a imitación de otros muchos países, ha implantado el pasaporte covid para poder acudir a lugares de encuentro y reunión de la ciudadanía.


En la entrevista, frente a los argumentos del ciudadano, quien defiende la libertad individual de poder disponer del cuerpo, la salud y la vida de manera libre y democrática, los avezados periodistas, despojándose de su rol de profesionales de su oficio, en lugar de escuchar y tratar de entender los fundamentos jurídicos y sociológicos de la iniciativa, con el fin de que la audiencia pudiera formarse una opinión al respecto, asumieron, de manera insólita, el rol de inquisidores para llevar la entrevista a lo que casi se convierte en un linchamiento radial contra este ciudadano. Escuchar la entrevista deja perplejo a cualquiera, y a la vez corrobora una nueva realidad a la que estamos despertando.


En ese sentido, la vacuna contra el covid19 se consolida como el principal dispositivo de dominación del siglo, usada ampliamente por gobernantes en alianza con las grandes farmacéuticas y los poderosos medios de comunicación para atemorizar a la población. La humanidad va entrando ordenadamente en el redil de un nuevo contrato social que comienza a definirse cada día de manera más clara. No solo la vacuna es buscada afanosamente por casi todos, bien sea en sus primeras, segundas o terceras dosis, sino que el tenerla o no tenerla se está convirtiendo en una licencia para vivir en sociedad. Así como quien quiere conducir un vehículo en las calles de cualquier ciudad requiere de un permiso expedido por una autoridad competente, ahora el pasaporte covid surge como un salvoconducto necesario para salir de casa y desplazarse libremente en las ciudades.


El mecanismo del terror nunca ha tenido tan largo alcance como en nuestros días. Ni los peores sátrapas y tiranos de la antigüedad, ni los dictadores y dictadorzuelos del XIX y el XX, todos genios para encontrar múltiples formas para apuntalarse en el poder encontraron herramienta tan eficiente para propagar la pavura entre la ciudadanía como hoy con la instrumentalización de la diada enfermedad-vacuna. Y para mantener avivada la llama, ahora, cuando la humanidad entra en el tercer año de pandemia, se habla de una cuarta ola, de nuevas variantes como la omicrón, bajo cuya amenaza se regresa a los confinamientos parciales o totales, como a las cuarentenas obligatorias como está sucediendo en algunos de los países más desarrollados del planeta a pesar de ser de los primeros que tuvieron acceso a la vacuna.


En toda tiranía es esencial silenciar a los opositores, en especial si estos son pensantes y tienen la capacidad de influir sobre la sociedad. El pensamiento crítico es el principal enemigo de todo régimen autoritario. Los que ejercen esta función, llámenseles como se les quiera llamar, pueden, con el poder de la palabra, de la pluma, de su pensamiento, derrocar al más afianzado déspota. Hoy día, cuando la tiranía es ejercida no por individuos sino por la compleja hidra del sistema capital-estado-medios, la oposición ejercida por mentes aisladas palidece hasta el punto de cuestionarse si aún existe una fuerza capaz de sacudir a la humanidad de su letargo. Por supuesto que hay voces que jamás claudican: en Uruguay, en España, en Francia, en Chile se mantienen activos muchísimos intelectuales que siguen desnudando la realidad detrás del terror montado por el sistema de poder actual. Al mismo tiempo, sorprende la ausencia de voces tradicionalmente críticas frente a lo que estamos viviendo. Zizek, Byung Chuil Han, Agamben, por solo mencionar a tres de los más influyentes pensadores de corte progresista, tras pronunciarse en los primeros meses de la pandemia con sus reacciones, parecen retraerse a sus habitáculos para tomar cierta perspectiva de los acontecimientos. Se ven confundidos y abrumados por los hechos y no logran, al parecer, leer los tiempos actuales.


De otro lado, hay voces que amplifican el derecho a la rebelión, el elogio al conflicto, el impulso a que los pueblos rompan el cerco y se manifiesten contra la tiranía. El proyecto comunicativo desdeabajo ha estado presente este año con varias publicaciones que dan fe de este pensamiento crítico y muestran la otra forma de ver los hechos. Sin embargo, se percibe un vacío en la comunidad nacional e internacional de perspectivas agudas y abiertas que no solo desenmascaren la actual dominación sino que den un paso adelante para señalar caminos de acción e intervención para sustituir el debilitado pero aun poderoso sistema capital-estado-medios por uno que, ante todo, honre la dignidad humana. La sospecha que queda flotando es si muchos de los llamados a levantar sus voces están cooptados por el sistema, o han quedado paralizados por el aguijón de la díada enfermedad-vacuna, o simplemente se ha quedado seco su manantial crítico.

 

 

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Publicado enColombia